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Paisajes culturales del agua

Lozano Bartolozzi, María del Mar; Méndez Hernán, Vicente

Abstract

El libro Paisajes Culturales del Agua reúne distintas investigaciones en torno al concepto de paisaje cultural, entendiendo los bienes histórico-artísticos en relación con el medio físico, especialmente con el agua, desde un enfoque interdisciplinar y transversal. Se vincula al proyecto nacional «La Patrimonialización de un territorio: conformación de paisajes culturales entre el Tajo y el Guadiana en Extremadura» (HAR2013-41961-P), desarrollado por el grupo ARPACUR y el grupo Arte y Patrimonio Moderno y Contemporáneo, junto con técnicos de la Junta de Extremadura y del Museo Vostell Malpartida, así como investigadores de otras instituciones españolas y europeas (Santiago de Compostela, Oviedo, Málaga, Cartagena, La Sapienza de Roma, Coimbra), procedentes de la Historia del Arte, Arqueología, Arquitectura e Ingeniería de Caminos. El libro se articula en cinco secciones: una primera dedicada a la definición, catalogación y referencias nacionales y regionales del paisaje cultural; una segunda que aborda el paisaje a través del tiempo, la mirada del viajero, los paisajes agrarios, fluviales, de embalses, creencias y economías; una tercera centrada en paisaje, urbanismo y patrimonio en los pueblos de colonización y las zonas regadas; una cuarta sobre paisaje y arte contemporáneo, donde se estudia el paisaje como experiencia creativa, emocional, ecológica e identitaria; y una quinta con otras propuestas (dimensiones literarias, políticas y de apropiación del territorio). El volumen ofrece así un marco conceptual y metodológico sólido para comprender y gestionar los paisajes culturales del agua. EDICIÓN DIGITAL: la obra también cuenta con una edición digital, ISBN: 978-84-697-4488-8.

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Paisajes culturales del agua Mª del Mar Lozano Bartolozzi Vicente Méndez Hernán (coords. y eds.) Ir al ÍNDICE SALIR Volver al INICIO Mª del Mar Lozano Bartolozzi Vicente Méndez Hernán (coords. y eds.) Paisajes culturales del agua Ir al ÍNDICE Volver al INICIO Cáceres, 2017 Paisajes culturales del agua Cultural Landscapes of Water Paisajes culturales del agua VICERRECTORADO DE INVESTIGACIÓN, TRANSFERENCIA E INNOVACIÓN SERVICIO DE PUBLICACIONES Mª del Mar Lozano Bartolozzi Vicente Méndez Hernán (coords. y eds.) https://doi.org/10.5281/zenodo.10654950 Ir al ÍNDICE Paisajes culturales del agua, Mª del Mar Lozano Bartolozzi y Vicente Méndez Hernán (coordinadores y editores). Comité CientífiCo Dra. Mª Soledad Álvarez Martínez, Universidad de Oviedo. Dra. Mª del Mar Lozano Bartolozzi, Universidad de Extremadura. Dr. José Javier Cano Ramos, Dirección General de Bibliotecas, Museos y Patrimonio Cultural de la Junta de Extremadura. Dr. Miguel Centellas Soler, Universidad Politécnica de Cartagena. Dr. Vicente Méndez Hernán, Universidad de Extremadura. Dra. Luisa Trindade, Universidade de Coimbra. editan Servicio de Publicaciones de la Universidad de Extremadura; Ministerio de Economía y Competitividad (HAR2011-14107-E); Vicerrectorado de Investigación, Transferencia e Innovación de la Universidad de Extremadura. Colaboran Consejería de Empleo, Empresa e Innovación (Dirección General de Modernización e Innovación Tecnológica) de la Junta de Extremadura. fotografía de Cubierta Vista desde el castillo de Medellín. Nuria Mª Franco Polo. © del texto y las fotografías Los autores. © de la ediCión Servicio de Publicaciones de la Universidad de Extremadura. maquetaCión e impresión Control P ISBN 978-84-697-4487-1 (edición impresa); 978-84-697-4488-8 (edición en CD). depósito legal CC-252-2017 impreso en españa Printed in Spain VICERRECTORADO DE INVESTIGACIÓN, TRANSFERENCIA E INNOVACIÓN SERVICIO DE PUBLICACIONES Volver al INICIO 007 Índice PRÓLOGO 011 Miriam GARCÍA CABEZAS PALABRAS PRELIMINARES 013 María del Mar LOZANO BARTOLOZZI y Vicente MÉNDEZ HERNÁN SECCIÓN 1: La definición de paisaje cultural, y sus diversos aspectos El agua como elemento generador de paisajes culturales: una visión desde el Plan Nacional de Paisaje Culturales 017 Linarejos CRUZ PÉREZ L’acqua e il patrimonio culturale tra architettura, città e territorio 037 Maria MARTONE Concepto, historia y territorio: Las Vegas Altas, La Serena y La Siberia, un paisaje seriado 055 Javier CANO RAMOS Modelos de gestión de los paisajes culturales: catalogación, investigación y difusión 075 Nuria María FRANCO POLO SECCIÓN 2: El paisaje cultural a través del tiempo Casas da Corte nas margens do rio: o Tejo como curso e paisagem 085 Luisa TRINDADE El paisaje rural del Monasterio de Guadalupe. Sus granjas, cortijos y casas de campo diseminados por las cuencas de los ríos Tajo y Guadiana en Extremadura 101 José MALDONADO ESCRIBANO El paisaje de las creencias en la cuenca del Guadiana. El caso de Medellín (Badajoz) 125 Carmen DIEZ GONZÁLEZ Un viaje a través del tiempo. La configuración de un paisaje singular en Extremadura a través de sus caminos y puentes durante el siglo XVIII, y de su representación gráfica 147 Vicente MÉNDEZ HERNÁN Los poblados construidos por el Estado en las presas del Plan Badajoz, elementos de urbanismo planificado en el paisaje rural extremeño 169 Pedro PLASENCIA-LOZANO Go to CONTENTS Paisajes culturales del agua 008 SECCIÓN 3: Paisaje, urbanismo y patrimonio en los pueblos de colonización Análisis y Diagnóstico. Paisaje, urbanismo y patrimonio en los pueblos de colonización de las Vegas Altas del Guadiana (Badajoz) 191 Esther ABUJETA MARTÍN Las iglesias en los pueblos de colonización de la zona de Vegas Altas en Badajoz 207 Miguel CENTELLAS SOLER y Esther ABUJETA MARTÍN Las artes plásticas en las iglesias de colonización de las Vegas Altas del Guadiana 221 Moisés BAZÁN DE HUERTA SECCIÓN 4: Paisaje y arte contemporáneo 247 283 301 313 Paisajes revisados. Visualidad, práctica performativa, místicas del agua Juan Antonio SÁNCHEZ LÓPEZ Los paisajes culturales del agua en Extremadura a través del “filtro” de algunos artistas visuales María del Mar LOZANO BARTOLOZZI Migrantes..., injertos... La Fragua Residencia Artística como experiencia Josefa CORTÉS MORILLO Alejarse hacia las aguas y lo salvaje. Arte sonoro y radiofónico en la periferia. El ejemplo irlandés Alberto Elicio FLORES GALÁN SECCIÓN 5: Otras propuestas de estudio de los paisajes culturales Nuevos paisajes e iconografías urbanas: focos dinamizadores y cambios de identidades en el litoral cantábrico 333 María Soledad ÁLVAREZ MARTÍNEZ El “Almanaque Gallego” como instrumento para la recreación de la costa gallega en la prensa de la emigración bonaerense 351 Juan MONTERROSO MONTERO Volver al INICIO 009 PREFACE 011 Miriam GARCÍA CABEZAS PRELIMINARY WORDS 013 María del Mar LOZANO BARTOLOZZI y Vicente MÉNDEZ HERNÁN SECTION 1: The definition of cultural landscape, and its various aspects Water as an element generating cultural landscapes: a perspective of the National Cultural Landscape Plan 017 Linarejos CRUZ PÉREZ Water and cultural heritage between architecture, city and territory 037 Maria MARTONE Concept, history and territory: Las Vegas Altas, La Serena and La Siberia, a serialized landscape 055 Javier CANO RAMOS Cultural landscapes management: cataloguing, research and diffusion 075 Nuria María FRANCO POLO SECTION 2: The cultural landscape over time Court houses on the riverbanks: the Tagus as course and landscape 085 Luisa TRINDADE The rural landscape of the Monastery of Guadalupe. Their homesteads, farmhouses and country house scattered by the river basins of the Tajo and Guadiana rivers in Extremadura 101 José MALDONADO ESCRIBANO The Landscape of beliefs in Guadiana river basin. The case of Medellín (Badajoz) 125 Carmen DIEZ GONZÁLEZ A Journey Through Time. The Shaping of a Unique Landscape in Extremadura through its Roads and Bridges During the 18 th Century and its Graphical Representation 147 Vicente MÉNDEZ HERNÁN The towns built by the state in the dams of the Plan Badajoz, elements of urbanism planned in the rural landscape of Extremadura 169 Pedro PLASENCIA-LOZANO Contents Ir al ÍNDICE Volver al INICIO 017 Sección El agua como elemento generador de paisajes culturales: una visión desde el Plan Nacional de Paisaje Cultural Linarejos CRUZ PÉREZ INStItutO DEL PAtRIMONIO CuLtuRAL DE ESPAñA 017 Resumen: Este texto aborda, desde la perspectiva del Plan Nacional de Paisaje Cultural, el papel determinante desempeñado por el agua en la configuración de paisajes culturales. En primer lugar se exponen algunos aspectos conceptuales en relación con el paisaje cultural y la significación del Plan como instrumento al servicio de la salvaguardia de los paisajes de interés cultural. Tomando como referencia el trabajo realizado en el marco del Plan para la identificación y caracterización de paisajes de interés cultural, se hace un breve recorrido a través de una selección de paisajes que, aunque responden a características diferentes, tienen en común el elemento agua como eje vertebrador. Este trabajo permitió la selección de cien paisajes culturales, representativos de la diversidad de los paisajes culturales españoles, que ha sido publicada recientemente bajo el título 100 paisajes culturales en España. PalabRas clave: Paisaje cultural; valores del paisaje; agua; Plan Nacional. Water as an element generating cultural landscapes: a perspective of the National Cultural Landscape Plan abstRact: This text discusses the decisive role played by water in the shaping of cultural landscapes from the viewpoint of the National Cultural Landscape Plan. Firstly, it outlines some conceptual aspects related to cultural landscape and the relevance of the Plan as a tool to safeguard cultural landscapes. Taking as a reference the work conducted under the framework of the Plan for the identification and characterisation of cultural landscapes, it takes a brief look through a selection of landscapes which, although respond to different characteristics, have in essence water as a common element. This study led to the selection of one hundred cultural landscapes, representative of the diversity of cultural landscapes in Spain, which has been recently published under the title 100 Cultural Landscapes of Spain. Key WoRds: Cultural landscape; landscape values; water; National Plan. Ir al ÍNDICE 018 Linarejos Cruz Pérez ASPECTOS CONCEPTUALES Definición de paisaje cultural Paisaje cultural es el resultado de la interacción en el tiempo de las personas y el medio natural, cuya expresión es un territorio percibido y valorado por sus cualidades culturales, producto de un proceso y soporte de la identidad de una comunidad.1 En cualquier caso, es fundamental tener en cuenta las dos dimensiones indisociables del paisaje cultural: la dimensión espacial y la dimensión temporal. Así, espacio y tiempo forman parte de un proceso, en el que la acción humana y la acción de la naturaleza van modelando un paisaje, que es percibido y que debe ser interpretado para su total comprensión. Por tanto el paisaje que vemos en este momento no es el mismo que existía en el pasado y también es diferente al que será en el futuro. Naturaleza del paisaje cultural El paisaje, tal y como ha sido definido, no es un objeto estático ni elemental, sino una realidad dinámica y compleja. El paisaje constituye una realidad dinámica ya que es resultado de procesos ambientales, sociales y culturales que se han sucedido a lo largo del tiempo en el territorio. Estos procesos están marcados por los modos de vida, las políticas, las actitudes y las creencias de cada sociedad. Por tanto, es preciso conocer la evolución histórica del paisaje, identificar y caracterizar sus principales rasgos y estimar sus valores para poder actuar, a partir del conocimiento, a favor de la salvaguarda y fortalecimiento de los valores culturales y ambientales que definen su carácter e identidad. El futuro del paisaje depende de las actuaciones que se llevan a cabo en el presente, en cada momento. Para obrar con coherencia y asegurar su sostenibilidad es necesario partir de un conocimiento exhaustivo del paisaje, que implica identificar sus elementos constitutivos, articularlos en el Todo paisajístico y desentrañar los procesos históricos y actividades socioeconómicas que han incidido en su configuración. La finalidad no debe ser fosilizar el paisaje -desafortunadamente en muchas ocasiones se confunde proteger con fosilizar-, sino propiciar una evolución capaz de garantizar la pervivencia de sus valores y de su carácter. Además de dinámico, el paisaje es una realidad compleja y de difícil gestión. Tal complejidad reside en su propia naturaleza, en la que intervienen componentes naturales y culturales, materiales e inmateriales, tangibles e intangibles. Todos ellos son constitutivos del paisaje y deben ser tenidos en cuenta, pues de la combinación de los mismos resulta su carácter y las distintas formas de percepción. Algunos factores, en parte ya enunciados, que explican la complejidad del paisaje y la dificultad de su salvaguarda, son los siguientes: – Su carácter holístico e integrador de elementos y procesos naturales y culturales, de espacio y de tiempo, de objetos y de percepciones, lo que implica algo más y algo distinto que la mera yuxtaposición de las partes. – La pluralidad de enfoques, de disciplinas y de profesiones interesadas por el paisaje, por su conocimiento, por su ordenación y proyecto. – La diversidad de escalas del paisaje como hecho territorial, desde los grandes conjuntos morfológicos y panorámicos a las configuraciones de ámbito local. – La variedad y elevado número de agentes implicados en la configuración y gestión del paisaje, en ocasiones con intereses y objetivos divergentes, y la diversidad de miradas y percepciones de la población, de los locales como creadores y portadores de paisaje, de los usuarios y de los demandantes de paisaje. 1 Definición del Plan Nacional de Paisaje Cultural. Volver al INICIO 019 El agua como ElEmEnto gEnErador dE paisajEs culturalEs: una visión dEsdE El plan nacional dE paisajE cultural – La fragilidad o elevada vulnerabilidad del carácter del paisaje, dada su naturaleza territorial y visual, ante actuaciones poco atentas a sus consecuencias sobre entornos paisajísticos de altos valores culturales, naturales y perceptivos. – El conflicto o las divergencias que pueden suscitarse entre el derecho ciudadano al paisaje (acceso, contemplación, calidad y disfrute), concretamente a los paisajes de especial interés cultural como valor colectivo, como patrimonio de todos, y los legítimos derechos de propiedad y uso que gravitan sobre los objetos paisajísticos, habitualmente de considerable extensión, destinados a distintas actividades y funciones de naturaleza privada, y no asimilables a otros bienes de interés patrimonial más acotados. – La falta o escaso desarrollo de una legislación específica sobre paisaje que incorpore su carácter patrimonial dinámico, lo que dificulta su tratamiento. Aunque poco a poco se van desarrollando corpora legales que reconocen y regulan su estatus, esto supone sólo el comienzo de una andadura que en buena medida aún está por recorrer. – La titularidad predominantemente privada de los terrenos, que en general complica la salvaguarda de los valores del paisaje, aunque en cualquier caso, privados o públicos, los paisajes son difíciles de gestionar, pues en los proyectos territoriales suele primar la inmediatez y la rentabilidad económica a corto plazo, que no acostumbran a ser compatibles con la sostenibilidad del territorio.2 Clasificación de los paisajes El Plan Nacional de Paisaje Cultural establece unas categorías basadas en la identificación de las actividades que tienen mayor capacidad configuradora de paisajes culturales: – Actividades agrícolas, ganaderas y forestales, de forma independiente o asociadas (sistemas agro-silvo-pastoriles históricos), marinas, fluviales y cinegéticas. Actividades artesanales en relación con las anteriores. – Actividades industriales. Minería, gran industria, energía, etc. – Actividades de intercambio, comerciales, asociadas sobre todo a ambientes costeros y/o fluviales. – Actividades relacionadas con acontecimientos sociales de carácter lúdico, simbólico, religioso, artístico, etc. – Actividades ofensivo-defensivas, como instalaciones defensivas, campos de batalla, etc. – Sistemas urbanos o asentamientos históricos con protagonismo en la construcción de determinados paisajes a lo largo del tiempo. Aunque ciudades y otras formas de asentamiento constituyen estructuras o patrones paisajísticos integrantes e integrados en paisajes de dominante agro-silvo-pastoril, industriales, comerciales, etc. se los considera aquí de forma específica, cuando desempeñan un papel protagonista en el modela y la imagen histórica de determinados paisajes. – Grandes infraestructuras, de comunicación y transporte e hidráulicas, como artífices principales e imágenes de la construcción histórica del paisaje. – Escenarios asociados a acontecimientos históricos. – Itinerarios y rutas generadoras de paisajes culturales. EL PLAN NACIONAL DE PAISAJE CULTURAL COMO INSTRUMENTO AL SERVICIO DEL PAISAJE Objetivos del Plan El Plan Nacional tiene como objetivo general la salvaguarda de los paisajes de interés cultural, entendiendo por salvaguarda las medidas encaminadas a garantizar la viabilidad del paisaje cultural, comprendidas las acciones de identificación y caracterización, documentación, investigación, protección, mejora, 2 Según el Plan Nacional de Paisaje Cultural. Ir al ÍNDICE 020 Linarejos Cruz Pérez revitalización, cubriendo los aspectos necesarios de definición, delimitación, análisis de componentes y gestión; todo ello desde una perspectiva de desarrollo sostenible. Como objetivos particulares se plantean: Identificación y caracterización de los paisajes de interés cultural. La sensibilización social y reconocimiento político o La cooperación internacional, nacional y autonómica. El Plan Nacional de Paisaje Cultural se plantea en cooperación con las Comunidades Autónomas y deberá nutrirse del intercambio de experiencias y de la colaboración entre instituciones públicas y privadas competentes, y prestar asistencia técnica a las organizaciones nacionales e internacionales que lo soliciten. Funcionamiento del Plan El Plan Nacional de Paisaje Cultural se rige por una Comisión, integrada por técnicos de la Administración General del Estado, Técnicos de las Comunidades Autónomas, Expertos externos, representantes de la Universidad y representantes de la sociedad civil. En primer lugar se constituye una Comisión redactora del Plan, encargada de la elaboración del documento base. Una vez que el Plan es aprobado por unanimidad en el Consejo de Patrimonio Histórico, se constituye la Comisión de Seguimiento del Plan, que funciona a modo de observatorio y es la encargada de proponer y validar las líneas básicas de trabajo y las intervenciones. Hacer el seguimiento de las actuaciones y proponer reformas del Plan. Actuaciones en el marco del Plan Entre las actuaciones previstas en el Plan, cabe señalar las de Identificación, Registro general de paisajes de interés cultural, inventarios y catálogos selectivos, estudios diversos, redacción de Planes Directores, redacción y ejecución de proyectos de intervención, actividades de formación y difusión. IDENTIFICACIÓN Y CARACTERIZACIÓN DE PAISAJES DE INTERÉS CULTURAL EN EL MARCO DEL PLAN En justa coherencia con los planteamientos del Plan, se puso en marcha un proyecto de identificación y caracterización de paisajes culturales significativos de España. Partiendo de un importante proceso de reflexión, todas las Comunidades Autónomas y las Ciudades Autónomas de Ceuta y Melilla identificaron y documentaron una selección de paisajes, que pasaron a formar la primera lista indicativa del Plan. Con la finalidad de continuar profundizando en este trabajo y con el propósito de darle la difusión apropiada, que pudiera servir como herramienta al servicio de la identificación y valoración de los paisajes culturales, se propuso hacer una selección representativa, que se plasmó en el libro “100 paisajes culturales en España”. Como quiera que no se trataba de un repertorio exhaustivo, se optó por la cifra de 100, indicativa de que se trata de una selección. Esa selección se hizo teniendo en cuenta que debía existir un equilibrio entre categorías y reparto geográfico. De forma que, en primer lugar y para que resultara más operativo, se optó por agrupar las categorías de paisajes identificadas en el Plan en cuatro grandes bloques temáticos: – Paisajes agrícolas, ganaderos y forestales – Paisajes industriales, infraestructuras y actividades comerciales – Asentamientos humanos: Paisajes urbanos, históricos y defensivos – Paisajes simbólicos e itinerarios culturales Del mismo modo, se trató de establecer un equilibrio geográfico en función de las extensiones de cada Comunidad Autónoma y la representatividad de sus paisajes. Volver al INICIO 021 El agua como ElEmEnto gEnErador dE paisajEs culturalEs: una visión dEsdE El plan nacional dE paisajE cultural PAISAJES DEL AGUA REPRESENTATIVOS EN EL CATÁLOGO 100 PAISAJES CULTURALES EN ESPAÑA El agua, elemento esencial en el desarrollo de la vida humana, también tiene una gran capacidad configuradora de paisajes. En efecto la necesidad de agua hace que los asentamientos se ubiquen en las proximidades de fuentes o ríos, que además proporcionan recursos hídricos para el desarrollo de las diferentes actividades humanas. Así, los cursos de los ríos, siempre que su realidad geomorfológica así lo permita, se han visto poblados a lo largo de la historia. El agua es fuente de vida y su aprovechamiento determina formas específicas de hábitat. Así se pone de manifiesto en la selección de paisajes del agua representados aquí por el Tajo Internacional, en Cáceres (con continuidad en Portugal) ; Plasencia y el Valle del Jerte, en Cáceres; Valls d’Aneu, en Lleida; Valle de Ricote, en Murcia y las Vegas del Guadiana, en Ciudad Real. El Tajo Internacional. Cáceres El paraje del Tajo Internacional se localiza en la zona suroeste de la provincia de Cáceres y en la raya fronteriza con Portugal delimitada por el río Tajo, debido a sus altos valores naturales se declara Parque Natural por la Administración Autonómica. La zona del Tajo Internacional posee un patrimonio cultural asociado a su carácter transfronterizo: rutas de contrabando, caminos de trashumancia, puentes, recintos amurallados, atalayas de vigilancia y un rico patrimonio inmaterial. Con asentamientos humanos documentados ininterrumpidamente desde la Prehistoria, constituye un magnífico ejemplo de lectura diacrónica de un paisaje asociado al agua, que incluye los municipios de Valencia de Alcántara y Alcántara. Valencia de Alcántara, Membrío, Salorino, Herreruela, Brozas, Cedillo, Herrera de Alcántara, Santiago de Alcántara, Carbajo, Alcántara y Zarza la Mayor. El ámbito territorial que nos ocupa coincide con el espacio natural declarado con la denominación de Parque Natural Tajo Internacional. En este territorio desde antiguo ha predominado una actividad agrosilvopastoril, la cual se ha mantenido hasta nuestros días, aunque ha ido en decrecimiento. Figura 1. Vista panorámica del Parque Natural del Tajo Internacional, en el término municipal de Santiago de Alcántara. (Junta de Extremadura). Ir al ÍNDICE 022 Linarejos Cruz Pérez Valores que caracterizan el paisaje cultural de Tajo internacional: A. VAlores intrínsecos Este paisaje se enmarca en la tipología de paisajes que aúnan la dehesa en la zona de la penillanura con suaves lomas, entre las que se disponen vaguadas y vallecillos, el bosque mediterráneo aparece en la zona de sierra y el terreno escarpado de la entalladura del río Tajo. No obstante lo que caracteriza a este paisaje es su posición transfronteriza, comparte un parque natural con el país vecino luso y su biodiversidad asociada al mismo. Su posición fronteriza ha generado a lo largo de los años un paisaje cultural determinado y singular, así como unos recursos culturales determinados como son los caminos utilizados para el contrabando, los caminos trashumantes, los molinos y puentes sobre el río Tajo y sus afluentes, los recintos amurallados y atalayas de vigilancia, el habla que deriva del portugués, conocido como portuñol, en las localidades de Cedillo, Herrera de Alcántara y pedanías de Valencia de Alcántara. Este territorio está marcado por la orden militar de Alcántara, la localidad con ese mismo nombre pasa a ser el centro administrativo y religioso, con un importante papel en la Reconquista. A partir del siglo XVI se le concede real privilegio, en el reinado de los Reyes Católicos, para la construcción del nuevo edificio matriz y sede de la Orden de Alcántara, levantándose para ello el conventual de San Benito. También ha sido cuna de personajes tan conocidos como san Pedro de Alcántara, nacido en Alcántara a finales del siglo XV, fraile franciscano, amigo y consejero de santa Teresa de Jesús, tomó los hábitos en el convento de San Francisco de los Majarretes. B. VAlores pAtrimoniAles Este paisaje está determinado por varios conjuntos históricos, como Valencia de Alcántara, Alcántara o Brozas, entre otros. Existen huellas de la presencia humana en la zona del Tajo Internacional desde el Paleolítico Superior, estas consisten en una serie de pinturas rupestres al aire libre, actualmente en proceso de estudio. Durante el Neolítico-Calcolítico se construirán tanto en la zona española como en la portuguesa numerosos monumentos megalíticos, que datan del III milenio a.C. Destacan los conjuntos megalíticos de Valencia de Alcántara, Santiago de Alcántara, Herrera de Alcántara, Cedillo y Alcántara, todos ellos emplean la pizarra para su construcción, por ser la roca que predomina en la zona, no es así en el caso de los de Valencia de Alcántara, en los que se emplea el granito. A este momento corresponden interesantes vestigios de pintura rupestre esquemática. De finales de la Edad del Bronce, datan las estelas de guerrero, posiblemente utilizadas como hitos en las vías ganaderas o rutas comerciales, o con una función de control y delimitación de territorios. De la Edad del Hierro, existen restos de poblados situados en altura, desde la etapa inicial siglo VIII a.C. hasta el siglo V a.C., como los Castelos, el Alburrel, el Cofre, Castillo de la Natera, Castillejo de Gutiérrez, Castillón de Baños, Morros de la Novillada, Castillejo de la Orden, o el poblado prerromano de El Jardinero, de los siglos IV-III a.C, situado en Valencia de Alcántara. Adscritos a época romana hay que destacar el puente de Alcántara, como la muestra más significativa, que conectaba la colonia Norba Caesarina con Viseu en Portugal y el puente en la carretera que une las localidades de Piedras Albas con la portuguesa de Segura. En el término municipal de Valencia de Alcántara existen restos de conducciones de agua, como el acueducto que fue transformado durante los siglos XVIII y XIX. También hay restos de villae en los alrededores del núcleo urbano asentado en dicha población. Volver al INICIO 023 El agua como ElEmEnto gEnErador dE paisajEs culturalEs: una visión dEsdE El plan nacional dE paisajE cultural Figura 2. Puente de Alcántara. (Junta de Extremadura). De época musulmana existen escasos ejemplos, ya que la mayoría de estas poblaciones no aparecen históricamente documentadas hasta el siglo XIII, momento en que se produce la conquista cristiana de este territorio. El castillo de Peñafiel tiene su origen en este período, aunque más tarde pasaría a formar parte de la línea fronteriza de castillos entre el reino cristiano y musulmán. En 1212 será conquistado por Alfonso IX, pasando a denominarse Peñafiel y será cabeza de Encomienda de la orden de San Julián del Pereiro, institución militar que luego daría lugar a la Orden de Alcántara, instalándose en la localidad de Alcántara definitivamente. En el año 1221 es conquistada la zona de Valencia de Alcántara a los árabes, alcanzando la categoría de villa de realengo, ya que el monarca era el gran maestre de la orden. Alcántara también contó con un recinto amurallado de época musulmana y seguramente con un primer núcleo urbano, donde se asentaría la Orden de Alcántara, más tarde se trasladan al convento de San Benito. Durante la Edad Media y Edad Moderna se construirá el convento de San Benito en Alcántara, que se convierte en el centro administrativo y religioso de la Orden. Otros edificios de época musulmana son sustituidos por otros cristianos. En relación con la orden militar de Alcántara aparecen en las poblaciones de la zona edificios castrenses, religiosos, así como otros de tipo civil, para su uso administrativo, residencial y doméstico. El edificio castrense más importante será el de Valencia de Alcántara, que tiene su origen en el siglo XIII. El municipio de Valencia de Alcántara conserva dentro de su conjunto histórico declarado, el conocido como barrio gótico-judío, que también data del siglo XIII, con la conquista de esta población por la Orden de Alcántara. Esta población alcanzará su máximo desarrollo durante los siglos XVI y XVII, como resultado de la convivencia en la localidad de las tres culturas la cristiana, la musulmana y la judía. De todo ello dan testimonio numerosos monumentos. También se conservan ejemplos monumentales destacables en otras poblaciones, como en el municipio de Brozas. Ir al ÍNDICE 024 Linarejos Cruz Pérez A finales del siglo XVI, Felipe II ordenó la realización de diferentes proyectos para que el Tajo fuese navegable, los planes se abandonaron y en el siglo XVIII se retoma aunque sin éxito. En la edad moderna dada su situación fronteriza con Portugal se refuerzan las murallas. En el siglo XVII se construye en el castillo de Valencia de Alcántara el sistema abaluartado. En el siglo XVIII sufren la guerra de Sucesión, por ser puntos fronterizos, afectará a todo el patrimonio de la zona y en particular el puente romano, que será intervenido en tiempos de Carlos III, que vuelve a sufrir daños en la guerra de la Independencia y a finales del S. XIX se realiza su última restauración. En los últimos años del siglo XIX y primeros del siglo XX hay ejemplos de la arquitectura modernista y neohistoricista, con ejemplos en las poblaciones más importantes de la zona como son Valencia de Alcántara y Alcántara. En el siglo XX y en relación con la construcción de la presa hidroeléctrica de Alcántara se construye un poblado situado en sus inmediaciones, al igual ocurre en la localidad de Cedillo. Estos poblados se construyen para alojar a los trabajadores de la presa. Siguen los modelos arquitectónicos de la época, racionalista en su esencia, y a semejanza de los pueblos de colonización. En cuanto al patrimonio etnográfico hay que destacar las barcas picochas trígonas tradicionales del río Tajo, hoy prácticamente extinguidas, así como las construcciones asociadas a la actividad agrícola y ganadera, bujíos, puentes, bancales. Otros elementos que componen el paisaje son las fuentes, como la conocida de la Geregosa, en el término municipal de Santiago de Alcántara, de aguas medicinales, o los molinos como el de la Negra enclavado en el río Sever, en el término de Valencia de Alcántara. La arquitectura vernácula habitacional que predomina en la zona son las viviendas de dos plantas, la planta baja destinada a estancias vivideras, normalmente cubiertas con bóvedas y al final de la casa se sitúa el corral, con las dependencias para los animales. En la planta alta normalmente no aparecen habitaciones y suele ser un espacio diáfano para guardar los excedentes de las cosechas o la chacina de la matanza. El material utilizado para la construcción de las viviendas es la piedra de la zona, la pizarra o el granito, el exterior de los edificios estará enfoscado y encalado. La presa de José Mª de Oriol o embalse de Alcántara, es una de las obras de infraestructura hidráulica más importante y de mayor capacidad de toda su cuenca. Se construye por Hidroeléctrica Española, actualmente Iberdrola, en la década de los años sesenta del siglo XX en la cuenca del río Tajo. Los embalses de la cuenca del río Tajo y de sus afluentes comenzaron a construirse en los años 50. Aguas abajo del embalse de Alcántara y antes de entrar en Portugal se encuentra la presa de Cedillo. Es un buen ejemplo de la política agraria de mediados del siglo pasado, con sus pueblos de colonización. c. VAlores potenciAles y ViABilidAd Paisaje con un gran interés para la conservación, con una fauna y flora importante, como el cangrejo de río autóctono, en el río Sever y la cigüeña negra, que anida en las zonas escarpadas de la zona de ribera del río Tajo. Estas localidades asociadas al río Tajo poseen un rico legado desde todos los tiempos históricos, destacando una serie de recursos turísticos singulares a nivel universal, como es el puente romano de Alcántara y los conjuntos históricos de Valencia de Alcántara con su judería y el de Alcántara con el conventual de San Benito, casa matriz de la Orden de Alcántara. iniciAtiVAs reAlizAdAs o en proceso Desde la Dirección General de Turismo, del Gobierno de Extremadura, así como desde las diversas asociaciones de la zona, se está trabajando en la dinamización de la zona. El objetivo es dar a conocer este paraje cultural, generar empleo y desarrollo local. Volver al INICIO 025 El agua como ElEmEnto gEnErador dE paisajEs culturalEs: una visión dEsdE El plan nacional dE paisajE cultural Bajo la denominación “Tagus Universalis” pretende presentarse a la candidatura española de Patrimonio Mundial, aunando los elementos patrimoniales, culturales y naturales, por iniciativa de la Asociación con el mismo nombre “Tagus Universalis” y de las Administraciones locales y regional. Se ha realizado un proyecto por parte de dicha asociación bajo la denominación Tajo-Sostenible, el proyecto persigue una serie de objetivos, entre ellos crear un centro de referencia para el desarrollo e información de los recursos de la zona, recuperación de su patrimonio industrial, promover y redactar el Plan Nacional de Paisaje Cultural del río Tajo. Programas de iniciativas comunitaria con fondos europeos, conocido como INTERREG, actuaciones en el área transfronteriza de manera conjunta entre ambos países, el Proyecto conocido como Taejo Internacional (diciembre 2008-diciembre 2010). Agentes implicAdos – Administraciones Públicas: locales, regional y nacional. – Junta Rectora del Parque Natural Tajo Internacional, se rige por el reglamento de Régimen Interior aprobado por Resolución de 11 de mayo de 2009. – Asociación Tagus-Universalis (EspañaPortugal), promueve el Proyecto que lleva ese mismo nombre “TagusUniversalis” para la candidatura del río Tajo a Patrimonio de la Humanidad. – Asociación Tajo-Salor. situAción jurídicA Figuras de Protección – Red europea Natura 2000. Zona de Especial Protección de Aves (ZEPA) “Tajo Internacional y Riberos”. Plan de Gestión de la ZEPA. – LIC de los Llanos de Alcántara y Brozas. – Red de Espacios Naturales Protegidos de Extremadura (RENPEX) 2005. – Parque Natural “Tajo Internacional”, declarado por la ley 1/ 2006, de 7 de julio. – Plan de Ordenación de los Recursos Naturales del Espacio Natural “Tajo Internacional”, aprobado por el Decreto 187/2005, de 26 de julio, y modificado por el Decreto 176/2006, de 17 de octubre y por el Decreto 10/2011, de 4 de febrero. – Bienes declarados de Interés Cultural, como son los Conjuntos Históricos de Valencia de Alcántara y Alcántara, y los dólmenes de Valencia de Alcántara declarados Zona Arqueológica3. Plasencia y el Valle del Jerte. Cáceres El paraje Valcorchero y el Valle del Jerte conforman este ámbito paisajístico, localizado al noreste de la provincia de Cáceres y en las estribaciones de la Sierra de Gredos. Entre los montes de Tras la Sierra y la sierra de Tormantos se encuentra el valle con las diferentes poblaciones enclavadas en él. Se trata de un claro ejemplo de paisaje que tiene el agua como elemento vertebrador: el río Jerte. En su entorno, y aprovechando los recursos que el río les ofrece, han ido surgiendo asentamientos humanos desde época prerromana hasta la actualidad. Incluye los Términos municipales de Barrado, Cabezuela del Valle, Cabrero, Casas del Castañar, El Torno, Jerte, Navaconcejo, Piornal, Plasencia, Rebollar, Tornavacas, Valdastillas. 