Hacia una metodología práctica para el análisis morfosintáctico
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SERIE: Medios instrumentales (II) HACIA UNA METODOLOGÍA PRÁCTICA PARA EL ANÁLISIS MORFOSINTÁCTICO A mis padres: Diego y Amalia; y a los de mi mujer y míos: Sebastián y Eulogia. 0.- INTRODUCCIÓN. Continuamos aquí la serie Medios instrumentales que iniciamos en un número anterior de esta misma Revista1. En esta ocasión presentamos el intento de una metodología para la adquisición de práctica en el análisis morfosintáctico, comenzando por la delimitación de las unidades lingüísticas mayores y concluyendo con el análisis pormenorizado de los elementos morfofuncionales de un texto mediante el sistema de esquematización arbórea. Debido a ello el presente trabajo se estructura de la siguiente forma: — Algunos presupuestos básicos. — Delimitación de las oraciones y proposiciones que integran una secuencia textual. — Establecimiento del esquema morfofuncional de las incidencias preposicionales. — Análisis morfosintáctico pormenorizado. El artículo cobra su justificación a través de las repetidas veces que nuestros alumnos se nos han quejado de la carencia de manuales prácticos que analicen, a nivel morfosintáctico (o a cualquier otro nivel) y de una manera pormenorizada, textos complejos que vayan más allá de la oración. Y efectivamente, si atendemos a los manuales al uso, tanto teóricos como prácticos, poco más encontramos en ellos que desarrollos analíticos muy sucintos sobre ejemplos muy simples, sin que, en general, aparezcan analizadas secuencias textuales de alguna complejidad, de forma que pudieran hacer adquirir a nuestros educandos una práctica consecuente sobre hechos reales2. (*) En este trabajo no* preocupamos fundamentalmente del aspecto sintáctico. En un próximo número abordaremos el morfológico. 1. Véase en Cauce, núm. 2, Sevilla, 1079, mi artículo "Las normas actuales de acentuación ortográfica: desarrollo y puntualizaciones". 2. Cfr. a este respecto: Casellas, Félix (1074); Escarpante!-, José (1974); Hernández. César (1976); Tusón, Jesús (1980); y, a otros niveles, todos los correspondientes a Segunda Etapa de EGB, a BUP y a COU. Constituyen excepciones, pero con análisis de textos a los que se aplica la metodología tradicional: Miranda, Luis (1979) y Casellas, Félix (1979). 167 CAUCE. Núm. 4. GÓMEZ FERNÁNDEZ, Diego. Hacia una metodología práctica para el ...
Esta situación tiene su fundamento en el hecho de que hasta ahora la unidad lingüística mayor que trata la Gramática (tanto la Académica como la estructural y transformativa) es la oración3. Afortunadamente, la visión se va ampliando y, desde fechas recientes, están surgiendo trabajos que intentan sistematizar las unidades superiores. La metodología lingüística que sigo aquí se adecúa a la concepción estructurofuncional, sin que ello sea índice de que rechace otras teorías o modelos lingüístieos, ni mucho menos los logros definitivos que han conseguido: sino de que, sencillamente, tengo mis fuertes dudas con respecto a que modelos tales como el generativista sean de mayor utilidad en cuanto se refiere al caso concreto de su aplicación a la enseñanza de nuestros alumnos de E .G .B. Sé positivamente que tanto la metodología como las normas que aquí se presentan son susceptibles de mejora. No es mi intención dejar cerrada una metodología de actuación, entre otras cosas porque huyo por principio de toda metodología que se considere cerrada o concluida. Mi propósito consiste únicamente en proporcionar a nuestros alumnos un instrumento perfectible (ellos mismos podrán perfeccionarlo a través de sus prácticas), que ya probó su eficacia en cursos anteriores, y mediante el cual puedan alcanzar soltura y rapidez en el desentrañamiento funcional de un texto lingüístico, y, por tanto, ahondar en su comprensión. Doy por supuesto el conocimiento de la teoría, excepto en aquellos conceptos que pudieran desvirtuar lo que se dice. Por ello me limitaré a remitir a la bibliografía, y, al igual que hice en el otro artículo de esta serie, procuraré, siempre que ello sea posible, que dicha bibliografía esté al alcance de nuestros alumnos. No quiero perder la oportunidad de insistir una vez más en que la posesión de los instrumentos para el análisis de nuestra lengua es necesaria para una más profunda comprensión de los textos que en ella se producen; pero la finalidad de los mismos, y de aquí mi insistencia, no es la de atormentar la mente de nuestros niños haciéndoles aprender a todo trance conceptos pertenecientes a la ciencia lingüística, ni, mucho menos, hacerles odiar la materia, merced a una pertinacia improcedente en el análisis morfofuncional de los textos (cosa que ocurre aún tan frecuentemente), como si ese fuera el objetivo perseguido por la educación formativa de la lengua en la E.G.B., y no el de hacer que nuestros niños lleguen a dominar nuestra lengua tan- to en su expresión como en su comprensión oral y escrita4. Por último, no puedo dejar de hacer constar aquí mi más profundo agradecimiento al Catedrático de la Universidad Laboral de Sevilla, D. Roberto Gil Munilla, por su amable y desinteresada autorización para utilizar sus "Reglas para separar 3. Cfr. Alcina, Franoh y Blecua, José Manuel (1975, pág. 845); Alonso, Amado y Ureña, Henríquez (1971, II, pág. 10); Gilí, Samuel (1961,7-14); Hadlich, Roger (1973, pág. 25, y 51 y ss.); Hockett, Charles (1971, pág. 201); Lázaro, Fernando y Tusón, Vicente (1979, pág. 40); Marín, Francisco (1972, pág. 105); Pérez-Rioja, José A. (1971, § 283); Quilis, Antonio y otros (1975, pág. 125); R.A.E. (1931, § 190 y 1973,3.2.1.); Roca-Pons,J. (1970, pág. 273); Ruwet, Nicolás (1974); Verguin, Joseph (1975); y otros muchos. 4. No resultaría ocioso, en cuanto a lo dicho, releer Castro, Américo (1980) y Quilis, Antonio (1979). 168 CAUCE. Núm. 4. GÓMEZ FERNÁNDEZ, Diego. Hacia una metodología práctica para el ...
oraciones", tanto más cuanto que sé positivamente que dichas reglas no han sido publicadas. Aunque las modifico y amplío, desplazo lugares, actualizo la terminología, y, en fin, las adapto a las concepciones teóricas actuales, como ya se verá, he de reconocer que sin ellas este trabajo no hubiera podido tomar la estructura que actualmente presenta, sobre todo en cuanto se refiere al punto 2. 1- ALGUNOS PRESUPUESTOS BÁSICOS. Aunque, como ya hemos dicho, vamos a dar por supuesto el dominio de los conocimientos teóricos morfosintácticos, sí hemos de precisar al menos cómo entenderemos aquí la delimitación conceptual de los términos oración, proposición y sintagma, dado que prácticamente todas las denominaciones de las unidades lingüísticas —fonema, morfema, lexía, sintagma, oración, enunciado, secuencia textual, por relacionar una de las series terminológicas más conocidas por nuestros alumnos5, a la que, por otra parte, no vamos a adaptamos totalmente, como veremos— son de empleo polisémico, y, por tanto, si no se realizan precisiones adicionales, pueden dar lugar a ambigüedad en la interpretación significativa de las mismas. 1.1.- La oración. Definiremos la oración, en concordancia con criterios cada vez más extendidos entre los lingüistas6, mediante los rasgos constitutivos siguientes: - Es una unidad lingüística funcional (sintáctica, gramatical), que - desde el punto de vista sintáctico está dotada de independencia. La oración es un sintagma independiente que no se relaciona sintácticamente con ningún otro sintagma: Entre las oraciones no existen relaciones de coordinación, subordinación, etc. Puede decirse también, con César HERNÁNDEZ7, atendiendo a sus elementos integrantes, que "sus componentes no guardan, por regla general, relaciones sintácticas con los elementos externos a la oración". — desde el punto de vista semántico, a) es independiente: es la unidad mínima de comunicación. Más precisamente, la unidad mínima textual o de enunciado8, por ser capaz de transmitir siempre un 5. Véase Lamíquiz, Vidal (1973) y Pottier, Bernard (1971 y 1972). 6. Cfr. Abréu, Ma Fernanda y otros (1975): Alarcos, Emilio; Hernández, César; y otros (1979); García, Antonio y Vera, Agustín (1977); Hernández, César (1971, 1976 y 1980); Hockett (1971); Quilis y otros (1975), Ramos, Antonio; y equipo (1972 y 1973); Rojo, Guillermo (1978) y Sánchez, Manuel J. (1972). 7. 1980, pág. 279.V. también André, Martinet (1980, pp. 156-168) y los relacionados en la n. 12. 8. Llamamos aquí enunciado a todo conjunto de signos lingüísticos interrelacionadosconstituyentes de unidades lingüísticas que son siempre portadoras de un mensaje. No nos referimos, pues, con el término enunciado a la unidad lingüística delimitada por Lamíquiz, Vidal (1972 y 1973) y que hace equivalente a la tradicionalmente llamada oración compuesta; ni tampoco a los conceptos de "enunciado mínimo" y "enunciado complejo" de Martinet, correspondientes, respectivamertte, a las tradicionales oración simple y oración compuesta. De esta forma, por otra parte, nuestra unidad lingüística oración recubre tanto los niveles de núcleo u oración y enunciado de Lamíquiz como los de enunciado mínimo y enunciado complejo de Martinet y otros. Todo ello es, a su vez, conse- 169 CAUCE. Núm. 4. GÓMEZ FERNÁNDEZ, Diego. Hacia una metodología práctica para el ...
mensaje y no necesitar la estructura SN + SV9. Hay mensaje si hay oraciones. Y, b) conlleva la expresión de la actitud del hablante (éste asevera, pregunta, etc.), característica que se encuentra íntimamente unida a la entonación10. - desde el punto de vista fonético-fonológico la oración también se caracteriza por su independencia: Cada oración constituye una unidad fónica enmarcada por sendas pausas al comienzo y al final, en cuyo seno se estructuran los suprasegmentos o prosodemas (acentos y entonación, principalmente) de tal forma que los tonemas finales de los grupos fónicos que integran la oración comunican al oyente si ésta continúa o, por el contrario, ha concluido11. A este nivel, la oración está delimitada por: a) Un cambio de entonación hacia el final, soportado por los segmentos sobre los que se extiende el tonema del grupo fónico o del último grupo fónico, si hay más de uno. b) Una pausa final. — desde el punto de vista ortográfico, en el lenguaje escrito, las oraciones comienzan por letra mayúscula y terminan en punto; aunque en muchas ocasiones, debido a las posibilidades de aplicación del punto y coma, este último signo realiza la función propia del punto. No todos los lingüistas están de acuerdo con este concepto de oración que gana adeptos día a día. MARTINET, por ejemplo, confiere únicamente importancia a la independencia sintáctica, quitando relevancia tanto al aspecto semántico como al suprasegmental12. En realidad, todos y cada uno de los distintos rasgos (independencia semántica, independencia sintáctica e independencia fonética-fonológica) son discutibles al examinar casos concretos, por lo que, si bien entendemos que en muchos casos esta definición de oración es valiosa (o por lo menos la más consecuente desde una perspectiva estructuro-funcional a nivel total del signo lingüístico), en otros, y en aspectos concretos, no se dan todos los rasgos a la vez. Aunque el problema va a surgimos en los ejemplos que más adelante incluimos, veamos aquí el siguiente texto, correspondiente al Ejercicio núm. 2 de Autocontrol del Cuadernillo 6-7 A del CEN, destinado a la preparación para las Oposiciones de ingreso en el Cuerpo de Profesores de EGB13, que dice: cuencia de la introducción de una nueva unidad lingüística no delimitada hasta hace poco tiempo, aunque ya Bello hacía mención de ella (V. Bello, Andrés y Cuervo, Rufino J. (1970, §306-309): la proposición, de la que a continuación hablaremos. 9. Véase Hernández, César (1980, pág. 280); Martinet, André (1971, pp. 219-226); 1972, pp. 154- 164); Sánchez, Manuel J. (1972, pág. 81); Verguin, Joseph (1975). 10. V. Ramos, Antonio; y equipo (1972, pág. 30 y 1973, pág. 48) y Díaz, Alberto (1973). 11. Para la entonación y prosodemas en general, véase: Alarcos, Emilio (1968); Ducrbt, Oswald y Todorov, Tzvetan (1974); Garde, Paul (19721; Gilí, Samuel (1961 y 1975); Hagége, Claude (1975-2); Lázaro, Fernando y Tusón Vicente (1975 y 1979); Quilis, Antonio (1975 y 1980); Quilis, Antonio y Fernández, Joseph A. (1972); Navarro, Tomás (1966, 1974-1 y 1974-2). 12. Véase Martinet, André (1971-1, Cap. I, pp. 54 y ss.; 1971-2, pp. 219 y ss.; y 1972, pp. 126-133). 13. Madrid, 1979, pág. 38. 170 CAUCE. Núm. 4. GÓMEZ FERNÁNDEZ, Diego. Hacia una metodología práctica para el ...
