Discurso sobre la utilidad del estudio de la lengua latina : leido despues de la distribucion de premios en los exámenes públicos y jenerales [sic] de los alumnos del colejio [sic] de S. Diego de Sevilla celebrados al fin del curso de 1846
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rio !a verdad. No subsUluyanios áuií (ieiirio oír!) diaínetralmente opuesto. Esíablezeamos dentro de sus verdaderos límites la utilidad del estudio de la leiiíjua latina: vante todas cosas, no contundamos con este noble ymajestuoso idioma, la algarabía bárbara del escolasticismo, que por tantos siglos ha tiranizado las universidades de Europa. Yo recomendaré la'lengua de \irjiIio y de Cicerón: nó el dialecto alevoso de (ioudin yRosely. Es muy digno de notar, que desde los tiempos de Luis XIV hasta nuestros dias, los franceses ,cuyo idioma parece que se quiere imitar como modelo ,han procurado siempre ysin escepcion alguna |>erfeccionar ,mirándolo como el fundamento de su educación literaria, el estudio de esa misma lengua latina, que algunos pretenden proscribir en España. En las aulas de esta lengua ha comenzado el saber de sus grandes poetas yoradores, de sus filósofos, sea cual fuere la escuela áque pertenecieron; de sus mejores publicistas yaun de sus mas ilustres capitanes. Yála. verdad, con
sobrada razón. La lengua francesa asi como la española yla italiana, es hija de la latina, por lo ménos en cuanto á la mayor parte del diccionario, aun cuando las construcciones ymedios gramaticales sean diversos; yasí el idioma del Lacio es la piedra de toque de la propiedad de las palabras, cuya derivación bien conocida es elemento necesario para hablar yescribir en aquellas tres lenguas con propiedad yexactitud. Hay algunos que creen haber decidido la cuestión, diciendo »quela lengua latina solo sirve para los teólogos ylejistas, yque las demas profesiones no necesitan de ella.» Sea así: haya enhorabuena grandes matemáticos, generabas hábiles yvalientes, ilustres comerciantes, ecselentes médicos sin el auxilio del idioma latino; pero yo desafío álos que así discurren, áque me citen el ejemplo de un buen escritor en cualquiera de las tres lenguas, española ,francesa éitaliana, sin haber conocido la lengua yla literatura de ios romanos. En nuestro Coiejio, Señores, no se enseña este idioma áaquellos alumnos.
8— que por disposición de sus padres han de dedicarse ála profesión del comercio, óálas científicas de la milicia. La utilidad de que no se atrasen en su carrera, obliga áevitarles un estudio que no necesitan para seguirla con honor^ Pero álos que han de recibir una educación literaria mas esmerada, ycuyas familias desean que adquieran los conocimientos suficientes para presentarse sin temor en las corporaciones sabias yen la sociedad de los hombres instruidos; álos que han de brillar algún dia en los grandes teatros de la elocuencia: en fin álos que se quiere óes forzoso que hablen yescriban el idioma pátrio con propiedad, pureza ycorrección, á estos es necesario dar por basa yfundamento de su educación literaria el estudio de la lengua latina, madre lejítima de la castellana. Yen esta parte no hacemos otra cosa que imitar álos franceses, italianos, alemanes, ingleses, átoda la Europa en fin, en lo que es digno de imitación. Ala verdad no hay relación alguna entre los idiomas teutónicos como el ale-
man yel inglés, yla lengua latina. La construcción ylas ralees de aquellos sdiomas nada ómuy poco, tienen común con las ralees yconstrucciones latinas. En todo rigor, puede un. sábio septentrional hablar yescribir muy bien en su lengua, sin conocer la romana. ¿Por qué la estudian pues? ¿Obedecen por Aentura áuna añeja preocupación ysacrifican áella los años de la juventud, tan preciosos para el trabajo literario? No es posible creerlo en el estado actual de la ilustración europea. ¿Cuál es pues, la utilidad que esperan de semejante estudio ?Nada menos que el conocimiento ele la antigüedad. La lengua latina es para los pueblos modernos de Europa el intérprete de los siglos que precedieron ála edad media. Es el archivo donde se han conservado los monumentos de los pueblos antiguos, su historia, sus leyes ycostumbres, su civilización, sus creencias, sus artes, su filosofía. Sin recurrirá este depósito precioso, no es posible leer las cortas pájinas que aun existen de las naciones primitivas de Oriente: admirar la
