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Travesías biográficas Un diálogo interdisciplinar María Jesús González Adrián Magaldi (eds.)
Manuel Alberca Universidad de Málaga Jaume Aurell Universidad de Navarra Anna Caballé Universidad de Barcelona Miguel Dalmau Escritor y biógrafo J. Benito Fernández Biógrafo Soledad Fox Maura Williams College (Massachusetts) María Jesús González Universidad de Cantabria Richard Holmes Biógrafo. British Academy Lindie Koorts University of the Free State (Sudáfrica) Hermione Lee Universidad de Oxford Miranda Lida Universidad de San Andrés (Argentina) Adrián Magaldi Universidad de Cantabria Felipe Nieto Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) Birgitte Possing Universidad de Copenhague Paul Preston London School of Economics and Political Science Adam Sisman Biógrafo Sahar Vahdati Hosseinian Universidad Islámica de Azad, Rama de Ciencia e Investigación (Irán)
www.editorial.unican.es Travesías biográficas Un diálogo interdisciplinar
Dña. Silvia Tamayo Haya Presidenta. Secretaria General, Universidad de Cantabria D. Vitor Abrantes Facultad de Ingeniería, Universidad de Oporto D. Ramón Agüero Calvo ETS de Ingenieros Industriales y de Telecomunicación, Universidad de Cantabria D. Miguel Ángel Bringas Gutiérrez Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales, Universidad de Cantabria D. Diego Ferreño Blanco ETS de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos, Universidad de Cantabria D. José Manuel Goñi Pérez Modern Languages Department, Aberystwyth University D. Salvador Moncada Faculty of Biology, Medicine and Health, The University of Manchester D. Agustín Oterino Durán Neurología (HUMV), investigador del IDIVAL D. Luis Quindós Poncela Radiología y Medicina Física, Universidad de Cantabria Dña. Claudia Sagastizábal IMPA (Instituto Nacional de Matemática Pura e Aplicada) Dña. Belmar Gándara Sancho Directora de la Editorial Universidad de Cantabria consejo editorial consejo científico Colección Historia #149 Directora de colección: Ángeles Barrio Alonso La colección Historia ha obtenido, en julio de 2017, el sello de calidad en edición académica CEA, promovido por la UNE y avalado por ANECA y FECYT. D. Enrico Acciai Università degli Studi di Roma «Tor Vergata», Roma Dña. Rosa Cid Universidad de Oviedo D. Igor Goicovic Universidad de Santiago de Chile Dña. Ana Belén Marín Universidad de Cantabria Dña. Rebeca Saavedra Universidad de Cantabria Dña. María José Vilalta Universidad de Lleida
www.editorial.unican.es Travesías biográficas Un diálogo interdisciplinar • • María Jesús González Adrián Magaldi (eds.)
Esta obra ha sido sometida a evaluación externa por pares ciegos, aprobada por el Comité Científico y ratificado por el Consejo Editorial de acuerdo con el Reglamento de la Editorial de la Universidad de Cantabria. Maquetación: Manuel Ángel Ortiz Velasco [emeaov] © Imagen cubierta: Giorgio de Chirico, Il poeta e il pittore, 1975, óleo sobre tela, 100 x 81,5 cm (inv. 72). Fondazione Giorgio e Isa de Chirico, Roma © Editores: María Jesús González Hernández y Adrián Magaldi [Universidad de Cantabria] © Los autores. «El viaje , la búsqueda» traducción de «Travelling» (This Long Pursuit, HarperCollins, 2016) © Richard Holmes. «¿Y cómo acabar? La biografía de un personaje vivo», traducción parcial de «A charmed life» (Tom Stoppard a life, Faber London, 2020) © Hermione Lee. © Editorial de la Universidad de Cantabria Avda. de los Castros, 52. 39005 Santander Tlfno. y Fax: +34 942 201 087 www.editorial.unican.es ISNI: 0000 0005 0686 0180 ISBN: 978-84-17888-53-4 (pdf) ISBN: 978-84-17888-52-7 (rústica) DOI: https://doi.org/10.22429/Euc2022.014 Hecho en España - Made in Spain Santander, 2022 THEMA: DNB, 3MP, 3MRB Esta edición es propiedad de la Editorial dE la UnivErsidad dE cantabria; cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos, www.cedro.org) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra. Travesías biográficas : un diálogo interdisciplinar / María Jesús González, Adrián Magaldi (eds.). – Santander : Editorial de la Universidad de Cantabria, 2022 420 páginas : ilustraciones. – (Historia ; 149) ISBN 978-84-17888-53-4 1. Biografía (Género literario). 2. Biografías. I. González Hernández, María Jesús, 1961-, editor de compilación. II. Magaldi Fernández, Adrián, editor de compilación. 82-94
www.editorial.unican.es SUMARIO INTRODUCCIÓN María Jesús González y Adrián Magaldi ............................................. 11 EL INICIO DEL VIAJE. LAS RUTAS ............................................................. 21 la vida y la vocación Anna Caballé ...................................................................................... 23 El dEsafío biográfico Manuel Alberca ................................................................................... 49 comprEndEr las biografías: El génEro y sUs arqUEtipos Birgitte Possing .................................................................................... 75 LOS PAISAJES ................................................................................................ 107 panorama biográfico En España María Jesús González .......................................................................... 109 avancEs y dEsafíos En la biografía argEntina. dEl nacionalismo mEtodológico a la mirada transnacional Miranda Lida ...................................................................................... 139 biográfica britania María Jesús González .......................................................................... 161 LOS PERSONAJES ......................................................................................... 183 Una vida En transición. EscribiEndo la biografía dE alfonso osorio Adrián Magaldi ................................................................................... 185 dEsaHUciadas dE la Historia: constancia dE la mora, isabEl álvarEz dE tolEdo y maría lUisa Elío Soledad Fox Maura ............................................................................. 209
14 maría jEsús gonzálEz y adrián magaldi discontinuidad). Y concluye que el arte biográfico consiste en reconocer y armonizar estos polos diversos. Birgitte Posing transita y desarrolla magistralmente otra ruta: la de la biografía histórica. Lo hace partiendo de la premisa de su importancia como manifestación de un debate cultural sobre los iconos nacionales, pero además analizándola como disciplina y como campo de estudio histórico. Para «comprender las biografías» también ella se detiene en su definición y sus problemas; en la relevancia o interpretación de sus sujetos históricos; en su cualidad de iluminar la historia y en uno de sus lastres más significativos: el desequilibrio de género. Finalmente aborda la definición y ejemplificación de sus diversos arquetipos: la biografía espejo, la hagiografía, el retrato personal, la biografía interpretativa, la biografía prisma, la de vida y época, la polifónica y la prosopográfica. Los paisajes El género biográfico no ha evolucionado de igual manera en todos los países. Las diferentes tradiciones, idiosincrasias nacionales y circunstancias políticas y culturales se han sumado a las evoluciones académicas particulares de cada lugar. Se diría que la evolución de la «cosa biográfica» universal tiene un carácter de polifonía, que se manifiesta en el distinto ritmo y tonalidad que adopta en unos países y en otros, a pesar de la participación común en una misma melodía armónica: la de las vidas escritas. En este apartado contamos con tres trabajos que abordan sendos paisajes biográficos nacionales. En ellos, más allá de las coincidencias básicas (el tránsito de la biografía hagiográfica a la moderna, la losa de las escuelas estructuralistas, el desprecio por el género en ciertos entornos, la apertura final de la academia a la biografía) se retratan «ecosistemas» muy diferentes. Así sucede en los casos de España y Reino Unido, que trata María Jesús González. En el capítulo sobre la biografía en España, analiza la evolución histórica e historiográfica del género, muy condicionada por la situación político-cultural y los contextos nacionalistas, pero más fecunda de lo que pudiera parecer; sobre todo en los últimos años. En el caso del Reino Unido, resume los rasgos fundamentales y algunos ejemplos de las muchas (inabarcables) obras que se han escrito en el que tal vez sea uno de los países donde más éxito y carácter magistral ha alcanzado el género. También destaca sus múltiples encarnaciones institucionales y culturales y sus centros de estudio. ¿Está «muriendo de éxito» y sobreproducción la biografía británica? Es la pregunta que se han planteado algunos de sus autores. Afortunadamente se puede concluir que no. Miranda Lida, por su parte, desarrolla una valoración global de la biografía histórica argentina, con referencias al ámbito latinoamericano. Al margen de sus reconocidas carencias, y según destaca la autora, el género comienza lentamente a florecer. Lida se
www.editorial.unican.es 15 Introducción centra en un aspecto muy interesante: más allá de las biografías políticas, ¿qué aportación han tenido las biografías intelectuales en la consolidación de una perspectiva más global y un replanteamiento de la cuestión «identitaria» en América Latina? Su propio trabajo le ayuda a ejemplificarlo. Los personajes Los personajes son nuestros objetos/sujetos de estudio, los protagonistas: las figuras del paisaje. Son diversos y también únicos, pero comparten rasgos comunes y por eso siempre nos permiten extraer aprendizajes. Adrián Magaldi reflexiona sobre la vida «en tránsito» ideológico de un personaje fundamental del periodo de la transición a la democracia en España, Alfonso Osorio. En su análisis destaca las claves que este aporta para comprender mejor el periodo. Paralelamente relata el proceso de su propia investigación, interpretación y escritura biográfica no exenta de obstáculos: las cuitas del biógrafo ante el biografiado. Soledad Fox, por su parte, es biógrafa o editora de las autobiografías y obras memorialísticas de Constancia De la Mora, Isabel Álvarez de Toledo y María Luisa Elío. En este capítulo reivindica ambos aspectos –biográfico-memorialístico y de edición– como estrategias fundamentales para recuperar la vida (y obra) arrumbada de unas mujeres que tuvieron y tienen mucho que aportar para reconstruir y enriquecer con perspectivas más completas la historia de España. También en clave de revalorización femenina, Jaume Aurell realiza un acercamiento original y estimulante a las escrituras de vida de las historiadoras, entre las que cita a Annie Kriegel, Jill Ker Conway, Elisabeth Roudinesco, Luisa Passerini, Natalie Zemon Davis, Gerda Lerner, Gabrielle M. Spiegel y Sheila Fitzpatrick. A través del análisis concreto del caso de Carolyn K. Steedman y la que el autor denomina su «escritura polifónica», no sólo destaca la importancia para la relectura de la historia de las aportaciones biográficas y autobiográficas de las propias historiadoras, sino la interrelación entre ambos géneros. María Jesús González, por su parte, recrea un juego de espejos biográfico-autobiográfico en el personaje objeto de su estudio: Isaiah Berlin. A partir un planteamiento selectivo y crítico de su fascinante perfil biográfico y los retos que este plantea, analiza la magistral utilización del género por parte del personaje para su producción y expresión intelectual pero también en su enriquecimiento y reconstrucción personal. Las encrucijadas Las biografías son trabajos cuajados de desafíos y dilemas. En este bloque, diversos autores y autoras relatan en primera persona su experiencia con algunos de ellos.
16 maría jEsús gonzálEz y adrián magaldi De entrada, cabría preguntarse: ¿Existe coherencia entre la vida y la obra? Cuando se hace la biografía de hombres o mujeres que escriben, crean arte o incluso hacen política, ¿hasta dónde se debe o se puede profundizar en los aspectos más recónditos de su vida para entender su obra? Kipling, igual que Thomas Hardy consideraba la biografía «alto canibalismo»3. Una incursión en su privacidad innecesaria para valorar su genio (tal vez por eso Hardy decidió dictarle su manipulada biografía a su propia esposa). Quienes escriben biografías, sin embargo, suelen tener interés, incluso obsesión por escarbar en las vidas de sus personajes y mantenerse fieles a «la verdad», y en muchas ocasiones encontrar y poner en valor claves explicativas. Este es un aspecto que, en no pocas ocasiones, provoca incomodidad con los biografiados y también debates entre los críticos, así como reacciones extremas, airadas o entusiastas, en el público lector o entre los herederos o agencias literarias: «the keepers of the flame»4. A nadie le gusta que sus «debilidades», defectos, paradojas y contradicciones sean ofrecidas como festín; aunque sea en honor a la verdad, o argumentado su utilidad como elemento fundamental para explicar su producción creativa. Entonces, ¿se puede o se debe «negociar» lo que se desvela en una biografía con el personaje si él o ella vive? ¿O con sus deudos? ¿Cuál es el costo de romper una reputación (un icono cultural o político, un héroe o heroína nacional)? ¿Y alguien tiene derecho a controlar todo esto? Dos autores, Anna Caballé y Miguel Dalmau, narran sus experiencias y aprendizajes en este sentido. La primera, desgrana su odisea con la biografía de Umbral, la conflictiva revelación por su parte de la traumática reinvención del escritor y un cierto pentimento «postscriptum» de la autora. El segundo, biógrafo indómito, reflexiona a partir de una argumentada y orgullosa reivindicación de su criticada incursión en la que denomina «el cuarto de Barba azul»: la estancia secreta de la vida sexual, en el caso de su biografía de Gil de Biedma. También, destaca las repercusiones indirectas que esta misma cuestión tendría en su acercamiento posterior a Julio Cortázar. Felipe Nieto y Adam Sisman han escrito la biografía de personajes vivos (fallecidos durante o al poco de escribirse su biografía) que colaboraron directamente con los autores… pero que no ocultaban su preocupación por cuál sería la construcción final de su imagen. Nieto aborda su elaboración parcial de 3 Rollyson, Carl, «Biography: the Highest Form of Cannibalism?» en The Sun, New York, 14 marzo 2007. 4 Y este es precisamente el título de un brillante libro que aborda estos problemas: Hamilton, Ian, Keepers of the Flame: Literary Estates and the Rise of Biography. London, Faber & Faber, 1994.
www.editorial.unican.es 17 Introducción la biografía del político, intelectual y memorialista Jorge Semprún, centrada en su época de clandestino comunista. El autor cuenta como se impregnó y quiso respirar sus entornos previos, los territorios que el personaje visitó y habitó en el dolor y en la lucha. Destaca lo que éste le transmitió para entender el ambiente de la oposición comunista al franquismo y el exilio. También revela alguna de las preguntas que quedaron sin respuesta en su biografía. Sisman, estudioso del caso Boswell-Johnson, reflexiona sobre qué diferencia supone en su «producto» final el hecho de que el biógrafo conozca o haya conocido a su personaje personalmente. Repasa sus experiencias con el historiador AJP Taylor y, fundamentalmente, con Trevor-Roper, que se llegó a convertir en un amigo. También aborda su proceso de elaboración biográfico, su admiración y sus tensiones con el maestro de la intriga John Le Carré (David Cornwell), que pareció entrenarse con su biógrafo para revivir y escribir posteriormente sus propias memorias. J. Benito Fernández ha tratado igualmente en persona a sus protagonistas Leopoldo María Panero, Eduardo Haro Ibars y Sánchez Ferlosio (aunqueeste último no colaboró), e incluso fue conocedor indirecto de los detalles más íntimos y conmovedores de la muerte de Ibars. Pero en este texto, sobre todo, repasa el proceso de construcción de sus biografías. Al margen de otras consideraciones sobre la tarea biográfica, expone con sencillez y precisiónsu metodología al reconstruir «el rompecabezas», los pasos que sigue, las fuentes que utiliza, así como la importancia de las entrevistas y el perfeccionismo en la caza de los recuerdos y la realidad. La académica sudafricana Lindie Koorts reflexiona sobre las dinámicas y complicaciones de escribir sobre un líder y perpetrador del apartheid, D.F. Malan, en una sociedad donde las atrocidades y las injusticias del apartheid aún son recuerdos vivos, y conviven víctimas y verdugos ¿Es la ambición biográfica de comprender al sujeto agresor insensible a las víctimas?. La autora profundiza en sus esfuerzos como biógrafa por mantenerse neutral y «entender» en el sentido del verstehen weberiano sus motivaciones y su política y narra su propia experiencia y agonías en la superación de sus propios prejuicios o sentimientos y la búsqueda de la objetividad. Sahar Vahdati Hosseinian, amparada en delicadas perífrasis narrativas y silencios, escribe un texto que se puede leer entre líneas. En él analiza, precisamente, los dos elementos que más afectan a la labor biográfica en su país, Irán: los retos del lenguaje, en realidad de los lenguajes en plural y de sus disfraces defensivos y sus velos, y también la implacable censura. Pero además introduce un elemento más: la brecha de género que, en este caso, se traduce aún más en la vulnerabilidad e invisibilidad de la mujer.
18 maría jEsús gonzálEz y adrián magaldi Paul Preston ha escrito sobre algunos de losprotagonistasmás significativos de la historia de España como Franco, el rey Juan Carlos y Santiago Carrillo,pero también ha abordado biografías colectivas de actores y actrices de carácter «secundario» pero fundamentales para explicar sentimientos, empatía, idealismos y pasiones políticas como los corresponsales extranjeros o un ramo de mujeres comprometidas en la guerra civil española. En su texto recorre su trayectoria biográfica, sus experiencias y aprendizajes históricos (y problemas metodológicos)con los diversos sujetos y reflexiona sobre la objetividad y la empatía o antipatía del biógrafo. Richard Holmes, en un texto poético y personal, recrea una vez más su pasión biográfica en su búsqueda profunda de la esencia de sus personajes. Describe su incansable seguir el rastro de esas «huellas». Unas huellas que le llevaron a toparse con reales o simbólicos puentes destruidos por los que siglos antes habían cruzado sus personajes y que él ya no podría transitar. Le condujeron a sitios de la memoria habitados ahora por jóvenes estudiantes o testimonios y reescrituras falsas garabateadas en la cueva donde antaño la grabó su protagonista. Plantea una pregunta fundamental ejemplificada en sus anotaciones diversas en las páginas enfrentadas de su cuaderno de trabajo (a un lado, los datos, al otro sus reflexiones): ¿Cómo fue realmente esta vida humana y qué significa para nosotros en la actualidad? Hermione Lee, al finalizar su biografía del escritor y dramaturgo Tom Stoppard, se recrea en el relato de la relación relativamente ambigua que mantuvo con su personaje. Su reflexión fundamental es la que pone de manifiesto la «inestabilidad» de la verdad biográfica, de la imagen definitiva: la vida se vive y cambia a medida que tú escribes sobre ella. Existe además el problema del «cierre». ¿Cómo va a acabar esto? La biógrafa, humilde, ha de poner un fin a su trabajo, a sabiendas de que, en realidad, es inconcluso. El personaje, orgulloso, continúa brillando. Nosotros también ponemos fin a nuestras aportaciones aquí con cierta sensación de provisionalidad. El género está vivo y evoluciona. Sus personajes –que siguen aportándonos claves para entender el mundo y a nosotros mismos– también varían o se revisitan desde nuevas perspectivas. Y qué decir de las nuevas fuentes, basadas en correos electrónicos, imágenes con photoshop o recreaciones vitales e invenciones en redes sociales que tal vez alteren las posibilidades y perspectivas biográficas del futuro. No podemos concluir taxativamente porque tampoco sabemos «cómo va a acabar esto». Pero este libro ha mostrado, al menos, una buena parte del camino y las cuitas de nuestras respectivas travesías biográficas.
www.editorial.unican.es 19 Introducción Y, fundamentalmente, ha recogido el espíritu de diálogo interdisciplinar y parte de las reflexiones desarrolladas en el transcurso de nuestro proyecto La razón biográfica..., citado al inicio de estas páginas. Agradecemos a todos los autores que hayan participado de esta conversación final, aportando generosa y entusiásticamente sus textos y también agradecemos a Victoria Gordo del Rey sus excelentes traducciones de los diversos capítulos en inglés.
www.editorial.unican.es El inicio del viaje. Las rutas
www.editorial.unican.es LA VIDA Y LA VOCACIÓN1 Anna Caballé Universidad de Barcelona L a escritura de la vida humana, de las vidas concretas que ya fueron o que todavía son y de las que por alguna razón urge su esclarecimiento, no ha estado tan presente en la cultura española como sería deseable, si tenemos en cuenta dos cosas importantes: a) es, debería ser, el primer punto de mira de la Historia, b) no hay experiencia más corriente y universal que el hecho de vivir. Vivimos. La experiencia impregna a todos cuantos nacimos a lo largo de miles de años, enfrentándonos a un caos parecido, al amasijo de esperanzas, dolores e incertidumbres que, sin embargo, cada uno de nosotros ha resuelto de forma original y relativamente única, pues es el fruto singular de múltiples decisiones y descartes. Billones de respuestas singulares al apasionante y complejo hecho de vivir. Sin embargo, rara vez nos detenemos a pensar en las posibilidades que cada vida humana ofrece a la reflexión. En conjunto, todas proporcionan una sucesión de puntos brillantes que avanzan día y noche, infatigablemente, un año tras otro, en una dirección desconocida y a la espera de emanar su propia luz en la esfera celeste. Javier Gomá ha denominado «imagen de la vida» a esa aspiración íntima de dejar tras de nosotros algo de luz y de calor. Es tanto el frío que nos rodea… ¿Adónde vamos? No puede saberse. Las humanidades, sin embargo, nos animan desde sus orígenes a cumplir con nuestro destino. Josep Pla lo dejó 1 El texto, con una ligera adaptación a este volumen, constituye el primer capítulo del libro El saber biográfico. Reflexiones de taller (Ediciones Nobel, 2021). Se publica con autorización de la editorial.
30 anna caballé enorme trascendencia cognitiva, pues acusa todo el impacto de una trayectoria existencial. Mientras los adolescentes de todo el mundo ofrecen unas características vitales bastante comunes, la vejez presenta una enorme disparidad de actitudes. No comprendo aquellas biografías que resuelven la vejez como un mero trámite final, una vez que la vida activa dio de sí lo que podía. Muy al contrario, yo presto una atención casi reverencial a los finales de la vida. No digo que el último viento que sopla sea el más importante, pero sí que su soplo tiene el valor de lo definitivo porque tras del suyo no viene ninguno más. La filosofía ha renunciado a encontrar cualquier forma de unidad en el pensamiento, pero, en aquel contexto de confusión juvenil y angustia por la incertidumbre de quién era yo, lo cierto es que la lectura de algunas biografías y autobiografías me fue especialmente inspiradora y está en el origen de lo que me ha conducido hasta el presente. Pienso en la Memoria personal de Gerald Brenan, las Memorias de una joven formal de Simone de Beauvoir (aunque siempre he preferido el segundo volumen, La fuerza de las cosas), las maravillosas biografías de Stefan Zweig, pero también Un día en la vida de Iván Denisovitch, David Copperfield, la autobiografía de Lou Andreas Salomé, o la biografía de Oscar Wilde escrita por su amigo Frank Harris. Obras que parecían proceder de otro funcionamiento del mundo… Son referencias que he mencionado muchas veces en reseñas o conferencias porque hicieron su labor de abrirme a otros universos, espiritualmente más atractivos, cuyos ecos llegaban hasta mí con mucha intensidad y con los que de algún modo me identificaba… Brenan, Beauvoir, Zweig, Soljenitsin, Ludwig, Lou Andreas-Salomé, Dickens… Ellas y ellos también parecían haber bregado con dificultades y leyendo sus historias respondían sutilmente a preguntas que, por su puerilidad, yo no era capaz de dirigir a nadie. El joven inglés huyendo, como buena parte de su generación, de la destrucción vivida y sufrida en la Gran Guerra y refugiándose con unos cuantos libros y unas libras de mantequilla en la Alpujarra granadina, como Robert Graves cuando se despide de las secuelas ocasionadas por el conflicto bélico con un Adiós a todo eso, en 1929 («todo eso» era Inglaterra). María Antonieta vista por el gran humanista que fue Zweig, quien, austríaco como ella, sale en su defensa mostrando la madurez y la soledad absoluta de aquella joven reina tan maltratada por una Historia que la juzgaba por sus juveniles comienzos y no por su digno final. Me impactó la determinación de Simone de Beauvoir, con el tiempo tan habituada al éxito como a las decepciones, como
www.editorial.unican.es 31 La vida y la vocación subraya Sami Naïr en su reciente semblanza biográfica de la pensadora.7 Las caminatas juveniles por el monte Jura que describe Beauvoir en sus memorias fueron el origen de mis propias andanzas solitarias y los deseos de viajar, y siguiendo sus pasos me acostumbré a leer y escribir en los cafés, hasta que me di cuenta de que podía trabajar con más comodidad y menos distracciones en mi casa o en una biblioteca. Llegué a esparcir mis fichas de trabajo en el bar Sandor, ubicado en la plaza Francesc Macià (entonces Calvo Sotelo) de Barcelona para pasmo de los hombres de mediana edad que lo frecuentaban con otras intenciones, tan legítimas como las mías, pero que iban en otra dirección. Yo creía que estaba en Les Deux Magots… En el bachillerato había leído las Máximas de La Rochefoucauld, un libro de referencia para mi padre, y siendo los aforismos extraordinariamente sagaces –y aun teniendo algunas frases anotadas en el corcho de mi habitación de entonces, como si fueran la cima de toda sabiduría: recuerdo la de «Si no tenemos paz, de nada sirve buscarla afuera»–, lo cierto es que me resultaban un tanto cínicas. Apreciaba la inteligencia, la agudeza de su espíritu, pero me distanciaba la falta de amor que destilaban. Entonces el amor lo era todo para mí. Y La Rochefoucauld parecía estar de vuelta, mientras yo no había ido a ninguna parte. El paso como estudiante de Filosofía y Letras por la Universidad de Barcelona constituyó una eficaz sacudida a ese contacto con vidas que contenían una enseñanza que yo intentaba extraer como quien rasca para encontrar alguna veta húmeda en un pozo seco. ¡Cuántos desaciertos se acumulan en la educación de los jóvenes! Cuando leí La educación de Henry Adams me solidaricé plenamente con la aguda crítica que plantea su autor al sistema educativo recibido. El matemático y biógrafo Josep Varela me recordaba hace unos meses un pasaje del libro, cuando Adams debe despedirse de uno de sus mejores amigos, Clarence King, enfermo de tuberculosis. Quedarán en pie solo dos amigos para hacerse mutua compañía, John Hay y el propio Adams. Y este escribe, siempre en tercera persona, sobre el vacío que su amigo King deja en su corazón: Hay aún tenía su familia y su ambición, mientras que Adams solo podía retroceder, torpe y solitariamente, sin ayuda, cansado, nublados los ojos por las lágrimas, hasta la borrada senda que recorría la oscurecida pradera de la educación, sin otro motivo, grande o pequeño, que la curiosidad de llegar, 7 Naïr, Sami, Acompañando a Simone de Beauvoir. Mujeres, hombres, igualdad. Barcelona, Galaxia Gutenberg, 2019.
32 anna caballé antes de caer él también, a algún lugar que le ofreciera una perspectiva lejana. Estaba morbosamente impaciente por divisar alguna luz al final del túnel [...] El tiempo se había vuelto terriblemente breve, y la sensación de conocer tan poco, cuando los demás sabían tanto, destruía toda esperanza8. Todo el abanico de fuerzas activas del joven Adams permanece en suspenso, a la espera de la pequeña luz que le permita intuir de qué modo descargarse de ellas y hacerlo de la forma más completa y valiosa para su vida. Más que una cita, en este pasaje Adams consigue atrapar la sutileza existencial de un joven desbordado por su propia angustia ante la complejidad que le ofrece su futuro y las carencias de la educación recibida y en la que tenía depositadas sus esperanzas. Es tan eficaz en su propósito este pasaje como lo pudiera ser un tratado en diez volúmenes. A veces, los poderes activos de la mente juvenil quedan abocados a la atrofia, a la dispersión o se precipitan en soluciones que finalmente no llegarán a serlo. O bien esos poderes consiguen mantenerse en tensión hasta que surge alguna solución inconmensurable que permite dar salida a las corrientes que surcan a los jóvenes de cualquier tiempo por dentro en busca de algo que les afiance en el mundo. Porque algo hay que hacer con ellas. Las biografías que leía mantenían vivo el deseo de forjar mi carácter con cualidades que yo no tenía o creía no tener y que apreciaba mucho. Ahora, viendo de nuevo las cosas en perspectiva, creo que lo principal que me ha aportado el cultivo de la biografía a lo largo de los años es el deseo de comprender a los demás y de amarlos en la medida de lo posible. Eso no significa que las biografías deban cumplir con un contenido ejemplar, de absurdo beaterío o que yo quiera ejercer de apóstol de un género, solo señalo que leyendo autobiografías y biografías encontraba, y sigo encontrando, el combustible suficiente para poder andar por la vida con ese mínimo de claridad que anhela Adams y que yo misma he necesitado con tanta intensidad. Me refiero a un tipo de claridad especial, ajeno a la obviedad que proporcionan otros conocimientos. La que desprende, por ejemplo, el siguiente pasaje de Frank Harris, después de haber admitido el rechazo físico que le causó Oscar Wilde al ver su aspecto adiposo y grasiento, sus fofas manos sembradas de absurdos anillos y una ropa ridículamente ceñida a su gruesa corpulencia. Pero aquel rechazo inicial evoluciona muy pronto porque Harris es capaz de ver más allá en su juicio: 8 Adams, Henry, La educación de Henry Adams. Barcelona, Alba, 2001.
www.editorial.unican.es 33 La vida y la vocación Yo conocí íntimamente a Oscar Wilde durante veinte años, desde sus tiempos de estudiante hasta su muerte, en el ápice del triunfo y del éxito, para caer, por último en los abismos del rencor y el desprecio populares. Le visité en el presidio, disfruté de su compañía en libertad, y desde el principio al fin le quise como nosotros, pobres mortales, queremos: con intervalos de vana cólera y alejamientos momentáneos, pero en conjunto, con una admiración entusiasta, afecto y simpatía, sobre todo, por su exquisito humorismo, su imaginación incomparable y la divina dulzura de su naturaleza9. El primer biógrafo que tuvo Wilde reconoce el rechazo que le provocó el aspecto del personaje, pero se esforzó para ir más allá y descubrir tras la apariencia un espíritu fascinante. No quedarse con la primera impresión cuando todo nos impulsa a funcionar con prejuicios y estereotipos me parece fundamental para promover la convivencia. Pero reconozco que mi entusiasmo por la biografía tal vez sea desmedido, fruto de las zozobras interiores. Cada uno lee lo que quiere leer. En todo caso, esa pasión no pude compartirla con nadie en las aulas universitarias. No tuve un profesor que me citara un libro de memorias o una biografía como una lectura enriquecedora, incluso imprescindible para comprender mejor a un autor, una obra o una época estudiada en clase. Para poder penetrar en el conocimiento de un ser humano con la debida complejidad. La brecha de la enseñanza oficial con mi imaginario puede decirse que no era menor de la que expone Adams en su autobiografía, aunque en nada me pueda comparar con él. La biografía no formaba parte de la cultura académica en los años setenta del pasado siglo. Y resulta difícil para un joven, una joven, con una cultura muy limitada del pasado hacerse una idea veraz sobre los hombres que fueron Calderón, Luis Cernuda o Clarín a base de abstracciones, fechas y etiquetas muertas de movimientos y corrientes intelectuales. Cito nombres masculinos porque las mujeres eran prácticamente terra incognita en la enseñanza oficial de aquellos años. El deslumbramiento íntimo que tantas mujeres de mi generación experimentaron leyendo Mujercitas, Jane Eyre, Middlemarch o bien, la clásica y magnífica Orgullo y prejuicio quedaba en eso, en la intimidad de nuestros corazones. Yo, por otra parte, apenas sabía tampoco lo que significaba ser mujer y sentía mis ambiciones muy repartidas. En fin, que los atisbos de plenitud que se intuían en la vida aparentemente dócil de aquellas maravillosas heroínas –Jo March, Elizabeth Bennet, Dorothea Brooke…– no pasaban de la categoría de los ensueños juveniles. 9 Harris, Frank, Vida y confesiones de Oscar Wilde (Biografía). Madrid, Biblioteca Nueva, 1928, p. 91.
