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Turismo de base local en Galicia: eco-agroturismo arqueixal o la excepción cultural como modelo

Pereiro, Xerardo

Abstract

En Galicia, y en un contexto de nuevas ruralidades, el turismo rural ha seguido siempre una política de substitución de la agricultura. De hecho, desde la aparición del desarrollo de turismo rural, fueron mínimos los casos de abertura de proyectos agroturísticos. Desde diferentes perspectivas esa política ha fracasado y no ha conseguido las buenas intenciones pretendidas de desarrollo rural y freno para el despoblamiento. En nuestro texto empezaremos por contextualizar esas políticas para luego ilustrar algunas de sus implicaciones territoriales y humanas. Galicia, a diferencia de otros territorios europeos, no ha apostado seriamente por modelos agroturísticos y menos por modelos turísticos de base local donde las comunidades fueran realmente protagonistas. Pero en los últimos años hay señales de cambio en algunos proyectos y microterritorios de la ruralía gallega. Es el caso de Arqueixal, un proyecto ecoagroturístico ubicado en el centro de Galicia que promueve un turismo rural responsable y de base local. Además de ello, Arqueixal lidera la organización del festival rural “Son d´aldea”, donde la participación local es central en la organización de un turismo no folclorizante ni idealizante, sino consciente y consciencializador de las relaciones entre pasado y presente.

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REVISTA ANDALUZA DE ANTROPOLOGÍA. NÚMERO 8: TURISMO DE BASE LOCAL EN LA GLOBALIZACIÓN MARZO DE 2015 ISSN 2174-6796 [pp. 45-67] http://dx.doi.org/10.12795/RAA.2015.i08.03 Fecha de Recepción: 29-12-2014 Fecha de Aceptación: 20-02-2015 TURISMO DE BASE LOCAL EN GALICIA: ECOAGROTURISMO ARQUEIXAL O LA EXCEPCIÓN CULTURAL COMO MODELO Xerardo Pereiro Universidade de Trás-os-Montes e Alto Douro Resumen. En Galicia, y en un contexto de nuevas ruralidades, el turismo rural ha seguido siempre una política de substitución de la agricultura. De hecho, desde la aparición del desarrollo de turismo rural, fueron mínimos los casos de abertura de proyectos agroturísticos. Desde diferentes perspectivas esa política ha fracasado y no ha conseguido las buenas intenciones pretendidas de desarrollo rural y freno para el despoblamiento. En nuestro texto empezaremos por contextualizar esas políticas para luego ilustrar algunas de sus implicaciones territoriales y humanas. Galicia, a diferencia de otros territorios europeos, no ha apostado seriamente por modelos agroturísticos y menos por modelos turísticos de base local donde las comunidades fueran realmente protagonistas. Pero en los últimos años hay señales de cambio en algunos proyectos y microterritorios de la ruralía gallega. Es el caso de Arqueixal, un proyecto ecoagroturístico ubicado en el centro de Galicia que promueve un turismo rural responsable y de base local. Además de ello, Arqueixal lidera la organización del festival rural “Son d´aldea”, donde la participación local es central en la organización de un turismo no folclorizante ni idealizante, sino consciente y consciencializador de las relaciones entre pasado y presente. Palabras clave. Ecoagroturismo, turismo de base local, turismo rural, Galicia, Arqueixal. 45 Abstract. In Galicia, and in a context of new ruralities, rural tourism has always followed a policy of substitution of agriculture. In fact, since the appearance of the development of rural tourism, cases were minimal opening agritourism projects. From different perspectives, that policy has failed and has not gotten alleged good intentions of rural development and brake depopulation. In our paper we begin to contextualize these policies and then illustrate some of their territorial and human implications. Galicia, unlike other European territories, has not seriously opted for agritourism models and least locally based tourism models where communities were actually actors. But in recent years there are signs of change in some projects and small territories. Arqueixalis an eco-agri-tourism project located in the center of Galicia that promotes responsible tourism and rural community based-tourism. Moreover, Arqueixal leads the organization of rural festival “Son d’aldea” where local participation is central for the organization and the consciousness of visitors about the relations between past and present. Keywords. Ecological agritourism, local community based tourism, rural tourism, Galicia, Arqueixal. 