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RESEARCH ARTICLE © ARQUEOLOGÍA IBEROAMERICANA 56 (2025): 134-143. ISSN 1989-4104. <https://www.laiesken.net/arqueologia/>. SÍMBOLOS ANCESTRALES Y DIAGNÓSTICOS MODERNOS: CONCEPCIONES DE SALUD Y CORPORALIDAD EN EL ARTE RUPESTRE DE EL ALGODONAL (VIZA, PERÚ) Y PRÁCTICA MÉDICA CONTEMPORÁNEA Ancestral Symbols and Modern Diagnoses: Conceptions of Health and Corporeality in the Rock Art from El Algodonal (Viza, Peru) and Contemporary Medical Practice Jose Ricardo Mondragon Regalado,1,3 Diomer Marino Jara Llanos,1,4 Alex Vilder Guerrero Becerra,1,5 Juan Enrique Arellano Ubillus,1,6 Margarita Yoqsan Velasquez Diaz,1,7 Jaime Mundaca Araujo 2,8 1 Universidad Nacional de Jaén, Perú; 2 Universidad Nacional Intercultural Fabiola Salazar Leguía de Bagua, Perú; 3 [email protected], https://orcid.org/0000-0002-6591-7405; 4 [email protected], https://orcid.org/0000-0002-9177-5578; 5 [email protected], https://orcid.org/0000-0002-3375-7646; 6 [email protected], https://orcid.org/0000-0001-5952-3760; 7 [email protected], https://orcid.org/0009-0004-6087-0371; 8 [email protected], https://orcid.org/0000-0001-5392-2146 Received: September 7, 2025. Modified & Accepted: October 12, 2025. Published: October 28, 2025. Edited & Published by Pascual Izquierdo [P. I. Egea]. Arqueol. Iberoam. Open Access Journal. Creative Commons License (CC BY 4.0). https://n2t.net/ark:49934/392. https://purl.org/aia/5615. Figura 1. Representaciones simbólicas de corporalidad y sanación de El Algodonal, Viza.
– 135 – ARQUEOL. IBEROAM. 56 (2025) • ISSN 1989-4104 RESUMEN . Este estudio analizó comparativamente las concepciones de salud y corporalidad representadas en el arte rupestre de El Algodonal (Viza, Perú) y aquellas presentes en la práctica contemporánea del técnico médico, a fin de establecer continuidades y transformaciones entre símbolos ancestrales y diagnósticos modernos. Los hallazgos evidencian una continuidad histórica y cultural articulada en tres dimensiones: las representaciones rupestres, las tradiciones interculturales curativas y las prácticas biomédicas actuales. Aunque cada una responde a marcos distintos, simbólicoespirituales, comunitarios y técnico-científicos, todas conciben la salud como equilibrio entre cuerpo, entorno y colectividad. Se constató que las prácticas ancestrales no han desaparecido, sino que coexisten con la biomedicina en una relación de complementariedad y tensión marcada por diferencias culturales, de acceso y legitimidad. En este escenario, el técnico médico se configura como mediador intercultural, capaz de articular evidencias científicas con saberes tradicionales para favorecer una atención en salud más inclusiva y aceptada por la comunidad. El aporte central radica en integrar, desde una perspectiva interdisciplinar, expresiones rupestres ancestrales y prácticas biomédicas modernas, abriendo un horizonte de investigación hacia modelos sostenibles de atención intercultural. PALABRAS CLAVE . Símbolos ancestrales, diagnósticos modernos, análisis comparativo, concepciones de salud, corporalidad, arte rupestre, práctica médica contemporánea, El Algodonal, Viza, Perú. ABSTRACT . This study comparatively analyzed the conceptions of health and corporeality represented in the rock art from El Algodonal (Viza, Peru) and those present in contemporary medical practice in order to establish continuities and transformations between ancestral symbols and modern diagnoses. The findings reveal a historical and cultural continuity articulated in three dimensions: rock art representations, intercultural healing traditions, and current biomedical practices. Although each one responds to different frameworks—symbolic-spiritual, community-based, and technical-scientific—all conceive of health as a balance between body, environment, and community. It was found that ancestral practices have not disappeared but rather coexist with biomedicine in a relationship of complementarity and tension marked by cultural differences, access, and legitimacy. In this scenario, the medical technician acts as an intercultural mediator, capable of articulating scientific evidence with traditional knowledge to promote more inclusive health care that is accepted by the community. The central contribution lies in integrating, from an interdisciplinary perspective, ancestral rock art expressions and modern biomedical practices, opening up a horizon of research towards intercultural care sustainable models. KEYWORDS . Ancient symbols, modern