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a la conquista de mentes y corazones Propaganda, guerra psicológica y política cultural en Chile (1973-1975) Biblioteca Historia de América “Juan Marchena Fernández” Volumen 10
A la conquista de mentes y corazones. Propaganda, guerra psicológica y política cultural en Chile (1973-1975) Alessandro Guida Santiago de Chile, julio 2025 Primera edición ISBN: 978-956-6276-64-7 Ariadna Ediciones ariadnaediciones.cl/ https://doi.org/10.26448/ae9789566276647.144 Portada, diseño y diagramación: Matías Villa Juica. Biblioteca Historia de América Volumen 10 Los textos publicados en la presente obra han sido evaluados mediante el sistema de pares ciegos (doble ciego) Este libro se ha publicado gracias a los fondos aportados por la Università di Napoli “L’Orientale”, en el marco del “Progetto giovani ricercatori – Finanziamento delle Iniziative di Ricerca presentate da Giovani Ricercatori per l’anno 2022” (CUP C69J21034560001). Obra bajo Licencia Creative Commons Ariadna Ediciones postula y/o indexa su producción en Repositorio ANID (solo proyectos con folios FONDECYT u otras agencias de financiamiento chilenas), Book Citation Index (sólo en inglés), ProQuest, OAPEN, ZENODO, HAL Archives Ouvertes, DOAB, Digital Library of the Commons, SSOAR, Open Library (Internet Archive) Catalogue du Système Universitaire de Documentation (SUDOC, Francia); UBL (Universidad de Leipzig). Impreso en Talleres Gráficos LOM.
a la conquista de mentes y corazones Propaganda, guerra psicológica y política cultural en Chile (1973-1975) Alessandro Guida Traducción de Felipe López Pérez.
Índice Introducción . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 9 Capítulo I la dictadura chilena . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 17 I.1 Los militares en América Latina . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 17 I.2 Las Fuerzas Armadas en el poder en los sesenta y setenta . . . . . . 23 I.3 Chile . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 31 I.4 Los orígenes de la Doctrina de la Seguridad Nacional . . . . . . . . . 41 I.5 Las principales trayectorias ideológico-programáticas . . . . . . . . . 58 I.6 Un régimen autoritario e ideológico . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 75 Capítulo II el frente interno . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 83 II. 1 El asalto al poder . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 83 II.2 Erradicar el mal . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 88 II.3 El comienzo de la guerra psicológica . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 97 II.4 Nueva independencia y reconstrucción nacional . . . . . . . . . . . . 115 II.5 Gremios, mujeres, juventud: la movilización controlada . . . . . . 125 II.6 El Desafío 1974 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 134 Capítulo III el frente externo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 149 III.1 El problema de la imagen . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 149 III.2 Inexperiencia, planteamiento ideológico y síndrome del cerco . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 161 III.3 El esfuerzo de los militares por convencer al mundo . . . . . . . . 175 III.4 El Sistema Cóndor . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 192
Capítulo IV moldeando mentes y corazones . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 201 IV.1 Guerra en contra del adoctrinamiento . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 201 IV.2 Los cimientos de una nueva educación . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 217 IV.3 Apagón cultural . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 227 IV.4 La paloma blanca . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 235 Capítulo V hacia la búsqueda de normalidad . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 249 V.1 Cambio de estrategia de comunicación: entre el frente interno y externo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 249 V.2 Retórica de la institucionalización . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 260 V.3 Vender el producto «Chile» . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 272 Conclusiones . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 289 Fuentes y Bibliografía . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 295
15 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . introducción retórica de la Guerra Fría, propaganda, cultura de la Guerra Fría, guerra psicológica, entre otros15. En términos más generales, entre finales de los noventa y principios de los dos mil surgieron nuevos enfoques y nuevas formas de reflexionar sobre estas cuestiones, que intentaron dejar atrás la rigidez de los esquemas interpretativos propios de los estudios clásicos sobre la Guerra Fría. En este sentido, la intención era recuperar la dimensión política, económica y social de la historia latinoamericana, liberándola de una condición de subordinación con respecto a las dinámicas del contexto internacional, sin dejar de lado la relación con la dimensión global de los fenómenos, las conexiones y las circulaciones, gracias a la adopción de una perspectiva transnacional16. El presente trabajo pretende seguir estas líneas de estudio e investigación. 15 Las obras en este ámbito son numerosas. No obstante, sugerimos controlar los siguientes aportes: Nicholas J. Cull, The Cold War and the United States Information Agency: American Propaganda and Public Diplomacy, 1945–1989, New York, Cambridge University Press, 2008; Giles Scott Smith, Hans Krabbendam, The Cultural Cold War in Western Europe, 1945-60, London, Routledge, 2004; Antonio Niño, José Antonio Montero, Guerra Fría y propaganda. Estados Unidos y su cruzada cultural en Europa y América Latina, Madrid, Biblioteca Nueva, 2012; Benedetta Calandra, Marina Franco (eds), La guerra fría cultural en América Latina. Desafíos y límites para una nueva mirada de las relaciones interamericanas, Buenos Aires, Biblos, 2013, Benedetta Calandra, Lorenzo Delgado Gómez-Escalonilla, Francisco Rodríguez-Jiménez (eds), US Public Diplomacy Strategies in Latin America During the Sixties. Time for Persuasion, New York-London, Routledge, 2024 y El Americano imposible. Estados Unidos y América Latina: Entre modernización y contrainsurgencia, Madrid, Silex Ultramar, 2023. 16 En este caso hay varios estudios, dentro de los que cabe mencionar a: Hal Brands, Latin America’s Cold War, Cambridge, Harvard University Press, 2010; Daniela Spenser, Espejos de la guerra fría: México, América Central y el Caribe, México D.F., CIESAS, 2004; Virginia Garrard-Burnett, Mark Atwood Lawrence, Julio E. Moreno (eds.), Beyond the eagle’s shadow: new histories of Latin America’s Cold War, Albuquerque, University of New Mexico Press, 2013; Gilbert M. Joseph, Daniela Spenser, In from the Cold: Latin America’s New Encounter with the Cold War, Durham/London, Duke University Press, 2008; Tanya Harmer, Alfredo Riquelme Segovia, Allende’s Chile and the Inter-American Cold War (The New Cold War History), Chapel Hill, The University of North Carolina Press, 2011; Eduardo Rey Tristán, Alberto Martín Álvarez, Revolutionary Violence and the New Left: Transnational Perspectives, New York-London, Routledge, 2017 y con Dirk Kruijt (eds), Latin American Guerrilla Movements: Origins, Evolution, Outcomes, New York-London, Routledge, 2019; Olga Ulianova “Algunas reflexiones sobre la Guerra Fría desde el fin del mundo”, Fernando Purcell y Alfredo Riquelme (eds), Ampliando miradas: Chile y su historia en un tiempo global, Santiago, RIL Editores, 2009, 235-260; Aldo Marchesi, Latin America’s Radical Left: Rebellion and Cold War in the Global 1960s, Cambridge, Cambridge University Press, 2019; Vanni Pettinà, Thomas C. Field Jr., Stella Krepp, Latin America and the Global Cold War, Chapel Hill, The University of North Carolina Press, 2020.
16 a la conquista de mentes y corazones . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . * El presente libro constituye una versión actualizada de una monografía que publiqué en Italia en 202117. Esta última fue, además, el resultado de mi tesis doctoral desarrollada durante el período 2014-2017. En este camino, he recibido el apoyo y la contribución de muchas personas, a quienes agradezco en estas líneas por su ayuda. Estoy profundamente agradecido de Raffaele Nocera, quien me ha acompañado desde el principio de este viaje: desde la actividad de investigación hasta la redacción del primer libro, nunca me ha faltado su presencia. Quisiera dirigir mis más sinceras palabras de agradecimiento a Eduardo Rey Tristán, un estudioso riguroso y brillante, pero también una persona extraordinariamente humana que me honró leyendo este trabajo con gran paciencia y atención, dándome indicaciones y consejos fundamentales. Del mismo modo, le doy las gracias a mi amigo y colega Valerio Giannattasio, que siempre me ha apoyado en todo lo que he hecho dentro del mundo académico. Este trabajo tampoco habría sido posible sin la amistad de instituciones, el personal administrativo, los archiveros y los profesores de Santiago de Chile y de otros lugares. Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a Claudio Rolle, Alessandro Santoni, María Rosaria Stabili, entre otros, por las inestimables conversaciones que me han permitido esclarecer aspectos de esta investigación. Asimismo, agradezco sinceramente a todo el personal del Archivo General Histórico del ministerio de Relaciones Exteriores, empezando por su exdirectora, Carmen Gloria Duhart, así como a los profesionales del Archivo Nacional de la Administración del Estado y de la Biblioteca del Congreso Nacional de Chile, y especialmente a David Vásquez, jefe de la Sección estudios, a la muy amable Maddalena Maggi, jefa de la Sección procesamiento de prensa, a los archiveros ‘Don’ Ricardo Sepúlveda, Sergio Lillo, Carlos Hermosilla y Miguel Ángel Urra. Igualmente, quiero dar las gracias a mi familia, en especial a mis padres y a Sonia, que me ha apoyado una vez más, sin dejar nunca de demostrarme su inmenso afecto. Un recuerdo especial para la historiadora Olga Ulianova. 17 Alessandro Guida, Il «nuovo» Cile dei militari. Dottrina della sicurezza nazionale, guerra psicologica e propaganda (1973-1975), Verona, Ombrecorte, 2021.
17 capítulo i la dictadura chilena I.1 Los militares en América Latina El 11 de septiembre de 1973, las Fuerzas Armadas chilenas derrocaron al presidente de la República, el socialista Salvador Allende, e iniciaron una feroz dictadura que se prolongó hasta 1990. El golpe militar chileno fue probablemente el más sangriento dentro del contexto latinoamericano, y el régimen que se estableció se convirtió en uno de los más represivos. Esta dictadura se impuso en un momento en que el modelo democrático estaba en crisis y en el que el autoritarismo resurgía en la región. Desde el punto de vista ideológico, estuvo influenciada por distintas corrientes de pensamiento político, tanto nacionales como internacionales. El golpe de Estado en Chile no fue un caso aislado en la América Latina de aquel período. En el transcurso de las décadas de 1960 y 1970, se produjo una verdadera ola contrarrevolucionaria, caracterizada por la difusión de los modelos autoritarios en la mayoría de los países del subcontinente y en donde se implementó un nuevo tipo de régimen dictatorial basado en un nuevo protagonismo del poder militar. De hecho, la llegada de los militares al poder en Brasil, en 1964, desencadenó un «giro autoritario» que, en la mayoría de los casos, no tuvo como protagonista a un dictador concreto o a una facción militar específica, sino a las Fuerzas Armadas en su conjunto. Esto fue lo que ocurrió, aunque con dinámicas y resultados muy diferentes, en Uruguay y Chile (1973) y, poco después, en Argentina (1976), donde la intervención de los hombres de uniforme y el posterior establecimiento de los llamados regímenes «burocrático-autoritarios»18 estuvieron motivados por la necesidad de actuar con cirugía 18 Esta definición es obra del politólogo argentino Guillermo O’Donnell, uno de los primeros en intentar analizar los regímenes surgidos en esos años. Inicialmente basada en las experiencias dictatoriales de Brasil en 1964 y Argentina en 1966, la definición de «régimen burocrático-autoritario» se extendería también a los posteriores de Uruguay, Chile y, de nuevo, Argentina. Véase a Guillermo A. O’Donnell, Modernization and Bureaucratic-Au-
18 a la conquista de mentes y corazones . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . fina para erradicar el «cáncer marxista» y devolver el vigor a las sociedades enfermas, en el marco de una nueva Doctrina de referencia: la seguridad nacional (conocida con el acrónimo DSN). El apoyo político, ideológico y material de Estados Unidos fue de gran importancia para la llegada de estos regímenes19. De hecho, a partir de septiembre de 1973, se hizo cada vez más popular la idea de que los ejércitos latinoamericanos estaban siendo manipulados desde el exterior, en el marco de interpretaciones que consideraban a los militares del subcontinente como una mera extensión del aparato militar norteamericano20. Estas representaciones se basaban en una cierta cantidad de datos reales, pero no parecían capaces de explicar fenómenos mucho más complejos en los que se entrecruzan factores nacionales e internacionales21. En el caso específico de los militares latinoamericanos, hay que decir que la idea de que su poder podía y debía extenderse a la esfera del gobierno de la nación no era ninguna novedad en los años sesenta y setenta. El proceso de profesionalización y modernización de las Fuerzas Armadas, llevado a cabo a finales del siglo XIX y principios del XX, imitando algunos de los modelos europeos más prestigiosos (el alemán, el británico, el francés y el italiano, especialmente), no había favorecido el carácter apolítico de los militares. Por el contrario, las responsabilidades que planteaban las tareas de construcción de la nación y del Estado, así como la centralidad de la función de defensa interior que se les atribuía, alejaron a las Fuerzas Armadas latinoamericanas de la ‘neutralidad’22. Los cuantiosos y continuos recursos que los Estados asignaban al sector en cuestión contribuirían, a su vez, a consolidar, indirectamente, esta situación. Como efecto, los oficiales militares se fueron cualificando en forma paulatina, tanto en lo que respecta a la tarea de verificar las posibles amenazas procedentes del exterior como en el ámbito de la modernización del Estado, y pronto desarrollaron la «conciencia de su propia competencia» que los llevaría a intervenir con todo su peso en la vida pública23. thoritarianism. Studies in South American Politics, Berkeley, University of California Press, 1973. 19 Raffaele Nocera, Stati Uniti e America Latina dal 1823 a oggi, Roma, Carocci, 2009, 161. 20 Alain Rouquié, L’America Latina, Milano, Mondadori, 2000, 159. 21 Ibid., 160. 22 Ibid., 164. 23 Alain Rouquié y Stephen Suffern, “The Military in Latin American Politics since 1930”, Leslie Bethell, The Cambridge History of Latin America, Vol. VI, Cambridge, Cambridge University Press, 1984, 239. Por supuesto, existen numerosos trabajos que han investigado el papel militar en América Latina desde diferentes perspectivas y en distintos momentos históricos. Entre las obras de carácter general más importantes se encuentran:
19 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . cap i. la dictadura chilena La afirmación del profesionalismo militar europeo en el contexto latinoamericano del período 1890-1940 y los valores que trajo consigo facilitaron, por lo tanto, la propagación del militarismo en varios países de la región, especialmente en su relación con el sector civil y la comunidad política24. Esto ocurrió en un momento en que el corporativismo y la competencia se convirtieron en las piedras angulares de las soluciones propuestas a los problemas de orden social, desarrollo interno y funcionamiento del Estado. Estos lazos se forjaron antes de 1914 y se templaron, luego, durante el período de entreguerras25. En la práctica, la profesionalización de los ejércitos nacionales de países como Argentina, Chile, Brasil y Perú no solo condujo a su reorganización sobre la base de modelos europeos, sino que también contribuyó a afianzar una profunda desconfianza hacia los dirigentes civiles y la clase política en general, fomentando la idea de que la economía nacional debía organizarse de acuerdo con valores militares de jerarquía, disciplina y patriotismo. Esto no significó, por supuesto, que los militares latinoamericanos no tuvieran ideas o tradiciones propias, «sólo que los instructores europeos contribuyeron decisivamente a la penetración de una base ideológica para la acción política, enseñando que los oficiales tenían la obligación de tomar el control del sistema político si sentían amenazados los intereses permanentes de la nación»26. Incluso, en el caso específico de Chile, la influencia prusiana había dejado una huella muy duradera27. En el Ejército, por ejemplo, era superior a la dejada por otros modelos extranjeros, como el francés (revolucionario y Genaro Arriagada Herrera, El pensamiento político de los militares (Estudios sobre Chile, Argentina, Brasil y Uruguay), Santiago, Centro de Investigaciones socioeconómicas (CISEC), 1979; Felipe Agüero y Claudio Fuentes (Eds.), Influencias y resistencias: Militares y poder en América Latina, Santiago, Catalonia, 2009; John R. Bawden, Latin American Soldiers. Armed Forces in the Region’s History, New York, Routledge, 2020; Samuel J. Fitch, The Armed Forces and Democracy in Latin America, Baltimore, Johns Hopkins University Press, 1998; Brian Loveman, For la Patria: Politics and the Armed Forces in Latin America, Wilmington (DE), Scholarly Resources, 1999; Brian Loveman y Thomas M. Davies (Eds.), The Politics of Antipolitics: The Military in Latin America, Lanham, SR Books, 1997; Frederick M. Nunn, The Time of the Generals: Latin American Professional Militarism in World Perspective, Nebraska, University of Nebraska Press, 1992; Augusto Varas, La política de las Armas en América Latina, Santiago, FLACSO, 1988; Augusto Varas y Felipe Agüero, El proyecto político-militar, Santiago, Centro de investigaciones Diego Barros Arana, 2011. 24 Frederick M. Nunn, Yesterday’s Soldiers: European Military Professionalism in South America, 1890-1940, Lincoln, University of Nebraska Press, 1983, 16. 25 Idem. 26 John R. Bawden, The Pinochet Generation, The Chilean Military in the Twentieth Century, Tuscaloosa, University of Alabama Press, 2016, 20. 27 Enrique García Brahm, Preparados para la guerra: pensamiento militar chileno bajo influencia alemana, 1885-1930, Santiago, Ediciones Univ. Católica de Chile, 2003.
20 a la conquista de mentes y corazones . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . napoleónico), dominante durante el siglo XIX hasta la Guerra del Pacífico28; y el norteamericano, que se impondría después de la Segunda Guerra Mundial29. Según algunos autores, las misiones diplomáticas y militares europeas también contribuyeron a la difusión de este particular enfoque geopolítico del desarrollo interno y de la amenaza que suponían los «enemigos ideológicos» externos de la nación, que se convertirían en la base de las agresivas «Doctrinas de Seguridad Nacional» después de la Segunda Guerra Mundial, y fue un requisito previo fundamental para el largo ciclo autoritario que afectó a Latinoamérica en los sesenta y setenta30. Y no fue solo eso. Junto con una buena dosis de geopolítica y «nacionalismo militar romántico», el pensamiento militar del Viejo Continente habría fomentado la propagación de un desprecio visceral hacia los políticos y la propia democracia liberal, considerada ineficiente y corrupta y, por lo tanto, un obstáculo para la misión de construcción nacional31. De acuerdo con algunos estudiosos, la profesionalización a manos de europeos también estuvo detrás de la «primera ola» antisocialista en América Latina a principios del siglo XX. Así ocurrió, por ejemplo, en Chile y Argentina, donde el proceso de «prusianización» del ejército regular por parte de las misiones militares alemanas y la considerable difusión de las ideas anarquistas y socialistas, respectivamente, alimentaron una hostilidad hacia tales concepciones que precedió a la propia Revolución rusa (que no hizo sino agravar estas tendencias). Esto fue el resultado del trasplante a los países latinoamericanos dentro del debate europeo de la época, que tenía como temas centrales el militarismo, la guerra, la idea de patria, el concepto de patriotismo, el internacionalismo, o el servicio militar obligatorio, entre otros32. Además, como se ha señalado en relación con las Fuerzas Armadas de Chile, durante lo que se ha denominado la tercera fase del proceso de prusianización – es decir, el período comprendido entre 1891 y 1914 – se 28 La Guerra del Pacífico (1879-1884) enfrentó a Chile con Perú y Bolivia por la posesión de una zona fronteriza donde se habían encontrado importantes reservas de guano y salitre. Al final, el país en cuestión se impuso a sus rivales, que perdieron respectivamente la provincia de Arica y el acceso al mar. 29 Enrique García Brahm, “La impronta prusiana de la Academia de Guerra del Ejército (1885-1914)”, Alejandro San Francisco (ed.), La Academia de Guerra del Ejército de Chile 1886-2006, Santiago, Centro de Estudios Bicentenario, 2006, 3. 30 Loveman, op. cit., 96. 31 Idem. 32 Arriagada Herrera, op. cit., 183-184.
21 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . cap i. la dictadura chilena produjo un importante cambio de mentalidad entre los uniformados chilenos, debido a factores internos y externos a la institución y al contexto histórico. Dichas transformaciones llevaron a los militares a considerarse «la avanzada de una raza militar (Chile había salido triunfante de todas sus guerras exteriores)», adoptar «una clara posición respecto a la economía nacional» y a manifestar «agudo rechazo al cambio social, identificándolo bajo los conceptos de anarquía, corrupción, desorden y socialismo»33. Pero la transferencia de las ideas alemanas y el establecimiento de un nuevo pensamiento militar chileno no fue producto de un trasplante mecánico: «La relación entre economía-Estado y Fuerzas Armadas tras la guerra del 7934 fue el hilo conductor que hizo posible la experiencia. Existían, por lo tanto, bases reales-históricas que así lo permitieron»35. Como ha escrito el politólogo Augusto Varas, algunas de estas influencias europeas favorecieron una profundización del carácter corporativista de las doctrinas militares, mientras que, otras, reforzaron la autoidentificación de las Fuerzas Armadas con los supuestos intereses generales de los respectivos Estados-nación. Uno de los principales efectos fue definir tanto la función de las instituciones castrenses como brazo armado del capitalismo dependiente, como en su rol de garantes de la unidad nacional36. Esto, a su vez, habría contribuido a la cristalización de una autoconcepción específica dentro de las doctrinas militares, es decir, la del profundo vínculo que existe entre la institución militar y la nación. En consecuencia, en el conjunto de las tres armas se desarrolló una interpretación corporativista de sus funciones sociales que las convirtió en depositarias de la voluntad general. Esta autoidentificación de las instituciones militares con la nación seguiría siendo el pilar de todas las transformaciones adoptadas por las doctrinas militares latinoamericanas, hasta el extremo de convertirse en el punto de integración de todas las influencias ideológicas procedentes de la lucha política37. Cabe mencionar que, a partir de principios del siglo XX en adelante, las profundas razones del intervencionismo de los militares en la vida política de sus países se relacionan con la toma de posición entre las diversas facciones beligerantes, o bien, para asumir directamente el poder mediante golpes de Estado e instaurar regímenes dictatoriales, que pusieron en relie33 Patricio Quiroga y Carlos Maldonado, El prusianismo en las fuerzas armadas chilenas, Santiago, Ediciones Documentas, 1988, 76-78. 34 Nos referimos a la Guerra del Pacifico. 35 Quiroga y Maldonado, op. cit, 78. 36 Varas, op. cit., 75-76. 37 Ibid., 76-77.
22 a la conquista de mentes y corazones . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . ve las fragilidades y limitaciones de las jóvenes democracias latinoamericanas. Con el proceso de profesionalización, las fuerzas armadas empezaron a convertirse en la institución más moderna y tecnocrática, y a veces, la única verdaderamente nacional. Progresivamente, adquirieron importancia dentro del aparato estatal, ganando poder y prestigio, hasta que se volvieron cada vez más elitistas y corporativas y se separaron de la esfera civil. En esencia, fue precisamente la profesionalización y la autonomía conseguidas lo que allanó el camino para la omnipresencia de la acción de las Fuerzas Armadas en situaciones de debilidad crónica de partidos e instituciones, de su dependencia con respecto del Estado; con la consiguiente marginación de la sociedad civil, de falta de consenso y legitimidad, de dominio absoluto del ejecutivo38. Tampoco debemos olvidar que la intervención de las Fuerzas Armadas en política contó con el apoyo de los propios civiles, tanto en conflictos y divisiones en el seno de la oligarquía en el poder como cuando fue necesario contrarrestar el avance de nuevos sectores sociales, caso de los sectores medios39. Hacia finales de los años veinte entonces, especialmente tras la crisis mundial de 1929, los militares irrumpieron definitivamente en la escena política latinoamericana40. Las profundas dificultades económicas derivadas de la Gran Depresión y, en el plano político, la desconfianza generalizada en el modelo liberal y, derivado de ello, en las propias oligarquías gobernantes, unidas a la creciente inestabilidad social, contribuyeron a reforzar el protagonismo de la institución militar. En la mayoría de los países de la región – incluso en naciones donde el marco político parecía bastante estable y consolidado, como Chile, Argentina o Uruguay –, los ejércitos se hicieron con el poder mediante golpes de Estado para combatir la crisis económica y luchar contra «infecciones políticas» internas y externas, como el marxismo y el socialismo. Para ello, recurrieron al nacionalismo económico para aislar a la patria de la depresión y al nacionalismo político para movilizar a la población en su defensa41. 38 Manuel Plana y Angelo Trento, L’America Latina nel XX secolo. Economia e società, Istituzioni e politica, Firenze, Ponte alle Grazie, 1992, 296. 39 Idem. 40 Rouquié y Suffern, op. cit., 233. 41 Loveman, op. cit., 101-104.
23 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . cap i. la dictadura chilena No faltaron intentos de modernización e incluso formas innovadoras de intervención en la economía para frenar los efectos de la crisis mundial. En el caso de Chile, con Carlos Ibáñez del Campo (1929-1931); en Argentina, con el general Agustín Pedro Justo (1931-1937); y, en Uruguay, con Gabriel Terra, quien, tras llegar a la presidencia mediante elecciones regulares, implantó una especie de autogobierno en 1933. No obstante, en términos generales, los gobiernos militares de aquellos años – muchos de ellos de larga duración como los de Maximiliano Hernández Martínez en El Salvador (1931-1944), Rafael Leónidas Trujillo en Santo Domingo (1930-1961), Sténio Vincent en Haití (1930-1941), Tiburcio Carías Andino en Honduras (1933-1949) y los Somoza en Nicaragua (1937-1979) –, apelaron a la identidad nacional y a la armonía del cuerpo social, constituyeron los temas principales de la ofensiva antiliberal, a la vez que fueron dictaduras de tipo patrimonial que se caracterizaron por ser ferozmente represivas42. Eso sí, un aspecto que unió las orientaciones políticas de los ejércitos de los distintos países latinoamericanos durante este periodo fue probablemente el nacionalismo, que deseaba, en particular, reforzar el potencial humano, económico y, por añadidura, el poder militar de sus respectivas naciones43, aunque los regímenes que se instauraron en la región eran muy diferentes entre sí. I.2 Las Fuerzas Armadas en el poder en los sesenta y setenta El intervencionismo militar que tuvo lugar en algunos de los principales países del Cono Sur entre los años sesenta y setenta fue muy diferente del que se dio en las décadas previas. Primero, por las características que adquirió, y segundo, porque los nuevos golpes vieron la intervención de las Fuerzas Armadas como única institución, a través de la activa participación de la cúpula de las diversas ramas de la institución militar. La justificación de su accionar vino dada esencialmente por la necesidad de intervenir quirúrgicamente en sociedades consideradas enfermas, para eliminar el «cáncer marxista», proteger las fuerzas sanas del país y regenerar la nación, también desde el punto de vista económico, social, ético y moral. Así pues, los militares asumieron el poder con la perspectiva de conservarlo por tiempo indefinido, con el objetivo de transformar radi42 Raffaele Nocera y Angelo Trento, America Latina, un secolo di storia. Dalla Rivoluzione messicana a oggi, Roma, Carocci, 2013, 93. 43 Rouquié y Suffern, op. cit., 241-242.
24 a la conquista de mentes y corazones . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . calmente sus respectivos países, garantizando el orden, la estabilidad, la paz social, el crecimiento económico y, por supuesto, la lucha contra la ‘subversión’. En todos estos casos, las juntas militares se hicieron con el control de la nación y centralizaron todo el poder ejecutivo y legislativo, mientras se congelaba toda forma de participación política dentro de los cauces tradicionales de la democracia: se controlaron los medios de comunicación, se reprimió toda forma de participación popular, se prohibieron los partidos y se cerraron los parlamentos. En aquellos países donde esto no ocurrió, como Brasil, por ejemplo, el parlamento fue prácticamente una cáscara vacía, desprovista de poder real. El desarrollo y la seguridad se convirtieron en objetivos nacionales permanentes, en consonancia con la Doctrina de seguridad nacional, que representó la principal referencia ideológica de estas dictaduras. Las características peculiares que adquirió el uso de la violencia también contribuyeron a distinguir a estos regímenes de los del pasado: la transformación de la sociedad que perseguían pasaba por la eliminación total del ‘enemigo interno’, mediante el empleo de técnicas casi desconocidas hasta entonces en América Latina, como la aplicación sistemática de la tortura y el uso de lo que más tarde se conocería trágicamente como desapariciones forzadas. Como han sostenido la mayoría de los historiadores que se han ocupado del tema en los últimos años, la aparición de estos nuevos regímenes autoritarios en América Latina fue el resultado de una multiplicidad de factores internos y externos a cada una de las naciones. El proceso de transformación del pensamiento de los militares – que culminó en la redefinición de su relación con la política y la actividad gubernamental, la toma del poder y el establecimiento de regímenes dictatoriales de larga duración destinados a regenerar la nación – fue un fenómeno de naturaleza compleja y multifacética. Esta complejidad se manifestaba en la interacción de diversos factores internos (tradiciones) y externos a la institución militar, que contribuyeron a la generación de un conjunto de ideas, conceptos y elementos doctrinarios. En lo que respecta a las dinámicas ‘externas’, cabe señalar que el conflicto bipolar y su impacto en América Latina, particularmente en el contexto posterior a la Revolución cubana, así como las necesidades de seguridad de Estados Unidos en el hemisferio, adquirieron una relevancia particular. Al inicio de la Guerra Fría, las repercusiones del conflicto entre Estados Unidos y la Unión Soviética a nivel continental no eran comparables a las de otras áreas del mundo y, a nivel estratégico, había prevalecido el objetivo de proteger a la región de un potencial ataque externo44. Por 44 Entre las principales obras de los últimos años que han examinado específicamente
31 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . cap i. la dictadura chilena por cierto, a lo que ocurría en algunas partes de Europa durante el mismo período –, los dirigentes militares se convencieron de que eran la única institución capaz de dirigir sus países, garantizar la estabilidad política, el orden social, el desarrollo económico y, por supuesto, la lucha contra el comunismo. Dichas fuerzas fueron impulsadas hacia esa dirección por los poderes económicos, por la alta burguesía nacional, por las instituciones eclesiásticas (con algunas excepciones), por un sector de la clase media preocupada por la posible pérdida de sus privilegios y, por supuesto, por Washington. En este contexto, las Fuerzas Armadas empezaron a considerar que su rol podía y debía expandirse hacia la esfera gubernamental, fundamentándose en una ideología que les confería la misión de salvar a la nación, cuya propia existencia, según su percepción, se encontraba amenazada por la subversión. Es, por tanto, en este marco más complejo y amplio que se debe leer la aparición de «regímenes de seguridad nacional antipolíticos comprometidos con un gobierno militar a largo plazo»68, y no sólo en el contexto de las guerras de contrainsurgencia apoyadas por los programas de ayuda de Estados Unidos. En 1964, los militares derrocaron el gobierno reformista de João Goulart en Brasil, estableciendo un nuevo tipo de régimen caracterizado por esta alianza entre los militares y la tecnocracia civil, y que tenía como objetivo la modernización económica, considerada esencial para superar el desorden y alcanzar la armonía social. Países como Argentina, Uruguay y Chile siguieron un curso similar una década más tarde, con el ejército asumiendo el poder con el objetivo declarado de proteger la democracia de los movimientos subversivos. Estos regímenes implementaron «programas de reorganización nacional destinados a restaurar la autoridad del Estado, poner fin al “desorden” social y superar el estancamiento económico, eliminando así definitivamente cualquier amenaza futura de gobiernos de izquierda»69. I.3 Chile No es una coincidencia que, desde hace varios años, la historiografía chilena y extranjera haya puesto el énfasis necesario en los factores internos que condujeron al golpe de Estado del 11 de septiembre de 197370. 68 Ibid., 165. 69 Rouquié y Suffern, op. cit., 282. 70 La producción es, evidentemente, extensa. Por consiguiente, nos permitimos recomendar, entre las obras generales sobre la historia de Chile que siguen este enfoque, tales
32 a la conquista de mentes y corazones . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Por ejemplo, la historiadora Verónica Valdivia Ortiz de Zárate, en sus numerosos trabajos sobre el tema, se ha centrado en la dinámica del proceso político interno y, en particular, en las características y evolución de aquel heterogéneo «movimiento insurreccional», que incluía a liberales, conservadores, nacionalistas de extrema derecha, empresarios y el centro demócrata cristiano, y que ejerció una fuerte presión sobre las Fuerzas Armadas para que abandonaran su obediencia al poder civil y derrocaran a Salvador Allende71. Por su parte, Carlos Huneeus, en uno de los estudios más reconocidos sobre este período de la historia chilena, indicó que la actitud hostil de la administración estadounidense de Richard Nixon hacia Allende, que incluyó acciones encubiertas para impedir su toma de posesión tras la victoria electoral de 1970 y, posteriormente, operaciones destinadas a debilitar la economía chilena y apoyar a las fuerzas opositoras a la Unidad popular (UP), se sumaron a las causas internas que determinaron el curso de los acontecimientos72. En la misma línea, Peter Winn destacó que la actividad de sabotaje, llevada a cabo por Estados Unidos, constituyó uno de los componentes fundamentales que condujeron al fracaso de la vía chilena al socialismo y al golpe de Estado, aunque la contrarrevolución chilena tuvo importantes y profundas raíces internas73. Por su parte, el historiador Marcelo Casals Araya ha reconstruido cómo el golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973 no fue producto exclusivo de la decisión de la cúpula de las Fuerzas Armadas de destruir la democracia chilena, sino que fue posible gracias al amplio movimiento contrarrevolucionario que se había forjado en la lucha política contra la izquierda gobernante, y en el que destacaban aquellas organizaciones sociales que se consideraban como los aportes de: Enrique Cañas Kirby, Proceso político en Chile. 1973-1990, Santiago, Editorial Andres Bello, 1997; Simon Collier y William F. Sater, Historia de Chile 1808-1994, Cambridge, Cambridge University Press, 1998; Sofía Correa et al., Historia del siglo XX chileno, Santiago, Editorial Sudamericana, 2001; Ricardo Cruz Coke, Historia electoral de Chile 1925-1973, Santiago, Editorial Juridica, 1984; Brian Loveman y Elisabeth Lira, Las ardientes cenizas del olvido: Vía chilena de Reconciliación Política 1932-1994, Santiago, LOM, 2000; Alejandro San Francisco y Ángel Soto (eds.), Camino a la Moneda. Las Elecciones Presidenciales en la Historia de Chile, 1920-2000, Santiago, Centro de Estudios Bicentenario, 2005. 71 Recomendamos los trabajos de Verónica Valdivia: “Camino al golpe: el nacionalismo chileno a la caza de las fuerzas armadas”, Universidad Católica Blas Cañas-Serie de Investigaciones, 11, 1996; El golpe después del golpe: Leigh vs. Pinochet, Chile 1960-1980, Santiago, LOM, 2003; Nacionales y gremialistas: el “parto” de la nueva derecha política chilena, 1964-1973, Santiago, LOM, 2008; con Rolando Álvarez Vallejos y Julio Pinto Vallejos, Su revolución contra nuestra revolución, Izquierda y derechas en el Chile de Pinochet (1973-1981), Santiago, LOM, 2006. 72 Carlos Huneeus, El Régimen de Pinochet, Santiago, Taurus, 2016, 100-105. 73 Peter Winn, La revolución chilena, Santiago, LOM, 2013, 106-121.
