La dirección del Banco Español de Cuba: de comerciantes locales a políticos y funcionarios metropolitanos, 1856-1898
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253 La dirección del Banco Español de Cuba: de comerciantes locales a políticos y funcionarios metropolitanos, 1856-1898 Inés Roldán de Montaud CSIC el Banco eSpañol de la haBana y SuS órganoS rectoreS1 El 12 de abril de 1856 abrió sus puertas al público en la ciudad de La Habana una nueva entidad de crédito. Se constituyó en forma de sociedad anónima el 6 de octubre de 1855 y sus estatutos y reglamento fueron aprobados por real orden el 7 de enero de 1856. No era el primer banco propiamente dicho que se creaba en la Antilla, pero sí tenía una posición especial en aquel mercado financiero, ya que el Gobierno metropolitano le reconoció la facultad exclusiva de emitir billetes pagaderos a la vista y al portador. Contaba entonces con un capital de tres millones de pesos distribuidos en 6.000 acciones. En estas páginas se intenta realizar una breve aproximación a las disposiciones que regularon y definieron la dirección de aquel emisor privilegiado, señalando los cambios introducidos en 1881, cuando la entidad primitiva modificó sus estatutos y acentuó sus funciones de banco de gobierno. Se realiza un acercamiento a las figuras que se sucedieron al frente de la entidad durante las más de cuatro décadas que funcionó bajo la soberanía española, resaltando los rasgos biográficos más significativos de quienes desempeñaron el cargo en cada uno de los dos periodos de su andadura. 1 Esta investigación se ha realizado en el marco del proyecto MINECO/FEDER HAR201564085-P. Licencia Creative Commons Atribución/ReconocimientoNoComercial-SinDerivados 4.0 Internacional https://doi.org/10.5281/zenodo.15007100
Inés Roldán de Montaud 254 En su calidad de emisor, el Banco Español de la Habana estuvo sujeto a un mayor control que el resto de las instituciones financieras existentes en la Antilla, reguladas por la real cédula de 29 de noviembre de 1853 sobre sociedades anónimas en Ultramar, que sustituyó al viejo Código de Comercio de 1829. Conforme a los estatutos el director del Banco Español era designado por el Gobierno entre los miembros de una terna nombrada por mayoría absoluta en la Junta General de Accionistas, con un mandato de cuatro años2. Los estatutos exigían que fuera un comerciante establecido en La Habana, especificando que debía ser «de los de más crédito». El desempeño de la función estaría retribuido con un sueldo de 8.000 pesos anuales y una participación del 2 % en las utilidades del establecimiento. A su lado había dos subdirectores nombrados cada tres años por el Gobierno entre los miembros de sendas ternas formadas por el Consejo de Dirección, cada uno con 5.000pesos y un 1 % de las utilidades3. Entre otras condiciones, para ser director o subdirector era necesario poseer al menos cincuenta y treinta acciones respectivamente. El Consejo de Dirección estaba formado por doce miembros designados cada cuatro años por la Junta General de Accionistas entre los poseedores de diez acciones, seis debían ser comerciantes. El director presidía el Consejo, con voz pero sin voto, y la Junta General de Accionistas, formada por quienes poseyeran diez acciones4. Entre los órganos rectores del Banco Español no se había previsto la existencia de un comisario de designación real que supervisase sus operaciones y funcionamiento, una figura contemplada en los estatutos del Banco de San Fernando, creado en España en 1829. El hecho llama la atención porque el Gobierno los había remitido a La Habana para que sirvieran de modelo en el trazado de los del emisor colonial5. Tampoco se contempló en los estatutos 2 Joaquín Rodríguez San Pedro (1866-1869: V, 451-468). 3 Archivo Histórico Nacional (Madrid) (en delante AHN), leg. 47, nº 5, doc. 32, y Joaquín Rodríguez San Pedro (1865-1869: V, 471). El número de subdirectores experimentó algunos cambios. A propuesta de la Junta General de Accionistas, uno de ellos se suprimió por real decreto de 29-7-1859 y fue restablecido en 6-7-1860. El real decreto de 12-111870 volvió a suprimirlo. 4 Joaquín Rodríguez San Pedro (1866-1869: V, 455). 5 Pedro Tedde de Lorca (1999: 26).
La dirección del Banco Español de Cuba: de comerciantes locales a políticos… 255 la figura del gobernador, recogida en la ley de Mon de 4 de mayo de 1849, e incorporada más tarde a la ley aprobada el 7 de enero de 1856 para regular a los emisores de la metrópoli. De modo que a diferencia de lo que ocurría en los emisores peninsulares, en el Banco de la Habana el director acumulaba un doble carácter: por una parte, era jefe de la administración del Banco; por otra, representante del gobierno en la entidad. Es decir, inicialmente se habían fijado para el emisor colonial mecanismos de control de menor alcance que los establecidos para los peninsulares. Tal vez por temor a posibles injerencias, de las que había claros precedentes, sin esa independencia los comerciantes de la colonia se hubieran opuesto a crear un banco que pudiera servir de apoyo al gobierno de la isla. No debe olvidarse que en su creación había mostrado singular empeño el general José Gutiérrez de la Concha y que antes del Banco Español habían existido un par de entidades que habían sido eficaces instrumentos del gobierno colonial y que desaparecieron pronto por no haber podido resistir la presión del ejecutivo6. No faltaron ocasiones en las que esta anómala situación de los órganos de gobierno del Banco fue denunciada por las autoridades7. En 1860 el gobernador y capitán general, Francisco Serrano, había señalado la conveniencia de nombrar un comisario regio para el Banco, y había propuesto incluso el nombramiento de Eduardo Gasset y Artime, visitador de rentas y diputado a Cortes (y futuro ministro de Ultramar)8. En 1864 su sucesor, Domingo Dulce, se quejaba de que el director del Banco estuviera ejerciendo la función de comisario, que debía ser desempeñada, en su opinión, por el gobernador capitán general a través del intendente u otro empleado de la Hacienda9. El asunto pasó a consulta del Consejo de Estado. Pese a que el Consejo desestimó la propuesta de Dulce, en su dictamen señalaba que el hecho de que el director además de propuesto por el Banco estuviese interesado en él y 6 Para estas entidades, Roldán de Montaud (2004: 18-20). 7 Para la regulación en España, Gabriel Tortella (1970: 275). 8 AHN, Ultramar, leg. 47, nº 2, doc. 5, Serrano al ministro de Guerra y Ultramar, 12-91860. 9 AHN, Ultramar, leg. 47, nº 6, doc. 17.
