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Edadismo: la discriminación del siglo XXI

Martínez-Molina, Agustín

Abstract

ESPAÑOLHablar de edadismo es hablar de una realidad cotidiana que, con demasiada frecuencia, pasa desapercibida. Detrás de bromas, estereotipos o decisiones que limitan oportunidades, se esconde una forma de discriminación que afecta a millones de personas solo por su edad.Edadismo: la discriminación del siglo XXI, nace con el propósito de abrir los ojos ante este fenómeno y ofrecer herramientas para comprenderlo y transformarlo. Desde diferentes disciplinas, las autoras y autores de este libro exploran cómo el edadismo influye en la salud, el trabajo, la comunicación o las relaciones intergeneracionales, y proponen estrategias para construir una sociedad donde todas las edades cuenten.Invitamos a quienes leen estas páginas a reflexionar y actuar. Porque acabar con el edadismo no es solo una cuestión de justicia, sino también una apuesta por una convivencia más humana, solidaria e inclusiva. ENGLISHTo speak of ageism is to speak of an everyday reality that, all too often, remains unnoticed. Beneath jokes, stereotypes, or decisions that restrict opportunities lies a form of discrimination that affects millions of people solely on the basis of age.Ageism: The Discrimination of the Twenty-First Century was conceived with the aim of raising awareness of this phenomenon and providing tools to understand and transform it. Drawing on diverse disciplinary perspectives, the authors of this volume examine how ageism shapes health, employment, communication, and intergenerational relationships, while proposing strategies to build a society in which all ages are equally valued.We invite readers to reflect and to act. Bringing an end to ageism is not only a matter of justice, but also a commitment to fostering a more humane, solidaristic, and inclusive coexistence.

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1 Edadismo: La discriminación del siglo XXI EDADISMO: LA DISCRIMINACIÓN DEL SIGLO XXI 1 Edadismo: La discriminación del siglo XXI Unidad de Coordinación de Estudios y Apoyo Técnico Instituto de Mayores y Derechos Sociales (IMSERSO) Avenida de la Ilustración s/n, 28029 Madrid EDITA © Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030 Imserso (Instituto de Mayores y Servicios Sociales) [email protected] https://cpage.mpr.gob.es/ DOI.: https://doi.org/10.5281/zenodo.17934688 NIPO: 235250360 Fecha edición: 2025 AUTORES. A. Martínez-Molina, R. Herranz González y L. Parages Jiménez DISEÑO Y MAQUETACIÓN. Juan Ramón Aguirre Artigas 2 Edadismo: La discriminación del siglo XXI Índice PRESENTACIÓN 3 CAPITULO 1 FUNDAMENTOS Y CONSECUENCIAS DEL EDADISMO 5 GEMA PÉREZ ROJO: Edadismo: Factores relacionados, consecuencias y estrategias para combatirlo 6 CAPÍTULO 2 MERCEDES GALLEGO ANGULO: Edadismo, salud mental y soledad 17 MANIFESTACIONES DEL EDADISMO 39 CAPÍTULO 3 40 ANTONIO JORGE LÓPEZ RODRÍGUEZ: Edadismo y participación de las personas mayores en el mercados laboral (2000-2024) 40 CAPÍTULO 4 58 ANA ALARCÓN AGUILAR, MARIO ROJANO HIDALGO Y LUIS CALERO GALINDO: Estereotipos sobre el envejecimiento en una muestra universitaria de Ciencias de la Salud 58 CAPÍTULO 5 71 OLGA MORENO-FERNÁNDEZ Y ALEJANDRO GÓMEZ-CAMACHO: El lenguaje edadista en las redes sociales en España: hacia un nuevo lenguaje inclusivo INTERSECCIONALIDAD E INTERVENCIÓN SOCIAL 96 CAPÍTULO 6 97 CASAL-SÁNCHEZ, L., LORENA PATRICIA GALLARDO-PERALTA, SONIA GARCÍA-AGUÑA, PABLO DE GEA GRELA, DANIEL FERNÁNDEZ-ROSES, RUBÉN YUSTA-TIRADO Y ÓSCAR FERNÁNDEZ-BALLBÉ Desmitificando el edadismo: Reflexiones para la intervención social gerontológica 97 CAPÍTULO 7 116 VANESSA ZORRILLA-MUÑOZ, DANIELA LUZ MOYANO, GEMA MARTÍNEZ-NAVARRETE Y MARÍA SILVERIA AGULLÓ-TOMÁS: Envejecimiento y edadismo en la era digital y de Inteligencia Artificial. Aportaciones desde diferentes enfoques y proyectos. CAPITULO 8 127 SACRAMENTO PINAZO-HERNANDIS; CAROLINA PINAZO-CLAPÉS (2); ALICIA SALES: El Abordaje del Edadismo en un Proyecto Intergeneracional de Diálogo entre Generaciones 127 EL DESAFÍO DE DEFINIR Y MEDIR EL EDADISMO 155 CAPITULO 9 155 AGUSTÍN MARTÍNEZ-MOLINA, MAYTE SANCHO CASTIELLO: Edadismo, un concepto infantil: desafíos conceptuales y metodológicos 155 CAPÍTULO 10 162 Mª ÁNGELES MOLINA-MARTINEZ, GLORIA FERNÁNDEZ-MAYORALAS, FERMINA ROJO-PÉREZ, VICENTE RODRÍGUEZ-RODRÍGUEZ, MARIA JOÃO FORJAZ, CARMÉN RODRÍGUEZ BLÁZQUEZ, INÉS GARCÍA-RODRIGO, JESÚS RODRÍGUEZ BARROSO Edadismo hacia las personas mayores: desarrollo de la batería EPD-PM 162 CAPÍTULO 11 182 RUBÉN HERRANZ GONZALEZ: “Edadismo” como concepto jurídico: Doctrina reciente, legislación y jurisprudencia 3 Edadismo: La discriminación del siglo XXI Prefacio Hablar de edadismo es hablar de una realidad cotidiana que, con demasiada frecuencia, pasa desapercibida. Detrás de bromas, estereotipos o decisiones que limitan oportunidades, se esconde una forma de discriminación que afecta a millones de personas solo por su edad. “Edadismo: la discriminación del siglo XXI”, nace con el propósito de abrir los ojos ante este fenómeno y ofrecer herramientas para comprenderlo y transformarlo. Desde diferentes disciplinas, las autoras y autores de este libro exploran cómo el edadismo influye en la salud, el trabajo, la comunicación o las relaciones intergeneracionales, y proponen estrategias para construir una sociedad donde todas las edades cuenten. Invitamos a quienes leen estas páginas a reflexionar y actuar. Porque acabar con el edadismo no es solo una cuestión de justicia, sino también una apuesta por una convivencia más humana, solidaria e inclusiva. Preface To speak of ageism is to speak of an everyday reality that, all too often, remains unnoticed. Beneath jokes, stereotypes, or decisions that restrict opportunities lies a form of discrimination that affects millions of people solely on the basis of age. Ageism: The Discrimination of the Twenty-First Century was conceived with the aim of raising awareness of this phenomenon and providing tools to understand and transform it. Drawing on diverse disciplinary perspectives, the authors of this volume examine how ageism shapes health, employment, communication, and intergenerational relationships, while proposing strategies to build a society in which all ages are equally valued. We invite readers to reflect and to act. Bringing an end to ageism is not only a matter of justice, but also a commitment to fostering a more humane, solidaristic, and inclusive coexistence. A. Martínez-Molina · R. Herranz González · L. Parages Jiménez (Eds.) 4 Edadismo: La discriminación del siglo XXI Presentación La longevidad de las sociedades contemporáneas ha convertido al edadismo en uno de los ejes críticos de la gerontología aplicada y de las políticas de cuidados a lo largo del curso de vida. El término, que denuncia la discriminación hacia las personas mayores y actualmente retomado con fuerza, ha sido ampliado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) para abarcar un constructo ambiguo y tripartito (i.e., estereotipos, prejuicios y discriminación) que puede dirigirse hacia otros o hacia uno mismo. Que el edadismo sea socialmente tolerado, escasamente sancionado y, a la vez, universal explica parte de su persistencia y de su invisibilidad relativa frente a otros “ismos” más reconocidos. El reciente interés jurídico por el concepto señala un proceso de institucionalización que, sin embargo, continúa debatiéndose entre definiciones amplias interdisciplinarias y usos estrictos equivalentes a trato desigual prohibido por la ley. Las consecuencias del edadismo son profundas: compromete la salud física y mental, limita el acceso a recursos y oportunidades y alimenta la soledad, especialmente en contextos sociales acelerados y vínculos intergeneracionales debilitados. La evidencia internacional muestra asociaciones consistentes entre trato edadista y peores resultados de salud en múltiples dominios y regiones del mundo. La precarización de los lazos en la “sociedad líquida” contemporánea intensifica la experiencia de soledad y vulnera la salud mental de las personas mayores, subrayando la urgencia de abordajes relacionales. Este volumen aborda el edadismo desde una perspectiva multidisciplinar. Los capítulos sobre intervención social gerontológica reivindican la autonomía, la dignidad y la participación de las personas mayores, desmontando mitos que las presentan como pasivas y evidenciando la diversidad de contextos donde se manifiestan prácticas edadistas. La sección sobre edadismo laboral analiza barreras en el acceso, la permanencia y la gestión del talento sénior, proponiendo políticas inclusivas. Otros capítulos examinan la falta de definiciones y medidas psicométricas sólidas, ofreciendo instrumentos que diferencian dimensiones cognitivas, emocionales y conductuales. Finalmente, se analiza el lenguaje digital, señalando cómo las redes reproducen estereotipos y cómo una comunicación inclusiva puede contrarrestarlos. Finalmente, la obra otorga un papel central a la intergeneracionalidad: la educación compartida, los espacios de encuentro y los programas estructurados de diálogo entre generaciones emergen como estrategias con capacidad demostrada para reducir prejuicios, fortalecer la generatividad y mejorar el bienestar de jóvenes y mayores. Por tanto, este libro invita a pensar en el envejecimiento desde la diversidad y la reciprocidad. Al articular fundamentos conceptuales, evidencia empírica, marcos normativos y propuestas de acción en ámbitos clave (p.ej., salud, trabajo, lenguaje, intervención social y programas intergeneracionales), ofrece a profesionales, investigadores y responsables de políticas una cartografía para avanzar hacia sociedades verdaderamente inclusivas para todas las edades. 5 Edadismo: La discriminación del siglo XXI 1 Fundamentos y consecuencias del edadismo 6 Edadismo: La discriminación del siglo XXI Capítulo 1 Edadismo: Factores relacionados, consecuencias y estrategias para combatirlo Gema Pérez Rojo Catedrática de Personalidad, Evaluación y Tratamiento PsicológicoUniversidad San PabloCEU, CEU Universities. Grupo de investigación Envejecimiento (BUENAVEJEZ). Universidad San Pablo-CEU, CEU Universities. Codirectora de la Cátedra de Buen Trato a personas mayores Fundación Domus Vi – CEU San Pablo. 1. Introducción El fenómeno social del envejecimiento ha experimentado cambios importantes. En comparación con épocas anteriores, la población envejece de forma más saludable y vive más años, lo que posibilita, por ejemplo, que tres o más generaciones convivan en el mismo periodo de tiempo. Esto se debe no sólo a factores externos como la mejora de la tecnología, la medicina, los recursos, etc., sino también a factores personales como fortaleza física y psicológica resultando en que cada vez se envejezca en mejores condiciones. Aunque esto debería ser considerado como un gran hito histórico, lo cierto es que la presencia de una visión negativa sobre el envejecimiento continúa vigente. Con frecuencia se habla del grupo de personas mayores en general, y no de individuos diferenciados, y sobre el proceso de envejecimiento y no sobre las múltiples trayectorias vitales existentes. Además, se tiende a describir la vejez como si fuera un estado uniforme al final de la vida sin considerar las diversas y heterogéneas situaciones de las personas con edad avanzada. Si se ignoran las diferencias entre individuos, se generaliza y trata a las personas mayores, el envejecimiento y la vejez de una forma estereotipada (Ayalon et al., 2021). Esta construcción arquetípica de las personas mayores y el envejecimiento se denomina edadismo. El edadismo es la discriminación basada en la edad que surge fruto de los estereotipos y el prejuicio hacia las personas mayores. Se estima que es altamente prevalente y su presencia se incrementará en un contexto de amplio crecimiento de la población mayor a nivel mundial (Oh et al., 2025). Está presente a nivel global, independientemente del sexo, la raza o la etnicidad. Está en la percepción que se tiene de las personas mayores, en la forma de relacionarse con ellas, así como en medidas y actuaciones que se toman desde las instituciones. Con mucha frecuencia, no existe mucha conciencia de esa percepción y trato edadista. Esto provoca que sea muy prevalente y frecuente en diferentes dominios. El edadismo puede ser muy dañino 7 Edadismo: La discriminación del siglo XXI debido, entre otros, a que esas creencias estereotipadas pueden ser asumidas por la propia persona mayor y conducir a que actúe en función de lo que se espera de ella, cayendo en la autoprofecía cumplida. La definición y concepto del edadismo ha cambiado mucho a lo largo de los años. Fue definido por primera vez por Butler (1969), uno de los pioneros en la investigación sobre envejecimiento. Él lo definía como el prejuicio de un grupo de edad hacia otro grupo de edad, y señalaba que el edadismo se manifestaba como actitudes, comportamientos y prácticas y políticas institucionales dirigidas hacia las personas mayores. Este planteamiento implica que el edadismo se basa en: ● Actitudes negativas hacia las personas mayores y el proceso de envejecimiento. ● La discriminación o el trato inadecuado hacia las personas mayores. ● La implementación de políticas y prácticas que fomenten los estereotipos negativos hacia las personas mayores. El edadismo puede ser positivo, como por ejemplo al pensar que todas las personas mayores son tiernas o negativo, al asumir que todos los mayores son cascarrabias, aunque en general tiende a provocar consecuencias negativas a través de las profecías autocumplidas (Butler, 1980). Palmore (2000), otro investigador muy relevante en el campo del envejecimiento, señalaba que el envejecimiento normal es percibido como una pérdida de funcionamiento y de capacidades y esto tiene una connotación negativa . Señalaba que el edadismo era la tercera gran forma de discriminación después del racismo y el sexismo (Palmore, 1990). Indicaba que el edadismo era el mejor ejemplo para representar prejuicios negativos que sufririán todas las personas, ya que a diferencia de otros tipos de discriminación que se dan en circunstancias concretas y a grupos limitados de personas, el edadismo puede dañar a todo el mundo ya que todos cumplimos años, y si no morimos antes, acabaremos envejeciendo. Posteriormente Levy (2024) describió como el edadismo podía tener tres componentes: los estereotipos (componente cognitivo), los prejuicios (componente emocional) y la discriminación (componente conductual). Además, destacó que el edadismo podía ser implícito, es decir podría ser debido a una internalización no consciente pero real de los pensamientos, emociones y conductas negativas, mantenidos por las propias personas mayores. Por su parte Angus y Reeve (2006) definieron el edadismo como el prejuicio o la discriminación en contra o a favor de una determinada edad. Esto implicaba poner el foco en los aspectos positivos y negativos de este fenómeno. Señalaba que las personas mayores y los niños experimentaban con mayor frecuencia el edadismo al ser considerados como dependientes y no productivos. Finalmente, Iversen et al., (2012) propuso una construcción del fenómeno integradora y comprensiva englobando diferentes aspectos. Lo definía como los estereotipos negativos y positivos, los prejuicios, y la discriminación en contra o a favor de las personas en base a su edad o percibirles como mayores. El edadismo puede ser latente o manifiesto, explícito (consciente) o implícito (inconsciente) y puede ser expresado en varios niveles: micro (individual), meso (red social) o macro (institucional y cultural). 8 Edadismo: La discriminación del siglo XXI Es importante tener en cuenta que el edadismo puede ir dirigido hacia otros individuos, pudiéndose pensar por ejemplo que las personas mayores son lentas, o puede estar dirigido hacia uno mismo provocando, por ejemplo, tener sentimientos negativos hacia el propio envejecimiento. A este complejo fenómeno social, Ayalon et al. (2021) le añadieron las dimensiones cognitivas (estereotipos), emocional (prejuicio) y conductual (discriminación). El edadismo se refleja a nivel personal y social. No obstante, la investigación realizada pone el foco en el origen social del fenómeno, su influencia negativa y su impacto en el contexto del grupo de población mayor y en el proceso de envejecimiento. Por ejemplo, la Organización Mundial de la Salud (OMS) sugiere una forma de entender el edadismo poniendo énfasis en dos aspectos. En primer lugar, las percepciones negativas que existen de la edad en las diversas sociedades, que no se limitan a un único grupo social o étnico. Y, en segundo lugar, que el edadismo es un fenómeno mucho más global y extenso que la discriminación basada en el sexo o la raza (Mikton et al., 2021). La revisión de la literatura científica disponible muestra que el término de edadismo es dinámico y ha ido cambiando a lo largo del tiempo debido a la contribución de la investigación realizada. 2. Factores de riesgo Para desarrollar y aplicar intervenciones que reduzcan o eliminen el impacto del edadismo se requiere al menos conocimientos mínimos de los factores que contribuyen o determinan su origen y persistencia. Los factores de riesgo que pueden incrementar la probabilidad de ocurrencia del edadismo pueden ser individuales o sociales. En el caso de los individuales destacan (Chonody et al., 2022; Levy, 2024): ● Presencia de estereotipos negativos hacia las personas mayores. Cuando esto está presente en una persona de edad avanzada puede provocar que tenga expectativas negativas de su propio envejecimiento al aplicarse a sí mismo esas creencias negativas. El mecanismo explicativo de este fenómeno se asocia a que de jóvenes los estereotipos asociados a la edad se aprenden y se internalizan. Esto hace que ganen significado y relevancia y que lleguen a ser cruciales ante el propio proceso de aprendizaje. Se ha encontrado que al mantener esos estereotipos negativos la satisfacción vital de los individuos es más baja. ● Miedo a la muerte. Las actitudes negativas individuales de cada uno hacia las personas mayores y el proceso de envejecimiento están relacionadas con el miedo hacia la propia mortalidad. ● Ansiedad. ● Mal estado de salud física y mental. ● Orientación individualista. ● Presentación positiva o negativa de las personas mayores. Es fundamental que las personas mayores sean presentadas con imágenes reales y no estereotipadas ● Calidad del contacto con las personas mayores en general y calidad del contacto con los abuelos o parientes mayores. La calidad siempre está por encima de la cantidad. Por 15 Edadismo: La discriminación del siglo XXI determinant of health that has come of age. Lancet (London, England), 397(10282), 1333– 1334. https://doi.org/10.1016/S0140-6736(21)00524-9 Nelson T. D. (2016). Promoting healthy aging by confronting ageism. The American psychologist, 71(4), 276–282. https://doi.org/10.1037/a0040221 Ng, R., Chow, T. Y. J., & Yang, W. (2022). The Impact of Aging Policy on Societal Age Stereotypes and Ageism. The Gerontologist, 62(4), 598–606. https://doi.org/10.1093/geront/gnab151 Oh, G., Jeong, I., Wang, M., North, M. S., & Choi, Y. (2025). Too old to be creative? An age bias in creativity judgment. Work, Aging and Retirement, 11(1), 79-96. Palmore E (1990) Ageism: Negative and Positive. Springer. Palmore, E. (2000). Guest editorial: Ageism in gerontological language. The Gerontologist, 40(6), 645–645. Pérez-Rojo, G., y López, J. (2022). Traje simulador de envejecimiento. Cambio en emociones y actitudes hacia las personas mayores a través de una experiencia vivencial. En J. Ramé, O. Serrano, y P. Hidalgo. La necesidad de la transformación social desde la innovación docente y educativa. Pérez-Rojo, G., López, J., Noriega, C., Martínez-Huertas, J. A., Velasco, C., Carretero, I., López-Frutos, P., Galarraga, L., & Pillemer, K. (2021). Older People's Personal Strengths During the First Wave of the COVID-19 Pandemic. Psicothema, 33(3), 423–432. https://doi.org/10.7334/psicothema2020.453 Phelan A. (2020). Advances in Elder Abuse Research Practice, Legislation and Policy. Springer. San-Martín-Gamboa, B., Zarrazquin, I., Fernandez-Atutxa, A., Cepeda-Miguel, S., Doncel-García, B., Imaz-Aramburu, I., Irazusta, A., & Fraile-Bermúdez, A. B. (2023). Reducing ageism combining ageing education with clinical practice: A prospective cohort study in health sciences students. Nursing open, 10(6), 3854–3861. https://doi.org/10.1002/nop2.1643 Vauclair, C. M., Esteves, C. S., Eyssel, F., & Harb, C. (2024). Diversity in old age: Stereotyping of subgroups of older people across cultures. Asian Journal of Social Psychology, 27(4), 968–981. https://doi.org/10.1111/ajsp.12651 World Health Organization. (2021). Global Report on Ageism. Executive Summary, 1, 1. Wurm, S., & Schäfer, S. K. (2022). Gainbut not loss-related self-perceptions of aging predict mortality over a period of 23 years: A multidimensional approach. Journal of Personality and Social Psychology, 123(3), 636–653. https://doi.org/10.1037/pspp0000412 16 Edadismo: La discriminación del siglo XXI Capítulo 2 Edadismo, salud mental y soledad Mercedes Gallego Angulo Instituto de Mayores y Servicios Sociales 1. Edadismo e identidad A menudo hablamos de las personas mayores como si fueran un grupo homogéneo cuyos miembros empiezan a formar parte de un club desde el mismo día que cumplen una determinada edad. Pero realmente, la edad no es más que un dato, y no debería confundirse con identidad. Tu lugar de residencia es un dato, si tienes hijos o no, es otro dato, si vives solo o en compañía es otro dato. La edad no define identidad. ¿Por qué nos empeñamos entonces en categorizar, asumiendo una identidad personal o grupal, solo por este dato? Como apunta Moure (2023), la identidad es un proceso en construcción, con un potencial de evolución y cambio que no acaba nunca, mientras que la edad es una foto fija, un dato perecedero que no añade cualidad ni color a la persona adjetivada con ese dato. Si una semilla es un árbol en formación, cada uno de nosotros somos una persona mayor en proceso de formación. De los principales “ismos”, el edadismo es el prejuicio más extendido y más socialmente aceptado.1 Las creencias culturales, los mensajes implícitos y las imágenes que trasladan los medios de comunicación, hacen muy difícil abstraerse y no incurrir en autoedadismos. El autoedadismo es el edadismo que se dirige hacia uno mismo (OMS, 2021) Al ser un mecanismo inconsciente, es más difícil combatirlo. Debemos hacer el esfuerzo de desenmascarar nuestras “tendencias” a mantener prejuicios sobre nuestra persona o incluso nuestra identidad basados en la edad. Pensemos en cómo se configura la autopercepción en una persona. Probablemente, dependerá de su bagaje vital, de su situación emocional en ese momento, del valor que aprendió en la infancia sobre situaciones concretas o sobre el paso del tiempo y la vejez, entre otros factores. Estos aprendizajes continúan a lo largo de su ciclo vital. Si aprendió desde la infancia a rodear de paternalismo todo lo que tiene relación con envejecer, o con cambiar el estado físico o su grado de actividad social, laboral, es probable que su autopercepción al ir pasando los 65 o 70 años se verá irremediablemente afectada por todo ese “armario mental”. Las personas que cuantifican su valor personal con lo que aportan a la sociedad trabajando o creando una familia, al llegar a una edad en la que su rol cambia drásticamente, pueden convencerse de su pérdida de valor como ser social, como ser familiar y perder el sentido de su vida (Ayalon, 2018). 