3 Texto extraído de la documentación elaborada por Juana Alfonso Caballero y Javier Cano Ramos para el catálogo de paisajes culturales del Plan Nacional de Paisaje Cultural. Ir al ÍNDICE 032 Linarejos Cruz Pérez Figura 7. Vista general del Valle de Ricote. (Linarejos Cruz). Este paisaje, delimitado por montañas, engloba los Municipios de Cieza, Abarán, Blanca, Ricote, Ojós, Ulea, Villanueva del Segura y Archena, a partir de donde el río se abre a la huerta de Murcia. La organización espacial de los cultivos responde a una meditada disposición en términos de sostenibilidad ambiental y aprovechamiento de los recursos. Generalmente se encuentran en primer término, junto a la ribera, cultivos hortícolas, a continuación se disponen las plantaciones de cítricos y la zona más alta está ocupada por palmeras, árboles de gran porte que actúan de barrera protectora de los anteriores. Ya a mediados del siglo XIX, Pascual Madoz en el Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de Ultramar, en la sección de Murcia, describe así el Valle de Ricote: Tiene su principio en la conclusión de las huertas de Cieza y su límite en las de Archena. Su longitud de norte a sur es de tres leguas y latitud indeterminada, pero regularmente bastante estrecha. Lo atraviesa el río Segura, que ingresando por la jurisdicción de Abarán y confluencias de la Rambla del Moro, se dirige al estrecho de Solvente, esforzándose para hacerse paso por entre los peñascos de dos sierras de bastante altura. En el ingreso del valle están las presas de Abarán que abocando sus aguas por dos acequias laterales, la van derramando por distintas direcciones por las huertas de las citadas vecindades. Su curso es de Norte a Sur hasta introducirse en los términos de Archena. Es tan extraordinario el beneficio que prestan estas acequias, que produciendo inmensidad de huertos compuestos de naranjos, limoneros en infinidad de toda clase de frutales, presentan las más encantadoras vistas. Las tres leguas de terreno que constituyen el valle son un espesísimo bosque de frutales, entre los que descuellan principalmente naranjos y limoneros, cuyas frutas producen una riqueza considerable. Forma gran contraste la aridez de las sierras que constituyen este valle con sus deliciosos jardines, por entre los que marcha el río Segura bañando los pueblos de ambas márgenes. Valores que caracterizan el paisaje cultural del Valle de Ricote: A. VAlores intrínsecos Una nota característica de este paisaje son sus laderas estrechamente aterrazadas, algunas revestidas de muros de piedra, para retener el agua y el suelo en lugares de fuerte pendiente. También sobresalen los taludes y ribazos cubiertos por chumberas y alguna que otra pitera. Muchas terrazas, debido a la dificultad de cultivarlas, se encuentran abandonadas, aunque conservan perfectamente su estructura. Volver al INICIO 033 El agua como ElEmEnto gEnErador dE paisajEs culturalEs: una visión dEsdE El plan nacional dE paisajE cultural El complejo sistema hidráulico del Valle de Ricote constituye uno de los valores culturales y medioambientales más significativo. Su sistema de azudes, acequias, azarbes, norias, y aceñas ha perdurado durante siglos, manteniéndose muchos sus elementos en perfecto estado de conservación. B. VAlores pAtrimoniAles Todo el valle se encuentra protegido por fortificaciones de época medieval islámica, además de contar con yacimientos arqueológicos de todas las culturas desde el neolítico hasta los de época ibérica o romana. En el paisaje del valle destacan las numerosas ruedas de elevación de agua (norias). También existen numerosos bienes declarados de interés Cultural (BIC) y bienes catalogados por su relevancia cultural, bienes etnográficos, y vías pecuarias como son : -la Cañada Real de la Sierra del Oro, Cordel de la Charrara, Vereda de la Fuente de la Zarza, Vereda del Puerto del Caballo y Blanca, Vereda de los cuatro Caminos, Vereda de Ojós, Colada del Salto de la Novia, Cañada Real de los Cabañiles, Cañada de la Rambla del Moro, Cordel de las Pocicas, Colada del Saltador, Colada del barranco del Molar al Segura, Colada del Barranco del Sordo, Colada de las Macanesas a la Sierra de la Pila. El patrimonio industrial también está representado en el Valle por los puentes, antiguas fábricas de luz, los motores de bombeo de agua como el Motor Resurrección de Abarán, las conserveras y sus chimeneas o las antiguas salinas de Ojós. Cuenta con una gran riqueza en la conservación de bienes de carácter inmaterial como son los conocimientos sobre los cultivos tradicionales, gastronomía, artesanías, fiestas y costumbres tradicionales. En cuanto a su protección natural, en el Valle de Ricote encontramos varios lugares de interés comunitario y de especial `protección de aves como es la ZEPA y LIC Sierra de Ricote-La Navela que envuelve al valle. Figura 8. Formación rocosa en el Valle de Ricote. (Linarejos Cruz). Ir al ÍNDICE 034 Linarejos Cruz Pérez c. VAlores potenciAles y ViABilidAd El Valle de Ricote constituye uno de los enclaves geográficos, históricos y culturales más significativos y bellos de la Región de Murcia. Sus fértiles huertas y parajes tradicionales mantienen una elevada biodiversidad de cultivos y de especies silvestres lo que convierte a estos regadíos en un importante reservorio genético y de diversidad biológica. Sin embargo, el valor histórico y paisajístico de estas antiquísimas huertas se ve gravemente amenazado, por falta de relevo generacional, y por los nuevos usos del suelo y del agua, produciéndose el declive de un entorno privilegiado6. Las huertas antiguas, conservan aún gran parte de su patrimonio natural y cultural. Los núcleos de población se han mantenido en la falda de las sierras sin apenas invadir el valle Tan sólo el conjunto residencial del paraje de La Morra, en Villanueva del Segura, ha supuesto la destrucción de unas 15 ha de huerta tradicional. Sin embargo, de llevarse a cabo los planes y convenios urbanísticos previstos la población del valle pasaría de 40.623 habitantes (INE 2006) a 150.000 habitantes (sin contar Cieza), ya que ha sido aprobada la construcción de 50.000 viviendas en los próximos años. iniciAtiVAs reAlizAdAs o en proceso Se vienen realizando actuaciones para revitalizar la actividad turística del valle para evitar su desertificación. Así mismo se ha creado una red de agricultura ecológica que está proporcionando gran rentabilidad a los cultivos. Por su parte, el Instituto de Patrimonio Cultural de España, redactó un estudio previo del Paisaje Cultural del Valle de Ricote dentro del programa del Plan Nacional de Paisajes Culturales. La mayor amenaza que se cierne sobre las huertas antiguas del Valle de Ricote es su Plan de Modernización de Regadíos. Su objetivo es posibilitar la implantación de modernas técnicas de riego y obtener una mejor regulación de los caudales disponibles (Plan Estratégico de la Región de Murcia, 24 julio 2006). De esta forma se propone el abandono de los riegos tradicionales, la adaptación o implantación al riego por goteo y la incorporación de las Nuevas Tecnologías, para permitir a los agricultores automatizar la distribución de los recursos hídricos. En Ricote este plan ha promovido la construcción de un embalse de cabecera con una capacidad de 40.700 m3, una estación de bombeo, la canalización de 1.854 metros a través de tubos de diversos diámetros y la toma de agua del canal del Trasvase Tajo-Segura. Este Plan de Modernización puede acabar con el sistema hidráulico desarrollado históricamente alrededor del río Segura en el Valle de Ricote. Otras perspectivas de futuro nada halagüeñas para este entorno privilegiado están relacionadas, como en gran parte del medio agrario y rural, con procesos de erosión genética, ayuda escasa o nula a la agricultura familiar, éxodo rural y falta de relevo generacional en la agricultura de tipo tradicional.7 Vegas del Guadiana. Ciudad Real Paisaje definido en torno a las vegas de los ríos Guadiana y sus afluentes salobres Záncara y Cigüela, que constituyen un tipo de humedal característico de la Mancha, las tablas fluviales, generadas por la escasa profundidad de los cauces que se desbordan creando amplias llanuras de inundación. Los asentamientos humanos a lo largo de la historia han basculado en torno al recurso hídrico utilizándolo como recurso básico pero también como frontera delimitadora. 6 EGEA-SÁNCHEZ, J. M.; MONREAL, C. y EGEA-FERNÁNDEZ, J. M.: Huertas Tradicionales del Valle De Ricote . Diseño y Manejo. Departamento de Biología Vegetal (Botánica), Facultad de Biología, Universidad de Murcia (En línea: http://agroecologia.net/recursos/ publicaciones/publicaciones-online/2009/eventos-seae/cds/congresos/actas-bullas/seae_bullas/verd/posters/1%20P.BIOD/9.pdf). 7 Texto extraído de la documentación elaborada por Caridad de Santiago Restoy para el catálogo de paisajes culturales del Plan Nacional de Paisaje Cultural. Volver al INICIO 035 El agua como ElEmEnto gEnErador dE paisajEs culturalEs: una visión dEsdE El plan nacional dE paisajE cultural Valores que caracterizan el paisaje cultural de las Vegas del Guadiana: A. VAlores intrínsecos El valor ambiental de las tablas está ligado a la existencia de una flora singular de carácter hidrófilo y de la fauna asociada, entre cuyas especies destacan las aves acuáticas. Un paisaje determinado por la presencia de agua dulce, tanto superficial como subterránea, que ha configurado los establecimientos humanos desde la Prehistoria hasta la actualidad en su entorno, representativo de los humedales característicos de la llanura manchega. B. VAlores pAtrimoniAles La ocupación humana de este territorio ha modelado el paisaje de las vegas y su entorno inmediato. La explotación del recurso hídrico está vinculada con la cultura prehistórica del Bronce Manchego, representado en un monumento singular como la Motilla del Azuer, en Daimiel. Con posterioridad y ya en la Edad Media estas vegas suponen una frontera natural entre los reinos cristianos del norte y los islámicos del sur y muestra de esta apropiación del paisaje son los castillos que recorren en paralelo el desarrollo de estas vegas de este a oeste, desde el desaparecido de Malagón hasta Caracuel, pasando por Calatrava la Vieja, Alarcos y Piedrabuena. Entre ellos destaca el Castillo de Calatrava la Vieja, en Carrión de Calatrava, que además cuenta con un sistema hidráulico de corachas excepcional. El aprovechamiento del recurso hídrico es una constante a lo largo de la historia tal y como demuestran las numerosas infraestructuras hidráulicas que jalonan sus cauces como el Molino de Molemocho pero también las innumerables norias diseminadas por los campos de cultivo que se usan para extraer el agua a través de pozos que alcanzan el nivel freático. Esta explotación se mantiene hasta la actualidad. c. VAlores potenciAles y ViABilidAd Existen diferentes figuras de protección de bienes naturales y culturales dentro de este territorio, pero ninguna lo comprende en su totalidad. Destaca el Parque Nacional de las Tablas de Daimiel y el Parque Arqueológico de Alarcos-Calatrava. La fragilidad de este paisaje se ha puesto de manifiesto en numerosas ocasiones, ya que resulta altamente dependiente de las fluctuaciones climáticas anuales. Además, la sobreexplotación del acuífero impide que el nivel freático ascienda lo suficiente para compensar la falta de aporte de aguas superficiales, con el consiguiente deterioro del sistema ecológico. Figura 9. Vista general de las Vegas del Guadiana. (Linarejos Cruz). Figura 10. Tablas de Daimiel. (Linarejos Cruz). Ir al ÍNDICE 036 Linarejos Cruz Pérez La viabilidad de las Vegas del Guadiana se sustenta en un complicado equilibrio entre el aprovechamiento de los recursos hídricos que hagan viable la explotación agrícola de la zona tal y como se ha venido haciendo a lo largo de la historia por los grupos humanos asentados en su entorno y el desarrollo de actividades turísticas sostenibles en relación con sus valores naturales y patrimoniales. estAdo ActuAl Se han desarrollado numerosas actividades de ocio en relación con el disfrute y valoración del patrimonio natural y cultural en las Vegas del Guadiana. Además de las acciones en relación con el Parque Nacional de las Tablas de Daimiel y el Parque Arqueológico de Alarcos-Calatrava, se han puesto en marcha rutas en bicicleta siguiendo el río y su hitos y se han restaurado y puesto en valor monumentos en su entorno. Agentes implicAdos Estas iniciativas parten de agentes locales como ayuntamientos, grupos de acción local y asociaciones y empresas como de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha y de la AGE a través de la Confederación Hidrográfica del Guadiana8. REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS Y RECURSOS EN LÍNEA Atlas de los Paisajes de la Región de Murcia, Murcia, Consejería de Obras Públicas y Ordenación del Territorio, Dirección General de Urbanismo y Ordenación del Territorio, 2009. CANO RAMOS, F. J. (Dir. Del Proyecto), Paisajes Culturales de Extremadura I, Badajoz, Dirección General de Bibliotecas, Museos y Patrimonio Cultural, Junta de Extremadura, 2016. CRUZ PÉREZ, L. (Coordinadora científica), 100 paisajes culturales en España, Madrid, Instituto del Patrimonio Cultural de España, Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, 2015. MATA OLMO, R., Atlas de los Paisajes de Castilla La Mancha, Ediciones de la Universidad de Castilla-La Mancha, 2011. Plan Nacional de Paisaje Cultural (Publicación del Plan en línea): http://bit.ly/1T6AZkU Plan Nacional de Paisaje Cultural (Toda la información sobre el Plan en línea): http://www.mecd.gob.es/planes-nacionales/planes/paisaje-cultural.html. 8 Texto extraído de la documentación elaborada por María Perlines para el catálogo de paisajes culturales del Plan Nacional de Paisaje Cultural. Volver al INICIO 037 Sección L’acqua e il patrimonio culturale tra architettura, città e territorio Maria MARTONE uNIvERSItà LA SAPIENzA DI ROMA 037 sintesi: Tra i numerosi esempi in cui l’acqua è stato l’elemento caratterizzante forme architettoniche e urbane realizzate nel corso della storia, gli acquedotti e le fontane costruiti a Roma tra il XVI e il XIX secolo ne costituiscono un caso particolarmente rappresentativo. Grazie all’intervento di diversi papi che si sono succeduti durante questi secoli, nella città eterna “rinasce l’acqua” con il ripristino di alcuni acquedotti di epoca romana distrutti durante il Medioevo. La ricerca si inserisce all’interno di una tematica molto ampia e complessa con l’obiettivo di contribuire a definire strategie di valorizzazione dei beni che fanno parte del patrimonio culturale e che sono legati all’acqua, elemento primario e fondamentale per la vita dell’uomo e per il valore culturale ed artistico che esprime. PaRole chiave: Acqua; patrimonio culturale; acquedotti; fontane; Roma. El agua y el patrimonio cultural en relacion con la arquitectura, la ciudad y el territorio Resumen: Los acueductos y las fuentes construidas en Roma entre los siglos XVI y XIX constituyen un caso representativo, entre otros, en que el agua es el factor característico de las formas arquitectónicas y urbanas realizadas a lo largo de la historia. Durante estos siglos en la Ciudad Eterna, gracias a la intervención de varios papas, se dio un “renacimiento del agua”, debido a la restauración de algunos acueductos de época romana destruidos a lo largo de la Edad Media. Esta investigación se coloca en el marco de una temática muy amplia y compleja. Su objetivo es contribuir a la definición de estrategias que permitan valorizar los bienes del patrimonio cultural que están relacionados con el tema del agua, elemento primario y fundamental para la vida del hombre por el valor cultural y artístico que expresa. PalabRas clave: Agua; patrimonio cultural; acueductos; fuentes; Roma. Water and cultural heritage between architecture, city and territory abstRact: Among the many examples in which water was the key element of architectural and urban forms produced throughout history, the aqueducts and fountains built in Rome between the sixteenth and nineteenth centuries constitute a case particularly representative. The water “reborn” in the eternal city with the restoration of some Roman aqueducts destroyed during the Middle Ages thanks to the intervention of several popes who have succeeded during this period. The research is part of a very broad and complex issue in order to help define valuation strategies of assets that are part of the cultural heritage and which are related to water, primary element and fundamental for the life of ‘ man and for the cultural and artistic values that expresses. Key WoRds: Water; cultural heritage; aqueducts; fountains; Rome. Ir al ÍNDICE 038 Maria Martone L’ACQUA IN ETÀ ANTICA Sulla base dello studio di numerosi archeologi e storici è possibile conoscere le prime sorgenti urbane e ricostruire i percorsi degli antichi acquedotti costruiti in epoca romana dal territorio della campagna romana alla città fino ai vari quartieri urbani serviti. A partire dagli scritti di Sesto Giulio Frontino1, sovrintendente agli acquedotti di Roma nel 97, sotto l’imperatore Nerva, e dai ritrovamenti archeologici, molti studiosi nelle varie epoche storiche si sono dedicati allo studio degli acquedotti tra cui Raffaele Fabretti, Carlo Fea, Rodolfo Lanciani, Thomas Ashby, dalle cui opere è possibile trarre informazioni sulla ubicazione delle sorgenti, sulla lunghezza dei percorsi urbani ed extra urbani, sulla portata, i nomi dei costruttori, e molti altri dati correlati alla realizzazione degli acquedotti. Nell’antichità i Romani utilizzavano per ogni uso l’acqua proveniente dal fiume Tevere e da fonti urbane, la cui purezza e potabilità erano garantite dallo Stato, mentre la distribuzione era assicurata dagli acquarioli che si interessavano al trasporto dell’acqua in città. Frontino cita nella sua opera le fonti delle Camene situate alle pendici del Celio, le fonti di Apollo, di cui non si conosce il sito, e quelle di Giuturna situate nel Foro Romano esaltandone le proprietà medicinali. Il Fea dedica nel volume del 1832 uno studio alle sorgenti antiche presenti nella città di Roma indicandone la presenza anche in altri siti oltre a quelli già indicati dal Frontino, tra cui: la fonte Lupercale sul colle Palatino, la fonte Lautula vicino alla basilica Emilia, la fonte Scauriana alle pendici dell’Aventino e quella di Mercurio. Successivamente il Lanciani individua nel territorio della città di Roma 23 fonti urbane, riportando di ciascuna la denominazione completa e l’ubicazione su di una pianta dell’idrografia del suolo di Roma (Lanciani, 1880-81, Tav. II, indice delle tavole p. 615). Aumentando nel tempo il bisogno di acqua con uno sviluppo demografico sempre più crescente della città, furono costruiti i primi acquedotti2. Nella pianta dell’archeologo Alberto Cassio intitolata Los acueductos en los campos romanos del 1756 viene rappresentata la campagna romana con l’ubicazione dei principali acquedotti, eseguita sulla base dello studio dello storico bizantino Procopio, così come riportato nell’epigrafe disegnata a destra della pianta. La carta ci restituisce l’aspetto del territorio della campagna romana attraversata da imponenti teorie di archi che confluiscono nella città di Roma (Fig. 1). Figura 1. Alberto Cassio. Gli acquedotti nella campagna romana (Cassio, A., Corso dell’acque antiche portate da lontane contrade fuori e dentro Roma, Roma: Stamperia Giannini, 1756). 1 Sesto Iulio Frontino nel 98 pubblicò De aquae ductu urbis Romae. 2 I primi acquedotti costruiti furono quelli dell’acqua Appia, acqua Anio Vetus, acqua Marcia, seguirono poi gli acquedotti dell’acqua Tepula, acqua Iulia, acqua Virgo, acqua Alsietina, acqua Claudia, Aacqua Anio novus, acqua Traiana , acqua Alessandrina. Di alcuni di questi sono ancora visibili resti nel Parco degli Acquedotti sulla Tuscolana. Volver al INICIO 039 L’acqua e iL patrimonio cuLturaLe tra architettura, città e territorio Una ricostruzione completa del percorso extra urbano degli acquedotti edificati durante l’epoca romana è costituita dalla mappa pubblicata da Giuseppe Panimolle nel 1984 (tavola IV), redatta in base alla documentazione che Sesto Iulio Frontino produsse in qualità di curatore delle acque. Nella carta topografica del territorio di Roma del Piranesi del 1756 ritroviamo descritto, invece, il percorso urbano dei primi acquedotti costruiti dai Romani3. Durante il periodo della repubblica erano i censori ad amministrare gli acquedotti e le acque che erano di proprietà del Comune, mentre in epoca imperiale, con Augusto furono i curatores aquarum, nominati dal senato, che provvedevano a tale compito. In una tavola, conservata nell’archivio storico capitolino, sono elencati i magistrati che si sono succeduti nell’amministrazione delle acque a Roma. L’ultimo nominativo è proprio quello di Sesto Giulio Frontino. La sua attività gli permise una conoscenza meticolosa degli acquedotti, che gli consentì di elaborare un prontuario preciso e completo dei beni dello stato da lui amministrati. Gli acquedotti furono costruiti anche nel territorio dell’impero romano, di cui ancora oggi si conservano alcune vestigia. Tra i numerosi esempi, ricordiamo in Italia, oltre al vicino acquedotto ostiense, l’acquedotto romano alla Sanità a Napoli, il ponte-acquedotto Pont d’Aël in valle d’Aosta e in Europa: Pont du Gard, costruito a sud della Francia per portare l’acqua alla città di Nimes, l’acquedotto Eifel in Germania, gli acquedotti di Segovia, Merida e Terragona in Spagna. Le imponenti teorie di archi hanno segnato con la loro forte presenza il paesaggio urbano della città di Roma rappresentato in una ricca produzione iconografica e cartografica tra il XIV e il XVI secolo. GLI ACQUEDOTTI ROMANI NELLA RAPPRESENTAZIONE ICONOGRAFICA: DAL PAESAGGIO URBANO AL DETTAGLIO COSTRUTTIVO. ALCUNI ESEMPI Nella pianta di Roma antica a forma ellissoidale disegnata da Fra Paolino da Venezia nel 1320 viene raffigurato all’interno della cinta muraria merlata e turrita l’acquedotto neroniano che si sviluppa con una continua sequenza di archi. Lo stesso schema compositivo verrà ripetuto in altre produzioni come in quella del 1414 di Taddeo di Bartolo4 in cui, tra i vari monumenti rappresentati in pseudo prospettiva nella città medievale disegnata in forma circolare, si riconoscono la fontana di Trevi nella sua prima costruzione e le arcate dell’acquedotto neroniano. Una ricostruzione di Roma antica è rappresentata dalla carta di Giacomo Lauro del 1612, in cui è disegnata Roma con i suoi monumenti e con le grandi strutture idrauliche che caratterizzarono il paesaggio urbano e suburbano dell’epoca (Fig. 2). Figura 2. A sinistra: Roma antica dipinta da Taddeo di Bartolo, 1414 (Stevenson 1881). A destra: Giovanni Lauro. Roma antica, 1612. Stralcio (Frutaz 1962). 3 È possibile visualizzare in rete il percorso degli antichi acquedotti a cura di Filippo M. SaccÀ - www.bandb-rome.it. Sulla base di una cartografia attuale sono riportate informazioni tratte da fonti storiche d’archivio e bibliografiche. Si ricorda inoltre la Mappa interattiva Aquae Urbis Romae: the Waters of the City of Rome pubblicata dall’ Institute for Advanced Technology in the Humanities, University of Virginia. Project Director Katherine Wentworth Rinne alla pagina web: http://www3.iath.virginia.edu/waters/timeline/index.html. 4 Stevenson, H., Di una pianta di Roma dipinta da Taddeo di Bartolo nella Cappella interna del Palazzo del Comune di Siena (a. 1413–1414), (sr.), Roma, Coi tipi del Salviucci, 1881. Ir al ÍNDICE 040 Maria Martone Alcuni dettagli costruttivi degli acquedotti sono illustrati nella pianta di Roma antica del Piranesi del 1756, redatti a diverse scale grafiche. Sono rappresentati i vari tipi di acquedotti: arcuati, in superficie, sotterranei e in sostruzione. Un particolare tecnico è dedicato al disegno degli spechi che costituivano la cavità interna dei condotti in cui scorreva l’acqua. Infine in un disegno di sezione, molto accurato nel trattamento dei materiali e delle superfici, viene rappresentato il bottino che riceve le acque del Marcio. Il sistema di distribuzione dell’acqua era, infatti, caratterizzato dalla presenza del castellum o bottino da cui veniva distribuita l’acqua per un gruppo di utenze dopo essersi depurata attraversando le piscine limarie, in cui l’acqua sedimentandosi si liberava di tutte le impurità trasportate durante il tragitto (Fig. 3). Figura 3. Giovanni Battista Piranesi, Acquedotti di Roma, 1756. Particolari costruttivi (Panimolle 1984). L’ACQUA NEL MEDIO EVO Le arcuazioni fuori terra, pur avendo un carattere di forte monumentalità, costituivano un punto debole per gli acquedotti perché facilmente potevano essere distrutte dal nemico. Così come infatti accadde durante le invasioni barbariche quando molte teorie di archi furono demolite con lo scopo di lasciare senz’acqua la popolazione di Roma costretta in tal modo ad allontanarsi dalla città perché impossibilitata a dissetarsi. Altre condutture furono messe fuori uso dagli stessi Romani che le murarono in quanto costituivano facili vie di accesso alla città da parte degli invasori. Numerosi furono anche i danni recati agli acquedotti dalle inondazioni del fiume Tevere e da alcuni forti terremoti. Per circa otto secoli la città rimase priva di questa grande ricchezza che aveva caratterizzato la sua potenza e la popolazione di Roma fu costretta a ritornare a bere l’acqua del fiume Tevere e delle antiche fonti urbane trasportata con barili per Roma. Nei secoli di decadenza i Romani abbandonarono gli antichi quartieri situati sui colli, scendendo verso il Tevere e verso le zone basse della città popolando il quartiere Campo Marzio. Addetti al servizio di trasporto dell’acqua erano gli acquaroli, denominati anche facchini o acquarenari per indicare l’operazione di depurazione che essi svolgevano sull’acqua arenosa del Tevere prima di distribuirla. La fontana del Facchino situata in via Lata ci ricorda questo antico mestiere (Fig. 4). Figura 4. In alto: disegno di un acquarolo (D’Onofrio 1986). In basso: la fontana del Facchino in via Lata. Volver al INICIO 041 L’acqua e iL patrimonio cuLturaLe tra architettura, città e territorio LA RINASCITA DELL’ACQUA A ROMA Alla fine del ‘400 apparvero i primi interventi di ripristino degli acquedotti che si intensificarono maggiormente nel XVI secolo, periodo in cui una serie di riparazioni ad opera dei papi riportò nella città di Roma una grande quantità d’acqua. Quattro furono gli antichi acquedotti riattivati dai papi: quello dell’acqua Virgo, dell’acqua Alessandrina, l’acquedotto di Traiano e quello dell’acqua Marcia. Alcuni di essi cambiarono o modificarono la propria denominazione prendendo il nome dal papa che si era interessato al suo ripristino5. Dall’attività di papa Nicolò V ai restauri di papa Benedetto XIV: l’acquedotto Vergine L’ acquedotto Virgo6 subì meno danni degli altri acquedotti essendo quasi tutto il suo percorso, di circa ventuno chilometri, sotterraneo, ad esclusione di brevi tratti urbani progettati a cielo aperto su archi. L’acqua Vergine nasceva dalla tenuta di Salone, divenuta nel Medioevo proprietà del capitolo di Santa Maria Maggiore, a dieci chilometri da porta Maggiore sulla via Collatina e arrivava in città seguendo un lungo percorso. Dopo cinque chilometri da Salone, presso il fosso della Marranella7, l’acquedotto deviava il percorso verso nord attraversando la Tiburtina, la Nomentana e la Salaria con un ampio arco. Si dirigeva poi verso i Parioli, attraversava il colle Pinciano, per arrivare nell’attuale via due Macelli. Da qui, attraverso una serie di arcate, l’acquedotto superava l’attuale via del Nazareno, dove è ancora conservata la parte terminale dell’arco di Claudio, da ritenersi un fornice della struttura. L’acquedotto procedeva, poi, verso piazza di Trevi per scavalcare con archi l’attuale via del Corso all’altezza di palazzo Sciarra proseguendo il suo cammino in via del Seminario, per concludersi verso il Pantheon con una fontana che indicava l’arrivo dell’acqua in città. Le acque erano distribuite attraverso un castellum per alimentare i numerosi monumenti creati da Agrippa. Secondo la testimonianza dello storico bizantino Procopio fu Vitige a danneggiare l’acquedotto Vergine. Nell’ Itinerario di Einsiedeln, famosa guida di Roma databile al tempo di Adriano e di Carlo Magno, infatti, viene riportata l’interruzione dell’acquedotto Vergine all’altezza di via del Corso, vicino al palazzo Sciarra. Sarà Adriano I a restaurare l’acquedotto durante il suo pontificato (772-795) insieme agli acquedotti della Marcia e di Traiano, costruendo a monte dell’interruzione una nuova fontana terminale su un luogo denominato Treyo8. Pur non essendo mai stato interrotto, l’afflusso dell’acqua Vergine diminuì notevolmente nei secoli successivi nonostante gli interventi della camera Capitolina e Apostolica. Le sorgenti furono abbandonate, per poi essere riutilizzate attivando vene di minore qualità e portata come quelle di Bocca di Leone. Ad interessarsi della rinascita dell’acqua Vergine fu Niccolò V, che nel 1453 riprese i lavori di restauro di papa Adriano I del 786, facendo ristrutturare le condutture dell’antica opera di Agrippa in prossimità dell’urbe per distribuire l’acqua nei diversi punti della città. Inoltre, Nicolò V ristrutturò l’antica fonte del Treyo, realizzando la prima vera e propria 5 Mentre a Roma nel XVI secolo iniziavano i lavori di riattazione e di restauro degli acquedotti di epoca romana in alcune zone d’oltralpe venivano costruiti ex novo strutture idriche per l’approvvigionamento dell’acqua; è il caso ad esempio dell’acquedotto di Plasencia conosciuto come Arcos de San Antón, la cui costruzione ebbe inizio nel 1566, riproponendo la struttura e la forma della tipologia romana. Il ponte acquedotto è una delle opere pubbliche più rilevanti del XVI secolo nella penisola, assieme ad altri acquedotti, quali quello di San Lázaro a Mérida, quello di Guadalupe, quello di Évora o quello di Elvas (cfr. Pedro Plasencia, L’acquedotto Arcos de San Antón a Plasencia, pp.203-218 in Martone 2015). L’acquedotto raggiungeva la città di Plasencia nel suo punto più alto, diventando un elemento caratterizzante non solo la città che serviva ma tutto il territorio circostante. 6 L’acquedotto Vergine o Virgo è attualmente funzionante solo per l’irrigazione e per l’alimentazione delle fontane delle piazze di Spagna, di Trevi e di piazza Navona. All’inizio del Novecento è stato modificato il tratto di attraversamento in città dell’acquedotto, reso più breve con la costruzione del Vergine Nuovo a cui è stata affidata l’erogazione di acqua potabile (Battilossi S., Acea di Roma 1909-2000, Milano, Franco Angeli, 2007). 7 Visibili da via di Pietralata sono i resti di un’arcata dell’antico acquedotto romano che scavalca il fosso della Marranella. 8 Si tratta probabilmente della originaria fontana di Trevi, che verrà costruita nelle forme attuali solo nel XVIII secolo. Ir al ÍNDICE 048 Maria Martone DIALOGO TRA UNA CITTÀ E LE SUE ACQUE Accanto alle mostre e alle fontane monumentali, gli acquedotti hanno alimentato numerose piccole fontane, denominate fontanelle che, addossate agli edifici o a tutto tondo, di piccole dimensioni, ma allo stesso tempo di pregevole manifattura, trovarono la loro collocazione nelle piazze e nelle strade o anche nei vicoli più remoti e negli slarghi urbani più nascosti17. Nell’ambito della documentazione urbana, esse assumono un particolare significato per il luogo in cui sono state costruite, per gli avvenimenti che ricordano o per le leggende che si sono create intorno a loro. È il caso, ad esempio, della fontana del porto di Ripetta, realizzata nell’ambito del progetto del porto del 1704 per volere di papa Clemente XI dagli architetti Alessandro Specchi e Carlo Fontana. Fu costruita con lo scopo soprattutto di abbeverare gli animali da soma utilizzati per le operazioni di trasporto delle merci. Sulla sua sommità fu posta una stella con lo stemma araldico della famiglia papale Albani e successivamente fu aggiunta una lanterna in ferro battuto come fonte di luce per i naviganti durante la notte. Ai lati dell’emiciclo furono sistemate due colonne-idrometro, sulle quali furono segnate le altezze raggiunte dal fiume durante le alluvioni dal 1495 al 1750. Dopo il 1870, in seguito ai lavori per la sistemazione del Lungotevere con la costruzione dei muraglioni, il porto di Ripetta fu demolito e la fontana fu smontata e riposta nei magazzini comunali. Solo nel 1930 l’antica fontana detta anche Clementina o dei Navigatori venne rimontata, con qualche variazione, insieme alle due colonne-idrometro in piazza del Porto di Ripetta nella sede in cui oggi si trova (Fig. 11). Figura 11. La fontana del porto di Ripetta in una veduta di Paul-Marie Letarouilly (Letarouilly, P.M., Édifices de Rome moderne, Liége, D. Avanzo, 1853.) e in una foto attuale. Molto importante è lo studio di Carlo Fea pubblicato nel 1832, in cui lo storico propone un censimento delle fontane pubbliche e semipubbliche presenti a Roma, descrivendo di ciascuna lo stato di fatto della costruzione e la sua ubicazione. Gli elenchi del Fea, confrontati con la cartografia storica, con la documentazione di archivio e con la realtà di oggi, danno la possibilità di avere un quadro complessivo di come poteva essere forte e capillare la presenza dell’acqua a Roma e in che misura abbia potuto caratterizzare il paesaggio urbano anche sotto l’aspetto sonoro. Il suono dell’acqua che scorre, una volta più presente nella città – attualmente da molte fontane non fuoriesce più acqua – costituiva anche un riferimento, un richiamo per orientarsi a chi percorreva vicoli e stradine, diventando talvolta anche il suono di un silenzio in alcune ore della giornata. Più grande era la fontana, maggiore era il suono che si diffondeva nell’ambiente e maggiore era anche la gradevole sensazione di frescura che la presenza dell’acqua in movimento provocava. Una forte intesa legava la città e le sue acque dialogando con vivacità e aiutando i viaggiatori, i pellegrini, i Romani stessi a vivere la città come una grande casa, pronta ad ospitare, ad accogliere e a dissetare. L’acqua fu utilizzata dai Romani 17 Numerose sono le testimonianze bibliografiche di questo importante patrimonio culturale da cui nel corso della ricerca è stato possibile trarre un elenco delle principali fontane diviso per acquedotti con l’obiettivo di proporne una catalogazione. E’ stato, a tale scopo, elaborato un modello di scheda in cui sono contenuti, accanto alle notizie relative al materiale cartografico e iconografico storico e attuale, anche dati descrittivi e bibliografici, nonché la collocazione geografica della singola fontana (Martone 2015). Volver al INICIO 049 L’acqua e iL patrimonio cuLturaLe tra architettura, città e territorio non solo per uso potabile o igienico, ma anche ludico o decorativo per le sue caratteristiche di riflettere e di mutare forma e colore. È nelle terme, nelle naumachie, negli acquedotti, nelle fontane in cui si manifesta l’affermazione dell’acqua in città. Una maggiore monumentalità viene conferita all’acqua quando essa viene illuminata. Le prime sperimentazioni per l’utilizzo dell’illuminazione delle fontane a Roma avvengono in piazza della Repubblica per la fontana delle Naiadi, mostra dell’acqua Pia Antica Marcia, alla fine dell’Ottocento a cui seguirono numerosi altri esempi. Elemento fortemente caratterizzante la configurazione della città di Roma, del suo sviluppo e della sua storia è il fiume Tevere, le cui acque per secoli hanno dissetato i Romani, sono state navigabili e hanno reso possibile nel V secolo d. C. anche una serie di attività come ad esempio quella legata ai mulini che, costruiti lungo le sponde del fiume, hanno incentivato attività commerciali e produttive. Di queste strutture in legno non è rimasta alcuna traccia se non nella documentazione iconografica tra il XVI e il XIX secolo, tra cui ricordiamo le rappresentazioni di Gaspare Van Wittel e gli studi sul Tevere di Cornelius Meyer. La presenza dell’acqua a Roma è documentata da una ingente produzione cartografica e iconografica che ci consente di leggere una città in continuo dialogo con la sua acqua, quella del fiume, delle mostre, delle fontane monumentali e delle fontanelle. LE FONTANE NELLE VEDUTE In una incisione del 1589 dedicata a Sisto V edita da Giovanni Pinadelli, con al centro il volto del papa, sono rappresentate le opere edilizie volute dal pontefice nel suo progetto di trasformazione della città. Rappresentate in vedute prospettiche si distinguono la fontana dell’acqua Felice e quella dei Dioscuri nella prima realizzazione di Domenico Fontana (Fig. 12, a sinistra). In proiezione obliquo verticale con alzato18 sono riportati nella pianta disegnata da Antonio Tempesta del 1661 - 1662 i disegni di strade, palazzi, edifici presenti nella Roma al tempo di Alessandro VII. In essa sono disegnate, in modo molto verosimile anche se fuori scala, le principali fontane all’epoca edificate nella città. Le piccole dimensioni di una fontana non avrebbero, infatti, consentito il loro disegno in una rappresentazione cartografica. Tuttavia molti artisti, come il Tempesta, hanno riprodotto un modello grafico schematico di ciascuna fontana, diventando questo segno un punto di riferimento per la lettura della città. È dalla pianta di Giovan Battista Nolli che si evince una posizione precisa delle fontane costruite a Roma dopo la rinascita dell’acqua. E’ ben noto, infatti, il carattere rinnovativo dell’opera del Nolli del 1748 nell’ambito della cartografia, in cui prevale il rigore scientifico e geometrico su quello artistico19. La rappresentazione delle fontane si evince anche in alcune vedute di scorci urbani, di piazze e di monumenti, disegnate in genere anche a corredo di piante topografiche della città di Roma redatte tra il XVII e il XIX secolo, prendendo in questo caso il nome di vedutine. Attraverso le vedute la fontana viene documentata non solo nel suo aspetto di singolo monumento ma anche all’interno di un contesto urbano, sottolineando in tal modo il valore ambientale che essa esprime. Le vedute restituiscono l’idea della città di Roma come era un tempo e documentano il modo in cui la videro e la seppero graficamente esprimere i diversi artisti che utilizzarono questo tipo di rappresentazione. Grazie alle opere dell’architetto e disegnatore fiammingo Lievin Cruyl, raffiguranti paesaggi urbani della città di Roma, si sviluppa il disegno panoramico noto come veduta. Le rappresentazioni dell’artista fiammingo realizzate durante lunghi soggiorni in Italia, tra il 1664 e il 1666, ricostruiscono 18 Definizione data dal Frutaz per indicare una veduta pseudo prospettica. 19 La versione digitale e interattiva della mappa è consultabile in rete, al sito http://nolli.uoregon.edu/map/ a cura dell’Università dell’Oregon. Ir al ÍNDICE 050 Maria Martone i cambiamenti urbanistici significativi dovuti ai grandi lavori promossi da papa Alessandro VII per migliorare la città. Le impostazioni grafiche e geometriche dei disegni di Cruyl saranno un punto di riferimento per i vedutisti e pittori che verranno dopo di lui, come ad esempio gli olandesi Gaspar van Wittel e Cornelius Meyer. Famosa è la produzione di vedute di Giovanni Battista Falda delle fontane di Roma situate nelle piazze e nei luoghi pubblici della città. Attento conoscitore dell’architettura, il Falda dal 1663 al 1669 fu autore di numerose tavole che illustravano palazzi, chiese e giardini con lo scopo di diffondere la nuova immagine di Roma durante il pontificato di Alessandro VII Chigi. Ricordiamo, inoltre, anche la cospicua produzione grafica eseguita dal Piranesi tra il 1740 e il 1780 in cui l’artista veneziano elabora numerose rappresentazioni di ampi paesaggi urbani di Roma moderna utilizzando effetti prospettici e chiaroscurali, espressione di capacità tecnica e di ricchezza inventiva20. Specializzato nella veduta architettonica fu l’incisore Giuseppe Vasi autore di numerosissime tavole raccolte in dieci libri facenti parte dell’opera Delle magnificenze di Roma antica e moderna (17471761). Le sue vedute si basano su una attenta osservazione dal vero e su una precisa documentazione storica (Fig. 12, a destra). Figura 12. A sinistra: Giovanni Pinadelli, Sisto V e vedutine delle opere edilizie da lui ideate e costruite, 1589 (Frutaz 1962). A destra: Giuseppe Vasi, Veduta della piazza di S. Maria in Trastevere (Vasi, G., Delle magnificenze di Roma antica e moderna. Rome, Chracas and others, 1747-1761; http://www.romeartlover.it/Vasi60.htm). Fonte inesauribile di documentazione di chiese, palazzi, conventi, giardini, fontane della Roma rinascimentale è il libro dell’architetto e incisore francese Paul-Marie Letarouilly, intitolato Édifices de Rome moderne, realizzato tra il 1840 e il 1855 dopo aver compiuto un lungo viaggio in Italia per approfondire ricerche sull’architettura costruita. I RILIEVI Nell’analisi del patrimonio costruito, finalizzata alla conservazione e valorizzazione, il percorso di conoscenza e di documentazione trova nel rilievo lo strumento che consente di comprendere l’architettura nelle sue forme, nella sua geometria e di risalire, attraverso il disegno e la restituzione grafica dei caratteri morfologici e tipologici, alla sua storia. 