Alfonso X y el Imperio
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243 IV SEMANA DE ESTUDIOS ALfONSÍES Alfonso X y el Imperio Julio Valdeón Baruque Universidad de Valladolid El “fecho del Imperio”. Alfonso X el Sabio, rey de Castilla y León en la segunda mitad del siglo XIII, en concreto entre los años 1252 y 1284, fue, como ha señalado con indudable acierto el profesor Manuel González Jiménez, uno de los más destacados estudiosos de dicho monarca, “el más universal de nuestros reyes medievales”1. Hijo y sucesor de Fernando III, el rey que unificó definitivamente, en el año 1230, los reinos de Castilla y León, y de la princesa alemana Beatriz de Suabia, nieta del emperador Federico I Barbarroja, Alfonso X fue, en el transcurso de su reinado, uno de los candidatos al Imperio Germánico. Aquel acontecimiento, sin duda el proyecto más ambicioso de cuantos elaboró durante su reinado el monarca de que hablamos, se denominaba en las tierras de la corona de Castilla con la sugestiva expresión de “el fecho del Imperio”. Ahora bien, su pelea por lograr ser coronado emperador germánico tuvo en jaque al monarca castellano-leonés Alfonso X nada menos que alrededor de veinte años, en concreto desde 1256, fecha en la que le propusieron que presentara su candidatura 1 Manuel González Jiménez: Alfonso X. 1252-1284, Palencia 1993, 155. De todos modos no es posible dejar en el olvido algunas obras clásicas acerca del monarca Alfonso X, en particular la que escribió el eminente historiador Antonio Ballesteros Beretta, Alfonso X el Sabio, MadridBarcelona 1964. En el año 1984 apareció una reimpresión de dicha obra, acompañada de valiosos índices, elaborados por el profesor Miguel Rodríguez Llopis. Por otra parte el discurso de ingreso en la Real Academia de la Historia del profesor Antonio Ballesteros Beretta versó precisamente sobre el tema Alfonso X, emperador (electo) de Alemania, Madrid 1918. Alcanate IV [2004-2005], [243 - 255]
IV SEMANA DE ESTUDIOS ALfONSÍES 244 Julio valdeón Baruque Alcanate IV [2004-2005], [243 - 255] al Imperio Germánico, hasta 1275, año en el que se puso punto final al proyecto que nos ocupa. La Europa cristiana contaba con un emperador desde el año 800, fecha en la que fue solemnemente coronado en Roma, por el pontífice de la época, el destacado monarca franco Carlomagno. De esa forma renacía el viejo Imperio Romano, aunque en esta ocasión, justo es reconocerlo, el Imperio se hallaba estrechamente ligado al Pontificado y, por supuesto, a las tierras de la Europa cristiana. Ahora bien, una vez que desapareció del mundo franco la dinastía carolingia el título imperial renació en la Cristiandad europea en la décima centuria, en concreto con Otón I, aunque en esta ocasión ubicado en las tierras germánicas. Conviene recordar que al puesto de emperador se accedía por la vía de la elección, lo que contrastaba rotundamente con las monarquías europeas, en las que funcionaba la línea de sucesión hereditaria. Ahora bien, desde el año 1137 se hallaba al frente del Imperio Germánico la poderosa familia de los Staufen, a la que pertenecía, por parte de su madre, el monarca castellano-leonés Alfonso X. Por otra parte los emperadores germánicos habían mantenido, desde mediados del siglo XI, una dura pugna con los pontífices romanos. Estamos hablando de la denominada “querella de las investiduras”, cuyos principales protagonistas fueron, precisamente en la segunda mitad de la undécima centuria, el emperador Enrique IV y el pontífice Gregorio VII. Aquel enfrentamiento se proyectó, asimismo, en la gestación de dos grupos políticos rivales, los “güelfos”, nombre que se aplicaba a los defensores del Papado, y los “gibelinos”, que eran los partidarios de la causa imperial. La lucha entre “güelfos” y “gibelinos”, sin duda muy tensa, se desarrolló particularmente en las tierras italianas. El último gran emperador de la Europa cristiana fue, como es sabido, Federico II2, el cual era, al mismo tiempo, rey de Sicilia, “evitando una excesiva actuación del poder imperial sobre Italia”, como ha manifestado el historiador Carlos Estepa3. El papado quería que el reino de Sicilia no estuviera adscrito al emperador germánico Por lo demás Federico II, que tenía lazos familiares directos con Alfonso X el Sabio, reivindicaba para el cargo que ostentaba el dominium mundi. El Imperio Germánico se definía, en la mente de Federico II, como “romano, universal y absoluto”. Es más, Federico II, que reclamaba la capitalidad romana, decía ser un sucesor del emperador romano Augusto. ¿No se ha dicho de él, por otra parte, que fue uno de los precursores del denominado “estado moderno”? Pero sin duda lo más llamativo de su actividad política fue la 2 Un trabajo clásico sobre el emperador germánico Federico II es la obra del eminente historiador alemán Ernst Kantorowick, Kaiser Friedrich der Zweite, Berlín 1936, 4ª edición. 3 Carlos Estepa: “Alfonso X y el «fecho del Imperio»”, Revista de Occidente, diciembre de 1984, 45.
