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El Nuevo Viejo Mundo: cartas de una cubana en Europa

Sierra Salas, Leonor Grethel

Abstract

Una joven mujer cubana se dirige a España para realizar estudios. Es la primera vez que sale de su país. Desde su llegada a Barcelona inicia una correspondencia de corte clásico, es decir, a través de misivas en papel y caligrafiadas, a un amigo cubano, en las que va narrando, describiendo y exponiendo impresiones, experiencias, estados de ánimo, lecciones de vida, cavilaciones varias, anécdotas y textos literarios de distintos géneros, creados por la narradora sobre los países, paisajes y monumentos visitados, para amenizar la lectura de su destinatario. El viaje se torna en una cura de ingenuidad y un crecimiento personal.

Full text

UNIVERSIDAD DE SEVILLA MÁSTER EN ESCRITURA CREATIVA Trabajo Fin de Máster Convocatoria: 2018-2019 El Nuevo Viejo Mundo: cartas de una cubana en Europa Modalidad: Creación LEONOR GRETHEL SIERRA SALAS Vº Bº Tutor Dr. Juan Rey Fuentes (Firma del profesor) Para mi Rey, la única persona que ha descorrido las cortinas para que yo viera el mundo, quien único ha dado materia a mi primer sueño. & A mi padre en el cielo. A mi madre en la tierra. El viaje es un estado mental. No tiene nada que ver con lo existencial o lo exótico. Supone casi en su totalidad una experiencia interior. Paul Theroux, Fresh Air Fiend: Travel Writings Nunca nadie ha descrito el lugar al que acabo de llegar: ésta es la emoción que me impulsa a viajar. Y una de las mejores razones para ir a cualquier lado. Paul Theroux, Las columnas de Hércules Viajar es un acto narrativo. Pasar de un lugar a otro cruzando espacios que no conocemos es, en cierto modo, hacer literatura: al fin y al cabo, una de nuestras más antiguas metáforas declara que el mundo es un libro. El viajero construye historias a partir de lo que ve y escucha y siente, y atribuye a sus partidas y llegadas las características de una primera y de una última página. Las personas con las que se encuentra se convierten en personajes de su historia; a veces es el viajero el protagonista, a veces son los otros. Paso a paso, el viajero descubre y también inventa su narración. Alberto Manguel ÍNDICE Parte I. Trabajo creativo El Viejo Nuevo Mundo: cartas de una cubana en Europa…………………………………..…1 Carta 1…………………………..…………………………………………………………3 Carta 2…………………………..……………………………………………………..…10 Carta 3…………………………..………………………………………………………..15 Carta 4…………………………..………………………………………………………..26 Carta 5…………………………..………………………………………………………..33 Carta 6…………………………..…………………………………………………..……40 Carta 7…………………………..…………………………………………………..……45 Carta 8…………………………..……………………………………………………..…55 Carta 9…………………………..……………………………………………………..…65 Carta 10…………………………..………………………………………………………75 Parte II. Memoria justificativa……………………………………………………...…………89 1. Introducción………………………………………………………………………...…91 1.1 Punto de partida de la creación. Objetivos…………………………….…..…91 1.2 Fundamentos e influencias………………………………………………..….92 1.3 Tema y resumen argumental……………………………………………........96 2. La literatura de viajes y la hibridez genérica……………………………………….…97 2.1 El epistolario de viajes…………………………………………………….100 6 Roma, ¿no? O a Barcelona. A ver si me funciona la sugestión. Busco un baño, me escondo, tengo diarreas, lloro. Ahora todo estará bien. ¿Qué ha estado mal de cualquier manera? Solo he llegado a otro planeta. Se llama el planeta España, o tal vez se trate del mismísimo planeta Tierra. A pesar de que el mundo ya está demasiado conectado, y que desde Cuba no nos son del todo ajenas las realidades de los otros, vivirlas es harina de otro costal. Aún el aislamiento nos roe. Estamos en una burbuja, dentro de la cual solo aumenta la producción de plátano y yuca a través de Radio Reloj y el Noticiero Nacional, mientras del exterior nos llegan ecos de guerras y crisis económica del capitalismo. Para serte franca, no tengo ni idea de la composición y funcionamiento de esta nueva atmósfera, ¿debo llevar traje espacial? Hasta ahora había vivido en un asteroide, tal vez fuera de la Vía Láctea, en una polícroma y calurosa región del Universo detenida en el tiempo. No me quejo, ni de aquí, ni de allá. Me ha dado gusto aventurarme a esta exploración espacial, salir de mi zona de confort. Pero ahora tengo que empezar desde cero. Es como aprender a caminar. Finalmente comienzo a ver los carteles. Después de todo no es tan caótico. Está muy bien señalizado. Otro avión y ya estoy en mi destino final. En Barcelona me encuentro con unas máquinas muy modernas que expenden los boletos para el metro que me llevará a La Ciutadella, donde se encuentra el Arco del Triunfo de estilo neomudéjar que tanto he visto en mi libro guía. Las máquinas parecen muy intuitivas. Creo que la actitud más inteligente en estos momentos es la observación. Me quedo a un lado, cerca de una de las máquinas, disimulo, hago como que no me importa, pero con el rabillo del ojo observo qué hacen las personas, cómo juegan con los botones y la pantalla táctil, dónde recogen el boleto y la factura de la compra. Dejo que la cola disminuya para no hacer esperar a nadie en caso de que me trabe en el proceso. Ya me había sumido antes en la observación científica cuando estaba en el baño. Decidí imaginarme una exploradora de la Era de los Descubrimientos, abocada con entusiasmo al conocimiento de otras realidades. Dejé que una niña de coletas rubias, que apenas alcanzaba en estatura al lavamanos, pasara delante de mí y se lavara primero. ¡Esos grifos de agua no tienen un asa o mango para acceder al paso del agua! ¿Qué hará ella? Pues mira cuánta simplicidad y eficiencia: solo colocó las manitas bajo el grifo y el agua salió. Debe ser algún mecanismo de detección automática de movimiento. ¿No te parece maravilloso? Seguro es muy ahorrador. 7 Luego se secó colocando las manitas dentro de un aparato con luces azules, que hacía mucho ruido y que yo fui incapaz de usar por pánico a perder esas preciadas extremidades. Me miró y creí que sonrió con picardía. Me vi descubierta. ¿Es que conocía mi plan espía? Sabes que cuando Colón llegó a la Isla más fermosa que ojos humanos jamás vieron, describió toda aquella realidad desconocida desde lo conocido, desde sus moldes y conocimientos previos, ajustando las nuevas imágenes a sus puntos de referencia. Así intento yo recurrir a mis limitados saberes para abrirme paso en esta selva robotizada, y así de insuficiente es ahora mi lenguaje para designar cabalmente las cosas que veo por vez primera. El viejo continente es mi Nuevo Mundo. Me maravilla la facilidad con la que consigo el boleto sin intermediación humana. Tengo un pequeño regocijo al finalizar, porque ha sido una prueba superada. Me dirijo al corazón de la ciudad. El metro será mi medio de transporte, y viviré otra primera vez: he tomado trenes en Cuba pero nunca un metro, por inexistentes, claro. ¡Es que soy virgen de tantas cosas! Espero que este país me llene de luces y no me corrompa. Lo escucho acercarse y me invade un cosquilleo de felicidad. Siempre he disfrutado los trenes y esto no es muy diferente. Será que forma parte del conjunto de mis placeres decimonónicos. No sé si has viajado en nuestros trenes isleños: ¿conoces El Francés? Supongo que fue comprado a Francia, o tal vez donado por este país, para que así lo llamen, pero debe ser de los años de la prehistoria del ferrocarril, porque se toma unas… ¿dieciocho horas?, ¿veinte? ¿Un día, dos días?, para recorrer la distancia entre Santiago y La Habana (unos 862 km de vías si mal no recuerdo). Claro, el mal estado de las vías tampoco ayuda mucho, y eso que fuimos el primer país de América Latina en tener ferrocarril. Pero hombre, no me quejo, ¡lo adoro! Ese sonido, ese traqueteo sobre los rieles, ensordecedor para muchos, casi musical para mí…ese paso lento entre los tórridos campos de caña, el sol naciendo o muriendo despacio, las luces de los pequeños pueblos acercarse y alejarse. Es como la canción de Varela, pero no en la carretera, sino en las líneas férreas: “Las luces en la carretera son como los sueños. Se acercan lentamente y cuando llegan se vuelven a ir. Son los pequeños sueños que también ayudan a vivir”. No hay nada más parecido a la aventura que viajar en un tren viejo. ¡Y si es El Lechero! Debes haber escuchado que así lo llaman por sus innumerables paradas en todos los pueblos y su obstinación por las averías a medio camino (o a un cuarto, un tercio o un octavo de camino, da 8 igual). Una vez conocí los poblados de la canción Chan Chan, de Compay Segundo, porque había un descarrilamiento por no recuerdo dónde y el tren, que se dirigía a la capital, se desvió durante seis horas por la región oriental, desplazándose por vías en peor estado que el ya malo habitual, atravesando montes ignotos a…déjame pensar…tal vez unos cinco kilómetros por hora. Así fui viendo carteles destartalados que anunciaban: Alto Cedro, Marcané, Cueto, Mayarí. Esas señales eran preludio de sitios decadentes y olvidados, en los que yo encontraba cierto goce estético. Perdona, perdona a tu amiga disgregada, probablemente tú mismo hayas vivido estas experiencias. Retomando mi posición en el aeropuerto, pasé por el control electrónico del billete y descendí al Hades en escaleras eléctricas. Esperé por Caronte para que tomara mi espíritu errante –maleta incluida– por el Aqueronte barcelonés. Suerte que llevaba mi óbolo-billete conmigo. El metro llegó, las puertas de protección de cristal de los andenes se abrieron. Es espacioso, silencioso, rápido, limpio; te anuncian las paradas a través del audio y los carteles electrónicos. Qué más se podría pedir, querido. Esto no será ninguna novedad para un español o para cualquier habitante de una urbe europea, pero para mí es como estar en una película futurista. Al llegar a mi estación de destino atravesé otros túneles congestionados y me dejé guiar por una melodía que me sedujo como a una rata por el flautista de Hamelín. Me encontré con el autor o intérprete. Finalmente una persona que no corría, alguien ajeno a las prisas, una imagen casi superpuesta, como un holograma, que parecía pertenecer a un universo paralelo de pronto revelado en medio del túnel; un ser para quien la felicidad era tocar un violín. Me pareció el más virtuoso concertista, barbudo y con vestimentas descuidadas. Tenía los ojos cerrados y podías ver cuánto disfrutaba sacando los mejores acordes del instrumento. ¡Aquello fue hipnotizante! Las personas me atropellaban, pero yo no podía moverme, a mí llegaban sus ondas de éxtasis, a mí llegaba su satisfacción. Debí haberle hecho saber que hacía el mejor trabajo del mundo, pero mi timidez, unido al hecho de que nunca abrió los ojos, me persuadieron para no quedarme un minuto más, porque no tenía monedas para dejarle, y además las monedas me parecían limosnas para tan magnífico intérprete o compositor. Yo le habría dejado fajos de billetes, de haberlos tenido, pero ya no me quedaba ni un euro, todo lo se lo había tragado la máquina de los boletos. 9 Para mi tranquilidad, de la estación a la residencia solo había unas pocas cuadras, y las recorrí cargando mi maleta sin rueditas. Estaba agotada, pero ya no sentía su peso, solo me fijaba en la caída otoñal de las hojas de los platanus hispanica o plátanos de sombra (he preguntado el nombre, no conocía el árbol, y no tiene ninguna similitud con nuestra común “mata de plátano” del género Musa), que creaban una alfombra en las aceras de la calle Passeig Pujades. Mañana averiguaré todo en relación al dinero de la beca y conoceré la Universidad Pompeu Fabra. Cuando termine pondré marcha a la Pla de la Seu para ver la catedral de Barcelona. Mi sueño infantil en relación a este continente se ve representado por una catedral gótica. ¿Has tenido alguna vez sueños cuyo motivo se repite en diferentes ocasiones mientras duermes? Este es el mío: Orfeo me conduce por la nieve. De pronto, frente a mí, una ingente estructura gris con cientos de arbotantes, pináculos y gárgolas. No veo el rosetón, no veo las vidrieras coloridas de los ventanales, solo una mole oscura muy seductora, que me susurra para recorrer su entramado nervioso. Un vacío en la memoria y luego estoy en el campanario: me veo a mí misma con una criatura recién nacida en mis brazos, que llora de frío y hambre. He venido a Europa a satisfacer la urgente necesidad de contemplar y penetrar en una iglesia de este estilo arquitectónico. Allí espero ser capaz de resemantizar mis sueños y confirmar o no la grandeza de Dios…o del hombre. Estoy ansiosa por meterme entre las sábanas: ese será un nuevo viaje en la dimensión onírica. Lo sé porque no sudar es una novedad para mí y los sueños que las mantas provocarán serán otros. No es lo mismo cuando los ventiladores son tus nanas y practicas un ritual de rociado de sábanas con la escarcha del congelador. Son las tres de la mañana y estoy en una sala de estudio para no molestar a mi compañera. Debo descansar, pero esa necesidad se ha esfumado desde que llegué a esta tierra. No sé si es el jet lag del que hablan todos, o es solo la excitación por la novedad. En cualquier caso, te dejo por hoy. Espera mis impresiones en próximas misivas. Se despide con cariño, G.S. 10 Carta 2 Villafranca del Panadés, 30 de septiembre de 2017, 11:30 pm El meu avi va anar a Cuba a bordo del Català, el millor barco de guerra de la flota d'ultramar. Fragmento de la habanera: “Meu avi” Cuando a la Habana fuí (Habana)/ cuando la mar crucé (Habana) nunca desfallecí, pero al llegar me mareé. Y una habanera oí (mi Cuba) / y cuando la miré (España) eran las dos tan bellas que de una y otra me enamoré. Estribillo de habanera Flac meu: “Iba a visitar a España, la vieja y heroica patria de los fundadores de la mía –la patria de mis abuelos, de mi lengua y de todo lo que nutría mi espíritu”, dijo el colombiano José María Samper en su recorrido por la península ibérica. Mis sentimientos son confusos. ¿Es esta mi madre o mi violadora? Me excita el hecho de hallarme aquí, en el país que “fundó” al mío, y el cual impregnó con su ADN nuestra cultura e identidad. Pero al mismo tiempo no puedo dejar de pensar qué habría sido de nuestro futuro si no nos hubieran “descubierto”, colonizado, explotado, violentado, evangelizado. ¿Con qué derecho vinieron a “civilizarnos”? Lloro la estela de pobreza y destrucción que fue sembrada y pongo en tela de juicio el concepto de naciones progresistas y civilizadas europeas, y por extensión, todo nuestro paradigma de desarrollo eurocentrista. En un crisol mezclaron sin preguntarnos un poco de lo hispánico, así como de la negra y sufrida África, y llevaron hasta su desaparición al noble nativo. Ya sé, ya sé: voy sobre tópicos muy vistos, pero no me deja de inquietar la historia. 11 Reconozco los beneficios y facilidades de vida aquí, te seguiré comentando al respecto, pero también veo la avasalladora destrucción del planeta detrás de tantas comodidades. Este es un tópico que merece tratamiento aparte. “Nos estamos cargando el mundo”, me dice una andaluza que estudia en mi clase de máster. Es la primera vez en Barcelona que escucho el acento con el que construimos el estereotipo de toda España. Tampoco quiero dejarme deslumbrar por las luces y artificios del “progreso”. El rastacuerismo sudamericano ya ha dado mucho de qué hablar desde hace siglos; no voy a pretender aparentar lo que no soy o alardear de lo que no tengo, para ser aceptada o formar parte de un mundo considerado como “superior”. Si hay algo que me avergüenza es ver a algunos coterráneo por estos lares, presumiendo de brillos y dorados a plena luz del día, disfrazados hasta los dientes para demostrar algo, ¿demostrar qué? Esa necesidad de ser ombligo, centro de atención, de proyectar riquezas de las que probablemente carezcan, solo porque han llegado a un país extranjero, los convierte en blanco de críticas. La vida de ningún inmigrante es un cuento de hadas, pero algunos prefieren falsear la verdad, por orgullo, o ignorancia. En lugar de actuar con educación y consideración por la nueva cultura no consiguen ver que hay un mundo diferente fuera de las fronteras de sus países de origen, pero incluso estando ya fuera de ellas terminan haciendo el ridículo. Caramba, tu país no es el universo, no tienes derecho a comportarte de la misma forma en que allí lo hacías. Eres un extraño, observa, aprende y respeta. ¿Me perdonas por mis reflexiones superpuestas y deshilvanadas? Es lo que ahora soy: un montón de meditaciones híbridas por todo lo que captan mis sentidos. Incluso el olor mohoso de esta habitación me provoca reminiscencias: me veo de niña, arrinconada en la biblioteca de mi abuelo, repasando las páginas satinadas de una enciclopedia. Una de las primeras lecturas de mi vida fue un tomo de El tesoro de la Juventud, perteneciente a una colección enorme de libros encuadernados en tela verde. Podía pasar horas repasando la variedad temática y las profusas y cuidadas ilustraciones: “La historia de la tierra”, “El libro de nuestra vida”, “Cosas que debemos saber”, “El libro de los por qué”, “Hombres y mujeres célebres”, “Juegos y pasatiempos”, “Lecciones recreativas”, “El libro de las narraciones interesantes”…no recuerdo cuántos más…pero sí recuerdo bien “Los países y sus costumbres” en el que leí por vez primera sobre España, su historia y arquitectura. Casi como una vaticina dije a mis padres, con adulta convicción, que ese sería el primer país que vería. Aquella enciclopedia fue el medio para mis 12 primeros viajes imaginarios. Pronto llegaron otros más literarios, como cuando fui caballera andante junto al Quijote. Es un alivio saber que, aunque no siempre contemos con los medios y recursos para materializar un viaje, siempre podremos compensar con estos aliados de papel. Ahora es momento para una revelación. Guardo como un preciado tesoro la fotografía que he tomado a una página del volumen El progreso catalán en América. No te he hablado antes de esto para dosificarte las sorpresas. Así pretendo que no se agoten para ti mis encantos y que no te aburras rápidamente. Esperaba mi llegada a la Matriz para hacerte la revelación. Este libro extremadamente pesado –y se trata de solo uno en una vasta colección– lo descubrí unos pocos meses antes de mi partida, durante una limpieza a fondo del chiforrober de la última habitación, entre un montón de papeles de contabilidad manuscritos con la barroca y elegante caligrafía de antaño. También hallé el documento legal donde consta el nacimiento de mi bisabuelo catalán. Fui muy cuidadosa al desdoblar el papel amarillento. Tuve un temblor de manos al percatarme de que sostenía un pliego del siglo XIX. Te transcribo íntegramente la nota que aparece dedicada a mi bisabuelo Pedro Tort Martínez y a su Café Riche de la calle Calixto García, entre Independencia y Crombet, en Guantánamo, cerca del cine América. n el año 1904 llegó don Pedro Tort a esta encantadora Isla, y después de dedicar sus esfuerzos a distintas actividades comerciales formándose una situación independiente, se estableció en el año 1923 con el importante “Café Riche”, uno de los establecimientos de esta clase mejor presentados y que recuerdan a los de nuestra tierra, que sin lugar a dudas son los más suntuosos y artísticos del mundo. Y como Don Pedro ha querido ponerse siempre al nivel de las circunstancias y de las exigencias modernas, ha introducido un agregado al clásico Café de tan marcado carácter catalán, instalando un bar de estilo puramente americano para reunir de este modo y en buena armonía la tradición con el modernismo. Debido a la buena presentación de esta casa, al esmerado servicio que en ella impera y a la afabilidad y gran simpatía de su propietario, en el Café “Riche” se reúne constantemente lo más selecto del comercio y de la industria de Guantánamo, siendo el punto obligado de toda persona de buen gusto. E 13 Don Pedro Tort es natural de Vilafranca del Panadés y por muchos años que lleva en esta ciudad y las buenas cualidades que adornan su persona se ha hecho acreedor a la consideración y al cariño de todos 1 . ¿Qué te parece? La letra inicial es una capitular adornada con motivos florales. He intentado imitarla, no sé si me han quedado bien las hojas y florecitas. ¿Has visto cómo no tienen reparos para el autoelogio y las pompas?: “los más suntuosos y artísticos del mundo”. Como lingüista, me resulta muy interesante la retórica de la anotación. Me pregunto quiénes serán las personas de buen gusto, ¿los que podían comprarse allí una bebida?, ¿los adinerados de la ciudad? La reseña se acompaña por una fotografía del café y otra de mi bisabuelo con gesto adusto. Un montón de hombres ociosos miran con curiosidad o extrañeza a la cámara que los inmortaliza. Todos usan sombrero al estilo canotier o jipijapa. Algunos llevan traje y corbata, el resto, blancas camisas de mangas largas. ¿Cómo resistían el calor? ¿O es que en aquella época el cambio climático no afectaba tanto? ¡Hombre porque Guantánamo es un caldero hirviente todo el año! Tal vez bebían café para espabilarse del sopor de la tarde. Qué extraño pensar que ninguno de ellos vive ya. Según me cuenta mi madre, mi bisabuelo llegó a Cuba escondido en la bodega de un barco, junto a un amigo. Venía, supongo que como todos lo que se aventuraron meses en el océano para llegar a la Isla, con la esperanza de abrirse camino y prosperar, ya que en su país natal le agobiaban las dificultades. ¿No es irónico? Ahora muchos cubanos viajan a España con el mismo objetivo. Sus hermanos también viajaron, excepto Asunta, la única mujer. Pero tras la muerte de su marido, que resultó aplastado por el peso de su propia carreta, “Don” Pedro Tort la convenció de cruzar el Atlántico. Asunta nunca estuvo satisfecha y nunca se adaptó. Extrañaba Cataluña y su gente, así como el pa amb tomàquet y aceite de oliva. Cuando estaba muy anciana la sentaban en el portal para tomar fresco y se dedicaba a decirle: ¡abur! a todos los que pasaban. Pero la historia no ha acabado. ¡He encontrado a mi familia catalana! Los papeles que hallé me sirvieron para comenzar la labor investigativa. Pedí información al Registro Central de Madrid, escribí a la Embajada española en Cuba, busqué los apellidos en las redes sociales y… ¡ta-dá!, ¡los descendientes viven aún en Vilafranca del Penedès! He tomado un tren y me han esperado 1 Extraído de: Giralt y Co., (eds.), (1927) El progreso catalán en América. Tomo IV. Santiago de Chile, J. Giralt y Co, p. 270. 