20 Piranesi, G.B., Vedute di Roma nel ‘700, 1748 – 1778. Volver al INICIO 051 L’acqua e iL patrimonio cuLturaLe tra architettura, città e territorio Grazie alla continua evoluzione tecnologia e all’innovazione che essa ha portato nel campo delle tecniche di rilevamento, è possibile oggi digitalizzare il patrimonio costruito attraverso l’elaborazione di modelli 3D, come base per documentare il patrimonio storico, studiarne la sua evoluzione attraverso un monitoraggio nel tempo. La foto modellazione e il rilievo digitale eseguito con laser scanner consentono infatti di elaborare modelli che rappresentano veri e propri archivi di informazione. Nel corso della ricerca sono stati eseguiti alcuni rilevamenti digitali attraverso i quali è stato possibile approfondire la conoscenza nel dettaglio di singoli beni, come nel caso della fontana di piazza Nicosia, di cui di seguito si riporta una sintesi, della fontana del Facchino21 e della fontana delle Rane22. Il percorso di conoscenza e di documentazione della fontana di piazza Nicosia23 è stato arricchito da un rilevamento digitale24 con laser scanner e con fotocamera metrica digitale, eseguito utilizzando il Faro Focus 3D e la reflex Canon Eos 5D Mark II. La fontana in piazza Nicosia a Roma fu progettata da Giacomo Della Porta nel 1572. Costruita in seguito alla riattivazione dell’antico acquedotto dell’acqua Vergine, per volere di papa Gregorio XIII Boncompagni fu realizzata a piazza del Popolo per poi essere spostata nel 1820, dopo i lavori di riassetto urbano progettati dall’architetto Giuseppe Valadier, nella piazza S. Pietro in Montorio. In seguito, fu smontata e conservata nei magazzini comunali fino al 1950 per essere poi definitivamente sistemata in piazza Nicosia. Così come si evince anche da una rappresentazione di Giovanni Battista Falda la fontana era costituita da una grande vasca marmorea ottagonale poggiante su un basamento formato da alcuni gradini ancora ottagonali. In essa si raccoglievano le acque provenienti da un alto e copioso zampillo che sgorgando da un piccolo catino rovescio, posto in sommità della fontana, si riversavano in un bacino marmoreo circolare, per poi da esso fuoriuscire attraverso bocche decorate o semplicemente sbordando. Bassorilievi raffiguranti l’emblema araldico di Gregorio XIII Boncompagni, costituito da draghi con ali aperte, ornavano il secondo bacino, sorretto da un balaustro in marmo cipollino arricchito dalle sculture di quattro piccoli delfini mitologici. Della fontana del Trullo rimane oggi solo la grande vasca ottagonale, mentre gli altri elementi, quali i due catini e il balaustro, sono stati rifatti rispettando i disegni di Giacomo Della Porta. Nella ricostruzione è stato sostituito il simbolo dei Boncompagni con quello dei Borghese costituito da un drago e da un’aquila. La fontana con il suo basamento è circondata da alcuni pilastrini cilindrici di travertino collegati da elementi metallici che aiutano a salvaguardare il monumento dalla presenza incombente di auto e motocicli (Fig. 13). Dopo un sopralluogo nella piazza è stato programmato un progetto di ripresa sia con laser scanner sia con la reflex, relativo alla documentazione della fontana e dell’invaso urbano in cui essa è collocata. Tenendo conto della particolare forma geometrica della fontana sono state previste ed eseguite otto riprese con il Faro, una per lato del basamento ed essendo le stazioni molto ravvicinate non c’è stato bisogno di utilizzare i target di riferimento per il riconoscimento di punti omologhi necessari durante le operazioni di restituzione. Altre stazioni, ubicate nella piazza sia verso via di Monte di Brianzo sia verso via del Clementino, sono state realizzate per una ripresa della fontana nel contesto urbano della piazza. Per la documentazione della fontana e per rappresentare nel dettaglio la sua parte scultorea si è scelto di eseguire anche una foto modellazione. Presentando, infatti, la fontana nel balaustro di sostegno del catino, su cui sono appoggiati quattro delfini mitologici, una complessità di forme, si è proceduto ad un confronto dei dati della fontana provenienti dalle due tecniche digitali utilizzate (Fig. 14). 21 Rilevamento digitale eseguito da Andrea Angelini. 22 Rilevamento digitale eseguito da Mariella La Mantia. 23 Cfr. Martone, 2015. 24 Alle operazioni di rilevamento digitale, da me coordinate, hanno partecipato Andrea Angelini, Marcella Macera e Floriana Papa. Il progetto di ripresa e le restituzioni info-grafiche sono di Andrea Angelini; la composizione delle immagini di rilievo è di Floriana Papa. Ir al ÍNDICE 052 Maria Martone Figura 13. La fontana del Trullo. Al centro: una rappresentazione del 1669 eseguita da Giovanni Battista Falda (Falda, G.B., Le Fontane di Roma nelle piazze, e luoghi pubblici della citta, con il loro prospetti, cura da G.G. De Rossi, Roma,1675). Lateralmente: una foto attuale e una foto del balaustro. Ricordiamo che la foto modellazione si basa esclusivamente sull’utilizzo di fotografie per eseguire la costruzione tridimensionale di un oggetto reale, seguendo tre fasi: rilievo, modellazione, rappresentazione. Vengono estratte dalle fotografie informazioni di diversa natura: coordinate spaziali e texiture per completare la rappresentazione tridimensionale, costituendo in tal modo un archivio di informazioni relative allo stato di conservazione dei materiali. Figura 14. La fontana del Trullo. Rilevamenti digitali. A sinistra dall’alto: modello numerico a nuvola di punti, modello numerico con superfici triangolari (mesh), modello numerico mesh con texture a colori. A destra: Gestione ed elaborazione differenziata della fontana a seconda della complessità delle forme che la caratterizzano. Gli apparati scultorei sono stati elaborati con filtri diversificati. La ripresa fotografica dell’apparato scultoreo centrale è stata effettuata con ottica fissa da 50 mm della reflex digitale Canon Eos 5D Mark II. In seguito, i dati acquisiti sia dal laser scanner sia dalla fotocamera digitale sono stati elaborati e processati attraverso software di gestione dati 3D: JRC Reconstructor, MeshLab e Agisoft Photoscan. Sono state così eseguite restituzioni info-grafiche dei dati con rappresentazioni sia bidimensionali che tridimensionali. I modelli elaborati sono stati di tipo numerico, ossia a nuvola di punti, con superfici triangolari e con mesh con texture a colori, su quest’ultimo sono state applicate le immagini della piazza e della fontana. Il modello ottenuto dalla foto modellazione, utilizzando il programma Agisoft Photoscan, è stato poi comparato con il modello mesh ottenuto elaborando i dati provenienti dal rilevamento con il laser scanner. Volver al INICIO 053 L’acqua e iL patrimonio cuLturaLe tra architettura, città e territorio Si è verificato che il dettaglio rappresentato attraverso la foto modellazione permette una migliore lettura critica, essendo più evidenti i particolari compositivi. Inoltre le riprese fotografiche sono state utilizzate anche per mappare il modello con la texture a colori ad alta risoluzione. Gli apparati scultorei sono stati elaborati con filtri diversificati per mantenere le forme il più possibile vicino a quelle reali. Inoltre, il modello mesh è caratterizzato da un numero differente di triangoli (Fig. 15). Figura 15. A sinistra: posizione dei fotogrammi per la foto modellazione digitale in vista prospettica e dall’alto con una sequenza di immagini del balaustro. A destra, tre modelli a confronto: il modello mesh ottenuto con laser scanner, il modello mesh ottenuto con processo di foto modellazione, il modello mesh ottenuto con processo di foto modellazione realizzato con mappatura fotografica. CONCLUSIONI L’acqua nella città di Roma ha lasciato un segno anche quando non c’era più; la sua presenza e la sua assenza hanno influenzato il corso della storia di Roma e della storia dei suoi abitanti. Gli acquedotti romani antichi e rinascimentali sono stati frutto di una innovazione tecnologica che ha determinato nuove condizioni di vita. È necessario ed importante, quindi, tutelare e salvaguardare questo immenso patrimonio legato all’acqua per una valorizzazione consapevole del paesaggio urbano storico che una città come Roma offre. I sistemi di rilievo digitale, che si stanno affermando in modo sempre più incisivo per la rapidità e la flessibilità delle informazioni che possono dare, rappresentano, integrati con le altre tecniche, una possibilità concreta di descrivere attraverso modelli tridimensionali la morfologia e le caratteristiche materiche di un oggetto per una documentazione sempre più completa. La rappresentazione grafica dà quindi forma e misura allo spazio che ci circonda contribuendo alla conoscenza e alla documentazione dei luoghi, come base per azioni di salvaguardia e di tutela indispensabili per la sopravvivenza dell’immenso patrimonio culturale25. BIBLIOGRAFIA ASHBY, T., Gli acquedotti dell’antica Roma, Roma, Quasar, 1991. BIZZOTTO, R., Gli undici acquedotti maggiori. http://www.architettiroma.it/monitor/d/didatticaurbana/bizzotto_struttura_funzionamento.html. BRIZZI, B., Le fontane di Roma, Roma, Editore Carlo Colombo,1988. 25 Il contributo, presentato III Seminario Internacional «Paisajes culturales del agua» Cáceres, 20-21-22 octubre 2016 organizzato dalla prof. Maria del Mar Lozano Bartolozzi, raccoglie gli esiti di una ricerca inserita nell’ambito dell’iniziativa universitaria “Sapienza 2013” pubblicata in: Martone 2015, da cui il contributo trae alcune parti. Il gruppo di ricerca, coordinato dalla sottoscritta, è stato costituito da: Cesare Cundari, Giovanni Maria Bagordo, Giovanna Cresciani, Andrea Angelini, Floriana Papa, Marcella Macera e Valentina Nuccitelli. Hanno partecipato, inoltre: Laura Carnevali, Marco Carpiceci, Fabio Colonnese, Mariella La Mantia e Pedro Plasencia-Lozano. Ir al ÍNDICE 054 Maria Martone COMUNE DI ROMA - Assessorato alla cultura, Il sistema degli antichi acquedotti romani, Fratelli Palombi Editori,1995. CORSETTI, G., Acquedotti di Roma. Dai tempi classici al giorno d’oggi, Roma, Fratelli Palombi, 1937. D’ONOFRIO, C., Le fontane di Roma, Roma, Romana Società Editrice, 3a Edizione, 1986. FEA, C., Delle acque antiche sorgenti in Roma e modo di ristabilirle, Roma, Stamperia della R.C.A., 1832. FRONTINO, S. G., Gli acquedotti di Roma. Introduzione, traduzione e note a cura di Francesco Galli, Lecce, Argo, 1997. FRUTAZ, A., P., Le piante di Roma, Roma, 1962. LANCIANI, R., Le acque e gli acquedotti di Roma antica, Roma, Quasar, 1975, Rist. anastatica. MARTONE, M., Il valore dell’acqua nel patrimonio dei beni culturali attraverso la lettura di alcuni episodi architettonici, urbani e territoriali acquedotti e fontane a Roma dal XVI al XIX secolo, Roma, Aracne Internazionale, 2015, pp. 264. MASTRIGLI, F., Acque acquedotti e fontane di Roma, voll. I e II; Roma, Ed. Enzo Pinci, 1928. PANIMOLLE, G., Gli acquedotti di Roma antica, voll. I e II, Roma, Abete, 1984. PORFYRIOU, H., GENOVESE, L., Water Shapes. Strategie di valorizzazione del patrimono culturale legato all’acqua, Roma, Palombi Editore, 2012. SOLETTI, A., Chiare, fresche, dolci pietre. Il rilievo delle fontane murali romane, Roma, Kappa, 1997. Volver al INICIO 055 Sección Javier CANO RAMOS CENtRO DE CONSERvACIóN Y REStAuRACIóN DE BIENES CuLtuRALES DE LA JuNtA DE ExtREMADuRA Concepto, historia y territorio: Las Vegas Altas, La Serena y La Siberia, un paisaje seriado 055 Resumen: La visión que hoy tenemos del patrimonio es interdisciplinar y en ella tiene cabida todo aquello que configure una idea del acerca de lo que entendemos por acervo cultural, ciñéndose, eso sí, a patrones muy diferentes a los de hace una década. El nexo existente en la actualidad entre los bienes históricos y el medio físico, la relación entre cultura y territorio no tiene discusión. El paisaje sobrepasa cualquier articulación estética para relacionarse con otras esferas culturales. Esto determina que los paisajes sean el resultado de todo un proceso lento, complejo y definido o no por un diseño hecho de antemano. Un ejemplo claro de ello son las Vegas Altas del Guadiana, la Serena y la Siberia, donde el secano cohabita con el regadío dibujando un paisaje seriado de primer orden. PalabRas clave: Procesos históricos; territorio; paisaje; medio rural; río; secano; regadío; inmaterial. Concept, history and territory: Las Vegas Altas, La Serena and La Siberia, a serialized landscape abstRact: Nowadays we have an interdisciplinary view of the heritage that include everything we called cultural wealth, but with very different standards than it has a decade ago. The link between historic properties and physical environment nowadays, the relationship between culture and territory don’t have discussion. The landscape is related to other cultural areas, not only with the aesthetic and this explain that the landscapes are the consequence of a slow process, complicated and defined, or not, by a premade design. Las Vegas Altas, La Serena and La Siberia are examples of this; irrigated and rain-fed farming live together in these territories drawing a serialized landscape. Key WoRds: Historical processes; territory; landscape; rural environment; river; irrigated farming; rain-fed farming; immaterial. Ir al ÍNDICE 056 Javier Cano ramos INTRODUCCIÓN1 El objetivo de esta investigación no es otro que garantizar la salvaguarda de aquellos paisajes relevantes por su significado cultural; una finalidad que viene definida con bastante precisión en el Plan Nacional de Paisaje Cultural y defendida por la Comisión de Seguimiento creada para este cometido. Este plan se enmarca en la estrategia común y que contrae España al ratificar el Convenio Europeo del Paisaje del Consejo de Europa, adoptado en Florencia en el año 2000. Es, en este sentido y fuera de los estrechos márgenes jurídicos, se trata de un primer tratado internacional muy válido que pretende ordenar las cuestiones relacionadas con nuestros entornos, un compendio específico sobre la materia que sugiere alentar políticas destinadas a la protección del paisaje desde todos los ámbitos competenciales y consensuar acuerdos para que se respeten las definiciones y consensos establecidos en los convenios internacionales en los que ha participado España. Esto es, analizar, por una parte, este concepto como «el resultado de la interacción en el tiempo de las personas y el medio natural, cuya expresión es un territorio percibido y valorado por sus cualidades culturales, producto de un proceso y soporte de la identidad de una comunidad.». Y, por otra parte, establecer categorías de paisajes culturales según la dimensión territorial asociada a la actividad predominante y su posterior evolución. Estudiar, pues, una realidad modelada por el hombre a la que se le imprime otra realidad de índole cultural definida por procesos históricos más o menos dilatados en el tiempo y desarrollados sobre un espacio. En unos casos las transformaciones serán graduales y en otros lesivas, pero hay que ir más allá de ese deleite del que nos habla Víctor I. Stoichita2 puesto que se contextualiza un bien que es aprehendido a través de todos los sentidos, incluido el gusto. Para entender el paisaje en sus dimensiones culturales hay que tener en presente que puede analizarse, por un lado, desde una óptica objetiva, entendiéndolo desde una perspectiva global y diacrónica, pero también, por otro lado, desde la subjetividad que se desprende del discurso de quienes viven en él, garantizando su pervivencia en el tiempo o sintiéndose identificados con él a través de vivencias procedentes de la literatura u otras facetas del arte. Y ello porque estos paisajes son resultado de todo un proceso lento, complejo y definido por un diseño hecho de antemano (o no). Un ejemplo claro de ello son las Vegas del Guadiana, la Serena y la Siberia, donde el secano cohabita con el regadío y con núcleos de población en los que sus nuevos habitantes tuvieron que superar el desarraigo inicial para generar una nueva identidad partiendo de cero, conformando un paisaje seriado de gran relevancia. Un patrón que pone de manifiesto que la mirada al patrimonio es interdisciplinar y donde deben tener cabida otras instrucciones ya que la idea de acervo cultura se ajusta a patrones muy diferentes a los de hace una década. La conexión existente hoy entre los bienes históricos y el medio físico, la relación entre cultura y territorio no tiene discusión. El paisaje sobrepasa, de esta manera, la articulación estética para relacionarse con otras esferas culturales, terminando con la visión clásica que hasta ahora hemos tenido3. En este siglo se ha ampliado 1 Este trabajo se enmarca dentro del Proyecto de Investigación Nacional del Ministerio de Economía y Competitividad (Gobierno de España), Plan Nacional I+D+i 2013, titulado: La Patrimonialización de un territorio: conformación de paisajes culturales entre el Tajo y el Guadiana en Extremadura (HAR2013-41961-P). 2 STOICHITA, V. I., Cómo saborear un cuadro, Madrid, Cátedra, 2009, p. 10. 3 BESSE, J-M., «L’espace du paysage. Considérations théoriques», en LUNA, T. y VALVERDE, I. (dirs.), Teoría y paisaje: reflexiones desde miradas interdisciplinares, Barcelona, Universitat Pompeu Fabra, 2011, pp. 9 y ss. Figura 1. Castillo de Medellín desde las tierras de labor de Don Benito. Volver al INICIO 057 ConCepto, historia y territorio: Las Vegas aLtas, La serena y La siberia, un paisaje seriado el concepto al «territorializarlo», al fusionar las masas patrimoniales y naturales, al sumar ámbitos científicos diferentes y al incorporar en su valoración la dimensión espacio-temporal, ese carácter diacrónico y mutable, la superposición de bienes culturales, naturales, paisajísticos, ambientales, los recursos económicos… Y el ejemplo más claro de esta argumentación se plantea en la relación entre los elementos que determinan un lugar y, consecuentemente, un paisaje con vinculaciones significativas que nos conducen a una identidad concreta: La territorialización del paisaje, es decir, el reconocimiento de que cada territorio se manifiesta paisajísticamente en una fisonomía singular y dinámica y en plurales imágenes sociales, hace del paisaje un aspecto importante de la calidad de vida de la población; porque el paisaje es, ante todo, resultado de la relación sensible de la gente con su entorno percibido, cotidiano o visitado. Por eso mismo, el paisaje es también elemento de afinidad y de identidad territorial, y manifestación de la diversidad del espacio geográfico que se hace explícita en la materialidad de cada paisaje y en sus representaciones sociales. Se trata de una diversidad que resulta de la articulación de lo físico, lo biológico y lo cultural en cada lugar, un patrimonio valioso y difícilmente renovable, que no debe quedar eclipsado por esa otra diversidad, la biológica, políticamente más asumida hasta ahora e integrada en el todo paisajístico. 4 Y todo viene definido por un modelo histórico compacto de organización social, con una tipología arquitectónica específica (con sus posibles variantes) y una ocupación del territorio que, desde la Prehistoria, ha preservado un ecosistema puramente mediterráneo que se extiende por casi toda la geografía extremeña. A lo largo de los siglos se ha forjado, pues, un territorio que ha configurado un conjunto patrimonial diverso, complementario e integrado por elementos diacrónicos que representan la evolución histórica y suponen un bien colectivo formado por valores ambientales y paisajísticos de primer orden apenas alterados. Además, se ha abordado desde hace décadas la conservación de esos espacios con perspectivas renovadas, con una utilización social que garantiza de algún modo su permanencia y su capacidad de transformación (desarrollo local-espacios agro-intensivos, espacios turísticos, espacios no distales al no perder su identidad con elementos extraños y seriados, etc.) y se ha hecho hincapié en corregir los deterioros paisajísticos (negligencias, permisividad, impunidad, acumulaciones, desinformación, políticas agresivas…) para preservarlos, para determinar un equilibrio biológico en el que el hombre viene actuando desde sus orígenes. Un ejemplo casi único de aprovechamiento a lo largo de la Prehistoria y la Historia, siendo un espacio de ocupación, hábitat y defensa que aporta un patrimonio que abarca desde el año 100.000 a. C. hasta el siglo XXI; un patrimonio en su sentido más extenso, el artístico, el histórico, el etnográfico, el gastronómico... 4 MATA OLMO, R., «Un concepto de paisaje para la gestión sostenible del territorio» en MATA, R. y DOMÈNECH, M. (dirs.), El paisaje y la gestión del territorio. Incorporación de criterios paisajísticos en la ordenación del territorio y el urbanismo, Barcelona, Diputación de Barcelona, 2006, véase la introducción. Figura 2. Ángel Léon, plato de arroz con plancton. Figura 3. Jardines del Palacio de Abadía. Ir al ÍNDICE 064 Javier Cano ramos duradero. Una actuación que preserve y realce todos y cada uno de los paisajes sobre los que se pretende revalorizar: la Convención Europea del Paisaje, en este sentido, aconseja no disociar la realidad con las actividades para que de verdad exista una clara incidencia en la población: …el paisaje desempeña un papel importante de interés general en los campos cultural, ecológico, medioambiental y social, y que constituye un recurso favorable para la actividad económica y que su protección, gestión y ordenación pueden contribuir a la creación de empleo… 20 Para encuadrar el patrimonio en el medio rural es necesario hablar hoy de paisajes; pero de unos paisajes culturales. Esto es, de territorios o espacios que constituyan un conjunto patrimonial, diverso, complementario e integrado por elementos diacrónicos que representen la evolución histórica, supongan un bien colectivo, tenga valores ambientales y paisajísticos y no estén demasiado alterados los elementos constitutivos de la zona. Pueden tildarse de paisajes rurales, de exponentes de un uso adecuado de la tierra, donde el conocimiento y las prácticas agrarias han sido vitales para sostener una biodiversidad y aquilatar una gran diversidad cultural. Ello implica el que se haya abordado, aunque muchas veces sin éxito, la conservación de esos espacios con perspectivas renovadas, con una utilización social que garantice de algún modo una sostenibilidad adecuada que demuestre a la comunidad su capacidad de transformación (desarrollo local – espacios agrointensivos, espacios turísticos, espacios no distales…-) y su interés por corregir los deterioros paisajísticos (negligencias, permisividad, impunidad, acumulaciones, poca información, políticas agresivas…). Y en este punto hemos de valorar, como factor primordial, la implicación de los ciudadanos en su patrimonio histórico y natural, así como reconocer la importancia de la gestión institucional sobre este acervo cultural y lo que ello supone para la ordenación del territorio. Por este motivo es importante ver hasta qué punto el paisaje o un edificio concreto se inscribe en un marco territorial con contenidos patrimoniales, o si existe o no un proyecto integral para el territorio (implicando a todos los elementos materiales e inmateriales, como los edificios, los cascos urbanos y el medio físico dentro de la acción del hombre o las tradiciones). En esta liza, la ordenación del territorio y la prevención o realce de los paisajes culturales en Extremadura deben ser una buena práctica al servicio de una convivencia justa, un bienestar palpable y un desarrollo viable: el territorio como factor de identidad, de calidad ambiental, de ordenación local (uso de suelos, planeamiento urbano…) y como recurso económico de primer orden. Y no hemos de olvidar, por supuesto, los temas concernientes a la biodiversidad, que aportan una gran riqueza de matices, atajan problemas ambientales que le afectan y son vitales para la convivencia de especies y ecosistemas. Pero ¿cómo se gestionan estos paisajes en la actualidad? La Constitución española no hacen mención alguna la preservación de los paisajes, y por ello las competencias, si las hay, son autonómicas y municipales. No puede entenderse la gestión territorial sin la presencia de los ayuntamientos y la comunidad implicados en el desarrollo comarcal. En el año 2000, España firmó el acuerdo internacional de la Convención Europea del Paisaje y el desarrollo legal es importante para dar identidad cultural y calidad ambiental a uno de los recursos económicos más significativos. Es fundamental por esa razón aprovechar todo cuanto se haya legislado en Extremadura sobre patrimonio, conservación de la naturaleza, desarrollo rural, ordenación de recursos, urbanismo21... para dibujar un largo recorrido que tiene unos límites imprecisos, como, en este caso que nos ocupa, son los de la Serena, la Siberia y las Vegas Altas. Un trayecto que abarca desde la antigüedad hasta el patrimonio industrial, la arquitectura vernácula, las vías romanas, los balnearios, las fortificaciones desde las guerras sertorianas22, los centros religiosos y comerciales, los enterramientos 20 Convenio Europeo del Paisaje, Florencia, 20-IX2000. 21 CANO RAMOS, J. et al., Paisajes culturales de Extremadura I, Badajoz, Dirección General de Bibliotecas, Museos y Patrimonio Cultural, 2016, pp. 103-107. 22 Quinto Cecilio Metelo fundó Castra Cecilia Metellium. Volver al INICIO 065 ConCepto, historia y territorio: Las Vegas aLtas, La serena y La siberia, un paisaje seriado prerromanos, los embalses, los elementos inmateriales pertenecientes a la cultura pastoril o aquellos paisajes agrícolas que se van perdiendo en nuestra memoria. Elementos heterogéneos que deben sumarse uno tras otros para equilibrar aquellos desaciertos que se hayan cometido en el pasado, intentando restablecer las relaciones entre patrimonio y naturaleza. Unos vínculos que nos deben conducir a la idea de tomar la naturaleza como una herramienta esencial para el conocimiento del territorio y de la región. Esta razón nos ha de llevar a tomar el paisaje como sujeto, como proceso, como destino del hecho artístico, estableciendo un nuevo nivel de relación entre arte y naturaleza; una relación distinta a las que se plantearon los románticos o aquellos que han intentado jugar con el término de mímesis. Se trata, en todo caso, de una visión progresista para el futuro, muy alejada de ciertos reduccionismos ecologistas, donde se mezclan disciplinas como la filosofía, la psicología, la antropología o la ciencia. Esto es, una proposición de «cómo podemos ver el mundo» con otros ojos, dando importancia a los significados exteriores y donde los objetos patrimoniales los aporte el propio paisaje para conformar un verdadero espacio público. Ordenar y componer, pues, han sido los objetivos de todos los hombres que han pasado por estas tierras. Eso sí, entendiendo el territorio como una sucesión de momentos a través del espacio y del tiempo, desde la Antigüedad al siglo XXI, desde el cultivo tradicional del olivo, la presencia de la Mesta, desde los abrigos de pintura rupestre a los asentamientos orientalizantes o la romanización, desde la reconquista y repoblación de las Órdenes Militare (que dejarán su impronta en los latifundios frente a los minifundios de la zona del Tajo, fruto de una repoblación concejil y no militar), de la ganadería como base de un sistema económico o de las muestras de una endeble industrialización (donde debemos incluir el Plan Badajoz) a la construcción de una imagen de un paisaje cultural en este nuevo milenio. Figura 16. Arrozales de Vegas Altas, Don Benito. Figura 17. Partido de la Serena, Real Audiencia de Extremadura, 1791-1829, AHPC. Ir al ÍNDICE 066 Javier Cano ramos Espacio geográfico y representación paisajística confluyen en este triángulo de Las Vegas Altas-La Serena-La Siberia para dar una dimensión real y concreta a la zona, para darle una dimensión abierta al viajero: la perspectiva del viajero no es abstracta, como la de los visitadores de los museos; está especialmente determinada por su situación, por su participación, por ese «habitar» el espacio geográfico y paisajístico. Su idea estética no es desinteresada, al viajero le importa el lugar y por ello necesita de un gran número de referencias que le sitúen en ese espacio y en un tiempo. Nuestro territorio cumple, a todas luces, esta premisa básica: organiza en la mente del visitante un pensamiento sobre ese paisaje variado y seriado. La pregunta que nos surge al hilo de lo expuesto es ¿cómo relacionamos paisaje, patrimonio y ordenación del territorio en estas tierras del sureste extremeño? Y proteger, gestionar y ordenar son los ejes que marcan la ruta, preservando la «naturalidad» de toda la zona, los atributos patrimoniales y los significados históricos y simbólicos, con el único objetivo de dar a los ciudadanos un paisaje de calidad donde se tengan presente los impactos paisajísticos, la accesibilidad y la visibilidad Cuando se habla de patrimonio, solemos remitirnos a la sala de los museos, a los monumentos catalogados o a las piezas de las iglesias, olvidándonos de la perspectiva contemporánea que nos ofrecen los paisajes en todas sus dimensiones: el paisaje es el protagonista y a él se suman otros factores que conforman un espacio singular que tenemos que percibir para apropiarnos de él. Y por esto hay que desarrollar paisajes activos que relacionan la agricultura con la historia y con el arte. Pero todo ello entendido como una lógica estructural que garantice un futuro adecuado y trate las «ruinas» como un motor de transformación, como un sustrato para construir otras realidades. Así debemos plantear el tema en los siguientes términos: como un proyecto integral en el territorio, implicando naturaleza y medio físico, monumentos, acción del hombre y construcción de otros espacios patrimoniales; como información abierta que pueda ser comprendida por el público; como un estudio científico del paisaje, siguiendo la Convención Europea, para estructurar de manera lógica todo el continente en el contenido; como análisis crítico de la situación real para sentar un proyecto que pueda tener futuro; como vínculos territoriales para hacer más solidario el espacio y garantizar la diversidad cultural; como interpretar el territorio desde una perspectiva productiva; y como un planteamiento que tenga presente primar el empleo a tenor del patrimonio cultural. Todo ello nos conduce a la idea de recorrido o de corredor, una cuestión que nos es más que el fundamento de estas tierras. Aprovechando las vías de la trashumancia se pueden conectar varias zonas de interés en los ámbitos artístico y natural. Con la materialización de esta idea se formulará un itinerario para los visitantes o paseantes. El itinerario es siempre un recorrido que el hombre pone en marcha para alcanzar alguna meta. Pero al mismo tiempo el caminante puede notar que es el propio camino el que sirve como finalidad. Y a ello responde la definición de itinerario patrimonial, pues en él pueden encontrarse diversos lugares y monumentos en la naturaleza que proporcionan el placer que se busca en unas determinadas rutas. Y es que el viaje por estas tierras no solamente es un viaje en el espacio sino también en el tiempo. El recorrido y las paradas ante los diferentes monumentos de distintas épocas, todos ellos en clara relación con la idea de la naturaleza y con sus elementos, como la tierra y el agua, confunden a aquellos que emprendan un viaje de modo lineal en el tiempo. Este viaje que planteamos, del mismo modo que ya se plantearon los paseos pintorescos en el siglo XVIII, pretende transportar al paseante desde el presente al pasado, desde el pasado al presente, y en ocasiones también a las perspectivas de futuro. Esta idea tiene su origen en diversas ideas filosóficas sobre la naturaleza, el monumento, el lugar, el tiempo, el camino, algunas pertenecientes a épocas pasadas, y otras en plena vigencia hoy debido a los desastres ecológicos de la contaminación o el gasto indiscriminado de las materias primas. Con este argumento debemos ser capaces de restablecer algunos equilibrios tanto en el ser humano como en la naturaleza, aparte de revitalizar la zona. Los objetivos que hemos de alcanzar al establecer el nexo entre medio rural y patrimonio son los siguientes: proporcionar a Las Vegas Altas-La Serena-La Siberia una nueva ruta turística, un camino diferente a la idea del turismo consumista; modernizar la zona con todos sus pros y contra; revitalizar un territorio de gran belleza paisajística, constituyéndose como un foco en potencia de futuros visitantes a Extremadura. Volver al INICIO 067 ConCepto, historia y territorio: Las Vegas aLtas, La serena y La siberia, un paisaje seriado MEDIO RURAL Y PATRIMONIO: EL CORREDOR DE LAS VEGAS ALTAS, LA SERENA, LA SIBERIA, UN PAISAJE SERIADO Al sureste de Extremadura existe un gran corredor patrimonial que dibuja un gran paisaje seriado donde confluye un desarrollo histórico y la acción humana para ofrecernos hoy un ejemplo de cómo hemos de interpretar la idea de seriación. Un trayecto que abarca desde la antigüedad hasta el patrimonio industrial, incluyéndose la arquitectura vernácula, las vías romanas, los balnearios o las fortificaciones que se levantaron como puntos estratégicos desde las guerras sertorianas, los centros religiosos y comerciales, los enterramientos prerromanos, los embalses, aquellos elementos inmateriales pertenecientes a la cultura pastoril o los paisajes agrícolas que se van perdiendo en nuestra memoria. Toda una estructuración que regla nuestra mirada para que relacionemos la noción patrimonial con la ordenación territorial. Pero desde esa visión contemporánea que interrelaciona el medio geográfico con la economía, la sociedad y el arte23. Una dimensión que establece nexos significativos cuando se enlaza el medio físico, la economía, el arte o la sociedad para presentarnos ese espacio como algo diverso y lleno de matices. En este sentido, podemos transportarnos a un paisaje configurado ya en la Edad del Bronce con la Malena, en Zalamea de la Serena, donde existió una explotación minera. De la época megalítica es conocido el dolmen de Magacela o el del Cerro de la Barca, en Valdecaballero, y las pinturas rupestres de la Sierra de Castuera, Cabeza del Buey, Peñalsordo o la Cueva de San José en Zalamea. Del bronce final, con una clara influencia tartésica, tenemos el santuario de Cancho Roano, centro de intercambio comercial entre el Norte y el Sur peninsular. La Segunda Edad del Hierro nos ofrece varios testimonios de recintos fortificados, como Cerro de la Barca (Herrera del Duque). Este yacimiento, situado en la confluencia de los ríos Guadiana y Guadalupejo, representa un típico hábitat de esta época. Con Hijovejo, en Quintana de la Serena, se dibujó un nuevo paisaje que tomó como referencia uno de los conjuntos arqueológicos ciclópeos más representativos de la Península Ibérica, expresando con ello la complejidad del poblamiento romano de época republicana. En sus primeras fases de ocupación el paisaje tuvo un inequívoco carácter militar, como demuestra el relieve con escudos de Hijovejo. Es el mejor conservado de todos los recintos-torre para explicar el proceso de romanización de toda esta zona, dándonos a conocer las viejas rutas naturales que configuraron este entrono hacia el siglo I. Es el punto de partida para una ruta cultural importante con base arqueológica que ha comenzado a perfilarse hoy. Se inició en Hornachos (castillo/pinturas esquemáticas), y continuó por Zalamea de la Serena (castillo y dístilo sepulcral), por el santuario orientalizante de Cancho Ronao, por Magacela con la fortaleza y las pinturas esquemáticas y el dolmen, por Campanario con su conjunto sacro-funerario orientalizante 23 CANO RAMOS, J. et al., «Medio rural y patrimonio: el corredor patrimonial de la Serena, La Siberia y las Vegas Altas», en Ventana Abierta, diciembre, 2013. Figura 18. Yacimiento arqueológico de Cancho Roano, Zalamea de la Serana. Ir al ÍNDICE 068 Javier Cano ramos de la Mata, por Medellín con el castillo y el teatro romano, para concluir en Don Benito y sui villa romana de la Majona o en los recintos-torres de vigilancia, como el de las Merchanas, que en la actualidad se están estudiando y que conformaron líneas de defensa romanas en las guerra sertorianas antes de la fundación de Medellín. Todo un conjunto que nos muestra la gran riqueza portohistórica e histórica de la comarca. En Cogollado, en Navalvillar de Pela, enclave entre las actuales demarcaciones de Navalvillar de Pela y Puebla de Alcocer, se ubicó, más tarde, el municipio romano de Lacimurga. Situado a orillas del Guadiana, sobre un cerro estratégico, debió marcar en su territorio un lugar central de la misma importancia que Medellín. Pero Medellín se convirtió en la ciudad administrativa antes de la fundación de Mérida, dando sentido a ese paisaje que inició su ordenación en la Roma republicana y continuó con la conquista de Hispania24. La etapa musulmana alteró considerablemente esta regulación del territorio al fijar la línea del río Guadiana como un accidente geográfico cuya importancia vino determinada por estrategias militares de defensa y de avance hacia el norte de la Península. Esta marca musulmana estuvo bien definida por el río, desde Medellín hasta Almorchón, existiendo a lo largo de su recorrido una serie de jalones patrimoniales, como son el castillo de Medellín, la alcazaba de Magacela, el castillo de Benquerencia, el de Mojáfar (situado posiblemente al sur de Castilnovo), el de Lares o el de Puebla de Alcocer. Ellos nos hablan de la condición fronteriza que tuvo esta zona y de la importancia de las Órdenes Militares para la conquista del territorio: todo el paisaje que discurre por el río Guadiana sirvió para dividir la Península Ibérica en dos economías distintas: el minifundio al norte del río y el latifundio al sur25. La razón de esta clara división se debe al sistema de reconquista: mientras en el norte se hizo a través de las ciudades o villas que se crearon, al sur las Órdenes Militares controlaron la tierra a través 24 Véase GUERRA MILLÁN, S., «Medellín, una encrucijada en la historia del Suroeste Peninsular», en Historia de Iberia Vieja, 19-IX-2013. 