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El águila y el haz de flechas. El espionaje de Estados Unidos al falangismo en el Río de la Plata, 1941-1944

lvovich, daniel

Abstract

Sobre la base de fuentes disponibles en los Archivos Nacionales de los Estados Unidos, este libro analiza el espionaje que el FBI y otras agencias norteamericanas desplegaron sobre las acciones de la Falange en Hispanoamérica, en particular en Argentina y Uruguay. Este archivo nos ha permitido, por un lado, reconstruir, en diálogo con la no demasiado extensa bibliografía disponible, la acción pública y clandestina de la Falange Española en Argentina y Uruguay a través de la acción de sus agentes, de los modos en que se vincularon con la diplomacia española oficial y de las acciones tendentes a difundir publicidad y ganar influencia en las comunidades españolas emigradas, durante el primer lustro de la década de 1940. Las informaciones provistas por el espionaje estadounidense constituyen una fuente muy estimable para dar cuenta de estos procesos, más allá de las deformaciones, imprecisiones o errores que hemos podido detectar. Por otro lado, buscamos comprender los modos en que, en particular, el FBI construyó su información sobre la Falange, contrastándola con el conocimiento que sobre distintos casos ha provisto la investigación historiográfica, para poder dar cuenta de las deformaciones y prejuicios que incidieron en sus análisis. Por supuesto, esta tarea requiere una lectura particularmente crítica de las fuentes norteamericanas que, como se ha demostrado recientemente, no pueden considerarse al margen de sus puntos ciegos, a saber, el anticomunismo - que contaminó sus puntos de vista sobre los grupos de derecha acerca de quienes debían informar - y la competencia entre agencias que provocaba que se deformaran o exageraran informaciones de acuerdo a la conveniencia de los sujetos y organismos involucrados.

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El águila y el haz de flechas El espionaje de Estados Unidos al falangismo en el Río de la Plata, 1941-1944 Daniel Lvovich El águila y el haz de flechas Colección Historia #150 Directora de colección: Ángeles Barrio Alonso consejo editorial consejo científico La colección Historia ha obtenido, en primera convocatoriia en julio de 2017, el sello de calidad en edición académica CEA, promovido por la UNE y avalado por ANECA y FECYT. Y ha sido renovado en julio de 2022. D. Enrico Acciai Università degli Studi di Roma «Tor Vergata», Roma Dña. Rosa Cid Universidad de Oviedo D. Igor Goicovic Universidad de Santiago de Chile Dña. Ana Belén Marín Universidad de Cantabria Dña. Rebeca Saavedra Universidad de Cantabria Dña. María José Vilalta Universidad de Lleida Dña. Silvia Tamayo Haya Presidenta. Secretaria General, Universidad de Cantabria D. Vitor Abrantes Facultad de Ingeniería, Universidad de Oporto D. Ramón Agüero Calvo ETS de Ingenieros Industriales y de Telecomunicación, Universidad de Cantabria D. Miguel Ángel Bringas Gutiérrez Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales, Universidad de Cantabria D. Diego Ferreño Blanco ETS de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos, Universidad de Cantabria Dña. Aurora Garrido Martín Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Cantabria D. José Manuel Goñi Pérez Modern Languages Department, Aberystwyth University D. Carlos Marichal Salinas Centro de Estudios Históricos, El Colegio de México D. Salvador Moncada Faculty of Biology, Medicine and Health, The University of Manchester D. Agustín Oterino Durán Neurología (HUMV), investigador del IDIVAL D. Luis Quindós Poncela Radiología y Medicina Física, Universidad de Cantabria D. Marcelo Norberto Rougier Historia Económica y Social Argentina, UBA y CONICET (IIEP) Dña. Claudia Sagastizábal IMPA (Instituto Nacional de Matemática Pura e Aplicada) Dña. Belmar Gándara Sancho Directora. Editorial de la Universidad de Cantabria El águila y el haz de flechas El espionaje de Estados Unidos al falangismo en el Río de la Plata, 1941-1944 Daniel Lvovich THEMA: JPSH, JPF, JPHX, NHB, 3MPBLB Esta edición es propiedad de la Editorial dE la UnivErsidad dE Cantabria, cualquier forma de reproducción, distribución, traducción, comunicación pública o transformación sólo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos, www.cedro.org) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra. Esta obra ha sido sometida a evaluación externa, aprobada por el Comité Científico y ratificada por el Consejo Editorial de acuerdo con el Reglamento de la Editorial de la Universidad de Cantabria. © Imagen de cubierta: Harris & Ewing, photographer. F.B.I. headquarters well guarded. Washington, D.C., Aug 4. United States Washington D.C. District of Columbia Washington D.C, 1937. [August 4] Photograph. https://www.loc.gov/item/2016872112/. © Cátedra Eulalio Ferrer © Daniel Lvovich (Universidad Nacional de General Sarmiento / CONICET) ORCID: 0000-0001-7469-3960 © Editorial de la Universidad de Cantabria Avda. de los Castros, 52 | 39005 Santander Tel. y Fax 942 201 087 ISNI: 0000000506860180 www.editorial.unican.es ISBN: 978-84-17888-96-1 (PDF) ISBN: 978-84-17888-95-4 (Rústica) DOI: https://doi.org/10.22429/Euc2022.009 Hecho en España | Made in Spain Santander, 2022 Lvovich, Daniel, autor El águila y el haz de flechas : el espionaje de Estados Unidos al falangismo en el Río de la Plata, 1941-1944 / Daniel Lvovich. – Santander : Editorial de la Universidad de Cantabria, 2022 191 páginas. – (Historia ; 150) ISBN 978-84-17888-96-1 1. Falange Española Tradicionalista y de las JONS-Influencia. 2. Espionaje-Estados Unidos-S. XX. 3. España-Relaciones-Estados Unidos. 4. Estados Unidos-Relaciones-España. 5. Argentina-Relaciones-España-S. XX. 5. España-Relaciones-Argentina-S. XX. 6. UruguayRelaciones-España-S. XX. 7. España-Relaciones-Uruguay-S. XX. 329.18(82) 329.18(899) 327(73:460)"19" 327(82:460)"19" 327(899:460)"19" 343.321(73)"19" Sumario Introducción ............................................................... 9 La Falange Exterior y América Latina ......................... 21 España y los Estados Unidos en la década de 1940: Hispanoamérica, entre la diplomacia y el espionaje .............................................................. 39 La falange en Hispanoamerica según el FBI. La perspectiva de Totalitarian activities. Spanish Falange in the western Hemisphere Today .................. 61 Falange y falangistas en Uruguay ................................ 83 Falange y falangistas en Argentina .............................. 115 Españoles en las redes de inteligencia y contrabando de la Alemania Nazi en Argentina ......................... 153 A manera de cierre ...................................................... 177 Bibliografía ................................................................. 181 Introducción En el año 2019 desarrollé una estancia de investigación en una de las sedes de los Archivos Nacionales de los Estados Unidos, en College Park, Maryland, en las afueras de la ciudad de Washington, denominados National Archives and Records Administration II, según su nombre en inglés. El propósito de mi indagación era la búsqueda de informaciones sobre la última dictadura militar en Argentina para un libro que estaba planeando, en el marco de mi trabajo en la Universidad Nacional de General Sarmiento y el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas de la Argentina. En esa ocasión, mientras revisaba los catálogos del archivo, encontré por casualidad una gran cantidad de información que la Oficina de Asuntos Interamericanos (OAI) y el Federal Bureau of Investigation (FBI) habían recabado sobre las actividades de Falange Española Tradicionalista y de las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista (FET y de las JONS) en prácticamente todos los países de América. En efecto, en una caja de la sección de los Archivos Nacionales estadounidenses dedicados a las relaciones exteriores se conservan las fichas que confeccionaron los agentes del FBI desplegados en América, en la que se acumulaba la información sobre Falange1. El memorándum que las acompaña está firmado sólo con las siglas GMB, y fechado el 10 de diciembre de 1944. Se 1 National Archives and Record Administration II (En adelante NARA II), Record Group 59, Box 15, Declassification Review Project NND 780019. 16 | El águila y El haz dE flEchas Distintos trabajos analizan la influencia del falangismo en diversos países latinoamericanos en distintos momentos del siglo XX. Destacamos entre ellos el de Carlos Zubillaga (2015) que sostiene que el franquismo y en especial el falangismo impactaron de manera potente, a través de publicaciones y visitas, no sólo a los emigrados españoles, sino a otros sectores de la sociedad uruguaya, entre ellos, al dirigente nacionalista e intelectual, Luis Alberto de Herrera. La obra de Zubillaga resulta una contribución fundamental para el conocimiento de la acción de Falange en Uruguay, y nos basaremos ampliamente en ella. Para el caso argentino, Beatriz Figallo (2016) ha analizado los modos de intervención falangista en el país durante la guerra civil, que resultaron competitivos con otras expresiones encuadradas en la coalición franquista y enfrentados a los de los partidarios de la República, mientras Elena Romero Pérez (2015-2018) estudió las formas de persecución desarrolladas por los representantes franquistas en Argentina y en Chile entre 1939 y 1945, contra los disidentes, actividad en la que participaron miembros de Falange. Con distintos registros, los trabajos de Ernesto Goldar (1986), Mónica Quijada (1991) y Silvina Montenegro (2002) analizaron el impacto de la Guerra Civil española en la Argentina. Sin duda alguna, el texto más ambicioso y abarcativo sobre la presencia y acción de la Falange Española en Argentina es la reciente tesis doctoral de Alejandra Ferreyra –hasta hoy inédita– que, en el marco más amplio del estudio de la generación de adhesiones al franquismo, analiza detenidamente la intervención falangista en el diseño de la propaganda dirigida a los españoles de Buenos Aires y la creación de la Casa de España, cuando el contexto político argentino restringió sus posibilidades de acción directa. Se trata de un texto sumamente rico para nuestro trabajo, por lo que nos apoyaremos frecuentemente en sus análisis e informaciones. Sobre estas bases, entendemos que nuestra investigación pretende agregar información y análisis relevantes que permitan Introducción | 17 incrementar el conocimiento de la acción de la Falange en América, permitiendo aportar nuevos conocimientos y sistematizar los existentes acerca de la acción de la Falange Española en el exterior7. El trabajo pretende asimismo constituir una contribución al creciente campo de las historias conectadas y trasnacionales del mundo iberoamericano, ya que investigaremos el modo en que las agencias gubernamentales de Estados Unidos investigaban la acción del partido único español en las repúblicas rioplatenses. El estudio de la dimensión transnacional de los sujetos, organizaciones y procesos remite a dos aspectos que están conectados, ya que hace referencia al carácter transnacional del objeto de estudio y a la metodología que se usa para estudiarlos (Bohoslavsky, 2018, 22). Por ello, en este trabajo debemos atender a aspectos públicos de las políticas de España, Estados Unidos, Argentina y Uruguay, pero también, hasta donde resulta posible, a las acciones clandestinas de espías de distintas nacionalidades y al vínculo –a veces público, a veces secreto– entre Falange y las organizaciones de las derechas rioplatenses; también a la circulación de personas, textos y materiales a través del Atlántico y entre los países americanos. De tal modo, este libro no hubiera sido posible si no se basara en fuentes e investigaciones producidas en –y dedicadas a la historia de– España, América del Norte y América del Sur. Ello fue posible por la existencia de una bibliografía que analiza heterogéneos aspectos que combinamos y reorganizamos a partir de nuestros intereses de investigación. 7 Entre otros casos latinoamericanos, Pérez Monfort (1991) ha analizado el caso mexicano, mientras el de Brasil fue estudiado de modo incial por Venturine (2007). Bertonha (2017) analizó de modo comparado la actuación en América Latina de los servicios exteriores del nazismo, el fascismo y el falangismo. Gabriela Gomes (2014) ha considerado el impacto de Falange Española en los orígenes de Falange Nacional de Chile y Eduardo González Calleja (1994b) la limitada influencia falangista en Perú. 18 | El águila y El haz dE flEchas Este libro se estructura del siguiente modo. El primer capítulo se dedica a presentar los orígenes de Falange Exterior y su acción en América Latina, en el contexto de las cambiantes orientaciones que el régimen franquista imprimió a su política exterior. El capítulo dos analiza los vínculos entre España y los Estados Unidos en el marco de la Segunda Guerra Mundial, y en este contexto, el despliegue del FBI en América Latina, con la finalidad de controlar las acciones de los aparatos de espionaje y propaganda de los países del Eje. Es en este marco que se debe comprender el esfuerzo norteamericano para vigilar las actividades de Falange, derivada de la consideración de España como un aliado potencial y un socio oculto de los regímenes nazi y fascista. Por ello, es preciso insistir en que la persecución de Falange era un objetivo menor, subsidiario frente al esfuerzo para controlar la acción de la inteligencia alemana en América. En el capítulo tres presentamos las perspectivas que desarrolló el FBI sobre la Falange en Hispanoamerica, a través del análisis de las posiciones desplegadas en Totalitarian activities. Spanish Falange in the western Hemisphere Today y de la información que presenta sobre la presencia falangista en tres países que escogimos por la relevancia que les otorgó esa agencia: los propios Estados Unidos, México y Bolivia. Ello nos permite realizar un balance acerca de como se intersectaban en los informes el mayor o menor conocimiento de los integrantes de la agencia de inteligencia sobre cada caso nacional, con los preconceptos y las directivas políticas emanadas desde Washington, lo que provocaba en ocasiones distorsiones o sencillamente percepciones equivocadas. Los siguientes dos capítulos están dedicados a los casos de Uruguay y Argentina. En ambos, presentamos en primer lugar un panorama basado en el conocimiento historiográfico sobre Falange en los países del Plata, frente a los cuales contrastamos la información que en cada caso construyeron la Oficina de Introducción | 19 Coordinación Interamericana y el Federal Bureau of Investigation. El capítulo final –previo a las conclusiones– está referido a los casos efectivos de espionaje que involucraron a españoles, entre ellos a falangistas, en las redes de espionaje y contrabando alemanas. No podría terminar esta presentación sin agradecer a la Universidad de Cantabria, en la que en las muy difíciles condiciones de la pandemia de 2020-2021 me desempeñé como profesor visitante, en el marco de la Cátedra Eulalio Ferrer. Agradezco a las autoridades de la Facultad de Filosofía y Letras, y a las del Departamento de Historia Moderna y Contemporánea de la UC por su amabilidad y calidez, También quiero dar las gracias a los colegas del Master Universitario en Historia Contemporánea y a mis estudiantes del curso sobre las dictaduras del Cono Sur en la segunda mitad del siglo XX. Mis amigos y colegas João Fábio Bertonha y Nuria Tabanera leyeron versiones preliminares de este libro, me acercaron sus valiosos comentarios y me sugirieron bibliografía impresecindible, por lo que les debo un enorme agradecimiento. Marina García soportó con paciencia la distancia en plena pandemia y mi dedicación a este libro una vez de regreso. Como siempre, gracias. Pero sobre todo vaya mi agradecimiento enorme a Manuel Suarez Cortina y a Ángeles Barrio Alonso, anfitriones inigualables y queridos amigos. I La Falange Exterior y América Latina LA FALAnge exterior: orgAnizAción y objetivos Durante los años de la Guerra Civil Española y los primeros tiempos de posguerra, el Servicio Exterior de Falange fue el encargado de desarrollar en el extranjero la propaganda del bando sublevado, primero, y del régimen franquista, después. Si bien existieron antecedentes desde 1935, el 6 de octubre de 1936 la Junta de Mando de Falange Española decidió impulsar la creación de organismos de Falange en Argentina, Cuba y otros países iberoamericanos, así como prestar ayuda a los falangistas organizados en otros países europeos (González Calleja, 1994, 281). En este aspecto, la superposición y competencia por las funciones de propaganda de la Falange Exterior y la de las autoridades diplomáticas de la Junta Militar franquista, allí donde había sido reconocida, no dejó de provocar numerosos conflictos. Para el falangismo, su delegado provincial era el único representante de la Revolución Nacional Sindicalista, pero en la práctica estos delegados debían competir por la primacía con los jefes de las misiones diplomáticas. El conflicto se resolvió cuando el Ministerio de Relaciones Exteriores limitó las funciones del jefe local de 22 | El águila y El haz dE flEchas Falange a las tareas de organización y disciplina internas, estableciendo además que el liderazgo falangista debía obediencia al jefe de la misión diplomática (Naranjo y Tabanera, 1998, 52). Desde el estallido de la guerra civil, las filiales de Falange en el exterior, en particular en Iberoamérica, colaboraron económicamente con el esfuerzo de guerra de los insurrectos contra la República y se convirtieron en canales para la propaganda franquista. En las principales ciudades de América central y del sur se implantaron diversas organizaciones falangistas, incluyendo las Secciones Femeninas exteriores, que realizaron tareas en los ámbitos de la cultura y la asistencia social. La Delegación Nacional del Servicio Exterior fue creada en 1937 e incluida entre los distintos servicios nacionales que constaban en los estatutos de Falange Española Tradicionalista y de las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista (FET y de las JONS). La encabezaba un Delegado nacional, nombrado por el Jefe del Movimiento. En febrero de 1937 el Jefe de la Junta de mando Provisional de FE (Falange Española) Manuel Hedilla nombró al diplomático Felipe Ximenez de Sandoval como Jefe del Servicio Exterior de Falange y, tras la unificación, fue designado –mediante un decreto del general Franco– el diplomático de carrera José del Castaño Cardona en agosto de 1937. Castaño permaneció en el cargo hasta mayo de 1939, siendo sucedido por un tiempo breve por el escritor, ministro sin cartera del gabinete de Franco y vicepresidente de la junta política de FET, Rafael Sánchez Mazas. Entre noviembre de 1939 y agosto de 1941 fue responsable de la Delegación el teniente de Navío Ricardo Giménez Arnau, sustituido a su vez por Felipe Ximenez de Sandoval, quien era además miembro del Consejo de la Hispanidad. Tras su cese, asumió el cargo el católico Fernando María Castiella Maíz, relevado por Antonio Riestra del Moral en marzo de 1943 quien permaneció en el cargo hasta la supresión del servicio en diciembre de 1945.