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Aríste politeía: el ordenamiento constitucional espartano en la tradición griega clásica y helenística

Fornis Vaquero, César Antonio

Abstract

La μικτὴ (o μεμειγμένη) πολιτεία, el ordenamiento constitucional mixto, es aquel que combina de manera sabia y proporcionada elementos de los regímenes políticos puros o simples (monarquía, aristocracia y democracia) como garantía de estabilidad y de paz interna. Esparta, que siempre sedujo a los constructores de ciudades ideales, será el primer ejemplo de una larga lista de estados en la historia del pensamiento occidental de esta suerte de ἀρίστη πολιτεία, de “Constitución” óptima, atemperada, modélica, pero al mismo tiempo ilusoria. En el presente trabajo examinaremos el destacado papel que juega Esparta en la génesis y el desarrollo de esta teoría política en la tradición griega clásica y helenística.

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Gerión 37(2) 2019: 323-341 323 Aríste politeía: el ordenamiento constitucional espartano en la tradición griega clásica y helenística César Fornis Vaquero1 Recibido: 31 de marzo de 2019 / Aceptado: 14 de junio de 2019 Resumen. La μικτὴ (o μεμειγμένη) πολιτεία, el ordenamiento constitucional mixto, es aquel que combina de manera sabia y proporcionada elementos de los regímenes políticos puros o simples (monarquía, aristocracia y democracia) como garantía de estabilidad y de paz interna. Esparta, que siempre sedujo a los constructores de ciudades ideales, será el primer ejemplo de una larga lista de estados en la historia del pensamiento occidental de esta suerte de ἀρίστη πολιτεία, de “Constitución” óptima, atemperada, modélica, pero al mismo tiempo ilusoria. En el presente trabajo examinaremos el destacado papel que juega Esparta en la génesis y el desarrollo de esta teoría política en la tradición griega clásica y helenística. Palabras clave: Esparta; constitución mixta; politeía; teoría política; Licurgo; monarquía; aristocracia; democracia. [en] Ariste politeia: The Spartan Constitution in the Classical and Hellenistic Greek Tradition Abstract. The μικτὴ (or μεμειγμένη) πολιτεία, the mixed Constitution, is one that wisely and proportionally combines elements of pure or simple political regimes (monarchy, aristocracy and democracy) as a guarantee of stability and internal peace. Sparta, who always seduced the ideal city builders, will be the first example in a long list of states in the history of Western thought of this sort of ἀρίστη πολιτεία, of optimal, tempered, and exemplary (but at the same time illusory) Constitution. In the present work we will examine the outstanding role that Sparta plays in the genesis and development of this political theory in the Classical and Hellenistic Greek tradition. Keywords: Sparta; Mixed Constitution; Politeia; Political Theory; Lykourgos; Monarchy; Aristocracy; Democracy. Sumario. 1. Introducción. 2. Platón. 3. Aristóteles. 4. Tratados sobre politeía y epitedeúmata lacedemonios. 5. Isócrates. 6. Historiografía “retórica”. 7. Polibio. 8. Cicerón y el final de la reflexión teórica sobre la Constitución mixta. 9. Referencias bibliográficas. Cómo citar: Fornis, C. (2019): Aríste politeía: el ordenamiento constitucional espartano en la tradición griega clásica y helenística, en Gerión 37/2, 323-341. 1 Universidad de Sevilla. E-mail: [email protected] Gerión. Revista de Historia Antigua ISSN: 0213-0181 http://dx.doi.org/10.5209/geri.65976 ARTÍCULOS Fornis, C. Gerión 37(2) 2019: 323-341324 1. Introducción2 La μικτὴ (o μεμειγμένη) πολιτεία, el ordenamiento constitucional mixto, es aquel que combina de manera sabia y proporcionada elementos de los regímenes políticos puros o simples (monarquía, aristocracia y democracia) como garantía de estabilidad y de paz interna. Esparta, que siempre sedujo a los constructores de ciudades ideales, será el primer ejemplo de una larga lista de estados en la historia del pensamiento occidental de esta suerte de ἀρίστη πολιτεία, de “Constitución” óptima. Se trata, sin embargo, de una quimera, un constructo que ha servido para proyectar la imagen de un perfecto y armónico equilibrio de poderes, cuando en realidad la balanza se inclinaba conspicuamente a favor de uno (generalmente la oligarquía). En el presente trabajo examinaremos el destacado papel que juega Esparta en la génesis y el desarrollo de esta teoría política en la tradición griega clásica y helenística. Después de que los griegos iniciaran en la segunda mitad del siglo V el estudio de las diferentes politeíai y el debate sobre cuál de ellas era la mejor, encontramos ya a comienzos