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Biblioteca de religión o sea Colección de obras contra la incredulidad y errores de estos últimos tiempos. Tomo I

Carrasco Hernando, Basilio Antonio (O. de M.), (1785-1852), rec.; Díaz Merino, Juan Antonio (O.P.), (1772-1844), rec.

Abstract

T.I 1826 (XLVI, 34 4p.) -- t.II 1826 (392 p.) -- t.III 1827 (VIII, 224 [i.e. 324] p.) -- t.IV 1827 (388 p.) -- t.V 1827 (230 [i.e. 330] p.) -- t.VI 1827 (352 p.) -- t.VII 1827 (400 p.) -- t.VIII 1827 (332 p.) -- t.IX 1827 (318 p.) -- t.X 1827 (XVI, 322 p.) -- t.XI 1827 (330 p.) -- t.XII 1828 (X, 350 p.) -- t.XIII 1828 (374 p.) -- t.XIV 1828 (IV, 327 p.) -- t.XV 1828 (XXIV, 637 [i.e. 376] p.) -- t.XVI 1828 (415 p.) -- t.XVII 1828 (VII, 388 p.) -- t.XVIII 1828 (380 p.) -- t.XIX 1828 (375 p.) -- t.XX 1820 (404 p.) -- t.XXI 1829 (XXXII, [1], 349 p.) -- t.XXII 1829 (410 p.) -- t.XXIII 1829 (350 p.) -- t.XXIV 1829 (371 p.) -- t.XXV 1829 (VII, 267 p.)

Full text

E ió o dE .. — i Pm e e qu ha - o ». S Á ¿ al Xx : de IM ya : de e Y Fea pi A 6 y E pe 5, A E y as Na, Eo ns RS | á e | a , dh * e á " S N ' ; , ¡ . A : S E : ¿ A RI A A e BIBLIOTECA , 0 Jen Coleccion de obras contra lo inoredilelad Y Ev OvES de estos dllinos temijoos, Comede volumen istud, et vadens loquere, Ezzcm. 11, Pe TOMO 1 Eon órden ras, MADRID: Imprenta de D. E. Aguado, bajada de santa Cruz. —— oa] 1896, ' A a » ' $ y y a M8 NATA S E EE A Ei «y pá E o , AÑ As E ? gan OS DO 0% Aito: DE 0d M0 ns ANA - * pb Ts LEA y os DAM A NA E par. DIES LA o A 1 e ets CAETANO ZAS ON O, de A Y EA na ERA y A Ae 5 E Sd NT. E * a 7 e Cu P . E ' e E a EA AO Y SA ÍWE FM, y SN 5 » ' OEA AS E AS yeas DOS , PERS > q A La A : E | y AIN ad A Moda OMV) ROS ay AS 4 la o Po os ma DS uy se a 003 ILUStRÍSIMOS. Pionmecd AAA ne a Es LD SE E vato, e: ems. 1 >> ¿ LY Sm: * ra E Ñ A ES NA RR Mr. pe deun'p proyec- to literario: de Religion; es como ú “su centro delos: primeros ge. Z d quienes e Y Espiritu, Santo' ha pues o A is E cd Pod : (1v) to para regir la Iglesia de Dios. Es. dos son los maestros de la sana doctrina, los jueces natos en las controverstas, los órganos del Espíritu Santo en sus decisiones, y los conservadores del depósito de la fé. La Iglesia de España en todos tiempos ha podido justamente gloriarse del merito relevante de sus Pastores: des. de el primer Concilio general de Nicea, hasta el último de Trento; desde el primer nacional de Elvira; hasta los de estos últimos tiempos en Limay: Mégico, ha brillado la sabiduría y piedad de los Obispos espa- _Roles: los Osios, Leandros, F. ulgen- ¿cios , Isidoros, Braulios, lldefon- Sos, JSulianes, Eugenios , Toribios en los concilios de Toledo y Sevilla, : Braga, Tarragona y. Z aragoza, forman época en los fastos de la 1 gle- ' (v.) sia, y el n all catálogo «de: los sabios y zelósos Prelados del siglo AHI es el mejor ornamento: dela España , y honor de la Iglesia :ca= tólica. El Obispado español jamás se ha desmentido: lasrevolutiones mismas de estos últimos siglos: conservan en sus archivos los. nombres de-:sus Mayores enemigos en los: Prelados de España: la posteridad misma:se admirará de sy sabiduría: yde “su Fortaleza apostólica, y no podrá me- 208 de tributar los mas justos home= nages. al mérito» estraordinario que arrojan de sí los documentos justifecalivos que comprende la Coleccion eclesiástica española, monumento eterno de honor, y de gloria para la presente y venideras generaciones: Bajo la garantía de esta verdad colocada á una inmensa distancia de (xm) página nos veremos obligados 4 cerrar los ojos por no poder sufrir tanto envilecimiento, tanta degradacion del hombre. La idolatría y lá supersticion eran los primeros articulos de su símbolo religioso: una Venus obscena ocupaba para ellos el trono de la divinidad ; Júpiter miraba con zelos á los ajos y los puerros: no. habia £osa, por inmunda, por abominable , que no recibiese honores divinos : los Dioses llegaron á ser en mayor número que las familias; cada cual se formaba su ídolo , y éste el dios á quien adoraban. La moral no desmentia el carácter de sus deidades: la barbarie , la crueldad, la ferocidad , la indecencia » la obscenidad en toda su estension , eran obsequios dignos de sus deida— des: en sus aras se inmolaban la niñez y la ancianidad: la mentira, el hurto y la rapiña eran Una parte de su moral: el amor conyugal, la: piedad con los padres, la misericordia con los pobres, la caridad con los“enfermos , :la conmiseracion con los 'afligidos no entraban en: los planes de la educacion moral, y aun la mayor parte de estas vir» tudes eran desconocidas del pueblo: el orgullo, el egoismo , el interes, la venganza,” el perjurio, la * infidelidad en los matrimonios , la ninguna fé en - los contratos, la sensualidad y embriaguez en la mesa», la prostitución sin pudor ni reserva , halla ban proteccion en el código de sus leyes, A esta monstruosidad de costumbres séanos lí cito oponer en el siglo XIX y al frente de sus apologistas un breve paralelo de la moral del Eyangelio, y presentar un diseño de la asombrosa muta— cion que obró la Religion del Crucificado ; aquella Religion divina, cuyos felices anuncios fueron la paz y tranquilidad de todas las naciones: sus fun— -damentos la yerdad eterna, prometida desde el prin- (xn) cipio del mundo , anunciada y manifestada por el Supremo Legislador Jesucristo: los medios de su establecimiento y propagacion desde el Oriente al Occidente, y desde el Norte al Mediodia, al parecer los mas débiles, los mas improporcionados : doce Pescadores , hombres rústicos , ignorantes y tími- - dos: sus enemigos , los Emperadores., los Filósofos, los Sacerdotes, los pueblos todos en masa : las ar mas para la conquista del 1mundo, la. mansedumbre, la paciencia, el sufrimiento de toda clase de trabajos, y él anuncio de una nueva Religion, formada de unos misterios incomprensibles á la ra» 20M , y de un gran número de preceptos en una total é inmediata oposicion. com su creencia, con sus leyes, usos y costumbres, y todo esto propues- to bajo la garantía de su palabra, y de haber sido testigos oculares de unos acontecimientos en un todo estraordinarios y acaecidos en un rincon de la Judea. ¿Sería creible que los Reyes , los Sacerdotes» los sábios, y los pueblos mas feroces, nacidos y educados en la idolatría , en toda clase de supersticion , familiarizados con los vicios mas groseros , con las pasiones mas vergonzosas, con el goce de los deseos mas criminales, de los placeres y deleites mas sensuales, á solo este anuncio abjurasen la Religion de sus padres, sus leyes, usos, costumbres, tan análogas á su felicidad temporal? La muerte cruel de los Apóstoles es la prueba perentoria y decisiva de la resistencia de los pueblos 4 una Religion tan austera y penitente como la del Crucificado; pero no lo es menos del fruto co- -Piosísimo que produjo la semilla de la divina pa labra, anunciada por ellos, confirmada con los mas estupendos milagros , sostenida,con una invencible fortaleza , regada y sellada con su sangre: el dedo Guv) de un Dios Omnipotente marcaba estarempresa tó da divina, disipaba las tinieblas) movia los cora: zones, comunicaba sus dones y gracias estraordinarias, y aquel pequeñuelo rebaño “de escogidos en poco “tienpo: se multiplicó cow: una rapidez n= calculable; 0000. DONA. A re Con este hecho'y que' no han* podido negar los incródulos de nuestro siglos, esforzaba esta prueba dela divinidad de la Religion: cristiana uno de sus primieros —Apologistas , "reproduciendo ¿16% que sus mismos enemigos” sabian y" veian ; que no existia reino, provincia, ciudad , villa ni aldea en donde no'Iubiese un gran número de Cristianos : la misma capital* del "mundo: pagano vino" á ser en breve tiempo Ja. capital del, mundo: eristiano:, el alcázar dela Religion, y la silla de un pobre Pescador: el trono Pontificio sucedió al de los Césares , y su constante y no interrumpida sucesion es un triun— fo" visible“ de:la misma Religión. 200000 - "Jl mundo Idólatra se hizo Cristiano: es vep_ dad, dicen los incrédulos de nuestrós' dias; pero este: mismo suceso, al parecer tan maravilloso, señala la época de la decadencia de los imperios, y de la infelicidad de los pueblos. La Relision Catolica es Incompalible con lá felicidad de las naciones , dijo . Maquiabelo, y repitió Juan Jacobo: no dijeron *¿menos Celso y el Apóstata coronado, y la esperien= ia de muchos sielos los ha desmentido. No debemos ensangrentar la pluma contra unos visionarios qu han 'muerío en los brazos «de la incredulidad, y colocados en“el panteon de la: infamia conservan entre los hombres de bien una fama póstuma digna de sus servicios sociales y religiosos; pero sí de- “bemos , »siguiéndo el hilo del establecimiento de la Religion, y conversion del Mundo á la £6 del Cru- Ñ Y y A A A dae E A ( xy) cificado; insinúar las mejoras, el sublime estado. de perfeccion á que elevó á las naciones esta institucion verdaderamente divina en su culto, en sus leyes; en la moral, en sus instituciones y en sus gobier mos, em sus usos: y costumbres. Con su influjo todo . órden de cosas recibe una nueva: perfeccion, el hombre recobra «su dignidad, y «las naciones Sus legítimos derechos. RR BE Ba Dad á Dios lo que es de Dios, y al César lo que es del César, pronunció el Soberano Legislador Jesucristo, y en esta breye sentencia descubrió de un modo el mas enérgico y. el mas espresivo el enlace esencial: de «dos: deberes sociales y religiosos ,-y. so— bre ellos: trazó: el plan admirable de ¡su Religion, y la felicidad delas naciones. El eco del Evange= lio, de.la nueva Ley, dé la Religion Cristiana, se hace sentir en todos los ángulos: de la tierra; y 4 proporcion que los pueblos conocen las ventajas que les proporciona una Religion: pura, y sin mezcla e las supersticiones paganas, las ideas groseras se transforman en «sublimes, se reconoce la yerdadera dignidad del hombre; se contempla en él con admiracion la imágen y semejanza de la divinidad, admiran con entusiasmo el órden maravilloso de la creacion , conocen la causa de los estravios de la razon en el pecado del primer hombre , la NECesidad de un Redentor, de un Legislador, de un Maestro Dios 5 que ilumine sus tinieblas , disipe sus errores, enseñe los caminos de la salud, y por los medios incomprensibles de su sabiduría imfinita renueve la faz de la tierra abandonada al er= ' Tor , á la supersticion , á la idolatría. - - El culto: del verdadero Dios. se establece con todamagestad sobre las ruinas de la mas grosera idolatría : “cesan los ¿sacrificios inmundos , se ofre= e ¿a «e (xvn) ee la" víctima pura en las aras. del. Dios vivo; el Ti. cienso de los corazones renovado. por. la: peniten= cia sube hasta el trono del Omnipotente; la: Religion cubre con. su; manto á los nuevos hijos, y recibe el homenage de su. fé y de su obediencia: se respetan sus leyes, se observan con placer sus preceplos , y al turbulento impulso de. las, pasiones sucede la paz, la tranquilidad del corazon. Este nuevo órden. de: ideas divinas mo: podia menós de influir: en la felicidad de las naciones , en su cultura, en su legislacion , y en todos los ramos capaces de contribuir á su prosperidad. dk Asi es que desde luego se-mejoran sus insti tuciones, las leyes se“unilorman con: los: principios de la Religion, y de ésta reciben' la mas firme, la mas estable sancion: “en su virtud desaparece la ferocidad y barbarie, y ocupan su debido lu= gar la humanidad , la compasion , la dulzura y la amistad: el vínculo matrimonial recibe el sello del amor legítimo, y su perpetuidad : cesa el bárbaro espectáculo de la esposicion de los hijos, la natural rivalidad en la poligamia, y la comunidad brutal de, las mugeres: los padres entran en el goce de los derechos de la naturaleza, la educacion moral en los planes de los legisladores, y el debido respeto al derecho de propiedad: la pobreza evangélica ocupa el trono que habia usurpado la avaricia, y la virginidad el de la mas vergonzosa y autorizada prostitucion: á influjo dela Religion las leyes suavizan las cadenas de la esclavitud, Y €S= tas víctimas desgraciadas: esperimentan su prolec— cion : la pobreza pierde su deformidad , y la imdigencia vé con placer asilos de misericordia : con la Religion la conciencia recobra 'sus derechos, “y se hace respetar: con ella se afirman los Tronos, / | (xvu) las leyes se observan por amor, y los mismos deberes sociales se enlazan con los religiosos por la mas íntima union: podríamos decirlo todo en pocas palabras: al desórden sucede el órden, á la supersticion la verdadera Religion, á la inmora= lidad autorizada las virtudes del Evangelio, y al egoismo sistemático las relaciones sociales com sus semejantes, con la sociedad, y por medio de la Religion con el verdadero Dios, : Solo. el hombre poseido del frenesí de la in= credulidad , podrá poner en duda la gran influen= cia de estas virtudes religiosas en la verdadera fe= licidad de las naciones: una paradoja de esta naturaleza no es, ni puede ser obra de la “razon: los mismos impíos al grabarla enel papel cono= cian que su corazon les engañaba. La conversion del Mundo á la Religion, la mejora de sus instituciones » leyes , usos y costumbres , como su len dencia rápida á la felicidad, es un hecho 'incontraslable: en su fayor concuerdan las historias prolanas y religiosas , los monumentos de la antigiie= dad , la tradicion oral de padres á hijos : los mismos judíos ,+y sobre todo sus mayores enemigos, obligados por la fuerza de la verdad, han sido sus apologistas , aunque involuntarios. A “sta prodigiosa mutación que (á despecho de los impíos de nuestro siglo) únicamente pudo ser obra de la diestra del Excelso, conmovió los funda= mentos de la supersticion , y la idolatría se puso en alarma contra una Religion que la obligaba á cederle el trono, y aun á desaparecer de la faz de la tierra: no hay género de ataque que no se emplee para impedir su propagación: todas las bate= rías del «Error Juegan á un mismo tiempo : la Opi= nion , reina del mundo, las ideas, las pasiones; (xvynr ) los intereses, la autoridad, la vida, la muerte, sus dioses som otros tantos egércilos en órden de batalla contra una institucion toda divina, toda paz, toda amor, loda beneficencia, toda felicidad, y que por unos medios incomprensibles á la sabiduría del mundo traslornaba el imperio del error, y la monarquía universal de la supersticion. El hombre desconoce su propia utilidad: arrastrado por las pasiones mas groseras, tan análogas, tan propias del hombre animal, como indignas de la razon, y envilecido por las preocupaciones dela educacion y del egemplo general, á un mismo tiempo declara y hace la mas cruel guerra á la Religion y á su felicidad : el hombre se hace enemigo de sí mismo, y todos los tiros de su maledicencia contra la Religion del Crucificado som otras tantas heridas hechas á. sus verdaderos intereses y á los de la sociedad. Sin embargo, el carácter obstinado de la pre= “ocupacion, la violencia: de la costumbre , la fuer za de la pasion y la ceguedad del entendimiento habituadas á deferir con placer al dictámen de los sentidos , juran no hacer jamas las paces con una . nueva Religion, enemiga por principios de sus dio ses, de sus leyes, usos y costumbres: los Empe= radores, los Magistrados, los Poderosos, los Sacerdotes , los grandes y pequeños todos se declaran soldados, ó mas bien verdugos de los Cristianos, ¿Los Emperadores sellan sus edictos, se promul— gan en todas las provincias y ciudades del imperio, se establecen tribunales, se forman Circos. y an fiteatros , se hace pesquisa de fieras, se inventan y premian nuevos géneros é instrumentos para mar— tirizar y quitar la yida á los Cristianos; y estas yíctimas inocentes , ó despedazadas por las fieras, (xix) Ó fritas en aceite, ó tostadas en parrillas, eran un espectáculo de placer para aquellos bárbaros que “ únicamente se entristecian cuando las fieras se postraban y lamian con su lengua los pies de los Mártires, cuando el acero no podia cortar sus cervices ó el fuego no les quemaba, Solo una Religion toda divina pudo triunfar de diez y Siete á veinte per— secuciones generales, tan crueles , tan feroces , tan sanguinarias las últimas como las primeras: por espacio de casi trescientos años los Cristianos sufriez' von estas pruebas de su fé en todo el ámbito del imperio, sin que en los siglos siguientes hayan cen sado en la Persia, en el África , en la España en otras naciones iguales ó mayores persecuciones. Este es uno de los “caractéres mas espresivos de la divinidad de la Religion, colocada como su Divino Fundador ín signum cui contradicetur, como una senal de Contradicion: en su cuna se regó, se alimen= 1ó y fortificó con la persecucion de sangre; en su Juventud con la persecucion de los hereges, y en su edad varonil con la mas formidable de todás las persecuciones , con la seduccion de los incrédulos: é impíos. La bárbara crueldad de los Emperadores lejos de debilitarla, impidiendo ¿u propagacion , la. daba el mas brillante realce: la sangre de los Márúres era una fecunda semilla que producia un fruz to centuplicado, como se esplicaba Tertaliano. Este nuevo milagro de la incalculable rapidez con que de entre los arroyos de sangre y de los innumerables cadalsos se multiplicaban y reproducian los Cristianos, les obliga á mudar de rumbo, y cam— biar de direccion: el odio á los Cristianos se auz menta > y los medios de ataque reciben un nuevo impulso de malignidad : á la violencia substituyen la persuasión, y á la fuerza el raciocinio, Esta nue- e | (xx) | va táctica , tanlo mas peligrosa, cuanto que inge-- niosamente oculta el blanco de sus operaciones , es la que constantemente se ha presentado en la pa—- lestra ya con ataques fingidos, ya disfrazados, ya por el frente, ya por los costados), ya minando sus fundamentos , ya debilitando las fuerzas con el proselitismo , ya en fin con todas las arterías de la maledicencia, Los hereges de los primeros siglos adoptaron en parte este plan; pero erraban sus cálculos, atacando la Religion con unos sistemas abstractos que interesaban muy poco las pasiones del hombre: aun aquellos más decantados enemigos del Crucificado Celso y Juliano , y que son reputados por precur— sores de los de nuestros siglos no habian descubier- to los principios luminosos de éstos : ignoraban en todo rigor la táctica anti-cristiana : les era desco= mocido el arte de minar por sus fundamentos la Religion : esta inyencion, que considerada en to— das sus partes es esencialmente diabólica, en ha da se parece á las anteriores persecuciones: un descubrimiento de tanta trascendencia estaba reseryado á los hereges y 4 los impíos de los últimos siglos : los del XVHI perfeccionaron la obra, y la reyolucion francesa, su hija primogénita, puso en movimiento todas sus arlerías; pero ella misma á despecho de sus antores , ha dado un mueyo y bri- Jlante testimonio de la verdad de la Religion Cristiana, y de la soberana influencia que egerce en Ja felicidad de las naciones, Es verdad que un Mahoma en el Oriente priyó al cristianismo de los primeros frutos de su cuma, y con la espada, con la persuasion, con los embustes- y patrañas consiguió formar un imperio de idólatras, ó mas bien de bestias epicureas; pe- qu S (xx1) ro el Occidente abortó por desgracia, y para opro= bio de la humanidad, no sabremos decir “si uno, si tres, entre innumerables que se han disputado la gloria de haber sido “padres de un aborto sin semejante en los anales de la impiedad. Lutero, Rousseau, Voltaire, he aqui tres fenómenos intelectua— les, sin que podamos clasificar su especie ni désignar el predicamento á que pertenecen: si la in credulidad los reconoce y aclama por sus héroes, nosotros creemos de nuestro deber colocarlos en otra esfera: no es posible persuadirnos que el hombre. por sí solo pueda producir unos monstruos de esta naturaleza : tal fue sin duda el esceso incalculable de_su inmoralidad, de la impiedad de sus ideas, de su rabia ferina contra la Religion , contra los tronos , contra la sociedad , contra el mismo hombre, Lutero encendió la tea de la independencia religiosa , Rousseau la aplicó á la política, y Voltaire las reunió en su pluma desoladora. Lutero de un solo golpe de su pluma trastornó el órden de Dios y de la naturaleza; quitó la autoridad de donde Dios la habia puesto, la colocó en el espíritu, en el jui— cio privado, y asi de cada uno de los hombres formó un Gefe de la Religion y un Monarca: de esle modo preparó la ruiña de la Religion y de los tronos. q : No puede dudarse: de este mismo principio par= tén todas las lmeas del pacto social de Rousseau, á su sombra han avanzado Voltaire y todos los im= píos al término fatal que hemos tocado con nuestros propios ojos:en la Francia, y que ya habia conta— giado otras no pocas naciones. La pluma de Volfaire, mojada en la hiel del odio á la Religion ca— tólica, ha sido mas funesta al Occidente que la espada de Mahoma en el Oriente: con ella ha po- (xxvmr) viven en sus obras tan. alabadas de los iniciados en los misterios de la iniquidad, como odiadas de todo hombre sensato y reflexivo. El sarcasmo plas sales picantes, el ridículo homicida, como le lla maba Voltaire, los coloridos de la elocuencia, el estilo alambicado, los sofismas artificiosos , pinturas obscenas , máximas de libertad é independencia, y todo presentado com los poderosos atractivos de las pasiones propias de grandes y pequeños, han conseguido formar un imperio de ateos, propagar sus ideas irreligiosas y antisociales en la mayor parte del mundo civilizado, y á su impulso los Pronos y el Altar amenazaban desplomarse simultáneamen= te. Un número incalculable de folletos, de libre tes de faltriquera, de obras de todas clases y materias sembradas de impiedades, de bufonadas sacrilegas , de blasfemias las mas execrables, de chistes obscenos, de paralogismos ridículos, pero envueltos enla mas refinada impiedad, han circu— lado por toda la Europa y América, y por una gran parte del Asia y Africa. A pesar de las leyes prohibitivas, de la vigilancia de los gobiernos, de los tribunales destinados á impedir su circula— cion, se ha hecho una introduccion escandalosa de este género de contrabando: la sola-sospecha de La prohibicion de uno de estos folletos, era causa bastante, y un título justo para triplicar su pre= . cio: y por la razon inversa, en los desgraciados dias de su libertad indefinida se vendian á precios cómodos, y á la vez se repartian como un obse—' quio : su lectura era un verdadero anzuelo para los talentos superficiales, para los semisabios, que careciendo de principios sólidos, se dejaban arrastrar de sus atavios, y contentándose con admirar el follage, jamas analizaban sus pruebas. Estos han CCAIACT AE li A II A ne (xxx) sido las tropas auxiliares y los destinados para el enganche : los jóvenes han sido, por desgracia de la generación presente y futura, los mas fáciles de seducir: una juventud fogosa, en la mayor eferyescencia de las pasiones, sin conocimiento ni espe riencia de sus ardides irreligiosos, impelida de los deseos de gloria, y demasiado blanda para resistir á los alhagos, y menos para hacerse superiores á los dicterios y apodos de sus iguales, han contagiado todas las clases y preparado al siglo XLX el complemento de sus desgracias. No puede dudarse que algunos sabios se han alucinado, se han dejado seducir , y con $us es—- critos ,, con la viva voz y con su egemplo se han , declarado partidarios de la irreligion; mas esto no debe ser un motivo de admiracion para el hombre reflexivo: la irreligion y la impiedad tienen su origen en el corazon, y tantas cuantas son las pasiones viciosas, son olros tantos arroyos que entran en este mar proceloso : con sus alhagos triunfan de la voluntad , y con el humo de sus mago tables deseos obscurecen la razon», la hacen cambiar de ideas; y la nada del mal. viene á ocupar el lugar del verdadero bien del hombre, la. Reli— gion. Por una como transformacion mágica, el eniendimiento obra como pasion, y la pasion juzga como deberia hacerlo la razon; y para espresarlo con toda propiedad, la impiedad del corazon: pasa á ser la Religion del entendimiento; : El resultado de este trastorno de ideas es bien conocido de todos: la Religion ha vencido una bor» rasca sin igual, ni aun semejante en los anales de la impiedad. Omitamos por ahora la historia de las variaciones religiosas de otras naciones: hombres sabios las han consignado á la posteridad como un Y (xxx ) preservativo contra la irreligion para las genera= ciones venideras: nosotros debemos contraernos á nuestra España , á esta Nacion privilegiada entre todas las del mundo. ¡Ojalá hiciésemos justicia á esta verdad, á nuestra gloria y á nuestro propio interés! La naturaleza y la gracia se han disputado sus dones: tenaz y obstinada en romper los lazos de las supersticiones paganas, no ha sido menos inflexible en conservar el depósito de la ver dadera Religion: en los tiempos de Recaredo se puso el sello á nuestra creencia, y los españoles parece hemos heredado con la naturaleza la Relision Católica, Doce siglos se han sucedido unos á otros, y la Religion Católica, Apostólica , Romana ha sido y es la Religion de todos los españoles , con esclusion de toda otra; este eco ha resonado siem= pre entre nosotros: la dominacion Agarena aso ló sus hermosas y fértiles campiñas, destruyó sus mas bellas y ricas poblaciones; el terror, la ferocidad , la esclavitud, la espada, el fuego y la muerte pasearon como en triunfo por sus mas abundantes provincias; puede decirse con ver= dad que todo desapareció de este hermoso suelo: solo la Religion y el valor han sido las riquezas que no pudieron robarnos: esta es nuestra heren= cia y el feliz origen de la emulacion estrangera: la España siempre ha sido la misma, jamas se ha desmentido. Por mas de setecientos años luchó dia noche contra los enemigos de su Religion y de sus leyes: el corazon religioso de los españoles solo pudo hallar descanso con la expulsion de los moros y judíos: un Dios, una Religion y un Key, he aqui todo el carácter español: la paz, la riqueza, las artes, las ciencias Coronaron sus triunfos, y el siglo XVI adornará eternamente sus sienes, ES (xxxí ) No es dable señalar otra causa de preferencia; con solo formar un paralelo, ó mas bien un sim= ple cotejo con Otras naciones , veremos que la razon en perfecta armonía con los hechos, no reconoce Otro origen que la Religion verdadera y la autoridad legítima consolidada con sus bases. “Con. »el influjo de esta Religion sublime, dice el sabio y »reflexivo La Mennais, el género humano caminaba »al término de su perfeccion, cuando repentinamen- »te aparecen de nueyo en la sociedad las doctrinas »del paganismo sobre el Poder, El ensangrentado »espectro de la Soberanía individual ó absoluta, invo- »cado por la Reforma, sale. del sepulcro donde le »habia desterrado el Cristianismo, Al momento el es- »píritu de independencia subleva las pasiones con- »tra la autoridad : guerras atroces desolan toda la »Europa, y la discordia con:su implacable encono. » penetra hasta el seno de las familias. Lutero y sus » discípulos justifican la rebelion, la autorizan , la > promueven con sus escritos y sermones sediciósos, » Un no sé qué violento ferménta en lo interior de »los corazones, y el fanatismo de la libertad relí- »g10s4 produce el fanatismo de la política. La Ale- » mania) la Francia, los Paises Bajos, Inglaterra y »Escocia, sirviendo de presa á los furores de una > multitud embriagada en doctrinas anti-sociales, se »Cubren de ruinas y nadan en su sangre. Vacilan » los tronos, y llegan á hundirse algunos.” El espiritu de independencia política y religiosa se apodera de las naciones europeas: unas se yieron al borde del precipicio , otras naufragaron, y todas sin saber cómo se contagiaron : la España es una na- ve perfectamente carenada, que camina boyante por entre los terribles y peligrosos escollos de tan= tas heregías y de tan violentas: reyoluciones como + (xxxu) la rodeaban : ella misma, sin otras armas que su Religion , es un testimonio incontrastable de una verdad que deberia grabarse en el corazon de to— dos los hombres y en los umbrales de sus casas, La Religion salva las naciones. Asi es que el si glo XVL, tan fecundo de héroes de la Religion, como de sabios de primer órden en toda clase de literatura, aries y bellas letras para la España, tan. ominoso fue para otras naciones menos religiosas. El fue la cuna de los primeros ensayos. contra la Iglesia y su autoridad infalible: el taller donde se prepararon las armas contra la Religion, y el semillero de toda independencia de autoridad asi civil como religiosa: el siglo XViL vió con dolor, aunque con la mayor apatía, los rápidos progre— sos de la rebelion; el XVI la: miró con placer sentada eu el trono de la felicidad de las naciones, y el XIX nos ha hecho sentir toda la amargura, las heces mismas de sus envenenados principios. Casi por tres siglos la irreligion se ha mofado de la pureza de nuestra fé, de nuestra constancia religiosa : los corifeos de la impiedad nos insultaban á su salvo en los folletos; y para darnos á beber con dulzura el espíritu revolucionario , nos impu— taban dos siglos de atraso en la cultura y. civilizacion, y lo que en realidad era una prueba eyidente de nuestra religiosa y firme adhesion á la ereerféia de nuestros padres, se nos improperaba como una falta de ilustracion, y se nos hacia pa= sar en otras naciones ya contagiadas la plaza de hijos legítimos de los siglos bárbaros , adheridos á las ideas de una educacion fanática , Supersticiosa y enemiga de las luces. ¡ Pluguiese al cielo hubiésemos los españoles permanecido en aquel dichoso fanatismo, en aquella feliz supersticion,-y en mas 4, línea seguida. tiranizaban la libertad : estas arterías lo ¿Can Y aquellas luminosas tinieblas /: mo mos veríamos ahora obligados. á. llorar los estrayíos de tantos de nuestros compatriotas, ni comprometidos á repa- «rar las íruinas de una Religion que moraba entre nosotros «cómo en. su verdadero. y legítimo suelo: mo habríamos tenido elimponderable sentimiento de ver atacada la Religion de muestros padres por UNOS: seres desnaturalizados é. hijos espúreos de una tierras toda: católica; no habríamos tenido. el des— consuelo. «de ver, no sin admiracion, entronizada la impiedad, perseguidas con. un ódio encarñizado buestras piadosas costumbres, nuestras leyes. reli— giosas:, y iminadas con un furor aunominable los fundámentos indesiructibles,. de nuestra «siempre amada Religion Católica, Apostólica, Romana: hablamos 4 la. faz de todos. los: españoles , de “áque— os mismos testigos de estas. verdades amargas; su testimonio es irrecusable, y en una hipótesi no. esperada y:los: escritos. y las prensas se hallan aún manchadas con. esta tinta: irreligiosa. En,sus escritos, es indudable; proclamaban. la libertad, se eloriaban de Padres de la patria, de .regeneradores benéficos, de. -glon y enemigos del, despo protectores de la Relilismo civil y religioso: yola conciencia ,: minaban las leyes que habian por tantas. veces salvado la patria, sacaban de quicio las instituciones benéficas de ún gobierno dulce y. re ligioso, comprobado ¡por la «serie. no interrumpida de: tantos: siglos. autorizaban un doble despotismo, y quitando -de una plumada: el antemural dela Religion:con el especioso título de proteccion , la de— Jaban 4 disposicion de sus-enemigos, Prevalidos: de graron seducir á una juvéntúd in caula, propagar el veneno de la irreligion, déscac (xxxav ) tolizar 4 no pocos ; introducir la impiedad en todas las clases del Estado) y arrebatar á la: Religion los frutos preciosos de, tantos siglos. No+hay «motivos para exagerar: todos. lo heiños visto, y la: poste= * ridad sensata se llenará de rubor al fijar «su vista enel cuadro horroroso'que presentan un múmero considerable de españoles imbuidos en' los ienebrosos misterios de la impiedad; y aun cuando: nuestro catolicismo ó muestra delicadeza nacional tra tase de sepultar en el olvido los estravios: religio= «sos de: nuestros compatriotas , sus mismos escritos hablarán por ellos, y lo que es aún mas sensible, la irreligion transmitida por herencia dará un testimonio siempre vivo de la invaoralidado de: sus progenitores. Jet ; "No es facil llegar: á dofetdirss hasta USE Sur to ha subido el encono contra la Religion : la generacion: presente. por su Mismo honor trataria “de “desmentirnos si no tuviese á la vista taritos docu— mentos incontestables del A reducido: á siste «ma», de la impiedad” 4 principios, de la: irreligion 4 reulasy y la misma obscenidad convebtida: :en “arte, La decencia, el pundonor, la concienciasmisma no permiten formar; el diccionario de tas:im-— «piedades, blasfemias, heregías, burlas: 'sacrilegas, —"sarcasmos escandalosos ,' cala inlas altamente implas; suposiciones irreligiosas , y tantas ótras abo— 'aciones cuantas. pudo sugerirles él ¡Émulo: de la E inidad. La creacion de cielos y 'tierra;; el origen «primordial de los hombres, su: civilizacion: y' Re— digiony su primer: crímen;, la: pena transcendental -á todos sus descendientes , el diluvio 'universal, las promesas: de Dios: á:los Patriarcas ;: sus: visiones á - Jos Profetas, la libertad del pueblo judío, : el paso - milagroso det mar Bermejo, la historia;: los pre (xxxv >) :céptos , la moral > las profecías , los libros canónicos del antiguo 'lestamento , todo se ha negado á la vez, todo se ha ridiculizado. As El Evangelio, tantas veces puesto en el erisol de la razon humana, y Otras tantas victorioso: de toda clase de enemigos, ha sufrido una contradiecion al parecer inconcebible por el hombre : los asombrosos misterios de un Dios hombre) su na— cimiento de una Madre. Virgen , Sus leyes, sus preceptos, sus máximas , sus egemplos , sus mila gros, su. muerte afrentosa de Cruz, y su hesurreccion , todo ha servido de juguete, de mofa y es- .