1 OMS, Global Campaigns against Ageism 17 Edadismo: La discriminación del siglo XXI El envejecimiento no es algo meramente biológico, sino que ocurre en contextos sociales, familiares, de amigos y de compañeros. Se habla del envejecimiento como si solo hubiera uno y no numerosos y únicos procesos, que acontece a millones de personas de manera ampliamente diversa. Cuando hacemos eso, estamos “estereotipando” a las personas mayores, al envejecimiento y a la vejez. El edadismo está en todas partes: está en nuestra percepción de las personas mayores y en nuestras acciones hacia ellas. Y no solemos tener conciencia de ello, no somos conscientes de nuestro edadismo en los distintos ámbitos. Esa falta de consciencia en el edadismo puede dañar a las personas receptoras del mismo (Ayalon, 2018). La doctora Becca Levy (2001) hablaba del edadismo como enemigo interno. Para erradicar el edadismo hay que enfrentarse al enemigo que hay dentro de nosotros y este es inconsciente. Efectivamente, gran parte del origen de que permanezcan tan arraigadas las creencias y los comportamientos que minusvaloran, ridiculizan, infantilizan o discriminan a las personas mayores es porque las compartimos, aunque no nos demos cuenta de ello. Cuando envejecemos damos por sentado algunas afirmaciones edadistas, sin dudar de su veracidad o rigor, influyendo en la manera de vernos a nosotros mismos y a los otros. El “edadismo implícito” se define como pensamientos, sentimientos y conductas hacia personas mayores que existen y que actúan sin control consciente, asumiendo que constituyen la base de la mayor parte de las interacciones con individuos de edad. También se refiere a aquellos estereotipos y actitudes que se activan automáticamente por la mera presencia de una persona mayor, sin que hay consciencia de ello ni propósito de la persona que los muestra (Levy, 2001; Levy&Banaji, 2002) Todo individuo socializado ha internalizado los estereotipos que sobre la edad hay en su cultura. No siempre son negativos. Las personas mayores subestiman su propia aportación a la sociedad, lo que podría ser una forma de edadismo interiorizado que es necesario abordar. Tal vez como resultado de las representaciones negativas de los medios de comunicación, las personas mayores pueden llegar a sentir que no son capaces de contribuir a la sociedad en ámbitos en los que están perfectamente capacitados para hacerlo. Es necesario hacer más esfuerzos para empoderar a las personas mayores de modo que sean capaces de reconocer su valor (Edwards, 2023). El ritmo vertiginoso de la información, de la toma de decisiones y de los cambios tecnológicos, sociales y políticos son una constante en nuestras vidas. Las redes convierten en obsoleta cualquier noticia de la semana anterior. Vivimos en una sociedad líquida, como describe Bauman (Bauman, 2005), en la que la incertidumbre por la rapidez de los cambios ha debilitado los vínculos humanos. La volatilidad y el sentido efímero de los actos y los sentimientos contrasta con la solidez de la identidad basada en la experiencia, los valores y aprendizajes asentados a lo largo del tiempo, en la progresión continuada de una sociedad sólida. La velocidad excesiva en el ámbito de las relaciones personales dificulta el intercambio intergeneracional. Este contexto afecta inexorablemente a la vivencia de soledad por parte de las personas mayores y en cierta medida a su salud mental. Una de las teorías sobre edadismo es la de la identidad social (Tajfel & Turner, 1979) que no basa la conducta de una persona en sus características individuales o relaciones interpersonales, sino en ser miembro de uno o varios grupos de referencia a los que pertenece. Hombres y mujeres buscan una identidad propia positiva, que consiguen mediante distinciones del grupo propio y creando distinciones positivas de grupos externos. Esto eleva su estatus dentro de su 18 Edadismo: La discriminación del siglo XXI grupo en base a los grupos externos. Cuando los miembros del grupo de referencia desaparecen o la persona sale de ese grupo por múltiples causas, el sentido de identidad se pierde, la referencia se pierde y un cierto sentimiento de soledad aparece. Lo mismo puede pasar cuando cambia tu barrio y ya no están los vecinos coetáneos, cuando dejas de tener compañeros de trabajo porque llegó la jubilación o eres la única persona mayor en un mundo laboral tremendamente joven o tus amigos mueren o se van a otra ciudad o a una residencia. La terminación de la etapa laboral de una persona tiene varios efectos en su vida. La pérdida adquisitiva, que suele conllevar para algunas personas, puede suponer desigualdades que afectan su acceso a actividades de ocio o de acceso a un servicio psicológico especializado si lo considera necesario. La pérdida de rol y la pérdida de relaciones personales vinculadas al trabajo son elementos relevantes que pueden afectar a que aparezca la soledad en la vida de una persona y afectar a su salud mental. Por otro lado, la identidad se conforma también con la parcela laboral de una persona. Algunas reflexiones sobre la convivencia intergeneracional en el trabajo y lo que supone para la economía y el desarrollo profesional de familiares de personas mayores son interesantes como elemento identitario en la última etapa vital. Si alguien envejece y se encuentra bien, es posible que quiera seguir trabajando más tiempo. Al encontrarnos con una reducción de la edad de jubilación podemos encontrarnos, como apunta Sara Harper (2023), a personas de 50 años jubiladas con la perspectiva de quizá 40 años por delante “sin hacer nada”. Aunque quieren contribuir a la sociedad, no les resulta fácil recuperar un rol que les fue arrebatado con una jubilación anticipada. Harper, fundadora del Instituto de envejecimiento de la población de la Universidad de Oxford, propone el derecho a ejercer de cuidadores de manera retribuida, pasados los 60 años, siempre que haya motivación para ello, sin descuidar que todos debemos cuidarnos unos a otros en una sociedad en que conviven jóvenes y mayores. Sara Harper defiende audazmente el beneficio de la convivencia o cohabitación, aunque sea parcial, de distintas generaciones. Ambas partes se benefician y esto reduce drásticamente las posibilidades de aparición de soledad o de depresión o cualquier otra sintomatología relacionada con la salud mental, sin contar con las repercusiones económicas de cotización laboral y a la seguridad social. Esta posibilidad contrarresta el argumento de la vejez como carga social que hay que mantener por parte del resto de población que continúa activa y cotizando. Ella habla del tercer dividendo demográfico o dividendo demográfico plateado que se define como el aumento de la productividad que crece en los adultos mayores y más sanos que contribuyen a la economía trabajando más tiempo. Sustancial asimismo es la conciencia del estigma y sensibilidad al rechazo basado en la edad habla de lo que los miembros de otros grupos distintos al propio pueden tener sobre las personas mayores (Vorauer et al., 1998). Las propias percepciones negativas sobre el envejecimiento pueden servir de base para expectativas sobre ser discriminado y estereotipado. Es probable que la influencia y la causalidad sean bidireccionales. Si partimos de que el edadismo comienza en la infancia con un proceso de interiorización en el que se van asentando prejuicios con el tiempo, mediante representaciones negativas o limitadas de la edad avanzada, podemos entender un poco mejor cómo se adquiere. El estigma que suele acompañar al proceso de envejecimiento suele interiorizarse mediante prejuicios y actitudes 19 Edadismo: La discriminación del siglo XXI negativas. Estas a su vez se convierten en deformaciones sobre lo que las personas valen o el respeto que deben tener hacia ellas mismas. Todo ello puede conducir a que acepten de manera "natural” comportamientos que de otra manera no les parecerían tolerables, como el aislamiento, el descuido, el maltrato, el abandono o la falta de posibilidad de elección y control sobre sus vidas. (Mahler, 2021). Esta idea es ampliamente asumida (Ayalon et al.,2018; OMS, 2021). Las creencias y expectativas se interiorizan a través de procesos de aprendizaje durante la socialización y guían los comportamientos que realizamos, la información que confirmamos, etc., siendo así el punto de inicio, de manera que lo que se cree sobre las personas que pertenecen a cierto grupo de edad conduce a conclusiones sobre la capacidad y competencias de las personas (Cuddy & Fiske, 2002; Krings et al., 2011). El artículo Edadismo, esperanza de vida saludable y envejecimiento de la población: Como se relacionan (Officer et al., 2020) analiza la interrelación entre el edadismo, la esperanza de vida saludable y el envejecimiento poblacional, proporcionando una visión sobre cómo el edadismo puede influir negativamente tanto en las políticas de salud pública como en la calidad de vida de las personas mayores. En la tercera ola de este estudio participaron 83.034 participantes de 57 países. El estudio también identificó factores asociados al edadismo. A nivel individual, ser más joven, hombre y tener menor nivel educativo aumentaban la probabilidad de tener actitudes edadistas altas. A nivel contextual, una mayor esperanza de vida saludable y una mayor proporción de personas mayores de 60 años en la población se asociaron con una menor prevalencia de edadismo. Estos hallazgos subrayan la necesidad de abordar el edadismo como una prioridad en salud pública, dado su impacto negativo en la salud y el bienestar de las personas mayores. 2. Una cuestión de derechos humanos Las conexiones y vínculos entre edadismo, soledad y salud mental vienen siendo recogidas con rotundidad en los últimos años en las organizaciones internacionales y supranacionales como la OMS, el Consejo Derechos Humanos de Naciones Unidas, el Centro Europeo de Viena, o la Unión Europea a través de la Comisión Europea. Es imprescindible recordar el hito que supuso el Informe Mundial sobre Edadismo de la Organización Mundial de la Salud (OMS, 2021) señalando claramente que el edadismo reduce la calidad de vida de los adultos mayores, aumenta su aislamiento social y su soledad. Según este informe, el 96% de los estudios relacionados con edadismo y salud mental proporcionan evidencia de que este fenómeno incide en problemas psiquiátricos, como la depresión. Destaca, asimismo, que el edadismo acelera el deterioro cognitivo. Tener mala salud mental y física es también un factor de riesgo para el edadismo autoinfligido entre las personas mayores. La OMS propone las iniciativas intergeneracionales como una forma de reducir estas consecuencias, siempre que estén orientadas a promover el contacto entre personas de diferentes generaciones. Estas interacciones pueden ayudar a disminuir estereotipos y prejuicios. Además, se considera que estas iniciativas son de las más efectivas para combatir el edadismo hacia las personas mayores. 20 Edadismo: La discriminación del siglo XXI Desde el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas se viene desarrollando un trabajo de revisión de legislaciones y de situaciones inaceptables en numerosos países que a través de los mandatos de la figura de la experta independiente son denunciadas con propuestas de mejora. Los numerosos informes han puesto de relieve muchas de las dificultades que atraviesan las personas mayores en todo el mundo. La interseccionalidad del edadismo ha sido señalada repetidamente. (Mahler, 2021, 2023)) Un ejemplo de ello: el edadismo y las desigualdades de género impiden el derecho de las personas mayores, entre otras cuestiones al acceso a servicios de salud y a los vinculados a los cuidados. La relación del edadismo con otros ismos, como el capacitismo es destacada como especialmente relevante en las personas mayores. Aunque el proceso biológico de envejecimiento entraña una mayor probabilidad de discapacidad, cuando la mala salud se considera un síntoma de la edad avanzada en lugar de una afección médica que requiere tratamiento, las personas mayores corren el riesgo de quedar excluidas, entre otras cosas, de los exámenes preventivos, el tratamiento quirúrgico, los servicios de rehabilitación y el trasplante de órganos. Los derechos sociales de las personas mayores son varios para promover la calidad de vida y bienestar. Entre ellos, el derecho a mejorar la salud funcional supone el ejercicio del derecho a la salud y al más alto nivel posible de salud física y mental, sin discriminación y con el pleno respeto por la dignidad y la autonomía de las personas de edad. Exige tener en cuenta la salud desde el punto de vista preventivo y reparador como los servicios de atención primaria y de rehabilitación. Desde el punto de vista jurídico, el seguimiento de cumplimiento de tratados de derechos humanos en el marco de Naciones Unidas no suele recoger la situación de las personas mayores. Se sugiere incluso que debería exigirse la aplicación de medidas legislativas que garanticen un trato adecuado a las personas de edad y sanciones por malos tratos y descuido físicos, psicológicos y patrimoniales” (Kornfeld-Matte, 2014). Otro aspecto señalado es la discriminación y maltrato en internet, como expresiones discriminatorias a personas mayores que “crean un clima de exclusión, intolerancia y hostilidad”, especialmente relevante porque pueden incrementar el riesgo de abuso, maltrato o abandono fuera del espacio virtual. Estos comentarios negativos pueden afectar gravemente la salud mental y física de las personas mayores y contribuyen a que se compartan imágenes negativas. El abuso verbal se manifiesta sin duda cuando sufren discriminación por su edad, y a menudo no se presenta de forma aislada, sino acompañado de otros tipos de abuso como el mental, psicológico, físico, sexual o económico (Mahler, 2020). Objeto de sus denuncias fueron los comportamientos edadistas por parte de los profesionales sanitarios y los cuidadores en las rutinas cotidianas (Mahler, 2021). Esto aparece tanto en contextos institucionales como en centros de atención sanitaria. Incluyen conductas diversas. La desvalorización de las opiniones de los pacientes en relación con su tratamiento, la prestación deficiente de servicios médicos, los errores diagnósticos y la tendencia a tratar a las personas mayores como objetos son manifestaciones frecuentes de prácticas discriminatorias en el ámbito de la atención sanitaria. De acuerdo con la revisión realizada, las actitudes edadistas pueden acortar la vida un promedio de siete años en comparación con quienes tienen una visión positiva del envejecimiento. Otra situación encontrada fue la equiparación por error de la demencia con una manifestación normal del envejecimiento debido a prejuicios edadistas. 21 Edadismo: La discriminación del siglo XXI Describe cómo desde los modelos predominantes en la medicina en la mayor parte de los países hace que resulte inviable un trato exento de edadismo. El modelo médico que aún impera en muchas de las políticas relacionadas con el envejecimiento considera que el envejecimiento suele estar acompañado de un deterioro tanto físico como mental, lo cual puede afectar la capacidad de las personas mayores para gestionar sus propios asuntos. No obstante, aspectos como la enfermedad, la fragilidad, la merma de habilidades, la dificultad para adaptarse y la dependencia, aunque comúnmente asociados a la vejez, no son cualidades inevitables de esta etapa de la vida. El edadismo tiene un impacto importante en la investigación médica y farmacéutica por diversas razones. Una es la exclusión masiva de las personas mayores de estudios clínicos. En otras ocasiones, ponen un límite de edad para participar máximo de 65 o 70 años, a pesar de que en estas franjas etarias es donde más consumidores de medicamentos y receptores de tratamientos se encuentran. Otras maneras de manifestarse esta discriminación por edad en el sector sanitario pueden venir por denegar medicación o por un abuso de conductas poco apropiadas como reprimendas, bofetadas, aislamiento, abandono, descuido y actitudes negativas hacia los pacientes de más edad. Apunta finalmente Mahler que el edadismo contribuye a un aumento de muertes prematuras en las personas mayores, afecta negativamente su salud física y mental, y dificulta una recuperación rápida tras sufrir alguna discapacidad. (Mahler, 2021). Entre los retos pendientes apuntan a combatir el edadismo estructural respecto de las generaciones futuras de personas mayores, tanto en diseño de políticas como en la recogida de datos por variables pertinentes que conduzcan a la mejor formulación de leyes, políticas y prácticas. En situaciones en las que las personas mayores son tratadas como objetos de cuidado y se ignora su voluntad y sus preferencias, o en las que son institucionalizadas en condiciones que no respetan plenamente sus derechos humanos debido a la falta de alternativas, su salud mental también puede verse afectada negativamente. La vida independiente y autónoma repercute positivamente en la salud mental. Muchas personas mayores también sufren aislamiento social, lo que puede tener consecuencias negativas para su salud mental (Mahler, 2024). 2.1. El edadismo como forma de maltrato La discriminación exacerbada puede llevar a la violencia, desde el entorno más próximo al social, con efectos en la salud mental. Las personas que sufren abuso y violencia sufren un proceso de aislamiento, bien como protección bien porqué han interiorizado esa violencia y se separan de su entorno para no provocar las reacciones abusivas. La violencia contra las personas de edad es un fenómeno mundial. Esa violencia es a menudo difícil de detectar y sigue siendo un tabú en muchas sociedades, ya que quienes la practican son frecuentemente familiares, como el cónyuge, los hijos o los hijastros. Adopta muchas formas diferentes y hay indicios de que ocurre con frecuencia en todo tipo de entornos. Dentro de la violencia o maltrato hay que incluir el aislamiento, abandono, violencia psicológica y la no satisfacción de necesidades básicas, la discriminación en la esfera pública, la 22 Edadismo: La discriminación del siglo XXI discriminación lingüística, la explotación financiera, la violencia psicológica y la no satisfacción de las necesidades básicas, así como las agresiones físicas (Kornfeld-Matte, 2016). El edadismo está en la base de muchos comportamientos que podrían considerarse maltrato a una persona de edad. El maltrato consiste en uno o varios actos repetidos que causan daño o sufrimiento, o también la no adopción de medidas apropiadas para evitar otros daños, cuando se tiene con dicha persona una relación de confianza. Este tipo de violencia puede manifestarse en forma de maltrato físico, sexual, psicológico o emocional; maltrato por razones económicas o materiales; abandono; desatención; y del menoscabo grave de la dignidad y el respeto. (OMS, 2022). La OMS diferencia cinco tipos de maltrato entre los que se encuentran el psicológico que es el más frecuente con diferencia y la desatención. Analiza en profundidad esta lacra en “Abordando el abuso en la vejez: cinco prioridades para la Década del envejecimiento saludable de NNUU 2021-2030. Estas se vinculan al edadismo debido al peso que tiene sobre el maltrato. La prioridad número uno es Combatir edadismo (OMS, 2022). Varias universidades como la Universidad de Toronto, Universidad de Ryerson, Ontario junto a la OMS e INPEA, la Red internacional de Prevención del Abuso y Maltrato en la vejez firmaron la Declaración de Toronto para la prevención global del maltrato de las personas mayores en 2022, que constituye una auténtica llamada a la Acción. Proponen medidas que van desde la regulación normativa hasta la educación a profesionales sanitarios, o a la sociedad a través de medios de comunicación combatiendo el estigma, los tabúes y estereotipos negativos respecto a la vejez. Esta Declaración de Toronto define el maltrato como “una acción única o repetida o la falta de respuesta apropiada que causa daño o angustia a una persona mayor y ocurre dentro de cualquier relación donde exista perspectiva de confianza”. Se estima que una de cada seis personas de 60 años o más ha sufrido algún tipo de abuso en la comunidad. Algunas de las intervenciones implementadas en algunos países incluyen campañas de concienciación a profesionales y al público en general; programas intergeneracionales en la escuela, formación de cuidadores sobre demencia, políticas de cuidados residenciales que mejoren los estándares del cuidado, programas de apoyo a cuidadores (OMS, 2024). El Gobierno de Quebec distingue entre siete tipos de maltrato en su Plan de Acción contra el Maltrato 2022-2027: el psicológico o emocional, el físico, sexual, material o financiero, organizacional, edadismo y violación de derechos. Dentro del maltrato psicológico incluye insultos, amenazas, humillaciones, aislamiento, negligencia o abandono en cuidados. Algunos autores añaden “obstinación diagnóstica· “obstinación terapéutica” y exclusión terapéutica por edadismo (Ministére de la Santé et Services Sociaux de Quebec, 2022). El caso del maltrato institucional engloba todas las prácticas organizativas que excluyen a las personas mayores de la toma de decisiones que les conciernen, que no respetan sus elecciones o limitan de manera injustificada el acceso a programas de ayuda. Mientras que el que proviene del edadismo2 incluye la imposición de restricciones o de normas sociales por razón de la edad, reducción de la accesibilidad a ciertos recursos o servicios, prejuicios, infantilización, desprecio. 2 Extraído del Plan de Acción de Quebec contra el Maltrato. “Reconnaître et réagir ensemble. Plan d’action gouvernemental pour contrer la maltraitance envers les personnes aînées 2022-2027. Ministère de la Santé et Services Sociaux. Gobierno de Quebec 23 Edadismo: La discriminación del siglo XXI El maltrato es comunicado muchas veces por trabajadores de los lugares en que ocurre, aunque puede ocurrir en el seno de la familia. Las mujeres son más vulnerables en relación al maltrato. La discapacidad añade factores de riesgo y la falta de capacitación y motivación de cuidadores. Las personas mayores con demencia son especialmente vulnerables. En el Plan de Acción Nacional para prevenir el abuso a personas mayores del Gobierno de Gales de 20243 se contempla combatir la soledad y el aislamiento social como ámbitos prioritarios en los que desarrollar acciones que redundarán en evitar su ocurrencia, como realidad asociada a menudo al edadismo (Wales Government, 2024). A edades más avanzadas, la salud mental viene determinada no solo por el entorno físico y social, sino también por los efectos acumulativos de las experiencias de vida anteriores y los factores estresantes específicos relacionados con el envejecimiento. Entre esos factores la “Exposición a conductas discriminatorias por motivos de edad (edadismo)” son puestas de manifiesto como relevantes junto al aislamiento social y soledad (OMS, 2023). 3. Salud mental y edadismo Los impactos del edadismo en la salud, en términos generales, así como la presencia del edadismo en contextos sanitarios es algo que viene denunciándose desde hace tiempo. Analizaremos esta relación entre edadismo y salud mental de manera especial. Tanto el autoedadismo como el edadismo externo a la persona produce problemas de salud mental. Estos a su vez no son suficientemente abordados por los profesionales de psiquiatría y en el sistema sanitario en diversos niveles. Mantener una imagen joven es algo deseable socialmente. Tener canas, arrugas u olvidos ocasionales suelen ser considerados como indicadores de declive en la trayectoria vital de una persona. Esto no es cierto, pero de alguna manera va calando en la autoestima y autoconfianza. La suma de todos estos falsos indicadores nos lleva, de manera inconsciente, a un proceso paulatino de pérdida de seguridad, que a su vez nos irá retirando de escenarios públicos. La inseguridad prolongada se refuerza con los edadismos recibidos desde el entorno próximo y desde los medios de comunicación. Esto con facilidad puede producir ansiedad, depresión, y trastornos mayores cuando se mantiene en el tiempo. Ya se ha comentado que la suma de discriminaciones sexista y edadista produce en muchas mujeres impactos negativos en el ámbito de sus cuidados sanitarios. El informe “El edadismo puede ser peligroso para la salud de las mujeres: edadismo, sexismo y estereotipos sobre mujeres mayores en el sistema sanitario” (Chrisler, 2016) afirma que las creencias y estereotipos edadistas pueden interferir con la búsqueda de cuidado de la salud, en el diagnóstico y recomendaciones de tratamiento, en desigualdades de género en el cuidado de la salud de las mujeres mayores. Propone educar tanto a profesionales de la salud como a personas mayores, diferenciar entre los mayores jóvenes (65-74 años) de los mayores viejos (75 o más años). Los 3 https://www.gov.wales/sites/default/files/pdf-versions/2024/2/4/1709226327/nationalaction-plan-prevent-abuse-older-people.pdf 24 Edadismo: La discriminación del siglo XXI estudiantes de medicina deberían ser formados en el conocimiento de que envejecer significa crecimiento y pérdida en todos los grupos de edad. Tanto a ellos como a los profesionales de la salud deberían conocer que el edadismo no es ético ni aceptable. El ritmo vertiginoso de la sociedad actual en la comunicación, las nuevas tecnologías y las redes sociales producen la sensación de que la vejez es algo de lo que avergonzarse. Las dificultades cuando acuden a una entidad bancaria, a una institución a informarse sobre algo, al pedir un servicio o una cita mediante plataformas telemáticas agravan la inseguridad, aumentan la ansiedad y contribuyen a la depresión. Cuando esto se cronifica con los años y le añades alguna circunstancia como menor poder adquisitivo, alguna dolencia, pérdida de la pareja o de personas cercanas, reducción del contacto con la familia, falta de adherencia a tratamientos, falta o reducción de ejercicio físico, puede aparecer incluso ideación suicida. Las personas mayores con problemas de salud mental a menudo experimentan doble o triple riesgo de ser estigmatizado y discriminado no solo por su edad, sino también por sus condiciones de salud mental y/o físicas o capacidades. (Rabheru et al., 2021). De esta manera, las personas mayores que sufren enfermedad mental son marginalizadas frecuentemente. Sobre cómo el edadismo alcanza el ámbito sanitario y de los cuidados, informes como el de Help Age sobre salud mental (HelpAge, 2023) junto al Instituto de Derechos humanos de la universidad de Valencia y la participación de numerosos expertos, aportan información abundante y valiosa sobre las relaciones entre edadismo y salud mental, no solo en España sino en el mundo. Revela que el 11% de las personas mayores con trastornos mentales utiliza servicios de salud por problemas mentales y sugería que las cifras reales podrían ser mucho mayores. Es decir, hay un porcentaje significativo de personas mayores con problemas emocionales no diagnosticados ni atendidos. Las personas mayores sufren infradiagnóstico y una deficiente valoración de su salud emocional y mental de las personas mayores, debido a los prejuicios y al edadismo presente en el ámbito de la salud. Entre las conclusiones que extrae de estudios longitudinales, afirma que, a mayor edadismo mayor depresión, ansiedad y estrés, y menos salud mental positiva. La estigmatización acaba siendo doble: por edadismo y por salud mental. A estas dos causas, pueden añadirse posible estigmatización por ser mujer o lgtbi o migrante, pertenecer a una raza o etnia distinta, sufrir deterioro cognitivo. Los problemas de salud mental en las personas mayores son infra-reconocidos e infratratados. El propio estigma que rodea todas estas situaciones provocan que las personas mayores tampoco busquen ayuda médica. La demencia y que afecta a las personas mayores y los cuidadores familiares de esa franja etaria impactan sobre la salud mental de todos ellos4 La influencia negativa del trato discriminatorio en la salud mental estudiada en población australiana por Temple y colaboradores (Temple et al., 2021) encontró diferencias en el trato, en función de si tenían problemas vinculados a la salud mental. Así, mientras el 10% de las personas mayores sin problemas de salud mental informan ser discriminadas en contexto sanitario o laboral, el porcentaje de personas mayores que experimentan discriminación aumenta hasta 22% y 25% cuando tienen problemas de salud mental, lo que impidió acceder a 4 https://www.who.int/news-room/fact-sheets/detail/mental-health-of-older-adults 31 Edadismo: La discriminación del siglo XXI marcar la pauta de su visión sobre las mismas y el envejecimiento, como apunta el CENIE (Centro internacional sobre el envejecimiento) dependiente de la universidad de Salamanca. Fomentar el contacto intergeneracional ayuda al mejor conocimiento mutuo y a fortalecer vínculos, previniendo o reduciendo soledad en jóvenes y mayores. El CENIE apuesta decididamente por la intergeneracionalidad, cuyo impacto y necesidad ha sido trabajada en profundidad. La sociedad siempre ha sido multigeneracional, pero se pretende ir más allá de la mera convivencia física y desarrollarse de manera más transversal. Este nuevo enfoque implica “crear relaciones e interlocuciones entre todas las nuevas sociedades”. El CENIE desarrolla en su Guía para la intergeneracionalidad, de manera pormenorizada el alcance de esta nueva visión. Por ejemplo, distingue entre prácticas intergeneracionales, aprendizaje y programas intergeneracionales. Parten de que este enfoque permite desarrollar la afectividad que denominan “reconquistada”, rompe con la idea de la vida como conjunto de etapas estancas y se aproxima más a la idea de ciclo vital en el que todo se conecta. Esto requiere de nuevos enfoques y métodos concienciando de las oportunidades que conlleva la nueva longevidad. (CENIE, 2023) La solidaridad intergeneracional es asimismo propuesta como medida eficaz en la Declaración de Toronto para la prevención global del maltrato y abuso de las personas mayores. Con visiones de sociedad como estas, la soledad y los problemas de salud mental deberían verse drásticamente reducidos. Sociedad longeva no tiene por qué ser equivalente a sociedad envejecida. Nunca los mayores fueron tan jóvenes como ahora. Muchas personas llegan en óptimas condiciones físicas a la vejez, prolongando incluso su vida laboral hasta los 70 y participando de actividad asociativa con otras personas mayores más allá de esa edad. Las posibilidades de participación actuales permiten que puedan involucrarse en nuevas actividades y desarrollar relaciones nuevas que disminuirán el sentimiento de soledad, retardarán el deterioro cognitivo y demencia y prevendrá la aparición de vivencia negativa de soledad. Fomentar sus capacidades personales y su conciencia de que las tienen es una línea de abordaje clara vinculada a crear y desarrollar la confianza en sí mismos y en sí mismas. Todos somos o podemos ser un poco edadistas. Revisemos desde qué lugar de nuestro pensamiento o de nuestras creencias hablamos a las personas mayores cercanas o extrañas o