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Canarias en la Fase Romana (circa s. I a.n.e. al s. III d.n.e.): los hallazgos arqueológicos

Atoche Peña, Pablo

Abstract

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27 Wien 2006 27 - 59Almogaren XXXVII / 2006 Pablo Atoche Peña1 Canarias en la Fase Romana (circa s. I a.n.e. al s. III d.n.e.): los hallazgos arqueológicos 2 Key words: Canary Islands, protohistory, colonization of islands, archaeological remains, Roman amphoras Abstract: Despite more than a hundred years having gone by since scientific interest in the first inhabitants of the canarian archipelago was aroused, there are still considerable gaps in knowledge as regards fundamental aspects of protohistorical canarian cultures, especially with reference to the process of discovery and colonization of the islands. In recent years, research has provided us with an increasing number of archaeological remains of western Mediterranean origin which are contextualised within the ambit of the colonial expansion of the Roman civilisation. Thus, the Roman culture plays an important role in the colonization of the islands. The aims of this paper are to determine this role as well as to draw attention to some of the resulting cultural and environmental consequences of human settlement on the islands. Zusammenfassung: Obwohl mehr als 100 Jahre vergangen sind, seit das Interesse an den kanarischen Ureinwohnern entstand, gibt es immer noch beträchtliche Lücken, was unsere Kenntnis grundlegender Aspekte der frühgeschichtlichen kanarischen Kultur betrifft – besonders im Hinblick auf den Prozess der Entdeckung und Besiedlung der Inseln. In den letzten Jahren hat uns die Forschung mit einer wachsenden Zahl von archäologischen Funden westmediterranen Ursprungs versorgt, die zum Umkreis der kolonialen Expansion der römischen Kultur gehören. Auf diese Weise spielt die römische Kultur eine wichtige Rolle bei der Kolonisierung der Kanarischen Inseln. Die Ziele dieses Aufsatzes sind es, diese Rolle zu bestimmen und die Aufmerksamkeit auf einige resultierende kulturelle und ökologische Folgen der menschlichen Besiedlung der Inseln zu lenken. Resumen: A pesar de haber transcurrido más de cien años desde que se inició el interés científico por los primeros habitantes del archipiélago canario, aún subsisten profundas lagunas en torno al conocimiento de aspectos fundamentales de las culturas canarias protohistóricas, en especial por lo que se refiere al proceso de descubrimiento y colonización de las islas. 1Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. 2Este trabajo formó parte de las ponencias presentadas en las Jornadas 2005 del Institutum Canarium, celebradas en Las Palmas de Gran Canaria del 23 al 25 de mayo de 2005. 28 En los últimos años la investigación nos ha ido proporcionando un número cada vez mayor de registros arqueológicos originarios del Mediterráneo occidental contextualizados en el ámbito de la expansión colonial romana. De esa manera, la cultura romana se nos presenta jugando un papel destacado en la colonización de las islas. Determinar ese papel es el objetivo de esta comunicación, al igual que apuntar algunas de las consecuencias culturales y medioambientales resultantes del establecimiento humano en las islas. Introducción Hace casi una década que, tras la publicación de un amplio conjunto de artefactos romanos de épocas republicana e imperial localizados en el sitio arqueológico de El Bebedero (Lanzarote), decidimos acometer la revisión de algunos conocidos elementos arqueológicos canarios 3 , cuya relectura terminó resultando muy reveladora de cara a fijar determinados acontecimientos que estuvieron en el origen y posterior desarrollo de la colonización del Archipiélago Canario y en la relación que aquélla mantuvo con fenómenos económicos, políticos y culturales contextualizados en la Antigüedad tardía mediterránea 4 . Las nuevas perspectivas que como consecuencia de lo anterior se abrían a la investigación de la etapa más antigua del devenir histórico de Canarias trajeron consigo nuevos interrogantes, entre los que nos preocuparon inicialmente dos. En primer lugar, determinar el nivel de conocimientos que las civilizaciones mediterráneas de la Antigüedad poseían de las islas; y en segundo lugar, delimitar cuál había sido el papel que pudieron jugar esas civilizaciones en el proceso de formación de las culturas protohistóricas canarias. Como resultado de nuestros trabajos en relación con la primera cuestión dimos a conocer el estudio titulado El conocimiento geográfico de la costa noroccidental de África en Plinio: la posición de las Canarias (Santana, Arcos, Atoche y Martín, 2002)5, con el que pusimos de manifiesto el alto nivel de conocimientos empíricos que hace dos milenios poseían las culturas mediterráneas acerca de las Islas Canarias. Para dar respuesta a la segunda cuestión hemos puesto en marcha un extenso programa de trabajo de campo en el que se han programado varias intervenciones arqueológicas en la isla de Lanzarote6, las cuales ya han comenzado a proporcionar algunos resultados 3Atoche et alii, 1997 y 1999; Santana et alii, 2002; Atoche, 2002. 4Atoche, 2002; Atoche, e.p. 5Ese trabajo se inscribió dentro de los estudios que realizamos en el marco del proyecto de la Dirección General de Enseñanza Superior e Investigación Científica PB98-0738 (Modelos de poblamiento humano en islas: incidencia romana en la colonización del Archipiélago Canario), financiado por la Comisión Interministerial de Ciencia y Tecnología dentro del Programa Sectorial de Promoción General del Conocimiento. 