Arqueología de la muerte en la Protohistoria de Fuerteventura (Islas Canarias)
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181 Arqueología de la muerte en la Protohistoria de Fuerteventura (Islas Canarias) Julia Lecuona Viera1y Pablo Atoche Peña2 1Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. Programa de Doctorado. España. 2Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. España. E-mail:[email protected] RESUMEN: Proporcionamos un avance de los resultados del análisis de los restos óseos humanos procedentes de diversos yacimientos de la isla de Fuerteventura depositados en los fondos museísticos del Cabildo Insular. Este trabajo se ha llevado a cabo desde un enfoque bioarqueológico y tiene como finalidad avanzar en el escaso conocimiento que se tiene acerca de los grupos de población que habitaron esa isla antes de la llegada de los conquistadores europeos en el siglo XV. Nuestra investigación nos ha permitido alcanzar una serie de conclusiones bioculturales fundamentales para la reconstrucción de la realidad de las comunidades protohistóricas majoreras. El hecho de tratarse de un trabajo que incide tanto en los aspectos bioantropológicos como en los arqueológicos de la muestra analizada, nos ha permitido ampliar el espectro de los resultados y alcanzar interpretaciones derivadas de una muy positiva discusión interdisciplinar. P ALABRAS CLAVE :Fuerteventura; Bioarqueología; creencias y ritos funerarios; interpretaciones bioculturales. K EYWORDS :Fuerteventura; Bioarcheology; beliefs and funerary rituals; biocultural interpretations. Introducción Los hallazgos funerarios han suscitado a lo largo del tiempo un gran interés no sólo para los arqueólogos, sino también para el público en general, atraídos por la espectacularidad de algunas construcciones y la riqueza de los ajuares. Como disciplina científica, la Arqueología de la muerte tiene sus antecedentes en Europa a finales del siglo XVIII y todo el siglo XIX, periodo de tiempo durante el cual diferentes tipos de enterramientos prehistóricos, en especial los de carácter tumular, fueron excavados por eruditos impulsados, la mayor parte de las veces, por el interés nacionalista de encontrar los restos de los antepasados de las poblaciones locales. Con el paso del tiempo esa materia de investigación adquirió un mayor impulso debido a la potenciación de los estudios regionales y locales, a lo que contribuirá la creación de los primeros museos, centros para los que era más rentable, tanto desde la perspectiva económica como desde la expositiva, la excavación de necrópolis que la de cualquier otro tipo de yacimiento. En el Archipiélago Canario, la Arqueología funeraria se ha ocupado principalmente de los restos protohistóricos pertenecientes a las primeras formaciones sociales establecidas en las islas, las cuales se vieron sometidas durante el siglo XV a un proceso de conquista efectuado por una sociedad más avanzada técnicamente, lo que supuso la implantación de una cultura totalmente novedosa y la práctica desaparición de la anterior. Como resultado directo de ese hecho, en la actualidad disponemos de crónicas que narran tanto la propia conquista como el modo de vida de los habitantes insulares, circunstancia que constituye una ventaja con respecto a la Prehistoria europea al disponer de una fuente escrita que apoya los estudios arqueológicos. Sin embargo, esas fuentes de información, si bien en un principio parecen facilitar la investigación, en ocasiones también suponen un auténtico lastre difícil de liberar, debido a que con P. Atoche, C. Rodríguez & Mª. A. Ramírez (eds.), 2008 MUMMIES AND SCIENCE. WORLD MUMMIES RESEARCH
excesiva frecuencia se ha extrapolado hacia el pasado el momento concreto descrito por dichas crónicas, generalizando unos hechos tardíos y puntuales a un período mucho más amplio, al tiempo que se obvia la evidencia de que esa misma civilización conquistada haya tenido su propio proceso evolutivo. Junto a la particularidad anterior, otra característica propia de la Arqueología en Canarias lo constituye la fuerte ligazón que tradicionalmente ha existido entre la Antropología y la Arqueología, tal y como ha señalado F. Estévez (1987, 16): “...las distintas visiones o imágenes que en diferentes épocas, se han ido conformando de los antiguos canarios se instruyeron en gran medida desde los enfoques teóricos e ideológicos derivados de los estudios antropológicos”. Historia de la investigación Si nos preguntamos qué es lo que realmente sabemos acerca de los rituales funerarios y la bioantropología de las poblaciones protohistóricas de la isla canaria de Fuerteventura, la respuesta que obtendremos sería nada o casi nada. La veracidad de tal respuesta se comprueba con sólo revisar la historiografía que se ha ocupado de esos temas, en la que lo primero que se constata es la acusada indiferencia que ha existido por parte de la comunidad científica con respecto a la Protohistoria de esta isla, un hecho que en gran medida constituye la tónica general que ha venido siguiendo tradicionalmente