245 IV SEMANA DE ESTUDIOS ALfONSÍES Alfonso X y el Imperio Alcanate IV [2004-2005], [243 - 255] actitud de tolerancia que mostró hacia los musulmanes y los judíos. Algunos de sus propagandistas han señalado que Federico II poseía indudables “cualidades mesiánicas”. De todos modos, sus disputas con los pontífices romanos derivaron en el hecho de que Federico II llegara a ser excomulgado en dos ocasiones. Pese a todo muchos estudiosos del Imperio Germánico en la época de que estamos hablando han presentado a Federico II algo así como un modelo en el que buscó inspiración Alfonso X. La petición de la embajada pisana En el año 1250 falleció el emperador Federico II. Se abrió entonces en las tierras alemanas una fase de fuertes tensiones en la pugna por el Imperio Germánico, la cual duró simplemente hasta el año 1256. En esa etapa pugnaron por el Imperio Germánico Conrado IV, que era hijo del emperador Federico II y por lo tanto representante del bando de los Staufen, cuya muerte tuvo lugar en el año 1254, y Guillermo de Holanda, el cual contaba con el apoyo del bando papal y que abandonó este mundo dos años después, en 1256. Fue precisamente en este último año cuando la ciudad italiana de Pisa decidió enviar una embajada a las tierras de la corona de Castilla, con el objetivo de animar al monarca Alfonso X, que era hijo de una alemana de la familia de los Staufen, la antes mencionada princesa Beztriz de Suabia, a que no tuviera el menor reparo en presentar su candidatura al Sacro Imperio Romano-Germánico, el cual se hallaba vacante. Conviene recordar que la embajada citada se hallaba en el ámbito de los gibelinos, es decir de los partidarios de la causa imperial. Los pisanos del bando gibelino, no lo olvidemos, estaban seriamente preocupados por el auge que, día a día, iban alcanzando los güelfos, los cuales contaban con la ayuda de la familia francesa de los Anjou. Pero en ese mismo año de 1256 el rey Alfonso X había logrado dos importantes éxitos en las tierras hispánicas, consiguiendo que el reino de Navarra se situara bajo la influencia de la corona de Castilla y llegando a un acuerdo con el rey de Aragón Jaime I. En definitiva, como ha manifestado Manuel González Jiménez “Alfonso X había conseguido erigirse, de forma sutil y nada altanera, en la figura predominante dentro del panorama político peninsular, o lo que es lo mismo, en ´emperador de España´”4. La embajada pisana, a cuyo frente se hallaba un personaje muy significativo, llamado Bandino di Guido Lancia, llegó a la ciudad de Soria el día 18 de 4 Manuel González Jiménez: Alfonso X el Sabio, Barcelona 2004, 111. Se trata de la última y más importante monografía publicada sobre el monarca del que estamos hablando.
