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Estudios sobre la sociedad tradicional cántabra. Continuidades, cambios y procesos adaptativos

Montesino González, Antonio; Sanchez Gomez, Miguel Angel; Maíso González, Jesús; Domínguez-Martín, Rafael; Ansola, Alberto; Martín Latorre, Elena; de Meer Lecha-Marzo, Ángela; Garrido Martín, Aurora; Gómez-Pellón, Eloy; Rivas Rivas, Ana María; Suárez Cor

Abstract

A lo largo de las páginas de este libro, en el que se recogen diversos análisis sobre importantes ámbitos de la sociedad cántabra, se reúnen investigaciones relativas al Antiguo Régimen, a los posteriores procesos transicionales de su desarticulación/articulación social y a lo que, aún hoy. continuamos denominando la «sociedad tradicional», entendida ésta como una realidad histórica sujeta a una dialéctica de cambios y continuidades adaptativas.Estudios sobre la sociedad tradicional cántabra. Continuidades, cambios y procesos adaptativos. es el resultado de un esfuerzo compartido, desde el cual se han realizado una serie de reflexiones plurales, fundamentadas en la diversidad metodológica, conceptual y disciplinaria, acerca de unos cuantos aspectos parciales de la realidad histórica de Cantabria. Eso sí, abordados a través de un conjunto de miradas informadas y críticas, tan preocupadas por el futuro de la región, como inquietas por la imagen histórica, distorsionada y acomodada a los gustos e intereses sectoriales del presente, que en la actualidad se está recreando de la misma.

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UNIVERSIDAD DE CANTABRIA ASAMBLEA REGIONAL DE CANTABRIA Estudios sobrE la sociEdad tradicional cántabra continuidadEs, cambios y procEsos adaptativos Antonio Montesino González (Ed.) AUTORES A. AnsolA Fernández Geógrafo. Becario del Dpto. de Geografía, Urbanismo y Ordenación del Territorio de la Univ. de Cantabria. r. domínguez mArtín Historiador. Profesor Titular de Historia e Instituciones Económicas de la Univ. de Cantabria. A. gArrldo mArtín Historiadora, Profesora Ayudante de Histona Contemporánea de la Univ. de Cantabria. e. gómez Pellón Antropólogo. Profesor Titular de Antropología Social de la Univ. de Cantabria. J. mAiso gonzález Historiador. Profesor Titular de Historia Moderna de la Univ. de Cantabria. e. mArtin l.Atorre Geógrafa. Profesora Asociada de Análisis Geográfico Regional de la Unív. de Cantabria. A. demeer lechA-mArzo Geógrafa. Profesora Titular de Geografía Humana de la Univ. de Cantabria. A. montesino gonzález Antropólogo. A. mª.· rivAs r!vAs Antropóloga. Profesora Titular de Antropología Social de la Univ. Complutense de Madrid. m. A. sánchez gómez Historiador. Profesor Titular de Historia Contemporánea de la Univ. de Cantabria. m. suárez ·cortinA Historiador. Profesor Titular de Historia Contemporánea de la Univ. de Cantabria. BIBLIOTECA BÁSICA ESTUDIOS SOBRE LA SOCIEDAD TRADICIONAL CÁNTABRA CONTINUIDADES, CAMBIOS Y PROCESOS ADAPTATIVOS ANTONIO MONTESINO GONZÁLEZ (Ed.) A. ANSOLA FERNÁNDEZ, R. DOMÍNGUEZ MARTÍN, A. GARRIDO MARTÍN, E. GóMEZ PELLÓN, J. MAISO GONZÁLEZ, E. MARTÍN LATORRE, A. DE MEER LECHA-MARZO, A. MONTESINO GONZÁLEZ, A.M! RIVAS RIVAS, M.A. SÁNCHEZ GóMEZ, M. SUÁREZ CORTINA. UNIVERSIDAD DE CANTABRIA ASAMBLEA REGIONAL DE CANTABRIA ESTUDIO sobre la sociedad tradicional cámabra : continuidades, cambios y procesos aclapiativos / Montesino Gonr.ález. Antonio (ed.) ; A. Ansolu Fernández ... [et al.]. -- [Santander] : Universidad de Cantabria: Asamblea Regional de Cantabria, D.L. 1995. (Biblioteca Básica Universidad de Cantabria) ISBN 84-8102-109-1 l. Cantabria (España) - Historia Social l. Montesino González, Antonio, ed. lit. II. Ansola Fernández, Alberto III. Universidad de Cantabria IV. Cantabria. Asamblea Regional V. SERIE 316.3 (460.13) (091) 946.013 Diseño de la cubierta: Jesús Vázquez ©Autores © Servicio de Publicaciones. Universidad de Cantabria ISBN: 84-8102-109-1 D.L.: AS-2.732/95 Imprime: Gráficas Apel ISBN (13): 978-84-8102-109-7 ISNI: 0000 0005 0686 0180 DOI: https://doi.org/10.22429/Euc1995.001 www.editorial.unican.es Digitalización: Manuel Ángel Ortiz Velasco [emeaov] ÍNDICE Presentación _ _ ·-· ...... ______ _ ... � ..... -... ··-····---9 ANTONIO MONTcSINO GONZÁLEZ La comunidad imaginada. "Etnicidad", "sociedad tradicional" y actual invención de la tradición en Cantabria _ ... ·--· .. ·--- 13 1. El iITesistible ascenso de la mesocracia al poder regional�----- 13 2. La primigenia bú queda de una idcniidad difusa ............ _ .. _ ........... ·-······-··· IS 3. La "ctni idad" como un proc�o con 1111 IÍ\IO de la difurcnciación social... 18 4.La invención de la tradición en las postrimerías de dos siglos: del º'paniculnrismo centrípeto'' al "panicularismo centrífugo" ...... -....... _ .. __ .. 24 5.P pulismo, caciquism y regionalismo protestatario: del pueblo inmolado a la com1pción cleptocrática ···•-··" .. -" .... __ ... _ ...... ···-·-37 6.Comunidad, tradición y "sociedad tradicional": la nostalgia de un "pasado feliz" ... ____ _____ --"--•---- 49 7. Del esencialismo estático a la dinámica procesual -------- ··---.. ·····--60 8.Elogio del universalismo temperado y refutación del particularismo cavernario_ ....... ___ .. ___ MIGUEL ÁNGEL SÁNCHEZ GóMEZ Pcrvivencias feudales en Cantabria. El caso del senorfo eo la crisis del Antiguo Régimen .... ·- --------·---.. --...... 1. Introducción historiográfica y metodológica ·--·--··-------- 2. Introducción al estudio del señorío en Cantabria __ _ 3.La extensión de la propiedad señorial en Cantabria --�---·---•--··-• 4. Los mecanismos de control señorial: los juicios de residencia·-----··-··· 5. La abolición de los señoríos en Cantabria ·---· .-.......... ·-···---- 6. Conclusiones 70 91 91 97 104 105 113 122 6 ESTUDIOS SOBRE LA SOCIEDAD TRADICIONAL CÁNTABRA JESÚS MAISO ÜONZÁLEZ Individuo y comunidad en la Cantabria de la época Moderna........ 123 1. Breve teoría introductoria_______________ 123 2. Tres historia barrocas y una historia ilustrada: comunidad e individuo en la historiografía moderna sobre Cantabria-------~ 131 3. La legendaria historia de Cantabria de Cosío y Celis -----~- 133 4. La historia ilustrada de José Martínez Mazas__________ 139 5. Interpretación de las historias de Cantabria------------ 141 6. Individuo y comunidad en la realidad social de la Cantabria de los siglos XVII y XVIII------~-- ................. _.............. 150 RAFAEL DOMÍNGUEZ MARTÍN Campesinos racionales con estrategias adaptativas _______ 157 l. Introducción .... --~ ---- ____________ 157 2. Algunas definiciones e hipótesis previas ---~--·----- 159 3. Del paradigma de la autarquía al de la mercantilización ______ 162 4. Los campesinos cántabros y sus estrategias adaptativa··-·····-... ---- 168 4.1. Los caracteres originales de la economía campesina montañesa ..... --·· 169 4.2. Pluriactividad, trabajo de la mujeres y especialización ganadera 173 5. Consideraciones finales _______________ 178 ALBERTO ANSOLA F'ERNÁNDEZ Las gentes marineras: una aproximación a los cambios socioeconómicos en las comunidades pescadoras cántabras (siglos XIX y XX) ·-- 181 l. Los modos de vida pesqueros tradicionales __________ 183 2. Cambios y persistencias en las comunidades pescadoras (antes de 1936) .. 188 3. Los núcleos turísticos, la pesca capitalista, los pescadores integrados (después de 1939) ............... ___________ ...... ,............... 196 ELENA MARTÍN LATORRE Y ÁNGELA DE MEER LECHA-MARZO Creación y tranformaciones de un espacio urbano: Santander, 1750-1990 -----------~- ................ _._ l. Comercio, puerto y configuración urbana: Santander (1750-1850) ......... ·-··· 2. Auge y crisis del comercio portuario. Los grandes proyectos urbanos: realizaciones y frustraciones (1850-1940) ________ _ 3. Renovación central y crecimiento periférico: segregación y expansión del espacio urbano (1941-1970) ...... ----···· .. -.................. ___ _ 4. Crisis industrial, terciarización y nuevos procesos urbanos (1970-1990): la creciente complejidad y diferenciación del espacio en Santander ....... ··- 205 206 210 216 225 www.editorial.unican.es www.editorial.unican.es 16 ESTUDIOS SOBRE LA SOCIEDAD TRADICIONAL CÁNTABRA la sociedad cántabra, la invención de una identidad social, al servicio de la defensa corporativa de sus intereses políticos, económicos y culturales. Ahora sí, y no hace siglos como pretenden los más fervientes rastreadores de las ancestrales esencias del cantabrismo, con claras posibilidades de an-aigar entre amplios sectores de la población y constituir el sostén de un sentimiento regionalista diferencial. Socialmente sustentado en nuevos mecanismos de adscripción particularista; y políticamente articulado, y legitimado, al amparo de la nueva realidad histórica del país. Los análisis histórico-antropológicos más rigurosos, y con mayor fuerza evidencia!, descartan la existencia histórica de una conciencia identitaria entre los habitantes de Cantabria y de su consiguiente expresión a través de un regionalismo político. En su defecto, tan sólo se reconoce una modalidad histórica de "particularismo centrípeto" (vieja forma de particularismo que, según Jon Juaristi, aseguró, en tiempos, la cohesión del Imperio español) (2), localizado en unos concretos estratos sociales decimonónicos y edificado sobre interpretaciones tradicionalistas de la historia y de las narrativas literarias, provinientes del costumbrismo inmovilista al uso, tan fascinado por el mundo agrícola del "paraíso" preindustrial. Particularismo éste, por otra parte, claramente ligado a los intereses económicos de la burguesía castellanista, que lo concibió centrípeto en homología a la centrodependencia de sus intereses comerciales. Contrastando con otro tipo de particularismo que Juan Aranzadi, refiriéndose al caso del País Vasco, denomina "particularismo centrífugo" (3) (igualmente creado en base a la invención de una tradición). Este, sí, capaz de impulsar un proceso de lucha por la autonomía política, al elevar al plano de las reivindicaciones políticas los diferentes rasgos culturales, sean éstos inventados o históricamente existentes, seleccionando aquéllos que puedan ser susceptibles de actuar en calidad de signos diacríticos, con el suficiente potencial cohesivo como para hacer posible el ansiado establecimiento de demarcadores simbólicos de identidad, a través de los cuales el nosotros comunitario se oponga y diferencie de los otros foráneos. Esta actitud histórica, de subordinación vinculante de la burguesía mercantil santanderina, afirmada en su "liberalismo instrumental" y estrechamente unida, en sus intereses estratégicos del momento, a los sectores ostentadores del (2) Ver SUÁREZ CORTINA, Manuel, Caso11as, hidalgos y li11ajes. La invención de la /ladición cántabra, Santander, Universidad de Cantabria/Límite, 1994, pp. 64-67. Y también, JUARISTI, J., Vestigios de Babel. Para u11a arqueología de los nacionalismos españoles, Madrid, Siglo XXI, 1992, p. 7. (3) Ver ARANZADI, Juan, JUARISTI, Jon y UNZUETA, Patxo, Auto de Terminación (Raza, nación y violencia e11 el País Vasco), Madrid, El Pais/Aguilar, 1994, p. 42. www.editorial.unican.es 18 ESTUDIOS SOBRE LA SOCIEDAD TRADICIONAL CÁNTABRA 3. La "etnicidad" como proceso constructivo de la diferenciación social De la identidad colectiva ("etnicidad") se puede afirmar que constituye un complejo mecanismo (fenomenológico y genético) de reconocimiento, asumido entre diferentes individuos que se sienten formando parte de un mismo nosotros, en el que se produce una densa interrelación de factores objetivos y subjetivos. Por medio de la identificación colectiva, y su "fuerte sentimiento psicológico de pertenencia y a la vez de diferenciación" (7), se define quiénes conforman una colectividad y quiénes no pertenecen a ella, al tiempo que se contraponen diversos círculos de adhesión, siguiendo la lógica de la diferencialidad, como medio para construir un nuevo espacio social. Todo proceso de identidad delimita un nosotros: aquellos que comparten un mismo código social, frente a los otros: quienes participan de diferentes códigos y con los que se mantienen unas relaciones de alteridad, sobre la base del conjunto de mecanismos que regulan los sistemas de pertenencia y agregación colectiva: aceptación de unos valores y símbolos comunes, desarrollo de pautas de conducta, comportamientos y modos de reciprocidad. Podemos decir que "la necesidad de pertenecer a un grupo básico de identidad es un universal" (8) y que el ser social de las personas, sobre todo en las sociedades complejas, se vertebra en tomo a su adscripción a formas y grupos de diferentes dimensiones que constituyen un continuum de identidades segmentarias. Dentro de las cuales, se puede ser, al tiempo, varias de ellas, no como suma o yuxtaposición, "sino como condensación unitaria y única, como síntesis original que a todos nos contrapone" (9), en un juego de inclusiones y exclusiones. Es preciso señalar que las identidades no son estados culturales cuasinatura/es, asentados en procesos endógenos de escasa variabilidad (visión "primordialista"). Tampoco esencias estáticas codificadas unívocamente de una vez para siempre, ni un simple acúmulo pasivo de materiales, hechos históricos, paisajes, instituciones, etc., independientes de la percepción y de la voluntad colectivas. Contrariamente, se trata de procesos sociales dinámicos de naturaleza cultural y, por ello, variables; surgidos de la dialéctica conflictual entre los individuos, los grupos y la sociedad (visión "instrumentalista"). La imagen o imágenes con las que nos identificamos no consisten en un acervo de contenidos y de (7) Ver GIDDENS, Anthony, The Nation State and Violence, Cambridge, Polity Press, 1984, p. 18. (8) Ver MIRA, Joan F., Crítica de la Nació Pura. Sobre símbo/s, lesfronteres i a/tres assaigs impetuosos, Valencia, E, Climent, l 984, p. 14. (9) Ver SANMARTÍN, Ricardo, Identidad y creación Horizontes culturales e interpretación antropológica, Barcelona, Humanidades, 1993, p. 43. www.editorial.unican.es 20 ESTUDIOS SOBRE LA SOCIEDAD TRADICIONAL CÁNTABRA dad objetiva relevante para el científico social porque en alguna manera determinan el comportamiento social de los actores"), sino más bien de la fuerza social que, en determinadas condiciones históricas, tenga el grupo para imponer su visión identitaria como socialmente verdadera. No existen unos cromosomas de identidad inscritos desde siempre en las cosas; son los individuos quienes, valiéndose de mecanismos políticos, culturales y relacionales, deciden estratégicamente, por la voluntad creadora de la colectividad o de los grupos de presión social, la artificiosa construcción social de una realidad que llamaremos comunidad diferenciada: percepción compartida del nosotros en contraposición al ellos. De manera, pues, que "la creación de una imagen colectiva es siempre un producto histórico, sustentado en fundamentos pretendidamente objetivos" (12). Lejos de poseer una naturaleza esencialista y ontológica, la identidad comunitaria aparece como una interpenetración de factores diferenciales variables, capaces de articular la cohesión psíquica y cultural de los actores sociales de una colectividad que ha decidido objetivar su subjetiva voluntad de distinción, utilizando categorías, arbitrariamente creadas, de inclusión y exclusión capaces de establecer un sistema de fronteras étnicas, formadas con la ayuda de indicadores culturales, en oposición a otros grupos, generalmente limítrofes; respondiendo siempre al principio tajfeliano de "compararse" y "diferenciarse" (13). Nos hallamos, en consecuencia, ante una específica modalidad de agregación social que transciende la categoría de grupo (éste requiere además una interacción social prolongada) para convertirse en colectividad o "conjunto de personas que tienen un sentido de solidaridad por virtud de compartir valores comunes y que adquieren un sentido concomitante de obligación moral para realizar expectativas de papeles". Es decir, un conjunto articulado de personas ( 12) Ver PÉREZ-AGOTE, Alfonso, "La identidad colectiva: noción sociológica y dimensión política", en VV. AA., Abertza/es y vascos. /dentificadón vasq11ista y nacionalista en el País Vasco, Madrid, Akal, 1982, pp. 13-31 (p. 25). Y también, del mismo autor, la reproducción del nacionalismo El caso vasco, Madrid, C,I.S., 1984; "Modelo fenomenológico para el análisis comparativo de la dimensión política de las identidades colectivas en el Estado de las Autonomías", en BERAMENDI, J. G., MÁIZ, R. y NÚÑEZ, X. M. (Eds.), Nationalism in Europe. Past and Present, vol. l. Santiago de Compostela, Universidad de Santiago de Compostela, 1994, pp. 307-323. (13) Ver BARTH, Fredrik (Comp.), los grupos étnicos y susfronte1as, la organización social de las diferencias culturales, México, F.C.E., 1976, pp. 9-49. Y también, TAJFEL, Henri, Grupos humanos y categorías sociales. Esrudios de psicología social, Barcelona, Herder, 1984; GARCÍA GARCÍA, • Juan, "Nación, identidad y paradoja: una perspectiva relacional para el estudio del nacionalismo", en Reis, 67 (1994), pp. 165-183. www.editorial.unican.es 22 ESTUDIOS SOBRE LA SOCIEDAD TRADICIONAL CÁNTABRA atribuidas, que representan una forma convencional de plausibilidad social y requieren ser promovidas discursivamente desde determinadas instancias o movimientos etnicistas, con las más diversas finalidades, entre otras, la de llegar a establecer un determinado ordenamiento político. Es entonces cuando, sobre la base del cambio cualitativo que supone una conciencia regional-nacional, se puede hablar de región-nación. Sólo a partir de ese momento entran en escena los elementos culturales preexistentes, inscritos en el proyecto político regionalista-nacionalista y utilizados (la tradición instrumental) como reforzadores argumentales e identitarios al servicio de las demandas de autonomía política y el reconocimiento formal de la identidad colectiva diferenciadora. La región-nación es una realidad fenomenológica que pertenece al mundo de las representaciones. "El discurso regionalista es un discurso performativo, que pretende imponer como legítima una nueva definición de las frontera y hacer conocer y reconocer la región a í delimitada frente a la d finición dominante" (17). Carácter performativo que "proviene principalmente del tipo de realidad representada por los actores, una realidad colectiva. Cuando varias personas se definen a ellas mismas como miembros de un grupo se constituyen en grupo. Su representación, su enunciado no está (al menos al principio puede no estar) sujeto a juicio de veracidad o error, aunque las ideas o elementos que toman para autodefinirse sí lo pueden estar: el grupo existe y funciona como tal independientemente de la verdad o de la falsedad de las ideas" (18). Durante el proceso de construcción/deconstrucción de los rasgos y símbolos de demarcación contrastiva de la identidad, los agentes sociales encargados de esta operación creadora y definidora de la ficción ele un sujeto colectivo y forjadora de una co1111111idc1d imaginado recurren a la recup ración o invención de referentes culturales, considerados atávicos: lengua, territorio, costumbres, instituciones, folklore,etc. Se produce, así, una clarajerarquización privilegiadora de todo aquello que es considerado tradicional o susceptible de serlo. Frente a otros valores que no, por quererse ignorar, dejan de formar parte, igualmente, de la tradición cultural occidental: pensamiento ilustrado, tecnología, ciencia, internacionalización de las relaciones sociales y económicas, primacía de la identi- (l 7) Ver BOURDIEU, Pierre, ¿Qué significa hablar? .... op, cit., pp. 90-91. Y también, del mismo autor, "L'identité et la representation. Elements pour une reflexion critique sur l'idée de region", en Acles de la Recherche en Sciencies Sociales, 35 (1980), pp. 63-72. (18) Ver PÉREZ-AGOTE, Alfonso (Ed.), Sociología del Nacionalismo, Bilbao, Universidad del País Vasco, 1989, p. 188. www.editorial.unican.es 24 ESTUDIOS SOBRE LA SOCJEDAD TRADICIONAL CÁNTABRA de socialización política y su intelligentsia regionalista-nacionalista suelen atribuir a . u comunidad (por los efectos empático en el plano fenomenol gico del actor) una vida ocia!, ultural y política anterior al Estado, considerándola como un producto "natural" o transhistórico. A ello se refiere Alfonso PérezAgo1c cuando e cribe: 'tod11 comunicl, el e imaginada y para conjumr esta debilidad congénita necesirn de un mit fundacional y ele una historia sagrada que la haga existir ( imbóJicmnente parn el actor ocial) per .,·e" (22). Lo cual conll va una l1ipo tatación del grupo como algo rnasin,1111ral o entidad onLológica on contenido fijos e inmutable (rasgo físicos .. lengua, costumbre .. in tituci nes. etc.), siiuada má - allá de lo propios elemento culturnles clefinidore . Actitud é. ta. de elogio y fidelidad a un pa. ado mítico y grandioso, que viene cau ando y alimentnnclo. por el carácter de su fundamentali 1110 esenciali ·ta, no p co de los conflicto existentes en la. acLUales ten iones interétnica . Así, el pasado de la comunidad se convierte en una categorización social . ometida a la· manipulaciones del presente en que se invoca. Digam s con Wallerstein que 'la idea de pasado hace que se actúe en el presente el manera distinta de lo que se hubiera actuado. Es un instrumento que se utiliza contra los demás y un elemento fundamental para socializar a los individuos, mantener la solidaridad del grupo y establecer o cuestionar la legitimación social. Por consiguiente la idea de pasado es un fenómeno moral y por tanto político, y siempre un fenómeno contemporáneo'' (23). 4. La invención de la tradición en las postrimerías de dos siglos: del "particularismo centrípeto" al "particularismo centrífugo" La compartimentación interna del tenitorio, que históricamente ha definido los principios de organización social de las diferentes comarcas de Cantabria, así como la pluralidad identitaria a que ha dado lugar, fragmentando el conjunto espacial en varias subidentidades, con múltiples sentimientos de pertenencia específicos (grupales, de clase, comarcales, supracomarcaJes, etc.), dificulta el encuentro de "elementos de identidad comunes a toda la región" (24). Destaca en este amplio mosaico una dicotomía primordial que divide a la región en dos grandes subáreas socioculturales diversificadas y antinómicas en (22) Ver PÉREZ-AGOTE, Alfonso, "Las paradojas de la nación", en op. cit .. p. 16. (23) Ver WALLERSTEIN, Jmmanuel y BALIBAR, Etienne, Raza. nación y clase, Santander, Iepala, 1991, pp. 122-123. (24) Ver RIVAS RIVAS. An:.1 Mnrla, Antropulo¡¡flt Social de Cantabria, Santander. Universidad de Cantabrin/Asmnblcn Rcgio,rnl de Cnnmbria, 1991, JJJ>. 15 y 245-246. www.editorial.unican.es 32 ESTUDIOS SOBRE LA SOCIEDAD TRADICIONAL CÁNTABRA Se hace, de esta manera, un uso manipulador de la historia con una clara voluntad política y, en este caso, "el historiador construye una imagen del pasado, la exterioriza y la objetiva, y a continuación pretende utilizarla como una realidad que le confirme sus propias hipótesis( ... ). Quienes elaboran esta particular interpretación histórica son conscientes del poder ideológico de la historia y tratan de fundir la historia y la memoria". Por ello "no está de más recordar que, detrás de esa búsqueda de sustratos dormidos, hay toda una invención o construcción romántica y decimonónica, que proyecta al pasado las realidades del presente" (28). Baste, de momento, respecto al apartado mito-histórico (fabricado como instrumento político, en el sentido soreliano del término mito), proclamar su carácter predominantemente esencialista del mismo. La arbitraria utilización transhistórica, y el nulo valor analítico, de expresiones como nación, democracia, hidalguía universal, independencia, unidad política, etc.; la absoluta carencia de un mínimo rigor científico (empíricamente contrastable) en la narración, sin duda fantástica, del pasado cántabro. Entendido éste, como un tiempo histórico homogéneo, sin sometimiento alguno al devenir, a una continua dialéctica de cambios y persistencias. De igual modo, se puede poner de manifiesto la perspectiva estática, con la que este tipo de histmiografía inmanentista (creada más bien para defender causas políticas de determinados grupos sociales, interesados en reforzar su propia cohesión y fabricar una conciencia colectiva étnico-regional, que para contribuir al esclarecimiento del pasado) (29), contempla la supuesta realidad dorada de las comunidades tradicionales (ilusamente vistas como las sociedades de la gran armonía, sujetas al orden de un microuniverso de reglas inmutables). Ignorando, desde concepciones organicistas y naturalistas, los rasgos jerarquizadores de éstas, la conflictividad y estratificación social existente en su interior, así como los efectos históricos de la subordinación, diacrónicamente significativa, a poderes extralocales de rango superior. (28) Ver LUQUE BAENA. Enrique, "Contra-tiempos antropológicos", enReis, 66 (1994), pp. 3752 (p. 44). (29) Sobre la manipulación de la historia por los nacionalismos, ve1 RIQUER, Borja de y FUSI, Juan P.,·• uc10111,1ismo e Hismrin". en Hmorla Socl11l. 7 (1990). pp. 105-134. Y también, GAR ÍA CÁRCEL. R .. !:LORZA. A., SIMÓ i TARRÉS. CORTl1.s PEÑA, A. L. y BARROS, C., qu~ escl'ihcn sobre este aspecto de la histodografía refiriéndose, respectivamente, al nacionalismo español, vasco, catalán, andaluz y gallego, en "Dossier", en Manuscrirs, 12 ( I 994), pp. 173-266; GRANJA SAINZ, José Lui' d~ la, "La inve11ciói\ de la historia. Nnc:.ión, mitos e his1ori11 en el pensamiento del fundador del nacionnlismo vasco", en BERAMENDI, J. G .. MÁIZ, R. y N 'ÑEZ, X. M. (Eds.),Nmio11a/í.m1 in Europe Pas/ a11d Present ... , op. cil., vol. 2, pp. 97-139. la com1111idad imaginada 33 En lo que se refiere al apartado mílo-economicísta y a su diagnóstico sobre la evidente crisis que sufre la región en los últimos años, se observa una cierta visión apocalíptica, puesta de manifiesto en la semantización victimista de la historia comunitaria. Fundamentada en verdades parciales y en el continuo recurso (ideológico y estratégico) a la imagen del agravio comparativo y de la existencia de unas fuerzas exte1iores a la región, causantes de sus males y bene ficiarias de sus esfuerzos productivos y fiscales. Omitiendo la necesaria contex t1ialización histórica de los procesos socioeconómicos y de los problemas a que dan lugar; entre otros, aquellos que afectan al desequilibrio regional, como con secuencia de la lógica interna del capitalismo industrial. Y, del mismo modo, soslayando la participación y responsabilidad de los diferentes agentes sociales y políticos (internos y externos) que despliegan sus intereses y estrategias, así como los mecanismos estructurales endógenos que históricamente han contri buido a la configuración del vigente modelo económico en Cantabria. Cuyos impactos y efectos, en la actual crisis, no se pueden ocultar mediante el fácil y demagógico recurso de buscarse unos chivos expiatorios (la Administración Central, la VE, etc.) más allá de nuestras fronteras regionales. --Est�Lipo de-militancia-regionalista.que-busca.un mundo.de referencia y de integración