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Escudero, Fabié y Peñaranda: tres académicos del XIX

Toral Peñaranda, Enrique

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ESCUDERO, FABIÉ Y PEÑARANDA, TRES ACADÉMICOS DEL XIX Por ENRIQUE TORAL PEÑARANDA Consejero fundador del IEG Señor Director, señores académicos de esta Real Academia de Bellas Letras de Sevilla. Gracias por haberme acogido en su seno a mi, próximo a cumplir noventa años y después de cerca de setenta de investigador de nuestro medievo, a comparecer aquí a hablaros de cosas y personas del siglo diecinueve, en el que tanto relieve alcanzó esta Real Academia. Y permitirme que antes os cite al noble señor don Alonso Femández de Peñaranda Pizarra Silva y Baena, natural de Sevilla y Colegial del Santa María de Jesús, que perteneciera en su juventud a la Academia particular de Letras Humanas y luego lo fue de ésta como académico de número, no sin deciros que en el magno Diccionario de don Mario Méndez Bejarano se le hace abuelo paterno de mi abuelo Carlos Peñaranda, confundiéndole con su sobrino carnal, del mismo nombre, natural de Fuentes, que casó allí en 1800 con su parienta doña Josefa, previa dispensa de cuatro impedimentos de consanguinidad, y que fuera el primer Peñaranda que fue Maestrante de Sevilla. Y quisiera resaltar que en aquella Sevilla de grandes convulsiones fue don Alonso persona ejemplar que vivió muchos años en la sede de su Colegio y tributó su homenaje a la amistad, siendo siempre amigo de su compañero don José María Blanco White y de don Alberto Lista, ambos exiliados en Inglaterra y en Francia, donde don Alberto fuera cura párroco varios años de una iglesia rural. 96 ENRIQUE TORAL PEÑARANDA Y en ese amor por esas dos grandes figuras de la lírica hispana, le acompañaron siempre los Escuderos, que fueron muchos años relatores de la Real Audiencia sevillana sin perjuicio de ser asimismo abogados de los Reales Consejos. Y con esto vamos a mencionar y estudiar con papeles inéditos de mi archivo algo de los tres primos Escuderos, que se profes aron singular afecto, y fueron don Francisco Escudero y Perosso, don Antonio María Fabié y Escudero y don Carlos Peñaranda y Escudero; los primeros mayores en años que el tercero, mi abuelo materno, y Jos tres fueron académicos de esta noble corporación, los primeros como Académicos preeminentes y mi abuelo como Correspondiente, por vivir entonces con altos cargos en las Islas Filipinas como funcionario de Hacienda. Y a Jos tres les unía un singular cariño. Y diremos que en el campo filosófico, mientras en Madrid se seguía a un mediocre filósofo alemán, Krauser, Sevilla brilló mucho más alto, pues allí se fundó y se mantuvo como ideólogo, nada menos que al gran filósofo Hegel. Y en cuanto a su parentesco por el linaje de los Escuderos diremos que los tres eran primos segundos, y además Fabié y Peñaranda eran primos hermanos. Hablaremos del primero. Don Francisco Escudero y Perosso pasó los primeros años de su niñez en la casa de su mentor, gran latinista, llegando a dominar el latín clásico con gran soltura. En Madrid culminó sus estudios con el doctorado en Jurisprudencia, siendo particular amigo del egregio escritor don Juan Eugenio Hartzembuch, que le tenía casi por hijo. Junto con él fue fundador del Cuerpo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos, desempeñando algunos años la dirección de la Biblioteca de la Universidad de Valencia, que fuera su segunda patria, y donde encontró el amor con una joven y sobresaliente actriz, Matil de Bagá, con la que contrajo matrimonio, y que falleció en el parto del que pudo ser su hijo y no llegó a nacer. Y en Valencia vivió Curro, el inolvidable Curro, de 1860 al 8 de septiembre de 1862. Y en recuerdo de su amada mujer Matilde escribió: ESCUDERO. FABIÉ Y PEÑARANDA, TRES ACADÉMICOS DEL XIX 97 TU (a M) Mi mundo eres tu, hija