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La formación del sistema bancario de Puerto Rico (1870-1899)

Martínez Soto, Ángel Pascual

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205 La formación del sistema bancario de Puerto Rico (1870-1899) Ángel Pascual Martínez Soto Universidad de Murcia IntroduccIón La investigación histórica ha puesto de relieve la importancia de la oferta crediticia y bancaria en el desarrollo económico de los países más avanzados y en el crecimiento económico en el largo plazo, en el caso de regiones periféricas y emergentes. En consecuencia, existe una relación directa e histórica entre el arranque y el grado de la modernización fi nanciera con el mayor o menor éxito del proceso de modernización eco nómica. Desde el punto de vista de la economía institucional se ha remarcado el papel desempeñado por el Estado en la configuración de un sistema financiero, fundamentalmente a través de la configuración de procesos normativos de carácter regulatorio y también como pieza fundamental como demandante de servicios, especialmente el de crédito. También los investigadores que trabajan empíricamente, sobre la evolución del pasado o sobre la actualidad, ponen el énfasis en demostrar la importancia que tiene la ordenación financiera y sus trasformaciones a lo largo del tiempo para entender mejor los procesos de cambio que tienen lugar en los países en desarrollo. En el ámbito de los intercambios financieros las aportaciones teóricas han puesto el acento en los procesos que configuran y condicionan sus operaciones, es decir, el papel que desempeña un sistema financiero eficiente en el conjunto de la economía (incremento de la inversión, reducción de los costes de transacción, propiciar adopción de innovaciones, etc.), lo que induce un Licencia Creative Commons Atribución/ReconocimientoNoComercial-SinDerivados 4.0 Internacional https://doi.org/10.5281/zenodo.15007050 Ángel Pascual Martínez Soto 206 mayor crecimiento1. Las últimas tendencias de la investigación abundan en señalar que el papel del sistema financiero es clave para garantizar el desarrollo económico2. El surgimiento y desarrollo de empresas bancarias en América Latina du rante el siglo XIX estuvo ligado principalmente a tres circunstancias: el proceso de independencia colonial, la inserción de las economías latinoamericanas en los flujos comerciales internacionales, en especial durante el último tercio del siglo, y la penetración de capitales extranjeros –en mayor medida británicos y alemanes–. En términos generales, además, los negocios bancarios se asentaron durante las décadas de 1850 y 1860 ya que los intentos anteriores, generalmente vinculados a la presencia de empresas europeas, no acabaron de consolidarse. Este panorama general presenta numerosas particularidades, entre las que destacan la fuerza y la precocidad de tres países: Argentina, México y Brasil3. El afianzamiento de la banca en esas décadas no puede separarse de la integración de las economías nacionales en el comercio internacional mediante una preferente especialización en la exportación de bienes primarios, propiciada por un sostenido incremento de la demanda de países europeos y Estados Unidos y un descenso de los precios de los fletes. La constitución de los primeros bancos contribuyó a la financiación del comercio exterior mediante la provisión de medios de pago, el establecimiento de patrones monetarios fiduciarios, y una mayor integración entre mercados finales y productores. Además, el carácter pionero de la banca latinoamericana en forma de empresas tempranamente organizadas tuvo también un efecto positivo sobre el resto del tejido empresarial: los bancos difundieron el uso y conocimiento de los instrumentos financieros, expandieron los mercados 1 Levine (1997, 2000) y Levine, Loayza y Beck (2005). 2 Rousseau y Sylla (2003). 3 La investigación histórica sobre la banca en Latinoamérica se ha desarrollado, principalmente, en las últimas décadas, tanto desde la perspectiva más nacional como la comparada. Son imprescindibles los trabajos de Marichal (1994, 2008, 2012) para entender los distintos modelos adoptados por el negocio bancario y su contribución al desarrollo económico de cada país. La formación del sistema bancario de Puerto Rico (1870-1899) 207 locales de crédito, sirvieron de modelo organizativo y de gestión al resto de los sectores, y contribuyeron a la financiación de los gobiernos respectivos. Este proceso no estuvo exento de debates en torno a la naturaleza de la regulación, en especial por lo que se refiere a la contraposición entre bancos libres y bancos de carácter más gubernativo. Este esquema general no se cumplió en toda el área del Caribe, y más concretamente el que formaba parte de la monarquía española, Cuba y Puerto Rico. Ambas colonias debieron enfrentarse a los efectos de una administración colonial ineficiente, sobre todo a efectos fiscales y financieros, que retrasó la entrada del negocio bancario en general y del capital bancario foráneo en particular4. En los dos casos los problemas fiscales de la metrópoli, que se trasladaban por extensión a la colonia, y la sujeción a su contradictoria regulación bancaria propiciaron un comportamiento financiero algo distinto del resto del continente, pese a que las dos islas se especializaron en la exportación de bienes de plantación, fundamentalmente azúcar, tabaco y café. La isla de Puerto Rico constituye un interesante caso de estudio debido, fundamentalmente, a su grado de atraso en cuanto a la modernización financiera y bancaria respecto a otras colonias antillanas durante la mayor parte del siglo XIX y por su acelerado el proceso de constitución de bancos en la última década de ese siglo en medio de la expansión del cultivo del café, para posteriormente convertirse en un territorio altamente bancarizado con su incorporación como colonia a Estados Unidos. A lo largo del siglo XIX la Administración colonial mantuvo una actitud contradictoria en diferentes momentos, de alentar y obstruir, los proyectos bancarios que surgieron en la Isla entre 1818 y 1877, especialmente los referidos a la constitución de un banco emisor, a diferencia de los que había hecho en Cuba y Filipinas5, donde había permitido la constitución de este tipo de entidades. 4 El desarrollo del Banco Español de La Habana/Banco Español de la Isla de Cuba, entidad de emisión, está sólidamente analizado en la obra de Roldán (2004, 2012). 5 Para Cuba ver los trabajos de Roldán (1995, 2005, 2010 y 2012) sobre la banca de emisión en Cuba y Colayco (1985) para el Banco Español Filipino de Isabel II. Ángel Pascual Martínez Soto 208 El primer banco que se puso en funcionamiento fue la Sociedad Anónima de Crédito Mercantil (SACM) en 18776 y la creación de un banco con la concesión de la emisión de moneda fiduciaria, el Banco Español de Puerto Rico7, se produjo en 1888. En la década de 1890 surgirían nuevos bancos comerciales que respondían a nuevas necesidades económicas y financieras, fundamentalmente la construcción de los centrales azucareros y la extensión del cultivo del café y su comercialización. En el presente trabajo se analiza el surgimiento del sistema bancario de Puerto Rico desde 1877 a 1899, su distribución y la actuación tanto del banco emisor como la de los bancos comerciales. Finalmente, se realiza un balance de situación del sistema al finalizar el siglo XIX. loS orígeneS de la Banca en puerto rIco durante la etapa colonIal eSpañola, 1865-1877: proBlemaS monetarIoS y atraSo BancarIo En los años comprendidos entre 1840 y 1880 se produjeron en Puerto Rico diversas reformas monetarias que coincidieron con numerosos intentos para fundar bancos, especialmente de emisión. La actitud de la administración española para resolver estos problemas retrasó la implantación de innovaciones financieras respecto de las otras colonias y del conjunto de las Antillas. Por un lado, durante la segunda mitad del siglo XIX los gobiernos españoles trataron de acabar con el caos derivado de la circulación en la isla de monedas de distinta procedencia, variado valor metálico, de dudoso valor legal y de valor local distinto al internacional. Por otro, las iniciativas para fundar bancos de emisión y descuento fracasaron en su totalidad ya que sus impulsores (hombres de negocios, comerciantes y hacendados), tanto criollos como españoles y también cubanos y extranjeros, se encontraron con la negativa del gobierno español a conceder la licencia de emisión. 