«carnio á la impiedad, á la filosofía de nuestros dias. La Ley evangélica, su propagacion prodigiosa, la conversion del muudo , que puede con razon llamarse 'el Milagro permanente de la Religion católica , la ruina de las supersticiones paganas,:el es- 1ablecimiento de la lolesia , los Mártires; los mila—- gros , Sacrámentos ,- gerarquía, disciplina”, todo: ha caido bajo la guadaña destructora del ridículo impío, y de la mas insulsa, pero á todas luces la mas sacrílega crítica. El hombre mismo ha sufrido, ha esperimentado todo el lleno de degradacion: el hombre, imagen viva de su Hacedor, se ha. visto asotia— do al número de las bestias: su alma se ha hecho mortal, sus esperanzas y su.fn como el de aquéllas; su voluntad la única ley: la bondad y honestidad de sus acciones la opinion de los hombres, yla diversidad de climas : su felicidad el placer y el delcite: su estado natural silvestre: su conservacion, propagacion y deberes en el-mismo órden. Para: complemento, para llenar-las medidas de la impiedad, se hacia indispensable desquiciar la piedra angular del edificio: pusieron su boca en el Cielo. y dijeron: No hay Dios, Tal es el catecismo abreviad o de la im- (xxxv1;) credulidad , y tales los “artículos del Símbolo de los ateos. 11 gi 92 0 igsargias” : Da Sin embargo, ¿quién lo creyera? muchos españoles , degenerando de sus progenitores y del suelo católico en que habian nacido, han suscrito «4 las mayores estravagancias de. la impiedad, y aun se han declarado sus decididos apolpgistas.- En prueba de esta tan dolorosa verdad bastaria leer los: folle tos publicados en los años de nuestras desventuras, y formar un índice dy los monstruosos abortos de la impiedad francesa en los:años de sus estravíos, traducidos, glosados, adicionados, aplaudidos y, propagados por nuestros mismos compatriotas. Entre éstos han circulado por todas partes el Citador , el nuevo Citador, las Ruinas de Palmira, la Moral Universal, muchos de los follelos vaciados en el molde del Baron: de Holbalch y socios en la impiedad, las obras de Valtaire, de Maquiavelo, Rousseau, Dide— rot y d'Alembert: entre los españoles el Dicciona— rio crítico búrtesco de «Gallardo, la Triple Alianza adoptada por: Megía , los folletos de Bernaben , los Diálogos Argelinos de Blanco, los tres Enmascarados contra: el: celibato eclesiástico, la: Inguisicion - sin máscara, las obras de Llorenie, de Toreno, de Villanueva, de... + un comercio escandaloso de es tas impiedades ha circulado por todas muestras provincias, ciudades, villas y aldeas: en: todas las: cla— ses, en todos los estados y sexos han hecho sus con- -quistas, y “adquirido un gran número de prosélitos; y si es verdad que unas mismas causas en igualdad de circunstancias siempre producen los mismos efectos, no sería aventurar nuestro juicio, despues de una esperiencia tan deplorable, copiar el informe del Conde de Passeran, testigo nada sospechoso á los impíos, sobre el inllujo de los principios irrelin 1 DONA entón ec (xxxv1u) giosos en ciertas Clases del Estado: sin embargo no tralamos de atraernos ni aun por medios indirec= tos la odiosidad, y 'sí de presentar á la vista de to=. dos los españoles los males incálculables de los libros é ideas irreligiosas sembradas en muestra España. - “Esta ha sido la más fatal desgracia , la: mayor de todas las, pérdidas para lá católica, para la peligiosa España. A pesar de esta gloria tam poco conocida de otras naciones , la España ha sufrido ve con,el mayor dolor el estravío de un gran número de sus hijos: una llaga de tan dificil curacion debe llenar de amargura á todo español, Sin Relision no hay vínculos, mo hay union, no hay ni puede haber relaciones del hombre corsigo mismo, con, sus semejantes, con la sociedad, ni con el mis— mo Dios. ls pues de una absoluta "necesidad re trográdar en las ideas, y volver al mismo punto en que nos desviamos del «respeto, de la veneración, del. amor, de la práctica de las máximas religiosas heredadas de Mmuestros padres, si queremos recuperar el honor, la gloria, la paz, la abundancia, el verdadero carácter español... ' La Religion tiene un derecho de preferencia en los españoles : genio, indole , carácter, propensio— nes, leyes, usos y costumbres, todo respira: un Alre religioso: á su sombra hemos sido felices : con su brazo: fuerte nos ha salvado de los mismos escollos en que han naufragado: otras Naciones católicas: cuando hemos militado bajo sus banderas, el triun- Lo y la: victoria nos han seguido por:iodos. los án— gulos de la tierra; y por mas que los émulos de las glorias de España traten de obscurecerlas, jamas - podrán aventurar su opinion, hi menos_Megar, que los españoles han estendido el imperio de la Religion hasta el mismo punto donde han llevado sus A (xi1v) del estilo, cón'iguál satisfaccion decimos que la so lidez de los conceptos y la rectitud del juicio estan por los españolés; Por-lo mismo, el mayor obsequio que podemos - hacer á nuestros compatriotas es proporcionarles una Biblioteca selecta de Religion, en la que reunidas las obras de mérito conocido por la solidez de sus priútipios, por la fuerza de sus: raciocinios , por. la fluidez y elegancia del estilo, y por el nervio de la clocuencia, hija de la verdad “y madre del convencimiento , puedan instruirse en los fundamentos de la verdadera y por lo tanto única Religion , comparar.la sublimidad de. sus verdades. con los estra= víos y errores del hombre incrédulo, y pesar en la balanza de un-juicio libre de preocupaciones los incontrastables motivos. de su credibilidad. En este mapa del cristianismo trazado por los primeros talentos del siglo, semanifiestan las verdades mas interesantes, se ven rebatidos los errores, desenma— “ rañiados los sofismas de los incrédulos, convertidas las calumnias contra los-mismos agresores, cubier— tos de oprobio los impíos, y la Religion triunfante; El hombre religioso al' fijar su: vista en estas - brillantes apologías de su Religion, como que se engrie al verse saperior á esos lan decantados ge= mios de la incredulidad, y compadecido de tamaños estravíos de sus semejantes, en su misma degradacion aprende á adorar sus incomprensibles miste=. rios, y á respetar unas verdades que forman su mayor gloria y todo el cúmulo de sus esperanzas, Tal es el frato dela lectura de estas obras lumiz= nosas, en las que la Religion, en vez de cubrir con un velo sus misterios, como nos imMproperan sus ene— migos y aparece en todo su esplendor, les presenta r unas verdades que si bien son amargas á un cora= a RR ic cl di pr a Le AR A iones poi e tin (xv) zon corrompido, tarde ó temprano las verán cumplidas los mismos que ahora se mofan de ellas. No dudamos asegurar que los verdaderos c2- tólicos » los 'seducidos por los malos libros, los incrédulos por sistema, y aun los mismos indiferentes en materia de Religion, último grado á que puede llegar: una razon estraviada, hallarán en esta Biblioteca luz abundanmtísima para conocer el precipicio 4 que se han dejado arrastrar, desengaños á sus preocupaciones, punto seguro donde fijar: susi constancia, centro donde descansar despues de:tanlas y lan irregulares revoluciones de ideas, norte á donde dirigir sus mas interesantes especulaciones, y medios los mas poderosos para hacerlas útiles á la sociedad y á sí mismos, Los editores, siempre constantes en sus ideas, proclaman á la faz de toda la España la sinceridad de sus deseos: no ambicionan empleos , no caleúlan sobre intereses, ni sus especulaciones tienden á otro objeto que 4 cooperar al bien de sus compatriotas: conocen el deplorable estado de la literatu=- ra española, y no menos el gusto dominante de nuestro siglo: hay hombres sábios, no puede ne— garse: nosotros conocernos á unos, y otros se han dado á conocer al público por sus escritos llenos de ideas sólidas; pero que reducidos á este pequeño círculo, parece miran con desden los adornos cultura del estilo, y sea efecto de la educacion ó gevialidad española, el resultado es que chocan de frente con el gusto del siglo, y sus obras se hallan cubiertas de polvo en las Iibrérías, cuando por la solidez y exactitud de sus ideas son dignas de me- Jor suerte: la experiencia deberia desengañarnos: los triunfos que han conseguido los enemigos de la Religion han sido fruto del estilo florido y seductor (xLxb) > con que han vestido sus folletos. ¡Cuántas ventajas podria conseguir la Religion si al profundo estudio de sus verdades. reuniésemos el buen: gusto! ¡Cuántos de los hombres sábios que han: tomado la plu- “ma en nuestros dias habrian escusado el humillan- “te desprecio que por su falla de-gusto, por su desaliño, se yenobligados á sufrir al ver que no hay quien: pase la vista por «sus opúsculos! No pode- “mos. menos de aplicar á este asunto las palabras de Cc” cis sunt. Ds Jesucristo: Filió hujus «seeculi prudentiores filiis lu— ; Y 4 3 SOBRE LA INDIFERENCIA EN MATERIA DE RELIGION. POR EL Ar. F. LA MENNAIS, Impius qum in profundum venerit.... contemnit Prov. 18. y, 3, A E E e e Nit A Asia us. le vita | re, A as ca Le A CES a Mota AE AE EEE IA PAI O . 8gí2, la vehemencia '4 Y bs y X o ADVERTENCIA >. 1 xi 4 yo 5h MR Mn AY bd m o * E ES » sr eel A E A ins los editores merecer la confianza de los sábios en la eleccion de las obras que tratamos de publicar (* ), hemos Fijado la consideración en elo Primer tomo del Ensayo de. la Indiferencia en matería de Religion , obra de F de La Mennais ;' uno «de los primeros sábios de la Europa, y oráculo de la Religion Católica, Apostólica , Romana en el pre-- sente. siglo. No es posible leer este primer tomo sín ser poseido de la admiracion al contemplar la ener. ! con que presenta el inminente peligro_ en. que se hallan las Naciones á consecuencia de los errores de estos. últimos tiempos , la delicax eo (%) 5. M. (que Dios guarde ) por su Real decreto de 1 de mayo de este año de 1826, enc Señor Cardenal Arzobispo de Tole 20 y Rivero”, nombre 'tres Eclesiásticos que, en union de los dos editores formen una Junta de Censura, y de eleccion” de materias y Obras. Los nombrados por su Emi. neucia' son el Doctor don Serapio Serrano, Arcediano de Trasanco , y Ayo del Serenísimo Señor Infante don Sem bastian, el Reverendísimo Padre Fr. Clemente 'Barbagero, €X-General del órden de San Bernardo, y el Reverendísimo “Padre Fr. Miguel de Godos, ex-General del órden de,San, Benito, zo Ad ADS 1 o arga al Eminentísimo do don Pedro Inguan- (2) deza y solidez con que descubre el funesto origen de' estos estravíos religiosos, la claridad con que seña— la los pasos por donde la Europa ha llegado al borde del precipicio , la precision con que ha sabido con— centrar las arterías y amaños de que se han vali— do los enemigos de la Religion para desacreditarla, la viveza inimitable con que pinta el término fatal, el caos á que caminan con la mayor rapidez los gobiernos protectores de estas doctrinas antisociales é' irreligiosas , el abismo á que les conduce la Yndiferencia en órden á la Religion, vicio característico de nuestro siglo, aunque poco conocido, pero que es una verdadera tisis de las Naciones que las consume, y sin otra esperanza de remedio que la Religion mis ma á quien atrozmente persiguen, y en fin, aquel: estilo sostenido , aquella elocuencia encantadora con que alhaga, arrastra el corazon y convence alen= tendimiento , todos son unos justos títulos para que los. sábios y los menos instruidos reciban con gusto la primera muestra de nuestros trabajos; y para que no se crea que en estos primeros rasgos. tiene par= te la exageración, presentamos á nuestros lectores. «el elogio y analisis que Mr. Genoude-; célebre: por"sus traducciones de los libros de Job, Isaías y los Salmos , hizo de esta obra, y nos prometemos será del agrado de cuantos lo lean: dice así: “Aparecieron en el último siglo unos hombres dotados en grado eminente del talento de seducir, ansiosos de gloria á cualquier precio, y que esco= «gieron la destruccion como medio para llegar á ella ; sedientos de dominacion , devorados por un espíritu inquieto de desordeu, ales, en fin, cua= les nunca dejan de aparecer cuando el cielo quiere des cargar sobre los pueblos algun castigo ' grande?” Las naciones no yiyen sino por las creencias. Las imcc IA O Ad (3) “pugnaron todas, é hicieron la suerra en todas 9 . partes al depósito de la verdad confiado á la socie= ¡Ca , poesía, novelas, la literatura toda formó una Conspiración impía. Fue riel mundo moral es- Pero aquel que ha dialado al error y lá ino que no pueden smo-esceso del mal sale el re medio ; y en este caso se ye obrar aquella. gran ley de conservacion , que sin violentar la libertad del hombre le detiene en el borde del abismo que él mismo se habia abierto. La Vrancia estravia— dapor los sofistas , fue abandonada á sí misma, y la verdad no .reinó mas: en ella, Gobernaron la Francia pacio de algunos meses amontonaron en ella mas ruinas que un egército de tártaros habria podido dejar en toda Europa á: los diez años de invasion, Jamas desde el principio del mundo «fue dado al hombre: tal poder para destruir... Se redujo á. sis tema la muerte hasta en las pequeñas poblaciones; y acabando con decretos lo que se habia comenza— do con puñales, fueron esterminadas clases enteras de ciudadanos. Entre tanto el odio al órden, cónsiderándose demasiado estrecho en este vasto teatro de destruccion , rompió sus barreras y fue á amenazar á todos los Soberamos de Europa sobre sus Mismos tronos. Tuvo el ateismo sus apóstoles, y la Anarquía. sus seides ($). La Francia cubierta de (+) Serde, asesino y parricida en la tragedia de Voltai. re, intitulada: Ey Fanatismo, ateistas , y en el es- ES (4) ruinas «presentaba la imagen de un inmenso cementerio cuando... ¡cosa espantosa! he aqui que en medio .de estas ruimas «las cabezas mismas del desórden;:sobrecogidas de un terror repentino, retroceden asombradas, como: si.el espectro de la nada se les hubiese aparecido. Su orgullo cae por. tierra de improviso, conociendo que.una fuerza irresistible: les arrastra á ellos mismos al sepulcro. Vencidos por. el «terror proclaman «precipitadamente la existencia del Ser supremo .y la inmortalidad del alma , y puestos de pie sobre el cadáver palpitante de la sociedad, llaman á grandes gritos al Dios que solo puede reanimarla.”. L: 625 Pero el odio á la Religion católica se conservó todavia en los corazones. Se seguia proseribiendo á los ministros de su culto; solo: se habia renuncia do ál ateismo y la anarquía. Entonces aparecieron la Teoría del poder político y religioso, la legislacion primitiva y el divorcio. Quedaron descarnados los fun= damentos de la sociedad; y Mr. de Bonald leyó en ellos esta verdad, escrita con caracteres de sangre: una filosofía. irreliziosa destruye la sociedad ; sola la Religion puede fijar á los hombres en un estado. con= forme á la naturaleza de los seres. La filosofía mo-— derna confundia en el hombre el espíritu con los órganos, 'en la. sociedad el Soberano con los súbditos, en el universo la naturaleza con el mismo Dios, y destruia asi todo el órden general y particular, quitando todo poder real al hombre sobre sí mis mos á-los: gefes de los estados sobre el pueblo, al misuo Dios sobre el universo. Mr. de Bonald resucitando entre nosotros la melafísica de Platon, Descartes, Malebranch y Leibnitz, con la política de los Bossuet, Domat, Águesseau y Fenelon, puso de nueyo la Religion á la cabeza de la sociedad y (5) de todos los pensamientos del hombre. Nadie probó mejor que él la union íntima de la Religion con la: sociedad; y por lo que hace: á la «metafísica, “sus. ideas acerca de la palabra comunican grandes lu= ces á esta ciencia, y la unen: con lazos! indisolubles á la revelacion. De este. modo la razon elocuente de Mr. de Bonald vindicó: al catolicismo: de. la” polí tica de Rousseau, y de: la metafísica de Helvecio; Pero quedaba otro género de ataque mas frívo= y por consiguiente “mas usado. Voltaire en el siglo pasado, Parny á principios de: este, y una turba multa de escritores en pos de: ellos, prodigaron al cristianismo insultos, sarcasmos y. calumnias: Era la Religion para muchos una supersticion: añe= Ja y tristes una produccion informe de lasedad mel dia con la cual podia acomodarse la política; pero: que no 'se habia hecho mas: que para. el: pueblo. Apareció el Genio del Cristianismo. Entonces se des envolvieron las bellezas poéticas y morales del cris.: Htanismo : entonces se vió cuanto debian las. artes; el ingenio, las letras y las ciencias tambien á:una Relivion, cuyo objeto es la perfeccion completa del hombre en todo su ser. Mr: de Chateaubriand se dedicó 4 hacer ver sus relaciones con la «imagina cion, el “sentimiento, y todas las facultades del hom= bre; y en un estilo lleno de ¡encantos y que-hizo brillar tanto su imaginacion ,+probó que todo tiene conexion en el hombre con: el sentimiento religio= SO) y que el cristianismo “preseñta este testimonio «En toda su: pureza. 19135: lo, NO por esto: se dieron “por vencidos los enemi= gos del cristianismo; respondieron á Mr. de Bonald que sus escritos no eran mas que una pura metafí sica; 4 Chateaubriand que habia compuesto uma mitología; y “abandonando los sistemas: de Helvecio (í3) cielo. Su talento” se “mecé sobre los aires como el águila. El capítalo mas hérmoso que escribió Male= branche, es aquel en que trata de la importancia de la Religion con respecto á Dios; ni aun las eleva ciones sobre los mistérios presentan cosa que sex mas sublime. Mr. de La Ménnais derrama torren> tes de luz sobre las cuestiones mas incomprensibles. al entendimiento “humano. Su libro se conservará como un monumento desa edad, € inulilmente se: pretenderá impugnarlo, porque su triunfo irá siem pre en aumento, y tendrá la suerte de las obrás de los grandes talentos cuando vienen á tiempo. =Ge= noude os ; E 1 Sl ) Lo que es mas que suficiente para conocer el'ver= dadero mérito de la obra y de su autor: Mé. de La Mennais , como decia bien el Baron de Ecksteín" (Le' l Y Dri rr d e i ne e e o o (*) Este.elogio de La Mennais lo hemos tomado del pró. logo que el R. P. Fr. José María Laso de la Vega, doctor en' teología y lector en el convento de san Francisco de Cádiz, paso 4 su traduccion del primer tomo de aquél, y lo copió del periódico de París titulado el Conservador, t. 11, página 193. Es bien coúocido én auestra España el mérito y la ilustracion' de este sábio religioso. El año de 1820 hizo la» traducción del t. I de La Menuais, sin duda con el objeto de preservar 4 la Nacion de Jos desastres que la-amenaza= ban con la nueva instalacion del sistema constitucional; Pero.como La Meunais ataca. por sus bases las constituciones-republicanas., el P. Laso para poner á cubierto la publicacion de esta obra, no pudo menos de añadir correctin vos á los principios generales de aquél, y. aun con esta es tratagema fue conocido por los mismos liberales. En el año de 24 dió 4 luz la impuegnacioi del Citador, y en ella des cubre su vasta erudicion, y los. sólidos conocimientos de un sábio teólogo. ¡Ojalá estuviera en mahosde todos 2 | (3) - > -Catholique num.. 2) es un soldado: de. la. Talesia miditante, que. armado del raciocinio. como de una Ls pada de dos. filos, se arroja. entre. las filas enemi— gas, y asaltando la Ciudadela en. que se ha encastallado la orgullosa Razon, resuelto. 4. morir antes que ceder , trastorna todos, sus, baluartes , derriba sus atrincherámientos , é imperturbable. enarbola entre sus ruinas. el estandarte de la Religion y de la fé. Si en da vehemencia de sus espresiones parece. alguna vez deprimir demasiado. la Razon, no es porque la desconoz= ca; el uso que hace de ella: es. la mejor prueba, de to das ; sino para enfrenarla y avergonzarla .al. presen= lar sus desvaríos. Asi los PP. antiguamente al im Pugnar un error parecian propender al estremo opuesto, «Sin embargo, para que. aun los mas sencillos no ha. llenen que tropezar , debemos advertir con él mismo (Prólogo de su segundo tomo) que esta palabra Indiferencia varía segun que se aplica á las personas, y á los juicios de las doctrinas: en el primer sentido equivale y viene á ser sinónimo de indolencia y apa— lía; y en el segundo, que es la dogmática, cuando se juzga que todas las doctrinas son indiferentes , y ninguna obligatoria. Como el primer capítulo son Consideraciones generales, abraza una y otra > y de la Primera se deben entender aquellas palabras que la indiferencia es como “estincion de todo sentimiento en »la voluntad, en razon de la Jalta de todo juicio en el »entendimiento ; que el juzgar es vivir; el creer , el »amar es vida” no porque el hombre que actualmente no ama , no viva, sino á la manera que al sueño lla. mamos imagen de la muerte , Asi quien no ama, ni cree, ni juzga, ni siente, Parece podia decirse muerto, Si contraponiendo en la págs. go la Iglesia al g0- bierno civil lama é la primera “Sociedad espiritua(? y que impone solo penas espirituales, no es porque no la ( la) Hesnda corporal y sensible, pues emplea páginas enteras en demostrar contra Jurieu que es visible, sino para contraponerla al gobierno que sobre las cosas de Religion le usurpó la Inglaterra. La Mennaís, eminentemente católico , sabe: bien que los Concilios estan llenos de penas ester tores y y unas y otras.son del resorte de la Iglesia, aunque ordenadas á la santifica= cion y. bien del espíritu, Siendo demasiado largos en “esta advertencia, en eltomo 1 daremos su nota bio gráfica. Solo nos resta añadir , que la presente tra= “duccion se ha hecho por la sesta impresion de París, y la del P. Laso por la cuarta, Creemos de nuestro de- “ber hacer esta advertencia, para que sí nuestros lec= tores notasen alguna diversidad en determinados pe riodos ó espresiones , puedan cotejarlos por sí mismos, : y (05) INTRODUCCION. N, es el siglo mas corrompido el que se apasiona por el error, sino el que desatiende, menosprez cia, y desdeña la verdad. Cuando en un enfermo se ven violentas convulsiones , arrebatamientos fu— riosos , delirios, aun tiene fuerzas, y hay lugar á esperar su salud; pero cuando cesa en él iodo movimiento , desaparece el pulso , el frio de los estremos llega hasta el corazon, ¿qué hay ya que esperar simo una próxima é inevitable disolucion ? En vano nos lo querríamos disimular: la Sociedad en Europa se avanza rápidamente hácia este término fatal: esos estrepitosos ruidos que resuenan en su seno , los sacudimientos que la agitan * no son el síntoma mas terrible que ofrece al obser vador; pero esa indiferencia letárgica en que la yemos caer, de ese adormecimiento profundo en que yace Sumida ¿quién la dispertará? ¿quién soplará sobre esos huesos áridos para reanimarlos otra vez? El bien y el mal, el árbol de la vida y el que produce la muerte, nutridos por un mismo suelo, crecen en medio de los pueblos, que sin alzar siquiera la cal beza para distinguirlos, pasan, alargan la mano, cogen sus frutos á la ventura. Religion, moral, ho=- nor, deberes, los principios mas sagrados y los mas nobles sentimientos, no son ya mas que una especie de sueño, unos brillantes y fugaces fantasmas, fuecos fatuos que se dejan ver momentáneamente á lo le— jos del pensamiento para desaparecer en breye.y no (16,) volver mas. No, nunca jamás se vió cosa semejan le, ni aun se hubiera podido imaginar: han sido necesarios largos y pertinaces esfuerzos, uma lucha infatigable del hombre contra su conciencia y con= tra su razon para llegar hasta esta indolencia bru— tal. Fijad por un momento los ojos en ese Rey de la creacion: ¡ó qué envilecimiento tan incompren— sible! Su espíritu postrado y decaido no se halla bien sino en las tinieblas.. Ignorar es. su $0zo, su paz, su felicidad; ha perdido - hasta el, deseo de cono> cer lo que mas le interesa. Contemplando .con: igual dedio y aversion el error, y la verdad, afecta. creer que no se pueden distinguir á fin de, confundirlos en un desprecio comun; último esceso_de deprava= cion intelectual á que es dado llegar al hombre: cum in profundum venerit , contemnil. Pp Iran ¿Cuando se llega á considerar este portentoso es= 244 ciones y quimeras: no vive sino en,el mundo físi- £9> y el mundo intelectual es como sino, fuera para (47) él. Negaria sú pensamiento mismo sino le fuera tan íntimo, y le tuviera tam presente; pero ya que no le es dado, si me es lícito hablar asi, separarse de él, negándose á lo menos LOS por lo que es, le materializa, le llama el resultado de la orga= nizacion , de las afinidades químicas, para no verse obligado á admitir substancias espirituales ó que no esten al alcance de sus sentidos, LE. Fl cultivo de las ciencias físicas ¡cosa notable! esas ciencias que á cada paso y á cada instante ad vierten al hombre de su superioridad sobre los bru= tos, no parece ha servido sino para corroborar en él esa vil y baja inclinacion de abatirse hasta po nerse al mivel de los seres mas despreciables, ocu pándole incesantemente en objetos materiales y ter renos. Desde entonces el alma se ha desagradado de sí misma, se ha avergonzado de st orígen celestial y divino, y aun esforzado á borrar hasta el últi mo vestigio. Ha desviado de su curso natural ese amor ¡amenso, que forma como el fondo de nues= tro ser, para aplicarlo únicamente á los Cuerpos: po— ne en éstos todas sus miras: los amá como «su fin; ha querido identificarse con ellos, ser perecedera como ellos, y en esta loca imaginacion diciéndose á. sí misma: Tí tambien morirás, ha saltado de plater , y regocijádose con esta esperanza, Sp Ciertamente, si burlando su destino le fuera posible al alma conquistar la muerte; el medio que habia elegido para ello servía infalible; y en efecto destruyendo por lo que respecta á sí y aniquilando la verdad, en cuanto le era dado se ha aniquilado á sí misma , porque en cualquiera sentido que se quiera tomar, la verdad es la vida, y la única cánsa de la existencia del hombre y dela sociedad. Asi en el orden moral como en el político todo camina rr Tom. L. o 2 (18) á la destruccion , y marcha mas ó menos rápida- Mente hácia este término fatal á. proporcion que la guerra contra la yerdad es mas ó menos activa, mas ó menos feliz. Una nueva, triste y demasiado memorable esperiencia no nos deja duda alguna sobre este punto, y para el que no se quiere cegar yo- Tuntariamente, es evidente que la revolucion francesa, lan eminentemente destructiva, no ha debido ese carácter mórtfero sino al delirio impío de sus promovedores , que con una rabia y furor hasta entonces jnaudito atacaron todas las verdades Juntas. Esto no es decir que no haya existido siempre en el corazon humano una secreta oposicion, á la verdad, que contraría sus, inclinaciones, y humilla su orgullo, Él la ama Y la teme; la desea, la bus- > ea por una inclinacion natural como el principio de todo su bien; pero frecuentemente en el momento mismo cansado de su yugo, se irrita de haberla encontrado; contradicion singular que no podrá es- 1 plicarla nunca la filosofía sola. Despues de. haber fatigado imútilmente nuestro espíritu , es necesario que la Religion , supliendo su impotencia é inaptitud, venga á desalar el nudo cuyos cabos profun= ; «damente ocultos se escapan á nuestros ojos ze á nues- $ tra consider acion, á nuestras miradas y á nuestras conjetur as: es necesario, en una palabra, que ilus= trados é instruidos sobre nuestra verdadera condi-- cion por una luz mas viva que la de nuestra vacio ; lante razon, el autor mismo de nuestro ser nos revele la causa y principio de las contrariedades qué nos asombran. Entonces solamente, entonces es cuan: do cae el velo que cubre nuestros ojos, y vemos a hombre cual es en sí; á esta luz descubrimos en él cor mo dos seres diferentes que luchan y combaten sin ce” sar, y alternativamente triunfan de sí mismos : uno | w +A (19) prendado y apasionádo de dadero, noble; el otro incli vil: uno lanzándose con an tud; el otro hundiéndose y el error: la fé descubriendo á n misterio de orandezanos muestra al homb todo lo que es' bueno, vernado á todo lo malo, falso, Or hácia la verdad y la virre primitivo cual salió de las manos de Dios, y en el sesundo 4 este mismo hom. bre degradado > Y Corrom : pa, llevando sobre la frente la marca indeleble de su Caida, Y recibiendó:eon la vida una funesta herencia de inclinaciones viciosas y de dolores, que lransmitirá de gen eracion en generación: hasta “su mbre, por lo que tie. > participa de las perfecciónes de . > CUYA imágen es ; Cia y amor "un deseó infinito de amar y de conocer de eleya ; el Cielo, donde : muere; gusta, y Se-saborea, y 9074 como las: dulces primicias de su Propia inmortalidad La simple apariencia del bien le ehagena de alegría : imaginad, si es posible, una Accion magnánima > UN- movimiento hosea natural á Su CORAZON. ¿Se tratan de "hacer, los mayores ústinto sublime m calcula; bendice su suérte se olvida de Sí “mismo, y Se sacrifica á ella; ¿Le hablan la humanidad y la conciencia? En el m e15, con el Sagra= “Bótbre de Dios -en los labios, volar entre los pueblos salvages, hasta el cabo del mu señarlos, ilustrar olarlos en sus males; Suavizar s abajós, di bres, y Cstender ej (20) verdad: vereisle bajar á los calabozos mas profundos, salir al encuentro á las torturas y suplicios pa= ra dar de ella un brillante testimonio, y morir con alegria para preparar su triunfo. 