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De republicanos a “rojos” : la imagen de la República en la prensa nacional durante la guerra civil : el caso de ABC de Sevilla

Langa-Nuño, Concha

Abstract

Hemos centrado nuestra comunicación en la imagen que del régimen republicano ofreció la prensa nacional. Elegimos el diario ABC de Sevilla por su gran protagonismo en la zona franquista por una gran difusión y por estar en el representados los más importantes intelectuales simpatizantes con los sublevados.

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De republicanos a “rojos”. La imagen de la República en la prensa nacional durante la guerra civil (El caso de ABC de Sevilla) Concha Langa Nuño Universidad de Sevilla Hemos centrado nuestra comunicación en la imagen que del régimen republicano ofreció la prensa nacional. Elegimos el diario ABC de Sevilla por su gran protagonismo en la zona franquista por una gran difusión y por estar en el representados los más importantes intelectuales simpatizantes con los sublevados. We focus on the way the Republican Regime chose to project its image in the national press. We chose the daily newspaper ABC, which is published in Seville, for its importance in the area controlled by Franco, for its wide distribution, and for its views which reflect the most important intellectuals and rebel insurrectionists. ******* El golpe de Estado del 18 de julio de 1936 cambió por completo la Historia de España. No sólo fue el principio del fin de la II República, también acabó con muchas ilusiones al prolongarse el estado de excepción democrática durante la larga dictadura franquista. Si la guerra en los frentes de batalla fue terriblemente dura, no lo fue menos en las páginas de los periódicos. En uno y otro bando se desarrolló una prensa con grandes recortes de libertad y tremendamente politizada, mucho más brutales en el nacional (prolongados y legalizados en la Ley de Prensa de 1938). Los medios de comunicación, sin excepción, pasaron a trincheras en las que se atacaba al bando enemigo pues en una guerra civil de las características de la española, la propaganda jugó un papel fundamental. Descalificar a la otra facción de cara a los desafectos o poco convencidos en el propio territorio; de cara a los simpatizantes en la otra zona o buscando las simpatías en el extranjero, devino en crucial. Efectivamente, cuando se analiza la opinión vertida en un diario de la importancia que ABC tuvo en el bando nacional durante la guerra civil, se comprueba el lugar protagonista de las menciones a los republicanos. De los casi 2800 registros que contabilizamos entre artículos de opinión, editoriales y crónicas opinativas, hemos anotado 542 sobre los republicanos españoles. La mención a los republicanos, ya fuese al referirse al bando enemigo, ya a políticos concretos, o al régimen de la II República, se llevó a cabo de muy variadas formas, pero corrientemente se generalizó el uso de la palabra “rojos” pues la simplificación en su descripción fue la tónica. No obstante, algunos grupos recibieron una mención aparte como los separatistas o los masones. Ello nos llevó a utilizar diferentes registros. Por ello, a los 542 registros antes mencionados habríamos de añadir los destinados al separatismo –69– o a la masonería –7–, con lo cual los artículos que aludieron a los enemigos superaron los 600. Antes de pasar al análisis de los textos, permítasenos una introducción a la época y al medio estudiado. ****** No es este el lugar de analizar la significación de la II República en la Historia de España y su competencia en el desenlace de una terrible guerra civil. Aunque los propagandistas nacionales no tuvieron duda que la guerra había sido la consecuencia de la desastrosa política republicana, como vamos a comprobar en esta comunicación, la responsabilidad de los aciertos y desaciertos del régimen que confluyó en la guerra civil no es vista del mismo modo por los distintos historiadores. Tampoco lo es su evolución política, social y militar durante la guerra. De todos modos, nos remitimos a los numerosos estudios que existen sobre el asunto 1 . En esta comunicación vamos a centrarnos en la imagen que de los republicanos y la república ofreció ABC de Sevilla. Dada la gran cantidad de textos nos vamos a centrar en los que hicieron referencia al régimen republicano y a su desarrollo antes y durante las hostilidades. Aunque también habría que añadir que se insertaron, aunque menos, comentarios sobre grupos políticos concretos: liberales, partidos y sindicatos de izquierdas, masones y nacionalistas vascos y catalanes, y también sobre políticos del otro bando, entre los que se prestó especial atención al presidente de la República, Manuel Azaña. Dada su cantidad, los relegamos para otro estudio. ******* Hemos indicado en la introducción que ABC de Sevilla cobró un gran protagonismo durante el conflicto en el bando nacional. Ese es el motivo por el que lo hemos elegido para esta comunicación. Antes de pasar al análisis de las opiniones que ofreció sobre la II República, nos parece de gran interés comentar el porqué de ese papel estelar. En primer lugar habría que comenzar recordando que las grandes ciudades españolas permanecieron fieles a la República, por lo que ABC, ocupada su edición madrileña, pasó a ser el único representante de los periódicos nacionales en la zona rebelde. A ello se unió el que Sevilla fuera una de las pocas capitales ocupadas en los primeros meses del conflicto. Así, su difusión por toda la geografía ocupada le llevó a autoproclamarse como el diario