juzgamos sus acciones o afirmaciones. ¿Qué proyección y expectativas hacemos de nosotros mismos cuando alcancemos los 70 años?. ¿Y a los 80 años?. Debemos encontrar un equilibrio entre la inevitable renovación etaria en las empresas y en los barrios, con la pertenencia a estos por parte de las personas mayores de manera inclusiva e integradora. Es indispensable buscar una manera de recuperar el respeto por el valor de las trayectorias vitales y laborales de los que les precedieron en esos espacios. Las personas mayores atesoran nuestro patrimonio cultural tangible e intangible. Este patrimonio vertebra la sociedad, aporta elementos y pertenencia, así como el origen de dónde venimos como sociedad o como grupo, como muy bien señala la doctora en sociología Irene Lebrusán. Ella sostiene que menospreciar nuestra memoria colectiva y el saber adquirido a lo largo del tiempo es menospreciar nuestra propia identidad . Cuando despreciamos la vejez y el envejecimiento, estamos en realidad despreciando ese conocimiento compartido y aún vivo en 32 Edadismo: La discriminación del siglo XXI las personas que experimentaron tiempos previos. Para la doctora Lebrusán, la memoria de las personas de mayor edad constituye “patrimonio histórico cultural vivo”. Cada vez se hacen más presentes iniciativas como Uniendo generaciones que tiene como objetivo cambiar la percepción de la vejez y fomenta la solidaridad intergeneracional. (Edward, 2023) Esta iniciativa parte de la idea de que el debate actual ignora los grandes beneficios que la sociedad puede obtener de una 3ª generación experimentada, activa y comprometida. De hecho, este grupo realiza una importante contribución a la cohesión dentro de las familias, así como entre las generaciones mayores y más jóvenes en la comunidad. El cambio demográfico a menudo se percibe como un desafío, dando una impresión engañosamente negativa de la contribución de los mayores de 65 años a la sociedad. Esta iniciativa considera que este desafío demográfico es, en realidad, una oportunidad. Para verificar las opiniones, los financiadores de esta iniciativa llevaron a cabo 12.850 encuestas a ciudadanos de 6 países: Francia, Alemania, Irlanda, Italia, España y el Reino Unido. El informe referido a España con 2.304 encuestas a jóvenes y mayores, refleja que los jóvenes valoran enormemente el papel de las personas mayores. De los 6 países encuestados, España es el país en el que los jóvenes más valoran el apoyo que reciben de las personas mayores en su vida cotidiana. Formulan tres recomendaciones: i) mejorar la percepción que se tiene de la importante contribución de las personas mayores en la sociedad; ii) fomentar iniciativas de mentoría que permitan la transmisión de conocimientos de las generaciones de mayor edad a las más jóvenes iii) introducir iniciativas para mejorar las competencias digitales y la conectividad de las personas mayores, a fin de combatir el aislamiento y reforzar la unión intergeneracional Mejorar la formación de personal sanitario es una tarea pendiente que puede tener efectos muy positivos. Un estudio de cohorte prospectivo llevado a cabo entre septiembre de 2019 y octubre de 2020 analizó el impacto de una intervención educativa sobre el envejecimiento combinada con práctica clínica en residencias de ancianos. La investigación se enfocó en 222 estudiantes de ciencias de la salud, específicamente en una cohorte de enfermería. El objetivo fue evaluar la reducción de estereotipos negativos y prejuicios hacia las personas mayores. (San Martin-Gamboa et al., 2023) Para medir estos cambios, se aplicaron dos instrumentos: el Cuestionario de Estereotipos Negativos hacia el Envejecimiento (CENVE) y el Diferencial Semántico del Envejecimiento (DSE). Los resultados de la cohorte de enfermería, que participó en la intervención, fueron comparados con los de una cohorte médica que no recibió ningún tipo de formación específica. Se utilizó un ANOVA de diseño mixto para analizar la interacción entre grupo y tiempo, controlando variables como sexo y edad, con el fin de determinar el efecto real de la intervención. Los hallazgos mostraron que los estudiantes de enfermería redujeron significativamente sus estereotipos y prejuicios negativos hacia el envejecimiento en comparación con sus pares de medicina. Esta mejora se evidenció tanto en las puntuaciones generales como en dimensiones específicas, como el factor de salud, factor social y factor de personalidad. El estudio se desarrolló en la Facultad de Medicina y Enfermería del País Vasco, y sus resultados refuerzan la 33 Edadismo: La discriminación del siglo XXI importancia de integrar la educación gerontológica con experiencias clínicas para combatir la discriminación por edad en el ámbito sanitario. Debemos insistir en Potenciar la vejez como oportunidad y no como fuente de problemas. Esto puede ser un gran paso. Incorporar en el mundo laboral esta perspectiva que haga frente al edadismo y favorecer programas que desarrollen contactos intergeneracionales son fórmulas que tienen cierto consenso. (JRC, 2024) 6. Referencias Alzheimer’s Disease International. (2024). World Alzheimer Report 2024: Global changes in attitudes to dementia. https://www.alzint.org/u/World-Alzheimer-Report-2024.pdf Ayalon, L. & Tesch-Römer, C. (2018). 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En tal sentido, se plantean dos preguntas en torno, no solo a la presencia de adultos mayores de 55 años en el mercado laboral, sino en lo referente al impacto que el edadismo supone para las relaciones de oferta y demanda de un factor clave como lo es el trabajo. En torno a la primera cuestión, se evidencia un notable incremento de la participación de las personas mayores de 55 en el mercado de trabajo, así como del grado de diversificación de los perfiles y las actividades económicas en las que tienen presencia. A pesar de ello, aún se asiste a una percepción de marginalidad en el aporte de las personas mayores de 55 años, no sólo por una referencia numérica absoluta, sino porque el aporte de los trabajadores llamados “senior” suele vincularse a una menor productividad, a problemas de interacción con las nuevas generaciones y a una menor capacidad de adaptación a los cambios vertiginosos que supone la transición tecnológica. La segunda pregunta plantea una aproximación más compleja, pues en ella convergen factores, tanto de naturaleza económico-financiera, como aquellos propios de percepciones culturales del pasado y estereotipos que se han ido fraguando al calor de una mayor representación política y una visión anquilosada de las restricciones que acompañaban al envejecimiento décadas atrás. El presente capítulo se asomará al análisis de estas consideraciones, con el fin de aportar nuevas piezas al marco de referencia para la comprensión del edadismo en España. A este respecto, es importante señalar que la base bibliográfica del presente escrito no se ceñirá de forma exclusiva al caso español, por considerar que la visión de conjunto en torno al fenómeno resulta valiosa para plantear nuevos derroteros en la discusión académica y en aquella que se da entre el público en general. 40 Edadismo: La discriminación del siglo XXI 1. Una visión conceptual y teórica del edadismo laboral El envejecimiento de la población española constituye uno de los fenómenos demográficos más relevantes de las últimas décadas. Entre los años 2000 y 2024, la proporción de personas mayores de 55 años ha crecido de manera sostenida, lo cual ha impactado de forma directa sobre la estructura del mercado laboral y sobre los discursos públicos en torno a la participación de este grupo poblacional en la actividad productiva. Este proceso ha coincidido con un creciente reconocimiento del edadismo como una forma específica de discriminación que obstaculiza la igualdad de oportunidades, tanto en el acceso, como en la permanencia en el empleo. El término "edadismo", acuñado por Robert Butler (1969), hace referencia a los estereotipos, prejuicios y discriminaciones dirigidos contra personas por razón de su edad. En el ámbito laboral, este fenómeno se manifiesta en actitudes contraproducentes para con las personas consideradas “mayores”, políticas públicas excluyentes, las cuales establecen restricciones abiertas o veladas a la contratación, y barreras de carácter estructural que buscan desincentivar la inclusión o mantenimiento de trabajadores “mayores” dentro de las plantillas. En España, numerosos estudios han documentado la persistencia de prácticas edadistas, como la exclusión de adultos considerados mayores de procesos de selección, la limitación de su acceso a oportunidades de formación continua, y la tendencia a prejuzgar su capacidad para adaptarse a contextos laborales en transformación. En tal sentido, destacan los planteamientos realizados por Villalba (2025) en los cuales se revela la complejidad de las prácticas edadistas que afectan a todos los niveles de las relaciones laborales, desde los procesos de ingreso a los centros de trabajo, hasta las negociaciones propias de la etapa final de la vinculación trabajadorempresa. Otra dimensión de las prácticas edadistas es la aportada por Pérez (2023), quien aborda las limitaciones a las que se enfrentan las personas mayores a causa de la brecha tecnológica, desde la mejor integración en los procesos productivos, hasta la imposibilidad real de demorar la jubilación. Estas prácticas, no solo limitan el desarrollo personal y profesional de los individuos afectados, sino que además privan al tejido productivo del valor de la experiencia y del conocimiento acumulado. En efecto, Arese (2020) indica que el edadismo es un fenómeno de carácter estructural que expulsa a las personas de mayor edad del mercado laboral, tanto por razones económicas, como culturales. Francisco-García y Suárez-Ortega (2024) ponen de manifiesto cómo, ciertas medidas en el seno de empresas y de las propias administraciones públicas despidos, pueden vulnerar principios de igualdad con respecto a las personas de más edad, tanto de forma colectiva, como de manera particular. Otra de las repercusiones del edadismo, no ya desde la óptica de la permanencia de las personas de mayor edad en el mercado de trabajo, sino que las abordan desde la perspectiva de sus oportunidades salariales, las cuales se ven constreñidas, incluso, en casos de igual productividad. En efecto, el edadismo no solo se materializa en barreras para la contratación, sino en sueldos 47 Edadismo: La discriminación del siglo XXI La Guía de buenas prácticas elaborada por Asepeyo (2022) aporta herramientas prácticas para la gestión de la edad en el entorno empresarial. Entre sus recomendaciones cabe citar, la incorporación de la edad en las políticas de salud y seguridad, la adaptación ergonómica del entorno y la promoción de programas de mentoring intergeneracional. A este respecto, conviene subrayar que la vinculación intergeneracional es una de las acciones que se muestran más efectivas, tanto para incorporar a las personas mayores en la actividad laboral, como para promover la gestión del conocimiento organizacional y la integración de equipos más dinámicos y eficaces. En este sentido, puede afirmarse que las estrategias de carácter intergeneracional serán de las más asertivas para lograr una mayor inclusión laboral por parte del colectivo senior. El informe del SEPE (2023) sobre el mercado laboral de los mayores de 45 años confirma estas dificultades estructurales. Aunque este grupo representa una parte creciente de la población activa, también presenta las tasas más altas de paro de larga duración y contratación temporal. Este desfase entre disponibilidad y demanda pone de manifiesto la necesidad urgente de medidas de inserción y reciclaje profesional. A nivel global, el Informe Mundial sobre el Edadismo (OMS, 2021) establece que el edadismo perjudica la salud, el bienestar y los derechos de las personas mayores. Identifica tres tipos de edadismo: institucional, interpersonal y autoinfligido, y propone estrategias de políticas, educación y contacto intergeneracional para combatirlo. El informe señala que superar los prejuicios edadistas resulta clave para garantizar los derechos humanos y cualquier proceso que se encamine hacia una mayor inclusión social. Por último, el estudio de Martín-Gutiérrez et al. (2024) sobre emprendimiento senior muestra que muchas personas mayores optan por emprender debido a la exclusión laboral. Si bien se trata de una vía de inclusión, los autores advierten sobre la necesidad de acompañamiento institucional y formación adaptada. Este hallazgo apunta a la relevancia de una política activa de apoyo al emprendimiento como vía alternativa de participación económica. Es un amplio análisis sobre la naturaleza e implicaciones del edadismo, Mateos y de Cabo, Herranz González, Aranda Lasheras, Fouce Fernández, Bermejo García, Barrio Truchado, et al. (2022), señalan un conjunto de factores que obstaculizan, de forma grave, las oportunidades laborales de las personas mayores, especialmente, en los contextos de contratación, promoción interna y desvinculación. En tal sentido, los autores especifican que los estereotipos asociados a la edad, entre los que destacan la supuesta menor productividad, la falta de adaptación al cambio o la baja competencia digital, contribuyen a perpetuar dinámicas de exclusión que, no solo afectan a los individuos, sino que empobrecen a las organizaciones. A pesar de la existencia de marcos normativos que prohíben la discriminación por edad, continúan Mateos y de Cabo et al. (2022), se observa una acusada debilidad de las políticas activas de empleo y una limitada voluntad institucional para implementar medidas eficaces. 4. Manifestaciones del edadismo laboral El edadismo laboral es una forma de discriminación persistente que impacta negativamente en la trayectoria profesional de las personas mayores. A través del análisis de múltiples fuentes 48 Edadismo: La discriminación del siglo XXI académicas recientes, se identifican diversas manifestaciones de esta discriminación, desde enfoques normativos y psicosociales hasta aquellos centrados en la gestión empresarial, el género y la transformación digital. Villalba (2025), subraya que el edadismo no solo limita el acceso al empleo, sino que afecta también a la promoción y a la conservación del puesto de trabajo. Esta autora denuncia que se trata de un estereotipo socialmente aceptado, que se agrava cuando confluye con otras formas de discriminación como el género: "los prejuicios asociados a la edad condicionan todavía el acceso, la promoción y la conservación del empleo" (Villalba, 2025, p. 22). Propone un enfoque interseccional para abordar este tipo de desigualdad laboral. Serrano (2024), por su parte, identifica el prejuicio empresarial como uno de los principales motores del edadismo en el trabajo. Considera que los trabajadores mayores son vistos como un elemento de puede llegar a entorpecer o influir de manera contraproducente, al proceso productivo. Advierte que, sin planes de diversidad generacional vinculados a la negociación colectiva, la discriminación por edad seguirá reproduciéndose estructuralmente. Ante esta realidad identificada por el autor, cabe referir a Beltrán de Heredia (2022) quien, desde la teoría Kaldor-Hicks, subraya que las acciones positivas hacia mayores en el empleo quedan justificadas, de forma constatable, si hay ganancia social neta. Desde la perspectiva de la salud laboral, Urrutikoetxea (2011) advierte sobre manifestaciones normativas indirectas del edadismo, como la reducción de la edad de jubilación en ciertos sectores considerados "penosos", lo que refuerza la asociación entre vejez e incapacidad. Señala que "la discriminación puede ser expresa o sutil, como cuando se limita la promoción o se prefieren extinciones de contrato por razones económicas en trabajadores maduros" (p. 19). Chulián, Páez y Valdivia-Salas (2024) aportan una mirada desde la psicología contextual, enfocándose en el autoedadismo. Explican que los estereotipos negativos sobre el envejecimiento se interiorizan y afectan las decisiones y actitudes de los propios trabajadores mayores, generando autolimitaciones. Roldán (2022) resalta el impacto de la transformación digital en la exclusión laboral de los trabajadores mayores. Plantea que el desconocimiento tecnológico actúa como barrera de facto y agrava la discriminación por edad, señalando que "los estereotipos que presentan a los mayores como incapaces para la adaptación digital refuerzan su marginalidad laboral" (p. 298). Desde la perspectiva del derecho, Beltrán (2022) expone que la edad es un criterio que ha sido aceptado como justificación de ciertas medidas empresariales, muchas veces en perjuicio de los trabajadores mayores. Sin embargo, también destaca avances jurisprudenciales que permiten la discriminación positiva, como la doctrina Kaldor-Hicks, para favorecer a los más vulnerables en ciertas situaciones (p. 284). Maldonado (2022) analiza el paradigma del envejecimiento activo y señala que las políticas laborales están promoviendo una prolongación de la vida laboral. Sin embargo, esta tendencia puede convertirse en una forma encubierta de edadismo si se obliga a las personas mayores a trabajar sin ofrecer condiciones adaptadas: "la transición amable al retiro ha sido sustituida por incentivos económicos a la prolongación laboral, no siempre acompañados de garantías suficientes" (p. 1706). 49 Edadismo: La discriminación del siglo XXI Desde una visión sociolaboral amplia, Arese (2020) denuncia el edadismo como una forma de "maltusianismo social y laboral", donde se impone la exigencia de competencia permanente en detrimento de los trabajadores mayores (p. 139). Señala que la invisibilización de esta problemática deriva en tratos peyorativos y exclusión sistemática de personas con más experiencia. Finalmente, el análisis del Banco de España (Anghel y Lacuesta, 2020) muestra que la menor participación laboral de los mayores está relacionada con la pérdida de ciertas habilidades cognitivas, pero también con la rigidez de las condiciones laborales y la escasa inversión en formación continua. Proponen entornos laborales flexibles y estrategias de transición para evitar una exclusión estructural. Tal y como se ha referido, una de las manifestaciones más frecuentes del edadismo laboral es la exclusión de las personas mayores en los procesos de selección, ya sea de manera explícita o a través de mecanismos sutiles de preselección, como los algoritmos y filtros aplicados en la evaluación digital de candidatos. En este sentido, Selma (2022) analiza cómo el uso de redes sociales y herramientas digitales en la contratación permite establecer criterios encubiertos de discriminación, entre ellos la edad, sin necesidad de que estos se expliciten de forma directa. Esta práctica vulnera los principios éticos y jurídicos del acceso igualitario al empleo y refuerza estereotipos negativos sobre la productividad o adaptabilidad de las personas mayores. Desde una perspectiva normativa, Ucelay (s.f.) señala que el propio marco jurídico español ha contribuido, desde una perspectiva histórica, a delimitar un "régimen laboral especial" para los trabajadores de edad madura. Aunque se establecieron medidas para proteger a este grupo – como incentivos a la contratación o formación profesional preferente–, lo cierto es que tales políticas también reforzaron su excepcionalidad dentro del mercado laboral, lo que ha perpetuado su estigmatización como mano de obra menos competitiva. En este sentido, la edad se convierte en un factor de segmentación del trabajo, más allá de la capacidad efectiva de las personas. Desde el enfoque psicológico y conductual, Chulián, Páez y Valdivia-Salas (2024) interpretan el edadismo como una construcción social basada en marcos relacionales que alimentan creencias negativas interiorizadas por las propias personas mayores. Esta interiorización contribuye al autoestigma y a una autoexclusión del mercado laboral, al considerar que la vejez es incompatible con el aprendizaje, la innovación o el rendimiento. Estas creencias pueden traducirse en comportamientos de evitación o desmotivación laboral, creando un círculo vicioso de exclusión. En línea con lo anterior, Grau (2023) denuncia que el edadismo laboral opera de forma sutil, sin la carga moral de otras formas de discriminación, lo que lo convierte en una "cenicienta" entre las desigualdades. Esta invisibilidad normativa y social permite que se justifiquen despidos, no renovaciones de contratos o desplazamientos a puestos menos cualificados en función de una supuesta menor adaptabilidad o productividad de los trabajadores mayores. Desde una perspectiva estructural, el Informe Mundial sobre el Edadismo de la OMS (2021) identifica tres niveles de manifestación del edadismo: institucional, interpersonal y 50 Edadismo: La discriminación del siglo XXI autoinfligido. A nivel institucional, se evidencia en políticas de recursos humanos que priorizan la juventud como valor, en prejuicios normativos sobre la jubilación obligatoria y en la falta de promoción de políticas de envejecimiento activo. A nivel interpersonal, se manifiesta en actitudes negativas, bromas, exclusión o infravaloración de la experiencia de los trabajadores mayores. Finalmente, el edadismo autoinfligido se traduce en la aceptación pasiva de estos estereotipos, lo que limita las aspiraciones profesionales de las personas afectadas. Los informes técnicos del SEPE (2023) y de FEDEA (Conde-Ruiz y Lahera, 2023) señalan que, pese al aumento de la esperanza de vida y al potencial de productividad del talento sénior, las tasas de empleo de las personas mayores de 45 años siguen siendo bajas en comparación con otros grupos de edad. Ello se explica, entre otros factores, por la persistencia de estructuras empresariales que desincentivan su contratación y por la falta de modelos flexibles de jubilación que permitan una prolongación voluntaria de la vida laboral. Por otro lado, la guía de buenas prácticas de Asepeyo (2022) propone que la gestión de la edad en las empresas no solo previene el edadismo, sino que genera beneficios tangibles, como la transferencia intergeneracional del conocimiento y el fortalecimiento del compromiso laboral. Sin embargo, estas iniciativas aún no están generalizadas y requieren de una implicación activa de las organizaciones para pasar de la retórica inclusiva a la acción efectiva. 5. Respuestas y buenas prácticas ante el edadismo laboral El fenómeno del edadismo en el ámbito laboral ha sido combatido desde múltiples frentes, siendo las buenas prácticas organizacionales uno de los pilares clave para mitigar sus efectos. Estas prácticas, según coinciden diversos autores, se centran en la adaptación organizativa, la gestión intergeneracional, la transformación de culturas empresariales y la implementación de políticas inclusivas que garanticen la equidad y el reconocimiento del valor de las personas mayores. Una de las estrategias más referenciadas es la gestión de la edad en el entorno laboral, tal como lo plantea la “Guía de Buenas Prácticas” elaborada por Asepeyo. En esta, se recomienda establecer un diagnóstico de situación sobre el envejecimiento de la plantilla para diseñar políticas ajustadas al perfil etario, promover el relevo generacional a través de equipos multigeneracionales y establecer programas de mentoría y coaching que permitan la transferencia de conocimiento entre generaciones. Además, se sugiere flexibilizar horarios, adaptar puestos y promover medidas de conciliación personal y laboral como forma de mantener la empleabilidad y bienestar de los trabajadores mayores (Asepeyo, 2022). Por su parte, Serrano (2024) argumenta que, aunque no exista una obligación legal expresa de implementar medidas de gestión de la edad, su aplicación genera beneficios tangibles como la retención del talento sénior, el fomento de la innovación a través del trabajo intergeneracional y el incremento de la motivación y del clima organizacional. Esta autora subraya que los equipos diversos pueden ser más productivos si se gestionan adecuadamente, destacando que la diversidad generacional debe concebirse como un recurso estratégico. 