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Pre-requisitos ontogenéticos para la emergencia de relaciones simétricas

García García, Andrés; Benjumea Rodríguez, Santiago

Abstract

Al trabajar con humanos usando discriminaciones condicionales se obtiene sistemáticamente la formación de clases de equivalencia. Sin embargo, no existen demostraciones inequí- vocas del desarrollo de este tipo de relaciones en sujetos no-humanos. Podemos considerar esta distinción como cualitativa (filogenética) o cuantitativa (ontogenética). Si asumimos esta segunda opción tendremos que demostrar la existencia de algún aprendizaje previo que nos brindaría la comunidad humana y que actuaría como pre-requisito para la aparición posterior de relaciones de control discriminativo no directamente entrenadas. En el presente trabajo se examinan la teoría de los ejemplares, la formación de clases funcionales y la discriminación de la propia conducta como hipótesis explicativas.. Presentamos también datos preliminares que apoyan a esta tercera propuesta.

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International Journal of Psychology and Psychological Therapy 2001, Vol. 1, Nº 1, pp. 11Este trabajo fue financiado por el proyecto de la DGICYT PB 94-1456, cuyo investigador principal fue el segundo autor, y la beca de FPI AP95 31674420 del primer autor. La correspondencia sobre el presente artículo puede dirigirse a: Andres García García. Departamento de Psicología Básica I. UNED. Ciudad Universitaria. 28040. MADRID Pre-Requisitos Ontogenéticos para la Emergencia de Relaciones Simétricas1 ABSTRACT When working with humans using conditional discriminations the formation of equivalence classes is obtained systematically. Nevertheless, the existence of this type of relations in nonhuman subjects still has not been demonstrated of unequivocal form. We can consider these differences between humans and animals of qualitative (phylogenesis) or quantitative (ontogenesis) nature. If we assumed the quantitative option we will have to demonstrate the existence of some previous learning that the human community would offer us and that would act like the pre-requisite for the later emergence of discriminative control relations not directly trained. In the present work the exemplars theory , the formation of functional classes and the discrimination of the one´s own behavior are examined as explanatory hypotheses. Finally, we also presented preliminary data that support the one´s own behavior proposal. Key words: Conditional discrimination, equivalence classes, symmetry, bidirectionality, exemplars theory, discrimination of the one´s own behavior, animals, humans. RESUMEN Al trabajar con humanos usando discriminaciones condicionales se obtiene sistemáticamente la formación de clases de equivalencia. Sin embargo, no existen demostraciones inequívocas del desarrollo de este tipo de relaciones en sujetos no-humanos. Podemos considerar esta distinción como cualitativa (filogenética) o cuantitativa (ontogenética). Si asumimos esta segunda opción tendremos que demostrar la existencia de algún aprendizaje previo que nos brindaría la comunidad humana y que actuaría como pre-requisito para la aparición posterior de relaciones de control discriminativo no directamente entrenadas. En el presente trabajo se examinan la teoría de los ejemplares, la formación de clases funcionales y la discriminación de la propia conducta como hipótesis explicativas.. Presentamos también datos preliminares que apoyan a esta tercera propuesta. Palabras-clave: Simetría, bidireccionalidad, discriminación condicional, ejemplares, discriminación de la propia conducta, animales. Andrés García y Santiago Benjumea. Universidad Nacional de Educación a Distancia y Universidad de Sevilla. 