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Andrés Miguel COSIALLS UBACH 1. El surgimiento del combatiente digital en la doctrina militar rusa La transformación del soldado en un nodo informacional ha provocado una reconfiguración doctrinal profunda en las Fuerzas Armadas de la Federación Rusa. Desde mediados de la década de 2010, el aparato doctrinal ruso comenzó a identificar al combatiente como un elemento expuesto, no solo a la potencia de fuego, sino a un conjunto de amenazas informacionales que atraviesan lo técnico, lo psicosocial y lo cognitivo. Esta transición puede rastrearse en los documentos estratégicos de más alto nivel —La Estrategia de Seguridad Nacional (2021), la Doctrina Militar (2014) y los Conceptual Views on the Activities of the Armed Forces in the Information Space (Концептуальные взгляды на деятельность Вооружённых Сил Российской Федерации в информационном пространстве )—, donde la información se eleva a la categoría de recurso esencial de la defensa, equivalente a la superioridad aérea o a la movilidad operacional. La literatura académica rusa refuerza esta tendencia mediante la consolidación de una gramática conceptual propia. Autores como A. V. Kudashkin, N. N. Melnik o D. V. Iroshnikov han delineado una visión donde la guerra moderna opera tanto en la dimensión física como en la informacional, reconociendo que los conflictos contemporáneos se deciden frecuentemente por la capacidad de preservar la integridad informacional del personal desplegado. Este movimiento doctrinal alcanza un punto de madurez con la publicación de Konokhov (2025), quien desarrolla una teoría sistemática sobre la seguridad informacional del militar, integrando aspectos normativos, tecnológicos y estratégicos en un enfoque unificado. El contexto de la denominada, por Rusia, “operación militar especial” en Ucrania proporciona el marco empírico que acelera esta evolución conceptual. La guerra, intensamente mediada por sensores, redes sociales, sistemas satelitales civiles y metadatos accesibles en La Doctrina Rusa sobre la Seguridad Informacional del Personal Militar PÁGINA 63 BOLETÍN CODESEL VOLUMEN 1, Nº 6 PÁGINA 63 BOLETÍN CODESEL VOLUMEN 1, Nº 6 PÁGINA 63 BOLETÍN CODESEL VOLUMEN 1, Nº 6 ISSN-e: 3045-7750. ISSN-e: 3045-7750. Diciembre 2025 Diciembre 2025 Sistema de equipamiento “VKBO–Ratnik” del combatiente ruso, diseñado como plataforma multicapas que integra protección térmica, módulos textiles inteligentes y compatibilidad con sensores, comunicaciones y dispositivos digitales. Este modelo material ilustra la transición doctrinal rusa hacia el combatiente como nodo informacional: un soldado cuya supervivencia, desempeño y seguridad dependen tanto del equipo físico como del control de sus emisiones electrónicas y de su exposición informacional en el campo de batalla contemporáneo. Foto: Wikipedia.
plataformas comerciales, obligó al Estado ruso a reconsiderar la relación entre comportamiento digital y supervivencia táctica. La doctrina rusa, en consecuencia, abandona la aproximación centrada exclusivamente en la infraestructura técnica y abraza una definición ampliada que engloba lo psicológico, lo cognitivo y lo normativo, reconociendo que la exposición informacional del militar afecta a todos los niveles de la conducción de la guerra, desde la ubicación física hasta la moral de combate. 