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Reseñas. Vegueta, nº 9 (2015)

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JUAN MANUEL SANTANA PÉREZ: EXCLUIDOS Y RECLUIDOS EN EL ANTIGUO RÉGIMEN. HOSPITALES EN GRAN CANARIA. EDITORIAL ANROART, LAS PALMAS DE GRAN CANARIA, 2005. 160 PP. ISBN: 8493433659 Este estudio aborda el tema de la marginalidad social y la respuesta institucional en Canarias que ha sido una de las líneas principales de investigaciones de su autor. Esta es una obra novedosa no sólo por su aproximación metodológica sino por la información expuesta que fue rastreada en diversos archivos de distinta índole, que engloba los poderes del antiguo régimen, desde los Municipales, cabildicios, eclesiásticos, hasta los de la Corona. Está bien estructurado, además de una interesante introducción y unas adecuadas conclusiones, el segundo capítulo nos introduce en el mundo de la pobreza y su problemática y, después, analiza de forma exhaustiva cada una de las instituciones, donde llama la atención el Hospital de San Lázaro y el análisis de la lepra en la Canarias del antiguo régimen. Los problemas y soluciones expuestos en los siglos XVI, XVII y XVIII por parte de los poderes políticos de los Borbones y de la Iglesia Católica han tenido proyecciones hacia el presente, con las convulsiones económicas y migratorias que sacuden al mundo globalizado. Durante el Antiguo Régimen hubo un grupo de personas excluidas del ámbito productivo que subsistía de actividades marginales, que rozaban el mundo de la delincuencia y que padecieron diversas enfermedades, las más comunes enfermedades de transmisión sexual y otras que eran muy visibles como la lepra. Para ellos el Estado y la Iglesia va a reutilizar una red de hospitales que, como institución existían con anterioridad en algunos lugares, pero que ahora se le encomienda una doble función, por un lado, asistencia a los pobres y, por otro, represión de sectores potencialmente peligrosos. Así quedaron bajo el rótulo de beneficencia y se mantuvieron con los recursos económicos que se obtenían para esos fines, a diferencia de las cárceles que tenían solamente un carácter transitorio hasta que se efectuaba el juicio. En Gran Canaria hubo tres hospitales que cumplieron ese cometidos, uno en Telde, llamado San Pedro Mártir y dos en la ciudad de Las Palmas, el de San Martín y el de San Lázaro, este último dedicado exclusivamente a la reclusión de quienes padecían la lepra. En la presente obra se presenta ese mundo de la pobreza y, sobre todo, se hace un análisis exhaustivo de esos tres hospitales. El libro nos proporciona una ingente cantidad de información, dado que el autor ha vaciado los archivos insulares además, de diversos archivos nacionales e incluso, con algunos documentos obtenidos en el Archivo del British Museum, en su The Department of Manuscripts, concretamente en los fondos Egerton y Additional. Aunque en su título nos anuncia que el trabajo empírico está basado en la isla de Gran Canaria, el tema abarca el ámbito regional, de hecho recurre a explicaciones del fenómeno en el resto de Archipiélago Canario y también con un perfecto conocimiento de modelos similares que se han hecho en la historiografía española, además, de los influjos de la escuela de Annales y de la historiografía anglosajona de la que Santana intenta con éxito hacer una síntesis metodológica y, lo que es más importante, epistemológica. El caso de Gran Canaria, aun no contaba con ninguna publicación en profundidad de forma monográfica, sólo algunos antecedentes de otros autores, algo alejados VEGUETA 9 (2006), ISSN: 1133-598X 259 de las corrientes historiográficas vanguardistas y centrados en alguna de las instituciones que aquí se expone de forma conjunta, porque queda reflejado que forman parte de la misma respuesta institucional. El hecho de unir el problema de los excluidos y los hospitales se debe a que éstos constituyen el principal aparato para el encierro de este grupo social. La mayor parte de trabajos que han abordado el tema se centran en uno de los dos aspectos, que pensamos que