del siguiente prefigurada en Platón la teoría de la miktè politeía.3 Jenofonte, su compañero en unos círculos socráticos donde la impronta espartana es poderosa,4 se adelantó en la redacción de una Constitución de los lacedemonios en la que expresaba su entusiasmo por unas leyes, instituciones (políticas y sociales) y costumbres que se atribuían en su mayoría a Licurgo, legislador mítico instalado en la acronía5 que había llevado la eudaimonía a la ciudad,6 “obligando a todos a practicar públicamente todas las virtudes”,7 hasta hacer de Esparta “el único lugar donde la excelencia moral es un deber público”,8 en una especie de kalokagathía aristodemocrática.9 Pero el historiador ateniense, que declara sentirse sorprendido (y decepcionado) de que nadie se decida a imitar unos epitedeúmata que todos alaban,10 no intentó definir ni clasificar su régimen político, mucho menos teorizar sobre su naturaleza; puso el énfasis en la realeza, “la única institución que se conserva exactamente igual a como se creó en un principio”,11 es decir, la única que no ha sufrido los cambios y la degradación que han dado al traste con el kósmos licurgueo en su propio tiempo, como se lamenta en el famoso capítulo 14, opinión a la que sin duda no es ajena la relación clientelar que mantenía con el rey euripóntida Agesilao II.12 2 El presente trabajo se ha elaborado en el seno del proyecto de investigación HAR2015-63549-P. 3 El juicio de Tucídides sobre el ordenamiento de los Cinco Mil en la Atenas de 411, “un mesurado equilibrio entre los oligarcas y la masa” (8.97.2; trad. Torres Esbarranch, BCG, 1992), es antes una calificación de moderación de la oligarquía que una alusión a un ordenamiento constitucional mixto. 4 Plácido 1991. 5 Véase Paradiso 2000. 6 X. Lac. 1.2. 7 X. Lac. 10.4: δημοσίᾳ πάντας πάσας ἀσκεῖν τὰς ἀρετάς (se ha empleado siempre la traducción de O. Guntiñas Tuñón, BCG, Madrid, 1984). 8 X. Lac. 10.4: μόνη δημοσίᾳ ἐπιτεδεύουσα τὴν καλοκὰγαθίαν (trad. propia). 9 Sobre la contribución decisiva de Jenofonte a la mitografía de Licurgo, David 2007. Con Jenofonte, “Esparta se baña en la kalokagathía”, en expresión de Richer 2007, 409. 10 X. Lac. 10.8. 11 X. Lac. 15.1. 12 Un reciente estado de la cuestión, actualizado bibliográficamente, sobre la representación de Esparta y de los espartanos en Jenofonte, en Christesen 2017. Fornis, C. Gerión 37(2) 2019: 323-341 325 2. Platón Fue Platón quien elevó a Esparta a la categoría de modelo y utopía política.13 En su sociedad y en sus instituciones se inspiró, como ya reconociera Plutarco, para la construcción teórica de sus ciudades ideales de Calípolis, en la República, y Magnesia, en las Leyes.14 En estas “ensoñaciones sociales” del fundador de la Academia encontramos señas de identidad espartanas como el respeto a la autoridad (con un lugar privilegiado para los ancianos, por lo que se ha hablado de gerontocracia) y a las Leyes (con mayúscula, pues son inamovibles e incuestionables), la compulsión del matrimonio y el control de los nacimientos, la educación pública y obligatoria, incluyendo la femenina (fomentando el ejercicio físico y los cantos y danzas corales), las comidas comunitarias (también extendidas a las mujeres), el minoritario y selecto cuerpo cívico, que lleva un estilo de vida sencillo y se abstiene tanto de actividades comerciales y artesanales (con la consiguiente contracción de las mismas y la tendencia a la autarquía) como del contacto con extranjeros. Ahora bien, no todo lo lacedemonio es del agrado de Platón, que censura la vida desordenada y disipada de sus mujeres, cuya relajación de costumbres figura en el debe del legislador Licurgo, y la excesiva belicosidad de los varones, que tienen “la politeía de un campamento militar (στρατοπέδον), impropia de los que viven en ciudades”.15 Platón no es sino el exponente más conspicuo de un fenómeno más generalizado que hizo de Esparta el objeto de atención preferencial de los constructores de ciudades ideales, siempre reacios, cuando no decididamente hostiles, tanto al régimen como al modo de vida democráticos.16 Porque, pregunta Diotima en el Banquete, “¿quién no preferiría, en lugar de engendrar hijos de su propia sangre, dejar tras de sí los que Licurgo dejó en Lacedemonia [sus leyes], salvadoras de Lacedemonia y, podemos incluso decir, de toda Grecia”.17 En el libro VIII de la República, Esparta, como Creta, es clasificada como una timarquía (o timocracia),18 término que inventa Platón para designar un régimen basado en el honor (timé) que, siendo imperfecto, es el mejor entre los imperfectos,19 con lo que alberga cualidades admirables que le aproximan a su Estado