25 CANO RAMOS, J., El Tajo, un paisaje... opus cit., pp.78-80. Figura 19. Yacimiento arqueológico de La Mata, Campanario. Figura 20. Villa romana de La Majona, Don Benito. Volver al INICIO 069 ConCepto, historia y territorio: Las Vegas aLtas, La serena y La siberia, un paisaje seriado del Priorato de Magacela. El sistema de encomiendas dio un nuevo giro a las tres comarcas y a su concepción territorial, posibilitando el desarrollo de los espacios adehesados y el traspaso de las tierras a los señores; espacios donde también el Honrado Concejo de la Mesta defendió sus propios intereses que han dejado una clara huella en el paisaje. Como herencia de la presencia musulmana, esta zona está repleta, asimismo, de huellas mudéjares: en la iglesia de Santa Ana de Magacela, en Herrera del Duque, Puebla de Alcocer, Siruela, Capilla… Todos ellos son ejemplos que materializan esta presencia en las construcciones civiles y religiosas. Pero, el Renacimiento dejó edificios de gran significación que dieron otro vuelco a la hora de mirar el entorno: la firma del arquitecto Gil de Ontañón puede verse en las iglesias de salón, de procedencia alemana, en Santiago de Don Benito, Guareña o Santa Cecilia de Medellín, aunque las trazas sean de finales del gótico, como sucede en la Iglesia de Santiago de Medellín, recuperada no hace mucho. A ello hemos de sumar en Orellana la Vieja su palacio y la Iglesia. Unas huellas que se sostienes en el tiempo, y las vemos, por poner algún caso, en la Iglesia parroquial de Castuera, con elementos que nos hablan del Barroco y del Neoclasicismo. Del Barroco destaca la Casa de las Sirenas, la Capilla Real del Santo Cristo en Zalamea, la ermita de Belén en Cabeza del Buey, las parroquias de Peñalsordo, el Palacio de los Condes de Siruela… A partir de la crisis general del siglo XVII, la zona cayó en el olvido y se convirtió en una tierra marginal y periférica, escenario de enajenaciones de las tierras por parte del rey para saldar cuentas en su economía, de guerras como la de la Independencia que dejó esquilmada la región, las guerras carlistas que trajo la inseguridad y el bandolerismo durante el reinado de Fernando VII, la desamortización con pérdida de derechos de los jornaleros o la guerra civil al convertirse en un frente permanente con todas sus Figura 23. Restos del frente republicano en La Serena. Figura 22. Antonio Pesini, Soldados del ejército sublevado en el frente de La Serena. Figura 21. Castillo de Almorchón. Ir al ÍNDICE 070 Javier Cano ramos consecuencias patrimoniales aplicadas por los dos bandos ya que dio lugar a una configuración de formas políticas, socioeconómicas y culturales diferentes que responden a respuestas divergentes26, como en el caso de esta comarcas, las revueltas campesinas, la reforma agraria, la concentración parcelaria, y como consecuencia de la estabilización del frente de guerra en la denominada Bolsa de la Serena o la construcción del campom de concentración en Castuera, declarado Bien de Interés Cultural: …no se produjeron acciones bélicas importantes hasta enero de 1938, cuando se reiniciaron las hostilidades para ocupar la comarca de La Serena, conocida como «Bolsa de la Serena» con localidades como Campanario, Castuera o Villanueva de la Serena y que se cerró finalmente en julio de 1938. De este modo, únicamente quedaba bajo control republicano la comarca de la Siberia pero con la finalización de la batalla de Peñarroya/Valsequillo se ponía fin a la guerra civil en Extremadura; ésta fue la última ofensiva republicana en el frente de Extremadura. En marzo de 1939 las tropas nacionales ocupaban las últimas localidades extremeñas que todavía permanecían en poder republicano, Herrera del Duque, Siruela, Pañalsordo, Talarrubias… 27 También hay que tener presente la escasa industrialización de este territorio, aunque hay ejemplos de arquitectura industrial28 que ayudaron a dar perfiles paisajísticos muy concretos, como la harinera de Castuera, el matadero de Don Benito o todas las infraestructuras creadas desde la Ilustración, como es el magnífico ejemplo de la presa de Zalamea, los canales y represas hechas en el Guadiana que desembocaron en los pueblos de colonización. Estos avatares históricos supusieron para este paisaje seriado un cambio de modelo económico y, consecuentemente, una transformación radical que ha supuesto una fragmentación pasando a conformar comarcas divididas en secano y en regadío y dando paso al paisaje seriado que hoy conocemos. Medio físico y hombre han determinado, así, transformaciones que han materializado el dominio del territorio con el fin de sacarle rendimiento29. Además de los elementos construidos, para configurar este paisaje cultural hemos de tener presente la existencia de un rico patrimonio inmaterial puesto que es una fuente importante para conocer cómo se ha transmitido de generación en generación ese legado paisajístico. Solo basta enumerar tres ejemplos para darnos cuenta de ello. En primer lugar, el Corpus Christi y su Octava en Peñalsordo, una tradición que se encuadra en el ciclo de primavera, se remonta a la Reconquista y enlaza con la tradición ganadera al ser protagonistas los carneros que portaban bengalas para hacer frente durante la noche, ante del día de Corpus, al ejército musulmán, haciendo creer que los cristianos eran muy numerosos. En segundo lugar, los Auroros de Zarza Capilla: los auroros salían todos los domingos de madrugada y están encuadrados 26 MARTÍN RUBIO, A. D. A., «La guerra civil en un municipio extremeño: Cabeza del Buey (1936-1939), Cáceres, en Norba Arte, núms. 11-12, 1991-1992, p. 294. 27 http://www.chdetrujillo.com/la-influencia-de-la-segunda-republica-y-la-guerra-civil-espanola-en-el-alistamiento-de-los-voluntarios-extremenos-de-la-division-azul/ (octubre, 2016). 28 http://www.mecd.gob.es/planes-nacionales/planes/patrimonio-industrial.html (octubre, 2016). 29 ÁVILA MACÍAS, M. Á., Arquitectura rural doméstica de la Comarca de Las Villuerca, Badajoz, Asamblea de Extremadura, 1995, p. 61. Figura 24. Playa del pantano de Orellana. Volver al INICIO 071 ConCepto, historia y territorio: Las Vegas aLtas, La serena y La siberia, un paisaje seriado en el ciclo de otoño. Un «llamador», elegido mensualmente, acompañado de un farolillo y una tenue luz, salía por las calles e iba de casa en casa llamando a cada auroro. Poco a poco las puertas de las casas se abrían y salían los auroros, algunos portaban en sus manos los instrumentos necesarios para acompañar a sus voces: la guitarra, la campanilla, el triángulo y el violín. Se dividían en dos cuadrillas que realizaban diferentes itinerarios. Ambas cuadrillas cantaban coplas por las calles del pueblo parándose delante de aquellas casas que presentaban en las puertas una estampa de la Virgen de la Aurora, ya que esto significaba que formaban parte de la Cofradía. Pausadamente, la gente se dirigía a la Iglesia donde esperaban a los auroros, que llegaban, una vez que había terminado el recorrido, para rezar el rosario. Con el paso del tiempo, esta tradición se ha ido modificando. Por último, la Encamisá de San Antón en Navalvillar de Pela que conmemora, dentro del ciclo invernal, la histórica salvación de los peleños frente a los «moros» cuando éstos intentaron invadir el pueblo. Ésta se logró a base de encender hogueras y, con camisas blancas y carreras de sus caballos, lograron confundir a los invasores, que huyeron creyendo que los naturales del pueblo eran mucho más numerosos. A San Antón se dedicó la salvación. Otros estudios, hacen coincidir el origen con la tradición de los siglos XVI y XVII donde la Encamisá era definida en Diccionario de Autoridades de 1732 como «Estratagema Militar, que se usa de noche para insultar y acometer a los enemígos, y cogerlos de repente, dando de rebato sobre ellos: lo que se hace poniense sobre los vestidos unas camísas, para que con la obscuridad de la noche no se confundan con los contrários y de aquí se vino a llamar encamisada la fiesta que se hace de noche por la ciudad en señal de regocijo»30. Su origen es, pues, bélico y el motivo de realizarse era la celebración de la victoria, emulando la estrategia que había posibilitado este triunfo. Por último, algunos historiadores remontan aún más el origen de la fiesta, señalándolo como la cristianización de una fiesta pagana, donde el fuego y la hoguera eran considerados elementos de purificación (siendo esto último muy común en infinidad de fiestas de España). Sea como fuere, los tres ejemplos dan una imagen aproximada de cómo se entendió esa zona fronteriza tanto en la conquista como en la reconquista, así como el poso que dejó la tradición ganadera que aún pervive hoy31. En este sentido, a ello hay que añadir, puesto que no hay que olvidarlo, toda la cultura pastoril que le da una identidad propia y nos habla de cordeles, pastos, careos 32, de chozos y casillas, de majadas, de recetas culinarias, utillajes, campanillos, creencias, supersticiones y cultura material del pastoreo (de madera, de corcho, de asta, de hueso) o de instrumentos musicales y repertorios de cancioneros. O de los oficios relacionados, como la alfarería y los numerosos talleres que se extienden por las tres comarcas. O la importancia del agua, como lo refleja los nuevos usos con los pantanos y los deportes acuáticos o los balnearios, como el de Valdefernando. O la industria quesera y las rutas que pueden hacerse en torno al queso de oveja. O la gastronomía con los cardillos de Castuera, el salmorejo de conejo también de Castuera, las carpas en adobo de Campanario, la cahorreña de Cabeza del Buey o el pollo campero de Higuera de la Serena. O de las explotaciones graníticas de Quintana de la Serena… Todo un conjunto de saberes que hacen de hilaza en la configuración del este paisaje seriado y fragmentado por la evolución económica y social. Para terminar este breve recorrido por uno de los corredores patrimoniales más interesantes de Extremadura hay que hacer una referencia obligada a la arquitectura vernácula. Este bien cultural que identifica de manera concreta a las tres comarcas y nos determina la manera de habitar ese espacio y atiende a unas condiciones geográficas y climatológicas que perfilan el paisaje haciendo de sustrato histórico en aquellos lugares donde las transformaciones han sido extremadamente contundentes33. En primer lugar, 30 Diccionario de Autoridades, Madrid, Imprenta de la Real Academia Española por la viuda de Francisco del Hierro. 1732, Tomo III, p. 428. 31 TEJADA VIZUETE, F., (Coord.), Extremadura festiva. Raíces, Tomo II, Badajoz, Diario Hoy, 1995, pp. 57-145. 32 Término usado por los cabreros. 33 Véase GONZÁLEZ RODRÍGUEZ, A., Extremadura popular. Casas y pueblos, Mérida, Consejo Ciudadano de la Biblioteca Pública Municipal Juan Pablo Forner, 1990. Ir al ÍNDICE 072 Javier Cano ramos podríamos hablar de una vivienda prototípica que aparece comúnmente en la zona y que responde a caracteres generales de la casa tradicional de buena parte de la provincia pacense. Se distingue por la presencia de muros de carga paralelos a la fachada separando las respectivas crujías; estás últimas distribuirán los espacios relegados a alcobas, cocina y almacenes de productos agroganaderos. Este modelo, asimismo, consta de dos plantas, estando la segunda destinada al sobrao, doblao o cámara y raramente a espacio habitacional. Por otro lado, la cubierta a dos aguas dispuesta mediante teja árabe es una característica definidora, del mismo modo que la bóveda de arista, la cual se repite en distintas casas, corroborando la tesis según la cual es uno de los rasgos distintivos de la arquitectura tradicional extremeña. No olvidemos que las tres comarcas estudiadas han formado parte de la Extremadura más latifundista y generadora de abismos socioeconómicos, lo cual se deja entrever en los inmuebles que se dispersan en el territorio o se agrupan en los grandes núcleos de población. En ese sentido, la vivienda de grandes propietarios agroganaderos dispondrá de numerosas crujías, las cuales distribuirán, respectivamente, los espacios habitacionales y los destinados al servicio de la casa, así como los espacios dedicados a cocina y almacén. En el caso de las de mediano propietario, que responden a la clase de los labradores que trabajan sus tierras y posees sus medios de producción, la distribución es similar, si bien con menor disposición de espacios. Por último, la casa de los más menesterosos (jornaleros y pequeños propietarios) dispondrá de algunas alcobas y un espacio posterior dedicado a cocina, estando la segunda planta destinada a almacenaje de aperos y productos agrícolas. Es interesante destacar que la presencia de espacios destinados a la curación de los productos de matanza o de bodega, es un signo distintivo del control de recursos por parte de sus moradores. Con respecto a los materiales, la arquitectura vernácula de las tres comarcas responde a la máxima según la cual se utilizan los materiales autóctonos, prueba de la adaptación al medio ecológico de la llamada arquitectura vernácula y de la industria precaria que ello podría precisar. En esa liza, el granito, la piedra y el barro serán los habituales. Este último será especialmente importante en Las Vegas Altas, debido a la abundante presencia en el sustrato físico de materiales sedimentarios, el cual servirá para la confección del adobe y el ladrillo. La presencia de antiguos hornos ladrilleros en la zona atestigua la importancia de este material. Del mismo modo, los afloramientos graníticos de buena parte de la comarca de La Serena, influyeron notablemente en su arquitectura tradicional. La cal fue especialmente representativa en aquellos municipios que se acercan, siguiendo una dirección suroeste, a la Campiña Sur, aunque es algo Figura 25. Viaducto de Almorchón. Figura 26. Sendero Sierra de Palenque en Peñalsordo. Volver al INICIO 073 ConCepto, historia y territorio: Las Vegas aLtas, La serena y La siberia, un paisaje seriado habitual en todo el espacio estudiado. En el caso de la madera, tendrá protagonismo a la hora de disponer los elementos sustentables del inmueble. Es importante reseñar que de las técnicas constructivas más frecuentes destaca la mampostería, y en menor medida la sillería y el tapial, estando relegada la piedra seca a hueso, generalmente, a la arquitectura más elemental, como los chozos. En el caso de Las Vegas Altas, la gran transformación de su paisaje cultural se dio a partir de los años cincuenta del pasado siglo con los proyectos de regadío y la implantación de poblados de colonización. Significó una importante pérdida de modelos arquitectónicos tradicionales, no obstante, son representativas en bastantes municipios las viviendas que responden al modelo de la «casa del llano», siguiendo una estructura similar a la ya analizada. Hay que hacer una mención especial a Santa Amalia, por ser una localidad cuyos orígenes se rastrean en las ideas reformistas del periodo borbónico, siendo un ejemplo pionero de la política de colonización que se llevaría a cabo en el siglo XX, aunque subyaga el sello imperial de Roma a la hora de plantar su trazado. Con Fernando VII se inició la historia de la colonización extremeña con una nueva ordenación del territorio y una clara incidencia en los nuevos paisajes dentro de una época de modernización del país al concebirlo como «un entorno de experimentación… dentro del medio rural… [con] el colono… [que] nos permite acercarnos a esta interpretación patrimonial de la sociedad… incidiendo en lo cotidiano…»34. También existe numerosos molinos harineros, almazaras, apriscos y cortijos, ejemplos de arquitectura rural dispersa que aún pueden hallarse en Las Vegas Altas, La Serena y La Siberia, y representan a una buena parte de nuestros bienes culturales que irremediablemente parecen estar condenados a perderse. Pero esa es otra cuestión que se aborda en este volumen y constituyen partes esenciales a la hora de definir el paisaje seriado que discurre al sureste del río Guadiana. 34 CABECERA SORIANO, R., Los pueblos de colonización extremeños de Alejandro de la Sota, Badajoz, Consejería de Educación y Cultura, 2015, pp. 112-113. Figura 27. Arrozales, Don Benito. Ir al ÍNDICE 080 Nuria María FraNco Polo – El Observatorio del Paisaje de la Universidad de Sevilla aborda el tema del paisaje desde el punto de vista de las manifestaciones artísticas. – El GIPC - GRUPO DE INVESTIGACIÓN PAISAJE CULTURAL está formado por un grupo multidisciplinar de arquitectos e ingenieros de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid que estudia el paisaje desde sus numerosos y dispares significados. – El grupo de investigación en Patrimonio y Paisajes Culturales (Gipypac) de la Universidad del País Vasco está formado por investigadores de distintos departamentos que analizan la evolución de los paisajes a partir de registros arqueológicos principalmente. – La Cátedra UNESCO Paisajes Culturales y Patrimonio de la Universidad del País Vasco es fruto de un convenio de colaboración entre la Administración General de la Comunidad Autónoma de Euskadi y la Universidad del País Vasco. – La Cátedra UNESCO de Territorio y Medio Ambiente de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid atiende a la necesidad de investigar y desarrollar políticas en el sector público y privado en materia de medio ambiente y territorio, factores ambos estrechamente relacionados con los paisajes culturales. LA GESTIÓN DE LOS PAISAJES CULTURALES EN EXTREMADURA El Centro de Conservación y Restauración de Bienes Culturales, integrado en la Dirección General de Bibliotecas, Museos y Patrimonio Cultural de la Junta de Extremadura, es el organismo encargado de la representación de la Comunidad Autónoma de Extremadura en el Plan Nacional de Paisaje Cultural. La labor de catalogación iniciada con el Plan Nacional y basada en los condicionamientos teóricos aprobados conjuntamente entre el Ministerio y las Comunidades Autónomas, ha derivado en un programa de trabajo adaptado a las necesidades y particularidades de la región. En la publicación 100 paisajes culturales en España, editada por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte en 2015, se incluyeron los paisajes culturales extremeños de La Vera, Vegas Altas del Guadiana, Campiña Sur, Tajo Internacional y Plasencia y Valle del Jerte. Todos ellos conformaban una muestra representativa de paisajes de ambas provincias, Cáceres y Badajoz, algunos conocidos nacional e internacionalmente, Figura 6. Mapa de paisajes culturales de Extremadura. Volver al INICIO 081 Modelos de gestión de los paisajes culturales: catalogación, investigación y difusión con actividades agrícolas destacadas, paisajes de frontera o poseedores de un importante legado histórico sustentado en un sustrato arqueológico cada vez más recuperado. La identificación de los paisajes culturales extremeños dio como resultado una división del territorio respetuosa, en la mayoría de los casos, con las demarcaciones administrativas preexistentes. La coincidencia de algunos de estos paisajes con los actuales límites comarcales y la inclusión del Parque Natural Tajo Internacional como gran paisaje fronterizo dotaba a esa división de una necesaria base jurídica. Todo ello dio como resultado un total de veinticuatro paisajes culturales extremeños, ricos en su diversidad natural y patrimonial, evidencia de las diferencias entre el norte y el sur de la región, a veces coincidentes como resultado de políticas económicas del siglo XX y, otras veces, opuestos; paisajes áridos o fértiles, llanos o montañosos, de asentamientos o de paso. La serie de monografías Paisajes culturales de Extremadura, iniciada en 2016 e incluida en la línea «Investigación» del Centro de Conservación y Restauración de Bienes Culturales de la Junta de Extremadura, pretende hacer una catalogación de cada uno de esos paisajes inspirada en el modelo propuesto por el Plan Nacional de Paisaje Cultural. Estará formada por tres volúmenes en los que se analizarán tanto los conceptos de paisaje y territorio como distintos tipos de paisajes representados en Extremadura, además de realizar una catalogación más detallada de los veinticuatro paisajes culturales de Extremadura identificados previamente. En el primer volumen publicado en 20164 se examina el concepto de paisaje y su evolución a lo largo del tiempo, así como su vinculación con el territorio y cómo ambos se incluyen actualmente en la definición de patrimonio cultural. Este primer libro contiene además las fichas de catalogación de seis paisajes culturales extremeños: Campiña Sur, La Serena, La Vera, Tajo Internacional, Valle del Ambroz y Vegas Altas del Guadiana. El esquema seguido para el estudio de cada uno de esos paisajes se basa en una localización previa, en la que se enumeran los municipios incluidos, y una descripción dividida en tres partes: el patrimonio natural, el patrimonio cultural material y el inmaterial, todos ellos relacionados entre sí, transformados cada uno de ellos en función del otro. Las grandes extensiones de dehesa o de cultivo que caracterizan diferentes zonas de la geografía extremeña son ejemplo de la transformación ejercida por la acción humana en el medio natural, ya sea por la deforestación paulatina del primitivo bosque Mediterráneo, en el primer caso, o por la intervención de políticas socioeconómicas a mediados del siglo XX, en el segundo. De igual modo, las técnicas constructivas que caracterizan la arquitectura defensiva medieval extremeña, como la tapia, o la arquitectura tradicional de pizarra en Las Hurdes o con elementos de granito en La Serena, muestran la adaptación del hombre al medio natural mediante el empleo de los recursos del entorno. Al igual que el patrimonio material es expresión del entorno en el que se ubica, el inmaterial también surge como consecuencia de procesos vinculados al medio natural. Así la fiesta de los Escobazos de Jarandilla de la Vera surge como celebración del final de las labores agrícolas a mediados de diciembre y otras fiestas coincidentes con el Carnaval, como el Pero Palo de Villanueva de la Vera, conmemoran la llegada de la primavera, la floración de los campos y el consecuente regreso de la fertilidad de la tierra. 4 VV. AA., Paisajes culturales de Extremadura I, Mérida, Dirección General de Bibliotecas, Museos y Patrimonio Cultural, 2016. Figura 7. Portada de la publicación Paisajes culturales de Extremadura I (2016). Ir al ÍNDICE 082 Nuria María FraNco Polo Figura 8. Vista desde el castillo de Medellín. En la actualidad, Extremadura no posee un laboratorio u observatorio de paisajes culturales como sí ocurre en otras regiones del ámbito nacional e internacional. La necesidad de una institución que canalice los trabajos de investigación, difusión y catalogación de ese amplio patrimonio y la colaboración entre las distintas instituciones públicas y privadas es una necesidad en vista del interés generado y su progresiva inclusión en los planes de dinamización turística y de ordenación urbana. Volver al INICIO Sección 2 El paisaje cultural a través del tiempo The cultural landscape over time Ir al ÍNDICE Volver al INICIO 085 Sección Luísa TRINDADE uNIvERSIDADE DE COIMBRA Casas da Corte nas margens do rio: o Tejo como curso e paisagem 085 Resumo: O texto centra-se no conjunto de casas ou paços que, nos reinados de D. Manuel I e D. João III [1495-1557], constituíram o itinerário preferencial da corte, definindo, com poucas exceções, a geografia do poder nessa primeira metade de Quinhentos. A propósito dos Paços da Alcáçova, Santos-o-Velho, Ribeira, Xabregas, Almeirim, Muge ou Sintra, reflete-se em torno da forma como a “capitalidade” emergente obrigou a uma progressiva redefinição das práticas de itinerância seculares; as razões porque, apesar disso, a mobilidade da corte permaneceu inevitável e a consequente aposta numa multiplicidade de estruturas qualificadas que, em grande medida, encontraram no Rio Tejo — enquanto curso e paisagem — a sua razão de ser. PalavRas-chave: Rio Tejo; Paços; itinerância régia; Século XVI; História da Arte. Casas de la Corte en las riberas del río: el Tajo como curso y paisaje Resumen: El siguiente texto se centra en el conjunto de casas o palacios que, en los reinados de Manuel I y João III [1495-1557], constituyó el itinerario más favorecido de la corte, definiendo, con pocas excepciones, la geografía del poder en la primera mitad del siglo XVI. Basándose en los palacios de la Alcáçova, Santos, Ribeira, Xabregas, Almeirim, Muge o Sintra, se reflexiona sobre cómo la emergente “capitalidad” ha forzado una redefinición progresiva de las prácticas de itinerancia secular; las razones por las que, a pesar de ello, la movilidad de la corte seguía siendo inevitable; y la consiguiente necesidad de una multiplicidad de estructuras residenciales, situadas a lo largo del río Tajo, y valoradas como una ruta natural y un paisaje privilegiado. PalabRas clave: Río Tajo; palacios; itinerancia real; siglo XVI; Historia del Arte. Court houses on the riverbanks: the Tagus as course and landscape abstRact: The following text focuses on the set of houses or palaces that, in the reigns of Manuel I and João III [1495-1557], constituted the favoured itinerary of the court, defining, with few exceptions, the geography of power in the first half of the 16th century. Based on the palaces of the Alcáçova, Santos, Ribeira, Xabregas, Almeirim, Muge or Sintra, a reflection is made on how the emerging “capitality” has forced a progressive redefinition of secular itinerancy practices; the reasons why, despite this, the mobility of the court remained unavoidable; and the consequent need of a multiplicity of qualified residential structures, to a large extent, located along the River Tagus, valued as a natural route and a privileged landscape. Key WoRds: River Tagus; palaces; royal itinerancy; 16th century; History of Art. Ir al ÍNDICE 086 Luísa Trindade Historiograficamente, a itinerância da corte medieval é um dado tão estabilizado quanto o que identifica o aparecimento e consolidação da capitalidade na Idade Moderna. De leitura muito menos linear é o longo século XVI, verdadeiro período de charneira quando analisado à luz dos referidos conceitos. É esse momento, ou parte dele, e sobretudo as concepções de corte e capital que nele se projetam, que aqui se questiona, a partir do mapa das residências régias, identificando, a par da continuidade de velhas práticas, o ensaio de novas tendências. Em meados do século XIII, Afonso X, rei de Castela e avô de D. Dinis, afirma de forma categórica: a corte é o “logar do es el rei”1. Duzentos e cinquenta anos depois, no decorrer do ano de 1513, D. Manuel I governa o reino a partir de quatro localidades diferentes: de Janeiro a Abril encontra-se em Évora, de Maio a Outubro oscila entre Lisboa e Sintra, para, finalmente, nos quatro meses seguintes, se fixar em Almeirim2. Ou seja, para D. Manuel, “a nossa corte, [é ainda] em qualquer lugar que nós estivermos”3. Corte entendida na acepção de espaço de decisão, onde os assuntos do reino, leves ou graves, são despachados pelo monarca. Sentado na sua cadeira, tendo de um lado o escrivão da puridade e do outro o vedor da fazenda, ambos de joelhos, como obriga o protocolo, acompanham-nos músicos e cantores. A descrição é de Damião de Góis e refere-se a D. Manuel. E todavia, o quadro assim descrito, pelo menos nas suas linhas gerais, quase pode sobrepor-se ao reproduzido na iluminura das Cantigas de Santa Maria4, inscrito num universo que, de novo, remete para Afonso X e para os meados do séc. XIII. Figura 1. Alfonso X, o Sábio, Cantigas de Santa Maria, século XIII, Prólogo do Códice Rico do Mosteiro do Escorial. 1 A afirmação é feita nas Siete Partidas, obra normativa castelhana que muito influenciou a legislação medieval portuguesa. AFONSO X, Rei de Castela e Leão, Las siete partidas del sabio Rey Don Alonso, nuevamente glosadas por el licenciado Gregorio Lopez, Valladolid, Casa de Diego Fernandez de Cordova, 1587-1588, Liv. II, Tit. 9, lei 27. 2 Todos os dados relativos aos itinerários de D. Manuel constam de COSTA, J., D. Manuel I, Lisboa, Círculo de Leitores, 2005, pp. 124-128 e 267-268. 3 Ordenações Manuelinas, nota de apresentação de Mário Júlio de Almeida Costa, Lisboa, Fundação Calouste Gulbenkian, 1984, Livro I, Tit. XV, p. 113. 4 Alfonso X, o Sábio, Cantigas de Santa Maria, século XIII, Prólogo do Códice Rico do Mosteiro do Escorial. Volver al INICIO 087 Casas da Corte nas margens do rio: o tejo Como Curso e paisagem Não significa isto que em 250 anos nada tenha mudado. Pelo contrário. Em Quinhentos, Lisboa é já indiscutivelmente a “cydade primcipall do reyno”5, embora não ainda a capital. Esta, no sentido e origem etimológica de caput, cabeça do reino, é ainda, nestes inícios do século XVI e dando continuidade a um dos princípios fundamentais do pensamento jurídico medieval, identificada com a presença física do rei, a regis potentia ou os poderes do príncipe, como assinalou Rita Costa Gomes6. Razão por que a cabeça do reino, então designada por corte, é o lugar onde o rei, rodeado por aqueles que o coadjuvam no exercício das suas funções, se encontra. A máquina burocrática não é ainda tão pesada que não possa acompanhar as frequentes deslocações da corte. Por isso, quando o rei está em Almeirim, a Chancelaria e a Casa da Suplicação instalam-se em Santarém7. Mas é já com D. Manuel que surgem os primeiros sintomas de viragem e de ensaio de novas práticas8. O rápido crescimento do Império torna a administração progressivamente mais complexa. São disso testemunho a Casa dos Contos, a Alfândega, a Casa da Mina, Guiné e Índia. Por isso, o rei deixa expresso no seu testamento que “para com mais certidão serem despachados e expedidos os negócios encomendamos que no Paço haja casa ordenada em que se ajuntem os deputados”9. Com D. João III a corte ganha peso: surge a Mesa de Consciência e Ordens, desdobram-se os tribunais. Ainda assim, a corte joanina continua a não ter sede fixa10: por razões várias, a permanência em Lisboa é disputada por outras cidades, Évora à cabeça, a ponto de o monarca ser por vezes apelidado de João de Évora11. Itinerância que explica igualmente que grande parte da nobreza continue a residir nos seus senhorios, espalhados pelo reino12. Deslocar-se à corte não significa ainda dirigir-se a um local preciso, inequívoca e antecipadamente identificado, onde compense erguer uma nova morada. Progredindo no século, a aversão de D. Sebastião por Lisboa é bem conhecida, apesar dos incansáveis esforços da cidade para atrair e prender o monarca. Em vão. Mas em finais de Quinhentos a especialização burocrática é já uma realidade inevitável, intensificada, aliás, pela progressiva diferenciação dos órgãos político-administrativos. Quando D. Manuel iniciou o seu reinado existia apenas um tribunal dependente do monarca. Um século depois, a máquina político- -administrativa contava com quatro conselhos, três tribunais, uma junta e três organismos sediados fora do reino13. Como Romero de Magalhães sublinhou “... aos poucos a acumulação de papéis — processos, petições, decisões — vai tornando impraticável a mobilidade do Real Senhor”14. Lenta mas inexoravelmente, a corte cederá lugar à capital, sede permanente de todos os poderes: político, judicial, financeiro, comercial e cultural. Mesmo que o rei se ausente. É parte desse processo que se pretende caracterizar, com um foco especial sobre o reinado de D. Manuel, ainda que com breves incursões no período em que D. João III governou, conjugando a informação 5 CORREIA, G., Crónicas de D. Manuel e de D. João III (até 1533), leitura, introdução, notas e índice de José Pereira da Costa, Lisboa, Academia das Ciências, 1992, 125. 6 GOMES, R., A corte dos reis de Portugal nos finais da Idade Média, Lisboa, Difel, 1995, pp. 9-10. 7 SENOS, N., O Paço da Ribeira 1501 – 1581, Lisboa, Editorial Notícias, 2002, p.152. 8 COSTA, J. opus cit., p. 125. 9 Idem, p. 153. 10 Sobre a itinerância da corte joanina, veja-se BUESCO, A., D. João III, Lisboa, Círculo de Leitores, 2005, pp. 235-244 e BRAGA, P., D. João III, Lisboa, Hugin, 2002, pp. 79-81. 11 Idem, p. 156. 12 CARDIM, P., ‘’A corte régia e o alargamento da esfera privada’’, Nuno Gonçalo Monteiro (dir.), História da Vida Privada em Portugal – A Idade Moderna, Lisboa, Círculo de Leitores, 2011, vol. II, p. 162. 13 SUBTIL, J., “A administração central da Coroa”, José Mattoso (dir.), Joaquim Romero de Magalhães (coord.), História de Portugal - No Alvorecer da Modernidade (1480-1620), Lisboa, Círculo de Leitores, 1993, vol. III, p. 79. 14 MAGALHÃES, J., “O enquadramento do espaço nacional”, José Mattoso (dir.), Joaquim Romero Magalhães (coord.). História de Portugal - No Alvorecer da Modernidade (1480-1620), Lisboa, Círculo de Leitores, 1993, vol. III, p. 55. Ir al ÍNDICE 088 Luísa Trindade veiculada pelos itinerários régios com as estruturas materiais onde a corte se alojava, e perceber, através de ambos, os diferentes ritmos da mudança, mais do que o sentido, então muito previsível, quase mesmo inevitável. A abordagem que se segue alicerça-se em três pontos considerados essenciais a um correto enquadramento do problema: a razão das deslocações; a diminuição do raio dessas mesmas deslocações no que se caracterizará como mobilidade de âmbito regional sob o efeito centrípeto de Lisboa; a mobilidade local no interior da própria cidade de Lisboa, expressa num conjunto de moradas ou casas da corte, de hierarquia difusa. Entre a Idade Média e os inícios da Época Moderna, mudam as principais causas da itinerância, o que inevitavelmente se repercute no âmbito das deslocações. Definitivamente, não se trata já de consumir as rendas in loco, nem mesmo de controlar pessoalmente o território. Há questões políticas, religiosas e simbólicas, naturalmente, mas são cada vez mais pontuais, não constituindo um padrão. A questão determinante parece ser sanitária: a fuga à peste em primeiro lugar, às epidemias que tão insistentemente assolaram o reino nas últimas décadas do século XV e primeiras do século seguinte, Lisboa, sobretudo, pelo vaivém de um porto cada vez mais internacional. 1505, 1510 e 1521 foram anos de surtos particularmente agressivos, o último dos quais vitimando o próprio rei. No reinado seguinte, às vagas pestíferas que obrigaram a corte a passar em Évora parte substancial do ano de 1524 e a regressar a essa mesma cidade várias vezes entre 1525 e 1529, juntou-se o sismo de 1531 cuja intensidade causou graves danos em todo o Vale do Tejo, com destaque para Lisboa15, danos que, em parte, justificarão a estadia do monarca na cidade alentejana de forma quase ininterrupta entre 1531 e 1537. Se no âmbito da análise do processo de “construção” da capitalidade utilizarmos os ritmos de estadia da corte em Lisboa, ou fora dela, como indicador— como parece natural — não podemos deixar de ter presente o efeito de distorção que estes factores coercivos e, como tal, alheios à vontade do rei, necessariamente representam. Com efeito, as questões sanitárias foram determinantes, funcionando como contracorrente ao processo político que seguia o seu curso, no sentido da estabilização dos órgãos da governação e com eles do monarca. Qualquer surto de peste teria sempre repercussões graves, sobretudo numa cidade como Lisboa, de dimensão, densidade populacional e mobilidade de gentes sem paralelo no Portugal quinhentista. Não por acaso, os governos de D. João II e D. Manuel foram atravessados por uma preocupação comum: a de melhorar as condições sanitárias da cidade, fosse através da construção de canos de recolha de águas, do erguer de fontes e chafarizes, do ordenamento do sistema de despejos e recolha de lixos, do calcetamento das principais artérias ou da modernização da assistência médica, exemplarmente materializada no Hospital Real de Todos os Santos16. Apesar disso, a dificuldade em 15 De acordo com testemunhos da época, o Paço da Ribeira, a Torre e o mosteiro de Belém, os Estaus, o Hospital Real, o Convento de S. Domingos ou a Igreja de Nossa Senhora da Escada, foram alguns dos edifícios de Lisboa danificados, ainda que em grau diverso, pelo sismo ocorrido a 26 de Janeiro de 1531. Nossa Senhora da Escada, por exemplo, ficou em ruínas, as naves de S. Domingos abriram em toda a sua altura, caindo parcialmente, ao passo que a torre de Belém ou o Mosteiro de Santa Maria se limitaram a abrir brechas. Dos estragos verificados na habitação corrente destaca-se a queda das varandas dos edifícios da Rua Nova e a ruína de inúmeras casas na Rua do Forno. Na Miscelânea, Garcia de Resende conta como “... pedras se viam rachadas, e em pedaços quebradas, e coisas de muitas sortes, quanto mais rijas, mais fortes, tanto mais despedaçadas”. Sobre o sismo e as destruições causadas, veja-se DIAS, J. “Principais sismos em Portugal, anteriores ao de 1755”. 1755: O grande Terramoto de Lisboa, Descrições, Lisboa, FLAD e Público, 2005, vol. I.; TERRA, J., “De João de Barros a Jerónimo Cardoso. O terramoto de Lisboa de 1531”, Arquivo do Centro Cultural Português, Lisboa, Fundação Calouste Gulbenkian, 1978, ano XXIII. HENRIQUES, M.; MOUZINHO, M. FERRÃO, N., Sismicidade em Portugal: o Sismo de 26 de Janeiro de 1531, Lisboa, Comissão para o Catálogo Sísmico Nacional, 1988. 16 Sobre estes vários aspetos veja-se CARITA, H., Lisboa Manuelina e a formação de modelos urbanísticos da Época Moderna (14951521), Lisboa, Livros Horizonte, 1999; GONÇALVES, I., “Uma realização urbanística medieval: o calcetamento da Rua Nova de Lisboa”, Um olhar sobre a cidade medieval, Cascais, Patrimonia, 1996; TRINDADE, L. “A água nas cidades portuguesas entre os séculos XIV e XVI: a mudança de paradigma” Lozano Bartolozzi, Mª M. y Méndez Hernán, V., (coord. y ed.), Patrimonio cultural vinculado con el agua. Paisaje, urbanismo, arte, ingeniería y turismo. Mérida, Editora Regional de Extremadura, 2014, pp. 375-376; MENDONÇA, M., “A reforma da saúde no reinado de D. Manuel,” 1as Jornadas de História do Direito Hispânico: Actas, Lisboa, Academia Portuguesa da História, 2004, pp. 221–241; Hospital Real de Todos-os-Santos. 