IV SEMANA DE ESTUDIOS ALfONSÍES 246 Julio valdeón Baruque Alcanate IV [2004-2005], [243 - 255] marzo del año 1256. Aquel día los pisanos se entrevistaron con el monarca Alfonso X el Sabio. El encuentro tuvo lugar en el alcázar real de aquella ciudad castellana. Sin duda parece oportuno que recojamos lo esencial de la propuesta que formularon los delegados pisanos: “Como la comunidad de Pisa, toda Italia y casi todo el mundo os consideran extraordinario, invencible y victorioso señor Alfonso, rey por la gracia de Dios de Castilla, Toledo, León, Galicia, Sevilla, Murcia y Jaén, como el más distinguido de todos los reyes que viven o que vale la pena recordar...y además saben que Vos amáis sobre todo la paz, la verdad, la piedad y la justicia, que vos sois el más cristiano y más fiel...sabiendo que descendéis de la sangre de los duque de Suabia, una casa a la que pertenece el Imperio con derecho y dignidad por decisión de los príncipes y por entrega de los Papas de la Iglesia...”. También se afirmó que en el monarca Alfonso X podían “reunirse por sucesión los Imperios divididos por abuso, pues descendéis de Manuel, que fue Emperador de los Romanos”5. ¿Cabían mayores elogios al monarca castellano-leonés Alfonso X el Sabio que los llevados a cabo por la embajada pisana? Por lo demás ¿no presentaron al monarca Alfonso X los emisarios de la ciudad italiana de Pisa como el más esclarecido rey de cuantos había en todo el orbe cristiano de aquel tiempo? Lo cierto es que, como respuesta a la solicitud hecha por los pisanos, Alfonso X acordó prestar apoyo a los hombres de negocios de la mencionada ciudad italiana. Al mismo tiempo se decidió enviar a las tierras italianas un cuerpo de ejército, integrado, al parecer, por unos 500 caballeros, con el propósito de ayudar a los pisanos en la pugna militar que sostenían por esas fechas tanto con la ciudad de Florencia como con la de Génova. De todos modos poco tiempo después la ciudad de Marsella, que también envió una delegación a las tierras hispanas, en concreto a la ciudad castellana de Segovia, se sumó a la postura adoptada por los pisanos. Conviene señalar que en la ciudad de Marsella, vecina del mar Mediterráneo, ejercía el dominio político en aquellas fechas un grupo totalmente hostil al magnate nobiliario francés Carlos de Anjou. A raíz de aquel suceso Alfonso X el Sabio decidió firmar un pacto de ayuda mutua con los marselleses. De todos modos el apoyo de Marsella fue efímero, pues poco tiempo después el poder político de aquella ciudad pasó al bando contrario, en concreto al conde de Provenza. La petición efectuada por la embajada pisana al monarca castellano-leonés Alfonso X ha motivado diversas interpretaciones por parte de los estudiosos 5 El discurso pronunciado por el dirigente de la embajada pisana, traducido en su día del latín al castellano por el marqués de Mondéjar, está incluido en la obra de Cayetano J.Socarrás Alfonso X of Castile: A Study of Imperialistic Frustration, Barcelona 1976, apéndices IX y X.
247 IV SEMANA DE ESTUDIOS ALfONSÍES Alfonso X y el Imperio Alcanate IV [2004-2005], [243 - 255] de este complejo tema. El historiador Cayetano J. Socarrás ha manifestado que Alfonso X el Sabio vio en la petición llevada a cabo por la embajada pisana la posibilidad de resucitar la antigua idea imperial hispánica, es decir la posibilidad de actuar en el futuro como una especie de emperador-rey del conjunto de los territorios de la España cristiana6. Por su parte Carlos Estepa, otro insigne estudioso del reinado de Alfonso X, y en particular de su proyección hacia el ámbito del Imperio Germánico, ha señalado lo siguiente: “Es muy posible que la ideología imperial alfonsina significara el fortalecimiento de su papel como monarca y ello le viniera gracias a la dignidad imperial Es una hipótesis sugerente que convierte el ´fecho del Imperio´ en algo más real, no en una mera quimera basada en relaciones dinásticas”7. A este respecto es imprescindible indicar el serio declive que, desde el fallecimiento de Alfonso VII de Castilla y León, suceso que tuvo lugar en el año 1157, se produjo en la idea imperial hispánica. A partir de aquella fecha tuvo lugar una rígida separación de los reinos de Castilla y de León. Es más, los dos citados reinos mantuvieron enconadas disputas en la segunda mitad del siglo XII y los primeros años del siglo XIII. Recordemos, como ejemplo altamente significativo, que el monarca leonés Alfonso IX no intervino en la batalla de las Navas de Tolosa, que acaeció en el año 1212 y en la que fueron derrotados los almohades. Al frente de las tropas cristianas, que contaban con gentes de casi toda la España cristiana así como con la ayuda de nobles ultrapirenaicos, se hallaba el rey de Castilla Alfonso VIII. El antes mencionado profesor Carlos Estepa ha afirmado, en un trabajo suyo posterior, que “También cabe preguntarse si en sus aspiraciones imperiales se daba una idea clara de posible integración a su poder político efectivo de territorios externos y lejanos”8. Sin duda se trata de un planteamiento de muy difícil respuesta, por no decir imposible. Si planteamos la problemática imperial desde otra perspectiva, ¿cabe pensar que Alfonso X el Sabio pensaba construir algo parecido a un imperio mediterráneo, desde donde sería posible reanudar, en su momento oportuno, nada menos que la cruzada para rescatar los Santos Lugares del poder de los infieles? El historiador norteamericano Joseph O. Callaghan, en una destacada y reciente obra sobre el rey que nos ocupa, ha escrito lo siguiente: Alfonso “pensaba que, dominando el Mediterráneo occidental, se facilitaría la consecución de su proyecto de recobrar el norte de África como parte del legado visigodo. De esta 6 Cayetano J. Socarrás: Alfonso X of Castile, 126. 7 Carlos Estepa: “El reino de Castilla y el Imperio en tiempos del ´Interregno´”, trabajo incluido en España y el ´Sacro Imperio´. Procesos de cambio, influencias y acciones recíprocas en la época de la europeización (siglos XI-XIII), Valladolid, 2002, 88. 8 Carlos Estepa: “Alfonso X y el ´fecho del Imperio”, Revista de Occidente, 53.