51 Edadismo: La discriminación del siglo XXI En línea con este enfoque, Chulián, Páez y Valdivia-Salas (2024) proponen la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT) como intervención psicosocial para moderar o minimizar las consecuencias de los prejuicios edadistas internalizados, utilizando marcos relacionales para reconfigurar las creencias negativas sobre el envejecimiento y promover actitudes funcionales tanto en los trabajadores mayores como en sus entornos. En cuanto a las políticas estructurales, la Organización Mundial de la Salud (2021) señala tres estrategias eficaces: el desarrollo legislativo contra la discriminación por edad, la implementación de programas educativos en todos los niveles y la promoción del contacto intergeneracional, resaltando que estas medidas no sólo disminuyen el edadismo, sino que fortalecen la cohesión social en entornos laborales diversos (OMS, 2021). Otro enfoque significativo es el del envejecimiento activo como paradigma. Maldonado (2022) sostiene que este modelo impulsa políticas que no solo prolongan la vida laboral, sino que permiten una participación significativa de las personas mayores en todos los ámbitos de la vida. Esto se refleja en medidas como la jubilación flexible, la formación continua adaptada al ciclo vital y la revalorización del aporte económico y social de los trabajadores mayores. Desde una perspectiva organizacional, Cerrato et al. (2011) abogan por superar los estereotipos ligados al envejecimiento, recomendando el diseño de entornos laborales adaptados, el reconocimiento de las capacidades psicosociales de los trabajadores veteranos y el desarrollo de planes de carrera inclusivos, que promuevan el crecimiento profesional hasta la etapa final de la vida laboral. Por otra parte, Torres Lacalle et al. (2014), refieren que, lejos de concebir la edad como un obstáculo, ésta debe ser vista como una fuente de valor organizacional, y plantea una batería de buenas prácticas implementadas en empresas españolas, tales como la adaptación ergonómica de puestos, la promoción de relaciones intergeneracionales a través de mentorías, y la flexibilización de horarios. Asimismo, se insiste en la necesidad de un liderazgo comprometido que impulse culturas inclusivas y combata, de forma activa, los estereotipos edadistas, lo cual se traduce en mayores niveles de compromiso y productividad. En este sentido, para el autor la gestión de personas mayores, no solo es una cuestión de responsabilidad social, sino un imperativo estratégico ante los desafíos de sostenibilidad del mercado laboral. Desde una perspectiva general, Rodríguez y Rubiera (2016) subrayan la perentoriedad de una cooperación multisectorial entre gobiernos, empresas y sindicatos para garantizar trayectorias profesionales sostenibles correspondientes con la edad. Asimismo, los autores ponen en evidencia la disparidad de medidas orientadas a la integración de las personas mayores en el ámbito laboral, entre países, así como la escasa evaluación sistemática del impacto de estas acciones, lo cual limita su replicabilidad y escalabilidad. En tal sentido, solo mediante una articulación coherente de políticas estructurales e iniciativas adaptadas a nivel organizacional podrá influir, de manera significativa, en la inclusión laboral real y sostenible de las personas mayores. Desde un punto de vista más transversal, y que apunta a la formación, Casas (2023), destaca el papel transformador de los programas universitarios para personas mayores como herramienta de inclusión activa, combate del edadismo y prolongación de la vida laboral en condiciones 52 Edadismo: La discriminación del siglo XXI dignas. Así, la autora destaca que, a través de experiencias formativas adaptadas, es posible promover el envejecimiento activo, el aprendizaje permanente y la mejora de la empleabilidad sénior, aunque persisten retos en la transversalización institucional y el acceso equitativo. Anghel y Lacuesta (2020), por su parte, y desde el ámbito económico, plantean como solución el incremento de la formación continua, la adecuación del entorno físico de trabajo y la promoción de empleos adaptados a las competencias adquiridas por la experiencia, elementos que evitarían la pérdida de productividad y facilitan trayectorias laborales sostenidas. En conjunto, estos estudios demuestran que las buenas prácticas orientadas a minimizar o moderar el impacto del edadismo laboral deben combinar cambios organizacionales, intervenciones psicosociales, marcos normativos, y acciones formativas. La clave para su éxito radica en la incorporación transversal de la edad como dimensión de análisis en las políticas de empleo, en la cultura corporativa y en la normativa jurídica, garantizando el derecho a una vida laboral digna para todas las personas, independientemente de su edad. 6. Conclusiones El envejecimiento demográfico de la población activa en España ha expuesto con claridad la persistencia del edadismo como una forma estructural de discriminación en el ámbito laboral. A pesar del crecimiento sostenido de trabajadores mayores de 45 años entre 2000 y 2024, este colectivo continúa enfrentando barreras significativas tanto en el acceso al empleo como en su mantenimiento. Estereotipos arraigados, prejuicios empresariales y prácticas institucionales excluyentes han limitado las oportunidades de desarrollo profesional de las personas mayores, dificultando la construcción de trayectorias laborales plenas en una etapa vital caracterizada por la experiencia y el conocimiento acumulado. La discriminación por edad adquiere una especial gravedad cuando se conjuga con otros factores, como el género. Las mujeres mayores se ven afectadas por una doble vulnerabilidad que condiciona su acceso, promoción y permanencia en el empleo. A ello se suma el impacto de la transformación digital y la escasa inversión en formación continua, lo que agrava la exclusión de los trabajadores sénior. Frente a esta realidad, diversos estudios destacan la necesidad de impulsar políticas activas centradas en la gestión de la diversidad generacional, la promoción de entornos laborales intergeneracionales, el aprendizaje permanente y la redefinición del valor del talento sénior dentro de las organizaciones. Aunque en los últimos años se han desarrollado iniciativas legislativas y empresariales orientadas a combatir el edadismo, su alcance aún resulta limitado para transformar un fenómeno que está profundamente arraigado en las estructuras del mercado de trabajo. Superar esta forma de discriminación requiere una articulación coherente de esfuerzos normativos, culturales y organizativos, acompañada de un cambio de paradigma que sitúe a las personas mayores no como sujetos pasivos, sino como agentes económicos activos. Solo mediante una estrategia integral será posible construir un modelo de empleo más justo, resiliente y adaptado a los desafíos demográficos del siglo XXI. 53 Edadismo: La discriminación del siglo XXI Referencias AEDRH. (2024). Informe "El edadismo y su impacto en el mercado laboral". Asociación Española de Directores de Recursos Humanos. Disponible en: https://aedrh.org/news/informe-eledadismo-y-su-impacto-en-el-mercado-laboral/ Anghel, B., y Lacuesta, A. (2020). Envejecimiento, productividad y situación laboral. Boletín Económico del Banco de España, 1, 1–17. Disponible en: https://www.bde.es/wbe/es/publicaciones/publicaciones-discontinuadas/articulosanaliticos/mercado-de-trabajo/envejecimiento--productividad-y-situacion-laboral.html Arese, C. (2020). El “edadismo” laboral y previsional. Revista Derecho de las Minorías, 3, 138– 150. https://doi.org/10.22529/rdm.2020(3)05 Beltran de Heredia Ruiz, I. (2022). Edad, discriminación positiva y “kaldor-hicks”. 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Por dimensiones, un 82.9% presentó estereotipos neutros en la dimensión “Salud”, un 73.2% en la dimensión “Personalidad” y un 87.8% en la dimensión “Motivacional”. En la muestra de estudiantes de Otras Facultades un 61.9% reveló estereotipos neutros y un 38.1% estereotipos negativos en el CENVE-R. Un 61.9% presentó estereotipos neutros en la dimensión “Salud”, un 66.7% en la dimensión “Personalidad” y un 57.1% en la dimensión “Motivacional”. Tan solo en la muestra de estudiantes de Salud, un participante (2.4%) manifestó estereotipo positivo en la dimensión de “Personalidad”. Tabla 1 Distribución de estereotipos por categorías en el CENVE-R y sus dimensiones Muestra Categoría CENVE-R Salud Personalidad Motivacional Facultad de Salud Neutro 85.4% 82.9% 73.2% 87.8% Negativo 14.6% 17.1% 24.4% 12.2% Positivo 0% 0% 2.4% 0% Otras Facultades Neutro 61.9% 61.9% 66.7% 57.1% Negativo 38.1% 38.1% 33.3% 42.9% Positivo 0% 0% 0% 0% En la Tabla 2 se muestra el resultado de la comparación de medias entre las dos muestras en el CENVE-R y sus dimensiones. Al aplicar la prueba de Mann-Whitney y la t de Student para comparar las puntuaciones en estereotipos hacia la vejez entre estudiantes de la Facultad de Ciencias de la Salud con los estudiantes de otras Facultades, se hallaron diferencias estadísticamente significativas en el CENVE-R (U= 257.5, p <0.05, t= 2.70, p <0.05, d=0.7) y en todas las dimensiones evaluadas (Dimensión Salud: U= 246.5, p <0.05, t= 3.01, p <0.05, d = 0.8; Dimensión Motivacional: U= 271, p <0.0, t= 2.25, p <0.05, d = 0.6), excepto en la Dimensión de Personalidad (U= 354.5, p >0.05, t= 1.28, p= 0.20). 64 Edadismo: La discriminación del siglo XXI Tabla 2 Comparación de medias en el CENVE-R y sus dimensiones en función ser estudiante de ciencias de la salud o de otras facultades Facultad Media Desv. estándar U p d de Cohen Cenve-R Facultad Salud 31.2 6.2 Otras Facultades 35.7 6.1 257.5 0.010 0.73 Salud Facultad Salud 10.1 2.5 Otras Facultades 12.2 2.8 246.5 0.006 0.81 Personalidad Facultad Salud 10.7 2.8 Otras Facultades 11.6 2.7 354.5 0.255 0.34 Motivacional Facultad Salud 10.4 2.2 Otras Facultades 11.8 2.6 271 0.017 0.60 Los coeficientes de consistencia interna (alfa de Cronbach) obtenidos en este estudio fueron 0.72 para la puntuación total (CENVE-R) y para las dimensiones: 0.62 para Salud, 0.43 para Personalidad y 0.35 para Motivacional. 4. Discusión El objetivo de este trabajo fue analizar los estereotipos hacia las personas mayores en una muestra universitaria de Ciencias de la Salud (medicina, enfermería y psicología), comparándola con alumnado universitario de otras disciplinas de la Universitat Jaume I. En general, la formación en disciplinas de salud parece estar asociada a una percepción menos negativa del envejecimiento en comparación con estudiantes universitarios de otros ámbitos. Los futuros profesionales de la salud obtuvieron puntuaciones significativamente más bajas, indicando una menor presencia de estereotipos negativos hacia la vejez en comparación con los estudiantes 65 Edadismo: La discriminación del siglo XXI de otras facultades. Sin embargo, en la dimensión de Personalidad, no se encontraron diferencias significativas entre los grupos. Una hipótesis tentativa por la que no se encontraron diferencias significativas en la dimensión de Personalidad es que los estereotipos sobre la personalidad de las personas mayores están más influenciados por experiencias culturales y personales que por la formación académica. O, dicho de otro modo, sería en las dimensiones de Salud y Motivacional-Social, donde los conocimientos académicos y la formación específica de los estudiantes de salud tienen un mayor impacto. Además, el análisis mostró que, en nuestra muestra, los estudiantes de Salud presentan una mayor proporción de estereotipos neutros y una menor prevalencia de estereotipos negativos que el resto de estudiantes de otras disciplinas. Nuestros resultados coinciden con otros trabajos que concluyen que, aunque mayoritariamente la percepción hacia las personas mayores por parte de los futuros profesionales de la salud es neutra, un porcentaje considerable mantiene estereotipos negativos hacia la vejez (Felipe et al., 2018; Iglesias-Gómez et al., 2022; León et., 2015). En nuestro estudio, concretamente un 14.6% tiene estereotipos negativos, y solo una persona de toda la muestra manifestó estereotipos positivos (en la dimensión de Personalidad). Una lectura rápida de los resultados puede llevar a pensar que es bastante aceptable que un 85,4% de los estudiantes de salud tengan estereotipos neutros. Sin embargo, tratándose de futuros profesionales de la salud es deseable que la percepción mayoritaria hacia la vejez sea positiva, es decir, completamente libre de estereotipos. La percepción y ciertos comportamientos discriminatorios hacia los pacientes pueden influir negativamente en la salud de estos. Esta situación se agrava cuando dicha discriminación proviene de figuras de autoridad como los profesionales de la salud. No solo porque, como ya se ha mencionado, puede llevar a conductas discriminatorias que tengan un efecto directo y negativo sobre la salud de las personas mayores, sino también porque, al ser opiniones de figuras de autoridad, como suelen ser los profesionales de la salud, muy probablemente confirmen con mayor rotundidad cualquier sesgo hacia la vejez, contribuyendo de este modo a consolidar un edadismo autoinfligido, que suele ser el más pernicioso para la salud y el bienestar de las personas (Chang et al., 2020). Como se mencionó en la introducción, es posible tener pensamientos, sentimientos y acciones edadistas de manera inconsciente y no intencionada (edadismo implícito). Los resultados de nuestro estudio indican que una proporción importante de estudiantes de Ciencias de la Salud de la muestra tienen estereotipos negativos hacia la vejez. Las estrategias propuestas para reducir el edadismo interpersonal deberían empezar por reconocer la existencia de estos estereotipos negativos, transformando lo implícito en explícito. Además, es fundamental que los futuros profesionales de la salud no solo eliminen los estereotipos negativos, sino que también fomenten percepciones positivas sobre el envejecimiento. Al transmitir estas percepciones a las personas mayores, no solo se contribuye a reducir el edadismo autoinfligido, sino que también se ayuda a que las personas mayores desarrollen autopercepciones positivas sobre su propio envejecimiento. En este sentido, Wurm y Schäfer (2022), a partir de los resultados obtenidos en un estudio longitudinal llevado a cabo en Alemania entre 1996 y 2019, subrayan la importancia de desarrollar intervenciones dirigidas a fomentar percepciones positivas del envejecimiento y no solo a mitigar los estereotipos negativos, ya que las percepciones del envejecimiento como oportunidad de desarrollo continuo, y centradas en las ganancias se asocia con un menor riesgo de mortalidad. 66 Edadismo: La discriminación del siglo XXI La formación académica y el contacto temprano con adultos mayores durante la formación académica han mostrado ser factores clave para mejorar los estereotipos y actitudes hacia el envejecimiento (León et al., 2015). El propio Informe Mundial sobre Edadismo (2021), señala que tener conocimientos especializados sobre el envejecimiento protege contra los prejuicios edadistas. De ahí, que incorporar formación de gerontología y geriatría en los planes de estudio de las carreras de salud, como medicina, enfermería y psicología, sea una herramienta esencial para construir profesionales libres de sesgos edadistas. Por último, es importante señalar algunas limitaciones del presente estudio. La principal limitación se refiere tanto al análisis métrico obtenido como a la muestra, ambas limitaciones interrelacionadas. En cuanto al análisis métrico, aunque la puntuación total del CENVE-R indica una consistencia interna aceptable para medir de manera fiable los estereotipos negativos hacia la vejez, esto no se observa en las dimensiones, especialmente en las dimensiones de Personalidad y Motivacional. Respecto a la muestra, además de ser pequeña, por motivos de accesibilidad, estuvo compuesta exclusivamente por estudiantes de la Universitat Jaume I. La falta de aleatoriedad puede influir en la potencia estadística, dificultando la detección de un efecto real o enmascarando el verdadero tamaño del efecto, y el tamaño reducido disminuye la representatividad de la muestra, afectando a la validez externa del estudio. Dado que nuestro estudio es una primera aproximación exploratoria con estas limitaciones, es fundamental realizar futuras investigaciones con muestras más amplias y representativas que permitan obtener conclusiones con mayor relevancia y garantías de generalización. Referencias Araújo, P. O., Soares, I. M. S. C., Vale, P. R. L. F. D., Sousa, A. R., Aparicio, E. C., & Carvalho, E. S. S. (2023). Ageism directed to older adults in health services: A scoping review. Revista latinoamericana de enfermagem, 31, e4019. https://doi.org/10.1590/1518-8345.6727.4019 Ayalon, L. (2013). Perceived age, gender, and racial/ethnic discrimination in Europe: Results from the European Social Survey. 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La comunicación digital interactiva ha dado lugar a nuevas formas de escritura, conocidas con distintas denominaciones en la literatura académica (Verheijen & Spooren, 2021). Estos códigos emergentes están fuertemente influenciados por la tecnología, el uso de redes sociales y el proceso de digitalización, caracterizándose por la oralización del lenguaje escrito (Thurlow, 2018). Investigaciones previas han analizado en profundidad estos sistemas de comunicación digital en diversas lenguas (Wood et al., 2014), incluyendo estudios específicos sobre su desarrollo en español (Gómez Camacho et al., 2018). Pérez-Rodríguez et al., (2022) analizaron el impacto de las redes sociales en la comunicación, explorando las habilidades comunicativas y multimodales de Youtubers e Instagrammers; los influencers sénior en España también han creado un discurso propio en la comunicación digital (Martín-Martín et al., 2023). Estas plataformas no solo han transformado la manera en que se produce y difunde el contenido digital, sino que también han servido como espacio de reproducción y amplificación de discursos edadistas (Makita et al., 2019). En particular, en España esta tendencia se ha intensificado tras la pandemia de COVID-19, evidenciándose un aumento en la circulación de estereotipos negativos sobre las personas mayores en redes sociales y medios de comunicación (Bravo-Segal & Villar, 2020). Ante esta realidad, la necesidad de promover un lenguaje inclusivo que evite la discriminación edadista se vuelve una cuestión clave en el ámbito digital (Bowman & Lim, 2021; Gendron et al., 2016). En este sentido, la implementación de estrategias que fomenten una comunicación más equitativa en las redes sociales en lengua española resulta fundamental para contrarrestar estas narrativas excluyentes (Del Barrio, 2022; Gómez-Camacho & Moreno-Fernández, 2025). La publicación del Glosario sobre edadismo (Celdrán, 2023) y de la Guía para una Comunicación libre de edadismo hacia las personas mayores (Molina et al., 2023) ha contribuido significativamente a la visibilización de los usos lingüísticos discriminatorios en español hacia las 5 Este estudio forma parte del proyecto PID2023-150704OB-I00 “Edadismo lingüístico en la comunicación digital de personas mayores: hacia un nuevo lenguaje inclusivo (EDLINC)”, financiado por MICIU/AEI/10.13039/501100011033 y por FEDER, UE. 71 Edadismo: La discriminación del siglo XXI personas mayores. Estos estudios han identificado cientos de términos y expresiones comunes que refuerzan estereotipos negativos, ya sea a través de la infantilización, la despersonalización y la deshumanización de este colectivo. Su análisis pone de manifiesto la necesidad de transformar el lenguaje cotidiano y digital, promoviendo estrategias comunicativas que favorezcan una representación más justa e inclusiva de la vejez. El lenguaje edadista discriminatorio suele pasar desapercibido, incluso para las propias personas mayores (Sánchez-Izquierdo & Fernández-Mayoralas, 2024), pese a los graves perjuicios que genera en este colectivo (Bowman & Lim, 2021). En el caso de las mujeres mayores, esta discriminación se agrava al entrelazarse con el sexismo, una problemática que ya denunciaba Susan Sontag hace más de cincuenta años (Sontag, 1972). De acuerdo con Damonti et al. (2020), la combinación de edadismo y sexismo da lugar a formas específicas de exclusión y violencia, perpetuadas en gran medida a través del lenguaje. En la actualidad, los discursos digitales no solo reproducen estereotipos edadistas, sino que también refuerzan roles de género discriminatorios (Gutterman, 2022). Además, este tipo de lenguaje actúa como una barrera que limita el acceso de las personas mayores a la tecnología y a la participación en redes sociales, contribuyendo a su exclusión digital y social (Wilson et al., 2023). Nuestros propios estudios (Gómez-Camacho & Moreno-Fernández, 2025) apoyan que el uso de un lenguaje edadista en las redes sociales en España es preocupante, ya que refuerza representaciones estereotipadas y discriminatorias de las personas mayores. Estos hallazgos evidencian la urgencia de desarrollar estrategias para contrarrestar estos discursos y fomentar una comunicación más inclusiva en los entornos digitales. Por lo tanto, estudiar las referencias a las personas mayores en las redes sociales en España, en un contexto de creciente tensión intergeneracional, proporciona información valiosa sobre nuevas formas de edadismo (Ayalon & Bramajo, 2023; Drury et al., 2022). Este interés por la discriminación por edad se ha visto reflejado en avances legislativos como la ley 15/2022, de 12 de julio, integral para la igualdad de trato y la no discriminación, que por primera vez recoge explícitamente la discriminación por edad y establece la obligación de los poderes públicos de promover medidas de sensibilización. Asimismo, la Estrategia Española de Ciencia, Tecnología e Innovación (EECTI) 2021-2027 identifica como línea estratégica de investigación el estudio de los nuevos medios de comunicación escrita y su influencia en la evolución del lenguaje, así como la creación y uso de un lenguaje inclusivo (Gobierno de España, 2021). En este marco, el proyecto de investigación Edadismo lingüístico en la comunicación digital de personas mayores: hacia un nuevo lenguaje inclusivo, financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación, tiene como objetivo principal desarrollar un lenguaje inclusivo que evite la discriminación de las personas mayores en redes sociales. Este capítulo, elaborado por los responsables del proyecto, se enmarca en esta línea de trabajo y plantea como objetivos describir la representación de las personas mayores en las redes sociales en España y analizar el lenguaje edadista discriminatorio específico de la comunicación digital en lengua española. 72 Edadismo: La discriminación del siglo XXI 2. Marco referencial El edadismo, o discriminación por razones de edad, se define como los estereotipos, prejuicios y discriminación hacia las personas debido a su edad (OMS, 2021). Se reconoce como un constructo multidimensional que comprende dimensiones cognitivas, afectivas y conductuales; puede ser autodirigido o dirigido hacia otros, y puede estar presente a nivel interpersonal e institucional (Murray & Li, 2025). Desde otro punto de vista, Van der Horst y Vickerstaff (2022) lo describen como una relación social desigual entre diferentes grupos de edad, similar a la opresión social por discapacidad o al patriarcado. Este fenómeno afecta principalmente a las personas mayores y se ha intensificado desde la pandemia de COVID-19 (D'cruz & Banerjee, 2020; Fraser et al., 2020; Sipocz et al., 2021). El estudio de Ayalon y Bramajo (2023) apunta que la exposición percibida a la discriminación por edad afecta a uno de cada tres ciudadanos europeos, alcanzando un pico alrededor de los 75 años. La pandemia de COVID-19 ha exacerbado la discriminación edadista en redes sociales como Twitter. Jiménez-Sotomayor et al. (2020) encontraron que una proporción significativa de tweets con términos como elderly o boomer mostraban contenido ofensivo hacia los mayores. Este aumento en el lenguaje discriminatorio ha sido analizado desde diversas perspectivas (Døssing & Crăciun, 2022; Meisner, 2021; Ng et al., 2022; Schramm et al., 2023; Skipper & Rose, 2021). La percepción social estereotipada de la vejez es mayoritariamente negativa, asociada a la dependencia, la enfermedad y la falta de utilidad (Burholt et al., 2020; Bellingtier et al., 2022). Esta visión se ve reforzada por una cultura anti-envejecimiento predominante en medios de comunicación y redes sociales (Ayalon et al., 2021; Gendron, 2022), que perpetúa estereotipos negativos y un trato excluyente hacia las personas mayores. Algunos estudios sugieren que en países como España y otros países occidentales las políticas y las tecnologías pueden perpetuar estereotipos edadistas al presentar el envejecimiento como un problema que necesita ser gestionado mediante intervenciones tecnológicas (Marshall et al., 2022). Los estereotipos de envejecimiento también influyen en la autopercepción del envejecimiento y pueden afectar negativamente a las personas mayores (Fernández-Ballesteros et al., 2017; Okun & Ayalon, 2023; Thompson & Cox, 2024), siendo las mujeres más susceptibles a los impactos del edadismo autodirigido, mientras que los hombres son más afectados por el edadismo dirigido por otros (Choi et al., 2020). El estudio de Vale et al. (2020) concluye que los estereotipos de los adultos mayores con frecuencia se ajustan a un patrón paternalista, constituyendo una forma de edadismo benevolente que perjudica especialmente a las mujeres. Desde otro punto de vista, Ng y Lim-Soh (2021) formulan como hipótesis que las sociedades con altos niveles de masculinidad, que enfatizan la competencia y favorecen a los fuertes y exitosos, pueden enmarcar sistemáticamente a los ancianos como débiles, lo que llevaría al desarrollo del edadismo. Manor y Herscovici (2021) han acuñado el término edadismo digital para referirse a la percepción estereotipada de los adultos mayores como personas dependientes, lentas y reacias al uso de tecnologías digitales, que también se ha aplicado a la sociedad española (Rosales et al., 2023); por ejemplo, los memes de Internet representan la vejez y el envejecimiento con una visión reduccionista y discriminatoria de las personas mayores, reproduciendo estereotipos de 79 Edadismo: La discriminación del siglo XXI Además, se llevó a cabo un análisis cualitativo que generó automáticamente un tesauro distribucional. Este recurso permitió identificar términos que aparecían en contextos similares; es decir, aquellos que compartían colocaciones con palabras clave del corpus. Como era previsible, términos como viaje, transporte, autobús, medicina, tratamiento o pastilla mostraron asociaciones semánticas significativas, reflejando cómo se construyen las expresiones edadistas en español dentro del entorno digital. A modo de ejemplo, se presentan las representaciones visuales de los campos semánticos de los términos pastilla y gratis (figura 2), los cuales destacaron por su frecuencia en el corpus analizado. El término pastilla se asocia frecuentemente con los adjetivos azul, diario y gratis, así como con sustantivos como tratamiento, Sintrom, Tena y viaje. Además, los patrones colocacionales revelaron que pastilla aparece comúnmente como objeto de verbos como tomar, pedir u olvidar. Por otro lado, el adjetivo gratis muestra una alta probabilidad de aparecer en publicaciones sobre personas mayores en combinación con sustantivos como merienda, medicina, bocata o autobús, lo que sugiere una construcción discursiva que vincula a este grupo con el acceso gratuito a ciertos bienes y servicios. Figura 2. Patrones colocacionales del sustantivo “pastilla” y del adjetivo “gratis” Los campos semánticos generados automáticamente por SE confirman que la representación de las personas mayores en las redes sociales en España se construye a partir de un lenguaje edadista estrechamente vinculado a dos grandes ejes semánticos. Por un lado, se observa una asociación recurrente con el acceso a privilegios económicos, reflejado en términos como pensión, jubilación, gratis o autobús, que refuerzan la percepción de este grupo como receptor de beneficios sin coste. Por otro, se identifican referencias constantes a atributos prototípicamente negativos relacionados con la salud y el deterioro físico, con términos como medicación, reuma, senil, pastilla o próstata. Esta distribución semántica evidencia cómo el 80 Edadismo: La discriminación del siglo XXI discurso digital sobre las personas mayores en España sigue perpetuando estereotipos, limitando así su representación social a un conjunto de roles predefinidos. Para profundizar en estos patrones lingüísticos y comprender mejor la construcción del lenguaje edadista en las redes sociales, se ha adoptado la clasificación propuesta en la tabla 2 de categorías y subcategorías. En este contexto, las expresiones paternalistas que infantilizan a las personas mayores resultaron relativamente ocasionales en el corpus analizado. Su presencia se limitó, principalmente, al uso de diminutivos y términos condescendientes con una aparente intención afectiva, reflejada en términos como personitas, viejitos, yayitas y abuelitos (tabla 3). Tabla 3. Infantilización. Ejemplos de uso de términos y diminutivos condescendientes edadistas. También se encontraron tweets relacionados con una representación infantilizada de la vejez caracterizada por la tendencia a tratar a las personas mayores como si fueran niños, despojándolas de su autonomía y reduciéndolas a roles pasivos. Esta visión les asigna tareas o comportamientos asociados tradicionalmente con la infancia, como ser cuidados, dependientes o incapaces de tomar decisiones por sí mismos. Aunque estas formas pueden parecer inofensivas o incluso cariñosas, contribuyen a reforzar una visión condescendiente de la vejez, asociándola a la dependencia y la vulnerabilidad, lo que puede restar autonomía al colectivo de personas mayores en la esfera social y digital (tabla 4). Tabla 4. Infantilización. Ejemplos de la representación infantilizada de la vejez. “Dale al abuelo una tablet para que se entretenga…”. “Y ahora que no hay inserso, hay q seguir entreteniendo a los agüelos...”. “Como no hay viajes del inserso esta abuela se tiene que entretener con algo”. ¡¡¡Señora, haga calceta!!!”