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Leyendas populares de España

Trapero, Maximiano

Abstract

Sello FECYT

Full text

Reseña al libro de Luis Díaz Viana: Leyendas Populares de España: Históricas, maravillosas y contemporáneas (De los antiguos mitos a los rumores por Internet). Madrid: La Esfera de los Libros, 2008. Publicada en Revista de Dialectología y Tradiciones Populares (Madrid, CSIC), LXIV, nº 2 (2009), 231-135. LEYENDAS POPULARES DE ESPAÑA Maximiano Trapero Catedrático de Filología Española Universidad de Las Palmas de Gran Canaria Lo que se conoce como «tradición oral» constituye una fuente imprescindible, esencial, del imaginario mítico de un pueblo, de un país. Y entre los múltiples géneros que conforman esa tradición, las leyendas son, sin duda, uno de los más populares y de repertorio más amplio. Y sin embargo no han sido las leyendas objeto de recopilación y estudio en la medida que lo han sido, por ejemplo, los romances y los cuentos; al contrario, cabría decir que las leyendas han sido el género «menor», el más descuidado por los investigadores y estudiosos de la tradición. Difícil es, por lo escurridizo de sus límites, diferenciar las leyendas de los mitos, y ambos de los cuentos, y todos ellos de la fábula. Otros géneros literarios hay, como el romancero, que nutren también la tradición popular, pero éstos son los principales que se manifiestan en prosa. Fábulas, mitos, cuentos y leyendas son géneros que tienen una antigüedad imposible de determinar, y que han vivido entretejidos por invisibles pero fuertes hilos comunes. Todos ellos, juntos o separados, han merecido primero la atención de los folcloristas que los recogieron de la tradición oral y los reunieron en colecciones regionales o nacionales. Y unos pocos han merecido además la atención de filólogos, historiadores o antropólogos que han pretendido interpretarlos desde los horizontes de sus respectivas disciplinas. Modernamente, otro subgénero narrativo popular se viene a sumar a los anteriores tradicionales y empieza a merecer la atención de algunos estudiosos como generador de tradición: el rumor, que cuenta, además, con un medio propagador infinitamente más poderoso e inmediato con el que nunca pudieron contar los géneros viejos: internet. De todo ello trata el libro que Luis Díaz Viana acaba de publicar en La Esfera de los Libros. El título Leyendas populares de España refleja exactamente su contenido, especificado en un subtítulo Históricas, maravillosas y contemporáneas en que el autor clasifica -que no dividelas leyendas recogidas y comentadas, y aún con un segundo subtítulo De los antiguos mitos a los rumores por Internet que expresa desde la portada el alcance temporal de las leyendas reunidas. Pero no se trata de un libro cualquiera de leyendas populares, quiero decir que ofrezca sólo una colección bien nutrida de textos, sino que es un libro acompañado de una muy seria reflexión teórica y de unos comentarios eruditos que le dan una altura mayor y una validez mucho más diversa. Cada leyenda lleva su correspondiente comentario, que la sitúa en un lugar y en un tiempo determinados, que ofrece datos de otras versiones y de otras colecciones paralelas y, sobre todo, que la interpreta desde una perspectiva del género al que pertenece. Pero antes, cumpliendo con los requisitos que debe contener toda verdadera Introducción, nos ofrece el autor un importante texto titulado Un mundo de leyenda en que se sitúa el género leyenda dentro de los parámetros del folklore, de la literatura y de la cultura popular; pone a la leyenda en relación con los otros géneros folklóricos más cercanos, como son los citados mito, cuento y fábula, hasta identificar cada uno de ellos por sus rasgos distintivos; nos explica las condiciones del nacimiento y los mecanismos de transmisión de las leyendas y justifica la clasificación en tres grupos por la que ha optado para ofrecer el conjunto de 51 leyendas reunidas. A los dos grupos primeros de «históricas» y «maravillosas», bien asentados en cualquier clasificación tradicional de leyendas populares, añade el autor un tercer grupo de «leyendas contemporáneas» que resulta novedoso, por cuanto constata la viveza y la continuidad de un género que parecía pertenecer sólo al pasado. Luis Díaz Viana es autor bien conocido en el ámbito de los estudios sobre la tradición y es, además, de los pocos autores españoles que, sin cambiar el objeto de estudio, ha dado el salto interpretativo desde las modernas técnicas de la antropología cultural. Por ello su nombre y sus obras figuran aquí y allá, entre la bibliografía básica de temas relacionados con la oralidad y la tradición, con el folklore. De hecho, él mismo proclama al comienzo de este libro que no debe verse contradicción alguna en que un antropólogo se interese por el estudio de la cultura popular, pues -copio sus propias palabras- «el propósito fundamental del folklore en cuanto a disciplina será averiguar, en suma, cómo se crea y se transmite cultura». A Luis Díaz Viana le avala su currículo: el haber sido cocinero