mía; en tu dulce amor cautivo, por ti satisfecho vivo, por ti alegre moriría. Tu eres el sol de mi vida, y de mi noche la estrella: reflejo de tu alma bella, si pienso, si hablo, si miro , si sonrío, si suspiro, dice mi pecho, "es por ella". Veo tu di vi na mirada del cielo en los resplandores; el perfume de las flores es tu boca embalsamada; tu voz oigo en la enramada cuando canta el ruiseñor; de las hojas al rumor oigo tu paso querido ... y resuenan en mi oído ecos sublimes de amor. Cuando en la noche serena doblo mi frente abrasada, sobre mi triste almohada confidente de mi pena, suave luz mi estancia llena un ángel hacia mi avanza ... "descansa, dice, descansa: Duerme en pa z, confía en Dio s. Soy el alma de los dos y te traigo la esperanza ... " Regresado a Sevilla, profesó un republicanismo muy mo - derado, pronunciando muchos discursos en la educación del pueblo, perdiendo la partida entre los excesos de otros más exalta- 98 ENRIQUE TORAL PEÑARANDA dos, mereciendo, según Mario Méndez Bejarano ser llamado el Castelar sevillano. En 1874 para aliviar su dolencia urinaria se trasladó a Madrid para que lo operara el gran cirujano de la época, doctor don Federico Rubio. Veamos como escribe el resultado a su primo Carlos: "Madri d, 17 de junio de 187 4 Mi querido Carlos: recibí la tuya del 10 y no quiero tardar más en contestarla. Como comprenderás a mi pobre madre no puedo decirle toda la verdad. Te la diré a ti bajo la fe de tu prudencia y sigilo, que sólo romperás cuando sepas que está decidida mi vuelta a Sevilla, cosa que aún no está resuelta. La parte quirúrgica ha sido, está siendo admirable por parte de Federico; pero el estado general, para cuya curación se ha llegado algo tarde, es de cada vez peor. Mi falta de apetito y de respiración y mi debilidad es cada día mayor amenazando con postrarme del todo. Y como sufrir una larga enfermedad, de la cual, no diré que probable, pero si que posible pudiera temerse un fin funesto, es para mi una idea espantosa fuera del lado de mi madre, pienso muy seriamente si sigo así dos o tre s días más, volver a Sevilla para siempre, bajo la dirección de Federico y con los médicos de esa que me designase. Nada digas pues, hasta saber en mi casa misma que voy a volver; entonces dirás que yo te había indicado esta resolución por lo mal que Madrid me sentaba y nada más ... Memorias a tu madre y hermana y dispones de tu primo y amigo Curro". Y a poco de su retorno a Sevilla, falleció el día 25 de ese mismo mes y año. En la esquela oficial se dice: "R I P A El Ilustrísimo señor I D. Francisco Escudero y Perosso, / Jefe Superior de Adminstración y del Cuerpo de Biblio / tecarios, Archiveros y Anticuarios, Auditor Honorario/ de Marina, Doctor en Jurisprudencia, Licenciado en Fi / losofía y Letra s, Catedrático de Historia de la Filoso- ESCUDERO, FABIÉ Y PEÑARANDA, TRES ACADÉMICOS DEL XIX 99 fía, / correspondiente de las Academias de la Historia y de / San Femando, Preeminente de la Sevillana de Buenas / Letras, individuo de la de Bellas Artes y Caballero /de la Orden de Juan de Jerusalen. El limo . Sr. Rector de esta Universidad Lite / raria, los Directores de las Academias Sevillanas de Bellas Letras y de Bellas Artes, su desolada madre , / he rmano s, tío s, primos y sobrinos. Director espiritual J y amigos, ruegan a V. encarecidamente que se sirva unir sus plegarias a las de la Iglesia en la esequias I que han de celebrarse en la Parroquia de San Miguel / el viernes 26 a las diez de la mañana y acompañar I después su cadáver al Cementerio de San Fernando. El cielo premiará estos piadosos oficios, motivo de / eterna gratitud para sus deudos y amigos. Vivía, Trajano num. 15. Junio de 1874. El Porvenir". Tenía 56 años. Había nacido el 5 de febrero de 1828. Su primo Carlos resumió su vid a: "Tu saber fue cierto, tu genio innegable, ejemplares tus virtudes de ciudadano, y estas altas