34 anna caballé Lo que quiero decir es que la naturaleza de mis intereses no coincidía con la dirección de los estudios literarios en aquellas décadas imbuidas de un estructuralismo estricto, aunque me esforzara lo que podía por comprenderlo. Pero… una simple foto en blanco y negro del escritorio de Pushkin vista en una revista francesa me hacía rozar el infinito. No sé cómo podría expresar la fuerza que tiene para mí el poder acceder a los espacios privados que lo fueron de una vida. ¿Cuántas veces hojeé aquella revista de la que no recuerdo más que la foto de una mesa de trabajo, unos libros, unos papeles y plumas? Puede que ni siquiera se tratara de Pushkin… En el psiquismo humano muchas veces la imaginación, lejos de hacernos soñar mediante la recreación de una imagen, nos lleva a actuar, apropiándonos de un pensamiento sugerido por aquella imagen. Yo carezco de imaginación visual y con los años sufro de una progresiva e incómoda prosopagnosia, de modo que solo puedo entender la imaginación como una forma de movimiento mental. En otras palabras, una imagen del pasado me funciona como un holograma capaz de insuflar un vigor especial al conocimiento. Incapaz de reproducir a los diez minutos la imagen que me ha despertado tanto interés, digamos que el recuerdo de la emoción suscitada me es suficiente como estímulo. Mi primera experiencia con la escritura biográfica fue a raíz de la tesis de licenciatura que hice sobre un periodista que murió en México, en 1963. Se llamaba Paulino Masip Roca y el hecho de que hubiera nacido en un pueblo leridano cuando yo ya ejercía como encargada de curso en el Estudi General de Lleida justificaba mi elección del tema. En torno a 1977 se disponía todavía de muy poca información sobre la literatura del exilio. Había la referencia proporcionada por José Ramón Marra-López en su iluminador ensayo sobre el exilio republicano, la reseña que escribió Rafael Conte sobre la única novela notable de Masip, El diario de Hamlet García, y poca cosa más. La novela trata de un profesor particular de filosofía que al estallar la Guerra Civil se resiste a tomar partido por unos o con otros. Se dice que su mundo es el pensamiento, una esfera de cuerpos celestes que él cree ingenuamente exenta de compromiso con la realidad, hasta que la violencia de la guerra se impone a su alrededor y le impide seguir con su filosofía. Su vida se ve profundamente alterada por el conflicto bélico, como ocurrió con todas las vidas españolas. Cuando años después leí de Soren Kierkegaard su primer ensayo, que marcó el inicio de su carrera filosófica, titulado en castellano O lo uno o lo otro (Enter-Eller, 1843), a sugerencia de mi hijo Adrià, lamenté no haberlo utilizado para mi tesis de licenciatura. Kierkegaard reflexiona sobre la importancia que tiene para la personalidad propia saber elegir y hacerlo en el momento oportuno, el momento que él
www.editorial.unican.es 35 La vida y la vocación llama de la visión o Augenblick (para los griegos, kairos), antes de que sean los otros o las circunstancias los que decidan por ti. Cuando así ocurre, si dejamos en otras manos decisiones que nos correspondería tomar, sostiene el gran danés, el ser se pierde a sí mismo porque será deudor de una existencia que solo le pertenece pasivamente. Claro que el ensayo de Kierkegaard tiene una explicación: lo escribe después de un noviazgo con su amada Regina Olsen, un noviazgo que duró de tres a cuatro años. Sin embargo, y con la vista puesta ya en un enlace próximo, el filósofo rompería inesperada e incomprensiblemente la relación. Lo hacía por carta el 11 de agosto de 1841, tomando una decisión que cambiaría el futuro de los dos jóvenes. La toma Kierkegaard porque no desea abandonarse a un destino conyugal previsible. A pesar de todo el amor que siente por Regina y que mantendría hasta el final de su vida. Ella nunca entendió las razones de aquel rechazo. Meses después Kierkegaard publicaba su ensayo, O lo uno o lo otro. Es decir, y en su caso, o casarse y abandonarse al compromiso adquirido con otra persona, y dejarse llevar por una vida simple, alienada a las vicisitudes del cónyuge, o bien no casarse y asumir la propia libertad vigilante como destino. Quiso tomar las riendas de su existencia girando bruscamente el timón y anulando su noviazgo (también lo haría Kafka años después en su relación con Felice Bauer y por los mismos motivos). El teórico de la angustia vital viviría sitiado en su habitación, sin atreverse a ver a nadie y temiendo siempre el asalto enemigo, las visitas. Y en esa soledad radical autoexigida por la misión que se había impuesto escribió como vivió, pura entraña unamuniana, a fin de poder fijar su situación en el mundo como fruto de su decisión. A mí la indecisión que plantea Kierkegaard con todas sus consecuencias en su libro me funciona a veces como una segunda piel. Carezco de ese «espíritu de partido» que define Madame de Staël en su Tratado de las pasiones y que, por ejemplo, es tan necesario para pertenecer a un partido político. Siempre me parece que todo el mundo tiene algo de razón. En otras palabras, he aprendido a flotar, cuando el tiempo lo permite, sobre un mar de incertidumbre. Kierkegaard, sin embargo, no contempla en su ensayo el componente azaroso que debió de tener su dilema de casarse o no casarse. Es algo que he pensado leyendo sobre todo a Ortega. ¿Hasta qué punto nuestras decisiones no son fruto de la cualidad impredecible de la circunstancia? ¿No hay también que contemplar los factores aleatorios en nuestras elecciones? ¿Cuál es el peso del azar a la hora de tomar la mejor decisión? Unos días de irritación, un dolor de cabeza persistente, un comentario poco grato de Regina Olsen, una noche de insomnio… Una vida es, en buena parte, intimidad, una realidad mental o si se quiere sensorial que existe para sí misma y por
36 anna caballé consiguiente solo puede ser conocida desde el interior. Así que, aun siendo conscientes de que cualquier cosa, nos puede afectar más profundamente de lo que estamos dispuestos a reconocer en una percepción posterior, no tenemos por costumbre aquilatar su importancia. ¿Cuánto le debemos en la vida al azar que nos rodea?10 El trabajo sobre Masip fue mi primerísima toma de contacto real con la biografía. La intuición y las lecturas me decían que había que ir físicamente a los lugares transitados por el personaje. Recorrer, como hacía Zweig con aquel poderío de medios, no solo los espacios más convencionales, sino empaparse de los paisajes absorbidos por la retina del personaje, hacerse una idea de los espacios donde soñó su futuro. La aspiración del austríaco a reconstruir, para el mundo del espíritu, el armazón intelectual y moral de una época, de un aventurero, de una mujer. Pienso ahora en su biografía del explorador Fernando de Magallanes11. Leída cuando empecé a dar clases de literatura colonial, debo decir que por primera vez entendí la pasión de Occidente por las especias que explica el furor de aquellos descubridores por llegar a las costas de Oriente. Una punta de cuchillo de canela, una flor seca de moscada, un poco de pimienta, un botón de aceite de rosas en el cutis de las mujeres… De pronto surgía el prodigio de sabores, texturas e incitaciones desconocidas en Occidente. Cuando Zweig viaja por primera vez a Buenos Aires en un cómodo transatlántico, con todas las comodidades imaginables en la época, se deja llevar por lo que pudo ser un viaje de miles de kilómetros a través del océano cuatrocientos años atrás. Sin luz, de noche, en medio de la oscuridad más completa, sin otra bebida que el agua de la lluvia, sin más comida que unas galletas húmedas y un poco de tocino rancio, sin cama, sin poder lavarse, con un frío y un calor inmisericordes y toda la inquietud contenida en lo más hondo de la mente y del corazón. Zweig se avergüenza de su propia comodidad viajera y la compensa adentrándose a lo largo de los meses siguientes en la singularidad de aquellas aventuras que en el Renacimiento cambiaron la faz del mundo. 10 Sin pretenderlo es una pregunta cuya respuesta me la dio en parte el libro ¿Por qué España? Memorias del hispanismo estadounidense, editado por mí misma en colaboración con Randolph Pope (Barcelona, Galaxia Gutenberg, 2014). Ante nuestra pregunta a los hispanistas estadounidenses, o afincados allí, de por qué motivos habían elegido profesionalmente el hispanismo, muchos de ellos contestaron que fue el azar lo que les condujo en un primer momento. 11 Publicado originalmente en 1938, reeditado recientemente en: Zweig, Stefan, Magallanes. El hombre y su gesta. Madrid, Capitán Swing, 2019.
www.editorial.unican.es 37 La vida y la vocación Un día me pareció encontrar en un escritor español una sensibilidad afín a la de aquel amante del conocimiento que fue Zweig. Me refiero a Mauricio Wiesenthal. Su Libro de los réquiems me conmovió por la emoción contenida con que se expresaba el narrador, cómo destilaba su admiración por la cultura del pasado y el fondo de melancolía que lo acompañaba. Cuando escribe: «No me preocupa la muerte. Pero he recorrido medio mundo buscando a los seres que me interesaban para redimirlos del olvido». Así es y buscando a esos seres del pasado que tanto le interesan Wiesenthal se olvida de sí mismo. Heine sentenció, no sé si con dureza, que la historia de la literatura es la gran morgue donde cada cual acude a buscar sus muertos, aquellos a quienes ama o de quienes se siente más afín12. Es muy posible, pero lo importante es poder disponer de esa posibilidad y estar en condiciones de aprovecharla. La sutileza del placer que suministra un contacto material con el pasado puede ser abrumadoramente intensa. Richard Holmes se refiere a esa típica «distorsión del tiempo» que se puede experimentar cuando se trabaja en una biografía. Él comenta que supo que se había convertido en biógrafo cuando le devolvieron un cheque: lo había fechado en 1772. Yo tengo también mis experiencias en este sentido, aunque más referidas a la distorsión de la atención. Recuerdo la noche en que una cajera del supermercado donde compro en contadas ocasiones me preguntó si había echado de menos alguna documentación. Estaban a punto de cerrar, no entendí que pudiera hacerme aquella pregunta, pero la cajera insistió. «Mire a ver, yo a usted la recuerdo». No le di mayor importancia, aunque ella me pidió el número de teléfono, y olvidé el incidente por completo. Unas semanas después me llamaba para hacerme la misma pregunta. Le dije que aquello me parecía muy raro, pero que pasaría por el supermercado para ver aquellos documentos que alguien se había dejado en una de las cajas a la hora de pagar y así tranquilizarla. Porque, la verdad, yo no sabía dónde buscar. Me demoré todavía unas semanas más. Finalmente pensé en comprar en aquel supermercado y de paso preguntar por los papeles. Fui y el encargado me mostró lo que guardaban desde hacía varios meses. Entonces vi, absolutamente consternada, un sobre abultado y anudado con una gruesa goma. En él y escrita con mi letra, la indicación de su contenido: la escritura de un pequeño apartamento que había comprado recientemente, el contrato de hipoteca del mismo y el acuerdo de divorcio que habíamos formalizado finalmente mi marido, ya exmarido, y 12 Heinrich, Heine, La escuela romántica. Madrid, Alianza, 2010, edición de Juan Carlos Velasco.
38 anna caballé yo. Recordé. Venía del notario, de recoger toda esa documentación, cuando me detuve en el súper, siempre voy al filo del cierre, a comprar. Y como siempre con la angustia de ir tarde y tener que decidir la cena sabiendo que en casa te espera la familia con la pregunta rutinaria: ¿qué hay para cenar? No necesito malgastar muchas palabras más. Un par de meses antes había sido capaz de dejarlo todo, coger un avión y pasar cuatro días en el Pazo de Bañobre, cerca de Ferrol, viviendo en un convento de clausura, por el indicio de una información sobre Concepción Arenal que no llegó a nada, y, sin embargo, no recorría cuatrocientos metros para comprobar si unos papeles me pertenecían. Y qué papeles. El punto de vista autobiográfico que adopto en este capítulo me obliga a esta dolorosa confesión. Recuerdo muy bien el trayecto de vuelta a casa desde el supermercado, sumida en una visión absolutamente sombría de mis limitaciones. Vuelvo a Paulino Masip y a la tesis de licenciatura. Yo no podía irme a México, ni siquiera me lo planteé seriamente en 1978. Entonces, recién casada y sin demasiados recursos económicos, ir a México era viajar al otro extremo del mundo como quien dice. Pocos investigadores españoles y jóvenes compartían entonces la necesidad de seguir las huellas, y los trabajos académicos solían consistir en un hilván de citas. De poder contar con un espíritu más abierto al mundo, que el franquismo impidió, se habría rescatado la experiencia de Clara Campoamor en su exilio suizo a partir de 1955 y conoceríamos ahora de primera mano sus recuerdos, su vida en Argentina y, por último, su refugio en Lausana junto a su amiga, Antoinette Quinche. Nuestro conocimiento biográfico de la mejor política que tuvo España junto a Victoria Kent se interrumpe prácticamente con la Guerra Civil. Ahí acaba casi todo. Pero ella vivió treinta y seis años más de los que poco, muy poco, sabemos. Es solo un ejemplo. ¿Quién se molestó en escribir una semblanza veraz de Teresa Mancha, la amante de Espronceda, cuando murió en la ruina absoluta, dos o tres años después de abandonar al poeta? ¿Quién nos dejó un detalle vívido de Calderón? Nuestro conocimiento biográfico del pasado es de una pobreza abrumadora. Disponemos de las piedras («Si las piedras hablaran…», escribió Antonio Gala), disponemos de archivos y bibliotecas, pero qué poco sabemos de las vidas humanas. No pudiendo ir a México, visité La Granadella, donde nació Paulino Masip, me entrevisté con su hermano Jaime, un hombre soltero y un punto desconfiado que vivía en la calle Balmes de Barcelona con una sirvienta mayor en un ambiente de gran austeridad y como de tristeza compartida. Me prestó su ejemplar de El diario de Hamlet García, entonces un libro
www.editorial.unican.es 39 La vida y la vocación inencontrable. Y me fui a León, a visitar al hermano menor, Hernán Masip, quien demostró tener un carácter muy distinto del de Jaime. Lo recuerdo un hombre encantador, casado y sin hijos, que me trató de forma más que generosa. Con él probé el oporto por primera vez en el Parador de San Marcos, supe que existían los conciertos de Año Nuevo en Viena y aprendí que los catalanes decíamos que veníamos cuando íbamos a alguna parte. Fueron unos días estimulantes, nunca había estado en León (después volvería siguiendo los pasos del primer Umbral) y yo me sentía en cierto modo una impostora, pues me presentaba como investigadora, consciente de carecer de los conocimientos más elementales sobre cómo proceder en una investigación biográfica. De modo que aproveché lo que pude de la rica experiencia que Hernán Masip me ofreció generosamente. Regresé a Lleida, donde entonces vivía y trabajaba, con la escueta obra de Masip bajo el brazo, pues me prestó dos libros más, escritos ya en México. Aquel viaje a León me permitió esbozar una semblanza del escritor, con toda mi ignorancia a cuestas sobre sus años de exilio, de 1939 a 1963, de los que apenas nada sabía y que en la monografía resultante sorteé como pude13. Cuando años después leí los diarios de Max Aub, en la magnífica edición de Manuel Aznar Soler, y di de bruces con los dos o tres comentarios que Aub hace de su amigo Masip, tuve que cerrar el libro de golpe. No podía resistir la impresión que me causaban aquellos comentarios totalmente inesperados. Su españolidad, por ejemplo, de la que Aub se considera influido. Fue un impacto saber que el domicilio de Masip en Madrid fue ocupado por un teniente coronel, tío del crítico Ignacio Soldevila Durante. Los manuscritos que quedaron abandonados, como todo lo demás de la casa, en su exilio habían sido aprovechados bárbaramente por los sobrinos (el propio Soldevila Durante) para sus deberes: escribían en el reverso de los papeles que pertenecían al escritor. «Había poco papel y la letra era poco legible»14 se justificaría Soldevila ante Aub cuando fue a verle interesado por su obra narrativa. Aub, atónito ante la noticia recién descubierta por su entrevistador, le sugirió a Soldevila Durante que lo que hubiera quedado de libros y papeles de Masip lo entregara a la familia que residía en México. «Él duda, frena», anota escuetamente el hispano-francés. No se dice más en el Diario. Y no sé en qué quedaría la sensata recomendación de Max Aub, pero diría que no obtuvo la respuesta que merecía. 13 Caballé, Anna, Sobre la vida y obra de Paulino Masip. Barcelona, Ediciones del Mall, 1987. 14 Aub, Max, Diarios (1939-1972). Barcelona, Alba Editorial, 1998, p.532.
46 anna caballé Estaba convencida de que había otro modo de ver a la burguesía, no muy lejos de la historia escrita por Thomas Mann en Los Buddenbrok. Es decir, una burguesía que en sus comienzos se fundó sobre una estricta disciplina de trabajo y un deseo infinito de superación. Esto último era lo que me motivaba. Pero las investigaciones llegaron a un punto muerto, no había manera de rastrear la figura de Eusebio Güell del modo que deseaba hacerlo y me sentía literalmente exhausta. De pronto, una invitación recibida de parte de una universidad brasileña para dar un seminario en marzo de 2014 me ofreció una salida a un callejón que parecía no tenerla. Necesitaba un puerto de refugio. De modo que me sacudí enérgicamente aquella obsesión que amenazaba con bloquearme y me fui a Porto Alegre, a dar un seminario en la Pontificia Universidade. Allí, en un ambiente sorprendentemente reconfortante, surgieron otras ideas e hice nuevos planes. Trabé una amistad que perdura con la profesora Maria Eunice Moreira, excelente conversadora y un espíritu muy afín al mío. El resultado de todo ello fue Pasé la mañana escribiendo, una propuesta de ordenación del diarismo español donde recogía información y lecturas que había hecho con los años y que estructuré como pude estando en Brasil. Sentía la necesidad de contener tantas horas de trabajo aparentemente desperdiciadas con unos temas y otros. Las carpetas y cuadernos acumulados en torno a los Güell siguen en silencio, testimonio de un fracaso, uno más de los muchos a los que debemos enfrentarnos en la vida. Pero los fracasos son siempre relativos y, así como el mar que rompe contra las rocas también las penetra con su flujo diluyendo los límites entre agua y escollo, aquella inmersión en el sigloxix que no lograba abrirse camino recibió un nuevo e inesperado impulso. Bastó una llamada de teléfono de Javier Gomá, ya de vuelta en Barcelona un año después, y el agua se abrió paso de nuevo entre los escollos. Fue mi primer encuentro con Concepción Arenal… Nunca había escrito sobre un personaje del siglo xix, a excepción de las semblanzas biográficas pensadas y redactadas como presentación de las autoras en La vida escrita por las mujeres (2003). Suponía pues un ejercicio de distinta naturaleza, por dos razones: porque frente a escritores como Francisco Umbral o Carmen Laforet, la historia de Arenal pertenecía a otra época de la que no quedaban testimonios y poquísimas fuentes a las que acudir. ¿Cómo abrirse camino en un contexto, como el español, tan falto de noticias biográficas en relación a los personajes de su pasado? Pese a algunas biografías ya existentes (las de Juan Antonio Cabezas y Campo Alange), elaboradas de acuerdo con un punto de vista fundamentalmente hagiográfico, la historia de Concepción Arenal estaba por escribir. Y, en cierto modo, por comprender qué era lo
www.editorial.unican.es 47 La vida y la vocación que realmente había sucedido en su vida para que emergiera una mujer de su fuerza intelectual y moral. Entiendo que una biografía debe de ser capaz de captar la voluntad del ser humano, cómo se desarrolla en el mundo de su propia vida. Y decir eso me conduce a mencionar la segunda razón por la que escribir su biografía suponía un desafío. Hasta entonces yo me había movido, por decirlo así, en una atmósfera de relativismo ético. Ni Francisco Umbral, ni Carmen Laforet eran escritores con un universo de ideas que me exigiera enfrentarme a cualquier forma de compromiso moral, más allá del contraído con mi trabajo. Sin que quiera establecer ninguna analogía entre ellos, ambos se habían planteado su obra en estricta lucha consigo mismos y con el mundo. Por el contrario, la vida y la obra de Arenal sorprenden porque ambas se caracterizan, para decirlo con una expresión de Habermas, por manejar una «única unidad de cálculo» para todos los temas que trata o bien a los que debe enfrentarse como persona, como mujer, como madre o como pensadora. Y esa unidad de cálculo es la ética, su obsesión por elevar la moralidad de la sociedad española tanto en sus conductas públicas como privadas, enfrentándola a los problemas que tenía planteados: la esclavitud, el guerracivilismo impuesto por las guerras carlistas, la corrupción, la falta de una opinión pública cívica y militante, la pobreza de la educación recibida, los derechos de la mujer, la necesidad de una reforma penitenciaria... Así podríamos seguir con muchos otros temas, todos ellos concebidos por Arenal sobre la base de una armonía necesaria y concertada entre el individuo y la comunidad a la que pertenecía. Arenal fue la primera mujer en España que abandonó el espacio protegido de la escritura literaria para meterse en el papel de polemista, participando en los debates más candentes de su tiempo y queriendo influir en la mentalidad española de una forma hasta entonces inédita (en una mujer) a través de folletos y de una revista fundada por ella misma, La Voz de la Caridad, que mantendría activa por espacio de trece años, contra viento y marea. Sin embargo, pese al magnetismo de su personalidad, el penalista Rafael Salillas, gran admirador de Arenal, había comentado en el homenaje que le organizó el Ateneo de Madrid a su muerte, que la información biográfica disponible sobre ella era tan pobre que parecía «una hoja de servicios incompleta»20. Si eso se decía en 1893, ¿cómo transformar esa escuálida información, cargada de inercias además, en una razonable historia de vida? Escribir su biografía me puso de manifiesto que no cabe hablar de una metodología practicable universalmente en relación a la disciplina, sino que cada vida requiere de 20 En Doña Concepción Arenal en la ciencia jurídica, sociológica y en la literatura por los señores Salillas, Azcárate y Sánchez Moguel. Madrid, imprenta J.Suárez, 1894, p. 3.
48 anna caballé procedimientos acordes con las necesidades que se le plantean al biógrafo. Yo empecé con todas las preguntas posibles y apenas ninguna respuesta. Fue fundamental localizar a algunos familiares y a partir de aquella primera relación, acceder a los manuscritos depositados en el Museo de Pontevedra y prácticamente desconocidos. Allí, viendo y leyendo sus manuscritos de juventud, los borradores de sus obras, los apuntes de sus lecturas, su poesía inédita, tuve el contacto imprescindible con la mujer real y su voz me fue guiando en lo sucesivo a la hora de estructurar su historia y comprender las diferentes etapas por las que pasó. Porque la vida de cualquier persona está mechada de reveses, decepciones y giros existenciales que deben poder calibrarse en función de las consecuencias que ocasionan. Las someras biografías de Arenal concluían con la muerte de Fernando García Carrasco y la mención de su obra filosófica. Pero su marido murió en 1857, Arenal le sobrevivió nada menos que treinta y seis años, los más decisivos de su vida porque en ellos construiría su carrera intelectual y sus preocupaciones morales lograron encajar finalmente en un sistema de pensamiento. ¿Cómo fueron todos esos años? Así empecé.
www.editorial.unican.es EL DESAFÍO BIOGRÁFICO Manuel Alberca Universidad de Málaga A pesar de las aporías imputadas al género biográfico, que, por otra parte, no deben ni pueden ser ignoradas, este capítulo tiene como premisa fundamental que la biografía es posible. Desde este punto de vista, digamos, «posibilista», escribir una biografía es un desiderátum, una ambición literaria, tal vez una obsesión, y, por tanto, un desafío irrenunciable, en el que la biógrafa o el biógrafo se comprometen a buscar la verdad de la vida de una persona y en el que, por fuerza, tendrán que vérselas con los límites y contradicciones del conocimiento humano. Por su parte, los escépticos de la biografía tienden a descalificarla por sus insuficiencias epistemológicas, por sus carencias ontológicas o por la falta de objetividad. Véanse, por ejemplo, las aducidas por Bourdieu (1997), Castilla del Pino (1989) o Benjamín Jarnés (1929/1936). Según estos, habría que resignarse y aceptar que la biografía es un ejercicio condenado al fracaso por ilusorio, reduccionista e ilógico. Sin embargo, en cada uno de los límites de la biografía, se abrirían otras tantas posibilidades que desafían los obstáculos señalados. No se desdeñan ni se ignoran estos, sino que se tienen en cuenta como eficaces palancas para superarlas. En fin, contar la vida de alguien es siempre una empresa arriesgada, pero fascinante. Se puede establecer un parangón entre estas insuficiencias y las de las personas al enfrentarse a su propia vida. Carecemos de las claves para gobernar o dirigir con solvencia la nuestra, tampoco la podemos regir como nos gustaría o nos parecería lógico, creemos ser uno y, en realidad, nos habitan varios desconocidos, etc. Sin embargo, estas y otras limitaciones, por demasiado humanas, no nos impiden vivir, al contrario, pueden ser a veces
50 manUEl albErca un estímulo. En fin, como diría Unamuno, se trata de hacer la «novela de la vida», es decir, de vivir apasionadamente nuestra biografía, aunque esto nos lleve a cometer errores. El carácter desiderativo de las biografías y el reconocimiento de sus obstáculos no ha impedido que se sigan escribiendo y leyendo desde los orígenes de la cultura occidental hasta la actualidad. Por tanto, la tarea de levantar una biografía es, a pesar de todo, posible, si bien con carencias que no conviene ignorar, pues son parte sustancial de su sistema de contradicciones y de la complejidad de las personas. La vida está configurada, en proporción variable e imprevisible, por acciones de responsabilidad propia y por hechos, cuya responsabilidad nos es ajena. En muchas situaciones, somos más sujetos pacientes que agentes, y en este sentido las acciones de terceros, de las que muchas veces somos ignorantes y de las que estamos desprotegidos, condicionan más nuestras vidas que las acciones que nosotros mismos ejecutamos. En paralelo a este nivel factual, la vida se desenvuelve en proyectos, pensamientos, sueños, fantasías, obsesiones y desvaríos, que en muchas ocasiones ni se llegan a realizar ni afloran a la superficie, sino que se quedan en el ámbito de lo íntimo, accesibles y comprensibles solo al sujeto, y no siempre. Estas acciones imaginativas son, como se puede comprender, muy importantes para conocer en profundidad al biografiado, pero el biógrafo solo tiene acceso a este magma mental indirectamente o por arriesgadas inferencias de otros hechos o informaciones. Ante un escollo de este calibre, no se puede quedar indiferente. Si no se atreve a entrar en este jardín privado del biografiado, el resultado será la prudencia resignada sin arriesgarse a conjeturar algo más que lo que le permite el conocimiento de las informaciones documentadas. En cambio, si el desafío le requiere, tratará de ir más allá de los hechos y de los datos empíricos, para adentrarse en un espacio para el que en principio no tenía permiso. Tal vez incurra en la osadía temeraria que le conduzca al error o, por el contrario, encuentre una interpretación comprensiva del personaje en ese ejercicio interpretativo siempre peligroso. En el primer caso, la biografía será posiblemente una crónica documentada y fiable, pero sin profundidad. En el segundo, las armas de la imaginación, propias de la novela, le otorgarán al relato biográfico poderes de focalización interna y omnisciente, con un ojo panóptico que corre el peligro de hacerse trizas si «el invento» se desploma. También corre el riesgo de convertirse en una suerte de autobiografía disfrazada de biografía, en la que, la biógrafa (o el biógrafo), al identificarse tanto con su personaje, acabe hablando de
www.editorial.unican.es 51 El desafío biográfico sí, cuando cree que lo hace de su personaje. En el primer caso, y a nuestro modesto juicio, se peca por defecto; en el segundo, por exceso. Los «resignados», en su limitación a la comprobación de los hechos, no llegarían a trasmitir una imagen viva y veraz del personaje. Los «temerarios», en su osadía, se pasarían, quedando como unos simples charlatanes que no tienen apoyo real ni información contrastada ni datos fehacientes en que basar sus conjeturas e imaginaciones. El mayor reto para quien quiera escribir una biografía, e ir más allá de la crónica externa, consistiría en acceder a la intimidad, que es por principio la nuez secreta e inaccesible del sujeto. Sólo alcanzando la esfera íntima es posible conocer de verdad a la persona. Esto afecta tanto a la biógrafa como al biógrafo, porque, según el dictado socrático, quien no se conoce a sí mismo, difícilmente podrá conocer a los demás. A la intimidad del sujeto biografiado se accede solo de modo conjetural, es decir, una manera que no permite la verificación: una manera peligrosa, pero irrenunciable. Entonces, si el conocimiento íntimo del personaje es tan limitado, ¿qué nos queda? ¿Qué certeza nos comunica una biografía? Principal y fundamentalmente una tentativa de búsqueda o de acoso de la verdad. El sujeto biográfico no se manifiesta casi nunca de frente, no se define directamente ni expone su intimidad, porque tal vez no quiere y muchas veces no puede. El sujeto se da a conocer sobre todo en lo aparentemente secundario. Muchas veces por fisuras imprevistas, incluso en minucias y detalles frívolos, es allí donde aflora la verdad del personaje. Este fue el método de dos grandes biógrafos, como Zweig (María Antonieta) y Strachey (La reina Victoria), por citar dos ejemplos diferentes que se caracterizan por encontrar el alma de sus personajes en los gestos aparentemente anodinos y cotidianos. La aspiración de encontrar la verdad de los seres humanos es, sin duda, un desafío, pero su hallazgo es muchas veces resultado del azar: la biografía se mueve casi siempre en el terreno de lo hipotético, pues no hay método seguro ni procedimientos infalibles para apresar la verdadera faz del personaje. En la serie de conferencias pronunciadas en Cambridge en 1928, las famosísimas Clark Lectures, publicadas después bajo el título de Aspectos de la biografía, André Maurois se preguntaba: «¿Qué debe hacer el biógrafo ante el enigma que cualquier hombre encierra?» Al intentar contestar esa pregunta abría un dilema, al que todos los biógrafos responsables se ven emplazados: o bien eligen «hacer del hombre un sistema claro, pero falso» o, por el
52 manUEl albErca contrario, prefieren «renunciar a hacer un sistema, pero a comprenderlo»1. Como el propio Maurois repite, el biógrafo debe intentar responder la insoslayable y difícil pregunta: «¿Es posible saber la verdad acerca de un hombre?»2. Casi cien años después esta cuestión sigue siendo pertinente, pues el desafío mayor de un biógrafo es justamente éste: conocer y comprender la verdad de una vida, aunque ahora sepamos que esto constituye en gran medida un desiderátum, y, sin embargo, siga motivándonos. En definitiva, escribir la vida de alguien, diría Boswell, en su caso de Samuel Johnson, «puede tildarse incluso de presuntuoso afán»3. No creemos ni esperamos que se vaya a cumplir la predicción de Harold Nicolson, cuando afirmó que la biografía del futuro sería científica o no sería4. Han pasado ya casi cien años, y todavía no se ha producido su advenimiento. Del mismo modo tampoco aceptamos el escepticismo ni el pesimismo de Virginia Woolf ante el compromiso de hacer la biografía de su amigo Roger Fry. Numerosos juicios emitidos por la gran novelista modernista connotan el ejercicio de la biografía como imposible. Ahora el conocimiento biográfico va por otro camino, menos científico, más posibilista. Se acercaría más a lo que dijo A. Maurois: «El objeto de la biografía es trasmitir de forma verídica una personalidad». Los hechos verdaderos deben ser legibles, pero, para que esto suceda, «es preciso que los hechos sean manipulados». Como artefacto narrativo, la biografía puede ser analizada al mismo nivel que un relato ficticio, pero en tanto que crónica histórica comporta una importante documentación. Es decir, los biógrafos (ellas y ellos) tienen que vérselas también con la heurística y crítica de sus fuentes. Cualquier biografía moderna que merezca ese calificativo se identifica por su carácter autorreflexivo, pues, entre otras razones, cuestiona dentro de sí misma su propia documentación, sus procedimientos y prácticas. Es decir, la reflexión sobre la biografía niega cualquier idea de discurso natural y, en la medida que es depositaria de un corpus ideológico sin explicitar, lo cuestiona de forma inevitable5. Por ejemplo, las biografías de escritores son deudoras de una mística y de una mitología burguesa que dan cuerpo e imagen pública a los artistas y escritores como personas al margen de la sociedad o como seres excepcionales. 1 Maurois, André, Aspectos de la biografía. Barcelona, Plaza y Janés, 1974, p. 1210. 2 Ibidem, p. 1225. 3 Boswell, James, Vida de Samuel Johnson. Barcelona, Acantilado, 2007, p. 19. 4 Nicolson, Harold, The Development of English Biography. London, The Hogarth Press, 1928, p. 155. 5 Lejeune, Pierre, Je est un autre. París, Seuil, 1980, pp. 76-78.
www.editorial.unican.es 53 El desafío biográfico Según lo cual tenemos diferentes tópicos y modelos biográficos de escritores egregios, heroicos, enfermos o visionarios. Difícilmente encontraremos dentro de este tipo de biografías de artista o escritor, aquellas en las que se presenta a éstos como personas comunes, provenientes de un grupo social característico y de una familia estándar… Una de las primeras cuestiones que debe resolver quien escribe una biografía es la de las posibilidades de manipulación narrativa, sin que se vea comprometida su deontología. Dicho de otro modo, la necesaria e inevitable búsqueda estética no debería ser una trampa para adormecer la ética. El equilibrio, difícil equilibrio, es conseguir la combinación del máximo parecido entre personaje y modelo con la capacidad de trasposición artística de la realidad documentada. Cualquier preponderancia de uno de esos dos polos penaliza el resultado: bien hacia la pesadez indigesta de los datos, bien hacia la estilización abstracta e irreconocible de lo real, que convierte al personaje en una suerte de fantasma inaprensible. La meta de cualquier biografía debe ser la veracidad y su objetivo, dar continuidad y sentido a unos hechos, que es muy probable que no lo tuvieran del mismo modo en el momento en que se vivieron. Los términos polares de esta definición están marcados por los conceptos arte y veracidad. Y uno de sus mayores escollos es el de la difícil y necesaria armonización de literatura y fidelidad: lograr un equilibrio entre los hechos y datos documentados con la precisa y ágil manera de trasmitirlos. La corriente histórico-positivista del siglo xix prestó atención sobre todo al lado documental, desentendiéndose del lector y de la amenidad de la biografía. Después el péndulo volteó en dirección contraria, y la preocupación por el estilo y la estilización desrealizaría al personaje hasta hacerlo irreconocible. Fue el caso de alguna de las biografías del proyecto de Ortega y Gasset: «Vidas españolas e hispanoamericanas del siglo xix» para la editorial Espasa-Calpe. Representó un loable intento para dotar a los lectores españoles de un corpus biográfico, que, entre otras razones, se vería frustrado por la inestabilidad política de aquel momento y por la Guerra Civil. Vino a coincidir con la llamada «nueva biografía» que en otros países de Europa dieron lugar a una importante floración de biografías modernas, tras de las cuales se encontraban escritores de la talla de André Maurois, Lytton Strachey, Stefan Zweig o Emil Ludwig. El referente fue el de estos grandes biógrafos, pero, a diferencia de estos, los españoles no dispusieron, y prescindieron a veces, de la información documental. Además, algunos fiaron todo al estilo para despreocuparse completamente del contenido. Por ejemplo, Antonio
54 manUEl albErca Espina entendía que los datos históricos no constituían ninguna imposición ni restricción, porque el biógrafo debía evocar la concepción impresionista del personaje, dejando al margen la información6. La polaridad con que se presenta la biografía tiene su fundamento en el carácter fuertemente contradictorio, con que la definen las distintas disciplinas que se han ocupado de ella: filosofía, historia, literatura, etc. Desde este punto de vista, el género biográfico se conforma como un sistema de tensiones, en principio, irresolubles. Los autores y los lectores de biografías deben ser conscientes de que el género se organiza en un juego de antinomias conceptuales, que subrayan tensiones y carencias epistemológicas. Lo paradójico es que cada una de las limitaciones del género biográfico abre posibles puertas de salida. Analizar las objeciones teóricas de la biografía permite explorar caminos para revertirlas, indagar alternativas y buscar soluciones prácticas. Y es que la biografía, en opinión de Franco Ferrarotti, dispone de un método autónomo que encuentra estímulos en la contradicción7, y se presenta como un campo privilegiado en donde superar las dicotomías ficción/no ficción; historia/discurso; subjetividad/objetividad; individuo/grupo; historia/literatura; etc. El carácter híbrido del género frente a otras disciplinas o géneros literarios más uniformes, goza de la ventaja que le permite dar respuestas a cuestiones complejas y a resolver problemas en teoría insolubles. 1. FICCIÓN/NO FICCIÓN La antinomia central de la biografía es la que concierne al estatuto epistemológico del género, es decir, ¿qué tipo de saber o conocimiento trasmite? La biografía, en tanto que subgénero histórico y de no ficción, se basa en la demostración de referencias y hechos documentados y en la elaboración de hipótesis, cuya validez deberá ser testificada mediante pruebas. Sin hechos documentados y sin pruebas demostrativas, no hay biografía. Sin embargo, en los años setenta del pasado siglo, los estudiosos del discurso histórico, capitaneados por Hayden White, han venido a demostrar que las narraciones históricas (de las que también formarían parte las biografías), toman prestado o usan los mismos esquemas formales y narrativos que los relatos de ficción. 6 Serrano Asenjo, Enrique, Vidas oblicuas: aspectos teóricos de la nueva biografía en España (1928-1936). Zaragoza, PUZ, 2002, pp. 165-167. 7 Pereira, Alexander, «Notas para jugar con la ilusión biográfica y no perderse en el intento», Revista científica Guillermo de Ockam, nº 9, 2011, pp. 105-122, esp. p. 111.
www.editorial.unican.es 55 El desafío biográfico White sostiene que los relatos del tipo histórico son tan ficciones verbales como lo son los relatos de ficción: «Los lectores de relatos históricos y de novelas no pueden sino ser sorprendidos por la similitud. Considerados sólo como artefactos verbales no se pueden diferenciar»8. Evidentemente, para hacer una afirmación de ese tipo, tiene que prescindir de un elemento fundamental como es el diferente tipo de referente que cada uno de los discursos (ficticio e histórico) implica. Para White, disponer los hechos en un orden cronológico supone construir una «intriga» del mismo tipo que lo hace la ficción, pues orden y hechos se manipulan para imponerles una coherencia temporal, que va de principio a fin del relato, con una estructura de presentación, nudo y desenlace. Sin embargo, olvida que la intriga que maneja el historiador, a diferencia del novelista, nace de una actividad que modifica un material preexistente. El historiador selecciona dicho material, elige dónde comenzar y dónde concluir el relato. En estas elecciones tiene que ser riguroso, pues debe ajustarse a una correspondencia básica con los hechos acaecidos y con los documentos que los prueban. Por el contrario, el novelista es libre o sólo se debe a la coherencia artística de su relato, pues no depende ni ontológica ni causalmente de otros hechos que los que él mismo aporta a su relato. Desde campos distintos, Paul Ricoeur y Dorrit Cohn han rebatido las ideas de White y han propuesto reservar el término «ficción» para los relatos no-factuales, puesto que en los relatos ficticios es el propio texto el que va creando o levantando los acontecimientos de forma autónoma; al carecer de referencia externa, estos no pueden ser comprobados ni se pretende que lo sean. En cambio, en los relatos con referente externo el material narrativo, es decir, los hechos contados y su documentación, existe con anterioridad a ponerlos por escrito y por tanto el relato consiguiente puede ser evaluado y contrastado con otras informaciones9. A partir de esta diferencia, se desliza un criterio de superioridad literaria, al colocar los relatos de contenido factual, de manera especial los textos biográficos, en una especie de segunda división literaria, donde se situarían aquellos escritos desprovistos, según esta posición, de la esencia de lo literario o «literariedad». Es éste un concepto elitista y estrecho de lo literario que expulsa fuera del sacrosanto reino de la literatura textos que, de manera eficaz y sorprendente, innovan los modos de dar cuenta de mundos reales. Se percibe en estas posiciones un cierto elitismo, según el cual, para poder ser admitidos en tan exclusivo club literario, el testimonio personal, la 8 White, Hayden, El texto histórico como artefacto literario. Barcelona, Paidós, 2003. 9 Cohn, Dorrit, Le prope de la fiction. Paris, Seuil/Poétique, 2001, pp. 175-178.
