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Reflexión sobre el colapso y el decrecimiento: dos conceptos de actualidad

Esquembre López, Francisco Javier

Abstract

En este trabajo se hará un análisis del paradigma dominante de nuestro tiempo, el paradigma del Neoliberalismo, con la finalidad de demostrar como éste, a través del mito de que el crecimiento infinito es el ideal de toda sociedad razonable, ha permitido el surgimiento en la actualidad de los conceptos de Colapso y Decrecimiento, siendo el primero de ellos una advertencia global de los desastrosos hechos que podrían acontecer con este sistema como la emergencia del Cambio Climático, mientras que el segundo abarca una alternativa radical a esta visión del mundo que tiene como finalidad la búsqueda a través de la simplicidad y el cuidado de la Naturaleza de una vida de bienestar y felicidad para todos.

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1 REFLEXIÓN SOBRE EL COLAPSO Y EL DECRECIMIENTO: DOS CONCEPTOS DE ACTUALIDAD Francisco Javier Esquembre López Facultad de Filosofía, Universidad de Sevilla Curso 2022/2023 Tutor: Dr. Ignacio María Salazar Fernández de Erenchun 23 de enero de 2023 2 Reflexión sobre el Colapso y el Decrecimiento: Dos conceptos de actualidad Resumen: En este trabajo se hará un análisis del paradigma dominante de nuestro tiempo, el paradigma del Neoliberalismo, con la finalidad de demostrar como éste, a través del mito de que el crecimiento infinito es el ideal de toda sociedad razonable, ha permitido el surgimiento en la actualidad de los conceptos de Colapso y Decrecimiento, siendo el primero de ellos una advertencia global de los desastrosos hechos que podrían acontecer con este sistema como la emergencia del Cambio Climático, mientras que el segundo abarca una alternativa radical a esta visión del mundo que tiene como finalidad la búsqueda a través de la simplicidad y el cuidado de la Naturaleza de una vida de bienestar y felicidad para todos. Palabras clave: Paradigma, Neoliberalismo, Colapso, Decrecimiento, Cambio Climático, Naturaleza. Abstract: In this paper I will make an analysis of the dominant paradigm of our time, the paradigm of Neoliberalism, with the purpose of demonstrating how it, through the myth that infinite growth is the ideal of all reasonable society, has allowed the emergence today of the concepts of Collapse and Degrowth, the first of which is a global warning of the disastrous events that could occur with this system such as the emergence of Climate Change, while the second encompasses an alternative radical to this vision of the world whose purpose is the search through simplicity and care for Nature for a life of well-being and happiness for all. Key words: Paradigm, Neoliberalism, Collapse, Degrowth, Climate Change, Nature. 3 Índice de contenidos: Introducción .................................................................................................................. Pág. 4 1. Contexto histórico y origen del paradigma neoliberal .................................................. Pág. 6 1.1. Paradigma y racionalidad del mundo actual .......................................................... Pág. 7 1.2. Origen de la nueva racionalidad del mundo: Crisis del liberalismo clásico .......... Pág. 10 1.3. Reinvención del liberalismo en Neoliberalismo .................................................... Pág. 14 2. Aparición de la amenaza del Colapso. Surgimiento de la Colapsología ...................... Pág. 17 2.1. Razones para creer en el Colapso .......................................................................... Pág. 19 2.2. Consecuencias trágicas enlazadas al Colapso ........................................................ Pág. 24 2.3. Múltiples bloqueos que obstaculizan una respuesta al problema .......................... Pág. 26 2.4. Formas de afrontar la situación y búsqueda de alternativas .................................. Pág. 28 3. Decrecimiento como alternativa ................................................................................... Pág. 31 3.1. Razones de sus propuestas ..................................................................................... Pág. 32 3.2. Características y rasgos del Decrecimiento ........................................................... Pág. 35 3.3. Una alternativa humanista y anti-humanista .......................................................... Pág. 41 4. Conclusión .................................................................................................................... Pág. 42 Referencias .................................................................................................................... Pág. 46 4 Introducción: Dentro de los innumerables problemas de los que constamos en nuestra época más reciente, hay uno en particular que destaca sobre todos los demás y que, además, independientemente de si su resolución es llevada a cabo a tiempo y de la manera más adecuada o no, constituirá un antes y un después en la totalidad de la humanidad. Hablo del, como es bien conocido, problema del cambio climático. Es un problema tan impactante y popular que ha pasado de ser una cuestión más a tener en consideración desde su presentación a mediados del siglo pasado por organizaciones como el Club de Roma a ser un desafío a escala mundial promocionada por distintas entidades y naciones en concordancia con la ONU y la Agenda 2030. Y es esta la principal razón que me mueve a realizar este trabajo sobre estos contenidos concretos: Porque es el problema vital de nuestro tiempo. Y porque la contribución de piezas que ayuden a proporcionar una solución a este rompecabezas no debe limitarse solo a las provenientes de los campos de la ciencias, de la economía o de la política, sino también abrir espacio a disciplinas como la nuestra, la filosofía, con el objetivo de aportar esa actitud dubitativa y curiosa que, mediante un análisis profundo de todos los elementos constitutivos de la realidad, sea capaz de señalar defectos y deficiencias que otras disciplinas, pese a que también sean de gran valor intelectual, son incapaces de percibir al estar enfocadas de manera excesivamente tan concreta en unos solos fragmentos de la totalidad del problema. 