1. INTRODUCCIÓN Desde la conquista de la autonomía de Galicia a finales de los años 1970, las políticas de desarrollo rural en Galicia han utilizado el turismo rural como sustituto de las actividades agropecuarias. Las unidades de turismo rural creadas (hoy más de 500) se han centrado generalmente en las infraestructuras de alojamiento y son mínimos los casos de abertura de proyectos agroturísticos. Desde diferentes perspectivas críticas esa política ha fracasado y no ha conseguido las buenas intenciones pretendidas de desarrollo rural y freno para el despoblamiento, principalmente del interior (cf. Trabada Crende, 2007). En nuestro texto empezaremos por contextualizar esas políticas para luego ilustrar algunas de sus implicaciones territoriales y humanas. Galicia a diferencia de otros territorios europeos no ha apostado seriamente por modelos agroturísticos y menos por modelos turísticos de base local donde las comunidades fueran empoderadas y realmente partícipes y protagonistas de su propio desarrollo. Pero en los últimos años hay señales de cambio en algunos proyectos y microterritorios de la ruralía gallega. Es el caso de Arqueixal, un proyecto ecoagroturístico ubicado en el centro de Galicia que promueve un turismo rural responsable y de base local. Además de ello, Arqueixal lidera la organización del festival rural “Son d´aldea”, celebrado el primer 46 fin de semana del mes de septiembre de cada año, donde la participación local es central en la organización de un turismo cultural no folclorizante ni idealizante, sino consciente y consciencializador de las relaciones entre pasado y presente. En nuestro texto, y siguiendo una estrategia metodológica etnográfica de análisis de la excepción cultural, pretendemos elucidar sobre los problemas y las oportunidades de producir una forma diferente de hacer turismo de base local. Nuestro objetivo es reflexionar sobre la relación entre agricultura y turismo rural. Para ello tomaremos como referencia a Arqueixal ecoagroturismo, un caso de estudio que no es representativo de la realidad del turismo rural en Galicia, antes por el contrario es una excepción cultural en la diversidad. Pero su particularidad es bien significativa, pues nos muestra nuevos caminos de relación entre la agroganadería y el turismo rural. La elección de este caso de estudio se justifica en: a) la importancia que este proyecto ha tenido y está teniendo en la exportación de una nueva forma de entender la ruralidad y el turismo rural en Galicia; b) nuestro conocimiento antropológico longitudinal y transversal con seguimiento del caso desde su nacimiento en el año 1989, debido a estar localizado en una zona donde hemos desarrollado trabajo de campo antropológico desde finales de los años 1980 y que concluyó en la producción de una tesis doctoral sobre las relaciones entre lo rural y lo urbano en Galicia (ver Pereiro, 2005); c) la excepcionalidad cultural como forma de aumentar el conocimiento sobre la diversidad turístico-cultural. La metodología utilizada para la construcción de este texto ha sido la etnografía antropológica, articulando la observación participante longitudinal con las entrevistas informales con la familia Carrera Valín, sus trabajadores y sus clientes, el análisis documental y la ciberetnografía. Además de ello, y bajo mi orientación científica, dos ex-alumnos de nuestra licenciatura en antropología aplicada, Gonçalo Mota e Ivett Krezet, han disfrutado de una beca Leonardo da Vinci (2009-2010) para investigación e intervención social en Arqueixal. Su trabajo ha consistido en investigar para construir una imagen pública del proyecto, culminada en la elaboración de la página web (http:// www.arqueixal.com) y dos documentales antropológicos. Todo ello me ha permitido construir un conocimiento cercano y familiar de una realidad próxima culturalmente pero compleja desde el punto de vista de la mirada antropológica. Subrayar aquí que el concepto de turismo de base local es ambiguo y que está muy relacionado con el de turismo comunitario (Murphy, 1985; Gascón, 2013). Es difícil encontrar una definición adecuada para esos dos conceptos en la literatura científica (cf. Richards y Hall, 2000; Ruiz Ballesteros, 2011; Cañada, 2012; Gascón, 2013). Desde mi punto de vista, el turismo de base local es una metáfora que la literatura científica utiliza para lo que el mercado turístico clasifica como turismo comunitario, algo muy popularizado en las últimas décadas en algunos lugares del mundo, producto de los movimientos sociales a favor de turismos alternativos y responsables. 