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Altares con forma de piel de toro, Asherim y Masseboth: tríada de elementos religiosos de tradición cananea en la Península Ibérica

Gómez Peña, Álvaro

Abstract

El Antiguo Testamento recoge en diversos pasajes la exhortación de los líderes hebreos hacia su pueblo para eliminar altares, pilares y árboles sagrados erigidos en los lugares de culto fenicios. La tríada altar-massebah-asherah no sólo cuenta con referencias veterotestamentarias, sino que también presenta ejemplos textuales y arqueológicos dentro de la propia tradición cananea. En el presente estudio se realiza un breve repaso por los principales testimonios procedentes del Mediterráneo oriental y la posible huella de su utilización en varios santuarios protohistóricos de la Península Ibérica. En todos los casos se observará una homogeneidad contextual con un marcado matiz religioso de tradición oriental.

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ALTARES CON FORMA DE PIEL DE TORO, ASHERIM Y MASSEBOTH: TRÍADA DE ELEMENTOS RELIGIOSOS DE TRADICIÓN CANANEA EN LA PENÍNSULA IBÉRICA ÁLVARO GÓMEZ PEÑA1 IX Congreso Internacional de Estudios Fenicios y Púnicos / International Congress of Phoenician and Punic Studies MYTRA 5, 2020: 193-205 RESUMEN El Antiguo Testamento recoge en diversos pasajes la exhortación de los líderes hebreos hacia su pueblo para eliminar altares, pilares y árboles sagrados erigidos en los lugares de culto fenicios. La tríada altar-massebah-asherah no sólo cuenta con referencias veterotestamentarias, sino que también presenta ejemplos textuales y arqueológicos dentro de la propia tradición cananea. En el presente estudio se realiza un breve repaso por los principales testimonios procedentes del Mediterráneo oriental y la posible huella de su utilización en varios santuarios protohistóricos de la Península Ibérica. En todos los casos se observará una homogeneidad contextual con un marcado matiz religioso de tradición oriental. PALABRAS CLAVE Ébora, El Carambolo, Caura, Castellet de Banyoles, Els Vilars. ABSTRACT There are some passages in the Old Testament in which Hebrew leaders exhort to their people to eliminate altars, pillars and sacred trees erected in Phoenician sacred places. The altar-massebahasherah triad not only has Old Testament references, but also within textual and archaeological records of Canaanite tradition itself. In the present study a brief review is made by the main testimonies coming from the Eastern Mediterranean and the possible trace of its use in several Protohistoric sanctuaries of the Iberian Peninsula. In all cases a contextual homogeneity with a marked religious nuance of Eastern tradition will be observed. KEY WORDS Ébora, El Carambolo, Caura, Castellet de Banyoles, Els Vilars. 1Departamento de Prehistoria y Arqueología. Universidad de Sevilla. [email protected] 1. INTRODUCCIÓN El estudio de la religión fenicio-púnica ha visto notablemente incrementada su producción científica en las últimas décadas gracias a numerosos proyectos de excavación y revisión de materiales en diversas partes del Mediterráneo. Actualmente, por motivos logísticos y políticos se conocen mejor las creencias y rituales fenicio-púnicos en las colonias del Mediterráneo central y occidental que en las metrópolis de origen. Esta circunstancia implica que, en ocasiones, como aquí se hará, sea necesario comparar los contextos arqueológicos de la Península Ibérica con algunas referencias textuales, tanto cananeas como de otras poblaciones próximo-orientales. También la información que ofrecen determinadas representaciones iconográficas, caso de los detalles presentes en algunas acuñaciones tirias de época romana, resultan de interés. En cuanto a las primeras, existen varios pasajes literarios en los que se menciona la presencia de altares, piedras y árboles sagrados tanto en episodios fundacionales míticos como en relatos pretendidamente históricos que guardan relación con las ciudades de Tiro y Gadir (Álvarez 2014). Del mismo modo, en varias ocasiones se hacen explícitas en la Biblia las exhortaciones realizadas al pueblo hebreo para que elimine un conjunto de objetos de culto propios de las poblaciones cananeas que se encontraban en el interior de sus santuarios (Deut. 7:5; Deut. 12:3; Deut. 16:21-22; 1Reyes 