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Teoría y Crítica de la Psicología 22 (2025), 88-106. http://www.teocripsi.com/ojs/ (ISSN: 2116-3480) 88 Ocho lecciones del pueblo palestino para la psicología Eight lessons from the Palestinian people for psychology David Pavón-Cuéllar Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo (México) Resumen. Se propone un giro político-epistemológico por el que la psicología, renunciando a su posición de supuesto saber, aprenda humildemente del pueblo palestino y de sus portavoces psicólogos, psiquiatras y psicoterapeutas. La idea es que la psicología se instruya en la escuela del pueblo en lugar de seguir aplicándose a él, pretendiendo explicar su resistencia contra la ocupación israelí, así como comprender y tratar los efectos psicológicos de tal ocupación en la subjetividad. Se comienza reflexionando sobre la relación de la psicología con el pueblo palestino. En seguida, tras una revisión y un cuestionamiento de las aproximaciones convencionales y dominantes al mal llamado “conflicto israelí-palestino”, se exponen algunas propuestas críticas alternativas y se muestra cómo se asimilan al pueblo palestino y a su lucha de liberación. Esto permite dar la voz al pueblo mismo y enunciar ocho lecciones que ofrece a la psicología y al campo de salud mental en general: conexión con el pueblo, visión desde abajo, descolonización, territorialización, rememoración, colectivización, resubjetivación y repolitización. Palabras clave: Palestina, Israel, ocupación, psicología, política. Abstract. A political-epistemological shift is proposed, whereby psychology, abandoning its position of supposed knowledge, humbly learns from the Palestinian people and their spokespersons, including some psychologists, psychiatrists and psychotherapists. The idea is for psychology to be taught in the schools of the people rather than continuing to apply itself to them, seeking to explain their resistance against the Israeli occupation, as well as to understand and address the psychological effects of such occupation. The article begins by reflecting on psychology’s relationship with the Palestinian people. Then, after a review and questioning of the conventional and dominant approaches to the misnamed “Israeli-Palestinian conflict”, it exposes and discusses some alternative critical proposals and shows how they relate to the Palestinian people and their liberation struggle. This allows to give voice to the people themselves and to enunciate eight lessons it offers to psychology and the field of mental health in general: connection with the people, a view from below, decolonization, territorialization, remembrance, collectivization, resubjectivation, and repoliticization. Keywords: Palestine, Israel, occupation, psychology, politics.
Ocho lecciones del pueblo palestino para la psicología 89 Teoría y Crítica de la Psicología 22 (2025) Introducción En un fascinante artículo publicado recientemente, los brasileños Pedro Costa y Kíssila Mendes (2025) recapitulan y sistematizan lo que puede aprenderse de la psicología palestina, particularmente del paradigma comunitario crítico desarrollado en la Universidad de Birzeit, en Cisjordania. El trabajo de Costa y Mendes es valioso por su aspecto sintético y reflexivo, pero también principalmente, a mi juicio, por su explicitación de un punto crucial del paradigma que presentan. Este punto es el de la correlación entre la trascendencia de un saber psicológico y su consustancialidad con respecto al pueblo en que ha nacido. Costa y Mendes comprenden que es el pueblo palestino el que nos enseña lo que aprendemos de su psicología comunitaria crítica. Si podemos aprender tanto de esta propuesta psicológica, es porque le da voz a una constelación popular de saberes y luchas. El objetivo debe ser entonces, en los términos de Costa y Mendes (2025), no “dar lecciones a un pueblo que resiste y es la brújula moral de nuestros tiempos en materia de lucha”, sino aprender de él y “compartir su voz, sus saberes y sus luchas” (p. 3). De lo que se trata, en otras palabras, es de escuchar “las voces de los propios palestinos” y “equiparnos con estas voces” al convertirnos en “un espacio para su vocalización” (p. 12). Cuando procedemos de este modo, estamos procediendo como los psicólogos comunitarios críticos palestinos, permitiéndole al pueblo que le enseñe a la psicología todo lo que tiene que enseñarle. Una de las más importantes lecciones de la psicología comunitaria crítica palestina es la de instruirse en la escuela del pueblo, asimilarse al pueblo, convertirse en él, ser parte de él y luchar con él. A partir del giro político-epistemológico implicado en esta lección, el presente artículo intenta reconstruir una parte de lo que el pueblo palestino, a través de mediaciones como sus propuestas psicológicas, puede enseñarle a la psicología en general. El acento ya no está, como en Costa y Mendes (2015), en aquello que la psicología palestina puede enseñarnos, sino en aquello que el pueblo palestino, a través de sus propuestas psicológicas, puede enseñar a la psicología. Sin embargo, como acaba de constatarse, la idea misma de que sea la psicología la que deba recibir lecciones del pueblo, y no lo contrario, es una lección de la psicología palestina, de modo que el presente artículo puede ser leído como una simple continuación del de Costa y Mendes. Nuestro punto de partida estará en las aproximaciones psicológicas al mal llamado “conflicto israelí-palestino”. Tras identificar y cuestionar algunos ejes rectores de las aproximaciones convencionales y dominantes al conflicto, nos concentraremos en propuestas críticas alternativas y mostraremos cómo se asimilan al pueblo palestino y a su lucha de liberación. Esto nos permitirá seguidamente dar la voz al pueblo mismo y enunciar ocho lecciones que los psicólogos podemos recibir de él.