ideal (respeto 13 En su influyente obra La sociedad abierta y sus enemigos (2006 [1945], 54-55), Karl Popper llegó a decir que “Merced a esta doctrina de la similitud entre Esparta y el Estado perfecto, Platón se convirtió en uno de los mayores propagandistas de lo que cabría denominar ‘el gran mito de Esparta’”. Para Esparta en el pensamiento platónico: Ollier 1933, 217-293; Keber 1957; Morrow 1960, 40-73; Tigerstedt 1965, 244-280; Rawson 1969, 61-72; Lévy 2005. De Brasi 2013 es un estudio monográfico de corte revisionista según el cual, dentro de una función esencialmente retórica y argumentativa, los diálogos platónicos no muestran una opinión unívoca favorable –incluso en ocasiones podría ser bastante crítica– de la polis lacedemonia. Se centran en las Leyes: Powell 1994; Hodkinson 2005, 227-237, 251-252; Ducat 2016. Y en la República: Herrmann 2018; Humble 2018 (comparando este diálogo con la Constitución de los lacedemonios jenofóntica). 14 Plu. Lyk. 31.2. 15 Pl. Lg. 637c, 666e, 806c (mientras no se indique lo contrario, ofrecemos aquí la trad. F. Lisi, BCG, 1999). Véase especialmente Tigerstedt 1965, 254-276, quien no obstante constata también las diferencias e incluso se resiste a ver en Esparta un nítido referente de las utopías platónicas. A contrario, Cartledge 1999, 328, va mucho más allá de Platón en su afirmación de que Esparta “por la vía del mirage, fue fons et origo de la totalidad de la utopiografía política de la tradición occidental” (trad. propia). Para Futter 2012, la República platónica puede verse como una extensión e idealización de las medidas socioeconómicas espartanas, pero presenta en cambio unas estructuras formales de gobierno irreconciliables con la polis lacedemonia. 16 Ollier 1933, 207. 17 Pl. Smp. 209d. 18 Pl. R. 544c. 19 Pl. R. 544a. Fornis, C. Gerión 37(2) 2019: 323-341326 a los gobernantes, liberación de la clase guerrera de las tareas banáusicas, comidas comunitarias, prácticas gimnásticas y militares),20 si bien no es menos cierto que se ve amenazado por el creciente individualismo, el afán de riqueza y un militarismo exacerbado.21 Sin embargo, en el libro IV de las Leyes, el espartiata Megilo no se ve capaz de definir la politeía de su polis, porque por un lado el poder de los éforos reviste una forma tiránica, otras veces parece la más democrática de las ciudades, pero tampoco se le puede negar su carácter aristocrático ni que tiene una realeza vitalicia y antiquísima.22 En el libro anterior, el III, se afirma que los lacedemonios, y también los cretenses, son los mejor gobernados –persas y atenienses lo fueron en el pasado, pero se malograron porque abusaron del principio monárquico los primeros y de la libertad los segundos–, con leyes que se aproximaban a “la justa medida” (τὸ μέτριον),23 que no dan “a pobre o rico, particular o rey ningún tipo de honor o educación distinguida que no os hubiera revelado a instancias de un dios aquel ser divino que actuó entre vosotros al comienzo”24 y preservan “una cierta igualdad de bienes” (ἰσότητα τῆς οὐσίας), pues “las tierras fueron repartidas sin disputas y no hay deudas de importancia ni antiguas”.25 Cabe recordar en este punto que las no pocas similitudes que Esparta comparte con Creta en el espectro sociopolítico, con “leyes que son como hermanas (νόμοι ἀδελφοί)”26 y que gozaban de alta estima en ambientes aristocráticos, llevan a Platón a sumarse a la tradición que, como mínimo desde las Kretiká de Carón de Lámpsaco,27 hacía a Licurgo viajar hasta dicha isla, fuente de derecho desde los míticos reyes Radamantis y Minos, para inspirarse a la hora de dar a luz una legislación que habría eludido la temible stásis;28 en puridad, tal Constitución cretense nunca existió, es una invención que trataba de homogeneizar los sistemas políticos de las aproximadamente cincuenta póleis de la isla.29 Como es conocido, una segunda tradición proclamaba empero que Licurgo había recibido la Gran Retra en Delfos, directamente de la Pitia, portavoz del dios Apolo.30 Éforo resolvería la discrepancia, con notable éxito, convirtiendo al oráculo en sancionador de unas leyes licurgueas de inspiración cretense pero mejoradas, llevadas a la perfección.31 En el pensamiento platónico, como en el jenofóntico, la realeza es el poder prístino del ordenamiento lacedemonio,32 unos reyes cuyo linaje, tan preclaro y selecto que a 20 Pl. R. 547d. 21 Pl. R. 547e-548b. El timocrático sería un régimen intermedio entre el régimen perfecto, el aristocrático, y su deformación, el oligárquico, participando de ambos; Lévy 2005, 221-224 para una mayor profundización. 22 Pl. Lg. 712d-e. 23 Pl. Lg. 693d-694a. 24 Pl. Lg. 696a. 25 Pl. Lg. 684d-e (trad. propia). 