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El espejo electrónico

Sanz Botey, José Luis

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EL ESPEJO ELECTRÓNICO José Luis Sanz Botey Los cambios que observamos en la arquitectura de estos últimos años responden a fenómenos complejos acaecidos en el seno de nuestra cultura: el avance de la informática y las tecnologías digitales, la rapidez experimentada en todos los niveles de la comunicación y, sobre todo, al crecimiento y difusión de las realidades virtuales que acompañan estos procesos. La arquitectura no ha permanecido ajena a La arquitectura más reciente opera tratando de escindir los distintos elementos que forman el objeto arquitectónico. Primero fue la separación de estructura y cerramiento en el movimiento moderno; en el posmodemismo se escindió la forma de la función y del mensaje; ahora de la mano de las tecnologías digitales se van separando capas: protección solar, aislamiento térmico, acústico, ventilación, circulaciones, etc. como sistemas independientes. Sin embargo, y a pesar de esta des-construcesta evolución, y como podemos observar en ción (ahora sería más apropiado el término ¡ 05 las últimas producciones a nivel mundial, se ha incorporado y desarrollado un nuevo lenguaje más neutro de acuerdo con las nuevas condiciones. Sin embargo, también podemos observar que tales cambios responden más a cuestiones de «imagen» que a necesidades reales. No sólo las grandes obras, en las que retóricamente es más facil justificar el uso de tecnologías punta sino también en los pequeños proyectos surge esta respuesta puramente estética, al margen de las necesidades humanas y técnicas. Podríamos decir, sin temor a equivocarnos, que paulatinamente se van incorporando al pensamiento humano las técnicas propias del ordenador, el cine, y otros artificios tecno-científicos y el carácter fragmentario y de flash que las imágenes producidas por éstos nos ofrecen. que referido al neo o posconstructivismo) del objeto arquitectónico se sigue conservando a toda costa la unicidad de la obra, que sigue respondiendo, en último término, a una voluntad primera y subjetiva. Aventurar un nuevo concepto para describir este complejo paisaje es absolutamente insuficiente. El éxito que tuvo Jencks con el posmodernismo no es una excepción, ya que la fortuna del término se debe más a su ambigüedad y a las confusas interpretaciones a las que ha dado lugar, que a su valor como categoría crítica del conocimiento. El término que ahora nos presenta el ensayo de Ibelings, el «supermodemismo>> unido a la idea de la globalización, no aporta ninguna novedad radical sino que, más bien, viene a engrosar las mitologías del milenio ¿Qué ha cambiado entre los frontones partidos, la «ma- -CVASTRAGALO, 11 (1999) Attribution-NonCommercial-ShareAlike - CC BY-NC-SA Review, ISSN 1134-3672 https://dx.doi.org/10.12795/astragalo.1999.i11.14 Arquitecto y crítico de arquitectura. riposa en cenizas desatada» y las realidades virtuales construidas tras las pantallas electrónicas de vidrios transparentes y opacas intenciones? Posiblemente la premisa de Mies van der Rohe, «debemos aceptar como un hecho el cambio de las condiciones económicas y sociales», sea ya el único principio vigente en nuestro tiempo. Si el mundo no puede ser cambiado, ¿por qué no sumergimos y embriagamos de él? Si la arquitectura se pudo construir y leer en las décadas pasadas como un sistema lingüístico, también puede ahora reciclarse como «el grado cero» de ese sistema: cual crisálida escondida bajo las distintas capas que le proporcionan la opacidad e inmunidad necesaria para seguir operando «La abstracción -dice Ibelings-se erige en contraste radical con la extravagancia posmoderna y con la complejidad desconstructivista 106 que han constituido el marco estético referencial durante las pasadas dos décadas». Abstracción, deberíamos añadir que trata de evitar cualquier significado, que esconde s us signos bajo una envoltura uniforme y digitalizada. ¿Es esto realmente abstracción o se trata, más bien, de una nueva metáfora? La crítica debe, ante todo, dar un sentido a las producciones de nuestra cultura, no basta decir que «la arquitectura actual se concibe cada vez más como un medio vacío», sino que debe explicar a qué responde. Afirmaciones como ésta: «Después de la arquitectura de los años ochenta que se remitía ante todo al intelecto, la arquitectura que se está abriendo paso otorga may or importancia a las sensaciones visuales, espaciales y táctiles», no dejan de sorprender por su ambigüedad, ya que en ella se escamotea parte de la realidad, que sea gratificante a unos sentidos no la convierte en una arquitectura pensada desde y para los sentidos. ¿Acaso no se dirigía a los sentidos la arquitectura de Wright o Aalto? La arquitectura actual, en el contexto al que se refiere Ibelings, trata, más bien, de jugar con nuestros sentidos, de hacemos creer que aquello que vemos es relativo, que lo que suponemos desde una visión lejana se transforma al acercamos, que la transparencia es opaca, lo frío cálido, lo finito infinito y lo real imaginario. Nos induce de alguna forma hacia la desaparición de la realidad, colocando la arquitectura en el mismo plano que las «realidades virtuales» o ficticias, de manera que todo cobra en el espejo electrónico de la pantalla el mismo significado para que el hombre co ntemporáneo pueda vivir su propia destrucción con el goce estético de una obra de arte. Una última consideración acerca de este libro: ¿Por qué esta expresa renuncia que se anuncia ya en la introducción? «Este libro no pretende ser ni una crítica ni una oda a la globalización o a la arquitectura que puede ser consecuencia de la misma» ¿Por qué la crítica opta también por este papel de aparente neutralidad? La obra de Ibelings cuenta con los ingredientes suficientes como para crear una opinión y hacer una valoración objetiva y crítica y, sin embargo, éstas quedan ocultas o suspendidas tras cortinas de humo. La sa lv aguardia de ciertos principios incuestionables sea quizá la responsable de esta impotencia y su consecuente puesta al servicio de los valores en alza. • HANS IBELINGS, Supermodernismo. Arquitectura en la era de la f? /ohalización. Ed. GG. Barcelona, 1998. • - CVI -