El Informe PISA: una mirada a la realidad educativa de cada país
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1 EL INFORME PISA: UNA MIRADA A LA REALIDAD EDUCATIVA DE CADA PAÍS. Dra. Encarnación Sánchez Lissen Universidad de Sevilla [email protected] Los secretos de los sistemas educativos quedan al descubierto en los Informes de evaluaciones internacionales. ¿Se ha preguntado alguna vez dónde está el secreto de algunos sistemas educativos para que funcionen tan bien y sean conocidos por sus éxitos? Posiblemente no lleguemos a encontrar una respuesta sencilla ni absoluta a la pregunta aunque debemos reconocer que, en la mayor parte de los países del mundo, los actuales procesos de evaluación que se realizan en torno a la educación y sobre sus sistemas educativos muestran argumentos muy precisos sobre su buen o mal funcionamiento, sobre el rendimiento de los escolares y en general sobre la calidad de los mismos. Los Informes de la OCDE son un ejemplo de ello ya que ofrecen en profundidad y con rigor un análisis de la situación educativa de cada país, junto a un escrupuloso diagnóstico de sus indicadores. Realmente, si algo quedaba oculto en la educación, buena parte de esos informes evaluativos se han encargado de darles luz, de hacerlos explícitos y en consecuencia de abordar los resultados desde el análisis formal y el estudio exhaustivo. Debemos recordar que a finales de los años 50, diversos hechos que acontecieron a nivel internacional desencadenaron entre los científicos y expertos en educación, un gran interés por elevar encuestas de carácter comparativo, que ofrecieran datos sobre el rendimiento de los estudiantes. Ciertamente esta circunstancia propició la puesta en marcha de diversas evaluaciones internacionales. Fueron muy significativos los años siguientes a la Segunda Guerra Mundial ya que en la intención de muchos responsables políticos se encontraba la comparación de los sistemas educativos, como clave para conocer los valores más sobresalientes de otros países. En esta línea, uno de los hechos más paradigmáticos se produjo en 1957, con el famoso lanzamiento del Sputnik por parte de la antigua Unión Soviética, una circunstancia que llevó a Estados Unidos a cuestionarse la idoneidad de su sistema educativo vigente y de manera particular, la validez y oportunidad de los currículum referidos a las áreas de matemáticas y ciencias, al ver en ellos, dos motivos de peso en el retraso académico, consecuencia también del retroceso científico y tecnológico que vivía el país en ese momento. A mediados de los años 50, expertos investigadores dirigidos por el psicólogo Williams Wall y entre los que se encontraban G. Mialaret, B. Bloom, R. Thorndike, Torsten Husén o A. Anderson, entre otros, iniciaron un estudio internacional cuyo objetivo fundamental era analizar los problemas de acceso que presentaban los estudiantes en los distintos sistemas escolares y cuál era su relación con los resultados obtenidos. Así se inició entre 1959 y 1961, el primer gran estudio piloto sobre el rendimiento de los alumnos llevado a cabo en 11 países europeos y Estados Unidos. Realmente podríamos decir que las evaluaciones internacionales tienen una historia de algo más de cincuenta años que se desarrollaron gracias al apoyo institucional de la International Association for the Evaluation of Educational Achievement (IEA). España entró a formar parte de su Comité Ejecutivo en 1989. Tras aquella experiencia piloto, en 1965 finalizó la primera gran encuesta de carácter internacional conocida como la FIMS (First International Mathematic Study) cuyo objetivo se centró en conocer el nivel de conocimiento de los alumnos en matemáticas. Sin embargo,