47 El turismo de base local es una mirada del turismo desde las personas y su forma de organizarse en colectividad, que actúan de forma estratégica para controlar recursos de un territorio y obtener de él lo necesario para vivir. En este sentido, consideramos que no hay un modelo de turismo de base local aplicable universalmente, porque los contextos y las poblaciones locales son diversos. Por ello, los principios y la filosofía del turismo de base local (ej. la auto-organización y la distribución de los beneficios) se adaptan creativamente a los diferentes contextos y poblaciones locales. La comunidad y la base local no son un absoluto, y más bien son vagos e imprecisos términos para definir y delimitar a un grupo humano. El primero afirma su sentido de cohesión social y el segundo el sentido de anclaje territorial, y ligados al concepto de turismo han idealizado el grupo con fines comerciales. Además han homogeneizado y moralizado el grupo en cuestión y el turismo como buenos, frente a los turismos malos y las influencias externas consideradas muchas veces como negativas. Esta dicotomización ha llevado a una simplificación extrema de la diversidad y desigualdad interna en muchos grupos, pero también a la ocultación de las conexiones local-global, los flujos culturales, las relaciones sociopolíticas y económicas globales que afectan a los espacios glolocales. La base local o comunidad no son un grupo con atributos esenciales, ellos son una forma de manejar el desafío de vivir juntos y de gestionar recursos colectivos e individuales. No queremos con ello minusvalorar las experiencias de turismo comunitario o de base local, más bien reflexionar sobre las diferentes formas de hacer turismo de base local y la diversidad de estrategias de acción. Del mismo modo, pensamos que no solamente la comunidad organiza turismo comunitario, sino que también el turismo, como campo de relaciones local-globales, puede contribuir a la organización de la comunidad. No podemos descuidar esta idea si queremos comprender mejor el turismo de base local, o mejor el turismo con base local, como tendremos ocasión de ver en el análisis etnográfico del caso de estudio que presento más adelante. El turismo de base local no es tan local como lo pintan. Por un lado los agentes locales dependen de agentes globales (ej. mediadores o turistas), y por otro este tipo o modalidad de turismo se aprovecha de algo global que es el cambio del centro de atención del producto para el servicio y hoy en día la experiencia. Ese nuevo centro en la experiencia turística ha favorecido los proyectos turísticos de reencuentro con la naturaleza y la cultura de los nativos. El texto que a continuación presentamos empieza por situar el caso de estudio en el contexto de las transformaciones de los espacios rurales en Galicia y el papel del turismo rural en esas mudanzas, para luego presentar el caso de estudio como ejemplo de turismo de base local. Concluiremos el texto con una reflexión final sobre el cambio de paradigma en el turismo rural de Galicia de un turismo sin agricultura a una agricultura con turismo responsable. 48 2. NUEVAS RURALIDADES Y TURISMO RURAL EN GALICIA Los espacios rurales se están redefiniendo globalmente y de manera particular en Europa (Cloke, Marsen y Mooney, 2006; Van der Ploeg, 2010, Silva y Figueiredo, 2013) y en la Península Ibérica (García Sanz, 1994; Pereiro, 2005; Roseman, 2008; Silva, 2009, Pereiro y Prado, 2013). Los denominados neorurales y rurbanos han adquirido cierto protagonismo en la reconstrucción, mirada y resignificación de los “viejos” espacios rurales, y han entrado en un proceso de diálogo con instituciones y otros protagonistas. Lo cierto es que estamos asistiendo a una serie de transformaciones sociales, económicas, políticas y culturales de los sentidos del lugar “rural” que es necesario repensar desde el punto de vista teórico, metodológico y también desde la intervención-aplicación. Desde esta óptica, entendemos el concepto de nuevas ruralidades (Oliva, 2010; Pereiro, 2011) como una herramienta analítica útil para comprender las transformaciones rurales contemporáneas. Con datos del 2013 (IGE, 2013, ver www.ige.eu), Galicia contaba con una población de 2.765.940 habitantes, de los cuales 1.138.161 residirían en la provincia de Coruña, 955.050 en la de Pontevedra, 346.005 en la de