Semblanza de la profesora María Isabel Osuna Lucena: "Un viaje en el tiempo lleno de sonidos"
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SEMBLANZA DE LA PROFESORA MARÍA ISABEL OSUNA LUCENA
LABORATORIO DE ARTE 33 (2021), pp. 13-18, ISSN 1130-5762 e-ISSN 2253-8305 - DOI http://dx.doi.org/10.12795/LA.2021.i33.01 SEMBLANZA DE LA PROFESORA MARÍA ISABEL OSUNA LUCENA: “UN VIAJE EN EL TIEMPO LLENO DE SONIDOS” Alberto ÁlvArez CAlero Ángel Justo-estebArAnz Pedro luengo La trayectoria de María Isabel Osuna Lucena ha sido muy fructífera en tres ámbitos complementarios pero diferentes, como son el docente, el investigador y su labor como intérprete, organización que estructura este trabajo. En cualquiera de estas facetas, su personalidad ha provocado constantes muestras de reconocimiento, que de alguna forma se han intentado incluir en este breve homenaje a cargo de tres profesores de la Universidad de Sevilla, que fueron antiguos alumnos de Licenciatura en Geografía e Historia, rama de Arte, e Historia del Arte, y posteriores colaboradores. La labor docente ha sido trascendental en su trayectoria. Se considera así este hecho tanto por su dedicación y entrega durante más de cuarenta años, como por el sentido vocacional que siempre se percibía en sus clases. Habiendo terminado los estudios en la Licenciatura de Filología en la Universidad de Sevilla en 1975 y un año más tarde el Título Profesional en la especialidad de Guitarra en el Conservatorio Superior de Música de Sevilla, con apenas 24 años empezó a trabajar como profesora. Aunque sus enseñanzas han estado ligadas plenamente a la vida universitaria, su primer trabajo fue en el Instituto San Isidoro, en la capital hispalense. Recién implantado el nuevo sistema de Enseñanza Secundaria denominado B.U.P. (Bachillerato Unificado Polivalente) en el año 1975, fue contratada en 1977 en dicho Instituto. En esos momentos, no todos los centros educativos podían disponer de una persona especialista en esa materia. En esos momentos en los que empezó a dar clases, la Enseñanza Obligatoria estaba dividida por género, y en aquel centro de enseñanza secundaria solo había chicos. Poco después, primero en todos los institutos y algo más tarde los colegios concertados, se permitió que las
Alberto Álvarez Calero, Ángel Justo-Estebaranz, Pedro Luengo16 LABORATORIO DE ARTE 33 (2021), pp. 13-18, ISSN 1130-5762 e-ISSN 2253-8305 - DOI http://dx.doi.org/10.12795/LA.2021.i33.01 aulas fueran mixtas. En el primer curso del B.U.P. se implantaba la asignatura de “Música y actividades artísticas-culturares”, que en la práctica solía ser Historia de la música, la especialidad principal de la doctora Osuna durante toda su vida laboral. Con el nuevo sistema educativo de Secundaria, coincidiendo con los años de la Transición española, se permitía que de forma novedosa hubiera por tanto música, aunque fuera de forma testimonial. De todas maneras, también daba clases en dicho Instituto de asignaturas relacionadas con Literatura, gracias a su doble formación. A pesar de conseguir en 1984 su plaza por Oposición en el Cuerpo de Secundaria, ese mismo año tuvo la ocasión de dar clase en la Universidad de Sevilla, en la asignatura de Historia de la Música, en el Departamento de Historia del Arte. Debido a que en esos momentos era incompatible llevar a cabo ambos trabajos, decidió apostar de lleno por esta oportunidad, aunque comenzara con una carga lectiva muy reducida. A los tres años consiguió su plaza de funcionaria como Profesora Adjunta en la Universidad de Sevilla, ya siendo doctora un año antes. Durante su carrera docente universitaria, además de Historia de la Música, impartió muchos años la asignatura de Historia del Cine, y desde el curso 95/96 la de Teoría del Arte, entre otras. Sea la asignatura que fuera, la profesora Osuna ha destacado por su entrega a la hora de dar sus clases, y en general por su cercanía y empatía con el alumnado. En el caso concreto de las clases de Historia de la Música, cualquier antiguo estudiante de la especialidad de Historia del Arte puede