26 Pl. Lg. 683a. Cf. 625a, 634d-e, 636b-d, 641e, 660b-d, 666d, 673b-674a, 780b, 836b, 842b. 27 FGH 262 T1. 28 Hdt. 1.65.4, que afirma que esto es lo sostenido por los propios espartanos; Plb. 6.45.2; Paus. 3.2.4; Plu. Lyk. 4.1; Ps.Pl. Mor. 318c-d, 320b; Arist. frg. 535 Rose y Pol. 1271b20-1272a12; Ephor. FGH 70 F149.17-19 apud Str. 10.4.19; Luc. Anach. 39; Suid. s.v. Λυκοῦργος. Para este paralelismo entre ambas politeíai, véase Morrow 1960, 32-39 y, más recientemente, Cuniberti 2000. 29 Véase Perlman 2005. 30 Tyrt. frg. 3 Diehl = D.S. 7.12.6; Hdt. 1.65.2; Plu. Lyk. 6.1-2, 10. 31 Ephor. FGH 70 F149.17-19 apud Str. 10.4.19 (cf. 10.4.16). Sobre la primacía de la legislación cretense o de la lacedemonia, véase Nafissi 1983-84. 32 Ducat 2016 y 2017, 253, que habla de “pivote del régimen”. Morrow 1960, 525-526 ya aclaró que, cuando Platón habla de monarquía como elemento constitutivo de un Estado, no se trata tanto de βασιλεία stricto sensu como de una ἀρχή o principio de autoridad, similar a la ejercida por sus guardianes de las leyes. Fornis, C. Gerión 37(2) 2019: 323-341 327 través de Heracles y Agamenón llega hasta el mismo Zeus, es exaltado en el pseudoplatónico Alcibíades I a fin de rebajar las ambiciosas expectativas del joven y orgulloso Alcibíades.33 Fue el dios que cuida de los lacedemonios (Apolo) quien la hizo “más mesurada” al implantar la diarquía, basada en un linaje geminado a partir de una única estirpe, con lo que se evitó que la monarquía deviniera absoluta; más tarde “una naturaleza humana mezclada con una cierta potencia divina” (φύσις τις ἀνθρωπίνη μεμειγμένη θείᾳ τινὶ δυνάμει), en referencia a Licurgo, equiparó el poder de los reyes con el de los veintiocho ancianos de la Gerousía, encarnación de la aristocracia; y, por fin, “un tercer salvador” (τρίτος σωτήρ), que esta nueva tradición del siglo IV a la que se sumará también Aristóteles –y la Lakedaimoniôn Politeía producida por su escuela– personifica en el rey Teopompo,34 frenó aún más “la insolencia y la violencia” de la autoridad real con la creación de la eforía, “aproximándola así al gobierno elegido por sorteo” (a la democracia, por más que esta arché fuera en realidad electiva). El interlocutor ateniense de Megilo cierra su argumentación con el aserto de que, al mezclarse con los elementos necesarios, la monarquía “mantuvo la mesura, se salvó a sí misma y se convirtió en causa de salvación para el resto [de los griegos]”.35 Para Platón, “el Estado debe estar bien mezclado, como una cratera de vino”.36 Aunque en ninguna parte de las obras platónicas encontremos la expresión μικτὴ (o μεμειγμένη) πολιτεία, es esta sabia mezcla (μίξις) de autoridad (τοῦ δεσπόζειν) y libertad (τοῦ ἐλευθεριάσαι), que se corresponden con las dos formas madres de gobierno, la monárquica y la democrática,37 la garante de la perennidad, la estabilidad y el buen gobierno de los lacedemonios, frente a las otras dos monarquías dorias originales, la argiva y la mesenia, que se fueron ἐπὶ τὸ ἄκρον (hacia un extremo), cayeron en la desmesura y faltaron a sus juramentos y a sus leyes.38 Pero es también el producto de un desarrollo paulatino, en diferentes fases y en función de las necesidades, y no por entero la obra de un Licurgo transmutado en demiurgo creador, como en Jenofonte,39 sin dejar de ser por ello una genuina politeía; es más, son las demás formas de gobierno las que no pasan de ser “Estados-facción en los que los ciudadanos son dominados y esclavizados por una parte de ellos mismos y cada uno recibe el nombre a partir del elemento gobernante”.40 3. Aristóteles Con Aristóteles, Esparta pierde la preeminencia que había tenido en la escuela socrática, se convierte en un elemento más, si bien importante, en el análisis de los 33 Ps.Pl. Alc. I 120e-121b. 34 Arist. Pol. 1313a26 y frg. 534 Rose (=Heraclid. Lemb. 372.9 Dilts). 35 Pl. Lg. 691d-692a. 36 Pl. Lg. 773d (trad. propia). 37 Pl. Lg. 693d. 38 Pl. Lg. 683d-685a, 690d, 692b. Morrow 1960, 55 recuerda que, para Platón, como para Hobbes dos mil años después, los juramentos son una débil defensa frente a reyes poderosos y ambiciosos. Como comenta Ollier 1933, 270, en Platón el pasado de los lacedemonios parece el de un auténtico pueblo elegido. 39 Ducat 2016, 338-339. 