IV SEMANA DE ESTUDIOS ALfONSÍES 248 Julio valdeón Baruque Alcanate IV [2004-2005], [243 - 255] forma su aspiración a la hegemonía de España, su proyectada cruzada a África y la busca del título imperial estaban mutuamente unidos”9 (9). Cambiando de tema no podemos olvidar que el destacado historiador italiano Robert S. López no sólo ha establecido un estrecho paralelismo entre el singular emperador germánico Federico II y el monarca castellano-leonés Alfonso X el Sabio, sino que afirma que este último fue, sin duda alguna, nada menos que un indudable precursor del humanismo, corriente intelectual que, como es sabido, triunfaría de forma plena en la Europa de finales de los tiempos medievales . En definitiva, Robert S. López ha llegado a manifestar que “Federico y Alfonso tuvieron en común la insaciable curiosidad del ´hombre universal´; pero Federico se comportó como un diletante...mientras que Alfonso se esforzó por ser un experto en todas las direcciones de sus inquietudes”. Al mismo tiempo el profesor Robert S. López ha indicado que “la verdadera gloria del Rey Sabio... [fue}...su patronato y su contribución universal a todas las ramas del saber y del arte”10. La doble elección de emperador Lo cierto es que, finalmente, se presentaron dos candidatos al título imperial germánico. Estamos aludiendo por una parte al inglés Ricardo de Cornualles, hermano del monarca de Inglaterra Enrique III, y por otra a nuestro personaje, el rey de Castilla y León Alfonso X el Sabio. Es preciso señalar, a este respecto, que Alfonso X contó con la ayuda del arcediano de Marruecos, García Pérez, el cual intervino de forma muy activa en las tierras alemanas en defensa de la candidatura imperial del monarca castellano-leonés11 (11). El colegio de electores, es decir la mesa que escogía al emperador, estaba compuesto por siete miembros, cuatro de ellos laicos (el rey de Bohemia, el conde-palatino del Rhin, el duque de Sajonia y el margrave de Brandeburgo) y tres eclesiásticos (los arzobispos de Colonia, de Maguncia y de Treveris). Ahora bien, lo sorprendente es que, en un breve período de tiempo, en concreto entre los meses de enero y 9 Joseph F. O’Callaghan: El Rey Sabio. El reinado de Alfonso X de Castilla. Traduc. española, Sevilla, 1996, 243. 10 Estas ideas las expone Robert S. Lopez en un sugestivo libro titulado: Naissance de l´Europe, Paris 1962, 329-330. No obstante el trabajo más interesante del autor que acabamos de mencionar es el titulado “Entre el Medioevo y el Renacimiento. Alfonso X y Federico II“, Revista de Occidente, diciembre de 1984, 14. 11 Estas ideas las recoge Carlos Estepa, basándose en un trabajo de finales del siglo XIX del historiador alemán P. Scheffer-Boichorst, en “El reino de Castilla en tiempos del ‘Interregno’”, en España y el Sacro Imperio, 91-92.
