La batalla por las emociones. La tarjeta postal en las guerras mundiales
Abstract
328 págs. Ciencias Sociales y Humanidades, 32.
Full text
La batalla por las emociones La tarjeta postal en las guerras mundiales José Manuel López Torán
José Manuel López Torán (Toledo, 1993) es doctor en Historia contemporánea por la Universidad de Castilla-La Mancha, donde actualmente desarrolla su actividad profesional como profesor (Facultad de Ciencias Sociales y Tecnologías de la Información de Talavera de la Reina) e investigador (Centro de Estudios de Castilla-La Mancha). Sus áreas de especialización giran en torno al estudio integral de las guerras del siglo XX, con especial atención a dos líneas novedosas dentro de la historia militar: la propaganda visual y las emociones. En los últimos años ha contribuido a su campo de estudio publicando los resultados de sus investigaciones en revistas científicas (Vínculos de Historia, Fotocinema, Historia & Guerra o Segle XX) y capítulos de libros colectivos. Para garantizar una perspectiva global a sus investigaciones, ha realizado diversas estancias académicas en prestigiosas instituciones internacionales de Francia, Alemania y Bélgica, así como participado en más de una veintena de conferencias y congresos celebrados en ciudades como París, Berlín, Ámsterdam, Buenos Aires o Glasgow.
Colección Ciencias Sociales y Humanidades, 32 La batalla por las emociones La tarjeta postal en las guerras mundiales
Directora de la colección: Ciencias Sociales y Humanidades Mercedes Cabrera Calvo-Sotelo Universidad Complutense de Madrid Secretario de la colección: Carlos Julián Martínez Soria Universidad de Castilla-La Mancha La colección, en julio de 2017, ha obtenido el sello de calidad en edición académica CEA, con mención de internacionalidad, promovido por la UNE y avalado por ANECA y FECYT. Fue renovado en 2022. Vocales del Comité científico Lucrecia Burges Cruz Universitat de les Illes Balears Rosario Gandoy Juste Universidad de Castilla-La Mancha Noemí Goldman Universidad de Buenos Aires, Argentina Ana Isabel González González Universidad de Oviedo Andrés Hoyo Aparicio Universidad de Cantabria John Christian Laursen University of California at Riverside, EE. UU. Pilar Mogollón CanoCortés Universidad de Extremadura Alicia Pérez de Albéniz Iturriaga Universidad de La Rioja Leonardo Romero Tobar Universidad de Zaragoza
La batalla por las emociones La tarjeta postal en las guerras mundiales José Manuel López Torán 2023
LÓPEZ TORÁN, José Manuel La batalla por las emociones : la tarjeta postal en las guerras mundiales / José Manuel López Torán – [Cáceres, etc.] : Genueve Ediciones, 2023. 328 p. : il. ; 24 cm. – (Ciencias Sociales y Humanidades ; 32) ISBN 978-84-18452-14-7 (PDF) ISBN 978-84-18452-13-0 (rústica) 1. Tarjetas postales. 2. Emociones y sentimientos. 3. Guerra mundial, 1914-1918. 4. Guerra mundial, 1939-1945. 5. Historia social. 6. Fuentes. I. Título. II. Serie. 766:676.813 159.942 94(100)"1914/18"(093) 94(100)"1939/45"(093) NHTB – THEMA 1.0 1D – THEMA 1.0 3MPBFB – THEMA 1.0 3MPBLB – THEMA 1.0 Diseño de la colección y de la cubierta: genueve ediciones por J. A. Perona Maquetación | digitalización: Dosgraphic s.l. | Manuel Ángel Ortiz Velasco [emeaov] © José Manuel López Torán © de esta edición: genueve ediciones I.S.B.N.: 978-84-18452-14-7 (pdf) I.S.B.N.: 978-84-18452-13-0 (rústica) D.L. CC 147-2023 Hecho en España (U. E.) - Made in Spain, 2023 DOI: https://doi.org/10.5281/zenodo.14859656 Esta obra ha sido sometida a evaluación externa, aprobada por el Consejo Científico y ratificada por el Comité Editorial de acuerdo con el Reglamento de GENUEVE EDICIONES. Licencia Creative Commons Atribución/ReconocimientoNoComercial-SinDerivados 4.0 Internacional
A ti, Bea, por demostrarme que la esperanza siempre es más fuerte que el miedo. Gracias por enseñarnos a encontrar en cada lágrima la fuerza para crecer y en cada sonrisa la alegría de vivir. (Toledo, 7 de mayo de 2023)
9 Índice Entre imágenes y emociones ....................................................................... 11 Rafael Villena Espinosa Introducción ............................................................................................... 19 Unas guerras de emociones ........................................................................ 19 La tarjeta postal como documento histórico ............................................. 26 ¿Qué? ¿Cómo? ¿Por qué? ........................................................................... 33 Capítulo I. La movilización de las naciones ............................................... 45 La partida al frente .................................................................................... 45 Abrazados a la nación ................................................................................ 62 La deshumanización del enemigo ............................................................. 84 Capítulo II. La postal en el frente .............................................................. 101 El amor y la ausencia ................................................................................. 101 La soledad y la camaradería ...................................................................... 120 Supervivencia y muerte .............................................................................. 134 El dolor ...................................................................................................... 153 Capítulo III. Emociones en la retaguardia ................................................. 169 El apoyo moral y material de los civiles .................................................... 169 Una vida de privaciones ............................................................................. 188 La muerte llega desde el cielo: los bombardeos ........................................ 213 Capítulo IV. Un continente en ruinas ........................................................ 235 Entre cenizas y escombros ......................................................................... 235
Rafael Villena Espinosa 16 tratando y me ayudaba en las tareas de difusión y comunicación de la Facultad, comprendí que no solo era intelectualmente brillante, receptivo con todo lo que pudiera aprender, sino que también estaba dispuesto siempre a colaborar desde una exquisita prudencia y sin los alardes que, a veces, rodean a los estudiantes sobresalientes. Cuando escribo estas líneas es profesor en la Facultad de Ciencias Sociales de Talavera de la Reina, donde está dejando ya su impronta personal y profesional, según me cuentan. Sigue colaborando también con el Centro de Estudios de Castilla-La Mancha al que se ha vinculado a través de diversos proyectos en los que confluimos frecuentemente. En este tiempo de trabajo conjunto he podido aprender y disfrutar con su investigación, lo he oído en ponencias y he leído sus textos. Tuve la suerte (sí, la suerte, lo remarco) de dirigirle la tesis doctoral, cuya defensa se produjo por videoconferencia unas horas después de haberse decretado el confinamiento por la pandemia del covid-19, en una conexión telemática entre Madrid, Nueva York, Santander y Toledo, ciudades donde se encontraban los miembros del tribunal y el entonces doctorando. De ahí han salido luego, publicaciones diversas, aportaciones a congresos internacionales y esta Batalla por las emociones que el lector va a poder saborear a continuación. Entre sus páginas e imágenes se comprenderá rápidamente el amplio conocimiento que tiene de asuntos como la guerra y la propaganda moderna en contextos bélicos. También la fluidez y solvencia con la que construye su discurso, siempre bien organizado y extensamente contrastado. * * * No puedo acabar sin felicitar a los responsables de genueve ediciones por haber publicado este libro. Creo que a su magnífico catálogo han sumado la apuesta por un joven investigador que merecía la pena compartir más allá de los circuitos estrictamente académicos. A pesar de las crisis culturales que nos rodean o del cierre de librerías, a pesar del impacto de las redes sociales que obligan a un ritmo infernal de impactos visuales, a pesar de las lecturas en diagonal que cada vez hacemos más frecuentemente, los libros van a seguir acompañándonos. En papel, en bits o en cualquier otro soporte que nos
Entre imágenes y emociones 17 depare el futuro, ahí estarán, con nosotros, enseñándonos y emocionándonos. Y si esos libros se construyen también sobre ricas imágenes, nos harán un poco más cultos y felices. Rafael Villena Espinosa CECLM (Universidad de Castilla-La Mancha) Madrid-Toledo, febrero de 2023
19 Introducción El comportamiento humano deriva de tres fuentes principales: deseo, emoción y conocimiento (Platón) Unas gUerras de emociones Los dos conflictos mundiales modificaron radicalmente el arte de la guerra1. Sus consecuencias alcanzaron tal envergadura que resulta imposible entender el desarrollo de la última centuria de nuestra historia sin tenerlas en consideración. A pesar de que el siglo XX ha estado salpicado por multitud de enfrentamientos armados, varias son las características que llevan a situar ambas conflagraciones en un estadio superior dentro de la carrera bélica2. El primero de los rasgos que hizo de ellas unas contiendas muy diferentes a todas los demás fue el grado de implicación de la población, ya que se 1 Este término ha sido empleado de manera constante en los tratados militares clásicos. Es precisamente el que da título a la célebre obra de Sun Tzu, El arte de la guerra, publicada en el siglo V a. C. y cuyas traducciones llegaron a Europa en fechas relativamente recientes. Por otro lado, Carl von Clausewitz en su De la Guerra, publicado por primera vez en 1832, dedica unas páginas precisamente a reflexionar sobre esta expresión. De ella afirma que se trata del «arte de hacer uso en combate de los medios dados», por lo que, en este sentido, no cabe la menor duda que las dos conflagraciones mundiales supusieron un cambio radical en torno a esta cuestión, ya que las innovaciones que trajeron consigo modificaron por completo la forma de hacer la guerra. Véanse Clausewitz, Carl von, De la guerra, Madrid, Ministerio de Defensa: Secretaría General Técnica, 1999 y Tzu, Sun, El arte de la guerra, Barcelona, Ariel, 2018. 2 Eric Hobsbawm llega a calificar el siglo XX como el más mortífero de la historia de la humanidad, al calcular en 187 millones el número de personas que perdieron la vida a causa de violencia organizada como son las guerras. Véase Hobsbawm, Eric, «War and peace in the 20th century», en Geir Lundestad y Olav Njølstad, War and peace in the 20th century and beyond: proceedings of the Novel Centennial Symposium, London, World Scientific, 2002, pp. 25-40.
José Manuel López Torán 20 cuentan por decenas de millones las personas que se vieron involucradas. Por otro lado, el nivel de destrucción que generó la nueva maquinaria, producida al calor del desarrollo industrial, cambió de manera definitiva la relación del hombre con la guerra. La magnitud de los enfrentamientos armados suele calcularse, por lo general, a partir de indicadores más o menos objetivos como la destrucción material o el número de fallecidos que dejan tras de sí. Evidencias, en definitiva, fácilmente observables o cuantificables una vez que cesan las hostilidades. Por su parte, el coste psicológico que originan ha quedado relegado a un segundo plano, a pesar de tratarse de una prueba irrefutable del auténtico horror que se esconde detrás de tales episodios de violencia. Las consecuencias emocionales son, por tanto, uno de los muchos factores que deben tenerse en cuenta a la hora de aproximarnos a un conflicto armado, y más aún si cabe, al abordar las dos guerras mundiales, cuando los sentimientos de la población fueron puestos a prueba en un grado extremo3. El choque psicológico que experimentaron todos aquellos que fueron llamados a las armas o quienes sufrieron de lleno los ataques aéreos sobre las ciudades europeas es un indicativo incontestable de la ferocidad alcanzada. Tradicionalmente, los trabajos que han abordado el estudio de los enfrentamientos se han centrado en explicar cuestiones como las distintas operaciones militares llevadas a cabo o las aportaciones técnicas que cada conflicto iba incorporando, de manera que otros tantos aspectos quedaban desatendidos. Así, el fin que se persigue con esta monografía no es otro que el de ampliar la base sobre la que se ha construido la historia bélica, centrando la atención en nuevos sujetos de estudio como la población o recurriendo a nuevas fuentes documentales como las tarjetas postales. Con ello se desea obtener una visión más completa de las vivencias en el mundo de la guerra, donde las emociones y aquellos individuos que las experimentaron tengan un papel más destacado del que se les ha proporcionado hasta el momento. Amor y odio, pena y alegría, soledad y camaradería, esperanza y desaliento, orgullo y vergüenza, ira y serenidad, miedo y valor son sentimientos en 3 Hedges, Chris, La guerra es la fuerza que nos da sentido, Madrid, Síntesis, 2013, p. 163.
Introducción 21 los que fácilmente podemos pensar si se nos pide que imaginemos las experiencias de quienes se vieron inmersos en las guerras mundiales. Es posible intuir que los acontecimientos que se iban sucediendo tenían la capacidad de alterar las emociones de todos aquellos que los vivían de cerca, de manera que, si identificamos los medios que nos puedan llevar hasta ellos, podremos reconstruir el panorama emocional imperante en el trascurso de tales episodios violentos. Pero, antes de nada, ¿qué son las emociones? En el intento de buscar una precisión terminológica que aglutine todos los posibles elementos que se esconden detrás del término, hemos creído adecuado recurrir a la que ya se considera como una de las definiciones clásicas. En 1985, Peter y Carol Stearns afirmaban que se trataban de «un conjunto complejo de interacciones entre factores subjetivos y objetivos, mediado a través de sistemas neuronales y/o hormonales, que da lugar a sentimientos y también procesos cognitivos generales para evaluar la experiencia»4. De esta valoración podemos extraer, al menos, dos ideas básicas que se repiten en las definiciones proporcionadas más tarde: su influencia en el ánimo y su reflejo en forma de respuestas mentales o corporales. Precisamente esta idea es la que viene defendiendo el profesor Javier Moscoso, una de las voces más autorizadas en España en el estudio de las emociones, cuando afirma que no es posible acceder a los sentimientos de las personas, pero sí conocer las experiencias que se encuentran detrás de ellas y las consecuencias que generan5. Una vez fijado el término, la siguiente pregunta que conviene realizarnos es cuándo las emociones se posicionaron como objeto de estudio para las distintas disciplinas del saber. En el ámbito académico parece existir consenso a la hora de señalar a Lucien Febvre como uno de los primeros en plantear la problemática en torno a ellas. El célebre historiador de Annales publicaba en 1941 un artículo que ya es considerado un clásico y que incluso ha sido objeto de revisión en los últimos años6. No parece casual que viera la luz en 4 Stearns, Peter y Stearns, Carol, «Emotionology: Clarifying the History of Emotions and Emotional Standards», AHR, 90-4 (1985), p. 813. 5 Véase Moscoso, Javier, «La historia de las emociones, ¿de qué es historia?», Vínculos de Historia, 4 (2015), pp. 15-27. 6 Febvre, Lucien, «La sensibilité et l’histoire : Comment reconstituer la vie affective d’autrefois ?», Annales d’histoire sociale, 3 (1941), pp. 5-20.
José Manuel López Torán 22 esa fecha, en plena Segunda Guerra Mundial, un momento en el que la «vida afectiva» se había visto seriamente comprometida a causa de los desastres derivados del cruel conflicto bélico y del terror nazi. Pasado ese primer intento, el siguiente paso lo dieron los estadounidenses Peter y Carol Stearns a través de distintas aportaciones publicadas entre 1985 y los años finales de la década de los noventa7. De manera general, uno de los intereses principales que perseguían ambos autores era el de probar los cambios que con el tiempo podía sufrir la experiencia emocional, en la medida en que concluyeron que las evaluaciones emocionales no se mantienen estáticas, sino que reflejan cambios históricos importantes8. En este punto, es preciso señalar la incidencia que tuvieron todos esos trabajos en las publicaciones que llegarían ya con el nuevo siglo, dentro del denominado giro afectivo o affective turn9 por haber situado de lleno a los sentimientos como objeto historiográfico. En efecto, los primeros quince años del siglo XXI han sido testigos de una auténtica revolución académica, gracias a las fructíferas aportaciones de una larga lista de autores internacionales que han devuelto el interés por desentrañar el trasfondo que se esconde detrás del complejo mundo de la historia de las emociones10. Algunos de los 7 Se indican, por fecha de publicación, las obras en las que participaron: Stearns, Peter y Stearns, Carol, «Emotionology: Clarifying the History of Emotions…», pp. 813-836; Stearns, Peter, Jealousy: The Evolution of an Emotion in American History, New York, New York University Press, 1989; Stearns, Peter y Haggerty, Timothy, «The Role of Fear: Transitions in American Emotional Standards for Children, 1850-1950», AHR, 96-1 (1991), pp. 63-94; Stearns, Peter, American Cool: Constructing a Twentieth-Century Emotional Style, New York, New York University Press, 1994; Stearns, Peter y Lewis, Jan (eds.), An Emotional History of the United States, New York, New York University Press, 1998 y Stearns, Peter, Battleground of Desire: The Struggle for Self-Control in Modem America, New York, New York University Press, 1999. 8 Stearns, Peter y Stearns, Carol, «Emotionology: Clarifying the History of Emotions…», p. 834. 9 Sobre el término véase Clough, Patricia y Halley, Jean (eds.), The affective turn: theorizing the social, Durham, Duke University Press, 2007. 10 Este hecho es, por ejemplo, el que acertadamente recoge el profesor Rafael Villena cuando recurre a la expresión «las emociones han vuelto» en el dosier publicado en 2014 en la revista Vínculos de Historia. Véase Villena, Rafael, «Las emociones han vuelto», Vínculos de Historia, 4 (2015), pp. 11-14.
Introducción 23 nombres más destacados son William Reddy11, Barbara Rosenwein12, Joanna Bourke13, Fay Bound Alberti14 o el propio Peter Stearns15. Dentro de este giro afectivo, las características principales que describen la intensa actividad mantenida se pueden concretar en: el deseo de seguir profundizando en la delimitación terminológica, la acotación sobre qué se debe tener en cuenta a la hora de abordar el estudio de las emociones o, posiblemente el hecho más destacado, la multiplicidad de enfoques o disciplinas que pueden arrojar luz sobre tal cuestión. Así, aunque la Historia se ha consolidado como la principal ciencia encargada de aportar nuevas perspectivas, otras como la Medicina, la Música, la Antropología, el Arte o la Psicología han intentado buscar su espacio propio. El interesante y completo corpus bibliográfico del que disponemos se ha visto secundado por la creación de centros internacionales dedicados específicamente al estudio de las emociones. Los primeros pasos se dieron en 2007, cuando la profesora Ute Frevert, del Max-Planck-Institut für Bildungsforschung de Berlín, sumó distintas perspectivas de la historia cultural a las líneas de investigación sobre las que ya trabajaban16. Un año más tarde, en 2008, se ponía en marcha en Londres el Queen Mary Centre for the History of the Emotions con el fin de contribuir tanto a los debates políticos como a la 11 Reddy, William, «Against Constructionism: The Historical Ethnography of Emotions», Current Anthropology, 38-3 (1997), pp. 327-352 y, del mismo autor, The Navigation of Feeling. A Framework for the History of Emotions, Cambridge, Cambridge University Press, 2001. 12 Sus principales contribuciones son Rosenwein, Barbara, «Worrying About Emotions in History», The American Historical Review, 107-3 (2002), pp. 821-828; Emotional Communities in the Early Middle Ages, London, Cornell University Press, 2006 y «Problems and Methods in the History of Emotions», Passions in Context, 1 (2010), pp. 1-32. 13 Bourke, Joanna, «Fear and Anxiety: Writing About Emotions in Modern History», History Workshop Journal, 55-1 (2003), pp. 113-116 y, de la misma autora, Fear: A Cultural History, London, Virago Press, 2005. 14 Alberti, Fay Bound (ed.), Medicine, Emotion and Disease, 1700-1950, Basingstoke, Palgrave Macmillan, 2006 y de la misma autora Matters of the Hearth. History, Medicine, and Emotion, Oxford, Oxford University Press, 2010. 15 Matt, Susan y Stearns, Peter (eds.), Doing emotions history, Urbana, University of Illinois Press, 2014. 16 Véase https://www.mpib-berlin.mpg.de/institute/history [Consulta: 3-4-2022].
José Manuel López Torán 24 comprensión popular de todos los aspectos relacionados con la historia de las emociones17. Por último, en 2011 les llegó el turno a Australia con el Center of Excellence for the History of Emotions18, vinculado a las universidades de Adelaida, Melbourne, Queensland, Sydney y Western Australia, y a los Países Bajos con el Amsterdam Centre for Cross-Disciplinary Emotion and Sensory Studies19 relacionado con la Vrije Universiteit Amsterdam. En el caso de España, a pesar de no contar con un centro de referencia como sí ocurre en Alemania, Reino Unido, Australia o los Países Bajos, se han consolidado dos grupos de trabajo pioneros liderados por Javier Moscoso, en el Centro de Ciencias Humanas y Sociales del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, y por Rosa María Medina, en la Universidad de Granada, ambos dedicados al estudio de las emociones, aunque con una orientación diferente fruto de la multidisciplinariedad que estas poseen20. En lo que respecta a las publicaciones, a pesar de la aparente novedad, ya es posible hablar de una serie de trabajos de suma relevancia que se han posicionado como obras de obligada consulta para cualquier investigador que desee adentrarse en el complejo mundo de las emociones. Posiblemente, sea Javier Moscoso21 la figura más destacada en España dentro de esta corriente, 17 Para más información sobre la actividad llevada a cabo en el centro véase https://projects. history.qmul.ac.uk/emotions/ [Consulta: 13-4-2022]. 18 Véase http://www.historyofemotions.org.au/ [Consulta: 3-4-2022]. 19 En su página web recogen algunas de las actividades que han venido realizando desde su puesta en marca https://emotionsandsenses.wordpress.com/ [Consulta: 6-4-2022]. 20 Los proyectos en cuestión son HIST-EX y Género, emociones y subjetividad en las relaciones entre pacientes y profesionales sanitarios. Un acercamiento interdisciplinar, respectivamente. El primero «reúne a académicos, artistas y personal biosanitario interesado en la historia y la filosofía de las experiencias y emociones humanas» mientras que el segundo busca «conocer en profundidad las dinámicas de género que tienen lugar en las relaciones entre pacientes y profesionales sanitarios, y los procesos emocionales y de subjetivación que conllevan». 21 Moscoso, Javier, Historia cultural del dolor, Madrid, Taurus, 2011; Moscoso, Javier y Zaragoza, Juan Manuel, «Historias del bienestar. Desde la historia de las emociones a las políticas de la experiencia», Cuadernos de Historia Contemporánea, 36 (2014), pp. 73-88; Moscoso, Javier, «Politics of Pain: A Good Subject for Eminent Amateurs», Rúbrica Contemporánea, 4-7 (2015), pp. 67-76 y Moscoso, Javier, «La historia de las emociones, ¿de qué…».
Introducción 25 ya que su consolidado número de publicaciones y el manejo con el que entremezcla la teorización con la aplicación práctica en asuntos como el dolor le ha llevado a ocupar una posición eminente en el panorama nacional e internacional. Junto a él, otros nombres que de manera destacada han contribuido a situar esta corriente como objeto de estudio son Victoria Camps o Juan Manuel Zaragoza22. Finalmente, en los últimos años han sido los trabajos publicados en distintos monográficos de revistas de prestigio los que han terminado por situar esta corriente en el centro de interés académico. Es el caso de Cuadernos de Historia Contemporánea 36 (2014)23 donde las diferentes contribuciones destacan precisamente el nuevo impulso que ha tomado la citada cuestión, Ayer 98-2 (2015)24, con el número a cargo de José Javier Díaz y el monográfico de Vínculos de Historia 4 (2015)25, coordinado por el profesor Rafael Villena. De esta manera, podemos situar el periodo 2000-2015 como un momento decisivo para la consolidación de las emociones como objeto de estudio, ya 22 Camps, Victoria, El gobierno de las emociones, Barcelona, Herder, 2011; Delgado, Luisa Elena; Fernández, Pura y Labanyi, Jo (eds.), La cultura de las emociones y las emociones de la cultura española contemporánea (siglos XVIII-XXI), Madrid, Cátedra, 2018; Zaragoza, Juan Manuel, «Ampliar el marco. Hacia una historia material de las emociones», Vínculos de Historia, 4 (2015), pp. 28-40. 23 En el citado dosier se incluyen textos de Plamper, Jan, «Historia de las emociones: caminos y retos», pp. 17-29; Frevert, Ute, «La Historia Moderna de las Emociones: un Centro de Investigación en Berlín», pp. 31-55; Aschmann, Birgit, «La razón del sentimiento. Modernidad, emociones e historia contemporánea», pp. 57-72; FernándezFontecha, Leticia, «Signos, legibilidad y diagnóstico: El problema del dolor en la infancia, 1870-1920», pp. 89-112; o Rodríguez-López, Carolina y Ventura, Daniel, «De exilios y emociones», pp. 113-138, entre otros. 24 Con textos como Arbaiza, Mercedes, «Cuerpo, emoción y política en los orígenes de la clase obrera en España (1884-1890)», pp. 45-70; Danet, Alina y Medina, Rosa María, «El valor afectivo de los fragmentos del cuerpo. Dimensiones culturales de la donación de órganos en la España democrática», pp. 71-99; o Hamilton, Carrie, «Emociones y animales en el archivo de la Historia oral», pp. 101-127. 25 Algunos de los trabajos son Rivera, Ángel, «Arqueología de las emociones», pp. 41-61; Bueno, María Luisa, «Las emociones medievales: el amor, el miedo y la muerte», pp. 72-90; Vizuete, José Carlos, «Dolor de corazón. Contrición, literatura espiritual y la formación de una sensibilidad religiosa postridentina», pp. 106-124; o Cayuela, José Gregorio, «Los Hombres de Wellington: ¿Amigos en el Averno? La amistad, conjunto emocional de supervivencia entre las tropas británicas», pp. 125-146.
José Manuel López Torán 32 grupo de trabajos fueron publicados en la década de los ochenta y, después de unos años de silencio, se ha vuelto a recobrar el ímpetu perdido en el segundo decenio del siglo XXI. En menor medida, autores de otros países como Estados Unidos, Austria, Alemania, o incluso Nueva Zelanda, también han realizado interesantes aportaciones de similares características34. Basta con realizar un rápido repaso para detectar que todas ellas se han centrado en analizar el componente visual, es decir, el anverso de las tarjetas postales. Cierto es que el extraordinario volumen de ejemplares editados facilita sobremanera un estudio de tales características y, por el contrario, abordar la investigación de los reversos precisa de unas características adicionales. Además, conviene señalar que algunas de las obras han sido realizadas por coleccionistas o personas vinculadas al mundo de la cartofilia, hecho que también ha podido tener efecto en el resultado, sobre todo en lo que respecta al tratamiento que se le ha proporcionado al soporte. Una situación muy similar la volvemos a encontrar en el estudio de la postal en el contexto de la Segunda Guerra Mundial. Entre las características comunes podemos exponer que el contenido de los reversos vuelve a quedar prácticamente excluido de los trabajos que abordan este nuevo conflicto y los anversos acaparan una vez más la plena atención. Las fechas de publicación coinciden también con el caso anterior, así como los países productores de un mayor volumen de contribuciones: Francia, Reino Unido, Italia o Estados Unidos35. cartoline del primo conflitto mondiale, Novara, Interlinea, 2015 y Chiappari, Francesco di, Cartolina dal Fronte: Storia di uomini e trincee, Gaeta, Ali Ribelli Edizioni, 2019. 34 En Estados Unidos sobresalen Booth, Allyson, Postcards from the trenches: negotiating the space between modernism and the First World War, Oxford, Oxford University Press, 1996 y Guenther, Irene, Postcards from the trenches: a German soldier’s testimony of the Great War, New York, Bloomsbury Visual Arts, 2018. En Austria y Alemania conviene destacar, respectivamente, Bürgschwentner, Joachim, «War Relief, Patriotism and Art: The State-Run Production of Picture Postcards in Austria 1914-1918», Austrian Studies, 21 (2013), pp. 99-120 y May, Otto, Weltkrieg der Postkarten 1914-1918, Hildesheim, Franzbecker, 2013. Finalmente en Nueva Zelanda es significativa la aportación de Reddiex, Glenn, Just to let you know I’m still alive: postcards from New Zealanders during the First World War, Wellington, Grantham House, 2015. 35 En Francia destaca Catela, Francis, Propaganda Postkarten. La carte postale politicomilitaire dans l’Allemagne de l’entre-deux-guerres : 1923-1945, Strasbourg, F. Catela, 1988.
Introducción 33 Sin dejar atrás la orientación exclusiva de los anversos, los trabajos centrados en la presencia de la tarjeta postal en el segundo de los enfrentamientos bélicos tienen aparejado un inconveniente distinto al de los estudios anteriores. Si bien en 1914 el principal problema viene marcado por el inabarcable volumen existente, en la guerra de 1939 ocurre precisamente el efecto contrario: el menor número de ejemplares de los que se dispone y su consiguiente dificultad para localizarlos. Independientemente de la orientación, todos los trabajos aquí recogidos se han convertido en referencias obligadas para cualquier persona que desee adentrarse en este complejo mundo y suponen un original modo de aproximarse a dos de los acontecimientos de mayor relevancia de nuestro último siglo. ¿QUé? ¿cómo? ¿por QUé? Como el lector habrá tenido oportunidad de intuir, emociones y tarjeta postal son los dos pilares sobre los que se cimenta el presente estudio. Con el fin de exprimir las múltiples oportunidades que ofrece este binomio se marcaron una serie de objetivos que condujeran, a su vez, a alcanzar con éxito su aplicación dentro de dos momentos muy concretos, y singularmente sensibles, como son las guerras mundiales. En este sentido, el primer objetivo que persigue este proyecto es revalorizar el formato sobre el que se ha trabajado, así como mostrar la idoneidad que presenta no solo para permitir un acercamiento excepcional al día a día del conflicto, sino para comprender la concepción emocional de aquellos que se vieron implicados en la guerra. Como se detallaba anteriormente, el doble juego que ofrece la tarjeta postal resulta clave a la hora de estudiar episodios Por su parte, en Reino Unido han tenido una gran proyección Holt, Tonie y Holt, Valmai, I’ll be seeing you: World War II through its picture postcards, Ashbourne, Moorland, 1987 y Wilson, James, Luftwaffe propaganda postcards: a pictorial history in original German postcards, Shrewsbury, Airlife, 1996. Por su parte, en Italia Sturani, Enrico, Mussolini, un dictateur en cartes postales, Paris, Somogy, 1997, y del mismo autor, Le cartoline per il duce, Torino, Edizioni del capricorno, 2003. Finalmente, fuera del contexto europeo, cabe mencionar Clairday, Robynn y Clairday, Matt, Postcards from World War II, New York, Square One Publishers, 2002 y Jozefacka, Anna, The propaganda front: postcards from the era of world wars: the Leonard A. Lauder postcard archive, Boston, MFA Publication: Museum of Fine Arts, 2017, ambas en Estados Unidos.
