Paz Pasamar
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313 Exmo Sr. Director de la Real Academia Sevilla de Buenas Letras Excmos. Sres. Académicos Señoras y Señores Hace unos años, tuve el honor de presentar el ingreso como correspondiente en esta Real Academia de la poetisa doña Pilar Paz Pasamar. Hoy nuestra Institución dedica este debido Homenaje en recuerdo de nuestra amiga cuya vinculación a esta Real Academia ha sido más breve de lo que hubiésemos deseado. Jerezana de origen, Pilar Paz Pasamar brilló desde su juventud como una de las promesas, muy pronto convertida en realidad, del panorama literario español y andaluz. Su primer libro, Mara, despertó el entusiasmo nada menos que del excelso poeta Juan Ramón Jiménez, quien afirmó de su autora que “ha escrito un poema excelente, magnífico, sobre Dios…”, añadiendo que “entre los jóvenes poetas encuentro de vez en cuando cosas excelentes. Ese poema es una joya. Esa niña es genial”. No le faltaba razón al andaluz universal. Adivinó la existencia de un genio que, a su vocación añadió a lo largo de los años la constancia y el desarrollo de una obra poética rica, variada y PAZ PASAMAR Por manuel González Jiménez Minervae Baeticae. Boletín de la Real Academia Sevillana de Buenas Letras, 2ª época, 47, 2019, pp. 313–317
314 sorprendente. No soy yo la persona más adecuada para valorar la obra poética de Pilar Paz Pasamar. Otros compañeros de esta Academia, poetas algunos de ellos o conocedores de la obra poética de nuestra Académica, lo harán con más motivos que yo. Sin embargo, intervengo con sumo placer al sumarme al Homenaje que nuestra Academia le dedica a su obra y a su figura. Pilar Paz Pasamar no era ni es, en modo alguno, una figura desconocida entre nosotros. Ello, por tanto, me va a eximir de efectuar una laudatio al uso, para la que no estoy capacitado. Voy a limitarme simplemente a ofrecerles una somera relación de su copiosa obra literaria y poética. A su primera obra ya mencionada siguieron Los buenos días, Accésit del Premio Adonais (1954), Ablativo amor (1955) y Del abreviado mar (1957), en homenaje al gran poeta cordobés Luis de Góngora. Desde este año, tras su matrimonio, Pilar Paz Pasamar reside en Cádiz, y en los años siguientes publica varios libros y algún ensayo como Poesía femenina de lo cotidiano (1964). Tras un largo silencio, reanuda con entusiasmo la producción poética a la que dedica La torre de Babel (1982), La alacena (1986), Textos lapidarios. La dama de Cádiz (1990) y Philomena (1994), a las que siguieron Sophia, Los niños interiores, Historias bélicas y Opera lecta. Y, por último, entre otros, su hermoso poemario El río que no cesa, publicado en 2007, en el que incluye un hermosísimo poema titulado Mara en recuerdo de primer libro iniciado con estos versos sorprendentes: ¿Dónde voy yo, Dios mío, Con este peso Tuyo entre los brazos? ¿Para qué has designado Mi pobre fuerza a Tu cansancio inmenso? Llamo finalmente la atención sobre uno de sus libros más hermosos: Historias bélicas, en el que Pilar Paz Pasamar muestra uno de sus rasgos básicos: su interés y afecto por lo cotidiano, visto con una sensibilidad que sólo una poeta es capaz de mostrar. El libro es una biografía personal de Cádiz, de su Cádiz, que tantas veces aparece en sus obras. Como se ha señalado, en este libro, de manera soterrada, Pilar Paz Pasamar elogia “cada uno de los elementos de su ciudad: el lenguaje, el humor, los tesoros 314 PAZ PASAMAR
315 escondidos bajo su tierra, la belleza de la calzada romana que llegaba hasta Sancti Petri. La hermosura de sus árboles, la gracia de sus flores, geranios, azaleas, buganvillas. Y sus gentes. Sobre todo sus pobres y encantadoras gentes”. De entre las muchas distinciones recibidas por Pilar Paz Pasamar, destacaría su nombramiento como “Hija adoptiva de la Ciudad de Cádiz”, el de nombramiento como miembro de número de la Academia Iberoamericana de Cádiz, el de correspondiente de la Academia de San Dionisio de Jerez de la Frontera y de nuestra Academia Sevillana de Buenas Letras, que ahora la recuerda y honra con este cariñoso y merecido homenaje. Mi contacto con la obra de Pilar Paz Pasamar vino de mi interés y dedicación al estudio de ese gran personaje de nuestra historia que fue Alfonso X el Sabio. Una de las amigas de siempre de Pilar, Matilde Donaire, me dio a conocer uno de sus más hermosos poemas, con el que quisiera cerrar mi intervención en este Homenaje y elogio de nuestra Académica. El poema en cuestión apareció originalmente en su obra Poemas lapidarios y volvió a publicarse en su antología poética, editada por Visor con el título de Opera lecta (2001). Dice así: Yo, Alfonso, Rey castellano, Hijo de Fernando, Nieto de Berenguela, señor de Andalucía, quiero ser enterrado junto al mar. Ser enterrado en Cádiz, la ciudad más antigua, A la que he conquistado De cántabros y astures, A la que conquistado Con en olor de su sabiduría. En Cádiz junto al mar, Bajo los azulejos de la cúpula, En la orilla que llaman Mar de los vendavales, Para que allí la mano que sacude El hisopo infinito 315MANUEL GONZÁLEZ JIMÉNEZ
316 Asperja diariamente Mi ceniza y reciba La bendición salina En cada atardecer. Allí purgue mis culpas Pues fui rey ignorante En estrategia y mando. Aspiré sin sentido A aquel reino europeo, Perseguí a los judíos, Juzgué a los musulmanes, aunque bebí en sus fuentes, Me enfrenté con mi casta, Aborrecía la prole, Repudié mi consorte Y llamé santo al padre Que me hizo, buscando Su reconciliación. Mas la gloria que hube por encima De todas, fue este lado De naranjos y olivos, De caza y pesquería: Rahyana, Alcanatif, Xerez amurallado --tierra de pan y vino Y de fruta sabrosa— Y Cádiz junto al mar. Vivo en cristiano pero asumo el mundo Que conquisté arrasando y excluyendo. Lo mío eran asuntos que aprendiera De labios de mi abuela y de los sabios … ¿Por qué luché si el alma se me iba Tras los astros, las piedras, las alquimias, Los juegos, los secretos paladeos? Enderecé el lenguaje castellano Con más tino que todos los ejércitos Levantara mi espada o estandarte, Mi arenga predilecta Fue enumerar estrellas, lapidarios. 316 PAZ PASAMAR
317 Más que aceros, los códices miniados, El verso, por la brida, La cántiga el final de la victoria. Mi patria era el regazo de la alquimia, El lenguaje y el cántico, Mi tálamo, la ciencia. Mi amor, el astrolabio, Mi amada inaprehensible, la atroz sabiduría De las leyes y el pueblo, El canto de juglares, El milagro del ritmo y la palabra. A Cádiz dono la custodia Y desato de nudos eclesiales Con Sevilla, mi corte. En Cádiz quiero que me entierren Junto al mar, por los siglos de los siglos. 317MANUEL GONZÁLEZ JIMÉNEZ