33 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . cap i. la dictadura chilena representantes de la clase media74. En un artículo de reciente publicación, la historiadora italiana Maria Rosaria Stabili ha destacado la relevancia de las demandas de modernización y desarrollo planteadas por una serie de realidades políticas de la sociedad chilena a partir de los años cincuenta. Estas demandas, según la autora, son las raíces de la cada vez más estrecha conexión que se produciría con el tiempo entre ciertos sectores del mundo académico y económico local y el norteamericano (los llamados Chicago Boys)75. Estos son solo ejemplos de perspectivas que, entre otras cosas, además de arrojar luz sobre aquellas dinámicas locales que jugaron un papel decisivo en la llegada de los militares al poder en Chile, han contribuido a la deconstrucción de la narrativa del imperialismo norteamericano como un proceso unidireccional, dirigido de arriba hacia abajo, y en el que América Latina tiene un lugar como mero receptor pasivo. En referencia al caso de Chile, es pertinente destacar que el país había experimentado una etapa de relativa estabilidad político-institucional desde la década de 1930, durante la cual no se habían producido rupturas violentas, a diferencia de lo ocurrido en la mayoría de las naciones de la región. El Frente popular, en 1938, inició un período de gobiernos de centroizquierda que perduraría hasta principios de los años cincuenta, cuando se consolidó el gobierno populista de Carlos Ibáñez (1952-1958). Lo sucedió el mandato del conservador Jorge Alessandri (1958-1964), seguido por el período del reformista del demócrata cristiano Eduardo Frei Montalva (1964-1970). Con el paso del tiempo, se había establecido un sistema compuesto por cinco partidos principales: en la vertiente izquierda del espectro político el Partido comunista (PCCh) y el Partido socialista (PSCh); en el centro el Partido demócrata cristiano (PDC) y el Partido radical (PR), cuya presencia era menos significativa que en periodos anteriores; y en la derecha el Partido nacional (PN), originado de la unión de los partidos conservador y liberal, que se disolvieron tras los resultados electorales desfavorables de 196576. Esta superestructura había contribuido a la estabilidad política del país, mostrándose capaz de ‘normalizar’ el conflicto 74 Marcelo Casals Araya, Contrarrevolución, colaboracionismo y protesta: La clase media chilena y la dictadura militar en la historia de Chile, Santiago, Fondo de Cultura Económica, 2022. 75 Maria Rosaria Stabili, “La modernización de los estudios económicos en Chile. Dinámicas internas y cooperación académica estadounidense (1956-1964)”, Ródriguez Jiménez, Delgado Gómez-Escalonilla, Calandra, El Americano imposible, op. cit., 67-97. 76 Sobre el PN y, más en general, sobre la derecha chilena, véase, entre otros, los trabajos de Sofía Correa, Con las riendas del poder. La derecha chilena en el siglo XX, Santiago, Editorial Sudamericana, 2005; Valdivia Ortiz de Zárate, Nacionales y gremialistas, op. cit.
34 a la conquista de mentes y corazones . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . social, desviándolo hacia las formas tradicionales de representación77. A este fenómeno se sumaba la presencia de una intrincada red informal de «alianzas, compromisos y clientelismo» que permeaba en todos los niveles de la vida política78. Nos referimos al período denominado «Estado de compromiso», que durante treinta años logró institucionalizar la política, contuvo los conflictos sociales y orientó la dinámica de lucha de clases hacia una resolución a través de procesos electorales, involucrando a los actores principales en un sistema de alianzas y negociaciones79. Sin embargo, si los años cincuenta fueron testigos de los primeros contrastes en el ámbito político, durante la década siguiente los factores que habían contribuido al equilibrio del sistema habían comenzado a deteriorarse paulatinamente. Entre ellos, la capacidad para identificar espacios de mediación dentro de la predisposición al acuerdo y al compromiso. Como resultado, se concretó la polarización del sistema político, facilitada por la conocida dinámica que se estaba produciendo a nivel internacional, y en la que también se fue produciendo el intervencionismo de Washington destinado a influir en el desenlace de los acontecimientos80. Así, en la campaña electoral para las elecciones presidenciales de 1964, se enfrentaron Salvador Allende, exponente del Frente de Acción Popular (FRAP), coalición que incluía a socialistas y comunistas, con Julio Durán Neumann, representante del Frente Democrático, y el candidato del Partido demócrata cristiano, Eduardo Frei Montalva. Dichos comicios, por cierto, terminaron con la victoria de Frei con el 56% de los votos y estuvieron profundamente influidas por estas contradicciones y por tales dinámicas. En efecto, los Estados Unidos financiaron y apoyaron, a través de sus servicios de inteligencia, lo que pasaría a la historia como la «Campaña del Terror»81, que convirtió el enfrentamiento político en una especie de choque mortal entre el bien y el mal, entre la libertad y el totalitarismo; 77 Ricardo A. Yocelevzky, Chile: partidos políticos, democracia y dictatura 1979-1990, Santiago, Fondo de Cultura Económica, 2002, 25-27. 78 Maria Rosaria Stabili, Il Cile. Dalla Repubblica liberale al dopo Pinochet (1861-1990), Firenze, Giunti, 1991, 74. 79 Tomás Moulian, Fracturas. De Pedro Aguirre Cerda a Salvador Allende (1938-1973), Santiago, LOM, 2006, 20-22. 80 Stabili, Il Cile, op. cit., 107-116. 81 Véase a Marcelo Casals, La creación de la amenaza roja. Del surgimiento del anticomunismo en Chile a la «campaña del terror» de 1964, Santiago, LOM, 2016; Cristián Gazmuri y Álvaro Góngora, “La elección presidencial de 1964. El triunfo de la Revolución en Libertad”, San Francisco y Soto, op. cit.; Loveman y Lira, op. cit., 246; Isabel Torres Dujisin, La crisis del sistema democrático; las elecciones presidenciales y los proyectos políticos excluyentes. Chile 1958-1970, Santiago, Dibam, 2014, 222-229.
35 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . cap i. la dictadura chilena y que contribuiría a generar un clima de odio y violencia que duraría años, como lo confirmó, tiempo después, en 1975, una comisión especial del Senado estadounidense (la llamada ‘Comisión Church’)82. Cabe señalar que la intervención estadounidense fue producto del deseo, por un lado, de determinar el resultado de unas elecciones presidenciales especialmente importantes y, por otro, de apoyar a grupos alineados con los intereses de Washington y que defendían su línea modernizadora/ desarrollista. Ambas dimensiones respondían al principal objetivo de la política hemisférica estadounidense de la época, a saber, impedir a toda costa la instauración en un país latinoamericano de un gobierno de corte socialista después de Cuba83. Como resultado de la victoria electoral de Frei, el presidente estadounidense Lyndon B. Johnson describió al país sudamericano como «un modelo para la Alianza para el Progreso». De esta forma, se implementó desde Washington un programa de asistencia económica, militar y política a gran escala, convirtiendo a Chile en el receptor más significativo de ayuda norteamericana en América Latina. Este apoyo se materializó en la entrega de más de 1.200 millones de dólares en ayuda económica y préstamos hasta el año 197084. Además, durante el mismo periodo, la CIA invirtió grandes sumas de dinero para apoyar a los candidatos democristianos en las elecciones parlamentarias de 1965 y 1969 mediante operaciones encubiertas85. Sin embargo, no debemos olvidar que la injerencia de Washington contó con la colaboración activa de actores internos – como el grupo mediático del magnate Agustín Edwards –, cuando no fue invocada directamente por sectores que temían la llegada al gobierno de una coalición formada por socialistas y comunistas. Por lo demás, este contexto de tensión política se manifestó, de manera recurrente, en el proceso electoral presidencial de septiembre de 1970, el que, entre otros aspectos, evidenciaba una marcada polarización, tanto en términos cuantitativos como cualitativos, que ha caracterizado el sistema de partidos chileno desde la década de los sesenta86. Salvador 82 U.S. Senate, Covert Action in Chile: 1963-1973, Washington DC, U.S. Government Printing Office, 1975, 14-16. 83 Casals, La creación de la amenaza roja, op. cit., en particular el capítulo 9. 84 Peter Kornbluh, Los EE. UU. y el derrocamiento de Allende. Una historia desclasificada, Santiago, Ediciones B, 2003, 17-18. 85 Peter Kornbluh, Pinochet desclasificado: Los archivos secretos de Estados Unidos sobre Chile, Santiago, Editorial Catalonia, 2023, 58-59. 86 Sobre este punto, véase a Cañas Kirby, op. cit., 27-50.
36 a la conquista de mentes y corazones . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Allende fue el primer presidente abiertamente marxista que llegó al poder a través de unas elecciones regulares. En su camino a La Moneda, el candidato socialista de la Unidad popular se impuso con sólo el 36,2% de los votos, superando por poco al candidato de la derecha y representante del Partido nacional, Jorge Alessandri Rodríguez, y a Radomiro Tomic del Partido demócrata cristiano. Al no haber una mayoría absoluta en los comicios, según la Constitución de 1925, la decisión de proclamar al presidente recaía en el congreso nacional. En el hemiciclo las fricciones fueron evidentes. El PDC continuaba siendo la fuerza electoral predominante del país con 55 escaños en la cámara de diputados y 23 en el Senado, de un total de 150 y 50 posibles, respectivamente, obtenidos en las elecciones legislativas de marzo de 1969. Si a los potenciales votos de los democratacristianos se sumaban las fuerzas del partido de derecha PN, formaban una oposición con una sólida mayoría en el congreso. Además, en este ambiente surgieron cuestiones cruciales, en particular, la de la viabilidad de las reformas promovidas por la coalición de izquierdas y la posibilidad de aplicarlas desde una posición minoritaria87. A lo anterior se agregaba el estrecho margen de preferencia que separó a Allende de su principal oponente, Jorge Alessandri. Esta diferencia contribuyó, desde el principio, a agriar profundamente los ánimos y a avivar los contrastes entre la izquierda, el centro y la derecha. Después de casi dos meses de la celebración de los sufragios y gracias a la decisiva contribución del PDC – que se cubrió las espaldas, ante el eminente arribo de un gobierno socialista, con la firma del Estatuto de Garantías Constitucionales –, se proclamó al candidato de la UP como nuevo presidente de Chile. Durante este período hubo una intensa actividad de fuerzas internas y externas, quienes, a través de la acción encubierta, intentaron condicionar y crispar el curso de los acontecimientos. Al respecto, nos resulta imposible indicar en estas líneas una fracción de los documentos provenientes de los Estados Unidos que refrendan tal intervención y las numerosas reuniones, que tuvieron lugar en las altas esferas de la administración de Washington, entre los representantes del gobierno norteamericano, la CIA y sectores del interior de Chile para impedir el ascenso de Allende al poder. En pocas palabras, la inteligencia americana, por mandato del presidente Richard Nixon y bajo la dirección de su asesor Henry Kissinger, con la contribución de actores internos como el magnate chileno Agustín Edwards y ejecutivos de la multinacional norteamericana International Telephone and Telegraph Company (ITT), además del grupo de extrema derecha Patria y libertad, trató, en un primer momento, de impedir la toma de po87 Stabili, Il Cile, op. cit., 146.
37 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . cap i. la dictadura chilena sesión del presidente socialista, incluso mediante el tentativo de un golpe militar. Tras la muerte del Jefe del Estado Mayor del Ejército, René Schneider – quien, en nombre de la lealtad a la Constitución y la tradición apolítica de las Fuerzas Armadas chilenas, se negó a participar en el complot y fue asesinado durante un intento de secuestro – comenzó la segunda fase del plan para derrocar a Allende, mediante la creación de un cinturón de estrangulamiento político y económico que desestabilizara su futuro gobierno. De acuerdo con un conocido memorándum, Kissinger le indicó a Nixon, en noviembre de 1970, que la elección de Allende representaba «el desafío más serio jamás afrontado» por Estados Unidos en el hemisferio y su éxito podría haber tenido un impacto «e incluso un valor precedente» en otras partes del mundo, particularmente en Italia, con consecuencias significativas sobre el equilibrio mundial y la posición de Estados Unidos dentro de él88. Así, Estados Unidos vetó cualquier inversión, subvención o acuerdo bilateral con Chile, y presionó a las instituciones financieras internacionales para que limitaran al máximo los créditos o ayudas a la nación andina. Igualmente, consideró las siguientes acciones: intervenir el mercado internacional para afectar la venta del cobre chileno; ayudar económicamente a los partidos de la oposición, como el PDC y el PN con centenares de miles de dólares; apoyar a personas y formaciones de la extrema derecha local, así como a asociaciones empresariales e industriales de diversa índole; financiar al principal diario del país, El Mercurio, con el propósito de activar un sistema de propaganda contrario a la UP89. Mientras todo aquello sucedía, la CIA llevó a cabo una evaluación constante de los márgenes de apoyo a una opción militar. En este sentido, también se produjo una colaboración entre Washington y el régimen brasileño, con el propósito de fortalecer los lazos con funcionarios chilenos y representantes de la extrema derecha local90. No fue una mera coincidencia que el único sector en el que se observara un incremento en la ayuda 88 The White House, Henry Kissinger, Memorandum for the president, Subject: NSC Meeting, November 6-Chile, 5 November, 1970, 1-2; [online], disponible en: https://nsarchive2.gwu.edu/NSAEBB/NSAEBB437/docs/Doc%204%20-%20Kissinger%20to%20 Nixon%20re%20Nov%206%20NSC%20meeting.pdf 89 Para una reconstrucción detallada y oportuna del intervencionismo estadounidense en Chile, recomendamos la lectura de las fuentes estadounidenses desclasificadas, disponibles en la obra Peter Kornbluh, Pinochet desclasificado. En cualquier caso, existe una amplia literatura sobre el tema. Véase, entre otros, también a Harmer, op. cit.; Patricia Verdugo, Allende. Cómo la Casa Blanca provocó su muerte, Santiago, Catalonia, 2008, y Interferencia Secreta, Santiago, Editorial Sudamericana, 1998. 90 Véase a Roberto Simon, El Brasil de Pinochet, Santiago, LOM, 2023.
38 a la conquista de mentes y corazones . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . norteamericana fuera el ámbito militar. Entre 1967 y 1970, la venta de material militar norteamericano había rondado los 6 millones de dólares, entre 1970 y 1973 esta cantidad se triplicó hasta los 19 millones91. Además, en el lapso de 1970 a 1975, Chile encabezó la lista de países latinoamericanos con el mayor número de militares que completaron su formación en la Escuela de las Américas92. El programa de la UP contemplaba la edificación de una sociedad socialista de manera paulatina, respetando la Constitución, las leyes vigentes, las instituciones y las libertades fundamentales. En lo que respecta al ámbito económico, los puntos clave del plan de acción del gobierno incluían: la nacionalización del principal recurso nacional, el cobre, que durante un extenso período había estado en manos de empresas multinacionales extranjeras; la implementación de la reforma agraria mediante la eliminación del latifundio y la redistribución de la tierra a los campesinos; y la nacionalización progresiva de las principales industrias, bancos y organismos financieros. Este conjunto de medidas, reconocido en la historiografía como ‘la vía chilena al socialismo’, implicaba la aspiración de alcanzar el socialismo a través de una transición gradual y mediante la transformación progresiva de las instituciones económicas, políticas y sociales. El camino propuesto se alejaba de las directrices establecidas por la ortodoxia leninista y divergía de las experiencias históricas previas, como la de Cuba. El proceso de transformación no se llevaría a cabo a través de una ‘ruptura revolucionaria’, sino dentro del marco legal existente. En este sentido, se planteaba la relevancia de una reforma constitucional que permitiese la implementación del programa de nacionalizaciones, orientado a la inversión prioritaria en el sector cobre. Esto representó el primer paso fundamental hacia la reapropiación de los recursos nacionales y la adquisición de una autonomía real frente a la injerencia política y económica del capital extranjero en la vida nacional. La independencia del mundo exterior y, al mismo tiempo, el control real de la economía por parte de los trabajadores, constituyeron las piedras angulares sobre las que sería posible construir la sociedad socialista chilena, con su nuevo sistema de valores y relaciones sociales basado en el ‘hombre nuevo’, revolucionario, trabajador, solidario y no individualista. Las fuerzas de la UP procuraron eludir la norma histórica que estipulaba que una revolución constituye invariablemente un ejercicio de violencia. Pero era un «optimismo» probablemente hijo de una falsa percepción, a saber, «de la invención de Chile como una sociedad que aguantaba todos los 91 Kornbluh, Pinochet desclasificado, op. cit., 137. 92 Gill, op. cit., 73-80.
39 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . cap i. la dictadura chilena experimentos políticos, una sociedad que siempre encontraba la forma de regular la conflictividad»93. En efecto, si caben pocas dudas sobre el papel de Estados Unidos en el proceso de desestabilización del gobierno de Allende, es igualmente indiscutible que, en el plano interno, como se ha dicho, las fuerzas contrarrevolucionarias se activaron desde el inicio, lo que representó un desafío para la implementación del socialismo en Chile. El progresivo sometimiento de las empresas al control estatal, precedido, en algunos casos, de la ocupación por parte de los trabajadores, suscitó no sólo la evidente reacción negativa de los empresarios, sino también el malestar del poder judicial, que empezó a obstaculizar la acción gubernamental. El PDC, por su parte, pasó rápidamente de la «oposición crítica» al obstruccionismo permanente en el parlamento94. Al mismo tiempo, organizaciones de extrema derecha como Patria y libertad y la Brigada Rolando Matus comenzaron con la violencia para promover el caos. Al boicot externo antes mencionado se sumó el boicot interno, que culminó con el paro de octubre de 1972, la huelga total de camioneros que paralizó el país durante semanas, con el apoyo político del PDC, el PN y la extrema derecha, y el auxilio económico de Estados Unidos95. Las protestas se extendieron rápidamente, implicando a casi todas las organizaciones de clase media y profesionales. Hubo escasez de alimentos, lo que provocó la propagación del mercado negro de productos de primera necesidad. Las mujeres de clase media alta se unieron a los manifestantes para protestar contra la escasez de productos, bajo la protección de las brigadas paramilitares de los neofascistas de Patria y libertad 96. El caos económico, el conflicto social y la violencia asustarían aún más a una clase media que, ya aturdida por el ascenso del propio Allende y fuertemente condicionada por las quirúrgicas campañas de terror mediático llevadas a cabo por las fuerzas de la reacción, pronto se inclinaría hacia el «bando golpista»97. En la izquierda, la división entre ‘gradualistas’ y ‘rupturistas’ se profundizó aún más, tanto dentro como fuera de Unidad popular. En la pri93 Moulian, op. cit., 154-157. 94 Huneeus, op. cit., 100-101. 95 U.S. Senate, op. cit, 175. 96 Véase a Margaret Power, La mujer de derecha. El poder femenino y la lucha contra Salvador Allende, 1964-1973, Santiago, Centro de Investigaciones Diego Barros Arana, 2008. 97 Philippe Gavi et al. (eds.), Ribellarsi è giusto. Dal maggio ’68 alla controrivoluzione in Cile, Torino, Einaudi, 1975, 230. Sobre el tema de la relación entre la clase media y el gobierno de Allende, primero, y la dictadura, después, véase el mencionado trabajo de Marcelo Casals, Contrarrevolución, colaboracionismo y protesta.
40 a la conquista de mentes y corazones . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . mavera de 1972, el Partido socialista comenzó a plantear la posibilidad de una ruptura revolucionaria, entendida como un salto cualitativo que implicaría la toma definitiva del poder por parte de las masas populares. En este punto, se aproximó a las posturas adoptadas por la organización extraparlamentaria Movimiento de izquierda revolucionaria (MIR)98. Sin embargo, el PSCh no contó con el respaldo del Partido comunista, cuya atención se centraba en la cuestión del fortalecimiento institucional del gobierno. Las posturas de los dos principales partidos que conformaban la UP se tornaron progresivamente irreconciliables, y el presidente Allende, inmerso en el arduo rol de mediador, adoptó una estrategia de espera que, en última instancia, implicaba la adhesión al gradualismo del PCCh. La crisis económica, social, política e institucional que atravesaba el país, motivó la incorporación de miembros de las fuerzas armadas al gobierno de Salvador Allende99. Por otra parte, el poder judicial – en particular la Corte Suprema – se politizó y acusó repetidamente al poder ejecutivo de no respetar las leyes y la Constitución. En este escenario de conflicto interno, meticulosamente orquestado y sostenido por el movimiento opositor a través de diversos medios, la cúpula militar emprendió una cruzada reparadora con el propósito de salvaguardar la integridad de la nación. El derrocamiento del gobierno de Allende el 11 de septiembre de 1973 significó el punto final de un extenso período en el que el desenvolvimiento político en Chile se había llevado a cabo de manera relativamente ordenada, en contraposición a lo acontecido en la mayoría de las naciones del subcontinente100. Además, se hizo evidente que la intervención de los golpistas no fue simplemente el producto del rechazo a la vía chilena al socialismo, ni una respuesta temporal de fuerza a un estancamiento político-institucional; con el golpe de Estado se buscaba generar una ruptura 98 La colectividad en cuestión fue fundada a mediados de los años sesenta, inspirada, abiertamente, en el modelo representado por la guerrilla castrista. Para una mayor profundización en los orígenes y la evolución del MIR, se recomienda revisar las siguientes textos: Francisco García Naranjo, Historias derrotadas. Opción y obstinación de la guerrilla chilena. 19651988, Hidalgo, Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, 1997; Eugenia Palieraki, ¡La revolución ya viene! El MIR chileno en los años sesenta, Santiago, LOM, 2014; Carlos Sandoval, El MIR, una historia, Santiago, Sociedad Editorial Trabajadores, 1990, y Movimiento de Izquierda Revolucionaria 1970-1973, Concepción, Ediciones Escaparate, 2004. 99 El Comandante en jefe del Ejército, general Carlos Prats, pasó a ser ministro del Interior, el contraalmirante Ismael Huerta ministro de Obras Públicas y el general de la Fuerza Aérea Claudio Sepúlveda ministro de Minería. 100 Collier y Sater, op. cit., 11.
47 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . cap i. la dictadura chilena Así, los franceses ejercían un control sobre las ciudades y las carreteras durante el día, mientras que el Vietminh dominaba el campo y estableció un robusto sistema militar compuesto por guerrillas locales, unidades de autodefensa, unidades regionales más amplias y un formidable ejército regular. Mientras el Vietminh mantenía una vigilancia constante sobre las fuerzas francesas, estas raramente lograban descifrar la naturaleza y los movimientos de su oponente a través de la espesa cortina de silencio popular y hostilidad generalizada. Mientras Francia vacilaba en conceder la independencia a un gobierno vietnamita no comunista, y solo lo hizo formalmente después de 1949, el Vietminh desarrolló una maquinaria político-militar que, con material militar comunista chino y decenas de miles de civiles en bicicleta para transportarlo, atacó y derrotó una importante fortaleza francesa en Dien Bien Phu. Las tropas autóctonas que combatían junto a los franceses, cuya moral nunca había rivalizado con la del Vietminh, se desintegraron cuando las negociaciones de Ginebra culminaron en un armisticio y la partición del país en el paralelo 17 en julio de 1954. Una vez más, como en China cinco años antes, un ejército moderno y poderoso, dotado de una fuerza aérea y vehículos blindados, fue derrotado por un enemigo revolucionario que contaba principalmente con armas ligeras y con la lealtad de la población civil119. Esta lucha, de carácter inicial anticolonialista y antiimperialista, desembocó en una verdadera revolución socialista. Sin embargo, lo más relevante es que, de manera similar a lo que ocurriría poco después en Argelia, la experiencia indochina tuvo como protagonista a un enemigo difuso, que se confundía con la población y cuyo objetivo último era conquistar a la propia población. En suma, se trataba de un conflicto en el que se luchaba «no para ganar uno o dos kilómetros, o unos cientos de metros de línea de frente, sino para ganar la cooperación de un pueblo o de unos cuantos habitantes»120. Para los oficiales franceses que teorizaron y desarrollaron la Doctrina de la guerra revolucionaria – entre ellos, el coronel Charles Lacheroy, el comandante Jacques Hogard, los generales Jean Nemo y Lionel-Martin 119 John Steward Ambler, The French Army in Politics, 1945-1962, Ohio, Ohio State University Press, 1966, 155. 120 Raphaëlle Branche, La torture et l’armée pendant la guerre d’Algérie (1954-1962), Paris, Editions Gallimard, 2016, 27.
48 a la conquista de mentes y corazones . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Chassin, los coroneles Gabriel Bonnet y Roger Trinquier, por citar solo algunos121–, la librada por los guerrilleros revolucionarios representaba un nuevo tipo de conflicto, cuyo objetivo no era ni imponerse directamente a las fuerzas adversarias ni ocupar territorio. Uno de los fundadores de la DGR y jefe del Service d’Action Psychologique et d’Information de la Défense Nationale de Francia, el ya mencionado coronel Lacheroy, describió en 1957 esta guerra como «nueva en sus concepciones y nueva en sus realizaciones», lo que la convertiría en un «paso enorme» hacia la «guerra total» en la que el mundo se vería muy pronto obligado a enfrentarse. En este sentido, la idea de una guerra total implicaba la movilización de «todas las fuerzas industriales, comerciales y agrícolas de un país», pero también implicaba, en tal esfuerzo bélico, la participación de «todos los niños, todas las mujeres, todos los ancianos, todo lo que piensa, todo lo que vive, todo lo que respira con todas sus fuerzas de amor, todas sus fuerzas de entusiasmo y todas sus fuerzas de odio». El primero en introducir el concepto fue Mao Tse Tung, y los conflictos posteriores habían demostrado que «el problema número uno» era poder «tomar el control de las poblaciones que sirven de apoyo a esta guerra y representan el contexto en el que se desarrolla». Quien lograse este objetivo, se encontraba en una posición ventajosa para el éxito del conflicto. Este principio fundamental de la guerra revolucionaria, caracterizada como «una guerra con las masas y para la conquista de las masas», sentó las bases para la comprensión estratégica de los conflictos bélicos en el contexto de la revolución122. El coronel Roger Trinquier, especialista en guerra psicológica y contrainsurgencia, describiría esta idea de la guerra total como «un sistema interconectado» de acciones «políticas, económicas, psicológicas, militares», un conflicto destinado a derrocar a la autoridad constituida del país y sustituirla por otro régimen mediante «la conquista de la población»123. Al observar al enemigo marxista, tanto en el campo de batalla como en el plano teórico, algunos oficiales franceses reaccionaron, pues, con una mezcla de odio y admiración. En la práctica, despreciaban el contenido de la ideología comunista, pero admiraban el uso instrumental que los ‘subversivos’ hacían de sus convicciones, quedando fascinados, por ejemplo, por las teorías de Mao Tse-Tung y Ho Chi-Minh, que en el plano estratégi121 Para mayores antecedentes sobre este tema, véase a Paul Villatoux, Marie-Catherine Villatoux, “De Lacheroy et de quelques autres: Les théoriciens français de la guerre révolutionnaire”, Stratégique, 2022, 65-87. 122 Transcripción del discurso del coronel Charles Lacheroy en la conferencia Guerre révolutionnaire et Arme psychologique del 2 luglio del 1957 (Ministere De La Defense Nationale-Service D’action Psychologique Et D’information, 1957, 2-4). La traducción es mía. 123 Roger Trinquier, La Guerre moderne, Paris, La Table ronde, 1961, 15.
49 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . cap i. la dictadura chilena co y táctico les parecían sorprendentemente eficaces. Además, los militares galos sentían un gran respeto por estos nuevos adversarios, considerándolos fanáticos a los que había que eliminar, pero que, al estar movidos por una fe ciega e invencible en el comunismo, sólo podían ser derrotados por una ideología alternativa al marxismo-leninismo. Esta lectura instrumental de la ideología en cuestión se encontraba intrínsecamente vinculada a la noción de que los individuos podían ser influenciados mediante técnicas específicas para pensar y actuar de acuerdo con lo que el poder político consideraba pertinente124. En términos teóricos, la Doctrina de la guerra revolucionaria se basaba en una serie de proposiciones fundamentales. A principios de los cincuenta, el estancamiento nuclear entre Oriente y Occidente hacía extremadamente improbable un conflicto nuclear directo entre Estados Unidos y la Unión Soviética; la forma más plausible de guerra que Occidente se vería obligado a librar era, por tanto, la denominada ‘guerra subversiva’. Esta concepción de guerra difería significativamente de los conflictos convencionales, ya que su propósito no radicaba en la derrota militar del oponente, sino más bien en la conquista tanto física como moral de la población. Este conflicto era orquestado por el comunismo internacional, se caracterizaba por su naturaleza permanente y universal, y utilizaba el nacionalismo anticolonial como táctica para socavar a Occidente, rodeándolo por todos lados y debilitándolo progresivamente. Los conflictos en Indochina y Argelia eran parte de esta estrategia, lo que, a todas luces, podría ser considerada como una Tercera Guerra Mundial, cuyo desenlace sería determinante para el futuro de la civilización occidental. En consecuencia, se hacía necesario que Occidente adaptara algunas de las técnicas empleadas por el enemigo para sus propios fines, especialmente en lo que respecta a la propaganda, el adoctrinamiento y la organización. No obstante, lo más importante habría sido el perfeccionamiento de una ideología occidental con la que y por la que luchar125. En otras palabras, se trataba de un conflicto moderno, en el que el principal enemigo era Moscú. Y esto significaba, como escribió el comandante Jacques Hogard, que: «La guerra revolucionaria es “una” en el espacio, en el tiempo y en sus métodos [...] El enemigo es “uno” de París a Saigón, de Argel a Brazzaville»126. En un mundo dividido en dos campos opuestos e irreductibles, el comunista y el anticomunista, el ejército fran124 Arriagada Herrera, op. cit., 195-197. 125 Ambler, op. cit., 309-310. 126 Jacques Hogard, “L’Armee Francaise devant la guerre revolutionnaire”, Revue, 143, enero 1957, 78 y 86, citado en ibid., 313.
50 a la conquista de mentes y corazones . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . cés, que combatía en Argelia, se comprometía pues a defender la civilización occidental. Al respecto, cabe preguntarse: ¿En qué se fundamentaba esta protección? La defensa se concebía a menudo como la capacidad de neutralizar las tácticas organizativas y psicológicas empleadas por los subversivos, tanto en contra de ellos mismos como de la población que ambos bandos se dedicaban a conquistar127. De hecho, muchos de los oficiales franceses que contribuyeron a la teorización y sistematización de la doctrina consideraban que el mundo de la guerra revolucionaria era, en gran medida, un ámbito en el que hábiles manipuladores eran capaces de dirigir a las masas en cualquier dirección. La DGR se fundamentaba, en primera instancia, en la simplicidad: la intención de reducir todas las formas de conflicto a la lucha entre comunismo y anticomunismo constituía, en realidad, una simplificación extrema que ignoraba (intencionadamente) factores como el nacionalismo, la religión, las cuestiones étnicas y las económicas y sociales. En segundo lugar, se fundamentaba en una interpretación conspirativa de la historia, lo que era funcional al objetivo de manipular a los habitantes de un país determinado. De ahí la narrativa – repetida hasta el cansancio y por todos los medios disponibles, como se verá más adelante en relación con Chile – sobre la presencia de enemigos muy poderosos que amenazaban al pueblo, al Estado, a la familia, a la libertad, a la moral, a la religión y a la propiedad, trayendo hambre, miseria y destrucción; enemigos que estaban representados por fuerzas extranjeras aliadas a fuerzas antinacionales internas. El tercer aspecto fundamental de esta doctrina contrasubversiva francesa puede resumirse con la expresión, conocida en psicología, de la «imagen en el espejo». Como ya se ha mencionado, la DGR nació sobre la base de una atenta observación del adversario; sus rasgos principales, por tanto, se delinearon tomando como referencia lo que se creía que eran los elementos distintivos de la estrategia y las tácticas de guerra del enemigo128. El ejército francés había desarrollado como una de sus más preciadas tradiciones, la subordinación del poder militar a la autoridad civil constituida […] La doctrina contrasubversiva francesa cuestionó de modo radical esta tradición. Señaló que en la guerra moderna, esto es en el conflicto entre subversión y contrasubversión, la frontera entre la política y la guerra era imposible de precisar […] En esencia, lo que los militares franceses proponían era una forma de organización del Estado 127 Ambler, op. cit., 314-316. 128 Arriagada Herrera, op. cit., 190-196.
51 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . cap i. la dictadura chilena que era incompatible con un régimen político democrático. Un proyecto de sociedad que reproducía como “una imagen en el espejo”, aquel que postulaban sus enemigos; un ejército en las funciones policiales; un Estado policial; la abolición de los partidos; el término del pluralismo ideológico; un Estado con una ideología oficial; un Estado controlando de modo totalitario las organizaciones intermedias como las universidades, los sindicatos; la censura intelectual y de prensa, etc.129. Para la mayoría de los teóricos y partidarios de la guerre révolutionnaire, la democracia liberal no solo se mostraba incapaz de defenderse de la amenaza que representaba el comunismo internacional, sino que, con su parlamentarismo, su división de poderes, su libertad de prensa, etc., era una expresión del mundo decadente que había allanado el camino a la subversión. Por lo tanto, la ‘Escuela Francesa’ de la Guerra revolucionaria se centró en la elaboración de una ideología occidental que se oponía al comunismo. Esta ideología se distinguía del liberalismo, considerado por los coroneles como una expresión de «relativismo moral» inadecuada para tal fin: «Los coroneles buscaban, entonces, una suerte de “marxismo-leninismo blanco”, una ideología totalitaria propia, que pudiera unir a la nación contra el enemigo dando una fe inquebrantable a los soldados, a los jóvenes, a los trabajadores»130. La ideología se consideraba una herramienta más en la lucha por conquistar poblaciones. La DGR nunca habría logrado conquistar a todo el cuerpo de oficiales franceses; sin embargo, «es significativo que casi todos los coroneles políticos del período 195862 estuvieran fuertemente vinculados desde un punto de vista teórico o práctico a esta doctrina»131. Al final, los oficiales franceses no consiguieron desarrollar una ideología única y omnicomprensiva, sino que surgieron corrientes principales entre los teóricos de la ‘Escuela’. Entre estas elaboraciones, la que más caló entre los partidarios de la Doctrina francesa fue el «nacionalcatolicismo». Sus promotores eran oficiales próximos a organizaciones de extrema derecha, como la conocida Cité catholique132, que se convirtieron en la expresión 129 Ibid., 204-205. 130 Ibid., 205. 131 Ambler, op. cit., 309. 132 Asociación católica contrarrevolucionaria fundada a finales de la década de los cuarenta. Los principios fundamentales de su doctrina, que sirvieron de inspiración a la organización, eran los siguientes: el rechazo a la soberanía popular y la libertad de expresión, la idea de un poder legítimo que desciende directamente de Dios y la idea de la subordinación de toda autoridad civil al orden moral natural de la sociedad. Este orden, además,
52 a la conquista de mentes y corazones . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . de un fundamentalismo religioso que rechazaba los principios mismos de la democracia liberal en nombre de un autoritarismo inspirado en una visión dogmática del catolicismo133. Para estos ‘integristas’, que elevaron la lucha anticomunista a una auténtica cruzada moral, la revolución abarcaba todo el periodo histórico que comenzó con la Revolución Francesa, el nacimiento del capitalismo y la democracia liberal, y que inevitablemente terminó con el socialismo134. Como se ha mencionado anteriormente, muchas de estas concepciones, elaboradas en gran medida sobre la base de la experiencia de campo en Indochina, tuvieron un impacto práctico en el marco de la guerra de contrainsurgencia que llevaron a cabo los franceses en el contexto argelino contra los militantes del Frente de liberación nacional (1954-1962). Este conflicto, que también en esta ocasión terminó a favor de los insurgentes tras varios años de violencia de todo tipo, es un ejemplo ilustrativo. La centralidad otorgada al objetivo de ‘conquistar a la población’ se tradujo, en primer lugar, en la importancia que los franceses concedieron a lo que denominaron action psychologique. Como escribió el coronel Georges Bonnet, uno de los principales divulgadores de la DGR: «guerra de guerrillas + guerra psicológica = guerra revolucionaria»135. El enemigo, en la práctica, debía ser combatido en su propio terreno, y la guerra psicológica era un pilar absoluto de esta lucha, representando la suma total de medidas violentas y no violentas tomadas principalmente para influir en el adversario, en la población y en su propia gente, así como en la opinión pública y en los gobiernos extranjeros. Esta categoría abarcaba desde los rumores locales y los actos terroristas destinados a impresionar a la población hasta la propaganda y las acciones diplomáticas a gran escala. Por consiguiente, dicho campo comprendía diversas técnicas y estaba relacionado con temas y objetivos tales como la propaganda, la manipulación, el condicionamiento de las masas, la organización de la población implicada en un conflicto, incluso mediante el uso de jerarquías paralelas, el adoctrinamiento, el lavado de cerebro (tanto a nivel individual como de grupo) y la acción debía ser defendido a toda costa del mal que representaba el comunismo, amenaza de la que el liberalismo no se consideraba capaz de defenderse. 133 Junto a la corriente nacional-católica, se erigieron dos tendencias minoritarias: una de ellas se alineaba con los ideales democráticos y con el pensamiento militar oficial francés, mientras que la otra, conocida como nacional-comunista, carecía tanto de una doctrina coherente como de organizaciones de respaldo. Véase Ambler, op. cit., 320-325. 134 Arriagada Herrera, op. cit, 206. 135 Gabriel Bonnet, Las Guerras Insurreccionales y Revolucionarias, Madrid, Ediciones CID, 1967; citado en ibid., 197.
