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Propuestas para una historia indígena contemporánea

Benítez Trinidad, Carlos; Córdoba, Lorena

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9 Propuestas para una historia indígena contemporánea Carlos Benítez Trinidad1 y Lorena Córdoba2 Afirmar que el estudio del pasado se hace con los ojos del presente es actualmente algo que ya casi no se discute. Si bien en sus comienzos la historia indígena se centró en un interés académico por complejizar la historia al poner en valor voces y actores usualmente alejados del foco protagónico, este eje se ha visto afectado con el propio devenir de la disciplina. En las décadas de 1970, las perspectivas críticas respecto de los modelos intelectuales canónicos animaron a nuevas generaciones de científicos latinoamericanos a cuestionar las narrativas nacionales y las tradiciones académicas. Es así que la emergencia indígena de finales del siglo XX inspiró nuevos abordajes en los cuales las poblaciones nativas conquistaban, finalmente, el protagonismo de su historia. Pero esa efervescencia que estaba revolucionando las bases del estudio del pasado no se detuvo ahí. En efecto, al mismo tiempo, los historiadores fueron superando sus propias reticencias y comenzaron a dialogar con otros campos disciplinares, especialmente con la antropología, a fin de descifrar contextos y situaciones que antes no eran percibidos ni menos aún problematizados. 1 Universidad de Salamanca, Salamanca, España. 2 Marie Skłodowska-Curie Research Fellow. Esta publicación ha recibido financiamiento del programa Horizon 2020 de la Unión Europea bajo el Grant Agreement No. 101022640 Marie Skłodowska-Curie: Nameless-stories: The Invisible Women: Nameless and Forgotten Stories of the Rubber Boom (Bolivian Amazonia, 19-20th centuries). Departamento de Humanidades de la Universidad Ca’ Foscari de Venecia, Italia. Licencia Creative Commons Atribución/ReconocimientoNoComercial-SinDerivados 4.0 Internacional https://doi.org/10.5281/zenodo.14888365 Carlos Benítez Trinidad y Lorena Córdoba 10 En los años 1990, la intelectualidad crítica latinoamericana buscó nuevas formas de comprender el «triunfo» del capitalismo bajo las lógicas más o menos encubiertas de un colonialismo sin fin. Así, las viejas teorías que cifraban la lógica de la dependencia dieron paso a la lógica de la colonialidad que, impulsada por un mismo espíritu de explicación total y en la larga duración, abrieron la mirada a interpretaciones de naturaleza holística, filosófica, racial y epistemológica. Ya en el siglo XXI, por fin, la normalización de la inclusión de la voz de los «silenciados» se generalizó bajo el auspicio de los gobiernos progresistas, demostrando que se trataba de un fenómeno que había llegado para quedarse. A pesar de ello, su avance es parsimonioso, sobre todo cuando se hace foco en la escasez de académicos indígenas, en el diálogo interdisciplinar dentro de una Academia de compartimentos estancos, o en la pervivencia resistentede ciertas representaciones asociadas a poblaciones y lugares. Como un buen libro, la historia continúa ofreciendo contenidos que, dependiendo del momento en que sea leída, despliega significados no percibidos con anterioridad o arroja nueva luz sobre lugares antes ensombrecidos. A su vez, esos cambios crean una base fértil a partir de la cual se acercan nuevas generaciones de investigadores a estudiar América Latina, que normalizan las conclusiones a las que los historiadores estamos llegando. Así, por ejemplo, para cualquier estudioso, en este momento sería impensable excluir el protagonismo indígena de la historia, puesto que se admite que se trata de un componente inalienable de la misma, y la construcción de un saber inclusivo percibe así a la propia diferencia cultural como punto de fuerza para entender la increíble complejidad del tejido social, político, económico y cultural del territorio. En los escritos que siguen en este libro encontramos una variada bibliografía teórica que nutre estas ideas y los avances en los estudios sobre historia indígena contemporánea, pero solamente a modo de muestra citaremos los estudios pioneros de João Pacheco de Oliveira (1998, 1999, 2004), Manuela Carneiro da Cunha (1986, 1992), John Manuel Monteiro (1994, 1995, 1999) y Maria Regina Celestino de Almeida (2003, 2010). A partir de la constatación anterior, día a día se construyen, revisan, cuestionan y fortalecen la participación de los movimientos