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Puertas a la Lectura Universidad de Extremadura número 15/16 - Abril 2002
PUERTAS A LA LE CTURA _______ ____ !IE:t::== =============== =====~ LA OBRA DE ARTE AL SERVICIO DE LA TRANSMISIÓN DE IDEAS: LOS ORÍGENES DEL RETABLO Y SU PROGRAMA LITÚRGICO uy ac er ta da mente, Mar - tín González ha definido el retablo como « un mu - ral de ar quitectura, equieceptáculos par a la Eucaristía, las Reliquias y las imágene s» esculpidas y/ o pintadas. El vo cablo procede de la palabra latina retrotabulum, según el Dictionarium ex hi spaniensi in latinum sermonem compuesto por el sevillano Elio Antonio de Nebrija a fines del siglo XV, quien lo defin e, te ni en do en cuenta el desarro ll o qu e ad quirió en el Gótico final la pin - tur a fl a men ca, como una tabula picta: un a pintur a qu e adorna el altar. Sebastián de Covarrubias manti ene es ta acepci ón del término en su Tesoro de la Le ngua Castellana de 1611 : «C omúnmente se toma por la tabla en que es - tá pint ada alguna hi st oria de devoción, y por es tar en la tabla y madera se dijo retablo». En 1 732, el Dicciona - rio de Autoridades de la Ac ad em ia Espa - ñola, en que se expl ica el verdadero sentido de l as voces, su naturaleza y calidad, c on la s phra ses o modo s de hablar, lo s prove rbio s o refranes, y otras cosas convenientes al uso de la lengua, añade a l as definiciones ex pue stas el valor de l retablo como ver da dero laboratorio de ideas . En 1788, f rut o del es píritu n eo - clásico, Esteb an de Terreros y Pando ofrecía una definición del vocablo sin aportar otra cosa que la s upr esión de toda adjetivación es timativa: «re ta - bl o: término de escultura, compreh en de por lo co mún mucho s ado rno s de pintura y talla», el cual «se vuelve, y opo ne al tabernáculo». En nuestros días, el Di ccionario de la R eal Academia Española de la Lengua mantiene el significado formalista que durante la Edad Moderna elaboraron l os vocabul ar ios par a definir el mu eb le litúrgico m ás im por tant e del templo, s in tener en cuenta el complejo significado simbólico del qu e estuvo imbuido, sobre todo a partir de la celebración del Co ncilio tridentino. Cua ndo la escasez de reliquias impidió segu ir con la cos tumbr e de situarl as en el altar, se op tó por dispon er la im agen de los sa nt os en d ípt icos y trípticos de ma rfil -con - serva la parro qui a de Berzocana un a hermosa pl aca de este tipo, con la representación de la Virgen de la Leche Vicente Méndez Hernán U ni versida d de Ex tr ema dura con dos Santos, de fines del sig lo XIV o comienzos del siglo XV-, en el frontal o antipendium románico o en el iconostasio bizantino, dando lugar con el tiempo a la confo rm ación de un mu e bl e donde exponer y sa l va - g uard ar esa ser ie de objetos de culto, que adq uirió una mayor entidad al es tar directamente re lacionados el tamañ o y la al tura con una ampliación del pro gram a iconográfico. El pro fesor Palomero Pára mo ha relacionado el s ur gimiento de l retablo con el a um ento de mi e mbro s integra nt es del coro de canó ni gos: situado or iginalme nte en el presbiterio, tu vo que ser ubicado en la na ve centra l del te mpl o en respuesta al crecimient o qu e adquirió durante el medie vo, permitiendo, a la po stre, la conversión del ábside e cl esial en la segunda port ada de la iglesia. Consti tu ye la portada uno de los elementos m ás importantes de los te mpl os ecl es iales, o co nventua les, por cuanto qu e a tr avés de ella se hace ll egar al fiel un cúmulo de mensaj es que su carácter iletra do no le permite adquirir por m ed io de la lectu- • • 83 MÉNDEZ HERNÁN, Vicente (2002): “La obra de arte al servicio de la transmisión de ideas: los orígnees del retablo y su programa litúrgico”. En: Puertas a la Lectura, 15-16, pp. 83-85. DOI: 10.5281/zenodo.17297716
========== ======::::::zs m•------ ---- PUERTAS A LA LEC TU RA ra. Tal circunstancia ha hecho que a lo largo de la Historia se vierta un especial interés en la proyección de un programa adecuado que posibilitara al cristiano acceder a las claves necesarias con las que alcanzar el cielo y, por lo tanto, la salvación eterna, con todo lo que esto llevaba implícito de buenas costumbres y reglado comportamiento para con los demás, pero sobre todo para con la Iglesia, verdadero eje y motor de la sociedad durante los tiempos medievales, los modernos y gran parte de los hasta ahora vividos de la contemporaneidad; todo ello sobre todo referido al pueblo más llano. Cuando el fiel se disponía a entrar en el edificio siempre lo hacía por medio de un primer escalón simbólico e iconográfico, la portada, de la que era el retablo del presbiterio un contrapunto fundamental. Entrambas pantallas se creaba un camino, un sendero, una vía de salvación que permitía al creyente acceder a través de la porta coeli o puerta del cielo, quedando rodeado del entorno sacralizado donde era ensalzada la importancia de lo religioso y, ya en el siglo XVI, afirmada como corolario de las inquietudes trascendentales consensuadas en el Concilio de Trento. Pero la centuria de mil quinientos no fue sino la receptora de una tradición cuya consecución arrancaba de obras tan importantes para el occidente cristiano medieval como la iglesia de Santa María Magdalena de Vézelay, la