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MATRIZ TEMPORAL DE INTERPRETACIONES. TIEMPO COMO CATEGORÍA HISTÓRICA ESTRUCTURANTE

Tobares, Javier

Abstract

En este artículo examinamos el tiempo como una noción compleja, proponiendo la categoría de “matriz temporal de interpretaciones” (MTI) como marco teórico para analizar de qué manera influyen las diferentes dimensiones del tiempo en la construcción de narrativas históricas y en la formación de identidades colectivas. A través de un enfoque interdisciplinario, exploramos las interconexiones entre el pasado, el presente y el futuro, y cómo estas temporalidades pueden ser manipuladas políticamente para legitimar discursos y proyectar futuros posibles. Analizamos también la importancia de la iteración del tiempo dentro de esta matriz, subrayando que el pasado no es simplemente una dimensión estática, sino que es un recurso activamente reinterpretado para cumplir funciones específicas en contextos históricos y políticos contemporáneos. Con esta investigación esperamos contribuir a una comprensión ampliada del tiempo en su rol dentro de la dinámica histórica y su impacto en la escritura de la historia y la acción social.

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MATRIZ TEMPORAL DE INTERPRETACIONES. TIEMPO COMO CATEGORÍA HISTÓRICA ESTRUCTURANTE TEMPORAL MATRIX OF INTERPRETATIONS. TIME AS A STRUCTURING HISTORICAL CATEGORY Javier Tobares Facultad de Filosofía y Humanidades. Universidad Nacional de Córdoba. javier.tobar[email protected] ORCID: 0000-0002-8392-1694 Como la historia, igual que la música, transcurre en el tiempo, un simple acontecimiento puede cambiar no solo nuestro modo de abordar el futuro, sino también nuestra forma de ver el pasado. Daniel Barenboim. La música despierta el tiempo. MATRIZ TEMPORAL DE INTERPRETACIONES 2 J. TOBARES Resumen En este artículo examinamos el tiempo como una noción compleja, proponiendo la categoría de “matriz temporal de interpretaciones” (MTI) como marco teórico para analizar de qué manera influyen las diferentes dimensiones del tiempo en la construcción de narrativas históricas y en la formación de identidades colectivas. A través de un enfoque interdisciplinario, exploramos las interconexiones entre el pasado, el presente y el futuro, y cómo estas temporalidades pueden ser manipuladas políticamente para legitimar discursos y proyectar futuros posibles. Analizamos también la importancia de la iteración del tiempo dentro de esta matriz, subrayando que el pasado no es simplemente una dimensión estática, sino que es un recurso activamente reinterpretado para cumplir funciones específicas en contextos históricos y políticos contemporáneos. Con esta investigación esperamos contribuir a una comprensión ampliada del tiempo en su rol dentro de la dinámica histórica y su impacto en la escritura de la historia y la acción social. Palabras clave: Temporalidad. Iteración. Identidad. Legitimidad. Narrativa Abstract In this article, we examine time as a complex notion, proposing the category of a “temporal matrix of interpretations” (TMI) as a theoretical framework to analyze how different dimensions of time influence the construction of historical narratives and the formation of collective identities. Through an interdisciplinary approach, we explore the interconnections between the past, present, and future, and how these temporalities can be politically manipulated to legitimize discourses and project possible futures. We also analyze the importance of the iteration of time within this matrix, emphasizing that the past is not simply a static dimension but is actively reinterpreted to fulfill specific functions in contemporary historical and political contexts. With this research, we aim to contribute to an expanded understanding of time in its role within historical dynamics and its impact on the writing of history and social action. Keywords: Temporality. Iteration. Identity. Legitimacy. Narrative MATRIZ TEMPORAL DE INTERPRETACIONES 3 J. TOBARES Introducción El tiempo es más que una mera referencia cronológica que funciona como recurso de periodización de la acción humana considerado como supuesto y estructura pasiva de la historia. En este sentido, la experiencia cotidiana lo asume como constante propia de la vida y del transcurso de la experiencia en el mundo. Y es esa referencia a lo cotidiano lo que oculta la complejidad del tiempo como un entramado complejo de experiencias dinámicas. Esto nos lleva a plantearnos: ¿cómo es posible desagregar las múltiples dimensiones de análisis que constituyen esta categoría histórica fundamental analizando al mismo tiempo los vínculos que entrelazan los múltiples sentidos de la experiencia del tiempo así como las diversas consecuencias posibles que surgen de ese entramado complejo? El problema reside en lo que Guadalupe Valencia García identifica como la “fetichización” del tiempo, un tiempo al que se le asigna, tomando el supuesto de su existencia objetiva —propio del campo la física— una influencia independiente del observador sobre la acción social. Entendemos, siguiendo a la autora, que el tiempo “existe, allí, para ser recuperado como objeto de reflexión” (Valencia García, 2018, p. 88) y es en esa reflexión donde entendemos que reside la complejidad intrínseca de esta categoría histórica. En consecuencia, asumimos operativamente que el tiempo es una dimensión constitutiva de los procesos que exhiben temporalidades múltiples dotadas de sentido. Ello permite superar la convención implícita en la narrativa histórica del tiempo como una constante objetiva, que en la recuperación del pasado se erige como “un instrumento de control social sumamente poderoso, que incluso sirve para diferenciarnos y extrañarnos ante quienes viven en tiempos culturales diferentes” (Valencia García, 2018, p. 88) y por ello puede convierte en un recurso que permite, entre otras cosas, la construcción lo político. Siguiendo a Ilia Prigogine e Isabelle Stengers, consideramos que el tiempo físico, el que funciona en el marco de la dinámica clásica, es una constante externa que adquiere significado por medio de la experiencia humana. Desde la propuesta de Prigogine y Stengers, este tiempo es objetivamente irreversible como consecuencia de las múltiples singularidades o el conjunto de rupturas de simetría que lo conforman, sin embargo, implícita en la irreversibilidad se encuentra la idea del “eterno retorno” que por ser propiamente irreversible se entiende como un proceso de capaz de reproducirse si se reproducen las condiciones de posibilidad es decir, si es posible advertir un “horizonte temporal” que: “limita la pertinencia de cualquier información presente en relación al futuro” (Prigogine, 1992 p. 202). Es lo que proponemos como la característica propia de esta categoría estructurante: su carácter intrínsecamente iterativo. Como hemos indicado, el tiempo concebido como una categoría histórica compleja y estructurante, además de ser considerado como una constante externa y objetiva, es también una variable construida socialmente capaz de desagregarse en múltiples dimensiones. Esta concepción permite que el tiempo funcione como una MATRIZ TEMPORAL DE INTERPRETACIONES 4 J. TOBARES clave explicativa en la narrativa histórica, facilitando la recuperación del