53 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . cap i. la dictadura chilena terrorista136. Este campo adquirió tal importancia que las definiciones de acción psicológica y guerra revolucionaria pronto empezaron a ser utilizadas como sinónimos por los militares franceses137. Una segunda consecuencia práctica de las nuevas teorías, también visible ya durante el conflicto argelino y lejos de ser ajena al anterior, fue la legitimación de la violencia contra el adversario. En resumen, se estableció la «convicción militar bastante extendida (aunque lejos de ser universal), especialmente en los círculos de paracaidistas, seguridad militar e inteligencia, de que las ejecuciones sumarias y la tortura eran herramientas esenciales para defenderse de un enemigo terrorista y guerrillero»138. Siempre en el contexto argelino se implementaron ampliamente dos ‘técnicas’: la tortura de forma planificada y sistemática y la práctica de las ‘desapariciones forzadas’. La primera tenía como objetivo principal obtener información de un enemigo irregular, no claramente identificable, que se mezclaba con la población. No obstante, la tortura también tenía otra finalidad, o sea, para infundir terror. En breve, se trataba de «un arma de precisión en una guerra de detalles – buscar un nombre, una ubicación –, así como un arma a gran escala en una guerra de masas, dirigida a dominar a toda una población»139. La práctica de eliminar los cuerpos de los detenidos desaparecidos, empleada de manera sistemática en los centros de detención e interrogatorio dirigidos por los paracaidistas, entre otros, respondía al objetivo de ocultar el uso generalizado de ejecuciones sumarias. Sin embargo, esta práctica, exactamente como ocurría con la tortura, buscaba infundir miedo e incertidumbre tanto en el adversario como en la población en general, con el objetivo de desorientar, desestabilizar e impedir cualquier forma de movilización o respuesta colectiva140. La implementación de la DGR en los ejércitos del Cono Sur, además de los principios relacionados con la guerra antisubversiva, se llevaron a cabo mediante diversos canales de comunicación. El proceso se inició con la decisión institucional de adoptar y difundir esta doctrina dentro de las Fuerzas Armadas, siguiendo un enfoque similar al adoptado en Argentina, donde se cree que fue adoptada en bloque141. Según la historiadora Marina Franco, en Argentina el empleo de la «doctrina de la guerra antisubversiva» no solo se remonta a la dictadura de Juan Carlos Onganía (1966-1970), 136 Ambler, op. cit., 219. 137 Ibid., 309. 138 Ibid., 173. 139 Branche, op. cit., 444. 140 Ibid., 150-153. 141 Arriagada Herrera, op. cit., 186.
54 a la conquista de mentes y corazones . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . sino que también pueden encontrarse referencias ideológicas en gran parte de la legislación oficial del gobierno civil peronista a partir de finales de 1973142. A su vez, Mario Ranalletti, ha reconstruido el impacto que tuvo en Argentina la Escuela Francesa en su versión más radical, es decir, en la modalidad ‘Nacional-católica’, señalando cómo la influencia del catolicismo intransigente francés y argentino fue particularmente importante entre 1955 y 1976, no sólo en lo que respecta a la difusión de ideas vinculadas a la lucha contra la subversión como medio de defensa de la civilización occidental y cristiana, sino que en el contexto de esa progresiva deshumanización del ‘enemigo interno’ que facilitaría el recurso a la violencia de todo tipo tras el advenimiento de la dictadura143. En otros contextos, como el brasileño144, la Doctrina de la guerra revolucionaria se propagó a través de revistas militares, que publicaban de manera constante traducciones de artículos de autores franceses y escritos de analistas como el general De Paula Couto, quien la convirtió en un referente fundamental en sus trabajos sobre subversión y guerra interna. En otros países, como Uruguay, la DGR se popularizó a través de editoriales privadas que tradujeron y publicaron las obras de los militares que la habían teorizado o promovido (como el coronel Roger Trinquier), así como escritos de novelistas (como Jean Larteguy) sobre las actividades de las fuerzas especiales francesas en Indochina y Argelia, que circularon ampliamente en América Latina en esos años145. Según estudios recientes, se ha establecido una conexión directa entre los militares franceses y latinoamericanos. Esta relación se ha analizado considerando la formación de los últimos en academias europeas, como la École supérieure de guerre (ESG) de París. Durante el período compren142 Marina Franco, Un enemigo para la Nación. Orden interno, violencia y “subversión”, 19731976, Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica, 2012, 147-149 y 168-184. Véase también: Daniel Mazzei, “La misión militar francesa en la escuela superior de Guerra y los orígenes de la Guerra Sucia, 1957-1962”, Revista de Ciencias Sociales, 13, 2013, 105-137; Mario Ranalletti, “Una aproximación a los fundamentos del terrorismo de Estado en la Argentina: la recepción de la noción de “guerra revolucionaria” en el ámbito castrense local (1954-1962)”, Anuario del Centro de Estudios Históricos ‘Prof. Carlos S. A. Segreti’, 11, 11, 2011, 261-278. 143 Mario Ranalletti, “Aux origines du terrorisme d’État en Argentine. Les influences françaises dans la formation des militaires argentins (1955-1976) ”, Vingtième Siècle. Revue d’histoire, 105, 2010, 45-56. 144 Véase a Maria Helena Moreira Alves, Estado e Oposição no Brasil (1964-1984), San Pablo, EDUSC, 2005; Rodrigo Nabuco de Araujo, “L’art français de la guerre. Transferts de la doctrine de la guerre révolutionnaire au Brésil (1958-1974)”, Cahiers des Amériques latines, 70, 2013, 39-56. 145 Arriagada Herrera, op. cit., 186-187.
55 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . cap i. la dictadura chilena dido entre 1949 y 1980, aproximadamente un centenar de miembros de las Fuerzas Armadas de países latinoamericanos, especialmente de Brasil y Argentina, completaron su formación en esta institución146. A estos canales se sumó el entrenamiento proporcionado por las fuerzas militares norteamericanas. Como se ha mencionado anteriormente, a principios de la década de 1960, Estados Unidos avanzó con determinación en la dirección de organizar la ‘guerra de contrainsurgencia’ contra todas aquellas fuerzas que consideraba apoyadas por el comunismo internacional. Para ello, se inspiraron en todas aquellas experiencias que se habían producido en otros contextos durante los años precedentes. Nos referimos a la lucha antiguerrillera liderada por el presidente Ramón Magsaysay en Filipinas, la experiencia británica en Malaya y, por supuesto, la francesa en Vietnam y Argelia147. Sedes como el National War College y el Industrial College148, y por supuesto la Latin American Ground School, reorganizada y rebautizada como Escuela de las Américas tras la Revolución cubana149, fueron fundamentales a este respecto. Entre los instructores de estas escuelas se encontraban, además, militares franceses que habían servido en Vietnam y Camboya150. Entre ellos, por ejemplo, el general del 146 Cristian Gutiérrez Tapia, La contrasubversión como política. La doctrina de guerra revolucionaria francesa y su impacto en las FF.AA. de Chile y Argentina, Santiago, LOM, 2018. En particular, véase el capítulo III. 147Arriagada Herrera, op. cit., 189. 148 El National War College es una institución de prestigio dedicada a la formación de oficiales militares y personal de agencias gubernamentales en el ámbito de la política y estrategia de seguridad nacional. Su misión se centra en «realizar un curso de estudio de aquellas agencias gubernamentales y aquellos factores militares, económicos, científicos, políticos, psicológicos y sociales de potencial de poder, que son partes esenciales de la seguridad nacional, con el fin de mejorar la preparación de personal seleccionado de las Fuerzas Armadas y el Departamento de Estado para el ejercicio de funciones conjuntas y combinadas de alto nivel de política, comando y personal, y para la planificación de la estrategia nacional». El objetivo principal del Industrial College era, por su parte, «realizar cursos en los aspectos económicos e industriales de la seguridad nacional y en la gestión de programas y recursos de defensa en un amplio contexto político, social y militar […] El énfasis económico-industrial en el Industrial College distingue su misión y programa de los del National War College, que enfatiza la política exterior y la estrategia militar. El curso para residentes intenta presentar un panorama equilibrado de las condiciones económicas mundiales, la política internacional y el panorama nacional e internacional en términos de su influencia en la seguridad nacional de los Estados Unidos […] Enfrentar y derrotar los desafíos económicos, políticos y psicológicos del comunismo son temas importantes del curso». Central Intelligence Agency (en adelante CIA), Office of Training, Senior Officer Schools, May 1968 (CIA-RDP78-06370A0002000040001-6). 149 Sobre la importancia de esta academia, véase la mencionada obra de Gill, The School of the Americas. 150 Declaración de un suboficial del Ejército Argentino que asistió a la Escuela duran-
56 a la conquista de mentes y corazones . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . ejército francés Paul Aussaresses, que combatió en las guerras de Indochina y Argelia, y que entrenó a las fuerzas especiales estadounidenses que participaron en Vietnam151. Posteriormente, Aussaresses también actuó en Brasil, donde dio conferencias sobre la Batalla de Argel en el centro de entrenamiento de las fuerzas especiales de Manaos152. Además, a principios los cincuenta, oficiales como el general retirado J. A. Sauzey, especialista francés en guerra psicológica, viajaban a Washington para recibir asesoramiento, intercambiar material y visitar diversas agencias e instalaciones estadounidenses153. Según la perspectiva de diversos autores, entre los que se encuentra el teólogo José Comblin, quien escribió una de las primeras y más detalladas obras sobre el tema, se evidencia que la Escuela Francesa tuvo un impacto significativo en el pensamiento militar latinoamericano. No obstante, en su opinión, la denominada Doctrina de seguridad nacional se originó en Estados Unidos y se propagó a través de cursos impartidos por escuelas militares estadounidenses, posteriormente difundidos por la brasileña Escola Superior de Guerra. No cabe duda que el pensamiento militar de la herencia de Argelia ha influido de manera considerable en la doctrina latinoamericana. La ha influenciado en forma directa e indirecta. En forma indirecta por intermedio de la doctrina militar americana de la guerra revolucionaria, doctrina que las escuelas militares americanas han trasmitido a los ejércitos latinoamericanos. También en forma directa, pues las numerosas traducciones de obras francesas de los generales Beaufré y Bonnet, de los coroneles Trinquier y Chateau-Jobert y otros, muestran claramente la fascinación que los oficiales de Argelia y su doctrina de la guerra contrarrevolucionaria ejercen en ciertos sectores militares latinoamericanos. Habría probablemente otros descubrite ocho meses en 1975, rendida ante la Comisión Nacional sobre Desaparición de Personas (CONADEP) el 6 de junio de 1984; Documento citado en: Programa Verdad y Justicia, El Batallón de Inteligencia 601, Buenos Aires, Editorial Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Nación, 2015, 59. 151 Paul Aussaresses, La battaglia di Algeri dei servizi speciali francesi, 1955-1957, Gorizia, Libreria Editrice Goriziana, 2007, 143. 152 Marie-Monique Robin, Escadrons de la mort, l’école française, Paris, La Découverte, 2003. En particular, véase el capítulo 18. 153 Tag From Department of the Army-Staff to USARMA Paris France, Secret Priority, 1 may 1952; in Records of the Office of the Chief of Special Warfare – Secrete Correspondence 1951-54 (091) – box 06; NARA.
63 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . cap i. la dictadura chilena invariablemente, deberá ser sostenida por un frente interno social, sociológica y económicamente capaz de proporcionarles un inmejorable elemento humano y material […] Es indudable que hoy la guerra tiene carácter integral, total y que, debido a una nueva concepción de la misma, el centro de gravedad de su accionar se ha trasladado de un frente exterior a un frente interior, entre los cuales no se reconocen límites […] La población constituye indudablemente el elemento básico fundamental del frente interno y a su vez el objetivo, el medio y el terreno del accionar de las fuerzas marxistas contra el mundo libre […] La forma de gobierno de un pueblo no será decisiva en la preparación y conducción de su frente interior, pero sí lo será su fortaleza […] La política interna tiene una importancia primordial en la preparación y conducción del frente interno […] En el desarrollo de la guerra fría el accionar político, social, económico y sicológico del enemigo, es dirigido directamente contra los elementos básicos del frente interno en procura de su desintegración; en consecuencia, todas las actividades que realiza el país deberán estar encaminadas a consolidarlo, porque va en ello la existencia misma de la Nación171. En suma, se observa que en dichas líneas se encuentran presentes casi todos los principales elementos constitutivos de la DSN. Además, estas ideas comenzaron a circular también en círculos civiles, y en particular entre grupos y periódicos pertenecientes al campo de la derecha. En 1970, por ejemplo, la cuestión de la seguridad nacional fue parte integral de la campaña electoral del Partido nacional en las elecciones presidenciales172. En un contexto caracterizado por una alta polarización política y social, y, desde la perspectiva de la derecha, por la desobediencia y la indisciplina, cuando no por la anarquía abierta en todos los ámbitos de la vida nacional, el candidato Jorge Alessandri se postuló como el líder que impulsaría la reforma del sistema político, restaurando la cohesión nacional, silenciando a los agitadores chilenos y extranjeros, y guiando al país hacia el desarrollo económico173. 171 Rafael Zavalla Carbo, “El frente interno en la estrategia general”, Memorial del Ejército de Chile, LXII, 348, marzo-abril de 1969, 54-55. 172 Pablo Rubio Apiolaza, “Régimen autoritario y derecha civil: El caso de Chile, 1973-1983”, Instituto de Estudios Latinoamericanos – Universidad de Alcalá, 29, agosto de 2011, 59-60. 173 “Alessandri y el alessandrismo”, Portada, 10, mayo de 1970, 2-5.
64 a la conquista de mentes y corazones . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . La postulación presidencial del señor Alessandri […] Brotó del corazón mismo del pueblo de Chile, como una rebelión espontánea y viril en contra de la politiquería y de la demagogia, que son las causas de la desintegración moral, política, social y económica que vive el país […] Su programa se ha denominado de integración nacional y auténtica participación popular, porque propicia la incorporación de todos los sectores y fuerzas vitales de la nación al proceso político, social y económico del país […] Alessandri es el único de los tres candidatos que ofrece una seria, real y profunda transformación del régimen político institucional imperante, que es anacrónico y está corrompido por los vicios de la politiquería y de la demagogia, que ha llegado a extremos tales, que están socavando todas las actividades nacionales y destruyendo todos los principios y valores representativos de la chilenidad. Por medio de la drástica reforma de la Constitución, Alessandri como el médico con el bisturí, extirpará este verdadero cáncer de nuestra democracia que está impidiendo el desarrollo económico y social de nuestro país174. Como se abordará en las secciones siguientes, la narrativa empleada por los militares tras el golpe exhibía una notable similitud con la del PN, inclusive en la utilización de determinados términos y metáforas. En el contexto de la época, diversas ideas y temáticas asociadas a la DSN también fueron divulgadas a través de diversos medios de comunicación, entre los cuales se destacó la revista Tacna175. Esta publicación, cercana al Frente nacionalista patria y libertad, se inspiró en los principios del nacionalismo y el fascismo, adoptando especialmente el estilo anticomunista caracterizado por promover el heroísmo, la acción y el sacrificio, y dirigido principalmente a un público militar176. Según el periódico, lo 174 Entrevista concedida en junio de 1970 por uno de los hombres de confianza de Alessandri, Enrique Ortúzar, a la revista EVA, reseñada por el periódico digital chileno Inteferencia (Gloria Stanley y Gloria Urguelles, “El programa presidencial de Alessandri expuesto por Enrique Ortúzar, su hombre de mayor confianza”, Interferencia, 5 de junio de 2020; disponible en: https://interferencia.cl/articulos/el-programa-presidencial-de-alessandri-expuesto-por-enrique-ortuzar-su-hombre-de-mayor). 175 Fundado en abril de 1971, tomó su nombre del regimiento dirigido por Roberto Viaux quien, en octubre de 1969, había intentado derrocar al gobierno demócrata cristiano de Eduardo Frei Montalva con un golpe de Estado. Un año después, Viaux intentaría impedir, nuevamente sin éxito, la elección de Salvador Allende. 176 Véase a Erwin Robertson, “Acerca del nacionalismo en la época de la Unidad Popular. La revista Tacna”, Revista de Historia Contemporánea, 55, 2004, 84-97.
65 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . cap i. la dictadura chilena que estaba amenazado era la existencia misma de la nación, en la medida en que la Unidad popular había «relajado los códigos morales» en los que se fundamentaba la sociedad. En efecto, la moral común fue interpretada como el elemento constitutivo del ser colectivo, en donde los enemigos de la nación buscaban la destrucción de los valores espirituales tradicionales a través de «un énfasis en las ideologías “y sistemas ajenos al ser nacional”». Por esta razón, la confrontación contra la tradición y la pretensión de la izquierda de reemplazar la moral tradicional por una de tipo revolucionaria se erigieron como indicadores de la amenaza que enfrentaba la patria y que la única forma de salvaguardarla era a través de la institución que encarnaba la nación en sí misma, entendida como la custodia de sus valores permanentes, es decir, «las fuerzas armadas como “escuela moral”»177. No obstante, resulta aún más relevante señalar que la revista Portada había expresado ideas no demasiado divergentes en los meses previos al golpe militar. Esta última no se trataba de una publicación de escasa relevancia. Fundada a finales de la década de 1960 por un grupo de profesores universitarios y periodistas que compartían un conjunto de ideas generales sobre política, religión y sociedad, la publicación alcanzó una notable relevancia durante el régimen militar. Entre sus colaboradores se encontraban economistas prominentes como Emilio Sanfuentes y Pablo Baraona, así como el abogado y profesor de historia del Derecho en la Universidad Católica de Chile, Gonzalo Vial Correa, quien se ofició como director y fundador del proyecto. Otros miembros destacados del equipo fueron Sergio de Castro y Jaime Guzmán178, quienes ejercerían una notable influencia ideológica dentro del régimen. Además, cabe destacar que dicho grupo fundó en 1971 la revista Qué Pasa, centrada principalmente en la actualidad política y que se posicionaba en contra del gobierno de Allende. Del mismo modo, Portada representó una importante fuente de inspiración ideológica para el régimen dictatorial, ya que sus páginas, y, especialmente, sus editoriales, contenían los principales temas y conceptos 177 Tacna, N.º 13, junio de 1972; citado en Valdivia Ortiz de Zárate, Camino al golpe, op. cit., 54-55. 178 Jaime Guzmán fue un joven abogado chileno que creció políticamente en las juventudes del Partido Conservador. Más tarde, sería el creador del Movimiento gremial y, en la década de los ochenta, fue el fundador del partido de derecha Unión demócrata independiente (UDI). Además, fue uno de los colaboradores más cercanos de Augusto Pinochet Ugarte y es considerado por muchos autores como el principal intelectual y uno de los ideólogos más importantes del régimen militar. Sobre su figura véase: Renato Cristi, El pensamiento político de Jaime Guzmán: autoridad y libertad, Santiago, LOM, 2011; Cristián Gazmuri, ¿Quién era Jaime Guzmán?, Santiago, RIL Editores, 2013; Belén Moncada Durruti, Jaime Guzmán. Una democracia contrarrevolucionaria. El político de 1964 a 1980, Santiago, Ril Editores, 2006.
66 a la conquista de mentes y corazones . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . que luego serían adoptados por el régimen militar, desde la Declaración de principios de la Junta de gobierno a los principales discursos de Pinochet. Según Huneeus, los uniformados habían tomado prestados de estos grupos conceptos como «politiquería», «demagogia» y «vicios y malos hábitos» que habían contribuido a la destrucción de las instituciones y que la nación tendría que abandonar. Estas ideas habrían llegado a Pinochet «a través de la pluma de Jaime Guzmán»179. La crítica radical a la política y a los partidos a partir de la preeminencia asignada a la «unidad nacional»; la valoración del nacionalismo como eje central del orden institucional, con el consiguiente rechazo a ideas «extranjeras»; la promoción de un presidencialismo plebiscitario, sin estar limitado por el Congreso y los partidos, y la apelación al orden y al ejercicio de la autoridad firme, no surgieron sorpresivamente después del golpe de Estado [...] sino que habían sido desarrolladas antes en Portada […] Es posible concluir que Portada tenía un concepto de la representación política distinto al de la democracia occidental, pues se criticaba enérgicamente el sufragio universal y se promovía la participación de los grupos de interés y de la familia en los órganos representativos [...] Cuando los militares decidieron establecer un nuevo régimen y buscaron darle legitimidad, dispusieron de un pensamiento político inspirado en las ideas corporativistas del régimen de Franco en España, recogido por los editorialistas de Portada [...] La influencia de Portada fue muy explícita en las referencias a la necesidad de inspirarse en la “República autoritaria” y en la idealización de la figura de Portales, como expuso en su primer discurso el general Pinochet, el 11 de octubre de 1973180. De acuerdo con la cita precedente, estas consideraciones parecen ser irrefutables. De hecho, el impacto significativo de Portada y, más ampliamente, del Instituto de Estudios Generales, fundado en 1969 por Gonzalo Vial, es incuestionable, ya que muchos de los miembros de ese grupo de expertos civiles, inmediatamente después del golpe, habrían desempeñado un importante rol en el régimen, entre ellos Jaime Guzmán. Estos individuos, operaban a través de la Editorial Portada, desde la que difundían sus ideas, ya fuese en la revista homónima o en libros publicados bajo dicho 179 Huneeus, op. cit., 224. 180 Ibid., 227-232.
67 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . cap i. la dictadura chilena sello editorial181. No obstante, al interior de esta corriente se observa una diversidad de tendencias ideológicas, entre las que se incluían el nacionalismo, el hispanismo, el neoliberalismo, el gremialismo y el demócrata cristianismo. O sea, se trataba de una coalición amplia, que abarcaba tanto al Partido nacional como a la derecha antipartidista, y cuyo punto de convergencia eran las revistas Portada y Qué Pasa182. En la práctica, se trataba de un «un proyecto en gestación, pero tras del cual existía una decisión de articular una propuesta más global», que había emergido durante la lucha en contra del gobierno de la Unidad popular183. Asimismo, la revista Portada albergó conceptos, ideas, reflexiones que, tras el golpe, fueron utilizadas por los militares al poder. De hecho, unos meses antes de la llegada de Allende a la presidencia de Chile en 1970, se incluyeron – dentro del discurso editorial – la idea del estado de desorden social en el que había caído el país, la noción de crisis irreversible del sistema de partidos resultante de la demagogia, la burocracia inútil, la corrupción y degeneración, así como la necesidad de nuevas formas de representación basadas en el protagonismo de «organizaciones naturales» o «grupos intermedios», como la familia, los gremios, las Fuerzas Armadas. Aunque, sobre todo, se subrayaron la urgencia de fortalecer el ejecutivo y la propuesta del Estado Portaliano como única respuesta posible a lo que se veía como el «tiempo de las revoluciones»184. Adicionalmente, cabe destacar que los directores de la revista expresaron en 1972 su intención de contribuir a la creación de una «doctrina de la realidad nacional». Esta necesidad se consideraba cada vez más imperativa a la luz de la profunda crisis que atravesaba el gobierno de Allende. En una de las columnas de la mencionada revista se leía: «No podemos pasarnos la vida “atajando al enemigo”; necesitamos una solución de reemplazo»185. Asimismo, los puntos fijos de este pensamiento político incluían las raíces hispánicas y cristianas del país, la importancia de la historia y la tradición, la participación de la comunidad en la vida nacional, la defensa constante de los valores de la patria y la subordinación de la política a los intereses de estos últimos. Para llevar a cabo esta empresa, se consideró imperativo restablecer el orden y el respeto a la autoridad, repudiar la lucha de clases y fomentar el nacionalismo. Estos pilares, lejos de manifestarse a través de la nacionalización de la economía, deberían exaltarse a través 181 Valdivia Ortiz de Zárate, Nacionales y gremialistas, op. cit., 368. 182 Idem. 183 Ibid., 368-369. 184 “Desorden social y crisis política”, Portada, 9, mayo de 1970, 5-8. 185 “El destino de Chile y portada”, Portada, 29, abril de 1972, 7.
68 a la conquista de mentes y corazones . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . de la historia. También en los valores y virtudes de la patria, el rechazo a la demagogia, la centralidad de las sociedades intermedias, el fortalecimiento del ejecutivo y, en particular, de los poderes de un presidente de la República situado por encima de partidos, clases e intereses, y la defensa absoluta de la propiedad privada186. No obstante, en la revista Portada este nacionalismo y dichos conceptos se entrelazaron, en un determinado momento, con los principios fundamentales de la Doctrina de seguridad nacional. La editorial de la revista de mayo de 1973, titulada Seguridad exterior y unidad interna, no dejaba lugar a dudas al respecto. En ese momento, el país experimentaba un proceso de deterioro económico, político y moral. Chile se mostraba como una nación incapaz de superar una contienda que la estaba devastando. Vietnam había demostrado cómo las luchas de poder en esa época se desarrollaban dentro de pequeños escenarios, en los que las dos superpotencias no estaban involucradas en una guerra mutua de destrucción. Si bien no se trataba de un conflicto bélico en el sentido estricto del término, era suficiente con ejercer una presión efectiva sobre otro Estado o grupo de Estados para imponer la propia voluntad «en los frentes políticos, económico y aún psicológico de opinión mundial»187. La existencia de Chile era amenazada «no tanto desde fuera como desde dentro», pues se trataba de una «enfermedad interior, una dolencia del alma», que debía ser tratada con una medicina del «restablecimiento de la unidad nacional»188. La «penetración soviética en Chile»189 se manifestaba en todos los ámbitos: en el campo internacional, donde el gobierno había fortalecido las relaciones políticas y económicas con la gran mayoría de los Estados socialistas y con el Movimiento de los países no alineados; en el interior, donde quedaba de manifiesto en la educación, la cultura y la economía190. Estas referencias se habrían vuelto cada vez más explícitas. La nación – escribía Hugo Tagle Martínez en el número de julio de 1973 – tenía existencia propia, independiente de quienes la habitaban. Era, al mismo tiempo, una comunidad perfecta, un «todo unido, completo, autónomo y autárquico», cuyo fin y objeto mismo de su existencia era el bien común, es decir, la convivencia social pacífica en orden. La nación podría definir186 Ibid., 3-7. 187 “Seguridad exterior y unidad interna”, Portada, 39, mayo de 1973, 3-5. 188 Ibid., 5. 189 Al respecto, sugerimos ver el trabajdo de Olga Ulianova: “La Unidad Popular y el golpe militar en Chile: percepciones y análisis soviéticos”, Estudios Públicos, 79, 2000, 83-171. 190 “Dos años de penetración soviética en Chile”, Portada, 39, mayo de 1973, 7-25.
69 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . cap i. la dictadura chilena se como «un conjunto de personas que tienen un proyecto de vida en común de contenido universal»191. En esta lógica, a diferencia del individuo, que ante los ataques dirigidos a su eliminación contaba con la capacidad de defenderse, la nación requería una entidad que la protegiera «de los ataques interiores y exteriores que tiendan a menoscabarla o eliminarla, para que la conserve en su ser e independencia y le posibilite, en consecuencia, su pleno desarrollo»192. Tales instituciones eran las Fuerzas Armadas. Sin embargo, en virtud «de la relación causal que existe entre unidad y desarrollo interior y defensa exterior, en que aquélla es la causa y ésta el efecto, las Fuerzas Armadas no pueden cumplir adecuadamente su deber de protección exterior si no existe la mínima necesaria cohesión interior y un conveniente desarrollo económico»193. Las Fuerzas Armadas eran «el escudo de la patria», «el fundamento del espíritu de la Nación» y «su columna vertebral»194. Además, su misión era insustituible, puesto que sin ellas, «la Nación corre el peligro de dejar de ser lo que es para pasar a transformarse en una realidad dividida y, por tanto, susceptible de ser absorbida por extraños»195. Incluso estos pocos conceptos revelaron puntos de contacto significativos con lo que se denomina la Doctrina de seguridad nacional. Inmediatamente después del golpe de Estado, en diciembre de 1973, el grupo Portada publicó la colección de ensayos Fuerzas Armadas y Seguridad Nacional. El prólogo de dicha obra señala que su contenido no se centra en temáticas «ajenas a la permanente preocupación del Instituto de Estudios Generales», sino que su concepción se originó a partir de diversas publicaciones previas en la revista y una serie de congresos organizados durante 1972196. Al interior del mencionado ensayo, se encuentra el capítulo Naturaleza y legitimidad de la vocación militar, de Gonzalo Ibáñez, quien en adoptó en su texto algunos de los principios de la DSN. En su visión, no solo estaba en juego el destino de la nación chilena ante la amenaza del comunismo, «sino la del modelo de sociedad que la civilización cristiana y occidental ha estructurado con el correr de los siglos»197. Una 191 La negrita estaba presente en el texto original. 192 Hugo Tagle Martínez, “Comunidad nacional y fuerzas armadas”, Portada, 41, julio de 1973, 7-9. 193 Ibid., 10. 194 Ibid., 11. 195 Idem. 196 Pablo Baraona Urzua et al., Fuerzas Armadas y Seguridad Nacional, Santiago, Ediciones Portada, 1973. 197 Gonzalo Ibáñez S.M., “Naturaleza y legitimidad de la vocación militar”, ibid., 12.
70 a la conquista de mentes y corazones . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . vez establecido esto, el orden social se describía en términos de «unidad orgánica, jerárquica y funcional», producto de la predisposición natural del ser humano a asociarse, y en el que cada individuo podía buscar su propia felicidad198. Sin embargo, el ser humano no era naturalmente bueno. Por tanto, las Fuerzas Armadas tenían el cometido de repeler «los ataques de los enemigos, ya sean internos o externos y garantizar el normal desenvolvimiento de la vida ciudadana»199. Y esto en la medida en que la «subversión, ya sea practicada o predicada, no puede dejar nunca indiferente a las FF.AA. porque atenta directa e inmediatamente contra la unidad nacional y obra como un cáncer dentro del cuerpo social»200. En otro capítulo de Fuerzas Armadas y Seguridad Nacional se abordaba la concepción orgánica de la nación, en la que se unía la sustitución de las fronteras territoriales por las ideológicas. Según el autor, considerar a las Fuerzas Armadas como meros guardianes de las fronteras o custodios de la soberanía era un error, ya que la integridad de un país requería que el frente interno también estuviera en buena forma201. Estos conceptos se profundizaron en la siguiente contribución, titulada Defensa social interna, en la que se hizo un intento de combinar las ideas, los conceptos y los valores de una derecha antipartidista con los principios de la Doctrina de seguridad nacional. Su autor, Ricardo Cox, partía de la base de que la nación también necesitaba ser defendida en el frente interno, sobre todo en aquellos países democráticamente gobernados, avanzados, pero, al mismo tiempo, «delicados, vulnerables y expuestos a ciertos procesos degenerativos de grave carácter», y donde, por tanto, el recurso a «un cierto tipo de defensa social», definible como «extraordinario», podía ser de vital importancia202. A este documento, le siguieron los ensayos de Pablo Baraona Urzúa203 y José Garrido Rojas204, quienes destacaron otro aspecto de la seguridad nacional: su conexión con el desarrollo económico de una nación. La adhesión a estos principios no se circunscribía solo al ambiente de Portada. Durante los años de la Unidad popular también interesó a los otros dos grandes grupos de la derecha chilena: el representado por los ‘alessandristas’, es decir, los seguidores del expresidente Jorge Alessandri 198 Ibid., 13-14. 199 Ibid., 17-19. 200 Ibid., 19-22. 201 Sergio Miranda Carrington, “Las Fuerzas Armadas en el Ordenamiento jurídico chileno”, ibid., 35-41. 202 Ricardo Cox, “Defensa social interna”, ibid., 73-74. 203 Pablo Baraona Urzua, “Economía y Seguridad Nacional”, ibid., 140-159. 204 Jose Garrido Rojas, “Origen y alcances de la crisis alimenticia”, ibid., 160-233.
71 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . cap i. la dictadura chilena Rodríguez; y el novel movimiento gremialista. Este último surgió en el seno de la Universidad Católica a mediados de los sesenta, y entre sus fundadores se encontraba Jaime Guzmán. Se trataba de un fenómeno estudiantil que renovaba algunos principios del corporativismo español que, con los años, se consolidó como el proyecto de derecha moderna más articulado de Chile205. El gremialismo fue uno de los opositores más enconados del gobierno de Allende y, tras el golpe de Estado, el principal grupo civil de apoyo a la dictadura, en cuya consolidación colaboró activamente. Su participación en el régimen se concentró en tres sectores fundamentales: la Secretaría general de gobierno, que controlaría los medios de comunicación durante mucho tiempo y que se convertiría posteriormente en el máximo órgano dedicado a movilizar el apoyo ciudadano a las políticas gubernamentales; la Oficina de planificación nacional (ODEPLAN), que colaboró con los Chicago Boys en la formulación de las futuras reformas económicas ultraliberales; y los ayuntamientos, que los gremialistas dirigían en algunas de las principales ciudades206. De acuerdo con la historiadora Verónica Valdivia: La apelación y presión ejercida por nacionales, gremialistas, alessandristas y nacionalistas sobre las fuerzas armadas para arrastrarlas al golpe se apoyó en un discurso democrático-liberal, como se sabe, pero especialmente manipulando el anticomunismo militar y asumiendo las categorías de la Doctrina de Seguridad Nacional de la fragilidad de los frentes interno y externo […] Para 1972, tanto nacionales como gremialistas y alessandristas veían a la intervención militar como el recurso que les quedaba para salvar a la propiedad privada, como eje del desarrollo y de la acumulación207. Por lo tanto, sea en el ámbito militar como en el civil, algunos de los principios básicos de la Doctrina de seguridad nacional no eran en absoluto desconocidos. De hecho, durante los años sesenta, las Fuerzas Armadas chilenas veían las categorías e ideas de la guerra contrainsurgente como algo todavía lejano. Y si bien hasta ese momento su influencia fue limitada, todo cambió durante el gobierno de la UP y, en especial, un poco antes 205 Al respecto, sugerimos ver el mencionado trabajo de Verónica Valdivia Ortiz de Zárate: Nacionales y gremialistas, y Víctor Muñoz Tamayo, Historia de la UDI. Generaciones y cultura política (1973-2013), Santiago, Ediciones Universidad Alberto Hurtado, 2016. 206 Huneeus, op. cit., 317-322. 207 Valdivia Ortiz de Zárate, Nacionales y gremialistas, op. cit., 394.