antes que fraile; la reflexión teórica que acompaña sus trabajos tiene tras de sí una experiencia de trabajo de campo que garantiza los firmes cimientos sobre los que está sustentada. Siempre he creído que en los estudios sobre la tradición oral es del todo fundamental partir del conocimiento directo de las formas de vida de esa tradición. Y Díaz Viana ha dedicado muchos años de su vida a tareas de recolección de materiales folklóricos, a la conversión de textos orales en textos escritos y en reflexiones teóricas sobre la problemática de ese mundo cultural. De ahí la solidez de su teoría. Advierte el autor al final de la Introducción que este libro supuso para él un doble reto: literario y científico. El reto científico se explica bien desde el nivel de conocimientos que se requiere para afrontar un libro con un título como éste que quiere ofrecer un panorama antológico del género leyenda popular en España, desde el rigor en el tratamiento de las fuentes y desde la altura de la investigación llevada a cabo. Sin embargo, el reto literario, ¿en qué debe manifestarse? Los relatos populares aparecen por lo general en las antologías y recolecciones al uso en la misma forma en que fueron recogidos, es decir, tal cual los relataron esos que los investigadores solemos llamar «informantes» y que no son sino personas individuales y ocasionales de ese «autor legión» que se llama pueblo, pues no es lo normal -y sí sólo excepcionalque en cada pueblo haya un relator «oficial» de la tradición local. Sí suele haber personas más capacitadas que otras en cada uno de los géneros que componen esa tradición: unos hay que saben más romances, otros que cantares y otros hay cuyo repertorio se nutre especialmente de cuentos y de leyendas. Pero Luis Díaz Viana hace en este libro más que como recolector y comentarista de leyendas: nos ofrece sus propias «versiones» de las 51 leyendas que lo componen, unas veces traspasando los límites característicos de ese género y tomando aspectos de otros géneros, del romance, del cuento, del rumor; otras veces fundiendo dos o más versiones distintas o incluso dos o más motivos legendarios; y siempre pretendiendo dar a cada una de esas versiones suyas la impronta literaria de su propio estilo. Dice el autor -y dice bienque del reto científico que se propuso al escribir este libro deberán opinar los colegas investigadores capacitados para ello, mientras que del reto literario podrán opinar los críticos y sobre todo los lectores. «Y el tiempo que todo lo pone en su lugar» - concluye el autor-. Como crítico y como lector de esas leyendas, me permito opinar sobre cada uno de esos dos retos del autor y sobre sus resultados; al fin, eso es lo que debe exigírsele a quien voluntariamente ha decidido hacer una reseña «crítica» de un libro cualquiera. Respecto a la colección de leyendas que nos ofrece en el libro y a los tres grupos en que las clasifica, nada tengo que objetar; al contrario, creo que es un espléndida antología, con muestras de todas las regiones de España (hoy tipificadas como Comunidades Autónomas), y bien representativas de la tradición legendaria total. Pretender una obra «total» de las leyendas de España es hoy por hoy un imposible, pues ni existen recolecciones suficientes, ni nunca las podrá haber, por los límites inabarcables del género, ni mucho menos era ese el propósito del autor. Igualmente me parece un acierto la triple clasificación de las leyendas en «históricas», «maravillosas» y «contemporáneas». Clasificaciones hay y puede haber muchas, tantas como autores se pongan a la tarea. Luis Díaz Viana ha querido simplificar ese panorama y ha seleccionado de su archivo un repertorio que puede dar una imagen aproximada del total de la tradición, haciendo intencionadamente un reparto proporcional entre los tres grupos: 20 históricas, 17 maravillosas y 14 contemporáneas. Las históricas recogen leyendas «de personajes históricos heroicos y curiosos pasajes» que vivieron o que se sitúan en la narración en una época determinada (Don Rodrigo y la pérdida de España, Los siete infantes de Lara, Bernardo de Carpio, El caballero de Olmedo, El convidado de piedra, etc.). Las maravillosas agrupan leyendas «de hechos, seres y lugares extraordinarios», fuera o al margen de toda determinación temporal, aunque puedan conservar algunos rasgos de época (El lago de Sanabria, historias de tesoros escondidos, historias de ánimas en pena, San Andrés de Teixido, San Borondón, etc.). Y las contemporáneas, sin otra especificación que «rurales y urbanas», reúnen historias y casos ocurridos o imaginados en un tiempo presente, actual (La mascota engañosa, El perro que volvió a ser lobo, Los fantasmas del Museo Reina Sofía de Madrid, el supuesto golpe de Estado tras los atentatos terroristas de marzo de 2004 en Madrid, etc.). Para cualquier lector del libro, el contraste entre las leyendas de los dos primeros grupos y el tercero será chocante, fuerte, le causará desasosiego. ¿Son verdaderamente las historias reunidas bajo el título de «leyendas contemporáneas» relatos que pueden acogerse sin