pasado y la proyección del futuro desde el presente. Al identificar y examinar las diversas dimensiones del tiempo histórico y sus interconexiones, se obtiene una comprensión más profunda de su rol más allá de un simple marco cronológico. Como categoría estructurante, el tiempo influye en la experiencia humana, la construcción de narrativas históricas y la configuración social y política en contextos específicos. Esta perspectiva enriquecida permite reconocer patrones recurrentes, cambios significativos y momentos de transformación en la historia. En particular, se analizará cómo la metaforología y la disputa conceptual sobre el tiempo permiten complejizar y operar sobre esta categoría histórica, moldeando tanto las experiencias como las expectativas. Necesitamos aclarar que la complejidad del tema excede límites de presentación en el marco de un artículo académico, por lo que consideramos necesario mencionar algunos aspectos donde entendemos que será preciso ampliar y profundizar apelando a otro tipo de argumentos y fuentes en futuras investigaciones. En primer lugar, debemos señalar la limitación en la integración metodológica entre las dimensiones del tiempo físico y el tiempo histórico. Baste señalar al respecto que la metaforología, como veremos, es una vía productiva en este sentido que nos permite la articulación entre los datos empíricos y su interpretación primera. En segundo lugar, sobre la interacción de las dimensiones señaladas del tiempo, necesitamos advertir que somos conscientes que ambas interactúan a un nivel más profundo y práctico y que ello sólo es posible abórdalo considerando los datos empíricos, que por el carácter teórico de nuestra propuesta hemos dejado para posteriores abordajes del tema. En tercer lugar, la propuesta de nuestra categoría analítica debería ser contrastada empíricamente para indagar sobre su potencial explicativo y aplicación general. Sin embargo, como mencionamos, hemos optado por un desarrollo teórico para respaldar nuestra propuesta. Por último, si —como sostenemos— la metaforología opera como una herramienta interpretativa en la categoría propuesta, somos conscientes del necesario desarrollo futuro de las implicaciones teórico-prácticas de la articulación de las concepciones del tiempo desde esta perspectiva. Hechas las necesarias salvedades, en el presente artículo tenemos como objetivo principal explorar y analizar una comprensión ampliada del tiempo mediante la identificación y examen de sus múltiples dimensiones, analizando la complejidad de la dinámica histórica. Específicamente, nos proponemos identificar las diversas dimensiones del tiempo histórico y desglosar cómo estas influyen en la acción social. Además, se busca analizar las interconexiones entre las distintas dimensiones temporales para comprender cómo estas relaciones afectan la configuración de narrativas históricas y la formación de identidades colectivas. Por último, exploraremos el impacto del tiempo histórico en la construcción de narrativas históricas, examinando cómo las diferentes concepciones del tiempo influyen en la interpretación del pasado y en la construcción de legitimidad implícita en las mismas. Esto nos permite abordar el desarrollo de una comprensión ampliada y compleja del tiempo y su rol en la dinámica histórica. MATRIZ TEMPORAL DE INTERPRETACIONES 5 J. TOBARES Tiempo: el mismo, de manera relativa La historiografía considera al tiempo como un eje fundamental para la narración y el análisis histórico. Sin embargo, la linealidad tradicional de la narrativa histórica ha sido cuestionada por enfoques contemporáneos que destacan la existencia de múltiples dimensiones del tiempo y la posibilidad de una historia no lineal. Fernand Braudel, con su noción de longue durée, introdujo desde la École des Annales la idea de diferentes ritmos históricos: el tiempo breve de los acontecimientos, el tiempo medio de las coyunturas y el tiempo largo de las estructuras. Este enfoque multidimensional sugería que los historiadores debían considerar cómo diferentes escalas temporales interactuaban y configuraban la comprensión histórica. Siguiendo esta perspectiva, la noción de tiempo, como categoría histórica estructurante, puede analizarse considerando cómo se recupera el pasado y, en consecuencia, se comprende la historia, integrando enfoques interdisciplinarios que revelen su multifacética naturaleza y las diversas maneras en que puede ser percibido, medido y entendido, considerándolo como una “matriz temporal de interpretaciones”, que se despliega y reconfigura constantemente a través de la interacción de diversas dimensiones. Esta matriz temporal es en sí misma una variable estructurante en la que confluyen y se reconfiguran continuamente las diversas dimensiones del tiempo (física, filosófica, sociológica e historiográfica), que permite no solo reconocer la complejidad esencial del tiempo, sino también analizar cómo las diferentes interpretaciones del tiempo influyen y son influenciadas por las prácticas culturales, sociales y científicas en distintas épocas. De esta forma, la ruptura con la noción lineal y cronológica implícita en el relato histórico obedece a que el tiempo no puede ser reducido a una única definición universal, debido a su naturaleza compleja. Ello es evidente en una primera escisión del tiempo, a saber: por un lado, su existencia objetiva, externa al sujeto e independiente de él; por otro lado, el abordaje idealista y fenomenológico que se hace del tiempo al que se lo asume como una construcción subjetiva. No obstante, ello no implica “dos tiempos” mutuamente excluyentes, sino que el tiempo puede entenderse en dos niveles relacionados: como una propiedad constitutiva de todos los sistemas históricos y como la temporalidad específica de cada proceso y es esta relación la que nos permite establecer una distinción entre tiempo y temporalidad, entendiendo: El tiempo de todo proceso atañe a su ubicación en un marco cronológico determinado en la línea de la sucesión, mientras que su temporalidad atañe a las “maneras de hacerse” de dicho proceso y pueden o no coincidir con el marco cronológico en el que se delimita y acota. (Valencia García, 2007, p. 107) MATRIZ TEMPORAL DE INTERPRETACIONES 6 J. TOBARES A esta distinción hay que sumar otro elemento que suma contenido a la noción de tiempo: la naturaleza densa y contingente del tiempo social, resultado de la interacción entre sucesión y duración, el tiempo es en sí mismo una creación permanente, porque: “El tiempo es el carácter último del mundo real; pero ese mundo sólo existe cuando alguien lo habita y pronuncia su nombre. Por ello, no hay tiempo sin una sociedad que lo instituya” (Valencia García, 2007, p. 61), y es este aspecto de la experiencia social el que define la contingencia del tiempo. Otro aspecto a considerar es aquel que se refiere a la interpretación del tiempo, reducido comúnmente a una imagen lineal. Por el contrario, es posible postular que el tiempo, en tanto, experiencia sintetiza múltiples dimensiones. En este sentido, aunque ambas interpretaciones son diferentes, no son mutuamente excluyentes, si consideramos que: Desde Einstein ese tiempo genuinamente real no puede ser otro sino el que se multiplica en los tiempos particulares de cada observador en su aquí-ahora. Pero la