116 © Rev. Int. Psicol. Ter. Psicol./Intern. Jour. Psych. Psychol. Ther. A. GARCÍA y S. BENJUMEA Las propiedades definitorias de las clases de equivalencia (Sidman, 1971) son las que rigen la lógica matemática de los conjuntos: reflexividad, simetría y transitividad. La reflexividad se define como la intercambiabilidad de un elemento consigo mismo (A=A). La simetría consiste en la inversión de la relación muestra=estímulo de comparación (Si A=1, entonces 1=A). Por último, la transitividad es la transferencia entre dos discriminaciones condicionales mediada por algún elemento compartido (Si A=1 y 1=|, entonces A=|). Numerosas investigaciones (p.e. Lazar, 1977; Sidman y Wilson-Morris, 1974; Sidman, 1977; Sidman y Cresson, 1973; Spradlin, Cotter y Baxleyl, 1973) fueron necesarias antes de llegar a una formulación rigurosa y sistemática de las relaciones emergentes siguiendo la ya mencionada lógica matemática de los conjuntos (Scandura, 1971; Polis y Beard, 1973; Constantine, 1981; Sidman y Tailby, 1982; pero ver Saunders y Green, 1992 para una argumentación contraria a la semejanza entre equivalencia conductual y equivalencia matemática). Veamos detalladamente un ejemplo de clase de equivalencia , prestando especial atención a las relaciones que son entrenadas explícitamente y a aquéllas que son emergentes. Tomemos como ejemplo el caso en el que entrenamos a un niño para elegir «1» en presencia de «A» y para elegir «|» en presencia de «1» (ver Figura 1). Así, las relaciones entrenadas en este caso serían: Si «A», entonces «1» y si «1», entonces «|». En este caso, tendríamos una muestra de la emergencia de la relación reflexiva (Figura 2, parte superior izquierda) si, sin entrenamiento previo, el sujeto selecciona, estando presente «A» como muestra, el estímulo de comparación «A» en lugar del otro estímulo de comparación «2». Utilizando ahora, por vez primera para este sujeto, la línea vertical (|) como muestra, presentamos los estímulos «1» y «—» como estímulos de comparación. Diremos que ha emergido una relación simétrica (Figura 2, parte superior A 1 1 2 Figura 1. Ejemplo de dos discriminaciones condicionales arbitrarias en las que se entrenan explícitamente las relaciones indicadas por la flechas . © Rev. Int. Psicol. Ter. Psicol./Intern. Jour. Psych. Psychol. Ther. PRE-REQUISITOS ONTOGENÉTICOS PARA LAS RELACIONES SIMÉTRICAS 117 derecha) a la entrenada si el sujeto presiona la tecla correspondiente al estímulo «1». Por otra parte, probaríamos la emergencia de transitividad (Figura 3, parte inferior izquierda) si, al presentar «A» como muestra, el sujeto elige «|» frente a «—» sin entrenamiento previo. Si un sujeto muestra la emergencia de estas distintas relaciones, superará también la prueba conocida como Test de Equivalencia (Figura 2, parte inferior derecha). Esta prueba consistiría, en el conjunto de discriminaciones condicionales que estamos analizando, en que el estímulo «|» actuara como muestra y que el sujeto eligiera en su presencia el estímulo «A» frente al otro estímulo de comparación. Vemos, pues, que la relación reflexiva la debe cumplir cada estímulo, la simetría debe cumplirla cada pareja de estímulos y la transitividad cada tríada de estímulos. En el momento en que los elementos de un grupo (p.e.: “A”, “1” y “|”) cumplen las tres propiedades antes citadas, decimos que forman una clase de equivalencia. Por definición, la existencia de una clase de estímulos equivalentes permite que alguna variable que afecte a un miembro de la clase, afecte a todos los miembros. Así, el paradigma de la equivalencia da un paso en la dirección de trabajar en el desafío planteado por el análisis lingüístico al análisis funcional de la conducta para que éste último trabaje con una nueva conducta que, aparentemente, no tiene historia de reforzamiento (Chomsky, 1965; Fodor, Bever y Garret, 1974). Por ejemplo, en su interacción con la comunidad verbal, el niño aprende que una clase de palabras (los verbos) se utilizan para describir lo que la gente hace, están situadas en la misma posición en el discurso (normalmente detrás de un nombre) etc. Tomemos como subconjunto de esas palabras los verbos comer, beber, dormir y decir. En un determinado momento, el niño aprende que el participio de beber es “bebido” y, sin más entrenamiento, es capaz de utilizar el vocablo “comido”. Tras haber formado una clase de estímulos, una modificación realizada en A AA A A 22 1 Figura 2. Nuevas relaciones que pueden emerger sin necesidad de entrenamiento tras el adiestramiento correspondiente a la figura 1: Reflexividad (arriba-izquierda), simetría (arriba-derecha), transitividad (abajo-izquierda) y equivalencia (abajo-derecha). 