diagnoses, comparative analysis, conceptions of health, corporeality, rock art, contemporary medical practice, El Algodonal, Viza, Peru. 1. INTRODUCCIÓN La corporalidad ya no se concibe como un dato natural fijo, sino como una construcción cultural e histórica. Armstrong (2022) sostiene que los cuerpos deben analizarse más allá de lo biológico, como productos culturales configurados mediante objetos, imágenes y prácticas. En este sentido, introduce el concepto de «paisajes corporales» para mostrar que existen múltiples modos de ser-cuerpo en distintas épocas y lugares, donde lo humano y lo no humano se entrelazan en redes de significado. Esta mirada se complementa con los aportes de Viteri (2020), quien interpreta la corporalidad en las representaciones visuales de las urnas funerarias de la fase Napo, donde los diseños funcionan como códigos icónicos que transmiten concepciones de vida, muerte y espiritualidad. Moragón (2013), por su parte, recuerda que en las sociedades orales la persona era inseparable de su cuerpo: «la persona es lo que su cuerpo hace». Con ello, reafirma que la corporalidad no es una abstracción, sino una práctica vivida y un vector existencial. Estas perspectivas abren el camino para comprender cómo el cuerpo ha sido históricamente un espacio de significación, identidad y relación con lo trascendente. Desde esta base, se comprende mejor la salud en concepciones ancestrales en las cuales el cuerpo no se entendía de manera aislada, sino convergiendo con la naturaleza y lo espiritual. En los pueblos Hajong de Bangladesh, por ejemplo, la salud se construía a partir del uso de plantas medicinales para atender tanto enfermedades comunes como dolencias complejas (Saha 2023). De modo similar, estudios en comunidades indígenas actuales muestran que la salud implica un bienes-
– 136 – ARQUEOL. IBEROAM. 56 (2025) • ISSN 1989-4104 tar físico, mental, social y espiritual en contraste con la fragmentación biomédica (Gunawan et al. 2021). Este legado persiste en la medicina moderna, pues numerosos fármacos ampliamente utilizados, como la quinina o la artemisinina, provienen de ese conocimiento ancestral (Balick & Cox 1996; Cotton 1996; Gilani & Rahman 2005; citados en Saha 2023). De manera complementaria, estudios antropológicos recientes confirman que el cuidado cultural en pueblos originarios se sostiene en valores, creencias y prácticas transmitidas intergeneracionalmente, ejercidas en el seno familiar y comunitario (Acosta y Díaz 2022). Desde la perspectiva de los jóvenes indígenas, la salud se vincula con la soberanía alimentaria, el liderazgo comunitario y la participación activa de ancianos y familias, lo cual resalta la importancia de programas culturalmente apropiados (Sinka et al. 2025). Asimismo, investigaciones en el contexto canadiense documentan que la medicina tradicional, con más de 12000 años de vigencia, articula ceremonias, espiritualidad y el uso de más de 400 especies vegetales, transmitidas oralmente como patrimonio cultural vivo (Dababneh et al. 2025a). Además, se identificaron 173 especies aplicadas a primeros auxilios dermatológicos, con potencial de complementar la práctica clínica occidental (Dababneh et al. 2025b). De modo similar, Tian-Liang et al. (2025) advierten que en el pueblo Miao el conocimiento etnobotánico se preserva oralmente, pero se ve amenazado por el envejecimiento de los portadores, lo que plantea la urgencia de estrategias de conservación cultural sostenible. Si en el pasado estas concepciones orientaban la manera de comprender el cuerpo y la salud, en la actualidad el técnico médico se ocupa de ese mismo objeto desde una lógica científica y tecnológica. Alaqeel et al. (2024) evidencian que estos profesionales han pasado de tareas rutinarias a diagnósticos avanzados mediante la reacción en cadena de la polimerasa (PCR) y la secuenciación genómica, consolidándose como actores estratégicos en la medicina de precisión. Wolf et al. (2023) destacan que la automatización robótica y los gemelos digitales los convierten en mediadores entre tecnología y práctica clínica. De manera convergente, Almutawah et al. (2024) confirman su papel en la seguridad diagnóstica, la reducción de errores y la optimización de tiempos de respuesta, así como en la detección de patógenos y la comunicación efectiva con médicos y pacientes. Las pinturas rupestres de El Algodonal (Viza) revelan precisamente esa dimensión originaria: el cuerpo como signo, como vínculo entre lo humano y lo sagrado. Cada trazo, cada figura antropomorfa con