José Manuel López Torán 34 históricos de tal envergadura, ya que permite acceder a la iconografía utilizada a través del anverso, al tiempo que facilita el acceso a los aspectos más íntimos gracias a la información proporcionada en el reverso. En segundo lugar, a través de la comparativa entre los dos conflictos mundiales se pretende comprobar en qué medida las guerras pudieron influir en la evolución del soporte y si existen reglas que permitan asociar y comparar los ejemplares editados en cada uno de los enfrentamientos armados. Precisamente, la continuidad o no de determinados recursos ha permitido a su vez establecer analogías entre los dos enfrentamientos y entre los distintos países que se vieron implicados. Un tercer objetivo que se plantea es el de recurrir a los mensajes escritos en los reversos para que, al igual que con las ilustraciones del lado opuesto, sea posible detectar posibles puntos de unión entre ambas guerras y terminar de conseguir una visión completa de la concepción psicológica y emocional que envolvió a los conflictos bélicos en cuestión. Igualmente, resulta pertinente comprobar qué impacto tuvieron estas pequeñas cartulinas en el propio desarrollo de las hostilidades. Con la formulación de esta premisa se pretendía determinar hasta qué punto fueron efectivas las campañas propagandísticas organizadas desde las diferentes potencias implicadas a través de tarjetas postales. Del mismo modo, se buscaba precisar si estas pequeñas cartulinas fueron utilizadas para influir de manera directa en la población, por ejemplo, movilizándola a favor o en contra de la guerra o conformando un completo estado de opinión en contra del adversario. En el diseño inicial de la investigación ya se advirtió la amplitud del objeto que se presentaba y las consiguientes dificultades que esta situación podría conllevar. En este sentido, se vio la necesidad de acotarlo tanto temporal como geográficamente, siempre dentro de unos parámetros que no actuaran en detrimento del resultado final. Así, la investigación desarrollada está delimitada temporalmente por el inicio de la Gran Guerra y el final de la Segunda Guerra Mundial y, geográficamente, por los límites del espacio europeo. Lejos de resultar un inconveniente, consideramos que son precisamente esas dos acotaciones las que provocan que el proyecto que se presenta resulte innovador con respecto a las obras ya existentes. En lo que atañe a la cuestión temporal, el motivo que llevó a seleccionar el periodo 1914-1945 radica en
Introducción 35 la intención de comprobar hasta qué punto ambos enfrentamientos armados mostraron continuidad en el tratamiento de la postal y en las emociones transmitidas a través de ellas. Este eje cronológico sobrepasa cualquier estudio editado hasta la fecha y, sin duda, contribuye a enriquecer el discurso, así como a presentar dos realidades separadas en el tiempo, pero que guardan una estrecha relación en lo que respecta a la tarjeta postal. En cierta medida, la comparativa dispuesta se ha visto respaldada por trabajos que abogan por situar las dos guerras mundiales bajo una misma categoría, bien como una guerra civil europea o bien como la segunda guerra de los Treinta años, en ambos casos debido a los elementos comunes que se detectan. Bajo el concepto de guerra civil europea se engloban una serie de conflictos acontecidos en Europa que en verdad constituyen distintos episodios de una misma contienda. Por lo general, este periodo se expande desde 1914 a 1945 y uno de los argumentos de mayor peso para quienes defienden esta teoría es la fuerte agitación política vivida en un buen número de países europeos, entre los que destacan conflictos armados como la guerra civil española, la guerra greco-turca o la revolución rusa, así como la multiplicación de regímenes dictatoriales. Ernst Nolte fue el primero en proponer el concepto en su libro Der Europäische Bürgerkrieg 1917-1945: Nationalsozialismus und Bolschewismus36, publicado en Alemania en 1987 y que generó una notable disputa al contraponer el auge del nacionalsocialismo como una respuesta al bolchevismo. Esta obra anticipó los postulados que años más tarde irían tomando historiadores de distintos países y que ya han consolidado un corpus bibliográfico de notable extensión37. Sin embargo, si tomamos la apreciación clásica del concepto de guerra civil, comprobamos que se libran principalmente entre grupos dentro de un solo estado. Es posible que las guerras civiles crucen las 36 Nolte, Ernst, Der Europäische Bürgerkrieg 1917-1945: Nationalsozialismus und Bolschewismus, Frankfurt am Main, Propyläen Verlag, 1987. 37 A continuación, se recogen por orden de publicación algunas de las obras que apuestan por esta denominación de guerra civil europea: Preston, Paul, «La guerra civil europea: 1914-1945», en M. Cruz Romeo e Ismael Saz (eds.), El siglo XX. Historiografía e Historia (Actas del V Congreso de la Asociación de Historia Contemporánea), Valencia, Universitat de València, 2002; Traverso, Enzo, A sangre y fuego: De la guerra civil europea (1914-1945), Valencia, Publicacions de la Universitat de València, 2009; Comellas, José Luis, La guerra civil europea (1914-1945), Madrid, Rialp, 2010.
José Manuel López Torán 36 fronteras nacionales, por ejemplo, con la participación de tropas enviadas por potencias extranjeras, como ocurrió en el caso español. Sin embargo, sostener esta teoría implicaría la existencia de una sociedad europea única, algo que resulta difícil de mantener teniendo en cuenta la evolución de los imperios coloniales en las etapas anteriores a la Gran Guerra o el individualismo con el que las naciones concurrieron a la Segunda Guerra Mundial. Por su parte, el concepto de segunda guerra de los Treinta Años alude a un esquema de periodización que abarca los conflictos armados que se sucedieron en Europa desde 1914 hasta 1945. Así, al igual que la contienda librada entre 1618 y 1648 estuvo definida por una serie de enfrentamientos que tuvieron lugar en tiempos y lugares variados y que posteriormente fueron englobados por los historiadores bajo ese calificativo, las nuevas guerras que estallaron en el continente en la primera mitad del siglo XX pueden ser objeto de la misma sistematización. En esta ocasión, quienes apoyan la teoría presentan como argumento clave el hecho de que la Segunda Guerra Mundial es una continuación de la Gran Guerra, puesto que los problemas que no lograron solventarse en los tratados de paz de 1919 fueron el germen del estallido, veinte años después, de un nuevo enfrentamiento armado. En este sentido, plantean que se trata de un mismo conflicto que presenta dos momentos especialmente violentos, 1914-1918 y 1939-1945, pero cuyos efectos también se pudieron notar en el periodo de entreguerras. El origen del término lo ubicamos en un discurso pronunciado por Charles de Gaulle en Bar-le-Duc el 28 de julio de 1946 cuando aludía a «la tragedia de la Guerra de los Treinta Años que acabamos de ganar ha implicado muchos altibajos y ha visto entrar y salir a muchos actores»38. En la misma línea, en 1948, Winston Churchill avisaba al inicio de su obra The Gathering Storm, el primero de los volúmenes que conforman la serie sobre la Segunda Guerra Mundial, que estos «cubrirán el relato de otra Guerra de los Treinta Años»39. Al margen de las citadas menciones, en el plano académico los pos38 Discurso completo en francés disponible en el siguiente enlace: https://mjp.univ-perp.fr/ textes/degaulle28071946.htm [Consulta: 30-3-2022]. 39 Churchill, Winston, The Second World War, vol. 1, The Gathering Storm, London, Houghton Mifflin Company, 1948.
Introducción 37 tulados fueron también expuestos por el alemán Sigmund Neumann en 1946 y recuperados en 1981 por el estadounidense Arno Mayer. En las últimas décadas también han sido objeto de debate a través de aportaciones como la del británico Ian Kershaw o la del alemán Jörg Echternkamp40. Al margen de estos debates historiográficos, el periodo de estudio que comprende el análisis ya ha sido elegido para investigar otros aspectos en los que también era necesario utilizar un límite temporal más amplio con el fin de abarcar varios conflictos armados. Es el caso de la evolución de la guerra aérea41, la cuestión de la búsqueda de la paz42, las comparativas entre los orígenes de ambos conflictos43 y el empleo de la violencia organizada44. Por su parte, en lo referente a la extensión territorial se ha buscado huir de la tendencia apreciada en la mayor parte de los trabajos publicados hasta la fecha, en los que se aborda el estudio de la tarjeta postal desde el punto de vista nacional –Francia, Alemania, Reino Unido, Italia– sin entrar en comparaciones entre los diferentes países. Consideramos que solo con esta orientación transnacional era posible establecer analogías entre los ejemplares editados en las distintas potencias implicadas que nos llevasen a determinar pautas de actuación comunes por parte de las entidades gubernamentales, así como patrones similares en cuanto a los comportamientos humanos a la hora de enfrentarse a situaciones de la misma naturaleza. La postura adoptada no 40 Las obras en cuestión, por orden de publicación: Neumann, Sigmund, The Future in Perspective, New York, G. P. Putnam’s Sons, 1946; Mayer, Arno, The persistence of the old regime: Europe to the Great War, London, Croom Helm, 1981; Kershaw, Ian, «Europe’s Second Thirty Years War», History today, 55-9 (2005), pp. 10-19 y Echternkamp, Jörg, „1914-1945: Ein zweiter Dreißigjähriger Krieg? Vom Nutzen und Nachteil eines Deutungsmodells der Zeitgeschichte“, en Sven Müller y Cornelius Torp (eds.), Das Deutsche Kaiserreich in der Kontroverse, Göttingen, Vadenhoeck & Ruprecht, 2011, pp. 265-280. 41 Murray, Williamson, War in the Air 1914-45, London, Cassell, 1999. 42 Martín, Ricardo, «El corto siglo XX, a la búsqueda de una paz imposible (1918-1989)», Vínculos de Historia, 7 (2018), pp. 97-114. 43 Kershaw, Ian, Descenso a los infiernos: Europa 1914-1949, Barcelona, Crítica, 2016. 44 Kramer, Alan, «Asesinatos en masa y genocidio de 1914 a 1945: un intento de análisis comparativo», en Javier Rodrigo (ed.), Políticas de la violencia. Europa, siglo XX, Zaragoza, Prensas de la Universidad de Zaragoza, 2014.
José Manuel López Torán 38 implica renunciar, en absoluto, a los enunciados mantenidos por otras formas de hacer historia ya que, como tendremos oportunidad de comprobar a lo largo de los sucesivos capítulos, el componente nacional juega un papel fundamental en el desarrollo del discurso. En este sentido, limitar el objeto de estudio al espacio de cualquier nación hubiera jugado en detrimento del análisis, al privarlo de las interesantes comparativas que se pueden establecer entre las distintas potencias beligerantes. Esto es precisamente lo que les ocurre a los estudios publicados hasta la fecha, que conforman sólidas piezas de un puzle que todavía falta ensamblar. A pesar de haber traspasado los límites de las fronteras nacionales, era necesario acotar el espacio de una manera coherente y, en este caso, la opción elegida ha sido el ámbito europeo por varias razones metodológicas. En primer lugar, a la hora de establecer analogías tanto de manera vertical (entre los dos conflictos) como horizontal (entre varios países) era preciso buscar la mejor combinación posible y esto resultaba más adecuado si se restringía al espacio europeo. La multiplicidad de frentes en la Segunda Guerra Mundial, como por ejemplo las campañas en el Pacífico, distorsionaba la comparativa con el primero de los conflictos bélicos, ya que el campo de actuación fue mucho más reducido y prácticamente todas las grandes operaciones se llevaron a cabo en el frente occidental. Además, el ingente volumen disponible tan solo en Europa demostraba una entidad propia notablemente marcada, sobre todo en lo que respecta a las estrategias propagandísticas. Esta decisión ha llevado finalmente a incluir material de hasta trece países del viejo continente: Alemania, Austria, Bélgica, Checoslovaquia, España, Finlandia, Francia, Italia, Países Bajos, Portugal, Reino Unido, Rusia y Suiza. Fijados los límites en los que se enmarca la investigación que se presenta, corresponde aclarar cómo se ha llevado a cabo la consulta del material sobre el que se ha constituido el discurso. En el trascurso de la misma he tenido oportunidad de consultar más de 52 000 ejemplares, cifra que ha permitido contar con una visión amplia y completa del fenómeno que se aborda y sobre la que descansa el grueso de los análisis e interpretaciones que dan cuerpo a la investigación. A pesar del elevado número, no deja de ser solo una muestra en comparación con el abrumador número de tarjetas que circularon durante los periodos en los que se prolongaron las hostilidades.
Introducción 39 Uno de los mayores inconvenientes que implicaba llevar a cabo un estudio de tales características era la dispersión de la documentación. Así, en el trascurso de la investigación se ha tenido acceso directo a instituciones de tres países europeos, Alemania, Bélgica y Francia, como la Bibliothèque Nationale de France o la Bibliothèque royale de Belgique. Sin embargo, un factor decisivo lo ha conformado el nutrido conjunto de centros de documentación que cuentan con parte de sus fondos digitalizados y accesibles en la Red. Para la documentación relativa a la Gran Guerra, el elenco de instituciones que han contribuido con sus fondos a conformar ese corpus digital resulta particularmente amplio y el distinto tratamiento que se le ha conferido a cada uno de ellos ha hecho posible que se complementen de una forma adecuada para conseguir los objetivos que al inicio de la investigación quedaron marcados. Europeana 1914-191845 es, sin duda, el proyecto más interesante y ambicioso de todos, ya que permite la consulta de cerca de 10 000 postales digitalizadas procedentes de diferentes instituciones europeas y con una calidad notable en la mayoría de los casos. Puesta en marcha en noviembre de 2008, se ha consolidado como la biblioteca digital europea y no ha cesado desde entonces de seguir incorporando materiales de primer orden procedente de centros de documentación de todo el continente. En concreto, el proyecto 1914-1918 reúne un notable número de documentos de distinta índole disponibles en la Red y con un acceso totalmente libre. Otra de las mayores iniciativas es Mission Centenaire 14-1846, un programa asociativo en el que están implicadas seis instituciones públicas francesas, entre las que se encuentran la Bibliothèque Nationale de France, La Contemporaine o el Musée de l’Armée. Tal y como recogen en su propio portal, el objetivo que se persigue es proporcionar recursos sobre este gran acontecimiento bélico a todos los usuarios que accedan a él. Visualmente, la presentación de los contenidos resulta muy acertada, ya que el apartado 45 Para acceder directamente al sitio web: http://www.europeana1914-1918.eu/en/explore [Consulta: 7-4-2022]. 46 El sitio oficial está alojado en el siguiente enlace: https://www.centenaire.org/fr [Consulta: 7-4-2022].
José Manuel López Torán 40 de postales viene organizado en diferentes álbumes temáticos que generan galerías multimedia y cada una de las tarjetas viene acompañada de un breve texto explicativo con información sobre la misma y sobre aquello que el anverso representa. Del mismo modo, al lado de cada álbum se encuentra una descripción acerca del material que se va a encontrar en él, al igual que la procedencia de esos fondos. El Reino Unido también ha generado contenido de este tipo gracias a las aportaciones de The British Library47. A pesar de ser uno de los organismos que colabora en la gran recolección de documentos de Europeana, anteriormente citada, resulta pertinente hacer una mención aparte a esta institución, ya que dentro de su propia página ha creado contenido específico de la Primera Guerra Mundial donde aporta importantes reflexiones firmadas por algunos de los mayores expertos en la Gran Guerra como, por ejemplo, David Stevenson. Por su parte, en Alemania he localizado un interesante fondo digitalizado por la Universität Osnabrück48 con cerca de 2 000 tarjetas y en Italia el proyecto 14-18: Documenti e immagini della Grande Guerra, coordinado por el Instituto Central para el Catálogo Único de Bibliotecas Italianas con el objetivo de crear un gran archivo de imágenes sobre la Gran Guerra, y el fondo digitalizado por parte del Istituto per i beni artistici culturali e naturali della Regione49. Fuera del ámbito europeo es conveniente destacar la labor de digitalización que lleva a cabo The New York Public Library50, institución que también ha quedado incorporada a la investigación gracias a los interesantes proyectos que emprendió con motivo del primer centenario del inicio de la Gran Guerra. La NYPL posee una gran colección de materiales impresos sobre la contienda que en los últimos años se ha centrado en difundir, entre los que 47 Véase la siguiente dirección: https://www.bl.uk/world-war-one [Consulta: 7-4-2022]. 48 Documentos disponibles en el siguiente enlace: http://www-old.bildpostkarten.uni-osnabrueck.de/index.php?cat=143 [Consulta: 7-4-2022]. 49 Véase: http://www.14-18.it/cartolina/CA_2_720 y http://bbcc.ibc.regione.emilia-romagna.it/ [Consulta: 7-4-2022]. 50 Disponible en: https://digitalcollections.nypl.org/collections/german-world-war-i-photographic-postcards#/?tab=about [Consulta: 7-4-2022].
Introducción 41 destacan dos álbumes con casi 200 tarjetas postales alemanas que han resultado de gran importancia para completar este estudio. También dentro del ámbito norteamericano es relevante la colección de The National World War I Museum and Memorial51, la principal institución en Estados Unidos dedicada a recordar, interpretar y comprender la Gran Guerra y que cuenta con un volumen de postales digitalizadas que asciende a cerca de 3 000. Debido a la notable cantidad de documentos y a sus propias características, se hacía indispensable su inclusión entre las fuentes de esta investigación, a pesar de que se tratara de una institución extraeuropea. Aunque se ha señalado desde el principio que el ámbito de estudio era el continente europeo, buena parte de los ejemplares que están disponibles son franceses, alemanes o británicos, por lo que en verdad la documentación que se ha consultado cumple los requisitos propuestos. En el caso de la Segunda Guerra Mundial, estos repositorios en Red son mucho menos numerosos, algo que sorprende sobremanera debido a la importancia que estos soportes, y la correspondencia en general, tuvieron en el desarrollo del conflicto. Posiblemente uno de los proyectos más interesantes sea Feldpost aus dem Zweiten Weltkrieg52 llevado a cabo por el Centro de Documentación sobre el Nacionalsocialismo de la ciudad de Colonia con el fin de aglutinar testimonios escritos sobre este periodo y ampliar así el conocimiento del periodo nazi que, de no ser custodiados debidamente, corren el riesgo de perderse para siempre entre los papeles de los archivos familiares. Como bien recogen en su propia descripción, esta iniciativa «puede dar ideas interesantes sobre los sentimientos y pensamientos de los remitentes y puede, de muchas maneras, proporcionar información sobre la constitución de la sociedad de guerra». Por su parte, la ya citada Universität Osnabrück53 dedica 51 En el siguiente enlace se muestra la selección acotada con el término «postcard», que devuelve algo más de 2900 resultados frente al total de más de 20 000 objetos disponibles en la web. https://theworldwar.pastperfectonline.com/photo?page=1&search_criteria=po stcard&utf8=%E2%9C%93 [Consulta: 10-4-2022]. 52 En su propia página web https://jugend1918-1945.de/feldpost/default.aspx?id=30630 [Consulta: 10-4-2022]. 53 Para consultar el álbum véase el siguiente enlace: http://www-old.bildpostkarten.uniosnabrueck.de/index.php?cat=153 [Consulta: 10-4-2022].
José Manuel López Torán 48 su verdadera patria coparon multitud de soportes impresos. La postal fue uno de los medios privilegiados para extender esta idea y el medio más utilizado para representarla visualmente fue la personificación de ambos territorios en forma de mujer, a veces siendo raptada por un soldado alemán o bien salvada por uno francés y llevada de vuelta a casa. De esta manera, la guerra se planteaba como el medio idóneo para arrebatar estas dos regiones al enemigo alemán y para conseguir que fueran reincorporadas a Francia, el lugar al que pertenecían de forma legítima60. Es evidente que las cuestiones territoriales tuvieron un gran peso en la movilización de los soldados franceses y, en consecuencia, la protección de su territorio fue un potente catalizador. Sin embargo, esta situación solo fue aplicable a este caso concreto, ya que, por ejemplo, las tropas británicas eran las únicas dentro del bando de los aliados europeos que no tenían que alistarse para defender a su nación de la invasión por parte del enemigo. La separación física del continente por el canal de la Mancha anuló este argumento que sí había resultado tan efectivo en Francia, por lo que se hizo necesario buscar otras motivaciones, a simple vista más abstractas, que facilitaran el reclutamiento masivo de jóvenes61. Entre ellas se ha podido localizar, por ejemplo, el compromiso de que la victoria sobre la amenaza alemana garantizaría un futuro mejor para las generaciones venideras62. De esta manera, se consiguió crear un amplio consenso nacional de que Gran Bretaña marchaba a una guerra justa y de que el alistamiento voluntario era la elección correcta63. Por su parte, la concepción de librar la «guerra para 60 Brouland, Pierre y Doizy, Guillaume, La grande guerre des cartes postales, Paris, Hugo Image, 2013, pp. 80-82. 61 Esta situación será muy diferente en la Segunda Guerra Mundial, ya que el territorio británico fue objetivo de Hitler a partir de septiembre de 1940 con la operación León Marino. 62 Kershaw, Ian, Descenso a los infiernos: Europa 1914-1949, Barcelona, Crítica, 2016, p.507. 63 Para profundizar en las motivaciones de los británicos se recomienda Watson, Alexander, Enduring the Great War: combat, morale and collapse in the German and British armies, 1914-1918, Cambridge, Cambridge University Press, 2008 y Thorpe, Tom, «Why they enlisted, served and killed; the experience and motivation of Leicestershire servicemen during the Great War», Midland History, 44-1 (2009), pp. 85-106.
Capítulo I. La movilización de las naciones 49 Figura 1.1. La première leçon de Français en Alsace reconquise (1915). Uno de los muchos ejemplos en los que se representa el asunto de las provincias «perdidas» y que aboga por la reconquista de Alsacia por parte de Francia. Fuente: Europeana64. 64 https://www.europeana.eu/fr/item/2020601/https___1914_1918_europeana_eu_contributions_7301 [Consulta: 15-3-2022].
José Manuel López Torán 50 acabar con todas las guerras»65 se perfiló como una de las señas de identidad de la propaganda británica y así fue anunciada entre amplios sectores de la población. Sin embargo, ni esta última apreciación ni la aparente correcta elección de marchar al frente en aras del bien común terminan de explicar las conocidas fotografías que muestran las exorbitantes cifras de jóvenes que se agolparon en los centros de alistamiento para unirse al ejército envueltos en un ferviente deseo de servir a su país66. Esas imágenes, que con relativa frecuencia han llegado a nuestras manos, han contribuido sobremanera a extender la creencia de que los jóvenes se lanzaron en masa a la guerra, sin necesitar muchos argumentos a favor y sin que el gobierno tuviera que hacer grandes esfuerzos. Sin embargo, la tarjeta postal nos permite constatar que la situación no fue tan idílica como se quiso presentar. Prueba de ellos son los numerosos ejemplares que hacían un llamamiento directo al reclutamiento, con mensajes como «todavía queda un hueco para ti», «tu país te necesita» o «es lo mejor que puedes hacer por ellos», este último en referencia a cómo el soldado podía contribuir a garantizar un futuro mejor para sus hijos. Además, existió un potente clima de presión social que condicionó fuertemente el alistamiento de muchos hombres. Quienes se oponían a ir a la guerra eran objeto de todo tipo de ridiculizaciones y críticas a través de tarjetas en las que se les insulta, se cuestiona su masculinidad e incluso se les tilda de insolidarios y de traidores con su pueblo67. Los motivos para representar estas ideas fueron muy variados, siendo los más repetidos aquellos que representaban el rechazo de las mujeres a los hombres que no iban al frente o la soledad a la que se enfrentarían entre sus compañeros. Esta situación marca distancias respecto al resto de países europeos, 65 Expresión tomada de una serie de artículos publicados por el escritor británico H.G. Wells y que posteriormente se reunieron en el volumen titulado The War That Will End War. 66 Véase Morton, John, «Defining Their Own Patriotism: British Volunteer Training Corps in the First World War», Journal of Contemporary History, 23-1 (1988), pp. 59-75. 67 En 1915 vio la luz el documental Britain prepared, la primera gran película oficial británica de la Gran Guerra. La cinta documenta la preparación militar de Gran Bretaña tras el estallido de la contienda y aproximadamente los veinte minutos iniciales están dedicados a la cuestión del reclutamiento de voluntarios.
Capítulo I. La movilización de las naciones 51 donde los ejemplares no fueron editados con el mismo alcance que en el Reino Unido68. Figura 1.2. No gun – No girl! (1916). Este ejemplar constituye uno de los muchos en los que el tema principal es esa presión social, ya que se asociaba el no alistarse con el rechazo de las mujeres. En esta escena, se aprecia cómo la joven camina del brazo de un soldado británico mientras hace una señal de desdén al joven vestido de civil que lleva un ramo de flores. Fuente: Europeana69. Alemania, país al que las potencias vencedoras responsabilizaron desde los inicios de haber llevado a Europa a la guerra en aquel verano de 1914, es posiblemente uno de los territorios donde se detecta una menor variedad a la hora de presentar en la tarjeta postal las motivaciones para arrastrar a sus hombres a la batalla. La fuerte ola patriótica que recorrió el país germano puede ser una de las causas que lleven a esta situación, ya que, aparentemente, 68 Brouland, Pierre y Doizy, Guillaume, La grande guerre…, p. 67. 69 http://www.europeana1914-1918.eu/en/contributions/21415#prettyPhoto [Consulta: 153-2022].
José Manuel López Torán 52 la predisposición de la población habría ahorrado grandes esfuerzos a la hora de buscar puerta por puerta candidatos que engrosaran las filas del ejército. Además, cuando estalló la Gran Guerra, Alemania contaba con el segundo contingente más grande del mundo, superado solo por Rusia. El militarismo instalado entre las élites del país germano había llevado a preparar a las tropas para una eventual contienda, por lo que, en los primeros meses de 1914, el ejército alemán ya estaba listo para el combate y perfectamente equipado y entrenado70. No obstante, a pesar de ese halo patriótico, fue necesario contar con ejemplares que contribuyeran a dar el último empuje al alistamiento. Así, en los primeros meses de la contienda, la protección de la patria fue el principal elemento catalizador utilizado en las tarjetas postales alemanas. En esa defensa nacional, si había alguna figura que pudiera funcionar como el modelo que todos debían seguir esa era la del Káiser, líder indiscutible de la gran nación y de las tropas imperiales. En torno a su persona se debían congregar los nutridos ejércitos, único camino posible para vencer rápidamente a los débiles enemigos y devolver la paz al continente después de que las demás potencias europeas hubieran decidido embarcarse en esta siniestra carrera. Por este motivo, muchos ejemplares recurrían a su imagen para asociar el alistamiento con el servicio directo al emperador y, por extensión, con el servicio a la patria. Junto a él, era frecuente encontrar alusiones como «El emperador llamó y todos vinieron», consignas con las que se buscaba dar a entender que tan solo la llamada de GuillermoII era suficiente para congregar a millones de hombres. Igualmente, Gott mit uns (Dios con nosotros) fue omnipresente en todas estas tarjetas patrióticas, mensaje con el que se deseaba trasladar a la población que no temiera, puesto que Dios estaba del lado de los alemanes en esa causa justa por la libertad71. 70 Hart, Peter, La Gran Guerra (1914-1918): historia militar de la primera guerra mundial, Barcelona, Crítica, 2014, p. 54. 71 Gott mit uns fue un lema nacional en el Reino de Prusia que posteriormente fue recuperado con especial fuerza por el ejército germano durante el periodo del Imperio alemán (1871-1918) y del Tercer Reich (1933-1945). La población se adentra en una causa de semejante índole solo si está convencida de que los intereses son nobles o incluso divinos y no si solamente se trata de algo meramente mundano. Spector, Robert, World Without
Capítulo I. La movilización de las naciones 53 Por su parte, Italia constituye un caso peculiar dentro de las naciones implicadas en la Gran Guerra, ya que se incorporó al conflicto casi un año después de haber dado comienzo y mantuvo negociaciones con ambos bandos hasta que finalmente se decantó por participar del lado de los aliados. Esta situación generó un gran debate tanto político como entre la población debido sobre todo al rechazo de amplios sectores a la participación en la contienda. Después de varios meses de batallas en Europa, los diferentes medios de comunicación habían dejado constancia de las terribles experiencias vividas, por lo que se conocía de sobra el panorama tan desolador al que se enfrentaba el continente. Sin embargo, los intereses políticos y las con cesiones prometidas a Italia si se alzaba con la victoria inclinaron finalmente la balanza hacia la opción de participar en la guerra junto a Francia y el Reino Unido72. El esfuerzo en este territorio debía orientarse, por tanto, a justificar esa decisión ante la población y la tarjeta postal volvía a posicionarse como un socio preferente en la carrera por la opinión pública. El debate acaparó plenamente la atención de los ejemplares producidos entre 1914 y 1915, por lo que el país mediterráneo se desmarcaba del resto de las potencias implicadas, donde la tendencia era que las ilustraciones recogieran los motivos que llevaban a tomar parte en la guerra sin necesidad de justificarse de tal manera. Por norma general, el tema fue tratado a través de la caricatura, ya que permitía simplificar el profundo entramado de intereses que se escondía detrás de estas decisiones políticas. Uno de los ejemplares más significativos de cuantos se han podido localizar es el que se muestra en la siguiente imagen y que recrea el momento en el que las potencias europeas están intentando que Italia salga de su neutralidad y entre en guerra dentro de su bando. Italia es el sujeto en torno al cual gira la composición y aparece rodeada por los contendientes implicados que tiran fuertemente en direcciones opuestas tratando de atraerla Civilization: Mass Murder and the Holocaust, History, and Analysis, Lanham, University Press of America, 2005, p. 14. 72 Véase Ostenc, Michel, «1915. L’Italie en guerre», Guerres mondiales et conflits contemporains, 219 (2005), pp. 15-30 y Renzi, William, «Italy’s Neutrality and Entrance into the Great War: A Re-examination», The American Historical Review, 73-5 (1968), pp. 1414-1432.
José Manuel López Torán 54 hacia ellos. Para ello recurre a la metáfora del juego de la soga. El aspecto más significativo del ejemplar es que los protagonistas de la ilustración son los propios dirigentes de las respectivas naciones europeas, ataviados con sus correspondientes banderas nacionales a excepción del zar, que aparece cubierto con la bandera de la Armada imperial rusa. Así, en el centro podemos contemplar a Vittorio Emanuele II, a su izquierda a Guillermo II y Francisco José I de Austria y a su derecha al rey Alberto I de Bélgica, Pedro I de Serbia, Jorge V de Inglaterra, el emperador japonés Taishō Tennō, Raymond Poincaré y el zar Nicolás II de Rusia. Figura 1.3. Sport bellico 1914 (1914). El ejemplar recrea el momento en el que las potencias europeas están intentando que Italia salga de su neutralidad y entre en guerra dentro de su bando. Para ello recurre a la metáfora del juego de la soga. Fuente: Colección privada. Todos estos casos descritos solo pudieron aplicarse al primero de los conflictos mundiales, ya que la generación de 1939 fue muy diferente a la de 1914. Conocían perfectamente los efectos tan devastadores que entrañaban las guerras modernas y habían desterrado por completo esa concepción ro-
Capítulo I. La movilización de las naciones 55 mántica que les había empujado al frente dos décadas antes. Aquellos hombres habían sufrido en primera persona la crueldad del nuevo armamento y los civiles que permanecieron en la retaguardia habían experimentado igualmente el potencial destructivo de la maquinaria industrial bélica. Con este recuerdo todavía tan vivo resultaba mucho más difícil movilizar masivamente a la población, ya que en esta ocasión no marchaban engañados a aquellas carnicerías humanas y sabían las verdaderas consecuencias que los enfrentamientos armados comportaban: «miseria en vez de riqueza, amargura en vez de satisfacción, hambre, inflación, revueltas, pérdidas de las libertades civiles, esclavitud…»73. En consecuencia, la escala de valores había virado enormemente en aquellas décadas y ya nadie creía en la justicia de una guerra libertadora ni inocente. Además, quienes habían participado convencidos de que sería la guerra definitiva que acabaría con todas las demás se sentían profundamente engañados y ya no estaban dispuestos a caer una vez más en una farsa semejante. A pesar de los muchos esfuerzos de la propaganda por aparentar el masivo apoyo a la guerra, se ha podido constatar en todos los países un espíritu de desánimo fruto de la traumática experiencia vivida. Esta vez ni siquiera las potencias con un sentimiento nacional más uniformemente extendido consiguieron tener el efecto que esperaban como sí había ocurrido en la GranGuerra74. En el caso del Reino Unido y Francia la consigna más extendida, y la necesidad más inmediata, fue la de frenar el peligro que implicaba la posible victoria de Hitler y la extensión de los movimientos totalitarios por toda Europa. Este fuerte motivo ejerció una indiscutible influencia en el seno de la población de ambas potencias, ya que en los últimos años habían presenciado el riesgo que suponía la deriva tomada por el canciller alemán para la paz y la libertad en Europa. Sin embargo, esa alegría desbordante 73 Zweig, Stefan, El mundo de ayer…, p. 291. 74 En esta sensación generalizada de desánimo también jugaron un papel clave las informaciones proporcionadas por los distintos medios de comunicación en los años previos a la guerra en torno al rearme terrestre, marítimo y aéreo que habían llevado a cabo las distintas potencias europeas.