14:22-23; Ex. 34:13). En dichas citas se suele hacer mención a la destrucción de altares, rotura de masseboth, tala de asherim e incendio de esculturas. En cuanto a las representaciones recogidas en las monedas tirias, la presencia de piedras divinas dobles, árboles sagrados, imágenes antropomorfas de posibles deidades y figuras táuricas pueden ser fácilmente conectables con las anteriores referencias escritas (Álvarez 2014; Bijovsky 2005). Teniendo presentes estos ejemplos, en las siguientes líneas se pretende llamar la atención sobre varios contextos arqueológicos del I milenio a.C. de clara influencia oriental documentados en diversas regiones de la Península Ibérica en los que se propone la presencia de altares con forma de piel de toro junto a asherim y masseboth (Fig. 1). 2. ÉBORA (SANLÚCAR DE BARRAMEDA, CÁDIZ) En 1958 se encontraron en el cortijo de Ébora (Sanlúcar de Barrameda, Cádiz) varias piezas de oro tras realizarse unas labores agrícolas en la finca. Tras realizarse excavaciones arqueológicas dirigidas por Carriazo en el lugar del hallazgo se localizaron algunas pequeñas piezas de oro en el corte abierto, así como también durante el cribado de la tierra extraída. Se observó que éstas formaban parte del conjunto ya encontrado, lo que confirmaba la certeza del lugar del descubrimiento. Sin embargo, a pesar de las esperanzas puestas en los hallazgos de los primeros días, la campaña tan sólo dio con un silo de época imprecisa, algunos muros destruidos y cerámicas de filiación púnica y romana que no aportaron luz sobre el contexto exacto de las joyas. El tesoro de Ébora consta de 93 piezas de oro y 43 de cornalina, halladas en tres lotes diferentes. El primero localizado fortuitamente, el segundo formado a partir de varias piezas escondidas en el garaje de la finca y diversos cavoteos desordenados en la zona del descubrimiento por el personal de la finca. El último conjunto se encontró en las excavaciones realizadas por el propio Carriazo. De entre todas sus joyas el interés del presente estudio se centra en una diadema articulada que cuenta con varios paralelos en la protohistoria peninsular ibérica. La diadema de Ébora se encuentra formada por un triángulo en cada uno de sus extremos decorado con dos SS opuestas y una pareja de animales de cara a una palmeta central. Ambos triángulos están conectados a través de cuatro hileras: 1) piezas de tendencia rectangular que ÁLVARO GÓMEZ PEÑA 194 5 195 constan de un cuerpo central con cuatro líneas granuladas paralelas y junto a él una pequeña esfera. 2) columna con decoración en zig-zag a los lados. 3) Dos lengüetas verticales sobre un pequeño rectángulo con un aspa. 4) Figuras antropomorfas. Las anteriores referencias literarias han servido para realizar una nueva propuesta iconográfica sobre dicha diadema (Gómez Peña 2018). En dicha reinterpretación se ha planteado que los cuatro elementos centrales de la pieza estarían reflejando un altar con forma de piel de toro, una asherah o árbol sagrado próximo-oriental, una massebah o betilo díptico que albergaría a las divinidades fenicias y una figura antropomorfa que podría estar representando a Bes (Fig. 2). Con respecto a las aras con forma de piel de toro, tras el descubrimiento en 1958 del tesoro de El Carambolo (Camas, Sevilla), en el que destacaban por su peculiar forma unas piezas consideradas como pectorales regios, su importancia dentro de la historiografía arqueológica empezó a aumentar tras los hallazgos de los altares de Cancho Roano (Zalamea de la Serena, Badajoz), Caura (Coria del Río, Sevilla) y el propio yacimiento de El Carambolo a partir de las nuevas excavaciones de principios del siglo XXI. ALTARES CON FORMA DE PIEL DE TORO, ASHERIM Y MASSEBOTH… 5 Fig. 2. Diadema del tesoro de Ébora con las cuatro filas de elementos. De arriba abajo: massebah, altar con forma de piel de toro, asherah y posible Bes (imagen extraída de la Red Digital de Colecciones de Museos de España, http://ceres.mcu.es) Fig. 1. Mapa de la Península Ibérica con la ubicación de los principales yacimientos mencionados en el texto: 1) Ébora (Sanlúcar de Barrameda, Cádiz). 2) El Carambolo (Camas, Sevilla). 3) Caura (Coria del Río, Sevilla). 4) Castellet de Banyoles (Tivissa, Tarragona). 