El diseño participativo en programas de rehabilitación de viviendas.
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1 Tesis Doctoral El diseño participativo en programas de rehabilitación de viviendas Jose María López Medina
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“Qué gran idea detenerse y no perder el tiempo” Jose Mª L. Sánchez
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Jose María López Medina Esteban de Manuel Jerez Dpto. Expresión Gráfica Arquitectónica Aula Digital de la Ciudad HUM-810 Arquitectura La sostenibilidad desde lo social y cultural Instituto Universitario de Arquitectura y Ciencias de la Construcción Universidad de Sevilla 2012-2013 Opción a la mención ‘Doctor Internacional’ con informes expertos de: Carlos González Lobo. UNAM, México Laura Alcalá, Víctor Saúl Pelli y Mª Bernabela Pelli. UNNE, Argentina Investigador Director Grupo de Investigación Programa de Doctorado Línea de investigación Departamento Universidad Curso académico Tesis Doctoral El diseño participativo en programas de rehabilitación de viviendas
Agradecimientos Casi todo lo que uno es, posee o hace en la vida, está lleno del rastro de otras personas. Esta tesis, que no iba a ser menos, debe su existencia a toda una cantidad de trabajos, lecturas, vivencias, conversaciones y aprendizajes compartidos con amistades y colegas. Procede dar cuenta de ello. El mapa de esta investigación limita al oeste con Sevilla, al este con Granada, al sur con Montevideo y al norte con Barcelona. Y se ha ido cociendo a lo largo de una década larga, la primera del tercer milenio. Así que la lista será, necesariamente, tan extensa como incompleta. Empezando por los más directamente implicados, vaya en primer lugar mi agradecimiento a Esteban, compañero y amigo que me ha ayudado a abrir más de una puerta, de y con quien tanto he aprendido, y al que conozco ‘desde que éramos chicos’, como él dijo. A veces sospecho que empezó a dirigirme la tesis incluso antes de que yo decidiera hacer el doctorado y sin que ninguno de los dos nos diéramos cuenta. También a todas las personas que, desde diversos roles, han formado parte de las experiencias que aquí se mencionan o analizan y que fueron urdiendo esta reflexión. Ese itinerario cruza desde las primeras experiencias en cooperación, especialmente la de Nicaragua, hasta las recientes de rehabilitación de barrios, pasando por el urbanismo y la participación. Pero debo citar expresamente las que sirven de base al estudio de casos, lo cual, siguiendo su orden de presentación en este trabajo, implica agradecer: La oportunidad de haber participado en varias reformas de vivienda junto a Marina, para Manolo, Carolina, Luis, Coro y Paula. A las compañeras de Adobe, especialmente al buen hacer y pensar de Irene y de Marta, por la suerte de haber compartido el trabajo de colaboración con la Oficina de Rehabilitación del Albaicín, así como a todo el personal de la oficina, en particular a Miguel Ángel, Mª Fe y Gabriel, por su apertura, compromiso y generosidad, y a todos los vecinos y profesionales que participaron. Y gracias al importante tramo de mi vida profesional que ha supuesto Surco Arquitectura, al que debo mucho de lo aprendido y pensado en los últimos años. Esto es, a mis antiguos socios Cristina, Carlos, Belén, Jose Carlos, y particularmente a Jose Ignacio y Marina, con quienes empezamos a sistematizar, para presentaciones y conferencias, la valiosa experiencia del equipo en Polígono Sur, de la que aquí apenas se muestra una parte y que espero ellos continúen profundizando y difundiendo. También toca extender el agradecimiento a los colaboradores del equipo como Pitu, Elena, Bego, Bosco, etc., al personal de la Oficina de EPSA, particularmente a Raquel, Carmen, Willy y Diego, a los técnicos de la Oficina del Plan Integral con los que hemos colaborado, y en general a los vecinos del barrio. Igualmente a todos y todas las que formaron parte del equipo de Surco en Granada: Irene, Fiore, Pani, Edu, Carlos, otro Carlos, Sonia y Jose Luis, así como a varios profesionales de la oficina de rehabilitación, especialmente a Elena, pero también a otras personas como Meni, Lourdes o María. También muchas gracias a los expertos que, además de nutrir e influir esta tesis a través de sus trabajos e investigaciones, tuvieron ahora la amabilidad de informarla: Carlos González Lobo, Laura Alcalá, Víctor Pelli y Bela Pelli.
7 Hasta ahora se mencionaron las aportaciones más directas a la tesis, pero rebobinando en el trayecto de aprendizaje que me trajo hasta aquí, correspondería mentar a mucha más gente: A David, con quien empecé a escuchar hablar de participación y compartí mis primeros enreos. A Arquitectura y Compromiso Social, que me metió en esta vereda de la gestión participativa del hábitat social y que ha sido para mí casi una segunda carrera. Por ACS pasó un montón interminable de personas de un nivel humano y profesional imponente. En la primera época, gente como el propio Esteban, Raquel, Marina, Cristina, Rafa, Belén, Nacho, Maribel, Jose Ignacio, Carlos, Ventura, Lucía, Ramón... Y poco más tarde Michela, Elena, Manuel, Fede, Steffy, Marta, Ale Much, el otro Ale, Bongui, Leti, Jaime, Isa, Lidia, Blete... y varios etcéteras que espero me disculpen. También a los amigos de otras orillas, como Ivo, Natalia y otros muchos... y especialmente a Diana, por su amistad y su energía. A toda la gente igualmente valiosa y comprometida de Adobe: Marta, Irene, Elena, Pablo, Sonia, Edu, Carlos, Ester, Carmen, Lorena, etc. y también de sus alrededores, como Alberto y Aitana, Pani, Luis y Alberto Matarán. A los compañeros de la federación Arquitectura Social, entre ellos Jorge, Carmen, Dani, Susana, ambas Cristinas, Mª Ángeles, Elena, Alessandro, Eva, y otro largo etc. Un agradecimiento especialmente esdrújulo a Vicente, compañero poeta y fundador de entusiasmos, y con él a todo el grupo de Arquypiélago. Y más recientemente a la gente de Sostre, como Neus y Mada, o a Macario, de Coruña. A los compañeros de años haciendo planeamiento, que también contribuyeron a amueblar mi cabeza: Jose Carlos, Manolo N., Manolo R., Susana, Inma, Carolina, Marcos, etc. Al mundillo de la IAP. donde he aprendido de y con mucha gente, empezando por Javier Encina y siguiendo con gente tan buena como Bego, Laura, Cande, Luisa, Willy o el amigo Senén. A los expertos iberoamericanos del hábitat social con los que hemos tenido contacto, entre los cuales se encuentran amigos y colaboradores como Carlos y Víctor. También, por supuesto, a los maestros y amigos Julián Salas y Pedro Lorenzo. E igualmente a otros profesionales e investigadores de referencia siempre dispuestos a compartir su conocimiento, como Carlos Verdaguer, Isabela Velázquez, Ramón Fdez. Durán, etc. A Esteban y Antonio por compartir con ellos la puesta en marcha de la asignatura Hábitat y Desarrollo, así como a todos sus cursantes. Y también a alumnos, amigos y compañeros de Universidad y Compromiso Social y del Máster en Gestión Social del Hábitat, con gente espectacular como Luis, Vicente, Juan, Jose, Ofelia y Rafa, Marcela y otros muchos. A los compañeros americanos con los que últimamente he tenido la suerte de colaborar, como son por un lado los amigos del IIDVi, en especial a Bela, y por otro la barra uruguaya, particularmente a Benjamín, Raúl, Sharon y Huerto. Por último, a los compañeros del grupo ADiCi y a los colegas de equipo de los proyectos más recientes, tanto en Masqueunacasa como en Márgenes. Y para terminar, los platos fuertes. Cómo no, a toda mi familia, a mi padre, mi madre, hermanos, hermana, respectivas parejas y sobrinazgo creciente. Y a Dani, por aportar ánimo, compañía y aguante, mejorar sustancialmente la presentación de la tesis y compartir el mate y todo lo demás.
“La condición propia del maestro es tener un saber. La condición propia del investigador es tener una ignorancia” Roberto Doberti Evolución espontánea de la trama urbana de un conjunto de viviendas sociales en Gandhinagar (India). Fuente: Europan 9. Arq. Luis Basabe, 2007
08. ENTONCES, ¿SE PROPONE HACER MEDIDADE LATEXTURASOCIALEXIST No sólo. Hay que ir más allá, ya que la tex ir cambiando La ciudad tiene unos estados iniciales llamar LÍQUIDOS. En este estado, formándose de acuerdo con su contenid dándole forma. No es que se produzca entonces una cris permita cambios, sino que ese proces queda abierto. Es necesaria una adap ciudad no pierda esa capacidad de a necesidades cambiantes. < GANDHINAGAR (INDIA):Autodesarrollo de tejido ES DE PROPONER UNA FLEXIBLE' PARA IR ? aofrecer una estructura, ma, y ni siquiera de una OLÍTICA, una actitud, lo que el norte de Badajoz. ATRÁS se podrá configurar tamente a la realidad social el que ha que dar ahora un u barrio. Y" 1972 2004 I. Introducción
17 1. Objeto de investigación. Pertinencia y oportunidad El escenario de crisis y los retos del hábitat urbano del siglo XXI Las sociedades occidentales deberán afrontar transformaciones decisivas a lo largo del siglo XXI, muchas de las cuales tendrán su campo de operaciones en el terreno del hábitat. La sostenibilidad ya no se podrá presentar como una leve aspiración reformista del modelo de desarrollo hasta ahora hegemónico sino como la exigencia de un cambio de senda civilizatorio (Morin, 2010; Morin, 2011; Fernández Durán, 2011). En un escenario inevitable –a lo sumo postergable unas décadas másde carestía crónica global de recursos energéticos, dicha exigencia de sostenibilidad deberá plasmarse en nuestro sistema económico y urbano-territorial en una respuesta a la altura del desafío que esto supone. Estamos llamados, en palabras de José Manuel Naredo (2010), a “reconvertir el metabolismo económico de la sociedad”1. La construcción de esa senda de sostenibilidad social, ambiental y económica pasa por poner en valor todos los recursos sociales disponibles. En el terreno habitacional, entre los recursos materiales ocupará un lugar esencial el patrimonio edificado. La rehabilitación está llamada a ocupar el centro de las políticas de vivienda y el sector de la construcción, particularmente en España, donde la deriva de los últimos años nos ha distanciado aun más de los promedios europeos en cuanto a dedicación profesional y a conservación del patrimonio construido. La rehabilitación se configura a corto plazo como uno de los ejes centrales de la sostenibilidad urbana. El otro gran eje, no relativo a la realidad física de la ciudad sino a la realidad socio-política y cultural, reside en la creación de mecanismos para la gestión concertada y participativa del hábitat, donde la vivienda tiene un papel determinante. Esas dos coordenadas, unidas a la necesidad de territorializar las políticas urbanas a escala local, sitúan a los barrios de nuestras ciudades y áreas metropolitanas como la unidad de referencia para construir modelos de gestión urbana sostenible, dirección en la que se viene trabajando desde hace años a nivel internacional. Y el principal eje de las estrategias de renovación o reciclaje de los barrios, que ya están obligadas a incluir la mayor parte de la producción habitacional del siglo XX, reside en la rehabilitación residencial, en la que subyace, como telón de fondo, el tema de la reformulación de la vivienda en términos de adaptación a las demandas de la contemporaneidad. 1 http://www.decrecimiento.info/2010/02/jose-manuel-naredo-observaciones-sobre.html. Consultado el 24 de mayo de 2011.
Reconceptualizar la vivienda y sus modos de producción Históricamente han convivido tres grandes concepciones de producción del hábitat residencial: la de iniciativa privada, la de iniciativa pública y la de iniciativa social. Con el avance de la industrialización la tercera fue quedando paulatinamente relegada a un segundo plano. Con ello los usuarios quedaron fuera de los procesos de toma de decisión y la ‘vivienda social’ ya no se producía desde lo social sino desde lo público. Se aplicaron políticas paternalistas, generadoras de dependencia en la medida en que eximen de responsabilidad al usuario y lo convierten en mero sujeto de derechos, introduciendo un importante factor de insostenibilidad social. Posteriormente, la creciente apropiación del sector de la producción de vivienda por parte de la economía capitalista, unida al progresivo retroceso de la producción pública a partir de las últimas décadas del XX, terminó de dibujar el escenario actual que convirtió a los habitantes en meros consumidores. La complejidad de los retos que nos toca afrontar en este siglo exige replantear los modos de producción y complejizarlos mediante la construcción de los equilibrios adecuados entre los sectores público, privado y social, todo ello en el contexto de una sociedad que aspire a tener por protagonistas a los ciudadanos y no al mercado ni al estado. Por otra parte, en el terreno arquitectónico, la sociedad viene demandando una revisión de los modos de producción y gestión de la vivienda capaz de generar estrategias para proporcionar soluciones habitacionales que se adapten a los actuales requerimientos sociales respecto al espacio doméstico. Desde el punto de vista tipológico, dichas estrategias deben integrar variables como la diversificación de las unidades de convivencia más allá de la célula familiar tradicional, la complejidad de usos que confluyen en el espacio doméstico, las perspectivas de género y generación, o el vector temporal en el uso del espacio, en términos de evolución y de estacionalidad. Todo ello nos sitúa en un escenario que retrata definitivamente las limitaciones de los modos convencionales de producción y transformación de la vivienda, habitualmente basados en la oferta de un abanico tipológico muy limitado y, en las últimas décadas, excesivamente sujeta al funcionamiento del mercado inmobiliario. Y en lo que respecta a la vivienda social, sus patrones de diseño y producción han permanecido tan inmóviles o más que los de la vivienda libre. El abordaje de esta revisión conceptual de la vivienda debe enfocarse de manera integral, y esto implica tener en consideración tanto el productocasa como el proceso completo de producción y uso (en sus etapas previa y posterior a la entrega de la vivienda). Ello pasa, entre otras cosas, por reconocer el protagonismo de los usuarios en la configuración espacial de la vivienda y habilitar los cauces para desempeñarlo, lo que nos conduce al terreno de la gestión participativa de la vivienda. En realidad, una revisión conceptual análoga se viene construyendo desde hace tiempo en otros ámbitos geográficos, como el latinoamericano, donde la naturaleza y la escala del problema de la vivienda son de tal gravedad que hace ya décadas que se asumió la incapacidad de los mecanismos tradicionales para abordarlo y se formuló el concepto de Producción Social del Hábitat (Pelli, V., Ortiz, E., Romero G. y otros), hoy ampliamente arraigado en el continente, al menos en ciertas redes institucionales, profesionales y universitarias (H.I.C., ULACAV, CYTED-HABYTED). Una revisión de un calado
19 similar, gestada en nuestras claves socioeconómicas, políticas y culturales, es la que nos corresponde emprender en estas primeras décadas del siglo. En este contexto, la idea de una vivienda menos jerarquizada y más flexible, sujeta a posibles transformaciones en la medida en que sus condiciones de uso lo demanden, parece cobrar una presencia creciente en el ideario inicial de esa revisión. Ello abre una vía de investigación hacia dispositivos y esquemas tipológicos que –tal como se viene ensayando en la vivienda progresiva de la ciudad informalse presten a adoptar distribuciones diversas e incluso crecimientos futuros según las necesidades y preferencias de cada usuario en cada momento, un campo de investigación que cuenta con certeros antecedentes en la historia de la arquitectura. Un planteamiento de este tipo podría constituir una fórmula de interés para nuevas promociones residenciales de carácter público, tanto en nuevos crecimientos como en sustitución de barriadas obsoletas, e incluso para el mercado, que ofertaría soluciones adaptables por cada comprador. Y en ambos casos cabría articular mecanismos para propiciar la participación de los usuarios en la fase de proyecto, dentro de cierta economía de escala, relativa también a la gestión. Pero esta revisión de la vivienda contemporánea se habrá de plasmar, en buena parte, en un gran campo de operaciones que es la intervención sobre el parque residencial existente. En estas situaciones nos enfrentamos a usuarios de vivienda, individual o colectiva, que ya están residiendo en un espacio, arraigados en un entorno socio-espacial, y requieren una intervención de mejora o adaptación, obedeciendo a casuísticas muy diversas. Aquí es ineludible, además de dotarnos de nuevas herramientas de proyecto, dotarnos de herramientas metodológicas para afrontar el problema caso a caso y casa a casa2. Sólo desde una identificación certera de las necesidades y aspiraciones propias de cada unidad convivencial (individual o colectiva) cabe ofrecer las respuestas idóneas que incorporen esa doble vertiente del producto-proceso, adaptado a cada caso. En la ciudad consolidada no resulta sólo deseable sino ineludible una intervención acordada, en los términos que sea, con sus habitantes. Y la gestión participativa de la vivienda en relación a su transformación física y espacial encuentra su momento clave en la fase del diseño, cuando se concreta la toma de decisiones. La gestión participativa de la vivienda en las estrategias urbanas de sostenibilidad Facilitar el manejo de herramientas de diseño participativo emerge entonces como uno de los vectores para profundizar en la revisión conceptual de la (producción de) vivienda desde el ángulo de la sostenibilidad social. Pero la sostenibilidad social se revela a su vez como un factor clave de cara a la sostenibilidad ambiental y la económica. El funcionamiento energético de un edificio diseñado (o rehabilitado) con criterios de ecoeficiencia se apoya necesariamente sobre una serie de hipótesis de utilización y mantenimiento. Desde ese momento la apropiación por parte de los vecinos del nuevo ‘metabolismo del edificio’ aparece entonces sujeta a un proceso que también debe ser objeto de diseño y de gestión. Por su 2 Como tituló Julián Salas uno de sus proyectos habitacionales, precisamente en Latinoamérica.
parte, la viabilidad económica de la rehabilitación de barriadas pasa por la construcción colectiva de estrategias socialmente sostenibles. Es necesario aprender a diseñar el proceso de interacción con los usuarios, un proceso que está imbricado con el proceso de diseño mismo del edificio, luego requiere el desarrollo de capacidades de gestión social por parte de los arquitectos, más allá de que en ciertos tramos del trabajo sea necesaria la participación de otros profesionales. En estas situaciones, numerosos arquitectos andaluces cuentan ya con cierta experiencia, alentada desde lo público a través de los programas de rehabilitación de los Planes Andaluces de Vivienda y Suelo. Pero aun no contamos con una cultura profesional ni una base formativa sólida que propicien el empleo de fórmulas de diseño participativo de forma metódica. Tradicionalmente, el papel del habitante en la fase de diseño de la vivienda o el espacio urbano es un asunto que no ha sido enfrentado de forma rigurosa por parte de los arquitectos, cuya percepción del tema suele basarse en intuiciones y prejuicios, a menudo asociados a cierta confusión alrededor de cuestiones como el monopolio en la gestión del conocimiento técnico, el celo profesional o la idea de autoría. Dichos prejuicios se formulan, no sin cierto fundamento, a partir de experiencias negativas en la relación con el destinatario de la mejora habitacional, que en el curso de la prestación de servicios profesionales ha desembocado en alguna forma de conflicto. De manera que uno de los tópicos recurrentes en el imaginario social de nuestra profesión es la colisión de miradas e intereses entre un arquitecto y su cliente. De ahí que cuando se hable de participación ciudadana en arquitectura y urbanismo, y particularmente de diseño participativo, numerosos arquitectos puedan llegar a sentir el papel del usuario en relación a su trabajo como un obstáculo que trastoca su más alta realización profesional, focalizada en el momento del diseño. Ello configura una visión distorsionada que no contribuye a visualizar las oportunidades que el diseño participativo bien concebido supone para el desarrollo de la profesión, para la eficacia de su función social (y por tanto su prestigio) o incluso para mejorar su rentabilidad económica. Una de las hipótesis de esta investigación es que al menos una parte de dichos conflictos entre arquitecto y cliente se inscribe en la esfera de la comunicación y tiene su origen en una serie de carencias formativas, fundamentalmente metodológicas, en el haber de los recursos y capacidades profesionales de los arquitectos, y eventualmente en cierta distorsión de los fines del servicio profesional. Gestión participativa de la rehabilitación de viviendas Esta investigación pretende ser un aporte al debate profesional e institucional relativo a la construcción conceptual y metodológica de la gestión participativa de la vivienda, en particular en el área del diseño, un campo de conocimiento que cuenta con un cierto recorrido teóricopráctico en los ámbitos anglosajón y latinoamericano, pero que aun no ha tenido una traducción rigurosa a la cultura profesional de nuestro país. Empiezan a existir, no obstante, cada vez más prácticas que apuntan en esa dirección, pero no han sido objeto de estudios sistematizados que permitan a la profesión incorporar ese conocimiento en forma de herramientas para una aplicación consciente y eficaz.
21 El propósito sería, por tanto, aportar claves a la construcción metodológica de abordajes para la producción o transformación del hábitat, en particular la rehabilitación de viviendas desde la perspectiva del diseño participativo, así como reseñar técnicas que le son propias y testar su validez en situaciones profesionales de nuestro entorno. Aunque la base teórica y metodológica sea válida para el diseño tanto urbano como arquitectónico, los estudios de caso se centran en el campo de la vivienda unifamiliar y colectiva. Esto incluye las actuaciones profesionales que tienen lugar en el marco de la política andaluza de rehabilitación residencial, como posible ámbito preferente para fomentar el desarrollo de este enfoque metodológico. Parece razonable pensar que sea la administración la que promueva este tipo de prácticas, en el marco de estrategias globales de sostenibilidad urbana. Y si, en general, el paradigma de diseño participativo aun no ha sido asumido por la profesión en la vivienda unifamiliar, aun más difícil resulta encontrar referencias sobre intervenciones en vivienda colectiva desde el ángulo de la participación vecinal, en un momento en que la rehabilitación de barriadas parece haber emergido definitivamente como un eje fundamental de las políticas urbanas venideras. Bloque de vivienda social en rehabilitación en el Polígono Sur de Sevilla. Foto: Surco Arquitectura. 1]
formación local internacional pgou sanlúcar taller de barrios red ciudadana SVQ jornadas sevilla queremos pgou sevilla la dalia seminario centroamérica jnane aztout hyd UyCS adici aula sevillalarache 05.06 gestión social del hábitat alégalo campos de trabajo Evolución de las líneas de acción de Arquitectura y Compromiso Social (2006). Fuente: Elaboración propia2]
23 2. Antecedentes Este es un trabajo de investigación en el que la temática de estudio está ligada a la experiencia profesional del investigador. En esa medida resulta oportuno esbozar, a modo de referencia, la trayectoria de trabajo ligada al tema de investigación. En ese sentido la reflexión teórica aparecerá salpicada de ejemplos, tal como se justificará en el apartado metodológico, que en la mayoría de los casos forman parte de la práctica profesional del investigador, con diversos grados de implicación personal, en el contexto de equipos de arquitectos o bien interdisciplinares. Lejos de ser una circunstancia casual, el desarrollo del trabajo en el seno de equipos forma parte de una opción profesional y vital que aboga por el sentido colectivo del aprendizaje y la construcción compartida del conocimiento. Todo el recorrido que se relata a continuación ha ido transitando y configurando un campo de investigación-acción que constituye el marco de nuestro tema de estudio: la gestión participativa del hábitat. El papel del arquitecto en procesos de transformación social El tronco formativo y práctico de esta trayectoria tiene su centro de gravedad y su eje inicial en el itinerario de la asociación Arquitectura y Compromiso Social (ACS), de la que el investigador es socio y ha participado en numerosas acciones y proyectos, de forma especialmente intensa entre 1998 y 2006. ACS es una ONG radicada en la ETSA de Sevilla que nace con el propósito de formar técnicos capaces de insertarse y operar en procesos de transformación social. El gráfico adjunto interpreta la evolución de ACS entre 1993/94 y 2006/07, que intrepretamos ha estado marcada por tres periodos. El primero de ellos, que viene ocupar la franja 1993-99, es un periodo inicial de formación en la acción. Ya entonces se configuran las tres grandes líneas de acción de ACS: la primera es la cooperación internacional al desarrollo en materia de hábitat; la segunda, el trabajo en la esfera local, ya se trate de asistencia técnica a comunidades de la periferia social o la implicación en acciones de corte reivindicativo vinculadas al hábitat con los movimientos sociales sevillanos; y por último, como eje central o charnela entre ambas, una fuerte línea formativa en el contexto universitario a través de seminarios, cursos, jornadas, talleres, etc. Son los años de la ‘globalización feliz’ (Fdez. Durán), el boom de las ONG y la expansión de los movimientos ecologista, feminista y de solidaridad internacional. En este periodo ACS desarrolla sus primeras experiencias de asistencia técnica y cooperación local e internacional, en no pocos casos apoyadas por campos de trabajo voluntario, así como los primeros seminarios de formación sobre temáticas diversas relacionadas con el compromiso social desde la arquitectura. Proyecto de cooperación en Huacho, Perú. Foto: ACS 3]
La producción de conocimiento científico como operación abierta y colectiva Recogiendo lo anterior y en coherencia con la posición aquí defendida, cabe afirmar que el presente trabajo de investigación no puede ser sino un ingrediente más en un proceso inacabado de producción de conocimiento necesariamente compartido. Si defendemos que el razonamiento y la comprobación empírica son insuficientes para validar teorías puesto que toda teoría es autorreferente, a través de los caminos tradicionales inductivo y deductivo no podemos saber si una teoría es correcta. Tan solo podremos saber si presenta coherencia interna (Montañés, 2009). Por tanto solo tendrá sentido preguntarse por la validez de este trabajo en la medida en que se devuelva al contexto de las prácticas de las que emerge y se ponga en interacción con el resto de actores que las propician. Ello ubica la vocación de la investigación en una perspectiva dialéctica. ‘Relacionar, relacionar siempre’ Por otro lado, en el plano metodológico seguimos como actitud general la pista de Morin, cuando propone, en lugar de aislar las variables del sistema como objetos de estudio, considerar sus interacciones permanentes (Morin, 1990:59), poniendo en valor el método sistémico y analógico: Relacionar, relacionar siempre, era un método más rico, incluso a nivel teórico, que las teorías blindadas, guarnecidas epistemológica y lógicamente, metodológicamente aptas para afrontar lo que fuere salvo, evidentemente, la complejidad de lo real. Compartiendo la convicción de prestar atención a dichas interacciones, el presente trabajo traspasa las fronteras disciplinares y somete situaciones del campo de la arquitectura y el diseño a la perspectiva de otras disciplinas que se han ocupado del hábitat y la vivienda, particularmente la intervención social participativa. Julio Alguacil cita a Pablo Navarro para referirse a esta perspectiva de transpenetración entre sistemas de distinto género “en que los fenómenos típicos de un cierto dominio ontológico son sometidos a una reinterpretación en los términos de los fenómenos característicos de otro dominio diferente” (Alguacil, 2000:4). También se pone en valor el pensamiento intuitivo-creador como forma de conocimiento capaz de enunciar ideas complejas, en ocasiones de forma más certera que el pensamiento lógico-racional. De ahí que toda la investigación se presente salpicada de formulaciones creativas que vienen no solo a ilustrar sino a enunciar de otra manera, en ocasiones con más potencia, las ideas desarrolladas en la línea argumental. Igualmente desde esa misma actitud de recurrir al hallazgo de relaciones conceptuales, la práctica que sostiene la investigación también servirá para aportar ejemplos en los tramos teóricos del trabajo en la medida en que resulten útiles como ilustraciones del discurso.
31 4.2 Esquema metodológico Tanto el marco conceptual como el desarrollo completo de la tesis quieren constituir ciclos de construcción de conocimiento basados en las consideraciones anteriores. Desde el principio de enfocar la investigación como un ciclo de reflexión en la acción, la dimensión práxica aparece como proveedora inicial de insumos a la investigación y destinataria final de sus resultados, que de este modo, en el contexto de la trayectoria profesional del investigador, quisieran concebirse como una devolución. El primer paso es la observación de la realidad, que ya viene condicionada por la praxis, ya que los procesos de cambio inferidos a partir de la acción se interpretan subjetivamente3; dicho de otro modo, la observación es un acto creativo, luego es un acto de producción de la realidad. Esta operación concierne por tanto a la dimensión ontológica del objeto de estudio, que ya aparece condicionado por la praxis. Ligado a lo anterior también opera la dimensión ideológica, que nos hace formular de uno u otro modo las hipótesis de la investigación. Esta suele ser una cara oculta o implícita de la ciencia, pero es la que orienta la construcción epistemológica, es decir, los ‘para qué’ y los ‘para quién’ de la producción de conocimiento científico. 3 No hay una realidad objetiva sino múltiples realidades objetivadas (Montañés, 2009). PRAXIS Interacción con otros actores OBSERVACIÓN DE LA REALIDAD POSICIONAMIENTO EPISTEMOLÓGICO y TEÓRICO Traducción al hábitat ontológica ideológica epistemológica teórica dimensiones ENCUADRE METODOLÓGICO La participación en la gestión del hábitat: estado de la cuestión metodológica DEFINICIÓN DE HIPÓTESIS La participación como factor de sostenibilidad CAMPO DE ENFOQUE El diseño participativo Implicaciones: ámbitos de aplicabilidad marco conceptual DEA TESIS ámbito de aplicación estudio de casos conclusiones y aportes Esquema metodológico de la investigación. Elaboración propia.17]
“DE ESTA VISIÓN SURGE UNA COMPRENSIÓN ARTICULADA ENTRE PRÁCTICA Y TEORÍA, QUE PRIVILEGIA, EN DEFINITIVA, A LA PRÁCTICA, COLOCANDO A LA TEORÍA EN FUNCIÓN DE ELLA: EN LOS PROCESOS EDUCATIVOS, POR EJEMPLO, DEBEMOS SIEMPRE PARTIR DE LA PRÁCTICA DE LOS PARTICIPANTES, SEGUIR TODO UN PROCESO DE TEORIZACIÓN, QUE PERMITA COMPRENDER ESA PRÁCTICA DENTRO DE UNA VISIÓN HISTÓRICA Y DE TOTALIDAD (HE AHÍ EL APORTE DE LA TEORÍA),PARA, FINALMENTE, VOLVER DE NUEVO A LA PRÁCTICA , Y GRACIAS A UNA COMPRENSIÓN INTEGRAL Y MÁS PROFUNDA DE LOS PROCESOS Y SUS CONTRADICCIONES, ORIENTARLA CONSCIENTEMENTE EN UNA PERSPECTIVA TRANSFORMADORA. ESTA VISIÓN DE LA REALIDAD, NOS COLOCA ANTE LOS PROCESOS SOCIALES CON UNA ACTITUD FUNDAMENTAL: TENER DISPOSICIÓN CREADORA, TENER LA CONVICCIÓN DE QUE LO QUE HOY EXISTE NO ES LA ÚNICA REALIDAD POSIBLE Y QUE NO TIENE SENTIDO PROPONERSE CONOCER LA REALIDAD SÓLO PARA “CONSTATAR CÓMO ES”. ES NECESARIO LLEGAR A PROPONER CÓMO QUEREMOS QUE SEA, QUÉ REALIDAD PODRÍA EXISTIR. POR ELLO, ASUMIR UNA CONCEPCIÓN METODOLÓGICA DIALÉCTICA, SIGNIFICA SITUARSE ANTE LA HISTORIA DESDE UNA POSICIÓN PROFUNDAMENTE CRÍTICA, CUESTIONADORA Y CREATIVA.” OSCAR JARA (/SF/:7) A partir de esta orientación se construye el marco teórico de la investigación, primero como un cuerpo teórico general que toma referencias científicas o filosóficas y, a continuación, se formula su traducción al campo del hábitat. Después abordamos la dimensión metodológica, deudora del enfoque epistemológico, donde se justifica la perspectiva participativa asociada a la producción del hábitat y se aborda un estado general de la cuestión. Ello constituye un esquema conceptual de referencia para analizar los procesos de producción del hábitat, que más tarde se va a focalizar en el momento del diseño. Después se completa el estado de la cuestión en su tema concreto de estudio: el diseño participativo. Por último, el trabajo se cierra con una reflexión sobre los posibles ámbitos de aplicabilidad del diseño participativo en la transformación de la vivienda. Decíamos al comienzo de este apartado que la vocación del trabajo es constituir una devolución, regresar al caudal de la experiencia colectiva de la que surgió. En ese sentido, continuamos siguiendo a Montañés al insistir en que tanto este trabajo como la tesis ulterior no constituirán más que una interpretación del investigador, luego su validez o corrección solo podrían comprobarse si fuera devuelta a la praxis. Y será un trabajo válido o correcto solo en la medida en que resulte útil como ingrediente para abordar nuevas prácticas que satisfagan al conjunto de la población implicada en ellas.