6 Sobre el proceso de creación de la banca comercial en Puerto Rico y el estudio de la Sociedad Anónima de Crédito Mercantil ver Martínez Soto (2012, 2013, 2014 y 2016) y Cuevas y Martínez Soto (2016). 7 Sobre este banco ver los trabajos de Santiago (1989), Clark (1930) y más recientemente los trabajos de Martín y Roldán (2014a y 2014b). La formación del sistema bancario de Puerto Rico (1870-1899) 209 Las medidas monetarias consistieron en la regulación, introduciendo o retirando de la circulación parte de las diversas monedas utilizadas, así: la moneda de plata macuquina que circuló entre 1813 y 1857; la introducción del peso fuerte español entre 1852-1862; la autorización de la circulación sin restricciones de moneda extranjera (de Estados Unidos y de Francia) en 1861; la autorización en 1879 de la libre circulación del peso mexicano con un descuento del 5 % para el pago de impuestos; la retirada del peso mexicano y su sustitución por el peso provincial en 1895 y la emisión de billetes por parte del Banco Español de Puerto Rico a partir de 1890. El efecto de estas reformas fue muy limitado y no evitaron la escasez de moneda fiable en circulación ni los movimientos especulativos con los tipos de cambio que realizaban las casas comerciales, como sucedió en el caso del peso mexicano8. La implantación entre 1856 y 1874 en España de un régimen de pluriemisión bancaria organizado por plazas financieras constituyó un hecho relevante que cambió temporal y parcialmente el marco regulatorio del sistema bancario9. En Puerto Rico los estrechos vínculos entre los principales comerciantes-banqueros locales (que controlaban el crédito agrario y las operaciones de comercio exterior de la isla) con la administración colonial, unido a la discordante legislación bancaria y de sociedades anónimas que se aplicó en las colonias entre las décadas de 1840 y 1873, hicieron fracasar todas las iniciativas para fundar un banco de emisión antes de 187710. La fundación de bancos comerciales no era un objetivo para los accionistas principales de las casas de comercio-banca que controlaban el negocio de los medios de pago, es decir la liquidez comercial. Las transacciones comerciales se realizaban a través del mercado de efectos (letras y pagarés), controlado por estas casas. Este tipo de operaciones, así como las ventas a crédito y la transferencia de fondos entre plazas con distinta moneda aprovechando las variaciones del cambio, eran las que ejercían en régimen de monopolio los principales comerciantes locales. En estas condiciones solo estarían dispues8 Martínez-Soto (2014). 9 Sudrià y Blasco (2016). 10 Un resumen de la normativa que se aplicó en Puerto Rico, Cuba y Filipinas entre 1853 y 1877 en AHN, Ultramar, leg. 321, exp. 7. Ángel Pascual Martínez Soto 210 tos a favorecer un proyecto que ampliara el negocio a la emisión y colocación de billetes entre la clientela potencial. Las administraciones coloniales españolas se enfrentaron a problemas que eran comunes a otras metrópolis europeas, Francia, Dinamarca, Holanda o Gran Bretaña11, que también regularon la existencia de bancos en sus territorios coloniales desde mediados del siglo XIX. Se puede hablar de la existencia de una variedad de modelos bancarios, todos ellos dependían de las relaciones políticas entre las colonias y las metrópolis. Así, existieron bancos libres, promovidos o no desde la metrópoli, y bancos más o menos oficiales, que desempeñaban funciones monetarias y bancarias en nombre del banco central de la metrópoli. La legislación bancaria española respecto a las colonias no siguió un patrón único, sino que se elaboró como un corpus adaptativo y específico para cada colonia y para cada banco de emisión existente, pero en todo caso trató de tener en cuenta las necesidades financieras y fiscales de las respectivas haciendas coloniales. El primer proyecto de banco de emisión que logró vencer parcialmente las resistencias de la metrópoli llevó una tramitación interminable que comprendió los años 1862-1867, finalmente se determinó que tendría un capital de 300.000 escudos y se elaboraron unos estatutos y un reglamento, pero solo se pudieron cubrir 65.000 escudos y el Gobernador General Marchesi decidió retirar la propuesta12. En esas fechas se creaba la Caja de Ahorros de San Juan Bautista (1865) fundada por la Sociedad Económica de Amigos del País de la isla. A partir de esta se fundarían otras en distintas ciudades comerciales y portuarias, todas ellas actuaron como pequeños bancos que daban servicios financieros en sus respectivas localidades y practicaron el crédito al pequeño 11 Sobre este tema ver el reciente trabajo colectivo editado por Bonin y Valério (2016) y para las colonias inglesas Monteith (2003). Los extremos oscilarían entre el modelo muy liberal de Gran Bretaña en sus colonias de las West Indies y los sistemas controlados por la metrópoli colonial como sucedía en el caso de las de Francia y España. 12 AHN, Ultramar, leg. 321, exp. 1, doc. 1; exp. 3, docs. 1 a 18; exp. 4, docs. 10 a 14. «…si los particulares no se prestan debe suponerse que el actual estado de la plaza no lo exige [el banco]. ¿Cómo se concibe que no acudan con sus capitales teniendo el banco el privilegio de emitir billetes por el doble de su capital realizado? …si se estableciese con la sola intervención del Estado tendría una vida ficticia…se propone que se suspenda la reunión de accionistas». La formación del sistema bancario de Puerto Rico (1870-1899) 211 comercio e incluso, como en el caso de la de Ponce, llegaron a emitir papel moneda que circulaba aceptado por el comercio de la ciudad13. A pesar de las negativas del Ministerio de Ultramar a nuevas peticiones locales, la situación cambió durante la década de 1870 debido a dos circunstancias estrechamente relacionadas. Por un lado, la crisis del sector azucarero; por otro, la abolición de la esclavitud en Puerto Rico en 1873. Por lo que se refiere a la primera cuestión, el atraso técnico de las explotaciones azucareras, unido a la competencia de la remolacha europea, y al descenso generalizado del precio en los mercados internacionales, arruinó a numerosos hacendados y terminó afectando a una parte importante de las casas de comercio-banca que controlaban el circuito de exportación y que, al mismo tiempo, eran dueñas de importantes haciendas azucareras. El desencadenante de la crisis fue el azúcar europeo de remolacha. Mediante la utilización de exenciones fiscales y el libre acceso al mercado británico, se levantó una importante industria azucarera en países como Alemania, Francia y Austria-Hungría, que cerró el paso al azúcar antillano en Europa, especialmente en el mercado británico14. La competencia del azúcar de remolacha provocó la quiebra del sistema de haciendas de Puerto Rico y sus ingenios. El exceso de oferta en el mercado internacional precipitó un ciclo depresivo de precios muy notable desde mediados de la década de 1870 hasta finalizar el siglo. Además, los ingenios se habían quedado obsoletos frente a la innovación tecnológica de las industrias remolacheras europeas. La solución no estaba al alcance de la mayor parte de los hacendados de la Isla, pues las inversiones necesarias para montar los nuevos centrales superaban las posibilidades de la oferta de crédito disponible (crédito refaccionista de las casas comerciales) que era escasa y muy cara. Estaba claro que no se podrían transformar en centralistas debido al reducido tamaño de sus explotaciones y a sus técnicas manuales de elaboración. La mayor parte de los hacendados no disponían de capitales acumulados ni de suficiente crédito para lograr poner en marcha nuevas unidades mecanizadas. 