brazos extendidos encarna una manera de entender la salud no como ausencia de enfermedad, sino como armonía entre cuerpo, entorno y comunidad. Siglos después, la ciencia moderna fragmentó ese mismo cuerpo en órganos, tejidos y diagnósticos. La biomedicina, apoyada en la razón y la evidencia, permitió avanzar en precisión, pero también alejó a la práctica médica de la dimensión simbólica y relacional del cuerpo. Y, sin embargo, en los laboratorios contemporáneos persiste aquella búsqueda ancestral: comprender qué es el bienestar y cómo se construye. A pesar de estos avances, se mantiene un vacío en la literatura académica: no existen estudios que comparen directamente las representaciones rupestres de la corporalidad y la salud en El Algodonal (Viza, Perú) con la práctica contemporánea del técnico médico. El objetivo del presente estudio es analizar comparativamente las concepciones de salud y corporalidad representadas en el arte rupestre de El Algodonal (Viza) y aquellas presentes en la práctica contemporánea del técnico médico, con el fin de establecer continuidades y transformaciones entre símbolos ancestrales y diagnósticos modernos. Esta investigación se sustenta sobre tres marcos teóricos complementarios. La teoría de la corporalidad (Merleau-Ponty 1945; Csordas 1990; citados por Escribano 2011) concibe el cuerpo como sujeto de experiencia, práctica y significado cultural, lo cual permite interpretar las representaciones rupestres como expresiones vividas y no solo como imágenes. La antropología médica e intercultural (Kleinman 1980; Menéndez 1990; citados por Comelles et al. 2003) reconoce la coexistencia de sistemas médicos plurales y legitima el análisis comparativo entre concepciones ancestrales y prácticas biomédicas actuales. Finalmente, los aportes de Foucault (1976; citado por Shuttera 2024) sobre la medicalización y el biopoder permiten comprender cómo el técnico médico encarna la forma contemporánea de control y análisis científico de la corporalidad. El presente estudio examina las prácticas diagnósticas y preventivas contemporáneas de los técnicos médicos, abordando las concepciones sobre el cuerpo biológico, los diagnósticos clínicos, la salud pública y las prácticas curativas tradicionales de comunidades originarias. Mediante entrevistas a profesionales de la salud y a pobladores representativos de dichas comunidades, se busca comprender cómo estos enfoques se aplican en contextos profesionales y comunitarios, y de qué
– 137 – ARQUEOL. IBEROAM. 56 (2025) • ISSN 1989-4104 manera las prácticas biomédicas modernas coexisten y se complementan con los saberes tradicionales. Esta aproximación comparativa permite contrastar las representaciones ancestrales de la corporalidad y la salud registradas en el arte rupestre de El Algodonal (Viza) con las prácticas diagnósticas y preventivas actuales, evidenciando continuidades y transformaciones entre los símbolos ancestrales, los diagnósticos modernos y las prácticas comunitarias dedicadas a cuidar la salud. En síntesis, este estudio no solo cubre un vacío en la literatura, sino que aporta una mirada interdisciplinar al articular expresiones rupestres ancestrales con las prácticas biomédicas contemporáneas. De este modo, ofrece un marco de análisis que trasciende el caso local y contribuye a enriquecer el debate internacional sobre la relación entre cuerpo, salud y cultura, mostrando la pertinencia de vincular pasado y presente frente a los desafíos actuales de la medicina moderna. 2. MATERIALES Para el desarrollo de la investigación se utilizaron, además de los medios y materiales indispensables de oficina, registros arqueológicos y estudios académicos sobre el arte rupestre de El Algodonal (Viza), los cuales permitieron identificar representaciones vinculadas al cuerpo y la salud en contextos ancestrales. Asimismo, se consultaron artículos científicos sobre el rol del técnico médico y literatura interdisciplinar de la antropología médica con el propósito de reconocer tanto las continuidades como las transformaciones entre las expresiones simbólicas del pasado y las prácticas médicas contemporáneas. 