90 Pavón-Cuéllar Teoría y Crítica de la Psicología 22 (2025) Escucharemos al pueblo tras haber escuchado a los psicólogos. Nos desplazaremos, entonces, de las contribuciones de la psicología en el supuesto conflicto a los aportes del pueblo palestino para el campo psicológico. Una vez descartada la psicología como fuente de aprendizaje, nuestro interés de aprender estará en el pueblo palestino, en su resistencia defensiva, y no en su “conflicto” con Israel ni mucho menos en el sionismo expansionista israelí: un sionismo del que no tenemos nada que aprender, excepto lo que nos revela en tanto que “síntoma”, como bien lo ha observado Agustín Palmieri (2013, pp. 1-2). Lo que se manifiesta sintomáticamente a través del sionismo es aquello contra lo que lucha el pueblo palestino al resistir contra el yugo israelí: capitalismo, imperialismo, colonialismo, racismo, etc. (Losurdo, 2020; Abdo, 2024; Ayyash, 2024). Todo esto es la realidad histórica en la que se ha desarrollado lo que el pueblo palestino puede enseñar a la psicología. La enseñanza es indisociable de la realidad en la que se origina, la cual, por ello, debe conocerse tal como es conocida por sus víctimas (Said, 1979). Esto exige desgarrar las imágenes políticas y mediáticas destinadas a distorsionar y ocultar la realidad. Una de las imágenes que distorsionan la realidad histórica es precisamente aquella que la representa como un simple conflicto entre Israel y Palestina. Lo que hay aquí no es un conflicto, sino una ofensiva unilateral de Israel contra el pueblo palestino para deshacerse de él y quedarse con sus tierras, así como los desesperados esfuerzos defensivos de este pueblo en una situación colonial caracterizada por el desequilibrio de fuerzas. De lo que se trata, en otras palabras, es de resistencia y esfuerzo de supervivencia contra una situación de limpieza étnica para el despojo de territorio (Pappé, 2006). En estas condiciones, la imagen de un conflicto entre israelíes y palestinos es tan engañosa como lo sería la de un conflicto entre colonos europeos e indígenas americanos, entre nazis y judíos o entre blancos y negros sudafricanos en tiempos de apartheid. Desgarrar imágenes como la del “conflicto israelí-palestino” es necesario para comenzar a conocer la realidad subyacente. Es también un prerrequisito indispensable para comprender tanto las diversas lecciones que recibimos del pueblo palestino como aquello que las distingue del trabajo psicológico del que nos ocuparemos a continuación. Dicho trabajo, por cierto, suele mantenerse adherido a la engañosa imagen del “conflicto” en la que sitúa sus objetos de estudio. La psicología del “conflicto” y de sus efectos El supuesto “conflicto” ha nutrido innumerables investigaciones en el campo de la psicología. Algunas de estas investigaciones abordan psicológicamente el “conflicto” como tal, intentando explicarlo y resolverlo, mientras que otras prefieren dirigir su trabajo psicológico a los efectos del “conflicto” en la subjetividad, buscando comprenderlos y tratarlos.