29 insospechados que, entre otros aspectos, demuestran la amplitud temporal y las razones económicas que motivaron la presencia romana en las islas (Atoche, 2003; Atoche e.p.). Pero además, los registros arqueológicos obtenidos están corroborando y completando la información contenida en las fuentes literarias greco-latinas, al tiempo que ponen de manifiesto que la relativa escasez que ha caracterizado esos registros hasta fechas recientes se debía más a un problema estructural originado en el tipo y la orientación metodológica de la Arqueología practicada en Canarias, marcada por el limitado interés que los investigadores han mostrado por cualquier elemento relacionado con la Antigüedad7, que por un supuesto aislamiento cultural de las gentes que se establecieron en las islas. Es así como en el ámbito de esa problemática no resulte extraño que determinados vestigios arqueológicos canarios relacionados con las civilizaciones fenicio-púnica y romana sólo se hayan podido adscribir a esas culturas a lo largo de la última década. Nuestra investigación se sustenta en un modelo teórico para explicar la colonización del Archipiélago Canario8 del que ha derivado una propuesta de fasificación de la Protohistoria canaria (Atoche, e.p.) (cuadro n 1), en la que diferenciamos cuatro etapas en el proceso de poblamiento humano de las islas9, de las que en este trabajo nos interesaremos por la primera, a la que denominamos de "descubrimiento, colonización y establecimiento" (circa s. 6Estos trabajos se desarrollan dentro de los estudios que estamos realizando en el marco del proyecto PI042004/130 (Efectos de la colonización insular. Transformaciones culturales y medioambientales en la Protohistoria de Lanzarote), financiado por la Consejería de Educación, Cultura y Deportes. Dirección General de Universidades e Investigación. Gobierno de Canarias. 7Es sintomático que los primeros hallazgos de elementos romanos no se comiencen a dar a conocer hasta la década de los años 60' del pasado siglo XX, si bien su carácter puntual hará que no pasen de ser considerados meras casualidades de escaso significado arqueológico, integrándose muy de soslayo en el discurso que intenta explicar las culturas canarias protohistóricas. 8Atoche y Martín, 1999; Atoche y Ramírez, 2001; Atoche, 2002. 9Nuestra propuesta de fasificación considera que la colonización del Archipiélago Canario fue un proceso que se prolongó a lo largo de casi un milenio y que dependió de factores económicos y políticos originados en el Mediterráneo occidental. Fue un proceso en el que se dieron discontinuidades a tres niveles diferentes: a nivel de la propia discontinuidad que es posible observar en todo proceso de colonización, acorde con el modelo preconizado por M.W. Graves y D.J. Addison (1995); a nivel de las variables que permiten explicar el cambio cultural que originó cada nueva etapa y/o fase, responsables de poner en marcha los motores del cambio cultural; y a nivel espacial, ya que la colonización y el establecimiento definitivo de población en cada una de las islas que integran el Archipiélago Canario no parece haberse producido simultáneamente (Atoche, e.p.). 30 X a.n.e. al s. III d.n.e.). Esa es una etapa coincidente con el inicio y posterior desarrollo de la exploración de los recursos del Atlántico africano por feniciopúnicos y romanos, lo que supuso el descubrimiento de los archipiélagos canarios10 , su colonización y el posterior establecimiento de los primeros humanos. Fue una etapa dinámica, como lo demuestra el hecho de que en ella se puedan diferenciar varias fases o micro-secuencias11 insulares sucesivas; en concreto: La "fase fenicia", que comprendería el descubrimiento y colonización inicial (circa ss. X al VI a.n.e.), con un desarrollo paralelo o coincidente con la exploración, valoración y explotación de la fachada atlántica africana y sus aguas realizados por parte de mercaderes y pescadores fenicios (gadiritas, lixitas, etc...) asentados en el occidente mediterráneo. La "fase púnica", que englobaría la colonización y el establecimiento definitivos (circa ss. VI al II a.n.e.). Durante esta fase se crearían las infraestructuras necesarias para la explotación agraria de las islas por medio del establecimiento en puntos estratégicos de asentamientos dotados con los elementos necesarios para facilitar la captación de los recursos insulares. A continuación se produciría un "hiatus", marcado por el fin de la presencia púnica (circa ss. II al I a.n.e.), coincidente con la caída de Cartago y el período de incertidumbre que ese hecho generó en las colonias dependientes de la metrópoli púnica, situación a la que pondría fin el interés romano por los territorios atlánticos del noroeste de África. En el proceso de colonización del Archipiélago Canario esta fase representa la crisis del modelo púnico de colonización, de menor intensidad, y su sustitución por el modelo romano, mucho más enérgico. Finalmente se desarrollaría la "fase romana", que supone la culminación de la colonización de todas las islas (circa ss. I a.n.e. al III d.n.e.). A partir del siglo I a.n.e. se reanudaría la presencia efectiva de gentes ajenas al archipiélago, un hecho que reflejan noticias como la que Sertorio recoge de los pescadores gaditanos hacia el 80 a.n.e. (Plutarco, Vita Sertorii, VIII), la cual 10En torno al cambio de Era la imagen que se poseía de las islas era la de dos archipiélagos distintos, uno continental cercano a las costas del continente africano, denominado de las Hespérides (Lanzarote y Fuerteventura), y otro oceánico, denominado de las Afortunadas (Gran Canaria, Tenerife, La Gomera, El Hierro y La Palma) (Santana et alii, 2002). 11Estas fases o micro-secuencias incorporan desarrollos culturales propios de algunas o todas las islas del Archipiélago Canario, las cuales pueden o no presentar correlación con determinadas fases del desarrollo cultural mediterráneo, según se hayan originado por fenómenos externos o a partir de procesos internos marcados por el síndrome de la insularidad. 31 ETAPAS DEL POBLAMIENTO HUMANO FASES CULTURALES O MICROSECUENCIAS INSULARES VARIABLES QUE EXPLICAN EL CAMBIO CULTURAL MOTOR DEL CAMBIO ISLAS COLONIZADAS FASE FENICIA (ss. X-VI a.n.e.) FASE PÚNICA (ss. VI-II a.n.e.) EXPANSIÓN COMERCIAL ATLÁNTICA Integración económica de las islas en los circuitos mediterráneos como productoras de materias primas (Cartago unifica la Fenicia occidental) Pobladas: las islas centrales (Tenerife y Gran Canaria) Colonizadas: las islas extremas (La Palma y Lanzarote) HIATUS (ss. II-I a.n.e.) CRISIS DEL MODELO PÚNICO DE COLONIZACIÓN 1ª ETAPA DESCUBRIMIENTO, COLONIZACIÓN Y ESTABLECIMIENTO (circa ss. X a.n.e.-III d.n.e.) FASE ROMANA (ss. I a.n.e.