José Manuel López Torán 56 que tanto habían manifestado en 1914 era ahora una marcha forzada, otra más en apenas unas décadas, con la que librarían de nuevo al mundo del peligro alemán. Muy distinta fue la situación en Alemania, donde la perfecta maquinaria de propaganda nazi consiguió revestir la llamada a las armas con un amplio abanico de motivaciones que resultaron atractivas para los millones de jóvenes soldados75. En primer lugar, la guerra se planteó como la ocasión perfecta para expandir las fronteras del Tercer Reich y conseguir así ese Lebensraum o espacio vital del que tanto se había hablado desde la llegada al poder de Hitler. Por otro lado, también se les hizo creer que la contienda era una cruzada en defensa de la nación alemana ante la peligrosa amenaza que suponía la extensión del bolchevismo, ese fantasma que, llegado desde el este, llamaba a las puertas de Europa occidental76. Y, por último, una de las consignas que posiblemente mejor calaron en el seno de la población alemana fue el deseo de vengar el daño sufrido tras la firma del Tratado de Versalles. Hitler y el partido supieron exprimir al máximo esta situación para facilitar la marcha a las armas en 1939 y plantearon la guerra como la oportunidad de reparar la vergüenza a la que su gran nación había sido sometida. Por ello, al margen de las repercusiones económicas o políticas que Versalles implicó para el país germano, maniobraron para sacar a la luz los profundos efectos psicológicos que tuvieron para el orgullo nacional las disposiciones contempladas. Considerado como un auténtico Diktat, las pérdidas que se vieron obligados a asumir despertaron la ira de la sociedad y dejaron un legado de amargura y resentimiento en toda una generación de alemanes que pensaban que el único delito que habían cometido era perder la guerra77. 75 Véase Klemperer, Victor, LTI: la lengua del Tercer Reich: apuntes de un filólogo, Barcelona, Minúscula, 2007 y Mosse, George, La nacionalización de las masas: simbolismo político y movimientos de masas en Alemania desde las Guerras Napoleónicas al Tercer Reich, Madrid, Marcial Pons, 2019. 76 Kershaw, Ian, Descenso a los infiernos…, p. 498. 77 Overy, Richard, El camino hacia la guerra: la crisis de 1919-1939 y el inicio de la Segunda Guerra Mundial, Madrid, Espasa, 2009, p. 114.
Capítulo I. La movilización de las naciones 57 Figura 1.4. Bolschewismus ohne Maske (1937). Como resulta fácilmente identificable, con este tipo de tarjetas no se buscaba otro fin que el que la población alemana identificara el bolchevismo como el principal enemigo, un adversario que amenazaba la paz mundial y que dejaba un reguero de muerte en aquellos lugares por los que se expandía. Esos mensajes, distribuidos desde años antes de que estallara la contienda fueron un elemento trascendental con el que ir moldeando la opinión pública e ir allanando el camino hacia el cada vez más probable conflicto armado. Fuente: Wikimedia78. 78 Imagen disponible en el siguiente enlace: https://commons.wikimedia.org/wiki/File:- Bolschewismus_ohne_Mask.png [Consulta: 15-3-2022].
José Manuel López Torán 64 co que alentaban a defender los valores de su país. Esa situación de mantuvo intacta durante las primeras décadas del siglo XX y se vio acentuada en los años de la Gran Guerra. De igual manera, una vez concluida la contienda se llevaron a cabo toda una serie de actos cargados de un fuerte simbolismo que no buscaban sino mantener viva la idea del sacrificio realizado por el pueblo francés durante un momento tan convulso. Sin embargo, la complicada situación de Francia en la Segunda Guerra Mundial alteró por completo las reglas de juego, ya que la mitad norte del país cayó en manos del Tercer Reich y cualquier manifestación que se saliera de la norma establecida corría el riesgo de ser castigada91. Esos sentimientos dieron como resultado experiencias muy diferentes en varios aspectos de la realidad del momento, que resultan fácilmente rastreables en multitud de medios. Entre ellos se encuentra la tarjeta postal y esta particular situación fue precisamente la que motivó la edición de ejemplares con un carácter muy dispar en función de la zona en la que produjeran, algo que sin duda enriquece el elenco de materiales de los que hoy día disponemos92. En contraste, Alemania tuvo una situación muy desigual en los dos conflictos, ya que las circunstancias que le fueron sobreviniendo dejaron al país en una tesitura muy dispar a la de sus vecinos europeos. Desde el proceso de unificación llevado a cabo en 1871 y hasta los primeros años del siglo XX se intensificó de manera clara la expansión del sentimiento nacional, momento en el que la figura del canciller Otto von Bismarck jugó un papel trascendental. La intensa política exterior desplegada mejoró aún más la visión que tenían los alemanes de su nación, aunque fue con su relevo y con el ascenso al trono de Guillermo II cuando asistimos al momento de mayor intensidad. El Imperio alemán era un territorio con más de sesenta millones de habitantes, sus industrias habían superado a las británicas en lo referente a la producción de carbón y acero, y el Káiser y las élites consideraban que el desarrollo económico y cultural que estaba adquiriendo su nación le hacía merecedor de 91 Una de las primeras publicaciones que abordan la evolución del nacionalismo en Francia en este periodo de entreguerras es Girardet, Raoul, «Pour une introduction à l’histoire du nationalisme français», Revue française de science politique, 3 (1958), pp. 505-528. 92 Álvarez, José, Dioses útiles…, pp. 61-62.
Capítulo I. La movilización de las naciones 65 «un lugar en el sol»93, de ahí el amplio despliegue de actuaciones internacionales que implementó en esos años previos a la Gran Guerra94. Sin embargo, el sentimiento de autocomplacencia descrito anteriormente se derrumbó por completo en 1918 con la estrepitosa derrota alemana. Esta situación, unida a las duras condiciones impuestas en el Tratado de Versalles, quedó traducida en un fuerte discurso con altas dosis de revanchismo que fue ganando un peso considerable entre determinados sectores de la política y que el Partido Nazi supo acaparar y llevar al extremo. En efecto, Hitler hizo de la humillación sufrida a raíz de la firma del tratado la piedra angular de muchas de sus políticas y su aparato de propaganda consiguió dirigir las emociones de la población en contra de británicos, franceses y estadounidenses, a quienes se les consideraba responsables de haber frenado el crecimiento que le correspondía a la gran Alemania. Además, dentro de su nacionalismo extremo o ultranacionalismo95 se pueden distinguir dos premisas fundamentales: la unión de todos los pueblos germanos bajo el mismo Reich y la cristalización del partido como el símbolo mismo de la nación alemana, ambas fuertemente presentes en los anversos que ilustraron las tarjetas postales de la época. En todos los casos descritos, la Gran Guerra culminó el proceso identitario de las potencias europeas que participaron en ella y el rearme ideológico puesto en marcha tuvo su continuación en el segundo de los conflictos bélicos. Sin embargo, los tres ejemplos descritos tienen la particularidad de contar con un movimiento nacional uniforme en todo el territorio que facilitó enormemente las tareas de extensión de tal sentimiento, situación que no es extrapolable al resto de los países implicados, ya que la propia configuración de las comunidades que conformaban la nación dificultó la aplicación de un criterio único96. 93 Traducción de la expresión «Platz an der Sonne», pronunciada el 6 de diciembre de 1897 por el entonces secretario de Estado del Ministerio de Asuntos Exteriores del Imperio alemán, Bernhard von Bülow, en relación con la política colonial de su país. Extracto tomado del discurso completo: http://germanhistorydocs.ghi-dc.org/docpage. cfm?docpage_id=1371 [Consulta: 7-5-2022]. 94 Howard, Michael, La Primera Guerra Mundial, Barcelona, Crítica, 2003, pp. 20-21. 95 Terminología utilizada en Evans, Richard, La llegada del Tercer Reich: el ascenso de los nazis al poder, Barcelona, Península, 2015. 96 Hobsbawm, Eric, Naciones y nacionalismo desde 1780, Barcelona, Crítica, 2000, p. 153.
José Manuel López Torán 66 En lo que respecta al Imperio ruso y al Imperio austrohúngaro, las experiencias fueron sensiblemente distintas, ya que en el momento del estallido de la Gran Guerra ambas entidades territoriales eran dos estados multinacionales97. La monarquía dual era un verdadero mosaico étnico-lingüístico donde convivían alemanes, húngaros, checos, polacos, croatas y otros tantos grupos, por lo que llevar a cabo una política de propaganda como la que se desplegó en las potencias occidentales resultaba difícil teniendo en cuenta las diferentes motivaciones que tendría cada colectivo ante una posible guerra y la ausencia de identificación por parte de ellos con la causa nacional. Por su parte, el imperio del zar era un vasto territorio formado casi en su totalidad por campesinos donde eslavos, polacos, lituanos, ucranianos y otros pueblos aspiraban a la independencia o al menos a la autonomía. Además, las elites cultas estaban divididas entre los «occidentalistas», que tenían a Europa como modelo, y los «eslavófilos», que consideraban que el modo de vida en el viejo continente era degenerado y deseaban preservar e imponer la cultura eslava en todo el territorio98. Para dificultar todavía más la situación, el panorama de ambos territorios en 1939 era totalmente dispar al existente a principios de siglo, por lo que los recursos empleados en la extensión del sentimiento nacional vinculado a la guerra necesariamente tuvieron que cambiar. Austria quedó anexionada al Tercer Reich antes del inicio de las hostilidades y, en consecuencia, todas las consignas dirigidas a la población quedaron supeditadas a las directrices de los jerarcas nazis. En este sentido, la expansión del Reich fue un tema muy cultivado por la propaganda oficial y sobre el caso austriaco son numerosos los modelos editados por parte de Alemania y dirigidos al nuevo territorio, siempre con el fin de crear allí lo antes posible un sentimiento de alineación con el nuevo tiempo que se les había presentado. 97 Terminología extraída de Núñez, Xosé M., Movimientos nacionalistas en Europa…, p. 21. 98 Además, tal y como afirma Marc Ferro, el pueblo dominador, ruso y alemán respectivamente, quería consolidar su hegemonía, aunque ello le supusiera entrar en continuas disputas con los sentimientos nacionales de las minorías. Ferro, Marc, La Gran Guerra, 1914-1918, Madrid, Alianza, 1970, pp. 43-46 y Howard, Michael, La Primera Guerra Mundial…, p. 14.
Capítulo I. La movilización de las naciones 67 Por su parte, en la Rusia de Stalin el estallido de las hostilidades contra la Alemania de Hitler en 1941 se concibió bajo el calificativo de «Gran Guerra Patria» y el inicio de la intervención vino acompañado de un enorme aparato propagandístico cuya piedra angular era la necesidad de combatir el peligro alemán y preservar la integridad de la nación99. En este sentido, resulta interesante comprobar el diálogo que se estableció entre los ejemplares editados en cada uno de los dos países, donde el contrario fue demonizado y presentado como un auténtico peligro con el que se debía acabar. Finalmente, Italia es también una de las naciones europeas que más particularidades presenta, ya que resulta ampliamente conocida la escasa motivación con la que partieron los soldados hacia el frente en ambas guerras mundiales. En el caso de la primera, los testimonios que nos han dejado los propios militares permiten apreciar una falta de identificación con la causa, situación que se agravó aún más en 1939 al contar con la experiencia previa de la contienda del 14. La propaganda patriótica no fue, por tanto, suficiente para mantener vivas las emociones de los soldados ni contrarrestar la falta de motivación inicial a la que nos hemos referido en el apartado anterior100. La plasmación de todas estas ideas en torno a la nación tuvo como uno de los principales cauces de expresión los materiales editados desde los servicios de propaganda estatales y los anversos de las tarjetas postales acapararon de lleno la atención de los responsables de la difusión de estas consignas101. De hecho, desde el mismo estallido de la contienda ya era posible adquirir este tipo de tarjetas patrióticas como bien ejemplifican postales encontradas cuyo matasellos corresponde a las últimas semanas de agosto de 1914 y de las primeras de septiembre de 1939. La consulta y comparación de los ejemplares 99 Contrástese Hill, Alexander, The great patriotic war of the Soviet Union, 1941-45: a documentary reader, London, Routledge, 2009; Tsouras, Peter, The Great Patriotic War, London, Greenhill, 1992 y Zhilin, Pavel, La Gran Guerra Patria de la Unión Soviética: 1941-1945, Moscú, Editorial Progreso, 1985. 100 Kershaw, Ian, Descenso a los infiernos…, p. 501. 101 Una interesante aportación publicada recientemente sobre la relación entre tarjeta postal y nación es Villena, Rafael, «Envíos con sabor español. Tarjetas postales, traje y nación», en Miguel Cabañas y Wifredo Rincón (eds.), Imaginarios en conflicto: «lo español» en los siglos XIX y XX, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 2017, pp.76-96.
José Manuel López Torán 68 editados en los dos conflictos ha permitido comprobar cómo en ambos casos se adoptaron una serie de patrones comunes aplicables a los diferentes estados beligerantes, lo que ha hecho posible establecer una clara continuidad entre ambas guerras y corroborar algunas de las hipótesis iniciales. El éxito de las campañas organizadas en la Primera Guerra Mundial llevó a los organismos de propaganda a recuperar estas estrategias en el segundo de los conflictos, ya que la efectividad demostrada aseguraba un nuevo logro en ese momento en el que la paz en el continente estaba comprometida una vez más. De entre todas las estrategias que se emplearon para movilizar a la población, la que conseguía aunar con mayor eficacia la fuerza y poder de una nación era la bandera. Pocos recursos son capaces de convertirse en signos de identificación colectiva de una forma tan potente como este símbolo compartido por la comunidad de un estado. Con esta consigna, desde los mismos inicios de las hostilidades los organismos gubernamentales encargados de la propaganda inundaron el mercado de la postal con los coloridos dibujos de las enseñas nacionales102. La bandera encarna el carácter sagrado de una nación y es uno de los distintivos más potentes de condensación de los sentimientos que se tienen sobre una sociedad103. Con este elemento se transmiten emociones de pertenencia a un grupo y permiten que los individuos nos sintamos identificados como parte de un conjunto de personas próximas a nosotros. Esta última apreciación es, quizá, una de las más significativas en lo que respecta al uso de los citados símbolos en el marco bélico, ya que consigue dejar atrás el «yo» para conformar un «nosotros», es decir, ese grupo de afines que aunará sus esfuerzos por la defensa del elemento común: la patria. Dentro del desconcierto inicial que caracteriza al estallido de una guerra, los símbolos nacionales como las banderas salieron a flote y dominaron el espacio cultural de una manera eficaz hasta el punto de conformar uno de los catálogos más 102 El antropólogo neozelandés Raymond Firth publicó en 1973 Symbols: Public and Private, New York, Cornell University Press, un concienzudo trabajo donde expone las funciones simbólicas de las banderas y su poder identitario. Para el caso español, parte de estos postulados son expuestos en Moreno, Javier y Núñez, Xosé M., Los colores de la patria: símbolos nacionales en la España contemporánea, Madrid, Tecnos, 2017. 103 Billig, Michael, Nacionalismo banal, Madrid, Capitán Swing, 2014, pp. 74-75.
Capítulo I. La movilización de las naciones 69 extensos de los que disponemos. Además, el estadounidense Chris Hedges sostiene que cubrir toda la escena pública con estos recursos responde también a la necesidad de disimular las contradicciones internas de la nación y aunar el empeño de la población en mantener la guerra y resultar así más efectivos contra el enemigo104. El propio Adolf Hitler dedicó unas páginas de Mein Kampf a reflexionar sobre la necesidad de crear una bandera como símbolo del Movimiento que permitiera dar cohesión al mismo. Como revela en unas pocas líneas, estos emblemas contribuyen a elevar las emociones hacia una causa compartida, ya sea un partido o una nación entera, de ahí su utilización en el llamamiento a las armas: La ausencia de tales símbolos suponía inconvenientes no solo momentáneos, sino que también era, para el porvenir, cosa inadmisible. Los inconvenientes consistían, ante todo, en el hecho de que nuestros correligionarios carecían en absoluto de un signo exterior que revelase su pertenencia y que, por otra parte, caracterizara el movimiento con una enseña como símbolo opuesto al emblema de la Internacional105. Su éxito fue tal, que resulta imposible clasificar la totalidad de los distintos modelos editados con banderas durante los años de las dos guerras mundiales. Sin embargo, tras el análisis de los numerosos ejemplares que he tenido oportunidad de consultar, sí ha sido posible fijar una serie de rasgos comunes tanto en ambos conflictos como entre los diferentes países implicados. De entre todos, los más comunes son los ejemplares en los que el anverso queda cubierto casi en su totalidad por las enseñas nacionales y que vienen acompañados de mensajes como: Guarding the Old Flag!, Stolz weht die Flagge o Salut au Drapeau. Son siempre modelos muy coloridos y que gozaron de una enorme popularidad durante todos los años de duración de los conflictos, aunque muy especialmente nada más comenzar las hostilidades. De hecho, los primeros ejemplares producidos en 1914 como franquicia militar en todos los países implicados recogían banderas en sus sencillos diseños, como se 104 Hedges, Chris, La guerra es la fuerza que nos da sentido, Madrid, Síntesis, 2013, p. 76. 105 Hitler, Adolf, Mi lucha, Madrid, Real de Catorce Editores, 2016, p. 291.
José Manuel López Torán 70 puede apreciar en las figuras 1.7 y 1.8. Según Brouland y Doizy, este fue uno de los temas más cultivados y, por ejemplo, la Poste aux Armées llegó a editar decenas de modelos diferentes en los primeros años de la Gran Guerra que se distribuían a los soldados gratuitamente106. Un rasgo característico que merece la pena señalar es que en las dos décadas que transcurren entre ambos conflictos se produjeron cambios de banderas en algunas naciones. El caso más significativo es el de Alemania, ya que durante el primero de ellos la enseña era la del Imperio alemán mientras que en 1939 fue la del partido la que se convirtió en el símbolo oficial del Reich. Posiblemente nunca una bandera ha generado emociones tan extremas como la de la Alemania nazi, símbolo del excelso poder de su nación para unos y representación de los mayores temores para quienes vivían en las zonas que sucumbieron al yugo de las tropas de Hitler. Las casas editoras y los gobiernos eran plenamente conscientes del éxito de los ejemplares decorados con las enseñas nacionales, por lo que se afanaron en responder de la mejor forma posible a la ingente demanda que se les presentaba. La capacidad creativa de los dibujantes no parecía tener límites y, en estos grandes y coloridos conjuntos, desplegaron todo su potencial artístico. Por ello, además de esos diseños más sencillos encontramos todo tipo de innovación tanto en la técnica como en la disposición de los elementos. A pesar de haber comparado el éxito en ambos conflictos bélicos y haber señalado la utilización de idénticos recursos en los dos momentos, la realidad es que resulta posible establecer diferencias en lo que respecta al cuidado de los diseños, ya que en la Primera Guerra Mundial esta variedad es todavía más acentuada y encontramos diseños verdaderamente bellos como tarjetas bordadas en seda, ejemplares que contaban con un fondo claro al que se adhería un marco en relieve y una pieza central bordada con hilos de colores107. En 1940 he podido detectar un repunte en el interés por estos diseños bordados al localizar un buen número de ejemplares enviados desde Francia al Reino Unido por miembros de la Segunda Fuerza Expedicionaria Britá106 Brouland, Pierre y Doizy, Guillaume, La grande guerre…, pp. 50-53. 107 Sobre las tarjetas bordadas en seda véase Collins, Ian, An illustrated history of the embroidered silk postcard, Radlett, Gabrian Antiques, 2001.
Capítulo I. La movilización de las naciones 71 Figura 1.7. Cartolina postale italiana in franchigia (1914) y Figura 1.8. Correspondance des Armées de la République (1914). Dos de los ejemplares oficiales editados en los primeros meses de 1914. Tanto el modelo italiano como el francés utilizan la misma disposición para alojar los datos necesarios y el mensaje. Fuente: Colección privada.
José Manuel López Torán 72 nica, pero su calidad no llega a igualar a la que había tenido en el primero de los conflictos108. También muy original es la serie que representa a cada uno de los países aliados como mariposas y colorea sus alas con las banderas nacionales. Como se puede apreciar a través de los dos ejemplares que se recogen a continuación, la industria postal durante la Primera Guerra Mundial no conoció límites y puso todos los esfuerzos en producir series lo más atractivas posibles para el público, decisión que produjo tarjetas de un gusto exquisito. El efecto que esta campaña buscaba conseguir se vio aumentado por la edición de otra serie en la que los países del bando contrario eran mostrados como insectos, animales que en la mayor parte de los casos provocan aversión entre la gente. De esta manera estos otros ejemplares conformaban el contrapunto de la belleza de la mariposa, símil que se debía hacer extensible al rechazo hacia las potencias centrales109. Si bien las banderas acapararon en ambos conflictos un buen número de postales patrióticas, no menos comunes fueron aquellas en las que se representaban los animales que formaban parte de la identificación popular estatal110. La animalización es un recurso que, para el estallido de las guerras mundiales, ya tenía un dilatado recorrido dentro de la representación en caricaturas. En la inmensa mayoría de los casos, esa asociación se aplicaba a los dirigentes nacionales y a los propios países en su conjunto, y su representación era utilizada tanto positiva como negativamente. Cuando las postales eran 108 El Imperial War Museum ha puesto a disposición del público una pequeña selección de esos ejemplares a través de su página web. Véase https://www.iwm.org.uk/history/ embroidered-silk-postcards [Consulta: 4-4-2022]. 109 En el siguiente enlace de la British Library se puede visualizar el ejemplar correspondiente a Turquía, en el que el sultán Mehmed V es representado como un escarabajo: https:// www.bl.uk/collection-items/propaganda [Consulta: 4-4-2022]. 110 Para la representación de Francia en la tarjeta postal véase Richard, Bernard, «La France et la République dans les cartes postales patriotiques de la Grande Guerre», Les Cahiers d’Adiamos 89, 10 (2014), pp. 303-327. Para el caso de Bélgica, Delhalle, Sophie, «La Belgique dans les cartes postales de 1914-1918. De la propagande à la culture de guerre», en Axel Tixhon y Bénédicte Rochet (eds.), La petite Belgique dans la Grande Guerre: une icône, des images, Namur, Presses universitaires de Namur, 2012, pp. 129-151 y, de la misma autora, «L’image de la Belgique dans les cartes postales allemandes de la Première Guerre mondiale», Guerres Mondiales et Conflits Contemporains, 241 (2011), pp. 51-62.
Capítulo I. La movilización de las naciones 73 editadas en los propios países se mostraban a los animales siempre en actitudes firmes y beligerantes con el fin de transmitir la fortaleza de la nación en armas, mientras que,111 si los ejemplares eran diseñados como propaganda en contra del enemigo, el aspecto que presentaban era justamente el contrario. Así, en este otro caso eran representados escondidos, dañados, moribundos o en cualquier otra postura asociada a la debilidad o la cobardía. Resulta interesante comprobar que, al igual que se exponía en el caso de las tarjetas ilustradas con banderas, es una estrategia que aplicaron todas las naciones en liza, sin embargo, la diferencia la encontramos de manera clara entre uno y otro conflicto. Mientras que en la Gran Guerra fue uno de los motivos más 111 Imagen disponible en https://collections.st-andrews.ac.uk/item/montenegro-montenegran-butterfly/625234 [Consulta: 4-4-2022]. Figura 1.9. Angleterre (1914) y Figura 1.10. Montenegro (1914). Estos ejemplares corresponden a una serie titulada Aux Alliés en la que, a través de mariposas, se representan de manera alegórica a las distintas naciones aliadas. Las alas son los espacios elegidos para representar las banderas, todas ellas diseñadas con una delicadeza extrema. Fuente: Colección privada y University of St Andrews Libraries and Museums110.
José Manuel López Torán 80 figura de Bull fue fijada en 1712 por el escocés John Arbuthnot como personaje protagonista de una serie de panfletos y sus representaciones fueron experimentando ciertos cambios a lo largo del siglo XIX hasta adoptar en elXX el aspecto más conocido de todos: un hombre robusto, de mediana edad, ataviado con unos pantalones claros, sombrero de copa, chaleco con la bandera del Reino Unido y una levita que oscila entre los colores rojo y azul122. A pesar de tratarse de una figura más que consolidada en la sociedad británica y presente de manera clara en la prensa ilustrada de la época a lo largo de todo ese periodo, fue sobre todo durante conflictos bélicos como las guerras napoleónicas123 o las guerras bóeres cuando se acentuó su papel como encarnación de los valores británicos. Siguiendo la estela de estos enfrentamientos armados, la Gran Guerra lo incorporó a su elenco de recursos patrióticos y fue en este periodo cuando la representación del corpulento Bull adquirió su total significación. Este tipo de representaciones también presentaron notables diferencias en función de si los diseños eran producidos por dibujantes del propio país o de la nación enemiga. La visión que transmitían las primeras era la de un hombre fuerte, decidido, solidario con el resto de los territorios, mientras que las segundas recurren a representarlo como alguien codicioso y movido únicamente por sus deseos imperialistas. A pesar de su fuerte presencia en el conflicto bélico de 1914, la popularidad de este conocido personaje fue en retroceso en los años de la posguerra y cuando estalló la Segunda Guerra Mundial no tuvo ni mucho menos la importancia de la que había gozado en la Gran Guerra. Aun así, las pautas que siguieron los dibujantes durante este de la figura de John Bull véase Hunt, Tamara, Defining John Bull: political caricature and national identity in late Georgian England, London, Routledge, 2017. 122 Información recogida en el siguiente enlace https://www.britannica.com/topic/JohnBull-English-symbol [Consulta: 2-4-2022]. 123 En el siguiente enlace de la Royal Collection Trust se muestra una de las primeras representaciones de John Bull dentro de un contexto bélico. Realizada en 1808, la escena recoge un encuentro entre Bull y un soldado español, a quien ha proporcionado una gran cantidad de comida, ropa y armas para que puedan hacer frente a las tropas de Napoleón, que ya han iniciado su incursión en España. https://www.rct.uk/collection/810716/johnbull-arming-the-spaniards [Consulta: 5-4-2022].
Capítulo I. La movilización de las naciones 81 otro enfrentamiento armado son deudoras del periodo anterior y plantearon una interesante continuidad. Se puede decir que Marianne, John Bull124, el león, el águila del Reich, el bulldog inglés, el oso ruso o el gallo francés fueron tan recurrentes en la iconografía de la postal durante las dos guerras debido a la facilidad con la que los civiles y los soldados los identificaban como elementos unificadores de su respectiva nación. Los valores que trasladaban eran perfectamente entendidos por el conjunto de la sociedad, de ahí que se posicionaran como uno de los mejores recursos para ilustrar conceptualmente el enfrentamiento que se estaba librando125. Finalmente, merece la pena señalar que los estados no fueron a la guerra de manera aislada, sino de la mano de bandos conformados por varios países que tuvieron una mayor o menor cohesión dependiendo del conflicto al que nos refiramos. Por este motivo, toda esta propaganda patriótica, a pesar de que buscaba elevar los valores nacionales con el fin de funcionar como catalizador para la movilización dentro de los respectivos territorios, no olvidó la importancia de esos lazos de colaboración y su incidencia directa en las emociones de la población. Si bien hemos mencionado que una de las funciones era la de justificar el hecho de acudir a la guerra, nada mejor que comprobar que otros países amigos también lo hacían para convencerse de que la actuación era la correcta. Del mismo modo, la representación de estas alianzas sumaba el alivio de que los soldados se veían arropados no solo por la propia nación, sino por toda una serie de estados que combatían codo con codo contra un enemigo común. De esta manera, ese «nosotros» al que se ha hecho referencia con anterioridad sobrepasaba también las fronteras de la propia nación y se hacía extensible al grupo de países que concurrían a la llamada de las armas dentro del mismo bando. 124 Junto a estas representaciones alegóricas de las naciones beligerantes hubo otras tantas que, aunque no tuvieron el mismo grado de representación en las dos guerras mundiales, sí estuvieron muy presentes en las postales durante primero de los dos conflictos y en la propaganda visual en general. Es el caso del Tío Sam dentro de las tarjetas estadounidenses, Germania como imagen de Alemania o Britannia en el caso del Reino Unido. 125 Brouland, Pierre y Doizy, Guillaume, La grande guerre…, p. 88.
José Manuel López Torán 82 La consolidación de sólidos bloques entre las principales potencias europeas antes del estallido de 1914 fue uno de los temas más constantes de la propaganda de la Primera Guerra Mundial y un recurso explotado desde los mismos inicios de las hostilidades. Paradójicamente, los organismos gubernamentales y las empresas privadas tanto de las naciones aliadas como de las potencias centrales utilizaron los mismos motivos para celebrar estas coaliciones y de entre todos los recursos utilizados, sin duda las alegorías de banderas unidas ocuparon la inmensa mayoría de los ejemplares de este tipo. También fueron muy frecuentes las imágenes de soldados luchando codo con codo, un motivo que buscaba apelar a valores como la fraternidad, el apoyo mutuo o la solidaridad126. En cambio, una de las diferencias más notables con la Segunda Guerra Mundial la encontramos en esta cuestión, ya que el orden internacional previo al nuevo conflicto bélico difería ampliamente de la situación en 1914. Frente a los grandes bloques de alianzas descritos anteriormente, la Europa de los años treinta avanzaba con una particular independencia y aislamiento hacia el abismo. Quizá, las únicas iniciativas que se pueden asimilar a esas otras previas a la Gran Guerra fueron la firma del Eje Roma-Berlín y del Pacto Anti-Komintern en 1936, ambas enfocadas a tejer una red de apoyos en torno a la Alemania nazi. Esta situación tan dispar con la que Europa concurrió a la llamada de la guerra en cada uno de los enfrentamientos queda más que evidenciada en la tarjeta postal ilustrada. Mientras que en la Gran Guerra se contaban por millares los ejemplares distribuidos con motivos que exaltaban las alianzas internacionales, en 1939 brillan por su ausencia. Solo las que hacen referencia a las maniobras iniciadas por Alemania tienen un peso digno de señalar, aunque no logran superar, ni de lejos, al volumen de 1914. 126 La solidaridad es un tema que recuperaremos en el capítulo tercero en relación con los lazos que se establecieron entre los soldados que luchaban unidos durante las largas campañas bélicas.
Capítulo I. La movilización de las naciones 83 Figura 1.16. Frères d‘Armes (1914). Francia y el Reino Unido se convirtieron en los mayores productores de estas tarjetas patrióticas en las que se celebraba la unión entre las naciones. Este fue uno de los recursos más utilizados en uno y otro país, especialmente en los primeros años de la contienda. Fuente: Colección privada.