2 aunque los esfuerzos fueron enormes en este ámbito, su repercusión no alcanzó los efectos esperados. Posiblemente, nada comparable al eco que en estos momentos tiene la OCDE y con ella los Informes PISA que se han convertido, tal como reconoce Norberto Bottani (2006) en “la más bella del reino”. Realmente se inicia una nueva época a partir de la década de los ochenta, un nuevo modelo de evaluación y también un cambio de mentalidad entre los actores, ejecutantes y destinatarios de este proceso. Se trata de un modelo más cercano a la excelencia o a la calidad por un lado y a la rendición de cuentas (accountability), por otro. Concretamente, si hablamos de calidad de los sistemas educativos, es habitual encontrar en los medios de comunicación o en revistas científicas especializadas, información detallada sobre los éxitos del sistema educativo de Finlandia. Los Informes PISA han contribuido ampliamente en este sentido, al hacer públicos las fortalezas y atractivos de dicho sistema educativo que, como sabemos, se sitúa a la cabeza en el ranking de los países. Pero uno se pregunta, ¿qué tiene el sistema educativo finlandés que no tenga el español? E incluso cabría preguntarse si podríamos importar su forma de proceder en materia educativa a nuestro país. Ante este último interrogante, no podemos olvidar que no todo aquello que tiene éxito en un país, se logrará en igual medida en otro. Los expertos en educación comparada desaconsejan realizar una copia exacta de cualquier modelo educativo, dado que lo que se califica de excelente para unos, puede no serlo en otros contextos, con otros actores, con otros referentes y otras características sociales y culturales. Eso no impide que se valoren los resultados, que se analicen los procesos, que se vea la idoneidad en cada caso de un modelo educativo determinado y de aquellos detalles que puedan ser aplicados en otros países. Lo que hagan los demás, siempre será un aprendizaje. El profesor García Garrido (1991:193) nos recuerda que “el comparatista se tropieza frecuentemente con un problema fundamental y es la falta de homogeneidad no sólo de los datos que cada país pone a su disposición, sino incluso de la terminología con que cada grupo lingüístico designa y conceptualiza los hechos”. Sin perder de vista este argumento, pero atendiendo a la importancia que tiene aprender de los otros, exponemos en las siguientes valoraciones, algunas de las razones de su éxito. Intentaremos valorar sumariamente algunos detalles más íntimos de los actuales sistemas educativos, incluido el español, que en la mayoría han sido analizados a través de la publicación de los Informes PISA. En muchos de ellos destaca la figura del docente, en otros la prioridad que se le concede a la formación en los primeros años o la escrupulosa gestión realizada en determinados contextos. Para otros, la gran baza se encuentra en el modelo de educación secundaria, una etapa esencial ya que contribuye a un nuevo orden económico y político del país. Pero en cualquier proceso de evaluación hay que saber interpretar los datos, valorarlos en su justa medida, lo cual será un buen referente en el cambio y en la conducción y orientación de las políticas educativas en cada país. Decía Ortega y Gasset, búsquese en el extranjero información, pero no modelo. Algunos de estos detalles los iremos señalando a lo largo del artículo. El Informe PISA: algo más que un modelo de evaluación educativa. Desde finales de la década de los noventa, la OCDE ha impulsado una de las evaluaciones educativas más importantes que se vienen desarrollando a nivel internacional. Éstas se han materializado en los conocidos Informes PISA, acrónimo que responde a las iniciales de: Programme for International Student Assessment. Se trata de un estudio comparado de carácter internacional y periódico que tiene entre sus finalidades, valorar el
3 rendimiento de los estudiantes en los distintos ámbitos de la vida y de manera general, el rendimiento de los sistemas educativos. Es, sin lugar a dudas, un modelo de evaluación altamente definido y muy bien valorado internacionalmente, gracias al rigor de las pruebas que se llevan a cabo y a la idoneidad de las mismas. Se ofrece información comparable sobre el nivel de conocimientos, pero también acerca de las habilidades alcanzadas y la capacidad que tienen los estudiantes para desenvolverse en diversas situaciones de la vida. En el año 2000 vio la luz el primer Informe que albergaba datos referidos a algo más de una treintena de países, todos ellos pertenecientes a la OCDE y también países asociados. Así, se han ido sucediendo cada tres años, 2003, 2006 y el último en 2009. En todos los casos, los resultados se han publicado al año siguiente, por lo que, en este momento, encontramos una información publicada muy reciente de ese último Informe PISA. Se inició el mismo con una evaluación centrada en la comprensión lectora, tres años