62 manUEl albErca famoso poema de Pier Paolo Pasolini, universitarios con «caras de hijos de papá» («avete facce di figli di papà»), que en los años sesenta en Italia hacían su particular revolución enfrentándose a los policías, «hijos de los pobres» («Perché i polliziotti sono figli di poveri…»). Cada una de estas vidas y, sobre todo, sus muertes significan y simbolizan algo distinto. La muerte de Ruano, en enero de 1969, señala y nos recuerda el oscurantismo y la represión, torpe y sanguinaria en los estertores del franquismo. La de Sauquillo, en enero de 1977, la inicial dificultad que, sin embargo, conduciría paradójicamente al éxito definitivo de la transición democrática. Por último, el destino trágico de Lola González Ruiz, muerta en enero de 2015, superviviente en una época en la que no encontró su sitio, simboliza el fracaso de la causa comunista en la política posterior a la transición. Fiel a sus principios y contradicciones no pudo o no quiso adaptarse ni reconocer las nuevas circunstancias históricas. Su figura, la menos conocida de los tres, representa un magnífico descubrimiento del autor. Lola es la «víctima» trágica. Poseída por la hybris, se inmola de manera consciente. Entre la desmesura trágica y la ceguera política, fue testigo de la Transición y de la Democracia sin alcanzar a comprender lo que contemplaba. Quedó fatalmente anclada en las muertes de Javier y Enrique, y tal vez incapacitada para comprender la marcha de los acontecimientos políticos posteriores. Padilla apunta en su conducta indicios de cierto desvarío: explicaba, por ejemplo, la matanza de Atocha como una conspiración de Carrillo para llevar el país al terreno de la Reconciliación nacional que él propiciaba... El desencanto político y el desengaño íntimo le hizo sentirse profundamente fracasada: haber invertido todo en una causa y obtenido tan poco. Tal vez intuyó que se habría llegado al mismo resultado sin tanto sacrificio. Padilla cuenta las trágicas vidas de Ruano, Sauquillo y Lola González Ruiz con imparcialidad y distancia generacional, pues no había nacido todavía cuando ocurrieron los hechos que narra. Al mismo tiempo, termina por darnos una visión del antifranquismo y de la Transición que nos interroga sobre sus supuestos logros o aceptadas rémoras. Trata de ser crítico con los «revolucionarios» antifranquistas, muestra sus limitaciones o contradicciones, pero toda la crítica pasa a segundo plano por la manifiesta admiración que, desde la distancia temporal despiertan las aspiraciones de estos, en gran parte fracasadas por irreales y sectarias, el atractivo de su supuesto romanticismo… en fin también Padilla tendría sus propias contradicciones. La idea biográfica, que trata de armonizar estos dos polos (individuo/ grupo), tenidos por los historiadores tradicionales como irreconciliables,
www.editorial.unican.es 63 El desafío biográfico consiste en estudiar al mismo tiempo la excepción y la regla, el caso particular y la estructura, en un doble movimiento de acoso del caso: la forma en que la excepcionalidad choca y trasgrede los condicionamientos estructurales, y la manera en que las estructuras oprimen y aplastan la particularidad12. Para ello es preciso conocer las peculiaridades del individuo biografiado y las estructuras que condicionan sus acciones. La libertad o la lucha del individuo por afirmarlas en medio de los condicionamientos y su capacidad para enfrentarlos evitan cualquier tentación de ver en las estructuras un determinismo mecánico. La fricción entre individuo y grupo modifica y trasforma ambos con resultados diversos. 3. HISTORIA/LITERATURA Durante siglos los historiadores han ignorado o desconfiado del papel historiográfico de la biografía y de quienes la escriben. Desde este lado el menosprecio se justificaba, porque el género biográfico carecía de metodología científica y de objetividad, condición indispensable y exigible a una disciplina histórica. Tan próximas y concomitantes en tantos aspectos, ambas se desarrollaban dando la espalda a la otra. No era mejor la relación que la biografía mantenía con la Literatura, la otra disciplina sobre la que cabalga el género biográfico. La Literatura, así con mayúscula, desde la Poética de Aristóteles, consideraba la biografía una literatura de segunda clase, ajena a la ficción, carente de carácter artístico y sin el alcance universal, propio de la poiesis. Por tanto, la biografía se ha movido, se sigue y se seguirá moviendo en el futuro entre las aguas de la Historia y de la Literatura. Se puede estar de acuerdo en considerar, como hace Paul Murray Kendal, y antes lo habían también señalado Nicolson y Strachey, la biografía como la rama más humana y fuerte de la literatura: «A genuine province of literature»13, a condición de que no identifiquemos literatura con ficción, pues la especificidad de esta rama del arte literario está basada en hechos comprobados documentalmente (v. supra). La atadura y la restricción con que los hechos obligan a los biógrafos a la hora de construir su relato les impiden disfrutar de la libertad de los novelistas. Como creadores del mundo que narran, los novelistas pueden verbalizar o expresar, por ejemplo, los pensamientos más secretos o las derivas subconscientes en que se pierde el personaje. A 12 Pereira, Alexander, «Notas para jugar…» op. cit., p. 115. 13 Kendall, Paul Murray, The art of biography. New York, Norton & Co., 1985, p. XIII.
64 manUEl albErca los biógrafos, por el contrario, esto no les está permitido. No pueden, como hacen los novelistas, explorar los recuerdos ni meterse en la mente del biografiado, porque, salvo licencia biográfica, el foco informativo tiene que ser necesariamente externo. En este sentido la biografía escenifica el conflicto entre literatura e historia, y ninguno de los dos géneros mayores muestra especial aprecio por este tercer género en disputa. La Historia ha mirado con desdén a la biografía, porque «sólo se ocupa de vidas concretas». Según este axioma, la ciencia histórica trataría de cosas de más calado. Por su parte, la literatura ha ignorado la biografía y, por lo general, la presencia de la biografía en las historias de la literatura en tanto que género literario específico es discreta. Su presencia está subordinada al conocimiento de la vida de los grandes autores. La biografía fue considerada la pariente pobre de la Historia, lo que delata prejuicios supremacistas de los historiadores, porque, si la historia se ha encargado de estudiar las estructuras sociales, políticas o económicas, en que se ha desarrollado la vida de los hombres, la biografía ha puesto el foco en el estudio de las personas concretas y en su circunstancia particular. La biografía ha terminado, como hemos visto en el epígrafe anterior, por humanizar la Historia en las últimas décadas. Mientras el historiador se concentra en lo que era común a los hombres coetáneos, el biógrafo se fija y, en cierto modo, exalta aquello que los diferencia y los hace únicos. La misión de la biografía es, según Kendal, perpetuar los seres humanos como si aún existiesen, dándoles nuevamente vida: «La labor de un biógrafo es perpetuar un hombre tal como era cuando estaba vivo –volverlo otra vez a la vida–»14. Es decir, sería una suerte de prosopopeya o resurrección, con la dificultad que conlleva un ejercicio de este tipo, según el cual se da vida a un muerto15 (Jarnés, 1929). Ante este problema de difícil solución, Leon Edel considera que el objetivo debe ser hacer hablar a su personaje con su voz y hacerle actuar con sus propias motivaciones, de forma que el yo íntimo y oculto emerja16. Todas estas opiniones resultan respetables a condición de que no se olvide que esa vida que se pretende «resucitar» debe estar perfectamente 14 Ídem. 15 Jarnés, Benjamín, Sor Patrocinio. La monja de las llagas. Madrid, Espasa Calpe, 1929. 16 Edel, Leon, Vidas ajenas. Principio Biographica. Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica, 1990, pp. 23-25.
www.editorial.unican.es 65 El desafío biográfico fundamentada, para lo que no basta disponer de una documentación exhaustiva. Virginia Woolf, al referirse a la dificultad del trabajo biográfico, lo comparó a la pretensión de fundir el «granito» (de los hechos) con el «arco iris» (del relato literario). Woolf reivindica la biografía como un género mixto, en el que deben unirse el arte del literato para narrar y la fiabilidad del historiador para atenerse a los hechos comprobados. A juicio de la escritora inglesa, el problema estriba en la incompatibilidad de la verdad cognitiva de la realidad histórica y la verdad artística del discurso literario. Y lo más problemático para la escritora inglesa es precisamente la necesidad o el imperativo que pesa sobre la biografía de tener que mezclarlas17. La biografía aspira a articular la información documental, la deducción lógica de esa información y el uso de la imaginación narrativa para dotar de orden y sentido a los datos. En ocasiones, cuando existen lagunas o agujeros informativos, los biógrafos están tentados de rellenarlos o de tomarse ciertas licencias. En otros tiempos esta mixtura se podría entender como una lacra o una limitación, pero, desde la influencia del modernismo anglosajón, antes que una limitación, se aprecia como un elemento de valor añadido, siempre y cuando esto no suponga la sustitución del obligado compromiso de verificación. Basta leer las biografías de La reina Victoria, de L. Strachey, o Josep Fouché, de S. Zweig, como ejemplos del equilibrio o arte de la biografía moderna, para entender que es posible hermanar una documentación exhaustiva de carácter histórico sin renunciar a los recursos y argumentos narrativos propios de la mejor novela. La cuestión del estatuto literario de la biografía es un debate que viene de lejos y que resulta a veces, ¿por qué no decirlo?, un tanto bizantino. A esta cuestión se le pegó posteriormente un concepto posmoderno que, por su generalización acrítica, ha hecho estragos en algunas biografías: la idea de que éstas eran ficticias al mismo nivel que podían serlo las novelas. Como se ha dicho, la polémica sobre la especificidad histórica o literaria de la biografía no es nueva, pero cobra actualidad en el siglo xx. Arranca sobre todo del concepto de «biografía novelada», que introdujo A. Maurois para referirse a determinados ejemplos de biografía artística, representativos del nuevo modo de escribir vidas18. Sin embargo, ni Maurois ni los «nuevos» biógrafos identifican su arte con la invención. Consideran que la biografía puede y 17 Woolf, Virginia, «La nueva biografía», Memoria. Revista de estudios biográficos, nº 3, 2007, pp. 194-198. 18 Maurois, André, Aspectos de la biografía... op. cit., pp. 1278 y ss.
66 manUEl albErca debe utilizar los recursos narrativos de la novela, pero sin que eso quiera decir que esté legitimada para introducir hechos o datos no comprobados. Con respecto a esta cuestión, Harold Nicolson apostilla que «lo esencial de la buena biografía es la veracidad […]. El valor de cada historia depende de su veracidad. Una historia es un cuadro, o de un individuo o de la naturaleza humana en general. Si es falsa, es un cuadro de la nada»19. El problema reside en la utilización del término «ficción» con un sentido amplio y ambiguo, que se debería especificar en cada caso. Entorno a esta cuestión subyace un prejuicio que sitúa las obras de ficción por encima de las de no-ficción. El crítico que quiere concederle categoría literaria a la biografía se ve obligado a desnaturalizar el género convirtiéndolo en lo que en realidad no es ni puede ser. Está claro que para algunos críticos la literatura con mayúsculas solo corresponde a las obras de ficción. Si la biografía no es ficción, entonces es un género histórico, espurio e inferior, de segunda categoría. Pero como ha demostrado Dorrit Cohn ni es posible parangonar la referencialidad de los llamados géneros factuales con la de los géneros ficticios, ni existe una jerarquía de éstos sobre aquéllos en función del distinto tipo de referente que vehiculan20. Leon Edel puso las cosas en su sitio: «La biografía no puede ser una rama de la ficción, puesto que maneja hechos comprobables y palpables, como mucho especula sobre estos hechos como hace la crítica […]. La única similitud que se puede establecer con la ficción es que utiliza formas existentes en la narrativa, pero no son privativas de ella»21. La biografía admite, como la novela y otros géneros literarios, experimentos formales y diseños novedosos a la hora de contar las vidas ajenas, pero esto no quiere decir que hace ficción ni inventa. La forma de contar no socava la veracidad de los hechos documentados, al contrario, una narración adecuada les da presencia plástica y fuerza. Aunque Maurois es el responsable de haber introducido el término «biografía novelada», culpable, como dije anteriormente, de tantos equívocos y errores, tiene el mérito de haber dejado muy claro su desacuerdo con respecto a este otro concepto de la «ficción» aplicado a la biografía. En sus Memorias afirma de manera rotunda: «El biógrafo no tiene derecho a inventar un solo hecho, una sola frase, aunque puede manejar materiales 19 Nicolson, Harold, The Development of English Biography... op. cit., p. 82. 20 Cohn, Dorrit, Le prope de la fiction... op. cit., pp. 35 y ss. 21 Edel, Leon, Vidas ajenas... op. cit., p. 151.
www.editorial.unican.es 67 El desafío biográfico auténticos como si de una novela se tratase». A juicio de Maurois, el biógrafo debe estar preocupado, antes que, por los fines artísticos de su relato, por la búsqueda «audaz» de la verdad y por captar la complejidad de su personaje. Pero advierte las dificultades que tiene delante de sí el biógrafo moderno, si quiere alcanzar los elevados objetivos artísticos y científicos: «Exigimos a la biografía los escrúpulos de la ciencia y los encantamientos del arte, la verdad sensible de la novela y las sabias mentiras de la historia. Es precisa mucha prudencia y tacto para dosificar esta mezcla inestable»22. Para comprender correctamente esta propuesta artística, que se propone combinar el principio de realidad y el del placer, hay que situarla en su devenir histórico. El modelo precedente a la biografía moderna es el de la biografía victoriana e historicista, caracterizada por una exhaustiva documentación y por un sobrio y plano estilo narrativo de corte notarial. Es justamente en relación a este precedente con respecto al cual la biografía se legitima en su aspiración a innovar formal y estructuralmente la manera de contar, acercándose al estilo de la novela de principios del siglo xx. Este impulso innovador en lo lingüístico es lo que confundió a más de uno que pudo entender que estar legitimado para utilizar los recursos narrativos de la ficción era tanto como estar libre para «hacer ficción» o para inventar allí donde faltaba documentación, y donde se podía entender que una versión inventada era mejor que otra documentada. Pero el sentido común ha prevalecido en historiadores y críticos literarios que han mantenido la cordura en las décadas en que el relativismo y la confusión posmodernas han hecho estragos en la literatura crítica. Kendall, por ejemplo, en su trabajo ya citado sobre el «arte de la biografía», ha destacado con su equilibrada posición que no descuida ninguna de las dos instancias de la biografía, la histórica y la literaria23. Este historiador y biógrafo defiende que la biografía puede disponer de las mismas posibilidades narrativas que la novela en cuestiones de modo, persona, punto de vista y tiempo. Pero de manera inevitable debe someterse a las mismas restricciones y obligaciones que la historia. Dicho de otro modo, la posible imaginación debe estar contenida por la naturaleza histórica de la empresa. Debe circunscribirse al hecho hasta donde el hecho le es conocido. Pero también deberá ser juzgado por la habilidad con la que maneje las artes narrativas dentro de las condiciones prescritas por la historia. 22 Maurois, André, Aspectos de la biografía... op. cit., p. 1288. 23 Kendall, Paul Murray, The art of biography... op. cit.
68 manUEl albErca Tradicionalmente se vinculó la verdad de la biografía con la certeza de los datos, y la expresión elegante fue sólo un elemento al servicio de la transmisión del saber. Con el nuevo paradigma que introducen Strachey y sus seguidores, se entiende que el estilo puede ser también un medio de acceso, por intuición, al conocimiento más íntimo del personaje. Por eso, para éstos la forma biográfica es el lugar donde se juega la interpretación y el juicio de una biografía. Y es justo en esta hipérbole de la importancia del estilo, en donde se encuentra el origen de muchos de los excesos posteriores. En escasas ocasiones las biografías clausuran la interpretación de una etapa histórica, al contrario, suelen abrir los procesos históricos infinitamente. La aportación de nuevos datos o la revisión o reinterpretación de los hechos impiden que tengamos relatos biográficos definitivos o cerrados. Incluso los historiadores, que han sido a veces muy reacios a reconocer el valor de las biografías, han terminado, como vimos arriba, aceptando su utilidad histórica y social. En el siglo xx, a pesar de los recelos de los historiadores hacia la biografía, muchos historiadores han reconocido el valor de las biografías para recuperar o revisar, según los casos, la trascendencia de ciertas vidas de personalidades de la política o del poder para restablecer la verdad, para reconocer o reparar el descrédito de su proceder público, el valor moral o inmoral de esas vidas y, por extensión, de la época o escena histórica en que se inserta esta vida. Tal vez con un ejemplo se pueda ilustrar mejor esta idea. Cuando Zweig escribe María Antonieta no solo nos muestra la vida íntima o privada de la reina, sino que revisa de manera inevitable y crítica un aspecto de la Revolución francesa como fue la violencia cruel y desmedida que se atestigua al contar la muerte de la reina. La tragedia que le aguardaba (y le pillaría desprevenida) sirve al biógrafo para poner en entredicho este aspecto de la época revolucionaria por el que se desmoronó un mundo entero y se llevó consigo al personaje. La pregunta queda flotando a través de las vicisitudes corridas por María Antonieta: ¿era necesaria tanta crueldad? 4. SUBJETIVIDAD/OBJETIVIDAD Una de las objeciones que se le hace a la biografía, sobre todo desde el campo de la Historia, es la subjetividad implícita al género. Para los historiadores el género biográfico no puede alcanzar el rango científico toda vez que adolece de una doble subjetividad: la del biógrafo y la del sujeto biografiado. Desde un cierto punto de vista historiográfico el biógrafo sería un cómplice del personaje y trataría de dotarlo de una coherencia que no
www.editorial.unican.es 69 El desafío biográfico estaba en los hechos o acciones de este. Superar esa dicotomía de la imposible objetividad exige en palabras de un historiador: «Objetivar la subjetividad y subjetivar la objetividad»24. Si la objetividad resulta inasequible, la aceptación y exposición de la subjetividad convierte la veracidad en la guía del trabajo biográfico. Dicho de otro modo, la subjetividad es consustancial e inevitable a la biografía, y la objetividad, inalcanzable. En consecuencia, se trataría de sacar la subjetividad del ámbito individual y dotarla de significado colectivo. De este modo lo subjetivo pierde la connotación peyorativa para convertirse en un valor de conocimiento25. No se puede ignorar que el biógrafo está, a la fuerza, implicado en el campo del biografiado, y de esa interrelación resulta trasformado, del mismo modo que el historiador trasforma el objeto al estudiarlo. «Este proceso de retroalimentación circular ridiculiza cualquier presunción de conocimiento objetivo. El conocimiento no tiene como objetivo al otro; tiene como objeto la interacción inextricable entre observador y observado»26. En conclusión, el biógrafo, que se mueve entre la subjetividad inevitable y la objetividad imposible, tiene que aprender a convivir con esa contradicción. En realidad, tanto el texto de una biografía como quien la firma se postulan como objetivos e imparciales con respecto a la persona que tratan. Pero, como se acaba de esbozar, del dicho al hecho hay mucho trecho, y de esta divergencia surge la contradicción. En la medida que el narrador de una biografía no forma parte del relato, salvo en incursiones y presencias más o menos puntuales o continuas, como ocurre en el quest y en la bioficción, podría observar de modo distante, distinto y ajeno, al biografiado. Debería ser, en consecuencia, un juez ecuánime y un cronista objetivo, porque está mejor situado para serlo que el autobiógrafo que es juez y parte. Por lo mismo, se puede sentir más libre para valorar al personaje; está facultado para conocerlo de forma precisa, porque su relato se basa en documentos, investigaciones y diferentes testimonios, que, al menos, deberían permitírselo. Sin embargo, esta misma información, con el aval de los documentos y del archivo, puede servir también para enmascarar su parcialidad o para justificar la falta de objetividad a la hora de juzgar al biografiado. También escondería que el trabajo del biógrafo comienza realmente en el momento 24 Dosse, François, La apuesta biográfica. Escribir una vida. Valencia, PPV, 2007, p. 213. 25 Pereira, Alexander, «Notas para jugar…» op. cit., p. 111. 26 Ferrarotti, Franco, «Sobre la autonomía del método biográfico», en Marinas, José Miguel y Santamaría, Cristina (ed.), La historia oral: métodos y experiencias. Madrid, Debate, 1993, p. 121-128.
70 manUEl albErca de la elección del personaje. Normalmente esta elección está motivada por la admiración o el rechazo que, desde antes de comenzar el trabajo, despertaba ya el personaje. Porque evidentemente nadie comienza a escribir una biografía sin conocer a su personaje. Por otra parte, la supuesta objetividad biográfica está en muchas ocasiones dirigida a mostrar una idea que se tiene previamente del personaje o para demostrar una tesis. Y esto es tanto menos evitable, cuando se contempla al personaje, ya desde el minuto uno, sometido y solo explicable desde una determinada perspectiva o línea de fuerza, que marcaría la vida y la obra y serviría para explicar ambas. Por muy imparcial y por objetivo que pretenda ser, la biógrafa o el biógrafo, por fuerza, analizan o comprenden a su personaje a partir de su propia ideología y de prejuicios de todo tipo: personales, morales, políticos o religiosos. Es decir, están inevitablemente condicionados por el conjunto de valores y querencias en que se funda su identidad personal, que podría coincidir o no con los de su personaje, dando lugar a una serie de coincidencias o divergencias dignas de ser analizadas para ver qué tipo de subjetividad sostiene la imagen que se trasmite del biografiado27. En consecuencia, la objetividad es una meta prácticamente imposible de lograr, pero en cualquier caso esto no significa que el biógrafo deba mostrarse indiferente u hostil con el biografiado. Su postura debe ser de empatía con el personaje, pero desde la independencia. Debe ser consciente de la influencia positiva o del peligro que pueden entrañar las relaciones con su biografiado para la suerte o el fracaso de su tarea. Las intensas relaciones que se pueden llegar a establecer entre el biógrafo y su sujeto, son decisivas para la objetiva subjetividad del resultado. Si el sujeto le gusta, se le impone de tal modo que se deja llevar completamente por él. Sería el caso del biógrafo sumiso que ha interiorizado el interés por el biografiado hasta depender de él. Si no le gusta, el riesgo es convertir al biografiado en la suma de los males y vilezas humanas. En dicho caso el biógrafo se muestra inmisericorde con él, lo desprecia o lo ajusticia. Estas son las dos formas extremas de relación y ambas son por igual desaconsejables y perniciosas. Claro que, como apostilla un crítico, «puede decidir que, como la mayoría de los seres humanos, su héroe era una mezcla de grandezas y debilidades, pero esto es también una interpretación»28. La porfía 27 Lejeune, Pierre, Je est un autre…, pp. 77-79. 28 Bowen, Catherine Drinker, Biography: The Craft and the Calling. Toronto, Atlantic, 1968, p. 46.
www.editorial.unican.es 71 El desafío biográfico de la objetividad exige una distancia adecuada y crítica con el biografiado. No se trata ni de esconder hipócritamente los defectos ni de mostrarlos de manera escandalosa; del mismo modo no se trata tampoco de airear los éxitos y logros, ni de magnificar los méritos elevándolo a una categoría cuasi divina. La objetividad biográfica deseable es aquella que coloca al personaje al nivel del hombre para poder comprender sin complacencia sus defectos. 5. CONTINUIDAD/DISCONTINUIDAD Cada uno de nosotros tiene una experiencia similar de la vida, como conjunto de hechos discontinuos, fragmentarios, incoherentes y hasta simultáneos que avanzan en medio del caos en distintas direcciones y con objetivos diferentes y hasta contradictorios. En fin, la vida desde esta perspectiva, se nos presenta como un galimatías difícil de entender y hasta de retener. En cambio, cuando tratamos, en la vida «escrita», de recordar de manera retrospectiva estos mismos hechos, vividos en el fragor acelerado en que se sucedieron, y de los que conservamos solamente restos, desconectados entre sí en la mayoría de los casos, tratamos de meterlos en un orden cronológico lineal y explicativo, de buscarles una causalidad mecánica, y dirigirlos a un fin lógico, que incurre en una más que posible falacia teleológica. Al fin tratamos de darle una coherencia y un sentido a la vida, que estuvo ausente en esta mientras la vivíamos. Ya lo había advertido Benjamín Jarnés en la «Nota preliminar» a Sor Patrocinio: «La vida es incoherente. Pedimos que una biografía no lo sea, que estructure, que intente estructurar lo que tantas veces fue fruto del acaso…»29. Allí donde el relato biográfico tradicional impone una continuidad cronológica lineal, que consecuentemente le aboca al teleologismo, la experiencia humana no reconoce más que una discontinuidad, llena de lagunas temporales y sin tener una dirección clara ni determinada. El biógrafo convierte los restos del naufragio de la vida ajena en pruebas inequívocas del vivir. Da coherencia y continuidad allí, donde solo había logrado recoger pecios en un desorden caótico; para ello selecciona hechos, los analiza, los trata de interpretar y darles sentido en un relato. Porque, en ningún caso, la biografía podría ser «un cuento contado por un idiota, lleno de ruido y furia, que no tiene ningún sentido» (Macbeth, V.v). Al contrario, la biografía debería valorar 29 «Nota preliminar» de: Jarnés, Benjamín, Sor Patrocinio… op. cit.
78 birgittE possing nacionales han empezado a valorarse como personalidades que construyen historia. Vemos al individuo como una persona específica. Al mismo tiempo, magnificamos a este individuo contando su historia y otorgándole un rol como parte de la historia de las raíces nacionales de un país, convirtiendo de este modo a las biografías en relatos e interpretaciones complejas de las historias nacionales. Como académicos inquisitivos, se nos presenta el reto de investigar cómo. En este aspecto, merece la pena tratar la biografía como un enfoque interdisciplinar, y también como un género. 3. ¿QUÉ ES UNA BIOGRAFÍA? Una biografía es una historia sobre una vida y también una interpretación de una vida5. No es ficción, sino una descripción de una vida real, vivida, de un personaje principal, al que llamamos protagonista, escrita o contada por otra persona: el biógrafo. Así de sucintamente puede describirse la biografía como género. Es la doble naturaleza de la definición la que presenta un intricado desafío. Una biografía no es sencillamente una historia que sigue el rastro que el protagonista ha dejado tras de sí. También es siempre una interpretación de una vida, una reconstrucción o, en otras palabras, el relato de una vida. Hay muchas formas de contar, entender, interpretar y seguir el rastro o analizar a una figura real, una persona de verdad, del sexo masculino o femenino, alguien que ha vivido una vida real y ha dejado su huella en nuestra historia colectiva. Al mismo tiempo, la biografía histórica también constituye una de las muchas formas de contar la historia. Escribir sobre la persona o escribir sobre historia es una cuestión que lleva siglos mortificando a los historiadores. Escribir sobre ambos simultáneamente estuvo por primera vez en boga en el siglo xx con las grandes biografías de vidas y épocas que situaban al personaje histórico dentro de un contexto más amplio. Montar en los dos caballos a la vez, por así decirlo, no hizo las cosas más fáciles. Tradicionalmente, el escritor ha adoptado un enfoque o el 5 Bio graphein, del griego, significa escribir una vida. En los últimos años hemos asistido a un renacimiento repleto de autobiografías, memorias y, en concreto, infinidad de escritos sobre vidas, relatos sobre vidas e historias sobre vidas de personajes desconocidos, históricamente anónimos, de ambos sexos, además de biografías colectivas. El interés especial en las historias de la «vida real» ha crecido hasta el punto de representar un amplio y complejo campo en el que intervienen la historia, la literatura, la etnología y la antropología –pero ese campo no es el tema de este libro–. Esta tendencia, no obstante, me lleva a señalar que existe un mundo de diferencias entre las autobiografías y las biografías sobre las vidas de otras personas.
www.editorial.unican.es 79 Comprender las biografías: el género y sus arquetipos otro: al optar por la persona, el personaje principal se situaría en el centro de la narrativa histórica, en lugar de ocuparlo un análisis en profundidad de las relaciones de poder, estructuras y acontecimientos históricos; al elegir la historia, los personajes y, en concreto, la figura individual, desempeñarían un papel menor. Hoy en día, sin embargo, las biografías y el género biográfico no pueden caracterizarse por este tipo de enfoque mutuamente excluyente. Como el escritor, crítico y catedrático noruego de Lengua Inglesa, Tore Rem, escribió en el Anuario Literario Noruego de 2011: «Escribir biografía es escribir Historia. Pero la biografía es también un género, un género que pone al biógrafo frente a unos determinados requisitos y desafíos. Escribir biografía no es simplemente escribir un tipo de historiografía. Y, no obstante, escribir biografía es inevitablemente construir historias sobre el pasado, escribir Historia». La biografía es por tanto un género complejo, una complejidad que también la hace controvertida para muchos –historiadores, literatos, especialistas, críticos y lectores por igual–. ¿Existe una forma «correcta» de interpretar las historias biográficas? Sea el biógrafo un historiador, literato, antropólogo, periodista o cualquier otra cosa, la cuestión que se plantea es: ¿cómo escribir la vida de otro? ¿Existe una forma correcta o errónea de escribir biografía? Si se enmarca en el contexto de una cantidad de fuentes de información suficiente, ¿trasladará una biografía una imagen autorizada de una persona histórica? Y, ¿debería hacerlo? ¿O acaso una biografía nunca es la verdad, sino más bien el resultado del juego pedagógico del biógrafo con las verdades y mentiras del biografiado? ¿Qué papel desempeñan las fuentes, los archivos privados y la documentación en la escritura de la biografía histórica? En 1939, cuando evaluaba los documentos dejados por su amigo Roger Fry para escribir su biografía, Virginia Woolf no quería escribir historia, sino retratarle a él. Esto no obstante le resultó difícil, y su quejoso interrogante ha sido desde entonces citado por innumerables biógrafos del mundo entero: «¿cómo puede uno construir una vida a partir de seis cajas de cartón llenas de facturas de la sastrería, cartas de amor y viejas tarjetas postales?»6. La pregunta era y continúa siendo la cuestión clave para todos los biógrafos: las fuentes disponibles, la interpretación por la que optar, la historia a contar. 6 Virginia Woolf a Vita Sackville-West, 3 de diciembre de 1939, en Nicolson, Nigel y Trautmann, Joanne (eds.), Leave the Letters Till We’are Dead. The Letters of Virginia Woolf. Vol. VI: 1936-1941. London, The Hogarth Press, 1980, p. 374.
80 birgittE possing En su antología de ensayos, Virginia Woolf introdujo el concepto de La Nueva Biografía, en referencia a la biografía histórica profundamente interpretativa, que difería de la anticuada, prolija y coherente biografía narrativa del siglo anterior. En su día, la nueva biografía debía adoptar una postura, permitir la autointerpretación y dejar de creer que podía ofrecer una descripción infalible del «hombre», sus hechos y su tiempo. Setenta años más tarde, en 2000, la americana Jo Burr Margadant reintrodujo exactamente el mismo concepto, La Nueva Biografía, pero esta vez con un significado completamente distinto. No mencionaba en ningún momento a Virginia Woolf, sino que se refería a la «revolución epistemológica» de la teoría postmodernista en virtud de la cual todos los aspectos de los estudios culturales debían cuestionar cómo se ha creado, reconstruido y narrado la identidad. Argumentaba que el «objeto de la biografía ya no es una identidad coherente, sino una identidad que presenta una impresión de coherencia o bien un individuo con múltiples identidades»7. Sin embargo, el reconocimiento de que la identidad y los actos de un individuo no van necesariamente de la mano no era tan nuevo como Margadant creía. En el siglo xvi, el humanista francés Michel de Montaigne escribió que a la gente que «se dedica a examinar las acciones humanas nada les resulta más difícil que hacerlas encajar unas con otras y presentarlas al mundo con el mismo lustre y prestigio; porque por lo general se contradicen tanto unas con otras que parece imposible que puedan proceder de la misma persona»8. Un par de siglos más tarde, el «yo» más romántico de todos los «yoes» románticos, el escritor y político francés Francois-René de Chateaubriand, seguía esta misma línea al escribir: «Un hombre no tiene una vida única e igual. Tiene muchas vidas, enlazadas unas con otras, y esta es la causa de su desgracia» 9. Las preguntas que el biógrafo plantea acerca del biografiado siguen siendo las mismas. ¿El personaje o sus acciones? ¿Héroe o villano? ¿Una única personalidad o alguien con múltiples y ambiguas vidas? ¿Cómo combinar la descripción con la interpretación? Los mismos interrogantes; pero durante el siglo xx y principios del xxi, el repertorio de respuestas ha aumentado. Nuestra principal preocupación en la actualidad tiene que ver con dónde acaban los hechos y empieza la interpretación, dónde termina la verdad y comienza la «escritura»; y si estamos escribiendo la crónica de la trayectoria vital de un individuo determinado y 7 Margadant, Jo Burr (ed.), The New Biography… op. cit., pp. 3-10. 8 Montaigne, Michel de, «Of the Inconsistency of our Actions«, en Essays of Montaigne. New York, Edwin C. Hill, 1910. [Original de 1580]. 9 Cita en: Auster, Paul, The Book of Illusions. Nueva York: Henry Holt and Company, 2002, epígrafe.
www.editorial.unican.es 81 Comprender las biografías: el género y sus arquetipos conocido del pasado –alguien cuyas acciones han dejado su huella– o nos movemos dentro del arte del retrato humano que, por razones psicológicas o sociales, pretende captar la esencia y la singularidad de dicho individuo para que podamos aprender de él10. Las respuestas biográficas son múltiples, y varían dependiendo del arquetipo biográfico que sirve de molde a la historia vital, la postura ética que adopta el biógrafo respecto al protagonista, la agenda que el biógrafo incorpora a la narrativa, y el género del biógrafo y el biografiado. Cualquier biografía depende por tanto de estos cuatro elementos clave: arquetipo, postura ética, agenda y género. La configuración de estas cuatro herramientas clave puede introducir nuevos criterios para la comprensión de la biografía histórica, que, pese al giro biográfico, sigue llevando una existencia algo penosa en cuanto a género profesionalmente respetable. La biografía histórica ha sido denominada, con precisión poética, la «hija bastarda de la academia»11. No obstante, el respeto por esta bastarda ha ido aumentando en las últimas décadas, en las que muchos biógrafos han considerado su carácter clave como parte dinámica de un contexto más amplio en tanto que «transmisor de cultura» y «disruptor cultural». Esto ha cambiado el inútil conflicto de intereses entre individuo y sociedad, una discrepancia que hasta hace una generación se consideraba un obstáculo para un correcto desarrollo de la biografía histórica. Hoy en día, por tanto, podemos ver la biografía histórica bajo nuevos puntos de vista. La manera en que se cuenta la vida y las expectativas que los lectores han puesto en las biografías han ido cambiando con el paso de los años. La historia de la biografía ha ido basculando adelante y atrás durante los últimos dos mil años de Historia de la civilización occidental, una Historia detallada de diversas maneras: de forma entretenida por parte del historiador y biógrafo británico Nigel Hamilton12; más árida y académica en la versión del literato e historiador alemán Christian Klein13; sucintamente resumida por la historiadora australiana Barbara Caine14; y, con un intervalo de diez años, yo 10 Hamilton, Nigel, Biography. A Brief History… op. cit. 11 Weinberg, Steve, «Biography: The Bastard Child of Academe», Chronicle of Higher Educatrion, vol. 54, nº 35, 2008, pp. B15-B17. 12 Hamilton, Nigel, Biography. A Brief History… op. cit. 13 Klein, Christopher (ed.), Handbuch Biographie… op. cit. 14 Caine, Barbara, Biography and History… op. cit.
82 birgittE possing misma he presentado en dos ocasiones un relato lexicográfico condensado15. No repetiré por tanto este último aquí, aunque lo mencionaré brevemente cuando vuelva sobre los arquetipos biográficos. Encontrar respuesta a la pregunta de Virginia Woolf de cómo componer una vida no es ahora más fácil que antes, por mucho que se haya escrito desde entonces sobre el tema. ¿Cómo aplicar una mirada distante a la vida de otra persona, o una mirada comprensiva, o las dos cosas a la vez? ¿Cómo hacer que algo aporte a un relato, cuando tal vez no aportó nada en la realidad? ¿Es posible y es deseable determinar la identidad de otro, o sus múltiples identidades? ¿Es posible seguir un hilo común que una los detalles de la vida del biografiado? O, ¿es posible dar rienda suelta a la imaginación y prescindir de la inveterada idea de que un individuo tiene una sola psicología, una sola trayectoria y un solo destino? ¿Podría ser que la vida de una figura pública «no encajara en absoluto, o como mínimo, no en la forma que uno pensaba?», como pregunta el escritor noruego Jan Kjærstad por boca del personaje principal de su novela The Seducer («El seductor»), el icono televisivo Jonas Wergeland16. Hablando del escritor y premio Nobel noruego Knut Hamsun en un programa de televisión, Wergeland se negaba a presentarle como si solo hubiera una sola «verdad»: Hamsun no era solo un simpatizante nazi, ni solo un gran escritor: podía ser ambas cosas. Esto levantó gran polvareda, pero no había ni hay nada que hacer al respecto: de la misma forma que el periodista en la ficción Jonas Wergeland renunció a ser juez y parte, y prefirió pensar imaginativamente, a continuación demostraré que hay más de una ruta a la hora de retratar a personajes del pasado. 4. RELEVANCIA BIOGRÁFICA Las biografías históricas nos permiten la posibilidad de entender a los individuos como personalidades dinámicas con relaciones complejas con su entorno y su época. La mayoría de la gente, incluidos los biografiados, tienen más de una identidad a lo largo de su vida –y pueden por tanto ser «interpretados» de varias formas, dependiendo todas ellas de las preguntas que plantean las fuentes que han dejado tras de sí. Comprender las 15 Possing, Birgitte, «The Historical Biography», en VV.AA., Encyclopedia of Social and Behavioral Sciences. Vol. 2. Oxford, Elsevier, 2015, pp. 644-649. 16 Wergeland, Jonas, The Seducer. London, Arcadia Books, 2005.
www.editorial.unican.es 83 Comprender las biografías: el género y sus arquetipos personalidades individuales, su recorrido y su influencia es hoy en día reconocido como parte esencial de cualquier historiografía humanística. El giro biográfico en la historiografía nos ha puesto frente al desafío de comprender cómo el individuo ha convivido, ha influido y ha sido a su vez influido por la cultura y la época de la que ha formado parte. Por tanto, es importante quitarse las anteojeras cuando tratamos con el significado y el método de la biografía –lo que Nigel Hamilton ha calificado como «un significativo vacío en la academia»–17 y debemos investigarlo. Hoy en día, la cuestión para los humanistas expertos no es si las personalidades individuales, las personas individuales, han revestido importancia en relación con la dirección en que la sociedad en general ha sido conducida por modelos económicos, movimientos y acontecimientos políticos, el cambio climático, las creencias religiosas o ideológicas. Lo han hecho. Tampoco es una cuestión de si los historiadores, literatos o periodistas deberían elegir entre individuo y estructura, personalidad o sociedad, cuando se trata de analizar e informar del pasado. No deberían. La cuestión a abordar hoy en día trata de la naturaleza del desarrollo en las relaciones entre las personas como individuos, entre los individuos y la estructura de poder, las personalidades y su entramado social, y entre todos los sectores dentro de los cuales el individuo existe y crea. Trata también de cómo debemos entender las relaciones entre los individuos y la sociedad como motores y transformadores históricos y humanísticos, y cómo las biografías que investigan estas relaciones pueden contribuir a unas nuevas percepciones del pasado. Si nos fijamos en la personalidad individual como un activista social que está y ha estado en interacción dinámica con su entorno, la percepción de cómo retratamos, dibujamos y contamos la personalidad histórica individual es crucial para entender nuestra propia cultura, generación y civilización. Ya en 1944, el catedrático de literatura danés Frederik Billeskov Jansen comentó que era «una absoluta necesidad para la autoconfirmación de una cultura social que sus figuras más importantes se sopesaran dos o tres veces cada siglo. Cada generación debe tomar postura, con lucidez y con profundidad»18. Tras el planteamiento de esta necesidad subyacía la premisa del individuo, el «gran hombre», como fuerza motriz de la historia. ¿Qué es, no obstante, un gran hombre? Una figura importante es alguien que, para bien o para mal, ha ido un poco más allá de su vida personal, ha creado algo nuevo 17 Hamilton, Nigel, Biography. A Brief History… op. cit., p. 4. 18 Billeskov Jansen, Frederik, «Review of Theodor Alred Müller’s book Den unge Ludvig Holberg, 1684-1722«, History Tidsskrift, nº 1, 1944, pp. 487-493.