118 © Rev. Int. Psicol. Ter. Psicol./Intern. Jour. Psych. Psychol. Ther. A. GARCÍA y S. BENJUMEA uno de ellos afecta a todos los de la clase. Incluso, tenemos aquí un ejemplo de sobregeneralización (el niño posiblemente dirá “decido”). Todavía le queda por aprender una nueva clase constituida por los verbos irregulares. EL ESTADO ACTUAL DEL FENÓMENO El estudio de la equivalencia de estímulos ha ocupado durante la última década a una gran cantidad de investigadores en la tradición del Análisis Experimental del Comportamiento, como lo demuestra su presencia casi obligada en revistas especializadas (p.e.:Journal of Experimental Analysis of Behavior, The Psychological Record, Journal of Applied Behavior Analysis, etc...) así como en los congresos científicos de los analistas experimentales de la conducta (ver p.e.: Blackman y Lejeune ,1990), actas de las reuniones anuales de la división 25 de la American Psychological Association, y de la Society for the Experimental Analysis of Behavior, y en encuentros recientes como el IV Congreso internacional sobre Conductismo y Ciencias de la Conducta, 1998, la Conferencia anual del Experimental Analysis of Behaviour Group en 1999 y el Fourth European Meeting for the Experimental Analysis of Behaviour en 2000 en Francia. Con objeto de averiguar la tendencia del número de publicaciones por año que versaban sobre los tópicos más importantes de este estudio: discriminación condicional, clases de equivalencia, equivalencia de estímulos, igualación a la muestra y condicionamiento retroactivo, realizamos un estudio bibliométrico. Este estudio se llevó a cabo utilizando la base de datos PSYCLIT de la American Psychological Association. . En concreto, la búsqueda incluía revistas y libros en cuyo título, resumen o palabras claves apareciesen los términos antes indicados. Para graficar los datos se utilizó un registro acumulativo (ver Figura 3), ya que consideramos que este tipo de registro puede informarnos adecuadamente de la evolución (en términos porcentuales) de la tasa de conducta verbal de la comunidad científica con respecto a este tema desde el año 1975 al año 2000, ambos inclusive. De los cinco conceptos incluidos en el estudio, es el de igualación a la muestra el que presentó un mayor número de artículos por año. En el período estudiado se han publicado 1030 artículos sobre igualación a la muestra, más de la mitad de los cuales (517) han aparecido en los últimos 7 años. Esto nos da una idea de la importancia creciente que se le concede actualmente a este procedimiento experimental. Por lo que se refiere a las clases de equivalencia y a la equivalencia de estímulos, como cabría esperar al ser conceptos tan próximos, sus pendientes llevan un recorrido paralelo y muy próximo. Aunque el volumen de trabajos dedicados a estos conceptos (249 y 280) es menor que el de la igualación a la muestra, en ambos podemos apreciar una gran aceleración positiva (sobre todo en las clases de equivalencia) que se ve intensificada desde principios de esta década hasta la actualidad. Esa misma aceleración positiva, pero con un inicio a mediados de la década anterior, también se puede apreciar al observar la gráfica correspondiente a la discriminación condicional. En cuanto al número total de trabajos publicados (354), se encuentra en un término medio entre la igualación a la muestra y los demás conceptos © Rev. Int. Psicol. Ter. Psicol./Intern. Jour. Psych. Psychol. Ther. PRE-REQUISITOS ONTOGENÉTICOS PARA LAS RELACIONES SIMÉTRICAS 119 tratados aquí. El condicionamiento hacia atrás o retroactivo es el único cuyo registro acumulativo no nos muestra una curva positivamente acelerada, sino más bien una linea recta. Esta recta refleja el nivel constante de artículos por año publicados durante el último cuarto de siglo sobre este tópico (145 artículos en total). Se observa en este repaso bibliométrico la estrecha relación existente entre conceptos (equivalencia de estímulos, clases de equivalencia y condicionamiento retroactivo) y procedimientos experimentales (discriminación condicional e igualación a la muestra). Del mismo modo, podría afirmarse, en conjunto, que el tema de las clases de equivalencia y otros conceptos adyacentes es actualmente de gran interés para la comunidad científica, y todo parece indicar que esa tendencia se mantendrá en los próximos años. ALGUNOS ANTECEDENTES HISTÓRICOS Ya en 1801, el francés Itard hacía uso («para desarrollar el intelecto de su pequeño salvaje») de técnicas pedagógicas que hoy en día podríamos incluir bajo el rótulo de discriminaciones condicionales (Itard, 1932; Lane, 1976). Uno de los ejemFigura 3. Registro acumulativo porcentual del uso de determinados términos técnicos en los últimos 25 años (ver explicación más detallada en el texto). 