Ocho lecciones del pueblo palestino para la psicología 91 Teoría y Crítica de la Psicología 22 (2025) Podemos hablar entonces respectivamente de una psicología del “conflicto” y de una psicología de los efectos del “conflicto”, la primera predominantemente social, política y cultural, y la segunda más bien clínica, psiquiátrica, psicoterapéutica y comunitaria. La psicología del “conflicto” se concentra en factores psicológicos explicativos del conflicto que operarían lo mismo en los israelíes que en los palestinos. Entre los factores que se han investigado, están la falta de reconocimiento mutuo (Kelman, 1987), las creencias sociales (Rouhana y Bar-Tal, 1998), la falta de escucha y diálogo (Chaitin, 2011) y un compuesto de resistencia psicológica, deslegitimación mutua, experiencias pasadas, percepción histórica, ideologías arraigadas y convicciones religiosas (Ben-Meir, 2023). Tanto es el peso que se les ha dado a estos factores que aparentemente bastaría atenderlos para solucionar el “conflicto”. La psicología del “conflicto” suele asumir que la clave para la solución del “conflicto” es que palestinos e israelíes ya no se deslegitimen unos a otros, que se reconozcan mutuamente, que se escuchen, dialoguen y cambien sus ideologías, sus creencias sociales y sus percepciones históricas. Hay incluso expertos en la psicología del conflicto que afirman abiertamente que los factores psicológicos son los más importantes, pues el “conflicto” es fundamentalmente psicológico (v.g. Ben-Meir, 2023). Esta flagrante psicologización permite despolitizar el conflicto, disimulando su meollo político, así como sus aspectos materiales históricos, económicos e incluso bélicos. A diferencia de la psicología del “conflicto” con su irresistible propensión a psicologizar, la psicología de los efectos del “conflicto” se concentra en efectos que ya son psicológicos en sí mismos, lo cual, aparentemente, haría que las investigaciones estuvieran de algún modo inmunizadas contra la psicologización. Los efectos del “conflicto” israelípalestino que se han estudiado son principalmente el trauma y el Trastorno de Estrés Postraumático, sobre los que hay decenas de investigaciones, así como revisiones sistemáticas y meta-analíticas de las investigaciones existentes (Marie, SaadAdeen y Battat, 2020; Agbaria et al, 2021). Otros posibles efectos estudiados han sido cambios cognitivos, afectivos y conductuales que no alcanzan el umbral del Trastorno de Estrés Postraumático (Ayer et al, 2017), comportamientos violentos y antisociales (Dubow et al, 2019), depresión, estrés y ansiedad (Aldabbour et al., 2024), e insomnio y otros trastornos del sueño (Mahamid, Hamamra & Bdier, 2025). Al investigar los efectos del “conflicto” israelí-palestino, muchos psicólogos y psiquiatras han estudiado también los factores atenuantes de estos efectos, como la expresión de cariño de los padres entre los niños palestinos (Punamäki et al, 2001), o bien, entre adolescentes de Gaza, la actitud optimista, la mayor autorregulación, habilidades de afrontamiento más sólidas y la percepción de que la familia se representa el mundo como
92 Pavón-Cuéllar Teoría y Crítica de la Psicología 22 (2025) algo comprensible (Aitcheson et al, 2017). Finalmente, sobre la base de las investigaciones sobre los efectos del “conflicto” y sus atenuantes, hay investigaciones sobre los mejores medios para tratar los efectos del “conflicto”, medios que van desde el cambio de narrativas históricas e identitarias (Hammack, 2010a, 2010b) hasta la terapia cognitivoconductual de Exposición Prolongada para curar el Trastorno de Estrés Postraumático (Bdier y Mahamid, 2023), pasando por técnicas tales como meditaciones enfocadas al perdón y ejercicios de respiración, expresión, autoestimulación e imaginación de un lugar seguro (El-Astal, 2016). En todos los casos, tenemos una suerte de cuidados paliativos que alivian los síntomas de un mal incurable, que tratan así los efectos patológicos por no poder acabar con la causa, por tener que aceptarla, resignándose a la patógena ocupación israelí con su alta dosis de violencia directa y estructural, con sus bombardeos, con sus asesinatos indiscriminados, con sus encarcelamientos arbitrarios, con su estrategia de empobrecimiento sistemático de la población. Lo perpetrado por el Estado de Israel interviene como variable independiente, como implacable fatalidad, en la psicología de los efectos del “conflicto”. Esta psicología tan sólo puede reconfortar a los traumatizados al no afrontar lo traumático, no pudiendo ofrecer un lugar seguro, sino solamente la imaginación de un lugar seguro, como