13 Ver sobre ellas: Comín, Martínez-Soto y Roldán (2010). 14 Ramos Mattei (1981: 25). Ángel Pascual Martínez Soto 212 Otro determinante de la formación del primer banco, La Sociedad Anónima de Crédito Mercantil, fue la abolición de la esclavitud, que influyó desde dos ámbitos, por un lado, agravó definitivamente la situación económica de las plantaciones por el lado de la oferta de mano de obra y, por otro, provocó un problema para la Hacienda de la Isla. La ley de abolición de marzo de 1873 preveía la indemnización a los dueños de esclavos a través de bonos del Tesoro pagaderos en seis meses15. La introducción de las innovaciones tecnológicas ahorradoras de mano de obra podía, en principio, financiarse con las compensaciones por la pérdida de los esclavos. Esta vía resultó fallida pues el Estado español retrasó el pago de las mismas, al cargarse contra los presupuestos de la Isla el pago, lo que hacía materialmente imposible la liquidación rápida, además vetó que los bonos se pudiesen colocar en el mercado. Finalmente tardaron en liquidarse diecisiete años. En los años siguientes a 1873 surgieron diversas iniciativas para fundar bancos alrededor de los denominados «bonos de la esclavitud». La mayor parte de ellas pretendían adelantar al Tesoro español parte del importe de la indemnización a cambio de fundar bancos emisores o hipotecarios. Entre estas opciones destacaron las de la banca francesa Moitessier, Neveu & Co., la de la firma británica Colonial Company Ltd. y la del banco francés Union Générale16, pero todas fracasaron. Este último banco compró a una parte de los bonos (30.000 bonos) directamente a los propietarios, fundamentalmente del sur de la Isla, que pagó por el 66,75 % de su valor, utilizando para el pago pesos mexicanos. La diferencia de cotización entre el peso mexicano y el español le proporcionaba al banco un beneficio extra. Tras el acuerdo, la Union Générale hizo llegar al puerto de Ponce la suma de 1,5 millones de pesos mexicanos adquiridos en el mercado de Londres y procedió al pago el 5 de julio de 1879. En opinión del 15 La indemnización se fijaba en 35 millones de pesetas a pagar mediante un empréstito sobre la garantía de las rentas de la isla de Puerto Rico, disponiendo en los presupuestos anuales la cantidad de 3,5 millones de pesetas para el pago de intereses y amortización. Gaceta de Madrid, nº 85, tomo I, p. 979, Ley 22 de marzo de 1873 de abolición de la esclavitud en la isla de Puerto Rico, art. 41. 16 Un estudio sobre este proceso en Martínez Soto (2012) y Cuevas y Martínez-Soto (2016). La formación del sistema bancario de Puerto Rico (1870-1899) 213 cónsul francés17, el acuerdo le daba a la Union Générale una posición de fuerza para lograr la concesión del gobierno de la instalación de varias centrales azucareras. A medio plazo, la introducción masiva de pesos mexicanos a través de Ponce provocó importantes desajustes en el comercio interior, pues era una moneda devaluada que se aceptaba a la par con el peso español en las transacciones y, como hemos señalado, la Hacienda de la Isla la aceptaba devaluada un 5 %, además su cotización en los mercados internacionales de cambio era bastante inferior. Esta situación dio lugar a importantes movimientos especuladores de las casas comerciales y a un encarecimiento del coste de la vida. Con la aceptación oficial del Gobierno metropolitano a la circulación del peso mexicano (R.D. 22/02/1879) se estableció un paridad artificial y forzada, con un valor más alto en Puerto Rico más alto que en los mercados mundiales18. La inestabilidad financiera que ocasionaba el peso mexicano, convertido de facto en principal moneda de circulación, desató un importante debate entre las principales corporaciones económicas de la Isla, que cristalizaría en la Asamblea de Aibonito, entre las conclusiones alcanzadas estaba la necesidad de constituir un banco de emisión, bancos agrícolas y un hipotecario19. La crisis azucarera era palpable a mediados de la década de 1870 y desencadenó la ruina de numerosos hacendados e incluso de importantes casas de comercio que disponían en su patrimonio importantes haciendas con ingenios. En este contexto se puso en marcha el 13 de noviembre de 1876 un nuevo proyecto para constituir un banco de emisión bajo la denominación de Banco Español de Puerto Rico, detrás del cual estaban importantes hombres de negocios, de la política local y casas de comercio (Marqués de 17 «Rapport du Consul de San Juan. Contrat de la Société Union Générale. 30 millet bons du Trésor du Puerto Rico’, 10 juillet 1879», Centre des Archives Diplomatiques, Consulats et Affaires Commerciales. 18 Sobre el problema Rivera Rodríguez (1991). 19 Asamblea de Aibonito (1886). Las conclusiones fueron elaboradas por los representantes de las dos corporaciones económicas más importantes de la Isla: la Unión Mercantil e Industrial de Ponce y el Círculo Mercantil de San Juan y abarcaban un total de 27 bases que comprendían los principales problemas financieros, fiscales, aduaneros, etc., que afectaban al país. De hecho, estas bases se convirtieron prácticamente en el programa económico del Partido Autonomista de Puerto Rico. Ángel Pascual Martínez Soto 220 La entidad admitía depósitos y cuentas corrientes, estas últimas constituían la principal fuente de captación de pasivo ofrecida a los clientes, lo que incluía la entrega de un documento donde se asentaban los créditos y débitos del titular y un talonario de cheques. El objeto de esta operación era facilitar a su clientela los cobros y pagos autorizados a través de la gestión del banco. Según esta orientación, no eran fondos prestables. En consecuencia, los estatutos de la entidad no preveían que se debiera mantener líquida en caja una proporción de las existencias acreditadas en las cuentas corrientes. No obstante, el banco siempre consideró a esta partida como pasivo prestable y calculó su encaje considerándola como exigible a la vista. El crecimiento de este mote se produjo con cierta lentitud hasta 1881. Para autorizarlas se necesitaba la conformidad de la dirección, que evaluaba la calidad y solvencia de cada firma. Gráfico 2. Evolución de las principales partidas del activo, 1877-1888 (% y miles de pesos) - 100 200 300 400 500 600 700 800 0 10 20 30 40 50 60 70 80 90 100 1878 1879 1880 1881 1882 1883 1884 1885 1886 1887 Caja % Cartera % Créditos % Caja Cartera Créditos miles de pesos Fuente: elaborado a partir de Memorias Anuales de la SACM. Más que un mecanismo de captación de pasivo, las cuentas corrientes se consideraban como un servicio a una clientela bastante solvente. Los talones La formación del sistema bancario de Puerto Rico (1870-1899) 221 del banco fueron utilizados como billetes, de hecho, la práctica de mantener talones vencidos en circulación era habitual31 y supuso un motivo de preocupación para los gestores de la entidad. Este aspecto guarda relación con la escasez de moneda y las dificultades para mover el metálico. La existencia de varios tipos de moneda circulando en la plaza obligó a los