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Pluralidad de emisión y formación de un sistema bancario moderno. Europa y España

Sudrià Triay, Carles

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31 Pluralidad de emisión y formación de un sistema bancario moderno. Europa y España1 Carles Sudrià Triay Centre d’Estudis ‘Antoni de Capmany’ Universitat de Barcelona IntroduccIón La formación de un sistema financiero eficiente es un elemento fundamental en el proceso de configuración de las sociedades capitalistas contemporáneas. No sería concebible la industrialización ni el desarrollo económico moderno sin la conformación de mecanismos de movilización de recursos y de provisión de medios de pago acordes con el incremento de los intercambios y de las necesidades de financiación. Dentro de este proceso, la difusión de la moneda fiduciaria juega un papel esencial. El extraordinario incremento de los intercambios, producto a la vez del aumento de la producción y de la creciente especialización, precisaba para hacerse efectivo un volumen equivalente de medios de pago. Hasta mediados del siglo XVIII los medios de pago disponibles se limitaban a la moneda metálica, esencialmente de oro y plata. Las letras de cambio, los asientos en los libros de los banqueros y otras fórmulas facilitaban los pagos a distancia y 1 El presente trabajo sintetiza parte de los capítulos 1, 2 y 5 del libro de Carles Sudrià y Yolanda Blasco-Martel (eds.), La pluralidad de emisión…, en el que el lector interesado hallará mayor detalle sobre lo aquí tratado así como una precisa explicación del origen de los datos que se manejan. La investigación ha sido financiada por Ministerio de Ciencia e Innovación (HAR2010-17482) y la Fundación BBVA. Licencia Creative Commons Atribución/ReconocimientoNoComercial-SinDerivados 4.0 Internacional https://doi.org/10.5281/zenodo.15006503 Carles Sudrià Triay 32 reducían en empleo de moneda física, pero no la substituían ni eliminaban la necesidad de contar con nuevos medios de transacción. La oferta de metales preciosos era, por definición, aleatoria, y no cabía esperar que el incremento de su demanda y de su precio provocara un aumento de la producción. Así las cosas, el escenario previsible era la de un intenso proceso de deflación con los subsiguientes efectos sobre la actividad productiva y sobre la misma capacidad de intercambiar productos. Es en este escenario en el que debe inscribirse la aparición del billete de banco y del papel moneda en general y de los depósitos o cuentas corrientes disponibles a la vista. Todos ellos instrumentos que, ahora sí, podían substituir masivamente la moneda metálica y constituirse como principales modos de pago. La introducción de una novedad de este calibre precisó tiempo y esfuerzo. Por lo que hace al papel moneda, y a pesar de la importancia que tuvo en algún momento el emitido directamente por el Estado, como los assignats franceses o los vales reales españoles, fueron los billetes de banco los que acabaron realizando esa función. La forma en la que, quedó organizada la emisión de billetes y el propio sistema monetario fue muy diversa país a país, aunque la pluralidad de emisión estuvo presente en casi todos los países durante un periodo más o menos largo. En el caso español, la presencia de billetes emitidos por bancos distintos se dio durante treinta años, entre 1844 y 1874. La finalidad de este capítulo es analizar el proceso de difusión de la moneda fiduciaria en España y su papel en el desarrollo financiero en términos comparativos con el resto de Europa, y poniendo especial énfasis precisamente en el fenómeno de la pluralidad de emisión. El trabajo se estructura de la siguiente manera. Se estudian primero, a grandes rasgos, las características de los sistemas monetarios que se desarrollaron en los principales países europeos a lo largo del siglo XIX. Un segundo apartado detalla las características formales del sistema español y el marco legal que lo regulaba, mientras que el tercero y el cuarto están dedicados a analizar las diversas fases del desarrollo de este sistema y sus efectos. En las conclusiones se recogen los principales resultados de la investigación y se plantean nuevas hipótesis. Pluralidad de emisión y formación de un sistema bancario moderno. Europa y España 33 la experIencIa de la pluralIdad de emISIón en europa Se suele atribuir al Riksbank, el Banco de Suecia, haber sido en 1661 el pionero en la emisión de billetes de banco en Europa. Kindleberger atribuye esta precocidad al hecho de que la moneda metálica dominante en Suecia en aquellos años era de cobre, lo que hacía extraordinariamente engorrosas las transacciones de cierta envergadura. De hecho, los nuevos billetes llegaron a cotizarse con prima respecto a la moneda metálica. Paralelamente, tanto en Inglaterra como en otros países circulaban también como medio de pago recibos emitidos por diversos orfebres como justificantes de depósitos en oro o plata. Cuando empezó a emitir billetes el Riksbank era una entidad privada, pero pocos años después, en 1668, el Estado sueco se hizo cargo de ella convirtiéndose así en el primer banco central del mundo2. A partir de esta primera experiencia, la evolución del papel moneda bancario en Europa vino marcada por dos fuerzas paralelas pero distintas. Por un lado estaba el incremento de las necesidades financieras de los estados y, por otro, el aumento de la demanda de medios de pago y de servicios bancarios generado por del mismo proceso de industrialización. Los costes derivados de las guerras que enfrentaron a las potencias europeas de forma casi ininterrumpida desde mediados del siglo XVIII hasta 1815 obligaron a los estados a buscar nuevas vías de financiación más potentes que la tradicional emisión de deuda pública y el recurso a las casas de banca internacionales. El problema esencial era que el incremento de los niveles de endeudamiento de los estados hacía progresivamente más difícil la colocación de nuevos empréstitos y obligaba a las autoridades a aceptar las condiciones, cada vez más leoninas, impuestas por los banqueros. En estas circunstancias, la emisión de papel moneda aparecía como un recurso más fácil y menos costoso. De hecho se trataba de atribuir poder liberatorio en las transacciones a títulos emitidos por el estado o por entidades bancarias debidamente autorizadas para ello. Se aprovechaba así el incremento de la demanda de medios de pago que derivaba del mayor número de transacciones que se realizaban. En unos casos fue el Estado el que puso en circula2 Kindleberger (1988: 71-74). Carles Sudrià Triay 34 ción los billetes, que podían o no devengar interés. En otros, el Estado atribuyó el derecho de emisión a uno o varios bancos, a los que acudió a demandar crédito. Ambas vías convergieron al cabo de pocos años, puesto que los estados que habían optado por la emisión directa pronto se vieron obligados a crear bancos para gestionar la deuda en circulación y tratar de reembolsarla. Surgieron así una serie de instituciones bancarias, generalmente de capital privado, cuya primera finalidad era facilitar recursos al propio estado y asegurar el servicio de la deuda pública. Las primeras fueron el Banco de Inglaterra (1694); el Banco de Prusia (1765); el Banco de San Carlos, en España (1782) y