5 Es por ello que quiero dedicar este trabajo filosófico a la cuestión de la crisis medioambiental. Pero no me gustaría ejercer este esfuerzo para finalmente abarcar las mismas cuestiones que señalan otras disciplinas como las que ya mencioné previamente, sino intentar ir un poco más allá. Ciertamente, es imposible que no trate cuestiones concretas como puedan ser datos científicos, económicos o sociológicos al hablar de una cuestión que afecta de manera tan precisa el mundo de lo fáctico. Sin embargo, intentaré hacerlo exclusivamente para inmediatamente volver al mundo de las ideas a partir del cual percibir la totalidad de todo este complejo fenómeno con el fin de interrelacionar todos sus elementos entre sí y llegar así a observar y comprender de manera más profunda su razón de ser. No obstante, y como establecí antes, el fenómeno de la crisis climática es muy amplio y complejo, por lo que centraré mi investigación principalmente en dos conceptos concretos que, a mi parecer, permiten abarcar cuestiones filosóficas de manera más notable que otros, como son el Decrecimiento y el Colapso. Sin embargo, éstos a su vez poseen un origen conceptual que también estudiaré al ser el pilar fundamental de nuestra actualidad y, por tanto, también de sus problemas: El Neoliberalismo. A partir de estos conceptos, junto con una revisión a la historia y el empleo de la reflexión, buscaré ejercer una investigación que tenga como objetivo principal plantear aunque sea la posibilidad de una alternativa tanto filosófica como ecológica a la realidad neoliberal dominante que sea capaz de permitir una transformación ya no solo medioambiental, sino también de otras muchas dimensiones y disciplinas humanas, buscando defender así que nos encontramos en una nueva época: La época de la ecología, y que su estancia ya es inamovible, debiendo dejar de lado todo aquello pasado que se oponga al desarrollo de la misma. 6 1. Contexto histórico y origen del paradigma neoliberal En la introducción indiqué que fundamentaría esta investigación en dos conceptos fundamentalmente: El Decrecimiento y el Colapso. Sin embargo, estos dos conceptos no pueden ser explicados sin otro concepto más: El concepto de Neoliberalismo. Los dos primeros conceptos surgen del tercero, pero no necesariamente por poseer similitudes entre sí o ser herederos del mismo: Justo lo contrario, pues emanan como críticas y alternativas a éste. La Colapsología (el estudio del Colapso), escrita por Pablo Servigne y Raphaël Stevens, se dedicará a estudiar las consecuencias directas e indirectas del neoliberalismo tanto en el mundo natural como en el humano, mientras que el Pequeño Tratado del Decrecimiento Sereno, escrito por Serge Latouche, establecerá una alternativa a estas consecuencias y, por tanto, al neoliberalismo. Por todo ello, habré de comenzar tratando las cuestiones de qué es el Neoliberalismo, cómo surgió y cómo se manifiesta en nuestros días. Para abarcar estas cuestiones de la manera más precisa e informada posible, emplearé la obra La Nueva Razón del Mundo publicada en 2013 por Christian Laval y Pierre Dardot en la que realizan un estudio tanto histórico como filosófico de la evolución del neoliberalismo desde la crisis del liberalismo clásico hasta la constitución de la racionalidad dominante de nuestros días. 7 1.1. Paradigma y racionalidad del mundo actual En las primeras páginas de su obra, los autores señalan que existió una ingenuidad ilusoria de muchas personas al señalar que el Neoliberalismo había llegado a su fin con la quiebra de Lehman Brothers en 2008, pues éstas ignoraron la auténtica naturaleza, historia y mecanismos tanto sociales como subjetivos del neoliberalismo que, más que fomentar una tendencia anti-neoliberal a partir de la crisis, incitó justo lo contrario: Un mayor refuerzo de la competencia en los mercados (Laval y Dardot, 2013, p. 11). Y es que esto se debe a que el neoliberalismo, desde finales de los 70 e inicios de los 80, era entendido como una ideología que se fundamentaba en una política económica basada en la comprensión del mercado como una realidad natural que no debía ser intervenida estatalmente con el fin de hallar estabilidad, equilibrio y crecimiento (Laval y Dardot, 2013, p. 12). Esta fue la razón por la que toda esa gente se precipitó al declarar el final del neoliberalismo, pues al pensar que era una sola ideología fundamentada esencialmente en lo que se conoce como un modelo económico “Laissez-Faire” y al percibir la quiebra de una gran entidad financiera, dedujeron que el modelo económico debía estar mal y, por tanto, también toda su ideología. Grave error reducir todo el neoliberalismo a una mera ideología económica, pues como indican Larval y Dardot (2013): “El neoliberalismo, antes que una ideología o una política económica es, de entrada y ante todo, una racionalidad; . . . En consecuencia, tiende a estructurar y organizar, no sólo la acción de los gobernantes, sino también la conducta de los propios gobernados” (p. 15). 8 Entender el neoliberalismo como una racionalidad implica superar sus concretos aspectos políticos y económicos para dar lugar a un tipo de entidad que va más allá de la mera ideología, y que comienza a convertirse en un paradigma para todos los individuos de una sociedad, independientemente de su clase social, sexo, etnia, creencias, posturas políticas, etc. Tal y como redactan Laval y Dardot (2013): “Con el neoliberalismo lo que está en juego es, nada más ni nada menos, la forma de nuestra existencia, o sea, el modo en que nos vemos llevados a comportarnos, a relacionarnos con los demás y con nosotros mismos” (p. 14). Que el neoliberalismo sea una racionalidad, y no una simple ideología, delimita necesariamente todos los actos individuales y colectivos en base siempre de unos mismos principios, medios, fines y metas pese a que éstos busquen aplicarse de maneras diversas y variopintas camufladas como si fuesen opciones distintas e incluso opuestas de las ideas en las que realmente se fundamentan a causa de seguir un mismo paradigma. Y esto es un problema muy serio porque encierra, obstaculiza y oscurece todas aquellas otras posibilidades que se salgan del eje neoliberal, que pasan a ser de opciones igual de válidas y dignas, a ser entendidas como vías irracionales y sinsentido que solo pueden llevan al desastre. ¿Y en qué consisten exactamente esos principios que consolidan el núcleo de la racionalidad neoliberal? Los ilusos ingenuos del 2008 también se equivocaron al determinar que el neoliberalismo se fundamentaba en una realidad natural del mercado y en la búsqueda de la pasividad estatal frente al intervencionismo. Como veremos más adelante, el neoliberalismo será pro-intervencionista y, de hecho, colaborará activamente con el Estado para cumplir todos sus fines y planes. 