3. METODOLOGÍA El estudio se desarrolló bajo un diseño cualitativo, interpretativo y comparativo, con enfoque hermenéutico e interdisciplinar que articuló la arqueología, la antropología médica y las ciencias de la salud. El análisis se organizó en tres dimensiones: la rupestre, centrada en las representaciones de El Algodonal (Viza, Perú); la intercultural-comunitaria, enfocada en las prácticas curativas y el uso de plantas medicinales; y la biomédica-contemporánea, vinculada a las funciones actuales del técnico médico. Para estas dos últimas dimensiones se realizaron entrevistas semiestructuradas a seis técnicos médicos de la región Cajamarca, cinco a pobladores de comunidades indígenas y tres a pobladores oriundos del caserío Viza, seleccionados mediante muestreo intencional. El procedimiento analítico se basó en un enfoque temático y comparativo apoyado en fichas de registro y matrices temáticas en torno a tres ejes clave —cuerpo, salud y prácticas curativas—, lo que permitió identificar continuidades y transformaciones en las concepciones de la corporalidad, garantizando un manejo crítico, ético y respetuoso de las fuentes. 4. RESULTADOS 4.1 Representaciones rupestres de El Algodonal (Viza) (símbolos ancestrales) Para esta dimensión se examinaron las representaciones rupestres de El Algodonal (Viza), seleccionadas por su relevancia cultural y potencial para reflejar concepciones ancestrales de la salud y la corporalidad. El conjunto rupestre reúne figuras antropomorfas en posturas dinámicas, motivos geométricos envolventes y representaciones vegetales estilizadas (figura 1, tabla 1). Estas imágenes condensan una visión de la salud entendida como equilibrio entre cuerpo, naturaleza y espiritualidad, funcionando como un lenguaje visual que articula corporalidad, ritual y curación. Las representaciones rupestres trascienden la función estética y se configuran como un universo simbólico donde se integran el cuerpo, la salud y lo ritual. La presencia de figuras antropomorfas con brazos extendidos y gestos de invocación (A1, A3) coloca al cuerpo como mediador entre lo humano y lo sagrado, transmitiendo apertura hacia fuerzas trascendentes con energía, dando a entender una buena salud corporal. La representación vegetal (A2) que muestra una hoja estilizada adquiere un lugar central. Puede interpretarse como símbolo de la naturaleza sanadora asociada a plantas medicinales empleadas para restablecer el equilibrio corporal y espiritual. En este sentido, la hoja no es solo un recurso botánico, sino un signo que une salud y sacralidad, reflejando su importancia en prácticas curativas comunitarias y chamánicas. Los círculos (A5) y patrones geométricos (A4, A6) refuerzan la noción de protección y equilibrio en sintonía con una concepción de la salud como armonía entre cuerpo, entorno y cosmos. Estas imágenes, más que evocar escenas rituales aisladas, funcionaban como marcas visuales de curación colectiva donde el bienestar dependía de la interacción entre lo humano, lo espiritual y lo natural. En su conjunto, este material rupestre constituye un testimonio de una medicina ancestral que integraba lo
– 138 – ARQUEOL. IBEROAM. 56 (2025) • ISSN 1989-4104 físico, lo espiritual y lo vegetal. El cuerpo, el ritual y la naturaleza aparecen unidos en un mismo lenguaje simbólico que expresa la salud como equilibrio integral: del individuo, de la comunidad y del entorno natural, cuya continuidad converge con concepciones contemporáneas del bienestar. 4.2 Tradiciones interculturales de salud (uso de plantas y prácticas comunitarias) Para esta dimensión se analizaron las entrevistas realizadas a pobladores de comunidades originarias y a habitantes del sector El Algodonal, cuyos testimonios ofrecen una visión integral sobre cómo se conciben la salud, la corporalidad y las prácticas curativas desde la perspectiva intercultural. Interpretación de las entrevistas Salud y corporalidad Los testimonios revelan que la salud personal se concibe como una responsabilidad individual: «la salud es estar sano» o «la salud personal depende de uno mismo». En contraste, la salud comunitaria se entiende como una forma de bienestar compartido, expresada en afirmaciones como «la salud de la comunidad es de todos, por ejemplo, no tener anemia ni parásitos». No obstante, también emergen discursos que trasladan la responsabilidad hacia las autoridades políticas, como en la frase «la salud de la comunidad depende del alcalde y lo otro es de uno mismo». Esta diversidad de percepciones revela una tensión entre la autocuración y las expectativas depositadas en el Estado, donde la salud se representa simultáneamente como deber personal y como derecho colectivo. Tabla 1. Estructura de los resultados. La corporalidad, por su parte, se comprende en estrecha conexión con la naturaleza y lo espiritual. Los entrevistados afirman que «cuando curan se conectan con los guardianes de la selva», que «cuando uno