el Banco de Francia (1800). Tras las guerras napoleónicas habría una segunda oleada de ‘bancos nacionales’ en la que cabría incluir entre otros la Banca Nacional de Austria (1816); el Banco de Portugal (1846); la Banca Nacional (Turín, 1850); el Banco Imperial de Rusia (1860) y el Banco Imperial de Alemania (1875)3. Todos estos bancos contaron con la facultad de emisión, aunque, como veremos, algunos la detentaron en exclusiva y otros la compartieron con otras entidades. De forma paralela a los bancos impulsados por los estados, surgieron en todos los países entidades bancarias cuya finalidad era asistir financieramente al sector privado de la economía, es decir, fue configurándose la figura del banquero o de la casa de banca cuya principal función era el descuento de efectos, la concesión de crédito a las empresas y a los particulares y la recepción de depósitos. Esta función también la hacían los bancos ‘nacionales’, pero siempre de forma subsidiaria, o sea solo con los recursos que pudieran quedar disponibles tras atender a las necesidades del estado. La actividad bancaria particular o privada ejercida por banqueros individuales había cubierto satisfactoriamente las necesidades financieras del sector privado en la mayoría de los países hasta principios del siglo XVIII. A lo largo del setecientos, sin embargo, empezó a hacerse patente que el notable aumento de la producción y de las transacciones exigía un nuevo tipo de banca que pudiera ofrecer nuevos servicios, entre ellos nuevas formas de crédito y nuevos medios de pago. Para atender esta demanda se precisaban 3 Sobre la formación de los bancos centrales europeos, pueden consultarse Collins (1993), Kindleberger (1988: 101-205), Conant (1909), Noël (1888). Pluralidad de emisión y formación de un sistema bancario moderno. Europa y España 35 entidades que capaces de captar sistemáticamente recursos del público y de distribuirlos entre los prestatarios de forma que se asegurara una diversificación suficiente del riesgo. Esto implicaba que los nuevos bancos deberían tener una mayor dimensión de la usual en las casas de banca tradicionales y también una mayor capacidad de análisis de los préstamos, lo que conllevaba más especialización y más profesionalización. El primer país en el que aparecieron bancos de estas nuevas características fue el Reino Unido. Ya en el siglo XVII algunos orfebres de Londres empezaron a realizar labores propias de banca, como aceptar depósitos de numerario o conceder préstamos. Poco a poco la actividad bancaria fue adquiriendo personalidad propia y los mismos orfebres/banqueros optaron por separar ambas actividades y constituyeron sociedades bancarias, todavía bajo la forma de sociedades regulares colectivas o comanditarias. Entrado ya el sigloXVIII, fue el desarrollo industrial del norte de Inglaterra el que reclamó la modernización de los servicios financieros. En este caso fueron esencialmente los propios industriales y comerciantes de la zona los que crearon sociedades bancarias para proporcionar esos servicios: los denominados country banks. Fueran de uno u otro origen, estos bancos locales pronto se vieron compelidos por sus propios clientes a emitir billetes y a aceptar cuentas corrientes. Quien mejor describió las características de este proceso fue Walter Bagehot, el director del The Economist, al ser preguntado por la pluralidad de emisión en una encuesta llevada a cabo en 1866 por las autoridades francesas. La cita es extensa, pero extraordinariamente precisa: En Inglaterra cada pequeña ciudad tiene al menos dos bancos en los cuales se deposita cada chelín del ahorro local. Con la ayuda de estos bancos, estos ahorros se prestan a empresarios locales, si hay buenas condiciones para prestar con seguridad; si no, se envían a Londres. Gracias a este sistema cada chelín susceptible de ser ahorrado se aprovecha. Gracias también a este sistema, Londres se ha convertido en un inmenso centro monetario. Ninguna parte del país queda privada de recursos para invertir en actividades provechosas. En todas las ciudades de Inglaterra se utilizan los cheques; todos los comerciantes, todos los agricultores los emplean habitualmente. Este sistema lo crearon los bancos provinciales de emisión. Individuos que tenían reputación emitían billetes, y así introdujeron al país en el conocimiento Carles Sudrià Triay 36 del crédito. En cada localidad, había alguien interesado en substituir moneda metálica por billetes y así es como se hizo. Habiéndose habituado al crédito en forma de billetes, la población ha llegado poco a poco al sistema de cheques y depósitos4. El fenómeno no fue muy diferente en otros países. Las ciudades y regiones que experimentaron con mayor intensidad el impacto del desarrollo industrial o comercial de aquellos años fueron las que vieron aparecer en primer lugar entidades bancarias modernas. Las formulaciones jurídicas adoptadas fueron diferentes según los países y también fueron distintas las operaciones autorizadas. Dentro de este ámbito se debe situar la concesión o no de la capacidad de emitir billetes. Como veremos en seguida, las posiciones adoptadas por los distintos gobiernos respecto a este asunto no podían ser más dispares. Mientras Austria-Hungría o Francia después de 1848 aplicaron el principio del monopolio de emisión, otros países como Escocia, Suiza o buena parte de los estados alemanes (hasta 1875) autorizaron la pluralidad de emisión. Debemos tener en cuenta, sin embargo, que las condiciones bajo las que se autorizaba la emisión de papel moneda bancario podían ser muy diversas y sus efectos también distintos. Para acercarnos a un análisis comparativo de los regímenes de emisión existentes en Europa hasta principios del siglo XX hemos distinguido diversas situaciones: a) Una sola entidad bancaria emisora de billetes, de iure o de facto. b) Pluralidad de emisión sin concurrencia entre billetes (monopolios territoriales). c) Pluralidad de emisión con concurrencia. d) Pluralidad de emisión en condiciones residuales5. El gráfico 1 recoge la evolución del régimen de emisión en los principales países europeos. Debe tenerse en cuenta que se trata de un esquema sim4 Enquête sur les príncipes et les faits… (1867: vol. 1, 24-25). 