de mayor circulación en la España nacional 2 . Aunque deben mantenerse las reservas sobre tal afirmación, no puede menospreciarse, como indica la variedad de la publicidad insertada. De igual modo, al haber sido incautada la sede central en Madrid de Prensa Española, una gran cantidad de los redactores y colaboradores de la empresa escapados a territorio franquista pasaron a trabajar en el diario hispalense. Por todo ello el periódico salió de su, hasta entonces, ámbito local/provincial, para extrapolarse al nacional; ABC de Sevilla ocupó el papel de ABC de Madrid, sin duda, uno de los principales diarios conservadores de España en los años treinta. ABC de Sevilla nació en 1929, en plena Exposición Iberoamericana, por expreso deseo del fundador de Blanco y Negro y ABC de Madrid, el hispalense Torcuato Luca de Tena, que no pudo verlo en la calle al morir unos meses antes. Creció aún siendo en esos primeros años una continuación de la edición madrileña, con la diferencia de una potente sección local. Dirigido por Juan Carretero y Luca de Tena, muy pronto ocupó un lugar en la ciudad como representante de la prensa de orientación conservadora y fuerte defensa de la monarquía alfonsina. Ello le acarreó en sus dos ediciones colosales problemas durante la II República, lo que le llevó a radicalizar su postura 3 . A pesar de lo anterior, el periódico vio aumentar su tirada en las dos capitales. Esos enfrentamientos con el régimen republicano explican su incautación en Madrid tras el golpe de Estado del 18 de julio, –pasando a publicarse con la misma cabecera como diario republicano 4 –. Consecuentemente, la adhesión de la empresa a los mandos militares, en este caso, a Queipo de Llano en Sevilla, fue total. ABC de Sevilla volvió a publicarse el 20 de julio de 1936. Paulatinamente recuperó su esquema formal, añadiéndose secciones nuevas relacionadas con lo extraordinario del momento, como las crónicas de guerra. Por otro lado, contó con un importante equipó humano durante la contienda bélica. Juan Carretero y Luca de Tena siguió siendo su director hasta septiembre de 1938, fecha en la que, gracias a los poderes que la Ley de Prensa de 1938 otorgaba al gobierno, fue impuesto Luis de Galinsoga 5 . Además de una excelente redacción, gozó de cuantiosas colaboraciones de las plumas de los más afamados intelectuales del bando “nacional” provenientes en su mayoría del sector monárquico – especialmente los relacionados con la revista Acción Española–. Durante todo el conflicto la publicación se mantuvo fiel a las consignas de los nuevos dirigentes, permaneciendo dentro de un esquema formal mecanicista típico del modelo autoritario. Desde el primer momento, sus colaboradores pusieron sus plumas al servicio de los sublevados para buscar la justificación del golpe de Estado, algo que continuó durante todo el conflicto. ****** Dada esa actitud de ABC, se entienden sus ataques al régimen republicano, enemigo para la empresa antes y después del 18 de julio de 1936, lo que el diario recordó a sus lectores en una etapa de posicionamientos ineludibles. Vamos a pasar al análisis de esos textos, aunque de entrada se observa una cronología en cuanto al tipo de opiniones. Las alusiones y censuras surgen, primero, para justificar la sublevación y, con ello, culpar al bando gubernamental de todos los males pasados que habían llevado a la “necesidad” del 18 de julio; más tarde, se precisa respaldar la guerra, y entonces se les achacó todas las crueldades presentes. Desde el principio se proyectó un perfil maniqueo del régimen que ABC ya había iniciado, especialmente desde febrero de 1936. De hecho, alguno de los temas tratados, por ejemplo el del separatismo, ya eran clásicos de sus páginas de opinión 6 . De cualquier modo, esa imagen negativa creció, en lugar de disminuir, durante el propio conflicto, como vamos a observar en las siguientes páginas. Dada la ingente cantidad de comentarios sobre la República, vamos a dividir esta comunicación en varias secciones. En la primera ofrecemos un análisis de la imagen que se dio del bando contrario, ya fuese antes o después del 18 de julio. En el siguiente apartado haremos un recorrido por los crímenes y pecados más habitualmente recriminados al otro bando, para concluir con un resumen de los insultos más frecuentes sobre la República. 1. El régimen republicano: seis años de desastres incrementados después del 18 de julio En las páginas de ABC hemos comprobado que la justificación más utilizada para el golpe de Estado y la guerra posterior, fue presentarla como una defensa ante las provocaciones republicanas. Unas provocaciones e ilegalidades que se iniciaron desde el nacimiento del régimen y que crecieron en determinadas etapas, especialmente durante la guerra. Sin embargo, antes de analizar la imagen de la II República en ABC hemos de apuntar que algunos colaboradores del diario buscaron las causas de los presentes problemas hispanos en períodos anteriores. De hecho, fue bastante común el recurso al pasado para explicar el presente. Si para los colaboradores de ABC, sin excepción, la II República significó el mayor desastre de la Historia de España, fue habitual retroceder en esa historia decadente a la Restauración por la corrupción del sistema democrático, pero los hubo que miraron más lejos y vieron en el siglo XVIII el inicio de los calamidades patrias por su abandono de las tradiciones españolas y la entrada del racionalismo. Sin embargo, y centrándonos en los ataques al régimen republicano, observamos que se pueden dividir en dos grandes grupos: los que recordaron