33 5. Contexto histórico de la investigación 5.1 Nuestro tiempo Nuestro tiempo es un tiempo de múltiples crisis interconectadas, muchas de ellas con su principal origen en el modelo económico hegemónico que se ha dado en llamar Capitalismo Global, presentado y expandido por el dogma neoliberal como única alternativa y viabilizado por la disponibilidad de combustibles fósiles y su fácil acceso (F. Durán, 2008). Más abajo nos detendremos un poco más en esta cuestión central. Pero antes nos limitaremos a trazar un breve recorrido panorámico por dicha conjunción de crisis interrelacionadas (Morin, 2012). Comenzaremos por señalar la más ‘familiar’ y cotidiana de las crisis que atravesamos, la crisis económico-financiera que empieza en 2007-08 y ha sumido primero a EEUU y después a Europa, especialmente a su periferia, en la peor situación económica y social de su historia moderna. Crisis que, en nuestra versión nacional y ladrillera, lejos de tener su origen en el cínico ‘hemos vivido por encima de nuestras posibilidades’ que pretende socializar la responsabilidad, se explica desde la sumisión política al carácter especulativo medular del capitalismo financiero bajo el monopolio radical de la banca4 (Serrano, 2006). De hecho, las voces de alarma sobre el probable –ya probadonaufragio económico, no llegaban solo desde el lado ‘antisistema’, sino también desde dentro. El propio Morin cita al respecto a varios autores, entre ellos a Alan Greenspan, ex director de la Reserva Federal estadounidense, quien alertó sobre los riesgos de una economía financiera desbocada y desconectada de la productiva (Morin, 2012:23). A los riesgos que el capitalismo financiero genera para sí mismo se suman los impactos que genera a su alrededor. El primero que hay que mencionar es la creciente crisis ecológica, producto de nuestro modelo de civilización; es la cita de Riechmann: “el choque de las sociedades industriales contra los límites biofísicos del planeta”. No faltan los indicadores de que ya hemos sobrepasado esos límites y hemos dado inicio a procesos de pérdida de biodiversidad, contaminación global o cambio climático. Esta crisis será causa, a su vez, de nuevas crisis sociales, económicas, etc. o del agravamiento de las existentes. Otra de las dimensiones globales de la crisis occidental es de orden cultural, en tanto permanecemos instalados en un endiosamiento del consumo y el hiperindividualismo que tiene consecuencias tanto sociológicas como psicológicas. Una crisis de valores que trae la semilla y la carga genética de la exclusión estructural y el confinamiento por grupos sociales. 4 La banca como biodispositivo de monopolio radical se refiere a una posición de monopolio tanto sobre la producción como sobre el consumo, un concepto que E. Serrano propone y desarrolla a partir de I. Illich y de M. Foucault en su tesis doctoral Territorios y capitalismo (2006, Univ. de Málaga). “NO HAY GUIÓN NI ARGUMENTO, TENGO LA SOGA EN EL CUELLO Y ALGUIEN AL QUE YO NO VEO GRITA ‘ACCIÓN’. ESTE ES NUESTRO TIEMPO, FERIA DE CONTRADICCIONES, GRITOS Y SILENCIOS. ESTE ES NUESTRO TIEMPO, UN PASADO INDEFINIDO, PRESIENTO UN FUTURO IMPERFECTO” CERONOVENTAYUNO (1991) “EL ‘TEMA DE NUESTRO TIEMPO’: EL CHOQUE DE LAS SOCIEDADES INDUSTRIALES CONTRA LOS LÍMITES BIOFÍSICOS DEL PLANETA” JORGE RIECHMANN ...Y al final estalló. Fragmento del cartel de las XIII Jornadas de Economía Crítica, Sevilla 2012. Diseño: josemalo 18]
También es obligado mencionar la crisis demográfica. Por un lado están las consecuencias derivadas de la superpoblación en los países periféricos en contraste con el estancamiento o el retroceso de los centrales y las consecuencias derivadas de los movimientos migratorios que la gran ‘ósmosis’ económica planetaria seguirá provocando. Pero a ello hay que sumar la drástica disminución en el acceso a la energía que tendrá que enfrentar nuestra ‘adicción’ actual, cuyo desmesurado consumo ha permitido y propiciado el despegue poblacional de la humanidad, un crecimiento sin precedentes en la era pre-industrial, que nos puede traer crisis alimentarias de dimensiones desconocidas toda vez que la movilidad motorizada y la agricultura industrializada se verán fuertemente afectadas por el declive de las energías fósiles (F. Durán, 2011). Hay que hablar también de una crisis del hábitat, que afecta tanto al mundo urbano y metropolitano como al mundo rural, cuyas casuísticas están entrelazadas. En un momento posterior de este trabajo nos detendremos algo más en señalar sus síntomas, pero dejemos mencionado al menos cómo tanto las regiones centrales como las periféricas se han visto inmersas en procesos de urbanización acelerada, asociados en las segundas a crecimientos poblacionales exponenciales, que han desmembrado la complejidad inherente al hecho urbano, generando en el Norte y en el Sur, con distintas características, megaurbes disfuncionales, de un alto coste ambiental y fuertemente segregadoras. Por su parte, la decadencia del mundo rural es deudora de los mismos procesos que alimentan el crecimiento urbano y que tienen su origen en la especulación simultánea sobre los procesos urbanizadores y los agropecuarios. Tampoco podemos dejar de mencionar la crisis de la democracia y del Estado en las sociedades modernas, asunto sobre el que volveremos al final de este capítulo. Las democracias occidentales están sufriendo un peligroso proceso de descrédito, un abono para la expansión de los movimientos neofascistas, que tiene su base en la progresiva erosión de la soberanía política estatal, y en definitiva ciudadana, frente a la injerencia de las instituciones político-financieras internacionales y los intereses de los grandes inversores privados. Todas estas crisis se articulan alrededor del ariete civilizatorio del Capitalismo Global, en su expresión neoliberal más extrema, junto al Estado débil (Santos, 2009a) como soporte de la democracia de consumo, con ambos asentados sobre el mito occidental del desarrollo (Rist, 2002), la coartada de la dominación postcolonial, una creencia tan seductora que sigue vigente y que, bajo distintas versiones, en el fondo sigue estando alimentada por la quimera del crecimiento ilimitado y universalizable. Mafalda preocupada. Viñeta de Quino 19]
35 “SI EL SISTEMA FRACASA, TENEMOS OTRO IGUAL” PERSONAJE DE EL ROTO1 “SI NUESTRA CIVILIZACIÓN ES BIOCIDA –COMO HOY POR HOY SIN DUDA LO ES–, ENTONCES LA ALTERNATIVA ES CAMBIAR O PERECER” JORGE RIECHMANN2 1 El Roto (2011) Viñetas para una crisis. Barcelona: Reservoir Books, Mondadori. Pág. 39. 2 Crear ciudades y pueblos sostenibles. Jorge Riechmann. http://tratarde.org/docencia-en-la-uam/ Visitado el 22 de abril de 2012. 5.2 Lo probable Escenario tendencial El insustituible pensador y activista Ramón Fernández Durán (2008) explicó cómo el siglo XX ha sido la centuria del petróleo, cuyo descubrimiento y explotación masiva como fuente de energía -que multiplicaba varias veces el potencial energético de todas las conocidascontribuyó a sustentar el mito del crecimiento indefinido y con ello a impulsar un incremento exponencial de la esfera financiera de la economía. Especialmente a partir del final de la Segunda Guerra Mundial, el petróleo catapultó la industrialización de nuestras sociedades y la transnacionalización de la economía. Fue igualmente determinante para consolidar la hegemonía mundial estadounidense, nación pionera en su explotación a gran escala y poseedora de importantes yacimientos, del mismo modo que ahora viene siendo un factor importante en su crisis hegemónica desde que, en los primeros años setenta, el país alcanzara su pico de extracción y pasara a ser una región energéticamente dependiente, pues nunca dejó de ser el mayor consumidor del planeta. El riesgo de la pérdida de su liderazgo mundial asociado al control de la producción está, de hecho, en el origen del giro que experimenta la globalización desde su versión feliz de los años 90 a su versión armada post 11-S, con Afganistán e Irak (F. Durán, 2008). La cuestión es que, a lo largo de la segunda mitad del siglo pasado, el petróleo supuso para la humanidad, con sus estructuras de producción ya consolidadas, una fuente de energía barata y aparentemente inagotable que permitió expandir la lógica del capital a escala global, así como afianzar la fe occidental en un crecimiento permanente que ya se está topando con sus límites. F. Durán sitúa en el entorno del año 2030 un paso decisivo en el desmoronamiento de la base energética de nuestras sociedades industriales, pues se calcula que entonces se estarán agotando las reservas del carbón fácilmente extraíble, fuente que en los próximos años permitirá atemperar la caída del petróleo, que empezará a producirse una vez alcanzado su pico global, si no se ha alcanzado ya (según Colin Campbell sucedió en torno a 20085). Si bien, no podremos fijar estas fechas con exactitud hasta pasado más tiempo, parece sensato pensar que, en todo caso, nos estamos adentrando en el declive de la energía fósil y la realidad es que no existen alternativas de la misma intensidad energética a un coste asumible. Perspectivas de la era post-carbono Son conocidos los elevados impactos ambientales que estamos pagando y tendremos que pagar por la adicción petrolífera de nuestra civilización. No solo los impactos directos de origen local en los lugares de extracción, distribución, procesado y consumo. Sino sobre todo los indirectos, a lo largo y ancho de todo el despliegue de actividades intensivas dependientes de su uso y que son el núcleo de la civilización urbano-agroindustrial: movilidad, urbanización, turismo, consumo, agricultura, etc. En su conjunto, el agotamiento y explotación acelerada de las reservas de energía fósil está provocando otros dos factores de la crisis global: el Cambio Climático, proceso de alteración del clima que ya está en marcha 5 En carta remitida al periódico The Guardian en noviembre de 2009. Cit. en GARCÍA (2012). Game over. Viñeta de josemalo. Fuente: Blog ‘Palabras, palabras, palabras…’ http://blog.franlopez.es/ 20]
y que en primera instancia afectará sobre todo a las regiones del Sur del planeta, y el Colapso Ecológico, que se está manifestando en una crisis de biodiversidad 6 y que probablemente será de consecuencias aun más graves e inciertas. Pero a dichos impactos habrá que sumar los distintos escenarios resultantes de la brusca interrupción de toda esta maquinaria civilizatoria, escenarios difíciles de imaginar por separado pero además impredecibles por interactuantes entre sí. Por lo tanto no es fácil hacer pronósticos precisos sobre el cambio social que nos traerá la nueva era post-fosilista o post-carbono. No obstante, vamos a recoger las aportaciones de algunos autores en ese ejercicio. Ernest García habló incluso del “advenimiento de una nueva oleada de pensamiento utópico” (García, 2012:3), de la que, más allá de su precisión, elogia su saludable capacidad de sugerencia y su contribución a “limpiar los escombros de los paradigmas moribundos del crecimiento y el desarrollo”7 (Ibíd.) Según este autor, serán el transporte y la producción de alimentos los primeros afectados por el pico del petróleo. Alrededor del transporte sitúa todos los componentes del metabolismo urbano-agro-industrial que dependen de la movilidad motorizada, desde los modelos urbanoterritoriales hasta el turismo de masas, visualizando posibilidades de cambio que oscilan entre la relocalización de actividades y la compactación de las ciudades, hasta las versiones más catastróficas de desorganización del sistema económico (Ibíd.). Y en cuanto a la producción alimentaria, si unimos la alta dependencia de los combustibles fósiles de todas las fases de la producción y distribución a la necesidad de alimentar a 7.000 millones de personas no debemos descartar situaciones de crisis potencialmente devastadoras. Por su parte, Ramón Fernández Durán se aventura a hacer pronósticos que califica de ‘política-ficción’ pero que estima realistas e incluso conservadores. A partir de 2030, la fecha en que sitúa el inicio de largo declive de la civilización industrial, augura la posibilidad de que el Capitalismo Global estalle “en un conjunto de ‘nuevos capitalismos regionales’ planetarios, fuertemente autoritarios y conflictivos entre sí, en el que se difumine su dimensión mundial actual a un carácter meramente residual” (F. Durán, 2011:8). Este escenario estaría caracterizado por la abierta rivalidad por los recursos energéticos fósiles restantes, así como otras materias primas y el control de los mercados en general. Así traza el cuadro de las primeras fases del declive de la civilización industrial, enfrentada al colapso demográfico y a una crisis sistémica difícil de prever. 6 Un 41% de los anfibios, un 33% de los corales, un 25% de los mamíferos y un 13% de las aves están “amenazadas por la extinción”, según la Lista Roja de Especies Amenazadas. En http://www.iucnredlist. org/ 7 Cómo resistirse a citar literalmente semejante frase.
37 5.3 Pensar en limpio Lo improbable (pero posible) Este probable escenario de caos sistémico, guerra creciente y desastre ecológico no debe llevarnos a una pasividad resignada, sino movilizarnos hacia la acción, hacia la búsqueda de alternativas. “La alternativa es cambiar o perecer”, nos decía Riechmann en la cita anterior, tal como también lo hacen los teóricos y activistas del decrecimiento, que vienen a decir que el tránsito a una nueva sociedad no es una opción, sino un camino ineludible: lo que está en juego es que el cambio tenga lugar de forma traumática o de la forma más suave posible (Latouche, 2009). Así es: el decrecimiento será, aunque está por ver cómo. A este respecto observa Ernest García (2012:5): “Nadie puede saberlo, claro, pero una transición relativamente ordenada requeriría dosis de capacidad anticipatorio, convicción democrática, cohesión social y solidaridad internacional muy superiores a las que hoy parecen disponibles”. Pero el mismo autor nos recuerda que hay, efectivamente, corrientes que propugnan la posibilidad de una “cuesta abajo próspera”: El descenso (reducción de la escala) es ya inevitable, pero no implica necesariamente caer en el caos. Las sociedades modernas pueden elegir: “Los precedentes de los sistemas ecológicos sugieren que la sociedad global puede caminar hacia abajo y descender prósperamente, reduciendo posesiones, población y cosas no esenciales mientras se mantiene en equilibrio con el sistema ambiental que la sustenta. Reteniendo la información más importante, una sociedad más “delgada” puede reorganizarse y seguir progresando” (Odum & Odum, 2001. Cit. en GARCÍA, Ernest. El cambio social en la sociedad post-carbono) Y hay, sobre todo, un número creciente de prácticas que apuntan en la dirección del cambio. Es el propio Fernández Durán, frecuentemente tildado de apocalíptico8, quien no deja de observar y alentar las iniciativas en marcha (F. Durán, 2011:47) El panorama parece pues desesperanzador. Pero, a pesar de todo, hay iniciativas sociales que han empezado ya a cambiar el mundo, con todas sus limitaciones, y sin esperar a un futuro cuando puedan estar más “claras” las famosas “condiciones objetivas”. Son multitud de microprocesos sociales y alternativas de carácter local, que han decidido no esperar y empezar a construir ya otro orden económico, social y ambiental, a pequeña escala, en contra de la lógica del capital, relocalizando la producción y el consumo y creando nuevas estructuras comunitarias. (…) dadas las actuales circunstancias y la urgencia de los problemas energéticos, ecológicos y climáticos a enfrentar, aunque también socio-políticos, pues como decimos no hay alternativas a todos ellos dentro de la lógica del capital, quizás veamos cómo los propios movimientos emancipadores se orientan cada vez más a estrategias de transformación, conservación ambiental y reparación ecológica local, y quizás no tanto de movilización. Al menos temporalmente, y también para reflexionar, transformarse personal y colectivamente, organizarse, enraizarse, crear mundos propios más justos, autosuficientes y sustentables, y ganar fuerzas. 8 A lo que cabría alegar aquello del plomo: si yo digo que el plomo es oscuro, pesado y mal conductor, no estoy hablando mal del plomo, es que el plomo es así. “CATASTROFISTA? CLARO QUE SÍ PERO MODERADO!” NICANOR PARRA (1988) “(…) HAY QUE PENSAR EN LIMPIO Y ES BASTANTE Y AUNQUE NOS ENFRENTEMOS CON LA DUDA CON LA ESPERANZA VAMOS ADELANTE “ MARIO BENEDETTI (2008)
En todo caso, el cambio solo es posible desde la esperanza. Por ello recurrimos de nuevo a Morin, que nos provee de cinco “principios de esperanza” (Morin, 2011:284-285): 1. El surgimiento de lo inesperado y la aparición de lo improbable . Frente a una crisis sistémica lo más probable es la catástrofe, pero la historia nos dice que lo improbable existe. 2. Las virtudes generadoras/ creadoras inherentes a la humanidad . En todo organismo, en toda sociedad, existen fuerzas que tienen la capacidad del desvío innovador, frecuentemente en grupos inconformistas y marginales. 3. Las virtudes de la crisis . Es sabido que crisis significa peligro y oportunidad. Toda crisis tiene una vertiente degeneradora que convive con una generadora. Y es justamente el acercamiento del peligro el que activa la creación de oportunidades. 4. Las virtudes del peligro . Lo anterior desemboca en esta otra afirmación de Morin, que él acompaña de la siguiente cita de Hölderlin: “Allí donde crece el peligro, crece también lo que se salva” (íd.:285) 5. La multimilenaria aspiración de la humanidad a la armonía . Esta se ha expresado a lo largo de la historia en multitud de propuestas e ideologías emancipadoras y utópicas, en un impulso propio del ser humano. Estos principios de esperanza deben levarnos a pensar que es posible oponer a las múltiples crisis interrelacionadas, la empresa colectiva de una multiplicidad de reformas interconectadas. Reformas que han de alimentarse y servir de acicate las unas a las otras para converger en lo que Morin llama el “Cambio de Vía” para el futuro de la humanidad (2011). El correlato de la Crisis Global no puede ser otro que el del Cambio Global. Los márgenes, vivero del cambio Y dado que se trata de un cambio multisistémico que debe operarse desde dentro del organismo que se pretende auto-transformar, Morin ofrece la imagen de la metamorfosis (Morin, 2010). Entre los paradigmas tradicionales del cambio, el reformismo y la revolución, plantea la idea de una metamorfosis como cambio auto-destructivo y auto-reconstructivo capaz al mismo tiempo de integrar y superar, conservando unos componentes y modificando otros. Esa metamorfosis se alimentará de multitud de experiencias que ya están en marcha, dispersas y marginales, pero que albergan la semilla del cambio. Recojamos de nuevo las apreciaciones de Morin y de F. Durán: Estas iniciativas no se conocen unas a otras; ninguna Administración las enumera, ningún partido se da por enterado. Pero son el vivero del futuro. Se trata de reconocerlas, de censarlas, de compararlas, de catalogarlas y de conjugarlas en una pluralidad de caminos reformadores. (Morin, 2010) Mundo en obras. Fuente: Revista Márgenes de Arquitectura Social (2012), viñeta de josemalo 21]
39 “(...) EN TODO EL MUNDO HAY UN HORMIGUEO DE INICIATIVAS CREADORAS, LOCALES, AISLADAS LAS UNAS DE LAS OTRAS, PERO QUE SON TESTIMONIO DE UN DESEO DE RENACER” EDGAR MORIN (2012) LA VANGUARDIA. MAGAZINE Todo indica que de aquí a 2030 primará claramente el decrecimiento caótico sobre el ordenado y justo, pero es preciso cultivar y reforzar las semillas de las transformaciones ordenadas, justas y sustentables, en un entorno totalmente adverso, para lograr que luego fructifiquen y generen masa crítica suficiente para que pueda llegar a ser al revés, tal vez, más allá de estas dos próximas décadas. (F. Durán, 2011:23) Hay numerosas propuestas y praxis que están caminando en la dirección de construir sociabilidades alternativas , como las denomina Boaventura de Sousa Santos, a quien nos referiremos más abajo. Muchas de ellas se enmarcan en movimientos en red, con vocación de insertarse en la Transición Energética Global, como la corriente del Decrecimiento, o las Comunidades en Transición, de respectivas raigambres francesa y anglosajona, pero ya extendidas internacionalmente. Son propuestas que ya están apostando por la economía local creando redes de proximidad para la producción y el consumo, por los procesos colectivos solidarios y cooperativos, por la construcción de modelos de relación fuertemente participativos, por la recuperación del espacio y el tiempo para la vida como el movimiento slow, por el autoabastecimiento energético y el reciclaje, por la permacultura, por la promoción de la actividad sociocultural autogestionaria en centros sociales, por la adopción de criterios de bioconstrucción, y/o por la puesta en uso y la rehabilitación de inmuebles existentes bajo modelos de gestión colaborativa9. Un ejemplo: la Corrala la Utopía Nos detendremos a citar solamente un ejemplo de esas experiencias-semilla: la Corrala de Vecinas La Utopía, una comunidad de familias provenientes de duras situaciones de necesidad habitacional que ha ocupado un bloque vacío en pleno centro urbano de Sevilla con el apoyo del movimiento 15M. Además de plantear una respuesta a la ecuación ‘casas sin gente vs. gente sin casa’, característica de la marca España , ha abierto la puerta a un tipo de ocupación hasta ahora poco conocida en nuestro país. Venía siendo habitual asociar el concepto de okupación, con k, a un movimiento fuertemente ideologizado y frecuentemente ligado a la creación de Centros Sociales Autogestionarios que, al tiempo que satisfacen una necesidad habitacional, suponen una respuesta políticamente deliberada a la mercantilización de la ciudad y contribuyen a la dinamización sociocultural de los barrios donde se insertan. Por otro lado existen casos de ocupación más netamente basada en la necesidad habitacional10, si bien suelen darse de forma individual y no es (hasta ahora) un fenómeno cuantitativamente relevante. En el caso de la Corrala la Utopía se da una combinación de factores que parece introducir matices cualitativos: el tipo de ocupación, más con c que con k, el acentuado contexto de crisis, el carácter colectivo de la acción y la articulación con el movimiento social del 15M. Todo ello 9 Improvisamos este listado con la ayuda de un repaso a los contenidos la Revista Márgenes de Arquitectura Social (Márgenes, 2012), promovida por el colectivo Arquypiélago, que trata de contribuir a difundir este tipo de experiencias. Disponible en http://arquypielago.com/revistamargenes/ 10 El fenómeno presenta matices en algunas barriadas marginadas, sujetas a lo que se ha llamado un “mercado gris de la vivienda” (Conde, 2008), donde predomina un contexto general de irregularidad en el acceso a la vivienda.
Asimismo, afirma la necesidad de la autogestión a nivel local como una condición de sostenibilidad (I.12): “La capacidad de las ciudades de hacer frente a este desafío depende de los derechos de autogestión que les sean otorgados en virtud del principio de subsidiariedad”. Pero además incluye una alusión directa a la participación en el artículo I.13 El protagonismo de los ciudadanos y la participación de la comunidad : “Garantizaremos el acceso a la información a todos los ciudadanos y grupos interesados y velaremos por que puedan participar en los procesos locales de toma de decisiones”. A partir de este momento queda al menos invocada la participación ciudadana como uno de los pilares fundamentales de las estrategias de sostenibilidad urbana. Por su parte, más de una década después, la Carta de Leipzig (2007) sintetiza sus contenidos en dos grandes recomendaciones marco: de un lado, apuesta por el concepto de desarrollo urbano integrado, y de otro, por la vinculación entre la sostenibilidad urbana y la intervención en zonas urbanas desfavorecidas. La primera recomendación mantiene el principio de participación como eje de las políticas urbanas integradas. En sus propias palabras, “Una política integrada de desarrollo urbano implica la participación de actores ajenos a la administración y permite a los ciudadanos desempeñar un papel activo a la hora de conformar su entorno más próximo”. Y en relación a la eficiencia energética, subraya la importancia de la rehabilitación solicitando expresamente prestar especial atención al parque residencial más antiguo y deteriorado. Pero es la segunda recomendación la que establece el marco que más claramente concierne a una parte de nuestra investigación, al que titula II. Prestar especial atención a los barrios menos favorecidos dentro del contexto global de la ciudad . Y al referirse a la inequidad, lo hace no solo por el lado social y económico sino también en cuanto a las diferencias de cualificación ambiental entre los barrios. De este modo, la mitad del desarrollo de la Carta se dedica a ofrecer orientaciones para la intervención en estos barrios, enfatizando el abordaje de estrategias de mejora ambiental, económica, educativa y de accesibilidad. Tras haber señalado las fundadas críticas hacia la escasa capacidad de incidencia de este tipo de declaraciones y recomendaciones, debemos preguntarnos por el marco político e institucional apropiado para acercarnos a su materialización. Cómo enfocar la construcción de nuevas arquitecturas institucionales capaces de propiciar la concreción de estas orientaciones hacia la sostenibilidad será el objeto del próximo capítulo.
47 La reinvención democrática Corregir el rumbo civilizatorio y embocar una senda ecológicamente viable pasa por una reinvención de la política que permita establecer mecanismos de control desde la esfera de lo público (Naredo, 2003) y ello exige una revisión y reformulación del rol del Estado en el contexto de una reflexión sobre su naturaleza actual. Esta es una cuestión central sumamente compleja a la que al menos trataremos de plantear una aproximación, y para ello nos apoyaremos en las tesis del sociólogo portugués Boaventura de Sousa Santos, destacado intelectual y participante de los Foros Sociales Mundiales, que formula las bases conceptuales para una reinvención solidaria y participativa del Estado (Santos, 2009a). La crisis del contrato social La situación que hemos descrito en relación a los retos que hoy enfrenta la civilización tiene como telón de fondo la crisis del contrato social que rige nuestras sociedades. La emergencia del constitucionalismo europeo que sentó las bases de los Estados-nación fue el resultado de la emancipación de una burguesía ascendente que necesitaba desprenderse de las formas del poder feudal, dando paso con ello al contrato social de la modernidad. Dicho contrato es el resultado, conflictivo y cambiante, de la tensión dialéctica entre interés particular e interés colectivo, entre emancipación y regulación. Se basa en el establecimiento de unos criterios de inclusión, a los que se corresponden lógicamente unos criterios de exclusión, y se concreta en la condición de ciudadanía adscrita a una nacionalidad. Y el contrato social se apoyó en tres principios instituyentes: la regulación social de la economía, la (consiguiente) politización del Estado y la nacionalización de la identidad. Pero desde los años ochenta, con la hegemonía del pensamiento neoliberal y su globalización, el modelo de contrato social ha entrado en un periodo de turbulencias que permite hablar de su entrada en una fase crítica previa a un cambio de paradigma. Dicha crisis se manifiesta en el predominio estructural de los procesos de exclusión sobre los de inclusión (Santos, 2009a:21). Y este predominio de la exclusión presenta dos formas distintas: el pre-contractualismo , consistente en impedir al acceso a la ciudadanía a grupos de individuos que tenían la expectativa de ser incluidos, y el postcontractualismo , consistente en la exclusión del contrato social de grupos que hasta ahora formaban parte de él. Ambos tienen su origen en el consenso liberal , en el que convergen a su vez cuatro consensos básicos: 1) El consenso económico neoliberal o consenso de Washington; 2) el Estado débil como requisito del fortalecimiento de la esfera privada; 3) el consenso democrático liberal , esto es, la promoción de una concepción minimalista de democracia; y 4) la primacía del derecho y de los tribunales , que desplaza el marco político del contrato social por el marco jurídico del contrato individual, como escenario prioritario para la resolución de conflictos entre intereses comerciales privados (íd.:23-24). Esta creciente lógica de la exclusión provocada por el consenso liberal genera unos estados de precariedad y servidumbre estructural, que desembocan en lo que el autor denomina la amenaza del fascismo societal , un fascismo no político sino social y de civilización que se presenta bajo diversas formas: algunas practicadas dentro de la sociedad, otras ejercidas desde
el propio Estado, otras desde la usurpación de atribuciones estatales por parte de agentes sociales, otras alentadas desde el mercado como forma de incidencia cultural a través del consumo, y otras, las más virulentas y refractarias a la penetración democrática, impuestas desde la órbita financiera de la economía de casino en la escala global, vía instituciones multilaterales y empresas de rating. Frente a un entorno de tal grado de riesgo, Sousa Santos afirma la necesidad de elaborar sociabilidades alternativas que, a través de la “reinvención de espacios-tiempo que promuevan la deliberación democrática”, tomen por objeto “neutralizar la lógica de la exclusión” (íd.:37). El nuevo Estado como articulador Para ello aborda la definición de dos frentes de transformación, uno centrado en la regulación del trabajo y la economía, y otro en la regulación de la organización política y la definición de un nuevo rol del Estado, que denomina el Estado como novísimo movimiento social . Es éste el que nos interesa reseñar como elemento de contexto para nuestro tema de investigación. Santos afirma la obsolescencia de las teorías del Estado imperantes hasta ahora, tanto las liberales como las marxistas, ya que: (...) bajo la denominación ‘Estado’ está emergiendo una nueva forma de organización política más amplia que el Estado: un conjunto híbrido de flujos, organizaciones y redes en las que se combinan y solapan elementos estatales y no estatales, nacionales y globales. El Estado es el articulador de este conjunto. (Ibíd.:45). Esto es, la soberanía y la regulación pasan a ejercerse en red. El Estado ha pasado a ser más bien una relación política, el terreno de una pugna entre las fuerzas del fascismo societal, que pretenden convertirlo en una parte de su espacio privado, y las fuerzas democráticas que desean convertirlo en una parte del espacio público no estatal, en una lucha “por la democratización de las funciones de coordinación” (Id.:47). Pero por fuerzas democráticas se ha de entender no la concepción formal y minimalista del consenso liberal, sino una democracia redistributiva y participativa, que debe incidir “tanto en las funciones de coordinación como en la actuación de los agentes privados (empresas, organizaciones no gubernamentales y movimientos sociales)” (Ibíd.). De forma que la creación de este espacio público no estatal con el Estado como articulador es la única alternativa democrática. Y dado que la pérdida del monopolio estatal sobre las funciones de regulación conlleva un aumento de su pasividad, habrá de compensarse con una ciudadanía más activa; de lo contrario, los espacios vacantes serán ocupados por el fascismo societal. La conversión del Estado en un novísimo movimiento social debe tener por tanto en la democracia redistributiva a uno de sus empeños. Pero otro de ellos es el Estado experimental . El nuevo Estado articulador está por inventar, luego enfrentaremos un periodo de transición. Todo cambio incluye una etapa en la que conviven las estructuras del viejo paradigma con las del nuevo, que pueden ser contradictorias o incluso terminar siendo
49 fallidas, hasta que se consoliden las definitivas. Por ello el autor aboga por un Estado convertido en un terreno de experimentación institucional en el que convivan por un tiempo distintas soluciones institucionales que, a modo de experiencias piloto, puedan ser sometidas al control y la evaluación ciudadana democrática. Ello implica como premisas la existencia de igualdad de condiciones entre propuestas de institucionalidad democrática y ‘unas mínimas pautas de inclusión que hagan posible una ciudadanía activa’ capaz de ejercer ese control. La reinvención de la democracia que propone Santos como orientación de la reforma del Estado puede generar el marco capaz de dar cabida y de propiciar las nuevas formas de experimentación política e institucional que requiere nuestra sociedad, incluyendo a las políticas de producción y gestión del hábitat. Es sin duda una empresa de un profundo calado, tan profundo como el grado de complejidad y gravedad de los desafíos que enfrentamos. Cómo abordar la reforma Debemos preguntarnos qué tipo de reforma es posible plantear, cuando el reformismo viene presentando una crisis desde los años ochenta como paradigma de cambio. Y es que, tras la caída del Muro de Berlín, entramos en un contexto posterior al post-revolucionario, esto es, si deja de percibirse el riesgo de un cambio que responda al paradigma revolucionario, deja de tener sentido también su opuesto, el paradigma reformista. Pero la crisis del reformismo, que se ha pretendido presentar como una crisis del Estado, en realidad está asociada a un tipo de Estado: el Estado débil promovido por el consenso liberal, funcional a los intereses del principio de mercado. ¿Cómo salir del estancamiento de este círculo vicioso, basado en un tipo de alianza entre el principio de mercado y el principio de Estado que mantiene a este último subordinado al primero? Las vías de salida solo pueden venir del fortalecimiento del tercer principio, el de comunidad. Santos nos recuerda que el reformismo nació a partir del encauzamiento de las resistencias obreras a las consecuencias del capitalismo, que fraguó en una institucionalidad del interés general que permitió preservar las relaciones no mercantiles (cooperativas, solidarias y voluntarias) (2009a:56): La institucionalidad reformista se asentó sobre una articulación específica de los tres principios modernos de regulación: los principios del Estado, del mercado y de la comunidad. La articulación estableció un círculo virtuoso entre el principio del Estado y el del mercado, del que ambos salieron fortalecidos, al mismo tiempo que el principio de comunidad, basado en la obligación política horizontal –de ciudadano a ciudadano-, se vio desnaturalizado al quedar reducido el reconocimiento político de la cooperación y de la solidaridad entre ciudadanos a aquellas formas de cooperación y solidaridad mediadas por el Estado. Frente a este desequilibrio, Santos observa la creciente pujanza del Tercer sector en todo el mundo, una emergencia que se manifiesta bajo formas muy diversas, pero lo hace tanto en los países centrales como en
los periféricos y semiperiféricos, lo que permite pensar en un movimiento de recuperación del principio de comunidad. La cuestión es determinar el papel que el Tercer sector, los movimientos sociales y las bases populares pueden desempeñar en las políticas públicas. En todo caso, Santos señala cómo la reinvención del Estado enfrenta dos alternativas, la del Estado empresario y la del Estado como novísimo movimiento social , una concepción que “propone una nueva y privilegiada articulación entre los principios del Estado y de la comunidad, bajo el predominio de este último” 12 (íd.:84), capaz de contrarrestar el principio de mercado. Pero ello exige una acción política democratizadora simultánea en el principio de Estado y en el principio de comunidad, sujeto éste no solo al Tercer sector sino a la ciudadanía en general, mediante los adecuados mecanismos de participación y articulación. Cabe señalar aquí que los textos de Santos que estamos reseñando se escriben a finales de los años 90, tras el alzamiento zapatista, la respuesta social desde Seattle a Génova, y en la efervescencia previa a los Foros Sociales Mundiales… en los años, en definitiva, de la cristalización del llamado movimiento antiglobalización. Un movimiento que desde entonces, con el efecto añadido de la expansión de Internet como recurso de articulación en red, ha seguido creciendo, mutando y madurando, podríamos decir que a golpe de crisis, desde las asiáticas de finales de los noventa, pasando por la argentina y después la estadounidense y europea. Un movimiento que en sus expresiones y formas más recientes ha dado paso a episodios como la primavera árabe y el movimiento internacional de los indignados, que en países como el nuestro está dando lugar no solo a la apertura de nuevos espacio-tiempos de deliberación democrática sino también a un pensamiento que se traduce en acción, que ha servido para reposicionar e impulsar formas de sociabilidad alternativa, como mercados de truque, bancos de tiempo, redes solidarias de apoyo frente a los desalojos, o la propia dinámica de funcionamiento asambleario y participativo como principio de concertación y decisión. Todo ello supone, en nuestra opinión, la evidencia de que una parte de la sociedad está dando pasos en la reivindicación del principio de comunidad para la reinvención democrática. Y esto supone, a su vez, un renovado (y renovable) recurso de transformación socio-política, con el que no contábamos dos años atrás. Se impone entonces la doble tarea de la refundación democrática tanto de la Administración pública como del Tercer sector y las Redes sociales, articulando equilibrios entre democracia representativa y democracia participativa. Sin duda la propuesta de Santos significa, en el campo de la gestión habitacional desde las políticas públicas, un sugerente desafío en cuanto a la exploración de nuevas fórmulas de cooperación. 12 Las negritas son nuestras.
51 5.5 Hacia una política andaluza para un Hábitat en Transición Como cierre de este ejercicio de contextualización, haremos el esbozo de un cierto posicionamiento a partir de lo expuesto, o como mínimo un señalamiento de algunos criterios que estimamos debería observar el diseño de las próximas políticas de hábitat para nuestra región, sabiendo que en gran medida se sitúan en contra de las lógicas dominantes. Moverse en distintos escenarios temporales Según hemos visto, nos movemos en una tensión entre varias escalas temporales. En primer lugar, la gravedad de las numerosas situaciones de necesidad habitacional que enfrentamos en el muy corto plazo (los próximos años), signada por la actual coyuntura económica, con una importante y repentina merma en la capacidad de inversión que afecta tanto a la sociedad como al Estado. En segundo lugar debemos atender a la urgencia del corto-medio plazo (los próximos lustros), determinada por el declive de la era fosilista y el choque de nuestras sociedades contra los límites de la biosfera. Y por último la realidad nos remite también al largo plazo (las próximas décadas) que requerirían las transformaciones de gran calado que debemos afrontar. Si la primera es una cuestión del máximo interés regional y nacional, la segunda y la tercera son emergencias de orden civilizatorio. Definir un proyecto político de largo alcance Hace unos años levantó cierta polvareda un ensayo del filósofo, teórico social y político brasileño Roberto Mangabeira Unger, ex Ministro de Asuntos Estratégicos con Lula da Silva. El ensayo se titulaba “España y su futuro” (Unger, 2009) y abordaba un análisis del papel contemporáneo de España en el Mundo, en Europa y frente a sí misma, argumentando que era un país que carecía de un proyecto capaz de aprovechar su potencial y entroncar con la sociedad civil: “Existe un proyecto dominante en España: se trata de un proyecto, articulado por las elites y por los partidos, que no sirve, en la medida en que no establece una relación íntima con las características más importantes y fecundas de la sociedad española” (íd.). Unger apelaba a la creatividad social y política del país para poner su singularidad histórica y cultural en el centro de su rol internacional. Formulaba además las bases para construir dicha alternativa: La alternativa transformadora que España necesita para realizar su potencial de democracia igualitaria y creadora tiene cinco grandes vertientes: democratización del mercado, capacitación de los trabajadores y de los ciudadanos, organización de la solidaridad, profundización de la democracia y búsqueda de un papel ejemplar en el mundo. (íd.) Seguramente el programa de Unger mantendría hoy buena parte de su vigencia. Sirva la referencia para subrayar la urgencia de iniciar la construcción de un proyecto político para Andalucía y para España y hacerlo con la altura de miras que exige este momento histórico.