5) Els Vilars (Arbeca, Lérida) (elaboración propia). Estas estructuras inmuebles estarían representando el pellejo de un toro tanto por sus características formales, como por las cromáticas y las simbólicas. En cuanto a las primeras y las segundas, las pieles de animales cuadrúpedos como los bóvidos suelen presentar tras su procesado artesanal una forma rectangular con las esquinas apuntadas, mostrándose la parte interior de un color rojizo propio del pelaje de los animales castaños y la exterior con tonos más amarillentos dada la coloración que presenta el pellejo depilado de estos animales. Apoyando esta idea, tenemos ejemplos de monturas de varias piezas votivas procedentes de El Cigarralejo (Murcia) y la que presenta la yegua de bronce igualmente votiva del santuario de Cancho Roano (Escacena 2000: 177-184). Más recientemente, desde finales de los años noventa del pasado siglo, el número de objetos que ha sido relacionado con esta forma dentro de la protohistoria peninsular ibérica ha ido creciendo de manera casi exponencial, no sólo en cuantía sino también en importancia dentro de la historiografía (vid. Gómez Peña 2017), habiéndose propuesto un origen oriental para estas aras con paralelos dentro de la glíptica sirio-chipriota de la segunda mitad del II milenio a.C. (Gómez Peña 2010). En cuanto a la asherah, la arqueología que se ha venido centrando en el Próximo Oriente y en el Mediterráneo Oriental se ha ocupado en varias ocasiones de manera monográfica del culto a ésta y de sus diversas manifestaciones (Binger 1997; Merlo 1998; Hadley 2003; Cornelius 2004). Un repaso por ellas muestra que las referencias a la diosa Asherah en Mesopotamia, Ugarit, Palestina y el Antiguo Testamento son exclusivamente textuales, por lo que a partir de estos casos no es posible poner imagen a esta divinidad (Merlo 1998: 225). Para paliar este problema, los investigadores que han tratado de identificar a Asherah se han venido posicionando dentro de dos corrientes principales. De una parte, están quienes han considerado que el término asherah que aparece en la Biblia no se trataría de una deidad, sino de una imagen de madera, una arboleda o un árbol vivo que habría recibido culto. De otra, quienes además de considerarlo como tal, piensan que bajo ese apelativo también se encuentra una divinidad específica que suele aparecer desnuda de frente al espectador (cf. Hadley 2003: 4-37). Dentro de la tradición cananea, Asherah aparece ya como diosa en Ugarit desde el II milenio a. C., así como en el panteón tirio en la Épica de Keret datada entre 1500-1200 a. C. (Hadley 2003: 41-43). Sin embargo, para el caso particular que aquí me ocupa, la información más interesante procede de las referencias bíblicas antes indicadas. En la inmensa mayoría de estas menciones se hace alusión a un objeto de madera sin apelar a una divinidad en cuestión (vid. Hadley 2003: 54-83). En varios de los pasajes se pide que se corten, a la vez que se destruyan los altares y se derriben las masseboth. Estos datos cuadran con la posibilidad de que las asherim fuesen postes de madera, de los que se disponen posibles huellas con restos cenicientos donde hincarlos muy cerca de los altares con forma de piel de toro en santuarios como el de El Carambolo y Caura, así como en diversas representaciones propias de la eboraria tartésica (Escacena 2013: 173). En tercer lugar, se encuentra la pieza que ha sido tenida en otras interpretaciones por las Tablas de la Ley o la corona de Bes y que aquí se relaciona con las masseboth orientales. Resulta sorprendente la escasa atención dedicada a estos objetos tanto en el Mediterráneo Oriental como en la Península Ibérica. De entre lo poco que se sabe sobre este elemento, puede afirmarse que la massebah se compone de una o varias piedras sobre una plataforma elevada del suelo que presenta un carácter polisémico. Entre sus posibles usos se encuentra el de morada de la divinidad, destacando el carácter anicónico de la misma. Sin embargo, también pudo haber funcionado como estela. Incluso a partir de la epigrafía púnica se le puede considerar como monumentum en tanto en cuanto reclama la atención del caminante que lo observa (Seco 2010: 49). Por lo que respecta a la dispersión geográfica de estas piedras, el Mediterráneo Oriental cuenta con un buen número de casos bien documentados (Mettinger 1995: 143-191). De especial importancia para