se enferma, a veces solo está asustado y el curandero lo llama espiritualmente», e incluso que «toda persona que no cree en lo espiritual no podrá curarse». Estas expresiones revelan una concepción relacional y abierta del cuerpo, entendido como un espacio de interacción entre lo físico, lo emocional y lo trascendente. En esta perspectiva, la salud se alcanza mediante la restauración del equilibrio con lo invisible y lo natural, reafirmando la unidad entre el ser humano, el entorno y las fuerzas espirituales que lo habitan. Plantas medicinales y cultura Las plantas medicinales constituyen el eje central del cuidado de la salud en la comunidad, tanto frente a dolencias cotidianas como ante enfermedades de mayor gravedad. Así lo expresan los participantes: «la hoja de coca sirve para el cansancio; también hoy se limpia con el cuy para ver en qué lugar del cuerpo está la enfermedad» o «durante el COVID nos curamos con la hoja del matico». Estas afirmaciones evidencian la vigencia del saber fitoterapéutico tradicional, donde el uso de recursos naturales se integra con prácticas rituales y diagnósticos simbólicos como parte del proceso de sanación. Las enfermedades complejas también son enfrentadas mediante remedios naturales, como lo relatan los entrevistados: «cuando nos da la malaria a causa del zancudo, también a veces nos curamos solo tomando palos amargos» y «para curarse de la gripe, no compramos pastillas, sino remojamos raíces de palos fuertes o amargos y con eso nos curamos». Estas prácticas refle-
– 139 – ARQUEOL. IBEROAM. 56 (2025) • ISSN 1989-4104 jan una confianza sostenida en la farmacopea local, entendida como un sistema de conocimiento empírico y simbólico que permite responder a situaciones de enfermedad sin depender exclusivamente de la medicina farmacéutica. Un testimonio particularmente revelador alude a la atención de fracturas: «Mi abuelo cura quebraduras, les amarra con tablillas de madera, les preparaba un trago de varias hierbas fuertes y les frotaba con sebo de una culebra que se llama macanche, y eso hacía que los huesos se peguen rapidito». Este relato integra el conocimiento botánico con prácticas de inmovilización física, mostrando una medicina tradicional versátil, capaz de atender lo corporal, lo interno y lo espiritual mediante un saber que articula la experiencia empírica con la dimensión simbólica de la curación (figura 2). La dimensión ritual se confirma en la mención de otro poblador: «mi abuelo usa el San Pedro y la ayahuasca», plantas que trascienden lo corporal para abrir experiencias de sanación espiritual y comunitaria. Prácticas comunitarias y rituales El cuidado de la salud no se limita a las plantas, sino que incorpora normas alimentarias preventivas transmitidas de generación en generación. Entre ellas destacan: «para no caer ‘mucho’ enfermo es necesario comer más comidas de la selva o de la montaña, porque consumir azúcar dicen que enferma»; «mis abuelos me han dicho... que la sal no se debe comer porque enferma al cuerpo»; y «no comamos aceites, eso hace daño para el estómago». Estas prácticas reafirman la idea de que la salud depende de mantener una dieta vinculada al entorno natural y alejada de lo industrial. La transmisión del conocimiento es intergeneracional. Un entrevistado señala «bueno, a mí siempre me han enseñado mis abuelos, también mi papá». Otro destaca la función de las autoridades representativas: «También aquí nos da charlas el apu». Finalmente, se observa una clara cadena de continuidad: «La mayoría de cosas que sabemos es porque nuestros abuelos nos han enseñado, y así también los han enseñado a ellos; por eso también nosotros las enseñamos a nuestros hijos». Esto muestra que la salud se construye como un patrimonio colectivo, sostenido en la memoria y la práctica comunitaria. Relación con los centros de salud La relación con la biomedicina es complementaria y ambivalente. Algunos reconocen que acuden a la posta solo cuando lo tradicional no basta: «Sí, a veces vamos también, cuando ya no se curan nuestros males con plantas». Otros muestran que la asistencia es obligatoria: «En la posta nos exigen que vayamos para que nos midan la presión». Persisten barreras culturales y sociales: «a un hospital no llegamos, porque está muy lejos y no conocemos; también me han contado que ahí nos tratan mal a nosotros» y «es difícil que nos atiendan en los hospiFigura 2. El señor Juan Mondragón Hurtado, de 87 años de edad, realiza prácticas tradicionales de sanación de quebraduras en la comunidad de Viza.