-III d.n.e.) INTENSIFICACIÓN ECONÓMICA EN EL ATLÁNTICO AFRICANO Expansión económica en la Mauritania Tingitana Intensificación económica: integración de la producción agrariopesquera canaria Se afianza la presencia humana en las islas pobladas y se produce el establecimiento definitivo de población en islas hasta entonces sólo colonizadas (p.e. Lanzarote, Fuerteventura o La Palma) 2ª ETAPA ABANDONO (circa ss. III-IV d.n.e.) Crisis políticoeconómica de las formaciones sociales paleocanarias 3ª ETAPA AISLAMIENTO (circa ss. IV-XIII d.n.e.) FASE CANARIA (circa ss. III-XIII d.n.e.) CONSTITUCIÓN Y DESARROLLO DE LAS CULTURAS INSULARES CANARIAS FIN DE LA DEPENDENCIA ECONÓMICA EXTERNA Y DESARROLLO DE PROCESOS ECONÓMICOS Y SOCIALES AUTÁRQUICOS Readaptación y diversificación de las formaciones sociales paleocanarias Pobladas: todas 4ª ETAPA ACULTURACIÓN (ss. XIV y XV d.n.e.) FASE DE DESTRUCCIÓN DE LAS CULTURAS INSULARES CANARIAS EXPANSIÓN COMERCIAL ATLÁNTICA Crisis generalizada de las formaciones sociales paleocanarias Pobladas: todas demuestra que a pesar de la crisis político-económica que estaba afectando al occidente mediterráneo los pescadores gaditanos no habían olvidado el itinerario que conducía a las islas, manteniendo así una costumbre que debieron iniciar los tartesios (García y Bellido, 1942). En consecuencia, navegantes romanos o romanizados procedentes del Círculo del Estrecho transitaron las aguas canarias hasta finales del siglo III o comienzos del siglo IV d.n.e. (Atoche et alii, 1995; Atoche y Paz, 1999), de tal manera que con la romanización del norte de África no se interrumpieron los contactos con Canarias; al fin y al cabo no habían desaparecido las razones que atrajeron a quienes decidieron iniciar su colonización. El término de la presencia romana en las islas se producirá hacia el siglo III d.n.e., coincidiendo con la crisis del Imperio Romano y el abandono por éste de buena parte de la provincia Tingitana, lo que puso fin a las actividades de un amplio número de factorías establecidas en la costa atlántica marroquí (Ponsich y Tarradell, 1965: 116117). A partir de esos momentos, las referencias escritas o arqueológicas de contactos del mundo mediterráneo o africano con Canarias hasta la llegada de Cuadro no . 1: Propuesta de fasificación para la Protohistoria canaria y de explicación del registro material a partir de las tendencias observadas en base a variables socio-económicas (Atoche, e.p.). 32 nuevos europeos a partir del siglo XIII, son escasas y poco estudiadas (Martínez, 1999). En consecuencia, la fase romana debió iniciarse coincidiendo con el control absoluto de Roma en el Magreb, bien mediante su gestión directa o bien mediante la imposición de monarcas dependientes, como Iuba II, responsable de poner en marcha un proceso de intensificación económica en la Mauritania occidental que se refleja, entre otros aspectos, por la reactivación de las fundaciones y los establecimientos industriales fenicio-púnicos del Atlántico africano, para lo que el monarca mauritano se valdrá del potencial técnico, económico y humano de las antiguas colonias semitas (Desjacques y Koeberlé, 1955; Ponsich y Tarradell, 1967; Ponsich, 1988). Se inició así un período de bonanza económica generalizada para la zona, durante el cual las Islas Canarias se convierten en un componente más del universo latino, una prolongación del mundo mediterráneo en el seno del Atlántico. I. Romanos en Canarias: el registro arqueológico En el I milenio a.n.e. las culturas mediterráneas conocían la existencia de islas tras las Columnas de Hércules, en el Océano occidental, uno de los confines de su mundo, hecho este último que contribuyó a que la geografía mítica situara ahí algunos de sus más reconocidos items (Jardín de las Hespérides, Islas de los Bienaventurados, Campos Elíseos, Atlántida,...). En ese contexto, no obstante, las Islas Canarias debieron constituir una realidad tangible para las poblaciones del Bronce final del Círculo del Estrecho y sin duda lo fueron para los fenicios establecidos en esa región desde finales del II milenio a.n.e. (Atoche y Ramírez, 2001). Sin embargo, serán precisamente estos últimos quienes alienten la visión mítica de la que hablamos, al menos hasta que en torno al cambio de Era fuera sustituida por otra más real surgida del pragmatismo romano y su interés por situar y reconocer las Canarias12 , patente en la expedición enviada por Iuba II al archipiélago, enmarcada en un 12La más antigua referencia conocida a una de las Canarias orientales se halla en la relación que hizo el geógrafo romano de origen griego Estrabón (Geog. II, 3, 4), en la última década del siglo I a.n.e., de los viajes que realizó el griego Eudoxo de Cícico por la costa atlántica africana a finales del siglo II a.n.e. Años más tarde, al mismo grupo de islas parece referirse la noticia que recoge Plutarco (Vidas Paralelas. Sertorio, VIII) cuando relata la estancia del general Sertorio en la desembocadura del Betis hacia el 83-82 a.n.e. En el siglo I d.n.e. los núcleos marineros del sur de la Península Ibérica habían adquirido un amplio conocimiento de la costa occidental africana como resultado de la frecuentación de un itinerario pesquero que, como señalara Estrabón (Geog., II, 3, 4), recorrían los pescadores que navegaban hasta el río Lixo. 33 contexto histórico que permite explicar porqué se inicia la presencia de gentes romanas o romanizadas en las islas13 y las consecuencias medioambientales que trajo para alguna de ellas (Atoche, 2003). Además de las diferentes noticias recogidas por las fuentes clásicas grecolatinas la arqueología también ha ido proporcionando un amplio conjunto de elementos arqueológicos que atestiguan una prolongada presencia de Canarias en los circuitos comerciales que en el Atlántico africano se organizaron en torno al Círculo del Estrecho. Los registros materiales procedentes de la cultura romana comienzan a recuperarse hace algo más de cuatro décadas, cuando de una manera accidental se inició en las islas lo que podríamos denominar la "arqueología romana en Canarias". El punto de partida estuvo en la sucesión de una serie de hallazgos de recipientes anfóricos en aguas de La Graciosa que fueron adscritos a la cultura romana del Bajo Imperio (Serra, 1966 y 1970; Pellicer, 1970) (fig. 1). Esa inicial adscripción cronológica y cultural alcanzó una amplia aceptación entre los investigadores, reproduciéndose hasta fechas muy recientes (Delgado, 1990; Mederos y Escribano, 1997 y 2002), una situación que fue sancionada a partir del momento en que esos recipientes se incorporaron a la forma Beltrán 74 (Beltrán, 1970: 575-576, fig. 237, n 2)14 , recibiendo el espaldarazo definitivo cuando J.M. Blázquez (1977: 48-49) no duda en identificar un nuevo conjunto de piezas, similares a las