120 © Rev. Int. Psicol. Ter. Psicol./Intern. Jour. Psych. Psychol. Ther. A. GARCÍA y S. BENJUMEA plos que aparece en su obra Memoria de los primeros progresos de Víctor l’Aveyron es como sigue. Preparó tres pedacitos de papel de formas y colores bien diferenciados: un círculo rojo, un triángulo azul y un cuadrado negro, y los pegó en la pared. Preparó después tres cartoncitos de igual forma y color que los anteriores y se los entregó al niño para que éste los emparejara correctamente. El pequeño aprendió rápidamente. Los primeros trabajos con animales los realizó Furness (1916) con chimpancés y orangutanes, Kohts (1928) con un chimpancé y Yerkes (1928) con gorilas. Sin embargo, es el análisis de Lashley (1938 a, b) de la «reacción condicional generalizada» en la rata el más influyente antecedente de las recientes investigaciones sobre discriminación condicional. A estas ratas se les presentaban (ver Figura 4) dos triángulos: uno con el vértice hacia arriba y el otro invertido (éstos eran los estímulos de comparación). Para conseguir la comida, había que elegir el triángulo invertido cuando ambos estímulos de comparación eran presentados sobre un fondo a rayas (estímulo de muestra). Cuando el fondo era oscuro (el otro estímulo de muestra) las ratas debían elegir el triángulo con el pico hacia arriba. Weisntein (1941, 1945) usó objetos tridimensionales de distintos colores como estímulos. En una tarea de igualación a la muestra de identidad simultánea básica, el estímulo de muestra se presentó y el animal tenía que seleccionar de las dos alternativas (estímulos de comparación) la que era físicamente igual que la muestra. Los animales realizaron muy bien la tarea cuando había dos comparaciones, pero su ejecución se deterioró temporalmente cuando el número de comparaciones se incrementó a cuatro. Weisntein también enseñó a un mono a formar una igualación condicional en la que la relación entre cada muestra y la comparación correcta fue arbitrariamente preComida Comida Figura 4. Estímulos utilizados en el procedimiento de discriminación condicional de Lashley (1938, a,b). © Rev. Int. Psicol. Ter. Psicol./Intern. Jour. Psych. Psychol. Ther. PRE-REQUISITOS ONTOGENÉTICOS PARA LAS RELACIONES SIMÉTRICAS 121 parada por el experimentador. El animal, Corry, fue entrenado a seleccionar objetos rojos cuando la muestra fue un triángulo y a seleccionar objetos azules cuando la muestra fue una elipse. Estas muestras y comparaciones fueron entonces intercambiadas para una prueba en la que los objetos rojos y azules servían como muestra y el triángulo y la elipse servían como sus respectivas comparaciones correctas. Corry falló en esta tarea (prueba) con lo que demostraba que la muestra y las comparaciones originales no eran funcionalmente intercambiables. Es interesante recalcar que estamos posiblemente ante la primera prueba de simetría dentro de la investigación animal con discriminaciones condicionales. Riesen y Nissen (1942, Experimento 3) introdujeron un interesante procedimiento precursor de los trabajos contemporáneos sobre los efectos del requerimiento de conductas diferentes para cada una de las muestras de una tarea de igualación demorada a la muestra. Los chimpancés tenían que hacer una respuesta cuando la muestra fue roja, y otra respuesta cuando la muestra fue verde. Este requerimiento mejoró la ejecución en una tarea de igualación demorada a la muestra. Hay también estudios de control discriminativo de estímulos de orden superior con monos. Spaet y Harlow (1943) enseñaron a los monos a seleccionar el diferente de tres estímulos cuando éstos eran presentados en una bandeja roja y a seleccionar el nodiferente cuando la bandeja era verde. Esto ejercía control sobre la ocurrencia de las discriminaciones condicionales requeridas