14 en la estación. ¿Lo ves? Por fin una estación con recibimiento. No hay alegría mayor para el corazón de un viajero. “Benvinguda a casa nostra noia”. Villafranca me ha parecido un pueblo muy tranquilo, cuando tiene que haber tranquilidad, y muy festivo, cuando tiene que sonar la fiesta con sus sardanas y sus castells. Se destaca por sus vinos, que ya han empezado a corromper la castidad de mi espíritu. ¡Qué rápido he adoptado la costumbre de beber vino con las comidas! ¡Cuánta variedad! Negro, rojo, rosado, blanco, espumoso… Nosotros tenemos buena tierra para tabacos, pero no para viñedos. No importa, nuestro vino es amargo pero es nuestro vino, como dice el Apóstol de la Independencia. A propósito de esta palabra, tendrías que ver el fervor independentista de la familia y otros catalanes con los que he conversado. No me meteré a opinar porque carezco de conocimientos suficientes para fundamentar una postura al respecto, y este es un tema muy peliagudo. Yo prefiero escuchar y respetar. Ojalá pueda representarme mejor el asunto con posterioridad. Por el momento veo las pasiones encendidas. Cada noche, religiosamente, a las diez en punto se escuchan ruidos metálicos por todas partes. Cucharas contra calderos, tenedores contra sartenes. Es un gesto de protesta, me dicen. También hay manifestaciones en las avenidas, en las que entonan cantos que no consigo desentrañar, y baten la señera, bandera de franjas horizontales rojas y amarillas que distingue a su comunidad autónoma, otrora representativa de la Corona de Aragón. La familia me ha acogido con calidez. Son gente sencilla y alegre. Me he sentido como en casa. Entre ellos solo hablan en su lengua: un catalán puro, melódico, redondo. No deja de parecerme divertido que, al hacer referencia a mi nombre, le pongan un artículo determinado delante. Brindo una copa de tinto Penedés en tu honor, G.S. 15 Carta 3 Barcelona, 24 de octubre de 2017, 11:59 pm “En Barcelona aprendí cosas que yo creía que sabía pero en realidad no sabía nada” Roberto Bolaño Mi atento escucha: Flacucho, ya estarás ansioso por conocer Barcelona. Ha pasado más de un mes desde mi llegada y apenas te he contado sobre la ciudad. Siento mucho no poder regularizar mis cartas; si de mí dependiera te escribiría a diario, pero los deberes de la universidad me llevan a paso de conga. No cabe más zozobra en mi cuerpo –por cierto, qué palabra esta, la zozobra, para figurárseme onomatopéyica, así me imagino el sonido el temblor de los nervios. En fin, que soy una demagoga, un fraude, una ilusionista. Espero que me perdones y aún recibas con cariño las letras que me quedan por regalarte. ¡Qué alegría leerte! Recibir tu primera carta, manuscrita, me ha obsequiado tu presencia íntegra. Todo tu espíritu está en esa caligrafía nervuda. Gracias flaco, por seguirme en este juego. Los trazos, las manchas de tinta, las pequeñas correcciones disimuladas, el olor del papel… todo me recrea el momento de la escritura y el estado del escritor. Además, la he esperado mucho y me ha obligado a cultivar la paciencia. Sí, he tenido ansiedad de ellas, pero no te las iba a exigir ni bajo amenaza de muerte inminente. Han pasado unos pocos meses pero ya me parecen largos años. Cuando al fin el conserje me la ha entregado, me ha generado una alegría auténtica, de esas que no puedes ocultar y que resultan contagiosas. Abracé a mi heraldo de las buenas nuevas y corrí a la habitación, mientras disfrutaba la apertura de los sobres y acariciaba los sellos. Ha cruzado el océano, ha pasado de un mensajero a otro…todo el esfuerzo por llegar le otorga valores añadidos. Ahora está bien guardada junto a tu fotografía. 22 en ti mismo, adquirir o afianzar valores personales o familiares a la compra de su propuesta: un carro, una casa con mejores prestaciones, un seguro de vida, ¡un lápiz de ceja!, ¡un perfume! Hay anuncios que te tocan el corazón para venderte cualquier cosa. Si no funciona racionalmente, entonces funcionará emocionalmente: saquémoste las lágrimas y el dinero… ¿Qué más se puede esperar? ¡Eso debería considerarse un crimen! ¿Qué pasa con las leyes en este mundo? El asedio es constante. Recibo llamadas de teléfono a las horas más impropias para convencerme de cambiar de compañía telefónica, para unirme a una ONG, para adquirir otro seguro médico... ¿Cómo obtiene tanta gente mi número y con qué permiso me llaman? Algunos vendedores telefónicos han desarrollado tan bien sus estrategias retóricas, han preparado con tanto cuidado el discurso, que sus argumentos ponen en evidencia cuán estúpido eres por no adquirir lo que te ofrecen, con tantas ventajas en relación a lo que posees en la actualidad. ¿Pero es que no lo ves?, ¿te falta cerebro o qué?, es lo único que les falta por decir, pero igual te lo dicen amablemente, señora G.S., no se arrepentirá usted. Son unas máquinas de persuasión y tolerancia al rechazo. Al final quedas como tonto, ¡si es que te están dando una ayuda!, ¡allá tú si no la tomas! Al principio era cortés y los escuchaba, luego les decía que no era el mejor momento porque en verdad estaba en clases, iba a comer o me iba a acostar; últimamente solo les cuelgo cuando empiezan a soltar la carretilla. Siento que todos somos infelices en este aspecto: tanto el que recibe la llamada como el que la realiza… probablemente ellos sean más desdichados que yo. Si te pones a pensar con detenimiento en lo que he deseado compartir contigo hoy, sobre esta imparable sociedad de consumo, las consecuencias son aún más graves. Trabajar para comprar. O lo que es lo mismo: trabajar para perder libertad, como dice Mujica y habrán dicho otros antes que él. Cuando ahorras para comprar ese perfume mágico que transformará tu vida –porque vivimos en el planeta de las hadas– es tiempo de vida que gastas trabajando para adquirirlo. Y tal vez con el objeto poseído hasta seamos verdaderamente felices por un rato… hasta que aparezca otro perfume con más promesas. Es una especie de círculo vicioso. La peor adicción de este sistema. Sé que estarás adivinando lo que voy a decirte ahora, y que es la más demoledora repercusión de esta maquinaria consumista: la muerte prematura y artificial de la Tierra. No es por ser fatalista, 23 ni por querer presumir de una conducta ambientalista que no se respalda con suficientes actos personales; ¡es por simple sentido común! Caramba, ¿de veras preferimos acabar con nuestra morada antes que detener nuestra conducta irracional? ¿Será tan difícil abandonar nuestras ambiciones? ¿Cuándo pondremos al planeta como prioridad? ¿Cómo es que somos tan arrogantes para no reconocer todo el daño que generamos, todo lo que nos equivocamos, para ser capaces de empezar de nuevo? Empezar digo...si es que aún nos queda otra oportunidad. ¡Cuánta paciencia ha tenido nuestra casa con nosotros, aunque hayamos hecho leña de ella! Qué poco nos importa que se queme el Amazonas, que haya una isla de plástico tan grande como un continente en medio del océano, que los polos se derritan o la contaminación aumente. No importa, es mejor seguir apostando por el poder y el control de los recursos, es mejor matar a los semejantes. Es como si nos hubieran programado para la autodestrucción. ¿Cuán inteligentes somos en verdad? Creo que somos los seres más prepotentes y bestiales del planeta. He visto un video de un oso polar, flaco mío, que hubiera deseado no haber visto jamás, porque ahora me persigue como una pesadilla demoníaca. ¡Cuánta impotencia he sentido! No pude dormir esa noche, y tampoco pude dejar de llorar: por el oso, por nosotros, por la vida. Vaya, espero que esto no te parezca una sensiblería femenina desmedida. Aquel bellísimo animal moribundo, casi en los huesos, desplazándose con dificultad extrema por caminos deshelados, buscando comida en un tanque oxidado…y luego rindiéndose. Vi sus ojos…y eran los ojos del fin. Ese video debería ser la única noticia alarmante de todas las televisoras del mundo, la única preocupación de todos los gobiernos, la única buena pelea que deberíamos librar, en lugar de la asquerosa guerra de mentiras, bombas y política sucia –la política sucia es una redundancia, ¿verdad? ¿Y sabes por qué aún me atormenta la visión documentada de esa muerte? Porque me queda un poco de consciencia y sé otros osos como ese –y otros tantos animales y plantas– están muriendo también, cuando no les corresponde, mientras yo te cuento esto. He seguido tu recomendación de escuchar y leer a Facundo Cabral. ¡Vaya que me he llevado una grata sorpresa! Lo que te estoy escribiendo con el corazón deshecho por revivir la visión (la clara visión de nuestro fin, no solo la de ese magnífico blanco polar en particular), me hace recordar una afirmación de este espíritu libre que me has dado a conocer –aunque no tenga una relación directa ahora mismo con el tema, pero se me antoja–: “Cada cantor es un soldado menos, por eso 24 hay que cuidarse del que no canta, porque algo esconde”. Debes creer que estoy un poco loca. ¿Será? Tal vez esta locura sea la verdadera cordura. Me preguntas por la cultura culinaria. Mi primera cata visual sucedió en La Boquería, un mercado de insólitos colores, sabores y olores. Una fiesta para los sentidos. Tendrías que verlo para entender: nunca fui testigo de semejante reunión de comida. Vegetales y frutas cuyo aspecto y nombres me eran ajenos, exóticas especias, peces y mariscos provenientes de todos los mares, dulces de colores y decorados imposibles…sí, a nuestro mercado campesino le faltarían unos cuantos proveedores. Quería dejar los ojos en todas partes, así como el estómago. Pero te diré algo, no todo lo que brilla es oro, como dice el dicho. Aquí probé delicias para el paladar, y en algunos sitios he disfrutado de la sana propuesta mediterránea, pero en otros te das cuenta que, a pesar de que tienen acceso a una variedad de alimentos casi ilimitada, el plato resultante puede terminar siendo un fracaso por soso y anodino. No lo sé, tal vez sea que a algunos cocineros les falta pasión. Lo que más me complace es pensar que en Cuba, a pesar de nuestra muy finita y restringida gama de productos alimenticios, en las casas más pobres como las del campo es donde te puedes llevar la sorpresa culinaria de tu vida: con lo poco que tienen saber hacer magia. A ver, te he comentado que aquí he tenido acceso a novedades regionales que ni siquiera sabía que existían en este mundo, y a sabores divinos, pero no siempre todos los cocineros saben sacarle provecho a la abundancia. Será que sufren de parálisis de decisión a la hora de elegir qué emplearán, como yo en los mercados de Europa, porque de tanto y tanto, me llevo lo primero. A veces he sufrido de mareos paseándome por los pasillos con mi carrito vacío, y tengo remordimientos cuando veo que ha transcurrido media hora y aún no he seleccionado nada, mientras mis ojos saltan enloquecidos de un lado a otro. Caray, cuando solo tienes cuatro o cinco opciones, como allá nosotros, no tienes mucho que pensar, entonces te puedes dedicar a enfocarte mejor en cómo mezclarlas para complacer gustos. He pensado en desacralizar a la vaca y probar un verdadero filete en una casa especializada, una steakhouse, para saber bien de qué va esta carne, sin ser de tercera o cuarta calidad y adquirida en el mercado negro corriendo los riesgos de la compra ilegal. Aunque en realidad en nuestro país no tengamos protegidos a estos animales por motivos religiosos, no es sagrada y no tiene estatus de madre proveedora, ni nada similar como sucede en la India, pero es como si lo fuera, y las ansias carnívoras se acumulan por la prohibición. Sí que está protegida por la ley, porque por 25 matarla, venderla o comprarla te pueden caer encima tantos años de prisión como por asesinar a un ser humano. Y estos casos, como dice el dicho, tan culpable es el que mata la vaca como el que le amarra la pata. Aquí del cerdo se aprovecha todo y sus preparaciones son variadísimas. Pero no me he encontrado un puerco asado en púa, como el nuestro en tiempos de celebración, con ese cuero crujiente y esa carne aromatizada por el humo de la leña o el carbón. Pasando a otros temas, a veces me siento como producto exótico. Aquí solo es decir mi nacionalidad, y ya hay caras de interés o asombro. Unos se entusiasman porque creen que, finalmente, podrán constatar si somos así de candentes y voluptuosos como el estereotipo del Caribe dicta. La fogosidad tropical. Pero, ¿y por qué no eres negra o mulata? Hombre, pues porque ustedes fueron a colonizarnos. Y, ¿por qué eres tan seria? Hombre, pues porque no todos arrollamos en la conga a diario, algunos tenemos intereses, profesiones, vidas…cómo tú, y no estamos tomándonos un daiquirí y fumándonos un puro recostados en una tumbona, bajo el cocotero, en la playa. Mi “seriedad” es casi providencial para algunos. Caramba, de veras que hay quien cree que todos los cubanos son unos alegres de la vida, el summum de la fiesta, la extroversión y el desenfado. Otros más atrevidos me aseguran que a mí tú no me mientes ¿eh?, tú eres francesa. Tú eres valenciana. O, aún más común: tú eres de Canarias (es que los canarios dicen “guagua” y sesean como nosotros). Otro grupo se dedica a investigar por la situación de Cuba… y ¿han cambiado mucho las cosas? ¿Se están abriendo más al mundo? ¿Cómo crees que será el nuevo gobierno tras el fin de la era castrista? Cuba es como una isla muy lejana y extraña que flota en el imaginario europeo: a unos atemoriza y desconcierta, otros la ven como el destino vacacional anhelado. Unos conocen más sobre ella, otros son del todo ignorantes. Alguien me ha preguntado que si era como en Corea del Norte. También depende de la nacionalidad del que pregunta: si es argentino, por lo general, es un entusiasmo desenfrenado por el último bastión comunista, la tierra mimada del Ché, a quien nosotros dimos apodo. Vaya que te he atormentado hoy con páginas y páginas de locura. Espero que lo estés disfrutando. No me habitúo a los dos besos españoles, pero te los envío, ya que por dobles, sospecho que dejen más calor y cariño en tus mejillas, G.S. 26 Carta 4 Costa Brava, 14 de noviembre de 2017, 4:00 pm “Reparé en que viajaba mejor cuando no superaba la velocidad del trote de un perro”. Gardner McKay, Journey Without a Map Mi flaquísimo: Me apena mucho saber que estás enfermo y que no puedo estar junto a tu cabecera. Creo que soy una buena enfermera para el cuerpo –al menos pongo todo mi empeño– y me gustaría creer que para el alma también. Por favor, te suplico que me mantengas al tanto de la evolución, y que si es necesario retomar la comunicación por correo electrónico para aconsejarte o mimarte no dudes en escribirme sin pedirme permiso alguno. Todo enfermo necesita que lo apapuchen. Sé juicioso flacucho, no mientas para evitarme tormentos, ¡y cuídate!, que tienes muchas cartas que soportarme aún. Me alivia que al menos estás con nuestro médico de cabecera. No descansaré hoy orando por tu recuperación, si es que Dios quiere prestarme atención por mi falta de consistencia y devoción religiosa. Veamos, hoy tengo un buen relato para ti, uno que te aligerará ese malestar pasajero. La semana pasada recorrí la Costa Brava… ¡a pie! Kilómetros y kilómetros durante siete días, de cala en cala, casi hasta la frontera francesa, comenzando por el municipio Blanes: el “Portal de la Costa Brava”. Algunos terrenos eran llanos y sencillos, otros se escarpaban y requerían escaladas ágiles. Me acompañó una china que es vecina mía en la residencia, con la que no he tenido mucho trato. Un día me acerqué a saludarla y le ofrecí un pedazo de tarta de arándanos. Sabes que soy tímida, pero creo que los orientales aquí me superan en timidez. Algunos te observan como si fueras transparente, porque no reaccionan al saludo. Le comenté la idea sin pretensiones 27 de compañía, porque ya yo estaba muy dispuesta a asumir el camino sola. Dicen que los mejores viajes se hacen en soledad, para evitar distracciones o moldear la experiencia propia con las impresiones del otro. Pero ella se entusiasmó. Me contó cómo jamás había salido de su casa en Pekín, ni siquiera a otra región de su extenso país. Esta era su primera vez, como la mía. Quería vivir, me dijo, y ya no me pareció tan tímida. Se llama Mulán. Qué suerte que el nombre no sea impronunciable y que augure una buena y valiente compañía. Hablamos inglés porque el español aún le incomoda un poco. Por suerte no es ninguna parlanchina desaforada, de las que no puedes callar ni cosiéndoles la boca, porque el paisaje que ahora te voy a describir solo alcanza su plenitud en el silencio. A propósito, ¿estás estudiando inglés? No es ni por asomo la lengua de mi preferencia. A mi entender, su naturaleza ahorrativa y práctica la predispone ligeramente para la grandeza literaria. ¡Pero es imprescindible en este mundo, flacucho! Es el idioma que todos hablamos cuando no sabemos de dónde viene nuestro interlocutor, o si desconocemos su propia lengua. Lee cada día una página, busca en el diccionario. Escucha música y trata de ver películas sin doblaje; eso, si te da pesar tomar clases. Costa Brava es el paraíso en la tierra. Tiene unas formaciones rocosas muy caprichosas, que se despliegan por la costa y hasta dentro del mar, en ocasiones formando farallones o acantilados. De entre las rocas crecen pinos y otros árboles de coníferas, de troncos sinuosos y verdor intenso. Entre las singulares esculturas del mar se esconden desde minúsculas hasta extensas playas. El agua es en partes turquesa, en partes azul oscuro. Son calas transparentes, profundas y frías. Cuando dejábamos atrás alguna de ellas, ya me estaba preguntando cómo sería la próxima, porque cada una es una sorpresa de diseño natural. El conjunto del paisaje quita el aliento. Tal vez esta expresión es un lugar común, pero no lo digo metafóricamente. Literalmente te detienes, observas y dejas de respirar. Se encuentran aquí los mejores jardines botánicos del mediterráneo, que apuesto mi padre estaría encantado de ver, si no se lo hubiera llevado la enfermedad demasiado pronto. Pero seguro los verá desde el cielo y a través de mis ojos. Preguntarás por fotografías, porque como bien dicen, una imagen vale más que mil palabras, pero déjame usar las mil palabras, y más adelante contrastarás con las fotografías, que te pueden hacer “sentir”, pero no te describen “el sentir”. Los teléfonos los dejamos en el fondo de las mochilas para casos de emergencia, y fue muy liberador este olvido intencional hasta nuestro regreso a la gran ciudad. 