el caso ÁLVARO GÓMEZ PEÑA 196 5 197 que aquí se analiza son las famosas Piedras Tirias o Piedras Ambrosiales (Nonn. D. XL, 465-477) en compañía de un olivo sagrado (Bijovsky 2005). A propósito de ellas destacan las acuñaciones de Gordiano, Treboniano Galo, Valeriano, Heliogábalo, Aquilia Severa, Julia Mesa, Volusiano y Galieno (Seco 2010: 106). El cuarto motivo es una figura antropomorfa. En la parte superior se ha representado una gran cara de marcados rasgos. Debajo de ella se pueden observar dos brazos que unen las manos en medio. En la zona inferior se encuentran las piernas abiertas y flexionadas con un posible taparrabos en el centro. Por último, abajo del todo se ha representado un objeto de forma redondeada de dudosa interpretación. La mayoría de los autores han planteado que el personaje no sería otro que Bes, divinidad con connotaciones principalmente protectoras, funerarias y propiciadoras de la fertilidad. Las cuestiones geográficas, cronológicas y transculturales de esta deidad hacen en un primer momento complejo su análisis. Desde fines del siglo XIX la tradición historiográfica ha venido escribiendo sobre la figura de Bes en el Antiguo Egipto en innumerables ocasiones y, desde hace varias décadas, a propósito de su papel en el mundo cananeo del II y I milenios a. C. Para este último caso su presencia en el mundo fenicio está bastante bien atestiguada, tanto en el corredor sirio-palestino como en las islas de Chipre (Yon 1986: 131 y ss.) y Creta (Tzavellas-Bonnet 1985), así como en la Península Ibérica (Velázquez 2007). Para el caso del tesoro de Ébora, el paralelo más próximo para la figura antropomorfa, datado en torno al siglo V a.C., procede de la necrópolis meridional de Tharros (Museo Arqueológico Nacional de Cagliari, núm. inv. 5204) (Garbini 1966: 118-119; Moscati 1979: 237-238). A partir de estos ejemplos textuales e iconográficos, y tomando como hilo conductor los altares con forma de piel de toro, se repasarán brevemente algunos contextos protohistóricos hallados en la Península Ibérica que podrían albergar varios de estos elementos. 3. EL CARAMBOLO (CAMAS, SEVILLA) Cuando se descubrió el tesoro de El Carambolo a fines de los años cincuenta, las excavaciones que diri - gió Carriazo para conocer el contexto del que procedía el hallazgo le llevaron a pensar en la identificación de un poblado tartésico que comenzaba en el Bron ce Final, momento en que se dató el lote de piezas áureas (Carriazo 1970: 58). Poco después, Blanco Freijeiro interpretó el yacimiento de El Carambolo como un lugar de culto tartésico influenciado por los santuarios de época geométrica del área egea dado lo básico de las construcciones y lo singular de los ajuares (Blanco Freijeiro 1979: 95-96). Esta idea se mantuvo en líneas generales hasta la reinterpretación realizada por Belén y Escacena (1997). Ambos investigadores revisaron en una pu blicación algunos de los materiales encontrados en dichas excavaciones por Carriazo y acabaron conclu yendo que el yacimiento de El Carambolo no había sido un asentamiento tartésico originado en el Bronce Final, sino un templo de tradición oriental dedicado a Astarté. Además, sus principales edificaciones, enclavadas en el denominado Carambolo Bajo, habrían sido las dependencias propias de estos edificios empóricos dependientes de la fundación de Ispal (Belén 2001: 7). Pocos años después, entre 2001 y 2005, se realiza ron nuevas excavaciones en El Carambolo en las que llegó a excavarse la casi totalidad del cerro. Los resul tados depararon el hallazgo de un complejo sagrado de tradición oriental con cinco fases constructivas en el que se hallaron dos altares con forma de piel de toro (Fernández y Rodríguez 2007). Se trata de las aras con este perfil más antiguas encontradas hasta el momento en la Península Ibérica, el primero de la fase IV y el segundo de la III (Fig. 3). ALTARES CON FORMA DE PIEL DE TORO, ASHERIM Y MASSEBOTH… 5 ÁLVARO GÓMEZ PEÑA 198 5 Fig. 3. Arriba: planta de la fase IV del complejo arquitectónico de El Carambolo. Los trazos negros marcan los límites de los distintos ámbitos (Fernández Flores y Rodríguez Azogue 2005: 120). Abajo: altar con forma de piel de toro de la fase IV y en primer término base circular cegada que podría haber servido para encastrar una asherah (Fernández Flores y Rodríguez Azogue 2005: 124). 