sus despropósitos desde su proclamación el 14 de abril de 1931 hasta el golpe de Estado, y los que censuraron su funcionamiento durante el conflicto. Entre los primeros destacan los que intentaron demostrar que la II República nació de forma ilegal –y que su derrocamiento no era en absoluto ilícito–. Comenzamos por los relacionados con el nacimiento del régimen. ****** El argumento de la ilegalidad del régimen va a ser utilizado por el propio gobierno de Franco en la primavera de 1937 en la Sociedad de Naciones, para legitimar la rebelión militar. Efectivamente, un editorial del diario se adhirió a esos argumentos con firmeza, al que se unen otros artículos hasta el fin del conflicto. En ese editorial, “Razón y verbo de España”, de mayo de 1937, ABC comentaba las quejas del gobierno nacional por la presencia ante la Sociedad de Naciones de una «delegación de un Comité revolucionario» que suplantaba al gobierno de las terceras partes del territorio nacional, e hizo hincapié en la ilegalidad del régimen como parte de su intrínseca sustancia: desde que se proclamó, utilizó la mentira, al hacerlo sobre la base de unas elecciones administrativas que no arrojaron una mayoría de concejales republicanos en toda España. Mentira había sido también «el curso proceloso y catastrófico de su infame gestión; mentira en este agonizar de su contumacia para el atropello y el crimen». Y continuó con una larga lista de agravios, iniciada por la conculcación del artículo primero de la constitución antes de nacer con la desmembración del territorio nacional al proclamar Maciá el Estado catalán; deshonrada después al atropellarse los derechos legales de un puñado de ciudadanos el 10 de mayo de 1931 que llevó a la quema de iglesias y a la supresión de centenares de periódicos y la detención sin proceso de miles de españoles. Este listado, también incluyó las manipulaciones en ayuntamientos y diputaciones; persecución de órdenes religiosas; sacrilegios; pero, sobre todo, la farsa de la Ley de Defensa de la República: «Ideas, propiedades, fortunas, periódicos, personas, todo a merced del agrio humor de Casares Quiroga o de las secreciones hepáticas de Azaña» (ABC 26-5-1937, p. 5.). Así resumió y denunció ABC la historia de la República, apuntando a que no existía artículo de la constitución que hubiese tenido vigencia legal un solo día y menos después de lo que se estaba haciendo en Valencia en su nombre. Este tipo de ataque se repitieron con frecuencia. Pocos hicieron un análisis serio de las causas de la llegada de la II República y de la guerra. No obstante, la mayor parte de las censuras contra el régimen republicano coincidieron con sus aniversarios. Las fechas más tristemente recordadas fueron el 14 de abril de 1931, fecha de la proclamación del régimen; el 6 de octubre de 1934, momentos en que aconteció la revolución de Asturias; y el 16 de febrero de 1936, aniversario de las elecciones que llevaron al triunfo al Frente Popular. Aunque tampoco se olvidaron el Pacto de San Sebastián, en agosto de 1931; los incidentes del Círculo Monárquico de Madrid, en mayo de 1931; la fiesta del trabajo, el primero de mayo, etc. Del 14 de abril, jornada inaugural del régimen, existen muchas referencias, siempre de memoria nefasta. Sirva de ejemplo el editorial publicado en su aniversario de 1937, bajo el título “Derrumbamiento y restauración”. ABC recordó cómo fue de los pocos que vieron la tragedia en el horizonte. Y desde la tragedia que había supuesto el régimen republicano recapacitó sobre todos aquellos que la recibieron con júbilo y que permitieron el crimen: por un lado: «la chusma de prostitutas y de asesinos en los camiones engalanados con las banderas republicanas y comunistas, recorrían Madrid gritando “¡ya se fue, ya se fue!”, no se referían tanto a una persona, ni a un régimen como a todo un sentido un concepto y a todo un sentido de la vida de España»; en el otro extremo esa frase «tenía albricias más refinadas en ambientes académicos y encopetados» en los cuales se había convenido en que era solo un Rey quien se marcharía con su dinastía, «y era, en cambio, una República, solo una República conservadora, eclesiástica y apacible lo que llegaba». Seis años después la celebración del 14 de abril tenía un sentido opuesto pues se trataba del aniversario del derrumbamiento de España: «contra eso y no sólo contra una Dinastía, ni contra un régimen laboraron quienes, ciegos por la imbecilidad o por el rencor personal, no vieron que lo que se derrumbaba en aquel amanecer siniestro era la Patria unida, la fe religiosa, la tradición, la propiedad, la familia, España» (ABC 14-4-1937, p. 3). Con mucho, además del 14 de abril, la jornada que más se celebró fue el 6 de octubre de 1934. La revolución de Asturias se vio como el inicio de los hechos revolucionarios que se habían continuado en la guerra. En su aniversario de 1937 los artículos se multiplicaron con las firmas del “Capitán Nemo”, Giménez Caballero, Manuel Delorme y un editorial de ABC (que mantuvo que se buscó la revolución en España, ensayo de la actual, con la orden del partido socialista y la ayuda de separatistas vascos y catalanes). A esa conmemoración podemos añadir el editorial con el que el diario dio la bienvenida al año 1937 y celebró el fin del nefasto 1936, último año del antiguo régimen al que calificó como «el período de la Historia patria más cargado de oprobio y vergüenza». Ese editorial certificaba que si todo el quinquenio resultó malo, el huracán de secesión y abierta rebeldía comenzó a crecer desde el otoño de del 34: «Fue desde entonces, sin