directivos a estar muy atentos para evitar ser engañados con las apreciaciones y depreciaciones que se solían producir. Gráfico 3. Evolución de las principales partidas del pasivo, 1877-1888 (% y miles de pesos) 0 200 400 600 800 1.000 1.200 1.400 0 10 20 30 40 50 60 70 80 90 100 1878 1879 1880 1881 1882 1883 1884 1885 1886 1887 Capital % C/C % Depósitos y depósitos de ahorro % Bonos del Tesoro % Depósitos y depósitos de ahorro % Capital C/C Depósitos y depósitos de ahorro Efectos del Tesoro Fuente: elaborado a partir de Memorias Anuales de la SACM. Los depósitos se catalogaban en: con interés y de pago. Los primeros se podían realizar a partir de 50 pesos y el tipo era fijado por los administradores según la situación de la entidad. Los segundos eran de custodia (barras de oro y plata, alhajas, monedas españolas y extranjeras, billetes y efectos del Tesoro y acciones de empresas) y se cobraba por ellos el 0,5 % trimestral sobre el valor de los depósitos en custodia. Como se comprueba en el gráfico3, 31 El Boletín Mercantil, 12 de julio de 1883 y 7 de febrero de 1884. Ángel Pascual Martínez Soto 222 esta modalidad sufrió un serio retroceso en su importancia en el pasivo de la entidad a partir de 1882. En 1880 se produjo un intento para transformar la SACM en banco emisor, corrió a cargo del Gobernador de la Isla Eulogio Despujols quien propuso a la entidad convertir los «bonos de la esclavitud» en deuda pública cotizable a más largo plazo, con el objetivo de reducir gastos al Tesoro con la nueva deuda. Cuando el nuevo papel tuviese cotización en las bolsas de España, se volvería a admitir en el banco como garantía de préstamos, como hacía el Banco de España con la deuda interior y exterior. De esta forma la nueva sociedad ligaría su existencia al Gobierno, o más concretamente a la evolución de la Hacienda española. La razón fundamental de este cambio de actitud de las autoridades coloniales era la losa que suponían los 700.00 pesos anuales que el gobierno asignaba en los presupuestos de la Isla para la indemnización a los antiguos propietarios de esclavos, lo que impedía reducir la presión fiscal sobre las actividades productivas o dedicar recursos la mejora y realización de infraestructuras32. Finalmente, los accionistas del banco rechazaron la oferta. La iniciativa del Gobernador reconocía las dificultades de la operación, e incentivaba al banco a pedir al gobierno español la modificación de la normativa en vigor de 1878 para la constitución de bancos de emisión y descuento en las colonias. Dicha ley era restrictiva con los bancos en las colonias, tanto porque el gobierno imponía el nombramiento de su director, como por el control ejercido sobre las operaciones. El Consejo de Dirección de la SACM acordó en agosto de 1881 crear una comisión para estudiar la propuesta y posterior evaluación de los accionistas. La Junta General de accionistas, sin embargo, no respaldó el proyecto ya que una buena parte de ellos temía el peligro que podía suponer la circulación de billetes que se depreciarían rápidamente y la desaparición del oro y plata circulante. Aunque la transformación del banco no se produjo, se llevaron a cabo ciertas modificaciones organizativas, encaminadas a cubrir las necesidades que surgían a medida que aumentaban las operaciones del banco, sobre todo profundizando en su carácter comercial. Los nuevos estatutos del banco, 32 AHN, Ultramar, leg. 1232, exp. 3. y SACM (1881). La formación del sistema bancario de Puerto Rico (1870-1899) 223 aprobados en 1884, reflejaron cambios en la composición del accionariado debido a la incorporación de nuevos accionistas entre el grupo de los mayores. Ahora los nueve mayores accionistas controlaban el 23,7 % del capital, y entre 24 accionistas de un total de 536 poseían el 54 % del capital. Es decir, la concentración era aún mayor que cuando se fundó el banco [tabla 2]. Después del fallecimiento del marqués de la Esperanza el control pasó a manos de Pablo Ubarri, quien le había sucedido al frente del Partido Incondicionalmente Español y de la dirección del banco con carácter interino33. Tabla 2. Composición del accionariado de la SACM, 1882 Frecuencia (pesos) Número de accionistas y porcentaje Capital pagado Número %Pesos % 1 a 200 233 43,4 22.338 3,5 201 a 500 94 17,5 29.757 4,7 501 a 1.000 87 16,2 62.352 9,8 1.001 a 5.000 98 18,2 175.408 27,8 5.001 a 10.000 15 2,8 190.729 30,2 > 10.001 91,6 149.901 23,7 Total 536 100,0 630.489 100,0 Fuente: elaborado a partir de AHN, Ultramar, leg. 332, exp. 4. Esta reforma no fue sino la primera de las que se produjeron en la firma en los años siguientes, sobre todo en 1884 y 1885. Entre las novedades de los nuevos estatutos de 1884, estaban la reorganización de los órganos de dirección y la disminución del capital a un millón de pesos. Ambas medidas buscaban agilizar y profesionalizar el funcionamiento de la entidad, y lograr un ajuste más real del banco a sus posibilidades de reunir la totalidad de su capital social. También se modificaron las operaciones y sus condiciones, entre las que destacaron la posibilidad de contratar con el Gobierno, los ayuntamientos, y con otras sociedades de crédito, crear, adquirir y participar 33 Pablo Ubarri (1824-1894) fue uno de los promotores de la entidad, pero no uno de sus mayores accionistas. Empresario de origen vasco, llegó a la Isla en 1839 como dependiente de comercio. Tras emprender diversos negocios inmobiliarios, fue uno de los promotores del primer tranvía entre San Juan y el pueblo de Río Piedras en 1880. En 1883 fue nombrado jefe del Partido Incondicionalmente Español. Tras su paso por la SACM, fue uno de los cinco concesionarios del Banco Español de Puerto Rico. Véase De Angelis (1902). Ángel Pascual Martínez Soto 224 en firmas y empresas de cualquier clase, y, finalmente, emitir obligaciones corporativas de la sociedad. Además, el banco se decidió iniciar una tímida política expansiva mediante la apertura de varias agencias en localidades como Ponce, Mayagüez, Humacao, Arroyo y Arecibo. De esta manera, entró en competencia con las cajas de ahorros y las casas de comercio-banca de algunas de estas ciudades. A partir de 1885, surgieron nuevos problemas en el seno de la directiva. Los enfrentamientos entre las dos corrientes que pugnaban por el control del Partido Incondicionalmente Español, la liderada por Francisco Bastón (nuevo director del banco) y la dirigida por Pablo Ubarri (consejero), se trasladaría a la vida interna de la SACM, lo que acabó con la destitución del primero acusado de irregularidades contables y de desviar fondos del banco hacia sus propias empresas34. Esto se tradujo en una caída de la cotización de las acciones del banco de hasta el 50 % de su valor inicial durante los primeros meses de 1885. La consolidación de la entidad durante la década de 1880 se hizo en medio de enfrentamientos internos por su control y con un evidente agravamiento de la situación económica. En ese contexto, en agosto de 1886, las organizaciones empresariales, lideradas por la Unión Mercantil e Industrial de Ponce y el Círculo Mercantil de San Juan, acordaron en la asamblea celebrada en la ciudad de Aibonito realizar un diagnóstico de la situación económica y financiera de la Isla y proponer una batería de propuestas35. El elemento clave era el hundimiento del sector azucarero parecía imparable en su doble faceta agrícola e industrial. A la competencia exterior se unía la caída, sin precedentes y sostenida, de los precios durante las campañas de 1884 a 1886. Otros factores añadidos eran la contracción del crédito interior y exterior, los problemas del Tesoro, y la subida de los cambios debido a la depreciación del peso mexicano. La producción de café, por su parte, comenzó una fuerte expansión y progresivamente sustituyó al azúcar en el conjunto de 34 El expediente completo de este conflicto se encuentra en AHN, 1886, Ultramar, leg. 332, exp. 6, doc. 2. 