199 El altar que pertenece a la fase IV, documentado en el centro de la estancia A-40, fue realizado a partir de un rebaje en el suelo de 3,05 m de largo por 1,42 m de ancho. El equipo que realizó las intervenciones en El Carambolo apreció cuatro reformas del ara y un gran círculo rubefactado producto de la combustión de las ofrendas sobre la misma (Fernández y Rodrí guez 2007: 120). Formalmente, el hogar muestra una diferencia de color entre la zona exterior y la interior, la primera más clara que la segunda. La datación propuesta para la más antigua de las dos fases según cronología absoluta es entre 830/810 a.C. -fecha post quem de la fase Vy el 791 a.C. -fecha ante quem de la fase IIIcomo uso mínimo de la fase IV (Fernández y Rodríguez 2007: 125). Por lo que respecta al altar de la fase III, también excavado en la estancia A-40 y superpuesto al ante - rior, fue nuevamente elaborado en el pavimento. Los arqueólogos que lo hallaron indican que fue realizado recubriendo con una capa arcillosa de dos a cuatro cm de grosor el altar previo. En dicha capa se modeló en negativo la forma de la piel extendida con unas dimensiones de 4 m de longitud por 1,90 m de ancho que ha llegado hasta nuestros días con marcas de combustión en su superficie (Fernández y Rodríguez 2007: 136-137). Para esta fase, la fecha propuesta a partir de datación absoluta por C14 ofrece un arco cronológico calibrado de 791-506 a. C. Igualmente, muy cerca del altar de esta fase se do cumentó en su extremo noreste una pequeña oquedad circular formada por un pequeño adobe rehundido con una capa de mortero a base de tierra margosa (Fernández y Rodríguez 2007: 120), que acaso pudo haber servido para colocar en ella una asherah. Altar y asherah se ubicaron en la estancia A-40, en la cual se encontró a lo largo de todo su perímetro interior una grada enlucida de rojo (Fernández y Rodríguez 2007: 118-119) que podría haber hecho las veces de banco corrido. 4. CAURA (CORIA DEL RÍO, SEVILLA) El asentamiento tartésico de Caura se localizaba donde hoy se encuentra la población de Coria del Río. El parecido entre ambos topónimos y las nume rosas acuñaciones con este nombre procedentes de sus inmediaciones anclan fuertemente este término con el actual municipio sevillano. Muy cerca geográficamente de El Carambolo, su ubicación sobre un promontorio justo en la antigua paleodesembocadura del Guadalquivir (Arteaga et alii 1995) supuso un punto estratégico para el comercio colonial. Ya antes de efectuarse excavaciones en él, Belén había planteado la hipótesis de que en el lugar podría haberse ubicado un edificio con evidencias de culto identificable con el Mons Cassius de la Ora Marítima de Avieno (Belén 1993). El empleo en esta obra de la expresión Cassius inde mons tumet (AVIEN. ora, v. 259) podría tratarse de la helenización de la montaña ugarítica Sapanu, lugar de morada de la divinidad cananea Baal Saphon, tal y como han planteado algunos autores (Bonnet 1987; Tito 2012: 83-85). La hipótesis de Belén (1993) se reforzó poco tiempo después al hallarse en dicho cerro parte de un edificio singular con cinco fases constructivas sucesivas en el que aparecieron nuevamente dos altares con forma de piel de toro superpuestos. Los restos exhumados hasta la fecha corresponden a parte de un edificio cuya habitación presidida por el altar linda en su zona occidental con una posible calle exterior. El ara fue fabricada a partir de una mesa rectangular de barro de color castaño que fue enlucida con una capa amarillenta también de barro y posteriormente pintada con una fina película roja. Una vez realizado esto, todo el bloque se volvió a rodear con una capa blancuzca-amarillenta hasta modelarse su forma de piel de toro con una protuberancia en su lado superior durante la fase A, la cual parece que no ALTARES CON FORMA DE PIEL DE TORO, ASHERIM Y MASSEBOTH… 5 tuvo durante la posterior fase B. Realizada su forma, el altar volvió a ser pintado de ocre rojo (Escacena 2001: 87; Escacena e Izquierdo 2001: 133). Sobre él se documentaron restos cenicientos que gracias a recientes analíticas han confirmado la existencia de restos de sebo propio de ovejas y cabras que habrían sido quemados sobre él (Escacena y Coto 2010: 163) (Fig. 4). Por otro lado, a escasa distancia del extremo superior derecho del ara apareció en la fase A un círculo negro de unos 20 cm de diámetro conteniendo carboncillos, huella al parecer de un cilindro de madera hincado en posición vertical que tampoco se ha documentado en la fase B. Cuando Escacena e Izquierdo publicaron estos datos hipotetizaron con la posibilidad de estar ante una posible asherah (Escacena e Izquierdo 2001: 134). Igualmente, en el edificio se encontraron otros elementos de tradición y simbología oriental, caso de escarabeos, lucernas de barniz rojo y huevos de avestruz que ahondan en el carácter fenicio del santuario (Escacena 2001: 90-92; Conde et alii 2005). 