gallardía ni firmeza en la altura, cuando la fiera, más embravecida que nunca, aceleró el ritmo del gran desastre, del que había de ser precursora cercana la jornada del 16 de febrero. Ya sin freno las masas, grávidas de odio y apetentes de reivindicaciones irrealizables; desbordado aquel Gobierno sin autoridad ni decoro, que a ellas debía el delictivo vegetar, por los episodios innobles del más espantoso período de violencia que los pueblos conocieron, llegóse al crimen horrendo, de que el propio Poder envilecido fue coautor, que segó la plenitud de una vida gloriosa de que todas las limpias esperanzas españolas se nutrían...» (ABC 1-1-1936, p. 3). Observamos en estas palabras la relevancia que también se le dio al del 16 de febrero, fecha de las elecciones que llevaron al Frente Popular al poder, como escalón en los desmanes revolucionarios y criminales. Si un editorial del diario de 1938 llegó a sugerir que aquel triunfo estuvo bien pues de ese modo no se prolongaron los años de agonía de España – aunque hubiese sido aún mejor si no se hubiesen vivido los crímenes, asesinatos, robos, saqueos, e incendios que culminaron con el asesinato de Calvo Sotelo–, José Sánchez-Rivera fue el único que efectuó un análisis más mesurado y razonable de los auténticos problemas de aquel gobierno del Frente Popular que llevó a la guerra. En “Leales y facciosos”, sostuvo que al no aceptar los partidos de izquierda la colaboración de las derechas y el centro para gobernar se pusieron incondicionalmente al servicio de socialistas y comunistas, y así, «140 diputados socialistas y comunistas se habían impuesto a trescientos veinte que la repudiaban» (ABC 24-10-1936, p. 3). ****** Todos esos problemas de la II República se habían incrementado desde el 18 de julio. Desde entonces, las máscaras habían caído y eran mucho más fehacientes los desmanes y los manejos de la política del que ya era otro bando. ABC ofreció numerosa información sobre el régimen enemigo siempre desde un punto de vista muy particular de su evolución interna y significado y desde luego, no de todos los momentos relevantes. En los primeros meses de la guerra no se atendió con seriedad desde las páginas de opinión a su desarrollo pues estaban sumidas en el ataque al régimen en sí y a la revolución que se desarrollaba en algunos lugares. Lo cierto, es que como ya indicamos más arriba, los colaboradores centraron sus esfuerzos en justificar el alzamiento basándose en los errores de la República. Más adelante sí se comentó con mucho interés algunas de las crisis más relevantes de los gobiernos republicanos. De este modo, si exceptuamos un par de comentarios del redactor “Juan de Castilla” a finales de 1936 señalando los problemas entre las distintas agrupaciones que formaban el Frente Popular y la falta de poder del gobierno de Azaña, y un concienzudo y bastante realista análisis de la evolución política de la otra zona en el extraordinario del 18 de julio de 1937 titulado “Crisis rusas. Apuntes para la historia de los doce meses de política rusa”, firmado por las iniciales “I.T.” en el que no olvidó destacar los desencuentros entre los grupos de izquierda y la intervención de la Komitern, los primeros acontecimientos comentados en las páginas de opinión de ABC fueron los enfrentamientos que culminaron con los sucesos de Barcelona en mayo de 1937. Es fácilmente comprensible el interés de los autoridades franquistas de informar sobre tales acontecimientos –los comentarios son casi todos editoriales a raíz de informaciones oficiales–. Aún cicatrizándose la unificación en el bando nacional, los choques armados entre afiliados a diversos sindicatos y partidos eran la mejor demostración de que la situación en la España de Franco era infinitamente mejor que la del otro lado y se trocaba en una nueva e inmejorable justificación del alzamiento y de la unidad política impuesta por Franco. La consecuente crisis del gobierno de Largo Caballero y el nombramiento de Negrín, es el siguiente acontecimiento comentado. De nuevo se presentó como el resultado del choque de camarillas, viendo algunos detrás la mano de Prieto y se apuntó como un paso más en el control de comunismo de la otra zona –aumentado por las noticias desde París del cronista Daranas narrando la primera conferencia del Partido Socialista Unificado de Cataluña con la asistencia de representantes extranjeros y la presidencia de honor dada a grandes políticos rusos–. Si todos los sucesos anteriores se vieron por los comentaristas de ABC como un paso más en la descomposición de la otra zona, esa idea se intensificó cuando Negrín decidía el traslado del gobierno de Valencia a Barcelona a final de octubre de 1937, más porque, como indicaba un editorial, existía un duro enfrentamiento entre los dos gobiernos malditos, el republicano y el catalán. Hay que saltar a mayo de 1938 para encontrar un comentario sobre la evolución política de la otra zona. El intento de mediación del presidente Negrín para el final de la guerra al publicar sus Trece puntos, recibió los más graves insultos desde ABC por ser una nueva argucia de los políticos republicanos. En los siguientes meses, en los que tuvo lugar la batalla del Ebro, cuando se veía ya clara la derrota gubernamental, los comentarios sobre los republicanos estuvieron encaminados a indicar su cobardía por alargar la guerra o por escapar, como el último de sus grandes crímenes. La agonía republicana no motivó piedad en los colaboradores de ABC, tampoco cuando empezaron a ser frecuentes las imágenes de refugiados famélicos pasando la frontera. La mayor parte de los artículos se mostraron más eufóricos por la victoria que apenados por el dolor de sus hermanos. 