35 Sobre esta importante reunión empresarial ver: Asamblea de Aibonito (1886). Sobre la crisis azucarera Ramos Mattei (1981) y De Jesús (1982). La formación del sistema bancario de Puerto Rico (1870-1899) 225 las exportaciones de la Isla. La mayor parte de los hacendados, al verse sin posibilidades de convertir sus haciendas en industrias azucareras centralizadas, sin un mercado importante en España, y con la perdida de los mercados europeos, dirigieron sus esfuerzos hacia el mercado norteamericano. En esta línea presionaron al gobierno español para que estableciese un tratado de reciprocidad con Estados Unidos, que no se produjo hasta 1891. Entre las soluciones apuntadas en Aibonito, destacan la elaboración de un proyecto de banco agrícola y una nueva solicitud al ministerio de Ultramar de transformar la SACM en banco de emisión y descuento. La entidad bancaria había solicitado oficialmente su transformación meses antes, apoyándose en el argumento de que el decreto de 29 de enero de 1886 había hecho extensivo a la isla el Código de Comercio español de 22 de mayo de 1885, y que este eliminaba las trabas anteriores sobre creación de bancos de emisión y descuento en las colonias españolas. Las bases económicas acordadas en esta asamblea constituyeron el programa del nuevo Partido Autonomista. Los resultados de la SACM reflejan estos inicios difíciles en medio de la crisis del sector líder, hasta ese momento, del azúcar. Los beneficios de la entidad mantuvieron, en líneas generales, en una progresión moderada. Según la contabilidad del banco los beneficios, una vez descontados impuestos, gastos de funcionamiento y sueldos, se distribuían en el fondo de reserva y en el reparto de dividendos a los accionistas. Tabla 3. Beneficios netos de la SACM y su distribución (pesos y %) Año Beneficio neto Accionistas Fondo de reserva Primas a administradores Dividendo repartido (%) 1878 34.391 25.890 8.501 11,07 1879 31.389 25.819 5.570 8,01 1880 45.817 39.218 6.599 9,60 1881 40.533 40.445 88 7,56 1882 15.226 59.317 998 7,39 1883 58.814 63.128 431 7,45 1884 49.670 49.192 478 7,00 1885 70.622 70.622 7,10 1886 73.406 66.946 3.670 2.790 7,00 1887 67.667 61.713 3.383 2.571 7,00 Fuente: Cuevas Casaña y Martínez Soto (2016: 38). Ángel Pascual Martínez Soto 226 Cuando la crisis económica se agravó en 1885 y la demanda de crédito perdió fuerza, la entidad no rebajó sus exigencias de garantías, a pesar de que esta decisión la salida de una parte de sus recursos ajenos. Lo que hizo fue rebajar la proporción de recursos propios empleados, a sabiendas de que la reducción de la solvencia podía conllevar una disminución de la capacidad de la entidad para captar recursos. El banco actuó con un marcado carácter procíclico, cuando el mercado presentó atonía inversora, tendió a reducir el crédito, mientras que lo aumentó cuando el ciclo era expansivo. La aproximación a la rentabilidad operativa de la entidad a través de las ratios de rentabilidad financiera (ROE) y la económica (ROI), denota el corte que se produjo a partir de 1880-1881 con los inicios de la precitada crisis. La rentabilidad por acción (ROE) muestra una evolución descendente hasta alcanzar un mínimo del 4,9 % en 1884, iniciando una ligera recuperación en los años siguientes, para situarse en torno al 6,4 % de media. En cuanto a la rentabilidad económica (ROI) se redujo desde 1880 estabiGráfico 4. Ratios de rentabilidad de la SACM, 1878-1887 (%) 0 2 4 6 8 10 12 14 16 1878 1879 1880 1881 1882 1883 1884 1885 1886 1887 ROI ROE Fuente: elaborado a partir de las Memorias Anuales de la SACM. La formación del sistema bancario de Puerto Rico (1870-1899) 227 lizándose en torno al 4 % a partir de 1883. Esta evolución tiene que ver con el mantenimiento en caja de una parte de los recursos disponibles ya que los momentos de mayores sumas en esta partida se corresponden con los de menor rentabilidad. El banco trató de preservar la rentabilidad de sus accionistas dentro de unos límites razonables y no aumentar su exposición al riesgo. En definitiva, los gestores de la entidad se mostraron una actuación muy profesional ligado a la prudencia en unos años en que la crisis del sector azucarero se agudizaba produciéndose un número significativo de abandono de explotaciones, de ingenios y de impagos de créditos, con la consiguiente bancarrota de importantes casas de comercio-banca. Estas magnitudes coinciden con las referidas a la rentabilidad real obtenida por sus accionistas, atendiendo a los dividendos repartidos y sus cotizaciones en la plaza. El dividendo medio por capital desembolsado durante los diez años de existencia del banco fue del Gráfico 5. Comparación del capital depositado en los Bancos Coloniales de Martinica y Guadalupe y en la SACM de Puerto Rico, 1880-1889 (pesos) - 500.000 1.000.000 1.500.000 2.000.000 2.500.000 3.000.000 3.500.000 1880 1881 1882 1883 188418851886188718881889 B.C. Martinique B.C. Guadaloupe SACM Fuente: para los datos de los bancos de las colonias francesas: Sumner (1896: 145-151). Para la Sociedad Anónima de Crédito Mercantil: Memorias Anuales. Ángel Pascual Martínez Soto 228 6,4 %, con un hundimiento en 1881 hasta el 1,7 %, situándose entre 1883 y 1887 en el 6,2 % de media. La rentabilidad obtenida por los accionistas de la SACM fue alta si tenemos en cuenta la situación económica de la Isla durante estos años, situándose en un promedio del 7,9 %. Entre 1878 y 1881 la cotización de las acciones en plaza superó el par, llegando a 156 en 1880, a partir de esa fecha descendieron rápidamente hasta llegar al 50,3 % de su valor por las irregularidades en su gestión experimentadas por la entidad. En los años siguientes la cotización se fue recuperando, superando de nuevo el par ente 1886-1887. El dividendo por acción fue de 4,4 pesos de media en el periodo, elevándose a 6,6 pesos en los últimos tres años de su existencia. Rentabilidad que muestra que el banco fue un buen negocio en un contexto depresivo. Podemos apreciar mejor la evolución de la SCAM comparando algunos de sus resultados con los obtenidos por otros bancos coloniales del Caribe, Gráfico 6. Comparación del capital prestado en los Bancos Coloniales de Martinica y Guadalupe y en la SACM de Puerto Rico, 1880-1889 (pesos) - 200.000 400.000 600.000 800.000 1.000.000 1.200.000 1.400.000 1880 1881 1882 1883 1884 1885 1886 1887 1888 1889 B.C. Martinique B.C. Guadaloupe SACM Fuente: para los datos de los bancos de las colonias francesas: Sumner (1896: 145-151). Para la Sociedad Anónima de Crédito Mercantil: Memorias Anuales. La formación del sistema bancario de Puerto Rico (1870-1899) 229 en este caso con los bancos emisores de las colonias francesas de Martinica y Guadalupe. Destaca la diferencia existente entre los dos bancos coloniales franceses y la SACM en cuanto a los depósitos captados, en el caso de la entidad puertorriqueña es muy inferior a la de los primeros. Sin embargo, atendiendo a los préstamos realizados por estas entidades la situación difiere, en este caso desde un predominio del Banco Colonial de la Martinica entre 1881 a 1883 sobre las otras dos entidades, se pasa a una mayor capacidad crediticia de la SACM desde 1884 a 1889. La crisis del azúcar que afectaba a las colonias azucareras del Caribe se compensó en el caso de Puerto Rico con el ascenso de las exportaciones del café y la demanda de crédito procedente de este sector. La modalidad del crédito agrícola a corto plazo sobre «géneros y cosechas», fundamentalmente de carácter refaccionista permitía a la SACM una mayor rotación de capitales que el crédito hipotecario de los bancos coloniales franceses. de Banco comercIal a Banco de emISIón: la Sacm y el Banco eSpañol de la ISla de puerto rIco36 (1888-1899) Una de las claves para la fundación de bancos y del banco de emisión en Puerto Rico fueron sucesivas normativas que renovaron la regulación mercantil de la Isla. Nos referimos al real decreto de 16 de agosto de 1878 que regulaba las sociedades anónimas en los territorios de Ultramar y el real decreto de 16 de agosto de 1878 que regulaba los bancos de emisión y descuento en Ultramar37. Esta segunda norma refundía disposiciones que habían estado vigentes en la península: las leyes de 4 de mayo de 1849, 15 de diciembre de 1851 y 28 de enero de 1856 y el decreto de 19 de marzo de 1874, así como algunas otras especiales que solo regían en las colonias. En su artículo 2º establecía que los bancos de emisión serían tres y que se denominarían Banco 36 Sobre el Banco Español de la Isla de Puerto Rico se han publicado dos trabajos recientemente de Martín Aceña y Roldán Montaud (2013 y 2014). 