"Delimita con un corchete las oraciones de este texto: ¿Por qué está naufragando el ser humano en una ciénaga de ineficacia profesional, académica y administrativa? En el fino humor de este libro se halla la respuesta. Y no sólo revelan los autores por qué está todo tan desquiciado, sino que explican cómo alcanzar una situación de bienestar, a base de rechazar los ascensos". Consecuentes con la caracterización dada para la oración, que es básicamente la misma que seguimos aquí, en las Soluciones a los Ejercicios se nos contesta: "Primera oración: ¿Por qué está naufragando el ser humano en una ciénaga de ineficacia profesional, académica y administrativa? Segunda oración: En el fino humor de este libro se halla la respuesta. Tercera oración: el resto"14. Ahora bien, basta que confrontemos la solución con la definición de oración para aseverar que la segunda oración —En el fino humor de este libro se halla la respuestano puede decirse que sea totalmente independiente semánticamente dé las otras oraciones, concretamente de la precedente, porque no transmite un mensaje totalmente comprensible, y esto porque: a) No sabemos a qué libro se refiere. Lo cual presupone una de dos cosas: o bien el hablante se ha referido anteriormente al libro, y el texto dado es entonces una parte de otro mayor; o bien el hablante está mostrando el libro al mismo tiempo que habla, en cuyo caso hemos de remitirnos a las circunstancias que envuelven el acto comunicativo, es decir, a la situación, uno de los componentes de la comunicación que posibilitan la no actualización de los elementos en el discurso, dado que ya se hallan presentes al oyente. b) Por otra parte, En el fino humor de este libro se halla la respuesta... ¿a qué? o ¿sobre qué? o ¿de quién? o ¿para quién?, etc. Aquí tendríamos que remitirnos al contexto de la oración anterior para saberlo: el contexto es otro de las integrantes del proceso comunicativo que posibilitan la elisión de elementos15. No podemos, pues, decir en este caso (ni en otros muchos) que no necesitamos remitirnos a las otras oraciones que estructuran la secuencia textual para comprender el mensaje que nos suministra una oración, ya sea a oraciones antecedentes a la considerada o consiguientes a ella, puesto que, de hecho, para comprender la segunda oración de lasque comentamos, hemos de remitirnos: — En a) a un contexto anterior no dado o a la situación, sin posibilidad de determinar a cuál de los dos, debido a que los autores del Ejercicio de Autocontrol no dan el lugar de donde han extraído el texto. Pero específicamente a la situación si conocemos que el texto procede de la presentación que se hace al libro El principio 14. Pág. 39. del mismo Cuadernillo 6-7 A. 15. Con respecto a la situación y al contexto, véase: Benveniste, Emile (1974, pp. 126 y ss.); Coseriu, Eugenio (1967, pp. 282-232; Ducrot, OswaW y Todorov, Tzvetan (1974, pp. 232-330 y 375-379); Francote, Fróderic (1975, pp. 52-60); y las observaciones que se realizan en los trabajos de Carbonero, Pedro (1980); Lázaro, Fernando (1980, pp. 27-60); y Rivero, M" Luisa (1977, pp. 123-158). 171 CAUCE. Núm. 4. GÓMEZ FERNÁNDEZ, Diego. Hacia una metodología práctica para el ...
de Peter16 en la contraportada del mismo. Para leer el texto, pues, al que, por cier- to, faltan las dos últimas oraciones17, hemos de tener el libro en las manos, y en esta situación sabemos naturalmente a qué libro se está refiriendo el emisor. - Y en b) hemos de remitirnos al contexto de la oración inmediatamente precedente. Contexto y situación son, por lo pronto, dos de los elementos integrantes de la comunicación a los que en muchas ocasiones hemos de remitirnos para percibir de forma inteligible el mensaje. No podemos decir, por tanto, que toda oración sea autosuf iciente semánticamente. Pero, además, si pasamos a la tercera oración vemos que comienza por un nexo coordinador y — Y no sólo revelan... rechazar los ascensos—, lo cual nos pone de manifiesto que existe una relación sintáctica entre esta tercera oración y la segunda. Dicho de otra forma, la segunda y la tercera oración se encuentran en una relación sintáctica de coordinación, denotando así que ambas oraciones pertenecen a una unidad lingüística superior18. Entonces, las oraciones se nos manifiestan, por lo pronto, como secuencias que pueden aparecer con independencia (en yuxtaposición independiente) o bien manteniendo una relación de coordinación. En el caso del texto que comentamos: 19 16. De Laurence J. Peter, escrito en 1969 con la colaboración de Raimond Hull. Es un libro en el que se persigue, "con fino humor", trazar los principios de una nueva ciencia (la Jerarquiología) a partir de uno básico: "En una jerarquía todo empleado tiende a ascender hasta su nivel de incompetencia" (pág. 28). Vino seguido (en 1972) de Las Fórmulas de Peter, que, más serio y profundo, indica el camino para navegar en el mar de las jerarquías. Ambos, a mi entender, merecen ser leídos con tranquilidad y reflexión. Los dos han sido editados en español por Plaza y Janes, Barcelona, 1974, en su colección Rotativa. Por último, recuerdo que el Dr. Peter estaba preparando otro trabajo sobre los aspectos matemáticos en relación con la competencia del individuo inserto en una jerarquía, que llevaría por título El perfil de Peter; pero no tengo noticias de que haya sido publicado. 17. "Y satirizan la tendencia a escalar lugares hasta llegar al "nivel de incompetencia" propio de cada ser humano. El PRINCIPIO DE PETER ha sido un éxito mundial de librería". 18. Sobre la coordinación en general, véase, independientemente de las diversas gramáticas ya relacionadas: Bobes, Carmen I y II (1972 y 1973, respectivamente); Carbonero, Pedro (1975); Kassai, Georges (1975); Tato, Juan Luis (1976). Y específicamente para el punto que tratamos: Hernández, César (1980, pág. 286); y Lázaro, Fernando y Tusón, Vicente (1979, pp. 304-325). Tanto Hernández como Lázaro y Tusón relacionan una unidad lingüística inmediatamente superior a la oración: e\ parágrafo (llamado período en otros autores), unidad generalmente integrada por más de una oración y que se separa del siguiente parágrafo por punto y aparte. Admite el primero -Lázaro y Tusón no explicitan este extremo, aunque sí se da una admisión implícita por los ejemplos que aducenque las oraciones que integran el parágrafo pueden mantener una relación sintáctica paratáctica; e incluso admite la hipotaxis entre ellas (v. 1980, pág. 387), si bien expresa la rareza de este último hecho. Cfr. también García, Antonio y Vera, Agustín (1977, pp. 179-184). De. todas formas, no se olvide que estamos situados a nivel morfosintáctico: en la infraestructura léxico-semántica no se da independencia entre las oraciones que forman un texto. Si tal hecho se diera, se trataría de dos textos distintos, no de dos oraciones independientes. 19. Debido a lo dicho en la nota anterior, en un esquema del tipo dado (aunque no en este caso, por 172 CAUCE. Núm. 4. GÓMEZ FERNÁNDEZ, Diego. Hacia una metodología práctica para el ...
Estas relaciones de una(s) oración(es) con otra(s) o con los elementos componentes de otra(s) se dan, contra lo que generalmente se piensa, bastante frecuentemente; así como también se dan una serie de relaciones entre los elementos estructurantes de una oración y los elementos estructurantes de otra(s)20. No podría ser de otra manera si tenemos en cuenta que el texto, la secuencia textual o enunciado (en el sentido que aquí entendemos este último término) es un todo interrelacionado en el que sus elementos constituyentes son interdependientes. No obstante lo dicho, la definición de oración dada al comienzo de este epígrafe es suficientemente válida para nuestros fines, con las matizaciones oportunas que iremos introduciendo al hilo de la exposición. Nos queda por aclarar las posibilidades de aparición de las oraciones en cuan- to a su estructura. En este punto la mayoría de los autores están de acuerdo en dividir dichas estructuras actualizadas en dos grandes grupos, si bien con terminología diferente: el de las oraciones bimembres y el de las oraciones unimembres21. La estructura básica de las oraciones bimembres se exterioriza a través de la secuencia SN +SV, cuyos componentes cubren, respectivamente, las funciones de sujeto y predicado, pudiendo no aparecer uno u otro debido a las incidencias del contexto o de la situación (casos de elisiones de sintagmas): Juan /pasa; El microbús / para en la próxima esquina; El niño que vive en el segundo /juega en el salón de recreo que está ¡unto al cine; Mi tío /es de Madrid; etc. Las unimembres, en cambio, constan de un solo sintagma (nominal o verbal) y no presentan la estructura sujeto frente a predicado relacionados mediante concordancia, ni puede deducirse el sintagma ausente a partir de la situación o el contexto. Son oraciones del tipo \Fuego\; Nuestras grandes vivencias de los tiempos pasados; ¡Cuánta soledad!; Un relámpago; Hasta luego; ¡De pie!; las cuales se presentan únicamente estructuradas mediante sintagmas nominales, que a veces pueden alcanzar extensiones relativamente considerables, como en coincidir el parágrafo con la secuencia textual) habrfa que introducir otras unidades intermedias entre el nudo de la ST o texto completo y las oraciones que la constituyen. El problema radica en que el número de dichas unidades lingüísticas intermedias no está aún muy claro: Lázaro y Tusón pasan directamente del parágrafo a la unidad total de comunicación o texto, que aquí llamamos secuencia textual; en cambio, Hernández, introduce entre ambos unidades supraoracionalet las correspondientes al monólogo y al diálogo, que ya se encuentran relacionadas por Siegfrisd J. Schmidt en 1973 en su Texttheorie como posibilidades de los tipos de oración en su modelo de elaboración del texto (pp. 165 y ss. de la traducción española: Teoría del texto. Cátedra, Madrid, 1977). Cfr. las obras citadas en la n. anterior, y, además, Alarcos, Emilio; Hernández, César; y otros (1979, pp. 45-70). 20. Véase Blanco, Ramón y otros (1978, pp. 117-122); Ducrot (1971-1, pp. 232-330); García, Antonio y Vera, Agustín (1977, pp. 211 y ss.);Gili, Samuel (1961, Cap. XXIV). 21. Cfr. Alonso, Martín (1968); Domínguez, Antonio (1975); Hockett, Charles F. (1971), quien llama tipo oracional básico a las bimembres y tipo marginal a las unimembres; RAE (1973); Ramos, Antonio y equipo (1972 y 1973); Sánchez, Manuel J. (1972),que denomina unitarias» las unimembres; etc., etc. La gramática generativa no admite las oraciones unimembres. Para ella, toda oración está formada, en estructura profunda, de sujeto y predicado (sintagma nominal + sintagma verbal) (v. Roca-Pons, José, 1976, pág. 299). Sin embargo Hadlich, Roger L. (1973, pág. 64 y ss.) admite la opción impersonal en la regla de reescritura para el SN; en tanto que Ñique, Christian (1975, pág. 158 y ss.) postula una transformación impersonal —como es general—, aunque explícita los muchos problemas que ello trae consigo. 173 CAUCE. Núm. 4. GÓMEZ FERNÁNDEZ, Diego. Hacia una metodología práctica para el ...