en conflicto con el orden cenn·al, apoyándose en el agravio compa rativo, sólo contribuye a propiciar un "estado de inflamación de la conciencia" regional/nacional, al tomar, como su causa, heridas y "alguna forma de humilla ción colectiva". Lo que le lleva, con frecuencia, a reivindicar las "glorías y triun fos reales o imaginarios de su pasado( ... ). De ahf el valor de un pasado histórico rico, real o imaginario, para pueblos aquejados de inferioridad, porque promete, quizas, un futuro aún más glorioso" (30). Por t"íltimo, cabe señalar que esta ideología sustentada en el victimismo, común a otras manifestaciones populistas de regionalismo-nacionalismo en España, basadas en la ambigüedad como modelo político y en el conflicto como forma de relación principal con un (inventado) adversario exterior (31), consti tuye parte de un discurso político regionalista-nacionalista etnocéntrico, cuya eficacia simbólica, en determinadas circunstancias, pudiera situarse, más allá de la confrontación democrática, en los mismos límites de una posible violencia política de dudosa practicidad. (30) Ver BERLtN, lsaiah. El fuste torcido de la humanidad. Capft11/os de i,istori" de las ideas, Barcelona, Península, 1992. pp. 229•230. (3 J) Ver SOLÉ TURA. Jordi, Nr1cio11alidades y 11acio1wlismos e11 E,paña.A11w11omfas.federolis• 1110, auwdetermí11ación, Madrid, A]jaow, 1985. p. 173. www.editorial.unican.es 34 ESTUDIOS SOBRE LA SOCIEDAD TRADICIONAL CÁNTABRA Violencia de carácter bifrontal, por cuanto no sólo se requiere frente a los otros, instalados en ámbitos suprarregionales, sino porque, también, lleva implícita una respuesta reactiva, igualmente violenta (al pretender un modelo autoritario de integración e interacción sociales) frente a los otros de aquí (oriundos o grupos étnicos diferenciados), que rechazan las concepciones regionalistasnacionalistas, o son partidarios de modelos no etnocéntricos, en los que la autoafümación del grupo y su presencia respecto a los demás sea a1mónica. La identificación de objetivos identitarios "con una ideología redentora o salvífica es, probablemente, uno de los factores que explican la notable proclividad de los movimientos nacionalistas a acudir a la violencia e, incluso, al terrorismo" (32). Este hecho subraya la intrínseca dimensión política que posee la "etnicidad" (33) y los peligros que subyacen a ella cuando se entiende como una forma de etnolatría en lucha abierta contra el exterior e impermeable a los procesos de racionalidad práctica y creencia!. Así, pues, la única idea que termina adquiriendo una verdadera proyección social es la exaltación jerarquizante de los valores tradicionales del endogrupo, el amor ciego al terruño, la veneración por un pasado ficticio y la defensa de un paternalismo populista, que aviva los sentimientos regionalistas, desde una mitografía enaltecedora del "espíritu de campanario" (34), como principal fuerza de movilización colectiva, que se ve impelida a lanzar, reactivamente, una determinada idea de comunidad, impregnada de estereotipos negativos y de actitudes hostiles, contra el Estado ya establecido. En definitiva, se está respondiendo, a la (creada) necesidad social de una conciencia del pasado colectivo, con planteamientos mitohistóricos ("tautegóricos", en expresión de Ernest Cassirer, y perfonnativos, hechos para ser vividos, no discutidos). Manejando la historia y la literatura con fines propagandísticos (se sustituye el diagnóstico científico y la crítica cultural, por la dimensión apologética y autojustificativa de la ideología, encargada de defender y perpetuar unas estructuras de creencia y de valor). Todo lo cual configura el atrezzo de una manipulación discursiva que dice ampararse en un sentido diferencial histórico, cuando, en realidad, lo que hace es convalidar interpretaciones sesgadas del (32) Ver GARCÍA COTARELO, Ramón, "Nación, nacionalidad y nacionalismo", en Revista de Occidente, 62/63 ([986), pp. 138-151 (p. 147) (33) Ver GOSSIAUX, Jean-Fran9ois, "Las guerras étnicas ¿son fatales? Falsas lecturas y verdadera lección de la implosión yugoslava", en FERNANDEZ DE ROTA, J. A. (Ed,), Et11icidad y violencia, La Coruña, Universidad de La Coruña, 1994, pp. 35-44 (p. 43). (34) Ver JUARlSTI, Jon, El linaje de Airar. La invención de la tradición vasca, Madrid, Taurus, 1987, p. 26. www.editorial.unican.es 36 ESTUDIOS SOBRE LA SOCIEDAD TRADICIONAL CÁNTABRA !los promotores del tradicionalismo regionalista de la Cantabria finisecular (Amós de Escalante, José M.ª de Pereda y Marcelino Menéndez Pelayo, entre otros). Y cuya función social consiste no sólo en ser artífices de una "identidad construida", sino también en dotar al conjunto de la sociedad de "homogeneidad y conciencia de su propia función" (41), transfiriendo su "superconciencia de nación (región) al resto del país" ( 42). De este modo se intenta dotar de fijeza atemporal lo que ante nuestros ojos se está desvaneciendo irreversiblemente ("lo tradicional"), al tiempo que se persigue reajustar el desequilibro existente en el proceso identitario, causado por el peculiar sistema de agregación de nuestro histórico "particularismo centrípeto". Puesto de manifiesto en la doble identificación cognitiva de los cántabros (región/nación), que afecta a sus formas de adscripción ideológica y política (regionalista/españolista) y tiene su claro reflejo en los datos estadísticos del año 1990 (un 7 % se siente español; un 6 % más español que de la región; un 83 % tan de la región como español (el más alto porcentaje de todas las comunidades autónomas del Estado); un 2 % más de la región que español; y un 2 % sólo de la región) (43). Esta percepción multidimensional, manifestada por la mayoría de los cántabros, de "doble nacionalidad" o de "identidad complementaria" es, de momento, claramente adversa a las formaciones regionalistas/centrifuguistas y a su destino político; constituye un punto de referencia fundamental para la comprensión de la naturaleza ambivalente de las relaciones centro/periferia, de la propia dinámica regionalizadora y, en general, de los conflictos políticos de carácter etnoterritorial, así como de su posible desa1rnllo futuro (el cantabrismo político tiene serias dificultades a la hora de dar homogeneidad a la región) ( 44). Ahora bien, el neotradicionalismo, sustentador del regionalismo reactivo, apoyado en la "competencia étnica", imperante en Cantabria (en algunos aspectos afín al pensamiento de Arthur Gobineau y su defensa de la "caverna racial"), comprende un abanico de diversos matices y posiciones (desde los más radicales a los más temperados) y se encuentra, en las actuales circunstancias de complejidad estructural de la sociedad, vinculado a un conjunto de reivindicaciones económicas, sociales y políticas que, por una parte, le hacen más asumible ante las (41) !bid., p. 388. (42) Ver SMITH, Anthony, Las reoi-ías del nacionalismo. Barcelona, Península, 1976. p. 7. ( 43) Ver GARCÍA FERRANDO, Manuel, LÓPEZ ARANGUREN, Eduardo y BELTRÁN, Miguel, La conciencia nacional y regional en la Espm,a de las auronomías, Madrid, C.l.S., 1994, p. 16. (44) Ver GARCÍA FERRANDO, Manuel, "Nacionalismos incluyentes y excluyentes: la identidad nacional dual en España", en SANMARTlN, Ricardo (Coord.),Anrropología sinfronreras. Ensayos en honor de Carme/o Lisó11 Tolosa11a, Madrid, C.I.S., 1994. pp. 345-358. www.editorial.unican.es 38 ESTUDIOS SOBRE LA SOCIEDAD TRADICIONAL CÁNTABRA Por otra parte, a través de la verborragia identitaria, se hace un uso indiscriminado, y profundamente erosivo, de las instituciones democráticas, del recurso al victimismo y al agravio comparativo y sacrifica!, desde posicionamientos populistas que emplean estereotipos. Intencionalmente reproducidos, en virtud de su probada eficacia simbólica entre segmentos sociales de baja "respuesta cognitiva", cuyas emociones y simpatías se movilizan apelando a procedimientos irreflexivos, que utilizan la "vía periférica" de persuasión, en la que el receptor del mensaje no efectúa una reflexión detenida del mismo (47), y, en consecuencia, deja inaclaradas las verdaderas causas de los problemas. Es más, este tipo de "particularismo comunitario, enfrenta y opone a los individuos. Al exaltar en extremo lo propio, se convierte en un auténtico festín de localismos o modos de vivir autoclausurados, ética y socialmente peligrosos porque subrayan las diferencias, potencian los prejuicios y dificultan la intercomunicación humana. En momentos problemáticos de frustración, inseguridad, miedo y temor tienden a aparecer interpretaciones extremas del 'nosotros', psicológicamente remuneradoras; se produce la exaltación suprema de lo propio como lo máximo y lo último dinamiza la base afectiva y sentimental de la incardinación cultural pero excita a la vez instintos, pasiones y prejuicios, que al escapar a nuestra penetración y no acatar argumento, fácilmente desembocan en la intolerancia, el racismo y la xenofobia. La irracional canonización de lo nuestro demoniza al Otro, símbolo de la inmoralidad y la mentira, emblema del Mal" (48). Resumiendo. Se exige al individuo el tributo opresivo de la pertenencia, el reforzamiento de la "servidumbre voluntaria" y de los vínculos a la comunidad de tierra y de sangre, el refugio en la identidad cultural presupuesta, el acatamiento, resignado y conf01mista, de la lógica autorreferencial del ethos colectivo tradicional que, "al suprimir como abstractos los derechos individuales frente a la fascinación omnívora de las raíces, no sólo destruye la proyección real que dan a cada uno los derechos civiles (artificiales y fragilísimos, sí, pero que una infatigable preocupación por el individuo ha de saber mantener imprescriptibles), sino que vincula a comportamientos y roles de abuso de poder: del jefe, del varón( ... ), del pasado; de la fatalidad, en fin. Es decir, de lo anónimo e irresponsable por excelencia, aunque aquí se presente con el rostro familiar de la autoridad tradicional'' (49). (47) Ver PRATKANIS, Anthony y ARONSON, Elliot, La era de la propaganda. Uso y abuso de la persufl.lión, Barcelona. Pnídós, 1994, pp. 49-56. (48) Ver LISÓ TOLOSANA, Carmdo. "Etnicidad y violencia", en FERNÁNDEZ DE ROTA, Jo~A. (fl<I,). E111icit/11d y ••iolen,·w, L.n oruñn, Univel'sic1ad de J..;1 Coruña, 1994, pp. 9-20 (p. 18). Y wmbifo, PERCl,VAI., Jo~é Mnrín. Nm·io1111/ls1110, ,r,•110/0/Jia y rac/.rmo en la 0·0111unicarió11. Una perspecti1Y1 lt/.<1áric·11. llarcclonn, P11idós, 1995, pp. 97-120, (49) Ver FLORE d'ARCAIS, Paolo, El desafío oscurantista. Etica yfe en la doctrina papal, Barcelona, Anagrama, 1994, p. 181. www.editorial.unican.es 40 ESTUDIOS SOBRE LA SOClEDAD TRADICIONAL CÁNTABRA interclasista posible de simpatizantes y activistas en sus filas y lograr la necesaria plausibilidad y respaldo social entre las clases populares, a las que se obstinan en condenarlas a cargar, de por vida, con una imagen arcádica del pasado histórico de su región, hasta hacerles enfermar de un costumbrismo penitencial irrisorio y fanfarrón y de una visión miope y autocomplaciente de la realidad. Se trata de impulsar mecanismos de fusión y agregación social por encima de las clases y los grupos (actual posesión de una misma naturaleza "étnica"), procurando evitar, al máximo, cualquier tipo de efecto dispersivo. Razón por la cual se hace necesario soslayar, ocultar o minimizar los conflictos, enfrentamientos y disensiones internas, así como las diversas identidades segmentarías: individuo, género, edad, familia, clase social, etc., en favor de una mixtificación de la realidad y del pueblo; entendido éste como sujeto ontológico o como una idílica comunidad homogénea de intereses solidarios. Con la finalidad de lograr la identificación de los individuos y grupos con mitos y símbolos fundacionales comunitarios e interclasistas. Recurso éste muy utilizado por el modelo de regionalismo neotradicionalista imperante en Cantabria y que se presenta como el regionalismo defensor de todos los cántabros, negando la relación existente entre "etnicidad" y clases sociales. Estos comportamientos políticos basados en la constante apelación a mensajes redentoristas, gozan de una considerable eficacia simbólica debida a su alto contenido emotivo-alucinógeno, sobremanera en ámbitos caracterizados por la debilidad de su sociedad civil y el bajo nivel cultural y de concienciación política existente entre una buena parte de sus segmentos sociales. Y, aunque pretenden ser una respuesta a situaciones y problemas nuevos, tan sólo consiguen, entre otros efectos perversos y retardatarios, fomentar devociones personales y actitudes de resentimiento e impotencia social. En última instancia estos regionalismos, más allá de la fugacidad de sus éxitos movilizadores inmediatos, terminan contribuyendo a mantener los desequilibrios sociales existentes. Su potencial aglutinador se debe principalmente a la capacidad que poseen para canalizar las insatisfacciones y descontentos populares, mediante la incorporación, seudoparticipativa, a la protesta, al menos esporádicamente, de colectivos que se hallaban marginados de la vida política y, de este modo, se ven impulsados a actuar. El empleo de argumentos convincentes (dirigidos a las esferas lógicoexperimentales del individuo), en este peculiar proceso político-discursivo, conformador de nuevas élites mesocráticas y creador de identidades colectivas, es sustituido por la potenciación sistemática de expresiones focalizadas hacia el plano emotivo-sentimental de las personas. De ahí las continuas apelaciones www.editorial.unican.es 48 ESTUDIOS SOBRE LA SOCIEDAD TRADICIONAL CÁNTABRA bles de poder; para lo cual, si es necesario, se recurre al quebrantamiento, entre los individuos corruptos (el sujeto conve1tido en mercancía adquiere un valor de cambio vendiéndose a sí mismo), de los sistemas de disciplina y cohesión ideológica establecidos por los partidos. De este modo, en el contexto de un vacío de motivación organizativa y política entre importantes segmentos de la vida social, afectada por la oligarquización de los partidos y el abusivo predominio de las prácticas partitocráticas que monopolizan el ámbito político y frustran el necesario, y aún pendiente, desarrollo de la ciudadanía prometida, fructifican la corrupción (funcional, en estos casos, para el mantenimiento en el poder de un grupo político), los intercambios de acción política por riqueza económica y la subsunción de los aparatos administrativos a los propios fines de los individuos que componen el grupismo amoral y administran la distribución de favores (según los resultados de las estrategias de reclutamiento político), el acceso a los recursos públicos y la exaltación propagandística de su poder para obtenerlos. La justificación del nepotismo, las acciones cleptocráticas y caciquiles, insertas en múltiples estrategias pleitistas, cuando son sancionadas por la justicia o por algunos segmentos del conjunto social, suele hacerse anteponiendo lo que se considera, desde la supuesta legitimidad de la convicción moral, negadora de la ética de los medios y de la responsabilidad, la preeminencia de los sistemas de atribución y lealtad propios de un ethos particularizado, sobre los méritos personales, la ética de los medios y de la responsabilidad, la aceptación del bien común y de un corpus mínimo de valores universalmente reconocidos y, jurídica y democráticamente, estatuidos. Como ha señalado Samuel P. Huntington, en estos casos, el uso de la función pública es, sobre todo, un medio rápido para enriquecerse, que "implica una subordinación de las instituciones y los valores políticos a los económicos". Con ello "el principal objetivo de la política deja de ser el logro de metas públicas, y es sustituido por la promoción de intereses individuales". Estas actitudes, en buena parte, se sustentan, a mi juicio, en una idea del deber, de la reciprocidad, de las ayudas mutuas y de la administración premodernas, muy habituales en los sistemas de supervivencia y de dominación tradicionales (58). De ahí que cierta variedad de clientelismo socio-político, aún vigente en Cantabria (sobremanera, pero no únicamente, arraigado en los sectores urbanorurales socialmente más conservadores, por ser en estos contextos, auténticos (58) Ver HUNTINGTON, Samuel P., El orden político ... , o¡,. cit., p. 70. Y también, WEBER, Max, Economía y sociedad. Esbozo de sociología comprensiva, México, F.C.E., 1987, pp. 181-193. www.editorial.unican.es 50 ESTUDIOS SOBRE LA SOCIEDAD TRADICIONAL CÁNTABRA sistema educativo como transmisor de una mitografía regional, suministrada en ideologemas (60) de dudosa cientificidad, pero relevantes como mecanismos configuradores del pensamiento social. Instituciones públicas y privadas, asociaciones y grupos de presión ideológica y económica son los principales abanderados del proceso de ensimismamiento e incentivación del localismo cultural y otras banalidades identitarias, que cuenta con la subvención de ingentes partidas económicas destinadas a cuanto viene avalado por la tradición o el eslogan de lo nuestro. A cuyo amparo se están forjando importantes redes de negocios culturales, de ocio, turísticos e inmobiliarios. En este sentido podemos hacer nuestras las apreciaciones de José C. Mainer, cuando, refiriéndose a la invención estética de la España de finales del siglo XIX y primeras décadas del siglo XX, escribió: "la relación entre las oligarquías locales y sus clases medias subalternas, la disciplina y el adoctrinamiento de las clases sometidas dependían estrechamente de la constitución de un programa cultural e iconológico que apelaba a la historia, al paisaje, a la tradición, a la patriarcal lengua olvidada, al patrimonio monumental en ruinas. A través de este programa se buscaba una identidad, claro, pero también una urgente (y a veces angustiosa) armonización de intereses" (61). Dentro del panorama regional proliferan lemas publicitarios significativos de lo que alguien, acertadamente, ha denominado "el síndrome del marco incomparable": "Santander, el ejemplo"; "La tierra, tal como era"; "Cantabria, la creación sigue" (expresiones, estas dos últimas, organicistas, negadoras de la construcción socio-cultural del paisaje y de la realidad, que simbolizan el naturalismo idealista que subyace a la concepción esencializadora de una comunidad tradicional inalterada y percibida desde la nostalgia de un paraíso perdido y una propuesta de adscripción a un orden jerárquico preestablecido y de sometimiento a las reglas inmutables de la creación aún pendiente). Estas ideaciones, junto a otras muchas de iguales características, en las que prevalecen: el sentimiento de terror a la ciudad ( "que prevalezca la costumbre del pueblo ante la ley de la ciudad"), y cuanto ella significa históricamente; la tradición filocampesina, mediante el elogio de la vida sencilla de los campesinos; la categorización privilegiada de la naturaleza y la permanente invocación a los valores espirituales propios del pasado, se han convertido en una nueva religión (predicada desde las burguesías regionalizantes de los ámbitos urbanos), al servicio de la comunica- (60) Ver BAJTIN, M. y MEDVEDEV, P. N., El métodofol'mal en los estudios literarios, Madrid, Alianza, 1994, pp. 48 y ss. (61) Ver JUARISTI, Jon, El Chimbo expiatorio (La invención de la tradición bilbaína, 18761939),Bilbao, El Tilo, 1994,p. 14. www.editorial.unican.es 52 ESTUDIOS SOBRE LA SOCIEDAD TRADICIONAL CÁNTABRA que proporcionan un universo cognitivo para la organización de los procesos psicosociológicos. Actúan como representaciones que delimitan la realidad social, "consiguiendo hacer objetivo y natural aquello que no es ni objetivo ni natural" (63). En definitiva, se trata de procesos de institucionalización; actos inaugurales de fundación, o invención, que contribuyen al establecimiento de atributos y fronteras diferenciadoras. A la institución de identidades que imponen una determinada esencia social, sobre la que se determina posteriormente, de un modo imperativo, el ser y el deber ser, individual y colectivo, de las gentes que habitan el territorio consagrado, sancionado y legitimado como ente autónomo y diferencial. En este sentido, "la eficacia simbólica de los ritos de institución, es decir, el poder que poseen de actuar sobre lo real actuando sobre la representación de lo real" (64) es im1egable. A través del elogio de la tradición y de la "sociedad tradicional" (en unos momentos en que experimenta una profunda desarticulación y liquidación de sus estructuras y modos de vida), se está justificando, e imponiendo, una concepción del tiempo y de la historia en beneficio de sus manipuladores. De modo significativo, aquélla se relaciona únicamente con las viejas sociedades rurales y con una serie de rasgos, preseleccionados, de la cultura popular. Como si no hubiera, además, tradiciones urbanas y, otras, no precisamente populares. Entre el coro de lamentos destacan las voces enturbiadas de algunos sectores que en su día contribuyeron a desarticular la sociedad tradicional hoy retóricamente añorada. Y lo hacen, justamente ahora, cuando sobre la ruina demográfica, económica y cultural de las aldeas rurales se cierne la avidez de los grupos (sus propios intereses) de promoción inmobiliaria y turística que, desde hace unos años, controlan la redefinición y reordenación del tenitorio y de sus significaciones culturales y simbólicas. Naturaleza y cultura (el pasado mezclado con el presente), al fin, convertidas en mercancía y espectáculo para su uso como valores de cambio en la nueva sociedad del ocio. Para estos sectores neotradicionalistas, que cuentan con el consenso de otros grupos inmersos en el despiste cognitivo que toda relación objeta! con la tie1Ta amada implica, la tradición y la sociedad tradicional tienen una inconfesada significación política al convertirse en el referente estructural del cantabrismo. No son, pues, sólo un modelo o una forma peculiar de organizar la vida social y producir bienes, de ver y comprender el mundo y a los otros, sino, tam- (63) Ver AZCONA, Jesús, "Lo tradicional y lo urbano hoy en Navarra", en Cuadernos de Etnología y Etnografia de Navarra, 54 (1989), pp. 323-325 (p. 325), (64) Ver BOURDJEU, Pierre, "Los ritos como actos de institución", en PITT-RIVERS, J. y PERISTIANY, J. G., (Eds.), Hono, y gracia, Madrid, Alianza, 1993, pp. 111-123. www.editorial.unican.es 54 ESTUDIOS SOBRE LA SOCIEDAD TRAD!ClONAL CÁNTABRA Entendida desde una perspectiva esencialista (lo puro y auténtico), la tradición aparece "como la representación de un mundo social que no existe pero que se quiere mantener. De esta forma la manera más fácil es mitificarla, presentarla como proyección de una realidad idílica o pretendida edad de oro. Pero lo novedoso no es ya solamente la mitificación de tal realidad, sino el lugar donde se produce. El discurso sobre la tradición es esencialmente urbano, es decir, es el habitante de la compleja ciudad quien busca sus señas de identidad en el pasado, quien cree ver en el 'resucitado' mundo rural las 'esencias' de una civilización que se le escapa" (66). Estos factores de cohesión y diferenciación grupal, cuando logran conjugar los aspectos simbólico-emocionales (ideología) y los de tipo instrumental (los intereses), operan como medios movilizadores del grupo, dotados de una gran potencia activadora frente a cuanto se les oponga, real o ficticiamente, en la reivindicación de su regionalidad prevista, cualesquiera que ésta sea. Las fuerzas políticas son conocedoras de ello y lo cultivan, a través de sus retóricas populistas, porque son conscientes de que "quien controla el contenido y significado de los símbolos, quien regula su difusión y aprendizaje, controlará también la 'conciencia' resultante. Así, quien manipula -quien define y hace aprender la referencialos símbolos más potentes, integra de manera intensa. Y esto lo hace, obviamente quien puede hacerlo, quien tiene poder. Orden simbólico y orden político van indisolublemente ligados. El poder de los símbolos juega con los símbolos del poder. Y se da el caso de que los símbolos del poder no solamente crean más poder (que es el objeto inicial de su invento y uso), sino que pueden también crear conciencia de identidad-comunidad allí donde previamente no había ni comunidad ni identidad ni conciencia" (67). En el estado actual del desarrollo de la sociedad cántabra, el recurso a la tradición y, en concreto, a lo que oficialmente se entiende como la cultura popular, ontológicamente considerada como depositaria del ser cántabro y de los valores perennes de la región, cumple una multiplicidad de funciones expresivas e instrumentales. Veamos algunas de ellas. La denominada, por Gilles Lipovetsky, "cultura de la conservación", en el período de postmodernidad en que vivimos, presenta, según este autor, tres rasgos paradójicos: 1) ante el predominio de lo efímero y de la temporalidad de la (66) Ver GURRUTXAGAABAD, Ander, "Navarra: la quiebra de la tradición", en C11ademos de Ernografía ... , op. cit., pp. 326-332 (pp. 331-332). (67) Ver MIRA, Joan F., "La sagrada frontera", en GONZÁLEZ REBOREDO, X. M. y FERNÁNDEZ DE ROTA, A. (Coords.), fde111idade y territorio, La Coruña, Consello de Cultura Galega, 1990, pp. 29-38 (pp. 30-31). www.editorial.unican.es 56 ESTUDIOS SOBRE LA SOCIEDAD TRADICIONAL CÁNTABRA He aquí el folklore, despojado de cuanto pudiera tener de contestario y apto para ser sumergido en la nueva cultura de masas. Idóneo para el consumo de turistas nacionales y extranjeros y, también, de amplios segmentos de población urbana regional que. en su cíclica huida de la. tensiones cotidianas, se desplazan a lns diferentes geografía. imaginaria· de la armó.nica Arcadia y de lo cxoll externo. convertido' en ávido devoradore: de'" producción material y imbólica de lo tradicional. Tran ·fonnado ya en espectáeul,o en una atrae ión económica y recreativa y en un instrumento ideológico, que mixtifica la realidad ofreciendo una visión pintoresca y simplificadora de la diversidad, con evidentes efectos beneficiosos para la reproducción del capital y de la cultura hegemónica. Este nuevo "culto al patrimonio" no puede escapar a la uniformidad industrial; y lo que se pretende ofe11ar como auténtico (lo tradicional) frente a lo artificial (lo moderno), "no hace sino generar otro tipo de artificiosidad, a saber, la de los lugares exclusivamente consagrados al consumo y a los circuitos turístico . En nombre de la conservación se hacen desfiles y bailes folklóricos que se convierten de pronto en el co)mo del artificio, es decir, de una cultura exhibida como espectáculo que ya ha perdido toda su vitalidad" (70). Por otra parte. dentro del comexto sincrético pos1111odemi ta y de un pensamiento débil, que tocio lo justifica y legitima por igual el resurgimiento de fundamentalismos, sean e tos religiosos o neotradil:ionalistas, en los que se da prioridad a la tradición sobre la libertad, y la rehabilitación de ciertas ira lieiones culturales o, mejor dicho, el uso de la tradición inventada desde criterios esencialista", pa ·an a convertirse en instrumemos ideoló0ico , reutilizados, lejos de su univer o cultural originario, al servicio del. o. tén ele política· y prá ticas