9 Sin embargo, y antes de adentrarme más profundamente en esa cuestión, hay que hacer un enfoque importante en las consecuencias del neoliberalismo como paradigma, y no como simple ideología. Y es que la crisis del mundo (sobre todo del mundo Occidental, y cada vez más en Oriente) es una crisis de fundamento, de racionalidad, de lógica que, aunque en el pasado pudo haber sido una solución razonable, actualmente es la generadora de una multiplicidad de problemas muy graves (ya no solo hablemos de la crisis climática, sino también del reparto injusto de la riqueza, o de la sobrevaloración de lo exclusivamente material frente al resto de fenómenos reales) que, frente a cuestionarse y superarse a sí misma, intenta establecer parches dentro de la misma estructura de pensamiento que son, a largo plazo, ineficaces, costosos y una pérdida de tiempo, siendo realmente necesario una refundación de la racionalidad (Laval y Dardot, 2013, pp. 22-23). Es fundamental aquí pues el papel de la filosofía, y también de los educadores, para empezar a cuestionar los inicios y los fines de esta lógica para poder escapar de los múltiples problemas de esta crisis racional, tanto los de tipo ecológico (crisis climática), como los de tipo social (pobreza, desigualdad), como los de tipo subjetivo/personal (sobreestimación de lo material, del trabajo, de la competencia y de la individualidad). Puede ser difícil de ver cuán terribles y peligrosas son las consecuencias de este paradigma si antes no detallamos qué es exactamente el neoliberalismo, aunque tampoco debería serlo tanto si simplemente echamos un vistazo a sus consecuencias y resultados al ver diariamente los telediarios, al leer las noticias, al investigar los informes científicos, y al indagar en la situación de los más desfavorecidos. Aún así, es importante que veamos cuál ha sido el origen y la evolución de este concepto para, finalmente, poder entender de manera plena cómo nos determina este tipo de racionalidad en el día a día, y poder así también 16 tal legalidad para garantizar todos sus principios y evitar, así, su colapso frente a otras alternativas políticas. Hay que constatar también que este Neoliberalismo no es un digno sucesor del primer liberalismo pues, mientras que el clásico se replanteaba también los límites del gobierno, el neoliberal solo busca plantear una sociedad que pueda fundamentarse en las leyes del mercado. Ante esta nueva concepción liberal, Lippmann defenderá que el Neoliberalismo, como orden legal y estatal, podrá establecer una agenda política que garantice siempre la competencia justa y el crecimiento de los mercados frente a lo demás (Laval y Dardot, 2013, p. 86). Y, además, afirmará que será fundamental abandonar la noción de naciones pequeñas para pasar a Estados cada vez más grandes que, pese a ser democráticos, posean líderes que no caigan nunca en cumplir aquellos deseos de la mayoría que atenten contra los intereses capitalistas, justificando que deba existir una élite política que, independientemente de su ideología, proteja siempre la agenda neoliberal establecida (Laval y Dardot, 2013, pp. 95-97). Existirá, pues, una rivalidad liberal entre dos grandes protagonistas: El Nuevo Liberalismo y el Neoliberalismo. Una rivalidad que se verá enfrentada sobre todo tras el fin de la Segunda Guerra Mundial y durante todo el periodo de la Guerra Fría, donde la división del mundo entre los bloques de influencia capitalistas y socialistas impedirá ver de manera absoluta qué corriente liberal era la más digna de ser considerada como la sucesora del liberalismo clásico. Así fue hasta la disolución de la Unión Soviética en 1991, en el que el bloque capitalista liderado por los EEUU obtuvo una victoria tan impactante que pondrá en crisis a todo el pensamiento socialista, incluyendo a movimientos capitalistas más influidos 17 por éste como era el Nuevo Liberalismo, dando vía libre y de expansión al desarrollo del Neoliberalismo como el claro eje de referencia que debía poseer el Liberalismo. Habiendo entendido las nociones básicas que conforman el Neoliberalismo de nuestros días, y cómo éste ha conseguido alcanzar el estatus de racionalidad dominante, comienza a ser más fácil percibir las razones por las que surgirán conceptos de actualidad como Colapso y Decrecimiento. Sin embargo, considero que es importante conservar un orden explicativo a la vez que pedagógico, y es por esa razón por la que considero oportuno y lógico que ahora me adentre en tratar uno de los conceptos que están emergiendo en nuestro tiempo, pues será la pieza clave para señalar cuál será el más probable destino que hallemos si continuamos con este camino: El Colapso. 2. Aparición de la amenaza del Colapso. Surgimiento de la Colapsología “¿Está justificado insinuar que nuestra sociedad «va directa al fracaso», anunciar una «crisis planetaria global» o constatar una «sexta extinción masiva de las especies»? (Servigne y Stevens, 2021, p. 11). Esta es la pregunta con la que Pablo Servigne y Raphaël Stevens comienzan su obra Colapsología: Con la insinuación de un posible colapso que, como buscan definir Servigne y Stevens (2021), no consiste necesariamente en el fin del mundo, ni tampoco en una momentánea crisis; sino simplemente en el proceso a partir del cual la mayoría de la población deja de tener acceso a las necesidades básicas, al menos por un precio razonable cubierto por la ley (p. 12). Es una pregunta que es conveniente ser planteada, sobre todo a partir de los efectos de los alarmantes informes que surgen constantemente desde distintas organizaciones, tanto científicas como internacionales, que señalan cómo la temperatura media global sube cada vez más a una velocidad desorbitada 18 nunca antes vista desde las últimas décadas, causando más extinciones de especies, el aumento de las malas cosechas, la subida de tensión y conflicto entre países en áreas geoestratégicas por el dominio de los recursos naturales, un mayor aumento de pérdidas humanas por incremento de la intensidad de los desastres naturales, e incluso la inundación de países enteros por la subida del nivel del mar. Parece ser que, en caso de que exista un colapso, una de las causas más probables del mismo es que se deba a la tan actual crisis climática (aunque, si ello fuese así, deberíamos empezar a replantearnos abandonar el término «crisis» y comenzar a llamarlo más bien como «emergencia», pues una crisis es momentánea, temporal, superable… mientras que un colapso nos conduce necesariamente hasta el final sin posibilidad de escape). Hay otras causas posibles de un colapso, como la llegada al poder de cada vez más líderes ineptos, o el desarrollo de armamento cada vez más destructivo, pero mi intención es centrar la investigación en la causa climática porque creo que es uno de los problemas más infravalorados, censurados e ignorados al ser el que más cuestiona, obstaculiza y ahoga a la racionalidad neoliberal, y por tanto a todos sus individuos, sociedades e instituciones. Una de las evidencias de esto es que, pese a que en el pasado existían justificadas dudas sobre si el ser humano era el principal responsable del aumento del efecto invernadero, a día de hoy siguen existiendo poderes escépticos que rehúsan admitir el hecho ya verificado por las ciencias de que, como también describen Servigne y Stevens (2021), hemos pasado de una época geológica apodada como el Holoceno (con una destacable estabilidad climática) al Antropoceno, donde el ser humano ha conseguido trastocar los grandes ciclos biogeoquímicos de la Tierra (pp. 13-14). 