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Desacuerdos en contextos digitales: Variedades, causas y posibles intervenciones

Gaitán Torres, Antonio; LUENGO, MARIA; Viciana, Hugo; SEOANE PÉREZ, FRANCISCO; Gil-López, Teresa; LORENZO RODRIGUEZ, JAVIER; Barbarrusa, Daniel; Velasco Arias, Gonzalo; Broncano Rodríguez, Fernando; Müggenburg, Gabriela

Abstract

Los desacuerdos constituyen estructuras comunicativas complejas que, aunque potencialmente beneficiosas para el aprendizaje y la deliberación democrática, pueden intensificar divisiones sociales y políticas. Este libro blanco examina cómo los contextos digitales modulan la naturaleza y efectos de los desacuerdos, prestando especial atención a dos tipos fundamentales: los desacuerdos entre pares epistémicos y los desacuerdos profundos sobre criterios de justificación. La evidencia empírica sugiere que los efectos positivos de la diversidad de opiniones no son intrínsecos, sino que dependen de factores contextuales como las normas de interacción, la arquitectura de incentivos y las dinámicas preexistentes entre grupos. En entornos digitales, estos factores se ven alterados por tres características distintivas: (1) las dinámicas de autoselección facilitadas por la arquitectura de las redes sociales, (2) la señalización de afinidad grupal y la hipermoralización desde agrupamientos ideológicos, y (3) el recurso a marcadores culturales y retóricas conspirativas que exacerban la polarización. Contrariamente a las narrativas sobre "burbujas epistémicas" y "cámaras de eco", la mayoría de usuarios de redes sociales se exponen a contenido ideológicamente diverso. Sin embargo, una minoría de usuarios extremos genera contenido desproporcionadamente viral, distorsionando la percepción del debate público. Esta paradoja revela que el problema no es la falta de exposición a opiniones diversas, sino las normas y dinámicas que gobiernan su procesamiento. Nuestra propuesta propone cuatro intervenciones clave: rediseñar plataformas para reducir la autoselección algorítmica; aprovechar los modelos de lenguaje masivos (LLM) para moderación y facilitación del consenso; atender a los marcos narrativos y marcadores culturales que intensifican el conflicto; y estimular formas de activismo digital que eviten la confrontación directa en entornos polarizados, fomentando la expresión desde comunidades epistémicas seguras.

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DESACUERDOS EN CONTEXTOS DIGITALES Variedades, causas y posibles intervenciones Antonio Gaitán Torres (coordinador, uc3m) María Luengo Cruz (coordinadora, uc3m) Hugo Viciana Asensio (Universidad de Sevilla) Francisco Seoane Pérez (uc3m) Teresa Gil López (uc3m) Javier Lorenzo Rodríguez (uc3m) Daniel Barbarrusa (Universidad de Sevilla) Gonzalo Velasco Arias (uc3m) Fernando Broncano Rodríguez (uc3m) Gabriela Müggemburg y Rodríguez Vigil (uc3m) Este documento se ha elaborado durante el desarrollo del proyecto de investigación “Los desacuerdos morales en la esfera digital – dinámicas interactivas, micro-mecanismos y marcadores culturales”. Este proyecto ha sido financiado por las Ayudas FBBVA a Proyectos de Investigación Científica, convocatoria 2021. Revisores externos Manuel Almagro Holgado (Departamento de Filosofía, Universitat de Valencia) Miriam Juan-Torres González (Othering & Belonging Institute, Universidad de Berkeley) Luis M. Miller Moya (Instituto de Políticas y Bienes Públicos, IPP-CSIC) © Copyright | Digimorals | Los autores | Todos los derechos reservados Los desacuerdos emergen en nuestras interacciones cotidianas como procesos comunicativos complejos, insertados en dinámicas de intercambio o confrontación de opiniones, con apelaciones a evidencia y marcos evaluativos. Desde una perspectiva epistémica, comunicativa y política resultan especialmente interesantes los desacuerdos entre pares y los desacuerdos profundos. Para entender la incidencia de estos dos tipos de desacuerdo en contextos digitales conviene atender primero a lo que sabemos sobre la diversidad de opiniones online y offline. La evidencia sugiere que los efectos positivos de la diversidad de opiniones no son intrínsecos. Si bien algunas ideologías asumen que la diversidad es inherentemente beneficiosa, hallazgos recientes indican que su impacto positivo depende de factores contextuales clave. Entre estos factores figuran las normas de interacción, la arquitectura