500 anos. Catálogo, Lisboa, Câmara Municipal, 1993. Volver al INICIO 089 Casas da Corte nas margens do rio: o tejo Como Curso e paisagem debelar a peste ou os danos causados por outras catástrofes naturais surgem como os factores que mais diretamente explicam as longas temporadas de ausência da corte de Lisboa, aspeto particularmente evidente no reinado de D. Manuel: em 26 anos de governo, a corte foi literalmente obrigada a fugir de Lisboa entre 1506 e 1510 e, novamente, entre 1519 e 1520, um afastamento compulsivo de mais de seis anos17, em ambos os casos coincidindo rigorosamente com período de escalada e persistência da epidemia. Da mesma forma, a estadia praticamente ininterrupta de D. João III em Évora, ao longo da década de 30, não pode ser dissociada do impacto do terramoto de 1531, como já referido. Assim, mais do que nestas ausências forçadas, será pois no âmbito das deslocações voluntárias que poderá compreender-se o verdadeiro padrão da mobilidade régia. De curta duração e sazonalidade marcada, a procura de um clima ameno e o gosto pela prática cinegética foram, sem dúvida, os motivos que mais pesaram nas decisões régias. Ou, em bom rigor, continuaram a pesar, já que qualquer deles se inscreve numa longa tradição. Sintra, a partir de D. Dinis e das obras que adaptaram o velho paço islâmico, tornou-se cada vez mais procurada como refúgio para os rigores do estio. No período aqui em análise, concretamente entre 1499 e 1505, a corte deslocou-se para aí todos os verões18, por mais do que uma vez e por períodos de um ou dois meses seguidos, ocupando o paço que, em função dessa mesma preferência, era então objecto de uma primeira grande campanha de obras19. À atração do clima e atributos paisagísticos, “jardim do paraíso terreal” nas palavras de Gil Vicente20, acrescia o facto da serra ser particularmente adequada para a prática da montaria. A caça, com efeito, associando a destreza física e o engenho à arte de bem cavalgar e ao manejo de diferentes armas, constituía parte fundamental da educação da aristocracia, sendo os príncipes, juntamente como os jovens da sua criação, iniciados nesta prática desde cedo21. Ao longo de toda a Idade Média os reis reservaram para si as melhores terras, florestas e charnecas ricas em espécies várias, fosse para montaria, fosse para caça às aves. Nesse território, denominado como Coutada Velha e grosso modo coincidente com a faixa litorânea entre Coimbra e Setúbal22 existia uma rede densa de residências régias ou paços — não necessariamente estruturas qualificadas — que os monarcas usavam sazonalmente em estadias curtas23. Em 1498, D. Manuel reduz significativamente a coutada cuja área desenha, a partir de então, um círculo em torno de Lisboa24. 17 COSTA, J., opus cit, pp. 124-128 e 267-268. Entre 1506 e 1510, a corte desloca-se erraticamente entre Tomar, Coimbra, Abrantes, Almeirim, Alcochete, Setúbal, Alcácer e Évora. 18 Idem, p. 267. 19 SILVA, J., Paços Medievais Portugueses, Lisboa, Instituto Português do Património Arquitectónico, 1995, pp. 217-219. 20 VICENTE, G., Copilaçam de Todalas Obras de Gil Vicente, Introdução e normalização do texto de Maria Leonor Carvalhão Buescu, Lisboa, IN-CM, 1984, vol. 2, p. 286. 21 Sobre a importância da caça veja-se, COELHO, M.; RILEY, C., “Sobre a caça medieval”, Estudos Medievais, Porto, Secretaria de Estado da Cultura, 9, 1988. 22 A extensão e os limites da Coutada Velha do Rei foram incluídas no título “Do Monteiro Moor, e cousas que a seu officio perteencem” das Ordenações Afonsinas, Livro I, tit. LXVII, consultado em http://www1.ci.uc.pt/ihti/proj/afonsinas/ , Agosto de 2016. Sobre a Coutada Velha veja-se DEVY-VARETA, N., “Para uma geografia histórica da floresta portuguesa: as matas medievais e a Coutada Velha do Rei”, Revista da Faculdade de Letras - Geografia, Porto, Faculdade de Letras da Universidade do Porto, 1985, I Série, vol. I, pp. 47-67. 23 Os movimentos da corte medieval e a sua relação com o espaço, geográfico e construído, foram particularmente estudados por Rita Costa Gomes, seja na obra já diversas vezes citada A corte dos reis de Portugal nos finais da Idade Média, pp. 241-285, seja no texto intitulado “Monarquia e território: residências reais portuguesas, séculos XIV a XVI”, Lugares de Poder, Europa, séculos XV a XX, Lisboa, Fundação Calouste Gulbenkian, 1998, p. 85-105. 24 O desaparecimento progressivo da caça grossa (em função da chamada caça defensiva, praticada pelas populações para proteção das culturas) e, sobretudo, as queixas apresentadas pelos concelhos em cortes denunciando a crescente dificuldade de abastecimento de madeira e lenha numa época em que a superfície arborizada diminuía drasticamente, são os dois principais factores que explicam os descoutamentos de D. Manuel. DEVY-VARETA, N., “Para uma geografia histórica da floresta portuguesa: do declínio das matas medievais à política florestal do renascimento (séc. XV e XVI), 1986, pp. 21-23. Ir al ÍNDICE 096 Luísa Trindade “confortável” de acordo com o médico alemão Jerónimo Munzer, que em finais do século XV visitou Lisboa63. Opiniões que não são necessariamente contraditórias, tendo em conta a sua visibilidade e simbolismo, por um lado, o seu carácter orgânico e aditivo, conjugando corpos e volumes de valores e cronologias autónomas, por outro, e, finalmente, a riqueza e variedade de guadamecis, tapeçarias, tapetes, panos e coxins, forros de madeira e painéis de azulejos de fabrico sevilhano com que se “armavam” e revestiam os interiores, aspetos justamente destacados em 1580, pelos cavaleiros Tron e Lippomani, na sua visita a esse mesmo Paço64. Tornou-se um lugar comum da historiografia da arte portuguesa a referência à troca do Paço da Alcáçova pelo Paço da Ribeira por parte de D. Manuel. A substituição de um por outro. Leitura que, à luz da mobilidade da corte e de acordo com a perspetiva de um conjunto de moradas em rede, parece, de certa forma, redutora. Figura 6. Paço da Alcáçova de Lisboa (pormenor de vista panorâmica de Lisboa), autor desconhecido, c. 1570, Leida (Holanda), Biblioteca da Universidade, Coleção Bodel Nijenhuis. Por razões essencialmente de índole prática, D. Manuel, mais do que trocar de moradas, acrescenta uma nova às muitas que já então possuía e intensamente usava. Que não se terá tratado de um abandono parece prová-lo um documento recentemente trazido a público por Diana Martins e ainda em estudo no âmbito da sua dissertação de mestrado: trata-se do rol de pagamentos ao almoxarife do Paço da Alcáçova das obras que aí decorreram entre 1507 e 1514. Sete anos de obras coincidentes com o período de maior fôlego na construção do Paço da Ribeira, quando ganhava forma o torreão de Diogo de Arruda ou a extensa varanda que o ligava aos aposentos propriamente ditos, que o rei já habitava e que comodamente lhe davam acesso ao armazém. Nesses sete anos, no topo da colina, longe da casa da Índia mas nem por 63 MÜNZER, J., “Viaje por España y Portugal en los años 1494 y 1495 (Conclusión), versión del latín por Julio Puyol, Boletín de la Real Academia de la Historia, Madrid, Real Academia de la Historia, 1924, Tomo 84, p. 177. 64 SILVA, J. “Espaços e Lugares. O Paço”, José Mattoso (dir.), B. Vasconcelos e Sousa, (coord.), História da vida privada em Portugal - A Idade Média, Lisboa, Temas e Debates, 2010, p. 91. Volver al INICIO 097 Casas da Corte nas margens do rio: o tejo Como Curso e paisagem isso esquecido, modernizava-se o eirado da Rainha, ante a casa dos Pássaros, forrando-o de 650 azulejos mouriscos; dotava-se a sala grande dos Leões de novas portas e janelas; renovavam-se os bancos longos; consertavam-se as estrebarias65. Na realidade, tudo indica que não se terá tratado de um descontentamento pelo paço em si: como conta Gaspar Correia, o rei “folgava de ser presente e cada dia estar nas casas dos armazéns, pelo que, evitando o vaivém entre a Alcáçova e a Ribeira, mandou fazer “nobres paços e debaixo deles grandes casas pera recolhimento e feitoria das mercadorias da Índia e Mina”. Justificação que deve ser aceite e entendida de forma absolutamente literal: trata-se efetivamente de “um edifício cujo piso térreo estava destinado ao armazenamento das mercadorias vindas do Oriente, e em cujos andares superiores viviam o rei e a sua família”66. Figura 7. Paço da Ribeira, em Lisboa, António de Holanda (?), Livro de Horas dito de D. Manuel, 1517 - 1551, Lisboa, Museu Nacional de Arte Antiga N.º de Inv. 14/fl. 25v. Uma razão prosaica a que não faltaria todo o invólucro discursivo e simbólico que invariavelmente caracterizou as obras de patrocínio régio. Como tem sido amplamente destacado67, esse edifício sintetizava, na sua lógica arquitectónica e funcional, a ideia da indissociabilidade entre o império marítimo e comercial e a dinastia de Avis-Beja. O rei de Portugal era, afinal, também Senhor da Conquista, Navegação e Comércio... da Etiópia, Arábia, Pérsia e Índia68. Em síntese, quando a casa do rei literalmente se alicerçava na Casa da Índia, e quando o Paço, ou pelo menos o seu corpo mais emblemático, literalmente avançava sobre o rio, num contacto quase físico com caravelas e naus, afirmava-se de forma perene a natureza e geografia do Império: D. Manuel como dominus mundi e Lisboa como Caput mundi. Com D. Manuel, portanto, o Tejo, é o grande protagonista. Exemplo paradigmático disso mesmo é a entrada do casal régio, 65 Informação tornada pública por Diana Martins no âmbito do I Workshop sobre a Alcáçova e Castelo de Lisboa, realizado na Faculdade de Ciências Sociais e Humanas da Universidade Nova de Lisboa, em 24 de junho de 2015. 66 SENOS, N., opus cit., p. 70. 67 Idem, p. 217. PEREIRA, P., A Fábrica Medieval - Concepção e Construção da Arquitectura Portuguesa (1150-1550), Lisboa, Faculdade de Arquitetura da Universidade de Lisboa, 2011, 2º vol., p. 875 (Texto policopiado). 68 Discurso subjacente a todo o cerimonial da corte manuelina, mesmo nos passeios do rei por Lisboa, transformando os cortejos manuelinos, pela junção dos atributos do rei e símbolos do projeto imperial, na teatralização de Tordesilhas. ALVES, A., As entradas régias portuguesas, Lisboa, Livros Horizonte, [s.d.], p. 29. Figura 8. Vista de Lisboa, António d’Holanda, c. 1540, Crónica de D. Afonso Henriques, de Duarte Galvão. Cascais (Portugal), Casa-Museu Conde Castro Guimarãesa. Ir al ÍNDICE 098 Luísa Trindade D. Manuel e D. Leonor, em Lisboa, em Janeiro de 152169. Dois meses antes, o monarca instruía minuciosamente a câmara sobre as muitas embarcações que deveriam participar nesse ato, cooptadas em várias localidades ribeirinhas, do Ribatejo a Alverca e Cascais. Idealizado por Gil Vicente, o mote dos festejos era a vocação universalista do Império e as suas imensas riquezas, com destaque para tudo o que, exótico e desconhecido, comprovasse essa dimensão global. Vinda de Almeirim, a corte assistiu ao espetáculo a partir do Lavradio: o rio transformou-se num palco, com Lisboa por fundo, como viria a acontecer inúmeras vezes nos séculos seguintes. Caravelas, barcas e batéis, ricamente engalanados com toldos de brocados e bandeiras de seda, faziam jogos e invenções por entre o fogo de artifício que de dia e de noite era lançado de terra e dos barcos. Ao fim de 4 dias, por entre mais de 600 velas, os reis, o príncipe herdeiro, os infantes e os nobres convertem-se eles próprios em atores, atravessando o Tejo numa grande fusta, rebocada por uma figura monumental de S. Cristóvão, não por acaso, o mesmo santo a quem coubera transportar Cristo sobre os ombros, de uma margem para a outra. Por entre o troar da artilharia, a fusta atracou no cais do Paço da Ribeira, onde tudo estava ornamentado com toldos e armado de muitas e ricas tapeçarias. O episódio, descrito por Gaspar Correia70, ocorre pouco antes de o monarca morrer. No decorrer das quase três décadas anteriores, consolidou-se definitivamente o papel de Lisboa e do Tejo no mapa da mobilidade régia. De barco ou a cavalo, no raio de algumas dezenas de quilómetros, a corte dispunha de um conjunto amplo de moradas, quase todas sem exceção amplamente renovadas no decorrer do reinado. Sintra, cuja imponente ala do rei, correspondente a uma gigantesca segunda campanha de obras, o monarca acabará por já não ver71; Santos-o-Velho, a poente, ao centro, o Paço da Ribeira e o da Alcáçova, a que D. Sebastião voltará depois de nova campanha de obras; no extremo nordeste, Almeirim e Muge. É sugestivo pensar que nos anos de 1510-1512 todos estes cinco paços estão em obras, fazendo efetivamente de D. Manuel I um “incansável construtor de palácios”72. As deslocações da corte eram ainda uma realidade em toda a Europa e Portugal não constituiu exceção. Vimos já algumas das razões que justificavam essas deslocações e como tal exigia a multiplicação de moradas. Recorde-se igualmente como cada vez mais, nas várias cortes europeias e em grande parte por influência do protocolo da Casa de Borgonha, reis, rainhas, príncipe herdeiro ou infantes, ocupavam aposentos distintos, obrigando ao desdobrar das alas dos palácios, tanto quanto à ocupação de edifícios 69 Veja-se a descrição detalhada em BUESCO, A., opus cit., p. 81. 70 Correia, G., Crónicas de D. Manuel e de D. João III (até 1533), leitura, introdução, notas e índice por José Pereira da Costa, Lisboa, Academia das Ciências, 1992, pp. 125-128. 71 Na realidade, se o monarca usufrui intensamente dos melhoramentos introduzidos no Paço de Sintra no decorrer da primeira campanha, iniciada em 1497 e essencialmente destinada à modernização dos vãos e a dotar inúmeras salas, varandas e terraços com azulejos mudéjares, o mesmo não pode dizer-se dos resultados da segunda campanha: em setembro de 1518 pôde ainda ver a grande torre erguida de raiz onde a sala dos brasões recebia os últimos retoques, mas já não o imponente corpo oriental, totalmente novo e justamente aquele que, a partir de então, constituiria a ala do rei já que dessa data até à sua morte, em Dezembro de 1521, não há registo de qualquer outra ida do monarca a Sintra. SILVA, J., opus cit., p. 237 e COSTA, J., opus cit., p. 268. 72 PEREIRA, F., Arte Portuguesa da Época dos Descobrimentos, Lisboa, CTT, 1996, p. 18. Às obras realizadas nestes paços deverá acrescentar-se a campanha de vulto que então decorria no Paço de Coimbra ou a que, logo no ano seguinte, tinha início no Paço de Évora. Veja-se, respetivamente, PIMENTEL, A., A morada da Sabedoria I - O paço real de Coimbra das origens ao estabelecimento definitivo da Universidade, Coimbra, Almedina, 2006 e BILOU, F., A igreja de S. Francisco e o Paço Real de Évora. A obras e os protagonistas 500 anos depois, Lisboa, Edições Colibri, 2014, pp. 91-102. Figura 9. Paço de Sintra, ala manuelina. Volver al INICIO 099 Casas da Corte nas margens do rio: o tejo Como Curso e paisagem independentes73. Sublinhe-se, aliás, como rei e rainha, com todos aqueles que compunham as suas casas, se moviam tão frequentemente de forma autónoma, em função de destinos diferentes. Acresce um outro factor: a forma como a itinerância, mesmo que reduzida a um curto raio geográfico, foi facilitada pelas características de uma corte que, como notou Pedro Cardim, no seu dia a dia era ainda um “espaço pouco formalizado, com uma sociabilidade simples e destituída de um aparato cerimonial opulento”74. Da mesma forma, o facto de todos os monarcas, de D. João II a D. João III, terem governado com o auxílio de um número restrito de personagens, poderá ajudar a explicar essa agilidade de movimentos da corte. A maior parte destas moradas desapareceu, sendo Sintra a única exceção. Casas da corte, em locais privilegiados, abertas em terreiros, eirados e varandas sobre a paisagem, em que volumes vários se vão sucessivamente agregando, adjacentes a laranjais e jardins fechados. Paços que parecem nunca ser suficientes. D. João III, a partir de 1556, inicia a construção do Paço de Xabregas, de novo sobre o Tejo, no “mais livre lugar e da melhor vista que ha em Lisboa”75, na realidade, o mesmo local onde desde o século XIV existia um paço real, entretanto doado aos franciscanos. Francisco de Holanda não poupa elogios a Xabregas, numa tentativa vã de convencer D. Sebastião a acabar os paços que seu avô iniciara, mas que já não conseguira ver terminados. O facto de os considerar os melhores de Portugal76, só pode ser entendido como argumento retórico. Na realidade, Holanda é já bem o representante de outra era e só isso explica que diga ao rei que “tenha Vossa alteza ao menos umas casas reais neste reino” porque as muitas que tem, em Lisboa e em todo o reino, “não são dignas da sua pessoa”77. Estava-se em 1572. A sua afirmação torna-se mais clara quando vemos, lado a lado, dois desenhos da sua autoria: no primeiro, debuxado a propósito das estruturas militares que entendia faltarem a Lisboa, Holanda retrata, ainda que quase só esboçado, o Paço da Ribeira no contexto da cidade; o segundo, é a proposta dos Paços e Parque Denxobregas. A proporção, e com ela o protagonismo, não poderia ser mais contrastante. Com Francisco de Holanda, simbolicamente, encerra-se um ciclo e inicia-se um outro: o tempo das capitais. 73 A separação por géneros verificava-se inclusivamente ao nível dos jardins, como Nuno Senos comprovou para o Paço da Ribeira SENOS, N. opus cit., pp. 120-122. Sobre o desdobramento de alas, o Paço da Alcáçova de Coimbra, inteiramente remodelado no reinado de D. Manuel, constitui um exemplo paradigmático. PIMENTEL, A., opus cit., pp. 370-372. 74 CARDIM, P., opus cit., p. 164. 75 HOLANDA, F., opus cit., pp. 21-22. 76 “Ainda que com algumas imperfeições ou descuidos no desenho” que a morte do rei, deixou por terminar. Idem, ibidem. 77 “... e vejo que vossa alteza não tem casas em Lisboa dignas de sua pessoa, por onde ora mora na Ribeira, ora nos Estaos ora em Santos Velhos que não são lugares de reis...” Idem, ibidem. Figura 10. Lembrança dos muros e bastiães que falecem ha cidade de Lysboa (pormenor) e Lembrança dos Paços Dexobregas e Parque, Francisco de Holanda, Da Fábrica que falece à cidade de Lisboa, 1571, respetivamente Fl 8v-9r e Fl. 16v. Ir al ÍNDICE Volver al INICIO 101 Sección El paisaje rural del Monasterio de Guadalupe. Sus granjas, cortijos y casas de campo diseminados por las cuencas de los ríos Tajo y Guadiana en Extremadura José MALDONADO ESCRIBANO uNIvERSIDAD DE ExtREMADuRA 101 Resumen: El Monasterio de Guadalupe fue propietario durante la Edad Moderna de varios complejos rurales dispersos por la geografía extremeña, principalmente situados entre los cauces del Tajo y el Guadiana. Sirvieron durante varios siglos para acrecentar las rentas agrícolas y ganaderas de dicha institución religiosa, al mismo tiempo que presentan espacios de alojamiento, en los que los propios monjes, trabajadores e invitados pasaban ciertas temporadas, así como buenas capillas para la oración. Analizaremos las Granjas de Mirabel y Valdefuentes, la Casa de la Vega, el Cortijo de San Isidro, la Casa de la Burguilla, el Caserío y lavadero de Malillo o el Cortijo del Rincón, insistiendo en la creación de un paisaje rural paradigmático que nos ayuda a entender otros semejantes de nuestra comunidad autónoma. PalabRas clave: Paisaje rural; Monasterio de Guadalupe; casas de campo; río Tajo; río Guadiana; Extremadura. The rural landscape of the Monastery of Guadalupe. Their homesteads, farmhouses and country house scattered by the river basins of the Tajo and Guadiana rivers in Extremadura abstRact: The Monastery of Guadalupe was the owner during the Modern Age of several rural complexes dispersed by the geography of Extremadura, mainly located between the channels of the Tajo and the Guadiana. They served for several centuries to increase the agricultural and livestock income of this religious institution, while presenting accommodation spaces, where the monks, workers and guests spent certain seasons, as well as good chapels for prayer. We will analyze the Homesteads of Mirabel and Valdefuentes, the House of the Vega, the Country house of San Isidro, the House of the Burguilla, the Hamlet and laundry of Malillo or the Country house of Rincón, insisting on the creation of a paradigmatic rural landscape that helps to understand other similar ones of our autonomous community. Key WoRds: Rural landscape; Monastery of Guadalupe; country houses; Tajo river; Guadiana river; Extremadura. Ir al ÍNDICE 102 José Maldonado Escribano De todos es bien sabido que el Monasterio de Guadalupe es un foco centralizador del arte en Extremadura desde su fundación medieval hasta la actualidad1. No vamos a explicar ahora su riqueza patrimonial, que ha sido ampliamente estudiada2, sino más bien nos detendremos en su política agrícola3 y ganadera4, que le llevó a construir de manera dispersa en nuestra comunidad grandes cortijos, casas de campo y para la labor, así como granjas, en los que se mezclaron funciones residenciales con otras que tienen que ver con la explotación de la finca, además de capillas y oratorios religiosos y otros espacios más propios del disfrute de la naturaleza que hicieron las delicias de monjes e invitados. A pesar de que en ocasiones anteriores hemos publicado algún artículo puntual sobre el tema, ofreciendo un estado de la cuestión general5 o analizando pormenores de algún ejemplo concreto6, en esta presente investigación pretendemos mostrar la creación de un paisaje rural paradigmático a lo largo de la Edad Moderna, semejante a otros como los localizados en Trujillo, Cáceres7, Badajoz, La Siberia y el antiguo Vizcondado de Puebla de Alcocer, La Serena, la Campiña Sur y otras comarcas de la Baja Extremadura8. GRANJA DE MIRABEL (GUADALUPE) La Granja de Mirabel está situada a unos 5 kilómetros al suroeste del núcleo urbano de Guadalupe, en las estribaciones de la sierra de las Villuercas, conectando con un exquisito paisaje repleto de castaños, entre los valles de Valdelagracia e Infierno, con un manantial de agua a pocos 200 metros. Su estratégica localización hizo las delicias, entre otros muchos, de la reina Isabel la Católica, Alfonso XII y XIII, Rainiero III de Mónaco o Miguel de Unamuno9. Y no es en vano, ya que esta casa de campo mandada construir inicialmente por Martín Cerón, alcalde de Sevilla, en el siglo XIV, quien la regaló pocas décadas después a Fray Fernando Yáñez, primer prior jerónimo guadalupense, se encuentra lo suficientemente cerca de la Puebla como para ser uno de los parajes preferidos durante toda la Edad Moderna utilizado para el recreo y el descanso de los monjes, a la vez que alojó a ciertos invitados durante sus temporadas de visita al citado Monasterio10. 1 Este trabajo se enmarca en el Proyecto de Investigación “La patrimonialización de un territorio: conformación de paisajes culturales entre el Tajo y el Guadiana en Extremadura” (HAR 2013-41961-P), financiado por el Ministerio de Economía y Competitividad del Gobierno de España. 2 Entre otras: ANDRÉS, P., Guadalupe, un centro histórico de desarrollo artístico y cultural, Institución Cultural “El Brocence”, Cáceres, 2001; VV. AA., Extremadura. Patrimonio de la Humanidad (Cáceres, Mérida, Guadalupe), Mérida, Junta de Extremadura, 2001. 3 LLOPIS AGELÁN, E., Una gran “empresa” agraria y de servicios espirituales: el Monasterio jerónimo de Guadalupe, 1389-1835, Documento de Trabajo nº 9518, Facultad de Ciencias Económicas, Universidad Complutense de Madrid, 1995. 4 GERBET, M. C., “La Orden de San Jerónimo y la ganadería en el reino de Castilla desde su fundación a principios del siglo XVI”, Boletín de la Real Academia de la Historia, Tomo CLXXIX, Cuaderno II, Madrid, 1982; LLOPIS AGELÁN, E., “La cabaña trashumante del monasterio de Guadalupe: historia, funcionamiento y resultados”, Actas Simposio “Trashumancia y cultura pastoril en Extremadura”, Mérida, Asamblea de Extremadura, 1993, pp. 107-129. 5 MALDONADO ESCRIBANO, J., “Patrimonio rural del Monasterio de Guadalupe. Cortijos y casas de labor en la Baja Extremadura”, Revista Guadalupe, nº 808, pp. 16-20. 6 MALDONADO ESCRIBANO, J., “La cuenca del río Tajo y sus casas de campo en la Alta Extremadura”, Patrimonio cultural vinculado con el agua. Paisaje, Urbanismo, Arte, Ingeniería y Turismo, Mérida, Editora Regional de Extremadura, 2014, pp. 171-188; MALDONADO ESCRIBANO, J., “Ermitas, capillas y oratorios privados en los cortijos de la Baja Extremadura. Ejemplos de una arquitectura vernácula para conservar”, Arquitectura vernácula en el mundo ibérico, Sevilla, Universidad Pablo de Olavide, 2007, pp. 261-269. 7 NAVAREÑO MATEOS, A., Arquitectura residencial en las dehesas de la tierra de Cáceres (Castillos, palacios y casas de campo), Cáceres, Diputación de Cáceres, 1999. 8 MALDONADO ESCRIBANO, J., Arquitectura residencial en las dehesas de la Baja Extremadura, Cáceres, Servicio de Publicaciones de la Universidad de Extremadura, 2010. 9 http://extremadurense.blogspot.com.es/2011/01/palacio-de-mirabel-guadalupe-caceres.html 10 VV.AA., Monumentos artísticos de Extremadura, Mérida, Editora Regional de Extremadura, 2ª edición revisada, 1995, pp. 328-330. Volver al INICIO 103 El paisajE rural dEl MonastErio dE GuadalupE. sus Granjas, cortijos y casas dE caMpo... Figura 1. Granja de Mirabel. Exterior. Fue declarada Monumento Nacional en 1931 además de Bien de Interés Cultural, a pesar de que está en manos privadas desde el momento de la Desamortización de Mendizábal acaecida en el siglo XIX, cuando la compró el marqués de la Romana11. No obstante, se puede llegar a ella gracias a una ruta senderista que pasa próxima12, incluso visitarse en algunos momentos como en la multitudinaria romería de la Cruz, que se celebra en el lugar todos los 3 de mayo. Destacan sobremanera las estancias residenciales organizadas mediante un patio abierto a la naturaleza que la rodea en el que se proyectó un estanque de agua conocido como la fuente del Frío, que circunda el claustro en varias de sus crujías, y donde fue dispuesto un verraco de piedra de posible origen vetón que hace las veces de surtidor de dicha alberca. Son varias las habitaciones y salones interiores, cuyo estilo recuerda a otras piezas del Monasterio, alcanzando un total de 1934 metros cuadrados de superficie construida total. Como decíamos, una vez que se recibiera el primigenio edificio, el padre Nuño de Arévalo mandó realizar obras de reedificación y ampliación en 1486 con el fin de que los Reyes Católicos pudieran descansar en sus aposentos y es así tal y como nos llega a nuestros días. Se respira en todo el conjunto una influencia mudéjar13, latente de manera especial en su fachada principal, además de la capilla de la Magdalena y del Cristo de Mirabel. En esta última 11 Para ampliar sobre este momento a nivel general y sus consecuencias para Guadalupe de forma concreta, vid. ROSO DÍAZ, M., “La desamortización urbana en la Puebla de Guadalupe y su Monasterio”, Guadalupe y la Orden Jerónima. Una empresa innovadora, Badajoz, Junta de Extremadura, 2008. 12 Ruta “Camino al Palacio de Mirabel-Guadalupe: http://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=866684 13 MOGOLLÓN CANO-CORTÉS, P., El mudéjar en Extremadura, Salamanca, 1987; MOGOLLÓN CANO-CORTÉS, P., “Guadalupe: el histórico Palacio de Mirabel”, Revista Guadalupe, nº 705, pp. 123-124. Figura 2. Granja de Mirabel. Estanque. Ir al ÍNDICE 104 José Maldonado Escribano vemos una de las colecciones de pintura gótica mural más importantes de Extremadura que tratan escenas bíblicas, destacando la Virgen con el Niño en la zona central del retablo14. Se cierra con un magnífico artesonado de madera policromada, al igual que su capilla anexa levantada en 1515, con planta rectangular y arco toral apuntado, por Fray Juan de Siruela, en la que llama la atención su retablo barroco realizado en madera, muy ornamentado, presidido por la talla titular de María Magdalena, obra de Pedro de Roza. En esta última además se guarda el famoso Cristo yacente, otra escultura del apóstol Santiago, un Niño Jesús, un lienzo de la Virgen de Guadalupe y otro del Descendimiento, que hay quien lo sitúa en el entorno del maestro Rubens. Todo ello le valió a Unamuno15 a escribir en su libro Por tierras de Portugal y de España de 1911 “hermosísimo es, sin duda, cuanto el arte humano puede aún ofrecernos en Guadalupe; más es más hermoso aun lo que allí la Naturaleza nos ofrece. Subimos a Mirabel, dependencia del Monasterio, y bajamos de allí por medio de uno de los más espesos y más frondosos bosques de que en mi vida he gozado. Jamás vi castaños más gigantescos y más tupidos. Y nogales, álamos, alcornoques, robles, quejigos, encinas, fresnos, almendros, alisos junto al regato, y todo ello embalsamado por el olor de perfumadas matas”16. Por su parte, la reina Católica parece ser que se refería a ella como “mi paraíso”, una vez que pernoctó aquí durante varios días a partir del 10 de junio de 1492. No obstante la historia reciente de este también llamado Palacio de Mirabel resulta bastante azarosa. Es así porque después de pertenecer a Sebastián José Tena Pujol, un millonario de Costa Rica, que acabó en la quiebra debido a la morosidad e intereses empresariales fraudulentos, ha sido de Liberbank, quien la sacó a subasta en abril de 2016, siendo tasada previamente en 8,5 millones de euros17. En este proceso el Ayuntamiento de Guadalupe pidió a la Junta de Extremadura que comprase la propiedad con la intención de utilizarse como sede de alguna institución regional debido a su enorme atractivo turístico y cultural, a pesar de que no ha resultado y actualmente se encuentra de nuevo en manos privadas, previsiblemente ahora de nacionalidad argentina. GRANJA DE VALDEFUENTES (GUADALUPE) En su lugar, la Granja de Valdefuentes, el otro complejo situado igualmente en el término municipal de Guadalupe, se distancia del núcleo poblacional unos 3 kilómetros, llegándose a él asimismo por un camino sin asfaltar utilizado como ruta senderista18, en la que además de pasar próximos al edificio que 14 GARRIDO SANTIAGO, M., “Aproximación a la pintura gótica en Extremadura”, Norba Arte, Cáceres, Universidad de Extremadura, 1994-1995, nº 14-15, pp. 15-40. 15 http://www.metamorphosis.es/unamuno-en-guadalupe/ 16 UNAMUNO, M. de, Por tierras de Portugal y de España (1911), Madrid, Reedición de Alianza Editorial, 2006. 17 http://www.elmundo.es/economia/2016/03/21/56efde0e22601d00578b45be.html. http://www.vanitatis.elconfidencial.com/noticias/2016-04-13/un-banco-subasta-un-palacio-de-los-reyes-catolicos-por-morosidad-de-su-misterioso-dueno_1182469/. 18 Ruta “Camino a la Granja de Valdefuentes-Guadalupe”: http://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=866667 Figura 3. Granja de Mirabel. Capilla de la Magdalena. Volver al INICIO 105 El paisajE rural dEl MonastErio dE GuadalupE. sus Granjas, cortijos y casas dE caMpo... Figura 4. Granja de Valdefuentes. Exterior nos ocupa, podemos disfrutar del bellísimo entorno paisajístico que lo circunda. Está bien regada la finca por varios arroyos como el de San Juan o el del Judío, que van a desembocar en el río Silvadillo, afluente indirecto del Guadiana. También es originario del siglo XIV siendo prior del Monasterio el conocido padre Yáñez, quien la mandó realizar prácticamente en su totalidad, incluyendo la capilla dedicada en este caso a Santa Cecilia, cuya imagen fue pintada en un lienzo que decora el retablo ya barroco. Décadas después, bajo el priorato de Fray Juan de Siruela, por acuerdo unánime de la comunidad, fue reedificado entre 1551 y 1554 el patio principal que organiza también el conjunto, con la idea de ofrecérselo al rey Felipe II, amante de los paisajes de las Villuercas19. En este sentido, contemplamos un claustro renacentista con arcos de medio punto sobre columnas clásicas en dos alturas, que se decora con una elegante fuente en su centro. En él además vemos otras piezas sueltas del mismo estilo esculpidas con motivos a candelieri. En cuanto a su capilla ya referida cuenta, de manera semejante a la anteriormente analizada, con importantes pinturas murales y un potente artesonado mudéjar de la primera mitad del siglo XVI, quedando su techo dividido por 21 casetones cuadrados. Tiene un arco toral apuntado, al que se accede al presbiterio que, en su lugar, se cierra con bóveda de sencilla crucería. Contiguo a él está la sacristía, de planta cuadrada y cúpula. 19 VV.AA., Monumentos artísticos de Extremadura, opus cit., pp. 330-332. Figura 5. Granja de Valdefuentes. Fachada principal. Ir al ÍNDICE 112 José Maldonado Escribano o Fray Juan Molano, entre otros, son los contables que administraron, tal y como se apuntaba anteriormente, San Isidro y la Casa de Santa María en Madrigalejo. Resultan llamativas las obras acaecidas en los altares de la capilla de la casa de campo hacia la década de los años 30 del siglo XIX, con un total de 804 reales y 14 maravedíes, poco antes de desarrollarse el proceso desamortizador. Este, al igual que sucede en el resto de propiedades, hizo que fuese adquirido en 1845 por D. Ramón Soriano y Pelayo. Posteriormente será su hijo D. Cecilio Soriano y Gallego quien lo venda en 1877 al Excmo. Sr. D. Juan Antonio Iranzo Ferrer, Conde de Iranzo y Marqués de Águila Real. Más tarde pasa, por herencia, a su hija Dª. Matilde Iranzo y Daguerre en 1884, casada con el Excmo. Sr. D. Francisco Chavarri y Romero, Marqués de Gorbea. En 1927 pasa a los hijos de éstos Sres. Dª María Teresa Chavarri e Iranzo y D. Gonzalo Chavarri e Iranzo, quien ostentó los títulos nobiliarios de su padre. Ya serán los descendientes de este último quienes dirijan la importante reconstrucción del cortijo que ya anunciábamos antes durante la década de los años 60 del siglo XX. Será por entonces cuando a la portada de piedra con arco de medio punto y capiteles clásicos diseñada en el XVIII se sume la espadaña superior con la imagen de San Isidro y se pinten los leones laterales y el jarrón con flores (emblemas respectivos de la orden jerónima y la Virgen María) por “Mendoza”, un pintor de Villanueva de la Serena, en el año 1972. Asimismo a la izquierda de la misma vemos el escudo del Conde de Iranzo, con la corona de nueve puntas propia de su jerarquía y un letrero donde erróneamente fue escrito “SAN ISIDRO 1535”, adelantando de manera equivocada la construcción en 200 años. Varios son los mapas, por último, que lo dibujan en el siglo XIX. Entre ellos: el Itinerario entre las Casas de Don Pedro, Pela, Madrigalejo, Acedera y río Alcollarín, por el ejército francés en 182042; y el de La cría caballar en España43, de la segunda mitad, donde leemos “Geronimos”, entre los ríos Ruecas y Gargáligas, hacia el norte de Acedera. CASA DE LA BURGUILLA (VILLAR DEL PEDROSO) La dehesa y Casa de la Burguilla, al igual que el resto que estudiamos, se trata de un complejo con estancias residenciales, dependencias agropecuarias y productivas, a la vez que se mezclan en ellas las funciones artística y cultual, desarrolladas a lo largo de la Edad Moderna por el Monasterio de Guadalupe, dentro del término municipal de Villar del Pedroso44. Su ubicación exacta es a la izquierda de la carretera que lleva desde el citado núcleo poblacional a Valdelacasa de Tajo, aprovechando el cauce de este cercano río que atraviesa la provincia de Cáceres, el del arroyo de la Fuente Encalada que desemboca en él y cruza la finca, así como el embalse del arroyo Pizarroso que queda a unos 500 metros al suroeste del cortijo. Todos ellos generan un paisaje adehesado cuya riqueza fue explotada por la citada institución religiosa hasta su desamortización decimonónica, momento en que se incluye en el inventario redactado para sus efectos de la siguiente manera45: “Otra nominada Burguilla, poblada de encinas, con una Casa Palacio, término de Talavera de la Reyna, arrendada con el fruto de bellota por los invernaderos que principiaron en San Miguel de 1832 y concluyen en 25 de abril de 1836, a Agustín Gómez, vecino de Zepeda de la Mora en 6000 reales cada una.” 42 Centro Geográfico del Ejército. Cartoteca Histórica. Mapas de Extremadura, Nº 13. Itinerario entre Casas de Don Pedro, Pela, Madrigalejo, Acedera y río Alcollarín, por el ejército francés (1820). 43 Ibidem. Nº 97. La cría caballar en España. Provincia de Badajoz. Grabado por G. Pfeiffer bajo la dirección del Coronel de Caballería D. Juan Cotarelo (hacia 1861). 44 MALDONADO ESCRIBANO, J., “Dominios del Monasterio de Santa María de Guadalupe en la cuenca del Tajo: la dehesa y Casa de la Burguilla”, Las Artes y la Arquitectura del Poder, Castellón, Universitat Jaume I, 2013, pp. 1052-1064. 45 Archivo Histórico Nacional. Sección Clero. Leg. 1429 / 2 – a). Volver al INICIO 113 El paisajE rural dEl MonastErio dE GuadalupE. sus Granjas, cortijos y casas dE caMpo... Unas décadas después a este documento de 1836, Pascual Madoz dice de ella que “pertenecía a los monjes de Guadalupe; pero vendida, es hoy de propiedad particular”, añadiendo una descripción bastante exhaustiva de la misma como comprobamos a continuación46: “Consta la granja de una hermosa casa, con corrales, cuadras, pajares, graneros, horno, fragua, capilla, y en medio de todo esto, un patio-corral; al lado este de la casa, una hermosa huerta con frutales y un olivar con 200 pies; al norte, una cerca de 3 fanegas de tierra; a 100 pasos, un hermoso criadero de cerdos; a 400 otra parada de zahúrdas; a 80, un pozo de buen agua con dos grandes álamos que le dan sombra; a 300, la llamada fuente Encalada, de mejor agua que el pozo; y poco más lejos, un gran colmenar destruido; a 80 pasos, otro olivar con 400 pies; a 60, otro con 300; a igual distancia, otra cerca con cierre destruido, de 16 fanegas; además, 1000 fanegas, un prado de dos en la jurisdicción del Villar, y 100 en la de Valdelacasa; la dehesa, que también se halla contigua, formando todo una gran heredad, comprende 300 fanegas de arbolado de encina, y el terreno todo roturado, sembrándose a dos hojas toda la comprensión de la granja que será media legua en cuadro; está amojonada con piedras de cantería, y la dehesa tiene también sus mojones particulares.” Figura 13. Casa de la Burguilla. Fachada principal. De manera semejante nos acerca el mismo en su Diccionario a otras granjas localizadas en el entorno del Tajo como son Santa Cruz de Alarza47 y la dehesa del Espadañal48, dentro del partido judicial de Nalvalmoral de la Mata y que ya fueron incluidas en un estudio anterior49. Como se desprende de esta obra de mediados del siglo XIX, una de las partes más destacadas de la Casa de la Burguilla es su capilla, que ha llevado incluso a algunos autores a referirse a ella como granja-convento, tal y como sucede en las algunas de las anteriormente señaladas. No en vano, algunos de 46 MADOZ, P., Diccionario geográfico-histórico-estadístico de España y sus posesiones de Ultramar, opus cit., Tomo I, pp. 374375: “Burguilla (Dehesa de)”. 