están directamente relacionados y merecen un trabajo global integrado en el conjunto de lo social que forma parte de una Historia Integral y que huya de la historia en rebanadas o las historias parciales que con la posmodernidad se han reactivado y obtenido cierta legitimidad académica. El marco cronológico nos parece acertado porque tiene entidad propia, en cualquier caso entiende, con buen criterio que compartimos que el Antiguo Régimen, en este materia, comienza en este terreno desde al mismo proceso colonizador del Archipiélago y finaliza bien entrado el siglo XIX, por esa razón ha puesto el límite en 1837, con la Constitución de ese año así como los cambios en materia de Beneficencia de 1836, que presagian un nuevo periodo. Nos parece lógico que vincule el incremento de la pobreza y proliferación de las situaciones de marginalidad que se presentan en el conjunto de las regiones españolas como un fenómeno ligado a las ciudades en general o a alguna coyuntura económica desfavorable, malas cosechas, sequías o epidemias, que en Canarias fue un verdadero fenómeno estructural. Es por ello que cuando se estudia la marginalidad social existente en las ciudades va preferentemente dirigida a ese sector de población que estructuralmente se halla alejada del ámbito productivo, independientemente de las situaciones económicas desfavorables. No obstante, se advierte una preocupación constante, debido al volumen que llegan a alcanzar preferentemente en las grandes ciudades. La explicación que nos da el libro es que se produce una constante afluencia de personas expulsadas del ámbito productivo hacia los núcleos poblacionales más importantes, independientemente de los propios marginales que genera la vida en las urbes. Este número constante y habitual se verá incrementado cuando exista alguna coyuntura económica desfavorable. Los hospitales absorberán a quienes vivan en estado de indigencia, evitando con ello la agudización del conflicto social. Debemos pensar que estas masas desocupadas estaban prestas a apoyar cualquier revuelta para obtener mejoras en su nivel de vida, como sucedió en muchos lugares de Europa. Pese a no ser los sujetos directos de los motines fueron utilizados como fuerza de choque y, lo que es más importante, los grupos dominantes los temían. Luís Alberto Anaya Hernández Universidad de Las Palmas de Gran Canaria Departamento de Ciencias Históricas Email: [email protected] 260 VEGUETA 9 (2006), ISSN: 1133-598X Recensiones CONSTANCIO DE CASTRO AGUIRRE: MAPAS MENTALES, SERVICIO DE PUBLICACIONES DE LA UNIVERSIDAD PÚBLICA DE NAVARRA, PAMPLONA. NÚMERO 15 DE LA COLECCIÓN CIENCIAS SOCIALES, 2004. 245 PÁGINAS. ISBN 84-9769-073-7 La Universidad Pública de Navarra publicó hace dos años una excelente contribución a la geografía cognitiva bajo el título de Mapas mentales dentro de su Colección de Ciencias Sociales. La autoría de este libro corresponde a Constancio de Castro Aguirre1, catedrático jubilado de Geografía de la UPN en donde ha desempeñado gran parte de su labor docente e investigadora, después de una dilatada etapa como enseñante en la Universidad Central de Venezuela, en donde impartió Psicología Matemática y otras materias (estadística, metodología cuantitativa, etc.) antes de trasladarse definitivamente a Pamplona. El profesor De Castro Aguirre (nacido en San Román de Campezo, provincia de Álava, el 31-10-1927) fue alumno de Manuel Terán, se doctoró en Psicología y Geografía, Diplomado por la Escuela de Psicología y Psicotecnia por las Universidades Complutense de Madrid y Central de Caracas; además ha realizado el Master of Arts por la Stanford University (California) en 1970 en donde trabajó con el prestigioso profesor R. Shepard en la Universidad de Michigan. Más adelante colaboró con el profesor Clyde H. Combs y mantiene prolongadas estancias en la Universidad de Nevada (EE.UU.). Desde sus inicios ha mostrado un elevado interés por conjuntar los campos de la Psicología y la Geografía, cuestión que se puede comprobar con sólo cotejar su propia formación académica y los títulos de sus numerosos libros, artículos