28 El primer atardecer fue una revolución muda para mí. Estuvimos unos minutos sentadas al borde de un farallón. Ambas sabíamos que no era el momento para calificar el paisaje, como sabes que no debes aplaudir entre los movimientos de un concierto clásico. Dentro de mí danzaban los versos del poema “No sucumbir a la lluvia”, de Kenji Miyazawa. Yo quisiera ser ese hombre que no olvida, a la sombra de una arboleda de pinos. Un haiku de Matsuo Bashoo también se engrana con mi contemplación: Este camino nadie lo recorre ya, salvo el crepúsculo. El crepúsculo dibuja un camino de fuego y plata desde mis pies hasta el horizonte. Me siento sola en el universo, cómplice de un secreto de la naturaleza. Tengo la certeza de la inmortalidad. Si la muerte existe debería llevarme ahora, pero solo advierto un renacimiento. Estoy ligera y purificada, en paz conmigo misma y con lo que me rodea. ¿Serán así las experiencias religiosas? Se me ocurre ahora un haiku, uno mío para ti, a propósito de la escena: Muere el día y se enluta la costa; yo renazco. La naturaleza tiene un don sanador. Es tan material y tangible como espiritual. Tiene las respuestas a todas las preguntas esenciales, bajo las piedras y entre los arbustos. Te otorga lucidez y autoconciencia; ayuda a desanudarte, comprenderte, rehacerte… Además, es más sencillo conectar con ella a niveles profundos que con muchas personas y sin palabras mediante. Tal vez mi idolatría por los refugios naturales revele un tanto de misantropía. Esa noche acampamos donde el cuerpo agotado nos reclamó. El cielo estaba despejado y brillante. El oleaje fue una nana que me condujo de inmediato a un sueño profundo. Estoy frente al mar, desnuda, descalza. Me acerco más y más a la espuma, la cual me acaricia y cosquillea. La penetro. Me sorprende la calidez del agua. Continúo nadando. Me alejo de la costa. No estoy cansada. Me guía el reflejo de la luna. Comienzo a escuchar el llanto de un niño. ¿De dónde proviene? El mar se torna frío. Mis miembros se acalambran. Estoy atrapada. No me 29 puedo mover. El llanto es más agudo. He perdido el sendero de la luna. Pido ayuda, nadie escucha. Despierto helada y tiritando. Debí haber traído una manta más consistente. La luna está oculta por las nubes. No soy capaz de ver mis manos ni colocándolas frente a mi rostro. La noche es contundente y somos absorbidos por ella. Me abrazo a Mulán, que se deja. No importa si apenas somos un par de extrañas. Su calor corporal y el arrullo del entorno me llevan de vuelta al sueño. A la mañana siguiente despertamos con las ropas completamente húmedas, pero llenas de energía y deseando que el sol, al levantar el día, hiciera su trabajo de secado. Continuamos marcha para espantar el frío hasta que llegamos a una encrucijada. Ante nosotras, una pared rocosa casi en vertical, con escasos puntos de sujeción, que entraba bastante hacia el mar. Ella estaba segura que era mejor escalar la pared, pero yo, para ser franca, tenía pánico, y consideraba mejor bordear aquella estructura nadando, aunque no supiera qué me esperaba del otro lado. ¡Qué angustia! Ninguna opción parecía sencilla. Las olas rompían en las rocas desiguales y la escalada era demasiado perpendicular para que un paso en falso no representara una caída funesta. No nos pusimos de acuerdo, y cada cual decidió hacerlo a su manera. Mulán comenzó a subir. Yo impermeabilicé mis pertenencias en una bolsa plástica y me lancé a las aguas revueltas. Mientras nadaba la belleza pacífica que hasta el momento había contemplado se tornó inhóspita y furibunda. No soy una gran nadadora, pero me mantengo a flote. No obstante, en mi afán por no acercarme demasiado a las piedras, ya que la fuerza brutal del océano me empujaría hasta ellas, nadé lo más lejos que pude antes de hacer un giro. Sufrí la contracción de todos mis músculos, acuchillados por la gelidez, hasta el punto de no sentirlos más. ¿Estaba nadando?, ¿no estaba nadando? ¡No lo sabía! Pero era evidente que no avanzaba y el pánico agotó mi voluntad. ¿Era aquel el final de la aventura? ¿Iba a morir de esta forma tan absurda? Tuve la suerte de unirme a una corriente que se dirigía a la boca de una pequeñísima cala del otro lado del farallón, mi destino. En fin, que el mar me quiso echar una mano. Mulán estaba en la cima y se veía pequeña, una silueta oscura recortada por el sol. Cuando dejé de sentir los latidos de mi corazón, que habían opacado a los del propio oleaje y las rompientes, escuché a mi amiga llorar y gritar: “no puedo” reiteradas veces. Pero antes de que yo pudiera pensar en alguna solución, ya ella se había dado a la tarea de descender, lo cual le resultó aún 30 más complejo que el ascenso. Yo solo podía observarla, con el temor de que mis ojos podrían documentar su muerte al detalle ¿Cómo viviría con eso después?, ¿cómo sería darle esa noticia a su familia? Se lanzó en el último tramo, porque le faltaban fuerzas y apoyos en la roca, y una vez en la arena pude ver sus piernas sangrando por dos largas heridas. Al principio creí que aquello era serio y debía pedir ayuda, pero resultaron ser bastante superficiales. Me abrazó con intensidad, como si fuéramos amigas de siempre y nos hubiera separado una distancia demasiado larga por un tiempo demasiado prolongado. Yo también estaba feliz. Le dije loca, y me respondió lo mismo, en español. Los días siguientes intentamos evitar peligros muy evidentes, por lo que tuvimos que acceder a la carretera en un par de ocasiones. Comíamos economizando al máximo en los pueblos cercanos, pero tratando al mismo tiempo de no pervertir el paladar con pizzas y hamburguesas –que además nunca han sido de mi agrado– para dar oportunidad a la comida de mar i muntanya típica de esta región. Los buñuelos de bacalao, la botifarra dolça, la escalibada, la esqueixada o las espardenyes. Nuestro plan de alcanzar la frontera francesa se retrasó porque los pueblos de esta región enamoran. La mayoría te transportan a un universo medieval muy conservado, con sus callejuelas adoquinadas, sus casitas distintivas, sus iglesias, sus castillos y fortalezas. Algunos tienen remanentes griegos y romanos, y puedes admirar las ruinas. Cada vez que veía uno, decidía que ahí era donde quería quedarme a pasar el resto de mis días. Así con unos cuantos. Cada nueva villa era la definitiva. Ese halo histórico, unido a la posición geográfica privilegiada y a la paz que se respira en ellos… madre santa, flaco mío, Costa Brava es mi lugar en el mundo. Pero no te creas. No todos se conforman con casas comunes. Tendrías que ver las mansiones en primera línea de playa, o sobre los acantilados. En más de tres ocasiones atravesamos el frente de estas blancas propiedades, ya que se interponían en nuestro recorrido costero, y no queríamos bordearlas. En una de ellas un perro nos atacó, pero Mulán es maga canina, y lo sedujo. Te apuesto a que estos modestos palacetes no bajan del millón. Y a pesar de mis desacuerdos con los excesos, y con las acciones invasivas e irrespetuosas del hombre con la naturaleza, después de haber dormido cuatro días en casas de campaña y sufrido un ligero dolor de espalda por ello y la carga de nuestras mochilas, no podía dejar de imaginarme en la cómoda cama que se encontraría en el segundo piso de la mansión y en las ventanas de cristal que permitirían disfrutar 31 del paisaje sin pasar frío. ¿Verdad que aún no estoy curada de ambiciones? Pero la idea desaparecía cuando me recordaba que esa noche dormiría en una cala diferente, cosa que no haría jamás con una casa como esa, porque el lujo me haría olvidar que hay estrellas en el cielo y una gama de vistas infinitas, más allá de la vista de la habitación del segundo piso. Además, con la casa a cuestas como caracol viajero, nuestro impacto ambiental era nulo. ¿Con qué te quedarías tú, con la mansión, o la casa de campaña? ¿Te estás divirtiendo? Ahora te contaré algo aún más divertido, si es que le está faltando encanto a mi relato. ¡Hay unas cuantas playas nudistas! ¿Te imaginas al cubano, que no le pierde la vista a las curvas, los culos y las tetas, en un lugar como este? Es que por eso allá no hay playas de ese estilo, aunque las turistas insistan en andar topless en el paraíso tropical. Tendrían que pasar muchos siglos para que nuestro carácter candente se apaciguara y se normalizara esta modalidad pública de baño, sin que alguien se atreviera a piropear lascivamente los atributos de la desnudez. Mulán ya no tenía los ojos rasgados, sino como platos –u ojipláticos, como se escucha por estos lares, aunque la palabra no esté admitida por la Academia Española de la Lengua. Ambas disimulamos muy bien nuestro interés por el desfile de cuerpos desnudos, la mayoría de personas bien mayores y sin pudor alguno –qué carajos, pensarán, ya estamos muy viejos para vergüenzas–, aunque no faltaban algunos jóvenes que lucían con desenvuelta vanidad sus musculaturas y… sus otros privilegios naturales, en dilatados paseos por la orilla. Al rato nos percatamos de que éramos las únicas vestidas, y que paradójicamente por eso, éramos el centro de atención, así que tras un pequeño debate, que si sí, que si no, que si mira que, que si me da pena, que si el cielo y la tierra, terminamos por acordar quitarnos la parte superior del biquini, y camuflarnos mejor en el contexto. Dos pares de pechos pequeños no llamarían la atención. Así fue como estuve semidesnuda, con un montón de extraños, en una playa desconocida. El objetivo es el camino, no el destino final. Viajar es una especie de metáfora de la vida. Da igual cuán lejos llegues, lo que importa es lo que pasa mientras tanto, mientras transitas la senda. Claro que me hacía ilusión llegar hasta Cadaqués y Figueras, los pueblos de Dalí, y un tanto más allá, hasta la frontera francesa, pero no me iba a importar tanto si no lo cumplía, porque había vivido a cabalidad cada granito de arena del recorrido. Esos días fueron un catalizador de pensamientos. ¿Cómo en ocasiones se puede llegar a abismos tan insondables que te hacen 38 contracción, y hace circular los trineos con tus regalos. Veo que guarda la valentía de un león y la ternura de una paloma. Veo que mueve a inválidos y montañas y es pirómano por naturaleza. Veo que es un reloj cuyo mecanismo de tic tac eterno se puede escuchar en la distancia. Veo que es cantado, dibujado y exaltado por poetas, artistas, cuerdos y dementes. Veo que algunos lo escuchan y otros lo ignoran, algunos lo aprisionan y otros le ponen alas. Veo que lo contraponen a la razón. Veo que evoca metáforas infinitas. Veo que no hay estado o sentimiento que no se genere o quepa en él. Veo veo, mi niña, que el verdadero no está en el árbol, sino escondido dentro de mí y no lo puedes ver, pero lo puedes escuchar revolotear porque tiene razones, porque tiene una posesión: porque te tiene. Al regresar al pueblo de Ax-les-Thermes nos bañamos en el balneario de aguas calientes y sulfurosas, famoso por recibir visitas de los aquejados por reuma y problemas respiratorios. Una parte de las piscinas están al descubierto, para que admires el contraste del exterior nevado desde el agua humeante. Todo era demasiado irreal y yo era demasiado feliz. Esa tarde comenzó una ventisca violenta que hizo que detuvieran la actividad del teleférico. Nevó con furia. Y yo salí un rato del chalet a dejar que la nieve reposara en mis manos, con los brazos y la cabeza levantados al cielo, como en posición de agradecimiento. Sí, estaba agradecida por tener la dicha de presenciar aquel soberbio fenómeno de la naturaleza. Giraba sobre mí mientras todos gritaban que entrara, que el viento era mucho, que me iba a enfermar, que mira que frío está, que si está loca de remate esta cubana… A la mañana siguiente desperté junto al Sol, lista para verlo salir de entre las montañas níveas desde mi privilegiado segundo piso direccionado al este. Debajo el manto blanco tapaba los pinos hasta la mitad. Un perro negrísimo hacía su paseo matutino. A cada paso se hundía hasta desaparecer, brincaba, caía, y desaparecía nuevamente. Yo temía que una de esas desapareciera para siempre, pero resurgía, y parecía feliz a pesar de las dificultades que enfrentaba para avanzar. Un hombre le daba voces a cierta distancia. Imagino que su color negro es una ventaja para su dueño en caso de necesitar localizar a la mascota. Un perro blanco, camuflado en el paisaje, no debe ser nada gracioso. 39 Me cuesta salir mucho de la cama en estos días tan fríos. El sonido del despertador es como un crimen de lesa humanidad. Las mantas me han mimado tanto el cuerpo con su calorcillo y suavidad, que tengo que pensarlo mucho para deshacerme de su aprisionamiento. A las nueve de la mañana está aún oscuro. Esa es una señal para mi cerebro de que debo seguir en estado de hibernación. Y luego en la tarde, ya a las cinco o seis, empieza a morir el sol. ¡Unos días cortísimos! Un copo gélido –que sean dos– y un abrazo de la princesa de las nieves, G.S. 40 Carta 6 París, 16 de enero de 2018, 2:34 am Pour l'enfant, amoureux de cartes et d'estampes, L'univers est égal à son vaste appétit. Ah! que le monde est grand à la clarté des lampes! Aux yeux du souvenir que le monde est petit! Charles Baudelaire, “Le Voyage”, Fleurs du Mal Mon cher ami: ¡Claro que no te voy a dejar de escribir ni aunque me corten las manos! ¡Claro que guardaré con celo cada experiencia que no he podido develarte hasta nuestro reencuentro! Miles de acontecimientos y detalles reservo para la posteridad, y temo que el olvido los entierre para siempre. Tal vez debo tomar más fotografías, para ser capaz de revivirte con veracidad los viajes, aunque estos, cada vez que se narran, se reconstruyen y transforman por los juegos de la memoria, la subjetividad y la oratoria, y ya no volverán a ser los mismos, ¡pero tal vez serán mejores! En los últimos días he vuelto a pensar en retornar al correo electrónico, resulta muy tentadora su comodidad, pero eso representaría la ruptura a mi promesa, y probablemente, el fin de la magia de este intercambio. Hoy te contaré algo de París, la icónica ciudad del amor, que de rosa nada tiene –tal vez en verano le salgan los colores–, pero sí mucho gris, por la llovizna invernal, impertinente y fría. Además está su particular color independientemente de la estación. Barcelona es terracota, por sus múltiples construcciones de ladrillo rojizo. París es blanquecina ceniza, de aspecto marmóreo y techos negros. Creo que hablarte de esta capital es todo un reto, no me gustaría caer en los clichés, y no me referiré a la Torre Eiffel o el Arco del Triunfo; en su lugar te diré que la Ville lumière es un café en el que estuve durante más de una hora leyendo y tomando chocolate caliente. Respirar el calorcillo del cacao con mis manos alrededor de la taza fue un remedio 41 mágico para mis huesos helados. El café era elegantemente rancio, olía a cigarrillos y a una mezcla nauseabunda de perfumes. En la entrada había un hombre peludo pidiendo monedas y unas señoras muy emperifolladas pasaban por su lado con sus abrigos de piel y sus bolsos Louis Vuitton y Birkin de Hèrmes. Un camarero muy grosero intentaba alejarlo del local y otro, puertas adentro, increpaba a dos españoles que solo querían compartir un plato. Cuando viajas observas la vida de los otros: sus rutinas y usos, como si de una película se tratara, una película a la que has entrado sin que nadie te invitara. Los personajes conocen sus papeles, desarrollan sus parlamentos, van al trabajo, llaman la atención a sus hijos, caminan por calles conocidas, saben al dedillo, como autómatas programados, qué hacer y a dónde dirigirse…mientras tú fisgoneas como un intruso, aprendes y te sorprendes con el guion. Cuando estás en tu propio terruño, al igual que ellos, no te das cuenta de que estás dentro de la película y de que eres un personaje activo. Pero observar es esencial. Un simple descanso en un café se puede convertir en un gran momento de aprendizaje. El sonido de las conversaciones, la gestualidad, las vestiduras…justo cuando son ellos mismos, sin presiones sociales sobre la actitud, el comportamiento y la formalidad. Tienes además que prestar atención a la carta y al diseño del local, así como a lo que la gente pide, y ¡hasta cómo lo comen! Afuera del café las calles están atestadas de nativos y turistas. El ruido del claxon de los carros, los tac-tac de cruces de semáforo peatonales, los tacones apresurados, los músicos callejeros que interpretan La vie en rose, el océano de voces y risas… es como girar y girar en un carrusel. Las calles están tan congestionadas de tráfico que apenas puedes avanzar en un taxi. Pero si decides tomar el metro lo hallarás tal vez sucio y maloliente. Es el único metro donde he visto tanto irrespeto por los controles de acceso. Un caos, amigo, o al menos esa fue la impresión que quedó en mi corazón agitado. Hace diez años estudié en la Alianza Francesa en Santiago de Cuba. Aunque obtuve hasta un nivel medio superior, actualmente ya no lo menciono, me avergüenza porque ahora apenas puedo hablar el idioma. Es como si me hubiera dado una amnesia léxica. Leer puedo, un poco. Lo escucho y lo entiendo comme ci, comme ça. Pero en fin, que debo recurrir al inglés, excepto con expresiones de cortesía, unas que otras preguntas con las que me siento cómoda y las veces que 42 me alejé del corazón turístico parisino, donde el inglés era otro desconocido: ahí sí me tenía que esforzar. En el hostal había una pequeña cocinita y tenía deseos de un desayuno con huevos, así que fui a un supermercado y tuve una charla interesante con un empleado. No me salía la palabra huevo (oeuf), pero por alguna razón sí recordaba cómo decir gallina y niños, así que se me antojó que sería correcto decir algo así como “los hijos por nacer de la gallina” (les enfants à naître de la poule), a la vez que dibujaba en el aire la forma de huevo con mis manos. El empleado se echó a reír y me llevó hasta el área de los nonatos avícolas. Cada día aquí transcurrido he despertado con Baudelaire danzando dentro de mí, y con decenas de autores y obras francesas que me han hecho vivir los mejores goces: Voltaire, Rabelais, Molière, Stendhal, Maupassant, Balzac, Proust, Camus, Víctor Hugo, Rimbaud, Beckett… ¡Qué nación para dar grandes! Recuerdo no caber de asombro con la hilarante, grotesca e hiperbolizada Gargantúa y Pantagruel; la identificación con el nihilismo de El extranjero, el placer en el detalle, el tempo lento y la memoria poetizada de la saga En busca del tiempo perdido, mi dolor frente a la descarada hipocresía en Bola de cebo... Hay tanto derroche de calidad literaria en este país que me parece irreal tener los pies puestos en su capital. Este ha sido mi primer viaje en solitario. Si bien en la actualidad ya no hay casi regiones del planeta a las que el hombre no haya accedido, o a las que el Google Earth no te pueda llevar desde la comodidad de tu cama (al Ártico, al desierto del Sahara o al bosque pluvial más grande del sur de África), esos hechos factuales no me desacreditan como descubridora. Podrá estar cada metro cuadrado del planeta descrito y estudiado en testimonios o documentales, pero nada te quita el derecho de ser el nuevo Adelantado 4 . Cada vez que un individuo diferente pise una ciudad o paisaje ajenos, será otra primera vez para toda la humanidad. Llego al centro neurálgico del VIII Distrito de París: la Place de la Concorde, antes Plaza de la Revolución, antes Plaza Luis XV. Recorro el enorme espacio con lentitud, intentando respirar su historia. Estoy cerca del Hotel Crillon, del Jardín de las Tullerías, del Arco del Carrousel, del Louvre, los Campos Elíseos, el Arco del Triunfo. El obelisco egipcio y las fuentes marinas 4 Adelantado de, o del, o de la, mar: m. Persona a quien se confiaba el mando de una expedición marítima, concediéndole de antemano el gobierno de las tierras que descubriese o conquistase (Diccionario de la Real Academia Española, 2014, actualización de 2018). 