2. Los crímenes “rojos” La cantidad de artículos destinados a detallar los crímenes cometidos por los republicanos antes y durante la guerra es inmensa. Resultaría complicado hacer un seguimiento de los mismos pues excedería este trabajo. Sin embargo, a modo de muestra, vamos a señalar los más frecuentes. Hemos de comenzar especificando que el caos, los robos, la anarquía, los asesinatos, la revolución en suma, fue la gran justificación para el alzamiento del 18 de julio. En los primeros meses del conflicto se destinó gran propaganda a esos crímenes “rojos” que se esgrimieron como evidencia de la necesidad de acabar con el régimen que amparaba tales prácticas. Las comparaciones entre ambos Estados en el más puro maniqueísmo fueron repetidas. En suma, se culpaba a la República de todas las enfermedades padecidas por España, para convertir así, al Ejército en el salvador, o en el ejecutor de la cura necesaria que salvase al enfermo moribundo –vieja metáfora que ya usara Primo de Rivera aunque ahora se empleasen otras palabras mucho más violentas–. Las descripciones del otro bando, siempre hablan de caos, desorden, suciedad, robos, persecuciones y muerte... 7 . Fueron tantos que se presentó a los “rojos” como de los peores monstruos de la Historia. Tal la gran cantidad de atropellos cometidos después del golpe de Estado en la otra zona contra los intereses de personas conservadoras o eclesiásticas que llegó un momento en que resultó reiterativo su relato, evitándose o recurriéndose a algún elemento tangencial. Tal índice de degradación llevó a Víctor de la Serna en septiembre de 1937, en su columna destinada a narrar el asesinato de un invidente de las montañas santanderinas para robarle su reloj, a alegar lo que sigue: «Si cada uno de los que recorremos España y sobre todo esta España reincorporada por Franco a su destino, escribiéramos acerca de las atrocidades y de las vilezas y de las crueldades que han cometido los rojos, formaríamos un ingente cronicón que sería la vergüenza y el espanto de la Humanidad. La especie humana se cubriría el rostro de vergüenza y de dolor ante una feroz antología del crimen y de la desatada barbarie. Jamás el hombre regresó tan de un salto hacia la sociedad primitiva de la caverna. En este salto, determinado por una raza maldita y por una doctrina satánica, ni siquiera encontró los gérmenes de una vida espiritual. El hombre de las cavernas era al menos un artista y sentía unas sordas y lejanas llamadas de lo ultraterreno» (en ABC 25-9-1937, p. 3). ****** Podemos intentar de todos modos, hacer una lista de los crímenes más habitualmente repetidos. Ésta comenzaría con los asesinatos. Las alusiones generales o concretas a los homicidios perpetrados ya por las masas revolucionarias o por las autoridades se multiplicaron. Entre ellas es inevitable comenzar por el crimen que, según la propaganda nacional, promovió la sublevación: el asesinato de José Calvo Sotelo el 13 de julio de 1936. escasas ocasiones en las que se reivindicó el valor del adversario, las más se les despojó. En abril de 1937, después de la derrota nacional en Guadalajara y comenzada la ofensiva en el frente norte, Mariano Daranas en “¿Y por qué habrían de ser valientes?”, se negaba a admitir la posibilidad de la valentía contraria, e incluso se enfadaba por este tipo de aserciones en los medios nacionalistas que intentaban no menospreciar al contrincante. Además de acudir a la etimología de la palabra valor, también argumentaba que los “rojos” no lo tenían porque si se leía los programas y mandamientos de la lucha de clases no contenían una sola recomendación que encareciera el don de la propia vida por la idea. Si surgía algún valor individual, Daranas lo explicaba por la veta española y le calificaba de nacionalista aún sin saberlo. Añadía que si, en definitiva, era verdad que existía ya un Ejército rojo: «…ese Ejército no fue creado por el fundente de un ideal sino por el denominador común de circunstancias que, aunque episódicas, no dejan de ser imperativas; el miedo de ser fusilado por la espalda, la certidumbre de que el enemigo victorioso no podrá perdonar determinadas fechorías... Frente a una suma de heroísmo es posible que haya cristalizado un conglomerado de intereses» (ABC 29-4-1937, pp. 3-4). En segundo lugar, observamos que muy frecuentemente se explicó sus acciones desde la envidia. Ésta explicaba para Jacinto Miquelarena en “Los que eran republicanos...”, la actitud de los políticos republicanos en tiempos del régimen del 14 de abril: «España estaba infestada de burgueses malogrados, de pequeñas mujerzuelas envidiosas, de traidorzuelos de su destino, de egoístas de la política, de simuladores de la cultura, de aspirantes al tráfico de influencias, que sólo podían esperar algo del régimen republicano» (ABC 23-4-1938, p. 4). Más contundente se manifestó Wenceslao Fernández Florez en “El hidalgo de usted es un objetivo” al aseverar que la envidia era bolchevique y la fuerza que motivaba a los “rojos” a continuar la lucha, pues no luchaban por una idea que hubiesen creado, o por un Dios, o por su independencia, etc.: «Una terrible pasión les empuja: la envidia. Envidia de los que no pueden ser nada contra lo que ha logrado distinguirse en algo. Envidia de la riqueza, de la belleza, del talento; envidia del que tiene un alma miserable o encharcada de tópicos contra el que posee una serena hermosura moral o ideas bien elaboradas; hasta envidia del que posee una bandeja