104 Hay pues en cada hombre, y por una conexion necesaria en cada pueblo, dos potencias que se ha— cen mutuamente la guerra y luchan entre sí, á sa— ber: los Sentidos y la Razon; ó para esplicarnos con el lenguage profundamente filosófico de nues tros Libros Santos, la Carne y el Espíritu (1); y segun que uno ú otra prevalecen, la verdad ó el error, el crímen ó la virtud, dominan en la socie= dad y en los individuos. a. ; En efecto, el hombre por su razon aspira á la posesion dela verdad ,'alimento noble desu inteligencia , y camina con una fuerza invencible hácia el orden conservador de las criaturas. De ahíen él esa inclinacion que manifiesta hácia las creencias sublimes, por las doctrinas elevadas y rígidas, y por * 4 los dogmas mas espirituales; de ahí esa ansia insa= ciable de saber, esa sed inextinguible de la inmor= talidad , ese instinto religioso , esa fé, tanto mas ilustrada cuanto mas sencilla , de todo y hácia todo lo bueno ,..hermoso, sublime, util, y por consi- * guiente real y verdadero: de alí ese asombroso do= minio que egerce sobre sí mismo , sobre sus sentimientos, pasiones, y hasla sobre sus pensamientos: ese desprecio de los . placeres frivolos y fruiciones físicas y. materiales: ese tedio insuperable :de todo lo transitorio: esos impulsos hácia un bien inmu= $ ., > . 4 e E | £ . (1) Caro enim concupiscit aduersus spiritum; spirits aus tem adversus carnem; hac enim. sibi ipvicem adversanture AS Gálat. g. Y. 17. -- ' Feed A * (21) table € infinito que apremian su corazon aun cuando su entendimiento no le com menso de la virtud, y esas Angustias E , E por sus prógimos, OrIgón y raiz única de todo lo gran= de, tierno y amable que se encuentra en la vida humana, : : Por los sentidos al contrario, inclinado hácia la tierra, sumergido, encenagado en los placeres sen= suales, sin gusto alguno: por los del espíritu, se asemeja al bruto, y aun se complace en esta se mejanza, Su entendimiento se obscurece; y no sien= do*esto “tan pronto como él quisiera, trabaja y ¡oh cuanto! para ofuscarle y obscurecerle él tambien, O parece sino que la verdad es su suplicio ; tan vivo y tan profundo es el aborrecimiento, que su vista le inspira y escita en su corazon, pers guela incansablemente, la ataca é impugha con fu— ror en los otros Y en sí mismo, en su entendi— "miento, en su voluntad j ¡esfuerzos vanos! se cree vencedor, cuando lleno de orgullo se aplaude de haber abatido, y logrado destruir esta verdad implacable, ella como una vision magestuosa, más amenazadora y formidable que antes, vuelve á alli. girle y contristarle de nuevo, Pero: si esclavo de los sentidos el hombre es enemigo de la verdad > Y Por consiguiente de las elevadas y sublimes doctrinas que emanan del Cieloy le llaman 4 él, no lo es: menos de las leyes eternas del orden, porque el orden en substancia mo es mas que el conjunto de las verdades que re. - (28) decaidas y lánguidas virtudes se reaniman y florecen; prodigios de caridad, milagros de amor asombran de nuevo á la tierra consolada: segunda vez el Espíritu triunfa de la-Carne, y la Iglesia vuel> ve á encontrar á sus hijos. cs Mas no nos lisongeemos que esta paz sea du- . radera; solo unas treguas de descaecimiento inter= rumpen el combate del error contra la verdad, cuyo poder, aunque de una fuerza irresistible pa-= ra el entendimiento , no se estiende hasta destruir por su propio peso la oposicion de «una volúntad pervertida. Bajo el imperio mismo de la evidencia el hombre es y queda libre, no para engañar= se, sino para rebelarse y resistir; no de no ver, sino de negar lo que ye: liberiad terrible,.que puesta frecuentemente. en uso , €s para todo el que sabe pensar la prueba menos equívoca del vicio original de. nuestra naturaleza, y al mismo tiempo la esplicacion de las pruebas á que ba estado perpétuamente espuesta la Religion desde su principio. Agitada sin cesar por alguna borrasca,. su destino como el del hombre, es el de no gozar ja—= mas en la tierra de un perfecto descanso. El orgu=- Mo, la licencia ,.la avaricia, las pasiones todas co-> ligadas en su daño, le suscitan incesantemente nue- * vas guerras, pero tambien le preparan nuevos triunfos. ¡O fuerza asombrosa de la sociedad cristiana! La heregía, ya deferente, ya atrevida, toma to=. das las formas, se cubre com mil máscaras, se vuelve y revuelve en todos sentidos para alterar sus dogmas; pero la Iglesia constantemente inyariable en su doctrina, ve á las sectas rebeldes una en pos de otra .espirar á sus pics: el espíritu de independencia , la ambicion de dominar escita en. su mismo seno. divisiones, 4 que frecuentemente (29) | siguen: cismas deplorables ; luego 4 luego de sus entrañas despedazadas pero siempre fecundas , $alen en tropas nuevos hijos que la consuelan de los que ha perdido. Los Príncipes envidiosos atentan contra sus derechos, y se esfuerzan á-turbar su gerarquía divina: á pesar de sus: ardides: y violen— cias, su gobierno afirmado por "los golpes que se le dan, subsiste inalterable, y Se perpetúa de siglo en siglo em medio de los trastornos y Tuinas de los gobiernos humanos: semejante á aquellas antiguas é inmobles pirámides de Egipto, de las que el árabe vagabundo al levantar por la mañana la tienda que habia puesto á su abrigo por la tar de, quiere arrancar de paso algunas piedras , pero que bien presto fatigado de un trabajo infructuoso se entra y desaparece en desiertos no conocidos, Mas ya el Cristianismo y el mundo moral van á ser combatidos por su base: sé ha reconocido que la lelesia y todos sus dogmas reposan sobre la autoridad como sobre una roca inmoble é inalterable: al punto la multitud de los sectarios, divi didos en” todo lo demas, se unen para minar este fundamento de todas las verdades. La reforma es en el principio su grito de guerra; luego “será la filosofía : escuchadlos ; vienen á limpiar la tierra de los abusos que el tiempo y las' pasiones han in2 troducido , y á curar al espíritu humano de las preocupaciones que le obscurecen y degradan. Arz mados de este pretesto seductor multiplican sin tér mino: las destrucciones: la supremacía del Gefe de la Iolosia; el Episcopado, el órden de los Pasto res, los Sacramentos, el culto y sus santas cere— monias , nada“se libra de la temeridad de su zelo relormador. Mutilando á porfa la fé, y apresurándose en algun modo á librarse del tormento de creer - A (30) como del de obedecer ,. proclaman rápidamente en sus símbolos efímeros é inconstantesla abolicion de todos los dogmas religiosos y sociales, Bajo diversos nombres que indican las. fases . sucesivas de ¡una misma doctrina , Luteranos , Socinianos, _Deistas, Ateos, prosiguen con una tenacidad incansable. su plan de ataque contra. la autoridad. Niegan los misterios del Cristianismo, niegan su moral, niegan á su Autor, “niegan áiDios, y se niegan á sí mismos. En esto viene á terminar la »razon humana (1 ).” Hasta aqui hemos pintado el delicia: de. sus opi- _niones; pero su. rabia desenfrenada ¿quién la pin= lará? ¿quién contará. sus esfuerzos; implos y negras e ¡ Insensatos! ¿En vaño ata: can una Religion contra la cual «mo es dado al hombre prevalecer; ella levanta. su: cabeza Coro nada de luz, mientras que ellos rodando de abismo en abismo, corriendo en su caida todos los gra= dos del error, sin poderse detener. en ninguno, aagobiados bajo. el peso vengador de las ¡verdades que blasfeman ,.se precipitan y hunden en el abis> mo tenebroso de. la indiferencia ,: donde:el crimen - estupidamente tranquilo, se duerme.en los brazos de la voluptuósidad señtada á los pies del horroroso ídolo de la nada. 5 Tal es el lamentable fin en que viene ¡ecesas riamente á parar Loda esa filosofía sin regla, que en vez de dejarse conducir por una, guia superior, “por la misma razon divina, se caleta: á subs= tituir á ésta la razon humana, hace. de ella la 0) Ensayo anaitemó sobre las leyes del Orden Social, a Mr. de Bonald. h us 4 AMAIA - AA a e ca cn Le (34) base de su fé, y acaba por negarlo todo, porque nada puede comprender y nada quiere practicar. Uno de aquellos hombres singulares que des cubren las cosas á largas distancias porque sáben colocarse en una grande altura, Bossuet, obser vando que todos los dogmas habian sido sucesivamente atacados sin éxito alguno, predecia mas de un siglo ha lo que vemos cumplirse en nuestros días. Espíritus débiles, que palpando los efectos quereis aún desconocer la causa, oid las palabras proféticas del orador cristiano: “Yo preveo , dice, »que los libertinos, y los espíritus fuertes Uegarán »á verse desacreditados, no porque se-conciba hor- »ror de sus sentimientos, sino porque todo, escep- »to los placeres y los negocios, vendrá á mirarse »á dar en la indiferencia.” ¿Lo habeis oido? Dad ahora una ojeada al rededor de vosotros, y respouded. ¿Qué veis por todas partes sino una indiferencia profunda sobre las obligaciones y creen cia, junto, con un amor desenfrenado á los place res y un apego y sed insaciable del oro, por cuyo medio nada hay que no se pueda alcanzar? Todo. se compra, porque -todo se vende; la conciencia, el honor , la Religion, opiniones , dignidades, poder, el respeto mismo; vasto y general naufragio de todas las verdades y de todas las, virtudes, La absoluta extincion del sentido moral hace que ni aun merezca atencion el error especulativo; se le desprecia por lo que es, lo mismo que la verdad; no:se piensa, ni aun se hace caso de ello: y mo pudiendo aniquilar el libro de la nas turaleza que se desplega magníficamente á los ojos de todos, se borra con cuidado el mombre de Dios, y apresurándose á volver las hojas que recuerdan al Criador, se detiene únicamente la vista en las que (32) | -nos instruyen de las propiedades de los cuerpos, y de los placeres que de ellas se pueden sacar, 'Observad cuán immenso camino ha sido necesario correr antes de llegar á los “últimos escesos que acabo de pintar. La orgullosa. razon, que no solo quiere conoter, simo aniquilar y crear segun su capricho y el interes de las pasiones, arrojada .Sucesivamente de todos los puestos que ocupaba, se refugia de ruina en ruina siempre perseguida por da verdad que la estrecha y no la deja respirar. Repelida hasta los límites del mundo “intelectual, no teniendo ya mas asilo que el ateismo, se precipita ciegamente en él para ocultar en las tinies blas la humillación de su derrota. Pero alli co= mienza un nuevo suplicio: para asegurarse este asilo comprado á tanta costa le sería necésario des= truir aún, y no le queda nada que destruir mas que á sí misma. En situación tan desesperada ¿qué hará? ¿qué resolucion tomará? Tiembla, sé hor= roriza, pero no duda; el orgullo la arrebata, y consuma el sacrificio; : e Desde entonces á la agitacion y á la: ardorosa fiebre, tristes pero al fin seguros 'imdicios de vida, suceden la calma y el silencio de la muerte, Ya no hay altercaciones, no hay disputas; parece que reina una perfecta paz; pero ¡ay! paz lúgubre, paz triste, paz mil veces mas destructora que la. guerra que la. ha precedido. OTE £ Desengañada la Filosofía de sús propios desva= ríos , no atreviéndose á reproducir los sofismas tan= tas yeces refutados )-ni pudiendo inventar otros huevos, porque: no hay ni puede habér mas que un cierto múmero de objeciones contra las mismas verdades, irritáodose de su impotencia, la que se creia tan poderosa: con” su razon cesa enteramen= r NS E e TE AS AS E A AA Y AAA EM. LOL. Cd IET?" CNT 2 AR (33) te de raciocinar. Ya no dice; escuchad mis prue bas; SINO», nO quiero: oir, ni atender las vuestras. No habiendo podido, despues de innumerables tentativas , hacer la menor brecha a] Cristianismo, lo declara indigno de sus ataques 15y aun de su exámen. Llegada al fondo del abismo lo Menosprecia, y demasiado instruida para arrostrar laevidencia que resultaria en breye de una discusión séria, á todo lo que se le puede decir, responde : ¿qué me importa? y sotiriéndose con desden vuelve á otra parte la cabeza, 209 El ateismo, decia Leibnitz,, será la: última de las heregías; y en efecto, la indiferencia que le sigue, y camina én pos de él, ya no es ¡una doctri=- na , porque los indiferentistas verdaderos ni nie= gan ni afirman nada; ño es duda , porque ésta, como estado de suspension entre dos probabilida= des contrarias, supone un exámen prévio;- es sí una ignorancia sistemática, un sueño voluntario del alma que apura su vigor en resistir á sus propios pensamientos, y luchar contra recuerdos importu= nOs, UN Entorpecimiento universal de las faculta=. des morales, una privacion absoluta de ideas acére ca de las cosas que mas le importa al hombre :co= nocer.. ¡;l'al es, á lo menos en cuanto el disenrso puede representar, lo que nada ofrece que no' sea vago», indeciso y negativo! ¡tal es el horrible y esteril monstruo que se llama indiferencia! Todas las teorías filosóficas, todas las doctrinas de impiedad vienen á confundirse: y desaparecer en este sióte— ma devorador, verdadero sepulero de la inteligencia > al cual ella baja sola, desnuda, abandonada igualmente de la verdad y del error; sepulcro yacio , en dondé hi aun huesos se perciben. De esta fatal disposicion , hecha casi. universal, Tom. 1. AS y (632) ha resultado bajo el nombre de tolerancia un nueyo género de persecución y de pruebas, la última sin duda que debe sufrir el Cristianismo (1). En vano una filosofía hipócrita hace resonar á lo le= jos las palabras seductoras de moderación, indul= gencia, condescendencia mútua y de paz: la miel perfida de estas palabras disfraza muy mal la hiel - amarga de los sentimientos que abriga en-su corazon. Su ódio inveterado contra todo principio res ligioso se descubre al traves de esas fingidas de=- - Inostraciones de benevolencia. general y de dulzura. - - ¡Estraña moderacion en efecto, y: mas estraña 1o- 4 lerancia ! Hemos oido muchas yeces decir que la prudencia aconseja tolerar por, algun tiempo” cjer= tos errores; pero tolerar la verdad > ¿Qué otra co sa es sino una pretension insolente y sacrílega, una protestacion sediciosa contra la soberanía que le per | tenece q el mundo moral, una confesion imple. cita: de la imposibilidad de destruirla? ¿Quién, andes de este siglo de luces, oyó jamas tolerar la inmortalidad del alma, la yida futura, el castigo , del crimen, y las recompensas de la virtud:..... tolerar 4 Dios? ¿Y á qué se reduce en realidad - esta tolerancia? Contemplad el estado dela Reli- - —gion: no se. la +proscribe, pero se la esclaviza: no se degiiellan sus ministros , pero se: les degrada y le AAN TS e io di A 8 (1) Lá que se nos predice para el fin de los tiem- 3 $ . y ñ pos,.será en algun modo una guerra persoual del homq bre de pecado coutra Dios; y el estado 4 que caminamos , es una de las señales por donde se reconocerá esta úl= tima guerra anunciada por Jesucristo, ¿Creeis que cuan do Venga el Hijo del Hombre hallará todavia FÉ sobre la. tierra? Luc. 18, 8 : 1 t e 5 de ke o it ds dd “vencida á su pesar de la necesidad (35) empobrece para encadenar el —ministerio, lecimiento es el arma con que se le co le menosprecia, se le prodigan ofensivos y afren— tosos disfavores , y la injuria aun mas amarga de una proteccion insultante. Alounas monedas, que la avaricia del que las da, envidia 4 la miseria del que las recibe, honores irrisorios, trabas sin nú-— mero, leyes opresoras, disgustos continuos y ca= denas; he aqui las liberalidades magnificas con que no se sacian de obsequiarla muchos de los gobier— nos. Instruidos por una esperiencia terrible, no se atreyen á ensayar el pasarse: enteramente sin ella; : pero un sentimiento mas fuerte; que la voz. de la esperiencia los lleva á demoler con “uma mano lo qué edifican con la otra. El interes mismo, ese interes por lo comun tan: poderoso, no tiene fuerza bastante para empeñarlos á disimular la aversion secreta que les inspiran las creencias que son su salvaguardia. La alta pelítica de nuestros dias, conde unir la tierra con el cielo, al hombre con su Criador, va á buscar en lo interior del Santuario al Soberano Ser que en él se adora, le:cubre cón unos harapos de púrpura, le pone un' cetro de caña en la mano, una Corona de espinas en la cabeza, y mostrándole al pueblo dice: He aquí á Dios. AIR En vista de esto, ¿hos admiraremos que la Religion asi humillada y deshourada no encuentre mas que indiferencia ? Despues de mas «de mil - ochocientos años de combates y de triunfos el Cristanismo sufre al fin la misma suerte que su Pundador. Citado, por decirlo asi, á comparecer, no delante de un proconsul, sino: ante todo el género humano, se le Pregunta : Rex es tu? ¿Eres tu Rey? ¿Es cierto, como te acusan > QUe pretendes, rei- * El envimbate , se 12 (086) | har sobre nosotros? Tú: lo. has dicho, responde: sí, yo.soy Rey,yo reino en los entendimienios ilus trándolos, «en los corazones arreglando sus moyi- «Iientos y aún sus deseos; reino sobre la sociedad «por mis beneficios. El mundo yacía sepultado en las timieblas del error; yo he venido á traerle la verdad: he aqui mi título: El que ama la verdad, “Oye Mmi-D0z, me escucha, Pero ya esta palabra no tiene sentido alguno para una razon pervertida, y es necesario esplicársela.: ¿Qué es verdad? pregun— ta el juez estúpido y distraido, y sin esperar la respuesta, sale, declara que nada halla en el acusado que lo haga digno de condenación , y le entre— ga.con indiferencia á la multitud para que le sirva de juguete, y de alli á poco de víctima E; Está escena tan grandiosa en su sencillez como todo lo que contiene el Evangelio, pinta mejor que «Jos mas largos discursos ese desfallecimiento mor— tal, esa especie de muerte intelectual en que caen los. hombres y los pueblos cuando dejando de ser engañados por las ilusiones del error, se niegan obstinadamente á cederá la convicción de la yerdad. “Pal es, clamaba pocos años ha un ora- »dor elocuente, tal es el dia. de hoy la profunda aga de la Iglesia; ó para servirnos de la espre— » ion de los Libros Santos, su llaga desesperada; »desperata est plaga ejus (2). Porque en verdad, »¿qué podemos oponer á este estado de cosas? Se »puede resistir á la violencia y fuerza declarada; » pero ¿qué se podrá oponer á esas armas: invisi— » bles de la indiferencia y el desprecio, que rehy- (1) “Joan. c. 18, y. 37. 38, ; (2)* Mich. I, 9» : el A A » S -»san toda especie de lucha? - (37) ¿cómo desalojaremos »á la impiedad de este últi »para las enfermedades corporales; »encontrará remedio á esta »delos espíritus? Se puede sabe »enfermo que desea la salud; pero ¿por dónde > empezaremos la de aquel que no' quiere sanar, »y Mi sabe siquiera sI, está enfermo, y que á las > puérlas. mismas de la muerte tiene toda la con— »fianza y seguridad de la salud? ¿quién le sana »rá? Sabemos cómo y de qué manera se puede re- »futar un error ó defender un dogma; mas ¿ qué »refutacion queda que hacer, ó qué instruccion »que dar cuando se duda de todo, y el primer dog- » ma es despreciar todos los «dogmas ? Conocemos »el freno que se puede poner al fanatismo religio-= »S0, pues que la Religion misma le señala; ¿pero >qué arbitrio hay para contener el fanatismo filo= »sófico? ¿dónde estará su contrapeso? y ¿cómo »hacér oir la razon 4 unos hombres que no tienen »mas regla de. verdad que su propia razon, y que. »al modo que aquellos fariseos locamente presun=. »tuosos de que habla san Juan , NOS dicen Íria »dogmáticamente : nosotros somos sabios porque so- »IOS Sabios , y vemos porque vemos: quía vide » MIS (1)? En tin, podemos contener un torrente >»en su curso impetuoso ; ¿pero quién moverá esas » aguas -Cenagosas.. y estancadas de una corrupcion »rellexiya que se. complace en su-reposo , y 10 con >Serva energía sino para la intriga y la avaricia? A (1) Joan. 9. 41. (44) 5 De aquí se sigue primeramente, que no hay, «con respecto á la sociedad, doctrina alguna indiferente en Religion, en moral, en política; en segundo lugar, que la indiferencia considerada como un estado permanente del alma, es opuesta á la naturaleza del hombre, y destructiva de 'su ser. Decimos, que con respecto á la sociedad no hay doctrina indiferente, y es estraño se nos obligue á probar en el siglo de las luces, y á pueblos cristianos, un principio tan evidente que las náciones paganas habian llegado á sentar como una de las primeras máximas de su política. Gonocian - bien que la estabilidad de los Estados dependia de la estabilidad de la creencia. Observadlas principal mente en la época de su mayor gloria y poder, cuan zelosas se mostraron de la conservacion de las. doctrinas establecidas. Sabido es el juramento que hacian los jóvenes Atenienses en el templo de Agraule: “Juro. pelear » hasta morir por los intereses de la Religion »y.de la Patria, y que constantemente vivi- »ré en la fé de mis mayores.” Caton no temia tanto la iniroduccion de la filosofía de los Griegos en su. patria , Sino porque pre= . veta que los Romanos, aprendiendo á dispu= tar sobre todo, acabarian por no creer na- a peto 4 las cosas mas santas. (45) - da (4), y el suceso justificó completamente sus temores. Los filósofos, “aunque desterrados muchas veces de Roma, triunfaron al fin de la resistencia de las leyes, de la prudencia del Senado, y aun de los mismos destinos de la Ciudad. eterna. Algunos sofistas, armados de la duda, hicieron lo qué no habian podido conseguir las fuerzas del numdo entero : vencieron con opiniones á aquella República sobervia que habia véntido á toda la, tierra; y es un hecho digno de la mas atenta consideracion, que todos los imperios, cuya historia es conocida, y que el tiempo y la prudencia habian consolidado y. afirmado, Fueron trastornados por: los sofistas. | Los grandes trastornos enel órden: político van siempre unidos con iguales trastornos en las opiniones, y el secreto de: conmover los. pueblos es el arte de persuadirlos: cuantó mas viva es esta persuasion, mas. poderosa: es la accion que resulta deélla. Mahoma persuade á algunos Arabes que su cimitarra- debe someter el mundo al Alcoran, (1) He aqui porque nuestros revolncionarios trabajaron £on tanto afan por escitar en sus periódicos tautas guestio. nes y disputas: el fin es ya conocido: hacer perder el rega (46) y en menos de un siglo: la media Luna tremola desde las orillas del Eufrates á las del Ebro. Lutero y sus discípulos persuaden á una parte de la Europa que la Soberanía reside en el Pueblo, y bien pronto la sangre de los Reyes corre «sobre los cadahalsos. La lógica de las naciones es tan rIgorosa como la* misma verdad de Dios. Un individuo puede retroceder al ver ciertas consecuencias; la sociedad nunca. Una cosa mas fuerte que el horror. de su destruccion la arrastra, y aun pereciendo, obedece á la ley general conservadora de los seres inteligentes, 4 esa razon inmutable y universal que forma, por decirlo asi, el fondo de todos los espíritus, «y cuya rectitud inflexible no puede alterarse por cosa alguna, bien sea que se aplique al error ó á la verdad. En toda doctrina hay necesariamente ó verdad ó. error; luego toda doctrina influye ó en. bien ó en mal de la sociedad ; luego no hay doctrina alguna que sea indiferente para ella, á menos que no se diga que el vicio y la virtud, el órden y el desorden son cosas indiferentes. Se ha sostenido en efecto asi, y esta es la mejor prueba á mi entender de la existencia de esa ley de que aca bamos de hablar, y que tarde ó temprano a ¿IA EPA AA o AE EEN (47) obliga á salir de su "principio. las consecuencias mas estremadas, porque. cuesta menos al orgullo confesarlas, y alguna: vez ála cón= ciencia practicarlas, que le cuesta el negarlas á la razon, ++ | | : En los tiempos que se llaman bárbaros, el cristianismo habia afirmado y templado el poder, santificado la obediencia, establecido las verdaderas relaciones sociales, purificado las costumbrés, y muchas veces tambien 'suplia por las leyes. El enriquéció la Europa con instituciones admirables, que llenando el vacío. siempre inmenso que dejon las dustituciones políticas , por el dulce influjo de una caridad: pródiga en beneficios, estrecharon con el Estado la: clase innumerable de: los des= graciadós. Gracias al imperio que egercia sobre las':ideas, y mas aun sobre los corazones; . el hombre: llegó á ser sagrado para el hombre. Hubo sin duda pasiones , y por consiguiente crímenes y delitos; pero-la Religión sabia hacer brotar de ellos por medio del ay repentimiento nueyas virtudes: Las acciones; sujetas á la regla invariable de: las obligaciones lo mismo que los pensamientos, se diri= gian en su mayor parte al bien genera], y esto es lo que caracteriza aquella época, El cue era poderoso lo era para bien del débil, (48) ; y el rico para favorecer “al pobre. En vez de delirar sobre un órden de cosas exento de toda: imperfección, se dejaba al órden existente perfeccionarse poco á poco' por sí mis-. mo» y cada uno en su esfera»se dedicaba á remediar el mal' particular que mas Hamaba su atencion. De aquí, ademas de esas 'limosnas pasageras y diarias, tantos: éstablecimientos. permanentes erigidos en favor de la indigencia, que se levantaban á cada paso en las ciudades , en los campos y en los caminos públicos, como otros tantos arcos triunfales . de la caridad. Entonces no se :creia. haber cumplido todos los deberes de-la humanidad alargando un pedazo de pan á un miserable; se sabia que un ser: sensible é inieligente no vive con solo: par (4), y que los: dolores: físicos mo son los mas penosos, Una doctrina eminentemente. espiritual y compasiva produ-. jo una nueva especie. de conmiseracion sublime, ocupada constantemente en recoger los entendimientos estraviados, y distribuirles con medida un alimento saludable. No menos noble en sus emóciones «que inagotable en sus recursos, la piedad -no se estendia únicamen- (1) Non, in solo pane wivit homo, sed in omni verbo quod z d ULA £ procedit de ore Dei. Math. 4i V. 4: ; NET ns | | tas calamidades las (49) 1 / Cuerpos: las al- "ones lastimados tu- “Ss, la sociedad Por un poder infinito de amor. | Es inútil observar, flujo de la Religion que al recordar el insobre los destinos del género humano en esta época, considero úni- Camente sus efectos generales, permanentes y uniformes en todas las regiones , sin que Por eso ignore en cuantas circunstancias fue turbada la felicidad pública, ya por las pa- a por las opiniones mas las doctrinas recibidas; y mayor parte de las ca- ; cia nos conserya la historia de aquel tiempo, confirman singularmente lo que hemos dicho acerca del poder la creencia sobre los hombres reunidos en un cuerpo; porque entre todas esque se pueden atribuir a] rte de él, nacieron de Als ó político en que estaba imbuida la multitud, parciales, y de algunos lig Tom. IL, (50) Europa se adelantaba á la perfeccion, á que el cristianismo llama asi á los pueblos como á-los individuos, cuando la Reforma (**) vino súbitamente á detener sus progresos, y á pre- V O MN (*) Este es el nombre que dieron á su cisma todas las sectas que se separaron de la Iglesia Romana á principios del siglo XVI. Como hablamos á todos, no se estrañará que insertemos á veces notas que no son necesarias á los instruidos. La Historia Eclesiástica no presenta acaso suceso mas interesante: todo estaba tranquilo en Europa: todas sus Iglesias unidas por una misma fé y unos mismos Sacra» mentos: todas sumisas al Romano Pontífice, 4 quien reco nocian como cabeza de la Iglesia universal. Lutero en Ale mania empieza á declamar contra el abuso de las Indulgencias 5 en seguida las impugna y ataca, al Papa que las concede, la Iglesia, su autoridad, y se separa de la Iglesia Romana: arma en su favor la Alemania, alhaga las pasiones, y arrastra 4.la Dinamarca, Suecia, y parte de Polonia y Hungría en su cisma. Zuinglio en Suiza principia casi del mismo modo, sigue los mismos pasos,quita las ceremonias, se desenfrena contra la mayor parte de los dogmas, 8rc. y ' uno y otro lláman Reform. la variacion que hacen en ellos, y en el culto, y toman la cualidad de Reformadores Ó Reformados: inspiran su fanatismo, y forman discípulos que llevan sus errores de unas partes á otras: enseñan en Inglaterra, y la Iglesia anglicana adopta una parte de. ellos: turban los Paises-Bajos; ocasionan la República de Holanda, sublevando aquellas provincias y haciendo dominante en ellas la religion de Calvino: penetran en Francia, se multiplican como tolerados, y obtienen él libre £gercicio de su religion por mas de un siglu, formando en ella un semillero de sediciones continuas, que tanta parte han tenido en sus últimos trastornos: la España se li= o A A Po Fs A ... as q ci (51) cipitarla en un abismo donde ella se hunde de dia en dia, y cuyo fondo no conocemos aún. ¿Cómo se hizo esta revolucion? Por una variacion total en las doctrinas, Al principio A A A bró por el Tribunal de la Fé. No es de nuestro intento es= poner aqui sus errores particulares; pero conviene mucho á nuestro propósito manifestar los priucipios que les eran comunes. No queriendo distinguir entre los abusos Ó esce= sos de algunos particulares (que la Iglesia núnca aprobó), y entre la Iglesia misma que reprobaba estos abusos, no ' habiendo de culparse 4 sí mismos, se obstinan y arrojan 4 decir: 1,9que la Iglesia Romava ha caido en error, ha pre. varicado: desconocida su autoridad, y uo teniendo ya regla viva que seguir, establecen: 2.2 por única regla de la fé la Escritura; y como desechados los pastores no habia mas razon para señalar por intérpretes á unos que á otros, ense fan: 3. que todu fiel es juez del verdadero sentido de la Escritura, y tiene derecho á juzgar de lo que pertenece 4 la fé, de separarse de la Sociedad que ha caido en error, y adherirse 4 otra, ó formar una nueva en la que él resta blezca la fé y culto en su pureza. He aqui el germen de la division, y de la independencia, que con tantos desórde= nes ha pasado tambien á lo político. Roto el freno y principio de sutoridad que contenía, é introducido el derecho de examinar, ya no hubo térmiuo á las interpretaciones; cada uno juzgó € interpretó á su arbitrio, y del seno de la Reforma de Lutero, Zuinglio y Calvino nacieron mil sec= tas diferentes tan opuestas entre sí, como enemigas de la Iglesia Romana ; los Anabaptistas que se dividieron en tren ce ó Catorce sectas particulares; los Sacramentarios distri. buidos luego en Otras nueve; los Confesionistas divididos en veinte y cuatro; los Estravagantes, es decir, los que tenian sentimientos opuestos á la confesion de Ausbourg, y se dis % (32) | de autoridad, base necesaria de la fé religiosa y social, se substituyó. el principio de examen ; es decir,.se: puso á la razon humana en lugar de la divina, ó al hombre en lugar de Dios. El hombre entonces vino á. ser enemigo del hombre, porque creyéndose cada uno Soberano de derecho asi em el órden político como religioso, aspiró de hecho á la Soberanía, y quiso establecer' el reino é' imperio de su razon particular, y poder particular; pretension absurda, pero consiguiente, y que inevitablemente debia terminar en la servidumbre política y anarquía religiosa, que en realidad de verdad es hacerse eidlasá de todos los errores. 