científicos, cursos, ponencias y comunicaciones, proyectos de investigación y conferencias, además de su acreditada labor docente2. Por curioso que parezca (y a fuerza de emplearla con otra acepción distinta) pocas personas han caído en la cuenta que la palabra mapa significa en realidad pañuelo. Sin embargo, y durante mucho tiempo, los geógrafos hemos generalizado de forma unívoca el otro significado de mapa que por tradición viene a ser algo así como la representación simbólica de la Tierra o de alguna de sus partes sobre una superficie plana. A su vez, el término mente (que proviene del latin mens-mentis) se refiere a la facultad con que se piensa; o también, en otros términos, a la capacidad que tienen sólo los humanos para operar de modo inteligente y de razonar sobre las cosas y enjuiciarlas. La representación del Globo Terráqueo a través de formas planas que, a su vez representan a una superficie esférica, ha sido tradicionalmente tratada como una cuestión que se resuelve más o menos satisfactoriamente mediante una proyección geométrica. Pero, trascendiendo ese arduo problema técnico, es conveniente señalar que hasta hace poco se ha venido admitiendo incondicionalmente el empleo de los mapas como representaciones simbólicas de la realidad. No obstante, en los últimos años los geógrafos más inquietos y las disciplinas agitadas por la revisión de la moderna epistemología de las Ciencias Sociales están concibiendo nuevas y más audaces preocupaciones en las que los mapas son también objeto de análisis crítico. A este respecto siempre conviene recordar aquello de que “Es patente la porosidad de la Geografía hacia las múltiples áreas del conocimiento” (P. Gould). Los geógrafos críticos al igual que otras tantas disciplinas científicas están despertando sus conciencias ante el empuje arrollador de las llamadas ciencias cognitivas. Integran este grupo de “saberes” un campo variopinto de disciplinas (antropología, neurología, inteligencia artificial, investigación emocional, VEGUETA 9 (2006), ISSN: 1133-598X 261 sociología conductual, pedagogía evolutiva, etc.). Cada una de estas disciplinas, a fuerza de intensificar el diálogo hacia dentro y hacia fuera de sus campos habituales, procura establecer a la vez estados de hibridación y mestizaje al reorientar sus respectivos centros de interés en relación con el desarrollo de los procesos cognitivos. Esta perspectiva ha acampado también en las nerviaciones de la Geografía y de ahí el que trascienda a sus herramientas más queridas como son los mapas con lo que de esa forma se ven también escrutadas bajo los focos del cognitivismo. El resultado de ese apasionante proceso es en parte uno de los principales objetivos del contenido de esta publicación. Pues bien, la obra que pasamos a comentar, pese a su sugerente título de Mapas mentales, está muy lejos de ser un manual de anatomía o de fisiología que trate de la cartografía del cerebro humano como albergue de la conciencia. Al contrario, es un trabajo que se ocupa de los mapas geográficos en su sentido “más directo y más divulgado del vocablo”. En la tradición geográfica, y para decirlo de manera aun más simplificada, los mapas —como genuina representación espacial que son— vienen a ser algo así como el equivalente del lenguaje formal que emplean las demás ciencias como usuales herramientas de expresión y comunicación. Si algo caracterizan a las ciencias cognitivas en su moderna y acrisolada reformulación es que ponen en diálogo a diferentes disciplinas demandando una síntesis enriquecedora; en dicha síntesis se exige a la Geografía hacer aportaciones genuinas que añadan algo positivo a ese proceso de desarrollo. Sin duda alguna Mapas mentales es un esfuerzo intelectual que incorpora una novedosa visión del lugar geográfico como objeto de atención preferente en las tomas de decisiones personales y colectivas. Se trata de un profundo ensayo de 245 páginas que a lo largo de once ordenados capítulos, distribuidos en cinco grandes apartados, en donde su autor trata de integrar al discurso geográfico los principios fundamentales de las