Inés Roldán de Montaud 256 careciese de voto en el Consejo de Dirección constituía una anomalía y limitaba la garantía de los intereses públicos10. Sorprende que se desechara la proposición de Dulce porque no entrañaba novedad alguna respecto a lo que sucedía en otra de las colonias. En efecto, en los estatutos del Banco Español-Filipino de Isabel II, el emisor que funcionaba en la colonia del Pacífico desde 1852, entre los órganos de gobierno se había incluido la figura del comisario regio, que recaía en el superintendente de la Real Hacienda, tal y como proponía Dulce. Además, en los estatutos del emisor filipino se recogía la figura del protector, que desempeñaba el gobernador y capitán general, a quien competía «la alta dirección y régimen superior del Banco». El gobierno y administración lo ejercía la Junta de Gobierno bajo la inspección del protector y el comisario regio11. Siendo ministro de Ultramar Antonio Cánovas del Castillo, en 1866 se autorizó la constitución de un emisor en la ciudad de San Juan. El Gobierno designaría un comisario regio, cuyo nombramiento podía recaer en su director (caso de Cuba) o en un funcionario de la colonia con categoría de jefe de administración que ejercería sus funciones gratuitamente, como ocurría en Filipinas12. Algo más tarde, Vicente Vázquez Queipo, quien fuera fiscal de Hacienda en los primeros años cuarenta y uno de los personajes que con más tesón se había opuesto a la creación del emisor cubano, insistía en que el Gobierno debía ejercer suma vigilancia sobre la gestión del Banco Español, no porque sus individuos no fueran personas honradísimas y de responsabilidad conocida, sino porque para gestionar un banco de su importancia no bastaban la «honradez y la riqueza»; eran indispensables «la ciencia y el 10 El extenso informe en Archivo del Consejo de Estado (Madrid) (en adelante ACE), U-010-011. 11 Estatutos y reglamento del Banco Español-Filipino de Isabel II (1851: 9-10). La Junta de Gobierno proponía al protector, por conducto del comisario regio, ternas para la elección de dos directores y de uno de los dos síndicos que tenía la entidad; el otro lo designaba libremente el protector. Correspondía al protector separar a aquellos cargos, determinar la revisión de estatutos y reglamento a propuesta de la Junta de Accionistas, y resolver las dudas que ocurrieran respecto al gobierno interior y la observancia de los estatutos. Determinaba la emisión y enajenación de acciones, fijaba el tipo de interés de los préstamos y descuentos… 12 Real decreto de 10-4-1866. La América, año X, nº 8, 27-4-1866, pp. 16-17.
La dirección del Banco Español de Cuba: de comerciantes locales a políticos… 257 tacto», de los que carecían los individuos de su junta directiva. Para ejercer una intervención adecuada era necesario reformar los estatutos y hacer que los nombramientos de director y subdirectores se hicieran por el Consejo de Ministros, a propuesta del de Ultramar, entre personas que revistieran condiciones establecidas de antemano por la ley, tal y como sucedía en el Banco de España. Tras haber ejercido seis años su cargo en Cuba y ocupado la Dirección General de Ultramar (germen del futuro ministerio), Vázquez Queipo anticipaba con perfecta claridad las dificultades con las que iba a tropezar la reforma estatutaria y advertía de que, una vez emprendida, debía adoptarse «con resolución, desestimando los gritos y las alharacas del interés privado»13. Una de las cuestiones que dio lugar a un debate en la prensa fue la forma en que la dirección del Banco interpretó los artículos del reglamento relativos a su participación en las utilidades de la entidad. Desde el comienzo la dirección decidió que el 2 y el 1 % de las utilidades que correspondían al director y a cada uno de los subdirectores debían calcularse del total de los beneficios obtenidos, por más que los estatutos fueran bastante claros al respecto14. En 1860 algunos periódicos de la Corte comenzaron a cuestionar el proceder de la dirección en este y otros terrenos. Ante las denuncias, después de diversos informes y consultas, la real orden de 17 de noviembre de 1861 fijó la interpretación de los artículos 39 y 60 de los estatutos relativos al asunto: el porcentaje atribuido a la dirección debía calcularse de la utilidad que resultase después de deducir el 8 % de remuneración a los accionistas y la parte que debía asignarse al fondo de reserva. La real orden reservaba a los accionistas el derecho de reclamar las cantidades que hubieran dejado de percibir, que algún periódico de Madrid cifraba en 100.000 pesos15. Las protestas de la Junta General de Accionistas y de su director Francisco de Goyri no lograron que la disposición se modificara16. La cuestión se zanjó definitivamente cuando en 1868 se 13 Vicente Vázquez Queipo (1873: 18-19). 14 En el caso filipino, deducidos todos los gastos de administración, el 6 % de las utilidades pertenecía a la dirección y el 4 % a la Junta de Gobierno. El 90 % restante a los accionistas. 15 La Discusión (Madrid), 19-8-1860, «Infracciones de los estatutos y reglamentos del Banco Español de la Habana». 16 La extensa documentación sobre este conflicto en Biblioteca Nacional José Martí (La Habana), Manuscritos, Banco 1, y ACE, U-088-038.