'Tal fue la causa de las guerras furiosas que inundaron de sangre la + vidieron en Seis: los Calvinistas divididos en Gomaristas Y Arminicnos, Puritanos y Anglicanos; y eu fin Serveto, Oki- A no, los Socinianos y nuevos Arrianos: ui era estraño; ena sus principios cada uno tenia la misma autoridad para ja Y _terpretar á su modo, y asi lo hicieron: rasgaron la túnica inconsutil de Jesucristo, y de principio en. principio, de 3 consecuencia en consecuencia, casi no se sabe lo que cree» * il y si se sabe hoy no se puará saber mañana; pero siempre, es diguo de notarse que estos mismos principios aplicado$ NE á lo político, han causado esa fermentacion y trastorb0 geueral en casi todo el mundo, y que por último todas 8% tas sectas, cual mas, cual menos, se van precipitando al y Deismo, si no han dado ya en el Indifereutismo, j » (53) Alemania; Bohemia, Francia, Inglaterra, y los Paises-Bajos. El espíritu de independencia:ó de domimacion; que es lo mismo, aunque bajo diversas apariencias, pasó de las opiniones á las costumbres. Se habia negado la autoridad; al primer paso se sacudió el yugo de lasobediencia, y cada nueva negación condujo 4 una nueva destruccion. Negando el Sacrificio, se destruyó el culto y los monumentos: de él: negando el libre alvedrio , y la vidasfutura, se destruyeron las obligaciones ; negando en fu ác Dios, se destruyó todo, leyes, sociedad, el/hombre mismo. Despues «de una esperiencia tan decisiva, nosereo haya quiense atreva á poner en duda el estremado influjo: de las doctrinas en la sociedad, ni suponer que pueda haber algunas que sean indiferentes para ella. Mas si no se quiere creer á-la esperiencia, créaseá lo menos á-la filosofía. ¿No se autori=. zaba: ella poco ha para acreditar sus: errores, queollamaba verdades, con la relacion: íntima é inseparable que hay entre la creencia y las“acciones, entre la felicidad 6 desgracia del género humano y las opiniones dominantes? Por el espacio de cincuenta años mo ha: ce= sado de repetimos ésta máxima; y las pruebas de. hecho conque ha querido últimamen- (60) Es «necesario recordar aqui: muestra de= gradación primitiva, y la perpetua lucha de los sentidos contra el espíritu , que: es consecuencia suya, para comprender como' la Religion, en virtud de la perfeccion que exige de nosotros, y de la:suya propia, viene á ser para muchos un objeto de odio, y en seguida de indiferencia. Como en ella (la Religion) todo es de rigorosa verdad, nada" hay JÁ sus ojos indiferente; ni en el dogma, ni en las costumbres, ni en elculto : por. consiguiente no puede dejar:al:hombre libre para creer y obrar á su: arbitrio; antes le obliga á someter su razon á la fé, sus apetitos á las obligaciones, su mismo cuerpo á::las prácticas que le impone; yes claro que-sujetando de esta suerte al hombre en todo, «cansa y desespera sus pasiones. Estas, nunca rendidas aun cuando obedecen;: trabajan sin desdañsar por romper el yugoquesufren, á más.no poder , murmurando.* El orgullo; padre de la mentira ; y enemigo eterno de la autoridad, sugiere al espíritu una multitud de isofismas tanto masseductores, cuanto mas lisonjean: los deseos secretos del corazon. Estamos muy cerca de no reconocer una cosa por verdadera, cuando se nos figura tener interes en que sea falsa: poco á poco las preocupaciones se (61) fortalecen y estienden; el egemplo de otros nos arrastra, y casi siempre: dominados, á pesar nuestro, por el principio de autoridad que combatimos., cada uno funda su conviccion añ la fingida conviccion de otro. Tal es en compendio la historia de todas las rebeliones contra la verdad : se duda, porque otros dudan; se niega porque-aiegan, y porque nos acomoda negar y dudar. Con todo, al momento se advierte la necesidad de llenar el vacío de las creencias ó simbolos que se desechan: se quiere todavia y necesariamente creer, porque el creer es natural al hombre, y éste no se arroja sino por grados á la ineredulidad. Asi es que ansiosamente se abrazan las apariencias de verdad que se presentan, y nos adherimos á ellas con una especie de obs- -tinacion violenta, como quien se agarra á una tabla en un naufragio, y la persuasion ciega del error produce el fanatismo en el obrar. Mas cada error no tiene sino un tiempo determinado, y. este breve; no pueden ellos estar de asiento en la casa de la razon; viven alli como si digéramos bajo de tiendas, y forzosamente se pasa de uno á otro hasta haberlos andado todos. Entonces, antes que volver á la verdad que se teme, nos armamos contra ella de la ignorancia, de la distraccion (62) y del olvido. Una voluntad perversa: la árro- ja del entendimiento, y se la trata como á aquellos proscriptos á quienes no es posible convencer delante de la ley, pero que un tirano receloso y desconfiado hace desaparecer y destierra de la sociédad. Cuando un pueblo llega á este estado de indiferencia absoluta hácia-la verdad, su fin, no lo dudeis, está muy cercano: esta es la señal menos equívoca de la decrepitud de las naciones. En su indolencia apática se asemejan á un viejo que ha perdido hasta la memoria, y solo falta destruir en él algunos órganos gastados, cuya descomposicion desagradable acaban de dia en dia las: causas naturales. Objeto de compasion y fastidió aun para los niños, á quienes un noble instinto nos les permite reconocer al hombre donde no perciben ya pensamientos, se le ve arrastrar estúpidamente un resto de vida material, y sin deseos ni sentimientos sumergirse poco á poco en la muerte, Sin duda depende de los gobiernos evi=. tar Ó prevenir esta disolucion terrible, protegiendo las doctrinas vitales, fuente fecunda de la energía y vigor que notamos en ciertas sociedades, contra las pasiones que las combaten, La autoridad todo. lo puede, asi (63) ; en el bien como en el mal, porque tanto en uno como en otro no se obra sobre los pueblos sino por la autoridad ; y la autoridad general, cuando es lo que debe ser, prevalece siempre y necesariamente á las autoridades particulares que aspirasen á trastornar el órden, ó á viva fuerza, ó lo que es mas peligroso, con opiniones: y esta misma es la razon de la duracion perpétua de la sociedad religiosa, cuya autoridad general, en virtud de un privilegio divino, está á cubierto de los errores y debilidades á que se halla sujeta la autoridad en la sociedad política. Pero por lo comun los gobiernos, lejos de: poner un freno á la licencia y libertad de pensar cuando es aún tiempo de contener sus progresos, los favorecen al menos con su egemplo (*), Ellos son los primeros O A a o EG A E (*) Malhesherbes, ministro y encargado del juzgado de imprensas en Francia, hacia venir bajo su sobre las pruebas de la nueva Eloisá, que se imprimia entonces en Amsterdan, y hacia egecutar otra en Francia por Rousseau: solicitó ademas á éste para que imprimiese el Emilio, prometiéndole su proteccion ; y en efecto, por medio de élla se hicieron dos ediciones de él, una en Holanda, y otra en París. ¿Quién le diria á Malhesberbes que á efecto de aquella deseufrevada licencia habia de tener que abogar un dia por su buen Rey para librarle de la guillotina, sin poderle librar! (64) que no creen; y la irreligion nace de las autoridades ó de los que las rodean, y de alli viene á derramarse de uno eñ otro hasta las últimas clases de la nacion, El pueblo mas adicto y firme en su creencia, porque tiene menos motivo para desear que sea falsa, resiste por largo tiempo á la influencia de las clases superiores. Defiende con su conciencia su fe, que ve atacada con sutilezas, y en lo íntimo de su corazon rodea con un muro sagrado sus esperanzas y consuelo. Pero si una vez llega á sucumbir; cuando á fuerza de corromperle se le ha hecho figurarse nuevos intereses; cuando los yicios mas feos y vergonzosos vienen á formar “sus costumbres habituales, sin que los remordimientos turben su sueño; cuando los premios y castigos de la otra dl ya le parecen” preocupaciones de la niñez; en una palabra, cuando la Religion ha perdido para él sus terrores, é ignora igualmente los dogmas y los - Preceptos ; cuando se rie con desprecio ad sólo oir el santo nombre de Dios, entonces todo temblando me pregunto á mí mismo: ¿si queda algun medio en lo humano para reducir á este pueblo á la creencia de: la verdad y á la práctica de la virtud? ¿si de unos seres tan degradados se puede todavia (65) format hombres? Yn no sé en verdad' qué responder. Por lo demas es ny del caso notar que se deben “escluir del número de los indiferentistas reales y verdaderos á muchos que . aparentan serlo, porque no es tan facil como se prensa, á no ser un insensato Ó groseramente ignorante, que un hombre sea indiferente sobre la Religión: que por todas partes se le descubre, á ca instante se le presenta, la hálla dentro y fuera de sí, y donde ¿quiera hace su tormento ó su esperanza; Ási es que ni aun para esa secta de filósofos que poco ha vimos trabajando con furor para abolir hasta su nombre, cerrando y demoliendo templos, y dexólláido sus ministros, la Religion no era ni es indiferente, Un ódio, un ódio implacable es el sentimiento que anima á estos apóstoles de la impiedad, cuyo ciego fanatismo sacrificaria la sociedad entera al triunfo de sus azarosos é infaustos' "principios. Ciertamente es necesario tener lástima de estos insensatos, y marcar con el sello dél horror sus máximas; po no penseznos curarlo$ con razones: han legado á un esceso de delirio que corta, inutiliza é impideya toda discusion : no se di, rigen tampoco á hombres tan exaltados las Tom. L. 5 (66) - reflexiones que vamos á hacer: la verdad para ser conocida pide un espíritu mas tranquilo, y sobre todo un corazon susceptible de abrirse á: sus dulces impresiones, Hay ademas otra clase de ¿ndiferentistas, que tampoco intentamos combatir; y lo son esos cristianos débiles, que seducidos por los. deleites, distraidos por los negocios, ó subyugados tal vez por los respetos humanos, se dejan llevar del torrente del siglo, alejan de su pensamiento, aunque sin ponerlas en duda, las verdades que les incomodan, y en su consecuencia puede decirse que no perenecen á la Religion sino por una fé es- 4eril y débiles remordimientos. ¿Qué hemos de decir á estos desventurados? Ellos'se con- - denan á sí mismos; su razon nO se niega á »confesion alguna: no está aqui la raiz de su mal, A éstos no hay necesidad de convencerlos, sino de moverlos y atemorizarlos con la justa y funesta suerte que les amenaza. Lo que importa es Antroducir el terror en su conciencia aletargada, y despertarla con el formidable trueno de las venganzas de un Dios, cuya paciencia cansan, Jet ya misericordia atormentan. : No es este ahora nuestro intento. En este Ensayo únicamente nos dirigimos 4- los (67) ' ndiferentistas por sistema, á:esos filósofos indolentes , que á fuerza de haber oido repetir que todas las religiones son indiferentes , las desprecian. todas. sin: conocer ninguna, reusan examinar si hay alguna verdadera, y aun tendrian á menos: y se avergonzarian de pensar en ello; é imaginándose, sobre:la fé cie ga de una preocupacion absurda, que la suprema sabiduría consiste en no: inquietarse por lo. futuro, vegetan en un profundo olvido de la primera. obligacion de una criatura racional, que es instruirse en cuál es su fin, su origen y su destino. Entre éstos lo que uno de ellos mira::con indiferencia, 4 Otro le parece de la mayor importancia, segun. las luces y conocimientos decada uno: se. puede asegurar que su indiferencia: varia hasta lo infinito » Y presenta tantos grados diferentes, cuantos. son no, solo los individuos, sino aun los grados de estension de su inteligencia , las combinaciones: de pensamientos, y las situaciones posibles del alma en cada individuo, vn Sin. embargo, considerada, no en las personas sino en las «doctrinas, se reduce á tres sistemas, en uno de los cuales es. indispensable entrar luego que se sale: de la verdad católica; porque ésta no se puede impuguar * (68,) sino negando, 6 la 'autoridad de la Tglesía, ó la autoridad de Jesucristo, ó la autoridad de Dios: tres grandes destrucciones ó eros res que constituyen la heregía, “el deismo "y el ateismo, | ges TELE A ES Dividiremos pues en tres clases los indiferentistas dogmáticos. La primera comprende aquellos que uo viendo en la Religión st no una institucion política, no la creen nécesaria sino” para el pueblo: la segunda los queadmiten la necesidad de una Religion “para todos los hombres , «pero desechan lá Revelacion; y la tercera, en fin, se compo=- ne de: los indiferentistas mitigados 'ó moderados,, que reconocen la necesidad de una * Religion "revelada, pero permiten negar las verdades que enseña, á escepcion de algunos. artículos fundamentales. , Despues de algunas reflexiones sobre cada uno de estos sistemas ; reflexiones que bastarán para demostrar su inconsecuencia y absurdos , haremos ver que en último resultado todos vienen á parar á un mismo término, á un mismo punto, 'á“saber; en la indiferencia absoluta de la verdad en materia de Religion. Nos dedicaremos pues á combatir esta indiferencia monstruosa, echando abajo los vímicos principios en que el racio= (69) cinio puede querer apoyarla; de.manera que: - todos, los. indiferentistas.,; cualquiera. que . sea la, modificacion que cada uno de, ellos: quiera dar á la doctrina general de la indiferencia, se hallarán refutados á un tiempo por lo que diremos de esta doctrina, la cual probarémos es comun á todos ellos... Con el mayor encarecimiento que podemos rogamos á las personas á quienes se dirige esta obra., alejen de. sí: al Jeerla: todo espirita de contention' y: de partido. ¿De-qué »% . serviria engañarnos,:4. NOSoIPOS mismos ?- La verdad. nose, destruye por obstinarse «en no conocerla: ella no. deja! por eso de ser lo que es, y tarde ó temprano llegará su dia. En este, ya acaso. cerca; dle: nosotros!,. y queno podremos. evitar, «será, de poco ''consuelo. la vanidad de haber: resistido á su. luz. ¿Recibámosla, ¡pues con regocijo, venga. de donde. viniere. Honremos el entendimiento que'se.mos : ha dado. elevándole ¿hasta la contemplacion de la verdad infinita é inmutable, que encierra en: su, seno huestros intereses eternos. Nuestra perfeccion ' es. conocerla , y muestra dicha amarla. Criados para ella y para la inmortalidad, reflexionemos que la vida senos hu= ye, y se nos huye para siempre : eleyemos mas alto nuestras miradas ; y Como yiage- 00 » las ceremonias religiosas de sus antepasados, » frecuentaban. devotamente los templos de los » dioses; y aun hubo entre ellos alguno que -» haciendo gran «papel en: el. teatro de la. su- »persticion; “ocultaba los 'señtimientos de un »ateo bajo la toga «de pontífice. Hubiera sido »muy dificil determinar á: mos hombres que » pensaban «de este modo á disputar entre sí »sobre las diferentes especies de culto. ó de » creencia: les erá muy indiferente que las lo- » Curas de la multitud tomasen esta forma » mas bien que la otra; y.con. el mismo des; » precio interior, y.el mismo respeto aparen- »te, se acercaban á los altares del: Júpiter de »Libia', qué del. Olímpico :ó. del. Capitoli- » no MI Ad pum cormola y ++ Nos sorprenderia: menos la complacencia con que pinta Gibbon la incredulidad romana si hubiese ¡ignorado sus espantosos efectos. Pe, ro €l sabia mejor que ningun.otro que el desprecio interior dé los filósofos, mo-solo del Júpiter de Lóbia y. Olímpico , Sino ide. toda divinidad cualquiera, no tardó en propagarse entre los devotos politeistas, y que á egemplo (1) Historia de la decadencia y caida del imperio romá- DO). IC 11, > cós í Ey E qe e de al ANA de los grandes la multitud, hecha ¿ndiferense 4 todo menos á los placeres, se desengañió de tal modo de las locuras y supersticiones antiguas, que el imperio privado del apoyo que le daba y tenia en la Religion, bambaleó de golpe como un hombre embriagado, y al fin desapareció en el fango á donde le arrastraron con ignominia los pueblos fuertes y robustos por su creencia y por sus costumbres. Montesquieu no teme atribuir su caida á la £- losofía de Epicuro, Cuyo resultado admira tan candorosamente Gibbon (1), Este sin duda no advirtió que el cuadro que queria sacar agradable y atractivo, no es-mas que una descripcion horrorosa del vicio interior que irremnediablementé debia conducir á Roma á su rulna ES (1) Baliugbrocke piensa en un todo sobre este punto co= mo Montesquieu. «El olvido y el desprecio de la Religion, »dice, fueron la causa principal de los males que sufrió » Roma en lo sucesivo: la Religion y el Estado se destru- -» yeron, en la misma proporcion.»-T- IV, pág» 228. (*) No se debian esperar de Gibbon otras descripciones. Este inglés, convencido por la lectura de la. historia de las variaciones y hecho de protestante católico, y de católico otra vez protestante por estar en la casa de un ministro de la secta, parecia nacido para mirarlo todo con indiferencia. Su caráeter frio no podia. admirar los rasgos de una virtud sublime, y solo parece que los crímenes arrebataban | (78) St se considera atentamente al género humano en la época en que comenzó. esta grande revolución, á poco trabajo, en medio de los acontecimientos brillantes, se descubrirán las causas que la hacian necesaria, El cuerpo social estaba debilitado, y el vigor aparente que continuó mostrando: por algun tiempo, casi únicamente dependia de la disciplina militar, que se alteró bien presto como todo lo demas. El poder absoluto de los Emperadores suplió momentáneamente por las leyes, por'las costumbres, y por la Religion: habia en esto no sé qué fria y triste imitacion del órden, porque al fin se obedecia, y se obedecia: por puro miedo. La espada del soldado legionario fue el cetro con que se gobernó á aquellos fieros y orgullosos Romanos que habian subyugado al mundo entero; y como nunca se habia vis- to egemplo de semejante dominacion, tampo» co lo hubo de igual esclavitud. - Desde el reinado de Tiberio se ven de- A A ca su imaginacion: enemigo de la Religion cristiana echabg de menos el paganismo, y él' mismo lo confiesa en su Car= ta al Lord Sheffield diciendo: «que si habia hablado ba= »Jamente de los cristianos, era Porque estaba adicto y apa- »sionado al paganismo.» Estuvo empleado en el Parlamen- to, y en el ministerio ael Lord North, y murió en 1794. AS a a o o o ¿5 5 5 5 5 5 5 , AAA A Él (19) pravarse -las almas hasta tal! punto qué aun hoy mismo nos “asombra; 6 mas. bien diremos, que se manifestó sin .rebozo. la degradacion. ya existente, que solo..esperaba para presentarse con descaro, y tomar, digámoslo asi, en algun modo: la; posesion solemne del oprobio , Un primer egemplo, y un premio ó salario. indigno y vil. A-la verdad, apar recian de cuándo en cuando eñ lu sociedad algunas raras virtudes, semejantes-á aquellos fuegos que se. suelen encender. de: noche en. las costas de un mar borrascoso para indicar el rumbo 4 los navegantés;. pero no alumbraban sino para hacer. ver los, naufragios que, habrian debido evitar. Y aun estas. virtudes: examinadas sin pasion; ¿quévenian á ser al fin mas que el fácil y débil «valor de morir», ó, diremos mejor, de escapar del trabajo de vi- «yir? El vigor de. las almas mas: elevadas consisiia en ceder al peso de estos tiempos 'terribles: júzguese, pues, del pueblo entero por estas escepciones, E El espíritu humano no sabia ya en qué fijarse. Despojado de su: creencia, y aun de Us Opiniones, erraba á la ventura en un inmenso océano de dudas € incertidumbres, Ya no habia paganismo, ni tampoco filosofía, á mo ser que se quiera dar este nombre á aquellos x q 80;) pueriles juegos: del ingenio, con que algunos Romanos entretenian' su ociosidad en los jar= dines de sus quintas (villa), 6 bajo-los pór= ticos de sus palacios, sin que de todos: estos discursos ingeniosos saliese una regla fija de conducta, ni un principio para la conciencia; Se: disertaba sobre: los dioses, para dudar si existian; sobre las obligaciones, para elu= dirlas ; sobre la: muerte, para inferir: que «se debian procurar todos los placeres de la vida,:y sobre todo; se abandonaban gustosa y descuidadamente: al torrente que arrebataba confundidos -entre:sí las ruinas del órden social, y los hombres, y las instituciones, y el mismo imperio. | - ¿Con todo, á pesar de la indiferencia ge- » neral, y tal vez por un efecto de esta misma ' indiferencia, se conservaba el culto; pero era un culto vacio de fé, y por consiguiente 11 -Capáz de producir efecto alguno. En la tribuna se continuaba inyocando: por testigos á los dioses inmortales : jamas los retóricos fue» on mas fécundos en máximas severas, y pomposas “sentencias de moral; pero en el entretanto la: sociedad se debilitaba: visiblemente, porque las frases y discursos pomposos mo son creencias, ni las futiles declamaciones pueden suplir por las doctrinas sociales. La (81) misma filosofía, “aunque decidida á no ver en estas doctrinas mas que preoctipáciones, ha reconocido en nuestros dias su necesidad indispensable, “ Indudablemente *las preocupa- » ciones son necesarias á los hombres, dice uno » de sus mas célebres discípulos, en una obra »en que enseña el ateismo; sin ellas ni » hay resorte, ni accion, todo se entorpece y » muere (4) Asi es que la muerte de la Sociedad, la muerte del género humano sería el resultado de la victoria que la sabiduría , «moderna se esfuerza á alcanzar sobre lo que llama preocupaciones. Lo sabíamos ya; pero es útil oirlo de su propia boca. El Cristianismo pues encontró al imperio en aquel estado de desfallecimiento moral que resulta de la privación de la verdad, y anuncia una disolucion próxima; y por lo mismo para establecerse tuyo que vencer la indiferencia general, y la resistencia de los magistrados decididos á sostener el paganismo, no como Religion sino como una institucion del Estado. Este fue casi el úínico motivo que dictó tantos edictos sanguinarios : el fanatis- (1) Correspondencia literaria de Grim, y Diderot, t. y pág. 8 a Tom. I, 6 (82) mo tuyo tan poca parte en ello, que el £- lósofo * Marco-Aurelio y Trajano no fueron menos perseguidores que Neron: .proscribieron á los Cristianos como enemigos de las leyes, y es.de notar que lá intolerancia. política es la mas implacable ybárbara, por- ¿que no está suavizada por la Religion que cit En toda Religion, aunque sea: falsa, hay algo de grande, generoso y fayorable á la humanidad; la política, al contrario, mo conoce la piedad, y se mantiene constantemente en Calma, y fria aun cuando es atroz y cruel, Asi se ha visto en todas las épocas, «y bajo este respeto no hay cosa que se parezca mas á las persecuciones de los Emperadores contra los primeros Cristianos que las persecuciones de la Inglaterra contra los Catós. dicos. Pero trataremos despues este importan- «te objeto, que merece una atencion: particular, 1 No hay mas que 1 un medio para arrancar á los hombres de la indiferencia en que «los precipita el abuso de la razon; y este es el domar esta razon altanera, obligándola á humillarse bajo una autoridad tan elevada y brillante que no pueda desconocer sus derechos, Es preciso convencerla de que hay una razon superior, regla. inmutable de la ver- O A a a A OT A O A A e 6 o rm (83) dad; :4sla cual debe” someterse cómo al si premo Monarca de-todos los'serés titeligentes: en una palabra, es” precisó: que reconociendo la:soberanía de Dios, se eleve hasta una óbedienciaabsoluta, que comteniéndola en su est fera, de la cual nunca salé Sino para éstrayviár se,- la: impida despojarse-á sí misiña de la posesion de laverdad. Pues esto es: lo que Anúnciase desde luego con caractéres esterió2 res de divino; y tan pronto como hubó probado-su orígen celestial, destierra todas las dudas,“sin: dejar indecisa ninguna verdad necesaria, y obliga 4 la rázon “humana á pros. ternarse-ante la razon divina, y 4 escnchar silenciosamente y con un pleno 'aseriso las'suz blimes lecciones que le dictaba. Adquiriendo entonces el principio de accion, ó sea la fé, un grado de fuerza proporcionado 4 la “auz toridad infinita que enseñaba, se le pudo de: cir al hombre: Se perfecto como “Dios mis= mo lo es; se le pudo miñdar todo , porque todo es posible al que cree (*); y ciertamieno te, cualquiera que tenga idéa de loque era el. sénero humano bajo Tiberio y sus” Sucétru + y O A 4 + 3 a hñ N * o 4 2 y y ' . 5d yo p (*) Omnia posSibilfa sunt eredentí. Marc. y, 20. % (84) sores , confesará que no.se necesitaba: menós que un poder infinito para substituir á las costumbres abominables de aquellos. siglos la seyera moral del Evangelio, y su doctrina rígida á la filosofía escéptica, cuyas: máximas relajadas habian echado tan profundas raices en todos los. corazones. A los ojos de quien sabe. ver .y apreciar las cosas porlo que son, este milagro es mayor que la resurreccion de un muerto; y la palabra que reanima un cadáver restituyéndole 4 la «vida delos sentidos , es menos .maravillosa acaso que la que ss revivir á un pueblo entero, restituyéndole la vida del alma. : - Por el espacio de quince siglos una fidelidad constante al principio fundamental de la- Religion cristiana preservó:á la Europa, no de escándalos pasageros del error, sino del letargo mortal de la indiferencia ; y no se vió renacer esta enfermedad terrible en su seno hasta el momento en que la razon rebelde á la autoridad suprema, que la habia guiado hasta entonces, se esforzó á recobrar la servil independencia de que el Cristianismo la habia libertado. y La Reforma, que desde luego mostró una inclinacion baja y vil, y una veneracion impía á los héroes de la filosofía an a A (85) tigua (4); no fue en verdad desde su órtgen mas que un sistema de filosofía ' anárquica;,: y UN atentado' monstruoso contra el poder: general, que rige y gobierna la sociedad de los seres inteligentes. Ella hizo retroceder el espíritu Humano hasta el Paga- MISMO: Ko ). y al punto: calisas ' semejantes > . a o o . ¡ , Ñ . Ñ A ae En la Ao de fe discutida por 2utoglio á Francisco 1, aquel gefe de la reforma helvética ponia en el eielo, “al lado de Jesucristo y de' los Apóstoles, no solo á Arístides , Sócrates, Antígono, Numa, Camilo , los Catones y los Scipiones, sino, tambien á Hércules y Teseo, «Yo no »sé, dice Bossuet (Hist. de las Variac. lib. 2, núm. 19), »por qué, ho puso tambien 4: Apolo y Baco, y 4 Júpiter » mismo; Y si. lo omitió por las infamias que los poetas les » atribuyen, ¿eran menores las de Hércules? El mismo Lu- »tero se horrorizó de ver 4 la Reforma caer desde su naci- » miento en la indiferencia de religiones; y asi escribió que »Zuinglio se habia hecho pagano colocando á unos paganos - »implos, y hasta un Scipion epicureo, , hasta un Numa, »órgano del demonio para establecer la idolatría entre los » Romanos, en el número de los bienaventurados. Porque -. »¿de qué servirian el Bautismo y los demas Sacramentos, - »la Escritura y Jesucristo mismo, si los impíos, los idóla= »tras y' los Epicureos son Sautos y Bienaventurados? ¿qué ' » otra -Cosa,es esto sino enseñar que cada uno se puede sal, » var, en su Religion y creencia?, (Paro, Confes. Luth. hosp. »P. 25 187).