72 a la conquista de mentes y corazones . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . del derrocamiento de Allende. En tal contexto, se estableció una interpretación común de la realidad, en el marco de la seguridad nacional, entre importantes segmentos del alto mando de las tres ramas de las Fuerzas Armadas (aunque no de todos sus comandantes en Jefe)208. Ciertamente, en términos de sistematización doctrinaria, sería con la Declaración de principios de marzo de 1974 cuando – como ha argumentado Genaro Arriagada Herrera – «la doctrina de la guerra contrasubversiva y elementos del pensamiento geopolítico, que se ubican en el centro de una versión específica de la doctrina de seguridad nacional», saldrían «en un rol significativo»209. Es decir, desde este punto de la historia emergió una versión específica de la Doctrina de seguridad nacional que combinaba elementos del pensamiento nacionalista procedentes de la tradición militar y de grupos políticos de derechas. En definitiva, sería entonces cuando el régimen cívico-militar demostraría haber tenido éxito allí donde los militares franceses de la DGR, por ejemplo, habían fracasado esencialmente: en la dotación de una ideología. Tras el golpe, dentro del discurso y acción de la dictadura hubo otros momentos en los que se hizo patente la formación de una ideología de la seguridad nacional. A principios de 1974, la Junta llevó a cabo el proyecto de regionalización del país – que se materializó definitivamente en julio de ese año –210, y lo hizo atendiendo sobre todo a las exigencias impuestas por la DSN211. Sobre esta base, en abril, la Comisión nacional de la reforma administrativa (CONARA), creada precisamente con este fin, presentó a la cúpula militar la parte final de su estudio sobre la regionalización: Frente a la constatación de un país al borde de la desintegración física, económica, institucional y social, se debe postular a su integración a través de la búsqueda de un mayor equilibrio entre el aprovechamiento del potencial de recursos naturales, la distribución geográfica de la población y la seguridad nacional, de manera de sentar las bases para una efectiva ocupación del territorio nacional […] La necesidad de contar con un equilibrio fronterizo bien definido y de tener un país cohesionado internamente, donde sus habitantes puedan vivir y prosperar en armonía y tranquilidad, plantea la estrecha vinculación que exis208 Valdivia Ortiz De Zárate, “Estamos en guerra, señores!”, op. cit.,169. 209 Genaro Arriagada Herrera, La Política Militar de Pinochet, Santiago, 1985, 76. 210 Ministerio del Interior, Decreto Ley N.º 575 del 10 de julio de 1974; Biblioteca del Congreso Nacional de Chile (en adelante BCN). 211 Ibid., 11.
79 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . cap i. la dictadura chilena subestimar «las posibilidades que ofrece la ingeniería política»230. Es también por estas razones que algunos estudiosos han preferido definir el régimen chileno como «régimen autoritario»231. Concepto del que Linz es prácticamente el inventor dentro de la literatura política, al haber contribuido a introducir la categoría para definir un modelo de organización del poder político distinto tanto del totalitario232 como del democrático-liberal a partir de un análisis de la España franquista233. En palabras de Linz, los regímenes autoritarios serían: sistemas políticos con un pluralismo político limitado e irresponsable, carentes de una ideología-guía compleja, pero caracterizados por una mentalidad peculiar, carentes de un grado de movilización amplio o intenso, salvo en momentos concretos de su desarrollo y en los que un líder (o, en ocasiones, un pequeño grupo) ejerce el poder dentro de unos límites formalmente mal definidos, pero en la práctica bien predecibles234. Partiendo de esta definición, Linz ha argumentado que, mediante un análisis comparativo histórico, es posible distinguir al menos siete subtipos de autoritarismo235. De ellos, el más prevalente en la experiencia histórica contemporánea sería el régimen autoritario «burocrático-militar», es decir, un modelo de gobierno en el que «una coalición dominada (pero no compuesta exclusivamente) por oficiales del ejército y burócratas establece el control del gobierno y excluye o incluye a otros grupos sin un enfoque 230 Linz, op. cit., 277-291. 231 Huneeus, op. cit., 83-84. 232 Sobre este argumento, véase a Hannah Arendt, Origini del totalitarismo, Milano, Comunità, 1967; Raymond Aron, Démocratie et totalitarisme, Paris, Gallimard, 1965; Carl J. Friedrich (Ed.), Totalitarianism, Cambridge, Harvard University Press, 1954; Simona Forti, Il totalitarismo, Roma-Bari, Laterza, 2001; Carl J. Friedrich y Zbigniew K. Brzezinski, Totalitarian Dictatorship and Autocracy, Harvard, Harvard University Press, 1956; Enzo Traverso, Il totalitarismo, Milano, Mondadori, 2002. 233 Juan J. Linz, “An Authoritarian Regime: The case of Spain”, Erik Allardt e Yrjö Littunen (eds.), Cleavages, Ideologies and Party Systems. Contributions to comparative political sociology, Helsinki, Westermarck Society, 1964, 291-342. 234 Linz, Sistemi totalitari e regimi autoritari, op. cit., 229. 235 Los subtipos identificados por Linz son: (1) regímenes autoritarios «burocrático-militares»; (2) regímenes autoritarios «de estatismo orgánico»; (3) regímenes autoritarios «de movilización en países postdemocráticos»; (4) regímenes autoritarios «de movilización postindependencia»; (5) regímenes autoritarios «postotalitarios»; (6) «totalitarismo imperfecto»; y (7) «democracia racial» (ibid., 229-377).
80 a la conquista de mentes y corazones . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . ideológico particular»236. Este subtipo de régimen autoritario actúa de forma «pragmática», dentro de los límites de la «mentalidad burocrática» de los miembros de la coalición gobernante, sin la presencia de un partido de masas capaz de asumir un papel dominante, y tiende a reducir la participación de la población en la vida política, incluso de forma manipulada, en lugar de aspirar a la movilización controlada de la población. En muchos casos, el régimen en cuestión permite la existencia de un sistema multipartidista, pero se asegura de que las elecciones no ofrezcan la posibilidad de una libre competencia política237. Varias dictaduras europeas del periodo de entreguerras, como la Hungría del almirante Horty o la España de Primo de Rivera, así como «la mayoría de las dictaduras latinoamericanas del periodo posterior a la Segunda Guerra Mundial», como «el Chile de Pinochet», pueden incluirse en este subtipo238. Hay que señalar que los mismos conceptos presentados por Linz no han estado exentos de problemas y críticas sin resolver, lo que muestra cómo la adopción de ciertas definiciones puede chocar fácilmente con la especificidad histórica de los casos nacionales individuales examinados. Carlos Huneeus, por ejemplo, al recurrir al modelo de régimen autoritario formulado por Juan Linz en su definición clásica, ha destacado cómo varios aspectos de dicho modelo han sido objeto de crítica en el contexto de su aplicación al régimen franquista239. En concreto, se ha cuestionado la infravaloración del papel desempeñado por la coerción, que para Linz sería relevante en la fase inicial de instauración de estos regímenes; la excesiva importancia atribuida al pluralismo limitado, que constituiría la principal característica de estos regímenes – según el politólogo español –; y el rechazo del papel desempeñado por la ideología y su sustitución por el concepto de «mentalidad»240. Aspectos no esenciales que, de acuerdo 236 Ibid., 264. 237 Idem. 238 Alessandro Campi, Introduzione, en Linz, Sistemi totalitari e regimi autoritari, op. cit., XLII. 239 Huneeus, op. cit., 83-84. 240 Siguiendo la distinción propuesta por el sociólogo alemán Theodor Geiger, Juan Linz sostiene que una de las características de los regímenes autoritarios es la ausencia de una ideología oficial y generalizada, elaborada sistemáticamente por intelectuales y doctrinarios. En ellos existen más bien «mentalidades», es decir, «formas de pensar y sentir más emocionales que racionales», que influyen en el comportamiento sin codificarlo, sin embargo, dentro de un esquema rígido y abstracto (Linz, Sistemi totalitari e regimi autoritari, op. cit., 233-238). Como señala el propio Linz, la distinción en cuestión ha sido criticada por el sociólogo y politólogo brasileño Bolívar Lamounier. Véase al respecto a Bolívar Lamounier, “Ideologia ens regimes autoritários: uma crítica a Juan J. Linz”, Estudos Cebrap, 7, 1974, 69-92.
81 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . cap i. la dictadura chilena con Huneeus, no desvirtúan el enfoque de Linz. Sin embargo, estas cuestiones también atestiguan que un modelo ideal, es decir, una herramienta metodológica que no refleja fielmente la realidad, sino que la representa esencialmente, necesita ciertos «ajustes» para poder aplicarse a un caso concreto teniendo en cuenta sus singularidades más importantes241. Siempre en la visión de Huneeus, una de las posibles correcciones al aporte de Linz sería considerar la constatación de la coexistencia, dentro del régimen chileno, de un intenso uso de la violencia durante la conquista del poder y a lo largo de toda su vida, que fue acompañado de profundas reformas económicas destinadas a superar el subdesarrollo. La dureza del régimen de Pinochet en el ejercicio del poder y la magnitud de las transformaciones implementadas justifican, por tanto, la necesidad de examinar la dictadura en cuestión no en función de los regímenes de tipo democrático, sino en contraste con las dictaduras de tipo totalitario. Desde esta perspectiva, una de las principales discrepancias reside en la «sincronización»: el régimen de Pinochet implementó una sincronización expedita de las estructuras políticas – aunque limitada y no absoluta, como en los regímenes totalitarios –, mediante el discurso de guerra contra el marxismo y el uso de la violencia. Este proceso se caracterizó por el cierre del congreso nacional, la anulación de los partidos de izquierda, el repliegue de las fuerzas políticas que habían estado en la oposición al gobierno de la Unidad popular, el férreo control ejercido sobre los sindicatos, con la relativa supresión de su principal organización, la Central única de trabajadores (CUT), en el contexto de un clima de guerra que pretendía eliminar la disidencia. La sincronización limitada no solo se alcanzó mediante medidas impuestas por la autoridad, sino que también fue el resultado de decisiones voluntarias, como en el caso del poder judicial; no afectó a la Iglesia Católica, que pudo contar con cierto grado de autonomía, pero no se limitó a las etapas iniciales, como lo demuestra el hecho de que partidos que simplemente fueron suspendidos en 1973, como el Partido demócrata cristiano, fueran prohibidos en 1977. Una vez superada la limitada sincronización, el régimen procedió a construir un nuevo orden político, que se caracterizó por su bajo nivel de institucionalización (a diferencia, por ejemplo, de Brasil), expresado por un sistema de toma de decisiones altamente centralizado bajo el general Pinochet. Sin embargo, el poder de este último no era absoluto, sino limitado por la participación de la cúpula de las Fuerzas Armadas en la Junta de gobierno, que tomaba las decisiones por unanimidad. En lo que respecta al pluralismo limitado, este constituye esencialmente un recurso analítico de gran utilidad para comprender la estructura 241 Huneeus, op. cit., 84.
82 a la conquista de mentes y corazones . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . de la coalición gobernante en el contexto chileno. Esta abarcaba a miembros de las Fuerzas Armadas y diversos grupos civiles, entre los cuales se destacan los denominados Chicago Boys, los seguidores de Alessandri Rodríguez y los representantes del Partido nacional, así como el gremialismo liderado por Jaime Guzmán. Este último, en particular, junto con los ultraliberales de la escuela de Chicago, fue el que realmente desarrolló una estrategia de poder clara y el que, al ocupar diversas posiciones de autoridad, aseguró un alto grado de cohesión en el sistema y dotó a una ideología de argumentos de mérito para justificar su participación política242. En suma, desde esta perspectiva, el régimen chileno no era un régimen fascista, en la medida en que tenía una «sincronización» limitada y carecía de algunas de las instituciones típicas del totalitarismo, como el partido único. Se trataba, en efecto, de un régimen autoritario, de acuerdo con las formulaciones de Juan Linz, pero caracterizado por un uso persistente de la violencia y la coerción, que no distinguió al régimen únicamente en su fase inicial, y por la implementación de reformas que transformaron significativamente la economía del país en una dirección ultraliberal. Estas características, íntimamente relacionadas entre sí, dieron lugar a la formación de un Estado dual, en el cual coexistieron de manera simultánea la coerción y la libertad económica243. Del mismo modo, agregamos que falta ‘ajustar’ un aspecto importante en las propuestas precedentes. Nos referimos al ámbito ideológico. En este punto, coincidimos con Verónica Valdivia en que la naturaleza del régimen militar fue eminentemente ideológica, en la medida en que el golpe no fue sólo un instrumento de pacificación política, de reorganización en el contexto previo al advenimiento de la Unidad popular, de retorno al pasado, sino que apuntó a la derrota definitiva del marxismo, lo que a su vez presuponía una tarea más amplia y compleja, que fue la reeducación de los chilenos244. 242 Ibid., 84-87. 243 Ibid., 67-68. 244 Valdivia Ortiz De Zárate, “Estamos en guerra, señores!”, op. cit., 201.
83 capítulo ii el frente interno II. 1 El asalto al poder El 11 de septiembre de 1973, las Fuerzas Armadas realizaron un golpe de Estado con gran eficacia, llegando a controlar el país en pocas horas245. Igual de rápido fue la construcción del andamiaje del nuevo régimen. De hecho, ese mismo día, a través de la promulgación del decreto-ley N.º 1, se estableció conformación de una Junta de gobierno, encabezada por el general Augusto Pinochet e integrada por los comandantes en jefe de la Armada y la Aviación, representadas por el vicealmirante José Toribio Merino y el general Gustavo Leigh, respectivamente. A ellos se sumó el general de Carabineros César Mendoza. La Junta se atribuyó los poderes constituyente, legislativo y ejecutivo. En las semanas siguientes del derrocamiento de Allende, a través del decreto-ley N.º 27, del 24 de septiembre, se ordenó la clausura del Congreso. Lo mismo haría el decreto-ley N.º 77, de 8 de octubre, que ordenó la disolución de los partidos pertenecientes a la coalición Unidad popular, ilegalizándolos y confiscando sus bienes por considerarlos asociaciones ilícitas246. Igualmente, con la promulgación del decreto-ley N.º 604, se buscó impedir la acción de la oposición en el exterior, puesto que prohibía la entrada al país de ciudadanos chilenos y extranjeros considerados responsables de difundir o fomentar doctrinas orientadas a destruir o alterar violentamente el orden social o las instituciones. Las autoridades locales también fueron sometidas rápidamente al control de los militares. Alcaldes y regidores fueron sustituidos por oficiales retirados. En tanto, con el decreto-ley N.º 6 de 11 de septiembre se inhabilitó a todo el personal de la administración del Estado, situación que permitió al régimen despedir por 245 Huneeus, op. cit., 114-115. 246 A las colectividades opositoras del gobierno de la Unidad popular, como el PDC y el PN, se les permitió conservar la propiedad de sus bienes.
84 a la conquista de mentes y corazones . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . motivos políticos a los funcionarios de izquierdas, incluidos los profesores de cualquier nivel y grado. Por su parte, el decreto-ley N.º 98, también de 1973, procedió a reorganizar el sector público247. Otro hito jurídico de la Junta lo constituyó el decreto-ley N.º 5, del 12 de septiembre, en el que se precisó que el «estado de sitio» decretado para la situación de conmoción interior debía entenderse como «estado o tiempo de guerra», con todos los efectos penales que esto conllevaría, de acuerdo con el Código de justicia militar y demás leyes del Estado. Esta medida se dictó para dotar a los tribunales militares de una mayor arbitrariedad a la hora de reprimir determinados crímenes, así como para prevenir y castigar con rigor y celeridad los delitos que pusieran en peligro la seguridad, el orden público y el normal desarrollo de las actividades nacionales248. Desde las primeras horas del golpe de Estado, el régimen impuso sus decisiones a través de los Bandos, que fueron un instrumento jurídicamente controvertido que estuvo entre los primeros actos formales de la Junta militar, así como entre las primeras comunicaciones manipuladas con fines propagandísticos. Desde la independencia, el concepto de bando no se había utilizado en la legislación chilena, hasta el punto de que la Constitución no lo reconocía como una fuente jurídica. Entre las leyes vigentes al momento del golpe de Estado, el bando aparecía en el Código de justicia militar y en la Ley de seguridad interior del Estado. El primero autorizaba única y exclusivamente al comandante en jefe del Ejército y al general al mando de una división o cuerpo del ejército a dictar bando (mientras que la Junta delegó esta función). La segunda, por su parte, atribuía la facultad de dictar un bando exclusivamente al jefe de zona en un estado de excepción. Según el Código de Justicia Militar, el objeto de un bando no podía ser otro que proteger la seguridad y garantizar la disciplina de las tropas249. De acuerdo con algunos autores, este instrumento cumplió en sus inicios una triple función: ideológica-programática, normativa-institucional e informativa-propagandística. Estas tareas serían desarrolladas, posteriormente, por la Declaración de principios de 1974, las comisiones legislativas de la Junta, las Actas constitucionales y la Constitución de 1980, la Dirección nacional de comunicación, entre otros250. 247 Huneeus, op. cit., 116-120. 248 Junta de Gobierno de Chile (en adelante, JGC), Declara que el estado de sitio decretado por conmoción interna debe entenderse como “estado o tiempo de guerra”. Otra disposiciones, Decreto Ley N.º 5, Santiago, 12 de septiembre 1973; BCN (https://www.leychile.cl/Navegar?idNorma=5664). 249 Garretón et al., op. cit., 21-27. 250 Ibid., 14-17.
85 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . cap ii. el frente interno En lo que respecta a los medios de comunicación, la Junta, mediante el instrumento legal del bando, ejerció un rápido control sobre estos. Dicho dominio, de acuerdo con un informe de la Comisión Nacional sobre Prisión Política y Tortura de inicios del dos mil, fue «total»251. Tal estrategia tuvo como propósito dirigir y controlar la información, seleccionar los hechos y manipular a la población. En este sentido, el régimen apeló a la defensa de la seguridad del Estado y a la necesidad de garantizar el orden público252. A través del bando N.º 12 del 11 de septiembre de 1973, las autoridades militares emitieron una advertencia a los medios de comunicación, específicamente a la prensa y a las cadenas de radio y televisión, en la que se les prevenía que cualquier información divulgada al público sin la debida confirmación por parte de la Junta conllevaría una intervención inmediata por parte de las Fuerzas Armadas253. Posteriormente, con el bando N.º 15, se instauró un sistema de censura sobre la prensa y se solicitó a los directores de los periódicos que continuaban operando bajo la autorización previamente establecida que entregaran sus artículos diarios antes de su publicación, con el fin de permitir su revisión254. Todos los periódicos de izquierda, o al menos aquellos cercanos a las fuerzas que habían formado parte de UP, fueron clausurados y sus activos fueron incautados255. Tribuna, el periódico del Partido nacional declaró su autodisolución inmediatamente después del golpe, mientras que La Prensa, el diario cercano a la Democracia Cristiana, cesó sus operaciones a las pocas semanas por dificultades financieras. De todos los periódicos chilenos, aquellos cercanos a la derecha y que habían apoyado el golpe militar continuaron publicándose de manera regular. Entre ellos se encontraban El Mercurio, La Tercera de la Hora 256, La Patria 257, La Segunda y Las Últimas Noticias. En lo que respecta a las revistas, se permitió la circulación de las ya mencionadas Qué Pasa y Ercilla (esta última, cercana al PDC, cesaría definitivamente su publicación en 251 Comisión Nacional sobre Prisión Política y Tortura, op. cit., 203. 252 JGC, Bando N.º 5, 11 de septiembre de1973, en “Bandos de la Junta”, El Mercurio, 26 septiembre 1973, 2. 253 JGC, Bando N.º 12, 11 de septiembre de 1973, citado por Garretón op. cit., 66. 254 JGC, Bando N.º 15, 12 de septiembre de 1973, en “Bandos de la Junta”, op. cit., 2. 255 Entre estos periódicos se encuentran: El Siglo, Última Hora, Puro Chile, Clarín, El Diario Color de Concepción, Mundo, Onda, Paloma, Ramona, Punto Final, Mayoría, Prensa Latina, CTK Checoslovaca. 256 Estos dos fueron los únicos periódicos a los que se permitió circular durante las horas del golpe. 257 Este periódico ocupó el lugar de La Nación tras el golpe del 11 de septiembre. Entre 1975 a 1980 utilizaría el nombre de El Cronista.
86 a la conquista de mentes y corazones . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 1977). Cabe señalar que El Mercurio era uno de los diarios en circulación más influyentes y uno de los más antiguos de Chile. Durante el periodo de Allende el llamado ‘decano’ de la prensa chilena se había posicionado como uno de los principales opositores a su gobierno258. Mientras que, tras el golpe, el mencionado diario, propiedad de Agustín Edwards259, se convirtió en un medio de difusión, propagación y divulgación de teorías y conceptos desarrollados a nivel institucional260. Igualmente, la dictadura se apropió de inmediato de las emisoras de radio y televisión del país. La Televisión nacional de Chile y los tres canales universitarios existentes en ese momento ajustaron sus políticas editoriales, convirtiéndose prácticamente en órganos de comunicación gubernamental. En lo que respecta a las estaciones de radio, aquellas afines a la izquierda fueron cerradas. En tanto, Radio Chilena, vinculada a la Iglesia Católica, y Radio Balmaceda, cercana al PDC, fueron sometidas a una censura rigurosa. La segunda sería cerrada por el régimen en 1975. Además, se desmantelaron empresas como la editorial Quimantú y Chilefilms. También se recurrió a la censura preventiva de noticias y opiniones in situ, se prohibieron películas por motivos ideológicos y se embargaron publicaciones261. Paralelamente, el régimen estableció un eficiente y bien organizado sistema de propaganda que utilizó a periodistas afines, intelectuales, lobistas, psicólogos, sociólogos y expertos en guerra psicológica. El mismo día del golpe, los militares nombraron a un jefe de prensa y portavoz. El cargo recayó en la figura de Federico Willoughby MacDonald. Como él mismo relata en su autobiografía, su trabajo en aquel momento buscaba «unificar criterios y dar a conocer hacia afuera, frente al país, una sola información, para dar la visión de unidad»262. 258 Sobre este punto, véase Casals, La creación de la amenaza roja, op. cit. 259 Sobre el papel de esta familia en la oposición al gobierno de Allende y, más en general, en los acontecimientos de aquellos años, véase el trabajo de Nancy Guzmán, Los Agustines: el clan Edwards y la conspiración permanente, Santiago, CEIBO Ediciones, 2015. 260 Guillermo Sunkel, El Mercurio: 10 años de educación político-ideológica 1969-1979, Santiago, Estudios ILET, 1983, 32. 261 Comisión Nacional sobre Prisión Política y Tortura, op. cit., 204. 262 Federico Willoughby-MacDonald, La Guerra. Historia íntima del poder en los últimos 55 años de política chilena 1957-2012, Santiago, Momentum, 2012, 159-160. Tras una larga carrera como periodista, así como agregado de prensa (fue, por ejemplo, Jefe de prensa del servicio de información de la embajada estadounidense en Chile y responsable de las relaciones públicas y asuntos gubernamentales de la Ford) Willoughby, que siempre había estado próximo a la derecha chilena, fue exponente de la organización de extrema derecha Patria y libertad. Además, colaboró con Jorge Alessandri desde 1958 hasta la campaña electoral de 1970. Durante la Unidad popular fue uno de los principales opositores al gobierno de Salvador Allende. Tras el golpe ocupó el cargo de portavoz de la Junta hasta
87 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . cap ii. el frente interno En los albores del régimen, la Secretaría general de gobierno, dirigida por el coronel Pedro Ewing Hodar, ocupó un lugar prominente en la estrategia propagandística. Esta repartición fue creada en 1932 para coordinar las actividades internas del Consejo de gabinete, asumiendo progresivamente funciones de comunicación pública, hasta convertirse, durante el mandato de Allende, en una suerte de órgano portavoz del gobierno a través de la figura de su secretario. Tras el golpe militar, pasaron a depender de esta varios organismos con funciones específicas en el campo de la ‘guerra propagandística y de nervios’. Entre ellas se encontraba la Dirección de relaciones humanas, que se encargaba de desarrollar estrategias de guerra psicológica mediante su Departamento de psicología y el Comité creativo de asesoría publicitaria. En síntesis, estas entidades se ocupaban de diversas actividades, que incluían la concepción de campañas destinadas a involucrar a la población en los objetivos establecidos por la cúpula del régimen, así como el seguimiento de la opinión pública. A partir de junio de 1974, se produjo una reestructuración en la que la Secretaría general de gobierno se desligó de las funciones de información, difusión y publicidad, pasando a ocuparse principalmente (aunque no de manera exclusiva) de la coordinación de los ministerios y de la gestión de las secretarías nacionales de la juventud, de la mujer y de los gremios263. Dos años más tarde, la Secretaría obtuvo el rango de ministerio, consolidándose como la principal organización encargada de movilizar el apoyo político al régimen264. En su lugar, en múltiples cuestiones, la Dirección nacional de comunicación social (DINACOS) asumió un rol preponderante, reportando directamente al jefe de Estado265. La labor de esta última pronto se extendió al control del cumplimiento de las normas de censura, la vigilancia de posibles abusos a través de la prensa o la publicidad, el filtrado de la información para elaborar el discurso oficial que debía alimentar a los medios, y las actividades de desinformación a través de una activa política de propaganda266. Un rol protagónico en el proceso febrero de 1976. 263 Más adelante abordaremos el papel de éstos y, más en general, de la Dirección de organizaciones civiles en la movilización controlada del apoyo político al régimen. 264 JGC, Decreto Ley N.º 11, Fija Atribuciones De La Secretaria General De Gobierno, 30 de noviembre de 1976. Se trataba de una mera formalización, ya que, en la práctica, las Secretarías venían funcionando prácticamente con las mismas atribuciones desde mediados de 1974. 265 “Dirección Única de Informaciones creó el Gobierno”, Las Últimas Noticias, 27 de junio de1974, 8. 266 Comisión Nacional sobre Prisión Política y Tortura, op. cit., 209.
88 a la conquista de mentes y corazones . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . de adoctrinamiento de masas del país lo desempeñaría la Asesoría cultural de la Junta de gobierno, establecida a finales de 1974. II.2 Erradicar el mal Como declaró el general Gustavo Leigh, Comandante en Jefe de la Fuerza Aérea y miembro de la Junta, la noche del 11 de septiembre, las Fuerzas Armadas tenían el deber de extirpar el cáncer marxista «hasta las últimas consecuencias»267. Esta misión abarcaba no solo la acción militar, sino también las acciones en los ámbitos «económico, político, social y moral»268. Con esto, se iniciaba con la lucha contra el marxismo inspirada en los principios de la Doctrina de la seguridad nacional. De hecho, la DSN se hizo patente en los primeros actos oficiales de los golpistas. Sobre todo, con la promulgación del decreto-ley N.º 1 con el que, el 11 de septiembre de 1973, se constituyó la Junta de gobierno, integrada por los comandantes en jefe de las tres ramas de las Fuerzas Armadas y el de Carabineros. Así, la fuerza pública constituía la estructura que el Estado se había dado para la protección y «defensa de su integridad física y moral y de su identidad histórico-cultural». Bajo esta lógica, Chile se encontraba en un proceso de destrucción sistemática e integral de estos «elementos constitutivos de su ser», debido a la intrusión de una «ideología dogmática y excluyente, inspirada en los principios foráneos del marxismo-leninismo». Como consecuencia, la Junta militar asumió el mando supremo de la nación, con el «con el patriótico compromiso de restaurar la chilenidad, la justicia y la institucionalidad quebrantadas». Esta decisión se tomó bajo la convicción de que esta constituía «la única forma de ser fieles a las tradiciones nacionales, al legado de los Padres de la Patria y a la Historia de Chile», y de permitir la evolución y el progreso del país269. 267 Discurso del general Gustavo Leigh del 11 de septiembre de 1973, en Sergio Huidobro, Decisión naval, Valparaíso, Imprenta de la Armada, 1989, 263; citado por Huneeus, op. cit., 122. 268 Idem. 269 JGC, Decreto Ley N.º 1, Acta de constitución de la Junta de Gobierno, 11 de septiembre de1973, Diario Oficial de la República de Chile, 18 de septiembre de 1973, 1. En los años subsiguientes, no resulta inesperado que los miembros de las fuerzas armadas argentinas emitieran pronunciamientos que reflejan una perspectiva similar a la anteriormente mencionada. Para una mayor profundización en este tema, se recomienda consultar el documento de la Junta militar argentina: Acta fijando el Propósito y los Objetivos Básicos del Proceso de Reorganización Nacional, Buenos Aires, 24 de marzo de 1976 (online) documento disponible en el siguiente enlace: http://www.bnm.me.gov.ar/giga1/documentos/EL000162.pdf).
95 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . cap ii. el frente interno énfasis en la necesidad de reformas económicas y sociales para neutralizar el comunismo298. Sin duda, la Declaración reflejó la presencia de las diferentes corrientes dentro del movimiento cívico-militar que culminó con el golpe de Estado del 11 de septiembre. No es casualidad que en él tuvieran cabida el gremialismo, el alessandrismo y, más en general, las ideas de esa derecha antipartidista que giraba en torno a la revista Portada. Sin embargo, esta ‘coparticipación’ se logró dentro de un marco común, que era una versión específica del DSN, y que descansaba en los pilares de la doctrina de la guerra contrasubversiva, el pensamiento geopolítico y el nacionalismo, y en el que las necesidades de seguridad y desarrollo ya estaban indisolublemente vinculadas entre sí. La Declaración, de hecho, en cuanto a contenido, comenzaba con una descripción catastrófica del contexto mundial, caracterizado por una profunda crisis que amenazaba la paz internacional y que también puso en tela de juicio valores y hábitos de vida299. En un contexto en que las naciones en desarrollo a las que pertenecía Chile tenían dos tipos de sociedades antagónicas hacia las que avanzar (las de inspiración marxista y las desarrolladas de Occidente), el gobierno chileno buscaba un camino «propio y original». En efecto, las sociedades fundamentadas en los principios del marxismo-leninismo debían ser rechazadas, debido a su naturaleza totalitaria y su impacto aniquilador sobre el ser humano. Este posicionamiento se sustentaba en el contraste con la tradición cristiana e hispánica de Chile. Sin embargo, ni siquiera las sociedades desarrolladas de Occidente estaban exentas de limitaciones y contradicciones, ya que se hallaban sumidas en un materialismo que subyugaba espiritualmente al ser humano, propiciando el surgimiento de la rebelión juvenil. En este escenario, el marxismo había encontrado un terreno fértil para su proliferación, mientras algunos en vez de combatirlo, habían optado por el camino del diálogo. En respuesta a esta situación, la patria chilena había decidido adoptar una postura de confrontación directa, «infligiéndole su más grave derrota de los últimos treinta años»300. En la perspectiva de La Declaración, una vez erradicado el marxismo, se vislumbraba la posibilidad de que el país alcanzara la libertad como forma de vida, el desarrollo económico y el progreso de manera 298 Valdivia Ortiz de Zárate, El golpe después del golpe, op. cit., 62–95. 299 JGC, Declaración de Principios del Gobierno de Chile, Santiago, 11 de marzo de 1974, 1; Archivo Chile-Centro de Estudios Miguel Enríquez (CEME), disponible en: (http://www. archivochile.com/Dictadura_militar/doc_jm_gob_pino8/DMdocjm0005.pdf). 300 Idem.
96 a la conquista de mentes y corazones . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . armoniosa y equilibrada. Este proceso conllevaba la adopción de la concepción cristiana del ser humano y de la sociedad, que había configurado la civilización occidental, a la que pertenecía Chile, y cuya desfiguración había provocado el colapso moral que amenazaba la estabilidad de dicha civilización301. Además, esta visión sostenía la necesidad de reconocer al ser humano derechos naturales que prevalecían sobre los del Estado, atribuidos a una jerarquía superior, emanados del Creador. Esta última estaba al servicio del hombre y tenía como fin el bien común, definible como el conjunto de condiciones sociales que permiten a cada individuo alcanzar su plena realización personal. Esta concepción difería tanto de la base del individualismo liberal como de aquella en la que se fundamentaba el colectivismo. A su vez, la idea del bien común requería el respeto del principio de subsidiariedad, según el cual el Estado debía intervenir exclusivamente en aquellas cuestiones que las sociedades intermedias no estaban en condiciones de tratar directamente302. El respeto al principio de subsidiariedad implicaba la protección del derecho a la libre iniciativa individual en el ámbito económico, así como el derecho a la propiedad privada, tanto de los bienes de consumo como de los medios de producción. En este último caso, el Estado se reservaba la gestión de aquellos elementos que, por su carácter estratégico o vital para la nación, no hubiera sido prudente dejar en manos de grupos particulares303. En consonancia con los principios anteriormente mencionados, la Junta procuraba identificar, exclusivamente dentro del contexto chileno, los elementos que complementaran su visión filosófica y doctrinal, articulando las constantes de la tradición histórica con las nuevas características asumidas como manifestación del mundo contemporáneo en el que se encontraba inmerso el país. Desde esta perspectiva, el propósito esencial de la reconstrucción era la conformación de una gran nación chilena. Para lograr este objetivo, las Fuerzas Armadas y de Orden, guiadas por un criterio «eminentemente nacionalista», instaban a sus compatriotas a superar las divisiones internas, reconociendo la unidad nacional como el propósito más elevado y repudiando cualquier concepción del ser humano y de la sociedad que contemplara o fomentara el antagonismo entre las clases sociales. La integración espiritual del país será el cimiento que permitirá avanzar en progreso, justicia y paz, recuperando el lugar pre301 Ibid., 2. 302 Ibid., 3-4. 303 Ibid., 4-5.
97 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . cap ii. el frente interno ponderante que los forjadores de nuestra República le dieron en su tiempo dentro del continente. Reivindicar y sembrar en el corazón de cada chileno el ejemplo de nuestra Historia Patria, con sus próceres, héroes, maestros y estadistas, debe transformarse en el acicate más poderoso para despertar el verdadero patriotismo, que es amor entrañable a Chile y deseo de verlo nuevamente grande y unido. Conspiran en contra de esa unidad las ideologías foráneas, el sectarismo partidista, el egoísmo o antagonismo deliberado entre las clases sociales, y la invasión cultural extranjerizante304. La Junta, por su parte, debería haber definido un Proyecto nacional y puesto en marcha un sistema nacional de planificación, con el fin de integrar procesos, instituciones y organizaciones, y asegurar el logro de los objetivos nacionales. Un sistema de este tipo habría permitido superar – y este es uno de los pasajes decisivos, a menudo subestimados, de la Declaración – «la tradicional falta de coordinación entre la planificación del Desarrollo y la de la Seguridad Nacional, integrando a ésta como parte vital de un Desarrollo Global Nacional, amplia e integralmente concebido»305. Sobre la base de estas prerrogativas, las Fuerzas Armadas y de orden se comprometían a crear una arquitectura institucional nueva y moderna, depurando la democracia chilena de los «vicios» que habían facilitado su destrucción, y no fijando plazo a su gestión de Gobierno, «porque la tarea de reconstruir moral, institucional y materialmente al país, requiere de una acción profunda y prolongada. En definitiva, resulta imperioso cambiar la mentalidad de los chilenos»306. II.3 El comienzo de la guerra psicológica Más allá de las diferencias que es posible y, al mismo tiempo, propio señalar entre las distintas trayectorias nacionales, las dictaduras que se instalaron en América Latina con los golpes de Estado de los años ‘60 y ’70 tuvieron varios elementos en común. Entre ellos, sin duda, las técnicas utilizadas para erradicar el ‘cáncer’ o ‘virus’ de la subversión, como el uso sistemático de la tortura, las ejecuciones sumarias y las desapariciones forzadas. A lo que hay que añadir también el marco ideológico fundamental 304 Ibid., 5. 305 Idem. 306 Ibid., 8.