llamadas ciencias cognitivas para que, en un proceso de mestizaje con aquellas, actualice su acervo epistemológico y enriquezca el método y los fines perseguidos por la moderna Geografía científica. La principal fuente de datos en que se apoya el profesor De Castro Aguirre procede de un almacén poco frecuentado hasta ahora por las diferentes ciencias sociales y aplicadas (psicología, antropología, investigación neuronal, inteligencia artificial, etc.) como es el depósito de conocimientos populares y experiencias vividas que se amontonan de forma sedimentada en la memoria de la gente. Estos conocimientos basados en percepciones o experiencias vividas, que no suelen albergarse en fuentes documentales ni en Atlas, libros o en bibliotecas y sistemas de información geográfica, cobran no obstante una especial notoriedad en nuestros días debido a que presiden las relaciones interpersonales más elementales así como los hábitos cotidianos itinerantes de las poblaciones en relación con el espacio físico que utilizan para el normal desenvolvimiento de sus actividades más elementales. Como se apuntó más arriba, el libro en cuestión contiene cinco grandes apartados. Se muestra primeramente cómo los mapas tradicionales suelen responder (consciente o inconscientemente) a la mentalidad de sus creadores. De ahí que sólo enfaticen la representación del mundo conocido (oikoumene) o habitado cuya cosmovisión se viene transmitiendo desde la antigüedad grecolatina. No olvidemos los tics etnocentristas que a menudo y por desgracia emanan todavía de numerosas representaciones cartográficas y que saltan a la vista hasta en cuestiones tan simples como en la propia toponimia empleada. En cambio los mapas actuales nada tienen que ver con aquellos otros elaborados mediante técnicas artesanales que imprimían la impronta sesgada de sus 262 VEGUETA 9 (2006), ISSN: 1133-598X Recensiones autores. La tecnología SIG y otros sistemas más sofisticados aun convierten sin duda a los modernos mapas en productos bien elaborados en amplitud, belleza, precisión y exactitud de la información que aportan, pero en ocasiones su estandarización facilita una visión banalizadora en determinados usuarios con poco adiestramiento crítico y sobre todo les hace vulnerables a ciertas prácticas que desvirtúan y manipulan su contenido. Lo cierto es que el uso de los mapas, incluso en el caso de aquellos estimados como más perfectos y elevados a representación exclusiva, concita serias reservas puesto que no consigue contentar a todos. Ante esas incertidumbres, De Castro propone hacer representaciones cartográficas construidas con la información depositada en el almacén de los conocimientos populares vividos y anclados en la memoria de los habitantes.”Los mapas, dice, pretenden describir el espacio geográfico tal cual es, pero no aportan ningún elemento emocional o afectivo hacia las preferencias colectivas”. A continuación hace referencia al arraigo que las comunidades humanas muestran hacia los lugares donde desarrollan sus vidas. El espacio de la cotidianeidad es la materia prima con la que trabajó en su día P. Gould (Universidad de Pennsylvania) cuya impactante experiencia fue también publicada en Estados Unidos con un título idéntico al de la obra aquí reseñada. Seguidamente se justifica como cualquier persona es capaz de perfilar en su memoria la imagen y el conocimiento que tiene del lugar concreto en donde vive o el espacio físico que recorre cotidianamente para desarrollar las actividades inherentes a sus intereses vitales. Es muy relevante esta parte del libro porque se profundiza con rigor el proceso mediante el cual el ciudadano común va digiriendo mentalmente la información geográfica que sus sentidos (emociones) van detectando. De ahí surgen los Mapas mentales y la utilidad social de los mismos para diferentes aplicaciones prácticas. Aquí se pone de manifiesto que existen vías para la representación de los Mapas cognitivos en términos de red neuronal, que no siguen los tradicionales esquemas euclideos empleados hasta ahora por los cartógrafos. Antes de finalizar el relato