43 decoran el ágora. Me siento en el suelo. Toco el piso con las manos enguantadas. Las vibraciones de más de diez mil personas se perciben. Al acercarse la carreta, se hace el silencio. El pueblo que hoy me vitupera fue el mismo que me recibió con entusiasmo en esta plaza y en los jardines de las Tullerías como heredera del trono. L'autre-chienne… Madame Déficit, me llaman. ¿Cómo ha podido suceder? En cualquier caso todo acabará en unos segundos y estaré en un lugar mejor, acogida por la misericordia de Dios. Ya veo el filo abrillantado de la cuchilla que pondrá fin a estos meses de inmerecido dolor. ¿O tal vez ha sido merecido? El Señor lo juzgará. ¿Qué fue lo que hice tan mal? Yo no pedí ser reina. Madre, madre mía, ¿puedes escucharme? Pronto me reuniré contigo. Tú tenías razón. Debí haber terminado de leer aquellos libros, debí atender mejor a las lecciones, debí prestar atención a las cuestiones de Estado. Pero yo nunca quise salir de nuestros palacios de Hofburg y Schönbrunn en mi amada Austria. Hubiera preferido jugar siempre en los jardines y esconderme del señor Gluck. Esas cases de clave me aburrían mucho madre, pero era divertido huir de él. Si Luis nunca supo tomar bien las riendas, ¿por qué habría de tomarlas yo? No comprendo la política. Solo he querido ser amada, solo he querido divertirme, ¡sentir madre, sentir! ¿Cuánto mal podría haber hecho a la gente? Tal vez si se hubiera consumado nuestro matrimonio a tiempo, el pueblo nos respetaría. Pero no, tuvieron que pasar siete años antes de que el Rey asumiera su papel de marido, y ya para ese entonces éramos la burla general. Él de caza, y todos riendo a sus espaldas. No me malinterpretes, le he tenido cariño, fue muy complaciente, pero no supo ser esposo ni Rey de Francia. Demasiado blando, demasiado tímido, ¡hasta le apenaba hablar en público! Su prolongada impotencia es la culpable de que ahora esté en manos del verdugo. Pero es cierto madre, me he referido a él con demasiada ligereza. Ahora se cumplen tus vaticinios, ojalá no lo estés viendo, ojalá me perdones. Mi felicidad se ha tornado en desgracia, creo que ha sido mi culpa, pero no sé bien en qué me he equivocado. He amado a mis hijos. Fue horroroso escuchar a mi propio hijo, manipulado, afirmar calumnias sobre su madre. No ha sido culpable, le han obligado, le perdono. Si me dieran un día más de vida, representaría mi último teatro en los jardines del Petit Trianon y los invitaría a todos. Luego repartiría pan y dulces. Creo que podría devolverles la confianza. 44 ¿Que estuve en París sin estar en París?, ¿qué habría podido hacer en casa de los pobres? No pedí al Señor por este estatus. Me correspondía por gracia natural. Los pobres tampoco eligen ser pobres. Yo no dije aquello, señora, yo no pronuncié: “Qu’ils mangent de la brioche”. Si hubiera sabido que tanta hambre pasaban los hubiera invitado a mi palacete. No me pueden culpar de sus desgracias. No he sido ni plaga ni sanguijuela. ¿Que tenía una responsabilidad? Nadie me dijo que la corona tuviera más función que la de decorar mi cabellera. Si mi peluquero, el señor Léonard, me estuviera mirando ahora, ¿qué pensaría? No me han dado la oportunidad de cortarlo por mí misma. Tenías razón cuando decías que prestaba mucha atención a la altura de mis peinados. No protegerían ahora mi cabeza de la implacable cuchilla. ¿Qué dirá madeimoselle Bertin de esta cofia sucia y este vestido blanco? Poco importan los vestidos, ahora que la muerte me espera para despojarme de todo lo que alguna vez pude lucir. Oh madre, estoy tan confundida. Me voy de este mundo sin comprender la retorcida maquinaria humana. Es verdad, llegaba a Versalles al alba. La ópera me ofrecía la libertad que siempre deseé. El juego mataba el tiempo con diversión desmedida. La elección de modelos de vestidos me ocupaba enormemente, y la corte siempre demandaba más belleza de mí. ¡Qué gusto pasear por la Galería de los Espejos, sintiendo los ojos reposar sobre mis bordados y alhajas! ¿De qué me acusan tanto?, ¿por qué tanta habladuría? Lamballe y Polignac era mis amigas, ¿qué compostura hay que guardar con los amigos? Oh madre, ¿qué es eso de la Historia?, ¿cómo habría podido cambiar su curso? ¿Cómo comprender que el destino de un país y de toda Europa se fraguaba sin mi participación consciente? Yo he sido un bergantín arrastrado al antojo del mar y el viento. Ojalá hubiera sido la reina que esperaban. Pero no lloraré frente a ellos. Han tomado el camino de la violencia, y el mejor papel que puedo representar hoy es el de la dignidad. La guillotina cae implacable. El verdugo alza la cabeza de María Antonieta y grita: ¡Viva la República! Todos se marchan porque ya es hora del almuerzo. Yo corro a resguardarme de la lluvia. Te extraña desde el Sena y con todo el corazón, tu amiga, G.S. 45 Carta 7 Roma, 19 de febrero de 2018, 1:00 pm “Roma es como un libro de fábulas, en cada página te encuentras con un prodigio”. Hans Christian Andersen “Necio es quien admira otras ciudades sin haber visto Roma”. Petrarca Caro amico: “Hay golpes en la vida tan fuertes… ¡Yo no sé!” Creo que estos versos los debí haber escrito yo, así como el resto del poema. Es ese tipo de lectura de identificación y reconocimiento. Soy yo, esto va hasta la médula de mi propio sentir. Eres tú el poeta, o este es solo un exégeta de tu espíritu, un escriba de tu alegría o dolor. En los últimos días he caído en esas honduras de las que es difícil escapar. “Todo lo vivido se empoza, como charco de culpa, en la mirada”. Qué tormentoso se puede volcar a veces el pasado, el presente, y hasta el futuro, sobre mí, y lo peor, qué fácil llega y se apodera de todo: hasta de mi cuerpo y sus necesidades primarias. Qué manera de acabar con mi rutina, mi voluntad o mis planes. Todo lo deshace en un instante ese fantasma, y hasta que no te ve 46 tumbado ahí en una cama, como la enfermedad más déspota, no se detiene, y te consume y consume, como aquel personaje del cuento de Quiroga, cuya sangre absorbió un bicho escondido en el almohadón de plumas. Puedes luchar encarnadamente contra él. Una lucha en la que te involucras pero terminas aplastado por “los potros de bárbaros Atilas” u ofuscado por “los heraldos negros que nos manda la Muerte”. Estos espectros, remanentes de decisiones o actos propios y ajenos que han configurado nuestras vidas, de irrealidades que solo toman cuerpo y verdad en nuestra mente, de miedos… son capaces de abrir “zanjas oscuras, en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte”. La desolación puede ser extrema. Siempre es extrema. Aunque en verdad tienes todo el poder dentro de ti para detenerla. Y eventualmente lo harás, vivirás la felicidad por destellos, hasta la reaparición de las nubes negras. Tal vez esto caracteriza a quienes la medicina hipocrática definía como poseedores de un temperamento melancólico, o simplemente la acuñada neurosis de la psiquiatría y psicología de la era moderna. Pero prefiero el significante griego, que si bien es un tanto eufemístico, al menos es más sutil y romántico. ¡Es terrible cuando te tienes como tu propio enemigo! No te quiero entristecer con mis penas, pues cada cual carga las suyas. Mañana se habrán ido, o tal vez no… pero vayamos a lo nuestro. Te dije antes de partir que no tenía intención de hacer turismo convencional, pero ¿sabes qué?, tengo mucho miedo. El mundo me queda aún demasiado grande y siento que pisara arenas movedizas cuando considero salirme de los recorridos trazados por blogueros, agencias y guías de viajes o recomendaciones de Internet. Creo que debo hacer primero las rutas populares y reiteradas, sentirme en confianza con mis capacidades comunicativas y de desenvolvimiento en soledad, para luego aventurarme a lo verdaderamente difícil, pero con seguridad mucho más reconfortante, que es ser viajero. Quiero encontrar la belleza en lo que no ha tenido el privilegio de ser señalado por el hombre como un “imprescindible”, como un “lugar que no te puedes perder antes de morir”, de esos que han ganado el estatus de “célebre”. Sé que puedo encontrar valores naturales y artísticos más allá de los mandamientos de TripAdvisor y el juicio público. Es más, mientras haya sido menos visto mayor será la sorpresa y menor oportunidad de frustrar expectativas, porque no hay nada que esperar de los sitios no descritos. Las ideas preconcebidas es mejor evitarlas. Crees que tal ciudad te va a deslumbrar, como le ha pasado a otros o como te aseguran los libros que has leído, 47 y resulta que te decepciona, y la que creías que no te sorprendería es la que justamente lo hace. Es mejor viajar sin expectativas y dejarse sorprender. Al menos estoy en soledad, y dicen que esa condición es la mejor posible para ahondar y captar mejor el país que visitas, porque no tienes quien te entretenga y disocie de las visiones que te rodean, y puedes valorar con mayor lucidez. No sé cómo continuar esta carta y entrar en materia. Ni siquiera me alcanza el tiempo para describirte con justeza los hechos que han acontecido y las visiones que me han transformado en la ciudad a la que todos los caminos conducen. El turismo es abrumador, como en la vecina capital francesa. ¿Cómo podía reconstruir las ruinas y viajar al pasado con tanta invasión espacial y contaminación sonora? “Buscas en Roma a Roma, ¡oh peregrino!, y en Roma misma a Roma no la hallas”. He practicado un ejercicio que en alguna u otra ocasión me ha dado resultado, aunque siempre ha atraído muchas miradas inquisitivas. Cuando la multitud comenzaba a angustiarme, y era incapaz de hallar en Roma a Roma, me detenía, cerraba los ojos, y me aislaba en el silencio. Poco a poco las ruinas iban tomando las formas que suponía lucían en el pasado. Iba levantando, como en un programa informático de construcción en tres dimensiones, las estructuras originales, y anulaba a los turistas sonrientes y sus flashes de cámara y celulares, por el Senatvs Popvlvsqve Romanvs, senadores y pueblo romano de la antigüedad, caminando con sus túnicas y togas por el Forum Magnum. Yo, al menos, necesito del silencio para ahondar en la comprensión de un espacio físico, y para calificar sin ligereza sus atributos. En la gran capital del mundo de todo vi, pero un hecho en particular me estremeció. Mucha gente pide dinero en las calles. Esto no es nada nuevo; también sucede en Barcelona, en París y en toda gran urbe. Me han alertado que muchos hacen del limosneo su fuente de ingresos para sostener un estilo de vida como el de cualquier persona con salarios promedios. Que son unos descarados, que no son gente pobre sin solución para sus problemas económicos, que no caiga en la trampa. Es fácil creer esto cuando te percatas de que la mayoría usa carteles similares, suplicantes de caridad, sobre sus plurifamilias (“tengo cuatro o cinco hijos pequeños”), y su privación laboral. O cuando más de uno te rompe el corazón usando a un perro demasiado dócil, que reposa su cabeza sobre las piernas del necesitado. ¿Todos estos perros tienen sueño constante? Hambre no parecen sufrir, flacos no están. ¿Será que están drogados? Cuando llegas a esta conclusión es muy difícil recuperarse de la decepción. Te sientes manipulado, han apelado a tu ser filántropo con recursos premeditados, y ya no sabes si deberías volver a creer. 54 Ángel, pero el tumulto me arruinó la experiencia. Además la obra está protegida por una pared de vidrio a prueba de balas, desde que el ataque de aquel loco le produjera importantes daños. En conclusiones, estaba tan lejos de ella que apenas podía verla. Mucho más había disfrutado antes los numerosos pliegues del vestido de la Virgen en los libros de arte, tocándolos imaginariamente. Siento estas letras apresuradas y estas deficientes descripciones. Desde la Città Eterna se despide, G.S. 55 Carta 8 Atenas, 13 de marzo de 2018, 5:00 am “¡Oh musas, oh altos genios, ayudadme! ¡Oh memoria que apunta lo que vi, ahora se verá tu auténtica nobleza!” Dante, “Infierno II”, La Divina Comedia, Αγαπητέ φίλε 5 : Hace días que no recibo nada tuyo. Te diré como Hemingway a su pepinillo, Mary, cuando le recordaba en una de sus cartas que no estaba siendo impaciente, sino que estaba simplemente desesperado. ¿Se habrán perdido en el océano? ¿Las has enviado en una botella? ¿O es que has perdido el interés por este juego de correspondencias? Estoy pindongueando en la cuna de la civilización occidental. Voy a donde me llevan los pies. En Cuba llamaríamos a ese acto ocioso de caminar sin rumbo de un lado a otro, sin objetivos trazados, “cubanear”. ¿Lo has escuchado? Aunque el término implique también encuentros azarosos con vecinos, saludos por aquí o por allá, aceptar un trago de ron que te ofrecen en la acera o mover la ficha del dominó, cuyo juego está en su apogeo bajo la luz del alumbrado público. También contendría en su naturaleza, en el caso femenino, el dejarse piropear por los hombres, dejarse inspeccionar por sus ojos libidinosos, y sonreír con malicia. Eso aquí sería acoso e infracción de los derechos de la mujer. El cubaneo representaría también el goce de los sonidos de la calle: el disfrute de un pregón que canta las delicias de mangos y aguacates… En Grecia no me he querido trazar metas muy ambiciosas. Cada vez que lo haga sufro un estrés demoledor. Y aquí sé que tengo tanto por ver, que prefiero dirigirme a donde mis ánimos me 5 Querido amigo. 56 dicten al despertar. Uf, no imaginas, a veces sufro un huracán de angustias: que si el dinero, que si el alojamiento, que si lo que llevo o dejo, que qué hacer primero y qué después, que si me roban, que si me raptan...Pero Grecia es mi anhelo estudiantil, mi viaje a la semilla. Esos fenómenos tropicales no me pueden afectar aquí. Aunque justo en Atenas he sentido helárseme la sangre en algunas calles. No en sí por miedo a la gente, sino por miedo a algunas miradas demasiados inextricables. Este país está desbordado de inmigrantes, gente que ha conseguido sobrevivir al cruce del Mediterráneo o ha traspasado las fronteras terrestres. El problema es realmente turbio y gordo, y más tarde pude desentrañar qué significaban esas miradas. Los sueños con lo que arriban nunca llegan aquí a encauzarse; a veces ni siquiera es este el destino final, pero ya no pueden avanzar más y no existe la opción de volver la vista atrás, eso representaría el retorno a las pesadillas. He conocido en un café a una chica española, Lola, que trabaja de voluntaria en un campo de refugiados a treinta kilómetros de Atenas. No hay nada tan grato como encontrar a alguien que hable tu lengua en un país extranjero. Además, como sabes que probablemente no vuelvas a ver a esa persona, que se trata de uno más de otros tantos encuentros azarosos del camino, revelas sobre ti lo que quizás a los más cercanos no digas, como a un confesor. Confraternizamos. Ella es una entusiasta, una optimista empedernida, casi de inmediato siento envidia de su ímpetu y coraje. La magnitud de la situación no se puede calar con lo que otros te digan. En este caso, no hay nada como ver. Allá fuimos a primera hora del siguiente día, la Acrópolis podía esperar. Cargamos cada una con dos mochilas que contenían comida enlatada, y algunos productos de higiene personal y ropa. El campamento es un conjunto de carpitas de camping, cada una de color diferente. Lola me lleva hasta una de ellas. Dentro se encuentra Khaled, un adolescente sirio, junto a dos compañeros mayores que él. Una cocinita de butano, una cazuela, un cubo de plástico y tres sacos de dormir son todas las posesiones de estos hombres. Vergüenza sentí por todas las veces que la ausencia de algo en apariencia necesario –o peor, caprichoso– me hizo padecer. Mis tontas miserias cotidianas. Los acompañantes de Khaled están tramitando el asilo, y tienen cita en… ¡dos años! La escasez e inamovilidad los impacienta, pero cualquier cosa es mejor que la guerra. Mientras tanto, sobreviven de la caridad. ¿Tan difícil es para los gobiernos gestionar su traslado a países que necesitan más población y fuerza laboral? Khaled no ríe, no 57 habla. No conoce el inglés ni el griego. Tiene ojos de quien necesita huir constantemente: nerviosos, evasivos, ausentes…ojos de un testigo de la guerra. Por fin terminó el día a casa a cargar al pequeñín mijo que no juegues así con tu hermano que le vas a hacer daño ya está bien mamá verdad que sí Amhad quien es el peque Rey te voy a comer los pies para que veas al monstruo en acción mijo que lo dejes ya toma mamá te dejo el paquete para no comerme sus pies que huelen a melocotón y primavera fresca ¡Bam! no puedo oír nada un pitido por treinta segundos y luego comienzo a entender que el polvo sobre mí es el polvo de mi propia casa y mamá dónde se ha ido y papá dónde está Ahmad Ahmad responde por amor a Dios qué Dios de qué nos ha caído la casa encima dónde estaba Dios tal vez conversando con los fieles porque con tantas ocupaciones no ha prestado atención aquí está rojo es sangre de dónde sale la sangre ayyyyy mijo ayyyyy no es un ay es un oh un agrrr una cosa ahí sonora y animal del planeta del dolor y ella está debajo de esta pared espera yo puedo hacerlo yo puedo mover los muros y sacarte no te rindas solo un poco y ya está pero sus ojos están afuera de las órbitas y es pánico y yo también siento eso sin nombre no es pánico es lo siguiente a eso y se aferra de mi tobillo y pide que vaya por Ahmad dónde está Amhad mamá yo te saco de aquí y entonces veo la pata del oso de peluche que le falta un ojo debajo de los escombros no tengo fuerzas madre no puedo mover la pared perdóname pero madre ya no está me ha librado el tobillo de su garra de su aferrarse al último segundo en la tierra y todavía los ojos están desorbitados mamá cojones qué mierda no lo hagas yo te saco y empujo y empujo y pesa no la estoy moviendo nada ya está madre que Dios te acoja en su seno déjame cerrar tus ojos ya te veré pronto porque tengo rojo todo el cuerpo pero el olor del polvo y la metralla o la bomba me penetran sí estoy vivo estoy vivo y Ahmad dónde podía estar quizás ahí no no no no no no no hermanito por favor tiene los intestinos afuera y está inerte pero mira mira bien los intestinos parece que laten sí que laten y tienen vida propia y huelen a carne de cerdo muerto y sangre y polvo entonces lo levanto en brazos y arrullo y balanceo yo sé que puedo traerte de vuelta hermanito o sino me voy contigo mira que yo también tengo rojo todo como tu carita pintada de niño feliz mira que te como los pies de melocotón el monstruo viene a comerte los piecitos por qué sigues inerte y no ríes más Ahmad bien lo dijo mi madre que no te molestara tanto ahora ya no te quieres reír conmigo yo te pongo las tripas en su lugar y ya podemos empezar el juego no ya no ya no ahora mejor corro o me quedo o me escondo o me muero te suplico que no me dejes solo hermanito dime qué hago por favor ¡bam! ¡bam! ¡bam! huye lejos 58 huye lejos donde no se escuchen más las bombas he caminado cientos y cientos de kilómetros no sé ya dónde estoy y ¡bam! aquí no hay casas ni ciudad muerta no hay nada solo maleza pero yo lo escucho ahí está ¡bam! el pitido y ¡bam! y los intestinos y la carne de cerdo que es la carne de mi hermano y los ojos salidos de mi madre y el polvo de sangre y escombro y mierda de tanta guerra están tras de mí corro más corro no siento el cuerpo no sé adónde van mis pies no me he muerto por qué no soy carne de mercado por qué no estoy con ellos por qué te los has llevado pero no hay remedio y vino entonces el mar el mar el mar y la sed y la sal y el ardor y el mar el mar el mar hasta un pueblo extraño ¿verdad que no se han muerto? ¡bam! Hay un contraste muy marcado entre la ciudad turística y la ciudad moderna. El turista corre a las ruinas. Ellas trascienden, ofreciendo su ancestral esplendor o dando paso a la imaginación. Pero lo que es el resto de la ciudad, que por cierto, está superpoblada, es una caja de sorpresas no siempre tan gratas. Se ve la decadencia, se nota la pobreza, incluso en áreas bastante céntricas. Algunos sitios me han recordado la mismísima Habana. Basura en abundancia y edificios en franco deterioro. Grafitis