Lugo y 326.724 en la de Ourense. Las cifras muestran una desigual ocupación del territorio, con una población concentrada en el litoral y en los centros urbanos, el despoblamiento rural no ha tocado fondo aún, pero este se produce más por envejecimiento y fallecimiento de la población más vieja, que por movilidad demográfica hacia los núcleos urbanos. Este despoblamiento, sobre todo de las provincias de Lugo y Ourense, hay que verlo en perspectiva histórica como parte de un proceso de urbanización compleja. Según el Instituto Gallego de Estadística (fuente: www.ige.eu), en el año 2010 Galicia tenía 30.100 entidades singulares de población, 10.278 en núcleos y 20.491 en diseminado. De ellos, 26.997 tenían menos de 100 habitantes. En ese mismo año había 1.407 aldeas abandonadas (584 de la provincia de Lugo, 533 de la de Coruña, 140 de Pontevedra y 130 de Ourense), 827 con un único habitante censado. Pero estos datos estadísticos pueden desviar la atención de otros indicadores y procesos de transformación que apuntan a un tiempo de nuevas ruralidades y un repoblamiento incipiente. Si bien el número de explotaciones agrarias ha disminuido considerablemente, hasta el punto de que algunos hablan del final del campesinado gallego (Cabana Iglesia, 2008; González Reboredo, 2009), también es cierto que entre 1999 y 2009 la superficie media por explotación agrícola ha aumentado en un 45,9% (fuente: Censos agrarios de España), el mayor aumento del estado español, aunque a pesar de ello las explotaciones rurales gallegas siguen siendo relativamente pequeñas. Estas representaciones estadísticas no dejan de tener una cierta miopía, pues pese a ello la pequeña agricultura familiar continua a reproducirse sin aparecer en la estadística y sin ser digna de medición socioeconómica oficial (Carreira y Carral, 2014). 49 Esta miopía estadística lleva a infravalorar algo que en Galicia es fundamental: la agricultura es un modo de vida y no solamente una actividad económica empresarial y capitalista. La pequeña agricultura sentimental o agricultura de precisión (Carreira y Carral, 2014) continúa a ligar rural y urbano, se reinventa en los centros de las ciudades gallegas y sigue siendo un valor importante para gran parte de la población, bien como productores o como consumidores, genera rentabilidad económica y está ayudando a salir de la “crisis” a muchas familias gallegas. Por lo tanto hay resistencia y autonomía de la pequeña agricultura familiar gallega, aunque muy distribuida por el territorio y sin una medición estadística oficial. Los espacios rurales gallegos son hoy parte de una región urbana desde el punto de vista social, cultural, político y económico. No vale ya la dicotomía rural/urbana para explicar o entender la realidad gallega, por mucho que legislaciones, políticas e imaginarios continúen a utilizarla en Galicia, hay ya un urbanismo sin ciudad o también desde otra mirada un rurbanismo antropológico (Pereiro, 2005). Lo rural ha perdido autosuficiencia y ha aumentado su dependencia urbana, pero también es cierto que ha cambiado su significado simbólico en el mercado global. Galicia ha pasado en las últimas décadas, de ser una sociedad rural agraria a una sociedad urbana pos-agraria y posmoderna, que ha cambiado su mirada con relación a su ruralidad, patrimonializando y naturalizando esta. En este proceso el campesino gallego no desaparece, sino que ha cambiado con el tiempo, como siempre ha sucedido. Y si bien son un grupo social cuantitativamente menor que antaño, este se ha renovado y adaptado a los nuevos tiempos produciendo de forma no exclusivamente capitalista y subordinada frente a los grandes capitales (Palerm, 1997). Los espacios rurales gallegos han disminuido su función de producción alimentar y han cambiado sus funciones y significados por los de consumo de ocio y servicios de recreación, tranquilidad, turismo rural, bienestar, etc. Esta diversificación multifuncional de los espacios rurales gallegos lleva a: a) un nuevo poblamiento rural, cuantitativamente aún no importante, pero sí cualitativamente relevante; b) la atribución de nuevos usos y sentidos sociales a las ruralidades; c) la diversificación de los agentes sociales en interacción; d) el pendularismo rural-urbano y el aumento de la población vinculada a lo rural (ej. fines de semana); e) la conversión del agro (espacio de producción agrícola) en paisaje para contemplación y disfrute. Y si bien no existe un único rural gallego, sí que estos