en la técnica de El-Astal (2016). Es así como la psicología de los efectos del conflicto delata su propia miseria, su propia impotencia, cuando no a veces un componente de cobardía o complicidad, el que hace resignarse, aceptar lo inaceptable, haciéndolo pasar por aceptable. Psicología crítica palestina Toda la violencia del Estado de Israel suele aparecer como aceptable o al menos como inevitable e inmodificable en las investigaciones e intervenciones psicológicas recién revisadas. Aunque fuera sólo por esto, la psicología que aborda los efectos del “conflicto” resultaría ya tan políticamente problemática y criticable como aquella otra, expuesta con anterioridad, que se ocupa directamente del “conflicto” y que lo psicologiza al intentar explicarlo y resolverlo. Comprendemos entonces que haya surgido, entre psicólogos, psiquiatras y psicoterapeutas, una corriente alternativa que se vuelve de modo crítico-reflexivo contra el trabajo académico-profesional psicológico en relación con la ocupación israelí en Palestina. La psicología del “conflicto” y especialmente la de los efectos del “conflicto” han recibido cuestionamientos de varios autores a los que podemos designar conjuntamente como psicólogos críticos palestinos, aun cuando algunos de ellos no sean originarios del territorio que va del Río Jordán hasta el Mediterráneo, lo que no les impide mantener una conexión esencial con el pueblo palestino, con su experiencia y sus aspiraciones. Entre los mayores exponentes de esta psicología crítica emergente, están el
Ocho lecciones del pueblo palestino para la psicología 93 Teoría y Crítica de la Psicología 22 (2025) psicólogo comunitario Ibrahim Makkawi, la psiquiatra y psicoterapeuta Samah Jabr y la antropóloga, psicóloga comunitaria y feminista decolonial Lena Meari. Estos autores y otros más han criticado las investigaciones e intervenciones de las psicologías del “conflicto” y de los efectos del “conflicto” por diversos problemas, entre ellos sus carencias metodológicas y su inaplicabilidad e irrelevancia para la población palestina (Haj-Yahia, 2007), sus tendencias reduccionista, individualista y positivista (Makkawi, 2009), su liberalismo y su eurocentrismo (Meari, 2015), su psicologismo, su esterilidad y su complicidad con el poder colonial israelí (Jabr, 2019a, 2019b, 2023), su extractivismo psicológico y sus efectos despolitizadores (Sheehi y Sheehi, 2022), y su descontextualización, su deshistorización y su equiparación engañosa entre las violencias de Palestina e Israel (Hakim et al, 2022). Estos problemas deben sumarse a los dos que detectamos anteriormente: la psicologización y la resignada aceptación de la violencia israelí contra el pueblo palestino. Los diversos problemas de las psicologías del “conflicto” y de los efectos del “conflicto” pueden explicarse en parte, al menos en parte, por su desconexión con respecto al pueblo palestino con su firme identidad colectiva, su historia y su memoria, su territorio y su experiencia cotidiana de guerra y de miseria, sus temores y sufrimientos ante la violencia israelí, sus ansias de liberación, su compromiso político y su espíritu de resistencia y de lucha contra el ocupante. Si todo esto es ajeno a muchos psicólogos, psicoterapeutas y psiquiatras, es porque no son palestinos o porque viven del otro lado, tras los muros, fuera de Palestina. También hay quienes, aunque habiten en Palestina, se ven impelidos u obligados a insertarse como expertos, académicos o profesionales despolitizados en la normalidad impuesta por el marco liberal de los Acuerdos de Oslo de 1993: acuerdos con los que se asegura cierta convivencia normal entre palestinos e israelíes a pesar de la persistencia de la colonización, la opresión y la aniquilación de los primeros por los segundos (Eid, 2023). Como partícipes de tal normalidad, los académicos y profesionales de la salud mental deben alienarse de sí mismos como parte del pueblo palestino al hacer abstracción de la existencia y experiencia real de sus hermanos y de ellos mismos como colonizados, oprimidos y aniquilados. Al desconectarse del pueblo palestino, se llega irremediablemente a lo impugnado por la psicología crítica palestina. Se llega, en efecto, a hipótesis, teorías, conceptualizaciones, conclusiones, propuestas e implementaciones prácticas inaplicables, irrelevantes, reduccionistas, deshistorizadas y descontextualizadas en su eurocentrismo, su liberalismo, su apolitismo, su individualismo y su psicologismo. Inversamente, si todo esto puede ser fácilmente detectado por los exponentes de la psicología crítica palestina, es por la conexión que mantienen con el pueblo palestino. Es por estar conectados con el pueblo palestino que Makkawi, Meari, Jabr y los demás consiguen discernir críticamente los puntos precisos en