5 Entendemos por situaciones residuales aquellas en la que la ley imponía la progresiva eli minación del derecho de emisión conforme iban venciendo los permisos concedidos, sin aceptarse la entrada de nuevas entidades emisoras. Pluralidad de emisión y formación de un sistema bancario moderno. Europa y España 37 plificado que, por ejemplo, no tiene en cuenta que se dieron situaciones de concurrencia monetaria bajo regímenes de monopolio único o de monopolios territoriales por vías ilegales a menudo toleradas por las autoridades. Se han escogido los países de mayor población sobre los que se disponía de datos. Los imperios ruso y austro-húngaro no figuran en el gráfico por haber permanecido en régimen de monopolio de emisión desde el mismo momento de entrar en funcionamiento el primer banco emisor. Como puede observarse, la pluralidad de emisión fue un fenómeno mucho más generalizado de lo que suele pensarse. Prácticamente todos los países europeos pasaron por ella en uno u otro momento. Esta primera observación debe complementarse con el conocimiento del peso que tenían en cada país los bancos emisores independientes respecto al banco central o principal, controlado habitualmente por las autoridades. Las tablas 1 y 2 muestran cuál era la situación en 1847 y 1869. Tabla 1. La banca provincial en Francia, Reino Unido y España, 1847. Billetes en circulación Millones pts. Millones pts. Inglaterra España – Banco de Inglaterra 478,0 – Banco de San Fernando 45 – Otros bancos (279) 184,0 – Bancos provinciales 8 – Total 662,0 – Total 53 Irlanda Francia – Bancos emisores (6) 150,0 – Banco de Francia 240 – Bancos departamentales (9) 90 Escocia – Total 330 – Bancos emisores (19) 88,8 Fuente: Noël (1888); Statistics for Great Britain, Germany and France. National Monetary Comisión (US) (1910); Tedde (1999); Blasco y Sudrià (2010a); Titos (2003). Las cifras referidas a 1847 dan buena prueba del atraso relativo de España en el proceso de formación de un sistema financiero moderno. El modesto nivel de la circulación monetaria total y, más todavía, la confinación de la circulación de billetes de banco a la capital del Reino y, de forma muy débil, en otros dos centros mercantiles deja claro que en el ámbito financiero las dificultades de la modernización estaban siendo tanto o más intensas que en Carles Sudrià Triay 38 PRUSIA INGLATERRA ESCOCIA IRLANDA FRANCIA ALEMANIA SUECIA SUIZA 123456 PORTUGAL ESPAÑA 1661 1694/1695 1727 Pluralidad y competencia Pluralidad sin competencia Pluralidad en extinción Monopolio 1760 Italia 1. Reino de Cerdeña 2. Ducado de Toscana 3. Reino de las Dos Sicilias 4. Ducado de Parma 5. Veneto (Austria-Hungría) 6. Estados Pontificios 1770 1780 1790 1800 1810 1820 1830 ITALIA Gráfico 1. La pluralidad de emisión en Europa Pluralidad de emisión y formación de un sistema bancario moderno. Europa y España 39 Gráfico 1. La pluralidad de emisión en Europa (cont.) PRUSIA INGLATERRA ESCOCIAIRLANDA FRANCIAALEMANIA SUECIA SUIZA123456PORTUGALESPAÑA 1830 1840 1850 1860 1870 1880 1890 1900 1910 Monopolio de emisión desde la implantación de la banca moderna: ITALIA Fuentes: Conant (1909) y Noël (1883) Imperio Austro-Húngaro, desde 1817 Imperio Ruso, desde 1860 Carles Sudrià Triay 46 tro de Hacienda, José Echegaray, firmó el decreto por el que se establecía la circulación monetaria única y se adjudicaba el monopolio de emisión de billetes al Banco de España. Los bancos provinciales se declaraban en liquidación pero se establecía un mecanismo para que Banco de España adquiera sus activos pagando las acciones a la par. El ministerio también aceptó, finalmente, que aquellos bancos que no se avinieran a vender sus activos pudieran continuar con sus actividades, renunciado, claro es, a la emisión de billetes. Pese al carácter drástico y aparentemente precipitado de la publicación del Decreto, su gestación había empezado meses antes. Tras el golpe de estado protagonizado por el General Pavía el 3 de enero de 1874, que había puesto punto final a la azarosa andadura de la Primera República, quedó constituido un nuevo Gobierno bajo la presidencia del General Francisco Serrano, que ejerció el poder sin control parlamentario. José Echegaray fue nombrado Ministro de Hacienda del nuevo gabinete. Enfrentado a una situación insostenible, sin capacidad de crédito ni en el interior ni en el exterior y con una guerra civil que consumía ingentes recursos, el Ministro no halló otra alternativa que acudir al Banco de España ofreciéndole a cambio de su soporte económico una prerrogativa que no podía rechazar: convertirse en el único emisor de billetes. El decreto, aplicado con resistencias y dificultades, puso punto final a un periodo de treinta años en los que estuvo vigente en España la pluralidad de emisión12. loS InIcIoS de la pluralIdad: Barcelona y cádIz, 1844-1856 La historia de la pluralidad de emisión en España se presenta en tres etapas bien diferenciadas. La primera comprende desde los inicios, en 1844, hasta 1856, año en el que entró en vigor la legislación liberal que permitió la creación de nuevos bancos emisores. La segunda abarca una década: desde 1856 hasta la crisis financiera de 1866, que puso punto final a la existencia de diversos bancos emisores y de otras entidades de crédito. Tras la crisis, se inicia la tercera etapa, plagada de dificultades e inestabilidad, que se cerró en 1874 con supresión de la pluralidad y la instauración del monopolio de emisión. 12 La instauración del monopolio de emisión ha sido estudiada por Tortella (1973: 314-317), Tedde (1974: 224-233; 2015: 507-580), Castañeda (2001: 40-49; 2016). Pluralidad de emisión y formación de un sistema bancario moderno. Europa y España 47 Este trabajo va a centrarse en las dos primeras etapas. Como ha quedado ya acreditado, la instauración de la pluralidad de emisión en España no fue el resultado de una política establecida, más o menos meditada por los responsables gubernativos o parlamentarios de la política económica, sino la consecuencia de decisiones específicas que, en cada caso, respondían a razones o intereses diferentes. La primera iniciativa que encontró el respaldo del gobierno fue la de constituir en Madrid un segundo banco de emisión que viniera a competir con el Banco de San Fernando13. En términos estrictos, el decreto de autorizando la constitución del Banco de Isabel II y aprobando sus estatutos no instauraba la pluralidad de emisión, puesto que establecía que la nueva entidad podría emitir ‘cédulas al portador’, pero no billetes. La diferencia entre unas y otros era, en la práctica, inexistente y respondía a una simple añagaza jurídica para orillar el problema de que el Banco de San Fernando detentaba desde su fundación el privilegio de emisión de billetes en la Corte. Aunque conocidos, quizá convenga reproducir aquí algunos de los argumentos esgrimidos por el ministro, Juan José García Carrasco, para justificar su decisión. Varios de ellos entroncan con los debates que en aquellos mismos momentos estaban teniendo lugar en otros países europeos. Primero, la crítica nada velada al Banco de San Fernando y a su reticencia a facilitar crédito al comercio y a la industria: Las circunstancias de su origen, los antiguos hábitos, las desgracias mismas de los tiempos han paralizado sus esfuerzos, retrayéndole de las grandes operaciones de descuento y giro… El Banco de 1829 no puede ser ya suficiente en 1844… Después, la identificación del monopolio como el problema último y la necesidad de su superación: Al considerarse solo, y con la facultad de ejercer el monopolio, prefiere a veces ganar mucho especulando poco, a realizar beneficios de mayor consideración ensanchando el círculo de su actividad y de su movimiento. El resultado es que la industria y el comercio se ven privados de su auxilio… Los efectos 13 Sobre la creación y el funcionamiento del Banco de Isabel II, véase Tedde (1999: 155 y ss.). Carles Sudrià Triay 48 hubieran sido muy diversos si, al lado del Banco de San Fernando, se hubiera elevado otro establecimiento de la misma especie que haciéndole una oportuna concurrencia, le hubiera impulsado a tomar un camino más conforme a la índole de la institución y más favorable a la circulación de los valores14. La idea no era descabellada y más teniendo en cuenta el escaso dinamismo de que había hecho gala el Banco de San Fernando en los años precedentes15. Sin embargo, el