> (*)- ¿Qué diremos al ver la ansia con que hoy se hos quiere reducir por nuestros filósofos á lo mismo, haciéndo. nos gentiles en todo, sin hablarnos mas que de sus héroes, y gentilizarido todas las cosas? (92) todo el peso de una legislacion: opresiva. Lo mismo habia sucedido al cristianismo bajo los: emperadores , los cuales le proscribieron rigorosamente á causa de su incompatibilidad con la religion “del imperio , y toleraron los cultos idólatras, porque fundados éstos sobre un mismo error, no se escluian mutuamente. Paralelo vergonzoso , y no menos Iindisputable:, porque. ¿cómo se podrá contestar su exactitud cuando se.ve á la Inglaterra prescribir minuciosamente á sus agentes en el Canadá: medidas odiosas de persecucion' con= tra la Religion Católica, y al mismo tiempo garantir, afianzar y asegurar por un tratado solemne á los habitantes de la isla de Ceylan la libertad de la idolatría? ¿autorizar y asistir por sus embajadores á las ceremonias religio-=- sas de estos pueblos, y ofrecer dones «sacrílegos 4 sus divinidades? - | Una nacion, á quien un escándalo tan afrentoso no ha arrancado un grito univer sal de indignacion y de horror, no es ya una nacion cristiana : toca en el último término de la indiferencia religiosa, y he aquí lo que la preserva del fanatismo de la impiedad. Por lo demas, creciendo siempre la indiferencia, debilita ¿progresivamente la intolerancia política, y tarde ó temprano triun- (93) fará de ella. Este momento será el de la tan deseada época de la emancipacion de los católicos. El comun, ú la masa de la nacion indiferente 4 todos los errores, será tambien muy pronto indiferente á la verdad ; y á fuerza de despreciarla, vendrá á tolerarla. La opinion lo ha hecho ya casi todo en este pun- to; y solo el gobierno resiste, y se. sabe bien el por qué. La existencia de la iglesia anglicana está ligada con la constitucion del Es- : tado; el gobierno tiembla colocar su Religion facticia delante de una religion verdadera. Será necesario :al fin que se resuelva á ello, porque este acontecimiento es indispensable. Una política penetrante, cauta, previsiva, tal vez:lo aceleraria, en lugar de retardarlo. Por otra parte es fácil de percibir que esto no podia dejar de ser ventajosísimo á: la Inglaterra. Víctima hoy de esa codicia devoradora, que jamas deja «de apoderarse de las naciones cuando caminan á sú ruina, desplega una inquieta y prodigiosa actividad, que á algunos parecerávida, pero que en - realidad solo puede llamarse así en el sentido que lo es una calentura, ó como lo son las contracciones de un cuerpo que se galvaniza. Está muerta en sus costumbres , y al primer golpe imprevisto que llegue á herir ((94)) «su riqueza, veremos «con asombro esté gran Cuerpo, que se suponia tan vigoroso , tspirar de debilidad despues: de algunas convulsiones. Existen sin: embargo en, este pueblo semillas de regeneración; pero no «se reanima- Yá sinó por la: creencia. Siendo nula hoy ba= jo este respeto (4) la Religion establecida, la Inglaterra debe elegir entre el fanatismo de algunas sectas turbulentas, y la Religion Católica; es decir, entre opiniones que despues de. haberla agitado por algun tiempo, la traerian al. mismo punto en que se' encuentra al presente; y una doctrina estable,:severa, porque, esperfecta, eminentemente -conservado- ra, porque es eminentemente verdadera, y la única que puede salvarla 4 un tiempo de la Jenta disolucion de la: indiferencia, y de las turbulencias desastrosas en que la precipitarian infaliblemente los errores E de las sectas independientes. | ao El resto de la ais 40 eiod de E o - (1) Warburton;. que murió obispo: de Obicestér en 1779, se horrorizaba de la suerte que preparaba 4 la Inglaterra la anarquía de las doctrinas de que se veia hecha presa. “¿Qué será, decia , y en qué vendrá 4 parar esta »pobre nacion situada, á.la manera de-un cuerpa de tro” »pas entre dos fuegos, entre el furor de la irreligion y - sel furor del fanatismo?» VW. Arbuvtón” s “Letters, pág. 4%. A A A A A A A A A A A a a e = á (95) algunos paises católicos, padece interiormente la misma enfermedad. Por todas partes la: indiferencia para con-la ¿verdad «coniduce al sistema de la /2bertad € igualdad religiosas, Este sistema. se desenvuelye ¿“aun en muchos paises con mas rapidez que .en la Inglaterra, porque no. tiene. que vencer la barrera de las leyes y de la constitucion política. Se confiesa, es verdad, que es necesaria sal pueblo una Religion, pero: una Religión cualquiera: importa poco.que sea esta 6: aquella; se le deja la eleccion; y para que se decida mas l¿bremente, se le presentan todas con igual respeto, ó diremos mas bien,.con igual menosprecio. Los gobiernos:, si hay alguno aun que mire. como cosa importante las doctrinas, en vez de procurar servirse y auxiliarse de «ellas y sostenerse con ellas, toman de su cuen- a el neutralizarlas recíprocamente por una mezcla ingeniosa, Deslumbrados igualmente que sus súbditos, y mas que sus súbditos, por las luces: del siglo, mo parece: sino que se complacen en agitar sobre los pueblos la antorcha de la sabiduría imoderna, á cuya luz nada hay que no parezca indiferente: 6 Lalso, empezando porsus mismos derechos, No parece sino que se £iguran: que los hom. bres serán mas dóciles y menos sediciosos:é (96) “inquietos, cuando lleguen á quedar sitt acción Jas creencias: Ni aun siquiera se les ofrece que la obediencia á la autoridad, aun á la civil, cuando no es el resultado de la violencia es el mayor esfuerzo de la fé. Si pudiese haber alguna cosa ridícula ó mirarse como tal cuado la suerte de las naciones está comprometida y espuesta al mayor peligro , lo sería ciertamente ver á esos absurdos despreciadores del sentido comun y de la esperien- «cia, prodigando. su protección á todas las estravagancias llamadas religiosas que han degradado al género humano, y formando colecciones de cultos como se pudiera hacer de cuadros y pinturas en un museo. Gracias á esta nueva invencion, la religion pública no es mas que la reunion de todas las religiones particulares. Se pagan ministros que enseñien que Jesucristo es el Salvador del mundo, y se pagan otros que lo nieguen: el sacerdocio envilecido y puesto como un me- nor, bajo la tutela 6 tutoría de la adminisiracion, depende de los caprichos del último comisionado, ú oficial de ella : y mientras que entre los paganos no habia un templo que no tuviese sus rentas sagradas , ni UNA divinidad á la cual sus adoradores no hubiesen hecho en alguna manera independiente, (97) dotando sus altares, el Dios de los:cristianos; admitido á duras penas á un salario provisional, figura todos los años en un presu- - puesto vilipendioso , como un asalariado del Estado, esperando sin “duda que llegue el mo- . mento de reformarle. de Sonríase en horabuena la política del siglo complacida y satisfecha de este sublime resultado de sus máximas; vanagloriese de la paz que ha sabido establecer entre religiones enemigas: gemimos, pero no nos sor- Pueio Paz, una «profunda paz reinaba tambien en los lúgubres campos en que Ger- 1ánico encontró confundidos los huesos de los germanos con los de los soldados de Varo. Contemplad la sociedad; solo observán- ' dola viva y atentamente, es como se puede únicamente apreciar en justicia el. sistema filosófico que tanto se celebra. La Religion, como creencia, se estendia á todas partes, y. hoy en todas, se hace sentir su falta, Estaba en el gobierno para velar sobre los intereses del pueblo, y protegerle contra los abusos del poder. ó de la tiranía; estaba en el prehlo para velar sobre la perpetuidad del gobierno, y escudarle y protegerle contra las pr etensiones de la multitud , ó la anarquía: dé donde re- - sultaba que el A EIaO era á un tiempo sua- Lom. £. 7. (98) «ye y fuerte, y el pueblo libre y sumiso, Mas apenas la Religion dejó de mirarse como una ereencia divina, cuando los gobiernos y los pueblos puestos como en una especie de estado de guerra, porque el poder sin contrapeso propende al. despotismo , y la obediencia sin seguridad á la rebelion, se han visto obligados á pedirse garantías mútuas, y buscar su seguridad en pactos ilusorios , ilusorios sí, pues que sus infracciones no tienen otro juez que las partes mismas, Tal es la causa que ha producido en Europa esa multitud de constituciones medio monárquicas , medio republicanas; verdaderos tratados temporales, armisticios entre el despotismo y la anarquía. La Religion era aun en las naciones como un resorte, y un manantial de energía patriótica, donde la sociedad bebia en los mómentos de crisis una fuerza infinita de resistencia y de conservacion. Lo que ha pasado en muesiros dias en la España lo hace .bien sensible: nunca se olvidará, no, aquel grito generoso inspirado por su catolicismo á todo un pueblo: muramos por la justa causa (*). Y los nobles O (*) Para desengaño de los enemigos de la Religion, y de nuestra España, no podemos menos de añiadir á este pasage de La Menais otro no menos interesante de Mr. Clausel debe ? (99) esfuerzos de este pueblo fiel, y católico, por conservar su independencia, esfuerzos que coronó la victoria, y debia necesariamente coronarlos, son mas notables aun por el conde Conserges , miembro de la Cámara de los Diputados de Francia, y confirmado por Mr, Bignon, de igual clase, en el que, á pesar de la rivalidad eterna de nuestras elorias, la verdad triunfa de la envidia y de las preocupaciones mas envejecidas. Mr. Clausel, despues de haber manifestado en sus Observaciones sobre la Revolucion de España, dadas á luz el año de 1823, que la Religion y el amor al Rey y autiguas instituciones ha sido el movil de su heroicidad desde el año de 8, escita la cuestion siguiente: ¿Cudl fue= ra el estado de la Europa si los Españoles (en vez de haber conservado con todo su vigor aquel espiritu de cristianismo, que hace que se tenga en nada el perder la vida, cuando se trata de conservar la Religion), corrompidos y relajados por el epicureismo moderno, hubiesen quedado sujetos al dominio de Bonaparte, y le hubiesen entregado sus hijos para hacer la guerra d la Europa? La contestacion es bien sencilla; Bonaparte hubiera tenido para atacar á la Prusia, á la Aus= tria y á la Rusia los seiscientos millones que gastó en la guerra de España, y otra cantidad á lo menos igual que hubiera impuesto 4 aquel reino, los seiscientos mil hombres que alli perecieron desde 1808 hasta: 1814, y otros tantos á lo menos que hubiera podido sacar de la Peníusula en aquellos seis años. Mr. Bignon ha demostrado muy bien cuales fueron los resultados de la resistencia de España al nuevo Atila, Si despues de la dilatada Incha que ha sostenido durante veinte años el gobierno británico (dice este diputa. do), ha quedado dueño del campo de batalla, ¿4 quien lo ¿4 su política, 4 sus tesoros, al continente entero? No; ¿4 un alia:o solo, á la nacion española. * (100) ivasta de debilidad, :ó pudiera decirse cobardia de algunas otras naciones. Así: es como la Religion, obligando al hombre á obedecer al poder ó autoridad, asegura la libertad de los Lá Prusia, despues de una empresa temeraria (en 1806), fue aniquilada. ---- El palacio de Federico 11 podia ser aun por mucho tiempo un cuartel general frances. ¿Quién “será pues el que intercederá por la Prusia? Una potencia «que no negocia sino con la espada en la mano; la España, la España sola, obligando á los franceses 4 llevar ciento cincueúta mil hombres á la otra parte del Pirineo. El terrida desocupado, Federico Guillelmo vueltorio prusiano que 2 La nacion es- «ve á su capital: ¿quién lo restituyó á ella pañola. : A e y Cuando Napoleon, admirado de los pocos progresos de sus generales, trató de dar en persona un golpe decisivo á “aquella nacion, cien veces veucida y siempre invencible, el gabinete austriaco (en 1809) calculó que se le ofrecia ana ocasion favorable á sus designios. La division de las flerzas de la Francia multiplica las probabilidades de su buén éxito. Era ya una gran ventaja el sacar á Napoleon de España, y prolongar aquella guerra devoradora. Napoleon se separa rabioso de las orillas del Manzanares, y Corre 4 las del Danubio; pelea y vence; está en Viena por se- “gunda vez. Todos los obstáculos se allanan, prodigale la victoria sus laureles en los campos de Wagram; se detiene Estando eu su mano estender mas allá sus COn= 2 - y negocia. quistas, solo anhela firmar la paz. ¿Cuál es la fuerza supe». rior que le inspira tan repentinamente esta moderacion in- *— esperada ? ¿Quién salva á la austria del enojo de un enemigo vivamente:ofendido? El mismo auxiliar que salvó d la Prusia, la nacion española. ) Una guerra vastísima conduce á Napoleon 4 Moscows5 el vencedor de Smolensko y de la Moscowa+vuelve fugitivo e is zen (403) pueblos E cuando la $ incredulidad, cuyo último término es la, indiferencia, destruyendo el principio de la sumision y de la obediencia, dispone á la esclavitud, y tarde ó temprano nos. conduce á ella: -' La Religion intervenia como árbitra y legisladora en todas las “transacciones. sociales. El: matrimonio la debia, su: santidad -y .despues de. haber afirmado y consagrado el,fundamento de la familia, la conservaba por una prudente 'armonía de autoridad y dependencia. Todas las instituciones tomaban de élla algo de moral; mas como la autoridad -es TA AS A A A A A á Paris, como Gerges 4 Persépolis. .... ¿Dónde estan pues aquellas huestes aguerridas, cuya presencia le volyeria su dominacion pasada sobre-la Alemania y la Polonia? ¿Quién las detiene, quién las ocupa, cual es el enemigo infatigable que batieron ayer y las desafía hoy 4 nuevos combates? ¿quién salva en fin:d la Rusia, como a la. Prusia y d la Austria? La nacion españolas. : La lucha que se ha empeñado en España no ha sido contra un gabinete, pero sí contra una sacion; solo alli ha sido negado 4 nuestras armas un triunfo definitivo. Si reinára Napoleon, todas las potencias del Continente estarian aun á sus pies, y la Inglaterra hubiera sufrido -por segun= da vez la paz de Amiens, si limitándose 4 unas guerras de gabinete contra gabinete, y de egército-contra egército, no la hubiese declarado al carácter moral de una nacion. El carácter moral de la España es, como lo hemos demostrado en todas las partes de este escrito, una adhesion (204) »bitrario, no solo:en su: primera nocion 4 »priori, sino aun despues que: la esperien- » cia, nos, ha. sugerido. esta « nocion + indica- »da (1). Ya veis que estamos muy léjos de convenirnos.: Vuestras pruebas hacen muy distinta impresion.en-mi entendimiento que en el vuestro; yo noveo en ellas mas que sofismas , y: los: «sofismas nome convencen. Por ¿otra par te, me hablais de un Dios, al. cual, rodean' misterios inconcebibles (2), pues si yo comiénzo una vez: á creer misterios inconcebibles ¿quién sabe á donde esto me llevará? ¿en qué, ó dónde me detendré? ¿quién me guiará en laeleccion: que debo hacer?. ¿con qué derecho ni fundamento he de desechar la, revelacion ? Vos mismo lo habeis dicho.: “El que me presenta misterios, y' »contradiciones en' el culto que me «predica, »por el mismo hecho me enseña 4 descon- » flar ge él 6) 2 ' ; . ROUSSEAU. Os he, po mi corazon sin -Feserva » gunas loque creo por ciérto.es. única- » mente lo que os doy «por tal; y os he ma- (1) Ibid. pág. 53, 54. (2) Emile,t. 3, P. 1332 (3) Ibid. pág. 150. (205) »nifestado las «razones que me asisten para » ercer. ¡Ahora vos solo: sois quien debe +juz- »gar ()). Yo no pretendo darme por infali- » ble, ni me creo tal: otros pueden hallar du- »doso lo que á mí me parece demostrado, y » falso lo que á mí me parece verdadero: ra- » ciocino para mí, y no para ellos : ni los yi= » tupero ni los imito: su juicio puede ser me- ' » jor que el: mio; pero no es «culpa mia que »no lo sea el mio. (2)? Para mí la existen: cia de Dios está atestiguada por Sus obras: ninguno, os lo repito, Ziene escusa para no leer en este grande y sublime libro: convengo en que esta máxima es demasiado general; y que como otras muchas se me ha escapado sin reflexionar bien en ello: sin embargo, en el fondo habeis debido conocer que este no era ni mi primero, ni mi último pensamiento. La prueba está.clara en las palabras que anteceden un volúmen entero á las que acabo de citar, y las modifican bastantemente. “El filósofo que no cree, obra mal, » porque usa mal de la razon que ha culti- »yado, y se halla en estado de entender las » verdades que desecha (3).” Confieso que es- A A O RS TO (1) Emile, t. 3, P» 192» (2) Ibid. P. 179- (3) Emile, t. 2, P. 380 (206) te, testo. es muy-duro: porque si pont al pueblo 4: cubierto, al filósofo lo deja lleno de embarazos. «Lo siento por yos, á quien filosóficamente condeno, y por mí, que aborrezco la bárbara intolerancia. Pero al fin “no es Co- »sa de poca monta' conocer que Dios existe; » pero cuando hemos llegado hasta aquí, y » ROS preguntamos ¿qué es, ó dónde está? » Nuestro entendimiento se confunde, se es- » travía, y mo sabemos ya qué pensar (497. He aquí justamente lo que os sucede: “las »ideas de creacion, aniquilacion, ubiquidad, »eternidad, omnipotencia, la de los atribu- »ltos divinos , todas estas ideas que pocos » hombres alcanzan á ver tan confusas y obs- »Curas Como son, se os presentan en toda su » fuerza , es decir, en toda su obscuridad (Dé ¿Y no sería una crueldad verse condenado por haber tenido mas talento que los demas hombres? ¿sería posible que no hubiese salvacion sino para los tontos? Pues sentado lo que acabo de decir, esto es lo que infaliblemente resultaria del principio vulgar: “que »es necesario creer en Dios para salvarse 52 (1) 1bid. P. 341. (2) Ibid. p. 346. (*) Y tan vulgar como enseñado por el Apóstol san Pablo: Accedentem ad Deum Opportet credere , quia est, Ec. (207) No permita la filosofía que yo me obstine en sostener ésta máxima cruel; veo claramente las consecuencias. “Este dogma mal entendi- » do es el principio de la sanguinaria intole- »rancia, y la causa de todas las yanas ins- »tituciones que dan el golpe mortal á la ra- »zon humana acostumbrándola: á contentarse »con palabras (4) Vuestra causa es pues la de la razon humana, y no debeis temer que yo la dé un golpe mortal, “Es claro que un » hombre que llegase á la vegez sin creer en 4 Dios, no sería por esto privado de su pre- »sencia en la otra yida, si su ceguedad no ha »sido voluntaria, y yo digo que no siempre »lo es (2)? Envejeced, pues, tranquilo en vuestra incredulidad; bien diferente de aquellos que se persuaden es necesario confesar tal ó tal artículo “ pienso por el contrario »que lo esencial de la Religion consiste en »la práctica ó en la moral: que no solo es » netesario ser hombre de bien, misericor- »dioso, humano, caritativo, sino que cual. » quiera que lo es verdaderamente tal, cree »lo bastante para salvarse (3)? A (1) Emile,t. 2, pág. 350. (2) Zbid. P. 352. (3) Lettre 4 Mr. de Beaumont y P. $9. (208) “9 “Habeis hecho lo que habeis podido pa- »ra llegará la verdad; pero su orígen es muy » elevado: si os faltan las fuerzas para pasar »adelante, ¿de qué podeis ser culpable? ella 5es la que debe acercarse á nosotros (1).” ¿Qué és, pués en vista de esto, la Religion natural sino un abismo, un sumidero profundo donde vienen á hundirse todos los dogmas, hasta el' de la existencia de Dios? Bossuet la definió completamente cuando dijo que el deísmo no es mas que un ateismo disfrazado. Entre sus sectarios unos admiten lo que los otros desechan, niegan lo que afirman, y así recíprocamente. Con dificultad se hallarán dos que profesen una misma doc= trina: ninguno tiene derecho para exigir que otro se someta á Sus decisiones: cada uno como supremo juez de su fé, tiene la facultad de estenderla-ó restringirla á su gusto, y ninguna creencia por consiguiente es esencial en la única Religion esencial al hombre. ¡Estrañia Religion, cuyo símbolo puede reducirse al ateismo! : En segundo lugar, no siendo el culto esterior mas que un vano ceremonial y un negocío puramente de policía, es indiferente en o. (1) Emile, t. 3, P- 128. (209) si, y nada por tanto impide que nos pasemos sia El. ye “Las verdaderas obligaciones de la Reli- »gion son independientes de las instituciones »de los hombres (1); y el culto que Dios » quiere y pide es el del corazon (2) ¿Quién se atreverá á exigir lo que Dios no pide? Debe pues haber plena libertad. en este punio, y podrá, algun hombre no dar en:toda: su vida ni una sola señal de Religion, sin ofender por eso, ni faltar á las verdaderas obligaciones de la Religion. ¿De qué sirven ni para qué se quieren ¿ceremonias , mi templos?-(*). Un corazon recto es el verdadero templo de la: Divinidad, (3). ¿Qué importa que: desde el principio del mundo no haya asii! nacion alguna sin culto público? Nosotros. prescindimos , dice: Rousseau , de » toda autoridad humana (4):.. Yo por-mí des- » pues: de haberlo meditado muchos años he »tomado mi partido; y. 4:él me atengo (5). (1) Tbid. p. 19. (2) Ibid. P. 134. : ; (*) He aqui la razon del desprecio que hacen los liber= tinos de todas las prácticas, y de'su ninguna asistencia € Irreverencia en los templos: es consecuencia de sus ideas. (3) Emile,t. 3, p. 196 ' : (4) Zbid. p. 151, (5) 16íd. p. 193»; Tom. IL, 34 (210) Esta razon no tiene réplica, y si sus discípulos hubieran sabído tomar su partido tan de= cididamente, y descargado con tanto cuidado la Religion natural de toda especie de ceremonias, no hubiéramos visto establecerse en Francia en el siglo XVI, el culto de la Razon representada por una prostituta (*). Pero no insistamos en esta ligera observacion, pues al fin es puramente un negocio de policía. El único culto esencial segun Bolingbrocke, y (4) lo mismo confiesa Rousseau, es el interior: ahora bien, piénsese lo «que se quiera del culto esterior, es seguro al menos que el primero depende de los dogmas, y debe dimanar de ellos. El mismo holis seau impugnando la Religion revelada se esplica en estos términos: “Yiniendo como vie- »ne esta doctrina de Dios, debe traer consi- »go el carácter sagrado de la Divinidad; y »no solo debe aclarar las ideas confusas que »el raciocinio nos hace formar de ella en » nuestro espíritu, sino que debe tambien pro- »ponernos un culto, una moral, y máximas » correspondientes á los atributos, por. los (*) Véase la nota de la pág. 188, 189. (1) Bolingbrecke”? s Works, vol. 5, P.97. (211) » cuales solo concebímos su: esencia (4 ye Ahora bien: ó la Religion natural no vzene de Dios, es decir, es falsa, ó debe presentar los caracteres que Rousseau juzga inseparables de una Religion que viene de Dios: debe pues proponernos un culto correspondienle á los atributos por donde únicamente concebimos su esencia: mas por desgracia vemos que cuanto mas nos esforzamos d contemplar esta esencia infinita, menos la concebimos; que no tenemos idea alguna absoluta de los atributos de Dios; que los afirmamos sin comprenderlos, que es lo mismo en substancia, que no afirmar nada (2). De suerte, que *si la Religion natural es insuficiente, »es por la obscuridad que deja en las gran- »des verdades que nos enseña (3); obscuridad que resulta de qué ella-se apoya en solo el raciocinio, el cual no forma en nuestro espíritu sino ideas confusas de la Divinidad. No me detendré á observar el estrecho enlace y perfecta concordancia de estas ideas, ni á hacer notar con cuánta razon nos en- (1) Emile, t. 3, Pp. 148. (2) 1bid. p. 96. (3) 1bid. Pp. 150% (912) salza Rousseau una religion, que deja en la obscuridad las grandes verdades que nos - enseña!, que no forma. ni traza en nuestro espíritu sino ideas confusas de la Divinidad, y cuyos secuaces en substancia nada afirman porque nada comprenden. Gonfieso ingenuamente , que por mas conmovido que se encuentre el buen Juan Jacobo al darnos esta clara y sublime doctrina, «por. mas que se esplique con la mayor vehemen= cía, no creo ciertamente “oir al divino Or- »féo cantar los primeros himnos, y enseñar 4 »á los hombres el culto de los didas 0)» Por el contrario, mi grande embarazo está en comprender cómo saldrá de estas obscurídades, y de estas ideas dd un culto cualquiera. Yo en verdad mo veo mas que discordancia y coniradicion en todo lo que los deistas nos dicen de este culto misterioso que nunca definen. Si Blount le hace consistir en la oracion y la alabanza, Rousseau certena al instante la mitad del precepto. “Yo, » mos dice, me egercito en contemplaciones » sublimes. Medito en el órden del “universo, »no para esplicarle por vanos sistemas, sino. (1) Emile, t. 3, P. 128. (213) » para admirarle incesantemente, y adorar al »sabio autor que se hacé sentir en él. Hablo »con el autor del universo, mis facultades »todas se penetran de su divina esencia; me »enternezco con sus beneficios, le bendigo »por sus dones; pero no le suplico, no le »pido: ¿qué le pediria yo? (1) En efec- to, es claro que el hombre nada tiene que pedir á Dios; ¡es tan rico él por sí mismo, Su espíritu está tan lleno de luces, su corazon abunda tanto, es tan fértil de buenos sentimientos! Pero en fin, no pienso que en la enu- Meracion que se acaba de leer pretenda Rousseau obligar á todos los hombres á cada una de sus prácticas personales. Hygercítese cuanto quiera en sublimes contemplaciones, medite en el órden del universo, enternézcase hasta derramar lágrimas, nada mejor; pero el enternecerse no es cosa que sepuede siempre que se quiere, y un pobre rústico que con mil trabajos cultiva un rinconcillo de este globo, cuyo órden no conoce, sería Ciertamente muy digno de lástima si fuese Necesario que meditase sobre este órden á él A tr RE (1) Emile, p. 126, (990) curidades, si no se hiciese mas que substituirle obscuridades de otro género. Boling-. _ brocke lo conoció bien, y así sostiene que la ley natural, la cual dice no es mas que la ley de la razon ( 1) igualmente inteligi- » ble en todos tiempos y en todos los luga- »Tes, y proporcionada á los mas débiles en- »tendimientos (2), tiene toda la claridad y » precision que puede dar Dios, y el hom- »bre desear (3). Tal es la ley en sí misma: no se trata mas que de saber dónde está, y por qué medios llega el hombre á conocerla. Escuchemos á Rousseau. => “Todo lo que yo siento (*) que es bue- » no, es bueno, y todo lo que siento ser ma- »lo, es malo; el mejor de todos los casuis- » tas esla conciencia, y solo cuando se rega- » tea con ella es cuando se recurre á las su- » tilezas del raciocinio... (4). La razon nos en- _—_—__—_—_a— — — (1) Bolingbrocke”s Works, vol. 5» P. 83. (2) Ibid. p. 94. (3) 1bid. p. 26. (*) Aunque la voz francesa sens, dice aqui con razon el P. Lasso, puede traducirse conozco , la he dejado en el sig-= nificado vago que la da su autor; pues el conocimiento en _ rigor pertenece al juicio, y aqui pretende huir de él, (4) Emile, t. 3, Pp. 97. (221) » gañía muchas veces, y tenemos adquirido de- »masiado derecho para recusarla; (1) pero la »conciencia no engaña nunca; esta es la ver- »dadera guia del hombre; es para el alma »lo que el instinto para el cuerpo; quien la >sigue, obedece á la naturaleza, y no teme es- » traviarse.... (2) ¡Conciencia! ¡Ó conciencia! »instinto divino, voz inmortal y celeste; guia » segura de un ser ignorante y limitado, pe- »ro inteligente y libre ; juez infalible del »bien y del mal, que haces al hombre se- - »mejante á Dios; tú eres la que forma la es- »celencia de su naturaleza, y la moralidad de »sus acciones; sin tí, mada siento en mí que »me eleve sobre las bestias, sino el triste pri- » vilegio de estraviarme de error en error, » por medio: de un entendimiento sin regla, » y de una razon sin principio (3).” La ley natural pues, segun Rousseau, no es la ley de la Razon, pues que esta ra- 30N Sin principio, que tenemos tanto derecho ió E E lt il (1) He aqui como habla Rousseau un poco despues de este sobrado derecho que hemos adquirido: « Decirme que mi » razon me engaña, ¿no es refutar cuanto ella me ha dicho > Por vuestro medio? El que quiere recusar la razon, debe >Convencer sin servirse de ella.» Emile, t. 3> P» 152, 154. (2) Ibid. p. 98. ; (3) 2bid. p. 114, de recusar, no nos eleva sobre las bestias síno por el triste privilegio de estraviarnos de error en error. Por lo demas ya hemos visto antes que las mas grándes ideas que tentmos de la Divinidad:nos vienen por. sola la razon, es decir, por aquella noble facultad que, estraviándonos de error en.error, lejos de elevarnos sobre las bestías, nos deprime y hace inferiores á ellas; porque en verdad, la ignorancia es menos degradante que el error. No deja esto de ser un poco: singular; pero -pues que en su dictámen es así, pasemos adelante. Buscamos la regla de las obligaciones, y Rousseau nos la muestra en la conciencia, guía segura de un ser ¿gnorante y limitado, y juez infalible de lo bueno y de lo malo. La razon nos engaña muchas veces, la conciencia nunca; y antes bien es para el alma lo que el instinto para el cuerpo. Esta doctrina sentada con tanta seguridad. por él, parece hacernos vislumbrar la certeza que deseamos. Por desgracia no hallo en tre los partidarios de la Religion natural aquella unanimidad de sentimientos que era / de esperar en un punto de tanta importan= cia. Bolingbrocke, por egemplo, trata de entusiastas, y gentes que hacen ridícula la Ke” ligion natural á los que pretenden que “ba), (9293) »un instinto ó sentido moral, por medio del » cual los hombres distinguen lo que es mo- »ralmente bueno de lo que es moralmente »malo; de manera que de ello resulte una » sensacion intelectual agradable ó molesta 0). » Esto, añade, puede hasta cierto punto ad- > Quirirse por una larga costumbre, y por »una especie de devocion filosófica; pero for- »mar de ello una facultad natural, es 'una »lusion de la fantasía (2 ¿A quién, pues, hemos de creer? ¿á Rousseau ó á Bolingbrocke? ¿Qué harán los discípulos cuando estan tan discordes los maestros? Lo que uno mira como un. principio innato (3), es para el otro una quimera, una ilusion de la fantasía. “Si el uno nos dice que la ley natural es la ley de la razon, el otro nos asegura que por sola la razon no _se puede. establecer ninguna ley natural (4). Y no olvidemos tampoco que en estas aserciones opuestas se halla, y encuentra la moral clara, precisa, igualmente inteligible, segun nos dicen, en todos tiempos y lugares, Y PARE RR et (1) Bolingbrocke” s Works, vol. 5, p. 86. (2) Ibid. p. 479» (3) Emile, t. 3» P» 107. (4) Emile, t. 2, p. 263. (92%) proporcionada á á los entendimientos mastudos. Pero no es esto lo mas singular; el mismo Rousseau destruye la segur idad consola dora con que nos lisongeaba, manifestándonos que la conciencia, esa guía segura y verdadera del hombre, mo camina sino apoyada en la razon. “Sola la razon nos enseña, dice »(3), á conocer el bien y el mal. La concien- » cia que nos hace amar lo uno y aborrecer »lo otro, aunque es independiente de la ra- »zon, no puede' desenvolverse sin ella?” Y, poso antes: “Conocer el bien no es amarlo: vel hombre no tiene tal conocimiento innato; » pero en el instante en que su razon se lo » hace conocer , su. conciencia le mueve á »amarle; este sentimiento es el innato. (2). El juez único así de las. obligaciones como de la fé, es. en último. resultado. la razon : la conciencia viene despues. de, ella, pues que sín ella na puede desenvolverse ; ama lo que la razon le da á conocer como. bien, y aborrece lo que le señala como mal; en fin, es una esclava pasiva del entendimiento, cuyas funciones se limitan á aplicar á cada idea que él la presenta un sentimiento, cuya na- AAA A RA (1) Emile, t. 1, P. 112, (2) 1bid. Pp. 75. (225) turaleza está determinada de antemano por el juicio de la razon. Esta sola conoce el bien y el mal; luego sola ella puede instruirnos en nuestras obligaciones: en lo que Rousseau ' parece convenir, porque despues de habernos advertido que “los actos de la conciencia no >son juicios (1), sino sentimientos (2),” añade: “toda la moralidad de muestras accio. >nes está en el juício que nos formamos de » ellas (3) :” y mas espresamente en otra parte: “El hombre escoge lo bueno, si lo juzga >Tectamente; si el juicio es falso, elige mal, »6 escoge lo malo (4). Es verdad que en otra parte pone en la conciencia la moralidad de nuestras acciones; _ Mas €s porque entonces tenia necesidad de encontrar allí la regla infalible de las obligaciones y deberes. Por lo demas, esta regla está tan léjos de ser universal y suficiente á todos los hombres, grandes y pequeños, sa= bios € ¿gnorantes, que al contrario, por confesion de Rousseau, “es enteramente nula > para el pobre, es decir, para las tres cuar- 2. É— a (1) Asi tenemos que la Conciencia no juzga, y sin emargo ella es un Fuez infalible. * (2) Emile,t.3,p. 111. (3) 1bid. p. 100. (4) Did. p. 75. Tom. 1. 