40 Pl. Lg. 712e-713a (trad. propia). Morrow 1960, 155, añade que ni siquiera el gobierno de la ley salvaguarda contra la tiranía de una στασιωτεία; Lévy 2005, 226-227, quien distingue en Platón dos Espartas, la de la República y la de las Leyes (según Ollier 1933, 262, esta diferenciación tiene mucho que ver con la desaparición del régimen timocrático en la última obra). Fornis, C. Gerión 37(2) 2019: 323-341328 modelos constitucionales helenos.41 En el Estagirita prima más la taxonomía que el idealismo, más la pretensión de clasificar y analizar el régimen espartano que la de convertirlo en modelo ideal. Y no deja de aludir a la situación contemporánea, a diferencia de un Platón que siempre habla de la Esparta del pasado.42 En consonancia, en la Política aristotélica la admiración por Esparta mostrada por su maestro se difumina y el análisis se torna mucho más aquilatado. En el libro IV todavía es posible leer pasajes de aprobación hacia Licurgo –un ciudadano cualquiera (μέσος πολίτης)– y su legislación, particularmente por su preocupación por la educación comunitaria, que no distingue entre ricos y pobres, y por no hacer ostensibles públicamente las diferencias socioeconómicas entre el cuerpo cívico,43 lo que no impide que en el libro VII se describa a este “Jano” como un legislador poco afortunado en la medida en que sus leyes portan en sí mismas el germen de la decadencia y de la corrupción.44 Pero es en un largo pasaje del libro II donde Aristóteles despliega una profunda y ácida crítica a las instituciones lacedemonias: a los syssítia, que excluyen de la ciudadanía si no se hacen las debidas aportaciones y así la debilitan en lugar de fortalecerla; al poder de los éforos –elegidos de entre todos (ἐξ ἀπάντων) y extremadamente pobres (σφόδρα πένητες), de ahí fácilmente venales–, que se asemeja al de los tiranos (ἰσοτύραννον) y hace que los reyes mismos les cortejen; a los gérontes, cuyo proceso de selección es demasiado “pueril” y alienta a los individuos ambiciosos, que disfrutan del cargo de por vida (cuando “hay, como la del cuerpo, también una vejez de la mente”), no rinden cuentas de sus actos y toman las decisiones según su criterio y no según la ley; a la licenciosidad, el gusto por el lujo y la molicie de las mujeres, que considera han alcanzado excesivo poder económico, pues favorecidas por la endémica oliganthropía poseen dos quintas partes de la tierra (utiliza el término gynaikokratoúmenoi, “gobernados por mujeres”); al proceso de concentración de la propiedad en pocas manos, potenciado igualmente por el paulatino descenso en el número de ciudadanos, mientras el tesoro público está vacío y el sistema tributario es ineficaz, por no decir inexistente;45 al excesivo rigor del hilotismo, que incita a las sublevaciones y a la inestabilidad; y al militarismo desmedido (tema sobre el que vuelve en los libros VII y VIII), fruto de una mala comprensión de la areté, la cual no puede ser solo parcial, focalizada en una determinada virtud, la andreía, porque les lleva a creer que ésta es suficiente para asegurarse la hegemonía y, consecuentemente, a fomentarla en los jóvenes a través de penosos y excesivos ejercicios que no hacen sino embrutecerlos.46 41 En general para Esparta en el pensamiento aristotélico: Ollier 1933, 294-326; Cloché 1942; Tigerstedt 1965, 280-304; Rawson 1969, 72-80; De Laix 1974; David 1982-83; Schütrumpf 1994; Lévy 2001; Bertelli 2004; Hodkinson 2005, 227-237. 42 Ollier 1933, 270-271; Lévy 2005, 218. 43 Arist. Pol. 1294b14-18; cf. 1296a18-20. En otra obra aristotélica, la Ética a Nicómaco, el legislador espartano es elogiado por dos veces, primero junto a Creta, “por haber hecho a los ciudadanos buenos y sumisos a las leyes” (1102a8-12), y más adelante “por haberse interesado por la educación y las ocupaciones de los ciudadanos” (1180a25-30). 44 Arist. Pol. 1333b5-1334a10. Lo de Jano es de en Ollier 1933, 315. 45 Ya lo reconoce el rey Arquidamo II en Th. 1.80.4: “no tenemos dinero en el tesoro público ni estamos en condiciones de obtenerlo fácilmente de los recursos privados”. 46 Arist. Pol. 1269a29-1271b19, 1272a13-17, 37-39; cf. 1324b9, 1334a40-b3, 1338b9-13. Inciden sobre todo en esta crítica aristotélica los trabajos de Braun 1956 y Hermann-Otto 1998; aborda en concreto el análisis del imperialismo espartano, Schofield 2018. En palabras de Ollier 1933, 309, “Aristóteles traza el cuadro más severo y sin embargo más justo de la Esparta contemporánea de los que nos ha dejado el siglo IV” (trad. propia). Fornis, C. Gerión 37(2) 2019: 323-341 329 Sobre el tipo de politeía, considera primero que Esparta es un estado en el que aparecen bien mezcladas democracia y aristocracia (δημοκρατίας τε καὶ ἀρετῆς),47 pero más adelante dice que combina democracia y oligarquía, pues es democrático el modo de educar a los niños por igual, la comida comunitaria (syssítion) y el que no se diferencie visualmente a ricos de pobres, mientras es oligárquico que todas las magistraturas sean electivas y que