indígenas y sus rei- Propuestas para una historia indígena contemporánea 11 vindicaciones. Pero no son solo los indígenas los que logran estructurar con mayor solidez sus estrategias o comprender mejor los hechos históricos para defender sus tierras y derechos, sino que a la vez una amplia gama de actores no indígenas también asume la posibilidad de acceder a toda una constelación de publicaciones cada día más rica sobre la historia latinoamericana. Gracias a eso puede decirse que, desmantelando prejuicios y estereotipos, la sociedad de la región se vuelve cada vez más consciente de la existencia y la importancia de las poblaciones históricamente silenciadas. Como el resto de los investigadores que trabajamos con la historia indígena, deseamos entonces que esta obra ayude en la medida de lo posible a que las sociedades autóctonas puedan reivindicar su pasado de la mejor forma posible, a fin de construir un presente más igualitario y abierto a las diferencias. No obstante, pese a los avances realizados en las últimas décadas en la investigación, quienes trabajamos con historia contemporánea seguimos enfrentando una serie de dificultades persistentes. En primer lugar, el diálogo entre distintas áreas del conocimiento sigue siendo deficiente. Con frecuencia se toman prestados marcos explicativos, conceptos o metodologías de una a otra disciplina social (sea la historia, la antropología, la sociología o la etnohistoria) más que constituir un verdadero diálogo interdisciplinar. El principal síntoma de esto es que la historia indígena ha sido mayoritariamente desarrollada durante la época colonial o bien en el siglo XIX, «dejando» el siglo XX para la antropología. Aunque estas fronteras se han ido cuestionando y desintegrando progresivamente, todavía siguen estando presentes, creando verdaderos campos minados de difícil sorteo y haciendo que la historia indígena contemporánea sufra a veces de esa suerte de cronología partida. En segundo lugar, el auge del nacionalismo y la consolidación de los Estados-nación latinoamericanos siguen conformando una narrativa poderosa en la que las sociedades indígenas continúan desempeñando el papel de contrapartes y antagonistas. El desafío es desmontar el ejercicio continuo del menosprecio, especialmente cuando se dialoga con fuentes en las cuales muchas veces los grupos indígenas siguen siendo representados como actores estadísticos, pasivos, victimizados, casi paisajísticos. Pese a que todo investigador debería tener como regla básica desconfiar de la imagen del nativo representado como dócil ignorante, sediento de tutela y civilización, Carlos Benítez Trinidad y Lorena Córdoba 12 o bien como sujeto vengativo, salvaje y violento, lo cierto es que no siempre resulta fácil mantener la claridad que exige el estudio de esos grupos subalternizados. En un imaginario predispuesto desde el inicio a la ambivalencia conveniente, como la tradicional dicotomía civilización o barbarie, esas dimensiones impuestas históricamente a los pueblos indígenas conforman un verdadero laberinto de espejos y representaciones paradojales. Aun cuando se trate de forjar una historia centrada en el protagonismo de las sociedades indígenas, la fuerza de lo exótico sigue siendo en efecto poderosa a la hora de representar las relaciones entre los Estados nacionales y esos grupos, especialmente cuando se trata de entender la reemergencia étnica y los movimientos políticos de finales del siglo XX. Además del desafío de entender que la inmensa mayoría de las fuentes son testimonios generados por personas no indígenas, nos topamos con la dificultad metodológica de poner en valor el protagonismo de las voces indígenas que rara vez dejan rastro documental. Es, en efecto, difícil abordar una perspectiva de análisis que no recurra constantemente al otro para poder apreciar su reflejo invertido, o bien rescatarlo del fondo de la escena. Los restos materiales y los testimonios orales se convierten así en un aliado rico pero a la vez no siempre fiable a la hora de interpretar el pasado con rigurosidad. En una sociedad centrada en la escritura –usada muchas veces como regla de estratificación social–, es un desafío doble trabajar con la oralidad con la misma rigurosidad científica con que se trabajan los archivos y fuentes documentales. Un clásico de los estudios literarios, como es el libro de Ángel Rama (1998), propone así que uno de los mecanismos de exclusión social usados por las élites (latinoamericanas) fue el uso de la