cualidades (además de ser un hombre bueno) sustentarán con firmeza tu ilustre nombre y tu memoria honrada". Pero la obra por la que Escudero pasó a la posteridad fue su Tipografía Sevillana, que fue una de las que en tiempos en que regía la Biblioteca Nacional Juan Eugenio Hartzenbusch fue premiada en concurso, pero que cuando en 1874 falleció su autor estaba en forma de fichas en su me sa de la Biblioteca Colombina, según comunicó don Antonio María Fabié a su primo Carlos Peñaranda, urgiéndole para que tratase de recogerla y guardarla para su publicación, con la biog ra fía de su autor, que él suscribiría. Unos fragmentos de cartas nos desvelan la honda contrariedad que surgió por diferentes motivos en cuanto a la existencia material de la obra. Al encomendar Fabié a su primo Carlos que probara averiguar qué había pasado con el original en fichas en dos cajas que tenía Curro en su despacho de la Biblioteca Colombina, una pri- 100 ENRIQUE TORAL PEÑARANDA mera noticia dentro de su sincretismo daba cuenta de que alguien había intentado sustraerle de la Biblioteca, lo que motivó este comentario de Fabié en carta del 17 de julio: "Lo que me dices de la Bibliografía Hispalene me indigna, pero no sorprende pues conozco por desgracia a ciertas gentes, procura pues depurar si se ha hecho o no sustracción de la obra , lo cual pudiera verse por los índices, si por ventura los tiene ... " Y aclarado felizmente este suceso, surgió ahora un impedimento mayor consistente en que doña Luisa Perosso alegó que ella, como heredera de su hijo, era la dueña de la obra. Comunicada esta situación por Carlos a Fabié, és te contestó que había manifestado a Hartzenbusch lo que le decía y que se le reclamaran de oficio a su madre, que estaba en grave error, pues que al satisfacer la Biblioteca Nacional el premio a su autor, la Biblioteca adquirió la propiedad de la obra, y su derecho consistía sólo en pedir su publicación. Y por fin doña Luisa reconoció su error y las cajas con las fichas fueron enviadas a Madrid a Fabié, para que lo entregara todo, y veamos lo que dijo Fabié en carta en el sentido de que él se encargaría de la publicación y de redactar la vida de su autor, pero que en cuanto a los discursos de CmTo, que también se la habían remitido, que "lo mejor sería para la tranquilidad de todos que se publicara la Tipografía Hispalense, y en cuanto a los discursos que él no puede publicarlos, porque a pesar de sus bellezas literarias y de su amor al inolvidable Curro, como no está conforme con su doctrina los tiene a disposición de su familia", lo que no tuvo lugar, y vinieron a mis manos a la defunción de mi tía Rosario Fabié, y debidamente encuadernados figuran en mi Archivo y Biblioteca. Complementando esta reseña con su retrato fotográfico, reproducido del original que figura en sus Ensayos poéticos. Y para terminar felizmente con la glorificación de don Francisco Escudero y Perosso, al fin y por las gestiones de su primo Fabié se publicó esta excelente obra: TIPOGRAFÍA HISPALENSE. Anales bibliográficos de la Ciudad de Sevilla desde el establecimiento de la imprenta hasta fines del siglo XVIII/. Tip. Sucesores de Rivadeneyra. Madrid. 1894. con un prefacio de don Antonio María Fabié y Escudero, pp. V-XIX. ESCUDERO, FABIÉ Y PEÑARANDA, TRES ACADÉMICOS DEL XIX 101 Don Antonio María Fabié y Escudero Por ser de sobra conocida su vida y su trayectoria vital me voy a limitar a un aspecto íntimo de su vida, dejando a un lado su pertenencia como socio Preeminente de esta Real Academia; el ser Académico de Número de las Reales Academias de la Historia y de la Lengua, Ministro de Ultramar, Presidente del Consejo de Estado ... Nos referimos a un libro suyo rarísimo, editado en edición no venal en Sevilla. Se titula: Biografía del Sr. D. Antonio María Fabié y Gálvez. Sevilla. Imprenta y Librería, Calle de las Sierpes. Número 35, antigua 73, Moderno. 