37 La anterior norma que regulaba los bancos de emisión de Ultramar (Cuba y Filipinas) era la Real cédula de 29 de noviembre de 1853 y otras disposiciones especiales, siendo autorizada su creación y sus estatutos por reales decretos. Ángel Pascual Martínez Soto 236 En 1895 el Banco llegó a tener en sus cuentas corrientes la mitad del numerario circulante en la Isla (3.255.389 pesos provinciales). En 1895 se produjo el canje de la moneda mexicana por el nuevo «peso provincial», situación que favoreció a la entidad convirtiéndola en un verdadero banco de emisión, en ese año mantenía en circulación 879.000 pesos que eran canjeables por la nueva moneda. En el ámbito del crédito la actuación de la entidad impulsó una variación a la baja de los tipos medios usuales utilizados por las casas de comercio-banca que oscilaban entre el 15 y el 18 %. En la fecha de apertura de la entidad en San Juan el tipo medio era del 12 %49, tipo que fue disminuyendo en función de la presión del banco con su oferta y con la circulación de billetes. No obstante, los pequeños campesinos caficultores seguían ajenos a la actividad del banco, presos de las redes del crédito refaccionista de las pequeñas casas de comercio del interior que, a su vez, estaban conectadas con las de los grandes puertos de la Isla (Ponce, Mayagüez, Arecibo, etc.), en ese tipo de operaciones las tasas de interés oscilaban entre el 18 y el 24 %. Tabla 6. Reparto por modalidades de los préstamos realizados por el BEPR 1890-1898 (% del total) Años Descuentos Préstamos personales Créditos garantizados Créditos hipotecarios Tipos de interés medio 1890 15,0 34,9 50,1 8,25 1891 31,9 18,7 49,4 8,50 1892 8,1 31,9 60,0 9,00 1893 8,6 36,5 54,9 8,25 1894 8,2 46,9 45,0 8,00 1895 5,9 47,2 46,9 8,75 1896 4,0 52,0 42,8 1,3 8,25 1897 1,0 53,9 39,0 6,0 7,50 1898 1,1 58,3 30,4 10,2 9,00 Fuente: elaborado a partir de Banco Español de Puerto Rico, Memoria(s) Anual(es) y Libros de Actas del Consejo de Administración del BEPR, Archivo General de Puerto Rico. Con su actuación el BEPR, y la de los otros bancos que se fundaron (Crédito y Ahorro Ponceño, Banco Territorial y Agrícola, Banco Popular) en la última década del siglo XIX, redujo poderosamente el crédito refaccionario, 49 Banco Español de Puerto Rico (1905: 7). La formación del sistema bancario de Puerto Rico (1870-1899) 237 principalmente, entre los grandes y medianos propietarios, sus créditos les permitían financiar sus cosechas a tasas razonables, evitar caer en redes usurarias y aguantar las ventas hasta que los precios le fuesen más favorables. También se beneficiaron de su actuación el pequeño comercio urbano que con los créditos que obtenía podía mejorar los términos de su contratación y, por consiguiente, acrecentar sus iniciativas mercantiles y sus recursos. La entidad implementó una oferta de crédito a las grandes casas comerciales y exportadoras, una buena parte de las acciones de la entidad estaban en sus manos, lo que favoreció la estabilidad de sus operaciones con los centros comerciales de Europa y Estados Unidos. De este núcleo surgiría el denominado «grupo español»50, conglomerado de casa de comercio-banca, industriales del azúcar y bancos que a partir de 1900 se lanzará a invertir en centrales azucareras que compitieron con las que los inversores norteamericanos pusieron en marcha en la Isla. La entidad evitó la contracción total del crédito durante los sucesos de 1898, también sostuvo su reputación respondiendo al canje de sus billetes, pero cuando se firmaron en Washington los preliminares para la paz y se restableció la calma en la Isla y se normalizó la vida económica, se produjo un movimiento de agiotaje con los billetes de la entidad, cediéndolos sus tenedores con un quebranto que superaba el 20 %. Esto sucedía cuando era público y notorio que el Banco no había cerrado ni un solo día sus puertas y que pagaba en el acto en efectivo y por todo su importe todos los billetes que se le presentaban al cobro. La especulación contra el billete del BEPR o «guerra del billete» como lo denominó la prensa51, produjo bastante daño a la entidad pues tuvo que prepararse para un canje extraordinario, lo que limitó sus créditos y acortó los plazos de los mismos. De tal manera que, si sus créditos ascendían en mayo de 1898 a 2.468.703 pesos en la oficina central y 670.010 pesos en la sucursal de Mayagüez, se cerró el 31 de diciembre 50 Giusti Cordero (1998: 86-95). La acuñación del término se debe a este autor. El grupo estaba formado por puertorriqueños, españoles y europeos de diversa procedencia, pero con un poderoso grupo francés-corso. Conformó el mayor conglomerado de centralistas hasta 1920, el que tenía mayor número de acres cultivados y el que más caña producía. Muchos se sentaban en los consejos de dirección de los bancos y de las principales centrales. 51 Boletín Mercantil, 22 de diciembre de 1898. Ángel Pascual Martínez Soto 238 con 1.194.467 pesos en la central y 410.890 en Mayagüez, lo que implicaba una reducción de su cartera en ocho meses de 1.533.185 pesos. Ante la crisis el BEPR apeló a su estrategia tradicional de aumentar los tipos de interés de sus operaciones y evitó la suspensión de pagos de sus deudores, también pertrechó su caja para responder al canje masivo que se le presentaba. En las notas adicionales al Tratado de París entre Estados Unidos y España, se establecieron las bases para el reconocimiento y conservación de los derechos del Banco. Además, empezó a establecer sus estrategias para la previsible competencia de nuevos bancos que se establecerían en Puerto Rico52. El año 1899 fue crítico para los bancos de la Isla y para la economía en general, debido a los destrozos ocasionados por el huracán San Ciriaco sucedido el 8 de agosto. El valor estimado total de las pérdidas fue de 4.312.425 de libras esterlinas, correspondiendo 2.291.563 libras esterlinas a las plantaciones de café53, lo que supuso el principio del fin del liderazgo de este cultivo en la economía de la Isla, además de la suspensión del pago de los créditos comprometidos. Los bancos se vieron abocados a no poder cobrar los créditos pendientes, en ese momento la deuda hipotecaria alcanzaba los 18,6 millones de dólares de los cuales 15,6 millones estaban concedidos sobre las haciendas agrícolas, la mayor parte de ese capital estaba concentrado en las propiedades cafetaleras. Tabla 7. Resumen de los préstamos asegurados con hipoteca en Puerto Rico en 1898 (dólares) Créditos avalados por Sin interés Intereses del 1 al 6 % Intereses del 6 al 12 % Intereses del 12 al 18 % Intereses del 18 al 24 % Intereses superiores al 24 % Total Fincas agrícolas 6.102.454 795.820 5.894.267 2.336.126 452.541 77.852 15.659.060 Fincas urbanas 621.586 350.623 1.198.672 620.449 159.921 11.921 2.963.173 Total 6.724.040 1.146.443 7.092.940 2.956.575 612.462 89.773 18.622.232 Nota: los préstamos que figuran sin interés, es porque lo descontaban sobre capital efectivo entregado al prestatario. Fuente: elaborado a partir de Report of Military Governor of Porto Rico (1902: 369). 