94 Pavón-Cuéllar Teoría y Crítica de la Psicología 22 (2025) los que la psicología está fallando al fallarle al pueblo palestino. Además de esta capacidad crítica, los mismos psicólogos críticos poseen un saber que pueden transmitirnos tras haberlo aprendido positivamente del pueblo palestino. Una parte de este aprendizaje se pone en evidencia en las ocho lecciones que resumiremos a continuación. Conexión con el pueblo: contra el aislamiento académico y profesional La primera lección del pueblo palestino es precisamente la de mantener la conexión con él, evitando el aislamiento académico y profesional de los psicólogos que se encierran en sus instituciones u organizaciones y que obedecen únicamente a sus lógicas de fondos, programas, proyectos, publicaciones, promociones, temas prioritarios, etc. (Makkawi, 2009, 2017). Estas lógicas son más obstáculos que oportunidades para estudiar a un pueblo que tiene sus propias lógicas. Estudiar adecuadamente al pueblo exige conectarnos con él y hacerlo según sus propias lógicas y no en función de nuestras lógicas institucionales, así como también en sus propios términos y no en los de la psicología o la psiquiatría. En lugar de obstinarnos en ver un Trastorno de Estrés Postraumático en quienes sobrevivieron a un bombardeo israelí, aprendemos del pueblo palestino todo lo que se encierra en expresiones como badany masmum, maqhur, mazlum o maksur khatry, las cuales, tal como son traducidas por Jabr (2019b), significan algo así como sentir su cuerpo “intoxicado, oprimido, expuesto a la injusticia”, con su “deseo quebrado” (p. 57). Esto, esto y no el estrés postraumático, es lo que han estado sufriendo los sujetos en Gaza. Las experiencias de los sujetos únicamente pueden conocerse y comprenderse a través de la conexión con ellos, con el pueblo, con sus luchas y con sus movimientos que tienen pautas y terminologías diferentes de las psicológicas y de las de nuestras instituciones. De ahí que sea indispensable para los psicólogos, como bien lo han enfatizado Costa y Mendes (2025), ir “más allá de la institucionalización” y “superar los límites de la psicología”, guiándose por luchas y movimientos al “criticar a la academia y a la psicología” (p. 10). Esta crítica es justamente la que encontramos en autores que han seguido al pueblo palestino al volverse críticamente contra el trabajo psiquiátrico y psicológico de sus colegas. Visión desde abajo: contra el elitismo Makkawi, Jabr y los demás critican a los psiquiatras y psicólogos por no servirle al pueblo palestino, por no responder a sus necesidades y aspiraciones, por no corresponder ni a su historia ni a su cultura ni a su realidad material. Es como si los expertos en salud mental no pusieran los pies en la tierra, sino que flotaran en las alturas académicas y profesionales de las universidades y otras instituciones, de las publicaciones y reuniones académicas, de los fondos y las becas
Ocho lecciones del pueblo palestino para la psicología 95 Teoría y Crítica de la Psicología 22 (2025) occidentales, de los organismos internacionales y las Organizaciones No Gubernamentales. Al situarse en estas alturas, los expertos no consiguen ver lo que el pueblo palestino sí ve, lo que nos enseña, lo que sólo puede experimentarse al estar abajo y cargar con todo el peso de la ocupación: por un lado, lo que sólo se conoce al sufrirlo, en la miseria, con hambre y entre los escombros, pero también, por otro lado, lo que únicamente se percibe al combatirlo, en la resistencia, viéndolo de modo activo y colectivo, a través de la movilización del tejido comunitario y del arraigo en el territorio. La visión desde abajo es una segunda lección del pueblo palestino para los psicólogos y psiquiatras. Es una lección que desafía el elitismo de la psicología y la psiquiatría, el de la ciencia y la intelectualidad, el de los académicos y profesionistas, el de sus privilegios epistémicos y simbólicos por los que olvidan ser pueblo y fantasean con poder conocer al pueblo objetivamente, a distancia, desde afuera y desde arriba. Esta visión desde arriba es la que, al aproximarse a la experiencia del pueblo palestino, tiende a objetivarla, ignorar su punto de vista y adoptar los puntos de vista de la academia israelí-europea-estadounidense, de los organismos internacionales y de las Organizaciones No Gubernamentales del Norte Global. Desafiando la visión desde arriba, el pueblo palestino puede enseñarnos todo lo que