de incentivos en los contextos de interacción y las dinámicas preexistentes entre los distintos grupos. Estos mismos principios se aplican a los entornos digitales, aunque requieren una adaptación específica debido a las características únicas de los contextos online. Los nuevos entornos digitales modulan estos factores y añaden otros nuevos. En el entramado de la comunicación digital, los desacuerdos online se manifiestan a través de una serie de rasgos distintivos: 1) las dinámicas de autoselección sustentadas en la arquitectura de las redes sociales; 2) la señalización de afinidad e hiper moralización desde agrupamientos ideológicos e identitarios; y 3) el recurso a marcadores culturales y retóricas de la conspiración para exacerbar la polarización. 3 Para minimizar los efectos negativos de los desacuerdos en redes sociales y plataformas digitales proponemos cuatro acciones clave: Rediseñar las plataformas para reducir la autoselección. Aprovechar el potencial de los LLM (“Large Language Model”) para la moderación y explorar los beneficios de chats en contextos reales de desacuerdo (facilitando evidencia en debates concretos, precisando posibles posiciones de consenso, etc.). Atender a los marcos narrativos que acentúan el desacuerdo (mediante la exploración de marcadores culturales) y a retóricas de la conspiración que refuerzan la naturaleza grupal y excluyente en algunas interacciones. Estimular la creación de formas alternativas de activismo en redes sociales que eviten la confrontación directa en entornos polarizados y fomenten la expresión de la disidencia desde comunidades epistémicas seguras. 4 Los desacuerdos, aunque a menudo incómodos, pueden ser una fuente de aprendizaje. Cuando nos enfrentamos a opiniones divergentes, se nos brinda la oportunidad de cuestionar nuestras propias creencias y ampliar nuestra comprensión de la realidad. En un sentido más amplio, las instituciones centrales de nuestra sociedad pueden entenderse como mecanismos para gestionar los desacuerdos y aprovechar su potencial constructivo. Los medios de comunicación y la educación, por ejemplo, son espacios donde se gestionan desacuerdos, buscando extraer valor epistémico de ellos al escuchar y aprender de aquellos con mayor conocimiento o experiencia. Asimismo, los partidos políticos y los diversos mecanismos de representación existentes deberían canalizar nuestros desacuerdos políticos, permitiendo que las diferentes voces sean escuchadas y consideradas en la toma de decisiones. Sin embargo, los desacuerdos también pueden ser un factor de división cuando intensifican las diferencias y exacerban la distancia entre perspectivas políticas y morales. En el terreno personal, descubrir que un amigo íntimo tiene opiniones opuestas sobre temas como el aborto o la eutanasia puede generar distanciamiento. En el ámbito político, observar que los líderes de los partidos ejemplifican desacuerdos excesivamente intensos sobre cuestiones sociales fundamentales puede tener un impacto negativo en la ciudadanía. La expresión de desacuerdo en la élite incide en la polarización del debate público, pues erosiona la confianza en la neutralidad de las instituciones hacia determinadas posiciones morales. Desacuerdos – entre la conexión y la diferencia Los desacuerdos nos rodean. Desde conversaciones cotidianas hasta debates públicos, las diferencias de opinión moldean nuestra percepción del mundo. Ya sea en el ámbito familiar, entre amigos, en el discurso político o en los medios de comunicación, los desacuerdos son una constante en nuestra interacción cotidiana. 5 En digi_morals exploramos las dos caras de los desacuerdos, prestando especial atención a los nuevos y complejos contextos digitales. Nuestro objetivo es comprender a fondo este fenómeno y utilizar las herramientas analíticas y conceptuales que nos ofrecen la Filosofía, la Comunicación y la Ciencia Política para ofrecer un mapa de los diferentes problemas y niveles de análisis. 