– 140 – ARQUEOL. IBEROAM. 56 (2025) • ISSN 1989-4104 tales, los médicos no nos entienden como hablamos y tenemos vergüenza de contar dónde nos duele». Estas afirmaciones revelan desigualdad de acceso y falta de interculturalidad en la atención médica. Aun así, se reconoce la eficacia de algunos tratamientos: «En algunas enfermedades en la posta nos ponen ampollas y nos curamos rapidísimo». No obstante, la comunidad mantiene sus prácticas: «Aunque nos vamos a la posta seguimos tomando nuestros preparados». Esto evidencia que la biomedicina no sustituye a la tradición, sino que convive con ella en un marco de negociación y complementariedad. Las entrevistas permiten comprender la salud como un fenómeno integral y relacional. El cuerpo no es solo biológico, sino puente con lo espiritual y lo natural. Las plantas medicinales, desde la coca y el matico hasta el San Pedro y la ayahuasca, son símbolos de autonomía cultural y continuidad ancestral (figura 3) capaces de atender desde resfríos hasta fracturas. Las prácticas alimentarias y los consejos de los mayores funcionan como medicina preventiva, transmitida de generación en generación. Finalmente, el vínculo con la biomedicina muestra una relación incompleta donde la comunidad integra ciertos aportes modernos, aunque reafirma su propia tradición como eje central de curación. En conjunto, estos testimonios muestran que en la comunidad la salud no se concibe como algo fragmentario, sino como armonía entre cuerpo, comunidad y cosmos, una visión que conecta de manera directa con los símbolos plasmados en el arte rupestre de El Algodonal (Viza). 4.3 Prácticas contemporáneas del técnico médico (diagnósticos modernos) Para esta dimensión se analizaron las entrevistas realizadas a técnicos médicos de la región Cajamarca, cuyos testimonios permiten comprender cómo conciben la salud, la corporalidad y las prácticas diagnósticas modernas en su labor profesional. Interpretación de las entrevistas Las entrevistas con los técnicos médicos revelan una visión de la salud entendida como un equilibrio integral entre el cuerpo, la mente y la comunidad. Aunque su función profesional se centra en la toma de muestras, el procesamiento de resultados, la emisión de informes diagnósticos o la investigación, entre otros, los participantes reconocen que su trabajo no concluye en Figura 3. Saberes ancestrales en pueblos originarios. el tratamiento, sino que constituye una pieza clave que permite al médico tomar decisiones clínicas. En este sentido, conciben el estado físico del cuerpo como un reflejo de condiciones más amplias que incluyen hábitos, entorno social y acceso a servicios básicos. En cuanto al uso de tratamientos, los entrevistados valoran la eficacia de los fármacos modernos, pero también reconocen que las plantas medicinales ocupan un lugar importante en la vida de los pacientes. Lejos de establecer una confrontación entre ciencia y tradición, plantean una visión de complementariedad, donde el alivio que proporcionan los remedios tradicionales puede convivir con los tratamientos clínicos que derivan de sus informes. En el plano preventivo, destacan que sus recomendaciones suelen estar alineadas con los protocolos biomédicos: reducir sal y azúcares, mantener una dieta balanceada, hidratarse y realizar actividad física. Sin embargo, reconocen que las comunidades siguen prácticas transmitidas por la costumbre, como restricciones alimentarias en etapas específicas de la vida o el uso de infusiones para reforzar la salud. Aunque estas prácticas parten de fundamentos distintos, coinciden en su objetivo: prevenir enfermedades y mantener el bienestar. Finalmente, los entrevistados subrayan que las ma-
– 141 – ARQUEOL. IBEROAM. 56 (2025) • ISSN 1989-4104 yores dificultades que enfrentan los pacientes de zonas rurales o indígenas son de carácter estructural y cultural. Mencionan la distancia, el coste del transporte, las barreras del idioma y la desconfianza hacia los servicios de salud. Desde esta perspectiva, comprenden por qué los pobladores recurren primero a curanderos o rituales tradicionales. Para ellos, el desafío es asumir un rol no solo técnico, sino también de mediadores culturales capaces de traducir resultados objetivos y, al mismo tiempo, respetar las cosmovisiones de los pacientes. Análisis transversal de los resultados Los tres ejes analizados —las representaciones rupestres de El Algodonal (Viza), las tradiciones interculturales de salud y las prácticas contemporáneas del técnico médico— permiten trazar una continuidad histórica y