en demasía. Estos podrán representar medios de protesta callejeros –pocas veces son arte–, pero en esa cantidad desproporcionada solo afean la ciudad. Contaminación, tráfico de locos. Desde el monte Licabeto vi la ciudad y la Acrópolis como a través de un velo de smog. Los dioses del Olimpo se han olvidado de los griegos, se han ofendido por no ser ya tan venerados. Después de Lola me quedé nuevamente sola. Ser un extraño tiene sus beneficios: no eres el centro de atención, a nadie le importas, no rindes cuentas. Eres un sin nombre y sin relevancia para los que allí residen. Puedes desaparecer, que será como cuando apareciste; es decir: lo mismo; es decir: nada. El anonimato es divertido, aunque cuando pasas desapercibido demasiado tiempo es posible que sientas que desapareces de la escena, que te esfumas o mueres, y es tu fantasma quien se pasea por calles ajenas. Un poco de comunicación nos saca de la introspección viajera y nos devuelve el cuerpo a la realidad. Ahora me estoy leyendo Los asquerosos, de Santiago Lorenzo. Me hace ilusión tomar el camino de Manuel, su personaje protagónico. Ha sido amor a primera vista –porque ahora soy una fanática de quien lo publica–, y luego me ha atrapado desde la primera página. Amo cuando los libros son capaces de hacerme eso. Lo tengo muy claro sobre el día que me gane la lotería (bueno, en mis fantasías en las que soy jugadora de lotería), será viajar y leer, leer y viajar, o 59 vialeer, o leerviar, porque ambas cosas pueden ser lo mismo, solo que en diferentes formatos. “El mundo es un libro y aquellos que no viajan solo leen una página”, creo que lo ha dicho San Agustín. Grecia es la tierra con la geografía más caprichosa que he conocido. No se trata solo de las miles de islas que la conforman, sino que su terreno continental es muy accidentado. Lleno de montañas y picos, y suavizadas colinas, y praderas, y ríos, y lagos, y golfos, y bosques caducifolios y de coníferas, y vegetación de tundra alpina, y vegetación de zona árida. Sus costas son las más sinuosas que haya visto, su tierra la más tortuosa. Sin duda, un paraíso para geólogos y biólogos, y para cualquier espíritu sensible y amante de lo bello. En Meteora hay unos afloramientos rocosos inusitados, separados unos de otros por el vacío, algunos de los cuales se hallan coronados por monasterios ancestrales. Es un espectáculo de imbricación hombrenaturaleza. El Monte Olimpo, en cuya cima habitaban los dioses, se cubre por las nubes y la nieve. El clima tampoco queda rezagado en esta competencia por la variedad: puede haber frío, puede haber calor, o humedad, o sequía. El mar se puntea de antojadas islas. Algunas como Santorini yerguen altivas y verticales paredes de tierra, vomitadas otrora por volcanes y terribles terremotos. He llegado a Epidauro, y su teatro me electrifica la piel. Debo haberme quedado con la boca muy abierta. Tuvieron que pasar algunos segundos para que pudiera asimilar la magnitud de lo que estaba frente a mí. Sus dimensiones son extraordinarias: el graderío se eleva hasta una altura que podría hacerte sospechar que desde allí no alcanzarías ver a los actores, lo cual pude desmentir. Está rodeado de plantas coníferas. Su koilon se encuentra adosado al flanco de la colina. Quisieras verme flaco, recorriendo las gradas, tocándolo todo con suavidad –como has podido constatar en otras cartas, tocar y oler son para mí requisitos inexcusables para la asimilación completa de conocimientos–; subiendo y subiendo; desplazándome hacia ambos laterales para obtener diferentes vistas de la orquesta, la escena y el proscenio; testeando asientos para encarnar la visión de los espectadores del pasado; en algún momento hasta grité, para escuchar el eco. Finalmente tomo asiento y cierro los ojos. Escucho el parloteo animado de catorce mil asistentes. Todos han venido, incluso aquellos que no pudieron pagar han sido financiados por el Estado. Visten el quitón y el hematión blancos, hechos de lino o biso y decorados con bordados y cinturones disímiles; solos los tejidos de 60 eminentes nobles tienen color y son más largos. Han traído frutos secos, imagino que para calmar al estómago durante la larga jornada de representaciones, algunos incluso portan cojines (¡qué bien pensado!). Hoy comenzarán con una tragedia, a la que le seguirán dos comedias. La tragedia es un estreno, se llama: Néstor 6 . Cuando el autor aparece en la escena se hace el silencio; este presenta el proagón, da detalles del argumento, así como de los que intervendrán en su ejecución. El coro entra y comienza su canto. Levantan las manos al cielo en señal de invocación. CORO: ¡Oh Zeus, dios de dioses, ofrece al pueblo un poco de alivio ante la pena que los consume! Néstor, el magnánimo rey de la Arcadia, ha muerto. No se ha visto mayor desconsuelo en los rostros angustiados. Los hombres invocan a Hades, el rico, y ahora a ti, gran recolector de nubes, tu intervención en esta petición, para otorgar la oportunidad que fue concedida a Heracles y Teseo en sus tiempos gloriosos. Aunque Néstor no tiene ascendiente divino, su virtud para el buen gobierno amerita la continuidad de su vida. Nunca ha tenido la ilustre Arcadia mejor rey. Nunca hubo tanta prosperidad y alegría en estas tierras áridas. Helos allí, en el templo de las mil columnas, erigido un siglo atrás para tu adoración, presentando sus oraciones y votos. Se hacen purificar por fuego y humo, para que sirva de alimento a ti y a los tuyos. Los frutos han sido cuidadosamente seleccionados y los animales para el sacrificio son los más jóvenes y sanos. ¡Oh Hades bienintencionado! Escucha el golpeteo de las manos de los arcadianos contra la tierra. Observa cómo la sangre ofrendada gotea en el pozo. Dios invisible, exime a Néstor de un paseo irreversible por el Aqueronte. Paga a Caronte por su retorno a la orilla, ahora que el sabio y joven rey ha llegado a tu reino. 6 Tal obra de teatro no existe en el repertorio legado por los griegos. Tanto el nombre de la obra como la intervención del coro son creaciones de la autora de esta tesis, como parte del trabajo creativo. 61 De vuelta a Atenas, en la colina de Filopapo, a escasos metros de la Acrópolis encuentro unas cavernas poco profundas cuyo acceso prohíben unas verjas. Se le llama la cárcel de Sócrates, aunque ello no conste con precisión en ningún documento histórico. Entonces es posible que aquí fuera…que aquí pasara sus últimos días el gran filósofo y pensador. Me aferro a los barrotes de hierro e intento inspeccionar el espacio poco iluminado. Creo verlo. Corto de estatura y barrigón, envuelto en un manto viejo y gastado. Me observa. Me asusto y alejo un poco. ¿Pero qué sucede conmigo? Regreso, esto es una simple ilusión. ¿Sócrates? Sus ojos saltones me responden. No hay dudas. G.S._ Has podido salvarte de esta. La cicuta no te corresponde. ¿Por qué has hecho rabiar a los ignorantes? ¿No sabes acaso callar frente a los irascibles? ¿No es esa una actitud digna de un sabio como tú, de un maestro? S._ No soy tan sabio, al final voy a morir, tampoco Maestro. ¿Acaso te he enseñado algo que no estuviera ya dentro de ti? G.S._ Morirás porque así lo deseas. Aún te quedan lecciones por dar a los jóvenes. S._ ¿A los que corrompo y alejo de los principios de la democracia y la moral? G.S._ A los que enseñas las virtudes. S._ Mi muerte es parte de mi enseñanza para ellos, tal vez esta sea la lección más importante de todas. Por otro lado, ¿a qué virtudes te refieres?, ¿no querrás decir la virtud, en singular, manifestada en cada hombre, mujer, niño o anciano? G.S._ Tal vez la virtud una sola sea. Entiendo que consiste en ser consecuentes. Creo que en ello radica su utilidad. Usted es un hombre auténtico y consecuente y sin embargo se le acusa de corromper a la juventud, mientras los sofistas gozan de los privilegios del Estado ateniense. S._ ¿Crees tú que solo de eso va la virtud? ¿No es consecuente consigo mismo el tirano cuando dictamina sus leyes déspotas? G.S._ Ya empezaste tú con las preguntas. S._ Yo solo sé que no sé mucho al respecto, por eso pregunto. Es mejor reconocer en un principio nuestra ignorancia. 62 G.S._ Creo que los virtuosos están siempre dispuestos a hacer el bien, pero que también la inteligencia es una cualidad de la virtud. Tú, como virtuoso, y por tanto, inteligente, deberías saber que harás mayor bien con vida que sin ella. S._ La inteligencia es una magnífica disposición inicial para la sabiduría. Pero, ¿y los que gobiernan? ¿Acaso no son inteligentes? G.S._ No dudo que lo sean. Están en el poder. Aunque algunos burros y otros locos tampoco faltan. S._ Entonces son virtuosos, según tu razonamiento. Dame luz sobre el tema. G.S._ Ciertamente no. Si vieras los que gobiernan el mundo en mi actualidad llamarías vicio a sus ejercicios de gobierno. S._ ¿Y el conocimiento? ¿Da la virtud? G.S._ He leído los escritos de tu discípulo, Platón. Sé que consideras que el gobierno ideal debería estar regido por filósofos. S._ Platón… ese un hombre leal. La lealtad es la amiga que me tiene hoy aquí. Pero volvamos a lo nuestro. Ser consecuente y sabio. ¿Algo más? G.S._ El hombre virtuoso es capaz de ser la voz de la justicia y la verdad, sin importarle el costo. S._ Pero, ¿cómo sabe ese hombre cuál es la verdad y la justicia? G.S._ Está claro, es capaz de escuchar su conciencia y la voz de los que le rodean. S._ Entonces dime, ¿acaso los hombres viciosos no escuchan también su conciencia, y sin embargo somos testigos de las injusticias y fraudes que cometen? G.S._ Bien dices, Sócrates. Es evidente que no basta con escuchar la conciencia, esta podría estar deformada. ¿Pero cómo podemos saber si nuestra conciencia lo está o no? S._ Buena pregunta. Una vez leí en el pronaos del templo de Apolo en Delfos: "Conócete a ti mismo". Me he dado cuenta que muchas de las cosas que creía saber y defendía eran falsas y así las trasmitía a mis semejantes. Esas supuestas verdades venían fuera de mí mientras ignoraba la verdad que preexiste y de la que somos servidores, no poseedores. Cuando somos servidores de la verdad ella nos 63 increpa y transforma, pero no lo contrario. Mi único saber es ser consciente de mi propia ignorancia. Eso te hace siervo y no dictador. G.S._ Está claro, los viciosos y dictadores son la antítesis de los hombres virtuosos. S._ El hombre virtuoso busca conocerse a sí mismo y ser servidor de la verdad. Muere por ella pero no se impone ni mata a nadie en su nombre. Busca el bien de todos antes que el bien propio. Esa, querido amigo, es la utilidad de ser un hombre virtuoso... Le extienden la copa de cicuta al más inteligente y más justo de los hombres griegos. ¿De dónde ha salido, Sócrates, tu sicario? La tarde está muriendo. Ya no puedo ver más allá de la verja, y el camino de los alrededores también se diluye en la oscuridad. No podía prescindir de una visita a Delfos, al centro del mundo griego. No te puedo explicar mejor qué me mueve hasta aquí. No es solo la curiosidad histórica, literaria y mitológica, sino también un intento de comprensión de la fe ajena de aquellos y estos tiempos, así como el viaje al autoconocimiento. Qué mejor lugar para mis propósitos que este. Bajo un olivo y con las ruinas délficas y el monte Parnaso frente a mí, escribo un poema que resume mis conclusiones finales: Fe Todas las preguntas cargo hasta Delfos. Voy con esperanzas. ¿Qué era en el principio? ¿El Caos? ¿Por qué has dejado, Zeus, caer aquí el ónfalo? Las águilas allí se han encontrado, solo porque el paisaje no podría ser más bello. El centro del mundo me queda lejos de casa. He caminado mucho, pero ha valido el trayecto. Sin embargo, he esperado con paciencia que los hombres, dioses y muertos se reunieran. Y no han llegado. He venido para ver a mi padre. Y no ha llegado. 70 Parecen ríos, pero no lo son. Son titánicos caminos de mar, flanqueados por farallones de inaudita altura y verticalidad. ¿Qué mayor júbilo para mis ojos que el de la combinación del mar y la montaña? El agua del fiordo es tan pacífica que actúa como espejo: la imagen del paisaje se reproduce bajo la horizontal marina de forma que si le hubiera tomado una fotografía, no podrías distinguir cuál es el verdadero paisaje y cuál es su reflejo. Si me colgaran cabeza abajo en la orilla aseguraría que el universo está perfectamente ordenado. También están las cascadas, porque las cimas nevadas se derriten en primavera y verano y las caídas de agua al interior del fiordo están por doquier. Imagina que paseas en una pequeña embarcación, el viento en tu rostro, el azul oscuro debajo de ti, y sobre tu cabeza las nubes acariciadas por rascacielos naturales. ¿Entiendes cuando me refiero a nuestra pequeñez? ¿Comprender por qué hablo de lo sagrado? Los Æsir y las Asynjur, esto es, los dioses y las diosas nórdicas, encabezados por Odín, no tuvieron poco trabajo aquí. Y parece que hubieran pensado el paisaje específicamente para el hábitat de los Jotuns, los gigantes. No obstante, puedes presentir también, escondida en las aguas, a la serpiente Jörmungandr, a los enanos forjando armas perdurables para los dioses en las minas de las montañas, a las valquirias vírgenes jugueteando entre las cascadas, y a los elfos llenando el ambiente de luz. Me he perdido la aurora boreal, porque no es buena época para su aparición, por eso le propongo un intercambio a la Naturaleza. ¿Crees que acepte mis regalos? El canje Te regalo la guayaba y el cañaveral También las maracas y los tambores Solo quiero a cambio la aurora boreal Cuando baile con sus colores. ¿Sabes una de las cosas más lindas que vi? Una cabra bicolor: mitad blanca y mitad parda. Una cabra silvestre y solitaria, aparentemente prisionera entre el mar y la pared rocosa. El espacio verde donde pastaba era reducido y con una peligrosa inclinación. No habría podido salvarse de caer al agua, pero ella estaba a sus aires. ¿Cómo saltaría hasta la cima del farallón de piedra? No tengo idea. Tal vez conocía los puntos exactos de sujeción, y dicen que las habilidades 71 escaladoras de estos animales no son pocas. Tal vez no es silvestre y un pastor la dejó allí castigada. Sabrá Dios. Sentada en el Preikestolen, el “Púlpito”, que asoma sobre el Lysefjord y frente a este cautivante mirador he escrito una especie de mito para ti –no creo poder llamarle patakí porque lo restringiría al universo lucumí–, ya que me inspira la diferencia cultural entre el panteón yoruba y mi reciente descubrimiento de la mitología nórdica. Se me antoja que, en algún momento de la historia, Changó y Thor pudieron enfrentarse, traspasando los límites de las cosmovisiones territoriales y las religiones diferentes y exclusivas. ¿Por qué no podría ponerlos en contacto? En algunos países de África y en Cuba, aunque sincretizado con los santos católicos para evitar la represión a la práctica yoruba, Changó se ha erigido como el dios de los rayos, el fuego, el trueno, la fuerza… pero ¡los nórdicos también tienen su propio dios de similares atributos! ¿Quién crees que podría vencer en mi historia? Creo que lo tendrás fácil, puesto que el narrador será nuestro orisha pretencioso. Aquí te la dejo: Changó habla al toque de los batá ¡Ran rataplán! Suena con intensidad el Iyá, el Itótele y el Okónkolo. Hombres y mujeres danzan al ritmo de los tambores batá e invocan a Changó para que encarne en uno de sus sacerdotes de Ifá. El orisha monta al negro espiritista que convulsiona con ojos de espanto y lanza al aire los caracoles. Es la señal de su llegada, el Osha guerrero se ha apoderado de él y todos se apresuran a saludarle: “Kabiyesi Changó, échame la bendición”. Changó les habla a través de su encarnado: “Sean ustedes benditos y escuchen con atención. Celebren hoy con el alujá, mi toque favorito, la batalla en la que vencí a un dios de tierras lejanas. Hace cientos de años viajé más allá del océano, adonde el sol nunca llega a calentar demasiado. Hombres blancos de roja cabellera me presentaron a Thor, un tragaldabas como no he visto jamás. El día que me recibieron el muy engullidor estaba devorando un reno, un cordero, un lobo y hasta una ballena. Fui invitado al banquete del que solo probé un poco del cordero, que esos no son platos de mi gusto. Al final del 72 festín el dios del martillo comenzó a insultarme y su insolencia duró toda la noche. Dijo a los suyos que estaba seguro que mi fuerza era escasa y nula mi virilidad, que no hay dioses más poderosos que los escandinavos. Llegó incluso a dudar frente a todos de mi cualidad de dios y afirmó que lo que les di a conocer sobre nuestras tierras cálidas y los dioses yorubas era mentira, que el mundo era la tierra que él pisaba, y que consistía en un disco plano, situado en las ramas de un árbol, en cuyas raíces habita un dragón llamado Nidhogg, también hay un halcón y una ardilla, y muchas cosas raras que no pude comprender, y que el supremo Odín lo matara con su lanza Gungir si mentía. Soy guerrero, pero como saben, soy justo. Sin embargo, ¡cuánta ira me provocó! ¡Las cuentas rojas y blancas de mis collares temblaron! Yo, que ya temblaba del frío pues solo llevaba como protección mi pantalón rojo bermellón y mi chaquetilla. Escuchen cómo Thor me retó a una competición para descubrir quién hacía mejor uso de sus cualidades divinas. Se me preguntó qué premio querría en caso de victoria y no hice esperar mi respuesta: pasaría tres noches con la diosa más hermosa de su clan: Freya, quien había conocido en el banquete, pues con tal helado clima podría disfrutar de su calidez amatoria. Thor, por su parte, pidió mi hacha doble y mi espada. ¿Cómo creen que iba a dejarlo hacerse de ellos con facilidad? Un jurado del pueblo se reunió y comenzó el enfrentamiento. La primera prueba consistió en lanzar rayos y truenos. Aquel que extinguiera con mayor rapidez la nieve de las montañas y ensordeciera más con el ruido de los truenos ganaría la primera prueba. Yo lancé siete de mis mejores rayos. La tierra tembló y todos tuvieron que protegerse los oídos frente a los estampidos ensordecedores. Una avalancha se formó y la falda de la montaña quedó al descubierto, pero no así la cima. Thor rió con malicia. Entonces fue su turno. Lanzó diez rayos con sus diez truenos. La nieve rodó ladera abajo y para remover la que quedaba en la cima, usó su martillo de manga corta, golpeteó y golpeteó hasta que lo restante también rodó. Todos lo aclamaron: “¡Thor! ¡Thor! ¡Thor!”