Una tarde parda y fría de invierno. Monotonía de lluvia tras los cristales. (A. Machado) U oraciones del tipo Hace calor; Llueve con violencia; Hay alguien fuera; Se vi- ve bien aquí; Se cambian novelas; Es tarde; etc., que se encuentran estructuradas únicamente mediante sendos sintagmas verbales22. 1.2.—La proposición. Al igual que hemos hecho con la oración, y estableciendo un paralelismo para apreciar mejor las diferencias, caracterizamos aquí el concepto de proposición por los siguientes rasgos23: - Es una unidad lingüística funcional (gramatical, sintáctica) inferiora la oración y superior al sintagma, que no posee independencia, sino que se establece como una parte constituyente de la oración o de uno de sus sintagmas, pudiendo aparecer bajo cualquiera de las formas estructurales con que se presenta la oración (SN + + SV, SN, o SV)24. Dicho de otra forma, la proposición se relaciona con otro(s) sintagma(s) de la oración por coordinación, subordinación o mediante cualquier otra relación sintáctica. Por tanto, siempre forma parte integrante de una oración, está incluida en ella, pudiendo aparecer en el seno de la oración una o más proposiciones; o no aparecer ninguna, lo cual es más raro25. 22. Son las llamadas, respectivamente, frases nominales u oraciones elípticas y oraciones impersonales por la gramática tradicional. 23. Véase en general, para todo este epígrafe relativo a la proposición: Abréu, M° Fernanda y otros (1975, pág. 139 y ss.); Alcina, Juan y Blecua, José Manuel (1975, Cap. 8); Bello. Andrés y Cuervo, Rufino J. (1970, § 35, 308 y 309, principalmente; Blanco, Ramón y equipo (1978, pág. 97 y ss.); Escarpanter, José (1974, pág. 190 y ss.); Hernández, César (1971, pp. 31-32'y 1980, pág. 279 y ss.) que denomina nexus a la proposición, siguiendo a Jespersen, Otto (1975) y Hjelmslev, Louis (1972, pp. 218-252); Ramos, Antonio y equipo (1972, pp. 32-33 y 1973, pp. 50-53); Roca-Pons, José (1976, v. índice alfabético); Rojo, Guillermo (1978), que la llama cláusula, siguiendo la terminología inglesa; Sánchez, Manuel J. (1972, pág. 45 y ss.); Seco, Manuel (1976, Cap. 10); Lázaro, Fernando y Tusón, Vicente (1975, pág. 270 y ss.; 1980, pág. 216 y ss.); Lázaro, Fernando (Director) (1976-3, pág. 195 y ss.); etc. 24. No entiendo muy bien por qué Hernández (1980, pág. 279), siguiendo a Longacre, afirmaquenexus ( = proposición) implica "secuencia lingüística formada por [SN + SV], correspondiente a sujeto + predicado", distinguiéndola así de la oración que, por ser unidad de enunciado, "no necesita de la estructura SN + SV" (pág. 280) (Véase también, para esta última aserción: Benveniste, Emile (1974, pág. 127 y ss.) y Martinet, André (n. 12 supra). Como veremos más tarde en los gráficos de secuencias textuales analizadas, las proposiciones pueden presentarse, a lo menos en los casos de implementación de estilo directo, bajo cualquiera de las formas sintagmáticas estructurantes de la oración: como SN únicamente, como sólo SV, o como enfrenamiento de sintagmas SN + SV; además, en cualesquiera otra función de lasque potencialmente puede realizar la proposición, admite la forma SV. 25. Aunque generalmente la oración se presenta estructurada mediante una serie de proposiciones (entre otras unidades sintagmáticas) que se incrustan en su SN, en su SV o en ambos, no es raro encontrarla formada por un SN + SV (en las bimembres) o un SN o SV (en las unimembres), cuyos constituyentes se corresponden con las clases de palabras (determinantes, nombres, verbos, adjetivos, etc.) -lo que tradicionalmente se conoce con la denominación de oración simple. Podemos decir, entonces, por un lado, que la oración coincide con la proposición y que ésta ha pasado a funcionar a un nivel superior, como suelen hacer generalmente las gramáticas (v. la bibliografía contenida en la n. 23; y, por otro, que no existe ninguna proposición incluida entre los sintagmas integrantes de la oración. Pero, aunque en términos genéricos esto sea así, hay que hacer dos importan- 174 CAUCE. Núm. 4. GÓMEZ FERNÁNDEZ, Diego. Hacia una metodología práctica para el ...
— desde el punto de vista semántico, a) La proposición no es unidad de enunciado puesto que no tiene por qué poseer independencia semántica. El sentido de una proposición es parte del sentido total y autónomo de la oración a que pertenece. Lo cual no quiere decir que la estructura formal que soporta la proposición no pueda aparecer en otros contextos o situaciones como oración, sino que al integrarse la unidad proposición en el seno de la unidad oración pierde toda posibilidad de independencia sintáctica y, paralelamente, su autonomía semántica; b) pero sí mantiene en su expresión la actitud del hablante, siendo en es- to similar a la oración. — desde el punto de vista fonético-fonológico, a nivel suprasegmental, la tantes observaciones: Ia.- Es la forma de la proposición la que coincide con la forma que presenta la oración. Su función, en cambio, es absolutamente distinta: de ser una forma que funciona como parte incluida en una oración (que funciona como si fuera un sustantivo, como si fuera un adjetivo, etc.) y, por tanto, dependiente de esta última, ha pasado a funcionar como estructura gramaticalmente independiente, ha dejado de ser proposición para convertirse en oración (unidad mínima de enunciado). 2a.— A pesar de lo dicho anteriormente, existe una diferencia muy importante entre ambas formas: una proposición no puede pasar a unidad superior oración sin perder los nexos o transpositores que la hacen funcionar como un atributo, un aditamento, un modificador, etc., de los distintos núcleos sintagmáticos que constituyen a la oración; es decir, sin perder los elementos sintácticos que la hacen funcionar como unidad dependiente. Por otra parte, se me ha aducido en diversas ocasiones que una oración o no posee proposición alguna en su estructura o posee dos o más, pero no una sola, lo cual es válido para la yuxtaposición o la parataxis, pero no para la hipotaxis. Esta observación es sin duda consecuencia de la falta de definición (o de falta de precisión en la definición) al emplear un término metalingüístico, o de confundir las distintas aplicaciones que se da a ese término. Efectivamente, existen definiciones y análisis arbóreos contenidos en libros de textos que establecen para la subordinación, en el conjunto global de la oración, una proposición principal y una proposición subordinada (o más), lo cual no es sino un correlato de las tradicionales oración principal y oración subordinada, cuyas conceptualizaciones quedan bastante lejanas de lo que venimos diciendo en el cuerpo de este trabajo. Por definición, una proposición no puede ser nunca principal (a nivel morfosintáctico)', sino equifuncional (en las relaciones de yuxtaposición y coordinación) o subordinada al conjunto global que forma la oración (en la relación hipotáctica); incluso puede ser subordinante con respecto a otra proposición, pero siempre la subordinante estará incluida como subordinada en el todo estructura-, do oracional: proposición implica siempre parte integrante en, inclusión en la oración como una estructura funcional más, constituyente de la misma. Sí se puede decir que existe un elemento, dentro de los que integran la oración, que es regente de o sobre el que incide una proposición. D ichos elementos incididos a través de los conectares o introductores morfosintácticos son los núcleos de los distintos sintagmas. A estos elementos incididos o regentes no habría inconveniente en llamarles elementos principales dentro de sus correspondientes sintagmas. Establecer en el mismo nudo de una oración con inclusión subordinada un indicador de proposición principal equivale a indicar que la oración es subordinada de sí misma, y, por tanto, indicar que es, a la vez, secuencia total subordinante y secuencia parcial subordinada; o, lo que es igual, morfosintácticamente independiente y dependiente, a un mismo tiempo, lo cual es una contradicción evidente. Siendo, pues, una de las caracten'stlcas pertinentes de la proposición la de ser estructura incluida dentro del conjunto oracional, nada hay en contra de que se dé una sola inclusión de tal estructura El niño que vino a casa quería tus apuntes de Lengua, Tus tíos desean que vayas a su casa) o más de una (El niño que vino a casa cuando tu no estabas quería tus apuntes de Lengua porque había perdido los suyos). El número de inclusiones preposicionales en una oración es teóricamente infinito, debido sobre todo al fenómeno de la recurrencia. 175 CAUCE. Núm. 4. GÓMEZ FERNÁNDEZ, Diego. Hacia una metodología práctica para el ...
que se encuentren incluidas y, por tanto, de inferior nivel funcional que la oración. i) Las secuencias entre comillas a que hace referencia el punto 8 de 2.1. siempre dan lugar a proposiciones subordinadas yuxtapuestas, es decir, sin nexo mediante. 2.1.1.— Aplicación práctica. Vamos a ejemplificar los distintos pasos propuestos en el apartado anterior con el siguiente texto, tomado de un artículo de la serie que Fernando Fernán Gómez escribió en la revista Interviú bajo el rótulo genérico de IQué espectáculo!, y que apareció en el número 127 de dicha revista: Al final, la ovación se prolongó al indicar una juglaresa que se dedicara a sus compañeros presos o exiliados. Pero sin que sonase ningún grito provocativo, sin que nadie quisiera aguar la fiesta de arte. Sólo se oyó, cuando ya se había hecho el silencio, la voz de un caballero que decía: i i i... en la mar!!! 2.1.1.1.— Lectura atenta del texto. Aunque lo que estamos tratando de determinar en el texto son las secuencias que cumplen la función de oraciones y, dentro de ellas, las proposiciones que las integran, dichas delimitaciones no pueden ser establecidas sin una comprensión perfecta del mismo, so pena de correr el riesgo de confundir, precisamente, las funciones que ejercen las unidades. Aquí, como siempre, el propósito de analizar un aspecto parcial del signo lingüístico, en este caso el aspecto morfosintáctico, cumple una misión de tipo metodológico. En la lengua, como en todo sistema, todo se encuentra indefectiblemente ¡nterrelacionado, y las distintas subestructuras del signo se imbrican sin que podamos prescindir totalmente de una u otra de ellas. Así, en e! texto propuesto, a nivel de la significación absoluta (a nivel de las interrelaciones léxico-semánticas), la dificultad puede presentarse, especialmente y en cuanto al problema que nos ocupa ahora, en la interpretación de la secuencia Pero... de arte, que puede ser entendida como una petición realizada por la juglaresa al público asistente. No obstante, la matización que establece la continuación nos revela que lo dicho desde Pero hasta arte constituye una constatación o aseveración (realizada por el emisor del mensaje, no por la juglaresa) de las circunstancias que rodearon la prolongación de la ovación. Ya, quizás, un leve signo de ello nos lo da la forma verbal quisiera aguar, aunque no de modo suficientemente fehaciente. Esta distinción con respecto a la significación es aquí pertinente en cuanto al tratamiento morfosíntáctico de la mencionada secuencia, puesto que según realicemos una u otra decodificación describiremos su función como correspondiente a una oración o una proposición, y esto independientemente del nexo Pero; aunque no independientemente de una posible interpretación de la puntuación como una desviación estilística (o errónea) con respecto a la normativa (prescriptiva). Concretamente, en este caso, la significación absoluta de la secuencia que comentamos (y 182 CAUCE. Núm. 4. GÓMEZ FERNÁNDEZ, Diego. Hacia una metodología práctica para el ...
con ella la significación relativa de los elementos considerados sintácticamente, y consiguientemente el tratamiento analítico que daremos a esos elementos) sólo cobra su pleno valor poniéndola en relación con lo que sigue, que matiza de forma pertinente todo lo que se dice anteriormente. Mencionamos esto aquí porque con frecuencia, inducidos por la insistencia en la linealidad del signo lingüístico, escrito u oral, no se atiende, generalmente, a subrayar suficientemente este mecanismo de vuelta atrás, de feek-back, que es necesario poner en funcionamiento para la debida interpretación de lo que leemos u oímos. En segundo lugar, y a nivel de los contenidos relativos de los elementos, y, por tanto, situados en la subestructura morfosintáctica del signo, el problema puede presentarse en la decodificación de la función que cumplen las repetidas formas se que se dan en el texto (se prolongó, se dedicara, sonase, se oyó, se había hecho). Aparentemente esta precisión corresponde a un nivel de análisis que se sitúa por debajo del que ahora nos ocupa: en el de la delimitación de las funciones que cumplen las unidades lingüísticas que integran una oración o una proposición: no obstante, puesto que las unidades que constituyen los distintos niveles se interrelacionan, veremos más adelante (en el punto 2.1.1.4.) cómo la consideración funcional de los elementos a nivel de morfema (o a cualquier otro nivel) no es ajena a la división de un texto en sus unidades mayores, y que dependiendo de cuál sea esta consideración así réordenaremos los elementos textuales. Por último, de la comprensión del texto dependerá en muchos casos la inclusión de los elementos elididos, como vamos a tener ocasión de ver en el punto que sigue. 2.1.1.2.- Reintroducción de los elementos elididos. Las precisiones que realizábamos antes en cuanto a la significación de la secuencia Pero... de arte pueden servirnos aquí para ejemplificar cómo la insuficiente comprensión del mensaje afecta a la interpretación de la funcionalidad de los elementos, y, como consecuencia, no tan sólo a la división estratificada del mismo, sino también a la reintroducción de los elementos que interpretaremos como elididos a consecuencia de las relaciones contextúales que se dan entre los presentes. Efectivamente, si leemos apresuradamente o si mutilamos el mensaje a partir del segundo punto y seguido, la significación se torna ambigua, y entonces nos enfrentamos con dos posibilidades: a) Que los elementos presentes en Pero... arte vengan regidos por la petición de la juglaresa. En este caso, decodif¡cariarnos, y con ello rescribiríamos, la secuencia como: Pero la juglaresa indicó que la ovación se dedicara a sus compañeros presos o exiliados sin que sonase ningún grito provocativo, la juglaresa indicó que la ovación se dedicara a sus compañeros presos o exiliados sin que nadie quisiera aguar la fiesta de arte. 183 CAUCE. Núm. 4. GÓMEZ FERNÁNDEZ, Diego. Hacia una metodología práctica para el ...