2. El marco estratégico de la Federación Rusa: información, soberanía y militarización del ciberespacio El edificio conceptual de la doctrina rusa se sostiene sobre un armazón estratégico complejo que combina aspectos de seguridad nacional, visión geopolítica y tradición jurídica del Estado ruso. En el epicentro de este armazón se encuentra la concepción rusa de “seguridad informacional” como categoría estructural del Estado. En la Estrategia de Seguridad Nacional de 2021 se afirma que la protección del espacio informacional es indispensable para preservar la estabilidad interna y la capacidad militar. Este documento convierte la información en un bien estratégico que debe ser defendido mediante medidas técnicas, psicológicas, jurídicas y operativas. La Doctrina Militar (2014) profundiza aún más, al identificar como uno de los retos centrales “el uso masivo de tecnologías de información y comunicación para fines político-militares hostiles” y, como corolario, la necesidad de “perfeccionar el sistema de seguridad informacional de las Fuerzas Armadas”. La lectura combinada de estos documentos revela una premisa fundamental: el ciberespacio no es un ámbito accesorio, sino un teatro militar en sí mismo, donde la información es tanto arma como objetivo. Las perspectivas teóricas del Ministerio de Defensa ruso, formuladas en el documento Conceptual Views on the Activities of the Armed Forces in the Information Space, confirman esta evolución al reconocer que la eficacia de las Fuerzas Armadas depende crecientemente de su desempeño en el espacio informacional. En esta visión, el espacio informacional no es solamente un entorno de transmisión de datos, sino un ecosistema operativo con efectos reales sobre la capacidad de maniobra, cohesión y mando, por lo que requiere estructuras específicas de operación, vigilancia y defensa. El concepto ruso de “soberanía informacional” —desarrollado por instituciones como МГИМО (Московский государственный институт международных отношений—Instituto Estatal de Relaciones Internacionales de Moscú) y articulado en propuestas ante Naciones Unidas— constituye un elemento central de este marco estratégico. Para Moscú, la soberanía informacional implica que cada Estado tiene derecho a controlar la información que circula dentro de sus fronteras, proteger su infraestructura digital, regular las conductas informacionales de su ciudadanía y, especialmente, garantizar que fuerzas externas no manipulen o degraden su ecosistema informativo. Este principio, que difiere del enfoque occidental más orientado a la responsabilidad de los Estados y al libre flujo informativo, condiciona toda la arquitectura normativa interna y la proyección internacional de Rusia. Dentro de este marco, el personal militar es interpretado como una pieza central de la soberanía informacional. Su seguridad técnica, emocional y doctrinal se convierte en un imperativo estratégico porque, en la visión rusa, la agresión informacional no se dirige únicamente contra infraestructuras o sistemas, sino también contra la psicología, disciplina y cohesión del soldado. En consecuencia, la doctrina rusa incorpora la dimensión cognitiva como variable crítica de la seguridad militar. 3. Vulnerabilidades técnicoinformacionales: delación digital, geolocalización y sabotaje electrónico El núcleo de las amenazas técnicoinformacionales identificadas por la doctrina rusa se articula alrededor de la idea de que la guerra contemporánea se libra en un entorno saturado de sensores, señales electromagnéticas y dispositivos personales. La dependencia humana de la tecnología genera un patrón de emisiones incesante —desde señaPÁGINA 64 BOLETÍN CODESEL VOLUMEN 1, Nº 6 PÁGINA 64 BOLETÍN CODESEL VOLUMEN 1, Nº 6 PÁGINA 64 BOLETÍN CODESEL VOLUMEN 1, Nº 6 ISSN-e: 3045-7750. ISSN-e: 3045-7750. Diciembre 2025 Edificio de la antigua Escuela Técnica Profesional n.º 19 de Makéyevka, utilizado como alojamiento temporal para personal militar ruso y posteriormente destruido en el ataque de enero de 2023. Su empleo como instalación improvisada, combinada con la exposición digital no controlada de los soldados, convirtió este lugar en un ejemplo paradigmático de cómo la huella informacional del combatiente puede transformar un objetivo táctico convencional en un blanco de alta precisión en la guerra contemporánea. Foto: Wikipedia.