. “Tómate la pastilla y a la cama…”. “Me muero, donde cojo el bus al lado había un bus del inserso y todas las personitas mayores súper felices como si fuera la excursión del cole ”. “A los pobres viejitos les están ya diciendo que podrán recibir visitas solo los vacunados”. “Las yayitas del inserso y su nieta ����”. “Me siento del inserso solo hay viejecitos en mi hotel y comida de diabéticos en el buffet ���������������������”. “Hace 1 semana estaba en Asturias con un tiempo espectacular... Y a la vuelta un grupo del inserso con todos los abuelitos hiper felices de ir a Málaga esta semana... POBRES”. “Pero es un autobús lleno con abueletes/as que van gratis a Madrid”. 81 Edadismo: La discriminación del siglo XXI Por su parte, la despersonalización se reflejó en un discurso edadista que reducía a las personas mayores a un colectivo homogéneo, despojándolas de su individualidad y definiéndolas únicamente por su edad. La separación entre “nosotros” (jóvenes y población activa) y “ellos” (mayores) refuerza una visión excluyente, en la que las personas mayores son percibidas como una presencia ajena o incluso molesta en determinados espacios. El lenguaje edadista identificado en los ejemplos se asocia principalmente con lo que hemos denominado el lenguaje de la otredad; es decir, no encontramos ejemplos de un “nosotros” inclusivo, sino que las frases casi siempre se construyen en referencia a “ellos”. Como resultado, se estableció una clara separación frente al colectivo de personas mayores, con el que los hablantes no se sienten identificados. En este contexto, el término “tercera edad” es sin duda uno de los ejemplos más relevantes (tabla 5). Tabla 5. Despersonalización. Ejemplos de homogeneización del colectivo. Se impuso una visión normativa sobre lo que debían o no hacer las personas mayores, relegándolas a actividades tradicionalmente asociadas a la vejez (tabla 6). Además, el discurso edadista en esos mensajes tendió a cosificar a las personas mayores, comparándolas con objetos estáticos y sugiriendo que su función en la sociedad era meramente decorativa o anecdótica. Su presencia se presentaba como algo excesivo o innecesario, generando rechazo o burlas sobre su papel en la vida cotidiana. El tono irónico y sarcástico reforzaba esta exclusión, convirtiendo su participación en la sociedad en motivo de humor o condescendencia. Tabla 6. Despersonalización. Ejemplos de reducción a estereotipos y cosificación. “Venga tercera edad apúntate a los viajes del inserso que ya chocheas”. “Me gustaría saber si la tercera edad tiene que preocuparse, …”. “No puede haber más viejos, de verdad”. “No pienses mal, son actividades para la tercera edad en los viajes del Inserso. Hay que mantener las articulaciones en forma. Pobre gente”. “Sí, que hagan cosas propias de su edad. Que se dediquen a viajar con el Inserso, a jugar al dominó o a la cuatrola y que nos dejen en paz al resto de los mortales porque su opinión nos importa una ������ ”. “������Este hombre tendría que estar yendo a buscar a sus nietos al cole y mojándose las tetas en los viajes del inserso”. “Lo que tiene que hacer es mirar los viajes del inserso como todos los jubilad@s y tomarse la medicación a su hora”. “Estos señores ya están jubilados, sin más. Deberían entretenerse en hacer cosas de jubilados, llevar sus nietos al parque, viajar con el INSERSO y jugar a la petanca”. “74 años.... Su obligación es mirar obras, jugar a la petanca y viajes inserso…”. 82 Edadismo: La discriminación del siglo XXI Otro aspecto recurrente en este tipo de expresiones fue el edadismo redistributivo, que se manifestó en la deslegitimación del acceso de las personas mayores a recursos y servicios. En estos discursos, los beneficios sociales destinados a este colectivo fueron presentados como privilegios excesivos o inmerecidos, generando una percepción de injusticia intergeneracional y alimentando narrativas de confrontación entre grupos etarios (tabla 7). A través de comentarios que destacaban los descuentos en transporte, el acceso a viajes subvencionados o las ayudas en medicamentos, se generaba una percepción de injusticia intergeneracional que ignoraba la diversidad de situaciones económicas dentro de la población mayor. Expresiones como “Añádele también descuentos en cine, transporte, viajes del Inserso... ¿Estás a favor de dar más ayudas a los ricos?” o “INSERSO gratis a jubilados que cobran 2000 euros o tienen varios inmuebles” refuerzan la idea de que las personas mayores reciben ayudas excesivas, sin considerar las desigualdades dentro del propio grupo de pensionistas. Además, se planteó una dicotomía entre quienes “tiraban del carro” (la población activa) y quienes supuestamente disfrutaban de una vida cómoda a costa de los demás, como se observó en comentarios del tipo “El mundo de los mayores. Pagas con subida del 8%, gasto sanitario mayoritario para ellos, viajes del Inserso, descuentos varios en transportes…”. Esta narrativa presenta a las personas mayores como una carga económica y fomenta la idea de que no contribuyen a la sociedad, ignorando no solo su papel previo en el mercado laboral, sino también su participación en el cuidado familiar, el voluntariado o la economía a través del consumo. El lenguaje empleado en estos discursos reforzó estereotipos negativos que contribuyeron a la exclusión social de las personas mayores. Al resaltar de manera sesgada los beneficios sociales que reciben, sin considerar el contexto histórico y las razones que justifican estas políticas, se les representó como un grupo privilegiado e improductivo, perpetuando así narrativas de desigualdad intergeneracional y cuestionando su legítimo acceso a estos derechos. Tabla 7. Despersonalización. Ejemplos de edadismo redistributivo. “Ahora añade las no contributivas y más privilegios a los pensionistas como viajes del inserso y descuentos en transporte, cine...”. “En pensiones se puede recortar y mucho, la de pensionistas que conozco que les entran 1,7/2k. No tienen letras ni hipoteca, solo gastan 650€ entre luz, comida y agua. Ahorran 1k y encima todo bonificado, cine, transporte, viajes inserso, etc etc etc…”. “Hablan del abuelito q cobra 600€, pero no de quien que se jubila a los 60 años con la pensión máxima, pisos en propiedad y, además, medicinas gratis, viajes del INSERSO, descuentos en Renfe”. “Acabo de llamar a mi madre para felicitarla por el día de la Madre y tal. Me contesta desde un Hotel en Tenerife adonde ha ido con los viajes estos del Inserso. La 3ª edad española nos lleva años de adelanto, pero tú a cotizar que es gerundio y pagas el 100% de tus vacaciones”. Finalmente, el lenguaje edadista también se manifestó en el ámbito político, donde se cuestionó la capacidad de las personas mayores para participar en la vida pública y ejercer sus derechos 83 Edadismo: La discriminación del siglo XXI ciudadanos (tabla 8). A menudo, se les presentó como manipulables, influenciables y carentes de autonomía, lo que reforzó la idea de que sus opiniones y decisiones no tenían validez propia. Este tipo de discurso contribuye a su exclusión de la actividad política al devaluar su derecho al voto y su participación en debates públicos. En muchos casos, se sugirió que sus decisiones electorales no eran racionales o informadas, sino producto de la desactualización o la manipulación. Este tipo de discurso no solo reforzó la exclusión política de las personas mayores, sino que también contribuyó a una visión sesgada de la democracia, en la que ciertos sectores de la población eran considerados más legítimos que otros para tomar decisiones colectivas. Esta narrativa edadista ignora el valor de la experiencia, el derecho a la participación en la sociedad y la diversidad de posturas dentro del propio colectivo de personas mayores. Tabla 8. Despersonalización. Ejemplos de exclusión de la vida pública. “Hombre, con banderas compradas, autobús gratis, bocata de choped y venidos cual viaje del inserso desde todos los puntos de España, pues normal que llene un pequeño salón de actos”. “A ver, los del Inserso, que os dan bocata gratis, autobús gratis y paseíto con pancarta …Id meados y cagados. �����”. “Los chicos con los chicos y las chicas con las chicas...deben estar...Si no fuera por las banderas, que no son arcoíris, parecería una excursión LGTBI del inserso...Sin acritud…”. “Qué les pasa a los viejos fascistas, se aburren mucho, que se apunten al inserso, que se vallan bingo o hagan ganchillo ��������������”. “Casi todos los asistentes al mitin son jubilados gagás, supervivientes del franquismo sociológico, abducidos por el bono térmico, el cine gratis, los viajes del inserso y los 50€ de subida de pensión. Gente aburrida, mediocre e ignorante. Da grima verlos”. “Han llevado al inserso de público, que se ha visto hace un rato y daba risa. Son más manejables para que hagan caso al señor que manda aplaudir”. Los insultos edadistas deshumanizadores fueron menos frecuentes, aunque de gran relevancia en el corpus analizado. Cuando las personas mayores fueron identificadas como individuos, en segunda persona del singular o plural, generalmente fue para descalificarlas debido a su edad, recurriendo a insultos que se centraban en su apariencia física y en su carácter. El término multipalabra viejo/a verde destacó como uno de los ejemplos más representativos de este tipo de lenguaje, ya que no solo deshumanizaba a la persona mayor, sino que también la reducía a un estereotipo sexualizado y ridiculizado, asociando su vejez con la pérdida de dignidad y la irracionalidad. El lenguaje empleado estuvo cargado de insultos como momia, vieja loca o chocho, que no solo denigran, sino que también buscan deshumanizar y ridiculizar a la persona. Un claro ejemplo de este discurso es la alta frecuencia del verbo callar cuando el sujeto es el sustantivo vieja, lo que sugiere una tendencia a silenciar a las mujeres mayores en el lenguaje edadista analizado (tabla 9). 84 Edadismo: La discriminación del siglo XXI Tabla 9. Deshumanización. Ejemplos de insultos y términos despectivos. “Es que no falla, viejo verde quería decir, vete ya a discotecas de sesentonas y viajes del inserso…”. “Vete ya de viaje con el inserso, momia”. “No falla lo del viejo este chocheando. Vete al inserso criatura o al hogar del jubilado a hacer calcetas y a jugar al dominó porque ya da vergüenza ajena verte cada día la semejante cantidad de veces que haces el ridículo. ¿No tienes familia o amigos que te lo digan?”. “Cállate vieja loca no pintas nada vete al inserso maruja ��������������������”. El análisis de los tweets que contenían expresiones edadistas dirigidas exclusivamente a mujeres mayores reveló patrones profundamente discriminatorios que se centraban en la trivialización y burla de su deseo sexual (tabla 10). En muchos de estos comentarios, el deseo sexual fue percibido como un comportamiento ridículo e inapropiado para su edad, lo que reforzaba la idea de que, al envejecer, las mujeres perdían no solo su atractivo físico, sino también su legitimidad para experimentar o expresar deseo sexual. Estos comentarios no solo redujeron la sexualidad femenina a un estereotipo negativo, sino que también contribuyeron a una deshumanización, al considerar el deseo sexual en las mujeres mayores como algo aberrante, fuera de lugar o incluso cómico. El uso de estas burlas se acompañó de connotaciones de vergüenza y ridiculez, que vinculaban el deseo sexual de las mujeres mayores con la pérdida de dignidad. Comentarios como “Allí te vas a hartar a follar con las del Inserso, buena elección has hecho �������� Y por las noches, en la terraza de fuera puedes echar unos pasodobles” sugirieren que las mujeres mayores son vistas principalmente como objetos, excluyéndolas de la posibilidad de experimentar placer de una forma legítima y respetuosa. Tabla 10. Deshumanización. Ejemplos de negación de la autonomía sexual de las mujeres mayores. “A vuelto mi vieja del viaje del inserso con fatigas, vamos a ver si no viene preñada...”. “Mi vieja se va de viaje de inserso para fin de año y le he pedido que se lleve condones que no quiero disgustos ni una boca más para la herencia. Ahí la he dejado descojonándose”. “Jubilarse, jugar a la petanca, tomar Sintrom, hacerte algún viaje del inserso, comerte una pastillita azul y llevarte dos ancianitas por delante”. “Píllate un viaje de esos del inserso, una viagra y mira a ver si encuentras una de esas q, como tu madre es su día, se la deje meter por cualquiera...”. “- Hoy, en Cuarto Milenio, nuestra invitada nos cuenta su experiencia tras fallecer su esposo. ¿Hay vida después de la muerte, Remedios? - Vidorra. Me harto de follar en las excursiones del Inserso. - Escalofriante.”. Este patrón de comentarios refleja una visión cultural profundamente arraigada y machista que excluye la sexualidad de las mujeres mayores, como si su capacidad para desear y disfrutar fuera 85 Edadismo: La discriminación del siglo XXI algo que debe ser relegado al olvido una vez alcanzada cierta edad. Los tweets no solo descalifican a las mujeres mayores desde una perspectiva de género, sino que también perpetúan una forma de control social que regula su comportamiento y establece normas sobre cómo deben comportarse a medida que envejecen. Al ridiculizar el deseo sexual de las mujeres mayores, se les niega la capacidad de participar en aspectos de la vida adulta que, de acuerdo con estos estereotipos, deben estar reservados solo para las generaciones más jóvenes. Además de la burla sobre su deseo sexual, los comentarios edadistas dirigidos a las mujeres mayores a menudo hacen referencia a su aspecto físico de manera despectiva y reductiva (tabla 11). La atención se centra en características visibles asociadas al envejecimiento, como las arrugas, la pérdida de firmeza de la piel y otros signos naturales de la edad. Estas características físicas, que son parte del proceso natural de envejecimiento, se convierten en un objeto de burla y desprecio, y se utilizan como una forma de restar valor a las mujeres mayores, asociándolas con la decadencia o la irrelevancia. En este contexto, la menopausia también se convierte en un tema recurrente, no solo en términos de los cambios físicos que implica, sino como una etapa que se estigmatiza, vinculándola con la pérdida de juventud y, por ende, de atractivo. Tabla 11. Deshumanización. Ejemplos de edadismo estético o discriminación estética por edad ‘ajajajajajajajajajja de salud se te ve muy avejentada, para entrar en el inserso y república no lo vas a ver nunca ����abuela ¡parece que tienes 75 años!’ ‘Vaya careto de vieja arrugada que tiene la pesteban parece una abuela en viaje del inserso’ ‘Se puso tanto botox, que parece una señora del inserso’ ‘Señora, váyase de inserso, que está ya muy arrugada para decir tonterías.’ ‘Esta señora ya lo dije está menopáusica perdida y está chocheando jubilate y vete como los del inserso a Benidorm’ ‘Con 55 premenopausica tendrás que ir a Londres con el inserso’ ‘Venga abuela, ánimo, que a ti con la menopausia no te van a dar los días. Te darán unos días en Benidorm en febrero con el INSERSO’ Es importante señalar que no se identificaron expresiones edadistas discriminatorias hacia otros colectivos de personas mayores que incluyeran elementos de xenofobia, racismo, homofobia, transfobia o discriminación religiosa en los tweets analizados. Sin embargo, en el análisis de las imágenes y mensajes multimodales que circulan en redes sociales, sí se observaron ejemplos de doble discriminación hacia ciertos colectivos de personas mayores, especialmente aquellos pertenecientes a grupos minoritarios. Aunque este aspecto no ha sido el foco principal de la investigación presentada, es relevante destacar que la intersección de factores como la etnia, la orientación sexual o la identidad de género puede dar lugar a formas adicionales de exclusión y marginalización, las cuales merecen un análisis más profundo en futuros estudios. 86 Edadismo: La discriminación del siglo XXI 5. Discusión y conclusiones Los resultados de esta investigación describen cómo las personas mayores son representadas en las redes sociales como un colectivo homogéneo y despersonalizado, vinculado de manera recurrente a los mismos estereotipos. En consecuencia, en redes sociales como Twitter se refuerza en nuestra opinión el principio constitutivo del edadismo (Makita et al., 2021; Ng & Indran, 2024), pues se representa a los adultos mayores como un grupo social separado del resto de la ciudadanía. Desde esta perspectiva, el lenguaje edadista implica un proceso de alienación en el que las personas mayores son marginadas de la sociedad debido a prejuicios relacionados con la edad (Zimmermann, 2016). La terminología de Thompson y Cox (2024) nos permite ampliar el concepto de alienación más allá de su acepción clásica (Schaff, 2020), lo que nos lleva a concluir que el uso edadista de la lengua española en las redes sociales no solo deshumaniza a este colectivo, sino que también lo aísla, afectando su dignidad y su participación en la sociedad. En nuestra opinión, el lenguaje edadista en redes sociales en España funciona como un tipo específico de othering language; es decir, un discurso que identifica a un grupo como ajeno o inferior respecto al dominante (Ercegovac & Tankosic, 2024). Este lenguaje excluyente es característico del discurso de odio como ya se ha documentado en estudios previos sobre los discursos contra el grupo etario de menores extranjeros no acompañados en Twitter en España (Gómez-Camacho et al., 2023). Sin duda, el edadismo en redes sociales interactúa con otras formas de discriminación, como la xenofobia y el racismo (OMS, 2021); aunque nuestra investigación solo confirma una interacción muy significativa con el sexismo. Nuestros datos muestran que el lenguaje edadista ha aumentado de forma muy notable en España desde 2022 (Gómez-Camacho & Moreno-Fernández, 2025), lo que respalda las tesis de Schramm et al. (2023) sobre el incremento del lenguaje edadista en redes sociales a partir de la pandemia de COVID-19. En este contexto, el lenguaje edadista sin duda ha contribuido a la marginalización de los adultos mayores, tratándolos como un grupo que requiere protección especial en lugar de reconocer su diversidad y capacidades (Adá et al., 2022; Bravo-Segal & Villar, 2020). En nuestra opinión, este aumento ya no puede justificarse solo como una consecuencia de la pandemia, sino que responde a tensiones intergeneracionales en crecimiento (Sipocz et al., 2021; Thompson & Cox, 2024). Nuestra investigación identifica tres grandes áreas temáticas en las que se articula el lenguaje edadista en redes sociales. En primer lugar, la sexualidad de las personas mayores es presentada como algo inapropiado y ridículo, y objeto de burlas constantes (Gewirtz-Meydan et al., 2018). En el caso de los hombres, se ridiculiza su uso de pastillas para la disfunción eréctil, mientras que en las mujeres se enfatiza su apariencia física de manera peyorativa (Mota et al., 2024). La discriminación de género es especialmente evidente en este tema, pues se representa a las mujeres mayores como meros objetos sexuales y su cuerpo como grotesco e incompatible con el deseo (Barrett et al., 2024; Muñoz & Salido-Fernández, 2023). En segundo lugar, las referencias a la salud de las personas mayores enfatizan la enfermedad y la dependencia. Se les asocia con tratamientos médicos y consumo de medicamentos, reforzando la imagen de fragilidad. Por último, el lenguaje edadista también se manifiesta en el ámbito político, donde se cuestiona la capacidad de las personas mayores para participar en la vida pública (Santha & 87 Edadismo: La discriminación del siglo XXI Tóth-Batizán, 2024). Se les presenta como manipulables y carentes de autonomía, lo que contribuye a su exclusión de la actividad política (Ayalon et al., 2021; Drury et al., 2021; Gendron, 2022). Un hallazgo clave de nuestro estudio es la reformulación de la doble discriminación que enfrentan las mujeres mayores en las redes sociales en España, en las que convergen el edadismo y el sexismo (Sánchez-Izquierdo & Fernández-Mayoralas, 2024). Confirmamos las tesis de Krekula et al. (2018) de que el edadismo por razones de género no se basa exclusivamente en la edad cronológica, puesto que en nuestra opinión el lenguaje sexista y edadista en las redes sociales tiene la apariencia (y no la edad) como el factor central en la discriminación de las mujeres mayores; pero no de los hombres mayores. En consecuencia, proponemos el término edadismo estético como una forma específica del edadismo de género que se define como la discriminación de las mujeres mayores por la imagen personal; es decir su apariencia física, su peinado y maquillaje, y su forma de vestir. Este enfoque sin duda abre nuevas vías de investigación en el campo del edadismo de género, singularmente en la prevención del lenguaje sexista y edadista en lengua española. Estas conclusiones nos llevan a proponer el siguiente modelo para un uso de la lengua española libre de edadismo en las redes sociales, que debería identificar y prevenir los siguientes usos que consideramos prevalentes en la comunicación digital en este contexto: Humor verbal edadista asociado a situaciones inesperadas o incongruentes. Se trataría de una forma específica de “cringe humour” o humor de vergüenza ajena, que a menudo aparece como bromas aparentemente inofensivas. Expresiones paternalistas que infantilizan a las personas mayores, singularmente por el uso de diminutivos, posesivos y plurales en primera persona. Vocabulario relacionado con insultos y burlas edadistas que deshumanizan al colectivo. Se refiere al uso de adjetivos y sustantivos muy ofensivos que resultarían inadmisibles en otras situaciones de comunicación, pero que se consideran aceptables en redes sociales. Usos alienantes edadistas del “othering language” o lenguaje de la otredad, que identifica a las personas mayores en la tercera persona del plural (con un ellos/ellas) como un grupo separado del hablante (frente a un nosotros/nosotras); por ejemplo, en construcciones del tipo no tener edad para, ser/estar mayor para, determinadas construcciones con el verbo conservar, etc. También son muy frecuentes en expresiones autoedadistas en primera persona. Multimodalidad mediante el uso de imágenes, memes y emojis edadistas, que multiplican la discriminación al interactuar con el edadismo verbal. No deben pasar inadvertidos los memes y emojis benevolentes bienintencionados, que sin embargo multiplican la discriminación edadista al interactuar con la comunicación verbal. Doble discriminación con otros usos discriminatorios de la lengua española, como el lenguaje sexista y las expresiones homófobas. Aunque no hemos identificado interacciones con un lenguaje racista, etnocéntrico, xenófobo ni tránsfobo, sí se han descrito en la comunicación digital en otros idiomas y podrían aparecer en las redes sociales en España. 88 Edadismo: La discriminación del siglo XXI En conclusión, consideramos que es urgente promover un nuevo lenguaje inclusivo en la comunicación digital en lengua española que evite usos lingüísticos discriminatorios hacia las personas mayores en redes sociales, y diseñar acciones formativas para una comunicación digital inclusiva en lengua española. Referencias Adá, A., Zorrilla, V., & Agulló, M. S. (2022). Edadismo y COVID-19 en el mundo digital: un análisis en Twitter desde la perspectiva de género. En R. Herranz (Coord.), La discriminación por edad de las personas mayores: las múltiples caras del edadismo (pp. 84-96). Instituto de Mayores y Servicios Sociales (IMSERSO). Álvarez-Mon, M.A., Fernández-Lázaro, C.I., Llavero-Valero, M., Álvarez-Mon, M., Mora, S., Martínez-González, M. A., & Bes-Rastrojo, M. (2022). Mediterranean diet social network impact along 11 years in the major US media outlets: Thematic and quantitative analysis using Twitter. International Journal of Environmental Research and Public Health, 19(2), 784. https://doi.org/10.3390/ijerph19020784 Ayalon, L., Chasteen, A., Diehl, M., Levy, B. R., Neupert, S. D., Rothermund, K., Tesch-Römer, C., & Wahl, H.-W. (2021). Aging in times of the COVID-19 pandemic: Avoiding ageism and fostering intergenerational solidarity. Journals of Gerontology, 76(2), e49e52. https://doi.org/10.1093/geronb/gbaa051 Ayalon, L., & Bramajo, O. (2023). Perceived age discrimination in the second half of life: An examination of age, period, and cohort effects. Innovation in Aging, 7(1), 1-10. https://doi.org/10.1093/geroni/igad094 Barraza-Macías, A. (2023). Metodología de la investigación cualitativa. Una perspectiva interpretativa. Benessere. Centro de Intervención para el Bienestar Físico y Mental A.C. Barrett, A. E., & Naiman-Sessions, M. (2016). It’s our turn to play: Performance of girlhood as a collective response to gendered ageism. Ageing & Society, 36(4), 721-745. https://doi.org/10.1017/S0144686X15000021 Barrett, A. E., Mimbs, H., Soulie, B., Bastow, S., Dominguez-Sandru, R., Michael, C., & Frost, M. (2024). Gray hair and pink slips: An analysis of Twitter responses to gendered ageism. Journal of Women & Aging, 37(1), 35-42. https://doi.org/10.1080/08952841.2024.2380933 Bellingtier, J. A., Rauers, A., Nichols, M. J., & Buttelmann, F. (2022). Stereotyping Older Adults: How Labels and Perceived Age Influence Ratings. Educational Gerontology, 48(7), 298-304. https://doi.org/10.1080/03601277.2022.2038422 Bowman, C., & Lim, W. M. (2021). How to avoid ageist language in aging research? An overview and guidelines. Activities, Adaptation & Aging, 45(4), 269275. https://doi.org/10.1080/01924788.2021.1992712 95 Edadismo: La discriminación del siglo XXI 3 Interseccionalidad e intervención social 96 Edadismo: La discriminación del siglo XXI Capítulo 6 Desmitificando el edadismo: Reflexiones para la intervención social gerontológica Casal-Sánchez, L.1, Lorena Patricia Gallardo-Peralta2, Sonia García-Aguña3, Pablo de Gea Grela4, Daniel Fernández-Roses5, Rubén Yusta-Tirado6 y Óscar Fernández-Ballbé7. 1Investigadora predoctoral, Facultad de Trabajo Social, Universidad Complutense de Madrid. 2Profesora Titular, Departamento de Trabajo Social y Servicios Sociales, Universidad Complutense de Madrid. 3Investigadora y docente predoctoral, Departamento de Trabajo Social y Servicios Sociales, Universidad Complutense de Madrid. 4Investigador y docente predoctoral, Departamento de Trabajo Social y Servicios Sociales, Universidad Complutense de Madrid. 5Investigador predoctoral, Facultad de Trabajo Social, Universidad Complutense de Madrid. 6Profesor Ayudante Doctor, Facultad de Ciencias Humanas y Sociales, Universidad Pontificia Comillas. 7Personal Docente e Investigador. Facultad de Ciencias Biomédicas y de la Salud. Universidad Alfonso X el Sabio. Agradecimientos Proyecto Innova Docencia Nº 247, Vicerrectorado de Calidad, Universidad Complutense de Madrid: “Metodologías activas de aprendizaje para combatir el edadismo: Aplicación del PEACE (Positive Education about Aging and Contact Experiences) en el grado de Trabajo Social”. Introducción A lo largo de las últimas décadas se ha producido un envejecimiento generalizado y acelerado de la población mundial sin precedentes (OMS, 2015). En España, se espera que el 25% de la población sea mayor de 65 años en el año 2035 (INE, 2022), y en la Unión Europea se espera un incremento de la edad media en 45 años para el año 2025 (Pérez et al., 2022). 