(González Calleja, 1994, 294-295). La Falange Exterior y América Latina | 23 Al decir de González Calleja, Castaño transformó al servicio exterior de Falange Española Tradicionalista y Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalistas en una verdadera estructura de intervención política, con departamentos especializados y ramificaciones en todo el mundo, aunque debió adoptar sus características a las legislaciones nacionales y a las peculiaridades de cada colectividad española en el exterior «El respeto a las normas legales y al sistema político de cada país iban a ser las notas predominantes, aunque la presentación de FET como «organización apolítica» y su intención de abstenerse absolutamente de los asuntos internos nacionales entraba frecuentemente en contradicción con la fuerte ideologización de sus actividades, evidenciada por las estrechas relaciones trabadas con organizaciones autóctonas de corte fascista o ultranacionalista» (González Calleja, 1994, 282). Al Igual que con la trayectoria interna del partido, la vinculación de la Falange Exterior con fascistas italianos y nazis alemanes fue constante. Las secciones exteriores de ambos partidos fascistas apoyaron la acción de Falange en Iberoamérica, que se centraba, más allá de su retórica, en las clases sociales altas de cada país (González Calleja, 2014, 122). La actividad más importante de Falange Exterior fue la de propaganda, dirigida sobre todo a los españoles residentes en el exterior y canalizada a través del Departamento de Intercambio y Propaganda Exterior. En esta estrategia de difusión de la ideología falangista, se emplearon todos los medios de comunicación disponibles. En 1938 se publicaban 17 periódicos y revistas oficiales de Falange en América y se proyectaba crear publicaciones en cada capital que contara con un núcleo de la FET. Esas publicaciones, dependientes del Servicio Nacional del Servicio Exterior de Falange eran Arriba (Buenos Aires), Arriba (Sullana, Peru), Avance (San Juan, Puerto Rico), Cara al Sol (Ponce, Puerto Rico), España (Colon, Panamá), Guión (San Salvador), Nueva España (Guayaquil) y Jerarquía (Bogota). Arriba España era el 24 | El águila y El haz dE flEchas nombre que compartían publicaciones de La Habana, La Paz, Panamá, Paraná (Argentina) y San José de Costa Rica; dos periódicos titulados Amanecer se publicaban en Ciudad Trujillo y Guatemala (González Calleja, 1994, 284). En el catálogo de publicaciones de la FET-JONS en el exterior de febrero de 1939 se enumeraban los siguientes medios: Arriba, dirigida por Luis Rigau Boris en Perú, El Nacionalista, dirigido por Mariano Álvarez Melgar en San José de Costa Rica, Yugo, de Manila, dirigido por Francisco Ferrer Gutiérrez, Avance, dirigido por Alberto Durán en San Juan de Puerto Rico, Arriba España, de La Habana, dirigido por Rafael Piñeiro; y con el mismo nombre el periódico dirigido por José Luis Aranguren en La Paz y por José Luis Rubio en Panamá, Amanecer, de Ciudad Trujillo, Republica Dominicana, cuyo director era Francisco Rivero del Valle; Guión, de Nicanor San José en San Salvador; Amanecer, de Herminio Rodríguez Quijano, en Guatemala, Cara al Sol de Puerto Rico, dirigido por Tomás Ballesteros, España, de H. Martínez Carrillo en Panamá, La Nación, de Sao Pablo, Brasil, orientado por Antonio Hernandez Aldao, Nueva España, dirigido por Jaime Nebot en Guayaquil y Jerarquía, de Luis Roldán Moreno, en Bogotá. Entre las publicaciones semioficiales y adictas al movimiento, los registros falangistas enumeraban La Voz de España y el Boletín de Información Española de Santiago de Chile, Cara al Sol, Época, Spain y Nueva España, en Nueva York y La Reforma y El Deber, en Asunción del Paraguay (Pena Rodriguez, 2017, 116). A tan extenso arsenal de propaganda y difusión se sumaban los boletines editados por las oficinas de prensa de algunas legaciones –como Información de Montevideo en 1938 u Orientación Española de Buenos Aires desde septiembre de 1938– que buscaban establecer cierta disciplina política e informativa a los diferentes grupos, y mantener una línea propia de información, encaminada preferentemente a la exaltación de la figura de Franco La Falange Exterior y América Latina | 25 y de su yerno Ramón Serrano Suñer, desde el momento en que éste se encargó de los resortes de la propaganda (González Calleja, 2014, 125). Sin embargo, es probable que, durante la Guerra Civil, la coalición franquista no buscara realizar una propaganda que pretendiera llegar a las masas. Los representantes franquistas tenían carácter oficioso y su acción podía comprometerlos ante los gobiernos. Por otra parte, su desconfianza ante lo que consideraban las posibilidades de manipulación de la opinión pública por las tendencias democráticas, y una concepción elitista que los compelía a concentrar su atención en los centros de decisión, impedían que se concretara una difusión masiva de su ideario. En octubre de 1938, Tomás Suñer, representante oficioso del gobierno de Burgos en Chile, decía en un informe al Ministro de Asuntos Exteriores que «la propaganda se ha hecho principlamente en sectores que ya nos son devotos, pero no se ha tocado ni la masa contraria a nuestra ideología ni al gran número de gentes colocada al margen del problema español» (Citado en Tabanera, 1996, 350). Una comunicación de ese mismo año del agente franquista destacado en Buenos Aires, referida a la actitud que debían asumir al respecto, señalaba que hasta que el gobierno argentino no lo reconociera oficialmente, buscaría acercarse de modo reservado a las autoridades federales que reconocieran su causa, buscar sumar a su bando a los miembros de la comunidad española de «calidad y riqueza» –contando que el resto los seguiría tras el triunfo del sector franquista– y cultivar la relación con la oficialidad del Ejército y la Marina Argentina, que apoyaban masivamente a los insurrectos. La solidaridad de las elites locales, autóctonas o de ascendencia española, se basaba menos en la concordancia con los postulados ideológicos que en una reacción de clase frente a la imagen de subversión del orden social que se asociaba a la República (Delgado Gómez Escalonilla, 1991, 197-198). 32 | El águila y El haz dE flEchas intensa actividad de la FET, en vinculación con grupos extranjeros afines. A pesar de los múltiples conflictos de competencia, se impuso generalmente la preminencia de la representación del estado sobre la del partido (González Calleja, 1994, 291). Al asumir el Ministerio de Asuntos Exteriores en octubre de 1940, Ramón Serrano Suñer intentó usar al Servicio Exterior de FET como instrumento de una diplomacia más combativa, al servicio de los intereses imperialistas del Estado Nuevo, promoviendo para ello la incorporación de falangistas al cuerpo diplomático y conminando a los funcionarios de carrera a integrarse al Partido. Sin embargo, en el plazo medio esta operación distó de resultar exitosa (González Calleja, 1994, 291). trAyectoriA de FALAnge exterior en hispAnoAméricA y eL consejo de LA hispAnidAd Como hemos visto, existió una primera fase embrionaria de Falange en el exterior, desde su creación por José Antonio Primo de Rivera hasta el estallido de la Guerra Civil. En esta fase las Falanges del exterior se organizaron de manera espontánea. Iniciada la guerra, comenzó a desarrollarse el Servicio Exterior de Falange como una organización centralizada de control de los incipientes grupos falangistas. Si bien se desarrolló también en Europa, es en América donde se implantó con mayor rapidez, creándose en los momentos iniciales organizaciones de FET en Cuba, Uruguay, Argentina, Chile y Puerto Rico. Si en esos momentos iniciales Falange era uno de los grupos que apoyaban a la España nacionalista –junto a entidades monárquicas o tradicionalistas o a las Cámaras Españolas de Comercio– tras la unificación el servicio exterior se oficializó, como Delegación Nacional del FET, cuya misión era incorporar al Estado Nacional-sindicalista a los españoles expatriados y formar entidades falangistas en el exterior. La Falange Exterior y América Latina | 33 Basada en la perspectiva hispanista heredada de Ramiro De Maeztu, que postulaba un vínculo espiritual y político que ligaba a España y los países iberoamericanos, la creencia acerca de la existencia de derechos históricos de España en el continente y la exaltación de la noción de Imperio, la Falange Exterior consideraba Hispanoamérica su campo de expansión legítimo en la construcción de una comunidad hispánica como alternativa tanto a los nacionalismos como al panamericanismo impulsado desde los Estados Unidos (Naranjo y Tabanera, 1998, 50). Esta perspectiva es reconocible en el punto 27 del programa de la Junta Política de Falange, de 1934, en el que se expresaba «Respecto a los países de Hispanoamérica, tendemos a la unificación de cultura, de intereses económicos y de poder. España alega su condición de eje espiritual del mundo hispánico como título de preminencia en las empresas universales». Ismael Saz ha considerado que si bien Hispanoamerica constituía la dimensión fundamental de las ideas imperiales abrazadas por el falangismo, en la práctica le resultaba muy difícil ir más allá de las ideas de comunidad espiritual postuladas por Maetzu o la cerrada identificación entre hispanidad y catolicismo, ya que lo impedían, entre otros factores, la prevención de los países hispanoamericanos, la hostilidad de las fuerzas democráticas y de izquierda del continente y la vigilancia de los Estados Unidos. El falangismo se movió en este terreno con ambigüedad. Por un parte negaba toda ambición imperialista en sentido decimonónico, así como el recurso a la idea de protectorado. Por otra, junto con Portugal reclamaban derechos de primogenitura con la voluntad de ejercer modos de defensa y tutela, como una manifestación, propia del fascismo, de «imperialismo antiimperialsita» (Saz Campos, 2003, 276). Las pretensiones retóricas de actualización del imperio hispano fueron reemplazados en la práctica por objetivos más modestos, como la defensa de la lengua y la cultura española o la restauración de la conciencia de la Hispanidad, aunque ya hacia 34 | El águila y El haz dE flEchas 1941 el panorama al respecto que describían las publicaciones de Falange era desolador (Saz Campos, 2003, 277-280). Tras una etapa de cierta autonomía bajo la dirección de Ximenez de Sandoval, con la creación de la FET y de la JONS el Servicio pasó a ser firmemente controlado desde Burgos, promoviendo una fuerte centralización de las organizaciones en el exterior ya existentes y la creación de núcleos falangistas en los países en que aún no existían. FET intervino fuertemente en la vida política y social de las comunidades españolas emigradas y en tareas estrictamente diplomáticas. Por supuesto, se trataba de iniciativas minoritarias en las comunidades españolas, dado que el apoyo a la República era muy mayoritario en los principales focos de emigración. En 1940 Serrano Suñer fue nombrado Ministro de Asuntos Exteriores y en noviembre de ese año se creó el Consejo de la Hispanidad como entidad difusora del imperialismo cultural, dirigido por intelectuales falangistas, lo que da cuenta que, hasta 1942, Falange ostentó la primacía en la dirección de la política exterior del régimen. El termino Hispanidad adquirió en la posguerra española un sentido definido a partir de un conjunto de textos, el primero de los cuales fue un discurso de Franco en el Día de la Raza de 1939, en el que se refirió a la necesidad de proyección del régimen en Hispanoamérica. En esos textos publicados en diversos periódicos, la Hispanidad implicaba una comunidad de costumbres, idioma y religión en el que España conservaba un lugar de primacía (Barbeito, 1989, 113). Junto a estas formulaciones se fueron desarrollando iniciativas prácticas, con el fin de influir en la vida cultural y social de las naciones americanas, como la creación de un Colegio Mayor de la Hispanidad, el intercambio de conferenciantes, la creación de becas y el desarrollo de exposiciones, entre otras acciones, a través de las cuales se reforzaba la idea de una cultura en común como nexo de unión. La Falange Exterior y América Latina | 35 El Consejo de la Hispanidad se creó por Ley de la Jefatura de Estado en noviembre de 1940, con la misión de llevar adelante el ideal de Hispanidad. Se asignaba al Consejo todas las actividades que tendieran a la unificación de la cultura, los intereses económicos y de poder del mundo hispano. El Consejo era un organismo asesor, dependiente del Ministerio de Asuntos Exteriores, que velaría por los intereses de España en el mundo hispánico y dirigiría la política hacia Hispanoamérica (Barbeito, 1989, 117-118). La tarea de propaganda del Consejo se centró en la confrontación entre panamericanismo e hispanoamericanismo. Se buscó aprovechar la alianza entre EEUU y Rusia para justificar la posición española en términos de anticomunismo, sustentando de ese modo su llamado a romper el frente único continental en la contienda mundial (Barbeito, 1989, 129)1. Si bien España aspiraba a que el Consejo de la Hispanidad fuera aceptado como una entidad supranacional por los países latinoamericanos, en la práctica se organizó de un modo más modesto, integrándose por destacadas personalidades del régimen y por representantes del Ministerio de Asuntos Exteriores y de la FET de la JONS así como por intelectuales, eclesiásticos y militares. En la organización interna del Consejo se distinguía entre el «Consejo en pleno», órgano general de gobierno con funciones asesoras, y la Cancillería, a la que correspondía la orientación, coordinación y ejecución de los trabajos del Consejo, que 1 Un informe de la embajada alemana sobre la recepción en Argentina de la creación del Consejo de la Hispanidad y de la idea de Hispanidad estimaba que la prensa local consideraba con agrado la acentuación de los lazos espirituales con España, pero rechazaba la idea de una tutela española. En el último párrafo del informe se destacaba la utilidad de adoctrinar a los colaboradores que enviaba el Consejo de la Hispanidad, siendo de gran utilidad para los intereses alemanes el contacto previo con sus diplomáticos en Madrid (Traducción de un informe de la embajada alemana en Buenos Aires, en Barbeito, 1989, 135). 36 | El águila y El haz dE flEchas a su vez se dividía en cinco secciones: cultural, política, económica, social y jurídica (Barbeito. 1989, 119-120). La etapa más vital del Consejo de la Hispanidad coincidió con el Ministerio de Serrano Suñer y decayó en la etapa de Francisco Gómez Jordana, en la que España adoptó una posición decididamente neutralista. Barbeito relaciona la creación del Consejo con la orientación germanófila de Serrano Suñer, lo que podría dar razón a los que veían en el Consejo de la Hispanidad más un instrumento de la política exterior alemana que un resultado de una política hispanista del régimen de Franco (Barbeito. 1989, 121). Era también función del Consejo de la Hispanidad dirigir las actividades propagandísticas del régimen, actividad que perduro el tiempo en que predominaron los planteos que le dieron origen, para ser abandonada en la época en que Jordana dirigió las relaciones exteriores españolas. La vida efectiva del Consejo fue, pues, muy breve, acotada al período entre los años 1941 y 1943. De un modo similar, la fase expansiva de la FET en el exterior declinó en 1941-42 ante la presión estadounidense sobre los gobiernos y la opinión publica iberoamericana (González Calleja, 1994. 295-299). Desde 1940 asistimos a la desaparición en cadena de las distintas secciones nacionales de Falange. Los primeros casos fueron en los países centroamericanos más directamente controlados por Estados Unidos: en 1939 Cuba; en 1940 El Salvador, Costa Rica y Panamá; en 1941 Puerto Rico, República Dominicana y Colombia; en 1942 México. En el Cono Sur tras la disolución oficial de Falange se crearon otras entidades que reunían a las mismas personas y defendían idénticos principios (Naranjo y Tabanera, 1998, 59). La situación de Falange en América empeoró con la entrada de Estados Unidos en la Guerra, a fines de 1941, y la Conferencia Panamericana de Rio de Janeiro, en enero de 1942. En aquel momento Falange fue proscripta en la mayor parte de los países americanos, se disolvió o continuó desarrollando acciones clandestinas que se La Falange Exterior y América Latina | 37 disimulaban bajo la excusa de acciones culturales o asistenciales (González Calleja, 1994, 302). En septiembre de 1942, Serrano Suñer fue reemplazado como Ministro de Relaciones Exteriores por Francisco Gómez Jordana, que desarrollo una política neutralista y potenciadora del elemento católico, en detrimento del fascista e imperialista. Inmediatamente, el gabinete de información técnica del ministerio elevó al ministro un informe confidencial en el que se exponía la intensa campaña propagandística del gobierno de Estados Unidos para presentar a la FET como una quinta columna del fascismo europeo en el continente, con el objetivo de anular a la Falange y derribar el prestigio de España. El informe recomendaba su definitiva supresión, en función de lograr la perduración del régimen (Informe de Dousingue a Jordana, 8 de setiembre de 1942, en González Calleja, 1994, 303). Pese a las renuencias del propio Franco, el Consejo de la Hispanidad vio limitadas sus atribuciones al campo cultural y la actividad de Falange, abierta o encubierta, fue desactivada casi por completo. Hacia 1943 Franco decidió limitar toda acción política del falangismo en el exterior, en su afán de diluir la imagen que lo emparentaba a las potencias del Eje, con lo que las acciones de Falange se redujeron aún más hasta la finalización de la Segunda Guerra. Con la llegada al Ministerio de Alberto Martin Artajo en 1945, no se nombró un nuevo Delegado Nacional del Servicio Exterior y la entidad prácticamente dejó de existir ese año. González Calleja (1994, 306-307) afirma que Falange encontró numerosos límites para su actividad en Hispanoamérica. Entre ellos enumera las dificultades para adaptarse a la realidad de la emigración, y la indiferencia u hostilidad de la mayor parte de los españoles emigrados. En ocasiones, los falangistas entraron en confrontaciones con otras instituciones exteriores del régimen y colisionaron con los intereses de las elites españolas en el exterior. En segundo lugar, señala la contradicción entre el carácter 38 | El águila y El haz dE flEchas conservador y católico de su propaganda y acción política y sus métodos y vinculaciones ligados a las potencias fascistas. Por último, destaca la actitud de los gobiernos de la región que, presionados por Estados Unidos y por la opinión publica mayoritaria, obstaculizaron la actuación del servicio exterior. Falange no parece haber tenido un verdadero proyecto para el extranjero y en su organización y objetivos solo imitó parcialmente a las organizaciones exteriores nazi y fascista, con las cuales desarrolló en determinadas circunstancias acercamientos tácticos coyunturales. «Pero no existen pruebas de un plan conjunto de acción de estas potencias fascistas o de sumisión consciente de Falange a la estrategia exterior de Alemania o Italia, sobre todo si tenemos en cuenta que en ámbitos como el latinoamericano Falange disponía de una base de actuación más potente y favorable, lo que a priori garantizaba su independencia» (González Calleja, 2014, 138). De este modo, Falange tuvo oportunidades de acción limitadas en Hispanoamérica, tanto por el predominio de la opinión republicana entre los españoles residentes en el exterior cuanto por las propias dificultades en su relación con las representaciones oficiales del régimen franquista y con otras facciones de la coalición que apoyó primero a los alzados y luego al régimen de Franco. En el contexto específico de la época en que Estados Unidos desplegó sus esfuerzos para controlar el espionaje del Eje y sus aliados en América, la coyuntura favorable a la fascistización de las representaciones diplomáticas españolas y a la acción conjunta de Falange con nazis y fascistas en el exterior fue breve, sea por las medidas contra la FET y de la JONS tomadas sucesivamente por los gobiernos latinoamericanos desde 1939 o por el decidido cambio de orientación de la diplomacia española desde 1942. II España y los Estados Unidos en la década de 1940: Hispanoamérica, entre la diplomacia y el espionaje LA poLíticA exterior de FrAnco y Los estAdos Unidos en LA décAdA de 1940 La idea de que España conservaba una relación especial con los países hispanoamericanos no era una novedad impuesta por el franquismo, ya que contaba con considerables antecedentes. El regeneracionismo español había ubicado en América, desde comienzos del siglo XX, una de las fuentes del renacer nacional a partir de las proyecciones culturales, comerciales y política que España podía ejercer en el nuevo mundo. La extrema derecha de la etapa republicana había reelaborado esta idea en el marco de una ideología antiliberal, ultra católica y cercana al fascismo, postulando para la nación un rol de guía político y espiritual en América. La propaganda de guerra había reforzado la confianza de los mandos franquistas en las posibilidades de una proyección ultramarina en la posguerra (Pardo Sanz, 1994, 205). La creación de un área de influencia española en América era el complemento de la expansión en África, y esa aspiración no era novedosa, ya que se había expresado en la década del veinte y durante la II República. «Sin embargo, en 1939 se pensó equivocadamente 40 | El águila y El haz dE flEchas que, tras la hazaña de la Guerra Civil, los instrumentos de penetración tradicionales (una política de prestigio cultural, el apoyo de las colonias españolas, la posible influencia política, etc.) iban a ser más eficaces» (Pardo Sanz, 1994, 206). El supuesto que abrazaba el régimen de Franco era que, dado el apoyo a su facción expresado por las elites conservadoras y el catolicismo latinoamericano durante la Guerra Civil, el modelo político del Nuevo Estado podía erigirse en una respuesta hispánica frente al comunismo y el liberalismo. Una política cultural de prestigio en la que predominara el tinte nacional católico y la influencia de las colectividades de emigrados españoles deberían resultar instrumentos efectivos para tales fines. Como afirma Pardo Sanz, durante la contienda algunos gobiernos latinoamericanos habían adoptado posiciones tolerantes con el gobierno de Burgos y sus representantes y los españoles nacionalistas se habían movilizado apoyados por los grupos filo fascistas locales, lo que llevo al franquismo a un error de cálculo, por desestimar el régimen de Madrid varios elementos fundamentales: la mayoritaria antipatía de la opinión pública hacia el Nuevo Estado inserta en una coyuntura en la que, al calor de la Segunda Guerra Mundial, muchos países evolucionaran en un sentido democrático y en la que el ascendente hemisférico de Estados Unidos tendería a minimizar la importancia de las relaciones con España así como en general con Europa (Pardo Sanz, 1994, 206-207). La política del panamericanismo suponía la voluntad norteamericana de obstaculizar la penetración europea en América, enfrentándose de distintos modos a las potencias del viejo mundo. En el caso de Inglaterra la disputa era económica y tenía como terreno del enfrentamiento sobre todo a la Argentina; mientras con Alemania la disputa además de económica era militar y política. Los gobiernos alemán e italiano contaban en América con medios de prensa y propaganda afines y con filiales de sus partidos únicos, y habían usado la Guerra Civil para aumentar España y los Estados Unidos en la década... | 41 la influencia fascista en el continente. La intención de Alemania era fortalecer la posición socioeconómica de sus emigrados como herramienta en la puja económica, influir en la opinión pública americana a favor de sus posiciones en Europa y debilitar a los gobiernos –incluido el de Estados Unidos– con poder para debilitar la diplomacia nazi en Europa. Sabemos hoy, en buena medida gracias a las investigaciones de Ronald Newton (1995), que en ningún caso consideró Hitler que la contribución de América Latina al futuro esfuerzo de guerra iba a resultar básico y no se ha documentado que la región constituyera un objetivo del «espacio vital» nazi. Por su parte Mussolini veía en América Latina sobre todo una carta diplomática para emplearla en su política europea. «Sin embargo, el potencial subversivo nazifascista pareció amenazador a los ojos de Washington: el abandono italiano de la Sociedad de Naciones había sido seguido por Guatemala, Honduras y El Salvador, en 1938; el Partido Integralista de Brasil y el Movimiento Nacional Socialista (MNS) chileno habían ensayado –sin éxito– golpes de supuesta inspiración totalitaria, y, ya en la primavera de 1939, se expandieron rumores acerca de una posible anexión alemana de la Patagonia argentina» (Pardo Sanz, 1994, 208). A ello se sumaba el temor de que el Caribe fuera vulnerable a ataques aéreos o submarinos. Tales sospechas tenían más elementos de fantasía que de realidad. En el caso argentino fueron los sectores democráticos, por razones loables, los primeros en dar la voz de alarma sobre la «amenaza nazi». Con el telón de fondo del autoritarismo y el recurso al fraude y la exclusión de la restauración conservadora de la década de 1930, la gravedad de la situación, tal como la