José Manuel López Torán 84 La deshUmanización deL enemigo El último paso dentro de esa gran manipulación de las emociones que se llevó a cabo tras el estallido de las guerras mundiales fue el de profundizar en la alteridad, esa concepción que nos hace pensar en el otro, en el ajeno, en el extranjero para marcar la diferencia. Si bien en el apartado anterior se ha hecho referencia a la importancia que la propaganda patriótica le confirió a la idea de conformar un «nosotros», es conveniente señalar que no puede haber ese nosotros sin un «ellos», alguien sobre los que marcar la diferencia127. Esta afirmación cobra un especial sentido en el contexto bélico, donde resulta de suma importancia crear un estado emocional en contra del enemigo al tiempo que se reafirma la superioridad frente a ellos. Por ese motivo, en esa batalla por el control de las emociones era de suma importancia demonizar al contrario y presentarlo ante los ciudadanos como un ser salvaje, brutal e inhumano que amenazaba seriamente el futuro de la nación. Al igual que en las cuestiones descritas anteriormente, los gobiernos contaron con los mecanismos y los resortes adecuados para lanzar ese mensaje al conjunto de la población y de nuevo la tarjeta postal ocupó un espacio privilegiado en esa cadena de transmisión. Para ello, debían apelar a sentimientos como el miedo o la unidad y transformarlos en odio. Bajo esta estrategia se escondían dos intereses y dos destinatarios muy bien diferenciados. En primer lugar, entre los civiles se buscaba canalizar el odio y el miedo hacia la población enemiga para así granjearse su adhesión al esfuerzo bélico. En segundo término, se pretendía que los millones de hombres reclutados pudieran sobrellevar mejor el hecho de matar al oponente. Debemos tener en cuenta que, en ninguno de los dos conflictos, los soldados pertenecían a ejércitos profesionales y la llegada al frente implicaba el primer contacto directo que tenían con la muerte, algo que provocaba un choque emocional potente. Por ello, se entendía que sería más fácil acabar con la vida de alguien considerado como un animal o un monstruo antes que como un semejante con una mujer e hijos que quedarían rotos al conocer su fallecimiento. De esta manera, en todos los casos esta táctica estaba llamada a generar sentimientos de odio y aversión hacia el contrario, tanto por sus 127 Billig, Michael, Nacionalismo banal…, p. 136.
Capítulo I. La movilización de las naciones 85 malas acciones como por su falta de moralidad o incluso «inferioridad racial», esto último especialmente significativo en la Segunda Guerra Mundial con la propaganda editada por la Alemania nazi hacia los judíos y otros grupos128. En las dos contiendas mundiales estos mensajes tuvieron su momento álgido durante los primeros meses de la guerra, precisamente cuando resultaba más necesario conformar una conciencia negativa en contra del oponente, aunque bien es cierto que mantuvieron una presencia notable en el transcurso de las hostilidades. Para conseguir ese fin se recurrió a una de las estrategias más destacadas de estos dos conflictos modernos, la atrocity propaganda129, que consiste en la difusión de datos sobre los crímenes cometidos por un enemigo a través de imágenes, informes o cualquier otro medio que tuviera un impacto considerable entre la población. La información que se transmite puede ser real, pero a menudo se incluyen exageraciones de forma deliberada con el fin de hacer más potente su impacto entre la población receptora130. Las evidencias debían ser lo suficientemente directas y creíbles como para que no quedara duda de quién era el enemigo sobre el que se debía verter el odio y, aunque todas las naciones implicadas hicieron uso de ella, los aliados tuvieron mucho más acierto en sus campañas, tanto por el número de recursos que emplearon como por el impacto que consiguieron131. Durante la Gran Guerra, la efectividad de los mensajes que lanzaron los organismos encargados en cada uno de los países a través de las tarjetas postales contribuyó a presentar a los alemanes como los enemigos de la humanidad desde el mismo inicio de las hostilidades. Aunque son numerosos los motivos a los que aludieron con tal de conseguir su objetivo en esa carrera por el control de la opinión pública, el primer recurso que se encargaron de 128 Stockwin, Arthur, A diez metros bajo el suelo de Bélgica: una historia de amor epistolar en la primera guerra mundial, Barcelona, Ariel, 2005, p. 135. 129 Véase Vetlesen, Arne Johan, «Atrocities: A Case of Suppressing Emotions or of Acting Them Out?», Passions in Context, 2 (2011), pp. 35-66. 130 Sobre la utilización de la mentira en la propaganda y su justificación dentro del contexto bélico véase Ponsonby, Arthur, Falsehood in wartime: propaganda lies of the First World War, Sudbury, Bloomfield Books, 1991. 131 Lasswell, Harold, Propaganda Technique in the World War, New York, Peter Smith, 1927, pp. 194-195.
José Manuel López Torán 86 difundir a gran escala fue la invasión de Bélgica producida en agosto de 1914 y que generó un revuelo internacional de tal envergadura que sirvió de excusa para que Gran Bretaña declarara la guerra al imperio del Káiser. La operación militar fue una violación a la soberanía nacional y, utilizando la gravedad que este hecho suponía, hicieron lo posible por sacar de ella el máximo rendimiento132. Con el avance de las tropas y la entrada en territorio galo, a esas postales británicas se le unieron también las francesas que, de manera conjunta, elevaron el tono de las acusaciones sobre los incivilizados alemanes, a quienes presentaban como vándalos y hunos133. Esa demonización resultaba efectiva en la medida en que mostraban las supuestas acciones llevadas a cabo por las tropas del Káiser en suelo francés: ejecuciones de sacerdotes, asesinatos de niños o mujeres, destrucción de elementos patrimoniales de profunda carga simbólica y cualquier otra actividad digna de ser calificada como crimen de guerra. Para provocar un mayor rechazo hacia ellos, la caricatura recurrió en muchos casos a la deformación de los rasgos físicos en multitud de ejemplares, ya que con este sencillo recurso se lograba convertir al soldado alemán en un animal o una bestia, un ser híbrido que resultara repugnante a los ojos de los ciudadanos. Con la puesta en marcha de esta campaña de acusaciones, la imagen del Imperio alemán se vio seriamente comprometida. Rápidamente, ante la cascada de críticas internacionales, las autoridades germanas se vieron obligadas a plantar cara a las serias acusaciones que se cernían sobre ellos, ya que les preocupaba enormemente la opinión que podían generar entre los países neutrales. El objetivo era mostrar a toda costa que el soldado alemán tenía un comportamiento ejemplar con los civiles en los territorios por los que pasaba y para ello utilizaban escenas en las que ayudaban a las mujeres y niños, les daban alimentos o jugaban con ellos134. 132 Sobre la presencia de las tropas alemanas en Bélgica véase Lipkes, Jeff, Rehearsals: the German army in Belgium, August 1914, Leuven, Leuven University Press, 2007. 133 Kingsbury, Celia, For Home and Country: World War I Propaganda on the Home Front, Lincoln, University of Nebraska Press, 2010, pp. 169-171. 134 Brouland, Pierre y Doizy, Guillaume, La grande guerre…, p. 189.
Capítulo I. La movilización de las naciones 87 Figura 1.17. Faits de guerre 1914-1915 (1915). Estos ejemplares recogían distintas escenas en las que los alemanes eran mostrados como bárbaros incivilizados. Como regla general, fueron tres los grupos de población presentados como víctimas de los primeros ataques: los niños, las mujeres y el clero. En este caso, la inscripción inferior de la tarjeta sirve para agudizar el impacto emocional entre quienes la contemplaran: «El más cobarde de los crímenes alemanes. Un niño de siete años culpable de tener, por diversión, su rifle de madera, apuntando a los prusianos, es asesinado sin piedad por ellos». Fuente: Colección privada.
José Manuel López Torán 88 El soldado alemán, en todos los casos, se encuentra cerca de niños o de mujeres, casi como si se tratara de su protector, siempre en actitud sonriente, en posición relajada y jugando con unos personajes que rebosan felicidad. Frente a la imagen que cabría esperar de un soldado, cargado con sus armas o preparado para el ataque, estas postales pasaban a mostrar a las tropas en su lado más tierno, con la sustitución de las armas por alimentos. Obviamente, se trata de un ejercicio de manipulación llevado a su máximo exponente que pretende ironizar sobre la que consideran una acusación injusta. Esa ironía queda aumentada con el contraste que se crea entre la violencia o crudeza de la palabra «bárbaro» y la dulzura que transmite la escena. Esta campaña, que fue efectiva durante los primeros seis meses de la Gran Guerra, llevaba a la burla la acusación que se cernía sobre ellos y para su distribución se recurrió bien a coloridos ejemplares como el que se muestra en la figura 1.18 y que pertenece a la serie „Wir Barbaren“135, una de las más exitosas que los alemanes llegaron a producir o bien a tarjetas fotográficas en las que prácticamente se repetían los mismos esquemas136. Las campañas de desprestigio del enemigo en la Gran Guerra tuvieron un efecto sin precedentes y consiguieron el objetivo que perseguían de volcar el odio de la población hacia personas o colectivos del bando contrario. Sin embargo, en la Segunda Guerra Mundial las reglas de juego cambiaron, ya que, aunque los esquemas mencionados se reeditaron entre los aliados, en la Alemania de Hitler la deriva tuvo un matiz muy diferente al entrar en juego la concepción racial137. 135 Editada por la casa Gebrüder Dietrich, de Leipzig, cosechó un nivel de difusión mucho mayor que otros ejemplares de las mismas características. La Bibliothèque royale de Belgique conserva entre sus extensos fondos la serie completa. Localización según catálogo: S.IV 8684 a S.IV 8694. 136 Danchin, Emmanuelle, «Destruction du patrimoine et figure du soldat allemand dans les cartes postales de la Grande Guerre», Amnis, revue de civilisation contemporaine Europes-Amériques, 10 (2011), https://amnis.revues.org/1371#text [Consulta: 12-4-2022]. 137 Sala, Rosa, Diccionario crítico de mitos…, p. 50 y Welch, David, The Third Reich: politics and propaganda, London, Routledge, 2002, p. 47.
Capítulo I. La movilización de las naciones 89 Figura 1.18. „Wir Barbaren“ – Geteilte Freude (1915). En estos coloridos ejemplares encontramos a los soldados alemanes perfectamente integrados entre la población francesa. Incluso ayudan a llevar la colada a lavar, comparten su comida y juegan con los niños. Fue una de las series más exitosas de entre todas las que se editaron para contrarrestar la imagen tan negativa que las tarjetas francesas, belgas y británicas daban sobre ellos. Fuente: Colección privada. En la propaganda aliada el país germano volvía a ser representado como el enemigo de la humanidad, con la diferencia de que, en esta ocasión, los bárbaros cometían esas atrocidades cegados por el seguidismo a su Führer, el máximo exponente de la deshumanización y sobre el que se verterían la inmensa mayoría de las acusaciones. Por su parte, un tratamiento muy diferente merece el concepto de enemigo que el régimen nazi desplegó durante la Segunda Guerra Mundial y que bien se puede catalogar como el culmen de la política de odio. Hermann Göring calificó explícitamente la Segunda Guerra Mundial como una guerra racial y así fue concebida en el Tercer Reich desde los inicios. En realidad, el odio vertido sobre el enemigo no tuvo su origen con el estallido de la contienda, ya que, desde la llegada de los nazis al poder, se habían estado buscando chivos expiatorios a los que poder responsabilizar de la inestabilidad económica y social de Alemania138. 138 Véase Klemperer, Víctor, LTI: la lengua del Tercer Reich…
José Manuel López Torán 96 después de su fallido golpe de estado, quioscos y papelerías comenzaron a vender postales con su retrato y su firma. En los años que transcurrieron hasta el estallido de la contienda, este tipo de su representación en tarjetas experimentó un considerable desarrollo y fue en ese momento cuando se establecieron las bases en cuanto a su diseño. Así, en 1939 todo estaba ensayado y su circulación resultó una tarea más que sencilla. Las distintas vistas que ilustran los anversos de estos ejemplares son tan numerosas que resulta imposible recogerlas en apenas unas líneas, pero sí se han podido detectar unas características en todas ellas que permiten estudiarlas no de manera separadas sino como grupos divididos en función de los rasgos de la toma148. En primer lugar, los más numerosos son los retratos de plano medio en los que se le representa con el uniforme del partido sobre fondo neutro seguidos de otros tantos con la superposición de su rostro sobre el mapa de Alemania. El segundo grupo al que merece la pena hacer referencia lo constituyen las vistas en las que se le muestra acompañado de niños o realizando algún tipo de tarea. Sin lugar a duda se trata de un verdadero ejercicio de propaganda que buscaba proyectar una imagen de él cercana, protectora y que velaba por la población de su país. La utilización de niños dentro de las postales de guerra fue un recurso ya plenamente utilizado en 1914, como por ejemplo se ha señalado en las tarjetas alemanas que buscaban contrarrestar la propaganda negativa que les acusaba de bárbaros. Finalmente, también son muy frecuentes las escenas pasando revista a las tropas o en medio de los actos celebrados por toda la geografía alemana. Al igual que en el caso anterior, responde a las directrices dadas desde los organismos que velaban por transmitir una imagen muy concreta del líder, en esta ocasión al mostrar el poder de congregación que tenía allá por donde pasaba. En lo que respecta a los mensajes depositados en los reversos, pocos son los que se atrevían a mostrar alguna opinión sobre él, ya que temían represalias debido a la fuerte censura impuesta en el Reich y sabían lo delicadas que resultaban las valoraciones en torno al Führer. Sin embargo, sí aparece de manera casi obligada el grito Heil Hitler bien al inicio del mensaje o bien al 148 Ibidem, p. 207.
Capítulo I. La movilización de las naciones 97 final a modo de despedida. Por último, eran también frecuentes las consignas que mencionaban al líder como por ejemplo Mit dem Führer zum Sieg (con el Führer hasta la victoria) y que tanto el emisor como el receptor se encontraban obligatoriamente entremedias del mensaje. Figura 1.21. Kaiser Wilhelm II in Garde-Artillerie-Uniform (1914) y Figura 1.22. Adolf Hitler (1939). Todas las representaciones oficiales del Káiser en las postales alemanas cuentan con un fuerte aparato propagandístico detrás. Por su parte, el culto a Hitler tuvo su plasmación directa en los anversos de las postales, como se evidencia en este ejemplar. Fuente: Colección privada. El contrapunto de toda esta propaganda positiva, lo conforman las postales editadas por los aliados, donde su figura es atacada desde todos los puntos posibles a través de la caricatura149. En este sentido es donde encontramos las 149 En el siguiente enlace se pueden consultar 189 documentos visuales, en su mayoría carteles, ilustrados con caricaturas de Hitler y editados por los servicios de propaganda aliada: https://commons.wikimedia.org/wiki/Category:Caricatures_of_Adolf_Hitler_ in_Allied_propaganda [Consulta: 8-3-2022].
José Manuel López Torán 98 analogías con la representación del Káiser como aquellos diseños en los que aparece mostrado como un asesino acompañado de escenas que simbolizan muerte, en ocasiones con los territorios que ha ocupado. Al igual que Hitler, Mussolini fue presentado por la propaganda aliada como otro de los responsables de haber abocado a Europa, y al mundo entero, a otro nuevo enfrentamiento armado. Sus altas aspiraciones expansionistas habían ido minando la confianza de las grandes democracias occidentales y su posicionamiento del lado del canciller alemán terminaron por determinar que el Duce era otro de los principales enemigos de la paz. Precisamente la estrecha relación con el Führer fue uno de los principales recursos que los soportes visuales de propaganda utilizaron para vender la imagen del líder italiano, sin embargo, con el particular apunte de situarlo siempre como un lacayo de Hitler. Por ello, casi siempre era presentado como un títere de Alemania y era acusado de llevar a cabo un seguidismo absoluto del Reich, verdadero artífice de la política internacional del Eje, sin ejercer ningún tipo de criterio propio150. Esa aparente subordinación parece que se encuentra detrás de la menor ferocidad con la que los caricaturistas representaron al líder italiano en comparación con su homólogo alemán, ya que a pesar de que existen multitud de representaciones en las que se satiriza y se demoniza su figura, no es ni de lejos comparable a la intensidad con la que se llevaron a cabo en el caso de Hitler. Al margen de la visión negativa que las tarjetas enemigas conformaron en torno a su persona, la realidad es que contó con un potente aparato propagandístico que llevó su imagen a todos los rincones del país. La exaltación del líder tuvo en las postales un vehículo de difusión sumamente adecuado y las imágenes que se recogían en sus anversos se encargaron de elaborar un discurso marcado fuertemente por el triunfalismo y la superioridad frente al resto de potencias europeas. Además, en el caso de Mussolini detectamos una situación muy particular y que resulta de enorme interés para esta investigación centrada en las emociones; el enorme volumen de piezas postales de la Segreteria particolare del Duce conservado en el Archivio centrale dello Stato en 150 Sobre la presencia de Mussolini en la tarjeta postal se recomienda la lectura de Sturani, Enrico, Mussolini, un dictateur en cartes postales, Paris, Somogy, 1997, uno de los mayores estudios realizados sobre esta cuestión.
Capítulo I. La movilización de las naciones 99 Roma151 y conformado por más de 4 000 cartas y postales dirigidas al líder italiano por parte de civiles de todo el país. Este organismo creado en 1922 se encargó, entre otras cosas, de abrir la mensajería dirigida a Mussolini y tratar su correspondencia personal o confidencial, así como aquella de carácter político, financiero o militar referente al gobierno de la nación. Aunque algunas de las misivas buscan solicitar ayudas económicas o pedir que se repare algún inmueble, la mayor parte de ellas nos resultan especialmente útiles en la medida en que evidencian la percepción que tenía la población italiana del Duce152. Somos conscientes del importante sesgo que presenta esta correspondencia, ya que los filtros que debía pasar cada pieza postal antes de llegar a manos de Mussolini supondrían la destrucción de aquellos ejemplares en los que se recogiera una opinión negativa sobre su figura. Aun así, resulta de gran utilidad para poder contrastar la devoción mostrada por la población civil con el fuerte rechazo que generaba su figura entre los soldados a los que se les obligó a marchar al frente. La correspondencia mencionada contiene innumerables mensajes enviados por hombres, mujeres y niños de todas las clases sociales en los que deseaban mostrar a su líder su simpatía, expresar su gratitud, agradecer que llevara sobre sus hombros la tarea de dirigir la nación o simplemente felicitarle por su cumpleaños153. Por su parte, las postales de los dirigentes de los países aliados fueron mucho menos virulentas que las que muestran a los alemanes y no tan abundantes. A pesar de la notable diferencia en cuanto al número de producción, se han podido constatar los mismos esquemas de ridiculización y exaltación en todos los países por igual, lo que muestra de nuevo esa fuerte relación transnacional tan evidente en este tipo de tarjetas154. 151 Véase http://search.acs.beniculturali.it/OpacACS/guida/IT-ACS-AS0001-0003664 [Consulta: 7-642022]. 152 Algunas de estas ideas son desarrolladas en el documental Martella, Massimo, Mio Duce ti scrivo, Italia, 2015. 153 Duggan, Christopher, Il popolo del Duce: storia emotiva dell’Italia fascista, Roma, Laterza, 2019, pp. 8-10. 154 De manera general, los dos líderes más representados fueron Raymond Poincaré, presidente de la República francesa, y Winston Churchill en el Reino Unido, símbolo del patriotismo británico. En ambos casos, las caricaturas diseñadas en Alemania recurrieron
José Manuel López Torán 100 A partir de la información proporcionada, se puede evidenciar cómo desde agosto de 1914 la postal se convirtió en un apoyo privilegiado y efectivo de la propaganda patriótica. Con el fin de las hostilidades del primer conflicto mundial llegó el ocaso de este tipo de tarjetas postales, que luego experimentaron un segundo momento de expansión en aquellos países donde se implantaron regímenes autoritarios, así como con el estallido de la Segunda Guerra Mundial ante la necesidad de repetir la exitosa estrategia del enfrentamiento anterior. El primer objetivo, movilizar a millones de hombres para que combatieran en nombre de su patria contra el enemigo, ya estaba conseguido. La práctica totalidad de las campañas lanzadas surtieron el efecto deseado e ingentes colectivos de hombres acudieron a la llamada de sus líderes. La maquinaria bélica ya se encontraba funcionando y había hecho su trabajo en esos momentos iniciales. La siguiente tarea era la de acompañar a los ejércitos en su día a día en el frente. a todo tipo de descalificaciones personales y se centraron más en cuestiones relacionadas con sus aspectos físicos. En el segundo de los conflictos armados, Churchill se posicionó de nuevo como el mejor exponente del sentimiento nacional en el Reino Unido, hecho que llevó su imagen a un notable número de anversos en su correspondiente territorio. Del mismo modo, Stalin también consiguió atraer la atención de la propaganda y fue exaltado en las tarjetas soviéticas al tiempo que ridiculizado en los ejemplares alemanes.
101 Capítulo II. La postal en el frente I have seen war […]. I have seen blood running from the wounded. I have seen men coughing out their gassed lungs. I have seen the dead in the mud […]. I hate war. (Franklin D. Roosevelt) eL amor y La aUsencia Toda esa ola de color que envolvió la partida al frente pronto quedó ensombrecida. Contemplar con sus propios ojos los verdaderos horrores de la guerra provocó que la visión de todos esos hombres que permanecían en la primera línea del frente se tornara oscura y que experimentaran sentimientos como la angustia, el miedo o la desesperanza. Las emociones negativas se apoderaron de ellos y para poder escapar de ese agujero recurrieron, entre otras cosas, a la correspondencia, puesto que les permitía evadirse por unos instantes de la complicada situación en la que se encontraban y mantener vivo el vínculo con el exterior155. En el momento en el que estalla un conflicto bélico es imposible calcular cuándo llegará su fin, pero, además, en el caso de las dos guerras mundiales esto fue especialmente significativo, ya que ni siquiera las predicciones más pesimistas acertaron a la hora de delimitar que las hostilidades se prolongarían varios años. Posiblemente esto fue más acusado en 1914, cuando la marcha al frente se concibió como un corto viaje cuyo regreso se produciría en apenas unos meses, para antes de la Navidad de ese mismo año, aunque es de sobra conocido que esas expectativas pronto se vinieron abajo debido 155 Véase Saint-Bastien, Jean-François, S’écrire pendant la Grande guerre : lettres et colis des tranchées, Saint-Avertin, Éditions Sutton, 2013.
José Manuel López Torán 102 al estancamiento de los frentes156. Todos aquellos jóvenes que habían partido eufóricos desde sus hogares hacia lo desconocido, rápidamente se dieron cuenta de la verdadera situación a la que se deberían enfrentar y, a través de la postal, es posible seguir a la perfección cómo esa alegría inicial, casi euforia, se fue tornando en agotamiento físico y psicológico. En este ejemplar, circulado el 23 de agosto de 1915, es decir, apenas un año después del inicio de las hostilidades, se puede apreciar cómo el soldado que la envía hace referencia a esa repercusión que ya está teniendo la prolongación de la guerra en la moral de las tropas. […] Una vez más, hermosa, verás que ya se resiente la moral. La situación exterior parece, por otra parte, dilucidar que nosotros solo podemos soñar con heridas y golpes por medio de un combate cuerpo a cuerpo general. Sí, nos gustaría terminarlo rápidamente, porque siempre bajo la influencia de tu coraje inicial, muy pronto me gustaría vivir nuestra reunión divina […]157. Por las palabras que recoge al final del extracto, se intuye el deseo del combatiente de ver finalizada cuanto antes la terrible pesadilla en la que se veía inmerso para así poder reencontrarse con su amada. Las guerras mundiales trajeron consigo la separación física para millones de europeos, ya que la consecuencia directa de los masivos desplazamientos durante los dos conflictos bélicos fue el distanciamiento de multitud de esposos y de padres e hijos, personas que nunca antes habían experimentado periodos de separación tan prolongados y sobre todo tan convulsos. Todos tuvieron la necesidad imperiosa de comunicarse por escrito para poder salvar el desasosiego que implicaba la situación, incluso aquellos que no sabían leer o escribir. Para poder paliar ese problema recurrían a compañeros, bien para que pusieran por 156 Distintos soportes de propaganda incidieron en la idea de que la guerra se resolvería en unos pocos meses y que los soldados estarían de regreso a sus hogares para Navidad: periódicos, carteles, folletines o postales. 157 Traducción del autor a partir del original en francés: https://www.reims.fr/culturepatrimoine/archives-municipales-et-communautaires/guerre-1914-1918/ecrits-depoilus-7602.html [Consulta: 5-4-2022].
Capítulo II. La postal en el frente 103 escrito las palabras que iban dictando o bien para que leyesen los mensajes que llegaban desde la retaguardia158. Figura 2.1. British chaplain writing home for «Tommy» (1916). Esta postal británica ejemplifica la idea anterior, ya que muestra una escena de solidaridad en la que un combatiente escribe el mensaje que un herido le dicta. Fuente: Wikimedia159. Separados de sus seres queridos por miles de kilómetros, los soldados experimentaron, en la inmensa mayoría de los casos, un choque emocional complejo motivado por las circunstancias extremas con las que tenían que lidiar en su día a día. En primer lugar, esto se debía precisamente a esa distancia que les separaba de sus familiares, una separación física que solo podían salvar con el acercamiento espiritual a través de la correspondencia160. 158 Holt, Tonie y Holt, Valmai, Till the boys come home: the First World War through its picture postcards, South Yorkshire, Pen & Sword, 2014, p. 206. 159 Imagen disponible en: https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Daily_Mail_Postcard_-_British_Chaplain_Writing_Home_for_Tommy.jpg [Consulta: 18-4-2022]. 160 Véase Baconnier, Gérard, La plume au fusil: les poilus du Midi à travers leur correspondance, Toulouse, Editions privat, 1989; Lamin, Bill, Letters from The Trenches: A Soldier
José Manuel López Torán 104 Precisamente, el mensaje que se muestra a continuación, enviado el 26 de agosto de 1915 por un soldado francés a su esposa, alude al cúmulo de emociones que los jóvenes experimentaban ante el nuevo mundo que se les había abierto ante sus ojos y al terror que esto les provocaba. Mi querida, La vida se ha vuelto extremadamente agitada y vibrante, los días y las noches nos reservan emociones terribles y dormimos con un ojo abierto, en fin, terminará quizá algún día y después disfrutaremos plenamente con todas nuestras fuerzas de una felicidad lograda por el resultado de tanto esfuerzo, a costa de una separación tan cruel161. Varios son los elementos que podemos extraer de estas escasas líneas del mensaje, sin embargo, la oración «a costa de una separación tal cruel» resume a la perfección el sentimiento generalizado entre los soldados que debieron abandonar sus casas para marchar al frente. Si bien ya hemos comprobado que el halo que cubrió los primeros momentos de las guerras alteró los pensamientos de los combatientes, conforme se iba comprobando el infierno en el que se habían visto embarcados, la percepción fue que habían sido privados de disfrutar junto a sus seres queridos de la comodidad de sus hogares por librar esas sangrientas batallas en nombre de su nación. El único punto de unión que les permitía seguir en contacto con sus familiares era la correspondencia y la importancia de tener noticias suyas era más relevante para su bienestar que cualquier otro elemento. Pocas cosas importaban más a los hombres desplazados que recibir mensajes desde casa y es que la escritura se posicionó para muchos como el único medio existente para escapar de la realidad que estaban viviendo, para alimentar la esperanza y para crear ilusiones y sueños ante el oscuro panorama que tenían delante de sus ojos. Del mismo modo, escribir era fundamental para la vida en el frente, of the Great War, London, Michael O’Mara, 2009 y Steuckardt, Agnès, Entre village et tranchées, l’écriture de poilus ordinaires, Uzès, Inclinaison, 2015. 161 Traducción del autor a partir del original en francés. Ejemplar disponible en el siguiente enlace: https://www.reims.fr/culture-patrimoine/archives-municipales-et-communautaires/guerre-1914-1918/ecrits-de-poilus-7602.html [Consulta: 7-4-2022].
Capítulo II. La postal en el frente 105 ya que gracias a esta acción también era posible evadirse por un momento de esa cruenta realidad que rodeaba al soldado. Escribían en las camas de los hospitales, en el bosque o en ratos libres dentro de las trincheras. En definitiva, aprovechaban cualquier oportunidad para enviar a sus hogares unas pocas palabras, un pequeño recordatorio que hiciera ver a los familiares que en sus «aturdidas» mentes siempre había espacio para ellos162. En la Gran Guerra, debido a la envergadura del conflicto, tuvieron que improvisarse mecanismos que permitieran el envío masivo de correspondencia desde y para el frente. Los altos mandos militares entendieron que el armamento nunca ha sido suficiente para ganar las guerras y, por el contrario, intervenían otros muchos factores igualmente relevantes como, por ejemplo, la moral de las tropas. Un hombre que se ve obligado a exponer su vida a diario en una batalla necesita creer firmemente en lo que está haciendo, pero, además, es preciso que se sienta arropado por sus seres queridos. Así, las noticias de casa resultaban imprescindibles para una persona que se encontraba sola en una trinchera o en un puesto de centinela por la noche soportando el frío y la lluvia. Se llegaba a hablar incluso de hambre epistolar y muchos indicaban que las dos figuras que mayor impacto tenían en su día a día eran el cocinero y el cartero163. Por otro lado, al igual que sucedió en la Gran Guerra, el intercambio de correspondencia entre el frente y la retaguardia se concibió como una tarea fundamental dentro del propio desarrollo bélico para mantener la moral de los soldados en la Segunda Guerra Mundial. En el nuevo conflicto que se iniciaba en 1939, las reglas generales fueron prácticamente idénticas a las de la guerra de 1914, los receptores de los mensajes enviados por los combatientes seguían siendo sus padres, hermanos, su mujer o sus hijos y el fin que perseguían con cada pieza postal que mandaban era el de transmitir sus 162 Lyons, Martyn, «Los soldados franceses y su correspondencia. Hacia una historia de las prácticas de la cultura escrita en la primera guerra mundial», en Antonio Castillo (coord.), La conquista del alfabeto: Escritura y clases populares, Gijón, Ediciones Trea, 2002, p. 229 y Sierra, Verónica, Cartas presas: la correspondencia carcelaria en la Guerra Civil y el Franquismo, Madrid, Marcial Pons, 2016, p. 308. 163 Ramón, Manuel de y Ortiz, Carmen, Madrina de guerra: cartas desde el frente, Madrid, La Esfera de los Libros, 2003, p. 24.
José Manuel López Torán 112 Figura 2.5. Des kriegers Sohn (1915) y Figura 2.6. Sweethearts (1915). Los dos ejemplares, alemán y británico, recurren a una visión muy similar para expresar ese amor que siente el soldado hacia sus hijos, que a su vez es correspondido por estos. El abrazo era una de las formas más repetidas en este tipo de tarjetas, al igual que el acompañamiento de una breve dedicatoria con la que quedara reforzada la intención para la que había sido concebida la postal. Fuente: Colección privada y Europeana176. Por otro lado, la correspondencia de los soldados también resulta muy emotiva cuando se dirige a las madres o las hermanas. El grueso de las tropas lo conformaban hombres muy jóvenes y ellas se erigían como las principales interlocutoras epistolares cada vez que se enviaba a los hogares un mensaje desde el frente. Las cartas entre hijos y madres o entre hermanos están llenas de dulzura, muestras de cariño y respeto del hijo a su progenitora177. 176 Imagen disponible en http://www.europeana1914-1918.eu/en/contributions/21015 [Consulta: 7-4-2022]. 177 Saint-Bastien, Jean-François, S’écrire pendant la Grande guerre…, p. 127.
