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Filosofías del Barroco. Coords. Moisés González García y Hugo Castignani (Madrid, Tecnos, 2020) [Reseña]

Puente-Herrera Macías, Francisco Miguel de la

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Atalanta . Revista de las Letras Barrocas 182 FILOSOFÍAS DEL BARROCO Coords. Moisés González García y Hugo Castignani (Madrid, Tecnos, 2020) El presente volumen, si bien parte de un enfoque que ya desde el título remite al ámbito de la filosofía, no se centra únicamente en esta disciplina, pudiéndose afirmar que obedece más a un impulso cercano a los estudios culturales que a una obra que pretenda dar cuenta del panorama filosófico actual en torno a la cuestión. Esto sí, si bien a priori pudiera parecer lo contrario, supone uno de sus puntos fuertes. La obra se inserta en la estela de otras similares como Renacimiento y modernidad (2017) coordinada también por González García y publicada en la misma editorial. La obra se estructura en cuatro partes: una prolija introducción en la que se sientan los presupuestos conceptuales y metodológicos que rigen la obra, una segunda denominada «La filosofía barroca en su contexto: de la metafísica a la política»; la tercera, centrada en las artes, se titula «El Barroco como concepto estético: literatura, pintura, mito», denominándose la cuarta «El Barroco presente: lecturas contemporáneas». Se cierra la obra con un extenso apéndice bibliográfico bastante actualizado. Realmente, el enfoque bajo el que se sitúa la obra no es novedoso, pues en gran parte sigue la estela metodológica de autores como Claude-Gilbert Dubois, quien en obras como Le Baroque. Profondeurs de l’apparence analiza las bases subyacentes a determinados estilos, entendidos estos como modos de producción. Este concepto está en los cimientos de la obra, aunque sin ser el único, pues, al tratarse de una obra que recoge materiales de diversos autores, nos encontramos ante un panorama más vasto y multidisciplinar que incluso va un paso más allá cuando afirman los coordinadores que, en última instancia, lo barroco consistiría más en una ideología que en una estética. En la introducción, realizada por Castignani, se parte de un panorama de ideas ya clásicas, como las de Deleuze, Maravall o D’Ors, para desembocar en la definición de Barroco como objeto filosófico, vinculándolo a tópicos tradicionales como el sueño, el cogito cartesiano o el pliegue, entre otros, para finalmente señalar las perspectivas que abre hacia nuestro presente, bifurcándose en dos vías: la presencia de modos barrocos en las manifestaciones culturales contemporáneas y los últimos enfoques de estudio acerca del Barroco. Reseñas bibliográficas 183 La segunda sección, centrada, según su título, en la filosofía y la política, se inclina más hacia esta última. En el primer capítulo, González García, uno de los coordinadores, centra su visión en Maquiavelo y Gracián a los que constituye en ejes del concepto de individuo y de las relaciones de este con la polis. Uno de los capítulos más interesantes de esa segunda sección es el titulado «Del poeta como envenenador: la escena jansenista» de Gabriel Albiac, autor que, junto a su maestro Jiménez Lozano, ha dedicado al mundo de Port-Royal muchas horas de estudio y que aquí se centra en las implicaciones políticas derivadas de las posiciones de los jansenistas en torno a la dramaturgia. Racine, uno de los principales comediógrafos de la Francia barroca, se crio en las petites écoles vinculadas a la abadía, de la que se desligó para volver luego mansamente a ella. Pierre Nicole, coautor de la Lógica, junto a Arnauld, redactó un Traité de la Comédie en el que polemiza en torno a «los espacios públicos en los cuales se mueve la distracción básica de esos hombres pulidos de un siglo, el suyo, que es, ante todo, el siglo del teatro». Albiac hace girar su trabajo en torno al tópico político del mundo como escenario tan frecuente en el Barroco, e indaga incluso acerca de la posición de Dios en dicho tablado y su alcance. En este sentido, es digno de reseñar cómo llega a vincular esta temática incluso en relación con La condición humana de André Malraux. Uno de los ejes fundamentales sobre los que gira esta segunda sección es Descartes. Más allá del Discurso del método, se centra en aspectos menos tratados, como las vivencias oníricas que recoge en Olympica, donde muchos han visto el germen del desarrollo posterior de su pensamiento. Por su parte, Spinoza se trata en tanto que confronta su pensamiento con el del francés. Los últimos ensayos que integran esta parte giran sobre cuestiones de índole política, centrándose en figuras hispánicas de especial auge en los últimos tiempos como Suárez o Saavedra Fajardo, o en la fortaleza y cómo dicho concepto pasa de ser considerado únicamente una virtud a ser usado como mecanismo de control en el ámbito hispánico, cuestión esta última tratada por un autor de los ya clásicos en la investigación sobre el Barroco: Fernando R. de la Flor. La tercera parte muestra como centro el enfoque estético, que permite establecer la apertura de nuevos cauces por parte de autores como Jordi Claramonte, quien abre su trabajo «El