percibían, llevo a los demócratas a exagerar los peligros. La reacción británica a la «amenaza nazi» al igual que la del gobierno de Roberto Ortiz (1938-1942) «fue astuta y bien mesurada. En cambio, la de los Estados Unidos fue ignorante y harto desmedidas» 48 | El águila y El haz dE flEchas en producir materiales de propaganda en español y portugués, el segundo ejecutó una cantidad de funciones de contacto, por ejemplo entre estudiantes y visitantes latinoamericanos en Alemania. El líder del Instituto, general Wilhelm von Faupel, fue embajador de Hitler ante el régimen de Franco en Burgos en 1937 (Newton, 1995, 155). Fuera o no cierta la hipótesis de la conjura nazi –de la que a la larga se demostró su inexistencia– sumada al disparatado rumor de la reconquista española el continente, sirvieron de estímulo para que las repúblicas hispanoamericanas se alinearan con EEUU. En 1940 la prensa falangista desmentía reiteradamente que España tuviera ambiciones territoriales en América. En unas declaraciones al Volkischer Beobatcher en octubre de 1941, Serrano Suñer desmintió que España tuviera pretensiones territoriales en Europa o América, aunque varios periódicos latinoamericanos afirmaban que el ministro había discutido con Hitler y Ribbentrop la entrega de territorios americanos a España (González Calleja, 1994, 299-300). En el contexto de este rechazo al fascismo, Falange debió optar por centrar sus actividades en el campo cultural ante el riesgo de perder por completo su influencia política. Manuel Halcón, Canciller del Consejo de la Hispanidad, consideraba en julio de 1941 que la actuación política de FET, identificada con las potencias del Eje, resultaba un lastre para las acciones culturales y diplomáticas españolas. Pese a que el régimen de Madrid solo desarrolló en esta etapa acciones de inspiración católica o anticomunista, y del inicio de un deshielo de la relación con Estados Unidos que Serrano promovió desde mediados de 1942, el compromiso hispano de protección de los intereses de los países del Eje en América generó nuevas suspicacias, al punto que «… la campaña anti española era inversamente proporcional a la intensidad de las acciones franquistas en América» (Pardo Sanz, 1994, 223). Con su vuelta España y los Estados Unidos en la década... | 49 al Ministerio de Asuntos Exteriores, y en el marco de su política neutralista, Gómez Jordana convirtió al hispanismo, con sus elementos católicos y anticomunistas, en un elemento de diferenciación del Eje y que serviría para distender la relación con los Aliados. Pese a que el falangismo quedo completamente relegado en la política exterior y en el Consejo de la Hispanidad, no disminuyó la hostilidad de la opinión publica latinoamericana (Pardo Sanz, 1994, 224). La publicación en 1943 del libro de Allen Chase Falange. The Axis Secret Army in the Americas, que compilaba rumores y denuncias antifalangistas, expresa el fracaso de la reorientación de la política exterior española. Allan Chase calicó a la DNSEF de sección de habla española de la Organización Exterior del Partido Nazi, dirigida por instructores alemanes a las órdenes del general Wilhelm von Faupel. Con voluntad alarmista y evidente exageración, llegó a afirmar que en octubre de 1938 FET tenía ramificaciones en veinte países y se jactaba de tener fuera de España más de un millón de afiliados, lo que supondría más de veinte veces el número de militantes en la propia península en vísperas de la guerra civil (Chase, 1943, en González Calleja, 2014, 128-129). Poco antes, el exiliado socialista en Mexico, Francisco Carmona Nenclares, afirmaba en 1942 que el sentido actual de la palabra Hispanidad había sido creado en el Instituto Ibero Americano de Berlin y se oponía a la idea de Hispanismo: «…la hispanidad es una pieza de la concepción nazi del mundo. Fue lanzada sobre América utilizando el punto de apoyo del régimen teocrático-fascista impuesto en España de resultas de la última guerra civil» (Carmona, 1942, 44-45). Al año siguiente, en un artículo en la Híspanic American Historical Review se afirmaba que aunque la filosofía de la Hispanidad hundía sus raíces en la tradición católica española, su formulación moderna se derivaba de los totalitarismos alemán e italiano (Diffie, 1943, 459). 50 | El águila y El haz dE flEchas Ello fue sucedido por los rumores y acusaciones sobre la participación española en el golpe de estado de Bolivia de 1943 y de su colaboración con el espionaje alemán en Argentina. En 1943 el senador demócrata Coffee pidió a la Cámara de Representantes de su país que abriera una investigación sobre Falange en el hemisferio occidental, al temer que los falangistas de Cuba y Colombia fueran a iniciar una rebelión fascista para la que contaban con apoyo militar y económico de Franco. Se iniciaron campañas contra Falange, entre las que se destacó la de la prensa cubana aliada al gobierno de Batista que provocó el paso a la clandestinidad de Falange y la expulsión o huida de sus jefes (Naranjo y Tabanera, 1998, 58). Los simpatizantes de Falange fueron disuadidos de participar en política a través de medios de coacción como el despido de sus trabajos o el cese de créditos para aquellas empresas incluidas en listas negras elaboradas por Estados Unidos (Naranjo y Tabanera, 1998, 58). Como hemos visto, ante esta coyuntura el propio Franco decidió en 1943 dar por terminada la acción de Falange en el exterior. En 1944 el régimen de Madrid viro su atención a Gran Bretaña, con quien buscaba llegar a un acuerdo sobre la base del compartido anticomunismo, mientras el Departamento de Estado y el Foreign Office asumieron que una mejora de sus relaciones con España favorecerían la asunción peninsular de la neutralidad. Aunque la propaganda de masas había presentado a Falange como testaferro de las potencias fascistas, los especialistas de su época pensaban que Franco jugaba su propio juego y no el de Hitler, juego que en determinadas circunstancias lo podía llevar a colaborar con el Eje y que incluía una voluntad imperialista. En 1944, Foreign Affairs publicaba un artículo de Thomas Hamilton, en el que se sostenía que la amenaza imperialista española contrastaba con su debilidad, por lo que solo podría acceder a alguna de sus ambiciones de la mano de las potencias del Eje, posibilidad ya pasada desde el momento en que España adoptó España y los Estados Unidos en la década... | 51 la neutralidad. Afirmaba el autor que no era cierto que Franco hubiera jugado el «juego de Hitler» en América Latina: «…ha estado jugando por su cuenta. Pero resulta ser tan hostil hacia los Estados Unidos como lo es Hitler, por lo tanto, en efecto, trabaja en interés de Hitler» (Hamilton, 1944, 467). Hamilton consideraba que pese a su debilidad, el régimen franquista podía provocar mas daño a los Estados Unidos en América Latina y Filipinas que los abiertamente fascistas, ya que no era menos hostil pero podía resultar más efectivo. En el mismo sentido, González Calleja considera en su balance que la actividad de Falange en el extranjero fue eventualmente pronazi o pro fascista, pero siempre antibritánica, antiestadounidense, antiliberal, anticomunista y antidemocrática (González Calleja, 1994, 306-307). Sin embargo, fue en el ocaso mismo de la acción de Falange que Estados Unidos decidió dedicar importantes esfuerzos a su persecución. Entre esas iniciativas se contó el despliegue del FBI en Iberoamérica, tras los pasos de las redes de espionaje alemanas, italianas y, en un segundo nivel de atención, españolas. eL Fbi en AméricA LAtinA Con la asunción de la presidencia de Estados Unidos por Franklin Rooselvet en 1933, se adoptó el principio de no intervención en los asuntos internos de las otras repúblicas americanas, a través de la conocida como Política del buen vecino. Sin embargo, unos pocos años más tarde, Rooselvet ordeno al FBI actuar como una agencia de inteligencia política internacional para investigar primero al fascismo y luego al comunismo, tanto en el territorio de Estados Unidos como en Latinoamérica. Ya en agosto de 1936, el presidente Rooselvet le pidió a Edgard J. Hoover que compilara un informe del panorama general del efecto e impacto de las ideologías comunista y fascista en las 52 | El águila y El haz dE flEchas Américas, que no se llegó a realizar debido a las desavenencias entre el director del FBI y el subsecretario de Estado, George S. Messersmith. En 1938 Rooselvet pidió a Hoover que evaluara la amenaza que implicaba el espionaje del Eje, mientras la policía de Brasil solicitó al FBI capacitación en contrainteligencia, lo que se concretó con el envío de un agente a ese país en enero de 1939 (Dimitrakis, 2019, 74-75). Preocupado por la expansión de la Alemania nazi y temiendo al espionaje en los propios Estados Unidos, Roosevelt firmó una directiva presidencial el 26 de junio de 1939 que autorizaba al FBI, y a la inteligencia del Ejército y de la Marina a coordinar acciones de contra espionaje y anti sabotaje (Dimitrakis, 2019, 83). Tras la invasión alemana de Francia, en mayo de 1940, el FBI de Hoover desplegó operaciones de contra espionaje para controlar a los oficiales de inteligencia alemanes en Washington. Se acordó en aquel momento que los servicios de inteligencia del Ejército y la Marina se encargarían de las tareas de espionaje y control relativas a las fuerzas militares del Eje, mientras el FBI se circunscribiría a la inteligencia sobre los civiles. Finalmente, en junio de 1940 se creó el Servicio Especial de Inteligencia (Special Intelligence Service, SIS) del FBI (Dimitrakis, 2019, 84). De este modo, durante la Segunda Guerra Mundial, el presidente Franklin Delano Rooselvet puso al FBI a cargo de la vigilancia política en América Latina, pese a que su competencia legal original se restringía a los asuntos internos de EEUU. La presencia del FBI precedió a la creación de la CIA en 1947, que asumiría las tareas de inteligencia en el extranjero (Becker, 2017, 2). El presidente Rooselvet decidió que el FBI se encargaría de la inteligencia extranjera en el hemisferio occidental, a pedido del Departamento de Estado, mientras las ramas de la inteligencia militar y naval se encargarían del resto del mundo, provocando que se desarrollara una marcada competencia entre las distintas agencias (Dimitrakis, 2019, 85). El Congreso de Estados Unidos España y los Estados Unidos en la década... | 53 no fue informado, en un primer momento de la existencia del SIS, y Hoover se preocupaba de que su revelación lo expusiera a él y al presidente Rooselvet a graves problemas políticos (Dimitrakis, 2019, 88). El agente especial Percy Foxworth fue nombrado jefe del SIS, con sede en Nueva York. Desde 1942, la cobertura oficial para los agentes del SIS en América Latina era el puesto de agregado legal, mientras otros trabajaban de modo encubierto. Los hispanoparlantes eran buscados para esos puestos, pero eran pocos, y en general los agentes estaban mal entrenados, dada la nula experiencia del FBI en inteligencia y espionaje en el extranjero (Dimitrakis, 2019, 89). Los agentes del FBI eran enviados a veces con el conocimiento de los gobiernos latinoamericanos y a veces sin él (Becker, 2017, 7-8). Bajo la dirección de Edgar Hoover se intentó transformar al FBI en una agencia de investigaciones de alcance global, y a través del Special Intelligence Service (SIS), desplegó centenares de agentes en America Latina durante la década del cuarenta. La justificación original para este programa era la de reunir información secreta de inteligencia sobre las actividades consideradas subversivas en el hemisferio occidental, en particular para combatir la influencia de Alemania Nazi en México, Brasil, Chile y Argentina. Desde allí el programa se expandió a otros países, ya que Estados Unidos trataba a América Central y el Caribe como sus áreas de influencia, por lo que consideraba la vigilancia de dichas áreas como clave para su seguridad; mientras Colombia y Venezuela eran estratégicamente importantes por sus reservas de petróleo y Perú por sus exportaciones de minerales a EEUU y por contar con una gran colonia japonesa. La misión del FBI no se detuvo en los países con una importante presencia nipona o alemana o que tuvieran significado estratégico para los EEUU, alcanzando por ejemplo a países menos relevantes desde esa perspectiva, como Ecuador (Becker, 2017, 2-3). 54 | El águila y El haz dE flEchas Con la creación en 1942 de la Office of Strategic Services (OSS) –nuevo servicio de inteligencia, que será el directo antecedente de la CIA– para coordinar las actividades de espionaje, el FBI encontró un competidor. La OSS desarrollaba de manera encubierta actividades anti nazis, mientras el FBI debía limitarse a la reunión de información, pero esta distinción no siempre se respetaba. «Mientras Hoover odiaba a los izquierdistas, la OSS recluto comunistas para sus fines» (Becker, 2017, 12-13). Los informes del FBI sobre sus actividades en América Latina se enviaban al Departamento de Estado en Washington de forma reservada. Hoover los dirigía al Subsecretario de Estado, al jefe del Military Intelligence Division (Military Intelligence Service desde marzo de 1942) en el Departamento de Guerra y al director de los servicios de inteligencia de la Marina. Normalmente, se enviaba también una copia a la embajada local de los Estados Unidos. Sin embargo, las actividades llevadas a cabo por el FBI en América Latina permanecieron en gran parte secretas, tanto que durante mucho tiempo ni siquiera el Congreso tuvo conocimiento de ellas (Fotia y Cimatti, 2021, 79). Con el declive de la amenaza nazi en el año 1943, Hoover orientó su aparato internacional de inteligencia a la lucha contra el comunismo. Con ello se desconectó la justificación de la presencia del FBI en América Latina con el fascismo, y el foco de sus investigaciones pasó a ser el comunismo, orientado por el «notoriamente xenófobo y anticomunista Hoover» (Becker, 2017, 10, Fotia y Cimatti, 2021, 78-79). Foxworth debio vencer las resistencias de Hoover para integrar a diplomáticos, empresarios y empleados de compañías norteamericanas en Latinoamérica para incorporarse en la red de espionaje del SIS. El director de PANAM en Rio de Janeiro, por ejemplo, había descubierto que una compañía española era una pantalla para la acción de Lufthansa, compañía que no había logrado obtener los derechos para la ruta aérea entre España y Brasil (Dimitrakis, 2019, 90). España y los Estados Unidos en la década... | 55 Para fines de 1940 el FBI tenía 12 agentes encubiertos en 9 países –Argentina, Brasil, Chile, Perú, Colombia, Cuba, México Nicaragua y Venezuela– y uno más que viajaba por el continente. Para julio de 1941 ya eran 22 en 12 países. Dos años más tarde eran 137 agentes, cifra que se elevó más tarde hasta un número de 360 agentes. Los primeros despachos de estos agentes estaban referidos a las amenazas nazi, fascista y japonesa, principalmente el primero, aunque el nazismo nunca resultó –como señalamos– una amenaza real para América Latina. Desde 1943 los agentes colectaban además información económica y política de los países en los que estaban asentados (Becker, 2017, 12-13). Las competencias de los agentes del FBI para las tareas asignadas eran muy limitadas. Muchos de los agentes del FBI designados en América Latina tenían poco conocimiento del país al que iban y algunos no conocían bien el idioma español, y varios de ellos tenían un entrenamiento mínimo (Becker, 2017, 18 y 22). Maria Emilia Paz Salinas aseguró al respecto que «…el principal éxito del FBI en su batalla de contrainteligencia es atribuible más a los imperdonables errores cometidos por los agentes de espionaje del Eje, más que a la competencia de los miembros del FBI» (Paz Salinas, 202, en Becker, 2017, 11). Los espías eran jóvenes e inexpertos y no contaban con la protección de las embajadas. La rapidez que alcanzó la expansión de las actividades del SIS en la región provocó que casi la totalidad de los agentes que se enviaron carecieran de experiencia previa y contaran con un entrenamiento apenas elemental (FBI, 1947). Solo en 1944 Estados Unidos envió agentes más experimentados a la Argentina, ya que hasta ese momento Hoover prefirió que permanecieran en Estados Unidos investigando al espionaje del Eje. Los agentes carecían de una adecuada supervisión y disciplina administrativa, y hasta los que cubrían sus operaciones como agregados legales en las embajadas eran jóvenes 56 | El águila y El haz dE flEchas e inexpertos. Hasta 1944 los agentes de mayor jerarquía del FBI no podía visitar a los países de América del Sur para revisar sus operaciones, lo que conspiraba contra su eficiencia (Dimitrakis, 2019, 98). Muchas veces, los agentes acudían a informantes que ofrecían la misma información a distintos servicios de inteligencia, resultando esta muchas veces inexacta o completamente ficticia, o sencillamente le vendían al FBI información de los diarios como si fuera confidencial (Dimitrakis, 2019, 99). A fines de 1942, el SIS había logrado establecer estaciones de radio en Bogotá, Santiago, Quito, Río de Janeiro, La Habana, Lima y Montevideo, y contaba con un código de cifrado propio para sus mensajes (FBI, 1947). La inteligencia inglesa manipuló frecuentemente la información que hacían llegar a los norteamericanos. Por ejemplo, para mantener la fe argentina en la victoria inglesa y para influir en la opinión pública norteamericana, los ingleses recurrieron a todas las formas posibles de propaganda. Llevada por los «agregados legales» del FBI, en Whashington «donde la sofisticación en asuntos latinoamericanos era tan escasa como abundantes las caras y las agencias nuevas, aquel conjunto de hechos, desinformación y fantasía se transmutaba en política (Newton, 1995, 22-23). A fines de octubre de 1941, Rooselvet afirmó en público que tenía en su poder «… un mapa secreto alemán que mostraba las fronteras imaginadas para las repúblicas sudamericanas en la posguerra, ajustadas por la creación de un estado llamado Nueva España». Se trataba de una completa fantasía, que formaba parte de las maniobras con las que la inteligencia británica buscaba alertar a los Estados Unidos (Dimitrakis, 2019, 91). Con posterioridad al golpe militar del 4 de junio de 1943 en Argentina, la inteligencia inglesa usó «…la internación de los hombres del Graf Spee para manipular las percepciones estadounidenses de los asuntos argentinos», promoviendo que sus intervenciones en España y los Estados Unidos en la década... | 57 asuntos internos argentinos les acarreara el repudio de la elite local (Newton,1995, 331-332)1. Como vemos, las capacidades y condiciones de los espías norteamericanos que informarían sobre el accionar de Falange en Hispanoamérica eran limitados. Sujetos a manipulación, poco conocedores de las realidades sociales y culturales de los países de la región y orientados por hipótesis no siempre realistas, los espías del FBI otorgaban un rol exageradamente relevante a Falange en el despliegue propagandístico del Eje en Hispanoamérica y en sus esfuerzos de inteligencia. El peligro percibido era mayor que el riesgo real. Investigaciones como las de Richard McGaha nos permiten dar cuenta de la acción efectiva de Falange en su colaboración con el Eje en Iberoamérica. Sabemos que desde el comienzo de la guerra España apoyó enérgicamente los esfuerzos de inteligencia nazi y jugó un papel activo ayudando en el contrabando de materiales, sobre todo desde Argentina. España tenía el mayor número de personal de inteligencia alemán fuera del territorio ocupado por los alemanes. Walter Schellenberg, jefe del contraespionaje alemán durante la Segunda Guerra Mundial señaló a sus interrogadores de la posguerra la importancia de España como base para las actividades de recolección de inteligencia. La embajada de Alemania en España era la legación germana más grande del mundo con más de 500 miembros en Madrid y 180 más dispersos en sus treinta consulados en ese país. Alemania construyó once puestos de observación a lo largo de la costa del sur de España y el Marruecos español. A finales de 1941, se construyeron nueve nuevos puestos a lo largo de la costa norte de España y cinco a lo largo de la costa sur. Esto llevó el número total de puestos de 1 El Admiral Graf Spee era un buque de alemán, que resultó dañado en la Batalla del Río de La Plata, en diciembre de 1939. El capitán del barco decidió hundirlo, y su tripulación permaneció internada en la Argentina hasta el fin de la guerra. 