después, en el 2003, la evaluación se centró en los contenidos sobre matemáticas y el 2006 en contenidos de ciencias. Aunque en cada caso se enfatizan determinadas áreas de conocimiento, sin embargo, se analizan todos los aprendizajes en todos los casos. El nuevo ciclo que se ha iniciado en 2009 ha vuelto a poner el énfasis en la lectura. Tal como reconoce Alejandro Tiana (2009:55) la selección de áreas no puede calificarse de caprichosa, dado que tiene que ver con la indudable relevancia cultural y educativa que poseen las tres áreas mencionadas. Ciertamente, cada tres años, el Informe PISA va tomando el pulso de la realidad educativa de cada país, nos ayuda en el diagnóstico de la situación y nos anticipa nuevos retos. En este proceso, casi todo se vuelve objeto de análisis y por tanto, parece difícil que puedan quedar secretos sobre la misma, más bien son “secretos a voces” los que aparecen en los documentos escritos, todos ellos, manifestaciones del qué de la educación, del para qué y del porqué. Aunque la tendencia sea hablar de resultados obtenidos es preciso recordar que en PISA, no se pretende evaluar los conocimientos sino las competencias generales que han desarrollado los estudiantes al alcanzar su periodo de escolarización obligatoria (INCE, 2000). Por este motivo participan en el estudio una muestra de jóvenes de 15 años, una edad próxima a su transición al mercado laboral y de la que interesa conocer cuáles son esas competencias básicas adquiridas. En realidad, no en todos los países comparten una misma etapa educativa, pero el interés no estriba sólo en valorar la eficacia de su sistema educativo, sino en considerar la influencia y aporte de la familia y de la sociedad en la educación de sus escolares y del resto de participantes en la educación. En general, su finalidad radica en dar a conocer indicadores sobre distintos aspectos del funcionamiento de los sistemas educativos y en ofrecer estrategias de mejora de la calidad de la educación. A lo largo de los años se han ido sumando países, superando ya los 60 participantes. De manera resumida, los objetivos del estudio PISA se concretan en los siguientes (Pereyra, González, Luzón y Torres, 2009): Permitir a los responsables políticos detectar qué factores están asociados al éxito educativo. Evaluar el rendimiento escolar y establecer relaciones estadísticas con determinadas variables del contexto escolar y familiar, del funcionamiento de las escuelas, de las actitudes de los profesores y de las características personales de los alumnos. Calidad del aprendizaje, igualdad de resultados y equidad de oportunidades. Mejorar la eficacia y eficiencia de los procesos educativos.
4 Evaluar los conocimientos, habilidades, actitudes y comportamientos en los ámbitos de la lectura, matemáticas y ciencias. Evaluar la aplicación del conocimiento aprendido. Sin duda, todos los objetivos son importantes pero quizás sea necesario resaltar, por un lado, la capacidad de análisis y diagnóstico que confieren los estudios de este tipo a los dirigentes y expertos en educación de un país y por otro, la invitación en la búsqueda de soluciones. Nada de ello será efectivo si no se aspira a mejorar los indicadores obtenidos. El profesor Raventós utiliza una metáfora muy significativa para referirse a esta circunstancia. Reconoce que las evaluaciones del Informe PISA son como los datos que nos ofrece una báscula al pesarnos. Será necesario controlar el peso, pero el mero hecho de pesarnos todos los días, no nos hará disminuir ni un solo gramo nuestros kilos, tampoco aumentarlos. Habrá que poner algún remedio en nuestra dieta, para mejorar nuestros resultados finales en la báscula. Y además, habrá que estar siempre atentos para que estos no sufran irregularidades. Está bien saber en qué lugar se encuentran nuestros estudiantes y por extensión nuestro sistema educativo, si los sometemos a una evaluación sobre sus competencias en distintos ámbitos y en relación a otros países, pero para mejorar su valoración, habrá que interpretar los datos con rigor y buscar soluciones. Así, en nuestro país, además de iniciarse una reforma se están implementando diversos programas centrados en el fracaso escolar que tienen por objeto mejorar sus elevadas cifras. Los resultados de PISA han alarmado a algunos países y