Banco de Isabel II, erigido sobre estas bases, tuvo una vida efímera. De hecho fue la propia implicación del Banco en los dudosos negocios de alguno de sus fundadores y, especialmente, la práctica de conceder crédito con la garantía de sus propias acciones, lo que condujo a la nueva entidad al borde del abismo ya a finales de 1846. La emisión de billetes (o cédulas) era el eje de la actividad del Banco. En aquellos momentos mantenía en circulación billetes por 111 millones de reales (28 millones de pesetas), claramente superior a la de su competidor directo, el Banco de San Fernando, que acreditaba 80 millones de reales16. La fragilidad del nuevo banco quedó de manifiesto pocos meses después con la incertidumbre derivada de la crisis financiera europea de 1847. Como ya se ha dicho, el gobierno forzó la fusión de los dos bancos emisores madrileños, dando fin así a la única etapa de concurrencia legal de billetes que se dio en España. Fue el mismo gobierno y el mismo ministro de Hacienda que habían autorizado el Banco de Isabel II los que hicieron lo propio con el Banco de Barcelona. El decreto de autorización fue firmado el mismo día en el que cayó el gobierno presidido por González Bravo, en el que el citado García Carrasco ocupaba la cartera de Hacienda. Su substituto, ya en un gobierno inequívocamente moderado, fue Alejandro Mon, firme adversario de la pluralidad de emisión. Fuera por la intervención del nuevo ministro o por otras razones, el hecho es que el citado decreto no vio la luz en la Gaceta hasta el 19 de agosto siguiente, esto es con tres meses y medio de retraso. 14 Exposición de motivos del R.D. 25 de enero de 1844, creando el Banco de Isabel II, Gaceta de Madrid, 30 de enero de 1844. 15 Esta es la idea defendida por Tortella (1973: 30-34). La opinión de Pedro Tedde es menos crítica con la gestión del Banco de San Fernando. Véase Tedde (1999: 159-160). 16 Tedde (1999: 188 y 200). Pluralidad de emisión y formación de un sistema bancario moderno. Europa y España 49 Obtenido el visto bueno oficial, se convocó una oferta pública de acciones que quedó cubierta en el acto con un gran exceso de demandantes. Hubo que adoptar medidas de prorrateo adicionales a las previstas para asegurar que todos los solicitantes pudieran disponer de alguna acción. Esto no obstante, el capital no dejó de estar bastante concentrado: la veintena de accionistas (un 5 % del total) que detentaban el máximo establecido de 100 acciones cada uno controlaban algo más de un tercio del capital del Banco. El lector encontrará en otra parte mayor detalle sobre las normas de funcio namiento que el banco adoptó y sus consecuencias17. Vamos a referirnos aquí tan solo a una de ellas que tuvo una gran trascendencia en la vida de la entidad y, por esta vía, en todo el sistema financiero español. Se trata de la posibilidad, establecida en los estatutos del banco, de mantener sin desembolsar una parte del capital suscrito pero asumiendo el accionista ante notario la obligación contractual de aportarla en efectivo al ser requerido para ello por la Junta de Gobierno de la entidad. Según Girona, se trataba de que confiar las reservas del banco a sus mismos accionistas, en el convencimiento de que en sus manos estarían más seguras y resultarían más útiles que en los cofres del propio Banco. Obsérvese que este no es el mismo caso que podía darse en otras sociedades anónimas, en las que la exigencia de hacer frente a los desembolsos demandados era difícilmente exigible y solo actuaba como elemento disuasorio la posible pérdida de la parte del capital ya desembolsado. Girona entendía que este mecanismo ordinario resultaba insuficiente para aquellas empresas, como los bancos, que tenían una proporción de recursos ajenos sobre los propios muy elevada y en las que la confianza del público en su solidez financiera era un elemento fundamental de su éxito. En sus propias palabras, este sistema constituye precisamente la base fundamental sobre el que descansa el crédito de este Banco, el arma más poderosa de defensa que ha tenido para resistir todas las contrariedades y vencer todos los obstáculos, el áncora, en fin, que le ha sostenido en medio de las mayores catástrofes… [L]as fuertes reservas en poder de los accionistas son una fuente de recursos altamente valiosa para contrarrestar los efectos de las grandes crisis porque atraviesan los bancos, 17 Blasco y Sudrià (2010a: 33-48). Carles Sudrià Triay 50 hasta el extremo de convertirlos en inquebrables, a no sobrevenir uno de estos cataclismos contra los cuales nada puede la previsión humana18. El caso de Cádiz es más enrevesado19. Resumiendo de forma sumaria diríamos que la experiencia bancaria de la capital gaditana pasó por dos fases. Durante la primera, que abarca los años 1846 y 1847, llegaron a existir en Cádiz hasta tres bancos de emisión. El primero, autorizado en enero de 1846, fue luego desposeído del derecho de emisión, aunque siguió actuando. Se constituyó, después, en junio del mismo año, una sucursal del Banco de Isabel II, que distribuía billetes de su matriz aunque tenía capital propio, y, finalmente, el gobierno conservador autorizó oficialmente un tercero, independiente, en diciembre del mismo año. Este último y el que actuaba como sucursal del Banco de Isabel II entraron rápidamente en un proceso de fusión, siguiendo el ejemplo de Madrid, hasta alcanzar un acuerdo en el verano de 1847, que fue ratificado por el gobierno con fecha de 1 de noviembre del mismo año. Finalmente, el 20 de enero de 1848 entraba en liquidación el primero de los bancos de la saga, quedando así solo uno en funcionamiento. Aunque pueda parecer anecdótico, este trasiego de proyectos y de iniciativas competitivas constituye un signo inequívoco del dinamismo de la economía gaditana. No es en absoluto casual que en los años 1860 Cádiz fuera la provincia con una relación más elevada de billetes por persona. Este mismo dinamismo se pondrá de manifiesto en las medidas adoptadas por el Banco ante las reformas legales introducidas por el gobierno en el régimen de funcionamiento de los bancos de emisión de 1849 y 1851. La información disponible sobre el funcionamiento de las tres principales entidades financieras del periodo –los bancos de Barcelona y Cádiz y el de San Fernando– no es todo lo completa que desearíamos, aunque si nos permite aproximarnos a los grandes rasgos del periodo. El primer comentario debe referirse a la estructura global del balance de los dos bancos pioneros 18 Memoria del Banco de Barcelona. Quincuagésimo aniversario de su creación, Barcelona, 1894, pp. 17-18. 