una minoría tenga en su mano las decisiones sobre la pena de muerte, el destierro y otros asuntos importantes,48 para terminar por conceder importancia a la realeza, que ha aceptado limitaciones a su poder a cambio de hacerse más fuerte y duradera,49 por más que le desagrade un principio hereditario que no sube al trono a los hombres más sabios y virtuosos.50 Precisamente porque estos regímenes coexisten a la vez, el Estagirita pone a Esparta como ejemplo de μεμειγμένη πολιτεία, aunque no sea perfecta,51 y la sitúa entre las ciudades mejor administradas gracias a una Constitución que, junto a la cretense y la cartaginesa, “tiene con justicia buena reputación” y está muy por encima del resto.52 4. Tratados sobre politeía y epitedeúmata lacedemonios Desgraciadamente no se nos ha conservado la Constitución de los lacedemonios salida de la escuela peripatética –sobreviven fragmentos de resúmenes hechos por Heraclides Lembo en el siglo II a.C.–, que sin duda hubiera sido una fuente de información tan valiosa para Esparta como lo es la ᾿Αθηναῖων πολιτεία para la historia política e institucional de Atenas; claro que, salvo el ya mencionado de Jenofonte, no ha resistido la incuria del tiempo ninguno de los numerosos tratados constitucionales, o bien de usos y costumbres, que sobre Esparta se escribieron en la Antigüedad, reducidos a unas escasas citas, fundamentalmente en Ateneo y Plutarco.53 De los producidos en la misma Esparta no se ha conservado prácticamente nada de los lógoi políticos escritos por el rey Pausanias54 o los harmostas Tibrón55 y Lisandro,56 todos ellos a caballo entre los siglos V y IV.57 En cuanto a los que circularon más allá de las fronteras laconias, se perdieron las dos Lakedaimoniôn Politeíai, probablemente una en dísticos elegíacos y otra en prosa, de Critias, primo hermano de la madre de Platón y la cabeza visible y el más cruel de los Treinta Tiranos que gobernaron Atenas con el apoyo militar de Esparta tras la guerra del 47 Arist. Pol. 1293b14-18. 48 Arist. Pol. 1294b19-29. 49 Arist. Pol. 1313a19-33. 50 Arist. Pol. 1271a20-22. 51 Arist. Pol. 1265b33-36,1294b14-36; cf. Gianotti 2001, 23-27; Lévy 2001, 68-70; Hodkinson 2005, 236; Ducat 2017, 254-256. 52 Arist. Pol. 1272b26-29, 1273b24-26. De hecho, la polis lacedemonia parece inspirar algunos rasgos de la ciudad ideal aristotélica, una especie de “Esparta pacífica” (Ollier 1933, 324-325). De forma harto especulativa, Drews 1979 cree posible que las instituciones espartanas y cretenses, como las cartaginesas, estuvieran inspiradas en las fenicias, aunque admite que no sabemos apenas nada de éstas. 53 Para los autores antiguos atestiguados –sin duda hubo más– que escribieron sobre instituciones, tradiciones y costumbres lacedemonias, véase Figueira 2007. 54 FGH 582; según Éforo (FGH 70 F118 apud Str. 8.5.5), el tratado era sobre la legislación de Licurgo (περὶ τῶν Λυκούργου νόμων), con mención también de los oráculos recibidos. 55 FGH 581; Arist. Pol. 1333b13-21. 56 Ephor. FGH 70 F207 apud Plu. Lys. 30.3-4. 57 Para estas obras, véase Tober 2010 y Lupi 2010. Fornis, C. Gerión 37(2) 2019: 323-341330 Peloponeso, para quien, según Jenofonte, condiscípulo en las enseñanzas socráticas y camarada en las filas oligárquicas, “la constitución de los lacedemonios parece en verdad la más hermosa (καλλίστη)”.58 Los pocos fragmentos que sobreviven59 permiten constatar su idolatría por costumbres espartanas como la moderación en el consumo de vino durante los syssítia, la frugalidad alimenticia, la sobriedad en el atuendo y en la educación, la procreación eugenésica o su aseveración, acaso de cuño socrático, de que “en Lacedemonia los hombres libres son más libres y los esclavos más esclavos”.60 Dos escuetas menciones en Plutarco y Ateneo es lo único que tenemos de la Λακωνικὴ πολιτεία de Dioscúrides, casi con seguridad el discípulo de Isócrates.61 La misma suerte corrió el Τριπολιτικός de Dicearco de Mesina, formado en el Liceo a la sombra de Aristóteles y de Teofrasto, donde adquiría su formulación definitiva la teoría de la cuarta forma de gobierno (que él mismo denominó “la forma diceárquica”), esto es, la miktè politeía, tripartita, atemperada, ideal,62 de la que Esparta se erigía en arquetipo; de su opúsculo sobre la πολιτεία Σπαρτιατῶν, seguramente parte de su famosa Vida de Grecia (Βίος ῾Ελλάδος), se dice que agradó tanto a los espartanos que cada año era objeto de lectura pública en el ephoreîon, la sede de los éforos.63 El pitagórico Arquitas de Tarento, amigo de Platón y algo anterior a Dicearco, también escribiría, en Sobre la ley y la justicia (περὶ νόμου καὶ δικαιοσύνης), que “cualquier