han laureado e incluso estimulado a otros. Por ejemplo, hablando de alarma, nos tenemos que referir al caso de Alemania que tras los bajos resultados obtenidos en PISA 2000 se generó en el país una gran preocupación que llevó a los representantes del Ministerio de Educación e Investigación, solicitar un estudio comparativo con países como Inglaterra, Finlandia, Francia, Suecia o Canadá, a fin de obtener consecuencias que ayudaran a clarificar sus propios indicadores educativos y a realizar propuestas que favorecieran sus resultados finales. Otros países como Dinamarca, también solicitaron una revisión paralela para evidenciar y corregir los fallos de su política educativa. En esta misma línea, los datos y en general, la mala puntuación obtenida se convirtió en una llamada de atención para países como Méjico, Luxemburgo, Grecia, USA o Italia. Es significativo el caso de México por varios motivos, uno de ellos porque se trata de un país cuyo gasto público destinado a educación respecto al PIB fue, entre el 2000 y 2003, uno de los más elevados y sin embargo su calificación en resultados de calidad es bastante pobre. Este elemento no es insignificante; de hecho, nos podemos encontrar que no todos los países que más gastan o dedican a educación son los mejores valorados. Ni mucho menos. La distribución que se realiza del gasto, en cada caso, es capital y en general la gestión del mismo puede llegar a ser determinante. En este sentido se ha producido una evolución entre los resultados obtenidos en los primeros Informes y los actuales. En el caso de España, el gasto por alumno como porcentaje del PIB en el año 2006 fue de 9 décimas por encima del promedio de la OCDE y 2 puntos por encima de la UE (OCDE, 2009). Es decir, España, según los datos publicados en el Informe sobre Panorama de la Educación, gasta un 26,5% en instituciones educativas por alumnos en relación al PIB. En la siguiente gráfica podemos comprobar los desniveles que existen entre un mayor porcentaje del PIB frente a su calificación en el ranking de países. Por mencionar sólo un ejemplo, fíjense en los dos extremos, es decir, el segundo mayor porcentaje de PIB lo tiene Noruega (7,7%) (Dinamarca es la 1ª con 8,5%) y sin embargo ocupa el lugar 32. Por otra parte, Finlandia, que se encuentra en primer lugar tiene un 6,5% de PIB, una cifra tan sólo
5 algo superior a la media de la OCDE (5,3%) pero no es la más elevada en el conjunto de todos los países analizados. Realmente en materia educativa, no se trata de gastar mucho, sino de gastar bien, gastar razonablemente. Echando una mirada al gráfico, no podemos perder de vista los países asiáticos (Hong Kong, Taiwan o Corea, entre otros) e interpretar algunos de sus datos y analizarlos. Son países que han subido exponencialmente en las clasificaciones, pero los datos referidos al gasto en educación no superan el 4,6% del PIB. Nos parece interesante valorar los mismos en base a los estilos y modelos educativos con los que se definen en cada caso. 1 6,5 2 4,2 3 5,2 46 3,6 8 4,7 9 5,4 11 4,6 12 4,6 13 5,4 15 6 17 5,5 18 6,1 19 4,8 21 7,4 22 5,4 23 8,5 24 5,9 28 5,9 30 4,3 32 7,7 34 3,6 35 4,7 49 3,8 0 10 20 30 40 50 60 Finlandia Hong Kong Canadá Taiwan Japón Australia Holanda Corea Alemania Inglaterra Suiza Austria Bélgica Irlanda Suecia Polonia Dinamarca Francia Estados Unidos España Noruega Rusia Italia Méjico PISA 2006 % PIB Educación Gráfico: Comparativa entre el % PIB en educación y el lugar que ocupa en los resultados del Informe PISA de 2006. Por otra parte cabe señalar que estos informes PISA también han provocado el efecto contrario, es decir, han estimulado a los países con buenos resultados. El caso más paradigmático ha sido Finlandia que fue y sigue siendo un sistema educativo con valores muy destacados y donde los buenos resultados obtenidos año tras año, le han dado aliento para seguir preocupándose por la educación e interpelar las claves para seguir mejorando. Otro caso es el de Corea del Sur. Ciertamente hay que valorar muy positivamente sus logros, sobre todo, si analizamos la evolución seguida por este país, no sólo en relación a los resultados actuales sino al cambio sustancial que ha experimentado en materia educativa. No debemos olvidar que los índices económicos de Corea del Sur en los años sesenta eran muy similares al nivel actual de Afganistán y sin embargo hoy, ya se encuentra ocupando los primeros lugares en el ranking de países. Un avance ejemplar que tiene su mayor explicación en la educación, dada la importancia que a ésta se le concede desde las políticas de su gobierno. Y en el caso español, ¿cuáles han sido las consecuencias? Realmente, los comentarios que se han producido a lo largo de estos años tras las publicaciones de los Informes han sido bastante diversos, aunque en general han primado las consideraciones negativas, fruto de