Inés Roldán de Montaud 258 reformaron los estatutos: de los fondos de la sociedad se abonarían anualmente al director 16.000 pesos y 8.000 a cada subdirector17. Otra novedad introducida en los estatutos de 1868 se refería a los subdirectores, que serían designados por el Gobierno entre los miembros de una terna votada por los accionistas y no por el Consejo como hasta entonces. Esta modificación tenía por objeto dotar a la figura de mayor consideración. Con este mismo propósito se elevó el número de acciones exigidas para el desempeño de los cargos: cien para ser director, cincuenta para subdirector y veinte para consejero. La ausencia de un comisario o gobernador de libre designación real y el hecho de que el director fuese necesariamente un comerciante propuesto por el Consejo de Dirección proporcionaron al emisor cubano un carácter de banco comercial que indudablemente era el que presidió su nacimiento18, por más que el proyecto hubiera sido impulsado por la Administración colonial. La batalla por el control gubernamental de los emisores coloniales iba a ser larga y más o menos compleja y exitosa en las tres colonias en las que funcionaron dichos bancos. loS dIrectoreS del Banco eSpañol de la haBana Una semana después de cerrarse la suscripción de las acciones, el 8 de octubre de 1855 los accionistas designaron la terna para la elección de director. La encabezaba Salvador Samá y Martí, a quien seguían Rafael Rodríguez Torices y Francisco de Goyri y Beazcochea, los tres conocidos comerciantes de la plaza. Tras la renuncia de Samá, Goyri fue elegido para ocupar el primer puesto de la terna votada el día 18. Por real decreto de 14 de diciembre de 1855 se nombró a Goyri director y subdirectores a Martín Riera y Miguel de la Puente19. Tres días después de la designación de la terna de director era 17 Banco Español de la Habana (1868: 14). En el caso filipino, deducidos todos los gastos de administración, el 6 % de las utilidades correspondía a la dirección y el 4 % a la Junta de Gobierno. El 90 % restante, a los accionistas. 18 Banco Español de la isla de Cuba, Memoria (1889: 15). 19 Cuando se propuso a de la Puente para subdirector en 1855, el general Concha aseguraba que reunía condiciones que pocos podían igualar y las simpatías de la plaza, AHN, Ultramar, leg. 47, exp. 2, doc. 2, Concha al ministro de Estado y Ultramar, 22-10-1855.
La dirección del Banco Español de Cuba: de comerciantes locales a políticos… 259 elegida la primera Junta Directiva. Estaba constituida por doce vocales, todos influyentes comerciantes, banqueros y plantadores20. Goyri era un comerciante habanero de origen español, nacido en Bilbao en 179221. No se sabe cuándo llegó a Cuba, pero desde 1838 tenía su propio establecimiento abierto en La Habana bajo la razón social Goyri y Compañía22. No tardó en convertirse en un respetado miembro de la comunidad mercantil y en ser comisionado del Banco de San Fernando en dicha ciudad23. En 1841 era prior y cónsul del Tribunal de Comercio de La Habana y vocal de la Junta que se constituyó aquel año para redactar un proyecto de instrucción de aduanas y reforma de los aranceles. Ese mismo año asistió a la Hacienda en la operación emprendida para reducir a su valor legal las pesetas sevillanas que circulaban en aquel mercado sobreestimadas. Tras años de ininterrumpidas relaciones con el emisor peninsular, en 1852, el gobernador del Banco de España, Ramón Santillán, solicitó y consiguió que el ministro de Hacienda, Alejandro Mon, concediera a Goyri la cruz de comendador de la Orden de Carlos III24. Con tal motivo, evocaba Santillán los servicios que aquel banquero había prestado al Estado desde que el San Fernando le encargó el cobro de las libranzas entregadas por el Tesoro español contra las Cajas de Cuba en pago de los anticipos recibidos. Según los informes del gobernador capitán general de Cuba, se trataba de un «hombre de fortuna y amante del gobierno»25. También Jacobo de la Pezuela en su célebre Diccionario ensalzaba las cualidades de aquel banquero, que reunía no 20 Gaceta de la Habana, 23-9-1855 y 16-10-1855. Algunos habían hecho sólidas fortunas aprovechando las posibilidades de enriquecimiento que proporcionó el tráfico clandestino de africanos, y habían invertido parte de sus capitales en fincas azucareras, convirtiéndose en propietarios de ingenios, como Moré, Fesser, Aldama, Du Quesne, Toca o Samá. 21 Hijo de Juan Goyri Urrejola y Theresa Beazcoechea Jaureguibarria, contrajo matrimonio con una criolla hija de españoles, María de los Dolores Adot, y la hija de ambos, con el marqués de Balboa. Véase Martha Elisabeth Laguna Enrique (2014: 1029). 22 Archivo del Banco de España (en adelante ABE), Secretaría, leg. 1021, circular sobre el establecimiento en La Habana de la firma Francisco de Goyri y Cía. 23 Pedro Tedde de Lorca (1999: 190). 24 AHN, Ultramar, leg. 4636, nº 24, carta de Ramón de Santillán, 6-2-1852. 25 Ibídem, informes del 20 y 25-5-1852.
Inés Roldán de Montaud 260 solo una «responsabilidad e inteligencia especial» para las negociaciones que se le confiaron, sino también una «firmeza singular» para sacar adelante el crédito del Banco en medio de la crisis de 185726. De su solvencia, habilidad y prestigio como comerciante no deja duda el hecho de que Goyri fuera durante años uno de los agentes que la casa Rothschild tenía en La Habana27. Con el fin de perfilar algunos vacíos de los estatutos, en mayo de 1859 el Consejo de Dirección del Banco propuso que la elección de la terna de director se realizase en junta general extraordinaria de accionistas en febrero del año en que terminaba el periodo del saliente y que el entonces director continuara en el cargo hasta el 30 de junio de 1860, para acomodar su renovación con el balance del semestre. Estas y otras propuestas fueron luego aprobadas por el Gobierno el 24 de abril de 1860 y se reflejaron en los estatutos de 1868 y 187528. Entre tanto, el 15 de febrero de 1860 la Junta General de Accionistas decidió reelegir al cesante y lo hizo con un voto «espontáneo y unánime», que a juicio del general Serrano mostraba la confianza que inspiraban las cualidades especiales de Goyri, que había desempeñado su cargo con «tino, probidad y celo»29. Francisco de Goyri encabezó las ternas propuestas en 1864 y 1868 y continuó ocupándose de la dirección del Banco hasta su muerte en enero de 186930. Durante su largo mandato, Goyri condujo el establecimiento sobre la base de una política de activos muy conservadora, lo que llegó a motivar cierto descontento por considerarse que el Banco no cumplía las expectativas del comercio31. En todo caso, se trataba de una práctica al uso en los emisores y mostraba una prudencia aconsejable en los momentos iniciales de una 26 Jacobo de la Pezuela (1863-1866: III, 319). 27 Rothschild Archive, London, XI/38/125A, correspondencia con Francisco de Goyri. 28 ACE U-088-034, sesión del 18-1-1860; Banco Español de la Habana (1868: 14 y 1875: 13). Las ternas se nombrarían tres meses antes del cese. 29 AHN, Ultramar, leg. 47, exp. 5, doc. 25, Francisco Serrano al ministro de Guerra y Ultramar, 12-4-1860. Aunque el artículo 28 de los estatutos disponía que el gobierno designaría al director entre los miembros de una terna, el 38 preveía la reelección. La Junta General de Accionistas consideró que anulaba al anterior y que la formalidad de la terna no era preceptiva en casos de reelección. 30 AHN, Ultramar, leg. 4719, exp. 3, real orden de 2-7-1868. 31 AHN, Ultramar, leg. 56, exp. 2, doc. 1.