de referencia se entra de lleno en los llamados Mapas cognitivos que, en coherencia con el resto del libro, se centra en experiencias ya desarrolladas específicamente en los entornos urbanos y siguiendo el modelo de puntos urbanos de la ciudad de Columbus, desarrollado en Estados Unidos por el Departamento de Geografía de la Universidad de Ohio. La percepción del factor distancia y su valoración subjetiva por diferentes ciudadanos con indicadores comparativos de dispersión/concentración permite seleccionar una colección de puntos urbanos. Con ese material se realizan análisis y representaciones gráficas. Termina el trabajo que comentamos abordando la conducta de desplazamientos en el medio urbano y la información que emana de esta dinámica. Concluye su autor ratificándose en la idea de que el mapa mental es algo más abierto que el mapa convencional en tanto que representa al mundo de las percepciones. Insiste en que esta noción de mapa mental tiene la virtud de trascender los meros objetivos geográficos toda vez que incluyen el sugerente universo de las percepciones y de los valores de todo tipo, incluso los que son de naturaleza no geográfica. Estamos, pues, ante una aportación valiosa y original que está llamada a ser fuente de inspiración en la necesaria reorientación de la investigación geográfica en Canarias. Este novedoso enfoque se nos antoja que puede ser especialmente útil para el análisis de los microespacios insulares en donde la percepción cualitativa de una parte y la desagregación VEGUETA 9 (2006), ISSN: 1133-598X 263 Recensiones de factores cuantitativos por otra estarían llamados a alcanzar síntesis esperanzadoras tanto para ratificar una vez más la utilidad de la Geografía como de otras disciplinas científicas aplicadas al entorno social y territorial. Además, en un medio como el nuestro en donde se constatan serios déficits en materia de sensibilización ambiental, este singular enfoque se puede también trasladar al mundo de la educación e investigación mesológica toda vez que en el Archipiélago (tal vez más que en otros territorios no insulares) se aprecian determinadas actitudes, procesos, usos y actividades claramente toponegligentes a todos los niveles sociales que están poniendo gravemente en crisis la relación hombre/medio de forma permanente. Ramón Díaz Hernández Departamento de Geografía de la ULPGC Equipo de Investigación de Geografía Económica y Social NOTAS 1 Cuenta además con 46 artículos científicos publicados entre 1992 y 2000. También es autor de las siguientes publicaciones: Teoría Psicométrica de la Confiabilidad. 1968, Biblioteca UCV, Caracas. Estadística Descriptiva Univariante y Bivariante. 1975, Facultad de Humanidades, UCV, Caracas. Teoría de la Medida en Psicología y Ciencias Sociales. 1980, Facultad de Humanidades, UCV, Caracas. Elementos de Metodología Descriptiva para el Análisis Espacial. 1982, Instituto Geográfico Vascongado, San Sebastián. Aproximación Métrica a Variables Ordinales (en colaboración con Max Contasti). 1985, Facultad de Humanidades, UCV, Caracas. La Dominación Urbana: Estudio Metodológico con aplicación al caso de Guipúzcoa. 1988, Caja de Guipúzcoa, Col. Estudios e Informes, San Sebastián. Psicología Matemática: Crónica de su implantación en Estados Unidos. 1986, Facultad de Humanidades, UCV, Caracas La Geografía en la Vida Cotidiana (De los Mapas Cognitivos al Prejuicio Regional). 1997, Ediciones Del Serbal. Barcelona. 2 Véase a modo de ejemplo nada más que los cursos impartidos entre 1962 y 1986: Estadística Social. Escuela de Sociología, Universidad Católica Andrés Bello, Caracas, 1962-68; Psicometría. Escuela de Psicología, Universidad Central de Venezuela, 1962-68; Estadística. Escuela de Psicología, Universidad Central de Venezuela, 1970-77; Técnicas de Investigación. Escuela de Comunicación Social, Universidad Católica Andrés Bello, Caracas, 1970-77; Estadística Descriptiva para el Análisis Espacial. Escuela de Geografía, Universidad Central de Venezuela, 1977-82; Teoría y Métodos de Escalamiento. Escuela de Psicología, Universidad Central de Venezuela, 1977-82; Metodología Cuantitativa. Cursos de Postgrado Interfacultades, Universidad Central de Venezuela, 1982-86. 