fachada de San Pedro de Angulema, el famoso Pórtico de la Gloria del Maestro Mateo, en la Catedral de Santiago de Compostela, o las magníficas porta84 • • das góticas de las catedrales de Chartres, Nuestra Señora de París o Reims; paradigmáticas de lo que decimos son las portadas de la iglesia de San Pablo o el colegio de San Gregario, de Valladolid. Efectivamente, «durante el renacimiento y el barroco el templo gozó de dos fachadas: una externa, de acceso, indicadora y de piedra: la portada; y otra interna, aproximativa, refrendo de la oratoria sagrada y dorada: el retablo». La eficacia del mensaje didáctico desplegado en el retablo cobró importancia con el Concilio de Trento. En la sesión XXV, celebrada el 3 de diciembre de 1563 bajo el Pontificado de Pío IV, se encomendó la inv ocación, veneración, y reliquias de los santos, y de las sagradas imágene s a los obispos: «Enseñen con cuidado los obispos que por medio de las historias de nuestra Redencion, espresadas en pinturas, y otras copias, se instruye y confirma el pueblo, recordándole los artículos de la fe, y de su contínua observancia: ademas que se saca mucho fruto de todas las sagradas imágenes, no solo porque recuerdan al pueblo los beneficios y dones que Cristo le ha concedido; sino tambien porque se esponen á los ojos de los fieles los saludables egemplos de los santos, y los milagros que Dios ha obrado por su mediacion con el fin de que den gracias á Dios por ellos, y los imiten en su vida y costumbres; asi como para que se esciten á adorar, y amar á Dios, y practicar la piedad ». La exaltación de los sentidos pro- , r;,,f/ "!. ~ ~ ". ' movida en Trento para excitar la pi edad de los fieles tuvo en las representaciones plásticas su mejor reclamo. Las historias sagradas a las qu e el creyente podía acceder al entrar en el templo cumplieron muy bien con la finalidad de ser los garantes de una doctrina suficientemente argumentada: los dogmas representados reforzaban la ideología que, de mod o paralelo, la iglesia transmitía a los fieles a través del sermón. Asimismo, se cuidó que las imágenes guardaran el rigor iconográfico y se hiciera de las mismas un legítimo uso , retirando del templo aquellas que no cumplieran con los dogmas de la Fe: «( ... ) mas si se hubieren introducido algunos abusos en estas santas y saludables prácticas, el santo concilio desea ardientemente que se esterminen del todo; de suerte que no se coloquen imágenes de falsos dogmas, ni que den ocasion á los rudos de incurrir en peligrosos errores»
PUERTAS A LA LECTURA ____ lllll!IIIZ:C:.:: ======= ==::::::;;;;=;:::========= =----- La pre sencia en Trento del Obispo don Gutierre de Vargas Carvajal en 1551, fue s in duda el medio a través del cua l la Diócesis placentina -por poner un ejemplo de nuestra regi ón - pu so en práctica de forma inmediata lo s pos tulado s conciliares. De e ntr e todo s ellos, hay uno má s que conviene señalar: la ses ión XIII, cele brada el 11 de octu bre de 1551 bajo el Pontificado de Julio II, en salzó en sus capítulos I y V la impor - tancia del culto al Santísimo Sacramen to, de modo que la Euca ri stía se convirtió en el punt o focal del templo y el retablo en su custodio: «E n primer lugar enseña el sa nto Concilio, y clara y sencillamente confiesa que de s pu es de la consagracion del pan y del vino, se contiene en el gran sacramento de la san ta Eucaristía, ver dadera , r ea l y sustancia lmente nu es tro Señor Jesucristo, ver dad ero Dios y hombre , bajo l as especies de aquellas cosas sensibles ( ... )». « No queda pues moti vo alguno de duda en qu e todo s los fieles cristianos hayan de venerar este san tís imo sac ram e nt o, y prestar - le, segu n la costu mbre s iempr e observada en la Iglesia católica, el culto de latría que se debe al mi smo Dio s. Ni se le de be tributar menos a doracion po r que haya s ido instituido por Cristo Nuestro se ñor para r ec ibirle; pues cree mo s que está prese nte en él a qu el mi s mo Dio s, de quien el P adre eterno, al enviarle al mundo, dic e: Adórenle todos los Ang eles de Dios; el mismo á quien los Magos postrados adoraron ; y quien fina lm e nt e, seg un el testimonio de la Escr itura , fué adora - do por los apóstoles en Galilea. Declara además el sa nto Co ncili o, qu e la cos tumbr e introdu ci da en la Iglesia de Dios de celebrar con s ingular veneración y solemnidad to do s los año s, en cierto dia señalado y festivo, este sublime y venerable sacramento, y la de ser conducido en proce siones honorífi ca y r eve rente por las calles y l ugares públi cos, es muy pia y religiosa (. .. )». BIBLIOGRAFÍA MARTÍN GONZÁLEZ, Juan José, El R etablo Barroco en España (Madrid , 1993). PALOMERO P ÁR AMO, J esús M., D efinición, cronología, y tipología del retablo sevillano del Renacimie nto, en «Imafronte: El Retablo Español», n.0s 3-4-5 (1987-88-89). IDEM, El retablo como laboratorio de ideas, en «R ev i sta de A rt e Sevillano », n.0 1 (1982). PE ÑA VELASCO, Concepción de la, y HERNÁNDEZ ALBALADEJO, Elías, De la fachada al retablo . Un reco - rrido por los t emplos murcianos de l siglo XVIII, en « Ima fronte», n.0 10 (1994) (Murcia, 1996), pp . 69-94. ROGELIO BUE N DÍ A, José, Sobr e los ong enes estructurales del Retablo, en «Revista de la Universidad Complutense», T. º XXII, n.º 87 (1973), pp . 17-40. • • 85