le enseñó a Makkawi (2009, 2012) y a otros psicólogos a través de sus iniciativas de base, entre ellas concretamente las guarderías y escuelas comunitarias, la educación popular y los centros de atención a la infancia, los grupos de apoyo y las estrategias de concientización. En todas estas iniciativas, el pueblo palestino trasciende su condición de víctima traumatizada en el que se le ha encerrado y nos enseña la autogestión, la autoorganización y la autodeterminación, el espíritu de resistencia y de lucha, todo siempre desde abajo. Una de las mayores lecciones desde abajo del pueblo palestino es aquello a lo que se le da el nombre de “sumud”, la firmeza del olivo, pero entendida metafóricamente no como un atributo individual psicológico, sino como la fuerza de un “sujeto colectivo, relacional y resistente-politizado” (Meari, 2015, p. 85). Volveremos sobre este punto más adelante. Descolonización: contra la dominación y la dependencia El sumud está en la fuerza y en la perseverancia con las que el pueblo palestino resiste contra la colonización israelí. Hay aquí otra lección para la psicología. Se trata de una lección de lucha por la descolonización, contra la ocupación, contra la dominación colonial, pero también contra la dependencia del colonizado. El posicionamiento palestino beligerante anticolonial y descolonizador es una lección fundamental para una psicología que ni siquiera suele ser consciente de su funcionamiento colonial en el mundo. En Israel, Europa y
96 Pavón-Cuéllar Teoría y Crítica de la Psicología 22 (2025) Estados Unidos, la objetividad y la universalidad que se atribuye la psicología permiten ocultar lo que subyace a ellas, incluyendo la objetivación colonial de otros pueblos y el universalismo etnocéntrico y colonizador. Paralelamente, en el Sur Global, el carácter colonizado y dependiente de las teorías y prácticas psicológicas se disimula en sus obsesiones de neutralidad y cientificidad, las cuales, si pueden ser tan obsesivas, es también por la fuerza de lo que se disimula en ellas. La psicología descubre su propio funcionamiento colonial cuando entra en contacto con el pueblo palestino y con su lección anticolonial. Después de todo, como lo constató Makkawi (2017), el colonialismo contra el que lucha el pueblo palestino, el de la “dependencia económica y política”, es inseparable del colonialismo de la psicología, el de la “dependencia académica entre los intelectuales palestinos” (pp. 484-490). Este colonialismo dependiente es también indisociable de la dependencia cotidiana de cada palestino que necesita del abogado israelí, el hospital israelí, el psicólogo israelí: dependencia que representa una “barrera” para el tratamiento del trauma, ya que promueve una “identificación con el agresor”, como bien lo advierte Jabr (2019c, p. 33). Siguiendo a Jabr, podemos decir que la dependencia colonial es patógena, por lo que psicólogos y psiquiatras de Palestina deben luchar contra ella no sólo por sus razones culturales y políticas, sino también por sus responsabilidades clínicas y terapéuticas orientadas a fines curativos. Territorialización: contra el universalismo Es también por la curación del sujeto que los psicoanalistas que atienden a palestinos deben luchar contra sus tendencias universalistas, intentando superarlas para no “segregar” las innumerables experiencias que no caben en el universo occidental, como lo argumenta Sophie Mendelsohn (2023, p. 4). Al igual que Jabr, Mendelsohn comprende que la salud mental de los palestinos presupone cierta descolonización que asegure su independencia y el reconocimiento respetuoso de su propia especificidad cultural. Esto exige a su vez resituar la psicología, la psiquiatría y el psicoanálisis en la cultura y en la historia de Palestina, en su espacio real y simbólico, en su territorio. La necesidad de la territorialización, evitando cualquier tipo de universalismo, es otra lección del pueblo palestino para la psicología. El aprendizaje de esta lección ha implicado para los psicólogos comunitarios de Palestina, como lo notan Costa y Mendes (2025), “la reanudación y el fortalecimiento de iniciativas propias del pueblo palestino, iniciativas territorializadas, comunitarias, de base, de abajo arriba” (p. 9). Lo que aquí se ha comprendido, lo que no suele comprenderse en el universalismo reinante en la psicología, es que el territorio con su especificidad natural, cultural, social e histórica es el único suelo en el que pueden germinar, brotar, crecer y florecer propuestas psicológicas pertinentes, relevantes, necesarias y útiles para el pueblo que habita en el territorio.