les Wi-Fi hasta metadatos de aplicaciones civiles— que puede ser explotado por actores adversarios para obtener ventajas tácticas o causar efectos destructivos. El caso de Makéyevka (enero de 2023) se ha convertido en un referente obligado dentro de la doctrina rusa de seguridad informacional militar. Según la versión oficial del Ministerio de Defensa de la Federación Rusa, la tragedia fue consecuencia directa de la emisión masiva e indiscriminada de señales de teléfonos móviles personales por parte de los soldados desplegados en un edificio no fortificado, situado en una zona sometida a vigilancia permanente por parte de los sistemas de reconocimiento ucranianos. Esta actividad digital no autorizada habría permitido al adversario geolocalizar con alta precisión la concentración de tropas, habilitando un ataque HIMARS que produjo un número de bajas sin precedentes desde el inicio del conflicto. Este episodio —nutrido por declaraciones oficiales, análisis de actores militares y revisiones posteriores— es calificado por Konokhov como un punto de inflexión doctrinal. En su interpretación, Makéyevka no representa simplemente un fallo táctico o un ejemplo extremo de indisciplina individual, sino la demostración empírica de que la conducta digital del soldado es hoy un factor operativo crítico: una variable con capacidad para comprometer la supervivencia de una unidad completa, alterar la disposición táctico-operativa de un despliegue y, en último término, debilitar los nodos esenciales de la arquitectura de mando y control del conjunto de las Fuerzas Armadas. La importancia doctrinal del incidente se refuerza porque pone de manifiesto la vulnerabilidad estructural de las fuerzas en combate cuando los soldados utilizan dispositivos civiles no controlados: teléfonos inteligentes con GPS activo, aplicaciones de mensajería, redes sociales y sistemas de posicionamiento que emiten constantes patrones de tráfico. Konokhov subraya que estas emisiones permiten al enemigo construir en tiempo real un mapa electromagnético del dispositivo militar, lo que no solo facilita el targeting inmediato, sino que erosiona la seguridad informacional de escalones superiores. En otras palabras, la ruptura del silencio digital en la base puede traducirse en una ruptura del silencio operativo en la cúspide del sistema. Además, Makéyevka sirve de advertencia estructural: incluso cuando no exista una intención dolosa por parte del soldado, el simple uso cotidiano de herramientas digitales —fotos, llamadas, mensajes o conexión automática a redes— puede generar una firma electrónica detectable, trazable y procesable por sistemas de inteligencia técnica del enemigo. Para la doctrina rusa, este fenómeno marca una transformación radical: el PÁGINA 65 BOLETÍN CODESEL VOLUMEN 1, Nº 6 PÁGINA 65 BOLETÍN CODESEL VOLUMEN 1, Nº 6 PÁGINA 65 BOLETÍN CODESEL VOLUMEN 1, Nº 6 PÁGINA 65 BOLETÍN CODESEL VOLUMEN 1, Nº 6 PÁGINA 65 BOLETÍN CODESEL VOLUMEN 1, Nº 6 PÁGINA 65 BOLETÍN CODESEL VOLUMEN 1, Nº 6 PÁGINA 65 BOLETÍN CODESEL VOLUMEN 1, Nº 6 PÁGINA 65 BOLETÍN CODESEL VOLUMEN 1, Nº 6 PÁGINA 65 BOLETÍN CODESEL VOLUMEN 1, Nº 6 PÁGINA 65 BOLETÍN CODESEL VOLUMEN 1, Nº 6 PÁGINA 65 BOLETÍN CODESEL VOLUMEN 1, Nº 6 ISSN-e: 3045-7750. Diciembre 2025 Diciembre 2025
combatiente ya no es solamente un objetivo físico, sino un objetivo informacional, cuya huella digital puede ser explotada para producir efectos cinéticos directos. Por todo ello, Makéyevka ha sido incorporado en Rusia como el ejemplo más contundente del año 2023 de que la seguridad informacional del militar no es un complemento accesorio, sino un componente indispensable de la supervivencia táctica, la cohesión disciplinaria y la estabilidad del mando en operaciones. La disciplina digital —entendida como obediencia estricta a los protocolos de comunicaciones, prohibición del uso de dispositivos personales y adopción de un auténtico “silencio electromagnético”— deja de ser una recomendación técnica para convertirse en un imperativo doctrinal. A esta vulnerabilidad inherente al soldado como nodo digital se añade un riesgo emergente que adquiere creciente relevancia en la doctrina rusa: el sabotaje técnico a través de dispositivos electrónicos aparentemente benignos. El episodio registrado en el Líbano en 2024 — cuando una serie de buscapersonas, radios portátiles y pequeños terminales de comunicación explotaron de forma casi simultánea