gloria de Atenas yde Roma: la perfección de su poesía, las im{)ertccciones de su física, sus progresos verdaderamente maravillosos en las ciencias exactas, así puras como aplicadas; sus diferentes sistemas de moral ypolítica; ni en fin, lo que es mas importante álos ojos del verdadero filósofo, observar los pasos que ha dado el espíritu humano, ya progresivos, ya retrógrados, en la investigación de la verdad, en la espresion de la belleza, en el ejercicio de la virtud. Y¿quién estrañará después de esto que las naciones sábias de nuestros dias aprecien tan- to el único estudio, por el cual podemos adquirir la clave de tan vastos ytan importantes conocimientos? Aquí me parece que oigo decir álos adversarios del idioma latino, que los mismos conocimientos podrian adquirirse sin necesidad de dicho estudio, con solo poseer traducidas en las lenguas modernas, las obras, inscripciones ydemas monumentos de la antigüedad romana; así como poseemos traducidas al latín yáotros idiomas las obras maestras de los escritores griegos. Esta ob-
[í — jecdon me recuerda el dicho de Luis' XIV, que preguntando áuno de sus cortesanos si sabia I» lengua española, y habiéndosele respondido que sí, añadió: ¡Dichoso tú, que puedes leer el Quijote en su iditíma «aireo/ Aquel monarca, cuya educación literaria había sido muv poco esmerada, conocía sin embargo por instinto, que no es posible traducir áotra lengua las sales ybellezas de una obra de mérito; yque, como decía el mismo Cervantes, la traducción masfle!, solo alcanza, cuando mas, ámostrar el reverso de la bordadora. ¡Cómo! ¿Xos quieren condenar áleer en traducciones los versos májicos de Virjiiio ,los cuadros animados de Tito Livio, las sales de Plauto ylas profundas sentencias de Tácito? ¿Quieren privar ála juventud de la armoniosa elocuencia de Cicerón, de la facilidad de Ovidio, de la concisión enérjica de Salustio? Porque estas dotes han de desaparecer en la traducción. Y ¿cómo aprenderán ávaluarlas, áadmirarlas, áimitarlas en sus primeros ensayos, áaclimatarlas en su propio estilo? Pero ni aun los pensamientos pueden
traducirse siempre de una lengua áotra. Hay frases éidiotismos, dependientes de alusiones áideas ycostumbres, que no siendo nuestras, no tienen verdadera traducción en nuestro idioma; yesta diferencia se nota mucho mas en los idiomas antiguos: porque mayor distancia hay del espíritu yde los hábitos de una nación moderna ála griega óromana, que de ios pueblos modernos comparados entre sí. Cuando leemos un libro escrito en otra lengua, diferente de la nativa, pero que poseemos bien, encontramos muchos pasajes, que entendemos perfectamente, yque ápesar de eso yde los mayores esfuerzos no es posible traducirlos. Es evidente pues, que para poseer las riquezas literarias de una nación antigua ómoderna, es menester conocer su lengua. Tradúzcanse enhorabuena las obras maestras de otros idiomas: este trabajo es útilísimo: porque bien hecho, yno como se hace comunmente, enriquece áun mismo tiempo la lengua yla literatura nacional. Pero no se espere conocer por las traducciones el mérito de los orijinales. Una copia de Mu-
l-> — filio no es su cuadro; ymucho se engañaría el que creyese estudiar áHomero en las traducciones de Alegre yBitaubé, que son las mejores que conozco. xMas no debemos estrañarlo, cuando Virjilio, el mas ilustre de sus imitadores yrivales, no pudo alcanzar ála altura de su imajinacion, aunque le escediese en elegancia yen los dotes del sentimiento. El Padre Feijóo (que merece ser atendido yrespetado aun cuando no tuvo razón; tan grandes yde tanta trascendencia fueron los bienes que sus escritos hicieron áEspaña;} el Padre Feijóo, repi- to, exajeró demasiado la importancia de la lengua francesa en la educación literaria. Si la hubiera reducido ásus límites verdaderos, jamás la habría preferido ála latina, como no la prefieren los mismos franceses ,naturalmente mas apasionados de su idioma que un escritor estranjero. En la primera mitad del siglo pasado se distinguía la sabktoía francesa, ysuperaba ála de Grecia, y Roma, en los estudios físicos ^matemáticos, en la exactitud del leng^jj^^^íffsótico yen las ártes de la ci^ízaciqñ.