264 VEGUETA 9 (2006), ISSN: 1133-598X Recensiones CASTILLO GÓMEZ, ANTONIO: HISTORIA MÍNIMA DEL LIBRO Y LA CULTURA. SIETE MARES. MADRID, 2004. 158 PP. ISBN: 84-933012-5-6 Profetizaba Marshall McLuhan el final de los tiempos librescos, algo que, como sabemos quienes leemos y escribimos, no sólo no se ha producido, sino que los datos de la producción bibliográfica se han multiplicado en las últimas décadas. A este respecto señalaba el poeta y ensayista mexicano Gabriel Zaid, en una obra titulada, precisamente, Los demasiados libros, finalista en el Premio Anagrama de Ensayo en su edición de 1996, que ante la avalancha de libros que se publica anualmente, el lector no debe angustiarse ante la finitud del tiempo o de la propia vida, como recordaba Baltasar Gracián. En una recensión que publicamos en un número anterior de esta revista, llamábamos la atención sobre la oportunidad de Editorial Trea al publicar una monografía dedicada a la Historia de la cultura escrita (CASTILLO, 2002). Cuando han transcurrido varios años desde la publicación de aquella obra, un rápido vistazo a las novedades bibliográficas sobre la historia de la escritura y de la lectura, permite comprobar que nos encontramos en un período de crecimiento que supera las expectativas de quienes pueden considerarse pioneros de este tipo de estudios en nuestro país (GIMENO 1998, 1999 y 2005). Así pues, no es de extrañar que Antonio Castillo, profesor titular de Historia de la Cultura Escrita en la Universidad de Alcalá y reconocido especialista en el estudio de las prácticas sociales de la escritura y la lectura, no deje pasar la ocasión de aportar nuevas obras. Aunque ello produzca, como diría Zaid, cierto desasosiego a quienes deseamos leer todas sus novedades bibliográficas. El libro que nos ocupa es de lectura más que recomendable, al encerrar en su centenar y medio de páginas mucho más de lo que su modesto título parece ofrecer. Parafraseando a los clásicos, se puede decir que el libro es una historia mínima, pero en ningún caso se trata de una obra menor del autor. Y es que, para quienes venimos siguiendo desde hace unos años la trayectoria investigadora de Castillo, este libro no puede encuadrarse en eso que los antiguos denominaban opera minora. El autor realiza un recorrido diacrónico, desde los lejanos tiempos en los que surgió la escritura al servicio de la organización de las primeras ciudades-estado, hasta el tiempo presente, en el que la impronta de la escritura cuneiforme sobre el barro ha sido sustituida por el lenguaje binario que transforma nuestros escritos redactados en la pantalla de un ordenador en una sucesión de ceros y unos, permitiendo que nuestro escritos queden fosilizados en cualquier tipo de soporte. Sin embargo, pese a los innumerables avances y retrocesos en la historia de la escritura, los usos que se dan a lo escrito, tanto en el ámbito privado como en el público, no han variado tanto. Siguiendo a Castillo, es fácil entrever cómo a lo largo de la historia de la cultura escrita se han ido sustituyendo unos sistemas de escritura por otros, los soportes escriturarios y los útiles de escritura también han ido evolucionando, incluso las distintas prácticas de producción y apropiación de lo escrito se han ido sucediendo en el espacio y el tiempo. Sin embargo, detrás de esas diferencias subyacen algunos elementos comunes que permiten hacer una auténtica historia social de la escritura y la lectura, desde los tiempos de las escrituras sagradas (jeroglíficos) de los antiguos egipcios, hasta la era de Internet y de la biblioteca virtual, en la que nos encontramos. ¿Acaso ahora como entonces no hay diferencias entre quienes pueden acceder a lo escrito sin la intervención de intermediarios? VEGUETA 9 (2006), ISSN: 1133-598X 265 ¿Acaso detrás de los usos de la escritura y de la lectura no hay discursos y prácticas de apropiación por parte de las estructuras de poder? ¿Y no es cierto que, ante los modelos ideológicos dominantes en el uso