entre miembros de Hizbulá— ha sido interpretado por analistas rusos como un salto cualitativo en la convergencia entre ciberintrusión y efectos cinéticos directos. Aunque la autoría de aquel ataque permanece envuelta en ambigüedad operativa —y múltiples fuentes internacionales lo atribuyen a una explotación previa de vulnerabilidades ocultas, dispositivos modificados en la cadena de suministro o implantes de hardware—, lo decisivo desde la perspectiva doctrinal rusa no es la identidad del actor, sino el mecanismo empleado. El incidente sugiere que un adversario con capacidades avanzadas puede transformar un dispositivo civil o paramilitar de bajo coste en un arma latente, activable remotamente mediante señales codificadas, actualizaciones maliciosas o comandos de detonación embebidos en el firmware. Esta posibilidad redefine por completo el concepto clásico de “dispositivo comprometido”. Ya no se trata únicamente de espionaje o extracción de datos. La amenaza se extiende a la conversión del propio equipo de comunicaciones del combatiente en un vector letal, capaz de producir bajas sin necesidad de penetrar líneas defensivas, lanzar misiles o exponer a fuerzas propias. Para la doctrina rusa, este caso demuestra que la cadena de suministro electrónica constituye hoy un frente estratégico de primer orden. La mera presencia de componentes electrónicos no verificados —radios, repetidores, buscapersonas, baterías inteligentes, cargadores, routers tácticos— introduce vulnerabilidades que pueden ser explotadas en cualquier fase del ciclo operativo: desde la adquisición y el almacenamiento, pasando por el despliegue, hasta el uso cotidiano en combate. Un solo eslabón infiltrado puede generar un efecto multiplicador devastador, especialmente en unidades que dependen de comunicaciones ligeras, equipos no clasificados o material de tipo comercial (commercial off-the-shelf, COTS). En este marco, el caso del Líbano se considera un indicador temprano de la próxima fase de la guerra híbrida, donde los límites entre un ciberataque tradicional, la sabotaje material y la acción cinética se disuelven. La manipulación del hardware permite producir efectos físicos sin necesidad de malware complejo, sin contacto directo y sin firma digital detectable. Se trata de un tipo de amenaza que erosiona la noción clásica de trazabilidad: un dispositivo puede haber sido comprometido meses o años antes de su activación, sin que exista una cadena de atribución clara. La doctrina rusa extrae de este episodio una conclusión estratégica: la protección del combatiente y de sus sistemas de mando y control no puede limitarse al dominio informacional, sino que debe incluir una seguridad técnico-material integral. Esto implica controles más estrictos sobre la procedencia de radios, terminales y repuestos; auditorías de firmware; cámaras de compensación logística seguras; estándares nacionales de fabricación; y la progresiva sustitución de dispositivos COTS por sistemas militares con arquitectura cerrada. El caso del Líbano refuerza la misma intuición que Makéyevka, pero llevada a un extremo: el combatiente contemporáneo está rodeado de una constelación de dispositivos electrónicos que, si no se someten a un régimen robusto de control, pueden convertirse en vectores de ataque, en sensores involuntarios o en artefactos explosivos encubiertos. La seguridad informacional militar no se limita ya a la protección de datos; es una defensa integral del entorno electrónico que acompaña al soldado en todo momento. La literatura rusa advierte de que la interconexión de sistemas civiles y militares, sumada a la complejidad de las cadenas globales de producción, permite que un adversario pueda introducir fallos, puertas traseras o códigos de activación remota en dispositivos utilizados cotidianamente por tropas. La manipulación digital de hardware — ya sea mediante detonación remota, reprogramación subrepticia o activación de funcionalidades latentes— abre la puerta a escenarios de ataque que combinan precisión quirúrgica y terror psicológico. La doctrina rusa considera estos incidentes como señales de que el campo de batalla moderno es un entorno donde la explotación de señales y la manipulación electromagnética se convierten en armas con consecuencias tanto tácticas como estratégicas. El soldado, en este escenario, es simultáneamente usuario, emisor y objetivo de un complejo entramado de interacciones digitales que condiciona su supervivencia. 4. Vulnerabilidades informacional-psicológicas: operaciones cognitivas, disrupción moral y control narrativo La segunda categoría de amenazas identificada por la doctrina rusa se vincula a la dimensión psicológica y cognitiva del espacio informacioPÁGINA 66 BOLETÍN CODESEL VOLUMEN 1, Nº 6 PÁGINA 66 BOLETÍN CODESEL VOLUMEN 1, Nº 6 PÁGINA 66 BOLETÍN CODESEL VOLUMEN 1, Nº 6 ISSN-e: 3045-7750. ISSN-e: 3045-7750. Diciembre 2025