47 Ibidem, Tomo I, p. 33: “Alarza (Granja de Santa Cruz de)”. 48 Ibidem, Tomo II, pp. 359-360: “Espadañal (Dehesa del)”. 49 MALDONADO ESCRIBANO, J., “La cuenca del río Tajo y sus casas de campo en la Alta Extremadura”, Patrimonio cultural vinculado con el agua. Paisaje, Urbanismo, Arte, Ingeniería y Turismo, opus cit., pp. 171-188. Ir al ÍNDICE 114 José Maldonado Escribano los elementos religiosos que identificamos en ella son el crucero construido enfrente de la fachada principal (semejante al de la Casa de la Vega), el jarrón de azucenas (símbolo de la Virgen María) esculpido en el dintel de acceso y el oratorio propiamente dicho, construido con ladrillos, de planta cuadrada de apenas 30 metros cuadrados, cubierto con bóveda semiesférica sobre pechinas, que guarda la imagen titular: una copia de la Virgen de Guadalupe, cuya festividad, el 8 de septiembre, coincide con la de ésta. Es entonces cuando aprovechan los vecinos para realizar una romería y trasladar a su patrona a la iglesia parroquial de San Pedro. Otras partes son las viviendas, que en ocasiones albergan dos plantas, las antiguas celdas de los monjes situadas también en torno a varios patios de distribución rectangulares, que asimismo organizan graneros, almazaras, horno, palomares y otros espacios, añadiéndose algunos en los últimos años a aquellos que ya existían desde el siglo XVII. A pesar de que tenemos noticias de la Burguilla en la primera mitad del siglo XVI51, será en la siguiente centuria cuando se redacten los testimonios más interesantes de la finca y sus construcciones. Así queda recogido en la obra del Padre Alhobera52 y en los documentos de contabilidad que de esta casa comienzan a realizarse, de forma semejante a los que conocemos en otras propiedades guadalupenses, registrándose en ellos todos los ingresos y gastos anuales: una Carta-cuenta (1697-1741) 53 y un amplio libro donde se plantea todo lo acontecido en la explotación y granja entre 1666 hasta 178154, haciéndose especial mención en diversas ocasiones en las obras acaecidas y llevadas a cabo por diversos trabajadores atendiendo a partes diversas del complejo. 50 Fotografía publicada en http://lajaratoledo.blogspot.com.es/2016/07/villar-del-pedroso-ermita-virgen-de.html. 51 Archivo del Real Monasterio de Guadalupe. Códice-Manuscrito 165. Concordia entre el Monasterio de Guadalupe y los canónigos de Talavera tratando la administración de los diezmos de la finca y propiedad (1544). 52 Archivo del Monasterio de Guadalupe. Códice-Manuscrito 128. Libro de la hacienda que... Guadalupe tiene en heredades, dehesas, rentas, juros, y otros aprovechamientos. Ordenado en 1641 por fr. P. de Alhobera. 53 Archivo del Monasterio de Guadalupe. Códice-Manuscrito 150. Carta-cuenta de la Burguilla (1697-1741). 54 Archivo del Monasterio de Guadalupe. Legajo 141. Cuentas de la administración de la Casa de Burguilla en maravedises, granos, machos, ovejas, carneros, cerdos, bueyes, vino, sal y queso (1666-1781). Figura 14. Casa de la Burguilla. Capilla 49 . Figura 15. Plano de la dehesa y casa de la Burguilla (siglo XVII). Archivo Histórico Nacional. Sección Clero. Dibujos y planos nº 41. Volver al INICIO 115 El paisajE rural dEl MonastErio dE GuadalupE. sus Granjas, cortijos y casas dE caMpo... También del XVII son otros planos55 en los que se sitúa la “Cassa de Burguilla”, con varias cercas alrededor de ella como la del Moral, la de la laguna, del Pozo, la Grande o la de la ermita, quedando algo más separada la “cerca de la viña”, así como el “Guerto y Fuente”. Los arroyos de Melón y Pizarroso conectan con la finca, desviándose una parte del cauce de este último para abastecer a un molino próximo, también dibujado en uno de ellos. Igualmente aparece el Tajo hacia el norte, además de otras fincas colindantes y terrenos de Villar del Pedroso y Valdelacasa, cuyos núcleos de población conectan con el “Camino de la Cassa” y el del Villar, atravesando, tal y como sucede hoy día, la dehesa que tratamos. A finales del XVIII firma Juan Ruiz Arenas otro mapa referido al deslinde desde Logrosán a Las Villuercas56, u otro topográfico que también se hace sobre esta comarca por entonces57, conservado en la sección Real Audiencia del Archivo Histórico Provincial de Cáceres. A ellos debemos sumar el que marca el límite geográfico entre Cáceres y Toledo58, fechado pocos años más tarde que los anteriores. En el primero de ellos podemos leer “Burguilla caserío” en el camino que discurre entre las villas señaladas, además del que lleva a “La Magdalena despoblado”, mientras que en el segundo descubrimos “Burguilla dehesa y caserío” entre las mismas villas. Ya en el tercero se advierte “Dehesa y Caserío de Burguilla” en el término de Pedroso, provincia de Toledo, próximo a la línea divisoria de la cacereña, misma situación recogida por el geógrafo Tomás López en su mapa publicado en 181959. Para finalizar, un nuevo libro de cuentas, en este caso referido a los ganados, colmenas, molinos, dehesas, casas y recreaciones del Monasterio de Guadalupe comienza a recoger toda esta información desde 1827 finalizando siete años después60, momento que coincide en parte con los efectos de la desamortización anteriormente descritos. Es de destacar el pago hecho a don Manuel Joaquín González por su honorario al reconocer el molino de Espejel asociado a la casa, edificio que ya conocíamos por los planos del siglo XVII. CASERÍO DE MALILLO (ZORITA) En este caso debemos diferenciar dos construcciones distanciadas entre sí unos 3 ó 4 kilómetros. La primera de ellas es el mismo caserío, en muchos documentos citado como rancho o esquileo dado que esta era su función principal: esquilar la lana de la cabaña merina del Monasterio traída hasta aquí para tales fines. Se sitúa este edificio, de amplias dimensiones, en las proximidades del arroyo Malillo, que a su vez será utilizado para levantar una presa abrevadero como estudiaremos. Su planta general es rectangular y presenta muchas dependencias extensas comunicadas por largos patios, en los que se abrió algún pozo cisterna para el abastecimiento directo de agua. También tenía estancias residenciales, a pesar de que no podemos determinar todas las que eran debido a su avanzado estado de deterioro en la actualidad. Sí observamos, no obstante, una hornacina de ladrillo en una de ellas, que serviría de capilla para el caserío. En segundo lugar, ya en el cauce del río Ruecas, los mismos frailes construyeron un lavadero de lanas con la intención de preparar la lana cortada en el inmueble anterior. A la presa que canalizaba el agua acompañaba una pequeña casa con cocina, de las que hoy día prácticamente poco se conserva61. 55 Archivo Histórico Nacional. Sección Clero. Dibujos y planos nº 41y nº 42. Planos de la dehesa y casa de la Burguilla (siglo XVII). 56 Archivo Histórico Provincial de Cáceres. MPD nº 33. Mapa realizado para el deslinde desde Logrosán a las Villuercas. Realizado por Juan Ruiz Arenas, comisionado del Real Acuerdo. Procede de Real Audiencia, Leg. 572, nº 46. 57 Archivo Histórico Provincial de Cáceres. MPD nº 28. Mapa topográfico de las Villuercas. Procede de Real Audiencia, Leg. 572, nº 34. 58 Archivo Histórico Provincial de Cáceres. MPD nº 31. Mapa de la línea divisoria de las provincias de Toledo y Cáceres. Procede de Real Audiencia, Leg. 572, nº 44. 59 Centro Geográfico del Ejército. Cartoteca Histórica, Mapas de Extremadura, nº 12. Mapa de la provincia de Extremadura realizado por Tomás López (1819). 60 Archivo Histórico Nacional. Sección Clero, Legajo 1425. 61 RODRÍGUEZ AMORES, L., Crónicas lugareñas. Madrigalejo, Badajoz, Tecnigraf Editores, 2008, pp. 389-393. Ir al ÍNDICE 116 José Maldonado Escribano Durante el siglo XVII, el Monasterio de Guadalupe debió explotar la finca situando en ella una casa con cerca, a saber por el dibujo que conocemos, similar a otros de los estudiados a lo largo de esta investigación62. En este concretamente vemos en el centro la “Cassa de Malillo”, a la que rodean varios patios tanto rectangulares como circulares, llegándose a ella por el “Camino de la venta de Ruecas a la casa” o los que venían desde Logrosán, Zorita o Madrigalejo, constituyéndose por tanto en un hito necesario para entender el dominio de este paisaje por los monjes jerónimos. La dehesa como tal quedaba rodeada por otros latifundios como La Torre, El Aguijón, La Moheda, el Valle del Judío y Milanera, el Millar de Vallesteros o el de Mirasierras , que debieron estar bien poblados de arboleda por entonces a saber por su dibujo en cuestión. Algo más alejados se encontraban el Torilejo, con una capacidad para 852 ovejas y Trebolosa, con 1200. Debido a la alta rentabilidad del ganado merino en este momento de la Edad Moderna y en previsión de las rentas que los frailes estaban obteniendo de su explotación, especialmente por el mercado de la lana, que estaba cada vez más en alza, a comienzos del XVIII se plantearon una ampliación y reforma del espacio de Malillo, añadiendo dependencias más grandes relacionadas con el esquileo de dichas ovejas. Así desde 1701 a 1703, siendo prior Fray Juan de la Serena, se hizo prácticamente la obra con las dimensiones que conocemos hoy día, extendiendo con mucho el rancho consiguiéndose su planta definitiva63. Parece ser que por entonces la citada cabaña merina ascendía a unas 34000 cabezas solamente en la tierra de Trujillo, de las que una tercera parte pastaban en Malillo. Este hecho indudablemente llevó a los monjes guadalupenses a realizar tan soberbio edificio destinado a cortar la lana de sus rebaños, siendo uno de los más atractivos no sólo de nuestra comunidad autónoma sino a nivel nacional. No obstante, el aumento de la ganadería que venía hasta aquí para el esquileo trajo consigo una necesidad directa: la búsqueda de agua para abrevarla. De tal manera, utilizando el cauce del arroyo Malillo, construyeron una presa sencilla con la que conseguían un mediano embalse en la parte baja del complejo, lo 62 Archivo Histórico Nacional. Sección Clero. Dibujos y planos nº 38. Dibujo de la dehesa de Malillo, con su casa y cerca (Siglo XVII). 63 RODRÍGUEZ AMORES, L., Crónicas lugareñas. Madrigalejo, opus cit., p. 390. Figura 16. Dibujo de la dehesa de Malillo, con su casa y cerca (siglo XVII). Archivo Histórico Nacional. Sección Clero. Dibujos y planos nº 38. Figura 17. Casa de Malillo. Restos de zona residencial. Volver al INICIO 117 El paisajE rural dEl MonastErio dE GuadalupE. sus Granjas, cortijos y casas dE caMpo... suficientemente alejado del mismo para desarrollar dicha actividad. Aún se conserva esta pieza, algo deteriorada, en la que destaca el blasón con dos leones rampantes laterales y un jarrón con flores en el centro sobre el que se ve capelo y borlones, aludiendo a sus dueños jerónimos y a la Virgen de Guadalupe. Igualmente por los mismos años también debió construirse el ya conocido lavadero de lanas en el próximo río Ruecas, dentro de la dehesa de la Torre64, cuyo cometido principal fue lavar la lana una vez esquilada en el edificio anterior, procurando desarrollar toda esta parte del proceso en sus fincas para venderla después en el mercado castellano. El geógrafo Tomás López, por su parte, nos acerca en sus escritos tanto al cortijo y su esquileo como al lavadero construido en el río Ruecas. Así en el manuscrito original conservado en la Biblioteca Nacional (Madrid), leemos lo siguiente en relación con Logrosán65: “(...) A dos leguas de este pueblo, al mediodía, tiene un puente biejo y maltratado y junto a él una venta, que uno y otra se denominan de Ruecas. Cosa de media legua por vajo está, al pie de este río, una casería propia del Real Monasterio de Guadalupe y por ser ésta donde laban la lana de su cabaña la llaman el Labadero.” En el mapa que dibuja sobre la “Sargentía de Trujillo”66 en los mismos años finales del siglo XVIII localizamos la “Casa de Malillo”, señalada con el nº 14 en su trazo y en cuya leyenda acompaña: “Casa de Malillo que sirbe de esquileo para la cabaña del Real Monasterio de Nuestra Señora de Guadalupe”. Asimismo, cuando escribe sobre el despoblado de Valdepalacios67, al que volveremos en relación con el Cortijo del Rincón, nos informa de “otra casería por lebante, de dicho Real Monasterio en el río Ruecas, distante de este sitio de Valdepalacios cosa de una legua y por ser ésta donde laban la lana de su cabaña llaman el Labadero; otra tiene dos leguas de este lugar de Logrosán, al mediodía, en la que esquilan la cabaña y la llaman Malillo, dista de Valdepalacios una legua larga, entre poniente y norte.” Ya en el XIX se recoge toda la contabilidad por años en un libro de cuentas que comprende desde 1805 hasta 182068, firmando como administrador de esta casa inicialmente Fray Pedro de Montijo, 64 En este sentido conocemos el siguiente documento que recoge donde se señalan las zonas topográficas dichas para su levantamiento, además de hablarse de la licencia de obra y de los trabajos de desbroce y preparación de la misma: Archivo Histórico Nacional. Sección Clero. Leg. 1431-1º/17. Denuncia por la construcción de un lavadero de lanas sobre el río Ruecas que realiza el Monasterio de Guadalupe (siglo XVIII). 65 Biblioteca Nacional de España. Manuscrito MS 20241-83. Tomás López: “Logrosán”. 66 Biblioteca Nacional de España. Manuscrito MS 20241-125. Tomás López: “Trujillo”. 67 Biblioteca Nacional de España. Manuscrito MS 20241-127. Tomás López: “Valdepalacios”. 68 Archivo Histórico Nacional. Sección Clero. Libro 1572. Libro de cuentas de la Casa de Malillo del Monasterio de Guadalupe (1805-1820). Figura 18. Casa de Malillo. Presa cercana al esquileo. Figura 19. Blasón de la presa cercana al esquileo. Ir al ÍNDICE 118 José Maldonado Escribano al que le siguen Fray Domingo de Tortosa o Fray Felipe de Belalcázar. Asimismo a estos les acompañan los caseros Agustín Rodríguez Medrano, Fernando Rodríguez Cellín o Santiago Encinas. Se organiza, como sucede en otras ocasiones, incluyendo el cargo y la data de todos los enseres, productos consumidos o vendidos, el comercio de lana en relación con el esquileo, además de pagos a pastores, esquiladores y guardas. En relación con el lavadero de lanas también se recogen sus gastos y los pagos que se hacían a su casero. No obstante, lo que más llama la atención en este sentido es precisamente las rentas recibidas por dicha actividad, alcanzando por ejemplo en 1814 la enorme cantidad de 21850 reales gracias al lavado de 10925 arrobas de lana de diferentes clientes. Las obras llevadas a cabo en Malillo durante este intervalo temporal fueron, entre otras, el arreglo de los techos de la capilla, la construcción de la huerta y la apertura de un pozo en 1805; comprobar el estado del tejado en 1806; la restauración del horno y el pajar en 1808 y del lavadero cuatro años después, mientras que en 1814 se pagan varios jornales a cuatro hombres de Guadalupe que fueron hasta él para limpiar su cauce y levantar un portillo que había en la presa; la composición de nuevo del horno, el rancho y los encerraderos en 1817; o las obras desarrolladas en el lavadero, en el que trabajaron 10 peones, y el arreglo de puertas y cerraduras en 181869. Muy interesante nos vuelve a resultar la etapa de su desamortización, iniciada en la década de los años treinta del mismo siglo decimonónico. Así, como en otros casos, Fray Zenón de Garbayuela realiza un inventario firmado a 29 de abril de 1836, donde señala que por entonces había los siguientes enseres en la “Capilla del Rancho de Malillo”70: “Un retablo de madera muy estropeado Una efigie de san Geronimo Un altar sin manteles con sacras, atril de madera y dos aros Un frontal con su marco de madera muy estropeado Un cuadro de Nuestra Señora de Guadalupe, marco de madera muy estropeado Las ropas y cáliz de esta capilla las habían traido al Monasterio (…)” En 1840 vuelven a hacerse otros inventarios de bienes de los que conocemos tan sólo sus índices leídos en un legajo del Archivo Histórico Nacional, que antes estuvo en la Delegación de Hacienda de la provincia de Cáceres. Se trata del “Inventario de las causas sobre lapidaciones ocurridas en el extinguido monasterio de Guadalupe al tiempo de la exclaustración de los monjes”71, en el que leemos que por entonces se hizo un “Inventario general de ganado, bienes y efectos de los caseríos de San Isidro, Rincón, Malillo, Vega y otros en averiguación de ocultaciones y dilapidaciones” además de un “Estado comparativo de los inventarios de los cortijos de San Isidro, el Rincón y Malillo”. Lamentablemente nada más sabemos de ellos. Es Pascual Madoz quien nos informa sobre el cambio de propiedad debido a la venta del “Caserío de Malillo” a D. Antonio Palacios, vecino de Madrid, añadiendo en su Diccionario que72: “A primera vista, parece un no pequeño palacio con multitud de habitaciones más o menos decentes para toda clases de personas. En este caserío hay un oratorio, para que los monjes que allí concurrían, pudiesen celebrar misa en beneficio de las muchas personas que habitaban aquel sitio en todas ocasiones.” 69 Las cuentas de este año coinciden con las recogidas en este otro documento: Archivo Histórico Nacional. Sección Clero. Leg. 1426 (1-17), Borradores de cuentas de arrendadores, caseríos, ganados, memoria de la música, pan, cuentas de procuración. Nº 2: Borradores de cuentas del año 1818. 70 Archivo Histórico Nacional. Sección Clero. Leg. 1431-2º/5. 71 Archivo Histórico Nacional. Sección Clero. Leg. 1431-2º/4. 72 MADOZ, P., Diccionario Geográfico – histórico – estadístico de España y sus posesiones de Ultramar, opus cit., Tomo III, pp. 286-287, “Malillo (Caserío de)”. Volver al INICIO 119 El paisajE rural dEl MonastErio dE GuadalupE. sus Granjas, cortijos y casas dE caMpo... Mucho más extenso es en cuanto al lavadero situado en el margen el río Ruecas, del que nos informa que en 1829 había sido arrendado a D. Félix Jacquet y hermanos, del comercio de Olerón y Madrid, quienes lo adquirieron por compra después de su enajenación73. Tales propietarios, ya a mediados de esta centuria, hicieron mejoras en el mismo “que puede competir en el día con los más aventajados de su clase”, ofreciéndose a partir de entonces un beneficio mayor y un aumento de sus trabajadores que le reportaban buenas rentas. Nos describe así Madoz las obras desarrolladas en este momento: “El cauce por donde entra el agua ha sido construido de nuevo, todo de piedra de cantería. Se ha cubierto de bóveda de ladrillo. Se ha levantado una hermosa presa en el río para que, elevando las aguas, puedan entrar limpias y corrientes. Se han colocado tres compuertas de bronce en el curso del canal, para graduar el agua y hacer que entre más o menos impetuosa, según convenga para las operaciones. Se han construido de nuevo las tinas para escaldar la lana y una soberbia caldera para el agua caliente. Todo el establecimiento ha sido cercado de un magnífico muro de seis varas de alto y de una de espesor, todo de cal y canto, imposible de ser asaltado, a no ser por una grande y lenta maniobra; y capaz de resistir cualquier ataque. Por cima de este muro descuella la majestuosa casa, con todas las comodidades necesarias para las operaciones del lavadero y para habitaciones; siendo sorprendente la animación y buen orden que allí reinan.” CORTIJO DEL RINCÓN (LOGROSÁN) Próximo al ejemplo anterior, a 12 kilómetros hacia el sudeste de Logrosán, igualmente dentro del Geoparque de Villuercas – Ibores – Jara localizamos este cortijo, que fue el que abasteció principalmente de aceite al Monasterio de Guadalupe y cuyo paisaje aún hoy día continúa ofreciéndonos un hermoso latifundio lleno de olivos, regado por bastantes arroyos conectados con los ríos Gargáligas y Cubilar, afluentes del Ruecas y, por ende, del Guadiana74. Figura 20. Cortijo del Rincón. Patio. 73 Ibidem, Tomo III, p. 287, “Malillo (Lavadero de)”. 74 MALDONADO ESCRIBANO, J., “El Cortijo del Rincón, en el paisaje agrícola del Monasterio de Guadalupe”, Atrio. Revista de Historia del Arte, Universidad Pablo de Olavide (en prensa). Ir al ÍNDICE 120 José Maldonado Escribano Todo él queda organizado gracias a un amplio patio interior de planta rectangular bastante alargada, ubicándose en uno de sus extremos las piezas principales como la vivienda de dos plantas, la capilla, la bodega y el molino. El resto de dependencias se refieren a las residencias del personal trabajador de la explotación, llegándose a alcanzar una población de 108 personas en 188775, así como a otras funciones como la carpintería, la herrería, el pajar, graneros, palomar, caballerizas…, algunas de las cuales han permanecido en uso hasta hace pocas décadas. La casa principal así como las estancias más sobresalientes se encuentran en buen estado de conservación, incluso los dueños actuales han instalado un museo etnográfico en el lugar donde se guardan muchísimos utensilios y diversos muebles y aperos perfectamente organizados. Lo más llamativo de El Rincón es sin lugar a duda su capilla, que nos ofrece un excelente retablo de azulejería talaverana con una iconografía muy rica que va desde la Crucifixión que lo preside, hasta San Bonifacio (santo titular de este espacio religioso), los Evangelistas, otros apóstoles y varios santos y santas, todos ellos protegidos desde lo alto por el Padre Eterno. Fue mandada construir en 1574 siendo prior Fray Juan del Corral76, seis años después que el molino de aceite, que se levantaría en época de Fray Sebastián de Ciudad Real. No obstante, el cortijo como tal es anterior ya que sabemos que sus cuentas comienzan a registrarse en libros de contabilidad, que hoy se conservan en el Archivo del citado Monasterio, en 150277. E igualmente conocemos que la muerte del último maestre de la Orden de Alcántara, D. Juan de Zúñiga, acaeció entre sus paredes cuando se dirigía a ver a la Virgen guadalupense, que se encuentra a escasos 30 kilómetros78. 75 Biblioteca Nacional de España. Nomenclátor de las ciudades, villas, lugares, aldeas y demás entidades de población de España en 1º de Enero de 1888, formado por la Dirección General del Instituto Geográfico y Estadístico, Imprenta de la Dirección General del Instituto Geográfico y Estadístico, Madrid, 1892, Cuaderno décimo, Provincia de Cáceres, Logrosán, p. 17. 76 Archivo del Monasterio de Guadalupe. MARTÍNEZ ABAD, D., Instrucción de un Passagero para no errar en el camino, Madrid, 1697. 77 Archivo del Monasterio de Guadalupe. Legajo 143. Cuentas de la administración del Oficio del Rincón con estados de cosechas, principalmente de granos y algunas cartas de poder (1502-1764). Faltan bastantes años intermedios. 78 Archivo del Monasterio de Guadalupe. Códice 13, Historia de Nuestra Señora de Guadalupe (H. 1700-1710), cap. 10, ff. 587 r y vº: “Por el mes de Jullio de este año (1504) murió en nuestra casa del Rincón el Arzobispo y Cardenal de Sevilla, Don Juan de Zúñiga. Tráxose a nuestra casa y se enterró en la capilla de San Martín”. Citado por GARCÍA, S., “Isabel I de Castilla, Fernando V de Aragón y Juan de Zúñiga en Guadalupe” en Actas del V Centenario D. Juan de Zúñiga (1504-2004), Asociación para la protección del patrimonio de La Serena “Don Juan de Zúñíga”, 2006, pp. 159-192. Figura 21. Cortijo del Rincón. Capilla. Figura 22. Cortijo del Rincón. Bodega. Volver al INICIO 121 El paisajE rural dEl MonastErio dE GuadalupE. sus Granjas, cortijos y casas dE caMpo... Otro libro de ingresos y gastos, que guarda semejantes números, empieza a ser firmado por el administrador de la casa en 1666, dilatándose su actividad hasta 169479. Y hasta un tercero se fecha entre 1679 y 1708 donde se recogen los relacionados con el “Oficio del Rincón” además de diversas propiedades jerónimas80. Del mismo siglo XVII conocemos un plano similar al que hemos estudiado para otros cortijos y casas de labor, que quizás podamos conectar con un aumento de las labores agrícolas en este complejo. Se trata del Mapa de la finca del Rincón con sus edificaciones y terreno81 y en él se dibuja el conjunto compuesto por varios edificios, entre los que identificamos perfectamente la capilla anterior, todos ellos cerrados con una cerca perimetral situado próximo al río Cubilar. No vemos aún en él la magnífica bodega, que posiblemente fue diseñada poco después, ya en el siglo XVIII. De su gran capacidad, organizada por 24 columnas de granito que soportan sencillas bóvedas de arista encaladas, nos da cuenta Pascual Madoz, que escribe lo siguiente sobre el “Caserío del Rincón” 82: “Tiene muchas habitaciones admirables, en particular la destinada para bodegas, cuyas tinajas, que son muchas y grandes, están puestas con mucho orden, simetría y firmeza. De unos vasos a otros hay un conducto para recibir el aceite. Tiene además un lagar, que se emplea exclusivamente en labrar la aceituna de 16000 olivos cercados que hay al pie.” Se centra bastante en las dependencias oleícolas y no es baladí ya que, como apuntábamos antes, desde aquí se abastecieron los monjes de dicho producto, además de servirse el preciado líquido a otras granjas dispersas por la geografía extremeña y venderse el excedente, con lo que incrementaron considerablemente sus rentas especialmente en algunos años de finales de la Época Moderna. Es una pena, tal y como sucede en el resto de ejemplos, que fuera enajenado como bien nacional y vendido a particulares a lo largo del siglo XIX. Poco antes de producirse el cambio de propiedad, los monjes 79 Archivo del Monasterio de Guadalupe. Códice-Manuscrito 135. Cuentas del administrador del Rincón, propiedad del Monasterio de Guadalupe, desde 1666 a 1694. 80 Archivo del Monasterio de Guadalupe. Legajo 150. Cuentas del Oficio del Rincón, así como de otras propiedades y casas del Monasterio (1679-1708). 81 ARCHIVO HISTÓRICO NACIONAL. Dibujos y planos, núm. 37. 82 MADOZ, P., Diccionario Geográfico – histórico – estadístico de España y sus posesiones de Ultramar, opus cit., Tomo IV, p. 100: “Rincón (Caserío del)”. Figura 23. Mapa de la finca del Rincón con sus edificaciones y terreno (siglo XVII). Archivo Histórico Nacional. Sección Clero. Dibujos y planos nº 37. Ir al ÍNDICE 128 Carmen Diez González habitaciones que tal vez correspondan a la vivienda del párroco que cita Gordillo. El plano lo realiza quien «fue el director de los trabajos de fortificación [en el castillo] acometidos por indicación e iniciativa del Mariscal Marmont»11. En la actualidad (fig. 2) solo se conservan parte de los muros de mampostería con hiladas de ladrillo, revocados con cal12, pero la disposición que refleja el plano de Soulaigne es correcta. Junto a la iglesia existe aún una cisterna rectangular de época árabe y según Rodríguez Gordillo se afloraba el agua de la misma desde un pozo abierto en la nave del santuario, detalle recogido por el plano mencionado. Fuera ya del recinto, en la ladera, a medio camino entre el castillo y cubriendo parte del enclave del teatro romano, se sitúa la parroquia de Santiago. Alzada en el siglo XIII con mampostería fue la iglesia arciprestal mayor13. Su cabecera semicircular fluctúa entre el románico tardío y el gótico inicial, le sigue a menor altura la nave con cubierta de madera oculta por una bóveda barroca del XVII y a esa misma centuria pertenece la torre campanario. Las portadas en los flancos norte y sur son dos bellos ejemplos renacentistas en sillería. Cesó como centro de culto a fines del siglo XIX14. En la actualidad acoge el Centro de Interpretación Local y lo es también de exhibición de varios elementos arquitectónicos extraídos de las excavaciones del teatro romano. Algo más abajo y a poniente se alza San Martín (Fig. 3), con ábside semicircular, nave única de tres tramos y coro a los pies. Este templo resulta ser ampliación de una construcción también del siglo XIII en la que las reformas del barroco se señalan aún más, especialmente en la capilla del popular Cristo de la Misericordia alzada por iniciativa del sacerdote Miguel Fernandez15, que fue bellamente decorada con pinturas murales. San Martín conserva la pila donde según la tradicción se bautizaría a Hernán Cortes. En el siglo XVII se añadió la barroca torre campanario, pero dejó de ejercer como parroquia a comienzos del siglo XX16 y actualmente se encuentra cerrada al público. Tanto esta parroquia como la anterior de Santiago estaban protegidas por el recinto murado de la villa y atendían a una comunidad numerosa de fieles. Sin embargo, ya desde el siglo XVI al XVIII muchas de las viviendas que las rodeaban en la falda del castillo fueron abandonadas por otras en el llano y se arruinaron17. El deterioro se completó tras la famosa batalla de Medellín que supuso la ocupación de la 11 TESTÓN NUÑEZ, I., SÁNCHEZ RUBIO, R. y SÁNCHEZ RUBIO, C., Cartografía… , opus cit., p. 128. 12 A ella se han referido también MALDONADO ESCRIBANO, J. y NAVAREÑO MATEOS, A., «Recuperación de la memoria arquitectónica de Medellín. Noticias de sus edificios desaparecidos y olvidados», Revista de Estudios Extremeños, vol. 60 (2003), nº 3, p. 1158. En 2007 las ruinas se excavaron bajo la dirección de Santiago Guerra Millán, más interesado en la etapa prehistórica y romana, http://medellinhistoria.com/secciones_2/santa_maria_del_castillo_80 , (24/09/2016). 13 RODRÍGUEZ GORDILLO, E., opus cit., p. 115. 14 RODRÍGUEZ GORDILLO, E., opus cit., p. 122. Vid. Etiam: GONZÁLEZ RODRÍGUEZ, A., «Medellín», opus cit., p. 20. 15 GONZÁLEZ RODRÍGUEZ, A., «Medellín», opus cit., p. 21. 16 GONZÁLEZ RODRÍGUEZ, A., «Medellín», opus cit., p. 21. 17 En el Interrogatorio de la Real Audiencia se indica al respecto de las calles de la villa: «las mas de dichas calles son llanas y las que tienen su principio en el cerro del castillo, donde antiguamente estava situado el pueblo, tienen alguna pendiente y en todas ellas ay necesidad de reparar y arreglar su enrollado por estar ruinoso» (: RODRÍGUEZ CANCHO, M. y BARRIENTOS ALFAGEME, G., Eds., Interrogatorio de la Real Audiencia. Extremadura a finales de los tiempos modernos. Partido de Badajoz, Mérida, Asamblea de Extremadura, 1994, p. 288). Figura 2. Ruinas de Santa María del Castillo. Volver al INICIO 129 Paisaje de las creencias en la cuenca del río Guadiana. el caso de Medellín (Badajoz) fortaleza por el ejercito francés, como se indicó anteriormente, y la destrucción del caserío inmediato18. Ello ha contribuido también a crear un vacío poblacional entorno a dichos templos. En la actualidad ambas parroquias resaltan con sus densas torres y agudos chapiteles en la vertiente sur de la elevación, sobreelevadas al desarrollo del caserío actual y algo alejadas de él. 18 Al respecto indica Madoz: «el [templo] de Santa Cecilia, dentro de las calles; los de Santiago y San Martín, fuera de ellas, en la ladera del cerro que está al norte» (: MADOZ, P., Diccionario Geográfico-Estadístico-Historicco de España y sus posesiones de Ultramar, tomo 11, ed. facsímil de la de 1850, Zafra, Biblioteca Santa Ana de Almendralejo, p. 330. Figura 3. Parroquia de San Martín. Figura 4. De izquierda a derecha: parroquias de San Martín y Santiago y el castillo. Ir al ÍNDICE 130 Carmen Diez González El aumento y desplazamiento de la población hacia el llano durante el Renacimiento movió a erigir Santa Cecilia, la cuarta parroquia. Aparece a mediados del mil quinientos, emplazada actualmente en lo que hoy es el centro neurálgico de la villa. Se inició con un grandioso presbiterio ochavado al que siguieron las dos capillas del crucero, la sacristía y el primer tramo de la nave, todo con cubiertas de crucería; pero los trabajos se paralizaron a esta altura y se cerró el arranque de la nave con un gran muro sin enlucir, seguido de una pequeña capilla dotada con coro. Posee dos bellas portadas renacentistas y a los pies una torre semejante a las de las otras parroquias. ERMITAS Las cinco ermitas más antiguas de Medellín se emplazaban en las inmediaciones de vías de comunicación humana o pecuaria, fuera de la villa19, pero apenas quedaban restos de las mismas en el siglo XIX20. Sin embargo se pueden reubicar de manera aproximada a través de la bibliografía y la memoria de los vecinos actuales21 (Fig. 1). A ellas se unirían dos más, construidas estas en las últimas décadas del XX. De todas ellas quizás la más antigua fuera San Raimundo. La tradicción señala que en el monte Remondo, situado frente a la cara norte del cerro del castillo22, vivió por el siglo IX un famoso pastor que era «pródigo en caridad y … murió en olor de santidad»23 y de él tomaría nombre el cerro24. En la cima del monte hay 19 RODRÍGUEZ CANCHO, M. y BARRIENTOS ALFAGEME, G., Eds., Interrogatorio de la Real Audiencia…, opus cit., p. 290. 20 Las citan como arruinadas el Interrogatorio de la Real Audiencia » (: RODRÍGUEZ CANCHO, M. y BARRIENTOS ALFAGEME, G., Eds., Interrogatorio de la Real Audiencia…, opus cit., p. 290). y el diccionario Madoz (MADOZ, P., Diccionario…, , opus cit., p. 331). 21 Me refiero especialmente a las indicaciones de don Tomás García Muñoz, Cronista Oficial de Medellín y el historiador metellinense don José María Custodio Simón, miembros ambos de la Asociación Histórica Metellinense. 22 SOLANO DE FIGUEROA Y ALTAMIRANO, J., Historia y santos de Medellín. Culto y veneración a San Eusebio, S. Palatino, y sus nueve Compañeros Martires. A San Teodor Anarocoreta y San Raimundo Confesor, Hijos de esta Noble Colonia, Madrid, Francisco García Arroyo (impresor), M.DC.L.(1650), p. 74. RODRIGUEZ GORDILLO, E., Apuntes históricos…, opus cit, p. 227. GARCÍA SÁNCHEZ, F., «Ermitas metellinenses”», VII Coloquios históricos de Extremadura, 1977, p. 495. 23 GARCÍA SÁNCHEZ, F., opus cit., p. 495. 24 RODRÍGUEZ GORDILLO, E., opus cit., p. 103. Figura 5. Parroquia de Santa Cecilia. Volver al INICIO 131 Paisaje de las creencias en la cuenca del río Guadiana. el caso de Medellín (Badajoz) restos de edificación y Solano de Figueroa (1610-1684) creía que perternecieron a la ermita dicha25. Según Rodriguez Gordillo, la fiesta del Santo se celebraba el Lunes de la Pascua de Resurrección26 y algunos historiadores consideran que la Romería de «Las Bollas», celebrada hasta hace poco tiempo en la falda de la sierra, continuaba la tradiccion de la fiesta del Santo27. La ermita se encuadraba próxima a la calzada romana que iba de Mérida a Toledo. Sobre la de San Pablo se tienen pocos datos28 y seguramente su desaparición esté relacionada con el largo acoso de casi tres meses que infringieron a la población los franceses en la Guerra de la Independencia. Posiblemente se ubicara a la subida del río, cerca de Porta Coeli en la misma vía romana que la ermita descrita anteriormente, es decir, al noroeste del núcleo urbano. Entre otros datos se documenta en este lugar una plaza denominada San Pablo29 con otros edificios extramuros. En esta plaza había una cruz de piedra que se trasladó al Paseo del Campo en 1860. Los Santos Mártires se encontraba al suroeste, en los campos comunales junto al camino de Guareña y Valdetorres30. Se piensa que su localización podría hallarse al final del actual Parque de Hernán Cortés y que existía en el siglo XVI31, pero debió desaparecer en el XVIII. Existen dudas a cerca de quiénes fueron los «mártires» titulares, si San Eusebio y San Palatino32, víctimas de la persecución de Nerón en la antigua Metellinum, o bien los santos Fabián y Sebastián de los que hubo una cofradía en la parroquia de San Martín fundada en 150433. Según la tradición la ermita de San Blás se encontraría junto a la Cañada Real Leonesa, al sur de la villa34, en un montículo denominado actualmente con la misma advocación. Sufrío daños durante la Batalla de Medellín y su deterioro motivó el que se demoliera a comienzos del siglo XX. Debido a la elevación de este templo sobre la cota del Guadiana, la comunidad de San Francisco decidió trasladar el Santísimo Sacramento a esta capilla la noche del 20 de diciembre de 1603. En aquella ocasión una fuerte crecida del caudal del Guadiana y el Ortiga llegó inundar las dependencias del convento y causó graves daños al puente. La devoción a San Blas continúa. Su imagen, que se trasladó a Santa María del Castillo y desde esta a San Martín, pasó luego a Santa Cecilia y se sigue celebrando su fiesta el 3 de febrero. Otra ermita desaparecida fue la de San Miguel Arcángel, situada al este, en la falda del castillo junto al río Ortigas. Según Rodríguez Gordillo se alzó próxima a la muralla junto a la puerta llamada del Coso35 y cerca del Palacio de las Atalayas. Existen allí todavía vestigios de una edificación que podrían pertenecer a esta ermita. Finalmente la capilla o ermita de Fátima vino a atender las necesidades de una barriada de nueva creación en los años setenta del siglo XX y poco después, en los noventa, se sumó el reducido templo dedicado a San Isidro en la falda de la sierra de Pirulito, frente a la fachada noroeste del castillo. 25 SOLANO DE FIGUEROA Y ALTAMIRANO, J., opus cit., p. 75. 26 RODRÍGUEZ GORDILLO, E., opus cit., p. 102. 27 GARCÍA SÁNCHEZ, F., opus cit., p. 496. 28 RODRÍGUEZ GORDILLO, E., opus cit., p. 229-230. GARCÍA SÁNCHEZ, F., opus cit., pp. 496-497. 29 SOLANO DE FIGUEROA Y ALTAMIRANO, J., opus cit., p. 13. 30 La cita el teólogo e historiador Juan Solano de Figueroa (: SOLANO DE FIGUEROA Y ALTAMIRANO, J., opus cit., p. 7, 9, 10. Vid. Etiam: RODRÍGUEZ GORDILLO, E., opus cit., p. 226; GARCÍA SÁNCHEZ, F., opus cit., p. 495. 31 SOLANO DE FIGUEROA Y ALTAMIRANO, J., opus cit., p. 7, 9, 10. 32 Ibídem, p. 24-25 y 28-41. 33 RODRÍGUEZ GORDILLO, E., opus cit., p. 225-226. GARCÍA SÁNCHEZ, F., opus cit., p. 495. 34 SOLANO DE FIGUEROA Y ALTAMIRANO, J., opus cit., p. 12. RODRIGUEZ GORDILLO, E., opus cit., p. 232-234; GARCÍA SÁNCHEZ, F., opus cit., pp. 497-499. 