19 Una aproximación más detallada a la trayectoria de los bancos de la capital gaditana, en Titos (2003) y en Torrejón e Higueras (2016). Pluralidad de emisión y formación de un sistema bancario moderno. Europa y España 51 y a la proporción mantenida entre recursos propios y ajenos [gráfico 2]. Los datos dan cuenta de un notable crecimiento de la actividad de ambos bancos, a la que concurrieron tanto recursos propios como recursos procedentes de clientes y de la circulación de los billetes. Por lo que hace al Banco de Barcelona, en los primeros meses de actividad se utilizó a fondo la capacidad de emisión establecida en los estatutos, pero a partir de finales de 1846 se estimó también necesario aumentar la cuota de desembolso de las acciones, que pasó del 25 al 50 % mediante dos reclamos sucesivos. Algunos accionistas recordaron a la Junta de Gobierno que el compromiso de desembolso se entendía limitado a situaciones de necesidad y que los incrementos regulares de demanda de crédito debían afrontarse mediante la emisión de nuevas acciones y no exigiendo desembolsos adicionales a las que ya estaban en circulación. La Junta arguyó que creía que la onda expansiva sería de corta duración, por lo que una solicitud de desembolsos temporales era el recurso más adecuado para aprovechar una coyuntura excepcional. Gráfico 2. Recursos propios y recursos totales. Bancos de Barcelona y Cádiz, 1846-1855 (millones de pesetas) 0 20 40 60 0 10 20 30 % Mill. Pts Rec. propiosRec. ajenos Rec. propios/rec. totales (%) Banco de BarcelonaBanco de Cádiz Carles Sudrià Triay 52 La coyuntura, efectivamente, era de franca expansión. Los pocos indicadores macroeconómicos disponibles así lo muestran. El índice de la producción industrial de Cataluña, por ejemplo, registra un aumento superior al 5 % anual entre 1840 y 1847, y la inversión en sociedades mercantiles pasó de una media anual de 2,6 millones de pesetas en el trienio 1839-1841 a 11,2 millones en el de 1846-184820. A diferencia de lo ocurrido en Madrid, la crisis internacional de 1847 no tuvo en Barcelona una repercusión grave, aunque sí se observó una caída notable de la demanda de crédito en la segunda mitad del año. De la actividad financiera de los primeros bancos de Cádiz poco sabemos. Algunas referencias indican que el primer banco llegó a tener billetes en circulación por más de siete millones de reales a mediados de 1847 y el que actuaba como sucursal del Banco de Isabel II alcanzó a distribuir más de trece millones emitidos por su matriz madrileña21. Para el año 1848, los balances referidos al tercer banco registran diez millones de reales en billetes en circulación en el mes de junio, que descendieron a 8,8 millones al final del mismo año. Si las turbulencias económicas europeas de 1847 habían pasado sin dejar excesiva huella sobre los dos sistemas bancarios provinciales que estamos analizando, los efectos de la crisis política europea de 1848 fueron mucho más graves. En Barcelona se produjo un auténtico pánico, que solo puedo superarse gracias a aportaciones personales de los miembros de la Junta de Gobierno y al resultado positivo de la llamada a los socios a desembolsar otra fracción del capital nominal de la sociedad. Pese a superar la prueba, ambos bancos adoptaron desde entonces una actitud mucho más conservadora. El Banco de Barcelona redujo drásticamente aquellas formas de crédito que se habían mostrado más sensibles a los cambios de coyuntura, como el préstamo con garantía de géneros. Las pérdidas generadas por los impagos de algunos clientes, se vieron engrosadas por las derivadas del robo de bienes que el 20 Cifras de Maluquer de Motes y Sudrià recogidas en Nadal, Benaul y Sudrià (2012: II.1.3 y II.2.15). Otros indicadores en Blasco y Sudrià (2010a: 120). 21 De los bancos de Cádiz, opúsculo anónimo publicado por la Imprenta, librería y litografía de la sociedad de la Revista Médica, Cádiz, 1847, pp. 1-2. Pluralidad de emisión y formación de un sistema bancario moderno. Europa y España 53 Banco tenía en depósito como garantía. La Junta decidió no hacer público el monto real de las pérdidas sufridas, que tampoco fue comunicado a la Junta General de Accionistas. En los años siguientes fueron progresivamente amortizadas en una operación contable que concluyó en 1854. En todo caso, el banco tardó cinco semestres en recuperar el nivel total de activos alcanzado en diciembre de 1847. No parece que el Banco de Cádiz sufriera dificultades tan graves. En todo caso solo en el segundo semestre de 1848 registró una disminución del volumen total de sus activos. Un efecto mucho más duradero y trascendente tuvieron los cambios introducidos por el gobierno en la legislación relativa a los bancos de emisión en 1849 y 1851. Como ya se ha dicho, el objetivo inicial era imponer la fusión en uno de los tres bancos emisores existentes. Abandonado este objetivo por la protesta de los afectados, la ley derivó hacia la imposición de restricciones a la emisión. La nueva ley de 4 de mayo de 1849 fijaba el límite máximo de emisión de billetes en el capital efectivo de cada sociedad bancaria. En el caso del Banco de Barcelona esto implicaba una reducción del límite de emisión de 5 a 1,25 millones de pesetas, ya que el banco, tras la crisis, había decidido volver a la situación de partida de mantener desembolsado el 25 % del capital nominal. En el momento de entrar en vigor la nueva normativa, el Banco de Barcelona tenía billetes en circulación por 4,4 millones de pesetas. El caso del Banco de Cádiz era un poco distinto. Pese a que los estatutos reformados en julio de 1847 ya establecían el límite máximo de emisión en el monto del capital efectivo, el hecho de que el Banco hubiera rescatado una parte de las acciones emitidas dio pie a que en la práctica se superara aquel límite. En concreto, a 30 de junio de 1849 el Banco tenía emitidos billetes por 2,35 millones de pesetas cuando su capital efectivo era de 2 millones. En conjunto, pues, la nueva ley obligaba a reducir los medios de pago creados por la banca provincial en más de un 50 %, de los 6,75 millones efectivamente en circulación en junio de 1849 a 3,25 millones. Recordemos que la propia ley de mayo de 1849 ratificó el límite de la emisión de billetes por el Banco de San Fernando en 25 millones de pts. Los efectos derivados de estas decisiones quedan patentes en el gráfico 3. Como puede verse ambos bancos se atuvieron estrictamente a lo establecido por la ley y procedieron a la retirada de los billetes sobrantes. El Banco de Carles Sudrià Triay 54 Barcelona completó su ajuste a finales de 1852, mientras el de Cádiz lo había conseguido ya un año antes. Una contracción de esta magnitud tenía que producir efectos de primer orden, tanto en el mercado de medios de pago como en el de crédito. En lo referido a los medios de pago, el efecto más notable de la restricción en la emisión de billetes parece haber sido el incremento de las cuentas corrientes. Evidentemente la mecánica de funcionamiento de cada uno de estos instrumentos es diferente y solo de forma muy imperfecta pueden considerarse substitutivos. Sin embargo, la relación entre el descenso de uno y el crecimiento del otro parece indudable. El gráfico 4 recoge la evolución de las cuentas corrientes en cada uno de los bancos que estamos analizando, mientras el gráfico 5 presenta la evolución de cada variable conjuntamente para cada banco. Queda claro que si bien los dos fenómenos perecen interrelacionados, la caída de las emisiones de billetes no puede explicar totalmente el aumento de los saldos por cuentas corrientes, especialmente en el caso de Barcelona. Sin embargo es para el caso barcelonés para el que tenemos más testimonios directos de la conexión entre las dos variables. Ya en 1850, ante los Gráfico 3. Billetes en circulación. Bancos de Barcelona y Cádiz, 1846-1856 (millones de pesetas) 6,2 7,6 6,0 5,1 4,1 3,1 3,1 3,5 4,9 - 1, 0 2, 0 3, 0 4, 0 5,0 6, 0 7, 0 8, 0 Barcelona Cádiz Total provinciales Banco de San Fernando 20 35,5 45,0 45,0 25,0 