nal. A diferencia de la ciberseguridad técnica, este tipo de amenazas se dirigen a la percepción, moral, cohesión interna y juicio táctico del personal militar. La doctrina rusa sostiene que la propaganda, la diseminación de información falsa y las operaciones psicológicas son armas destinadas a erosionar la capacidad combativa del adversario, desorganizar su estructura mental y generar desconfianza hacia sus instituciones y mandos. La descripción de los centros de operaciones psicológicas (IPSO) ucranianos —expuestos en el artículo de Konokhov— es ilustrativa: se les atribuye la capacidad de influir en militares, mandos, élites administrativas, policías y jóvenes rusos mediante actividades informativas dirigidas. La literatura rusa describe un entorno donde la manipulación narrativa es tan importante como el control físico del territorio. Las campañas de desinformación, según esta perspectiva, buscan provocar efectos operacionales: inducir errores de mando, erosionar la disciplina, sembrar divisiones internas y generar fatiga moral. En este marco, la seguridad cognitiva del militar se presenta como un requisito estratégico, implicando formación específica para reconocer narrativas manipuladoras, resistencia psicológica, alfabetización mediática y disciplina emocional. El artículo de Konokhov destaca la correlación entre la escala de campañas de desinformación y la percepción internacional del conflicto. La erosión de la reputación militar, mediante la difusión de contenidos falsos, puede influir en la voluntad de combate interna y afectar a la estrategia del adversario. La doctrina rusa, por tanto, introduce una dimensión política explicando que la guerra informacional no solo afecta a la esfera militar, sino que condiciona la legitimidad internacional del esfuerzo bélico. 5. La arquitectura normativa rusa: Derecho militar, Derecho informacional y la propuesta de una Estrategia de Seguridad Informacional del Militar El componente más original de la doctrina rusa, y el que tiene mayor interés para la investigación jurídica, es la configuración de un marco normativo específico destinado a regular la seguridad informacional del personal militar. Konokhov propone explícitamente incorporar estas relaciones al objeto del Derecho militar, argumentando que el despliegue de tecnologías digitales en la guerra ha generado una categoría jurídica nueva cuya regulación debe ser sistematizada. La doctrina rusa identifica varios requisitos normativos esenciales: 1.regulación del uso de dispositivos electrónicos personales por parte del personal militar; 2.establecimiento de protocolos de comunicación y emisión en zonas de combate; 3.regulación de la conducta informacional del soldado en redes abiertas; PÁGINA 67 BOLETÍN CODESEL VOLUMEN 1, Nº 6 PÁGINA 67 BOLETÍN CODESEL VOLUMEN 1, Nº 6 PÁGINA 67 BOLETÍN CODESEL VOLUMEN 1, Nº 6 PÁGINA 67 BOLETÍN CODESEL VOLUMEN 1, Nº 6 PÁGINA 67 BOLETÍN CODESEL VOLUMEN 1, Nº 6 PÁGINA 67 BOLETÍN CODESEL VOLUMEN 1, Nº 6 PÁGINA 67 BOLETÍN CODESEL VOLUMEN 1, Nº 6 PÁGINA 67 BOLETÍN CODESEL VOLUMEN 1, Nº 6 PÁGINA 67 BOLETÍN CODESEL VOLUMEN 1, Nº 6 PÁGINA 67 BOLETÍN CODESEL VOLUMEN 1, Nº 6 PÁGINA 67 BOLETÍN CODESEL VOLUMEN 1, Nº 6 ISSN-e: 3045-7750. Diciembre 2025 Diciembre 2025
4.protección jurídica de infraestructuras y cadenas de suministro críticas; 5.sistematización de normas sobre operaciones psicológicas y cognitivas. El paso lógico de esta construcción es la propuesta, formulada por Konokhov, de una Estrategia de Seguridad Informacional de los Militares y de las Fuerzas Armadas, que debería ser aprobada mediante decreto presidencial y alineada con la Estrategia de Seguridad Nacional y la Doctrina Militar. Desde una perspectiva comparada, esta propuesta tiene similitudes con los procedimientos normativos occidentales, pero se diferencia por su énfasis en el control estatal sobre la dimensión informacional y la comprensión del militar como sujeto doble: combatiente y portador de un perfil digital sensible. 