b) Que los elementos presentes en Pero... arte son una constatación de las circunstancias que rodearon el acto de la ovación. En este caso, decodificaríamos la secuencia, y con ello la reescribiríamos como: Pero la ovación se prolongó sin que sonase ningún grito provocativo, la ovación se prolongó sin que nadie quisiera aguar la fiesta de arte. Como puede constatarse tales decodificaciones son totalmente dispares en cuanto a significación y, por ello mismo, en cuanto a las incidencias funcionales de los sintagmas que integran la secuencia Pero... arte. La atenta lectura del texto completo o la no mutilación del mismo a partir del segundo punto y seguido nos llevará a su cabal comprensión, y, sólo entonces, la ambigüedad quedará resuelta gracias a las interrelaciones contextúales, resultando la segunda variante como la única apropiada. De aquí la no ociosidad de tomarse el tiempo necesario tanto en este paso como en el anterior. El texto, por consiguiente, en esta fase de inclusión de elementos elididos se nos presentaría Como sigue: Al final, la ovación se prolongó al indicar una juglaresa que la ovación se dedicara a sus compañeros presos o exiliados. Pero la ovación se prolongó sin que sonase ningún grito provocativo, la ovación se prolongó sin que nadie quisiera aguar la fiesta de arte. Sólo se oyó, cuando ya se había hecho el silencio, la voz de un caballero que decía: i i ¡Me cago en la mar!!! 2.1.1.3.— Reordenación funcional de los elementos de la secuencia textual. Si la reinserción de los elementos elididos cumple la principal función de hacernos perfectamente inteligible el sentido exacto del texto, situándonos a nivel de los contenidos tanto absolutos como relativos (y a nivel de las pertinencias suprasegmentales o prosodémicas), en el presente paso, correspondiente a la reordenación secuencia! de los sintagmas, va a regirel criterio funcional, puesto que la reordenación témporo-funcional supone, efectivamente, una focalización del texto desde la perspectiva de la infraestructura morfosintáctica. Si las formas que portan la significación tanto absoluta como relativa poseyeran (vistas desde sus interre(aciones sintácticas) una relación biunívoca con respecto a las funciones que cumplen, la reordenación de los elementos no presentaría grandes problemas. Pero, dado que una misma forma lingüística puede cubrir distintas funciones en distintos momentos, y que, al revés, una misma función puede ser realizada por diversas categorías' formales del mismo o de distinto nivel de unidades (cuya progresión ascendente no hay que olvidar que aumenta la libertad combinatoria del emisor)35, la cuestión no deja de presentar su dificultad, y, por ello precisamente, 35. Véase Jakobson, Román (1973, pp. 105-111). En cuanto al orden de los elementosy a la movilidad operativa de los sintagmas: Contrera, Heles (1977); Francois, Denise (1975, pp. 17-23); Gili, 184 CAUCE. Núm. 4. GÓMEZ FERNÁNDEZ, Diego. Hacia una metodología práctica para el ...
porque la reordenación de los elementos del enunciado presupone una profunda reflexión sobre el texto, es pertinente no saltar este paso, al menos hasta que no se haya adquirido la suficiente mecanización o automatismo en el manejo de instrumen- to de análisis. Se desprende de lo dicho que cuando hablamosde reordenación de los elementos nos estamos refiriendo a la disposición lineal, temporal, que han de tomar los distintos sintagmas componentes del texto, de acuerdo con las incidencias funcionales (sintácticas) que se den entre ellos, ya sean estas funciones cumplidas por uno u otro nivel de unidades lingüísticas desde el punto de vista de la forma con que se actualiza la función correspondiente. Y, en un análisis a partir dé un texto dado, ya producido y recibido, la disposición secuencial de las incidencias funcionales que tendremos en cuenta será, en un primer momento36 . ST En un segundo tiempo, cada oración se reordenará: O Sujeto (S) Y, respectivamente. Predicado (Pred) (Predeterminante) (Determinante) (Postdeterminante) Núcleo (Modificador)37 Samuel (1961, Cap. VI sobre todo); Martinet, André (1971-1, cap. II; 1972, pág. 136 y ss.; 1978, cap. X); RAE (1973, cap. 3.7., principalmente). 36. Vale aquí lo dicho en la nota 19. En relación con las unidades gramaticales, sobre todo en lo que respecta a la gramática generativa, puede verse también: Gangutia, Elvira (1975); Hammrstrón, Góran (1974); Sánchez, Víctor (1975); y Schroten, Jan (1975). 37. Lamíquiz, Vidal y otros autores Wamanpresentadores a los determinantes y afr/ÍH/c/bnss a los modificadores. Otras terminologías denominan indistintamente modificadores, adyacentes o adjuntos a ambas categorías (v. Hernández, César (1976); Hernández, César y Herrero, Cesáreo (1977); y Ramos, Antonio y equipo (1972 y 1973). Sin embargo, es claro que las funciones ejercidas son claramente distintas y es preferible diferenciarlas, ya sea con una u otra terminología. Por otra parte, la gramática transformativa incluye en su descripción la clase de los predeterminantes y la de los postdeterminantes (v. Lázaro, Fernando y Tusón, Vicente (1975, pág. 196); para sus reglas: Hadlich, Roger (1973, Cap. VI), entre otros. 185 CAUCE. Núm. 4. GÓMEZ FERNÁNDEZ, Diego. Hacia una metodología práctica para el ...
Pred NúcleoImplemento/ > Suplemento í (Complemento)(Aditamento)38 Obtenemos así, de paso, una disposición en esquema arbóreo que más tarde será útil para la realización de un análisis que nos relacione los componentes inmediatos formales con las funciones que realizan. En resumen, y en linealidad funcional: (Predeterminante) + (Determinante) + (Postdetenninante) + Núcleo +(Mod¡- , A Implemento) ficador)+ Núcleo+U,, , >) + (Complemento) + Aditamento), (.Suplemento )' con la observación de que en el núcleo del predicado puede aparecer Núcleo + Atributo. Dicha linealidad coincide, especificándola en cuanto a la forma, con la de las reglas de rescritura de las oraciones nucleares de la Gramática Transformativa (excep- to en la inclusión del Modificador en el SN, que la Gramática Transformativa considera consecuencia de una transformación con base en dos oraciones nucleares, siendo una de ellas —la que contiene la modificación adjetiva— copulativa): (Predet) +(Det) + (Postdet) + Nombre + Cópula + SN SAdj SPrep V + (SN) + (SPrep)39 donde ya lo que poseemos son las categorías formales básicas que considera la GT génesis de todas las variantes formales que se pueden establecer en una lengua L mediante las reglas de transformación operantes que nos llevan desde la estructura pro funda a la estructura superficial que se nos presenta en cada caso particular40. Pero, como cada una de las funciones reseñadas (excepto la de núcleo del predi- 38. Seguimos aquí' la terminología de Alarcos, Emilio (1972-1, pp. 109-123 y 219-254, principalmente) y Lamíquiz, Vidal (1973). 39. Cfr., por ejemplo, Escarpaníer, José ¡1974, pp. 94-98); Lázaro, Fernando y Tusón, Vicente (1975) y Lázaro, Fernando (Director) (1976-3, Leo. 0). 40. Para ias reglas de transformación, y, en general, para la comprensión de la teoría generativa, véase Breva, Manuel (1973); Contreras, Heles (1974); Chomsky, Noam (1971, 1977 y 1978); Chomsky, Noam y Halle, Morris (1979); Ducrot, Oswald y Todorov, Tzvetan (1974, pp. 54-59; 265-273 y 274-286); Grunig, Blanehe-Noéiie (1975, pp. 184-196); Harris, James W. (1975); Ñique, Christian (1975); Nivette, Jos (1973); Quesada, Daniel (1974); Ruwet, Nicolás (1974); Sánchez, Víctor (1974). En cuanto se refiere a lengua española: Bobes, Carmen (1972 y 1973); Demonte, Violeta (1977); Hadlich, Roger H. (1973); Lázaro, Fernando (1980, pp. 73-82); López, Humberto (1974); Rivera, Ma Luisa (1977); Rodríguez, Francisco (1976); etc. etc. Para la comparación entre sstructuralisrnoy generativísimo, v. la bibliografía dada y, específicamente, Vetilla, Ricardo (1974). 186 CAUCE. Núm. 4. GÓMEZ FERNÁNDEZ, Diego. Hacia una metodología práctica para el ...
cado) puede ser cubierta con una forma preposicional y, además, en muchas ocasiones se dan casos de recursividad, tendremos necesidad de repetir la secuencia témpora-funcional indicada cada vez que nos encontramos tanto con una oración como con una proposición de tipo bimembre, o con la estructura secuencial del SN o del SV cada vez que nos encontramos con una oración o proposición de tipo unimembre. De todas formas, hay que hacer aquí una importante precisión: No debemos perder de vista en ningún momento que en este paso de nuestro análisis estamos atendiendo únicamente a una disposición de tipo morfosintáctico, de interrelaciones funcionales entre unos elementos que constituyen un todo. Esto es relevante porque, si bien puede aceptarse como válida esa ordenación funcional (repetida o no) de los elementos que integran un texto, no puede decirse en cambio que ese sea ei orden normal (en ei sentido lingüístico del término, no en el prescriptivo) de los elementos que forman un texto en lengua española41; y, en consecuencia, no puede decirse que cualquier alteración de ese orden vaya contra la normativa lingüística española; sencillamente porque en cualquier texto se nos están dando a la vez significaciones desde las actualizaciones prosodémicas o suprasegmentales, rnoríosintácticas y léxico-semánticas, cuyas interrelaciones totales son las que nos van a proporcionar el sentido total del texto. Debido a ello, hay que tener en cuenta que, si bien una alteración en la disposición témporo-lineal de los elementos del texto dado, atendiendo a la función, no va a influir generalmente en esta última sino que nos va a facilitar la posterior manipulación de dichos elementos, sí wa a influir en muchos casos a nivel semántico, suprimiendo con ello matizaciones significativas que sólo son extraíblesdel contexto precisamente por el orden original que guardan los elementos. Dicho de otra forma: En muchos casos la disposición de los elementos en un texto dado es pertinente a nivel semántico, y, desde esta perspectiva, la reordenación de los mismos mutila el sentido del texto en múltiples ocasiones. Por otra parte, no quiero dejar de mencionar que la relación más arriba establecida entre las categorías formales preconizadas por la GT en las reglas de rescritura de su gramática de base y las funciones que cumplen, es dada sólo a título indicativo. Dudo mucho (en contra de una opinión altamente extendida) que estemos todavía en condiciones de afirmar que las reglas de transformación reflejan el proceso operativo dinámico de ia mente desde el momento de la concepción del mensaje que queremos transmitir hasta la actualización del mismo en palabras (ya sean orales o escritas); y de que las secuencias sintagmáticas que representan a las oraciones nucleares constituyen los elementos primigenios de donde ese proceso arranca. Otra cosa sería, tal vez, si se pretendiera con ello establecer los cambios dinámicos díacrónicos sucedidos en la lengua desde su génesis hasta alcanzar cualquier momento 41. En cuanto al orden y posibilidad de libertad normativa de los elementos, v. nota 35. 187 CAUCE. Núm. 4. GÓMEZ FERNÁNDEZ, Diego. Hacia una metodología práctica para el ...