La dirección del Banco Español de Cuba: de comerciantes locales a políticos… 261 aventura sin precedentes en aquel mercado financiero. La manera de actuar de Goyri tuvo importantes admiradores. Personajes nada sospechosos, como el publicista liberal Félix de Bona, a la altura de 1864 consideraban que el Banco era «quizás uno de los establecimientos de crédito conducido con más acierto»; un «verdadero modelo de bancos de emisión y descuento», del cual debería tomar nota la administración del Banco de España32. A la muerte de Goyri ocupó la dirección con carácter interino Miguel de la Puente y Primo de Rivera, en su calidad de subdirector primero. Fue confirmado en sesión ordinaria del Consejo el 18 de enero, al tiempo que se convocaba una junta general extraordinaria de accionistas para el 2 de marzo. Aquel día se votó una terna encabeza por el propio de la Puente, que el gobernador general remitió al Ministerio de Ultramar el 13 de marzo. La designación como director en propiedad recaía el 25 de abril, cuatro meses después de la desaparición de Goyri33. Poco se sabe del nuevo director, salvo que era un comerciante que había tenido casa abierta en La Habana bajo la razón social Puente Hermanos en 1841 y que probablemente había desempeñado el puesto de cónsul del Tribunal de Comercio34. Había sido miembro del primer Consejo de Dirección del Banco y su primer subdirector en 185535. Como subdirector, en 1856 viajó a Londres para organizar la emisión de los primeros billetes del Banco, demostrada la imposibilidad de hacerlo en el propio establecimiento según disponían sus estatutos36. En su toma de posesión declaró que se proponía seguir la marcha que Goyri había imprimido al curso de los negocios del Banco, pero anunciaba que las circunstancias (la insurrección) reclamaban sacrificios mayores de los hechos hasta entonces en obsequio del país37. De la Puente tomó posesión 32 La América, año VIII, nº 12, 27-6-1864, p. 3. Para la gestión financiera de Goyri, Inés Roldán de Montaud (2004: 35-65). 33 AHN, Ultramar, leg. 47, exp. 8. 34 AHN, Ultramar, leg. 4635, exp. 64. 35 Eduardo Yones (1841: 45). 36 AHN, Ultramar, leg. 674, exp. 3, José Gutiérrez de la Concha al ministro de Estado encargado de los asuntos de Ultramar, 13-6-1856. 37 Banco Español de la Habana. Memoria (1867: 17).
Inés Roldán de Montaud 268 de emisión por otros 25 años54. El Gobierno aprovechó aquella ocasión para forzar un control más estricto del emisor exigiendo que adecuase sus viejos estatutos al recién aprobado real decreto de bancos de emisión. Lo delicado de los compromisos asumidos por el Banco lo hacían absolutamente necesario, pero pasarían todavía dos años y medio antes de conseguirlo. El 1 de enero de 1880 corrieron rumores de que se crearía el cargo de gobernador y los periódicos daban el nombre del agraciado: José Cánovas del Castillo. «Esta noticia prueba que el paternal gobierno del Sr. Cánovas, es además fraternal», comentaba burlonamente El Siglo Futuro55. Unos días más tarde, el real decreto de 9 de enero confirmaba los rumores. La víspera Elduayen había dirigido una carta al director general de Hacienda, José Lope Gisbert, explicándole los motivos que había tenido: «aquel establecimiento necesita estar seriamente intervenido para que no produzca conflicto». Lo ocurrido era que el Banco se había negado a aceptar sin garantía unos pagarés del ministro poniendo en una muy difícil situación a la Hacienda cubana, y el hecho había colmado la paciencia del ministro56. Conocido el decreto, el Consejo de Dirección rechazó unánimemente el nombramiento y se negó a dar posesión a Cánovas. Una comisión encabezada por el director Haro llegó a solicitar al gobernador interino, Emilio Calleja e Isasi, que lo dejara en suspenso. Aunque desde el momento en que vio la resistencia del Banco, Cánovas expresó al general su deseo de que le fuera admitida la dimisión, para el Gobierno lo principal era salvar el principio de autoridad57. Fue necesario que Calleja lo impusiera por la fuerza: escoltado por la tropa, el 10 de febrero de 1880 tomó posesión de su destino el primer gobernador del que en breve sería Banco Español de la isla de Cuba58. 54 Se preveía igualmente la amortización de los billetes en circulación, tanto los del Banco como los emitidos por cuenta del Tesoro y la puesta en circulación de nuevos billetes convertibles. Para estas negociaciones, véase Inés Roldán de Montaud (2004: 93-101). 55 1-1-1880. 56 FJE, caja 4, exp. 4, Elduayen a Gisbert, 8-1-1880. 57 Diario de Sesiones del Congreso de los Diputados (en adelante DSC), 5-3-1880, p. 2217. 58 FJE, caja 4, exp. 4, Lope Gisbert a Elduayen, 5-2-1880; Revista Económica (La Habana), vol. V, nº 32, 8-1-1882, p. 270, «El Cánovas de ayer y el Cánovas de hoy»; La Iberia,
La dirección del Banco Español de Cuba: de comerciantes locales a políticos… 269 La prensa discutió ampliamente acerca de los sucesos ocasionados por el nombramiento de Cánovas, que motivaron incluso alguna interpelación al Gobierno, como la explayada por el diputado de la oposición Celestino Rico y García59. En círculos próximos al Banco no se cuestionaba la idoneidad del sujeto sobre el que había recaído la designación, sino la legalidad de la acción gubernamental60. Desde que se conocieron las intenciones de crear la plaza de gobernador se había originado una fuerte contestación en medios cercanos al Banco. Quienes se oponían argumentaban que no procedía nombrar un gobernador hasta el 7 de enero de 1881, fecha en la que expiraba el plazo social del Banco. Se entendía que el convenio de agosto de 1878 había prorrogado el privilegio por 25 años; por consiguiente, únicamente entonces tendrían que revisarse los estatutos e incorporarse a ellos la nueva figura61. Es más, quienes apoyaban al Banco en su pugna con el Ejecutivo recordaban que un artículo del decreto de agosto garantizaba el respeto de los estatutos y las concesiones anteriores. Discutido el asunto y cuestionados ciertos defectos de trámite, Elduayen insistía –lo mismo que el Consejo de Estado en un dictamen emitido a raíz de la consulta que le había planteado el ministro–62 en que no se había designado un gobernador para el Banco en virtud del real decreto de bancos de emisión de 1878, sino de lo pactado con el establecimiento en agosto de 1878, que había sido aprobado posteriormente por la Junta General de Accionistas. Recordaba el ministro que en Filipinas, donde no había habido un contrato por el cual el Banco se tuviese que someter a la legislación general de bancos, no se había nombrado gobernador. La conclusión era que no había que aguardar a que se extinguiera el plazo de lo concedido en 1856 para modificar los estatutos63. 