coexistencia, sincronicidad o “simultaneidad relativa” de múltiples tiempos no niega el carácter sucesivo del mundo físico (Valencia García, 2007, p. 60). En cuanto a la percepción del tiempo, la imagen de una línea continua ha reducido la complejidad implícita en la construcción del entramado temporal en el que necesariamente se estructura una red de intencionalidades en la que convergen diversos sentidos de la experiencia del tiempo. Es en esta “densidad temporal” en la que iterativamente se conforma como “el conjunto de capas del pasado en el presente” (Valencia García, 2007, p. 107), en el que múltiples procesos temporales interactúan y se influencian mutuamente de manera continua, conformando una red de temporalidades entrelazadas que nos permite acceder a la cualidad y el ritmo con los cuales se desarrollan los eventos dentro de un marco temporal, analizando las diversas interpretaciones y sus significados en diferentes contextos. Esto es particularmente relevante para nuestro argumento porque, asumiendo críticamente la naturaleza relativa del tiempo, es posible entrever su carácter político y exponer de qué manera las diferentes interpretaciones y prácticas del tiempo son utilizadas para ejercer poder, resistir la opresión o transformar la sociedad. Y es aquí donde es necesario explicitar el inevitable perfil político del tiempo si lo asumimos, operativamente en nuestro argumento, como un concepto esencialmente disputado. En efecto, siguiendo a Walter B. Gallie, existe un conjunto de conceptos cuyo uso implica controversias sobre su aplicación, denominados essentialy contested concepts (en adelante, conceptos esencialmente disputados). Entendemos que “tiempo” pertenece, en parte, al conjunto postulado por el pensador escocés, porque por su propia naturaleza es propiamente controversial y su sentido no puede MATRIZ TEMPORAL DE INTERPRETACIONES 7 J. TOBARES ser completamente establecido a través de argumentos racionales o evidencia empírica. 1 Según Gallie, independientemente de las causas y las explicaciones en pugna, en ciertas ocasiones, se plantean discusiones legítimas que: “aunque no se puedan resolver mediante ningún tipo de argumento, sin embargo, están respaldadas por argumentos y evidencias perfectamente respetables.” (Gallie, 1956, p. 169). Establecida la vaguedad de estos conceptos, los mismos deben satisfacer condiciones tales como la complejidad interna del concepto, la variabilidad en su interpretación, y el hecho de que estas interpretaciones en disputa sean sostenidas por argumentos lógicos, no necesariamente racionales. 2 De forma que, “tiempo”, al ser un concepto con estas condiciones, refleja las diferentes interpretaciones y disputas de sentido sobre la forma en que se puede recuperar el pasado, escribir la historia y operar sobre el continuo temporal. Las pugnas por el sentido de “tiempo” no sólo afectan la cronología de los acontecimientos, sino que también configuran las identidades sociales así como la legitimidad de la historia misma. Siguiendo la lógica de nuestro autor, “tiempo” podría considerarse un concepto esencialmente disputado, porque ha sido interpretado de múltiples maneras a lo largo de la historia y en diferentes disciplinas, incluyendo, por ejemplo, la física, la filosofía y la historiografía. En el caso de esta última, implicaría, en primer lugar, reconocer que no existe una única manera de entender o interpretar el tiempo, haciendo posible una 1 El concepto de tiempo, aunque parece familiar y evidente, se cuestiona desde la física moderna, donde se ha surgido propuesto que podría ser una ilusión. Por ello no sería posible: “decir que ‘en un momento dado’ la realidad es una determinada, compuesta de hechos que suceden simultáneamente en diferentes lugares. Para otro observador los hechos que configuran ‘la realidad del presente’ son otros” (Casas González, 2024). Albert Einstein cambió la comprensión del tiempo al mostrar que depende de la velocidad del observador y la gravedad, postulando que no existe un tiempo universal, sino que es relativo. La flecha del tiempo y la entropía sugieren una dirección en el tiempo, pero las leyes físicas fundamentales no establecen un flujo temporal. El desafío radica en reconciliar la relatividad general con la mecánica cuántica para entender completamente la naturaleza del tiempo. 2 Estas condiciones son: ICarácter Apreciativo: el concepto debe ser apreciativo, lo que significa que debe significar o acreditar algún tipo de logro valioso. IIComplejidad Interna: el logro apreciado debe ser de una naturaleza internamente compleja, aunque su valor se atribuya a él como un todo. IIIDescripciones Rivales del Valor: cualquier explicación de su valor debe incluir referencias a las respectivas contribuciones de sus diversas partes o características. IVModificación en Circunstancias Cambiantes: el tema discutido debe admitir modificaciones considerables a la luz de las circunstancias cambiantes, y tales modificaciones no pueden ser prescritas o predichas de antemano. VUso Disputado y Reconocimiento de Otros Usos: cada parte debe reconocer que su propio uso del concepto es contestado por otros, y debe tener al menos alguna apreciación de los diferentes criterios en los que las otras partes basan su uso del concepto. VIDerivación de un Asunto Original: el concepto debe derivarse de un asunto original cuya autoridad sea reconocida por todos los usuarios contendientes del concepto. VIISostenibilidad y Desarrollo del Ejemplar Original: La competencia continua por el reconocimiento entre los usuarios contendientes del concepto debe permitir que el logro del asunto original se mantenga y/o se desarrolle de manera óptima. MATRIZ TEMPORAL DE INTERPRETACIONES 8 J. TOBARES mayor diversidad de enfoques y metodologías en la investigación histórica. En segundo lugar, aceptar el tiempo como un concepto esencialmente disputado pone de relieve la importancia de la reflexividad en la práctica historiográfica, llevando a los historiadores a explicitar sus propios supuestos y marcos temporales al analizar eventos históricos, reconociendo —necesariamente y explícitamente— que sus interpretaciones están influenciadas por contextos culturales, políticos e ideológicos específicos y haciendo de “tiempo” una categoría de análisis de alcance medio propia de la historia conceptual que funciona como un marco de organización e interpretación de los datos empíricos. Sin embargo, este tipo de conceptos satisface parcialmente el imperativo de fijar una referencia satisfactoria para el “tiempo”, de allí que sea necesario abordar el problema desde una perspectiva complementaria: la metaforología propuesta por Hans Blumenberg. En este sentido, siguiendo al filósofo alemán, las metáforas no son meros adornos del lenguaje, sino que desempeñan un papel fundamental en la formación y transformación del pensamiento. En “Paradigmas para una metaforología” (2003), Blumenberg sugiere que las metáforas pueden ser vistas como herramientas cognitivas que permiten enfrentar la complejidad y la indeterminación de la experiencia humana, ya que: “las metáforas son las reservas en las cuales lo indeterminado es determinado” (Blumenberg, 2003, p. 25). Podemos considerar los conceptos esencialmente disputados de Gallie a través del lente de la metaforología de Blumenberg, si se asume que tanto los conceptos esencialmente disputados como las metáforas no tienen una definición fija y universalmente aceptada, sino que son entendidos y aplicados —luego del inevitable conflicto de sentido— de maneras diferentes según el contexto cultural, histórico y personal. Así, la perspectiva de Blumenberg aporta a nuestro argumento el principio según el cual en una sociedad es posible la articulación de múltiples formas de entender el tiempo y, en consecuencia, las diferentes formas de experimentarlo. El estudio de estas metáforas permite la identificación de múltiples narrativas históricas, teniendo un punto de entrada para acceder a las estructuras temporales que subyacen en la construcción de la identidad histórica y en la legitimación de determinados discursos históricos. 