anteriores y recuperadas en idénticas condiciones, con ánforas romanas de los tipos Dressel 30 y 33 y Pelichet 47. Sin embargo, cuando acometemos la analítica petrológica de las pastas cerámicas de esos hallazgos se nos muestra una realidad diferente al comprobar que esos recipientes anfóricos son bajomedievales, o incluso más tardíos (Atoche et alii, 1995: 75-76). De hecho, la comparación morfológica con algunos de los estudios sobre botijas y botijuelas de los siglos XVI-XIX 13J.J. Jauregui (1954: 271-272), citando a J. Carcopino, señaló que Iuba II "... advertido por sus súbditos de Lixus, cuyos antepasados no habían podido navegar hasta Cerné, en el río de Oro, sin tocar en las Islas Canarias, subvencionó un reconocimiento de su archipiélago (...) por este crucero reanudó las relaciones que la marina púnica había mantenido clandestinamente con ellas y nos ha dejado, de las más próximas, una descripción que Plinio el Viejo recopiló abreviándola, y que no es despreciable en absoluto. (...) y nos da noticia muy exacta sobre la distancia que separa las Canarias de Mogador y sobre las direcciones sucesivas y, aparentemente, incoherentes, que deben seguir los veleros desde Mogador a las Canarias para utilizar la deriva de las corrientes. (...) podemos permitirnos pensar que este viaje tenía finalidad diferente a la del simple descubrimiento geográfico y que estaba ligado (...) a la política de enriquecimiento que practicó en todas partes y cuyo éxito no parece pueda ser discutido en Marruecos". 14Este investigador modificó con posterioridad sus opiniones iniciales asegurando su atribución al siglo XVI (vid. Atoche et alii, 1995: 9). 34 (Martín-Bueno et alii, 1985; Azkarate y Núñez, 1990/91) demuestra que la tipología de una gran parte de los recipientes encontrados en aguas canarias responde a anforetas medievales como las que se han recuperado con frecuencia en las costas americanas (Goggin, 1960; Borges, 1966; Peacock y Williams, 1986), utilizadas desde el siglo XVI para la iluminación o el transporte de vino, vinagre, aceite o pólvora (Martín-Bueno et alii, 1985: 42, fig. 3)15 . Descartados parte de esos hallazgos y algunos otros similares producidos con posterioridad, la relación de elementos de indiscutible procedencia romana con que contamos se ha ido estableciendo a lo largo de la última década, procedentes de dos yacimientos terrestres (El Bebedero y Rubicón) (Atoche et alii, 1995; Atoche y Paz, 1999; Atoche et alii, 1999; Atoche y Ramírez, 2001; Atoche, 2002; Atoche, 2003) y de diferentes hallazgos submarinos (Mederos y Escribano, 2002). I.1. Los hallazgos terrestres: El Bebedero y Rubicón En el contexto de la secuencia estratigráfica de El Bebedero, inserto en los estratos V y sobre todo en el IV, se registró un numeroso conjunto de elementos materiales entre los que identificamos casi un centenar de fragmentos cerámicos modelados a torno pertenecientes a grandes contenedores anfóricos, varios artefactos metálicos elaborados en hierro, cobre y bronce, y un abalorio de vidrio. La posición estratigráfica que ocupaban, las dataciones de C14, el estudio tipológico, además de las analíticas petrológica, metalográfica y vítrea efectuadas, nos permitieron asegurar su mayoritaria adscripción a la cultura romana, con unos límites temporales enmarcados entre finales de la República y los comienzos del Bajo Imperio Romano. De hecho, la serie de dataciones radiométricas que se poseen sitúan esos elementos en un marco cronológico que discurre desde el último cuarto del siglo I a.n.e. hasta el primer cuarto del siglo IV d.n.e.16 , lo que viene a significar que la presencia de gentes romanas y/o romanizadas en Lanzarote se prolongó durante al menos cuatro centurias. 15E. Gozalbes Cravioto en comunicación personal, nos asegura que ese tipo de anforetas son muy frecuentes en hallazgos bajomedievales de las costas africanas del Estrecho de Gibraltar. 16El Bebedero ha proporcionado una serie muy homogénea de fechas que sitúan la más antigua ocupación del lugar en el siglo I a.n.e.: 25 AC cal. (GrN-19194); 10 DC cal. (GrA2477); 65 DC cal. (GrN-15762); 125 DC cal. (GrN-19195); 165 DC cal. (GrN-15804); 415 DC cal. (GrN-19192); 1345 DC cal. (GrA-2463). Las dataciones se presentan calibradas mediante el programa OxCal v3.10 (University of Oxford. Radiocarbon Accelerator Unit), seleccionando un nivel de confianza de dos sigmas (entre el 90'7 % y el 95'4 %). 35 Para los artefactos metálicos la analítica demostró (Atoche et alii, 1995: 8088) que en unos casos correspondían a objetos de cobre (una aguja o pasador de broche, una anilla o arete y una lámina o fragmento de brazalete), a objetos de bronce (dos fragmentos de clavos de sección cuadrangular y un pequeño eslabón de cadena) y a objetos de hierro cuya avanzada oxidación imposibilitó identificarlos. Por lo que respecta al abalorio vítreo éste presenta una composición propia de los vidrios romanos altoimperiales (Op. cit., 88-96), identificándose con una pequeña cuenta de perfil cilíndrico y sección circular (Guido, 1978: 91-102) que, por su tamaño y forma, perteneció a un abalorio de los utilizados en joyería (Dusenbery, 1967: 48, fig. 50; Alarçao, 1976: 211). Si bien los elementos anteriores resultan determinantes para certificar la presencia de gentes romanas y/o romanizadas en Lanzarote, han sido la variabilidad formal, la diferente procedencia y la amplitud cronológica de los hallazgos anfóricos los elementos que nos han facilitado una información más precisa. No se recuperó ninguna vasija completa, pero la discriminación tipológica confirmó que en el casi centenar de fragmentos cerámicos modelados a torno se hallaban partes de un mínimo de once recipientes anfóricos (fig. 2), que una vez sometidos a análisis petrográficos (Atoche et alii, 1995: 44-71) permitieron diferenciar varios grupos cerámicos en base a las características litológicas y texturales, que a su vez determinan tres distintas áreas geográficas de procedencia para las materias primas con las que fueron fabricadas las ánforas. La petrografía permitió además correlacionar las muestras cerámicas analizadas con tipos anfóricos concretos de la clasificación propuesta por D.P.S. Peacock y D.F. Williams (1986). En síntesis, se han identificado contenedores fabricados en la Campania, correspondientes a las formas Class 3, 4 y 5 (Dressel 1A, 1B y 1C), datadas entre el