4-3-1880, «Dimisión del Sr. Cánovas del Castillo»; José de Arrate (1904: 22), y Banco Español de la isla de Cuba. Memoria (1881: 8). 59 DSC, 5-3-1880, p. 2215. 60 «La persona que ha sido ahora investida con el alto puesto de gobernador es muy digna, muy celosa en el cumplimiento de sus deberes y por muchos otros conceptos aceptable para ese cargo y para cualquier otro de confianza», El Triunfo, 15-2-1889, «La cuestión del Banco». 61 El Triunfo, 8-2-1880, «Un nombramiento». 62 ACE, U-010-035. 63 DSC, 5-3-1880, p. 2217.
Inés Roldán de Montaud 270 El 7 de enero de 1879 la Junta General de Accionistas había nombrado una comisión para reformar los estatutos, pero iban transcurriendo los meses sin que una manifiesta falta de voluntad permitiera poner fin a los trabajos. Así que el real decreto de 9 de enero de 1880, además de crear el destino de gobernador, mandó que se redactasen de inmediato los nuevos estatutos. Finalmente fueron discutidos y aprobados en las sesiones del 3 y 19 de mayo de 188064. Tras la preceptiva consulta al Consejo de Estado, el 28 de enero de 1881 se aprobaron los estatutos del que desde el 7 de enero de 1881 se denominó Banco Español de la isla de Cuba. Para entonces disponía de un capital de ocho millones de pesos, lejos de los tres iniciales, y contaba con varias sucursales65. El capítulo V de los nuevos estatutos del Banco Español de la isla de Cuba se ocupaba de sus órganos de gobierno y administración. Quedaba a cargo de un gobernador, dos subgobernadores y doce consejeros, que formaban el Consejo de Gobierno, presidido por el gobernador que tenía voz y voto. El gobernador era el representante del Estado cerca del Banco para cuidar de que sus operaciones fueran conformes a las leyes, estatutos y reglamentos. Lo designaba libremente el Gobierno y percibía 18.000 pesos anuales. Los subgobernadores eran nombrados por el Gobierno entre los miembros de una terna propuesta por la Junta General de Accionistas. El Banco quedaba obligado a abonar un importante sueldo a un individuo que le era completamente ajeno, a un paniaguado del Gobierno; pero no se trataba solo de eso, ya que entre sus muchas funciones correspondía al gobernador nombrar y separar a todos los empleados previstos en la plantilla, y proponerlos en el caso de los jefes. Además, los empleados entrarían por oposición y desde la clase de escribientes. Se introducían pues importantes modificaciones en cuanto a los órganos rectores que ponían termino a la independencia de la que hasta entonces habían disfrutados los comerciantes de La Habana. En el caso de Puerto Rico, donde los esfuerzos por crear un emisor en 1860 y en 1866 habían fracasado por falta de capitales, puede decirse que la 64 Banco Español de la isla de Cuba. Memoria (1881: 9). 65 Colección legislativa de España (1881: CXXVI, 144-164), reales decretos de 28-1-1881 y de 15-2-1883, aprobando los nuevos estatutos y el reglamento.
La dirección del Banco Español de Cuba: de comerciantes locales a políticos… 271 exigencia de que el futuro emisor se sujetase al real decreto de agosto de 1878 retrasó su constitución hasta 1889. Dirigidos por el marqués de la Esperanza, los antiguos propietarios de esclavos concibieron la idea de organizar una entidad de emisión y descuento con la indemnización que el decreto de abolición de la esclavitud de 23 de marzo de 1873 reconoció a los propietarios, que la obtuvieron finalmente en forma de una serie de bonos de Tesoro66. En octubre de 1875 se convocó a los tenedores de bonos interesados en el futuro banco de emisión y tras varias reuniones quedaron aprobados los estatutos67. En los planes de la Esperanza y sus socios se cruzaron una serie de obstáculos, entre los que no fue menor la oposición del Gobierno a que se constituyese una entidad de emisión sin su autorización y sujeta únicamente a las prescripciones del Código de Comercio, como habían previsto y pretendían los promotores68. Frustrado el proyecto inicial, los promotores optaron por limitarse a crear un banco comercial en 1877, que tomó el nombre de Crédito Mercantil. Los antiguos propietarios de esclavos interesados en el negocio transfirieron los títulos representativos de sus créditos contra el Tesoro a la entidad a cambio de acciones, convirtiéndose en accionistaspropietarios de la institución, que se encargaría de cobrar las anualidades69. Los responsables del Crédito Mercantil perseveraron en su intención de emitir billetes y elevaron distintas consultas al Ministerio de Ultramar. En Madrid se insistía una y otra vez en que para crear un emisor, como los existentes en la península o en Cuba y Filipinas, era preciso solicitar autorización expresa al Gobierno y ajustarse al real decreto de 1878. Finalmente, el 23 de marzo de 1887 se autorizó la creación de un banco de emisión y descuento, con el privilegio exclusivo de emisión y se convocó una subasta pública70. Los 66 Lidio Cruz Monclova (1952-1964: I, 268-272 y 484-485). 67 AHN, Ultramar, 321/7, doc. 9, «Proyecto de Estatutos y Reglamentos para el establecimiento de un banco en la isla de Puerto Rico». 68 Annie Santiago de Curet (1989: 109-122). 69 AHN, Ultramar, leg. 321, exp. 7. Sobre las dificultades para su constitución como emisor Pablo Martín Aceña e Inés Roldán de Montaud (2013 y 2014). 70 Los detalles en el real decreto de 5-5-1888; Manuel Paniagua (1925: 10) y Annie Santiago de Curet (1989: 156-164).