6 los bajos resultados obtenidos. Deberíamos hablar de resultados mediocres y de escasas iniciativas para su recuperación. En la mayor parte de los casos y para todas las áreas analizadas, los indicadores se sitúan por debajo de la media de los países de la OCDE. Finlandia: un modelo para aprender. Mucho se ha escrito en los últimos años acerca del sistema educativo de Finlandia, de sus éxitos y excelencias así como de sus logros. Nada de ello es baladí. Realmente, no podemos analizar el sistema educativo de un país sin conocer aunque sea someramente, las principales características, valores y elementos sociales, religiosos, económicos y políticos de ese país. Todos son importantes para entender su política educativa y valorar sus resultados. Es habitual encontrar un discurso muy semejante al referirse a la sociedad finlandesa y a los valores que la definen. Entre ellos, el principio de inclusión se formula como una columna vertebral del sistema. Asimismo, cabe destacar de forma prioritaria la familia y en general, los valores asociados a ella. Junto a ésta se enfatiza muy especialmente, el desarrollo individual de cada persona y de hecho, las políticas familiares han contribuido ampliamente en este desarrollo. Pero mejorar la calidad educativa ha sido un proceso que se ha ido materializando a lo largo de cuarenta años. Concretamente, a finales de los años ochenta se desarrolló un amplio foro acerca del tratamiento individualizado del alumnado. Con este motivo se organizó el llamado “Gran Debate sobre el Futuro de la Escuela” como preparación de la nueva ley de orientación. En ella se polemizaba acerca de quién debería estar en el centro del sistema, si el alumno o los conocimientos; pues bien, la respuesta fue bastante contundente, lo más importante son los estudiantes y son ellos los que orientarán cualquier propuesta curricular que se realice. En este sentido, un amplio estudio realizado por el Dr. Javier Melgarejo Draper con motivo de su tesis doctoral, señalaba en relación a dichas políticas, que éstas “no sólo han pretendido incrementar la natalidad de la población, sino que han servido para democratizar la familia, ofrecer igualdad de oportunidades a las mujeres y permitir a cada familia, un abanico de alternativas que permiten libertad para que cada unidad familiar escoja la mejor forma de adaptarse a este nuevo contexto económico y social. El sistema social finlandés se caracteriza por su versatilidad y su alta calidad, sus fuertes prestaciones económicas” (2006:246). Buena parte de los éxitos radican en la amplia y exquisita implicación que tienen las familias en la educación. En este proceso, mucho han tenido que ver los tres subsistemas que coexisten en la consolidación del sistema educativo y son: por un lado el subsistema familiar, por otro el sociocultural y finalmente, el subsistema escolar. Todos y cada unos de ellos son definitorios en el modelo final de educación que se ofrece. El Estado, como no puede ser de otra manera, ofrece un amplio apoyo en el desarrollo y consolidación de cada uno de estos subsistemas, pero también hay que reconocer que es especialmente significativa la influencia que tienen los municipios en este país. En 2001, Finlandia presta una especial atención a la etapa de la educación infantil, la cual queda vinculada como un derecho para las familias. Se trata de un periodo vital que se encuentra gestionado desde los municipios. Tal como reconocen Niemi y Jukku-Sinvomen (2009:175), alrededor del 96% de los niños de 6 años participan en esta educación. Concretamente en materia educativa, Finlandia responde a un modelo de administración descentralizada aunque eso no impide en ningún caso que exista una estrecha cooperación entre el ámbito local y el estado central.