ultrnconservndora. y de II lógica· de la inu·ansigencia. En lugar de ser succplible de convertir e en un elemento de libre elección. y ele ción. de los individuos para su autoafirmación como personas libres y autónomas. La tradición, en el marco de los cambios sociales que se están desaiTOllando a íinales ele t milenio, es presentada (como ya se ha hecho en otros período· hi. tóri os) p r los neotradicionali ta como una 'fuente de segur.idacl: apoyar la propia precariedad. ocia! y existencial n el 1111dicional val r de la durabilidad comporta sustraer la propia existencia al caos de lo nuevo, de lo desconocido y de lo incierto, y extender el propio tiempo bajo el ala protectora del continuo tradicional ( ... ). El recurso a la tradición se convierte así en uno de los instrumentos más eficaces para bloquear lo nuevo y para perpetuar lo antiguo, la (70) Ver LlPOVETSKY, Gilles, "Cultura de la conservación ... ", en op, cif., p. 85. www.editorial.unican.es 64 ESTUDIOS SOBRE LA SOCIEDAD TRADICIONAL CÁNTABRA Una interpretación parcial de los hechos contempla la tradición como un mero residuo o entidad rígida. Por consiguiente, es necesario abordar un análisis de conjunto que nos permita observar los procesos de redefinición de las tradiciones y distinguir, al menos, las que mantienen únicamente lo que es útil o funcional ("tradición racionalizada") de aquellas otras que son tradiciones sin tradición o tradiciones inventadas. Otro de los prejuicios que opera en las actuales sociedades es la consideración de lo tradicional como sinónimo de lo rural. Punto de vista erróneo, como señala Isidoro Moreno, "en primer lugar, porque en la ciudad continúan códigos de conducta, de expresión y de visión del mundo 'tradicionales', provinentes del mundo rural y llevados especialmente por los emigrantes que han tenido que dejar el campo para tratar de integrarse en la ciudad: En segundo lugar, porque existe, sin duda alguna( ... ), una cultura 'tradicional' urbana que responde también esencialmente a las notas adjudicadas a lo 'tradicional', aunque sus agentes no hayan tenido jamás ocupaciones agrícolas. Y en tercero, porque, si bien es cierto que lo 'tradicional' se da preferentemente en las clases dominadas, están también presentes en capas sociales pertenecientes a la clase dominante elementos culturales, es decir, no sujetos plenamente a la racionalidad capitalista" (88). En resumen, existen tradiciones rurales y urbanas, populares y no populares. Resulta incmrecto seguir hablando de cultura "tradicional" (rural) en oposición a cultura "moderna" (urbana), "como si una u otra fueran universales para una determinada sociedad en dos épocas históricas sucesivas, o privativas de dos sociedades presuntamente independientes" (89). Ya que, en la actualidad, no se puede admitir, en modo alguno, la coexistencia de dos sociedades: la "tradicional" y la "moderna", autónoma la una de la otra y con una dinámica, valores e instituciones propias. Esta extendida concepción de la sociedad dual no responde a la realidad de los hechos, que confirman el desarrollo de un sólo proceso histórico que abarca ambos aspectos (opuestos y complementarios), en "una única sociedad global" de la que "son paites integrantes y necesarias para hacer posible el funcionamiento tal cual es del sistema" (90). Como ha señalado Georges Balandier, "La tradición interviene en la remodelación del presente, contribuye a la realización de nuevas combinaciones sociales y culturales. Lo que lleva a constatar que toda modernidad hace apare- (88) Ver MORENO NAVARRO, Isidoro, "Cultura tradicional y cultura popular en la sociedad moderna", en LUNA SAMPERIO, Manuel (Coord.), Cultura tradicional y folklore, Murcia, Editora Regional, 1981, pp. 69-83 (p. 74-75). (89) /bid., p. 76. (90) 1 bid., p. 72. www.editorial.unican.es 66 ESTUDIOS SOBRE LA SOCIEDAD TRADICIONAL CÁNTABRA aquí nos referimos), cuyas características básicas, en España y también en Cantabria, han permanecido, prácticamente, hasta hace treinta y cinco años: sistema agrario basado en cultivos y en el empleo de técnicas y tecnologías tradicionales, predominio de los mercados interiores (lo que en modo alguno debe interpretarse como la inexistencia de mercados exteriores), explotaciones campesinas de tipo familiar, mantenimiento de algunas prácticas colectivistas y de propiedades comunales, conservación de instituciones consuetudinarias, bajos índices de urbanización e industrialización en el conjunto del Estado, etc. A estos pasos anteriores les sucedió un tercer proceso des articulador, que abarcó desde el final de la autarquía a la restauración democrática, e incluso se podría añadir una cuarta fase, como consecuencia de la entrada de España en la hoy denominada UE. Pues bien, ha sido en estas últimas fases donde se ha producido, y continúa produciéndose, la gran desarticulación y liquidación de la "sociedad tradicional", hoy plenamente integrada en el modelo de desarrollo socio-económico capitalista, con unas características concretas, determinadas en función de las necesidades productivas y reproductivas de la totalidad del sistema y de su papel en el conjunto de la división internacional del trabajo y de los mercados. El concepto "sociedad tradicional" (casi siempre aplicado unilateralmente al mundo rural) responde más a una construcción ideológica que a una realidad tangible. Veamos cuáles son los rasgos principales que se consideran definitorios de este tipo de sociedades (94). Las pequeñas comunidades aldeanas, que personalizan la "sociedad tradicional", suelen entenderse como unidades insulares, núcleos aislados sin contacto con el exterior, ce1Tados sobre sí mismos y autónomos y, por ello, conservadores de las costumbres y tradiciones más auténticas, puras y ancestrales. Cualquier penetración, desde el ámbito urbano, de modos de vida y pautas de comportamiento diferentes acabaría con el aislamiento de las comunidades rurales y supondría su total degeneración como enclaves de la tradición. También se las considera como comunidades económicamente autosuficientes, a consecuencia de la tendencia que éstas manifiestan a obtener de su medio ecológico más inmediato los elementos necesarios para la supervivencia, mediante la utilización de medios productivos tradicionales de elaboración propia. Entendiéndose que la penetración de factores tecnológicos externos y la (94) Ver COMAS D' AR GEMIR, D. y PUJADAS, J. J., "Antropología en crisis y sociedad tradicional", en Actas do 11 Coloquio de Antropo/oxía, Santiago de Compostela, Xunta de Galicia, 1989, pp. 147-157. www.editorial.unican.es 68 ESTUDIOS SOBRE LA SOCIEDAD TRADICIONAL CÁNTABRA mientas en busca de pastos, mercados y trabajo (emigración temporal, trajinería, cantería, ferias de ganados, etc.). Es más, todavía en la actualidad, con una evidente mejora en las infraestructuras y en los medios de comunicación social en general, se siguen considerando como núcleos separados a una buena parte de las comunidades rurales cántabras, lo que pone de manifiesto que el aislamiento responde más a una construcción social que a una realidad geográfica. Por lo que se refiere a la autosuficiencia económica, hemos de precisar que el campesinado cántabro, desde épocas muy tempranas, ha tenido que participar en los circuitos del mercado para obtener, al menos, una parte de los productos necesarios para subsistir. E igualmente se ha visto forzado a recurrir, no sólo ya al citado mercado de bienes, sino también al mercado como sistema de asignación de factores y recursos (compra, venta, an-endamiento o hipoteca de la tien-a, demanda de empleo industrial, etc.). Tampoco el ecosistema es un ámbito geográfico neutro sometido a un permanente equilibrio, ya que su aprovechamiento y regulación están estrechamente vinculados a las características de los medios materiales y humanos que las comunidades emplean en la construcción/deconstrucción de su espacio, a través de una ordenación social del territorio (fruto de decisiones conscientes y racionales), en un complejo proceso histórico-adaptativo que, a su vez, nos remite a un determinado modelo de su forma de explotación, dentro de un juego de interdependencias con el contexto donde se definen las relaciones sociales y de producción dominantes y las dependientes, así como su precisa articulación. En Cantabria es innegable la gran transformación que se ha producido en el paisaje agrario, con el tránsito de un terrazgo cerealístico a un ten-azgo ganadero, como consecuencia del predominio de las actividades ganaderas vacunas, en función de las necesidades del mercado capitalista lácteo y cárnico, entre otras. O las más recientes modificaciones ocasionadas por la subordinación de las actividades agropecuarias y del espacio rural a las nuevas actividades del ocio y del turismo. Respecto al plano del igualitarismo armónico y a la autosuficiencia social, se ha de precisar la existencia (en las comunidades tradicionales) de fuertes tensiones internas originadas por rivalidades intervecinales; diferenciaciones y jerarquizaciones sociales intracomunitarias, reflejadas en los sistemas de propiedad y disponibilidad de la tierra, en el tamaño y productividad de las explotaciones, que afectan a las decisiones diferenciales sobre las estrategias económicas, hereditarias y matrimoniales, a seguir; conflictos entre los miembros de una misma unidad familística, como consecuencia de la diferente asignación de bienes patrimoniales; el desigual posicionamiento de los géneros y grupos de edad en el seno de la explotación agraria y de la comunidad y sus instituciones; etc. www.editorial.unican.es 70 ESTUDIOS SOBRE LA SOCIEDAD TRADICIONAL CÁNTABRA Perspectiva ésta que, en cualquier caso, nos pennite adoptar un uso matizado de los conceptos "crisis" y "sociedad tradicional". Y, al tiempo, darnos cuenta de que la denominada "crisis de la sociedad tradicional" no es otra cosa que el resultado de un largo proceso de "subsunción formal" y, posteriormente, "real" de las antiguas sociedades tradicionales en el nuevo modelo capitalista. Dolors Comas d 'Argemir y Joan J. Pujadas, han escrito con gran acierto: "¿El fin de la sociedad tradicional no es el proceso de penetración del capitalismo en el mundo agrario? ¿No indica la modernización los mecanismos de tal penetración? ¿No es la aculturación el proceso de integración ideológica que los acompaña? ¿No consigue la aculturación que el campesino sea un productor 'más racional', que sea un consumidor, que emigre, que se proletarice ... ? La 'crisis de la sociedad tradicional' es, en definitiva, el conjunto de procesos que originan la disolución de los mecanismos de reproducción de distintas instituciones y provocan la emergencia de nuevas relaciones económicas, sociales e ideológicas, cuya lógica sólo puede analizarse considerando el conjunto social globalmente y no sólo el restringido marco local" (97). 8. Elogio del universalismo temperado y refutación del particularismo cavernario Los cambios cualitativos y cuantitativos operados en períodos históricos de larga duración, entre el sistema social tradicional premoderno y el nuevo orden social moderno ("la gran transformación") (98), han representado un gran vuelco sin precedentes en la historia de la humanidad. Esta "dinámica de la modernidad", que aparece antes del orden moderno y facilita su formación a través de sucesivos procesos históricos pendulares (99) ha afectado al marco institucional y a la vida individual, entrelazando las influencias universalizadoras con las disposiciones personales y los mecanismos identitarios de los sujetos actuantes. La vida social de la sobremodernidad ha supuesto una profunda reorganización del tiempo y del espacio, mediante procesos de separación, el desarrollo de mecanismos de desanclaje y la apropiación reflexiva del conocimiento, que han removido todos los sistemas de fiabilidad, riesgo, competencia y seguridad (97) /bid., p. 151. (9!!) Ver POLANYI, Karl, La gran transformación. Crítica del liberalismo económico, Madrid, La Piqucin. 1989. (99) Ver HELLER, A. y FEHÉR F., El péndulo de la modernidad. Una lectura de la era moderna después de la caída del comunismo, Barcelona, Península, 1994, pp. 127-179. www.editorial.unican.es 72 ESTUDIOS SOBRE LA SOCIEDAD TRADICIONAL CÁNTABRA La puesta en comunicac10n de diferentes espacios del mundo (próximo/remoto), condiciona los sistemas de identidad social, que se ven afectados, tanto en la ve1tiente difuminadora de los sentimientos regionalistas-nacionali ta , como en su parudójica intensificación. En cualquier caso. en este juego de a. tucias identitaria . se requiere una nueva forma de construcción social de las conciencia , capaz de hacer ompatiblc y arm niznble (mediante procedimientos comunicativo que lo posibiliten). lo particular con lo universal, a través de un continuum de identidades inclusivas, en un juego de círculos concéntricos y de un conocimiento autorreflexivo, que nos indique en qué preciso anillo identitario debemos colocar el acento enfático, para hacer posible una dialéctica de la tolerancia, desde un marco sociopolítico de libertades e igualdades sociales. La tradición o, mejor dicho, las tradiciones (entendidas éstas en un sentido ampUo y complejo que incluya también reinterprctaciones de ideas y prácticas procedentes de los diversos proyectos emnncipatorios históricnmente cxi - lentes: Renacimiento, Ilustración, Socialismo, Libertnrismo, etc.) pueden ser integrados en la modernidad, pero debe hacerse recibiendo su identidad "del carácter reílexivo de lo moderno" ( l 03). Para ello, los cuatro contex,ros premodemos de confianza: el paremc co, In e munidad local, la religión y la tradición mi. ma (regida por ln lógica de la repetición del pasad , como fonna de gobernar el pre ente y alumbrar el futuro, en cuanto "tiempo rever ible" qu es) (104) nece. itan er desarticulado. en u. fundnm ntos últimos, adaptándolo a un proceso de rcan taje sobre l.is tre fuerzas dinámica de la modernidad: cparación espacio-temporal, de anclaje y reflexividad in titucional. Aun cuando sigue manteniendo su importancia en el contexto de la nueva familia nuclear, el parentesco ha dejado ya de ser el soporte primordial de los vínculos so iales estrechamente organizados a través del espaci -tiempo; el moderno di ·tanciamiento espacio-remporal también ha resquebrajado la relevancia que para las sociedades tradicionales tenía el terruño como territorio de referencia inmediata. Lo local y lo global aparecen en la actualidad entretejido : e, incluso, cuando aún iguen e i. tiend vínculos de pertenencia, éstos ya no reflejan accione y compromisos establecido, localmente. al e tar condi i nados por mecani ·m s e influenci.i . uprnlocale . Respecto a la religión y sus tradicionales vínculo. , es cvicl nte u uplanración p r el conocimiento reflexivamente organizado, atendiendo n la nueva dinámica de la constatación empírica y del pensamiento lógico-experimental, centrado en la tecnología y la apli ación ( 103) Ver GIDDENS, Anthony, Consecuencias de la modernidad, Madrid, Alianza, 1993, p. 46. ( 104) Ver LEVÍ-SATRAUSS, C., Antropolog(a estructural, Buenos Aires, Eudeba, 1980, p. 258. www.editorial.unican.es 80 ESTUDIOS SOBRE LA SOCIEDAD TRADICIONAL CÁNTABRA de las desigualdades, la explotación, la opresión y otras servidumbres, incluidas las ataduras a los imperativos dogmáticos de la tradición y la religión; en defensa de la justicia, la igualdad y la participación), con las políticas de vida o de desarrollo personal (incremento de posibilidades parn una vida buena, resp cto a la cual no existan los otros. y para la autorrealización medianle la "é1ica de lo personal") (129). No olvidemos que "la modernidad está inherentemente orientada-al-futuro, hasta tal punto, que el futuro posee status de modelador contrafáctico" ( 130). Por eso resulta arrie gado colapsar las (llternaiiva • racionales a la crisis global mediante la onstrucción social de la realidad en 1orno a particulari mos exclu ivi ta que hagan imposible entrelazar lo local y lo global de manera compleja. Problema éste que s acre ienta. nún más si cabe. cuando se recurre abusivamente, y de mod sistemático, al empleo ele procedimien10 • populistas y al reílotamien10 de vi ·ione. di t r ionadas del pa"ad (órclen s cerrado y e lables , con el objeto ele manipular y falsear la memoria colccliva. en lugar de propiciar u e nsti1ución, basándose en formas de recordar fundameniadas en la ética, la racionalidad y la propia razón histórica. En la España de nuestros días lo cambio· demográfico y ocia le . la dispersión urbano-industrial, el espec1acular de an-ollo ele los ITan portes y la comunicaci ne., lo procesos migratorios internos y los flujo d inmigración externa han ali rado los equilibrio "étnicos' de muchas comunidades. contribuyendo a unn mayor heterogeneidad del panorama social. Esta nueva y compleja realidad, cada vez más diferenciada por la pluralidad ele modos de vida que socialmente se están generando en su seno y por las influencias interactivas que recibe del marco supranacional en el que se halla inmersa, hace "imposible pensar el futuro de nuestras diversidades e identidades étnicas como ha siclo pensado hasta hoy. La espectacularidad de la afümación política de nuestra diversificación étnicoterritorial en la democracia española, a partir de 1976, no debe hacer las veces de telón que impida ver la magnitud de las mudanzas que se avecinan en este aspecto crucial de la vida española" (131). Ante un panorama ele tal complejidad, como el repre ·entado por la "modernidad tardía'', "el individuo ha de in orporar a sus compromisos locales información procedente de una multiplicidad de experiencias mediadas, de tal manera que consiga conectar proyectos futuros con experiencias pasadas de forma razonable. Esto sólo se podrá conseguir si la persona es capaz de desarro- (129) Ver GIDDENS, Anthony, Co11scrne11cias .... up. cit., pp. 146-147. (130)lbid .. p. 165. ( 13 l) Ver GJNER, S. (Dir.), Espaila, sociedad y política, Madrid, Espasa Calpe, 1990, pp. 194-196. www.editorial.unican.es 82 ESTUDIOS SOBRE LA SOCIEDAD TRADICIONAL CÁNTABRA universales éticos básicos: reconocimiento, reciprocidad, compasión, conservación, potenciación, coherencia y excelencia) (136), sean cuales fueren las costumbres y leyes de cada formación cultural particular, asentada en una visión compleja de la razón y en la posibilidad de alcanzar formas de conocimiento válidas para todos. También, más allá de los modos particulares de cognición de cada cultura (que no tiene porque ser cerrada y estática), que haga posible la aceptación y plausibilidad social de un conjunto trans-societario esencial de intereses, pasiones, necesidades y capacidades compartidos por toda la humanidad (que "no es un grupo de identificación como los otros sino la noción filosófica del mínimo común denominador que emparenta esencialmente a todos los grupos entre sí") (137) capaz de hacer que el nosotros se abra, si es necesario, contra las constricciones cognitivas y valorativas de su memoria colectiva o social y entienda la condición de los otros, que recíprocamente habrán de hacer lo mismo. "La cuestión sería saber cómo proceder a una recensión organizada y reflexiva de los valores producidos por las diversas sociedades conocidas y discernir aquellos en los cuales el conjunto de los seres humanos podría reconocerse, bien porque deseen practicarlos, bien porque cada cual acuerde que sería deseable que algunas personas los realicen" (138). "Universalizar significa que nadie puede 'desentenderse' de las transformaciones generadas por la modernidad en cuanto a las consecuencias de, al menos, algunos mecanismos de desenclave: así ocurre, por ejemplo, con los riesgos mundiales de una guerra nuclear o de una catástrofe ecológica" (139). Propuesta universalizadora que está intrínsecamente ligada al proceso civilizatorio (140) y a la tradición intelectual de Occidente, que "no es simplemente una cultura entre las demás sino el bosquejo fundacional de la civilización globalmente humana" (141). Cada día que pasa resulta más desintegrador del yo y de los mecanismos sociales articuladores de la tolerancia el retomo obstinado a un ideal genuinamente localista, en cuyo nombre se subordinan los principios de la ética univer- (136) Ver SAVATER, Fernando, Ética como amor propio .. ., op. cit., p. 76, (137) Ver SAVATER, Femando, "La universalidad y sus enemigos", en Claves de Razón P,·áctica, 49 (1995), pp. 10-19 (p. 13). (138) Ver CAILLE, Alain, "El anti-utilitarismo como ideología", en VV. AA., Problemas en torno a un cambio de civilización ... , op. cit., pp. 307-314 (p. 314). ( 139) Ver GIDDENS, Anthony, Modernidad .. ., op. cit., p. 35. ( 140) Ver ELIAS, Norbert, El proceso de la civilización. Investigaciones socio genéticas y psicogenéticas, México, F.C.E., 1987. (141) Ver SAVATER, Fernando, "La universalidad ... ", en op. cit., p. 11. www.editorial.unican.es 84 ESTUDIOS SOBRE LA SOCIEDAD TRADICIONAL CÁNTABRA crear un pensamiento social complejo capaz de establecer una visión dinámica de la articulación de los dos ejes fundamentales de las nuevas coordenadas existenciales: pasado-presente-futuro e interior/exterior. Facilitanto así, lo que podría denominarse (tomando la expresión de Josep M. Fericgla) una nueva "consciencia holorénica", que nos permita descubrir la globalidad del universo planetario (144). Respecto a la primera sucesión de tiempo, sería fácil entender que la proclamada singularidad de las culturas se adquirió históricamente a través de procesos de mestizaje, que han favorecido la intercomunicación, al tiempo que han recreado la diversidad; que el "reanaigo étnico", "cuando se inmoviliza en el pasado", esclerotiza la relación con el presente y el futuro; y que "el pasado no sólo es el pasado singular de una etnia o una nación, es el pasado telúrico, hominizador, humano que es necesario apropiarse e integrar en uno mismo" (145). Mediante la segunda dicotomía averiguaremos las tendencias polarizadoras de las culturas, donde la autoafirmación ha ido siempre acompañada de mecanismos de agregativos, en una búsqueda de inclusiones concéntricas (interior/exterior). No se trata de e1rndicar la pluralidad cultural, que constituye una de tantas riquezas del género humano, sino de "buscar el mínimo común denominador que la posibilita, anaigando la yuxtaposición meramente de hecho en una comunidad humana de derecho" (146). Intentar descubrir convicciones normativas básicas en culturas diversas que hagan viable un futuro consenso sobre lo que habrá de ser un mínimo existencial humano, sustentado en la disposición al discurso y la renuncia a la violencia. Es posible, en una "modernidad segura de sí misma" ("el filo crítico de su pensamiento no ha sido embotado por la idolatría de lo que existe y lo que debiera ser reordenado por completo, no de una vez por todas, sino una y otra vez") (147), a través del planteamiento comunicacional de la ética, establecer un consenso crítico de negociación transcultural permanente (partiendo de la propia paradoja de los procesos de inclusión/exclusión identitarios que, al tiempo que reafirman la autoidentidad, muestran el deseo y la necesidad de transcenderla hacia círculos más amplios de integración social), entre gentes de diversas culturas, superadora, igualmente, del relativismo cultural y moral, en (144) Ver FERICGLA, Josep M., ''El sistema dinámico de la cultura y de los diversos estados de la mente humana", en Cuadernos de Antropología, 9 (1989), pp. 23-24, ( 145) Ver MORIN, E. y BRIGITTE KERN, A., Tierra-Pat, ia, Barcelona, Kairós, 1993, pp. 132-135. (146) Ver SAVATER, Femando, El contenido de la felicidad. Un alegato reflexivo contra supersliciones )' resentimientos, Madrid, El Pais/Aguilar, 1993, p. 66. (147) VerHELLER, A. y FEHÉR, F.,EI péndulo de la modernidad .. , op. cit, pp. 244-245. www.editorial.unican.es 86 ESTUDIOS SOBRE LA SOCIEDAD TRADICIONAL CÁNTABRA mente su relatividad) (152), perfectamente compatibles con la defensa de un pluralismo moral. Desde esta perspectiva la "idea común de humanidad", de "un mundo moral común", es un valor universalizable, porque a él pertenecen conceptos como libertad, igualdad,justicia, paz, dignidad, tolerancia, etc. Que en la modernidad nacen como derechos primarios de cada individuo y, por lo tanto, constituyen bienes transculturales, diferentes y diferenciables de "las costumbres que responden a necesidades, intereses o circunstancias múltiples no universalizables" (153). Ahora bien, el diálogo intercultural exige definir los límites de las diversidades mutuamente permisibles (hay que "determinar cuáles son los requisitos mínimos de una concepción de vida aceptable y establecer quién, qué, cómo, cuándo uno tiene que ser tolerado en esa sociedad pluricultural y en virtud de qué principios se tolera, protege y estimula esa diversidad. Porque el valor diferencial étnico aun siendo inalienable no es, según evidencia su razón cultural de ser, ni el supremo ni el último") (154), apelando a la idea de "pragmática real", no transcendental (partir del careo empfrico de las culturas y de las dificultades que supone aplicarles unos mismos códigos valorativos), de Jürgen Habermas (155), que nos enfrente a la verdadera dimensión de los conflictos interculturales y acepte sobre un incuestionable substrato común (un "comunitarismo humano") (156), la existencia de diferentes vías de modernización que, en definitiva, habrán de conducir a la emancipación de la especie humana (insustituible identidad básica). La significatividad sin primacías del nosotros (si no queremos reducir el individuo a una mera hipóstasis, para lo cual hemos de preferenciar el yo/tú, fundamento primero de la ética democrática, sobre el yo/nosotros y el yo/yo) (157), en los procesos de construcción social, debe producirse desde criterios y señales identitarias compatibles con estructuras interactivas que permitan la comunicación abierta e institucionalizada y posibiliten la apertura de lo local a lo global y (152) Ver BERLIN, lsaiah, El fuste torcido de la humanidad ... , op. cit., pp. 85-101. ( 153) Ver CAMI'S, Victoria, "El dcn:cho a la diferencia", en MUGUERZA, J. y otros, Ética día tras día, Valladolid. Trolla, 1991, pp. 67-78 (p. 70). (154) Ver LISÓN TOLOSANA, Carmelo, "Etnicidad y violencia", en FERNÁNDEZ DE ROTA, José A, (Ed.), Etnicidad y violencia ... , op cit., p. 20 (155) Ver HABERMAS, Jürgen, Conciencia moml y acción co1111111icativa, Barcelona, Península, 1985. (156) Ver CAMPS, Victoria, Paradojas del indi1•ic/11alismo, Barcelona, Crítica, 1993, p. 114. ( 157) Ver FLORES d' ARCA IS, Paolo, El desafío oscurantista ... , op. cit, p. 225. www.editorial.unican.es 88 ESTUDIOS SOBRE LA SOCIEDAD TRADICIONAL CÁNTABRA Más inquietante resulta, aún, que este modelo identita1io, que amplifica el clamor de los particularismos, pueda llegar a convertirse en un referente paradigmático de conductas etnocentristas, contrarias a la solidaridad y a la justicia universales. Actuando, consciente o inconscientemente, contra la libertad y la igualdad a que tienen derecho todos los seres humanos ("la pertenencia al común grupo humano es lo que yo considero el fundamento del valor ideal de la