procesos de contraurbanización se están produciendo bajo diferentes formas en todo el territorio galaico. Y ¿cuáles están siendo los factores de cambio que llevan a esas nuevas ruralidades? Entre los procesos socioeconómicos estructurales destacan el impulso del tardo capitalismo, la globalización, el consumismo, la contaminación insostenible, las agresiones al medio ambiente, los abusos de poder de la agroindustria capitalista, y la “crisis”... Entre los 50 procesos ideológicos destacan el pastoralismo (Marx, 1964; 1976), el naturalismo, la patrimonialización (Smith, 2006), el ambientalismo (reservas, parques...), el ecologismo y otros movimientos sociales de reivindicación (ej. el decrecimiento, el turismo sostenible o el turismo responsable). Estos procesos ideológicos no están exentos de una cierta idealización y de un cierto romanticismo que mitifica un pasado rural exento de dureza e de culturas de trabajo difíciles. Entre los procesos sociales destacamos las nuevas culturas de movilidad urbano-rural, las nuevas valorizaciones de los productos agroecológicos y “saludables”, las huidas del estrés urbano, el repoblamiento rural gallego por extranjeros, y la venta de casas rurales. Estos factores de cambio que crean nuevas ruralidades están produciendo también nuevos paisajes culturales en los cuales el turismo rural tiene un papel importante. El turismo rural se presentó en Galicia como una panacea del desarrollo rural; era un turismo rural colindante pero ajeno al mismo tiempo a la agricultura y pensado solamente para mantener alguna población en el medio rural. Pero el modelo seguido ha sido el desarrollo del turismo en espacio rural, y no un verdadero modelo de turismo rural o agroturismo, el turismo ha actuado así como un sustituto de la agricultura y no como un complemento o dinamizador de la actividad agraria. Este proceso condujo a la práctica inexistencia de agroturismo (Rodil Fernández, 2009) y las sucesivas legislaciones no han sabido o querido corregir esta tendencia (ej. Decretoley del 2 de junio de 1995 de ordenación de los establecimientos de turismo rural; Ley 9/1997 de 21 de agosto de ordenamiento del turismo en Galicia; Decreto 191/2004, del 29 de julio, de estabelecimientos de turismo rural de Galicia -DOGA, 10-8-2004-; Ley 7/2011, del 27 de octubre del turismo de Galicia). Entendemos el agroturismo como un tipo de turismo desarrollado en explotaciones agrícolas, significando un rendimiento complementar de la actividad agrícola (Phillip et al., 2010; FleischeryTchetchik, 2005). En esas explotaciones es fundamental el consumo turístico de productos alimentares producidos allí mismo, por lo tanto hay una relación intrínseca entre agricultura y turismo, mediada por la comida y los productos de calidad. Sin embargo, y a pesar de ello, el turismo rural de Galicia representa un signo de esas nuevas ruralidades de las que hablamos, su oferta ha aumentado con el paso del tiempo, ya en el 2003 presentaba 436 establecimientos y en 2010 llegaba a su tope en 538, disminuyendo desde entonces hasta los 520 unidades en el 2013. La capacidad de alojamiento también aumentó hasta 2010 (6.632 plazas) y desde entonces no para de disminuir, así en 2013 tenía 6.493 plazas (fuente: IGE, www.ige.eu). Esta oferta turística presenta una paradoja de distribución territorial, pues los establecimientos son más abundantes en las provincias litorales de Coruña y Pontevedra, que en las provincias de interior de Lugo y Ourense, consideradas más “rurales”. Podemos observar esta distribución geográfica en la siguiente tabla: 51 Tabla 1: Alojamientos de turismo rural de Galicia en 2013 2013 Número de establecimientos Número de plazas Galicia 520 6.493 A Coruña 152 1.880 Lugo 131 1.654 Ourense 74 960 Pontevedra 163 1.998 Fuente: IGE, 2013 En el año 2003 ya tenemos datos importantes de demanda con 114.270 turistas rurales, en un 90% españoles (49% gallegos, 20% de Madrid) y solamente 10% extranjeros (Sparrer, 2007: 58). En el año 2011, el número de turistas rurales sube a 142.793 y los extranjeros ya representan un 14,1%. En el año 2013 esa cifra baja a 129.179 turistas lo que muestra el parón en la demanda de este tipo de turismo (fuente: INE, www.ine.es). A diferencia de Portugal (Silva, 2009), nuestro país vecino, donde la demanda de turismo rural es en un 70% de extranjeros, el caso español y gallego presentan fundamentalmente una demanda estatal interna, donde los turistas parecen tener una cierta nostalgia y atracción