64 | El águila y El haz dE flEchas El informe reportaba que durante el periodo 1937-1941, cuando Falange estaba en su apogeo, aparecieron muchos diarios falangistas en América, como Arriba España, Occidenti (sic), Si, La Discusión, Amanecer, Nueva España y Unidad. Con el declive de Falange la mayor parte de estos diarios se dejaron de publicar, pero muchos periódicos simpatizantes con Falange continuaron publicando su propaganda, como el Diario de la Marina de Cuba, cuyo director José Ignacio Rivero era en ese momento falangista. También radios locales a lo largo de todo el continente difundieron programas falangistas, bajo el control de representantes oficiales de la Embajada Española. El informe constataba acertadamente que, dado que los españoles de doble nacionalidad gozaban de una ventaja en América Latina sobre alemanes o italianos, los representantes del Eje trataron de usar a Falange Exterior para sus propios fines. Se sabía con certeza que la valija diplomática española fue usada por los gobiernos alemán e italiano para distribuir materiales secretos en América Latina y existían indicios de que Ramón Serrano Suñer, ex Ministro de Relaciones Exteriores y Secretario General de Falange, facilitó la partida de agentes de España hacia América Latina proveyéndoles de pasaportes españoles. Excepto en Argentina, donde los países del Eje conservaban en 1943 sus embajadas, las misiones diplomáticas españolas en América representaban los intereses del Eje, y el FBI sospechaba que también habían asumido las tareas de espionaje y propaganda alemana, trabajando bajo la dirección del Instituto Iberoamericano de Berlin. Se creía que las instrucciones de von Faupel se transmitían a América Latina a través de la diplomacia española y de Falange Exterior. El informe consignaba con detalle que el 4 de mayo de 1941 Berlín había enviado las siguientes instrucciones a la Falange en América Latina: «Estimular los disturbios lo más posible, por vías que incluyeran los golpes de estado y la incitación a los conflictos fronterizos, etc.; promover las disputas La falange en Hispanoamerica... | 65 entre comunistas y anticomunistas, provocar la intervención de los EE.UU. en América Latina para capitalizar el sentimiento anti norteamericano y coordinar los movimientos para estar listo para actuar ante las instrucciones de Berlin». Desde todo punto de vista, el informe atribuía una capacidad de acción a Falange en América que nunca logró, y una subordinación a los intereses directos de Alemania que no existió, aunque, en efecto, España usó el anticomunismo y la oposición al panamericanismo como armas en la contienda por su predominio en el nuevo continente. El informe resultaba más acertado en la sospecha de que los falangistas y, en particular, los agentes de la Inteligencia Militar española actuaban como informantes de los alemanes y en sostener que uno de los métodos de reclutamiento alemán era integrar a agentes de Falange para trabajos anticomunistas, así como en sostener que dichos agentes españoles eran llevados en barcos españoles hasta Argentina (FBI, 1943, 38). Los redactores del informe advertían, con certeza, que el falangismo había perdido casi toda su influencia en América Latina, y que en todo el continente no existían en1943 grupos falangistas organizados conocidos. Entre los motivos para la rápida desintegración de la Falange, señalaba en primer término que muchos de sus miembros no apoyaban al Eje, ya que su apoyo al franquismo solamente expresaba su desaprobación al Gobierno republicano español –al que esos actores veían dominado por el comunismo– y que cuando en 1939 pareció que el gobierno español estaba completamente controlado por el Eje, se disociaron de Falange. Aunque estos grupos del nuevo continente eran originalmente pro franquistas, muchos de ellos eran anti alemanes y pro aliados. A ello se sumaba que muchos de los más ricos españoles residentes en América Latina habían pasado con anterioridad estadías en los Estados Unidos y muchos mandaron a sus hijos a estudiar en universidades norteamericanas, lo que había generado actitudes de simpatía y solidaridad 66 | El águila y El haz dE flEchas con ese país. La campaña nazi contra las religiones en general y contra el catolicismo en particular, provocó que muchos españoles temieran a los lazos entre el franquismo y el Eje. Este análisis acerca de las causas del declive del apoyo al falangismo de las elites españolas de América era muy perceptivo, y coincide con las estimaciones de académicos de nuestros tiempos, como hemos visto en los capítulos anteriores. En lo que tiene que ver con la política y sus percepciones, el informe destacaba que tras el estallido de la Segunda Guerra Mundial, muchos españoles residentes en América Latina dejaron la Falange porque pensaban que la pertenencia a esa organización los podía perjudicar financieramente, ya que podría conducir a su inclusión en la lista de empresas bloqueadas por Estados Unidos y sus aliados. Los gobiernos latinoamericanos, aunque no hubieran sido hostiles antes con Falange, ordenaron su disolución después de romper relaciones con el Eje. Finalmente, en junio de 1942 el gobierno español hizo un cambio radical, al ordenar que la diplomacia española no se vinculara con las actividades falangistas. Dos meses después, Ramon Serrano Suñer fue reemplazado por el General Francisco Gómez de Jordana al frente del Ministerio de Asuntos Exteriores, y se informó al embajador de Estados Unidos en España que la Falange Española en las repúblicas de América se había disuelto, con instrucciones de no operar de ningún modo ni bajo ningún nombre, de modo que solo restaba como actividad falangista en el continente la acción de adherentes individuales a esa causa (FBI, 1943, 41-42). Presentamos a continuación, y brevemente, la información que el FBI tenía sobre el desempeño de Falange en distintos países del continente americano, ya que se trata de un documento excepcional acerca de las actividades falangistas en el continente y de una fuente que nos permite discernir cuales eran los aspectos que el FBI consideraba relevantes y cuales los modos en que los analizaba. Del total de casos nacionales considerados en el La falange en Hispanoamerica... | 67 informe seleccionamos los de tres países relevantes: los propios Estados Unidos, México y Bolivia. El análisis de estos casos nos permitirá considerar el modo en que el conocimiento previo de los escenarios –mayor en el caso de los propios Estados Unidos y México que en el de Bolivia– orientaba la posibilidad de comprender la real importancia del despliegue de Falange en cada caso. Por otra parte, consideraremos los de Argentina y Uruguay en los apartados correspondientes. LA visión deL Fbi sobre LA FALAnge en Los estAdos Unidos En Estados Unidos Falange tuvo muy pocas oportunidades de desarrollo. El informe consignaba que la gran mayoría de los españoles en Estados Unidos se adherían a las ideologías de gobierno republicanas o monárquicas y se oponían al régimen de Franco.Esta visión coincide con estudios posteriores que destacan el enorme predominio de la opinión republicana entre los españoles residentes en Estados Unidos, detectándose un leve aumento del apoyo al franquismo sobre el final de la Guerra Civil (Rey García, 1994, 108). Las actividades de Falange en Estados Unidos se veían limitadas por el contexto numérico en que se desarrollaban, que contrastaban con el caso de FET en Hispanoamerica, y con el de los grupos fascistas italianos y alemanes en Estados Unidos. Mientras la Falange operaba en Hispanoamérica en una base de casi cien por ciento de hispanoparlantes, en Estados Unidos esa base era pequeña, ya que los hablantes de castellano eran en 1940 solo el 4,3 de la población blanca extranjera de ese país entre los cuales los españoles eran solamente 47 707 personas. En cuanto a la población total de los Estados Unidos, los hispanoparlantes representaban en 1940 solamente un 1,3 por ciento. La Falange Española no logró establecer una estructura relevante en Estados Unidos. Las actividades falangistas que 68 | El águila y El haz dE flEchas existieron fueron inconexas, y estuvieron lejos de expresar el resultado de un esfuerzo organizado. El FBI no tenía evidencias de que el gobierno español hubiera hecho un esfuerzo abierto o encubierto para establecer una organización de Falange centralizada y disciplinada en ese país, aunque, de acuerdo a un mapa publicado por el Ministerio de Asuntos Exteriores de España en 1939 al que se refiere el informe, existían filiales de Falange en New York y San Francisco antes de esa fecha. En mayo de 1937 se estableció en Nueva York la Casa de España, una sociedad cultural española, uno de cuyos objetivos era mejorar las relaciones entre España y Estados Unidos. Fundada por un grupo de hombres de negocios simpatizantes con los objetivos del régimen de Franco, el presidente era Marcelino Garcia Rubier, y todos los dirigentes se vinculaban con la firma naviera de García y Díaz. Se reportó que antes de la fundación de esta organización, sus miembros estaban conectados con la Confederación de Sociedades Españolas de Nueva York, y que cuando esta entidad fue presuntamente dominada por los comunistas, varios de sus miembros de mejor educación salieron y fundaron esta nueva institución. Era un grupo de navieros, exportadores y profesionales que aparentemente trabajaban en armonía con los representantes diplomáticos españoles en los Estados Unidos. La Casa de España existió en la era de la guerra civil y continuó sus actividades hasta el ingreso de Estados Unidos en la guerra. Esta sociedad tenía una sección femenina que enviaba ayuda a España en el marco del «Auxilio Social». La membrecía de esta organización oscilaba entre trescientos y cuatrocientos miembros, la mayor parte pro franquistas pero no necesariamente pro fascistas. El embajador español fue designado presidente honorario de la Casa de España. La organización fue presentada como «la cara respetable de Franco» y según el cónsul en Nueva York se encuadraron bajo la disciplina de Falange sin mostrar signos de La falange en Hispanoamerica... | 69 disconformidad. Aunque no se afiliaron a Falange, los miembros de la Casa de España eran considerados falangistas y usaban el saludo de esa organización, pero no estaba claro para el FBI si podían ser considerados una filial oficial del falangismo. Un informante destacaba que los miembros de la casa de España apoyaban el carácter nacionalista y católico del movimiento de Franco, más que el ardor revolucionario de Falange. Probablemente, el conservadurismo de la Casa de España haya provocado que los admiradores más entusiastas de Franco formaran una organización separada, el Club Isabel y Fernando, con conexiones más directas con Falange, mientras la Casa de España se vinculaba con la representación oficial española. No existían evidencias que vincularan a la Casa de España con actividades de espionaje o sabotaje. Durante los años de la Guerra Civil su actividad principal fue la propaganda política y el apoyo financiero al franquismo. En enero de 1942 el cónsul honorario de España en Nueva York informó a sus superiores en Washington que Casa de España decidió suspender sus actividades debido al ingreso de Estados Unidos en la guerra. El informe consignaba que el Club Isabel y Fernando, fundado en 1938, reunía a los más agresivos franquistas del área de Nueva York y mantenía directas conexiones con la FET y de la JONS. En 1940 se presentaban como los representantes del Auxilio Social, pero no parecía seguir activo el momento de redactase el informe. La diplomacia española –aseguraban– no tenía buen concepto de este grupo, del que temía que trajera problemas con las autoridades norteamericanas. Por su parte, la Librería Española de Información, también de Nueva York, comenzó sus actividades en abril de 1940 y se cerró en enero de 1943. Su función era difundir la cultura española, y estaba bajo el control de Falange. La librería fue caracterizada como el centro de la actividad falangista en Nueva York, y se cree que estuvo bajo la dirección del propio Serrano Suñer. Su director 70 | El águila y El haz dE flEchas era Javier Gaytan de Ayala, miembro de la diplomacia española1. La librería enviaba publicaciones en ingles a unas 4000 personas o instituciones. Tenía también una publicación llamada Cara al Sol 2. También en Los Ángeles existía una organización social y cultural llamada Casa de España, fundada en 1938 y presidida por Salvador Uso. Aunque algunos de sus miembros eran profascistas, esa no era la línea oficial de la institución. En 1943 continuaba existiendo, sin ninguna evidencia de que en la institución desarrollara actividades a favor del Eje. El informe destacaba que la influencia de Falange en el público hispano parlante se vio impedida por la existencia de dos organizaciones políticas articuladas: Sociedades Hispanas Confederadas y Solidaridad Internacional Antifascista. La primera –con sede en Nueva York– congregaba 70 sociedades españolas a lo largo del país, que contribuía con fondos para ayudar a los refugiados españoles, y estaba a favor del derrocamiento del gobierno de Franco y el establecimiento de una república liberal en España. La segunda estaba conformada por varias sociedades anarquistas, unas 35 en todo EE.UU. Sabemos que el universo republicano español, en realidad, era más amplio y complejo (Rey García, 1994, 110-116). De modo que hubo muy poca actividad 1 Javier Gaytán de Ayala, fue nombrado agregado de Prensa de la embajada española en Washington en diciembre de 1939, desarrollando desde esa posición esfuerzos por mejorar la imagen del régimen franquista en lso Estados Unidos (Cintas, 2018, 160). 2 Cara al Sol fue el principal órgano de los simpatizantes del movimiento nacional español de habla hispana en Estados Unidos Comenzó a editarse en Nueva York en junio de 1937, primero con periodicidad quincenal y luego semanal. Cara al Sol no contó con anunciantes durante la guerra, probablemente debido al boicot organizado por los partidarios de la República. La publicación incluía contenidos procedentes de la Delegación de Prensa y Propaganda, fragmentos de prensa española y extranjera y comentarios sobre la actitudes de los norteamericanos y de los emigrantes españoles ante el conflicto. Desde 1937 asumió posiciones favorables al franquismo otra publicación, denominada España Nueva (Rey García, 1994, 117-119). La falange en Hispanoamerica... | 71 falangista organizada en EEUU, dado que la mayor parte de la población española en ese país era antifranquista3. En resumida síntesis, en la perspectiva del FBI, Falange nunca representó un peligro serio al interior de las propias fronteras norteamericanas, y la limitada adhesión con la que en su momento contó se motivó más en el anticomunismo y el catolicismo de las elites de las comunidades españolas que en el apoyo a las tendencias fascistas de la coalición franquista, o en el entusiasmo hacia las potencias el Eje al estallar al Segunda Guerra Mundial. Sin dudas, el conocimiento profundo del escenario norteamericano permitía a los redactores del informe brindar una visión mesurada y convincente acerca del fenómeno del falangismo en su propio país. LA visión deL Fbi sobre LA FALAnge en méxico El informe consignaba que la actividad falangista en México se inició a comienzos de 1938 con la llegada desde España de Genaro Riestra como representante oficial de Falange. Riestra fue el primer jefe de FET de la JONS en México, y como resultado de su trabajo en la comunidad española, fue deportado a fines de 1938 por el gobierno de México. El segundo de Riestra era Marcos Odriosola Solana, que tras la deportación de aquel se convirtió en jefe falangista. Bajo su conducción la Falange alcanzo la cumbre de su desarrollo en México. Entre sus actividades se destacaban las cenas, incluido el Plato Único, en el Casino Alemán y el Casino Español de la ciudad capital. El informe presentaba como un indicador de la relativa popularidad del franquismo en México que un gran número de 3 Un matiz al respecto se desprende de otro informe del FBI del año anterior, en el que se señalaba que la filial de Tampa, Florida, de Falange había contado con 1 500 adherentes y la de Puerto Rico, con 500 (Federal Bureau of Investigation, Special Intelligence Service-Basque Intelligence Service, September, 19, 1942, citado en San Sebastián, 2014, 289). 72 | El águila y El haz dE flEchas personas hubiera recibido a Alejandro Villanueva Plata, Inspector General de Falange a comienzos de 1939, en su visita al país. Dado el poder que alcanzó el falangismo y ante el temor del gobierno mexicano de que pudiera extender su influencia al pueblo de ese país, la organización fue declarada ilegal y Falange se disolvió oficialmente el 5 de abril de 1939. Como efecto de esa disolución se deporto a Villanueva, y a otros dirigentes falangistas y renunció una gran cantidad de sus miembros. La organización quedó muy debilitada y dividida, con muchas disputas por el liderazgo del grupo remanente. El informe planteaba la sospecha de que la Ayuda Social Española, que continuó actuando en 1941 y 1942, era en realidad una tapadera de Falange, aunque al FBI le constaba que su ayuda se dirigía solamente a españoles pobres residentes en México. Se ha sostenido que Augusto Ibáñez Serrano, representante personal de Franco en México era el líder de Falange en ese país. El informe lo relativizaba, ya que aunque era el representante oficial del gobierno de España y necesariamente tenía contactos con líderes falangistas, el FBI sabía que era criticado justamente por no ser miembro del partido. Sabemos hoy que Ibañez Serrano no solo no pertenecía a Falange sino que le fue abiertamente hostil, y que el gobierno de México encontró en el representante de Franco «… su gran aliado para disuadir, primero, y eliminar, después, del territorio mexicano a uno de los miembros incómodos de la heterogénea familia del franquismo: la Falange Española» (Sola Ayape, 2019, 147). El Ministro de Gobernación Miguel Alemán señaló en junio de 1942 que el gobierno mexicano sabía que Falange tenía actividad política, y que como organización política debía desaparecer, por lo que el gobierno mexicano tomó medidas contra la Falange. Ante esto, en 1942 la FET comunicó al gobierno que sus actividades fueron suspendidas. El informe consignaba con acierto que Falange no tenía voluntad de intervenir en la política mexicana, pero si en la vida de La falange en Hispanoamerica... | 73 la colonia española. En el texto se estimaba que en México Falange tenía unos 1500 miembros, apoyados por un gran número de franquistas, no miembros de Falange Española. Estos grupos habían apoyado económicamente al franquismo durante la guerra civil, pero tras su terminación muchos se habían alejado. Falange desarrolló actividades en todo el país, y el FBI aseveraba que antes de la declaración de guerra de México a Alemania, su publicidad provenía directamente de ese país. Durante la Guerra Civil, Falange uso la presión económica para influenciar a los periódicos mexicanos y ganó el favor de periodistas y escritores, algunos de los cuales posteriormente pasaron a defender la democracia. Las únicas publicaciones realmente falangistas que existieron en el país fueron Unidad, luego llamada Hispanidad y Reconstrucción. Otras publicaciones menores fueron Ser, Afirmación, México Nuevo, La Semana, Omega, Diario Español y Hombre Libre, que en 1943 ya no existían. En los años previos a la publicación del informe se recibieron muchas denuncias sobre el accionar de Falange en México, provenientes de españoles republicanos, monárquicos o de otras tendencias antifranquistas. Se denunció asimismo el contrabando de armas y municiones para la distribución entre sus miembros, armas que, aseguraban los denunciantes, serían usadas en caso de una invasión del Eje al continente americano. También se denunció a la Falange por haber asumido tareas de espionaje a favor del Eje y por distribuir propaganda. Sin embargo, las investigaciones del FBI no probaron estas acciones de Falange en México. Las pruebas van en sentido contrario, desde que el Conde de Jordana dijo, en noviembre de 1942 al embajador de EE.UU. en Madrid, que la Falange en las repúblicas americanas se había disuelto con instrucciones de no actuar de ningún modo. Otros documentos sobre esa disolución son las carta de Augusto Ibañez Serrano a Antonio Sanz Agero, Ministro español en Guatemala sobre la disolución de Falange. Esas cartas también revelan que los elementos pro franquistas de la colonia española no estaban 80 | El águila y El haz dE flEchas la protesta de los republicanos, pero también fue cuestionado por su racismo por las elites bolivianas. Luego dejo Bolivia hacia Chile y Perú, donde fue detenido en marzo de1943 por difundir propaganda falangista y deportado en agosto a Bolivia, desde donde retornó a España. Otro agente de propaganda era Manuel de Góngora, arribado a La Paz desde Buenos Aires en febrero de 1943 con el propósito de dar una serie de conferencias sobre literatura española en con el auspicio del encargado de negocios español, Agustin Diego Madrazo, y el alcalde de La Paz, Luis Nardin Rivas. Aunque sus conferencias en La Paz no podían ser caracterizadas como propaganda Falangista –sostenía el informe– no perdió ocasión de enfatizar en la relación cultural y espiritual existente entre España y América Latina. El informe afirmaba que la propaganda falangista era desarrollada por sacerdotes jesuitas del colegio de San Calixto a través de Radio Fides, estación en la que se reiteraban las referencias a la Hispanidad, pero de un modo lo suficientemente sutil como para que el gobierno boliviano no tomara medidas contra ella. Más allá de la descripción de las acciones clandestinas de Falange y de sus intenciones, el informe acertaba al señalar que el verdadero peligro falangista en Bolivia no provenía de los militantes conjurados, sino de la influencia de respetables miembros de la Iglesia católica que por motivos muy diversos, apoyaban al régimen de Franco y promovían el ideario de la Hispanidad. Pero fuera de este acierto, el informe resultaba muy pobre, y como hemos señalado, con frecuentes inexactitudes. ¿Era éste un resultado de la escasa preparación y recursos de los agentes destinados en Bolivia, lo que tenía como consecuencia una información cuya baja calidad podía impactar negativamente en las decisiones del gobierno norteamericano? O por el contrario: ¿eran las directivas emanadas de Washington las que orientaban las agendas y perspectivas de los agentes en el terreno? No podemos saberlo a ciencia cierta, pero un episodio desencadenado poco después de la publicación del informe pone de La falange en Hispanoamerica... | 81 manifiesto esta dialéctica. El 20 de diciembre de 1943 tuvo lugar un Golpe de Estado en Bolivia, a través del cual asumió el poder el general Gualberto Villaroel, con el apoyo del Movimiento Nacionalista Revolucionario. La reacción norteamericana fue denunciar que se trataba de un golpe digitado por Berlin, Buenos Aires y Madrid. El FBI afirmaba que los golpistas bolivianos habían entrado en contacto con los alemanes a través de José Luis del Castillo, encargado de negocios de la Legación española en La Paz y que, mediante José Luis Aranguren, los conspiradores habían recibido tres millones de pesos bolivianos provenientes de Berlín y Buenos Aires7. La información provenía del Ministro de Relaciones Exteriores de Chile, que en diversas ocasiones había magnificado la influencia continental del régimen del general Farrell en Argentina, al que consideraba poco más que un representante del nazifascismo. Sin embargo, el mismo día del golpe el Embajador norteamericano en La Paz comunicaba al Departamento de Estado la voluntad del Movimiento Nacionalista Revolucionario de dialogar con los Estados Unidos8. ¿Como debe ser comprendida esta contradicción? Rosa Pardo Sanz (1995) ofrece una perceptiva aproximación. En 1943, el gobierno de Madrid había renunciado públicamente a competir con el estadounidense en Hispanoamérica, y se esforzaba por hacer creíble su posición de neutralidad. Durante meses se había evitado toda actividad en la región, para retomar desde 1943, la propaganda cultural y el patrocinio de acciones católicas. En previsión de una victoria aliada, se ofreció a Washington y Londres un proyecto de creación de un gran bloque orientado por 7 NARA II. Ficha Falange, Bolivia, Memo of 2-7-44, CCG to CBL, PWD, LD. 8 Foreign Relations of the United States: Diplomatic papers, 1943, The American Republics, Volume V. 824.00/1278: Telegram The Ambassador in Bolivia (Boal) to the Secretary of State. La Paz, December 20, 1943. Disponible en: https://history.state.gov/historicaldocuments/frus1943v05/d483. 