la investigación arqueológica en Canarias si se exceptúan los casos de las islas de Gran Canaria y Tenerife. Junto a la anterior, una segunda constante presente en la historiografía lo constituye la íntima relación que tradicionalmente se ha establecido entre los fenómenos culturales observados en Lanzarote y Fuerteventura, hasta el punto de que suelen solaparse y compararse los hallazgos y las circunstancias observadas en ambas, sobre la base de las numerosas similitudes de todo tipo que existen entre las dos islas más orientales del Archipiélago Canario. No obstante, tenemos que reconocer que en los últimos años se ha producido un discreto avance que ha suscitado el creciente interés por esta isla entre los investigadores de nuestro pasado. Desde la perspectiva historiográfica, la investigación desarrollada hasta la actualidad se puede agrupar en tres grandes etapas cronológicas atendiendo tanto al tema en el que se han centrado los estudiosos como a la metodología desarrollada. La primera etapa abarcaría desde el final de la conquista bethencouriana hasta el siglo XIX, la segunda etapa comprendería todo el siglo XIX y los inicios del XX, mientras que la tercera englobaría el resto del siglo XX. Durante la primera etapa se pueden diferenciar tres grandes bloques cronológicos en el seno de las fuentes documentales que tienen como epicentro la conquista de las islas (Cabrera, 1996, 29). Para nosotros también se trataría de bloques temáticos, ya que cada uno de ellos fija la atención en la investigación de un aspecto concreto. Así tenemos: - Textos anteriores a la conquista bethencouriana: en este grupo sólo contamos con el relato de Nicoloso da Recco acerca de la expedición portuguesa de 1341, la cual visita las islas y señala un posible desembarco en Fuerteventura. - Textos coetáneos a la conquista bethencouriana: en este grupo destacan sobremanera las crónicas francesas de la conquista, Le Canarien, las cuales se elaboraron movidas por resaltar las hazañas bélicas de los conquistadores normandos. Sin embargo, en ellas resulta posible rescatar alguna información relativa al grupo social que por entonces habitaba la isla de Fuerteventura. - Textos posteriores a la conquista bethencouriana: en este bloque sobresalen tres trabajos, la obra del genovés L. Torriani Descripción e Historia del Reino de las Islas Canarias… publicada a finales del siglo XVI (1592), la Historia de la conquista de las siete islas de Canaria de Fray J. de Abreu Galindo elaborada a comienzos del siglo XVII (1602), y por último Noticias de la Historia General de las Islas Canarias de J. de Viera y Clavijo escrita en el último cuarto del siglo XVIII (entre 1772-1783). De los bloques temáticos señalados destacan las aportaciones efectuadas por Abreu Galindo, quien proporciona una extensa información que recogerán con posterioridad la casi totalidad de los investigadores. El citado erudito abarca en su obra un amplio espectro de temas concernientes a la Historia de las islas, comenzando con el problema del ori182 J. Lecuona & P. Atoche
183 Arqueología de la muerte en la Protohistoria de Fuerteventura (Islas Canarias) gen del poblamiento, del que asegura una clara procedencia africana1. También intenta explicar la procedencia de las denominaciones de las diferentes islas, llamando a la de Fuerteventura Fortuite y Herbaria en atención a la cantidad de hierbas y forraje que poseía a lo largo de su geografía. Por lo que a las actividades económicas se refiere, Abreu Galindo asegura que los habitantes protohistóricos de Fuerteventura desarrollaban una actividad sustentada básicamente en la ganadería, centrada en el pastoreo de cabras mediante un sistema de explotación consistente en la suelta comunal, una actividad productiva que se complementaba con la agricultura y la pesca: “... el ganado desta isla de Fuerteventura es el más sabroso de todas las islas; el cual anda suelto por toda la isla...” (1977 [1602], 59). “Cógese en estas dos islas [Lanzarote y Fuerteventura] mucho trigo (...) y también mucha cebada” (Op. cit., 61). “Eran grandes nadadores, y a palos mataban los peces” (Op. cit., 56). Al mismo tiempo Abreu lleva a cabo una amplia descripción de la sociedad aborigen, tratando casi todos los aspectos de la misma; ése es el caso de la vestimenta utilizada por ambos sexos, el sistema de jefatura y las formas de enjuiciamiento y ejecución, los métodos constructivos de las casas,…, o determinados aspectos relacionados con las creencias y los rituales funerarios. Precisamente sobre esto último J. de Abreu Galindo asegura que los insulares tenían una religión monoteísta que desarrollaba rituales de adoración: “Adoraban a un dios levantando las manos al cielo. Hacíanle sacrificios en las montañas, derramando leche de cabra en vasos que llaman gánigos, hechos de barro” (Op. cit., 57). La segunda etapa de la historiografía arqueológica dedicada a la Protohistoria de Fuerteventura abarca el siglo XIX y los inicios del siglo XX. Durante ese periodo de tiempo, la investigación desarrollada en la isla