19 Pese a todo esto, la idea del Colapso ha quedado ridiculizada y abandonada por la mayoría de personalidades del ámbito intelectual y mediático, sobre todo tras los fenómenos del problema informático del año 2000 y las predicciones mayas del año 2012, impidiendo un debate auténticamente serio sobre la cuestión (Servigne y Stevens, 2021, pp. 14-15). Sin embargo, me parece importante que desde la filosofía se replantee la cuestión y, como dicen Servigne y Stevens (2021), se pretenda alcanzar una visión de conjunto sobre todo lo que podría y supondría ser un colapso, con sus implicaciones psicológicas, sociológicas y políticas para las generaciones presentes y futuras (p. 16), con el fin de volver a tomarnos en serio a sus posibles causantes. Para ello, primero vamos a considerar las razones de por qué deberíamos creer que existirá un Colapso, entrelazando de esta manera la racionalidad neoliberal dominante y el cambio climático. 2.1. Razones para creer en el Colapso Con el fin de la Segunda Guerra Mundial y de la Guerra Fría, la racionalidad neoliberal y capitalista tuvo una expansión e internacionalización creciente gracias al declive de los distintos formatos de totalitarismo y al fenómeno de la Globalización. Fue así como cada vez más países adoptaban regímenes democráticos fundamentados en un Estado de Derecho de carácter liberal y comenzaban a aplicar, de manera diversa y particular, los principios de competencia y de libre mercado. Incluso algunas de aquellas potencias que intentaron abstenerse de este modelo de sistema tuvieron forzadamente que aplicar un modelo económico semejante al tener que aceptar su eficacia productiva, además de buscar también participar del mercado global que se estaba conformando por entonces. Porque los 20 principios de competencia y de mercado tienen como última prioridad un único fin: El crecimiento económico, siendo éste considerado como el mayor bien posible y el único garante de estabilidad y bienestar. Esta es una idea que, prácticamente, se ha expandido por las mentes de todo el mundo, y difícilmente podría encontrarse a alguien que alegase lo contrario y que no fuese tachado de irracional. Es aquí donde empiezan los problemas, pues al haberse establecido un paradigma donde la virtud se halla en el crecer por el crecer, entonces todo modelo económico, tecnológico, político y social tenderá hacia el mismo sin pensárselo antes dos veces, independientemente de que después cada colectivo emplee tal crecimiento en su propio beneficio. Desde la revolución industrial hasta ahora hemos ido incrementando nuestros modelos de producción con la finalidad de aumentar lo máximo posible nuestros beneficios y, ciertamente, es innegable que ello ha permitido grandes avances humanos en toda clase de dimensiones. Sin embargo, ha llegado un momento clave en el que hemos pasado de una producción de tipo lineal, en el que podemos predecir fácilmente cuánto costará la elaboración de un producto y cuántos beneficios obtendremos de éste, a una producción de tipo exponencial, donde el crecimiento tanto de los costes como de los beneficios es tan elevado que es prácticamente imposible de calcular y, por tanto, es muy peligroso a largo plazo (Servigne y Stevens, 2021). Es decir, que en favor de tender hacia el mero crecimiento ilimitado, nos hemos olvidado de establecer hacia dónde estamos guiando ese crecimiento, a la vez que ignoramos todo aquello que es arrastrado en favor de lo que, paradójicamente, llamamos como “progreso”. Como señalan Servigne y Stevens (2021): “En matemáticas, una función exponencial asciende hasta el cielo. En el mundo real, en la Tierra, hay una barrera mucho antes. En 21 ecología, esta barrera se conoce como capacidad de carga de un ecosistema” (p. 24). Si permitimos que este crecimiento exponencial siga sucediendo sin establecer ningún tipo de límite, llegará un momento en el que acabemos con los recursos finitos que contiene la Tierra para, finalmente, conseguir que toda esa industria que hemos hecho crecer descontrolada e indefinidamente se derrumbe sobre todos nosotros. Pero este no es el último problema, pues lo es también la alta velocidad a la que sucederá este derrumbe. En los ecosistemas naturales, dicen Servigne y Stevens (2021), suceden casos en los que hay también sobrecrecimientos, habiendo de tres tipos: Los que no llegan a superar los límites del ecosistema y consiguen equilibrarse antes de tiempo, los que, al sobrepasar un poco los límites, se estancan y vuelven a equilibrarse; y los que, al sobrepasar demasiado los límites del ecosistema, decaen abruptamente y ocasionan el colapso de todo su entorno (pp. 24-25). Percibiendo que los indicios científicos señalan cada vez más que si no actuamos de inmediato el cambio climático será irreversible, y que la acción política e internacional es más bien escasa que activa, podemos predecir que nos encontramos más cerca de un sobrecrecimiento de tipo exponencial y descontrolado con destino hacia el Colapso. Podríamos pensar que esta búsqueda del crecimiento se limita exclusivamente a lo económico, pero en tanto que el neoliberalismo es una lógica que afecta también a la forma de vida de los individuos y a sus relaciones subjetivas con la sociedad, el crecimiento se ha visto favorecido también fuera de la esfera económica. Esto es perceptible cuando los individuos consideran como un triunfo y éxito la realización personal a través de la familia, que cuanto más numerosa… mejor, o que cuantos más productos puedan consumir, más plena serán sus vidas. También se puede ver en las sociedades que