Aprender con el Sur Probablemente ello exija la revisión de una teoría política y de transformación social que sea capaz de superar el eurocentrismo para volver a mirar y entender lo que ocurre en el Sur, tal como lo hicieron los primeros Planes Andaluces de Vivienda y Suelo. Como afirma B. de Sousa Santos (2009b:195) (…) en los últimos treinta años, las grandes prácticas transformadoras vienen del Sur. Es decir, tenemos teorías producidas en el Norte y prácticas transformadoras producidas en el Sur que no se comunican. Los grandes teóricos políticos no hablan español, no hablan portugués (mucho menos el aymara o el quechua); en parte, por eso no se dan cuenta de toda la realidad transformadora de las prácticas y, en consecuencia, las invisibilizan o las marginan. Es preciso, también en este aspecto, desprendernos de la mirada hegemónica occidental para volver a aprender de aquellos lugares donde se están dando dichas prácticas y en particular aprovechar la posición de cercanía cultural con Latinoamérica y los vínculos históricos de cooperación. Políticas integradas de hábitat La magnitud de los retos que enfrentará la Transición energética y civilizatoria requiere empezar a pensar en claves de profunda reestructuración territorial, trabajando más que nunca sobre los vínculos entre escalas y sectores de actividad: vivienda, producción, consumo, transporte, gestión urbana… una nueva integración entre dimensiones territoriales que tal vez requiera pensar, si no en una Consejería del Hábitat, al menos sí en la creación de estamentos transversales de cierto peso institucional. En este sentido deben significar un recurso las experiencias pioneras como el Plan Integral de Polígono Sur. Los barrios como referencia para la gestión urbana y la justicia social En los escenarios venideros de creciente carestía energética y económica, la gestión de los recursos disponibles será una cuestión clave. Ello tenderá a reforzar aun más el papel de los barrios como ámbito de referencia para la gestión y regeneración urbana ecológica y participativa, con especial énfasis en los barrios más vulnerables, en la dirección marcada por las Cartas Europeas para la Sostenibilidad. Ya existe una corriente de investigación en nuestro país y en Europa que camina en esta dirección, que está llamada a crecer y a nutrir las políticas urbanas. En el medio y largo plazo, conforme vayamos sintiendo el declive energético, se revelarán progresivamente menos viables las urbanizaciones suburbanas dispersas y periféricas, más dependientes de la movilidad motorizada, más caras en suministros y servicios13, y más costosas para la ciudad en general. En cambio emergerán como recurso los barrios compactos, no solo los de trama popular, sino también muchos de los hoy denostados barrios periféricos tradicionales obreros (Castrillo, 2008). 13 Ya se investigan las posibilidades de futuro de una Post-Suburbia. Véase el Taller sobre Rehabilitación de áreas monofuncionales de baja densidad celebrado en julio de 2012 en la ETSAB, organizado por integrantes del Col•lectiu Punt 6 y otros investigadores <http://www.postsuburbia.org/>
53 La sostenibilidad en el centro Tal como veníamos señalando, es el momento de apostar definitivamente por la introducción de criterios de sostenibilidad en las políticas de hábitat, con la mira en las escalas temporales antes apuntadas y desde la consciencia de la venidera transición energética. Ello implica asimismo la adopción de principios transversales a todas las escalas espaciales del hábitat, desde la territorial y pasando por la urbana-metropolitana hasta la comunitaria, residencial y doméstica. Es sabido que en este sentido Andalucía cuenta con un notable potencial, por ejemplo en materia de energías renivables. La profundización democrática Lo anterior incluye la apuesta por modelos mixtos de gestión con un papel importante de la ciudadanía, impulsando su rol protagonista y promotor de procesos. Ello debe verse también reflejado en las distintas escalas políticas, desde la escala de la actuación concreta con los vecinos de un inmueble, pasando por sus escalones intermedios, hasta instancias y mecanismos de participación en el diseño y ejecución de las políticas. Todo ello en el marco propugnado por Sousa Santos de generar una alianza entre el principio de Estado y el principio de comunidad, decantando el papel del Estado hacia el de novísimo movimiento social frente al de Estado empresario. También en este aspecto la región cuenta con recursos, desde la tradición de sus movimientos sociales y las vetas autogestionarias de sus culturas populares hasta la experiencia política de programas de vivienda de apoyo a la autoconstrucción o la auto-rehabilitación. La vocación experimental Retomando también la idea de Santos del Estado experimental (2009a), e igualmente ligado al epígrafe anterior, dado que frente a un entorno cambiante nadie dispone de recetas definitivas, estimamos oportuna la apertura de grados de experimentación a base de proyectos piloto cogestionados con agentes sociales privados, bajo la evaluación y control de su interés público, desde el mencionado refuerzo de la alianza entre sociedad y Estado. Asumir el conflicto como motor del cambio Este último criterio está, como en otros casos anteriores, encadenado al precedente. Se trata de un salto mental e institucional ineludible para impulsar y viabilizar varios de los criterios señalados, especialmente el que tiene que ver con asumir y potenciar un papel ciudadano activo como cooperador del Estado en un rol de colaboración crítica. Sirva este breve marco para contextualizar esta tesis, como pronunciamiento ideológico y ontológico que, según explicábamos en el apartado anterior, precede y sitúa a la construcción epistemológica que abordaremos en el capítulo siguiente.
55 6. Hipótesis de partida Formularemos ahora la hipótesis central sobre la que se asienta esta investigación. Arribaremos a ella en un recorrido que construiremos de forma escalonada, desde lo general a lo particular, para situarla en el marco de una serie de premisas que definen de alguna manera su contorno. Premisas I. La rehabilitación de viviendas se presenta como uno de los principales ejes de la sostenibilidad urbana y empieza a demandar un volumen de inversión inasumible para buena parte de sus habitantes y para el sector público, al tiempo que se configura como el principal eje de las políticas de hábitat y la actividad profesional de los arquitectos. II. En este escenario de insuficiencia de recursos públicos es preciso articular estrategias complejas de rehabilitación, capaces de integrar y sumar a la acción pública tanto los recursos propios de los residentes (los convencionales y los no convencionales) como eventualmente otras fuentes de inversión privada; esto exige apostar por generar modelos de producción y gestión habitacional dirigidos a implicar a los habitantes en los procesos de toma de decisiones, como orientación estratégica para una gestión urbana sostenible de signo ciudadanista. III. Una parte sustancial de esta apuesta consiste en desarrollar estructuras para la toma de decisiones apoyadas en metodologías de gestión participativa, ámbito que encuentra uno de sus campos de desarrollo en la incorporación de métodos de diseño participativo en la transformación de la vivienda. Formulación de la hipótesis central IV. Este trabajo toma como punto de partida la hipótesis de que en nuestro entorno sociocultural, político y administrativo es posible, conveniente y oportuno adaptar criterios de diseño participativo a nuestras políticas habitacionales como factor de sostenibilidad, en particular las orientadas a la rehabilitación residencial, ya sea de forma aislada o en el contexto de barriadas. Escalonamiento de las hipótesis de la investigación. Elaboración propia 25]
La crisis presenta, efectivamente, una dimensión social que también se encuentra fuertemente asociada al hábitat. El mencionado fenómeno de las periferias urbanas del Sur es tal vez la muestra más visible de la desigualdad como rasgo inherente a nuestra civilización, cuya creciente brecha social ha sido descrita por Leonardo Boff como una auténtica “bifurcación de la Humanidad”15. De la misma manera, en el Norte encontramos ejemplos de sectores urbanos muy degradados en situación de vulnerabilidad o exclusión social que, a pesar de las sucesivas inversiones e intervenciones estatales, se resisten a alejarse de dicha condición, tal como señaló Felix Arias al referirse a la “permanencia histórica” de los barrios desfavorecidos en nuestro país16. En estos contextos de elevada complejidad social, donde los problemas de habitabilidad aparecen asociados y entremezclados con carencias de salud, educación, convivencia, empleo, etc., se manifiesta con especial claridad la necesidad de construir nuevas miradas para acercarnos a la complejidad del hábitat humano en toda su integralidad y plantear estrategias de intervención capaces de afrontarla. 15 Boff, 2000. 16 http://habitat.aq.upm.es/bv/gbd15.html La inequidad extrema. Opulencia con vistas a la miseria y viceversa, Paraisópolis, Sao Paulo, Brasil. Foto: Google 32] Idem. Fuente: Revista Quaderns33]
63 1.2 La vivienda en crisis y la rehabilitación como reto emergente El desinterés técnico y político por la vivienda en las últimas décadas En el tramo central del siglo XX, desde el periodo de entreguerras hasta los años setenta, la vivienda fue un tema de interés profesional alentado por el Estado, que, con mayor o menor acierto, dio origen a experiencias valiosas y diversas. En el caso español podemos señalar algunas como los poblados de absorción, la promoción de conjuntos de vivienda económica, los polígonos de vivienda social, la industrialización de elementos constructivos, las experiencias cooperativistas y, ya en el último tercio de siglo, la rehabilitación de centros históricos, la consolidación e integración urbana de algunas barriadas autoconstruidas o su sustitución en procesos con un elevado protagonismo ciudadano. Pero conforme avanzaron los años 80 y especialmente en la década de los 90 hemos ido viendo decaer la inquietud y el interés por el tema de la vivienda, tanto por parte de la clase política como de los profesionales de la arquitectura. Con el advenimiento de las últimas fases de la globalización y el creciente papel subsidiario del Estado respecto a los mercados, se ha producido una progresiva simplificación del abordaje técnico y político del tema de la vivienda. Reducido a una mera cuestión de oferta y demanda, las políticas de vivienda se han sujetado al crecimiento de la industria de la construcción antes que a la satisfacción de la necesidad de alojamiento como problema político de primer orden. Tras el periodo histórico de la experimentación moderna, en que los mejores arquitectos de la época tomaron la vivienda como una preocupación central, y las últimas grandes operaciones públicas de producción de vivienda en los 70, los únicos modos de afrontar el problema del alojamiento parecen haber quedado reducidos a optar entre la vivienda libre (perversa denominación que encierra ‘libertades’ de 40 y 50 años de hipoteca) y la vivienda protegida. Una vivienda protegida recluida además en el régimen de la VPO, cada vez más depositada en manos del mercado (como mero salvamento del sector inmobiliario, como trató de hacerse en los albores de la crisis con el Pacto por la Vivienda) y plenamente consciente de su incapacidad de llegar a los sectores socioeconómicos más bajos de la población. Apenas se ha hablado de vivienda en la enseñanza de la arquitectura, crecientemente dominada por los patrones de éxito de la arquitectura del espectáculo, absolutamente alejada de la realidad profesional que luego encontrarán los jóvenes arquitectos. Y ello, paradójicamente, ha ocurrido mientras se inflaba una burbuja inmobiliaria-financiera que ha llevado los precios de la vivienda hasta límites inaccesibles para una buena parte de la población17. Ha tenido que estallar definitivamente la burbuja y hemos tenido que entrar en la crisis más grave de nuestra época para, apenas ahora, empezar a retornar la mirada hacia el campo de la producción de vivienda con una intención renovadora. 17 El Defensor del Pueblo Andaluz denunció en 2007 “la exclusión de un importante sector de la ciudadanía del mercado de la vivienda” (http://www.defensor-and.es/informes_y_publicaciones/ informes_estudios_y_resoluciones/informes_anuales/informe_2003/TEXTO_PAGINADO/texto_0214. html) Casas del pueblo de Vegaviana, en Cáceres. Foto: COAM34] Arquitecturas globales (del “globo” o la burbuja). En la imagen, setas a la plancha. Fuente: http://www. descubriendosevilla.es 35] Proyecto de erección global de la ciudad. Fuente: www. elpais.com 29/06/2010 36]
La vivienda especulativa como pieza central de la insostenibilidad urbana Si la primera Ley del Suelo (1956) quiso impulsar en España el mercado de la vivienda y para ello se propuso convertir a cada propietario de suelo en un promotor, cincuenta años después ese mismo mercado, también con la ayuda del marco legal, dio una vuelta de tuerca a la ecuación y se propuso “convertir a cada habitante en un especulador” (Montaner y Muxí, 2011:19). De ahí hemos pasado a la proliferación de plataformas de afectados por la hipoteca. Pero desde el ángulo de la sostenibilidad ambiental, recordemos que la construcción es uno de los dos grandes sectores consumidores de energía y generadores de residuos, junto con el transporte. Hace una década, España ya era el país de la UE que en mayor proporción había destruido su patrimonio inmobiliario (especialmente en sus centros históricos, como luego volveremos a señalar); y también era ya, antes de los años cumbre de la ‘década dorada’, el país de la UE que poseía un mayor porcentaje de viviendas de segunda residencia y de viviendas desocupadas. No pocas voces venían señalando entonces que mientras la vivienda continúe siendo un nicho de inversión de capital –estimulado, además, por la legislación vigentela ciudad seguirá construyéndose bajo pautas de insostenibilidad ambiental y social. La inversión de esta situación pasa por una decidida reconversión de todo el sector inmobiliario, estableciendo una política de vivienda y una fiscalidad que promuevan la rehabilitación y puesta en uso del patrimonio construido frente a la nueva planta, que impulsen el empleo de materiales locales bajo criterios bioclimáticos, que apoyen la función utilitaria de la vivienda frente a la especulativa, que fomenten el alquiler, que promuevan la vivienda social frente a la vivienda libre, que establezcan un régimen fiscal que no haga depender a los ayuntamientos del cobro de licencias de obra, o que penalicen las plusvalías de la compra-venta especulativa. Pese a las voces críticas que venían apuntando en esta dirección, finalmente, desde 2008, la necesidad de un cambio de paradigma se ha terminado imponiendo por la vía de los hechos. El chapapote del ladrillo: el suelo urbano y urbanizable frente al no urbanizable en la Costa del Sol en 1980 y en 2000 (no digamos hasta 2008). Fuente: J. Riechmann 37]
65 La rehabilitación frente a la nueva planta como desafío político ineludible En la presentación del encuentro ‘Obsolescencias Urbanas: el caso de las barriadas residenciales’, Carlos Gª Vázquez recordaba cómo la cita de Bernardo Secchi en 1984 “Las ciudades en las que viviremos dentro de 20 años ya están construidas” constituyó toda una provocación. Hoy la afirmación ya no resulta aventurada. Y las ciudades que tenemos presentan, prosigue Gª Vázquez, situaciones de obsolescencia urbana, de obsolescencia arquitectónica, así como severas problemáticas sociales, que deben encontrar su correlato en estrategias de sostenibilidad arquitectónica, urbana y social, todo ello desde la confluencia interdisciplinar y desde una fuerte apuesta de la gestión pública (García Vázquez, 2010). El reto de la sostenibilidad pasa por situar la rehabilitación en el centro de las políticas urbanísticas y habitacionales. De esta evidencia se ha hecho eco también el sector privado, como no podía ser de otra manera. En el marco de la última edición de la conocida feria Construmat, los profesionales del sector identificaban “la situación marginal en que se encuentra la actividad de la rehabilitación en España” y elaboraban un manifiesto en el que proponían medidas para paliar la situación. Si en Europa son más de la mitad de los profesionales de la construcción los que se dedican a la rehabilitación, en España el porcentaje se queda en un 20%. El Congreso Internacional ‘Rehabilitación y Sostenibilidad: el Futuro es posible’, celebrado en Barcelona en octubre de 2010, apunta en esa dirección y su celebración supone un indicador de la reacción institucional y empresarial al agotamiento de la vivienda de nueva planta. Afortunadamente en distintos lugares de España ya venían desarrollándose políticas habitacionales con un peso creciente en materia de rehabilitación residencial, políticas que ahora permiten contar con un cierto bagaje político, técnico y social que se revelará importante de cara a su reformulación en el contexto postcrisis (o precisamente para superarla). En este sentido la experiencia andaluza resulta de gran interés, que en sus sucesivos planes de vivienda y suelo ha venido ensayando y mejorando distintos programas de rehabilitación, previendo para este tipo de actuaciones más del 40% del presupuesto en el plan vigente. Rescatamos aquí este dato como muestra del interés institucional de los últimos tiempos, todo ello más allá de las actuales disponibilidad financiera y voluntad política, exiguas por igual en el contexto actual, que en los últimos años han paralizado la actividad. Barriada de Cartuja en la zona norte de Granada. Foto: Surco Arquitectura. 38]
La revitalización de los barrios históricos Si el reciente embate del capitalismo neoliberal en forma de especulación inmobiliaria se ha cebado sobre el territorio, especialmente en el litoral y las periferias metropolitanas, su antecedente directo como oleada destructora de patrimonio (aunque en menor escala) hay que situarlo en el impulso desarrollista que en los años 60 y 70 tuvo por pasto a las tramas históricas de nuestras ciudades. Este periodo nefasto trajo consigo su correspondiente reacción, que nace en Europa en los años setenta y en España se deja sentir en los ochenta, con la puesta en valor del patrimonio de la ciudad histórica, una toma de conciencia que ya está asentada en la sensibilidad social e institucional y hoy nos hace preguntarnos cómo fuimos capaces de permitir tal destrucción (como empieza a resultar incomprensible la depredación territorial de los últimos lustros). Es en esta época que la rehabilitación arquitectónica y urbana empieza a tomar cuerpo como campo disciplinar y político, hoy ya extendido al resto de la trama urbana. No obstante, los centros históricos siguen estando lejos de haber resuelto su papel en la ciudad contemporánea y de haber logrado su plena inserción urbana y social. La deriva urbanística propiciada por la dinámica económico-financiera de las últimas décadas ha abocado a los centros y barrios históricos a situaciones de marginalidad, traducida en degradación física, que en muchos casos han dado pie a procesos de despoblación, deterioro de la convivencia, desaparición progresiva de servicios y finalmente especulación, gentrificación, ‘museización’, banalización formal y, por detrás, expulsión forzada de población tradicional. Todo ello acompañado de la pérdida de patrimonio arquitectónico, que en muchos casos, gracias a la antedicha asimilación cultural de su valor simbólico, es la punta socialmente visible del iceberg de estos procesos, cuyo trasfondo no es sino la dificultad de encaje en la lógica de la ciudad capitalista global de un tipo de ciudad que debe su origen a otras lógicas. En todo este contexto, la rehabilitación residencial de los barrios históricos se ha de ubicar en estrategias de revitalización urbana, justicia social y preservación patrimonial, construyendo fórmulas viables de intervención, necesariamente complejas, capaces de conjugar las posiciones de residentes, propietarios e interés público. La renovación de las barriadas de la segunda mitad del siglo XX: necesidad y oportunidad Hasta hace apenas veinte años, la rehabilitación era un campo casi reservado a la recuperación del patrimonio histórico. Pero más allá de referirnos en general a la rehabilitación como un criterio general de sostenibilidad urbana, hay que señalar que los conjuntos residenciales del urbanismo moderno heredados de la segunda mitad del siglo XX empiezan a mostrar crecientes signos del agotamiento de su vida útil. Mientras que los barrios de vivienda unifamiliar tienen cierta capacidad de auto-regenerarse a través de operaciones individuales, la rehabilitación de las unidades residenciales colectivas presenta, además de un problema de recursos, un problema de gestión. En el horizonte de las próximas décadas, la gestión y mantenimiento de este parque residencial supondrá un volumen de inversión que queda fuera del alcance de la capacidad económica de una gran parte de sus propietarios. Desde el ángulo de la sostenibilidad, ello Fachada en el centro histórico de Sevilla. Foto: E. de Manuel 39] La propuesta de Barrio-Ciudad aplicada en el PGOU de Sevilla. Fuente: PGOU 2006, OPS, GMU 40]
67 debe motivar una reflexión acerca del modelo de ciudad que estamos generando en cuanto a su gestión a largo plazo por parte de las siguientes generaciones. Pero en cualquier caso la situación actual exige redefinir políticas para la intervención a corto plazo en nuestras barriadas. Ante la inviabilidad de generalizar desde el sector público los modelos de ayudas a la rehabilitación basadas en un aporte muy elevado de recursos públicos, se impone la necesidad de someter las estrategias de intervención en barriadas a una profunda revisión. Al mismo tiempo, desde el ángulo de la sostenibilidad urbana, muchos de estos barrios, de trama compacta, se presentan como sectores de ciudad que encajan con mayor facilidad en los patrones de ciudad sostenible que la ciudad dispersa de las últimas décadas. Ahí aparece también, en términos de oportunidad, un campo de exploración de la gestión urbana sostenible, que converge con propuestas como la reformulación del sistema metropolitano sobre el constructo de barrio-ciudad, propugnado por investigadores como Agustín Hernández Aja (1997) y Julio Alguacil (2000). La hipercomplejidad del problema de la vivienda en las zonas urbanas marginadas Por último, tanto en las periferias como en las zonas centrales, las ciudades acumulan bolsas de pobreza y exclusión social que tienden a agravarse y eternizarse, en las que el problema de la vivienda registra características muy distintas que en los sectores medios de la sociedad, ya que se presenta envuelto en cuadros de problemas de una dimensión mucho mayor y más compleja. En algunos casos estos barrios son el resultado de promociones públicas de vivienda social en las que el estado tomó la iniciativa de la producción habitacional a través de políticas marcadamente paternalistas que no contaban con los futuros residentes en el proceso de producción. A los vecinos se les terminaba realojando en estos polígonos de vivienda, procedentes de asentamientos autoconstruidos en las periferias urbanas, a donde llegaron en muchos casos desde el medio rural reproduciendo los La vivienda informal en altura. Barriada Martínez Montañés, Sevilla. Foto: E. de Manuel, 2004. 41]
patrones de aquel tipo de hábitat. Por tanto su realojo en los polígonos residenciales de la arquitectura funcionalista supuso una importante ruptura cultural que, unida a su procedencia de bajos estratos socioculturales, sentó las bases para la creación de unas barriadas cuya vocación de gueto se dejó sentir desde su nacimiento. Cuando estas barriadas empezaron a mostrar indicadores de exclusión urbana la administración emprendió actuaciones de mejora pero sujetas a su lógica sectorial. Estas soluciones apenas lograban parchear aspectos parciales de una problemática que en su conjunto resultaba mucho más compleja. Estas barriadas han entrado en espirales de degradación y han acabado convirtiéndose en guetos dónde radican las actividades que la ciudad no tolera en otro lugar (Torres, 2005). No obstante encontramos también formas de auto-organización social para afrontar sus problemas que se revelan como un recurso fundamental en claves de autotransformación. Finalmente, a raíz del fracaso de las intervenciones estatales en estos barrios en términos de impacto global sobre la exclusión, desde hace años se vienen ensayando en nuestro país fórmulas de gestión urbana que están tratando de tender a la integralidad de las políticas y a la implicación de la población. En ese sentido estas barriadas evidencian especialmente las limitaciones de nuestros actuales modos de producción y gestión del hábitat y estas experiencias tendentes a la integralidad constituyen las experiencias piloto, ojalá exitosas, de una nueva generación de políticas que deberá basarse en modos más complejos de aproximación a la realidad. Las áreas vulnerables de Sevilla en 1991. Elaboración propia a partir de los estudios de Félix Árias (2000) 42]
69 2. El paradigma de complejidad como marco epistemológico 2.1 Cómo se produce el conocimiento El paradigma de simplicidad Todo paradigma es un dispositivo para la producción y organización de conocimiento, que opera mediante una serie de principios. Edgar Morin nos ha mostrado cómo la lógica que ha dominado el pensamiento de Occidente durante los dos últimos siglos, dando lugar a nuestro actual sistema de conocimiento científico, ha seguido fundamentalmente un paradigma de simplicidad. El paradigma de simplicidad opera mediante principios de separación, reducción y abstracción. En palabras de Morin, “o bien separa lo que está ligado (disyunción) o bien unifica lo que es diverso (reducción)” (1990:89). Es decir, el pensamiento simple aísla las realidades para facilitar su estudio, pero entonces las convierte en objetos separados de su ambiente y cercena todos los rasgos que se definen a partir de su interrelación con éste. Y por otro lado tiende a unificar lo diverso, es decir, a reducir a una sola entidad realidades múltiples. En esencia, el anhelo del conocimiento científico construido desde ese paradigma es desvelar la simplicidad que pretendidamente subyace a las realidades múltiples. Esta forma de pensamiento tiene sus raíces en el racionalismo occidental que se iniciara con Descartes en el siglo XVII. Posteriormente toma forma como paradigma de conocimiento predominante con la expansión de la escuela filosófica del positivismo a lo largo del siglo XIX, que arranca con el francés Augusto Comte y el británico John Stuart Mill, y prolonga su hegemonía en el pensamiento occidental durante el siglo XX. Esta corriente propugna que el único conocimiento que podemos considerar genuino es el conocimiento científico, que nace de la afirmación positiva de las teorías mediante el método científico, un proceder que excluye toda forma de pensamiento que no sea el lógico-racional. En su momento histórico la emergencia de este paradigma constituyó un ejercicio de afirmación por parte del conocimiento científico dirigido a definir un estatuto propio, presidido por el rigor y libre de conjeturas retóricas. Hoy sabemos que ha posibilitado desarrollos extraordinarios de los distintos campos del saber y de hecho podemos considerarlo como un devenir histórico fundamental para el avance de la ciencia. Pero lo ha hecho a costa de dejar zonas de sombra, cuestiones transversales a los límites disciplinares, fenómenos que no se dejaban someter a la lógica científica y que nos permiten evidenciar su agotamiento. Estas situaciones complejas expulsadas a la periferia del conocimiento terminaron conformando, no solo en la ciencia, sino también cuando se trasladaron a la política o a la sociedad, cuadros de problemas cuyo abordaje resulta imposible desde el paradigma de simplicidad que los produjeron. Imágenes captadas de la animación ‘El gran paradigma de la ciencia’ de Vicente Manzano (2007) 43] La realidad: un tejido de elementos diversos interconectados. 1] División en partes (reducción) y aislamiento (disyunción) 2] Modelización (abstracción) y unificación (reducción) 3] Construcción del molde teórico del modelo de estudio. 4] Aplicación del molde. Se fuerza a la realidad hasta que encaje. 5] La construcción teórica termina sustituyendo a la realidad. 6]
Disciplinadas disciplinas Del pensamiento simplificador y su principio de disyunción se deriva el aislamiento entre campos de conocimiento. Así, sobre la base del positivismo, nace en el siglo XIX y se consolida en el XX una estructuración del conocimiento basada en su división en disciplinas. La disciplina se explica desde entonces como categoría organizadora que, de forma natural, tiende a la autonomía a través de diversos caminos como la delimitación de sus fronteras, la creación de su propio lenguaje, el desarrollo de sus técnicas y en algunos casos la elaboración de sus propias teorías. Este proceso de deslinde de saberes, históricamente vinculado a la universidad, ha dado como resultado un gran avance en términos de profundización en cada campo del conocimiento, pero ha agotado su potencial como paradigma dominante de pensamiento. Se nos presentan cada vez más realidades cuya comprensión y abordaje escapan a las fronteras disciplinares. Así dimos lugar a lo que el autor denomina la “inteligencia ciega” (1990:31): La inteligencia ciega destruye los conjuntos y las totalidades, aísla todos los objetos de sus ambientes. No puede concebir el lazo inseparable entre el observador y la cosa observada. Las realidades clave son desintegradas. Pasan entre los hiatos que separan a las disciplinas. La disciplina, al definir su perímetro, extrae o construye una rama del conocimiento, en un movimiento que se revela necesario para avanzar en esa parcela del saber y se justifica siempre que no oculte sus conexiones externas y la visión global de la realidad. Pero la concentración en el objeto de estudio no puede entrañar el olvido de la realidad de la que se extrajo, ya que incurriríamos en cosificarlo hasta el extremo de creerlo autosuficiente. Morin habla de la aparición de un sentimiento de propiedad sobre el objeto de estudio por parte del investigador hiperespecializado. Barricada entre vecinos en la zona más deteriorada de Polígono Sur, triste metáfora del atrincheramiento disciplinar que participa del origen de estas situaciones. Foto: E. de Manuel, 2004. 44] La creación de un lenguaje propio de la disciplina. Durante la redacción del PGOU de Sevilla de 1987, el ABC dedicaba páginas enteras a ironizar sobre el lenguaje imposible de los urbanistas. Fuente: Hemeroteca Diario ABC http://hemeroteca.abc.es/ 45]
71 Se hace precisa, por tanto, una apertura de la disciplina hacia otras parcelas del saber y hacia la complejidad del universo al que pertenece. A veces ocurre que una mirada ajena a un campo disciplinar es capaz de resolver un problema que permanecía oculto a los ojos de los expertos, de manera que “no es suficiente estar en el interior de una disciplina para conocer todos los problemas correspondientes a ésta” (Morin, 2002:148). 2.2 El paradigma de complejidad Sistemas abiertos Frente al pensamiento simple y mutilador que hoy domina los campos del saber, Morin planteó la necesidad de emprender una tarea que concierne al vasto edificio de la cultura occidental: la reformulación de nuestro paradigma de pensamiento para dar cabida a la complejidad. El autor supo interpretar que ciertas claves de pensamiento aportadas por la Teoría de Sistemas, la Termodinámica, la Cibernética o el Psicoanálisis nos ofrecen pistas para avanzar en el saber allí donde aparecen fenómenos como la paradoja o el azar, hasta ahora relegados a la periferia de lo cognoscible, para poder considerarlos en términos científicos. Los primeros pasos hacia la complejidad se formularon parcialmente en la Teoría de Sistemas y la Termodinámica, que distinguen entre sistemas cerrados y abiertos (Morin, 1990:41-44). Un sistema abierto permanece constante en tanto recibe alimentación del exterior. Su estructura se mantiene estable mientras cambian sus constituyentes, o mejor dicho, gracias a que cambian sus constituyentes. Y ese movimiento se mantiene en virtud de su intercambio con el entorno, luego la relación con el ambiente es parte constitutiva del sistema. En tanto la muerte del individuo permite con su renovación la continuidad del conjunto, en la organización viviente “la entropía contribuye a la organización que tiende a arruinar” (op.cit.:56). De este modo llegamos al segundo principio de la Termodinámica, formulado por Carnot y que Morin vincula al concepto de información: la entropía crece de forma inversa a la información, es decir, es un aumento del desorden. Pero observa que los organismos vivos presentan la propiedad de autoorganizarse. El sistema auto-organizado se desprende del ambiente y se distingue de él. Un incremento en la apertura y el intercambio con el ambiente produce una individualidad tanto más rica cuanto más dependiente. En ese sentido se trataría de un sistema auto-eco-organizador. La recurrencia a esta noción de sistema abierto es uno de los pilares centrales de la propuesta del filósofo, que se traduce en una llamada a la apertura de las lindes artificiales del conocimiento. ‘La realidad está tanto en el vínculo como en la distinción‘(Morin): la relación con el ambiente como parte constitutiva del sistema. Elaboración propia. 46]
A lo largo de la historia la población ha tenido un papel protagonista en la satisfacción de sus necesidades a partir de sus propios recursos materiales e inmateriales. Con el avance de la institución científica, paralelo a su cierre fronterizo, y el desarrollo de la producción tecnológica, ligado a su privatización, el papel de la población ha ido viendo disminuir su margen de maniobra hasta verse reducido a una condición de consumidor. Este devenir histórico ha tenido su correspondiente manifestación en el campo de la producción habitacional. Illich señaló cómo la acción conjunta del mercado como agente productor de vivienda y el estado como agente regulador de dicha producción dio como resultado un menor acceso a la vivienda a amplias capas de la población. Paradójicamente, el dictado de normas que pretendían proteger al consumidor de los abusos del mercado fijaron unos estándares de calidad para la vivienda que “han privado a un número mayor de gente de la posibilidad tradicional de construirse su casa” (Illich, 1985). La producción de conocimiento como hecho colectivo Llegados a este punto es preciso reivindicar que la producción de conocimiento constituye un hecho sociocultural que no es patrimonio exclusivo de la esfera técnico-institucional. El propio Morin aborda esta cuestión cuando señala que el sociólogo no puede situarse en un punto externo de observación de la sociedad puesto que forma parte de ella. Tampoco puede apelar a su formación para hablar desde el centro de la sociedad, ya que precisamente su formación lo sitúa no en el núcleo sino en una región culturalmente periférica de ésta. La salida propuesta por el filósofo a esta situación es que “el sociólogo puede tratar de confrontar su punto de vista con aquel de los otros miembros de la sociedad” (1990:108). La confrontación de ideas nos permitirá construir meta-puntos de vista, que solo serán posibles si el observador se integra en la observación. De este modo apunta la necesidad de recurrir a la participación como soporte científico de una investigación social. El sociólogo Manuel Montañés profundiza en esta dirección en Metodología y técnica participativa (Montañés, 2009). Partiendo de la idea de que producimos la realidad al observarla, existirán tantas realidades “objetivadas” como sujetos observadores. Pero, además de Profesiones inhabilitantes, que diría Illich. Viñeta de El Roto. http://www. elpais.com 55]
79 observar la realidad, las personas tenemos la capacidad antropológica de “vernos viendo”. Esta facultad es la reflexividad, que será uno de los pilares que justifican una estrategia metodológica basada en la participación. Las múltiples realidades objetivadas que existen no pueden nunca ser equivalentes, pero en virtud de la reflexividad pueden ser compatibilizadas. Para saber si la realidad que produce un investigador es compatible con la del grupo social del que dice dar cuenta, tiene que conversar con él “en un proceso de toma de decisiones que afecten a sus vidas”, la del grupo y la del investigador. Esto implica romper la distinción clásica entre ciencia social teórica y aplicada. Pero además el principio científico que legitima la investigación ya no descansa en la objetividad, sino en la reflexividad compatibilizada. Esto nos lleva a reconocer que la legitimidad científica de una investigación social pasa a recaer en el modo de proceder, es decir, en tanto hayan participado o no en la producción de conocimiento de la realidad construida todos los sistemas observadores que puedan verse afectados por las acciones que de ella se deriven. Esto desplaza el paradigma participativo de la demanda ética a la exigencia científica (Montañés, 2009). Todo esto nos lleva a formular la necesidad de una producción de conocimiento que integre no solo distintos a los ámbitos disciplinares afectados por el campo de estudio sino también a los distintos sectores de la sociedad que se ven afectados por él: actores institucionales, técnicos y sociales. Es lo que Víctor Pelli refiere con el salto de la transdisciplina a la transectorialidad (Pelli, 2010). Vemos entonces que la producción participada de conocimiento se ubica, también desde el ángulo metodológico, en un inacabamiento permanente, como referíamos anteriormente al respecto de la apertura epistemológica. Es un proceso que abrirá continuamente nuevos interrogantes y se encuentra en permanente reelaboración, luego quedará siempre abierto e inacabado, en consecuencia con su naturaleza de obra creativa. Como afirmó Paul Valéry, una cita extensible a toda creación, un poema no se termina, se abandona . La construcción de conocimiento conversacional. Viñeta de josemalo. 56]
81 3. Necesidades y satisfactores 3.1 Obligaciones y derechos humanos Profundizando en la justificación política, ética y epistemológica de la participación, entendida como la implicación de las personas en las decisiones que afectan a sus vidas, es preciso situar su papel en el contexto de una reflexión sobre las necesidades humanas y sus satisfactores. El estudio y los intentos de explicación y sistematización de las necesidades humanas cuentan con un largo recorrido. Ya en los años 40 el psicólogo estadounidense Abraham Maslow (1909-1970) formuló su propuesta basada en una concepción jerarquizada de las necesidades, en la que la aparición de unas estaba subordinada a la consecución de las anteriores18. Concretó su pensamiento en la conocida Pirámide de Maslow que establecía cinco niveles de necesidades, desde las más simples a las de orden superior: fisiológicas, de seguridad, de aceptación social, de autoestima o reconocimiento y de autorrealización. Desde los años 70 varios autores han contestado la teoría de Maslow alegando las escasas evidencias de que las necesidades humanas funcionen de forma piramidal ni de que sus satisfactores respondan a un patrón universal. De hecho se le ha criticado la legitimación implícita de un modelo de sociedad piramidal, en el que solo algunos podrían alcanzar los niveles superiores a costa del resto. De esta corriente crítica nos detendremos más adelante en los trabajos coordinados por Max-Neef en los años noventa. Pero antes resulta oportuno rescatar las aportaciones, coetáneas de Maslow, de la pensadora francesa Simone Weil (1909-1943), donde encontramos un interesante antecedente. En 1943, el mismo año en que Maslow publica su teoría, Weil está escribiendo la que sería su última obra, L’enracinement (Echar raíces) 19, que quedaría inacabada al morir ese mismo año. Echar raíces es uno de los textos centrales sobre el desarraigo moderno, y dedica toda su primera parte a teorizar sobre lo que titula Las necesidades del alma , un enunciado que después pasa a enumerar y desarrollar en claves de filosofía política. La autora introduce todo este bloque del libro a partir de una reflexión acerca de los conceptos de derechos y obligaciones humanas, que desborda en complejidad a la concepción que subyace a la Declaración Universal de los Derechos Humanos, redactada poco tiempo después. Weil sostiene que la obligación prima sobre el derecho, que está subordinado y es relativo a ella (Weil, 1996:23): Un hombre solo tiene deberes, entre los que se cuentan algunos para consigo mismo; los demás, desde su punto de vista, solo tienen derechos. A su vez, hay derechos cuando a ese hombre se le considera desde el punto de vista de los demás, obligados para con él. Es decir, el cumplimiento de las obligaciones de cada ser humano hacia los demás configura los derechos de éstos. La filósofa inscribe el origen de esa 18 MASLOW, Abraham (1943) A Theory of Human Motivation. 19 WEIL, Simone (1996) Echar raíces. Madrid: Trotta [1949] 1996
obligación en “el destino eterno del ser humano” (íd.:25). Pone el ejemplo y señala como la obligación más evidente del ser humano, recogida por todas las civilizaciones, el no dejar pasar hambre a otro ser humano. Procediendo por analogía, argumenta que “la lista de las obligaciones hacia el ser humano debe corresponder con la de las necesidades humanas vitales análogas al hambre” (Ibíd.) y a partir de aquí ensaya una enumeración y definición de las que considera las necesidades del alma. Y no lo hace con el ánimo de una mera reflexión filosófica sino que las que ofrece con una deliberada intencionalidad política, señalando que la dirección del progreso de una comunidad será aquella que tienda a satisfacer las necesidades de todos sus miembros a través del cumplimiento de las obligaciones individuales de cada uno hacia el resto. Si bien se ha criticado cierta ligereza intelectual en algunos aspectos de su obra, hay vetas en el pensamiento de Weil que suponen aportes de primer orden y verdaderos adelantos a su tiempo. En este sentido, J. R. Capella destaca en el prólogo a la edición española su aguda percepción de las limitaciones de una democracia entendida como un mero conjunto de procedimientos: Weil puso sobre la mesa la advertencia, plenamente vigente, de que cada decisión debe legitimarse no sobre un procedimiento democrático sino sobre “un proyecto social suficientemente compartido” (íd.:13). En su concepción de los derechos y deberes subyace el pleno reconocimiento del otro, desactiva el paternalismo político y anticipa una noción sistémica y solidaria de las necesidades humanas, solidaria en términos colectivos, interculturales e intergeneracionales. En cierto modo Simone Weil se aproxima a la noción de auto-eco-organización que Morin desarrolla a partir de la teoría de sistemas, así como al pensamiento de autores posteriores, entre ellos, el de Max-Neef y Elizalde, cuya propuesta será objeto de análisis a continuación. 3.2 La noción de desarrollo a escala humana En los años 80, un grupo interdisciplinar de profesionales latinoamericanos aborda una reflexión para plantear alternativas a los modelos de desarrollo –el desarrollista y el monetarista neoliberalque condujeron a la crisis generalizada del continente. En 1986 el economista chileno Manfred MaxNeef, director de la investigación, publica junto a Antonio Elizalde y Martín Hopenhayn, la primera versión de “Desarrollo a Escala Humana”, a partir de los resultados de aquel trabajo: Tal desarrollo se concentra y sustenta en la satisfacción de las necesidades humanas fundamentales, en la generación de niveles crecientes de auto dependencia y en la articulación orgánica de los seres humanos con la naturaleza y la tecnología, de los procesos globales con los comportamientos locales, de lo personal con lo social, de la planificación con la autonomía y de la sociedad civil con el Estado. (Max-Neef, 1998:30) Y todo ello precisa construirse sobre la base del protagonismo real de las personas, pasando “de la persona-objeto a la persona-sujeto del desarrollo (…). El Desarrollo a Escala Humana apunta a una necesaria profundización democrática” (ibíd.). El desarrollo según la aspiración capitalista. Viñeta de josemalo en el blog ‘Palabras, palabras, palabras…’ 57]
83 Desarrollo y necesidades La formulación de Max-Neef enfatiza la orientación del desarrollo hacia la satisfacción de las necesidades humanas, y participa de la convicción de que la creciente complejidad de los problemas que afrontan las políticas las obliga a adoptar enfoques y estrategias transdisciplinares. Sobre esa base se debe asumir que la dirección del desarrollo ha de seguir la dirección del aumento en la calidad de vida de las personas y no la del crecimiento de indicadores económicos. Y dicho aumento se dará en la medida en que sus necesidades fundamentales se vean satisfechas. El arranque de la propuesta de Max-Neef se sitúa en la distinción entre las verdaderas necesidades y los satisfactores que las atienden. De manera que una necesidad puede requerir varios satisfactores para ser cubierta o, al contrario, un satisfactor puede cubrir varias necesidades, o contribuir a hacerlo. El autor aplica la idea de sistema a las necesidades humanas, que son múltiples e interdependientes: Por ello las necesidades humanas deben entenderse como un sistema en que las mismas se inter relacionan e interactúan. Simultaneidades, complementariedades y compensaciones (trade-offs) son características de la dinámica del proceso de satisfacción de las necesidades. (Max-Neef, 1998:41) En este párrafo Max-Neef plantea dos ideas que nos parecen fundamentales. La primera ya ha sido puesta de manifiesto y es la concepción de las necesidades como sistema. Pero también aparece otro elemento clave y es que se introduce, junto a la condición de sistema, la idea de proceso. Hay una dinámica del proceso de satisfacción en la que se dan simultaneidades, complementariedades y compensaciones. Matriz de necesidades existenciales y axiológicas (fragmento). Fuente: Max-Neef et al, 1998 58]
Por otra parte, se plantea la idea de las necesidades humanas son finitas y universales a todas las culturas, mientras que son los satisfactores que las cubren los que varían de una cultura a otra y pueden verse modificados en tanto varíen las pautas culturales. Otra de las aportaciones más notables de la propuesta es articular toda esta reflexión en un instrumento teórico a partir del empleo de dos criterios para la desagregación de las necesidades, uno existencial y otro axiológico, de manera que resultan de un lado las necesidades de Ser, Tener, Hacer y Estar; y de otro las de Subsistencia, Protección, Afecto, Entendimiento, Participación, Ocio, Creación, Identidad y Libertad (ob.cit.:41). Del cruce de ambas resulta una matriz cuyas celdas pormenorizan satisfactores que conciernen a la columna y fila correspondientes. Es la matriz, la relación entre abscisas y ordenadas, la que recoge la noción de sistema, lo cual nos permite comprender que los satisfactores de la necesidad de Protección, por ejemplo, pueden tener dimensiones relativas al Ser, al Tener, al Hacer y al Estar. Sería en un tercer escalón, tras las necesidades y satisfactores, donde encontraríamos los artefactos y bienes materiales, que afectan a la eficiencia de un satisfactor. Es aquí donde debemos encuadrar a la vivienda y no en el rango de necesidad, ni siquiera en el de satisfactor, desde la aspiración universalista de esta teoría, ya que en función de la cultura es posible que el objeto-vivienda tal como lo entendemos no sea el satisfactor más adecuado. Por último, la existencia de necesidades no cubiertas genera pobrezas de distinto tipo, cuya intensidad y perdurabilidad pueden derivar en la aparición de patologías colectivas que afectan al sistema sociopolítico y su tratamiento pasa necesariamente por enfoques transdisciplinares. Satisfactores y atributos Por otro lado, los satisfactores presentan “atributos”, que los autores proponen identificar en las siguientes cinco categorías (ob.cit.:57): Tipos de satisfactores Descripción Atributos Violadores o destructores Pretenden atender una necesidad pero imposibilitan la satisfacción de otras Siempre son impuestos Exógenos a la sociedad civil Pseudosatisfactores Aparentan satisfacer la necesidad pero realmente no lo hacen Suelen ser inducidos mediante propaganda u otros medios de persuasión Satisfactores inhibidores Por el modo en que satisfacen (a menudo sobre-satisfacen) una necesidad dificultan la satisfacción de otras Suelen estar ritualizados, emanan de hábitos arraigados Satisfactores singulares Se proponen satisfacer una sola necesidad y son neutros respecto a otras Son satisfactores institucionalizados Satisfactores sinérgicos Por la forma en que satisfacen una necesidad, contribuyen a la satisfacción de otras Suelen ser contrahegemónicos Endógenos Satisfactores exógenos. Tiempos modernos (1936), de Charles Chaplin. Irónicamente, en el rodaje era el propio Chaplin quien manejaba el artilugio por debajo de la mesa. Fotogramas de diversas fuentes de internet. 59] Tabla 1. Tipos de satisfactores y sus atributos en El desarrollo a escala humana. Fuente: (MaxNeef et al, 1998).