sincrónico de esa lengua42. Como en tantas otras ocasiones, nos encontramos aquí ante una cuestión de método, de elección de un instrumento apto para describir el funcionamiento lingüístico de acuerdo con los fines que perseguimos, que no son otros que los de capacitar a nuestros futuros Profesores de E.G.B. en el dominio de nuestra lengua, dominio que, no hay que olvidar, han de desarrollar posteriormente en nuestros niños. A estos efectos, creemos que la metodología estructuro-funcional cumple mejor nuestros fines. En este sentido, pues, el hecho de que no hayamos elegido para nuestra exposición el método transformativo se debe a una cuestión práctica, no teórica. Claro está que en una lengua de estructura analítica como la española el establecimiento de las funciones, y con ello la reordenación de los sintagmas que componen el texto, va a tener mucho que ver con las unidades morfemáticas llamadas libres o independientes43 (las cuales determinarán las atribuciones o complementaciones, las coordinaciones, las subordinaciones, etc.) y, cosa que también se olvida frecuentemente, con las pausas, bien fonético-fonológicas bien gráfico-grafémicas (que precisarán las relaciones de adjunción, aposición, yuxtaposición, etc.) (v. notas 11,26 y 27). Por lo tanto, habrá que atender a estas alturas de nuestro análisis tanto a las incidencias que se dan (desde una perspectiva funcional sintáctica) entre las palabras portadoras de significación absoluta o semantemas (sustantivo, adjetivo, verbo y adverbio; o cualesquiera otra forma sintagmática que pueda ejercer sus funciones a nivel de discurso) como a las incidencias (simples o dobles) que causan los elementos portadores de significación relativa (morfemas o gramemas independientes o libres), tales como los nexos prepositivos y conjuntivos. Teniendo en cuenta todo lo dicho anteriormente, el texto qué nos viene sir- 42. No quiero decir en estas líneas otra cosa que lo que se ha escrito. Lejos de mi ánimo tildar de no falsable, y, por tanto, de no científicamente objetívable, tal teoría; ni, mucho menos, restar ni un ápice de importancia a los logros obtenidos a partir de la gramática transformativa, sobre todo en el campo de la cibernética aplicada a la traducción automática. Véase a este respecto: Bar, Hillel Y. (1972); Bott, M.F. (1975); Hass, W. (1972); Meya, Montserrat (1976); y Nivette, Jos (1973, cap. Vil). En cuanto atañe a la GT como formalización de modelos lingüísticos: Chomsky, Noam (1972); Chomsky, Noam y Millar, George A. (1972); Fodor, Janet D. (1975); Gross, Maurice y Lentin, André (1976); y Quesada, Daniel (1974, pp. 29-36 y 77-90). Para su situación con referencia a los estudios diacrónicos: Harris, James W. (1975); Kiparsky, Paul (1975) y M¡chelena, Luis (1971). Pero todo lo anterior no quiere decir que la aplicación de la GT sea universal: Hay que tener en" cuenta siempre la posible inadecuación de la metodología al objeto que se pretende describir. Es- to es, a mi parecer, lo que ocurre, por poner un ejemplo, con su introducción en la neonata ciencia de la neuro-psico-lingüístlca (v. Luria, Aleksandr, 1980) para la descripción de los procesos dinámicos de que se ocupa dicha ciencia; sencillamente porque aquí no se trata de la formalización de un instrumento operativo destinado a la consecución de fines tales como la enseñanza de lenguas extranjeras, estilística, traducción automática, etc. Su empleo en la neuro-psico-lingüística supone identificar el modelo generativista con la ¡nterrelactón de los procesos dinámicos cerebrales psicológicos y lingüísticos que se dan en la realidad, para lo cual, evidentemente, no fue descrito. Lo cual no quiere decir que no exista la posibilidad de llegar a una adecuación modelo transformativo-descripción total del proceso lingüístico de los lenguajes naturales: sólo quiero decir que el modelo aplicado, hoy por hoy, es inadecuados y excesivamente burdo, 43. Principalmente con las preposiciones, las conjunciones y los presentadores o determinantes. 188 CAUCE. Núm. 4. GÓMEZ FERNÁNDEZ, Diego. Hacia una metodología práctica para el ...
viendo como base de ejemplificación, presentaría la siguiente disposición: Al final, la ovación se prolongó al una juglaresa indicar que la ovación se dedicara a sus compañeros presos o exiliados. Pero la ovación se prolongó sin que singún grito provocativo sonase, la ovación se prolongó sin que nadie quisiera aguar la fiesta de arte. La voz de un caballero que decía: i i ¡Me cago en la mar!!! se oyó sólo cuando se había hecho el silencio ya. Establecida así la secuencia funcional de los elementos, pasaremos a realizar las etapas restantes. Téngase en cuenta desde aquí en adelante que, si bien para verificar los puntos 4 y 5 de los relacionados en 2.1. es suficiente con estar en condiciones de distinguir claramente las diferencias existentes entre oración y proposición y cuándo los verbos en forma no personal son núcleo de proposiciones de infinitivo, de participio y de gerundio, no ocurrirá lo mismo en los pasos subsiguientes, en los cuales, además, habrá de poseerse un perfecto conocimiento de las formas y funciones de los nexos .44 2.1.1.4.— Delimitación de las oraciones que integran la secuencia textual. Desde el punto de vista oral, las oraciones nos vienen determinadas por la entonación del hablante (por los contrastes que se establecen entre las fluctuaciones entonativas que se dan durante la emisión de la cadena sonora), que el oyente interpreta de acuerdo con un código común (v. 1.1.). En el sistema escrito el correlato, en forma mucho más burda, se establece mediante el punto —seguido, aparte o final, de acuerdo con la significación que el amisor dé a las oraciones dentro del contexto total del discurso. Por lo tanto, desde el punto de vista escrito cada oración comienza con letra mayúscula y termina en punto y seguido, punto y aparte o pun- to final (y, con relativa frecuencia, en punto y coma) (véase 1.1.). Bastará, pues, para efectuar ladivisión en oraciones del texto escrito dado, abrir corchete delante de la primera palabra del texto y delante de cada palabra después de un punto; y cerrar corchete delante de cada punto. Las secuencias "entre corchetes constituirán sendas oraciones. En nuestro caso concreto: [ Al final... exiliados ]. [ Pero... de arte ]. [ La voz... silencio ya ]. Lo cual, desde el punto de vista funcional, nos daría la siguiente disposición arbórea de la secuencia textual: 44. Véase, en cuanto a lot elementos de relación o nexos, independientemente de las gramáticas relacionadas en las notas anteriores, los trabajos específicos: Alarcos, Emilio (1972-1, pp. 192-206); Benveniste, Emile (1974, Cap. XII); Carbonero, Pedro (1975); Demonte, Violeta (1977); Jespefsen, Otto (1975, cap; Vlll-X); López, Ma Luisa (1970); Luque, Juan D. (1973,1 y II); Pottier, Bernard (1970, cap. XII, XIII y XVII); Rivera, Ma Luisa (1974 y 1977, pp. 87-109). En particular, para la coordinación, v. nota 18. ' 189 CAUCE. Núm. 4. GÓMEZ FERNÁNDEZ, Diego. Hacia una metodología práctica para el ...
No obstante, cabe preguntarse si el primer punto y seguido es normativo Iprescriptiva y lingüísticamente), si es estilístico, o si.no es ninguna de ias dos cosas,- y, consecuentemente, si el nexo Pero que inicia la siguiente secuencia es un nexo conjuntivo adversativo, que uniría, por tanto, dos proposiciones, o, por el contrario, cumple otra función. Normativamente, Pero {al igual que el resto de ias conjunciones adversativas) sólo admite ante sí coma o punto y coma: Coma, cuando las proposiciones que conecta son breves; punto y coma, cuando las proposiciones que enlaza son extensas o existen ya comas en alguna de ellas. Ambos hechos están reflejados en ia pronunciación por la correspondiente diferencia de duración de sus pausas, las cuales, en contraste con la pausa correspondiente al punto, y en asociación con la entonación respectiva, indicarán al oyente que ia oración no ha concluido. Podría ser un caso de utilización estilística de! punto y-seguido, es.decir, una desviación de la normativa para alcanzar algún efecto significativo querido por el emisor. Pero entonces, la pausa que el punto representa nos indica que el emisor quiere comunicamos, precisamente, que la secuencia anterior sea considerada como oración, y, por lo tanto, no habría problema en cuanto a !a funcionalidad. Existe una tercera posibilidad, y Sa remarco porque hasta ahora, aunque se haila expiícitada en diversos manuales teóricos ai uso, no es tenida en cuenta por tos escasos manuales prácticos, debido sobre todo a la renuncia a operar con textos superiores a la oración. Tanto las conjunciones adversativas como otros nexos conjuntiva, je Jw tcs ! opuhtn/os, '• i-MJCUiívos e**. I cj'ter i IM ion¿r ta'ibíén corno e'emprt'_ t e 'i > ).t i i foo-'p m v~ i! i<> i ¡ 'o tilos iir-ic^n^ • i pie ,• CAUCE. Núm. 4. GÓMEZ FERNÁNDEZ, Diego. Hacia una metodología práctica para el ...
te, porque la restricción anunciada por Pero, toe ?ó!c es dstectable en la oración que encabeza por ei doble empleo dei nexo prepositivo denotador de carencia, sin, nos va a venir explicitada afirmativamente en la tercera oración, recayendo en esta ocasión la función de interrelacionalidad dei texto sobre e! elemento Sólo, con el que se modula, concretando positivamente, la única salida de tono que contrastaría Con el orden mantenido por el público y enunciado en la oración anterior. Quedaría por explicar !a expresión inicial del texto, Al fina!, cuya función también puede entenderse ambiguamente: O bien como equivalente a Por último, finalmente, que haría relación a io que anteriormente ha expresado el emisor y que no aparece en ei texto, funcionando, por tanto, como ertiace extraoracional; o bien corno una locución adverbial que nos indica que la ovación se prolongó al final de la fiesta de arte, o, incluso, al final del ¡oca! (aunque probablemente en este último caso aparecería sin coma}, y, consiguientemente, funcionaría como un circunstancial de la oración. Esta posibilidad de ambigüedad surge frecuentemente, junto a otras muchas, debido a ¡a extendida costumbre de presentar a nuestros alumno» trozos parciales del discurso emitido por un hablante o autor. De esta forma, ei entramado que recorre e! texto, y, cohesionándolo, io eleva a un todo sistemático, se rompe, y ei sentido exacto dei trozo que analizamos se pierde en parte al quedar cortada la serie de relaciones iniercontextuales. Debido a ello, será ésta la única ocasión en que daremos aquí un texto incompieto, cosa que se ha efectuado en este caso precisamente por un deseo de ejemplificar con el mismo ei hecho que comentarnos. Resumiendo, el texto, en cuanto a estes posibles enlaces extraoracionales que pueden constituirlo, se nos presenta regido oor ía siguiente estructura significativa: A! final... Pero.., Sólo... Enlaces "que van más allá de la oración" (Giii, Samuel, 1961, pág. 328), qus estructuran nuestro modo de raciocinar, y cuyas secuencias subsiguientes respectivas constituyen sendas transiciones y continuaciones dei discurso qoe vamoí emitiendo. No es cieno,' pues, en definitivo, que ¡as oraciones se;* / • ••,-<••••••••-•- • ;,;..-•.• : CAUCE. Núm. 4. GÓMEZ FERNÁNDEZ, Diego. Hacia una metodología práctica para el ...
anterior. Hela aquí: Cierto Filósofo, al ver que un Tonto golpeaba a su Burro dijo: "Detente, hijo mío, detente, te lo imploro. Aquellos que recurren a la violencia sufren violencia". "Esto", dijo el Tonto, apaleando diligentemente al animal, "es lo que estoy tratando de enseñar a esta bestia que me ha pateado". "Sin duda", se dijo el filósofo mientras se alejaba, "la sabiduría de los tontos no es profunda ni más valedera que la nuestra, pero realmente parecen tener una forma más directa de impartirla"48. Nuestra primera tarea ha de ser, naturalmente, la división del texto propuesto en oraciones y proposiciones; y, como ejercicio práctico corroborador de todo lo dicho hasta aquí, realizaremos en rápida sucesión los pasos propuestos en los epígrafes 2.1.1."2.1.1.11., sin detenernos en comentarios al paso, ya realizados en lo sustancial en dichos epígrafes. Las observaciones más importantes las iremos haciendo mediante notas. Los pasos 1 y 2 (lectura atenta del texto e introducción de los elementos elididos) no parecen tener ninguna complicación digna de mención especial, excepto por lo que se refiere al paso 2 en el último párrafo49. Paso 3.- Reordenación de la secuencia textual (con introducción de los lementos elididos). Cierto Filósofo dijo: "Detente, hijo mío, detente, te lo imploro. Aquellos que recurren a la violencia sufren violencia", al ver que un Tonto golpeaba a su Burro. El Tonto dijo: "Esto es lo que estoy tratando de enseñar a esta bestia que me ha pateado", apaleando diligentemente al animal. El Filósofo se dijo: "La sabiduría de los tontos no es profunda ni la sabiduría de los tontos es más valedera que la nuestra es valedera, sin duda, pero realmente los tontos parecen tener una forma de impartirla más directa que la forma que nosotros tenemos de impartirla", mientras se alejaba50. Paso 4.— Delimitación de las oraciones que integran la secuencia textual. [Cierto Filósofo... a su Burro ]. 48. Bierce, Amorate: Fábulas fantásticas, Rodolfo Alonso, Editor, Buenos Aires, 1975, pág. 62). 49. A nivel semántico habría que hacer mención de la significación absoluta que portan los sustantivos comunes elevados a propios al escribirlos con inicial mayúscula; y, consecuentemente, a nivel morfoiintáctico, de los contenidos relativos de los presentadores que los introducen: Cierto Filósofo, un Tonto, su Burro, al Tonto, etc. Véase, para ello, en especial: Acero, Juan José (1980); Atareos, Emilio (1972-1, pp. 166-177 y 207-218); Alcina, Juan y Blecua, José Manuel (1975, cap. 3); Alonso, Amado (1967, pp. 125-160); Coseriu, Eugenio (1967, pp. 282-323 y 261-281); Costa, Alberto (1981); Díaz, Carmen (1974); Lamíquiz, Vidal (1967 y 1973); Lázaro, Fernando (1980, pp. 27- 60); Rivero, M" Luisa (1977, pp. 123-158); Rodríguez-Izquierdo, Fernando (1976). Para los rasgos subcategoriales de los sustantivos, v. la bibliografía dada en nota 40. 50. Para la justificación de la reintroducción de los elementos elididos realizada en el párrafo tercero, v. más adelante pp. 43-44. 198 CAUCE. Núm. 4. GÓMEZ FERNÁNDEZ, Diego. Hacia una metodología práctica para el ...