de Fuerteventura no fue ajena a la pujante corriente antropológica que imperaba en la comunidad científica canaria, propiciada por el descubrimiento del Hombre de Cro-Magnon y por la escuela antropológica francesa. Es una corriente que por entonces marca las tendencias en toda Europa, siendo su principal representante en Canarias el francés R. Verneau, quien centró sus estudios en la determinación de las características físicas de los aborígenes canarios. Las numerosas semejanzas físicas entre el Hombre de Cro-Magnon y el aborigen canario, focalizó la investigación en la realización de descripciones biométricas de los restos humanos que se iban recuperando, si bien de una manera absolutamente anárquica y totalmente falta de criterios científicos hasta el punto de que sólo interesaban los restos craneales, convirtiéndose el cráneo en el epicentro de todos los estudios elaborados a lo largo de ese siglo, lo que dio unos resultados limitados y en gran medida sesgados, y lo que es peor aún, que en la actualidad los museos canarios sólo conserven de esa época numerosos cráneos pero tan sólo algunos huesos largos. Al término de esta segunda etapa, con el arranque del siglo XX, se observa un cambio al imponerse en Europa el modelo difusionista para explicar cualquier modificación cultural en las sociedades prehistóricas. En Canarias esa nueva tendencia estará representada por J. Pérez de Barradas, quien concentró sus esfuerzos en encontrar el área de procedencia de aquellos primeros pobladores. Durante la década de los años 40’ de la pasada centuria se inició la última de las tres etapas propuestas, siendo el punto de inflexión la creación de las Comisarías Provinciales de Excavaciones Arqueológicas. Es una etapa cuyo mayor exponente fue S. Jiménez Sánchez, comisario de excavaciones arqueológicas para la provincia de Las Palmas, cuyas aportaciones permiten establecer las bases de la Arqueología científica en Fuerteventura (Cabrera, 1996, 18). No obstante, sus contribuciones se verán reducidas debido a que su labor se limitó a la descripción de los artefactos recuperados (Bernal, 1999, 533), observándose amplias lagunas cuando se pretende localizar muchos de los lugares inves1“Y que esto sea verdad, que hayan venido de África los primeros pobladores de estas islas, lo da a entender la proximidad que hay de la tierra firme de África con estas islas (...). También me da a entender que hayan venido de África, ver los muchos vocablos en que se encuentran los naturales destas islas con las tres naciones que había en aquellas partes africanas, que son berberiscos y azanegues y alárebes” (Abreu Galindo, 1977 [1602], 31).
tigados o comprobar su adscripción cronológica, ya que la mayoría son considerados prehistóricos cuando realmente pertenecen a época histórica (Cabrera, 1996, 18). La siguiente actividad arqueológica que se lleva a cabo en la isla la efectúa E. Serra Ràfols con el objetivo fundamental de localizar y estudiar los castillos bethencurianos. Ya en la década de los años 70’ el Departamento de Arqueología de la Universidad de La Laguna lleva a cabo la elaboración de la Carta Arqueológica de Fuerteventura, primera catalogación sistemática de los yacimientos conocidos, labor que paralelamente se complementa con la realización de las primeras campañas de excavación sistemáticas que conoce la isla. En la actualidad, durante los últimos años se han sucedido diferentes trabajos y publicaciones acerca de la Protohistoria de Fuerteventura, en su mayoría originados en la citada Carta Arqueológica, cuya revisión y actualización se produjo entre los años 1987 y 1994. Los estudios sobre Arqueología de la muerte y Bioantropología en la isla de Fuerteventura Por lo que respecta a la investigación en el ámbito de la Arqueología de la Muerte y la Bioantropología la situación no resulta mucho más boyante que la que se da para el resto del archipiélago en general, son numerosas las carencias y lagunas de conocimiento que existen si se compara con la situación de las islas centrales, lo cual tiene mucho que ver con el hecho de que los investigadores no hayan dispuesto de un número suficiente de registros materiales para efectuar sus estudios debido a la escasez de restos humanos recuperados. A lo anterior hay que añadir el agravante que supone que muy pocos de esos restos se hayan rescatado siguiendo procedimientos metodológicos rigurosos, ya que en su mayoría proceden de hallazgos fortuitos o de antiguas excavaciones efectuadas sin una adecuada metodología científica. La negativa situación descrita se hace aún algo más crítica si tenemos en cuenta que gran parte de los yacimientos funerarios conocidos se han visto sometidos a frecuentes expolios y robos. En definitiva, todo lo anterior no ha hecho más que dificultar su estudio, explicando la parquedad de información disponible, la cual necesariamente debe comenzar por ofrecer una visión diacrónica de la historiografía e investigaciones llevadas a cabo hasta la actualidad. Por lo tanto, es obligado comenzar por la información obtenida a