por las tareas de diferenciación y no-diferenciación. Estudios adicionales del control condicional de estímulos de segundo orden de respuestas de monos en igualación y diferenciación fueron ofrecidos por Harlow (1943) y Young y Harlow (1943a, b). GENERALIDAD DEL FENÓMENO Una de las principales razones que justifican el estudio de la formación de clases de equivalencia es que estamos ante un fenómeno que ha sido encontrado en una gran variedad de trabajos. Las relaciones de equivalencia aparecen en estudios con población retrasada severa (Sidman, 1971) o moderada (p.e. Spradlin, Cotter y Baxley, 1973; Wetherby, Karlan y Spradlin, 1983; Green y Sigurdartottir, 1990), con niños no discapacitados de varias edades (Denavy, Hayes y Nelson, 1986; Lazar, Davis-Lang y Sánchez, 1984; Lazar y Kotlarchyk, 1986; Sidman, Kirk y Willson-Morris, 1985; Sidman y Tailby, 1982; Joseph y Thompson, 1990; Gershenson y Joseph, 1990), con adultos de diferentes culturas y niveles educativos (Bush, Sidman y de Rose, 1989; Lazar, 1977; Wulfert y Hayes, 1988) y con ancianos (Pérez-González y Moreno-Sierra, 1999). Otro tipo de generalidad se refiere a la variedad de estímulos con los que se ha trabajado en estudios que documentan la aparición de equivalencia. En los primeros trabajos se usaron palabras e imágenes (Sidman, 1971) y letras mayúsculas y minúsculas (Sidman, Cresson y Willson-Morris, 1974). Más tarde se han realizado experimentos con colores y nombres de colores y números y nombres de números (Mackay y Sidman, 1984), monedas y valores de las monedas (McDonagh, McIlvane y Stoddard, 1984), horas del día y dosis de medicamento (Green, 1991), palabras en diferentes idiomas (Joyce y Joyce, 1990; Sigurdardottir, 1992) y una gran cantidad de estímulos 122 © Rev. Int. Psicol. Ter. Psicol./Intern. Jour. Psych. Psychol. Ther. A. GARCÍA y S. BENJUMEA arbitrarios que aparecen en los diferentes experimentos. Un tercer tipo de generalidad haría referencia al número de estímulos que compone cada clase de equivalencia. Lo habitual en los primeros estudios era que cada clase estuviera compuesta por tres miembros. Ese número fue primero ampliado a cuatro (Sidman y Tailby, 1982) y posteriormente a seis (Sidman et al, 1985). Sidman (1994) sugiere que el aumento de elementos en las clases depende básicamente del número de estímulos que se añade cada vez y del tamaño de las clases existentes. RELACIONES EMERGENTES EN NO-HUMANOS. Un aspecto especialmente relevante, y en el que nos centraremos a partir de ahora, es el de la no generalidad de especies que hayan mostrado la emergencia de las relaciones que definen una clase de equivalencia (ver, por ejemplo, Zentall 1998). En su trabajo de 1974 en el que estudiaba la igualación simbólica a la muestra en palomas (en la línea de Born, Snow y Herbert, 1969), Rodewald entrenó a varios sujetos en un procedimiento de igualación simultánea en el que la presencia de “rojo” como muestra indicaba que “vertical” era la comparación correcta, mientras que “verde” como muestra hacía que “horizontal” llevara al reforzador. Cuando se realizó una prueba de transferencia usando las líneas verticales y horizontales como muestras y los colores como comparaciones, se comprobó que los animales habían aprendido a responder en presencia de cada muestra pero no habían aprendido las relaciones simbólicas entre colores y líneas. También con palomas como sujetos experimentales Gray (1966), Hogan y Zentall (1977) y Richards (1988) obtuvieron resultados negativos. Sidman, Rauzin, Lazar, Cunningham, Tailby, y Carrigan (1982) realizaron varios trabajos con monos rhesus y con babuinos. A pesar de manipular varias variables (comparación incorrecta constante-variable; discriminación simultánea-sucesiva...) no se pudo conseguir que estos animales actuaran adecuadamente en una discriminación condicional con colores como muestras y líneas como comparaciones tras haber sido entrenados en la relación simétrica (lineas como muestras y colores como comparaciones). Lipkens, Kop y Matthijs (1988) no encontraron ni simetría ni transitividad trabajando con palomas a pesar de mantener en la misma posición los estímulos cuando actuaban como muestras y cuando lo hacían como comparaciones. Dugdale y Lowe (1990; 2000) no