25,0 30,0 29,8 30,0 29,9 Pluralidad de emisión y formación de un sistema bancario moderno. Europa y España 55 Gráfico 4. Cuentas corrientes. Bancos de Barcelona y Cádiz, 1846-1855 (millones de pesetas) 1,7 6,3 10,4 14,1 21,5 20,0 20,1 25,1 - 5,0 10, 0 15, 0 20, 0 25, 0 30, 0 Barcelona Cádiz Total provinciales Banco de San Fernando 9,2 11,5 11,0 7,3 13,3 18,9 26,3 17,3 18,3 30,1 Gráfico 5. Billetes en circulación y cuentas corrientes. Bancos de Barcelona y Cádiz, 1846-1855 (millones de pesetas) - 2,0 4,0 6,0 8,0 10, 0 12, 0 14,0 16, 0 18, 0 20,0 Cuentas corrientes Billetes Banco de Barcelona Banco de Cádiz Carles Sudrià Triay 62 una sucursal del Banco de España. Se abrió, en consecuencia, una primera fase en el proceso de creación de bancos emisores durante la que se fundaron los correspondientes a siete de las citadas ciudades: Bilbao, Coruña, Málaga, Santander, Sevilla, Valladolid y Zaragoza, que recibieron autorización del Gobierno entre junio de 1856 y noviembre de 1857. En marzo y mayo de 1858, respectivamente, el Banco de España fue autorizado a abrir sucursales en las ciudades de Valencia y Alicante, en las que no se había constituido ningún banco independiente. No hubo nuevas aprobaciones de bancos emisores hasta octubre de 1859, en que recibió permiso de instalación el Banco de Jerez. Siguió un nuevo lapso de casi tres años, hasta que –en junio de 1862– se inició la última fase, integrada en esta ocasión por diez entidades: los bancos de San Sebastián, Reus, Burgos, Pamplona, Oviedo, Vitoria, Palencia, Santiago, Balear y Tarragona. Este último, aprobado en junio de 1864, cerró el proceso. Desconocemos las razones que llevaron al Gobierno a escoger las nueve ciudades que tuvieron preferencia para sumarse a Madrid, Barcelona y Cádiz en el uso de billetes de banco, ni las causas de que algunas solicitudes posteriores fueran aceptadas (hasta 10) y otras rechazadas25. En esta segunda fase parece que el Gobierno se limitó a comprobar el cumplimiento de los requisitos establecidos por la ley y a aprobar los correspondientes estatutos y reglamentos. Fuera como fuese, el hecho es que el proceso de difusión de los billetes y de la banca moderna solo parcialmente siguió las pautas marcadas por los indicadores de la actividad económica. La heterogeneidad económica de las ciudades en las que se instalaron bancos emisores influyó también sin duda en el nivel de actividad que acabaron alcanzando en los años inmediatamente posteriores. La tabla 5 muestra el activo total de cada banco a finales de 1864, el momento álgido de la expansión del sistema, y su relación con el número de habitantes y con el nivel de renta de la provincia respectiva. En conjunto, las cifras insinúan la existencia de dos grupos de bancos en función del monto de sus activos. El de menor incidencia estaría compuesto por nueve entidades: los bancos de La Coruña, Pamplona, Burgos, Oviedo, Palencia, Santiago, Reus, Tarragona y Balear. Todos ellos, 25 Al parecer no obtuvieron el placet del gobierno al menos tres propuestas, procedentes de las ciudades de Murcia, Logroño y Almería. Véase Tortella (1970: 32n.). Pluralidad de emisión y formación de un sistema bancario moderno. Europa y España 63 excepto el de La Coruña, habían sido creados a partir de 1862 y, por tanto, contaban con menos de dos años de funcionamiento a finales de 1864. Por lo que hace a los once restantes, vemos como la clara hegemonía del Banco de Barcelona en términos absolutos queda diluida cuando relacionamos los activos de los bancos con la población o el nivel de renta de cada provincia. En ambos casos, el Banco de Bilbao emerge como la entidad con mayor peso relativo seguido por los dos bancos gaditanos, en activos bancarios por habitante, y por el Banco de Santander en activos por unidad de producto. Resulta interesante observar que son ciudades que presentaban en esos años una fuerte especialización comercial las que se sitúan por delante de otras, como Málaga o la misma Barcelona, en las que otras actividades, como la industria, tenían un peso significativo. Si el cálculo lo hacemos en términos regionales Tabla 5. Activos totales de los bancos provinciales de emisión, 1864 Bancos Activos totales Activos totales por habitante Activos totales por 1000 pts. de PIB Miles pts. Provincias Pesetas Provincias Pesetas Barcelona 24.341 Vizcaya 59 Vizcaya 159 Cádiz 19.472 Cádiz 56 Santander 102 Sevilla 13.654 Barcelona 34 Cádiz 84 Zaragoza 12.480 Zaragoza 32 Zaragoza 78 Málaga 11.907 Santander 31 Guipúzcoa 63 Bilbao 9.962 Sevilla 29 Barcelona 61 Santander 6.786 Málaga 27 Valladolid 54 Valladolid 5.402 Valladolid 22 Sevilla 54 San Sebastián 3.317 Guipúzcoa 20 Málaga 46 Coruña 3.193 Álava 14 Álava 45 Jerez 2.932 Tarragona 10 Coruña (La) 29 Pamplona 1.986 Coruña (La) 8Tarragona 28 Balear 1.964 Baleares 7Baleares 19 Reus 1.727 Navarra 7Navarra 17 Burgos 1.604 Palencia 6Burgos 16 Oviedo 1.509 Burgos 5Palencia 15 Tarragona 1.458 Oviedo 3Oviedo 14 Vitoria 1.395 Santiago 1.317 Palencia 1.114 Total 127.520 Total 22 Total 52 Fuente: las de la tabla 3. Población y PIB de 1860. Carles Sudrià Triay 64 utilizando los límites de las actuales comunidades autónomas, el resultado no es muy distinto. Andalucía resulta la región con más bancos (4) y con más activos bancarios, por encima de Cataluña. Sin embargo, la posición predominante en términos relativos corresponde al País Vasco y a Cantabria, con diferencias muy notables respecto a un segundo grupo regional del que formarían parte Cataluña, Andalucía y Aragón. Las regiones restantes presentan niveles relativos inferiores, incluso aquellas, como Castilla León o Galicia que contaban con varias entidades bancarias emisoras en sus territorios. El papel desempeñado por los bancos emisores provinciales en cada localidad en la que se instalaron y en España en su conjunto estuvo también condicionado, como es natural, por la existencia de otras entidades financieras con las que competían directa o indirectamente. Como ya se ha mencionado, la ley que permitió la proliferación de bancos emisores se aprobó el mismo día en la que también fue sancionada la ley de Sociedades de Crédito, que abrió la puerta a la creación de un crecido número de ellas en toda España. La información recopilada en su día por Gabriel Tortella permite situar los diferentes tipos de entidades en el territorio [tabla 6]. Las cifras sugieren algunos comentarios. La tabla refleja la importancia del cambio de marco legislativo del sistema financiero que se introdujo en 1856. De las 58 sociedades anónimas bancarias existentes en 1864, tan solo cinco existían antes de dicho cambio, y únicamente cuatro de las 27 ciudades que contaban ahora con algún establecimiento tenían uno antes de 1856. El segundo elemento a observar es el mayor peso de las sociedades de crédito frente a los bancos de emisión por lo que hace al capital desembolsado. Debemos tener en cuenta, sin embargo, que en general los bancos emisores presentaban un grado mucho más elevado de apalancamiento que las sociedades. Así, por ejemplo, en esos mimos años, los recursos propios representaban en torno al 22 % de los recursos totales tanto en el Banco de España como en el Banco de Barcelona, mientras eran en torno a 85 % en el caso del Crédito Mobiliario Español y el 35 % en el conjunto de las sociedades de crédito barcelonesas26. 