escritura para dividir a la población entre analfabetos y alfabetos, llegando a ser usada como categoría transversal a todo el conjunto de exclusiones, incluida la variable étnica (Adorno 1993). En un encuentro con varios de los colegas cuyos trabajos reunimos en esta obra, pensamos justamente en algunas de las herramientas y complejidades que se imponen al momento de bosquejar una «historia indígena» en el medio académico. De esos intercambios surgió un espacio de discusión fértil para reflexionar colectivamente sobre esas dificultades metodológicas y para dialogar, asimismo, sobre nuestras experiencias compartidas desde los Propuestas para una historia indígena contemporánea 13 puntos de vista de la etnohistoria, la antropología o la historia contemporánea. Se identificaron varios desafíos y problemáticas de carácter conceptual y metodológico que impusieron un debate sobre cuestiones historiográficas, el abordaje de las fuentes, el uso de la historia oral, etc. Dada la riqueza y lo importante que fue para nosotros compartir estas experiencias, que nos ayudan a cuestionar nuestros propios trabajos y obtener nuevas ideas para mejorarlos, decidimos compilarlo en este presente volumen. El orden de los trabajos compilados sigue una lógica expositiva en tres secciones, que apunta a ser provechosa tanto para los investigadores que están comenzando su carrera como también para aquellos otros de mayor experiencia, pero interesados en acceder a otras visiones y propuestas que puedan enriquecer su propia labor. El primer bloque se compone de trabajos que proponen aplicar diferentes propuestas conceptuales a casos etnográficos concretos. Ocupan este lugar pues creemos que problematizan cuestiones tradicionalmente polémicas que constituyen un desafío para todo aquel que trabaje con historia indígena contemporánea. Las soluciones y vivencias de los autores pueden ser útiles a otros compañeros que estén experimentando las mismas dificultades. En La otra voz de los nativos, así, Isabelle Combès expone un trabajo introspectivo sobre los desafíos metodológicos a los cuales se enfrenta quien pretende documentar la historia indígena. Partiendo del presupuesto de que, al hacer historia, debe siempre cuestionarse las fuentes documentales puesto que su contenido no está exento de intereses, perspectivas, prejuicios e ideologías, la autora evidencia el reto de hacer una historia que ponga en valor la voz indígena, y en la cual el recurso habitual a la historia oral y la memoria colectiva de las comunidades sean casi las únicas fuentes disponibles. Reflexionando sobre ello a partir de profusos ejemplos nacidos de su propia experiencia, Combès recalca la dificultad intrínseca que conlleva hacer historia de los pueblos indígenas desde su propia voz, el fino trabajo intelectual que implica y cómo esta tarea supone filtrar, ajustar y calibrar la información que se colecta –siendo el sumun de esa dificultad, a su juicio, el hecho de que los indígenas comienzan a leer e instruirse sobre su propio pasado, leyendo a su vez lo que historiadores y antropólogos han escrito sobre ellos mismos, reproduciendo parte de ese material como si se tratase de su propia tradición oral y reformulando Carlos Benítez Trinidad y Lorena Córdoba 14 la memoria sobre sí mismos. Es en ese cruce entre memoria e historia en el que muchos relatos y tradiciones comienzan a converger generando dilemas; al punto de que, hoy en día, una buena parte de la memoria oral tiene sus propias fuentes escritas que la alimentan: tal y como dice la historiadora, «los indígenas historiadores son hijos de los historiadores de indios». En Procesos migratorios e identidades en fronteras sudamericanas, Giovani José da Silva nos habla de la presencia histórica de los pueblos indígenas en las fronteras de los Estados nacionales de América del Sur y de cómo supone un desafío para quienes quieran estudiar su historia. La «frontera» como concepto trasciende aquí su significado convencional bajo la lógica nacionalista y designa una realidad que atraviesa comunidades, culturas e individuos, poniendo en valor una forma de vida que opera en y desde los confines. Así, aprovechando sus infinitas potencialidades gracias a su porosidad y permeabilidad, lo que a priori podría ser una barrera impuesta deviene en una exitosa estrategia de supervivencia físico-cultural. Tal vez lo más precioso que pone en valor este texto es la posibilidad de entender la frontera como una oportunidad para que el