Ocho lecciones del pueblo palestino para la psicología 103 Teoría y Crítica de la Psicología 22 (2025) pero no es para esto para lo que han servido los mecanismos jurídicos y psicológicos. Primero el derecho israelí ha sido utilizado para legalizar actos ilegales con los que se ha despojado y se continúa despojando a los palestinos de sus tierras, propiedades y recursos. Luego la psicología no se ha empleado tanto para asegurar la salud mental de los palestinos como para disimular y mistificar su despojo, participando en el artilugio por el que “se convirtió el caso de uno de derecho a uno de alivio y asistencia humanitaria”, como lo denuncia un conocido abogado palestino al recordar por qué su padre no aceptó ningún apoyo de los organismos internacionales (Shejadeh, 2025, p. 191). Al final sólo quedan víctimas despojadas y arrasadas, requiriendo servicios de profesionales de salud mental, ahí donde antes había sujetos con territorios, con bienes, con recursos y con derechos. Por más grandes que hayan sido sus pérdidas, el pueblo palestino ha logrado preservarse a sí mismo. Lo ha logrado por sí mismo y no por el auxilio de los abogados ni mucho menos gracias a los psicólogos, psiquiatras y psicoterapeutas. Con respecto al campo de la salud mental, hay desde luego honrosas excepciones que aquí hemos destacado, pero se trata de profesionales que se han fundido con el pueblo palestino, defendiéndolo contra los usos de la psicología para neutralizarlo al psicologizarlo, al pulverizarlo en sus elementos individuales y al objetivarlos y despolitizarlos. El pueblo palestino sigue estando amenazado no sólo exteriormente por la violencia bélica y económica-política de Israel, sino interiormente por procesos ideológicos tales como la psicologización, la individualización, la objetivación y la despolitización. Estos procesos están en el centro de lo que Haidar Eid (2024) ha descrito como la “remodelación de la mente palestina” mediante “aparatos ideológicos del Estado como los medios de comunicación, la educación, las mezquitas o la ley” (p. 141). Aquí habría que incluir diversas formas de psicología, psiquiatría y psicoterapia que no se han dejado aleccionar y transformar por el pueblo palestino. Referencias Abdo, N. (2024). Racial Capitalism: From British Colonialism to the Settler Colonial Apartheid State. Journal of Holy Land and Palestine Studies, 23(2), 187-203. Agbaria, N., Petzold, S., Deckert, A., ... & Winkler, V. (2021). Prevalence of posttraumatic stress disorder among Palestinian children and adolescents exposed to political violence. PLoS one, 16(8), e0256426. Aitcheson, R. J., Abu-Bader, S. H., Howell, M. K., Khalil, D., & Elbedour, S. (2017). Resilience in Palestinian adolescents living in Gaza. Psychological trauma: theory, research, practice, and policy, 9(1), 36-43. Aldabbour, B., Abuabada, A., ... & Nadarajah, S. (2024). Psychological impacts of the Gaza war on Palestinian young adults: a cross-sectional study of depression, anxiety, stress, and PTSD symptoms. BMC psychology, 12(1).
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