[El Tonto... al animal ]. [El Filósofo... se alejaba]51. Paso 5.- Subrayado de los verbos. [Cierto Filósofo dijo: "Detente, hijo mío, detente, te lo imploro. Aquellos que recurren a la violencia sufren violencia", al ver que un Tonto golpeaba a su Burro ]. [El Tonto dijo: "Esto es lo que estoy tratando de enseñar a esta bestia que me ha pateado", apaleando diligentemente al animal ]. [El Filósofo se dijo: La sabiduría de los tontos no es profunda ni la sabiduría de los tontos es más valedera, que la nuestra es valeden^ sin duda, pero realmente los tontos parecen tener una forma de impartirla más directa que la forma que nosotros tenemos de impartirla", mientras se alejaba ]52. Paso 6.- Separación de las proposiciones yuxtapuestas y coordinadas. [Cierto Filósofo dijo: "Detente, hijo mío, | detente, \ te lo imploro. \ Aquellos que recurren a la violencia sufren violencia", al ver que un Tonto golpeaba a su Burro ]... [El Filósofo se dijo: "La sabiduría de los tontos no es profunda ni la sabiduría de los tontos es más valedera que la nuestra es valedera. sin duda, pero realmente los tontos parecen tener una forma de impartirla más directa que la forma que nosotros tenemos de impartirla", mientras se alejaba ]53. Paso 7.- Delimitación de las proposiciones de infinitivo, gerundio y participio. [Cierto Filósofo dijo: "Detente, hijo mío, | detente, | te lo imploro. | Aquellos que recurren a la violencia sufren violencia", (al ver que un Tontp golpeaba a su Burro) ]. 51. Las proposiciones implementarias de estilo directo que, como ya se sabe, se establecen en la linealidad'discursiva sin nexo mediante, tienen un comportamiento peculiar y autónomo digno de estudiarse con detenimiento (v. la bibliografía dada en la nota 32). Al reproducir lo actualizado por otra persona distinta del hablante que lo emitió o emitirá, se incrustan en la oración con todas las características formales que poseen al constituir un discurso independiente: De ahí que las pausas o sus correlatos gráficos no se adecúen a lo dicho en el epígrafe 1.2., y se nos presenten casos como el del primer párrafo del ejemplo, en el que nos encontramos con una doble implementación yuxtapuesta dependiente de dijo que se separan mediante punto.y seguido (... fe lo imploro. Aquellos...) , Naturalmente, estas secuencias implementarias, cuando dichas por el hablante original, funcionan como oraciones independientes morfosintácticamente (aunque no semánticamente). 52. Para las perífrasis y formas verbales compuestas, véase específicamente: Alarcos, Emilio (1972-1, cap. II); Alonso, Amado (1967, pp. 190-226); Beinhauer, Werner (1971, cap. V); Fente, Rafael; y otros (1972); Hernanz, Ma Luisa (1980); Lamíquiz, Vidal (1972 y 1973); Lorenzo, Emilio (1971, cap. V); Navas, Ricardo (1977); Pottier, Bernard (1970, pp. 194-202); Roca-Pons, José (1958). Para una bibliografía más amplia, independientemente de la consulta a las gramáticas relacionadas, v. Fente, Rafael (1971). 53. Dado que pueden existir proposiciones yuxtapuestas integradas por otras proposiciones yuxtapuestas, no estaría de más separar las primeras (... te lo imploro. Aquellos...) mediante barras verticales mayores que las que separan las segundas (Detente, detente, te lo imploro), como hacemos aquí. Es otra consecuencia más de las secuencias implementarias de estilo directo (v. nota 51) cuya frontera estará establecida, en otros casos, por el punto y coma o la pausa correspondiente. 199 CAUCE. Núm. 4. GÓMEZ FERNÁNDEZ, Diego. Hacia una metodología práctica para el ...
[El Tonto dijo: "Esto es lo que estoy tratando de enseñar a esta bestia que me ha pateado", (apaleando diligentemente a! animal)]. [El Filósofo se dijo: "La sabiduría de los tontos no es profunda ¡ ni la sabiduría de los tontos es más valedera que la nuestra es valedera, sin duda, pero realmente los tontos parecen tener una forma (de impartirla) más directa que la forma que nosotros tenemos (de impartirla)", mientras se alejaba ]. Paso 8.— Delimitación de las proposiciones implementariasde estilo directo. [Cierto Filósofo dijo: ("Detente, hijo mío, | detente, | te lo imploro. | Aquellos que recurren a la violencia sufren violencia"), (al ver que un Tonto golpeaba a su Burro) ]. [El Tonto dijo: ("Esto es lo que estoy tratando de enseñar a esta bestia que me ha pateado"), (apaleando diligentemente el animal)]. [ El Filósofo se dijo: ("La sabiduría de los tontos no es profunda ¡ ni la sabiduría de los tontos es más valedera que la nuestra es valedera, sin duda, pero realmente los tontos parecen tener una forma (de impartirla) más directa que la forma que nosotros tenemos (de impartirla")), mientras se alejaba ]. Paso 9.—Delimitación de las proposiciones modificadoras del núcleo del sintagma nominal. [Cierto Filósofo dijo: ("Detente, hijo mío, | detente, te lo imploro. Aquellos (que recurren a la violencia) sufren violencia"), (al ver que un Tonto golpeaba a su Burro) ]. [ El Tonto dijo: ("Esto es lo que estoy tratando de enseñar a esta bestia (que me ha pateado")), (apaleando diligentemente al animal) ]. [ El Filósofo se dijo: ("La sabiduría de los tontos no es profunda | ni la sabiduría de los tontos es más valedera que la nuestra es valedera, sin duda, I pero realmente los tontos parecen tener una forma (de impartirla) más directa que la forma (que nosotros tenemos (de impartirla")), mientras se alejaba ]. Paso 10.- Delimitación de las restantes clases de proposiciones subordinadas. [Cierto Filósofo dijo: ("Detente, hijo mío, detente, | te lo imploro. Aquellos (que recurren a la violencia) sufren violencia"), (al ver (que un Tonto golpeaba a su Burro)) ]. [El Tonto dijo: ("Esto es (lo que estoy tratando de enseñar a esta bestia (que me ha pateado))), (apaleando diligentemente al animal) ]. [ El Filósofo se dijo: ("La sabiduría de los tontos no es profunda | ni la sabiduría de los tontos es más valedera (que la nuestra es valedera), sin duda, I pero realmente los tontos parecen tener una for- 200 CAUCE. Núm. 4. GÓMEZ FERNÁNDEZ, Diego. Hacia una metodología práctica para el ...
ma (de impartirla) más directa (que la forma (que nosotros tenemos (de impartirla))), (mientras se alejaba) ]. 2.2.1.— La descripción morfofuncional del texto, escrita u oral. Como su nombre indica, consiste en ir describiendo —oralmente o por escrito, según los casoslas características que presenta un texto desde el punto de vista morfosintáctico, y, en cuanto se refiere a las oraciones y proposiciones que lo estructuran (como, por lo demás, a las restantes unidades), dar la descripción formal de las mismas y la función que cada una de ellas realiza dentro del todo interrelacionado, mediante el uso del código metasemiótico de la Lingüística. Ejemplificando sobre el texto propuesto en 2.2., nos encontramos con una secuencia textual que se halla constituida por tres oraciones, a las que llamaremos Oí, O2 y O3, de acuerdo con el orden lineal de aparición, y que nos vienen delimitadas, respectivamente, por los elementos que a continuación se relacionan: Oí: Cierto Filósofo... a su Burro. O2: El Tonto... al animal. O3: El Filósofo... se alejaba. en las que los elementos incididos y regentes del SN sujeto y del SV predicado (fuera de los paréntesis, por tanto), son, respectivamente, para cada oración: Oj: ... Filósofo... dijo... O2: ...Tonto...dijo... O3: ... Filósofo... dijo... sobre los cuales inciden todos los demás elementos funcionales, bajo la forma que posean, y, entre ellos, naturalmente, las formas preposicionales diversas con sus también diversas funciones. Desde un punto de vista comparativo, las tres oraciones presentan un notable paralelismo funcional y formal (aunque este último un tanto menos acusado): Frente a unas funciones sujetos revestidas en el discurso con unas formas muy simples —mediante los sintagmas nominales Cierto Filósofo, El Tonto y El Filósofo —tenemos unas funciones predicados de diversa complejidad, pero que en lastres oraciones poseen una función núcleo —con la misma forma verbal dijo-, una función implemento -siempre bajo la forma más o menos compleja de una proposición subordinada sustantiva de estilo directo:"Detente... violencia","Estoes...golpeado" y "La sabiduría.;, impartirla"- y una función aditamento, vertida en discurso, también en las tres, mediante la forma de proposición subordinada con valor semántico temporal —"al ver... Burro", "apaleando... animal" y "mientras se alejaba"—, aunque de distinta actualización dentro de su clase (sustantiva de infinitivo, en la Ot; adverbial de gerundio, en la 02; y adverbial, en la 03). El esquema general, pues, de todas las proposiciones, se nos presenta en cuan- to a las funciones: 201 CAUCE. Núm. 4. GÓMEZ FERNÁNDEZ, Diego. Hacia una metodología práctica para el ...
Sujeto => Determinante + Núcleo. Predicado => Núcleo + Implemento + Aditamento. Y, en cuanto, a la forma, respectivamente: SN =*• Art. + Nombre SV =*• V + Pj subordinada sustantiva de estilo directo + P2 subordinada con valor semántico temporal. Esquema formal que se encuentra transgredido en el sintagma nominal sujeto únicamente por la primera palabra de la secuencia textual —Cierto-, debido a la función de indeterminación necesaria para introducir al sustantivo Filósofo54; y en el sintagma verbal predicado por las diversas formas en que se actualizan las Pj subordinadas, como ya se ha dicho. Las diferencias entre lastres oraciones, al nivel de unidades lingüísticas proposicionales en que nos estamos moviendo, se encuentran, pues, por una parte, en la diversa complejidad con que se desarrollan las P¡ subordinadas sustantivas de estilo directo y, por otra, en las distintas formas en que se actualizan las P2 subordinadas de valor semántico temporal; proposiciones que inciden, todas ellas, en las tres oraciones, sobre el núcleo verbal di/o. Examinemos, entonces, de manera específica cada Pj. En primer lugar apreciamos una doble implementación en forma de proposición subordinada sustantiva de estilo directo múltiple ("Detente... te lo imploro y Aquellos... violencia"); doble implementación que se encuentra en yuxtaposición (es decir, sin nexo mediante) a través de la utilización del punto y seguido que antecede a Aquellos. Pero, además, por una parte, la primera implementación ("Detente... te lo imploro) está constituida por tres proposiciones asindéticas (yuxtapuestas) -Detente, detente y te lo imploro— que son, por tanto, sintácticamente equipotenciales dentro de la subordinación ¡mplementar¡a;y, por otra parte, la segunda implementación (Aquellos... violencia") posee dentro de si' una forma preposicional subordinada incidente sobre Aquellos (que recurren a la violencia) que funciona con valor de adjetivo especificativo de discurso y con función, por tanto, de modificador del núcleo de su sintagma nominal. Además habría que aclarar que, aunque ambas implementaciones son yuxtapuestas desde la perspectiva que aquí nos interesa (la morfosintáctica), a nivel semántico la segunda implementación ("Aquel/os... violencia") ha de entenderse como una proposición de carácter causal subordinada a la precedente55. A diferencia de la anterior, la proposición subordinada con valor de sustantivo 54. Habría que comentar aquí el contraste entre Cierto Filósofo y un Tonto: ¿Por qué cierto en contraposición a un, y no un Filósofo... un Tonto! (Consúltese, en cuanto a estos problemas, la bibliografía dada en nota 49). 55. No se olvide que las secuencias asindéticas tanto pueden dar lugar a oraciones independientes morfosintácticamente, como a proposiciones semánticamente coordinadas o subordinadas (v., por ejemplo, Gili, Samuel (1961, pp. 261 yss.). 202 CAUCE. Núm. 4. GÓMEZ FERNÁNDEZ, Diego. Hacia una metodología práctica para el ...