. Llegó el momento del descanso antes de la segunda prueba. Yo estaba en desventaja, pero saben ustedes que la inteligencia es uno de mis aliados, así que 73 puse al conocimiento a trabajar. El reposo corporal iría acompañado de un banquete para recuperar fuerzas. Yo traje desde Cuba mis comidas favoritas, y le fui ofreciendo una a una. Thor no pudo resistirse a tantas delicias, las cuales probó por primera vez, ya que los suelos helados de aquel raro país no producen casi cultivos. Primero le ofrecí una tonelada de maíz tostado –ya saben ustedes que es uno de mis preferidos–, y treinta hermosas calabazas maduras, y el equivalente a un campo de caña de azúcar, con la que se chupó los dedos y no paró de alabar su dulzor; diez sacos del delicioso mamey colorado, más el cogollo de mango macho; ocho cerdos asados en púa –le encantó el pellejo crujiente, pero él no tenía idea de que pudiera ser un poco indigesto si se come en exceso–; el mejor quimbombó que encontré, el cual le pareció baboso, pero igual lo engulló; tres sacos de plátanos, que le enseñé a preparar a nuestro modo, y resultó en una olla gigantesca de patacones que no quiso compartir con los presentes. ¡Todo se lo quedó para sí! La segunda prueba consistiría en un enfrentamiento directo entre ambos. Thor el terrible cargó su martillo Mjolnir, creado por los enanos Sindri y Brokk. Me lo arrojó, pero pude esquivarlo y… ¡milagrosamente el martillo regresó a sus manos por sí solo! Entonces yo, que no soy de usar mucho mi hacha bipeine o mi espada, preferí usar el secreto de Osain. Me traje el güiro que él me preparó hace años, lo toqué con el dedo y me lo llevé a la lengua. Inmediatamente comencé a echar candela por la boca en dirección a Thor, quien ya comenzaba a mostrar signos de indigestión, y se aquejaba como un niño de que le dolía la panza, que no se podía mover muy bien, que el cuerpo le pesaba y otras niñerías. De esta forma no pudo defenderse de las llamas de mi fuego y quedó chamuscado, lamentándose más del dolor de panza que del ardor de la piel, pues rápidamente se lanzó a la nieve para calmarse. Los allí presentes lo subieron a su carro tirado por un par de machos cabríos mágicos de nombres Tanngrisnir y Tanngnjóst, si mal no recuerdo, que se lo llevaron raudamente del lugar. Y así fue, queridos hombres y mujeres, como gané la competición con el glotón dios nórdico y pasé tres noches de pasión con Freya, quien me protegió durante el 74 sueño con su capa de plumas de halcón. Celebremos mi victoria con los toques de los tambores batá”. El ritmo se apoderó de los allí presentes, que festejaron la inteligencia y astucia de Changó para vencer al dios extranjero. Sabes que rehúyo las multitudes. Este país poco poblado, cuya gente me ha resultado amable y discreta, también podría ser mi lugar en el mundo. No sé cómo podría sobrellevar los inviernos sin luz. Las noches blancas tienen una solución más simple. Mi sueño de confinarme en la naturaleza, cultivar mis alimentos, salir a explorar por horas el paisaje como cabra montesa, leer en mi cabaña… tal vez podría materializarse de una vez y por todas aquí. Aunque no creo que mis verduras y frutas resistan las temperaturas heladas. Por el momento veo las aisladas casitas de madera de colores en la costa, con sus pequeñas ventanitas en el desván, y siento envidia. ¿Te animarías tú a la vida ermitaña? Un abrazo desde el mejor mirador del mundo, G.S. 75 Carta 10 Sevilla, Andalucía, 19 de julio de 2018, 3:30 pm Y luego, las mujeres andaluzas, graciosas como bayaderas, locas por el placer como las orientales, y aquel pueblo que canta todo el día, ríe, riñe y miente con un aplomo que asombra. ¡Oh, las hipérboles andaluzas dejarían atónitos a los más hiperbólicos asiáticos! ¡Qué imaginación, qué riquezas de espíritu! ¡Qué feliz es la alegre Andalucía! Al salir de España, siento que toda ella se resume en mi espíritu en estos raros aforismos. Domingo Faustino Sarmiento “¡Oh Cuba! ¡Oh curva de suspiro y barro! Iré a Santiago”. Federico García Lorca, “Son de negros en Cuba” Querido flaco: Me apena abandonar Barcelona la cosmopolita. ¿Sabes que todas las personas viven dentro de una ciudad muy personal, aunque vivan en la misma ciudad? Barcelona no es la misma para mi amigo Martí, para Josefa, para Carla o para mí. Cada uno tiene su propia versión y ha hecho de ella una interpretación según las calles, casas, actividades y recorridos habituales que realizan, y según las vivencias que esta les ha regalado a lo largo de sus vidas. Uno de ellos me confesó estar harto de ella. ¿Cómo es posible, en una metrópolis de tesoros escondidos entre balcones, plazas, árboles, esquinas encantadas, edificaciones modernistas, arena y montañas? Somos de naturaleza inconformista, y tras un tiempo habitando el mismo lugar, creemos que ya está agotado, que ya no nos puede proporcionar más placeres. Le respondí que yo sería feliz de 76 vivir en Barcelona toda mi vida. Él me respondió que sería feliz de vivir en Santiago de Cuba toda su vida. Ambos nos autoengañamos. El único sitio donde podemos ser verdaderamente felices es en la tierra que está dentro de nosotros, y gracias al cuidado que tomemos de ella: a veces la erosionamos y dejamos en la aridez; otras veces la volvemos fértil y sacamos provecho espiritual de sus flores y frutos. He concluido satisfactoriamente mis estudios y nuevas oportunidades se me presentan en una ciudad muy distinta: Sevilla. Me acerco a las puertas de otra cultura, al pórtico de otro continente, de la ardiente África, del desierto, de lo calificado como exótico porque se aleja de nuestros patrones y usos culturales, por ser aquello que siempre está muy distante en el espacio geográfico y cubierto por un manto de misterio en nuestro imaginario. Recibo aquí las señales premonitorias de ese puente con “lo otro” que es Andalucía. Un estrecho canal y allende el mar surgirá la arena, las especias, la negritud, la lengua incomprensible. Incluso siento los ecos de la música de Casablanca, aunque aquí la cultura estadounidense no pinte nada: “You must remember this / a kiss is still a kiss / a sigh is just a sigh / the fundamental things apply / as time goes by”. Mi primer recorrido por Andalucía no ha podido darme más alegrías. ¡Cuánta riqueza y variedad la de España flaco mío! Digo, no con poca pena, adiós a Barcelona, una metrópolis modernista, impregnada de la fantasía sinuosa y vegetal gaudiana, las clásicas casas editoriales de las que alguna vez escuché en la infancia, las hojas de platanus hispanica y los sabores internacionales para entrar a un territorio flamenco, morisco, con olor a azahar, de perpetua algarabía y gente que te da conversación en las paradas de guagua y te cuenta los milagros y desdichas de sus vidas, como en Cuba. Por supuesto, no quiero estereotipar, en todas partes de todo hay, pero cada región tiene su personalidad, y España tiene muchas naturalezas. Te haré un juego de asociación libre a partir de mis andanzas iniciales por las ciudades andaluzas: patios y macetillas azules, callejuelas laberínticas, especias aromáticas, alcázares, jardines, palmeras, cielos azulísimos, baños califales, barrios judíos, naranjos, más naranjos, prolija arquitectura, horror vacuis, ruinas romanas, la suite Andalucía y La Malagueña de Lecuona, Ronda de casas blancas y acantilados, cumbres nevadas del Mulhacén, desierto de Tabernas, bochorno vespertino, remembranzas de Cuba… Ahora estoy en la orilla del Guadalquivir. El agua me inspira, siempre lo hace. Ya sea el mar, el río, el lago o la cascada. Te contaré un poco de Sevilla, pero de una manera más esmerada, y no 77 precisamente de la ciudad actual. Imagina una carta del siglo XVIII de un sevillano a su amada cubana, ¿qué crees? ¿Podrás escuchar su voz? Aquí te dejo mi intento de recreación en retrospectiva. Sevilla, 24 de abril de 1766 Muy señora mía: El vívido recuerdo de tu último beso me abrasa en amores. Tu beldad me ha herido, sáneme tu piedad. No es exageración que quedaré finado sin la cura de tu urgente presencia. Hasta no verme de nuevo en tus brazos no he de consolarme. Las penas me han consumido durante esta ausencia obligada. Ya hay diez meses que me hallo privado de ti, pero parto pronto a tu encuentro: mi barco zarpa en cinco semanas y no veo las santas horas de tenerte en mi regazo. Mulata de mis delirios, ¿ansías mi llegada tanto como yo volver a contemplar tu rostro de diosa criolla? El viaje por el océano tomará más de un mes, quizás dos hasta su arribo a Cuba. Piensa en mí y no desesperes. Con la gracia de Dios regresaremos juntos en el mismo barco, cuando este retome su viaje a España. Ojalá los vaivenes del mar no te enfermen y desanimen, pero nada muy grave sucederá bajo mi cuidado. Ante todo deseo que sepas que no admito, querida, que te dirijas a mí como Su Merced en la soledad e intimidad de nuestras almas, que hace mucho abandonamos el trato pomposo en el cobijo del cañaveral y la campiña. Comprendo que lo hagas en la presencia del señor Emiliano, a recaudo de las buenas costumbres, pero eso verá pronto final. Ya no serás más su esclava ni la doméstica de su señora esposa. Eres mujer leída y de espíritu refinado, no conocí antes esclava con tus luces: te ofreceré el lugar que mereces y te libraré del trato indigno que hoy padeces. Ojalá Dios el Grande permita a tu padre contemplar desde el cielo con regocijo la íntegra mujer que es la hija que educó. Hubo partido 78 muy pronto al encuentro de Dios porque la falsa moral de otros blancos sin ventura nacidos, no pudieran soportar verle aunado con una negra ladina, la muy hermosa madre suya, africana rebelde, que Dios la tenga en la gloria, ambos muertos por la misma arma asesina y la malquerencia. Imagino el dolor de perder a los cercanos pues, según una historia familiar que se ha transmitido de generación en generación, hasta llegar a los oídos de mi madre, que a su vez me puso al conocimiento de la misma, uno de nuestros ancestros enloqueció, por no poder superar la muerte de los ocho integrantes de la familia de Silva por la epidemia de la peste, hace más de un siglo atrás. Por fortuna estaba embarazada y dejó descendencia, o se habría interrumpido nuestro linaje para siempre. Lo único que puedo agradecerle a Emiliano es que su acogida inicial en la hacienda me permitiera descubrir al amor de mi vida. Aquella invitación que así rezaba cambió mi vida: “Se le suplica a Vuestra Merced Manuel Rodrigo de la Sierra, hacernos el favor de su compañía por motivo de un año más cumplido por nuestro primogénito, para su festejo, con lo cual quedaremos agradecidos”. No podré olvidar jamás el día que te vi por vez primera, peinando los cabellos castaños de Sofía, con tu bata blanca vestida al descuido, dejando mostrar la redondez de uno de tus hombros del color del café mezclado con la leche, mientras su señora ostentaba aquel vestido de cachemira y damasco, a mi entender totalmente inapropiado para ese clima. Perdona, oh amada, si resulto a tus ojos poco pudoroso, pero Dios sabe que a nadie profeso más respeto, y que solo el amor que siento por ti despierta en mí tales pasiones. Sé que no te ha ofendido mi último atrevimiento, cuando te tomé por la cintura en la cocina aquella noche, ya que la disposición de tu cuerpo para dejarse recorrer por mis manos y tu intrínseco ser de flor silvestre me lo ha confirmado y ha avivado la llama que permanece encendida dentro de mí. Tu boca canela no podría ser más voluptuosa. El paseo por tus caderas no pudo ser más extático. No te reprocho que guardes más tu virtud conmigo, porque sé que 79 nuestros actos no son dictados del demonio, sino de los ángeles testigos de nuestro amor. Y si lo que hiciéramos fuera un pecado, no le temería al infierno. Desde que tu dulce boca morena –tan dulce como la miel, las raspaduras y el azúcar cristalizada que produce el ingenio donde se encuentra tu prisión– me hizo conocedor del trato que el señor Emiliano te propició –por no doblegarte a sus pecaminosos deseos de la carne que incumplen con la sagrada promesa del matrimonio– con el castigo del inmundo barracón y la ruda tarea del corte cañero bajo el sol santiaguero, hasta que las súplicas y lágrimas de la noble Sofía le convencieron de devolverte a tu puesto de ayuda de la señora y criadora de sus vástagos, no he podido tenerlo más en la estima de la amistad, que también sagrada es. No corresponde a esas manos delicadas y a ese espíritu cultivado ejercer la fuerza bruta que apenas los negros varones resisten. Comprendo las razones de tu amado abuelo para huir y sobrevivir con los frutos y demás bondades del monte. Es preferible ser cimarrón a ser esclavo. Y tú, señora mía, no serás más esclava. Esclavo solo seré yo, pero de tu corazón. Todos mis amigos ven con buen gusto y provecho la esclavitud, porque las ganancias no son pocas y como todo hábito secular, es aceptado como si parte del orden natural fuera. Pero yo considero que el color de piel no dicta quién hace unos u otros trabajos, o quien puede o no decidir sobre su propia vida. No me atrevo a comentar estos pensamientos en público, porque no serán bien recibidos, y por el momento la cautela debe primar en nuestros actos. Mi posición es de relevancia en mi querida ciudad, Sevilla. Y allá en Cuba no gozo de poco prestigio. Como Ingeniero y Director del Cuerpo de Ingenieros Militares, maestro de aprendices y practicantes, mis responsabilidades no son pocas, y mucho he aportado con mi trabajo al progreso de ambas naciones. Ahora soy enviado a evaluar los daños que el reciente terremoto ha provocado en el castillo de San Pedro de la Roca, ese celoso guardián de la bahía de Santiago de Cuba, excusa que servirá para incorporar los desarrollos más recientes en la arquitectura e ingeniería militar. 86 Besa tus manos y un poco más, si le permites, tu amado, Pedro de Silva Me preguntas en tu última carta sobre el regreso. ¿Volveré a Cuba? No lo sé flaco mío. Puedes tener la seguridad de que muero por verte y contarte con lujo de detalles todas mis vivencias. Te extraño y extraño a la Isla. Es bueno estar con los tuyos en el sitio que mejor conoces del mundo, ese que te ofrece tranquilidad, a pesar de todo. Pero al mismo tiempo sé que, de regresar, extrañaría estar en otro lugar desconocido y remoto, tendría esa sensación de ahogo y esa necesidad de movimiento, de emprender la marcha, de satisfacer la curiosidad y deshacerme de las carencias. Con carencias me refiero no a las materiales, sino a las experienciales. Un viaje es un desplazamiento en todos los sentidos, no solo espacial y temporal, sino cultural, social, jurídico, espiritual, de hábitos, ritmos, maneras... En fin, que ponerme de nuevo en el camino se haría perentorio. Lo que te rodea durante el viaje es una excusa excelente para pensarte con lucidez, reflexionar sobre tu vida sin obligarte a ello, como si viniera de forma natural. Incluso los momentos de angustia, las encrucijadas, los miedos, son imprescindibles para el crecimiento y son muy comunes en el camino, al menos según mi experiencia. La sensación que genera lo extraño, lo nuevo, lo desconocido, la búsqueda de lo diferente e inesperado, en resumidas cuentas, el “otro” es excepcional. El viaje no es un fenómeno solo exterior, es más que todo interior. Aprendes sobre ti más que todos los años que te has pasado en tu casa, que pueden haber sido toda una vida. Para mí es como cuando eres niño y esperas con excitación por el Día de Reyes; tendrás tus nuevos regalos y eso no te deja dormir de alegría. Ese estado que es lo sorpresivo e imprevisto del viaje es mi regalo de reyes de la adultez. Por otra parte está la liberación. El sentirse desatado de responsabilidades, trabajos y rutinas. No existe mayor sensación de libertad. Cuando sueño Cuba sobre todo sueño la infancia. Bailar Tchaikovski como cisne encantado en el jardín de la casa de mi padre. Aplausos reales e imaginarios. Más música. Mi padre y yo cantando “la-la-la-la…la-la-la, rosas en el mar”, de Masiel, comiendo pan con azúcar –porque no había de otra, y para mí era un dulce manjar vespertino–, jugando a ahogarnos con las almohadas, colocando los ladrillos en el jardín según su diseño botánico, armando el árbol de 87 navidad que sería la envidia y admiración de los visitantes. También recuerdo esa impresión grata cada vez que traspasaba la barrera del universo conocido. ¡Cuán grande nos queda el mundo de pequeños! Por lo general, a edades tempranas el mundo se circunscribe a tu casa, y más allá de la cuadra donde esta se encuentra comienzan los sueños, lo prohibido, lo incógnito. Un paso más allá de la línea era la aventura máxima. Extraño esa casa: grande, tranquila, casi una mansión. Mi bisabuelo la construyó, en la Vista Alegre de los acaudalados, muchos años antes del triunfo de la Revolución. Ahora siente los achaques de la edad. Es un elefante demasiado grande para ser limpiado y mantenido por un par de personas. Ya no es casa para la Cuba socialista. Como tenía tanto espacio podía llevar a mis amigos de la escuela, que se asombraban de su tamaño y la llamaban “el laberinto”. Para mí, que era la única casa que había conocido hasta el momento, era simplemente “normal”. Ahora, que ya suman meses en esta pequeña habitación con cocina y baño dentro de sus escasos metros cuadrados, y que parezco pájaro enjaulado cuando estoy dos días consecutivos dentro de ella, te puedo asegurar que sí, que la extraño. También mis conceptos de identidad y pertenencia se han moldeado. Soy cubana y siempre lo diré con mucho orgullo, pero ya no sé si pertenezco a mi país, porque ahora soy de todas partes, y no quiero otra patria que el cielo que me acoja bien, ya sea en la Isla o en cualquier otro sitio ajeno a ella. De volver para siempre ya nada sería igual: no pertenecería a mi lugar natal, así como no perteneceré jamás a ningún otro país. No soy de ninguna parte, y a la vez, soy de todas partes. “Yo vengo de todas partes / Y hacia todas partes voy: / Arte soy entre las artes / En los montes, monte soy”. ¿Recuerdas al Maestro? Mis valores no se han transformado, pero no lo soy la misma, creo que todo lo que ha sucedido solo puede calificarse como positivo: he ganado en tolerancia, en sensibilidad, en empatía, en madurez. Creo que siento estar en el camino de comprender cuáles son las cosas esenciales de la vida y de qué va ese concepto escurridizo de felicidad. Dicen que los mejores libros de viajes son aquellos en los que el protagonista lo pasa peor porque revelan más sobre la condición humana. Yo no he sufrido tantas penurias, he tenido mis momentos de angustia y miedo, algún que otro acercamiento con la muerte por recorridos peligrosos, y la incertidumbre de si debía renunciar y regresar al confort de lo cotidiano y lo 88 conocido; pero mis penurias no son suficientes para la excitación lectora, aunque me han ayudado a crecer y me han dejado lecciones. He experimentado, por el contrario, muchos placeres, sobre todos los de la observación de paisajes naturales, esos que te dejan ausentes de pensamientos incoherentes y te dan la plenitud de la dicha o la paz inexplicables, esos que generan epifanías, esos que podrían considerarse próximos a los placeres sensuales, porque se viven con intensidad en el cuerpo. Sin embargo, estoy de acuerdo con Madame de Stäel cuando afirma que viajar es uno de los placeres más tristes de la vida. Otra verdad es aún un secreto para mí: por qué durante el viaje toman significado o dimensiones espirituales ingentes los acontecimientos más habituales. El nativo los experimenta sin excitación, el viajero le otorga un sentido vital. Hay momentos muy simples que te purifican. En la Costa Brava, por ejemplo, caminábamos, a veces notablemente cansadas, con los pies adoloridos por el terreno abrupto, y una parte del día con el sol disparando sus rayos frente a nosotras, y aunque nos enceguecía y dificultaba el avance, a mí me resultaba un momento de revelación y dicha íntegras. Las veces que he podido representarme historias del pasado cuando piso o toco una tierra, unos adoquines o unos muros donde han ocurrido acontecimientos, también se convierten en epifanías. Siento mucho no haber podido ser más exhaustiva en mis misivas; no haberte dado más detalles sobre mi Nuevo Viejo Mundo; no haber, tal vez, sido capaz de transportarte a los sitios visitados; disgregar en mis exposiciones; regalarte retazos literarios que quizás te parezcan no venir mucho al caso. He deseado ponerte en mi piel y mis ojos, pero la ignorancia me lo impide. Ahora eres tú quien pronto estará lejos de Cuba y creo que podrás entender esa incapacidad del lenguaje, o tal vez simplemente la mía, para recrear todo lo que genera el territorio desconocido y el andar lejos de casa. Ahora te corresponde a ti; yo pausaré un poco más mi correspondencia para darte el protagonismo. Cuéntame cómo se siente, flaco mío. Se despide con el olor del azahar sevillano, G.S. 89 PARTE II. Memoria justificativa 90 91 Parte II. Memoria justificativa 1. Introducción 1.1 Punto de partida de la creación. Objetivos El trabajo creativo que se presenta, titulado El Nuevo Viejo Mundo: cartas de una cubana en Europa constituye un epistolario de viajes de carácter ficticio pero al mismo tiempo autorreferencial. En cada carta se presentan las experiencias de viaje de la narradora, que a su vez practica otro tipo de viajes más literarios (a través de relatos cortos, mitos, poemas, diálogos, cartas dentro de cartas y otras formas) que se insertan dentro de las misivas, relacionados con el lugar visitado. “Por libro de viajes cabe entender el relato escrito de las observaciones, de las impresiones de un viajero” (Sánchez Espinosa, 2002: 7). La obra creativa ha tenido como finalidad poner a disposición del lector un texto literario en forma epistolar no convencional, que genere disfrute estético con la transgresión y el juego entre los límites del par realidad-ficción, a través de una composición híbrida desde el punto de vista genérico. Se trata de un ejercicio literario mixto, en el que se pretende dar a conocer al lector “inmiscuido” (porque así es todo lector de cartas privadas) el conjunto de las experiencias de viaje del narrador. En este sentido no contiene únicamente la descripción de lugares: pueblos, ciudades y naturaleza –de hecho, podría afirmarse que el ejercicio descriptivo no es lo principal, sino solo ocasional, de algunos sitios o monumentos que dejan una huella en el espíritu del narrador–, sino la exposición de estados de ánimos y sensaciones generados durante las visitas; la narración de sucesos; una importante comparativa entre Cuba, país natal de la narradora y la Europa que descubre de a poco, sin desvalorizar o criticar maliciosamente a ningún país; las reflexiones y valoraciones culturales, medioambientales, sociales, de diferencias de sistemas económicos, etc. (estas cavilaciones incluyen diversos conceptos: consumismo, progreso, subdesarrollo, migración, insularidad, estereotipos, etc.); las meta reflexiones sobre el acto de viajar; las anécdotas y hechos acontecidos; las retrospectivas a la infancia y las relaciones paternales; los episodios oníricos, así como la intromisión de otras voces y narradores (que se materializan a través de otros géneros) a partir del contacto o visión de algún sitio en particular. 