siglo I a.n.e. y los inicios del siglo I d.n.e., los cuales originariamente servirían para el transporte de vino campano (Peacock y Williams, 1986: 8692). Un segundo grupo se fabricó en la Bética; se trata de contenedores correspondientes a las Class 25 y 26 (Dressel 20 y 23) (Op. cit.: 137-141) y a la forma Almagro 51C (Bost et alii, 1992: 146 y 198, fig 42, n 2), datadas entre el siglo I y el siglo V d.n.e., y destinadas originariamente a contener aceite y salazones del sur de la Península Ibérica. El tercer grupo se fabricó en el norte de África (Túnez) y atienden a la Class 40 (Benghazi MR 1) (Peacock y Williams, 1986: 175-176), de la que se desconoce cuál fue su destino explícito, y probablemente a la forma Africana I (pequeña), identificada con la Class 33 (Op. cit.: 153-154) y destinada sobre todo al transporte de aceite. Estas ánforas de origen tunecino se difunden por el Mediterráneo a partir del siglo II y hasta el siglo V d.n.e. 42 Además de la ruta de los atunes existió un segundo itinerario de acceso a las islas, al que hemos denominado la "ruta de las factorías" (Atoche, 2002: 345), el cual seguiría un derrotero costero propio de la navegación de cabotaje y del que tenemos una buena referencia a través del relato del Periplo de Hannón y de la expedición organizada por Iuba II a Canarias. Esta segunda ruta comparte con la primera su origen en el puerto de Gadir, si bien a partir de ahí realizaría un recorrido paralelo a la costa africana hasta alcanzar Lixus (Larache), lugar considerado (Aubet, 1987) como el punto de arranque de la vía meridional que conducía desde la colonización fenicia hasta las Islas Purpurarias (Essauira/Mogador) (Desjacques y Koeberlé, 1955), desde el cual Plinio el Viejo hace arrancar la ruta hacia uno de los archipiélagos mauritanos, el de las Afortunadas (La Palma, Gomera, Hierro, Tenerife y Gran Canaria). A partir de Essauira-Mogador la navegación podía dirigirse con dirección oeste hacia mar abierto buscando enlazar en las Islas Salvajes con la ruta de los atunes, para desde ahí arribar por el norte a las Afortunadas, o bien podía seguir paralela a la costa hasta alcanzar el Cabo de Iuba (Cabo Jubi), punto desde el cual se adentraría en alta mar con dirección oeste para contactar con las islas de las Hespérides (Lanzarote, Fuerteventura y La Graciosa). El itinerario de las factorías debió establecerse con anterioridad al siglo VII a.n.e. si tenemos en cuenta que existe constancia de su pleno funcionamiento en la segunda mitad de ese siglo, momento en el que mercaderes fenicios ya están establecidos en Essauira-Mogador, una colonia integrada junto con otras factorías en una amplia red dedicada a explotar los recursos de la costa noroccidental africana. A partir del siglo VI a.n.e. los cartagineses trabajarán por reforzar su presencia en esa vertiente del continente africano, fortaleciéndose la ruta de las factorías mediante la fundación de nuevas colonias, el objetivo más evidente encomendado por Cartago al almirante Hannón. Un periplo que también debió perseguir otros fines menos confesables en un documento que debía quedar expuesto a la curiosidad de todo el mundo en el templo de Baal Hammón, con toda probabilidad relacionados con el comercio del oro africano, una de las razones que para W. Huss (1993: 20) motivaría gran parte de las actividades fenicias en el actual Marruecos y que permitieron durante mucho tiempo que Essauira-Mogador se mantuviera en ese itinerario como baluarte en el comercio del oro procedente de África occidental23 . Con posterioridad Iuba II aprovechó las infraestructuras fenicio-púnicas de los islotes de Mogador para instalar una floreciente industria tintorera. 23J.J. Jáuregui (1954: 272) consideró necesario recalar en Canarias si lo que se pretendía era alcanzar Río de Oro ya que a la vuelta de ese destino sólo era posible remontar el Cabo Bojador alejándose de la costa. 43 Una vez en aguas canarias, el trayecto que seguirían las dos rutas señaladas estaría avalado por la existencia de una serie de jalones, representados por diferentes vestigios arqueológicos, tales como los hallazgos submarinos de ánforas, las representaciones grabadas de naves localizadas en puntos costeros del norte de La Palma (El Cercado. Garafía) (fig. 5), sureste de Tenerife (Barranco Hondo) (fig. 6), noreste de Fuerteventura (Barranco de Tinojay) o sitios costeros de recalada como Rubicón (sur de Lanzarote) (mapa n 1). Con respecto a las representaciones de naves, habría que señalar que en el Archipiélago Canario son frecuentes y localizadas por lo general en estaciones rupestres muy cercanas a la costa poniendo de manifiesto la continuidad temporal de un tipo de iconografía que arranca desde los mismos inicios de la colonización de las islas. Entre las representaciones conocidas destaca por el tipo de nave representada el conjunto de grabados localizado en El Cercado (fig. 5), en el vértice noroeste de la isla de La Palma, en una zona caracterizada por la antigüedad y amplitud de la ocupación humana, a escasa distancia de una costa donde se hallan dos buenos puertos naturales de obligado tránsito si lo que se pretende es recorrer el archipiélago en sentido oeste-este accediendo desde el norte, siguiendo precisamente el itinerario practicado por la flota enviada por Iuba II. En El Cercado se han representado dos embarcaciones fondeadas muy cerca la una de la otra, que si bien parecen responder al mismo tipo de nave, la conservación diferencial de los grabados no permite distinguir con total precisión una de ellas. La que aparece en primer plano está vista por su borda de estribor y presenta un casco asimétrico con el puntal de proa recto y elevado, rematado en un prótomo, y con la popa curvada y sobreelevada, en la que no aparece timón o remos timoneles; también carece de mástiles y velas. Son características morfológicas que responden a un tipo de iconografía ampliamente conocida en el sur de la Península Ibérica (Laja Alta, Cádiz) (Almagro-Gorbea, 1988) y otras regiones del Mediterráneo, como es el caso de Túnez (Longerstay, 1990: Pl. VI), en el que se reproduce un modelo de nave rápida del tipo galera. La presencia de esas representaciones en el noroeste de La Palma adquiere un especial significado si se considera que ese extremo de la isla debió ser la puerta de entrada occidental del archipiélago desde una etapa muy