3 Blumenberg sostiene que “la metáfora permite una aproximación a lo absoluto desde la distancia segura de lo relativo” (Blumenberg, 2003, p. 29). Esto es relevante para los conceptos esencialmente disputados porque los mismos operan en un espacio de indeterminación y debate continuo, similar al funcionamiento de las metáforas y, en lugar de buscar una definición precisa y única, permiten explorar diferentes facetas y significados, logrando una comprensión dinámica de los fenómenos estudiados. 3 Un ejemplo de esta variedad de sentidos del tiempo y de su inevitable “fetichización” por las diferentes sociedades, es el estudio del historiador de la ciencia y matemático Gerald J. Whitrow, quien en “El tiempo en la historia” (1990), nos muestra la forma en que ha operado la noción de tiempo en distintos contextos espaciales y temporales, para quien el tiempo “se mide de un modo que sirve para adaptarnos a la tierra, pero que no tiene un significado absoluto ni universal” (1990, p. 17). En el mismo sentido, desde el campo de la filosofía, Henri Bergson sostenía en 1902 que: “Por su naturaleza misma, la duración, el tiempo, se resiste a todo tipo de representación conceptual” (2017, p. [82]). Por lo que la disputa de sentido es propia del tiempo al no poder ser expresado a través de signos o representado simbólicamente. MATRIZ TEMPORAL DE INTERPRETACIONES 9 J. TOBARES Por ello, podemos sostener que los conceptos esencialmente disputados funcionan como metáforas porque encapsulan la indeterminación y permiten múltiples interpretaciones. Según Blumenberg, las metáforas juegan un papel crucial en cómo enfrentamos la complejidad del mundo, proporcionando una manera de aproximarnos a conceptos abstractos y multifacéticos que forman parte de una competencia por el sentido de los mismos. Esta situación nos pone frente a otro aspecto del tiempo, la competencia por su sentido o, para graficarlo, por su forma. Es en esta competencia donde se asumen lugares desde los que se define el tiempo y esos lugares, a su vez, expresan lisa y llanamente relaciones de poder o, dicho de otro modo, definen el perfil político del tiempo. Así, los conceptos esencialmente disputados como “tiempo”, están sujetos a la influencia del poder político y, por ende, a la imposición de interpretaciones dominantes. Esto puede generar una paradoja, ya que los conceptos que se supone deben ser abiertos a múltiples interpretaciones podrían ser cooptados y monopolizados por quienes detentan el poder. Retomando a Gallie, las discusiones por el sentido deben estar basadas en argumentos y evidencias respetables, lo que implica una diversidad de perspectivas legítimas (Gallie, 1956, p. 169). Sin embargo, en la práctica, las interpretaciones de estos conceptos son influenciadas por factores extrínsecos, como el poder político porque: “la cuestión de si en realidad la competencia entre demandantes rivales ha sostenido o desarrollado los logros del modelo original hasta el máximo será generalmente muy difícil de decidir.” (Gallie, 1956, p. 179), esta competencia puede verse afectada por la disparidad en el poder político, económico o cultural de los actores involucrados. Así, la interpretación de un concepto esencialmente disputado puede ser dominada por aquellos con más poder, marginando otras interpretaciones igualmente válidas pero menos influyentes. Ahora bien, hasta aquí hemos asumido el carácter sincrónico implícito del tiempo, sin embargo, consideramos que una forma de disputar políticamente el sentido de tiempo es apelar, siguiendo a Nicole Loraux, al uso del anacronismo. 4 La antropóloga francesa propone una “práctica controlada del anacronismo” al asumir que el presente puede ser un motor eficaz para entender el pasado y que el uso 4 La propuesta de Reinhart Koselleck desde la historia conceptual, también va en este sentido. Para el historiador alemán, esta perspectiva aclara los diferentes niveles de significados de un concepto procedentes de distintas épocas lo que remite a esos significados “a la simultaneidad de lo anacrónico, que puede estar contenida en un concepto” (Koselleck, 1993, p. 123) y por contener “posibilidades estructurales, tematizan la simultaneidad anacrónico, de lo que no puede hacerse concordar en el curso de los acontecimientos” (Koselleck, 1993, 123). Cuando Koselleck porpone las tres modalidades temporales de la experiencia, además de la irreversibilidad, de la que ya hemos hablado, y de la repetibilidad, que abordaremos luego; nuestro autor plantea la simultaneidad de lo anacrónico en la que se encuentran contenidas distintas extensiones de tiempo que “remiten a la estructura pronosticable del tiempo histórico, pues cualquier pronóstico anticipa acontecimientos que están esbozados sin duda en el presente, pero que, precisamente por eso, no se han realizado” (Koselleck, 1993, p. 129) MATRIZ TEMPORAL DE INTERPRETACIONES 16 J. TOBARES Este “eterno retorno” de lo irreversible, hace posible pensar al tiempo como una categoría estructurante de los procesos que tienen lugar en sistemas complejos en los cuales las estructuras disipativas, como mecanismos de reorganización, permiten un entendimiento de procesos situados en distintos puntos de la “flecha del tiempo” recuperando la dimensión iterativa del tiempo pero sin dejar de considerar que pequeñas variaciones en las condiciones iniciales de cada proceso da lugar a cambios significativos en los resultados de los procesos analizados. … A la experiencia Blumenberg: somos tiempo La complejidad implícita de la noción tiempo, como hemos visto, nos permite abordarlo inicialmente como un concepto esencialmente disputado. Hemos sostenido que en parte pertenece, por las discusiones que genera, al conjunto de los conceptos esencialmente disputados. Sin embargo, existe un aspecto de “tiempo” que nos permite asirlo con cierta firmeza mediante un conjunto de herramientas cognitivas que configuran nuestra comprensión del mundo y, en particular, a la comprensión del papel del tiempo en las narrativas históricas. Este aspecto del tiempo se encuentra en las metáforas que los grupos humanos hemos constituido como paradigmas que facilitan la transición entre diferentes estructuras de conocimiento y perspectivas conceptuales. Y es en este punto de nuestro argumento sobre el tiempo donde consideramos que la metaforología de Hans Blumenberg nos permite ampliar nuestro análisis. Desde la perspectiva del filósofo alemán, las metáforas son recursos cognitivos entre