de lo escritura, han surgido respuestas desde los grupos sociales situados fuera del espacio de apropiación de las elites? En suma, muchas preguntas que encuentran fácil respuesta en este libro de Antonio Castillo, bien estructurado y mejor narrado, con una claridad expositiva que no se ve limitada por las necesarias ampliaciones, ya sea referidas al dato concreto o a la referencia bibliográfica pertinente, que han sido hábilmente relegadas por el editor al capítulo final dedicado a las notas bibliográficas. Unas notas que, por otra parte, no son abusivas, lo que es de agradecer en tiempos como los actuales, en los que la facilidad del corto y pego —una más de las innovaciones tecnológicas contemporáneas en la comunicación escrita—, se ha extendido de tal manera en las publicaciones de algunos autores, que se multiplican los excesos que señalaba Sócrates a Protágoras (348). La bibliografía que se incorpora al final del libro, actualizada y bien escogida, será de gran utilidad tanto a los lectores que se inician en el estudio de la historia de la escritura y la lectura de la mano de este libro, como a los investigadores que se acerquen a esta obra con la mirada de un especialista que pretende escrutar las últimas novedades en la materia. El utilísimo índice onomástico y de materias situado al final de libro es un valor añadido para esta obra, al tiempo que un elemento más que define la excelente calidad de la edición realizada por Siete Mares, un sello editorial independiente nacido en Madrid en 2003, que ya ha editado otros títulos dedicados a la historia de la escritura. Mención aparte merece la selección de textos escogidos por el autor para contextualizar las explicaciones de los capítulos correspondientes. La treintena larga de fragmentos escogidos constituye una excelente excusa para que el lector reflexione acerca del desarrollo de la escritura y la lectura a lo largo de una historia de cinco milenios, pero también un buen pretexto para animarle a acercarse a alguna obras que quizá aún no haya podido leer. Sin ánimo de citar aquí las principales obras de las que se han extraído los textos, no quiero dejar pasar la oportunidad de destacar fragmentos tan suculentos como el de las admoniciones del satírico Luciano de Samosata a un ignorante que compraba muchos libros, las confesiones de un docto lector como el humanista francés Michel de Montaigne, o el relato de Josefina Aldecoa extraído de uno de sus libros autobiográficos. Junto a estos textos, procedentes de obras de escritores de distintas épocas, Castillo ha buscado testimonios que nos acercan a las prácticas de lectura y escritura de la gente común: así, por ejemplo, la confesión del morisco Román Ramírez ante el Tribunal de la Inquisición de Cuenca, que nos ilustra sobre la lectura popular a fines del siglo XVI español, o el fragmento de una entrevista a una mujer nacida pocos años después de finalizada la guerra civil, que nos acerca a las prácticas cotidianas y populares de la escritura en la España de la posguerra. Como no podía ser de otra manera en una obra que pretende introducir al lector en el conocimiento del papel que han desempeñado las prácticas del leer y escribir a lo largo de nuestra historia, no se ha descuidado la calidad del material gráfico. El libro muestra una escogida selección de veinte figuras que, más que limitarse a “ilustrar” el discurso, son aprovechadas por el autor para apostillar sus reflexiones, a través de unos pies de ilustraciones que constituyen jugosos excursos que en algunos casos, superan ampliamente la docena de líneas. Hace poco tiempo, el autor de este libro llamaba la atención sobre el empeño de algunos investigadores por revestir su habitual método 266 VEGUETA 9 (2006), ISSN: 1133-598X Recensiones de investigación meramente descriptivo con los ropajes de una pretendida historia social de la escritura (CASTILLO, 2005). Es evidente que este libro no está destinado a ellos, sino a los lectores que se acerquen a esta obra con el interés por introducirse en el conocimiento de la esencia misma de la escritura y de lo escrito