26 Datos del Crédito Mobiliario Español en Tortella (1973: 347). Para las sociedades de crédito barcelonesas, datos de 1865 en Blasco y Sudrià (2010: 211). Pluralidad de emisión y formación de un sistema bancario moderno. Europa y España 65 Como es sabido, el negocio principal de la mayoría de estas sociedades de crédito giró en torno al ferrocarril. En unos casos fueron promotoras de líneas, en ocasiones actuaron como contratistas y, casi siempre, como agentes financieros. Esto explica en parte que localidades tan característicamente ferroviarias como Valladolid, Santander o Bilbao, dispusieran de varias de estas sociedades. En el caso de Cataluña hay que recordar que prácticamente todas las líneas se financiaron con capital propio, lo que exigió un importante esfuerzo de captación de capitales. Esto no obstante, es lo cierto que algunas de estas sociedades se embarcaron en otros negocios, desde la construcción de canales o la promoción inmobiliaria hasta la explotación de madera. Ni los ferrocarriles ni la mayoría de los demás negocios obtuvieron las ganancias esperadas, de manera que a partir de 1863 empezaron a sufrir serias dificultades financieras y estuvieron en el centro de la grave crisis financiera que tuvo su punto álgido a mediados de 1866. Por lo que hace a las relaciones entre los bancos emisores y las sociedades de crédito hay que distinguir entre las que se dieron a través del mercado Tabla 6. Sociedades anónimas bancarias. Capital desembolsado. 1864 Bancos de emisión Sociedades de Crédito* Total Capital des. (millones pts.) Núm. Capital des. (millones pts.) Capital des. (millones pts.) Barcelona 5,00 636,25 41,25 Valladolid 1,50 322,20 23,70 Santander 1,75 28,40 10,15 Bilbao 2,50 26,75 9,25 Valencia** 48,00 8,00 Cádiz 5,00 22,35 7,35 Sevilla 4,00 11,25 5,25 Jerez de la Frontera 1,50 11,00 2,50 Pamplona 1,10 10,60 1,70 Otros bancos emisores (13)*** 13,60 13,60 Otras sociedades de crédito (4)*** 44,00 4,00 Total España (sin Madrid) 35,95 26 90,80 126,75 Madrid 40,70 11 192,90 233,60 Total España 76,65 37 283,70 360,35 * Incluidas las sociedades bancarias acogidas a la legislación general de Sociedades Anónimas. ** Las sucursales del Banco de España no tenían asignado capital. *** Sociedades anónimas bancarias únicas en su territorio. Fuente: Tortella (1973: 108-109). Carles Sudrià Triay 66 financiero y aquellas otras de carácter institucional. Entre las primeras destaca la irrupción de las sociedades en la emisión de billetes, un hecho que rompía con la diferenciación operativa que quiso imponer el legislador en 1856. En efecto, el artículo 4 de la ley de bancos de emisión establecía que «En cada localidad solo podrá crearse un establecimiento de emisión, bien sea banco particular bien sucursal del Banco de España». Sin embargo, la ley propia de las sociedades de crédito las autorizaba a emitir obligaciones al portador y a plazo fijo no inferior a un mes. Era fácil que este tipo de obligaciones tan a corto plazo circularan como billetes y así fue advertido por algunos diputados, pero sus alegaciones no fueron tenidas en cuenta27. En consecuencia, en diversos lugares de la península se dieron en estos años situaciones de competencia en la emisión de billetes entre el banco emisor y las sociedades de crédito locales. El caso más conocido es el referido a la ciudad de Barcelona, en la que en los meses anteriores a la crisis de 1866 circulaban billetes de no menos de media docena de entidades bancarias, algunas de ellas de carácter particular. Su presencia enojó mucho al Banco de Barcelona, que experimentó dificultades para colocar en el mercado sus propios billetes28. Mientras algunos bancos y sociedades de crédito se enfrentaban por el derecho de emisión, entre otros se establecieron mecanismos de colaboración. Conocemos bien, por ejemplo, los acuerdos firmados entre el Banco de Barcelona y el Crédito Mercantil, primero, y el propio banco y la sociedad ‘El Comercio’, después, según los cuales las dos sociedades de crédito se comprometían a colocar en el mercado billetes del Banco de Barcelona que este les entregaba bajo garantía. De hecho, el Banco cedía al Crédito Mercantil y a ‘El Comercio’ parte de su propia capacidad de crédito en el bien entendido de que estas entidades podían ofrecer a los demandantes condiciones mucho más favorables y flexibles que las impuestas por el Banco29. Otras formas de colaboración resultaron mucho más peligrosas e irregulares. Se trataba casi siempre de operaciones con sociedades en las que algunos o todos los consejeros del banco emisor tenían intereses. El mecanismo más habitual consistía 27 Tortella (1973: 63-64). 28 Blasco y Sudrià (2010a: cap. 8), Navas y Sudrià (2008), Pascual y Sudrià (2008). 29 Blasco y Sudrià (2010a: 270-272). Pluralidad de emisión y formación de un sistema bancario moderno. Europa y España 67 en traspasar al banco una parte o la totalidad de la cartera de la sociedad de crédito, en la que podían figurar valores fuertemente depreciados que eran admitidos por su valor facial o, en todo caso, por encima de su precio de mercado. La capacidad de emitir billetes del banco permitía aplazar la crisis, pero con el serio riesgo de que finalmente el propio banco fuera arrastrado por ella. Vista la dimensión y las características de la expansión bancaria promovida por la reforma de 1856, conviene atender a la incidencia económica de la misma. Para ello analizaremos la evolución conjunta de los rubros más significativos de los balances de los bancos durante el periodo 1856-1868 y los compararemos con los correspondientes al Banco de España y con otros indicadores30. El gráfico 7 recoge la evolución de los recursos propios de la banca emisora en el periodo de referencia. Como se puede comprobar, y al margen de los años iniciales, se dieron dos fases de incremento, entre 1860 y 1861 y a lo largo de 1864. En ambas ocasiones el aumento fue debido a la entrada en funcionamiento de nuevos bancos. De hecho entre 1857 y 1866 ningún banco emisor provincial aumentó su capital. Sí lo hizo el Banco de España en 1864: su capital pasó en dos fases de 30 a 50 millones de pesetas. Esta decisión estuvo vinculada a las dificultades que tenía el establecimiento para mantener la convertibilidad de sus billetes y las duras críticas que recibía por este hecho31. En todo caso queda claro que los bancos provinciales vinieron a doblar los recursos propios del sistema bancario, algo que resulta especialmente significativo si tenemos en cuenta que, a la vez, esto se hacía efectivo en zonas donde la oferta de crédito no había contado hasta entonces con entidades de cierta dimensión. La variabilidad es mucho mayor en lo referido a los recursos ajenos captados por la banca emisora. El gráfico 8 muestra su evolución entre 1856 30 Un análisis detallado de las actividades del Banco de España en estos años puede encontrarse en Tedde (2015). 