legislación que quiera ser poderosa y longeva, así como la ciudad, debe estar compuesta de instituciones democráticas, oligárquicas, monárquicas y aristocráticas. Es lo que sucede precisamente en la bien reglada Lacedemonia: los reyes representan a la monarquía, los gérontes a la aristocracia, los éforos a la oligarquía y los hippagrétai y los hippeîs a la democracia; cada cargo gobierna y a la vez es gobernado”,64 bien que en este caso el equilibrio y reciprocidad entre ellos se ajustaba a los principios pitagóricos de las fuerzas naturales que se contrarrestan. La huella espartana es asimismo bien patente en las hechuras de las escuelas cínica y estoica.65 Según Plutarco, sus precursores, Diógenes de Sínope y Zenón de Citio, se habrían inspirado en la legislación licurguea para sus respectivas politeíai.66 5. Isócrates A la enseñanza de la retórica y no al pensamiento político dedicó su larga vida Isócrates, que mediada la década del 360 escribe su Arquidamo con aparente empatía hacia una Esparta que, aplastada en Leuctra por los tebanos y ahora aliada 58 X. HG. 2.3.34 (trad. propia). 59 Frg. 88B32-37 Diels-Kranz. 60 Frg. 37, preservado en Lib. 25.63 (trad. propia). 61 Plu. Lyk. 11.9; Ath. 140B y F. 62 Frg. 71 Wehrli. 63 Cic. Att. 2.2.2, 13.32.2; Suid. s.v. Δικαίαρχος = frg. 1 Wehrli. Ath. 141A-C ha preservado un fragmento de esta obra a propósito de la sencillez que, cada noche, presidía la celebración del syssítion. 64 Stob. 4.1.38 (trad. propia). De Arquitas cuenta también Estobeo (4.1.38) que recomendaba que “las leyes no deben ser grabadas en casas o puertas, sino en el corazón de los ciudadanos, igual que la bien reglada ciudad de Esparta no se gobierna con una abundancia de leyes escritas”. 65 Ollier 1943, 3-20, 76-123; Tigerstedt 1974, 30-48. 66 Plu. Lyk. 31.2. D.L. 7.33 y 131 asegura que en la suya Zenón auspiciaba la igualdad entre los sexos, el comunismo de bienes y sexual y la abolición de la moneda. Fornis, C. Gerión 37(2) 2019: 323-341 331 de Atenas, ha perdido Mesenia y, con la tierra, los hilotas que la trabajaban; en el discurso se anima a los espartiatas a recuperar este territorio vecino “adquirido con no menos justicia que el resto de Lacedemonia”67 apelando por un lado a la ancestral tradición del retorno de los Heraclidas, sobre la cual se cimenta en el imaginario mítico la legitimidad espartana a la hegemonía peloponésica, y por otro a los atributos que siempre les han caracterizado, su pericia militar y su inalterable ordenamiento político, que es comparado con un campamento militar bien regulado,68 una imagen que evoca también su contemporáneo Platón69 y que será recurrente en la historia del pensamiento occidental. Pero todo ello en un discurso ficticio puesto en boca de un joven príncipe espartiata, el hijo de Agesilao II y futuro Arquidamo III, dirigiéndose a la Asamblea lacedemonia, con lo que no cabría esperar menos.70 Tampoco están claras las intenciones de Isócrates en el Busiris, no solo por el tono paródico que se cierne sobre este elogio del mítico rey egipcio denostado por la tradición helénica, sino porque allí la aserción de que los lacedemonios “administran muy bien su ciudad” tras haber adoptado ciertos elementos constitucionales egipcios (las comidas públicas, el ejercicio físico, las actividades militares, el no descuidar los preceptos del Estado) es desacreditada enseguida por el hecho de que no hacen buen uso de estas costumbres, pues, llevados de su pereza y ambición, “creen justo apoderarse de lo ajeno por la fuerza”.71 El discurso se data hacia 385, cuando la paz del Rey legitimó un nuevo orden internacional auspiciado por Esparta. En el Nicocles, un encomio del rey chipriota, hijo de Evágoras de Salamina, los lacedemonios vuelven a aparecer como “el pueblo mejor gobernado entre los griegos”, porque, lo mismo que los cartagineses, tienen una oligarquía como sistema político en casa que es compatible con la monarquía que rige en la guerra.72 En Areopagítico, Isócrates alaba en diversas ocasiones el pasado y las virtudes de Esparta, un elogio que se incardina en un canto a la pátrios politeía de los antepasados, personificada en un tribunal del Areópago que, cual espejo de la 67 Isocr. 6.16 (seguimos aquí, siempre que no se indique lo contrario, la trad. J. M. Guzmán Hermida, BCG, 1979-1980). En Panegírico (131), del año 380, Isócrates ya admitía la hilotización de los mesenios. El punto de vista opuesto, el de que Atenas no debe ayudar a Esparta a recuperar Mesenia, pues es justo que ésta sea libre, es mantenido por Demóstenes en el discurso En defensa de los megalopolitanos (esp. 9, 12 y 25), pronunciado en 353, y por un Alcidamas (frg. 1 A., preservado en el anónimo Comentario a la Retórica de Aristóteles) que proclama que el dios ha dado a todos los hombres la libertad y que la naturaleza no ha hecho a nadie esclavo. 