45 (226) | »tas partes del género humano.” “La: voz ' » interior, dice, no se hace oir, ni sabe hacerse » entender del que no piensa mas que en bus- » car cómo ha de comer (1).” ¿Qué podremos pues, mi debemos concluir de aquí, sino que en el sistema de la Religion natural no apoyándose las obligaciones mas que en la razon, que frecuente= mente nos engaña, no tienen ellas ninguna - regla cierta, y que la moral del Deismo es tan vaga, indecisa, variable, é insubsistente como lo son sus dogmas? Cada uno se forimará, y tendrá la suya, así como cada uno tiene su símbolo, y bastarán algunos de esos sofismas tan familiares á las pasiones, para que la razon engañándose sobre las verdaderas obligaciones, engañe por su parte á la conciencia, adornando al vicio y cubriéndole con la máscara de la virtud. ¿Se quiere una prueba efectiva de ello? Hela aquí. Bolingbrocke, raciocinando sobre la ley natural, tan clara, tan precisa 3 su parecer, llega, no digo hasta justificar la poligamia, la relajacion, el libertinage, el adulterio, el incesto, Kc. sino á ponerlas en ciertos caso$ (1) Emile, t. 3, P- Ho % (227) en la clase de lascobligaciones (1) Si los Ro- “manos, los Griegos? yotros pueblos prohibieron la: pluralidad-de las mugeres;' y“ estimularon á la monogamia, es'* dice en su lenguage cínico, “porque contrayendo tales »matrimonios, nada, á no ser-la falta de »ocasion, impedía á“los' maridos, y lo mis- »mo á las mugeres, satisfacer libremente sus »apetitos, á pesar de los vínculos* sagrados »que los unian, y el derecho' recíproco de »propiedad que la ley concedia á cada uno so- »bre la persona del otro (2). Rousseau, aunque tan grande preconizador de la virtud, noes tampoco mas rigido en esta parte que Bolingbrocke. Confiesa, es verdad , que la contínencia es un deber, una obligacion moral; pero añade, que /os deberes morales tienen sus modificaciones, y escepciones (3); y. no las deja.de-hallar para el deber y obligacion de la continencia, fandado en que la debilidad humana hace algunas veces el delito ¿nevitable. Así es que basta ser flaco 'ó frágil, para tener el derecho de faltar á ella (*); y así, no obligan” E ERAN (1) Bolingbrocke”s Works, vol. 8, Pp. 163, 172, 176. (2) Ibid. p. 167. (3) Emile, t. 3, p. 280. (*) Es decir, de pecar: moral bien pura, propia de Rousde (228) do los deberes sino en ¡proporcion de: la facilidad. que se tiene de,cumplirlos, habrá tantas morales diferentes' como individuos y personas, y. todo le será lícito al malvado envejecido y consumado pará quien el crímen ha venido á-ser una necesidad casi inyencible. Al estampar ¡esto “mi Tostro se llena de rubor, Jos. colores encienden mis megillas, bajo los ojos, y. me avergonzaria de serhomre, sino me acordastque soy. cristiano, No temo ya decirlo; el Deismo, que se nos representa como la Religion de la naturaleza, y la única Religion esencial al hom- - bre , esla «destruccion, de 'toda doctrina, de todo culto, de toda moral; y diga lo que quiera La Hope (5, entónces A l6sbLo Consean, abandonado al adulterio, y vicios semejantes; y siendo, como acaba antes de decir, inevitable , Sería tambien inevitable «1 pecar: ¡cómo se vé aqui el lenguage de Calvino, asi como se dan la mano las costumbres! Véase la 2 gina 132. (*) ¡Qué decoroso es este entonces para La Harpe! £I nos denota que fue, es verdad, pero que dejó de ser. filósofo impío: designa al hombre de talentos y de conocimientos sublimes, cuyos estravíos lloró un dia la Religiols pero que supo tambien docil y sumiso venir 4 enjugar sus lágrimas. Como por desgracia al principiar su carrera en las bellas letras la filosofía del siglo habia empuñado el cetro de la opinion, y dominaba imperiosamente, el gozar de su fayor, y sus necesidades obligaron á La Harpe ¿4.ren” (9229) dorcet' tenia razón" paranegar que hubiese ditle sus homenages* trabó amistad con todos los. corifeos de:la:impiedad, y Voltaire.le llamaba su hijo querido. Dióse 4 conocer desde luego: por.las tragedias del Warwick y el Filóctetes, que son las «mejores de las suyas ; y el partido filosófico aplaudió tambien: su Melania , aunque indecente, Por lo''mismo que lo'era, y que en su arrepentimiento tuvo cuidado de recoger. Los Elogios de Henrique IV, Racine y Fenelonile abrieron las puertas de la academia, en la que fue recibido el 1796.:Poco tiempo despues publicó la Zuj= siada:de Camoens ¿ton notas; y la vida-de éste : compen= dió hácia el 1779 la Historia de. los Viages; que:es la obra. - traducida entre nosotros. con: el:título: de El Viíagero Uniz versal. Empleóse:por:el espacio de cuarenta años.en euriquecer los Diarios:con warios:artículos literarios, y en este estado: le halló la revolucion francesa: acalorado filóso= fo, abrazó sus principios con. entusiasmo, aplaudió..en sus esctitos las nuevas reformass'y-cuando la revolucion tomó el carácteriesparitoso que-la distingue, sele vió con el gorro de:la libertad incensar 4 su ídolo, y cantar-himnos 4 la patria: No obstante, no 'pudo-escapar.4.la persecucion, y eb v194 fue arrojado'en las prisiones: de Luxembourg. All Dios , este padre antoroso » 4 quien. habia ¿insultado , habló 4 su corazon, Y abriéndole, «sus brazos recibió. su arrepen= timiento+ la lectura.casual. de aquellas hermosas palabras de la:imitacion «de Jesucristo Ó:del Kempis: Héme aqui, hijo: mio, yo vengo A ti, porque me llamaste; quía. invocasté més venció su espíritu > obró:su conversion; y-desde entonces “fue otro hombre: tradujosen la prision los: Salmos, 4 cuya frente puso nn escelente Discurso sobre el espíritu de los Libros Santos : alentado de su fé no temió dar: 4:su conversion la publicidad que eXigian los.escándalos que habia causado; y arrostrando 4 un tiempo los sarcasmos de los revolucionarios y de los filósofos, se le vió en sus lecciones Públicas hacer una clara y honrosa retractacion de todos sus errores. Entonces publicó su Curso de literatura antigua (236) y CAPÍTULO VI Consideraciones sobre el tercer sistema de ¿ndiferencia, ó sobre la doctrina de los que admiten una religion revelada, pero. de tal manera, que quede libertad para desechar las verdades que enseña, d.escepcion de algunos A artículos fundamentales. | Algunos filósofos formados en la escuela del protestantismo y criados con. su doctrina, 4 fuerza de meditar. ahondar' y profundizar, en un solo error, se vieron conducidos á nez. gar todas las verdades religiosas , morales: y políticas. Precisados por un entadenamien», to de consecuencias inevitables á desechar, una primera causa inteligente, . esplicaron el órden por el acaso, el universo por el caos; la sociedad por la anarquía, los . deberes y, obligaciones, por. la fuerza, el. pensamiento. mismo por la estension animada de un movimiento ciego. Sin embargo, dos hechos los; embarazaban. En todas partes, y en todos tiempos veian que el hombre tenia idea de Dios , y le ha dado culto público; que en to- (237) das partes y en todos tiempos ha reconocido distincion esencial entre lo bueno y lo malo, lo justo é injusto; y á pesar de los diversos engaños y equivocaciones que suele haber en la estimacion y aprecio de las acciones libres consideradas como punibles ó virtuosas , jamas pueblo alguno ha confundido. las nociones opuestas del: yicio y de la virtud. Estas nociones inmutables, junto con los sentimientos y obligaciones que se derivan de éllas, son la base de toda sociedad, así como la existencia de un Ser Eterno, remunerador y justiciero es el único funda-. mento de estas nociones. ¿Qué hicieron pues nuestros filósofos para conciliar su sistema con la conciencia del género humano? Convinieron en la necesidad de la Religion, y de esta misma necesidad concluyeron que la Religion no era mas que una institucion política; dijeron: Para que los hombres renuncien á su independencia natural, y acepten el yugo de las leyes, es necesario hacerles Creer hay sobre ellos un poder infinito que les impone este yugo pesado, y que algun día reparará con una rigorosa equidad las injusticias de los poderosos del mundo, y aun las sinrazones de la fortuna: sin esta creen- Cia, no puede haber sociedad ; los legislado- (9238) res lo advirtieron, é inventaron á Dios. Aún mas: no. hay, ni puede haber sociedad sin deberes mútuos y obligaciones recíprocas, de lás cuales resulte una concurrencia general de voluntades al mantenimiento y conservacion del órden, y el sacrificio de los intereses particulares al interes comun de todos: adyirtiéronlotambien los legisladores, é inventaron la moral. Tal es la doctrina de los indiferentistas ateos. Los Deistas, convencidos de los absurdos que ella encierra, y de las funestas consecuencias á que arrastra, armados con argumentos irresistibles, demuestran hasta la evidencia su estravagancia y peligro. Enhorabuena, dicen á sus “adversarios, deséchense todas las religiones positivas; por ahora os lo concedemos, porque aun cuando alguna de ellas fuera verdadera, nosotros no tendríamos medios para discernirla. Pero negar la existencia de Dios, una vida futura, la diferencia esencial de lo bueno y lo malo, es cegarse voluntariamente, es autorizar todos los delitos, es trastornar la sociedad por sus cimientos. Escuchad la yoz interior, y ella-os dirá que hay una Religion verdadera, necesaria; Religion que descansa y se apoya en sola la razon, y que nosotros llamamos na- - (239) tural, porque la naturaleza la enseña á todos los hombres, cuyo juicio no ha pervertido la pasion, Asi hablan los Deistas; pero cuando se llega á examinar de cerca su sistema, no se encuentra en él mas que inconsecuencia y “contradicion. La naturaleza tiene para cada uno de ellos distinto lenguage: no se pueden convenir ni en símbolo, ni en culto alguno. Precisados á concedérselo todo á la razon, y á negárselo igualmente todo, no atiman con los dogmas, la moral se desvanece á sus ojos, y de cualquiera modo que se espresen ú obren, se ven impelidos hasta la tolerancia del Ateismo, ó la indiferencia absoluta. Aqui se presenta una nueva clase de Indiferentistas, que probando sin mucho trabajo la insuficiencia , ó mas bien la nulidad de la Religion natural, establecen invenciblemente la necesidad de una revelacion, y la verdad del Cristianismo. Pero partiendo substancialmente del mismo principio que los Deistas, á saber, de la soberanía de la razon humana en materia de fé, someten la revelación misma á la razon, y sostienen que con tal que se crean ciertos dogmas revelados, se pueden desechar los demas sin dejar por eso de ser Cristiano, ni quedar escluido de la salvacion. (240) Contra éstos, pues, que son de los que nos falta que hablar, haré ver, que reduciendo en esta forma el Cristianismo á algunos artículos fundamentales, los que jamas se han podido determinar ni definir, el hom bre inmediatamente es conducido al Deismó, y á la tolerancia de todos los errores sin escepcion alguna; y como este sistema ha venido á ser la base de la Teología protestante, manifestaré que la Reforma forzosamente ha sido conducida á este término en virtud de sus mismos principios, de donde por último se concluirá que, segun la prediccion de Bossuet (1), ella debia venir á parar necesariamente en la indiferencia absoluta de religion, Es demasiado importante probar la in- - timia conexion del protestantismo con la filosofía moderna para que temamos poder desagradar á los lectores , haciendo un análisis :ircunstanciado de las controversias que ha- “en palpable esta verdad. En la época en que Lutero comenzó á dogmatizar, hacia ya quince siglos que existia una lelesia ó Sociédad religiosa, gobernada por un cuerpo de Pastores subordina- ' EF (1) Véase la sexta Advertencia á los Protestantes, par te 3, núm. 3. (244) | dos, bajo la autoridad de un Gefe ó Cabeza suprema, los cuales, conforme á las palabras de Jesucristo, siempre se habian creido, y los miembros de esta sociedad los habian creido igualmente revestidos del poder de juzgar soberanamente; ó para espresar la misma idea con palabras mas conocidas, de poder decidir infaliblemente las cuestiones relativas á la fé y á las costumbres; no creando nuevos dogmas, porque esto sería crear verdades, lo que es imposible; ni citando tampoco al tribunal de la razon los dogmas antiguos para examinarlos en sí mismos, porque esto habria sido someter la revelacion ó la razon divina á la razon humana; sino por via de testimonio, contestando 6 testificando la tradicion ó la fé universal por la tradicion ó fé de cada Iglesia particular. = La doctrina que anunciais , se les decia á los novadores, es inaudita: ayer aun no se habia oido hablar de ella; luego no es la verdadera doctrina: la verdad no es de hoy ni de ayer, es de todos los tiempos; existia en el principio, y existirá hasta el fin: al contrario el error ]le- Ya consigo el sello de la noyedad, y ésta es SU carácter mas seguro. Ahora bien , ó no nos enseñais lo que enseñó Jesucristo, y en £ste caso ni aun oiros se debe, ó vuestras Tom, IL | 16 (242) doctrinas son conformes á las suyas, y enton-. ces debeis mostrar que son conformes con las de la Iglesia; porque la Iglesia” docente, ¿con la cual ha prometido Jesucristo estar todos los días hasta la consumación de los stglos (1), no ha podido niun solo día enseñar otra doctrina que la recibida de su maestro Jesucristo. Insistiendo en este principio malterable € indestructible, sin argumentar (%), sin discutir arriesgadamente lo substancial 6 el fóndo de los dogmas , sin perderse en “interminables disputas con los heresiarcas, los Concilios pronunciaban la sen-- tencia irrevocable, y la Iglesia entera anatematizaba 4 Arrio, Nestorio, Eutiques, y á todos los insensatos “que se atrevian á substituir los delirios de su propio espíritu á la antigua creencia, A : j (1) Euntes ergo docete omnes gentes... et ecce ego vobiscum sum'omnibus diebus, usque ad consummationem seculie Math. 28, 20, (*) No quiere decir que uo se examinase, ni discutiese absolutameute en los Concilios, no; en el mismo de Jeru- '] salen facta est conquisitio magna, ui'como dice bién Melchor Cano, oscitantibus et dormientibus Spiritus Sanctus assístit, allí se discutia, se examinaba, se inquiria para ve£ cual era la tradicion de los mayores, y averiguada ésta) £gntonces se proponia á creer sin argumentacion alguna. (243) > “Antes de la Reforma ningun Sectario atacó directamente la autoridad de la Iglesia, ninguno la disputó el derecho de juzgar de la fé; ni puso en duda la iofalibilidad de sus decisiones. Introdugeron, “sí; varios incidentes 6 cuestiones sobre la forma de los juicios: negaron que los Concilios «que los condena ban fuesen legítimos y verdaderos Concilios, que se hubiesen observado con ¿llos las reglas indispensables ;-pero á: ninguno de éllos se le oyó jamas pronunciar, mi aun murmutando, la palabra: fatal de independencia, ni Ppreténdió no tener otro juez que su razon; tan vivo era aun y tan eficaz el terror que inspiraban aquellas fulminantes palabras: “Si » él no oye á la Iglesia, miradle como un pu- » blicano ó un gentil (4).”-. | | El mismo Lutero én un principio _pro- testaba con sinceridad , al menos aparente, su sumision al juicio de la Iglesia : pedia con instancia y solicitud la convocacion de un Concilio, y este hombre exaltado, cuya alma no' parecia sino un conjunto de pasiones violentas alimentadas por un orgullo sin ímites ,-al pronto se mostró resuelto á hu- A O RE EE AS da. ) Si autem Ecclesiam non audierit > SÍ8 1 IDE sicut Cthnin *Us el publicanus. Math, 18, v, 17. . me (244) amillar su orgullosa frente á la autoridad de los primeros Pastores, - y: de su cabeza el Romano Pontífice (*). La: práctica constante de todos los siglos, fundada en los testos formales de la Eseritura, que aun nose habia atrevido á tergiversar, no le permitia concebir la idea de que se pudiese destruir esla poderosa barrera que Jesucristo habia. opues- to á las innovaciones. Pero luego que en Roma fueron proscriplos sus errores, y. el ráido. acrecentamiento de su partido llevó su “audacia hasta lo sumo, entonces no tomando consejo sino con sus sombríos resenti- A ] 2) «No soy tan temerario, decia, que prefiera mi opi- 'nion particular 4 la de todos los demas (Protest. Lut. tí= tulo f, fol. 195.).» En sus escritos contra el Dominicano Prierias repite «que esperaba con profundo respeto el jui- » cio de la Iglesia» declarando aún mas «que si no se atevnía d su determinacion, consentía en que se le tratase como0 » herege'( Contra Prierias, tit, 1, fól. 117. ).» El 1518 escribia tambien en estos términos á Leon X. «Ded la vida, $ »la muerte, llamad ó repeled, aprobad óreprobad como os pawrezca, que yo escucharé vuestra voz como la del mismo Fe- »sucristo,m Y porque no se crea que habla sin fundamento, da en otra parte la razon. « Doy gracias á Jesucristo por- “» que con un gran milagro conserva en la tierra 4 esta úni- » ca Iglesia, la úvica que puede mostrar que nuestra fé €S » verdadera; de suerte que ella jamas se ha apartado de 12 » verdadera fé con decreto alguno suyo (Disp. lips. tit. Eo _» 161, 251.).w Parece que no se puede llevar á mas la deferencia. A a ds (LADA - mientos, mudó repentinamente de lenguage, y no guardando moderacion alguna ; enfure= cido lanzó: anatema contra anatema, y enar= boló el estandarte dela rebelion, Entonces se abrió en Europa como un vasto curso de Religion: esperimental, porque en el espacio de tres: siglos no ha quedado una sola doctrina: religiosa: «de que no se haya: hecho la aplicacion á alguna sociedad. Con todo, enel primer momento la antigua creenciasestaba aún muy arraigada en el corazon de los-pueblos, y aun'en-el éspíritu mismo de los Gefes de la Reforma (*), para que el e 2), Nos contentaremos.con citar aqui á Melancthon, que es uno de los que mas brillan á la frente de sus litera- _ tos. Éste, en una carta confidencial, se espresa'en estos términos: «No hay que discutir nada sobre la superioridad » del Papa y la autoridad de Jos Obispos : el Papa, asi co- » mo éstos, pueden muy bien conservar esta autoridad, por- » que es de necesidad que la Iglesia tenga inspectores que »vigilen para conservar el órden, y atenderá los que son —»llamados al servicio de la Iglesia, para examinar la doc= »trina de los Sacerdotes, y hacer 'egecutar las sentencias »eclesiásticas; y he aqui porquesi no hubiese Obispos, se- » la necesario crearlos-ó establecerlos. La monarquía. del » Papa contribuiria tambien mucho 4 conservar la union en »1a doctrina entre las diferentes naciones: si se eutendien »sen sobre dos otros puntos ,. se estaria bien pronto de »acuerdo sobre la supremacía del Papa (Melancthon resp. » ad Bel.» Lo mismo repite en otras cien partes, y este A confirman otros de los suyos. > (252) dena, no hay una que no se pueda' aplicar con la misma verosimilitud: á los Concilios que recibis. Negar la autoridad de uno, es negar la de todos: despreciar uno, despreciarlos todos; y así, ó subsisten todos, ó caen todos juntos. Los discípulos de Eutiques y de Dioscoro hablaban del Concilio de Calcedonia como vosotros hablais del de 'Frento: decian como vosotros, que sus enemigos dominaban en él, y la verdad habia sucumbido á: las cabalas é intrigas. Nose les escuchó, y' vosotros mismos confesais la justicia de este procedimiento; porque en efecto, ¿qué contienda se acabaria jamas, si fuese: necesario que el juicio ó. sentencia y para ser firme y valedera hubiera de tener la aprobacion de cada una de: las» partes interesadas? Siendo incompatible la fé con la mas pequeña incertidumbre, no hay medio;:ó no hay un tribunal para terminar las contestaciones que sobre élla se originen, ó si lo hay escinfali= ble. No podreis pues admitir la autoridad de un solo Concilio general sin reconocerlos átodos por infalibles, y por+.una consecuencia inevitable sin declararos rebeldes 4 la Iglesia y á Dios. Y si para evitar estas dificultades urgentísimas, negais la infabilidad á los antiguos (253) Concilios generales, ¿qué ventaja sacareis entonces de ellos contra los Arrianos y Socjnianos? ¿Les impondreis el deber de obedecer á decisiones humanas? ¿no os opondrán ellos vuestros mismos principios y egemplo? Y en efecto: ¿por qué razon se ha de deferir en materia de fé al juicio de quien puede errar? ¿no sería esto evidentemente aban-. donar su salvacion á la casualidad, y creer por puro capricho, sin certeza, y sin regla alguna ? Pero los primeros Concilios, decis, aunque sujetos á errar, no erraron. Dios permitió que conservasen en su primitiva integridad el depósito de las verdades santas. Esto es precisamente lo que negamos, os dirán los discípulos de Socino: dais por supuesto lo mismo de que se disputa, Probadnos por la razon y la Escritura los dogmas que desechaios, y entonces será supérfino alegar la autoridad de los Concilios; y simo podeis probarlo de este modo, aún es mas inútil «para convencernos alegar unos Concilios, que como vosotros mismos confesais, pudieron ertar, ¿Qué podreis responder, continuaban los Católicos, mi qué replicaríais á los sectarios que Os hablasen así? Será necesario, á pesar vuestro, volver á discutir la doctrina en sí mis- (254) ma, prescindiendo y desentendiéndose de lo que ha creido y definido la antigiiedad ; y con riesgo de estraviarse en el tenebroso laberin- to del raciocinio, examinar una tras otra todas las verdades del cristianismo: porque es- to es lo único que resta, quitada la autoridad; y en materia de fé toda autoridad fal ble es nula por derecho. Por otra parte, los Tolerantes y los Unitarios, mas consecuentes en los principios de la Teología protestante, se quejaban con ardor. de que, por tal de obligarles á admitir dogmas repugnantes á:su razon, -se' trastornaba el fundamento de la Reforma , y se daban: armas, y aun se decidia la causa á favon. de los Papistas. Ó la antigua lolesia, decian ellos, era infalible; ó no lo era: Si lo era, todavía lo es, y no se debe buscar la verdadera :fé sino en sus decisiones; nuestro deber incontestable es callar y someternos. Mas si la Iglesia de hoy no es infalible, tampoco lo ha sido nunca; y siempre, aun despues de sus decisiones, se habrá podido y debido examinar; querer por consiguiente ahora obligarnos á cautivar nuestro entendimien- to á la autoridad de algunos de sus decretos, cuando por “otra "parte os desentendeis de obedecer -á todos los démas que no son me- (255) nos importantes, ni menos claros, ni menos - solemnes, es una grosera ilusion. ¡Qué! ¿no habreis rompido con: la Iglesia Católica sinó para poneros.en su lugar? ¿no la acusásteis de tiranía sino para establecer sobre sus rulnas otra tiranía mas irritante? Porque al fin, ella tenia en su favor por lo menos una posesion larga y tranquila, y usando del poder que vosotros pretendeis usurparla, no cóntradecia como vosotros sús propias máximas, Vosotros recibis algunos Concilios, y desechais otros: ¿en qué principios fundais es. ta eleccion? ¿Cómo «sabeis que habiendo entre estos Concilios algunos que han enseñas do el error, los que vosotros recibis han enseñado fielmente la verdadera doctrina ? ¿Qué otra certeza teneis, ni-qué otro criterio mas que vuestro Juicio particular, Y. Vuestra opinion? En una palabra, lo que prelendeis es sujetarnos á vuestra autoridad particular, Pero os engañais: despues de habernos enseñadoá negar la infalibilidad de los Obispos de todos los siglos, y dela Iglesia entera, no €s facil decidirnos á reconocer vuestra infalibilidad personal. : Las doctrinas, lo mismo que los rios, no Yetroceden hácia su orígen; y así.la Reforma se esforzaba inútilmente en detener: la COP= (256) riente que la arrastraba. Fue necesario que todos sus miembros proclamasen de comun consentimiento: este gran principio: “La Escritura es la. unica regla de fé, independientemente de toda interpretacion. particular , y con esclusion de toda autoridad visible”. “Pa- »ra conocer la religion de los. protestantes, »dice Chillingworth (1), mo: debemos consi- »derar mi la doctrina de Lutero, ni la de -»Calvino, ó Melancthon, ni tomar la Con- »fesion de Ausbourg ó de Ginebra, ni el » Catecismo de Heidelberg,. ni «los artículos » de la Iglesia Anglicana, ni aún la Harmonía »de todas las Confesiones piolostántes; sino »aquello en que todos convienen, yá que »todos subscriben cómo á una regla perfec- »ta de su fé. y de sus acciones, es decir, la (1) La Religion des protestans, une voie súre au salute Chap. 6, 56. * Chilliogworth-fue convencido por los Mi= sioneros Jesuitas que entraron en Inglaterra en los reinados de Jacobo I y Cárlos 1, y obligado á confesar la necesidad de un juez infalible en materia de fé, y de resultas de estas conferencias abrazó el Catolicismo; pero el interes le sedujo despues: la cancillería de Salysbury, y 12 prebenda de Brixworth en el Northampton, le hicieron ab” jurarlo de nuevo: siempre alguna pasion vil ha sido el mo" yil de todos los que han abaudonado la fé de la Iglesia: entonces fue cuando escribió esta obra que le sirviese de escusa; pero la verdad no varía, es una: las pasiones soB las que hacen al hombre abandonarla. | (257), »Biblia, Sí, la Biblia, sola la Biblia ses. la » Religion de los, Protestantes (2%, 1: ¡He,aquí á donde habia llegado ya la, Reorma en menos, de, dos siglos despues de su hacimiento. Avergonzada, y cansada de; errar de: símbolo en: símbolo; los «desaprobó.. todos, igualmente que ¡¿4,sus autores. Leyendo nuestras, numerosas profesiones de fé., no es cowd X ,,? 1H PI O IAEA “Propagándista es tal, que et los once años que precedieron 1815 habian empleado mas de veinte millones en Fepartir un millon y trescientos mil egemplares de la Biblia, traducida en cincuenta y ciuco lenguas ó dialectos, sin nola, esplicacion, ni comentario alguno. Despues acá la Socie= dad madre de París, con sus treinta y seis auxiliares, 1le- Va repartidos diez millones de Biblias protestantes (4mi de la Religion et du Roi) Y cuando el hombre enemigo siem= 'a 4 vueltas de la buena semilla tanta zizaña, ¿no vela- Fán los encargados del padre de familias? Desconfiemos de toda traduccion, que segun lo prescrito por la Iglesia, no leve sus notas ó esplicaciones de los PP. Véase la Enci- Clica del santo P. Leon XI1l al tiempo de su exaltacion, Tom. TL 47 (258) mo se ha de venir en conocimiento de nuestra creencia, dicen los protestantes; no: ños" otros nos burlamos de Lutero, de Calvino, de Melancthon , de todas nuestras! Iglesias, de todas nuestras Confesiones, y aun de la Harmonía' que .se hizo” de ellas: la Biblia, sola la Biblia es nuestra Religion. - Mas como la Biblia és muchas veces y en varios pasages obscura (* ), y no se esplica á sí misma, ¿quién la esplicará ? Siendo llamados todos los hombres al conocimiento de la verdadera Religion, es necesario que todos los hombres descubran claramente en la Escritura las verdades que deben. creer. Los reformados convienen en ello; porque no era posible negar tampoco una consecuencia tan manifiesta; pero no han podido: convenirse sin tropezar y caer en dificultades tan intrincadas, y contradiciones tan estrañas que (*) El doctor Tbiess ha contado ochenta y cinco esplicaciones diferentes de Protestantes de la Parábola tan cl2" ra del mal administrador (Villicum iniquitatis), que se hália en el cap. XVI de san Lucas, y Iso del vers, 20, del cap. 3 de la Carta á los Gálatas (Mediator autem unius 10% est: Deus antem unus est.). ¿Cuál se habrá de seguir ? Col” vengamos en que si no se quiere que la Escritura sea 107 útil, y aun perniciosa, y si ha de ser-regla cierta de nues tra fé, debe absolntameilte estar acompañada de un tribu” nal que decida de su sentido, y tenga antoridad infalible: + (259) causan rubor, y “desacreditan el entendimien- to humano. Despues de haber imiginado el estravagante sistema de la inspiracion parti. cular, y haber sostenido que los dogmas necesarios á la salud 'se recónocian en los libros Santos por sentimiento, por cierta espeqie de sabor, 6' gusto interior, como distin guímos el frio y “el calor, lo” dulce y amargo, avergonzadosde' esta ridícula * “Religión sensitiva, acabarón' por atribuir 4 la rázon el derecho esclusivo de” interpretar, las divinas Escrituras, y la declararon único juez y árbitro de la fé. No tratamos ahora de examinar á fondo esta “doctrina, ni es este su lugar; nos limitaremos, por N pronto á considerar sus efectos. rd La Religion transformada por ella. en una ciencia de puro. raciocinio, tomó tantas Jormas cuantas eran sus esti: nacieron. unas sectas de otras, y de éstas otras, sin término ni fin. Jamas se habia visto tal fecundidad de opiniones estraordinarias, semejante profusion de símbolos opuestos, y todos, segun ellos decian, fundados en la pura palabra de Dios, Por otra parte no faltaban egemplos para justificar las innovaciones. En la Reforma se con- 'servaba como si digéramos una tradicion de duda y de inquietud; y las variaciones per- a (260) sonales de Lutero, y. las «de sus, discípulos, y sobre todo sus máximas , las autorizaban todaso 1er E | 0 No po á | peta 'eslhe ¡da AsRdas, el apego natural del hombre á su propio, dic; támen,, y. tal vez un resto.moribundo de respeto 4. la £é, y. de amor 2, la verdad ,,/conducian á los protestantes tanatematizados. por la: Tglesia Romana á auatematizarse. mútuamente, unos á otros. Sabido,.es hasta qué.estremo aborrecia Lutero. (*) la doctrina. de Galia, y el serlo A eyveto Co paraci E FAA 233 ob 59 obrol y e No. se pueden 1d0n je espresiones soeces de AN contra los Sácrametntarios y'Calvinistas: unas veces los 1la- ma hombres de dos lenguas, otras los:amenaza que se re iractará de todo lo que hedicho Sontra el Papa, para que queden. abantonados 5 los epitetos de diablos , endiablados , dia bólicos, endemoniados, són 'los' mas frecuentes don" que los saluda: — Estas:y otras semejantes palabras hicieron decir 4 Bayle que eran «dos Sectarios que se aborrecian entre sí » aun mas que al trouco de que se habian separado, » La historia de la Reforma ofrece una infinidad de semejantes egemplos. Léase la de las Varicciones de Bossuet. (**) ¿Es bien conocida la conducta de Calvino con este desgraciado: habiéndose refugiado en Ginebra donde se hallaba Calvino,su mas cruel enemigo, y que gozaba de máyor crédito, éste le hizo. prender, y. 4 fuerza de instar á los jueces, de clamar y hacer clamar que Dios pedia el suplicio de este anti-trinitario, le hizo" quemar vivo en 1853. | MAs hizo aún: escribió una apología de esta conducta , Probando que se debian castigar con pena de muerte los hereges: bastantemente que Calvino no aborreció aL nos la doctrina de los Unitarios. No $e percibe facilmente qué es lo que podian écharse en cara mútuamente estas dos cabezas del protestantismo en punto' á dogimas' abominables; porque si' Lutero destruia y amiquilaba la moral. negando el libre alvedrío, y declarando las buenas obras nocivas á la salorcion; Calvino no la destruia menos de raiz con el dogma inaudito “de la inamisibilidad de la justicia, segun el cual, un hombre una vez justificado (*), lo quedaba' para siempre; y á pesar de todos cuantos delitos” y crímenes pudiese cometer, permanecia plenamente seguro de su salvación. Uno y otro llegaron Ñ é + lo notable es que los Ministros Calvinistas de Basilea, Berna y Schaffousa, consultados antes de la. condenacion, respondieron unánimemente que el acusado merécia la muerte: hasta el dulce y pacífico Melancthon aprobó:el juicio y suplicio de Serveto, y felicitó 4 los Magistrados de Ginebra por el castigo que habian impuesto á este Unitario... Mas * si su delito era el interpretar la Escritura segun su capricho , y ásu parecer ver en ella sus nuevos dogmas, ¿qué otra regla tenia Calvino de interpretarla? Y si la pena segun él fue justa, justo, Justísimo hubiera sido habérsela aplicado á él mismo. : (*) Por consiguiente un niño que lo queda en el Baytismo ya no podrá perder la gracia, y he ahi 4 todos los hijos de los cristianos impecables, aunque se abandonen 4 los mayores delitos. (268) á' donde los: cRistianos deben: recurrir cn: sus contiendas y contestaciones, dic Ecclesia (1). Y ¿sería posible para ser Juzgados dirigirse á un tribunal invisible? Ademas, que Jesucristo ha prometido á los pastores , que son los que enseñan; estar con ellos Zoios los dias (2) hasta la consumacion de lós siglos: luego la Iglesia ha: sido, y será siempre visible, Habiendo establecido Dios la Religion para todos los: hombres; y no solamente para algunos, la Religion establecida por Dios debe subsistir. y subsistirá perpetuamente segun sus promesas , omnibus dicbus: luego, por lo que respecta al tiempo, “la Iglesia es y debe ser Católica , Ó universal, es decir, que abraza todos lós siglos, todos los tiem- POS: aun mas, Jesucristo mandó á sus Apóstoles anunciar el Evangelio 4: todas las naciones, docete omnes gentes (3); luego por su institucion la Iglesia es' Católica, ó universal , tambien en cuanto á los lugares Ó paises. 