92 Todo ello se presenta en un conjunto de diez cartas organizadas cronológicamente y en la que el personaje narrador sufre cierto proceso de transformación, un paso de la ingenuidad y candidez a una mayor madurez a partir de los aprendizajes que sus vivencias le ofrecen. “Viajar quiere decir discovery (“descubrimiento”), pero descubrimiento no sólo en un sentido objetivo, sino también y, sobre todo, en un sentido interior de aprendizaje y de transformación mental del yo descubridor” (Romero y Almarcegui, 2005: 11). Desde el punto de vista académico, el objetivo es poner en práctica los conocimientos y herramientas de la escritura creativa asimilados en las diversas asignaturas del Máster en Escritura Creativa. Para ello se ha insertado, dentro del macrotexto epistolar, un conjunto de ejercicios literarios que dan cabida a diversos géneros (narrativo, lírico, dramático, o incluso no del todo ficcionales como el ensayo, la crónica, la autobiografía y el testimonio), así como a sus formas de realización y técnicas específicas (flujo de conciencia, prosa poética, verso libre, narración en primera o tercera persona, diálogos, mitos, cartas dentro de cartas, etc.). Lo híbrido, lo interdisciplinar y la capacidad para metamorfosearse son características que también comparten otras obras de esta naturaleza (Alburquerque, 2011). 1.2 Fundamentos e influencias El trabajo realizado se fundamenta en la tradición epistolar de la Era Moderna y la literatura de viajes, que como se verá con detalles más adelante, no tiene límites nítidos en lo que respecta a su clasificación y definición. “La literatura de viajes recorre toda la historia (o gran parte de la historia) y el viaje forma parte de la condición humana, pero no sólo como producto de la curiosidad, sino como verdadera necesidad vital” (Alburquerque, 2011). Por otra parte, la vida personal, experiencias y viajes de la autora también se manifiestan en estas misivas, de forma que se entreteje lo autobiográfico y la realidad con la ficción, sin poder separar con claridad una de otra en el crisol textual, porque el viaje es imagen de la vida humana (Romero y Almarcegui, 2005). Estas decisiones creativas se justifican en que en el género de la literatura de viaje: (…) da cabida a variadas definiciones conceptuales y formas heterogéneas del relato escrito donde se puede incluir lo ficcional y lo referencial de las historias; además de 93 permitir textualidades estéticas que no necesariamente están permeadas por un canon estrecho (González Otero, 2016: 76). Las fuentes de inspiración han sido muchas. En cierta forma, toda la literatura es literatura de viajes. “Si nos atenemos estrictamente a la denominación, el universo de relato de viajes se expande hasta abrumarnos” (Carrizo, 1997: 1). No obstante, se pueden distinguir aquellas obras que han ejercido una particular influencia en mi trabajo y se circunscriben mejor a la descripción y narración de travesías; u otras que asumen el formato epistolar, aunque no relaten desplazamientos humanos. Por un lado están los siguientes epistolarios (léase conjunto de cartas, no solo sobre viajes, sino también sobre tópicos varios): las Cartas y poesías mediterráneas de Lord Byron, por su textura híbrida y disgregada, exposición de impresiones e intromisión de poemas; las Cartas de amor de un sexagenario voluptuoso, de Miguel Delibes, por su retórica particular, que tildaría yo de un tanto decimonónica, aunque se trate de misivas del siglo XX; Las penas del Joven Werther, de Goethe, un clásico de novela epistolar, con el angustioso sufrimiento por el amor no correspondido, como también sucede con el sexagenario voluptuoso citado previamente. Un apartado merecen los siguientes autores cubanos: el Viaje a La Habana, de la Condesa de Merlín, por su visión crítica sobre la esclavitud, los asuntos políticos, la economía y la sociedad del siglo XIX; las Cartas (1939-1976) de José Lezama Lima, autor que por motivos económicos apenas viajara fuera de su isla en vida, pero que realizó numerosos viajes imaginarios, y pudo describir a base de creatividad y saberes previos, obtenidos por sus lecturas y estudios, otras regiones y culturas, o incluso geografías imaginarias. “Algunos tontos suponen que “yo soy enemigo de viajar”; creo, por el contrario, que todo es viaje”, dijo (citado en Iriarte, 2009: 163). De este gran creador me alimenta particularmente su prolija fantasía y sus poéticos viajes a la infancia. Las Cartas que no se extraviaron y Las cartas de Egipto, de Dulce María Loynaz, por su estilo intimista y delicado; así como los epistolarios de José Martí, autor a quien admiro con especial intensidad, tanto por los sabios consejos y gran sensibilidad que transpiran sus cartas, como por su distinguida y elocuente retórica. 94 Algunas novelas han despertado desde mi adolescencia el interés por los viajes. Especial mención tiene el clásico cervantino El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, cuyos sueños de justicia le llevaran de aventuras por varias tierras, así como la Odisea, no solo por la azarosa y dilatada vuelta a casa de Ulises, sino para sus enseñanzas sobre el valor de la paciencia. Los pasos perdidos, de Alejo Carpentier, me condujeron de la mano con lo real maravilloso hasta las interioridades de la selva, en la búsqueda de aquel instrumento musical primitivo; y El corazón de las tinieblas, hasta el África colonizada por los europeos. La técnica magistral de su autor, Joseph Conrad, explora el inconsciente y conjuga diversos niveles de lectura. El peor viaje del mundo, narrado por Apsley Cherry-Garrard es una memoria de la exploración al Polo Sur del capitán Scott, una descripción incomparable de la muerte y la supervivencia. Constituye uno de esos libros en los que como lector, no puedes desprenderte del relato de penas ajenas. El Diario de a bordo de Colón resulta de un particular interés para este trabajo. Al igual que la narradora de mis cartas, Colón descubre y describe un mundo nuevo, de ahí el título de mi epistolario: El Nuevo Viejo Mundo: cartas de una cubana en Europa. Si bien Europa ya ha sido más que estudiada y la modernidad tecnológica permite conocer el mundo con la simple acción de un clic, la experiencia de poner por primera vez los pies en un país ajeno, se constituye en viaje de descubrimiento personal. Todo es nuevo para quien lo experimenta, por eso, como Colón, la constante comparación con lo conocido para explicar lo desconocido, y la recurrencia a saberes previos para explicar lo que hasta ese momento no tenía referentes y denominación para el descubridor. “Colón se encuentra con una realidad completamente nueva —un descubrimiento— de la que ha de dar cuenta con las herramientas lingüísticas a su alcance y a su formación”, afirma Alburquerque (2008: 17). Las novelas con forma de diarios de Wendy Guerra: Todos se van, y La viajera, de Karla Suárez, por la circunstancia política y social cubana determinando en el primer caso el destino azaroso de la narradora y por la búsqueda de un lugar en el mundo de la segunda, quien también es cubana. Aunque las dos anteriores sean novelas de la década del 2000, se ven direccionadas por la corriente de la década previa en lo relativo a las narrativas de viajes, que estuvo centrada en el 95 fenómeno de la migración y cuyos personajes se encontraban en perpetuo movimiento, ya fuera que hablasen desde dentro o fuera de sus lugares de origen (González Otero, 2016). Otras obras que me han impulsado al camino desde mi sillón de lecturas: Viajes y otros viajes de Tabucchi, El Tao del viajero de Paul Theroux y En el camino de Jack Kerouac. Por otro lado, para la creación de los textos de género diferente insertos en el discurso de las cartas, me he documentado e inspirado en las siguientes obras –y hasta en juegos–:  Para escribir el salmo responsorial (de la tercera carta), se he tomado como punto de partida y modelo al Libro de los salmos del Antiguo Testamento, en particular las conocidas súplicas.  Para los dos haikus de creación propia (de la cuarta carta), me he inspirado en la estructura y contenido de los haikus japoneses, especialmente por la influencia de autores como Masaoka Shiki y Matsuo Bashoo; de este último se citan tres de sus versos. Elaboré los haikus porque en la carta de la Costa Brava prima la contemplación y éxtasis con la naturaleza, y esta emoción ante lo natural es lo que prevalece en esa forma de poesía. Sin embargo, los propios no contienen exactamente la cantidad y distribución de sílabas del haiku clásico (tres versos de cinco, siete y cinco sílabas respectivamente).  Para el poema en prosa (de la quinta carta), se ha tomado como referencia el juego de adivinanzas infantil del veoveo, así como la prosa poética de Charles Baudelaire, particularmente en El esplín de París.  Para la introducción en primera persona de la voz de María Antonieta (en la sexta carta), ha resultado reveladora la vida y personalidad de este personaje en la novela biográfica de Stefan Zweig María Antonieta.  Para la narración en tercera persona (en la séptima carta) sobre un gladiador ficticio de nombre Lucius, la documentación se ha realizado con varias fuentes históricas sobre las peleas de gladiadores en el Coliseo.  En la carta octava sobre Grecia:  La voz, con estructura de flujo de conciencia, del refugiado sirio en Atenas, surge a partir de la lectura de noticias en periódicos digitales que tratan el tema de la guerra de Siria, así como el repaso a los testimonios de refugiados. 102 3. Estructura de la composición El epistolario se compone de diez cartas, que son redactadas en diferentes regiones y ciudades, así como en periodos de tiempo espaciados y cronológicos. Dos de ellas se escriben en Barcelona. Las restantes en: Villafranca del Panedés, Costa Brava, Ax-les-Thermes, París, Roma, Atenas, Stavanger (Noruega) y Sevilla. Cada una de ellas se puede considerar una unidad independiente de sentido. Sin embargo, el conjunto revela cierta evolución en el personaje narrador, que pasa de la ingenuidad y candidez de las primeras experiencias a la madurez que genera el aprendizaje a través de los viajes. Cada carta posee la estructura de una misiva tradicional: fecha y lugar a la derecha, saludo a la izquierda, cuerpo del texto (el cual no respeta en todos los casos la estructura convencional de introducción, núcleo y conclusión, porque tiene el carácter disgregado de los pensamientos y la comunicación oral con una persona familiar, no una autoridad formal) y despedida. Por otro lado, en ocho de las diez cartas se redacta algún texto (también capaz de extraerse como una unidad independiente) relacionado con el lugar donde se encuentra el personaje para enriquecer más la creación, cuyo género literario es diferente al de la composición de la carta. Se trata de las historias intercaladas. A veces se trata de incidentes mínimos ocurridos durante el viaje que se cuentan en pocas palabras. Otras, de sucesos más complejos (…) que demandan una relación más extensa y pormenorizada. Y al lado de esta material también suelen aparecer frecuentemente leyendas, cuentos tradicionales y otras formas de narrativa ficcional (Carrizo, 1997: 93). A continuación se presenta una sinopsis de cada carta: Carta 1Barcelona, Cataluña, España, 17 de septiembre de 2017, 1:00 pm Desde la primera carta queda explícito que el destinatario es amigo del remitente. La narradora es una mujer cubana que llega a Barcelona para cursar estudios. Declara a su destinatario su preferencia por el uso de la carta tradicional. Se relatan y describen las “primeras veces” del personaje: la primera vez en un avión, en otro país con funcionamiento tecnológico y urbano diferente, etc. Se revelan sentimientos de miedo y asombro, así como una implícita ingenuidad. Se realizan comparativas del país recién descubierto y el país de procedencia. Sucede un 103 episodio con un músico del metro. Se relata un pasaje onírico en una catedral gótica. La narradora llega finalmente a la residencia estudiantil. Carta 2Villafranca del Panedés, Cataluña, España, 30 de septiembre de 2017, 11:30 pm Comienzan las reflexiones y valoraciones del personaje en torno a diversas temáticas: la colonización (“conquista” y “civilización” de América); el “rastacuerismo” u ostentación latinoamericanas 11 ; la necesidad de respeto del extranjero por la cultura del país foráneo, entre otras. Se relatan las primeras noticias que recibió la protagonista sobre España en la infancia. Encuentra documentos antiguos que la ponen en contacto con sus ascendientes catalanes. Se reencuentra con la familia catalana en Villafranca del Panedés. Carta 3Barcelona, Cataluña, España, 24 de octubre de 2017, 11:59 pm La narradora recibe la primera carta de su amigo, aunque no sabemos de qué se trata. Recorre la ciudad de Barcelona. Visita la catedral de la Santa Cruz y Santa Eulalia. Tiene la primera experiencia mística y se transporta de una supuesta realidad a una ficción completa, al presenciar a la santa Eulalia en los alrededores. Se crea un texto lírico ficticio: un salmo responsorial en honor a la niña santa. Luego pasea por las Ramblas, llega al puerto viejo y medita sobre los inmigrantes que venden productos sobre las aceras y el paseo marítimo. Realiza comparativas sobre las formas y ritmos de vida en España y en Cuba, cavila sobre el subdesarrollo y sobre las virtudes del país según la naturaleza histórica y cultural de cada uno; sobre el consumismo de los países capitalistas y el acoso propagandístico, así como las consecuencias para el planeta por el agotamiento de sus recursos naturales. También se refiere a los estereotipos y la representación en el imaginario popular que se tiene sobre el cubano y el Caribe. Alude brevemente a la cultura culinaria de ambas naciones. Carta 4Costa Brava, Cataluña, España, 14 de noviembre de 2017, 4:00 pm La narradora recibe otra carta de su destinatario, porque sabemos a través de ella que este se encuentra enfermo. Viaja en compañía de una mujer asiática, a pie, por los pueblos y el paisaje natural de la Costa Brava, sobre los que realiza descripciones líricas que propician reflexiones de vida. Anécdotas de riesgos corridos y otra primera vez, como su encuentro accidental con una 11 Por lo que con razón “muchos viajeros critican a otros latinoamericanos dada su tendencia a la imitación y búsqueda compulsiva de aceptación en Europa” (Sanhueza, 2007: 66). 104 playa nudista. Se introducen haikus ajenos y propios. Se narra un episodio onírico ocurrido durante el sueño nocturno, lleno de simbologías. Carta 5Ax-les-Thermes, Pirineos franceses, 20 de diciembre de 2017, 9:00 pm Se realiza un viaje grupal al poblado Ax-les-Thermes en los Pirineos franceses. Tiene su primera experiencia con la nieve y la práctica de esquí. Reflexiona sobre las fronteras, la migración y la insularidad. Nuevas comparativas, en este caso por el frío europeo frente al calor cubano, a través de anécdotas. Se exponen reminiscencias: la nieve le recuerda la niñez y las navidades mágicas con su padre en Cuba. Se crea un poema en prosa a partir de esta reminiscencia y el juego infantil del veoveo. Carta 6París, Francia, 16 de enero de 2018, 2:34 pm En la carta de París se hace evidente que la protagonista recibe nuevamente carta de su amigo, que al parecer pide porque no cesen sus misivas. La autora ha visitado la ciudad en invierno y le ha parecido muy gris. No se detiene a explicar sobre los monumentos icónicos; por el contrario, prefiere describir un café parisino y el ritmo al exterior, mientras bebe chocolate caliente, poniendo en evidencia la ciudad de contrastes que es París. Reflexiona sobre la observación atenta “del otro” durante un viaje. Introduce una anécdota simpática sobre las limitaciones de su francés oral. En la Place de la Concorde toca el suelo de la plaza y de esta manera introduce una historia ficticia en primera persona, en la voz de María Antonieta y sus pensamientos sobre su actuar como reina el día que va camino a su ejecución. Carta 7Roma, Italia, 19 de febrero de 2018, 1:00 pm La carta de Roma explicita en primer lugar el estado anímico reciente de la narradora, al parecer de índole depresiva. En su intento por describir el malestar lo combina con los versos del poema "Los heraldos negros" de César Vallejo. Explica su intención de no ser turista, sino viajera, y da sus razones para salirse de los sitios célebres, aunque paradójicamente el miedo la hace comenzar por las rutas populares para ir ganando en desenvoltura. Pone en práctica un ejercicio meditativo de reconstrucción espacial de las ruinas para representarse cómo eran los edificios en el pasado. Medita sobre las personas que viven de la caridad en las calles y tiene una experiencia con una humilde señora. Describe 105 poéticamente la Fontana di Trevi y su capacidad de captar el movimiento. Visita al Coliseo y el contacto con los muros de la construcción la remiten a un episodio ficticio: una narración en tercera persona de la última lucha en la arena del Coliseo de un hipotético gladiador famoso. Presenta sus experiencias en hostales baratos. Los recuerdos del hogar en Cuba le devuelven la paz en medio de sus temores. Al día siguiente y durante su visita al Vaticano, realiza comparativas sobre el funcionamiento del mundo editorial en Cuba y España. Carta 8Atenas, Grecia, 13 de marzo de 2018, 5:00 am La carta de Grecia está llena de ejercicios literarios disímiles: hay un flujo de conciencia; hay una imitación retórica de un coro en una ficticia tragedia griega; hay un diálogo de la protagonista con Sócrates, influido por los diálogos platónicos y por último, un poema con referentes mitológicos. La autora se queja en primer lugar de no haber recibido cartas de su amigo. Describe de qué se trata la expresión "cubanear" y la improvisación en su visita al país de Grecia. Explica sus angustias viajeras. Conoce a una chica española que la lleva a un campo de refugiados en las afueras de Atenas. En el campo le presentan a un joven sirio que ha huido de la guerra. La narradora ve en los ojos del refugiado y se transporta a los pensamientos de este. Dichos pensamientos se exhiben sin puntuación, en primera persona, como un flujo "incoherente" y atormentado de la conciencia, en los que revive la muerte de su familia y su huida por tierra y mar hasta la llegada a Atenas. Describe los contrastes de la ciudad: la turística, encarnada en las ruinas griegas, y la moderna, acusada de pobreza y contaminación, así como la variedad y riqueza de la geografía griega. Reflexiona sobre ser un extraño en un país extranjero y sobre sus últimas lecturas literarias. En su viaje a Epidauro conoce el teatro allí conservado. Se introduce un episodio ficcional en el que la autora viaja al pasado y asiste a una representación de una tragedia griega. Se refiere a las vestimentas de los asistentes y la presentación de la obra por parte del autor. Se expone un fragmento de la supuesta obra, que es en este caso una intervención del coro. 106 Visita la colina de Filopapo en Atenas, donde se encuentra la supuesta cárcel donde estuvo Sócrates antes de tomar la cicuta. La protagonista vive otro episodio ficticio en el que tiene un diálogo con el filósofo sobre el tema de la virtud. Visita por último Delfos. Resume su experiencia allí y sus inquietudes religiosas a través de un poema que se alimenta de referentes mitológicos e históricos. Carta 9Stavanger, Noruega, 15 de junio de 2018, 7:00 am Esta carta comienza con una anécdota divertida sobre las noches blancas en el verano noruego. Se describe la ciudad capital: precios, comidas tradicionales, edificios emblemáticos, arquitectura vernacular, museo de embarcaciones vikingas, museo de Munch... La visita a este último museo la hace retomar otra escena de la infancia, cuando vio por vez primera en la biblioteca de su abuelo la pintura “El Grito” en un libro de arte. Esta visión da paso a reflexiones sobre la Muerte y el viaje como paliativo al temor que esta le genera. Valora Noruega como uno de sus sitios anhelados de paz. Se dirige al glaciar Briksdal, el cual describe, así como el paisaje de los fiordos y el observado desde el “Púlpito”, para lo cual recurre a los seres de la mitología del país escandinavo. Presenta un poema rimado de una estrofa debido a que la época del año le ha impedido contemplar la aurora boreal, por lo que propone un canje a la naturaleza. También escribe para su amigo un relato mítico que pone en enfrentamiento a un dios afrocubano del panteón yoruba: Changó; y a un dios de la mitología escandinava: Thor. Ambos compiten empleando sus poderes y atributos. El relato recrea los valores y características de ambas mitologías. Carta 10Sevilla, Andalucía, España, 19 de julio de 2018, 3:30 pm Se exponen las meditaciones de la narradora sobre la percepción personal de las ciudades para cada individuo y el lugar donde se encuentra la verdadera felicidad. Concluye sus estudios en Barcelona y se traslada a Sevilla para continuar con otros. Realiza un juego de libre asociación para describir Andalucía. Para dar a conocer a su destinatario la ciudad de Sevilla, emplea un recurso interesante: una carta dentro de la carta principal. En este caso se desarrolla en la ciudad del siglo XVIII y su autor, un ingeniero sevillano, se dirige a su amada cubana, una esclava con la que desea casarse y llevar a 107 su tierra en Europa. La carta está llena de comparativas de los usos, maneras y actividades de la época en una y otra ciudad, especialmente en Sevilla. Esta carta representa las dos culturas, sus similitudes y el estrecho vínculo de ambas. El motivo amoroso que une a los personajes viene a constituirse como una especie de reivindicación por la esclavitud y el colonialismo, un pacífico tendido de manos entre ambas naciones. Se presentan unas metarreflexiones finales sobre el viaje y las transformaciones que este ha provocado en la narradora. 