través de las fuentes escritas, donde parece que el único hecho claro es, por lo que al campo de la Bioantropología se refiere, la gran altura que tenían sus habitantes, hecho que asombró a todos los que escribieron sobre ellos hasta el punto de calificarlos de gigantes, a los que se atribuía un gran valor y una excelente condición física, tal y como se aprecia en las crónicas francesas (Cioranescu, 1980 [circa 1404]), y que posteriormente recogerán diversos investigadores. A partir de esa primera referencia, las fuentes históricas posteriores tan sólo se hicieron eco del mismo suceso personalizando su narración. Así, J. de Abreu Galindo nos cuenta que “...en todas las islas no hay hombres de mayores estaturas que las de ésta en común...” (1977 [1602], 60). Esa destacada altura de los habitantes protohistóricos de Fuerteventura será, algunos siglos más tarde, corroborada por la investigadora alemana I. Schwidetzky, quien centró su trabajo en las características antropológicas físicas de los aborígenes canarios2. En la actualidad la única evidencia contextualizada arqueológicamente que permita ratificar ese aspecto lo constituye el individuo hallado en la Cueva de Villaverde, al que se le supone una estatura aproximada de 1’70 metros. Pero volviendo a los primeros escritos efectuados sobre los aborígenes de Fuerteventura, y retomando a Abreu Galindo, cabe señalar que no se limita exclusivamente a las referencias de carácter físico ya que también menciona algunas características en cuanto a su comportamiento: “Eran los naturales de estas dos islas [Lanzarote y Fuerteventura] caritativos, alegres, amigables, grandes cantadores y bailadores. (...) eran muy ligeros en saltar, y era 184 J. Lecuona & P. Atoche 2“... por 76 huesos largos muestra la medidas más largas, según eso, calculadas tanto para hombres como para mujeres, ésta [la estatura] sube considerablemente sobre los valores medios de Gran Canaria. La diferencia entre Fuerteventura y Gran Canaria es altamente significativa, como ocurre entre Tenerife y Fuerteventura” (Schwidetzky, 1963, 121).
185 Arqueología de la muerte en la Protohistoria de Fuerteventura (Islas Canarias) su principal ejercicio” (1977 [1602], 55). Igualmente realiza algunas alusiones acerca de las enfermedades sufridas por los habitantes protohistóricos de la isla, sin embargo no le presta demasiada atención limitándose a mencionar someramente cómo las trataban3. Este erudito también aborda el tema del ritual de enterramiento, informándonos acerca de la manera de proceder para enterrar o, más correctamente, cómo llevaban a cabo el depósito de sus muertos, pero sin entrar a especificar en los rituales que acompañaban a ese acto4. Como ya hemos señalado, la práctica de copiar una misma cita por distintos autores queda reflejada en autores como L. Torriani, quien repite la información recogida por J. de Abreu Galindo relativa a la altura de los majoreros y a su costumbre de enterrar en cuevas5. Ya en el siglo XIX el dato más destacado en relación con las características físicas de los pobladores protohistóricos de Fuerteventura vuelve a ser su gran estatura, esta vez de la mano de R. Verneau (1987 [1891]), quien basándose en una comparación de la población canaria de su tiempo, unos 400 años tras la conquista, reitera una mayor altura para los habitantes de esta isla con respecto al resto del archipiélago, lo que el autor extrapola con lo que debió haber sucedido ya en época protohistórica6. Sin embargo debemos tener presente en todo momento que las conclusiones de R. Verneau se refieren a la población existente en Canarias durante el siglo XIX, que es cuando él visita el archipiélago, la cual no puede en modo alguno equipararse a la que colonizó por primera vez las islas. R. Verneau dedicó mucho tiempo a recorrer el archipiélago y describir cada una de las islas con detenimiento, tomando apuntes acerca de numerosos aspectos de la vida canaria del momento, tanto de sus costumbres como de sus aspectos más técnicos como podían ser los métodos constructivos de los edificios, las carreteras, la flora..., y cómo no, realiza una compilación de datos arqueológicos, principalmente aquellos referidos a aspectos funerarios, al igual que lleva a cabo una recogida de los restos óseos humanos que se va encontrando, si bien sólo se interesa por los cráneos despreciando los restos postcraneales. En ese contexto, para Fuerteventura el investigador francés menciona cuatro sitios en los que halló una serie de sepulturas protohistóricas a lo largo de su recorrido. Así, señala en primer lugar el hallazgo de una cueva sepulcral artificial en la localidad de Santa Inés, que ya en su época había sido revuelta por completo (1987, 147). A continuación remarca el carácter arqueológico de las montañas de Río Palmas por contener cuevas sepulcrales, además de encontrar en la cima de las mismas restos de viviendas construidas con enormes bloques, denominadas “castillos” (1987, 149). El tercer lugar al que hace mención es un peñón llamado El Castillo en el que halló una cueva