igualdad") (161) cualesquiera que sea su raza, clase, sexo, creencia o lugar de origen. "El gran desafío contemporáneo para los valores modernos está constituido por la exigencia, o el problema, de la solidaridad humana a escala mundial, de la justicia -particularmente en el plano económicoen las relaciones entre pueblos y Estados" (162). Como afirma José A. Marina, "por eso es necesaria la reconstrucción ética de la moral. La ética es un proyecto constituyente universal, que pretende fundar un modelo de sujeto en el que todos los hombres se reconozcan" y la inteligencia humana pueda acabar con todo tipo de provincianismo moral, lo que no presupone anular "la riqueza inventiva de las morales" y ser condenados "a una uniformidad irrespetuosa con la diferencia, ya que ha de ser completada, encarnada, explotada por unas morales creadoras, concretas, plurales, que recuperen valores, sentimientos, conceptos, problemas y soluciones presentes ya en morales de la primera generación, pero que ahora han reactivado sus evidencias y han sido aclaradas" (163). En lugar de pretender la conservación reaccionaria del orden tradicional contribuyamos a redefinir persistencias institucionales no regresivas ("el entorno institucional, desempeña un papel más importante en el momento de explicar la distribución de una creencia política que los factores cognitivos") (164) y a crear otras nuevas, atreviéndonos a intervenir en el curso de los acontecimientos históricos, como sujetos activos capaces de orientar las transformaciones sociales, incrementando las probabilidades que faciliten los cambios hacia el progreso y reduciendo aquellas otras que los obstaculicen ( 165). "La vuelta atrás mirando hacia atavismos étnicos o hacia una doctrina central superada por el inevitable cambio histórico, no tiene sentido( ... ). El (161) Ver BOBBIO. No, berto, Derecha e izquierda. razones)' significados de una distinción po/f. tica, Madrid, Tourus, 1995, p. 32. (162) Ver DUMONT, Louis, Ensayos sobre el i11divid11alismo,,,, op. cit. p. 214. ( 163) Ver MARINA, José A., Ética para náufragos, Barcelona, Anagrama, 1995, pp. 230 y 58. (164) Ver SPERBER, Dan, "Epidemiología de las creencias", en Re,•ista de Occidente, 125 (1991), pp. 5-36 (p. 35). (165) Ver GIL CALVO, Enrique, El destino ... , op. cit., p. 229. www.editorial.unican.es 96 ESTUDIOS SOBRE LA SOCIEDAD TRADICIONAL CÁNTABRA La lucha por la renta debe también plantear si se puede seguir manteniendo la idea, debatida hace tiempo por Domínguez Ortiz, de la despreocupación económica de los señores y su consideración como frenos al desarrollo de las fuerzas de producción. La necesidad de mejorar sus ingresos y el propio prestigio social que reportaba contar con unas rentas elevadas deberían ser suficientes para plantearnos si no es preciso retocar la imagen vendida de un señor mero parásito para adaptarla más a la realidad (8). La perspectiva que ofrece el señorío en sus conjunto es la de estar en permanente conflicto. El antagonismo del que se ha hablado más arriba tendría su confirmación en esos enfrentamientos constantes. Sin entrar en la discusión de si estamos en presencia de conflictos, rebeliones o revoluciones, sobre la que existe una extensa y encontrada historiografía, los enfrentamientos entre ambas partes podrían ser judiciales, armados o simplemente adoptar la fórmula de la resistencia pasiva. Los grandes levantamientos armados contra el señor en España están perfectamente identificados y son muy escasos. Los más importantes son de todos conocidos. Frente a las revueltas, los litigios judiciales son numerosísimos. Esto evidencia un hecho, la confianza que merecían al pueblo y la validez que para los mismos tenían la costumbre, los pactos y los acuerdos que regulaban las relaciones entre las partes. Esta actitud que denuncia sin duda credibilidad en el sistema judicial, parece contradecir la opinión que se ha mantenido respecto a la justicia del Antiguo Régimen y los jueces de meros instrumentos al servicio de los caprichos y peticiones de las clases privilegiadas. Los conflictos podían ser por los motivos más variados (9). No se discuten únicamente rentas y propiedades, sino también derechos y monopolios, en una prueba más de que el señorío no sólo es detracción económica. Se lucha contra las atribuciones del titular en general aunque los asuntos económicos en ocasiones sean los más importantes. Incluso se llega a discutir la legitimidad misma del titular a considerarse señor de la villa, ciudad o lugar. (8) Ver PES ET, M. MANCEBO, M.' F. y GRAULLERA. V., "La bailía de Alcoi en el siglo XVIII y pricipios del XX. Análisis de tres fiscalidades", en EH.C.P.V (1977). Ver BERNAL, A.M., La lucha por/a tierra en la e, isis del Antiguo Régimen, Madrid, Taurus, 1979, p. 136; Id., Economía e historia de los latifundios, Madrid, Espasa-Calpe, 1988, pp. 29-34, 50, (9) Ver COLÁS LATORRE, G., SALANS AUSENS, J. A., Aragón en el siglo XVI, Alteraciones sociales y conflicro., políricos, Institución Fernando el Católico, Zaragoza, 1982, pp, 93-152; Id, pp. 152-158; Ver ATJENZA, A., "Relaciones feudales de poder y conflictos de clases: el señorío del Monasterio de Santa Fe (1616-1808)", en Rel'ista de Hisroria Jerónimo Zurira, 58 ( 1988), pp. 127-163; Ver LEMEUNIER, G, y GONZÁLEZ CASTAÑO, J., "Señores y oligarcas, Las luchas políticas en Mula durante los siglos XVI y XVll", en Areas, IO ( 1989), pp, 119-143. www.editorial.unican.es 98 ESTUDIOS SOBRE LA SOCIEDAD TRADICIONAL CÁNTABRA orígenes geográficos, sociales y económicos de este sector. A estas alturas, continuamos sin saber cuáles eran los lugares de procedencia, los sectores sociales de origen o los medios económicos con que comenzaron sus negocios. Algo tan importante para la comprensión de esta clase sigue sin conocerse después de casi dos décadas de investigaciones. Sin embargo, el conocimiento del entorno económico, social y político del puerto santanderino es incomparablemente mayor que el que tenemos sobre el mundo rural. En esto, parece que no se han superado las pautas marcadas por la historiografía de los años cuarenta y cincuenta del presente siglo. En este mismo sentido cabría subrayar el profundo desconocimiento que se tiene de los siglos XVI y XVII. Así parece como si la historia de Cantabria desapareciese a finales del siglo XV y volviera a vislumbrarse a mediados del siglo XVIII. La falta de conocimiento de estas dos centurias ha producido diversos errores de perspectiva, observables incluso en trabajos muy recientes, tendentes casi todos ellos a construir el pasado próximo solamente a partir de la apertura del camino de Reinosa, como si muchos de los procesos surgidos a raíz de este hecho no se estuvieran construyendo desde mucho antes. El análisis de los señoríos puede ayudar a cubrir en parte estas lagunas, al tiempo que puede potenciar el conocimiento de los concejos rurales, su composición social interna, las fuerzas que latían en su seno, las transformaciones que se dan y las relaciones de poder en torno a las cuales se va avanzando hacia la contemporaneidad. Esta es otra de las asignaturas pendientes de la historiografía regional. Si hasta ahora apenas existen trabajos que aporten datos sobre el régimen señorial en Cantabria, creo que habrá que recurrir cada vez más a su análisis para ir cerrándole paulatinamente más el paso a esa clase social escurridiza, la hidalguía rural, a la que habrá que dirigirle algunas preguntas claves para la comprensión la historia moderna y contemporánea de Cantabria y que será el germen de muchos de los cambios y transformaciones que tienen lugar a lo largo de casi tres centurias. Tradicionalmente se ha considerado que en las comarcas cantábricas la implantación y extensión del régimen señorial no tuvo la fuerza que en otras zonas del país, donde su desarrollo contribuyó decisivamente a delinear una gran parte de las características económicas, sociales e, incluso, políticas, donde el fenómeno alcanzó relevancia (11). Pero la realidad desborda en gran medida (11) Ver BERNAL, A.M., "Disolución del régimen señorial en Andalucía Occidental", en GARCÍA SANZ, A. y GARRABOU, R. (Eds.), Historia agraria de la España Contemporánea.]. Cambio social y nuevas formas de propiedad (1800-1850), Barcelona, Crítica, 1985. pp, 328-344. www.editorial.unican.es 100 ESTUDIOS SOBRE LA SOCIEDAD TRADICIONAL CÁNTABRA A esta situación, contribuyeron varios factores. En primer lugar, la propia dispersión de los señoríos en Cantabria, según se ha señalado anterionnente (16). En segundo lugar, el hecho deducido de la propia evolución del señorío en Cantabria (sobre todo para el caso que nos ocupa, el de la casa ducal del Infantado), ya que desde mediados del siglo XV la nobleza que había tenido su germen en Cantabria desvió su interés hacia sus señoríos del sur del Duero, ya que, por ejemplo, el propio primer Duque del Infantado será quien a partir de estas fechas centre sus principales objetivos en las tierras del Real de Manzanares, los señ01ios de Hita y Buitrago, y, sobre todo, los señoríos alcmTeños centralizados como todo el patrimonio señorial en Guadalajara. Ello no fue óbice, no obstante, para que la casa ducal se hiciera en 1466 con el dominio de la villa de Santander, pero la resistencia de la mayor parte de los habitantes de la población apoyada por gentes de Trasmiera y de otros núcleos costeros, incluyendo puertos vascos (con los que existían ya desde principios del siglo XIV relaciones perfectamente reglamentadas), hizo desistir de su empeño a Diego Hurtado de Mendoza y así al año siguiente el monarca, Enrique IV, revocó la donación y confirmó la condición realenga de Santander (17). Este, con todo, no fue el único ejemplo de resistencia antiseñorial en estas comarcas cantábricas, como se verá más adelante. Y, por último, dentro de las razones por las que el predominio del señorío iba decreciendo, puede señalarse la competencia que en el dominio de la sociedad cántabra tuvo por parte de los linajes menores desde los primeros momentos, por un lado, y, por otro, de las oligarquías urbanas, sobre todo a partir de mediados del siglo XVIII (18). Ello impediría a la gran nobleza asentarse en las ciudades y en sus contornos y extender sus dominios que iban a estar en regresión relativa frente al avance de las propiedades de los sectores sociales emergentes tras la apertura del camino que comunicaba el puerto santanderino con la meseta castellana. Así, pues, el régimen señorial se plantó en las postrimerías del Antiguo Régimen con unos claros síntomas de debilidad frente a las nuevas formas de Esta misma situación nos pinta Ruiz Torres para la nobleza valenciana en "Desarrollo y crisis de la agricultura en el País Valenciano a finales del antiguo régimen", en Hisro, ia agraria de la España Contemporánea, Barcelona, Crítica, 1985, pp. 368-369. ( 16) Ello es similar a una de las características de los señoríos castellanos durante la Edad Moderna: su atomización, si bien por distintas causas que en Cantabria. Ver GUILARTE, A. M., El régimen se,iorial en Espm,a, Madrid, 1962, p. 27. (! 7) Ver ORTIZ REAL, J. y PÉREZ BUSTAMANTE, R., Historia General de Cantabria Vol. IV. La Baja Edad Media, Santander, Tantín, 1986, pp. 12-13 y 88. ( 18) Proceso igualmente observado en el País Valenciano por RUIZ TORRES, P., Se11ores y propieta, ios. Cambio social .. ., op cir., pp. 369 y 376-377 www.editorial.unican.es 102 ESTUDIOS SOBRE LA SOCIEDAD TRADICIONAL CÁNTABRA grandes, si bien otros, en cambio, se oponen al avance de estas grandes casas, dando muestras tempranas ya en los albores del siglo XV de una incipiente resistencia antiseñorial, protagonizada precisamente por una gran parte de los linajes secundarios. Así pues, las jurisdicciones de la región organizarán la mayor resistencia antiseñorial, sustanciada en diversos pleitos (todos ellos contra la propia casa de la Vega-Mendoza), el primero de ellos iniciado ya en 1438 (el llamado "Pleito Viejo de los Valles"), pero solucionado favorablemente a Iñigo López de Mendoza en 1444, quien además recibe al año siguiente el título de Marqués de Santillana y Conde del Real del Manzanares. Juan II confirmaría en 1448 todas las anteriores concesiones otorgadas al nuevo Marqués de Santillana. Este primer enfrentamiento va a significar un duro golpe para la tradición juntera de la región ya que se había saldado, además, con la entrega de la villa de Santillana (auténtica capital de la amplia comarca de las Asturias de Santillana) y su tierra por juro de heredad. Ello provocó que la villa pasara a ser cabeza del señorío de los Mendoza, dejando de ser por tanto cabeza de la Merindad y desapareciendo incluso aquellos usos tales como las Juntas Generales de las Asturias de Santillana que desde tiempo immemorial se celebraban allí. De esta forma, la casa tenía capacidad jurisdiccional sobre el amplio territorio de las Asturias de Santillana, sobre la Liébana e importantes zonas de Campoo. La misma causa (la expansión señorial y la resistencia a ella) tuvo el llamado "Pleito de Carriedo" por el que este valle, situado algo más al sureste de la provincia, en los confines de los territorios señoriales de los Velasco se resistía a caer bajo la dependencia de los Mendoza. Parecía en este sentido que éstos se aprestaban en el siguiente paso a expandirse por los tenitorios del otro gran linaje montañés. Sin embargo, la resistencia de los vecinos de Carriedo (a pesar de las violencias ejercidas contra ellos por las gentes del Marqués de Santillana) logró que la Chancillería de Valladolid fallase en su favor en 1499, lo que volvió a repetirse en las sentencias de 1504 y 1505 y en la definitiva de 1546. Para entonces, el primogénito del Marqués de Santillana había recibido en 1475 de los Reyes Católicos el ducado del Infantado sobre la base señorial de las tierras de Campoo de Suso a las que convertían en Marquesado (se trata del Marquesado de Argüeso) (21). El Pleito de Caniedo marca el principio del fin de la expansión señorial en Cantabria y, más en concreto, el de la propia casa del Infantado ya que condicio- (21) Los sucesos del valle de Carriedo pueden verse, además de en la bibliografía citada más abajo, en GU!LARTE. A.M., El ,·t!¡:i111e11 ... , op. cit .. pp. 89-90. El docu111emo completo en el Apéndice n• 15, pp. 400-40! de este mismo tmlmjo. Ver igualmenteORTIZREAL, J. y PÉREZBU TAMMffE, R., Historia General..., op cit., p. 26. www.editorial.unican.es 104 ESTUDIOS SOBRE LA SOCIEDAD TRADICIONAL CÁNTABRA por recuperar el t n·eno perdido, prov ca que la in titución . eñorial se estanque en las comarcas cántabras e incluso, enlr en un proceso .regre ivo. No nos olvidemos, no obstante, de algunas disposiciones reales como la Pragmática de Medina del Campo de 1480 dando libertad de domicilio a los vasallos de señorío, en cuanto que se les garantizaba la posibilidad de disponer de sus bienes. La medida atacará directamente la base del vínculo señorial, debilitando el poder del. eñor de vasallos. En la misma medi(Ja actúa el principio de igualdad fiscal que comienza a tomar cuerpo durante el reinado de Felipe II (25). 3. La extensión de la propiedad señorial en Cantabria La vi11ualidad del régimen señorial en Cantabria no lleva a realizar algunas preci ione que pudieran deparar algunas orprc. a . E el ca o de la casa ducal del Infantado que i lo duto. de que disponemo se conlinnan, p dría erigirse en el mayor propietario territorial de Cantabria con un patrimonio que podía o cilar entre la 250 y las 300 Ha .. di tribuida· en má de 200 oncentrada en Liébana y algo más de una medio cemenar en el Mayormad de la Vega, la Honor de Mfongo, el valle de Cieza Anievas y el Marquesado deArgüeso (26). No tenemos todavía una idea precisa de las formas de cesión de la tierra por parte de la casa del Infantado en esta Jurisdicciones. Al meno· en Liébana y en el Mayormado de la Vega la fórmula de explotación era el en o enfit utico en todos los casos. Mientras en la comarca lebaniega, esta era la forma de cesión tanto en el caso de tierras señoriales, como en la de los conventos de la zona, así como en el de algunos propietarios privados, en el caso del Mayordomado de la Vega, el censo enfitéutico ra xcepcionaJ y, de hecho, olmncnte en tierras ¡1ropiedad del Infantado se utilizaba te sistema con Lituyéndo e así en una fórmula-reliquia de cesión de la propiedad de la tierra. Además de las rentas de la tierra (que podemos avanzar que permanecieron ba tantee. tabl s, di minuyendo su valor real a medida que aumentaban los precios a lo largo del siglo XVID) la casa ducal del Infantado detentaba la facultad de cobrar los derechos de alcabalas, lo que constituía en realidad su ingreso más saneado tanto en Liébana como en la Honor de Miengo y en el Mayordomado de La Vega. Sin poderlo cuantificar con e actitud creemos que a principio del iglo XIX las renta del Duque del Infantado por este concepto podían acercarse a los 30.000 reail,:s anuales. No podemos por el momento alcanzar la misma precisión sobre las rentas de la tierra ya que en casi todos los casos consistían en productos en especie: (25) Ver GUILARTE, A.M., El régimen ... , op. cit., pp. 170, 214-215. (26) A.H.P.C. Sección Protocolos. Notario Hilario González de Vilde. Legs. 2.081-2.082. www.editorial.unican.es 112 ESTUDIOS SOBRE LA SOCIEDAD TRADIC[ONAL CÁNTABRA Así pues, a pesar de las deficiencias en la administración de la villa, en ocasiones en contra de los propios intereses ducales, los grupos dominantes permanecían invariablemente en los puestos de gobierno municipal. De ello puede ser una buena pmeba la lista nominal de los cargos públicos en estos años. A tal efecto, manejamos un documento que justamente da cuenta de las personas que ocupan el gobiemo de la villa en el período inmediatamente posterior a la referida residencia, esto es, entre los años 1750 y 1772. En él puede comprobarse como los principales linajes de la villa se reparten los cargos públicos. Así de un total de 136 cargos concejiles en estos 23 años, seis familias los ocupan en 63 ocasiones (casi el 50%). Los Castañeda y los García de Guinea ocupan los cargos más importantes un total de 30 veces. Por debajo están los Ceballos con 9 cargos ocupados en estos años, si bien esta es la familia que sitúa más veces a un miembro suyo en el cargo de corregidor; parece pues que es la COil'ea de transmisión entre la casa ducal del Infantado y sus vasallos torrelaveguenses. Ligeramente por debajo de ellos, están otros linajes menores como los Ruiz de Villa (8 cargos ocupados), los Velarde (habría que decir en este caso que una rama secundaria de este grupo familiar) con otros 8 cargos y los Campuzano con el mismo número. Linajes menores como los Puente, los Palacio o los Toribio acompañan ocasionalmente a los anteriores en los órganos de gobierno municipal (39). A lo largo del siglo XVIII y principios del XIX, pues, la tensión vertical entre elites locales y casa ducal del Infantado va a tener algunas manifestaciones destacadas aunque muy atenuadas por la mutua necesidad que demostraron ambas instancias, mientras que las tensiones horizontales entre los distintos grupos de la villa van a ofrecer más frecuentes ejemplos. Para los linajes locales dominantes, el control señorial, sin inquietar gravemente su predominio y expansión, no dejaba de ser una rémora, lo que explica en parte su futura toma de posición en favor de la causa liberal, sobre todo tras la consagración de la propiedad privada. De esta manera, ayudarán a los sucesivos gobiernos (que no podían prescindir de estas oligarquías a escala local, de la misma manera que anteriormente tampoco había podido hacerlo el propio Duque del Infantado) a consolidar el régimen liberal. (Leg. 470). Los Bustamante eran uno de los linajes de la zona en expansión desde finales del siglo XVI. Merced a políticas matrimoniales se habían hecho con el control de otra poderosa familia de la comarca, los Campuzano. Sin embargo, a mediados del siglo XVIII, la excesiva fragmentación del patrimonio -era uno de los copropietarios de la ferrería de la Ruchay la dispersión del linaje -algunos de sus miembros habían emigrado a Américale habían hecho perder fuerza con respecto a otras familias. (39) Archivo de la Real Chancillería de Valladolid. Sala de Hijosdalgo. Pleitos. Leg. 1.266. Expediente 23. www.editorial.unican.es 114 ESTUDIOS SOBRE LA SOCIEDAD TRADICIONAL CÁNTABRA lizarse con claridad ya que la propiedad o la jurisdicción no recaía en una perso na fácilmente identificable, sino en una institución. Mientras, en el caso de los señoríos laicos o nobiliarios, esta dificultad desaparecía, por cuanto el titular de cualquier dominio (tmitorial jurisdiccional) era perfectamente individualizable. Esta era una de las cuestiones en las que radicaba (a los ojos de los legisladores liberales) una de las diferencias capitales en el distinto tratamiento que se dio a unos y otros señoríos. Otra de las diferencias, era de índole política; la institución eclesiástica desde los primeros albores del régimen liberal, se puso, en su conjunto, abierta menle en su contra. Parecía lógico que los sucesivos gobiernos liberales quisie ran minar las bases económicas de la institución que se iba a convertir durante algunas décadas en uno de los más peligrosos obstáculos para el triunfo de las nuevas opciones. De ahí la funcionalidad de las sucesivas operaciones desamor tizadoras, sin olvidar, claro está, las angustiosas necesidades hacendísticas, agra vadas por la guerra contra el carlismo. Un enfoque distinto había que adoptar con la nobleza, sobre todo con la gran nobleza, que, por otro lado, abrazó la causa isabelina (40). El régimen liberal, no muy sobrado de apoyos en sus pri meros años, no podía enajenarse el sostén de la gran nobleza. Por ello, no quiso ono pudo, a causa de esa misma debilidad, atacar los derechos de propiedad de la nobleza terrateniente. Por otr lado, desde el puma_de. vista de los intereses de clase, los de la burguesía, casaban más claramente con los de los señores laicos que con los del campesinado hambriento de tierras. Estas fueron, entre otras, las razones fundamentales por las que la reforma agraria liberal, si es que puede utilizarse con propiedad este tém1ino, se orientó más bien hacia un mero cambio en la titularidad de la propiedad en el caso de las desamortizaciones y hacia una confirmación de la propiedad territorial en el caso de la abolición de los señmios, adecuándose en ambos casos a los concep ws de propiedad liberalburgueses. Por estas razones, expuestas sucintamente, el desenlace de ambos proce sos llevó una orientación bien diferente. Hasta el presente, se han realizado abundantísimos estudios en lo que a la desamortización eclesiástica se refiere. No ocurre lo mismo en el análisis de la abolición de los señoríos, aunque de unos años a esta parte el tema ha merecido en mayor medida la atención de los estudiosos tal y como se expuso más aiTiba. (40) VV. AA., Historia de España. Lo Ero Isabelina)' el Sexenio Democrático./ /8341/874), Madrid, Espasa-Calpe, Madrid, 1981, pp. 78-79. www.editorial.unican.es 116 ESTUDIOS SOBRE LA SOCIEDAD TRADICIONAL CÁNTABRA jurisdicción, aparece una un tanto contradictoria cuando dice "quedando en de para el dicho Rey mi Sor e de la mayoría de la Justicia e las otras cossas que pertenezcan al Señorío Real, e se non pueden apartar del" (44). Había pues una cierta confusión en esta cesión, pero la principal laguna de este documento es, no obstante, su imprecisión geográfica ya que los derechos de la Casa La VegaMendoza se implantan sobre "los Valles e terminos, e distritos, e territorios de ciertos Valles de Asturias de Santillana" ( 45). Junto a esta primera concesión se presenta la posterior confirmación del rey de los privilegios anteriormente concedidos a Iñigo López de Mendoza, fechada en julio de 1444 en Peñafiel (46). La presentación de títulos acaba con la copia de la última confirmación de Juan 11 de enero de 1448 ( 4 7) de los privilegios concedidos por su hijo a Iñigo López de Mendoza y en el que se hace referencia igualmente al enfrentamiento que hubo con los Manrique (señores del Condado de Castañeda) por la jurisdicción de algunos valles. Si nos atenemos a los dos documentos justificativos fundamentales (la concesión de señorío por el príncipe Enrique y la confirmación por su padre el rey Juan 11), puede observarse que se trata del clásico otorgamiento de señoríos en época de los Trastámaras con sus dos elementos distintos y fundamentales: el jurisdiccional y el solariego que engloba la facultad de juzgar, la potestad sobre los moradores, los derechos tributarios y el dominio sobre la tierra, si bien hay que resaltar cierta confusión e imprecisión (48). Sin embargo, debe enfatizarse que esta merced está dada sobre un territorio ya organizado; ello quiere decir que el dominio solariego no implicaba la propiedad absoluta del marco territorial, puesto que había que respetar los derechos de propiedad de los vecinos allí establecidos. A consecuencia de ello, el punto fuerte de estas "mercedes enriqueñas" era el señorío jurisdiccional que ponía el gobierno en manos del señor y del que derivaban en definitiva los derechos solariegos o territoriales que pudiera disfrutar ( 49). El juez de Santillana va a solicitar la autentificación de los documentos probatorios presentados. Pero a partir de entonces, el proceso se ralentiza. El (44)A.M.S. Caja 164, doc. 6, fol. 4 vuelta. (45) A.M.S. Caja 164, doc. 6, fol. 3 vuelta. (46) A.M,S, Caja 164, doc. 6, fols. 7-11. Los originales de este documento pueden verse en Bibliot~ca Nacional. Mss. 18,695, n' 14 y en Archivo Histórico Nacional. Osuna. Leg. 1.784, doc. l, fols. 1-3. (47) A.M.S. Caja 164, doc. 6, fols. 12-24 vuelta. El original de este documento se encuentra en Biblioteca Nacional. Mss. 19.701, nº 31. (48) Ver MOXÓ, S. de, "Los señoríos. En torno a una problemática para el estudio del régimen señorial en España", enHispania, 93 (1964), pp. 205-206. (49) Ver MOXÓ, S. de, "Los señoríos: cuestiones metodológicas que plantea su estudio", en Anuario de Historia del Derecho Español, tomo XLIII, Madrid, 1973, pp. 290-291. www.editorial.unican.es 118 ESTUDIOS SOBRE LA SOCIEDAD TRADICIONAL CÁNTABRA términos. Quizá ello es lo que buscaban los representantes del Duque, evitar la intervención de los pueblos en los juicios, cosa que, por otra parte, no ocurrió. El resultado de esta maniobra fue un estancamiento del juicio durante más de un año, hasta la apelación a la Audiencia Territorial de Burgos por el apoderado del duque. Mientras tanto, el juicio prosigue en lo que se refiere a las fincas radicadas en el término jurisdiccional de Santillana. Aquí, el apoderado ducal, Antonio Fernández Aguayo, solicita una y otra vez aplazamientos en la presentación de títulos de propiedad aunque el promotor fiscal siempre aconseja al juez denegar estas solicitudes, pidiendo incluso el secuestro de los bienes del duque "radicantes en este partido" (52). Sin embargo, el juez (bastante proclive en estos primeros momentos a las peticiones del apoderado del Duque) concede en todas las ocasiones estas prórrogas. No obstante, a pesar de las continuas dilaciones, el juicio ha entrado ya de lleno en su cu1 o y el promotor li cal Torre, cmit ya ·u primer infonne respecto tanto de los títulos presentado por el representan! del Infantado como de sus pretensiones de que se abarquen en el proceso todas las propiedades !;eñoriale diseminada a lo largo y ancho de la provincia. Apreciaciones todas ellas compartida • por el juez (53). La sentencia del tribunal burgalés mantiene en todo las tesis del de Santillana, esto es, que "el tribunal de Santillana sólo está obligado a entender de las tinca y dem(- anexos en el teITitorio de u jurisdicción", por lo que el apoderado ducal pierde una de la pieza bá icas de su e trategia, la confusión jul'i di - cional (54). E ta entencia no llegará ha ta finales d1:: febrero de 1839, uño y medio de pués de la publicad n de la ley y algo menos de la presentación de las primeras pruebas, lo que tuvo lugar en octubre de 1837. Pero las líneas maestras del juicio ya están claramente perfiladas. Es ahora solamente cuando Antonio Fernández Aguayo, el representante ducal, accede a presentar la relación pormenorizada de fincas sobre las que su representado reclamaba la propiedad. Pero para entonces ya estaba entrado el mes de abril de 1839. No obstante, la decisión de la Audiencia Territorial había deshecho la estrategia de la casa ducal y se solicita un nuevo plazo de dos meses para la presentación de los títulos de propiedad. Pero tres meses después aún no (52) A.M.S. Caja 164, doc. 6, fols. 54-56 vuelta. (53) Archivo Municipal de Santillana. Caja 164, fols. 54-56 vuelta. Por lo qui: sabemos. los rcprcso11tnn1cs del duque del Infantndo habfon presenrndo los mismos plantcornientos en los tribun. les de 1>rím n1 lnsmncla de Potes, Rein1>sn y Tqrrclnvcga díngiéndose a la Audlcncln de Burgos, recibiendo In mi.