el mundo externo, real y percibido y lo desconocido que puede ser aprehendido a través de un conocimiento heurístico. Dicho proceso de conocimiento, no es lineal ni lógico, sino que partiendo de una comprensión a priori mítica, constituye la base de un pensamiento racional. En otros términos, una metáfora es una figura retórica que permite expresar una idea o concepto mediante la asociación con otra idea o concepto diferente, creando una relación de analogía entre ambos, no solo enriqueciendo el lenguaje, sino también facilitando la comprensión de conceptos abstractos a través de imágenes concretas. El tiempo es propiamente una “metáfora absoluta”, término que Blumenberg emplea para referirse a metáforas que subyacen a grandes estructuras de pensamiento y que no pueden ser reemplazadas sin alterar profundamente esas estructuras. En este sentido, el tiempo como metáfora permite articular y organizar nuestra experiencia de la realidad, otorgándonos una comprensión estructurada de eventos y procesos y, al mismo tiempo, una narrativa coherente que da sentido a la continuidad y el cambio. Como metáfora, “tiempo” es de: esas “metáforas absolutas” con las que una y otra vez se intenta dar respuesta, sin conseguirlo, a preguntas tan objetivamente incontestables como imposibles de eliminar, MATRIZ TEMPORAL DE INTERPRETACIONES 17 J. TOBARES toda vez que están ya siempre planteadas en el fondo de la existencia: preguntas por la estructura del mundo, por el todo de la realidad. (Blumenberg, 2003, p. 23) Estas metáforas permiten entonces, la articulación entre el tiempo del mundo y el tiempo de la vida, funcionando como un recurso interpretativo de fenómenos objetivos, en nuestro caso, superando la cronología como representación objetiva de eventos pasados, al entenderla como una construcción que refleja perspectivas y prioridades culturales. A diferencia de un concepto, el cual especifica un conjunto de características esenciales que definen una entidad o fenómeno, permitiendo la categorización y clasificación; las metáforas hacen posible establecer analogías entre dos elementos diferentes, trasladando el significado de un contexto a otro, permitiéndonos establecer un nexo entre la percepción del mundo y el mundo mismo. Ello como consecuencia de la flexibilidad de interpretación de las metáforas, su capacidad potencial de establecer nuevas conexiones entre contextos diferentes que apelan, en última instancia, a la experiencia. En el caso particular de “tiempo”, siguiendo a Blumenberg, el tiempo de la vida, con su carácter finito y subjetivo, proporciona una perspectiva desde la cual se organiza y se entiende el tiempo del mundo, el cual es percibido como un continuo histórico más amplio y objetivo. Estas dos dimensiones del tiempo son diferentes, pero se desarrollan de forma interrelacionada. Así, el Lebenszeit, el “tiempo de la vida” sería la experiencia subjetiva y personal del tiempo, vinculada a la conciencia individual y a las actividades cotidianas. El tiempo de la vida apela a la “elasticidad” de la conciencia y es en ella donde el: tiempo de la vida adquiere su perfil únicamente sobre esta base intuitiva, su resistencia frente al concepto del tiempo del mundo, que en su valor límite está representado por el tiempo absoluto o, por decirlo así, alcanza gracias a él su representación en estado puro. (Blumenberg, 2007, p. 247) Por su parte, el Weltzeit, el “tiempo del mundo”, es aquel proceso exterior — objetivo y absoluto— independiente de los sujetos sobre los que actúa. Es el tiempo en su acepción física, como hemos visto, capaz de ser medido y regulado por dispositivos específicos. Es un tiempo ajeno a la experiencia humana y actúa como marco de todos los fenómenos en el universo. Con la Modernidad, sostiene Blumenberg, se ha tendido a una progresiva y continua identificación de ambas dimensiones en la que han aparecido tensiones cada vez más explícitas entre la vida que realiza una serie de concesiones y ajustes entre la MATRIZ TEMPORAL DE INTERPRETACIONES 18 J. TOBARES experiencia inmediata del tiempo y la necesidad de sincronizarse con el tiempo objetivo y regulado del mundo. Apelando a la fenomenología de Edmund Husserl, Blumenberg no solo diagnostica una “crisis” en la percepción del tiempo en la modernidad, sino que también propone una forma de “terapia conceptual” para abordar esta crisis. Según nuestro autor, la fenomenología proporciona un enfoque que permite restablecer la continuidad histórica y reevaluar la temporalidad humana. Para Blumenberg, la fenomenología, al examinar la “conciencia interna del tiempo” (Blumenberg, 2007, p. 253), se distancia del platonismo y su tratamiento del tiempo como una mera categoría de fenómenos temporales opuestos a las ideas eternas. En este sentido sostiene que el platonismo asume incorrectamente que es posible una conciencia “para lo eterno o de lo eterno” (Blumenberg, 2007, p. 25), cuando en realidad toda conciencia está intrínsecamente ligada a la temporalidad y al mundo de la vida. En lugar de considerar el tiempo como una categoría opuesta a lo eterno, Blumenberg, apoyado en la fenomenología, enfatiza que la experiencia temporal es una dimensión fundamental de la conciencia humana. La fenomenología permite así una reevaluación de la temporalidad, afirmando que la conciencia y la experiencia están esencialmente ancladas en la temporalidad y no pueden ser separadas de ella. En lo que concierne a nuestro argumento las implicaciones de lo anterior son numerosas. Para empezar, las metáforas proporcionan una manera de asumir el tiempo que influye en cómo se interpreta la historia. Al aplicar un enfoque fenomenológico al tiempo, Blumenberg expone cómo las experiencias temporales individuales se integran en una comprensión más amplia del tiempo histórico. Esto es crucial para la historiografía, ya que permite una interpretación más rica y matizada de los eventos históricos basada en las experiencias subjetivas de los individuos. Es importante insistir en que estas dos caras del tiempo interactúan y se influyen mutuamente. Un ejemplo clave de esta interacción es el concepto de anticipación. Los individuos, mediante rituales y prácticas culturales, anticipan eventos futuros para dar sentido a su existencia finita, creando así una conexión entre el tiempo de la vida y el tiempo del mundo. Esta anticipación permite a los seres humanos trascender su tiempo individual y participar en una temporalidad más amplia. Así, los rituales religiosos, festivos o políticos y las tradiciones culturales funcionan como medios para conectar el tiempo finito de la vida con el tiempo infinito del mundo, creándose una experiencia de continuidad y un sentido de pertenencia a un orden temporal mayor que el de la vida individual. La anticipación materializa la capacidad de proyectar el futuro y, de este modo, gestionar la divergencia entre las expectativas individuales y las realidades externas, estructurando el presente. Pero simultáneamente: “La conciencia moderna de la dimensión del tiempo posible y necesario no emerge en el proyecto del futuro y de su progreso, sino en el descubrimiento de la función del ya consumido, del ya ganado MATRIZ TEMPORAL DE INTERPRETACIONES 19 J. TOBARES como base” (Blumenberg, 2007, p. 130). Es decir que el tiempo aparece como