tener en su memoria su entrañable imagen entrando en el aula cargando una gran cantidad de CDs que después se escucharían con deleite e interés en la clase. Eso era en los años previos a la Era Digital, coincidiendo con el cambio de Milenio. Ya en la última década como docente, vio cómo la vida universitaria se fue transformando con la llegada del llamado Plan Bolonia, a partir del año 2007. Con la consolidación años más tarde de este modelo universitario, acorde con los nuevos tiempos educativos, así como el discurrir de la propia sociedad, asumió perfectamente los cambios de modelo. Su constante actitud le llevó a adaptarse a las varias generaciones de alumnos, desde aquellos que comenzaron su formación en los años 80 hasta los nativos digitales. Como afirman algunos de sus colaboradores del Seminario Cristóbal de Morales, fue “maestra de maestros” (Ana Arcas), ejerció desde el primer momento una huella en sus discípulos, quienes afirman que “ya desde la primera clase a la que asistí, fui consciente de que quería trabajar contigo, al descubrir tus grandes valores humanos y profesionales” (Antonio Martín Pradas), “gran profesional y mejor persona, Maribel es un ejemplo a seguir” (Eduardo González-Barba Capote). Todo esto muestra que es un ejemplo de integración de la “música en toda su cuadratura: un viaje en el tiempo lleno de sonidos y silencios; de ángeles, musas y troveros” (Mª Carmen Rodríguez Oliva). El impacto en sus discípulos se mezcla con los recuerdos de una carrera investigadora compartida, “con notas de ida
LABORATORIO DE ARTE 33 (2021), pp. 13-18, ISSN 1130-5762 e-ISSN 2253-8305 - DOI http://dx.doi.org/10.12795/LA.2021.i33.01 Semblanza de la profesora María Isabel Osuna Lucena: “Un viaje en el tiempo lleno de... 17 y vuelta. Endémica, así de sencillo”, entre los que destacan el haber sido un “modelo a seguir de mujer bondadosa y generosa” con una destacable carrera docente e investigadora. De hecho, su interés por la docencia no le impidió mantener su carrera investigadora sobre la música en Sevilla, un tema que ha mantenido activo desde la década de los ochenta. Su Tesis Doctoral, dirigida por el Prof. Dr. Enrique Sánchez Pedrote, se tituló El canto religioso representado y su permanencia en los juegos y cantos infantiles (1984). Poco antes, en 1983 publicó su monografía sobre la guitarra, que se complementó posteriormente con otros estudios sobre este instrumento, la música arábigo-andaluza o la relación entre el folclore andaluz y el hispanoamericano. Poco después se interesaría por la figura de algunos compositores andaluces como Vicente Espinel (1550-1624) o Manuel Castillo (1930-2005), temas que pueden ponerse en relación con la obra de su propio director de tesis. La década de los noventa se caracteriza por sus estudios sobre la música en la Sevilla del siglo XIX, en concreto sobre autores como Emigdio Mariani Piazza (1901-1995); y sobre el convento de Santa Inés, su relación con compositores como Buenaventura Íñiguez (1840-1902) o su patrimonio documental, línea que se extendió hasta fecha cercana. A estos temas que han vertebrado su producción investigadora habría que unir otros estudios sobre personajes clave como el teórico Fray Juan Bermudo (1510-1565), los compositores Domenico Zipoli (1688-1726), o José Font de Anta (1895-1936), la iconografía musical en Murillo o el perfil biográfico del profesor Enrique Sánchez Pedrote (1913-1985). Aunque muchos de estos trabajos los firmó en solitario, su carácter personal le facilitó establecer colaboraciones con otros investigadores que complementaban su visión. Entre ellos se encuentran Mª Carmen Rodríguez Oliva, Herminio González Barrionuevo, Ángel Justo Estebaranz, Rosario Gutiérrez Cordero o Antonio Martín Pradas, miembros la mayoría del Grupo Seminario Cristóbal de Morales (HUM301) que acaba de cumplir treinta años y que bajo su liderazgo ha supuesto un constante espacio de investigación musical en Sevilla. Esta producción científica encaja temáticamente con su fructífero magisterio en cuanto a la numerosa y dedicada