85 El contenido de esta tabla completa configura, junto con la anterior matriz de necesidades existenciales y axiológicas, una técnica participativa para el diagnóstico de comunidades o sociedades (a cualquier escala) en función del grado de satisfacción de sus necesidades. El análisis puede formularse tanto mediante una matriz negativa como una matriz que recoja las aspiraciones de la comunidad. Y a partir de esos instrumentos puede diseñarse una estrategia de desarrollo eligiendo los satisfactores que se estimen más adecuados. Recursos no convencionales La necesidad suele entenderse en términos de carencia, pero olvidamos que la cara opuesta de la carencia es la potencialidad, con la que mantiene una relación dialéctica. En la medida en que sentimos una necesidad nos vemos movilizados a satisfacerla. De ahí que la necesidad pueda llegar a convertirse incluso en un recurso, siempre que el proceso de satisfacción elegido lo propicie. Aquí se incluyen los recursos no convencionales como la creatividad popular, la conciencia social, la capacidad auto organizativa, la solidaridad…, que, al contrario de los convencionales (capital y trabajo) –cuantificables, limitados y no renovablesconstituyen recursos endógenos. Señala Max-Neef al respecto de los recursos convencionales y los no convencionales, que mientras los primeros “se agotan en la medida en que se utilizan, los segundos se pierden sólo en la medida en que no se utilizan” (ob.cit.:109). Una estrategia centrada en las necesidades humanas tenderá a emplear satisfactores sinérgicos y a combinar los recursos convencionales con los no convencionales. El esquema conceptual propuesto por Max-Neef, Elizalde y Hopenhayn será otro de los marcos de referencia de nuestra reflexión sobre el hábitat y en particular sobre la vivienda y sus mecanismos de producción y transformación. 3.3 La acción de asistencia técnica En el contexto de la reflexión que venimos conduciendo, que terminará desembocando en el tema de la vivienda y su producción participativa, introducimos ahora un siguiente paso en esa dirección y entraremos a analizar en el plano teórico la relación de asistencia técnica, en la que se sitúa la misión profesional del arquitecto. Los fines Desde nuestra perspectiva, la asistencia técnica aspiraría a ser un aporte especializado en el proceso de satisfacción de una necesidad. Como efecto de la especialización, el desempeño del profesional frente al cuadro de problemas que aborda su disciplina en ocasiones tiende a apropiarse de toda la situación, tanto del problema como de la solución, robando el protagonismo al sujeto que lo padece. Y en ese movimiento puede asimismo dejar de lado aspectos que conciernen a otros campos disciplinares o aspectos vivenciales que forman parte sustancial del problema.
La acción de asistencia técnica desde la perspectiva aquí defendida experimenta un movimiento de los centros de atención: exige desplazar el enfoque tradicional desde el punto de vista del especialista (una visión sectorial y exógena) hacia el punto de vista del destinatario (una cosmovisión endógena y compleja). Esto nos introduce de lleno en una actitud de alerta, en una suerte de ‘interdisciplina preventiva’ frente a una situación de cierta complejidad. En palabras de Elena Lucca, “la prioridad está definida desde la situación/objeto de atención o intervención, no desde la prevalencia de algún enfoque disciplinario en especial” (Lucca, 2009). Se trata de poner el foco no en la disciplina sino en el problema, tal como también propone Max-Neef. Ello nos llevará a desplazar el acento desde de la arquitectura al habitar, desde la medicina a la salud, o desde la enseñanza al aprendizaje. Este cambio de perspectiva nos permite redescubrir que la arquitectura no es solo una cuestión de arquitectos, así como la salud no es solo una cuestión de médicos, etc. El rol del experto y el papel de la tecnología Sin duda las concepciones distorsionadas de la asistencia técnica, en las que el profesional se apropia en exclusiva del campo de competencia, se han visto fortalecidas con la expansión en las occidentales sociedades de lo que Jorge Riechmann ha descrito como el tecnoentusiasmo (Riechmann, 2004), la expansión descontrolada de la confianza en el progreso de la técnica, uno de los mitos del positivismo que urge desmantelar. En una sociedad hipertecnificada el acrecentamiento de dicha confianza lleva aparejada una delegación de responsabilidad en una instancia externa a los sujetos que viven la situación de necesidad. El terreno cedido al papel institucional de los expertos es un terreno perdido en términos de autonomía individual y colectiva. Illich lo expresó con rotundidad en su apuesta por una sociedad convivencial (Illich, 1985): La gente es mejor educada, mejor atendida, mejor transportada, mejor divertida y con frecuencia mejor alimentada, bajo la sola condición de que, por unidad de medida de eso mejor, acepte dócilmente los objetivos fijados por los expertos. La posibilidad de establecer una sociedad convivencial depende de que se reconozca el carácter destructor del imperialismo político, económico y técnico. Es más importante para una sociedad posindustrial fijar criterios para la concepción de la instrumentación —y límites a su desarrollo— que establecer objetivos de producción (…) Para traducir a la práctica la posibilidad teórica de un modo de vida posindustrial y convivencial, necesitamos señalar los umbrales a partir de los cuales la institución produce frustración, y los límites a partir de los cuales las herramientas ejercen un efecto destructor sobre la sociedad en su totalidad. De otra parte, la hipertecnificación del conocimiento experto, que no es sino una expresión extrema de la sectorización de los saberes, tiende a acentuar el nivel tecnológico, el último escalón del conocimiento, y pone la aplicación de la herramienta por encima de la comprensión global de la necesidad. La enseñanza universitaria tiende a reducirse a un adiestramiento tecnológico, y los técnicos estamos formados para operar aplicando las herramientas que nos ha facilitado la academia, herramientas que son válidas para unas situaciones pero no para otras. Jesús Ibáñez (1986) planteaba la siguiente
87 reflexión acerca de la elección de una técnica adecuada en una investigación social que bien puede extrapolarse a otro tipo de intervenciones: Generalmente la palabra ‘diseño’ nos remite a una operación tecnológica: el diseño dentro de una técnica que se ha elegido (por ejemplo, una encuesta estadística o un grupo de discusión). Pero ¿por qué se ha elegido esa técnica y no otra? El investigador social suele elegir, sin pensar demasiado en la elección, la técnica que tiene más a mano: bien por razones personales (uno es experto en esa técnica), bien por razones organizativas (uno trabaja en una organización constituida para trabajar con esa técnica), bien por razones institucionales (uno pertenece a una institución interesada en vender esa técnica). De acuerdo con Ibáñez, conviene tener presente que la aplicación de una tecnología (o la acción de asistencia técnica) nunca es neutral. Como afirmó Héctor Massuh, del Centro Experimental de la Vivienda Económica (CEVE. Argentina): “Toda tecnología es la materialización del conocimiento con una determinada intención”, es decir, la tecnología no es inocua, tiene una intencionalidad y puede orientarse hacia la autonomía o hacia la dependencia. Por último, no queremos dejar de señalar un aspecto que también puede jugar en contra de un adecuado enfoque de la asistencia técnica y que está ligado al mencionado protagonismo tecnológico. Y es que, desde la formación universitaria, asumimos que la esencia de nuestra misión profesional reside en la intervención. Ello nos inocula una propensión a intervenir, a resolver, a solucionar, en la que se manifiesta nuestra realización profesional, cuya caricatura podría definirse como Llegar a un sitio donde están sucediendo unas cosas y ponerse a hacer otras, sean mejores o no . En palabras de Rodolfo Livingston, los arquitectos “estamos programados para hacer obras, no para evitarlas”. La respuesta idónea a un problema técnico puede estar en una órbita mayor que trascienda su campo disciplinar. Es precisa una reflexión sobre cuál es la dimensión técnica del problema a abordar y qué peso tiene en relación al problema global. Esto nos remite a la importancia de identificar con precisión la necesidad, como veremos a continuación. La necesidad de construir la necesidad La primera premisa que conviene asumir es que la necesidad que motiva una acción de asistencia técnica está muy lejos de ser un dato objetivo ni apriorístico. Podemos contar con demandas o síntomas iniciales, pero la expresión precisa de la necesidad, en tanto se trata de una interpretación de la realidad, no puede ser sino una construcción, que en la medida en que involucra a varias partes debe ser colectiva. Y como tal, solo puede darse en un proceso, como veremos más adelante. La matriz propuesta por Max-Neef constituye, de hecho, y ahí reside su valor operativo, una técnica para generar colectivamente un diagnóstico de las necesidades no atendidas en una comunidad. Toda disciplina, o interdisciplina en este caso, genera o adopta técnicas para el diagnóstico de la necesidad. Este sería el primer paso de la asistencia técnica. Si solo tienes un martillo, todo lo que veas te parecerán clavos . Fotograma de Oldboy (2003) de Park Chan-Wook. Fuente: http://zonaforo.meristation.com. Foto tornillo: http://tricule.blogspot.com 60]
Es posible leer en el urbanismo heredado y sus actuales derivaciones algunas concreciones del paradigma de simplicidad aplicado a la comprensión y la producción de ciudad. Veamos cómo operan sobre el hábitat los principios de disyunción, reducción y abstracción. El principio de disyunción, principio medular del pensamiento cartesiano, está ligado al ideario central del movimiento moderno, en cuya producción encuentra diversas manifestaciones disciplinares (Montaner, 2007:35): Los mecanismos de la tabula rasa cartesiana –empezando de cero y eliminando prejuiciosy de la división del todo en sus partes constitutivas, se expresan tanto en la pintura del elementarismo abstracto, como en la arquitectura del ensamblaje neoplasticista, como en el mismo urbanismo del zoning que descompone la complejidad de cada ciudad en sus partes básicas y homogéneas. La influencia del zoning aun se deja sentir en el planeamiento contemporáneo, descendiente directo de la Carta de Atenas redactada en el tercer CIAM (1933). En 1941 sería publicada por Le Corbusier “como libro propio, mostrando la vertiente más doctrinaria de su urbanismo y el cartesianismo extremo de la desmembración de las funciones de la ciudad que ya había manifestado en su compendio sobre urbanismo La Ville Radieuse (1933)” (Montaner, 2007:38). La separación entre las funciones de residencia, trabajo y ocio, concebidos de forma aislada, ha propiciado el desarrollo de piezas urbanas especializadas como las urbanizaciones residenciales y polígonos de vivienda, los parques empresariales y polígonos industriales, o los grandes parques y conjuntos de ocio. Ello responde a un criterio de organización urbana que afrontó los conflictos derivados de las disfuncionalidades entre actividades urbanas mediante su deslinde territorial. Pero también introdujo homogeneidad, dispersión y movilidad obligada en una ciudad históricamente heterogénea y compacta. Y vino a sentar las bases de graves situaciones de segregación física y social en las barriadas periféricas, situaciones especialmente extremas en algunos polígonos de vivienda social. Posteriormente la explosión metropolitana y la difusión masiva del transporte privado vinieron a acentuar dicha tendencia segregadora. En el campo de la producción de vivienda, vinculando la propuesta moderna con el avance de la industrialización, podemos señalar otra disyunción notable: la que se da entre el proceso de habitación y el de producción. La idea de la vivienda como “máquina de habitar” supone un impulso ideológico a su producción en serie y su conversión en objeto de consumo. Esta disyunción reservó a la empresa privada o al estado la facultad de producir la vivienda y la ciudad, privando de ello a los ciudadanos, reducidos a la condición de destinatarios de un producto (aquí aparece ligado el “El daño que hizo Le Corbusier le ha sobrevivido” Peter Hall (1996). Foto: http://danmihalache.wordpress.com Ville Radieuse (1933), Le Corbusier. Fuente: http:// expositions.bnf.fr 62] 63] Paisaje de la Sevilla metropolitana, ejemplo dePaisaje de la Sevilla metropolitana, ejemplo de la urbanización dispersa y zonificada. Foto: Babiano arquitectos, 2002. 64]
95 principio de reducción). La anulación del rol de productores de vivienda y su exclusión del proceso de producción habitacional ha sido un factor clave para arribar a nuestras actuales situaciones de degradación urbana. Unas situaciones que desde ese paradigma de pensamiento son irresolubles. El principio de reducción se puede expresar, a priori, en la asunción del funcionalismo como criterio dominante del diseño (en ocasiones más funcionalista que funcional), reduciendo a dicha cualidad otros requerimientos de la complejidad urbana y habitacional. Pero quizá el principio de reducción se presenta con más claridad en las concepciones maquinistas de Le Corbusier, firme creyente en el progreso técnico por encima de la política. Dicha pretensión parece corresponderse con la afirmación de Morin de que “el ideal del conocimiento científico clásico era descubrir, detrás de la complejidad aparente de los fenómenos, un Orden perfecto legislador de una máquina perfecta” (1990:30). Se trataba, claro está, de una simplificación forzada de la naturaleza del hecho habitacional que la realidad se ocupó de desvelar. Valga como ejemplo el controvertido caso de Brasilia, tal vez la expresión más ambiciosa del lema positivista Orden y Progreso de la bandera nacional, una ciudad que, habiendo sido señalada por urbanistas de prestigio como Manuel de Solá-Morales como una excelente muestra de la ciudad racionalista -más allá de su arquitectura escenográfica-, pretendió terminar con la pobreza por la vía del diseño. El arquitecto Oscar Niemeyer, según explica Anatxu Zabalbeascoa (2010), “asegura que trató de acabar con la pobreza creando una ciudad homogénea, donde la miseria no tuviera lugar. La paradoja es que al no hacerle sitio a la pobreza, la discriminó. Negar el horror no lo elimina. El urbanismo empujó a los trabajadores a los suburbios”. La técnica no puede, definitivamente, reemplazar a la política. Encontramos otra expresión del principio de reducción, ligado al de disyunción, en la consideración de la ciudad, por parte de la disciplina urbanística tradicional, como el ámbito circunscrito al suelo urbano, mientras que el resto del territorio queda separado y reducido a la condición de urbanizable o no urbanizable. De este modo se niega (y se ciega) la ligazón entre el hecho urbano y su base económica, al tiempo que se sustrae al territorio su cualidad, reducido a su condición de ser o no mercantilizable por el proceso urbanizador. La Ley sobre Régimen del Suelo y Valoraciones de 1998 vino a dar una vuelta de tuerca más a la mercantilización del territorio; llegó a suprimir la figura del suelo no urbanizable forzando al planeamiento a demostrar la necesidad de proteger un ámbito para no urbanizarlo, todo ello bajo el falaz argumento de que una mayor oferta de suelo incidiría favorablemente en la moderación de los precios, otro ejemplo más del pensamiento simplificador. También cabe observar la huella del paradigma de simplicidad en la drástica reducción que supone el pensamiento androcéntrico en el diseño Complejización espontánea de una trama racionalista en la ciudad de Gandhinagar, India. Fuente: Arq. Luis Basabe enArq. Luis Basabe en Europan 9, 2007. 65]
urbano y habitacional, sujeto al contexto de una sociedad patriarcal. Desde ese punto de vista, la práctica profesional ha reducido el perfil de sus destinatarios a la imagen de un varón adulto, de cultura urbana-occidental e inserto en el mercado de trabajo. Ello ha generado ciudades que favorecen el estilo de vida asociado a dicho perfil en menoscabo de la calidad de vida cotidiana del resto de la sociedad. El hábitat contemporáneo debe incluir definitivamente los enfoques de género, generación, multiculturalidad y renta como un paso ineludible en el paradigma de complejidad. En el campo de las políticas de vivienda, en el contexto de las sociedades industriales y post-industriales, esto se ha traducido en la reducción de todo el entramado de relaciones que comporta el fenómeno de la habitación a la provisión masiva de vivienda, estandarizada además bajo la fórmula de la vivienda mínima, expresión radical del principio de reducción que la enfoca como problema meramente cuantitativo. Por último, el pensamiento simplificador opera también mediante un principio de abstracción, que encuentra una de sus manifestaciones más claras en la propugnación, a través del estilo universal, de unos principios de diseño globales que anulan la diversidad de situaciones culturales y ambientales de las distintas regiones geográficas donde se insertó. Algo similar cabe observar en relación a la abstracción tipológica. El estudio tipológico de la vivienda, que se ha convertido en toda una rama de la arquitectura, ha permitido sistematizar el conocimiento sobre los modelos de distribución espacial de la vivienda, generando un valioso repertorio de instrumentos para la interpretación y el diseño habitacionales. Pero la crítica viene de la mano de su empleo masivo como soluciones cerradas, asignadas por las políticas o por el mercado a “situaciones familiares tipo”. A este respecto escribió Rodolfo Livingston “El tema de la salud es también masivo y a ningún médico se le ocurriría fabricar recetas tipo” (Livingston, 2004). En un sentido similar se pronuncia Rafael Moneo en su ensayo “Sobre la tipología” (1978), en que afirma aceptar el concepto de tipología “solo si se abandona una concepción estática del mismo” (Montaner, 2007:76). El empleo simplificador del instrumento tipológico para la producción en serie ha venido a anular no solo la heterogeneidad de situaciones de sus distintos destinatarios, sino también toda la diversidad fenoménica que encierra el proceso progresivo y cambiante de habitar una casa por parte de un grupo familiar a lo largo del tiempo. Se trata, una vez más, de tratar de forzar la realidad para hacerla encajar en unos esquemas prefijados. 4.2 Hacia nuevos enfoques del problema La ciudad heredada del siglo XX es en gran medida la ciudad producida por el pensamiento positivista y la lógica del capital, que presenta fuertes dosis de inequidad social y deterioro ambiental, una ciudad gestada desde aproximaciones simplificadoras de la realidad. Es urgente reconocer que los profesionales que nos ocupamos del hábitat hemos operado desde posiciones parciales y deterministas, ignorando dimensiones importantes del problema de la vivienda (históricas, culturales, sociales, económicas…); y hemos ignorado especialmente la perspectiva de sus usuarios, o al menos no la hemos atendido de una forma suficientemente compleja. Cooperativa 3 de abril, construida en 1971. Montevideo. Cooperativa 3 de abril, construida en 1971. Montevideo. Foto: J.Mª López, 2010. Indicio de un sistema vecinal auto organizador. Foto:Indicio de un sistema vecinal auto organizador. Foto: Surco Arquitectura, 2008. 66] 67]
97 Así como el movimiento moderno propugnó una arquitectura capaz de expresar el ‘Zeitgeist’, el “espíritu de su tiempo”, nuestro tiempo nos está demandando una arquitectura y un urbanismo capaces de insertarse en la complejidad de las situaciones que nos corresponde abordar. En palabras de Josep Maria Montaner y Zaida Muxí, Si la trascendencia de los derechos humanos era algo que ya apuntaba la Ilustración y la modernidad, en cambio, la mirada hacia el Otr@ y del Otr@, la devolución del poder de decisión a la sociedad con los procesos de participación y la conciencia de los límites y de la escasez de recursos, no estaban en absoluto en el horizonte de la modernidad; definen y caracterizan la condición posmoderna. (Montaner y Muxí, 2011:19). El marco conceptual que proponemos quisiera suponer una contribución a una necesaria tarea de revisión disciplinar, una tarea colectiva que está llamada a concretar, en el campo de la arquitectura, los caminos hacia nuevos horizontes del cambio social. Dicho tránsito pasa por un cambio de paradigma que afortunadamente ya está teniendo lugar desde hace unos años: la superación del racionalismo que marcó la modernidad y la traducción del paradigma de complejidad a los campos de la arquitectura, el urbanismo y la gestión del hábitat en general. Repensar la gestión del hábitat desde la complejidad Sistemas auto-eco-organizadores Comenzaremos esta traducción conceptual a partir de una idea clave, que contiene implícitamente muchos de los argumentos posteriores: el aprovechamiento de las capacidades de auto-organización y autogestión de los habitantes para la transformación de su entorno. Vimos cómo Morin nos introduce en la complejidad a partir de la Teoría de Sistemas y la formulación de lo que llamó ‘sistemas auto-eco-organizadores’, que identifica con los sistemas vivos, esto es, con capacidad de auto-organizarse y desprenderse del ambiente para establecer con él relaciones de intercambio. Es una idea bastante coincidente con la de sistemas ‘autopoiéticos’, de Maturana y Varela, descritos como “organizacionalmente cerrados (en vez de ser programados desde fuera, se hacen a sí mismos), e informacionalmente abiertos (reciben y producen continuamente información)” (Alguacil, 2000:7). Nos parece revelador aplicar esta idea a la producción y gestión habitacional: hay una diferencia radical en la producción y gestión de un conjunto habitacional en función de que estén en manos de su comunidad de usuarios o no lo estén. Tenemos un claro ejemplo de esto en Uruguay, que desde los años 60 destaca internacionalmente como una referencia en materia de cooperativismo de vivienda. Hay conjuntos habitacionales tipológicamente similares generados en la misma época, unos en régimen cooperativo y otros bajo fórmulas de producción estatal. En general, los viejos conjuntos del estado presentan hoy un grado de deterioro que requiere el despliegue de políticas de rehabilitación integrada, lo que supone un problema político, técnico y
social de primer orden a afrontar en las décadas venideras. En cambio, los conjuntos cooperativos presentan un estado de uso y conservación muy superior, y en todo caso no suponen, de ninguna manera, un problema para el país en los términos antes mencionados. Para extraer conclusiones de esta observación sería preciso un análisis en profundidad que no corresponde abordar aquí, pero proponemos la hipótesis de que el factor esencial que diferencia a ambos casos es el grado de autogestión de unas y otras comunidades. Podemos hablar en el segundo caso de ‘sistemas auto-eco-organizadores’ en el sentido en que lo plantea Morin: sistemas en los que la información crece más que la entropía, o crece aprovechando el incremento de entropía, explotando las potencialidades del grupo a partir de sus necesidades. La cooperativa se auto-organiza en tanto no depende -a ese nivelde una instancia externa. Si bien se atiene a un marco político y legal (depende de un ‘ambiente’), conduce todas las decisiones desde la asamblea. Y el prefijo -eco se refiere a que el sistema, al desprenderse del ambiente, pasa a establecer relaciones de apertura e intercambio con él, es decir, la cooperativa opera con autonomía y esa posición le permite establecer el intercambio, por ejemplo, en la elección del equipo técnico de la obra y otras decisiones. En cambio, no estaríamos ante un sistema auto-organizador en un caso de producción pública en que el estado promueve, diseña, ejecuta y asigna las viviendas, y después mantiene la titularidad y el arrendamiento. En este caso ni el proceso ni el producto final propician la autonomía de la comunidad y se induce un sistema que no es auto-organizador ni llega a desprenderse del ambiente para abrirse y generar intercambios con él. No estaríamos ante un sistema auotopoiético. En los términos de Morin, sería, en ese sentido, un organismo menos ‘vivo’: un sistema necesitado de organización externa y menos capacitado para crear información a partir de la entropía. Es el caso de numerosos conjuntos de promoción pública en régimen de alquiler creados en la segunda mitad del siglo XX que con el tiempo han Fotogramas de la demolición de Pruitt-Igoe, 1972. Fuente: Wikipedia Izq.: Conjunto Pruitt Igoe (19541972†). San Luis, Misuri. Fotos: Wikipedia Der.: Complejo Bulevar Artigas. Montevideo. Fotos: SAU www.sau.org.uy y E. de Manuel, 2011. 68] 69] 70]
99 sufrido procesos de degradación. Tal vez el más emblemático sea el caso del conjunto Pruitt-Igoe, del arquitecto Minoru Yamasaki, construido en San Luis (Misuri, EEUU) en 1954-55. El conjunto contenía 33 edificios de 11 plantas (2.870 apartamentos) que, ante el agravamiento de la situación social, finalmente fueron demolidos entre 1972-7421. Se trataba de edificios en altura con galerías comunes de acceso a las viviendas, una de las tipologías arquitectónicas del movimiento moderno a las que es habitual achacar, de forma simplista, el fracaso de ciertas operaciones de vivienda pública. Es cierto que existe un factor de escala en la vivienda colectiva que, a partir de cierto número de familias compartiendo servicios y espacios, complica la gestión y modifica las condiciones de uso y apropiación del edificio. También es cierto que influye la condición de vivienda en altura y pueden existir factores culturales ligados a lo tipológico que no han sido trabajados en muchas operaciones de realojo. Pero existen igualmente factores esenciales que son ajenos al diseño arquitectónico y que conciernen al grado de cohesión y auto-organización del grupo y su papel a lo largo del proceso de producción y habitación. De hecho existen ejemplos en el cooperativismo uruguayo de complejos habitacionales de cierta escala y bajo tipologías similares de vivienda en galería que siguen funcionando cuarenta años después. Es el caso del Complejo Habitacional Bulevar Artigas (1971), de los arquitectos Bascans, Sprechmann, Villamil y Viglieca, que reúne a tres cooperativas de distintos gremios en un conjunto de 332 viviendas, de las cuales el 60% cuenta con sus ocupantes originales. Obviamente hay otros factores que contribuyen a su buen funcionamiento, como la integración urbana, la composición social, los servicios comunes, los locales en alquiler como fuente de ingresos, determinados aciertos tipológicos que facilitan la adaptación de la vivienda a la evolución familiar o la calidad en el diseño del espacio comunitario y su relación con el espacio público (Arias, 2009). Pero sin duda un aspecto medular de su éxito, en relación a otros conjuntos de promoción pública o privada, es la capacidad auto-organizativa de la comunidad ligada al control de las decisiones sobre el diseño y la posterior gestión del complejo. 21 Yamasaki es también el autor del World Trade Center de Nueva York; definitivamente su obra no ha tenido suerte.