5. CASTELLET DE BANYOLES (TIVISSA, TARRAGONA) En el área del Bajo Ebro se desarrolló un sistema de asentamientos fortificados entre los siglos V-III a. C. La zona íbera del eje del Ebro quedó articulada por tres oppida que actuaron como centro de sus respectivos territorios: Dertosa en la zona oriental, Osicerda en El Palao de Alcañiz en el área occidental y Castellet de Banyoles en Tivissa. Con la desaparición de este último en la transición entre el Ibérico Pleno y el Ibérico Tardío, el territorio dependiente de él quedó repartido entre los dos primeros, dominando los últimos la Ilercavonia íbera (Burillo 2012: 107). El yacimiento íbero de Castellet de Banyoles, de 4,5 ha, se encuentra en una plataforma formada por una antigua terraza fluvial junto al río Ebro, a unos 7 km de Tivissa (Tarragona). Desde la plataforma sobre la que se eleva, tuvo que ejercer un control casi total desde la hoya de Mora y la vía que conecta dicha cubeta con la costa a través de Tivissa, así como el camino que va hasta la desembocadura del Ebro. Este asentamiento destacó como centro que capitalizó la zona como mínimo desde el siglo IV a. C. Su importancia se refleja tanto por el tamaño del yacimiento como por la densidad de sus edificaciones, la complejidad que muestra la arquitectura de sus edificios y la enorme cantidad de objetos de metal hallados en el interior del recinto para lo que es habitual en el Bajo Ebro. Estos datos han llevado a plantear que Castellet de Banyoles podría haber ejercido el control de la explotación y distribución de metales en la desembocadura del Ebro (Rafel et alii 2010: 184-185). ÁLVARO GÓMEZ PEÑA 200 5 Fig. 4. Arriba: superficie excavada del Santuario III de Caura (Escacena 2007: 645). Abajo: altar con forma de piel de toro en su fase antigua (A) y reciente (B) (Escacena y Amores 2011: 119). 201 El poblado cobró fama en la historiografía íbera desde la primera mitad del siglo XX por el hallazgo de varias monedas y objetos metálicos de prestigio, así como por la excavación de un acceso al poblado en su zona oriental formado por dos torres pentagonales y un área habitacional al sudoeste de dichas torres durante los años cuarenta. Sin embargo, hubo que esperar hasta 1998 para el hallazgo en la parte noroccidental del yacimiento de parte su muralla, varias calles y casas, así como un edificio de posible uso cultual (Sanmartí et alii 2012: 45-47). Este último, denominado Edificio 10, presenta una extensión en torno a los 140 m2 y una disposición interna con particularidades con respecto al resto de recintos del poblado. Se trata de un ámbito de planta casi cuadrada –R116– con una pequeña cámara –R117– y una antesala alargada –R112–. Tanto el suelo de R112 como el de R116 estuvieron realizados a base de tierra rubefactada por la acción de un fuego intencionado. Éste presentaba además varias hiladas de adobes a modo de plataforma pegada a las paredes que podrían corresponderse con las bases de unos bancos corridos en tres de las cuatro caras de la habitación. En el centro de la estancia, a una cota inferior, un hogar de tendencia rectangular –quizás con forma de piel de toro– y una base de una posible columna labrada de piedra arenisca que no es propia de la zona. A su vez, otras dos superficies susceptibles de ser catalogadas como altares se hallaron en la sala anterior –R112–, esta vez con una forma de piel de toro mucho más nítida y en la pequeña estancia interior –R117– una piedra puesta sobre otras dos (Álvarez et alii 2008: 94; Asensio et alii 2012: 186) (Fig. 5). ALTARES CON FORMA DE PIEL DE TORO, ASHERIM Y MASSEBOTH… 5 Fig. 5. Planta de los edificios 10 y 20 identificados en Castellet de Banyoles (Sanmartí et alii 2012: 57).