82 | El águila y El haz dE flEchas España, Portugal, Estados Unidos y Gran Bretaña, para evitar la penetración comunista en América Latina. Sin embargo, el Departamento de Estado no atenuó las suspicacias antifranquistas que los medios oficiales norteamericanos habían atizado. Existió también cierta descoordinación entre las sección europea y latinoamericana del Departamento de Estado y entre éste y las agencias de los servicios de información norteamericanos acerca de la gravedad del «quintacolumnismo nazifalangista» en América Latina. La difusión del libro de Chase, con su acumulación de rumores y denuncias antifalangistas, y las acusaciones sobre las conexiones españolas en el golpe boliviano, indican que el peligro falangista siguió siendo utilizado por Washington –a sabiendas de su inexistencia– cuando, desde 1943-4, se decidió combatir cualquier movimiento latinoamericano que no se adhiriera incondicionalmente a las directrices norteamericanas, como en los casos de los nuevos regímenes de Bolivia y Argentina, acusados de ser agentes de un poder extranjero, ya fuera por ser contrarios a los grupos de presión vinculados a los intereses norteamericanos o por no estar dispuestos a alinearse con Washington. Consideramos que, sin dudas, el texto editado bajo la firma de Hoover en 1943 constituye una fuente de información muy relevante, para acceder al conocimiento de las acciones de Falange en América, la dimensión de su influencia, los grupos que los apoyaban y sus vínculos con cada gobierno. Pero también constituye un documento acerca del modo en que los prejuicios, el nivel de conocimiento de la sociedad en que operaban los agentes y las directrices políticas emanadas desde Washington condicionaban fuertemente las observaciones y, con ellas, las conclusiones a las que llegaba la agencia de inteligencia. Las diferencias en las percepciones de los casos aquí considerados –solo a modo de ejemplo de un conjunto mucho mayor– nos muestra el modo en que esas variantes influían en la percepción de la amenaza del falangismo, en ocasiones contrastando con las perspectivas que predominaban en otras áreas del propio gobierno de los Estados Unidos. IV Falange y falangistas en Uruguay eL escenArio Hace pocos años, Carlos Zubillaga señaló que resultaba un déficit de las historiografías latinoamericanas, y de la historiografía sobre la Guerra Civil española en su totalidad, la escasa atención brindada al despliegue de las redes falangistas del otro lado del Atlántico: sus militantes, sus nexos con distintos sectores sociales, las solidaridades recibidas, su financiación, las labores de inteligencia que desarrollaron. Sin embargo, su propia obra ha resultado una contribución fundamental para el conocimiento y la comprensión del fenómeno falangista en Uruguay y más en general, en el Río de La Plata1. La Falange que actuó en Uruguay conservó ese nombre entre noviembre de 1936 y el momento de su autodisolución en julio de 1940, primero como Falange Española de la JONS y luego como Falange Española Tradicionalista y de las JONS. Pero tras 1940 siguió actuando el falangismo, enmascarado en distintas identidades o bajo el amparo directo de la legación de España en Montevideo. Entre los afiliados a la primer Falange (los camisas viejas) y los que adhirieron a la FET y de la JONS luego de constituirse desde el poder esa coalición de fuerzas comprometidas 1 Esta sección se basa fundamentalmente en Carlos Zubillaga (2015). 84 | El águila y El haz dE flEchas con el alzamiento, no hubo siempre mutuo reconocimiento de pertenencia a un núcleo ideológicamente univoco. Por su parte, el personal diplomático era franquista, conservador y tradicionalista, y en su mayoría nunca fue falangista. La organización de Falange Española en Buenos Aires precedió en dos meses a la de Montevideo, y ambas se formaron sin intervención de las jerarquías peninsulares. En Uruguay, el 15 de noviembre de 1936 se formalizó la constitución de Falange Española de la JONS, que se comunicó a la Junta de Burgos. Las autoridades provisionales fueron: Jefe Teritorial: José Pumarega; Prensa y Propaganda: José Ferrer Llul; 2° de Prensa y Propganda: Dr. José María del Rey; Administración: Antonio Pumarega; 2° de sindicatos: Fernando Henriquez; del Consejo: Mariano Asiain Rojas; del Consejo: Alfredo F. de Soto; Secretario General: Angel Fernandez Abad (Zubillaga, 2015, 16). Todos eran migrantes exitosos económicamente. Se trataba de un partido de retaguardia, donde primaba la retórica sobre la acción, y cuyos miembros buscaban proteger sus intereses en la península mediante una acción que no los comprometiera personalmente. Los lideres reclutaban adherentes entre sus clientelas, con promesas de retribuciones o empleos. Se trataba de grupos pocos radicalizados, mas allá de alguna provocación callejera. Zubillaga (2015, 28) estimó que no pasaban de trescientos adherentes. Aunque la delegación del Servicio Exterior de Falange prohibió la formación de milicias, en Uruguay por un breve tiempo las hubo, en un proceso abierto entre fines de 1936 y comienzos de 1937. Su responsable fue Mariano Asiain y Rioja, ingeniero industrial y doctor en ciencias. Pese a su composición de elite y la moderación de sus integrantes, la Falange en Uruguay no fue inocua: … su talante antidemocrático, su prédica justificativa de la violencia (envuelta en fórmulas de sacralización), su concepción de la jerarquía como mecanismo de imposición de la voluntad del Falange y falangistas en Uruguay | 85 jefe con prescindencia de la mayoritaria en el grupo, su adhesión a las manifestaciones «imperiales» canalizada en la postulación de la Hispanidad como entidad política, su indisimulada empatía con los regímenes fascista y nazi, fueron otros tantos llamados de atención para la sociedad uruguaya (Zubillaga, 2015, 30). Las actividades iniciales de Falange en Uruguay carecieron de un plan orgánico. Consistían en la recaudación de fondos para apoyar al ejército Nacional, reuniones en las que se cantaba el Cara al sol, se gestaban algunas provocaciones a los republicanos, y se realizaban prácticas de disciplinamiento interno de militantes. La más importante de estas acciones fue la labor periodística del Dr. José María del Rey en el diario El Debate –del dirigente de la derecha del Partido Nacional–, Luis María de Herrera, desde fines de 1936. Rafael Soriano había sido el encargado de negocios de España en Montevideo hasta el alzamiento, y tras apoyar el levantamiento, pasó a desempeñarse como representante oficioso del gobierno de Burgos. Vinculado por su rol diplomático, desde 1933, con los grupos sociales uruguayos más encumbrados, montó una red conformada por españoles y uruguayos simpatizantes, muy gravitantes en la vida del país, que dió su apoyo a la junta de Burgos y apoyó financieramente al ejército de Franco. Esta organización se denominó Union Nacional Española (UNE), fue creada en septiembre de 1936, y se caracterizó por su intento unitario, que contrastaba con las pretensiones hegemónicas de la Falange (Ziubillaga, 2015, 40-41). Se constituyó un comité organizador formado por Rafael Soriano, Alfredo Navarro, Juan Morelli, José Irueta Goyena, Pedro Manini Ríos, Carlos Urioste, Joaquin Secco Ylla,, Elzeario Boix, Secundino Balparda, entre otros, es decir los referentes de los sectores de la derecha y el catolicismo uruguayo, el terrismo, el herrerismo, el riverismo y la Unión Cívica, junto a los empresarios más poderosos de la inmigración española y otros uruguayos descendientes de españoles. 86 | El águila y El haz dE flEchas Los colaboradores con la iniciativa de Soriano fueron Angel Aller y Ramón Varela Radio, secretario y tesorero de la UNE respectivamente, ambos importantes empresarios. Su participación provoco la emulación de muchos comerciantes e industriales españoles, no necesariamente por motivos ideológicos, pero si con la voluntad de acompañar posiciones de orden. Alejada del asociacionismo tradicional migratorio, la UNE logro un mensaje de adhesión a la Junta de Burgos, en septiembre de 1936, al que adhirieron el vicepresidente de la República Alfredo Navarro, el ex presidente de la Republica Juan José Campisteguy y el líder del riverismo y ex Ministro de Hacienda de Gabriel Terra, Pedro Manini Ríos. Muchos de los firmantes del manifiesto luego se pronunciarían contra el fascismo y el nazismo. Pese a que la UNE fue muy exitosa en su colaboración material, los falangistas desconfiaban de ella por lo que llamaban su nacionalismo liberal ambiguo. La confrontación entre UNE y Falange se mantendría después del decreto de unificación de abril 1937, tal como ocurrió en distintos lugares del mundo. En el contexto de la dictadura de Gabriel Terra, instaurada en marzo de 1933 con el apoyo del Partido Nacional, dirigido por Luis Alberto de Herrera, el falangismo español logró las simpatías de la alianza en el poder en Uruguay. Como ha señalado Magdalena Broquetas, desde los inicios de la dictadura el fascismo italiano, pero sobre el todo el falangismo y luego el franquismo español, despertaron simpatías entre jóvenes burgueses e intelectuales uruguayos que en los años treinta fundaron diversas agrupaciones anticomunistas y antiliberales. La derecha política uruguaya compartió algunos valores y postulados de los fascismos europeos. Algunos de los principios sostenidos por el falangismo, como el fuerte anticomunismo, la apología de una moral de los deberes y el sacrificio y la condena del igualitarismo, formaban parte de los valores admirados por las derechas políticas uruguayas de tradición liberal-conservadora y Falange y falangistas en Uruguay | 87 eran compartidos con los grupos antiliberales de los años treinta, que eran además muy hostiles a la tradición reformista del battlismo. Mientras que estas últimas expresiones radicalizadas adherían totalmente a los proyectos de cambio antiliberales, que incluían el rechazo al parlamentarismo y al multipartidismo, y la consolidación de un Estado corporativo: los representantes de la derecha política y de otros grupos de presión, aunque demostraron sus simpatías a los fascismos, rechazaron mucho de sus postulados, como la negación de los partidos políticos. Entre los grupos y movimientos antiliberales que actuaron en la década de 1930 se contaban Acción Revisionista del Uruguay, Movimiento Revisionista, Movimiento de Acción Nacional, Vanguardia Nacionalista Española del Uruguay, Unión Nacional Española del Uruguay y el Movimiento Renovación Nacional, cada uno de ellos con sus propios medios de prensa. Los dos primeros fueron filofascistas y filonazis, elementos a los que el Movimiento Revisionista sumó su carácter antiestadounidense y antisemita. El Movimiento de Acción Nacional y Vanguardia Nacionalista Española del Uruguay fueron organizaciones franquistas, de matriz católica y nacionalista, con fuertes componentes antisemitas (Broquetas, 2015, 36-38). España Nacionalista era, desde 1937, el órgano de la Vanguardia Nacionalista en el Uruguay. Las jerarquías eclesiásticas uruguayas se adhirieron tempranamente al alzamiento de Francisco Franco y a su pretensión de desarrollar una cruzada a favor del catolicismo y el hispanismo. Entre 1936 y 1939 fueron numerosas las manifestaciones de solidaridad con el bando nacionalista, así como la emergencia de organizaciones de laicos que alternaron las celebraciones litúrgicas con la actividad propagandística. Por el contrario, no puede ubicarse a la también católica Unión Cívica en el sector filo-falangista y franquista, ya que aunque contuvo una corriente de signo conservador que no dudó en apoyar inmediatamente a la Junta de Burgos, sus diputados mantuvieron en el parlamento 88 | El águila y El haz dE flEchas uruguayo una actitud de rechazo a las pretensiones del franquismo de desarrollar una cruzada (Broquetas, 2015, 39). Desde 1938, tanto por motivos políticos internos como por las repercusiones locales del contexto internacional, la alianza que sostenía al régimen terrista se resquebrajó. El Presidente Alfredo Baldomir, triunfante en las elecciones nacionales del 27 de marzo de ese año, fue separándose de su pasado terrista y su círculo de aliados conservadores, respondiendo a la oposición democrática y a la cada vez más intensa presencia de Estados Unidos, con su prédica antifascista y de defensa de la democracia liberal. Al asumir la presidencia, Baldomir lideró una transición democrática que derivó en un golpe, cometido por el propio Presidente, que dio paso a un breve período de facto, en el que no se violaron las libertades individuales, y se concretó la reforma constitucional que puso fin a la institucionalidad autoritaria del terrismo. Como parte de este proceso, se sancionó en junio de 1940 de la Ley de Agrupaciones Ilícitas, fundada en la defensa de los principios democráticos y republicanos, que puso fin a la actividad legal de los grupos antiliberales, entre los que se incluía a Falange (Broquetas, 2015, 40). El 11 de noviembre de 1936 Juan Pablo de Lojendio, representante oficioso del gobierno de Franco en Buenos Aires, fue designado como «encargado de la organización y dirección de los servicios de prensa y propaganda» en Argentina, Uruguay y Chile, y más tarde de la jefatura de esos servicios en toda América del Sur (Zubillaga, 2015, 36) Ello suponía para el caso uruguayo saltar las potestades de Rafael Soriano, con afinados vínculos con la elite uruguaya. Lojendio permanecería en la región por años, siendo ministro plenipotenciario en Uruguay entre 1944 y 1950. Las desavenencias entre Lojendio y la Falange fueron continuas, en su perspectiva, dadas las dificultades para encuadrar en las orientaciones emanadas de Burgos a los miembros locales de la organización. Falange y falangistas en Uruguay | 89 Lojendio había recibido instrucciones de actuar de manera reservada para lograr que las autoridades argentinas que simpatizaban con el alzamiento operaran discretamente a su favor (Tabanera, 1996, 309). La propaganda no debía ser hecha por el representante, sino por oradores enviados por la España Nacional, pese a lo cual el representante oficioso desplegó una intensa actividad. Los intentos de Lojendio para centralizar toda la ayuda a la facción franquista en una sola entidad fracasó, ya provocó la escisión del carlismo. Otra entidad favorable a los insurrectos fue la Agrupación Franquista Española, creada en febrero de 1937 en Montevideo, para combatir a los enemigos de la causa nacionalista. En su Junta provisoria se encontraban Leopoldo de las Cuevas (presidente), Santiago Gomis (vicepresidente), Adoldo Capella (secretario), José Masante y Pablo Serrano (controles), entre otros. El grupo desarrollaba actividades de homenaje a los alzados, actos para recaudar fondos y colectas de calzado, ropa, alimentos, etc. El carlismo comenzó a organizarse en Montevideo en junio de 1937 –ya que antes se vinculaban con la Agrupación Tradicionalista de Buenos Aires– dos meses después del decreto de unificación. Su líder era Laureano Melich Salas. Mientras los carlistas en España se resistían a la unificación, el jefe de la FET y JONS Jose Pumarega había impedido el acceso de los tradicionalistas uruguayos a cargos directivos en la organización. En marzo de 1938 una delegación tradicionalista se reunió con el Representante del Estado Español, Rafael Soriano, para informarles que como en el caso de Argentina, estaban dispuestos a constituir una jefatura nacional independiente. Las gestiones de Soriano lograron que en julio de 1939 los tradicionalistas aceptaran la unificación, que finalmente se concretó en septiembre de ese año. Sin embargo, la unificación no implicó que desapareciera la heterogeneidad de los componentes del conglomerado que apoyaba a Franco, y sus conflictos. 96 | El águila y El haz dE flEchas de Estados Unidos. Su existencia se prolongó hasta abril de 1946. Fue establecida, según los principios en que se fundamentaba, para ayudar en la preparación y coordinación de políticas para estabilizar las economías latinoamericanas, para asegurar y profundizar la influencia de Estados Unidos en la región, y para combatir las incursiones del Eje en el hemisferio occidental, particularmente en el ámbito comercial y cultural. La iniciativa buscaba coordinar al sector público y privado estadounidense, por lo que se integró como asesores a ciudadanos de esa nacionalidad representativos e influyentes de una variedad de las finanzas, comercio, industria, comunicaciones y medios de comunicación, cultura y educación. Fue encabezado por el empresario Nelson Rockefeller (1908-1979), quien ocupó el cargo de «Coordinador de Asuntos Interamericanos». Esta agencia participó en una amplia gama de actividades, tanto en Estados Unidos como en los países latinoamericanos. Buscó promover los intercambios de los países latinoamericanos con Estados Unidos, desalentar los vínculos económicos y culturales entre la región y Alemania e Italia e influir sobre la opinión pública de la región a través de la distribución de noticias, películas y de programas radiales, hacia Iberoamérica para contrarrestar la propaganda alemana e italiana y generar una imagen benévola de los Estados Unidos. Durante sus primeros meses de operaciones, y dada que las competencias administrativas no estaban bien definidas, la Oficina enfrentó tensiones considerables con otras agencias y con el Departamento de Estado. Desde abril de 1941, la mayoría de las actividades de la Oficina estuvieron sujetas a la supervisión y aprobación del Departamento de Estado. En su apogeo, el personal de la OIAA contaba con unos 1100 empleados en Estados Unidos y 300 técnicos y expertos de campo destacados en América Latina. Con un total de 59 comités de coordinación que empleaban unos 690 ayudantes y asistentes, la Oficina logró Falange y falangistas en Uruguay | 97 una presencia considerable en todos los principales centros de población de América Latina, operando bajo la supervisión más o menos estricta de las embajadas y legaciones de los Estados Unidos. Los comités solían estar formados por los principales representantes de la comunidad estadounidenses: ejecutivos locales de grandes corporaciones norteamericanas, pero también periodistas y otras personalidades relevantes. Muchos de los miembros del comité de coordinación habían residido en la región durante varios años y, al hacerlo, había desarrollado un conocimiento amplio de los países en que se asentaron (Cramer y Prutsch, 2006, 785-788). En sus años iniciales, la oficina participó en la confección de las listas de personas a quienes, debido a su relación con los países del Eje, se les bloqueaban los bienes. Pese a que desde 1942, la mayoría de las operaciones de guerra económica fueron asumidas por otros organismos especializados, la Oficina y sus comités de coordinación continuaron vigilando por varios años a los nacionales y simpatizantes del Eje, en particular en el sector de los medios y las comunicaciones (Cramer y Prutsch, 2006, 791). Es en este contexto que podemos comprender la existencia de la carpeta mecanografiada, fechada el 21 de febrero de 1942 y con un sello que indicaba su carácter confidencial, de autoría de la Oficina de Asuntos Interamericanos, titulada The Falange in the other American Republics2. Esta carpeta esta ordenada en secciones dedicados a cada país, y en cada afirmación que se presenta se remite a una inicial y una fecha, que entendemos se refiere al agente que produjo la información y al momento en que la aportó. 2 NARA II; RG 59, General Recors of the Department of State, Box 15, «Office of Inteligence Research, Division of Research for the American Republics», Miscellaneus Records, 1941-1948, Reclassification Review Proyect NND 780019. 