Los principios de la complejidad en el hábitat Los tres principios propuestos por Morin habrán de servirnos para refundar nuestros saberes sobre el hábitat y sus formas de gestión. El principio dialógico, que asocia dos términos a la vez complementarios y antagonistas, presenta numerosas expresiones en el hábitat. Se da en todas las situaciones de competencia-cooperación propias de los ecosistemas, que tienen un reflejo urbano, por ejemplo, en la concentración espacial del comercio por especialidades. También podemos encontrar -y debemos comprender para intervenir - que tal principio subyace a las relaciones entre barrio y ciudad. La escala local del barrio y la cualidad de las relaciones de vecindad que lo caracterizan, es a la vez complementaria y antagónica de la escala de la ciudad central, de la que se separa pero al mismo tiempo es dependiente. Una manifestación más cruda de este fenómeno se da entre la ciudad y sus zonas de exclusión social. Las barriadas estigmatizadas significan, en el imaginario del resto de la ciudad, aquella parte de la sociedad que se desea mantener a distancia; por tanto su localización y acotación espacial las convierte en necesarias en tanto permiten tal deslinde. Pero en términos más tangibles, al igual que sucede con las desigualdades nortesur a nivel global, la exclusión es una parte estructural de nuestro sistema económico, de manera que, en virtud del funcionamiento sistémico de la ciudad, las áreas centrales de la economía de algún modo necesitan ámbitos periféricos para alojar sus ‘disfuncionalidades’. Cuando algunos vecinos del Polígono Sur construyen un discurso en la Plataforma Nosotros También Somos Sevilla en el que denuncian haber sido convertidos en el “vertedero social” de la ciudad, están afirmando la necesidad de la ciudad central de concentrar y controlar sus problemáticas más graves en ámbitos espaciales aislados del resto. El principio de recursividad organizacional rompe con la linealidad del pensamiento simple y señala que hay situaciones que son causa y efecto al mismo tiempo. La primera traslación de este principio al hábitat es inmediata: así como cada sociedad produce el hábitat que le es característico, cada hábitat influye y moldea los hábitos y la cultura de la sociedad que lo produce. Continuando con el ejemplo de las barriadas excluidas, observamos cómo se trata en muchos casos de ámbitos en que confluyen tanto el aislamiento físico como la marginación social. Sectores urbanos que nacieron separados del resto de la ciudad por barreras físicas –una línea ferroviaria, una zona industrial, una barrera naturalhan tendido a convertirse en zonas socialmente marginadas. Y de la misma manera, un barrio socialmente estigmatizado, en no pocas ocasiones tiende a ser aislado por parte de la ciudad en operaciones urbanísticas que consolidan la situación. En este sentido se da una relación dialéctica entre el hecho social y el hecho espacial (Torres, J., 2005). En múltiples situaciones urbanas, como realidades complejas que son, se da este principio de recursividad que, cuando se trata de situaciones de conflicto, toma la forma de un círculo vicioso difícil de romper. El geógrafo José Torres propuso la imagen de una espiral para ilustrar el proceso de degradación que ha seguido el Polígono Sur de Sevilla desde su creación, en el que históricamente se han ido sucediendo factores físicos, sociales y políticos que han contribuido al deterioro general de la zona. “HAY QUE SER MUY VALIENTE PARA VIVIR CON MIEDO“ ÁNGEL GONZÁLEZ Espiral de exclusión urbana en Polígono Sur. J. Torres (2005) 71]
101 Según Torres, es posible identificar tres etapas en dicho proceso de degradación, que es un proceso recursivo. En cada una de ellas se dan factores de distinta naturaleza que son causa y la vez efecto del proceso de deterioro urbano. Curiosamente el propio Morin acude a la imagen de un remolino para explicar el principio de recursividad: “Cada momento del remolino es producto y, al mismo tiempo, productor” (Morin, 1990:106). Pero esta imagen de la espiral recursiva puede ilustrar procesos de transformación urbana tanto de deterioro como de mejora. Tal como veremos en un momento posterior de este trabajo, la investigación social participativa también propone la misma imagen para dar cuenta de los procesos de implicación ciudadana y construcción colectiva que conducen a la mejora de la realidad. Se trata en este caso de procesos, igualmente recursivos, en los que se van sumando acciones y participantes, ganando en complejidad, y en los que, de la misma manera, una transformación física puede incidir en lo social y lo político o viceversa. Valga como ejemplo el proceso que se ha dado durante los últimos años en el asentamiento precario de Jnane Aztout, en Larache, Marruecos. Bajo premisas de participación ciudadana e institucional y en el marco de un programa de erradicación del chabolismo, se inició un minucioso proceso que ha ido sumando actores y acciones en pro de la consolidación del barrio. Ahí pudimos comprobar cómo tras la celebración de un seminario inicial con talleres de dinamización, los vecinos tomaron la iniciativa de empezar a limpiar y emprender pequeñas acciones de mejora del espacio público, dando inicio a la espiral de transformación que hoy está llegando a su culminación, con el barrio como caso piloto en el punto de mira de las políticas nacionales. También aquí cada momento del remolino ha sido producto y al mismo tiempo productor del movimiento. Por último, en virtud del principio hologramático, no solo la parte está en el todo, sino que el todo está en la parte. Volviendo a nuestro ejemplo podemos decir que no solo la ciudad contiene al barrio, sino que el barrio contiene la “información genética” de la ciudad entera. Este principio presenta una correspondencia con una de las ideas vertebrales del pensamiento de Morin: la idea de sistema abierto, que se desprende del ambiente para establecer con él una relación que pasa a formar parte constitutiva del sistema. De la misma manera que “el sistema no puede ser comprendido más que incluyendo en sí al ambiente” (Morin, 1990:45), el barrio no puede ser comprendido más que incluyendo en sí a la ciudad. Así pues, la relación que un barrio establece con la ciudad constituye una parte sustantiva del barrio. Y el barrio contiene a la ciudad tanto en el vínculo que establece con ella como en la distinción que lo caracteriza respecto a ella. El referido eslogan ‘Nosotros también somos Sevilla’ multiplica su sentido cuando se interpreta a la luz del principio hologramático: el Polígono Sur también está en Sevilla, Sevilla también está en el Polígono Sur. Esta imagen puede encontrar una analogía con la noción de emergente del campo de la psicología. En el contexto de un trabajo de equipo (o una terapia grupal), uno de los participantes puede estar manifestando una idea (o una patología) que en realidad subyace en la conversación grupal y de hecho pertenece a todo el grupo, fue producida por todo el grupo, pero es un sujeto el que se hace cargo de ella y la exterioriza . Por ese lado podríamos dibujar la hipótesis metafórica de que un barrio se muestre como el emergente de una situación que afecta a la totalidad del sistema urbano social. “UN PROBLEMA DE UN SECTOR DE LA SOCIEDAD ES UN PROBLEMA DE LA SOCIEDAD EN SU CONJUNTO, SIN QUE ESTO SEA UNA APELACIÓN ÉTICA SINO MÁS BIEN UN SEÑALAMIENTO ESTRUCTURAL.” VÍCTOR PELLI (2007:14) “HACE YA VARIOS LUSTROS QUE EL DRAMATURGO NORTEAMERICANO ARTHUR MILLER ESCRIBIÓ: ‘EL HOMBRE ESTÁ DENTRO DE LA SOCIEDAD Y LA SOCIEDAD ESTÁ DENTRO DEL HOMBRE’. DESPUÉS DE TODO, LA INFLUENCIA ES RECÍPROCA: CUANDO EL PERSONAJE SE CARGA DE UN SENTIDO SOCIAL, ESA CARGA (…) REPERCUTE TARDE O TEMPRANO EN EL MEDIO” MARIO BENEDETTI. MONTEVIDEO COMO REFLEXIÓN LITERARIA (1994:22)
En un ejemplo más, Julián Salas nos recuerda cómo Hector Massuh, arquitecto argentino del Centro Experimental de la Vivienda Económica, advertía sobre los riesgos de transferir tecnologías extrañas al medio geográfico y cultural de destino, señalando que una tecnología lleva implícito el código genético de la sociedad que la produjo, y tiende a reproducirla allí donde se implanta. De forma que una tecnología, al trasladarse junto con sus intercambios ecosistémicos que le son propios, puede “transmitir” hábitos de otro medio cultural o puede generar dependencia respecto a otras instancias del medio de origen. La construcción de una concepción compleja del hábitat Antecedentes En la tarea de reformular los sistemas de producción habitacional –que, como reto político, podemos considerar una tarea refundacional– debemos dotarnos de una noción de hábitat capaz de comprender su complejidad. Existen diversas disciplinas, perspectivas y posiciones teóricas desde las que es posible proyectar una visión compleja del hábitat y de su producción. Pero aquí vamos a limitarnos a recoger tan solo algunas referencias históricas cuya noción de arquitectura -explicitada o noy cuyo enfoque de la producción del hábitat, nos resultan útiles en tanto convergen en alguna medida con nuestra perspectiva epistemológica. Esta idea de complejidad ya estaba presente de alguna manera en la noción de ciudad pre-industrial, antes de la cristalización del pensamiento cartesiano. Un primer ejemplo del que disponemos de documentación escrita podría ser la ciudad colonial promulgada por las Leyes de Indias, que incluye en el concepto de ciudad tanto al casco urbano como al entorno agrícola y las tierras destinadas al ganado. La ciudad colonial se entiende como una unidad físico-económica y su reglamentación urbanística se apoya en esa concepción, una idea que se perderá cuando se vea sustituida por el paradigma liberal (Baracchini, 2010). Pero desde el punto de vista de la construcción teórica del arte moderno, los pioneros se sitúan en el siglo XIX. En el contexto de una pujante industrialización que está desplazando al mundo artesanal, nace tanto la corriente positivista como su correspondiente contestación: una línea de pensamiento crítica con la implantación de la máquina que tiene lugar en Inglaterra y va desde Augustus Welby Pugin (1812-1852), pasando por John Ruskin (1819-1900) hasta William Morris (1834-1896) (Montaner, 2007:25). El antecedente más claro de una visión compleja sobre el hábitat hay que situarlo en Morris, que terminará siendo el más influyente de estos pensadores, y que nos ofrece la siguiente definición de Arquitectura: La arquitectura abarca la consideración de todo entorno físico que circunda la vida humana; no podemos sustraernos a ella, puesto que formamos parte de la civilización, porque la arquitectura es el conjunto de las modificaciones y alteraciones introducidas sobre la superficie de la tierra de acuerdo con las necesidades humanas, exceptuando únicamente el riguroso desierto. “CUANDO ALGO SE DEFINE YA NO VUELVE A SER LO QUE ERA” MARÍA ZAMBRANO
103 No podemos confiar nuestros intereses arquitectónicos a un pequeño grupo de hombres instruidos, encargarles buscar, descubrir, moldear el entorno donde tendremos que vivir y maravillarnos de percibirlo como una cosa bien hecha; esto nos concierne, por el contrario, a nosotros mismos, a cada uno de nosotros, que debe vigilar y custodiar el justo ordenamiento del paisaje terrestre, cada uno con su espíritu y sus manos, en la medida que le concierna 22 . La definición de Morris contiene varios elementos de interés sobre los que vale la pena detenerse. En primer lugar plantea una noción omnicomprensiva de arquitectura que afecta a toda transformación del entorno humano, ciertamente más próxima a nuestra noción contemporánea de ‘hábitat’. Pero tal vez resulte aun más interesante y premonitora en su segundo párrafo, donde alude a la producción de la arquitectura como una tarea que compete a toda la sociedad y no solo a los expertos disciplinares. Otra referencia teórica de interés es Ebenezer Howard (1850-1928), el autor de la propuesta de Ciudad Jardín (1898-1902). La idea original, que constituye una de las raíces anarquistas del urbanismo, se basaba en una propuesta de sociedad autogestionaria en un modelo de hábitat que integraba campo y ciudad, planteado como alternativa a la crisis urbana y la depresión agrícola de finales del XIX. Basado en los principios de libertad y cooperación, proponía terrenos en propiedad cooperativa sin intervención estatal a gran escala. La implantación territorial se apoyaba en una visión policéntrica que articulaba núcleos urbanos de crecimiento limitado, rodeados por la industria y explotaciones agrícolas, un cinturón verde y un sistema de transporte colectivo que garantizase la integración regional. En su puesta en práctica, años después, su idea se vería simplificada y distorsionada, reducida a la construcción de ciudades satélite, pero en su concepción original subyace una noción de producción de vivienda y ciudad sumamente compleja. También vale la pena reseñar al biólogo escocés Patrick Geddes (18541932), que ya en la transición de los siglos XIX y XX formuló la relación entre desarrollo social y forma espacial, idea que comparte con Ruskin, de forma que el cambio espacial podía inducir el cambio social. En “La sección del valle desde las colinas hasta el mar” (1923)23. Geddes vinculaba en sus estudios la organización espacial de una población con su estructura económica, su cultura y sus instituciones sociales y políticas. Geddes sitúa la ciudad en su entorno geográfico e histórico y elabora una de las primeras visiones complejas sobre el territorio, sentando las bases de la planificación regional. En una línea de pensamiento heredera de Geddes encontramos a su discípulo Lewis Mumford (1895-1990), que tuvo la virtud de recoger, sistematizar y ampliar el cuerpo de pensamiento de su maestro (Hall, 1996). Señala Montaner que “la aportación de Mumford ha consistido en integrar las distintas críticas a la visión predominantemente tecnocrática del urbanismo moderno” (Montaner, 2007:67). Se considera a Mumford uno de los pilares de la tradición anglosajona de la planificación territorial. 22 The Prospects of architecture in Civilization, conferencia pronunciada en la London Institution el 10 de marzo de 1881 y recopilada en el libro On Art and Socialism, Londres, 1947. 23 http://habitat.aq.upm.es/boletin/n45/apged.es.html William Morris (1834-1896). Foto: Wikipedia 72] Esquemas de las “Ciudades Jardín del mañana” (1902) de E. Howard. Fuentes: http://ocw.mit.edu y http:// urbancidades.wordpress.com 73] La sección del valle de P. Geddes (1905). La integración campociudad en la base de una visión compleja del territorio. Fuente: http://h2-gutmanmolinos.blogspot.com 74]
3. Las transformaciones complejas sobre el hábitat solo pueden darse a lo largo de procesos Probablemente no en un primer momento. Tal como reza un dicho popular colombiano, ‘en el camino se arreglan las cargas’. Es decir, hay transformaciones que solo se tornan viables en el proceso, en tanto el fluir de la acción permite intervenir sobre la realidad como un material maleable y, con el tiempo, ensanchar los márgenes de lo posible. El caso de Jnane Aztout que venimos comentando también nos ofrece un buen ejemplo de esto. En un primer momento, en que existía un conflicto abierto entre vecinos y alcaldía, parecía imposible pensar en un acuerdo entre partes que diera curso a la búsqueda de soluciones para la situación del barrio. De hecho era imposible. Pero la entrada de un equipo de las universidades de Sevilla permitió construir una primera alianza técnicovecinal que después sirvió para conseguir el aval de las autoridades provinciales. Posteriormente, con el curso del tiempo y la consolidación institucional del proyecto, se terminó logrando la adhesión del ayuntamiento. El cierre del triángulo de actores de Jnane Aztout fue una construcción progresiva. Y con ello arribamos a la noción de gestión de procesos, que será una de las ideas centrales de nuestro marco conceptual, ampliamente teorizada por Víctor Pelli. La actividad de la transformación del hábitat se va dar en procesos que deben ser adecuadamente gestionados, lo cual nos introduce de lleno en el terreno de la acción, que será el tema que nos ocupará el siguiente apartado. Jnane Aztout. Mapas de actores en julio de 2005, febrero de 2006 y mayo de 2006. Fuente: E. de Manuel, 2006. 81] Ayuntamiento conflicto cooperación Widadiyat ACS + Asesoría de CGL Gobernador+Delegación del Hábitat cooperación cooperación cooperación Widadiyat ACS + ADICI + GIEST Asesoría de VSP Gobernador+Delegación del Hábitat(Provincia de Larache) Widadiyat ACS + ADICI + GIEST Asesoría de CGL+ VSP cooperación cooperación cooperación Se propone la creación de la comisión de seguimientocon participación de la widadiyat Se propone la creación de la Oficina Técnica de Barrio hispano-marroquí y multidisciplinar
111 La gestión del hábitat como diálogo con la incertidumbre La aproximación al binomio orden-desorden como polos complementarios y no antagónicos nos sitúa en un punto de partida necesario para afrontar una gestión compleja de lo urbano en su naturaleza cambiante y multidimensional. La afirmación de que todo lo existente proviene del caos y debe resistir a fuerzas de destrucción puede pensarse en claves de producción-transformación de ciudad. Baste recordar en este sentido el vasto fenómeno de la producción informal de vivienda y de ciudad en las periferias de los países del Sur. Esta parte de la realidad urbana escapa a los patrones de explicación y de intervención propios del urbanismo tradicional como disciplina científico-técnica y por tanto también a las políticas que le son consustanciales. De hecho, durante los primeros lustros de la explosión del fenómeno de la informalidad urbana, las políticas públicas trataron de negarlo y perseguirlo. Precisamente Morin se refiere al pensamiento simplificador como un paradigma que “pone orden y persigue al desorden” (1990, p.89). Revisemos los tres viáticos propuestos por Morin con la mirada puesta en la gestión del hábitat: 1. La ecología de la acción: reconocer que el efecto último de la acción es impredecible por cuanto ésta interactúa continuamente con el medio en que se desenvuelve desde el momento mismo en que es proyectada . Esta idea queda recogida expresamente en la siguiente cita de Josep Linares (2010:11) referida a los procesos de rehabilitación de barriadas, donde toda decisión relativa a la transformación de un edificio trae aparejada una carga de gestión individual y colectiva con los vecinos del inmueble que abre caminos impredecibles: “Rehabilitación es GESTIÓN, gestión transversal, gestión interdisciplinar, es decir, desconocimiento, sorpresa, inseguridad, duda, en definitiva, es interactuar en edificios existentes con vecinos viviendo y donde ellos son los verdaderos protagonistas.” Otro ejemplo típico de la ecología de la acción lo encontramos en el contexto del proceder habitual de la disciplina urbanística en relación a la lógica especulativa. A partir de un diagnóstico de la situación de un ámbito urbanoterritorial, la planificación urbana establece un modelo de ciudad en función del cual delimita áreas de suelo urbanizable y traza nuevas infraestructuras de transporte. Pero precisamente la publicación del proyecto revaloriza unas zonas en detrimento de otras, es decir, modifica el mercado del suelo y crea nuevas tensiones de urbanización que transforman las condiciones contempladas en el diagnóstico inicial, luego lo trastorna como hipótesis de partida. 2. La estrategia como oposición al programa: la estrategia adaptativa a los cambios del entorno frente al programa que diseña una secuencia lineal y estática. En procesos de transformación urbana este tema es central. El urbanismo tradicional tiende al programa. La alteración del planeamiento urbanístico definitivamente aprobado se mueve en unos plazos desorbitados en Puede pasar cualquier cosa. Viñeta de El Roto. Fuente: El País http://www.elpais.com 82]
relación a las necesidades de cambio de la ciudad. El planeamiento se ha visto “superado” por la velocidad de las transformaciones urbanas, que han demandado otros instrumentos de gestión. No en vano vinieron a cubrir ese vacío los planes estratégicos. Hay quien afirma que la enorme variedad existente de planes urbanos puede considerarse un indicador del fracaso de la urbanística como disciplina reguladora de lo urbano. Pero si el urbanismo no ha sabido dotarse de una mirada “estratégica” en el sentido en que lo señala Morin, no digamos “el programa de la vivienda”. El programa de la vivienda, que nace de la necesidad de definir un cierto patrón espacial para producir vivienda masiva en las primeras décadas de la segunda mitad del siglo XX, supone, al menos, dos simplificaciones que alejan las respuestas ofrecidas por el estado y por el mercado de la naturaleza genuina de la necesidad habitacional. La primera simplificación tiene que ver con la pretensión de una “familia tipo” capaz de explicar la sociedad mediante su repetición ad infinitum, reduciendo la diversidad de los modos de convivencia existentes a una unidad familiar traducida en una o varias organizaciones tipológicas concretas. La segunda simplificación concierne al factor tiempo: la vivienda tipo responde a la imagen “congelada” de un determinado periodo de la vida de una familia, en el que los padres conviven con los hijos, desentendiéndose de la evolución (no del todo predecible) de sus necesidades habitacionales a lo largo de los años. Frente a este abordaje del problema de la vivienda concebido como “programa”, debemos preguntarnos qué implicaría plantear dicho abordaje en términos de estrategia. La vivienda como estrategia frente a la vivienda como programa es un binomio paralelo al de la vivienda-proceso frente a la vivienda-objeto. La vivienda así concebida es una vivienda capaz de incorporar elementos de cambio y anticiparse a la “película” (Livingston, R., 2004) de la unidad convivencial. Desde las políticas habitacionales habría que plantearse entonces diseñar no desde el Programa de la Vivienda, que remite al producto, sino desde la Estrategia de la Vivienda, que remite al proceso. Y desde ese punto de vista, producir e incorporar instrumentos de diseño y gestión. Si el programa objetualiza la vivienda como un producto estático, la estrategia está ligada a la acción y por tanto el objeto es inseparable del sujeto. Ello implica la necesidad ineludible de construir la Estrategia de la vivienda en un trabajo conjunto con sus habitantes. 3. La apuesta: reconocer la acción como un movimiento inscrito en la esperanza. En ese sentido es preciso afrontar las situaciones de transformación del hábitat en interacción con sus destinatarios desde una actitud capaz de incorporar dicha dimensión apostadora. Se trata de una apuesta técnica y una apuesta política, basadas en el compromiso por un cambio que, por definición, no puede apoyarse en certezas. Numerosos procesos de participación de prometedores inicios se han visto abortados o distorsionados cuando empezaban a escapar de un pretendido control por parte de sus gestores. DONDE PONGO LA VIDA PONGO EL FUEGO DE MI PASIÓN VOLCADA Y SIN SALIDA. DONDE TENGO EL AMOR, TOCO LA HERIDA. DONDE DEJO LA FE, ME PONGO EN JUEGO. PONGO EN JUEGO MI VIDA, Y PIERDO, Y LUEGO VUELVO A EMPEZAR, SIN VIDA, OTRA PARTIDA. PERDIDA LA DE AYER, LA DE HOY PERDIDA, NO ME DOY POR VENCIDO, Y SIGO, Y JUEGO LO QUE ME QUEDA: UN RESTO DE ESPERANZA. AL SIEMPRE VA. MANTENGO MI POSTURA. SI SALE NUNCA, LA ESPERANZA ES MUERTE. SI SALE AMOR, LA PRIMAVERA AVANZA. PERO NUNCA O AMOR, MI FE SEGURA: JAMÁS O LLANTO, PERO MI FE FUERTE. ÁNGEL GONZÁLEZ La estrategia de la vivienda. Tipología crecedera mediante autoconstrucción posterior de entreplanta. Barrio de los maestros en La Dalia, Nicaragua (2000-03) ACS y C. González Lobo. Fotos: ACS, 2004. Planos: ACS, 2001. 83]
113 La emergencia del paradigma de PSH como campo de convergencia disciplinar Toda la construcción conceptual, epistemológica, metodológica y operativa que estamos desglosando y propugnando viene tomando forma desde hace años en el paradigma de Producción Social del Hábitat (PSH). Morin nos recuerda cómo la historia de las ciencias no es sólo la historia oficial de las disciplinas sino también la historia de sus trasvases, contaminaciones y migraciones interdisciplinares (Morin, 2002). Algunas de estas han dado lugar a nuevos campos disciplinares, algunos de las cuales, tras nacer en posiciones marginales de la ciencia, vinieron después a ocupar lugares de centralidad. El nacimiento y configuración de la PSH reúne condiciones que invitan a observarlo como uno de estos casos de emergencia de una disciplina híbrida entre las ciencias directamente concernientes al hábitat (arquitectura, ingeniería, geografía…) y las ciencias sociales (sociología, antropología, intervención social…). La Producción Social del Hábitat (PSH) es el término empleado por el grupo latinoamericano en la Coalición Internacional para el Hábitat (HIC) para referirse a la globalidad y complejidad de los procesos mediante los cuales las clases populares latinoamericanas autoproducían su vivienda. En palabras de Enrique Ortiz, por PSH “entendemos todos aquellos procesos generadores de espacios habitables, componentes urbanos y viviendas, que se realizan bajo el control de autoproductores y otros agentes sociales que operan sin fines lucrativos” (Ortiz, 2002). La PSH aspira a constituir un tercer sistema de producción del hábitat que ha demostrado su capacidad de generar soluciones viables donde no alcanza el sistema de producción privada, que en principio solamente atiende a sujetos individuales de crédito, ni el sistema de producción pública, que hoy se encuentra en claro retroceso (Ortiz, 2007). Se trata, efectivamente, de un cuerpo de conocimiento que en primera instancia nace de la respuesta espontánea de los pobladores, desde una posición social absolutamente periférica, al problema de la vivienda que no había encontrado solución desde las disciplinas. Es decir, el punto de partida de la que hoy se tiene por la única vía capaz de atender las necesidades habitacionales existentes en las sociedades periféricas reside en una visión extradisciplinaria. Posteriormente, desde grupos de profesionales dedicados al hábitat social, operando (aun hoy) desde la periferia de las disciplinas, se crea un caldo de cultivo propicio a la migración de nociones y esquemas cognitivos de una disciplina a otra, del que irá emanando una práctica interdisciplinar que va a terminar derivando en la formulación de la noción de PSH. En los últimos años se ha ampliado el alcance o la precisión del término y tiende a hablarse de “Producción y Gestión Social del Hábitat”, tal como se tituló un encuentro nacional en México a finales de 2007. Ciertamente esta perspectiva teoriza la intervención sobre el hábitat desde un enfoque complejo que resulta conceptualmente generalizable a otras latitudes y realidades socioeconómicas, institucionales y culturales. En ese sentido el predominio histórico de la idea de “producción” se debe al fenómeno urbanizador espontáneo del ámbito latinoamericano. Pero en los países centrales, donde no existen sectores masivos de pobreza estructural Maestra nicaragüense participando en la autoconstrucción de las viviendas de su barrio. Foto: ACS 84]
ni existe tal impulso de autoproducción habitacional, el uso especulativo financiero de la vivienda ha hecho que el sistema de producción privada haya experimentado una verdadera hipertrofia en los últimos lustros, reduciendo progresivamente el papel del sistema de producción pública y contribuyendo a marginalizar las experiencias de producción social (por ejemplo el extinto programa de autoconstrucción de la Junta de Andalucía o el modelo cooperativo). En definitiva, la construcción correlativa de una mirada compleja sobre el hábitat en nuestro entorno español y europeo requiere asumir el paradigma conceptual y metodológico de PGSH, por naturaleza adaptativo y contextual, pero desplazando el acento hacia la gestión, lo que nos permite ubicarlo en nuestras claves de intervención. Es lo que Morin llamaría ‘ecologizar’ la disciplina (2002:159). Nos resulta preferible hablar de Gestión Social del Hábitat frente a la formulación original de Producción Social del Hábitat, propia de realidades como la latinoamericana, ya que refleja con más precisión las situaciones propias de nuestro contexto y las políticas que deben intervenir sobre dichas situaciones con una determinada orientación. Por supuesto en esa idea de Gestión cabe hablar de Producción, pero también de transformación, consolidación, rehabilitación, autogestión u otros procesos que conciernen al hábitat y que no tienen su eje en la producción habitacional. En la realidad política y económica española cobrará un mayor protagonismo la articulación intersectorial de políticas para intervenir en sectores como la rehabilitación de barriadas y centros históricos, los ámbitos urbanos marginados, el urbanismo participativo, la promoción de fórmulas cooperativas, etc. En todos estos ámbitos existe, en nuestro continente, todo un caudal teórico-práctico llamado a sentar las bases de la versión europea de la Producción y Gestión Social del Hábitat. Este trabajo de investigación se inscribe dentro de ese esfuerzo colectivo, que en este caso tiene su contexto local en el Máster en Gestión Social del Hábitat de la Universidad de Sevilla. Retomando el eje del discurso de la interdisciplinariedad, vale la pena recordar que uno de los afluentes de la gestación del máster fue el colectivo Universidad y Compromiso Social, Nuestro Norte es el Sur. Joaquín Torres García (1943). Fuente: Wikipedia “En los últimos treinta años, las grandes prácticas transformadoras vienen del Sur” B. de Sousa Santos (2009b:195) Imagen: Noticia en El País, 25.05.12 85] 86]
115 que tiene su origen, precisamente, en una de esas “turbulencias sociales que por azar suscitan encuentros e intercambios” entre disciplinas (Morin, 2002:151). Fue la movilización de parte de la comunidad universitaria frente a la LOU en 2002 la que propició el encuentro entre profesores de varias carreras, que luego nucleó a un colectivo más amplio cuya trayectoria terminó constituyendo la base interdisciplinaria del máster. Morin habla igualmente de la existencia de objetos y proyectos inter y multidisciplinarios, categoría a la que entendemos cabe adscribir la PGSH. Los procesos de complejización de ciertos campos de investigación “apelan a unas disciplinas muy diversas al mismo tiempo que a la multicompetencia del investigador” (Morin, 2002:152). De manera que la constitución de un objeto y de un proyecto inter y multidisciplinario tiende a la multicompetencia del investigador. A esa naturaleza responde la formación de profesionales en Producción y Gestión Social del Hábitat, en que un nuevo esquema cognitivo permite establecer “articulaciones entre disciplinas separadas y concebir la unidad de lo que estaba disjunto” (ob. cit.:154). La noción de vivienda en la PGSH Vivienda y sociedad De la noción de vivienda que maneja una sociedad emanan unas u otras políticas habitacionales. Y viceversa: de los modelos de producción habitacional que las políticas fomentan emanan las nociones de vivienda que conoce y demanda la sociedad. Por ello es preciso explicitar la noción que subyace a los distintos paradigmas de producción y, en particular, caracterizar el concepto de vivienda que defiende este trabajo desde su posicionamiento en el paradigma de producción social del hábitat. El paradigma de PGSH se basa en una concepción compleja de la vivienda, que “no se limita exclusivamente a la casa; comprende a la viviendaalojamiento y al hábitatambiente, como un conjunto que incluye las dimensiones culturales, históricas, sociales, económicas, políticas, legales, ambientales, físicas y territoriales” 24 Una noción compleja de vivienda será entonces aquella en la que el objeto-vivienda no se desvincula de su entorno, con el que mantiene unas relaciones que habremos de conocer y considerar. Esto concierne a todas sus dimensiones. A su entorno físico-material y espacial (urbs): la calle, el barrio, la ciudad, el territorio, el clima, las redes de infraestructuras, etc. A su entorno socioeconómico y cultural (civitas): pautas culturales vinculadas al habitar, el simbolismo ligado a la forma como expresión sociocultural del usuario, la historia, la vivienda como depósito cultural, sus posibilidades de transformación y adaptación a los cambios de vida de los habitantes, etc. Y a su entorno sociopoltico (polis): la vivienda como expresión de las políticas habitacionales, el acceso a la vivienda y el modo de acceso como factor de integración social, etc. Concebir la vivienda desde esta perspectiva presenta unas implicaciones 24 Coalición Internacional para el Hábitat, “El pueblo hacia Hábitat II”, en Hábitat II. Declaraciones, compromisos y estrategias para la acción, Ciudad de México, Coalición Internacional para el Hábitat, 1998. Citado por Romero y Mesías (2004).
trataremos de desentrañar a continuación. Este es un enfoque que ya ha sido abordado desde los primeros autores que se han ocupado de construir el cuerpo teórico de la PSH y constituye en última instancia una operación de complejización del concepto de vivienda convencional. La vivienda como proceso Una primera caracterización distingue entre la vivienda como objeto y la vivienda como proceso (Romero y Mesías, 2004:30; Ortiz, 2007:11), una conceptualización cuyo origen, en rigor, se remonta al menos a los años setenta en el continente americano, donde dará pie a las primeras generaciones de políticas no convencionales de vivienda. La vivienda como objeto terminado no considera posibles crecimientos ni transformaciones de uso a lo largo del tiempo; en el marco de políticas habitacionales suele asociarse a la idea de vivienda mínima; e implica largos periodos de recuperación de una inversión elevada, ya que responde a la vivienda completamente terminada. En cambio la vivienda entendida como proceso admite la progresividad; permite incorporar recursos no monetarios25 y permite bajar el rango de ingresos de la población atendida ya que la inversión, al ser paralela a la ejecución, puede diferirse en el tiempo luego no está sujeta a la obtención de créditos tan altos. Según Enrique Ortiz (2007:20) el proceso de producción habitacional puede sintetizarse de la siguiente forma y en las siguientes fases y actividades: Promoción y planeación - definición de la población objetivo - adquisición de la tierra - desarrollo de los proyectos urbanos y arquitectónicos - tramitación de permisos y licencias - gestión del financiamiento se firma el crédito puente y se da inicio a las obras Producción - construcción - urbanización - vivienda - ejercicio del crédito puente - supervisión de obra se termina la obra Distribución - venta, adjudicación o asignación de la vivienda producida - individualización del crédito y firma de garantías (hipoteca, etc.) se ocupa la vivienda Uso - amortización del crédito - consolidación y mejora de la vivienda - mantenimiento - administración de edificios y conjuntos habitacionales Otros autores han propuesto versiones similares, todas ellas coincidentes en la idea de entender la vivienda a partir de su ciclo de vida y desde ahí diseñar las estrategias de producción. Entre ellos, y trayendo esta formulación a nuestro entorno, hay que mencionar la línea de investigación-acción que a este respecto está desarrollando en la actualidad el estudio sevillano lapanadería, que viene a constituir una revisión contemporánea y local de dicho planteamiento y una compilación de estrategias habitacionales 25 Enrique Ortiz señala algunos de estos recursos no convencionales: “Las propias habilidades; El ojo del amo; El apoyo mutuo; La solidaridad, el apoyo del compadre, la mano vuelta; El uso de materiales locales y reciclados; La imaginación; El ahorro popular bajo control social directo o el ahorro en materiales; El uso de tiempos libres; Las formas de comunicación y negociación popular sobre precios, ofertas, oportunidades; La vinculación de los procesos de vivienda con actividades económicas” (Ortiz, 2007:14-15) Tabla 2. Fases de la producción habitacional. E. Ortiz (2007)
117 y experiencias relacionadas. En su trabajo “Casa más o menos: la vivienda como proceso” (2012), adaptan a nuestra realidad este proceso, planteando el ciclo que se adjunta tanto para obra nueva como para rehabilitación. Si bien las actividades a desarrollar dentro de cada fase pueden variar de una a otra forma de producción habitacional y de una a otra situación geográfica, cultural y política, a grandes rasgos podemos considerar ‘universales’ las cuatro fases señaladas por Ortiz, igualmente recogidas, aunque con matices, por el estudio lapanadería. La consideración de todo el ciclo de vida de la vivienda nos permite desplegar estrategias de producción, interrelacionadas, relativas a la gestión global, relativas al proyecto arquitectónico, y relativas al proyecto social. De la demanda a la necesidad El último aspecto comentado concierne a una segunda caracterización: la que distingue entre la vivienda como mercancía y la vivienda como bien de uso (Romero y Mesías, 2004:30). La primera es la vivienda provista por el mercado con fines de lucro, que responde a la noción de objeto terminado y solo atiende a sujetos de crédito o de subvención pública. En cambio la PSH reivindica el protagonismo de una vivienda entendida como bien de uso, que presenta algún grado de autoproducción o producción social; eventualmente puede introducirse en el mercado pero en todo caso la finalidad de uso está por encima de los fines de lucro. Esta mirada implica distinguir entre la demanda de vivienda, una noción mercantilista que confunde la vivienda demandada como residencia con la vivienda demandada como producto de inversión, y la necesidad de vivienda, que se refiere a un derecho fundamental y en esa medida debería ser la noción que dominase el ámbito político. En este sentido, podríamos proponer tres estilos de abordaje del acceso a la vivienda: el paradigma mercantilista en términos de demanda-oferta; el paradigma tecnocrático o determinista en términos de problemasolución; y el paradigma humanista y complejo en términos de necesidad-satisfactor (en alusión al desarrollo a escala humana). mercantilista tecnocrático o determinista humanista o complejo La vivienda enfocada en términos de: demanda / oferta problema / solución necesidad / satisfactor Si atendemos la manera en que nuestra sociedad determina habitualmente las necesidades de habitación de la población, observaremos cómo la necesidad suele quedar reducida a “demanda”, según el primero de La vivienda como proceso. Estrategias habitacionales y fases de producción habitacional. La panadería. Fuente: casamasomenos.net 87] Tabla 3. Distintos paradigmas de abordaje de la producción de vivienda. Elaboración propia.