Capítulo II. La postal en el frente 113 Estrechamente relacionadas con este sentimiento de amor se encuentran la ausencia o la nostalgia, esa circunstancia producida por la separación física y que se veía agravada por los convulsos momentos que se vivían dentro de ambas guerras. En un trabajo centrado en la correspondencia no podía faltar la alusión a este importante factor, ya que, en definitiva, las cartas o las postales se escriben siempre por motivos de ausencia y de distanciamiento físico. En todos los casos están destinadas a crear presencia y llenar el espacio que ha dejado la otra persona, la que se encuentra ausente y por la que se siente un vínculo afectivo, ya sea por amor o por cualquier otro motivo. Las postales causan un acercamiento entre los interlocutores, ya que eliminan la distancia física entre el emisor y el receptor y permiten evocar realidades que ocurren en lugares distantes178. Muchos de los mensajes consignados en los reversos de las postales aluden directamente a la necesidad que tienen los soldados de tener noticias de sus seres queridos, ya que conocer cómo discurría el día a día en sus hogares suponía un gran alivio para ellos y remitía esa nostalgia que experimentaban al sentir que no estaban presentes en dichos lugares. En el siguiente ejemplar circulado en octubre de 1917 se puede apreciar la importancia de recepción de mensajes en los soldados y en su estado de ánimo: He estado muy feliz de recibir tu tarjeta del 21 de septiembre, me levantó mucho la moral, porque había pasado mucho tiempo desde que no había tenido noticias de casa […]179. Como ya se ha señalado, todos esos mensajes buscaban crear presencia y acercar el frente a los hogares de cada uno de los combatientes movilizados. Si bien los textos lo conseguían, la idea era frecuentemente reforzada a través de los anversos y la técnica clave utilizada en la tarjeta postal de guerra consistió en reunir dos niveles de realidad: tú y yo, aquí y allí. Visualmente era muy fácil de conseguir y existen muchas técnicas 178 Merlo, Marina, «De la carte postale au selfie : histoires de présences médiatisées», COnTEXTES [online], 20 (2018), DOI: 10.4000/contextes.6440 [Consulta: 5-4-2022]. 179 Ejemplar localizado en la Biblioteca Real de Bélgica. Sección Manuscrites.
José Manuel López Torán 114 como el primer y el segundo plano, separar las dos escenas con nubes o simplemente crear fotomontajes en los que se muestren dentro del mismo espacio el frente y la retaguardia, siempre con la figura del ausente como eje vertebrador180. Figura 2.7. Offrir à l’absent une belle fleur (1915) y Figura 2.8. Il ricordo dell‘assente (1942). Ejemplares editados en Francia e Italia en cada uno de los dos conflictos mundiales con los que se puede comprobar la estrategia similar seguida. Fuente: Colección privada. El amor y la ausencia son las dos caras de una misma moneda, se encuentran estrechamente ligados y el tratamiento que le proporcionaron los ilustradores presentó abundantes elementos en común. Sus manifestaciones en la tarjeta postal se mantuvieron constantes desde el mismo inicio de las hostilidades, aunque dentro del complejo entramado de circunstancias que atañen a estos dos estados sentimentales es posible detectar momentos en los 180 Huss, Marie-Monique, Histoires de famille 1914-1918…, p. 97.
Capítulo II. La postal en el frente 115 que afloraron de una manera más destacada: los permisos para regresar unos días a sus casas y fechas señaladas como la Navidad en las que, como es de suponer, la ausencia se volvía más acusada. En efecto, uno de los momentos más esperados tanto por los soldados como por sus familiares eran los permisos de los que podían disfrutar y que suponían un reencuentro, aunque breve, después de tanto tiempo alejados. Estos pocos días que pasaban juntos eran la ocasión perfecta para demostrar ese amor tan fuerte que sentían y que debían contener durante su estancia en el frente. La postal, como era de esperar, no podía dejar pasar estos episodios tan importantes en la vida del soldado, por lo que son multitud los ejemplares que de una u otra manera hacen referencia a los apasionados encuentros. Es un tema que está más presente en la Gran Guerra, mientras que en el segundo de los conflictos armados quedó más diluido. Por este motivo, el repertorio de modelos es notablemente superior en la contienda de 1914, donde la originalidad demostrada a lo largo de todo el periodo supo proporcionar también para esta cuestión numerosos modelos181. En esas estancias, de unos cuatro u ocho días, los soldados se reencontraban con su mujer y sus hijos y las postales cubrieron tales encuentros de principio a fin. Como podemos ver en la figura 2.9, ese encuentro ponía remedio por un tiempo a esa desazón producida por la separación, aunque lo más interesante es que el reverso alude también a esa situación: Mi querido Ebby, ¿Cómo estás, hijo mío? Espero que bien, no he recibido una carta en más de una semana, sólo los papeles. Esta es una imagen de mamá, cuando yo regrese, no te rías. ¿Disfrutaste de tu semana de vacaciones? Escríbeme pronto. Dale un beso a mamá de mi parte y muchos de la tuya. Sé un buen chico y que Dios te bendiga. Adiós por ahora, tu querido papá182. 181 Véase Morin, Claude, La Grande Guerre des images : la propagande par la carte postale, 1914-1918, Turquant, l’Àpart, 2012. 182 Traducción propia a partir del documento original en inglés: https://www.europeana.eu/ portal/en/record/2020601/https___1914_1918_europeana_eu_contributions_21572. html?q=postcard+flag#dcId=1569443480433&p=4 [Consulta: 2-4-2022].
José Manuel López Torán 116 Figura 2.9. Back to Blighty. L’arrivée du permissionaire (1916). La imagen, protagonizada por niños, representa el encuentro entre el soldado y su amada. Resulta significativo el letrero de Waterloo, en referencia a la conocida estación de tren londinense. Fuente: Europeana183. 183 Véase http://www.europeana1914-1918.eu/en/contributions/21572 [Consulta: 2-4-2022].
Capítulo II. La postal en el frente 117 Una vez celebrado el encuentro, la narrativa visual de los permisos continuaba con el día a día del soldado durante su breve estancia en el hogar. En este punto, la caricatura acaparó buen parte de la producción de ejemplares y se encargó de difundir una visión divertida del momento. Para ello, recurrió al humor para mostrar lo costoso que les resultaba adaptarse a la realidad de sus casas después de haber pasado tanto tiempo fuera de ellas. Por ejemplo, la siguiente imagen corresponde a un ejemplar editado en Francia y en ella se pueden ver cuatro escenas enmarcadas bajo el título «el hábito es una segunda naturaleza». El tema principal es la adaptación a las comodidades del hogar después de tanto tiempo acostumbrado a vivir en condiciones poco placenteras. Como podemos observar, en la primera escena el soldado se dispone a meterse en la cama confiado de que por fin podrá descansar adecuadamente. Sin embargo, el colchón parece que no termina de complacerle y decide buscar una solución y dormir en el suelo sobre un montón de paja, como si estuviera todavía en el frente. Finalmente, es su esposa la que se ve obligada a abandonar la cama y dirigirse hacia el lecho improvisado que ha dispuesto el soldado. Figura 2.10. L’habitude est une seconde nature (1916). Como se indica en el texto, las cuatro escenas reproducen una secuencia cuyo tema principal es la costumbre adquirida por el soldado después de largas temporadas en el frente. Fuente: Colección privada.
José Manuel López Torán 118 Junto a este tipo de postales satíricas, hubo otras que manifestaron con un tono diferente lo que hicieron los soldados a su vuelta a casa. Al contrario de la visión que ofrece la caricatura, estos otros ejemplares fotográficos desprenden erotismo, ya que no dudan en mostrar el hecho de que los combatientes aprovechaban esos días de permiso para complacer su deseo sexual y satisfacer unas necesidades que habían quedado reprimidas durante los largos periodos que habían permanecido separados. Por último, la postal reparó en el momento de la vuelta al frente. Por lo general, esa alegría que caracterizaba a la llegada, ahora se tornaba en pesimismo debido a la nueva partida. Junto a los encuentros producidos durante los permisos, a partir de la información recogida en los reversos consultados, sin lugar a duda, uno de los momentos emocionalmente más duros en lo que respecta a los sentimientos derivados de la ausencia era la Navidad184. En unas fechas tan señaladas, el calor del hogar se extraña de una manera especial y así lo reflejan las continuas alusiones a este tema hechas por los combatientes por igual en uno y otro conflicto. La siguiente tarjeta, enviada el 25 de diciembre de 1915 por un soldado alemán, es una muestra evidente del sentir de muchos de los combatientes, a quienes no les quedó otra opción que celebrar ese día tan señalado a miles de kilómetros de sus familiares: Queridos padres, queridos hermanos y hermanas, querido tío. Con gran placer he recibido hoy de vosotros un paquete que contiene mantequilla y tocino. Las otras cosas seguramente vinieron de Papá Noel. Muchas gracias por todos estos productos. Hoy también recibí un paquete de Kathr. Desafortunadamente, apenas notamos aquí que es Navidad. Aun así, hemos creado un pequeño y bonito árbol de Navidad. Pero espero que podamos celebrar este día juntos nuevamente el próximo año […]. Peter!185. 184 Véase Hudson, John, Christmas 1914: the First World War at home and abroad, Stroud, The History Press, 2014. 185 Traducción del autor a partir del original en alemán: https://www.europeana.eu/portal/ en/record/2064138/Museu_ProvidedCHO_museum_digital_19297__technical_number_.html?q=what:postcard#dcId=1574957010018&p=1 [Consulta: 12-4-2022].
Capítulo II. La postal en el frente 119 Resulta curioso el dato que aporta acerca del árbol de Navidad, ya que las postales fotográficas tanto de la Gran Guerra como de la Segunda Guerra Mundial han permitido corroborar que era una práctica habitual durante todos los años de conflicto. Son bastantes las que muestran esos característicos adornos y que, posiblemente, se colocaban con el fin de contribuir al apoyo moral de los combatientes en unos momentos tan entrañables. En definitiva, lo que se buscaba con ellos era reproducir el aspecto que en esas fechas solían presentar sus hogares186. Figura 2.11. Weinachten in der Nähe von Verdun (1916). La tarjeta reproduce una imagen de soldados alemanes alrededor de un árbol de Navidad en las inmediaciones de Verdún. Fuente: Europeana187. 186 El proyecto Picture Postcards from the Great War 1914-1918 recoge un amplio muestrario de tarjetas británicas con temática de Navidad: https://www.worldwar1postcards.com/ christmas-postcards.php [Consulta: 8-4-2022]. 187 Véase http://www.europeana1914-1918.eu/en/contributions/2403#prettyPhoto [Consulta: 8-4-2022].
José Manuel López Torán 120 No resulta difícil intuir que con estos últimos ejemplares se buscaba un doble objetivo. Por un lado, contribuir a la ingente tarea de tranquilizar a las familias de los combatientes, en la medida en que tales modelos conforman una de las muchas vistas en las que se elude cualquier elemento que muestre la dureza con la que tenían que luchar permanentemente durante sus días en el frente, al aparecer inmersos en unas escenas alejadas del verdadero drama que estaban viviendo. Y, por otro, se conseguía perfilar un nuevo punto de unión entre el frente y la retaguardia que no tenía otro fin que el de recrear ese entorno tan entrañable del que los soldados no podrían participar al haber sido movilizados para el combate. En este sentido, se intentaba una vez más ayudar a lidiar con la ruptura sentimental que implicaba la separación física. La soLedad y La camaradería Como hemos tenido oportunidad de comprobar hasta ahora, el vacío generado por el distanciamiento de los seres queridos provocaba sentimientos que los soldados debían encarar en su día a día si querían sobrellevar mejor su estancia en los campos de batalla. Sin embargo, esta situación se tornaba más complicada conforme se fueron prolongando las hostilidades en ambos conflictos, ya que en las largas jornadas en el frente otras muchas sensaciones brotaban como resultado de las duras condiciones en las que vivían. Por regla general, los soldados estaban expuestos a periodos prolongados de absoluta soledad, ya que buena parte de las actividades que la guerra iba requiriendo se hacían de manera individual e incluso aquellas que eran colectivas exigían la máxima concentración. Así, al distanciamiento de la familia se le unía también el aislamiento de los demás combatientes, hecho que provocaba que la guerra destruyera más rápido a los soldados mental y emocionalmente, ya que sentían que no tenían a nadie con quién desahogarse o hablar sobre los terribles efectos de la guerra, los problemas de salud que con frecuencia les aquejaban y otros tantos temas de la vida cotidiana. Todo esto les hacía sentirse solos e incapaces de relacionarse con nadie en un contexto que les resultaba especialmente difícil de sobrellevar188. 188 Véase Remarque, Erich, All Quiet on the Western Front, London, Macmillan, 1987.
Capítulo II. La postal en el frente 121 En efecto, el hecho de encontrarse tan alejados de sus hogares, rodeados de cientos de extraños y en un territorio totalmente desconocido, tuvo inevitablemente consecuencias directas en las emociones de los soldados. Un resultado de esa soledad en la que se veían inmersos era la tristeza acumulada de saber que mientras sus familiares seguían reunidos en la retaguardia, ellos se encontraban vagando solos por territorios inhóspitos cargando sobre sus hombros el peso de la incertidumbre de la guerra. Las relaciones sociales son fundamentales para el ser humano y sin ellas se va sumiendo en una espiral de sentimientos negativos que, en el contexto bélico, se veían enormemente agravados por el resto de las circunstancias que rodeaban a los combatientes189. Prueba de esa tensa situación son las frecuentes alusiones que hacían en los mensajes enviados en los reversos de las postales y que contaron con unos patrones comunes en las experiencias de multitud de soldados. No era necesario que lo mencionaran explícitamente, pero por el tono utilizado y las alusiones realizadas acerca de las actividades que tenían que hacer es posible intuir el clima que esta situación generó entre las tropas de todos los ejércitos movilizados. La soledad en sí misma no debemos percibirla como algo negativo, ya que incluso podía llegar a ser buscada en determinados momentos en los que se sentían abrumados por la continua compañía de grandes grupos de hombres. Sin embargo, lo que minaba su moral era percibir que la rutina o la monotonía en la que estaban inmersos les impedía, en muchas ocasiones, acudir a las únicas compañías que tenían en esos escenarios tan cruentos. Igualmente, pasar en soledad fechas destacadas como sus cumpleaños era motivo de tristeza para muchos de ellos. En esta tarjeta enviada el 17 de octubre de 1915 se alude directamente a esa sensación en una fecha tan señalada como es el propio cumpleaños: Otro cumpleaños que paso lejos de ti en la soledad de mi corazón en medio del gran drama. El tiempo es sombrío y muy acorde con el gris de mis ideas. El sol tampoco atravesó las nubes, ni tampoco la niebla. A pesar de todo, 189 Véase Proctor, Tammy, «The Everyday as Involved in War», en Ute Daniel et al., 1914-1918-online: International Encyclopedia of the First World War, Berlin, Freie Universität Berlin, 2014, DOI: 10.15463/ie1418.10453 [Consulta: 14-4-2022].
José Manuel López Torán 128 El soldado no es un individuo aislado: realiza sus acciones en nombre de su nación, a instancias de un estamento militar jerarquizado y en el contexto de un pelotón de hombres con los que tenía una relación muy íntima –en cuanto pasaba cierto tiempo– y todos los cuales eran interdependientes201. Junto a los juegos en equipo, la comida constituía uno de los momentos más esperados del día, no solo por la propia alimentación, sino por los efectos positivos que la reunión generaba. Prueba de la importancia que se le confería es el hecho de que se constituyese como un tema muy recurrente en los catálogos de tarjetas de todas las potencias implicadas durante los dos conflictos bélicos. Sin embargo, la reiterada presencia de tales momentos de unión enfatiza la idea de que la propaganda oficial utilizó este tipo de representaciones, alejadas completamente de la violencia que tanto caracteriza a la guerra, para ocultar la verdadera situación que se vivía en la primera línea202. Esos lazos afectivos sellados entre los soldados de un mismo regimiento también se hicieron extrapolables a camaradas de otros ejércitos. Desde la propaganda oficial se alentó a la fraternidad entre hombres de diferentes naciones que combatían unidos frente a un enemigo común, de forma que sentirse arropados por otros tantos millones de personas hiciese más llevadera la situación, al aliviar ciertos miedos derivados de verse solos ante el peligro. En este caso la situación fue muy diferente en cada uno de los conflictos, ya que, si bien en la Gran Guerra los países acudieron unidos a las armas, en la Segunda Guerra Mundial, lo hicieron más distanciados. Así, en la contienda de 1914 se recurrió a los mismos medios patrióticos analizados en el capítulo dedicado a la movilización de las naciones para ejemplificar estas ideas. El mensaje que se buscaba dirigir a los combatientes de una nación era que no estaban solos y que, por el contrario, entraban en la lucha de la mano de otros tantos hombres de varios estados con el fin de derrotar a un enemigo 201 Domínguez, Mario, «Ira, odio, rutina, dolor. La Primera Guerra Mundial en los testimonios directos», Sociología Histórica, 4 (2014), p. 380. 202 Lafon, Alexandre, «La photographie privée de combattants de la Grande Guerre : perspectives de recherche autour de la camaraderie», Matériaux pour l’histoire de notre temps, 91 (2008), p. 47.
Capítulo II. La postal en el frente 129 Figura 2.13. Leben und Treiben der Wiedergenesenden im Grunewaldlazarett (1915) y Figura 2.14. двум смертям не бывать, а одной не миновать (1916). Estas dos tarjetas, una alemana y otra rusa, muestran dos momentos de confraternización entre los combatientes, bien por medio de combates de boxeo improvisados o bien en una divertida escena de baile. Conviene destacar el proverbio ruso que recoge la última tarjeta, ya que dice «solo hay una muerte y no se puede escapar de ella», de manera que ese momento de diversión se percibe como algo necesario por lo que pueda venir después. Fuente: The New York Public Library y The British Library203. 203 Imágenes disponibles en los siguientes enlaces: https://digitalcollections.nypl.org/items/ 510d47de-014c-a3d9-e040-e00a18064a99 y https://www.bl.uk/collection-items/postcard-soldiers-dancing [Consulta: 18-4-2022].
José Manuel López Torán 130 común. Esta línea fue seguida por ambos bloques, sin embargo, los aliados supieron darle una dimensión mucho mayor y, en consecuencia, generaron un volumen de ejemplares extraordinario relacionado con tal cuestión. Las fórmulas a las que recurrieron resultan muy sencillas de analizar, en la medida en que prácticamente todos mostraban esas alianzas humanas a través de soldados de distinta procedencia abrazados o dándose la mano, acompañados de sus correspondientes banderas y de mensajes como «hermanos en armas» o «fraternidad entre los ejércitos». Todo esto que se expone para la guerra de 1914 no tuvo una correspondencia directa en la Segunda Guerra Mundial. En el bando de los aliados la situación fue muy compleja, ya que la rápida caída de Francia en 1940 dejó al Reino Unido prácticamente solo en el continente luchando contra las potencias del Eje. Posiblemente, los únicos ejemplares que cumplieron con estas características los empezamos a encontrar a raíz de la entrada de los Estados Unidos en la contienda, ya que se ha detectado cómo la propaganda celebraba el apoyo de las tropas estadounidenses desde el desembarco de Normandía204. Estas estrategias de crear vínculos entre soldados de diferentes naciones fue otro más de los muchos intentos que realizaron los gobiernos implicados por construir una especie de guerra paralela a la que se estaba librando sobre el terreno. Con este y otros tantos motivos conseguían dirigir la opinión pública hacia unos mismos cauces y distraer la atención de la población de los verdaderos problemas que acuciaban las líneas de combate. Aun así, también conviene señalar que no solo los anversos contribuyeron a enmascarar estos aspectos de la realidad de las dos guerras, sino que también, los mensajes de los que disponemos no terminan de mostrar el auténtico drama vivido. En primera instancia, la censura interpuesta por los distintos estados actuó eliminando aquellos textos que resultaran más duros y, en segundo lugar, los propios soldados tendieron a autocensurarse y a omitir determinados detalles que pudieran alarmar en demasía a sus seres queridos. Así, prácticamente todos los mensajes circulados tanto en uno como en otro conflicto fueron 204 En el otro bloque, rara vez se evoca a dicha situación, ya que las complicadas relaciones entre Alemania e Italia en lo que respecta a la marcha al combate unido no dejaron mucho espacio a estas representaciones.
Capítulo II. La postal en el frente 131 moldeados conforme a unas reglas externas e internas. En consecuencia, el gran volumen de referencias del que disponemos presenta una características notablemente similares, ya que todas ellas incurren en recoger detalles parecidos a la hora de describir el modo de vida que tienen en el frente, pero sin revelar las verdaderas calamidades que pasaron. La importancia del control efectuado sobre el tema que nos ocupa es tal que resulta inevitable hacer al menos una mención a este fenómeno que condicionó por completo el relato construido por los soldados en su correspondencia205. El estallido de la Gran Guerra supuso un gran salto cualitativo en la aplicación de la censura a escala mundial, ya que las dimensiones y el grado de sistematicidad que alcanzó fueron de tal magnitud que inauguraron una etapa nueva en lo referido al control postal206. El primer país en llevar a cabo esta iniciativa fue Gran Bretaña, señalada como la responsable de buena parte de las innovaciones que la censura trajo en el siglo XX. La implantación del control sobre los envíos no requirió de ninguna legislación especial que permitiese al gobierno llevarlo a cabo y desde el mismo momento en el que se declaró la guerra a Alemania y al Imperio austrohúngaro se aplicaron las medidas pertinentes para controlar las vías de correo postal entre las islas británicas y esos dos países. Por otro lado, en Francia se llevaron a cabo todo tipo de acciones que frenaron el intercambio de información comprometida que pudiera poner en peligro a las tropas. Entre las medidas más destacadas se encontró la creación de las tarjetas postales en franquicia, unos ejemplares que se distribuyeron gratuitamente entre los combatientes y que sirvieron para uniformizar los datos que se proporcionaban. La rigidez de su diseño, con apenas unas líneas para expresar el mensaje en pocas palabras, conseguía reducir la probabilidad de que el soldado revelara contenido referente a futuras operaciones o cualquier otro dato útil para el enemigo. En el bando de las potencias centrales, la situación 205 Sobre la censura en la correspondencia del frente véase Jeanneney, Jean-Noël, «Les Archives des Commissions de Contrôle postal aux Armées (1916-1918). Une source précieuse pour l’histoire contemporaine de l’opinion et des mentalités», Revue d’histoire moderne et contemporaine, 15-1 (1968), pp. 209-233. 206 García, Jesús, La censura postal en la Europa del siglo XX, Tesis doctoral, Universidad de Salamanca, 2009, p. 137.
José Manuel López Torán 132 no difirió mucho de la mantenida en los países aliados, ya que Alemania implantó igualmente políticas restrictivas en lo referido a los envíos postales, sobre todo con aquellos que tenían como destino Reino Unido o la vecina Francia, aunque la gran frontera que comparten ambos países convertía este control en una tarea relativamente complicada207. En todos los países beligerantes se recurrió a las mismas reglas para llevar a cabo ese control, ya que la práctica común era que los oficiales encargados leyesen cada postal tachando aquellas palabras que consideraran inadecuadas o peligrosas. Una vez que el mensaje se consideraba apto, se le ponía el sello correspondiente para destacar que era apropiada para ser enviada. Aunque el primer objetivo era el de evitar transmitir información delicada, el interés de la correspondencia es doble, puesto que permitía a los dirigentes militares conocer el estado de ánimo de sus soldados, así como obtener amplia información sobre ellos al invadir su espacio privado208. Sin embargo, los esfuerzos de los censores por controlar el contenido de la correspondencia resultaron ineficaces, ya que el ingente flujo de piezas postales que circularon en ambos conflictos bélicos lo convirtió en una tarea imposible. Inicialmente, el objetivo que se fijó en la Gran Guerra fue evitar que los combatientes revelaran datos acerca de movimientos de tropas, de forma que esta información no pudiera ser utilizada por el enemigo. Los soldados, en su intento por transmitir a sus seres queridos los detalles de su nueva vida en el frente, recurrieron a tarjetas con vistas de los lugares por los que pasaban y a referencias continuas a las impresiones que los desconocidos lugares les habían generado209. Ante esa infructuosa tarea, en un segundo momento la censura se planteó en otros términos muy distintos y su objetivo pasó a ser el mayor conocimiento del estado de ánimo de los soldados, detectar sentimientos de pesimismo 207 García, Jesús, La censura postal…, p. 137 y Pairault, François, Images de poilus: la Grande Guerre en cartes postales, Paris, Tallandier, 2002, p. 82. 208 Forcade, Olivier, «Voir et dire la guerre à l’heure de la censure (France, 1914-1918)», Le Temps des médias, 4-1 (2005), p. 60 y Sadler, Nigel, First World War: The Postcard Collection, Stroud, Amberley Publishing, 2014, p. 8. 209 Lyons, Martyn, Reading Culture & Writing Practices in Nineteenth-Century France, Toronto, University of Toronto Press, 2008, pp. 84-85.
Capítulo II. La postal en el frente 133 en las tropas o implementar mejoras en los problemas que estos pudieran detectar210. En cualquier caso, llevar a cabo un control directo sobre los mensajes que los combatientes redactaban resultó de una notable utilidad para los dirigentes militares y su probada efectividad llevó a que se recurriera a los mismos sistemas durante la Segunda Guerra Mundial. En el enfrentamiento armado iniciado en 1939 se volvieron a aplicar muchos de los recursos utilizados en 1914. Por ejemplo, en el Reino Unido fue significativo el volumen de personas que se vieron implicadas en el control postal, ya que las dimensiones del nuevo conflicto hicieron de esta labor una ardua tarea a la que difícilmente se le daría una respuesta eficaz si no se contaba con un nutrido equipo. Muy diferente fue la experiencia en Francia, ya que, al igual que la coyuntura tan particular que se vivió en el territorio nacional tuvo su incidencia directa en la evolución de la tarjeta postal, también condicionó la censura impuesta sobre ella. Desde la caída de la IIIRepública y la instauración del gobierno del mariscal Pétain, las dos zonas contaron con su propio sistema censor y para cada una de ellas se elaboraron las correspondientes medidas que evitaran que la información delicada circulara libremente211. Por su parte, durante la Segunda Guerra Mundial la censura en Italia212 y Alemania fue especialmente estricta ya que, a las características propias del control sobre los mensajes que pudieran comprometer a las tropas, se unía la vigilancia de los comportamientos de la población en lo que respecta a su posicionamiento de cara al movimiento fascista o nazi. En este sentido, por ejemplo, en el Tercer Reich la rigidez con la que los mensajes eran interceptados fue evolucionando hasta el punto de que se eliminaron también aquellos pasajes que no estuvieran alineados con las premisas de la ideología nazi. Así, si alguna pieza postal no se ajustaba a las directrices dadas se corría el riesgo, ya no solo de que no fuese enviada, sino también de ser vigilado por 210 Lyons, Martyn, «Amor, muerte y escritura…», p. 232. 211 García, Jesús, La censura postal…, pp. 394-396. 212 Para el caso de Italia véase Cecchi, Aldo y Cadioli, Beniamino, La posta militare italiana nella seconda guerra mondiale, Roma, Ufficio Storico SME, 1991 y Rizzi, Loris, Lo sguardo del potere. La censura militare in Italia nella seconda guerra mondiale, 1940-1945, Milano, Rizzoli, 1984.
José Manuel López Torán 134 las autoridades ante el temor de suponer una amenaza para el régimen213. No obstante, es preciso señalar que, dada la envergadura del conflicto, el control resultó poco efectivo y, en muchos casos, tales iniciativas funcionaron más bien como medidas disuasorias diseñadas para inculcar una férrea disciplina a los soldados y a sus familiares. Al margen de estas situaciones más extremas, los combatientes tuvieron complicaciones para manifestar abiertamente muestras de derrotismo, ya que la censura trató de impedir que la negatividad pudiera contagiar al receptor del mensaje. El resultado de este fuerte control establecido sobre las piezas postales que circularon desde el frente fue un gran volumen de mensajes poco profundos en cuanto a su contenido y reiterativos en su forma. Entre ellos abundan textos en los que comienzan expresando el estado de salud, se pregunta por la situación del interlocutor y se termina contando alguna experiencia reciente, comentando las cartas o paquetes que se han recibido y expresando el cariño que se siente hacia el receptor. Aun así, la investigación ha permitido conocer la forma en la que fueron percibidas una serie de emociones sumamente complejas de transmitir debido a su dureza, pero de vital importancia dentro del contexto bélico. sUpervivencia y mUerte Todas las situaciones descritas hasta ahora, por complicadas que resultaran para los soldados, no se podían comparar ni de lejos con la angustia derivada de presenciar tan de cerca los horrores de la muerte. Para todos ellos, la principal preocupación era sobrevivir física y psicológicamente, a pesar de las dificultades que esto implicaba dentro de unas contiendas tan atroces. El día a día en el frente se convirtió en ambos conflictos armados en una tarea de supervivencia constante, ya que los peligros que acechaban a los combatientes eran constantes y de innumerables características214. Como señala Ian Kershaw: 213 Moutier, Marie, Cartas de la Wehrmacht…, pp. 16-17. 214 Para esta cuestión véase Bessel, Richard, «Death and survival in the Second World War», en Michael Geyer y Adam Tooze (eds.), The Cambridge History of the Second World
Capítulo II. La postal en el frente 135 Para los soldados, en el momento de mayor peligro, la supervivencia solía ser casi siempre el único pensamiento y la única preocupación. En el calor de la batalla no había sitio para la reflexión. El miedo y el temor eran los sentimientos dominantes cuando los cañones empezaban a disparar. Pensar en los seres queridos que estaban en la patria, en la necesidad de protegerlos, y en la necesidad de seguir viviendo para volver a su lado, era el factor motivador más fuerte215. Si tenemos que pensar en el instante de mayor tensión emocional para los soldados, posiblemente, ese sea el momento en el que entraban en combate con el enemigo, ya fuese en las trincheras que tanto caracterizaron a la Gran Guerra o en las grandes operaciones de ataque a campo abierto organizadas en la Segunda Guerra Mundial. Las trincheras, esos largos y sinuosos corredores excavados bajo la superficie, se convirtieron en el símbolo indiscutible de las novedades tácticas que trajo consigo el conflicto bélico de 1914 y tuvieron importantes repercusiones en el estado emocional de los soldados. Esta nueva forma de hacer la guerra barrió por completo el mito romántico que existía en torno a los enfrentamientos armados, ya que las terribles situaciones que vivían no dejaban cabida para interpretación positiva alguna. Quienes pasaron días y días sumidos en ellas tuvieron que hacer un considerable esfuerzo de adaptación tanto física como mental para poder sobrellevar la circunstancia que se les planteaba216. La lucha en estos angostos espacios resultaba particularmente estremecedora por la forma de combate a la que obligaba y por el estancamiento al que se llegó en los primeros años de la Primera Guerra Mundial. Frente a las cargas de caballería de los conflictos anteriores, que permitían un enfrentamiento directo con el enemigo, los ataques orquestados desde las parapetadas War, Cambridge, Cambridge University Press, 2015, pp. 252-276; Jaeger, Gérard, Les poilus: survivre à l’enfer des tranchées de 14-18, Paris, l’Archipel, 2014 y Roper, Michael, The secret battle. Emotional survival in the Great War, Manchester, Manchester University Press, 2009. 215 Kershaw, Ian, Descenso a los infiernos: Europa 1914-1949, Barcelona, Crítica, 2016, p.497. 216 Domínguez, Mario, «Ira, odio, rutina, dolor…», p. 372.