encontraron evidencia de relaciones emergentes al trabajar con primates entrenados en habilidades lingüísticas. Este trabajo nos indica que no cualquier entrenamiento previo de índole lingüística es válido para generar equivalencia. Con todo, la clave podría estar en algún aspecto de estas habilidades que no fue contemplado en el trabajo de estos autores. Como vemos, se ha acumulado una gran cantidad de evidencia contraria a la idea de que se pueda lograr la emergencia de relaciones de equivalencia en especies no humanas con el entrenamiento unidireccional estándar de las discriminaciones condicionales (ver Sidman, 1990; Benjumea, 1993; Dube, McIlvane, Callahan y Stoddard, 1993). Esta afirmación, sin embargo, empieza a ser cuestionada por algunos trabajos experimentales en los que se informa de la aparición de una de las tres relaciones © Rev. Int. Psicol. Ter. Psicol./Intern. Jour. Psych. Psychol. Ther. PRE-REQUISITOS ONTOGENÉTICOS PARA LAS RELACIONES SIMÉTRICAS 123 fundamentales: la transitividad. Así, Hiromichi, Tsutomu y Takashige (1994) trabajando con palomas en una tarea de igualación condicional encontraron que «un sujeto mostró consistentemente una débil transitividad en una de las configuraciones de estímulos». Realizando un tipo de trabajo en el que se involucran estímulos biológicamente relevantes (comida) y haciendo estudios de comparación de grupos en el contexto de transferencia de tareas previas, Steirn, Jackson-Smith y Zentall (1991) obtuvieron resultados positivos en transitividad con palomas como sujetos. Yamamoto y Asano (1995) trabajando con chimpancés obtuvieron leves indicios de transitividad, pero no de simetría ni de equivalencia. También Kazuchika, Takashi y Staddon (1995) obtuvieron transitividad en periquitos en una tarea de igualación a la muestra en la que las aves tenían que realizar vocalizaciones diferenciales en presencia de cada una de las muestras. En estudios realizados por Kuno, Kidate e Iwamoto (1994) y Siemann, Delius, Dobrowski y Daniel (1996) también se documentó una pequeña evidencia de transitividad en palomas utilizando procedimientos diferentes a la igualación a la muestra. De igual manera, D’Amato, Salmon, Loukas y Tomie (1985) obtuvieron indicios de transitividad (pero no de simetría) con monos como sujetos trabajando en discriminaciones condicionales. De los anteriores estudios se desprende que la obtención de transitividad en sujetos no-humanos empieza a ser un resultado de cierta solidez. Sin embargo, es posible que las tres relaciones emergentes no tengan el mismo peso en la formación de una clase de equivalencia. De hecho, se ha comprobado que, de las tres relaciones emergentes definitorias de las clases de equivalencia (reflexividad, simetría y transitividad), la relación de Simetría es la relación primordial, pues sobre ella parecen descansar los otras dos (Barnes, 1990; Sidman, 1990; Valero y Luciano, 1993). Así, una de las características más relevantes del fenómeno objeto de nuestro estudio es que, a pesar de basarse en entrenamientos unidireccionales (discriminaciones condicionales), las clases de equivalencia dan lugar a una relación entre el estímulo de muestra y el de comparación que es de naturaleza bidireccional, pudiendo ser intercambiable la posición de uno por la del otro. Recuérdese que en una discriminación condicional hacemos que, por ejemplo, la muestra «A» controle el papel del estímulo «1» como discriminativo. El control entrenado iría de «A» a «1»: sería unidireccional. No obstante, y sin entrenamiento previo, observamos que también aparece el control discriminativo en la dirección de «1» a «A». La relación se hace bidireccional. Esta reubicación de los elementos dentro de la flecha del control discriminativo parece complicar sobremanera la tarea. De hecho, en la literatura referida a la investigación animal es prácticamente imposible encontrar resultados positivos en relación a la aparición de simetría. En las escasas ocasiones donde estos resultados aparecen, siempre lo hacen con cierta controversia asu alrededor. Analizamos a continuación dos de los casos más representativos. Uno de los estudios más relevantes en relación con la problemática que nos ocupa es el trabajo de McIntire, Cleary y Thompson (1987). Dos