84 birgittE possing o dejado una huella profunda, sea en el ámbito político, estructural, financiero, cultural, artístico, intelectual, o en cuanto a valores. Esta percepción de la Historia ha venido influyendo, en mayor o menor grado, en muchos historiadores desde 1841, año en el que Thomas Carlyle publicó su obra antes mencionada sobre los héroes y el culto a lo heroico en la Historia19. Él y sus seguidores consideraban que estadistas, reyes, generales, científicos y académicos, filósofos y escritores, eran los verdaderos agentes y factores determinantes de la ruta seguida por la Historia. Esta percepción se evaporó, como el rocío bajo el sol, en las décadas de 1960, 1970 y 1980, cuando los estructuralistas de toda condición acordaron que el individuo revestía una importancia menor en el panorama mundial más amplio o en los sucesivos giros históricos. Durante estas tres décadas, no hubo un interés especial en explicar las personalidades, fuerzas motrices y motivos de los activistas históricos. Estructuralistas, marxistas y positivistas de diversas convicciones consideraban que los individuos resultaban en gran medida irrelevantes en el estudio de la Historia y la literatura. El individuo podía, a lo sumo, ser históricamente interesante como representante de una clase, grupo social o ideología. Para los postmodernistas que llegaron después, cualquier idea de una narrativa tradicional de este individuo como fuerza motriz de la Historia o la literatura estaba obsoleta, como propuso el filósofo francés Jean-Francois Lyotard y, por tanto, la biografía histórica no constituía una referencia viable20. La biografía era «espuria» e «ilusoria», sostuvieron intelectuales franceses como Michel Foucault y Pierre Bourdieu, dos de los pocos intelectuales que hicieron una reflexión explícita sobre el género21. Las actitudes de estas generaciones académicas fueron sin duda correctivos útiles a las actitudes predominantes en épocas anteriores, que veían los cambios históricos como resultado, exclusivamente, de los actos y las obras de grandes hombres. Sus patrones de pensamiento, sin embargo, restaban valor a la capacidad y la voluntad de entender las personalidades individuales como obstáculos, fuerzas motivadoras o, simplemente, seres humanos de una especial relevancia. Desde el siglo xx al xxi, sin embargo, la percepción de la Historia pasó de estar orientada a la persona a estar orientada a la sociedad, y al 19 Carlyle, Thomas, On Heroes, Hero-Worship, and the Heroic in History. London, James Fraser, 1841. 20 Lyotard, Jean-Francois, La condition postmodern: rapport sur le savoir. Paris, Les Editions Minuit, 1979. 21 Possing, Birgitte, «The Historical Biography…» op. cit.
www.editorial.unican.es 85 Comprender las biografías: el género y sus arquetipos contrario de nuevo. Bajo el giro biográfico, se legitimó querer entender a las personas en su naturaleza a la vez racional e irracional, sin reducir simplemente los análisis biográficos a especulaciones (post)freudianas. Se llevaron a cabo estudios sobre los patrones complejos y cambiantes en los que el individuo estaba inmerso –social, mental y culturalmente–. Empezó a tomar forma una visión pragmática y analíticamente compleja respecto a la cuestión de las personas y la sociedad, el individuo y la estructura22. Fue abriéndose paso la idea de que las biografías podían aportar nuevas perspectivas a los relatos históricos más amplios, tanto a escala nacional como internacional; de que era posible conjugar el interés por los grandes cambios en la estructura social con la conciencia de la importancia de las personalidades. Al menos esta era la opinión de una serie de destacados historiadores que antes habían mantenido al máximo las distancias con el género biográfico, tanto en Suecia como en Estados Unidos23. Así pues, ya no quedaba fuera de los límites buscar explicaciones sobre cómo las figuras individuales y los seres humanos habían llevado a la sociedad en diferentes direcciones interactuando con un conjunto de otros factores. Un historiador sueco lo formuló así: «Los individuos organizan las ideas de formas que difieren de las corrientes, ideologías y otras estructuras que han constituido el foco del interés de los historiadores. Dentro de su personalidad, un individuo puede aunar ideas ideológica o lógicamente incompatibles. Porque no es la lógica lo que las ha unido, sino la vida. Lo que hace interesante la vida personal es su naturaleza única, que tenemos en común con otras personas. Lo único es lo general»24. Esta forma de ver la Historia fue adquiriendo cada vez más importancia a raíz de la caída del Muro de Berlín y de la desintegración de las grandes ideologías hacia finales del siglo xx. Los esfuerzos por entender la biografía y las muchas formas en que las vidas reales se cuentan en la práctica van por tanto inextricablemente unidos a la atención cada vez mayor que las sociedades democráticas occidentales 22 Véase también Dion, Robert y Regard, Frédéric, Les nouvelles écritures… op. cit. 23 Åkerman, Sune, Ambjörnsson, Ronny y Ringby, Pär (eds.), Att skriva människan. Essäer om biografin som livshistoria och vetenskaplig genre. Stockholm, Carlssons Bokförlag, 1997; Rosengren, Henrik y Östling, Johan (eds.), Med livet som insats. Biografin som humanistisk genre. Lund, Sekel Bokförlag, 2007. Véanse los diferentes artículos dedicados a Historia y Biografía en: American Historical Review, vol. 114, nº 3, 2009, pp. 573-662. 24 Åkerman, Sune, Ambjörnsson, Ronny y Ringby, Pär (eds.), Att skriva människan… op. cit., p. 9.
86 birgittE possing han ido concentrando en conceptos como la libertad, integridad y complejidad del individuo. Este es el trasfondo del giro biográfico de la Historia. 5. CÓMO INTERPRETAR UNA FIGURA HISTÓRICA No obstante, ¿qué y quién es una figura histórica y cómo debería «interpretarse» a esa persona: como fuerza motivadora o como alguien que ha ido más allá de su vida personal y ha dejado huella? La respuesta depende de la visión que se adopte respecto a la Historia y la naturaleza humana, así como de las preguntas que planteemos acerca de la personalidad histórica del biografiado elegido. Una figura histórica no es una entidad en sí misma. No podemos fotografiar a una persona del pasado, y si creemos que sí podemos, las cosas irán lamentablemente mal. Podemos, no obstante, dejar constancia de nuestra percepción de la persona, y hacerlo interpretando las imágenes, fotografías, cartas, declaraciones, entrevistas, fuentes y objetos conservados por y acerca de esta persona. En otras palabras, podemos crear una narrativa sobre una figura interpretando las fuentes de información auténticas. Las biografías que escribimos sobre personas de la vida real que han vivido en el pasado –no personajes ficticios– dependen de las preguntas que le hagamos a las fuentes de información y a la documentación que utilizamos en el relato. Es preciso tener claro qué queremos contar antes de poder averiguar lo que una figura histórica es en realidad, y por qué la vemos como un gran hombre o mujer, o como alguien que necesitamos entender por otras razones. El material que estudié mientras preparaba Understanding Biographies («Comprender la biografía») demostraba que el interés por las biografías durante la primera década del milenio, en Europa y en Estados Unidos, se había centrado en iconos históricos como estadistas y políticos, así como intelectuales. Ellos eran a los que claramente consideramos los individuos «más importantes de todos», a juzgar por la extensión del interés biográfico que se les dedicó, aun cuando los biógrafos habían empezado a mostrar un interés cada vez mayor en personas hasta entonces desconocidas del mundo artístico o financiero, rebeldes, criminales y mujeres de todas las categorías25. 25 Fleming, Robin, «Writing Biography on the Edge of History», AHR, vol. 114, nº 3, 2009, pp. 606-615.
www.editorial.unican.es 87 Comprender las biografías: el género y sus arquetipos Por otra parte, prevalece un consenso tácito respecto a que las personas que han tenido un determinado nivel de influencia pública y de impacto sobre el presente, pasado o futuro, son las que percibimos como «grandes» hombres y mujeres, a juzgar por la mayoría de las biografías que de hecho se escriben y publican. ¿Cómo es esto posible? Hace más de un siglo, el historiador ruso G.V. Plekhanov ya estaba interesado en por qué hacemos «grandes» a ciertas figuras históricas y por qué las recordamos con biografías y fama imperecedera, mientras otras personas con talento resultan con frecuencia olvidadas y marginadas tanto en las biografías como en la historiografía. Plekhanov argumentó que un «gran hombre» no era grande simplemente porque poseyera un talento único; una figura histórica solamente era grande si su capacidad y su talento entraban en juego en unas circunstancias que requirieran precisamente esas capacidades. Plekhanov introdujo la línea de pensamiento que sostiene que la relación entre la figura individual y la sociedad era en sí un factor de cambio en la Historia. Hoy en día, esta línea de pensamiento podría denominarse «interseccionalidad». En un escueto libro sobre el papel del individuo en la Historia, Plekhanov presentó una serie de métodos por medio de los cuales probar sus teorías en la práctica, en una serie de biografías concretas26. Su innovador trabajo tuvo lamentablemente una influencia limitada en el mundo moderno, pero sus ideas sobre el impacto y la influencia del individuo como dependientes de las relaciones entre talento, poder y oportunidad habrían encontrado gran eco en el giro biográfico moderno, de haberse conocido. En 2009, se planteó a diez historiadores estadounidenses la pregunta de por qué y cómo algunos individuos eran considerados «grandes» y, por tanto, merecedores de ser retratados y constar en el registro de la memoria colectiva de la comunidad. Sus respuestas se publicaron en la American Historical Review27. Los historiadores manifestaron diferentes motivos para revitalizar el género biográfico y diferentes tipos de enfoque. Todos compartían el hecho de tener una actitud específica y bien pensada a la hora de abordar el género. En su presentación a los participantes en el estudio, David Nasaw, catedrático de Historia en la Universidad de la Ciudad de Nueva York, en referencia a la antes mencionada obra de Jo Burr Margadant, The New Biography28, explicaba que la biografía había vuelto a ponerse de moda porque: 26 Plekhanov, G.V., The Role of the Individual in History. Moscú, Foreign Languages Publishing House, 1946. [Versión original de 1898] 27 American Historical Review, vol. 114, nº 3, 2009, pp. 573-662. 28 Margadant, Jo Burr (ed.), The New Biography… op. cit.
94 birgittE possing El patrón deja poco lugar a la duda. Las biografías de estadistas, políticos e intelectuales se llevan la palma como categorías más dominantes, mientras que el interés biográfico en terroristas, criminales y mujeres en segundo plano fue relativamente menor. Y, una vez más, hubo a este respecto variaciones y diferencias considerables entre los países. Estas variaciones se describen, desarrollan y analizan más en profundidad en mi libro de 2017. Al revisar estos datos en la actualidad (2021) compruebo que el fondo estructural de esta cuestión apenas ha variado. Los hombres todavía escriben fundamentalmente acerca de poder y política y las mujeres acerca de sentimientos fe y familias. Los hombres todavía escriben el 75-80% de las biografías políticas mientras que las mujeres escriben (o publican) fundamentalmente las biografías culturales39. 8. ARQUETIPOS BIOGRÁFICOS Y ESTRATEGIAS NARRATIVAS Llegado este punto quisiera presentar una perspectiva muy distinta en el entendimiento de las biografías planteando un enfoque analítico a través del cual aproximarse al inmenso abanico de las biografías: una categorización de los arquetipos biográficos mediante una panorámica estructural y analítica del enorme campo de las biografías históricas. Un arquetipo no es nada en sí mismo. Es una forma, o una matriz, que puede dar estructura al confuso mosaico del relato de una vida. Es una categoría analítica que representa un método mediante el cual llegar a entender qué es lo que está en cuestión en una narrativa biográfica determinada. Es un indicador, un conglomerado de propiedades simbólicas y fácilmente reconocibles. Es una estrategia narrativa para una biografía. El aspecto útil de los arquetipos es que señalan las verdades de la biografía en cuestión: ¿es una interpretación mítica o un relato documental, un retrato personal o una narración histórica? Aunque cualquier biografía en concreto puede fácilmente considerarse como integrada por uno o más arquetipos, las obras del género biográfico pueden dividirse en ocho estrategias narrativas relativamente claras, cada una de ellas derivada de su época histórica específica, aunque en líneas generales hoy en día todas ellas siguen gozando de excelente salud: la 39 Tal y como ya destacamos Erla Huda, Halldórsdóttir, Maarit Leskelä-Kärki Tiina Kaumen y yo misma en nuestras colaboraciones en Biography and Gender, 2016. Véase Possing, B. «Special Keynote. XIII Nordic Women and Gender History Conference» 19-21 August 2021 Aarhus University, p 4.
www.editorial.unican.es 95 Comprender las biografías: el género y sus arquetipos biografía espejo, la hagiografía, el retrato personal, la biografía interpretativa, la biografía prismática, la biografía de vida y época, la biografía polifónica y la biografía colectiva. La biografía espejo es la que, reverenciando al protagonista, podría servir como espejo de un grandioso esfuerzo humano o bien, denostándolo, reflejaría lo contrario, es decir, los rasgos humanos más antipáticos. La biografía espejo también podría denominarse biografía didáctica, dado que su intención es mostrar características humanas y arrojar luz sobre ellas con un propósito instructivo –desde la bondad, la brillantez, la capacidad de trabajo y la habilidad, a la maldad, la vagancia y el fracaso–. En las vidas de grandes militares, jefes de Estado o políticos, hemos visto plasmados virtudes y defectos por igual. El hecho de que la persona retratada fuera en la vida real tal y como se describía en el libro no era tan importante para la biografía espejo. Tampoco era muy importante si el biógrafo llevaba a cabo una exhaustiva exploración de la vida y hechos del protagonista. El aspecto más importante de la biografía espejo es la imagen que presenta al público –como modelo de actuación, advertencia o indicador de cómo los «grandes» personajes pueden y han sido capaces de mostrar el camino de una buena o mala vida–. Hoy en día encontramos biografías espejo en algunas de las vidas escritas de políticos o figuras destacadas de la industria mediante las cuales algunos periodistas avispados dictan su veredicto sobre una figura viva o recientemente fallecida, destacada o controvertida. Para ello emplean un método de poda clásico que nos dice más de la fascinación, cautelas e ideas morales del biógrafo sobre lo que el lector debería saber que sobre el protagonista que en realidad vivió esa vida o las huellas que dejó tras de sí. El arquetipo de la biografía espejo se avivó y experimentó un renacimiento en la era postmoderna, después de la caída del Muro de Berlín y el desmoronamiento de las grandes ideologías. En sustitución de la creencia en cualquier gran narrativa divina o de factura humana, el foco volvió a ponerse en la actuación individual. La biografía espejo tiene una larga historia. Se considera al escritor de la Grecia Antigua Plutarco, con su Bioi parallëloi (Vidas paralelas), como instaurador de la tradición de la biografía occidental y su paradigma del arquetipo de la biografía espejo: Plutarco utilizaba sus biografías de nobles emperadores y jefes militares para ofrecer ejemplos morales de las ambiciones y deseos, prestigio o errores de los grandes hombres de estado. Plutarco comparaba a los protagonistas griegos y romanos entre sí y les puntuaba «sobre diez»: ¿merecían reconocimiento por haber cumplido con su deber principal, o debían ser censurados por su orgullo, arrogancia u otros viles comportamientos? Con
96 birgittE possing mano sensata y artística, Plutarco llevó a cabo su extensa obra con una mezcla de hechos biográficos y anécdotas, utilizando estos elementos para instruir, entretener e informar al lector de los principios éticos en virtud de los cuales había que evaluarles. La medida en la que Vidas Paralelas era una recopilación de historias sobre las vidas vividas por hombres reales es difícil de determinar, dado que no sabemos en qué fuentes se basaban. Tampoco este era el aspecto más importante: el objetivo de las biografías de Plutarco consistía más bien en enviar un mensaje sobre los principios éticos fundamentales de la sociedad como tal. La intención del arquetipo de la biografía espejo es didáctica. Los lectores tienen que mirar el espejo, para inspirarse o emitir un juicio. En la biografía espejo, el protagonista aparece retratado como un modelo o un contramodelo moral de virtudes contemporáneas. La hagiografía: como derivación de la biografía espejo laica, la hagiografía es claramente una narración épica sobre un héroe o mártir, que se remonta a los primeros siglos de la Iglesia Cristiana y la persecución que sufrió por parte de otras creencias. Utilizando una mezcla de hechos y mitos, su objetivo era glorificar y honrar a los santos, héroes o individuos cuyos actos se trataba de idealizar. La hagiografía se desarrolló dentro de un marco cristiano, en paralelo con la desaparición de la mentalidad grecorromana profana a raíz de la caída del Imperio Romano. La hagiografía inició su crecimiento en consonancia con las demandas y los requisitos espirituales de la Iglesia, y su primer gran éxito popular llegó de manos del historiador, escritor y martirólogo inglés John Foxe y su Actes and Monuments of these Latter and Perilous Days, Touching Matters of the Church («Hechos y monumentos de estos últimos y peligrosos días, conmovedores asuntos de la Iglesia»), comúnmente conocido como el Libro de los mártires de Foxe. La primera edición inglesa apareció en 1563, y constituyó el proyecto de publicación más importante hasta esa fecha en Inglaterra40. En vida de Foxe se lanzaron cuatro ediciones y es uno de los ejemplos más famosos de hagiografía. El libro, una recopilación de polémicos relatos sobre el sufrimiento de los protestantes a manos de la Iglesia Católica, especialmente en Inglaterra y Escocia, con más de sesenta detalladas y dramáticas ilustraciones en forma de grabado 40 El título de la primera edición, en 1563, era en realidad muy largo. Aun cuando algunos ya lo llamaban el Libro de los mártires en vida de Foxe, este quiso que el libro mantuviera el título original de «Hechos y Monumentos», pero la decisión de los lectores y la Historia fue otra.
www.editorial.unican.es 97 Comprender las biografías: el género y sus arquetipos en madera, generó una enorme influencia en su día y posteriormente. Estos fueron los orígenes del arquetipo biográfico de los santos. Al igual que en la Antigüedad, la intención de la biografía cristiana era en realidad didáctica, en este caso dentro de un marco religioso y confesional en el que el personaje central se presentaba como modelo de pureza y virtud religiosa. La creación de Dios aparecía retratada como un individuo que se convertía en un modelo moral para otros a lo largo de su vida y cuyo destino quedaba sellado con su muerte. Durante la Edad Media, la frontera entre la biografía y la hagiografía era muy difusa. Los sermones funerarios cristianos, centrados en la sincera y cotidiana fe en Dios de la gente corriente, también contaban historias de hombres y mujeres que no formaban parte de la minoría culta. La hagiografía cristiana y la biografía de los mártires sobrevivió al periodo medieval con sus historias de mártires y su marco religioso, y hoy en día también puede encontrarse en contextos seglares, si bien es relativamente poco frecuente en su forma completamente pura. Hace más de cien años, el polémico escritor irlandés Oscar Wilde escribió: «Antes, solíamos canonizar a nuestros héroes. El método moderno consiste en vulgarizarlos»41. Esto sigue siendo cierto; el santo se convierte en la imagen opuesta: el malvado y calculador villano que merece ser expuesto en la plaza pública. La aclamación o el desprecio, no el reflejo en el espejo, es la intención de este arquetipo. El retrato personal. Hace ya mucho tiempo, y en paralelo a la hagiografía, salió a la luz un incipiente retrato no cristiano de una personalidad muy destacada en La vida de Carlomagno, de Einhard42. Esta biografía se cita con frecuencia en la literatura como el mejor ejemplo de una perspectiva secular sobre la vida de los grandes hombres, como muestra de los comienzos del arquetipo que denominamos el retrato personal. Como arquetipo, se centra en los rasgos característicos de la personalidad, analizándolos en aras de una caracterización imparcial de un individuo con matices, compuesto por varias capas, y tal vez ambiguo, que fue cambiando a lo largo de una vida. Este arquetipo aborda al individuo, que podría ciertamente ser situado en un contexto incluso dentro de un contexto, y la labor del biógrafo consiste en rastrear los rasgos de la personalidad del protagonista. El retrato personal 41 Wilde, Oscar, The Artist as Critic. Critical Writings. Chicago, University of Chicago, 1982. [Original de 1891]. 42 Einhard, The Life of Charlemagne. New York, Harper & Brothers 1880, de Vita Caroli Magni, 829.
98 birgittE possing adquirió importancia durante el Renacimiento italiano. Petrarca alcanzó grandes e innovadores progresos en su colección inacabada de biografías matizadas de hombres eminentes titulada Sobre hombres ilustres43. Un amigo de Petrarca, el escritor y poeta italiano Giovanni Boccaccio, famoso por su obra El Decamerón, también cultivó un interés por lo humano y sus detalles específicos y abordó ambos sexos en sus biografías Sobre las mujeres ilustres, Sobre el destino de hombres famosos y Vida de Dante Alighieri44. Giovanni Boccaccio dibujó a sus personajes como individuos reales, reflexivos e inteligentes. Pese a que las biografías escritas por Petrarca y Boccaccio tal vez glorificaran en exceso algunas personalidades brillantes, se caracterizaron no obstante por un humanismo que verdaderamente cobraría auge en el ámbito biográfico durante el zeitgeist indvidualista de los siglos xviii y xix45. Las primeras enciclopedias alemanas de mujeres eminentes confirmarían esta tendencia46. Sin embargo, el retrato personal no dejó verdadera huella como género en los anales de la biografía europea hasta finales del siglo xviii, con los dos volúmenes de James Boswell sobre la Vida de Samuel Johnson (1791)47. La publicación de este trabajo ha pasado a la literatura como el gran giro paradigmático, dado que la Vida de Samuel Johnson se basaba en abundantes fuentes»48. Los diarios de Boswell han sido publicados en diversas ediciones desde su descubrimiento a principios del siglo xx. Su Vida de Samuel Johnson se basaba en las observaciones anotadas en su diario, así como en una enorme cantidad de material empírico en forma de cartas, documentos privados, conversaciones con el propio protagonista e innumerables entrevistas a personas del entorno inmediato de Johnson. De este modo, el retrato lograba hacer una reconstrucción abundantemente matizada de una persona real y los rasgos de su personalidad. Hoy en día, cuestionaríamos la cierta 43 Petrarca en De Viris Illustribus. 44 Boccacio, Giovanni, Decamerone, 1349-1352, revisado 1370-1371; De mulieribus claris, 1361-1375; De casibus virorum illustrium , 1355-1374;Tartlets in laude di Dante, 1348; Little Tractate in Praise of Dante sobre el poeta, escritor y político Dante Alighieri (12651321). 45 Klein, Christopher (ed.), Handbuch Biographie… op. cit., pp. 221-265. 46 Oettinger, Eduard Maria, Bibliographie biographique universelle. Dictionnaire des ouvrages relatifs a l’historire de la vie publique et privee des personnages celebres de tous les temps et de toutes les nations. Bruxelles, J.J. Stienon, 1854. 47 Boswell, James, The Life of Smauel Johnson. London, Henry Baldwin, 1791. 48 Disponible en: http://archive.org/stream/lettersjohnson01hilluoft/lettersjohnson01hilluoft_djvu.txt
www.editorial.unican.es 99 Comprender las biografías: el género y sus arquetipos ausencia de distancia crítica y rigor analítico. Pero ese es otro tema. La vida de Samuel Johnson que escribió Boswell es la primera biografía conocida que introdujo una base empírica en su enfoque sobre la descripción de una personalidad matizada, formada por muchos componentes, y todavía se sigue considerando una obra pionera del género. Medio siglo después, Thomas Carlyle publicó seis de sus conferencias en el libro Sobre los héroes, el culto al héroe y lo heroico en la Historia (1841). Carlyle mantenía que la Historia mundial englobaba las biografías de los grandes hombres, y que la biografía del hombre individual era y debía ser un recorrido vital continuado hacia unas metas importantes, casi como un Bildungsroman o novela de aprendizaje de la Historia misma. La biografía era por tanto una rama fundamental de la historiografía; es más, era el tallo principal a partir del que debía florecer toda historiografía. Para Carlyle, el culto a los héroes era el motor decisivo que hacía avanzar la Historia; él fue la inspiración de una escuela de historiadores idealistas, como Boswell lo fue a su vez para los hombres de letras: para los primeros, la biografía era la historia de la vida de los grandes hombres, mientras que el segundo la consideraba como una forma artística específica dentro del retrato humano. Estos dos enfoques diferentes del mismo arquetipo ilustran la frecuente y eterna controversia que ha pesado sobre la biografía histórica desde la Antigüedad hasta hoy: ¿la biografía tiene más que ver con el género de la narración o del retrato? ¿Es más una narrativa organizada y coherente o una historia desorganizada y fragmentada? En la era moderna y posmoderna, el retrato personal biográfico se ha convertido en un género clave para muchos eruditos humanistas, dado que ofrece la posibilidad de una reflexión abierta sobre contradicciones y ambigüedades, tanto sobre la Historia como sobre la personalidad histórica. En la revista francesa Annales, el historiador italiano Giovanni Levi señaló que era legítimo trabajar con ambigüedades. Su artículo, «Les usages de la biographie», en el que trata de las diversas maneras de utilizar la biografía, alcanzó rápidamente la categoría de un clásico49. El propósito del retrato personal es llegar a un entendimiento del carácter y los estratos más profundos que actúan como motivación y guía de una persona conocida. 49 Levi, Giovanni, «Les usages de la biographie«, Annales. Economies, Sociétés, Civilisations, vol. 44, nº 6, 1989, pp. 1325-1336.
100 birgittE possing La biografía interpretativa. La biografía interpretativa hace un análisis claramente perfilado de los elementos más cruciales de la vida y la obra del protagonista, dejando fuera otras muchas cosas. El objetivo de este arquetipo es contarle al lector algo nuevo y sorprendente. La historia de la vida moderna, como se conoce también a la biografía interpretativa del siglo xx en la literatura50, surgió como resultado de las crisis del cristianismo, el racionalismo y el humanismo que siguieron al darwinismo y al freudianismo. Un nuevo y revolucionario formato biográfico, introducido por el escritor y crítico británico Lytton Strachey (1880-1932) con su libro Victorianos eminentes51, desempeñó el mismo papel crucial para el género biográfico que Boswell había desempeñado más de un siglo atrás. Lytton Strachey introdujo la biografía interpretativa que, con un enfoque artístico y una atrevida estrategia, seleccionaba, sintetizaba e interpretaba las fuentes de una forma completamente nueva. La idea era penetrar más allá de los mitos sobre personajes clave y sentar las bases para unas biografías que desmitificaran a los hombres y mujeres de la vida real. Y esto es lo que llevó a cabo en Victorianos eminentes en 191852. Strachey observó que los victorianos habían legado a sus descendientes un sistema basado en la fuerza más que en la solución pacífica de los conflictos. De modo que en Victorianos eminentes no se anduvo con tapujos a la hora abordar las biografías de un cardenal, una enfermera, un educador y un oficial militar. Cada una de ellas estaba entretejida en su propio contexto, pero todas tenían no obstante algunos hilos en común. El libro causó un enorme impacto; críticos, políticos e intelectuales manifestaron su entusiasmo por el elegante y enérgico ataque de Lytton Strachey contra la era victoriana y sus pretensiones de superioridad moral53. El libro marcó el inicio de una era completamente nueva de la biografía como género. Strachey fue un destacado miembro del grupo de Bloomsbury, caracterizado por su mentalidad liberal y con gran influencia en Inglaterra, con el que estuvo también relacionada Virginia Woolf. También ella abordó la biografía, haciendo comentarios incisivos sobre su intención y 50 Possing, Birgitte, «The Historical Biography…» op. cit. 51 Strachey, Lytton, Eminent Victorians, London, Chatto & Windus, 1918. 52 Levy, Paul, «A string quartet in four movements», The Guardian, 20 de julio de 2002. 53 Edmund Wilson, crítico estadounidense, en The New Republic, 21 de septiembre de 1932, poco después de la muerte de Strachey; y Roy Hattersley, político laborista británico, en New Statesman, 12 de agosto de 2002. Russell, Bertrand, en una carta a Gladys Rinder, en Griffin, Nicolas (ed.), The Selected Letters of Bertrand Russell, vol. 2. New York, Routledge, 2001, p. 151. En la nota al pie nº 5, p. 151, Griffin comenta: «Estando en la cárcel, Russell leyó estos cuatro satíricos retratos […] y le hicieron tanta gracia que el vigilante entró en su celda a recordarle que la cárcel era un lugar de castigo».
www.editorial.unican.es 101 Comprender las biografías: el género y sus arquetipos la de sus colegas de expandir los límites y profundizar en la biografía como género crítico: la percepción de la verdad por parte del biógrafo debía, en su opinión, ser la que marcara el camino, palpando el ambiente, detectando falsedades, hechos ficticios y convenciones obsoletas. En su ensayo «El arte de la biografía», Woolf escribió que la biografía se encontraba «solo en un estado inicial; le queda una larga y atractiva vida por delante, sin duda, una vida llena de dificultades, peligros y arduo trabajo»54. Y se demostró que tenía razón. En el siglo xx, la biografía interpretativa tuvo numerosos modos de expresión, se especializó en varias disciplinas y estuvo sometida a un constante debate55. Tanto Woolf como Strachey se colocaron a la cabeza del nuevo arquetipo biográfico, la biografía interpretativa. Su enfoque era principalmente literario, pero abordaba las mismas figuras políticas, militares, intelectuales y religiosas, así como rebeldes sociales y agitadores culturales que las vidas sobre las que escribían otros biógrafos de formación menos literaria. El propósito de la biografía interpretativa es exponer los usos y costumbres, revelar y mostrar nuevas verdades, desmitificar, analizar y aplicar un nuevo pensamiento a retratos y biografías de personalidades históricas. El arquetipo interpretativo dio lugar a una serie de otros arquetipos que en cierta manera podrían ser clasificados como subcategorías dentro del marco del arquetipo global. Por otra parte, también podían considerarse en sí mismas, dado que a lo largo del siglo xx prácticamente sirvieron de base, con unos símbolos fácilmente reconocibles, para la comprensión de los tipos particulares de biografía. La biografía prismática. Aunque retrata a un personaje histórico, la biografía prismática profundamente interpretativa lo utiliza como palanca para el análisis de otra cosa que no es el protagonista: por ejemplo, se centra en un tipo de persona, una clase, una cultura, un género, una raza o una minoría. Este arquetipo ha demostrado servir de foro para críticos sociales, historiadores o antropólogos, en lugar de para literatos y periodistas. La historiadora estadounidenses Barbara W. Tuchman, pionera de la biografía prismática con su obra La torre del orgullo. Una semblanza del mundo antes de la guerra, 1890-1914 y otros libros importantes56, ha demostrado que la 54 Woolf, Virginia, «The Art of Biography…» op. cit., p. 227. 55 Possing, Birgitte, «The Historical Biography…» op. cit. 56 Tuchman, Barbara W., The Proud Tower. A Portrait of the World Before the War, 18901914. New York, Bantam Books, 1966.
102 birgittE possing biografía puede utilizarse como medio para expresar un zeitgeist y a partir de él contar historias sobre algo de una dimensión mayor que el individuo. La torre del orgullo, publicada por primera vez en 1966, es una colección de ocho ensayos, cada uno de ellos centrado en una persona a través de la cual se analiza e informa de las fuerzas que movían la sociedad en los años previos a la Primera Guerra Mundial; por ejemplo, escribió sobre Alemania utilizando al compositor Richard Strauss como «prisma», porque lo creía «atractivo e interesante para abordarles [a los alemanes] desde el punto de vista de lo mejor, en lugar de lo peor, que tenían que ofrecer; a través de las artes, en lugar de su militarismo»57. Con este enfoque, las biografías prismáticas se abren a historias más amplias, demostrando que se puede llegar a lo universal a través de lo particular. Barbara W. Tuchman recibió varios galardones, incluidos dos premios Pulitzer en la categoría de no ficción, y se le reconoce como artífice de la biografía prismática. El propósito de la biografía prismática es utilizar un individuo del pasado para exponer y contar una historia de mayores dimensiones sobre la sociedad en la que el protagonista actuó. La biografía de vida y época. La analíticamente desafiante biografía de vida y época es un terreno que los historiadores hollaron ya hace tiempo. Este arquetipo sitúa a su protagonista y su obra dentro de un marco más amplio, examinando la relación dinámica entre el personaje principal y el contexto temporal y social en el que vivió. Esta contextualización muestra cómo el entorno y las circunstancias geográficas, sociales, culturales, religiosas, políticas y familiares influyen en la vida, identidad, autopercepción, posición, opinión y práctica del individuo, y cómo, a la inversa, los esfuerzos del individuo también pueden tener un efecto sobre este entorno y cambiarlo. El concepto de contextualización tiene que ver con el análisis de cómo el individuo puede ser un «transmisor cultural» y un «disruptor cultural» al mismo tiempo, y es este tipo de análisis el que subyace a muchas de las biografías que se han escrito dentro de la tradición de vida y época. La contextualización, de este modo, convierte la propia cuestión de cómo esta persona influyó o se vio influida por la época y el entorno que le rodeó en un elemento clave del relato. Las primeras reflexiones que se publicaron sobre esta relación dinámica entre individuo y sociedad, actor y estructura, fueron las del ya mencionado G.V. Plekhanov58. Fue él quien introdujo la 57 Ibidem, p. 85. 58 Plekhanov, G.V., The Role of the Individual… op. cit.
www.editorial.unican.es 103 Comprender las biografías: el género y sus arquetipos idea de que la relación real entre individuo y sociedad es en sí misma un factor de cambio en la Historia y presentó una serie de métodos mediante los cuales la teoría podía ponerse a prueba en historias concretas de vidas escritas. La primera obra biográfica de la historiadora estadounidense Kathryn Kish Sklar, Catherine Beecher: A Study in American Domesticity, constituye un magnífico ejemplo de este arquetipo y de la puesta en práctica de estos métodos59. El propósito de la biografía de vida y época es entender y explicar cómo un individuo destacado podía convertirse a la vez en «transmisor» y «redentor» de una necesidad importante en su época, y, de esta manera, convertirse en una figura merecedora de ser recordada. La biografía polifónica. La biografía polifónica deconstruye y reconstruye la vida del protagonista y actúa desde varios ángulos y varias situaciones. En el mundo angloparlante, esta biografía polifónica a menudo adopta la forma de la biografía de acontecimientos, que se caracteriza por incluir unos hechos concretos dentro de la paleta con la que se pinta el retrato. Este arquetipo difiere claramente de los demás arquetipos biográficos en la forma de tratar la cronología y la correlación –como la polifonía en la música, apunta a un relato a múltiples voces, unas voces que armonizan en segundo plano. Sería difícil nombrar a un solo pionero como introductor de la biografía polifónica como arquetipo, pero esta claramente emerge en la escena posmoderna, especialmente de las obras de biógrafos nórdicos, como la de la noruega Toril Moi, Simone de Beauvoir. The Making of an Intellectual Woman60. La biografía polifónica no tiene que ver con las historias de los padres, abuelos y bisabuelos, ni con interpretar la posible influencia de los orígenes del protagonista; en lugar de ello, nos presenta una serie de historias, contadas a través de varios temas, y con interpretaciones contrapuestas –por lo general, todas ellas basadas en fuentes divergentes entre sí. El propósito del arquetipo polifónico es contar una vida y obra desde diversos ángulos y a través de varias voces, que se complementan y contradicen entre sí, por lo que los relatos introducen al lector en la biografía. 59 Sklar, Kathryn Kish, Catherine Beecher: A Study in American Domesticity. New Haven, Yale University Press, 1973. Sklar, Kathryn Kish, Florence Kelley and the Nation’s Work: The Rise of Women’s Political Culture, 1830-1900. New Haven, Yale University Press, 1995. 60 Moi, Toril, Simone de Beauvoir: The Making of an Intellectual Woman. Oxford, Blackwell, 1994.