98 a la conquista de mentes y corazones . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . en el que llevaron a cabo esta guerra. Se ha dicho que, a nuestro parecer, la llamada Doctrina de seguridad nacional fue la trasposición de las teorías y prácticas de la contrainsurgencia a un nivel ‘superior’, a saber, el de un marco ideológico de referencia, aunque se concretó de distintas maneras en contextos diferentes. Todo ello trajo consigo también el objetivo de la conquista física y moral de la población, que era inherente al tipo de guerra para el que los militares habían sido entrenados y que, una vez en el poder, tenían la oportunidad de llevar a cabo en sus respectivos países con todos los medios disponibles. En el capítulo precedente, se abordó la relevancia que la doctrina contrasubversiva francesa otorgaba al objetivo de la conquista de la población y, en este sentido, al tema de la acción psicológica. De hecho, el interés por el instrumento de la llamada ‘guerra psicológica’, entendida como propaganda bélica realizada con las armas puestas a disposición por la psicología, ya se había establecido en Estados Unidos durante las dos guerras mundiales, cuando se consideró una herramienta accesoria de las operaciones militares funcional para acelerar la victoria e incluso salvar vidas. Desde el final de la Segunda guerra mundial, los manuales militares estadounidenses y de la OTAN definían la «guerra psicológica» o las «operaciones psicológicas» como tácticas de diversa índole, que iban desde la propaganda hasta la guerra de guerrillas, pasando por la diplomacia pública; es decir, conceptos similares a lo que los soviéticos englobaban bajo la categoría de «agitación y propaganda». En el contexto de la Guerra Fría, la guerra psicológica pasó a englobar un conjunto de estrategias y tácticas destinadas a lograr objetivos ideológicos, políticos o militares mediante el uso de los atributos psicológico-culturales de un público objetivo y su sistema de comunicación307. Cabe señalar que las definiciones de guerra psicológica adoptadas en el ámbito estadounidense fueron diferentes y cambiaron con el tiempo. En 1950, el National Security Council Report la definía como el uso planificado de propaganda y otras actividades, con la excepción del combate, con el fin de influir en las opiniones, actitudes, emociones y comportamiento de grupos extranjeros, para que apoyen la realización de objetivos nacionales308. Generalmente dividido en varias categorías, estratégico, táctico, ‘de consolidación’, etc.309, el instrumento de la guerra psicológica adquirió 307 Christopher Simpson, Science of Coercion: Communication Research and Psychological Warfare, 1945-1960, Oxford, Oxford University Press, 1996, 11. 308 Niño y Montero, op. cit., 24. 309 CIA, Strategical Psychological Warfare, Special Text Nº. 8, February 15 1949, pub-
99 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . cap ii. el frente interno cada vez más importancia a principios de los años cincuenta. Con la directiva del 4 de abril de 1951, el presidente Truman estableció el National Psychological Strategy Board, una entidad ‘independiente’ – pero, de hecho, un comité compuesto por los más altos funcionarios del Departamento de Estado, Defensa y la CIA – que asumiría la tarea de formular y aprobar todos los objetivos, políticas y programas psicológicos a nivel nacional, así como de coordinar y evaluar los esfuerzos globales en este sector, informando periódicamente al National Security Council de todas las actividades realizadas y de las evaluaciones sobre las operaciones psicológicas implementadas310. En 1952, se creó también el Psychological Warfare Center en Fort Bragg, Carolina del Norte, con la misión de formar a las Fuerzas Armadas en este campo y, más en general, en «guerra especial»311. Pero fue con la llegada de Eisenhower a la Casa Blanca que la guerra psicológica, que él definió como the struggle for minds and wills of men, se convirtió en un factor clave de la seguridad nacional estadounidense312. Al igual que otras fuerzas militares del campo occidental, este arma también era bien conocida entre las Fuerzas Armadas chilenas desde la Segunda guerra mundial313. A principios de los años sesenta, el concepto en la literatura militar chilena se ajustaba plenamente a las necesidades impuestas por el conflicto bipolar y, en particular, a las necesidades de la nueva guerra total que las naciones estaban llamadas a librar. La guerra psicológica debía entenderse como el empleo de medios psicológicos con el objetivo de minar la resistencia del adversario, desmoralizar sus fuerzas y, al mismo tiempo, fortalecer las propias. El objetivo principal de este tipo de guerra era, por tanto, el hombre, en el marco de una lucha espiritual y moral. Debía considerarse paralela a toda acción militar: era un proceso continuo, imposible de improvisar, concernía tanto a la población civil como a las Fuerzas Armadas; era una «lucha por la mente de los hombres» lished at Ground General School, 1; CIA-RDP78-03362A0004000500001-9; General Cia Records. 310 CIA, Memorandum for Executive Assistant to the Director (Mr. Kirkpatrick) From Deputy Director, Plans, Draft Directive – Psychological Strategy Board, 13 March, 1951, 1. 311 Véase: Alfred H. Paddock, Jr., Us Army Special Warfare. Its Origins. Psychological and Unconventional Warfare, 1941-1952, Washington, National Defense University Press-Fort Lesley J. McNair, 1982. 312 Osgood, Total Cold War, op. cit., 46. 313 Véase, como ejemplo: Raúl Valenzuela, “La Guerra Psicológica”, Memorial del Ejército de Chile, XLII, 225, julio-agosto 1948; S. Haraldsen, “La Guerra Psicológica”, Memorial del Ejército de Chile, XLV, 243, julio-agosto 1951.
100 a la conquista de mentes y corazones . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . e implicaba la aplicación de las técnicas de la psicología a la conducción de la guerra, utilizando la propaganda como arma principal, pero no única314. Con la guerra revolucionaria y los franceses, se extendió un significado aún más amplio del instrumento, hasta tal punto que acción psicológica se utilizaba como sinónimo de guerra revolucionaria. Sin embargo, no son muchos los estudios que se han ocupado de estas cuestiones, sobre todo en el contexto latinoamericano. La excepción, aparte de los estudios de la citada Verónica Valdivia, es un interesante trabajo de la estudiosa Julia Risler, que ha sostenido la tesis de que la dictadura que se instauró en Argentina con el golpe de Estado de 1976 desplegó una estrategia sistemática, bien definida y centralizada de acción psicológica. Y ello, partiendo del supuesto de la existencia de una «dimensión productiva» del régimen, «es decir, una estrategia comandada por el régimen militar y orientada a producir valores, regular actitudes y conductas, y buscar formas de adhesión y participación de la población en base a coyunturas (e intereses) específicos y cambiantes»315. En definitiva, la llamada «acción psicológica» – como la bautizaron los argentinos, probablemente por una mayor influencia de la ‘Escuela francesa’ que de la norteamericana –, «adquirió el rango de estrategia psicosocial y formó parte, junto a las acciones militares, políticas y económicas, de una “estrategia nacional contrasubversiva” orientada a combatir al enemigo subversivo». La propaganda, llevada a cabo no sólo de forma oficial, sino también por otros actores sociales favorables al régimen, fue el principal instrumento de esta acción psicológica. No se trataba sólo de difundir la política del régimen y los logros del gobierno, sino también los valores, ideas, conceptos que se consideraba que debían inculcarse a la población como parte de la lucha contra la subversión y para la defensa de la nación y de la civilización cristiana y occidental316. Partiendo de nuevo del reconocimiento de que los regímenes que se establecieron en el Cono Sur tenían varias cosas en común entre sí, se argumenta que en el caso de Chile ocurrió algo muy similar. De acuerdo con algunos autores, el golpe de Estado perpetrado por las Fuerzas Armadas en contra del gobierno democrático de Allende tuvo todas las características de una invasión militar317. En la práctica, la Junta 314 Fernando Olea Guldemont, “Guerra Psicológica”, Memorial del Ejército de Chile, LVI, 309, julio-septiembre 1962, 25-29. 315 Julia Risler, La acción psicológica: dictadura, inteligencia y gobierno de las emociones (19551981), Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Tinta Limón, 2018, 23. 316 Ibid., 30-31. 317 Garretón et al., op. cit., 11.
101 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . cap ii. el frente interno dirigió un ejército de ocupación dentro de su propio país, apoyado por la euforia de sus partidarios, el silencio traumatizado o cómplice de otros, el terror y el rechazo de muchos y la consternación de la comunidad internacional318. De hecho, el uso de la violencia por parte de las Fuerzas Armadas no estuvo motivado por la presencia real de un enemigo que ofreciera algún tipo de resistencia o por una amenaza guerrillera. El desarrollo de la acción militar se caracterizó por su relativa facilidad, incluso en ciudades con una inclinación histórica hacia la izquierda, como Concepción319. Además, no se registraron episodios significativos de resistencia en las semanas posteriores al 11 de septiembre, ni siquiera en aquellas zonas del país atravesadas por la famosa «caravana de la muerte» encabezada por el general Sergio Arellano Stark320. Es importante destacar que, antes del golpe militar, las Fuerzas Armadas tenían pleno conocimiento de que, en caso de llevar a cabo un golpe de Estado contra el gobierno de la Unidad popular, no encontrarían mayor resistencia. En ese escenario, los registros efectuados, entre julio y agosto de 1973, en fábricas, universidades, granjas y las poblaciones sirvieron para evaluar la capacidad de fuego de los militantes de izquierda321. Sin embargo, desde las horas inmediatamente posteriores al golpe de Estado, el objetivo tanto de los militares como de los medios de comunicación a su servicio fue transmitir a la opinión pública la imagen de un país sitiado, cuyo gobierno y fuerzas armadas libraban una batalla mortal contra un enemigo que prácticamente había invadido el territorio nacional. Esta narrativa de guerra interna resultó beneficiosa para justificar la violencia, tanto la presente como la futura, y para mantener el temor entre la población. Toda la propaganda antisubversiva, que monopolizó gran parte del discurso público del régimen, algunos de sus principales actos institucionales y una porción considerable de la narrativa operada por los medios de comunicación ya en horas del golpe de Estado, representó no solo el «mito de fundación» del nuevo orden, sino que también se erigió como una auténtica profecía autocumplida del estado de guerra, constituyendo un componente esencial de la guerra psicológica desarrollada en el frente interno por los golpistas. 318 Idem. 319 Huneeus, op. cit., 114-115. Sobre este tema, véase Carmen Hertz et al., Operación Exterminio. La represión contra los comunistas chilenos (1973-1976), Santiago, LOM, 2016. 320 Cuando el general Stark mostró insistencia en obtener información sobre el desarrollo del conflicto en la jurisdicción del Regimiento Talca, su comandante, Efraín Jaña Girón, le dirigió la siguiente respuesta: «No sé de qué guerra está hablando, general». Véase Verdugo, Gli artigli del puma, op. cit., 15-19. 321 Winn, op. cit., 118.
102 a la conquista de mentes y corazones . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Es posible argumentar que los mismos sucesos del 11 de septiembre fueron facilitados, en gran medida, por la implementación de una estrategia de comunicación específica: Los militares sublevados interpelaron a la ciudadanía desde una mediatizada multiplicidad de sentidos, auditivos y visuales. Desde la comunicación masiva teatralizaron la toma del poder y el restablecimiento de la ley [...] La radio fue el primer medio que registró las señales golpistas […] El hecho de que la televisión y la prensa hayan tardado en irrumpir en el escenario social significó que la audiencia tuvo un acceso gradual a la visualidad del golpe. Sería sólo con la instauración de la Junta en el poder, consumada mediante una ceremonia televisada y retransmitida en cadena por todo el país, que el cuerpo mediático de Pinochet se haría visible y le daría carne a la nueva ley [...] Existía temor por aquello (eventos, personas, situaciones) para lo cual no existían imágenes ni referentes históricos. Eran los sonidos lo único que emanaba de los nunca antes vistos cuerpos militares y sus objetos metonímicos: bombardeos aéreos, camionetas apresuradas, voces de mando, proclamas de autoridad322. La ‘espectacularización’ de la violencia, mediante la creación de un contexto de guerra interna cuidadosamente mediatizado, fue probablemente una estrategia deliberada por parte de los golpistas para infundir un temor paralizante en la población a través de la acción bélica. Esta hipótesis se confirmó años más tarde durante el período de la transición, cuando el ex portavoz de la Junta, Federico Willoughby-MacDonald, declaró que, para evitar episodios de resistencia en los momentos inmediatamente posteriores al golpe, los militares decidieron infundir «miedo, mucho miedo a la población», también a través del tono de lo dicho, que debía ser «atemorizante», con el fin de desalentar cualquier intención de salir a las calles323. Los bandos, según narraba en sus memorias el mencionado Willoughby-MacDonald, estuvieron entre las primeras comunicaciones que fueron manipuladas para provocar una determinada reacción en la población. En la práctica, «el lenguaje se hace bando324 sumiendo una modalidad 322 Carmen Oquendo-Villar, “Chile 1973 - El golpe y la voz de la ley”, E-misférica, junio 2008 (Disponible en: http://hemisphericinstitute.org/journal/3.1/esp/es31_pg_ oquendo_villar.html). 323 Willoughby-MacDonald, op. cit., 153. 324 La negrita aparece en el texto original.
103 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . cap ii. el frente interno perentoria de amenaza»325. Estas herramientas eran funcionales a los fines de lo que, por ejemplo, el historiador Freddy Timmermann definió como la «producción discursiva de miedo»: Se reiteran varias veces al día en las radios, desde las 7.40 horas en que es emitido el Bando N° 1, en un tono perentorio, instalando una sensibilidad propia de una emergencia, lo que induce ya a un disciplinamiento determinado. Su destinatario es la población, la que pretende controlar. Es intimidatorio porque establece un “estado o tiempo de guerra” de por sí, sin el cual no se podrían dictar. Crea “infracciones penales de conocimiento de los tribunales militares de tiempo de guerra”, es decir, castiga la desobediencia. Establece, por lo tanto, una amenaza y divide la sociedad en dos, culpables y inocentes, lo que en el marco de la acción militar impone un polo negativo, el gobierno de la Unidad Popular326. En términos generales, los bandos desempeñaron un doble rol: por un lado, generaron un entorno psicosocial y emocional que vulneró significativamente a la población; por otro, se dedicaron a una labor informativa que se caracterizó por su naturaleza propagandística, más que por su objetivo de ofrecer una representación imparcial de la realidad, optando por una interpretación y manipulación de esta327. Otra característica de estas comunicaciones era su ambigüedad, lo que facilitó a la Junta ampliar su base de apoyo político y, simultáneamente, indujo a la población (o, al menos, a una parte significativa de ella) a desviar la atención mientras el régimen llevaba a cabo la guerra contra los supuestos enemigos de la nación328. Otro elemento de confusión e incertidumbre surgió del hecho de que, a partir del 11 de septiembre, los bandos se utilizaron para definir prácticamente todas las cuestiones, como se ha señalado anteriormente: se instó a la población a no obstaculizar ni sabotear la acción militas, se ordenó a los trabajadores que mantuvieran sus puestos de trabajo, se 325 Elizabeth Lira Kornfeld y María Isabel Castillo, “Psicología de la amenaza política y el miedo”, Editorial ChileAmérica-CESOC, 1991, 130. 326 Freddy Timmermann, El Gran Terror. Miedo, Emoción y Discurso. Chile, 1973-1980, Santiago, Ediciones Copygraph, 2014, 140-141. 327 Garretón et al., op. cit., 19. 328 Steve J. Stern, Luchando por mentes y corazones. Las batallas de la memoria en el Chile de Pinochet, Santiago, Ediciones Universidad Diego Portales, 2013, 76-77.
104 a la conquista de mentes y corazones . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . ofrecieron las razones detrás del «pronunciamiento militar»329, se reiteró la determinación de las Fuerzas Armadas a luchar contra el marxismo a ultranza, se divulgaron listas de individuos convocados a presentarse voluntariamente en el ministerio de Defensa, se impuso un toque de queda indefinido330. Esta medida se usó en los días siguientes con diferencias y restricciones según la zona del país. En este contexto, el nuevo régimen se centró en desacreditar al gobierno depuesto y en justificar las razones de la intervención. De hecho, ni siquiera una semana después del 11 de septiembre empezaron a circular noticias que indicaban que las fuerzas de la UP, con el consentimiento del expresidente Allende, estaban en proceso de llevar a cabo un autogolpe, destinado a crear una dictadura totalitaria mediante la eliminación física de la cúpula de las Fuerzas Armadas y de los opositores políticos. Las primeras personalidades destacadas que se refirieron a este plan insurreccional de izquierdas, que pronto sería rebautizado como Plan Z, fueron, como era de esperar, el presidente de la recién formada Junta militar, el general Augusto Pinochet, y Patricio Aylwin, presidente del Partido demócrata cristiano. Con motivo de las celebraciones del Día de la Patria, Pinochet expresó su satisfacción por la forma en que se habían llevado a cabo las operaciones militares destinadas a controlar el territorio nacional: «Los cálculos que teníamos eran unos cinco días de lucha. Se redujeron, en cambio, a 24 horas». Además, el general calificó a Allende como «un audaz del engaño» y, mostrando a los periodistas fotografías recuperadas oficialmente por los servicios de inteligencia en la casa presidencial de Tomás Moro, añadió que el gobierno depuesto se preparaba para la guerra civil331. En otra entrevista, publicada el mismo día en El Mercurio, Aylwin profundizó en las razones que motivaron su apoyo al golpe militar, argumentando que Chile se había encontrado al borde de un «Golpe de Praga» y 329 El concepto de «pronunciamiento» fue empleado por los militares chilenos para ampliar la acción de una intervención militar y que no se limitaba, en el contexto español y latinoamericano, a ser un sinónimo de golpe militar. De hecho, había sido ampliamente empleado para justificar la intervención de las Fuerzas Armadas en casos de amenaza a los intereses nacionales o ante crisis graves de índole económica, política o social. La supuesta legitimidad (u obligación) de sus acciones se fundamentaba, a su vez, en el deber constitucional y estatutario de las Fuerzas Armadas de salvaguardar el Estado de Derecho y prevenir cualquier posible usurpación de autoridad. Este término conllevaba, asimismo, la legitimidad de una acción circunscrita, destinada a restablecer el orden y la seguridad, y posteriormente a devolver el poder a las autoridades elegidas por la ciudadanía. Véase Loveman, op. cit., XXVI. 330 “Bandos de la Junta de Gobierno Militar”, El Mercurio, 26 de septiembre de 1973, 22. 331 “Allende Era un Audaz del Engaño”, El Mercurio 18 de septiembre de 1973, 13.
111 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . cap ii. el frente interno Campamentos guerrilleros rurales, centros de adestramiento urbano, arsenales en los sitios más insospechados, literatura violentista en cantidades siderales, están arrojando un panorama francamente siniestro […] El enfrentamiento que pensaba iniciar la UP contó con grandes cantidades de armas introducidas al país en forma ilegal por aire y mar […] El armamentismo marxista ha llegado a extremos increíbles, si se toma en consideración que en una industria estatizada se fabricaban tanquetas para los extremistas de la UP. En otras fabricas incautadas por el oficialismo se producían granadas de mano, cocteles molotov, artefactos incendiarios y toda una gama de municiones363. Dado que se trataba, en todos los casos, de artículos fundamentados en informaciones procedentes directamente de la cúpula militar, resultaba evidente que ofrecer espacio a tales noticias no fuera en absoluto una elección autónoma de los medios de comunicación, sino el producto de directrices sumamente precisas emanadas del centro, de manera idéntica a lo acontecido en el caso de la construcción del Plan Z. Esta situación contribuyó a generar un clima de amenaza e inseguridad: Existe una amplia información en los medios de prensa de las operaciones militares. Este proceder constituye una forma de amenazar a la población, exhibiendo la capacidad represiva del régimen. Esto provoca terror y miedo en la población, ya que una represión generalizada puede afectar a cualquiera, independientemente de su real participación política [...] La utilización simultánea de la censura estricta y de la información abrumadora sobre allanamientos, detenciones y ejecuciones, genera confusión y miedo. Se hace difícil discriminar la realidad364. Durante el año 1973, en la narrativa gestionada por los medios de comunicación y en las intervenciones públicas de los integrantes de la Junta – o, más precisamente, en el contexto de la guerra psicológica librada por sinatos”, 24 de septiembre de 1973, 1 y 15; “Planes para Atacar a Las Unidades Militares”, 25 de septiembre de 1973, 17; “Planes Siniestros Alentaban Marxistas En Zona Salitrera”, 30 de septiembre de 1973, 27; “Desbaratada Peligrosa Organización Extremista”, 3 de octubre de 1973, 11. 363 “Balance Provisional del Armamentismo Marxista”, El Mercurio, 23 de septiembre de 1973, 3. 364 Lira Kornfeld y Castillo, op. cit., 125-127.
112 a la conquista de mentes y corazones . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . el régimen en el frente interno –, el subversivo fue percibido como una amenaza concreta y persistente. La prensa informó sobre el descubrimiento de nuevos centros de entrenamiento guerrillero, de arsenales del MIR, de material cubano perteneciente a antiguos miembros de la UP y publicó presuntas pruebas de la penetración en Chile de grupos guerrilleros castristas y latinoamericanos de diversa índole y del intento de la izquierda chilena de penetrar ideológicamente en las Fuerzas Armadas365. Al respecto, resulta pertinente examinar la utilización recurrente de la retórica de la «amenaza exterior», del peligro representado por los extremistas «extranjeros» y de la penetración de ideas «ajenas» a la nación desde los inicios del conflicto. Esta retórica fue utilizada, inicialmente, con el propósito de conferir legitimidad a la intervención militar y, simultáneamente, para cohesionar a una nación en tiempos de guerra. Con el paso del tiempo, esta narrativa se empleó para reforzar la idea de que los subversivos fueron intrínsecamente antichilenos. Tal como se observó en la dictadura argentina, la subversión no podía ser considerada como un fenómeno genuinamente nacional, sino como algo externo a la nación366. Esta asociación entre el extremismo-extranjero-antinacional-antipatriotismo evidenciaba cómo, en el contexto de la guerra antisubversiva, se había desvanecido cualquier distinción entre los frentes externo e interno. Una semana después del golpe militar, en la misma entrevista en la que Pinochet había calificado a Allende como un maestro del engaño, el 365 Véanse los artículos de El Mercurio: “Más Armas de MIR Descubren en Temuco”, 19 de noviembre de 1973, 48; “Nueva Escuela de Guerrilleros Descubierta en Zona de Cautín”, 21 de noviembre de 1973, 12; “Rezagos de la Ex “UP” En Remate de Aduana”, 23 de noviembre de 1973, 22; “Primera Etapa del Plan ’Z’: Halago a Las Fuerzas Armadas”, 23 de noviembre de 1973, 23; “Preámbulo del Plan ’Z’”, 24 de noviembre de 1973, 27; “Tupamara Usó Doble Identidad”, 29 de noviembre de 1973, 1; “Patrulla Militar Evita Sabotaje Extremista”, 23 de diciembre de 1973, 27; “Marxismo Protege a Delincuentes”, 18 de enero de 1974, 18; “Reviven Tácticas Y Métodos Marxistas”, 22 de enero de 1974, 3; “Escuela de Guerrilleros Y Fábrica de Explosivos”, 30 de enero de 1974, 1; “El Comunismo en Reorganización”, 30 de enero de 1974, 2; “Veterinarios Denuncian Maniobra Marxista en Comercialización de la Carne”, 2 de febrero de 1974, 17; “Severas Advertencias Al Comunismo”, 10 de febrero de 1974, 21; “Notificación Inequívoca al Comunismo”, 15 de marzo de 1974, 3; “Ejercicio de Combate Anti-Guerrillero”, 31 de marzo de 1974, 39. Y en otros medios: “Centro guerrillero en Santiago”, Qué Pasa, 1 de febrero de 1974, 9; “Hay por lo menos cinco arsenales en Santiago”, La Tercera de la Hora, 6 de febrero de 1974, 3; “Toque de Queda y el Estado de Sitio es por tiempo indefinido”, La Prensa, 19 de febrero de 1974, 13; “Marxistas Están Internando Armas”, Las Últimas Noticias, 20 de febrero de 1974, 27; “Se ha detectado ingreso de armas”, La Tercera de la Hora, 5 de marzo de 1974, 10; “La médula del antimarxismo”, La Segunda, 16 de marzo de 1974, 3. 366 Federico Finchelstein, Orígenes ideológicos de la “guerra sucia”. Fascismo, populismo y dictadura en la Argentina del siglo XX, Buenos Aires, Sudamericana, 2016, 269.
113 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . cap ii. el frente interno general hizo referencia a una serie de extremistas, en su mayoría extranjeros, que continuaban buscando la manera de cometer crímenes y generar el caos367. En otra entrevista, había anticipado que la Junta proclamaría el estado de guerra interna debido a «un grupo de chilenos desorientados», a los que las Fuerzas Armadas intentaban hacer pensar y meditar, junto a los que operaban extremistas extranjeros368. «Nosotros no queremos vencedores ni vencidos. Nosotros queremos chilenos»369. Esta asociación entre ser mezquinos, apátridas, extranjeros, traidores, entre otros continuó en la narrativa ofrecida por los periódicos. El Mercurio, por ejemplo, publicó: «“Los proletarios no tienen patria”. Esta consigna figuró en el “Manifiesto Comunista” de Marx y Engels […] Concretamente en Chile, bajo el régimen de la Unidad Popular, muchas veces quedó en evidencia la traición a los intereses nacionales por parte de los esbirros comunistas […] Su interés [del comunismo] es servir Moscú»370. La dramática batalla por Chile estaba aún en pleno desarrollo, y se repetía, desde todos los lados, que, en el país, se estaba librando una lucha contra los enemigos internos y, sobre todo, externos. Por tanto, era una obligación patriótica apoyar esta cruzada371. De hecho, no fue casualidad que los partidos integrantes de la UP fueron declarados asociaciones ilícitas y, por consiguiente, disueltos, ilegalizados y sus bienes confiscados (véase decreto-ley N.º 77, de 8 de octubre). Por las mismas razones el gobierno adoptó el decreto-ley N.º 175, que sancionó la pérdida de la nacionalidad a todos los chilenos residentes en el exterior que hubieran promovido o realizado acciones lesivas a los intereses esenciales del Estado372. En realidad, este modus operandi demostró cómo, en la guerra total librada por el régimen y su aparato, la erradicación del «cáncer marxista» iba mucho más allá de la represión. Como el propio Pinochet tuvo oportunidad de señalar durante las celebraciones por el primer mes de gobierno militar, la aspiración de la Junta era «derrotar al marxismo en la conciencia de los chilenos»373. Por lo tanto, no fue una mera casualidad que el régimen no ‘perdonara’ las costumbres, la organización del paisaje 367 “Allende Era un Audaz del Engaño”, op. cit.., 13. 368 “Buscamos paz entre chilenos”, La Prensa, 19 de septiembre de 1973, 1. 369 Idem. 370 “La Antipatria Comunista”, El Mercurio, 4 de octubre de 1973, 3. 371 “La Dura Batalla De Chile”, El Mercurio, 5 de octubre de 1973, 3. 372 “Chilenos que Atenten contra el País En el Exterior Perderán Nacionalidad”, El Mercurio, 11 de diciembre de 1973, 1. 373 “La cruda realidad no ha terminado”, Las Últimas Noticias, 12 de octubre de 1973, 2.
114 a la conquista de mentes y corazones . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . urbano e incluso la «percepción y configuración estético-social de la ciudad», como señalan Luis Hernán Errázuriz y Gonzalo Leiva Quijada en su libro El Golpe Estético374. Paralelamente a su implacable acción represiva, mientras los medios de comunicación se convertían en un instrumento de una auténtica guerra de nervios y propaganda, la dictadura intervenía también en otros ámbitos de la vida cotidiana, como lo demostró la práctica de destruir libros prohibidos encontrados en domicilios particulares y bibliotecas públicas y quemarlos en las calles durante los primeros días, «desde La Guerra de los Mundos, de H. G. Wells, hasta El Capital de Marx». Esta Operación limpieza no concluyó en ese punto. Desde su inicio, la ciudadanía se vio en la obligación de participar en la eliminación de todas las expresiones políticas y culturales del gobierno anterior, incluyendo lemas, murales, grafitis, escritos de todo tipo y tipo, carteles y pancartas, con el fin de que los barrios adquirieran una apariencia de orden y limpieza. Algunos ciudadanos participaron por obligación y miedo; otros, precisamente para celebrar la «liberación nacional». Esta operación trascendió el concepto de «desinfección» del legado marxista, asociado al «fracaso, desorden y, en cierto sentido, suciedad», y marcó el inicio «de una estética cotidiana asociada al orden y a la recuperación de los símbolos patrios»375. Dicho proceso, además, tuvo un impacto significativo en diversos ámbitos institucionales, incluyendo escuelas y universidades. En estos espacios, el deterioro estructural y la presencia de manifestaciones políticas escritas en paredes, ventanas rotas y escritorios desgastados, entre otros, fueron asociados con el caos, la anarquía y la subversión376. En respuesta a esta situación, el régimen implementó la Operación ECO, una iniciativa destinada a la «limpiar» y renovar estéticamente de las instalaciones para conformarlas a los nuevos estándares de comportamiento y estética que el régimen aspiraba a promover377. Estas medidas también se aplicaron a cuestiones como el cuidado de la vestimenta y la apariencia personal. Se llevó a cabo entonces un proceso de eliminación/censura de características estéticas tradicionalmente asociadas al mundo de la izquierda, como por ejemplo la barba, el pelo largo, 374 Luis Hernán Errázuriz e Gonzalo Leiva Quijada, El Golpe Estético. Dictadura militar en Chile 1973-1989, Santiago, Ocho Libros Editores, 2012, 8. 375 Ibid., 14-20. 376 ARNAD-ME, de Dirección de Inteligencia Nacional a Ministerio de Educación, DINA/Dpto III 3b (R), N.º 4720/1, Informa sobre estado de Conservación Establecimiento Educacional, 18 de marzo de 1974. 377 ARNAD-ME, de Presidente de la Junta de Gobierno a Ministerio de Educación, Oficio secreto CAJSI III. D. E. N.º 3560/610, Remite Informe Operación ECO, 20 de enero de 1974.
115 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . cap ii. el frente interno la ropa roja y/o negra. Este «humillante ritual de purificación del pasado marxista y/o asimilación a los nuevos tiempos» fue puesto en práctica en muchas regiones del país, por el personal de las Fuerzas Armadas o por la iniciativa espontánea de jóvenes que decidieron cortarse el cabello al estilo militar o raparse la cabeza completamente. En la práctica, la dictadura promovió, a través de estas prácticas, acciones simbólicas tendientes, por un lado, a instaurar su propio dominio y el ejercicio del poder; y, por otro, a erradicar las ideas y prácticas del gobierno derrocado378. II.4 Nueva independencia y reconstrucción nacional La guerra psicológica de la dictadura a nivel interno no se centraba únicamente en el desorden, el caos y la miseria generados por el derrocado gobierno y el antimarxismo en general, si bien estos aspectos, que ocuparon un lugar central en la fase inmediatamente posterior al golpe de Estado, continuarían siendo una constante en el discurso del régimen cívico-militar. Como hemos indicado, en paralelo a la propaganda dirigida contra las fuerzas de la UP, prevaleció inicialmente una narrativa que describía la intervención militar como una acción motivada por la responsabilidad patriótica de la institución encargada de salvaguardar el espíritu nacional y su columna vertebral, y que había protegido a la Constitución y a las instituciones democráticas del país de la catástrofe. Esta retórica respondió a la necesidad de establecer una conexión con algunos de los bastiones de la lucha que llevaron adelante las fuerzas de oposición contra el gobierno de Allende, especialmente en su fase final. En este sentido, la recurrente mención a nociones y principios como la unidad nacional, la patria, la moral, la imperativa restauración de las virtudes y símbolos tradicionales, entre otros, se manifestó desde los inicios en el discurso de los golpistas, emergiendo desde los actos oficiales de la Junta (principalmente a través de decretos y bandos), permeando en las declaraciones difundidas por sus principales representantes y reflejándose en las crónicas mediáticas. Este fenómeno contribuyó significativamente a otorgar una mayor legitimidad histórica a la intervención militar, al mismo tiempo que fortaleció el frente interno en el contexto de la guerra contra aquellas fuerzas que habían sido influenciadas por ideologías extranjeras y/o manipuladas desde el exterior. No obstante, la invocación de dichos 378 Luis Hernán Errázuriz, “Dictadura Militar en Chile. Antecedentes del golpe estético-cultural”, Latin American Research Review, 2, 44, 2009, 137.
116 a la conquista de mentes y corazones . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . principios emanaba igualmente de la adhesión a un pensamiento nacionalista: el período de la UP no solo habría generado una mayor flexibilización de los principios morales que constituían los cimientos de la sociedad, sino que, en el proceso de sustitución de los valores espirituales tradicionales por una moral revolucionaria ‘externa’ y opuesta a la tradición, se habría comprometido la subsistencia misma de la sociedad. La recuperación del patrimonio histórico-cultural, de los valores, de los símbolos, de los héroes y de las costumbres de la nación chilena se erigía como un elemento fundamental para introducir en la sociedad los anticuerpos necesarios para inmunizarla del ‘virus de la subversión’. Lo anterior quedó de manifiesto en una declaración del general Leigh a El Mercurio, distante tres meses después del golpe: Aspiramos a un régimen profundamente nacionalista, en que Chile y los chileno sean nuestra fuente inspiradora. Tenemos que amar cada día más a Chile; amar a nuestros campos y ciudades, cuyo progreso debemos sentir como propio; amar a nuestro glorioso pasado histórico, con sus héroes y grandes estadistas; amar a nuestra bandera, nuestro escudo y nuestro himno patrio, símbolos todos de la nacionalidad; y, sobre todo, amar a cada uno de nuestros compatriotas, especialmente a los más humildes y desamparados. Nunca más ideólogos y guerrilleros extranjeros reemplazarán la figura de los fundadores de nuestra nacionalidad. Nunca más la mala influencia foránea hará que los chilenos nos miremos a la cara con odio y con rancor379. En el transcurso de dicho proceso, se implementaron operaciones de guerra psicológica específicas, entre ellas, la que buscó presentar el derrocamiento del ejecutivo anterior y la llegada de los militares como una ‘segunda independencia’, asimilando la acción de las Fuerzas Armadas a la misión histórica desempeñada por el padre de la patria, Bernardo O’Higgins, en la primera década del siglo XIX. Esta tesis ha sido respaldada, por ejemplo, por la académica Isabel Jara Hinojosa, con respecto a las ilustraciones gráficas publicadas por la Editorial nacional Gabriela Mistral. En diciembre de 1973, las autoridades militares intervinieron en la desarticulación de la Editorial Quimantú, establecida en 1971 por el gobierno de la UP con el propósito de fomentar la accesibilidad a obras literarias asequibles para los estratos socioeconómi379 “Discurso del Gral. Leigh Impactó A la Juventud”, El Mercurio, 22 de diciembre de 1973, 33.