6 Gaitán, A. Luengo, M., Lorenzo, J. 2023. ¿Por qué debemos aprender a gestionar los desacuerdos morales en los medios digitales?, The Conversation, 13 de noviembre de 2022. La Filosofía se ha preguntado por los desacuerdos desde sus inicios. Los diálogos platónicos comenzaban por un desacuerdo en torno a algún asunto central - la justicia, el conocimiento, la naturaleza del buen gobierno o la belleza. La defensa clásica de la libertad de expresión en John Stuart Mill también apuntaba al potencial que tiene la expresión diversa de opiniones, frente a la censura y la supresión, para exponer los errores sobre un determinado tema. Los desacuerdos han estado en el centro de la filosofía desde sus inicios hasta nuestros días. Desde hace unas décadas, la epistemología y la filosofía del lenguaje han estudiado los desacuerdos de manera más precisa con el objetivo de entender el potencial que tienen como estructuras comunicativas. Los desacuerdos son estructuras comunicativas complejas en las que se suelen intercambiar argumentos, razones o evidencia. Ese intercambio de razones, una práctica reglada y sujeta a convenciones culturales, asume que podemos ser sensibles a las buenas razones, cambiando nuestra perspectiva o matizando nuestra convicción. Conviene distinguir distintas formas de estar en desacuerdo o de intercambiar razones. En lo que sigue destacamos dos tipos de desacuerdo y nos preguntamos por los efectos que tienen los contextos digitales en el potencial epistémico y comunicativo de estos desacuerdos. 7 Una estructura comunicativa compleja Desacuerdos entre pares Dos personas están en desacuerdo acerca del cambio climático si una afirma que el cambio climático existe y otra niega esa afirmación. Estamos rodeados de desacuerdos de este tipo. En ocasiones resulta fácil decidir qué debemos creer en esas situaciones. Si sabemos que la otra persona no entiende los rudimentos más básicos del clima, esos que enseñan en el instituto, parece sensato seguir creyendo que el cambio climático existe. La mayoría de desacuerdos, sin embargo, son más complicados. En muchas ocasiones nos encontramos con personas que están igual de informadas que nosotros y que razonan de forma coherente (¡exactamente igual que nosotros!). En esas situaciones resulta más complicado saber qué debemos creer. Si alguien tiene la misma información que yo sobre el cambio climático y es igual de razonable a la hora de evaluar esta evidencia, ¿qué peso debo darle a su opinión contraria? Para algunos filósofos/as, lo adecuado en estos casos sería suspender la creencia o al menos disminuir la convicción con la que nos comprometemos con la creencia. Los desacuerdos entre pares nos dan la oportunidad de ser humildes sobre nuestras creencias. Christensen, David. (2007). Epistemology of Disagreement: The Good News. Philosophical Review, 116(2), 187–217. Para otros filósofos/as, en estos casos debemos seguir afirmando nuestra posición. Quizás en este caso la otra persona no ha considerado de forma adecuada la evidencia compartida, o puede que justo hoy ande distraída o se haya equivocado. O a nivel más general, si valoramos nuestra autonomía, el pensar por uno mismo, debemos dar más peso a nuestra posición en casos de desacuerdo entre pares. Kelly, T. (2005). ‘The Epistemic Significance of Disagreement’. In T. S. Gendler & J. Hawthorne (Eds.), Oxford Studies in Epistemology, Vol. 1 (pp. 167–196). Oxford University Press. 8 En otras ocasiones nos encontramos con gente que no solo discrepa en las conclusiones, sino en los criterios mismos para evaluar qué cuenta como una buena razón. Si yo creo en la evolución por selección natural porque acepto que la evidencia empírica es el estándar para conocer el mundo natural, mientras que tú rechazas la evolución porque consideras que la autoridad de tu texto sagrado es el criterio último de verdad, nuestro desacuerdo va más allá de interpretar datos diferentes. Este es un desacuerdo más profundo: no compartimos los mismos principios sobre qué tipo de razones son válidas. Aquí no es que interpretemos la misma evidencia de forma distinta; discrepamos sobre los criterios de evidencia en primer lugar. ¿Qué debemos creer en estas situaciones en las que estamos en un desacuerdo profundo? Desacuerdo entre pares: en un desacuerdo entre pares las dos personas comparten la misma evidencia, los mismos criterios de justificación y son igualmente razonables Matheson, J. (2021). Deep Disagreements and Rational Resolution. Topoi 40, 1025–1037. Almagro, M. (2024). Deep conflicts and deep disagreements: Two ways in which a dispute can be deep. THEORIA. An International Journal for Theory, History and Foundations of Science, 39 (1), 23–42. Desacuerdo profundo: en un desacuerdo profundo las dos personas no comparten los mismos criterios de justificación 9 Desacuerdos profundos En el primer