35 RODRÍGUEZ GORDILLO, E., opus cit., p. 231; GARCÍA SÁNCHEZ, F., opus cit., p. 497. Ir al ÍNDICE 132 Carmen Diez González CONVENTOS En Medellín se asentaron tres comunidades religiosas: franciscanos observantes en San Francisco, monjas concepcionistas franciscanas en el convento de La Concepción y otro más de monjas agustinas, que eligieron como advocación la de San Juan Bautista. Convento de San Francisco En 1508, posiblemente antes de alzarse la parroquia de Santa Cecilia, se fundó este convento de frailes observantes. Integrado inicialmente en la gran Provincia minorítica de Santiago pasó luego, por división de esta en 1548, a la de San Miguel. El asentamiento de los menores fue patrocinado don Juan de Portocarrero y Pacheco (1463-1528), segundo conde de Medellín36, y su segunda esposa doña María Manuel37 «para mayor adorno de la villa, y para la necesidad de la doctrina» de modo que la villa «no careciesse de esta calidad tan importante»38. Tales afirmaciones no debemos contemplarlas sólo desde el aspecto retórico pues parecen justificar la construcción posterior del último templo parroquial –Santa Cecilia–; no debe obviarse que los franciscanos desarrollaban labores de apostolado paralelas a las de las parroquias. Se acomodaron los frailes en una casa propiedad de los condes mientras se construía el convento en las afueras de la villa, a la distancia de unos trescientos metros por la parte de levante, en el camino hacia Don Benito, y cerca de un arroyo denominado Ortiga que sufre fuertes estiajes y avenidas. Como Guardián se escogió a Fray Sebastián de Salamanca, un religioso bien relacionado y experimentado en fundaciones –pues también participó en la de San Bartolomé de Alcántara–. Logró este el permiso del papa Julio II39 y por cédula real 47 reales el mismo año «para que dicho principal lo haga gastar y gaste en las obras de dicho monasterio»40. Fray Sebastián, sin embargo, debió fallecer poco antes de que se enviara esta partida a Medellín, pues figura como ya difunto en el documento emitido por el Real Consejo de Ordenes que aprueba el desembolso. Pese a los deseos de los condes el convento se construyó en primer lugar con pequeñas dimensiones. La capilla mayor de «poco distrito»41 acogió el túmulo de los patronos; a ella le seguía una nave de espacio «corto para el concurso de la gente». Pero a los cuarenta años de la fundación, al ingresar el convento en la recién formada Provincia de San Miguel, se cometieron obras de ensanche. En la iglesia se cerró con un paredón la construcción antigua y se obró otra más dilatada. A la nueva capilla mayor se trasladaron las tumbas de los fundadores. Junto a los patronos otros miembros de la familia condal se distinguieron en la obra de renovación del convento como doña Juana Fernández de Córdoba y doña Magdalena de Bobadilla, esposas ambas primera y tercera de don Rodrigo Jerónimo Portocarrero Osorio42 (1540-1600), nieto de los fundadores. La primera cedió en su testamento quinientos ducados para la edificación y algunas alhajas que se vendieron para ornamentos de la capilla. La segunda doto siete lámparas que ardían frente al Santísimo y a ellas se añadió una octava por deseo de la condesa María Osorio, suegra de las anteriores. A costa de 36 Según ha revisado la genealogía de los Portocarreros la Asociación Histórica Metellinense, don Juan de Portocarrero y Pacheco sería Repostero Mayor de Enrique IV (1463 Y 1528), y no el que señala el cronista Santa Cruz, su sucesor en el título: Juan de Portocarrero y Toledo, III conde de Medellín. http://medellinhistoria.com/secciones_2/el_condado_de_medellin_55 (15-10-2016). Vid Etiam: SANTA CRUZ, J. de, OFM., Chronica de la provincia de San Miguel. Parte Primera, ed. facsímil de la de 1671, a cargo de Antolín Abad García (coord.) y Hermenegildo Zamora Jambrina (introduc. e índices), Madrid, Editorial Cisneros, 1989, p. 379. 37 Fray José de Santa Cruz se equivoca al mezclar los nombres de dos conyuges de los condes: doña María Manuel, segunda consorte del segundo conde y doña Maria Osorio Portocarrero, consorte de Juan Portocarrero y Toledo, tercer conde de Medellín. (= SANTA CRUZ, J. de, OFM., Chronica de la provincia…, p. 379). Vid. Etiam: http://medellinhistoria.com/secciones_2/el_condado_de_medellin_55. ; http://www.fundacionmedinaceli.org/casaducal/fichaindividuo.aspx?id=743 (15-10-2016). 38 SANTA CRUZ, J. de, OFM., Chronica de la provincia…, opus cit., p. 379. 39 Papa famoso por su acticidad bélica, ser promotor de grandes obras, entre ellas la actual basílica de San Pedro en el Vaticano y la capilla Sixtina, además de mecena de grandes artistas como Rafael Sancio o Miguel Ángel Buonarroti. 40 Archivo General de Simancas (en adelante AGS), CCA, Ced, 7, 163,5, 1.508-1-1. 41 SANTA CRUZ, J. de, OFM., opus cit., p. 380. 42 http://medellinhistoria.com/secciones_2/el_condado_de_medellin_55, (15-10-2016). Volver al INICIO 133 Paisaje de las creencias en la cuenca del río Guadiana. el caso de Medellín (Badajoz) doña Magdalena se labró también una crujía de doble altura, que albergaba en la parte baja el refectorio y el de profundis, consideradas estas piezas entre las mejores de la Provincia y sobre él un amplio dormitorio43. Pero no se escogió un solar idóneo pues en 1603, una fuerte avenida del Guadiana, que anegó y alzó el nivel del río Ortigas, causó graves desperfectos en el inmueble. La fuerza de las aguas derrumbó la cerca próxima al afluente y el agua alcanzó la parte baja del convento afectando en el edificio al de profundis y al refectorio donde subió hasta dos varas y media44, es decir: más de dos metros45. Ayudaron a subsanar los daños los donativos de algunos vecinos y los 1800 ducados que ofreció el Concejo de la Villa, «cuya cantidad fue producto de parte de los montes propios que tenía, y que se vendió para atender a tan piadoso objeto»46. Con esta cantidad tan respetable se apuntalaron las estancias dichas con contrafuertes y arcos para evitar daños futuros47. Sin embargo hacia 1671 la vivienda de los frailes no debía estar completa, pues como señala Santa Cruz: «Esta el convento con planta y amagos para grande habitación pero con desabrigo para los habitadores… En la habitacion de los Religiosos se obro lo que para vivienda y comun pasaje basta, y para correspondencia de lo trazado no alcanza, con aver gastado mucho en la obra los señores Condes. Buenas esperanças tenemos de su devoción y grandeza de que cumplirán lo que tanto muestran desear» 48 . Las esperanzas de fray José se cumplieron años más tarde, pues en 1677 se firma un contrato para ampliar una importante reforma, que se estaba operando en todo el convento a costa de don Pedro Portocarrero Folch y Aragón (1619-1679), octavo conde de Medellín49. A tal fin se destinaba la considerable suma de 28.800 ducados (es decir 316.800 reales de vellón). Con ello se agrandaban y modificaban en parte las trazas del religioso franciscano José de Valdemoro50. La obra que ya estaba iniciada corría a cargo del maestro Alonso Hernández, vecino de Garrovillas51. Se pretendía con ello derribar parte del «dormitorio viejo», que seguramente era la crujía que costeó doña Magdalena de Boadilla, apuntalada por la inundación precedente de 1603, ya que en ella se integra el refectorio como figura en la relación de fray José de Santa Cruz, y la sacristía que no se menciona anteriormente. Al mismo tiempo se construyen de nueva planta las dos crujías restantes que faltaban al claustro y un albañal desde este hasta la huerta para el desagüe de las aguas de lluvia. Se trata de una obra de calidad dadas las medidas y forma de trabajar el inmueble: todos los muros construidos en mampostería52; en la parte baja las crujías se abovedan y refuerzan con arcos de ladrillo que asientan en fuertes pilares sobre basas de cantería53; la piedra sillar forma los pilares del claustro, las columnas de las galerías alta y baja que daban a la huerta54 –con sus respectivas basas y capiteles–, los peldaños de las escaleras55, los marcos de puertas y ventanas56, pilares y arcos de refuerzos de bóvedas 43 SANTA CRUZ, J. de, OFM., opus cit., p. 381. 44 Mayores perjuicios se sintieron en el municipio, pues según el cronista Santa Cruz fueron arrasadas hasta cincuenta casas, muchas huertas, árboles, ganado y daño igualmente al actual puente barroco (=SANTA CRUZ, J. de, OFM., opus cit., p. 381). 45 Una vara castellana equivalía a 0,836 m; por tanto, estamos hablando exactamente de una elevación de 2,09 m. sobre el nivel de los muros. 46 RODRÍGUEZ GORDILLO, E., opus cit., p. 183. 47 SANTA CRUZ, J. de, OFM., opus cit., p. 381. 48 Ibídem, p. 380. 49 http://medellinhistoria.com/secciones_2/el_condado_de_medellin_55 (15-10-2016). 50 Archivo Histórico de Protocolos de la Comunidad de Madrid (en adelante AHPCM), leg. 12.628, fols. 38-43, 30 de diciembre de 1677. 51 Trabajó también en 1667 en la parroquial de Aliseda, donde parece haber intervenido en la «planta, alzado interior, costado sur y fachada de poniente», de lo que se conservan unos dibujos y en los templos de Torrejoncillo y Zarza la Mayor (: SÁNCHEZ LOMBA, F. M., y MARTÍNEZ DÍAZ, J. M., «La iglesia de Aliseda (Cáceres): aproximación a su proceso constructivo», Norba-Arte, XIII (1993), pp. 100-101). 52 AHPCM, leg. 12.628, 4ª y 10ª condición, f. 39 v. y 40 r. 53 AHPCM, leg. 12.628, 1ª condición, f. 39 r. 54 AHPCM, leg. 12.628, 1ª condición, f. 39 r. 55 AHPCM, leg. 12.628, 3ª condición, f. 39 v. 56 AHPCM, leg. 12.628, 4ª condición, f. 39 v. Ir al ÍNDICE 134 Carmen Diez González en las letrinas –junto a los retretes y urinarios–57 y los lavabos de la nueva sacristía58, así como el marco de la alacena donde se guardaban las alhajas del culto en aquella pieza59; la caja de la escalera –de “cal y ladrillo”– se cubriría con bóvedas de rosca de ladrillo “tabicadas y dobladas”60 y en la planta alta, sobre las techumbres de madera montarían tejados armados de par e hilera61. Se prevee solar con ladrillo todo el inmueble, excepto el claustro bajo que se haría con enlosado de pizarra62; además se añade en el contrato encalar y blanquear todas las paredes y bóvedas interiores63. También se acometen reformas en la iglesia con un alargamiento del retablo mayor, apertura de un nuevos ingreso a la plataforma del presbiterio64 y balcones verdes de hierro –que volaban media bara– en la parte alta de la misma capilla, para que los condes siguieran los oficios desde ellos65. Todo debería estar acabado en 168066. Se recomienda al maestro de obras demoler y aprovechar los materiales de la crujía vieja67, y valerse para la obra del agua del pozo del claustro y de la noria de la huerta68. El conde da tambien licencia a Alonso Hernández para cortar y extraer piedra de mampostería en la cuesta del castillo que mira hacia el río Ortiga –”sin riesgo para el castillo y su hermosura”– y de los cerros del Remondo69. La cal se estipula que venga de La Haba o de Cáceres70. Se cede así mismo una celda bajo la escalera del convento al maestro de obras y otra junto a esta para que recoja los instrumentos en ella71. Además «para el servicio de la obra» se le permite al maestro tener hasta 6 bueyes con el permiso de pastar en la dehesa y novilleros del conde72. La segunda iglesia construida en torno a 1548 (y antes de las obras de 1677) debió ser amplia pues se especifica en el inventario de la exclaustración que el altar mayor contaba con las imágenes de San Francisco, San Antonio y un Ecce homo. A ello se añadían otros cuatro altares distribuidos por la nave: el que albergaba a Nuestra Señora del Socorro con su Niño, el de San José, otro dedicado a San Diego y el último a Santa Rosa de Lima73. Según Rodríguez Gordillo, «la portada [del templo] era magnífica, de piedra sillería y sobre ella una hornacina o concha dentro de la cual había una escultura de San Francisco»74. Las obras debieron continuar hacia 1684, con el concurso de otros maestros como Domingo Dorego que por las mismas fechas trabajaba tambien en Santa Cecilia, y en los palacios Viejo y Nuevo o del Coso, ambos propiedad de los Portocarrero75. 57 AHPCM, leg. 12.628, 2ª condición, f. 39 r.-39 v. 58 AHPCM, leg. 12.628, 5ª condición, f. 40 r. 59 AHPCM, leg. 12.628, 5ª condición, f. 40 r. 60 AHPCM, leg. 12.628, 3ª condición, f. 39 v. 61 AHPCM, leg. 12.628, 9ª condición, f. 40 v. 62 AHPCM, leg. 12.628, 8ª condición, f. 40 v. 63 Ibídem, f. 40 v. 64 AHPCM, leg. 12.628, 6ª condición, f. 40 r. -40 v. 65 AHPCM, leg. 12.628, 7ª condición, f. 40 v. 66 AHPCM, leg. 12.628, 17ª condición, f. 42 r. 67 AHPCM, leg. 12.628, 13ª condición, f. 41 v.-42 r. 68 AHPCM, leg. 12.628, 15ª condición, f. 41 v. 69 AHPCM, leg. 12.628, 10ª condición, f. 41 r. 70 AHPCM, leg. 12.628, 14ª condición, f. 41 v. 71 AHPCM, leg. 12.628, 15ª condición, f. 41 v. 72 AHPCM, leg. 12.628, 12ª condición, f. 41 r. 73 RODRÍGUEZ GORDILLO, E., opus cit., p. 188. 74 Dicha escultura tras la exclaustración sufrió mutiliaciones y se trasladó a otros inmuebles rústicos, el último en la finca denominada «Cabeza Redonda», donde figuró en una capilla abierta. (: RODRÍGUEZ GORDILLO, E., opus cit., p. 191. 75 Trabajaba así mismo en las parroquias de La Zarza y Villagonzalo. Vid. MALDONADO ESCRIBANO, J. y NAVAREÑO MATEOS, A., opus cit., p. 1154 y 1157. Volver al INICIO 135 Paisaje de las creencias en la cuenca del río Guadiana. el caso de Medellín (Badajoz) La importancia que para la alta sociedad metellinense tenía el convento lo demuestra el que importantes personajes ubicaran en él su panteón. En torno a 1547, Hernán Cortes elevaba su propia capilla76 en el muro de la epístola. Tras la desamortización se extrajo de ella su escudo, que lo ostenta actualmente el solar donde nació77. También doña Catalina de Monroy edificó la de Nuestra Señora del Socorro, que pasó por venta a la familia Orozco Carrasco y en ella se estableció el sagrario. Otra fue la del Santísimo Cristo de la Misericordia, advocación muy querida por los metellinenses, que costeó el inquisidor don Antonio González Borrega. Según el cronista franciscano, Santa Cruz, la devoción a esta imagen surgió en el convento78, nos referimos a la que albergó la iglesia de San Martín, en la grandiosa capilla a la que ya hemos aludido. Sin embargo otros estudios recientes señalan que la de los franciscano pudo ser otra imagen y que la de la devoción de los metellinenses se cobijaría desde el principio en la parroquial dicha. En todo caso la original fue destruida durante la Guerra Civil Española (1936-1939)79. A lo largo del siglo XVI cobijó el convento entre dieciocho y veinte frailes (1583)80. En la segunda mitad del mil seiscientos, gracias a la ampliación de la morada, pudieron habitarlo en torno a los treinta, subiendo a mediados del XVIII de esta cifra81. No obstante, la reducción de frailes impuesta a los conventos y las corrientes de pensamiento racionalista provocaron que bajara el número. Así, a comienzos de la Edad Contemporánea (1803), había sólo 16 sacerdotes y tres legos82 que debieron abandonar el convento en 1809, cuando las tropas francesas lo reclamaron para establecer en él un hospital de sangre83. Los religiosos volvieron al retirarse los franceses. Pero pronto los acontecimientos de 1820 a 1823 mermaron la comunidad hasta que esta fue exclaustrada definitivamente el 15 de agosto de 183484, momento en que solo la formaban aproximadamente una decena de frailes85. Según Rodríguez Gordillo se formó inventario de los bienes del convento el 22 de septiembre de 1834 y en una copia del mismo, fechada en 8 de octubre de 1846, se especifica dónde se distribuyeron las imágenes y otras pertenencias86. Todas las imágenes desaparecieron87 excepto la de San Diego que se encuentra en el museo del Monasterio de Guadalupe88 y ha sido atribuida a la escuela granadina del siglo XVII. El convento fue vendido en 1840 a los Falcón, familia de procedencia francesa que lo desmanteló y se «llevaron la piedra a Don Benito, para hacer una casa en la calle del Mirador»89, dicha casa más adelante se transformó en el Colegio del Santo Ángel. Este edificio ha sido derruido hace pocos años, pero don José María Custodio Simón, historiador metellinense sacó varias fotos de los restos. Otra parte de las ruinas sirvieron para realizar el terraplén de la carretera. 76 SANTA CRUZ, J. de, OFM., opus cit., p. 381. 77 RODRÍGUEZ GORDILLO, E., opus cit., p. 698. 78 SANTA CRUZ, J. de, OFM., opus cit., p. 381. 79 COVARSÍ YUSTAS, A., opus cit., pp. 168-169. 80 GONZAGA, De Origine Seraphicae Religionis Franciscana eiusque progressibus, de Regularis Observanciae institutione, forma administrationis ac legibus, admirabilique eius propagatione, Romae, Ex Typographia Dominici Basae, M.D.LXXXVII, p. 1035-1045. 81 Hacia 1769 se censan treinta y cuatro, momento de máxima ocupación del convento. BARRADO MANZANO, A., «Extremadura Franciscana», Revista Guadalupe, 1989, p. 64. 82 RODRÍGUEZ GORDILLO, E., opus cit., p. 186. 83 RODRÍGUEZ GORDILLO, E., opus cit., p. 186. BELTRÁN, J., OFM., “El convento de San Francisco de Medellín, La Voz de San Antonio, 1946, p. 24. 84 Rodríguez Gordillo indica que lo desamortizaron el «15 de agosto de 1814», pero pensamos que se trata de una errata, ya que el 17 de abril de 1814, se da por terminada la contienda. Vid. RODRÍGUEZ GORDILLO, E., opus cit, pp. 186-187. 85 Ibídem, p. 187. 86 Ibídem, pp. 188 y 190. 87 Ibídem, p. 188. 88 Así lo indica el padre Beltran (:BELTRÁN, J., OFM., “El convento de San Francisco de Medellín, La Voz de San Antonio, 1946, p. 24. 89 RODRÍGUEZ GORDILLO, E., opus cit., pp. 190-191. Ir al ÍNDICE 136 Carmen Diez González Figura 6. Berlier [vista del campo de batalla de Medellín, hacia 1809] . España. Ministerio de Defensa. Centro Geográfico del Ejercito, sig. Ar.G bis-T.2-C.3-188. La más antigua imagen que poseemos del convento pertenece al plano que levantó el ingeniero francés Berlier (1809). Se trata de una vista general del campo de Batalla donde figura el montículo con el castillo en primer plano y a su iquierda, en la llanura, el convento franciscano, dejando oculto el desarrollo de la población (Fig. 6). De ella se ha extraído una ampliación (Fig. 7). Pensamos que dada la entidad del inmueble no refleja claramente su aspecto y que se adecua a una representación formal de un edificio religioso periurbano del que solo destaca la iglesia. Si nos fiamos de la panorámica ofrecida por el ingeniero la portada principal del templo se abriría a los pies, hacia poniente, bajo un gran arco que servía de pórtico; a su izquierda, en el lado del evangelio se alzaba una torre campanario, elemento que es muy escaso entre los conventos franciscanos extremeños. Por el mismo flanco sobresale una capilla revestida de lo que pudiera ser un chapitel; no alcanza más que la línea del tejado de la nave del templo y tras ella se alza la que suponemos era la capilla mayor con cubierta cónica quizás, que supondría una cúpula bajo ella. Se añade una construcción sobresaliendo a modo de camarín. Según este dibujo, que insistimos no es fiable, la iluminación se efectuaría a través de una ventana en el coro, otras dos ventanas elevadas en el muro del evangelio, otro hueco más daría luz a la capilla lateral y finalmente otra, a mayor elevación, iluminaría la capilla mayor. No se documenta sin embargo las paredes de la morada de los frailes. Con motivo de las obras de renovación de la carretera entre Medellín y Don Benito (1897), se conserva un plano en el Archivo General de la Administración Central donde se constata el solar del convento desaparecido al sur de la vía, con la sencilla referencia: «convento destruido»; pero dada la amplitud del plano solo mostramos el fragmento en el que se reseña (Fig. 8). Debe tenerse en cuenta que la carretera entre Medellín y Don Benito en dicho plano está reflejada desde el sur. Figura 8. AGA, sig. 24/03215, Plano de un tramo de la Carretera de 3 er . orden del Haba a enlazar con la de la Madrid a Badajoz, sección de Don Benito a Medellín, Trazo 2º, termino municipal de Medellín, 1897. Figura 7. Berlier [vista del campo de batalla de Medellín, hacia 1809] . Detalle. España. Ministerio de Defensa. Centro Geográfico del Ejercito, sig. Ar.G bis-T.2-C.3-188. Volver al INICIO 137 Paisaje de las creencias en la cuenca del río Guadiana. el caso de Medellín (Badajoz) Existe también una fotografía aérea propiedad de la Asociación Histórica Metellinense de hacia 1966 (Fig. 9) en la que aparece el inmueble ya derruido. A través de ella puede apreciarse que forma un rectángulo bastante regular donde destacan una crujía y tres tapias que cierran el rectángulo. Por el suroeste se añade otra cerca cuadrangular, mientras que por el nordeste aparece una edificación de planta cuadrada muy arrasada, probablemente se trate de la noria de la huerta que se cita en la reforma de 1677. Así mismo, en la actualidad, un puente que aisla la carretera del terreno circundante y descansa sobre dos arcos, nos induce a sospechar que uno de ellos, formado con cantería granítica claramente reaprovechada, pudo haber utilizado materiales del convento. También los lienzos que restan de la tapia del convento (Fig. 10) muestran una excelente construcción de mampostería entre pilares de ladrillo. El solar actualmente está ocupado por un gran campo de maíz. Figura 9. Solar del convento de San Francisco. Foto cedida por la Asociación Histórica Metellinense. Figura 10. Restos de la tapia del convento del San Francisco. Ir al ÍNDICE 144 Carmen Diez González ovejas. El espacio de la capilla aparece así dividido en dos plantas con una losa de cemento sustentada al centro por pilares de ladrillo. La altura inicial alcanza los nueve metros y medio. A los pilares originales se superponen pilastras para recibir los arcos de refuerzo de las bóvedas de arista. Una imposta recorre el muro y sirve de capitel en las semicolumnas. Se orienta la capilla mayor hacia levante y se cubre con tres paños curvos. Puede aún observarse la peana pétrea del púlpito labrada con gran delicadez que se situa en el lado de la epistola, a la altura del primer tramo de la nave. El altar fue destrozado y no existe ya. También, a los pies de la iglesia, separando el coro en la parte alta, se conserva un vano rectangular rematado en arco adintelado, que con una celosía velaba a los fieles la vista de las religiosas que asistían a los oficios. El vano ha sido reforzado con un pilar de ladrillo y se ha cegado con muros palomeros. La nave lateral esta dividida en dos plantas, pero la superior carece de acceso, pues este se realizaba por el antiguo convento desaparecido. Utiliza como cubiertas tres bóvedas de arista en ambos niveles. Comunica por el flanco norte con la iglesia a través de tres vanos. En la pared sur los muros están conformados por material cerámico con algunas piezas descompuestas y sin revestimiento. Allí aparecen varios huecos que denotan el reaprovechamiento de antiguos vanos de la etapa convuentual. En la parte inferior, de oeste a este, se abren dos ventanas rectangulares y les sigue hacia el oeste un arco polilobulado de herradura que comunica el inmueble con la huerta trasera. Esta puerta, actualmente cegada con muro palomero de ladrillo, no parece estar enmarcada por restos de un alfiz, este detalle y el volumen que desarrolla hacen suponer que se trate de un capricho construido en época contemporánea. En la parte alta se superponen a los huecos dichos otros cinco. De este a oeste se disponen de la siguiente forma: uno grande con un pretil palomero, otro rectangular rasgado con una forma redondeada por la parte inferior, otro rectangular, estrecho y con arco peraltado, mientras que el más occidental se asemeja a las ventanas bajas. El muro se ha recrecido con bovedillas de cemento y alcanza el nivel del templo. Todo el espacio refleja su acondicionamiento para servir de secadero al tabaco. En una antigua foto aérea puede observarse el convento tal como se encontraba en los años sesenta (Fig. 16). Descubrimos en ella el ábside de la iglesia seguido de la nave y una crujía que pudo ser parte de la morada de las monjas. Otra crujía en dirección sur, también de dos plantas, alcanza la altura del templo y enlaza con el final de la nave aneja. Una segunda foto antigua (Fig. 17) nos muestra lo que pudo ser el ala del flanco norte del claustro, compuesto por doble serie de arcos construidos con ladrillo. Se emplea el medio punto para la arquería baja, sobre columnas de orden toscano, y conserva también el pretil de cierre entre los vanos, salvo en el centro para dar paso a la bandeja. Pero todos los huecos han sido cerrados y se aprovecha el espacio como vivienda doméstica. Sobre ellos se desarrolla la segunda galería con arcos escarzanos que apean en columnas del mismo orden que las inferiores y de sección mas fina, pero fueron cerrados también con tabiques palomeros. Aún son visibles los aliviaderos de agua bajo cada columna. Le sigue en altura lo que suponemos fue un recrecimiento del edificio para aumentar la capacidad del secadero de tabaco. Figura 16. Vista aérea de la parcela que ocupó el convento de San Juan Bautista. Foto cedida por la Asociación Histórica Metellinense. Volver al INICIO 145 Paisaje de las creencias en la cuenca del río Guadiana. el caso de Medellín (Badajoz) Por último cabe señalar que el resto de la tapia a la que nos referimos anteriormente, es de mampostería y alcanza los dos 2,75 metros133. CONCLUSIONES Se ha perdido en Medellín el setenta y cinco por ciento del paisaje de las creencias cristianas; de forma total: cinco ermitas, una parroquia y dos conventos. Pero sin embargo ha dejado una larga estela tanto en el recuerdo como en el desarrollo del plano urbano actual expandiéndolo hacia las vías de comunicación donde se hallaban algunas de las ermitas como la de Los Mártires, San Pablo o San Miguel; configurando manzanas, como la que ocupó el solar de La Concepción; o nominando calles: de “Las Madres” (actual calle Otumba), o la calle de San Francisco. La huella religiosa supera también el espacio construido de los templos y sus solares pues afectó a los bosques y los montes circundantes, de los que se extrajo piedra y madera para la construcción de los edificios como en el caso del convento de San Francisco; o nominó topográficamente algunos hitos como el cerro de San Blas y reaprovechó materiales: así puede constatarse en la iglesia de San Juan de las monjas agustinas; además aportó algunas infraestructuras como los aljibes de las concepcionistas o el molino de Meriedar de las agustinas en la ribera del Guadiana, transformado en Central eléctrica y después desaparecido. También el paisaje cristiano dejó varias imágenes religiosas, de cuya destrución se salvo la de San Diego que se conserva en el Monasterio de Guadalupe. Cabría estudiar también el impacto de las propiedades que las comunidades estudiadas poseyeron fuera del término de Medellín, pero esta parte supera la extensión del presente trabajo. 133 JIMÉNEZ MUÑOZ, T. A., Hospedería sobre las ruinas de un convento…, opus cit., p. 15. Figura 17. Claustro del convento de San Juan Bautista. Ir al ÍNDICE Volver al INICIO 147 Sección Vicente MÉNDEZ HERNÁN uNIvERSIDAD DE ExtREMADuRA Un viaje a través del tiempo. La configuración de un paisaje singular en Extremadura a través de sus caminos y puentes durante el siglo XVIII, y de su representación gráfica 147 Resumen: El objetivo de este trabajo es el estudio del paisaje extremeño a través de sus puentes y caminos, estudiando para ello tanto las descripciones de los viajeros como los itinerarios que se hicieron a lo largo del siglo XVIII. Asimismo, uno de los elementos clave para el presente artículo ha sido el análisis de las representaciones gráficas del territorio, acudiendo a los dibujos conservados en el Archivo Histórico Nacional, a los grabados o a las publicaciones editadas sobre el particular. Con todo ello, hemos realizado nuestro singular viaje en el tiempo, tratando de reconstruir la visión del viajero en el siglo XVIII al llegar desde Madrid y atravesar las provincias de Cáceres y Badajoz. PalabRas clave: Extremadura; Badajoz; Cáceres; Medellín; Mérida; Trujillo; representación del territorio; camino real; puentes; siglo XVIII. A journey through time. The shaping of a unique landscape in Extremadura through its roads and bridges during the 18th century and its graphical representation abstRact: The aim of this work is to study the landscape of Extremadura through its roads and bridges, looking up both the descriptions of travellers as well as the itineraries undertaken throughout the 18th century. Likewise, one of the key elements of this article has been the analysis of graphic representations of the territory, studying the drawings preserved at the National Historical Archives and the engravings or publications on the subject matter. Through this, we have embarked on our particular journey through time, trying to rebuild the vision of a traveller in the 18th century when arriving from Madrid and passing through Cáceres and Badajoz provinces. Key WoRds: Extremadura; Badajoz; Cáceres; Medellín; Mérida; Trujillo; Representation of Territory; Royal Route; Bridges; 18th Century. Ir al ÍNDICE 148 Vicente Méndez Hernán INTRODUCCIÓN1 “El viaje constituye una de las peculiaridades mejor definidas de la libertad humana. Viajar supone embarcarse en una empresa arriesgada, que trae la compensación de establecer contacto con otros pueblos, contemplar poblaciones, edificios, paisajes. Un componente de curiosidad promueve el viaje y de ello testimonia el resultado escrito, en forma de relato” 2 . Con estas palabras comenzaba el profesor Martín González su presentación para el libro que Huerta Alcalde publicó en 1990, y dedicó al análisis del arte vallisoletano a través de los textos que escribieron los viajeros a su paso por la ciudad del Pisuerga. Un viaje que en el Tesoro de la lengua castellana (1611), de Sebastián de Covarrubias Orozco3, y en el Diccionario de autoridades (1726-1739)4, se identificaba con la “jornada”, y ésta, a su vez, con “lo que un hombre puede andar buenamente de camino en un día, desde que amanece hasta que anochece”, o bien, con “todo el camino que se hace, aunque sea de muchos días”5. En el siglo XVIII, dicho camino se entendía como “la tierra hollada de los que passan de un lugar à otro à manera de calle ò lista que atraviessa los campos, y vá à parar à ciertos sitios y lugáres”6, teniendo en cuenta, según Covarrubias, que “no puede ningún particular tomar nada e incorporarlo en su haza o tierra, so pena de la que le impondrá el juez de cañadas y la justicia ordinaria”; y señalaba de forma singular tanto los caminos reales, por ser anchos e ir a pueblos grandes, y los carreteros, los más llanos, anchos y seguros, aunque a través de ellos se solía “rodear alguna cosa”7. Considerando las palabras de Martín González y las definiciones que nos aportan los siglos XVII y XVIII sobre el tema que nos ocupa, podemos iniciar nuestro viaje en el tiempo y acercarnos a la mirada del viajero y a cuanto se podía contemplar al recorrer nuestra zona de estudio. Por ello, nos proponemos como objetivos para el presente trabajo el análisis de las 1 Este trabajo se enmarca dentro del Proyecto de Investigación Nacional del Ministerio de Economía y Competitividad (Gobierno de España), Plan Nacional I+D+i 2013, titulado: La Patrimonialización de un territorio: conformación de paisajes culturales entre el Tajo y el Guadiana en Extremadura (HAR2013-41961-P). 2 MARTÍN GONZÁLEZ, J.J., “Presentación”, HUERTA ALCALDE, F., El arte vallisoletano en los textos de viajeros, Valladolid, Diputación Provincial de Valladolid, 1990, p. 9. 3 COVARRUBIAS OROZCO, S. de, Tesoro de la Lengua Castellana o Española, Ed. de Felipe C.R. Maldonado revisada por Manuel Camarero, Madrid, Editorial Castalia, 2ª ed., 1995, pp. 685 y 961. 4 REAL ACADEMIA ESPAÑOLA, Diccionario de la lengua castellana, T.º VI: Que contiene las letras S.T.V.X.Y.Z., Madrid, En la Imprenta de la Real Academia Española, por los herederos de Francisco del Hierro, 1739, p. 473. 5 COVARRUBIAS OROZCO, S. de, opus cit., p. 685. 6 REAL ACADEMIA ESPAÑOLA, Diccionario…, opus cit., T.º II: Que contiene la letra C, Madrid, En la Imprenta de Francisco del Hierro, impresor de la Real Academia Española, 1729, p. 92. 7 COVARRUBIAS OROZCO, S. de, opus cit., p. 245. Figura 1. Demarcación del término del Condado de Medellín. Hacia 1815. Tinta y aguada de colores, 299 x 614 mm. Madrid, Archivo Histórico Nacional, MPD, 1824. Volver al INICIO 149 Un viaje a través del tiempo. la configUración de Un paisaje singUlar en extremadUra... representaciones conservadas de las tierras extremeñas comprendidas entre los ríos Tajo y Guadiana; sirva como ejemplo –sobre el que volveremos más adelante– el dibujo con el mapa del Condado de Medellín realizado en 1815 y procedente el Archivo Histórico Nacional8. Junto a esta visión del terreno y de cuantos elementos lo conforman, también analizaremos los caminos que se crearon o mejoraron durante el siglo XVIII, con sus puentes, posadas para el refresco y avituallamiento de viajeros y trajinantes, además de los parajes y puntos finales de destino, también objeto de dibujantes y grabadores, como la bella imagen que el francés Israël Silvestre (1621-1691) realizó al aguafuerte en la segunda mitad del siglo XVII con una vista panorámica de la ciudad de Badajoz9; o el grabado calcográfico que Joseph Durond (1816-?) hizo de Plasencia en 184310. 8 Archivo Histórico Nacional (en adelante, AHN), Mapas, planos y dibujos (en adelante, MPD), 1824. 9 Biblioteca Nacional de España (en adelante, BN), ER/2974, lám. 159; y MV/12. Para la ficha catalográfica del grabado, vid. LÍTER MAYAYO, C. y SANCHIS BALLESTER, F., Cartografía de España en la Biblioteca Nacional. Siglos XVI al XIX. Adenda, Madrid, Biblioteca Nacional, 2008, p. 223, nº 274. 10 BN, INVENT/19731. Existe un ejemplar parecido en la obra de JENNINGS, R., Jenning´s landscape anual or Tourist in Spain for 1837. Biscay and the Castile´s, London, Robert Jennings, 1838. Tomo las referencias citadas del trabajo de LÍTER MAYAYO, C., SANCHIS BALLESTER, F. y HERRERO VIGIL, A., Cartografía de España en la Biblioteca Nacional. Siglos XVI al XIX, Bilbao, Biblioteca Nacional, 1994, vol. II, p. 92, nº 1102. Figura 3. Joseph Durond, Plasencia. 1843. Grabado calcográfico, 125 x 180 mm. Madrid, Biblioteca Nacional, INVENT/19731. Figura 2. Israël Silvestre, Vista de la ciudad de Badajoz. 1650-1691. Aguafuerte, 280 x 550 mm en h. de 530 x 602 mm. Madrid, Biblioteca Nacional, ER/2974, lám. 159. Ir al ÍNDICE 150 Vicente Méndez Hernán LA PREPARACIÓN DEL VIAJE El hilo conductor que seguiremos para nuestro periplo será el que describió el político, jurisconsulto y economista Pedro Rodríguez de Campomanes (1723-1802) en el viaje que hizo a Extremadura y detalló en el manuscrito que se conserva en la Biblioteca Nacional de España, fechado en Madrid el 4 de mayo de 177811; junto a éste, es necesario citar las notas manuscritas procedentes de su propio archivo, hoy depositado en la Fundación Universitaria Española, con el Itinerario de un viaje por etapas desde Madrid al Coto (de Campomanes) y otros datos descriptivos de viajes hacia Extremadura, lo que sin duda es indicativo de la continua presencia de su autor en nuestra tierra12. Según indica el mismo Campomanes en su manuscrito de 1778, “vno de los principales objetos del gobierno es facilitar los tránsitos y comunicaciones de las gentes”13; además, “con la amistad y buena correspondencia que el Rey N.S. acaba de establecer por el tratado de 11 de marzo de este año [1778] con la Corte de Lisboa14, es regular se haga comun el transito de Madrid a Badajoz y es otra causa que obliga a mejorar en todo lo preciso aquel tránsito”15, teniendo en cuenta, según él mismo afirma, que el trazado “(…) es en el estado actual transitable para todo genero de carruages, y creo se puede poner en solida perfeccion con menos costo que la mayor parte de las carreteras generales del Reyno con solo hacer algunas obras (…)”16. De los carruajes a los que alude Campomanes, contamos con diversas referencias gráficas; una de las más conocidas es el plano de Madrid que el cartógrafo portugués Pedro Teixeira Albernaz (c.1595-1662) grabó en 1656 a instancias del rey Felipe IV, y detalló al recrear la plaza de la Cebada17, donde representó una carreta tirada por cuatro caballos con dirección a la fuente que Juan Gómez de Mora había diseñado en 1618, y en 1624 materializaron el alarife Pedro de Pedrosa y el maestro de cantería Martín Gortairy18. Menos conocido 11 BN, MSS/17728, foliado. Sobre el viaje de Campomanes, RODRÍGUEZ AMAYA, E., “Viaje de Campomanes a Extremadura”, R.E.E., IV-2, III-IV, 1948, pp. 199-246. Sobre este particular, vid., etiam, CRUZ VILLALÓN, M.ª, “Campomanes, Extremadura y Portugal”, Íd. (Coord.), Viajes, viajeros y obra pública. Extremadura entre España y Portugal, Cáceres, Universidad de Extremadura, 2014, pp. 166-192; MÉNDEZ HERNÁN, V., “Los caminos y el arte en el entorno del Tajo. Desde la Edad Moderna hasta la llegada del ferrocarril”, LOZANO BARTOLOZZI, M.ª M. y MÉNDEZ HERNÁN, V. (Coords. y Eds.), Paisajes modelados por el agua: entre el arte y la ingeniería, Mérida, Editora Regional de Extremadura, 2012, pp. 127-138, passim. 12 Fundación Universitaria Española (en adelante, FUE), Archivo del Conde de Campomanes, Sign.ª 14-15, s.l., s.f. Vid., etiam, de este mismo archivo, el “Viaje a Extremadura y Andalucía”, Sign.ª 22-31, s.l., s.f. 13 BN, MSS/17728, fol. 1. 14 El conocido Tratado de El Pardo, firmado el 11 de marzo de 1778 entre la reina María I de Portugal y el rey Carlos III de España para poner fin a las disputas territoriales surgidas por no haber observado los términos en los que se rubricó el Tratado de Tordesillas el 7 de junio de 1494. 15 BN, MSS/17728, fols. 1-2. 16 BN, MSS/17728, fols. 2-3. 17 TEIXEIRA, P., Topographia de la villa de Madrid descrita por Don Pedro Texeira. Año 1656. Reproducción facsímil de la edición de Antuerpiae [Amberes], de Ioannis et Iacobi van Veerle, 1656. Madrid, 1943, Hoja 18. 18 GEA, M.ª I., Guía del plano de Texeira (1656). Manual para localizar sus casas, conventos, iglesias, huertas, jardines, puentes, puertas, fuentes y todo lo que en él aparece, Madrid, 2015 (3ª Ed. corregida y actualizada; 1ª Ed. de 2006), p. 384. Figura 4. Fernando Selma y Anton Raphael Mengs, Retrato de Pedro Rodríguez de Campomanes. Hacia 1772. Aguafuerte y buril. Madrid, Biblioteca Nacional, IH/7989/4. Volver al INICIO 151 Un viaje a través del tiempo. la configUración de Un paisaje singUlar en extremadUra... es el dibujo del coche berlina conservado en el Archivo General de Simancas19, que el maestro Gaspar Pelelug diseñó entre 1804 y 1805 para dejar constancia de la capacidad que tenía para “disponer y dirigir con hermosura y consistencia sus obras arregladas á los diseños que forma”, y evitar así los inconvenientes que le había causado su gremio en razón de ser “de nacion flamenco, y maestro de hacer coches aprobado en Paris”, y establecido en esta Corte” desde 1803 regentando un taller donde trabajaban cuatro oficiales20. Se trata de un bello dibujo realizado con tinta y colores a la aguada, ocre, negro, amarillo y encarnado, que representa un modelo de carruaje muy común en la época de Carlos III, tirado normalmente por dos caballos, con cuatro plazas y pescante. 19 Archivo General de Simancas (en adelante, AGS), MPD, 68, 050. 