Inés Roldán de Montaud 272 representantes del Crédito Mercantil obtuvieron la concesión, aunque a título personal, lo que les obligó a liquidar la sociedad y a formar una nueva sociedad denominada Banco Español de Puerto Rico. A cambio del privilegio el Banco quedó comprometido a facilitar al Tesoro de la isla 500.000 pesos. La concesión siguió en esto la pauta trazada en 1874 cuando se reconoció al Banco de España el privilegio de emisión71. Después de sortear diversos problemas, el Banco Español de Puerto Rico se inauguró el 1 de febrero de 1890, recayendo la designación de gobernador en Juan Rózpide y Navarro, un conocido funcionario del Ministerio de Hacienda. En definitiva, hasta que aquellos propietarios puertorriqueños no se doblegaron a las exigencias del Gobierno no fue posible constituir un emisor en la Antilla menor72. loS goBernadoreS del Banco eSpañol de la ISla de cuBa, 1881-1898 El Banco Español de la isla de Cuba comenzó una nueva etapa de su andadura el 7 de enero de 1881, caracterizada por una creciente burocratización y una relación intensa y permanente con la Hacienda cubana. El emisor se fue transformando en un verdadero banco de gobierno, recaudaba impuestos, se ocupaba del servicio de la deuda y realizaba operaciones de tesorería, al tiempo que reducía sus operaciones de préstamo y descuento comercial. Si los directores habían sido siempre comerciantes asentados en La Habana con amplia experiencia en el mundo de los negocios mercantiles, a partir de 1880 el cargo de gobernador comenzó a ser desempeñado por burócratas y políticos designados en Madrid. En los casi veinte años que transcurrieron hasta la pérdida de la colonia, el Gobierno realizó diez nombramientos, aunque solo seis individuos ejercieron 71 Rafael Anes Álvarez (1974: I, 107-215). 72 La sujeción al real decreto de 1878 también fue conflictiva en Filipinas. Cuando se comunicó al Banco Español-Filipino de Isabel II, el 28 de febrero de 1879 la entidad manifestó su deseo de seguir rigiéndose conforme a sus estatutos. Pudo entonces evitar la imposición porque en 1876 el Gobierno ya había prorrogado su existencia como emisor privilegiado por otros 25 años. Sin embargo, la autorización para ampliar capital y otra serie de demandas fueron paralizadas en tanto el Banco no se ajustó al real decreto, que en ese caso se implantó con algunas alteraciones. Véase María Teresa Colayco (1984: 57) y Remembratorio (1927: 41-43).
La dirección del Banco Español de Cuba: de comerciantes locales a políticos… 273 el cargo, ya que Galbis fue designado en tres ocasiones y Lope Gisbert no llegó a tomar posesión. El primero fue José Cánovas del Castillo, hermano del entonces presidente del Consejo de Ministros. Conde del Castillo de Cuba desde el 22 de agosto de 1878, había nacido en Málaga en 1831 y era militar de carrera. Después de haber sido durante doce años subteniente de infantería y oficial del Consejo de Redención de Enganches, se trasladó a Cuba, donde el 1 de octubre de 1865 se incorporó como jefe de sección de la Dirección de Administración. En diciembre de 1870 era administrador central de Hacienda y poco después contador central. Cesante durante la República, en febrero de 1875 retornó a su puesto de contador y en septiembre accedió a la Dirección General de Administración Civil. Pocos meses después, en mayo de 1876, ocupaba la Dirección General de Hacienda, la oficina que había sustituido a la Intendencia73. En La Habana contrajo matrimonio con María de las Mercedes de Tejada y O’Farril, una criolla que pertenecía por línea materna a una de las familias de grandes de España, los condes de Fernandina. Todo parecía sugerir que su mandato iba a ser efímero; no había trascurrido un mes desde su toma de posesión cuando el 5 de marzo de 1880 el propio 73 FJE, caja 5, exp. 14, Servicios prestados por José Cánovas del Castillo; AHN, Ultramar, leg. 4740, exp. 50, y leg. 4749, exp. 52. Se le habían concedido grandes cruces de la Orden de Isabel la Católica y del Mérito Militar por servicios prestados como director general de Hacienda, Gaceta de Madrid, 21-3-1880 y 4-4-1880. Tabla 2. Gobernadores del Banco Español de la Isla de Cuba Nombramiento Cese Toma de posesión José Cánovas del Castillo R.D. 9-I-1880 R.D. 5-III-1880 10-II Lope Gisbert García-Tornel R.D. 5-III-1880 R.D. 2-IV-1880 José Cánovas del Castillo R.D. 2-IV-1880 R.D. 7-I-1891 Ricardo Galbis y Abella R.D. 7-I-1891 R.D. 15-VII-1892 31-I Luciano Mª Puga y Blanco R.D. 15-VII-1892 R.D. 5-I-1894 8-VIII Jovino García Tuñón R.D. 5-I-1894 R.D. 13-IV-1895 8-I Ricardo Galbis y Abella R.D. 13-IV-1895 R.D. 1-II-1896 6-V Francisco Godínez y Esteban R.D. 7-II-1896 R.D. 13-XI-1896 4-III Francisco Cassá y Rouvier R.D. 13-XI-1896 R.D. 1-I-1898 17-XII Ricardo Galbis y Abella D 7-I-1898 25-I Fuente: Gaceta de la Habana y Memorias del Banco Español de la isla de Cuba.