52 Banco Español de Puerto Rico (1899: 11). 53 Report on the Trade and Commerce of Porto Rico for year 1899 by Mr. Consul Churchward. Recived at Foreign Office, June 9, 1900. PP 1900 [cd.1] XCVIII, 1, nº 2465, Reference to previous Report, Annual Series nº 2465. La formación del sistema bancario de Puerto Rico (1870-1899) 239 Gráfico 7. Evolución del pasivo del Banco Español de Puerto Rico 1890-1899 (% del total) 0 10 20 30 40 50 60 70 80 90 100 1890 1891 1892 1893 1894 1895 1896 1897 1898 1899 Capital Reserva Depósitos y c/c Billetes Cuentas varias Pérdidas y ganancias Fuente: elaborado a partir de Banco Español de Puerto Rico, Memoria(s) Anual(es). Gráfico 8. Evolución del activo del Banco Español de Puerto Rico 1890-1899 (% del total) 0 10 20 30 40 50 60 70 80 90 100 1890 1891 1892 1893 1894 1895 1896 1897 1898 1899 Cartera Caja Accionistas Inmovilizado Cuentas varias Corresponsales y sucursales Fuente: elaborado a partir de Banco Español de Puerto Rico, Memoria(s) Anual(es). Ángel Pascual Martínez Soto 240 la creacIón de nuevoS BancoS comercIaleS y SItuacIón BancarIa de la ISla al fInalIzar el SIglo XIX Tres años después de la fundación del BEPR el siguiente banco en fundarse fue la Caja de Economías y Préstamos Banco Popular (5/10/1893)54 promovido por un grupo de masones relacionados con el Partido Autonomista, cooperativistas y miembros de la Sociedad Protectora de la Inteligencia. La iniciativa había partido del director del diario El Buscapié (órgano oficioso de los autonomistas), Manuel Fernández Juncos. Inicialmente tenía el formato de caja de ahorros que diera servicios financieros a las clases populares de la ciudad de San Juan, que habían quedado desasistidos desde la quiebra de la Caja de Ahorros de San Juan Bautista en 1879. La iniciativa de Fernández Juncos contó con el apoyo de algunos integrantes de la Respetable Logia Palafox, entre los que destacaba el abogado Manuel F. Rossy miembro de uno de los más importantes bufetes de la ciudad, también del prestigioso abogado y expresidente de la Diputación Damián Montserrat (originario de Mallorca), de Manuel Muñoz (criollo y exalcalde de la ciudad), también los comerciantes Grato Tinaud, Justo M. Izquierdo, Juan de Choudens, Pedro Schira, José B. Carrión y Gerónimo Agrait. La entidad fue concebida como caja de economías y préstamos55. En paralelo a esta iniciativa, el dirigente obrero Miguel Casado y el líder autonomista republicano Celso Barbosa estaban tratando de fundar una cooperativa bajo el nombre El Ahorro Colectivo dirigida a los obreros de la ciudad. Finalmente, ambas iniciativas se unieron en la constitución de la entidad Caja de Economías y Préstamos Banco Popular con un capital social de 5.000 pesos mexicanos dividido en 250 acciones de 20 pesos cada una. La entidad admitía imposiciones a partir de 25 centavos y pagaba un interés de 4 % a partir de tener depositados 5 pesos en la cuenta de ahorro. Los préstamos oscilaban desde un mínimo de 25 pesos hasta el máximo de 54 Esta entidad, Banco Popular, cuenta con una historia empresarial Baralt (1993). También A. Santiago (1989). 55 Los fundadores utilizaron esta denominación ante la negativa de las autoridades metropolitanas a que utilizaran el de caja de ahorros. Este caso se repetiría con la Caja de Economías y Préstamos de San Germán. La formación del sistema bancario de Puerto Rico (1870-1899) 241 500pesos a un interés que oscilaba entre el 6 y el 12 % y por plazos entre 1 y 3 meses. También descontaba letras, pagarés y otros documentos negociables. El banco inició sus operaciones el 10 de enero de 1894 y el Ayuntamiento de la ciudad le cedió gratuitamente el espacio que había ocupado la antigua Caja de Ahorros de San Juan. El capital del banco aumentó de 1893 a 1897 de 5.000 pesos a 30.000 pesos en plata provincial en manos de 155 accionistas y había prestado un total de 64.146 pesos provinciales, de los cuales 47.906 eran préstamos a 3 meses al 6 % y 16.240 eran hipotecarios56. El día 2 de julio de 1894 se fundaba en San Juan el Banco Territorial y Agrícola promovido por la Sociedad de Agricultura de Puerto Rico. Las pretensiones de la entidad era realizar en combinación el crédito agrícola y el hipotecario, destinado a financiar las necesidades de los hacendados y agricultores, fundamentalmente del café, tabaco y azúcar. Para la realización de los préstamos hipotecarios el banco chocaba con la ausencia de un catastro, el alto coste de la protocolización de las operaciones y las dificultades para asegurar la propiedad de las tierras dado su bajo nivel de inscripción en el registro de la propiedad57. El banco nació en medio de la crisis económica y las anomalías monetarias que se sucedían en ese momento, dado que en 1895 se produjo el canje de moneda, siendo sustituido el peso mexicano por una nueva moneda denominada «peso provincial» que rápidamente se depreció frente al dólar hasta mediados de 1898. Para hacer frente a esos problemas, el banco dirigió un escrito al ministro de Ultramar el 14 de junio de 1895 solicitándole ayuda con una serie de medidas de apoyo a la entidad58 destinadas a abaratar el coste de los contratos de crédito agrícola e hipotecario y facilitar la circulación de las cédulas hipotecarias que emitía la entidad. La aceptación de estas mediadas hubiese situado al Banco en la línea del Banco Hipotecario Español. La entidad se convirtió rápidamente en la segunda institución bancaria de la Isla con un capital total de 2.351.756 pesos plata en 1897, solo superado por el Banco Español de Puerto Rico, cuyos recursos eran de 4.901.807 pesos. 56 Memoria(s) Anual (s) de la Caja de Economías y Préstamos Banco Popular de 1893 a 1897. 57 Blanco (1895: 1). 58 Blanco (1895: 16-17). Ángel Pascual Martínez Soto 242 El último banco en fundarse fue el Crédito y Ahorro Ponceño que se estableció el 10 de febrero de 1895 en la ciudad portuaria del sur de la isla de Ponce. En la fundación participaron comerciantes de la ciudad representantes de las más destacadas casas de comercio y banca, destacando el grupo catalán (Trías, Colom, Pasarell, Cabrer, Mayol y Canals), los corsos (Amadeo, Auffant, Antongiorgi, Antonsanti y Bonnin) y los alemanes (Fritze, Lundt, Wellenkamp, Schuck y Frau). Entre los promotores también destacaban dirigentes del Partido Autonomista, como es el caso de Luis Muñoz Rivera, cuyo periódico La Democracia realizó una campaña a favor de la creación de la entidad59. En la tabla 8 se aprecian algunos rasgos de su evolución en los primeros años de funcionamiento. Tabla 8. Recursos propios y dividendos repartidos por el Crédito y Ahorro Ponceño, 1895-1898 (dólares) Años Capital y Reserva Dividendos 1895 65.772 4.125 1896 84.762 10.268 1897 104.836 15.660 1898 145.441 18.579 Fuente: Crédito y Ahorro Ponceño (1945). La evolución del sistema bancario de la Isla entre 1877 y 1898 se puede apreciar en las siguientes tablas que hemos podido reconstruir en base a los bancos y cajas de ahorros que funcionaron en esos años. Se puede apreciar el avance que se experimentó el sistema bancario de la isla en entre 1885 y 1898, y, más concretamente, en los últimos cinco años de la década de los 90, con 8 entidades funcionado con unos recursos totales de 8,7 millones de dólares. Al finalizar el periodo colonial español en 1898 el balance del incipiente sistema bancario indicaba la recuperación económica que el desarrollo del café y el tabaco habían inducido. Las distintas estimaciones disponibles sobre la situación bancaria en 1898 muestran variaciones significativas. La que he elaborado ha tenido en cuenta también las Cajas de Ahorros que existían en ese momento, en este aspecto es más ajustada que las otras realizadas en diferentes momentos. 