249 IV SEMANA DE ESTUDIOS ALfONSÍES Alfonso X y el Imperio Alcanate IV [2004-2005], [243 - 255] abril del año 1257, se produjeron, al margen de las opiniones que por supuesto se generaron, dos elecciones distintas para el cargo de emperador germánico. El día 13 de enero del año 1257 salió elegido emperador, en las afueras de la ciudad de Frankfurt, por un total de cuatro votos (los del conde-palatino del Rhin, el rey de Bohemia y los arzobispos de Colonia y de Maguncia), el inglés Ricardo de Cornualles. A su vez el día uno de abril de ese mismo año fue asimismo elegido emperador germánico, en esta ocasión en la ciudad alemana de Frankfurt, el rey de Castilla y León Alfonso X. El monarca castellano-leonés tuvo también cuatro votos, el del duque de Sajonia, el del margrave de Brandeburgo, el del rey de Bohemia y el del arzobispo de Treveris. De todos modos lo realmente sorprendente fue el hecho de que el rey de Bohemia, que había votado unos meses antes al inglés Ricardo de Cornualles, votara en esta segunda ocasión al candidato de la corona de Castilla, es decir al rey Alfonso X. ¿No resultaba aquello, sin duda alguna, una sorprendente y flagrante contradicción? Centrando nuestra atención en el candidato castellano-leonés, es decir en Alfonso X, conviene poner de manifiesto que, en aquellos tiempos, dicho monarca se consideraba en cierto modo una especie de emperador de sus reinos. ¿No afirmó el rey Sabio aquello tan conocido de que “rex est imperator in regno suo”, lo que significaba poner al mismo nivel de actuación política tanto la función regia como la propiamente imperial? Por lo demás podemos leer en las “Partidas” algo tan significativo como lo siguiente: “Vicarios de Dios son los reyes cada uno en su reino, puestos sobre las gentes, para mantenerlas en justicia e en verdad, bien así como el Emperador en su imperio”. Ese punto de vista lo recogió, a comienzos del siglo XIV, el conocido escritor catalán Ramón Muntaner, al señalar que lo que buscaba Alfonso X el Sabio, al margen de su posible coronación como emperador del ámbito germánico, era “èsser rey d´Espanya”12. La pugna por el Imperio Germánico ¿Qué panorama se le presentaba a Alfonso X el Sabio después de ser elegido en la ciudad de Frankfurt como emperador germánico? En principio eran muchos los elementos que parecían favorecerle. Por de pronto contaba en esas fechas con el firme y decidido apoyo del rey de la vecina monarquía francesa, a la sazón el destacado Luis IX. Otro hecho positivo es que unos meses después de su elección, en el mes de agosto del año 1256, llegó a la ciudad de Burgos 12 Ramón Muntaner: Les quatre grandes cróniques, Barcelona 1983, 688.
IV SEMANA DE ESTUDIOS ALfONSÍES 250 Julio valdeón Baruque Alcanate IV [2004-2005], [243 - 255] una embajada alemana, con el propósito de felicitar efusivamente al monarca castellano-leonés por su reciente elección para el cargo de emperador de sus territorios. Por lo demás todo parece indicar que Alfonso X lo que pretendía no era tanto ganar nuevas tierras sino conservar en el Imperio Germánico una serie de principios básicos, tanto la paz, como la justicia y la libertad. En otro orden de cosas es necesario que señalemos el punto de vista defendido por algunos historiadores del Derecho, los cuales afirman que las “Partidas”, sin duda la obra jurídica de mayor relieve de cuantas se elaboraron en la corte del rey Sabio, no sólo iba dirigida a su futura aplicación a la corona de Castilla, sino también al Imperio Germánico13. Ahora bien, la posible coronación dependía, sin duda alguna, de la decisión que finalmente tomara el pontífice romano. Por esas fechas, en concreto entre los años 1254 y 1261, el papa de la Cristiandad era Alejandro IV. No cabe duda de que, al menos a tenor de las fuentes conservadas, dicho pontífice mantenía buenas relaciones con el monarca castellano-leonés. Recordemos, como un dato que nos parece muy significativo, que dicho pontífice se había dirigido, en el mes de febrero del año 1255, a la nobleza de la región de Suabia, precisamente para que reconociera a Alfonso X el Sabio como duque de aquel territorio14. Ahora bien, al pontífice Alejandro IV no le satisfacía, ni mucho menos, que Alfonso X contara con el apoyo de los gibelinos italianos, los cuales, como es sabido, eran sus más