98 | El águila y El haz dE flEchas El informe dedicado a la Falange en Uruguay contenido en este material mecanografiado resulta muy extenso y detallado. La Agencia norteamericana demostraba conocer la estructura de funcionamiento de Falange, su liderazgo y los frecuentes conflictos que enfrentaban. El informe consignaba que Falange estaba completamente organizado en Uruguay para 1937, y que también contaba con un cuerpo auxiliar femenino, liderado en 1939 por Emilia de Santurtun, quien ese año viajo a España a un programa de formación. Los redactores del informe estaban al tanto de la oposición de Rafael Soriano a la primera organización de la Falange, las dificultades que precedieron a la fusión en 1938 entre falangistas y tradicionalistas, los conflictos entre Soriano y Pumarega, las fricciones que despertó la designación de Duyos al frente de Falange, y la sucesión de sus jefes hasta la designación de José de Torres en marzo de 1941. En el informe se estimaba que para 1938 en Uruguay había entre 1300 y 1800 falangistas, y que contaba con muchos más adherentes entre los más de 16 000 residentes españoles y entre numerosos uruguayos, entre ellos muchos con posiciones políticas prominentes. De modo que en esta estimación, el falangismo no era en los años de la Guerra Civil una fuerza despreciable dentro de la vida política de los españoles residentes en Uruguay, además de contar con el apoyo de una parte de la elite de ese República. Las actividades falangistas eran ante todo propagandísticas, ya que el país no parecía ser un centro de gran importancia para la Falange en sí, ni para las operaciones del Eje, aunque se consignaba que existía evidencia considerable que indicaba que Falange y el Eje habían trabajado en conjunto en Uruguay. Los redactores del informe de la Oficina de Asuntos Interamericanos sabían que aunque supuestamente Falange se había disuelto en 1940, había seguido trabajando a través de organizaciones de fachada, como Fundación Española y movimientos nacionalistas locales. Como veremos, el informe otorgaba una singular importancia a Falange y falangistas en Uruguay | 99 la acción de estos grupos locales, en los que fijaba su atención dada su hostilidad manifiesta hacia los Estados Unidos. Aunque vinculadas con las de Argentina y Brasil, se afirmaba, la sección uruguaya de Falange se encontraba en contacto directo con Madrid. Según el informe, en Uruguay, como en otros países, como Argentina, Chile y Perú, Falange había promovido la formación de comités que buscaban perjudicar la relación del país con los EEUU, en los que se incluyen también nacionales, para disfrazar sus verdaderos propósitos. Esta afirmación resulta excesivamente genérica, ya que aunque efectivamente Falange, y más en general la España franquista intentaron hasta 1942 combatir el proyecto panamericanista en nombre del hispanismo, no se hacen explícitos los modos específicos en que esto se habría podido ejecutar en el nivel local. En su reconstrucción de la historia de Falange en Uruguay entre 1937 y 1940, elaborado en base a informes provenientes muy probablemente de la embajada norteamericana, la Oficina de Asuntos Interamericanos destacaba los vínculos de esa organización española con parte de la élite local y con la Iglesia Católica. No se equivocaba el redactor del informe al señalar que el primer propósito de Falange fue ganar apoyo para Franco y para el gobierno de Burgos entre los sectores más influyentes de la sociedad oriental. Un ejemplo al respecto lo constituyó la «Misión cultural» de Burgos enviada a Sudamérica en 1937, que visitó Montevideo. En esa ocasión –destacaba– el Padre Francisco Peiró, miembro de la misión, habló bajo el auspicio de un Comité de Damas compuesto por personas muy prominentes, como las esposas del Presidente Terra, el Senador Luis Alberto de Herrera y de dirigentes del partido Riverista, El sacerdote Peiró también visito en la ocasión las sedes del Club Católico y de Falange. A estos vínculos se sumaban los contactos con los representantes de las potencias del Eje, ambos ejemplificados en la visita a Montevideo de Rafael Duyos, por entonces conocido 100 | El águila y El haz dE flEchas como el «poeta» de Falange, en diciembre de 1937. La reunión fue seguida por un almuerzo de Plato Único en Cervecerías del Uruguay, a la que asistieron más de mil personas, incluyendo los representantes locales del fascismo y el nacional socialismo y de la «Unión Nacional del Uruguay». Entre los asistentes se encontraban Gregorio Álvarez Lezama, edecán del presidente Terra, el embajador de Italia, el Senador Manini Ríos, el estanciero Alejandro Gallinal (miembro del Partido Nacional, diputado, senador, constituyente, presidente del Banco de la ROU), entre otras figuras importantes. Hubo otras ocasiones en que se desarrollaron actos con presencia nazi y fascista, en los que se cantaron ambos himnos. Los actos tempranos de Falange en Uruguay tuvieron una orientación religiosa, tal como se observa en las misas conmemorativas de la muerte de José Antonio Primo de Rivera, o la asistencia de Gonzalo Valentín Nieto, miembro de la mencionada «misión cultural» franquista (Delgado, 1992, 126) al Tercer Congreso Eucaristico Nacional de Uruguay de 1938, fervientemente apoyado por Falange, que suspendió su encuentro de los sábados para facilitar la asistencia al Congreso. Los falangistas marcharon ese día por la Rambla de Montevideo con una bandera nacionalista española, bendecido en el Convento de «Madres Teresas» (sic) y depositada luego en el altar por una delegación liderada por Nieto. En otra ocasión, Soledad Alonso de Drysdale presentó un emblema de oro de Falange a la capilla de ese convento. La millonaria argentina que contribuía financieramente con el régimen de Franco y el conde de Guadalhorce fueron frecuentes participantes de los actos de Falange en Montevideo. Como queda claro, no escapaba a la observación estadounidense el arraigo que Falange había conseguido en buena parte de la élite uruguaya en los años de la Guerra Civil, así como el acompañamiento de la Iglesia Católica del Uruguay a la denominada cruzada franquista. Falange y falangistas en Uruguay | 101 Dada la importancia que otorgaba la Oficina de Asuntos Interamericanos a la formación de la opinión pública, no sorprende que le haya dedicado una extensa parte del informe a la cuestión, en el que desatacaba que Falange había contado con un programa de radio verspertino llamado «Habla la Falange», en Radio Artigas, CX 22 Fada, luego reemplazado por un programa llamado «Hora hispano americana», dirigido por el falangista Santos Menéndez, que fue suspendido en diversas ocasiones por sus declaraciones antidemocráticas, referencias sarcásticas a los republicanos, ironías sobre León Blum, entre otras manifestaciones contrarias a la institucionalidad del Uruguay. El informe destacaba asimismo el importante papel de Tomas Arribas, «Españita» en la difusión del ideario Falangista. El informe se detenía asimismo en la figura de Francisco Ferrer Llul –como hemos visto uno de los primeros falangistas de Uruguay– y por entonces cónsul honorario de Guatemala en Montevideo, quien admitió abiertamente en diciembre de 1940 que actuaba como agente de Propaganda de Franco en Uruguay, y había empleado la pantalla de un cine céntrico para proyectar películas de propaganda. Una serie de películas enviadas por el gobierno de Burgos se habían exhibido en el Teatro Embajador con gran éxito, entre ellas se contaban La guerra en España, y Segundo año triunfal. En lo relativo a la prensa escrita, el informe señalaba que en Montevideo se distribuían Orientación Española y Arriba, publicados en Buenos Aires, e Información, publicado por la Oficina de Prensa y Propaganda del estado español en Montevideo. La prensa local profalangista incluía La Voz de España, que recibía artículos de la representación del gobierno de Franco en Buenos Aires y La Tribuna Popular, suscripto a la agencia Roma y que publica propaganda falangista. Este último periódico tenía una circulación grande, ya que alcanzaba los 25 000 ejemplares, y se creía que recibía financiación italiana y de miembros locales de 102 | El águila y El haz dE flEchas Falange, de modo que era posible suponer que la influencia difusa del falangismo abarcaba un universo relativamente amplio. En relación a la coyuntura política contemporánea a la redacción del informe, se destacaba el rol del primer secretario de la legación española, José del Castillo, designado por Serrano Suñer para tomar control de las actividades locales de Falange. De él se afirmaba que estaba en constante contacto con los embajadores de Italia y Alemania, así como con el embajador de España en Brasil. Con el nombramiento de del Castillo, que tenía acceso directo a su Cancillería, se disminuyó la autoridad de Germán Fernández Fraga, uno de los falangistas locales más prominentes, editor de Hispanidad, y uno de los fundadores de «Fundación Española». Citando un informe de febrero de 1941, se afirmaba que del Castillo contaba con el apoyo de unos 1300 españoles residentes en Uruguay, 300 de los cuales habían sido seleccionados para desarrollar actividades para la causa falangista. La figura de del Castillo despertaría en los años sucesivos el interés del FBI. En una semblanza realizada en 1943, cuando asumió como primer secretario de la Legación española en La Paz, Francisco José del Castillo era considerado un miembro activo de Falange, que desde su llegada a Montevideo en 1939 se identificó con sus actividades. Se afirmaba, erróneamente, que cuando la organización falangista local se disolvió voluntariamente, él dirigió la Fundación Española desde julio de 1940 hasta su ilegalización en enero de 1942. El reporte daba lugar a las versiones que sostenían que del Castillo continuaba desarrollando actividades falangistas, y que estaba en contacto directo con Serrano Suñer, aunque a todas luces exageraba postulando «que tiene más poder que el propio ministro»3. Sus actividades, continuaba la semblanza, provocaron la firme enemistad de los españoles antifranquistas locales así como de los demócratas 3 NARA II, Ficha Falange Bolivia CBD 12-6-43, Montevideo. Falange y falangistas en Uruguay | 103 uruguayos en general. La ficha del FBI sostenía que del Castillo había asumido la representación de los intereses de las potencias del Eje, y que era el «verdadero ministro alemán», mientras el embajador español era simplemente un figurante. Sin embargo, el mismo reporte reconocía que la diplomacia de Estados Unidos pensaba que actuaba bajo la autoridad del embajador español y que no excedía sus competencias. La conclusión era que del Castillo era antidemocrático, y un firme apoyo del régimen totalitario de Franco, y que pese a la impresión desfavorable que tenían de su persona los alemanes de Uruguay, él parecía no tener aversión a lidiar con funcionarios nazis y los admiraba por su ideología y métodos. Aun en 1944, del Castillo era considerado por el FBI como un falangista peligroso, del que se afirmaba –como hemos visto– que había actuado como intermediario en el golpe boliviano de 19434. De regreso al reporte de la Oficina de Asuntos Interamericanos, su percepción de los grupos nacionalistas uruguayos enfatizaba, de manera exagerada, su vínculo con Falange. En esta perspectiva, presentaba a la Acción Juvenil Artiguista, y a la Alianza Libertadora del Pueblo Oriental como simples organizaciones de fachada de Falange tras su disolución, equiparándolas en ese sentido a la Fundación Española. Se trataba de grupos reportados como antiestadounidenses, antisemitas e hispanistas. El informe citaba la opinión de la legación norteamericana de que, tanto aquellos grupos como la Alianza Libertadora del Pueblo Oriental, estaban inspirados por el falangismo, lo que era cierto, sin duda. 4 «Francisco José del Castillo, anterior primer secretario de la legación en Montevideo, desde octubre de 1943. Ahora Encargado de Negocios de la Legación Española en La Paz. FALANGISTA-PRO TOTALITARIOANTI US», NARA II, Ficha Falange, Spanish Diplomats, encl to D-4276. 28-4-44 0903.522/189. 104 | El águila y El haz dE flEchas Según este informe, « …el principal frente del Eje en Uruguay ha sido el Revisionismo, liderado por Leslie Crawford y Joaquín Mesías», y apoyado por nazis, fascistas y falangistas. Se afirmaba con acierto que el Movimiento Revisionista era una organización, anticomunista, antisemita y antimasónica, «cuyo programa tiene un tufillo nazi», y se aseguraba que tenía fuertes contactos con el Instituto Ibero Americano, a cargo de la propaganda del régimen alemán en la región. Se reportaba que Crawford había hablado en junio de 1939, como representante del Revisionismo, en un acto de Falange en la localidad de Durazno. La organización se centraba en Montevideo, y se afirmaba que muchos de sus militantes trabajaban en empresas alemanas. Según la información de la Oficina de Asuntos Interamericanos, el Movimiento Revisionista tenía unos pocos cientos de adherentes, pese a que Leslie Crawford afirmaba que eran miles. El informe sostenía que aunque los lideres eran Leslie Crawford y Joaquin Mesias (en realidad el apellido era Mesia, el informe lo consignaba de manera errónea), un empleado de poca importancia en la Cancillería Uruguaya, y verdadero impulsor de organización parecía ser el periodista Adolfo Agorio, asociado a La Mañana y El Diario, medios progubernamentales que a veces mostraban tendencias fascistas. Se señalaba con acierto que Agorio era anti alemán en la primera guerra mundial, pero tras un viaje, invitado por Hitler, pasó a alabar a su régimen. Afortunadamente, en este punto podemos evaluar estas informaciones, su origen y sus límites. Como ha señalado Alpini, a diferencia de la coalición que sostuvo a la dictadura de Terra en el poder –conservadora, pero defensora del sistema de partidos políticos– las agrupaciones de la derecha radical uruguaya de los años treinta, buscaban romper con la tradición política del país, postulando la instauración de un estado Nacional Sindicalista, de inspiración fascista, jerárquico y autoritario (Alpini, 2015, 14). Su prédica era antiliberal, anti izquierdista, anti igualitaria, Falange y falangistas en Uruguay | 105 opuesta al imperialismo norteamericano y con frecuencia, antisemita. De hecho, Rafael Ravera Giuria, de Acción Revisionista del Uruguay, llevo adelante una campaña antisemita en ochenta audiciones por la emisora Monte Carlo entre 1933 y 1936, para compilarlas luego en un libro titulado Decálogo, publicado en 1937. En 1938 se atacó con bombas de alquitrán la fachada de un comité republicano español y una escuela judía, mientras en el año 1939 se registraron pintadas y volantes antisemitas, que llegaron a ser denunciados en la Cámara de Diputados, en Montevideo (Alpini, 2015, 40-43). Sabemos también que hacia 1939 y 1940, debido a la represión gubernamental contra las «actividades antinacionales,» el giro de la política internacional del presidente Baldomir y su alineamiento con los Estados Unidos, las publicaciones y los grupos de la derecha radical comenzaron a desaparecer de la arena política, por lo que no deja de sorprender la insistencia del informe en identificar con alarma a los revisionistas y a otros grupos que ya no podían actuar libremente desde al menos un año antes (Alpini, 2015, 67). Probablemente la fuente de la alarma era la propia prensa montevideana y, sobre todo, la acción de denuncia del nazismo en el Parlamento uruguayo, que recayó en un error que fue reproducido en este informe. La revista Corporaciones fue la primera de las publicaciones relevantes de la derecha radical uruguaya. Se publicó entre fines de 1935 y mayo de 1938, y según sus editores tenía una tirada de 3 000 ejemplares. Sus redactores responsables eran Ernesto Bauza, Nicolas de Pienzi y Teodomiro Varela, y su más aclamado redactor era el ya citado intelectual y periodista Adolfo Agorio. Los hombres de Corporaciones fundaron en 1937 el movimiento Acción Revisionista del Uruguay, que, aunque compartió con la derecha radical una prédica antidemocrática y hostil a los partidos políticos, hacia fines de 1937 moderó su programa, se incorporó al Partido Colorado, y apoyó la 112 | El águila y El haz dE flEchas mucho menos influyentes en el país de la margen oriental del Río de La Plata que en el resto de Hispanoamérica. En esa coyuntura, los mayores éxitos de la coalición franquista se dieron en el campo de la difusión de sus ideas por medio de diarios, programas radiales, manifestaciones, conferencias o sermones, y en el de la recolección y envío de ayuda a la facción llamada nacional durante la guerra. No por ello el falangismo alcanzó proporciones masivas, ya que siempre fue un fenómeno minoritario en la colonia española residente en Uruguay. Como hemos señalado, la unificación no fue una tarea sencilla en este país, y las tensiones entre los distintos componentes del bloque franquista reaparecieron frecuentemente, así como fueron habituales los enfrentamientos entre la representación diplomática y los jefes territoriales de Falange. Con el fin de la Guerra Civil Española, el estallido de la Segunda Guerra Mundial y el alineamiento del Uruguay en las políticas panamericanistas, el peso del falangismo disminuyó significativamente. Mientras los sectores conservadores, anticomunistas y católicos –aun cuando apoyaran al régimen de Franco– tomaban distancia de los posicionamientos filofascistas, serían los grupos de la derecha radical uruguaya –muy minoritarios– los que se identificarían con Falange. Sin embargo, las políticas del estado uruguayo impidieron muy rápidamente el funcionamiento de la sección local de Falange y la difusión de sus ideas, obligando a la organización a un funcionamiento en las sombras que la condenaba a la insignificancia. Tanto la Oficina de Coordinación Interamericana como el FBI tuvieron una visión ajustada acerca de las características reales del fenómeno falangista en Uruguay –más allá de algunos groseros errores de información y apreciación que hemos señalado– y desde temprano supieron que no encontrarían allí un peligro efectivo. Los vínculos entre el FBI y la Comisión Investigadora de Actividades Antinacionales y la colaboración entre Falange y falangistas en Uruguay | 113 los gobiernos de Estados Unidos y Uruguay permitía a la inteligencia norteamericana contar con información de calidad, aunque en ocasiones provocó que se compartieran errores de apreciación. Junto a ello, la confianza en que el gobierno uruguayo podía controlar las actividades clandestinas de Falange, permitió al FBI concentrarse en el seguimiento de los diplomáticos españoles, de los que se desconfiaba menos por su rol oficial, habida cuenta de la orientación neutralista abrazada por España desde 1942, que por sus posibles conexiones con las redes de inteligencia del Tercer Reich en la región. I Falange y falangistas en Argentina eL escenArio: LA consteLAción FrAnqUistA en LA ArgentinA eL estALLAr LA gUerrA civiL espAñoLA La Guerra Civil Española y la instauración de la dictadura franquista tuvieron un impacto enorme en la extensa colonia española residente en Argentina, que constituía el mayor núcleo de población española fuera de la península y aportaba un 13 % de los casi 2 millones y medio de los habitantes de la ciudad de Buenos Aires. El impacto trascendió a la comunidad española para abarcar a buena parte de la población nacional, polarizando a buena parte de la sociedad argentina en dos campos claramente enfrentados desde un punto de vista ideológico (Goldar, 1986; Trifone, y Svarzman, 1993; Camaño Semprini, 2015, Romero, 2011). No nos referiremos en este capítulo a la acción de los republicanos en Argentina, sobre los que existen trabajos ya clásicos (Schwarzstein, 2001; Quijada, 1991, Ortuño Martínez, 2010) para concentrarnos en las prácticas de las derechas que apoyaron al levantamiento y la posterior dictadura franquista. Al estallar la Guerra Civil, el embajador español en Buenos Aires Enrique Díaz-Canedo permaneció leal a la República, pero todos su subordinados se adhirieron a Burgos a lo largo de agosto y septiembre de 1936 (Tabanera, 1996, 258). Algunos de ellos 116 | El águila y El haz dE flEchas comenzaron a oficiar como representantes oficiosos de los rebeldes, entre ellos el agregado militar Emilio Fernandez Martos y el primer secretario Francisco de Amat, quien asumirá la misma función en la representación del gobierno de Burgos (Ferreyra, 2018, 65). Desde el estallido de la guerra, una serie de entidades comenzaron a dar apoyo material y a difundir propaganda de los alzados contra la República. Se trató del Centro Acción Española, la Agrupación Monárquica Tradicionalista y la Agrupación Monárquica Española, a la que se sumaron nuevas organizaciones como los Legionarios Civiles de Franco, la Asociación de Acción Gallega Cruzados de Santiago y la Falange Española. Otras instituciones se refugiaron en una neutralidad que terminó favoreciendo a los rebeldes, como el Club Español, la Asociación Patriótica Española y la Sociedad Española de Beneficencia (Ferreyra, 2018, 66). Además de El Correo de Galicia, El Diario Español y Accion Española, que manifestaron su adhesión a los insurrectos desde el principio, y del conjunto de la prensa nacionalista y católica de Buenos Aires que les dio su apoyo, en el transcurso de la guerra se sumaron otros medios: la filial de Falange Española publicó desde fines de 1936 Falange Española y desde abril de 1938 Arriba; en noviembre de 1936 apareció Fe, Gallega, editado por Acción Gallega, en septiembre de 1937, la oficina de Prensa y propaganda de la embajada creó la revista Orientación Española y en enero de 1938 el periódico Juan Español, mientras en diciembre de 1938 el Círculo Tradicionalista Carlista creó El Requete (Ferreyra, 2018, 141). Mónica Quijada sostuvo que la campaña a favor del franquismo en Argentina fue impulsada casi exclusivamente por los sectores medios y altos de la colonia española, acompañados por miembros de la elite local y de la Iglesia católica argentina (Quijada, 1991, 174 y ss). Aunque de ningún modo gozaron de la popularidad de sus enemigos republicanos, aquellos que apoyaron a los llamados nacionales lograron mantener una activa Falange y falangistas en Argentina | 117 campaña de solidaridad con los sublevados en la Guerra Civil y posteriormente brindaron su apoyo a la dictadura. El Centro Acción Española fue la primera entidad en organizar una colecta para ayudar a los rebeldes, en julio de 1936 y protagonizó una de las primeras campañas propagandísticas a favor de los alzados contra la república. Para fines de 1936 se habían formado 62 juntas nacionalistas españolas a lo largo del territorio argentino. Así como Buenos Aires se convirtió en un baluarte en el apoyo a la República, la colaboración con los alzados también resultó muy significativa. Los alumnos de las escuelas católicas de elite de Buenos Aires colaboraron masivamente en la recaudación de fondos para los rebeldes (Ferreyra, 2018, 96). La comisión de damas del Centro Acción Española se encargó de recaudar fondos destinados a la protección de los niños huérfanos españoles. La sección femenina de la Asociación Monárquica Española se dedicó a la recolección y confección de ropa y calzado que enviarían a la España Nacional a través del que desde abril de 1937 se llamó «Ropero de Santa Teresa de Jesús», que fue integrado en junio de 1938 a la «Dirección Nacional de Frentes y Hospitales» que presidía en España Carmen Polo. A partir de entonces la entidad ganó notoriedad y su estatus oficial le permitió organizar actividades que contaban con el apoyo de la representación oficiosa del general Franco en Argentina. Pero no se trató solo de solidaridad a la distancia. Argentina fue el país de Hispanoamérica que más voluntarios envió a luchar junto a las tropas franquistas. La «Centuria Argentina» estaba integrada en su mayoría por jóvenes españoles o hijos de españoles residentes en el país,. Aunque no existen cifras exactas sobre los voluntarios que viajaron desde la Argentina para integrarse al ejército sublevado, se sabe que un total de 80 individuos heridos en combate solicitaron la repatriación luego de 1939. La primera expedición de voluntarios, compuesta por 26 personas, partió desde el puerto de Buenos Aires a bordo del vapor 118 | El águila y El haz dE flEchas General Artigas el 26 de agosto de 1936, bajo el comando de Nicolás Quintana y José Ruiz Bravo, quien era además corresponsal