lustro de la década del 2000 entró en escena la llamada web social, es decir, aquella en la que la interacción horizontal entre los usuarios cobra mayor protagonismo que el paradigma unidireccional y vertical entre productores de contenidos y usuarios. Internet dejó de ser una réplica digital del mundo analógico para convertirse en una cacofonía de blogs y primigenias redes sociales como MySpace. En esos primeros años, el ideal deliberativo estaba vivo y todavía resisten online varios intentos de mapear debates, como Debate Mapper, Debate Graph o Debate Map. Un poco de historia 16 Levy, S. and Stone, B. (2006, 3 de abril). The new wisdom of the web. Newsweek. Sin embargo, la web social pronto derivaría en un foro más participativo que deliberativo. Como si los creadores de Facebook hubieran intuido el dilema que planteaba Diana Mutz sobre la incompatibilidad entre deliberación y participación, la exitosa red social de Mark Zuckerberg se convertiría en un potentísimo canal de comercialización de publicidad incentivando la reacción emocional de los usuarios. La captura de la atención o ‘engagement’ tuvo un rédito económico inmediato que se potenció a través del interfaz, que permitirá a los navegantes declarar públicamente su preferencia por cierto tipo de contenidos, reenviándolos a su red y apostillándolos con comentarios propios. Mutz, D. (2006). Hearing the other side: Deliberative versus participatory democracy. New York: Cambridge University Press. Smith, B. (2023). Traffic: Genius, rivalry, and delusion in the billion-dollar race to go viral. New York: Penguin. En el caso de Twitter, orientado más a la discusión pública que Facebook, el potencial deliberativo hace tiempo que sucumbió a las emociones y al sentimiento. Twitter se erigió casi desde sus inicios, más que en una plaza pública, como un ‘instrumento para detectar tendencias’. Es precisamente en la reacción pública al comportamiento de otras personas donde vemos el inicio del “espectáculo moral” que propician las redes sociales. Estas dinámicas también afectan a la calidad de los desacuerdos en contextos digitales. Aunque aquí atender a los detalles de cada contexto nos puede ayudar a separar casos positivos y negativos de señalización y postureo moral. Hemos visto que la diversidad de opiniones no implica necesariamente efectos beneficiosos. También sabemos que, cuando las opiniones son morales, los desacuerdos son más complicados de resolver. ¿Sucede lo mismo en el contexto digital? ¿Cuánta diversidad de opiniones encontramos en este ámbito? ¿Y cómo afecta esa diversidad a la percepción de los desacuerdos en contextos digitales? Hay estudios que afirman que en redes sociales las personas tienen más posibilidades de exponerse a información no buscada («consumo incidental») que con las suscripciones a periódicos tradicionales. ¿Cuánta diversidad hay en los contextos digitales? 17 Fletcher, R. (2021). The truth behind filter bubbles: Bursting some myths, Reuters Institute for the Study of Journalism, Oxford. Algunos de estos estudios han demostrado que, en contraste con las ampliamente propuestas y testadas hipótesis de las «cámaras de eco» y «burbujas de filtro», las redes sociales favorecen la exposición a una mayor cantidad de opiniones con las que se está en desacuerdo. Bail, C.A., Argyle, L.P., Brown, T.W., Bumpus, J.P., Chen, H., Hunzaker, M.F., Lee, J., Mann, M., Merhout, F. and Volfovsky, A., 2018. Exposure to opposing views on social media can increase political polarization. Proceedings of the National Academy of Sciences, 115(37), pp.9216-9221. Y parece que la exposición a ideas diversas o el acceso a puntos de vista opuestos no tiene porqué traducirse, necesariamente, en una mayor calidad de la deliberación pública. De hecho, algunos defienden que la diversidad de opiniones podría ser buscada por usuarios de redes sociales, aunque no siempre impulsada por principios de inclusión, sino más bien por la animosidad al otro. Rathje, S., Van Bavel, J. J., & Van Der Linden, S. (2021). Out-group animosity drives engagement on social media. Proceedings of the National Academy of Sciences, 118(26). Barberá, Pablo. “How social media reduces mass political polarization. Evidence from Germany, Spain, and the US.” Job Market Paper, New York University 46 (2014): 1-46. El filósofo C. Thi Nguyen ha distinguido entre dos formas de aislamiento que nos pueden ayudar a entender lo que