con la mirada curiosa de quien desea aventurarse en nuevos territorios, de la mano de un reconocido especialista en la materia. Volviendo a recordar a Gabriel Zaid, la medida de la lectura no debe ser el número de libros leídos, sino el estado en que éstos nos dejan. Es por ello por lo que recomendamos la lectura de esta obra, ya que, ante la imposibilidad de leer los demasiados libros que se acumulan en nuestra bibliotecas, una historia mínima como ésta no sólo es materialmente posible, sino intelectualmente recomendable. BIBLIOGRAFÍA CASTILLO GÓMEZ, A. (coord.) (2002): Historia de la cultura escrita. Del Próximo Oriente Antiguo a la sociedad informatizada. Ediciones Trea, Gijón. GIMENO BLAY, F. (1998): Scripta manent. Materiales para una Historia de la Cultura Escrita, Universitat de València, València. __(1999): De las Ciencias Auxiliares a la Historia de la Cultura Escrita, Universitat de València, València. __(2005): La Historia de la Cultura Escrita y la erudición clásica. Cultura Escrita & Sociedad 1, pp. 124142. Manuel Ramírez Sánchez Universidad de Las Palmas de Gran Canaria Departamento de Ciencias Históricas E-mail: [email protected] VEGUETA 9 (2006), ISSN: 1133-598X 267 Recensiones Finalmente la quinta parte del libro es un estudio casi microhistórico de un personaje, el cura Jesús Manuel Jáuregui Moreno, pero no inscribiría este análisis en el género biográfico, sino que el personaje es la excusa para desvelar toda una realidad social. Este libro en su conjunto constituye esencialmente la Tesis Doctoral de José Pascual Mora, que ya es un historiador consagrado, que sigue la línea de una importante historiografía venezolana, que por referirnos a sus maestros podemos destacar a Federico Brito Figueroa y Reinaldo Rojas. Se trata de historiadores cuyos estudios no son muy conocidos en el ámbito internacional debido a las dificultades de distribución editorial, pero no por ello dejan de ser relevantes en los actuales debates historiográficos. Ello unido a la falta de fondos destinados a investigación en el país, lo que dificulta los contactos y, lo más grave desde el punto de vista científico, el conocimiento, pero exponen tesis ricas en matices y complejidad. Aquí tenemos el análisis de una dimensión de la vida social, determinadas formas de pensamientos y conceptos claves que forman el punto de partida estratégico para la comprensión de una formación social, la tachirense del siglo XIX. Por tanto, no debemos admitir ingenuamente, que los límites entre lo mental y lo social puedan formar un análisis rígidamente establecidos, es decir, el autor sabe que no puede haber una historia de las mentalidades válida si no es al mismo tiempo, una historia social. Esta afirmación conlleva una concepción unificadora, lograda en el libro de niveles de la realidad (social, político, mental, económico, etc.) que nunca pueden ser comprendidos de forma aislada en los procesos históricos. Las propias estructura económicas y sociales estuvieron contenidas, de alguna manera, en las imágenes construidas y en los conceptos cristalizados. Sin miedo a exagerar, este libro abre un nuevo campo de investigación extremadamente fecundo que toma a los hombres y mujeres en sus motivaciones conscientes o no, y en las actitudes que las prolongan. Esta historia es al mismo tiempo muy difícil y muy peligrosa: muy difícil porque no tolera la mediocridad o las reducciones mecanicistas, pero también peligrosa porque autoriza, al trabajar sobre las bases firmes y complejas, las modelizaciones a las que tan aficionados están en Estados Unidos y en Francia. El Dr. Mora en la presente investigación ofrece una visión coherente y unitaria (menos bipolar y pendular) del marxismo, de Annales, del paradigma común de los historiadores, tratando de unificar el objeto y el sujeto, unificando la historia de las mentalidades de Annales y la historia social de la tradición marxiana británica. Juan Manuel Santana Pérez Universidad de Las Palmas de Gran Canaria Departamento de Ciencias Históricas Email: [email protected] 274 VEGUETA 9 (2006), ISSN: 1133-598X Recensiones