~mn scntcncln. (54)A.M.S. Caja 164, doc. 6, fol. 65 vuelta. www.editorial.unican.es 120 ESTUDIOS SOBRE LA SOCIEDAD TRADICIONAL CÁNTABRA inmemorial" de las fincas en litigio. Un total de siete testigos desfilan ante el tribunal, coincidiendo casi todos en las apreciaciones del representante del Duque, excepto alguno que ignora ciertas respuestas. El procurador ducal solicita además certificaciones de la Audiencia Territorial de Burgos obre el juicio 1ue se ha seguido en Potes y de la Intendencia de Rentas de la Provincia de Santander sobre las alcabalas que recibía el Duque (58). El tribunal (tras decidir qué pueblos y lugares componían la Behetría de Santillana (Villa de Santillana, Mijares, Queveda, Viveda, Ongayo, 1~1gle, parte de Hinojedo, parte de Suances y parte de Oruña) sobre la cual, aunque con re i - tencias como vimos más arriba, se superpuso la jurisdicción señorial) decide secuestrar, de acuerdo con las tesis del promotor fiscal, las fincas radicadas en estos lugares. Ello supone que la casa ducal pierde un total de 17,61 hectáreas (creemos que esta superficie habría que aumentarla en unas diez hectáreas más ya que se desconoce la extensión de las fincas de tres censos, uno de los cuales es el de más elevada renta de todos los presentados). Así pues, habría que aumentar esta superficie hasta las 27 hectáreas; en cambio, retiene 9,6 hectáreas (en torno al 25% del total). En lo que respecta a las rentas que pierde la casa ducal, la entencia u pone una pérdida de 177 reales y todas las renras en especie (6 cel.emine de pan, una "muda de halcones y una misa). El apoderado ducal va a proponer una relación de fincas que según él sí radican en jurisdiccional. Estas fincas suman un total de 1,10 hectáreas (59). Sin embargo, la decisión del tribunal no varía. No conocemos si hubo una apelación señorial a la Audiencia Territorial de Burgos. En todo caso, lo que sí es claro que en ningún momento el Lribunal (pese a la continuas concesiones del juez ante las peticiones de aplazamientos y prórrogas por parte ducal) cedió ante la te is señoriales y que se mantuvo siempre atento a los preceptos de la ley de abolición. Parece en este sentido, que no existió en Cantabria la alianza entre nobleza señorial y las burguesías rural y profesional que se dio en Andalucía (60). Ello acerca más los resultados de la abolición de los señoríos en aquella región a (58) Conocemos de esta forma los ingrc os que percibía el duque del InfantnJo por este concepto. En total las alcabnln del Duque en la provincia de Santancjer n:ndfo11 anualmente casi 30.000 rentes. A.M.S. Caja 164, doc. 6, fol. 121 vuelta. Los originales de este documento puede verse en Archivo General de la Administración de Ale alá de Henares. Sección Hacienda. Leg. 55, docs. 37 y 47. Sin embargo, hadu años q11e no se pagaban estas cantidades "por los inmensos gastos que produce la guerra que us cm1;¡n que no hn)'flll podido satisfacerseles". (59) A.M.S. Caja 164, doc. 6, fols. 201-203. (60) VerBERNAL,A. M.,La lucha por/a tierra ... , op. cil. pp. 97-108. www.editorial.unican.es 128 ESTUDIOS SOBRE LA SOCIEDAD TRADICIONAL CÁNTABRA Al individuo actual le hacen la vida y no se hace a sí mismo a partir de una autoimagen propia y específica. En nuestras sociedades burocráticas y tecnocráticas el ciudadano no interviene en la actividad pública nada más que con el voto. Su participación en asuntos públicos, que postulaba Montesquieu para garantizar la seguridad y libertad de todos, está totalmente ausente. La política es una actividad propia de una exigua minoría a espaldas de la mayoría; la esfera pública se ve como algo técnico y difícil que no está (se dice) al alcance de la masa. El Estado no sólo no promueve valores compartidos sino que, buscando neutralidades, renuncia a ellos en la esfera pública y los relega a la vida privada. La consecuencia de todo esto es que por una parte todo vale en política con tal de conseguir los objetivos, y por otra desintegra y aísla al individuo dentro de la sociedad. Es precisamente esta desintegración de nuestras sociedades modernas lo que provoca la añoranza e idealización de las sociedades tradicionales. Estas, en efecto, eran unas agrupaciones humanas totalmente integradas por unos valores compartidos aunque fuesen corrompidos u obsoletos por las estructuras no libres de la sociedad y de la Iglesia. Por eso aunque la comunidad tradicional no era ni mucho menos la formación social ideal, como se ha dicho, veo difícil que no continúe siendo mitificada en nuestro discurso de forma más o menos inconsciente mientras la sociedad moderna no se asiente sobre valores compartidos como en la comunidad pero conformados y puestos al día por una comunicación libre. Incluso quienes tratan de encontrar formas comunitarias de vida dentro de las segmentadas sociedades modernas les resulta difícil convencemos de que las nuevas formas de socialidad de la modernidad tengan algo que ver con la añora - da comunidad. En efecto, las nuevas formas de socialidad propias de la sociedad individualista, que quedan relegadas a la esfera privada, están lejos de poder hacer olvidar la integración que caracteriza a la comunidad tradicional. Ander Gurrutxaga (11) siguiendo a R.M. Bellah propone "los enclaves de estilo de vida" como lugares del "verdadero encuentro" que vienen a sustituir a la desaparecida comunidad tradicional. Pero estos "micromundos comunita- (11) Ver GURRUTXAGA, Ander, "El redescubrimiento de la comunidad", en Reis, 56 (1991), pp. 35-60. Y también, "El sentido moderno de la comunidad", en Reis, 64 ( 1993), pp.201-219. www.editorial.unican.es 130 ESTUDIOS SOBRE LA SOCIEDAD TRADICIONAL CÁNTABRA como declinantes. En un mundo unificado donde todas las culturas se confrontan directamente se tiene la impresión de que las sociedades occidentales, que son individualistas y vaciadas de todo valor moral se muestran menos eficientes que las sociedades del Extremo Oriente. Como consecuencia buscan transformarse en el modelo japonés que parece más eficaz. Así R. P. Dore que en un primer momento no había distinguido el modelo de desarrollo japonés del inglés, acaba reconociendo más tarde que la industrialización japonesa no parte de la disolución de la comunidad para dar lugar a ciudadanos libres, independientes y autónomos (como sucedió en el Reino Unido), pero a pesar de eso ve la posibilidad de la japoneización de la sociedad británica (16). Jonathan C. D. Clark, un historiador conservador inglés y convencido anglicano ve en los elementos más tradicionales de la sociedad inglesa, como la aristocracia y el patriarcalismo (y no en el individualismo democrático) la principal causa del éxito de la sociedad inglesa del siglo XVIII frente a la francesa y ve en la japoneización del Reino Unido su futuro (17). Otro tanto sucede con Australia y otros países de cultura protestante. Pero incluso el nacional-catolicismo español se ha mirado en el modelo japonés. Según Alfonso Botti Japón aparece como un paradigma a tener en cuenta para los intelectuales que escribían en la revista Escorial durante los años cuarenta (18). En mi opinión por más que se quiera imitar el sentido nacional japonés y se pretenda copiar su diferenciación y hasta su jerarquización social, no parece que el resultado sea aproximamos al Japón. Por encima de todas las semejanzas Japón sigue siendo una sociedad holista, mientras las sociedades occidentales son sociedades individualistas. En el caso concreto español la conciencia violentamente individualista que configura la Contrarreforma difícilmente podrá aproximamos mucho al país del crisantemo por más valores solidarios y jerarquizados que se nos propongan. Como conclusión de este breve apunte teórico hay que señalar que el modelo de modernización individualista no es universalmente generalizable; que el modelo de desarrollo con elementos asiáticos (en el Japón no hay sólo elementos feudales) parece a muchos más eficiente que el modelo individualista occidental tal y como hoy lo conocemos. (16) Ver DORE, R. P., B1itish Facto,y-Japanese Facto,y, Berkeley, 1973. (17) Ver CLARK, J. C. D., English Society 1688-1832, Cambridge, 1985, p. 73. (18) Ver BOTTI, Alfonso, Cielo y dinero. El nacional Catolicismo en Espa11a ( 1881-1975 ), Madrid, 1992, pp. 104-107. www.editorial.unican.es 132 ESTUDIOS SOBRE LA SOCIEDAD TRADICIONAL CÁNTABRA La prueba de que la Ilustración española no fue un antídoto suficiente para purgar nuestras historias de leyendas mitos y tradiciones, es que éstos continuaron durante los siglos XIX y XX y llegan a nuestros días con las convenientes modificaciones que los tiempos demandan. Es indudable que la ciencia histórica española ha experimentado considerables avances desde los años 60 de este siglo, pero sus éxitos más notables se alcanzan a nivel local y comarcal al abordar aspectos demográficos, económicos, sociales, de mentalidades, etc. En este campo la historiografía española alcanza un nivel que en nada cede ante las más avanzadas del mundo. Sin embargo al tratar temas regionales autonómicos y nacionales en los que es preciso establecer un discurso político y cultural los avances son, en mi opinión, más aparentes que reales. La historiografía autonómica reciente ya sea regionalista como nacionalista periférica, ha utilizado y continuado las leyendas, tradiciones y mitos del mismo modo que la historiografía barroca utilizaba los mismos cronicones. La falta de un estudio de los falsos cronicones del siglo XVII impide una perspectiva más diacrónica que nos proporcione una captación global del uso de los mitos en nuestra historiografía. Tal vez este estudio nos convencería a todos de que nuestra historia política, a pesar de su aparente modernidad, no parece haber roto todavía con la historiografía precientífica. Me he centrado exclusivamente en las historias que sobre Cantabria se hicieron en el siglo XVII y XVIII, dejando al margen las historias locales con sus enfrentamientos mutuos y sus vinculaciones con las historias regionales y de la monarquía. Cuatro son las historias generales sobre nuestra comunidad que se han utilizado: dos publicadas y otras dos manuscritas. Las dos publicadas aparecen en Madrid, una en 1681 escrita por Francisco de Sota y titulada Chrónica de los príncipes de Asturias y Cantabria, y la otra en 1688 escrita por Pedro Cosía y Celis y con un largo título Historia ... de la ... provincia, xamás vencida Cantabria ... Las dos manuscritas se deben a Fernando Guerra de la Vega, Elogios de Cantabria ... , y José Martínez Mazas, Memorias antiguas y modernas de la Santa Iglesia y Obispado de Santander. De estas cuatro obras las dos publicadas (la de Sota y la de Cosía) y la de Fernando Guerra de la Vega están poderosamente influidas por los falsos cronicones y llenas de leyendas, mitos y tradiciones. Las tres corresponden al siglo XVII, aunque ya en su fase final cuando se inicia la Ilustración y la reacción www.editorial.unican.es 134 ESTUDIOS SOBRE LA SOCIEDAD TRADICIONAL CÁNTABRA La historia de Cantabria de Pedro Cosío y Celis es un eco de la historia de Sota. Sus objetivos coinciden aunque Cosío no alcance la erudición de Sota. Cosío, nació en Carmona entre 1630 y 1640, debió morir en el mismo lugar de nacimiento antes de 1713 (24 ). Por sus obras sabemos que fue abogado "versado en los tres derechos divino, canónico y civil"; ejerció de párroco en Montuenga, obispado de Avila y posteriormente en Celis. Su obra más importante es Historial para todos que se publica en Madrid, en 1676, en tres gruesos volúmenes es una obra destinada a los misioneros que recoge historias bíblicas de Santos y de animales. Su historia de Cantabria estaba destinada a formar parte del cuarto tomo de su Historial, que nunca se publicó. Tal como aparece como obra independiente del Historia! para todos en su edición madrileña de 1688 es muy larga, para ser un simple panegírico de Cantabria dentro de una dedicatoria pues consta de ciento setenta páginas. Cosío comienza por reclamar en exclusiva para Las Montañas Bajas de Burgos la antigua Cantabria de las fuentes clásicas; pero no se contenta con esto sino que inspirándose en los falsos cronicones (y siguiendo especialmente como Sota a Hauberto Hispalense) se esfuerza por dirigir no sólo hacia España sino sobre todo hacia Cantabria, todas las narrativas bíblicas, egipcias, griegas y latinas. La llegada de Túbal como primer poblador a España, que es recogida por todos los historiadores (siguiendo a Flavio Josefa), se produjo precisamente en Cantab1ia donde tuvo su asiento y para probarlo cita a Hauberto Hispalense (25). Las consecuencias son claras ya que "assí consta que todos los cántabros; esto es, montañeses desde sus primeros principios tienen sangre noble, como tales hijos y descendientes de Túbal, nieto de Noé. Por manera que no son hidalgos de privilegio, sino desde Abinitio (por serlo su noble sangre) son nobles que son más que hidalgo" (26). En esto Cantabria está en ventaja, pues aunque el resto de España también fue poblado por Túbal, sin embargo fue invadida por los romanos, suevos, vándalos, alanos y godos "perdiéndose de todo la generación de Túbal, y con ella la verdadera religión y ley de Dios y desluciéndose del todo su antigua gloria y nobleza" (27). (24) Ver COSSÍO, José M.' de, Estudios sobre escritores montañeses, Santander, 1973, vol. JI, pp. 193-212. (25) Cit. en COSiO, Pedro, Historia ... de la ... Pmvincia Xamás Vencida Ca111abria ... , n' 38, p. 20. (26)/bid, n"4I, p. 21. (27) /bid., n' 42, p. 22. www.editorial.unican.es 136 ESTUDIOS SOBRE LA SOCIEDAD TRADICIONAL CÁNTABRA Todos estos sucesores de Túbal aparecen en Annio de Viterbo a fines del sigl XV, hallan eco en la Crónica de Esparia de Florián de Ocarnpo en la primera mitad del siglo XVI y son aludidos por Mariana en su capítulo XII corn "reyes fabulosos" de España. Jerión aparece en las fuente griega y latina y por eso es aludido por todos los hi toriadores que lo consideran como un tirano. Es la opre. i n de Jcrión la que provoca la lhunada a España de Osiris, rey de Egipto, "el má poderoso del mundo (34). Aparece Osiri en rodas las historias de España antigua con diversos matices. En general como rey civilizador, creador de la agricultura, silvicultura e industria textil (35). Cosío añade que la antigüedad le dio diversos nombres: Baco, Lenco, Bromio, Dionisia, ol, Serapis, Plutón. Júpiter, Pana y Anmón "todos los quales le impusieron por grandeza y a ver ido tan bienhechor; í bien u nombre propio fue Anmón" (36). También su e po. ar i r1::cibe muchos nombres' llamándola Ceres, Luna, Juno, Libera y Proserpina; pero el propio fue lo" (37). Pero O iri es entroncad t mbién con la narrativa bíblica haciéndolo hijo del Loth de odoma y de su egunda hija por donde ería descendiente directo de Sem, el primogénito de Noé (38). Osiris vencerá a Jcrión y perdonar:'i a u !re hijo . Est bu caron quién matara a O iris y lo hallaron eo Trifón. Horu 6 Hércules hijo de O ·iri vengará n u padre matando en un de afio personal a los tres gigantes hijos de Jerión. I-lércule queda por rey de toda España dividiéndola en Bética, Lusitania, Galicia, y el reino de Asturias y antabria. Como rey de Asturia • y Cantabria deja a su hermano Astur de quién tomó el nombre de Asturias. Cosío saca esta noticia de Sota y desconocemos de donde la toma el benedictino de Puente Arce, pero el nombre del rey parece convertir a Cantabria en un apéndice de la vecina Asturias. Cosío arregla esta posible dependencia colocando el palacio de Astur sobre la peña que domina Igollo (39). Astur se casó en primeras nuncias con la hija del rey de Fenicia, Europa (40). El que su mujer se llamase Europa indica que no sólo fue rey de Astu- (34) /bid., n• 49, p. 27. (35) /bid., n• 50, pp. 27-28. (36) /bid .. n• 55, pp. 30-31. (37) !bid., n• 57, p. 31. (38) /bid .. n' 57, p. 31. (39) !bid., n• 68, pp. 40-41. (40) !bid., n' 71, p. 42. www.editorial.unican.es 144 ESTUDIOS SOBRE LA SOCIEDAD TRADICIONAL CÁNTABRA Los españoles castizos vieron que desde el horizonte de su cultura la única forma de alcanzar una identificación era cerrándose sobre sus leyendas: Santiago y cierra Espafia. La Espafia barroca fue conformada por sus leyendas nacionales y por muy ilustradas que fuesen las generaciones del siglo XVIII no iban a encontrar fácil el desprenderse de ellas. Hay quien sabe que no son ciertas, como Mayans, y no se atreve a desvelarlas públicamente por miedo a la reacción social, mientras Perreras no está menos seguro de la falsedad de las leyenda de Santiago que Mayans, pero la defiende públicamente con todos los argumentos supuestamente científicos que tiene a mano y en su Sinopsis histórica de España es asentada con una fuerte coloración nacionalista. Perreras parece sentir la necesidad de defenderla por razones políticas; también en este punto, como los barrocos la ciencia está al servicio de la leyenda. Los ilustrados debilitaron pero no acabaron con las leyendas locales, regionales y nacionales y posteriormente en el romanticismo surgieron con nueva fuerza, y en época más reciente han encontrado un terreno propicio para crecer dentro de eso que los contemporaneistas llaman los diversos "nacionalismos" españoles del siglo XX. Desde el siglo XVII en el mundo cultural español las leyendas otorgan las señas de identidad y no se puede renunciar a ellas sino se quiere disolver su propia identidad en un universalismo sin referencia social alguna. Los ilustrados tratan de barrer las tradiciones mitos y leyendas del siglo XVII para introducir (más que crear) la ciencia, pero no pueden culminar ninguno de los dos objetivos porque ello supondría la imposibilidad de cerrar España (76). Las tradiciones leyendas y mitos del siglo XVII son múltiples: unas son corporativas, otras son locales, las hay también regionales y propias de los diversos reinos de la monarquía y finalmente existen también aquellas que realizan la función, como ya hemos dicho de cierre sistémico de Espafia. La España de las tradiciones no es una España agresiva e imperial sino sólo defensiva pues las tradiciones sólo le permite cerrarse sobre sí misma y poder hacer frente a las agresiones exteriores. Hay que tener en cuenta que esta función defensiva la consigue con una cierta eficacia pues en la guerra de los treinta años fue necesaria la alianza de Francia e Inglaterra de Cromwell para llevamos a la paz de los Pirineos. (76)/bid.,p.191. www.editorial.unican.es 146 ESTUDIOS SOBRE LA SOCIEDAD TRADICIONAL CÁNTABRA sonal, sino, sencillamente, una personificación de los valores trascendentes que hemos visto inherentes en la Monarquía Católica en cuanto entidad política histórica" (79). "De cualquier ángulo que la miremos, nos aparece siempre la figura del monarca como una pura abstracción, como una concreción de aquellos valores que el autor estima defendidos por la Corona Católica. Idéntica neutralización de la persona del monarca encontramos más adelante cuando contemplamos a través de los cristales de los hombres de 1635, el monarca francés, a Luis XIII" (80). Desde está concepción de una España eterna o fuera del tiempo la política no es posible; el papel del rey de los hombres del gobierno es perpetuar la situación y para ello hacer lo que se piensa que siempre se ha hecho. Esta negación de la política no impide ni mucho menos la conciencia de un individualismo extremo no sujeto a ninguna norma ni a ningún valor superior a él mismo. La preocupación máxima de Felipe IV es algo tan individualista como salvar el alma. Este individualismo está íntimamente ligado a un universalismo intemporal y abstracto. A pesar de esta fuerte conciencia individualista, el individuo no es autónomo porque debe conformarse con las tradiciones que lo definen y le dan identidad. En esta vieja identidad holista al individuo le da nombre el grupo constituido por una narrativa legendaria. Con la negación de la política España desapareció como proyecto en construcción. En ese momento era simplemente una agregación de partes todavía no ensambladas. Por eso, en el siglo XVII no se habla tanto de España o de español como de los reinos que lo componen o en general de las Españas. La conciencia colectiva situada fuera de la historia por los mitos que la dominan es incapaz de ensamblar las partes que la han originado en una unidad superior. Cada una de estas partes tienen sus propios mitos que cantan las excelencias y el honor del grupo al que definen, ya se trate de una congregación religiosa, o de una cofradía, o de una aldea, pueblo, ciudad o reino, etc. Cada mito es configurado en oposición a las agrupaciones rivales. Hay mitos que son comunes o nacionales (los más importantes lo son de origen castellano) y mitos particulares y exclusivos. (79) lbid, p. 225, (80) /bid., p. 226. www.editorial.unican.es 148 ESTUDIOS SOBRE LA SOCIEDAD TRADICIONAL CÁNTABRA Además la Sinopsis histórica de Perreras tiene una estructura analítica y está por ello lejos de ser una narrativa sobre España. La historia de España de Pran~esc Masdeu fue escrita a final del XVIII, pero en Italia y no pudo desbancar a la de Mariana. Las numerosas historias del siglo XIX sobre España tampoco llegan a desplazar a la narrativa del Mariana hasta el final del siglo XIX. Esta permanencia durante tres siglos del discurso sobre España no se debe tanto al acierto de Mariana, ni a la impericia de los historiadores españoles como al fracaso de España como sociedad política. Si la historia de España permanece durante tres siglos es que España como sociedad política no ha entrado en la historia. No hay que pensar que si Perreras intenta barrer las leyendas de la historia de España y Martínez Mazas hace otro tanto de la historia de Cantabria, hemos entrado ya en la comunidad política. Ni mucho menos, el pensamiento sigue siendo abstracto y no se implica en la realidad; lo único que consigue es deshacer la equivocada o, mejor quizás, incompleta identidad barroca. La solución no era tanto erradicar todos los mitos de cuajo como trascenderlos mediante la comunidad política. Ya se ha dicho que la comunidad legendaria conlleva, por una parte, una mejor defensa de sus intereses hacia el exterior y, por otra, una guerra interior más o menos caliente. En momentos de especial tensión como en la guerra de los Treinta Años la frágil unidad de la monarquía hispánica estuvo a punto de descomponerse en multitud de partes. Al final todo acabó con la pérdida de Portugal y la Cataluña francesa. No hay que culpar de esto solo o en primer lugar a la guerra o a los poderes periféricos sino al particularismo de la misma monarquía, padre y madre de todos los particularismos. En la Ilustración España pierde identidad, lo que conlleva, por una parte, una incapacidad de defender sus intereses frente al exterior, y una incomprensión de la propia autodefensa ( como ya se ha dicho) y por otra la disminución de la presión del particularismo del poder central sobre los poderes periféricos con lo cual la guerra civil interior disminuye de intensidad. Pero no nos engañemos la realidad social ilustrada sigue siendo tan incivil como la barroca. En ella se lucha con saña por el previlegio y la ventaja frente a los diversos poderes. El diálogo y la comunicación se reducen a la fuerza y a la violencia. Era normal porque desde un pensamiento abstracto, que no está implicado en la realidad se puede argumentar lo que se quiera, y naturalmente el que puede de verdad querer es el que tiene poder. Al final se acaba pensando lo que el poder manda. Es verdad que el debate intelectual tiene mucho de lucha darwiniana, pero es que en España no puede haber un verdadero debate porque se piensa desde un universalismo abstracto, que lo único que puede producir son www.editorial.unican.es 150 ESTUDIOS SOBRE LA SOCIEDAD TRADICIONAL CÁNTABRA dependencia de Cantabria respecto de Castilla: "en lo eclesiástico, hasta la erección del nuevo obispado hemos pasado como un apéndice del arzbispado de Burgos( ... ), y en lo político y civil hemos dependido bastante de esa capital" (84). Esta supeditación territorial a Burgos aparece plásticamente refleja en los extremos y remates de la Colegiata (hoy catedral) de Santander donde campeaban los escudo de Burgos y Santander hasta el final del siglo XVfL Y ser Castilla es lo último que se puede ser porque es estar fuera de la lucha por el privilegio que caracteriza a un país cuyo poder central es incapaz de concebirse de otra manera que patrimonialmente. Cosío trató de darle una cierta identidad a Cantabria en cuanto que la vio el origen y fundamento de la monarquía y la nobleza española, pero esto no bastaba. El ilu trado Manínez Mnzas acabará con todos los mitos y Cantabria parece integrada en el común de la monarquía. En resumen el individuo que vivía en Cantabria en el siglo XVII y XVIII tiene una poderosa conciencia individualista y se siente formando parte de cada una de las comunidades locales en las que está inserto y por encima de ella de una comunidad general o común que no acaba de convertirse en comunidad JJolítica. Cantabria no acaba de verse como una comunidad regional intermedia entre la general y la local. En mi opinión la Cantabria del siglo XVII y XVIII, en la que determinadas mjnorías pretenden mostrar (en interés propio) la existencia de unos ra gos , ingulare , no había logrado dotarse de instituciones propias ni generar unos mitos específicos, capaces de lograr la vertebración integradora de los diferentes particularismos en un conjunto supralocal. La vinculación del individuo en estos dos siglos con su población, región o monarquía es holista. Pero dentro del holismo común la inconcreción identitaria de Cantabria respecto al ámbito nacional tuvo importantes consecuencias en el devenir de los dos siglos que estamos considerando. Y las consecuencias serán muy negativas mientras no seamos capaces de trascender nuestra vida como país desde la comunidad natural a la comunidad política. 