20 AGS, Consejo Supremo de Hacienda, leg. 318, exp. 5, s.f., tomo la referencia del documento fechado en Madrid el 26 de septiembre de 1805, en virtud del cual al maestro Gaspar Pelelug le fue ratificada la licencia que tenía para continuar ejerciendo su oficio en Madrid. Figura 5. Pedro Teixeira, Topographia de la villa de Madrid descrita por Don Pedro Texeira. Año 1656. Reproducción facsímil de la edición de Antuerpiae [Amberes], de Ioannis et Iacobi van Veerle, 1656. Madrid, 1943, Hoja 18, detalle de la plaza de la Cebada. Figura 6. Gaspar Pelelug, Perfil de un coche de caballos. 1804-1805. Tinta y aguada de colores, ocre, negro, amarillo y encarnado, 310 x 442 mm. Archivo General de Simancas, MPD, 68, 050. Ir al ÍNDICE 152 Vicente Méndez Hernán Campomanes dividió su viaje a la región extremeña en “quatro trozos” al objeto de explicarse “menos confusamente”, siguiendo para ello el camino real de Rueda, que salía desde la madrileña puerta de la Vega21 y el puente de Segovia sobre el Manzanares22, y se dirigía hacia Talavera de la Reina, según recogían en sus itinerarios Alexandre de Laborde (1809)23, Santiago López (1809)24, Bernardo Espinalt y José Freire (1835)25, o Mellado (1842)26, y que podemos seguir a través de los itinerarios del propio Laborde: “(…) y hago el primero desde Madrid á la venta y puente del rio Alberche (…)”, que aparece representada, entre otros, en un mapa de 1742 donde se recogen las fronteras de España y Portugal; desde la venta del Alberche se alcanzaba la citada localidad de Talavera de la Reina. “El segundo pasado el Rio hasta el Tajo y Puente de Almaraz. El tercero hasta Guadiana y puente de Merida. El quarto y ultimo hasta el arroyo Caya mas allá de Badajoz en que está la raya y frontera de Portugal.” 27 En nuestro caso, nos vamos a centrar en las tres últimas jornadas del viaje, que se desarrolla por la geografía cacereña, y principia pasando el río Tajo hasta Almaraz, una vez trazado el itinerario y dispuesto el carruaje a utilizar, sin perder de vista que, en el caso particular de Campomanes, éste poseía un enorme complejo residencial y agropecuario situado en las inmediaciones de Mérida, también conocido como el coto de Campomanes, y que constituye otro factor para justificar su interés por Extremadura. 21 La puerta de la Vega era uno de los antiguos accesos a la muralla árabe que partía del Alcázar; fue derribada en 1708 para construir otra en el mismo lugar que, a su vez, desapareció en 1830: GEA, M.ª I., opus cit., p. 236. 22 El puente de Segovia era obra de Juan de Herrera, construido entre 1572 y 1584; fue destruido en la Guerra Civil, y reconstruido posteriormente: ibídem, pp. 210-211. 23 LABORDE, A. de, Itinerario Descriptivo de las Provincias de España, y de sus Islas y Posesiones en el Mediterráneo... Traduccion libre del que publicó en francés Mr. Alexandro Laborde en 1809. Acompaña un Atlas de 29 mapas, Valencia, 1816, p. 206. 24 LÓPEZ, S., Nueva guía de caminos para ir desde Madrid á todas las Ciudades y Villas mas principales de España y Portugal, y tambien para ir de unas Ciudades á otras, Madrid, 1809, p. 62. 25 ESPINALT Y GARCÍA, B. y FREIRE, J., Dirección general de cartas en forma de diccionario, para escribir a todas las ciudades, villas, lugares, aldeas…, Madrid, 1835, T.º I, p. 275. 26 MELLADO, F. de P., Guía del viajero en España, Madrid, 1842, p. 375. 27 BN, MSS/17728, fol. 3. Figura 7. Pedro Teixeira, Topographia de la villa de Madrid descrita por Don Pedro Texeira. Año 1656. Reproducción facsímil de la edición de Antuerpiae [Amberes], de Ioannis et Iacobi van Veerle, 1656. Madrid, 1943, Hoja 12, detalle de la puerta de la Vega y del puente de Segovia. Volver al INICIO 153 Un viaje a través del tiempo. la configUración de Un paisaje singUlar en extremadUra... Figura 9. Les frontières d´Espagne et de Portugal ou se trouve le Royaume de Portugal divisé en ses cinq Grandes Provinces d´Entre Douro et Minho… París, Chez benard dans lisle du Palais sur le quay de L´orloge…, 1742. Archivo General de Simancas, MPD, 29, 067. Figura 8. Alexandre de Laborde, Itinerario Descriptivo de las Provincias de España, y de sus Islas y Posesiones en el Mediterráneo... Traduccion libre del que publicó en francés Mr. Alexandro Laborde en 1809. Acompaña un Atlas de 29 mapas, Valencia, 1816, Lám. 25. Ir al ÍNDICE 256 Juan antonio Sánchez López arenal, ‘conquistándolo’ y tomando posesión del mismo para el presunto mundo civilizado. Al fondo, la moderna arquitectura del Palacio de los Deportes actúa de testigo consentido, más que de testigo mudo, de una ‘invasión’ a la que es imposible hacer frente y ante la que nada se puede hacer. En este punto, los grafiti son huella silenciosa de quienes ahora no están, pero en cualquier momento pueden volver. Compositiva y conceptualmente hablando, el muro es la frontera visual, ‘territorial’ y simbólica donde estallan múltiples antítesis que reflexionan sobre las lindes entre lo rural y lo urbano, la voracidad del afán urbanizador y la inquietante soledad de los no-lugares, la coexistencia de la calma y el estrépito del vecino aeropuerto, elementos que remiten a antinomias universales: silencio/ruido, ausencia/presencia. La integración de los grafiti en su rotunda ‘pureza’ testimonial, expresiva, subversiva, marginal, topológica… supone un valor añadido; sobre todo, cuando en los elementos residuales urbanos y las arquitecturas degradadas no se contempla tanto la metáfora como el elemento decadente, en cuanto expresivo de una decadencia literal, prosaica y carente de tintes pictorialistas. Llegados a este punto, la reflexión del artista sobre cuestiones diversas (socioculturales, antropológicas, económicas…) a través de la representación de la fisonomía más pura de los paisajes revisados parece entrar en contradicción con la vertiente más netamente artística del cuadro, por cuanto Jiménez Muñoz tampoco ‘renuncia’ a cierto aliento poético, en su conceptualización y definición plástica. Ante el dilema podríamos preguntarnos: ¿tendría ‘obligatoriamente’ que hacerlo?: “También esos lugares, bajo el prisma de la pintura, pueden convertirse en obras hermosas por el ojo de su creador. El reflejo de aquella simbiosis entre la obra misma de la naturaleza y la humana, (la obra del creador y la del hombre como ser creado).Un concepto contemporáneo tomado de otros tiempos; hacer bella la muerte en lo efímero de la humanidad. Una invitación a la contemplación, a la observación de la majestuosidad del cielo en cualquier entorno cotidiano, las huellas que deja el agua cristalina o estancada. Una búsqueda incesante de buscar lo dinámico en las cosas más estáticas. Al fin y al cabo, una plasmación espontánea de lo real, de aquello que sucede donde se encuentra la vida” 30 . Los paisajes revisados del agua también encuentran hueco oportuno en la producción de Roberto Infantes. No detentan un protagonismo per se en cuanto a ‘problema’ específicamente abordado por el autor, aunque sí introducen sus matices singulares en un contexto iconográfico más ambicioso, que insta a la relectura diversa y moderna del paisaje desde un referente temático hegemónico y prioritario para él: la ciudad. “Desde siempre he sentido una gran predilección por las ciudades y su arquitectura. Los edificios, esas esculturas creadas por el hombre que van originando y moldeando las urbes, algunos perduran en el tiempo, otros llegan a su fin y en ambos casos es el propio devenir de la ciudad el que da forma a las 30 Testimonio del artista [26-10-2016]. Figura 4. Donde desemboca el Guadalhorce.José Antonio Jiménez Muñoz. 2010. Volver al INICIO 257 Paisajes revisados. visualidad, Práctica Performativa, místicas del agua cartografías actuales, siendo el paso del tiempo el encargado de perfilar su envolvente y estructura. Evolución y cambio constante cuyo final es actualmente desconocido para nosotros. Para llevar a cabo mi trabajo tomo fotografías de las ciudades que voy conociendo, bien por viajes planeados para tal fin, o porque existe una conexión especial con algunas de ellas […] De mis viajes, recojo las impresiones que por ende he ido experimentando y que la ciudad ha ido revelando a mis sentidos. Me fascina pensar que hace tiempo otras personas moraron esas ciudades, imagino sus costumbres, su forma de construir con diferentes materiales, muchos de ellos ya en desuso, y las texturas que originan, todo ello se ha convertido en estos últimos años en el pasatiempo sobre el cual se apoya mi trabajo” 31 . Las cuatro series dedicadas al asunto – Ciudades irremisibles (2009), Horizontes (2013), Ciudades diacrónicas (2016) y Ciudades (2017)– reconocen en el hábitat urbano un signo del poder humano más depredador, donde la amalgama de habitáculos se ve convertida por sus habitantes en escenario cotidiano de sus miserias y sus acciones. Las referidas fotografías tomadas por el artista a lo largo de travesías a distintos países y territorios autóctonos recogen las impresiones experimentadas y reveladas a sus sentidos y, desde esos planteamientos subjetivos, reflexiona los espacios desde una narrativa personal: “La plataforma y eje referencial de mi trabajo se articula sobre la capacidad perceptiva de los materiales utilizados y su adecuación al contexto donde están participando. Existen dos aspectos esenciales dentro de mi proceso creativo: La fotografía y la pintura. Dentro de mi propuesta constructiva encontramos: uno, la exploración de la ciudad, donde todos somos partícipes en el desarrollo de la misma, y dos, la intervención con diferentes materiales, donde la ciudad experimenta la transformación hacia un pensamiento emocional propio” 32 . Obtenida la prueba en papel fotográfico (en blanco /negro o color), se habilita la base experimental para ubicar la posterior ocupación plástica. En otras palabras, ‘traza’ una cartografía visual básica, intervenida a posteriori mediante el concurso intermatérico y multiprocedimental que la ‘destruyen’ para ‘reconstruirla’ y lograr un claro objetivo: “lo que pretendo es crear mi propia ciudad del futuro”33, “querer habitar fuera de nuestras fronteras, de ir siempre más allá de los límites”34, nos dice. Al preconizar una transformación radical del soporte primario de la obra, se imponen los valores esculto-pictóricos del conjunto y sus filiaciones con el collage, haciendo valer un elevado componente estético, no necesariamente incompatible con las inquietudes personales del autor: “Este soporte de imágenes está pensado exclusivamente para servir de germen a mi labor creativa, donde diseño, cambio, transmuto y organizo un nuevo orden espacial en el que pretendo establecer una fuerte presencia de tridimensionalidad. Para ello me sirvo de teselas, madera, barro, hilos, lanas, metacrilato, palillos de helado, corcho, pequeños trozos de madera, diminutas espigas, cartulinas, 31 Testimonio del artista [23-01-2017]. 32 Testimonio del artista [23-01-2017]. 33 Testimonio del artista [30-12-2016]. 34 Testimonio del artista [23-01-2017]. Figura 5. Sin título. Roberto Infantes. 2015. Ir al ÍNDICE 258 Juan antonio Sánchez López papeles... elementos utilizados para engranar y enlazar la frontalidad lineal, que a su vez crean un universo que ubico en la fotografía en forma de relieve y que dota al papel fotográfico de esa tridimensionalidad. Ensamblo en ellos pequeñas edificaciones como flamantes miniaturas arquitectónicas que emergen, se acoplan y dan cabida a un inédito panorama paisajístico desde una remozada perspectiva diferente a la acostumbrada” 35 . Tampoco lo sería el sentido de la disciplina que le insta a alcanzar un nuevo sentido de lo geométrico y de la consistencia de los volúmenes y perspectivas, por más que las obras reflejen el espacio en movimiento, en tensión de contrarios, al partir: “[…] de bellas perspectivas de ciudades, de estéticos encuadres metropolitanos, de perfectas simetrías en blanco y negro, de reconocibles ángulos urbanos, en suma de testimonios de una arquitectura canónica conformada por verticales y horizontales, por líneas de fuga y geometrías de lo visible. Y a partir de ahí busca una trama interna y a la vez externa de lo real. Una suerte de trama de contradicciones que estarían, por un lado, en el concepto cromático con todo su poder –pero con un extraño y sutil buen gusto en su aplicación al soporte– frente a la negación fotográfica del color, y por otro en la recostura que se opera entre lo fotográfico y lo pintado; que a su vez retuerce un tanto lo visual al incorporar en algún caso la pintura incluso sobre la transparencia del cristal” 36 . Las ciudades de Infantes se sustraen, así, a cualquier tentativa de interpretación en clave de retrato de la memoria histórica, panorámica conclusiva y/o búsqueda de los no-lugares. Pero tales aspectos sí se perciben sugeridos en las obras, sin distorsionar el propósito inicial de redefinir la realidad del tejido urbano a costa de enfatizar, sobredimensionándola, la presencia misma de la ciudad. Y esto puede hacerse ya sea segmentándola o abarcándola en su totalidad, para incidir en “esa acumulación de acumulaciones que son nuestros modernos entornos urbanos para establecer una malla de nuevas reverberaciones semánticas. Como si al fenómeno de la ciudad edificada le empezaran a brotar argumentaciones posconstructivistas, incertidumbres en su cartografía real, grietas abisales que anunciaran un nuevo estatus de esa realidad nutricia que nos habita”37. 35 Ibídem. 36 LOARCE, J.L., “Ciudades irremisibles” [2009]. Disponible en: http://www.fucares.com/esp/c_roberto_infantes.php y http://robertoinfantes.blogspot.com.es/. [Consultados el 22-12-2016]. 37 Ibídem. Figura 6. Sin título. Roberto Infantes. 2012. Volver al INICIO 259 Paisajes revisados. visualidad, Práctica Performativa, místicas del agua Qué duda cabe que las ciudades y pueblos del arco mediterráneo configuran paisajes del agua participantes, en toda regla, de esta filosofía. No fueron pocas las localidades sacrificadas al becerro de oro de una mal entendida y salvaje explotación turística. Su maltrecha y caótica fisonomía actual visualiza, más que nunca, su condición de víctimas de la especulación inmisericorde y el desarrollismo brutal que acabaron para siempre con la plácida fisonomía de aquellos ‘paraísos’ diseminados por el litoral y su armónica relación con las calas y parajes naturales que les dieron vida: “El edificio, en toda su pluralidad, es la petrificación de una necesidad natural y humana de apropiarse de un sitio habitándolo. Es la pintura, combinada con los collages de diversos materiales, la proyección de mi eterno deseo de conquistar la naturaleza, de esculpir la ciudad, siendo el hombre el protagonista. En mis obras encontramos masas de colores con líneas acentuadas que van construyendo la ciudad, donde la figura del hombre queda atrapada dando paso a las nuevas construcciones. Dejo constancia de un permanente desarrollo donde el paso de los años ha llevado a mi obra a habitar fuera de las fronteras del plano del papel, en el que metacrilato que las recubre ha sido unas de mis últimas conquistas” 38 . Sin duda, es éste un aliciente conceptual que amplifica el interés de Roberto Infantes por las aglomeraciones de bloques, viviendas adosadas, hoteles y apartamentos que engulleron literalmente la costa en Málaga, Marbella, Estepona o Benidorm, trayendo consigo, no ya la transformación real, sino una monstruosa metamorfosis de los paisajes del agua en emplazamientos de ocio masivo y masificado, revelando con ello la faceta más siniestra de la acción y el proceso urbano. Torre del Mar (2016), enclave de pescadores de la Axarquía malagueña, protagoniza una de las obras de Roberto Infantes más emblemáticas sobre el particular (junto a otras sobre la misma temática de 2014 y 2015) al capturarse artísticamente desde un encuadre que nos sumerge de lleno en toda una ceremonia de lo caótico, lo insospechado, lo irremisible que enfrenta a la población con la paradoja de su propio nombre, pues el mar apenas se atisba entre la masa de asfalto y hormigón donde la naturaleza brilla por su ausencia. Sin pretender desvirtualizar el entorno imaginario, la conceptualización de la pieza a modo de auténtico ‘relieve’ pictórico cuestiona –porque así lo hace la intuición humana– la bidimensionalidad de la fotografía-base de la ciudad, para aprehender la tridimensionalidad consustancial a la ciudad, a la propia ciudad “como espacio euclídeo que se materializa desde el momento en el que el espectador se la imagina u observa. Es entonces, justo en ese momento, cuando estos materiales o ‘ingredientes’ participan de las nuevas construcciones y del futuro de las urbes en la obra. La creación de amalgamas de líneas con diferentes materiales permite descontextualizar el espacio propio de la ciudad, y redirigirlas hacia un contexto idealizado, que permite multitud de lecturas y donde el tiempo será el encargado de plantear diferentes variaciones” 39 . 38 Testimonio del artista [23-01-2017]. 39 “Ciudades diacrónicas”. Disponible en: http://mahatmashowroom.com/es/exposicion-ciudades-diacronicas/. [Consultado el 15-07-2016]. Figura 7. Torre del Mar. Roberto Infantes. 2016. Ir al ÍNDICE 260 Juan antonio Sánchez López No le falta razón a Ramón David Morales al autodefinirse como “un pintor DJ”. Al igual que el DJ en el ‘santuario’ del estudio o en plena ‘liturgia’ de las dance-sessions, es un creador que construye desde fragmentos ya creados, generando sinergias entre nuevos y viejos asuntos que traen como resultado iconografías originales y diferentes, muy en consonancia con el espíritu de la sociedad de consumo y las subculturas juveniles urbanas. Resultado de esta inquietud son pinturas donde lo rural y lo urbano, lo natural y lo artificial, lo inmanente y lo prosaico conviven en el propósito de transmitir ideas, emociones, sensaciones y vivencias a las que incorpora sus inquietudes, preocupaciones, obsesiones e ideas propias, entendiéndolas y extendiéndolas en el lienzo como reflejo identitario de quien vive en el mundo y reivindica el legítimo derecho de contar cosas del mismo porque, sencillamente, participa de su realidad cotidiana, de su inmediatez, de sus entornos y escenarios. Curiosamente, es el artista sevillano uno de los autores más interesantes a la hora de explorar las posibilidades plásticas de los paisajes revisados del agua. Según apuntábamos atrás, su gran aportación quizás sea la decantación por el componente significativo y transgresor que convierte el paisaje en símbolo, límite y concepto pleno de referencias universales y personales donde se reconoce un cúmulo de ficciones, analogías, metáforas, trampas y declaraciones junto a referencias y ‘débitos’ constantes a los períodos artísticos clásicos y modernos que existen en la obra y es necesario buscar40. Colección de cascadas dobles (2005-2006) pasa por ser su más emblemático trabajo sobre el particular. De entrada, la serie se configura a modo de un asimétrico políptico, integrado por veinte pequeños lienzos delicadamente trabajados en suaves tonos verdes y azules, con formatos diferentes y combinación de apaisados y verticales. La pieza que sirve génesis de la obra capta una vista de la famosa Fallingwater House (1934-1937) de Frank Lloyd Wright; ya de por sí, una ingeniosa falacia que se apropia de todo un icono de la arquitectura del movimiento moderno, al que, por ende, deconstruye y convierte en caricatura de sí mismo. Descontextualizado de sus compañeros, no estaríamos viendo aquí sino un paisaje convencional resuelto con cierta desenvoltura técnica. Sin embargo, desde el reconocimiento del cliché arquitectónico, más mediático que carismático en este caso, el artista nos desliza hacia las claves del verdadero juego. ¿Cuál es la ‘verdadera’ cascada? ¿La corriente de agua nacida bajo la casa u otra/s?, podría ser el interrogante 40 REINA, J., “Ramón David Morales”, en TORRE AMERIGHI, I. de la (coord.), Arte desde Andalucía para el siglo XXI, Sevilla, Junta de Andalucía, 2008, vol. 2, p. 254. Figura 9. Colección de Cascadas Dobles. Ramón David Morales. 2005-2006. Figura 8. Colección de Cascadas Dobles. Ramón David Morales. 2005-2006. Volver al INICIO 261 Paisajes revisados. visualidad, Práctica Performativa, místicas del agua de partida. Desde esa pista, la incógnita se responde por sí misma, pasando por la aparente repetición de una misma escena: una cascada y un joven con camiseta blanca y vaqueros azules orinando sobre ella en diferentes entornos, contextos, atmósferas, paisajes… impostando hasta 19 posibilidades pictóricas concebidas, casi, con la ingenua y sabia simplicidad de un exvoto y la economía narrativa de un poema breve. Tamaño ejercicio de variaciones sobre el tema personalizan paisaje, cascada, orografía, celajes… pese a la reiteración de la estructura narrativa y el plano-secuencia que reproduce la micción del muchacho protagonista. De hecho, esta última es la ‘otra’ cascada que disputa hegemonía iconográfica a la presuntamente ‘verdadera’, demostrando que ni tamaño, caudal, caída o longitud interfieren en su propósito cuando el atrevimiento y el desenfado campean por sus respetos. La inventiva del artista y el considerable trasfondo irónico de la situación facilitan que la tentativa desacralizadora salga más que airosa del lance e, incluso, provoque la sonrisa del espectador por el insólito y fresco desparpajo de la misma. Por extensión, Colección de cascadas dobles hace honor al trasfondo conceptual consustancial a las filias del autor, donde la vertiente accionista y performativa, los registros audiovisuales y digitales, el videoclip y las nuevas realidades humanas y sociales no se hallan ausentes a la hora de sugerir, inspirar, reconducir, motivar sus propuestas41. En este punto, la camiseta blanca del chaval se antoja sospechosamente denotativa de la identificación del pintor con su alter-ego42. Tales cuestiones nos conducen al aspecto más fascinante de estos paisajes del agua: las conexiones interactivas tradición/modernidad, pintura/ mass-media en Colección de cascadas dobles. Ramón David Morales refrenda tal aspecto en sus impresiones sobre esta obra, al apuntar tres referencias claves para entender el proceso de creación y, por extensión, la realidad objetual de la misma43. La primera es una máxima de Heráclito: “No podemos bañarnos dos veces en el mismo río”. La segunda, el título de un tema musical, tan irreverente y mordaz como sus cascadas: Mi agüita amarilla, incluido en el álbum 30 años de éxitos (1986) de Los Toreros Muertos, banda de la movida madrileña con un particular y transgresor sentido del humor, políticamente incorrecto por sistema. Por último, la tercera notación proviene del largometraje Last Days (2005), dirigido por Gus Vas Sant. 41 Ibídem. 42 En 2005, presentaba una exposición con el título Mi camiseta blanca manchada de pintura negra, en la Galería Cavecanem de Sevilla. 43 http://www.ramondavidmorales.com/. [Consultado el 30-04-2016]. Figura 11. Colección de Cascadas Dobles. Ramón David Morales. 2005-2006. Figura 10. Colección de Cascadas Dobles. Ramón David Morales. 2005-2006. Ir al ÍNDICE 262 Juan antonio Sánchez López Del filósofo griego proviene, en última instancia, una advertencia preliminar al espectador, ante la presunta intencionalidad del pintor en retratar: “La grandiosidad de la naturaleza frente a la pequeñez humana. La fusión con la naturaleza. Tal vez la verdadera comunión con ella”. Si las palabras del artista sevillano se interpretan literalmente y exentas de connivencia con la obra analizada y su significación, es evidente que nos llevaríamos a engaño: el producto plástico no es tanto ‘neorromántico’, como inequívocamente post posmoderno en cuanto a reflejar la dislocación subjetiva y contradictoria del sentimiento panteísta de la naturaleza y el sentido teológico aplicados al paisaje del Romanticismo. Es cierto que la visión (casi siempre, a escala diminuta) del joven protagonista de Colección de cascadas dobles hace casi ‘inevitable’, a simple vista, la comparación con los misteriosos personajes de los lienzos de Friedrich: Monje junto al mar (1808-1810) y Viajero junto al mar de niebla (c. 1818), en particular. Sin embargo, superada esta impresión inicial, lo más lícito y coherente es reconocer en tan antológica (y premeditada) afinidad iconográfica una mera cita o, mejor dicho, todo un homenaje de Ramón David Morales a un modo de concebir la relación mundo/individuo, interesante para un artista moderno en cuanto metáfora de la inmensidad y pluralidad de fuerzas desconocidas –naturales o no– que se ciernen, rodean y amenazan al ser humano del XXI; pero distando un abismo de ese sentido intimista, místico, apocalíptico, envolvente, emotivo y también profundamente religioso que situaba al hombre frente a su destino, desconocido e inescrutable, ocasionándole una inquietud que, solamente el diálogo profundo con Dios, a través de la meditada contemplación de la naturaleza, era capaz de resolver. Por tales razones, y porque no vivimos en el XIX, no nos podemos bañar dos veces en el mismo río. Al film de Gus Van Sant corresponde devenir la hermenéutica de Colección de cascadas dobles a un plano existencial, aunque con matices, secundando/inspirando al mismo tiempo la ilación iconográfica y estética que rige la relación naturaleza/individuo en las pinturas de Morales. En efecto, un artista introspectivo (interpretado por Michael Pitt) al que las obligaciones profesionales y el peso de la fama van conduciendo hacia un creciente sentimiento de aislamiento, decepción y pesimismo inicia un camino sin posibilidad de retorno. El realizador se muestra especialmente receptivo y propenso a recrearse en amplias perspectivas paisajísticas de exteriores donde el protagonista, en su huida de todo y de todos, se muestra empequeñecido entre árboles imponentes y densos bosques que surcan los senderos en una sinfonía de verdes y azules. Lentamente, llegará por un terraplén hasta una cascada, que cabe interpretar como un oasis de paz interior del personaje y un gratificante impasse, en la bruma de las últimas horas antes de su misterioso fallecimiento en trágicas y extrañas circunstancias. En este sentido, quizás el chaval de Colección de cascadas dobles se sumerja en la naturaleza buscando también momentos de huida/evasión del mundo, nuestro mundo. Ahora bien, eso no quiere decir, ni mucho menos, que piense en abandonarlo. Al menos, hasta que no llegue su hora. Es, entonces, cuando deberemos acordarnos de la letra de Mi agüita amarilla, auténtico carpe diem de un modus vivendi urbano materialista, inconformista, y aún rebelde e incipientemente contestatario, donde los relatos filosóficos y trascendentes, simple y directamente, no existen: “Y me pongo a pensar Donde irá, donde irá, Donde irá, donde irá Se esparcirá por el mundo Pondrá verde la selva Y lo que más me alegra es que mi agüita amarilla Será un líquido inmundo” 44 . 44 Disponible en: http://www.melomanet.com/Los-Toreros-Muertos/30-Anos-De-Exitos/Mi-Aguita-Amarilla.htm. [Consultado el 12-01-2017]. Volver al INICIO 263 Paisajes revisados. visualidad, Práctica Performativa, místicas del agua Los paisajes del agua revisados también informan otros proyectos artísticos de Ramón David Morales, entre 2005-2007, aunque sin el peso específico del analizado. En Documental pictórico. Construcciones artificiales se propone “clasificar y representar distintos tipos de construcciones artificiales, paisajes ficción, espacios falsos que emulan la naturaleza. El hombre los construye para que sean ocupados en momentos de ocio, consumo, espectáculos y celebraciones. Siempre somos invitados a la fiesta más larga. Macro escenarios ficticios para la vida real”45. Por su parte, Mochilas para cruzar el paisaje conjugan pintura y escultura, recreando de forma lúdica y jocosa objetos, situaciones y personajes cotidianos en el contexto figurativo informal de una excursión figurada. Su utillaje apela constantemente a la paradoja conceptual, vivencial y visual de la experiencia, a lo largo de “14 mochilas y 14 pinturas de paisajes. La construcción de cada mochila está asociada al medio natural por el que se va a desarrollar el viaje. Distintas mochilas para distintos paisajes y distintos elementos que construyen esa naturaleza. Podría ser el escaparate de una inquietante agencia de viajes que nos invita al tránsito campo a través. Ahora que la Guía Campsa ha pasado a llamarse Guía Repsol. Buen viaje”46. Invernaderos, lagunas heladas, grutas, complejos acuáticos, espacios deportivos, rocódromos, parques de skate, señalizaciones y también las cascadas (aunque aquí contrahechas, por no decir fosilizadas) son oportunamente descontextualizados por el artista, desde la frialdad analítica que brinda el distanciamiento de las cosas y el tratamiento iconográfico a base de formas escuetas y elementales. En consecuencia, las obras dan fe de esos espacios de la naturaleza domesticada por la banalidad, que rompen la armonía de la naturaleza en estado puro y terminan haciendo de ella una ficción. Desde la ausencia de escrúpulos del proceso, surgen estos escenarios (con presencia o ausencia del agua) que sancionan la modificación del entorno por los intereses humanos; eso sí, invocando los simulados y ¿felices? estados de bienestar que pululan por esos “nuevos hitos de una naturaleza domesticada, inanimada, que vive en la apariencia de ser y en los dobleces de la frivolidad imitativa que decora nuestra sociedad”47. 45 http://www.ramondavidmorales.com/. [Consultado el 30-04-2016]. 46 Ibídem. 47 TORRE AMERIGHI, I. de la, “Artificios naturales. Vista de la exposición “Rocas y piedras en la mochila”, ABCD. Las letras y las artes, 26-07-2008. Figura 12. Ramón David Morales. Documental pictórico. Construcciones artificiales. 2005-2007. Figura 13. Ramón David Morales. Mochilas para cruzar el paisaje. 2005-2007. Ir al ÍNDICE 264 Juan antonio Sánchez López INTERVENIR TRANSFORMANDO A nadie escapa que la escultura ya ha dejado de ser ‘aburrida’, cual le reprochara Baudelaire48. En el contexto moderno se erige en colaboradora imprescindible de arquitectos y urbanistas49 y, en numerosos casos, actúa de referente de prestigio en las intervenciones más sobresalientes del panorama actual50. Las posibilidades de éxito se multiplican cuando el objeto escultórico recurre a una aliada infalible: el agua. A partir de entonces, la ciudad logra visualizar con mayor intensidad el no siempre fácil objetivo de presentarse/ser sostenible, hermosa, gratificante, accesible, dialogante y acogedora, en definitiva, con los individuos que la habitan y, no lo olvidemos, tienen y mantienen en ella su hogar. El siglo XXI ha consagrado la idea de las intervenciones-estrella que definen la nueva ‘postal’ de las ciudades a través de referentes tan espectaculares como apabullantes. Pero no olvidemos a las ‘pequeñas’ intervenciones que han logrado ‘transfigurar’ por completo territorios, recovecos y eriales urbanos51 valiéndose de la magia e intimismo de los paisajes del agua. Incluso algunos entornos ‘intocables’ a efectos patrimoniales no han podido resistirse a sucumbir a su encanto. Uno de los espacios con mayor trasiego y personalidad del centro histórico de Málaga, la Plaza de Uncibay, no fue definitivamente recuperado para la ciudad hasta finales de los años 80 del pasado siglo XX. En tiempos contemporáneos, la plaza (en realidad un ensanche viario) fue redefiniéndose con edificios civiles de particular interés y diferente signo estético. Por su volumen, belleza e importancia, destacaría el construido por el arquitecto gaditano Antonio Sánchez Esteve para alojar un carismático establecimiento cinematográfico: el Málaga Cinema. Inaugurado en 1935, el inmueble asumía un discurso arquitectónico expresionista-racionalista52, de singular impacto visual merced a la fachada curva que giraba hacia la aledaña calle Casapalma, asimilando su impronta a la de un fantástico buque, osada precursora del llamado “estilo 48 BAUDELAIRE, Ch., “¿Por qué es aburrida la escultura?”. Vid. Salones y otros escritos de Arte, Madrid, Visor, 1996, p. 177 y Curiosidades estéticas, Madrid, Júcar, 1988, p. 133. 49 MADERUELO, J., El espacio raptado. Interferencias entre Arquitectura y Escultura, Madrid, Mondadori, 1990. 50 SOBRINO MANZANARES, Mª.L., Escultura contemporánea en el espacio urbano. Transformaciones, ubicaciones y recepción pública, Madrid, Electa, 1999. 51 FERNÁNDEZ QUESADA, B. y LORENTE, J.P. (eds.), Arte en el espacio público: barrios artísticos y revitalización urbana, Zaragoza, Prensas Universitarias de Zaragoza, 2009. 52 SEGUÍ PÉREZ, J., “Málaga Cinema. Expresionismo-Racionalismo”, Jábega, nº 4, 1973, pp. 38-40 y VERA VALLEJO, I., “Primeros atisbos de lo moderno, 1927-1936”, en MÉNDEZ BAIGES, Mª.T. (ed.), Arquitectura, ciudad y territorio en Málaga (1900-2011), Málaga, Geometría, 2012, pp. 122-125. Figura 14. Perspectiva actual de la Plaza de Uncibay. Málaga. Volver al INICIO 265 Paisajes revisados. visualidad, Práctica Performativa, místicas del agua del relax”53. Tras una sonada trayectoria en la vida social, el Málaga Cinema fue clausurado en 1974 cediendo el testigo al impersonal edificio de oficinas levantado sobre el solar54. Desde ese momento, y durante más de una década, el entorno no pudo mostrarse más desabrido, estéticamente hablando. El hermoso y delicado proyecto de José Fernández Oyarzábal y Luis Bono hizo posible, en 1989, la radical transformación del ensanchamiento triangular que constituye la ‘plaza’ en sí, en una superficie estructurada en un doble nivel con márgenes alabeados u ondulantes. Si la irregularidad es la nota dominante de este espacio, la ubicación de los potentes elementos escultóricos de bronce realizados por José Seguiri (1954- ) sistematiza y racionaliza el diseño, favoreciendo la extroversión e integración de la plaza en confluencia con el parcelario circundante, mediante la definición de direcciones axiales marcadas por hitos. Es aquí donde los surtidores y conductos del agua sirven de vectores o, mejor dicho, hilos conductores a la hora de vertebrar la secuencia discursiva y propiamente urbanística del conjunto. La fuente circular con el grupo de Acteón y sus perros es el nudo del que nacen dos ejes perpendiculares que conectan el corazón de la Plaza de Uncibay con la fuente de la calle Granados (comunicándolo a su vez con la calle Beatas) y el extremo opuesto de la plaza, donde despunta un obelisco en la intersección de las calles Calderería, Casapalma y Méndez Núñez. Los centros neurálgicos de estos enlaces perspectívicos son la fuente del Baño de Diana –al fondo de la calle Granados y en correspondencia argumental, literaria e iconográfica con el grupo de Acteón) y el referido obelisco, a cuyos pies se encuentra el grupo del Rapto de las Sabinas. Si Acteón y las Sabinas son conjuntos exentos, la fuente de Diana simula una estela en altorrelieve, de cuyo respaldo manan cinco surtidores de otras tantas cabezas de perro. El esteticismo de acentos mediterráneos se plasma en la ejecución del proyecto y no sólo aflora en el cuidado de los detalles, como los pavimentos de mosaico figurado y el cromatismo de los revestimientos a base de cerámica azul, sino también en la sugestiva relectura en clave posmoderna del papel vertebrador desempeñado secularmente por el obelisco en calidad de referencia vertical, distribuidor de espacios y punto focal. 53 RAMÍREZ DOMÍNGUEZ, J.A., SANTOS, D. y CANAL, C., El estilo del relax. N-340. Málaga h. 1953-65, Málaga, Colegio de Arquitectos, 1987, pp. 23-24. 54 LARA GARCÍA, Mª.P., “La arquitectura de los cines malagueños”, Isla de Arriarán, nº 4, 1994, pp. 67-78. Figura 16. El Baño de Diana. José Seguiri. Calle Granados. Málaga. 1989. Figura 17. Estela con cabezas de perro. José Seguiri. Calle Granados. Málaga. Mural trasero de El Baño de Diana. 1989. Figura 15. Acteón y sus perros. José Seguiri. Plaza de Uncibay. Málaga. 1989. Ir al ÍNDICE 272 Juan antonio Sánchez López Bulwer, Viola se interesaba por autores contemporáneos vinculados al mundo universitario e investigador, como David Freedberg, Leo Steinberg o Victor Stoichita y sus emblemáticas y harto revolucionarias aportaciones a la historiografía acerca de los usos, valores, funciones, mecanismos y resortes de las imágenes –especialmente las de carácter religioso– en el seno de la tradición artística occidental. Una formación, en definitiva, tan rica como heterogénea que, con evidente curiosidad científica, supo acertadamente rematar con el estudio directo de la pintura religiosa de los siglos XV, XVI y XVII. A ella deberá, en gran medida, su amor por el primer plano y su incisiva capacidad de reflejarlo con una precisión taxonómica, tan hondamente escrutadora como exquisita en su insistencia por mostrar la belleza de las cosas: “Esta cuestión ya la hallamos en la religión islámica. El Corán enuncia: ‘Dios ha inscrito belleza en todas las cosas’ haciendo referencia a una cualidad escondida, presente en todos los elementos. El mundo contemporáneo reduce la belleza al aspecto exterior, pero a mí me interesa su unión con el concepto de Verdad, tema tratado en la Antigüedad y muy recurrente en las discusiones filosóficas renacentistas” 70 . Evidentemente, la figura de Bill Viola no puede aprehenderse en un espacio limitado. Sin embargo, es completamente obligada su inclusión en este trabajo, dada la importancia categórica adquirida por el agua dentro de su producción videográfica, en calidad de constante iconográfica y conceptual, amén de vehículo definidor de auténticos ‘paisajes’ virtuales. Asimismo, nos interesa su afán permanente en reivindicar y legitimar la significación adquirida por el concepto de “neobarroco” en la cultura visual de nuestro tiempo, en cuanto reflejo del desconcierto y la desestructuración de una sociedad en crisis. Es, en este punto, donde el significado profundo, al tiempo que ‘sencillo’ del agua, captada en sus vídeos en todo el misterio de su belleza en superficie o en la plenitud exultante de la cascada y la cortina de agua, se antoja (nunca mejor dicho) literalmente “elemental”. No en balde, la imagen del agua invoca unos componentes de significado universales que, desde la hermenéutica más profunda y sin incompatibilidad alguna 70 PORCEL, V., “Conversación con Bill Viola”, Quaderns de la Mediterrània-Cuadernos del Mediterráneo, nº 12, 2009, pp. 256-257. Figura 21. Exposición Martyrs. (Earth, Air, Fire, Water). Bill Viola. 2015. Instalación en Auckland Castle. County Durham. Volver al INICIO [Document text truncated for crawler view.]