sucede en los entornos digitales. Nguyen diferencia una forma de aislamiento que se origina a partir de la estructura de conectividad de las redes, que, como sabemos, favorecen intereses y preferencias similares. En esas “burbujas epistémicas” accedemos a lo que nos gusta o nos resulta cercano a nivel ideológico o moral. Pero además de las burbujas originadas por los filtros que nosotros creamos, Nguyen distingue otra estructura en las que el aislamiento se produce en torno al descrédito activo y la desconfianza hacia posiciones diferentes (“cámaras de eco”). Ahora no se trataría de ignorar otras fuentes, como sucede con las burbujas, sino estar dentro de comunidades o grupos en los que se fomenta la desconfianza hacia quienes opinan distinto y se exagera la fiabilidad de los que piensan como nosotros. En las burbujas epistémicas las voces y la información divergente no llega; en las cámaras de eco la información llega, pero es desacreditada sistemáticamente desde posiciones muy radicales. Mientras que una burbuja epistémica puede ‘romperse’ aportando esa información que queda fuera como resultado de nuestro particular algoritmo, en el caso de la cámara de eco facilitar información opuesta o divergente ‘rebotará’, reforzando el punto de vista que se quiere corregir y sirviendo como herramienta para atacar al interlocutor. Dos formas de estar aislado 18 Fletcher, R. (2021). The truth behind filter bubbles: Bursting some myths, Reuters Institute for the Study of Journalism, Oxford. Nguyen C. T. (2020). Echo Chambers and Epistemic Bubbles’, Episteme;17(2):141-161. doi:10.1017/epi.2018.32 Un estudio sobre la sabiduría de las masas polarizadas muestra que, cuando las normas de resolución de desacuerdos son adecuadas, la diversidad ideológica puede enriquecer enormemente el debate, incluso en entornos polarizados. En plataformas como Wikipedia, donde rigen estas normas, los equipos con opiniones diversas suelen generar artículos de mayor calidad. Wikipedia también funciona como una red social. Sin embargo, poca gente reconoce Wikipedia como tal y, de hecho, esta imagen de desacuerdo productivo que proyecta no es la que generalmente tenemos de las redes sociales. ¿Por qué no percibimos el potencial productivo de estas plataformas para abordar los desacuerdos? ¿Por qué solemos verlas como un campo de batalla, un juego de suma cero, donde unos contendientes tratan de marcar puntos a expensas de otros que los pierden humillantemente? ¿Por qué Wikipedia o Reddit funcionan tan bien para los desacuerdos y X (antes Twitter) tan mal? 19 Shi, F., Teplitskiy, M., Duede, E., & Evans, J. A. (2019). The wisdom of polarized crowds. Nature human behaviour, 3(4), 329-336. Parte del problema puede explicarse por uno de los fenómenos más decisivos para entender nuestro mundo social: la auto-selección. Esta ocurre cuando personas con determinadas características tienden a agruparse en espacios o nichos que no reflejan de manera representativa a la población. Esto puede crear burbujas y simplemente generar la impresión distorsionada de que todo el mundo piensa o se comporta como ese grupo, que en realidad tiene características muy específicas. Brundage, M., Little, A. T., & You, S. (2024). Selection neglect and political beliefs. Annual Review of Political Science, 27(1), 63-85. Hay redes sociales que actúan como un acelerador de los desacuerdos morales y sus efectos más divisivos al potenciar la autoselección. La exposición a contenido divisivo desde grupos homogéneos puede distorsionar nuestras percepciones de los que piensan diferente. Las redes sociales amplifican estas distorsiones cuando exponen de manera desproporcionada a las personas a los extremos ideológicos. Los usuarios más activos y comprometidos en las redes sociales suelen ser los más partidarios y extremistas, mientras que la mayoría de las personas, que son más moderadas, consumen el mismo tipo de noticias. Esto agrava el problema, generando la falsa impresión de que la polarización es más intensa de lo que realmente es. 20 Gran parte de los efectos negativos asociadas con los desacuerdos en contextos digitales dependen de dinámicas de señalización que se acentúan por los incentivos que regulan las interacciones en estos entornos - visibilidad, likes, seguidores, etc. Con ver ciertos perfiles de X o Facebook nos sentimos capaces de hacernos una idea del perfil político e ideológico del