temprana de su desarrollo histórico. La otra estación rupestre significativa se halla en el sureste de Tenerife (La Negrita, Barranco Hondo) (fig. 6), en un punto de las medianías desde el que se domina gran parte del brazo de mar que separa las islas de Tenerife y Gran Canaria. En este caso se han grabado dos embarcaciones de diferente tipo que, como en el caso de El Cercado, también se han representado fondeadas muy cerca la una de la otra. En un caso, se trata de una nave de casco 44 asimétrico, con el puntal de proa recto y elevado, rematado en espolón, con la popa curvada y sobreelevada, en la que no aparece timón o remos timoneles. Presenta dos mástiles y aparejo sin velas. Sus paralelos son los mismos que hemos señalado para las naves de El Cercado, hallándonos en este caso ante otra galera morfológicamente muy próxima al tipo de la pentecontera. La segunda embarcación posee un casco curvo, simétrico, aparentemente sin remos y con un mástil para vela cuadrada, la cual se asemeja a las naves del tipo hippoi, derivadas de los pequeños cargueros fenicios de uso muy antiguo en el Egeo (Luzón, 1988: 458), donde a pesar de sus escasas posibilidades de carga fueron de gran utilidad tanto para el transporte local como para la pesca. Su uso se extendió en el Círculo del Estrecho a partir de la colonización fenicia con destino a actividades pesqueras y al tráfico de cabotaje. Por último, el sitio de Rubicón presenta la importancia de la situación geográfica que ocupa, de gran valor estratégico dentro del itinerario que tradicionalmente ha servido para entrar al archipiélago desde la cercana costa africana o salir de las islas siguiendo tanto la ruta anterior como la ruta de entrada norte. La posición extrema que ocupa Lanzarote en el archipiélago, relativamente próxima al continente, junto con los inagotables recursos pesqueros con que cuenta, constituyeron sin duda razones de peso para que en su extremo meridional Rubicón se convirtiera en paso obligado en la ruta de las factorías, tanto si se accedía al espacio marítimo de las islas siguiendo la costa norte de Lanzarote como si se hacía por la costa sur. En ese hecho geográfico radica la razón que explica su elección para ubicar en él un punto de recalada, su continuada utilización desde fechas muy tempranas por parte de navegantes fenicio-púnicos y que en época romana se decida mejorar y ampliar sus infraestructuras mediante la construcción de un nuevo pozocisterna que multiplicó la capacidad de captación de los recursos acuíferos del sitio y su potencial para contribuir al tráfico marítimo hacia y por las islas. III. Romanos en Canarias: cuándo y por qué Las referencias cronológicas que se poseen para los registros materiales romanos de Canarias son de dos tipos; por un lado, la serie de dataciones cronométricas obtenidas en El Bebedero, y por otro las referencias cronológicas que se derivan del tiempo de pervivencia que se le reconoce a cada uno de los diferentes tipos de ánforas que fueron fabricadas por los romanos. Estas últimas aportan las dataciones menos precisas debido a la longevidad que se dio en el uso de algunas formas, como son los casos de las Class 25 y 26 o de la Almagro 51C, utilizadas entre los siglos I y V d.n.e. Por el contrario, la serie de fechas de El Bebedero permite delimitar con más precisión los 45 momentos iniciales y finales de la presencia romana en Lanzarote, correlacionándose con dos momentos históricos que marcaron el punto de partida y el momento final de un extendido fenómeno económico desarrollado en la cercana costa africana: el periodo de revitalización y ampliación a cargo de Iuba II de la actividad productiva en las antiguas factorías de salazones fundadas por los navegantes fenicio-púnicos en el litoral de la Mauretania Tingitana (siglos I a.n.e.-I d.n.e.), y el momento marcado por la crisis políticoeconómica que afectó al Imperio Romano en el siglo III d.n.e. A partir de finales de ese siglo la presencia romana al sur de Volubilis fue sólo testimonial, finalizando de forma definitiva hacia mediados del siglo V d.n.e., en un instante coincidente con el abandono del establecimiento de Essauira-Mogador y el declive final de la industria de salazones, la cual irá decayendo lentamente en todo el occidente mediterráneo hasta alcanzar, en algún caso, el siglo VI d.n.e.24 Más al sur, a lo largo de la costa atlántica subsahariana, la presencia de elementos culturales romanos perdura hasta el siglo IV d.n.e., como lo atestiguan entre otros los hallazgos monetarios de Costa de Marfil (Picard, 1978: 22-24). En consecuencia, la fecha en la que se produjo la expedición enviada por Iuba II de Mauritania a Canarias25 debe considerarse el punto de partida de la presencia en las islas de gentes romanas y/o romanizadas, una presencia motivada por razones que sin duda hay que rastrear en la prosperidad económica alcanzada por la Mauretania Tingitana tras su incorporación al Imperio, la cual concluye en la segunda mitad del siglo III d.n.e., coincidiendo con la profunda crisis que afecta a todo el Imperio y que trae consigo la anarquía militar, invasiones, revueltas indígenas y graves problemas económicos. Tal estado de inseguridad general dificultó las comunicaciones y propició la crisis del aparato productivo así como la tendencia hacia una economía autárquica; consecuentemente, decreció la producción y el comercio, los productos escasearon y, como resultado, se estanca la actividad ciudadana y muchos centros urbanos reducen su superficie, despoblándose amplias zonas fértiles (Rémondon, 1973: 36-37). En el norte de África, esa situación alcanzó su punto álgido en tiempos de Diocleciano, cuando se evacua el extremo meridional de la Tingitana, el más próximo a Canarias, haciendo que a partir del 24En el mapa n 2 recogemos diferentes dataciones de yacimientos canarios correspondientes al desarrollo de la fase romana. 25Para la expedición enviada por Iuba II a las Canarias hemos propuesto una probable fecha ubicada entre el año 25 a.n.e. y los años 12/7 a.n.e., período de tiempo que abarcaría desde el inicio de su reinado en la Mauretania hasta un momento de expansión territorial del Imperio Romano (Santana et alii, 2002: 243). 