cada vez incentivan más el aumento del número de personas activas que puedan aportar mediante su trabajo al 22 desarrollo del país y a la hucha de las pensiones, a la vez que tienen que invertir aún más recursos en infraestructuras para soportar la creciente y compleja carga de demanda poblacional de servicios básicos como la educación, la sanidad, la seguridad o el transporte. Todos estos tipos de crecimiento tan solo empeora la situación, pues obliga al sector económico (el más destructivo) a tener que explotar aún más sus recursos para alcanzar crecimientos aún más exponenciales que satisfaga toda esta demanda y la futura (Servigne y Stevens, 2021, p. 32). También debemos pararnos a pensar en qué recursos tenderán a agotarse antes que el resto. Para Servigne y Stevens (2021), hay un recurso elemental que constituye el núcleo de todas las actividades económicas de nuestras sociedades termoindustriales y consumistas: La energía y, en concreto, la procedente del petróleo (p. 32). Pues este mismo elemento es de los primeros que ya está alcanzando su pico. Un pico es aquella situación en la que la extracción de un recurso deja de ser rentable y, por tanto, su producción disminuye drásticamente (Servigne y Stevens, 2021, p. 33). En otras palabras, que el proceso de extracción del petróleo cada vez requerirá de más energía para obtener más barriles que, a su vez, generen energía a la sociedad termoindustrial. En el momento en el que haga falta demasiada energía para su extracción que haga que la energía resultante no sea rentable, será entonces cuando acontezca la ausencia de este recurso y que, por tanto, de lugar al propio pico de la propia sociedad de consumo. Podríamos pensar que el petróleo no es el único recurso que permite el aporte energético de nuestras sociedades, pero sí es el principal. También tenemos al gas, aunque éste también se halla muy cerca de alcanzar un pico, y también al carbón que, aunque siguen habiendo bastantes reservas, son el principal emisor de dióxido de carbono y, por lo tanto, aceleraría aún más la llegada e intensidad del cambio climático. Además, el resto de 23 fuentes de energía no son lo suficientemente eficientes para sostener todo el complejo industrial de nuestra época, incluyendo a las energías renovables (Servigne y Stevens, 2021). Ciertamente hay una alternativa en caso de que se busque continuar con este crecimiento descontrolado por algo más de tiempo, que es el empleo del uranio para el funcionamiento de centrales nucleares. Sin embargo, es una opción polémica al tener en consideración las dramáticas consecuencias que supondría un fallo técnico en estas plantas, además de que el uranio es también un bien finito y muy contaminante tras su empleo en la fisión. Aunque parece ser que muchas grandes potencias prefieren este plan a repensar sobre el exceso de crecimiento de sus sociedades, sobre todo tras la aprobación reciente del Parlamento Europeo de considerar a la energía nuclear como una energía verde más (Guillermo Abril, 2022). Igualmente, ante la escasez de petróleo y gas accesible de manera rentable, también existe la opción de financiar nuevas expediciones para hallar más de estos recursos en lugares como el Ártico o Brasil, aunque ello también conlleva inconvenientes como altos riesgos de contaminación medioambiental, provocación de microterremotos, y emisión de sustancias contaminantes a la atmósfera (Servigne y Stevens, 2021, p. 36). Igualmente, el gobierno de los Estados Unidos parece preferir esta opción a replantear su racionalidad neoliberal al financiar recientemente nuevos proyectos de explotación de petróleos en reservas naturales de Alaska (María Antonia Sánchez-Vallejo, 2023). Por último, no debemos olvidarnos de que hay dos fronteras naturales principales que nunca deberíamos cruzar a la ligera, como son el clima y la biodiversidad: El clima también posee muchos factores que son totalmente independientes a la acción humana, lo que hace que intervenir en éste pueda suponer un desequilibrio del mismo que cause una catástrofe de la que no haya posible retorno; y la biodiversidad es exactamente igual, pues la pérdida de 24 cada vez más especies es un proceso irreversible que afecta de manera notable a los distintos ecosistemas, pudiendo la extinción de tan solo una especie ocasionar una fila en dominó de extinciones de otras muchas a causa de romper las cadenas alimentarias (Servigne y Stevens, 2021, pp. 50-65). Y con este ritmo de producción, estamos interviniendo peligrosamente en ambas. En definitiva, el modelo de sociedad y consumo que ha generado la racionalidad neoliberal nos ha llevado a tener que afrontar una serie de diversos y complejos problemas que, examinándolos detenidamente, siempre acaban en un pico con su consecuente colapso. Aquí tan solo mostré unos cuantos casos, pero a mi parecer suficientes para empezar a considerar de manera mucho más seria la posibilidad de un declive a escala global. Por ello, toca abarcar qué consecuencias directas podrían surgir en caso de que así sucediera. 2.2. Consecuencias trágicas enlazadas al Colapso Entre los múltiples hechos resultantes de un posible Colapso, es posible señalar al menos tres situaciones relevantes. La primera de ellas sería que, tras haber superado de manera violenta los límites del clima y de la biodiversidad, aconteciese una destrucción abrupta y continua de importantes ecosistemas de la Tierra. Pues, como explican Servigne y Stevens (2021), los ecosistemas no necesariamente varían gradualmente, sobre todo si se les ejerce mucha presión: Suelen funcionar más bien de manera radical, como si fuesen interruptores, pudiendo dar lugar de un instante a otro a una ruptura total del mismo al haber perdido, de manera irreversible, toda su capacidad natural y progresiva de recuperación, fenómenos que ya se han podido observar en casos donde, por ejemplo, grandes bosques se han convertido en grandes desiertos con el debido aumento de las temperaturas, o donde 25 lagos llenos de peces han sucumbido a especies invasoras de microalgas que los han dejado sin vida (pp. 68-69). La segunda situación vendría de la mano del agotamiento de recursos vitales para la sociedad termoindustrial, como el petróleo, pues al existir una delicada conexión entre los sistemas energéticos y económicos, la precipitada caída de uno de ellos conllevaría necesariamente a la caída abrupta del otro, precipitándonos a la crisis, la pobreza, la hambruna y, posiblemente, también a las guerras (Servigne y Stevens, 2021, pp. 44-49). La tercera situación, aunque es la más radical si cabe, es también una posibilidad si estas dos situaciones previas tienden a darse, y es la de la propia extinción de la humanidad al haber sido incapaz de gestionar una sociedad que mantuviese un equilibrio armonioso con las condiciones naturales de la Tierra y que, ahora, queda envuelta por sus propios restos que ellos mismos propiciaron. Es descabellado que, pese a que podamos sufrir todos estos irreparables sucesos, no haya cambios notables en la forma de recolección y producción de nuestras economías. ¿Es una falta importante de consciencia global, o más bien hay elementos bloqueadores que impiden la transformación necesaria? Es la cuestión que analizaré en profundidad en el siguiente apartado, pues de ello dependerá cómo deberemos actuar para intentar resolver el problema. 