Inés Roldán de Montaud 274 Elduayen dejaba sin efecto el nombramiento y designaba en su lugar a Lope Gispert. Cánovas volvía a la Dirección General de Hacienda74. El nuevo gobernador, un murciano nacido en 1824, contaba con una larga trayectoria política y parlamentaria. Había sido diputado desde 1864 por la Unión Liberal, y posteriormente por el Partido Conservador. Había sido director general de Aduanas, de Contribuciones, subsecretario del Ministerio de Hacienda y del de Gobernación, destino que abandonó en octubre de 1878 para dirigir el Banco Hispano-Colonial en La Habana. En el momento de su designación era director general de Hacienda en Cuba. No fueron los conflictos con la Junta del Banco los que motivaron la salida de Cánovas. Su retorno a la Dirección de Hacienda no había tenido otro objeto que impulsar una recaudación que sufría un retaso de ocho meses. Su hermano, el presidente del Consejo, le había planteado al ministro de Ultramar la posibilidad. Elduayen aseguraba a su amigo Lope Gisbert, el 1 de marzo, que no abandonaría el Ministerio sin cumplir la promesa de dejarle de gobernador, «que al fin ha de ser en ese puesto más respetado y le dará mayor descanso y comodidad y puede prestar grandes servicios al gobierno». El día 7 agregaba: «Le veo a usted desalentado y sin decisión para el combate […] por eso he procedido a hacer el cambio de destino entre V. y Cánovas, de modo que aunque este no quede muy satisfecho, que ayude al hermano como lo hago yo y que se pase malos ratos. Dejo completa la promesa que le hice»75. Lope Gisbert no llegó a tomar posesión; tras un ajuste ministerial, el 4 de abril Cayetano Sánchez Bustillo dejó sin efecto el nombramiento y dispuso que Cánovas se ocupara nuevamente del gobierno del Banco76. Parece que Cánovas se había negado a hacerse cargo de la Dirección de Hacienda. Superados los incidentes iniciales, respetado por los gobiernos conservadores, los fusionistas e incluso por el de la Izquierda Dinástica, el conde del Castillo de Cuba desempeñó el cargo hasta 1891. Sagasta le mantuvo en 74 Gaceta de Madrid, 21-3-1880. 75 FJE, caja 4, exp. 4, Elduayen a Lope Gisbert, 1-3-1880 y 7-3-1880. 76 Lope Gisbert retornó a su puesto de director de Hacienda, que desempeñó hasta la llegada de los liberales en 1881. Posteriormente fue comisionado especial de la Compañía General de Tabacos de Filipinas al archipiélago, donde permaneció hasta su muerte en 1888.
La dirección del Banco Español de Cuba: de comerciantes locales a políticos… 275 su destino no solo cuando llegó al poder en 1881, también cuando volvió a asumirlo en 1885. En 1893 y 1897 los liberales respetarían también al gobernador nombrado por los conservadores. Mantuvieron en Cuba una actitud similar a la que observaron respecto a los gobernadores del Banco de España77. Cánovas desempeñó el cargo hasta enero de 1891 y parece que anduvo por Madrid parte del tiempo de su mandato. En 1886 había hecho algún viaje, y en la primavera de 1887 se embarcó nuevamente hacia la península. Volvió a Cuba en febrero de 1888, y en abril de 1889 regresaba a Madrid en comisión de servicio. Transcurría el tiempo y el Consejo de Gobierno del Banco comenzaba a dar señales de impaciencia78. En julio de 1890 una oportuna real orden dispuso que permaneciera en Madrid colaborando con el Gobierno en las condiciones que le correspondían como gobernador del Banco79. En una situación ya insostenible, presentó su dimisión en enero de 1891. Entre tanto, había presentado su candidatura al Congreso de los Diputados y en febrero de aquel año era elegido por el distrito de Holguin (Santiago de Cuba). Encontraba así un nuevo acomodo80. El 31 de enero tomó posesión de su destino Ricardo Galbis y Abella81. Se trataba de un ingeniero de caminos con amplia hoja de servicios en la Administración colonial. Había nacido en León en 1843, concluido sus estudios en 1863 y ocupado un destino como ingeniero en Cuba a finales de 1866. Al año siguiente pasó a Puerto Rico, donde en 1870 ejerció como inspector general interino de obras públicas. Poco después regresó a Cuba como ingeniero jefe de caminos y vocal de la Junta Consultiva de Obras Públicas en 1871. A principios de 1876 pidió la baja en el servicio, concedida un año más tarde82. 77 Diego Mateo del Peral (1974: I, 83). 78 La Justicia, 7-11-1890. 79 La Época, 31-10-1890, y Banco Español de la isla de Cuba. Memoria (1881: 25). 80 ACD, Serie documentación electoral, leg. 105, nº 18. En opinión de Arturo Amblard, un conocido abogado y político liberal enraizado en Cuba, Cánovas había carecido de «condiciones para el caso» y se había limitado a cobrar el sueldo, a ir a la Corte con una supuesta comisión y a pasar gastos de representación de más de cuarenta mil pesos en un año, Fundación Antonio Maura (en adelante FAM), leg. 166, nº 18, Amblard a Maura, 22-2-1893. 81 Banco Español de la isla de Cuba. Memoria (1891: 13). 82 Gaceta de Madrid, 2-1-1877.
Inés Roldán de Montaud 276 Cuando Martínez Campos se hizo cargo del gobierno general de Cuba vio en él un «carácter excepcional y brillantísimas aptitudes», lo convirtió en su alter ego y lo llevó a la Secretaría del Gobierno en junio de 1878, destino que Galbis tuvo que abandonar en mayo del año siguiente cuando el general regresó a España83. Al crearse en Cuba los partidos políticos en 1878, se incorporó a las filas del partido españolista Unión Constitucional y fue uno de sus más conspicuos elementos. Unos años más tarde no faltó algún periódico que barajara su nombre como posible ministro de Ultramar84. Tras la llegada de los conservadores al poder, en septiembre de 1890 Galbis ocupó la Dirección General de Administración Civil en Cuba, y unos meses después, en enero de 1891, fue nombrado gobernador del Banco85. En febrero obtuvo un acta de diputado por el distrito de Cárdenas, y en marzo viajó a Madrid para presentar su credencial. Una vez discutida y aceptada la compatibilidad tomó posesión de su escaño86. Cuando en agosto se cerraron las Cortes, el gobernador regresó a La Habana. Llevaba bajo el brazo el decreto de amortización de los billetes de la emisión de guerra, una de las operaciones financieras más complejas de la historia de la colonia87, en cuyo diseño algunos periódicos habaneros le atribuyeron una influencia determinante88. El propio ministro de Ultramar, Antonio Mª Fabié, reconocía que en aquel «grave asunto» había procedido de acuerdo con Galbis, con quien había mantenido extensas conferencias89. Como era previsible, conocido el proyecto se iniciaron los trastornos. Los periódicos se hacían eco de las dificultades del comercio y denunciaban la actuación de los especuladores que acaparaban los billetes menores cuyo canje se 83 César Aenlle (1889: 111-112). 84 Gaceta de Madrid, 18-5-1879, El Pabellón nacional, 2-2-1882. 85 Gaceta de Madrid, 27-9-1890 y 18-1-1891. 86 ACD, Serie documentación electoral, leg. 105, nº 1; Antonio Mª Fabié (1898: 412) y DSCD, 13-6-1891, p. 2190. 87 La Lucha, 21-11-1891, «El Sr. Galbis y la recogida». 88 ABE, leg. 1024, circular del Banco Español de isla de Cuba comunicando la toma de posesión de Galbis. 89 Antonio Mª Fabié (1898: 478, 503, 507) e Inés Roldán de Montaud (2004: 137-151).