117 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . cap ii. el frente interno cos inferiores. Tras una exhaustiva purga interna, que implicó un cambio significativo en el personal, la retirada de publicaciones y la implementación de controles rigurosos, la editorial pasó a denominarse Editorial nacional Gabriela Mistral (ENGM)380 y estuvo bajo el control del Estado a través de la Corporación de fomento de la producción (CORFO)381. Además, a través del directorio de la empresa, que comprendía militares, civiles del ámbito empresarial, profesionales, profesores universitarios y representantes de antiguas fuerzas políticas como el Partido nacional o Patria y libertad, se logró la integración de todas las principales corrientes ideológicas del régimen en ENGM382. Si bien es cierto que una parte considerable de las primeras publicaciones tenían como objetivo legitimar el golpe y difundir las intenciones del nuevo régimen, las ilustraciones contenidas en dichos textos sirvieron para alimentar, precisamente, la retórica de una segunda independencia del marxismo, justificando su necesidad y explicando sus orígenes. En palabras de la mencionada historiadora: En esta operación, hubo gráficas enunciativas del desabastecimiento, del desorden callejero y de las ocupaciones de propriedad privada, todas comisionadas para “recordar” el ambiente de incertidumbre y trastrocamiento del orden histórico natural que había traído la “vía chilena al socialismo”. Hubo otras encargadas de dar un cariz más perverso y alarmante a la “amenaza marxista”, exhibiendo sus armamento y conjuras. Hubo las que mostraron a los nuevos gobernantes, especialmente a Pinochet, como distinguidas autoridades “cobijadas” por los lugares y objetos simbólicos del poder político y del servicio público [...] Otras imágenes pretendieron inventarle a la Junta una aceptación internacional que no tenía, así como muchas enfatizaron la alegría popular, la armonía social y disciplina productiva bajo su tutela [...] Las ilustraciones insinuaron también significaciones apoyadas en el respeto de la tradición y del ce380 Gabriela Mistral (1889-1957) fue una de las poetas más importantes de la historia chilena y latinoamericana, Premio Nobel de Literatura en 1945. El régimen militar intentó explotar su imagen, presentándola como una suerte de madre de todos los chilenos, exaltando su origen humilde y su labor como educadora en el ámbito de la infancia (y omitiendo, obviamente, su militancia feminista y sus posiciones a favor de una educación accesible a todas las clases sociales y en defensa de los pueblos indígenas). 381 Isabel Jara Hinojosa, “Graficar una «Segunda independencia»: el régimen militar chileno y las ilustraciones de la Editorial Nacional Gabriela Mistral (1973-1976)”, Historia, I, 44, enero-junio de 2011, 140-141. 382 Ibid., 143.
118 a la conquista de mentes y corazones . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . remonial republicanos, en que la intensificación de los objetos y lugares cotidianos era necesaria para la invocación de la continuidad histórica383. Las ilustraciones contenidas en los textos publicados por la Editorial nacional Gabriela Mistral reproducían la narrativa de la dictadura, transmitiendo múltiples mensajes. Entre ellas, la que sostenía que la crisis provocada por la UP era producto de la traición a la tradición y de la ruptura de la unidad nacional, la relativa a la necesidad de que todos los chilenos participaran en la restauración de dicha unidad, la que quería que los valores en cuestión pertenecieran al orden superior de la historia y del alma nacional. Estos valores, que cada ciudadano, especialmente los miembros de las Fuerzas Armadas se comprometieron a restaurar como parte de una misión histórica vinculada al legado de O’Higgins384. Así, la mencionada editorial se erigió como un significativo medio de divulgación del pensamiento del régimen, mediante la publicación de una diversidad de obras y contenidos. Como: Líneas de acción de la Junta de Gobierno de Chile (1974), La Junta de gobierno frente a la juridicidad y los derechos humanos (1974), La situación actual de los derechos humanos (1974), Mensaje a la mujer chilena (1974), Política cultural del gobierno de Chile (1974), entre otros. Sin embargo, estos esfuerzos, empezando por el de promover la difusión en el imaginario colectivo de una asociación entre una primera y una segunda independencia, vinculando simbólicamente la «liberación del marxismo» a la independencia del país del Imperio español, fueron mucho más generalizados. Probablemente no fue casual la idea de identificar las Fiestas Patrias, celebradas el 18 y 19 de septiembre de cada año, con el hito en el que supuestamente la UP habría debido implementar el Plan Z. En esta misma sintonía encontramos la promulgación del decreto-ley N.º 1, cuyo contenido oficializaba la constitución de la Junta militar, el 18 de septiembre, fecha que coincidía con la conmemoración de la organización de la Junta nacional de gobierno de 1810 y que establecía el primer intento de vida republicana tras siglos de dominación colonial hispana. Más allá de estas suposiciones, lo que es cierto es que a siete días del golpe de Estado, los medios de comunicación del régimen utilizaron hábilmente las celebraciones de la Independencia nacional para establecer tal vínculo con el pasado. Asimismo, aprovechando la ocasión de las celebraciones del Día de las glorias del Ejército, el 19 de septiembre, y en el marco del tradicional desfile militar en homenaje a las Fuerzas Armadas 383 Ibid., 161-162. 384 Ibid., 162.
119 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . cap ii. el frente interno por su decisiva contribución a la independencia de Chile bajo la dirección del libertador y padre de la patria Bernardo O’Higgins, el general Pinochet reforzó el vínculo entre las dos campañas de liberación: Como ustedes ven estoy reunido con los señores generales del Ejército para agradecerles la forma cómo han actuado durante esta campaña de liberación que está en sus inicios, ya que tiene grandes proyecciones hacia el futuro[...] En el Día de las Glorias de Chile y del Ejército tienen ustedes y la ciudanía la satisfacción de ver un Chile libre y soberano. La decisión que tomamos con profundo dolor emana de nuestra responsabilidad por los destinos de la patria, por el pueblo, por las personas que estaban sufriendo [...] Salvada la patria de la amenaza cierta de una guerra civil, los soldados de Chile tienen la heroica misión de encarnar las aspiraciones del pueblo que ha sido frustrado en muchos de sus legítimos anhelos. Debemos ahora construir una nación de hermanos [...] Más que reconstruir, Chile necesita progresar social y económicamente. Esto requiere sacrificios de todos por igual. No podemos prometer fáciles soluciones, porque vivimos horas difíciles [...] Este ejemplo que nos dieran los próceres de la historia y que hoy rememoramos con orgullo en esta dignidad a salvo nos debe iluminar el camino para hacer de Chile la patria grande y generosa que todos anhelamos385. Si bien se trata de un terreno resbaladizo, en el que, además, no hay pruebas de una conexión ideal o de otro tipo entre ambas experiencias, es difícil no pensar aquí en una similitud con algunos de los ritos típicos del fascismo europeo. Por ejemplo, con la significación atribuida por el fascismo italiano al aniversario de la anexión de Roma al Reino de Italia, para el que el 20 de septiembre de 1870 marcó un momento de importancia fundamental en el camino hacia la unificación nacional. De acuerdo con el historiador Emilio Gentile, «La conmemoración de 1923 evidenció de manera inequívoca la intención del fascismo de eliminar cualquier vestigio de la tradición democrática y anticlerical del evento, transformándolo en una oportunidad para enaltecer una conexión ideal entre la conquista de 1870 y la “Marcha sobre Roma”»386. Lo mismo puede decirse de la búsqueda de un pasado en el que reconocerse, antes de la supuesta crisis en la que se 385 “Ahora debemos construir una nación de hermanos”, La Tercera de la Hora, 20 de septiembre de 1973, 2. 386 Emilio Gentile, Il culto del littorio, Roma-Bari, Laterza, 1993, 66.
120 a la conquista de mentes y corazones . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . había sumido el mundo, caracterizada por el marchitamiento de la política, cuya única finalidad se había convertido en la de justificar la existencia de una clase de políticos profesionales387. Como ha señalado Marcelo Casals, el régimen aprovechó repetidamente los momentos conmemorativos, como los aniversarios del 11 y 19 de septiembre o el 21 de mayo (Día de las Glorias Navales), para consolidar y difundir su retórica autovalidante y sus objetivos refundadores388. En palabras de este autor: Los ritos celebratorios impulsados tanto por las bases sociales del régimen como por el mismo gobierno se basaron en la experiencia reciente de la Unidad Popular para darle coherencia al momento, reviviendo temporalmente la movilización social contrarrevolucionaria de los últimos meses del gobierno de Allende. Para ello, los gremios mesocráticos intentaron ponerse al centro del relato celebratorio, aunque el gobierno quiso de manera sutil poner el énfasis en una ciudadanía anónima y en la propia “gesta” de los militares. Con todo, el sustrato valórico de los actos respondía a los que las organizaciones de clase media habían reclamado en las calles en el período anterior: orden, autoridad, austeridad, paz y uso indisputado del espacio público para reclamar su lugar en la sociedad, y por ello respondieron con una asistencia masiva a las celebraciones. La dictadura dio lugar a estos momentos de reconocimiento para afirmar su propio discurso legitimador, dando cabida a la vez a las bases sociales que presionaban por la oportunidad de actualizar su protagonismo en la lucha contra la izquierda. La ritualidad dictatorial, de ese modo, constituyó un reemplazo simbólico a la esfera pública del “Chile mesocrático”389. En este caso, como en otros, la sacralidad conferida a ciertos rituales colectivos no difería significativamente de la «solemnidad» que, por ejemplo, el fascismo italiano procuró infundir en las celebraciones de los aniversarios nacionales390. Este mismo razonamiento puede aplicarse al 387 Pier Giorgio Zunino, L’ideologia del fascismo. Miti, credenze e valori nella stabilizzazione del regime, Bologna, Il Mulino, 1995, 63-121. 388 Marcelo Casals, Clase media y dictadura en Chile: consenso, negociación y crisis (1970-1983), Tesis Doctoral, University of Wisconsin-Madison, 2017, 132-133. 389 Ibid., 139-140. 390 Gentile, op. cit., 59.
127 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . cap ii. el frente interno Mientras se llevaban a cabo mejoras en la maquinaria represiva, la Junta recurrió al ‘poder femenino’, a la ‘juventud’ y a los ‘gremios’ para construir su política de participación controlada. Para ello, bajo la coordinación de la Dirección de organizaciones civiles dirigida por Gisela Silva – dependiente a su vez de la Secretaría general de gobierno liderada por aquel entonces por el mencionado coronel Pedro Ewing –, se creó la Secretaría nacional de la mujer, la Secretaría nacional de los gremios y la Secretaría nacional de la juventud. Estos organismos habrían de cubrir una parte importante de las necesidades de propaganda, manipulación y movilización de la dictadura cívico-militar422. La Secretaría de la juventud fue defendida enérgicamente por Jaime Guzmán. El líder del gremialismo fue, en efecto, un férreo partidario de la imperativa creación de un nuevo movimiento cívico, inspirado moralmente por las Fuerzas Armadas, que sirviera además como futura base de apoyo al gobierno tras el retorno a la democracia. En esta etapa, el objetivo principal era forjar una «mística nacional» que respaldara al régimen, mediante la transformación del apoyo de la juventud en un instrumento destinado a infundir vigor espiritual a la dictadura, enfatizando el carácter militante de la reconstrucción nacional. Este propósito se lograría mediante la promoción excepcional del deporte y el desarrollo de otras formas de participación no políticas423, así como mediante un papel cada vez más activo en el gremialismo. Lo anterior confirmaba que el objetivo de la dictadura era crear un régimen sólo parcialmente excluyente, en el que necesitaba el apoyo de sectores empresariales y de la pequeña burguesía, así como de amplios sectores populares. Esto era necesario para derrotar a la UP y a la ‘subversión’ en general, no solo militarmente, sino también política e ideológicamente. En resumen, de acuerdo con Yanko González, la rápida creación del SNJ, en medio de la «guerra interna» y la inestabilidad decisoria, expresaba «la avanzada claridad estratégica de centrar en las y los jóvenes una intervención planificada tanto de persuasión y fidelización, como de coerción y coacción para construir una base social de apoyo juvenil fiel a la dicta422 El régimen también se planteó encontrar una forma de «llegar en forma directa a la clase popular». Se pensó, por ejemplo, en utilizar El Clarín, el histórico medio de información de izquierda, clausurado por los militares en la mañana del 11 de septiembre, «como una forma de disponer de un periódico de aceptación y atractivo popular, empleando su nombre primitivo». Sin embargo, al final, la Junta, asistida por el Comité creativo de la Secretaría general, consideró que los periódicos que circulaban en ese momento eran suficientes para tal propósito (AHJG, N.º 39, 21-22 de noviembre de 1973, 1-2). 423 Moncada Durruti, op. cit., 80-81.
128 a la conquista de mentes y corazones . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . dura y a los principios que originaron el golpe de Estado»424. Esta estrategia era muy similar a la de la guerra revolucionaria del ejército francés. Sobre todo, en lo concerniente a las jerarquías paralelas, que representaban un instrumento de control de la población en el ámbito de la lucha en contra la subversión. A ello se sumaba el anti partidismo de Jaime Guzmán, que no estaba solo ligado a su inspiración corporativista, sino en la forma en la que se percibían los éxitos del enemigo: «Guzmán odiaba/admiraba al Partido Comunista por su cohesión, su determinación y su claridad en los medios y en los fines. Pero creía ver en su poderío no solo un aparato partidario tradicional (una orgánica, la “maquinaría”), sino más bien una prolongación de su verdadera vitalidad: el movimiento social, las masas»425. En cualquier caso, no fue casualidad que uno de los primeros llamamientos de la Junta, en los días inmediatamente posteriores al golpe de Estado, se hubiera dirigido a la juventud chilena: Chile es joven. Más del cincuenta por ciento de la población tiene menos de veinticinco años [...] Es propósito decidido del nuevo Gobierno que esta juventud mayoritaria tome con sus firmes manos el quehacer glorioso de labrarse su propio destino de grandeza. Cada generación tiene su tarea. A esta juventud de hoy le corresponde la más difícil pero la más honrosa: de llevar a Chile a su más alto pedestal. JOVEN CHILENO: los hombres de armas te han abierto un camino. Sí lo recorres con fe y con alegría, tu espíritu y tu cuerpo se irán nutriendo de toda la fuerza que te ha legado la historia [...] Tendrás gimnasios y estadios pare que fortifiques tu cuerpo; tendrás escuelas donde los maestros, dignificados a la altura de su misión educadora, puedan entregarte los conocimientos para que prospere sin limitaciones ni diferencias [...] Para el Chile nuevo, no hay más jóvenes pobres ni ricos, no hay más luchas de clases ni sectarismos que pretendan encasillar la libertad de tu mente [...] JOVEN: el Chile nuevo, le quiere alegre, optimista; como lo son tus mejores sueños, confía en ti mismo, pues el destino que le ofrecemos está pleno de realidades para que puedas cumplir la misión de progreso que Chile espera de ti426. 424 Yanko González, “El ‘Golpe Generacional’ y la Secretaría Nacional de la Juventud: Purga, disciplinamiento y resocialización de las identidades juveniles bajo Pinochet (19731980)”, Atenea, 512, 2015, 92. 425 Valdivia Ortiz de Zárate, Álvarez Vallejos y Pinto Vallejos, op. cit., 52-53. 426 “Formuló Junta de Gobierno: Llamado a Juventud Chilena a Participar En Re-
129 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . cap ii. el frente interno Tras la creación de la Secretaría nacional, a finales de octubre de 1973, la cúpula militar manifestó su voluntad de gobernar con la juventud, brindándoles apoyo en todas sus actividades culturales, sociales y deportivas, «como instrumento de desarrollo personal de la unidad nacional»427. De hecho, según declaró el coronel Ewing, la experiencia de los últimos años había generado una fuerte rebelión entre las nuevas generaciones, debido a la presencia de un ejecutivo inmoral e incompetente, que había excluido a los jóvenes de cualquier vía creativa y de crecimiento. Incluso el estudio parecía carecer de resultados tangibles, en un contexto en el que la juventud profesional y técnica se veía obligada a buscar oportunidades fuera de su país, de manera incomprensible. Al mismo tiempo, la lucha de la juventud chilena contra el marxismo había sido fundamental para para su futuro y el de la nación. Por estas razones, la Junta se preparaba para ofrecer a los jóvenes un país económicamente desarrollado y socialmente avanzado, donde la educación recobrara por fin su sentido, inculcando los grandes valores morales de la nación chilena sin exigir nunca la politización que la ciudadanía había repudiado. Por cierto, esta estrategia no tenía como objetivo representar un gobierno para la juventud, sino más bien un gobierno que los integraba dentro del engranaje institucional, considerando que la época moderna había demostrado que los jóvenes poseían la capacidad de anticipar intuitivamente numerosos fenómenos sociales. Por lo tanto, junto con el fomento del estudio, la juventud encontraría en la «histórica tarea de la reconstrucción nacional un vehículo para sus múltiples inquietudes, tanto en el plano cultural y social, como en el deportivo y de esparcimiento»428. En este sentido, no se trataba únicamente de emplear dicha estrategia con propósitos propagandísticos y como sustento de un componente esencial del movimiento insurreccional de la burguesía que había conducido al golpe militar. El objetivo era considerablemente más ambicioso, delicado y, si se quiere, a largo plazo. La meta era neutralizar de manera definitiva lo que se consideraba uno de los componentes de la sociedad tradicionalmente más inquietos y propensos al cambio, cuando no a la rebelión pura y simple. En suma, el régimen consideró imperativo despolitizar a la juventud, resguardándola de cualquier amenaza que pudiera iniciar una concientización política, manteniéndola bajo un control constante, educándola en los valores tradicionales y manipulándola. Hay que decir construcción”, El Mercurio, 17 de septiembre de 1973, 1. 427 “Creada la Secretaría Nacional de la Juventud”, El Mercurio, 29 de octubre 1973, 21. 428 Idem.
130 a la conquista de mentes y corazones . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . que esta estrategia se aplicó en los jóvenes desde el principio, a través de los aspectos institucionales, los medios de comunicación y, sobre todo, en el ámbito educacional. Al respecto, El Mercurio, fiel a su estilo propagandístico, señalaba lo siguiente: Para la juventud es mucho más fácil aceptar la existencia de ciertos valores que, en los últimos tiempos, habían perdido en Chile toda realidad, llegando a ser – en las generaciones mayores – palabras vacías u objeto de burla, o adorno de discursos electorales. A quienes no somos jóvenes nos costará entender de nuevo que la disciplina, la solidaridad nacional, la exaltación del trabajo, el culto de nuestra historia y de nuestros héroes, la defensa de la soberanía y de la seguridad del país, la proscripción del odio y de los divisionismos partidistas han cobrado en Chile una vigencia renovada a partir del 11 de septiembre. Han sido muchos y muy intensos los años en que el país ha visto predicar el desorden, la toma de la justicia por la propia mano, la lucha de clases, la incitación al crimen político y social, el desprecio del pasado y de sus grandes figuras, etc., para que todos quienes se vieron expuestos a tan sistemático y demoledor bombardeo de doctrinas y ejemplos perniciosos no hayan resultado – en cierta medida – afectados por él. Sólo los jóvenes se hallan libres de contaminación o pueden desprenderse fácilmente de ella429. Por otra parte, si los jóvenes representaban el futuro sobre el que era necesario intervenir radicalmente y lo antes posible, las mujeres constituían, en cierto sentido, el pasado, o más bien, la personificación misma de aquellos valores e instituciones tradicionales, empezando por la familia, que debían ser recuperados y salvaguardados a toda costa. En nombre de esta causa, la mujer chilena se convirtió en un verdadero objeto de instrumentalización. El llamado ‘poder femenino’ había reunido, durante los años de la UP, a mujeres de orientación política conservadora, muchas de ellas pertenecientes a la clase media-alta, que nunca habían migrado a la política, con el objetivo de ejercer oposición al gobierno de Allende430. La primera vez que este grupo saltó a los titulares fue con la famosa ‘marcha de las Cacerolas’, a finales de 1971. En aquella ocasión, apoyadas por un partido 429 “Metas para La Juventud”, El Mercurio, 19 de diciembre de 1973, 3. 430 Power, op. cit., 214-215.
131 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . cap ii. el frente interno de derechas, que había entendido que con una retórica (aparentemente) apolítica podía movilizar a amplios sectores de la ciudadanía en torno a reivindicaciones muy concretas, las mujeres en cuestión habían salido oficialmente a las calles para protestar por la escasez de bienes considerados esenciales. Esta manifestación fue un acontecimiento particularmente significativo, ya que representó la primera evidencia clara del conflicto político y de clases que estalló tiempo después. Con la creación de la Secretaría de la mujer, cuyo objetivo era de integrar a las mujeres al desarrollo social, cultural y económico del país, a través del trabajo organizado y voluntario431, la Junta buscaba utilizar tal institución como una herramienta de propaganda, en la que se explotaba la imagen de la mujer en su papel de madre, esposa y dueña del hogar, pretendiendo exaltar los valores de la familia, la tradición y el apego a la patria. El Mercurio escribió a finales de octubre de 1973: En estos días – con sobrada razón – se oyen expresiones de agradecimiento por el sacrificio que han hecho y continúan haciendo las Fuerzas Armadas y Carabineros para salvar a Chile de las garras del marxismo. Es justo, sin embargo, que esa gratitud se exprese también hacia la mujer chilena [...] Las mujeres tuvieron electoralmente una clarividencia que no se extendió a los varones. Fueron los votos femeninos los que permitieron las victorias democráticas contra el marxismo y, en otros casos, el debilitamiento de los pocos triunfos de la ex Unidad Popular en las urnas. También fueron las mujeres las que presionaban desesperadamente para que los parlamentarios democráticos no permitieran que el Congreso Pleno entregara el mando al marxismo-leninismo. Por último, también fue la decisión femenina el factor más importante para que las debilidades de algunos políticos fueran superadas hasta lograr una oposición unida. El primer valor cívico antimarxista en las calles fue demostrado por las mujeres [...] La mujer chilena, la mujer de nuestro pueblo, ha sido la custodia del hogar, la salvadora de los hijos, y muchas veces el reemplazo del marido extraviado en los vicios de la pereza y del alcohol [...] La conducta de las mujeres en los años oscuros de la ex Unidad Popular tiene perfiles épicos y ha sido capaz de redimir muchas vacilaciones y muchas traiciones [...] El Supremo Gobierno, al establecer la Secretaría de la Mujer no sólo reconoce el enorme significado de las chi431 Huneeus, op. cit, cit., 344.
132 a la conquista de mentes y corazones . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . lenas en la historia patria contemporánea, sino que muestra que comprende las enormes posibilidades creativas femeninas y el insustituible apoyo social que el mal llamado sexo débil puede prestar a un Gobierno fuerte432. La labor de la Secretaría se extendió a las acciones de la red de centros de madres, creada por el gobierno demócrata cristiano de Frei Montalva para mejorar la situación familiar, espiritual y económica de las mujeres433. Posteriormente, dicha entidad asumió la función de carácter puramente asistencial en campos como la nutrición escolar, el apoyo a niños de familias en condiciones de extrema pobreza y la alfabetización434. A lo largo de los años, estas actividades habrían contribuido significativamente al intento del régimen de reemplazar, tanto en la práctica como en la percepción pública, el concepto de protección social garantizada por el Estado con el de caridad otorgada por los segmentos más acomodados de la población. Destacamos la participación de Lucía Hiriart, esposa de Pinochet, junto a las cónyuges de otros miembros de la Junta, quienes desempeñaron un papel crucial en este proceso. Un ejemplo ilustrativo de esto se encuentra en una entrevista concedida por la primera dama a El Mercurio en diciembre de 1973, en la que afirmó que: «Estamos trabajando para que cada niño y mujer de nuestro país tenga una vivienda digna, una educación esmerada y un estilo de vida acorde a lo que todo ser humano necesita». En este sentido, Hiriart subrayaba el papel de la caridad de los chilenos, que permitió que casi dos millones de niños recibieran juguetes por Navidad435. Este evento marcó el inicio de una actividad voluntaria a gran escala, que involucró a cientos de miles de individuos, entre trabajadores y beneficiarios, seleccionados y capacitados de acuerdo con los principios ideológicos del régimen436. Más allá de las frecuentes referencias al heroísmo demostrado durante el período de oposición al gobierno de la UP, la concepción de la 432 “La Mujer Chilena”, El Mercurio, 25 de octubre de 1973, 3. 433 En realidad, los orígenes del Centro de Madres (CEMA) hay que buscarlos en el gobierno de Carlos Ibáñez del Campo, cuya esposa, de manera no muy distinta a la seguida posteriormente por la de Pinochet, había participado en la creación de asociaciones de apoyo a las mujeres más pobres. No muy diferente, después de todo, de lo que hizo en Argentina la esposa de Juan Domingo Perón, Evita, con su Fundación, que se destacó en el campo de la beneficencia en favor de los sectores menos favorecidos de la sociedad y que cumpliría un papel fundamental para darle un sesgo más popular al movimiento peronista. 434 Huneeus, op. cit, 344-345. 435 “Nuestra Preocupación es Dignificar a la Familia”, El Mercurio, 22 de diciembre de 1973, 29. 436 Huneeus, op. cit., 344.
133 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . cap ii. el frente interno mujer alimentada por la dictadura y sus medios de comunicación – imagen compartida, por lo demás, por las propias exponentes del ‘poder femenino’ – era la de una «mujer eterna, inalterable, inmune al paso del tiempo, a los acontecimientos históricos o las realidades materiales». Se trataba de una mujer cuyo activismo político se fundamentaba en la actitud pasiva del hombre ante el peligro, sin cuestionar los valores tradicionales ni descuidar sus responsabilidades domésticas como guardiana del hogar y de los hijos437. En este sentido, resulta emblemática la entrevista realizada por el diario El Mercurio a la directora nacional de la Secretaría, la «mujer de hogar» Carla Scassi-Buffa: esa mujer que luchó por su libertad, que salió a la calle para decirle al mundo que su hogar y sus hijos corrían peligro, “que defendió la vida chilena misma”, está esperando que le digan “qué hacer” y “cuando” [...]¿Un metro setenta de estadura?..., probablemente. ¿Bonita?..., encantadora. Viste un traje café y zapatos del mismo color. Es elegante. Es esposa de un hombre de empresa. Y madre de seis hijos. Se cubre la cara con ambos manos cuando una pregunta la obliga a reflexionar. No le importa permanecer así varios minutos [...]¿En qué medida dejará su hogar a fin de desempeñar su nueva función? – No voy a dejar esta familia sin madre y a mi marido sin esposa. Trataré de compatibilizar ambas funciones [...] La mujer, en el hogar, cumple la más insustituible de las misiones438. En un contexto de profunda crisis económica y ante la lenta y ardua misión de la recuperación, no fue casualidad que los llamados de los jefes militares se dirigieran en esos meses fundamentalmente a las mujeres. Es pertinente señalar que Pinochet estableció alianzas estratégicas con el ‘poder femenino’, manteniendo reuniones anuales con representantes de este sector. La mujer era, después de todo, el pilar sobre el que se sustentaba la familia, que a su vez era la base de la sociedad que se pretendía construir439. En términos más amplios, se observa que las mujeres, los jóvenes y los gremios, a través de las organizaciones creadas, se movilizaron en respuesta a una variedad de acontecimientos colectivos, que abarcaban desde los aniversarios del 11 de septiembre hasta las celebraciones anuales, así 437 Power, op. cit., 200-206. 438 “Carla Scassi-Buffa”, El Mercurio, 28 de octubre de 1973, 34. 439 “Gral. Pinochet exhortó a las mujeres a crear un ambiente apto en la familia”, La Tercera de la Hora, 31 de mayo de 1974, 3.
134 a la conquista de mentes y corazones . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . como en los actos públicos en los que Pinochet comunicaba las decisiones tomadas por el régimen. Además, la Junta, a través de la Secretaría general de gobierno, recurrió a las categorías en cuestión como puntos fijos de apoyo popular a la dictadura cada vez que esta atravesaba momentos particulares de dificultad. II.6 El Desafío 1974 Con el nuevo año, las dificultades para el régimen cívico-militar no disminuyeron. La dictadura seguía luchando por encontrar una salida a la crisis económica que afectaba al país y, en general, por identificar caminos viables desde el punto de vista económico para alcanzar lo que habían prometido. Lo que más preocupaba, según se desprende de una reunión que miembros de la Junta mantuvieron con el secretario general del gobierno y parte del personal responsable de comunicación440, fue la posible reacción de la población ante el aumento de los precios de los productos de primera necesidad decidido por el ministerio de Economía441. También por un enfoque bastante esquemático, que los llevaba a mirar la realidad casi siempre utilizando como término de comparación lo ocurrido en los tres años de UP, los militares estaban muy preocupados por las repercusiones que las medidas en cuestión podían tener a nivel social (y, por tanto, en la seguridad). No fue casualidad que en las semanas anteriores se hubieran autorizado subsidios para los sectores más vulnerables de la población442. En enero de 1974, algunos personeros de la Secretaría general temían que la crisis pudiera ser aprovechada por aquellos políticos que no estaban totalmente de acuerdo con el gobierno y que habían manifestado sus reparos «en una campaña sutil en la prensa»443. La referencia era a los exponentes del disuelto PDC (o, al menos, a una parte de ellos) y, con toda probabilidad, al órgano de información democristiano, la revista Ercilla. Según la Secretaría, estos grupos podrían haber aprovechado políticamente la situación para presionar a la Junta y lograr la eliminación del estado de guerra o, incluso, que se convocara a elecciones. Además, algunos «ru440 Entre ellos, el vocero Federico Willoughby, el periodista Álvaro Puga, director de Radio Cooperativa y editorialista de La Segunda, y Gastón Acuña, director de información gubernamental. 441 AHJG, N.º 72, 17 de enero de 1974, 6. 442 AHJG, N.º 66, 11 de enero de 1974, 1. 443 AHJG, N.º 72, op. cit., 6.
135 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . cap ii. el frente interno mores» hacían referencia a la posibilidad de protestas en la universidad y en el ámbito sindical para marzo de ese mismo año444. Por todo ello, el secretario general del gobierno pidió a los mandos militares todos los medios necesarios para actuar con la máxima celeridad. Según las encuestas, el apoyo de la población al régimen rondaba el 85 %, pero era necesario dotarse lo antes posible de «una masa ciudadana organizada para el apoyo de la Junta cuando sea necesario». Esto se podría haber logrado, precisamente, a través de «los tres campos principales: las mujeres, los gremios y la juventud»445. Para contrarrestar esta situación, la Secretaría pidió nuevos instrumentos, pero también nuevos poderes: El señor Alvaro Puga manifiesta que la Secretaría General de Gobierno en todos los países es el órgano político de expresión de la Junta. Los otros Ministerios no hacen política, sino que aplican políticas. Para poder realizar esta política, se hace necesario entregar a la Secretaría General de Gobierno los instrumentos para hacerla efectiva. Se necesitan medios propios de comunicación. El señor Gastón Acuña expresa que la Junta de Gobierno se va a enfrentar a una serie de alzas por motivos totalmente ajenos a su voluntad, como son alzas de tipo mundial. Para contrarrestar la propaganda negativa que esto puede traer, es necesario efectuar una acción ofensiva, para lo cual es necesario: - Disponer de medios de difusión para neutralizar la acción de la propaganda contraria. – Disponer de un aparato capaz de recoger y organizar a la ciudadanía y realizar acciones de respaldo a la Junta. – En lo que se refiere a difusión, estima necesario se dé curso a un decreto-ley que da a la Secretaría General de Gobierno la coordinación de los elementos publicitarios del Estado; además, deja bajo su tuición directa algunos órganos pertenecientes al Estado, a los cuales podría imprimírseles toda la eficacia de un pensamiento y un mensaje, fundamentalmente el diario “La Patria”, la Empresa Editora “Gabriela Mistral”, Radio Nacional. Esta última ya se encuentra en poder de la Secretaría General de la Junta446. Unos días después, en presencia de los ministros del Interior, Educación y Trabajo, el director de Información del gobierno, el mencionado 444 Idem. 445 Idem. 446 Ibid., 6-7.
136 a la conquista de mentes y corazones . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Gastón Acuña, añadió a las necesidades expresadas durante la reunión anterior la importancia de implementar el proyecto de decreto-ley que transformaría la Secretaría general de gobierno en ministerio, así como la urgencia de «desarraigar las causas que dieron origen al Allendismo»447. En otras palabras, les era imprescindible producir «un cambio profundo en la mentalidad del país, para lo cual se precisa de elementos vigorosos, de instrumentos inusitados, que la situación actual requiere, y para los que la Junta es una garantía de que serán bien usados». Para esto necesitaban de «una movilización de masas vigorosa en respaldo de los planes y proyectos del Gobierno», en donde la Secretaría general no podía funcionar como un mero órgano de coordinación, sino que tenía que actuar como «un instrumento a través del cual la Junta dirija una acción política, en reemplazo de los partidos políticos, que en un Gobierno militar no existen»448. La propuesta de convertir a la Secretaría general en ministerio planteaba, en la práctica, la cooptación de un espacio que, en otros regímenes, ocupaba el partido único. En este sentido, dicho organismo, presidido por Pedro Ewing Hodar, podría haber respondido a esta necesidad mediante la movilización de gremios, mujeres y, sobre todo, jóvenes; «herramientas básicas para un Gobierno al que le esperan tiempos difíciles», así como «los medios de publicidad», señaló el general Leigh449. Solo el canciller Huerta expresó dudas sobre la centralización de las actividades de información y comunicación de su ministerio y planteó la propuesta de una mayor coordinación en este ámbito450. Estos debates confirmaron una realidad muy simple: los hombres del régimen eran perfectamente conscientes de que ninguna dictadura se podía sostener solo a través de la represión y la violencia. No es casualidad que, durante una serie de reuniones que mantuvieron a principios de 1974 – mítines en los que recurrió a los enfoques psicosociales de la dinámica de grupos desarrollados por analistas como el psicólogo alemán Kurt Lewin451–, se señalara la necesidad de crear una mística en torno al gobierno, aunque dentro de un «Estado despolitizado»452. A través de es447 AHJG, N.º 73, 18 de enero de 1974, 1. 448 Idem. 449 Ibid., 2. 450 Ibid., 3. 451 Kurt Lewin (1890-1947) fue un psicólogo alemán, considerado uno de los padres de la psicología social. 452 ARNAD-ME, Secretaría general de gobierno-Dirección de Asuntos Públicos, Informe crítico sobre reunión de alto nivel realizada el lunes 25 de febrero de 1974, en la sala N.º 8 del Edificio Diego Portales, 1 de marzo de 1974.
143 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . cap ii. el frente interno pronunciamiento militar, porque es una de las formas de incorporarlos a apoyar los planes del gobierno»468. Aunque el mandato de Salvador Allende había sido destruido, «análisis de encuestas, sondeos de la opinión pública y estudios de reacciones inconscientes» había puesto de manifiesto que las ideas fundamentales que lo habían inspirado seguían vivas469. Además, era típico de las masas olvidar rápidamente, lo que podría haberse traducido en una falta de compromiso y adhesión real a los planes de reconstrucción y a los esfuerzos del gobierno. En consecuencia, los expertos consideraron «imprescindible reactualizar un programa de acción de guerra psicológica realizado por esta Dirección el 19 de noviembre de 1973»470. La nueva campaña debía «actualizar los factores neurotizantes que traumatizaron al ciudadano chileno durante el régimen de la UP, y que en muchos casos actualmente han olvidado». En la práctica, se consideró necesario llevar a cabo una guerra psicológica que interviniera «a nivel de lo más instintivo del ser humano», actuando sobre los sentimientos traumáticos de «angustia, neurosis, tragedia, inseguridad, peligro y miedo». Esta táctica buscaba anticipar cualquier ‘ataque’: «si bien no podemos pretender que un ladrón no hurte en función del deber de no hacerlo, podemos evitar que robe bajo amenazas de castigos severos, ya que su temor instintivo es más fuerte que su acción delictual». Además, debía garantizar que «el gobierno militar actual vuelva a emerger antes las mentes ciudadanas como única solución a ese problema llamado marxismo». Para ello, era necesario destruir la reputación de Salvador Allende, a través de « imágenes simples que por sí solas den cuenta de la idea que se expresa, como por ejemplo la perrera de Tomás Moro, comparada con viviendas callampas». Al mismo tiempo, era necesario «destruir los pilares ideológicos que, directa o indirectamente, gestaron el anterior gobierno marxista», así como socavar la imagen de los políticos tradicionales que no habían sido capaces de oponerse al marxismo471. Para tal efecto, y en particular para «destruir la doctrina marxista», los hombres al servicio de la Secretaría de gobierno propugnaban el siguiente esquema de asociación de ideas que debía difundirse entre la población a través de los medios de comunicación: «MARXISMO = violencia = escándalo = escasez = angustia = peligro de muerte» y, por otro lado, 468 Idem. 469 Ibid., 3. 470 Idem. 471 Idem.