José Manuel López Torán 136 posiciones no proporcionaron ventajas estratégicas y lo único que trajeron consigo fueron ingentes pérdidas humanas. Durante meses, los soldados tuvieron que permanecer en esa guerra de posiciones haciendo frente al impacto de los cañones, las ametralladoras, el frío, la sed o el hambre, con las correspondientes derivaciones emocionales de verse sometidos a un estrés tan continuo. Aun así, el aguante tanto físico como psicológico que demostraron fue ejemplar, aunque inevitablemente las condiciones determinaron por completo las percepciones de aquellos que la sufrieron y modificaron la forma en que las generaciones venideras entendieron la guerra217. Una muestra de ese peligro continuo la encontramos en este ejemplar enviado el 24 de abril de 1918: Queridos padres Mientras espero que llegue la sopa, os escribo estas pocas líneas para haceros saber que todavía estoy bien y que deseo lo mismo para vosotros. La moral siempre es excelente. Hoy estábamos limpiando nuestras armas con los camaradas cuando de repente grandes proyectiles (marmitas218) comenzaron a caer a unos 200 metros de nosotros. Puedes imaginar que nos movimos rápidamente y fuimos directamente al refugio. Eso no duró; solo unos pocos proyectiles como máximo y luego reiniciaron. Me estoy quedando sin espacio; Continuaré mañana. De todos modos, no sé qué decir para tranquilizarte. Te beso muy afectuosamente. Louis219. Muchos son los elementos que podemos extraer de las líneas que el joven soldado dedicó a sus padres, pero sin duda el más significativo es el hecho de que en cualquier momento podían sufrir un ataque inesperado por parte del enemigo. La velocidad de reacción ante esa sorpresa era la que podía determinar la supervivencia y, como bien describe, tuvieron que correr rápidamente al refugio para evitar morir bajo los proyectiles enemigos. 217 Mosse, George, Soldados caídos: la transformación de la memoria de las guerras mundiales, Zaragoza, Prensas Universitarias de Zaragoza, 2016, p. 32. 218 En el argot de los soldados franceses, se refiere a proyectiles de gran calibre utilizados por los alemanes, especialmente Minenwerfer, probablemente debido a su forma y peso. https:// www.crid1418.org/espace_pedagogique/lexique/lexique_kp.htm [Consulta: 1-4-2022]. 219 Colección privada.
Capítulo II. La postal en el frente 137 En lo relativo a los anversos, las tarjetas ilustradas con imágenes de las trincheras son realmente abundantes, puesto que la novedad que supusieron en el mundo de la guerra fue motivo suficiente para que los editores y la propaganda oficial deseara mostrarlas al gran público como una de las mayores aportaciones realizadas. Sin embargo, una vez más el fuerte filtro al que fueron expuestas las fotografías que se tomaban en el frente dio como resultado una visión particular de la realidad y con abundantes diferencias respecto a la situación que estaba ocurriendo. Las escenas de combate no fueron recogidas en las ilustraciones de estas pequeñas cartulinas y, por el contrario, siempre se muestran momentos previos al ataque o posteriores a alguna maniobra220. De este modo, el violento panorama que caracterizaba la vida en esos sinuosos pasillos y que podemos conocer por los mensajes de los propios combatientes era reemplazado por un entorno calmado, reposado e incluso pacífico. Por su parte, durante la Segunda Guerra Mundial, la táctica de movimientos hizo que la lucha fuera más llevadera que en los años centrales de la Gran Guerra, ya que con esta otra forma de combate se evitaba caer de nuevo en la desesperación que tanto caracterizó al sistema de trincheras por el que se rigieron las operaciones militares en el frente occidental. Sin embargo, los niveles de destrucción alcanzados por el desarrollo del armamento y por la propia envergadura de la nueva contienda provocaron un gran choque emocional igualmente elevado, en parte por la visión más completa que tuvieron los soldados de todo cuanto acontecía a su alrededor. Se puede afirmar, por tanto, que el mundo de la trinchera funcionó como aislante para quienes pasaron los días dentro de ellas, mientras que en esta nueva guerra las reglas cambiaron por completo ese aislamiento221. Del mismo modo, fuera de los combates los soldados seguían enfrentándose a una verdadera carrera de supervivencia, ya que las condiciones en las que vivían así lo provocaban. Hambre, sed, frío, insomnio, fuertes lluvias, dolores o el hedor provocado por los cadáveres en estado de putrefacción 220 Pairault, François, Images de poilus…, p. 70. 221 Domínguez, Mario, «Ira, odio, rutina, dolor…», p. 374.
José Manuel López Torán 144 reversos no es tan desolador como pudiera esperarse y, a pesar de ser un aspecto relativamente frecuente en los mensajes de los soldados, el tratamiento de la muerte se muestra claramente condicionado por dos factores: la censura impuesta por los gobiernos y la minimización voluntaria de sus efectos por parte de los propios combatientes232. No es de extrañar que Arthur Stockwin se pregunte, con acierto, «qué pasaba en realidad por su cabeza cuando tenía que escribir cartas joviales con el convencimiento en lo más profundo de su corazón de que las posibilidades de que él sobreviviese eran ínfimas»233. En efecto, el esfuerzo emocional que debían realizar esos hombres con el fin de mantener a sus seres queridos tranquilos era enorme y, aunque todos no lo transmitieran por escrito, a la luz de los mensajes enviados podemos afirmar que los soldados se habituaron a la muerte. La presencia de los cadáveres era tan constante que ya se convirtieron en algo con lo que los combatientes tenían que compartir espacio a diario. El 15 de noviembre de 1914 un soldado francés escribía: No faltan los cadáveres de boches entre las primeras trincheras, pero los que van en busca de souvenirs, de noche, no obtienen mucho; los cadáveres están demasiado descompuestos. ¡Entonces quien quiere un casco se lo lleva con un regimiento de asticots234, bueno para pescar y quien quiere un par de botas, arranca las piernas y deja el resto!235. En muchos casos se había intentado extender la idea de que aquellos que marchaban a la guerra lo hacían convencidos a sabiendas del destino que les podía deparar, lo que François Lagrange denomina «los combatientes de la muerte segura». La propaganda patriótica realizaba incansables esfuerzos por mostrar esta decisión como un sacrificio por la nación, sin embargo, la llega232 Kershaw, Ian, Descenso a los infiernos…, p. 504. 233 Stockwin, Arthur, A diez metros bajo el suelo de Bélgica: una historia de amor epistolar en la primera guerra mundial, Barcelona, Ariel, 2005, p. 13. 234 Es un tipo de larva utilizada con frecuencia como cebo en la pesca. Los cadáveres en descomposición constituían un punto de proliferación de estos pequeños gusanos. 235 Traducción del autor a partir del original en francés. Localización según catálogo de los Archives départementales de la Manche: J 43.
Capítulo II. La postal en el frente 145 da al frente y el cara a cara con la realidad dejaba una situación totalmente distinta y sus testimonios son la prueba de que no estaban preparados para afrontar esas pruebas tan duras236. Aunque el hecho de morir o la mención directa a la muerte propia era evitada en la mayor parte de los mensajes, se ha detectado un menor reparo a la hora de hablar de este tema cuando se refería a las bajas producidas en los ejércitos en los que se combatía o para hablar del deceso de un camarada237. En ocasiones esa manifestación era interpretada como uno de los mejores mecanismos para transmitir tranquilidad a los hogares, ya que se veía cómo a pesar del peligro, se había logrado esquivar la muerte. Estrechamente relacionado con esto se detecta uno de los momentos más significativos en torno a la muerte en el frente: la comunicación a los familiares del fallecimiento de algún combatiente. Entre los numerosos ejemplares que se han consultado durante el proceso de investigación se han encontrado bastantes en los que el encargado de transmitir la funesta noticia era el responsable de la unidad en la que se encontraba el soldado que había perdido la vida. Aunque este era el cauce habitual, también he podido localizar algún caso en el que era un compañero quien escribía a los padres o la esposa del combatiente para darles cuenta del aciago suceso238. Como podemos imaginar, no debía tratarse de una práctica deseada para esos hombres, ya que se debatían entre la intención de no informar de la muerte y así mantener a los seres queridos con la esperanza de que en algún momento su familiar ausente pudiera dar señales de vida o, por el contrario, comunicarles el deceso y evitarles el desasosiego que la falta de noticias les generaba. En esos mensajes que enviaban era frecuente que se recogieran algunos de los últimos movimientos o acciones heroicas llevadas a cabo por el fallecido, de manera que los familiares pudieran sentirse orgullosos de la contribución que el soldado había realizado por su nación. También se solía 236 Véase Lagrange, François, «Les combattants de la “mort certaine”. Les sens du sacrifice à l’horizon de la Grande Guerre», Cultures & Conflits, 63 (2006), pp. 63-81. 237 Neitzel, Sönke y Welzer, Harald, Soldados del Tercer Reich: testimonios de lucha, muerte y crimen, Barcelona, Crítica, 2012, p. 177. 238 Saint-Bastien, Jean-François, S’écrire pendant la Grande guerre…, p. 123.
José Manuel López Torán 146 informar de que el cuerpo había sido enterrado, ya que el hecho de que no fuera localizado constituía una gran preocupación para los familiares. Una evidencia de esta última cuestión la encontramos en la postal enviada por el capellán del 115º Batallón de Infantería, Luigi di Greco, a Andrea Marcon, padre del combatiente Arcangelo Marcon que falleció el 18 de febrero de 1917: El capellán informa que el soldado Arcangelo Marcon de la segunda compañía murió en el campo de batalla, en una trinchera de apoyo, herido por una metralla de granada […]. El cuerpo fue enterrado cerca de Gorizia239. Si bien el hecho de perecer bajo los terribles efectos de las nuevas armas empleadas en los dos conflictos mundiales generó un miedo constante entre los soldados, también el acto de dar muerte a otros hombres fue objeto de reflexión por parte de los combatientes. Como se ha podido comprobar, la compleja maquinaria industrial puesta al servicio bélico dio como resultado una guerra basada en la destrucción total y en la aniquilación, pero, sobre todo, en la desvinculación emocional del combatiente respecto de la acción que estaba cometiendo. Por otro lado, la propaganda oficial se encargó de llenar de odio las mentes de los soldados con el fin de cegar su voluntad y orientarla a no cuestionar por qué tenían que acabar con la vida de miles de personas de manera indiscriminada. Todos esos preparativos tenían ahora su prueba de fuego y debían demostrar su eficacia. Para movilizar los espíritus y convencer de la justicia de la causa, la prioridad de los órganos oficiales fue la de repetir que el enemigo era el único responsable de la guerra, que su ambición no conocía límites y que en su avance estaban dispuestos a cometer cualquier tipo de fechorías. Los mensajes, además de avivar el apoyo hacia la campaña en la que las naciones se habían embarcado, buscaba apelar a las emociones más extremas, en concreto al odio, con el fin de hacer más llevadero el momento de dar muerte a otra persona240. 239 Traducción propia a partir del original en italiano disponible en el siguiente enlace: https://www.europeana.eu/portal/en/record/2020601/https___1914_1918_europeana_ eu_contributions_6114_attachments_150163.html?q=who%3A%28Silvia+Pagotto%29# dcId=1577747064058&p=1 [Consulta: 5-4-2022]. 240 Morin, Claude, La Grande guerre des images…, p. 102.
Capítulo II. La postal en el frente 147 Joanna Bourke señala que el odio fue crucial para estimular en los hombres el deseo de matar y permitirles actuar en consonancia con este impulso, algo que fue especialmente significativo en la Segunda Guerra Mundial. En países como Alemania, el adiestramiento de odio adoptó una dimensión mucho más radical incluso desde tiempo antes del comienzo de las hostilidades y su creciente impulso fue visto como una potente arma que conseguiría crear soldados eficaces y dispuestos a darlo todo por su nación241. La demonización fue uno de los recursos que de manera más clara condicionó las mentes de los millones de soldados que fueron convocados a luchar. Sin embargo, cuando llegaban al frente, muchos de ellos se llevaban la sorpresa de que existía una notable diferencia entre la imagen mental que se habían configurado en su interior y la verdadera realidad. En alguna ocasión llegaron incluso a señalar que les costaba mucho creer que esos hombres a los que veían enfrente de ellos combatiendo fuesen capaces de cometer las atrocidades que se les atribuían. Esa situación supuso un condicionante para los soldados, ya que se encontraron con el panorama de tener que dar muerte a personas que, a sus ojos, no representaban ese prototipo demonizado que tanto les habían inculcado. Aun así, la escapatoria que encontraron es la de pensar que obraban en aras de un bien mayor para su patria y para sus seres queridos, quienes además corrían el riesgo de ser alcanzados por los contrincantes242. Por lo que respecta a la desvinculación emocional, y que se buscó conseguir con el desarrollo de un armamento que creara una distancia física entre los combatientes, cabe señalar que se ha detectado cierta disociación entre la teoría y la práctica. Cierto es que determinadas formas de matar tenían menos posibilidades de alterar los sentimientos que otras, sin embargo, no podemos obviar el hecho de que acabar con la vida de otra persona, aunque fuera en la distancia, generaba sentimientos de culpa. En este caso, un posible argumento que buscaron para aliviar la carga emocional que implicaba arrebatar la vida a una persona fue que simplemente obedecían órdenes de sus superiores y, en consecuencia, no se movían por voluntad propia. Esta fue 241 Bourke, Joanna, Sed de sangre…, pp. 152-154. 242 Ibidem, p. 165.
José Manuel López Torán 148 una fórmula eficaz para minimizar el conflicto emocional tanto en uno como en otro conflicto bélico243. El simple hecho de compartir el mismo sufrimiento hizo que muchos soldados rechazasen la continua demonización del enemigo por parte de sus superiores y que viesen en el al hombre antes que al soldado. Aunque no existen datos concretos sobre lo frecuentes que fueron los contactos entre los alemanes y sus enemigos franceses o británicos vale la pena analizar a fondo los numerosos informes y anécdotas existentes sobre estos armisticios no oficiales244. Uno de los casos más conocidos fue la tregua de Navidad de 1914 cuando soldados alemanes y británicos, apostados en las inmediaciones de Ypres, decidieron realizar un parón en sus enfrentamientos, dejar a un lado la misión para la que habían llegado hasta allí y confraternizar con el enemigo en una fecha tan señalada245. A fin de cuentas, la guerra es una cuestión de supervivencia y muerte y salir bien parado de esos mortíferos campos de batalla era la prioridad para todos los combatientes, aunque para ello tuvieran que eliminar al enemigo. Por ese motivo, todos esos hombres eran perfectamente conscientes de que en un ataque frontal contra el ejército contrario su vida dependería de la muerte del adversario, por lo que la única escapatoria sería acabar de la forma más rápida posible con su contrincante, aunque ello implicara ese remordimiento inicial. 243 Bourke, Joanna, Sed de sangre…, pp. 119-123. 244 Kolko, Gabriel, El siglo de las guerras: política, conflictos y sociedad desde 1914, Barcelona, Paidós, 2005, p. 130. 245 Sobre la tregua de 1914 véase Crocker, Terri Blom, The Christmas truce: myth, memory, and the First World War, Lexington, University Press of Kentucky, 2015 y Weintraub, Stanley, Silent night: the remarkable Christmas truce of 1914, London, Simon & Schuster, 2001. La mitificación que este conocido episodio ha tenido con el paso del tiempo se vio de nuevo reforzado en el año 2014 con motivo de la conmemoración del primer centenario del estallido de la Gran Guerra. La importancia que se le ha conferido llevó incluso a que la gran cadena de supermercados británica Sainsbury’s eligiera este momento para lanzar su campaña navideña. El emotivo anuncio traslada al espectador al interior de las trincheras en ese día de tregua y reproduce el encuentro entre las tropas alemana y británica bajo el lema «Christmas is for sharing»: https://www.youtube.com/ watch?v=NWF2JBb1bvM [Consulta: 8-4-2022].
Capítulo II. La postal en el frente 149 Si bien los reversos de las postales no terminan de mostrar la verdadera crudeza de la muerte en masa que tanto caracterizó a las dos guerras mundiales, la visión que transmiten muchos de los anversos editados durante ambos conflictos resulta un tanto aséptica. Es un tema que, al contrario de lo que pueda parecer, sí tiene una cuota de representación dentro del amplio volumen de ejemplares que se editaron durante el trascurso de los dos episodios bélicos, aunque el tratamiento que reciben no es el que cabría esperar teniendo en cuenta las terribles repercusiones que conllevó. La primera manifestación de este momento tan marcado dentro de la vida en el frente lo constituyen las tarjetas ilustradas con imágenes de cadáveres. A pesar de las directrices que se proporcionaban, lo cierto es que las reglas no tuvieron su total correspondencia en el caso de las tarjetas postales. La estrategia de enmascaramiento, a la que se alude de manera frecuente a lo largo de este volumen, ejerció una potente influencia en lo que respecta a la incorporación de soldados mutilados o fallecidos en los anversos de los soportes visuales, de ahí que sean pocos los ejemplares en los que se muestran cuerpos sin vida de manera directa. Cabe preguntarse aquí qué supone el retrato de un moribundo o de un cuerpo ya cadáver. Estamos en la antesala de la ausencia, en ese instante crítico antes de la desaparición. La imagen pretende captar en un breve tiempo toda la violencia y el dolor de un cuerpo que se fuga246. En efecto, una vez más, la censura estuvo presente desde el primer momento y las imágenes distribuidas respondían a unos criterios previamente acordados. En primera instancia, por lo general cuando aparecen cadáveres, estos eran del enemigo con el fin de dar cuenta de las bajas que la tenaz lucha del ejército estaba produciendo en el bando contrario. Igualmente, un segundo límite lo determina el grado de crudeza con el que esos cadáveres eran mostrados, ya que a nadie se le muestra mutilado, desgarrado ni siquiera se muestran rostros exhaustos agotados o demacrados como sí ocurre en las fotografías. Para solucionar esta situación, esos cadáveres estaban siempre 246 Meana-Martínez, Juan Carlos, «La imagen de la muerte: Reflexiones sobre su representación», Arte, individuo y sociedad, 29-2 (2017), p. 323.
José Manuel López Torán 150 localizados lejos del punto de toma, de forma que no pudiera distinguirse demasiado el estado en el que se encontraban. En los dos siguientes ejemplos (figuras 2.17 y 2.18) se puede comprobar cómo la perspectiva de las fotografías está elegida de tal manera que no se puedan ver detalles de los daños que tienen los cuerpos. Con ello se evita que los espectadores contemplen los horrores del frente y se transmite la impresión de guerreros «dormidos». El tratamiento en la Segunda Guerra Mundial sufrió algún que otro cambio, el más significativo el referente a la circulación de las imágenes de cadáveres. A pesar de que en la fotografía hubo menos reticencias a mostrar los cuerpos de cerca, en la postal apenas es posible localizar ejemplares como los que sí se editaron en la Gran Guerra, posiblemente debido a un control mucho más estricto en torno a esta cuestión. Por este motivo, detectamos una mayor disparidad en la evolución que experimentaron la fotografía y la postal, ya que mientras una gozó de mayor libertad para inmortalizar los horrores de la guerra, la otra sufrió una mayor coerción que en la predecesora contienda. Junto a esas mayores reticencias, uno de los pocos casos de representación de la muerte que más diferenciaron a los dos conflictos mundiales fue la relación de esta con la religión. El estallido de la contienda provocó en los estados beligerantes un fuerte movimiento espiritual y la consecuencia directa en la postal en lo que respecta a este tema fue la reiteración de imágenes del soldado muerto junto a Cristo o la Virgen, que han descendido de los cielos para acompañarlo en ese tránsito. La composición de las escenas recuerda a la Piedad del Renacimiento y suelen ir acompañadas de alguna consigna patriótica en la que se transmita la idea de que esa muerte ha sido justa al ser en nombre de la nación247. Normalmente se recurría a un hombre joven en actitud serena, con una leve herida en la cabeza u otra parte del cuerpo, pero siempre sin presencia de dolor. Esta representación pasó sin ninguna dificultad la censura impuesta en los países beligerantes ya que se trataba de un tránsito reposado y no despiadado, como en realidad lo era248. 247 Es la idea que se encierra en la máxima clásica: Dulce et decorum est pro Patria mori. El verso de Horacio se utilizará ampliamente en los monumentos funerarios en honor de los caídos en la Primera Guerra Mundial. 248 Brouland, Pierre y Doizy, Guillaume, La grande guerre…, pp. 230-235.
Capítulo II. La postal en el frente 151 Figura 2.17. Gefallene deutsche Soldaten (1914) y Figura 2.18. Stark ausgebaute Hauptstellung der Russen bei Szuki vor Makow, die von den Deutschen gestürmt wurde (ca. 1915). En estas dos tarjetas alemanas se puede apreciar cómo la estrategia seguida para mostrar cadáveres sigue una misma pauta. La muerte de los soldados se minimiza así de manera deliberada. Fuente: Europeana y The New York Public Library249. 249 Imágenes disponibles en los siguientes enlaces: http://www.europeana1914-1918.eu/en/ contributions/710#prettyPhoto y https://on.nypl.org/2P5KDWx [Consulta: 1-4-2022].
José Manuel López Torán 152 Posiblemente, este sea uno de los recursos que más diferencias presente entre ambos conflictos, puesto que es bastante utilizado en la guerra de 1914 y apenas reproducido en la Segunda Guerra Mundial. Así, se trata de otro de los aspectos que sí funcionaron perfectamente durante el primero de los enfrentamientos armados, pero que perdieron parte de su significado durante el periodo de entreguerras. A esa disparidad contribuyó lo que Mosse denomina el mito del soldado: La memoria de la guerra se remodeló para convertirla en una experiencia sagrada que había proporcionado a la nación nuevos y profundos sentimientos religiosos imperecederos, santos y mártires, lugares de culto: una herencia que mantener y emular. La imagen del soldado caído en los brazos de Cristo, tan común durante y después de la Primera Guerra Mundial, proyectaba sobre la nación la creencia tradicional en el martirio y la resurrección, tomando la forma de religión cívica universal250. Sin embargo, si bien ese mito del soldado se había elevado a lo más alto a partir de 1918, cuando Europa se encontró al borde del abismo, en 1939 la muerte ya no podía ocultarse en los términos en los que se había hecho al finalizar la Primera Guerra Mundial. Como se ha podido comprobar, los mensajes constituyen experiencias en primera persona de sujetos que han visto muy de cerca los horrores de la muerte mientras que los anversos nos elevan a una guerra contada por terceras personas que no tenía otro fin que el de transmitir únicamente la visión menos cruenta de unos conflictos que lo eran en su totalidad. En cualquier caso, como sostiene Ian Kershaw, «es imposible imaginar tanto horror, no hay nadie que pueda hacerse una idea, salvo quien lo haya vivido». Aunque se intente sistematizar todas las impresiones que vivieron, resulta muy difícil generalizar ante situaciones tan extremas, ya que en ellas influyeron diversos factores como la propia personalidad, el lugar al que fueron destinados o el rango militar que tuvieran. Lo que resulta innegable y perfectamente aplicable para todos los casos y durante las dos contiendas es que la presencia tan cercana de una muerte industrial y en masa trajo consigo fuertes repercusiones psicológicas y prueba de ello 250 Mosse, George, Soldados caídos: la transformación…, p. 35.
Capítulo II. La postal en el frente 153 es el deseo de disimularlas tanto por la propaganda estatal como por los propios soldados251. Aun así, ese ocultamiento no solucionó el verdadero estado de ánimo de los combatientes y su percepción de tan funesto desenlace, ya que los efectos derivados de contemplar tal espectáculo llevaron a que muchos vieran la muerte como el único medio para salir del horror en el que se veían inmersos y del que no encontraban escapatoria alguna. Así lo manifiesta el propio Gerald Brenan: Estoy cansado de la ausencia de sentimientos y de hacer todas las cosas que deseo evitar. Somos marionetas. He perdido la fe en mi capacidad de ser mejor. La muerte parece el único medio para alcanzar la libertad252. De esta manera, a pesar de que los combatientes pudieran haber escapado de los proyectiles, fueron igualmente destruidos por la guerra. Mucho antes de que el soldado muriera físicamente, lo hacía emocional y mentalmente debido al aislamiento de su familia o de los demás compañeros, pero, sobre todo, al contacto diario y tan cruel con la muerte, situación que tanto dolor generó. eL doLor La guerra constituye una fuente de dolor y desgarro inagotable. Esta cuestión es la que explica que se trate de un elemento común en todas las experiencias vividas durante las contiendas. Tan profunda es su relación con estos convulsos momentos que las manifestaciones que puede presentar resultaron de lo más variadas, de ahí que convenga abordar el tema de forma separada y atendiendo a la distinta naturaleza de ese dolor253. 251 Kershaw, Ian, Descenso a los infiernos…, p. 105. 252 Brenan, Gerald, Diarios de la gran guerra…, p. 64. 253 El dolor ha sido objetivo de estudio de diferentes disciplinas como la Historia, la Psicología o la Antropología. El avance de las investigaciones ha constatado todo un espacio cultural en torno a él que tiene serias implicaciones en la forma de manifestarlo, de percibirlo o de experimentarlo. Algunas de las aportaciones más destacadas son Bourke, Joanna, «El dolor físico, el combate y su retórica: de la Guerra de Secesión americana a la Guerra de Vietnam», en Fidel Gómez, José M. Goñi y Daniel Macías (eds.), La guerra:
José Manuel López Torán 256 casos, los servicios de propaganda de Mussolini no consiguieron alcanzar el excelente resultado que cosecharon las campañas lanzadas por Hitler y Goebbels en el exterior. Sin embargo, Montecassino sí despertó el interés de la opinión pública y el gobierno utilizó el histórico espacio como uno de los mártires que mayor impacto sufrieron de los ataques aliados409. El 15 de febrero de 1944 cerca de 800 aviones lanzaron más de 2 500 toneladas de bombas dejando la histórica abadía, fundada por san Benito, reducida a escombros. Las noticias acompañadas de imágenes, que rápidamente se pusieron en circulación, provocaron una ola de indignación, sobre todo al conocerse que en las instalaciones no había ningún soldado alemán y, por tanto, el motivo que justificaba la actuación era falso410. Uno de los recursos más utilizados en las tarjetas postales para denunciar este ataque contra la pacífica abadía benedictina fue la contraposición de dos vistas del antes y después del bombardeo para así potenciar el impacto que provoca el contemplar los cuantiosos daños producidos y el grado de destrucción alcanzado. Prácticamente todos los espacios quedaron pulverizados, por lo que buena parte de los tesoros artísticos alojados entre sus muros se perdieron para siempre a consecuencia del ataque. La serie a la que pertenecen las dos tarjetas que se muestran cubrió ampliamente el gran espacio ocupado por el complejo monástico de ahí que se trate de una de las más adecuadas, de entre todas las que se editaron, al proporcionar al espectador una visión muy completa del suceso. Además, la descripción que acompaña a otro de los ejemplares busca ensalzar el enorme valor patrimonial y cultural que ahora había quedado reducido a escombros, algo que claramente se encuentra en línea con la intencionalidad que tenían este tipo de postales: La abadía de Montecassino destruida el 15 de febrero de 1944 por bombarderos angloamericanos. El núcleo primitivo del monasterio fue construido por S. Benito de Nursia, quien escribió su famosa regla. La abadía, que era universalmente conocida 409 Véase una de las más recientes contribuciones Grehan, John, Monte Cassino: the battle for Rome 1944, Stamford, Key Publishing Ltd, 2018. 410 Hernández, Jesús, Breve historia de la Segunda Guerra Mundial, Barcelona, Nowtilus, epub, 2006, capítulo 10.
Capítulo IV. Un continente en ruinas 257 como un centro de cultura y vida monástica, tuvo sus excelsos momentos de grandeza cultural y política. La biblioteca de la abadía fue construida en el momento de la fundación del monasterio. La herencia religiosa, artística e histórica del santuario era incalculable y sobrevivió a las vicisitudes de los siglos. La pérdida de este gran complejo no se limitaba, por tanto, al plano arquitectónico o artístico, sino que, tal y como se recalca en el mensaje, se hacía extensible a toda una serie de valores heredados que entroncaban directamente con las emociones de la población. Si comparamos las postales de Montecassino con las mostradas en las figuras 4.9, 4.10 y 4.14, correspondientes a la destrucción de la Lonja de Paños de la localidad belga de Ypres y a la ciudad alemana de Dresde, comprobamos cómo el recurso empleado es el mismo en todos los casos. De esta forma, se puede establecer una clara analogía entre ejemplares editados en ambos conflictos mundiales y en tres países diferentes. Con todo ello se pretendía que la sociedad fuera consciente del verdadero alcance de la destrucción, pero, ante todo, del perjuicio que la centenaria historia europea estaba sufriendo con los repetidos ataques aéreos indiscriminados lanzados sobre las poblaciones. A través de este recorrido se buscaba mostrar por qué determinados recursos patrimoniales sí despertaron la indignación de la población mientras que otros, en cambio, pasaron más desapercibidos. No solo era un cúmulo de edificios emblemáticos lo que se perdía, sino que la percepción era que todo el legado cultural europeo conformado durante siglos quedaba sepultado bajo los escombros411. A la luz de los documentos consultados, resulta imposible negar los innumerables daños que sufrió el patrimonio europeo durante las dos guerras mundiales. La pérdida de esos tesoros históricos y artísticos generó una conmoción generalizada en todo el continente. Sin embargo, al igual que ocurrió con esos elementos arquitectónicos de gran valor, la ferocidad de los ataques se cebó con el resto de las construcciones de las ciudades, desde edificios públicos a negocios particulares, pasando por los millones de viviendas que fueron reducidas a escombros. Nada quedaba a salvo del poder destructor de 411 Traverso, Enzo, A sangre y fuego…, p. 103.
José Manuel López Torán 258 las bombas lanzadas desde el aire y del carácter indiscriminado con que los artefactos explosivos e incendiarios eran lanzados. Por tanto, esos ataques no solo afectaron a los grandes edificios emblemáticos que constituyen una fuerte seña de identidad para quienes viven cerca de ellos, sino también a sus propios hogares, los espacios donde habitan y donde guardan sus enseres más preciados. En tal tesitura, la pérdida resultaba mayor para todos aquellos civiles, ya que con el derrumbe de sus casas se disipaban todos los recuerdos que en ella se conservaban, en otras palabras, el patrimonio familiar. El hogar siempre ha sido un lugar de reunión, evasión y refugio, cuidado como una extensión del individuo y anhelado cuando nos distanciamos largas temporadas. En él dejamos la impronta de nuestra propia personalidad y constituye un espacio con el que se establece un fuerte vínculo emocional. Figura 4.15. Montecassino – Cortile centrale (1945) y Figura 4.16. Montecassino – La Cattedrale interno (1945). El recurso de com’era y com’è permite comparar el estado previo al ataque y el posterior, algo que sin duda refuerza el impacto emocional. Se han localizado hasta ocho ejemplares de esta misma serie que, junto con otra editada en 1948 en la que se reproducen vistas aéreas del gran complejo arquitectónico, conformaron las dos más difundida. Fuente: Colección privada.