97 Edadismo: La discriminación del siglo XXI Estos cambios vienen acompañados de un incremento de la multimorbilidad y de la discapacidad (Conde-Ruiz y González, 2021), lo que implica una serie de oportunidades y desafíos entre los que destacan las políticas sociales y de salud que promuevan el envejecimiento activo y faciliten el mantenimiento de una buena salud y calidad de vida en personas mayores (OMS, 2002). Para ello, es esencial que se reconozca a este grupo poblacional como digno y se ponga énfasis en su experiencia, conocimientos y habilidades para contribuir en las dimensiones económica, laboral y social (Fenton y Draper 2014; PNUD, HelpAgeInternational y AARP, 2017), las actitudes negativas hacia este grupo son comunes y rara vez se cuestionan (OMS, 2021). No obstante, estos objetivos encuentran una de sus principales barreras en el edadismo. Este término hace referencia a actitudes conformadas por pensamientos, emociones y comportamientos específicos sobre los/as demás o hacia uno/a mismo/a en función de la edad (OMS, 2021). Más concretamente, las actitudes edadistas mantienen la estructura tripartita del modelo propuesto por Rosenberg et al. (1960), en el que se distinguen componentes cognitivos, emocionales y conductuales, y que pueden ser positivos o negativos. El componente cognitivo, o estereotipos, consiste en creencias relativamente estables sobre características de las personas mayores. El componente afectivo, o prejuicios, incluiría emociones asociadas. En el componente conductual, o discriminación, se articulan aquellos comportamientos dependientes de la edad. Asimismo, el edadismo afecta a todos los rangos de edad, pero su impacto es más pronunciado en el caso de las personas mayores (Ayalon, 2014; Officer y FuenteNúñez, 2018). Este efecto puede ser institucional (como leyes, normas sociales y políticas institucionales que restringen las oportunidades en función de la edad), interpersonal (en las interacciones entre dos o más personas) o autoinfligido (cuando el edadismo se internaliza y se vuelve contra uno mismo) (OMS, 2021). Según la propuesta de Fiske et al. (2002), el contenido actitudinal se clasifica según las dimensiones de competencia y calidez. La evidencia empírica señala que los contenidos sobre este grupo de edad son predominantemente negativos (Bai, 2014), con contenidos relacionados con elevada calidez (por ejemplo, amabilidad o sinceridad), pero con una baja percepción de competencia (por ejemplo, ser olvidadizo/a), lo que desemboca en comportamientos paternalistas fundamentados en la pena (Cuddy et al., 2005). Igualmente, existe evidencia de una tendencia a que estas actitudes están incrementando su negatividad a lo largo de los años (Ng et al., 2015). Esto hace que la comprensión sobre cómo se generan y mantienen las actitudes edadistas sea esencial, dado su papel central en su modificación. Sobre todo, porque las actitudes adquiridas se convierten en autorrelevantes y comienzan a tener un foco autodirigido, afectando a la salud a través de vías psicológicas, conductuales y fisiológicas (Levy, 2009). El edadismo tiene consecuencias negativas sobre la población mayor, evidenciando un efecto detractor sobre la promoción del envejecimiento activo (Swift et al., 2017), la calidad de vida (Velaithan et al., 2023), la salud mental (Shippee et al., 2019), las relaciones sociales (Walsh et al., 2016), la salud física (Ober, 2016) e incluso la esperanza de vida (Levy et al., 2002). Consecuentemente, es comprensible el creciente interés en su reducción en todos los grupos poblacionales. De hecho, se ha señalado al edadismo como un problema de salud pública que debe ser abordado a través de medidas educativas y de contacto intergeneracional (OMS, 2002). 98 Edadismo: La discriminación del siglo XXI Por tanto, el edadismo constituye un desafío crucial para disciplinas como el Trabajo Social, dado que perpetúa desigualdades y limita el acceso a derechos fundamentales de las personas mayores. Desde el Trabajo Social, es esencial abordar las actitudes edadistas, tanto individuales como estructurales, mediante enfoques integradores que promuevan el empoderamiento, la participación activa y la justicia social. Asimismo, la disciplina tiene un papel central en la sensibilización comunitaria y en el diseño de políticas y programas que fomenten un envejecimiento activo y digno. En este contexto, combatir el edadismo no solo mejora la calidad de vida de las personas mayores, sino que fortalece la cohesión social y contribuye a una sociedad más inclusiva e igualitaria. Sin embargo, las prácticas edadistas no son ajenas a las propias profesiones sociales, en las que se incluye el Trabajo Social (Chonody, 2015). Como señala la investigación de Baik y Davitt (2022), la postura de esta disciplina frente al edadismo es aún mixta, lo que evidencia la necesidad de estrategias formativas para reducir estas discriminaciones. Esto, incluye no solo la incorporación de contenidos específicos sobre edadismo y gerontología en la formación universitaria, sino también la promoción de métodos educativos que fomenten la reflexión crítica, el contacto intergeneracional y el aprendizaje experiencial. Dichas estrategias son fundamentales para garantizar que los/as profesionales sociales estén preparados/as para identificar y combatir las dinámicas edadistas, desarrollando intervenciones que promuevan la equidad y la dignidad en el trato hacia las personas mayores. Si bien, esta misma situación se produce en España, donde las asignaturas que abordan el edadismo y la gerontología en los planes de estudio del grado de Trabajo Social suelen ocupar un segundo plano. Existe un claro predominio de estas temáticas en las asignaturas optativas, lo que limita su alcance formativo y reduce la posibilidad de que los/as futuros/as profesionales desarrollen competencias específicas para trabajar de manera efectiva con personas mayores y combatir el edadismo en sus prácticas (Yusta et al., 2024). Esta casuística representa un desafío importante que debe ser abordado, ya que fortalecer esta formación es esencial para garantizar una atención integral y libre de prejuicios hacia este colectivo, permitiendo al Trabajo Social desempeñar un rol transformador en la construcción de una sociedad más inclusiva y libre de discriminación por edad. Con todo, en el presente informe se abordan algunos de los mitos más persistentes y problemáticos relacionados con el edadismo, como la invisibilidad de la diversidad y la heteronormatividad en las intervenciones, las creencias que asocian inevitablemente los síndromes geriátricos, la discapacidad y la pérdida de autonomía con el envejecimiento, el mito de que la accesibilidad actual es suficiente, o la idea errónea de que las personas mayores migrantes no enfrentan barreras añadidas en la integración en sus comunidades. Todos ellos invisibilizan el riesgo añadido de sufrir edadismo debido a factores como la discriminación múltiple y la falta de recursos específicos, por lo que su abordaje resulta clave para promover una práctica profesional inclusiva. 99 Edadismo: La discriminación del siglo XXI 1. Algunos mitos edadistas sobre las personas mayores Mito 1. Las intervenciones sociales no requieren ni considerar ni cuestionar la heteronormatividad en las personas mayores La diversidad de género abarca una amplia gama de identidades y experiencias. Dentro de este espectro, el estudio del edadismo y la interseccionalidad ofrece una comprensión rica y matizada de cómo las identidades LGBTIQA+ se ven afectadas por diversas formas de opresión y privilegio, dado que existen múltiples identidades y sistemas de opresión interactúan. Este análisis combinado facilita herramientas cruciales para examinar las experiencias de las personas mayores LGBTIQA+ (Crenshaw, 2013; Fredriksen-Goldsen, 2011b). El edadismo en esta comunidad puede manifestarse de varias maneras, desde la invisibilidad y el aislamiento social en su día a día, hasta la falta de servicios de apoyo y la discriminación en la atención sanitaria (Butler, 2019; Meyer, 2015). Las personas mayores del colectivo a menudo se encuentran en una encrucijada de políticas que no abordan completamente su interseccionalidad de identidades, lo que crea una brecha significativa en la protección y el apoyo. Esto se agrava con la falta de legislación específica para la comunidad de mayores LGBTIQA+ (Fredriksen-Goldsen et al., 2014b), ya que puede llevar a situaciones de abuso, negligencia y discriminación, especialmente en entornos institucionales (Almack et al., 2010). Por tanto, la interseccionalidad es clave para reconocer que los factores biopsicosociales no operan de manera aislada (Bowleg, 2012), y plantea que es esencial desarrollar políticas, programas y prácticas inclusivas y efectivas que respondan a las necesidades específicas de las personas mayores LGBTIQA+ (Kia et al., 2020). Igualmente, desafía a las profesionales del trabajo social y a los activistas a reflexionar sobre sus propias posiciones dentro de estas estructuras de poder, y a trabajar hacia desmantelar las opresiones entrelazadas (Dhamoon y Hankivsky, 2011). Desde una perspectiva queer y de estudios LGBTIQA+, la interseccionalidad invita a cuestionar y deconstruir las categorías normativas y las jerarquías sociales que perpetúan la exclusión y la discriminación (Warner y Brown, 2011). En particular, cuando se aborda el tema del edadismo, la interseccionalidad permite revelar las múltiples capas de marginalidad que enfrentan las personas mayores dentro de esta comunidad (Kimmel, 2014). Éstas no solo enfrentan el estigma asociado a la edad, sino que también deben lidiar con la homofobia, la bifobia, la transfobia, el racismo, la misoginia o el propio capacitismo, y otras formas de opresión que se intersecan y agravan su vulnerabilidad (Fredriksen-Goldsen, 2011b). Por tanto, la situación actual del edadismo dentro de la comunidad LGBTIQA+ es multifacética, caracterizada por la invisibilidad sistémica, el aislamiento social, la falta de servicios de apoyo adecuados y la discriminación en diversos contextos, destacando las residencias para mayores y la atención sanitaria (Nhamo-Murire y Macleod, 2018). Respecto a las residencias para mayores, la discriminación y la violencia son preocupaciones persistentes. Las políticas y prácticas institucionales a menudo no reconocen la existencia de residentes LGBTIQA+, lo que obliga a estas personas a ocultar su orientación o identidad para evitar la discriminación (Addis et al., 2009). Este ambiente hostil puede dar lugar a formas de violencia y discriminación, tanto por parte del personal como de otros residentes, que incluyen microagresiones, comentarios despectivos y actos de violencia física y psicológica (King, 2016). 100 Edadismo: La discriminación del siglo XXI En cuanto a la discriminación en la atención sanitaria, las personas mayores LGBTIQA+ a menudo enfrentan barreras para acceder a servicios de salud que sean competentes y sensibles a sus necesidades específicas. La falta de capacitación y conciencia entre los profesionales de la salud sobre las realidades y necesidades de las personas mayores del colectivo puede resultar en experiencias de atención negativas, que varían desde la ignorancia hasta la discriminación abierta (Fredriksen-Goldsen et al., 2011b), lo que disuade a muchas personas mayores LGBTIQA+ de buscar la atención y el apoyo que necesitan (Ruud, 2018). Para superar la invisibilidad y la heteronormatividad en las intervenciones, Trabajo Social debe integrar enfoques interseccionales y LGBTIQA+ afirmativos en su labor cotidiana. Esto implica capacitar al personal para reconocer y respetar la diversidad de orientaciones sexuales e identidades de género, generar espacios seguros y de apoyo en residencias y servicios comunitarios, y revisar protocolos que reduzcan actitudes edadistas, homófobas o tránsfobas. Asimismo, resulta clave establecer políticas claras de inclusión, diseñar materiales formativos culturalmente sensibles, fomentar la participación de personas mayores LGBTIQA+ en la toma de decisiones que afectan su cuidado, y fortalecer redes de colaboración con organizaciones especializadas. De este modo, las prácticas profesionales podrán abordar las múltiples formas de discriminación que convergen en estas experiencias, favoreciendo entornos más justos, dignos y respetuosos. Mito 2. Los procesos de envejecimiento siempre comportan la aparición de síndromes geriátricos Desde los orígenes del estudio del desarrollo humano cada cultura ha tratado de buscar su propio significado de los procesos de envejecimiento, asumiendo como ciertas algunas premisas generalizadas que han provocado interpretaciones erróneas y un rechazo a envejecer y a sus consecuencias (Alvarado y Salazar, 2014). Como resultado, surgen los mitos y estereotipos (Levy, 2003) que actualmente toman forma en actitudes edadistas. Estas actitudes tienen un componente interseccional que encaja con las teorías de Collins (2015), al tener una incidencia individual y estructural y, sobre todo, al generar grandes diferencias en el tratamiento, prevención y, en definitiva, abordaje de los aspectos asociados a esta etapa vital en cuestiones tan relevantes como la salud (Arias-Uriona et al., 2023). Es completamente indispensable contar con conocimientos actualizados sobre envejecimiento que combinen un enfoque de dignidad de la persona con una visión actualizada de la salud. Respecto a la salud, se ha demostrado que los edadismos tienen una incidencia directa sobre el bienestar de la persona. Un estudio desarrollado por Levy et al. (2012), demostró que las personas mayores que poseían unos estereotipos positivos relacionados con el envejecimiento presentaban un 44% más de probabilidad de recuperarse de una discapacidad grave en comparación con las personas que tenían estereotipos negativos respecto a esta fase vital. Partiendo de esta premisa, se entiende que los edadismos y, en definitiva, la interseccionalidad, tiene una incidencia directa sobre la salud, afectando a la recuperación de las personas en situaciones de discapacidad y, por tanto, favoreciendo una mayor predisposición a sufrir síndromes geriátricos (Chang et al., 2020). Los síndromes geriátricos son aquellos cuadros sufridos en la fase de envejecimiento de las personas, de origen multifactorial, que ocurren cuando los efectos acumulados de deficiencias 101 Edadismo: La discriminación del siglo XXI en múltiples sistemas hacen que una persona mayor sea más vulnerable (Tinetti et al., 1995), originando en muchos casos incapacidad funcional y/o social (Gómez, 2005). Estos síndromes afectan de forma significativa la salud y la vida de las personas mayores. Aunque en sus inicios eran bastante amplios, actualmente en Gerontología destacan los que conocemos como «los cuatro gigantes de la geriatría», entre los que se encuentra la inmovilidad, la inestabilidad y las caídas, la incontinencia, tanto urinaria como fecal, y el deterioro cognitivo (Kane et al., 2009). En este sentido, son muchos los edadismos asociados a los diferentes procesos que suceden en la fase del envejecimiento que, de no ser identificados y erradicados, tienen una incidencia directa tanto en el desarrollo vital de la persona como en su salud. Por ello, su abordaje se ha incluido en uno de los seminarios obligatorios. Uno de estos ejemplos es la infantilización, normalizado en cierta medida cuando se habla de deterioro cognitivo (Torrecilla, 2023). La infantilización, sobre todo a través del lenguaje, da por supuesto que las personas mayores tienen menor capacidad, aumentando la probabilidad de que otras personas las consideren poco competentes y las traten con falta de respeto o de forma poco adecuada (Balsis y Carpenter, 2006; Williams et al., 2009). Las consecuencias de este estilo de comunicación, generan ausencia de una comunicación significativa, deteriora las conexiones sociales, decrece el estímulo cognitivo de la persona mayor y, en definitiva, se potencia la exclusión social y la segregación (Torrecilla, 2023). Otro de los principales edadismos del plano institucional, está relacionado con las diferencias en los procesos terapéuticos que se aplican en función del rango de edad del paciente. El desconocimiento de las características individuales de las personas mayores, la falta de formación clínica en Gerontología, o la ausencia de investigación sobre los principales síndromes geriátricos, genera situaciones tales como la prescripción médica inadecuada, la polifarmacia o la falta de cumplimiento terapéutico (Fialova y Onder, 2009; Fialoma et al., 2005; Petrovic et al., 2016). Todo ello, genera situaciones de riesgo para la salud de las personas mayores, como reacciones adversas a la medicación, reducción de la capacidad intrínseca, o mayor frecuencia de síndromes geriátricos, entre los que destacan las caídas (Fialova et al., 2018; Qato et al., 2016). Otro ejemplo incluido tiene que ver con las ocasiones en las que las personas mayores que se ven afectadas por síndromes geriátricos son sobreprotegidas, situaciones que, al contrario de lo que puede parecer por su definición, generan una mayor desprotección . Habitualmente estas técnicas se asocian con el uso de sujeciones físicas, las cuales actúan negativamente a nivel psicológico para estas personas (Sánchez-Prieto et al., 2020), y se ha demostrado que no inciden en el número de caídas o de lesiones sufridas, mientras que sí tienen una incidencia en el aumento de las caídas de las personas con deterioro cognitivo (Fernández et al., 2020). También, y aunque en los últimos años se ha vivido un avance en materia de protección de la autonomía y la autodeterminación de las personas mayores, en la intervención gerontológica es habitual que muchos de los aspectos relevantes se traten de forma directa con la familia o el entorno de la persona. En este sentido, debe apostarse por identificar al grupo familiar como acompañante del proceso terapéutico, en el que la persona mayor sea quien tome sus propias decisiones con independencia. En los procesos en los que la persona no conserve sus capacidades cognitivas, la representación de su entorno sociofamiliar deberá realizarse 102 Edadismo: La discriminación del siglo XXI mediante un proceso empático que represente la voluntad y el mayor beneficio para la persona (Martínez, 2013). Por último, la “carga” económica del envejecimiento ha recibido una atención sustancial en las últimas décadas. La atención de las necesidades derivadas de los síndromes geriátricos tiene un coste para la sociedad que, indivisiblemente, se asocia al colectivo de las personas mayores. En la Unión Europea, el gasto asociado a los procesos de envejecimiento se asocia con el 10,9% del Producto Interior Bruto (Montserrat-Codorniu, 2006). Estas partidas presupuestarias son en muchas ocasiones percibidas como un gasto o un problema a abordar, generando que las personas mayores de 60 años sean vistas como una carga económica, dejando en segundo plano su aportación socioeconómica a las sociedades (World Economic Forum, 2020). Desde el Trabajo Social, se debe trabajar desde una perspectiva integradora, en el que todos los avances en materia de promoción de la autonomía y la autodeterminación, los cuales se encuentran presentes en otros ámbitos de intervención, se hagan extensibles a las personas afectadas por diferentes síndromes geriátricos. A día de hoy, son numerosas las normativas que van recogiendo estos principios, en cambio su aplicación se complica cuando se dirigen a personas con discapacidad o dependencia o no se conservan las facultades cognitivas. Es, por tanto, fundamental tener presentes los principios de dignidad, igualdad y libertad implícitos en el Código Deontológico, y hacerlos extensibles a todas las personas que conforman el heterogéneo grupo de personas mayores. Mito 3. La accesibilidad actual es suficiente El edadismo que afecta a las personas mayores se manifiesta en diversos entornos, incluyendo los urbanos, rurales y residenciales, y tiene repercusiones significativas en la calidad de vida de las personas afectadas. Por ello, comprender los factores físico-sociales del entorno y su influencia en conductas edadistas es esencial, más aún cuando el envejecimiento en el lugar es el modelo de envejecimiento a alcanzar por la mayor parte de la población mayor (Buffel y Phillipson, 2023; Sánchez, 2015; Wahl y Lang, 2004). El edadismo en entornos urbanos se manifiesta, principalmente, a través de la falta de infraestructuras y servicios accesibles para las personas mayores. Las ciudades suelen estar diseñadas sin considerar sus necesidades, presentando barreras físicas (aceras en mal estado, falta de rampas, transporte público inadaptado, parques o zonas recreativas no adaptadas, etc.) que favorecen a las personas jóvenes y a la población económicamente activa (Buffel et al., 2012; OMS, 2021). Esto limita la movilidad, independencia y calidad de vida de las personas mayores. También se refleja en la exclusión social de este grupo etario a través de barreras sociales, pudiendo sentirse marginados de actividades comunitarias y recreativas por la falta de espacios amigables que tengan en consideración sus necesidades físicas, o de programas inclusivos (Ayalon y Tesch-Römer, 2018). Esto contribuye al aislamiento social y disminuye el bienestar emocional y psicológico. Las áreas rurales, por su parte, presentan desafíos idiosincrásicos como la dispersión geográfica y la falta de servicios básicos, aspectos que pueden devenir en aislamiento geográfico, un 103 Edadismo: La discriminación del siglo XXI problema grave en estas áreas. La considerable distancia entre los hogares y los servicios esenciales, como centros de salud, centros bancarios o tiendas de comestibles, dificulta el acceso de las personas mayores a estos recursos (Burholt y Dobbs, 2012). Además, la falta de transporte público agrava esta situación, provocando dependencia hacia familiares o vecinos (Keating y Phillips, 2008; Lin y Cui, 2021). Además, las redes de apoyo en comunidades rurales son cruciales para la calidad de vida de las personas mayores (Hussain et al., 2023). Sin embargo, la migración de las personas jóvenes a las ciudades ha debilitado estas redes, privándoles de un apoyo necesario (Keating y Phillips, 2008), aumentando la vulnerabilidad de las personas mayores y su invisibilidad social (Hussain et al., 2023). Respecto a los entornos institucionalizados, como los centros residenciales y de cuidado a largo plazo, puede darse un trato paternalista y una falta de respeto por la autonomía de los residentes a través de la sustitución en su toma de decisiones (Sánchez-Izquierdo et al., 2019). Esto reduce la autonomía y dignidad de las personas mayores, llevándolas a una dependencia innecesaria (Coulourides et al., 2016). Otro ejemplo común es la imposición de horarios y actividades sin considerar sus preferencias y autonomía (Kane et al., 2007; Moilanen et al., 2021), aun sabiendo que las políticas y prácticas que no promueven la participación activa afectan negativamente su bienestar psicológico y emocional (Musashi et al., 2023). Por tanto, el Trabajo Social debe intervenir activamente para crear entornos inclusivos que promuevan el bienestar y los derechos de las personas mayores. En entornos urbanos, el personal profesional debe abogar por la mejora de la accesibilidad de infraestructuras y servicios, y fomentar programas comunitarios que reduzcan el aislamiento social, promoviendo la participación activa de las personas mayores. En áreas rurales, es fundamental fortalecer las redes de apoyo comunitario y buscar soluciones innovadoras para facilitar el acceso a servicios esenciales, como transporte o atención médica y social, y mitigar el aislamiento geográfico. En instituciones residenciales, se debe garantizar el respeto por la autonomía de las personas residentes, promoviendo su participación en la toma de decisiones y diseñando actividades que se adapten a sus preferencias. Además, es importante trabajar para reemplazar las prácticas paternalistas por enfoques que respeten la dignidad y los derechos de las personas mayores. Mito 4. Las personas mayores migrantes no enfrentan barreras añadidas en la integración en sus nuevas comunidades En Europa, la población de personas mayores migrantes ha crecido significativamente en las últimas décadas debido al envejecimiento de las trabajadoras migrantes, las políticas de reunificación, el aumento de la movilidad de las personas mayores y el cambio demográfico de las personas que viven más tiempo (Dolberg et al., 2018; Torres y Lawrence, 2012). Sin embargo, a pesar de este incremento, la investigación y las políticas sobre envejecimiento con frecuencia han pasado por alto las desigualdades generalizadas que afectan a las personas mayores, en particular, aquellas que impactan en las personas migrantes. Las personas mayores migrantes están potencialmente expuestos a un doble riesgo de sufrir prácticas edadistas en forma de marginación y exclusión social, debido a su doble condición de 104 Edadismo: La discriminación del siglo XXI migrante y de adulto mayor (Torres y Lawrence, 2012). Sin embargo, es necesario que, a la hora de abordar el edadismo hacia personas mayores migrantes, se tenga en cuenta que el hecho de ser adulto mayor y ser migrante no es por sí sólo un criterio único para definir como vulnerables a este grupo de personas (Bozzaro et al., 2018). Esta categorización en sí misma supone una discriminación y estereotipación por edad, ya que obvia que las percepciones y experiencias del envejecimiento en las personas mayores migrantes están vinculadas a vulnerabilidades interseccionales que son consecuencia de desigualdades estructurales y sistémicas a las que se enfrentan a lo largo de su vida (KC et al., 2023). En este sentido, diversas investigaciones concluyen que los adultos mayores migrantes que envejecen en los países de acogida suelen tener mayor riesgo de encontrarse en situaciones de pobreza, sufrir aislamiento social, y tener un peor estado de salud que las poblaciones locales. Además, suelen tener un acceso más limitado a las prestaciones y servicios por ser un grupo ignorado en las políticas generales de envejecimiento y migración (Dolberg et al., 2018). Como consecuencia, el edadismo debe abordarse desde una perspectiva interseccional que contemple las complejas situaciones vitales que experimentan, y el rol que juegan los servicios de protección social en la reducción y reproducción de prácticas edadistas (Virokannas et al. 2020). Asimismo, debe tenerse en cuenta que las prácticas edadistas hacia las personas mayores migrantes, al igual que ocurre con otros grupos de adultos mayores, se pueden identificar a nivel macro, (institucional y cultural), meso (redes sociales) y a nivel micro (individual) (Iversen et al., 2009). A nivel macro, las personas mayores migrantes no son incluidas en la formulación de políticas sociales a nivel nacional e internacional, ni en el diseño de políticas migratorias o en la formulación de normativas de cuidado y envejecimiento (Tong et al., 2022). Del mismo modo, su representación en los medios de comunicación suele ser escasa y, en caso de aparecer, no se tiende a mostrar una imagen positiva. Igualmente, si se presta atención a los sistemas económicos, suele existir una situación de desequilibrio entre los países de acogida y los países de origen. Esto supone en muchos casos un desequilibrio de poder que afecta las condiciones estructurales de vulnerabilidad en los adultos mayores migrantes (KC et al., 2023). Estudios como el de Eliassi (2017) en Finlandia o el de Verhagen et al. (2013) en Países Bajos cuestionan los principios de igualdad y universalidad en los que se basan la mayoría de los sistemas de bienestar en los países europeos occidentales. Critican la neutralidad y la equidad de estos principios, ya que para muchas personas mayores migrantes el acceso a los recursos y servicios de los sistemas de protección social no es fácil y conlleva muchas situaciones de abordaje negligente de sus necesidades (Verhagen et al., 2013). También, el quién tiene derecho y quién se merece ser beneficiario de servicios y recursos se puede basar en criterios excluyentes de índole racista y etnonacionalista, así como en concebirles como personas abusadoras y no dignas del sistema (KC et al., 2023). Estas circunstancias caracterizan y problematizan a las personas mayores migrantes como generadores de problemas sociales que fomentan el mantenimiento y reproducción de identidades jerárquicas y de prácticas excluyentes (Eliassi, 2015). A nivel meso, las prácticas edadistas pueden encontrarse relacionadas al acceso a redes comunitarias y familiares, y en la importancia del sentido de pertenencia a un grupo racial y/o 111 Edadismo: La discriminación del siglo XXI Levy, B. R., Slade, M. D., Murphy, T. E., y Gill, T. M. (2012). Association between positive age stereotypes and recovery from disability in older persons. 