de plata, una camisa de seda... Es la revolución del lodo, del polvo, de la arena, de lo sucio, de lo inútil, de lo menudo, que sabe lo que es y lo que no y que no halla otro medio de dignificarse que el de convertirlo todo en arena, en polvo y en barro» (30-4-1928, pp. 4-5). Otro de los atributos que se concede a los enemigos es el de mentirosos. Realmente de lo que se les acusa es de su propaganda engañosa y aunque ya lo hemos incluido como uno de los crímenes que se les imputan, también es un insulto recurrente. En enero de 1937 un interesante texto de Eugenio Montes titulado “Ejemplos al revés”, explicaba que la radio republicana era utilizada para difundir falacias pues ciertos personajes como Ángel Osorio, Alberti y Bergamín, habían terminado sovietizando la radio: «están endemoniados, con las serpientes en el alma y en el cuerpo, retorciéndose y devorándose a sí mismos, comiéndose, monos de imitación y revolución, la cola. Devorándose a sí mismos, porque no tenían hambre y sed de verdad, sino hambre y sed de mentira» (ABC 22-1-1937, pp. 3-4). Y si Tassara en septiembre de 1938 les acusaba de malgastadores al rememorar la costumbre de los viajes oficiales en el antiguo régimen, Fernández Florez criticó el enchufismo como hábito republicano en varias ocasiones, explicándolo en enero de 1939 en “El oficio de no ejercer el oficio”. Si en Francia acababa de conocerse un caso de este tipo y fue visto como un gran escándalo, Florez recordó lo habitual del mismo en la España republicana con la búsqueda de cargos oficiales o de puestos en el consejo de administración de empresas –las empresas modestas se buscaban un subsecretario, y las de alto rango, por lo menos, un ex ministro–: «hubo compañías mineras que carecían absolutamente de minas, pero eran dueñas de un local con sillones donde periódicamente se sentaban varios ex ministros, para guiar las deliberaciones suntuosamente remuneradas por el Consejo de Administración» (ABC 5-1-1939, pp. 4,5). Ese tipo de costumbre habían aumentado al llegar la guerra según Julio Camba quien especificaba que ese concepto del Estado-merienda en la guerra se traducía en que sólo comían aquellos que conseguían una embajada o algún otro tipo de cargo, cargos que eran vistos no como un deber, sino como la posibilidad de sacar tajada. Después de todo, en los años republicanos se concentraban los más curiosos delitos. José Carlos de Luna a finales de 1937 en “Comentando y augurando”, les reprochaba su cursilería: «Lo cursi, en aquellos años memorables, era de tres órdenes: abyecto, fúnebre o refulgente. Siendo muestras vivas de cada grupo Companys, Fernando de los Ríos y Álvaro de Albornoz: bombardino, fagot y clarinete de la trágica murga que ensayaba marchas triunfales en deshonro de la madre Patria» (ABC 24-12-1937, p. 6). En definitiva, todas sus características eran defectos, y todos sus símbolos negativos, como indicaba Wenceslao Fernández Florez al referirse a su saludo puño en alto, como el de la mano cerrada y el odio en un largo artículo de enero de 1939. No obstante, fueron muchos los comentaristas que hicieron una diferenciación entre los “rojos” y, como ya hemos podido observar en algunos textos, culparon especialmente a los jefes republicanos. Si un editorial de ABC de septiembre de 1937 subrayó el egoísmo de esos dirigentes que en un canje realizado por la Cruz Roja internacional sólo se habían preocupado por salvar a sus familiares y a los jefes importantes, Camba en enero de 1938 opinó que los republicanos no pensaron hacer la revolución mientras les fue bien. También se reiteró que los defectos generales antes citados se intensificaban en los jefes. Es lo que ocurre por ejemplo con la envidia que Fernández Florez subraya como la responsable de que un hombre pudiera superar ciertos límites. Evocando el argumento de su famosa novela El malvado Caravel imagina a un hombre que sale del Ateneo y envidia los magníficos libros leídos, los lujos de los demás, etc. y este hombre, imagen de Azaña, termina creyéndose merecedor de todo lo que los demás poseen y organiza una banda para obtenerlo. Lo mismo ocurre con el adjetivo de cobardes. De hecho, la peregrinación de altos cargos del Frente Popular primero desde Madrid a Valencia, y luego al extranjero, siempre se leyó como una muestra de cobardía y deserción. Escapada que siempre, según la columna de ABC, “Temas varios. Fugitivos con viático”, se hacía retribuida a costa del dinero del Estado. Después de todo, algunos comentaristas –los menos– realizaron una diferenciación entre los gobernantes, quienes habían formulado las órdenes, y quienes se habían limitado a obedecer. No podían ser iguales los que habían inculcado las ideas y la maldad y los que se habían dejado llevar desde su ignorancia. De nuevo acudimos a las palabras del redactor “Juan de Castilla” quien en “La vergüenza de la desvergüenza” aseveró: «Los crímenes cometidos por las masas ignorantes, más que a ellas han de ser achacables a quienes las envenenaron con sus predicaciones, poniendo las armas en su mano y seduciéndolas con el ejemplo de su rebeldía y de su claudicación». Sobre estos últimos, los verdaderos culpables, el periodista se explayaba y, en el mismo texto, nos dio una primera lista de los que se aprovecharon: «Y sin embargo, más que los propios horrores perpetrados por los forajidos o alentados por sus groseros directores, asusta la repugnante colaboración de aquellos otros personajes que por su procedencia y significación, o por su preparación intelectual, no vacilaron en avenirse a la infame mescolanza y hasta la