esos paradigmas. Una demanda entendida, a su vez, desde un enfoque simplificador que limita la necesidad a datos estadísticos y estándares cuantitativos, y al mismo tiempo la confunde con una vivienda demandada no como bien de uso sino como producto financiero. En el campo de la vivienda la gestión de la necesidad en términos de demanda se ha utilizado habitualmente para justificar políticas de crecimiento urbanístico vinculadas a intereses del sector inmobiliario. El abanico de respuestas a una “necesidad” así detectada resulta necesariamente muy limitado y no necesariamente certero. El segundo enfoque corresponde al abordaje de la vivienda entendido en términos de problema-solución. No introduce la confusión conceptual del anterior ni responde a fines mercantilistas pero conlleva la simplificación de reducir la noción de vivienda y todos sus atributos cualitativos al mero alojamiento. Esta es una noción propia de los enfoques tecnocráticos, que han dominado las políticas de vivienda en determinados momentos históricos. No se han restringido necesariamente al concepto de vivienda terminada, de hecho en ocasiones han asumido la idea de vivienda progresiva, pero carecen de un enfoque suficientemente complejo de la vivienda que comprenda todas sus implicaciones y conexiones con el resto de dimensiones vitales de los habitantes. Ha dado lugar a políticas de corte vertical o paternalista que en ciertas situaciones resolvieron la necesidad de vivienda pero en otras han generado soluciones inadecuadas. En varios momentos del presente trabajo se hace mención de algunas barriadas del urbanismo moderno concebidas como producto u objeto-casa que se entregan a sus habitantes en calidad de beneficiarios. Pero también existen experiencias de vivienda progresiva concebidas bajo este enfoque que no dieron el resultado esperado, como algunos de los primeros programas de lotes con servicios impulsados en Chile y que, aun en circunstancias de carestía de vivienda, nunca llegaron a ocuparse. Significaron pasos hacia la incorporación del habitante en la producción habitacional pero aun desde un enfoque simplista, que se limitó a la integración de su capacidad de construcción para diseñar un objeto-vivienda de carácter crecedero. La vivienda como satisfactor sinérgico y complejo: el proceso como oportunidad Siguiendo el argumento de Max-Neef, debemos ser capaces de entender la producción de vivienda en términos de necesidades, cuya naturaleza se ha de determinar con la gente, y satisfactores, en cuyo logro los habitantes tienen un potencial de respuesta. En estos términos debemos concluir que la provisión de vivienda no es el único satisfactor habitacional posible. Llegados a este punto debemos preguntarnos si nos interesa hablar de vivienda o de satisfactores habitacionales. En el contexto de la presente reflexión, nos encontramos con que el objetovivienda puede no ser el mejor satisfactor de la necesidad habitacional, luego en según qué casos la producción de vivienda nueva no tiene por qué ser el centro de las políticas habitacionales. Por otra parte conviene observar que el acceso a la vivienda también puede ser un factor que contribuya a satisfacer otras necesidades, y esto es especialmente relevante con los sectores en situación de pobreza. ‘EN PRINCIPIO SE SUELE PENSAR EN EL SECTOR VIVIENDA COMO EL QUE PROVEE OBJETOS. Y ES EL OBJETO-VIVIENDA EL QUE, SÍ, RESUELVE UNA PARTE DEL PROBLEMA DE LA POBREZA AL DAR RESPUESTA A UNA SERIE DE NECESIDADES. PERO SI UNO VA UN POCO MÁS ALLÁ Y CALA UN POCO MÁS HONDO EN LA NATURALEZA DE LA POBREZA, PASA A PROPONER QUE NO SE PIENSE SOLAMENTE EN EL OBJETO COMO EL ELEMENTO ACTIVO EN LA REDUCCIÓN DE LA SITUACIÓN DE POBREZA, SINO TAMBIÉN EN EL PROCESO COMO UN ELEMENTO ACTIVO. (…) Y EL PROCESO, CON CRITERIOS DE PARTICIPACIÓN Y DE RESPETO –NO SOMETIMIENTODEL PUNTO DE VISTA DEL RECEPTOR Y DE LOS OTROS ACTORES, EMPIEZA A FUNCIONAR COMO UN REDUCTOR DE LA PARTE DE POBREZA QUE NO ES CARENCIA SINO EXCLUSIÓN.’ VÍCTOR PELLI (2005)
119 Aquí aparece la posibilidad de concebir la vivienda (entendida como proceso y como bien de uso) como oportunidad de constituir un satisfactor sinérgico, tal como expresa Víctor Pelli en la cita adjunta. En estos casos la acción de mejora habitacional se enfoca como oportunidad para incidir en la satisfacción de otras necesidades. Pero ha llegado incluso a enfocarse como una mera excusa para generar otro tipo de movilizaciones; encontramos un ejemplo de este enfoque en el programa colombiano Obras con Saldo Pedagógico, que, si bien no opera sobre la vivienda sino sobre la mejora de espacios públicos, tiene por principal objeto la dinamización del tejido asociativo ciudadano e incluso la generación de economía a escala microlocal por encima de los objetivos de mejora espacial. Aquí lo físico es un medio y el protagonismo recae sobre el proceso por encima del producto. La vivienda como acto de habitar Por último, Enrique Ortiz también subraya una distinción entre la vivienda entendida como objeto y la vivienda entendida como ‘acto de habitar’ (Ortiz, 2007:16). La vivienda-objeto es una vivienda cosificada y normalmente desvinculada de su condición urbana. Como observa Ortiz, “Los organismos públicos que la financian le niegan por lo general sus funciones económicoproductivas, por no mencionar las culturales y espirituales” (idem). Responde por tanto a una concepción mutilante, como diría Morin, que la limita a las funciones reproductivas y, por otro lado, suele traducirse en la definición normativa de parámetros dimensionales mínimos. Por el contrario, la vivienda entendida en toda su complejidad como acto de habitar constituye una expresión cultural en proceso, vinculada a la historia y al entorno natural y espacial. Ortiz señala algunos de sus rasgos, como su implicación cultural y afectiva para el habitante, su capacidad de ‘acumulación’ del paso del tiempo y de adaptación a los cambios familiares e históricos, su generación de arraigo, su condición de acto poético, su capacidad de alojamiento de todas las dimensiones humanas incluida la espiritual, su capacidad de generación de ciudad y su cualidad de exaltación de la vida (Ortiz, 2007:16-17). Pero pensar en la vivienda como acto de habitar supone una mirada filosófica que nos lleva ineludiblemente a Martin Heidegger y su obra de referencia Construir, Habitar, Pensar (1951), la conferencia pronunciada en Darmstadt en plena reconstrucción alemana. Su título, por cierto, deja una resonancia que parece ser evocada por Víctor Pelli en Habitar, participar, pertenecer (2007). En ambos casos, el recurso a la enunciación de tres verbos en infinitivo ya nos remite a la idea de proceso; es más, parece insinuar la interconexión entre tres procesos simultáneos. En el pensamiento de Heidegger existe una contestación a la exaltación de la técnica que compartían los dos bloques emergentes de un poder mundial crecientemente polarizado, el americano y el soviético . Precisamente desde ese flanco Heidegger se aproxima al tema de la vivienda, en el contexto de la reconstrucción de Alemania mediante construcciones masivas. La producción habitacional en serie entregada a la industria de la construcción supone una ruptura histórica que conforma el caldo de cultivo de la reflexión de Heidegger. “PENSEMOS POR UN MOMENTO EN UNA CASA DE CAMPO EN LA SELVA NEGRA QUE UN HABITAR TODAVÍA RURAL CONSTRUYÓ HACE SIGLOS. AQUÍ A LA CASA LA HA ERIGIDO EL EJERCICIO REITERADO DE LA CAPACIDAD DE DEJAR QUE TIERRA Y CIELO, DIVINOS Y MORTALES ENTREN SIMPLEMENTE EN LAS COSAS. HA EMPLAZADO LA CASA EN LA LADERA DE LA MONTAÑA QUE ESTÁ A RESGUARDO DEL VIENTO, ENTRE LAS PRADERAS, EN LA CERCANÍA DE LA FUENTE. LE HA DEJADO EL TEJADO DE TEJAS DE GRAN ALERO, EL CUAL, CON LA INCLINACIÓN ADECUADA, SOSTIENE EL PESO DE LA NIEVE Y, LLEGANDO HASTA MUY ABAJO, PROTEGE LAS HABITACIONES CONTRA LAS TORMENTAS DE LAS LARGAS NOCHES DE INVIERNO. NO HA OLVIDADO EL RINCÓN PARA LA IMAGEN DE NUESTRO SEÑOR, DETRÁS DE LA MESA COMUNITARIA. HA DISPUESTO EN LA HABITACIÓN LOS LUGARES SAGRADOS PARA EL NACIMIENTO Y PARA «EL ÁRBOL DE LA MUERTE», QUE ASÍ ES COMO SE LLAMA ALLÍ AL ATAÚD. Y DE ESTE MODO, BAJO EL TEJADO, A LAS DISTINTAS EDADES DE LA VIDA LES HA MARCADO DE ANTEMANO LA HUELLA DE SU PASO POR EL TIEMPO. A LA CASA DE CAMPO LA HA CONSTRUIDO UN OFICIO QUE SURGIÓ, ÉL MISMO, DEL HABITAR. UN OFICIO QUE NECESITA, ADEMÁS, SUS INSTRUMENTOS Y SUS ANDAMIOS COMO COSAS. SÓLO SI SOMOS CAPACES DE HABITAR PODEMOS CONSTRUIR. LA INDICACIÓN DE LA CASA DE CAMPO DE LA SELVA NEGRA NO QUIERE DECIR EN MODO ALGUNO QUE DEBERÍAMOS, Y PODRÍAMOS, VOLVER A LA CONSTRUCCIÓN DE ESTAS CASAS. SIGNIFICA QUE ÉSTA, CON UN HABITAR QUE HA SIDO, HACE VER CÓMO ESTE HABITAR FUE CAPAZ DE CONSTRUIR” MARTIN HEIDEGGER
3.2. Producción a cargo de entidades sociales Situaríamos en este grupo a las promociones de vivienda a cargo de entidades sin ánimo de lucro tales como fundaciones, patronatos, ONGs, etc., si bien su acción y formas de gestión pueden ser muy variadas, desde modelos de una inclinación fuertemente autogestionaria hasta modelos de corte clientelar cercanos en sus modos de relación a la práctica empresarial. En los países del Sur estas fórmulas están plenamente vigentes a través de ONG internacionales y nacionales por la vía de la inyección de recursos de la cooperación externa; pero no debemos olvidar que en nuestro país tuvieron un papel importante en la segunda mitad del siglo XX en términos de producción de ciudad y de hecho algunas de ellas hoy siguen en activo. Se encuadraría en este último grupo la producción habitacional a cargo de fundaciones y patronatos de la vivienda, en ocasiones impulsadas, "A B C N." 18.869. MARTES í 15É OCTUBRE DE 1956 EDICIÓN D E ANDALUCÍA. PAGINA 17 EL DOMINGO SE INAUGURO SOLEMNEMENTE LA BARRIADA DE NUESTRA SEÑORA DE LA CANDELARIA Las nuevas casas fueron bendecidas por el arzobispo A. A. Asisíív'íon al acto el director general del Instituto de la Vivienda y las primeras autoridades sevillanas dades.'.provinciales y locales,, sino también el Real Patronato de Casas Karatas, bajo ei estímulo de Í U presidente y vipresidente, y toda la Acción Católica. Abogó por que en estos nuevos hogares se viva siempre conforme a las normas de la Ley de Dios, y después, de • desear toda ciase de venturas, a los beneficiarios de los mismos, anunció que aunque ahora, de rria-. ñera provisional, va a ser inaugurada una capilla, para que los vecinos de la barriada puedan ser atendidos espiritualmente, pronto se dispondrá de iglesia nueva, con la ayuda' del Instituto y autoridades nacionales, y. también de grupos escolares. Discurso del conde de Halcón Habló seguidamente el presidente del Real Patronato• de Casas Barátala, paira dar gracias a Dios por haberle permitido asistir a la realización, de «este anhelo de toda su vida, por haber visto realizado, ai cabsde treinta y tres años, .un proyectó cue tuvo la primera vez que fué alcalde de Sevilla y que entonces malograron las circunstancias y las pasiones políticas. . .. Dedicó un saludo a las autoridades sevillanas y al director actual de! Instituto, con cuyo apoyo ha si-do posible llevar a la práctica la construcción de esta primera ba-, rriada, a la que en el año próximo ha'de seguir otra, y así. sucesivanieiiite, haista conseguir,que Sevilla vea resuelto uno de ,sus 'más graves problemas. ' Hizo b'storia del Real Patronato, fundado por iniciativa de. S. M . el Rey Don •Alfonso'XIII (q. e. p. d.), y, por último,, rogó a-i señor'Valero Bermejo qu'e transmitiera al Caudillo la fe dedeos, sevillanos E n ' l a mañana del domingo tuvo lugar la • 1 bendición e inauguración de la barriada de Nuestra Señora de la Candelaria, que, con ayuda del Instituto Nacional de la Vivienda, ha construido el Real Patronato de Casas , Baratas de Sevilla. A l acto, que resultó brillantísimo,, asistieron el director general del • Instituto de,la .Vivienda, don Luis Valero Bermejo, lie- ' gado desde Madrid; capitán general, don Eduardo Sáenz de Buruaga; arzobispo administrador apostólico, doctor Bueno Moareal ; gobernador civil, don Alfonso Oi'ti y Meléndez-Valdés; alcalde, marqués del Contadero; presidente de la Diputación, marqués de Soto-Hermoso;, delegado provincial del Instituto, don José Rubio •Rivas; presidente de la Audiencia Territorial, don Antonio Rueda Roldan, y otras personalidades, todas las cuales fueron recibidas y atendidas por el presidente del Patronato, conde de Halcón, y otros miembros del rnismo. : Ais.taivsiTio, estuvo presente don Ma- - riairio Pérez de Ayala, presidente' de la 'Junta Diocesana de Acción Católica y vicepresidente del Patronato, y además, una representación del Cabildo Catedral y .otra, muy nutrida, de la Acción Católica, en todas sus ramas. L a barriada, que consta de mil viviendas; 'de las cuales han sido entregadas estos •días seiscientas, aparecía engalanada con gallardetes y banderas. En el interior de uno de los edificios—versión moderna de ios típicos corrales sevillanas—había sido levantado ,un altar, con un Crucifijo, altar arate etl cual el arzobispo adirnimstrador apostóhco, revestido de pontifical, procedió a la bendición ' de • la barriada,' dirigiendo luego la palabra a los' asistentes. • , Palabras de! arzobispo A, A . * EÍ doctor Bueno .Monreal felicitó a los adjudicatarios de las nuevas, viviendas, pa- '; -ra expresar luego su agradecimiento a cuantos trabajan en'la resolución del problema de la vivienda, .tan acuciante, y des-, tacar que todo lo obtenido en este aspecto y io que pueda obtenerse es posible gra- ' ' Vías a la inspiración social cristiana de que está imbuida -toda, la legislación del Estado español, inspirada por el Caudillo. • Especialmente, agradeció la ayuda pres- ' tadá por el señor Valero Bermejo y por las autoridades :provinciales, y locales de jSevilla, concretamente el gobernador civil, presidente«de ia Diputación, alcalde y delegado provincial de Sindicatos. ' Afirmó después que la, empresa de (Sotar a los económicamente débiles de vivienda adecuada no puede descargarse' exclusivamente sobre los organismos ofi-; cíales. Hav 'que colaborar socialmente, •porque en la resolución de este problema ninguno puede co.ns.iderarse exento de oblir gación -y responsabilidad. Sobre todos pesa la obligación de contribuir, según sus medios económicos e intelectuales. Y este es el caso que se - da en la barriada de - NuestraSeñora de la Candelaria, porque en ella no sólo han colaborado el instituto de la Vivienda v las autoriCERVANTES Con éxito clamoroso entra en SEGUNDA SEMANA 5 HORAS para VIVIR (Technicolór) con DANA ANDREWS y DONNA REED Víctor y MAYOR E S, MARMOLISTAS Empresa Constructora Artística, más ile §0 'años fundación, muy acreditada, ge traspasa con facilidades, no poder atender por avanzada edad. Informes: "MAKMOLVA" - Apartado 40 - M-ADKJÜ en su labor de gobierno-.y la reaoSucíóti de poner todo el esfuerzo en la ejecución de sus condignas. Habla el señor Valero Bermejo Por último hizo uso de la palabra el director del' Instituto.' 'Dijo, entre' otras cosas, que en la taread; la v'vienda na<fc« puede considerarse excluido'. Unos, .por, razqn del cargo y los puestos de responsabilidad a que lian sido llamados, y los otros, por espíritu de spl i dar id ad nacional, todos vienen obligados a contribuir, en la medida de su'S medios materiales e intelectuales. Después de expresar la satisfacción que sentía por asistir a un acfo corno el que; estaba celebrándose, y en el curso del cual se inauguraban viviendas para la clase m á s .necesitada de la sociedad, dijo a los beneficiarios .que no sólo adquieren derechos sobre-las mismas, sino también gravísimas obligaciones, porque si,no las cuidaran y conservarán decorosamente, o desatendieran la'' obligación de abonar con toda puntualidad su amortización, producirían un .gravísimo perjuicio a aquellos otros que aun carecen de viviendas, y que esperan, para obtenerla, a que ellos, con la devolución de los anticipos,, permitan la construcción de las suyas. Terminó poniendo de relieve el esfuerzo intensísimo del Estado en materia de vivienda y afirmando que, obedeciendo las consignas del Generalísimo Franco, el pro-, blema se resolverá. ' • - • Acto seguido se precedió a la entrega simbólica de las llaves a diez vecinos de la barriada, tras de lo cual, el párroco de "Santa Teresa," zona en que están'enclavadas estas nuevas casas, ofició misa, dirigiendo las oraciones a Jos fieles el arzobispo administrador. • •• ', Terminada ila santa misa se 'organizó' una devota procesión, desde" el edificio en •iiu.e había" tenido lugar el acto hasta otro, en el que, provisionalmente, se ha instalado una capilla, en la que, por ahora, se establece la parroquia de Sania Teresa, hasta tanto se termine, la "iglesia, cuyas obras lian comenzado ya. Entrega de un bioque de viviendas construido por Ja Diputación E l domingo, en la barriada de Los Remedios, tuvo lugar la' entrega del bloque de casas número io para cincuenta y seis familias de • funcionarios, asistiendo el director, 'general dd l'nlstituto dé la Vivienda, presidente de la Diputación, gobernador ' civil, alcalde y otras personalidades. Ante un altar levantado al efecto, al pie é¡ -la fachada principal del grupo, el párroco de Los Remedios bendijo las viviendas. Acto seguido, en nombre de los beneficiario?,- unp de ellos, ©1 señor Manzano, ex • rc-fitoide la Un: versidad, áió lector* a unas cuartillas,- lLablaodo después el presidente de la Diputación. Hizo historia de la-labor q[ue en matena de; vivienda lleva a efecto dicha corporación, y más tarde dijo Que espera llevar a cabo, para antes de dos años, la construcción de 2.200 viviendas. Por úlílmió habló el señor Valero Bermejo., para -.xpra-ar su satisiaeción ;por. fas muestras de agradecimiento que estaban tributándoselas á »u persona y al Gobierno, y decir que el Estado no podría resolver solo todos los problemas, sino con la colaboración ée cada uno de los españates. .Terminados les discursos, las autoridades recorrieron to-s viviendas, cfectuándose después', la entrega de ias mismas a lo-s beneficiarios; Finalmente se sirvió un» -sop?.- vi uo. ' ÉJ ABC SEVILLA (Sevilla) - 02/10/1956, Página 17 Copyright (c) DIARIO ABC S.L, Madrid, 2009. Queda prohibida la reproducción, distribución, puesta a disposición, comunicación pública y utilización, total o parcial, de los contenidos de esta web, en cualquier forma o modalidad, sin previa, expresa y escrita autorización, incluyendo, en particular, su mera reproducción y/o puesta a disposición como resúmenes, reseñas o revistas de prensa con fines comerciales o directa o indirectamente lucrativos, a la que se manifiesta oposición expresa, a salvo del uso de los productos que se contrate de acuerdo con las condiciones existentes. Esquema de actores y relaciones en la producción social a cargo de entidades sociales. Elaboración propia. 96] Der.: Reseña en prensa de la entrega del barrio de La Candelaria en Sevilla (1956). Izq.: Los Pajaritos y La Candelaria en construcción a finales de los 50. Fuentes: Hemeroteca Diario ABC: http://hemeroteca. abcdesevilla.es (12.06.2011) y fotografía del Fondo Barquín. 97]
127 avaladas o participadas por instituciones públicas o religiosas. Modelos mixtos Hasta aquí hemos hecho referencia a las tres grandes formas de producción habitacional, presentadas como modelos en ‘estado puro’, en los que la iniciativa en la promoción corresponde a un único tipo de actor. Así pueden darse efectivamente en la realidad, pero de hecho también pueden darse combinaciones o alianzas entre ellas. Llegados a este punto interesa señalar, volviendo a Morin, que en el paradigma de complejidad las realidades se definen no a partir de sus límites sino a partir de su núcleo. De manera que en los terrenos fronterizos entre las formas de producción de vivienda existen fórmulas mixtas. Más que a una clasificación en tres casillas delimitada por fronteras nítidas, la imagen respondería al solape entre distintos modos de gestión. Si en esta figura asignáramos el radio de cada círculo y el porcentaje de solape con los demás en función del volumen y de producción y sus modalidades, obtendríamos por resultado variantes formales que nos serviría para ilustrar la producción habitacional de una sociedad, con su equilibrio de fuerzas y su grado de complejidad. Pero este matiz y esta referencia a Morin nos conducen a una siguiente reflexión. Y es que los modos de producción habitacional se dan en el contexto de una sociedad concreta en la que conviven y en la que, si bien operan de forma independiente, también se dan interacciones entre ellos. Existe una influencia recíproca entre los distintos sistemas, a partir de la cual se explica cómo la expansión del sistema privado da pie a la retracción del sistema público y viceversa, o cómo desde lo público se puede fomentar el alquiler incidiendo en el mercado de precios, o alentar la producción social diseñando programas que estimulen la autogestión, etc. Volvemos a referirnos, una vez más, al principio de Morin: “Cualquier intervención modificadora en uno de sus términos tiende a suscitar una modificación en el otro”, en esta ocasión aplicado a la iniciativa en la producción de vivienda. Iniciativa pública Iniciativa socialIniciativa privada Interacción entre los sistemas de producción. Elaboración propia 98] Formas de producción habitacional y sus combinaciones y modalidades. Elaboración propia.100] Ámbitos de solapamiento entre los modos de producción. Elaboración propia 99]
Producción mixta públicasocial Encontraríamos formas mixtas de producción habitacional entre la promoción pública y la autogestión en algunos programas estatales de apoyo a la rehabilitación de viviendas, mediante la concesión de subvenciones a los propietarios, y la facilitación de asistencia técnica y gestión administrativa. Lo mismo cabe decir del extinto programa de apoyo a la autoconstrucción de la Junta de Andalucía, con un mayor grado de protagonismo de los usuarios, en el que la administración proveía el suelo y asistencia técnica y administrativa, y los destinatarios aportaban el coste de los materiales y la mano de obra para la ejecución. Otro ejemplo de producción públicasocial es el cooperativismo uruguayo, un sistema estatal de apoyo a la autoproducción en el que el estado provee un marco legal y mecanismos de facilitación. No obstante cabe señalar que, como veremos más adelante, en función de cómo se concretan en la práctica estos programas, el rol de los destinatarios puede oscilar entre distintos extremos, propiciando modelos de sociedad muy diferentes. En ese sentido, una política de apoyo público a la producción social puede convertirse, en el terreno, en un modelo de producción pública de corte asistencialista. políticos destinatarios técnicos (junta and) co-promotor co-promotoresexperto asesor producción mixta apoyo estatal a la autoproducción empresa privada ejecutor entidad social - programas de vivienda andaluces políticos destinatarios técnicos (estado) marco político legal, suelo promotores(iat) experto asesor producción mixta apoyo estatal a la autoproducción empresa privada ejecutor entidad social (fucvam) asesora ayuda mutua uruguaya Esquemas de actores y relaciones en un modelo público de apoyo a la autoproducción. Elaboración propiaElaboración propia Producción social alentada o apoyada desde los programas públicos de la Junta de Andalucía. Imagen: Promoción de vivienda de autoconstrucción. Foto: V. Díaz, 2005. Producción mixta público-social en el cooperativismo uruguayo. Cooperativa 3 de abril (1971), Montevideo. Foto: J.Mª López, 2010. 101] 102] 103]
129 Producción mixta públicaprivada También existen modelos de producción mixta pública-privada, entre los cuales podríamos citar como ejemplo el caso de las subvenciones a la rehabilitación concedidas por la Junta de Andalucía a propietarios de inmuebles en centros históricos, quedando el destino de las viviendas sujeto a alquileres protegidos por un periodo de tiempo pactado. Este caso es típico de las actuaciones que persiguen estimular la rehabilitación en centros históricos, como el Albaicín (en la imagen) y otros. Se trata de una situación de cooperación entre promotor público y promotor privado, basada en una confluencia de intereses, que en la parte pública se encuentran en la protección temporal de los inquilinos unida a la recuperación patrimonial, y en la parte privada se encuentran en la posibilidad de rehabilitar el inmueble unida a una oportunidad de negocio. Producción mixta socialprivada También cabría encontrar casos de producción mixta entre agentes privados y agentes sociales, si bien no es habitual. Podríamos considerar un ejemplo de esta posibilidad, aunque en realidad se trata de una distorsión conceptual, el funcionamiento que presentan en nuestro país numerosas cooperativas de vivienda, donde la gestión no es realmente cooperativa sino que tiene lugar mediante delegación en una gestora externa, con lo cual termina siendo una situación más próxima a la producción privada que a la social. Producción mixta públicaprivadasocial Por último, no queremos dejar de mencionar la promoción mixta entre los tres sectores, un campo de operaciones llamado a experimentar un auge importante en la medida en que la rehabilitación residencial de las barriadas de la segunda mitad del s. XX empieza a demandar un volumen de inversión y un grado de concertación que va a requerir la instrumentación de mecanismos institucionales y sociales para la confluencia entre aportes multiactorales. Más tarde veremos, no obstante, situaciones asimilables a este modelo, en las que los inquilinos de un inmueble llevan la iniciativa en la obtención de apoyo público para su rehabilitación privada en coordinación con el propietario. Los sistemas de producción habitacional y el papel de los usuarios Terminaremos este repaso a los modos de producción de la vivienda (que en términos de actores y roles sería asimilable a la producción del hábitat en general) con una tabla que, a partir de los aportes de varios autores (Pelli, 2010; Ortiz, 2007; Alguacil, 2000; De Manuel, 2010), pretende organizar y recoger el universo de situaciones que hemos recorrido. Vamos a vincular los promotores y formas de producción que les son propias con las distintas modalidades de producción que pueden darse y con el papel que ocupan los usuarios, con carácter general, en cada uno de ellos, factor muy relacionado con la condición de que se trate de un proceso exógeno o endógeno. Esquema de actores y relaciones en un modelo público de apoyo a la promoción privada. Elaboración propiaElaboración propia Edificio de viviendas rehabilitado en el Albaicín. Producción mixta entre EPSA y promotor privado. Foto: J. Mª López, 2007. 104] 105]
Entre las modalidades de producción privada vamos a limitarnos a distinguir entre la promoción de vivienda de renta libre y la promoción de vivienda protegida. Entre las modalidades de producción social ya habíamos introducido una primera distinción entre la autoproducción y la producción a cargo de entidades sociales; dentro de la primera podemos distinguir entre la autoconstrucción y la autopromoción (si bien a los efectos de este trabajo podemos mantenerlas agrupadas), y dentro de la producción a cargo de entidades sociales vamos a distinguir entre modalidades de promoción directa por parte de la institución y las modalidades de apoyo a la autoproducción de los usuarios finales. Y por último, para definir las modalidades de gestión pública vamos a apoyarnos en una propuesta de Víctor Pelli, que más adelante será objeto de una reflexión detallada. Pelli traza un arco para las orientaciones de la acción estatal que oscila entre facilitar el acceso al mercado y fortalecer la autogestión, pasando por distintos estilos de gestión pública directa, más verticales o más horizontales. Al referirnos a los distintos roles que ocupan los usuarios finales de la vivienda, enunciaremos una serie de categorías que van igualmente desde las posiciones más autogestionarias hasta las más clientelares, pasando por distintos grados de implicación y presencia en el proceso de producción. Si bien la frontera entre una condición de beneficiarios y una condición de autogestores puede ser en algunos casos difícil de trazar, nos parece conveniente clarificarla a nivel teórico ya que el protagonismo de la población constituye la base ideológica y el eje metodológico de la PGSH. Finalmente, vamos a asignar a cada una de las modalidades la caracterización de proceso endógeno, esto es, fuertemente participado por los destinatarios de la producción, o exógeno, que básicamente es un proceso conducido por otros actores. A partir de aquí, con estas herramientas vamos a caracterizar las formas de producción de vivienda en función del rol desempeñado por cada uno de los actores y del tipo de satisfactor que generan, siguiendo la propuesta de Max-Neef. Esto nos permitirá esbozar distintos paradigmas de gestión y sentar la base de una reflexión acerca de la necesidad de propiciar cambios en los roles tradicionalmente desempeñados por los actores políticos, técnicos y ciudadanos. SECTORES SOCIALES sector privado sector público tercer sector redes populares ACTOR PRINCIPAL empresa privada estado entidades sociales no lucrativas autoproductores FORMAS DE PRODUCCIÓN producción privada mixta públicaprivada producción pública mixta públicasocial producción social de vivienda MODALIDADES U ORIENTACIONES promoción de vivienda libre promoción de vivienda protegida facilitar acceso al mercado gestión vertical gestión participativa institucional gestión participativa directa apoyo a la producción social promoción directa apoyo a la autoproducción autopromoción y/o autoconstrucción EL PROCESO EN RELACIÓN A LOS USUARIOS exógeno exógeno endógeno exógeno endógeno ROL DE LOS USUARIOS FINALES consumidores beneficiarios asistidos o receptores cogestores beneficiarios cogestores autogestores Tabla 5. Formas de producción del hábitat, modalidades y rol de los usuarios. Elaboración propia a partir de Ortiz (2007), Pelli (2010), Alguacil (2005) y De Manuel (2010)
131 Formas de producción de vivienda, roles y satisfactores habitacionales A continuación recogemos los modos descritos en la siguiente tabla, que no responde a estudios de caso concretos ni tampoco pretende recoger todas las casuísticas posibles dentro de cada uno. Más bien lo que tratamos de dibujar son perfiles de situaciones paradigmáticas, en varios casos sobre la premisa del protagonismo unilateral del actor principal o promotor de la actuación. En el último planteamos, en cambio, una situación más compleja. El propósito de esta tabla no es asignar una caracterización rígida a cada modo de producción, que en teoría puede adoptar estilos muy diversos, sino tomar algunos ejemplos (tal vez, eso sí, hegemónicos o característicos de ciertos periodos históricos) como punto de partida para esbozar distintos paradigmas de intervención, que responderían a distintas orientaciones epistemológicas, tarea que nos resultará útil como construcción conceptual. La tabla adjunta representa los distintos modos de producción antes descritos y asigna a cada actor un rasgo definitorio de su rol dentro de ese modelo de producción. modos de producción producción privada producción pública producción social entidad social auto producción ejemplos hipotéticos Promoción y venta de vivienda libre unifamiliar suburbana Asignación de vivienda pública en régimen de alquiler Construcción de viviendas para familias de bajos recursos Auto construcción cooperativa por ayuda mutua ACTORES Y ROLES burbuja inmobiliaria polígonos años 60-70 proyecto asistencial movimiento cooperativo POLÍTICOS Regulador Promotores Auspicia Facilitador TÉCNICOS Ejecutor Asesores Asesores Asesores EMPRESA PRIVADA Promotores Ejecutor Ejecutor Proveedores INSTITUCIÓN SOCIAL - - Promotores Asesores SOCIALES DESTINATARIOS Clientes Asistidos Beneficiarios Autogestores . Traslación de la tabla anterior a un esquema gráfico, tratando de mostrar los solapes y modalidades por actores. Elaboración propia. 106] Tabla 6. Roles adoptados por los distintos actores en diversas formas de producción habitacional. Elaboración propia.
Paradigmas de gestión y satisfactores habitacionales La diversidad de situaciones que hemos visto en la tabla anterior nos permite entrever que existen distintos paradigmas de intervención detrás de cada uno de los casos analizados. Dichos paradigmas responden a un posicionamiento epistemológico por parte de los actores que disponen de más capacidad de decisión sobre la acción habitacional, que en cada caso responde, en última instancia, a su respectiva raigambre ideológica. Más allá de ese trasfondo, nos interesaría construir una caracterización de estos paradigmas que nos resulte lo más operativa posible como instrumento de análisis y diseño de intervenciones. Y en este punto consideramos interesante recurrir a la propuesta de Max-Neef y Elizalde como mirada que pone el acento en la satisfacción de las necesidades humanas y aplicaremos su estudio sobre los satisfactores y sus atributos a la producción habitacional. Con este ejercicio no pretendemos asociar un paradigma de actuación a cada forma de producción, sino identificar distintos modos de proceder y sus variantes de satisfacción de la necesidad habitacional; de hecho hay paradigmas que pueden darse en varias formas de producción en función de la orientación de la acción. Si los satisfactores vienen a ser las construcciones culturales que cada sociedad elabora para responder a sus necesidades, según el principio hologramático propuesto por Morin (“el todo está en la parte”) podemos pensar que el satisfactor habitacional propuesto por un paradigma ideológico viene a ser la expresión de dicho paradigma en ese campo temático o de acción política. En función de esa idea, vamos a identificar distintos paradigmas de intervención a partir de los satisfactores que construyen, siguiendo la reflexión de Max-Neef. modos de producción producción privada producción pública producción social entidad social auto producción ejemplos hipotéticos Promoción y venta de vivienda libre unifamiliar suburbana Asignación de vivienda pública en régimen de alquiler Construcción de viviendas para familias de bajos recursos Auto construcción cooperativa por ayuda mutua ACTORES Y ROLES burbuja inmobiliaria polígonos años 60-70 proyecto asistencial movimiento cooperativo POLÍTICOS Regulador Promotores Auspicia Facilitador TÉCNICOS Ejecutor Asesores Asesores Asesores EMPRESA PRIVADA Promotores Ejecutor Ejecutor Proveedores INSTITUCIÓN SOCIAL - - Promotores Asesores SOCIALES DESTINATARIOS Clientes Asistidos Beneficiarios Autogestores PSEUDO SATISFACTOR SATISFACTOR INHIBIDOR SATISFACTOR SINGULAR SATISFACTOR SINÉRGICO tipo de satisfactor exógenos endógeno Tabla 7. Ejemplos de tipos de satisfactor habitacional en función de los roles desempeñados por cada actor. Elaboración propia.