dirección de tesis doctorales. De nuevo, una concepción amplia del siglo XIX incluye las tesis doctorales sobre la ópera en Sevilla, de Andrés Moreno Mengíbar (1995); el compositor Domingo Arquimbau, de María Luisa Montero Muñoz (2001); el neoclasicismo musical en España, de Alberto Álvarez Calero (2004); el maestro de capilla Juan Pascual Valdivia, de Joaquín Romero Lagares (2004); la Sociedad Sevillana de Conciertos, de Luis Francisco Delgado Peña (2015); sobre Evaristo García Torres, de Mauricio Carrillo Cabeza (2015); o la escenografía en Manuel de Falla, de Ana Arcas Espejo (2017). Todas ellas se completarían con otras de gran interés como la del cancionero popular de Jaén, de María Isabel Galey Manjón (2011); la de la música en Puerto Rico de Héctor Meléndez (2002); o la de la actividad musical del Salvador en Sevilla, de Rosario Gutiérrez Cordero (2001). Sin duda, tanto su labor
Alberto Álvarez Calero, Ángel Justo-Estebaranz, Pedro Luengo18 LABORATORIO DE ARTE 33 (2021), pp. 13-18, ISSN 1130-5762 e-ISSN 2253-8305 - DOI http://dx.doi.org/10.12795/LA.2021.i33.01 investigadora como su liderazgo suponen una inestimable contribución a la historia de la música sevillana, especialmente del siglo XIX. Fuertemente vinculada con su labor docente e investigadora ha estado su faceta como intérprete del repertorio clásico, especialmente del ámbito andaluz. Como violagambista, formó parte integrante del conjunto Taller Ziryab, dirigido por Rodrigo de Zayas e interesado en la recuperación del patrimonio musical del renacimiento sevillano. Con este conjunto participó en numerosas giras por España y el extranjero (Francia, Italia, Suiza, Marruecos, Túnez, Turquía e Irak), y realizó numerosas grabaciones discográficas. Entre ellas, destacan las de la colección La música en la era del Descubrimiento, que consta de ocho volúmenes dedicados a Francisco Guerrero, Cristóbal de Morales, Juan de Triana, Juan Vásquez, Francisco de Peñalosa, Francisco de la Torre, Juan Navarro y Alonso Lobo. A estas grabaciones discográficas hay que sumar otras para televisiones y radios nacionales y extranjeras, entre las que destacan algunas para Televisión Española, Canal Sur y TV3 (Francia). Esta labor sería reconocida con los Premios fonográficos 1988 y 1989 del Ministerio de Cultura (España). Entre los conciertos que ofreció con el Taller Ziryab destacan aquellos vinculados al programa cultural de la Expo 92 y de la conmemoración del Quinto Centenario del descubrimiento de América. Su vinculación con el mundo coral sevillano es otra de las facetas que han ocupado a la profesora Osuna a lo largo de su carrera. Entre 1973 y 1981 integró el coro de la Universidad de Sevilla, periodo en el que estableció importantes relaciones personales. Desde 2010 forma parte del Coro “Manuel de Falla” del Conservatorio Superior de Música de Sevilla, bajo la dirección de Ricardo Rodríguez Palacios, y actualmente de Francisco-José Cintado. Con este coro ha ofrecido numerosos conciertos como cantora, participando también como violagambista en algunos de sus conciertos. Su interés por el repertorio barroco la ha llevado a participar regularmente como cantora en las diferentes ediciones del concierto “El Mesías participativo” en el Teatro de la Maestranza y en la Catedral de Sevilla. Asimismo, y como parte de su interés en la difusión del repertorio clásico entre el público sevillano, ha colaborado con la Sociedad Musical de Sevilla desde su fundación en 2003, escribiendo los programas de concierto de esta formación durante sus primeros años de actividad musical. Esta misma labor la llevó a cabo para la Orquesta Sinfónica de Sevilla. También ha participado en numerosos ciclos de conferencias sobre el patrimonio musical de Andalucía, organizados por la Universidad de Sevilla y otras instituciones. Todo ello llevó a que la Universidad de Sevilla nombrase a la doctora Osuna Lucena comisionada responsable de la organización de los actos musicales del Quinto Centenario de la fundación de la Universidad que se llevaron a cabo en el año 2005.