usuario, descontando su opinión cuando nos interesa, en el mejor de los casos, o recurriendo al insulto y a las malas formas en el peor de los escenarios. La señalización de pertenencia a un grupo es una tendencia psicológica profunda, ampliamente estudiada. En contextos altamente polarizados, estas señales de identificación grupal - desde la bandera a los gustos musicales, pasando por las preferencias estéticas, los espacios y lugares o los hábitos de consumo - serán utilizadas por los grupos en disputa para facilitar su cohesión interna y para coordinar el descrédito de las posiciones opuestas. Señalización cultural 21 Van der Does, T., Galesic, M., Dunivin, Z. O., & Smaldino, P. E. (2022). Strategic identity signaling in heterogeneous networks. PNAS Proceedings of the National Academy of Sciences of the United States of America, 119(10), 1–10. Para algunos expertos, urge repensar el diseño de las redes sociales también en este sentido. Un modelo que minimice la incidencia de estas señales - que la mayor parte de las veces acompañan a perfiles anónimos - podría minimizar el conflicto. En esta línea se ha sugerido el fomento de espacios de interacción más neutrales (no anónimos o en los que el anonimato no se suplemente con señalizaciones culturales); otra posible intervención pasaría por limitar algunas métricas de interacción (limitar los ‘me gusta’ o los ‘retweets’) y reforzar la moderación de contenidos, por ejemplo recompensando en visibilidad a los que moderan contenidos con buenos criterios, como ya se hace en algunos foros de internet. Bail, C. (2022). Breaking the Social Media Prism. How to Make our Platforms Less Polarizing, Princeton, Princeton University Press. La moralización de lo que antaño se podrían considerar preferencias personales (el consumo de tabaco, el uso del cinturón, reciclar, volar en avión o el uso de dispositivos electrónicos en la crianza) discurre en paralelo a la transición de la polarización ideológica a la afectiva: el rival político no es alguien que piensa diferente y con quien se puede llegar a un acuerdo, sino un enemigo moral cuyos valores suponen un riesgo existencial. El otro no propone otra visión del bien, sino que propone el mal, lo que dificulta cualquier tipo de deliberación. Transformando desacuerdos entre pares en desacuerdos profundos 22 Torcal, M. (2023). De votantes a hooligans: la polarización política en España. Madrid: Catarata. Viciana, H., Hannikainen, I. R., & Rodríguez-Arias, D. (2021). Absolutely right and relatively good: Consequentialists see bioethical disagreement in a relativist light. AJOB Empirical Bioethics, 12(3), 190-205. ¿Qué nos dice todo esto sobre los desacuerdos entre pares y los desacuerdos profundos? Una hipótesis razonable apuntaría a cómo las redes sociales, además de animar el exhibicionismo moral, transforman los desacuerdos entre pares en desacuerdos profundos. Al llevar el desacuerdo desde el terreno de las preferencias o de las convenciones sociales al de la moral y las convicciones, todos los debates dejarían de lado sus aspectos técnicos e incluso el reconocimiento del interés personal o grupal, para convertirse en conflictos entre el bien y el mal. En el caso del uso de los aviones, por ejemplo, equivaldría al rechazo de este medio de transporte en cualquier circunstancia, sin entrar en las opciones disponibles u otras consideraciones. 23 La evidencia de correlación entre polarización y ciertas redes sociales de internet parece clara. Pero no la relación de causalidad. Es decir, polarización y generalización de las redes sociales van de la mano, pero sería arriesgado aseverar que Facebook y X han incrementado la animosidad política de los ciudadanos. En otras palabras, la polarización y la expansión de las redes sociales podrían no ser causa y efecto directo, sino efectos paralelos de tendencias sociales más amplias, como el aumento de la desconfianza hacia las instituciones o la preferencia por contenidos emocionales y polarizantes. ¿Qué podemos afirmar con una mínima certeza? En su meta-revisión de la literatura sobre la relación entre redes sociales y democracia, Lorenz-Spreen et al. (2023) concluyen que existe una “asociación perjudicial entre medios digitales y polarización política, incluyendo alguna evidencia causal” (p. 7). ¿Razones para la esperanza? 