crítica alguna bajo el género «leyenda»? El contraste, como digo, se manifiesta de una manera brusca. La última leyenda del grupo de las maravillosas es la de «La isla flotante de San Borondón», que habla de una isla misteriosa que aparece y desaparece ocasionalmente y que recibe el nombre de un santo legendario, San Brandan o Brandano, que en la búsqueda de nuevos territorios en que predicar la fe de Cristo recala junto a sus seguidores en una isla del todo desconocida; al disponerse a celebrar la misa la isla empieza a temblar, resultando ser una ballena gigante. Es una leyenda intemporal, antigua y moderna, que sigue viva en la tradición popular de Canarias y que tiene muchos y muy ilustres testimonios históricos; un relato que participa de todos los elementos caracterizadores del género. Y la primera leyenda de las contemporáneas es «La mascota engañosa o el perro extranjero», un relato que cuenta la historia de una pareja de jóvenes madrileños que aprovechando las vacaciones de Semana Santa viajan a la India y que en su visita al río Ganges se compadecen de un perrito que les miraba y les seguía; deciden traérselo consigo a Madrid y al cabo del tiempo, al ver el extraño comportamiento del animalito, lo llevan al veterinario que les sentencia: no es un perro, sino una rata gigante del Ganges. La gran erudición de Luis Díaz Viana y su original sentido interpretativo se aúnan para poner en relación este relato con otras muchas leyendas y mitos universales, que manifiestan -dice el autorlos miedos de ida y vuelta, los conflictos entre colonizadores y colonizados, la dicotomía entre poseedores y poseídos, el miedo al otro. Así será, pero ¿no se ha producido un salto demasiado grande entre «la materia» de que se nutren las dos narraciones que aquí consideramos?, ¿no hay una diferencia abismal entre los elementos que configuran la leyenda de San Borondón y este «caso» del perro-rata del Ganges? Por algo será que el autor ha de extenderse en los comentarios de estas leyendas contemporáneas con mucha mayor largueza que en los dos primeros grupos, y que es en ellas cuando ha de usar con mayor intensidad de las teorías antropológicas para justificar su condición de verdaderas leyendas. Otra consideración nos merece el segundo reto «literario» que se propuso el autor de este libro. Ya dijimos que los textos de cada una de las leyendas son «versiones» del autor. En un libro recopilatorio de textos de la tradición -sea cual sea el género de que se trate, sea en verso o en prosa-, es un principio casi intocable el hecho de que el editor no puede ni debe alterar lo más mínimo lo dicho por el «informante» de esa tradición; así, su labor consistirá en transmitir por escrito lo más fielmente posible lo que recogió en forma oral. Demasiado complejo es ese traslado de la oralidad a la escritura, y muchas cosas habría que considerar, como para que podamos detenernos aquí en ello. Pero no es éste el caso del libro que nos ocupa, pues se trata de un libro de divulgación, aunque con una apoyatura científica y erudita muy importante. Un antecedente ilustre tenemos en el campo del romancero en que su autor, nada menos que Menéndez Pidal, hizo sus propias versiones de los romances antologados, eso sí, sobre el conocimiento de múltiples versiones tradicionales de cada uno de ellos. El resultado fue el del libro posiblemente más leído y difundido del romancero español en el siglo XX: Flor nueva de romances viejos. Muchos españoles conocen el romancero español por ese libro; incluso las versiones que se han impuesto en muchos lugares de la geografía española, por encima de las de su tradición autóctona, son las versiones que Menéndez Pidal reelaboró con una intención divulgadora. ¿Será ese también el destino de las leyendas que Díaz Viana ha reunido en este su libro? Como el propio autor predice, eso «lo dirán los críticos, pero fundamentalmente los lectores». Y naturalmente -añadimos nosotrosla difusión que el libro pueda alcanzar. Pero el crítico en que hoy me he convertido, después de haber sido lector atento e interesado, advierte que al estilo económico, austero, a veces críptico de la tradición oral, con un lenguaje natural, lleno de dialectalismos y de usos propios del habla popular, pero semánticamente rico, por esencial, se opone el estilo de Luis Díaz Viana, más cuidado, más literario -quiere decirse más lleno de recursos expresivos-, explicativo y circunstancial, aunque sus versiones contienen elementos ajenos a la pura narración, por añadirles erudición y comentario, y pierden por ello el encanto de la naturalidad. Aunque advierto que habrá lectores que prefieran este segundo estilo, por más acomodado a sus hábitos lectores. Un nuevo libro que sumar a la importante bibliografía científica de Luis Díaz Viana, pero, a la vez, un libro que trasciende el ámbito de los especialistas y va dirigido al gran público, aunque con las prerrogativas del rigor universitario y la garantía de una investigación previa y concienzuda. Y además en una edición impecable y preciosista que debemos resaltar y agradecer.