31 Tedde (2015: 285-286). La Gaceta de los Caminos de Hierro, tras congratularse de la decisión de ampliar capital, aconsejaba al Banco dedicar el aumento de capital a asegurar la convertibilidad de los billetes: «…dejar expeditas las puertas del establecimiento y suprimir el quebranto que sufren los billetes… [es lo] único que honrosamente puede hacer de ese dinero» (11 de diciembre de 1864). Carles Sudrià Triay 68 Gráfico 7. Recursos propios de la banca emisora, 1856-1868 (millones de pesetas) - 10 20 30 40 50 60 Reservas Capital desembolsado Banco de España Gráfico 8. Recursos ajenos de la banca emisora, 1856-1868 (millones de pesetas) - 20 40 60 80 100 120 140 DepósitosCuentas corrientes Billetes en circulación Banco de España Pluralidad de emisión y formación de un sistema bancario moderno. Europa y España 69 y 1868. Llama la atención de nuevo la absoluta desconexión que se evidencia entre las trayectorias seguidas por el Banco de España, por un lado, y el conjunto de los bancos provinciales emisores, por otro. Tras la fase inicial de puesta en marcha y superada la crisis de 1857-1858, los bancos provinciales alcanzaron un nivel de captación de recursos próximo a los 80 millones de pesetas, cota en la que se mantuvieron con leves oscilaciones hasta finales de 1868. El Banco de España, en cambio, experimentó fuertes variaciones en el monto de los recursos captados, con máximos cercanos a los 120 millones y mínimos de 80 y 60 millones. Un comportamiento tan dispar ya nos da cuenta de que las fuerzas que tenían repercusión en el mercado financiero de Madrid eran distintas a las que regían en los mercados de otras ciudades españolas. Las razones de esta diferencia pueden analizarse mejor si distinguimos entre los principales instrumentos de captación de recursos de este tipo de entidades: la emisión de billetes y el mantenimiento de cuentas corrientes. El gráfico 9 recoge la evolución de estas magnitudes para el Banco de España y para los bancos emisores. También desde esta perspectiva más cercana se observa que las diferencias afectan a ambas magnitudes, por lo que no pueden atribuirse a factores propios de alguna de ellas. Efectivamente vemos como son tanto los billetes en circulación como las cuentas corrientes los que oscilan mucho más fuertemente en el Banco de España que en los bancos provinciales. Las fuertes caídas de los billetes en circulación y de las cuentas corrientes entre 1859 y 1861 (un 30 %), y de los billetes entre 1864 y 1866 (un 35 %) y de las cuentas corrientes entre 1863 y 1864 (más de un 50 %), que muestran los balances del Banco de España no se registran en los bancos provinciales o son de mucha menor intensidad. En este punto resulta necesario recodar que estos fueron años de graves dificultades para el Banco de España y que a ellas corresponden las fuertes oscilaciones que constatamos en sus cuentas32. El Banco empezó a tener serios problemas para hacer frente a sus obligaciones a mediados de 1861. En abril de ese año el Consejo de Banco, acuciado por las crecientes demandas de metálico, decidió realizar todos los pagos en billetes y mantener una sola 32 Estas dificultades son recogidas y analizadas por Tedde (2015: 155-168 y 291-327). Carles Sudrià Triay 70 ventanilla para la conversión de billetes en metálico. La medida alarmó a los tenedores de billetes y se incrementó la afluencia de demandantes de conversión. La consiguiente cola se convirtió en objeto de debate económico y político. El entonces gobernador del Banco, Ramón Santillán, señalaba diversos factores como desencadenantes de la crisis: el déficit de la balanza por cuenta corriente; la interrupción de los flujos comerciales y financieros con Cuba a consecuencia de la guerra civil en Estados Unidos; y la decisión del Gobierno de sanear la Caja de Depósitos, convertida en los años anteriores en custodia de una gran cantidad de recursos exigibles a la vista o a muy corto plazo que constituían una auténtica espada de Damocles sobre el Tesoro. Las restricciones impuestas no pudieron impedir la fuerte contracción que hemos constatado en el volumen de billetes en circulación y en las cuentas corrientes entre finales de 1859 y finales de 186133. 33 Santillán (1982 [1865]: II, 217-226). A los factores desestabilizadores de caracteres macroeconómicos y supuestamente ajenos a las responsabilidades del Banco, se unieron otros, como diversos intentos de falsificación e irregularidades internas, que dieron lugar a denuncias y ceses. Gráfico 9. Billetes en circulación y cuentas corrientes. Banca emisora, 1856-1868 (millones de pesetas) - 10 20 30 40 50 60 70 80 B. Prov. Billetes B. Prov. Ctas. Ctes. B. de E. BilletesB. de E. Ctas. Ctes. Pluralidad de emisión y formación de un sistema bancario moderno. Europa y España 71 Tras unos meses de tranquilidad durante 1862, las tensiones de tesorería se reanudaron a principios de 1863. En esta ocasión, Santillán apunta como causa del desequilibrio a la salida de numerario hacia el extranjero, especialmente hacia Francia. Pero responsabiliza también a algunos bancos provinciales, por «las grandes sumas que se extraían del Banco, principalmente para los de Sevilla y Cádiz, que se encontraban en los mayores apuros, y para el de Bilbao, que continuaba alimentándose de nuestra caja, desde que empezaron las obras del camino de hierro de aquel punto a Miranda y Tudela»34. Reaparecieron las restricciones al cambio de billetes y estos volvieron a cotizarse por debajo de la par en el mercado informal. En junio de 1864 un nuevo intento de eliminar las limitaciones impuestas a la conversión de los billetes en moneda metálica se saldó con un sonoro fracaso, según reconocía el propio Banco35. De nuevo la circulación de billetes se contrajo y muchos clientes redujeron los saldos de sus cuentas corrientes. El problema persistió hasta después de la crisis de 1866. Las razones aducidas por Santillán y por el propio Banco para justificar los problemas de liquidez de la entidad parecerían plausibles, pero no se compadecen con otros indicadores. En primer lugar, con el hecho de tratase de un periodo claramente expansivo. Como decía Luis María Pastor, buen conocedor del tema, «el país está tranquilo, la industria y el comercio marchan con regularidad, la agricultura medra, las obras públicas adelantan, el Banco está próspero… Y sin embargo, los billetes no se pueden cambiar… una obligación tan perentoria, tan sagrada, no se puede cumplir». Y concluye, «la causa del conflicto… en que se encuentra el Banco no viene de causas exteriores, hay que buscarla en lo íntimo de la situación»36. Un segundo indicio en el mismo sentido se deduce del hecho de que los demás bancos emisores no sufrieran en estos años problemas parecidos. De hecho, parecería lógico esperar que los efectos de un desequilibrio en la balanza de pagos exterior aparecieran antes en las ciudades periféricas que no en Madrid. Y, efectivamente, tenemos constancia de salidas constantes de 34 Santillán (1982 [1865]: II, 251). 35 Memoria leída… Banco de España, 4 de marzo de 1865, p. 12. 36 Pastor (1865: 75). Carles Sudrià Triay 78 Castañeda, L. (2001): El Banco de España (1874-1900). La red de sucursales y los nuevos servicios financieros, Banco de España, Madrid, Estudios de Historia Económica, 41. — (2016): «La instauración del monopolio de emisión y la absorción de los bancos de emisión provinciales por el Banco de España», en Sudrià, C. y Blasco-Martel, Y., La pluralidad…, pp. 641-656. Collins, M. (1993): Central Banking in History, Elgar, Aldershot. Conant, C. A. (1909): A history of modern banks of issue, G.P. Putnam’s Sons, Nueva York. Conte, L. 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