procuración, halagando los bestiales instintos de la chusma (...) Quédese el orondo leguyelo y el intelectual oficioso y el tránsfuga endiosado, y el político aventurero, y el magnate servilón, y el negociante osado, en la soledad atormentadora de su propia conciencia, que ya serán suficientes los remordimientos para purgar sus delitos» (ABC 20-12-1936, p. 4). Las palabras del redactor se refuerzan con las de otros colaboradores del periódico abriéndose el abanico de matices en esta imagen extremadamente maniquea. Una dicotomía que se hizo paternalista e insultante en José Fernández Mayoral: «¡Canallas! ¡Farsantes! ¡Criminales! ¿Por qué despertaron los instintos perversos del niño bueno, el pueblo? ¿Por qué no respetaron la fe y la esperanza de su sueño dulce? (ABC 24-12-1936, p. 4). Algunos pretendieron que esas faltas eran todas de origen foráneo y ajenas a la esencia española. En un extenso artículo el marqués de Quintanar acudía al extranjero y a la historia para crear el adjetivo con que denominar a los enemigos: los thermidorianos. Si, como ya hemos comprobado, los males que habían llevado a España a su crepúsculo histórico se iniciaron con las ideas de la Revolución francesa, el aristócrata asimilaba a los políticos republicanos con aquellos thermidorianos que acabaron con Robespierre en una lucha egoísta por el poder y encima recibieron la aclamación del pueblo, comportamiento repetido en todas las revoluciones. En definitiva, se les mostró como la oposición del bando nacional en todo. El maniqueísmo de la propaganda nacional se intensificó y las comparaciones resultaron el modo más habitual de criticarlos. Manuel María Lambarri en febrero de 1938 en “Los dos estilos”, puntualizaba que la disparidad asombrosa al hacer la guerra dos bandos de la misma raza, de idéntica tradición y solera, procedía de los diferentes principios morales que inspiraban a unos y a otros. Los de los nacionales, mantuvo, estaban basados en los preceptos constantes de la humanidad: el hombre español proyectaba desde su alma una fuerza clara y perenne de lo humano. Por el contrario, «ellos» tenían un estilo amañado que venía impuesto por los «poderes que traen de otros ámbitos del mundo los aires de fuera»; no venía de instintos tan profundos sino de la crítica y de la duda y buscaba su «raíz en la Enciclopedia y su tronco y ramas en las utopías económicas y en los cálculos tristes y judaicos de los Engels y Marx». Todo ello se reflejaba en los dos estilos de guerrear: «sus armas principales: la sorpresa, la traición, la búsqueda del punto débil y de la hora propicia. Por eso en sus avances podrán apoderarse de una loma, de una aldea o de un pueblo; pero nunca empujarán fuerte y seguido hasta arrollarnos en una dirección». También se diferenciaban en los medios: «ellos» usaban la dinamita, la gasolina, las fortificaciones a ultranza, la propaganda falaz y mentirosa; «nosotros», seguía, hacemos menos pródiga en agresión, más pausada y serena, pero con un empuje decidido, con enorme poder de profundidad. Entre su modo y el de los nacionales, existía la diferencia entre el genio y el talento: la obra de uno era perdurable, la del otro apenas dejaba rastro, y añadía que en términos mitológicos, los nacionales estarían representados por Marte, y «ellos» por Mercurio y Venus «espíritu judaico, de anónimo y de vitriolo, espíritu de Venus tarada y prostituida, ponzoña y bacterias, chismes de comadre, espíritu que chocará siempre, con impulso débil, con nuestra proyección lenta, seguida y serena hacia el radiante porvenir» (ABC 11-2-1938, p. 6). Era una manera de explicar la lentitud de las victorias puesto que las armas que achacaba a los republicanos eran las armas de la guerra, ni más ni menos. Otros colaboradores explicaron estas diferencias desde la separación que existía entre la guerra y la revolución. En el bando contrario habían pretendido hacer las dos a la vez y eso explicaba las diferencias entre un ejército de verdad con disciplina y orden y el otro bando que, según Julio Camba en agosto de 1937, lo que se hacía era la revolución que era una juerga, caos, matar curas y comer jamones y torear a burgueses en plazas de toros. En la descalificación general al otro bando y al ejército republicano y sus jefes encontramos las referidas a los militares de carrera a los que se les presentó como militares desleales, y a los milicianos a los que Florez denomina en marzo de 1938 gansters refiriéndose a Durruti, Ascaso, etc. También Francisco Casares al final del conflicto les criticó por autodenominarse “leales” y recorrió la historia del régimen y de sus principales figuras para argumentar que no habían sido leales ni al espíritu de su propia constitución, en la que se proscribía la guerra como instrumento de la política internacional, armando al pueblo convirtiéndolo en milicia y provocando la guerra. Aún le dolía más a Casares que la prensa internacional usara la denominación “rebelde” para los nacionales, lo que se convertía en una depredación más, brutal y gigantesca, en sus palabras, entre las muchas que definían los procedimientos de la anti-España. ****** Hasta aquí una aproximación a los grandes pecados que hacían a la II República culpable de la golpe de Estado del 18 de julio de 1936. Como ha podido observarse, la simplificación fue el denominador común de todos los textos: se generalizó la expresión de “rojos” en lugar de hablar de las distintas facciones que componían las filas republicanas, aunando a republicanos moderados, anarquistas, nacionalistas o comunistas. Igual que se simplifica en la