una estructura estructurante de la experiencia en un contexto externo a dicha experiencia. Por lo visto hasta aquí podemos sostener que el tiempo, en su manifestación metafórica, opera como una estructura que articula la interacción entre el tiempo subjetivo y el tiempo objetivo. A través de la metáfora, el tiempo de la vida —con su carácter finito y experiencial— se entrelaza con el tiempo del mundo —objetivo y regulado—, creando un marco interpretativo que facilita la integración de la experiencia individual en una narrativa histórica más amplia. Este proceso no solo enriquece la comprensión del pasado, sino que también redefine cómo proyectamos el futuro e intervenimos en el presente. La perspectiva de Blumenberg, al incorporar la fenomenología, sugiere que la temporalidad humana no es una simple categoría opuesta a lo eterno, sino una dimensión esencial de nuestra conciencia. En consecuencia, tiempo no solo actúa como una representación de eventos históricos, sino como una estructura dinámica que moldea y da sentido a nuestra existencia cotidiana. Hasta aquí, hemos examinado la noción del tiempo, como un concepto complejo y esencialmente disputado, puede ser abordado a través de las metáforas. Estas son herramientas cognitivas que facilitan la transición entre diferentes estructuras de conocimiento y perspectivas conceptuales, permitiendo la articulación y organización de nuestra experiencia de la realidad. En particular, tiempo es entendido como una “metáfora absoluta” que, siguiendo a Blumenberg, desempeña un papel crucial en la construcción de narrativas históricas. Permite estructurar la experiencia histórica y dotar de coherencia a la narrativa, integrando el tiempo como una categoría que articula la continuidad y el cambio en la historia. En relación con nuestro argumento y, en particular con la categoría propuesta, la metáfora del tiempo actúa como un eje estructurante dentro de esta matriz, facilitando la comprensión de las diferentes dimensiones temporales que configuran las narrativas históricas. La matriz temporal de interpretaciones, al incorporar el tiempo a través de metáforas, no solo organiza la percepción del pasado, presente y futuro, sino que también interviene activamente en la reinterpretación de estos conceptos, influenciando la manera en que se construyen y entienden las narrativas históricas. De este modo, la metaforología contribuye a una comprensión más profunda del tiempo, al destacar cómo las metáforas permiten reconfigurar constantemente la interpretación de los eventos históricos. Hartog: el momento es tan perfecto… Además de constituir el nexo entre dos ámbitos, el de la experiencia y el contexto en la que tiene lugar, el tiempo tiene su historia y François Hartog desarrolla MATRIZ TEMPORAL DE INTERPRETACIONES 20 J. TOBARES la concepción de tiempo en Occidente analizando cómo se ha pensado el tiempo, desde el primer cristianismo hasta la actualidad, exponiendo cómo el tiempo incide en la configuración de sociedades y culturas. La propuesta del historiador francés es pertinente para nuestro argumento, porque es en su profundidad histórica donde el concepto tiempo adquiere su relevancia como consecuencia de dar cuenta de las diversas perspectivas del mismo y las múltiples formas en que es recuperado. En este sentido, Hartog señala cómo las categorías propuestas por Reinhart Koselleck, “experiencia” y “expectativa”, se convierten en propiedades del “tiempo-proceso mismo” en el régimen moderno, lo cual sugiere una repetición y reinterpretación constante de eventos pasados y futuros (Hartog, 2022, p. [214]). De forma similar a lo que hemos analizado en Blumenberg, para Hartog la idea del “desdoblamiento del tiempo” (Hartog, 2022, p. [25]) es crucial en la obra del historiador francés, donde se contrasta un tiempo original, inmortal y envolvente del universo, con un tiempo humano, perecedero y mutable. Para nuestro argumento nos importa rescatar la noción de “presentismo” que propone el autor, porque la misma nos permite, advertir que las transformaciones sociales condicionan en gran medida el transcurso del tiempo social. El paso del “presentismo” cristiano que ha estabilizado el tiempo en Occidente, fijando el límite del tiempo en el Apocalipsis y a éste con un sentido específico, colapsa en la coyuntura 1918-1945 y el tiempo se fractura en una división entre un tiempo que parece haberse detenido y otro que se acelera continuamente. Esta dualidad refleja la pérdida de confianza en la idea de progreso continuo y la emergencia de, en la expresión de E. de Martino, un “clima apocalíptico” (Hartog, 2022, p. [249]), caracterizado por la duda y el escepticismo hacia el progreso. El desgarro de la trama temporal, en la que el pasado y el futuro, o la idea de progreso, pierden su sentido de referencia elevó al presente como el único tiempo de referencia. El presentismo supuso la pérdida de la perspectiva histórica lineal tradicional, emergiendo en su lugar una temporalidad centrada en el presente, donde el pasado y el futuro son reconfigurados en función de las necesidades y percepciones actuales. La pérdida de la referencia temporal objetiva, que el autor recobra en Cronos, abre su recuperación en el esfuerzo por desentrañar el “régimen de historicidad antropocénico” (Hartog, 2022, p. [308]), derivado de la temporalidad del Antropoceno. Este régimen, hipotético, busca responder a la situación inédita de la humanidad en la era geológica actual, marcada por una nueva línea divisoria que, aunque en parte obra de las acciones humanas, no está directamente en nuestras manos. En este tiempo objetivo e inconmensurable: “Tenemos una experiencia del tiempo o, mejor dicho, de los tiempos del mundo, pero de la temporalidad del Antropoceno no hay experiencia directa que nos sea accesible” (Hartog, 2022, p. [304]). A esta dimensión subjetiva del tiempo, rebasada en todas sus expectativas, se suma la multiplicidad de temporalidades que se advierte en: “una discordancia MATRIZ TEMPORAL DE INTERPRETACIONES 21 J. TOBARES generalizada, junto con los efectos del desligamiento social” (Hartog, 2022, p. [304]), evidenciando de qué forma las experiencias individuales del tiempo pueden coexistir y, potencialmente, entrar en conflicto. Esto es relevante para entender a tiempo como una categoría estructurante, porque implícito en las múltiples experiencias del tiempo se encuentra el sesgo político propio de cada una de ellas. El régimen presentista que define al tiempo —nuestro tiempo presente—, la política, por ejemplo, se reduce a reaccionar a las urgencias y emociones del presente inmediato, limitando la capacidad de los agentes para formular visiones a largo plazo, porque: “Son juzgados de inmediato según su velocidad para reaccionar a cada acontecimiento” (Hartog, 2022, p. [265]). Es inevitable insistir en la influencia que ejerce el presente en la definición de la categoría tiempo, porque es un punto de partida necesario si se aplica el anacronismo controlado para analizar el pasado. Así, la política moderna, antes vinculada al progreso y la democracia, ha sido reemplazada por una política que carece de visión de futuro y está dominada por la urgencia del momento. Una consecuencia de esto, para Occidente y su tiempo es que este enfoque presentista en la política genera