144 a la conquista de mentes y corazones . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . «JUNTA MILITAR = factor terapéutico = bienestar = solución a los problemas = progreso Patria»472. Un memorándum enviado a la Secretaría a principios de junio de 1974 reforzó la adaptación del esquema retórico-psicológico que buscaba eliminar los vestigios ideológicos de la Unidad popular. Según este documento, los efectos de la «máquina publicitaria» del gobierno de Allende todavía estaban presentes en la sociedad chilena, aunque de forma latente, hasta el punto de que «la idea marxista sigue vigente». Por esta razón: se hace clara la necesidad de desconcientizar primero – entiéndase una prolongada campaña tendiente a destruir la ideología marxista – y concientizar después, en un sentido positivo y de acuerdo a los postulados o principios del Gobierno de Chile [...] La realización de una campaña destructora de la ideología marxista traerá como resultado inevitable acciones tendientes a entrabarla, o lisa y llanamente suprimirla. Igualmente, como contraposición a ésta misma, se proclamarán campañas en base a la solidaridad o en pro de la reconciliación473. Resulta difícil no ver una conexión entre estos documentos y las noticias surgidas en esos meses sobre la amenaza guerrillera, la penetración marxista dentro de las propias Fuerzas Armadas y la supuesta reorganización de grupos armados como el MIR474. Los agentes de propaganda y guerra psicológica también intervinieron en otros asuntos. Por ejemplo, apoyaron la nominación de Pinochet como presidente de Chile, que en realidad tuvo lugar el 27 de junio de 472 Idem. El documento original incluía las mayúsculas. 473 Ibid., 5. 474 Véase a modo de gráfica los artículos: “Reunión Guerrillera”, El Mercurio, 11 de abril de 1974, 3; “Estado de guerra es para dar tranquilidad y orden”, La Patria, 13 de abril de 1974, 8; “Como controlar a los comunistas?”, Qué Pasa, 19 de abril de1974, 52; “Catorce Mil Extremistas En Frontera de Argentina”, El Mercurio, 20 de abril de 1974, 1; “Detenido Núcleo de 26 Miristas”, El Mercurio, 20 de abril de 1974, 1; “Estado de Guerra”, El Mercurio, 21 de abril de 1974, 43; “Capturados 2 Nexos Entre la ‘UP’ y el Tráfico de Drogas”, El Mercurio, 23 de abril de 1974, 1; “Jamás el Comunismo Internacional Volverá a Hollar Nuestra Patria”, El Mercurio, 25 de abril de 1974, 1; “Sacerdotes y Diáconos en Célula del MIR”, El Mercurio, 26 de mayo de 1974, 37; “Estilo Marxista de Espionaje e Infiltración”, El Mercurio, 28 de mayo de 1974, 2; “Los Nexos Políticos de Allende Para Infiltración en FF.AA.”, El Mercurio, 4 de junio de 1974, 1; “US$ 6.000.000 para Subversión en Chile”, El Mercurio, 5 de junio de1974, 1; “Descubren Armaduría de Metralletas del MIR”, El Mercurio, 16 de junio de 1974, 1; “Plan para Crear Pánico: Extremistas Aliados con Delincuentes”, El Mercurio, 10 de junio de 1974, 1.
145 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . cap ii. el frente interno 1974, durante una breve ceremonia celebrada en el interior del Edificio Portales475. De hecho, en un memorándum confidencial datado el 4 de diciembre de 1973, la Dirección de relaciones humanas sostenía que, pocos meses después del pronunciamiento militar, «las corrientes sicológicas de temor y supervivencia» estaban dando paso a otras necesidades menos básicas, lo que había empujado, por ejemplo, a varios individuos, incluidas personalidades respetables, a «criticar y esbozar planes sobre el futuro político de la nación»476. Este aspecto se consideró extremadamente peligroso porque podría poner en tela de juicio la unidad de las Fuerzas Armadas. Por esto, era necesario comenzar a reflexionar sobre algunos cambios en la conformación del gobierno chileno a través de un nuevo esquema que no rompiera «el símbolo de unidad del Gobierno nacional y patriótico». Por tanto, era esencial establecer una jerarquía clara, porque, aunque había un líder dentro de la Junta, no era posible distinguir entre sus diversos exponentes en todas las ocasiones oficiales. Según los expertos, este aspecto creaba un sentimiento de ambigüedad respecto a quién dirigía realmente el país. En otras palabras, en la mente de los ciudadanos no estaba clara ni definida «la responsabilidad de cada miembro de la Junta, y tampoco se precisa la autoridad de que están investidos sus componentes». Esta confusión podría haber causado problemas, ya que la población no tenía una figura única con la que identificarse: «la ambigüedad no sólo atañe a la autoridad y a la responsabilidad, sino también a un símbolo identificatorio preciso». Este hecho podría haber debilitado la adhesión patriótica de los ciudadanos a las acciones de la Junta militar. Ante esto, se propuso que el comandante en jefe del Ejército, el general Pinochet, fuera designado presidente del país. Mientras que la Junta continuaría formada por los demás jefes militares. Esta solución buscaba hacer «más viable la identificación masa-líder» y también intentaba poner fin a la ambigüedad existente respecto al poder. De no haber remediado esta condición, se podría haber creado un clima de inseguridad entre la población y fomentado la acción marxista. De acuerdo con el contexto de crisis, el pueblo chileno necesitaba un líder que fuera autoritario, moral, paternal y honesto, la «figuración de una imagen única», «la antítesis del allendismo»477. Otra hecho que hizo que los consultores de guerra psicológica del régimen intervinieran para dar la sensación de una aceleración hacia delante en la acción gubernamental y, sobre todo, para estimular aún más El desafío 475 “General Pinochet Asumió Mando Supremo del País”, El Mercurio, 28 de junio de 1974, 1. 476 “El Golpe a la Junta”, La Nación, 25 de agosto de 2004. 477 Idem.
146 a la conquista de mentes y corazones . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . en torno al que unir a la población, fue la reorganización ministerial de julio de 1974. En este contexto, un simple cambio de gabinete, en el que se sustituyeron algunos ministros, se vendió como un momento crucial e importante, como la «segunda etapa» de la misión gubernamental, el paso de la fase de recuperación a la de construcción478. En diez meses, ante un país reducido al agotamiento y al caos casi total, afirmó el nuevo presidente chileno, se habían logrado profundas transformaciones a nivel institucional y administrativo, como la creación de las doce regiones en que se dividiría el territorio479. Además, se había creado el estatuto de inversiones extranjeras, que reflejaba la creencia del gobierno de que el verdadero nacionalismo no consistía en rechazar las inversiones extranjeras, sino en someterlas a reglas que aseguraran el beneficio de Chile480. De acuerdo con una nota de prensa del diario La Patria, el balance realizado por la autoridad señalaba que la primera etapa de los 10 meses de la Junta había pasado, abriendo el paso a un segundo período. Citando a Pinochet, el mencionado medio indicaba: Se cumple en estas materias la primera etapa de los 10 meses de Gobierno y se inicia un segundo periodo. Para ello me corresponde por las atribuciones y deberes que como Jefe de Estado me otorgó el Estatuto Jurídico de la Junta de Gobierno el establecer una reestructuración del gabinete ministerial de acuerdo con los señores miembros de la Junta de Gobierno. Pasada esta primera etapa de enormes sacrificios y desvelos para normalizar en parte lo que destruyeron los marxistas, se ha estimado la necesidad de reestructurar el gabinete, para entrar en la segunda fase de la construcción de Chile [...] jamás aceptaremos convertirnos en el puente de plata para que aquellos políticos ambiciosos alcancen el poder [...] No somos ni aspiramos a ser un régimen de transición entre dos Gobiernos políticos que llevaría ahora al país a su destrucción. Nuestra gestión tiene mejor fin, ella se realiza para devolver a Chile las libertades fundamentales que nos entregaron como legado eterno los padres de la patria, y velar porque ellas se acrecienten y maduren en la conciencia de los chilenos [...] La idea de unidad nacional que hoy debe inspirarnos, es fundamental para la construcción de este nuevo Chile481. 478 “Estamos a la Segunda Etapa”, La Patria, 12 de julio de 1974, 1. 479 Ibid., 2. 480 Idem. 481 Ibid., 3.
147 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . cap ii. el frente interno En suma, se trataba de otro caso de utilización de técnicas manipuladoras específicas de acción psicológica para obtener determinadas respuestas de la población. En esto creemos que es razonable suponer que los dirigentes de la dictadura recurrieron a ella sistemáticamente. Sin embargo, el régimen pronto se dio cuenta de que no serían suficientes operaciones de ese tipo para producir el cambio necesario en la mentalidad del país. Unos meses más tarde, en junio de 1974, la estructura de propaganda se reorganizó para responder a la necesidad, expresada en repetidas ocasiones, de centralización y mayor dinamismo en el sector. La Secretaría general de gobierno tuvo que coordinar todas las actividades de comunicación social de los ministerios y otros organismos estatales, así como supervisar el trabajo que en este ámbito estaban realizando las empresas estatales de comunicación y radiodifusión (tal como se solicitó en la reunión de principios de año). A esto se sumó, obviamente, la gestión de las secretarías nacionales de la juventud, de la mujer y de los gremios. En cambio, la Dirección nacional de comunicación social, que dependía directamente del presidente Pinochet y estaba a cargo del coronel Virgilio Espinoza482, concentró el trabajo de información, difusión y publicidad en un solo organismo, en el que se incluían la Dirección de informaciones de gobierno, la Dirección de relaciones humanas y el Comité creativo de asesoría publicitaria483. 482 Oficial de Estado Mayor, profesor militar y experto en inteligencia, el coronel Espinoza se había desempeñado anteriormente como director de Operaciones del Estado Mayor del Ejército, secretario de Estudios de la Escuela de Infantería, segundo comandante del Regimiento Tucapel en Temuco y comandante del Regimiento Pudeto en Punta Arenas. Cabe indicar que Espinoza realizó unos cursos de formación sobre «Defensa Continental» en el Colegio Interamericano de Defensa, en Washington (La Patria, 27 de junio de 1974, 9). 483 “Dirección Única De Informaciones Creó el Gobierno”, Las Últimas Noticias, 27 de junio de 1974, 8; “Dirección Nacional Coordina Información, Difusión y Publicidad”, El Mercurio, 5 de junio de 1974, 21.
149 capítulo iii el frente externo III.1 El problema de la imagen A raíz de los acontecimientos producidos en Chile, ha surgido una campaña tan falsa, tan malévola, tan malintencionada, tan orquestada, destinada a distorsionar los hechos y las intenciones, que he estimado oportuno y conveniente referirme a ellos, aún cuando sostengo, y con firmeza, que ningún Estado u organización internacional tienen derecho para inmiscuirse o juzgar los acontecimientos producidos en mi Patria484. Con estas palabras el vicealmirante Ismael Huerta, ministro de Relaciones Exteriores de la Junta, inició su larguísima perorata en defensa del ‘pronunciamiento’ de las Fuerzas Armadas del 11 de septiembre de 1973. Dicha alocución tuvo lugar en las dependencias de la Naciones Unidas en Nueva York el 9 de octubre, es decir, un mes después del golpe que derrocó a Allende. En esta asamblea, el canciller se lanzó a una larga y apasionada reconstrucción de los hechos ocurridos durante los tres años de la Unidad popular, que, en su opinión, habían conducido a la necesaria intervención de las Fuerzas Armadas. Para describir el contexto chileno y dar a conocer la verdadera situación del país, Huerta comenzó su relato con la elección de Allende a la presidencia en 1970, narrando cómo esta se había producido sin mayoría absoluta de votos y, por tanto, había pasado por la aprobación del congreso y, sobre todo, por la firma por parte de todos los partidos de la UP del pacto de respeto a las garantías constitucionales. A pesar de ello, las fuerzas marxistas comenzaron inmediatamente a operar violando las 484 AMRE, “Discurso pronunciado por el Ministro de Relaciones Exteriores de Chile Vicealmirante Señor Ismael Huerta en el Plenario del XXVIII período de Sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas”, Memoria del Ministerio de Relaciones Exteriores, septiembre-diciembre de 1973, 92-93.
150 a la conquista de mentes y corazones . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . leyes. La implementación de un sistema educativo de carácter «totalitario», el respaldo otorgado a grupos armados civiles, la autorización de la entrada al país a agitadores y extremistas extranjeros, la hostilidad hacia los órganos de libre información, la usurpación ilegítima de tierras y la incautación de fábricas fueron algunos de los episodios que marcaron, en su opinión, la actuación del gobierno de Allende. Además, la vulneración de la Constitución y las leyes se había convertido en un patrón de conducta persistente, agravado por la incapacidad del ejecutivo para implementar un plan económico viable que atendiera las necesidades reales del país, lo que desencadenó una crisis de la que Chile tardaría años en recuperarse485. De particular gravedad fue la injerencia de Cuba – relató Huerta – en los asuntos internos y en la política internacional de Chile. Esta intervención consistió en el envío de hombres y armas, hecho que quedó en evidencia tras el 11 de septiembre, cuando se descubrieron arsenales clandestinos y la presencia ilegal de cientos de cubanos castristas en el país486. Sin embargo, considerando todo, una de las razones fundamentales que motivaron la intervención militar había sido el descubrimiento de la planificación por parte de las fuerzas de la UP de un proyecto de autogolpe, bautizado en Chile como Plan Z, cuyo propósito era el de instaurar una dictadura marxista mediante la eliminación de la cúpula de las Fuerzas Armadas y de sus principales opositores487. Esta fue, en última instancia, la razón que empujó a las Fuerzas Armadas a intervenir: la necesidad de defensa de la patria y la preservación de la soberanía nacional. En ese sentido, la Junta había optado por romper relaciones diplomáticas con Cuba – así como con la República Popular Democrática de Corea, acusada, a su vez, de interferir en los asuntos internos de Chile mediante el envío de armas y el entrenamiento de guerrilleros –, al tiempo que manifestaba su voluntad de mantener relaciones con todos los demás países del mundo, incluidos los pertenecientes al campo socialista488. 485 “En las Naciones Unidas Canciller Expuso Realidad Chilena”, El Mercurio, 10 de octubre de 1973, 1 y 8. 486 Para corroborar la tesis de la injerencia cubana en los asuntos internos de Chile, el almirante se refirió a una carta de Fidel Castro a Salvador Allende, en la que, a finales de julio de 1973, pocos días después del asesinato del asesor militar del presidente, Arturo Araya, el líder máximo había garantizado su disposición a cooperar con el gobierno chileno ante las dificultades y peligros que entorpecían y amenazaban el proceso revolucionario que este estaba llevando a cabo. 487 AMRE, “Discurso pronunciado por el Ministro de Relaciones Exteriores de Chile…”, op. cit., 99. 488 Ibid., 101-104. La Junta reafirmó la adhesión de Chile a los compromisos internacionales legalmente contraídos, así como el respeto a los tratados internacionales. De acuerdo con lo declarado por Huerta, se mantendría la lealtad a los objetivos y propósitos
151 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . cap iii. el frente externo Del mismo modo, los militares habían actuado respetando el sentir de la inmensa mayoría de sus compatriotas, que no querían la implementación del socialismo en el país. Según Huerta, Chile, sin ayuda ni inspiración de nadie, fue capaz de reaccionar y acabar con un sistema totalitario que había sometido a tantas naciones en el mundo489. Así, la Junta estaba integrada por hombres que no perseguían ambiciones personales, sino que actuaban como un cuerpo único, patrióticamente unido, que había tomado sobre sus hombros la tarea irrenunciable de restaurar la Patria490. Según se había acordado previamente con los miembros de la Junta, Huerta había provisto un resumen en inglés del discurso con el propósito de facilitar su divulgación a través de la prensa. Igualmente, adjuntó una gran cantidad de fotografías que mostraban armas, planes secretos y escondites atribuibles a los subversivos491. En Chile, los periódicos autorizados a circular habrían publicado íntegramente el «heroico discurso» del ministro; ninguno de ellos, por supuesto, mencionó el hecho de que la alocución tuvo lugar en una sala semidesierta, debido al abandono de los bancos por parte de los delegados de numerosas naciones en señal de protesta. El discurso del ministro Huerta ante la Asamblea General de la ONU no fue la primera defensa pública del ‘pronunciamiento’ y de la Junta militar ante la comunidad internacional. De hecho, pocos días después del golpe, el 17 y 18 de septiembre, el delegado chileno ante Naciones Unidas, Raúl Bazán – cónsul chileno en Nueva York, delegado temporal ante la ONU en sustitución del dimisionario embajador Humberto Díaz Casanueva – había sido llamado a responder por la conducta de los militares chilenos en el Consejo de seguridad, a raíz de las acusaciones presentadas por el gobierno cubano. La delegación del país caribeño había solicitado de las Naciones Unidas. En respuesta a estos acontecimientos, la Unión Soviética, Polonia, Checoslovaquia, Bulgaria, Hungría, Yugoslavia, Albania y la República Democrática Alemana retiraron al personal diplomático y rompieron relaciones con el país. En los años siguientes, otras naciones, como México y Bélgica, también decidieron cesar el contacto diplomático con el régimen. Italia, por su parte, mantuvo una posición ambigua, ya que, a pesar de no reconocer oficialmente a la Junta militar, nunca rompió relaciones con Chile, manteniendo las económicas hasta el fin de la dictadura. No obstante, la representación diplomática de Italia no se encontraba encabezada por el embajador, sino únicamente por los encargados de negocios (véase a Raffaele Nocera, “Le ripercussioni del golpe sulle relazioni italo-cilene, 1973-1975”, Nocera y Rolle Cruz (eds.), op. cit., 56). 489 Discurso pronunciado por el Ministro de Relaciones Exteriores de Chile Vicealmirante Señor Ismael Huerta en el Plenario del XXVIII período de Sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas, op. cit., 100. 490 Ibid., 101. 491 AHJG, N.º 14, 3 de octubre de 1973, 3.
152 a la conquista de mentes y corazones . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . y obtenido la convocatoria del órgano de seguridad para discutir el caso chileno, alegando que, en las horas inmediatamente posteriores al golpe, la embajada cubana en Santiago había sido objeto de un ataque militar y que el buque mercante cubano Playa Larga también había sido atacado en aguas internacionales. Bazán, tras afirmar que el representante del «fascismo rojo», el embajador cubano, Ricardo Alarcón, no tenía autoridad moral para hablar del «movimiento nacional» del 11 de septiembre (lo acontecido ese día, según sus palabras, era la expresión más pura del patriotismo chileno), había insistido en la ofensiva, declarando que la intención de los cubanos siempre había sido hacer de Chile otra Cuba, en abierta violación de todas las normas internacionales. Las acusaciones de Cuba ante el Consejo de seguridad de las Naciones Unidas se disiparon gracias a la intercesión del delegado norteamericano John Scali, quien – tras asegurar que la intervención militar en Chile no había involucrado en modo alguno a extranjeros y, menos aún, al gobierno de los Estados Unidos – argumentó que las denuncias cubanas no podían ser tomadas en serio492. La defensa de Chile, realizada por Bazán, fue calificada de brillante por el almirante José Toribio Merino. De hecho, el representante nacional fue llamado a informar sobre el tema ante los demás miembros de la Junta493. La estrategia de defensa implementada por Huerta no fue una acción espontánea. Dos días después del golpe, el 13 de septiembre de 1973, los integrantes de la Junta deliberaron sobre el imperativo de establecer una defensa meticulosamente organizada, que fuera capaz de anticipar las posibles acusaciones que Cuba y otros Estados presentarían en organismos internacionales494. Tiempo después, se llevó a cabo una nueva reunión en la que se extendió una invitación al ministerio de Relaciones Exteriores para que propusiera una serie de personalidades que se consideraban «bastante idóneas» para ser enviadas a diversos países latinoamericanos y europeos. El propósito de esta misión era informar sobre «la realidad» de lo sucedido en Chile, cuya imagen en el exterior se estaba «distorsionando»495. En un artículo titulado Gremialistas explicarán al mundo realidad de lo sucedido en Chile, el diario El Mercurio reveló que algunos de los principales ejecutivos empresariales del país iban a ser los protagonistas de la Operación Verdad, plan que contemplaba una gira de estos por América Latina, Estados Unidos, Canadá y Europa occidental para promover a la Junta en 492 AMRE, “Consejo de Seguridad. Acusación cubana contra Chile”, Memoria del Ministerio de Relaciones Exteriores, septiembre-diciembre de 1973, 83-88. 493 AHJG, N.º 7, 21 de septiembre de 1973, 1. 494 AHJG, N.º 2, 13 de septiembre de 1973, 3. 495 AHJG, N.º 4, 17 de septiembre de 1973, 1.
255 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . cap v. hacia la búsqueda de normalidad cesario que los representantes de Chile reflejaran la imagen de un país que vivía una situación de «absoluta normalidad» y que, de hecho, estaba en alza en todos los aspectos. Era necesario que se adoptara una postura activa ante la comunidad internacional sin renunciar, por supuesto, a responder a todos los ataques que habían surgido en su contra, pero haciéndolo, esta vez, «conservando cierta dignidad». Chile debía mostrarse como una nación pacificada, empeñada con éxito en un proceso de reconstrucción y en busca de un protagonismo renovado que pudiera expresarse en comisiones específicas. Al mismo tiempo, era necesario entrar en contacto con otros Estados, empezando por los africanos, que con su número dominaban todas las votaciones, y poner de manifiesto las contradicciones del enemigo862. Por otra parte, era fácil prever las cuestiones por las que serían atacados. En primer lugar, el tema de los rectores militares en las universidades; segundo, el decreto que prohibía el regreso de los exiliados al país; y por último, el «estado de guerra interna», que se habría considerado incompatible con la imagen de país normal que querían proyectar863. Sin embargo, incluso en estos aspectos, el régimen se estaba dotando de nuevos instrumentos para defenderse adecuadamente. Pinochet reveló a los presentes que ya no habría ningún problema respecto al «estado de guerra interna»: se estaba estudiando un proyecto de ley para cambiarlo por el «estado de sitio», sistema legalmente aceptado en todos los países del mundo. Nada cambiaría en la práctica, tranquilizó el presidente de la Junta: «vamos en una micro Mercedes Benz y pasamos a otra Mercedes Benz pero le ponemos Pegaso»864. Seguimos igual. Cambia el nombre no más. Eso está en estudio. Hoy en la mañana ordené que me preparen la ley – se las puedo mostrar más rato, pero es totalmente confidencial, porque la vamos a dar a conocer el 11 de septiembre – de Estado de Sitio; o sea, le contemplamos tres grados. No participa la Corte Suprema, que era lo más importante. Se sigue igual, con los mismos procedimientos judiciales y el tribunal civil participa para los efectos de aplicar la ley. Es lo mismo, pero hacia afuera podemos decir que hemos quemado esta etapa de la guerra, hemos bajado la tensión y pasamos al Estado de Sitio en primer grado, Estado de Defensa Interna865. 862 Ibid., 4-6. 863 Ibid., 6. 864 Idem. 865 Ibid., 7.
256 a la conquista de mentes y corazones . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Otro golpe destinado a enviar señales tranquilizadoras a nivel internacional habría sido anunciar, siempre en el aniversario del 11 de septiembre, que Chile ofrecería mil detenidos a Cuba: «Están pidiendo por los prisioneros. Bien, llévenselos. Por lo demás, se ha hecho una encuesta y no llegan a 300 los que quieren ir a Cuba»866. Además de esto, el responsable de la Junta reveló a los presentes que se habían establecido contactos con la empresa DIALOG, que trabajaba en la parte «publicitaria», en el frente de la propaganda exterior. En realidad, el secretario general de gobierno precisó que DIALOG no era una empresa de publicidad, sino que era, más bien, una sociedad especializada en asesorar sobre cómo, cuándo y dónde era conveniente hacer determinadas declaraciones, qué tipo de relaciones era útil establecer, etc. Por ejemplo, podía ponerles en contacto con miembros del congreso estadounidense, empresas y determinados círculos, así como organizar ruedas de prensa para cualquier ocasión867. En relación con otros problemas que pudieran surgir en la ONU, la Junta determinó que había que actuar siempre con astucia. Por ejemplo, respecto a la demora en iniciar los juicios a los disidentes políticos detenidos originalmente en la isla Dawson868, era necesario hacer público el hecho de que ya se habían nombrado fiscales militares. Sobre la cuestión de los registros electorales quemados, había que poner de manifiesto que en ellos había una «cantidad enorme de inscripciones dobles», que había personas que se habían inscrito en dos, tres zonas, incluso, añadiendo que el gobierno estaba buscando un sistema para evitar irregularidades de este tipo. En la práctica, Gonzalo Prieto, uno de los integrantes de la futura delegación chilena a la Asamblea General, destacó: No hay duda de que en el extranjero, además de deformar la situación chilena, la verdad es que […] no nos proyectamos hacia afuera con la verdadera realidad nuestra. Nuestra realidad es de tranquilidad, de país ordenado, de país maduro [...] que es la postura con que nosotros tenemos que llegar a las Naciones Unidas y sin ningún complejo de culpa. Nosotros no tenemos que darle explicaciones a nadie de lo que está ocurriendo en 866 Idem. 867 Ibid., 8. 868 La demora se justificó por el hecho de que había que analizar más de 100 mil documentos y, sobre todo, precisó Pinochet, porque para muchos de los delitos cometidos por estas personas los códigos chilenos no preveían penas o las penas eran muy pequeñas. Esta última circunstancia necesitaba ser remediada (ibid., 9).
257 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . cap v. hacia la búsqueda de normalidad Chile, aparte que es un país normal, naturalmente con eventualidades proprias de la emergencia que se vivió869. Durante las celebraciones del 11 de septiembre de 1974 se produjeron numerosas confirmaciones respecto a todos los asuntos discutidos por los dirigentes del régimen en los meses anteriores. El evento comenzó a las 9 de la mañana con una ceremonia religiosa en el interior de la Escuela Militar de Santiago, a la que asistieron los cuatro miembros de la Junta870. Según informó la prensa, cerca del mediodía, una multitud de decenas de miles de personas ocupó el Parque Bustamante con «enfervorizado entusiasmo», mostrando al mundo su «estremecedor respaldo» al gobierno871. Entre aplausos y cuando dejó de sonar el himno nacional, el jefe de Estado inició su discurso en el cercano edificio Diego Portales872. Pinochet comenzó rindiendo homenaje «a los hombres que cayeron en la lucha por la libertad de Chile al repudiar al marxismo-leninismo», y precisando que ningún éxito político en la historia del país, desde el nacimiento de Chile como Estado independiente en 1810 hasta la creación del Estado portaliano en 1830, había tenido tanto valor para la nación chilena como la gloriosa fecha del 11 de septiembre de 1973. Tan solo un año antes, a la misma altura, las Fuerzas Armadas habían repudiado el régimen totalitario marxista-leninista y garantizado la liberación del país. Mientras la bandera nacional volvía a ondear en los corazones de los chilenos, sobre las cabezas de las Fuerzas Armadas caía la responsabilidad de jurar como miembros de una Junta de gobierno que «se comprometió ante Dios y ante la Historia, a salvar la subsistencia nacional amenazada y proyectar a la nación hacia nuevos destinos de grandeza»873. Luego, con un gran golpe de teatro, el comandante de la Junta anunció «solemnemente a Chile y al mundo» el cese del estado de guerra interna, que sería reemplazado por un estado de sitio, justificado por el hecho de que todavía existía una situación de emergencia874. Con igual tono, Pinochet declaró la voluntad del gobierno de autorizar la libertad y salida del territorio nacional de todos aquellos individuos detenidos en las horas in869 Idem. 870 “La fiesta del once”, Qué Pasa, 17 de septiembre de 1974, 12. 871 “Estremecedor Respaldo”, El Mercurio, 12 de septiembre de 1974, 1-2. 872 “Lágrimas arranco discurso”, Las Últimas Noticias, 12 de septiembre de 1974, 2. 873 “Estremecedor Respaldo”, op. cit., 2. 874 “Lagrimas arranco discurso”, op. cit., 2.
258 a la conquista de mentes y corazones . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . mediatamente posteriores al 11 de septiembre de 1973, e invitó a la Unión Soviética y a Cuba a hacer lo mismo con sus presos políticos875. A continuación, el general pasó a describir el futuro del país: el estado de violencia material y espiritual, de corrupción administrativa, de caos económico y de quiebra de la convivencia y de las instituciones democráticas. En pocas palabras, la devastación producida durante el anterior ejecutivo había sido tal que hacía imposible una «simple restauración» de la situación anterior: era necesario «recuperar a Chile como nación que estructura sus objetivos para proyectarse a mejores destinos como un Estado libre y soberano»876. Durante esos doce meses, Chile había experimentado efectivamente una normalización de todas sus actividades, pero, debido a los daños producidos por el marxismo, había sido un período de ajuste y reorganización, más que un año de construcción. A nivel interno, el «día de la liberación» significó el fin del odio y el rencor fomentados por el marxismo-leninismo, cuyo objetivo era acabar con la vida de cientos de miles de chilenos que no aceptaban sus ideas «foráneas». Gracias a la intervención de los militares, que conjuraron este peligro y sustituyeron las «ideas asesinas» por las «ideas nacionalistas», por primera vez en el siglo XX Chile pudo contar con un gobierno «auténticamente nacional»877. El daño causado por las fuerzas de la UP también se dejó sentir en el campo de las relaciones internacionales. En este ámbito, dijo el jefe de la Junta, el nuevo ejecutivo se enfrentó a problemas como el descrédito total ante los organismos financieros, la falsa representación de Chile impuesta por el marxismo y el aislamiento de sus vecinos del sur. Para superar esta situación, por tanto, se había elaborado un plan integral destinado a proyectar «la imagen cultural, política y económica de Chile en el continente y en el mundo». Esto implicaba, entre otras cosas, fortalecer el Pacto Andino878, promover la inversión de capital extranjero, consolidar las relaciones diplomáticas con las naciones latinoamericanas y Estados Unidos, neutralizar la campaña marxista contra Chile y evitar su penetración en el subcontinente879. De acuerdo con Pinochet, el mundo libre estaba invitado a meditar 875 “General Pinochet anunció fin del estado de guerra interno”, La Tercera de la hora, 12 de septiembre de 1974, 6. 876 “Estremecedor Respaldo”, op. cit., 2. 877 Idem. 878 Acuerdo firmado en 1969 por Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador y Perú (a los que se uniría Venezuela en 1973) con el objetivo de promover la interacción económica entre los países miembros. En 1976, Chile se retiraría de la organización. 879 “Estremecedor Respaldo”, op. cit., 2.
259 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . cap v. hacia la búsqueda de normalidad sobre la experiencia chilena, porque sus enseñanzas iban mucho más allá de sus fronteras. A pesar de los permanentes embates del exterior, Chile avanzaba con seguridad y sin vacilaciones, y lo hacía sobre la base de una Declaración de Principios adoptada seis meses después de tomar el poder y que lo dotaba de una solidez de conceptos de la que pocas naciones en el mundo podían presumir. A partir de esta, por ejemplo, una comisión de juristas independientes estaba preparando cuidadosamente el proyecto de una nueva Constitución, que permitiría a Chile disfrutar en el futuro «de una democracia estable, ágil y moderna». La reestructuración total del equipo ministerial, que se había producido dos meses antes, no suponía un simple cambio de ministros, sino que constituía el inicio de la segunda fase de la planificación gubernamental: la de la consolidación. Una vez superadas las exigencias del primer año «de la gran depuración», el siguiente paso sería proceder a la integración «entre los uniformados y la civilidad» en la tarea común de construir «un Chile grande, libre y poderoso»880. El discurso del jefe de la nación no duró mucho, pero de sus palabras se desprendían aspectos nada triviales. Entre ellos, el hecho de que el régimen, a través de su máximo exponente, no se había limitado a definirse como mera oposición al pasado. Cumplida su misión de ‘limpiar la nación’, ahora prometía a los chilenos un nuevo Chile y un futuro de grandeza. Esto quedó patente en las publicaciones propagandísticas producidas para la ocasión (hasta doce libros, según anunció El Mercurio)881. Entre ellos figuró, por ejemplo, Un año de construcción, en el que se analizaban las distintas cuestiones (económicas, sociales e institucionales) desde el punto de vista del statu quo y de la planificación futura a medio y largo plazo882. Y, sobre todo, La República de Chile en 1974. Primer año de la reconstrucción nacional883, que no solo reiteraba las razones del derrocamiento de Allende, sino que, a través de sus ilustraciones, presentaba la metáfora del nuevo gobierno, ya que por primera vez se mostraban «las diversas dimensiones del nuevo Estado: su estructura administrativa, sus pretensiones geopolíticas, su equipamiento y potencia militar, sus estandartes favoritos, sus edificios, su ceremonial y objetos, sus personajes populares»884. En su interior, 880 Idem. 881 “Un año de construcción”, El Mercurio, 12 de septiembre de 1974, 21-23. 882 Augusto Pinochet Ugarte et al., Un año de construcción. 11 Septiembre 1973-11 Septiembre 1974, Santiago, Talleres gráficos del Servicio de Prisiones, 1974. 883 Junta de Gobierno de las Fuerza Armadas y Carabineros de Chile, República de Chile 1974. Primer año de la reconstrucción nacional, Santiago, Editora Nacional Gabriela Mistral, 1974. 884 Jara Hinojosa, op. cit., 157-158.
260 a la conquista de mentes y corazones . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . el «nuevo Chile» estaba representado por la imagen de una medalla conmemorativa con el rostro de una joven y la inscripción «Reconstruyamos en paz», en homenaje al papel de la mujer en el movimiento restaurador885. Pero el Primer año de la reconstrucción nacional también incluyó otras imágenes de especial interés, como, por ejemplo, un mapa titulado «Nueva visión de Chile», que ampliaba el territorio continental nacional hasta la Antártida886. Era otro intento de responder a la campaña propagandística del marxismo internacional, pero esta vez mostrando «casi como en una estética de variedades» o de «álbum» un país «identificado con su gobierno, atento a su herencia a la vez que abierto al mundo (y con presencia en él)» 887. Además, este nuevo espíritu había sido insinuado unos días antes por el fundador del movimiento gremial, Jaime Guzmán, al anticipar que las celebraciones de este aniversario, y especialmente la manifestación popular en el Parque Bustamante, representarían la respuesta masiva de Chile al mundo, destinada a demostrar que esta nación ya era libre y que la mayoría del pueblo sentía este primer aniversario como suyo, considerando esta fecha como el verdadero inicio de la reconstrucción nacional888. V.2 Retórica de la institucionalización La estrategia narrativa del régimen estaba mutando. Esta nueva hoja de ruta estaba motivada por importantes cuestiones, tanto internas como internacionales, acontecimientos que, por otra parte, estaban estrechamente relacionados. A nivel interno, maduraba en el seno de la dictadura un verdadero viraje programático, un giro en la dirección de un nuevo proyecto-país, un proyecto fundacional destinado a romper drásticamente con el pasado, empezando por la esfera económica. Se ha escrito tanto sobre la importancia de los llamados Chicago Boys para la dictadura chilena que no nos detendremos más en el tema. Se trataba de economistas procedentes en su mayoría de la Pontificia Universidad Católica de Chile que, en muchos casos, habían perfeccionado sus estudios en universidades norteamericanas, empezando por la Universidad de Chicago, donde se habían formado con estudiosos como Milton 885 Ibid., 155. 886 Por lo demás, en abierta violación de los acuerdos sobre la neutralidad soberana del territorio en cuestión. 887 Jara Hinojosa, op. cit., 158. 888 “Acto en el Parque Bustamante Será la Respuesta de Chile al Mundo”, El Mercurio, 8 de septiembre de 1974, 4.