24 Lorenz-Spreen et al. (2023). A systematic review of worldwide causal and correlational evidence on digital media and democracy. Nature Human Behaviour 7, 74–101. El discurso catastrofista en torno a las burbujas epistémicas y las cámaras de eco ha tenido también mucha cobertura mediática y política. Pero solo un porcentaje muy reducido de ciudadanos (entre el 2% y el 5% en Europa y ligeramente más en EEUU) se encuentran en cámaras de eco informacionales. La mayoría de los ciudadanos acceden de forma frecuente a medios situados en un espacio ideológico lejano u opuesto - y esto es así incluso dentro de comunidades homogéneas insertas en plataformas sociales como X. Levy, R. E. (2021). Social media, news consumption, and polarization: Evidence from a field experiment. American economic review, 111(3), 831-870. Se comienza a vislumbrar un perfil tentativo de usuario/a atrapado en cámaras de eco y ubicado en la intersección de varios rasgos: (i) muestra un elevado grado de compromiso con una determinada ideología política; (ii) tiene tendencia a descartar puntos de vista opuestos (y no meramente a seleccionar las opiniones afines); y (iii) expresa una elevada convicción en relación con opiniones morales y políticas. Estos perfiles tienen más probabilidad de estar dentro de redes homogéneas y fuertemente aisladas, redes que se estructuran en torno a temas o debates fuertemente divisivos. La buena noticia es que la gran mayoría de personas poseen perfiles de uso distintos al habitante de una cámara de eco. ¿Quién habita las cámaras de eco? 25 En contraste con esta expresión del desacuerdo activista y digital, el activismo tradicional encuentra más obstáculos para generar espacios de oportunidad. En primer lugar, porque las propias condiciones de opresión dificultan la organización alrededor de una causa que puede no gozar de un estatus de credibilidad, confiabilidad o competencia, considerándose estas condiciones obstáculos para la paridad epistémica. La creación de nuevos espacios y narrativas de expresión desde contextos digitales, particularmente a través del empleo del hashtag como elemento enmarcador del discurso que señaliza “la potencia y la unidad del movimiento” (Dobrin), posibilitó prácticas de resistencia contra dichos obstáculos epistémicos. Activismo 2.0 32 Dobrin, D. (2020). The hashtag in digital activism: A cultural revolution. Journal of Cultural Analysis and Social Change, 5(1), 1-14. En segundo lugar, para operar de manera eficaz como movimiento político, el activismo generado desde espacios tradicionales (una plaza pública, un espacio de discusión), si bien no constituye un modo deliberativo de participación, se ve atado a la necesidad de generar una cierta interlocución con la sociedad o el grupo al que interpela. Por el contrario, los desacuerdos activistas online pueden estructurarse más allá de contextos deliberativos e incluso confrontativos con otros grupos o la sociedad mayoritaria. Pueden validarse como comunidades en sí mismas, generando afectos e identidades políticas comunes y en las que es suficiente el valor de expresar desacuerdo para señalar resistencia. Frost-Arnold,K. (2023). Who Should We Be Online?: A Social Epistemology for the Internet, Oxford University Press. Medina, J. (2019). “Racial violence, emotional friction, and Epistemic activism”. Angelaki 24(4), 22-37. Desacuerdos en contextos digitales y retóricas de la conspiración Los desacuerdos morales no se producen en el vacío. Acabamos de ver que muchos desacuerdos se enmarcan en dinámicas de opresión y silenciamiento. Pero hay más dinámicas a tener en cuenta, algunas con un componente cultural muy marcado. En este sentido, las retóricas y narrativas de la conspiración han jugado un papel central en la percepción de desacuerdos en los contextos digitales. En España las redes sociales han presenciado el negacionismo respecto a fenómenos como la existencia del COVID-19 o las enormes nevadas durante la borrasca Filomena de enero de 2021 —con algunas personas tratando de probar que la nieve no era real—. Las consecuencias prácticas del negacionismo sobre estos fenómenos son inmediatas y potencialmente catastróficas: rechazo o incluso saboteo de las campañas de vacunación, actos de violencia, acoso a víctimas de desastres, etc. Los estudios psicológicos y sociológicos en esta materia presentan hallazgos destacables. Lewandowsky, Oberauer y Gignac (2013) muestran que las teorías de la conspiración aparecen frecuentemente “empaquetadas”: la creencia