Capítulo IV. Un continente en ruinas 259 Tras los ataques, muchos fueron conscientes de que debían emigrar a otras ciudades o incluso marchar fuera de su país, alejándose de la tierra donde habían crecido y a la que se sentían estrechamente ligados. Este simple hecho nos lleva a suponer la fuerte conmoción que la pérdida de los hogares supuso para los millones de personas que se vieron obligadas a dejarlo todo atrás y empezar una nueva vida en un lugar totalmente distinto al de procedencia. Nuevamente, la postal se perfiló como un medio idóneo para dar muestra de la desolación producida por esta situación. No obstante, aunque la ruina vuelve a ser la protagonista indiscutible de estos ejemplares, es posible apreciar un leve giro en relación con los sentimientos que buscaban mover entre la población, así como en los mensajes que alojan en sus reversos. Desarraigo, impotencia, desolación, tristeza son solo algunas de las sensaciones que esas personas experimentaban ante tan dura pérdida. La presencia en los mensajes enviados en los reversos se vio correspondida con un buen número de anversos ilustrados con fotografías que muestran un sinfín de viviendas arrasadas con unas características muy similares en lo que respecta a su tratamiento en las dos guerras mundiales. A pesar de ese gran parecido en cuanto a la forma en la que fue abordado, sí ha sido posible determinar al menos dos diferencias entre uno y otro conflicto armado. La primera de ellas está estrechamente ligada con la escala de destrucción alcanzada en cada una de las contiendas, ya que en 1914 los ataques aéreos no consiguieron alcanzar, ni de lejos, el impacto generalizado que sí tuvieron en la Segunda Guerra Mundial, gracias sobre todo al potencial que adquirió la aviación en esta otra guerra. Por otro lado, el tamaño de las ciudades no era el mismo en uno y otro conflicto, puesto que estas ampliaron notablemente su población en los años de entreguerras. Así, la consecuencia directa en el mundo visual fue fácilmente perceptible, ya que ni el poder destructivo era el mismo ni el tamaño de las ciudades se podía comparar. Por este motivo, en las tarjetas de la Gran Guerra las construcciones destruidas son relativamente pequeñas y, por lo general, de poca altura, mientras que en la contienda de 1939 se muestren imágenes de bloques enteros derribados o seriamente dañados. Esa diferencia en la densidad urbana es fruto del crecimiento que experimentaron las ciudades europeas en las dos décadas anteriores.
José Manuel López Torán 260 Por otro lado, la segunda diferencia está vinculada a la intencionalidad propagandística de los propios ejemplares. Si en los años diez las postales con destrucción de elementos patrimoniales acapararon la mayor parte de la cuota, en este segundo momento ocurre justo al contrario y son las vistas de calles y viviendas destruidas las que predominan sobre las otras. Algunos de los motivos que llevaron a esta situación los encontramos relacionados con los intereses de la propaganda oficial y, si bien en 1918 el mayor impacto lo generaba comprobar las fechorías realizadas a los emblemáticos monumentos durante el transcurso de la guerra, en 1945 la principal preocupación era el extenso catálogo de pérdidas con el que cada ciudad contó. La supervivencia de las personas estaba seriamente comprometida, por lo que no existía argumento más potente para dar cuenta de las atrocidades cometidas por el enemigo que edificios residenciales con características muy similares al que pudiera tener la vivienda en la que residía el receptor de ese ejemplar412. De esta manera, se buscaba incidir en la identificación de la población con esos lugares que estaban siendo destruidos por el enemigo. En la Gran Guerra, las ciudades francesas fueron las que acapararon la mayor cuota dentro de las tarjetas producidas en los últimos años de conflicto. A las mencionadas en el caso de la destrucción de los elementos patrimoniales se les unían ahora un sinfín de poblaciones de menor tamaño que, bien por encontrarse cerca del frente de batalla o bien por estar en la ruta de paso de las tropas alemanas quedaron reducidas a escombros (véase figura 4.17). Por su parte, la Segunda Guerra Mundial elevó la devastación a un nuevo nivel y las pérdidas resultaron tan abrumadoras que incluso algunos observadores matizaron que parecía poco probable que la vida civilizada regresara a determinadas localidades hasta pasadas varias décadas. Varsovia, Hannover o Frankfurt fueron reducidas a escombros y en muchos barrios apenas quedó un edificio en pie413. Una de las descripciones que mejor evidencia ese panorama 412 Véase Enzensberger, Hans, Europa en ruinas: relatos de testigos oculares de los años 1944 a 1948, Madrid, Capitán Swing, 2013 y Lowe, Keith, Continente salvaje: Europa después de la Segunda Guerra Mundial, Barcelona, Galaxia Gutenberg, 2012. 413 Ferguson, Niall, La guerra del mundo: los conflictos del siglo XX y el declive de occidente (1904-1953), Barcelona, Debate, 2007, p. 655 y Wasserstein, Bernard, Barbarie y civilización: una historia de la Europa de nuestro tiempo, Barcelona, Ariel, 2010, p. 385.
Capítulo IV. Un continente en ruinas 261 tan desolador en el que quedaron sumidas las ciudades europeas tras los sucesivos ataques lo proporciona Norman Lewis en relación con Nápoles: La ciudad de Nápoles huele a madera carbonizada, por todas partes hay ruinas que a veces bloquean completamente las calles, cráteres de bombas y tranvías abandonados […]. Es asombroso presenciar las luchas de esta ciudad tan destrozada, con tanta hambre, tan despojada de todo cuanto justifica la existencia de una ciudad, para adaptarse al hundimiento de unas condiciones que parecen de la edad de las tinieblas […]. La gente acampa como beduinos en desiertos de ladrillo. Escasean los alimentos y el agua y no hay sal ni jabón. Muchos napolitanos han perdido en los bombardeos cuanto tenían, incluida casi toda la ropa414. En el Reino Unido, la ciudad que más difusión dio a los ataques sobre sus calles fue Londres (figura 4.18). La capital del país fue sistemáticamente bombardeada por la Luftwaffe dentro de las campañas del Blitz y la conmoción que causó ya ha sido analizada en el capítulo anterior. A esos momentos convulsos le siguieron otros en los que se debía hacer balance de las pérdidas sufridas, pero, sobre todo, buscar el coraje suficiente para no dejarse llevar por el cúmulo de emociones negativas que amenazaban las mentes de los londinenses415. A pesar del impacto que sufrieron las urbes del sur del Reino Unido, en el centro de toda la destrucción se encontraba Alemania, cuyas ciudades sufrieron, de lejos, el mayor daño de toda la guerra. Según estimaciones de Keith Lowe las fuerzas aéreas británicas y americanas destrozaron más de tres millones y medio de viviendas alemanas, es decir, alrededor de una quinta parte de todos los espacios habitables del país. La situación fue especialmente dramática en Berlín, Hamburgo, Colonia, Dusseldorf, Frankfurt o Dresde, donde más del 50 % de la infraestructura de la ciudad se perdió entre los fuegos de las bombas incendiarias416. 414 Lewis, Norman, Nápoles 1944: un oficial del servicio de inteligencia en el laberinto italiano, Barcelona, RBA, 2008, p. 57. 415 Sobre los bombardeos a la capital británica véanse Hanway, Mary, The Blitz: wartime memories of the London bombardment, Eastbourne, Canary Press, 2010 y Walpole, Nigel, Hitler’s revenge weapons: the final blitz of London, Barnsley, Pen & Sword Aviation, 2018. 416 Lowe, Keith, Continente salvaje: Europa…, capítulo 1.
José Manuel López Torán 262 Figura 4.17. Lens en ruines (1918) y Figura 4.18. St. Nicholas Cole Abbey & St. Paul’s (1941). El grado de destrucción que varias localidades del norte de Francia sufrieron durante la Gran Guerra dejó imponentes vistas en las que queda evidenciado cómo la habitabilidad se perdió por completo. El ejemplar británico pertenece a la serie titulada London Under Fire, editada en 1941 por la prestigiosa casa Photochrom Co. Ltd., Royal Tunbridge Wells. En el reverso se recogían frases pronunciadas por Churchill como «Esforcémonos todos sin fallar en la fe o en el deber» o «Este es un momento para que todos nos mantengamos unidos y firmes». Fuente: Colección privada y Flickr Pellethepoet417. 417 Imágenes disponibles en el siguiente enlace: https://www.flickr.com/photos/pellethepoet/15615624443/in/photostream/ [Consulta: 4-4-2022].
Capítulo IV. Un continente en ruinas 263 La prueba se realizó en mayo de 1942 contra Colonia, el primer objetivo fijado por los británicos dentro de la nueva política de ataque al Reich. Los más de 800 aviones arrojaron toneladas de bombas sobre la ciudad y, aunque la cifra de muertos apenas llegó a 500, fueron más de 45 000 las que quedaron sin hogar. Sin embargo, el mayor daño material tardaría dos años más en llegar y lo haría con las campañas orquestadas entre británicos y estadounidenses entre 1944 y 1945 a las que se ha aludido en el capítulo anterior y que arrasaron por completo las grandes ciudades alemanas. Entre 18 y 20 millones de alemanes se quedaron sin hogar y no tuvieron otro remedio que marchar o vivir en sótanos o bajo los escombros418. Por lo que respecta a la tarjeta postal, si bien en el caso de los monumentos apenas encontramos difusión en este país, no ocurrió lo mismo con la pérdida de semejante volumen de infraestructuras, ya que sí se le prestó una notable atención y, en consecuencia, los estragos en Frankfurt, Colonia, Berlín o Hamburgo fueron ampliamente documentados. La incursión aérea en esta gran ciudad portuaria del norte del país duplicó la cantidad de daño infligido en las ciudades alemanas hasta el momento por lo que provocó una fuerte conmoción que fue extensamente correspondida con intensas campañas de propaganda visual419. Del mismo modo, la capital del Tercer Reich, el lugar desde el que se había dirigido la guerra, fue el otro gran objetivo. La batalla contra el corazón de Alemania se prolongó varios meses, tiempo más que suficiente para que se difundieran todo tipo de imágenes sobre el estado en el que estaba quedando la ciudad. El resultado de las intensas operaciones fue una urbe plagada de montículos de escombros en la que el 75 % de sus edificios se declararon inhabitables420. Con la evolución presentada se puede perfectamente contemplar el gran salto destructivo que se produjo entre una y otra guerra mundial, ya que en apenas dos décadas se pasó de las tarjetas en las que se muestran catedrales y otros grandes edificios en ruinas a otros ejemplares en los que resulta imposible reconocer el espacio del que se trata. Estas postales proporcionan 418 Müller, Rolf-Dieter, La muerte caía del cielo…, pp. 166-167. 419 Véase Lowe, Keith, Inferno: The Devastation of Hamburg, 1943, London, Penguin, 2007. 420 Judt, Tony, Postguerra: una historia de Europa…, capítulo 1.
José Manuel López Torán 264 una visión de la guerra que sin duda se corresponde mucho más con la triste y dura realidad que se vivió en ambos conflictos que esos otros ejemplares en los que se buscaba camuflar los efectos de la guerra. Esta idea es la que también mantiene Tony Judt al afirmar que: Las ciudades en ruinas constituían la evidencia más obvia de la devastación, y llegaron a actuar como una especie de taquigrafía visual universal de la calamidad de la guerra. Debido a que gran parte del daño había recaído en casas y edificios de apartamentos, y que a consecuencia de ello muchas personas se habían quedado sin hogar, el paisaje urbano de los escombros representaba el recordatorio más inmediato de que la guerra acababa de terminar421. Algo que está relacionado con esta destrucción material es el trasfondo humano que se encontró detrás de ella. Entre los esqueletos de tantas viviendas se escondían decenas de miles de cadáveres, unas cifras que engrosaron 421 Judt, Tony, Postguerra: una historia de Europa…, capítulo 1. Figura 4.19. Luftminenschaden am Valentinskamp (1945). Este ejemplar permite visualizar el terrible estado en el que quedó la ciudad de Hamburgo después de los incesantes ataques aéreos. Fuente: Colección privada.
Capítulo IV. Un continente en ruinas 265 todavía más los escalofriantes datos de las bajas en el frente. De esta manera, relacionado con la destrucción material se encuentra, en parte, el otro gran desastre que trajeron consigo las guerras mundiales: el drama humano que supuso la muerte en masa de millones de personas en todo el continente. Esa idea es precisamente la que podemos extraer de uno de los fragmentos narrados por Victor Klemperer después de los bombardeos a la ciudad de Dresde, en el que detalla el aspecto «fantasmagórico» en el que quedaban las urbes, con cadáveres amontonados en cualquier esquina y restos de todo tipo. De muchas casas de la calle de arriba seguían saliendo llamas. De vez en cuando había cadáveres, pequeños, como un hatillo de ropa, diseminados por el camino. Uno tenía arrancada la tapa del cráneo, la cabeza era por arriba un cáliz rojo oscuro. Una vez había un brazo con una mano pálida, no exenta de belleza, como las piezas de cera que se ven en los escaparates de las peluquerías422. eL rostro de La tragedia hUmana Si la destrucción física de Europa constituye una de las mayores evidencias de la ferocidad con la que se libraron las guerras mundiales, el altísimo coste humano que acarrearon también ejemplifica de forma clara el desarrollo de los acontecimientos en aquellos trágicos años. Cualquier valoración que se pretenda hacer del colapso demográfico que implicaron las dos contiendas resultaría insuficiente para conocer su verdadero alcance, ya que las cifras no son capaces de mostrar el trasfondo que se encuentra detrás de una situación tan dramática. Los avances tecnológicos llevados a cabo en las primeras décadas del sigloXX y en el periodo de entreguerras, respectivamente, permitieron producir un armamento con un potencial destructivo capaz de arrebatar la vida a miles de personas en un instante. En la Gran Guerra las cifras desbancaron a cualquier conflicto bélico anterior y superaron con creces las expectativas que auguraban los gobiernos una vez que empezaron las movilizaciones en 1914. El saldo de muertos oscila entre los nueve y diez millones, y por ejemplo en 422 Klemperer, Victor, Quiero dar testimonio hasta el final…, p. 681.
José Manuel López Torán 272 detrás de ellos se encuentra la voluntad de dar a conocer el paradero donde descansa el cuerpo del fallecido, ya que ante la incertidumbre de pensar que podía estar en cualquier punto del frente, se proporcionaba la tranquilidad de que al menos se le había dado sepultura y de que se conocía el lugar. El hecho de saber que alguien les había enterrado, que se había preocupado de ello y que había evitado que estuviera desaparecido por los extensos campos de batalla era suficiente para insuflar sosiego a la esposa, madre o padre que debía hacer frente a la triste noticia de la pérdida. Con el tiempo, estos espacios se fueron convirtiendo en lugar de peregrinaje y de conmemoración e incluso desde las instituciones se subvencionaron viajes a las viudas y huérfanos para que asistieran al lugar donde yacían los restos de su familiar. Del mismo modo, también se organizaron tours para aquellas personas que mantenían presente el recuerdo de la guerra y se desplazaban hasta esos emplazamientos con el fin de honrar a quienes allí se encontraban. De esta manera, esos santuarios de muerte masiva también se erigieron como lugares de memoria viva al ser concebidos como el mayor homenaje que se podía rendir a tal sacrificio436. El otro gran recurso utilizado en los anversos de las tarjetas postales lo constituyeron los miles de monumentos funerarios que se erigieron en todos los países implicados en la contienda. La decisión de levantar estructuras conmemorativas a los caídos no es algo novedoso de la Gran Guerra puesto que el recuerdo del difunto al servicio de la comunidad ya fuese el estado, el reino o el imperio ha sido celebrado durante mucho tiempo por parte de las autoridades correspondientes437. Ya en la Antigüedad, los griegos erigieron estelas, los romanos levantaron columnas y arcos de triunfo para celebrar las victorias y recordar a sus soldados y en tiempos más recientes, por ejemplo, en 436 Mosse, George, Soldados caídos: la transformación…, p. 131 y Prost, Antoine, «Les cimetières militaires de…», p. 151. 437 Sobre arquitectura funeraria y su evolución en el tiempo: Giuffrè, Maria et al., L’architettura della memoria in Italia: cimiteri, monumenti e città, 1750-1939, Milano, Skira, 2007; Maria, Sandro de y Fortunati, Vera, Monumento e memoria: dall’antichità al contemporaneo, Bologna, Bononia University Press, 2010 y Thebault, Frédéric, Le patrimoine funéraire en Alsace, 1804-1939 : du culte des morts à l’oubli, Strasbourg, Presses universitaires de Strasbourg, 2004.
Capítulo IV. Un continente en ruinas 273 Francia se había consolidado fuertemente dentro del escenario de las guerras napoleónicas438. El antecedente más inmediato de la Primera Guerra Mundial fue la guerra franco-prusiana, momento en el que los caídos pasaron a formar parte del discurso nacional para fortalecer la cohesión en unas circunstancias en las que se vio necesario ante la derrota sufrida. Esto fue especialmente significativo en Francia, donde la muerte de los soldados se presentó como un acto de valentía y dedicación que encarnaba la grandeza de las virtudes nacionales, algo que sería imitado en el conflicto de 1914439. Sin embargo, la novedad que incorporó la Gran Guerra fue la universalidad del homenaje y precisamente fue también esta nación la que mejor ejemplificó esa idea. La gran atención que se le proporcionó a esta cuestión llevó a que cada ciudad sintiera la responsabilidad de honrar colectiva y oficialmente a sus muertos y se calcula que ascendieron a 38 000 los monumentos que se levantaron en todo el estado. El importante sacrificio era alabado por la nación y toda la solidaridad mostrada buscaba ahora ser correspondida por aquellos que sí habían logrado sobrevivir440. Gracias a ellos, cada población, ya fuera grande o pequeña, podía mantener vivo el recuerdo de las personas que habían perdido la vida en los cuatro años de guerra ya que muchos de ellos recogían los nombres de los vecinos de 438 Véase Pasteau, Philippe, «Honorer les morts», Inflexions, 35-2 (2017), pp. 123-128. 439 Karine Varley, en su obra Under the Shadow of Defeat. The War of 1870-1871 in French Memory, Basingstoke, Palgrave MacMillan, 2008, mantiene la teoría de que la conducción de la memoria por parte de las autoridades y el recuerdo a los caídos fueron utilizados de forma deliberada para minimizar los efectos negativos de la deshonrosa derrota e ir alimentando el sentimiento de revancha que tanta incidencia tuvo posteriormente en el complejo mundo de las emociones en la Gran Guerra. 440 La importancia que se le confirió al fenómeno ha sido correspondida con un nutrido conjunto de obras que, bien desde una perspectiva más general o desde otra más local han contribuido a avanzar en el conocimiento de esta cuestión. Algunos de los muchos estudios publicados sobre los monumentos a los fallecidos en Francia en la Gran Guerra son Becker, Annette, Les monuments aux morts, patrimoine et mémoire de la guerre, Paris, Errance, 1988; Gilquin, Jean-Claude, La pierre du souvenir: les monuments aux morts de la guerre 1914-1918 dans le Val-d’Oise, Pontoise, Ed. du Valhermeil, 1994 y Verry, Élisabeth (dir.), Mémoires de pierre: les monuments aux morts de la Première guerre mondiale en Maine-et-Loire, Angers, Archives départementales de Maine-et-Loire, 2018.
José Manuel López Torán 274 esa localidad que murieron, aunque también contribuyeron a rendir homenaje a aquellos combatientes que habían fallecido en el anonimato y que no serían recordados si no fuera por estos lugares para la memoria441. Además, mientras que los cementerios solían estar en lugares más retirados, estos memoriales se ubicaban en plazas o calles importantes, por lo que su presencia dentro de la vida cotidiana de los supervivientes era mucho mayor al encontrarse en espacios transitados, por los que los habitantes de cada localidad pasaban a diario y los visualizaban en repetidas ocasiones. A pesar del extenso número de monumentos que se levantaron, el aspecto que presentan no resulta tan variado, ya que casi todos se realizaron conforme a unas pautas que son fácilmente observables. Según la clasificación de Antoine Prost se pueden distinguir los siguientes tipos, cada uno de ellos con unas características particulares y con un significado también diferente: el monumento cívico, el monumento patriótico y el monumento pacifista442. El monumento patriótico es el más común de los tres grupos y está ligado al recuerdo del soldado caído en la contienda. Las fórmulas para representar son variadas, pero por lo general se recurre a combatientes en posiciones desafiantes o recostados en el suelo, figuras alegóricas de distinto tipo o simples planchas de roca o metal sobre la que se recogían listados de nombres de fallecidos en la localidad en la que se ubicaba. El monumento cívico es similar en algunos aspectos al anterior, pero sin el carácter militar. Por último, el monumento pacifista es el menos común de los tres y su intención es la de denunciar el horror del sacrificio en la contienda443. A pesar de estas diferencias en el tratamiento que se le proporcionaba, el elemento común entre ellos es que todos se erigieron como el punto de encuentro de las ceremonias conmemorativas que continuaron celebrándose una vez que las hostilidades llegaron a su fin y en una de las huellas más visibles 441 Terminología acuñada en la célebre obra Nora, Pierre (dir.), Les Lieux de mémoire, Paris, Gallimard, 1984. 442 Véase Prost, Antoine, «Les monuments aux morts. Culte republicain? Culte civique ? Culte patriotique ?», en Pierre Nora, Les Lieux de mémoire, Paris, Gallimard, 1984. 443 Sicuri, Fiorenzo, Frammenti del passato. Il culto dei caduti. Monumenti parmensi ai caduti della Grande Guerra nelle cartoline d’epoca, Fidenza, Mattioli 1885, 2015, p. 11.
Capítulo IV. Un continente en ruinas 275 del terror vivido durante cuatro largos años444. De esta manera, al igual que los cementerios, los monumentos conmemorativos también se convirtieron en lugares para la memoria colectiva de la guerra. Tanto los cementerios como los monumentos son el resultado de una fuerte presencia del sentimiento nacionalista que tanto protagonismo había adquirido en los años anteriores de la guerra y que ahora, después del sufrimiento infligido a la comunidad cobraba una nueva dimensión. Como señala George Mosse, la «nacionalización» de la muerte fue un paso decisivo en la elaboración del discurso del culto al soldado caído, que se extendería incluso hasta la década posterior incorporando también la figura del soldado desconocido445. 444 El caso francés es posiblemente el que mayor presencia tuvo en la tarjeta postal de la época y en ella quedaron plasmados el extenso volumen de monumentos erigidos por esa necesidad popular expresada masivamente por los veteranos, las familias de los fallecidos y las distintas organizaciones de la vida pública. 445 Mosse, George, Soldados caídos: la transformación…, 2016, p. 68. Figura 4.21. Firminy – Monument aux morts (ca. 1918). Una figura alada corona las grandes losas de granito que cobijan los nombres de los combatientes fallecidos. En Francia fue unas de las tipologías más repetidas en multitud de localidades. Fuente: Colección privada.
José Manuel López Torán 276 El punto culminante dentro de esta construcción nacional fue la exaltación de esa figura que serviría para ensalzar a todos aquellos que de forma anónima habían perdido la vida durante la contienda. Esta iniciativa se llevó a cabo en Francia y en el Reino Unido, aunque sin duda la primera fue la que mayor éxito mediático alcanzó con toda la exaltación patriótica que envolvió a las ceremonias que llevaron a la inhumación bajo el Arco de Triunfo de un anónimo soldado francés muerto en la contienda446. Estos arquetipos que tanta difusión habían alcanzado en la Gran Guerra fueron objeto de un cambio de discurso bastante notable de cara al segundo de los enfrentamientos armados. Los nuevos memoriales que se construyeron en la Segunda Guerra Mundial prescindieron de forma general de las posturas heroicas de los combatientes, de forma que ese ideal que había sido clave en el primero de los conflictos bélicos quedaba desmontado en esta nueva ocasión. Su reemplazo vino de la mano de otras representaciones en las que se incide en el carácter de víctima, a lo que se suma que la representación en las tarjetas postales es mucho menor de lo que había sido en la contienda de 1914447. Por otro lado, en lo que atañe a los cementerios, las situaciones también fueron algo diferentes ya que uno de los motivos que había llevado a esa proliferación durante la Gran Guerra fue el estancamiento al que se llegó en el frente occidental. Sin embargo, las extensas campañas de movimientos y las exorbitantes bajas que cada una de las batallas produjo hizo esta tarea mucho más complicada. Aun así, los distintos ejércitos siguieron levantado sus cementerios durante la contienda y en los años inmediatamente posteriores al fin de las hostilidades, de manera similar a como lo habían hecho en la Primera Guerra Mundial. En esta ocasión, el norte de Francia seguía siendo uno de los puntos de mayor concentración ligado sobre todo a la gran campaña militar que siguió al desembarco de Normandía en la etapa final del conflicto. 446 Una de las obras que abordan todo el componente emocional que giró en torno a la figura del soldado desconocido es Le Naour, Jean-Yves, Le soldat inconnu: la guerre, la mort, la mémoire, Paris, Gallimard, 2008. 447 Mosse, George, Soldados caídos: la transformación…, p. 266.
Capítulo IV. Un continente en ruinas 277 Una vez más, las prácticas conmemorativas de la guerra pusieron de manifiesto una narrativa simbólica que vinculaba el pasado, el presente y el futuro de la comunidad a través de un lenguaje de consuelo que tenía como objetivo estructurar la experiencia vivida de la guerra y también conceptualizar y dirigir el duelo colectivo448. El culto a los caídos fue una clave del mito de la experiencia de guerra con sus símbolos, que manipulaban la memoria bélica. El entusiasmo que la juventud sintió una vez por la guerra como aventura o experiencia personal era difícil de sostener tras conocer la realidad del frente, pero la nación, utilizando el Mito, consiguió mantener esa llama encendida […]. El mito de la experiencia de guerra ayudó a trascender el horror de la guerra y al mismo tiempo contribuyó a la utopía que el nacionalismo intentaba proyectar como alternativa a la realidad de la Alemania de posguerra449. Además, la representación visual de todo ese complejo mundo nos deja un escenario caracterizado por situaciones de contraste, algo que con la comparación transnacional queda acentuado, al permitirnos contemplar al mismo tiempo tarjetas en las que, por ejemplo, se recuerda a fallecidos en la Alemania nazi con otras en las que la memoria está dirigida a aquellos que han muerto a manos de estos. Tanto con los cementerios como con el levantamiento de monumentos conmemorativos se convertía a los caídos durante las contiendas en símbolos que la población podía contemplar de cerca. De alguna manera, las construcciones levantadas en las calles, iglesias y plazas de tantas y tantas localidades también contribuyeron a acercar el frente a la retaguardia una vez que las hostilidades fueron llegando a su fin y por tanto ligaron emocionalmente los dos escenarios principales de los enfrentamientos armados. De esta manera se transformó a los caídos en símbolos que la gente podía ver y tocar450. 448 Theodosiou, Christina, «La mobilisation des morts…», p. 68. 449 Mosse, George, Soldados caídos: la transformación…, p. 146. 450 Mosse, George, Soldados caídos: la transformación…, p. 117.
José Manuel López Torán 278 A las enormes pérdidas humanas debemos sumarles también los cuantiosos flujos de población que trajeron consigo las dos guerras mundiales para terminar de abordar el gran drama humano que se alcanzó al concluir las hostilidades en ambos momentos, considerados como dos de los mayores movimientos migratorios contemporáneos Si escalofriantes eran las cifras de muertos, también significativas son las que aluden al número de desplazados o refugiados. Por ejemplo, en agosto de 1914, la ocupación rusa de Prusia Oriental hizo que alrededor de un millón de alemanes huyeran de sus hogares. En poco tiempo, la ocupación alemana de Bélgica y el norte de Francia, Polonia y Lituania provocó un movimiento masivo de refugiados. A esto se añade que más de nueve millones de prisioneros habían sido retenidos a miles de kilómetros de sus casas y buena parte de ellos no pudieron regresar hasta que se vieron concluidas las hostilidades o incluso hubo quienes nunca llegaron a hacerlo451. Una vez que finalizó la contienda, al elevado número de personas que marcharon a otro territorio por los efectos destructores de la guerra debemos añadirle un hecho singular y que está estrechamente ligado a la reconfiguración de fronteras que el Tratado de Versalles contemplaba. Según los términos impuestos por los países vencedores, Alemania perdía 65 000 kilómetros cuadrados de su territorio, una decisión que afectó a los cerca de siete millones de personas que vivían en ese espacio geográfico. Por ejemplo, buena parte de los 150 000 alemanes que se habían establecido en las regiones fronterizas de Alsacia y Lorena después de quedar anexionada al Imperio en 1871 fueron expulsados o las abandonaron voluntariamente452. Por otro lado, al nuevo estado de Polonia se desplazaron cerca de un millón de polacos que habían vivido en la antigua Polonia rusa y austriaca. De esta forma, nos encontramos con un gran número de personas que se mudaron a nuevos países una vez que se redibujaron las fronteras y otras tantas que quedaron dentro de una nación diferente sin haberse movido de sus casas. Las consecuencias emocionales derivadas de esta complejísima situación tuvieron que ser 451 Véase Stibbe, Matthew (ed.), Captivity, Forced Labor and Forced Migration in Europe during the First World War, London, Routledge, 2009. 452 Schrover, Marlou, «Migration and Mobility», en Ute Daniel et al., 1914-1918-online: International Encyclopedia of the First World War, Berlin, Freie Universität Berlin, 2014, DOI: 10.15463/ie1418.11323 [Consulta: 5-4-2022].
Capítulo IV. Un continente en ruinas 279 notables y al desconcierto provocado por las consecuencias de la guerra se le unía también el de decidir si emigrar o permanecer viviendo bajo unas reglas distintas a las que regían el territorio antes de la contienda453. Los anversos de las tarjetas postales también repararon en mostrar esa particular situación dentro del contexto bélico y, al igual que en el caso de los ejemplares con ruinas analizados en el apartado anterior, Francia y Bélgica consiguieron acaparar la mayor cuota, sobre todo al mostrar el paso de evacuados a la neutral Suiza. Figura 4.22. Le passage en Suisse des évacués français (1915). Este ejemplar muestra la salida de civiles franceses de sus respectivas localidades antes de pasar la frontera hacia Suiza donde esperan tener una vida mejor. Es significativa la repercusión que tuvo en Francia a pesar de tratarse de uno de los países donde los civiles sufrieron menos privaciones. Sin embargo, la destrucción de poblaciones enteras obligó a distintos colectivos a buscar una nueva vida lejos de sus antiguos hogares. Fuente: Colección privada. 453 Para profundizar en las implicaciones identitarias de esta reordenación territorial Boswell, Laird, «From Liberation to Purge Trials in the ‘Mythic Provinces’. Recasting French Identities in Alsace and Lorraine 1918-1920», French Historical Studies, 23-1 (2000), pp. 129-162 y Murdock, Caitlin, «The Politics of Belonging: Citizenship, Community and Territory on the Saxon-Bohemian Frontier, 1918-1924», Austrian History Yearbook, 43 (2012), pp. 59-74.