6. Individuo y comunidad en la realidad social de la Cantabria de los siglos XVII y XVIII El hecho de no ser España un sistema u organismo vivo va a traer gravísimos inconvenientes para todos y muy especialmente para aquellos territorios (84) Ver MARTÍNEZ MAZAS, José, Memorias Antiguas ... , op, cit., f.!. www.editorial.unican.es 152 ESTUDIOS SOBRE LA SOCIEDAD TRADICIONAL CÁNTABRA tiene como territorio de aplicación la provincia de Guipúzcoa y el señorío de Vizcaya (85). Sin embargo la primera legislación general sobre montes de marina nace un siglo después con la confirmación real, el 3 Abril de 1656 de la Instrucción de Toribio Pérez de Bustamente que había sido promulgada seis años antes que el corregimiento de Laredo. Esta In trucción no aparece repentinamente d la nada, ino que va precedida de una práctica anterior. E ta pr, ctica no es de conocid,, pero no hay duda que la hubo porque la mjsma cla. ificación d monte que figura en la Instrucción indica una situación de "facto" que supone un largo proceso. La necesidad de impulsar la construcción de barcos para la armada genera usos, normas de aplicación local y finalmente toda esta actuación se decanta en la Instrucción de 1650 para las cuatro villas. Por otra parte la Instrucción de Pérez y Bustamante recoge el momento en que los nobles oponen exitosamente su particularismo al particularismo de la monarquía. Como ya hemo vi to Cantabria n fue capaz de convertir ese paiticularismo nobiljario en particularismo regional. Parece ser que fue a partir de la Instrucción de Pérez de Bustamante cuando la monarquía se desinteresó de la armada y no exigió el cumplimiento de la Instrucción. El poder patrimonial de la monarquía sume a las poblaciones en la subsistencia e impide la capitaUzación y de arrollo del mer acto. Incapaz de entender el interés general como interés de_G tado y no como inter· preernin me o privilegiado obre los interese particulares condena a las pobla ione que lo soportan al atraso económico. empre aria! y técnico. La implantación del impuesto de la al en 1631 (del 1ue la provincias exenta 1 graron ve . e libres) produjo la caída del ector pe quer en Cantabria; lo qu afectó también al tran port marítimo y a la larga también al comercio. La definitiva integración de Cantabria al común se produjo en 1717 con el traslado de las aduanas a la costa mientras Vizcaya y Guipúzcoa las conservaron en lo. puertos secos logrando así una vez más imponer su particularismo al particulari mo de la monarquía. La necc idad a mitad del. iglo XVJll de una podero, a armada. que sea apaz. de medirse con las mej re flota. del momento supone el conirol y la apropia ión por el poder de la monarquía de todo lo recurso madereros. (85) Ver 1547.Novísima Recopilaci6n, libro VII, título XXIV, ley VIII. www.editorial.unican.es www.editorial.unican.es 258 ESTUDIOS SOBRE LA SOCIEDAD TRADICIONAL CÁNTABRA toria, representando el modo de la familia campesina, y por extensión del campesinado. El hecho de que la casa, como unidad de explotación, haya llegado hasta nuestros días, se explica por la eficacia con que ha cumplido su estrategia de aprovechamiento de los recursos, a partir de una extraordinaria versatilidad que le ha pennitido introducir cambios en lo particular, manteniendo en lo general su estructura. En suma, la casa de labranza ha venido siendo la célula básica del medio rural en Cantabria. El otro concepto que se está utilizando es el de campesinado, que igualmente exige algunas matizaciones. Campesinado no tiene aquí el sentido restrictivo que se deriva de la definición que engloba en este grupo a los agricultores de pequeña escala que viven en una tierra con obligaciones en forma de renta, que es con el que frecuentemente lo utilizan antropólogos e historiadores dedicados al estudio de las sociedades preindustriales o en transición. Fuera de la definición quedaban los jornaleros, y por el otro lado los propietarios, como categorías independientes. El hecho de que existan sociedades desarrolladas con segmentos integrados por unidades familiares de producción y consumo dedicadas a la explotación agraria del suelo, con independencia de que posean tierra o no y de la fonna de tenencia, ha hecho afinar el concepto, a fin de dar cabida en el mismo tanto a los jornaleros, que también están presentes en estas sociedades, como a los aparceros y a los pequeños propietarios (2). De este modo, el concepto de campesinado hace referencia a una casuística sumamente amplia, y operativa a los efectos que nos interesan en este caso. La definición amplia de campesinado por la que se ha optado permite tomar en consideración a un nutrido grupo de gentes, en cuyo seno las posiciones se han alterado radicalmente, al tiempo que lo hacían las relaciones de producción y el modo de producción. Precisamente, el paso de un modo de producción doméstico a otro mercantil marca la frontera entre dos mundos que convencionalmente llamamos tradicional y moderno respectivamente, y que sirve a los efectos del análisis que se va a efectuar en las líneas que siguen, en las que se comprobará cómo el cambio no sólo ha tenido una dimensión temporal, sino también espacial, de manera que mientras la casa campesina en algunas comarcas de Cantabria ha sido muy sensible a la transformación, en otras se ha mantenido reacia al cambio e incluso refractaria, dependiendo de su capacidad para adaptarse a los condicionamientos económicos demandados por los nuevos tiempos. En todo caso, no cabe duda de que el concepto de cambio es extremadamente lábil, y cuando hacemos mención del mismo nos estamos refiriendo a un largo proceso que se inicia difusamente (2) Ver SEVILLA-GUZMÁN, Eduardo y PÉREZ YRUELA, Manuel, "Para una definición sociológica del campesinado", en Agricultura y Sociedad, 1 (1976), pp, 15-39 www.editorial.unican.es 260 ESTUDIOS SOBRE LA SOCIEDAD TRADICIONAL CÁNTABRA Estas mieses, de las cuales existen varias en cada aldea, y cuyas parcelas se emplean hoy en día fundamentalmente como praderas artificiales, hasta hace poco más de dos décadas se destinaban exclusivamente al cultivo del maíz, expresando el significado que tuvieron en el pasado como terrazgo colectivo, o como lugar dedicado al policultivo cerealista (3). Tras la introducción del cultivo del maíz en el siglo XVII, y dada la diferente estacionalidad de los cereales, las mieses quedaron destinadas en unos casos a la cosecha de los cereales de invierno -entre los cuales el trigo y la escanda, juntamente con el centeno en algunos lugares, eran los dominantes-, y en otros a la de los cereales de primavera, que quedaron limitados casi exclusivamente al maíz. Sólo cuando las circunstancias lo exigieron convivieron en la misma mies los cereales de los dos grupos, debido a la intensa normativa comunitaria que reclamaba su dispar cultivo, y que había de recogerse en el ordenamiento local, transmitido por tradición oral en unas ocasiones y plasmado por escrito en ordenanzas en otras. La extraordinaria producción y su estimada panificación hizo que el maíz se impusiera sobre el resto de los cereales en el siglo XVIII. Sólo el valor que el trigo tenía asignado en los pagos de rentas, realizados generalmente en especie, hizo que este cereal perviviera, aunque su cultivo en la primera mitad del siglo XIX era ya muy débil en la mayor parter de Cantabria. En un sistema agrario como el tradicional, orientado decididamente hacia la agricultura, los prados cumplían una función secundaria o complementaria. Su emplazamiento, que en el continuum pratense que se observa en la actualidad destaca escasamente, aparecía perfectamente diferenciado en el pasado. Por un lado se localizaban en las márgenes de los ríos, en lugares poco aptos para el cultivo de los cereales, aprovechando la umbría y el frescor de estos espacios. Y por otro lado se localizaban en las laderas bajas o cuestas, en aquellas partes de la aldea poco indicadas para la siembra de los cereales por razón de su pendiente. En ambos casos, estos prados se encontraban, como en nuestros días, diferenciados a título individual a través de cercas. Los prados más altos que advertimos en el paisaje agrario actual en las zonas altas de las aldeas, rodeados de pared seca, y que a menudo son conocidos como cierras, responden a tierras ganadas a los comunales por los particulares, fundamentalmente desde el siglo XVIII, aunque esta práctica fue sumamente común en el siglo XIX y aún en el XX hasta los años cuarenta. (3) Ver ORTEGA VALCÁRCEL, José, La Cantabria rural: sobre "La Montaña", Santander, Universidad de Cantabria, 1987, pp. 46-57. Y también, GARCÍA FERNÁNDEZ, Jesús, Organización del espacio y economía rnral de la España Atlántica, Madrid, Siglo XXI, 1975, pp. 33-35. Para un caso zonal, relativo a la Edad Media, GARCÍA SAHAGÚN, Javier, La organización del espacio agral'io en Liébana durante la Edad Media, Santander, Ediciones Tantín, 1986, pp. 21-36 www.editorial.unican.es 262 ESTUDIOS SOBRE LA SOCIEDAD TRADICIONAL CÁNTABRA como ecclesiae y a veces también como villae, denominación ésta que ahora no alude a unidades te1Titoriales sino a pequeños núcleos de población, lo cual no extraña dentro de la acusada polisemia de la terminología medieval (5). Pues bien, la ecclesia y la villa no eran otra cosa que el resultado de la forma de atribución del espacio en época altomedieval, merced a la ocupación del suelo que llevan a cabo la Iglesia -en el caso de las ecclesiaey los grandes propietarios -en el caso de las villae-. Esta ocupación del suelo, en cualquier caso, se efectuaba mediante el establecimiento de pequeñas unidades de explotación, consecuente a un sistema de presura de la tierra u otro similar. Tales establecimientos, convertidos en auténticas células colonizadoras, permitían, no sólo la fijación del hábitat, sino la organización del espacio circundante a las nuevas explotaciones y la dotación de unas estructuras que resultarían duraderas. Es en el siglo X cuando mayor intensidad adquiere el proceso de fijación del hábitat en Cantabria con el establecimiento de nuevas explotaciones, a través de licencias concedidas por la Iglesia o por los grandes propietarios a los inmigrantes de otras tie1Tas, o bien anudando vínculos contractuales con la población autóctona. En el correr del tiempo, estas células colonizadoras darían lugar en buena parte de los casos a la constitución de aldeas, con lo que se consolidaba tanto el poblamiento como la colonización del suelo. En otros casos, el nacimiento de estas aldeas debió ser el resultado de la colonización directa del suelo por parte de familias autóctonas, que al mismo tiempo que roturaban el suelo procedían a la organización del espacio. La aldea fue así la expresión no sólo de la te1Titorialización de la región, sino también de la feudalización de la sociedad cántabra, en cuanto que era la unidad elemental del hábitat, y añadidamente la unidad social por excelencia. Mas la esencia de la aldea medieval eran las pequeñas explotaciones agrarias que integraban la misma, las cuales representaban la vida de las familias que trabajaban en ellas. Era, por tanto, la aldea un conjunto de explotaciones, o si se prefiere de solares, de acuerdo con la terminología al uso entonces. La variabilidad semántica de la época otorga un gran número de significados a éste término, que comienza a utilizarse en el siglo XI y que parece impuesto en Cantabria a partir del siglo siguiente. Pero tras su inicial significación de tierra, de suelo, de finca, de hereditate, parece que pasó a significar en el siglo XI el núcleo central de la explotación, y más frecuentemente explotación doméstica o incluso patri- (5) Ver DÍEZ HERRERA, Cam1en, Lafo1·mación de la sociedad feudal en Canrabria.La organización del ten'itorio en los siglos XI al X!V, Santander, Universidad de Cantabria y Asamblea Regional, 1990, pp. 17-30. www.editorial.unican.es 264 ESTUDIOS SOBRE LA SOCIEDAD TRADICIONAL CÁNTABRA Es, por tanto, en los siglos medievales en los que hay que buscar los orígenes de la casa campesina en Cantabria. Al final de esta época se había producido en el campo de la región el afianzamiento de una organización social asentada sobre una sólida relación económica y jurídica,' entre los titulares de la tierra y los colonos que la trabajaban. Esta relación se establecía en virtud de un contrato, que en Cantabria era mayoritariamente de an-endamiento, por el cual los concesionarios entregaban a los arrendatarios un conjunto de tierras, que podían incluir la casa y demás dependencias, por un tiempo, a cambio de un canon. Además, los concesionarios ponían en manos de los colonos ganados, a través de un contrato más, que generalmente era de aparcería, y que investía a los beneficiarios de la condición de llevadores. Se generaba, de este modo, una situación gravosa para estos últimos, que constituía la esencia de la organización social, y que en poco o en nada se diferenciaba de la de otras regiones n01teñas, no siendo por la importancia que los contratos de foro alcanzaban en las regiones del Noroeste peninsular, los cuales aparecen en Cantabria circunscritos exclusivamente al monasterio de Santo Toribio de Liébana. El éxito experimentado por la casa campesina en los siglos posteriores, estructurada según se ha explicado como fórmula de explotación del suelo, se debe a varias razones, que fundamentalmente se hallan en su idoneidad ecológica y en su extraordinaria versatilidad. En cuanto a la primera de estas características, la casa de labranza nació con el terrrazgo disociado porque era de esta forma como se lograba maximizar la explotación de los recursos que se perseguía. En efecto, la parcelación del terrazgo encien-a un extraordinario equilibrio ecológico en el que se conjugan, en el seno de la aldea, las tierras llanas y las más accidentadas, las tierras más húmedas y las más áridas, las tierras mejor orientadas con las peor orientadas, los aprovechamientos de las bajuras con los de las alturas, etc. Ello se expresa a través de una armonía ecológica que constituye una de las razones de la larga vida de la casa campesina en Cantabria. Dicho de otro modo, la dispersión de los elementos de la casa encierra una lógica, cual es la diversificación de los recursos (7). Pero dicha diversificación es la clave que explica la singular versatilidad de la casa de labranza. Una versatilidad que la ha permitido asimilar numerosos cambios en el correr del tiempo sin modificar la estructura, dando entrada a nuevos cultivos, a nuevas técnicas, a nuevas formas de tenencia de la tierra, a nuevos modos de producción, etc. De los orígenes de la casa de labranza se han derivado otras particularidades que han acompañado a la misma en el con-er del tiempo, tales como la corte- (7) Análogamente, ver GÓMEZ PELLÓN, Eloy," La casería: Estructura económica y social de la unidad de explotación agraria en Asturias", en Revista de Antropologfa Social, 4 (prensa). www.editorial.unican.es 272 ESTUDIOS SOBRE LA SOCIEDAD TRADICIONAL CÁNTABRA se añadía la propiedad de la hidalguía media, que no siendo considerable estaba sobradamente representada en todas las comarcas, distribuida en pequeñas explotaciones agrarias por lo general, y sujeta a contratos de arrendamiento. Más importante debía ser la propiedad de algunos títulos de nobleza, aunque sin llegar a la cuantía de otras regiones de implantación de la pequeña explotación. Es de este modo como se comprende que aunque, en efecto, la magnitud de la pequeña propiedad fue significativa en Cantabria en el Antiguo Régimen, resulta más ilustrativo hablar de pequeña explotación, para englobar tanto a la dependiente de los pequeños propietarios como a la que contractualmente se hallaba en manos de los arrendatarios. Esta precisión no modifica la idea de que en Cantabria, al igual que en otras regiones atlánticas de análogos condicionamientos geográficos y de parecidas connotaciones históricas, como es el caso de Asturias, el establecimiento de la pequeña propiedad y su consolidación posterior se enmarcan en a la estrategia colonizadora del suelo. Más aún, la parcelación que se observa en la pequeña explotación rural de Cantabria desde la Edad Media no es superior a la que se observa en la Galicia septentrional y en Asturias, sino acaso infe1ior. Considerando que en aquellas regiones el triunfo de la herencia indivisa y de la sucesión unipersonal tiene muchos siglos de vigencia, es muy difícil mantener que en Cantabria las razones de la atomización parcelaria se hallen en las indefinidas divisiones debidas a las particiones hereditarias, sin negar que éstas habrán contribuido en alguna medida a remarcar este aspecto, al igual que en las regiones señaladas, si se advierte que esta parcelación, enraízada en el pasado, ha crecido muy escasamente en el tiempo. Incluso, y de hecho, la herencia indivisa ha vertebrado la vida rural de una importante parte de Cantabria desde hace tanto tiempo como en el Norte de Galicia o en Asturias, como se verá en otro apartado. Ello conduce a pensar que la explicación de la exiguidad de las explotaciones y de la atomización de la tierra se encuentra esencialmente en la estrategia colonizadora del suelo que se ha referido. Por eso, la casa, tanto en el sentido estricto de mera construcción, como en el sentido amplio que incorpora las tierras, pasando a aludir al modo de vida de la familia campesina, y que es el que se viene empleando en las líneas precedentes, responde a una concepción ecológica, en tanto que refleja una profunda relación con el medio en el que se halla enclavada. La explotación de reducidas dimensiones, entre tres y cinco hectáreas, parece haber sido la más común en la región hasta fecha reciente, en una tierra como la de Cantabria donde la actividad del campo ha estado estrechamente unida a la pequeña explotación de modestos propietarios y de arrendatarios. El triunfo de la pequeña propiedad que se experimentó desde la segunda mitad del siglo XIX, y que se intensificó desde www.editorial.unican.es 274 ESTUDIOS SOBRE LA SOCIEDAD TRADICIONAL CÁNTABRA Este modo de producción ha venido constituyendo desde hace muchos siglos la certera expresión de la subsistencia del campesinado. Efectivamente, los útiles eran efectuados, en su mayor parte, en el marco de la propia casa de labranza, si se excluyen aquellos elementos que ofrecían una mayor dificultad, como los metálicos. Estos eran realizados por los herreros locales, especializados en el trabajo propio de las ferrerías. Los herreros, como otros especialistas ---carpinteros, sastres, etc.- que desempeñaban sus oficios en una sociedad campesina como la tradicional, marcada por la economía de subsistencia, no entregaban todo su tiempo al desempeño de su actividad, sino que permanecían incardinados primariamente en las labores del campo, y sólo estacionalmente o en los recesos de cada día ejercían el oficio secundariamente. La propia autarquía del modo de producción doméstico contradice la dedicación exclusiva de estos especialistas: ni su grupo doméstico de origen puede prescindir de sus brazos en la vida cotidiana de la casa, ni los diferentes grupos domésticos pueden reservar una parte de su producción para el pago de especialistas permanentes. La solicitud de sus servicios es sumamente ocasional, y el pago se lleva a cabo con bienes o en monetario cuando cada cual se encuentra en disposición de hacerlo. En otro momento se ha señalado cómo los dos rasgos que han acompañado a la casa de labranza en Cantabria desde su mismo nacimiento son la dispersión de sus elementos y la diversidad de sus recursos. En esta diversidad, el bosque y el monte comunal eran capaces de generar la madera necesaria para fabricar los aperos, y complementariamente fmtos como las castañas y las nueces. El huerto y las tierras de labor producían lo necesario para la alimentación de los miembros de la familia, aparte de los granos necesarios para efectuar el pago de las rentas en su caso. Por su paite, los prados posibilitaban el alimento del ganado. La dieta de los campesinos de Cantabria, en general, y hasta bien entrado el presente siglo en que la economía agrai'Ía comenzó a producir excedentes decididamente, parece haberse caracterizado por la moderación, resultando insuficiente en algunas épocas del año, como en las soldaduras estacionales. Sólo un ímprobo esfuerzo, que se fue haciendo mayor confmme la progresión demográfica se incrementó, en los siglos XVIII y XIX, pe1mitió a muchas familias alcanzar el umbral mismo de la supervivencia alimentaria. Esta dieta campesina se sustentaba fundamentalmente sobre las leguminosas y los cereales (16). Las alubias, de procedencia indiana y cultivadas en Cantabria desde el siglo XVII, superponiéndose con éxito a las habas y a los (16) Ver comparativamente en el caso asturiano, GARCÍAFERNÁNDEZ, Jesús, Sociedad y organización tradicional, . ., op. cit., pp. 175-178. www.editorial.unican.es 276 ESTUDIOS SOBRE LA SOCIEDAD TRADICIONAL CÁNTABRA abruptas, la economía agraria tenía un carácter netamente agrícola antes de mediados del siglo XIX, y no así en el resto, donde la economía era de signo ganadero. Sin embargo, el autoabastecimiento de la casa campesina, en aquellos lugares donde la agricultura era dominante, impulsaba la presencia de algunas cabezas de ganado, fundamentalmente vacuno, a las que se unía en ocasiones un pequeño rebaño de cabras y de ovejas, y algún cerdo. Tales reses, y particularmente las bovinas, cumplían una múltiple función, en tanto que suministradoras de leche -la cual se tomaba por lo general desprovista de la grasa, que de esta manera era empleada en la elaboración del queso y de la mantequilla-, de estiércol para fertilizar el suelo y de crías. La estima económica que merecía este ganado hacía que con frecuencia la propiedad del mismo estuviera en manos de propietarios privilegiados, por lo que el campesino era simple aparcero o llevador. Este ganado bovino se hallaba perfectamente adaptado, dada su naturaleza autóctona, y pertenecía fundamentalmente a dos razas (17), la pasiega, desaparecida en los años sesenta del siglo actual, y la tudanca que cuenta con dos variedades llamadas campurriana y lebaniega. En relación con la autarquía de la casa campesina que se viene señalando, se halla precisamente la producción de lana, procedente del esquilado de las ovejas que se realiza a comienzos del verano, y que servía de materia prima para el hilado doméstico. La otra materia prima que contribuía al mismo fin era el lino, cultivado en determinadas parcelas de tierra en la zona más próxima al río, en los linares. En ambos casos, y una vez obtenido el tejido, era sometido a la pisa o artilugio hidraúlico inseparable de los valles de Cantabria, y en el cual un gran mazo movido por la fuerza del agua se encargaba de acondicionar y adelgazar los citados tejidos antes de ser confeccionados. El resultado final eran las ropas de la vida cotidiana, muy alejadas de los trajes de fiesta con los que a menudo se suele ilustrar la vida cotidiana de los campesinos, y que por cierto se fueron modificando considerablemente a lo largo del tiempo, aparte de las diferencias individuales que han existido en el vestir de todas las épocas. El común denominador de los usos de la vestimenta campesina en el pasado, sin embargo, hubo de venir dado por su escasa sujeción a la moda, y más aún por el parecido de las hechuras, y sobre todo por la homogeneidad del color, propio de una ropa exclusivamente sujeta a la estrecha variación introducida por los tintes naturales. Ciertamente, puede parecer excesiva la afirmación de que en el modo de producción doméstico se produce exclusivamente para el uso, para el consumo, y ello exige una aclaración. La familia campesina necesitaba producir excedente (17 )Ver FERRER REGALES, Manuel, La ganadería bobina en la región astur-cánrabra, Oviedo, Instituto de Estudios Asturianos, 1963, pp. 9-11. www.editorial.unican.es 278 ESTUDIOS SOBRE LA SOCIEDAD TRADICIONAL CÁNTABRA productores o bien porque sean pocos los consumidoresdejan de trabajar cuando han alcanzado el nivel de subsistencia, renunciando con ello a su potencial caudal de producción. La conclusión es bien evidente (19): cuanto mayor es la capacidad de trabajo de las unidades de producción, esto es, de las casas de labranza-, menor es su intensidad de trabajo. 