del diario nacionalista Bandera Argentina y militante de la Legión Cívica Argentina. El segundo contingente, de 13 hombres, partió hacia España el 4 de septiembre de 1936 a bordo del General San Martin, y el tercero integrado por 30 jóvenes, lo hizo el 2 de octubre en el vapor Vigo. Casi todos ellos se integraron en España a contingentes falangistas (Bertonha, 2012; Ferreyra, 2018, 102-104). A fines de 1936 llegó a Buenos Aires, como representante de Franco, Juan Pablo de Lojendio, quien permaneció en Argentina hasta diciembre de 1939. Juan Pablo de Lojendio, cumplió funciones extraoficiales de coordinación de la ayuda material y difusión de propaganda favorable al régimen entre fines de 1936 y diciembre de 1939, habiendo obtenido en febrero de ese año el reconocimiento oficial como Encargado de Negocios de España ante el gobierno argentino (Ferreyra, 2018, 9). Lojendio había desarrollado una corta carrera diplomática desde 1930. Era miembro de una familia de diplomáticos de la alta burguesía. De origen vasco, se había presentado como candidato a Diputado por la CEDA (Confederación Española de Derechas Autónomas) en febrero de 1936 en Guipuzcoa, pero no llego a obtener el escaño. Con el levantamiento militar fue desvinculado del Servicio Exterior y se incorporó a las fuerzas rebeldes, hasta su designación como representante en Argentina en diciembre de 1936 (Ferreyra, 2018, 67). Durante 1937 Lojendio viajo con fines propagandísticos por Uruguay, Chile y el interior de Argentina, mientras daba forma a la representación diplomática paralela en Buenos Aires. Lojendio fue acompañado de Francisco de Amat, quien quedaría encargado de los asuntos consulares desde el 14 de septiembre de 1936, y a partir marzo de 1937 por José Ignacio Ramos como encargado de Prensa y Propaganda, con el apoyo económico de Falange y falangistas en Argentina | 119 personas adineradas de la colectividad y la Cámara Española de Comercio de Buenos Aires, en cuya sede funcionó en los primeros tiempos la legación paralela. Entre las primeras acciones de esta embajada paralela se encontró la emisión de pasaportes y la constitución de un «Registro de nacionalidad» como requisito para realizar cualquier trámite. Al igual que buena parte de la diplomacia franquista, Lojendio era marcadamente conservador y elitista, y consideraba a la mayor parte de la colonia como carente de cultura, lo que se articulaba con las instrucciones que recibía de España de captar sobre todo a las elites de la colonia emigrada, a la que confiaban que seguiría el resto a medida que el franquismo se impusiera en la guerra civil (Ferreyra, 2018, 72). En un primer momento se vinculó a los sectores más ricos, para luego aislarse por su enemistad con algunos miembros de Falange y su escaso tacto para aunar las corrientes en pugna entre los adherentes al levantamiento. En los homenajes y platos únicos que se realizaron para homenajear a Lojendio participaron representantes de las instituciones de la colonia española que apoyaron a los golpistas, pero también exponentes de las derechas conservadoras argentinas, como el Senador Matías Sanchez Sorondo y el popular escritor nacionalista católico Gustavo Martínez Zuviria. Lojendio dedico esfuerzos a centralizar la ayuda a los nacionales y a conciliar entre las distintas facciones que los apoyaban, sobre todo tras la Unificación de 1937, pero encontró muchas dificultades y apenas lo logró antes del final de la Guerra Civil. Los carlistas que no aceptaron la unificación formaron la Comunión Tradicionalista Monárquica, desde cuyas publicaciones se criticó a Juan Pablo de Lojendio y a la actuación de Falange en la península y en Argentina. Lojendio logró centralizar la ayuda a España en junio de 1937, con la creación de la «Suscripción Nacionalista Española». En septiembre de ese año, las únicas entidades autorizadas 120 | El águila y El haz dE flEchas a continuar con suscripciones de manera independiente eran los Legionarios Civiles de Franco, Socorro Blanco Argentino para la reconstrucción de España y Socorro Argentino a las víctimas de la Guerra en España (SALVE) (Ferreyra, 2018, 76). La superposición de funciones que caracterizaron al gobierno rebelde en los primeros tiempos de la Guerra repercutieron en Argentina, ya que Lojendio mantuvo fuertes enfrentamientos con el jefe Territorial de Falange en Argentina, Nicolas Quintana. El problema de fondo que explica las desavenencias era la incompatibilidad de estilos, entre una diplomacia clásica, que se inclinaba por la atención a las elites económicas y políticas y el tono mesurado, frente a los procedimientos ostentosos de los falangistas para el desarrollo de su propaganda, que generaba conflictos y suspicacias en los gobiernos americanos. Lojendio soportó todo el tiempo la hostilidad de carlistas y falangistas, y nunca desplego una labor de propaganda masiva, dada su desconfianza hacia la comunidad española popular y cercana al republicanismo. El fin de su misión implicó también que las disputas internas se morigeraran. Ante las quejas de la representación oficial española por la gran tolerancia del gobierno argentino hacia las acciones de los representantes de Burgos, y del falangismo en general, la cancillería argentina afirmaba que dada la situación de hecho en España, el reconocimiento era un modo de afrontar la realidad y proteger los intereses nacionales, máxime cuando las acciones desarrolladas en Argentina se realizaban dentro de la ley. Lojendio fue recibido por el presidente argentino Ricardo Ortiz el 17 de junio de 1938 en una reunión cordial pero de la que no resulto la promesa de un reconocimiento oficial, que si llegaría en febrero de 1939 (Quijada, 1994, 82). Falange Española se creó en Buenos Aires en agosto de 1936, sin intervención de las autoridades partidarias peninsulares. En septiembre de 1936 se informaba la integración de la dirigencia Falange y falangistas en Argentina | 121 del grupo de Argentina: Jefe provisional de la Junta de Mando, Manuel Hedilla; Jefe Territorial, Emilio Ogando Vallejo; Presidente de la Junta Política, José Arnedo, y miembros de la Junta Política, Pedro Soler Turanzas (Jefe Administrativo), Manuel Pando (Jefe de Milicias), Antonio Roviras (Jefe de Sindicatos), Manuel Gamboa Sánchez Barcáistegui (Jefe de Prensa y Propaganda), Jesús Fernández de Landa, Salvador Gómez Tei y José María Lardies (Falange Española, 18-10-36, citado en Zubillaga, 2015, 25). A fines de octubre, tras regresar de España acompañando al primer contingente de voluntarios, asumió la Jefatura Territorial Nicolás Quintana Moreno. Ese cambio insinuará lo que serían los sucesivos conflictos por la hegemonía de la organización en Argentina. Quintana fue destituido en septiembre de 1937 por sus desavenencias con Lojendio. En octubre de 1937 se nombró a Augusto Atalaya como «Inspector general de Falange Española» en América, con jurisdicción en Argentina, Uruguay, Chile y Paraguay, mientras la Jefatura Territorial de Falange recayó en Juan Antonio Martin Cotano, quien había llegado a Buenos Aires poco antes con una misión de la «Bandera de Marruecos» (Ferreyra, 2018, 80). Por su parte, y según la Comisión de Investigación de Actividades Antiargentinas de la Cámara de Diputados, Quintana se trasladó a Mendoza, donde desarrolló tareas de espionaje para la embajada alemana. Falange también recaudó fondos, los primeros de ellos destinados a sufragar los gastos de los voluntarios que se trasladaron a pelear con los insurrectos (Bertonha, 2012). Más tarde fue relevante el aporte de FET a la ayuda social. La Sección Femenina de Falange de la Argentina también orientó su accionar a la protección de los huérfanos de guerra en la zona nacional, a través del llamado «Socorro Azul» . José Ignacio Ramos llegó a Argentina en marzo de 1937 como encargado de prensa y propaganda de la Jefatura Nacional de Falange Española y del Gobierno de Burgos en Argentina. El 128 | El águila y El haz dE flEchas identificó en la ocasión al fascismo con el totalitarismo y negó el carácter de cruzada a la ofensiva franquista.. La reacción de los católicos argentinos no se hizo esperar, resultando las tesis de Cesar Pico sobre la colaboración con los movimientos fascistas ampliamente representativas del pensamiento predominante en ese sector. Pico sostenía que, lejos de ser totalitario, el fascismo era una sana e instintiva reacción –aún carente de doctrina– contra el capitalismo, la democracia liberal y el socialismo2. Tanto en las páginas de Criterio como en las publicaciones de la católica editorial Difusión se publicaron abundantes materiales favorables a la España nacional. El único autor argentino que editó Difusión en relación a España fue el del sacerdote Gustavo Franceschi. El libro, editado en 1937, era El movimiento español y el criterio católico. Los grupos nacionalistas desarrollaron colectas a favor de los alzados, tal como la que realizó el diario Bandera Argentina. El Socorro Blanco Argentino para la reconstrucción de España estaba formada por intelectuales y dirigentes nacionalistas y católicos, como Manuel Galvez, Ramón Doll, los hermanos Carlos y Federico Ibarguren y Enrique Oses entre otros, mientras el Socorro Argentino a las víctimas de la Guerra en España (SALVE) estaba conformado por damas de la elite argentina. También la 2 Pico sostenía que, por lo tanto, no resultaba legítimo objetar a los católicos la colaboración con movimientos totalitarios, pues es el fascismo no lo era, mientras que esta cooperación facilitaría al fascismo la formalización de una doctrina que salvaguardara los derechos de la persona humana y lo apartara de la estatolatría. Habiendo sido, continuaba Pico, el comunismo el primer portador de la violencia en Italia y en España «.. la violencia [defensiva del fascismo] no sólo está plenamente justificada sino también es necesaria y curativa». Por ello, concluía que entendiendo por fascismo «... el complejo de las fuerzas que reaccionan, incluso con procedimientos drásticos, contra esa civilización moderna que termina dialécticamente en el comunismo, es lícito y conveniente colaborar con su gesta liberadora» (Pico, 1937, 33 y 40). Falange y falangistas en Argentina | 129 Iglesia y la Acción Católica Argentina colaboraron con importantes colectas para la reconstrucción de templos destruidos en España. eL Fin de LA vidA púbLicA de FALAnge en LA ArgentinA En el contexto de las acusaciones de espionaje y de las críticas por intromisión en la vida argentina por parte de los partidos extranjeros, en mayo de 1939 entró en vigencia el decreto 31 321 del Poder Ejecutivo, que buscaba controlar la actuación de todas las asociaciones extranjeras en el país. Este Decreto de Asociaciones Extranjeras imponía controles a la actividad de esas organizaciones, daba potestades al ministerio del Interior para supervisar su accionar, impedía que recibieran subvenciones del exterior, prohibía el uso de uniformes, insignias o escudos, e imposibilitaba la realización de actos que implicaran una toma de posición en la política de países extranjeros. Ante esta circunstancia, Juan Pablo de Lojendio entendió que la mejor alternativa era la suspensión de la actividad de Falange en el país (Ferreyra, 2018, 323). Más allá de las restricciones legales a las que se debió someter Falange en Argentina, su actuación era considerada decepcionante por los propios dirigentes falangistas. En abril de 1940 el agregado de Prensa de la Embajada española y por entonces Jefe Provincial de Falange en Argentina, José Ignacio Ramos envió a Madrid un informe sobre la «pésima» actuación de FET en el país: Es muy difícil hacer un informe político de la actuación de Falange, pero yo, solemnemente, al denunciar estas irregularidades a la Delegación Nacional del Servicio Exterior, añado por mi parte, que bajo mi palabra de honor, de camarada, de camisa vieja y de español, aseguro que el descrédito de la Falange ha sido tal en la Argentina, que su conducta ha sido más nociva para nosotros que 130 | El águila y El haz dE flEchas la misma propaganda roja sostenida con muchos millones, declaro solemnemente que numerosas personas honestas se han apartado del Movimiento y otras ni siquiera ingresaron en él debido a su conducta, e igualmente declaro, y me hago responsable de estas afirmaciones, que todos los Jefes, son solidariamente responsables del estado de descrédito que para España ha traído la actuación de Falange... (citado en Moreno Cantano, 2018, 361). Ante el fin de las actividades públicas de FET, Jose Ignacio Ramos ideó una alternativa que permitiera que una entidad que funcionara en la Argentina lograra encuadrar a los españoles bajo la doctrina falangista. Este era el proyecto de la Casa de España, que buscaba reconfigurar las actividades de Falange ante la nueva normativa y convocar a sectores de la colectividad que, aunque simpatizaran con el franquismo, se mantenían distantes del falangismo. La entidad tuvo su inicio formal el 18 de julio de 1940. Su primer presidente fue Javier Coll Mirambell, y entre sus miembros se contaban falangistas, pero también personas que apoyaron desde sus instituciones al franquismo, pero que se habían mantenido distantes o enfrentadas al falangismo. Aunque la actividad de Casa de España se atuvo a la normativa argentina y se limitó a acciones de índole sobre todo cultural, fue resistida por otros actores franquistas de Buenos Aires, así como por sectores antifascistas, y resultó escrutada por la Comisión Investigadora de Actividades Antiargentinas de la Cámara de Diputados de la Nación3. Dicha Comisión orientó sus acciones y recibió denuncias 3 Congreso de la Nación, Comisión de Actividades Antiargentinas, Caja 17, legajo 11, folio 61, denuncia dirigida a la comisión contra la Casa de España por ser en realidad la cobertura de FET y de la JONS, 1° de octubre de 1941, disponible en: https://docs.google.com/gview?url=http://apym. hcdn.gob.ar/uploads/comisiones-especiales/pdf/nazis/AA17C03011. pdf&embedded=true. Sobre la Comisión de Actividades Antiargentinas ver Irizarri (2013). Según Dimitrakis (2019, 23) el presidente de la Comisión, Damonte Taborda, recibia pistas de inteligencia tanto del SIS del FBI como del MI6. Falange y falangistas en Argentina | 131 principalmente sobre la acción del nazismo en Argentina y, en menor medida, sobre las del fascismo, mientras la atención que dedicó a Falange fue menor. Sin embargo, la Comisión recibió denuncias sobre la colaboración de Falange con la embajada alemana manifestada en el transporte de marinos germanos internados en Argentina en buques españoles4, y sobre la introducción de propaganda falangista en navíos españoles5, entre otras. Ante las presiones políticas argentinas, Casa de España cerró sus puertas en febrero de 1942. Tras ello, la adopción del programa Hispano Americano del régimen de Franco en 1943, que buscaba acercar al gobierno español a los católicos y a las comunidades que vivían en el exterior implicó el reemplazo de las autoridades diplomáticas en América, asumiendo como embajador en Argentina José Muñoz Vargas, Conde de Bulnes, y Mario Pinies como Cónsul General. La instrucciones que recibieron los diplomáticos era priorizar el terreno cultural en las relaciones de España con América, en un intento de recuperar el prestigio del país europeo, dejando de lado los enfrentamientos directos con el panamericanismo y los republicanos y promover en las instituciones españolas de Buenos Aires el apoliticismo (Ferreyra, 2018, 355). eL combAte en eL ámbito cULtUrAL y LAs reLAciones hispAnoArgentinAs El concepto de Hispanidad fue empleado para legitimar el levantamiento militar de julio de 1936 y fue difundido por diversas vías hacia el interior y el exterior de la península. En ese marco 4 Idem, Caja 12, Legajo 12, https://docs.google.com/gview?url=http://apym. hcdn.gob.ar/uploads/comisiones-especiales/pdf/nazis/AA12C02023. pdf&embedded=true. 5 Ibidem, Caja 4, legajo 18, disponible en: https://docs.google.com/gview? url=http://apym.hcdn.gob.ar/uploads/comisiones-especiales/pdf/nazis/AA04C03021.pdf&embedded=true. 132 | El águila y El haz dE flEchas se generaron las «Misiones Culturales» que emprendieron intelectuales del bando rebelde para promover el nuevo vínculo entre España y América que postulaban. El primer enviado a Argentina por el Gobierno de Burgos fue el periodista Francisco Casares, que permaneció en el país entre mayo y agosto de 1937 (Ferreyra, 233). La segunda expedición fue la «Misión de la bandera de Marruecos», que llegó a Buenos Aires en julio de 1937, compuesta por Juan Antonio Martin Cotano, Jefe Provincial de Falange en Marruecos; Joaquín Arbeloya, Antonio Solano Ruiz y Rafael Duyos, «El Poeta del Imperio». En agosto de 1937 se sumó a ellos Augusto Atalaya, Jefe Territorial de Falange en Marruecos (Ferreyra, 2018, 233 y ss; Gonzalez Calleja,y Limón Nevado,1988, 87). La Segunda Misión Cultural llego a Buenos Aires en octubre de 1937, integrada por hombres de letras que recorrieron también Brasil, Uruguay, Chile y Perú, dictando conferencias. Integraban la misión el Jesuita Francisco Peiro, el poeta falangista Eugenio Montes, el historiador y filosofo Fernando Valls Taberner, entre otros (Ferreyra, 2018, 244). El perfil erudito de esta misión muestra la búsqueda de alcanzar a las elites. Más tarde se sumaron visitas individuales como las de Federico Garcia Sanchis, Eduardo Marquina, José María Pemán, y Manuel Garcia Morente entre otros. Todos buscaron justificar el alzamiento ante las elites hispanoamericanas (Ferreyra, 2018, 246). Además de estas visitas, de modo regular, en Buenos Aires se proyectaban filmes de propaganda franquista, como España, Trágica y Heroica (1937) y se montaron piezas de teatro favorables al falangismo, muchas de ellas protagonizadas por Lola Membrives. Con el fin de la guerra y a lo largo de la década de 1940 Argentina y España tuvieron una aproximación sin precedentes (González de Oleaga, 2006; Quijada, 1994). En este contexto se inscriben las iniciativas de colaboración cultural como la Asociación Cultural Hispano Americana creada en febrero de 1940 por Falange y falangistas en Argentina | 133 iniciativa del ex embajador argentino Daniel García Mansilla y el ministro de Relaciones Exteriores de España, Juan Beigbeder (Ferreyra, 2018, 251). El embajador argentino Adrian Escobar tuvo un rol fundamental para la expansión de las relaciones culturales entre España y Argentina, incluyendo el intercambio de estudiantes, profesores y escritores y el desarrollo del turismo (Ferreyra, 2018, 265), Simultáneamente, en 1940 el Consejo de la Hispanidad desarrolló una sus primeras iniciativas, la Fiesta de la Hispanidad, que se debía celebrar en Madrid en octubre, para la que se invitó a un gran número de intelectuales, la mayor parte de quienes declinaron la invitación por presión de EEUU e Inglaterra, participando solo el uruguayo Carlos Real de Azua y el argentino Juan Carlos Goyeneche, este último con la anuencia oficial del presidente Castillo (Ferreyra, 2018, 259-260). En septiembre de 1942, en la ciudad argentina de Salta, se desarrolló el Primer Congreso de Cultura Hispanoamericana, organizado por Daniel Garcia Mansilla y un grupo de intelectuales hispanistas de Buenos Aires, entre ellos Carlos Ibarguren, Juan Carlos Goyeneche, Ignacio Anzoategui, Gustavo Franceschi, Manuel Gálvez, Gustavo Martínez Zuviria y Alberto Ezcurra Medrano (Ferreyra, 2018, 256). Lo impulsaba el Obispo de Salta, Monseñor Roberto Jose Tavella, quien buscaba conmemorar el 450 aniversario del descubrimiento de América y el 350 aniversario de la llegada de la Cruz del Milagro a esa ciudad. El evento debía contar con solo dos sesiones de trabajo, fue avalado por el estado argentino a través de un decreto del PEN que destacaba el carácter apolítico del Congreso y que estipulaba que no participarían entidades extranjeras. Sin embargo, la presencia en el acto inaugural del presidente Castillo y el Canciller Ruiz Guiñazu le dieron al acto un cariz oficial. En los años posteriores a la Guerra Civil, el estado argentino se aproximó a la dictadura franquista, en buena medida debido a las iniciativas desarrolladas por el Ministro de Relaciones 134 | El águila y El haz dE flEchas Exteriores y Culto, Enrique Ruiz Guiñazu, y los embajadores en Madrid, Daniel García Mansilla y Adrián Escobar, relación que generó desconfianza a nivel internacional, y en particular por parte de los Estados Unidos, que veía en la neutralidad argentina y su aproximación a España un obstáculo a su intensión de alinear a todo el continente tras su entrada en la Segunda Guerra Mundial (Ferreyra, 2018, 320). Dicha postura contribuyó al despliegue de las acusaciones de quintacolumnismo nazi en América, entre los que se destacaba el señalamiento de la acción de Falange Española en el continente y, en particular, en Argentina. Marisa González de Oleaga (1994) ha señalado que las relaciones estrechas entre España y Argentina no tenían que ver –más alla de evidentes simpatías de muchos funcionarios argentinos– con la adhesión ideológica, sino con necesidades de política interna de ambos países y de posicionamientos derivados de la relación con los Estados Unidos. Mónica Quijada ha destacado que durante el período de guerra y muy especialmente desde 1942. …esas relaciones fueron objeto de una atención inusitada en los medios internacionales, al extremo de llegar a ser bautizadas con un nombre específico, que era en sí mismo portador de una imagen político-ideológica escasamente halagüeña: el Eje MadridBuenos Aires. Más aún: esa misma imagen se proyectó sobre las relaciones hispano-argentinas en los años de la posguerra y en ciertos medios académicos se le siguió asignando valor explicativo hasta fechas relativamente recientes.