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Aportaciones desde diferentes enfoques y proyectos. Vanessa Zorrilla-Muñoz (1,2)* https://orcid.org/0000-0002-0933-8986, Daniela Luz Moyano (2,3) https://orcid.org/0000-0003-2728-9708, Gema Martínez-Navarrete (4) https://orcid.org/0000-0002-9795-2846 y María Silveria Agulló-Tomás (2,5) https://orcid.org/0000-0003-4475-2637 (1) Instituto de Bioingeniería, Universidad Miguel Hernández, Elche, 03202 Alicante, España (2) Instituto de Estudios de Género, Universidad Carlos III de Madrid, Getafe, 28903 Madrid, España (3) Departamento de Ciencias de la Salud, Universidad Nacional de la La Matanza, San Justo, Buenos Aires B1714, Argentina (4) Laboratorio de Neuroprótesis y Rehabilitación Visual, Instituto de Bioingeniería, Universidad Miguel Hernández, Elche, 03202 Alicante, España (5) Departamento de Análisis Social, Universidad Carlos III de Madrid, Getafe, 28903 Madrid, España *Autora de correspondencia: [email protected] 1. Introducción El envejecimiento de la población es uno de los retos más significativos del siglo XXI, con implicaciones profundas tanto en términos de políticas públicas como en la esfera social. Según el informe World Population Prospects (UNDESA, 2024), para finales de la década del 2070, se espera que la población mundial mayor de 64 años alcance una cifra de 2.200 millones de personas. Es decir, aproximadamente cada minuto en el mundo se cuenta con 260 personas mayores más. Además, hacia mediados de la década de 2030, se estima que el número de mayores de 80 años superará al de menores de un año, llegando a los 265 millones. Este cambio demográfico es particularmente notable en países como España, donde, según información del 2022 (IMSERSO, 2024), el 19,09% de la población (9.063.493 personas) tenía 65 años o más. Estos datos muestran que el envejecimiento, lejos de poder considerarse un proceso pasivo y homogéneo, está permitiendo una integración de nuevas formas de envejecer gracias a la revolución digital. Las tecnologías digitales están transformando radicalmente la forma en que las personas envejecen y cómo son percibidas desde una visión cada vez más anti-edadista, lo que a su vez 116 Edadismo: La discriminación del siglo XXI ofrece nuevas oportunidades para el aprendizaje, la conexión social y la participación activa y, para una mayor calidad de vida, lo que incluye al entorno digital como un determinante de la salud. Sin embargo, esta transformación no es uniforme, y las desigualdades digitales existentes se agudizan en la vejez convirtiéndose en un paradigma en el que no sólo está cambiando la estructura de la sociedad, sino que exige una redefinición de cómo se concibe la vida en sus diferentes dimensiones, es decir, desde el trabajo, ocio, la salud, las relaciones, los cuidados o la economía y, en suma, el bienestar. El aumento en la proporción de personas mayores es un éxito sin precedentes, pero también plantea un reto para las políticas tradicionales, la infraestructura social y los sistemas de apoyo. Todo ello está forzando a las sociedades a adaptarse a un nuevo enfoque donde la longevidad se perciba como triunfo que agregue valor y, con ello, se puedan reformular las nociones de productividad, cuidado, bienestar, tecnologías, edadismo/sexismo y otros aspectos interseccionales. El objetivo de este capítulo es contextualizar el impacto del envejecimiento en la sociedad actual a través de una revisión de resultados de proyectos y algunas referencias bibliográficas relevantes, centrando la atención en evaluar el papel de las tecnologías emergentes en la mejora de la calidad de vida de las personas mayores y poniendo el foco en las desigualdades y el edadismo. 2. Método Se llevó a cabo una sistematización de algunas referencias relevantes y aportaciones de distintos proyectos actuales y recientes (véase apartado de “Agradecimientos”). Se incluyó una aproximación de ideas relevantes extraídas de algunos informes demográficos, estudios del área de salud pública, investigaciones sobre el uso de la tecnología en el envejecimiento, y evaluación de políticas y prácticas sociales. Se utilizaron fuentes bibliográficas sobre edadismo, interseccionalidad y sostenibilidad tecnológica. Además, se llevó a cabo un análisis de tecnologías actuales y emergentes aplicadas al envejecimiento, siguiendo los marcos teóricos propuestos por autores/as como Diéguez (2017;2024), Parra-Sánchez et al. (2024) y ZorrillaMuñoz et al. (2022;2024), entre otros/as. 3. Resultados Los resultados y aportaciones aún preliminares se dividen en dos subapartados: 3. 1) Desigualdades en el envejecimiento digital, y 3.2) El impacto de las tecnologías emergentes en el envejecimiento. a. Desigualdades en el envejecimiento digital El envejecimiento en la era digital y convulsa que estamos viviendo está generando nuevas narrativas sobre la vejez, desafiando las nociones tradicionales de dependencia y fragilidad. Las tecnologías digitales están empoderando a las personas mayores para participar de manera activa en la sociedad, redefinir sus roles y construir nuevas identidades. Sin embargo, estas oportunidades no se distribuyen de manera equitativa, y aparecen desigualdades y disparidades que afectan al cómo y dónde se envejece. Estas brechas no solo moldean la experiencia del envejecimiento, sino que también determinan la calidad y las oportunidades de vida en la vejez. La intersección de estos factores exige un abordaje multidimensional, donde confluyan tanto las 117 Edadismo: La discriminación del siglo XXI diferentes ciencias como el conjunto de la sociedad para crear soluciones inclusivas y equitativas. Por otra parte, aunque el envejecimiento pueda ser erróneamente concebido como una etapa vital aislada que requiere atención especial, en realidad, es un proceso dinámico y multifacético. Tal como estamos constatando en proyectos previos y actuales, la influencia de las disparidades sociales, económicas, de género y culturales, lo convierten en una experiencia diversa y compleja, que a su vez, condiciona las oportunidades y recursos disponibles para abordar los desafíos asociados con esta etapa de la vida. Por todo ello, existe una necesidad creciente de ampliar el conocimiento sobre el envejecimiento desde perspectivas tales como el género, la discriminación, el medio ambiente y las tecnologías (Zorrilla-Muñoz et al., 2023). El envejecimiento subyace como una realidad polifacética que exige un abordaje integral, no solo desde la perspectiva individual sino también desde la intersección de varias categorías sociales que resultan en desigualdades socioeconómicas y culturales durante la vejez (Araújo et al., 2023). En este contexto, el enfoque de interseccionalidad (Cruceano et al., 2023; Holman et al., 2021; WHO, 2021) resulta esencial para comprender cómo los desequilibrios sociales, económicos y culturales se entrelazan y agravan la vulnerabilidad de las personas mayores. En este sentido, las mujeres, las personas con discapacidad y aquellas pertenecientes a minorías étnicas suelen experimentar mayores desafíos en el envejecimiento. Aún no se presta la misma atención y siguen apareciendo imágenes sesgadas generadas por la IA (véase siguiente apartado). Además, eventos climáticos extremos, como olas de calor o inundaciones, impactan de manera desproporcionada a las poblaciones más vulnerables, especialmente a las personas mayores (Fernández-Mayoralas et al., 2018; Sánchez-Millán et al., 2023). Estos eventos pueden exacerbar problemas de salud existentes, limitar el acceso a servicios esenciales y aumentar el riesgo de aislamiento social y soledad no deseada. Por ejemplo, en escenarios impredecibles y de alto impacto, como los denominados cisnes negros, las personas mayores corren un mayor riesgo debido a su limitada capacidad de respuesta. Esto resalta la importancia de priorizar estrategias de resiliencia específicas que protejan a estos grupos frente a posibles crisis socio-sanitarias, políticas o bélicas. Por otra parte, el envejecimiento de las mujeres plantea desafíos únicos, ya que la interseccionalidad de género y edad intensifica el impacto del edadismo, un fenómeno que afecta tanto a la percepción psicosocial como a la sociopolítica, y a la práctica bio-sanitaria. A pesar de que las mujeres viven más que los hombres en muchos países y el número de mujeres supera al de los hombres en casi todas las poblaciones a nivel mundial (Sánchez-Millán et al., 2023), se enfrentan a barreras significativas en el acceso a servicios de salud y apoyo debido a más estereotipos de género, edad y otras variables sociodemográficas. El edadismo en los servicios de salud se manifiesta en diversos aspectos, desde diagnósticos sesgados hasta tratamientos inadecuados (Zorrilla-Muñoz et al., 2024; Araújo et al., 2023; AGE, 2021), demandando así una visión más inclusiva, y con perspectiva de género y anti-edadista (UNDESA, 2022). Las tecnologías digitales pueden ser una oportunidad para desafiar estos estereotipos edadistas de la sociedad, así como para ofrecer una calidad de vida y bienestar significativo en las personas 118 Edadismo: La discriminación del siglo XXI mayores (Zorrilla-Muñoz et al., 2024; Ollevier et al., 2020), lo que también enfrenta el desafío de la brecha digital y el riesgo de costo-beneficio de estas tecnologías: aunque existen numerosos dispositivos y productos tecnológicos diseñados para asistir en la vida diaria, salud, seguridad, movilidad, comunicación y actividad física (Criado-Quesada et al., 2021), aunque el acceso a estas tecnologías no es uniforme (Araújo et al., 2023; AGE, 2021). Además, el edadismo también se manifiesta en el diseño de las tecnologías, limitando el acceso y la usabilidad para muchas personas mayores, afectando a diferentes niveles desde el diseño hasta la implementación (Chu et al., 2023) y la evaluación en todas sus fases. Sin duda, la inteligencia artificial (IA) está transformando rápidamente las tecnologías aplicadas al envejecimiento, ofreciendo herramientas para mejorar su calidad de vida y autonomía, proporcionando herramientas para la asistencia en el hogar, la monitorización de la salud y la comunicación (Zorrilla-Muñoz et al., 2024). Sin embargo, es fundamental abordar los riesgos asociados a la implementación de estas tecnologías. Por ejemplo, uno de los principales desafíos en el diseño y desarrollo tecnológico es la perpetuación de estereotipos y prejuicios negativos sobre el envejecimiento, ya que las representaciones de las personas mayores pueden reforzar estereotipos de fragilidad, dependencia y falta de capacidad. Esto no sólo limita sus oportunidades sino que también puede afectar su autoestima y bienestar emocional (ZorrillaMuñoz et al., 2024; Cruceano et al., 2023). Como se ha observado, siguen apareciendo imágenes sesgadas generadas por la IA (véase el siguiente epígrafe). Otro riesgo importante es el sesgo algorítmico. Los algoritmos de IA aprenden de los datos con los que son entrenados. Si estos datos (documentos, imágenes o de cualquier tipo) están sesgados, los resultados que se obtengan a partir de estos también lo estarán. Un ejemplo es el caso de las imágenes digitales generadas por IA generativa, las cuales pueden formarse a partir de bases de datos de entrenamiento limitadas, especialmente en temas como el envejecimiento. Con ello, las representaciones suelen ser estereotipadas, pasivas y limitadas a ciertos contextos y emociones (Zorrilla-Muñoz et al., 2024), lo cual puede estar generando edadismo y discriminación por edad. Este fenómeno se ha denominado "edadismo digital" cuando se refiere específicamente al sesgo en el diseño, desarrollo e implementación de sistemas de IA. La preocupación por los sesgos de la IA se centra en cómo esta IA puede aumentar las disparidades sociales; por ejemplo, una revisión sistemática de 74 documentos indica que los sesgos se introducen principalmente en las fases de "datos a algoritmo" y "algoritmo a usuario" (Chu et al., 2023). La OMS ha abordado esta preocupación en su documento de políticas "Ageism in artificial intelligence for health" (WHO, 2021), donde analiza los riesgos asociados a la IA en medicina y salud pública. Este informe sugiere medidas como la inclusión de datos representativos, la auditoría de algoritmos y la participación activa de personas mayores para minimizar estos riesgos y maximizar beneficios. Y, podría añadirse, no 119 Edadismo: La discriminación del siglo XXI solo riesgos en salud pública sino a todos los niveles psicosociales y sociopolíticos, tal como se viene comprobando en estudios previos.6 Desde un enfoque más amplio, cabe destacar la importancia de la visión holística de la tecnología y el envejecimiento, sugiriendo que la evaluación de la tecnología no debe limitarse a sus beneficios inmediatos, sino también considerar los riesgos asociados y las barreras para su adopción y consecuente prevención por parte de las personas mayores. Diéguez sostiene que el cambio cultural debe desafiar los estereotipos y fomentar una tecnología sostenible y ecológica a largo plazo (Diéguez, 2017;2024). En sus recientes trabajos, este autor se centra en los beneficios que la tecnología puede aportar a todas las etapas de la vida, incluyendo el proceso de envejecimiento, y lo hace cuestionando el determinismo tecnológico y promoviendo un debate crítico sobre cómo la tecnología debería integrarse para mejorar la calidad de vida de las personas, sin perpetuar desigualdades o ignorar los riesgos éticos y medioambientales. Por su parte, Zorrilla-Muñoz et al. (2022;2024) ofrecen una reflexión más específica sobre los productos sanitarios y el envejecimiento, resaltando la necesidad de un análisis de riesgobeneficio detallado. Este análisis incluye la consideración de riesgos tecnológicos, las barreras de acceso como la educación tecnológica, la accesibilidad y la usabilidad, la promoción de una cultura que valore el potencial de las personas mayores y asegurar que las tecnologías sean sostenibles desde el punto de vista medioambiental. Estos enfoques también hacen hincapié en la promoción de una cultura que valore el potencial de las personas mayores, reconociéndolas como participantes activos en la adopción y cocreación tecnológica. La Tabla 1 clasifica algunas de las tecnologías que tienen la capacidad de mejorar el bienestar y la calidad de vida de las personas mayores, alineándose con la visión de un enfoque holístico y sostenible a los que aluden Diéguez (2017;2024) y Zorrilla-Muñoz et al. (2022;2024). 6 Moyano D.L., Agulló-Tomás, M.S., Zorrilla-Muñoz, V. (2024). Género, infodemia y desinformación en salud. Revisión de alcance global, vacíos de conocimiento y recomendaciones. Global Health Promotion, 31(2): 70-79. https://doi.org/10.1177/17579759231216945 Moyano, D. L., Agulló-Tomás, M.S., Arroyo-Menéndez, M. (2024). Public Initiatives to Combat Health Disinformation in Argentina and Spain: A Gender, Social, and Environmental Analysis. Social Sciences, 13(12): 640. https://doi.org/10.3390/socsci13120640 120 Edadismo: La discriminación del siglo XXI 127 Edadismo: La discriminación del siglo XXI Capítulo 8 El abordaje del Edadismo en un Proyecto intergeneracional de diálogo entre generaciones Sacramento Pinazo-Hernandis(1); Carolina Pinazo-Clapés (2); Alicia Sales (2) (1) Departamento de Psicología Social. Facultad de Psicología y Logopedia. Grupo de Investigación BestAGING, Universidad de Valencia. (2) Departamento de Psicología Evolutiva y de la Educación. Facultad de Psicología y Logopedia. Grupo de Investigación BestAGING, Universidad de Valencia 1.Introducción En el contexto demográfico actual, España se enfrenta a un proceso de envejecimiento poblacional acelerado que, para el año 2050, se traducirá en un país envejecido. Este cambio demográfico tiene profundas implicaciones sociales, económicas y culturales, que requieren de una intervención política estratégica (Gutiérrez-Domingo, 2024). El envejecimiento de la población española traerá consigo desafíos estructurales en múltiples áreas, pero también como oportunidades para redefinir el concepto de vejez y promover un enfoque intergeneracional que permita una convivencia armónica entre generaciones y no edadista. Para afrontar los retos derivados del envejecimiento, las políticas públicas deben adoptar una perspectiva intergeneracional que promueva la colaboración y el entendimiento mutuo entre las generaciones. La visión intergeneracional busca crear sociedades inclusivas en las que se reconozcan las aportaciones de todas las edades, eliminando barreras y prejuicios entre generaciones. En el caso de España, esto es crucial para reducir las tensiones que puedan surgir entre las personas mayores y los jóvenes, promoviendo la solidaridad, la cooperación y el respeto mutuo. Las políticas intergeneracionales deben estar orientadas a garantizar la igualdad de oportunidades, la participación activa de los mayores en la vida pública, así como la eliminación de las prácticas y discursos que fomentan el edadismo. El edadismo, entendido como la discriminación por razón de edad, se manifiesta en una perpetuación de la idea de que las personas mayores son incapaces de contribuir activamente a la sociedad, lo que puede dar lugar a una marginación social, exclusión y falta de acceso a 128 Edadismo: La discriminación del siglo XXI servicios adecuados (Ng et al., 2021; Swift et al., 2017; Fernández-Ballesteros et al., 2017; Rasset et al., 2024). Los estereotipos asociados a la edad son una manifestación clave del edadismo, un fenómeno que se fundamenta en la categorización social (Tajfel et al., 1971). Fue Tajfel quien hablaba de la categorización social (1971) definiendo la categoría grupal como aquello que proporciona identidad o posición social pero que a la vez dirige cómo percibimos la realidad generando estereotipos y discriminación o exclusión. En ese proceso perceptivo se produce de manera implícita una comparación social que genera un “nosotros” (endogrupo) frente a “ellos” (exogrupo), y ordena el entorno en términos de categorías. A su vez, este proceso de categorización social comporta unos efectos específicos, como la acentuación ilusoria de semejanza entre las personas que forman parte de una misma categoría (por ejemplo: “todas las personas mayores son iguales y responden al estereotipo de pasivas, anticuadas, sin interés por el momento actual, de carácter rígido…”) y la exageración de diferencias entre personas pertenecientes a categorías diferentes, es decir, personas jóvenes y mayores. A través de este proceso de clasificación, las personas tienden a dividir a los grupos sociales, lo que facilita la formación de actitudes negativas hacia el otro grupo. En este sentido, los estereotipos de edad no solo sirven para discriminar, sino que también refuerzan las barreras psicológicas y sociales entre generaciones, perpetuando la exclusión social. No obstante, es importante destacar que el "outgroup" (grupo de personas mayores) en el futuro se convertirá en un "ingroup prospectivo” a medida que las personas jóvenes de hoy envejezcan y sean ellas mismas personas mayores. Es decir, aquellos que inicialmente sostienen estereotipos negativos hacia las personas mayores, y que pueden involucrarse en comportamientos discriminatorios, se podrían convertir en el blanco de esos mismos prejuicios a medida que entran en esta etapa del ciclo vital. Este fenómeno resalta cómo la categorización social no es estática, sino que se desplaza con el tiempo, involucrando a las personas en un proceso de inclusión-exclusión en función de su edad. Además, las personas mayores que internalizan estereotipos negativos sobre la vejez no solo se convierten en receptores de los mismos sino también en agentes activos de su perpetuación. Diversos autores han hablado del autoedadismo (Tully-Wilson et al., 2021; Lamont et al., 2015; Köttl et al., 2021; Hausknecht, 2020; López et al., 2020). La internalización de estos estereotipos (un proceso de autocategorización), tiene implicaciones profundas en el bienestar psicológico de los individuos, afectando su percepción de sí mismos, su salud mental y física, y su integración social. Este ciclo de autoexclusión y estigmatización, alimentado tanto por factores internos como externos, crea un círculo vicioso que puede comprometer gravemente la calidad de vida y el bienestar de los adultos mayores (Velaithan et al., 2024; Levyet al., 2002; Levy et al., 2002; Levy et al., 2000). La participación social y la implicación en programas intergeneracionales puede ayudar a reducir el edadismo y el auto-edadismo. En un estudio realizado con personas participantes en programas universitarios para personas mayores, Fernández-Ballesteros et al. (2013), observaron que los alumnos mejoraban su auto-percepción del envejecimiento y aumentaban el conocimiento de los estereotipos grupales asociados a la edad y su percepción de los estereotipos culturales se hacía más negativa. La OMS (2021) en su Informe Mundial sobre el Edadismo, indica que una de las formas más efectivas de combatir el edadismo es a través de la educación/información/formación. Es 129 Edadismo: La discriminación del siglo XXI necesario que desde una edad temprana los niños, niñas y jóvenes reciban formación en valores de respeto, inclusión y solidaridad intergeneracional, lo que puede lograrse mediante programas educativos que promuevan la empatía y el entendimiento mutuo entre las generaciones, así como la integración de las personas mayores en actividades sociales y culturales. La sensibilización sobre el envejecimiento activo y el respeto a la diversidad generacional contribuirá a erradicar los prejuicios y estereotipos, favoreciendo la creación de una sociedad más justa y equitativa. Con estas ideas y desde la Universidad de Valencia, se han puesto en marcha a lo largo del tiempo diferentes programas intergeneracionales, buenas prácticas que sirven de ejemplo y muestran los muchos beneficios que tiene unir generaciones (Molpeceres et al., 2012; PinazoHernandis et al., 2016; Pinazo-Hernandis y Pinazo-Clapés, 2018). Con la idea de trabajar en equipo ambas generaciones y con el objetivo de reducir el edadismo, desde hace 10 años se organizan actividades intergeneracionales en el marco del programa intergeneracional Gener-acciones-Grupo de Reflexión sobre Edadismo y relaciones intergeneracionales. Nace de la necesidad de las personas mayores de ser generativos, de transmitir (conocimientos, experiencias, tradiciones, cultura, etc.) y del interés de los más jóvenes por aprender escuchando. El proyecto pretende mostrar a las personas mayores como personas activas, participativas, generativas y útiles a la sociedad, y lo hace en el marco de un programa intergeneracional. El programa intergeneracional Gener-Acciones™ es marca registrada. Figura 1 Marca del programa intergeneracional 130 Edadismo: La discriminación del siglo XXI 1.1. La formación de futuros profesionales y la Universidad de Mayores El envejecimiento poblacional, por un lado, demanda profesionales especializados en la atención al envejecimiento. Diversas iniciativas se han puesto en marcha para dar una formación superior a nivel de Máster como los 32 de 60 ECTS identificados en la revisión de Villar et al. (2017) y cuyos contenidos están directamente relacionados desde diversos enfoques con las personas mayores o el envejecimiento de áreas como la psicología (19%), las ciencias de la salud (16%) o las ciencias sociales (2%). La Universidad de Valencia ofrece el Máster Universitario en Psicogerontología (Área Ciencias de la Salud) desde el curso 2014-15, diseñado específicamente para personas que han estudiado el Grado en Psicología y quieren especializarse en Psicología del Envejecimiento con la finalidad de adquirir competencias profesionales e investigadoras para el desarrollo de tareas de evaluación, intervención psicológica y/o investigación con las personas mayores sanas, con deterioro cognitivo o con otras psicopatologías en distintos ámbitos familiares e institucionales. Está organizado de forma conjunta por las Universidades de Barcelona, Salamanca, Santiago de Compostela y Valencia, y tiene como objetivo formar expertos en la intervención psicológica y social con personas mayores, abordando aspectos como el envejecimiento activo y saludable, el bienestar emocional y la atención a las personas con deterioro cognitivo. Tiene 24 ECTS de asignaturas obligatorias y 15 ECTS de asignaturas optativas, prácticas externas y trabajo fin de máster. Entre las asignaturas se encuentra Intervención psicosocial (obligatoria) y Participación social y proyectos intergeneracionales (optativa), impartidas por la primera firmante de este trabajo. Enseñar a afrontar la los cambios vitales de la última etapa vital tanto a jóvenes como a personas mayores es esencial para mejorar la calidad de vida y fomentar una actitud positiva hacia el envejecimiento. Para los jóvenes, aprender sobre el proceso de envejecimiento les permite desmitificar constructos y reducir los estereotipos negativos que suelen asociarse con esta etapa de la vida. La educación en esta área puede ayudarlos a entender que envejecer es una parte natural del ciclo vital y que esta etapa trae consigo no solo retos, sino también oportunidades para el crecimiento personal y la acumulación de experiencia. Al abordarlo como un proceso continuo, los jóvenes pueden desarrollar una mentalidad más abierta y respetuosa hacia las personas mayores y, a su vez, preparar su propio camino hacia una vejez activa y satisfactoria. Por otro lado, es necesario formar e informar a las personas que envejecen sobre el propio envejecer, el autocuidado y sobre el mundo que les rodea, con el fin de que sean cada vez más activos y comprometidos como ciudadanos. Con esa idea nació en 1999 en la Universidad de Valencia el Programa universitario para mayores de 55 años, La Nau Gran. Estos alumnos pueden cursar diversos itinerarios de 3 años y uno de ellos es Psicología, que permite alargar los estudios dos años más, con el programa Altos Estudios de Psicología. Para las personas mayores, aprender a afrontar la vejez implica adquirir herramientas para adaptarse a los cambios físicos, emocionales y sociales que surgen en esta etapa. Muchos adultos mayores enfrentan la transición a la jubilación, la reducción de la movilidad y, en algunos casos, el aislamiento social. La educación y el apoyo psicológico para afrontar estos cambios ayudan a los mayores a desarrollar estrategias de adaptación, como la resiliencia y el autocuidado, que son cruciales para mantener su bienestar y calidad de vida. Además, enseñar a las personas mayores a ver la vejez como una oportunidad para seguir contribuyendo a su 131 Edadismo: La discriminación del siglo XXI comunidad puede mejorar su sentido de propósito y pertenencia, evitando el aislamiento y los efectos negativos en su salud mental. Fomentar en ambas generaciones una visión positiva contribuye a la construcción de una sociedad más inclusiva y empática. La comprensión y el respeto mutuo entre jóvenes y mayores, impulsados por una educación compartida sobre el envejecimiento, pueden reducir los conflictos intergeneracionales y fortalecer la cohesión social. Cuando ambos grupos comparten conocimientos y perspectivas sobre la vejez, se genera un espacio de intercambio enriquecedor, donde aprenden a valorar las experiencias y las contribuciones únicas de cada grupo. Este entendimiento mutuo es clave para construir comunidades que valoren la diversidad de edades y para combatir el edadismo. En última instancia, enseñar a afrontar la última etapa vital a personas de todas las edades es una inversión en el bienestar y la resiliencia social a largo plazo. Preparar a los jóvenes para su propio envejecimiento y empoderar a las personas mayores para que enfrenten los retos de esta etapa fomenta una vida más plena en todas las edades y promueve un modelo de envejecimiento activo. Al inculcar en las personas una percepción positiva y realista de la vejez, se promueve el desarrollo de una sociedad donde envejecer no sea visto como un obstáculo, sino como una oportunidad para seguir creciendo y contribuyendo de manera significativa. 