cultural en torno al concepto de salud. En el plano ancestral, el arte rupestre expresa una visión donde el cuerpo, los rituales y la naturaleza se integran en un mismo lenguaje simbólico. Los antropomorfos, las hojas y los círculos geométricos no son simples figuras, sino signos de una medicina visual que entendía la salud como armonía entre lo humano, lo vegetal y lo espiritual. En el ámbito comunitario actual, los testimonios recogidos muestran que esa lógica no se ha perdido. Las prácticas preventivas, el uso de plantas medicinales, los rituales de curación y la transmisión intergeneracional de saberes refuerzan la idea de que la salud se apoya en un patrimonio cultural vivo donde la prevención, la espiritualidad y la confianza en la naturaleza siguen ocupando un lugar central. La relación con la biomedicina moderna se presenta como complementaria, aunque marcada por desigualdades y barreras interculturales. Finalmente, en el campo biomédico, los técnicos médicos se posicionan como actores clave en el diagnóstico moderno mediante el método científico. Su función técnica de procesar muestras y generar informes objetivos les coloca en un lugar estratégico: no deciden el tratamiento, pero producen la base sobre la cual este se determina. Aun así, reconocen que la medicina tradicional mantiene un valor real en la vida de los pacientes, lo cual les lleva a constituirse también como mediadores culturales entre ciencia y tradición. En conjunto, los hallazgos revelan una trama de continuidad y convergencia: lo simbólico-ancestral, lo comunitario-intercultural y lo técnico-científico no aparecen como mundos separados, sino como dimensiones que conviven, se tensionan y se complementan en la manera en que las comunidades entienden y practican la salud. Esta convergencia sugiere que la salud no se concibe como un fragmento aislado, sino como armonía entre cuerpo, comunidad y cosmos, un principio que perdura desde las rocas milenarias hasta los laboratorios contemporáneos. 5. DISCUSIÓN Los hallazgos de esta investigación permiten sostener que la salud y la corporalidad constituyen categorías dinámicas que atraviesan dimensiones simbólicas, comunitarias y biomédicas. La interpretación de las representaciones rupestres de El Algodonal (Viza) muestra que, desde tiempos ancestrales, el cuerpo se entendía como un mediador entre lo humano, lo natural y lo espiritual. Este resultado se relaciona con la propuesta de Armstrong (2022) y Moragón (2013), quienes conciben la corporalidad como práctica cultural y vector existencial más que como un simple dato biológico. Los símbolos rupestres antropomorfos, hojas y círculos confirman la vigencia de lo que Merleau-Ponty (1945) y Csordas (1990) denominaron la vivencia encarnada del cuerpo, inscrita en un horizonte de significados compartidos. En el plano comunitario actual, las entrevistas evidencian que esta lógica ancestral no ha desaparecido, sino que se ha transformado en prácticas de cuidado sustentadas en plantas medicinales, rituales de sanación y normas alimentarias preventivas. Coincide con lo descrito por Acosta y Díaz (2022), quienes señalan que el cuidado en pueblos originarios se organiza en la familia y la comunidad, transmitiéndose de manera intergeneracional. Asimismo, los resultados convergen con lo planteado por Sinka et al. (2025) al mostrar que la salud indígena no se reduce a lo clínico, sino que implica soberanía alimentaria, liderazgo comunitario y tejido sociocultural. Sin embargo, también se identifican tensiones: mientras las prácticas comunitarias enfatizan la autonomía cultural, la relación con los centros de salud revela desigualdades de acceso y barreras interculturales, lo cual coincide con lo que Menéndez (1990) describe como la coexistencia conflictiva de sistemas médicos plurales. El análisis de las prácticas contemporáneas del técnico médico aporta un tercer nivel de comparación. Los entrevistados describen su rol como esencialmente técnico y científico, centrado en la producción de datos objetivos para el diagnóstico clínico. Este enfoque re-