necesariamente un debilitamiento de las democracias representativas, que luchan por ajustarse a los ritmos y modos de toma de decisiones producidos por la urgencia del presente, por ello es válido preguntarse si: ¿Puede la democracia ser instantánea y operar en directo? ¿Qué hacer ante la inmediatez del correo electrónico y, ahora, de las redes sociales? ¿Qué hacer cuando la política parece reducirse a tweets que, a cada momento, surgen, son retomados, se contradicen y se destruyen? (Hartog, 2022, p. [265]) Pero la experiencia política del tiempo no se limita a las reacciones de los agentes sociales en un régimen presentista que condicionan las repuestas de un sistema político o un gobierno; sus raíces son más profundas y, por ello, menos visibles. En efecto, la sincronización de los relojes y la estandarización del tiempo no fueron simplemente avances técnicos, sino también actos profundamente políticos. Hartog expone cómo la fijación de los husos horarios se convirtió en una cuestión de poder y control, intersectando con el conocimiento científico, las técnicas de medición y las rivalidades coloniales e imperiales. Siguiendo a nuestro autor, a principios del siglo XX, el tiempo se concebía de dos maneras: por un lado, como un tiempo absoluto, al que Isaac Newton llamó sensorium Dei, y, por otro lado, como un tiempo del mundo con varias velocidades. Sin embargo, este concepto absoluto del tiempo fue desafiado por desarrollos dentro de la física misma, particularmente en relación con la simultaneidad. A lo que hay que sumarle, casi a nivel de la fetichización del tiempo, la sincronización de los relojes, que implicaba conectar relojes a través de cables telegráficos y extender una red de sincronización, fue una expresión práctica de este desafío teórico. Hartog señala que la MATRIZ TEMPORAL DE INTERPRETACIONES 22 J. TOBARES sincronización de los relojes: “se encuentra en la encrucijada del conocimiento y el poder” (Hartog, 2022, p. [233]). 8 Los argumentos de Hartog nos permiten afirmar entonces que el tiempo lejos de ser una mera dimensión externa a los sujetos, constituye una variable surgida en un contexto social particular, funcionando como clave explicativa en una narrativa histórica que permite recuperar, desde el presente, el pasado y proyectarse al futuro en el que inevitablemente opera el presente. El análisis de Hartog sobre la noción de tiempo, especialmente a través del concepto de “presentismo”, es fundamental para comprender cómo el tiempo puede ser reinterpretado dentro de la matriz temporal de interpretaciones propuesta. Si asumimos que el presentismo es una perspectiva en la que el presente domina la percepción temporal, en la que se desdibujan las fronteras entre pasado y futuro, la flexibilidad y la adaptabilidad del tiempo dentro de las dinámicas sociales y culturales, aparecen como un aspecto crucial para la categoría interpretativa propuesta. La matriz temporal de interpretaciones se enriquece con la visión de Hartog al brindar un marco explicativo de cómo diferentes regímenes de historicidad —es decir, las maneras en que las sociedades comprenden y organizan su experiencia del tiempo— se alinean o chocan con las interpretaciones temporales dominantes. En este sentido, el presentismo no solo redefine el tiempo en términos de experiencia humana, sino que también establece una perspectiva que puede ser analizada a través de esta categoría. Nuestro argumento considera cómo estas distintas temporalidades interactúan y se reconfiguran en función de contextos históricos y culturales específicos, lo que permite una comprensión más matizada y compleja del tiempo como categoría estructurante en la historia. Por lo sostenido hasta aquí, el análisis de Hartog sobre el tiempo dentro de la matriz temporal de interpretaciones subraya la importancia de entender el tiempo no solo como una secuencia lineal, sino como un campo dinámico de fuerzas que influye en la manera en que las sociedades construyen y reconstruyen su realidad histórica y habilita explícitamente la aplicación del anacronismo como recurso metodológico. Koselleck: … Pero el tiempo sigue corriendo Reinhart Koselleck, en “Futuro pasado” (1993), analiza el cambio que opera sobre el tiempo a partir del siglo XVIII con la modernidad. El historiador alemán sostiene que la experiencia del tiempo se ha transformado de una concepción cíclica y estática a una visión lineal y dinámica, en la cual el futuro se percibe como un 8 La adopción del meridiano de Greenwich como el meridiano de origen en la Conferencia de Washington de 1884 fue otro ejemplo de cómo la sincronización del tiempo tuvo implicaciones políticas significativas. Los franceses defendieron el meridiano de París, pero no pudieron oponerse a la adopción de Greenwich, lo que convirtió a los ingleses en “los amos del tiempo del mundo” (Hartog, 2022, p. [234]). Esta decisión puramente política generó efectos profundos tanto en el plano teórico como en el práctico. MATRIZ TEMPORAL DE INTERPRETACIONES 23 J. TOBARES horizonte abierto de posibilidades, en contraste con el pasado que se considera fijo e inalterable. A estas dos dimensiones las pone en relación para presentar una noción de tiempo desde un momento implícito, el presente, entendiendo que: “la tensión entre experiencia y expectativa es lo que provoca de manera cada vez diferente nuevas soluciones, empujando de ese modo y desde sí misma al tiempo histórico” (Koselleck, 1993, p. 342), generando la dinámica histórica. Desde nuestra perspectiva el horizonte de expectativas está condicionado, no por el progreso como algo diferente, sino por el hecho de alcanzar el horizonte mismo a través de lo que entendemos como sobreidentificación. Ello implica la ruptura de un tiempo lineal y, apelando al retrovanguardismo, su sustitución por un tiempo iterativo. Como categoría histórica, “espacio de experiencia” incluye los hechos del pasado que han sido incorporados al registro de acontecimientos. Es decir, se refiere a la forma en que las sociedades recuerdan y entienden su pasado, modelando su identidad histórica a través de estos recuerdos comunes. Por su parte, el “horizonte de expectativas” presenta las posibilidades de futuro, construidas a partir de las aspiraciones, temores y esperanzas de las personas. Este horizonte actúa como una lente a través de la cual las sociedades asumen “el futuro hecho presente, apunta al todavía-no, a lo que sólo se puede descubrir” (Koselleck, 1993, p. 338) en un horizonte más allá del que se hace presente nuevamente el espacio de experiencia. El presente, al situarse entre el “espacio de experiencia” y el “horizonte de expectativas”, desempeña un papel crucial en nuestra comprensión del tiempo. El “espacio de experiencia” actúa como un mecanismo de control del anacronismo, funcionando como un criterio dentro de la matriz temporal de interpretaciones. Por su parte, el “horizonte de expectativas” proporciona un marco para interpretar el pasado desde el presente, estableciendo parámetros para la acción futura. Este enfoque revela que el tiempo, al ser irreversible, implica la existencia de un horizonte temporal que limita la relevancia de la información actual en relación con el futuro. Por lo tanto, como hemos visto, el carácter iterativo del tiempo indica que ciertos procesos históricos pueden desarrollarse de forma análoga bajo condiciones similares, revelando patrones recurrentes en la dinámica histórica. Es en esta instancia que, siguiendo a nuestro autor, es posible identificar y analizar desde la Begriffsgeschichte las estructuras sociales profundas y contextualizar los cambios históricos. 