68 Isocr. 6.81. 69 Pl. Lg. 666e, referido en principio a Creta. 70 Ya desde la Antigüedad se pensó que era una declamación de escuela que servía de modelo para los discípulos, hipótesis que han seguido algunos estudiosos modernos; Harding 1973, por ejemplo, considera que este discurso y Sobre la paz con los lacedemonios son meros ejercicios retóricos que conforman una antilogía, opiniones contrapuestas; según Azoulay 2006, el discurso explora un tema de teoría política, el de la relación de una ciudad con su territorio. Para Cloché 1933, 134-136, Isócrates es sincero en su elogio de Esparta, mientras que Ollier 1933, 360-363, supedita el deseo de ayudar a Esparta al odio que Isócrates sentía por los tebanos, beneficiarios de las desgracias lacedemonias y atenienses. Cf. también Bouchet 2014, 60-66, para quien las ambiciones de Esparta se limitan a la recuperación de Mesenia y la nostalgia de su pasada hegemonía trasluciría en realidad un deseo de recuperación de la hegemonía ateniense. No debe olvidarse que en 356 Isócrates hará del mismo Arquidamo, por entonces ya rey y con cierto prestigio militar, el destinatario de una carta (la IX) en la que le anima a realizar hazañas panhelénicas, es decir, del tenor del discurso y las dos cartas que más tarde dedicará a Filipo II. 71 Isocr. 11.17-20. 72 Isocr. 3.24. Fornis, C. Gerión 37(2) 2019: 323-341338 estirpe”,125 mientras que el Consejo de Notables no ha de ser tan reducido, igual que el Senatus es más numeroso que la Gerousía sobre la que se modela y de cuyo nombre mismo es traducción.126 Aun con todo, la realeza continuará sobresaliendo y el Estado no dejará de ser un reino, con el pueblo sometido y sin libertad, razón por la cual ni Esparta ni Cartago ni la Roma prerrepublicana combinaron adecuadamente y con moderación las tres formas de gobierno.127 En el presente, como sentencia en el Pro Murena, la preservación de las leyes y costumbres de los lacedemonios –el único pueblo del mundo que las ha mantenido inalterables durante setecientos años,128 una afirmación tan henchida de mirage como la de Isócrates– solo es posible al amparo de la autoridad y la protección de Roma.129 Con el advenimiento de la autocracia imperial, la teoría de la miktè politeía comienza a dejar de tener sentido, por motivos obvios. Aún hallamos una suerte de reformulación, de adaptación a los nuevos tiempos, en Dionisio de Halicarnaso, quien presenta a sus lectores que los paradigmas griegos están agotados y solo una “mímesis selecta” de ellos podría contribuir a mejorar lo que de hecho es una creación constitucional de los romanos, explicándose así la superioridad de éstos sobre el resto de los pueblos de la ecúmene y, en definitiva, la legitimación de su imperio.130 Pero ya Tácito la condena de manera irremisible: “Una forma de Estado mixta es más fácil de alabar que de establecer, y si se establece, no puede ser duradera”.131 El paradigma será resucitado, sin embargo, por los humanistas y utópicos renacentistas132 y, con Esparta casi siempre en la sombra, estará llamado a conocer gran fortuna en el pensamiento político moderno,133 no siendo pocos los que han visto en este constructo ideal, en este fantasma político, un lejano precedente del sistema de checks and balances del mundo anglosajón.134 Pero eso queda mucho más allá del límite cronológico que nos hemos trazado. 9. 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Ann. 4.33.1 (trad. J. L. Moralejo, BCG, 1979). 132 Fornis 2012. 133 Con carácter general, Rawson 1969 y Morel 1996. 134 Un reciente trabajo de Jean Ducat (2017) reivindica, en nuestra opinión con argumentos demasiado forzados, que la politeía lacedemonia continúa siendo mixta desde la perspectiva de los estudiosos en Ciencia Política de hoy en día. Fornis, C. Gerión 37(2) 2019: 323-341 339 Birgalias, N. – Buraselis, K. – Cartledge, P. (eds.), (2007): The Contribution of Ancient Sparta to Political Thought and Practice, Athens. Bouchet, C. (2014): Isocrate l’Athénien, ou la belle hégémonie. Étude des relations internationales au IVe siècle a.C. (=Ausonius Éditions. Scripta Antiqua 60), Bordeaux. Braun, E. (1956): “Die Kritik der lakedaimonischen Verfassung in der Politika des Aristoteles”, Kärntner Museumsschriften 12, 5-36. Canfora, L. (1990): “Nota”, [en] G. F. Gianotti (a.c.), Senofonte. L’ordinamento politico degli Spartani, Palermo, 9-13. Cartledge, P. 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