(…) El Eje Madrid-Buenos Aires consistía en la percepción internacional de la existencia de una compleja trama, cuyos objetivos últimos excedían los intereses de los dos países implicados. En otras palabras, desde dicha percepción la relación de ambos países se estructuraba a partir de un triángulo, dos de cuyos lados –Madrid/Buenos Aires– actuaban en la superficie y servían de tapadera al tercero, que constituía el verdadero poder desde la sombra y que no era otro que la Alemania de Hitler (Quijada, 1994, 231). Falange y falangistas en Argentina | 135 La negativa del gobierno argentino en la Tercera Conferencia Consultiva de Ministros de Relaciones Exteriores, desarrollada en Rio de Janeiro, a romper relaciones con el Eje provocó que se pusieran en marcha todos los resortes de la propaganda psicológica e ideológica destinada a identificar a la Argentina como una quinta columna nazifascista en el hemisferio occidental. Estados Unidos desarrolló diversas presiones económicas y diplomáticas para aislar a la Argentina, lo que provocó a su vez una búsqueda del país para romper ese aislamiento, para lo que el vínculo con España resultó clave (Quijada, 1994, 235-236). Ambos países defendían el neutralismo en la guerra y compartían la retórica católica y anticomunista. Tales intereses confluyeron en los acuerdos de 1942, de contenido sobre todo cultural y con un anexo confidencial, referido al aprovisionamiento potencial por parte de España de «suministros especiales» destinados a la defensa de la República Argentina, y cuya negociación se realizaría en conversaciones complementarias y posteriores, por intermedio de una Comisión de Compras que el gobierno argentino destacaría a Madrid (Quijada, 1994, 239). Si bien la neutralidad de ambos países podía favorecer la acción de espionaje, contrabando y propaganda alemana, las acusaciones de que el vínculo entre España y Argentina no era más que una pantalla para la acción del nazismo en la región resultaba sobre todo un arma propagandística. En palabras de esta autora: …en el contexto enfervorizado del conflicto mundial la afirmación de que las relaciones hispano-argentinas implicaban una acción concertada tendente a «servir de biombo» a las aspiraciones expansionistas de Berlín formó parte de una activa propaganda de guerra, que caló hondo en la opinión pública internacional. No obstante, todo indica que no hubo tal acción concertada, como tampoco existieron estrategias globales de expansión a largo plazo en América del Sur por parte del Tercer Reich (Quijada, 1994, 252 y ss). 136 | El águila y El haz dE flEchas LA visión sobre FALAnge en ArgentinA de LA oFicinA de coordinAción interAmericAnA El informe de la Oficina de Coordinación Interamericana sobre Argentina era mucho más breve e impreciso que el dedicado a Uruguay, probablemente porque el vínculo entre la agencia estadounidense era más fluido con Montevideo que con Buenos Aires, lo que le permitía en el primer caso acceder a más y mejor información que en el segundo. El texto al menos exageraba cuando sostenía que Falange en Argentina –como en Brasil y México– tenía a su cargo la propaganda nazi, y que de hecho, el partido y la legación española actuaban bajo las ordenes de Berlín. Estimaba que Falange tenía unos 15 mil adherentes y fuertes apoyos entre los sacerdotes católicos y en la Comisión Nacional de Cultura. Von Faupel estaba, en estas perspectivas, al frente de todas las iniciativas de tinte hispanista. Tambien EFE era vista, sobre todo, como una pieza del espionaje y la propaganda alemana, destinada a reemplazar a la agencia Trans Ocean. Asimismo se consignaba que todos los meses llegaban a bordo de barcos de la línea Ybarra grandes sumas de dinero para financiar la actividad y la propaganda falangista. Los redactores del informe sabían que la mayor parte de la colonia española era hostil a Franco, aunque este era apoyado por el clero y los círculos conservadores. El informe destacaba, asimismo, la amistad entre los gobiernos de Argentina y España, en función de los vínculos espirituales entre ambas naciones. El informe estaba compuesto, sobre todo, por información muy fragmentaria: por ejemplo, se refería a doscientos alemanes que habían supuestaente entrado con pasaportes españoles a la Argentina, a un discurso falangista pronunciado en un mitin de docentes por un falangista, a un viaje a España del agitador falangista Horacio Peña, empleado argentino de El Diario Español que también escribía en El Pampero; o las dificultades del presidente Falange y falangistas en Argentina | 137 del Banco Español en Buenos Aires para enviar a Madrid las sumas que le requería Franco. Nada de ello permitía componer un cuadro muy preciso y sistemático sobre las acciones y la relevancia de Falange. A diferencia del caso uruguayo, el escueto informe de la Oficina de Coordinación interamericana no resultaba una base suficiente sobre la que el FBI apoyara sus nuevas investigaciones. En cambio, la atención prestada a la Argentina en Totalitarian activities. Spanish Falange in the western Hemisphere Today resultó notable. eL Fbi en ArgentinA y sU visión sobre FALAnge Contamos con alguna información, por cierto, insuficiente y fragmentaria, pero que nos permite aproximarnos a la dimensión de la presencia del FBI en Argentina. Al comenzar la década de 1940, desarrollaban sus acciones en Buenos Aires, el servicio secreto inglés MI6, al que se sumó el nuevo servicio del FBI –Special Inteligence Service (SIS)–, mientras otras dos agencias norteamericanas, el Special Operations Executive (SOE) y el Office of Strategic Sevices (OSS), desplegaron sus propios agentes en el país. El FBI y la inteligencia militar estadounidense mantuvieron una conflictiva relación hasta muy avanzada la guerra. El FBI se quejaba en particular de las acciones del General de brigada John V. Lange, agregado Militar de Estados Unidos en Buenos Aires desde 1941 hasta 1943, a quien consideraba extremadamente poco cooperativo e indiferente a las competencias de cada agencia. Lange había creado una amplia organización de inteligencia sobre las actividades de los agentes del Eje en Argentina antes de la llegada del responsable del FBI, encubierto bajo la figura de Agregado legal, en mayo de 1942. Ello provocó que se duplicaran los esfuerzos y se provocaran no pocas confusiones, lo que motivó recurrentes protestas del FBI (FBI, 1947). 144 | El águila y El haz dE flEchas decididamente fascista, anticomunista y antisemita, pero que de ningún modo puede considerarse una iniciativa específicamente falangista10. Una de las ocasiones en las que podemos ver el modo en que el FBI forzaba sus análisis, como resultado de unas ideas previas demasiado esquemáticas, fue el caso del Congreso desarrollado en Salta en 1942. El informe del FBI decía literalmente (Hoover, 1943, 247). El encuentro del Congreso de la Hispanidad que tuvo lugar en septiembre de 1942 en Salta, Argentina, fue dirigido por el Gobierno de Franco. El Congreso de la Hispanidad pudo desarrollarse dificultosamente por las interferencias del gobierno argentino. El titulo «Congreso de la Hispanidad» fue reemplazado por el de «Congreso de la Cultura Hispanoamericana», sin embargo fue dirigido por el Consejo de la Hispanidad desde Madrid. Un buen número de conocidos falangistas tanto españoles como argentinos asistieron al congreso. Sin embargo, esta imagen distaba de ser totalmente real. Está comprobado que en junio de 1941, el Arzobispo de Salta se dirigió al Embajador de España solicitando su asistencia a un 10 El informe también refiere a la acción de la ignota agencia Prensa Mundial, dirigida por Alfredo Meneses Puerta quien llegó a la Argentina en 1942. La agencia contaba con los auspicios del Consejo de la Hispanidad y de Falange, y sus integrantes eran activos falangistas. Tambien a la poco conocida publicación Cataluña Española, publicada por una persona de apellido Ameguedo de al que se afirmaba que se vinculaba con la Gestapo. También en el ámbito de la propaganda el informe nombra a varios personajes en los que la historiografíaa no ha reparado. Uno de ellos es Benito Perojo González, agente español y miembro de Falange, de quien se afirma que intento usar su experiencia para hacer películas obtenida en los estudios de UFA en Berlin, para fomentar la propaganda de falange en Argentina. Otros eran Luis Montiel reportado en noviembre de 1942 como presidente de la Editorial Estampa y conocido como miembro de Falange Española, y Marcos Durruti, miembro de Editorial Cóndor, reportado como miembro de Falange. Falange y falangistas en Argentina | 145 Congreso de la Hispanidad que se celebraría en esa ciudad al año siguiente. En octubre, el prelado se volvió a poner en contacto con el diplomático para relatarle sus gestiones, en las que el embajador español no había participado para evitar recelos. Según consta en un informe del Embajador de España a su Ministro de Asuntos Exteriores del 4 de diciembre, el Arzobispo se había mostrado de acuerdo con estas consideraciones y con el mantenimiento de España fuera de la organización (citado en Barbeito, 1989, 131). Pese a ello, el Canciller del Consejo de la Hispanidad se dirigió al Arzobispo para felicitarlo por su iniciativa y ofrecer su colaboración, frente a lo cual el dignatario religioso insistió en mantener en la iniciativa un «carácter exclusivamente americano» (Carta del Arzobispo de Salta al Canciller del Consejo de la Hispanidad, 2 de enero de 1942, en Barbeito, 1989, 131). Finalmente, solo se celebró un solemne acto inaugural, con la presencia del Presidente y el Ministro de Relaciones Exteriores argentinos, mientras el congreso se postergó indefinidamente. El acto fue considerado por el embajador de España como un éxito desde el punto de vista argentino, dada la asistencia de las más altas autoridades, pero como un fracaso desde la perspectiva diplomática, ya que pese a haber sido invitados no asistieron los representantes de Hispanoamérica, Portugal y Estados Unidos, ya que «las ordenes de Washington fueron aceptadas con verdadera sumisión» (despacho del Embajador de España en Argentina al Ministro de Relaciones Exteriores, 22 de septiembre de 1942, en: Barbeito, 1989, 131-132). Entre los simpatizantes falangistas conocidos en Argentina, el informe incluye a Juan Queraltó, líder de la Alianza de la Juventud nacionalista, Luis Ponce de Leon, hermano de la jefa de la división femenina de Falange, Carmen Ponce de Leon de Lafite, reportado como ex secretario de Casa de España, y Adrian Escobar, anterior Embajador argentino en España y por entonces designado embajador argentino en los Estados Unidos –de quien 146 | El águila y El haz dE flEchas se sospechaba además que pudiera ser un agente del espionaje español–, el reconocido militante nacionalista católico Juan Carlos Goyeneche, el Arzobispo de Salta Monseñor Tavella y otros sacerdotes, además de varias figuras menos relevantes de Buenos Aires, Tucumán, Rosario, Bahía Blanca y otras ciudades. En al menos un caso el informe explicita que su elaboración se apoya en fuentes comunistas11. En otras fuentes del FBI aparece mencionado como uno de los principales propagandistas de Falange, aunque con un sueldo pagado por los alemanes, Ramón Doll12. El informe no da cuenta, en cambio, de la adhesión a Falange de muchísimos intelectuales de renombre y de importantes dirigentes de organizaciones de derecha –como el caso de Manuel Fresco, ex Gobernador de la Provincia de Buenos Aires, o del periodista Enrique Oses, director de Crisol y otros diarios 11 Es el caso de Rueda Salgado, escribano de Coronel Dorrego, provincia de Buenos Aires, vinculado a organizaciones falangistas, fascistas y nazis, y a quien se solía ver en compañía del líder fascista del sur de la provincia de Buenos Aires, Juan B. Llosa. Una fuente comunista indica que viaja semanalmente a Bahia Blanca a hacer entrenamiento de tiro junto a Llosa y otros falangistas y fascistas. 12 NARA II; Ficha Falange, Sp. Diplomats, D-4611, march 30, 42, B.A., 852.20235/14. Con una formación como intelectual adquirida en el Partido Socialista, Doll fue un muy talentoso crítico literario, ensayista y publicista, que colaboraba habitualmente en Claridad y La Vanguardia hasta comienzos del decenio de 1930. Promediando esa década Doll desvinculó su antiimperialismo de vieja data de las posiciones democráticas de izquierda, asociándolo por el contrario con la defensa del fascismo, incorporándose al nacionalismo y resultando desde entonces un muy prolífico colaborador en decenas de publicaciones de esa orientación, como Crisol, El Pampero, Cabildo, Revista del Instituto de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas, Nuevo Orden, La Voz del Plata, Alianza, Nueva Política, El Restaurador, El Fortín, Ofensiva y Choque. Probablemente Doll haya resultado el intelectual del nacionalismo más preocupado por dotar a este de un contenido revolucionario específicamente moderno, a través de un proyecto antiliberal y antiimperialista que sólo podía imponerse a través de la movilización de masas y de una concepción que privilegiaba al nacionalismo económico (Lvovich, 2003, 337). Falange y falangistas en Argentina | 147 nacionalistas– ni de varios funcionarios políticos argentinos de primera línea, como el Canciller Ruiz Guiñazú o el Senador Sánchez Sorondo. Una vez más, este caso muestra los límites de unos agentes de inteligencia no demasiado conocedores de las características de la vida política y social de la Argentina de esos años. En el informe se presentaba la información con la que contaba el FBI sobre los líderes de Falange, entre los que incluía personas con actuación pública reconocida en la diplomacia y en el periodismo. También se incluían en la enumeración varios espías, a los que nos referiremos en el siguiente capítulo. Sobre José Ignacio Ramos, agregado de prensa de la embajada española, de prolongada residencia en Argentina y representante en el país de la oficina de turismo española, el FBI parecía tener un conocimiento exhaustivo. Sabían que trabajaba oficialmente para Falange, que enviaba un reporte semanal a Madrid sobre sus reuniones con políticos y sobre las actividades de españoles residentes en Argentina. También conocían que Ramos reportaba a Madrid sobre la lealtad del personal español de la Embajada y los Consulados. En fichas internas de comunicación del FBI se recomendó su inclusión en las listas de personas peligrosas cuyos fondos debían ser bloqueados13. En otra comunicación interna se presenta una semblanza en la que se destaca el papel clave que cumplió Ramos, considerado el más importante y activo de los propagandistas de la Falange Española. Su actividad era presentada como incesante. Escribió artículos en La Nación defendiendo el levantamiento y a la Falange, colaboró con la organización de la Falange en Argentina, cooperó con varios diarios y revistas falangistas de Argentina, fue orador en actos falangistas en Buenos Aires y otras ciudades, fundó Orientación Española, para cuya 13 NARA II; Ficha Falange. Argentina MID 9/16/43. Orientación Española (BA) Spanish Diplomats . Jose Ignacio Ramos Rey. 148 | El águila y El haz dE flEchas financiación, aseguraban, presiona a los hombres de negocios españoles. Su rol de articulador aparece como fundamental, pues se afirmaba que había logrado conectar con éxito a la Embajada española con intelectuales argentinos de tendencias antidemocráticas, con los que mantenía un cercano contacto. El informe aseveraba que en las oficinas de Orientación Española se reunían frecuentemente nacionalistas argentinos con falangistas españoles. Ramos era presentado como un enemigo declarado de los Estados Unidos e Inglaterra y un ferviente admirador de Hitler y los japoneses, que guardaba estrechas relaciones con el staff de las embajadas de Japón y Alemania14. En relación a Eduardo Aunos, el FBI afirmaba que bajo la fachada de ser un agente comercial de España, el propósito de su estadía en Argentina era reorganizar la Falange, aunque no se conocieron acciones específicas al respecto, más allá de que se hubiera encargado de la distribución de propaganda. Los mayores contribuyentes a ese esfuerzo de propaganda eran las navieras Maura y Coll e Ybarra, a cambio de lo cual obtenían negocios y concesiones. Sobre Nicolás Quintana, el informe consignaba que había sido uno de los fundadores de Falange en San Sebastián, y que al llegar a Argentina en mayo de 1936 comenzó a trabajar en la organización de la sección local de Falange, convirtiéndose en uno de los guías de esa organización. Cuando comenzó la Guerra Civil, informaba, Quintana organizó a sus seguidores de manera militar y comenzó una intensa publicidad a favor de la causa franquista. Una de sus actividades más importantes fue la de organizar el envío de alimentos a los seguidores de Franco en España. Al comienzo de la guerra hizo un viaje de un mes y medio a España, y retorno con instrucciones para ampliar las organizaciones falangistas en Argentina. Curiosamente, el FBI 14 NARA II; Ficha Falange, Argentina-M.A., Arg, 2/21/44. Falange y falangistas en Argentina | 149 no reparó en su rol en la organización de los voluntarios de la Argentina que se sumaron a los ejércitos franquistas. El informe consignaba que al finalizar la Guerra Civil, usó barcos españoles para enviar a la península a ciudadanos alemanes, incluidos marinos del Graf Spee internados en Argentina. Quintana fue desplazado por irregularidades con los fondos de Falange. Aunque el informe nombraba a varios dirigentes de Falange en Argentina-Francisco Muñoz, Jesús Fernández Nevea, Enrique Gil Martínez, Enrique Febrar Padres, Nemesio Canas Manzanares, Alejandro Galliart y Folch, Francisco Muñoz y Carmen Ponce de León de Lafite –no da cuenta de muchos de los más notables dirigentes de la organización–, como por ejemplo Rafael Duyos o Gemán Fernández Fraga, ni del importante rol que cumplieron en el apoyo al franquismo miembros de la elite argentina, encabezados por Soledad Alonso de Drysdale15. En lo relativo a la colaboración con Alemania, el informe sostenía, además de las reiteradas sospechas acerca del vínculo entre el Instituto Iberoamericano de Madrid con la propaganda franquista, que en la primera parte de 1943 la embajada española había enviado fondos recaudadados por alemanes de Argentina a Berlín, a través de barcos de las compañías Ybarra y Aznar. A comienzos de 1942 se informó que Falange reemplazó en el campo de la propaganda a los agentes del Eje en todos los casos en que fue posible, lo que resultaba al menos curioso considerando que Argentina no había roto relaciones con Alemania e Italia. El informe era certero al sostener que aunque Falange no estaba 15 En una de las fichas de comunicación del FBI del año 1942 se consigna erróneamente que el jefe los falangistas en Argentina era Pedro Ara Sarria. NARA II, Ficha Falange, Sp. Diplomats, D-4611, march 30, 42, B.A., 852.20235/14. Pedro Ara era médico, fue agregado cultural de la embajada española entre 1939 y 1941. Retornó a España en 1967, habiendo alcanzado fama por haber embalsamado el cadáver de Eva Perón (Matilla, 1987, 231). Aunque Ara fue falangista, no fue el líder de esa organización. 150 | El águila y El haz dE flEchas conectada directamente con el espionaje del Eje, hubo agentes españoles de Alemania que participaron en actividades falangistas, tanto como en el espionaje alemán. A ellos nos referiremos en el siguiente capítulo. Como hemos visto, la aproximación entre los gobiernos de Argentina y España a comienzos de la década de 1940 motivó la alarma del Departamento de Estado norteamericano, que temía que tras vínculo se encubriera la acción de la Alemania nazi. Ello despertó un renovado interés del FBI por la actuación de Falange en Argentina, en el marco de una retórica en la que Estados Unidos continuaba presentando al falangismo como una amenaza, aunque sus principales dirigentes tuvieran claro que desde 1942 había dejado de serlo. Los agentes desplegados en Argentina construyeron una información en parte sólida. Conocían la trayectoria de los lideres falangistas, dieron cuenta de sus actividades públicas y encubiertas, proveyeron información sobre la verdadera naturaleza la Casa de España y escudriñaron los numerosos vínculos entre Falange y los nacionalistas argentinos. La inteligencia norteamericana sabía que esa ligazón era la que permitía a los españoles influir sobre la opinión pública argentina, y era natural su preocupación dada la expansión del movimiento nacionalista argentino en esos años. Sin embargo, también acertaban al considerar que la influencia política de Falange en la comunidad española y en la sociedad argentina era reducida. Falange no representaba en ese sentido un peligro. En la percepción norteamericana, Falange aparecía muchas veces como un mero apéndice de la inteligencia alemana. No se trata de negar la colaboración que en ocasiones pudo haber existido entre ambos, pero está claro que le decisión española fue la de no realizar tareas de propaganda en conjunto y que, en todo caso, no existieron en ese campo los niveles de subordinación descriptos por el FBl. Falange y falangistas en Argentina | 151 El FBI pudo dar cuenta con éxito de la integración y los apoyos de Falange, aunque resultó en ocasiones ciego a la fuerte presencia de las elites locales entre sus simpatizantes y aportantes. En cambio, como veremos, resultó mucho más efectivo en la detección de los agentes españoles que participaban de los aparatos de inteligencia y propaganda alemanes. VI Españoles en las redes de inteligencia y contrabando de la Alemania Nazi en Argentina A lo largo de los años de la Segunda Guerra Mundial, por auténtica convicción o como un instrumento de legitimación de sus políticas hacia el resto de los países del hemisferio, los Estados Unidos alertaron acerca del peligro de las intenciones de la Alemania nazi hacia América Latina. En ese marco, los vínculos entre alemanes y españoles en el continente, y en particular en aquellos países que, como la Argentina, habían mantenido la neutralidad en la guerra, se tornaron estratégicos y como tales, objeto fundamental de la atención de los servicios de inteligencia aliados. La investigación académica de las últimas décadas ha permitido comprobar la veracidad de las informaciones acerca del vínculo entre el espionaje alemán y el español en territorio argentino. Aunque gracias a la publicación de trabajos fundamentales como el de Ronald Newton (1995) ha quedado descartada la idea de que haya existido una estrategia de dominación política y territorial del Tercer Reich sobre la Argentina, es evidente que las relaciones entre España y Argentina revestían un alto grado de interés para la Alemania nazi. También resulta claro que la relaciones hispano-argentinas revestían un gran interés para el gobierno alemán, teniendo en cuenta el modo en que este vínculo podía debilitar el panamericanismo. Por lo tanto, la percepción norteamericana de España como la mayor amenaza para