133 Paradigma pseudo-satisfactor Los pseudo-satisfactores son aquellos que “estimulan una falsa sensación de satisfacción de una necesidad determinada” (Max-Neef, 1998:61) y suelen estar inducidos por propaganda o medios de persuasión similares. Sería el paradigma arquetípico de la vivienda de renta libre ofertada para las clases medias en una periferia suburbana de baja calidad espacial y equipamiento deficiente. El símbolo de status social o el prestigio de ser propietario forman parte del aparato de persuasión de un satisfactor que en el fondo es parcial y aun engañoso, en tanto no responde a la complejidad de habitar y genera o agudiza otras necesidades como las de movilidad, la identificación territorial o la socialización. Tal como advierte Max-Neef, puede terminar eliminando la posibilidad de satisfacer la necesidad a la que apuntaba. Paradigma inhibidor Existen también paradigmas de producción habitacional que, por su manera de operar, inhiben o dificultan la posibilidad de satisfacer otras necesidades. Normalmente sobresatisfacen la necesidad a la que apuntan. Este paradigma de producción habitacional es el que sigue el estado cuando procura vivienda social a la población de forma paternalista, sin que la sociedad adquiera responsabilidad en la toma de decisiones ni aporte más recursos que los económicos. También encontramos ejemplos de este paradigma en la vertiente más asistencialista de la ayuda internacional al desarrollo, cuando, a través de grandes ONG o agencias de desarrollo, la cooperación entra en una lógica de provisión de vivienda a gran escala. Esta es la dinámica que han seguido varias barriadas andaluzas de promoción pública que se han gestionado en régimen de alquiler. Los polígonos de la zona norte de Granada se diseñan, en general, entre técnicos racionalistas y un estado benefactor para alojar a la población que no puede resolver el problema de la vivienda con la oferta del mercado; como la promoción pública de La Paz, en Granada, destinada a alojar a los afectados por inundaciones en los años 60, o el propio Almanjáyar, ya en los 80, cuya vocación de gueto se dejó sentir desde su nacimiento. Tal como relata Adolfo Chércoles, residente del barrio, Almanjáyar ha conocido varias generaciones de “albergados” –según se autodenominan algunos vecinosuna condición que termina convirtiéndose en un rasgo de identidad. De ese modo tal vez se satisfizo en un primer momento la necesidad de vivienda pero se inhibieron otras como la participación, la libertad o la creación, generándose en ocasiones fuertes situaciones de dependencia pasiva respecto al rol asistencialista de la administración. “Calidad para vivir” en contraste con las horas de atasco. O “Diferénciate” en un mar de pareados idénticos . Fotos: L. A. Zambrana y E. De Manuel. 107] Arriba: Subvencionismo vs. Autogestión. Foto: Surco Arquitectura. Abajo: Los efectos perversos de la sobreasistencia. Postal nicaragüense 108]
Paradigma simple Es el que procura satisfactores singulares, que atienden la necesidad objeto de la acción y son neutrales respecto a las demás. Hablamos en estos casos de un paradigma de gestión simple ya que obedece a una lógica de pensamiento sectorial, que se corresponde con el paradigma de simplicidad descrito por Morin. Según Max-Neef la generación de satisfactores singulares suele estar vinculada a instituciones, ya sean del estado o de la sociedad civil. Añadiremos que en ocasiones pueden estar satisfaciendo la necesidad de una forma limitada o superficial. Pueden ser ejemplos de producción habitacional desde un paradigma simple algunos casos de provisión de vivienda a cargo del estado o a cargo de entidades sin ánimo de lucro, que actúan como promotoras de la actuación, por ejemplo, la asignación de viviendas de protección oficial. Son situaciones en que se resuelve la situación de carencia habitacional y no se generan consecuencias negativas en la satisfacción de otras necesidades pero tampoco se aprovechan las capacidades de los destinatarios de incidir en las soluciones y mejorarlas. Paradigma complejo o sinérgico Por último, desde un paradigma complejo de producción habitacional se generan satisfactores sinérgicos, esto es, aquellos que además de satisfacer la necesidad objeto de la acción, coadyuvan a satisfacer o movilizar recursos para la satisfacción de otras. Se basa en la lógica de que las necesidades constituyen un sistema y los satisfactores mantienen entre sí una relación dialéctica. Desde este paradigma de gestión los destinatarios de la acción de mejora habitacional están involucrados en la promoción del proceso, ya sea como autogestores, cogestores o con un grado de participación elevado, y permite poner en juego la otra cara de la necesidad, como plantea MaxNeef, que es la potencialidad de los interesados para satisfacerla. Permite en ese sentido aprovechar los recursos no convencionales (solidaridad, mecanismos de ayuda mutua, creatividad…). Encontramos un ejemplo de esto en Enrique Ortiz (2007:57), cuando expone que la Producción Social de Vivienda puede llegar a: • Organizar procesos eficaces de ayuda mutua que además de contribuir a la construcción participativa del hábitat permiten abaratar costos y construir tejido social y ciudadanía responsable • Generar actividades productivas remuneradas dentro del propio proceso productivo del hábitat • Ejercer la solidaridad y aprender oficios que pueden abrir oportunidades de empleo remunerado a los participantes. En la medida en que el proceso de producción habitacional tienda a movilizar la construcción de otro tipo de satisfactores no habitacionales podemos hablar de un modelo de gestión apoyado en un paradigma de complejidad.
135 La apuesta por modelos complejos de Producción del Hábitat De cara a afrontar los retos urbanos y habitacionales que nos depara el siglo XXI, estamos obligados a procurar el aprovechamiento de todos los recursos de la sociedad. Tarea que está llamada a traducirse en la opción por reconocer a la Producción y Gestión Social del Hábitat como un tercer sistema de producción habitacional, fortaleciendo sus principios y mecanismos de operación. Esta no es sino la expresión en el terreno político habitacional de la propuesta de Sousa Santos (2009a) de luchar por una concepción del Estado como novísimo movimiento social , basado en fortalecer la alianza entre el principio de Estado y el de comunidad, como contrapeso al principio de mercado, tal como se expuso en el capítulo introductorio. Entonces podremos tratar de complejizar los modos de producción y gestión, construyendo equilibrios entre las lógicas de los distintos agentes: públicos, privados y sociales, sobre el eje del protagonismo ciudadano y sobre un enfoque de la necesidad habitacional que tienda a generar satisfactores sinérgicos y endógenos. Dicha opción debe traducirse en una apuesta sociopolítica que tienda a movilizar nuestros actuales patrones de actuación como sectores sociales para conducirlos hacia otro tipo de relaciones y modelos. Se trata de una apuesta en los términos en que lo plantea Morin, como “un movimiento inscrito en la esperanza”, que puede plasmarse, tal como propugna Julio Alguacil, en el tránsito desde un modelo de relación separada a un modelo, o pseudoparadigma, de racionalidad integrada (Alguacil, 2000:124). Relación separada y racionalidad integrada. Julio Alguacil (2000:125) 109]
Los modelos de gestión Veamos ahora cómo la acción del estado puede darse bajo distintos modelos de gestión e inducir distintas pautas de relación entre los actores. Montse Rosa y J. Encina proponen tres paradigmas para la caracterización de los posibles modelos de gestión e intervención social, que pueden configurarse “en torno a la presencia o ausencia de los siguientes elementos”: - Relaciones entre técnicos, políticos y ciudadanos. - Canales y formas de circulación de la información. - Espacios para la coordinación, la planificación, ejecución, evaluación y seguimiento. En función de la existencia y del tipo de esas relaciones, canales y espacios, los autores proponen una clasificación de los modelos de gestión en tres categorías: populista, técnico-gestionista y ciudadanista. Son modelos en los que asume un rol preponderante cada uno de los respectivos actores: políticos, técnicos y ciudadanos. Se caracterizan en la siguiente tabla. Como vimos en el planteamiento de Pelli, en virtud del principio de recursividad organizacional, las diferentes prácticas estatales, que responden a distintos modelos de sociedad, inducen distintas pautas de relación y diferentes roles o actitudes en cada uno de los actores. Por lo tanto la práctica estatal es a la vez producto y productora de un tipo de sociedad, que a su vez da pie a un tipo de hábitat. En ese caso estaríamos hablando de una situación en la que la Polis influye sobre la Civitas y ambas se materializan en un determinado modelo de Urbs. En este sentido resulta interesante establecer un paralelismo entre el cuadro de Víctor Pelli y la tabla de Rosa y Encina, esbozando los roles ejercidos inducidos por cada modelo de gestión en cada uno de los actores. Conviene precisar que el cuadro no es más que una simplificación teórica que pretende reflejar paradigmas de pensamiento e intervención, que están detrás tanto del diseño de las políticas centrales (planes y programas) como de las prácticas políticas locales (modelos de gestión), y en estas dos instancias los paradigmas pueden ser coincidentes o no. Modelos de gestión. Rosa y Encina (2005)116] Inducción de roles y actitudes en otros actores desde el vértice político. Elaboración propia. 117] Políticos CiudadanosTécnicos POPULISTA TÉCNICOGESTIONISTA CIUDADANISTA ¿Quién y cómo se decide? Deciden algunos políticos. El técnico ejecuta Deciden políticos y técnicos o una élite técnica Deciden técnicos, políticos y vecinos, ya que existen espacios articulados para ello ¿Qué papel juegan los vecinos? Clientes Usuarios Ciudadanos Concepto de participación Como procedimiento para asegurar votos Como procedimiento de adecuación de necesidades y recursos Como proceso de profundización del sistema democrático y construcción de la ciudadanía Tabla 10. Modelos de gestión e intervención social. Fuente: Rosa y Encina (2005)
143 Por otro lado, interesa señalar cómo en esta matriz que forman los roles y las opciones políticas se puede trazar una diagonal que indica los actores cuyo criterio es dominante en cada modalidad: en las opciones de gestión vertical y facilitación de acceso al mercado tiende a predominar el criterio político; en las opciones de gestión institucional predomina el criterio técnico y de gestión; y en las opciones más autogestionarias predomina el criterio ciudadano. A modo de ejemplos A continuación, con ayuda de estos instrumentos teóricos, ilustraremos las opciones descritas por Pelli mediante ejemplos de los programas de la política andaluza. Veremos cómo puede suceder, tal como apuntábamos anteriormente, que el paradigma de intervención adoptado por el programa a nivel político-directivo central puede no coincidir con el paradigma políticooperativo local de la oficina en la que se aplica, situación que puede darse tanto en forma de amenaza como de oportunidad. En primer lugar, entre las Acciones estatales de facilitación de acceso al mercado podemos situar aquellas políticas que tienden a delegar en el mercado la principal vía de resolución de las necesidades de vivienda. Dentro de las líneas de acción de la política andaluza de vivienda, un caso podrían ser las ayudas para el fomento del alquiler, tanto a inquilinos como a propietarios. En la medida en que posiciona a los destinatarios de la vivienda frente al mercado los sitúa en posición de clientes. ACCIONES DE FACILITACIÓN DE ACCESO AL MERCADO GESTIÓN VERTICAL, AUTORITARIA O PATERNALISTA GESTIÓN PARTICIPATIVA INSTITUCIONAL GESTIÓN PARTICIPATIVA DIRECTA ACCIONES DE ASISTENCIA ESTATAL A LA AUTOGESTIÓN Rol político Ignora la perspectiva ciudadana: producción unilateral/ facilitación del acceso a la producción privada Promueve una interpretación técnicoinstitucional de las necesidades y soluciones Reconoce y apoya la capacidad de autogestión ciudadana ź ź ź Rol técnico Técnico subordinado a las directrices del promotor Experto que presta un asesoramiento ‘neutral’ Asistencia técnica desde el compromiso crítico ź ź ź Rol vecinal Clientes o Beneficiarios de un producto Usuarios. Receptores de un servicio público Ciudadanos. Autogestores del proceso de producción POPULISTA TÉCNICOGESTIONISTA CIUDADANISTA q ue una m as de a nto del s) como ó n), y en c identes a triz que a zar una n ante en e rtical y m inar el t itucional o pciones o . Tabla 11. Orientación de la acción estatal y roles inducidos. Elaboración a partir de Pelli (2010) y Rosa (2005).
Encontramos un ejemplo de Gestión vertical o paternalista en el modelo de dirección que rigió durante la primera etapa de la oficina del Área de Rehabilitación de Cartuja, La Paz y Almanjáyar. La organización interna de la oficina respondía a un esquema jerarquizado en forma de árbol, que evidenciaba el principal sentido de la circulación de información entre los actores. El modelo convertía en áreas estancas la composición pluridisciplinar que el plan andaluz de vivienda disponía en aras de la integralidad, con lo cual se desvanecía la principal virtud del programa. El rol asignado al técnico coincide con el trazado por Rosa y Encina de limitarse a ejecutar las decisiones políticas. La relación entre políticos, técnicos y ciudadanos se daba en instancias aisladas e igualmente jerarquizadas. El director atiende personalmente las consultas de los vecinos, con especial atención a los líderes locales, mientras que los técnicos, tanto internos como externos, no disponen de un espacio de comunicación y coordinación con la dirección. El modelo de dirección tendía a reproducirse en los escalones inferiores de la jerarquía a través de sus técnicos de confianza, generándose barreras a la coordinación fluida entre disciplinas y cuellos de botella en los canales de información que impedían el funcionamiento interdisciplinar y desaprovechaban posibles sinergias. Por último, las relaciones entre el equipo externo de arquitectos y los vecinos se veían constreñidas por imposición de la oficina a un marco de trabajo que obstaculizaba la participación. Entre las opciones de Gestión participativa institucional podemos encuadrar las actuaciones tradicionales de promoción pública directa, como las viviendas de nueva construcción destinadas tanto a la venta como al alquiler. Se trata de aquellas actuaciones en las que el papel de los destinatarios de la vivienda no es de involucración directa en el proceso sino que obedece a la lógica representativa, habitualmente inducido al rol descrito por Rosa y Encina como de usuarios o receptores de una prestación de servicios públicos. Interpretación de un ejemplo de modelo de gestión vertical o paternalista. Elaboración propia. 118]
145 La Gestión participativa directa, en cambio, cuenta con los usuarios de la vivienda como participantes directos en la gestión. Cabría situar en esta modalidad los programas de ayudas a la rehabilitación privada. Se trata de modelos de cogestión en los que, teóricamente, la iniciativa corre a cargo del propietario individual o colectivo del inmueble. El espíritu de estos programas obedece en principio a una lógica de apoyo a la autopromoción pero es interesante conocer las dificultades que surgen al trasladar este paradigma a la práctica en ciertas situaciones. En este sentido, la oficina del Área de Rehabilitación del Albaicín abordaba en su Programa de Actuación (2007) una reflexión sobre las variaciones que en algunos casos tiene lugar entre los roles de los distintos actores. La primera de estas distorsiones tiene lugar con la adopción del rol de promotor de la actuación. Lo veremos en detalle en el capítulo de estudio de casos, del que adelantaremos estos gráficos, que quieren representar cómo el papel desempeñado por la oficina, en teoría una ayuda a la autopromoción, tiene tal entidad debido a su experiencia y capacidad de gestión, que tiende a convertir al promotor en beneficiario . Rehabilitación por autopromoción y con ayuda estatal: aportes de cada actor. Programa de Actuación del Área de Rehabilitación del Albaicín (EPSA, 2007) 119]
Algo similar sucede con algunas actuaciones de vivienda colectiva en el contexto de barriadas periféricas, donde las actitudes de muchos vecinos están moldeadas por años de políticas paternalistas, luego es difícil que funcione un programa de apoyo a una autogestión muy debilitada o en algunos casos inexistente y cuya recuperación pasa por actuaciones integrales y coordinadas que incluyan la creación de empleo, la intervención social y educativa, etc. A modo de indicador, valga la anécdota de una vecina cuya comunidad había solicitado una subvención y al encontrarse con el equipo de arquitectos que hacía la toma de datos le pregunta “¿vosotros sois los que queréis arreglarnos el bloque?”. Por otro lado, y volviendo al ejemplo del área de rehabilitación del Albaicín, esta situación tenía su reflejo en la percepción de quién es el cliente. El arquitecto (…) recibe el encargo con un protagonismo importante de la EPSA que es quien le contrata, luego una actuación que en realidad es impulsada por EPSA y por un particular (en realidad semipública, digamos) se convierte en un encargo público. Esto, aunque solo sea de forma subjetiva (pero también de forma contractual), sitúa en un segundo plano al propietario y/o al usuario aunque la oficina haga el esfuerzo de transmitir también los intereses de éstos. Sobre todo en infravivienda, predomina la sensación de que el ‘patrón’ es la EPSA. En autonómica ocurre menos precisamente porque hay un papel más activo del propietario. La oficina de rehabilitación reflexionaba de este modo acerca de su papel como impulsora de actuaciones de mejora del barrio, un impulso que permite emprender actuaciones que de otro modo no se llevarían a cabo, pero al mismo tiempo introduce modificaciones importantes en los roles que juegan los distintos actores. Por último, como modalidad de Apoyo estatal a la autogestión y siguiendo con el ejemplo de las políticas andaluzas, podemos mencionar en primer lugar el extinto programa de autoconstrucción de los primeros Planes de Vivienda. Se trata de un caso paradigmático de apoyo institucional a la autogestión que funcionó durante años y cabría reivindicar bajo la debida adaptación a las condiciones socioeconómicas actuales, tal vez con un formato genérico de autopromoción. En la mayoría de sus aplicaciones, el programa dio un buen resultado en el sentido de que los vecinos se hicieron cargo efectivamente de la ejecución colectiva de la obra. Pero también cabe mencionar aquí a un buen número de actuaciones llevadas a cabo bajo el programa de Rehabilitación Autonómica (antes Rehabilitación Preferente) para la mejora de viviendas unifamiliares, que abarca un arco de situaciones socioeconómicas más solventes que el de Transformación de Infravivienda y ha prestado apoyo a numerosas iniciativas de rehabilitación, en muchos casos con el control del proceso en manos del propietario. Promoción de viviendas del programa andaluz de autoconstrucción. Foto: Vicente Díaz, 2005. 120]
147 Por una complejización del rol del arquitecto Hablamos de una complejización del rol de los técnicos en el sentido en que lo plantea Morin al respecto de los límites disciplinares: hay todo un abanico de situaciones ‘centrales’ de la disciplina en las que el rol tradicional del técnico, así como su instrumental teórico y operativo, resultan suficientes para abordarlas. Pero cuando la situación a afrontar adquiere cierto grado de complejidad, es decir, cuando está entretejida con variables propias de otros campos disciplinares, entonces la intervención técnica debe adquirir un grado de complejidad similar. Parafraseando a Morin, podríamos decir que si el concepto de Arquitectura se agranda, se complejiza, todo es, entonces, Arquitectura. Esto nos insta a mirar, con ojos de arquitecto, lo que está más allá de la Arquitectura. Si bien una buena parte del análisis que se desarrolla a continuación es extrapolable a cualquier perfil de los que intervienen en la transformación del hábitat, vamos a centrar la reflexión en el caso del ejercicio profesional del arquitecto, como actor técnico fundamental en la transformación de la vivienda y la ciudad y en todo caso centro de nuestra reflexión. El paradigma dominante de ejercicio profesional La transformación del hábitat implica transitar un terreno de evidente complejidad puesto que concierne a los tres grandes terrenos de la ciencia: la Física, a la Biología y a la Antropología. O, si se quiere, entre las dos ramas del saber institucionalizado: el campo de las Humanidades y el de las Ciencias. En esa intersección se ubica la tarea y la figura del arquitecto. Y en esa condición reside la riqueza de su área de conocimiento, que reúne saberes tan diversos como las ciencias exactas, las ciencias aplicadas, la historia, el diseño o la expresión gráfica. La distorsión de los fines De alguna manera la orientación epistemológica mestiza de la arquitectura ya estaba descrita en los tres principios de de Vitruvio, Venustas, Firmitas y Utilitas: belleza, solidez y utilidad. Pero aquí la Utilitas debe ubicarse no solo en la funcionalidad de los espacios arquitectónicos, sino también en la perspectiva de la función social de la arquitectura. Ello la inscribe también en el terreno de la ética y de la política, en sentido amplio. Al vértice político atañe la dimensión de la Polis, donde se juega la construcción de relaciones entre los actores que participan en la producción del hábitat. Pero dentro de esa naturaleza compleja de la actuación profesional, observamos que el paradigma predominante de ejercicio profesional se ha decantado hacia los vértices técnico y artístico. Esta inclinación de los arquitectos ha introducido cierta distorsión en los fines de la actuación profesional. Es decir, se trata de una distorsión de nivel epistemológico. El anterior esquema nos lleva a reproducir un segundo triángulo, que debemos al arquitecto Ramón de Torres (De Manuel, 2005b), en el que nos recuerda los tres compromisos que debe asumir el arquitecto. En primer lugar defiende un compromiso poético con el proyecto, vinculando la arquitectura a la poética como forma de conocimiento de la realidad para transformarla, para mejorarla. En segundo lugar debe tener un compromiso “SI EL CONCEPTO DE FÍSICA SE AGRANDA, SE COMPLEJIZA, TODO ES, ENTONCES, FÍSICA.” EDGAR MORIN Las dimensiones del arquitecto. Gráfico de elaboración propia a partir de E. de Manuel (2001) 121] El triple compromiso del arquitecto. Fuente: Gráfico de elaboración propia a partir de R. de Torres (En De Manuel, 2005b) 122] 19 ético p oéticosocial com p romiso PROFESIÓN PROYECTO PÚBLICO Este esquema nos lleva a reproducir un segundo triángulo, que debemos al arquitecto Ramón de Torres17, que señala los tres compromisos que debe asumir el arquitecto: Ramón de Torres habla de un compromiso poético con el proyecto, un compromiso ético con la profesión y un compromiso social con lo público. Pero el último de los tres se ha ido viendo mermado a favor de un paradigma dominante de arquitecto que pone el acento en el primero, en el compromiso poético del proyecto18. b. en la falta de método. 17 Entrevista publicada en www.arquisocial.org 18 Un compromiso poético que, por otra parte, queda crecientemente a merced de las corrientes globales de la moda arquitectónica mundial, dominada por una suerte de jet-set de la plástica internacional. 19 ético p oéticosocial com p romiso PROFESIÓN PROYECTO PÚBLICO Este esquema nos lleva a reproducir un segundo triángulo, que debemos al arquitecto Ramón de Torres17, que señala los tres compromisos que debe asumir el arquitecto: Ramón de Torres habla de un compromiso poético con el proyecto, un compromiso ético con la profesión y un compromiso social con lo público. Pero el último de los tres se ha ido viendo mermado a favor de un paradigma dominante de arquitecto que pone el acento en el primero, en el compromiso poético del proyecto18. b. en la falta de método. 17 Entrevista publicada en www.arquisocial.org 18 Un compromiso poético que, por otra parte, queda crecientemente a merced de las corrientes globales de la moda arquitectónica mundial, dominada por una suerte de jet-set de la plástica internacional.
ético con la profesión, en tanto es un servidor de la sociedad. Y por último un compromiso social con lo público como motor de la actividad: preguntarse frente a cada obra qué se está aportando a la ciudad. Pero este triple compromiso se ha escorado a favor de un tipo de arquitecto, alentado por los medios, que pone el acento solamente en el primero, en un compromiso poético del proyecto; pero no desde la noción de poética que reivindica el autor, sino en un sentido banalizado, desconectado de la realidad social y crecientemente a merced de las corrientes globales de la moda arquitectónica mundial, un mercado dominado por la jet-set de la plástica internacional. La adopción de ese rol en el modelo de producción del hábitat nos ha llevado a los técnicos a ejercer fundamentalmente un papel ‘posibilitador’: procurar la viabilidad de un proyecto, pero no reflexionar sobre su pertinencia. Al renunciar a la dimensión política del desempeño profesional, hemos renunciado también a buena parte a nuestra condición de asesores para refugiarnos en una supuesta neutralidad técnica. Pero toda posición de neutralidad no es más que una opción implícita por las fuerzas dominantes. Por esa vía el técnico se convierte en una suerte de mercenario al servicio del encargo profesional. En este punto podemos retomar el esquema propuesto por Rosa y Encina sobre los modelos de gestión, que representaba a cada sujeto con una figura geométrica –triángulo, cuadrado o circunferenciamediante su adscripción a los roles político, técnico y ciudadano. Pero una profundización, o mejor, una complejización de dicho esquema nos revelará que, si bien cada actor desempeña un rol predominante, todos los sujetos contienen simultáneamente las tres dimensiones: una dimensión política en tanto actor social que respalda y transmite un modelo de sociedad, una dimensión técnica en virtud de su bagaje de saberes y una dimensión ciudadana en tanto sujeto inserto en las redes y las prácticas sociales. De manera que el predominio de una u otra en determinados momentos del proceso nos permite hablar no de roles fijos sino de liderazgos situacionales. Ello llevaba a J. Encina (2005) a proponer un grafismo que fundía las tres figuras para representar esa triple cualidad, que responde a la auténtica naturaleza de los actores del proceso. Desde el ángulo de los técnicos, esta idea nos trae la reflexión sobre el antagonismo entre dos figuras que se han dado en llamar la figura del intelectual y la del experto. El intelectual se nos muestra como alguien capaz de relacionar distintos campos de conocimiento para construir un plano de análisis que trasciende la realidad del problema y tiende a formular una postura crítica, es decir, a tomar partido. En cambio, el experto maneja con solvencia una rama hiperespecializada del conocimiento y restringe su actuación a una resolución técnica del problema en una intervención supuestamente neutral, que supedita el enfoque epistemológico al tecnológico. Al hilo de esta reflexión, cabe preguntarse ¿por qué prosperan programas de rehabilitación de la Junta de Andalucía en unos ayuntamientos y en otros no? En su tesis doctoral ‘Participación ciudadana y vivienda’ (2008), el arquitecto Vicente Díaz investigó el funcionamiento del programa de autoconstrucción de los primeros planes andaluces de vivienda y llegaba a la conclusión de que, en determinados casos, el técnico municipal jugaba El principio de Unitas Multiplex aplicado a la condición compleja de los actores: ejercer un rol no amputa las otras dimensiones del sujeto. Elaboración a partir de J. Encina (2005). 123] Inducción de roles y actitudes en otros actores desde el vértice técnico. Elaboración propia. 124] “EN UNA SOCIEDAD INJUSTA, DIFÍCILMENTE SE PUEDE HACER BUENA ARQUITECTURA. (…) UNA ARQUITECTURA QUE IMPORTA DENTRO DE UNA SOCIEDAD INJUSTA ES AQUELLA QUE LA CONTESTA Y RECHAZA” GIANCARLO DI CARLO (SPRECHMANN, 1987:8) “LA CUESTIÓN ES SI COMENZAMOS LA LÍNEA CON UN CERO O CON UN UNO. GANDHI, ANTES DE QUE COMENZASE LA DIGITALIZACIÓN DEL MUNDO, ESCRIBIÓ: «EL SOCIALISMO COMIENZA CON EL PRIMER CONVENCIDO. SI HAY UNO ASÍ SE PODRÁN AGREGAR CEROS AL UNO, Y EL PRIMER CERO CONTARÁ POR DIEZ, Y CADA AGREGADO VALDRÁ DIEZ VECES EL NÚMERO ANTERIOR. SI NO OBSTANTE EL QUE COMIENZA ES CERO —O, EN OTRAS PALABRAS, NADIE SE ATREVE A EMPEZAR— LA MULTIPLICIDAD DE CEROS TAMBIÉN PRODUCIRÁ UN VALOR DE CERO. EL TIEMPO Y EL PAPEL EMPLEADOS EN ESCRIBIR CEROS SERÁN TAN SÓLO DESPERDICIOS». TAMBIÉN SE PUEDE RELEER A MONATTE, UN SINDICALISTA FRANCÉS DE COMIENZOS DE SIGLO: «CUANDO LLEGO A UN LUGAR Y ME DICEN QUE NO SE PUEDE HACER NADA, INMEDIATAMENTE PIENSO QUE ESTÁ TODO POR HACER»” JORGE RIECHMANN. ESTRATEGIAS (2001) Políticos CiudadanosTécnicos
149 un papel fundamental. Los arquitectos municipales, dentro de su margen de autonomía como técnicos, han sido en muchos casos los impulsores de la aplicación de programas de ayudas públicas, aun cuando, en algunos casos, no compartían su base ideológica, según relata Díaz. Se trata de un perfil técnico que no renuncia a su dimensión política, o al compromiso social con lo público, en palabras de Ramón de Torres. La falta de método A la eventual distorsión de los fines del paradigma hegemónico de actuación profesional, se puede sumar una carencia formativa de orden metodológico. La combinación de ambas tiende a desvirtuar nuestro rol social y ha venido abriendo una brecha creciente entre el arquitecto y la sociedad, que en las situaciones de servicio profesional frente a un cliente, se concreta en una distancia entre el proyectista y el usuario. A este respecto, el arquitecto uruguayo Ricardo Muttoni reflexiona acerca de la creación de esa distancia desde los tiempos de la formación universitaria, cuando en la enseñanza de proyectos “se adoptan posiciones en las que (…) el interlocutor es alguien que sabe más que uno de arquitectura. Así se genera una forma de relación (…) endogámica en la que el arquitecto hace arquitectura para otros arquitectos, se educa de esa manera y no tiene los canales (…) que lo vinculen con la población” (Muttoni, 2003). Esta reflexión nos recuerda a las palabras del pensador alemán Günther Anders, citado por Livingston (2000): “Ante profesores universitarios que escriben libros para otros profesores universitarios, nuestra sorpresa no debería ser menor que ante un panadero que solo cociese pan para otros panaderos”. Esta endogamia termina por instalarse en la subcultura de los arquitectos como un rasgo central de identidad, que deriva en su distancia con la sociedad. Pero lo que nos interesa señalar de la cita de Muttoni es que la formación de los arquitectos no les facilita instrumentos para comunicarse con los destinatarios de su misión profesional. Y en el ejercicio de la profesión este diálogo es obligado y permanente. Frente a situaciones profesionales reales, tendemos a operar con los mismos instrumentos y desde las mismas posiciones asimiladas en el contexto formativo referido por Muttoni. Esta es una cuestión central que abordaremos en el bloque metodológico. Reivindicar y reencontrar el centro de la profesión Frente a este tipo de carencias y distorsiones de la misión profesional y la función social de nuestra actividad, no pocas voces de prestigio, dentro y fuera de la profesión, han ofrecido, afortunadamente, rotundas contestaciones. Ya hemos mencionado, por ejemplo, a Ramón de Torres, que ha reivindicado una Arquitectura y un perfil de Arquitecto capaces de rescatar e integrar la triple dimensión del compromiso antes mencionada. Antes de entrar en consideraciones sobre la necesidad de ampliar la mirada disciplinar para enfrentar los escenarios cuya multidimensionalidad supera nuestros instrumentos tradicionales de intervención, esto es, antes de plantear la pertinencia de explorar el terreno de la interdisciplina, es preciso devolver la disciplina a su centro de coordenadas, previo a la deriva simplificadora y banalizante de la posmodernidad en su versión capitalista más agresiva, y recuperar su integridad original. Solo desde ahí estaremos “UN HOMBRE PALPA EL MUNDO CON SU PROFESIÓN COMO SI ELLA FUESE UN GUANTE” TOMAS TRANSTRÖMER. DESHIELO A MEDIODÍA (NÓRDICA, 2011)
en condiciones de aportar a la interdisciplina lo que ésta requiere de la disciplina. Para salir hacia otros lugares, es condición previa estar en el lugar propio. Todo esto implica, volviendo a Ramón de Torres, re-conectar la poética del proyecto con la ética de la profesión y el compromiso social con lo público. Es decir, asumir una concepción del proyecto capaz de supeditar, o mejor, sujetar los fines del proyectista ligados a la búsqueda de trascendencia a los fines de lo público en general y a los fines de los usuarios de la obra en particular. Y decimos sujetar en tanto es solo ahí, en virtud de los fines genuinos que justifican y movilizan la acción disciplinar, que la arquitectura encuentra su esencia. Diversificación del rol profesional: hacia otros paradigmas Pero, recuperado y asumido el centro de la disciplina, es procedente reconocer sus limitaciones para abordar satisfactoriamente ciertas problemáticas de hábitat y, ahora sí, es preciso, decíamos, ‘complejizar’ la acción profesional en el sentido de construir nuevos paradigmas capaces de comprender y superar el rol profesional tradicional. Uno de los autores que ha abordado este tema en profundidad es Víctor Pelli, y lo ha expresado de forma especialmente elocuente en su texto “El paradigma de arquitectura y la crisis de equidad” (2001): El paradigma hegemónico de actuación profesional tiene su eje en la producción de objetos: arquitectónicos y urbanísticos, físicos y palpables, de alta sofisticación y con el acento puesto sobre la belleza visual de los objetos y el confort de sus usuarios. Este paradigma no tiene respuesta para los problemas, igualmente “sofisticados”, que presenta esta sociedad nuestra del predominio de la pobreza al límite, de la inequidad, de la exclusión en masa y de los recursos crónicamente insuficientes. El desafío está en cultivar y jerarquizar otros paradigmas de Arquitectura y de Arquitecto, no necesariamente antagónicos sino más bien complementarios de aquel, con el acento puesto en otras áreas de sensibilidad, y aptos para internarse en aquel cuadro de problemas y actuar allí en pleno ejercicio de la creatividad. Es preciso, efectivamente, cultivar otros paradigmas de actuación profesional y otros paradigmas de arquitecto en el sentido en que lo plantea Pelli, que concuerda con la necesidad señalada por Morin de complejizar la acción del profesional en la medida en que se enfrenta a situaciones complejas. Ello no invalida ni desplaza al paradigma hegemónico de arquitectura propio de las situaciones centrales de la disciplina, sino que lo ‘comprende’ en una perspectiva más amplia. Esto pone en crisis el rol predominante del arquitecto autor, que ahora está llamado a desempeñar un papel de arquitecto actor inserto en procesos de transformación social (López Medina y de Manuel, 2006). Weber y Pyatock afirman que “cuando la actividad de diseñar se vuelve un medio de argumentación para ampliar el conocimiento y conciliar juicios de valor, los diseñadores se convierten en colaboradores comprometidos en una tarea pública” (citados por Romero y Mesías, 2004:57). En esa tarea, el arquitecto pasará a incorporar funciones como las siguientes (Verdaguer, 2005): “LA GENIALIDAD DE LOS CANTAUTORES ES INVENTARSE UN PERSONAJE: GEORGES BRASSENS, PACO IBÁÑEZ, JOAQUÍN SABINA, ISMAEL SERRANO… EN CAMBIO, EL POETA SE DESVANECE DETRÁS DE LA POESÍA” JORGE RIECHMANN (2012)
151 - Traductor de deseos y necesidades - Mediador, facilitador de procesos - Catalizador de situaciones - Conector entre sujetos e intereses diversos Estos rasgos apuntados por Verdaguer dibujan un perfil que parecería acercarse a la psicología y a la intervención social, lo cual no significa que deba ni pueda sustituir a dichos profesionales, pero sí habla de la conveniencia de adquirir determinadas herramientas y sensibilidades, o tal vez tomar conciencia de la necesidad de perfeccionarlas (convengamos que estas funciones tienen siempre alguna cuota de presencia en casi cualquier actuación profesional). Ya que los instrumentos y modos de proceder tradicionales de la disciplina siguen siendo válidos y suficientes en el abordaje de situaciones simples, e igualmente necesarios, aunque no suficientes, frente a situaciones complejas. Pero ¿qué significa decir situaciones complejas? ¿Qué problema de arquitectura no lo es? Aun en los casos en que la actuación del arquitecto no requiere de la intervención de otros profesionales, cabe pensar en una necesaria complejización del rol tradicional del diseñador, entendiendo por el rol tradicional la actuación que lleva al arquitecto a generar un producto en forma de respuesta arquitectónica. En estos casos la complejización pasa por incorporar habilidades que le permitan conducir de la manera más provechosa posible el proceso de construir tanto la necesidad como el satisfactor más adecuado. En este sentido podríamos hablar también de la conveniencia de complejizar la actividad de proyectar. En su prólogo a la obra Construir, habitar, pensar de Martin Heidegger, el arquitecto Pedro Pablo Vaquer reflexiona sobre la vigencia de dicho texto argumentando que “lo que nosotros llamamos hacer arquitectura no es, ahora, ese pensar-habitar-construir tan propio del hombre, de su modo de ser”. Los arquitectos estamos acostumbrados “a pensar el pro-yecto desde la distancia al habitar y construir que le deberían ser inherentes e inseparables”. A continuación el autor se pregunta por este cambio operado en la producción de la arquitectura a lo largo del siglo XX y menciona algunos de sus rasgos, de los que destacaremos tres. El primero es que nos vemos empujados a “Pensar sin la mano”, desde que la producción en serie fruto de las necesidades posbélicas desplazaron las orientaciones artesanales y utópicas del pensamiento arquitectónico. Esta idea entronca con la reflexión sobre pensamiento y acción anteriormente abordada en el presente trabajo. A continuación Vaquer denuncia “El dominio del proyecto: no hay arquitectura sin proyecto, hasta el punto de que una arquitectura irreproducible en publicaciones difícilmente se considerará hoy arquitectura”. Y por último señala “La arquitectura sin cliente” como otra operación de desgajamiento entre ese pensar-habitar-construir propio del ser humano. Nos detenemos en la segunda de estas observaciones, el dominio del proyecto, para señalar lo que consideramos un protagonismo excesivo del proyecto en el paradigma dominante de arquitectura, un protagonismo que tiende a fagocitar y minimizar otros momentos y otros aspectos de la producción de arquitectura y aun otras competencias de la profesión, que de hecho requieren desplegar no menos creatividad.