de discurso y función de implemento de estilo directo integrante del sintagma verbal de la O2 {"Esto es... pateado") no posee estructura proposicional en yuxtaposición, sino que está constituida exclusivamente por subordinaciones: Sobre el núcleo copulativo es, y, a través suyo, sobre el núcleo del sintagma nominal sujeto {Esto) incide otra proposición subordinada con valor de sustantivo de discurso y función de atributo {lo que... pateado). En esta última, cuya forma verbal nos viene dada perifrásticamente (estoy tratando de enseñar) se incrusta, incidiendo sobre el núcleo del sintagma preposicional con valor de complemento (bestia) una modificación especificativa actualizada a través de una forma proposicional subordinada con valor de adjetivo de discurso (que me ha pateado). Por último, en el sintagma verbal predicado de la 03 nos encontramos de nuevo con una proposición subordinada sustantiva con función de implemento de estilo directo ("Sin duda... impartirla"), cuyos elementos se estructuran de manera harto compleja. Efectivamente, aunque a primera vista se encuentra constituida por las tres proposiciones coordinadas siguientes: Pj: "La sabiduría de los tontos no es profunda, P2: ni la sabiduría de los tontos es más valedera que la nuestra es valedera, sin duda, P3: pero realmente los tontos parecen tener una forma de impartirla más directa que la forma que nosotros tenemos de impartirla", puede darse en una lectura rápida la confusión de que la secuencia que la nuestra se refiere tanto a profunda como a más valedera, lo cual una atenta lectura desmiente, estableciendo en no es profunda una aseveración, mientras que en más valedera que la nuestra se da una relación de comparación. Por otra parte, nos encontramos aquí de nuevo con el nexo conjuntivo coordinado pero, esta vez en el seno de una oración y, por consiguiente, estableciendo una restricción en parte del significado de lo dicho en ella. Pero esta restricción del significado (perteneciente ya, por lo tanto, al nivel semántico) no se va a establecer únicamente sobre la P2 coordinada inmediatamente anterior, sino sobre todo lo secuencialmente actualizado a partir de "Lasabiduría". De nuevo lo que viene tras pero va a modificar desde el punto de vista significativo el sentido de todo lo dicho anteriormente en la proposición sustantiva implementaria a la que pertenece, estableciéndose una especie de paradoja entre lo que se ha dicho y.la matización que posteriormente realiza el Filósofo. Aclarado esto, nos encontramos, pues, con que la Proposición subordinada sustantiva con función de implemento de la O3 se encuentra formada por las tres proposiciones coordinadas dichas anteriormente. Sin embargo, mientras que la primera de estas proposiciones coordinadas (La sabiduría... profunda) está integrada por elementos de discurso que corresponden a categorías gramaticales básicas (excepto el sintagma preposicional de los tontos, que contextualmente se comporta como un adjetivo de discurso (v., por ejemplo, Vidal Lamíquiz, 1973, pág. 274) y funciona como modificador del sustantivo núcleo de su sintagma nominal), las otras dos pro- 203 CAUCE. Núm. 4. GÓMEZ FERNÁNDEZ, Diego. Hacia una metodología práctica para el ...
posiciones coordinadas poseen inclusas en sus respectivas estructuras formas proposicionales subordinadas: En la segunda (ni la sabiduría... valedera), incidiendo sobre el núcleo del sintagma adjetivo (valedera), tenemos una proposición subordinada, semánticamente comparativa, que funciona como modificador del mismo. Y, por último, en la tercera coordinación (pero... impartiría) nos encontramos con otra forma verbal perifrástica (parecen tener) de cuyo núcleo tener depende toda la secuencia restante (una forma... de impartiría), dentro de la cual se dan las unidades preposicionales de impartiría, expresamente actualizada en el texto, y que la forma que nosotros tenemos de impartiría, término de comparación elidido, y, por tanto, no actualizado56. La primera de ellas (de impartiría) constituye una proposición subordinada sustantiva de infinitivo que funciona como adjetivo de discurso, incidiendo sobre el sustantivo núcleo forma, al que modifica complementariamente. Y la segunda se estructura con valor de adverbio, semánticamente comparativo (que la forma que nosotros tenemos de impartiría) y función modificadora, incidente sobre el adjetivo directa. Esta última, a su vez, se desarrolla en forma compleja, incluyéndose en ella otra proposición (que nosotros tenemos de impartiría) modificación con valor relativo del sustantivo forma, la cual se cierra con la repetición elidida de la secuencia de impartiría, que, dependiente del núcleo del predicado, tenemos, funciona como suplemento del mismo. En cuanto a las tres proposiciones subordinadas con función de aditamento, semánticamente temporales (una por cada oración), solamente merece mención la . sustantiva de infinitivo de la Olf dependiente del núcleo del predicado dijo, en la cual se incrusta, con función de implemento, la proposición subordinada sustantiva que un Tonto golpeaba a su Burro. 2.2.2.— El esquema gráfico de las incidencias morfofuncionales. Si volvemos un momento sobre lo hecho, apreciamos fácilmente que el procedimiento utilizado para describir el resultado obtenido de la división textual en oraciones y proposiciones es muy poco rentable (la escueta descripción escrita realizada más arriba nos ha llevado, cerca de cuatro páginas) y, además, hartamente tedioso, por lo que el receptor del mismo ha de emplear toda su atención y memoria para conseguir representarse mentalmente la estructura de las incidencias morfofuncionales que se nos quieren transmitir. No es nada raro que así sea, puesto que con base en un texto estructurado a ni- 56. Para lo relativo a las proposiciones adverbiales comparativas: Alarcos, Emilio (1972-1, pp. Ü04 y ss.); Beinhauer, Werner (1978); Contreras, Heles (1974, cap. IV, pp. 117-120); Hadlich, Roger L. (1973, pp. 283-287); Hernández, César (1980, pp. 301-304); Jespersen, Otto (1975, pp. 291-302). Entre las gramáticas relacionadas, consúltese, sobre todo: Alclna, Juan y Blecua, José Manuel (1975); Bello, Andrés, y Cuervo, Rufino (1970); Gilí, Samuel (1961); RAE (1973); y Seco, Rafael (1975). 204 CAUCE. Núm. 4. GÓMEZ FERNÁNDEZ, Diego. Hacia una metodología práctica para el ...
val de lengua estamos realizando una descripción metalingüísticadel mismo, lo cual supone el empleo simultáneo de dos códigos distintos y el esfuerzo consiguiente de decodificación y verificación de las correspondencias entre los mismos. Por ello los esquemas gráficos de representación analítica morfofuncional de un texto van ganando terreno ampliamente a la descripción en forma oral o escrita; y, dentro de ellos, sobresale, por sus ventajas y sencillez, el esquema gráfico de tipo arbóreo. No obstante, dado que el esquema arbóreo donde consigue el máximo de su eficacia es en el análisis completo de los distintos niveles de unidades lingüísticas, como luego veremos, no parece oportuno emplearlo para una descripción gráfica de las dependencias que mantienen las proposiciones de un texto con el todo sintáctico que constituyen sus respectivas oraciones. Pero sí podemosdarunpaso intermedio en forma gráfica, que nos vaya acercando paulatinamente al despliegue arbóreo del total de los elementos: Partiendo de la secuencia textual, y con nudo en ella, podemos extraer ramas a nivel equifunqional de oración, de manera que, una vez realizado esto y determinadas las secuencias que constituyen las distintas oraciones, podamos subrayar los elementos nucleares de sus sintagmas sujetos y predicados, sobre los que irán incidiendo sucesivamente las distintas proposiciones. La propia representación gráfica de las incidencias morfofuncionales oracionales y proporsicionales del texto con que estamos ejemplificando aclarará lo dicho mucho mejor que las palabras. | Cierto Filófoso... Burro j | El Tonto... al animal[ \ El Filósofo... se alejaba | 205 CAUCE. Núm. 4. GÓMEZ FERNÁNDEZ, Diego. Hacia una metodología práctica para el ...
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03: 11 proposiciones. Las posibles dificultades de interpretación del texto radican, por un lado, en algunos elementos léxico-semánticos: cuadra (manzana de casas), se había hecho el burro (se había hecho el tonto),batahola (gritería, pendencia con gran ruido), regalito de morondanga (regalito de poca importancia), renguito. Por otra parte, a nivel morfosintáctico, en la utilización del contenido de los nexos (y, y se armó, y eso que, más, lo que); de las formas verbales (quería cobrar, se había hecho, se armó, se metió); y, en menor medida, la posible confusión en la determinación de la incidencia funcional de la secuencia del aquiler de la piecita. Especial mención merecería la utilización de la forma verbal sabes que encabeza la secuencia textual, cuya concordancia se realiza mediante vos, y que, automáticamente, nos sitúa el texto como de procedencia hispanoamericana59, al igual que hacen la mayoría de los elementos léxicos apuntados. De estos últimos hemos aclarado sus sentidos respectivos entre paréntesis, dejando sin hacerlo en la forma renguito, por merecer especial comentario. En el tex- to original aparece como renglito; pero, a todas luces, se trata de una errata. La voz, con toda seguridad, corresponde a renguito (cojo por lesión de la cadera, con matiz afectivo: cojito), derivada de renco o rengo, de inusitados empleos (formas primitivas, de igual significado en sus lexemas que la de renguito) y de utilización en Hispanoamérica, a lo menos en Bolivia y Argentina, hallándose emparentada con nuestros renquear y derrengar (en esta última se comprueba de nuevo la sonorización de /k/) y con las formas populares andaluzas renguear, derrengao, etc. Hace referencia, por tanto a que el inquilino de la piecita (habitacioncita) de la terraza era cojo. Este es, sin duda, el sentido del texto; pero, además, y por lo menos en Argentina, la forma tiene otro empleo profuso: se aplica extensivamente a personas del tercer sexo, con sentido correlativo a los de nuestros marica, mariquita, aunque la propia expresión ese renquea un poco no es inaudita en nuestras tierras; a veces, ese renquea un poco del pie izquierdo, o ese cojea un poco del pie izquierdo. Antes de pasar a la segunda etapa hay que hacer otra consideración interesante: Observando el texto podemos darnos cuenta de la escasez (más bien inexistencia) de elementos elididos. Tan sólo ha habido que introducir los términos vos y la madrina; este último, dos veces (los restantes son consecuencia obligada de la posición que ocupan en la reordenación): Lo hemos hecho por la necesidad de dejar constancia de los sujetos elididos de las tres oraciones y de dos determinadas proposiciones; pero, en realidad, las formas están presentes en las desinencias verbales. Por último, hacer hincapié de nuevo en que la ordenación de los elementos afecta al conjunto de la comunicación. Obsérvese que en su emisión original el núcleo verdaderamente importante desde el punto de vista del proceso informativo 59. En cuanto se refiere al español en América, consúltese: Cárdenas, Daniel N. (1967); Granda, Germán de (1978); Lapesa, Rafael (1980); Lope, Juan M. (1968); Malmberg, Bertil (1971); Marrero Carmen (1975); Ofines (1964, vol. I); y Rosenblat, Ángel (1970). 214 CAUCE. Núm. 4. GÓMEZ FERNÁNDEZ, Diego. Hacia una metodología práctica para el ...
{ponen una juguetería) se encuentra colocado al final de cada oración. Este hecho es relevante para las tres oraciones, pero de mucha mayor pertinencia para la tercera. Efectivamente, el oyente se queda en suspenso en cuanto a qué ponen en la otra cuadra hasta el mismo final de la comunicación del hablante. Como Susanita (el autor, naturalmente), hábilmente, introduce el largo inciso apositivo con referencia al lugar entre ¿Sabes que en la otra cuadra y ponen una juguetería, Mafalda no tiene otra alternativa que aguantar estoicamente todo el chaparrón verbal que la locuacidad innata de Susanita le hace recibir. Reordenados los elementos, este inciso se pierde, la información verdaderamente atractiva para Mafalda le llega inmediatamente y, posiblemente (no sería la primera vez), habría salido corriendo nada más empezar Susanita a expansionar su vena de cotilla impenitente, con lo cual la comunicación se habría interrumpido y nos habríamos quedado sin conocer esa formidable muestra condensada de información general, mediante la cual se tipifica tan bien cierta clase genérica de nuestra geografía. Por lo tanto, la ordenación de los elementos integrantes de la oración originaria afecta esta vez, no al significado, sino al oyente, quien, tal cual es emitido el discurso, se ve obligado a oírlo desde el principio hasta el fin si quiere recoger la información verdaderamente sustancial para él. 2.3.2.— El esquema de las incidenciasproposicionales. Como ya quedó establecido en el epígrafe anterior, el esquema oracional de la secuencia textual que analizamos es el siguiente: ¿Vos... cuadra? ¿Vos... cuadra? ¿Vos... metió se en la que? A cada O corresponde el siguiente esquema de incidencias proposicionales: 215 CAUCE. Núm. 4. GÓMEZ FERNÁNDEZ, Diego. Hacia una metodología práctica para el ...
¿Vos... sabes que,., cuadra? I que ponen una juguetería en la otra cuadra? Esquema de O2 = esquema de 216 Sub. Sust. (Impl) CAUCE. Núm. 4. GÓMEZ FERNÁNDEZ, Diego. Hacia una metodología práctica para el ...