en una teoría de la conspiración se correlaciona fuertemente con creencias en otras teorías de la conspiración, por lejanas que puedan parecer. Los estudios también han señalado que las identidades importan en la creencia de las teorías de la conspiración. En particular, Smallpage et al (2020) señalan que las personas son más propensas a creer en conspiraciones dirigidas contra su grupo, en particular si pertenecen a comunidades que ven como amenazadas, así muchas personas en África pudieron creer que el VIH o los medicamentos contra el VIH eran una creación para acabar con sus comunidades. Lewandowsky, S., Oberauer, K., & Gignac, G. (2013). NASA Faked the Moon Landing-Therefore, (Climate) Science Is a Hoax: An Anatomy of the Motivated Rejection of Science. Psychological science, (24), 622-633. Smallpage, S. M., Drochon, H., Uscinski, J. E., & Klofstad, C. (2020). Who are the Conspiracy Theorists?: Demographics and conspiracy theories. In Butter, M., & Knight, P. (Eds.). Routledge handbook of conspiracy theories (pp. 263-277). Routledge. 33 Para diseñar posibles intervenciones encaminadas a minimizar los efectos de la retórica de la conspiración, debemos tener muy presente que las teorías de la conspiración suelen “contaminar el pozo” y facilitan su difusión viral a base de sembrar desconfianza y cortocircuitar los mecanismos de pensamiento crítico. Esto significa que, una vez creída, la teoría de la conspiración proporciona razones para rechazar evidencia contra ellas. La naturaleza social de este tipo de creencias y su estatus como señalización de pertenencia grupal refuerzan este rasgo “memético” y apuntan a que las mejores intervenciones deberán enmarcarse a partir de este componente grupal o identitario. ¿Cómo minimizar la incidencia de las retóricas de la conspiración? 34 Boudry, M., Blancke, S., & Pigliucci, M. (2015). What makes weird beliefs thrive? The epidemiology of pseudoscience. Philosophical Psychology, 28(8), 1177-1198. Medidas como el fact checking (la creación de portales especializados en comprobar uno a uno la veracidad de ciertas informaciones) y el flagging (la señalización, por parte de la comunidad o la moderación de información engañosa) pueden servir para alertar a personas que no creen en la teoría conspiranoica. No obstante, pueden ser contraproductivas a la hora de argumentar con una persona ya convencida: al estar desacreditadas de partida, para una teoría de la conspiración estas medidas señalan justamente todo lo que la presunta conspiración quiere esconder. En términos de Krekó, pueden servir para la inmunización, pero no para la cura. Debemos también tener presente el rol de los algoritmos que personalizan la información que recibe el usuario. Por tanto, si un usuario comienza a mostrar interés por teorías conspiranoicas, el algoritmo puede mostrarle cada vez más fuentes que lo reafirmen en su posición, en lugar de equilibrar ese punto de vista con visiones alternativas. Este fenómeno ilustra algo ya repetido en este libro blanco: en las intervenciones debemos atender no solo al contenido que se difunde, sino a los mecanismos (algoritmos) y a la arquitectura e incentivos de los entornos digitales. Se ha demostrado que los chatbots de IA también pueden jugar un papel eficaz aquí con intervenciones que pueden ser eficaces corrigiendo información conspirativa de manera interactiva, reduciendo su credibilidad y disminuyendo su difusión. Costello, T. H., Pennycook, G., & Rand, D. G. (2024). Durably reducing conspiracy beliefs through dialogues with AI. Science, 385(6714), eadq1814. Krekó, Péter. (2020) Countering conspiracy theories and misinformation. En: Routledge Handbook of Conspiracy Theories. Ed. por Butter, M; Knight, P. Londres: Routledge, 242-256. Este documento se ha elaborado durante el desarrollo del proyecto de investigación “Los desacuerdos morales en la esfera digital – dinámicas interactivas, micro-mecanismos y marcadores culturales”. Este proyecto ha sido financiado por las Ayudas FBBVA a Proyectos de Investigación Científica, convocatoria 2021. Agradecemos la ayuda de los siguientes investigadores/as, que han participado en diferentes eventos dentro del marco del presente proyecto de investigación: Uxía Carral, Simon Chauchard, Karen FrostArnold, Miriam Juan-Torres, Luis Miller, Peter Levine, Linda Skitka y Neri Marsili. © Copyright | Digimorals | Los autores | Todos los derechos reservados