—li Contra} éndonos áios géneros que son propios de las humanidades, desde el reinado de Luis XÍV habían llegado la oratoria sagrada yla poesía dramática áun punto de perfección desconocido en otras naciones. En ílii, la gramática de la lengua se había fijado de una manera sábia. Estas ventajas, la celebridad de aquel reinado, yel título de potencia dominante en Europa, que perdió la España yadquirió la Francia en la paz de los Pirineos, hicieron tan universal la lengua francesa entre las naciones cultas, como ántes había sido la española. Ápesar de las vicisitudes de la política yde la literatura, conserva todavía esa universalidad. Esto es decir; que deben aprenderse la lengua yla literatura francesa, imprescindibles ynecesarias al hombre de la sociedad culta, al comerciante, al militar, al diplomático, al que profese cualquier ramo de las ciencias físicas yexactas; al humanista en fin. Esto es cuanto puede justamente concederse áun idioma tan perfeccionado por sus escritores, tan universal en su uso. Mas no puede
hí debo ser el cimiento de nuestra educación literaria; porque esta ha de dirijirse áformar sábios que hagan con nuestro idioma lo que los franceses han hecho con el suyo, esto es, enriquecerlo yperfeccionarlo: ylos medios de perfeccionar yenriquecer el castellano se hallan en la lengua latina, nó en ninguna de las modernas. El Padre Feijóo se dejó arrastrar de su afecto casi esclusivo álas ciencias naturales; yél mismo fué deplorable ejemplo de la falta de cono- <-imientos en las humanidades, que no quiso óno pudo cultivar. El hombre que preferia los versos de Lucano álos de Virjilio; que rellenó de galicismos su frase, fluida por otra parte yarmoniosa; y en fin, que poetizaba tan mal como indican algunas muestras insertas en sus obras, no era ápropósito para dar consejos en materia de estudios literarios. Hizo con sus escritos inmenso bien ála nación, combatiendo preocupaciones ridiculas yenvejecidas, yaficionándola al estudio de la verdadera filosofía. Pero ya no existen aquellas preocupaciones, ynadie lee aquellos escritos. España
—22 — hemos sentado como un axioma, confirmado por la esperiencia yque repetimos aquí porque es necesario que no se olvide nunca. E/ queignore la lengua latina, no podrá escribir con perfección en ninguno de los tres idiomas que de ella se derivan. Es deber mió, Señores, concluir este discurso satisfaciendo la justa curiosidad de la ilustre reunión queme escucha, acerca de la actual situación del Establecimiento de S. Diego. El nuevo plan de estudios, promulgado de orden de S. M. en 17 de Setiembre de 184o, ha obligado áaumentar el número de clases del Colejio: pues su Director ha querido que haya en él tas necesarias para los que han de seguir la carrera de filosofía ypara los que sin seguirla, quieren adquirir conocimientos útiles para otras carreras, ósolamente conseguir las ventajas de una educación esmerada. Por esa razón se han añadido álas asignaturas que ya habia, las de nociones de aritmética yjeometría, la de mitolojía éhistoria; una nueva de matemáticas yla de historia natural.
—25 — Concluidas las obras necesarias para completar las oficinas de la casa ,ydar áesta un aspecto mejor ymas útil ála salubridad de los alumnos, el Director se ha propuesto destinar al aumento del gabinete de física yála formación del de historia natural cuantas sumas le sea posible, después de cumplidas las obligaciones perentorias delColejio. Instruido el debido espediente según las instrucciones del citado plan de estudios, yaprobado por S. M., ha sido reconocido e! Coíejio de S. Diego como de primera clase, ypor su Director de enseñanza, el presbítero D. Alberto Lista; doctor en ciencias yen sagrada teolojía. Al fin de los ecsámenes públicos del año pasado prometimos que se establecerían en este Coíejio dos academias, una de ciencias naturales yexactas, yotra de filosofía racional yhumanidades, á las cuales asistiesen los alumnos mas aprovechados del Coíejio. Las variaciones que ha sido necesario hacer en la enseñanza para arreglarla al nuevo plan de estudios, no ha permitido crear la de filosofía yde humanidades: pero la de
—24 — ciencias naturales yexactas, que se eríjió en Setiembre próximo pasado, está en actual ejercicio yproduce ya sus frutos, aunque cubierta con el velo de la laboriosidad modesta. Bastará hacer una breve enumeración de sus trabajos hasta ahora para convencer de ello ámis oyentes. Se ha esplicado por varios Señores académicos la jeomelría de Legendre. En la actualidad esplica un curso de botánica D. Juan Bautista Chape, profesor de historia natural en la Universidad yen elColejio. Los alumnos oyentes han resuelto un gran número de problemas propuestos por los académicos que han esplicado lajeometría. D. Alberto Lista, presidente nato de la Academia, como director de estudios del Colejio, ha leido una memoria sobre la investigación de las areas yvolúmenes de los cinco cuerpos regulares. Don Marcial de Avila profesor de matemáticas yde física en el Colejio, y secretario de la Academia, otra sobre la posibilidad de subtituir ála fuer-
—25 — ¿a deí tapona de la elasticidad del atre. Don Fernando Santos, profesor de física en la Universidad yde matemáticas en el Colejio, otra sobre el oríjen progresos yestado actual de la química. Don Antonio Blanco ,profesor dé matemáticas en el Colejio, otra sobre la naturaleza de la fuerza que atrae álos planetas hacia el sol. Alos profesores del Colejio, que fundaron la Academia, se han unido para rivalizar con ellos en tan loables yútiles trabajos muchos señores de fuera del Establecimiento, que tienen preparadas sus memorias; yde ellas yde sus nombres se dará cuenta al público cuando las hayan presentado. Concluirémos 'en fin, prometiendo para el curso venidero la creación de la Academia de filosofía racional yde literatura; Operación que no sufrirá entóneos el entorpecimiento que este año. Esto es, Señores, lo que únicamente podemos decir de nuevo acerca del Colejio: por lo demas, anunciamos con placer que este Establecimiento se basta
ya ásí mismo: yque si nuestro celo y nuestros buenos deseos no nos engañan, creemos que se ha cumplido el noble proyecto que formó, yde que dió parte al público su Director, ásaber: elde formar un Colejio digno de Sevilla. Sevilla 50 de Junio de 1846. Alberto Litta.
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