110 maría jEsús gonzálEz dependencia o mimetismo respecto de las influencias, teorías y modelos del exterior, así como de traducciones de biógrafos extranjeros, fundamentalmente anglosajones. Si en el Reino Unido o Alemania, por ejemplo, ha sido predominante la biografía literaria y en Francia la histórica, en España ambas han sido débiles. Esa debilidad, que ha alterado la sincronía internacional se puede adscribir a los planos cultural y político. Por una parte, ciertos elementos específicos de orden cultural –que comprenden desde la herencia de una tradición religiosa moralizante, hasta una pobreza de fuentes memorialísticas– han influido en una producción que siempre ha sido numéricamente inferior a la de otros países en cualquiera de sus etapas y, tal vez, con menos obras de calidad, con lo cual la existencia de una masa crítica, canónica, de referencia, siempre ha sido mucho más limitada, y también sus avances y difusión pública. Ya desde principios del siglo xx los críticos de la época solían destacar en la prensa nacional este «déficit» vinculándolo con el peso del catolicismo y la contrarreforma pero también con otras características culturales psicologistas presuntamente endógenas y asociadas a un peculiar carácter español. Así, por ejemplo, en los años veinte cuando triunfaba en Europa la biografía literaria y ésta apenas comenzaba a «contagiarse» en nuestro país, Baeza incidía en la penuria previa del género derivada –decía– del individualismo: «un individualismo de raza, individualismo egoísta, que conllevaba a un escaso interés por el otro». En la misma línea se manifestaba Gerald Brenan quien aludía además a la «pudibundez» ante la exposición de asuntos privados, tal vez heredada del catolicismo3. Este tipo de argumentos religioso-culturales eran también utilizados en la época para entender el caso contrario: por ejemplo, la sobreproducción biográfica en Gran Bretaña4. Por otra parte, no son pocas las voces autorizadas que han aludido a la relación del cultivo biográfico con «democracia», «civismo», «modernidad» o, incluso, «libertad moral» como los componentes del humus que favorece su desarrollo cualitativo. Hay quienes intentan entender el proceso actual de 3 El Sol, 29 de abril de 1927. Un egoísmo paradójicamente combinado con una «falta de aprecio por la individualidad», Gibson, Ian, «Biografías para qué y cómo», en Casas, José Luis y Durán, Francisco (coords.), II Congreso sobre el republicanismo en la Historia de España. Historia y Biografía. Córdoba, Patronato Niceto Alcalá-Zamora y Torres, 2003 pp. 231-248, esp. p. 236. 4 Véase: Nicolson, Harold, The development of English Biography. London, The Hogarth Press, 1928, pp. 134-142.
www.editorial.unican.es 111 Panorama biográfico en España crecimiento del género en España, precisamente, considerando esas perspectivas culturales y políticas que trascienden las puramente historiográficas. Ha escrito Jordi Gracia que en España «hemos ido perdiendo el miedo a la singularidad, a la multiplicidad de sujetos que somos cada uno de nosotros. Es una sociedad menos quebradiza, menos hipócrita, más capaz de asumir que todos estamos llenos de taras. Este nivel de conquista de veracidad no formaba parte de este país por la potentísima influencia católica»5. A la mayor libertad de expresión en una sociedad democrática y más laica cabe añadir el efecto de la redefinición identitaria en un mundo global. La sucesión histórica en España de fuertes rupturas políticas (guerra(s) civil(es), dictaduras, etc.) que se han sumado a una tensión superpuesta de nacionalidades y de modelo de régimen no sólo han condicionado o alterado dramáticamente el desarrollo del género –sometiéndolo a manipulaciones, tensiones y generando silencios– sino que además permiten dibujar una geografía de la biografía más marcada que en otros países. La narración biográfica, por su naturaleza más puramente «física», «humana» (carente de barreras de abstracción teórico-conceptuales) y su inteligibilidad, constituye un producto esencialmente sensible y permeable para ser «colonizado» y transmitido. Es por ello que, independientemente de su maduración o vaivenes teóricos, se ha convertido en un campo de batalla de representaciones religiosas, políticas, nacionales o de género muy concurrido. La suma de estos elementos ha hecho que, en España, a lo largo del siglo xx y en rasgos generales, haya pesado más la dimensión moral/pedagógica y política de la biografía que la experimental, o la más neutralmente metodológica como herramienta para penetrar en el conocimiento interior del individuo o de sus áreas de acción/recepción social. Esta «lacra» ha afectado sobre todo a su vertiente histórica y al campo historiográfico. A continuación, realizaré un breve recorrido de la biografía histórica en España para revisar su evolución y aportaciones más destacadas en este campo. 5 Entrevista a Santos Juliá y Jordi Gracia en Letras Libres, 13 de febrero de 2015. Jordi Gracia es autor de La vida rescatada de Dionisio Ridruejo (Anagrama, 2008) y José Ortega y Gasset (Taurus, 2014).
112 maría jEsús gonzálEz 2. EL PRIMER TERCIO DEL SIGLO XX: HAGIOGRAFÍA, «BIOGRAFISMO» Y EL NACIMIENTO DE UNA REGIONALIZACIÓN BIOGRÁFICA Debemos considerar dos focos fundamentales (que lo fueron también editoriales): el área de influencia madrileña y la catalana. Ambos focos se vieron igualmente enriquecidos a finales de los años veinte por la Nueva Biografía europea que penetró en España entre 1928 y 1936 con su perspectiva liberadora y desmitificadora respecto de los viejos modelos acartonados, su «punto de vista» como propuesta y su penetración psicológica. Esta perspectiva liberadora tendría un importantísimo impacto en el ámbito biográfico literario, pero influyó también, en parte, en su desarrollo histórico-historiográfico a partir de sus dos preceptos: «no divinizar al héroe ni moralizar». La biografía se extendió. «Las rachas del momento –se leía en El Sol– son la biografía en el arte literario y el fascismo y el comunismo en política»6. En este contexto de influencia común, los focos madrileño y catalán presentan características y estilos particulares, así como sus propios panteones de personajes diferenciados. El núcleo madrileño En el núcleo madrileño se desarrollaron dos líneas fundamentales. Por una parte, ya desde 1912 hasta los años 30 se editaron diversas colecciones biográficas muy clásicas de carácter semi hagiográfico y escasa calidad con retratos de grandes hombres. Entre ellos se pueden citar «Los Grandes Españoles» –que recogía retratos de políticos y pensadores vivos como Maura, Romanones o Cánovas– también la colección iniciada por La Residencia de Estudiantes, y las biografías breves patrióticas «Figuras de la Raza» o «Los hombres de nuestra raza» de Ediciones de Nuestra Raza (obsérvese la reiteración del concepto «raza», con un uso españolista en realidad, bastante difuso). Estos son sólo los ejemplos más destacados de una miríada de pequeñas colecciones o publicaciones de quiosco con un predominio de perfil literario o histórico de baja calidad que han estudiado Pascual y Pulido desde el punto de vista editorial7. 6 Ballesteros de Martos en El Sol, 23 de marzo de 1932. 7 Martínez, Pascual, Escritores y editores en la Restauración canovista 1875-1923. Madrid, Ediciones de la Torre, 1994 p. 444. Fundamental en su detalle editorial, Pulido, Manuel, Plutarco de moda. La biografía Moderna en España, 1900-1950. Extremadura, Universidad de Extremadura, 2009. Y también, ABC 7 de julio de 1935; ABC, 3 de septiembre de 1935 y ABC, 10 de octubre de 1935.
www.editorial.unican.es 113 Panorama biográfico en España Por otra parte, surgió la aportación más importante al desarrollo del género, a partir del experimento dirigido por el filósofo Ortega y Gasset con la colaboración de un historiador, Melchor Fernández Almagro. Ambos, bajo el influjo europeo de la citada nueva biografía, tomaron las riendas editoriales y teóricas con un claro objetivo: impulsar la producción biográfica en España con un propósito regenerador. Ortega dio cuerpo a su teoría sobre la razón biográfica escribiendo diversas semblanzas (como las de Velázquez o Goya) en las que desplegaba su perspectiva. Diseñó una propuesta editorial alimentada con una motivación de fondo que se había cocido en el taller mental raciovitalista del filósofo. Consideraba la biografía filosóficamente fundamental para potenciar la individualidad «humanizadora», para entender al hombre en sus circunstancias (no para crear héroes, mitos o santos), y también era necesaria desde el punto de vista pedagógico y cívico-político como elemento regenerador: a partir del conocimiento de hechos pasados era posible librarse de repetir los errores8. No impulsaba una propuesta de corte nacional-patriótico, más bien difusamente liberal. Ni apelaba a raza o virtudes especiales de los españoles. El proyecto «Vidas Españolas del siglo xix», que se desarrolló entre 1929 y 1936 y pronto se amplió a «Vidas Españolas e Hispanoamericanas del siglo xix», fue la empresa más consciente y determinada en esta línea con la publicación de 59 biografías en 7 años. No se ha producido nada igual desde la fecha. Estas biografías abordaban todas personajes decimonónicos de adscripciones diversas –elegidos uno a uno por el filósofo– no necesariamente de primera fila ni necesariamente ortodoxos o aleccionadores. Castelar, Béquer, Zumalacárregui o el libertador Bolivar, Arenal o Ganivet se combinaban con la impostora Sor Patrocinio Frascuelo y Luis Candelas. «No eran Plutarcos edificantes… –escribía Fernández Almagro en La Gaceta Literaria– que la Historia, en efecto, no es una moralidad ni un ejemplo»9. El proyecto no triunfó en su conjunto, produjo una cierta «confusión» de paradigmas y tuvo una trayectoria irregular con obras muy desiguales, 8 Salas, Jaime de, «Vida y biografía en Ortega», Revista de Occidente, julio-agosto 1987, nº 74-75, pp. 77-87. Ver José Ortega y Gasset, papeles sobre Velázquez y Goya, Lasaga, José, «Notas para una teoría de la biografía en Ortega», en Atencia, José María (ed.), Ortega y Gasset:el imperativo de la intelectualidad. Málaga, universidad de Málaga, 2017; y Cáliz, Jéssica, «La renovación biográfica de las ‘Vidas españolas e hispanoamericanas del siglo xix», Dicenda. Cuadernos de Filología Hispánica 2014, vol. 32, nº especial, pp. 125-138. 9 Crónica de Fernández Almagro en La Gaceta Literaria, 15 de enero de 1930.
114 maría jEsús gonzálEz pero dejó algunos productos excelentes y una estela10. Se sumaba a la producción biográfica de «Personajes Ilustres» editados por La España Moderna. Y también acompañó a otros proyectos editoriales biográficos menores que menudearon desde 1914. Sin profundizar o describir todas las líneas, se podría concluir que en estos años había una gran actividad biográfica: «biografismo» lo llamó Andrés Soria11. Escritores e intelectuales de diversas procedencias y de gran calidad: historiadores, periodistas literatos (e incluso un médico) asentaron el germen de una escuela biográfica en España posteriormente truncada: Ramón Gómez de la Serna, Antonio Marichalar, Américo Castro, Antonio Fabié, Vicente Huidobro, Gregorio Marañón, Benjamín Jarnés, Antonio Espina y Manuel Chaves Nogales, a los que se sumaron en Cataluña Josep Pla o Eugenio D’Ors (entre otros). También políticos como el conde de Romanones o el propio Azaña quien ganó un premio biográfico. Había además un público lector aficionado y la prensa nacional (El Sol, La Vanguardia) comentaba las biografías. «¡Sigue la racha! Biografías a granel», se leía en La Voz. Como se ha destacado, «nunca la biografía conoció tanta apertura y experimentación»12. La esfera catalana En Madrid su zona de influencia, como hemos visto, más allá de la difusa masa biográfica popular, se reforzó un panteón de hombres notables y se intentó reconstruir y reafirmar el universo liberal y sus referentes cívicos según un laxo modelo patriótico e inclusivo. También se nutrió la conexión latinoamericana. Pero en Cataluña las cosas eran diferentes. Desde la época de la Reinaixença se había perfilado una línea «propia» de biografía nacionalista escrita en catalán, en la que se recogían y exaltaban las personalidades locales con modelos específicos y contrapuestos al presunto patrón «central». De este modo, ya desde finales del siglo xix pero sobre todo durante el primer tercio del siglo xx la biografía se incorporó al armamento 10 Véase: Caballé, Anna, El saber biográfico. Reflexiones de taller. Madrid, Nobel, 2021, especialmente capítulos del 13 al 16. 11 Soria, Andrés, «El biografismo y las biografías: Aspectos y perspectivas». 1616: Anuario de la Sociedad Española de Literatura General y Comparada. Anuario I, 1978, pp. 173188. 12 Sobre la idea de «biografías a granel»: La Voz 17-7-1934. Respecto a la experimentación: Caballé, Anna, «La biografía en España: primeras propuestas para la construcción de un canon», en Burdiel, Isabel y Foster, Roy (eds), La historia biográfica en Europa. Nuevas perspectivas. Zaragoza, Instituto Fernando el Católico, 2015, pp. 89-117.
www.editorial.unican.es 115 Panorama biográfico en España de construcción cultural y nacional catalana y se cultivó ampliamente. Para empezar, se produjo un número «inabarcable» de pequeñas biografías en actos de recepción de academias y corporaciones y en sesiones necrológicas. Abundaron igualmente las semblanzas biográficas publicadas en la prensa: en los Quaderns Blaus, los Catalans d›ara, Homes de Catalunya o los Homes d›En Patufet, o las escritas entre 1911 y 1939 por Rovira i Virgili13. Pero también se editaron colecciones de mayor entidad. Entre ellas, la más destacable fue la colección Barcino de la editorial Casacuberta (años 20 y 30) de la que ha realizado un excelente examen crítico muy recientemente Fausto Ripoll. Esta editorial, recogía –escribe Ripoll– personajes «catalanísimos», «catalanes por los cuatro costados», la «tradición encarnada» o ejemplos «raciales» (así se especificaba en la editorial) que trasladaban su catalanidad innata y prolífica al arte, la política o la religiosidad, el gen catalán a la estética o los negocios y, por supuesto, a la forja nacional. La plástica, el cromatismo y la aptitud artística de Fortuny; el valor de Rafael Casanova; el civismo de Almirall o el modernismo protodemocrático de Pedro el Ceremonioso, se abordaban como virtudes específicamente catalanas. Nunca existió nada similar en el resto de España14. Esta característica de atención al deliberado «modelo y moldeamiento nacional» tan presente en las biografías catalanas desde fechas tan tempranas diferenció claramente los universos biográficos catalán y castellano contribuyendo a una regionalización biográfica en España. La biografía jugó un papel muy activo en los inicios de estilización visual de una propuesta nacional catalanista, dotándola de rostros y caracteres que se sumarían para constituir una síntesis orgánica, un perfil colectivo (y atractivo) nacional: una muy útil antropomorfización de la nación. 13 Casassas, Jordi, «La biografía histórica a Catalunya contemporània (notes sense ànim d’exhaustivitat)», Cercles: revista d’historia cultura, nº 10 2007, pp. 102-113. También ver Miracle, Josep, La leyenda y la Historia en la Biografía de Angel Guimerá La Laguna de Tenerife. La Laguna de Tenerife, Instituto de Estudios Canarios, 1952. 14 Ripoll i Domenech, Faust, «La biografía com a eina de construcción nacional. Les biografies del cataleg de Josep María de Casacuberta», en Espinós, Joaquim, Maestre, Antoni y Marcillas, Isabel (coords.), La biografía a examen. Barcelona, Publicacions de l’Aabadia de Montserrat, 2015, pp. 27-33. Casassas, Jordi «La biografía…» op. cit. Casassas, Jordi, La fábrica de les idees. Politica i cultura a la Catalunya del segle xx. Barcelona, Afers, 2009, pp. 56-66.
116 maría jEsús gonzálEz De manera paralela a la línea nacionalizadora se cultivó en Cataluña otra línea biográfica en castellano, pero basada fundamentalmente en protagonistas internacionales y dirigida a un público más joven15. En el mapa biográfico español, por tanto, el localismo catalanista combinado con una cierta mirada de «fuga» europea surgía como como alternativa al españolismo (difuso) y latino-americanista castellano. Una tendencia que se prolongaría durante años. 3. LOS AÑOS FIEROS: SECUESTRO Y CRISIS DE LA BIOGRAFÍA La Guerra Civil La Guerra Civil supuso claramente un corte brusco e implicó, por razones obvias, la paralización de proyectos históricos o literarios. Sin embargo, la consciencia de la fuerza expresiva que ostentaba la biografía como posible transmisora de un mensaje moral o político llevó a que durante los años de la contienda ésta se mantuviera pujante, alistándose en pequeños «batallones complementarios». Así, dos ejércitos desiguales de personajes escritos, incorpóreos, pero de gran poder persuasivo y moralizante, se enfrentaron en el conflicto bélico convirtiéndose en refuerzo simbólico de los civiles en la retaguardia, o acompañando a los soldados. Como una metáfora de lo que sucedía en la realidad sociopolítica, los personajes liberales (seres intermedios, reformistas, «imperfectos») que habían florecido en la literatura biográfica desde los años 20 quedaban silenciados, aletargados en espera de tiempos mejores, pero despertaron los nuevos héroes extremos. Del lado de la República, durante el periodo de gobierno desde 1931, las biografías habían constituido parte del material docente de las Misiones Pedagógicas con el que se pretendía atraer y formar lectores y educarles en democracia16. Pero también se utilizaron como elementos de propaganda, adoctrinamiento y, durante el conflicto, de resistencia. La editorial Guerri, colectivizada, publicó las series de «Vidas Revolucionarias». Y la editorial Maucci, pronto absorbida por Tierra y Libertad, editó «Grandes Figuras de la Revolución», En ambos casos se retrataban anarquistas, bolcheviques ejemplares 15 Pulido, Manuel, Plutarco de moda... op. cit., p. 63. 16 Caudet, Francisco, Las cenizas del Fénix. La cultura española en los años 30. Madrid, Ediciones de la Torre, 1993. Martínez, Ana, La política del libro durante la Segunda República: socialización de la lectura. Gijón, Ediciones Trea, 2003.
www.editorial.unican.es 117 Panorama biográfico en España (incluyendo a Lenin) o heroicos revolucionarios italianos17. Los sublevados, por su parte, también exhibieron su músculo biográfico con su amalgama de héroes (muertos y vivos) santos y mártires. Tuvieron especial interés en retratar a los militares protagonistas en series como la «Vida de Soldados ilustres de la Nueva España», o las «Siluetas biográficas de las figuras más destacadas del movimiento salvador», que repetían héroes: Franco, Mola, Varela, Saliquet, Queipo de Llano, Orgaz o Aranda… Como destaca Pulido Mendoza, desde las prensas de El Diario Montañés en Santander o desde Ávila, Valladolid y otras ciudades bajo el manto nacional se acuñó ese tipo de biografía hagiográfica nacional-católica que permanecería con el tiempo18. La guerra civil partió en dos –entre tantas cosas– el posible acuerdo respecto a iconos biográficos nacionales comunes; una partición que aún permanece aunque más veladamente. Apenas un año acabada la guerra, comenzó además la odisea biográfica de Franco que, desde 1937 hasta la actualidad, ha acumulado más de 50 biografías. Entre ellas no sólo se cuentan las hagiografías producidas durante la guerra o la dictadura sin que, 25 años después de su fallecimiento y aun esporádicamente hasta hoy en día «algunas siguen siendo descaradamente favorables», tal y como ha destacado Paul Preston. La polémica voz «Franco» en el Diccionario Biográfico Español de la RAH, ha constituido la última muestra palpable19. El franquismo o la perversión del género En 1936 se publicó la última biografía de la colección Vidas Españolas e Hispanoamericanas: la del reaccionario Donoso Cortés: «Hay algo casi de sobrenatural en el hecho de que una biografía sobre un personaje que defendía la dictadura política en determinados casos coincidiera con ella» 20. Con el triunfo de Franco, el género biográfico como el resto de la historiografía, se 17 Llanas, Manuel, Casa Editorial Maucci (Barcelona, 1892-1966) [Semblanza]. Alicante, Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, 2016. Del mismo autor: Llanas, Manuel, «Notes sobre l’editorial Maucci i les seves traduccions», Quaderns. Revista de traducció, nº 8, 2002, pp. 11-16. 18 Véase también: Pulido, Manuel, Plutarco de moda... op. cit., pp. 152 y ss. 19 Preston, Paul, «Los biógrafos de Franco» en González, María Jesús y Ugarte, Javier (eds.): Juan Pablo Fusi. El historiador y su tiempo. Madrid, Taurus, 2015, pp. 113-124. Ledesma, José Luis, «El Diccionario Biográfico Español, el pasado y los historiadores’, Ayer, nº 88, 2012,pp. 247-265. Treglown, Jeremy, «Franco’s Friends», Times Literary Supplement, 30 de marzo de 2012. 20 Caballé, Anna, El saber biográfico… op. cit., p. 250.
118 maría jEsús gonzálEz convirtió en una más de las herramientas de formación del espíritu nacional. El franquismo «alteró», menospreciándola, «la significación concedida en los años anteriores a la biografía»: exploratoria del ser humano, iconoclasta, experimental y metodológicamente relevante... El género asumió el patrón dominante: imperial, fatalmente ideologizado, y desvergonzadamente hagiográfico. Se desvaneció, con ello, cualquier propósito de profundización en la esencia individual o de pretensión de calidad historiográfica. Pero el corsé político no sólo afectó al estilo o la metodología. Desaparecieron también personajes (y con ellos épocas) «heterodoxas». Su lugar fue tomado por soldados, monjas, conquistadores, virreyes, misioneros, y otras figuras coloniales, además de santos y héroes nacionalcatólicos que curiosamente encontraban muy frecuentemente su ADN en épocas medievales, creando una «galería de mitos nacionales»21. En esta época, sin embargo, pese a su contaminación ideológica y su (mayoritaria, aunque con salvedades) degeneración cualitativa, la biografía prosperó y se utilizó pedagógicamente. Y, sobre todo, se vinculó muy estrechamente y fortaleció a una rancia historia política y diplomática. No es de extrañar que tiempo después sufriera una reacción de rechazo profundo convirtiéndose en un género «científica y moralmente sospechoso» del que se olvidaban los avances previos22. Este repudio de la biografía, debido a su instrumentalización ideológica por parte franquismo, tendría efectos devastadores en la misma. Hubo ciertamente algunas excepciones en los años de Franco. Se publicaron las diversas obras psicobiográficas de Gregorio Marañón23 como las biografías de Luis Vives (1942) o Antonio Pérez (1947), la biografía de Jovellanos(1945) de Francisco Ayala, el Cánovas de Fernández Almagro, (1951) o el Cambó (1952-1969) de Pabón, las biografías de Prim, (1952) y Prat de la Riba (1964) de Rafael Olivar Bertrand y la biografía (inacabada) de Fernando II de Aragón de Vicens Vives. Incluso el exiliado Salvador de Madariaga escribió 21 Ibidem, p. 109. 22 Burdiel, Isabel, «La dama de blanco. Notas sobre la biografía histórica», en Burdiel, Isabel y Pérez Ledesma, Manuel (coords.), Liberales, agitadores y conspiradores: biografías heterodoxas del siglo xix. Madrid, Espasa-Calpé, 2000, pp. 17-48. 23 Sobre el análisis de la obra de Marañón, véase: Olmo, Teresa del, Teoría de la biografía. Madrid, Dyckinson, 2015. Entre las biografías publicadas por Marañón se encuentran: El Conde-Duque de Olivares. La pasión de mandar(1936), Don Juan. Ensayo sobre el origen de su leyenda(1940), Luis Vives. Un español fuera de España(1942) y El Greco y Toledo(1957).
www.editorial.unican.es 119 Panorama biográfico en España una trilogía americana (Colón, Hernán Cortés y Bolívar) entre 1940 y 1951. Por otra parte, como ha destacado Ghanime, sólo los hispanistas franceses o anglosajones parecían mantener interés por figuras decimonónicas: como en el caso de Albert Dérozier sobre José Manuel Quintana (1968 traducida en 1978), el de Robert Marrast sobre Espronceda (1974) y el de Hans Juretschke sobre Alberto Lista (1951)24. También Vicens en su libro Industrials i Politics del segle xix (1958) estudiaba a los empresarios para entender la economía, (no para destacar ningún carácter «genético» catalanista) y concedía a la biografía un papel esencial como se demuestra en su listado de los perfiles biográficos en el apéndice realizado por Montserrat Llorens que incluye diagramas de trayectorias biográficas: «líneas de fuerza de las generaciones catalanas»25. Estas obras y acercamientos constituyeron un oasis en el contexto del franquismo o tardofranquismo. Tal vez lo más destacable en estos años sea lo que podríamos denominar la «paradoja catalana»: esto es, el discreto florecimiento de una biografía de sutil recuperación catalanista desarrollada, paradójicamente, en pleno franquismo. Desde los años cincuenta se publicaron biografías en lengua catalana. Una editorial, Aedos, además de crear una colección biográfica de calidad (escrita en catalán y castellano), convocó un importante premio de biografía ya en 1953. Le siguieron diversas colecciones editoriales y repertorios biográficos como las «Biografíes Populars» de Alcides y la Pinya de Rosa de la editorial Dopesa26. Se publicaron también en los años cincuenta las biografías cortas de los «homenots» de Josep Pla y las obras de Pabón. Otros autores como Josep María Poblet, Ramón Carnicer, Enric Jardí, Juan Arbó, Josep Miracle y el padre Hilari Raguer, por su parte, también mantuvieron viva una biografía de calidad en castellano o catalán. 24 Ghanime, Albert, «Reflexiones y datos sobre la biografía histórica en España (personajes contemporáneos)», Cercles: revista d’història cultural, nº 10, 2007, pp. 114-144. 25 Vicens Vives, Jaume y Llorens, Montserrat, Industrials i Politics del segle xix. Barcelona, Teide, 1958. Véase también el artículo Morales Moya, Antonio, «Marañón, una visión personalista de la historia», Historia Contemporánea, nº 43, 2011, pp. 701-717. 26 En 1956, por ejemplo, el historiador Joan Reglá, vinculado al nacionalismo catalán y al bando republicano durante la guerra, ganó el premio con su obra Filip II i Catalunya. Rafael Oliver Bertrand lo ganó en 1964 por una biografía de Prat de la Riba. Ver Soldevilla, Llorenç, «Seixanta anys de biografisme catalá (1953-2013). Aproximació y repertori», en Balaguer, Enric, Francés, María Jesús y Vidal, Vicent (eds.), Aproximació a l’altre Biografies, semblances i retrats. Barcelona, Jon Benjamin, 2015, pp. 62 y ss.
126 maría jEsús gonzálEz Biografías colectivas: diccionarios y estudios prosopográficos A diferencia de lo que ha sucedido con las biografías individuales, la producción de diccionarios biográficos se ha mantenido más o menos constante a lo largo del tiempo. Sin embargo, desde mediados o finales de los años noventa se ha producido una verdadera «eclosión» de diccionarios biográficos con diferentes temáticas. Entre 1990 y 2005, se creó y alimentó un recurso biográfico en la Biblioteca Nacional, que se ha convertido en una fuente muy útil: se trata delArchivo Biográfico de España, Portugal e Iberoamérica, conocido como ABEPI, que rescata la copia (en microficha) de numerosos repertorios ya editados en papel en distintas épocas, lo que resulta de gran utilidad43. El acercamiento biográfico-prosopográfico ha adquirido una especial relevancia en la historia contemporánea. Se ha realizado para confirmar líneas o escuelas historiográficas, clanes económicos y su interacción con el poder, mentalidades o grupos parlamentarios, ideológicos culturales o corporativos. Se han editado diccionarios biográficos y estudios prosopográficos de liberales, socialistas, intelectuales, empresarios, misioneros, masones, jesuitas, actores, farmacéuticos, artistas, escritores, historiadores… La base de datos de Dialnet contabiliza unos 185 diccionarios desde 1980 entre los cuales 152 se han editado entre 2000 y 2018. El polémico diccionario de la RAH constituye la última muestra de ese esfuerzo por compilar repertorios biográficos44. a) Diccionarios de parlamentarios Tal vez uno de los géneros más cultivados sea el de los diccionarios de parlamentarios, bien en forma de colecciones biográficas (donde la selección está basada en la eminencia) o en forma de biografía colectiva o prosopografía en la que importa establecer un perfil colectivo. Aunque los diccionarios comenzaron recogiendo a los personajes políticos principales, los criterios selectivos o las perspectivas metodológicas han cambiado. En la actualidad se analizan tanto los frontbenchers (parlamentarios con protagonismo) como los backbenchers (o parlamentarios sin responsabilidades destacadas). 43 Disponible en: http://www.bne.es/es/Micrositios/Guias/ObrasReferencia/RepBiografico/ EvolucionHistorica/ArchivBiograficos/ 44 Ledesma, José Luis, «El Diccionario Biográfico Español, el pasado y los historiadores», Ayer, nº 88, 2012, pp. 247-265.
www.editorial.unican.es 127 Panorama biográfico en España Su producción en los últimos años ha sido verdaderamente abrumadora, la nómina de autores y diccionarios es muy extensa. Estos estudios han servido para matizar viejas afirmaciones generalizadoras y propiciar un tratamiento más certero de las élites45. Cumplen, indudablemente, un papel notable en la recuperación de una cultura constitucional-parlamentaria y también liberal (la que el franquismo arrojó a la papelera de la historia). En relación con el estudio biográfico de estas élites también se cuentan los estudios de sagas familiares46. b) Diccionarios de historiadores y Cliografías En el campo de los diccionarios biográficos otra variante significativa que ha florecido discretamente en los últimos años ha sido las compilaciones de vidas de historiadores (o cliografías) con perspectiva regional. Estas se vienen publicando desde 2002 y que se han combinado con ensayos de ego-historia47. El interés por las vidas de historiadores no es exclusivamente español y responde a un impulso similar al que ha motivado la producción 45 Véase: Higueras, Eduardo, Pérez, Rubén y Vadillo, Julián, «Repertorios biográficos, política y cultura constitucional en la España contemporánea», en Higueras, Eduardo, Pérez, Rubén y Vadillo, Julián (coords.), Activistas, militantes y propagandistas. Biografías en los márgenes de la cultura republicana (1868-1978). Sevilla, Athenaica, 2018, pp. 11-19. Burdiel, Isabel y Romeo, María Cruz, «Los sujetos en el proceso revolucionario español del siglo xix: el papel de la `prosopografía histórica», Historia Contemporánea, nº 13-14, 1996 pp. 149-156. Un análisis de los diccionarios colectivos en España en Agirreazkuenaga, Joseba y Urquijo, Mikel, «Desafíos de la biografía en la historia contemporánea», Cercles: revista d›història cultural, nº 10, 2007,pp. 57-78. Los conceptos de «backbenchers» y «frontbenchers» en Urquijo, Mikel, «Prosopografía parlamentaria a partir de la biografía colectiva: algunas reflexiones metodológicas», en Agirreazkuenaga, Joseba y Alonso, Eduardo José (eds.), Estatu-Nazioen Baitako Nazioak. Naziogintza Kulturala Eta Politikoa, Gaur Egungo Europan. Barcelona, Editorial Base, 2014, pp. 57-63. Un estado de la cuestión pionero fue el trabajo de Carasa, Pedro, Élites. Prosopografía contemporánea, Salamanca, Universidad de Valladolid, 1995. Urquijo, Mikel, «Renovación metodológica de los diccionarios biográficos nacionales en el siglo xxi», Erebea, nº 3, 2013, pp. 249-270. Se han publicado diccionarios parlamentarios de la época liberal y hasta la actualidad de: Andalucía, Canarias, Cantabria, Castilla La Mancha, Galicia, Navarra, Almería, La Rioja…. 46 Por ejemplo: Pons, Anaclet y Serna, Justo, Un negoci de famílies: els Trenor i els Vallier. Gandía, Centre d’Estudis i Investigacions Comarcals Alfons el Vell, 1996. Díaz Morlán, Pablo, Los Ybarra. Una dinastía de empresarios, 1801-2001. Madrid, Marcial Pons, 2005. Valdaliso, Jesús María, La familia Aznar y sus negocios (1830-1983). Cuatro generaciones de empresarios en la España contemporánea. Madrid, Marcial Pons, 2006. 47 El concepto «cliografía» acuñado por: Clive, John, Not by fact alone, Essays on the Writing and Reading of History. London, Collins Harvill, 1990, p. 191.
128 maría jEsús gonzálEz internacional: determinar el papel (y el peso) de los productores de cultura (en este caso del canon académico) en su contexto social, profesional e institucional. Sin embargo, abundan menos que en otros países48. Pero esta línea se ha desarrollado no sólo con el objeto de establecer la formación de un canon profesional sino –como ha destacado Peiró, uno de los máximos representantes en este área– de analizar a los historiadores como sujetos insertos «en el marco político, cultural e internacional que conforman las diversas culturas nacionales de las sucesivas Españas desarrolladas a lo largo de los siglos xix y xx» 49. Con estos estudios, como apunta el mismo autor, se ha potenciado la disciplinariedad de la Historia de la Historiografía apuntalando su complejidad teórica y metodológica al añadir a la mera interpretación crítica de los textos una investigación de las «fuentes» productoras: los profesionales de la historia. No en vano E.H. Carr pedía el «estudio de los historiadores antes que los hechos históricos». Mención especial requieren los diccionarios biográficos o semi biográficos como el Diccionario Akal de Historiadores españoles contemporáneos (2002) y su «réplica» catalanista Diccionari d’historiografía catalana (2003), en cuyo prólogo se destaca abiertamente una misión que «va más allá de la historiográfica y académica» que contribuya a la investigación o la docencia en Cataluña y los «Paisos Catalás»: se trata del análisis y reconocimiento de una tradición historiográfica catalana como uno de los ejes culturales que vertebran el complejo proyecto nacional catalán y que es «equiparable plenamente a las más desarrolladas del mundo occidental»50. Este diccionario se ha citado como un ejemplo paradigmático del «desacomplejamiento» catalán que debería servir de ejemplo para Galicia y Euskadi en su reconocimiento de sus «historiografías propias» para profundizar en el autogobierno o la independencia política51. 48 Sobre esta cuestión trato en mi capítulo González, María Jesús, «Raymond Carr: La biografía de un historiador», en Burdiel, Isabel y Foster, Roy (eds.), La historia biográfica en Europa: nuevas perspectivas. Zaragoza, Instituto Fernando el Católico, 2015, pp. 491-518. 49 Peiró, Ignacio, «En el taller del historiador: la(s) biografía(s) como práctica histórica e historiográfica», Gerónimo de Uztariz, nº 28-29, 2012-2013, pp. 11-29. 50 Pasamar, Gonzalo y Peiró, Ignacio, Diccionario Akal de Historiadores españoles contemporáneos. Madrid, Akal,2002. Simón, Antoni, Diccionari d’historiografia catalana. Barcelona, Enciclopedia Catalana, 2003. 51 Pujol, Enric, «Es posible una historiografía vasca, catalana y gallega desacomplejada? Consideración sobre el caso catalán», en en Agirreazkuenaga, Joseba y Alonso, Eduardo José (eds.), Estatu-Nazioen Baitako Nazioak. Naziogintza Kulturala Eta Politikoa, Gaur Egungo Europan. Barcelona, Editorial Base, 2014, pp. 245-251.
www.editorial.unican.es 129 Panorama biográfico en España Las biografías de historiadores de la democratización han tenido enorme importancia: entre los historiadores catalanes, la más importante es la de Josep M. Muñoz sobre Jaume Vicens Vives (1995), pero también las de Albert Ghanime sobre Joan Cortada (1992), la de Francesc Vilanova VilaAbadal sobre Ramón d’Abadal (1996) o la de Enric Pujol sobre Ferran Soldevila (2000). A ello se suman los estudios sobre los historiadores Juan José Carreras, Miguel Artola, Tuñón de Lara, o mi propia biografía de Raymond Carr52. Pero también se están revisando las biografías de los historiadores bajo la dictadura franquista. Al margen de las diversas biografías individuales editadas recientemente, se ha celebrado incluso un Congreso Internacional «El Historiador y su biografía», en Zaragoza (abril de 2017)53. Biografía y nacionalismo. Nuevos enfoques en la biografía de nacionalistas En lo que respecta al papel de la biografía y el nacionalismo ya se han ido desgranando algunos aspectos, pero quisiera destacar una propuesta de cambio fundamental. Desde la democratización, en España se ha fomentado en las diferentes autonomías –y particularmente en la vasca y la catalana– la construcción del que Molina ha denominado «homo nationalis»54. Aunque en Cataluña, por ejemplo, ya existía una tradición de biografía de corte nacionalista, el fortalecimiento del autonomismo tras la Transición estimuló su producción a través de nuevas inversiones públicas del gobierno autonómico y premios, como el Joan Esterlich de editorial Dopesa o el Premi Ferran Soldevila desde 1985. En los primeros años de la democracia se desarrollaron diversas colecciones de biografías cortas auspiciadas por el Instituto de Estudios Catalanes entre otros. También desde los años 90 se han editado numerosos diccionarios 52 Reig, Alberto, De la Granja, José Luis (ed.), Manuel Tuñón de Lara: el compromiso con la historia, su vida y su obra. Bilbao, UPV, 1993.Reig, Alberto, De la Granja, José Luis y Miralles, Ricardo F.J. (coords.): Tuñón de Lara y la historiografía española. Madrid, Siglo XXI, 1999. González, María Jesús, Raymond Carr: la curiosidad el zorro. Barcelona, Galaxia Gutenberg, 2010. 53 Entre las biografías de historiadores recientes están las de Vicens Vives, Artola, Carreras o Carr. Véase Congreso Internacional «El Historiador y su biografía», Universidad de Zaragoza, 27 y 28 de abril de 2017. 54 Véase: Cattini, Giovanni, «El relat biografic en la historia contemporania. Unes reflexions desde la historiografía catalana», en Agirreazkuenaga, Joseba y Alonso, Eduardo José (eds.), Estatu-Nazioen Baitako Nazioak. Naziogintza Kulturala Eta Politikoa, Gaur Egungo Europan. Barcelona, Editorial Base, 2014, pp. 151-161, esp. p 159.