261 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . cap v. hacia la búsqueda de normalidad Friedman y Arnold Harberger. Su colaboración con la dictadura comenzó muy pronto, poco después del golpe de Estado, cuando Fernando Léniz fue nombrado ministro de Economía y llevó consigo a Sergio de Castro como colaborador889. Este último había sido uno de los creadores de El Ladrillo, un programa de reformas económicas neoliberales (no monetaristas), en el que habían trabajado desde 1972 economistas de la Universidad Católica y de la Universidad de Chile (algunos de ellos próximos al PDC) a petición de la Armada, para estar preparados en este ámbito en caso de derrocamiento del gobierno de Allende a manos de los militares890. A pesar de ello, la mayoría de los estudiosos coinciden en que, en la época del golpe, los militares no contaban con un proyecto económico compartido; al contrario, entre los representantes de las Fuerzas Armadas eran mayoría quienes consideraban necesarias reformas sociales de cierta envergadura, más que cambios en un sentido liberal891. En la práctica, aunque se adoptaran medidas de desestatalización entre 1973 y 1975, la tendencia predominante en la Junta seguía siendo la tradicional, es decir, nacional-desarrollista, gradualista, que pretendía, ante todo, la estabilización económica y la contención de la inflación892. La persistencia de la inestabilidad monetaria, que se agravó durante 1974, facilitó la penetración de la línea ‘extrema’ de los técnicos de Chicago, partidarios convencidos de una drástica reducción de la deuda pública, del peso del Estado en la economía y de la apertura indiscriminada al comercio exterior893. Así, a partir de 1975 se inició la fase de implantación del modelo neoliberal con el Plan de recuperación económica, más conocido como «tratamiento de choque»894. Los funcionarios desarrollistas quedaron marginados definitivamente, Pinochet consolidó su liderazgo dentro del régimen y la nación emprendió el camino que la llevaría al llamado milagro económico chileno (1977-1981). Los Chicago Boys, con apariencia de técnicos, confiados en superar los problemas de inflación del país mediante un tratamiento de choque, no tuvieron grandes dificultades para ganarse la aceptación de los militares. Las transformaciones llevadas a cabo bajo su instigación habrían supues889 Huneeus, op. cit., 383. 890 Ibid., 382-383 y 721-722. 891 Verónica Valdivia Ortiz de Zárate, “Estatismo y Neoliberalismo: un contrapunto militar. Chile 1973-1979”, Historia, 34, 2001, 12 (https://dx.doi.org/10.4067/S071771942001003400006). 892 Gárate Chateau, op. cit., 188. 893 Ibid., 189. 894 Ibid., 197.
262 a la conquista de mentes y corazones . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . to un alto coste social, el desmantelamiento de la intervención estatal en casi todos los sectores (incluidos la sanidad y la educación) y la anulación práctica del movimiento sindical. Sin embargo, estas medidas conducirían finalmente a la ansiada estabilidad monetaria, que permitiría al régimen acceder de nuevo a los créditos internacionales895. El proyecto en cuestión se basaba en una idea muy concreta: un mundo en el que todas las relaciones humanas, y no solo las comerciales, pudieran ser reguladas por el mercado. Es decir, la utopía de alcanzar una sociedad en la que el espacio de debate entre los individuos sería sustituido «por el reino de los procesos anónimos e impersonales del mercado»896. Sin embargo, lo que nos interesa señalar aquí es que la gestión económica no fue neutral, puesto que estuvo estrechamente vinculada a la estrategia de legitimación del orden autoritario, tanto interna como externamente. Internamente, por ejemplo, habría sido poco práctico gestionar los efectos de la crisis económica (y posteriormente las repercusiones de las «medidas de choque») únicamente mediante la represión. De hecho, al margen de la acción más amplia de guerra psicológica comentada anteriormente, destinada, entre otras cosas, a afianzar la idea de que los problemas económicos del país eran producto de la crisis internacional, se adoptaron planes específicos para mantener a raya a la población. Entre estos se encontraba un programa permanente de divulgación organizado por la Secretaría general, que se emitía todos los martes en la televisión nacional y en el que se explicaban las razones de la crisis y las medidas que el gobierno estaba tomando para superarla. Pero también se celebraron conferencias en distintas comunidades locales y emisiones radiofónicas con las que se intentó difundir la idea de que las dificultades que atravesaban eran producto, en esencia, de un problema global897. De hecho, en una reunión de los miembros de la Junta sobre este tema, el propio Pinochet insistió en la necesidad de una acción profunda en este frente: En cada población de Santiago y de Chile hay un hombre de las Fuerzas Armadas encargado del sector, que es el hombre de contacto. Lamentablemente, a algunos no les llegan informaciones [...]Por lo tanto, a ese hombre de las FF. AA. que va con el Alcalde y asiste a las reuniones hay que darle información para que sepa y la divulgue. Por ejemplo, no le han tomado el peso a la nivelación de la asignación familiar en el sentido de lo 895 Ibid., 192-193. 896 Ibid., 522-523. 897 AHJG, N.º 171, 14 de noviembre de 1974, 9.
263 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . cap v. hacia la búsqueda de normalidad que eso significa. La preocupación del Gobierno de erradicar la extrema pobreza, la preocupación del Gobierno de aumentar por ejemplo los carros de DIRINCO una vez por semana a las poblaciones para que se venda al precio mínimo, sin ganar, eso demuestra preocupación [...]Por eso, se está conformando en el fondo un organismo que pretendemos sea de difusión, porque hasta ahora no hemos podido enfocar esa parte como corresponde. Los cuatro miembros de la Junta hemos estado pensando constantemente cómo sacar un organismo de difusión que permita llegar a todas partes, porque eso todavía no se logra [...] La otra vez el General Leigh me mostró un sistema que había en comunicación social. Conforme. Pero estimo que ahora hay que ir más directo. Hay que llegar con todos estos canales a las poblaciones. En cada población hay un ciudadano de las FF.AA. Esa gente tiene que ser el contacto para la difusión898. Con toda probabilidad, estas preocupaciones también impulsaron al régimen a crear en diciembre de 1974 (es decir, en la misma época en que, como se recordará, se formalizó la figura del asesor cultural) un Comité de intercambio de informaciones para la comunicación social899. Este último estaba presidido por el secretario general de gobierno e integrado por los subsecretarios de los ministerios del Interior, Relaciones Exteriores, Economía, Educación, el director de la DINACOS y el subcomandante de la DINA, entre otros. Entre sus tareas se encontraban garantizar la circulación de toda la información relativa a los ámbitos político, social y económico entre los distintos órganos del Estado, coordinar los procesos de comunicación social de todos los medios de difusión del gobierno, tanto a nivel interno como externo, y recomendar medidas para apoyar las políticas gubernamentales900. El hecho de que el Comité asumiera la función de coordinar toda la acción gubernamental con respecto a la Iglesia Católica, tanto en el ámbito nacional como internacional, confirmó las preocupaciones de la Junta sobre la posibilidad de que se crearan frentes 898 Ibid., 10-11. 899 ARNAD-ME, Del ministro Secretario General de Gobierno al Subsecretario del Interior, Subsecretario de Relaciones Exteriores, Subsecretario de Economía, Subsecretario de Educación, Director de Comunicaciones Sociales, Sub-Jefe Político del COAJ, Jefe Depto. II del EMDN, Sub-Jefe de DINA, Director de Asuntos Públicos de la Junta de Gobierno, Circular reservada, N.º 2-D, Memorándum sobre el Comité De Intercambio de Informaciones para la comunicación social; Santiago, 30 de diciembre de 1974. 900 Ibid., 1.
264 a la conquista de mentes y corazones . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . de oposición901. De este modo, se daba un paso más hacia la necesidad de una mayor centralización y de un enlace más intenso en estas áreas, necesidad que muchos habían expresado en los meses anteriores. De todas estas inquietudes derivaba la importancia que el régimen iría dando progresivamente, también desde el punto de vista de la comunicación, a la actividad desarrollada localmente por los municipios y por el personal vinculado a las FF. AA. (tanto en servicio activo como jubilados) y, en particular, por las mujeres, empezando por las vinculadas a la Secretaría de la mujer. Cabe señalar que la mujer ocupó un lugar destacado también en la estrategia de comunicación social llevada a cabo en las comunidades más pobres, especialmente en el ámbito de la atención a la infancia. Precisamente por este motivo se pensó en organizar un servicio de voluntariado femenino a nivel nacional y se creó el servicio militar femenino, como admitieron Pinochet y Leigh en octubre de 1974 durante una reunión de la Junta902. La historiadora Verónica Valdivia ha explicado muy bien la importancia de este adoctrinamiento ‘desde abajo’ llevado a cabo por la dictadura: la nueva mentalidad chilena, a la que desde un principio aspiró el régimen militar, no habría de surgir solo de la represión o de la economía neoliberal, sino sería producto también de un trabajo sistemático de reeducación cívica desarrollado por organismos oficialistas, cuya tarea sería generar un nuevo sistema de valores que constituiría el nuevo consenso social903. La Secretaría general de gobierno fue una de las principales instancias encargadas de difundir y legitimar las medidas neoliberales adoptadas. A esta labor se sumó el uso instrumental de Televisión Nacional, dependiente de la DINACOS, que se utilizaría para justificar estas políticas, y, por supuesto, la de las secretarías (en particular, las de la mujer y de la juventud), que utilizarían voluntariamente «los nuevos ideales sociales de la austeridad económica, el ahorro, la lucha contra la inflación y el repliegue socioeconómico del Estado»904. Concretamente, de acuerdo con la mencionada historiadora: 901 Ibid., 2. 902 AHJG, N.º 160-A, 8 de octubre de 1974, 33. 903 Verónica Valdivia Ortiz de Zárate, La alcaldización de la política. Los municipios en la dictadura pinochetista, Santiago, LOM, 2012, 33-35. 904 Idem.
271 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . cap v. hacia la búsqueda de normalidad punto débil, la Junta habría sido objeto de todo tipo de ataques, lo que la habría obligado a modificarlos a la semana, como ya había ocurrido con algunos decretos, con todas las repercusiones que ello habría tenido a nivel internacional925. No fue casualidad que, los miembros de la Junta, el ministro de Justicia y algunos de los miembros de la comisión legislativa que se ocupaba de la redacción de las actas (entre ellos, Jaime Guzmán) debatieran largamente sobre cómo definir la nueva arquitectura institucional. ¿Cómo definirla? ¿Qué expresión utilizar? El general Leigh, por ejemplo, propuso eliminar por completo la frase «como una democracia» del Acta N.º 2. Debemos ser realistas: no estamos viviendo en una democracia y es difícil que Chile vuelva a ser democracia formal, clásica. Sin embargo, le vamos a decir al mundo que nos vamos a estructurar en la República como una democracia. El solo hecho de que digamos ‘como una democracia’ implica el concepto de democracia liberal que se nos va a venir encima desde todos los rincones del mundo. Argumentarán que estamos mintiendo desde la misma Constitución que promulgamos, porque no somos democracia926. Entre las diversas propuestas evaluadas – «democracia autoritaria», «democracia con autoridad» o «neodemocracia», que se descartaron por las posibles repercusiones a nivel externo – finalmente se optó por «nueva democracia»927. A nivel ideológico-propagandístico, el documento Objetivo nacional del gobierno de Chile, adoptado en diciembre de 1975, fue aún más importante que las Actas. En él, el régimen plasmó por escrito el proyecto nacional encaminado a forjar un gran destino para Chile928. Pero, sobre todo, si en la Declaración de Principios de 1974 ya estaban inextricablemente vinculadas las necesidades de seguridad y las necesidades de desarrollo, lo que ahora se estaba produciendo era la unión entre seguridad nacional y liberalismo económico. Entre los objetivos señalados, en primer lugar, estaba la creación de un régimen político-institucional basado en la concepción cristiana del ser 925 Idem. 926 Ibid., 8. 927 Ibid., 8-20. 928 JGC, Objetivo Nacional del Gobierno de Chile, Resolución 3.102, Santiago, 23 de diciembre de 1975.
272 a la conquista de mentes y corazones . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . humano y de la sociedad, en el principio de subsidiariedad del Estado y en la legítima tradición nacional del país. En segundo lugar, la promoción de un corpus de valores morales y espirituales fieles a la idiosincrasia nacional y la búsqueda de un adecuado desarrollo político, económico y social, cumpliendo permanentemente las exigencias que impone la seguridad nacional. En tercer lugar, el objetivo era mejorar la capacidad nacional para proyectar la nación, tanto política como económicamente, hacia aquellos países y zonas del planeta que pudieran satisfacer el interés nacional y la vocación pacífica de la República. Se debía crear un régimen de inspiración portaliana, basado en una administración pública moderna, funcional y libre de la influencia de los partidos políticos, con una administración pública descentralizada y en el que se favoreciera la adecuada localización de la población en función de las necesidades de desarrollo y seguridad nacional. Este nuevo sistema político nacional tendría que ser fiel a la identidad histórico-cultural de la patria, marcando los límites de un pluralismo ideológico admisible, pero en el que no hubiera habido espacio para doctrinas como la marxista. Se trataba de un régimen en el que la opinión pública tendría que estar siempre debidamente informada a través de todos los medios de comunicación, en cumplimiento de las obligaciones que imponen la seguridad interna y externa del país. Una nación que buscase un desarrollo capaz de incrementar el bienestar material y espiritual de todos los chilenos y que, en el plano económico, se organizase sobre la base de la propiedad privada y la libertad de gestión económica en todas aquellas actividades que no requiriesen la acción directa del Estado, respetando el principio de subsidiariedad. Siempre en la visión idealizada de la Junta, este Estado, en el plano internacional buscaría permanentemente la paz, cumpliendo con las obligaciones derivadas de las normas y respetando los tratados, y su acción diplomática estaría orientada a recuperar la posición que Chile siempre había tenido, proyectando «su verdadera imagen», es decir, la de un país cohesionado y ordenado, que priorizaba su propio desarrollo929. V.3 Vender el producto «Chile» La retórica constante de normalización institucional en el ámbito interno, que anticipó con mucha diferencia el proceso de institucionalización real de la dictadura, correspondió también a la narrativa de un país pacificado y normal en el flanco externo, relato que, a su vez, precedió a 929 Ibid., 210.
273 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . cap v. hacia la búsqueda de normalidad la legitimación a través del éxito económico. Así que la idea de una nación normalizada en lo político y en lo económico contribuyeron significativamente a la supervivencia del régimen en una fase extremadamente delicada. Entre finales de 1974 y principios de 1975, los jefes militares, influenciados por sus expertos civiles de comunicaciones y por las empresas que contrataron en diversos países para mejorar la imagen internacional de Chile, tomaron conciencia de la necesidad de cambiar la estrategia de propaganda, tanto interna como externa. Era preciso un cambio radical de enfoque: la imagen de un país en guerra contra la subversión debía reemplazarse por la de una nación normalizada en busca de nuevos objetivos y horizontes. Este cambio de dirección fue necesario por varios motivos, incluido el efecto bumerán que la retórica antimarxista estaba teniendo a nivel internacional. Presumiblemente, dicho giro también fue posible gracias a la creciente implicación de Chile en las actividades del Plan Cóndor. El hecho de que el trabajo sucio, incluida la guerra psicológica, comenzara a realizarse de manera sistemática en el contexto de operaciones conjuntas de los servicios de inteligencia de los países miembros de la alianza antisubversiva, quizás dio al régimen chileno la oportunidad de utilizar canales más tradicionales para llevar a cabo otro tipo de operaciones y promover narrativas diferentes. Así, a partir de 1975, la maquinaria de comunicación de la dictadura en el frente externo comenzó a contar con recursos, hombres y medios más efectivos para responder a lo que se veía como una maniobra de cerco. Ya hemos hablado de la importancia de las misiones diplomáticas en la acción de propaganda, contrapropaganda y guerra psicológica, particularmente en aquellos centros neurálgicos de la lucha, como los definió la revista Qué Pasa: países como Italia, Francia, Alemania Occidental, Inglaterra, España y, en particular, Estados Unidos. De hecho, es posible afirmar que estos últimos se consolidaron como el centro de esta actividad y que la embajada de Chile en Washington fue pionera en numerosos temas relacionados con este sector. Esto se debió a diversos factores, muchos de ellos fáciles de entender. Estados Unidos era el país con mayor influencia en la opinión pública mundial y el principal aliado del régimen. También seguía siendo la fuente más importante de recursos económicos y financieros, así como de apoyo político y militar, para todo el hemisferio occidental, incluido Chile. La orientación de la opinión pública estadounidense era, por tanto, una preocupación importante, en la medida en que podía afectar a las posiciones de los miembros del congreso y, potencialmente, también a las políticas del ejecutivo. No era secundario, por tanto, el hecho de que allí se concen-
274 a la conquista de mentes y corazones . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . traba una parte importante de esa red de solidaridad internacional con las víctimas de la represión, que tanto preocupaba a la cúpula de la dictadura y que progresivamente se fue nutriendo de elementos destacados del mundo político chileno en el exilio. Por último, fue también en Estados Unidos donde el régimen pudo establecer sus principales contactos y obtener los mayores apoyos en el esfuerzo por defender su imagen internacional y, en consecuencia, evitar el aislamiento diplomático y económico. En consecuencia, no fue casualidad que, desde la embajada de Chile en Washington, llegaran las primeras señales de que algo estaba cambiando en materia de comunicaciones externas en la segunda mitad de 1974. En julio, el embajador Heitmann informó al nuevo ministro de Relaciones Exteriores, el almirante Patricio Carvajal Prado, de que había sido autorizado por miembros de la Junta para contratar a Henry Gardiner como «lobista»930. El exvicepresidente de la multinacional cuprífera Anaconda en Chile recibiría un sueldo mensual de 2 mil 400 dólares, una suma considerada insignificante si se tiene en cuenta lo que normalmente gana un funcionario de ese nivel y, sobre todo, su profundo conocimiento del contexto económico y político estadounidense931. A finales de agosto de ese mismo año, el jefe de la misión chilena informó a la Cancillería de que a mediados de octubre llegaría a Santiago la productora del Channel 7, una cadena de televisión estadounidense, para preparar una película de distribución turística apta para el público norteamericano medio, considerando que la propaganda en este sentido era un elemento importante de la imagen de Chile en Estados Unidos932. Un mes más tarde, Heitmann volvió a expresar su opinión sobre la empresa publicitaria estadounidense DIALOG, que había firmado un contrato de colaboración con el gobierno chileno. En aquella ocasión, el embajador señaló que se debía exigir a la compañía en cuestión que empleara personal familiarizado con la guerra psicológica933. En octubre de ese año, el mismo diplomático informó al ministerio de Relaciones Exteriores de todos los trámites que debían completarse para presentar la candidatura de Chile como país anfitrión del certamen Miss Universo. 930 AMRE, Embajada de Chile en EE. UU. al Ministerio de Relaciones Exteriores, Oficio G. M. N.º 02256/532, Contratación Sr. Henry Gardiner, Washington, 23 de julio de 1974. 931 Idem. 932 AMRE, Embajada de Chile en EE. UU. al Ministerio de Relaciones Exteriores, DIENX N.º 02693/625, Viaje de preparación de film turístico sobre Chile; Washington, 22 de agosto de 1974, 1. 933 AMRE, Embajada de Chile en EE. UU. al Ministerio de Relaciones Exteriores, Aerograma N.º 2709, Informa sobre actividades Difusión. Firma DIALOG; Washington, 29 de agosto de 1974, 1.
275 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . cap v. hacia la búsqueda de normalidad Heitmann indicó que el éxito de la operación era de la «más alta importancia» para la nación, no solo a nivel propagandístico, sino también para acabar con la campaña internacional que se estaba realizando contra la imagen de Chile934. Según las palabras del embajador en Washington, la campaña antichilena había adquirido ahora una dimensión global y estaba debidamente sincronizada gracias a una «por una maquinaria que no escatima ahorro ni esfuerzos en los planos políticos, de relaciones públicas y de guerra psicológica»935. A sus ojos, la Junta había sido convertida por esta oposición como en un símbolo, que pretendían destruir y que hacían aparecer como una auténtica expresión del fascismo: «hoy se nos acusa de violar los Derechos Humanos y mañana será otra causa»936. Una vez más, fue la Unión Soviética la que sirvió de punto de comparación: la URSS contaba con medios y recursos extraordinarios, lo que explicaba sus éxitos en la batalla de las ideas. La embajada soviética en Washington tenía a su disposición una plantilla de 111 personas, oficinas bien estructuradas de la agencia Tass, 10 periodistas profesionales de Estados Unidos y Rusia, medios económicos suficientes para crear organizaciones fachada e infiltrarse en otras bajo la cobertura de centros intelectuales o de estudio, un Partido comunista norteamericano que, por pequeño que fuese, era suficiente para difundir ideología y perspectivas, y organizaciones e instituciones como Amnistía internacional o la International Commission of Jurists. Además, la infiltración soviética antichilena había penetrado en círculos religiosos, artísticos, universitarios y parlamentarios, y se valía de numerosas organizaciones destinadas a influir en la opinión pública estadounidense. Todo esto contribuía a crear una «leyenda negra»937 sobre Chile en la opinión pública, los centros de poder y el propio congreso estadounidense. Como consecuencia, Chile habría sufrido un aislamiento diplomático y económico: el problema de imagen en el exterior es un asunto que debemos evaluar con la dimensión propia del peligro que representa para 934 AMRE, Embajada de Chile en EE. UU. al Ministerio de Relaciones Exteriores, Oficio ordinario N.º 3223/728, Chile como sede próxima elección Miss Universo; Washington, 17 de octubre de1974, 1. 935 AMRE, Embajada de Chile en EE. UU. al Ministerio de Relaciones Exteriores, Oficio secreto N.º 10, Problema imagen de Chile en los Estados Unidos; Washington, 6 de diciembre de 1974, 1. 936 Ibid., 2. 937 El subrayado aparece en el texto original.
276 a la conquista de mentes y corazones . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . la seguridad interna y externa del país. También debemos comprender que nuestra mejor defensa es el ataque y en él debemos aumentar nuestra acción. Es incuestionable que la imagen de Chile la conforman elementos externos e internos [...] Todo esto me hace pensar de que el problema información, contrainformación, propaganda, contrapropaganda y guerra psicológica deben ser centralizadas en un sólo organismo responsable, el cual sería el único portavoz oficial del Gobierno de Chile [...] un organismo con medios económicos, ágil y profesional. No se trata de que en él intervengan “agentes de publicidad” en el sentido chileno, sino que expertos en el sentido de técnicos formados a nivel universitario. Este organismo central debe tener departamentos especializados en cada una de nuestras Misiones en el exterior, a cargo de técnicos o de gente con experiencia y que estén capacitados para ejecutar su trabajo desde el punto de vista de relaciones públicas y de guerra psicológica. Esto último no sería suficiente si en cada país, y muy particularmente en Estados Unidos, no contaremos con la asesoría de empresa técnicas integradas por norteamericanos especializados en los trabajos de esta naturaleza, que no sólo es periodismo, sino que es política, guerra psicológica, relaciones públicas, asesoría legal, psicología, etc., para poder penetrar en los frentes más importantes938. A raíz de lo anterior, Heitmann propuso un plan de acción muy concreto que incluía contactar, en primer lugar, con una prestigiosa empresa de publicidad estadounidense939. Al mismo tiempo, la propaganda externa debería dotarse de firmas más pequeñas que, siempre a cambio de una tarifa, penetraran en los ambientes religiosos, académicos y laborales; la asistencia de un despacho de abogados que prestara servicios de forma permanente y no solo en caso de necesidad; y de instituciones 938 AMRE, Embajada de Chile en EE. UU. al Ministerio de Relaciones Exteriores, Problema imagen de Chile en los Estados Unidos, op. cit., 3-9. 939 Al respecto, el jefe de la misión dijo que tuvo conocimiento de que alguien intentó involucrar a Walter Thompson, quien se negó a colaborar por temor a que eso pudiera dañar su imagen. Este tema sería abordado años más tarde por Federico Willoughby-MacDonald en sus memorias de la siguiente manera: «Se negoció con la agencia de publicidad J. Walter Thompson, que nos hizo ver que tendría un efecto adverso en sus clientes habituales si tomaban nuestra campaña, pero sí podían crear una figura con otro nombre y ayudarnos. Así, a fines del ’73 llegaron dos expertos de imagen que trabajaron con nosotros e hicieron sugerencias para aminorar el clima adverso» (Willoughby-MacDonald, op. cit., 178).
277 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . cap v. hacia la búsqueda de normalidad fachada. Además, se debían crear consulados honorarios en las mismas ciudades y estados de donde provenían los detractores de Chile en el Congreso, donde los estadounidenses ricos, asesorados por funcionarios de carrera, pudieran instalarse para actuar en las mismas zonas donde obtuvieron sus votos. También habría sido importante establecer un sistema de conexión no oficial con los cubanos residentes en Estados Unidos, quienes ya habían manifestado su voluntad de apoyar la causa chilena. Asimismo, habría sido especialmente importante actuar con inteligencia entre las minorías étnicas más extendidas en Estados Unidos, como los italianos, los árabes y, sobre todo, los judíos, que no solo tenían representantes en el Congreso, sino también un enorme poder económico y dominaban los sectores de la radio, la televisión y la prensa. Pero, como reiteró Heitmann, «todos los esfuerzos que se hagan son inútiles si nó contamos con la asesoría de una empresa que actúe a nivel nacional»940. Unas semanas más tarde, el embajador solicitó fondos a Santiago para contratar de forma permanente a la empresa de publicidad «SMOAK & SHIPLEY». Según el jefe de la misión, esta había logrado, a finales de 1974, salvar el proyecto de ayuda económica y militar a Chile – que había estado al borde del fracaso en el congreso debido a la férrea oposición del senador Edward M. Kennedy y del representante Michael Harrington – gracias a la contribución de varios editorialistas y a la penetración «en importantes sectores del Senado y de la Cámara de Diputados y Círculos de opinión civiles»941. La mencionada empresa Smoak & Shipley era propiedad de Marion H. Smoak, exjefe de Protocolo del Departamento de Estado durante la administración Nixon (y futuro director de campaña de Ronald Reagan), y de Carl L. Shipley, un activista del Partido republicano. Ambos manejarían casos similares a través de su firma en el futuro y también para otros países (a mediados de los años ochenta, por ejemplo, asumieron la tarea de mejorar la imagen de la ocupación sudafricana de Namibia en Estados Unidos)942. 940 AMRE, Embajada de Chile en EE. UU. al Ministerio de Relaciones Exteriores, Problema imagen de Chile en los Estados Unidos, op. cit., 5. 941 AMRE, Embajada de Chile en EE. UU. al Ministerio de Relaciones Exteriores, Oficio confidencial N.º 10, Solicita fondos para contratación permanente 1975 SMOAK & SHIPLEY; Washington, 23 de enero de1975, 1. 942 Allan D. Cooper, Allies in Apartheid: Western Capitalism in Occupied Namibia, London, The Macmillan Press LTD, 1988, 184.
278 a la conquista de mentes y corazones . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Poco después, se añadieron a la lista otras agencias, como Worden and Company y Braniff943. Todas ellas fueron contratadas para cuidar la imagen de Chile, asesorar en estrategias de comunicación, contactar con periodistas afines, abrir las puertas de los círculos políticos y de opinión más influyentes y tratar de influir en los procesos de toma de decisiones de alto nivel. Puede ser interesante señalar, como lo han demostrado recientes investigaciones sobre el tema, que el régimen que se estableció en Argentina en el transcurso de 1976, es decir, pocos meses después del golpe de Estado, comenzó a utilizar el aporte de empresas similares. Entre ellas se encontraba la agencia estadounidense «Burson-Marsteller» que, como en el caso de las empresas utilizadas por los chilenos, no sólo se ocupaba de los aspectos comunicacionales y publicitarios, sino que, a través de sus oficinas diseminadas por todo el mundo, ofrecía un servicio de enlace con exponentes económicos, políticos y mediáticos de diversos países. Al igual que en el caso de Chile, la respuesta de la dictadura a lo que internamente presentaba como una campaña antiargentina llevada a cabo por el comunismo internacional, no sólo fue a través de la contratación de estas agencias, sino también mediante un fortalecimiento de la estructura propagandística manejada directamente por el Estado, y en particular por la Cancillería. No es casual que aquí se creara también la Dirección general de prensa y difusión, con tareas similares a su homóloga chilena, y de la que dependería, por ejemplo, el Centro de operaciones (llamado «Centro piloto») instalado en París, encargado de dirigir una auténtica guerra informativa destinada a contrarrestar la propaganda del adversario, que incluía campañas de «guerra psicológica», actividades de inteligencia y espionaje, especialmente contra la comunidad de exiliados, y colaboración con servicios secretos extranjeros944. Volviendo al caso de Chile, este fue un importante salto de calidad en la acción propagandística, considerando que durante casi un año después del golpe, la actividad de la embajada chilena en Washington en este frente no había ido mucho más allá de la distribución de material informativo, según lo establecido en la «Directiva Papiro». En concreto, se había limita943 Estas habrían asumido un papel decisivo en particular en el contexto del arraigo de la percepción de Chile como un destino turístico importante. (AMRE, Embajada de Chile en EE. UU al Ministerio de Relaciones Exteriores, Oficio secreto N.º 018, Washington, 15 de Abril de 1977, 26). 944 Moira Cristiá y Laura Schenquer, “La ‘acción psicológica’ en el ámbito internacional. Los planes de comunicación de la dictadura argentina en el extranjero (1976-1978)”, Laura Schenquer (Comp.), Terror y consenso. Políticas culturales y comunicacionales de la última dictadura, Buenos Aires, Edulp, 2022, 80-107.
279 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . cap v. hacia la búsqueda de normalidad do a enviar miles de ejemplares del Libro blanco del cambio de gobierno en Chile (en inglés y español), folletos de diversa índole945 y textos como Un año de construcción, Tres años de destrucción, o Crónica de una experiencia946. En los primeros meses de 1975 se notó el cambio de ruta de los efectos de la propaganda chilena en los Estados Unidos. Un ejemplo fue la iniciativa del conocido publicista conservador Marvin Liebman y del propietario de la revista norteamericana National Review, William Buckley, quien ya había ofrecido sus servicios al régimen chileno a través de su publicación947, con lo que se constituyó un verdadero lobby de apoyo a la causa chilena propugnada por la Junta. Este círculo de apoyo estaba integrado por parlamentarios, exparlamentarios y periodistas norteamericanos. Se trataba del American-Chilean Council (ACC), también conocido como «Consejo de Amigos de Chile», como lo llamó el secretario general del gobierno durante una reunión con los miembros del régimen. En sus palabras: Este grupo, formado exclusivamente por norteamericanos y que utilizan a Chile para atacar el marxismo, tiene entre sus filas, por ejemplo, al Senador Battle (fonético); al hermano del Senador, que es periodista, y a otras connotadas personalidades. En este instante, por ejemplo, tenemos a un periodista antimarxista, Víctor Lac (fonético), que está escribiendo en forma muy extensa en una cadena de periódicos norteamericanos contra el marxismo y tomando el caso de Chile. Todo eso se ha estado impulsado y el mérito que tiene es que lo hacen norteamericanos para defender a Chile. Indudablemente, la magnitud de estos artículos no tiene la gran relevancia que nosotros quisiéramos, pero está llegando [...] se obtuvo, no voy a decir que gracias a dicho grupo, pero ayudó mucho a obtener la declaración de los 100 parlamentarios que se presentó al Congreso. Hay una serie de hechos que han ido contribuyendo y mejorando la imagen de Chile y tengo una serie de antecedentes al respec945 Tales como los ejemplares: Fuerzas Armadas y Seguridad Nacional, El Gobierno Secreto de la UP y similares. 946 AMRE, Embajada de Chile en EE. UU. al Ministerio de Relaciones Exteriores, Oficio reservado N.º 9, Remite Informe Anual de la Oficina de Partes 1974-REF: Directiva ‘Papiro’ 1/74; Washington, 20 de enero de 1975, 2-4. 947 Véase a Jeet Heer, “When Will National Review Apologize for Cooperating With Murderous Dictator Augusto Pinochet?”, New Republic, 9 de octubre de 2015 (https:// newrepublic.com/article/123073/national-review-should-apologize-cooperating-augusto-pinochet).
280 a la conquista de mentes y corazones . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . to...porque cuando va el señor Arnello948 permanentemente me trae la información. Lo que no hemos podido hacer, y nosotros hemos tomado todas las medidas del caso, es para que no aparezca el Gobierno de Chile comprometido con ese señor Litman949. El «señor Litman», cuya conexión con el gobierno chileno no fue revelada, era en realidad Marvin Liebman, quien en diciembre de 1978 fue acusado por el Departamento de Justicia de Estados Unidos de organizar una «campaña de propaganda secreta e ilegal» destinada a «hacer que los miembros del Congreso, periodistas, académicos y el público estadounidense fueran más simpatizantes de la dictadura militar chilena»950. En ese momento, el Washington Post escribía lo siguiente: Según una denuncia por fraude civil presentada ante el Tribunal de Distrito de Estados Unidos, el Consejo Chileno-Americano, un grupo con sede en Nueva York aparentemente creado en 1975 «para promover la amistad y la cooperación» entre estadounidenses y chilenos, llevó a cabo un esfuerzo de lobby. Sin embargo, el Departamento de Justicia ha argumentado que el Consejo y su experto en relaciones públicas, Marvin Liebman, fueron financiados secretamente por el gobierno chileno […] El Departamento de Justicia alegó en la acusación que el Consejo Chileno-Americano actuó como agente del Consejo Chileno Norteamericano, una organización hermana que opera en Santiago de Chile. El Consejo Chileno-Americano afirmó que la financiación inicial de 26 850 dólares en febrero de 1975 procedía del grupo de Santiago. Asimismo, el Departamento de Justicia alega que el dinero provino del gobierno chileno a través de un cheque firmado por Mario Arnello, miembro de la misión chilena ante las Naciones Unidas y alto funcionario de Lan Chile, la aerolínea estatal de Chile. La acusación del Departamento de Justicia alega que «el único propósito del Consejo Chileno-Americano y su contraparte en Santiago es enmascarar la relación comercial que existe entre el gobierno chileno del 948 Nos referimos a Mario Arnello, miembro de la misión de Chile ante las Naciones Unidas y gerente de la aerolínea Lan Chile. 949 AHJG, N.º 226, 18 de Agosto de 1975, 31-33. 950 Kenneth Bredemeier, “Justice Dept. Says Group Illegally Lobbies for Chile”, The Washington Post, 19 de diciembre de 1978.
287 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . cap v. hacia la búsqueda de normalidad vidades económicas o simplemente viajar para apreciar la belleza de los paisajes, las riquezas naturales o, también, por motivos de investigación o estudio. Además, este fue el camino elegido para lograr el ansiado anonimato, es decir, conseguir que las noticias sobre torturas, desapariciones y violaciones de los derechos humanos en general perdieran interés desde el punto de vista mediático y, en consecuencia, que mejoraran las relaciones con los distintos gobiernos. A medida que el régimen aplicaba las recetas neoliberales de los Chicago Boys, ese derrotero se entrelazó estrechamente con la estrategia de legitimación a través del milagro económico, que, en última instancia, resultaría decisiva para romper el aislamiento.
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