estudioso de la historia cuestione sus límites cognitivos y epistemológicos, para así mejor entender las hibridaciones que pueblan la historia y la vida de las poblaciones indígenas. Y también, el valor excepcional que tienen las relaciones entre indígenas (de diversos países) y las poblaciones regionales en las zonas de fronteras como camino para considerar la historia contemporánea de los indígenas en cambio permanente, en contacto siempre fluctuante y variado con el otro. Por su parte, La integración mapuche al sistema electoral chileno durante el siglo XIX de Mauricio Cárdenas Palma desarrolla una metodología de investigación historiográfica basada en el procedimiento electoral mapuche. Metodología que permite rescatar la presencia indígena en un período de gran estatificación y de aparente exclusión étnica, y entender el nivel de participación política de los mismos. Partiendo del sistema chileno, evidencia que, para contrarrestar los silencios historiográficos sobre ese tema, es preciso crear un variado elenco de fuentes documentales. El resultado es un interesantísimo marco explicativo sobre la integración de grupos y subgrupos étnicos en los procesos político-electorales del país, en el cual apreciamos la clave para acceder a una visión completa de las sociedades latinoamericanas Propuestas para una historia indígena contemporánea 15 que incluya la cultura política de los indígenas en el fenómeno de la integración electoral. La segunda sección propone dos reflexiones conceptuales que discuten el propio paradigma de la historia indígena contemporánea y que sirven como disparadores de una discusión más teórica. Ambas se complementan y dialogan en un esfuerzo intelectual por aplicar al estudio de la historia, y su metodología de trabajo, los avances que han tenido lugar en el pensamiento latinoamericano de las últimas décadas. João Gabriel da Silva Ascenso abre este apartado preguntando: ¿Estudiar los indígenas o estudiar con los indígenas? Este texto reflexivo expone la trayectoria de los estudios postcoloniales y decoloniales como reacción ante una situación de colonialidad no resuelta, y cómo afecta la misma tanto a la investigación como a la propia enseñanza de la historia, permeando en las lógicas cotidianas de las sociedades latinoamericanas. Para Ascenso, debe apostarse por superar la dualidad jerarquizadora sujeto/objeto, propia de la epistemología occidental, sin perder rigor científico, pero a la vez apostando por el ejercicio subversivo de abrirse al intercambio sincero en una suerte de práctica diplomática entre alteridades. Debe tratarse de una práctica constante, continua, que se esfuerce por no olvidar que la historia de la modernidad es la historia de la marginalización y subalternización de mundos mediante el silenciamiento del conflicto permanente. Con la misma lógica introductoria, Andrés Felipe Pabón Lara pone en valor las categorías de «estatización», «etnificación» y «re-territorialización» como aportes esenciales para entender mejor la relación de los Estados latinoamericanos contemporáneos con las sociedades indígenas. Siguiendo la línea de Ascenso, insiste en la necesidad de una perspectiva de larga duración que contemple un proceso continuo, siempre inacabado y eminentemente conflictivo. En su texto La estatización de los pueblos indígenas, Pabón Lara construye una propuesta conceptual amparada en la idea de la estatización; es decir, en la forma de vincularse de ciertos pueblos indígenas latinoamericanos con el modelo político-cultural propio del Estado moderno y las formas socioeconómicas capitalistas a las que responde. El autor cuestiona las interpretaciones que toman la formación de la estatalidad moderna como un proyecto de las élites, y la proyecta luego en la larga duración. En cierta medida, la refiere como continuidad de un proceso de ordenamiento de Carlos Benítez Trinidad y Lorena Córdoba 16 tipo colonial que conquista como piedra angular el enfrentamiento entre diferentes sectores sociales con intereses variados y que termina por generar resultados diversos pero rastreables en una lógica relativamente común, en territorios específicos. Se trata de una dinámica que no consigue emanciparse de su ethos colonial, y que sirve no solo para analizar el siglo XIX sino también para entender el siglo XX latinoamericano. Para finalizar el libro, el tercer bloque reúne trabajos que analizan fuentes documentales en contextos específicos que buscan valorizar la historia indígena. Fuentes