José Manuel López Torán 280 Si elevada fue la cifra de refugiados y desplazados en la Gran Guerra, el número se vio ampliamente sobrepasado al finalizar el segundo de los conflictos mundiales. De esta forma, al colapso demográfico derivado de las pérdidas humanas, sesenta millones, se le sumaba una exorbitante cifra de personas que dejaron atrás todo cuanto tenían después de sufrir los prolongados ataques aéreos. La Segunda Guerra Mundial es una continua sucesión de deportaciones sistemáticas y huidas forzadas por el terror de la propia contienda. Los mayores registros los encontramos en torno a la Alemania nazi y el régimen de terror que fue instalando por toda Europa durante su fase expansiva en los primeros años del enfrentamiento armado. En el este, las políticas llevadas a cabo fueron especialmente significativas, ya que se plantearon «limpiar étnicamente» el territorio, aunque para ello fuera necesario proceder a medidas como la expulsión masiva, el trabajo forzado o el asesinato454. Por su parte, el avance sobre otros territorios como los Países Bajos o Bélgica implicó la salida apresurada de grandes grupos de población a los estados vecinos, aunque sin duda el propio territorio alemán fue el que vivió los mayores flujos migratorios en los años finales de la guerra con motivo de los contundentes ataques aéreos lanzados sobre las ciudades de todo el Reich455. El nivel de destrucción alcanzado a causa de los millones de bombas hizo que la vida fuera prácticamente imposible en muchas de las urbes, por lo que muchos tuvieron que buscar refugio en otras localidades, ya fuese cerca o lejos de su lugar de origen. La representación visual de esos momentos en los que se debía dejar atrás el hogar siguió las mismas reglas que en la Primera Guerra Mundial, aunque el sentimiento que transmiten las imágenes resulta más desolador. Si bien adelantábamos que las fotografías mostraban escenas serenas y carentes de sufrimiento, en estas otras no hay reparo en transmitir el drama que acompañó a unos momentos tan duros. 454 Véase Fritz, Stephen, Ostkrieg: Hitler’s war of extermination in the East, Lexington, University Press of Kentucky, 2015. 455 El análisis de los flujos migratorios derivados de las políticas del Reich constituye una tarea de suma complejidad, de ahí que únicamente se presente el problema de manera general.
Capítulo IV. Un continente en ruinas 281 ¿ceLebrando La victoria? El 11 de noviembre de 1918 y el 2 de septiembre de 1945456, respectivamente, se ponía fin a los dos conflictos bélicos más mortíferos de nuestra historia. La Gran Guerra fue un cúmulo de tensiones que tardó 1567 días en sofocarse y la Segunda Guerra Mundial propagó el horror durante 2174 jornadas, sin duda dos cifras escalofriantes teniendo en cuenta el número de bajas que se producían a diario y el grado de deshumanización con el que se llevaron a cabo. En el curso natural de los enfrentamientos armados, una vez que cesan las hostilidades corresponde a quienes han salido victoriosos la lucha propagar el sentimiento de forma exultante el hecho de haber derrotado al enemigo. Sin embargo, en medio de esa debacle en la que quedó sumido el continente europeo en ambos momentos no es raro preguntarse si fue posible celebrar la victoria como cabría esperar, ya que resulta difícil imaginar que quedara un ápice de optimismo después de tanta tristeza acumulada457. Al margen de tan complicada situación, era tarea obligatoria levantarse de nuevo y empezar a reconstruir todo lo que las guerras habían destruido. Los gobiernos entendieron que solo saldrían adelante si dejaban atrás el dolor sufrido y se concentraban en devolver la normalidad lo antes posible. Para ello, realizaron un último esfuerzo y sus objetivos se centraron en transmitir a la sociedad el sentimiento de complacencia que reporta el haber alcanzado una salida victoriosa de las contiendas. Si recurrimos a la tarjeta postal, encontramos dos escenarios muy diferenciados que transportan al espectador a dos realidades muy distantes, pero complementarias, que responden por igual al cúmulo de emociones vividas una vez que concluyeron las hostilidades. El despliegue de felicidad desmedida que desprenden los anversos de las postales contrasta en muchos aspectos con la información que podemos recabar en los reversos, donde las impresiones son muchos más comedidas. En efecto, los gobiernos se encargaron de mostrar el lado más positivo una vez que finalizaron las guerras, aunque la visión que transmitían dista del 456 Fecha en la que se produjo la rendición del Imperio de Japón. En el continente europeo las hostilidades habían concluido el 8 de mayo con la capitulación de la Alemania nazi. 457 Lozano, Álvaro, XX, un siglo…, p. 242.
José Manuel López Torán 288 ranza para quienes aguardaban que su ciudad o su región fuese la próxima en ser recuperada464. Posiblemente, París fue el mayor exponente para la propaganda aliada de entre todas las ciudades europeas. La gran carga simbólica y emocional que tuvo la recuperación de la capital francesa se tradujo en una amplia campaña de difusión a todos los niveles que tuvo a la postal, al igual que en otros tantos momentos, como una de sus principales aliadas. El enorme volumen de fotografías que se tomaron durante los días que se llevaron a cabo las acciones en la ciudad del Sena fue trasladado a multitud de tarjetas que en conjunto forman un perfecto catálogo de los principales episodios y ofrecen al espectador una posición privilegiada para conocer de primera mano el clima de felicidad que cubrió a la localidad465. La entrada de las tropas en la capital tuvo lugar entre el 19 y el 25 de agosto de 1944, hecho que marcó el final de la Batalla de París, y el momento cumbre de las operaciones que se habían estado llevando a cabo en el norte de Francia. Con esta acción se puso fin a cuatro largos años de ocupación y la celebración que le sucedió estuvo a la altura del hecho que se conmemoraba. Dentro de la propaganda visual una de las figuras claves fue De Gaulle, quien se situó a la cabeza de la operación y quien protagonizó un buen número de ejemplares editados a partir de esos días. Su imagen se convirtió en el rostro más reconocible del acontecimiento y los mensajes que solían acompañar a la fotografía iban siempre enfocados al agradecimiento mostrado por parte de la población. Sobre él se depositaban las esperanzas de un pueblo que ahora inauguraba un nuevo capítulo y dejaba atrás los años tan comprometidos que habían vivido466. Por otro lado, Holanda celebró con gran júbilo el fin del pesado yugo nazi que durante cuatro largos años había traído miserias a la nación. Después de vivir la trágica hambruna que azotó el territorio entre los meses finales 464 Holt, Tonie y Holt, Valmai, I’ll be seeing you: World War II through its picture postcards, Ashbourne, Moorland, 1987, p. 171. 465 Sobre la liberacion de París véase Muracciole, Jean-François, La Libération de Paris: 19-26 août 1944, Paris, Tallandier, 2013 y Simonnet, Stéphane, La Libération de Paris, Caen, Le Mémorial de Caen, 2001. 466 Véase la obra colectiva De Gaulle et la Libération, Bruxelles, Éd. Complexe, 2004.
Capítulo IV. Un continente en ruinas 289 de 1944 y los primeros de 1945 la población recuperó la esperanza una vez que se retiraron las tropas alemanas tras la capitulación467. En este caso, se editaron abundantes postales ilustradas con motivos patrióticos en los que se exalta la unidad nacional en vez de ejemplares en los que se muestran las comitivas militares entrando en las ciudades como hemos podido ver en otros territorios. Por otro lado, la alegría de haber concluido las hostilidades también se manifestó a través de ejemplares en los que se mostraba el regreso de los combatientes a sus casas. Este momento fue uno de los más importantes desde el punto de vista emocional tanto para los soldados como para sus seres queridos, ya que se ponía fin a prolongados periodos de separación física a 467 Este momento sigue muy presente dentro del ideario colectivo holandés y prueba de ello es que el 5 de mayo se haya declarado fiesta nacional para conmemorar anualmente la liberación del país de la ocupación nazi. Figura 4.26. Libération de Paris. Le chaleureux accueil des Parisiennes (1944). La tarjeta muestra una escena de los actos organizados con motivo del desfile militar. La alegría de los rostros de las jóvenes parisinas es una muestra clara de las emociones derivadas de la liberación de la ciudad. Fuente: Colección privada.
José Manuel López Torán 290 Figura 4.27. Lente 1945… Holland houdt zijn vlag in top! (1945). Esta tarjeta celebra la liberación de los Países Bajos a través de recursos patrióticos. Se muestra la enseña nacional junto a un niño y su madre, representación que nos permite recuperar las apreciaciones que se realizaban en el capítulo dedicado a la retaguardia sobre la importancia de estos colectivos dentro del desarrollo de la guerra y en la propaganda. Fuente: Colección privada.
Capítulo IV. Un continente en ruinas 291 los que se aludía en el apartado dedicado al amor y la ausencia. La espera se había hecho larga y el bajo estado de ánimo que había acompañado a unos y otros durante años daba paso ahora a emociones positivas al poder cumplir el ansiado deseo de verse reunidos de nuevo468. Una vez que cesaron los enfrentamientos, las tropas pudieron ir regresando paulatinamente a sus respectivas localidades y el continente volvió a vivir en 1918 y 1945 una gran actividad fruto de los numerosos desplazamientos. Aunque parezca algo sencillo, el traslado de millones de personas desde los distintos puntos del continente fue una tarea logística de gran envergadura y tuvo que realizarse paso a paso. De manera general, las potencias aliadas hicieron de este gran proceso una operación mejor coordinada, sin embargo, en los países que salieron derrotados del conflicto la situación fue más caótica. En el caso de Alemania, la falta de transportes para desplazar los contingentes desde el Frente Oriental demoró la llegada de los combatientes a sus hogares mucho más que en Frente Occidental, y en el Imperio austrohúngaro, su desmembración tras el final de la guerra convirtió el regreso de las tropas en un verdadero desastre. Por tanto, la guerra concluyó de la misma forma que se inició, con marchas. La única diferencia es que en ese momento inicial los soldados de todos los países abandonaban sus respectivos hogares y ponían rumbo a los distintos frentes mientras que en las semanas finales, esos soldados hacían el camino inverso469. Después de largas temporadas viviendo de cerca los horrores de la guerra por fin podían regresar al calor y la comodidad de sus casas, junto a sus seres queridos. Ese encuentro, cargado de alivio y felicidad, también tuvo su representación en la postal en los distintos países implicados, con motivos que reproducían el reencuentro entre los combatientes y sus familiares durante los permisos de los que disfrutaban durante la contienda. El toque de humor lo aportaron las tarjetas en las que se aludía a la posible falta de adaptación que tendrían los soldados una vez que regresaran a la vida en el hogar. 468 Holt, Tonie y Holt, Valmai, Till the boys come home: the First World War through its picture postcards, South Yorkshire, Pen & Sword, 2014, p. 319. 469 Véase Barry, Gearóid, «Demobilization», en Ute Daniel et al., 1914-1918-online: International Encyclopedia of the First World War, Berlin, 2014, Berlin, Freie Universität Berlin, 2014, DOI: 10.15463/ie1418.11323 [Consulta: 6-4-2022].
José Manuel López Torán 292 En efecto, esta situación fue un fenómeno complejo que experimentaron muchos combatientes a su regreso, ya que la dura vida en el frente, la soledad continuada o la exposición a los horrores de la guerra habían modificado su forma de afrontar distintas situaciones de la vida y la reinserción en las rutinas que habían dejado atrás con su marcha al frente no siempre fue bien recibida470. Otro de los episodios que la postal cubrió en estos últimos momentos de las dos guerras mundiales fue el largo camino que se recorrió desde el cese de las hostilidades tras la firma de los armisticios hasta las conferencias de paz celebradas con el fin de sentar las bases del nuevo mundo que se inauguraba después de haber concluido ambas catástrofes. Aunque la mayor presencia de la tarjeta postal en los años de la Gran Guerra condiciona la diferencia de volumen entre uno y otro conflicto, las analogías que se pueden establecer entre los dos escenarios son realmente significativas. En 1918, esta senda la inauguró el acuerdo firmado el 11 de noviembre de 1918 en un vagón de tren en el bosque francés de Compiègne entre representantes de los países aliados y alemanes. La tan esperada noticia para los europeos contó con una extensa producción visual y una campaña de difusión de importante calado471. Gracias a las ilustraciones de los anversos de las postales, el singular espacio elegido para plasmar el cese de las hostilidades pudo ser contemplado por la población desde sus hogares levantando expectación. Ese interés por plasmar el importante acontecimiento perduró en la década posterior, ya que se ha localizado un álbum de diez ejemplares editado en 1927 por la casa francesa Bourson-Compiègne y titulado Souvenir du Wagon du Maréchal Foch, dans lequel fut signé l’Armistice du 11 Novembre 1918472. Como es de esperar, los mensajes que circularon en aquellos días reflejaban el sentimiento generalizado de sosiego al ver que se había llegado a tal acuerdo. Así, son bastantes los escritos en los que se alude a ese fin de las 470 Holt, Tonie y Holt, Valmai, Till the boys come home…, pp. 328-330. 471 Véase Commault, Roger, Histoire de la voiture-restaurant N. 2419 D: le wagon de l’Armistice, Uzès, Éditions de La Capitelle, 1969. 472 En el siguiente enlace se puede visualizar parte del citado álbum: https://es.calameo.com/ read/0026732074ab88490c6a4 [Consulta: 30-3-2022].
Capítulo IV. Un continente en ruinas 293 hostilidades y en todos ellos se percibe el alivio por parte de los emisores de ver concluido tan aciagos episodios. El escenario del fin de las hostilidades de la Segunda Guerra Mundial fue notablemente más complejo que en 1918. La envergadura de la contienda, la multiplicidad de frentes y las complicaciones propias del colapso alcanzado hicieron del último cuatrimestre de 1945 un teatro repleto de reuniones y más difícil de cubrir por parte de la propaganda visual. En primer lugar, en la madrugada del 7 de mayo de 1945 se firmó en Reims la capitulación de la Alemania nazi y en la noche del día 8 sería nuevamente firmada en las inmediaciones de Berlín. Esto conllevaba la rendición de todas las fuerzas militares alemanas y el final del régimen nazi, lo que supuso el fin de las hostilidades en Europa. Meses más tarde, a principios de septiembre se firmaría el correspondiente acuerdo con el Imperio de Japón, hecho que suponía el fin definitivo de la guerra en la zona geoestratégica de Asia-Pacífico473. Una vez que cesaron las hostilidades, el siguiente paso que dieron los países implicados fue el de fijar las condiciones que impondrían a los derrotados quienes se habían alzado con la victoria. El deseo de ver cerrado el ciclo bélico fue también extendido entre la población, como bien muestra este mensaje enviado por un soldado británico a mediados de noviembre de 1918: ¡Hurra! Acabamos de recibir la noticia de que todo ha terminado. Todos están terriblemente emocionados. Amablemente les doy mis mejores deseos a todos en casa. ¿Qué pasa ahora con la fiesta de la paz?474. Para ello, en el trascurso del año siguiente quedaron acordados una serie de tratados de entre los cuales el firmado en Versalles el 28 de junio fue el que mayor significación tuvo. Por lo que respecta a la tarjeta postal, la representación visual mayoritaria del evento tuvo dos cauces, los retratos de 473 Sobre esos meses de convulsos cambios en el final de la Segunda Guerra Mundial véase Jones, Michael, After Hitler: the last days of the Second World War in Europe, London, John Murray, 2015 y Kershaw, Ian, The end: Hitler’s Germany, 1944-45, London, Allen Lane, 2011. 474 Traducción propia a partir del original en inglés: https://www.worldwar1postcards. com/a-postscript-to-the-great-war.php [Consulta: 27-3-2022].
José Manuel López Torán 294 los citados gobernantes y los espacios en los que se habían desarrollado los actos, es decir, la gran Galería de los Espejos, situada en la planta superior del palacio, y la mesa en la que se firmaron los documentos (véase figura4.28). La solemnidad que transmitían las estancias era la mejor evidencia del calado que tuvieron las medidas que allí se estaban acordando y rindieron cuentas de cara al exterior de todo cuanto allí estaba ocurriendo475. La enorme repercusión que se le proporcionó a la firma del Tratado de Versalles desde el mismo momento en el que tuvo lugar es la responsable de que tal evento quedara fuertemente impregnado en el imaginario colectivo. Una situación muy dispar fue la que se vivió en la serie de conferencias de paz que sucedieron al cese de las hostilidades en 1945, aunque esto no quita que en su momento gozara de una amplia difusión, con unos parámetros visuales y discursivos similares a los de la contienda anterior (figura 4.29). A la complejidad derivada del fin de las hostilidades se le unía ahora la tarea de conformar un consenso sobre las condiciones que regirían el nuevo mundo que se abría tras la caída del régimen nazi476. Una vez que la calma se extendió por el continente, los organismos de propaganda consideraron adecuado profundizar en el mensaje de la paz. Así, también fueron frecuentes las tarjetas en las que se ensalza la concordia alcanzada a través de ilustraciones en las que aparecen banderas nacionales y coloridos diseños. De esta manera, el color volvía a decorar los anversos de estas pequeñas cartulinas después de haberse llenado de grises durante aquellos largos años. Con consignas como «Viva la paz», «Al fin la paz», «La paz de nuevo en casa» o «Paz una vez más» en los correspondientes idiomas, se buscaba transmitir de la mejor forma posible ese sentimiento de alegría al ver concluidas las hostilidades. Todas las tarjetas cerraban el ciclo bélico del mismo modo que lo habían iniciado, ensalzando los valores de la patria. Al igual que en las postales recogidas en el capítulo primero, el nacionalismo se elevó como el más potente aglutinador de las emociones de los europeos que vivieron las dos guerras mundiales. Las coloridas banderas que habían 475 Holt, Tonie y Holt, Valmai, Till the boys come home…, p. 317. 476 Véase Neiberg, Michael, Potsdam: the end of World War II and the remaking of Europe, New York, Basic Books, 2015.
Capítulo IV. Un continente en ruinas 295 Figura 4.28. La Signature de la Paix de la Grande Guerre. Versailles-Galerie des Glaces-La Table Historique (1919) y Figura 4.29. Potsdam, Schloß Konferenzsaal (1955). La primera postal, editada por Levy Fils & Cie, muestra el escritorio sobre el que se firmaron los acuerdos en el palacio de Versalles aquel 28 de junio de 1919. Por su parte, la segunda, con un estilo muy similar, plasma le mesa en torno a la cual se reunieron los representantes de Estados Unidos, la Unión Soviética y el Reino Unido. El ejemplar recogido circuló diez años más tarde de que tuviera lugar, lo que demuestra el interés que siguió despertando en la década posterior. Fuente: Colección privada.
José Manuel López Torán 296 acaparado tantos y tantos anversos volvían ahora a ondear de manera metafórica para celebrar los triunfos de los vencedores. Finalmente, en el mundo de la tarjeta postal, la plasmación más directa de ese sentimiento de victoria que se extendió entre las naciones que habían conseguido derrotar al enemigo la encontramos en los ejemplares que mostraron los fastuosos desfiles realizados en las capitales de los países vencedores. El amplio despliegue organizado no tenía otro fin que el de transmitir al mundo entero el regocijo de haberse alzado con el triunfo en unas situaciones tan delicadas y complejas como las que se habían vivido. Desde el punto de vista propagandístico estas representaciones culminaban el largo proceso iniciado con la firma de los documentos que ponían fin a las hostilidades y que continuaron con las reuniones mantenidas para acercar posturas en los tratados de paz. En el espacio europeo, las dos ciudades que se convirtieron en el escenario de esa ansiada victoria fueron París y Londres, transformadas por unos días en el mayor escaparate de las potencias aliadas477. Al final de la Gran Guerra, París se erigió como la capital de la victoria, ya que el día 14 de julio de 1919, con ocasión de la celebración del día nacional, tropas de todos los países aliados se congregaron en los Campos Elíseos para plasmar la alegría desbordante de haber salido ganadores de la contienda478. El desfile se consolidó como el mejor exponente del sentimiento de alegría exultante que los gobiernos vencedores quisieron transmitir a sus respectivos pueblos. La ciudad desbordaba regocijo y lanzaban al mundo el potente mensaje de ser ellos quienes habían derrotado a los temidos enemigos. Del mismo modo, la fuerte carga simbólica del acto traspasó fronteras, ya que al mismo tiempo también simbolizaba la unidad de ese continente que durante cuatro años había buscado destruirse entre el fuego cruzado. Ahora Europa estaba en paz y el acto para celebrarlo debía estar a la altura de la ocasión. También extraordinaria fue la repercusión mediática que se le confirió 477 Pairault, François, Images de poilus…, p. 133. 478 El diario francés Le Figaro recoge en el número publicado el 15 de julio de 1919 una excelente descripción de los actos que tuvieron lugar en París. Ejemplar disponible en el siguiente enlace: https://gallica.bnf.fr/ark:/12148/bpt6k292198j/f1.item [Consulta: 213-2022].
Capítulo IV. Un continente en ruinas 297 a través de todo tipo de medios escritos y visuales y, dentro del ámbito de la postal, posiblemente sea uno de los mayores conjuntos de todos los editados en ese año 1919. La inmensa mayoría de los ejemplares que se produjeron a posteriori son de origen francés y casi todos ellos formaban parte de álbumes de unas doce vistas en las que se recogían distintos momentos del paso del desfile de las tropas por los Campos Elíseos. Las casas editoras más prestigiosas (ND. PHOT, E.L.D., L’Abeille Editeur o DIX OPÉRA) se volcaron de lleno con el evento y el resultado fue un volumen excepcional que nos permite hoy día asistir a uno de los momentos de mayor contendido emocional de esos instantes finales de la Gran Guerra (figura 4.30). El otro gran escenario entregado a la victoria fue la capital británica. Al igual que ocurrió con la ciudad del Sena, también Londres se engalanó para celebrar con un gran desfile el fin de la guerra y la victoria sobre las potencias centrales. La fecha elegida fue el 19 de julio de 1919 y la marcha recorrió los principales enclaves del centro de la ciudad quedando numerosos testimonios visuales de todo el desarrollo. El paso por el Palacio de Buckingham, el Parlamento británico o el puente de Westminster fueron puntos estratégicos para los fotógrafos de distintas casas como Beagles’ Postcards (figura 4.31). Por lo que respecta a este tipo de postales en la Segunda Guerra Mundial, el equivalente más directo es el gran desfile organizado con motivo de la liberación de París en 1944. A pesar de haber transcurrido más de dos décadas entre ambos momentos, el lenguaje visual empleado por la propaganda es exactamente el mismo y de no ser por los uniformes, los vehículos o la calidad del papel de la tarjeta podrían incluso a llegar a confundirse. Igualmente, también el organizado en Moscú el 9 de mayo de 1945 contó con una gran difusión, aunque en este caso el número de fotografías tomadas superó enormemente al de postales. La cuestión de la capital rusa resulta especialmente significativa, ya que este momento difiere en buena medida de la situación que se vivió en los años de la Gran Guerra. Conviene recordar que, cuando concluyeron las hostilidades en 1918, Rusia se encontraba sumida en la revolución que había estallado apenas un año antes y que le había hecho abandonar la contienda a causa de la inestable situación interna. En esta tesitura, no hubo cabida para ningún tipo de celebración, sino más
José Manuel López Torán 304 que se vieron envueltos aquellos individuos que experimentaron la guerra en primera persona y ha hecho posible determinar en cada momento cuáles eran sus intereses, miedos, alegrías o inquietudes. Aun así, la relación entre la postal y las guerras va mucho más allá de lo que pueda parecernos a simple vista. Cierto es que la cuestión de los mensajes escritos en el reverso plasmó de forma directa las impresiones de quienes se vieron inmersos en las dos guerras, sin embargo, las decisiones que llevaron a ilustrar los anversos con uno u otro motivo también están íntimamente relacionadas con el componente emocional, en la medida en que estuvieron marcadas por factores como el rumbo de las hostilidades, las distintas estrategias propagandísticas y la demanda de la población. Por un lado, las campañas orquestadas por los organismos estatales no buscaban otro fin que el de convencer, persuadir o modificar las percepciones de los ciudadanos sobre la contienda y la manera más eficaz de conseguirlo era apelando directamente a sus sentimientos. En segundo lugar, la mayor o menor acogida de los distintos conjuntos temáticos también estaba condicionada por las impresiones de quienes se decantaban por adquirir uno u otro ejemplar, ya que no debemos olvidar que a fin de cuentas estamos trabajando con un producto que seguía las reglas del mercado y la respuesta ante un determinado motivo también era un indicativo del mapa emocional que rigió las mentes de los europeos durante las dos guerras mundiales. No obstante, el acercamiento a la realidad que presentan esas pequeñas cartulinas se debe siempre realizar teniendo en consideración la férrea censura a la que fue sometido el soporte y que actuó precisamente en esos dos niveles: en la elección de las ilustraciones de los anversos y en el contenido de los mensajes que se consignaban en los reversos. Sin embargo, lejos de tratarse de un inconveniente, en realidad nos aporta información relevante, ya que las decisiones tomadas no dejan de ser resultado de la concepción mental que giró en torno a unos conflictos que alteraron de manera extrema las emociones de quienes los vivieron. Todos los aspectos recogidos en estas páginas han podido desplegarse gracias a la estructura que se le ha proporcionado a la monografía. El objetivo principal era el de contraponer en todo momento las dos realidades que estuvieron presente desde el comienzo de las hostilidades y hasta el final de
Conclusiones 305 las mismas, es decir, la situación a la que verdaderamente tuvieron que hacer frente quienes se vieron inmersos en las contiendas y el enmascaramiento al que fueron sometidos ambos conflictos con fines claramente estratégicos. De esta manera, cada capítulo buscaba presentar esa interesante dualidad entre la guerra real y la guerra contada, al tiempo que trataba de evidenciar la continuidad o no de tal coyuntura. En los dos conflictos que se han estudiado, la batalla por las emociones comenzaba con el mismo estallido de las hostilidades. Como se ha podido comprobar, el primer objetivo fue el de despertar un sentimiento patriótico entre la población lo suficientemente fuerte como para conseguir que los varones se alistaran de manera voluntaria y nutrieran los ejércitos necesarios para unos conflictos de carácter mundial y para que los civiles pudieran sobrellevar las exigencias que la guerra demandaba. Del mismo modo, para conseguir ese apoyo fue fundamental inculcar sentimientos de odio y temor hacia un enemigo común, ya que así se creaba un clima propicio para la guerra y se garantizaba una respuesta positiva por parte de la población ante un esfuerzo tan costoso como era el hecho de dejarlo todo y marchar al frente. A la vista de la información proporcionada, esa misión fue mucho más sencilla en 1914 que en 1939, ya que la experiencia de la primera contienda hizo ver a millones de europeos, a los que nuevamente se les pedía su esfuerzo para la defensa de la patria, que la guerra no era ni de lejos la visión romántica que habían imaginado. Los protagonistas indiscutibles de buena parte del desgarro emocional generado fueron los soldados, a su vez agentes indispensables sobre los que se articula toda la estructura bélica. Si bien la figura del combatiente ha estado presente en todo enfrentamiento armado, la novedad en los conflictos mundiales fue la participación de millones de hombres que no habían tenido contacto directo previo con la guerra y que, en muchos casos, jamás habían abandonado su entorno más cercano. La presión a la que fueron sometidos provocó un colapso emocional generalizado que tuvo en la correspondencia una de sus pocas vías de escape. Si bien la censura actuó en este caso como un fuerte moderador de las opiniones de todos esos combatientes, siempre quedó hueco para que pudieran expresar los sentimientos negativos derivados de la separación física, la incertidumbre de no saber qué sería de ellos o cualquiera
José Manuel López Torán 306 de las situaciones en las que el dolor pudiera manifestarse en medio de unas contiendas de semejantes dimensiones. A su vez, esas proporciones fueron las que generaron una de las mayores aportaciones de las guerras mundiales: la implicación masiva de la retaguardia. Por primera vez en un enfrentamiento armado la población sufrió a gran escala los horrores de la contienda y por primera vez se les hizo partícipes del esfuerzo bélico. Los dirigentes eran conscientes de que una empresa de tal envergadura no sería posible de mantener si no se recurría a la ayuda tanto moral como material de los civiles. Con su trabajo contribuyeron a mantener activa la economía en sus respectivos países, garantizados los servicios básicos y elevada la moral de los combatientes gracias a la correspondencia que enviaron al frente. Sin embargo, al mismo tiempo que realizaban esa contribución, casi como un imperativo moral, se vieron privados de multitud de elementos que hicieron su vida cotidiana una tarea de supervivencia continua. La escasez de alimento, la toma de prisioneros por parte del enemigo o las atrocidades cometidas en las zonas ocupadas trajeron una situación de extrema tristeza a millones de personas. Igualmente, la guerra llevó la muerte a la misma puerta de los hogares de todas las naciones implicadas, ya que los bombardeos lanzados de manera indiscriminada sobre las ciudades acabaron con la vida de millones de civiles, sobre todo en la segunda guerra, bajo el fuego y las grandes columnas de humo y polvo. Como hemos tenido ocasión de comprobar, todos esos padecimientos tuvieron su correspondiente plasmación en la postal y tanto anverso como reverso fueron espacios en los que quedaron marcados de manera indeleble los temores y alegrías de esos millones de civiles. Finalmente, el resultado de todas las operaciones llevadas a cabo durante las dos guerras mundiales fue el de un continente en ruinas, un continente arrasado desde sus mismos cimientos y cuya población tardaría tiempo en recuperarse. La propaganda se encargó de magnificar los daños sufridos con el fin de ganar esa última batalla mediática tanto dentro como fuera de las fronteras de los respectivos países. Si bien la ruina material acaparó la atención de miles de tarjetas postales en ambos conflictos, no menos importante fue la ruina humana que resultó después de años de lucha sin cuartel. A pesar del ritmo vertiginoso de las campañas, hubo un momento de reposo
Conclusiones 307 para recordar a quienes habían perdido la vida durante la contienda y, en su memoria, se erigieron monumentos funerarios por todo el continente que después serían inmortalizados en distintos ejemplares. El choque emocional que acarreó el contemplar todo cuanto se había perdido a causa de la sinrazón de la guerra hacía relativamente difícil la celebración exaltada que la propaganda oficial se encargó de distribuir en los momentos posteriores al fin de las hostilidades. Más bien, tal y como hemos podido observar a través de los mensajes que escribieron en los reversos, se trataba de una felicidad por ver concluidas esas guerras que cada día que se prolongaban se llevaban la vida de miles de personas. Aun así, la enorme tarea que emprendieron los distintos gobiernos de las potencias implicadas fue la de levantar estados que habían quedado sumidos en un profundo pesimismo y para ello volvieron a recuperar ese aliado que había acompañado los mensajes oficiales durante todo el tiempo que se prolongaron las contiendas: el nacionalismo. Los mensajes patrióticos florecieron una vez más para elevar de nuevo a la nación como la fuerza unificadora que permitiría a toda esa gente dejar atrás el horror vivido y encarar el futuro de la mejor manera posible. De esta forma, la estructura proporcionada permite observar cómo el ciclo bélico se abrió y se cerró de la misma manera en los dos momentos. La retórica grandilocuente de la propaganda estatal hizo lo posible por mantener el estado de ánimo inicial y constatamos que la manipulación de las emociones no cesó desde que los países declararon la guerra a las potencias enemigas hasta que dieron por concluidas todas las operaciones. Esa acción no tenía otro fin que el de enmascarar, como en diversas ocasiones ha quedado patente, la escalofriante realidad que experimentaron millones de europeos. Así, queda contrastado que desde que comenzaron las primeras operaciones, tanto en 1914 como en 1939, los ilustradores se enrolaron en una guerra psicológica, al igual que los fotógrafos oficiales y aficionados, con el objetivo de satisfacer las órdenes de los dirigentes de los organismos de la propaganda estatal. El fin en todos los casos era el de dar cobertura a los acontecimientos que estaban ocurriendo, aunque de una forma completamente dirigida, intencionada y parcial. De esta manera, se demuestra el carácter total que adquirieron ambos conflictos, en los que la manipulación de las emociones
José Manuel López Torán 308 fue necesaria para poder sobrellevar las profundas repercusiones sentimentales que trajeron consigo. Las postales nos han permitido conocer los sueños, los deseos, los temores de quienes combatieron en el frente y de quienes sufrieron los efectos de la guerra desde la retaguardia. Nos han transportado a un mundo de extremos marcado por el amor y el odio, la alegría y la tristeza, la esperanza y el desánimo o por el desprecio y la compasión. En definitiva, un mundo de emociones que a su vez nos ha llevado a poner rostro a unas contiendas que tradicionalmente han sido señaladas como los máximos exponentes de la deshumanización.
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