rural luego de un intenso proceso de urbanización desde la década de 1960. Son muchas las críticas realizadas a las políticas de desarrollo del turismo rural gallego (Pardellas, 1996; Valcárcel Ribeiro y Santos Solla, 1999; Prado Conde y Pereiro, 2012;Pereiro, 2012), pero una constante en esas críticas apunta al marco legal restrictivo de la primera legislación, la baja ocupación (10,8% en 2013, fuente: IGE, www.ige.eu), la poca rentabilidad económica y la falta de producción de productos turísticos rurales integrados que combatan realmente la estacionalidad, fijen población y dinamicen las economías rurales. Según datos del Instituto Nacional de Estadística el turismo rural en Galicia solamente da trabajo a 818 personas (ver www.ine.es). Esos puntos críticos de la investigación turística señalan la necesidad de una segunda generación de turismo rural (Lane, 2014) en Galicia, con trabajo en red, innovación, planificación desde abajo y más relación experiencial con la agricultura y los residentes en el rural. 52 Todos estos datos contextuales son importantes porque nuestro caso de estudio va a demostrar que otra política de turismo rural es posible. En Galicia, las ayudas públicas al turismo rural gallego no favorecieron en casi ningún caso a los agricultores. Es más, los establecimientos que en teoría son agroturísticos (las “casas de labranza”) no lo son en la realidad, por lo que a diferencia de otras comunidades autonómicas españolas que han apostado claramente en el agroturismo, en Galicia, considerada históricamente como una comunidad rural y agrícola, el agroturismo no tiene una implementación importante. En el caso gallego, el turismo rural de Galicia no ha conseguido aumentar la producción agraria, no se ha articulado con el tejido económico local y ni siquiera ha sido capaz de convertirse en una actividad rentable económicamente, pero mucho menos de fijar mucha población y crear gran empleo en el rural. Por ello podemos concluir aquí que hubo una desproporción entre las inversiones y los impactos esperados (Santos, 1999; Martínez Roget, 2004; Lois et al, 2009; Santos e Paul, 2011), que el turismo rural ha representado un discurso ideológico, retocando con estética folclorista, barnizando el dramático cambio rural y creando escaparates de tradiciones inventadas para consumo urbano, vendiendo los restos del naufragio de comunidades rurales (Prista, 1998). El turismo rural gallego ha sido más bien útil para promover una cierta especulación inmobiliaria protagonizada en muchos casos por una cierta burguesía urbana de las pequeñas ciudades gallegas. Por lo tanto el turismo rural en Galicia no ha revitalizado el medio rural pero sí que ha contribuido a transformarlo al mismo tiempo que ha sido producto y resultado de esa transformación. 3. AGROTURISMO ARQUEIXAL COMO EXCEPCIÓN CULTURAL EN LA DIVERSIDAD Arqueixal es una granja familiar situada en la aldea de Albá (de unos 70 habitantes), municipio de Palas de Rei (comarca de la Ulloa, provincia de Lugo, comunidad autonómica de Galicia), que cuenta con 30 hectáreas de superficie en su explotación agraria. Arqueixal nace como proyecto en el año 1989 por iniciativa de Xosé Luis Carrera Valín, siguiendo la tradición familiar de sus padres quienes habían creado a lo largo de sus vidas una pequeña explotación agraria (policultivo minifundista). Luis es el segundo de 4 hermanos, ha estudiado magisterio (educación) y es una persona sensibilizada con la ecología y el medio ambiente (cf. Pereiro, 2012; González Sousa, 2013). A su regreso de la ciudad decide innovar en la explotación y negocia con sus padres y familia esa innovación sobre la tradición. El introduce vacas de raza parda (más queseras) en vez de las frisonas (más lecheras) y de las rubias gallegas (más orientadas a la producción cárnica), que han perdido producción lechera, aumenta el tamaño de la explotación, cuida los pastos y la alimentación de las vacas con mimo y esmero. Podríamos 53 Empezamos nuestro recorrido acompañado de un grupo de gallegos, catalanes (de Pineda del Mar) y una antropóloga japonesa que está haciendo trabajo de campo en la zona. El primer punto de parada es el “Largo do Cruceiro”, una de las plazas de la aldea donde el grupo folclórico de la ciudad de Lugo “María Castaña” y el grupo local de baile tradicional gallego “Buxaina” interpretaban una “foliada” (encuentro para bailar, cantar y divertirse celebrado tradicionalmente al caer la tarde). El segundo punto de parada es la