1871. No se vende. Tirada de cien ejemplares. Ejemplar número 9, dedicado a don Carlos Peñaranda y Escudero. Empieza así: "Bastarían a explicar mi resolución de escribir la vida del que me dio el ser los deberes de la piedad filiar, que, por razones especiales y que se comprenderán leyendo lo que diré más adelante, van unidos mi corazón y mi espíritu a un efecto de amor profundísimo, mucho más profundo del que siendo grande de ordinario, suele unir a los hijos con sus padres". Nacido en Ayamonte en 1797, hijo de un médico fallecido de fiebre amarilla en 1804. Volvió a Sevilla con su madre y tres hermanos. A pesar de su juventud participó en la repulsa a los franceses, ocultando papeles confidenciales contra las autoridades, y concluida la instrucción primaria pasó a estudiar humanidades al Colegio de Santo Tomás, siendo alumno del gran latinista Padre Sotelo. Apenas cumplidos 17 años entró como ayudante farmacéutico en el ejército del Conde de Labisbal, cargo muy peligroso por la epidemia de ti - fus. Y en 1816 , establecido ya en esta ciudad el Colegio para la enseñanza de la farmacia, siguió todos los cursos hasta la reválida, y por falta de medios no pudo graduarse de doctor, abriendo su oficina de farmacia en Triana, donde trabajó cerca de 50 años. Perteneciente al partido liberal, fue alcalde 5º Constitucional en 1821, y trabajó con gran riesgo de su vida cuando en ese mismo año se desató el terrible azote de la peste, tomando todas las medidas para el aislamiento de las calles afectadas, y al triunfo de la causa de Femando VII el 17 de junio de 1823, se quedó 102 ENRIQUE TORAL PEÑARANDA solo con algunos criados en defensa de su casa y al lustre de su profesión, siendo muchos años presidente del Colegio farmacéutico, y sufriendo la segunda invasión del cólera en 1854. Entre los títulos y distinciones que obtuvo en su vida ejemplar fue uno el haber ingresado como Académico en esta Real Academia, disertando el 8 de febrero de 1828 sobre el aire atmosférico. En Sevilla fue un ·a lumno ejemplar, mereciendo en 27 de junio de 1846 que, como alumno de cuarto año de Filosofía, se le entregara como premio un ejemplar encuadernado con grecas doradas con esta inscripción: "Oraisons Funebres de Bosuett", donado por el Sr. D. Joaquín Pérez Seoane, Rector de la Universidad Literaria de Sevilla, en premio del sobresaliente mérito de D. Antonio Mª Fabié, alumno de 4º año de Filosofía. Firmado por Don Alberto Lista y por Antonio Martín Villa, Secretario". Y a los catorce años pasa a residir a Madrid, para asistir a los cursos de Ciencias Naturales y Farmacia, llegando a se r Doctor en la primera y Licenciado en la segunda. En Madrid contrajo estrechísima amistad con varios de los escritores más románticos y uno de ellos, el después artífice de la Restauración de Alfonso XII, don Antonio Cánovas del Castillo, le convenció para que estudiara una terce ra carrera, la de Derecho, que cursó en Sevilla, licenciándose en 1857, logrando convencer a su señor padre de que no tenía vocación de continuar con la farmacia paterna de la calle de San Jacinto de Triana. Y en no menos breve síntesis, añadiré que de entre todos los libros que escribió de índole filosófica, es el más destacado a mi entender el del Examen del Materialismo Moderno, en el que sin renunciar a su pasión moderada por el gran filosofo alemán Hegel, se declaró católico dentro de la ortodoxia acendrada. Y en la vida familiar contrajo segundas nupcias en 1828 con doña Amparo Escudero y de la Vega, de la que nacieron cinco hijos, siendo el mayor Antonio María, nacido el 26 de octubre de 1829 en Triana, muriendo su esposa el 7 de marzo de 1836. Y finalmente diremos que de 1857 a 1861, en que volvió a ser Alcalde, se opuso sin éxito a que se derribasen las antiguas murallas y puertas que había desde la Real ha sta la Macarena. ESCUDERO, PABIÉ Y PEÑARANDA, TRES