32 17). Una fe que promulga que, cuanto más crezcamos, mejor será el bienestar de todos, cuando, como ya vimos en el apartado de la Colapsología, los datos científicos y sociales indican justo lo contrario: que el aumento de la complejidad y de la demanda solo aumenta las posibilidades de desabastecimiento, el aumento en los costos, y la distribución injusta de la riqueza. Es por ello que Latouche (2009) establecerá como principal objetivo de su alternativa la consolidación de una sociedad en la que se pueda vivir mejor, trabajando y consumiendo mucho menos que, a su vez, pueda abrir el espacio a la creatividad del imaginario de otro mundo posible que no se vea bloqueado por los totalitarismos economicistas y desarrollistas de hoy (p.17). 3.1. Razones de sus propuestas La primera razón para el surgimiento del Decrecimiento es fundamental para comprender todas las demás. Ésta consiste en que Latouche (2009) señala que ha habido una invasión del imaginario colectivo a través de la seducción material y de la violencia, impidiéndonos pensar de otra manera que no sea a través del consumismo. Es así como el autor nos anima e invita a que, si realmente queremos sobrepasar la adicción al crecimiento, primero deberemos descolonizar nuestros imaginarios (pp. 19-21). Esta invasión, según Latouche (2009), también puede verse en el campo de las palabras y las ideas, donde cada vez más han surgido conceptos como “desarrollo sostenible” que, ante la posible concienciación ciudadana de la posibilidad real de un colapso ecológico, la agenda del crecimiento busca apaciguar tales inseguridades mediante conceptos vacíos que aseguren unas garantías ecológicas donde, para el autor, tan solo hay palabras vacías (p. 18). Son vacías porque existe una confusión (intencional) entre palabras como “desarrollo” o “crecimiento” (en minúsculas), y “Desarrollo” o “Crecimiento” (en mayúsculas), donde las 33 primeras abarcan los conceptos en un sentido más neutro u original de la palabra, mientras que en las segundas existe ya una interpretación ideológica y paradigmática de lo que debe ser el desarrollo y el crecimiento para las élites que nos gobiernan, teniendo en este caso el ideal de crecimiento de tipo exponencial o infinito (Latouche, 2009, p. 21). Por todo ello es necesaria una alternativa radical que sepa diluir estas trampas y falsedades conceptuales con el fin de incentivar la incertidumbre, la duda y la concienciación de los ciudadanos, ámbito en el que los educadores y los filósofos son grandes expertos, y cuyo papel será imprescindible. La segunda razón consiste en que la búsqueda por el crecimiento ilimitado no tiene como fin el crecimiento de todos, sino tan solo de unas pocas élites a costa de la mayoría (aunque éstas promulguen por activa y por pasiva el bienestar de todos). Esto puede percibirse tanto en un ámbito mundial, donde existen claras diferencias y tratos económicos, sociales y políticos entre el Primer Mundo y el Tercer Mundo en el que, principalmente, Occidente abusa, chantajea y explota al resto; en un ámbito internacional, donde existe discriminación y subordinación económica y política entre las propias élites, como sucede en el caso de la Unión Europa y la diferencia entre el Norte y el Sur; o incluso en un ámbito más concreto como son las propias sociedades, donde se otorgan excesivos privilegios a aquellos que contribuyen eficazmente al crecimiento económico de la sociedad, mientras que se excluye a aquellos que no puedan hacer lo mismo. En todos los casos existen ideales de competencia y explotación que atentan contra la armonía de las personas y los pueblos, fomentando el sufrimiento y la deshumanización. Es por ello necesaria una alternativa que sepa desacreditar valores como el egoísmo, la competencia, la heteronomía, lo global, la 34 productividad, y lo material en favor de ideales como la cooperación, el bienestar, la autonomía, lo local, la inutilidad, y lo espiritual (p. 47). La tercera razón es que la sociedad de crecimiento es, en definitiva, insostenible. Por un lado por el Malthusianismo pues, aunque la revolución industrial pudo solventar la carencia de oferta ante la creciente demanda poblacional, ello no implica que en el futuro volverá a surgir una tecnología que nos garantice bienes de primera necesidad ante un excesivo crecimiento de la población. Y, por el otro lado, por la enunciación de la Segunda Ley de la Termodinámica de Sadi Carnot, que nos lleva directamente al problema de la entropía, impidiendo la constante y rentable transformación entre materia y energía, que choca de manera frontal con un sistema que produce bienes cortoplacistas de consumir y tirar que acabarán resultando en cada vez más desechos y desperdicios que nunca podremos volver a recuperar para su empleo, ni siquiera a través del reciclaje, en base a las leyes físicas de la Naturaleza (p. 23). La cuarta razón se fundamenta en que, aparte de todo lo ya mencionado, la colonización del imaginario ejercida por las élites solo puede sostenerse a largo plazo si nos convierten en adictos del crecimiento (Latouche, 2009, p. 28). Para ello, la sociedad de consumo ha establecido tres ingredientes fundamentales: La publicidad, el crédito, y la obsolescencia programada de los productos. El primero nos incita a tener deseos sobre objetos que realmente no necesitamos para nuestra vida diaria. El segundo nos garantiza el acceso al consumo de tales deseos pese a que nuestra situación económica no sea la más adecuada, sobre todo a través de los préstamos. El tercero nos obliga a costear y consumir multiplicidad de veces un mismo objeto de deseo con la finalidad de estar siempre actualizados a las nuevas modas, y en caso de que nos resistamos a éstas el propio