Casa de la Rebordela, una casa de piedra recuperada para escenario de la ruralidad de finales del siglo XIX. A esta pequeña vivienda de piedra de granito, los visitantes entran por la puerta del establo, donde una vaca rubia gallega y su ternerito comen y son exhibidos para los visitantes. En el “sobrado” o piso superior el visitante puede ver el dormitorio, las queseras y el mobiliario de la época junto con un antiguo telar. La salida del recorrido es por la “lareira” (cocina) donde tres mujeres de la zona actúan como productoras tradicionales de queso y establecen un diálogo irónico en gallego sobre cual la mejor forma de producir queso. Son representantes de tres generaciones de mujeres de la comarca que sintetizan formas de relación entre lo rural y lo urbano en Galicia. Una de ellas es nativa de la zona, está jubilada y ha sido una gran productora de quesos; otra es de una generación intermedia, vive en la villa o pueblo de Antas de Ulla y es periodista; la tercera es de una generación más joven y reside en la ciudad de Vigo, donde estudia teatro. El recorrido continúa por los caminos de la aldea y un tercer punto donde se detiene el grupo es el de los canteros haciendo un muro de piedra y explicando el oficio de cantero a los visitantes. Aquí podemos ver ya una primera división de género en función de tareas adscritas localmente como más adecuadas. El cuarto punto de la visita organizada es la escuela, recreada en el patio de una casa rural, donde una antigua maestra de la aldea, sus jóvenes alumnos y un inspector reproducen la escuela de los tiempos de la dictadura franquista en un ambiente simbolizado materialmente por el crucifijo, la bandera española de la época, el retrato del dictador Francisco Franco y otros elementos. Uno de los temas centrales del guion escenificado es el conflicto lingüístico entre el gallego y el español, la subordinación, adaptación y resistencia de los hablantes en gallego. El cuadro presentado es también un cuestionamiento moralizante de los que piensan que hablar español es lo correcto en Galicia y hablar gallego es cosa de paletos y atrasados. Posteriormente el grupo avanza hacia una casa donde se cuece el pan en un horno de piedra y más tarde el grupo se dirige a un prado donde los segadores “crabuñan” o preparan su guadaña para cortar la hierba. Seguidamente nos detenemos en otra casa donde dos hombres trabajan los cestos y la madera, y establecen un diálogo desgarrado sobre la mejor forma de trabajar las maderas. Sus conocimientos son profundos, son poliactivos pero dominan saberes y conocimientos sobre el bosque, los árboles y arbustos, el medio ambiente, la influencia de la luna y el tiempo atmosférico en la calidad de las maderas. 60 Sus eco-técnicas son presentadas de una forma pedagógica para un público general no instruido en saberes técnicos y culturales de este tipo, sus interpretaciones utilizan el humor y la representación escénica para hacer pasar un rato agradable y aprender cosas al grupo. La visita guiada por los escenarios campestres sigue y luego de una pequeña parada en un puesto de venta, gestionado por mujeres vestidas como las mujeres rurales vestían en 1950, para degustar el pan de trigo y el queso de la Ulloa locales, el grupo camina hacia los alrededores de la aldea. Y en medio del camino y desde lo alto aparece la figura del mítico “Curuxás” (Ramón Rodríguez Varela), un anarquista gallego de la CNT huido de la represión franquista, y al que el aparato franquista no consiguió detener en toda la posguerra civil española. La representación de Curuxás, encarnado por el vecino de la aldea Xusto, es la de un guerrillero antifranquista o “maquis” que defiende la República y anima a combatir la Dictadura y sus aparatos de represión (ej. la guardia civil). Esta representación relaciona política y ruralidades cuestionando varios clichés y equívocos históricos: la supuesta absoluta subordinación campesina, la falta de resistencia gallega frente a la dictadura franquista, la adhesión al régimen sin contestación. Lejos de una idealización cristalina y limpia, esta representación es comprometida con la historia (Parrado, 2009), pero también con las memorias sociales de los habitantes más viejos de la zona. Casi llegando al final del recorrido performativo, nos encontramos con el lavadero y un grupo de mujeres lavando y dialogando sobre la vida social de la época. Y de regreso a la aldea nos asalta un hombre que nos pregunta quien ha cambiado su turno de