– 142 – ARQUEOL. IBEROAM. 56 (2025) • ISSN 1989-4104 suena con lo señalado por Alaqeel et al. (2024) y Almutawah et al. (2024), quienes destacan el carácter estratégico de estos profesionales en la medicina de precisión. No obstante, los técnicos también reconocen que las plantas y los saberes tradicionales siguen teniendo un valor real para los pacientes, lo que les obliga a situarse como mediadores entre la evidencia científica y la cosmovisión cultural. Este hallazgo es relevante porque introduce una dimensión intercultural en el rol del técnico médico, en línea con el planteamiento de Kleinman (1980) sobre la necesidad de comprender los sistemas médicos como ensamblajes sociales y no únicamente como estructuras técnicas. En perspectiva comparativa, se observa una notable continuidad: tanto las imágenes rupestres como las prácticas comunitarias y las concepciones de los técnicos médicos entienden la salud como equilibrio. En los símbolos ancestrales este equilibrio aparece como armonía entre cuerpo, cosmos y naturaleza; en las comunidades se expresa en el vínculo entre plantas, rituales y colectividad; y en el campo biomédico se traduce en la búsqueda de precisión diagnóstica y prevención de la enfermedad. La diferencia radica en los fundamentos epistemológicos: mientras lo ancestral y lo comunitario se sustentan en la experiencia vivida y la transmisión oral, lo biomédico se apoya en protocolos y evidencia científica cuantificable. Los resultados confirman lo que Foucault (1976) denominó medicalización y biopoder: el técnico médico encarna la forma contemporánea de control del cuerpo mediante dispositivos tecnológicos, al tiempo que convive con saberes que escapan a esa lógica de regulación. Este cruce de tradiciones muestra que los cuerpos no se entienden en clave fragmentaria, sino como espacios de negociación simbólica, cultural y científica. El aporte central de este estudio radica en evidenciar que la salud no es un dominio exclusivo de lo ancestral o lo biomédico, sino un campo de interacción y tensión en el que conviven múltiples racionalidades, desde las marcas rupestres hasta los diagnósticos modernos. En síntesis, este estudio demuestra que las concepciones de salud y corporalidad presentan una continuidad histórica que va desde los símbolos rupestres de El Algodonal (Viza) hasta las prácticas diagnósticas contemporáneas del técnico médico. Aunque los fundamentos epistemológicos difieren, lo ancestral y lo comunitario se basan en la experiencia vivida y la transmisión oral, mientras que lo biomédico se sostiene en protocolos y evidencia tecnológica científica; y, en todos los casos, la salud se concibe como un equilibrio entre cuerpo, entorno y colectividad. El aporte principal de esta investigación radica en articular tres dimensiones usualmente estudiadas de manera separada: la arqueológica, la antropológica y la biomédica. Al hacerlo, se muestra que el cuerpo no es un objeto fragmentado, sino un espacio de negociación donde conviven lo simbólico, lo cultural y lo científico. Este hallazgo contribuye a ampliar el debate sobre la interculturalidad en la salud, ofreciendo un marco comparativo que trasciende lo local y se articula con discusiones globales en torno a los sistemas médicos plurales. De cara al futuro, resulta necesario profundizar en estudios que integren la perspectiva del técnico médico como mediador cultural en contextos interculturales, así como promover investigaciones que conecten la evidencia arqueológica y etnográfica con las prácticas contemporáneas de la salud pública; de este modo, se podrá avanzar hacia modelos de atención más inclusivos y culturalmente pertinentes que reconozcan tanto la legitimidad de los saberes ancestrales como la eficacia de la biomedicina moderna. CONCLUSIONES Este estudio demostró que las concepciones de salud y corporalidad presentan una continuidad histórica y cultural expresada en tres dimensiones complementarias: el arte rupestre de El Algodonal (Viza), las tradiciones interculturales curativas y las prácticas diagnósticas contemporáneas del técnico médico. Se identificó que, aunque cada una se sustenta en marcos distintos —simbólico-espirituales, comunitarios y técnico-científicos—, en todas ellas la salud se concibe como un equilibrio dinámico entre cuerpo, entorno y colectividad. El hallazgo principal consiste en evidenciar que las prácticas ancestrales y comunitarias no han desaparecido, sino que coexisten con la biomedicina moderna en una relación de complementariedad y tensión, marcada por diferencias culturales, de acceso y de legitimidad. En este contexto, el técnico médico trasciende su función técnica para asumir un papel estratégico como mediador intercultural capaz de traducir la evidencia científica a códigos culturales comprensibles y, a la vez, reconocer la eficacia simbólica de los saberes tradicionales. Asimismo, los resultados permiten sostener que las concepciones ancestrales de la salud no solo perduran en las prácticas comunitarias, sino que ofrecen claves