4. El proceso de cambio de la casa campesina Más arriba se ha explicado cómo el sistema tradicional permitió la introducción de modificaciones diversas en el seno de la casa campesina, aunque la solidez del mismo no supuso su transformación. A lo largo de los siglos fue asimilando cambios, en ocasiones muy profundos, sin que su organización resultara alterada en lo fundamental. En este sentido, la aceptación de un préstamo cultural de enmme trascendencia como el maíz había supuesto desde comienzos del siglo XVII cambios muy notorios en la vida de la casa de labranza y en la de las comunidades campesinas, los cuales tuvieron su reflejo en la organización del espacio colectivo que eran las mieses. El citado préstamo, empero, posibilitó el cultivo de un cereal bien adaptado, capaz de proporcionar una segura alimentación, lo cual supuso el lento desplazamiento del trigo que a comienzos del siglo XIX se había dejado de cosechar en grandes zonas de Cantabria. Aunque no de manera tan acusada, la aceptación de la patata desde finales del siglo XVIII también comportó cambios significativos, tanto en la organización de la casa campesina como en la dieta de sus miembros. A pesar de todo ello, cuando la segunda mitad del siglo XIX se hallaba bien avanzada la casa de labranza en Cantabria seguía estando extraordinariamente apegada a un pasado que en algunos aspectos no distaba demasiado de la época medieval, y la transformación de la misma había sido tan escasa que podía considerarse como adjetiva, y en absoluto como sustantiva. Sin embargo, el crecimiento experimentado por la población, al que no era ajeno el medio rural, estaba engrosando el tamaño de las familias campesinas, y poniendo a prueba la capacidad de la casa de labranza como unidad autárquica. En las comarcas de la Marina, por ejemplo, este crecimiento entre mediados del siglo XVIII y mediados del siglo XIX fue casi del 50 por ciento (20). Ello estaba suponiendo un enorme crecimiento de los efectivos demográficos que, sin embargo, no se estaba correspondiendo con otro similar de los recursos. (19) Ver CHAYANOV, V. C., La organización de la unidad económica campesina, Buenos Aires, Nueva Visión, 1975, pp. 60 y ss. (20) Ver LANZA, Ramón, La población y el crecimiento económico .. ., op. cit., p. 101. www.editorial.unican.es 280 ESTUDIOS SOBRE LA SOCIEDAD TRADICIONAL CÁNTABRA nial de éste último (22). Aquellos emigrantes que, en pequeña proporción, regresaron del viaje americano pasaron a engrosar la figura del indiano, en la cual se reune toda la fuerza expresiva del éxodo campesino de estos años. Esta emigración de ciclo largo se vería enriquecida con la nueva vía que, en los últimos lustros del siglo XIX y en los primeros del XX, se reveló al calor de la naciente industrialización surgida en tomo a los núcleos fabriles de Torrelavega y Santander, y sobre todo del País Vasco. Al mismo tiempo que la válvula de escape de la emigración introducía una variable positiva -y no por ello menos dramáticaen el medio rural de la Cantabria de la segunda mitad del siglo XIX, la necesidad de producir más condujo al campesinado a ensayar nuevos derroteros. Se había logrado producir más, y sobre todo producir sin intermisión, dando cabida a cultivos cada vez mejor adaptados, pero el esfuerzo resultaba insuficiente. La temprana apertura de la vía castellana a través de Reinosa, nada más iniciarse la segunda mitad del siglo XVIII, había favorecido la entrada en la región de trigo procedente de la Meseta, estableciendo una difícil competencia, ya en dicho siglo, con la pobre escanda de Cantabria, de forma que en la primera mitad del siglo XIX se advierte cómo en Cantabria la especialización ganadera comienza a adquirir consistencia, resultando bien elocuente la producción de recría vacuna de parte de sus razas autóctonas. La organización del terrazgo, claramente basculado hacia la producción cerealista, no parecía, sin embargo, concordar con las nuevas necesidades, salvo en las comarcas montañosas donde se practicaba una ganadería tradicional de signo extensivo. La posibilidad de reorientar el terrazgo, de manera que su producción diera cabida a la ganadería, vino de la mano del texto normativo que permitía la supresión de la derrota , a mediados del siglo XIX, siempre que los correspondientes ayuntamientos lo estimaran oportuno. Tras la promulgación del texto, el camino de la senda ganadera estaba abierto para la casa de labranza, y lo que era más importante, con carácter iutensivo. En la segunda mitad del siglo XIX existe la clara couciencia entre la burguesía agraria de que era posible incrementar la producción por la vía ganadera, aunque las razas autóctonas -la pasiega y la tudancano resultaban especialmente aptas para ello, ni en el aspecto cárnico ni en el lechero. De este modo, en (22) Vid ORTEGA VALCÁRCEL, José, Cantab, ia 1886-1986. Formación y desarrollo de una economía moderna, Santander, Cámara de Comercio, Industria y Navegación, 1986, pp. 33-40. Sobre un análisis zonal de la emigración, ver GÓMEZ PELLÓN, E. "Miseria y desmrnigo en un municipio de la Marina de Cantabria. La emigración indiana en la Junta de Voto (1850-1930)", en Cuadernos de Trasmiera, IV (1993), pp. 103-134. www.editorial.unican.es 288 ESTUDIOS SOBRE LA SOCIEDAD TRADICIONAL CÁNTABRA valles altos, mientras desaparecen en las tie1rns cántabras del Sur de la Cordillera, como es el caso de parte de la comarca de Campoo, donde el sistema castellano de iguala y la familia nuclear se muestran con toda su intensidad. También en el área pasiega, donde el peculiar modo de vida construido sobre el nomadismo y necesitado de una particular movilidad ha impuesto la familia nuclear y la herencia a partes iguales. De todo lo dicho se deduce que la troncalidad se halla sólidamente unida a la casa de labranza en Cantabria, y que justamente mantiene su fuerza allí donde se ha producido la modernización de la misma, y donde como resultado la población campesina se ha mantenido apegada a la tierra, que es tanto como decir la franja costera y los valles bajos. Por el contrario, la troncalidad se ha ido disolviendo hacia el Sur, conforme la casa mostraba escasas o nulas aptitudes para la adopción del moderno modo de producción, lo cual ha supuesto mayor envejecimiento de la población y mayor despoblación, situándose en una posición inte1media los valles medios. En estas condiciones, la aparente nuclearida_d que ha ido adoptando la estructura familiar en las áreas montañosas es el paso forzado a su desaparición, de acuerdo con el proceso de desintegración de la casa campesina que está teniendo lugar en las mismas. La emigración de los más jóvenes, ante la falta de expectativas, y la muerte de los más ancianos explican esta aparente nuclearidad, heredera de un sistema previo de familia troncal. La familia troncal parece haber estado extendida por el medio rural de toda Cantabria hasta este mismo siglo, exceptuadas algunas zonas meseteñas del borde meridional de la región y la comarca pasiega por otras razones. Parece evidente que en los momentos de mayor auge colonizador, en la Edad Media, coincidiendo con la instalación de explotaciones agrarias, la familia adoptara una estructura nuclear, acorde con momentos de baja densidad demográfica y abundantes recursos, de manera que dicha estructura se mantendría mientras no se invirtiera la coyuntura y se siguieran asentando nuevos colonos. Una vez colonizado el suelo, y considerando que las roturaciones se mantendrían en niveles bajos, la familia iría adoptando una estructura troncal al tiempo que se producía el crecimiento demográfico, tanto mayor desde el siglo XVII. Esa troncalidad se debió acentuar desde entonces, a medida que se limitaban los recursos, mediante la adhesión de miembros colaterales que ya se ha señalado, la cual alcanza su punto más álgido en las últimas décadas del siglo XIX y en las primeras del XX, que es cuando los efectivos demográficos del mundo rural logran su techo. Más arriba se ha señalado cómo los pivotes sobre los que bascula la troncalidad de la casa son la sucesión unipersonal y la herencia indivisa, al igual que sucede en toda la franja septentrional de la Península, desde Galicia hasta la www.editorial.unican.es 290 ESTUDIOS SOBRE LA SOCIBDAD TRADICIONAL CÁNTABRA tanto la prelación de edad como la de sexo, aun tratándose en todos los casos de una sucesión unipersonal, consecuente a un tipo de familia troncal. Esta sucesión unipersonal se va desvaneciendo en dirección a los valles interiores y más aún a la montaña, afectada por un proceso de desintegración de la casa, a la par que lo hace la herencia indivisa, hasta desaparecer en las comarcas meseteñas dominadas por la herencia a partes iguales. www.editorial.unican.es 292 ESTUDIOS SOBRE LA SOCIEDAD TRADICIONAL CÁNTABRA ciónjunto a otros rasgos diacríticos que permiten a cada grupo reconocerse en su originalidad y ser percibido por los demás como diferente. Las variaciones en el tipo de poblamiento (concentrado, disperso, nuclear, polinuclear), el uso plurifuncional del espacio y de los recursos naturales (agricultura, ganadería, marisqueo, pesca, industria, comercio), las estructuras familiares (nuclear, extensa), los modelos sucesorios del patrimonio doméstico (herencia a partes iguales, mejora a la hija o al hijo que se queda con los padres), los niveles de adscripción social (barrio, pueblo, concejo, valle), las instituciones colectivas (Sociedad de Vecinos, Junta de Ganaderos, Sociedad de Mozos, Cofradías religiosas), las creaciones jurídicas consuetudinarias (Ordenanzas concejiles, Libros de Administración del Pueblo), las manifestaciones civiles y religiosas de la tradición oral (leyendas, gozos, himnos, cantares de boda, canciones de mozos y mozas, romances) son expresión del pluralismo cultural que presentan los diferentes valles de la región (1). La razón de ser y el sentido de este particularismo cultural hay que buscarlo en los diferentes marcos de interpretación que cada grupo tiene de la vida y del universo, en la representación que hace de su pasado actualizado constantemente a través de la memoria colectiva, y en las aspiraciones e ideales que guían su proyecto de futuro. Así pues, la naturaleza del hecho diferencial está, no tanto en los condicionantes externos, sino en el sistema de ideales y de valores que inspira el comportamiento de sus miembros, el conjunto de normas de conducta que se propone como desiderativo, es decir, el ethos o ideal colectivo que da su razón de ser fundamental al grupo Los valles de la costa y los del interior difieren en el grado de concentración de la población, siendo los pueblos de la marina los que presentan un mayor nivel de dispersión que va disminuyendo a medida que nos adentramos hacia la zona más montañosa de la región, a excepción de los barrios pasiegos; igualmente, el modelo familiar varía desde el tipo nuclear de los valles del Sur hasta la familia extensa matrilocal en la costa y patrilocal en el área lebaniega; así mismo, el sistema hereditario se mueve entre la mejora a la hija/o casada/o en casa de Trasmiera y Liébana y las partes iguales en el resto de la región. A estas variaciones hay que añadir la diferente valoración y significación que una y otra zona hacen de instituciones como la Sociedad de Vecinos, la Junta de Ganaderos y la Sociedad de Mozos, instituciones hasta ahora tradicionales, que si bien están desapareciendo, revelan autopercepciones del grupo diferentes, (1) Ver RIVAS RIVAS, A. María, Anrropología Social de Cantabria, Santander, Universidad de Cantabria/Asamblea Regional de Cantabria, 1991. www.editorial.unican.es 294 ESTUDIOS SOBRE LA SOCIEDAD TRADICIONAL CÁNTABRA Así mientras que en la zona de la marina uno nace vecino, en los valles del interior uno se hace vecino. La primera acepción denota contigüidad espacial, cercanía física, en la que no interviene la voluntad del individuo sino que su condición de vecino es fruto del azar, circunstancia accidental que se utiliza en beneficio del grupo familiar quien mediatiza las relaciones con los vecinos reconociéndolos como tales en momentos de necesidad a lo largo del ciclo económico anual. El principio de la vecindad se activa en función de las necesidades del grupo doméstico y de la comunidad, entendida como la suma de los intereses familiares. El ideal de autosuficiencia de la familia preside la ocupación que ésta hace del espacio, ordenándolo de tal modo que la casa como unidad económica y social se rodea de toda una serie de elementos (la cuadra, el pajar, el silo, la huerta, el huerto, el cerrao, el estercolero, el corral, el cobertizo, el patio) que aspiran a prescindir lo más posible de la ayuda ajena, lo cual se corresponde con la participación de todos los miembros del grupo doméstico en las tareas de la tierra y el ganado; cada miembro según su edad, sexo y estado hallará siempre algo que hacer dentro o fuera de la casa. Este afán de independencia familiar queda legitimado popularmente, por los proverbios que sancionan positivamente esta actitud, tranca tu puerta y alaba a tu vecino, mal va el perro donde no le llaman, a puerta cerrada el diablo se vuelve, así como por los propios informantes. "Lo que pueden hacer los de casa no se busca fuera, no es que seamos amigos de hacer favores, es que sería un caso tener que ir al vecino todos los días a que te ayudara teniendo la familia en casa" (Anero, Ribamontán al Monte). "Aquí el que necesita dinero va al banco antes de pedírselo al vecino, así luego no se lo tienes que agradecer a nadie, cuando puedas lo pagas y se acabó, de la otra manera se lo tienes que estar agradeciendo toda la vida al que te dejó el dinero" (Langre, Ribamontán al Mar). La condición de vecino en la franja costera y valles intermedios se pone de manifiesto en acciones comunes de dos tipos: aquellas en las que participan todos los vecinos por mandato de la Junta Vecinal que son las prestaciones u obras vecinales y las que llevan a cabo un grupo de vecinos por iniciativa propia. Las prestaciones vecinales son obligatorias para todos los habitantes que disfrutan de las propiedades del pueblo; cada casa debe enviar a una persona, generalmente, el cabeza de familia o en su defecto el hijo mayor; en el caso de que ninguno pueda, cabe la posibilidad de mandar un obrero corTiendo por cuenta de la casa el gasto del joma!. La limpieza de los caminos vecinales es una de las obras más importantes que se realiza varias veces al año: en julio, se limpian las callejas de los prados y mieses para facilitar la recogida y h·ansporte de la hierba; en la otoñada, se des- www.editorial.unican.es 296 ESTUDIOS SOBRE LA SOCIEDAD TRADICIONAL CÁNTABRA incendios de casas, cuadras y cabañas, accidentes con los carros y tractores, cuando una vaca se entorca (cae a un hoyo), cuando un animal se muere y es necesario soterrar/o (enterrarlo) antes de que se descomponga o cuando el ganado se pierde en el monte y corre el peligro de despeñarse. "Todo el mundo por aquí tenemos animales y nadie puede decir a mí no me va a pasar nada con el ganao, no puede decir nadie no, yo no voy porque no necesito nada; si hay una persona que por lo que sea no te conviene tener con ella un trato cordial o una cosa continua, pues no se tiene, pero si llegado un momento de pura necesidad hay que echarle una mano, también se le echa" (Galizano, Ribamontán al Mar). "Si tienes un momento de apuro llamas a cualquier vecino y no se niega nadie, aunque no se hablen, si vas a llamar en un caso de esos, de una quema, una vaca de parto, sí se ayudan y después que se ha tenninao aquello cada uno a su vida, cada uno va por su sitio, se guardan las distancias" (Entrambasaguas). A pesar del deseo de independencia y autonomía familiar, la precariedad del ganado, las inclemencias del tiempo, las idas y venidas al prado, los trabajos en el pajar, el silo, el estercolero, ... son riesgos que corren por igual todas las familias y de los que ninguna está libre. Si un vecino se niega a ayudar a otro corre el peligro de verse solo cuando él necesite de los demás. Es el interés familiar el que induce a los vecinos a prestar su colaboración, no importa tanto ayudar como ser ayudado en los momentos precisos. Las rencillas y desavenencias se dejan a un lado cuando se trata de un caso de extrema necesidad, pero esto no quiere decir que la relación vuelva a normalizarse, porque no es eso lo que se pretende. Al vecino se acude cuando la familia no se basta a sí misma, es un seguro de ayuda mutua obligatorio que nace de un acuerdo tácito entre todos los vecinos estructuralmente iguales: nadie está libre de ninguno de los peligros o accidentes anterionnente citados. La abundancia de dichos populares que hacen referencia a este aspecto con-oboran lo expuesto hasta aquí: amigos que no dan y cuchillos que no cortan que se pierdan poco importa; manos ensuchas no cogen truchas; manos que no dáis qué esperáis; el que no es bien agradecido no es bien nacido; hacer bien a mal agradecido tiempo perdido; ¿diste morcilla a Ernesto? No. Vuélvete morcilla al cesto, etc. Igual que se heredan las tierras, se heredan las disputas y desavenencias de los padres, nacer en una familia presupone ya nacer en un círculo de amistades y enemistades determinado, cuyos límites muy pocas veces se transgreden sino es a costa de debilitar los lazos de solidaridad familiar. En este sentido el individuo se ve sometido a una fuerte presión por su doble condición de pariente y vecino que le adscribe a dos grupos con intereses opuestos. www.editorial.unican.es 304 ESTUDIOS SOBRE LA SOCIEDAD TRADICIONAL CÁNTABRA oficio o verbalmente en el Concejo de Vecinos el 1 º de año y luego, aprobada su entrada como tal en el libro de sesiones con aprobación de todo el vecindario, o sea las 2/3 partes del Concejo de Vecinos( ... ) Artículo 12º. Si alguno de los vecinos por cualquier circunstancia no le conviniera el aprovechamiento de estas fincas, lo manifestará al Concejo y éste en sesión pública del mismo subastará sus productos y su importe irá a satisfacer las cargas que dichos vecinos tuvieran sobre dichas fincas o Concejo, y si tuvieren satisfechos todos sus pagos se les reintegrará a ellos mismos de su importe total ya que son como queda dicho derechos de vecindad( ... )" En el Borrador-Proyecto de Ordenanza Concejil de Tudanca de 1986, que recoge el espíritu de la Ordenanza de 1925, encontramos también la misma referencia a la vecindad, como condición imprescindible para participar de los pastos y montes comunes. "Artículo 33º. A los efectos de los preceptos de esta Ordenanza se considerarán vecinos todos los que participan como tales en las obligaciones y derechos para el repartimiento del Prado del Concejo, de los pastos y leñas y de todos los demás bienes comunales en fincas comunales y monte de Tudanca. Artículo 34º. Tendrán derecho a pastos y leña en el monte todos aquellos vecinos residentes que habiten permanentemente con casa abierta en el pueblo. Artículo 35º. Todo vecino que no lleve un mínimo de 2 años residiendo en el pueblo no tendrá derecho sobre el monte y fincas comunales,salvo en casos extraordinarios que resolverá la Junta Vecinal". El concepto de vecindad es fundamental para entender el grado de identificación de los vecinos con el pueblo como entidad superior con personalidad propia, capaz de dictaminar leyes y sanciones a través de su institución principal el concejo. En cuanto a los derechos de vecindad podemos tomar como ejemplo los que se especifican en la ya mencionada Ordenanza Concejil de Tudanca. "Artículo 3º. Los vecinos con residencia permanente tendrán los siguientes derechos: a) Derecho a pastos según se dicte en los artículos correspondientes a estos efectos. b) Derecho a elegir Presidente de la Junta Vecinal si están censados en este Municipio. c) A delegar en otra persona que lo represente en el Concejo u Obra de Concejo. d) A voz y voto en los Concejos. e) Al disfrute de todos los bienes comunes del pueblo". www.editorial.unican.es 306 ESTUDIOS SOBRE LA SOCIEDAD TRADICIONAL CÁNTABRA "Orzales tiene mucho terreno comunal y cuando un vecino necesita terreno para alguna cosa, lo que hay que hacer solicitarlo al pueblo o sea a los vecinos, a través del concejo y la Junta Vecinal" (Orzales, Campóo de Yuso). "Hay un toro del pueblo, se le paga un algo al que lo administra, pero la ceba se la recoge el pueblo, se siegan unos praos para él que son del pueblo, se va de pueblo y cuando no llega se trae de Castilla y eso lo paga el pueblo, la Junta Vecinal de fondos del pueblo" (Pembes, Camaleño). El pueblo aparece como la principal manifestación del cuerpo social formado por los vecinos. La Sociedad del Pueblo tiene sus propios órganos de gobierno local: el concejo y la Junta de Ganaderos. Según la costumbre, ya en decadencia en muchas localidades, el domingo al salir de misa, se reúnen los vecinos en concejo, ya sea delante de la iglesia o en la Casa-Concejo. La reunión la preside el Alcalde Pedáneo o Presidente del pueblo, que tras tener un recuerdo para los vecinos difuntos, abre la sesión. Esta se inicia con la lectura del acta anterior y con el recuento de los vecinos presentes y ausentes. Al abrirse la sesión del concejo, la primera función que desempeña es la de juzgar acerca de los hechos realizados contra lo dispuesto en las Ordenanzas o Libro del Pueblo y de las multas que se han de imponer. Una vez oidas las partes interesadas, la reunión de vecinos es la que considera si la infracción se cometió o no, si se admite la acusación se impone la multa que señala el Libro del Pueblo y se asienta a cargo del infractor; si por el contrario, el interesado prueba que no es responsable del acto que se le imputa, la multa se impone también en el Libro, pero a cargo del guarda. Terminadas las reclamaciones, el concejo pasa a actuar como asamblea deliberante para dictaminar los acuerdos que han de regir durante los días venideros: adónde han de ir a pastar las vacas, las caballerías, las ovejas y las cabras; qué terrenos comunes quedan abiertos a derrotas y cuáles cerrados en cotos, precisando si la prohibición se extiende a todos o a determinados ganados; si ha llegado el tiempo oportuno, acuerdan el día o días en que han de ir los vecinos a recoger y repartir la leña y aquellos otros en que se han de arreglar los caminos vecinales, etc. Después de haber tratado sobre estos asuntos, se toman las decisiones oportunas y se anotan en el Libro del Pueblo, convirtiéndose desde entonces en norma de obligado cumplimiento para todos. A continuación, se abre un tumo de peticiones o proposiciones, por el que los asistentes pueden plantear cuestiones concernientes a algunos vecinos: la conveniencia de arreglar cierto camino o limpiar una acequia entre los dueños de las fincas afectadas; solicitar terreno para la construcción de una cuadra, casa o garaje; pedir permiso para bajar antes de tiempo parte del ganado que se tiene en el monte ... Cualquiera de estas peticiones o proposiciones que sea aprobada www.editorial.unican.es 308 ESTUDIOS SOBRE LA SOCIEDAD TRADICIONAL CÁNTABRA Artículo 11 º. Previamente a la celebración del acto, se pasará lista de todos los vecinos, tomándose nota de la falta de asistencia". Para que nadie pueda disculparse aduciendo no haberse enterado de la convocatoria a concejo, ésta se realiza con el tiempo de antelación suficiente y de la manera más habitual para que los vecinos se den por enterados. "Attículo 10º. La convocatoria de Concejo se hará con 24 horas de antelación al acto casa por casa, mediante el sistema tradicional de vecería. El día del Concejo y media hora antes del mismo, se tocará la campana de la Casona para recordar a los vecinos que deben asistir a Concejo" (Ordenanzas de Tudanca). Las decisiones del concejo se adoptan por unanimidad y en caso de que no se llegue a consenso, los acuerdos se toman por mayoría de las 2/3 partes de los asistentes. El vecino que no haya asistido al concejo queda sometido a lo acordado en éste, porque así lo aceptó al firmar el Libro del Pueblo. Además del concejo, existe un segundo órgano de gobierno local que es la Junta Ganadera o Sociedad de Ganaderos, encargado de aquellos asuntos relacionados exclusivamente con la ganadería. Mientras que la Sociedad del pueblo está formada por vecinos, tengan o no ganado, la Sociedad de Ganaderos sólo está compuesta por aquellos vecinos que son además ganaderos. Tiene también sus propias Ordenanzas, firmadas por los socios comprometiéndose así a cumplir lo estipulado en ellas. Sus funciones son: llevar la cuenta del número de ganado que tiene cada vecino, para saber los días de guarda de las vecerías que le corresponde a cada uno; elección de los sementales del pueblo; sotierro de los animales muertos; administrar los praos del toro, la casa del toro y la cabaña del pastor; arreglar y limpiar los bebederos y pozos del monte, así como los pasos para el ganado; ordenar las veredas o lugares de pasto para los ganados; decidir la fecha de subida a los puertos de verano y la apertura de las derrotas. Todo socio que firme las Ordenanzas queda obligado a guardar sus ganados en vecería, sostener los gastos y cargas fiscales que existan sobre la Sociedad y colaborar en los trabajos necesarios para el sostenimiento de dicha Sociedad. Así lo recoge el Reglamento de la Sociedad Ganadera de Julebrín de Vejo (Liébana) del año 1972. "Artículo 10º. Todos los socios estaremos obligados a prestar cuantos trabajos sean necesarios realizar en nuestros intereses sociales, no pudiendo faltar a los trabajos sino por prescripción facultativa o poner un obrero mayor de 16 años y útil según la Junta Directiva para los trabajos que se hayan de realizar ese día. Artículo 11 º. Así mismo estaremos obligados los socios a poner nuestras parejas y carros al servicio de la Sociedad para cuantas operaciones de arrastre se www.editorial.unican.es 310 ESTUDIOS SOBRE LA SOCIEDAD TRADICIONAL CÁNTABRA Junto a la Sociedad del Pueblo y la Sociedad de Ganaderos, era muy frecuente que existiese en todos estos pueblos la Sociedad de Mozos. La edad de entrada a esta Sociedad coincidía con la edad permitida a los jóvenes para ir como pastores de la cabaña del pueblo, es decir, a partir de los 16-18 años. Este hecho suponía el reconocimiento por pa1te de la comunidad del paso de la infancia a la mocedad y era el momento oportuno para pedir la entrada a mozo. Todo joven que deseara entrar a formar parte de esta Sociedad, tenía que decírselo al mozo mayor y pagar una cantidad simbólica con la que invitar al resto de los mozos: en Polaciones tenía que aportar media cántara de vino, en Campóo de Yuso y Valderredible una cuartilla de vino y en Valdeprado del Río además del vino, una cajetilla de tabaco. "Había una sociedad de mozos y el que entraba a mozo ya cotizaba, aquí todos eran mozos, hubo un año que se plantaron dos y no querían ser mozos y iban por las casas a por las mozas, se les llamó una noche y se salvaron por los pelos, les dijimos el último día que estáis aquí con las mozas o entráis a mozos o si no a la cama, y enseguida a la lista, a pagar la cuartilla de vino, para la entrada a mozo tenían que pagar una cuartilla de vino, por la mañana al salir de misa decían oye muchachos apuntarme que yo quiero entrar a mozo, pues hala a la cantina, a sacar una cuartilla de blanco" (Rocamundo, Valderredible). Una vez en la Sociedad, participaban ya de todos los derechos y deberes de la mocedad. Había dos tipos de derechos: los derechos del pueblo y los derechos de boda. Los primeros eran los que el pueblo concedía a los mozos a cambio de los servicios que éstos prestaban a la comunidad de vecinos: tocar las campanas la noche de Todos los Santos, víspera de las Animas y de San Juan; ir a buscar los ramos al monte para el Domingo de Ramos y para los altares del día del Corpus; alumbrar (mantener encendidas las velas) al Santísimo los días de Jueves y Viernes Santo; llevar el pendón, la peana, la cruz y el palio en la procesión de la fiesta patronal; encargarse de la música para la romería del pueblo; limpiar y arreglar el corrobolos o bolera; subir a poner los campanos a las vacas antes de llevarlas a los puertos mancomunados y al bajarlas al pueblo finalizada la temporada de verano; hacer la leña para los vecinos enfermos, viudas y ancianos, así como ayudarles en las labores de la cosecha y la siega; quitar la nieve de los caminos cuando en invierno los vecinos quedaban incomunicados. Los mozos debían estar siempre dispuestos a prestar cualquier servicio que el pueblo les solicitase y a cambio se les compensaba con los derechos del pueblo. ¿En qué consistían estos derechos? En primer lugar, los mozos tenían y tienen todavía derecho a andar el pueblo en determinadas fechas del año: la noche de las Marzas, Reyes y Aguinaldos; la víspera de San Juan y San Pedro; el día de la Vijanera, último del año; los días de carnavales y los días que salen por www.editorial.unican.es 312 ESTUDIOS SOBRE LA SOClEDAD TRADICIONAL CÁNTABRA Siempre que salgo de noche a cantar la enhorabuena, al tiempo que de alegría acá dentro me da pena. Me da pena porque siento que siendo buena y hermosa, te despides de soltera y perdemos una moza. (Reinosa) Las obligaciones y responsabilidades asociadas al nuevo status son tema constante en los cantos de enhorabuena, en los que se invita a los novios a reflexionar sobre el paso que van a dar: Ya llegamos al portal, al portal de la hermosura, donde se recoge el sol las estrellas y la luna. Licencia pido al cerrojo, licencia pido a la llave, licencia te pido a ti licencia pido a tus padres. Y a ti hermosísima dama que intentes lo que deseas, y yo de mi parte vengo a darte la enhorabuena. Mis pulidos