riego de aguas. Esta escenificación del conflicto sobre el agua, tan típico en la Galicia rural de mediados del siglo XX, nos presenta de una forma teatralizada la lucha por los recursos, la conquista de la tierra por los campesinos gallegos y su defensa a ultranza, incluso hasta la muerte. Finalmente el recorrido acaba en su punto de salida, el campo de la fiesta de la parroquia, donde el grupo contempla como un grupo de hombres cavadores preparan el monte para el cultivo y también preparan trampas para cazar la perdiz. Al remate del recorrido interpretativo y guiado, y desde un palco habilitado para el efecto se entregaron premios y se pronunciaron varios discursos en defensa de lo rural y la dinamización del mismo. Los protagonistas de los discursos son políticos, organizadores y gentes ligados a la producción cultural gallega que manejan una ideología pastoralista y naturalista, pero también patrimonialista. Algunos de los discursantes desde el palco interpretaron lo vivido como un recurso simbólico para la construcción de una nueva ruralidad gallega y por ende de la identidad nacional de Galicia. No podemos olvidar que la ruralidad ha sido para el nacionalismo gallego una fuente de recursos identitarios de la nación gallega imaginada. 61 La mañana concluyó con un almuerzo con productos tradicionales como las bautizadas como “galeguesas” (hamburguesas de carne ecológica de vacas gallegas), el caldo, el pan de la aldea de Carteire, las galletas de nata “maruxas”, los grelos deshidratados “Milulloa”, el queso arqueixal o el licor de ortigas. La tarde continúa con una fiesta de campo animada por un grupo musical, una feria de productos artesanos y con una convivencia prolongada entre los alrededor de 400 participantes. 5. CONCLUSIONES En este texto presentamos una panorámica del turismo rural en Galicia para ilustrar un caso de estudio ejemplar, particular, diferenciado y significativo de cómo se pueden establecer relaciones de complementariedad entre la actividad agrícola y el turismo (Gascón y Ojeda, 2014) orientado desde una base local. El turismo no beneficia automáticamente otras actividades económicas y menos las actividades agrarias de base local, pero mucho menos cuando se plantean políticas de substitución de la agricultura por el turismo o de separación de ambas actividades. Si bien es cierto que hoy en día el turismo es parte del paisaje rural gallego y al mismo tiempo un elemento de transformación social rural, los caminos seguidos en el pasado no han conseguido crear una dinamización social rural importante. Lo que parecía ser un salvavidas y una panacea no se convirtió ni en lo uno ni en lo otro. La empresarialización de la actividad agraria distanció la agricultura del turismo, pero hoy en día parecen existir nuevas aproximaciones que posibilitan canalizar mejor la producción agraria y alimentar a través del turismo. De acuerdo con Jordi Gascón (Gascón y Ojeda, 2014), la clave de un buen enlace entre agricultura y turismo está en no subordinar la agricultura local al turismo (tal como propone la teoría del enlace inducido para el turismo de nicho), y por pensar mejor en los beneficios no mercantilizados de la agricultura campesina. El caso de estudio que presentamos muestra bien esas posibilidades, y en cuanto turismo de proximidad sería una alternativa sostenible al turismo de larga distancia y a la idea de “mejor cuanto más lejos”. Esto significaría un cambio en los modelos de consumo turístico, algo no muy cercano en el tiempo y con las cifras del turismo internacional a aumentar exponencialmente cada año. El ecoagroturismo puede significar en el caso gallego no una fase ultrapasada, romántica y arcaica de la actividad agraria sino un modelo viable de producción de alimentos, una forma de mantenimiento de los ecosistemas, multifuncionalidad y soberanía alimentaria. En este sentido el turismo puede ser un amigo de lo ecológico y significar una oportunidad 62 para dignificar modelos agroecológicos adecuados a cada contexto cultural. El caso de estudio presentado es algo más que un producto turístico con base local, y puede ser considerado como una filosofía de desarrollo rural en acción, un etnodesarrollo que utiliza el turismo como estrategia de adaptación a las nuevas ruralidades. 63 REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS Cabana Iglesia, Ana (2008) “Tres tempos nunsó tempo: as aldeas en Galiza”,Arraianos VII, pp. 19-26. 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