59 Crédito y Ahorro Ponceño (1945: 12-23). La formación del sistema bancario de Puerto Rico (1870-1899) 243 Otro aspecto a señalar es la medida de la concentración bancaria del país. Las medidas de la concentración tienen como objetivo fundamental cuantificar el grado de desigualdad en el reparto o distribución de una magnitud económica entre un número determinado de «unidades», tratan de mostrar la estructura del mercado y apreciar el poder de las grandes corporaciones60. En nuestro caso utilizaremos para analizar la concentración del sector en Puerto Rico el índice de concentración absoluta y el índice de HerfindhalHirschmann (HHI). El primero expresa la proporción que ocupan las empresas de un sector en el total del mismo, cuanto mayor es el coeficiente que corresponde a los grupos de empresas, más elevado es el poder de mercado 60 Martín Aceña y Pons (1996: 331). Estos autores realizan un estudio sobre la concentración del sector bancario español entre 1874-1975. Tabla 9. Resumen de las principales cuentas del sistema bancario de Puerto Rico, 1877-1898 (dólares) Años Número de entidades Recursos totales Caja total Préstamos y descuentos Depósitos Cuenta de capital 1877 2630.280 157.977 483.901 342.920 276.110 1880 3730.726 143.461 492.809 269.546 732.952 1885 51.788.010 566.880 947.928 635.098 939.854 1890 52.631.475 473.685 942.425 1.253.740 849.985 1895 86.610.683 1.726.495 2.949.299 3.370.889 1.492.888 1898 89.644.895 2.782.059 4.516.704 3.250.922 2.296.341 Nota: los valores de los cambios en Nueva York están tomados de Carroll (1899: 479). Fuente: elaboración a partir de: para las cajas de ahorros Comín, Martínez-Soto y Roldán (2010). Para la SACM, Memorias de la Sociedad Anónima de Crédito Mercantil de los años 1877, 1880 y 1885. Para el Banco Español de la Isla de Puerto Rico, Memorias leídas en Juntas de Accionistas Ordinarias del Banco Español de Puerto Rico, años 1890, 1895 y 1898. Para el Banco Territorial y Agrícola, Banco Popular y Crédito y Ahorros Ponceño Santiago (1989: 175-176). Tabla 10. Estimaciones de la situación del sistema bancario de Puerto Rico en 1898 (dólares) Partidas Clark (1930) Book of Porto Rico (1923) Santiago (1989) Estimación propia Recursos totales 6.283.464 7.851.485 5.179.815 9.644.895 Caja 1.772.822 3.064.222 1.618.161 2.782.059 Préstamos y descuentos 2.805.682 4.383.955 2.971.505 4.516.704 Depósitos 1.838783 2.467.304 2.169.032 3.250.922 Cuenta de capital 1.053.165 1.556.585 1.106.330 2.296.341 Fuente: ibídem, tabla anterior; Santiago (1989: 174-176); Clark (1930: 376); y The Book of Porto Rico (1923: 674). Ángel Pascual Martínez Soto 244 que estas tienen. La limitación de este índice estriba en es independiente del número de unidades en el sector y no tiene en cuenta las disparidades de tamaño entre estas. El segundo índice (HHI) evita estas limitaciones, pues los mercados bancarios, como es el caso del existente en Puerto Rico, se caracterizan por una asimetría de tamaño entre las entidades, existía un pequeño grupo de bancos de tamaño considerable y un grupo numeroso de pequeños establecimientos bancarios. Este índice nos ayuda a medir el grado de disparidad de tamaño entre los bancos. Además, nos permite conocer la relación entre la concentración y el nivel de monopolio, incorporando el número de entidades y sus cuotas de mercado. Tabla 11. Concentración absoluta del sistema bancario de Puerto Rico (Acreedores) 1885-1922 Años Número de bancos 3 5 1885 97,5 1890 89,8 1895 88,8 96,4 1898 88,0 96,4 1900 89,7 100,0 Fuente: para 1885 a 1898: Comín, Martínez-Soto y Roldán (2010); Memorias Anuales de la SACM, Memorias Anuales del Banco Español de Puerto Rico; Memorias Anuales del Banco Territorial Agrícola; Memorias Anuales del Crédito y Ahorro Ponceño. La concentración medida con el HHI corrobora los resultados anteriores, nos muestra como entre 1885 y 1911 el mercado bancario estaba altamente concentrado por encima de los 2.000 puntos, no obstante la evolución entre esas dos fechas extremas nos muestra una firme tendencia a la disminución. Tabla 12. Índice de concentración de Herfindhal-Hirschman (HHI) del sistema bancario de Puerto Rico (Acreedores), 1885-1900 Año HHI 1885 6.036 1890 6.224 1895 4.326 1898 2.964 1900 2.832 Fuente: para 1885 a 1898: Comín, Martínez-Soto y Roldán (2010); Memorias Anuales de la SACM, Memorias Anuales del Banco Español de Puerto Rico; Memorias Anuales del Banco Territorial Agrícola; Memorias Anuales del Crédito y Ahorro Ponceño. La formación del sistema bancario de Puerto Rico (1870-1899) 245 Junto a bancos y cajas de ahorros había un buen número de casas de comercio y banca repartidas por las principales localidades de la Isla, en 1900 esa red llegaba a 12 localidades y tenía 64 casas de banca y banqueros, cifra superior a la mayoría de las islas del Caribe61 [tabla 13]. el deSarrollo del SIStema fInancIero de puerto rIco en el SIglo XIX: reflexIoneS fInaleS La fundación de bancos durante el control colonial español del siglo XIX se enfrentó a fuertes trabas hasta 1877, producto de: una peculiar situación monetaria, de la oposición durante mucho tiempo de las casas de comerciobanca, de la oposición de la Administración metropolitana, del desarrollo de la economía de exportación, entre otros factores. Esto produjo una endémica situación de crédito caro y escaso, que paralizaba la modernización de las haciendas, de las explotaciones e ingenios. La respuesta local a esta situación vino de la mano de las Cajas de Ahorros, como alternativa a la resistencia de las autoridades coloniales y las casas de comercio-banca. No obstante, también los grupos promotores tuvieron que hacer frente a la resistencia del ministerio de Ultramar, que llegado el caso se negó a que pudiesen utilizar esa denominación obligándoles a optar por las de «cajas de economías». El fracaso de la primera entidad, la Caja de Ahorros de San Juan, marcó el desarrollo posterior de este sector. Su funcionamiento real les asimiló a pequeños bancos, aunque si se mira la realidad de las cajas de ahorros españolas en el siglo XIX muchas de las operaciones eran compartidas, incluso existieron entidades en fundadas como sociedades anónimas. Con el cambio de titularidad colonial estas entidades continuaron su funcionamiento como cajas de ahorros y alguna se transformó en banco. El primer banco comercial, la Sociedad Anónima de crédito Mercantil (1877), fue una iniciativa que partió con la intención de ser un banco de emisión. Su creación se enmarca en las respuestas a la crisis del sector azucarero y su necesidad de modernización en este sector. La abolición de la esclavitud ofreció una oportunidad a través de los bonos de indemnización a 61 The Rand McNally Banker’s Directory and list of Attorneys, p. 367. Ángel Pascual Martínez Soto 252 — (1886): Proyecto de estatutos del Banco Español de Puerto Rico aprobado por la Junta General de Accionistas extraordinaria celebrada el 1º de diciembre de 1886, Tipografía del Boletín Mercantil, Puerto Rico. Sonesson, B. (2003): La emigración de Carranza a Puerto Rico en el siglo XIX, CSICEscuela de Estudios Hispano-Americanos, Madrid. Sudrià, C y Blasco, Y. (eds.) (2016): La pluralidad de emisión en España, 1844-1874, Fundación BBVA, Bilbao. Sumner, W. G. (1896): A History af Banking in all the leading Nations, vol. 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