La dirección del Banco Español de Cuba: de comerciantes locales a políticos… 277 había anunciado. Galbis fue acusado de haber estado involucrado en estos negocios a través de la casa Pellón, de la que era socio. A finales de noviembre el general Polavieja ponía en conocimiento del gobierno la existencia de una campaña orquestada por el periódico republicano La Lucha: «Como V. E. conoce al interesado no hay para qué hacer mérito de las cualidades que le distinguen, lamento con el alma un hecho que de tal suerte hiere a quien tan grandes servicios ha prestado y tanto renombre ha sabido alcanzar». Unos días después añadía que era «uno de los peninsulares que más se han hecho notar aquí por sus talentos y por la rigidez de sus principios morales»90. Lo cierto es que en el Consejo de Ministros del 13 de diciembre el nuevo titular de Ultramar, Francisco Romero Robledo, planteó la dimisión de Galbis, aplazada porque Cánovas quería saber hasta qué punto se disgustaría a Martínez Campos, dada su estrecha amistad con Galbis91. A mediados de julio se produjo finalmente el cese. Romero Robledo sustituyó a Galbis con Luciano Puga y Blanco, que llegaba a La Habana en agosto. Había nacido en San Andrés de Proente (Celanova, Orense) el 30 de diciembre de 1842, y había cursado estudios de Derecho Civil y Canónigo en la Universidad de Santiago, doctorándose en la Universidad Central en 1867. Durante algunos años se dedicó a la docencia, pero no tardó en orientarse hacia la política, adquiriendo un importante liderazgo entre los conservadores. Ocupó la alcaldía de La Coruña desde 1869 hasta 1871, año en que obtuvo su primer escaño por aquella circunscripción, que renovó en los comicios de 1884 y 1886. En los de 1891 fue designado senador por la Sociedad Económica de Amigos del País de Madrid. Le unían estrechos lazos de amistad con Cánovas y sobre todo con Romero Robledo, que a su paso por el Ministerio de Ultramar no dejó de favorecerle con importantes destinos: el 16 de junio la Secretaría del Gobierno General de la isla de Cuba; apenas un mes más tarde, el gobierno del Banco92. En 90 AHN, Ultramar, leg. 4889, Revistas decenales de 30-11-1891 y 10-12-1891. 91 La Lucha, 3 y 4-11-1891, «Escándalo» y «La cuestión Galbis». En un suelto del 30-12-1891, aquel periódico aseguraba que preocupado por las noticias Romero había preguntado a Polavieja si era cierto que Galbis era socio de Pellón, Archivo General de Indias, Diversos, 21, leg. 15. 92 Gaceta de Madrid, 15-6-1892 y 16-7-1892. Sobre el personaje: Ossorio y Bernard (1903: 360); La Ilustración Española y Americana, vol. 2, nº XI, 30-10-1895, pp. 251-252; Gaceta
Inés Roldán de Montaud 284 En aquella sesión Galbis fue elegido por unanimidad director-presidente116. Manuel Villanova, un conocido economista y publicista cubano que había destacado por su tenaz crítica del Banco, aseguraba que había sido uno de los pocos gobernadores con capacidad técnica suficiente para ejercer el cargo. Así se explica que, pese a las estrechas vinculaciones que había tenido con la Unión Constitucional y con el partido conservador de la península, Galbis fuera nombrado para ocupar aquel cargo por el primer gobierno autonómico y poco después por los accionistas, que ponían en sus manos la importante transformación de la entidad en los difíciles años de transición de la colonia a la república117. Mientas el emisor fue el Banco Español de la Habana, sus directores fueron comerciantes de origen peninsular arraigados en la ciudad, personajes que además de su posición en el ámbito comercial, las finanzas o la industria, llevaban años al servicio de la entidad, en la que habían desempeñado cargos de responsabilidad, cajeros, secretarios, contadores. Con la transformación del Banco en un banco de gobierno, el perfil de los gobernadores fue muy distinto. Se trataba de personajes peninsulares con trayectorias más o menos amplias en la política o en la Administración del Estado. En ocasiones eran individuos con arraigo (Cánovas o Tuñón); en otras, las designaciones recayeron en individuos con experiencia en puestos de responsabilidad en la colonia, como la Dirección de Hacienda (Cánovas o Lope Gisbert); en otros casos se trataba de políticos que carecían de formación técnica o experiencia en la Administración, o la tenían bien escasa (a veces en Cuba) cuyo nombramiento obedecía a razones de fidelidad política y a sus relaciones de amistad personal con algún notable de la política metropolitana como Romero Robledo (Puga o Cassá). En una ocasión el nombramiento parece haber obedecido a razones puramente técnicas (Godínez). La única designación hecha por los liberales respondía a la estrecha vinculación personal y política con el ministro de Ultramar pero recayó en un destacado y prestigioso político y hombre de negocios de la localidad (Tuñón). En todo caso, la existencia de un gobernador nombrado en Madrid no evitó los enfrentamientos del Banco 116 La Época, 5-10-1898, «Correo de Cuba». 117 Sobre esta etapa, Alejandro García (2002) e Inés Roldán de Montaud (2011).
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