15 No pudiendo pues acabarse, jamas la Religion, y debiendo por otra parte ser visible (1). 1bid. 18,17. (2) Ibid. 23, 20. (3) 1bid. 19, (269) la sociedad de los que la profesan, los pastores deben sucederse en ella sin interrupcion, de suerte que en todos tiempos, y en todas las. épocas de' su duración ,. se pueda subir ó llegar por. una serie no interrumpida de pastores, desde los actuales hasta. los Apóstoles: luego la Iglesia es 4postólica. | Estas: nociones fundadas en la razon y en los formales testimonios de la Escritura, estan confirmadas por una tradicion unánime, por la. autoridad de los Concilios, de los Padres, de los escritores eclesiásticos de todas las edades, por las Liturgias; y la Historia toda de la Iglesia desde su principio; de manera que la razon, los libros Santos, el consentimiento unánime de los siglos, todo concurre á presentarnos como las señales , Ó notas distintivas de la Iglesia, los caractéres que acabamos de indicar. Supuestos y. admitidos. estos. principios, que no. se podian tampoco negar sin trastornar de arriba abajo todo el Cristianismo, los Protestantes «que atacaban una Iglesia establecida hacia ya tantos siglos, debian y .estaban obligados á probar dos cosas: que la Iglesia. Católica no tenia las notas ó caractéves esenciales á la verdadera Iglesia, y que éstos pertenecian esclusivamente á la Reforma, (270) Luego que la cuestion se redujo áestos precisos y sencillos términos, no-es facil esplicar el conflicto y embarazo de los novadores, convencidos de que no les era menos imposible arrogarse con alguna verosimilitud una sola de las notas ó propiedades de la verdadera Iglesia, como dejar de reconocer las en la Iglesia antigua, dela cual se habian separado. sorted 2olcn Y en efecto, ¿qué podian responder, cuando los católicos apoyados en máximas in negables, y sobre hechos tan claros y .visibles como el sol, les decian: la fé-es una; y vosotros no habeis podido concordaros en cla, ni convenir en un-simbolo comun, ni quedar satisfechos con ninguno de los símbolos particulares que sucesivamente ha adoptado cada uno de vosotros, simo que fluctuando á la ventura como niños abandonados á su pro pia flaqueza, y dejándoos arrebatar de todo viento de doctrína (4), mo habeis hecho otra cosa que ir vagueando sin término ni fin, de dogma en dogma, de opinion en opinion, mcapaces eternamente de fijar la inconstancia de vuestro espíritu, y la instabilidad de vuestra fé; luego no formais, ni sois aquella Igle: AAA So sir Y (1) Epist. ad Ephes. 4, 14. (271) sia santa” que Jesucristo ha edificado sobre una roca inmoble é indestructible (1). - La: verdadera Iglesia “es: una, y vosotros estais divididos' en mil sectas diferentes, esen= cialmente opuestas, que tan presto se toleran como se anatematizan mútuamente: lue= go no sois la verdadera Iglesia: La: verdadera Iglesia ha sido: siempre vé sible; decidnos pues ¿dónde estaba la vuestra antes de Lutero? Mostradnos antes de este apóstata uma sociedad en que se profesase vuestra doctrina. ¿Callais? Observad que calar, cuando se trata de justificar su fé, es confesar que nada hay que: responder, y:con= denarse á sí mismo irrevocablemente. Vedlos entonces con qué fogosa inquietud “ojean los anales de la heregía, cómo amontonan en este cieno varios restos esparcidos de errores; y siguiendo la serie de: los tiempos, pero 4 largas distancias unos de otros,'se apresuran á recoger los despojos de algunos sectarios ya sepultados en el olvido, con el lin de formarse un vestido de gala, sin poder con todo eso llegar á cubrir su desnudez. Si encuentran en el siglo Y un Vigilancio, enemigo de las santas Reliquias, en SERES (1) Math. 16, 18. (272) el X. un Berengario,:que negaba, la. presencia real, hallan:tambien que estos heresiarcas, condenados, por la Iglesia entera tan luego como aparecieron, apenas tuvieron un dis- -cípulo, y que¡el uno. de ellos:abjuró: públicamente su.impiedad. Por otra parte, no teniéndo ningun error «comun, sé diferenciaban tambien de los reformados. en puntos de la mayor “importancia, En «vano, pues, se esfuerzan éstos.4 inquietarlos y. despértarlos en sus sepulcros,:á4 [im de quelos. adopten por hijos sus sombras “proseriptas.: Los diez: primeros siglos pasan, y al verse sin. padres, y sín ascendientes, su. único recurso. esbuscar- se antepasados entre los .4lbígenses:, «aquella «colonia infame: de Maniqueos,, que. pasaron del Oriente ála. Halia, y de esta á las Galias, á cuyos alias horrorizaron con delitos y crímenes no conocidos; entre los Wal: denses, puñíado de fanáticos obscuros , imbuidos en muchas opiniones desechadas por la Reforma, y que no admitian tampoco la mayor parte de la doctrina que ella recibe. Ayergonzándose al fin de los mayores que se habian escogido, renuncian á una filiacion tan a como falsa, y se reducen á sostener que siempre hubo en el seno de la Iglesia Católica un cierto número de justos - (273) ocultos, que profesaban en secreto los princi- - pios.que ellos «profesan. ¡Sociedad «graciosa! Pero si'estos pretendidos justos., veplicaban los: católicos, estaban tan: ocultos: queno: ha quedado vestigio alguno: de ellos; ¿cómio habeis descubierto vosotros su existencia?. «¿eómo «conoceis. tan «exactamente' las opiniones secretas de: unos hombres ; que'no-han-sido jamas conocidos: de, persona alguna?” ¡Qué invencion, qué «descubrimiento: este. tan pasmoso! Hallarse al golpe» con unos. justos: ignorados de todo elmundo; diremos mejor,.crearlos. de un rasgo de pluma para eludir un argumento que estrecha. é incomoda; 'pórque nose halla respuesta. ' Pero aun:cuando se admitiese esa absurda suposición, ¿qué podeis inferir en vúestro favor? Nada: con ella na: da remediais, á: nada. respondeis: porqué: unos justos ocultos no forman: una Iglesia: visible, y. una Iglesia visible compuesta de fieles que oyen, y de pastores que enseñan es> la: que nos debeis mostrar, No lo, habeis hecho hasta ahora, ni Jo hareis jamas; luego no sois la verdadera Iglesia: o0o.o. -. La verdadera Iglesia es universal, y vos- Otros sois de ayer:-cada-una de vuestras -sec- tas, "considerada: por sí sola, apenas es” conocida en un rincon del a BGdA porque, con- Tom. Ll 18 (274) ES si es «posible, en francia, Inglaterra, 'Ateinaial la multitudde diversas dc comprendidas bajo el nombre: general de Luteranismo, Calvinismo”, Anglicanismo ec. (*), y cada familia os ofrecerá una diferente Religion: +Aspiraistan poco 4 la universalidad, que «aun habeis abiúndonado' á la “antigua Iglesia: ese glorioso timbre de Católica Ó unt veitalo que esclusivamente la distingue; y la hace reconocer en toda la tierra. ba que proplamente OS —pertenecé es el espíritu particular, ese espíritu privado, que separa y divide Ra: lo. infmito;-ese es vuestro carácter indeleble: luego no sois+la verdadera Iglesia, ¿En fin, la verdadera Iglesia es :4postó- lica, y vosotros lejos de poder subir hasta los Apóstoles por una no interrumpida: sucesion: de: Pastores, que hayan enseñado en todos lós tiempos la aisma fé; por vuestra confesion misma-no sucedeis á nadie, ni por el espacio de quince siglos podeis ol benis no digo un solo pastor ,pero ni un solo hoiúbre; cualquiera que sea, que haya tenido: la :misma Religion que vosotros teneis: luego no sois, repito, la verdadera Iglesia. .. (*) Solo en Inglaterra se cuentan mas de doscientas sectas; propietario hay que tiene en su territorio trece r8- ligiones diferentes. V. L*Etoile 15 de Nov. de 1826, (275) La ignorancia y la necedad son atrevidas , no se amilanan por objecion alguna; charlan, y creen que esto es responder. Pero entre los teólogos: reformados habia hombres ciertamente instruidos y de mucha penetracion; y estos comprendieron bien pronto que era absoluta éindispensablemente nécesario, ó renunciar á la defensa de la Reforma, 6 mudar y trastornar todas las ideas que los cristianos habian tenido mas entonces acerca' de: la: Iglesia. "> : Mestrezat (1), y Jacobo Y e) hoqueja (1) Traité de 1* Eglise, páginas 186 y -371. * Juan Mestrezat, este fue un teólogo protestante, que nació en Ginebra hácia el año de 1592, y murió el 1657, despues.de ha= ber sido empleado por los de su partido en ¡diferentes negocios + dejó varias obrillas:: tuvo-un: sobrino: (Felipe Mes» trezat) que fue ministro, y enseñó la teología-en Ginebra; y murió el 1690: compuso un tratado contra-Socino yy otras obras de Controversia... i> y159 ameol lésoma (2) Rey de luglaterra (Véase la Réplica del Cards "a Perron,.C. 60.). * Este Príucipe, hijo de ana madre tan Católica como María Stuart, señaló:su advenimiento aj tros no con un edicto que:obligaba, sopena de muerte, 4-saldir de Inglaterra á4 todos los. Católicos, :é hizo. correr arroyos de Saugre por los-cadahalsos en casi todas las ciudades de sus Hres reinos: ¡tal es la moderacion y tolerancia.de las sec= tas cuando se apoderan de la autoridad! Eu su tiempo se Formaron los famosos partidos de los Torys y Wigts: eu vez Je gobernar el reino se mezclaba en la controversia, y en tregado á sus favoritos , mereció de los mismos Protestan= (276) ron el muevo sistema: (*) Claudio despues viendo la:causa desesperada, trató de sostenerlo: 4 todo trance para alrmar á sus hermanos vacilantes. Hablóles de “un cuerpo de cristia- »nos dividido en muchas comuniones parti- »culares, al cual-en algun sentido se puede. »dar-el ieitbigs de Iglesia, porque todos los - >» cristianos, bajo ciertos respetos, estan tam- «>»bien en el recinto general de la vocacion » del Evangelio (4).? Parece que la conciencia del ministro detenia á cada palabra su pluma:siempre habla como quien no sé atreye tes el sangriento Higrama. Rex fuit Elisabet, nunc est Re- : gina Focobus. Escribió varias obras contra Belarmino, Comentarios- sobteel Apocalipsis, y creyó engrandecer su nombre:antorizando por un édicto los bailes en dias festivos, mandando 4 todos los Obispos Anglicanos, que en su egecucion pusiesemel mayor esmero, con el doble objeto de que los Protestantes nose hiciesen estúpidos y sombríos, y de atraer: 4isuccreencia 4 los Católicos: ¡medios ú la verdad maravillosos A aflig el E rs pl oie el aúo de 162%. + 194) 835 (*yu LEstelmtinistro, célebre entre los de su secta, nació en Sauvetat; cerca de Agen, en. 1Ór9: enseñó la teología en Nimes-porsespacio de ocho años; y hubiéndose opuesto 4 ¿los queytratabamdesla reunion de los Protestantes con 105. Católicos, se vió «obligado: 4 salir del Languedoc; Hegó 4 París,-y nombrado Ministro de Charenton, permaneció alli desde 1666 hasta el de 1683, en que revocado el edicto de Nantes pasó 4 ta Holauda. Es:el mas seductor de todos 105 Protestantes; pero fue rebatido vigorosamente por Bossuet: (1) Defense de la Reforme, pág.-200. " i (277) á espresar, vacilando, dudando, temblando: las fórmulas de bajo cierto respeto, en algu= na manera, en cierto modo, en algun sentido, mo se le caen de la pluma, como si se diese en esta parte un medio, ó como si habiendo Jesucristo establecido una sola Iglesia verdadera, cualquiera otra sociedad:, en manera alguna, y bajo cualquier respeto pudiese ser la Iglesia establecida por Jesucristo. Jurieu (*), mas atrevidamente desatinado, pero tambien mas consiguiente, tomando unas veces el tono de profeta, y otras AE Ey al a ealr (*) Pedro Jurién, sobrino de los famosos Olivet y Mou-= lias, nació en la diócesis de Blois el 1637, y sucedió 4 su ' Padre en el ministerio protestante: enseñó teología y hebreo en Sedan, de alli se retiró á Ruan, y últimamente á Roterdam : señalóse por sus estravagancias y profecías, y Sus disputas con los filósofos de su partido, y particularmente con Bayle, cuyo trato amoroso con su muger ignoró por largo tiempo, á pesar de que en su conocimiento Profético veia tantas cosas ocultas en el Apocalipsis: ne Perdonó en-sus furores á las potencias de la Europa, opuestas al protestantismo: hizo acuñar monedas que eterniza- - Sen su demencia y odio contra Roma: era de mucha imagi- Macion; pero es comun sentir que.fue mas propio para pre= dicará frenéticos que 4 hombres racionales: él fue el que Aclaró en un todo el sistema de los artículos 6 dogmas fun= “amentales, por los cuales abre la puerta de la Iglesia 4 to das las heregías : murió el 1713, de setenta y seis años. == Mo el autor va señalando los pasos de la Reforma , NOS A Parecido conveniente señalar la época de sus propa Sadores, (984) modo que los pensamientos inconstantes del hombre: son los pensamientos inmutables de: Dios: he ahí la Iglesia; del mismo modo que el imperio dividido de Satanás es el reino de Jesucristo. Mas al fin, estas ideas habian prevalecido en la Reforma: á pesar y despecho suyo cedia á la superioridad y predominio invencible de sus máximas; y ofreciendo la paz á todos los errores, tolerándolo todo, - hasta la. verdad misma ,:se avanzaba á pasos agigantados hácia la indiferencia absoluta de Religion, á donde inevitablemente conduce el sistema de los dogmas-ó artículos fundamentales, como inmediatamente: lo vamos á.ver. » € dis , CAPÍTULO VII Sigue la misma materia. Exámen del sistema de los artículos ó dogmas fundamen- | tales. - Sino hubiésemos hecho ver cómo la Reforma, despues de haber. agotado todos Jos otros»medios de defensa, se habia visto por su naturaleza misma obligada á refugiarse al sistema de los artículos ó dogmas fundamen” AI RN a -n pp o e - 2 A (285) tales, tal vez se hubiera podido creer por alguno, que este sistema no era mas'que uná opinion arbitraria, y no habria sido facil comprender los motivos que determinaron á los protestantes á abrazar una doctrina no solo absurda en sí misma, sino incompatible ademas con sus máximas; una doctrina en fin que no podia ser verdadera á menos que el Cristianismo no sea falso ; y que imevitablemente va á terminar en: la tolerancia del Ateismo. te y Para justificar ante: jodas cosas E recóonvención de inconsecuencia-que dirigimos á los Reformados, recordemos, que segun: ellos la Escritura es la única regla de £é. Deben pues.probar que la Escritura establece: claramente la distincion de artículos fundamentales y no fundamentales, y que con la misma claridad especifica lo: que se: debe enten= der por unos y por otros, cuáles son fundámentales,» y “cuáles no. Mas esto es justa= mente lo-que munca han podido hacer, aunque se les instó y ha estrechado á ello repetidas veces, Nunca jamas han producido un Solo testo que en su sentido natural y. .verdadero, favoreciese ni aun indirectamenté tan estravagante. doctrina. Al contrario, la Escri- “Tura está llena de testimonios que la condes (286) rían. ¿Cuando Jesucristo envió á sus Após- * toles á anunciar el Evangelio á las naciones, les dijo acaso, enseñad: á. los hombres á discernir cuidadosamente los dogmas fundamentales de los que: no: lo son; á no confundir los artículos de fé-que estan absolutamente obligados á ercer, con los que pueden negar sin quedar escluidos de la salvacion? No, Jesucristo: no se «esplicó así, mi dijo cosa semejante, ¿Qué es lo que dice? “Id, ims- »truid á todas las naciones: enseñándoles á »guardar ¿odo loque os he mandado (1);” todo sin escepcion, omnia quecumque: ó como-se espresa otro escritor sagrado: “Id por todo el mundo, predicad el Evangélio á to- » da criatura; el que creyere será salvo, vel » que no creyere se condenará (2). Luego es mecésario creer; implícitamente 4 lo menos, todas las: verdades reveladas, pues que el: Evangelio, ó-la palabra de Jesucristo las comprende todas: y es necesario” creerlas, Ó condenarse: «lo que hizo decir: á san Pablo sees alta: $ OSO YTEs El Y VR (1 y Euntes ergo docete omnes gentes... docentes eos ser” vare omnia quecumque mandavi vobis. Math. XXVIII. 19 20: (2): Euntes in mundum universum pradicate Evange liv” Omni creatura. Qui crediderit et baptizatus fuerit , salvi? erit: quí veró non crediderit, condemnabitur. Marc. XXVI: 15,16, AÚN A E A (287) que el herege se condena ú sí mismo (1), porque reconoce la autoridad de los libros Santos en donde está escrita su condenacion, Ahora pues, un; sistema de fé, al cual se opone la Escritura, ó por lo menos que no está claramente Sablecids en ella, es incompatible con el principio ya: da que no se debe admitir otra regla de fé que la Escritura.: Los «Protestantes: pues no pueden adoptar: el. sistema de los artículos fundamen» tales sin renunciar á sus máximas y principios, ó contradecirse groseramente.' Añiado aun mas, que este sistema no _ puede «ser. verdadero, á no ser: que: el Cristianismosea falso: porque en primer lugar, Jesucristó, como: acabamos de: yer, ha enseñado una doctrina contraria; «de OE se sigue, .ó que: él se: ha: engañado, ó nos ha engañado :á: nosotros , y por consiguiente que tra ó un fanático ó un impostor. | En ségundo lugar, sus discípulos, fielós Peccutóresrde las ceden que de él habian recibido, no permitieron jamas. que se _alte- tasen, ni se tocase en lo mas mínimo á los dogmas revelados. : San Pablo declara que: la fé es una, así LLE IA 2 a e cc (1) Episto ad Tit, 1I. 2. (288) como el mismo Dios esuno (4): y por lo mismo nada se le puede añadir, mi quitar sin destruirla 32 y+ 4: su consecuencia fulmina anatema. conitra cuálquiera que se atreviese á predicar otro: Evangelio, ú otra fé que la” anunciada por-cl-(2); manda evitar -y huir del herege; enseña: que todos los novadores, jactándose de una falsa ciencia, han decaído de la fé (3); y. comprende formalmente entre los delitos que escluyendel: reino* de'»Dios:-los cismas y heregías: Secte (4). San Pedro las - llama á todas en general «sertas de. perdición, y mira álos que las introducen como: blasfemos (5). Cualquiera «quese separa, dice san Juan, y no persevera en la doctrina de » Jesucristo, no: tiene: Dios (6).? No puede ser. inas terminante: el Apóstol no encuentra diferencia alguna: entre negar: á: Dios, .y negar un solo artículo de la doctrinasde Jesucristo; y ensvano sería buscar distincion Ml restriccion alguna en sus palabras, SI algu” no, 'cóntinúa despues, viene 4: vosotros, y (1) Epist. ad Ephes. 1V. $. Fr y : (2) Epist. ad Galat. 1,8. a A, Y 3) o Epist. Y. ad Timoth. TL. If CAE (4) Epist. ad Galat. V. 20» be AG) Epist. MM. 1,10. A (6) Ibid. 9. vi ha a ' (289) no trae esta misma doctrina... ¿Qué pensais va á decir? ¿examinareis si las verdades que desecha son ó no fundamentales; y si no áta= ca el fundamento, le tolerarcis, y admitireis en vuestra comunion como un miembro de la verdadera Iglesia? Esa es la respuesta . que debia dar segun los protestantes: ¿pero cuál es la del Apóstol? Vedla aquí: “No le »recibais en vuestra casa, ni aun le saludeis; » porque el que le saluda participa en su pe= » cado, operibus ejus malignis (1)? Tal es la tolerancia de los Apóstoles, y tal es su doe= trina: esta doctrina sería falsa, si el sistema de los artículos 6 puntos furidamentales fuese verdadero; luego este sistema y el Cristianismo, segun y como le enseñaron los Apóstoes, son incompatibles, En tercer lugar, todos los Padres, todos los Concilios y todos los cristianos, así católicos como hereges, han ignorado, hasta que Apareció la Reforma, la distincion de los dogmas fundamentales y no fundamentales; - Y Creyeron que mo habia mas que una sola le, por la cual pudiésemos ser salvos; una sola Iglesia que profesase esta fé (2), esclu, (1) Epist. IL.-S.Foan. X. 11, (2) Véase le traité de PUnité de VEglise, por Nico- Tom. L 19 (290) yendo de la. salvacion á todas las sectas separadas de esta union y verdadera Iglesia. Ahora bien, si un error tan transcendental ha podido reinar universalmente por el espacio de diez y seis siglos; si durante todos ellos nadie ha sabido lo que era Iglesia; sl fecitando el símbolo de Jos Apóstoles, los cristiamos de todo el mundo han profesado un error absurdo, que Juricu califica de prodigío de crueldad, y de la ¿idea mas insensata que haya cabido jamas en entendiímien- to humano (1); si todos estos cristianos Y todas las Iglesias particulares constantemente han arreglado su conducta sobre este error absurdo y cruel, cl Cristianismo es evidentemente falso, pues que un Enviado de Dios no. ha podido enseñar ún error, cuyas consecuencias son tan terribles: mi hombres ver” daderamente inspirados consagrarle en sus es” critos , y autorizarle Con su egemplo; ó en 107 do caso, Dios no hubiera permitido que él hubiera prevalecido sin reclamacion por tanió tiempo, en una Iglesia que habia establecido para recibir un culto digno de su grandeza» de su santidad, de su verdad. a A A E TS iS le; la quinta advert. de*Bossuet d los Protestantes; wallembourg, de controv. tract. 3. : ' (1) Le vrai systeme de 1" Eglise, pág. 79» 92: (291) Dejamos á los protestantes el cuidado de examinar sobre qué fundamentos estriban pas ra tranquilizarse en sus principios anticristias nos. La Escritura no es; no lo es igualmente la autoridad de los primeros siglos, como he= mos demostrado; y que no és tampoco la ra= zon, lo vamos á manifestar, considerando bas jo un punto de vista mas filosófico ó mas general el sistema de los puntos, dogmas ó artículos fundamentales. E ¿Qué hacen los partidarios de este siste= ma para demostrar contra los Deistas la necesidad de la revelacion? Valiéndose de las confesiones de los Deistas mismos, prueban que es necesaria una Religion, y que por consiguiente existe una Religion «verdadera. En seguida, con los Anales de la Filosofía en la mano hacen ver que es imposible por sola la razon asegurarse plenamente; ni tener cerieza de dogma alguno, y que tomándola por única guia, no se hace otra cosa” mas que errar vagueando de duda en. duda, «de incertidumbre en incertidumbre, y que le- Jos de llegar por su medio á tener una creen=" cia fija, es preciso tolerar hasta el Ateismo, 6 la negacion de todo dogma, la esclusion de todo culto, y la destruccion de toda moral. De donde exactísimamente concluyen que $e iS (9299) sI, comio confiesan, es necesaria una Religion. verdadera, es necesario tambien que Dios haya: revelado esta «verdadera Religion. ¿Y qué, Dios revelará á los hombres verdades que les son absolutamente necesarias, y los hombres no estarán obligados ácreerle, y serán árbitros de desechar las verdades que les revela? Entonces ¿para qué se necesita la revelacion? Mejor, y mas decoroso sería para Dios guardar un profundo silencio:, y no revelar cosa alguna, si el hombre es libre para desmentirle, y reformar sus instrucciones, diciéndole: Ze conocemos nosotros mejor que tú: te conoces d tí mismo. Pues tal es la libertad que consagra la tolerancia. Porque querer escudarse con el pretesto' de' obscuridad para tener suspensa la autoridad de la revelacion, ó de una parte de élla, mo-siendo otro el objeto de la dicha eeielóción que disipar las dudas del entendimiento humano acerca de las verdades que debe creer, es contradecirse visiblemente, es burlarse de los hombres, y del mismo Dios. Me parece oigo responder á los discípulos de Jurieu: “nosotros no pretendemos que »sin renunciar á la salvacion se puedan ne- » gar, todos los dogmas revelados, sino pre- (293) » isa y únicamente los que no son funda- » mentales.” De aquí á poco veremos que esta distincion es enteramente ilusoria. Pero admitámosla por un momento, y tomemos el sistema cual nos le presentan, con las restricciones arbitrarias, que una especie de pudor cristiano se esfuerza á ponerle. Siempre es verdad. que nuestras objeciones conservan toda su fuerza con respecto á los dogmas no fundamentales, es decir, respecto á la mayor parte de los dogmas revelados. Ademas, permíitáseme preguntar á los indiferentistas mitigados, ¿de dónde 'saben que Dios ha revelado verdades nosnecesarias? ¿Cómo Ó por dónde, decid , ha legado á vosotros esa noticia? Esta arbitraria y gratuita hipótesis repugna á la sabiduría de Dios, y trastorna enteramente el principio. en que apoyais, y sobre que estableceis la necesidad de una revelacion. Ni es esto todo; sostengo aun mas, que es un absurdo infinitamente mayor pretender sea lícito negar solamente una parte de la revelacion, que negarla toda entera; 6 en términos mas precisos y acomodados á la materia que tratamos , que el sistema de los artículos, dogmas, ó puntos fundamentales es mas absurdo, mas irracional, é inconsecuente, mas injurioso á Dios, y mas des- (300) rieu sentia tambien. la revelada. El Ateo que nada de esto siente, es digno de compasion; pero al fin segun esta regla no se le puede condenar ; porque nadie es dueño de darse un sentimiento que no tiene. En el seno mismo de la Reforma, teniendo cada uno su modo de sentir; el Arminiano (*), por egemplo , no sintiendo la. necesidad de la gracia, ni el So- -ciniano la Trinidad, ni la Divinidad de Jesucristo; el Luterano sintiendo la Presencia real, que el Calvinista no siente, fue necesario abandonar luego á luego esta regla. estravagante, propia solo para fomentar un insen= sato fanatismo. 6 - La segunda regla de Jurien para discernir- los artículos fundamentales se toma del enlace de éstós con el fundamento del Cristianismo. Mas como los protestantes no se han podido convenir jamas entre sí en determinar el constitutivo de dicho fundamento, esta regla por consiguiente viene á ser inutil; porque ¿quién puede Juzgar del . 1 e (*) Los Arminianos Ó Remonstrantes tomaron el nombre de Jacobo Arminio, natural de Oude-Water en Holanda, donde nació el 1560: fue Ministro en Amsterdam quince años, y despues catedrático en Leyden. Su secta prevalece aun en Brandemburgo, Brema y Ginebra. Grocio fue . de ella, Son sumamente tolerantes, (301) enlace 6 union de un dogma con otro dogma que no:conoce? Fuera de esto, €s evidente que Jurieu padece una ilusion grosera, y quiere hacerla sufrir á los demas. Porque en efecto, ¿qué- Otra Cosa es el funda= mento de la Religion Cristiana sino ciertas verdades de fé, á las que es necesario dar crédito para ser cristiamo? Lo mismo es pues fandamentó que verdades fundamentales, y por consiguiente la regla de Juricu se reduce á este grande y luminoso principio. El fundamento del Cristianismo se conoce por su enlace y union con el fundamento del Cristianismo. No habiendo parecido, ni aun al mismo Jurieu, de mucha utilidad en la práctica esta regla , propuso. otra tercera conce bida en estos términos: “Todo lo que los » Cristianos han creido unánimemente , y » creen aún en todas partes, es fundamen- »tal y necesario para la salvacion: y yo tam- »bien creo, añade, que esta entre todas es » la regla mas segura (1)? Lo que debemos. con verdad inferir es, que entonces lo mas seguro es mo creer nada, ó no creer sino lo que á cada uno se le antoje; porque como A A O (1) Le vral systéme de 1"Eglise, pág. 237» (302) no hay un. solo: dogma que no haya sido negado por algun herege, se sigue queno hay semejantes verdades fundamentales, y que el buscarlas es perder el tiempo, Que lo mas seguro es pensar que se puede uno salvar en todas las sectas, aun en el Mahometismo; porque si, segun Juricu, los Mahometanos no son mas que una secta del Cristianismo, (4), nada de cuanto niegan podrá ser fundamental; y el Deista Chubb tendria razon en * sostener “que pasar del Mahometismo al Cris- »tianismo, ó del Cristianismo al Mahome- » tismo, €s únicamente abandonar una for- » ma esterior de Religion por otra forma es- » terior (2). | | Pero aun cuando no nos horrorizáran tales consecuencias, la regla de que se deducian no sería menos inadmisible en los principios de los protestantes. Su máxima principal es no reconocer ninguna autoridad humana en materia de fé: segun ellos mismos (*) el consentimiento de todos los cristia- ' —_—_—_—_— => AA (1) Zbid. p. 148. : (2) Chubb” s posthumous Works, vol. 2, Pág. 40. (*) Para los Católicos el consentimiento geueral de todos los Cristianos forma una autoridad divina é infalible, y no como quiera el de los Cristianos todos, sino tambien el *' de los Pastores, unidos con su cabeza él Romano Pontífice: (303) nos , de cualquiera manera que se entienda, no forma mas que una: autoridad humana, y por consiguiente espuesta y sujeta á errar; luego en sús principios es insuficiente para determinar con toda certeza lo que es fundamental , y Jo que uo lo es., y'de servir por lo tanto de base y cimiento á la fé, Hay en todos los entendimientos una cierta rectitud natural, que aun cuando se estravian, los obliga, si puedo esplicarme así, á estraviarse en regla: era por lo tanto imposible que la Reforma, permaneciendo en este estado, adoptase las reglas arbitrarias de Juricu. Se formó pues otras diferentes, las A A AR TEA ETRCRINIAS son hombres, es verdad; pero hombres asistidos del Espírito Santo segun sus promesas: los Cristianos con sus Pastores y Cabeza son la Iglesia, y la Iglesia no puede errar creer, ni en enseñar: Dios se desposó con ella en la fé, segun la espresion de un Profeta : ha prometido asistir» de los siglos; y si errase, asi cuanla hasta la consumacion do consintiese en el error, Como si se lo enseñasen los Pastores con su Cabeza, el error se atribuiria al mismo Dios. No: el padre de la mentira, que Son las puertas del infier= no, no prevalecerán contra ella: Satanás podrá solicitar acribar sus hijos y Pastores como el trigo ; pero el Hijo del hombre rogó á su Padre para que no faltase ni desfallecie= se en la fé: su testimonio Por consiguiente es mas que hu- Los Protestantes que han negado estas promesas, no on envueltos en sus mismos prin= ni en mano. tienen que replicar: s gipios. (304) cuales universalmente han prevalecido, porque salen del fondo mismo de su dóctrina. Juricu las vió establecer, y Bossuet le demostró que no podia desechar ninguna. (4). La 1.2 es: que no se debe reconocer otra autoridad que la Escritura, interpretada por la razon. En efecto, siendo esta regla el fundamento del protestantismo, no se puede desechar sin dejar de ser protestante. 2% Que la Escritura para obligar debe ser clara. El sentido comun lo dicta así: porque de otro modo se creeria sin saber lo que se cree, y es un absurdo; ó á lo menos sin estar cierto que la Escritura . obliga á creer; es decir, se creeria sin razon, lo que es contra la primera regla. 