producto 35 se romperá con el paso del tiempo de manera intencional por parte de sus diseñadores (Latouche, 2009, pp. 26-28). Todo ello ha tenido consecuencias gravísimas en la sociedad, empobreciendo tanto material como espiritualmente a la población como creando enfermedades que antes no existían o, al menos, no eran tan comunes, como la adicción al trabajo (workaholism), a las drogas, a los antidepresivos… (Latouche, 2009, p. 28). Es por todo ello que el Decrecimiento tiene una razón de ser. Una búsqueda de confrontar lo que, en esencia, es el mito dogmático de que crecer por crecer es beneficioso y un ideal a perseguir. Un mito que, aunque achacamos directamente al Neoliberalismo al ser la corriente dominante de hoy, se extiende básicamente por cualquier forma de ideología económica y de gobierno, ya sean de derechas o izquierdas. Es por eso que el Decrecimiento debe ser, como dice Latouche (2009), una revolución cultural que deberá desembocar en una refundación de lo político. Una revolución cultural que, en definitiva, es una utopía; pero una utopía concreta al aspirar en su ambición no a algo mayor, sino a algo de menor tamaño (p.44). Así pues, es el momento de profundizar en las características y rasgos que consolidan las propuestas del Decrecimiento. 3.2. Características y rasgos del Decrecimiento Decrecer implica un conjunto de acciones que no pueden darse a la ligera, pues exigen de primera mano una concienciación y transformación profunda de todos los individuos de una sociedad. Como dice Latouche (2009), es inviable pensar en la construcción de una sociedad serena de decrecimiento sin antes recuperar algunas dimensiones olvidadas de la vida, como el placer de cumplir con el deber ciudadano, la satisfacción de ejercer actividades creativas, artísticas o artesanales, el goce del dedicar tiempo al juego, la dedicación exclusiva a la contemplación, la meditación o la 36 conversación… y, en general, el disfrute de sentirnos vivos (p.55). Ello supone olvidarnos un poco de los grandes proyectos y ambiciones para centrarnos de manera más dedicada a lo particular y concreto, pues abarcar mucho implica aflojar poco y, por tanto, también perder el sentido y valor de lo que estamos haciendo. Es decir, que es importante entrelazar el bienestar de la Naturaleza con una rutina diaria que consiga devolvernos la realización que supone cultivar y cuidar de los otros. Como señala el propio Latouche (2009): “El decrecimiento parece renovar la vieja fórmula de los ecologistas: pensar globalmente, actuar localmente” (p.58). Es así como en el Decrecimiento serán fundamentales pilares como la democracia y el mundo rural, pues su nexo permite sociedades ecológicas locales donde, al existir una participación real de todos sus constituyentes, puedan ejercitarse y recuperarse con total libertad todo este tipo de actividades y dimensiones olvidadas de la vida a la vez que se mantiene un contacto directo con el mundo animal y vegetal que nos cree una sensación hogareña que permita reformular nuestra relación abusiva con la Naturaleza a favor de una relación de armonía (Latouche, 2009, pp. 58-66). Para alcanzar todo esto, Latouche (2009) propone seguir lo que él apoda como el «Círculo virtuoso del decrecimiento sereno», constituido por ocho conceptos empezados en erre que servirán de guía para el conjunto de las sociedades de decrecimiento (pp. 45-46). Estos son los siguientes: En primer lugar, Revaluar, en el que el principal objetivo será cuestionar la sobrevaloración que realizamos sobre el mundo material a la vez que dedicamos más atención a todo aquello que ha quedado infravalorado, como la empatía, el altruismo, y el bienestar. En segundo término, Reconceptualizar, pues una vez revisados los ideales valorados por la sociedad, habrá que amoldar y redefinir conceptualmente qué debemos 37 entender realmente al hablar de cuestiones como la pobreza, o la riqueza, la escasez, o la abundancia. En tercer lugar, Reestructurar; es decir, amoldar los sistemas de producción y consumo a la nueva visión del mundo con el consecuente abandono del paradigma del crecimiento y, por tanto, también del sistema capitalista. Como cuarto, tenemos Redistribuir, pues la ejecución de los distintos proyectos locales y ecológicos de decrecimiento es inviable con la actual e injusta distribución de la riqueza a escala mundial, permitiendo a todas las comunidades humanas la oportunidad de poderlos llevar a cabo sin precondiciones económicas injustas. En quinto lugar se halla la Relocalización, que buscará que cada comunidad de decrecimiento sea autónoma por sí misma sin necesidad de depender económicamente de otras más poderosas a través de la localización adecuada de las industrias de producción de bienes de primera necesidad en toda aquella comunidad que las necesite. En sexto término encontramos la necesidad de Reducir en todos sus sentidos posibles, aunque sobre todo en relación con la producción y, por tanto, necesariamente también del consumo que exigen los distintos individuos, buscando incentivar la idea de que la plenitud existencial puede hallarse con una menor cantidad de bienes materiales, permitiendo así la disminución en la explotación de los recursos naturales incluida con la contaminación enlazada a ellos, tanto en su proceso de extracción como de procesado industrial. Por último, tenemos al séptimo y octavo concepto, que son entrelazados al estar intrínsecamente conectados, que consisten en el Reutilizar y el Reciclar, pues se buscará también reducir el número de desechos mediante la prolongación de la vida útil de los distintos bienes de consumos o, alternativamente, que su desecho pueda ser empleado de la manera más útil posible en la producción de nuevos productos (Latouche, 2009, pp. 46-57). 