6. Proyección internacional: soberanía informacional, gobernanza global y tensiones con el DIH La proyección internacional de la doctrina rusa sobre la seguridad informacional del personal militar se inscribe en un proceso más amplio en el que Moscú ha tratado, desde finales de los años noventa, de situar la dimensión militar del ciberespacio en el centro del diálogo estratégico global. Tal como sintetiza Anastasia Tolstúkhina, Rusia fue en 1998 el primer Estado que llevó a la ONU la idea de una seguridad informacional internacional como elemento de estabilidad estratégica, anticipando la posibilidad de que el dominio digital se convirtiera en teatro de confrontación entre potencias. Esta iniciativa no emergió como una preocupación técnica, sino como un planteamiento de prevención de conflictos en un entorno donde los sistemas militares, las infraestructuras críticas y los procesos de mando y control se volvían crecientemente vulnerables a operaciones encubiertas. La doctrina rusa sostiene que la ausencia de normas internacionales vinculantes ha favorecido una militarización acelerada del espacio informacional, con más de un centenar de Estados desarrollando unidades de ciberguerra capaces de ejecutar acciones ofensivas contra objetivos estratégicos, incluidos sistemas militares. Tolstúkhina observa que el incremento de ataques contra infraestructuras críticas militares, la explotación de vulnerabilidades mediante inteligencia artificial, el espionaje digital sistemático y el riesgo de que tecnologías cuánticas quebranten los esquemas tradicionales de cifrado crean un entorno particularmente inestable, donde la escalada no intencionada resulta más probable. Desde esta perspectiva, la doctrina rusa interpreta la protección informacional del militar no como un asunto táctico aislado, sino como un componente esencial de la disuasión estratégica. En este contexto, Moscú ha intentado trasladar su enfoque a foros multilaterales, promoviendo en Naciones Unidas el desarrollo de reglas de comportamiento estatal en el ciberespacio y defendiendo la necesidad de una Convención Internacional de Seguridad Informacional (Конвенция об обеспечении международной информационной безопасности). La propuesta, presentada formalmente en 2023, busca consolidar obligaciones jurídicas que limiten el uso militar de las TIC, prohíban ataques contra sistemas de mando y control, impidan el targeting informacional de personal militar y establezcan estándares mínimos de cooperación en incidentes que afecten a las fuerzas armadas de los Estados. Aunque este marco aún no ha prosperado debido a la oposición occidental —que prefiere mantener instrumentos no vinculantes y recurrir a interpretaciones del Derecho internacional existente—, Rusia considera que solo un régimen jurídico específico puede frenar la deriva hacia un ciberespacio convertido en campo de batalla permanente. La tensión entre enfoques rusos y occidentales ha fragmentado el debate sobre la gobernanza internacional del espacio informacional. El enfoque ruso, centrado en la soberanía estatal y la estabilidad estratégica, contrasta con el enfoque estadounidense y europeo, más orientado a la responsabilidad estatal y al uso flexible del ciberespacio como instrumento de poder. Esta divergencia tiene consecuencias directas en la protección del personal militar: mientras Rusia reivindica normas destinadas a evitar que soldados, unidades o redes militares sean objeto de operaciones informacionales hostiles, el marco occidental acepta la existencia de cibercapacidades ofensivas como parte de la competencia estratégica contemporánea. La literatura rusa describe esta iniciativa como complementaria al DIH, pero distinta del enfoque occidental representado en manuales como Tallinn. Rusia sostiene que estos marcos interpretativos carecen de efectos jurídicos obligatorios y priorizan una visión excesivamente centrada en la responsabilidad estatal, sin garantizar la protección de la información como recurso estratégico. El debate entre enfoques occidentales y rusos sobre la regulación internacional del ciberespacio gira, en último término, en torno a la pregunta de si la información es un bien global sujeto a libre circulación o un recurso soberano sujeto a control estatal. Esta dicotomía influye directamente en la definición de las normas aplicables a