3. Que donde la Escritura enseña al perecer cosas ininteligibles, y que no estan al alcance de la razon, es necesario darla un sentido acomodado á la misma razon, aun cuando por ello aparezca que se violenta el testo: lo que es tambien una consecuencia, ó sea aclaracion de la primera regla. En el mismo hecho de suponer que la razon es el único intérprete de la Escritura, es necesa- (1) Sexta Advertencia d los Protestantes, part. 3, nú- MÉTO 17 y siguientes. pora (305) rio establecer que no puede interpretarla conira lo que le dicten sus' luces, ni atribuirla un sentido que choque á.su modo de entender. En una palabra, las interpretaciones de la: razon deben ser evidentemente racionables; pues de lo contrario, si fuesen á un mismo tiempo claras, como la segunda regla prescribe, y por oira parte, segun se supone, absurdas, resultaria la obligacion de creer un biradó claro y manifi ¡esto (4). Admitido - el principio odia del Protestantismo , es necesario admitir las reglas. que deducen de él los indiferentistas. ¿Pero quién no vé tambien qué entonces la autoridad -de- la: Escritura viene á «ser la autoridad de la razon sola, «de modo que en substancia todas las reglas: se reducen á egia: cada uno debe: créér-lo «que su razon le dicte, claramente que. es:verdad? Principio idén= tico con. .el del Deista y el Ateo, como ya hemos manifestado. Pero en breve «volyéeremos á tratar este punto, - (1) Los Deistas no tienen dificultad en reconocer la autoridad de la Escritura con la restriccion. puesta en esta tercera regla: «La Biblia no puede ser una guia segura pa. »ra el género humano 4“menos, dice Chubb,-que no $e la »interprete de un modo conforme á las reglas de la recta y razon», lo que exige que se la haga violencia: alguna vez. Chubb.”-s posthumous Works, vol. 2, pág. 326." Tom, I. 20 (305) En el ínterin, para evitar de nuestra parte hasta la mas leve sospecha de exageracion en las consecuencias del sistema que impugnamos, añadiremos á la fuerza del raciocinio la comete autoridad de los hechos. Jurieu, el mas ae de los host bres. por carácter, y el mas tolerante de todos por sus máximas, se ncgó á admitir á los Socinianos en el número de las sectas que han conservado el fundamento del Cristianismo; pero en el momento se le preguntó, ¿con qué derecho escluia de la salvacion á unos hombres que admitian como él la Es-- eritura? ¿qué privilegio: tenia para pretender que su razon fuese superior á la de los demas? ¿con qué motivo mi derecho, en fin, decidia él lo que no decidia:la Escritura, determinando los dogmas. que: era “necesario creer para salvarse? No era: fácil, en verdad, satisfacer 4 estas preguntas: la Reforma lo conoció, y estendió la tolerancia á los: Socinianos (1) Fue pp ya uygarla divi- | (1) «Mr.+de Huissean, Ministro de Saumur; publitó ha- » brá unos quiuce ó veinte años uNa Reunion del Cristianiso »mo, sobre el pie de la toleraucia universal, sin escluis » herege alguno, ni aun á los Socinianos. » Bussuet , 440. (307) nidad de Jesucristo, la Trinidad, la eternidad de las penas del infierno; en fin,*cuan= to se quiso, d Esto s supuesto, ¿de qué servian las confesiones de fé, “sino de coartar la razon y la libertad que tienen todos los hombres de interpretar las Escritura? La enseñanza ; por “sencilla que fuese," preocupando el espíritu de los pueblos con ciertas opiniones, -se encaminaba á substituir la autoridad de los ministros al examen particular, absolutamente indispensable, segun las máximas de los Protestantes. Movidos de estos inconvenientes los Brownistas (*) ó Independientes, desecharon todas las fórmulas, catecismos, simbolos, hasta el de los Apóstoles, para atenerse única mente, segun deciam,.4-sola la palabra de Dios; y en verdad que de todos los Reformados estos eran los mas consecuentes; Sin embargo el fanatismo, abusando del testo sagrado, multplicaba las religiones á ——. -sesta d los Protestantes, part. 3, 0: 5. Por confesion de Jurieu estos modos de opinar estaban generalmente esten= didos entre los Calvinistas de Fraucia; Inglaterra, y de las Proviucias-Unidas. (*) Rama de Presbiterianos, discípulos del Inglés Ro berto Brown, los cuales negaban toda oracion vocal, hasta la del Padre nuestros * (308) medida de 'sus insensatos delirios, y la Reforma se poblaba de mil sectas estravagantes, que por absurdas y contradictorias que fue-. sen tenian todas igual derecho á la tolerancia. Asi se estableció poco á poco el Latitudinarismo (*) mas escesivo; cuyos progresos “eran tambien favorecidos singularmente por una disposicion de espíritu, generalmente es” tendida entre aquellos Protestantes, cuyo carácter repugnaba los escesos del fanatismo. El calor con que algunos sectarios sostenian dogmas evidentemente impíos ó insensatos, les inspiraba un disgusto interior á toda especie de dogmas. La razon, incapaz por sí sola de soportar el peso de los misterios, abatia toda la sublimidad del Cristianismo, alla- «naba, digámoslo“así, todas sus alturas, yá fuerza de ahondar para descubrir sus cimientos, acabó por no dejar en él piedra sobre piedra, Cercenando siempre, y siempre simplificando , la Reforma, vino á ser aquella Religion llana y vulgar (de plain pied ), que (*) ¡0 Racionalismo! Hácia el último tercio del siglo XVII se formó en Inglaterra esta secta de los Raciona” listas Ó Latitudinarios , cuyos fundamentos echó Lord Eduardo Herberto Cherbury en la obra intitulada : ReligÍ0 Gentilium, impresa en Amsterdam el 1663. No admitian ma? dogmas que los que fuesen acomodados á la razon, y Per” 3*ptibles por ella, Véase la nota de la pág. 192. (309) Jurieu echaba en cara á los Indiferentes (**) querian introducir, y que en realidad, aunque bajo otro nombre, no es mas que un Deismo tímido y mal disimulado, Tal es el éstado á que Hoadly y sus discípulos han reducido el Cristianismo en Inglaterra. Obligados por sus principios á tolerar hasta los Mahometanos (1), á los Deistas (2), y aun á los Idólatras mismos (3), han abierto un abis- O A A e UA. E ns TR O, <a] (*) Especie de Anobaptistas, que no tomaban parti do en materia de Religion, y las creian todas, igualmente buenas. - (1) Vid. Milner” s Letters to d Prebendapy. (2) El doctor Watson, que murió Obispo de Saint= Asaph, no hace dificultad en salvar á los Deistas de buepa fé, cuya conducta moral sea buena. «Los Cristianos, di- y» ce, esperamos y creemos que el Supremo Juez mirará con » compasion , y atenderá á nuestros habitos originados del pestudio y de la reflexion, por las diversas circunstancias » que infinyen en el espíritu de los hombres con una efica- » cia y actividad que no podemos calcular ui compren= »der. El Dr. Watson no se equivoca en ponderarnos tauto » la moderación de la Iglesia Anglicana, que llega á per vmitir 4 cada individuo et sentire que welit, et que sentiat, » diceres» An-apology for Christianity, in a series of letters, addressed.to Edward Gibbon By R. Watson, professor of ; Divinity in the university of Cambr ¿dge. (3). El autor de una refutacion de Gibbon , intitulada: Observaciones sobre los dos últimos capítulos de la Historia de la decadencia y ruina del imperio Romano, por Mr. Gibbon, protesta, en nombre de la Iglesia Anglicana, contra la doctrina que Gibbon atribuye á todas las Iglesias cristianas, (316) » forme á la verdad, y nuestro culto es racio- » nal, como dice san Pablo ( pt Bale, aunque interesado como protestante en justificar el sistema de los artículos GOTO TIT AO OA MIO O (1) Sesta Advertencia d los Protestantes, part. 3, DÚ- mero tog. =Chillingworth, conociendo la fuerza de estas objeciones, procura volverlas contra los católicos; modo de argúir viciosísimo en el caso preseute. Porque, aun cuando tuviese razon, solo probaria que la Religion Católica es fal= sa; pero no que el Protestantismo es verdadero, que es lo que debia probar. ¿Por qué regla de derecho se justificará uno de un delito, por qué acuse de complicidad d otro tercero? Ademas, que la acusacion del Ministro es palpable mente falsa. « ¿ Por qué, pregunta él á un Católico, no ha » de bastar una fé implicita en Jesucristo y en su palabra, asi como basta una fé implícita á vuestra Iglesia? ¿Por qué? ».Oigamos responder á Bossuet. No hay una persona sola, »dice éste, que no conozca la diferencia que hay entre un » Católico , que dice: Creo lo que cree la Iglesia, y nuestro » Protestante, que dice: Yo creo lo que Fesucristo quiere que »crea, y lo que ha querido enseñar en su palabra; í porque es »facil saber lo que cree la Iglesia, cuyas decisiónes sobre » cada error se hallan en manos de todo el mundo; y si » queda en ellas alguna obscuridad, siempre está viva para » esplicarlas y esplicarse; de manera, que estar dispuesto ú »creer lo que cree la Iglesia , es someterse espresamente ú » renunciar á su propia opinion si es contraria 4 las de la » Iglesia, las cuales se pueden facilmente conocer; lo que »Eénvuelve una renuncia absoluta de todo error que eila » condene, ó haya condenado. Pero el Protestante que yer- »ra, está muy lejos de esta disposicion, pues aunque él » diga: Creo todo lo que quiere Jesucristo, y todo lo que es- »tá en su palabra, Jesucristo no vendrá á desengañarle de » Su error, ni la Escritorá tomará otra forma que la que (317) ' fundamentales, es del mismo modo de pensar que Bossuet; y prueba (1) que segun los principios de Jurieu, no se puede escluir de la salvacion á ningun herege, ni á los Judíos, ni Mahometanos ni Gentiles: es decir, que aboliendo la verdad, como ley de todo ser inteligente ó racional, se proclama la libertad absoluta de creencia, y se establecen otras tantas religiones, como pensamientos pueden ocurrir al hombre: porque no admitiendo límites el principio de donde se parte, en vano se le querrian poner á sus consecuencias. En cualquier punto que se pretenda detener su curso, al momento el principio de donde dimanan reclama contra la violencia que se le hace, y triunfa de la conciencia misma en el tribunal de una lógica inflexible. | Lo he dicho, y lo repito nuevamente: todos los errores se enlazan entre sí, lo mismo que las verdades; y así, tolerar algunos ENE da » tiene para sacarlo de él; de manera que esta fé implíci- »ta, que se jacta tener en Jesucristo y su palabra, no es en » realidad mas que una indiferencia absoluta 4 todos los »sentidos que se quieran dar á la Escritura; y contentarse » con semejante profesion de fé, es espresamente aprobar »toda suerte de Religiones. » Bossuet , ut supra, (1), Fanua Celorum omnibus reserata, (Buyres de Bayle, t. 2. —— (318) errores en un sistema religioso fundado únicamente en el raciocinio, y ño tolerar los demas que se derivan de ellos, es lo mismo que absolver áuna clase de homibres porque son inconsiguientes , Y condenar á otros porque 'raciocinan mejor. Por mas que se quiera arrostrar contra lo que dicta el sentido comun, él siempre triunfará, y la tolerancia universal, ley general y necesaria del error; establecerá su imperio sobre las rui- “nas de todas las verdades. DASIGIbe on En efecto, partamos «del: principio que sirve de: base al protestantismo, y especialmente al sistema de los artículos fundamentales. Siendo en él la Escritura la única regla de fé, y no habiendo dejado Jesucristo sobre la tierra “autoridad alguna viva para interpretarla, cada uno está obligado á: hacerlo por sí, y buscar en ella la Religion en que debe vivir (4). Su obligacion se limita á creer todo cuarto á su parecer enseña claramente la Escritura, y no lo contradice-su razon; y “como ningun hombre tie- (1) «Todo hombre, dice el Dr. Middleton, tiene dere= 'vcho de juzgar por sí'mismo; y la diversidad de opiniones »es tan natural como la diversidad de gustos.» Introducto- *Y Discourse to a free Enguiry into the miraculous powerss' pág. 38. (319) ne derecho para decir á los otros hombres: “yo tengo mas razon que vosotros, mi juicio es mas acertado y seguro que el vuestro” se sigue de aqui que cada uno se debe abstener de condenar la interpretacion de los otros, y debe mirar todas las religiones como tan seguras y tan buenas como la suya. Por otra parte, aun cuando se llegase á persuadir que él: solo tenia, é infaliblemente, razon, como nadiees dueño y árbitro de darse esta infalibilidad, no se podria escluir de la salvacion á los que, en una hipótesis, se engañasen haciendo el mejor. uso posible de la razon que recibieron. oo anos Por la misma causa no se puede tampoco escluir de la salud á aquellos á quienes no mostrándoles claramente su razon que la Escritura es inspirada, dudandela revelacion, ó formalmente la niegan; porque despues de haberla, 4 su parecer, con la mayor diligencia examinado, se imaginan: que hay contra ella objeciones perentorias. Sien= do pues la razon en último analisis el fundamento de la fé, como que en su dictámen es el único intérprete, y juez, de la Escritura, sería absurdo, contradictorio, impío obligarlos á creer lo que repugna á su razon; , Y he aquí ya á los protestantes, Ó ¿n- (390) diferentistas mitigados, precisados á tolerar no solo todas las sectas que reciben la Es- -€ritura, como los Arrianos, Socinianos é Índependientes, sino tambien á los Deistas que la desechan ,.ó mas bien, que desechan las interpretaciones humanas de los protestantes; porque realmente del modo que «estos admiten la Escritura (*), la admiten tambien ellos, la interpretan segun el mismo método, y, come ellos, no reusan: creer sino lo que les parece obscuro y contrario á la razon. Rousseau hace elogios manifiestos de los libros Santos; se sabe que los leia con frecuencia, y confesaba que la santidad del Evangelio hablaba á su corazon(4). El Lord Herberto de Cherbury llama al Cristianismo la mas hermosa de todas las Religiones (2). Los demas- Deistas usan el mismo lenguage, y negando la: revelación, lo mismo que. los Socinianos negando la: divinidad de Jésucris- to, pretenden entender mejor. la. Escritura que los Reformados.,- y obedecer mas fiel- (*) Es decir, como otro cualquier libro, cuya doctrina y contenido se examina, y se asiente Ó no se asiente á 10 que dice, segun'nos parece conforme ó no conforme á nues” tra razon. : | ) (1) Emile, t. 3, P. 179. ay (2) Religio laici, p. 28. A 4 (321) mente á Jesucristo, quien, segim ellos, no predicó ni enseñó mas que la Religion natural, Preséntase tambien el Ateo por su. parte, y con aire de seguridad dice: Yó no re- CONOZCO, COMO YOSOLLOS, Mas autoridad que la de la razon; como vosotros, ereo lo que comprendo «claramente, y nada mas. El Calvinista no comprende la presencia real, la niega; segun estos principiós tigue razon : el Sociniano no comprende la' Trinidad, y la desecha, en el mismo orden tiene «Tazon : el Deista, que no comprende ningun misterio, los desecha todos, é ¡igualmente tiene' razon: pues para mi, concluye, la Divinidad es el misterio mas impenetrable, mas inconcebible: m0. alcanzando mi razon á comprender á Dios, tampoco debo admitirle: reclamo pues para mila misma tolerancia que el Calvinista, el Sociniano, y el Deista.: odos tenemos la misma regla de fé, é igualmente todos escluimos la autoridad : ¿pues con: cuál se querria condenarme? ¿cuál es la vuestra para hacerlo? Si-yo debo renunciar á mi razon, si me juzgais-enlpable porque doy oidos á lo, que ella me: dicta, renunciad tambien vosotros á la vuestra, que no-es mas infalible que la mia; abjurad vuestra regla de fé, y declarad sencillamente, que todo lo que Tom. TI, 21 (399) habeis enseñado hasta aquí, siguiéndola, no tiene apoyo, mi fundamento alguno, y que si existe la verdad, todavia mo habeis dado con el medio de hallarla. En efecto, á no abandonar sus máximas, los Protestantes no pueden negar la tolerancia al Ateo. Dirán acaso que él usa mal de su razon, y que carece de buena fé. Otro tanto se puede decir del Deista, del Sociniano, y de todos los hereges sin escepcion. Esta reconvencion no tiene fuerza en la boca de los sectarios, porque todos tienen igual derecho para hacérsela mutuamente. Lo que el Luterano dice del Ateo, el Ateo lo dirá del Luterano: y ¿quién será el juez que lo decida? ¿la razon? Sujuicio y sentencia es lo que se didpitiaz porque cada parte sostiene que ella decide á su favor: apelar á la razon para terminar esta diferencia, es resolyer la cuestion por la cuestion misma; es responder lo mismo que se pregunta; es mofarse claramente del sentido comun. Por mas esfuerzos que haga el Protes- «tante para poner límites. 4 la indiferencia, “exigiendo la fé de ciertas verdades, que arbitrariamente llama fundamentales, no conseguirá mas que mostrará las claras su ineonsecuencia. Porque, en primer lugar, él A. Eat ri. (323) no: determina cuáles som estas verdades fundamentales; y en segundo, porque le es imposible determinarlas. Y. en efecto, ¿cómo se:ha de separar lo. que “está esencialmente unido”. En la Religion:nada hay aislado é inconexo; una verdad se apoya en otra, que es como su fundamento: todas ellas mútuamente sé enlazan, unas se deriyan de otras, se «siguen y encadenan eutre sí; de modo que de. una en otra, sin la menor division ni interrupcion , se sube hasta el mismo Dios, «fuente siempre, y: eternamente viva de todas las. verdades. No. se puede megar una sin verse forzado 4. negarlas todas, y el Ateismo no es. mas que la última consecuencia del sistema de los Reformados,. y. su complemento necesario; y en efecto, hasta que no se llega á él, no se encuentra mas que. contradicion en. sus ideas... 0.,. . Parece que ' Juricu. legó á conocerlo, pues para conservar la Religion, no halló otro recurso, que ponerla en manos del Príncipe,,ó. transformarla en, una institucion política «que es el grado de indiferencia «mas “inmediato al 'ateismo), Sino es el ateismo puro, como antes hemos demostrado (1). El Mipeo Dd ci 8 mi AU EOS EGAL (1) “Véanse los cap. 2 y 3. E (3294) nistro no quiere queose dude ni por un: momento de “esta doctrina ;-tán urgente es lanecesidad que de ella tiene-la Reforma. “Es cierto, dice, que los: Príncipes son geles natos de la Iglesia Cristiana, lo mismo que de la sociedad civil; tan ¿gualmente señores de la Religion como del Estado (1). No dicen mas Hobbes y Shaftsbury.. Pero silos Príncipes son árbitros y dueños de prescribir á su antojo símbolos de fé, y su: voluntad «forma toda la Religion, es escusado hablar de Escritura, de revelacion, ni de verdad ; las creencias envilecidas vienen á ser una especie de impuestos que el Soberano carga sobre la razon pública, por el bien del Estado, los cuales -unas veces “alivia, “y “agrava ótras segun las circunstancias, Ó segun sus caprichos (*). ULDISs yA Entre los Protestantes las revoluciones: en el culto han seguido á las de los dogmas; 44% 1 (1) - Tabl. Lett. 8, pág. 478, 482. > (*) | Ese viene á ser el término de la decantada máxi" maá'de que la Religion está en el Estado, cenando no se quie” re debidamente entender; y el buscar su'esplicacion,en 40” tores protestantes es la causa de que los jóvenes, 4 quiene? se les ponen en las manos, se impresionen insensiblemel” te de ideas peruiciosas. Con esta cautela debe leerse € —Grocio, pues fue herege arminiano. Estd en el Estado, P*” ro en lo espiritual, no eomo esclava, sino como sefiorá Eres (325) porque en-toda Religion-el culto es la espresion del dogma ó de lo que se cree. De una doctrina, digámoslo así, indigente, pobre y mezquina, nace un culto pobre y mezquino como ella: Cuantos mas dogmas ha conservado una secta, tanto mas vida, pompa y grandeza tiene su culto. Esto se ve claramente comparando el culto de los Luteranos con el de los Calvinistas, y aun mucho mejor con el de los Socinianos. Los Independientes, que desechan toda fórmula eschusiva de fé, desechan tambien toda fórmula esclusiva de culto, y en esto obran consiguientes; porque las liturgias, respecto á los símbolos, son pocó mas ó menos lo mismo que las palabras con respecto á las ideas; cuando las ideas se pierden, desaparecen las palabras, óá lo mas, subsisten como aquellas inscripciones en lenguas desconocidas, monumentos misteriosos de algun pueblo antiguo, que ya no existe. ; Sin embargo, no basta admitir algunas verdades especulativas para tener un culto dependiente, asi como el Estado lo es en lo que toca al ór.. den civil: si este quisiese decidir de la fé, mudar el culto, tocará la gerarquía, modificar su gobierno, en este caso no habria en él ya Iglesia Católica, sino una Iglesia cismática, herética, separada de la comunion de Jesucristo. (332) zado. Pero oigamos de nueyo á Bossuet, “Nuestros Indiferentistas, avergonzados » de las divisiones á donde los conduce el mé- »todo que proponen para entender - este Li- »bro divino, creen hallar un remedio des- »entendiéndose de los dogmas especulativos » y abstracios, como ellos losllaman, y f- »jando toda su atencion en la: doctrina de las » costumbres. Esta es ld máxima de esos La- »titudinarios, de que acabamos de hablar, » quienes dicen que en las costumbres es don- »de se debe estrechar el camino del cielo, »dilatándole y ensanchándole en lo que res- »peta á los dogmas..... No hablan sino de vi- »vir bien, como si el creer bien no fuese »el fundamento del bien obrar. Pero ciñén- »donos simplemente á lo que ellos llaman »costumbres, en lo que al parecer quieren » consista toda la Religion, los Socinianos y » demas que tanto las ponderan, ¿no han si- »do los primeros en censurar los principios »de la Reforma, en cuyos dias se habia res- » friado la práctica de las buenas obras, en- »señando claramente que no eran necesarias » para la justificacion, ni para la salud, ni aun »el amor de Dios, sino solo la fé de las pro- » mesas, como tantas veces lo hemos demos- » trado? ¿Los mismos Socinianos, igualmente A o “¡me atreveria (333) » que los: Católicos, no probaban invencible- »mente que no hay cosa mas perniciosa para » las buenas costumbres que la inamisibilidad » de la justicia, lil certidumbre de la salvacion, y la imputácion, en fin, de la justi- » cia de Jesucristo en el modo que esto se en- +» señaba en la Reforma? Esto es mas que su- » ficiente para convencerlos que se pueden > hallar en la Escritura, asi sobre las costum- » bres como. sobre los dogmas, generalidades »en quese ocultan tantas opiniones, y tan- > tos errores diferentes: ¿Y dónde iremos «4 e fo Ñ . parar si, como frecuentemente se hace, nos » ponemos á disputar en materia de costuim- » bres sobre ¿las cenemistades; usuras, morti- » ficación, mentira, castidad, matrimonio, Xc. » siguiendo el principio de que es necesario ¿reducir la santa Escritura 4 la recta ra- »zon (1)7.,¿No se ba. visto, ya, 4 los Prótes- 11 aa e (1) En efecto, se ha idobien lejos. Ha habido teólo= gos protestantes que no han tenido rubor de hacerla apología del vicio “con un descaro” tan escandaloso ,.que niaun “4 copiar sus palabras. Las virtudes, que mas formalmente recomienda el Evangelio, han sido despreciadas públicamente como restos de “Monaquismo, y no se ha temido:deeir que la doctrina de las costumbres'no tiene otro-apoyo' que'una fé ciega (Véanse los oúm. 1 y 3 de la segunda parte di Migasin de Mr: Heuke de Helmstadt y: y:el núm. 3 de su Eusebia, y la Crética de la doctrina cristiana (334) » tantes enseñar práctica, y especulativamente »la poligamia? ¿Y no será igualmente facil » persuadir á los hombres, que Dios no ha » querido estender sus obligaciones y precep- » tos mas allá de las reglas de un buen sen- »tido comun, como lo ha sido'el persuadir- »les que mo ha quérido estender su fé mas »allá de lo que dicta su recta razon? Y en » llegando á esto, ¿qué será ese buen senti- »do comun en las costumbres, sino lo que »hia sido ya la recta razon en los dogmas, » es decir, lo que agrade á cada uno? Asi per- »deremos toda la utilidad de las decisiones »de Jesucristo: la autoridad de su palabra, »sujeta á interpretaciones arbitrarias, no ten- ' e ; - — e práctica, pág. 189, por el superintendente Cannabich.). En fin, para derribar de un solo golpe toda la moral, se ha enseñado y defendido que «la Religion nada tiene que ver » Con las obligaciones (Investigateur biblique, par Mr. Sche- »rer, núm. f.)» de donde se sigue que se pueden cometer habitualmente todos los delitos, sin.ser por esto menos religioso. Tales son las máximas que se enseñan hoy en la Reforma, y todavia la oiremos hablar de Cristianismo (Es- to asemeja á los que tanto ensalzan hoy el Cristianismo de los Griegos, sin acordarse que son cismáticos.). Los que deseen conocer mas circunstanciadamente el estado actual “del Protestantismo, pueden consultar la obra intitulada: Conversaciones filosóficas sobre la reunion de las diferentes comuniones cristianas, por el baron de Stark » Ministro prqtestante, (335) » drá mas fuerza para calmar nuestras agita- » ciones, que lo haria la libertad natural de » nuestro raciocinio, y nos veremos sepulta- » dos de nuevo en las interminables disputas » que han trastornado el juicio á los filósofos. » De este modo será necesario tolerar á los » que yerren en punto á costumbres, igual- » mente que á los que yerren acerca de los » misterios, y reducir el Cristianismo, como »lo hacen muchos, á la generalidad del amor » de Dios y del prógimo, dejando á cada uno » la libertad de aplicarle del modo que mejor » le parezca. ¿Cuánto no han dogmatizado los » anabaptistas y demas entusiastas, Ó preten- » didos inspirados, sobre el juramento, los » castigos, el modo de orar, el matrimonio, » la magistratura, y sobre todo el gobierno » eclesiástico y secular, cosas tan esenciales á » la vida cristiana? Los Socinianos, que na- » da ponderan ni creen importante sino una » vida recta, y el camino estrecho en mate- »ria de costumbres, ¿cuánto no la ensan- » chan sometiendo únicamente los hábitos ví » ciosos á la pena de condenacion, y á la pri- »vacion de la vida eterna? Su laxitud es tal » que Socino no teme decir que el asesino ú » homicida que se juzga digno de muerte, »y que no puede tener parte en la vida eter- (336) »na, no es aquel que ha matado dun hom- » bre, ó cometido un acto de homicidio, sino »el que ha contraido una: especie. de hábito »repitiendo este gran crímen. No hay en efec- -»to cosa mas inculcada en todas sus obras, » Esta es tambien la opinion de la mayor par- »te de sus discípulos, entre otros de Crellio, »uno de los: mas célebres, y apreciado .en- »tre éllos por su moderacion en la doctrina »sobre las costumbres; y sin embargo este “mismo hace consistir claramente la natura- ».leza del pecado que escluye de la vida eter- »na, en el hábito vicioso, 6 costumbre de » pecar..... No se trata aquí de libertarse de la » condenación por una verdadera. y, sincera » penitencia de sus pecados; porque de esto »no se habla palabra en todos estos discur- » SOS; y es bién sabido que todos los pecados, “»por enormes, por frecuentes y. deliberados »que hayan sido, pueden perdonarse de este =»,modo; se trata sí de buscar escusas al pe- »cado en el pecado mismo,-y esto es lo que » han pensado en el particular los protestan- »tes que mas se precian' de conservar en to- +» do su vigor la regla de las costumbres. Por »lo dicho:se ye cuan relajados son en esta »parte, cuando por otra se nota en ellos un » escesivo rigorismo, pues con los anabaptis- (337) » tas condenan entre los Cristianos el jura- » mento, la magistratura, la pena de muer- »te y la guerra, por justa que parezca, y »aunque sea emprendida por la autoridad » pública (1), Se ye pues que ciento cincuenta años ha la Reforma habia legado-á tener: por indi ferentes todos los «logmas, y que arrastrada por sus principios, al mismo tiempo que ensalzaba la moral. como la única cosa esen= cial, caia en materia de cóstumbres -en una relajacion inaudita, tolerando hasta el asesinato, con tal queno se hiciese ya por hábi- to y costumbre (2): monstruosa doctrina. Queda pues demostrado por la razon y la esperiencia que el Protestantismo, ó sea el sisterna de los artículos fundamentales que forma su base, conduce inevitablemente á la toleran: cia universal, ó á la ¿ndiferencia. absoluta de religiones: que en él la doctrina, culto, mos ral, -J6do irremisiblemente se desploma, y solo gueda el Ateismo en medio de 'estas ruinas, (1) Sesta Advert. á los Protest. parte 3, A. 1142 (2) Clárameute se ve, sin necesidad de que ¡yo la diga, que no se trata aqui sino de las doctrinas. En la práctica, no nos metemos. En todas partes se hallan, y en crecido número, hombres id eri asi E el bien como para el mal. - Tom. L do 99 PES (338) Ahora que hemos visto ya como los sistemas de indiferencia, dándose la mano unos á otros, terminan todos en la indiferencia absoluta, se concibe como refutando la doctri= na general de-la indiferencia, se refutan estos diversos sistemas, y en particular el de los Protestantes, contra los cuales probaré ademas, que asi como no hay mas que una sola Religion verdadera, tampoco hay mas que una sociedad que profese esta verdadera Religion; sociedad, por consiguiente , fuera de la cual no hay salvacion. Sobre todo, no olvidemos que esta obra no es propiamente “una Apología del Cristianismo; y que si, despues de haberla leido, el lector no se hallase penetrado y persuadido de la verdad de la Religion Cristiana, con tal que llegue á convencerse de la: Ha de hacer un estudio serio de ella, mi fin se habria conseguido. En una patibra , mi objeto es, en ese abandono absoluto é indiferencia que en el siglo se ve, despertar en el ánimo de los estraviados una duda saludable de su error, y hacerles conocer que ese menosprecio ciego que hacen de lo que mas. les puede interesar, y que la razon y el sentido comun desaprueban, es una prenda tan mezquina de seguridad, como debil título de su- AA (339) perioridad de talento: mostrar, en fin, que á no renunciar á la racionalidad, deban: comparar con todo el esmero de que el hombre es capaz, los débiles fundamentos de lá incredulidad, y los ineluciables de la fé. Entremos en materia. FIN DEL TOMO 1. (340) ERRATAS. Pág. 54 en la cita dice: S.. M. parece Es: confundir aqui; léase podría parecer á al- - guno confundir L. M. aqui. Pág. 133 en la cita, lín. 6 dice 1780, léase 1768. A SORIA ANA RA di A AN rr (341) ÍNDICE DEL TOMO L deta c aRER Pág. Discurso preliminar RRA... A, Ensayo sobre la indiferencia en matería de Religion de Mr. LA MENNAIS. Advertencia de los Editores, y juicio de esta obra por Mr. de Genoud... Introduccion al Ensayo por el Autor... CarítuLo 1. Consideraciones generales sobre la. indiferencia religi0sG..m.. Esposicion de los tres sistemas á que se reduce la indiferencia dogmática. Noticia sobre la Reforma de los Protestantes (en la MOLA Jocercarnocrsrrnrnas Codi CarítULO 1. Reflexiones sobre el pri= mer sistema de indiferencia, ó sea sobre lá doctrina de los que no viendo en la Religion mas que una institucion política, no la creen necesaría sino para el Pueblo Ari oia: a Noticia sobre Gibbon (en la nota )........ Reflexiones de Mr. Clausel sobre lo que debe la livertad de la Europa á la DI 1X ibid. 70 17. ,colorchecker CLASSIC SO o | | u calibrite Mo a