natural que sirvió como lugar de culto, en las proximidades de la cual se ubicaban innumerables cuevas de enterramiento y habitación situadas en los sitios más escarpados (1987, 152). Por último, en el camino entre La Antigua y Puerto Cabras, en el Barranco de Bajamanca, visitó una cueva sepulcral de la que poseía referencias orales, en la que recuperó numerosos fragmentos óseos humanos, aunque no el cráneo debido a que la cueva ya había sufrido diversos expolios. No obstante, el artefacto que captó la atención del visitante fue un collar compuesto por 29 rectángulos tallados en conchas marinas perforados en la parte central (1987, 156-157). De esta manera concluyen las aportaciones derivadas exclusivamente de estudios historiográficos, dando paso así a la otra fuente de información 3“Si acaso enfermaban, que era pocas veces, se curaban con yerbas de la tierra y sajábanse con pedernales muy agudos donde les dolía, y se quemaban con fuego; y allí se untaban con manteca de ganado” (Abreu, 1977 [1602], 57). 4“Si alguno moría, metíanlo en cuevas que tenían como entierros, y tendíanlo, echando debajo del cuerpo y encima muchos pellejos de cabras que mataban” (Abreu, 1977 [1602], 57). 5“… eran hombres proporcionados (...) había entre ellos muy grandes gigantes; porque además de la memoria que de ellos se conservó, se halló en la cueva de una montaña que decían Mahan un cadáver de largo de 22 pies” (Torriani, 1978, 73-74). La altura señalada por Torriani no se corresponde con la del individuo sino con la medida de la sepultura en la que se depositó el cadáver, obviamente de mayores dimensiones. 6“La gente de Fuerteventura se parece a la de Lanzarote por las costumbres y el vestido, pero se distinguen en el tipo físico. No es raro encontrar en esta isla hombres de gran estatura, que sobrepasan a menudo 1,75 metros, y que por su fisionomía y los caracteres de su cráneo recuerdan singularmente a los antiguos guanches” (Verneau, 1987, 157).
J. Lecuona & P. Atoche 186 utilizada en nuestro estudio, la que procede de los hallazgos arqueológicos, campo en el que son numerosos los sitios que se han venido considerando como espacios funerarios pero sin que se haya producido una verificación arqueológica en la mayoría de los casos. El primer investigador que comienza a hacer una recopilación de los yacimientos de Fuerteventura, y no sólo los de carácter funerario, es el comisario de excavaciones arqueológicas de la provincia de Las Palmas S. Jiménez Sánchez, quien inicia su trabajo a partir de la década de los años 40’ del pasado siglo XX, estableciendo las bases sobre las que se desarrollará la Arqueología en la isla de Fuerteventura a partir de una recogida de datos relativamente sistemática a lo largo de aproximadamente 20 años. Su labor se ve limitada en la actualidad al haberse centrado básicamente en la elaboración de un listado de lugares con la descripción de los artefactos que aparecen en ellos y porque varios de los sitios que el autor califica de yacimientos arqueológicos de época protohistórica se ha comprobado que ni siquiera eran sitios arqueológicos, mientras que otros tantos correspondían a época histórica. Con respecto a la Arqueología funeraria, S. Jiménez Sánchez enumera una serie de emplazamientos calificados como lugares de enterramiento, los cuales se repartían por toda la geografía isleña, estableciendo fundamentalmente dos formas de enterramiento: en cuevas y en túmulos al aire libre. Así, dentro de las primeras nos encontramos con la enumeración de una serie de cuevas o solapones, de las que el citado investigador no profundiza ni justifica su definición de funerarios. Entre las que enumera se encuentran Hoya del Dinero, Llanos de Santa Catalina y La Atalaya, Montaña Gayría y Barranquillo del Pozo. Con respecto a los enterramientos en túmulos, S. Jiménez Sánchez no encuentra en Fuerteventura unas estructuras tan elaboradas como en la isla de Gran Canaria, ya que responden a una técnica constructiva más acorde con la pobreza del terreno. Se trata de túmulos delimitados por piedras de tamaño mediano que adquieren una forma de tendencia ovoidal o rectángular. Excepcionalmente, el citado investigador señala el hallazgo de un enterramiento con forma de tendencia ovoidal, con piedras hincadas verticalmente en el centro, por lo general tres grandes piedras, del que no especifica el lugar donde se localiza. Sin lugar a dudas, de todos los sitios donde señaló la presencia de estructuras tumulares el más plausible es El Matorral, lugar donde en los años 50’ del pasado siglo XX se halló un individuo, supuestamente femenino, depositado a unos metros de profundidad bajo un montón de piedras con una forma de tendencia más o menos circular, acompañado por un ajuar constituido por un collar de plaquitas rectangulares realizadas con conchas marinas. El resto de los hipotéticos túmulos relatados por el autor no fueron excavados y nunca se encontró resto alguno que pudiera corroborar que realmente lo eran. Ese es el caso de Tisajoyre y Villaverde, La Herradura y Casas Altas y Gran