denominación, también se hizo en el modo de referirse a ellos. Suman más los casos de artículos insultantes y ridiculizantes que los análisis en profundidad o cercanos a la realidad de la política republicana anterior o posterior al 18 de julio. En este asunto la fuerte carga de propaganda de los textos es la tónica, algo fácil de entender pues en él se reúnen los comentarios sobre el enemigo a batir. Después de todo, se trató de pura propaganda contra un bando enemigo, siendo aún más doloroso que en el otro bando hubiese hermanos. Quizás por eso la propaganda tuvo que ser más violenta. Referencias Bibliográficas 1 Destacamos el de GIL PECHARROMÁN, Julio: La segunda República, Madrid, Biblioteca Nueva, 2002 (1ª edición 1986) y PAYNE, Stanley G.: La primera democracia española. La segunda republica, 1931-1936, Barcelona, Paidós, 1995. Otros libros fundamentales: PAYNE, Stanley, G.: La revolución española, Barcelona, Ariel, 1971; TAMAMES, Ramón: La República, la era de Franco, Madrid, Alianza, 1973; ROBISON, Richard H.: Los orígenes de la España de Franco. Derecha, República y revolución, 1931-1936, Barcelona, Grijalbo, 1974; JACKSON, Gabriel: La República española y la Guerra Civil. 1931-1939, Barcelona, Crítica, 1976; TUÑÓN DE LARA, Manuel: La II República, Madrid, Siglo XXI, 1976; PRESTON, Paul: La destrucción de la democracia en España: Reforma, reacción y revolución en la Segunda República, Madrid Turner, 1978; GINER, Vicente (dir.): Historia de la Segunda República, 1931-1939, Madrid, Giner, 1985; PRESTON, Paul (ed.): Revolución y guerra en España, 1931-1939, Madrid, Alianza, 1986; BEN-AMI, Shlomo: Los orígenes de la Segunda República: anatomía de una transición, Madrid, Alianza, 1990; OLAIZOLA, José Luis: La Segunda República, Madrid, Espasa Calpe, 1996; CARR, Raymond y FUSI, Juan Pablo: La República y la Guerra Civil: la crisis de la España contemporánea (1931-1939), Madrid, Espasa Calpe, 1999, TOWSON, Nigel: La República que no pudo ser. La política de centro en España (1931-1936), Madrid, Taurus, 2002, etc. Queremos destacar el trabajo de NUÑEZ PÉREZ, Mª Gloria: Bibliografía comentada sobre la Segunda República Española (1931-1936), Madrid, Fundación Universitaria Española, 1993. 2 Es algo sobre lo que se deben de mantener grandes reservas. Para conocer la evolución del periódico ver: Francisco IGLESIAS: Historia de una empresa periodística. Prensa Española, editora del diario ABC y Blanco y Negro (1891-1978), Prensa Española, Madrid, 1980. Sobre el ABC de Sevilla pueden consultarse: SAIZ, Mª Dolores: “Prensa conservadora en la España sublevada: La Gaceta Regional de Salamanca, El Diario del Burgos, y ABC de Sevilla. Un periodismo de apoyo al Alzamiento” en ARÓSTEGUI, Julio (coor.): Historia y Memoria de la Guerra Civil. Encuentro en Castilla y León, Valladolid, Junta de Castilla y León, 1988, tres tomos; y LANGA NUÑO, Concha: “De la Guerra Civil a los XXV años de paz. Prensa y opinión política en la Sevilla franquista (1936-1964)”, en REIG y RUIZ ACOSTA, (coords.); Sevilla y su prensa. Aproximación a la Historia del periodismo andaluz contemporáneo. (1898-1998), Grupo de Investigación en Estructura, Historia y Contenidos de la Comunicación, Sevilla, 1998, pp. 79-127. De la misma autora: “Notas para una historia de ABC de Sevilla desde sus inicios al final de la Guerra Civil (1929-1939)”, en ARIAS, Eloy, BARROSO, Elena, PARIAS, María y RUIZ ACOSTA, Mª José (editores), Comunicación, Historia y Sociedad, Universidad y Ayuntamiento de Sevilla, Sevilla, 2001, pp. 479-494. 3 Vid. MARTÍN, Francisco de Luis; El grupo monárquico de "ABC" en la Segunda República española. (1931-1933), Ediciones Universidad de Salamanca y Publicaciones Universidad de Extremadura, Salamanca, 1987, p. 29 4 La sede madrileña fue incautada el temprano 20 de julio de 1936, apareciendo el primer número del ABC republicano el 25. Tras la dirección de Augusto Vivero, pasó a la esfera de Martínez Barrio que nombró como director a Elfidio Alonso. Vid. SAIZ, Mª Dolores: «Los dos “ABC” –de Madrid y de Sevillaen la primera fase de la guerra civil», en Periodismo y periodistas en la guerra civil, Fundación Banco Exterior de España, Madrid, 1987, pp. 93-112. 5 Sobre la prensa de la Guerra civil y el Franquismo: BARRERA, Carlos: Periodismo y Franquismo. De la censura a la apertura, Barcelona, Ediciones Internacionales Universitarias, 1995; SEVILLANO CALERO, Francisco: Propaganda y medios de comunicación en el franquismo, Alicante, Universidad, 1998; SINOVA, Justino: La censura de prensa durante el franquismo (1936-1951), Madrid, España Calpe, 1989. 6 Como muestra el estudio del profesor Figueres. Vid. FIGUERES, Fransecs: Història de l’anticatalanisme. El diari ABC i els seus homes, Tarragona, El Mèdol, 1997. 7 Es cierto que los asesinatos indiscriminados fueron moneda común en los dos bandos. Sobre el caso republicano vid. SALAS LARRAZABAL, Ramón: Pérdidas de la guerra, Barcelona, Planeta, 1977. REIG TAPIA, Alberto: Violencia y terror. Ensayos sobre la Guerra Civil española, Madrid, Akal, 1991; MARTIN RUBIO, A. D.: Paz, piedad, perdón … y verdad. La represión en la guerra civil: una síntesis definitiva, Madrid, Fénix, 1997; JULIA, Santos (coord.): Víctimas de la Guerra Civil, Madrid, Temas de Hoy, 1999. Además existen muchos estudios locales que ayudan a comprender la situación en las dos zonas. 8 Ya lo hemos tratado en LANGA NUÑO, Concha: “Justificar una guerra civil: Los argumentos del diario ABC de Sevilla (1936-1939)”, en Comunicación y guerra en la historia, 2004, Tórculo Edicións, Santiago de Compostela, pp. 305-323.