camaradas ellos te darán la misma, tus padres están presentes Dios les dé paz en la tierra. Y a ti hermosísima dama que intentes lo que deseas, también digo a vos galán hombre de muy altas prendas, que la sepas estimar con amor y reverencia, no te la dan por esclava te la dan por compañ.era, por ser la dama más linda por ser la dama más bella, que todo su barrio tiene /afama según se suena. Mírala como el sol relumbrante como estrella, hermosa como diana cuando viene por la sierra. También digo a vos madama que mañana ha de ser cierta la bendición de tus padres antes de ir a la iglesia, agarrada a tu madrina aquel pañuelo de seda, con toda tu compañía hasta el portal de la iglesia. Cuando te pregunte el cura si le quieres por esposo, y tú le responderás sí le quiero que es buen mozo, y tú le responderás con muchísima vergüenza, yo le quiero, yo le estimo y (he) de andar a su obediencia. Esto te lo han de decir mira que es cosa muy cierta, lo cual no saldrás de casa sin su mandato y licencia. Y si alguna vez salieras a tus vecinos dar cuenta, por si viniera tu esposo encuentre la puerta abierta. Lo que te pido y encargo hermoso clavel lucero, que recibas con cariño los abrazos de tu dueño. www.editorial.unican.es 320 ESTUDIOS SOBRE LA SOCIEDAD TRADICIONAL CÁNTABRA rrollando tanto en sus narraciones y novelas cortas ("Blasones y talegas","Los hombres de pro", "La mujer del César" ... ,) como en las novelas largas (El Buey suelto ... D. Gonzálo González de la Gonzaler, De tal palo tal astilla). El tradicionalismo perediano desborda, no obstante, la propia actividad literaria para extenderse por la cultura de la región hasta nuestros días. Es el suyo un universo singularmente reformulado a lo largo del siglo actual, cuya comprensión va más allá de la propia biografía y obra del novelísta para incrustarle en la propia naturaleza de una región cuya construcción identitaria y política están hoy en plena ebullición (5). La recuperación de la obra de Pereda tan viva en la Cantabria actual responde, que duda cabe, a reconocidos valores literarios, pero no menos a la utilidad que puede proporcionar para la construcción de una determinada identidad regional imbuida de valores tradicionalistas. Esta recuperación y recreación de la tradición perediana tiene hoy un valor extraordinario para el científico social, el historiador, el antropológo o el crítico literario, porque nos permite llevar a cabo una relectura crítica de su vida y obra, y desde ellas valorar las distintas dimensiones que nos ofrece la obra literaria como recreación de un mundo imaginario y suministradora, al mismo tiempo, de un marco de referencia mucho más amplio. Porque el conocimiento profundo de los múltiples registros desde los que se concibió, elaboró y expandió el ideario perediano constituyen un punto básico para la propia explicación de la historia de la región, de sus cosmovisiones colectivas y de discursos que desde el universo perediano transitan por la realidad actual de la región. Y esta comprensión y explicación no pueden ser abordados desde una única disciplina, sino que requieren la cooperación interdisciplinar para avanzar en la comprensión del valor y alcance finales de la obra del escritor de Polanco. Hace algunos años el historiador francés Jean Le Bouill llevó a cabo una tarea encomiable para redefinir el papel de la obra perediana y su alcance para la comprensión de la Cantabria de mediados y finales del siglo XIX (6). La his- (5) La percepción de los componentes tradicionalistas en la literatura perediana fue una constante desde los primeros momentos. Un ejemplo de la recepción de esas ideas en la región nos lo ofrece en 1919 VAN HONCE, J., "La influencia de las ideas tradicionales en el arte de Pereda", en Boletín de la Biblioteca Menéndez Pe/ayo, tomo I (1919), pp. 254-267. La incorporación de este artículo al publicar el primer número del Boletín es especialmente significativo por el papel que desde el principio se le asignó a su obra para la cultura regional. Ver en este sentido, Pereda y Menéndez Pe/ayo. Conferencia leída por Miguel Artigas el 30-V-1933. (6) Ver LE BOUILL, Jean, Les tableaux de moeurs et les le romans de José Maria de Pereda, Universidad de Bourdeaux, 1980, 4 vals. (inédito); "El propietario ilustrado o patriarca en la obra de Pereda. (Un ejemplo tic. las relnciom,s untre contexto histórico y ficción literarin en la seg.und-i mitad del siglo XIX)", en G,\RCÍA DELG,\OO, J.L. (Ed.), La cuestión agra,-ia en /11 l:'s¡w,,a r:IJ11t~111¡¡oránea, Madrid, Edicusa, 1976, pp. 311-328; "Recherches sur les relations entre texte et contextes dans la deuxieme moitie du X!Xe siecle: le village dans l 'Oeuvre de Pereda", en Texte et contexte (XV/e Congres www.editorial.unican.es 322 ESTUDIOS SOBRE LA SOCIEDAD TRADICIONAL CÁNTABRA cambio social donde debemos indagar para una justa comprensión del significado y alcance de la invención de la tradición en las sociedades en proceso de modernización. Identidad, cambio social y nacionalismo se nos presentan como tres elementos estrechamente vinculados e interdependientes sin los cuales no resulta posible una comprensión del carácter instrumental de la tradición en la transición de las comunidades tradicionales a la sociedad moderna. Pero la invención de la tradición no ha sido una exclusiva de aquellas sociedades sobre las que se ha construido un determinado nacionalismo o regionalismo. El caso español expresa bastante bien la divergencia que se da entre unas regiones y otras repecto de la conformación de un determinado nacionalismo -sea este español, o de un carácter más restringido y, a menudo, declaradamente antagónico del anterior, como en los casos vasco, catalán, o gallego-. La historiografía reciente ha mostrado algunas manifestaciones muy vivas de la invención de la tradición en esos nacionalismos periféricos (8); pero no menor intensidad presenta, a su vez, la invención de la tradición en el caso del nacionalismo español (9), e, incluso, en el polo opuesto, manifestaciones más localizadas de regionalismos o provincialismos como en el caso de la tradición montañesa. En efecto, son ya bien conocidos la apelación y uso que Arana en Euskadi, Murguía en Galicia o Prat de la Riva en Cataluña hicieron de la tradición, pero ha pasado más desapercibido el alcance que la misma ha tenido en la obra literaria de José María de Pereda, Amós de Escalante, o en los trabajos eruditos de Marcelino Menéndez Pelayo. Porque han sido los tres autores quienes mejor ejemplificaron los distintos modos de recuperación (e invención) de la tradición en Cantabria, en "La Montaña", según la vieja denominación. Obra literaria, iniciativas editoriales e investigación histórica constituyeron otros tantos ámbitos sobre los cuales se reconstruyó/inventó/idealizó la tradición regional. (8) Ver JUARISTI, Jon, El linaje de Aitor. La invención de la tradición Pasea, Madrid, Taurus, 1987; MONTERO, M., "La invención del pasado en la tradición historiográfica vasca", en Histo1 ia Contemporánea, 7 (1992), pp. 283-294; Igualmente el Dossier sobre la invención de la tradición de Ma1111scrits 12 ( 1994), que recoge los trabajos de ELORZA, Antonio, "El nacionalismo vasco: la invención de la tradición"; BARROS, Carlos, "Mitos de la historiografía galleguista"; SIMÓN i TARRÉS, Antoni, "Els mits histories i el nacionalisme catalá, la historia moderna de Catalunya en el pensament historie i politic contemporani (1840-1939)" y GARCÍA CÁRCEL, Ricardo, "La manipulación de la memoria histórica en el nacionalismo e~pañol"; igualmente ver el trabajo anterior de García Cárcel, "Els mits i la historia de Catalunya", en L' Aven,. 72 ( 1984), (9) El fenómeno de la invención no es exclusivo de la historia, sucede algo parecido con las diversas literaturas nacionales y regionales. Ver ENGUITA, José María y MAINER, José-Carlos, Literatw as regionales en Espm,a Historia y e, ítica, Zaragoza, Institución Fernando El Católico, 1994. Para una teorización del fenómeno constructivista ver WATZLAWICK, Paul (Comp.), La realidad i111•e111ada, Barcelona, Gedisa, 1994. www.editorial.unican.es 324 ESTUDIOS SOBRE LA SOCIEDAD TRADICIONAL CÁNTABRA ticularismo foral y una lengua propia, "La Montaña" se había autorreconocido a sí misma como raíz y origen de Castilla. Con estos puntos de partida, resultaba difícil que la tradición montañesa alimentase un movimiento de carácter centrífugo, a pesar de defender unos rasgos específicos que singularizaron el solar montañes y fueron la matriz del "regionalismo "perediano. El mismo Pereda insistió en el carácter "natural" más que social y político de su afümación regional. Su Discurso de Ingreso en la Real Academia de la Lengua en 1897 lo puso de manifiesto al hablar sobre la novela regional: "Se ha convenido en dar este nombre (Novela regional) á aquélla cuyo asunto se desenvuelve en una comarca ó lugar que tiene vida, caracteres y color propios y distintivos, los cuales entran en la obra como parte principalísima de ella; con lo que queda dicho implícitamente que no cae dentro de aquella denominación la novela urbana, de donde quiera que fuere la ciudad, siempre que sean de las que se visten á la moderna y se rigen por la ley de todas las sociedades llamadas cultas por ir absorbidas, y muy á su gusto, en el torrente circulatorio de las modas reinantes. La novela á que yo me refiero aquí, tiene más puntos de contacto con la naturaleza que con la sociedad; con lo perdurable, que con lo efímero y pasajero; con la eternidad del arte, que con el humano artificio de las circunstancias; y casi me atrevo a asegurar que en pocas naciones del mundo tiene esta importante rama de la literatura tan bien cimentada su razón de existencia, como en España, cuya unidad moral es, por la firmeza de su cohesión, tan de notarse, como la falta de ella en sus precedentes históricos y etnográficos, y en sus costumbres, climas y temperamentos. Se impone aquí la novela regional, como se impone el sentimiento que la engendra y produce: el regionalismo, pasión acerca de la cual tiene el vulgo de los que discurren en los centros populosos y descoloridos muy equivocados conceptos. En opinión de estos aprensivos, el sentimiento, no ya la pasión, del regionalismo, conduce a la desmembración y aniquilamiento de la colectividad histórica y política, de la patria de todos, de la patria grande. Yo no se si existirá algún caso de estos en la tierra española, y, por de pronto, lo niego, porque no le concibo en mi lealtad de castellano viejo; pero exista ó no, no es ese el regionalismo que yo profeso y ensalzo, y se nutre del amor al terruño natal; á sus aires, á su luz, á sus panoramas y horizontes; a sus fiestas y regocijos tradicionales, á sus consejas y baladas, al aroma de sus campos( ... ). Pues a ese regionalismo le tengo yo por saludable, elevado y patriótico; y no comprendo cómo se le puede conceptuar de otra manera menos honrosa sin desconocer y confundir lastimosamente los organismos fundamentales del Estado( ... )" (13). (13) Ver PEREDA, José María de, Discurso de /11g1eso en la Real Academia de la Lengua, 7 de febrero de 1897, Madrid, 1897, pp. 108-111. Un análisis del discurso regionalista de Pereda en GALE, J.E., El regionalismo en la obra de José Mm ía de PeJ'eda, Madrid, Pliegos, 1989; BONET, Laureano, Literatura, regionalismo y lucha de Clases (Galdós. Pereda, Narcís 01/er y Ramón D. Pe, és), Barcelona, Universidad de Barcelona, 1983. Igualmente, CLARKE, A. H., Pereda paisajisra: el senrimiento de la naturaleza en la novela espa110/a del siglo XIX, Santander, 1969. www.editorial.unican.es 326 ESTUDIOS SOBRE LA SOCIEDAD TRADICIONAL CÁNTABRA del mismo, las más, por la simple exaltación de algunos rasgos en detrimento de otros. Cantabria se ha identificado así con un conjunto valores, de instituciones y un pasado en el que los valores de hidalguía, las casonas y los linajes han ocupado un lugar preferente. El papel de Pereda en todo ello ha sido especialmente relevante. Dejando a un lado la biografía y centrándonos en sus escritos se observa que la obra de Pereda es un todo coherente en el que los valores preliberales son una constante. Desde sus escritos de juventud, en los que describe los ambientes rurales y urbanos de la Cantabria de mediados de siglo, Pereda es un abierto defensor de los modos de vida del Antiguo Régimen, un declarado crítico de la modernidad en todas sus manifestaciones. Su rechazo de lo moderno es perceptible tanto en sus obras de juventud como en las de madurez. A lo largo de cuarenta años sus centros de atención pudieron experimentar modificaciones de detalle, de estilo, pero los valores con que impregnaron su trabajo fueron inalterables. Su rechazo del cambio social quedó patente en sus escritos de finales de los cincuenta y primeros sesenta ("Santander, antaño y hogaño"). Con pluma irónica caricaturizó la convergencia entre hidalguía empobrecida y campesinado rico, a través de la figura del jándalo que describió en "Blasones y talegas"; así como la que se produjo entre burguesía y nobleza, que entendió como una desnaturalización del viejo orden social. Defensor a ultranza de los valores de la Cantabria preliberal arremetió contra todas las manifestaciones del nuevo orden: contra la filosofía krausista a través de "Un sabio"; contra la figura del cacique en "Los hombres de pro ... " El proceso de crítica contra las novedades del mundo moderno en tecnología (ferrocarril), pensamiento (krausismo), política (régimen representativo y caciquismo) y sociedad (liberalismo) fueron una constante en su vida y obra. Los componentes más antiliberales de su pensamiento político no sólo fueron expuestos a través de una crítica de los fundamentos doctrinales del liberalismo, sino con una descripción detallada del proceso político, arrancando de la formación humana, económica y política del candidato, hasta los pormenores de la campaña electoral, de la búsqueda de votos, hasta el falseamiento de la representación a través del vaciamiento de las Cámaras por el control y manipulación del Gobierno. En los Los Hombres de pro, Pereda describió con todo tipo de detalles la naturaleza de la campaña electoral que como candidato carlista desarrolló en 1871, cuando salió diputado por Cabuérniga. El retrato que allí ofrecía del caciquismo y de la figura del candidato, Simón C. de los Peñascales, no deja lugar a dudas de la imagen que de la política y de los políticos liberales tenía el escritor, y de la consideración que le merecían aquéllos, aunque se tratase de los núcleos más moderados del liberalismo doctrinario: www.editorial.unican.es 328 ESTUDIOS SOBRE LA SOCIEDAD TRADICIONAL CÁNTABRA do cambio económico ulterior. Es el momento de la quiebra definitiva del orden social tradicional y cuando se lleva a cabo no sólo una redifinición de las relaciones políticas, sino, lo que era más importante, una definitiva liquidación de los viejos modos de relación y subordinación social. La aldea armónica descrita por Pereda representa la construcción idílica de un hombre que se ha negado a aceptar los nuevos modos de vida y los valores de su tiempo. El patriarca perediano -imagen literaria y valor social persistente en la cultura de la región hasta nuestros díasrepresenta una idealización de la sociedad de Antiguo Régimen. "La gran obra de la casona de Tudanca -relata la figura del médico en Peñas arribadesde tiempo inmemorial, ha sido la unificación de miras y voluntades de todos para el bien común. La casa y el pueblo han llegado a formar un solo cuerpo, sano, robusto, vigoroso, cuya cabeza es el señor de aquélla. Todos son para él, y él es para todos, como la cosa más natural y necesaria. Prescindir de la casona equivale a decapitar el cuerpo, y así resulta que no se toman por favores los muchos y constantes servicios que se prestan a la una y los otros, sino por actos funcionales de todo el organismo" (15). Una imagen funcional de la comunidad rural, la que nos ofrece Pereda, especie de Fuenteovejuna, en la que el individuo no tiene existencia, ni reconocimiento, sino es en función de un todo comunitario, impersonal, bajo el liderazgo del patriarca. Contrasta esta imagen del patriarca, y aquella de Recaredo, el hidalgo de Los Hombre de pro, con los caciques liberales que no tienen ni dignidad, ni palabra. Sin embargo, la defensa de la sociedad tradicional que defiende Pereda con firmeza parece que se afirma en los componentes hidalgos, en los ámbitos señoriales, más que en la propia sociedad campesina, sobre cuyos recursos humanos no siempre Pereda manifestó la misma simpatía que sobre los pintorescos personajes urbanos de sus callejuelas santanderinas. Sin duda, la sociedad que emergía en el cambio social producido en la región no agradaba en absoluto al escritor. Si el enriquecido capitalista repugnaba a Pereda no mejor parado salía el campesino maloliente y borracho, que paulatinamente se subordinaba a los nuevos poderes sociales y políticos: "Y allí tenía usted a todo un capitalista, cargado de oro y diamantes, apeándose entre puercos, terneros y mastines, descubriéndose humildísimo, dando la mano y preguntando por la señora y demás familia, a un rústico destripatenones que olía a boñiga y aguardiente, y apenas se dignaba responder como sabía a tantas deferencias, no obstante haberle sido presentado el candidato con los títulos consabidos de 'persona independiente, con los treinta mil duros de renta y mucho talento"(] 6). (15) Ver PEREDA, J. María de, Peñas ar, iba. Edición a cargo de REY, Antonio, Madrid, Cátedra. Letras Hispánicas, 1988, p. 239. (J6) Ver PEREDA, J. María de, Los Hombres de pro •.. , op cil., p. 218. www.editorial.unican.es 336 ESTUDIOS SOBRE LA SOCIEDAD TRADICIONAL CÁNTABRA Bias GueJTero, Andrés de: 17. Bobbio, Norberto: 88. Bolado, Fem1ín: 319. Bonete Perales, Enrique: 85. Boserup, E.: 173, 176. Botti, Alfonso: 130. Bourdieu, Pierre: 19, 22, 41, 52. Bourdin, A.: 23. Breuilly, John: 17. Brigitte Kern, A.: 84. Bromi: 136. Bryceson, D.F.: 175. Burgos, J. de: 333. Bustamantes, los: 101, 112. Buvinic, M.: 176. Buxó i Rey, M.ª Jesús: 42, 83. e Cabada, F.: l 74. Cabrera, Julio: 35. Cabrero: 212. Cacho, Bernabé: 107. Caillé, Alain: 82. Calderón, lo.: 101. Cam: 138, 139, 143. Campos, J.E.L.: 158. Camps, Victoria: 86, 87. Campuzano, lo.: 112. Campuzano, Manuel V.: 107, 108. Canovas del Castillo, A.: 233, 234. Carlos JI: 133, 145. Caimona Badía, Joan: 190. Carnero Arbat, Teresa: 239. Caro Baroja, Julio: 9, 131. Carrasco Martínez: 106, 109, 111. Ca1reras, Albert: 189. Carrillo, Martín: 147. Casado Soto, J. Luis: 266. Cassirer, Ernest: 34. Castañeda, los: 101, 110, 112. Castejón Chacón, Carlos: 199. Castilla del Pino, Carlos: 75, 89. Catalán, Jordi: 190. Cazarla Pérez, José: 43. Ceballos, los: 101, 111, 112. Ceballos Barreda, Gaspar: 107, 110. Ceballos, Gerónimo Ignacio de: 110. Ceres: 136. Certeau, Michel de: 142. Cesteros, M: 218, 219. Chan: 135. Chaymov, V.C.: 161,173,278. Chibnik, M.: 168. Chillari, S.: 223. Christian, W.A. (Jr): 177. Cianferoni, R: 178. Clark, Jonathan C.D.: 130. Clarke, A.H.: 324, 327, 33 l. Clauss, W.: 166, 168. Clavero, B.: 93. Colás Latone, G.: 96. Coll, J.M.: 175. Coll y Puig, A. Mª.: 190. Colosia y Calderón: 210. Comas d'Argemir, D.: 66, 69, 70. Conill, Jesús: 90. Corcho e hijos: 216. CmTOza, Canuto: 185. Cortés Juan Lucas: 133. Cosía y Celis, P.: 132, 133, 134, 135, 136, 138, 139, 140, 141, 142, 149, 151. Cossío, J. M.ª de: 134, 137. Cromwell: 144. Cueva, Merino, J. de la: 333. Cueva Sanz, Mariano: 198. D Dalton, G.: 166. Dardé, Carlos: 235, 237. Deere, C.D.: 176. Delannoi, G.: 17. Delgado E.: 247. Denidn, Jacques: 49. www.editorial.unican.es 338 ESTUDIOS SOBRE LA SOCIEDAD TRADICIONAL CÁNTABRA García Sahagún, Javier: 260. García Sanz, A.: 98. Garma, A.: 245. Garrabou, R.: 98. Garrido Martín, A.: 3, 43, 235, 240, 255. Geertz, Clifford: 50, 53. Gellner, Emest: 17, 19, 43, 236, 238. Georgescu-Roegen, N.: 177. Giddens, Anthony: 18, 72, 73, 74, 75, 76, 77, 78, 80, 81, 82. Gil Calvo, Enrique: 46, 74, 88. Gil de Arriba, C.: 211, 212. Gil Oleína, A.: 91, 95. Gil Robles, E.: 249. Gimeno Blay, F.: 143. Giner, Salvador: 63, 80. Gobineu, A.: 36. Godechot, J.: 91. Godoy Alcántara, José: 131. Gomarín Guirado, Femando: 253. Gómez Enterría, Vicente: 121. Gómez Pellón, E.: 3,264,273,280,284. Gómez Portilla, P.: 221, 226. González Alcantud, J. A.: 23, 43, 62. González Calderón, C.: 111. González Castaño, J.: 96. González de Linares, G.: 164, 171, 334. González de Molina, M.: 168, 172. González Echegaray, Joaquín: 270. González Herrán, J.M.: 327. González Reboredo, X.M.: 54. Goodfellow: 160. Gortázar, Guillermo: 17. Gossiaux, Jean-Franc;:ois: 34. Gózalo de Andrés, Carmen: 195. Gramsci, Antonio: 35. Granja Sainz, José Luis de la: 32. Graullera, V.: 96. Grigg, D.: 173. Guerra de la Vega, F.: 132, 133. Guilarte, A.M.: 100, 102, 104. Gurrutxaga Abad, A.: 54, 73, 77, 78, 89, 128, 129. Gustafsson, B.: 171. H Habermas, Jürgen: 17, 86. Hauberto: 133, 134. Hegel: 126. Heller, A.: 70, 84, 87. Heras A, de las: 225. Hércules: 136. Hemández Montalbán, F.J.: 93. Herr, Richard: 237. Herskovits: 160. Hesíodo: 135. Hill, S.: 43. Hirschman, Albert O.: 75. Hitler, A.: 126. Hobsbawm, E.J.: 17, 23, 35, 89, 321. Holmes, D.R.: 178. Homero: 135. Homobono, J.I.: 190,202. Hoppen, Theodore: 254. Horus: 136. Howard: 214. Hoyo Aparicio, Andrés: 97, 184, 332. Huntington, Samuel P.: 27, 48. I Iglesias Cano, M.' del C.: 126, 127. lo: 136. Ipola, E. de: 39. Ishikawa, S.: 173. Isis: 136. Isla: 154. Iturralde, Ezequiel: 195. J Jerión: 136, 137, 140. Jonsson, U.: 158. Josefo, F.: 134. www.editorial.unican.es 340 ESTUDIOS SOBRE LA SOCIEDAD TRADICIONAL CÁNTABRA Mehra, R.: 176. Mellado, Francisco de Paula: 183. Méndez Núñez: 218. Mendizábal: 121. Mendoza, los: 102, 103. Menéndez Pelayo, M.: 36,293,315, 320,322,323,325,330,331. Mier: 139. Milá i F ontanals: 330. Miller, S.: 331. Miñano, Sebastián de: 183. Mira, Joan F.: 18, 54, 65. Moneada, Alberto: 89. Monigue, K.R.: 17. Montera, P.: 329. Montero, M.: 322. Montesino González, A.: 3, 12, 13, 315, 333. Montesquieu: 126, 127, 128. Moral Ruiz, J. del: 99. Moreno, F.: 195. Moreno Navarro, Isidoro: 64. Morin, E.: 84. Moure Romanillo, A.: 333. Moxó: 92, 94, 116. Muguerza, Javier: 86, 89. Munguía: 322. Muñoz, A.: 169. N Nada!, Jordi: 189, 190. Nash, M.: 166. Newby, Howard: 43. Nisbet, Robert: 63. Noé: 135, 138, 139, 140, 143. Nora, P.: 142. Nozomu, Kawamura: 124. Núñez, X. M.: 20, 32. o Ocarnpo, F. de: 136. Ogbum, William F.: 63. Olavarri, R.: 225. Olivares, Joaquín de: 154. Oller, N.: 324, 330. Orense, Servando de: 135. Ortega, Félix: 14. Ortega Valcárcel, José: 170, 172, 177, 189,190,200,206,209,210,211, 216,217,225,240,260,280. Ortí, Alfonso: 39. Ortiz, J.R.: 213, 214. Ortiz Real, J.: 100, 101, 102, 103. Osiris: 136, 138, 140. p Pablo, San: 141. Palacio, Francisco del: 121. Parra, J.: 133. Pedro, Duque: 138. Pelayo, Don: 30, 138, 141. Pellicer, Josep: 133. Peñascales, S. C. de los: 326. Perceval, J. María: 38. Pereda, José M.ª de: 36, 188, 252, 317-331, 334. Pereda, Vicente de: 332. Pereda de la Reguera, M.: 325. Perés, R.D.: 324. Pérez-Agote, A.: 20, 21, 22, 24, 89. Pérez Bustamante, R.: 100, 102, 103, 117. Pérez de Bustamante, T.: 152, 153. Pérez de la Lama, los: 101. Pérez de la Llosía, R.: 329. Pérez del Río y Villegas, J. A.: 186. Pérez Díaz, Víctor: 14, 65, 126. Pérez Galdós, B.: 317,318,319,324. Pérez Pérez, P.: 158. Pérez Yruela, Manuel: 258. Peribáñez Caveda, Daniel: 186. Peristiany, J.G.: 52. Peset, M.ª F.: 96. Petterson, R.: 158. www.editorial.unican.es 342 ESTUDIOS SOBRE LA SOCIEDAD TRADICIONAL CÁNTABRA Shils, Edward: 62. Sierra, l.: 218, 219. Sierra Alvarez, José: 169. Simón i Tarres, Antoni: 32, 322. Simpson, J.: 165. Slicher van Bath, B.H.: 167, 169, 174. Sloterduk, P.: 87. Srnith, A.: 36. Smith, J.: I 66. Sojo, F.: 162. Solé Tura, Jordi: 33. Soria Gutierrez, R.: 174. Sota, Francisco de: 132, 133, 134, 140, 143. Sperber, Dan: 88. Spinoza: 76. Spri.:ng, D.: 237. Stedman Janes, Gareth: 49. Suárez Cortina, M.: 16, 17, 25, 43, 58, 61, 159, 225, 255, 315, 319, 332. 333. Sugimoto, Yosshi.o: 124. Suratteau, J.R.: 17. T Taguieff, Piene-André: 17. Tajfel, Henri: 20, 21. Terán: 139. Thiebaut, Carlos: 78, 81, 89. Thompson, E.P.: 35. Thomer, D.: 167, 169. Toledo, V.M.: J 72. Tierno Galván, Enrique: 35. Toribio, los: 112. Trifón: 136. Túbal: 134, 135, 136, 139, 142. Tusell Gómez, Javier: 235. u Ucelay da Cal, E.: 39. Ulloa, Fernando de: 207,209. Unzueta, Patxo: 16. Ureña Francés, J.Mª.: 219, 221, 226, 227. V Velasco: 99. Velasco, Honorio M.: 62. Valbuena, Marques de: 99. Valdés del Toro, Ramón: 277. Valterra, Marqués de: 196. Vandergeest, P.: 165, 168. Van der Ploeg, J.D.: 168. Van Honce, J.: 320. Varela Ortega, José: 236. Villacastel: 154. Yillares, R.: 171,172. Villar, G.: 195. Villatorre, Marqués de: 99. Villaverde Castro, J.: 158. Yincze, L.: 169. Yiterbo, A. de: 136. Vuorela, U.: 175. w Wallerstein, l.: 24, 71, 166. Watzlawick, P.: 322. Wharton Jr., C.R.: 167, 177. 1 Weber, Max: 160. White, C.: 43. Williams, Raymond: 17. Wong, D.: 166, 168. Wood, C.H.: 178. z Zamagni., V.: 165. Zuckerman, Alan: 238. Zurita: 142. Noviembre 1995 bibliotEca básica Con rigor en el tratamiento de los temas. con claridad expositiva y variedad temática, la Biblioteca Básica está concebida como una colección destinada a la síntesis y a la divulgación de aspectos diversos de la realidad pasada y presente de la región: historia, ciencia, recursos naturales, comportamientos socioculturales, etc. Otros Títulos La Casa de Salud Valdecilla. Origen y antecedentes. Fernando Salmón, Luis García Ballester y Jon Arrizabalaga Cantabria 1902-1923: Elecciones y partidos políticos. Aurora Garrido Martín El bosque en Cantabria. Carlos Aedo, Concepción Diego, J. C. García Codron y Gonzalo Moreno Contrarreforma y religiosidad popular en Cantabria. Tomás A. Mantecón Antropología social en Cantabria. Ana M.ª Rivas Rivas Arte barroco en Cantabria. Retablos e imaginería. Julio J. Polo Sánchez El arte de la cantería. Los maestros trasmeranos de la Junta de Voto. Begoña Alonso Ruiz Marcelino Menéndez Pelayo. Revisión crítico-biográfica de un pensador católico. Antonio Santoveña Setién A lo largo de las páginas de este libro, en el que se recogen diversos análisis sobre importantes ámbitos de la sociedad cántabra, se reúnen investigaciones relativas al Antiguo Régimen, a los posteriores procesos transicionales de su desarticulación/ articulación social y a lo que, aún hoy. continuamos denominando la «sociedad tradicional», entendida ésta como una realidad histórica sujeta a una dialéctica de cambios y continuidades adaptativas. Estudios sobre la sociedad tradicional cántabra. Continuidades, cambios y procesos adaptativos. es el resultado de un esfuerzo compartido, desde el cual se han realizado una serie de reflexiones plurales, fundamentadas en la diversidad metodológica, conceptual y disciplinaria, acerca de unos cuantos aspectos parciales de la realidad histórica de Cantabria. Eso sí, abordados a través de un conjunto de miradas informadas y críticas, tan preocupadas por el futuro de la región, como inquietas por la imagen histórica, distorsionada y acomodada a los gustos e intereses sectoriales del presente, que en la actualidad se está recreando de la misma.