130 maría jEsús gonzálEz de biografías colectivas de alcaldes, obreros, comerciantes… en la vieja línea de potenciar un perfil catalanista cívico y popular en contraste con el presunto elitismo castellano: recuperando héroes anónimos, redibujando y fortaleciendo la imagen local. Desde los primeros años de la democracia se desarrollaron diversas colecciones como «Gent Nostra», «Gent de la Casa Gran», la colección Pere Vergés de biografíes de Edicions 62 o la colección institucional de biografías cortas «Semblanzas biográficas» del Instituto de Estudios Catalanes. También se comenzaron a publicar diccionarios diversos de profesionales «locales». Toda esta producción tiene un valor «normativo, formativo, nacional y democratizador»55. En su estudio sobre las biografías editadas en Cataluña entre 1953 y 2013, Llorenç Soldevilla contabilizaba unas 400 biografías publicadas entre estas fechas en lo que destaca como un esfuerzo institucional y sostenido con mecenazgo público o privado pero, pese a todo, no tan popular56. El género no ha acabado de cuajar en un público amplio: no se vende tanto, algo que muestra que en realidad no responde a una demanda popular y ha necesitado apoyo de financiación de la Generalitat, Ayuntamientos, etc. Esto denota claramente el esfuerzo institucionalizado (o construcción de arriba abajo) que, independientemente de sus resultados comerciales, añade al paisaje una estela de biografías que cumplen su función, gota a gota, como nutrientes de paisajes nacionales, como las estatuas de las plazas. Otra perspectiva es la propuesta más recientemente para analizar la «experiencia de nación» o «construcción de nación» a través de casos heterodoxos, que maticen, o contradigan los procesos supuestamente ortodoxos de nacionalización. Se trata de entender «cómo el individuo habita la nación o cómo ésta es personalizada por el individuo», expresiones derivadas de los estudios antropológicos sobre la nación de Cohen57. Siguiendo esta perspectiva crítica de análisis, por ejemplo, Núñez Seixas y Molina han editado un trabajo que recoge 13 biografías de nacionalistas «heterodoxos» que cambiaron 55 La nómina de diccionarios de catalanistas médicos, obreros o parlamentarios catalanes, y de personajes notables leridanos, o de Montblanc o del Vallés oriental, por ejemplo, es muy numerosa y certifica el interés por los repertorios. Casassas, Jordi, «La biografía histórica a Catalunya…» op. cit. 56 Soldevilla, Llorenç, «Seixanta anys de biografisme…» op. cit. 57 Molina, Fernando, «La nación desde abajo. Nacionalización, individuo e identidad nacional», Ayer, nº 90, 2013, pp. 39-63.
www.editorial.unican.es 131 Panorama biográfico en España de patria o ampliaron el significado de ésta 58. Estas contrastarían con el predominio de las biografías como trasunto de esencia nacional, «construidas» y adaptadas al canon, y recogerían una propuesta de análisis desde abajo: visiones diversas o conflictivas nación en tanto que experiencia biográfica. Así, por ejemplo, la biografía publicada por Javier Varela de un catalán heterodoxo inclasificable como D’Ors contrastaría con las biografías exquisitamente ortodoxas de personajes como Lluis Maria Xirinacs, Maria-Mercè Marçal o Carles Riba, que representan prototipos fácilmente encuadrables e identificables con los movimientos o partidos independentistas actuales. En la obra de Varela, escrita en castellano por un historiador no catalán y premiada con el premio Gaziel, se analiza un intelectual muy incómodo para el catalanismo, porque transita de un nacionalismo catalán «virulento» a un nacionalismo españolista y pro franquista. Aparte de recrear el ambiente intelectual y político, aborda los nacionalismos como «identidades reactivas» en su explicación del tránsito de D’Ors. Xirinacs, Marçal y Riba, sin embargo, reflejan prototipos de independentistas «sin fisuras» que conforman las líneas matrices que se reconstruyen en las diversas tendencias o partidos del pacto independentista en 202059. Biografía y memoria histórica La metodología biográfica en España se ha insertado también en el campo difuso de la recuperación de la memoria histórica asociada al traumático proceso de la guerra y la dictadura. La biografía, simbólicamente, también desentierra cuerpos, nombra y señala a los culpables, rehabilita las vidas despreciadas de los perdedores, destruye viejos monumentos y crea nuevos panteones y «callejeros» culturales historiográficos y literarios. Pero además se ha involucrado en la re-memorización del proceso de la transición democrática, ahora puesto en cuestión política. Este es un período peculiar y digno de estudio aparte. Aunque ya había sido «reconstruido» desde una ingente producción memorialística, a partir de las autobiografías de sus protagonistas 58 Núñez Seixas, Xosé Manoel y Molina, Fernando (eds.), Los heterodoxos de la patria. Biografías de nacionalistas atípicos en la España del siglo xx. Granada, Comares, 2011. 59 Varela, Javier, Eugenio D’Or (1881-1954). Barcelona, RBA, 2017. Ver también Busquets Lluís,Xirinacs, el profetisme radical i noviolent. Barcelona, Balasch, 2017; Julià, Lluïsa, Maria-Mercè Marçal. Una vida. Barcelona, Galaxia Gutenberg, 2017. Guardiola, CarlesJordi, Carles Riba.Retrat de grup. Protagonistes de la cultura catalana del segle xx. Barcelona, Tres i Quatre S.L., 2017.
132 maría jEsús gonzálEz (en una primera avalancha de justificación y significación) ahora llega la segunda oleada biográfica que se ha publicado mayoritariamente en los últimos diez años, en una segunda oleada de re significación y revisión60. Así que, con esa ya mencionada sutil capacidad normativa de ejemplaridad, la biografía se ha convertido indirectamente en una herramienta esencial en la reeducación democrática de la memoria o su nuevo «repositorio de referencia». Precisamente porque durante el régimen anterior la glorificación de unos nombres frente a la vilificación o silencio de otros fue tan abundante (y tan «barata»), la revisión biográfica se impone ahora como una tarea necesaria. Por poner un ejemplo, en 2017 en la web del Ejército del Aire había 49 biografías de aviadores: 34 sublevados y 15 gubernamentales, ensalzando la actuación de los aviadores golpistas: su «valor extrahumano» y «actuación heroica», «cazador excepcional» su especialización en «bombardeos nocturnos a gran distancia». Su «gloriosa muerte»…61 Es cierto que en la tarea de contrarrestar y recuperar se corre el peligro de propiciar un efecto péndulo de mitologización de ciertos individuos antes desechados políticamente. En este sentido, se han multiplicado las biografías de personajes relacionados con el bando republicano en la guerra civil: no siempre con la objetividad requerida. También se están recogiendo biografías colectivas de exiliados, represaliados (con numerosos volúmenes colectivos sobre mujeres) y, como novedad, de los franquistas «represores» «para evitar la impunidad del franquismo». Los «mártires católicos», por su parte, también pugnan en la batalla velada de los rostros y nombres de la memoria62. 60 Tras la ola memorialística, las biografías sobre protagonistas de la Transición publicadas en los últimos veinte años son crecientes, véase el trabajo de: Magaldi, Adrián, «Consideraciones en torno a la biografía y la transición democrática: un balance historiográfico», Historia Actual Online, nº 55, 2021, pp. 149-160. También Raga, Pascual, «La Transición biografiada», Aportes, nº 90, 2016, pp. 101-136. 61 Denunciado por la Asociación de Memoria histórica en eldiario.es, 26 de abril de 2017. Ver: Rio, Manuel del, La memoria y los aviadores de la II República durante la Guerra Civil española. Alicante, Universidad D’Alacant, 2018. También Barba, Juan, Biografías de hombres de armas de la República (Guerra Civil española 1936-1939). Madrid, Ed. Ministerio de Defensa, 2015. 62 Angosto,Pedro L., Diccionario del franquismo. Protagonistas y cómplices (1936-1978). Granada, Comares,2018. Garrido, Iñaki y Lekuona, Aitziber, Las raíces del árbol en el exilio:las biografías de los consejeros del primer gobierno de Euzkadi. Oñate, IVAP/HAEE, 2006.Portella, Josep, Llibre d›Exilis. Diccionari biogràfic de l›exili menorquí. Maó, Menorca Segle xx, 2017. Mir Cucó, Conxita, Tenien nom: víctimes de la repressió franquista a les terres de Lleida, 1938-1963. Barcelona, Pagés Editors, 2017. Arasa, Daniel, Católicos del bando rojo. Madrid, Syria, 2009. Ferrer, José Antonio, Jefes de gobierno masones de España 1868-1936. Madrid, La Esfera de los Libros, 2007. Sobre las mujeres existe un
www.editorial.unican.es 133 Panorama biográfico en España La polémica en torno a la conflictiva imagen de ciertos personajes del Diccionario Biográfico Español también se puede adscribir a este campo de batalla simbólica63. Las reflexiones teóricas o metodológicas sobre la biografía Al igual que en Europa, las reflexiones teórico-metodológicas han conformado un campo particularmente fértil en los últimos años en nuestro país. Ya hace tiempo se ha propuesto la necesidad de elaborar una teoría del género biográfico como vehículo ineludible que dignificara su práctica. El auge de la biografía ha llevado a una emergencia y crecimiento paralelo de reflexiones sobre su sentido, metodología, significación o papel en la producción histórica. Desde el punto de vista historiográfico destacan trabajos como los realizados, entre otros, por Morales Moya, Hernández Sandoica, Veiga Alonso, Agirrezkuenaga, Urkijo, Fuentes, Ruiz Torres, Egido, Casassas, Ghanime, Serna, Pons o sobre todo Burdiel64. Los autores y autoras citados han escrito sobre la revalorización de la biografía en el contexto internacional, su definición y papel en la producción histórica, o su metodología, así como aspectos específicos relacionados con diversas áreas de aplicación histórica. Desde el campo de la filología una tarea similar la han llevado a cabo Caballé, Amat, Ripoll, Serrano Asenjo, Ibáñez, Lassaga, Pulido Mendoza, del Olmo o Alberca, que analizan aspectos diversos como el origen y la evolución de la biografía como género literario hasta su estado moderno, la teoría biográfica de los precursores, la necesidad de establecer un canon campo amplio. Véase: Egido, Ángeles, «Memoria de la represión:nombres femeninos para la historia», Arenal,vol. 24, nº 2, 2017,pp.509-535. 63 Entre los múltiples artículos de prensa o reseñas, el mejor estudio es el de Ledesma, José Luis «El Diccionario Biográfico Español…» op. cit. Treglown, Jeremy, «Franco’s Friends», Times Literary Supplement, 30 de marzo de 2012. 64 Véase Hernández Sandoica, Elena, «La escritura biográfica», Cercles, nº 10, 2007, pp. 10-25. Burdiel, Isabel, «La dama de blanco...» op. cit. Y también la coordinación del número monográfico Burdiel, Isabel (coord.), Los retos de la biografía, Ayer, nº 93, 2014, con artículos de Pedro Ruiz y Mónica Bolufer. Ghanime, Albert, «Reflexiones…» op. cit. Veiga, Xosé Ramón, «Individuo sociedad e historia…» op. cit., pp. 141-145. Shubert, Adrian, «What do historians really think about biography?», Letras de Hoje, vol. 53, nº 2, 2018, pp. 196-202. Ver además Davis, James C. y Burdiel, Isabel, El otro, el mismo: Biografía y Autobiografía en Europa, (siglos xvii-xx). Valencia, PUV, 2005. Sobre biografías no específicamente históricas o biografía literaria, además de las citadas obras de Amat, Mandoza, Ripoll etc., ver: Alberca, Manuel, Maestras de vida: Biografías y bioficciones. Madrid, Pálido Fuego, 2020; y Caballé, Anna, El saber biográfico… op. cit.,
134 maría jEsús gonzálEz biográfico español y sus formas, etc.65. La relativa insuficiencia de una masa crítica y de calidad abundante que permita debatir modelos epistemológicos o metodológicos extraídos de la producción «propia» hace que buena parte de las reflexiones teóricas aún siguan basándose en referencias foráneas: partiendo de las obras, los ejemplos o los debates teóricos que se han desarrollado en otros países, a veces retomando y repitiendo «mantras» y lugares comunes con escasas referencias o muestras locales de su aplicación práctica. En nuestro país no ha cuajado, por otra parte, la corriente del Life Writing: un acercamiento altamente teórico en el que se incorporan, por ejemplo, perpectivas del post estructuralismo, estudios de comunicación, postcoloniales, etc., y en la que se revisa (y funde) la relación entre biografía y auto biografía, reimpregnando el producto de subjetividad. 7. LA INSTITUCIONALIZACIÓN BIOGRÁFICA: BIENVENIDA A LA ACADEMIA En los últimos años se ha verificado un claro (aún tímido) proceso de difusión e institucionalización académica y cultural de la biografía que se ha refrendado en el plano académico, a través de la celebración de más seminarios y congresos, proyectos de investigación financiados y tesis, y en un ámbito más general, a partir de la creación de nuevas colecciones biográficas. El incremento de premios específicos o la concesión de premios nacionales de historia o ensayo ha constituido, indudablemente, otro estímulo para el género. Lo ha convertido en más atractivo para el público lector e indirectamente ha supuesto un incentivo para la elaboración de historia biográfica. Con la excepción del Premio Comillas –que desde su creación en 1987 hasta la actualidad ha premiado anualmente las biografías de personajes de interés histórico, político o cultural–, el resto de los galardones «nacionales» tienen un origen más reciente, nacidos fundamentalmente a partir del año 2000. Ese es el caso del Premio de Biografía Antonio Domínguez Ortiz, que se otorga a obras sobre personajes destacados cuya actividad «haya significado una 65 Entre otros, Del Olmo, Serrano, Mendoza y Cáliz. En el ámbito catalán destacan las obras que recogen (entre otros aspectos) su evolución histórica en Cataluña, como las obras citadas de Casassas. Balaguer, Espinós, Maestre y Marcillas. Caballé, Anna, «La biografía en el siglo xxi cómo investigar y escribir una vida», Andalucía en la Historia, nº 47, pp. 92-94. De la misma autora, Caballé, Anna, «Biografía y autobiografía: Convergencias y divergencias entre ambos géneros,» en Davis, James C. y Burdiel, Isabel (eds.), El otro, el mismo… op. cit., pp. 49-61; Caballé, Anna, «La biografía en España…» op. cit., y su obra más reciente, Caballé, Anna, El saber biográfico… op. cit.
www.editorial.unican.es 135 Panorama biográfico en España aportación incuestionable a la historia de la humanidad». El Premio Algaba de Biografía, Autobiografía, Memorias e Investigaciones Históricas, también se estableció en el año 2000. Por su parte, el Premio Biografía Las Luces, se creó en 2002 (aunque desapareció en 2004) y finalmente, el premio Stella Maris de biografía histórica «cualesquiera fuera la época, la nacionalidad y el ámbito en el que destacase el personaje» ha estado vigente entre 2014 y 2017. En Cataluña, destaca la labor pionera realizada por la editorial Aedos con el premio biográfico ya citado creado en 1953. A partir de la celebración en 1979 del Congreso de Cultura Catalana se sumó en 1985 elPremi Fundació Congrés de Cultura Catalana de Biografia i Estudis Històrics, que desde el año 1993 se transformó en Premi Ferran Soldevila de Biografia, Memòries i Estudis Històrics. Este último se centra en obras escritas en catalán, aunque en realidad sólo se han premiado 7 biografías en 32 años. También está activo desde el año 2000 el premio Gaziel de biografías y memorias convocado «con objeto de contribuir a la recuperación de la memoria contemporánea»por la Fundación Conde de Barcelona y RBA Libros. En general se podría aludir, incluso, a una especie de contagio biográfico (y su rentabilización en el mercado) que se manifiesta en productos extra historiográficos como los biopics –un aspecto que no voy a tratar aquí para no extenderme–. A pesar de todo este ambiente en apariencia tan favorable, aún queda mucho por hacer. La labor más destacable desarrollada en España por dinamizar la biografía (a través de artículos teóricos o metodológicos, conferencias, proyectos de investigación o su propia producción biográfica) se ha producido gracias a la espléndida labor de dos mujeres inevitablemente muy citadas en este texto: se trata de Isabel Burdiel en el campo de la historia y Anna Caballé en el de la filología. Ambas han sido galardonadas con premios nacionales de historia por sus biografías (Isabel II y Concepción Arenal, respectivamente), Caballé, además ha creado y dirige el Centro de Estudios Biográficos en la Universidad de Barcelona (único en España). A pesar de todo, la biografía en España sigue sin contar con una docencia formativa en la licenciatura o postgrado, aún continúa siendo bastante inusual como proyecto de tesis doctoral y, salvo excepciones, carece de proyección internacional, tanto en su traducción como en reseñas66. 66 Como excepciones: González, María Jesús, Raymond Carr. The curiosity of the fox. Sussex, Sussex Academic Press, 2013; y Moradiellos, Enrique. Franco, anatomy of a dictator.
142 miranda lida figuras del pasado que forjaron una u otra tradición política o ideológica, o bien la canonización de un altar de «padres de la patria» estilizado para uso escolar. En muchos casos las biografías se han visto imbuidas de una fuerte impronta hagiográfica, que se ha dirigido sobre todo a ensalzar a los héroes de las luchas por la independencia y de la puesta en marcha del proceso de conformación institucional del país a lo largo del siglo xix. Con un enfoque propio del historiador, pero no desprovisto a su vez de una intencionalidad de aportar una lectura que puede contribuir a construir un relato acerca de la nación, se destacaron los importantes trabajos de Bartolomé Mitre, textos canónicos que inauguraron el género en la historiografía argentina en el siglo xix. Sus biografías de Manuel Belgrano y de José de San Martín proporcionaron una interpretación de la historia nacional, el proceso de la independencia y sus implicancias a nivel continental, que influyó durante décadas en los manuales escolares5. El lugar de Bartolomé Mitre en la expansión de la biografía en la Argentina es insoslayable. Los literatos han incursionado igualmente en el género biográfico. Escritores de relieve como Ricardo Rojas o Manuel Gálvez han publicado sendas biografías de José de San Martín o Juan Manuel de Rosas que conserva mucho de la impronta hagiográfica, aun cuando es necesario reconocer en este último caso un ligero intento de eludir la forma apologética, dado que el autor no se identifica con el biografiado y desea evitar el viejo molde de las biografías ejemplares6. A lo largo del siglo xx, y en especial en las últimas cuatro décadas, tanto los debates acerca de los usos públicos del pasado como los propios progresos del campo disciplinar han permitido que los historiadores profesionales trataran de responder a nuevas demandas provenientes tanto del gran público como de la propia complejización del campo académico e intelectual. Con estas premisas han sometido al género biográfico a una renovación en sus enfoques, así como a intensos debates críticos y metodológicos que permitirían abrirlo a nuevas perspectivas de análisis7. La expansión del 5 La Historia de Belgrano y de la independencia argentina se publicó por primera vez en 1857, mientras que la Historia de San Martín y de la emancipación sudamericana de Bartolomé Mitre, tuvo su primera edición en 1887. Son consideradas obras fundadoras de la historiografía argentina. Véase, en este sentido, Devoto, Fernando y Pagano, Nora, Historia de la historiografía argentina. Buenos Aires, Sudamericana, 2010. 6 Los títulos más relevantes en este sentido son: Rojas, Ricardo, El santo de la espada. Vida de San Martín. Buenos Aires, Losada, 1940; y Gálvez, Manuel, Vida de don Juan Manuel de Rosas. Buenos Aires, Tor, 1949. 7 Acerca de estas transformaciones, véase Devoto, Fernando, Historiadores, ensayistas y gran público. La historiografía argentina 1990-2010. Buenos Aires, Biblos, 2010; Catta-
www.editorial.unican.es 143 Avances y desafíos en la biografía argentina... campo editorial, por otro lado, sirvió de aliciente para que el género cobrara nuevos bríos, aunque en el fondo nunca haya abandonado su lugar en las bateas de las librerías. La demanda por dar a luz una producción biográfica ajustada a los estándares de calidad científica, sin descuidar a su vez la comunicabilidad y la capacidad de atracción que podía llegar a despertar en el más amplio público lector, se hizo presente en las nuevas colecciones aparecidas desde la década de 1990 que le confirieron al género biográfico un lugar de creciente relevancia entre los historiadores profesionales, pero sin desplazar del todo a las biografías escritas en sede periodística que le ha proporcionado al género un amplio crecimiento en las últimas décadas, centrándose en especial en figuras prominentes de la historia reciente8. Los cambios en los públicos lectores en pleno siglo xxi ejercieron también su influencia sobre los editores que comenzaron a atreverse a ir en busca de nuevos modelos en el género. Además, en el caso argentino se destaca el hecho de que, tras la última dictadura militar de la década de 1970, el país concitó la atracción de un sinnúmero de historiadores extranjeros, mayormente provenientes de la academia anglosajona, que se volcaron a estudiarlo. A su vez, enfocaron de cerca personajes clave que servían para iluminar desde el género biográfico diferentes problemas de la historia argentina del siglo xx. Entre estas obras se destacaron, por su rigor académico, la biografía de Juan Domingo Perón por Joseph Page9 y la de Eva Perón por Marysa Navarro10, doctora en historia por la Universidad de Columbia. Además de ofrecer dos obras de calidad que ayudaron a impulsar la investigación histórica, estos trabajos brindaron asimismo un modelo y un camino a seguir que todavía resultan iluminadores, en especial, para la biografía política. Los esfuerzos que se derivaron de estos modelos fueron importantes para la región; así, baste con mencionar las aportaciones de la ya citada Marysa Navarro al campo de la ruzza, Alejandro, Los usos del pasado. La historia y la política argentina en discusión. Buenos Aires, Sudamericana, 2012. 8 Por ejemplo, Larraquy, Marcelo, López Rega. El peronismo y la Triple A. Buenos Aires, Punto de Lectura, 2007; Seoane, María, Todo o nada. La historia secreta y pública de Mario Roberto Santucho, el jefe guerrillero de los años setenta. Buenos Aires, Sudamericana, 2003; Seoane, María y Muleiro, Vicente, El dictador. La historia secreta y pública de Jorge Rafael Videla. Buenos Aires, Debolsillo, 2006. 9 Page, Joseph, Perón: A biography. Random House, 1983 (primera edición en español en 1984, por editorial Javier Vergara). 10 Navarro, Marysa, Evita. Buenos Aires, Corregidor, 1981 (primera edición en español).
144 miranda lida historia de las mujeres en la historiografía latinoamericana11. Por tratarse en ambos casos de dos figuras muy controvertidas de la historia argentina como Perón y Eva, que han tenido por igual detractores y seguidores entusiastas (la cuestión fue polémica desde los primeros biógrafos de Eva, en especial, el caso de Mary Main, que la denomina «la mujer del látigo»12), es necesario poner de relieve el esfuerzo de estos investigadores por brindar explicaciones fundadas y sólidamente argumentadas, sin apelar ni a la animosidad ni al partidismo faccioso13. En ambos casos, han logrado calibrar adecuadamente su análisis para no recaer en la apología, el panfleto o la diatriba. Esto no significa que hayan quedado por completo superados los obstáculos para el desarrollo de la biografía en la Argentina, dado que subsiste un sinnúmero de dificultades que desde aquel entonces han puesto trabas a la normalización del género en el campo académico y en el mercado editorial a la vez. El balance, sin embargo, es alentador tanto en Argentina como en otros países de la región, donde la biografía política ha comenzado a ganarse un lugar. Se destaca, en este sentido, la ambiciosa obra de Enrique Krauze en torno de quienes terminaron conformando las elites políticas mexicanas que a la luz de esa reconstrucción revelan sus matices y diversidad14. Sin embargo, en Argentina prevaleció menos la biografía política, como se verá, puesto que tanto la historia social, que comenzó a desarrollarse desde la década de 1960, como la historia cultural, hacia finales del siglo xx, alentaron a los historiadores a depositar su mirada más allá de las elites políticas tradicionales. Sin duda, aquí fue decisivo el impacto del proceso de profesionalización del campo historiográfico que atravesó la Argentina desde 1983. La reorganización universitaria en el campo de las humanidades dio por fruto un proceso de normalización y consolidación de las carreras científicas que permitieron la consolidación de los Departamentos de Historia en las universidades, a la par de la creciente presencia de historiadores en los organismos de ciencia y técnica que sostienen el sistema científico argentino y, también, en las editoriales y las colecciones 11 Navarro, Marysa, Women in Latin America and the Caribbean: Restoring Women to History. Bloomington, Indiana University Press, 1999. 12 Main, Mary, Eva Perón. La mujer del látigo. Buenos Aires, La Reja, 1955. 13 Eva Perón concitó enorme cantidad de trabajos, incluso a escala global. Sobre este particular, Ehrlich, Laura y Gayol, Sandra, «Las vidas post mortem de Eva Perón: cuerpo, ausencia y biografías en las revistas de masas de Argentina», Historia Crítica, nº 70, 2018, pp. 111-131. 14 Krauze, Enrique, Biografía del poder. De Francisco I. Madero a Lázaro Cárdenas. México, Tusquets, 2013.
www.editorial.unican.es 145 Avances y desafíos en la biografía argentina... especializadas15. Algunas herencias jugaron en contra, sin embargo, para que estos avances encontraran sus limitaciones. Por un lado, es necesario tener en cuenta que había muchas carencias a superar en esa coyuntura, tanto en lo que respecta a la actualización historiográfica, que había avanzado a pasos lentos bajo la dictadura, como en la lentitud en el desarrollo de algunas áreas de investigación que apenas habían sido abordadas dado el amordazamiento general de la sociedad y de la cultura durante el gobierno militar. No fue de menor importancia la necesidad de renovación de los staffs de las universidades y centros de investigación, así como también la preocupación por contar con nuevos recursos humanos imbuidos del rigor metodológico propio de la investigación científica (téngase en cuenta que no eran fáciles de encontrar cuando en el país apenas existían escuelas de posgrado). En este contexto, a pesar de la efervescencia cultural facilitada por la apertura democrática en pleno «destape», el género biográfico no prosperó con rapidez, dado que los escollos institucionales mencionados demandaron vastos esfuerzos que entorpecieron la capacidad de desarrollar proyectos de largo aliento como son las biografías. No faltaron, sin embargo, importantes avances en el debate sobre las aportaciones del género biográfico que ayudaron a mejorar su recepción en sede académica en los últimos años16. Por otro lado, es necesario poner de relieve la fuerte hegemonía de tradiciones intelectuales que solían dejar a un lado el sujeto en la historia. Entre ellas, destacan desde el positivismo decimonónico hasta el estructuralismo y el marxismo más determinista a lo largo del siglo xx, puesto que construyeron una agenda donde pesaban más el conjunto «abstracto» de las elites políticas y económicas, el proceso de conformación del Estado, las estructuras políticas, sociales y los cambios en los modos de producción, en detrimento de los sujetos. Cuando estos aparecían, lo hacían más bajo 15 Para un cuadro de estas transformaciones véase: Remedi, Fernando, «El retorno a la democracia y el oficio del historiador en América Latina. El caso de la Argentina en los años ochenta», Diálogos, vol. 14, nº 1, 2010, pp. 83-110; Romero, Luis Alberto, «La historiografía argentina en la democracia: los problemas de la construcción de un campo profesional», Entrepasados, nº 10, 1996, pp. 91-106. 16 Desde una perspectiva metodológica e historiográfica, véase Milano, Adriana, «El género biográfico y sus aportaciones recientes: el impacto en la historiografía argentina reciente», Historiografías, nº 6, 2013, pp. 53-76; Bruno, Paula, «Biografía, historia biográfica, biografía-problema», Prismas. Revista de historia intelectual, nº 20, 2016, pp. 267-272 y de la misma autora, «Biografía e historia de los intelectuales. Balance y reflexiones sobre la vida cultural argentina entre 1860 y 1910», Literatura y lingüística, nº 36, 2017, pp. 19-36.
146 miranda lida la forma de hagiografías que de biografías críticas que fueran capaces de situar a los sujetos en sus contextos específicos, con sus luces y sus sombras, con todas sus torsiones. El fuerte peso del estructuralismo en las ciencias sociales en América Latina entre las décadas de 1960 a 1990, grosso modo, comenzó a ser discutido sin embargo hacia el final de dicho período. Fue entonces cuando se incorporaron nuevos enfoques tanto de la historia social como de la historia cultural, nutridas a su vez por la microhistoria bajo el influjo de Carlo Ginzburg o Giovanni Levi, ambas bajo los coletazos del impacto del así llamado «giro lingüístico», que habilitó la aparición de perspectivas que le daban más espacio a la hermenéutica, en detrimento de los determinismos17. Las transformaciones globales en el campo historiográfico penetraron rápido y permitieron la renovación de los puntos de vista. No sólo el contexto político y cultural resultó refrescante, sino que la intensidad de los debates que circulaban a escala global alentaron igualmente «una nueva coyuntura en las prácticas historiográficas» en América Latina, como dijera Carlos Altamirano, uno de los intelectuales que más se comprometió en renovar el campo de la historia de las ideas en las últimas décadas18. En ese contexto, es necesario subrayar el papel que jugaron desde la década de 1990 revistas especializadas muy sensibles a los debates teóricos, metodológicos e historiográficos como Entrepasados y Prismas (Revista de historia intelectual) que se destacaron por alentar la puesta al día de la historiografía argentina. No se puede perder de vista, por otra parte, el papel que jugaron las propias dinámicas del campo profesional y el modo en que dichas lógicas incidieron a su vez en la relación entre los intelectuales y el mercado editorial, dado que la biografía es un género ampliamente demandado por el mercado, pero lo es escasamente, por contraste, por la estructura científica y académica. Esta última exige resultados según estándares de calidad científica centrados sobre todo en la publicación en journals especializados tras sortear las rigurosas evaluaciones que son de práctica habitual en la academia. El género biográfico difícilmente encaja en dicho esquema, dado que su soporte es por excelencia el libro. Dicho de otro modo, la biografía ha ido a contrapelo del propio proceso de profesionalización del campo disciplinar 17 Bragoni, Beatriz (comp.), Microanálisis. Ensayo de historiografía argentina. Buenos Aires, Prometeo, 2004; Levi, Giovanni, Sobre microhistoria. Buenos Aires, Biblos, 1993; 18 Altamirano, Carlos, «Breve apología de la historia intelectual» (1990), citado en Sábato, Hilda, «Formas de hacer historia: cavilaciones de una historiadora participante, 19842020», Estudios, nº 45, 2020, pp. 15-38, esp. p. 19.
www.editorial.unican.es 147 Avances y desafíos en la biografía argentina... sometido a las exigencias por acoplarse a los estándares científicos demandados en términos de formatos, tipo de producción exigida y su cantidad. Por otra parte, demanda un trabajo de largo aliento en el cual el investigador o investigadora debe recorrer muchos repositorios archivísticos, en ocasiones, en diferentes países. De ahí que se suela desalentar a los jóvenes historiadores a que elijan el género biográfico para sus tesis doctorales, por el trabajo a largo plazo que se requiere para este tipo de obra y eventualmente por una presunta falta de preparación o maduración historiográfica necesarias para llegar a buen término en un proyecto de esta naturaleza. Por lo general hoy en día el género biográfico es abordado, sobre todo, por historiadores de vasta trayectoria y no por los que se inician en el oficio. Ahora bien, creemos que, a pesar de que biografías políticas como las de Page y Navarro en el caso argentino, o las de Krauze para México, sirvieron de impulso a la biografía política –en coincidencia con el inicio del proceso de renovación de la historia política–, ha sido en rigor la biografía intelectual la que en las últimas décadas ha logrado consolidarse para dar por resultado los frutos más sofisticados en este género. En efecto, el campo donde se advierte el avance más significativo en la producción argentina (incluso latinoamericana) en este género es, en verdad, el campo de la historia cultural e intelectual. Esta es una presencia que no parece casual si comparamos con otros países de América Latina que en las últimas décadas han venido atravesando un recorrido similar, alimentado por diálogos en congresos y seminarios periódicos, que han ganado regularidad en el subcontinente. Argentina cuenta con sólidos grupos de investigación, algunos de vasta trayectoria, entre los que destaca el «Seminario de Historia de las ideas, los intelectuales y la cultura Oscar Terán», que funciona desde hace más de treinta años con sede en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. También se pueden mencionar el Centro de Historia Intelectual de la Universidad Nacional de Quilmes y el Programa de Historia y Antropología de la Cultura, de la Universidad Nacional de Córdoba. No menos relevante es la conformación en 2001 del Seminario de Historia Intelectual en América Latina que funciona en El Colegio de México, que tiene lazos muy estrechos con todos los anteriores. Esta tendencia, además, se afianza en protagonismo a medida que nos adentramos en el estudio de la historia intelectual latinoamericana en el siglo xx, como se puede advertir si se echa una ojeada al índice del segundo tomo de la importante obra de Carlos Altamirano, Historia de los intelectuales en América Latina. Esta tiene a los estudios biográficos por protagonistas, ya
148 miranda lida sea a través de ensayos que abordan sus principales figuras, como a través del análisis de los grupos, revistas y redes de los que participaron19. Dicha obra, además, da cuenta de la maduración del campo y refleja una labor sostenida en la historiografía latinoamericana, puesto que pone en evidencia que la historia intelectual tiene cultores en todo el continente que trabajan en permanente diálogo. Escoger para el análisis los trabajos provenientes de la historia intelectual no significa minimizar las aportaciones que la historia política ha dado al género biográfico en las últimas décadas, puesto que han sido muy relevantes. Sin embargo, se trata del campo en el que hubo más lugar para la innovación historiográfica y, a la par, para el debate20. Una tendencia general que se advierte en este terreno en América Latina es el tránsito de las biografías individuales a las biografías comparadas y colectivas, o bien el estudio de los sujetos en sus respectivas redes intelectuales, sin dejar a su vez de atender los múltiples diálogos que los biografiados sostuvieron con instituciones culturales, publicaciones y diversas tramas y configuraciones intelectuales que les eran contemporáneos, así como también la contextualización y análisis de los debates en los que participaron. Ejemplos relevantes en este sentido son, para México, el estudio de Susana Quintanilla en torno de la juventud del Ateneo y por otro lado para Chile la propuesta de Eduardo Devés-Valdés de poner en valor las redes intelectuales latinoamericanas21. A continuación, identificaremos para el caso argentino los trabajos más importantes en el campo de la biografía intelectual de las últimas décadas. 19 Altamirano, Carlos (comp.), Historia de los intelectuales en América Latina. Vol. II: Los avatares de la ciudad letrada en el siglo xx. Buenos Aires, Katz, 2010. 20 En este sentido, se destaca el aporte de Di Pasquale, Mariano y Summo, Marcelo (eds.), Trayectorias singulares, voces plurales. Intelectuales en Argentina, siglo xix y xx. Buenos Aires, EDUNTREF, 2015 y para el siglo xix la tesis doctoral: Fontana, Patricio, Vidas americanas. Usos de la biografía en Domingo Faustino Sarmiento, Juan Bautista Alberdi y Juan María Gutiérrez. Tesis doctoral dirigida por Cristina Iglesia. Buenos Aires, Universidad de Buenos Aires, 2013. 21 Quintanilla, Susana,«Nosotros». La juventud del Ateneo de México. De Pedro Henríquez Ureña y Alfonso Reyes a José Vasconcelos y Martín Luis Guzmán. México, Tusquets, 2008 y Devés, Eduardo, Redes intelectuales en América Latina. Hacia la constitución de una comunidad intelectual. Santiago de Chile, Instituto de Estudios Avanzados de la Universidad de Santiago, 2009.
www.editorial.unican.es 149 Avances y desafíos en la biografía argentina... 3. BIOGRAFÍA E HISTORIA INTELECTUAL: DE LO NACIONAL A LO TRANSNACIONAL Si hacemos un somero repaso de las principales contribuciones desde la historia intelectual a la biografía argentina, debemos detenernos, en primer lugar, en Los Quesada, escrito por Pablo Buchbinder, que permite recorrer la historia universitaria y cultural de la Argentina a través de dos generaciones, la de un padre y un hijo cuyas vidas discurrieron entre mediados del siglo xix y primeras décadas del siglo xx22. La biografía intelectual colectiva encuentra también un desarrollo maduro en la obra Pioneros culturales de la Argentina, por Paula Bruno, que no se agota en la mera prosopografía y el trazado de bosquejos biográficos individuales, sino que procura a través de una sucesión de retratos pensar el lugar de los intelectuales en la coyuntura de finales del siglo xix en su relación con el Estado, el mercado y los debates de su tiempo y, por fin, discutir imágenes estandarizadas acerca de dicho período23. No menos importante e igualmente ambicioso es el trabajo de Mario Glück, La nación imaginada desde una ciudad, que con referencias metodológicas y conceptuales provenientes de la historia intelectual, la historia política y la historia social, logra llevar a cabo una contribución significativa en torno de la figura del intelectual y jurista Juan Álvarez, de destacada actuación en la primera mitad del siglo xx en la Argentina24. También vale la pena mencionar el estudio biográfico de Omar Acha sobre el historiador José Luis Romero, en este caso desde una perspectiva más específicamente situada en la reflexión acerca de las aportaciones historiográficos del biografiado y, por otra parte, el trabajo de Alejandro Blanco, que ofrece un valioso análisis de la trayectoria del sociólogo Gino Germani25. Los estudios mencionados constituyen las principales aportaciones producidas por historiadores profesionales argentinos al género biográfico desde la perspectiva de la historia intelectual en las últimas décadas. Significativamente, de los trabajos mencionados, solo el primero fue publicado en una colección especializada en biografías confeccionadas según las reglas del género en la historiografía profesional, mientras que los otros aparecieron en colecciones provenientes del campo 22 Buchbinder, Pablo, Los Quesada. Letras, ciencias y política en la Argentina, 1850-1934. Buenos Aires, Edhasa, 2012. 23 Bruno, Paula, Pioneros culturales de la Argentina. Biografías de una época. Buenos Aires, Siglo XXI, 2011. 24 Glück, Mario, La nación imaginada desde una ciudad. Las ideas políticas de Juan Álvarez. Bernal, Universidad Nacional de Quilmes, 2015. 25 Acha, Omar, La trama profunda. Historia y vida en José Luis Romero. Buenos Aires, El cielo por asalto, 2005; Blanco, Alejandro, Razón y modernidad. Gino Germani y la sociología en la Argentina. Buenos Aires, Siglo XXI, 2006.