Valle de la Cueva. Como dato curioso cabe destacar que S. Jiménez Sánchez sólo se refiere a la presencia de enterramientos en cistas en una comunicación realizada al III Congreso Arqueológico Nacional (1953), en la que explica la construcción de cistas como práctica común en enterramientos pobres y sencillos, tanto en la isla de Fuerteventura como en la de Lanzarote, localizados siempre junto a poblados ciclópeos; esa última característica es común en las descripciones del autor para todo tipo de práctica funeraria de la isla. Una vez más nos encontramos ante meras especulaciones, al no existir evidencias de tal práctica hasta el momento. Finalmente, el citado autor señala la presencia de numerosos lugares que califica como enterramientos o necrópolis de forma muy vaga y sin aportar ningún dato o información sobre ellos. Se trata de Lomada del Lesque, Cerro del Cuchillete, Llano del Bisocho, Barranquillo de Lajas Azules, Colinas de Guirra, Majada de los Negrines o Barranco de Pozo Negro. En la década de los años 70’, Mª.C. del Arco defiende su Tesis centrada sobre el enterramiento canario prehispánico en el archipiélago, de la que rescatamos la escasa información concerniente a la isla de Fuerteventura. En ella sólo se recogen las descripciones de los supuestos yacimientos funerarios de la isla citados en la historiografía existente hasta ese momento; en consecuencia, la citada autora se basa fundamentalmente en lo escrito por los dos investigadores que acabamos de citar en los párrafos anteriores, sin suponer ningún aporte significativo en lo que a la isla que nos ocupa se refiere. Ya a finales de los años 80’ del pasado siglo XX se publica por primera vez la Carta Arqueológica de Fuerteventura (León et al., 1987), para en años posteriores sucederse varias publicaciones más que
Arqueología de la muerte en la Protohistoria de Fuerteventura (Islas Canarias) 187 ahondan en ella de mano de diferentes autores. En ella se recogen numerosos emplazamientos calificados como lugares de enterramiento, una abundancia que contrasta con el hecho de que para la mayoría de ellos no exista constatación arqueológica de su existencia y mucho menos de su carácter funerario. No obstante, y pese a la dificultad mencionada, los citados autores proponen para Fuerteventura seis tipos de “patrones funerarios”, que para nosotros se corresponden en realidad con patrones locacionales, ya que describen lugares y no un comportamiento humano ante la muerte: - Cueva natural: Donde el ejemplo más sobresaliente lo tenemos en la Cueva de Villaverde. Además de ésta se enumeran otras muchas cuevas, como Montaña del Cardón, Huriame, Esquinzo, Llano de Santa Catalina, Cueva de los Ídolos, Grano de Oro. Así mismo se califican como posibles los del Barranco de la Herradura y Tisajoyre (este último también citado por J.C. Cabrera Pérez [1993, 103], quien lo toma como cierto pero igualmente sin aportar ninguna información al respecto). - Cueva artificial: De la cual sólo disponemos de la referencia que R. Verneau (1987 [1891], 147) aportó al afirmar haber hallado una cueva en la toba en Santa Inés, de la que ya hablamos en páginas anteriores, siendo ésta la única información con la que contamos hasta el momento. - Solapones naturales: A los que se le adjudica una misma forma de acondicionar para todo el archipiélago, la cual se realiza mediante la construcción de varias hileras de piedras que nivelan el terreno. En este grupo se citan la Montaña la Muda, Montaña de la Fortaleza, Barranco de la Herradura y Cuchillo de Ezquén. - Túmulos: Entre los que los autores encuadran a Pozo Negro, que excavaciones posteriores desestiman al comprobarse que se trataba de estructuras construidas por militares a finales de los años 70’, y de recintos ganaderos realizados a lo largo del siglo XX (Martín et alii, 1993). Otro ejemplo es el de El Matorral, el cual ya comentamos anteriormente y al que no se le ha podido adjudicar cronología alguna, por lo que desconocemos si pertenece a la época que tratamos o es posterior. Sin embargo, dadas sus características, sí parece tratarse de un enterramiento aborigen. - Cistas: En este caso sólo se cuenta con información procedente de la tradición oral, sin existir ninguna constatación arqueológica. - Otros: Bajo este epígrafe se han englobado determinados hallazgos de restos humanos asociados a cerámicas de aspecto aborigen, sin haberse relacionado con ningún tipo de estructura específica, como ocurre en el Barranco de La Hermosa y Teneguey. Aunque a primera vista, y tras esta amplia y variada lista tipológica de sitios funerarios, pudiera parecer que contamos con una extensa serie de datos referidos a la Arqueología Funeraria de Fuerteventura, tristemente ésta no es la situación real, ya que de los lugares catalogados como funerarios hoy son muy pocos los que se pueden clasificar como tales debido a la ausencia total de pruebas que confirmen siquiera la existencia de un auténtico sitio arqueológico, ya que a las dudas sobre su carácter funerario se suma la incertidumbre sobre su