directos enemigos. Conviene recordar, a este respecto, que uno de los principales apoyos con los que contaba en el ámbito italiano Alfonso X era un yerno del que fuera, poco tiempo atrás, emperador germánico Federico II. Nos estamos refiriendo a Ezzelino da Romano, el cual era por esas fechas señor de la Marca de Treviso. Ni que decir tiene que el papa Alejandro IV no veía nada bien a dicho personaje, al que consideraba un inequívoco enemigo suyo. De todos modos todo parece indicar que el pontifice Alejandro IV estaba más preocupado por el problema del vecino reino de Sicilia, de donde era rey, a partir del año 1260, Manfredo Staufen, que era, obviamente, un entusiasta defensor de los sectores gibelinos. ¿Puede hablarse, como ha sugerido en cierta ocasión el historiador Carlos de Ayala, que el citado pontífice Alejandro IV puso en marcha, contra las aspiraciones imperiales de Alfonso X el Sabio, algo parecido a una jugada maquiavélica? Dicho autor pone de relieve que Alejandro IV quería promocionar al monarca castellano-leonés, pues en él veía un “gibelinismo descafeinado”, 13 Resulta muy interesante el trabajo de José Manuel Pérez-Prendes, titulado “La obra jurídica de Alfonso X el Sabio”, incluido en la obra colectiva Alfonso X, Toledo 1984, 49-62. 14 Carlos Estepa: “Alfonso X en la Europa del siglo XIII”, incluido en el libro Alfonso X. Aportaciones de un rey castellano a la construcción de Europa, Murcia 1997, 20.
251 IV SEMANA DE ESTUDIOS ALfONSÍES Alfonso X y el Imperio Alcanate IV [2004-2005], [243 - 255] claramente distinto del de Manfredo de Staufen, al que consideraba el dirigente del “gibelinismo radical”15. En verdad podemos llegar a la conclusión de que el pontificado de Alejandro IV supuso, para las aspiraciones imperiales de Alfonso X, una especie de interregno. De todos modos Alfonso X convocó en la ciudad de Toledo, a finales del año 1259, unas Cortes de los reinos de Castilla y León, con el propósito de obtener un subsidio extraordinario para llevar adelante el denominado “fecho del Imperio”. La institución de las Cortes, que había nacido en el año1188 en la ciudad de León y que posteriormente se proyectó sobre el reino de Castilla, ya funcionaba en esas fechas al unísono en ambos núcleos políticos. Un documento del año 1260 señala, muy significativamente, lo siguiente: “toviemos por bien de fazer nuestras Cortes en la noble çibdad de Toledo sobre el fecho del Imperio”16. Ahora bien, la propuesta del rey Sabio no parece que encontró mucho apoyo en la mencionada reunión de las Cortes, quizá porque los procuradores de las ciudades y villas, o lo que es lo mismo los representantes del tercer estado, suponían que aquellos elevados gastos a los que iba a hacer frente el monarca castellanoleonés, para intentar lograr ser finalmente coronado emperador germánico, no iban a aportar ninguna ventaja económica para los reinos de Castilla y León. En verdad la aspiración del rey Sabio a ser coronado emperador de las tierras germánicas no parecía encajar debidamente en las perspectivas de los reinos de Castilla y León. Por otra parte, en ese mismo año de 1259 ocurrieron otros sucesos de notable importancia. Los reinos de Francia y de Inglaterra, hasta entonces enfrentados entre sí, firmaron la paz, lo que perjudicaba notablemente la causa alfonsina de cara a sus aspiraciones al Imperio Germánico, pues eso suponía perder el apoyo francés, hasta entonces indiscutible. Asimismo en esa fecha murió Ezzelino da Romano, el cual era su principal soporte militar en el ámbito italiano. Paralelamente se iban esfumando los apoyos directos de determinados sectores de la nobleza alemana, y en primer lugar del ducado de Suabia, a la causa alfonsina. Para completar aquel panorama es preciso indicar que el rey de Aragón, Jaime I, que era su suegro, pues el monarca castellano-leonés se había casado con su hija Violante, estaba en total desacuerdo con el propósito alfonsino de ejercer la hegemonía sobre todos los territorios de la España cristiana. Alfonso X el Sabio, en respuesta al monarca aragonés Jaime I el Conquistador, 15 Carlos de Ayala: Directrices fundamentales de la política peninsular de Alfonso X, Madrid 1986, 173-174. 16 Este texto lo recoge Joseph F. O’.Callaghan en su libro El Rey Sabio. El reinado de Alfonso X de Castilla, 252-253.