46 siglo IV d.n.e. el río Loukus sea la nueva frontera (Rebuffat, 1992). Como resultado, durante el Bajo Imperio se produce la práctica desaparición de la amplia actividad comercial anterior y con ella uno de sus soportes principales, la industria de salazones. Las factorías de la costa atlántica de la Mauritania reducen drásticamente su número y el volumen de la producción, la cual se orientará a partir de entonces a cubrir casi exclusivamente las necesidades locales. Esa situación de crisis y posterior transformación de las estructuras económicas mauritanas debió ser sin duda la razón del cese de la actividad romana en las islas y su consecuente aislamiento. Si la romanización del norte de África trajo consigo el relanzamiento económico de la zona y un incremento del flujo comercial, en declive tras la caída de Cartago, necesariamente debió también revalorizar los recursos del Archipiélago Canario, incorporándolo a la órbita comercial y de difusión cultural romana26 en una etapa histórica durante la cual están presentes en la Mauritania como obra directa de Iuba II, marinos, pescadores, personal especializado, depósitos y factorías, así como una red comercial organizada en función de la industria pesquera. De ahí que las razones objetivas del interés del mundo romanizado por las islas las encontremos ineludiblemente en la cercana fachada atlántica africana, en la explotación económica desarrollada tras la ocupación romana de la Mauretania Tingitana, y especialmente en el ámbito de la actividad económica con mayor desarrollo desde época bajorrepublicana: las pesquerías y las diversas actividades a ellas vinculadas. En islas como Lanzarote, sitios como El Bebedero, que contaban con maretas capaces de proporcionar el agua necesaria para sustentar actividades productivas derivadas del aprovechamiento industrial de cabras y ovejas como atestiguan la gran cantidad de restos óseos pertenecientes a ovicápridos recuperados, permiten reconocer cuál fue la actividad principal que se desarrolló en esas factorías ganaderas, activas estacionalmente. Anualmente, durante los meses de febrero a abril, se procedería a sacrificar las cabras y ovejas obteniéndose unas materias primas (carne, pieles,...) que una vez procesadas generarían unos productos destinados a su consumo en mercados mediterráneos, a donde llegarían probablemente a través del puerto de Gades mediante la intermediación de marinos del Círculo del Estrecho. El carácter estacional de esa actividad la hemos deducido a partir de las características biométricas de las osamentas de cabras y ovejas depositadas en El Bebedero, las cuales corresponden a animales sacrificados cuando tenían 26Para M. Almagro-Gorbea (1994: 23) el Imperio Romano "... supuso la integración de todas las tierras hasta entonces conocidas, incluidas las zonas atlánticas, en la misma unidad socio-económica". 47 una edad de entre 16 y 18 meses (Atoche et alii, 1989). Si ese dato lo ponemos en relación con el período en que se producen los partos en esas dos especies domésticas (durante los meses de octubre y diciembre) (Atoche, 1992-1993: 92), se desprende que los sacrificios debían iniciarse durante el mes de febrero y se prolongaban hasta el mes de abril, justo cuando en la Antigüedad finalizaba el período del año en el que las condiciones meteorológicas cerraban el mar a la navegación y se iniciaba la estación en que se consideraba segura27 (mayo, junio, julio y agosto) (cuadro n 2). Ese momento coincidía a su vez en el Atlántico canario-africano con el inicio de las migraciones de túnidos desde el Golfo de las Guineas, lo que se aprovechaba para reanudar la pesca de túnidos y escómbridos, base de una floreciente industria de salazones en el Círculo del Estrecho entre los siglos I a.n.e. y III d.n.e., actividad económica que había conducido durante largo tiempo a los pescadores gaditanos hasta aguas canarias y a Iuba II a restaurar las factorías de salazones de pescado y garum en la Mauritania occidental. Cuadro n 2: Distribución anual de las actividades productivas en Lanzarote durante la fase romana (circa s. I a.n.e. al s. III d.n.e.). OCTUBRE NOVIEMB. FEBRERO MARZO ABRIL MAR ABIERTA PESCA DE ATUNES Y ESCÓMBRIDOS SIEMBRA DICIEMB. MAYO JUNIO ENERO SACRIFICIOS COSECHA JULIO AGOSTO SEPTIE. PARTOS Por tanto, en El Bebedero y otros lugares similares de Lanzarote, las actividades relacionadas con la transformación de los productos derivados del ganado doméstico se realizaron durante los meses previos al inicio de la temporada de pesca de atunes28 y escómbridos, integrándose dentro de una organización de la producción que incluyó dos actividades productivas que se 27En el Mediterráneo antiguo la navegación a vela dependía de la meteorología, sucediéndose dos sistemas atmosféricos opuestos: en verano un régimen anticiclónico que favorece el buen tiempo y la navegación por la regularidad de los vientos, mientras que en invierno el paso continuo de depresiones genera un ambiente inestable, poco adecuado para una navegación regular. Por tanto, en verano el mar estaba abierto a la navegación y en invierno cerrado, abarcando la estación cerrada desde mediados de septiembre a mediados de mayo. En el Atlántico canario la relación es similar, dándose el caso de que el acceso a las islas durante el verano se ve favorecido por los regulares vientos alisios y las corrientes. 28En El Bebedero también se han registrado restos de ictiofauna perteneciente a peces de gran tamaño, un hecho que nos pone sobre la pista de aquella otra actividad, la pesca de atunes y escómbridos para la fabricación de salazones, que debió conformar el proceso productivo implantado en la isla. 48 alternaban a lo largo del año29 . Todo ello como consecuencia de un fenómeno de intensificación económica centrado en el aprovechamiento de recursos insulares hasta entonces no explotados y orientado a satisfacer la demanda exterior de carnes en salazón, cueros curtidos,..., el cual contrasta sustancialmente con los limitados procesos productivos desarrollados hasta el siglo I a.n.e. en la isla. A partir del siglo IV d.n.e., la interrupción de la presencia de navegantes mediterráneos provoca el cese de la actividad y el abandono en esa isla del grupo humano allí asentado, el cual se verá obligado a reorientar sus actividades subsistenciales hacia un modelo autárquico. A partir de esos momentos, las referencias escritas o arqueológicas de contactos del mundo mediterráneo o africano con Canarias son escasas hasta que se produzca la llegada de nuevos europeos a partir del