Barroco en la estética: del desbordamiento de los medios a la concentración del efecto» señalando que «es difícil evitar la larga querella que ha alineado de un lado a los partidarios de entender el Barroco como un “mero concepto de época” y del otro a los que insistían en estirarlo y estilizarlo para hacerlo valer como uno de los momentos Atalanta . Revista de las Letras Barrocas 184 cíclicos e inevitable de la vida de las formas». Aparecen estudios de valor como el que gira en torno —una vez más— a cómo Calderón usa el tópico del sueño como alegoría política y vital, a los mitos clásicos del amor en el Barroco español o a la relación del ordenamiento de espacios abiertos (como los jardines) con dicho concepto, perspectiva esta última bastante novedosa. Por otro lado, es llamativo que el apartado dedicado a Sor Juana Inés de la Cruz solo establezca una labor de síntesis de posturas ya bien conocidas, desde un enfoque conservador y bastante convencional, puesto que, o bien sigue la estela de autores cuya obra, si bien valiosa en su momento, quedó muy atrás, o no es capaz de plantear un ir más allá del discutidísimo trabajo de Paz, una visión que la nueva hornada de autores que se dedican actualmente a la investigación de la Décima Musa ha cuestionado y demostrado que es un enfoque no solo poco certero, sino además ya agotado, dando solo cabida a Alatorre entre los investigadores posteriores. La cuarta sección, centrada en lecturas contemporáneas del Barroco, realiza un repaso del estado de la cuestión partiendo de una labor de compendio de lo propuesto por firmas ya clásicas, como Eugenio D’Ors o Lezama Lima. El estudio de las propuestas del poeta cubano es realizado por Juan Ignacio Morera de Guijarro, autor también del capítulo dedicado a Sor Juana, entre otros, adoleciendo del mismo problema que ya hemos señalado: no recoge las últimas aportaciones fruto de la aportación de investigadores y editores de la obra del autor. La exégesis que realiza Cristina Rodríguez Maciel acerca de las teorías de Deleuze sobre el pliegue y su lectura de Leibniz se muestra muy clarificadora. Se vale precisamente del pliegue y lo proyecta como forma valiosa de lectura de la posmodernidad, puesto que «nuestro mundo se aleja cada vez más de un centro y ya no podemos “multiplicar principios”. Sino que tenemos que aprender a sostenernos en un mundo descentrado y sin principios». Esta lectura del presente desde principios barrocos aparece también en el trabajo de Roberto Nigro, un autor que, si bien no es excesivamente conocido en España, no lleva poco tiempo trabajando sobre estas cuestiones. Es él quien realiza con su capítulo «La esencia barroca de la razón de estado: excepción y regla en el golpe de estado clásico y moderno» una de las aportaciones más valiosas del volumen. Plantea una visión novedosa de ciertos procesos políticos de la actualidad para cuya hermenéutica es útil realizar cierta arqueología de los conceptos de golpe de estado o de la posible legitimidad de estos en Reseñas bibliográficas 185 relación con el derecho natural y la teoría política. Por su parte, José María Hernández Losada señala la figura de Thomas Hobbes como punto de apoyo de ciertas corrientes de estudio de la filosofía política contemporánea, haciéndose eco de esta figura sobre la que no solo el mundo académico ha dirigido su mirada, sino que también ha traspasado dicho espacio y ha llegado a usarse como pieza del tablero de interpretación y análisis político que desarrollan los medios de comunicación contemporáneos en torno a procesos que van desde la caída del muro de Berlín al Brexit. El balance de las luces y sombras del libro es este: entre las primeras está el propósito, conseguido suficientemente, de dar una visión de conjunto del estado de la cuestión, aunque el investigador avezado pueda echar en falta mayor profundización en algunos apartados, pero esto no está dentro de los objetivos de este tipo de obras. De cualquier modo, reúne un elenco de voces autorizadas y suficientemente conocidas por su labor respecto a este objeto de estudio, tales como Albiac o Fernando R. de la Flor, al igual que otras que, como ya apuntábamos en el caso de Nigro, no son ampliamente conocidas, pero cuyas aportaciones no desmerecen en absoluto, sino que son un verdadero descubrimiento. Ente las sombras está que a veces el panorama ofrecido es bastante convencional y no se hace eco de las últimas muestras de investigación que invalidan posturas anteriores o al menos las cuestionan suficientemente. Quizás esto se deba a que algunos autores tratan varios temas y desde disciplinas que exigen una especialización y que no siempre coinciden con la formación o trayectoria investigadora del autor. En cualquier caso, la valoración en conjunto es claramente positiva, puesto que sirve tanto para un acercamiento a los diferentes campos que articulan en relación con el Barroco, muy valioso para quien busque un acercamiento inicial de conjunto, como para que el investigador ya familiarizado con este objeto de estudio pueda rastrear conexiones entre diversos enfoques que pueden resultarle útiles para el desarrollo posterior de su labor. Francisco M. de la Puente-Herrera Macías