cronología, lo que invalidaría para muchos de ellos su inclusión dentro de esta tipología. Como se ha comprobado hasta el momento, la labor arqueológica desempeñada se limita casi exclusivamente a distintos trabajos de prospección, que si bien no es nuestra intención desmerecer en ningún momento, sólo supone el primer paso de una investigación científica, evidenciándose la necesidad de una verificación, de al menos una parte de los yacimientos arqueológicos citados mediante excavación arqueológica. Desgraciadamente, éstas son escasas en Fuerteventura, donde sólo se ha excavado la Cueva de los Ídolos, que además de las pequeñas representaciones encontradas y que le dan nombre a la cueva también se hallaron escasos restos óseos humanos muy fragmentados, algunos de ellos calcinados. En la Montaña de la Muda, sometida a una excavación de urgencia, también aparecieron algunos restos humanos, si bien quienes la dieron a conocer proponen la realización de una excavación sistemática al considerar que aún resta mucha información por recoger. Pero sin lugar a dudas de lo señalado hasta ahora, quizás el hallazgo al que mayor atención científica se le ha prestado de toda Fuerteventura es la Cueva de Villaverde, estudiada por Mª.D. Garralda, F. Hernández y Mª.D. Sánchez (1981 y 1990), y donde se recuperaron dos esqueletos humanos correspondientes a un adulto y un niño. En este caso, el ritual
funerario consistió en la inhumación, depositándose los individuos en una fosa de tendencia oval delimitada mediante una alineación de rocas de diferentes tamaños. El adulto se encontró en posición de decúbito supino, con la cabeza ladeada hacia el lado derecho y los brazos paralelos al cuerpo; el esqueleto del niño se halló justo debajo del anterior, en posición fetal sobre su lado derecho y colocado transversalmente en relación a la cabeza y hombros del adulto. Este hecho constituye, para las investigadoras citadas, una evidente intención de que ambos permanecieran con una conexión física post mortem. A pesar del hallazgo citado, no parece que la funcionalidad de la Cueva de Villaverde fuese la funeraria al menos en un primer momento, ya que inicialmente se utilizó como sitio de habitación. Esta afirmación se fundamenta en el hecho de que la fosa de enterramiento se sitúa en un estrato arqueológico posterior al de una de las estructuras habitacionales, aunque aún se desconoce la relación existente entre ambos elementos debido a que esa zona de la cueva no se excavó en su totalidad. En cualquier caso y en opinión de las excavadoras, teniendo en cuenta la escasa potencia de dichos estratos, la ocupación de la cueva no debió de ser muy prolongada. En lo referente a los estudios bioarqueológicos efectuados sobre los citados individuos, éstos se han dirigido a adjudicar un tipo antropológico para el adulto, basado en la robustez de su región glabelar, la cual encaja con el tipo II de Cumigham, y por el saliente de la glabela que se corresponde con el tipo IV de la Escala de Broca. Por otro lado, y aunque el estudio paleopatológico aún no se ha publicado, sí se ha determinado su edad y sexo, de forma que al adulto se le ha adjudicado una edad superior a los 40 años y sexo masculino, y al niño unos 4 años de edad, sin poder concretar su sexo debido a la fragilidad de sus huesos, el mal estado de conservación de los mismos y su corta edad. Sin embargo, las citadas investigadoras no aportan ninguna conclusión sobre su procedencia o el significado de dichas deducciones. En la actualidad, en Fuerteventura sólo se conservan unos pocos de los restos óseos humanos registrados hasta la fecha, los cuales se exponen en dos de los museos insulares; en un caso en el Museo de Betancuria, donde se hallan los restos de un esqueleto femenino que parece provenir de la Cueva de Esquinzo, los cuales fueron localizados por un pastor y simplemente recogidos sin atender a la información arqueológica que pudiera proveer. En el mismo museo se encuentran también tres cráneos más, ninguno de ellos completo, una mandíbula, dos fémures y un peroné incompletos, de los que lamentablemente se desconoce su procedencia, no habiéndose estudiado en profundidad. El segundo museo que guarda restos antropológicos es el del Molino de Antigua, en el cual se hayan depositados los hallazgos producidos en la Cueva de Villaverde. Además de estos dos centros, los restos óseos más antiguos de Fuerteventura, entendiendo por tal al momento en que se recuperaron y no a su datación cronológica, se hallan depositados en El Museo Canario de Las Palmas, en algún caso con una fecha de entrada en dicha entidad de más de cien años. Sitios y rituales funerarios durante la Protohistoria de Fuerteventura Partiendo de la base de los sitios funerarios conocidos, de los datos bibliográficos publicados y la información disponible en el inventario de yacimientos de Fuerteventura efectuado entre los años 1987 y 1994, es posible establecer la presencia en la isla de tres diferentes tipos de formas de enterramientos: - Enterramientos en cuevas. - Enterramientos en túmulos. - Enterramientos en cistas. Los tipos anteriores se completan con un cuarto grupo de enterramientos, caracterizados por su indefinición, ya que incluyen todos aquellos lugares en los que si bien han aparecido restos óseos éstos lo han hecho fuera de cualquier contexto arqueológico o bien no presentan las suficientes evidencias arqueológicas que permitan asegurar sin dudas su adscripción protohistórica7. 