siglo XIII. En consecuencia, serían gentes procedentes de los ambientes romanizados del Círculo del Estrecho quienes decidieron organizar la definitiva explotación económica de Lanzarote, mediante el desarrollo de una intensa actividad ganadera, lo que se refleja en la manera diferencial en que se ocupó el territorio: hasta el siglo IV d.n.e. mediante un patrón disperso basado en asentamientos de pequeña entidad orientados a la realización de actividades agropecuarias y a partir de ese momento en núcleos urbanos concentrados (Atoche, 1993). IV. Discusión y conclusiones Los elementos romanos recuperados en Canarias son un reflejo tanto de viajes puntuales como de la presencia activa de gentes romanas y/o romanizadas en las islas a lo largo de casi cuatro siglos, un espacio de tiempo lo suficientemente amplio como para que no se puedan considerar sólo meros hallazgos casuales resultado de visitas accidentales o naufragios. De mantener esto último, tendríamos que considerar que las amplias zonas romanizadas del cercano continente dieron la espalda a las islas del Océano y a las enormes posibilidades económicas que en ellas se encontraban, circunstancia que no responde en absoluto a la forma en que solía actuar el Imperio Romano. En consecuencia, de lo que se ha señalado hasta ahora se desprenden algunas conclusiones. 29De las factorías ganaderas derivarían no sólo salazones, sino pieles que convenientemente tratadas, como parecen indicar los artefactos relacionados con ese tipo de actividad registrados en El Bebedero, debían constituir unos muy adecuados contenedores para las carnes y, por qué no, para las salazones de pescado. En consecuencia, nos hallamos ante la integración económica de dos actividades que se convierten en complementarias al llevarse a cabo en periodos de tiempo sucesivos y por suministrar la ganadera elementos para la pesquera. 49 En primer lugar, que existen suficientes evidencias arqueológicas y literarias para poder asegurar que al menos entre los siglos I a.n.e. y III d.n.e. se produjo la presencia continuada y activa de gentes romanas y/o romanizadas en Canarias. En segundo lugar, que los hallazgos de procedencia romana registrados en El Bebedero están enmarcados en un contexto estratigráfico marcado por la presencia de numerosos restos óseos de ovicápridos que indican el desarrollo de una intensa explotación ganadera entre los siglos I a.n.e. y III d.n.e. coincidente con el inicio de los intereses romanos en el Atlántico africano, de tal manera que debieron ser gentes procedentes de los ambientes romanizados del Círculo del Estrecho los responsables de iniciar la explotación económica de los recursos de Lanzarote. En tercer lugar, que los hallazgos de procedencia romana no pueden calificarse como productos de lujo o importaciones selectivas ya que se trata de objetos cotidianos, acordes con los que solían llevarse en una nave de la época y con algunos de los registros materiales recuperados en las factorías pesqueras romanas de la costa de la Mauritania, como la de Essauira-Mogador. De esos artefactos tanto las ánforas de El Bebedero como las recuperadas en distintos puntos costeros del archipiélago, fueron fabricadas en origen para el transporte mercantil de tres productos básicos del comercio mediterráneo de la época (vino, aceite y salazones), unos productos de amplio consumo que, apoyándonos en los análisis petrográficos de los contenedores procedentes de El Bebedero, procedían originariamente de puertos ubicados en tres regiones mediterráneas distantes entre sí: la Campania italiana, Túnez y la Bética en el sur de la Península Ibérica. Esa triple procedencia contextualiza los hallazgos canarios en una extensa área, si bien lo más probable es que esos elementos procedieran de un único puerto de origen, Gades, ya que éste era el responsable de canalizar gran parte de las exportaciones e importaciones con origen en la provincia norteafricana; unos productos que en muchas ocasiones procedían a su vez del comercio generado en los circuitos comerciales del Mediterráneo centro-occidental. De hecho, gran parte de los productos mauritanos, principalmente derivados de actividades agrarias y pesqueras, pero también obtenidos de intercambios con las poblaciones bereberes, tuvieron como punto de destino la ciudad de Gades, desde donde convertidos en producciones béticas se distribuían para su consumo por todo el Imperio. Por último, no hay que olvidar que además de los elementos arqueológicos de procedencia estrictamente romana que se han señalado en este trabajo, en los contextos arqueológicos canarios es posible determinar la presencia de otros muchos aspectos culturales derivados de la civilización romana. No se 50 trata sólo de artefactos, de cultura material, sino también de elementos que se hallan reflejados en parcelas concretas del universo cultural que mejor resisten en toda comunidad humana los embates de las influencias exteriores. Dos ejemplos de lo que decimos pueden ser determinados tipos de molinos de mano localizados en Tenerife o Lanzarote o una de las formas de escritura documentadas en las islas, la neopúnica, basada en un alfabeto de origen latino. Estamos pues ante un grupo de población procedente del norte de África que hizo suyos un buen número de elementos de la cultura fenicio-púnica y romana en un claro proceso de aculturación. Las Palmas de Gran Canaria, 25 de enero de 2006 Bibliografía: Almagro-Gorbea, M., 1988. Representaciones de barcos en el arte rupestre de la Península Ibérica. Aportación a la navegación precolonial desde el Mediterráneo oriental. Congreso Internacional "El Estrecho de Gibraltar", t. I, 389-398. Almagro-Gorbea, M., 1994. La navegación prehistórica y el mundo atlántico. En: Guerra, exploraciones y navegación: del mundo antiguo a la Edad Moderna. Col. Cursos, Congresos e Simposios, 13, 13-35. Universidad da Coruña. Amadasi, M., 1992. Notes sur les graffitis phéniciens de Mogador. En: Lixus. Actes du colloque organisé par l'Institut des Sciences de l'Archéologie et du Patrimoine de Rabat avec le concurs de l'École Française de Rome, (Larache, 1989), 691-704. Arco, M C., R. González, R. de Balbín, P. Bueno, M C. Rosario, M M. del Arco y L. González, 2000. Tanit en Canarias. Eres (Arqueología), 9 (1), 4365. Atoche, P., M D. Rodríguez y M A. Ramírez, 1989. 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