4. Técnicas y estilos ensayados Las cartas de viajes de esta obra creativa son ficticias, si bien tienen, como se ha comentado, un importante componente autobiográfico y testimonial. Se corresponderían con aquellos tipos de textos que privilegian al mismo nivel, dos funciones del discurso: la representativa y la poética, como afirman Lucena y Pimentel (2006: 70): Por un lado, son libros de carácter documental, cuyas referencias geográficas, históricas y culturales envuelven de tal manera el texto que determinan y condicionan su interpretación; pero a la vez, su carga literaria es indiscutible (con mayor o menor intensidad, según los casos). Presentan un carácter híbrido y disgregado, propio de la oralidad y el tono conversacional, aunque también cierto lirismo decimonónico en las formas de tratamiento y el tono expositivo. Lucena y Pimentel manifiestan (2006) que son una característica común en los libros de viajes las digresiones, ya que el autor-viajero tiene la necesidad de satisfacer su propia curiosidad y la de los lectores, dando informaciones de todo tipo sobre lo que se le presenta en el lugar recorrido. Dentro del macrotexto epistolar, primer recurso creativo al que se ha acudido para enmarcar los relatos de viaje, se desarrollan puntualmente técnicas como el diálogo y el flujo de conciencia, según el tipo de texto introducido en la misiva. 108 Lo más llamativo es el empleo de una gran variedad de géneros: narrativo, lírico y dramático, dentro de los límites indefinidos de la carta (que juega con lo literario y lo no literario, en este último caso la crónica, el testimonio y la autobiografía). En relación al estilo se han empleado los siguientes recursos retóricos: En el epistolario en sentido general: Romero (2011: 233) expresa que los modernos libros de viajes tienen un aspecto singularmente expresivo que reside en imágenes poéticas con la que los autores trasladan su visión personal de los lugares que han visitado y sobre los que escriben. En el caso del presente trabajo:  Se ha intentado dejar entrever un halo de matices románticos en la escritura de las cartas, como aquellas misivas privadas del siglo XIX y anteriores.  El estilo es coloquial, pero con toques refinados del lenguaje. La forma conversacional es como la de un monólogo en el que el narrador no deja de hacer preguntas a su interlocutor (interrogaciones retóricas), aunque no reciba las respuestas. Hay una actitud apelativa y expresiva (función conativa o fáticas en términos jakobsonianos) por la situación participativa que se exige en el intercambio de cartas (Spang, 2000). En ocasiones le escribe: “escucha”, como si en efecto le estuviera hablando frente a frente.  Los saltos de un tema a otro (digresiones) son propios de la oralidad y la literatura de viajes: el narrador pasa de impresiones, a narraciones, a exposición de sentimientos, anécdotas, etc.  Las descripciones son claves en la literatura de viajes, en especial la denominada “écfrasis” (poner verbalmente ante los ojos). Como apunta Alburquerque (2008: 16): “(…) nos encontramos ante un tipo de relato en el que la narración se subordina normalmente a la descripción que, a su vez, se halla más directamente relacionada con la función representativa del lenguaje”. Predomina, pero no domina de manera absoluta, también enfatiza este autor (Alburquerque, 2008). Sin embargo, no se ha querido abusar de ellas, o al menos no a la manera tradicional; estas intentan ser refinadamente poéticas y creativas. En todo caso, estas cartas no solo tratan tanto de lo que se ha visto, sino de lo que se ha experimentado con esas visiones, y no se da demasiada atención a monumentos célebres, ya que: “Es muy fácil caer en las imágenes tópicas al escribir sobre viajes: sólo 109 hay algunas formas de describir una montaña, solo hay algunas formas de describir un mar azul. Pero ahí está el verdadero desafío: darles un aire fresco y renovado” (Campbell, 2003: 24).  Las narraciones son centrales, pues durante los viajes se cuenta invariablemente una aventura, ya sea debido a los azarosos incidentes del itinerario o a los hechos históricos que guardan relación con el espacio visitado (Rosca, 2006).  Las comparaciones predominan, sobre todo entre Cuba y España, la cultura de ambas naciones, su pasado histórico, el progreso y el subdesarrollo, etc. Las mismas son esenciales para la comprensión del mundo del personaje y su maduración. Colombi (2010: 5) asevera que: “La comparación es la figura central de cualquier viaje, ya que es el pensamiento analógico el que permite hacer inteligible la diferencia. La representación resulta así una traducción de lo desconocido para los receptores a los que va dirigido el texto”. La narradora poetiza sus descripciones con este recurso, como cuando se refiere a su descenso a la estación de metro como si se tratase de un alma camino al Hades: “Retomando mi posición en el aeropuerto, pasé por el control electrónico del billete y descendí al Hades en escaleras eléctricas. Esperé por Caronte para que tomara mi espíritu errante –maleta incluida– por el Aqueronte barcelonés. Suerte que llevaba mi óbolobillete conmigo”.  Metáforas, símiles, metonimia: El empleo de metáforas encaminadas a sugerir las asociaciones de diverso tipo que alguna realidad observada suscita en el viajero es otro recurso, de eminente naturaleza poética, que merece la pena ser tenida en cuenta en la lectura de esta clase de textos, ya que se trata de un procedimiento que distancia el relato de viaje de su dimensión informativa y documental para proyectarlo sobre el fondo inextinguible de la escritura artística intensificando su valor como texto literario (Romero, 2011: 234). En el presente trabajo son abundantes; desde la primera carta, cuando el personaje se encuentra perdido en el aeropuerto de Barajas y describe su situación tormentosa de soledad y ansiedad con el paralelo de hallarse en un océano lleno de torbellinos. Solo un ejemplo de símil, para no extender demasiado esta memoria justificativa: “El otoño es 110 ocre y pardo, y desnuda a los árboles lentamente, como un novio tímido y cuidadoso que quita el vestido de la novia”.  Otros recursos retóricos: Figuras como la “amplificación” (se enumeran y detallan elementos que permiten realzar o intensificar el valor de lo expuesto); el “sumario” o abreviatio (que por el contrario, pasa por alto los detalles para evitar la monotonía) y la “reiteración” o repetitio (que otorga valor poético al texto).  La retrospección, flashback o “analepsis”, manifiesta en las numerosas escenas de la infancia o pasajes oníricos; y ocasionalmente de la “prolepsis”, que permite anticipar sucesos. En ambos casos se rompe la estructura lineal de la narración y favorece las ya mencionadas digresiones de carácter vario (históricas, culturales, sociales, etc.), frecuentes y propias de este tipo de relatos (Lucena y Pimentel, 2006).  La narradora se habla a sí misma ocasionalmente: No llores por favor. Eres una mujer. ¡Hasta puedes hablar tu misma lengua! Preguntando se llega a Roma, ¿no? O a Barcelona. En estos casos su discurso aparece en cursivas.  Particularidades léxicas: Invención ocasional de palabras (neologismos), por ejemplo: vialeer, o leerviar; uso moderado de léxico regional (Cuba) y términos u oraciones completas en otras lenguas.  La preocupación “metaepistolar” (Spang, 2000: 641) está presente desde la primera misiva, esto es, las reflexiones e interrogantes frecuentes sobre la eficacia de la comunicación por cartas. En los textos de género diferente creados para cada carta, se han empleado los siguientes recursos retóricos y estilísticos:  Salmo responsorial: En la oración de la Santa Eulalia, hay una antífona reiterada: Pero ofréceles Señor, trece perdones.  Haikus: Se hace una variación en la composición silábica clásica de los haikus elaborados, pero se mantienen los tres versos en su sencillez de estilo y su contenido de admiración por la naturaleza.  Poema en prosa “Veoveo”: Se emplea la reiteración como recurso expresivo. 111  Voz de María Antonieta: Su intervención tiene un carácter confesor y privado, una confesión dirigida a la madre (apóstrofe: la invoca). Se asemeja a un poema de ficción autobiográfica o a un monólogo dramático.  Relato sobre el gladiador: Asume la forma de un relato corto. El narrador externo omnisciente tiene un estilo sencillo, de oraciones cortas y acciones rápidas, que cuentan con habilidad la vida y muerte de Lucius.  Narración del joven sirio refugiado: En primera persona, asume la forma de un flujo de conciencia, sin puntuación intencional, para mostrar el caos, dolor y angustia de sus pensamientos.  El coro griego: Se ha cumplimentado un ejercicio de imitación de estilo de las tragedias griegas. Se emplea la grandilocuencia y los epítetos para referirse a los dioses y humanos destacados.  El diálogo socrático: El estilo es dialógico y con el recurso exprofeso de la mayéutica.  Poema “Fe”: Poema en verso libre. Se usa también el recurso de la reiteración y diversos referentes de la mitología griega.  Poema “El canje”: Poema rimado de una estrofa.  Relato mítico: “Changó habla al toque de los batá”. Se emplea como recurso las hipérboles y se sustenta en los conocimientos de las mitologías yoruba y escandinava.  Carta del siglo XVIII: Si bien fue imposible sostener durante toda la carta un estilo completamente comparable al de una carta de ese siglo, sí que se han empleado giros y expresiones propias de la época, asumidas luego de la revisión de cartas españolas de ese período. Nota importante: Tanto en la presente memoria justificativa como en el trabajo creativo se han respetado las normas de estilo Harvard. No obstante, se debe puntualizar lo siguiente: -En el epistolario se emplean cursivas tanto cuando el personaje narrador habla consigo mismo, como cuando intervienen las voces y pensamientos de otros personajes (por ejemplo, el caso de los pensamientos de María Antonieta o el flujo de conciencia del joven sirio). -Para las citas de apertura de cada carta también se han seguido las normas de estilo Harvard: menos de tres líneas entre comillas, más de tres líneas en cursivas. Solo las que preceden al 118 119 9. Dificultades y soluciones La elaboración de este trabajo creativo ha constituido un proceso de ardua labor y no pocos momentos de agotamiento y desesperanza. Por un lado estaban las dudas surgidas durante el propio proceso de la creación, incertidumbres que son necesarias como ingrediente crítico para perfeccionar el ejercicio literario, pero que cuando son excesivas pueden resultar paralizantes, contener la productividad y eliminar la confianza en uno mismo como escritor (o aprendiz de tal oficio). La solución a las dudas fue el continuo trabajo y una mayor investigación. Muchos de los textos que se introducen en las cartas, debido a que hacen referencia a acontecimientos de épocas pasadas, cosmovisiones y mitologías extranjeras, personajes célebres, etc., de los que desconocía en su mayoría, han conllevado una preparación importante, un estudio documental y muchas horas de lectura y anotaciones. Esta labor fue un reto porque requería un tiempo de dedicación considerable –y sabemos que por desgracia el tiempo nunca sobra en el ritmo de la vida actual– y el riesgo de que tal vez ese aprendizaje no pudiera reflejarlo adecuadamente a posteriori en un buen trabajo literario. Sin embargo, tengo la confianza en que no ha sido el caso: el estudio ha sido fructífero y en última instancia el proceso de aprendizaje quedará para siempre. Algunas asignaturas del Máster en Escritura Creativa y sus tareas independientes constituyeron un buen entrenamiento. Otra dificultad fue la referente a los ejercicios de imitación de estilo de muy variado carácter. La solución fue la lectura de textos como los que pretendía escribir: ¿un coro de una tragedia griega? Pues la lectura de muchos otras intervenciones de coros en tragedias griegas. ¿Un relato mitológico? La lectura de varios relatos mitológicos. ¿Un diálogo socrático? La lectura de los diálogos de Platón. Y así en cada caso. Por otro lado, se ha mencionado cómo las cartas tienen un importante componente autorreferencial. Estos viajes los he realizado yo misma, pero no como han sido presentados, ni ha sucedido lo que la narradora ha relatado que ha sucedido, ni es realidad lo referente a compañías, personas con las que ha entrado en contacto, hechos revividos o experiencias relatadas –o tal vez sí, quién sabe: quién entiende los juegos de la memoria–. No obstante, he tenido que rememorar travesías de mi vida pasada para poder alimentarme de ellas. 120 Al tener mucho que decir y no siempre saber cómo hacerlo de manera creativa (ya que el mundo moderno está más que visto y descrito), decidí que recurriría a otros géneros, dentro del marco de las cartas, para solventar el problema de la originalidad. Algo que quise evitar desde un principio fue caer en la descripción común de monumentos icónicos, y que si debía hacerlo, que fuera de una manera diferente, como es el caso de la visita al Coliseo, que se presenta con la narración sobre el gladiador Lucius. Estar pendiente de no caer en descripciones “aburridas” y demasiado comunes y vistas fue un objetivo que tuve en consideración durante todo el proceso creativo. Aunque los textos insertos en las cartas fueron surgiendo con la escritura paulatina de cada una de ellas (no fueron realizadas antes y colocados a la fuerza, sino que fueron surgiendo de las necesidades del relato), son de índole muy variada, y esta hibridez genérica, para que se visualizara coherente en el conjunto, requirió cierto esfuerzo adicional. Al final cada uno de estos textos se deriva de una vivencia particular del narrador en el sitio visitado. El aparente “caos” de algunas cartas tiene que ver con la propia naturaleza de las misivas privadas y familiares, con su afán de relatar las experiencias del viaje, que siempre son muchas, por novedosas, en unos límites físicos y temporales. Por último, el diseño de la portada y contraportada del libro constituyó otro importante reto y las dificultades e impaciencias que generaron solo pudieron ser solventadas con la observación de tutoriales y mucha perseverancia para poder lograr los objetivos con las herramientas del programa empleado. 10. Resultados “El viajes nos proporciona múltiples procedimientos y motivaciones para descubrir el mundo que nos habita y convertirlo en acto creativo”, afirma Morilla (2002: 9). La escritura de este proyecto creativo ha constituido un desafío personal. No ha sido tarea fácil volcar en un límite de páginas, y de manera original, la diversidad de contenidos y aprendizajes que generan los viajes. Sin embargo, la decisión de materializar la idea en un epistolario de viajes, gracias a la sugerencia del tutor el Dr. Juan Rey Fuentes, me dio la posibilidad de hacer confluir este género con otros fronterizos, que en su conjunto pudieran “captar” las multiplicidad de sentidos de la experiencia viajera. 121 El Máster en Escritura Creativa ha constituido otro viaje, un camino de múltiples aprendizajes, que me ha ofrecido disímiles herramientas y recursos, pero sobre todo la posibilidad de ponerlos en práctica. Deseo destacar particularmente las materias cursadas que más han influido en esta obra creativa: Prosa de ficción, Modelos narrativos, Fundamentos de poética, Escritura dramática, Modelos dramáticos, Modelos de conducta humana y Diseño Editorial. Espero que la escritura haya conseguido sus objetivos y resulte atractiva para el lector, no solo desde el punto de vista formal (el conjunto de cartas que a su vez resultan un producto híbrido de poemas, relatos y descripciones para dar a conocer mejor la experiencia particular de cada país visitado); sino también en relación al contenido y lo que se ha deseado poner en valor: la tierra natal, el significado de lo extranjero y el respeto por la cultura ajena, la representación que nos hacemos del “otro” 13 , el llamado a la reflexión sobre nuestros actos en el mundo moderno, la transformación mental gracias al acto de desplazarse y conocer otras tierras, etc. La autora-narradora ha redescubierto el Viejo Mundo, que aunque ya muy visto y descrito, tiene total novedad para un individuo procedente de un país con muchas limitaciones para que sus habitantes puedan no solo viajar, sino al menos representarse lo que está más allá de los límites de su isla. La candidez en el relato de las “primeras veces” deviene en una mirada más aguda de fenómenos globales. Esa maduración se une a la metarreflexión sobre el acto de viajar, que en última instancia es no solo aprender y crecer, sino colectar las semillas de la literatura misma. Ha valido la pena viajar físicamente, viajar con la literatura y crear mis propios viajes imaginarios a partir de estos dos tipos de travesías. Si estas cartas te invitan a redescubrir lugares que tal vez ya hayas visitado, o te despierten el interés por otros… a fin de cuentas, si te invitan a ponerte en el camino, habrán cumplido su objetivo. 13 “El único verdadero viaje no es ver nuevos paisajes, sino verlos con los ojos de otro, ver el universo con otra mirada” (Marcel Proust, citado en Morilla, 2002: 13). 122 Bibliografía consultada y aplicada Alburquerque García, L., (2008) “Apuntes sobre crónicas de Indias y relatos de viajes” en Letra [En línea]. 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