ACADÉMICOS DEL X IX 103 Dios puso fin a la vida de este excelente patriota y científico el 29 de junio de 1871. Historia de unos sonetos de amor. La s relaciones amorosas de Mercedes de Ve lilla con Carlos Peñaranda De los tres Escuderos de que venimos hablando, Carlos era el menor. Había nacido en el piso alto de la casa número 6 de la calle del Naranjo el día 7 de abril de 1848. Era hijo de don José María Femández de Peñaranda y Femández de Peñaranda, natural de Fuentes de Andalucía, y de doña Juana Escudero y de Vega, hija de don Francisco Escudero y Gutiérrez y de doña Ana de Vega y Azparren, todos pertenecientes al Estado Noble. Fue su madrina su tía doña Luisa Valderrama, marquesa viuda de Ca sa Saavedra. Era dieciséis años menor que Fabié y 25 menor que Curro Escudero. De niño estudió Carlos en el Colegio de San Femando de Sevilla, y era colega de Luis Montoto. Ambos tenían como profesor entonces de gimnasia a Narciso Campillo, el má s leal amigo de Gustavo Adolfo Becquer y corrector póstumo de sus inmortales rimas. Carlos era, como casi todos los Escudero s, rubio con los ojos azules y era un extremado guitarrista, no só lo en el flamenco, sino también de varios arreglos de música de cámara para guitarra, y sobre todo se sentía poeta y aspiraba a la gloria de se rlo. Mercedes de Velilla vivía con sus padre s y hermanos en la Calle de lo s Manteros, punto de reunión de los jóvenes que amaban las letras y la s cultivaban en Sevilla; todo s los cuales rendían parias a la soberana inspiración del autor de Witiza y La luz del rayo. "Acudíamos allí -nos dice Luis Montoto en 1918-diariame nt e, Rafael Álvarez Sánchez-Surga, fe licí simo traduct or de los poetas alemanes, muerto cuando prometía muchos y sabrosos fruto s, porque era de talento muy claro e infati ga ble en el estudio; Felipe Pérez y González, de sutil in ge nio y abundante vena cómica, que andaba a vueltas con la publicación de su Libro Malo, anuncio de otros que sazonarían la experiencia y el buen gusto; Cano y Cueto, el enamorado de la tradición y la leyenda, de portentosa facundia, autor de cue ntos fantásticos en que hallan como germen las aptitudes que se desbordaron en las páginas de las Leyendas y tradiciones sevillanas. Mario Méndez, de palabra de oro, hondo pensar y sentir profundo; Carlos Peñaranda, el apasio- 110 ENRIQUE TORAL PEÑARANDA Mirar lo invisible, tocar lo incorpóreo, asir en el cielo sonidos y voz; gozar padeciendo, vivir esperando ... ¡Mirad el amor! Aromas que suben y unidos se besan, acordes extraños en fácil unión recuerdos y dudas, placeres y llanto ¡Mirad el amor! Do s frentes dormidas por un mismo sueño, do s almas que inunda la misma ilusión dos partes de un todo divino y sin nombre ¡Mirad el amor! Y como colofón, y cuando ya esta ba muy enfermo, este soneto dedicado a su queridísimo amigo don Luis Montoto, en que espléndido canta a su Sevilla: ¡Campos de mi adorada Andalucía; sol, que mis venas en tu ardor templaste; maravilloso cielo, que poblaste de sueños y de luz mi fantasía! ¡Templo grandioso de la patria mía, que, a tu imagen, mi espíritu formaste; ciudad de flores que ante mí alfombraste; sendas de gloria cuando Dios quería! ¡Betis! ¡Sevilla!. .. Al hijo desterrado compadeced, que está por males fieros, por injusticias tantas ultrajado. ¡que hoy no tiene, en sus días postrimeros, doliente, empobrecido y olvidado, ni la esperanza de volver a veros. Está escrito en el mismo año de su muerte, el 19 de noviembre de 1908, y alude en su último terceto de cómo, después de la pérdida de las últimas posesiones españolas de América y de Oriente, los altos funcionarios de Ultramar lograron que se respetaran sus categorías administrativas y tuvieron que aceptar cargos en comisión de inferior categoría y sueldos, y a él, que era Jefe Superior de Administración Civil le degradaron a Jefe de Administración de cuarta categoría.