En la superación de situaciones de exclusión social Esta es, ciertamente, una idea que ya ha sido planteada en otros momentos de este trabajo, particularmente a través de la voz de Víctor Pelli, cuando propone pensar no solo en el acceso al objeto-vivienda como un factor de reducción de la pobreza, sino también en el proceso como un elemento activo (López y Cambil, 2005). Situados en esa perspectiva, desde el equipo Surco Arquitectura planteamos el eje de nuestra propuesta metodológica en enfocar “La rehabilitación arquitectónica al servicio de la transformación del barrio” (Surco Arquitectura, 2006a). En este sentido, la propuesta se apoyaba en la vocación de reforzar la capacidad autogestionaria de las redes del barrio: la rehabilitación de las viviendas puede suponer una oportunidad de contribuir a ese refuerzo si somos capaces de plantearla no solo desde el diseño de objetos sino también desde el diseño de procesos, que refuercen los hábitos de participación, asunción de responsabilidad y convivencia ciudadana. (íd.) Desde ese ánimo, propusimos una ruta metodológica que, adaptando elementos del método Livingston, planteaba un escenario en que el proceso de rehabilitación suponía un itinerario compartido de toma de decisiones y asunción de responsabilidades entre la administración, el equipo técnico y los vecinos de cada bloque. La propuesta consistía en introducir la participación ciudadana y el acompañamiento social como un eje transversal de todo el proceso de rehabilitación (proyecto y obra) en el que los vecinos tengan un margen de decisión y de ese modo se contribuya a la adquisición paulatina de responsabilidad en la transformación del barrio. (íd.) Resulta especialmente oportuno concluir este capítulo con una nueva referencia a las palabras de Víctor Pelli, uno de los pilares centrales de nuestro marco teórico, que en la cita adjunta describe con lucidez el papel de la participación en el diseño cuando éste se inserta en cuadros de problemas multidimensionales (López y Cambil, 2005): Ese hombre, sobre todo el beneficiario, entra en la práctica de hacerse cargo del problema, de tomar decisiones, de hacerse responsable, de discutir… en paridad de condiciones con personas que en el esquema convencional de la sociedad están por encima de él y no admiten otro tipo de soluciones que no sean las propias. Eso es lo que, en frases hechas, se entiende como “construcción de ciudadanía”. Y la construcción de ciudadanía es un factor muy importante para la reducción de la pobreza, a través del proceso de materialización de la solución habitacional, que, en generalal menos en la cultura occidentalsuele ser un acontecimiento muy grande, el hacerse de una casa, hacerse de una vivienda. No es un acontecimiento de todos los días. Generalmente marca un antes y un después en la vida de una familia. Entonces, que ese acontecimiento se produzca dentro de un esquema de fuerte participación es una práctica importante de adquisición de ciudadanía. Rediseño urbano del barrio Cacique Pelayo en Fontana, Chaco, Argentina. IIDViICoHa (2000) 173]
255 4. Ámbitos de aplicabilidad Cerraremos este tramo de la investigación planteando una reflexión sobre los posibles ámbitos de aplicabilidad del diseño participativo en nuestro entorno social e institucional, señalando y haciendo especial incidencia en nuestro campo de interés: la rehabilitación residencial. De este modo pretendemos dar pie a una posible prolongación de este trabajo mediante la selección y estudio de casos, cuyo análisis estaremos en condiciones de abordar desde el marco teórico y metodológico aquí desarrollados. A continuación vamos a esbozar la identificación de algunos de esos campos y posibilidades de aplicación cruzando en una matriz las formas de producción –privada, pública y socialcon las áreas centrales de la actividad profesional desde el punto de vista del diseño –la vivienda de nueva planta, la rehabilitación y el diseño en la esfera pública de equipamientos o espacios públicos. No pretendemos con ello desarrollar un estado de la cuestión, tarea que correspondería abordar en el contexto de una investigación que hiciera un desarrollo específico de alguno de esos campos. Tan sólo nos limitaremos a enunciar a título ilustrativo, en un rápido recorrido, varios ejemplos de aplicación de criterios de diseño participativo, algunos de los cuales son proyectos realizados y otros un mero señalamiento de ámbitos donde observamos la oportunidad y pertinencia de su aplicación. 4.1 En la producción privada En el caso de la vivienda de nueva planta de Producción Privada, ya se ha hecho referencia a las posibilidades que abre, incluso para los casos en que se desconoce a los destinatarios finales, el sistema de Soportes y sus derivaciones así como otras concepciones de proyecto basadas en la vivienda flexible. Un ejemplo reciente se encuentra en Osaka, el conjunto NEXT21Gas Experimental Housing (1994), que viene a ser una aplicación del sistema de Habraken promovida con carácter experimental. Los soportes fueron diseñados por el arquitecto Yositika Utida y las viviendas por otros trece arquitectos, en ambos casos junto a los futuros residentes. Además las viviendas van cambiando de usuarios cada cinco años y se van adaptando a las nuevas situaciones. Producción privada Producción pública Producción social Vivienda de nueva planta Espacio público y equipamientos Rehabilitación residencial Tabla 29. Combinación de criterios para analizar los campos de aplicación del diseño participativo. Elaboración propia.
Encontramos un caso más cercano y de una escala más modesta, pero no menos significativo de la aplicabilidad de este concepto de vivienda inacabada (antes al contrario), en la experiencia del estudio sevillano La Panadería en el proyecto Casa Más o Menos, una idea cuya primera realización fue un edificio de ocho apartamentos en Alcalá de Guadaíra en el que hacen partícipe al usuario del diseño y la finalización de la vivienda. En el campo del espacio público y los equipamientos, también cabe pensar en la posibilidad de que la iniciativa privada incorpore mecanismos participativos en el diseño comunitario de las zonas comunes en urbanizaciones y conjuntos residenciales equipados. 4.2 En la producción social En el caso de la Producción Social de Vivienda, como ejemplos de promociones de nueva planta podemos referir el campo del cooperativismo de vivienda y fórmulas similares como ámbitos idóneos, por su vocación autogestionaria, para la introducción de criterios de participación tanto en el diseño como en el resto de aspectos de la producción habitacional. Así sucede en general en el caso uruguayo, donde el sistema está consolidado y respaldado legalmente, y los equipos técnicos cuentan con una composición pluridisciplinar que favorece la práctica participativa, ya sea de forma más o menos metódica. También cabe señalar la Producción Social a cargo de entidades sociales, como ONG, fundaciones o instituciones similares. En muchas ocasiones, es en este tipo de organizaciones, a veces asociadas a ámbitos universitarios, donde antes se ha impulsado la innovación de prácticas participativas en el hábitat. Un ejemplo ‘de la casa’ reside en la ONG Arquitectura y Compromiso Social y en particular el Taller de Asesoramiento técnico a los Barrios, que desde 2000 ha prestado asistencia técnica para la elaboración participativa de diagnósticos y propuestas de planeamiento y diseño urbano. Existen también sobradas experiencias de diseño de espacio público, y aun de ejecución, de corte netamente autogestionario, como la experiencia barcelonesa del Forat de la Vergonya, un parque construido por los vecinos en el Casc Antic, como reacción a los proyectos municipales; la exitosa experiencia autogestionaria del sevillano Parque de Miraflores o la más reciente del Huerto del Rey Moro en el casco histórico. Por último, en el campo de la rehabilitación residencial podemos citar la vasta experiencia de los llamados ‘consultorios de arquitectura’ de los Arquitectos de la Comunidad, desarrollada primero en Cuba, luego en Uruguay y más tarde en algunas provincias argentinas (con el antecedente sueco de los años setentaGilmet, 2003). Se trata de una red de equipos de arquitectos que instalan oficinas de barrio donde atienden, como si se tratara de un consultorio médico, casos de reforma de vivienda unifamiliar siguiendo el método Livingston. 4.3 En la producción pública Finalmente, si bien la Promoción Pública de vivienda se encuentra en retroceso desde hace años, entendemos que resultaría un marco idóneo para la puesta en marcha de iniciativas experimentales similares a Next21, 176 177 NEXT21. Osaka. Fuente: http://www.open-building. org/ob/next21.html Casa Más o Menos. Alcalá de Guadaíra. Fuente: http:// www.despachodepan.com Cooperativa Vicman. Montevideo. Foto: Jose Mª López La Bachillera, Sevilla. Fuente: http://periferiesurbanes. org/?p=1710 Reforma de edificio colectivo. Arquitectos de la comunidad, Cuba. Fuente: González y Amaro (2010) Meseta de Orcasitas, Madrid. Fuente: http:// urbancidades.wordpress.com/2011/04/26/orcasitas-useramadrid/ Barrio de Jnane Aztout, Larache. Foto: Elsy Laucho. Barrio del Albaicín, Granada. Foto: Jose Mª López 174] 175] 176] 177] 178] 179] 180] 181] 175 174
257 que contribuyan a abrir nuevos caminos a la producción residencial. Pero en este apartado no podemos dejar de citar una de las experiencias pioneras y de las más importantes operaciones de vivienda del país: se trata de las operaciones de transformación de barriadas y construcción de vivienda social que tuvieron lugar en la periferia madrileña en los primeros años de la democracia, relatada por Tomás Rodríguez-Villasante y otros en ‘Retrato de Chabolista con piso’ (Villasante et al, 1989), que realojaron nada menos que a cuarenta mil familias con un eje importante de participación ciudadana. También existen no pocos ejemplos de participación en el diseño urbano, de los que podemos citar la experiencia de diseño de la Plaza Lesseps en Barcelona, llevada a cabo por la arquitecta Itziar González, o el caso local de la participación vecinal en el diseño de un espacio público central para el barrio de La Bachillera en Sevilla. Experiencias como estas y otras muchas constituyen antecedentes que revelan la viabilidad de sistematizar la participación vecinal en el diseño urbano. Por último, hay que subrayar la Idoneidad de los métodos para su aplicación en las políticas de rehabilitación de viviendas. La viabilidad de la aplicación metodológica a gran escala quedó demostrada, distancia cultural incluida, en la experiencia cubana de los Arquitectos de la Comunidad cuando se convirtió en un programa de gestión estatal. Aquí podemos volver a citar un ejemplo empleado en varios momentos de la investigación, que se inscribe en un programa de iniciativa pública; se trata de la Consolidación y mejora urbana del barrio de Jnane Aztout en Larache, Marruecos, planteado como caso piloto de intervención participativa en el marco del plan nacional de erradicación del hábitat insalubre Villes sans Bidonvilles, que ha sido desarrollado en cooperación con un equipo de las universidades de Sevilla coordinado por Esteban de Manuel y ya está próximo a finalizar. El ejemplo es válido tanto para el diseño urbano como para el diseño de las nuevas viviendas, realizado en ambos casos de forma participada. Y finalmente destacamos los programas de rehabilitación de la política de vivienda andaluza, que cuentan ya con una larga trayectoria a través de los sucesivos planes de vivienda y suelo. Tanto los programas dirigidos a la vivienda individual como a la vivienda colectiva, que llevan años vinculando a los arquitectos andaluces con los destinatarios de las actuaciones protegidas, suponen un ámbito especialmente propicio al desarrollo de metodologías participativas. Dentro de la experiencia profesional propia, destacamos los trabajos realizados para las áreas de rehabilitación de Polígono Sur en Sevilla y Cartuja, La Paz y Almanjáyar en Granada, donde desde el equipo Surco Arquitectura hemos desarrollado y aplicado metodologías para el diseño participativo de las actuaciones de vivienda colectiva a partir de adaptaciones del método Livingston, el de Generación de Opciones y otros aportes metodológicos. Asimismo, desde la asociación Adobe participamos en la revisión del programa de actuación del Área de Rehabilitación del Albaicín, donde tuvimos la ocasión de plantear un taller con los integrantes de la oficina y los participantes en algunas actuaciones de rehabilitación, que dio como resultado una revisión del itinerario de diseño bajo criterios participativos. 178 179 180 181
“el futuro de la arquitectura no es arquitectónico” Jean Nouvel Fotograma de One Week, 1920. Buster Keaton
V. Participación y programas de vivienda
261 1. Breve estado de la cuestión Con una tradición que arranca, como vimos en capítulos anteriores, desde hace más de medio siglo, hoy son muy numerosos en todo el mundo los grupos vinculados al hábitat que incorporan, aplican e innovan metodologías participativas, y esto incluye a estudios profesionales, consultoras, agencias públicas y privadas, organizaciones sociales, grupos de investigación, etc. Aquí no pretendemos, lógicamente, referir a una mayoría representativa de todos ellos, pero sí al menos citar algunos ejemplos significativos, más bien con el propósito de ilustrar cómo la asunción de criterios participativos en el diseño y gestión habitacional, y su incorporación en políticas de vivienda, han experimentado una alentadora expansión en latitudes culturales muy diversas. Señalaremos a algunos referentes que han destacado por sus aportes al diseño participativo, pero, por extensión y debido a las fuertes relaciones entre temáticas y enfoques, también a grupos que trabajan en gestión participativa del hábitat en general, con alguna atención al diseño. En el primer apartado vamos a reseñar profesionales y equipos de investigación que vienen generando prácticas de diseño participativo, es decir, ejemplos desde el lado disciplinar. Y en el siguiente epígrafe haremos un recorrido similar pero con programas de vivienda de base participativa, es decir, citaremos más bien ejemplos desde el lado de las estrategias habitacionales. 1.1 La implantación internacional del enfoque participativo en la disciplina Empezaremos este breve repaso por la región de Latinoamérica, donde recordaremos algunos de los nombres que ya venimos mencionando a lo largo de la investigación, puesto que se trata del territorio que en mayor medida nos ha servido de referencia y soporte teórico. El IIDVi (Resistencia, Argentina) fundado por Víctor Pelli hoy sigue su camino bajo la dirección de Miguel Ángel Barreto, con un potente equipo de docencia-prácticainvestigación dentro del cual hay que señalar a Bela Pelli como principal continuadora de la investigación sobre diseño participativo. También en Argentina, hay que destacar la labor de investigación-acción-innovación de la arquitecta Mariana Enet y sus notables sistematizaciones teóricas al respecto. Aunque resulte redundante es obligado volver a traer el nombre del arquitecto Rodolfo Livngston, recordando que, si bien la mayoría de nombres aquí citados han centrado su actividad en el hábitat de las clases populares, Livingston lo ha hecho en la vivienda de los sectores de clase media. Y antes de salir del país citaremos también la amplia experiencia de Susana Matta, con fuentes metodológicas tanto en el IIDVi como en Livingston. En México nombraremos, por un lado al arquitecto Gustavo Romero, que tanto en la cabeza de la institución FOSOVI (Fomento Solidario de la Vivienda) como en su rol docente e investigador desarrolla desde hace décadas prácticas e investigaciones sobre diseño participativo. Romero coordinó junto al cubano Rosendo Mesías62 la rama de CYTEDHABYTED que se ocupó de las metodologías y tecnologías sociales, la Red 62 Del Programa de Desarrollo Humano Local en el municipio de la Habana Vieja – PDHL-ONU.
XIV.F Tecnologías sociales y producción social del hábitat63. Por otro lado, también en México, volveremos a subrayar el imponente trabajo de los arquitectos Carlos González Lobo y Mª Eugenia Hurtado64. Sus innovaciones recorren todo el arco de escalas de la producción habitacional, desde la territorial hasta la tipológica y constructiva, con la participación popular como vector transversal. Es posible encontrar grupos y profesionales prácticamente en todo el continente con investigaciones y aplicaciones en direcciones concurrentes. Asimismo, en Chile existe también una tradición y un importante conocimiento acumulado en producción de vivienda social. Reunir las palabras Chile y hábitat social nos lleva inmediatamente a nombres propios como el de Ana Sugranyes, hoy vinculada a la Secretaría General de Habitat International Coalition (HIC). Y a nivel institucional el país tiene una de sus referencias en el Instituto de la Vivienda (INVI) de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de Chile, donde han destacado señeros profesionales como Rubén Sepúlveda, y hoy conoce nuevas y pujantes generaciones de investigadores. La arquitecta venezolana Teolinda Bolívar, docente e investigadora de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Central de Venezuela, que fue también integrante de HABYTED e investigó los procesos de consolidación de los barrios caraqueños en términos de progresividad de vivienda y ciudad. Asimismo mencionaremos la dilatada experiencia de la organización Fundasal en El Salvador en gestión participativa vinculada a la mejora del hábitat, que tiene en Edín Martínez a uno de sus principales nombres. Y finalmente, siendo conscientes de que obviamos referentes de peso procedentes de países como Brasil, Colombia, Perú, etc. vamos a finalizar este itinerario en Uruguay, donde mencionaremos, dentro de la Facultad de Arquitectura de la Universidad de la República, el importante papel que viene desempeñando la Unidad Permanente de Vivienda, dirigida en su primera época por Jorge Di Paula y en la actualidad por Raúl Vallés. La UPV es un equipo de referencia en la investigación relativa a la producción pública, social y popular de la vivienda, incluyendo la gestión participativa en el movimiento cooperativo. Si bien el mundo anglosajón del Participatory Design se aleja de la vocación iberoamericanista de nuestra investigación, queremos al menos nombrar algunos de sus referentes. Ya hemos mencionado entre los pioneros de la sistematización metodológica a los estadounidenses Hanno Weber y Michael Pyatock, que desarrollaron el llamado método por generación de opciones. Pero sobre todo resulta obligado mencionar al arquitecto californiano Henry Sanoff, que en los EEUU es considerado una institución en materia de diseño y programación participativos, con cuatro décadas de desarrollos teórico-prácticos y numerosas publicaciones en su haber. Sanoff ha llevado la práctica del diseño participativo más allá de la vivienda hasta el campo de los grandes equipamientos públicos y los edificios terciarios e industriales de cierta escala. Asimismo ha estudiado y recopilado prácticas sobre la programación y la evaluación participativa en Sanoff (2006), citando experiencias e investigaciones de otros equipos como Halprin y 63 También integrada por Mariana Enet, Rosa Oliveras, Lourdes García, Manuel Coipel y Daniela Osorio. 64 Recientemente reconocidos con el premio Vassilis Sgoutas, otorgado por la Unión Internacional de Arquitectos por su contribución a la mejora de las condiciones de habitabilidad de comunidades que se encuentran por debajo del umbral de pobreza.
263 Burns65, Edward White, Guido Francescato o Cooper-Marcus y Sarkissian66. Superando los límites estrictos del diseño participativo y acercándonos al mundo de la planificación, el desarrollo local y los movimientos sociales, también debemos reseñar del ámbito anglosajón la que se ha dado en llamar la corriente del Community Planning , que viene a aglutinar la actividad de numerosos profesionales en torno a la participación ciudadana en la producción del hábitat y cuenta con un arraigo y una trayectoria fuertemente consolidados. Entre sus muchos exponentes podemos citar el importante trabajo de Jim Diers, impulsor desde los años setenta del llamado Neighbor Power en Seattle, donde fomentó la autogestión de comunidades y vecindarios en la planificación urbana barrial. Y con una trayectoria igual de dilatada cabe reseñar al británico Nick Wates, experto en participación ciudadana en el desarrollo, planificación y diseño urbanos, y autor de numerosas publicaciones e investigaciones al respecto. También en el Reino Unido, John Thompson & Partners son una potente consultora de urbanismo y arquitectura que se mueve en el paradigma de sostenibilidad, tocando todas sus claves, social, ambiental y económica, con una importante experiencia en planificación y diseño colaborativos; recientemente han formado parte del proyecto europeo Ecocity. Igualmente podemos citar a la canadiense Leonie Sandercock, adscrita a la School of Community & Regional Planning de la University of British Columbia (UBC) y autora de numerosas publicaciones al respecto. Desde hace unos años está emergiendo con especial interés el caso de Asia, que tiende a ocupar, como es sabido, posiciones cada vez más centrales y dominantes en todos los órdenes del poder mundial: económico, político, cultural, etc. Y en particular el epicentro de este nuevo eje de innovación se sitúa en la costa del Pacífico, con Japón como locomotora. Esta pujanza también alcanza a nuestro objeto de estudio. Valga como indicador el hecho de que uno de los eventos recientes más relevantes al respecto de la participación en la gestión urbana, haya sido el Congreso celebrado en la ciudad china de Taipei en 2005, Citizen Participation in Urban Governance, International Community Planning Forum. Aunque sea de forma testimonial, ya que la experiencia asiática excede nuestro ámbito de referencia, citaremos a la corriente del “Machizukuri”, que viene a constituir la versión japonesa del “community planning”, que encuentra a uno de sus principales exponentes en Yukio Nishimura, de la Universidad de Tokio. Nos acercamos a nuestro contexto y llegamos a la Europa latina. Antes de entrar al caso español, no podemos dejar de citar aunque sea de forma puntual a dos referentes de la vecina Italia. Por un lado la experiencia de casi dos décadas del colectivo multidisciplinar Avventura urbana, que reúne a expertos de la arquitectura, las ciencias sociales, el diseño, la comunicación o la mediación en conflictos reunidos bajo el eslogan “progettazione partecipata per le politiche pubbliche” . Y en segundo lugar, cómo no recordar al padre de toda una corriente internacional que ha puesto en la agenda política el papel de la infancia en el diseño y la planificación urbana: se trata, claro está, del destacado pedagogo Francesco Tonucci, referente del proyecto internacional La Citta dei Bambini e inspirador de numerosas organizaciones e iniciativas similares por todo el mundo. 65 Autores de Halprin y Burns. Taking Part: A Workshop Approach to Collective Creativity . 66 Autores de Housing as if People Mattered .
a la acción pública en materia de vivienda y hábitat sobre las capas más desfavorecidas de la población, puede hablarse ya de la existencia de una generación de programas que procuran conjugar la mejora del hábitat con la inclusión social incluyendo, en una u otra medida, claves participativas. Y esto sucede tanto en los territorios centrales como en los periféricos. En Latinoamérica podemos destacar los programas para la reducción de la pobreza impulsados por el BID. Un ejemplo de ello en el mismo país, el Uruguay, es el Programa de Integración de Asentamientos Irregulares (PIAI, después rebautizado como Programa de Mejoramiento de Barrios), que interviene sobre los barrios precarios de las periferias urbanas. O la Agencia Nacional de Vivienda, que está iniciando líneas de intervención en los allí llamados viejos Conjuntos Habitacionales de promoción pública. Y en la otra orilla del río, en Argentina encontramos la experiencia del Programa de Mejoramiento de Barrios (Promeba, también con fondos BID), que de un modo similar promueve operaciones de mejora urbana en barrios en consolidación. Podríamos citar ejemplos de intervenciones públicas que caminan en esta dirección casi en cualquier país latinoamericano y europeo, salvando las distancias de unas y otras situaciones. Sitúen el acento más del lado de la intervención física o más del lado de la intervención social, aparecen nombres como el conocido Favela Barrio, el programa Chile Barrio, el colombiano Obras con Saldo Pedagógico, después renombrado Obras con Participación Ciudadana, u otros muchos. Y sin ir más lejos, en Andalucía, tal como veremos más adelante, también han ido tomando forma políticas de intervención sobre las barriadas degradadas que responden a esta vocación de incluir criterios de gestión participativa e integrada. Conviene recordar que con esta reflexión lo que aquí se pretende no es más que dar cuenta de una tendencia, y no entrar a valorar las muy distintas maneras de entenderla y ponerla en práctica, marcada en cada caso por la noción instalada en cada institución de estos conceptos de participación e integralidad, escurridizos y complejos de materializar, pero también sujetos a diversas orientaciones ideológicas. Pero las políticas de intervención en zonas vulnerables están aportando claves para la gestión de la ciudad en general, de la que forman parte, y hoy está sobre la mesa el debate y la valoración de sus aciertos, carencias y potencialidades. Muestra de ello son los trabajos y grupos de investigación que se están ocupando del tema en varias universidades, como por
271 ejemplo la evaluación dirigida por Agustín Hernández Aja sobre programas españoles de rehabilitación de barriadas en los últimos veinte años, que viene a constituir nuestra primera generación de políticas de rehabilitación. O la controversia que marca el debate europeo sobre la intervención en las barriadas degradadas, en lo relativo a la introducción de nuevas viviendas, entre la prioridad a la mezcla social y la prioridad a atender a los grupos más necesitados (CZISCHKE, 2009). En cualquier caso, volviendo a la gestión participativa e interdisciplinar como paradigma ‘en construcción’, estamos ya manejando programas intersectoriales en los que el papel del arquitecto se ubica ya en una posición distinta a su rol tradicional y el diseño aparece reposicionado en un contexto de gestión participativa transversal dirigida a la resolución de una problemática de inserción social más amplia que la habitacional. La configuración de este paradigma emergente ha sido propiciada sin duda por la constatación de que la suma de acciones sectoriales no resulta eficaz. Y por otro lado estos principios de intervención también se vienen difundiendo desde instancias internacionales desde los años noventa (desde redes como HIC, agencias de Naciones Unidas, instituciones como el Banco Mundial o el BID, o desde altavoces como las sucesivas cumbres sobre el hábitat, las ciudades, la sostenibilidad, los foros urbanos mundiales, etc.) y a través de las políticas de desarrollo que los han ido introduciendo como exigencia en la formulación de proyectos. Seguramente no es aventurado afirmar que, al respecto de la gestión habitacional de nuestras ciudades, hoy nos encontremos en un momento de transición, especialmente en Europa. El cambio de ciclo impuesto por la situación económica y social que atraviesa el continente nos presenta un futuro en que la intervención en las perifierias urbanas, y en las ciudades en general, no podrá ya estar impulsada en exclusiva por una inversión pública que hasta hace poco parecía un respaldo inagotable. El escenario de transición no ya a otras políticas sino a otros modelos de sociedad postenergía fósil está en el horizonte. Y de cara a las próximas décadas, en que los principios de participación e integralidad deben terminar de acoplarse y cristalizar en un paradigma holístico de sostenibilidad actualmente incipiente, resultará clave el aprendizaje de las experiencias de los últimos veinte años, un proceso de asimilación que hoy se mantiene abierto.
273 2. Gestión participativa y rehabilitación en la política habitacional andaluza 2.1 La experiencia acumulada en rehabilitación como recurso político En virtud del Estatuto de Autonomía, las competencias en materia de vivienda son asignadas a la Consejería de Obras Públicas y Transportes en 198471. Las estrategias que se empiezan a desarrollar en esos años sentarán las bases para la aprobación72, en 1992, del Plan Andaluz de Vivienda 1992-1995. Este será el primero de los sucesivos planes de que se dotará nuestra comunidad como principal instrumento para abordar globalmente la problemática de la vivienda en Andalucía. Por Resolución de la Consejería de Obras Públicas y Transportes de 19 de diciembre de 1995 se encomienda a la Empresa Pública de Suelo de Andalucía (EPSA), la gestión de los Programas de Rehabilitación y Mejora de Áreas Urbanas y se aprueba el documento en el que se establecen las bases para la definición, financiación y ejecución de las actuaciones de gestión delegada que se vayan incorporando a estos programas. Es en estos años cuando hay que situar los hitos fundacionales de la política andaluza de rehabilitación. En aquel momento ya hacía años que la promoción pública venía dejando espacio al mercado como principal agente productor de vivienda, asumiendo un papel de regulación y creación de condiciones para el crecimiento del sector productivo ligado a la construcción. Y en todo caso la acción pública dirigía sus actuaciones protegibles a quienes no podían acceder a la vivienda en condiciones de mercado, incluyendo desde el principio capítulos destinados a la rehabilitación. Lamentablemente después conoceríamos la deriva de estos últimos años, en que la sociedad y el territorio han sufrido la hipertrofia de una actividad inmobiliaria parasitada por los agentes de la especulación financiera más salvaje. Esta última época ha situado los números españoles en la cola de Europa en cuanto a la inversión en rehabilitación y en general en cuanto a la efectividad de las políticas sociales de vivienda para equilibrar el 71 Decreto 39/1984, de 29 de febrero 72 Aprobado por Acuerdo del Consejo de Gobierno de 3 de marzo de 1992.
mercado. Hemos tardado en reaccionar. Ha tenido que estallar la burbuja para que el grueso de la clase política, el sector privado y la profesión pongan el foco sobre eventos como el celebrado en 2010 en Barcelona bajo el título Congreso Internacional “Rehabilitación y sostenibilidad: el futuro es posible”73: una alusión al futuro que, ya en plena crisis, resuena más a búsqueda de alternativas de crecimiento económico que a cambio de rumbo social y político para reformular nuestra relación con la biosfera. No obstante, si bien la construcción de viviendas de nueva planta de promoción privada ha ocupado la mayor parte de la actividad en detrimento de la acción pública y de la promoción social, debemos apuntar que, dentro de las actuaciones de la política andaluza, la rehabilitación ha ido consolidando y ampliando su lugar. A este respecto podemos reflejar el dato de que, dentro del último Plan Concertado de Vivienda y Suelo 2008-2012, que establece cuatro grandes apartados: venta, alquiler, rehabilitación y programas de suelo, el de rehabilitación concentra más del 40% del presupuesto total del Plan. Pero más allá de los números y los montos de inversión, el hecho es que, dentro de la herencia recibida de los últimos lustros, junto a las consecuencias más negativas también existe una experiencia acumulada por la sociedad y la política andaluza en materia de rehabilitación residencial que constituye un importante capital de conocimiento y está llamada a constituir un poderoso recurso. Veremos cómo las potentes herramientas que son los distintos programas de rehabilitación han servido de instrumental para intervenciones de vocación integral en ámbitos urbanos degradados. Y de cara al futuro esa experiencia y esos instrumentos pueden ser reformulados y reorientados hacia la intervención en la ciudad existente como nuevo paradigma urbanístico. 2.2 La rehabilitación de ámbitos urbanos Con los antecedentes de los años 80 y 90, como los casos de La Chanca (Almería) o Molino Nuevo (Almanjáyar, Granada), en la década del 2000 cristaliza la política andaluza de rehabilitación de barriadas. El III Plan de Vivienda y Suelo 2003-200774 distingue, dentro de las actuaciones protegidas en materia de vivienda, entre las Áreas de Rehabilitación Concertada, (ARC) orientadas a la revitalización de centros históricos, y la Rehabilitación Integral de Barriadas (RIB) que actúa sobre Polígonos de vivienda social en proceso de exclusión. Ambas figuras se definían como sigue en dicho plan de vivienda: Sección 1ª Áreas de rehabilitación concertada Artículo 83. Concepto Las Áreas de Rehabilitación Concertada se definen como un instrumento global de intervención en ámbitos urbanos caracterizados por su valor patri73 En http://www.infoambiental.es el 20.04.2010 74 ORDEN de 27 de junio de 2007, por la que se publica el texto integrado del Decreto 149/2003, de 10 de junio, por el que se aprueba el Plan Andaluz de Vivienda y Suelo 2003-2007, y se regulan las actuaciones contempladas en el mismo, con las modificaciones introducidas por el Decreto 463/2004, de 27 de julio, el Decreto 180/2005, de 26 de julio y el Decreto 81/2007, de 20 de marzo.
275 monial con intenciones de integración, coordinación y fomento de los distintos instrumentos que los agentes públicos y privados pueden desarrollar en esos ámbitos. Sus objetivos son mejorar las condiciones de alojamiento, la recuperación del patrimonio con especial atención a las viviendas desocupadas, eliminación de barreras arquitectónicas y otros aspectos de carácter urbanístico o social vinculados a la concepción del habitar. (…) Sección 2ª Rehabilitación integral de barriadas Artículo 88. Concepto La Rehabilitación Integral de Barriadas es el instrumento global de intervención sobre ámbitos urbanos constituidos por conjuntos residenciales centrales y periféricos en proceso de degradación, afectados por graves problemas habitacionales y de integración social, con los objetivos de mejorar las condiciones de alojamiento y otros aspectos de carácter urbanístico y social. Los cuadros de problemas que se abordan en uno y otro caso son en general diferentes, aunque tengan algunas zonas en común. Pero en líneas generales el objetivo central de mejora del hábitat y la metodología de gestión de los procesos de rehabilitación guardan semejanzas suficientes en uno y otro tipo de ámbitos como para que el siguiente Plan de Vivienda (2008-2012)75 decidiera refundir ambas figuras, tal como especifica su Artículo 93: Artículo 93. Concepto y características. 1. Las Áreas de Rehabilitación de Barrios y Centros Históricos, en adelante Áreas de Rehabilitación, constituyen un instrumento global para la rehabilitación integral de ámbitos urbanos, centrales o periféricos, afectados por problemas habitacionales, con el objetivo de mejorar las condiciones de alojamiento de la población y otros aspectos de carácter urbanístico, social y económico, mediante la integración, la coordinación y el fomento de las distintas actuaciones que los agentes públicos y privados puedan desarrollar en dichos ámbitos urbanos. Así pues, todas las Áreas de Rehabilitación proceden, en su implantación y orientación, bajo unos mínimos comunes cuyos dos hitos principales residen en la implantación de una Oficina de Rehabilitación en el ámbito y en la concepción de una estrategia propia de intervención adaptada al barrio, plasmada en un Programa de Actuación. El primero de ellos, la implantación de una Oficina de rehabilitación, responde al principio de subsidiariedad de tratar de resolver los problemas en la instancia más cercana posible a su foco. Este factor de proximidad, que se revela fundamental de cara a acercar la gestión a la ciudadanía, constituye a nuestro entender uno de los aciertos de la política de rehabilitación. El segundo factor a destacar es la composición multidisciplinar del equipo instalado en la oficina, que apunta a una vocación de integralidad en el diseño político del programa. Dicha composición incluye un área 75 ORDEN de 7 de julio de 2009, por la que se publica el texto integrado del Plan Concertado de Vivienda y Suelo 2008-2012, aprobado por el Decreto 395/2008, de 24 de junio, con las modificaciones introducidas por el Decreto 266/2009, de 9 de junio.
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