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Tanto en la Oj como la O2 no se nos presentan problemas dignos de mención. No así en la O3, con respecto a la cual hay que realizar algunas observaciones a nivel morfosintáctico en cuanto toca a su parte no común con las otras dos oraciones; es decir, con respecto al sintagma preposicional que funciona como aditamento, semánticamente de lugar (al lado del... metió se en la que); especialmente en cuanto se refiere a los nexos, dado que es a partir de ellos como vamos a poder determinar la clase de la proposición que encabezan y la función que ésta realiza, así como, en muchas ocasiones, el valor semántico que le daremos. En el presente caso, como ya dijimos de pasada en el epígrafe anterior, los nexos de interés son y... y... y eso que... más. El primero de ellos enlaza, en conexión copulativa de equipotencialidad funcional, a las dos modificaciones que inciden sobre sastre (que le hizo... manicura y que quería cobrar...). No obstante el valor copulativo de este conector, no deja al mismo tiempo de poseer un matiz continuativo al que no se halla ajeno otro de insistencia, muy propios del habla infantil que aquí se quiere imitar. En cambio, el segundo nexo y (y se armó una batahola...) ya no posee su valor de conector de secuencias equifuncionales; y, por lo tanto, no une secuencias en coordinación copulativa; su valor corresponde al de un nexo conjuntivo subordinado que, semánticamente, transmite a toda la secuencia siguiente un sentido consecutivo con respecto a lo anterior. Ya GILÍ GAYA, entre otros, nos advierte de estos distintos valores de y (v. 1961, pág. 130 y ss., especialmente). Esta misma forma y la encontramos encabezando la locución y eso que (yeso que cobra...) transponiendo la función de la proposición que le sigue a aditamento con valor de contenido semánticamente concesivo, al que se añade, también merced a la locución conjuntiva que comentamos, una enfatizacion de lo que se dice posteriormente. Por consiguiente, este y eso que junto con el anterior)/ inmediatamente precedente, actúan como nexos que transponen las secuencias respectivas que les siguen a proposiciones subordinadas con valor, en este caso por lo menos, de aditamentos. El último de los elementos mencionados, más (... la pensión del marido más lo que sacará...), no es aquí, a pesar de su tilde y de lo que pudiera sospecharse, un adverbio de cantidad; ni, pese a estar delante de un sustituto de parte de un sintagma nominal, un presentador indefinido. Por el contrario, funciona en este caso, y con emisión átona en el habla, como una conjunción coordinada copulativa de valor similar al de y, aunque no deje de transmitir su valor de cuantificación indefinida, que viene aquí a reforzar el valor ponderativo del y eso que60. Los restantes nexos conjuntivos (que transpositor a sintagmas nominales de discurso; que transpositor a modificadores del núcleo del sintagma nominal; y porque de valor semántico causal, no merecerían especial atención a no ser porque están da- 60. Véate para y eso que y más, Sánchez, Manuel J. (1972, pp. 179,182,189 y 241 y ss.). 219 CAUCE. Núm. 4. GÓMEZ FERNÁNDEZ, Diego. Hacia una metodología práctica para el ...
dos con la finalidad de transmitir al lector la sensación de estar en presencia de pura habla infantil, lo cual, junto con los arriba mencionados, consiguen plenamente61 . 2.3.3.— El esquema arbóreo pormenorizado. También aquí tenemos que hacer unas observaciones previas que ayuden a interpretar la formalización del esquema arbóreo completo del texto propuesto tal como se da más abajo. Deci'amos en 2.3. que junto a cada forma aparecería la función que esa forma realiza en el contexto en que se encuentre inserta. Para ello, lógicamente, cada forma ha de cumplir, en su contexto, una función; y a cada función ha de corresponder, en su contexto, una forma. Pero si seguimos el procedimiento del esquema usual de análisis propuesto en los diversos textos prácticos o teóricos, nos encontramos con que en determinadas ocasiones (siempre las mismas) no podemos dar una descripción de la forma que corresponde a una función determinada (también siempre la misma). La causa de que no se note esta anomalía es debida, precisamente, a los procedimientos analíticos que se utilizan. Veámoslo en la práctica a partir de tres ejemplos tomados de libros distintos, dos de ellos correspondientes al nivel de E.G.B. y el tercero de un nivel superior. Primer ejemplo: Irás al colegio, siempre que no llueva. Sffl 61. Para el habla infantil, consúltese: Brown, Roger y Bellugi, Úrsula (1974); Campbell, Robín y Wales, Roger (1975); Ervin, Susan M. (1974); Francescato, Giuseppe (1971); Gilí, Samuel (1972); Jakóbson, floman (1973, parte I, cap. IV; 1974); Launay, Clement y Borel-Maisonny, S (1975); Luria, Aleksand R. y Yudovich, F. (1979); Millán, Fernando (1979 y 1980); Piaget, Jean (1976); Richelle, Maro (1978); Trigo, José Manuel (1978 y 1980). 220 CAUCE. Núm. 4. GÓMEZ FERNÁNDEZ, Diego. Hacia una metodología práctica para el ...
En este procedimiento de análisis para niños de segunda etapa de E.G.B. se especifican únicamente las funciones y, en línea de base, se dan las clases a que pertenecen las palabras. No se describen las unidades lingüísticas intermedias desde el punto de vista de la forma, excepción hecha de las proposiciones, como vemos en este caso. Segundo ejemplo: Madrid, que cada día crece más, está ya intransitable: 221 CAUCE. Núm. 4. GÓMEZ FERNÁNDEZ, Diego. Hacia una metodología práctica para el ...
Aquí' se nos dan unas veces las formas acompañadas de las funciones; otras, sólo las formas; y en otras, sólo las funciones, con la simplificación adicional de que en la secuencia que crece mascada día, establecida como adyacente (= modificador) bajo el nudo de O' (no se distingue la unidad proposicional), se suprime la función nexual del que y se analiza directamente como SNSu' frente a SVP', con lo cual toda dificultad se ha obviado. Tercer ejemplo: Los padres buscaban la manera de que sus hijos estudiaran- 222 CAUCE. Núm. 4. GÓMEZ FERNÁNDEZ, Diego. Hacia una metodología práctica para el ...
También aquí se nos da, en las más de las ocasiones, tan sólo las formas; en otros casos, muy raramente, se añade junto a ellas la función que respectivamente realizan. Nos encontramos, además, con un sintagma preposicional (cte que sus hijos estudiaran) del que se hace depender dos proposiciones, lo cual, evidentemente, no corresponde a la realidad. No damos ningún ejemplo de análisis gramatical generativo porque, en general, únicamente se describen las formas de las unidades integrantes de la oración, con la dificultad añadida de trabajar en estructura profunda y no realizarse el paso a la estructura superficial a través de las transformaciones. Se podría pensar que las irregularidades mencionadas son producto del nivel al que van dirigidos los textos; pero, en realidad, los correspondientes a B.U.P., e incluso a C.O.U., son de un nivel práctico inferior, en lo que se refiere al tema que tratamos. Es de suponer que este hecho es debido a darse por sentado que el alumno ya posee la automatización y conocimientos necesarios y únicamente queda aclarar las dudas y ampliar los contenidos. La realidad demuestra que no es así. En todos los ejemplos dados, al no darse las formas y funciones rigurosamente en todas las unidades lingüísticas, no se deja ver el vacío que decíamos existir en cuanto a la forma de una función determinada. Analicemos el primer ejemplo, según el sistema que proponemos más adelante y hasta el punto en que se encuentra la dificultad, con los datos que usualmente se aplican, pero acompañando forma y función: 223 CAUCE. Núm. 4. GÓMEZ FERNÁNDEZ, Diego. Hacia una metodología práctica para el ...
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Establecidas así las funciones y las formas de las distintas unidades lingüísticas, si ahora recorremos visualmente los gráficos realizados podremos darnos cuenta inmediatamente de una serie de características del texto que tratamos: La primera que salta a la vista es la elisión o inexistencia de formas sustantivas con función de sujeto: Tan sólo una proposición tiene sujeto expreso mediante sintagma nominal con núcleo sustantivo (v. P-1.2.2.1.: hasta la madrina... terraza); el resto, tanto las oraciones como las múltiples proposiciones, o tienen sujeto elidido (caso de las tres oraciones y de las proposiciones 1.2.2.1.1.1., 1.2.2.1.1.1.1. y 1.2.2.1.1.1.1.1.) o formas sustituí ivas con función de sujeto (caso de las proposiciones 1.1., 1.2., 1.2.1., etc.), o son netas proposiciones unimembres estructuradas mediante sintagmas verbales y, por tanto, morfosintácticamente carentes de sintagma nominal sujeto (caso de las proposiciones 1., 1.2.2. y 1.2.2.1.1.). Otro hecho relevante es la total carencia de adjetivos de lengua: todos los modificadores, sin excepción, se encuentran actualizados bien por prep +S/V, bien por que (relativo) +P. Esto, junto a las proposiciones ¡mplementarias introducidas por que (subjunción), somete el desarrollo de la secuencia textual a una continua expansión de marcado carácter hipotáctico. Si tenemos en cuenta lo anterior, y a ello añadimos el examen de las formas verbales actualizadas y lo dicho más arriba sobre los nexos (v. 2.3.1. y 2.3.2.), nos encontraremos con un texto que posee en gran medida las características peculiares del lenguaje infantil correspondiente a los seis o siete años, por lo que podemos concluir que su autor ha conseguido el objetivo de adecuar la actualización discursiva a la edad del hablante63. 3. CONCLUSIÓN. Con la descripción morfofuncional de la secuencia textual mediante el esquema arbóreo pormenorizado, analizando las sucesivas unidades lingüísticas desde las oraciones hasta las categorías funcionales, donde nos hemos detenido, concluimos la tercera y última etapa de la metodología propuesta aquí con el objetivo de que nuestros alumnos se incorporen con rapidez la instrumentación analítica necesaria para el ulterior comentario morfosintáctico, meta final a este nivel del signo, en que se pondrá a prueba la competencia lingüística de los propios alumnos. Es claro que, como se decía en la Introducción, no se postula que siempre se realicen las tres etapas: ello lo consideramos necesario únicamente al comienzo de la práctica, como proceso que facilitará la automatización de los recursos, y, lo que es 63. Para las características del lenguaje infantil, v. la bibliografía dada en la nota 61. Para los casos concretos de la adquisición de oraciones y proposiciones, formas verbales en general, uso de los adjetivos, empleo de los nexos y la incorporación de las expansiones, v. específicamente: Brown, Roger y Bellugi, Úrsula (1974); Ervin Susan M. (1974); Gili,Samuel (1972, partes II y IV, principalmente); Millán, Fernando (1980); y Trigo, José Manuel (1978 y 1980). 237 CAUCE. Núm. 4. GÓMEZ FERNÁNDEZ, Diego. Hacia una metodología práctica para el ...
mucho más importante, fa reflexión pausada sobre la estructuración morfofuncional del texto que se proponga. También se habrá hecho evidente que quedan problemas por resolver; en realidad quedan muchos problemas que resolver en el campo específico morfosintáctico y en el lingüístico en general. Estos problemas, como también decíamos al princi pió, habrá que afrontarlos sobre la marcha y tratar de darles la solución oportuna a partir del estudio atento y de la metodología que la propia Lingüística nos suministra. Desde nuestra posición, nos sentiremos suficientemente satisfechos si algo de lo que se ha escrito aquí es de utilidad para nuestros alumnos, o, más ambiciosamente, para nuestros Profesores ya en ejercicio. DIEGO GÓMEZ FERNANDEZ 238 CAUCE. Núm. 4. GÓMEZ FERNÁNDEZ, Diego. Hacia una metodología práctica para el ...
CLAVE DE SIGLAS (Adit): Aditamento Art: Artículo (Compl): Complemento Conces: Concesiva Conect copul: Conector copulativo Consecut: Consecutiva Cuant: Cuantificador Cuant Indef: Cuantificador Indefinido Deíct anafór: De íctico anafórico (Det): Determinante (E): Enlace (ES): Enlace Subjuncional Indef: Indefinido (Impl): Implemento Loe prep: Locución prepositiva (Mod): Modificador (Mod Nu SN): Modificador del Núcleo del Sintagma Nominal Morf verb: Morfema verbal N: Nombre o sustantivo (Nu): Núcleo 0: Oración P: Proposición Part: Participio Perífrv.: Perífrasis verbal (Postdet): Postdeterminante (Predet): Predeterminante (Pred): Predicado Prep: Preposición Refl: Reflexivo Reí: Relacionante (S): Sujeto S Adj: Sintagma Adjetivo S Adv: Sintagma Adverbial SN: Sintagma Nominal SPrep: Sintagma Preposicional SRel: Sintagma Relacional SSubj: Sintagma Subjuncional ST: Secuencia Textual 239 CAUCE. Núm. 4. GÓMEZ FERNÁNDEZ, Diego. Hacia una metodología práctica para el ...
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