9 En este sentido, la historia conceptual nos brinda un marco analítico para definir nuestra matriz temporal de interpretaciones, abstrayendo las generalidades del contexto e 9 Es en este nivel que podemos acceder a lo que Fernand Braudel llamó “el punto de vista de Dios Padre”, esa perspectiva que omite los acontecimientos y los sucesos particulares, considerando que: Para Dios Padre, un año no cuenta; un siglo es un parpadeo. Y, poco a poco, por abajo de la historia de las fluctuaciones, por debajo de la historia de los acontecimientos, de la historia superficial, me interesé en la historia casi inmóvil, la historia que se mueve, pero que se mueve lentamente, la historia repetitiva. (1994, pp. 11-12) Aquella historia que definirá la “larga duración”, implícitamente se sustenta en un tiempo iterativo, observable en esos movimientos continuos en los que nada parece cambiar y que se repiten cíclicamente, dando sustento y una tendencia a la estructura del tiempo histórico. MATRIZ TEMPORAL DE INTERPRETACIONES 24 J. TOBARES insertando la dimensión de recurrencia —no repetición— de los fenómenos sociales en su singularidad cronológica, por lo que no se impide de ninguna forma “la posibilidad de pensar el significado particular y en sí mismo transformador de eventos que parecen repetirse” (Gay, 2007, pp. 5-6, destacado del original), más bien todo lo contrario, porque según sostenemos, fija la perspectiva comparativa de procesos a los que puede accederse haciendo un uso controlado del anacronismo, considerando que: El cambio de experiencia, que in situ es siempre único, se efectúa igualmente en distintos niveles temporales, a saber: en el juego cambiante de los acontecimientos que producen nuevas experiencias concretas y espontáneas o que, más lentamente, acumulan experiencias, las confirman o reaccionan a modificaciones en la red relativamente constante de las condiciones dentro de las cuales son posibles los acontecimientos. En la medida en que las experiencias y su cambio generan historias, estas historias están vinculadas a ambos hechos: que los hombres hacen experiencias únicas y que articulan sus experiencias generacionalmente. (Koselleck, 2001, p.53) Experiencia y acumulación, trazan el sentido del tiempo definiendo las expectativas que a su vez reinterpretan a aquellas. Es en esta tensión señalada por nuestro autor que podemos advertir la dimensión política del tiempo. En efecto, la experiencia y la expectativa resultan ser categorías pertinentes para abordar el tiempo histórico porque permiten entrelazar y examinar las dimensiones del pasado y del futuro siendo por ello: “adecuadas para intentar descubrir el tiempo histórico también en el campo de la investigación empírica, pues, enriquecidas en su contenido, dirigen las unidades concretas de acción en la ejecución del movimiento social o político” (Koselleck, 1993, p. 337). Este último aspecto, el político, se puede aislar si analizando la interrelación entre retrovanguardismo y sobreidentificación, considerando también el transcurso del tiempo entre ambas, el espacio y la acción propiamente política y potencialmente revolucionaria. Así: Temporalidad de la acción política y respuesta institucional; transformaciones histórico-sociales y dislocaciones de significados de los términos por medio de los cuales se conceptualiza la experiencia de la historia pueden, por tanto, ser recompuestos historiográficamente en la materialidad del sistema de relaciones que traba realidad histórica y conceptos, imaginación política e historia. (Chignola, 1998, p. 31) En este sentido, propiamente político del tiempo, entendemos a la categoría de retrovanguardismo como “un movimiento paradójico hacia el futuro que tiene lugar exclusivamente en referencia al pasado” (Arns, 2003, p. 2). Dicho movimiento, sostiene la premisa según la cual “los traumas del pasado continúan afectando el presente y el MATRIZ TEMPORAL DE INTERPRETACIONES 25 J. TOBARES futuro, traumas que sólo pueden ser resueltos mediante un retorno a los conflictos iniciales” (IRWIN, Eda Čufer, citado en: Coll, 2017, p. [17]). Por su parte, la sobreidentificación con la ideología, como método, permite mostrar los aspectos más irracionales en que se puede llevar a la práctica un conjunto de ideas, “abordando lo que muchas veces es suprimido o negado, pero no resuelto, con el objetivo de evitar su posterior retorno” (Coll, 2017, p. [7]). De esta manera, la sobreidentificación apela a una profundización de sentido de la ideología a través del arte, no oponiéndose, sino argumentando por simetría: “Si le copias de manera más fiel que él mismo le ridiculizas pero, al mismo tiempo, es algo muy serio” (Slavoj Žižek, citado en: Coll. 2017, p. [10]). La sobreidentificación nos lleva a confrontar “con un hecho muy desagradable, el que nosotros, de una forma perversa, disfrutamos identificándonos con los rituales totalitarios” (Žižek, citado en: Coll. 2017, p. [10]). Esta articulación entre retrovanguardismo y sobreidentificación nos permite inferir aquello que remite a un pasado y lo que podría suceder trazando líneas generales que se proyectan de forma verosímil. Es esta doble dimensión política del tiempo la que le permite acceder, desde el presente, a una recuperación dinámica del pasado y una proyección expectante al futuro. Desde la perspectiva de Koselleck, el tiempo histórico se articula a través de la tensión entre el espacio de experiencia y el horizonte de expectativas, las categorías de retrovanguardismo y sobreidentificación operan como estrategias políticas que manipulan estas dimensiones temporales. El retrovanguardismo, al revivir elementos del pasado en un contexto presente, reconfigura el espacio de experiencia para legitimar nuevas formas de acción política, mientras que la sobreidentificación actúa sobre el horizonte de expectativas, consolidando o subvirtiendo futuros posibles mediante una intensa conexión con símbolos o narrativas históricas. Estas dinámicas permiten a los actores políticos no solo intervenir en la interpretación del pasado, sino también en la dirección del futuro, reconfigurando la matriz temporal de las interpretaciones históricas. Como referencia a los conflictos iniciales el retrovanguardismo, define una dimensión temporal remitiéndose en clave política a la experiencia. En este sentido — el propiamente político— se trata de entender y preparar las condiciones: en que podrán aparecer nuevas normas. Más precisamente, no se trata de intentar crear normas, a pesar de que estas no puedan ser nunca otra cosa que “convenciones”, sino de tratar de crearlas con tanta mayor fuerza precisamente porque son necesariamente resultado del esfuerzo humano. (de Benoist, 1982, p. 35, cursivas del original) Este esfuerzo humano, es lo que permite la definición de un proyecto político, entendiendo a este como un conjunto de normas potenciales y a las normas como convenciones sociales que dan cohesión a una sociedad, aquella recuperación de los