150 miranda lida de la historia de las ideas, la historia social o la historiografía propiamente dicha. Esta diferencia es producto de la madurez alcanzada en estos últimos campos, en contraste con la biografía, en el caso argentino. La obra de Buchbinder es una biografía cabal que no deja al margen ningún aspecto de la trayectoria vital de Vicente y Ernesto Quesada, personalidades relevantes de las elites argentinas entre el siglo xix y el xx cuyas vidas discurrieron por cauces muy variados. Esta obra tiene además el añadido de ser una biografía con perspectiva atlántica, dado que los biografiados, en especial el padre, cumplió funciones diplomáticas en Europa. Su periplo se recorre en el libro sin omitir detalles, en una obra que, además, logra cubrir todos los aspectos con un notable esfuerzo de síntesis, dado que se destaca por su brevedad en el género (menos de 250 páginas). Así, Los Quesada pone el foco en la labor intelectual y la vida universitaria de los biografiados en plena belle époque, pero no se dejan de lado otras aristas relevantes. Entre otras, las estrategias para el ascenso social, el modo en que se insertaron en las elites argentinas, las redes de sociabilidad, su paso por la función pública, su mirada de la modernización científica, universitaria y académica en la Argentina entre los siglos xix y xx, los vaivenes en los negocios familiares, la actuación en el foro, en la jurisprudencia y en las burocracias estatales en expansión, su posicionamiento ante la democratización y la creciente participación de las masas, así como también su mirada acerca de la reforma universitaria argentina de 1918 y sus proyecciones latinoamericanas. De un capítulo al siguiente no solamente se avanza cronológicamente, sino que se ilumina desde un nuevo ángulo la historia que se quiere narrar. Por la vastedad de las perspectivas escogidas para retratar dos figuras escasamente estudiadas hasta aquí, la multiplicidad de archivos históricos consultados (incluidos los archivos privados de los biografiados), tanto en la Argentina como en Europa, Los Quesada merece ser puesta de relieve. Se trata, quizás, de una de las más importantes biografías intelectuales publicadas de los últimos tiempos. Con un enfoque igual de rico merece también ser destacada la biografía del paleontólogo Florentino Ameghino escrita por Irina Podgorny quien, con un enfoque que se nutre de viajes, intercambios, redes, negocios, vínculos políticos y aportes al conocimiento, reconstruye la biografía de uno de los pioneros de la ciencia en el país. Su obra está basada, al igual que en el caso de Buchbinder, en una exhaustiva consulta de archivos muy diversos26. 26 Podgorny, Irina, Florentino Ameghino y hermanos. Buenos Aires, Edhasa, 2021.
www.editorial.unican.es 151 Avances y desafíos en la biografía argentina... Una mención destacada merece igualmente la investigación de Mónica Szurmuk en torno a la figura del escritor y periodista Alberto Gerchunoff que, en su libro La vocación desmesurada, es objeto de una pormenorizada biografía con algunos rasgos que vale la pena poner de relieve27. Se trata de la obra de una experta en literatura comparada, pero que trasluce un intenso diálogo con historiadores, algo que, en las últimas décadas, se ha vuelto muy habitual en los congresos de historia intelectual y cultural en América Latina. Gracias a ese diálogo, Szurmuk traza un relato en el que interpreta a Gerchunoff como portador de las expectativas y, a la vez, las desilusiones, de una porción de los judíos centroeuropeos emigrados al Río de la Plata antes de la Primera Guerra Mundial que soñaron con la posibilidad de una asimilación sin conflictos en la sociedad de acogida, para luego encontrarse con una realidad menos amable. Esa ilusión por asimilarse había sido forjada por Gerchunoff desde su primera juventud transcurrida en el mundo rural pampeano, en contacto con la peonada y con la gente de tierra adentro con la que compartió parte de su primera infancia y juventud. En esta extraordinaria etapa del relato, Szurmuk nos entrega una vívida reconstrucción del contexto ruso del que emigró la familia, su llegada a las colonias judías del litoral, las condiciones en las que fue educado, que se vieron enfrentadas a la necesidad de reorientar la búsqueda de oportunidades en la ciudad de Buenos Aires. Un dato relevante para el historiador cultural (que solamente a través del género biográfico puede salir a la luz) es que a pesar de haber pasado en el campo sus primeros años, rara vez Gerchunoff cultivó la gauchesca en su carrera literaria y, paradójicamente, proyectó en la lengua de Cervantes sus anhelos de asimilación. Ahora bien, la Gran Guerra puso en jaque la confianza en los valores de tolerancia y progreso, valores a los que Gerchunoff se adhirió sin cortapisas desde su temprana asimilación en la cultura argentina, a pesar de los flagrantes episodios de violencia antisemita que se produjeron en Buenos Aires en ocasión de la Semana Trágica. Y los años que sucedieron, signados por el avance agresivo de los regímenes fascistas, sacudieron esos sueños, sólo ocasionalmente recuperados, por ejemplo, en los años finales de la década de 1920, antes de que se avecinara la crisis desatada en los Estados Unidos, cuando Gerchunoff pudo volver a Heinrich Heine y proyectar en él la expectativa de una Europa tolerante, democrática y plural. Sin embargo, ese anhelo se hizo añicos en la década de 1930, que trajo la peor barbarie 27 Szurmuk, Mónica, La vocación desmesurada. Una biografía de Alberto Gerchunoff. Buenos Aires, Sudamericana, 2018.
254 jaUmE aUrEll mágica oportunidad de entrar en otra vida es lo que realmente nos hace pensar en la nuestra»61. Por otra parte, la creciente complejidad y variedad de las perplejidades y transformaciones historiográficas actuales exigen diferentes formas de abordar, leer y comprender el pasado, y autobiografías experimentales como las de Steedman contribuyen a satisfacer esta necesidad. Confirman el principio de que nuestras aproximaciones a la historia (tanto colectiva como individual) son inevitablemente personales, regidas por los contextos particulares de nuestras propias historias, formación intelectual y académica, convicciones espirituales y compromisos políticos, sociales y profesionales. Como sugiere de nuevo Conway, «no hay una historia fija, no hay una historia que sea verdadera. Hay historias que contamos a partir de nuestra historia»62. Hay algo más que decir sobre la especificidad de las autobiografías de mujeres –en este caso, de historiadoras– respecto a la de los hombres. A través de su autobiografía, Conway ha defendido su convicción de que las condiciones y el lenguaje patriarcales han ahogado tanto a las mujeres que no han podido escribir con total autenticidad sobre sus propias vidas. Afirma que, cuando escriben su autobiografía, las mujeres tienden a recurrir a una visión más romántica, utilizando la voz pasiva en lugar de la activa, retratándose a sí mismas no como agentes sino como objetos, centrándose en la vida interior más que en la acción y, en muchas ocasiones –el ejemplo de Steeman es muy patente– se ocultan detrás de una segunda persona, en muchas ocasiones un familiar cercano. Por ello, Conway reclamar un papel más activo de las académicas, que deben luchar con mayores dificultades y contratiempos, y deben hacerlo –entre otros procedimientos– enfatizando su agencia narrativa [agency], para lo que las autobiografías brotan como un medio privilegiado. Conway concibe la agencia como la capacidad de actuar en nombre propio en lugar de que se actúe sobre ella, de dar forma activa a las experiencias vitales. Por lo tanto, concluye, el reconocimiento de la propia agencia es un paso importante hacia la plena realización personal. Steedman, Fitzpatrick, Lerner y Conway, entre otras, han legado unas autobiografías que funcionan también como ejemplos claves para la emergencia de una forma de memorias académicas de mujeres que se ha ido 61 «Esa oportunidad mágica de entrar en otra vida es lo que realmente nos pone a pensar en la nuestra»: Conway, Jill K., When Memory Speaks: Exploring the Art of Autobiography. New York, Vintage Books, 1999, p. 18. 62 Conway, Jill K., «Points of Departure…» op. cit., p. 57.
www.editorial.unican.es 255 Las historiadoras y su (auto)biografía... haciendo cada vez más popular.63 Este impulso refleja una renovada urgencia por añadir la historia de las vidas de las mujeres al registro público. Sus autobiografías, profundamente comprometidas con el desarrollo de las historias de las mujeres –y, por tanto, de su crucial función en la historia– nos permiten acceder a sus itinerarios académicos y vitales, transformando el acto de auto-inscripción no sólo en una intervención intelectual de gran calado, sino también en un acto de dimensiones performativas. Combinar la investigación retrospectiva histórica y biográfica con la exploración introspectiva autobiográfica hace que el enfoque de estas indagaciones personales sobre la vida, la sociedad y la profesión sea más completo. Indagar en su propio pasado, filtrado por las experiencias de su madre, ha permitido a Steedman acceder con más profundidad y realismo a la circunstancia de cómo los roles de género establecidos limitaban sus posibilidades, y le han impulsado a superar esos problemas con una actitud más propositiva que victimista. Su elección de una forma autobiográfica experimental está condicionada por el deseo de cambiar la historia de las mujeres en lugar de limitarse a comprenderla. Esto le ha llevado a revisar sus investigaciones originales en historia social británica, y plantearse problemas más generales respecto a la historia de las mujeres. Tal como lo expresa bellamente Conway, en lugar de producir sólo «otra estadística más en la historia de la discriminación contra la mujer,» estas autobiógrafas experimentales han elegido un campo de escritura diseñado para que fuera «de relevancia directa e inmediata para la vida de las mujeres»64. En su decidida apuesta por la intervención autorial y narrativa de unas historiadoras que supuestamente deberían ceñirse a rígidas convenciones académicas, estas audaces autobiografías nos permiten apreciar cómo la poética y la política de la autobiografía se mezclan para reconocer que «los sujetos son construidos por el discurso, pero también… los sujetos construyen el discurso»65. Ellas han dotado a la autobiografía de un importante potencial 63 Davis, Rocio G., «Academic Autobiography as Women’s History: Jill Ker Conway’s True North and Leila Ahmed’s A Border Passage», Rethinking History, nº 13.1, 2009, pp. 109123, y Miller, Nancy K., «Public Statements…» op. cit., pp. 981-1015. 64 Conway, Jill K., True North… op. cit., pp. 163-164. 65 Neuman, Shirley, «Autobiography: From Different Poetics to a Poetics of Difference», en Kadar, Malene (ed.), Essays on Life Writing: From Genre to Critical Practice. Toronto, University of Toronto Press, 1992, pp. 213-230, esp. p. 223. Ver también, Neuman, Shirley, Autobiography and Questions of Gender. London, Frank Cass, 1991. Sobre la postestructuralista idea de la «muerte del autor», ver: Barthes, Roland, «Death of the Author»,
256 jaUmE aUrEll discursivo, ya que el yo representado en sus textos opera con fines públicos, promoviendo una identidad femenina que revisa las versiones oficiales de la historia intelectual, social y cultural, y los propios roles asignados a uno u otro género. Después de la experiencia originaria de Steedman, que publicó su Landscape en 1986, otras historiadoras como Gerda Lerner, Jill Conway y Sheila Fitzpatrick han seguido publicando autobiografías experimentales tal como lo han hecho Gerda Lerner, John Lukacs, John Elliott, Asa Briggs y Tony Judt, lo que ha dado lugar incluso a intensos debates públicos66. El libro de Gerda Lerner Living With History/Making Social Change (2009) es una declaración explícita de los principios de la autobiografía experimental, como transmite uno de sus principales subtítulos: «Redefiniendo la profesión de la historia». Lerner recogió algunas de sus piezas autobiográficas para «explicar cómo la decisión de cambiar el contenido de la erudición y el conocimiento histórico para dar a las mujeres una representación justa se convirtió en un reto para desarrollar nuevos métodos de enseñanza y crear modelos alternativos de discurso académico»67. Escribió el libro «no sólo como parte de mi autobiografía, sino para dejar constancia histórica»68. Su objetivo de fusionar sus opciones historiográficas con su posición de agente de cambio social hace que su libro sea muy parecido al de otras autobiografías contemporáneas, también escritas por hombres recientemente, como las de Geoff Eley, Jonh Lukacs, Tony Judt, o John H. Elliott. Finalmente, estas historiadoras-autobiográficas han demostrado –a pesar de la impostura biográfica de algunas de ellas como Steedman y Fitzpatrick– el potencial pionero de las mujeres académicas cuando apuestan por una sólida erudición combinada con su capacidad experimental e innovativa. en Barthes, Image-Music-Text. New York, Hill and Wang, 1977, pp. 142-148, y Foucault, Michel, «What is an Author», en Rabinow, Paul (ed.), The Foucault Reader. New York, Pantheon Books, 1984, pp. 101-120. 66 Lerner, Gerda, Living with History/Making Social Change. Chapel Hill, The University of Carolina Press, 2009; Lukacs, John, The Future of History. New Haven, Yale University Press, 2011; Judt, Tony, Thinking the Twentieth Century. London, Penguin, 2012; Elliott, John H., History in the Making. New Haven, Yale University Press, 2012; Briggs, Asa, Special Relationships. People and Places. London, Frontline Books, 2012; Fitzpatrick, Sheila, A Spy in the Archives. New York, I.B.Taurus, 2013. Con «debate público» me refiero al comentario que esas autobiografías han merecido en medios tan influyentes como algunos suplementos literarios de revistas de impacto internacional, como el The New York Times, The Guardian, Los Angeles Times, Independent, Daily Telegraph y The Times. 67 Lerner, Gerda, Living… op. cit., p. 1. 68 Ibidem, p. 7.
www.editorial.unican.es ISAIAH BERLIN Y SUS ESPEJOS María Jesús González Universidad de Cantabria I saiah Berlin (1909-1997) constituye actualmente mi sujeto de estudio biográfico. Sus indudables aportaciones intelectuales le han valido admiración incondicional y calificaciones hiperbólicas e incluso pintorescas: el pensador más importante del siglo xx, «archi intelectual», «el príncipe de los intelectuales», «el más grande conversador del mundo occidental» y el Paganini o incluso el Fred Astaire de las ideas1. Pero también ha cultivado críticas llamativamente destructivas: seriamente sobrevalorado, no era un pensador original o, taxativamente, «great equivocator»2. Su posición intelectual en Gran Bretaña y su posterior extensión internacional es inédita. No tiene parangón. En este plano, en la combinación de su reputación intelectual y su llamativa (y tal vez desmesurada) relevancia pública e incluso popularidad, se plantean interesantes cuestiones por resolver y que tienen que ver con los mecanismos espontáneos o deliberados de construcción cultural y de los mitos intelectuales que no son objeto de este texto pero que, inevitablemente, 1 Sobre dichas calificaciones, véase: Ezard, John, «Sir Isaiah Berlin arch-intellectual, dies at 88», The Guardian, 7 de noviembre de 1997. «Príncipe» en Collini, Stefan, Absent Minds. Intellectuals in Britain. New York, Oxford University Press, 2006, p. 39. «Conversationalist» en New York Times, 9 de noviembre de 1977. Alan Saunders: «efervescent, ebullient Fred Astaire of ideas», en el tributo a Isaiah Berlin «The Philosopher’s Zone», ABC Radio National. «Paganini» en la presentación (envenenada) de Michael Oakesthott a la conferencia de Berlin en la LSE «History as an alibi», 12 de mayo de 1953, Archivo LSE. 2 Ver críticas en: Podhoretz, Norman, «A dissent on Isaiah Berlin», Commentary, febrero de 1999. También Scrutton, Frank McLyinn, «The mouse roars», New Statesman, 19 de abril de 1999. También otros autores como Hitchens, Scrutton o Jacoby.
258 maría jEsús gonzálEz añaden complejidad e interés a su estudio biográfico. Estos mecanismos se activaron y funcionaron con éxito ya en su momento, mientras vivía Berlin, lo que le llevaba con frecuencia a confrontar su realidad con la imagen que le devolvía el espejo social y cuya dimensión superaba crecientemente su propia apreciación de sí mismo que era (o pretendía ser) bastante autocrítica. Berlin se cuestionaba una y otra vez si no se estaba sobreestimando tanto su obra como su impacto en la cultura de su tiempo: «No creo que haya hecho impacto alguno en absoluto. Me siento como un globo golpeando en la superficie del agua»3. Esta percepción de sí mismo le agudizaba su agonía a la hora de dar conferencias: «aterrorizado antes, histérico durante y avergonzado después»4. Pero también incrementaba su bloqueo al escribir, ante la obligación moral de ser ese ganso del que se espera que ponga «si no un huevo de oro sí, al menos, algunos de bronce»5. Obtuvo la cátedra Chichele de teoría política en Oxford, incómoda para él porque sabía que tenía que enseñar sobre instituciones, constituciones y la maquinaria del orden liberal… y no lo hizo. Ajenas a sus cuitas, le concedieron doctorados honoris causa unas veinte universidades, entre ellas las más importantes del mundo: Cambridge, Harvard, Columbia y por supuesto Oxford, donde además llegó a construir y dirigir un college, Wolfson. Obtuvo prestigiosos premios como el Agnelli International Prize for the Ethical Dimension in Advanced Societies: «¿Qué he hecho yo para merecerlo considerando que nunca en mi vida he escrito una línea sobre ética ni me interesan lo más mínimo las sociedades avanzadas?»6. Ingresó en la Royal Academy of Arts y en la British Academy, que llegó a presidir, y dirigió la Royal Opera House (Covent Garden), además de cosechar títulos honoríficos concedidos por la Corona o el Gobierno. «Soy consciente de que una distinción o privilegio lleva al otro… y por tanto hay una explicación sociológica –le escribía a 3 Transcripción de entrevista entre Isaiah Berlin y Michael Ignatieff, el 8 de junio de 1989, cinta 30-1. Los fragmentos de las conversaciones biográficas grabadas de Michael Ignatieff con Isaiah Berlin que se citan en adelante proceden de la Isaiah Berlin Virtual Library y se publican con el permiso de los administradores del Isaiah Berlin Literary Trust. Agradezco particularmente a Henry Hardy que me haya proporcionado la versión correcta de las transcripciones. 4 Carta de Isaiah Belin a Marion Frankfurter, 23 de febrero de 1952, en Hardy, Henry y Holmes, Jennifer (eds.): Enlightening Letters, 1946-1960. London, Chatto & Windus, 2009. 5 Carta de Isaiah Berlin a John Sparrow, 21 de noviembre de 1953, en Hardy, Henry y Holmes, Jennifer (eds.): Enlightening Letters… op. cit., p. 405. 6 Carta de Isaiah Berlin a Teddy Kollek, 8 de enero de 1988; y nota de Henry Hardy en: Hardy, Henry y Pottle, Mark (eds.): Affirming Letters 1975-1997. London, Random House, 2017, p. 334.
www.editorial.unican.es 259 Isaiah Berlin y sus espejos un amigo–, pero estoy encantado de beneficiarme de ello»7. La prensa y la radio le presentaban con tono reverencial, como una luminaria, algo que no se hacía con sus contemporáneos como Popper o Hayek o incluso con historiadores británicos de fama como AJP Taylor. Hizo pocas apariciones en TV, donde le reclamaban, porque le producía enorme incomodidad su exposición física: según él tenía una apariencia cómica. El día de su ochenta cumpleaños, la radio BBC le dedicó un excepcional programa de cuatro horas y se le homenajeó con un concierto en el Royal Festival Hall, con Nevill Marriner dirigiendo, Arthur Brendel al piano y Heinz Hollinger con la flauta. Le cantaron arias la mezzo Julia Varady y el tenor Fischer Diskeau. Una fastuosa cena en Corpus Christi College culminó un día celebratorio más propio de un miembro de la realeza que de un pensador. Aunque también recibió un regalo envenenado: un artículo crítico del filósofo conservador Roger Scrutton en The Times donde, entre otras ironías y sutiles críticas, le denominaba «el AntiAyatollah para el que todas las opiniones son sagradas… siempre que no se crean mucho»8. Berlin figuraba en toda autobiografía intelectual o social que se preciara y también aparecía en diversos obras literarias a través de personajes basados en él como Mr Jericho, Elya Mendel, Ambrose Usher o Sir Jeremiah Altman9. Amigos, alumnos y admiradores imitaban (aún lo hacen) su característica voz y circulaban historias míticas con anécdotas sobre su humanidad o sus ingeniosas respuestas. Fue retratado, caricaturizado y fotografiado innumerables veces. En sus últimos años afrontó (y colaboró en) la elaboración de su biografía autorizada, así como en la organización de su archivo y la preparación de su legado biográfico intelectual a través de la recopilación y edición de sus textos dispersos por parte de Henry Hardy. «Todos hablan de él –había dicho Laski en su momento– puede que aparezca en las autobiografías de la gente, pero no quedará nada sustancial». Se equivocaba10. 7 Carta de Isaiah Berlin a John Sparrow, 30 de abril de 1975 (inédita). Las cartas inéditas escritas por Isaiah Berlin se publican con el permiso de los administradores del Isaiah Berlin Literary Trust y se hallan en su archivo en Wolfson College, IBLTW. 8 Scrutton, Roger, «Freedom’s cautious defender», The Times, 3 de junio de 1989. 9 Algunos de los personajes de ficción basados en Isaiah Berlin se recogen en la Isaiah Berlin Virtual Library, IBVL. Mr Jericho tal vez sea el que más le divirtió al propio Berlin. Ver Lord Berners,Far From the Madding War.London, Constable, 1941. 10 La biografía autorizada es la de Ignatieff, Michael, Isaiah Berlin. Madrid, Taurus, 1998. Ver también Hardy, Henry, In search of Isaiah Berlin. A literary adventure.London/New York, I.B. Tauris, 2019. Laski en transcripción de entrevista entre Berlin e Ignatieff, 13 de abril de 1989, cinta 28.
260 maría jEsús gonzálEz A esta intensa presencia y construcción del personaje en vida se han sumado, en un fecundísimo período after life, no sólo sus auto/biografías póstumas: la personal escrita por Ignatieff, y la puramente intelectual reconstruida cuidadosa y profusamente por Hardy, sino también un tsunami de publicaciones, traducciones y reediciones. Múltiples autores le han releído, comentado y diseccionado en precisas parcelas vitales o intelectuales. A modo de autobiografía «en bruto», la publicación de cientos de sus cartas ha desvelado su intimidad con pocos filtros. Su presencia actual en la red (en la nutridísima y creciente Isaiah Berlin Virtual Library y en un activo perfil de Facebook), tampoco tiene precedentes11. Todo ello sumado produce un rumor persistente e incluso una cierta sensación de saciedad, pero también reaviva el interés por desvelar su esencia, aunque el número de capas que hay que atravesar resulte intimidante. No obstante, todo lo anteriormente dicho potencia aún más, si cabe, su interés historiográfico y biográfico. Berlin constituye un personaje-encrucijada y cargado de significados. Personaje de encrucijada histórica, en unos años intensos en los que se cruzan o colisionan las líneas fuerza matrices del convulso siglo xx. Personaje de encrucijada cultural, en su «tránsito» inacabado, o más bien siempre activo y en ocasiones agónico, entre sus tres identidades: judía, rusa y anglosajona. Personaje de encrucijada sociopolítica, en su particular ubicación privilegiada y sus conexiones con los ambientes del establishment goyim social, intelectual y político angloamericano y, más secundariamente, del mundo de las élites intelectuales de rusos exiliados y judíos. Pero, en lo esencial, constituye también un personaje-encrucijada biográfica de toda una época, porque la suya fue una vida nutrida (intensa y deliberadamente) de vidas: una copiosa suma o mosaico biográfico, atesorado cuidadosamente por un voluntarioso cultivador de vidas en su ámbito relacional y en el intelectual. Vidas anheladas e imitadas, conectadas, escrutadas, 11 Entre las biografías «parciales» más significativas: Dubnov, Arie,Isaiah Berlin: The Journey of a Jewish Liberal. New York, Palgrave Macmillan, 2012. Caute, David, Isaac and Isaiah: The Covert Punishment of a Cold War Heretic. New Haven/London, Yale University Press, 2013. Cherniss, Joshua L., A Mind and its Time: The Development of Isaiah Berlin’s Political Thought, Oxford, Oxford University Press, 2013. Della Casa, Alessandro, Isaiah Berlin. La vita e ilpensiero. Roma, Rubbettino, 2018. Los cuatro volúmenes de correspondencia editados por Henry Hardy (Flourishing: Letters 1928-1946; Enlightening: Letters 1946-1960; Building: Letters 1960-1975 y Affirming: Letters 19075-1997). El resto de las publicaciones desbordarían este espacio.
www.editorial.unican.es 261 Isaiah Berlin y sus espejos narradas… Vidas rescatadas, hechas vivas o instrumentalizadas en las que el autor se expresa personal, ideológica y filosóficamente, se construye, se reconoce, se retrata, se confronta o se esconde. Lo hizo en su propia trayectoria vital, pero también en sus escritos filosóficos, en las semblanzas académicas y en los retratos realizados en eloges y otros apuntes biográficos breves, incluyendo los realizados en su correspondencia. Notoriamente indiferente hacia el mundo natural –ha escrito Jennifer Holmes– Berlin a menudo proclamó que las personas constituían su paisaje y añadió significativamente: «soy un criador de personas como otros lo son de pájaros12. Se refería a su casi obsesivo afán de sociabilidad en el ámbito privado y público, a su curiosidad, interés y atracción voluntaria o compulsiva, emocional o científica, hacia las personas y sus asuntos, y más particularmente hacia las personalidades como confeso «adorador» de héroes. Pero ese frecuentar el paisaje humano y su «cultivo» personal también constituyó un elemento estructural, fundamental, en el plano intelectual. Berlin, en definitiva, se mueve en un laberinto de espejos biográficos en los que se contempla para definir su identidad, pero que también utiliza como expresión y metodología de su historia de las ideas. A continuación, me centraré en el recorrido y análisis de esos espejos y reflejos: las «encrucijadas biográficas» de Berlin –«criador de personas», «cultivador de vidas»–. A través de este recorrido pretendo desvelar algunas claves sobre su propia biografía y sobre su utilización del género. 1. MENSCHEN SIND MEINE LANDSCHAFFT. SÓLO IMPORTA EL PAISAJE HUMANO13 Los judíos, como los extranjeros que buscan perderse en la extraña tribu, se ven obligados a dedicar todas sus energías y talentos a la tarea de entendimiento y adaptación de los que depende su vida a cada paso. Isaiah Berlin, Jewish Slavery and Emancipation 12 Holmes, Jennifer, «Isaiah Berlin on himself», en Henry Hardy (ed.), The Book of Isaiah. Oxford, Oxford University Press, 2009, pp. 238-246, esp. p. 240. 13 La cita es de Schuler, Alfred, Fragmente und Vorträge aus dem Nachlass. Leipzig, Ludwig Klages, 1940, p. 51. Ver carta de Isaiah Berlin a Marietta Tree, 16 de agosto de 1968, en Hardy, Henry y Mark Pottle (eds.), Building. Letters 1960-1975. London, Chatto & Windus, 2016, pp. 359 y 451: «el único paisaje que me gusta son los seres humanos.
262 maría jEsús gonzálEz –¿Y ahora dígame por qué asume las características de la persona con la que está? –Seguro… –¿Qué quiere decir con «seguro»? –Seguro… ser como los otros –¿Quiere sentirse seguro? –Quiero gustar Diálogo en Zelig, de Woody Allen Para casi dos millones de súbditos del imperio ruso, la revolución provocó una oleada migratoria sin precedentes. El destierro y la pérdida de su patria y sus raíces e incluso de su «existencia» burocrática, se solucionaron formalmente con pasaportes Nansen y la acogida más o menos generosa de ciertos países. Pero, como narraba Nina Berberova, su identidad se resintió. Muchos refugiados (aristócratas, campesinos, militares blancos, mencheviques, socialistas revolucionarios, intelectuales críticos o simplemente burgueses aterrorizados) languidecían, inadaptados, en espera de un regreso a un país y una cultura que ya no existía y que, además, sería imposible recuperar. En el parque de Montsouris en París, las mujeres rusas se abrazaban a los blancos abedules que les recordaban a su país y tradición14. En Londres los hombres se reunían nostálgicos o conspiraban en torno al samovar. El antisemitismo, por su parte, constituía la pesadilla de los judíos de Europa a principios del siglo xx: los pogromos, el señalamiento, el rechazo, el pale of settlement (la zona de exclusión) y los ghettos. Algunos habían logrado asimilarse e incluso florecer. Otros muchos «judíos errantes», Staatenloss (apátridas), seguían buscando un lugar bajo el sol en Europa central y occidental. En el Imperio de los zares la situación no era más fácil. Tras la revolución, la combinación burgués y judío aún complicaba más las cosas. El niño Isaiah Berlin era un judío burgués exiliado de dos tierras, de su Riga natal, antisemita, y de su San Petersburgo adoptivo, postrevolucionario y anti burgués, y cuya familia aborrecía tanto a los rusos blancos como a los rojos. Su aterrizaje en Reino Unido implicaba un nuevo principio y le provocaba un deseo irreprimible, una urgencia vital de encajar, de pertenecer. Para pertenecer y asimilarse, lo mejor es observar a los demás y lo que hacen, mezclarse con ellos, mirarse en sus espejos… y gustar. 14 Bervberova, Nina, El subrayado es mío. Barcelona, Circe, 1990.
www.editorial.unican.es 263 Isaiah Berlin y sus espejos Su proceso de adaptación comenzó en Surbiton, un municipio del sur de Londres donde se instalaron por deseo expreso de su muy anglófilo padre de evitar una urbe londinense llena «de judíos, de rusos y otros indeseables»15. Apenas tocó suelo inglés aporreó God save the King en el piano. En su colegio mayoritariamente «goyim», St Paul, fue un estudiante integrado y modelo que nunca sufrió acoso. Por el contrario, sus compañeros le defendieron golpeando al chico que le llamó «sucio alemán»16. También logró encajar en el elitista Oxford de finales los años 20, donde gustaba a hearties y arties… y además a los comunistas. Incluso se convirtió en una referencia oxoniense. ¿Cómo lo consiguió? Era el personaje exótico que rompía con los estereotipos o demarcaciones de clase, culto sin ser pedante, divertido, bonachón, inmensamente hablador, de conversación hipnótica (cualidad aderezada por su rapidez, el tono de voz y su peculiar acento). También era feo, rechoncho, con un brazo defectuoso, y aparentemente asexual, lo que aumentaba su cualidad de personaje querible. A la vez era un extranjero, y «one of them». Allí, en Oxford, entendió muy bien la importancia de relacionarse y pertenecer, y comenzó a nutrir su equipaje de nombres; de personajes académicos, sociales, políticos… Entre ellos se hallaba el carismático don Maurice Bowra, quien le «liberó» y le enseñó a no ser una «ridícula caricatura de un personaje inglés»17, pero también sus amigos-maestros Hampshire, Spender, Fisher, Toynbee, Ayer, Trevor-Roper, Bowen, Blunt, Woolf o extranjeros icónicos: Namier, Von Trott, Plamenatz o el príncipe Mirsky... Era sólo el principio de una vida intensamente nutrida de vidas «señeras». En 1980 le robaron de su archivo personal cartas que intentaron vender en Sotheby’s. Entre ellas se encontraba su correspondencia con Spender, T.S. Eliot, Bernard Berenson, Bertrand Russell y Albert Einstein18. En 1932 se erigió en el primer judío en ingresar como Prize Fellow en All Souls, la torre de marfil de la Universidad. Para entonces ya usaba traje de tres piezas y fumaba en pipa a la oxoniense. También se integró sin problemas en ese elitista (y racista) entorno y con ello incrementó su caché. Durante la guerra desarrolló una misión de inteligencia en Estados Unidos. Pese a que su cometido se reducía a informar sobre «judíos, sindicalistas y 15 Transcripción de entrevista entre Berlin e Ignatieff, 20 de octubre de 1988, cinta 2, IBVL. 16 Transcripción de entrevista entre Berlin e Ignatieff, 5 de junio de 1994, cinta 24, IBVL. 17 Carta de Isaiah Berlin a Maurice Bowra, 27 de agosto de 1952, en Hardy, Henry y Holmes, Jennifer (eds.): Enlightening Letters… op. cit., p. 318. 18 Carta de Isaiah Berlin a Chimen Abramsky, 16 de mayo de 1980 (inédita), IBLTW.