38 Aunque Latouche no contempla la reducción de la población en tanto que para él es suficiente con la reducción del consumo que realizan los individuos, personalmente considero que también podría ser una medida perfectamente compatible con el Decrecimiento que, además de también reducir el consumo de bienes, fomentaría el cuidado de las generaciones ya existentes que carecen de manutención y cuidados parentales mediante servicios como la adopción, además de que permitiría un crecimiento menos exponencial de la población humana y, por tanto, un control mayor a largo plazo de sus demandas vitales. Debemos tener en consideración que existen naciones superpobladas como China, India y Brasil que están a un paso de convertirse en grandes potencias cuyos ciudadanos comenzarán a exigir la misma calidad de vida que hasta ahora han estado acostumbrados los ciudadanos occidentales (Latouche, 2009, pp. 83-84), por lo que toda contribución a la reducción del consumo debería ser tenida en consideración. Siguiendo todos estos ideales, pilares y guías, el Decrecimiento se plantea por tanto adoptar objetivos y medidas como la recuperación de una huella ecológica que sea correspondiente con el bienestar planetario, el establecimiento de impuestos a todo transporte y comercio que no esté justificado debido a su alta contaminación, la relocalización de las actividades laborales para que correspondan más a la localidad que a la globalidad, la restauración de modelos campesinos y agrícolas tradicionales poco mecanizados que garanticen el trabajo para todos, la transformación de las ganancias producidas como excedente en la reducción de la jornada laboral y el aumento de la calidad laboral de los trabajadores, el impulso en la producción de bienes que no generen gastos, sino tan solo beneficios, como el conocimiento, las relaciones humanas, o el entretenimiento, y decretar moratoria a la innovación tecnocientífica, penalizando aquellas que no sean respetuosas con 39 el medio ambiente, entre otras cosas… (Latouche, 2009, pp. 88-93). En definitiva, es una invitación a salir de la sociedad laborista, eficiente, competitiva y productiva que tan gratamente se nos ha vendido como la precursora de la felicidad humana para volver a recuperar una vida más sencilla, simple y tranquila que, contrario a lo que superficialmente pueda llegar a representar, puede otorgar una profundidad y riqueza infinitamente mayor a través del florecimiento de los ciudadanos al desencadenarlos de las garras de la precaria subsistencia, de la hostil competencia, y de la atractiva pero pesada materialidad (Latouche, 2009, p. 104). Una vida donde, en última instancia, el trabajo deja de ser un fin en sí mismo para volver a degradarse a lo que nunca debió dejar de ser: un simple medio que garantice la riqueza suficiente y necesaria para exclusivamente la persecución del bienestar y la felicidad. Para Latouche (2009), la radicalidad de las ideas del Decrecimiento hace que éste deba ser un proyecto que vaya más allá del reformismo político, teniendo que promocionarse y convertirse en un movimiento revolucionario. Sin embargo, alega que no toda revolución tiene por qué implicar derramamientos de sangre, y mucho menos cuando el propio sistema de sobrecrecimiento muestra cada día que pasa sus vulnerabilidades y defectos, afectando gravemente a la cotidianeidad de todos los seres vivos de la Tierra. El mayor obstáculo para esta revolución, no obstante, son las propias víctimas del sistema, que ante su desconocimiento y precaria situación vital se resisten a ver la raíz principal de sus problemas, siendo por tanto necesaria una gran intervención pedagógica y filosófica que les plantee la gran necesidad de renovar la política y sus instituciones, ya no solo necesariamente para alcanzar el bien común, sino para, al menos, conseguir el menor mal para todos posible (pp. 85-86). 40 Pero Latouche (2009) insiste en que es fundamental no caer en los vacíos debates entre partidos políticos de izquierdas o derechas, ya que el Decrecimiento como movimiento intelectual y revolucionario no busca pertenecer ni a un bando ni al otro, sino exclusivamente dedicarse a la superación de la lógica de crecimiento en la que la mayoría de posturas del espectro político han caído, buscando por tanto una superación de la propia Modernidad (p. 114). Una Modernidad que se ha estancado en el presente y que se contrapone directamente, como dije al principio de este trabajo, a las distintas emergencias de nuestro tiempo y, por tanto, también al imparable asentamiento de la nueva época que se nos presenta: La época ecológica. El Decrecimiento debe ser un movimiento para todos aquellos defensores de una sostenibilidad y justicia coherentes a nuestras circunstancias que, aunque pueda poseer sus sacrificios y defectos, busca establecer un modo de vida que, a largo plazo, debería ser más beneficioso y gratificante para todos que lo que se nos ofrece y promete con el sistema actual. Hasta aquí he establecido algunas de las características más importantes y fundacionales que constituyen al proyecto del Decrecimiento en su lucha contra el sobrecrecimiento. Sin embargo, queda una última cuestión a revisar que me parece interesante, y es sobre su posición en relación al propio ser humano; tema que abarcaré en el siguiente subapartado. 41 3.3. Una alternativa humanista y anti-humanista Esta cuestión surge, según Latouche (2009), porque existe la confusión respecto a si los defensores del Decrecimiento son necesariamente anti-humanistas al priorizar la protección de otros seres vivos con el fin de evitar el especismo a través del ecocentrismo frente a la del propio ser humano mientras que, a su vez, muchos decrecistas se autoproclaman como humanistas. Para el autor, el humanismo ha sido comprendido tradicionalmente desde la Modernidad y la Ilustración como la declaración de superioridad del ser humano sobre el resto de los seres y las cosas al estar constituido por una facultad especial como es la razón, haciendo que, por tanto, posea capacidad y derechos naturales para explotar al resto (pp. 122-123). En base a esta noción del humanismo, Latouche (2009) declara que el decrecimiento es indubitablemente anti-humanista, pues su filosofía implica rechazar necesariamente todo desarrollo, crecimiento, progreso, técnica y elemento de la Modernidad que anhele sobreponer al ser humano por encima de todo, infravalorando al resto de especies y contenido de la Naturaleza (p. 124). Sin embargo, el autor aclara que ello no implica que el decrecimiento busque hacer un rechazo de lo humano en sí, sino tan solo desechar el ideal tradicional que se ha tenido sobre éste, buscando por tanto defender aquella humanidad que sea humilde y consciente de que, en esencia, conforma una vecindad y convivencia con la multiplicidad de la Naturaleza y que, por tanto, debe cuidarla y protegerla si desea cuidarse y protegerse a sí misma (p.127). Es así como, para Latouche (2009): “La supervivencia misma de la humanidad, por ende, un humanismo bien entendido, podríamos decir, nos obliga a reintroducir la conciencia ecológica en el corazón de la preocupación social, política, cultural y espiritual de la vida humana” (p. 128). Por ello, el Decrecimiento es un movimiento tanto humanista como anti-humanista al buscar proteger al ser humano