1.2. Una sociedad para todas las edades Construir una sociedad para todas las edades es fundamental para responder a los desafíos del envejecimiento demográfico y promover una convivencia inclusiva, donde todas las generaciones puedan contribuir y beneficiarse mutuamente. Según el Libro Verde de Envejecimiento de la Comisión Europea, este enfoque es esencial para asegurar la sostenibilidad social y económica en las próximas décadas, dado el crecimiento de la población mayor en Europa. Este documento señala que, para garantizar una calidad de vida adecuada, es crucial que las políticas promuevan la participación activa de personas mayores y fomenten oportunidades intergeneracionales (Comisión Europea, 2021). La Comisión Económica de las Naciones Unidas para Europa (UNECE) también resalta la importancia de una sociedad inclusiva que abarque todas las edades. En esta publicación, se indica que los países deben desarrollar políticas que faciliten la inclusión de personas mayores en la sociedad a través de empleo, formación y participación en la comunidad (UNECE, 2022). Estas recomendaciones subrayan que integrar a las personas de todas las edades en actividades comunitarias y económicas no solo fortalece la cohesión social, sino que también responde a necesidades esenciales de integración y apoyo mutuo entre generaciones. Las sociedades que valoran la contribución de todas las generaciones tienden a ser más cohesionadas y resilientes. La UNECE enfatiza que los programas de envejecimiento activo y los entornos de apoyo para personas mayores ayudan a reducir la soledad y el aislamiento, al tiempo que brindan a los jóvenes oportunidades de aprendizaje y desarrollo (UNECE, 2022). El Libro Verde complementa esta perspectiva al sugerir que las políticas intergeneracionales deben ser una parte central de la planificación social y económica, promoviendo una distribución justa de recursos y la igualdad de oportunidades para todas las edades (Comisión Europea, 2021). 132 Edadismo: La discriminación del siglo XXI En conclusión, crear una sociedad para todas las edades es necesario para fomentar una convivencia armónica y un desarrollo sostenible. Las recomendaciones tanto de la UNECE como del Libro Verde de Envejecimiento evidencian que, al promover la participación activa de personas mayores y el intercambio de conocimientos entre generaciones, se construyen sociedades más justas y equilibradas, donde el valor de cada etapa de la vida es reconocido y respetado. Para que una sociedad envejezca bien todos sus miembros deben implicarse en la tarea; envejecer con éxito no es sólo tarea de las personas mayores sino de la sociedad en su conjunto. Sólo mediante la solidaridad, la cooperación y el apoyo mutuo entre todas las generaciones podremos lograr que las oportunidades de envejecer activamente estén al alcance de cualquier persona. Ese y no otro fue el objetivo que planteó la II Asamblea Mundial sobre el Envejecimiento, celebrada en Madrid en 2002, cuando en su Plan de Acción Internacional recomendó “elaborar iniciativas dirigidas a promover un intercambio productivo y mutuo entre las generaciones”. Haciéndose eco de esa recomendación, el IMSERSO puso en marcha de 2005 a 2010 una red temática (Red Intergeneracional) dedicada a la promoción de las relaciones intergeneracionales coordinada por un equipo (Mariano Sánchez, Juan Saez y Sacramento Pinazo-Hernandis) con más de setecientos miembros, personas individuales y entidades, interesados en conocer más a fondo las posibilidades de cambio social que ofrecen las prácticas intergeneracionales y la generatividad de las personas mayores. Entre otros productos generados por la red, además de Jornadas de formación se publicó el libro Evaluación de los programas intergeneracionales (Sánchez, 2007). 1.3. Beneficios de los programas intergeneracionales Los programas intergeneracionales han demostrado ser efectivos en promover el bienestar de los participantes y en fortalecer las relaciones entre generaciones, lo cual contribuye a una sociedad más cohesionada y empática. Según Pinazo-Hernandis, estos programas facilitan el desarrollo de relaciones significativas entre jóvenes y mayores, lo que potencia no solo la integración social sino también el aprendizaje mutuo y el sentido de pertenencia en ambos grupos (Pinazo-Hernandis, 2012). Estas iniciativas promueven el intercambio de valores y conocimientos que resultan en una reducción de prejuicios y estereotipos generacionales, fomentando una mayor comprensión y respeto mutuo entre los participantes (Molpeceres et al., 2012). En el contexto educativo, los programas intergeneracionales también ofrecen beneficios significativos para los jóvenes, quienes experimentan mejoras en competencias sociales y emocionales al interactuar con adultos mayores. Sánchez y Kaplan (2014) destacan que estas interacciones favorecen el desarrollo de la empatía y la responsabilidad social en los jóvenes, quienes tienden a adoptar una perspectiva más solidaria y comprensiva. Además, el aprendizaje de habilidades prácticas y la transmisión de conocimientos por parte de los mayores proporcionan a los jóvenes herramientas útiles para su propio desarrollo personal y profesional (Pinazo-Hernandis, 2012; Tuohy et al., 2023). Para los adultos mayores, participar en programas intergeneracionales contribuye positivamente a su calidad de vida, ayudando a reducir sentimientos de soledad y aislamiento 133 Edadismo: La discriminación del siglo XXI social. Según Pinazo-Hernandis y Kaplan (2007), la interacción con jóvenes ofrece a los mayores una fuente renovada de motivación y propósito, factores clave en la promoción de la salud mental en edades avanzadas. Asimismo, subrayan que estos programas ayudan a los mayores a sentirse valorados y útiles al compartir su experiencia y sabiduría, lo que impacta positivamente en su autoestima y bienestar emocional. La generatividad, entendida como el deseo de contribuir al bienestar y desarrollo de las generaciones futuras, conecta profundamente con los programas intergeneracionales, en los que personas mayores pueden expresar esta motivación a través del intercambio significativo con los jóvenes. Pinazo-Hernandis y Sánchez (2024) señalan que, en estos programas, los adultos mayores encuentran una vía para canalizar su experiencia y conocimientos hacia las nuevas generaciones, lo cual no solo fortalece su sentido de propósito, sino que también fomenta una transmisión activa de valores y saberes. Este proceso no solo beneficia a los jóvenes, quienes se nutren de la sabiduría de los mayores, sino que también potencia el bienestar de los adultos mayores al sentirse útiles y valorados. Además, la generatividad que se promueve en los programas intergeneracionales contribuye a reducir los estereotipos negativos y a fomentar un modelo de envejecimiento activo y positivo. Zacarés y Pinazo-Hernandis (2022) observan que los adultos mayores, al participar en actividades educativas y recreativas con jóvenes, tienen la oportunidad de desafiar los prejuicios de incapacidad asociados con la vejez. A través de la interacción continua, ambas generaciones desarrollan una comprensión más equilibrada y realista de cada etapa de la vida, construyendo lazos de respeto y empatía que benefician a toda la comunidad. La relación entre generatividad y programas intergeneracionales también se manifiesta en la capacidad de estos espacios para promover el crecimiento y la adaptación en todas las etapas del ciclo vital (Li et al., 2024). Pinazo-Hernandis (2012) destaca que las personas mayores, al interactuar con jóvenes, experimentan una revitalización en sus intereses y habilidades, lo que contribuye a un sentimiento de renovación y continuidad. A su vez, los jóvenes se benefician al desarrollar un sentido de pertenencia y continuidad, al tiempo que adquieren perspectivas y habilidades prácticas de las que carecerían en un entorno exclusivamente generacional. Se trata de crear vínculos entre generaciones (Vrkljan, et al., 2019). En este sentido, los programas intergeneracionales ofrecen una estructura ideal para que la generatividad se exprese de forma natural y positiva, aportando beneficios tanto individuales como colectivos. La generatividad en este contexto se convierte en un motor de cohesión social, facilitando que los adultos mayores contribuyan al desarrollo de una sociedad inclusiva, mientras que los jóvenes se preparan para su propio proceso de envejecimiento con una mentalidad más abierta y positiva (Zacarés y Pinazo-Hernandis, 2022). En suma, los programas intergeneracionales son una buena estrategia para promover la cohesión social, reducir el edadismo y mejorar el bienestar en distintas etapas del ciclo vital (Leedahl et al., 2020). La literatura académica sugiere que estas iniciativas no solo fortalecen las habilidades interpersonales de los jóvenes y el sentido de propósito en los mayores, sino que también contribuyen a una sociedad más inclusiva y equitativa. Fomentar y expandir estos programas se presenta, por tanto, como una oportunidad valiosa para avanzar en la 134 Edadismo: La discriminación del siglo XXI construcción de un tejido social donde la colaboración y el respeto entre generaciones sean pilares fundamentales (Schiller et al., 2024). 2. Método Con la idea de acercar generaciones y reducir el edadismo cada año desde 2015 se realizan actividades de diálogo intergeneracional en el marco del Programa Gener-acciones-Grupo de Reflexión sobre Edadismo y relaciones intergeneracionales. Se invita a participar al alumnado del Máster en Psicogerontología y de la Universidad de Mayores de la Universidad de Valencia, programa Altos Estudios de Psicología. Todos ellos son alumnado de la Facultad de Psicología y Logopedia de la Universidad de Valencia. la investigación se enmarca en una línea de estudio del Grupo de Investigación BestAGING sobre intergeneracionalidad, generatividad, participación social y envejecimiento exitoso, que comenzó en 2007 (Pinazo-Hernandis y Kaplan, 2007; Sánchez et al., 2010; Sánchez y Kaplan, 2014; Pinazo-Hernandis et al., 2016; Pinazo-Hernandis y Pinazo-Clapés, 2018; Blanco-Molina et al., 2019; Pinazo-Hernandis et al., 2019; Villar et al., 2020; Blanco-Molina et al., 2021; PinazoHernandis, et al., 2022; Sánchez et al., 2022; Pinazo-Hernandis y Sánchez, 2024; PinazoHernandis y Carrascosa, 2024). La participación en el programa fue libre y acudió la totalidad del alumnado matriculado, unas 35 personas por curso. En total, desde 2015 a 2024 han participado N=357 personas (jóvenes, media edad: 23 años; personas mayores: media edad: 69 años; mujeres: 70%). 2.1. Objetivos - Acercar generaciones que conviven como alumnado en la Facultad de Psicología y Logopedia de la Universidad de Valencia y reducir estereotipos asociados al envejecimiento. - Fomentar un diálogo y reflexión en torno al proceso de envejecer apoyados en lo que la ciencia muestra. - Desarrollar la generatividad de las personas participantes en un proyecto colaborativo. - Cocrear y generar ideas y acciones para el cambio social en un proceso participativo. 2.2. Diseño e instrumentos de evaluación Con respecto a la evaluación de proceso, implementación y ejecución, cada año se pasaron cuestionarios y entrevistas grupales para evaluar las sesiones. En relación a la evaluación de diseño, coherencia y aplicabilidad, al final de cada curso académico se realiza una revisión de las actividades realizadas en el programa intergeneracional para evaluar su coherencia interna. 135 Edadismo: La discriminación del siglo XXI Para la evaluación de impacto y resultados, se realizaron grabaciones en vivo y un análisis observacional, se utilizaron diarios de campo, fotografías, y entrevistas que han permitido obtener la información necesaria para evaluar los beneficios del programa intergeneracional. Figura 2 Sesión inicial de diálogo intergeneracional Figura 3 Sesión intermedia de diálogo intergeneracional 136 Edadismo: La discriminación del siglo XXI Figura 4 Sesión final de evaluación del programa intergeneracional 2.3. Análisis Antes y después de la participación en el programa se realizaron entrevistas a las personas participantes sobre las expectativas que tenían hacia una actividad intergeneracional, su experiencia previa en proyectos similares, la valoración que hacían y su percepción del cambio al finalizar el programa. El proceso de análisis de las entrevistas dio lugar a diversas etapas: categorización, comparación, integración, iteración, y refutaciones realizadas entre varios investigadores expertos hasta alcanzar el consenso sobre los temas finales. El análisis temático de las entrevistas se realizó con el programa informático de análisis cualitativo Atlas-ti. En el siguiente apartado, se describen los resultados. 3. Resultados La evaluación del programa muestra los muchos beneficios para ambas generaciones y los resultados que produjo ponerlas en contacto. Siete temas emergieron de los análisis: 1.Expectativas ante un encuentro intergeneracional (positivas); 2.Expectativas ante un 143 Edadismo: La discriminación del siglo XXI Tabla 5 Similitudes entre generaciones Tema Grupo Ejemplo Similitudes entre generaciones PM18, M Me gustó reforzar la idea de que las personas mayores y las jóvenes no somos incompatibles. Me encantó conocer a personas de edades diferentes con las mismas inquietudes que yo tengo. PM25, M Me sentí integrada y para nada excluida a pesar de la diferencia de edad y me dí cuenta de la cantidad de cosas que nos unen. JOV13, M Lo que más me gustó es que todos éramos iguales, estudiantes de la universidad y ya está. No sentí ninguna jerarquía ni verticalidad, y creo que ellos también lo sintieron así. JOV60, M Lo que más me gustó es que nos vi como iguales. Creo que apenas pensé en la edad, simplemente nos vi a todos como estudiantes. JOV84, M Tomé conciencia por primera vez de que no somos tan distintos. JOV90, M Me gustó mucho todo lo que hicimos. Me pareció muy interesante y vi que al final, con la diferencia de edad que hay entre su grupo y el nuestro; su manera de relacionarse y comportarse no era muy diferente a la nuestra. JOV45, M Observé que no son tan diferentes a nosotros a la hora de pensar en lo que es importante de la vida JOV61, M Me percaté de que tenían opiniones sobre los temas que surgían muy similares a mi y a mis compañeros del máster, todo desde su perspectiva e historia de vida pero me sorprendió que nos pareciéramos tanto. El sexto tema, “Dificultad para que las generaciones se encuentren” se refiere a la falta de oportunidades y momentos de encuentro entre generaciones. No parece que haya muchas ocasiones para participar y quizás lo más habitual es que cada generación se una a los de su misma edad. 144 Edadismo: La discriminación del siglo XXI Tabla 6 Dificultad para que las generaciones se encuentren: falta de oportunidades Tema Grupo Ejemplo Dificultad para que las generaciones se encuentren: falta de oportunidades PM33, H La verdad que nunca me había planteado asistir a algo similar. JOV71, M No había vivido nada igual porque en mi entorno nunca he tenido la oportunidad ni sé cómo enterarme de cuándo se organizan este tipo de encuentros. JOV91, H Estamos muy acostumbrados a separarnos por grupos de edades en nuestra sociedad y no se impulsa este tipo de contactos. JOV107, M Nunca se ha presentado la oportunidad de asistir a algo parecido a lo vivido en este proyecto. Si nuevamente tuviera la oportunidad iría sin dudar. El séptimo tema, “Facilidad para el diálogo intergeneracional” trata de la rápida conexión que hubo y lo fluidas que fueron las conversaciones que se desarrollaron. Los diálogos fueron animados y los intercambios de ideas sucedieron con agilidad y comodidad. 145 Edadismo: La discriminación del siglo XXI Tabla 7 Facilidad para el diálogo intergeneracional Tema Grupo Ejemplo Facilidad para el diálogo intergeneracional PM99, M Súper fácil, el diálogo era fluido y muy agradable, creo que había mucho entusiasmo y respeto por ambas partes, incluso con mis propios compañeros senior, ya que compartimos cosas nuevas. PM103, M La verdad es que fue impresionante compartir y darnos cuenta de que todos necesitamos de todos y en particular entiendo que los jóvenes se sintieron muy cómodos hablando con nosotros pues nos hicieron cantidad de preguntas y algunas, dentro del respeto, de esas que nunca harían a sus padres y/o abuelos tales como por ejemplo: ¿qué tal es vuestra vida sexual en esta etapa de la vida? o ¿tenéis miedo a la muerte? PM122, M Me resultó fácil conectar porque me sentía bien recibido por las demás personas: notaba una sensación de reciprocidad en la que ninguno estábamos ahí por obligación, sino que teníamos ganas de escuchar a los demás y dejarnos conocer. JOV205, M Intercambiamos experiencias e incluso aprendizajes y miedos futuros. JOV221, H Me resultó muy fácil dialogar, cosa que no me suele pasar con las personas de mi generación. A veces con las personas desconocidas de mi edad me cuesta entablar una conversación, quizás porque inconscientemente me siento juzgada, pero esto es algo que no m e pasó con los mayores. JOV39, M Me resultó fácil hablar con las personas mayores. Todas las personas estaban muy abiertas al diálogo y eran muy simpáticas y cercanas. Daba gusto hablar con ellas. Las conversaciones fueron muy enriquecedoras. 146 Edadismo: La discriminación del siglo XXI El octavo tema, “Necesidad de espacios y momentos de encuentro entre distintas generaciones” se refiere a que a menudo los espacios estén predeterminados para unas generaciones y no otras: centro de mayores, casal de la juventud, y no es tan común encontrar tanto centros comunitarios o espacios intergeneracionales que posibiliten los encuentros y faciliten la cohesión y solidaridad intergeneracional. Tabla 8 Necesidad de espacios y momentos de encuentro entre distintas generaciones Tema Grupo Ejemplo Necesidad de espacios y momentos de encuentro entre distintas generaciones PM30, M Juntar dos generaciones tan lejanas en edad es algo que normalmente nadie se plantea. Todo esta diseñado para una edad concreta, y salirse de eso no es nada habitual. Pienso que estaría bien que se hicieran actividades intergeneracionales para hacer difere ntes cosas; sería algo muy interesante. PM46, H Se podrían fomentar más espacios para que se puedan reunir y realizar intercambios intergeneracionales; espacios confortables, seguros para que todos los participantes se sientan en confianza. JOV7, M Podríamos pensar en iniciativas como ésta y también en otras actividades como excursiones, mezclar grupos de edad y difundir una normalización del encuentro entre generaciones. JOV20, M Abrir más espacios intergeneracionales y así acabar con el edadismo y el viejismo que tanto daño hace a todas las edades, en especial a los mayores. Además, centrarnos no en lo que nos separa sino lo que nos une a las generaciones. El noveno tema, “Aspectos positivos/beneficios de los encuentros intergeneracionales” preguntaba sobre los beneficios concretos. El interés por conocerse más, el aprender unos de otros, aumentar el entendimiento entre generaciones, la posibilidad de compartir tiempo y espacio y conversar, fueron algunos de los aspectos más destacados. 147 Edadismo: La discriminación del siglo XXI Tabla 9 Aspectos positivos/beneficios de los encuentros intergeneracionales Tema Grupo Ejemplo Aspectos positivos/beneficios de los encuentros intergeneracionales PM31, H Yo creo que benefició a ambas generaciones. Yo vi a la otra generación muy interesada en conocernos, muy preparados para la vida. Respetuosos, dispuestos a escuchar y espero que nuestras experiencias y respuestas les ayuden a entendernos un poco mejor. JOV33, M Fue muy sencillo dialogar. Todas las personas estaban abiertas a conversar sobre cualquier tema. Eso es lo bonito: poder conversar de cualquier cosa entre personas de diferentes rangos de edad y con una misma pasión. JOV59, M Considero que ambos grupos nos beneficiamos. Nosotros por el hecho de pensar que sí existe un envejecimiento activo y por la experiencia de escuchar y empaparnos de esas historias de vida, y ellos (alumnos mayores) por ver que existen jóvenes con vocación por trabajar con este colectivo, jóvenes con interés por generar recursos y por ofrecer un cuidado de calidad. El último tema, “Valoración del programa intergeneracional, sentimientos y emociones generados” se vincula a la evaluación que realizaron los participantes sobre el programa: sentimientos, emociones, sensaciones, etc. 148 Edadismo: La discriminación del siglo XXI Tabla 10 Valoración del programa intergeneracional Tema Grupo Ejemplo Valoración del programa intergeneracional PM17, M Fue una experiencia fantástica, fluí de tal modo que se me pasó el tiempo volando. Me sentía muy cómoda y escuchada; tenía la sensación de que les importaba yo y mis comentarios tanto como ellos a mí. PM26, M Mi valoración general es de 10, me ha resultado un intercambio muy enriquecedor y esperanzador. JOV25, M Muy buena valoración porque se han compartido emociones, experiencias, sentimientos, vivencias con lo que se puede aprender y crecer como personas, ambos grupos. JOV33, M Fue una experiencia muy enriquecedora el poder conocer personas tan distintas, su puntos de vista, sus historias de vida y sus ganas de vivir la vida al máximo posible, me motivan y me llenan de energía para mi vida personal y para seguir dando lo mejor de mi en el trabajo en Gerontología. JOV59, M Mi valoración de la sesión es muy positiva. Creo que ha sido muy enriquecedor donde no ha hecho falta mucho para establecer el nexo y conexión entre ambas generaciones. JOV88, M Los alumnos del máster ganamos aprendizaje y sabiduría mientras que los alumnos senior se fueron con un gran sentimiento de esperanza. JOV91, H Fueron sesiones de intercambio en múltiples direcciones. Escuchar y compartir perspectivas desde su propia experiencia fue altamente gratificante y retroalimentativa. 149 Edadismo: La discriminación del siglo XXI 4.Conclusiones El programa intergeneracional que se presenta, Gener-acciones-Grupo de Reflexión sobre Edadismo y relaciones intergeneracionales ha mostrado los beneficios que tiene realizar un abordaje del edadismo desde el acercamiento de las generaciones. Se trataba de personas de diferentes edades que son alumnado de la misma Facultad de Psicología y Logopedia en la Universidad de Valencia pero que jamás habían tenido la oportunidad de participar en un proyecto conjunto, pese a frecuentar los mismos espacios: aulas universitarias, biblioteca, cafetería...El programa Gener-Acciones centrado en el diálogo y reflexión conjunta en torno al proceso de envejecer apoyados en lo que la ciencia evidencia ha mostrado ser eficaz para cambiar las ideas previas con respecto a la otra generación. Los jóvenes, que están formándose en la especialidad en Gerontología, eran edadistas (viejistas), pues la sociedad lo es. Las personas mayores también tenían ideas previas hacia los jóvenes. En este capítulo hemos querido recoger ambas visiones. Montepare y Farah (2017) justamente indicaban que la mayor parte de los programas intergeneracionales habían evaluado el cambio de actitudes edadistas de los jóvenes hacia las personas mayores, pero pocos se habían centrado en estudiar el cambio de actitudes edadistas en la dirección contraria. Participar en un programa intergeneracional ha permitido acercar generaciones, y que se generen espacios de convivencia, se creen vínculos, disfruten los unos de los otros, y aprendan juntos. Además, en segundo lugar, los encuentros han permitido compartir herramientas y recursos para el autocuidado físico, psicológico y social del alumnado joven y mayor. En tercer y cuarto lugar, ha permitido desarrollar la generatividad de las personas participantes, y ha generado ideas y acciones para el cambio social en un proceso de co-creación colaborativo y participativo. Los análisis revelan que los participantes se beneficiaron de expresar sus necesidades y opiniones los unos a los otros, sin diferencia de edad. La consideración de perspectivas diversas, independientemente de la edad, resultaron cruciales para la eficacia del trabajo conjunto. El estudio también pone de relieve que la acción y el compromiso compartidos son esenciales para una cooperación eficaz entre los participantes de distintas generaciones. Para que el aprendizaje de los programas intergeneracionales sea eficaz, es necesario que se desarrolle una buena relación entre las personas que participan, y se fomente la cooperación. Examinar cómo influyen los proyectos intergeneracionales en la cultura universitaria, podría aportar más información sobre el impacto institucional general y la creación de programas de universidad de mayores adaptados y accesibles a todas las personas (Tuhoy et al., 2023; Montayre et al., 2023). De este modo, la investigación podría desarrollar mejor la tercera misión de la universidad de la que hablaban Ortega y Gasset (2015): “la difusión de la cultura o transferencia de resultados de investigación y conocimientos a la sociedad, una herramienta eficaz para contribuir a una mayor cohesión social entre estudiantes de diferentes edades”. 150 Edadismo: La discriminación del siglo XXI 5. Referencias bibliográficas Blanco-Molina, M., Pinazo-Hernandis, S., Montoro-Rodriguez, J., Tomás, J.M. (2021). Testing a Proactive Model of Successful Aging Among Older Adults in Costa Rica and Spain. 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