monos fueron entrenados para emitir dos respuestas topográficamente diferenciadas (presionar una llave durante 8 segundos o coger y soltar 5 veces esa llave) en presencia de cada uno de dos 130 © Rev. Int. Psicol. Ter. Psicol./Intern. Jour. Psych. Psychol. Ther. A. GARCÍA y S. BENJUMEA emergentes fue el de Zentall et al. (1992) en el que se utilizaban como muestras estímulos biológicamente relevantes (estímulos incondicionales). Con este procedimiento lo que podría haber estado ocurriendo es que las palomas realmente discriminasen (y eligiesen las comparaciones correctas en función de) las respuestas consumatorias (intensas y, por tanto, más discriminables) que realizaban ante cada estímulo de muestra. Por último, uno de los factores más relevantes del reciente trabajo de Meehan (1999) fue la utilización de reforzadores diferenciales para cada una de las clases que intentaba formar en su experimento. Como él mismo hizo notar, este uso de diferentes reforzadores generó patrones conductuales diferentes ante cada muestra. Como ya hemos comentado, esos patrones tenían muchas probabilidades de ser el evento discriminado por las palomas de ese estudio. (como también pudo suceder con el trabajo de Schusterman, Reichmuth y Kastak, 2000, en donde se aplicaron diferentes reforzadores a cada clase de estímulos ). En todos estos trabajos lo que el sujeto pudo estar aprendiendo fue a relacionar una respuesta emitida por él con una etiqueta. Y en todos ellos aparecieron indicios de que ahora la etiqueta podía evocar la aparición de la conducta correspondiente. Al contrario que los eventos no verbales (presionar palancas y picar teclas no son análogamente intercambiables con luces y tonos), los eventos verbales funcionan como estímulos y como respuestas. Y esa bifuncionalidad parece clave para la aparición de la bidireccionalidad de las relaciones. Este tipo de relación simétrica que se produce entre una conducta verbal y la conducta (gobernada-por-la-regla) que ocasiona es lo que hace simbólica a la conducta verbal. En definitiva, lo que la distinción cuantitativa sugiere es que exploremos lo que ocurre al colocar a un sujeto no-humano en una situación social convencional que, probablemente, sea la responsable de muchas de nuestras conductas más complejas. Situaríamos a estos animales en un contexto de aprendizaje y evaluación en el que sólo los miembros de la especie humana (dentro del dominio ontogenético y cultural de su desarrollo) se han visto emplazados tradicionalmente. Y los resultados de los estudios en los que se ha hecho esto están siendo cada vez más reveladores. Cuando Sidman (1990) consideraba el desarrollo de clases de equivalencia como un “primitivo” o función básica no derivable de otras y además exclusivo de la especie humana, estaba situando este fenómeno dentro del dominio de desarrollo filogénetico (ver Werstsch, 1988) de la especie humana. Al trabajar con individuos de otra especie dentro de un episodio genuino de los dominios ontogenético y cultural de los humanos, hemos dado un paso más en la comprensión de la génesis de esta capacidad. Sabiendo más sobre ella, aumentarán nuestras probabilidades de hacer que la posean quienes actualmente muestran esta carencia. Trabajando en el análisis funcional de estos fenómenos intentaremos llenar “el vacío entre una improbable posición del entrenamiento directo de cada relación y una milagrosa posición innatista” (Bruner, 1983, p.39). Nota 1. El término EC se entendería en este contexto como Estímulo Condicional más que como un Estímulo Condicionado tradicional. © Rev. Int. Psicol. Ter. Psicol./Intern. Jour. Psych. Psychol. Ther. PRE-REQUISITOS ONTOGENÉTICOS PARA LAS RELACIONES SIMÉTRICAS 131 REFERENCIAS Barnes, T. (1990). Equivalence without symmetry? A stimulus artefact. Unpublished M.A. thesis, Northeastern University, Boston. Benjumea, S. (1993). Condicionamiento Instrumental Humano. En J.I. Navarro (Ed.): Aprendizaje y Memoria Humana (pp. 441-479). Madrid: McGraw-Hill. Blackman, D.E. y Lejeune, H. (1990). Behavior analysis in theory and practice. Contributions and controversies. Hove, Inglaterra: Erlbaum. Boelens, H. (1994). A traditional account of stimulus equivalence. 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