270 maría jEsús gonzálEz Berlin nunca citó a Weber, pero esta propuesta de análisis constituye claramente una aplicación de la sociología interpretativa, del «verstehen» weberiano, centrado en la comprensión de los diversos significados que los individuos asocian a su mundo. Este Berlin pensador de las ideas, estaba ciertamente más lejos de aquel joven oxoniense que invertía tardes en sus habitaciones del college, debatiendo con Austin y otros filósofos del lenguaje sobre la naturaleza de aserciones como «Francia es hexagonal» o «el gato está sobre la alfombra», superando con la realidad el caricaturesco gag de los humoristas de Beyond the Fringe sobre los filósofos de Oxford, en el que uno de ellos proponía reflexionar sobre la afirmación: «hay demasiado martes en mi ensalada de remolacha»35. Karl Marx: su vida y su entorno, su biografía más elaborada y su única monografía propiamente dicha, fue publicada en 1939.36 En ella, combina el retrato psicológico y el análisis del medio intelectual de Marx y de su producción. También refleja su educación y sus gustos. De ella se ha dicho: «Deja al lector la sensación de que si Marx entrara en la habitación sabríamos qué decirle»37. Berlin caracteriza al pensador como un personaje agresivo, grosero, frío, «insanamente celoso» incluso amedrentador (bully) obsesionado con posibles conspiraciones. Le describe también enfermo y empobrecido, lleno de amargura, odio y cólera, jurando que «la burguesía le pagaría a precio de oro cada uno de sus carbunclos»38. Además, aparece representado como un hombre profundamente antisemita, criticando a un Lasalle que gastaba más en cigarros y flores para el ojal que el dinero que tenía la familia Marx para comer en una semana y al que llamaba despectivamente «ese negro judío». Tal vez eso sea lo que, claramente, menos le perdona Berlin a Marx: su condición de Selbsthatterjudische y de antisemita; una relación difícil con sus propios orígenes judíos que Berlin analiza en otro ensayo aparte. Sin embargo, a la vez, retrata de manera conmovedora su pobreza, amor a la familia, su pasión intelectual y también reconoce su poderosa mente: no le subestima en absoluto. Berlin mostró una capacidad 35 Francia, el gato etc… en los debates con John Langshaw Austin, su amigo y profesor de filosofía moral. El famoso gag de los filósofos de Oxford de Beyond the Fringe se representó en los años 60. 36 Berlin, Isaiah, Karl Marx: his life and environment. London, Thornton Butterworth, 1939. Se ha reeditado hasta en cinco ocasiones en Oxford University Press hasta 1985. Ha tenido otras diversas ediciones más recientes en Reino Unido y Estados Unidos, así como numerosas traducciones. En español se ha editado cinco veces entre 2015 y 2018. 37 Ibidem, p. 27. 38 Ibidem, p. 215.
www.editorial.unican.es 271 Isaiah Berlin y sus espejos de distancia aparentemente aséptica e incluso de «empatía» a la hora de transmitir las ideas del pensador, respetando su argumentación, originalidad y empuje inicial. «Cuando trabajaba en Marx –destacó– traté de entender qué era ser Karl Marx, en Berlín, en París, en Bruselas, en Londres y pensar en términos de sus conceptos y categorías. Hice los mismo con Vico y Herder, Herzen, Tolstoy, Sorel»39. Lo que también consiguió fue que su temperamento, su epistemología y su visión política quedaran inherentemente ligadas, contrastando los poco halagadores rasgos de la personalidad del pensador con sus optimistas antecesores40. Se podría decir que fue precisamente esta primera experiencia biográfica y, sobre todo, el campo de autores ilustrados y precursores rusos que le iluminó esta investigación, lo que probablemente le indujo tras la guerra a abandonar la filosofía y adoptar la historia de las ideas. Ciertos autores, no obstante, afirman que en realidad seguía haciendo filosofía cultivando esa perspectiva biográfica. Las características citadas –diálogo, vivacidad, retrato psicológico y profundización en la génesis «humana» de las ideas– se destacan también en su obra de compilación Los pensadores rusos, un retrato colectivo de la intelligentsia rusa, en el que se recogen ensayos dispersos de los años cincuenta publicados en diferentes revistas especializadas, introducciones o conferencias. Esta compilación tuvo un sorprendente éxito. El libro no solo se convirtió en regalo favorito en las navidades de 1978, sino que llevó a que la lectura de la obra de Turgeniev o Herzen se pusiera «de moda» en Oxford. Ha sido elegido recientemente por el Times Literary Supplement uno de los 100 libros más influyentes desde la guerra. La obra abordaba alguna de las cuestiones estrella de Berlin, como la diversidad e incompatibilidad de valores, el peligro de objetivos ideales o utópicos como respuesta cerrada y única al problema de cómo vivir en el futuro (al costo de las generaciones presentes), libertad y pluralismo frente a monismo… y lo hacía a través de las voces y las ansiedades de sus protagonistas. El hecho de que esa biografía coral de pensadores y autores rusos no demasiado conocidos en el Reino Unido tuviera tal resonancia, dice mucho de la capacidad comunicativa de Berlin. Recreó vívidamente su personalidad, circunstancias, relaciones de amistad y sus diálogos y debates ideológicos: el apasionado ambiente de ebullición intelectual que les llevaba, incluso 39 Jahanbegloo, Ramin, Conversations with… op. cit., p. 28. 40 Dubnov, Arie,Isaiah Berlin… op. cit., p. 132.
272 maría jEsús gonzálEz adorándose unos a otros, a «enemistarse durante semanas enteras porque no podían ponerse de acuerdo en una definición de ‘espíritu trascendental’ de Kant» o estaban ofendidos por las opiniones divergentes acerca de la «personalidad absoluta»41. El éxito de esta obra se reavivaría con el estreno de la premiada y exitosa producción teatral de Tom Stoppard The Coast of Utopia (2007). El autor se confesó «infectado» por la lectura de Isaiah Berlin y sus personajes: «me enamoré de ellos, al principio intelectualmente, pero luego […] sentí una vinculación emocional con sus historias»42. Tal era su capacidad de transmitir vida e ideas: comunicando y apasionando. Cuando Berlin comenzaba a profundizar en su pensamiento, el lector ya estaba «envuelto» en el personaje y lo entendía. El éxito de la obra teatral hizo que el libro incrementara espectacularmente sus ventas. Según apunta Alan Ryan, el acercamiento de Berlin se basaba en un profundo humanismo y un profundo culturalismo: «el mundo que importa es el mundo tal y como es entendido» explica, y para entenderlo y exponerlo recurría a una técnica dialógica (de diálogo) explícita o implícita. «Necesitamos al autor completo para tener el argumento completo –añade Ryan– […] y lo que se produce no es tanto una historia de las ideas como un diálogo filosófico dramático»43. Este diálogo tenía lugar bien con sus sujetos o entre sus sujetos pensantes. Les retrataba psicológicamente y les confería vida, les interrogaba, les dejaba hablar y, sobre todo, les escuchaba, infundiendo vivacidad a su mente y argumentos. Era un «artista de la resurrección intelectual»44. Lo hacía incluso si lo que decían los pensadores le resultaba ajeno o profundamente odioso, como sucedería en el caso del gran reaccionario Joseph de Maistre. De hecho, le interesaban particularmente aquellos autores cuyas ideas diferían de las suyas propias; tanto en el plano intelectual como vital. Cultivaba una fascinación por aquellos personajes «extremos» e iconoclastas con los que contrastaba su propio pensamiento liberal y moderado: oscuros, reaccionarios, críticos inmanejables e incluso violentos. Por muy extravagantes que sean –afirmaba Berlin– dejan al descubierto los fallos donde se puede 41 Berlin, Isaiah, Pensadores rusos. México, Fondo de Cultura Económica, 1978, p. 260 42 Lee, Hermione, Tom Stoppard: A Life. London, Faber & Faber, 2020, p. 660. 43 Ryan, Alan, «Isaiah Berlin: The history of ideas as psychodrama», European Journal of Political Theory, nº 12(1), pp. 61-73. 44 Ezard, John, «Sir Isaiah Berlin…» op. cit.
www.editorial.unican.es 273 Isaiah Berlin y sus espejos insertar la daga45. También le servía para explorar identidades alternativas: «adoro –escribía– las relaciones con el enemigo y cruzar las líneas»46. Esta idea la compartía con Stuart Mill, quien llegó a afirmar que «si no hubiera verdaderos disidentes, tendríamos obligación de inventar argumentos contra nosotros mismos con el fin de mantenernos en perfectas condiciones intelectuales»47. Pero, más allá de la fascinación que ejercían los detalles personales o el retrato de los protagonistas en los márgenes o contracorriente, a través de ellos rastreó y expuso las sensibilidades e ideas más fundamentales surgidas en el siglo xviii y que se convirtieron en origen e inspiración en el siglo xx de ideologías de corte totalitario, derivadas tanto de un pensamiento ultra racionalista como del antirracionalista y religioso. El volumen editado en 1980 con el título de Contra la corriente comprendía también una compilación de ensayos dispersos y abordaba aspectos de Vico, Herder, Marx y Disraeli, Montesquieu, Mosse Hess, Maquiavelo o Sorel, en este caso tratados individualmente, al igual que en el de los Seis enemigos de la libertad: Helvetius Rousseau, Fichte, Hegel, Saint Simon o Maistre, que provienen de sus conferencias emitidas en directo en el Third Programme de la BBC. Otra de sus obras biográficas, El mago del norte, J.G Hamman, fue directamente rescatada de unos viejos dictabelts de los años cincuenta. A estos se suman otros diversos retratos más breves, como los de J.S. Mill, Hume o Locke. La «trampa» metodológica en muchos casos la constituía la subjetividad. Berlin tendía a acentuar los elementos positivos o negativos de la personalidad de los pensadores asociada a su condición de héroe o enemigo ideológico: tendía a pintar, ha escrito Young, a los diablos monistas con sombras muy oscuras y a los ángeles pluralistas con reflejos demasiado brillantes48. 45 Carta de Isaiah Berlin a Norman Brown, 6 de mayo 1991, en Hardy, Henry y Pottle, Mark (eds.): Affirming Letters… op. cit., p. 415. 46 Carta de Isaiah Berlin a Morton White 22 de marzo de 1954, en Hardy, Henry y Holmes, Jennifer (eds.): Enlightening Letters… op. cit., p. 438. 47 Prólogo de Isaiah Berlin en Mill, John Stuart, Sobre la libertad. Madrid, Alianza, 1979, p. 29. 48 Berlin, Isaiah, Contra la Corriente, ensayos de Historia de las Ideas. Madrid, F.C.E. de España, 1992; Berlin, Isaiah, La traición de la libertad: Seis enemigos de la libertad humana. Madrid, F.C.E. de España, 1992; Berlin, Isaiah, El mago del Norte, J.G.Hamman y el origen del irracionalismo moderno. Madrid, Tecnos, 1997. «Ángeles y diablos» George M Young, Georg M., Russian Thinkers, Review of Politics, vol. 41, nº4, 1979, pp. 596-598.
274 maría jEsús gonzálEz 3. LOS INDIVIDUOS Y LO PERSONAL En segundo lugar, quisiera destacar su uso de la biografía como reivindicación y ejemplo de su propia concepción filosófica; esto es, como muestra de su rebelión contra las abstracciones, las predeterminaciones y el cientifismo y su radical reivindicación del papel de los individuos y lo personal. «Mi interés en la gente es casi obsesivo», le escribía a Sam Guttenplan, a quien le explicaba que se sentaba en una cafetería y observaba a las personas curiosa, intensa y descaradamente hasta desconcertarlas y resultar casi embarazoso: «esto se refleja en todo lo que hago», ratificaba, ejemplificándolo en la historia de las ideas que se extendía principalmente a «los poseedores o expositores de esas ideas, sus personajes, sus circunstancias personales, las preferencias lugares y circunstancias»49. «Algunas personas pueden encontrar esto demasiado frívolo para un académico serio», añadía. Ciertamente, el filósofo y sociólogo de la escuela de Frankfurt, Habermas, se escandalizó cuando Berlin le argumentó que la reacción anti francesa de los pensadores alemanes se debía en parte al hecho de que eran de origen humilde, mientras que los franceses eran aristócratas y que esto creaba tensión entre los alemanes y condescendencia y falta de interés en los franceses: «¡Oh por supuesto! –le dijo Habermas– usted reduce todo a cuestiones personales»50. Ni era frívolo ni era cierto que redujera todo a cuestiones personales. Su superficialidad era, como ha destacado Clive Jones, sólo superficial51. La búsqueda del «factor humano», el rescate de las individualidades, de su valor heurístico y el impacto en la historia de sus accidentadas y casuales vidas constituía, empero, un propósito constante: una obsesión. Si yo sostengo –afirmaba– que comprendo a otro ser humano, que siento empatía hacia él, que entro en sus procesos mentales y que por esta razón estoy bien calificado para formarme un juicio de su carácter, de su yo interno, entonces afirmo estar tocando algo que no puede reducirse […] a un conjunto de operaciones sistemáticamente clasificadas […] no es algo reducible a una clasificación sociológica […] Los hombres importan, y las circunstancias importan y las crisis importan y las cosas pueden ir en una dirección o la otra... [tengo] una gran desconfianza en las grandes fuerzas impersonales52. 49 Carta de Isaiah Berlin a Sam Guttenplan, 14 de julio de 1989 (inédita), IBLTW. 50 Ibidem. 51 Jones, Clive, «Guest from the…» op. cit. 52 Berlin, Isaiah, Pensadores rusos… op. cit., p. 269; y transcripción de entrevista entre Berlin e Ignatieff, 30 enero 1989, cinta 21, IBVL.
www.editorial.unican.es 275 Isaiah Berlin y sus espejos No es casual que Berlin, enemigo de las abstracciones deshumanizadoras, diera especial protagonismo a los productores del pensamiento, con sus debilidades, dudas, influencias familiares y afanes. En muchos casos destacaba aquello que repercutió en las mentes sensibles de los pensadores, los traumas o pasiones que hicieron cobrar vida a sus ideas y también su carácter. Recreaba la escena de la abuela asesina del niño sirviente, que horrorizó al moderado y escéptico Turgeniev (luego temeroso de los reaccionarios y aterrorizado de los radicales). Retrataba el fanatismo amedrentador del gritón Belinsky, caminando de un extremo a otro de la habitación con los ojos encendidos. Describía las dudas del alma torturada de Tolstoi. También reflejaba la megalomanía y fanatismo del «pequeño burgués con complejo de inferioridad» Rousseau; el shock sexual y la crisis religiosa de Hamman que le llevó a su conversión y reacción contra la Ilustración; la dulzura e ingenuidad visionaria de Mosse Hess; y el carácter siniestro y sórdido de un Joseph de Maistre que parecía escribir «desde el patíbulo». Destacaba también las contradicciones vitales del excéntrico Sorel: un apóstol de la acción que vivía en las librerías. Sin embargo, destacaba, su construcción intelectual de una doctrina de la violencia totalitaria que fue tan pura que «pocos años después de morir tanto el gobierno de Mussolini como el embajador de la URSS quisieron construirle un monumento»53. No se trataba sólo de entender o exponer el pensamiento a través del retrato del individuo sino, casi fundamentalmente, de resaltar el papel del individuo en la historia del pensamiento y, en general, en la historia. Del mismo modo que Berlin se negaba a ver a los seres humanos como esas moscas luchando en la tela de araña de las causas históricas, tampoco admitía su subordinación a los grandes proyectos ideológicos, científicos, totalizadores y universales Entendía, por otra parte, que existía una sintonía entre lo personal y la producción intelectual. Precisamente en su ensayo «Una década notable» expuso la teoría del «hombre indivisible», una teoría que atribuía a la actitud mental y profundamente moral de los escritores rusos y que aplicaba con gusto a sus propios análisis. Según la visión francesa, explicaba Berlin, la vida privada de un artista intelectual o lo que fuera, no importaba al público más que la vida privada de un carpintero. Esta premisa, añadía, fue rechazada por los escritores rusos que entendían que el hombre era uno y no se puede dividir: «que no es cierto que el hombre es ciudadano por una parte y de modo totalmente independiente es jornalero por otra y que estas funciones 53 Berlin, Isaiah, Contra la Corriente… op. cit., p. 413.
276 maría jEsús gonzálEz pueden mantenerse en compartimentos separados, que el hombre es una clase de personalidad como votante, otra como pintor y otra como marido [...]. Sería siempre falso decir: como artista creo esto y como votante siento aquello: también inmoral y desastroso»54. Berlin no concebía las ideas como algo separado de la personalidad o el carácter. Como destacaba Díaz de Urmeneta en el prólogo a su obra sobre Hamman «las ideas son producto de los hombres que las establecen inventivamente, sí, pero, desde el claroscuro de su acción, sus prácticas y las relaciones de su entorno»55. Las ideas viven en la mente de los hombres y mujeres, inspirándoles y moldeando su vida, influyendo en sus acciones –escribía Annan en sus comentarios a Impresiones Personales– «al fin y al cabo son los hombres y las mujeres quienes crean las ideas y quienes las encarnan: Nadie podrá comprender las ideas a menos que las vea como expresión de las pasiones, los deseos los anhelos y las frustraciones de los seres humanos»56. En ocasiones Berlin parecía incluso más interesado en explorar la personalidad del pensador, en lo que le condujo a forjar sus ideas, que en la propia coherencia interna o validez de las mismas57. Y de nuevo Alan Ryan se pregunta: ¿cuál es la premisa intelectual de la mezcla de biografía, historia y argumento que caracteriza el trabajo de Berlin y que convierte muchos de sus trabajos en unas «impresiones personales»? El autor baraja la posibilidad de que Berlin, simplemente, pensara que la filosofía no podría nunca descubrir nada parecido a la verdad acerca de los valores políticos, y lo que quedaba era el placer de la conversación y el encuentro personal (como si estuviera en una High Table en All Souls). No andaba muy descaminado Ryan. La conversación, el diálogo, constituía un verdadero método de pensamiento y expresión para Berlin. El contar con un sparring intelectual que le cuestionara sus propuestas le obligaba a clarificar sus ideas, a pulirlas y a reflexionar sobre las posibles contradicciones o fallos: «Creo que podríamos producir un libro de filosofía de la historia y creo que lo que deberíamos hacer es escribirnos cartas uno 54 Berlin, Isaiah, Pensadores rusos… op. cit., p. 254. 55 Berlin, Isaiah, El mago del Norte… op. cit., p. 31. 56 Afterword de Annan a Isaiah Berlin, en Berlin, Isaiah, Personal Impressions. Oxford, Princeton University Press, 2014, p. 463. 57 Crankshaw, Edward, «The passion for ideas», The Observer, 15 de enero de 1978: «un artista manqué, menos interesado en las ideas que en los hombres que las propagan».
www.editorial.unican.es 277 Isaiah Berlin y sus espejos al otro sobre el tema, le escribía a Morton White58. De nuevo, gustaba de mirarse en un espejo. Ventrílocua Un tercer aspecto en relación con su práctica biográfica es su instrumentalización de la misma como vehículo de transmisión ventrílocua y refuerzo de sus propias ideas. «Tengo tres o cuatro ideas en mi vida –confesó una vez Isaiah Berlin– que repito una y otra vez»59. Esas ideas eran: la diversidad e incluso incompatibilidad de valores que conformaba el pluralismo, la imposibilidad de aplicar un método científico a estudios humanos o de intentar someter sus irregularidades a leyes preestablecidas, el peligro de las utopías que subordinan y sacrifican el presente de los individuos a una futura arcadia, y los dos modelos de libertad. Y es muy cierto que al retratar el pensamiento de los otros Berlin fue desgranando el suyo propio: contrastándolo y nutriéndolo. Según algunos autores han criticado, incluso deformando el ajeno. Berlin practicaba (sin ocultarla) una permeabilidad en las fronteras entre él y su sujeto. En realidad, él siempre tendía a hacer a sus personajes «razonablemente yo mismo». Era –decía– el único método de empatía con que contaba. Como un actor representando un papel 60. Hasta el punto de que en alguna de sus biografías intelectuales se percibe un tono «ventrílocuo» bastante evidente, y una cierta sinfonía recurrente de fondo. A este respecto, es muy conocida la observación que hiciera uno de sus críticos, Ernest Gellner. Al analizar la teoría del pluralismo de valores divergentes de Berlin (una de sus aportaciones fundamentales), se fijó en que este encontraba sus antecedentes en Maquiavelo, Vico, Herder y Tolstoi «que se parecen –decía Gellner– sospechosamente entre sí como Nicolo Berlianelo, 58 También lo demuestra su correspondencia con Andrej Walicki o Beata PolanowskaSygulska. Ver carta de Isaiah Berlin a Morton White, 4 octubre 1952, en Hardy, Henry y Holmes, Jennifer (eds.): Enlightening Letters… op. cit., p. 321. 59 Hardy, Henry, In search of … op. cit., pp. 161-162. 60 Véase Cherniss, Joshua L. y Hardy, Henry, «The life and opinions of Isaiah Berlin», en Cherniss, Joshua (ed.), The Cambridge Companion to Isaiah Berlin. Cambridge, Cambridge University Press, 2018, pp. 13-30, esp. p. 21. «Actor» en carta de Isaiah Berlin a Norman Brown, 6 de mayo de 1991: Hardy, Henry y Pottle, Mark (eds.): Affirming Letters… op. cit., p. 416.
278 maría jEsús gonzálEz Gianbattista Berlinco, Johan Gottfried Berliner y Lev Nicolai Berlinoi»61. La coincidencia no era casual, aunque su biógrafo interpretaba generosamente que sus ideas más características eran presentadas como glosa del pensamiento de otros, ocultando así su propia genialidad. Mucho más crítico en su interpretación era el neoconservador Podhoretz, quien tomaba una frase del propio Berlin y afirmaba que no hacía más que «tautología dramatizada»: «¿sustancialmente qué añade?» se preguntaba62. A esa mencionada lista de alter egos que citaba Gellner se sumaba la fusión casi emocional de Berlin con algunos de sus autores favoritos como Turgeniev o fundamentalmente Herzen, el aristócrata exiliado del zarismo. Herzen como Berlin (o Berlin como Herzen), siempre repudió la opresión del individuo, la humillación y degradación de los hombres por las tiranías políticas y personales, la oscura ignorancia… pero sobre todo lo que le identifica con él (y mezclaba sus pensamientos) era su visión de la anti teoría, la historia «sin libreto»: ambos negaban que la vida humana constituyera un «deber social» o que un individuo o una generación debiera sacrificarse por la sociedad por un supuesto bien futuro. «¿Cuál es el propósito de la canción que canta el cantante? Es la canción …» escribía poéticamente Herzen: la última meta de la vida es la vida, traducía Berlin, quien sobrecargaba de entusiasmo expresivo la exégesis y comentario de las ideas del pensador romántico63. Sin embargo, ese entusiasmo ocultaba también una cierta «domesticación» e incluso no una distorsión cruda, pero sí una clara modulación del tono intelectual de este. «El Herzen de Berlin no es Herzen –afirmaba tajantemente Jacoby–; él estaba más a la izquierda. Estaba más próximo a la revolución y al propio radical Belinsky de lo que Berlin refleja»64. El hecho era que, gracias a ese planteamiento empático, no siempre resulta fácil discernir, en el envolvente discurso de Berlin, dónde está la frontera entre la exposición de sus propias ideas y argumentos y las del sujeto analizado. Esto sucede con mayor frecuencia con sus afines liberales, pero la tendencia a «fundirse» en el discurso (derivada también de su capacidad de empatía), se produce con otros autores antagónicos como Hamman o incluso con Marx. Así lo revela la famosa anécdota que contaba Mary Fisher: 61 Gellner, Ernest, «Sauce for Liberal Goose», Prospect magazine, 20 de noviembre de 1995. 62 Ignatieff, Michael, Isaiah Berlin… op. cit., p. 329. Podhoretz, Norman, «A dissent on Isaiah Berlin…» op. cit. 63 Herzen,Aleksander, From The Other Shore,1850. Berlin, Isaiah, Pensadores rusos… op. cit., p. 368. 64 Jacoby, Rusell, «Isaiah Berlin: With The Current», Salmagundi, nº 55, 1982, pp. 232-241.
www.editorial.unican.es 279 Isaiah Berlin y sus espejos «cada fin de semana el señor Berlin [padre] leía el libro en voz alta a la señora Berlin y ella a intervalos, interrumpía y decía ¿es ese Marx o es Shaya [Isaiah]? Y él le decía, no, no, ese es sólo Marx, no es Shaya»65. El mismo Berlin observaba, por su parte, con qué frecuencia se producía esta identificación entre otros autores y también era consciente de la suya propia. Existe un riesgo en particular que radica en el hecho de que aquellos que son tenidos por admiradores de pensadores brillantes y profundos, a la vez que inexactos y oscuros, lean en los textos de estos mucho más de lo que en realidad dicen, situándolos inconscientemente en la dirección de sus propios pensamientos66. (Cursiva mía) En su análisis de los autores que estudiaron a Vico, por ejemplo, destacaba como algunos le vieron equivocadamente como un proto marxista, pero también fue presentado como: un pragmatista, un apologista católico, un patriota napolitano, un precursor del fascismo y un existencialista. «Pudiera ser –reflexionaba– que al encontrar en Vico pensamientos que no aparecían plenamente articulados antes del siglo xix y xx, también yo sea culpable de cometer el mismo fallo»67. El caso era que lo ubicaba muy hábil y convenientemente en su dinastía argumentativa. Collini lo calificó directamente de historical ventriloquizing (ventriloquismo histórico)68. Como autobiografía Finalmente, Berlin utilizaba la biografía como estrategia de aprendizaje, contraste y también de autorretrato personal: la biografía como autobiografía. En una entrevista realizada con Ignatieff, el poeta Stephen Spender realizó una peculiar y compleja interpretación psicológica de Berlin. Destacó su tendencia a ser algo parecido a un «maestro de teatro» y a vivir vicariamente a través de las emociones de sus amigos (Nicolas Nabokov, Stuart Hampshire, el propio Spender) a los que parecía ver como sus «animalitos domesticados haciendo sus trucos […] bajo la asunción de que él no vive una vida que 65 Prefacio de Henry Hardy a la reedición de la obra de Isaiah Berlin sobre Karl Marx. Shaya era el nombre familiar de Isaiah. 66 Berlin, Isaiah, Vico y Herder. Madrid, Cátedra, 2000, p. 139. 67 Ibidem. 68 Collini, Stefan, English Pasts: Essays inHistoryand Culture. Oxford, Oxford University Press, 1999, p. 197.
www.editorial.unican.es POST SCRÍPTUM. DESVELANDO A FRANCISCO UMBRAL Anna Caballé Universidad de Barcelona E n enero de 2004 se publicó mi biografía Francisco Umbral. El frío de una vida, sin duda el libro más difícil y delicado de toda mi trayectoria profesional. No se trataba de una dificultad inherente a lo que me proponía, porque escribir la biografía de un personaje vivo es, desde el punto de vista de la investigación y el conocimiento, el ejercicio que puede resolverse con las mayores garantías. Sin embargo… ¿estamos seguros de ello? Es la cuestión sobre la que quiero reflexionar en las líneas que siguen. En otro lugar he escrito sobre los dos grandes patrones de objetividad sobre los que se asienta la biografía1, en el sentido que le da a este concepto Thomas Khun en La estructura de las revoluciones científicas (1962). Un patrón de objetividad es un modelo que permite definir una tradición de investigación particular y coherente. Pues bien, uno de esos patrones de objetividad en la biografía no incluye el conocimiento directo del biografiado, o biografiada, bien porque es un personaje del pasado, porque ya ha fallecido o bien porque quien la escribe prefiere asegurarse la autonomía de su investigación manteniéndose a distancia. Hay una forma de operar relativamente afín entre cualquiera de los biógrafos de Cervantes y el autor de una biografía actual que no ha querido contar con el trato directo de su biografiado a fin de asegurarse la libertad que requería para su trabajo. Claro que cuando la época de biógrafo y biografiado es coincidente se dispone de un conocimiento si no directo del personaje, si al menos osmótico del mismo que facilita grandemente la tarea. 1 Caballé, Anna, «Los horizontes epistemológicos de la biografía», Letras de Hoje, vol. 53, nº 2, 2018, pp. 203-211. El artículo se publicó, ampliado, en Fuentes permeables. Ciencias sociales y literatura, ed. de José María Pérez Collados, Marcial Pons, 2019.
288 anna caballé Mientras que una biografía de Cervantes debe imaginarlo todo, no solo a su personaje, sino cualquiera de los detalles concurrentes en la vida de finales del siglo xvi, una biografía actual de Felipe González no requiere de esta imaginación para ubicarse, pues dispone del conocimiento del contexto y de los testimonios vivos que pueden aportar una riqueza extraordinaria a la comprensión del personaje. Es decir que en el primer caso hay una dificultad añadida y se requiere de enormes conocimientos de historia, política, cultura, leyes, religión y geografía para poder comprender el alcance y la significación tanto de los hechos cotidianos como de los más excepcionales. Philippe Lejeune ha popularizado una anécdota relacionada con Luis XVI que permite hacerse una idea de lo dicho. El monarca francés fue el primero, según Lejeune, en llevar un diario desde la edad de 11 años, donde anotaba sus ocupaciones oficiales, sus viajes y su costumbre de salir de caza. A lo largo de la semana fatal comprendida entre el 11 y el 14 de julio de 1789 anotaría sucesivamente Rien en su cuaderno. Es decir, nada. Nada relevante, se entiende. Imaginamos el estupor de cualquier lector al comprobar la ceguera del monarca ante el tsunami político que se avecinaba. Pero no sería justo para él pues lo que decía con tan contundente palabra el monarca es que aquella semana no había salido a cazar, por recomendación de sus consejeros, y tampoco había sucedido nada significativo entre los muros de Versalles. Ciertamente donde estaban sucediendo cosas importantes era en las calles de París. Pero hay que conocer la costumbre de los reyes de llevar un diario de caza, para dar el sentido justo y apropiado al célebre Rien de Luis XVI2. El segundo patrón de objetividad parte precisamente del aspecto contrario, del conocimiento directo del sujeto biografiado. En este caso, las posibilidades básicas son dos: la biografía se beneficia de él o bien no se beneficia: puede solicitar la colaboración del biografiado, la de su entorno, la de sus colaboradores, puede acceder a documentación inaccesible a otras personas, puede incluso someter su manuscrito a la lectura y aprobación de su personaje para que éste corrija o matice aquello que crea oportuno; o bien escribe su biografía distanciándose por alguna razón de su influencia. Es lo que a mí me ocurrió, inesperadamente, en relación a Francisco Umbral. Con él acordé un proyecto biográfico que muy pronto se deshizo debido a nuestra mutua incompatibilidad a la hora de definir sus límites y objetivos. Mientras Umbral veía la biografía como una caja de resonancia de su propia identidad como 2 Lo analiza Philippe Lejeune en: Lejeune, Philippe y Bogaert, Catherine, Le journal intime. Histoire et anthologie. París, Textuel, 2006, p. 77.
www.editorial.unican.es 289 Post scríptum. Desvelando a Francisco Umbral escritor, yo aspiraba a comprender los vacíos y contradicciones que observaba en las semblanzas biográficas disponibles (por poner un solo ejemplo era imposible concretar su segundo apellido o bien su lugar de nacimiento), deseando reconstruir su trayectoria a partir de una base fehaciente. No hubo acuerdo posible y la relación entre nosotros se enfrió hasta el punto de amenazarme el escritor con los tribunales si proseguía con mi proyecto3. Lo que quiero decir es que cualquiera de los dos patrones de referencia encierran una parecida complejidad. Es posible que en un primer momento resulte más fácil pensar que disponer del testimonio directo del biografiado facilita las cosas, pero muy pronto se comprende que surgen otro tipo de dificultades de orden moral o deontológico que deberán afrontarse. Cuando me decidí a escribir sobre la vida verdadera de Umbral, pseudónimo literario bajo el cual se oculta Francisco Pérez Martínez, nacido en Madrid en 1932, tenía cierta amistad con el escritor e incluso presenté uno de sus libros, Diario político y sentimental (1999) en uno de los mullidos salones del Teatro Real de Madrid. Un acto que contó con la asistencia de muchas caras conocidas, entre ellas recuerdo a Mariano Rajoy (entonces ministro de Cultura) y a un viejo conocido de Umbral, Fernando Lázaro Carreter, director de la RAE entre 1992 y 1998. En todo caso, nuestra relación era lo suficientemente grata como para que ambos compartiéramos un objetivo común: escribir su biografía. Mi idea era clarificar en lo posible el desconcierto que reinaba en torno a su figura, a su influyente imagen consolidada en los años de la transición política de la mano de El País, dirigido por Juan Luis Cebrián, y luego en Diario 16 (a partir de 1988, bajo la dirección de Pedro J. Ramírez), cuando su columna se convirtió en una pieza imprescindible en ambos periódicos. No hay más que leer la semblanza que del escritor traza Juan Cruz en sus magníficos Egos revueltos para comprender el poder de Umbral en los años ochenta, siendo uno de los iconos de aquella movida madrileña que si bien envejeció rápidamente, sus destellos iluminaron la sociedad española del postfranquismo de forma tan inesperada como sorprendente. Aquello fue una explosión de vitalidad y contracultura. Como ya he dicho, todos los datos relacionados con el escritor bailaban, hasta el punto de no poder concretar su segundo apellido o el año en que nació. Para una profesora de literatura especializada en la escritura autobiográfica 3 El proceso de progresiva hostilidad que sufrió nuestra relación está expuesto en mi libro: Caballé, Anna, Francisco Umbral. El frío de una vida. Madrid, Espasa, 2004. Nueva edición revisada en Debate, 2022.
290 anna caballé la obra literaria de Umbral constituía un desafío. Por poner un ejemplo: en algunos de sus libros memorialísticos el narrador recuerda el impacto de la entrada de la guardia mora en la ciudad de Valladolid en 1939, pero si había nacido en 1937 (una de las fechas barajadas por el escritor) eso no podía ser más que un falso recuerdo. Cuando supe que había nacido en 1932, y por tanto su edad era de siete años en 1939, ese recuerdo sí tenía sentido y posibilidades de ser cierto. En un primer momento Umbral se mostró dispuesto a ayudarme y de hecho hizo incluso planes sobre la publicación de la biografía y de cómo sería el evento. Lamento mucho que todo aquello se desmoronara tan rápidamente y que nuestra relación acabara en desastre. Desde el principio yo esperé, con mi proyecto, poner a Umbral en una relación reflexiva respecto a su historia personal, de modo que pudiera responderme a cuestiones sustanciales, al tiempo que muy elementales en la vida de todo ser humano. Pero ese mutuo entendimiento no se produjo. Procedíamos de lugares muy distintos: él estaba acostumbrado a cubrir y descubrir con deslumbrantes metáforas una profunda experiencia de soledad y extrañamiento, mientras que yo vivía seducida por el ejemplo de los grandes investigadores (Howard Carter, Johan Huizinga, George Painter, Richard Ellmann …), a los que siempre he leído con devoción. Él era un autor incisivo y brillante que había logrado edificar un imperio de palabras a partir de una dolorosa experiencia vital que mantenía en relativa penumbra: «Nadie podrá acompañarme nunca por los ecos últimos de mi soledad», leemos en uno de sus poemas publicado en Crímenes y baladas (1981) y antes en las páginas de Poesía Española (1968). No hay duda, a toro pasado, de que yo no era la persona que él necesitaba para escribir su hagiografía, de modo que nuestras divergencias afloraron muy pronto. Bastó el empeño en fijar su nombre real y la fecha y lugar de su nacimiento –hechos que, al conocerlos hablarían por sí mismos– para que el escritor se distanciara radicalmente del proyecto. ¿Quién era yo para saber y divulgar lo que nadie conocía? Comprendo perfectamente su posición (ahora la comprendo mucho mejor que entonces) y el impacto que debió de causarle la impugnación al personaje que supuso mi libro. Comprendo lo que pudo ser para él verse de pronto confrontado con una memoria que había instrumentalizado a lo largo de su obra sin que nadie aportara el menor reparo. Creo que la verdad existencial con la que Umbral convivía al tiempo que ocultaba explica muy bien el sentimiento de amenaza en que vivía; porque, en el fondo, la fragilidad del escritor era extrema. En todo caso, al poner en su conocimiento el resultado de mis primeras pesquisas, respondió con una carta (la publico en la página 24 de El frío de una vida) que me pareció enormemente inadecuada porque impedía una
www.editorial.unican.es 291 Post scríptum. Desvelando a Francisco Umbral conversación aclaratoria y un posible acuerdo en el espacio abierto de las razones de cada uno. Y la catástrofe se consumó. Yo soñaba con la seriedad de mi proyecto, deseaba escribir una biografía a partir de una investigación fiable que captara las repercusiones en la vida y la obra umbralianas de un devastador trauma inicial. Escribí la biografía creyendo firmemente en la fuerza anamnésica de mi labor, reconstruyendo tenazmente un pasado que era individual y colectivo al mismo tiempo (fruto de una sociedad reprimida y represora contra la cual luchaba Umbral, a su manera, con todas sus fuerzas) y que, en mi opinión, debía conocerse porque ayudaba a comprender la singularidad del personaje público y desde luego ayudaba a comprender el alcance y significado de su obra. Nuestra vida intelectual, y moral, me decía a mí misma, necesita que la historia (en este caso la de una vida) no sea asumida ciegamente por la crítica literaria, sino que parta de una sincera aspiración a la verdad y la objetividad. De modo que ante su negativa a facilitarme cualquier tipo de información, empecé a buscar en otras fuentes los ecos de su historia y exhumé las huellas de sus pasos hasta donde me fue posible. Umbral había construido una ficción a partir de la realidad vivida y la había hecho su verdad, presentándola como tal. Mi pregunta es, y era: ¿yo debía aceptarla sin más, sin comprobaciones ni razonamientos de ninguna clase? De responder afirmativamente a esta pregunta, ¿cuál es entonces el papel de la biografía en la cultura? Y si bien creo que me acerqué a la verdad de su vida, no conseguí la anhelada objetividad. La línea interpretativa que mantuve a lo largo del libro se me fue claramente de las manos en el capítulo 14, titulado «Jais, gachís y choricillas», donde abordaba de una forma cruda y sin los necesarios matices y precauciones su relación con las mujeres y el sexo. Leído veinte años después de que fuera escrito digamos que la validez que le sigo atribuyendo a la interpretación de una escritura que resulta tantas veces humillante para las mujeres no se dice, pese a todo, con el código prescriptivo que yo debía haber respetado, dado que Umbral era un personaje vivo, público y al que yo podía dañar con mi interpretación. Su fórmula de la rosa y el látigo como arquitectura estilística de sus columnas contaminó mi propia arquitectura narrativa y apliqué esos mismos recursos a su obra desde una perspectiva distante e hipercrítica con sus contenidos, especialmente los vinculados, como digo, al tratamiento de la mujer en sus libros y, en general, a su visión del erotismo. Un tema de sobra interesante para un artículo en una revista, para un capítulo de libro, pero que no debía de haber formado parte de una biografía con voluntad académica por su excesiva carga interpretativa. Digamos que la propia crudeza empleada por Umbral en sus columnas y libros se apoderó de mi escritura,
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