tanto conocidas como inéditas que, abordadas desde una cierta perspectiva o rastreadas con insistencia casi quirúrgica, nos permiten poner bajo el foco protagónico en sectores poblacionales tradicionalmente silenciados por la propia documentación. El libro, así, se cierra con trabajos que exponen la agenda práctica de la investigación archivística. En primer lugar, en su texto Expedientes Indígenas del Arquivo Nacional (1970-1990), Poliene Soares dos Santos Bicalho pone en valor el acervo del Archivo Nacional a partir de una mirada sensible al protagonismo indígena durante la dictadura militar brasileña. A pesar de la retórica desarrollista y la injerencia de los órganos de control del régimen militar, el texto de Bicalho evidencia la riqueza y potencialidad de esas fuentes que la propia historiadora revisa a partir del paradigma indiciario y que permiten bosquejar toda una reinterpretación de la historia reciente de Brasil. Siguiendo también en este país y, teniendo siempre como eje la documentación que permite reunir su dilatado conocimiento de los archivos de Maranhão, Síria Nepomuceno Borges, en Usos de las fuentes archivísticas oficiales en la historia indígena decolonial, nos ofrece una mirada retrospectiva que sitúa el campo temático en los archivos nordestinos de Brasil y lo analiza a partir de la contradicción entre los fundamentos teóricos decoloniales y la propia metodología de investigación de la historia indígena, a fin de demostrar que, pese al elaborado marco teórico de dichos estudios, la mirada de los observadores todavía no ha logrado descolonizarse por completo. El último de los ensayos es Huellas, indicios y fuentes: hilvanando la historia indígena de los Llanos de Mojos, de la historiadora Anna Guiteras Mombiola. Este trabajo busca combatir la idea habitual de que la Amazonia boliviana es una tierra sin historia, prejuicio compartido con tantos otros lugares de América Latina, conformando un mito alimentado Propuestas para una historia indígena contemporánea 17 tanto por una narrativa nacional que siempre miró con avidez y desconfianza la región como también por una historiografía tradicionalista que ha dejado de lado un acervo documental olvidado, mal conservado y disperso. La autora reúne las fuentes ya conocidas y trabajadas con otras inéditas y dispersas en bibliotecas personales de intelectuales y familias de renombre locales o en repositorios de entidades vinculadas con los Llanos de Mojos. A partir de estos retazos, consigue «hilvanar» la historia indígena de la región gracias a una sensibilidad etnográfica que obliga al observador a transitar entre diferentes disciplinas y epistemologías y, por tanto, constituye un fértil campo de trabajo aún por desbrozar. Existe una vasta producción teórica que ha criticado la historiografía y los trabajos que tienen a la historia como eje, exponiendo esa tensión entre imaginarios hegemónicos y periféricos que definen qué es historia y qué no lo es. Explica, de esta forma, por qué el papel de los pueblos indígenas, y de aquellos agentes con los que interactúan en la construcción de los Estados latinoamericanos, se ha convertido en un tema recurrente y fascinante para investigadores e intelectuales. Por ello, este libro no pretende añadir más contenido a esa reflexión de por qué es tan difícil hacer una historia que conciba un indígena con fuerza y voluntad propia, que supere definitivamente los límites de la idealización o de la victimización. Este volumen pretende entonces exponer cuestiones metodológicas que parten ya de ciertos planteamientos bien consolidados y que puedan servir de inspiración, guía o ayuda a quienes pretendan iniciarse o continuar por la senda de la historia indígena contemporánea. Teniendo en cuenta la diversidad de las sociedades indígenas, así como la diversidad propia de la realidad latinoamericana, esperamos que se haya demostrado al final de nuestro trabajo que todavía queda mucho camino por recorrer en modelar una propuesta para la historia contemporánea indígena, así como también comprender que a ella se añade la heterogeneidad que el propio campo de estudio conlleva en su propio origen. Los textos aquí reunidos reflejan la riqueza de un abordaje crítico sobre el relacionamiento interétnico pero, al mismo tiempo, nos ofrecen una revisión conceptual de los procesos de estatización y el ejercicio de la estatalidad, así como sobre los procesos de re-territorialización/des-territorialización. Todo esto se suma a