la protección del personal militar en operaciones internacionales, especialmente en misiones de paz, operaciones de la UE y despliegues de la OTAN. 7. Conclusiones El análisis conjunto de la doctrina militar rusa, de su armazón estratégico y de la literatura especializada permite sostener que Rusia ha construido, de manera acelerada y sistemática, un nuevo paradigma de seguridad informacional del combatiente, profundamente condicionado por las dinámicas tecnológicas, cognitivas y normativas de la guerra contemporánea. La figura tradicional del soldado como mero actor físico del campo de batalla ha sido sustituida por la concepción del combatiente digital, un nodo informacional cuya exposición —técnica, psicológica y narraPÁGINA 68 BOLETÍN CODESEL VOLUMEN 1, Nº 6 PÁGINA 68 BOLETÍN CODESEL VOLUMEN 1, Nº 6 PÁGINA 68 BOLETÍN CODESEL VOLUMEN 1, Nº 6 ISSN-e: 3045-7750. ISSN-e: 3045-7750. Diciembre 2025
tiva— se convierte en un vector crítico de vulnerabilidad para el conjunto del dispositivo militar. Tanto la Estrategia de Seguridad Nacional (2021) como la Doctrina Militar (2014) y los Enfoques Conceptuales del Ministerio de Defensa ruso sitúan la información en el centro de la defensa nacional, equiparándola a la potencia de fuego, el mando y control, o la movilidad operativa. En este marco, los autores rusos —de Kudashkin a Melnik, pasando por Iroshnikov y culminando en la propuesta sistemática de Konokhov— han delineado un cuerpo doctrinal coherente que concibe el espacio informacional como un teatro de operaciones autónomo, donde la protección del soldado trasciende el blindaje físico y adquiere una dimensión integral que combina lo técnico, lo psicológico, lo jurídico y lo estratégico. Los episodios de Makéyevka (2023) y del sabotaje de dispositivos electrónicos en el Líbano (2024) actúan como catalizadores empíricos de esta transformación doctrinal. Makéyevka evidenció que la indisciplina digital puede generar una firma electromagnética letal, capaz de comprometer la supervivencia de unidades enteras. Por su parte, el caso del Líbano reveló un salto cualitativo aún mayor: la posibilidad de que un adversario convierta dispositivos civiles aparentemente inocuos en vectores cinéticos activables a distancia, difuminando las fronteras entre ciberataque, sabotaje material y efectos explosivos. Ambos incidentes consolidan la noción rusa de que el soldado contemporáneo es simultáneamente usuario, emisor y objetivo en un ecosistema digital en constante interacción. Pero la doctrina rusa no se limita a identificar amenazas. Articula también una respuesta normativa propia mediante la configuración de un Derecho informacional militar, orientado a regular la conducta digital del personal, restringir el uso de dispositivos electrónicos, estandarizar protocolos de emisión, proteger las cadenas de suministro tecnológicas y establecer criterios para enfrentar operaciones psicológicas y cognitivas dirigidas. La propuesta de Konokhov de una Estrategia de Seguridad Informacional de los Militares y de las Fuerzas Armadas, con rango potencial de decreto presidencial, constituye el intento más coherente de integrar estas demandas dentro del corpus jurídico del Estado ruso. En el plano internacional, Rusia proyecta esta concepción hacia la gobernanza del ciberespacio mediante su promoción de la soberanía informacional y de una futura Convención Internacional de Seguridad Informacional. Frente a los marcos occidentales —como el enfoque interpretativo de los manuales Tallinn— la posición rusa subraya la necesidad de normas vinculantes que limiten las operaciones informacionales contra personal militar y sistemas de mando y control. REFERENCIAS “The U.S. Wants to Make Sure China Can’t Catch Up on Quantum Computing.” Foreign Policy, 31 Mar. 2023. “Why the US Chose to ‘Name and Shame’ Russia over Cyberattacks.” DefenseNews, 21 Feb. 2020. EUROPEAN UNION. Digital Markets Act (DMA). Regulation (EU) 2022. EUROPEAN UNION. Digital Services Act (DSA). Regulation (EU) 2022. EUROPEAN UNION. General Data Protection Regulation (GDPR). Regulation (EU) 2016/679. FEDERAL SECURITY SERVICE OF THE RUSSIAN FEDERATION (FSB). “ФСБ зафиксировала свыше 5000 кибератак на российскую инфраструктуру за год” [“El FSB registra más de 5.000 ciberataques contra la infraestructura rusa en un año”]. RIA Novosti, 13 Apr. 2023. IROSHNIKOV, D. 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