7Resulta curioso comprobar como algunos de esos supuestos yacimientos funerarios aparecen reflejados en la bibliografía pero no están incorporados a la Carta Arqueológica, cuando a priori la Carta Arqueológica debería ser el documento final en el que estarían catalogados todos aquellos lugares que muestren cualquier indicio arqueológico. J. Lecuona & P. Atoche 188
189 En definitiva, si contabilizamos la totalidad de los sitios de los que se ha asegurado su probable carácter funerario, actualmente se conoce un total de 105 yacimientos, una cifra engañosa ya que si bien a priori parece que estamos manejando un número lo suficientemente representativo de hallazgos como para establecer hipótesis bien fundadas, lo cierto es que si se analizan más detenidamente todos esos lugares funerarios comprobamos que en realidad tan sólo 18 de ellos han proporcionado restos óseos humanos, bien de forma casual, bien tras una excavación arqueológica. Pero además con éstos últimos debemos ser extremadamente cautelosos, ya que en su mayor parte se excavaron durante el periodo del comisariado de excavaciones, entre las décadas de los años 40’ y los años 60’ del pasado siglo XX, a cargo de S. Jiménez Sánchez, en una etapa caracterizada por la falta de rigor metodológico en la que el trabajo de campo era encargado al “erudito” del lugar, que por lo general no contaba ni con conocimientos ni con la necesaria formación arqueológica; en consecuencia, las intervenciones arqueológicas se limitaban a la simple extracción de los huesos. Teniendo en cuenta las limitaciones señaladas, los tres tipos de formas de enterramiento atestiguadas en la isla de Fuerteventura serían los siguientes: Enterramientos en cueva Constituye sin lugar a dudas el tipo de enterramiento más frecuente en esta isla, lo que coincide con lo que sabemos que ocurre en el resto de las culturas insulares del Archipiélago Canario. Tenemos noticias de un total de 31 yacimientos de este tipo repartidos de una manera más o menos regular a lo largo de toda la isla. Si se analiza su distribución de norte a sur y por municipios, tenemos que en el municipio de La Oliva se han contabilizado un total de 8 cuevas funerarias (Cuevas de Esquinzo, Cuevas de la Aldeita, Huriame, Cueva de Villaverde, Cueva de los Ídolos, Tisajoyre, Cuevas del Morro de las Palomas y Montaña de Tindaya). De todas ellas sólo se puede asegurar que efectivamente se trata de enterramientos las seis primeras, en las cuales además o bien se han efectuado excavaciones arqueológicas controladas, como es el caso de la Cueva de Villaverde o la Cueva de los Ídolos (Fig. 1), o bien han aparecido esqueletos humanos completos como sucede en Esquinzo. El caso de Tindaya plantea algunas dudas ya que los restos que se conocen proceden sólo de una campaña de prospección, reduciéndose dichos hallazgos a varias piezas dentarias humanas, las cuales sólo permiten asegurar que en el lugar hubo algún tipo de actividad humana, pero nunca que se tratara de un sitio de enterramiento. Más hacia el sur, en el municipio de Puerto del Rosario, se han localizado un total de cinco cuevas de enterramiento (Barranco de la Herradura, Cuevas labradas de Goroy, Cueva del Viso, Montaña la Muda y La Fortaleza. De todas ellas se puede asegurar que se trataban de sitios funerarios). En el vecino municipio de Betancuria se tienen noticias de cuatro yacimientos funerarios (Hoya del Dinero, Llano de Santa Catalina, La Atalaya y Grano de Oro) referenciados por S. Jiménez Sánchez y en los que sí aparecieron restos humanos, y por último Cueva de Santa Inés y Montaña Río Palmas, mencionadas por R. Verneau en su visita a las islas, las cuales se han tomado siempre como ciertas por la comunidad científica, incluyéndose en las investigaciones, pero sin que se hayan proporcionado nuevos datos o comprobado su autenticidad. En el término municipal de Antigua, nos encontramos con seis yacimientos funerarios en cueva: Roque del Buey o Besey, Montaña Gayría, esta última sólo es recogida como tal por S. Jiménez Sánchez ya que en la Carta Arqueológica se toma como estructuras pastoriles. Igualmente aparecieron en una cueva de unos siete metros de profundidad, restos humanos asociados a cerámica decorada, todo ello muy revuelto, en las cercanías del poblado de La Atalayita. Por último también se tienen noticias del hallazgo de restos humanos en Pozo Negro y Valles de Ortega, si bien en estos casos la noticia se la debemos a R. Verneau, siendo dudosa al no existir más información. FIGURA 1. Cueva de los Ídolos. (La Oliva, Fuerteventura) Arqueología de la muerte en la Protohistoria de Fuerteventura (Islas Canarias)