7 En estos momentos y dada las buenas calificaciones que obtienen bastantes países con modelos descentralizados en su gestión, cabe preguntarse acerca de la idoneidad de los mismos y las prestaciones que esto conlleva. Suele afirmarse que una gestión descentralizada puede ser una condición necesaria pero no suficiente para una educación de calidad. A priori, el que se fomente un modelo de gestión local como ocurre en Finlandia, Holanda o Suecia, conlleva un proceso de autonomía y también de flexibilidad muy adecuada para la mayor parte de los elementos intervinientes y fines de la educación. Así, por ejemplo, esta manera de proceder reclama una distribución equitativa de las oportunidades educativas. Sin embargo, cabe reconocer, que buena parte del éxito de Finlandia radica en lograr un equilibrio entre una administración centralizada y otra descentralizada; tanto es así que el Consejo Nacional de Educación proporciona unas directrices y objetivos amplios para la formulación de los contenidos y a su vez, los municipios junto a los centros educativos elaboran los planes de estudio en base al Currículo Nacional. Si tuviera que mencionar los cinco elementos más significativos que responden a las razones del éxito de este sistema educativo, señalaría los siguientes: La idoneidad y equilibrio del currículum, la importancia del profesorado, el lugar principal que ocupa la familia y las políticas familiares, el tratamiento individualizado al alumno y la adecuada financiación. Nos detenemos, aunque brevemente, en el docente, dado que es éste un pilar esencial de cualquier sistema educativo y lo es de manera prioritaria, en la construcción educativa de este país. Al analizar su perfil y su formación comprobamos que tanto la calidad de la misma como el rigor que caracteriza la selección de los candidatos, son elementos muy considerables para el logro de unos buenos resultados. De hecho, la consideración social de la educación y de la profesión docente es un factor determinante del éxito que se le atribuye a la enseñanza. A ello han contribuido todos los sectores de la población. Probablemente, la mayoría cree en la educación, cree en los docentes y en su práctica profesional hasta el punto de dotarles de la autoridad que se merecen. Y de su estricta selección, podemos decir que se encuentran sometidos a pruebas muy precisas y duras que afectan a todos los candidatos a la profesión. Los profesores tienen una elevada formación. De ella, prácticamente un tercio de la misma se refiere a contenidos de carácter pedagógico. Entre las pruebas de selección que se aplican se encuentran: realizar una entrevista con el candidato, elaborar el resumen de un texto, explicar un tema concreto en una clase, demostrar aptitudes artísticas a través de dibujos, o a través del dominio de un instrumento musical, realizar pruebas matemáticas y también otras referidas a las nuevas tecnologías. Hablar de una selección a priori nos hace pensar que el acceso será algo más restringido ya que de esta forma se controlarán a la vez que se valorarán los requisitos mínimos que debe tener un futuro docente. Se aspira a encontrar docentes más vocacionados, que reúnan las aptitudes y actitudes mínimas y necesarias, para hacer que su tarea sea genuina. Sin embargo, aunque se trate de un posicionamiento legítimo, no siempre encontramos unanimidad en esta afirmación dado que se podrían quedar en el camino aquellos candidatos que son menos valiosos “a priori”, pero fortalecidos con una buena formación inicial. En este sentido, José Manuel Esteve (2003:236) reconocía que en nuestro país, la selección del profesorado no debería conformarse con unas oposiciones, sino que se debería valorar además, las destrezas y la personalidad del candidato. Así se expresaba
8 diciendo que: “La presencia de mayores tasas de ansiedad entre los profesores jóvenes y la aparición de una mayor incidencia de depresiones y neurosis, que se concentra en un grupo muy reducido, aconseja el empleo de mecanismos de selección de profesores basados en criterios de personalidad, tanto por el bien de los alumnos que puedan estar a su cargo como para evitar la situación de ruptura personal que sufren cada día muchos docentes en sus relaciones con los alumnos”. Pues bien, se cuida tanto la enseñanza y se le concede al docente tanta relevancia, que la filosofía del sistema educativo finlandés se caracteriza por cumplir el siguiente principio: “Los mejores docentes deben situarse en los primeros años de enseñanza, al inicio del aprendizaje, donde se aprenden los fundamentos de todos los posteriores aprendizajes: lenguaje, estructura mental, hábitos, etc.” (Linnäkylä, 1997) Tal como señalábamos anteriormente, el modelo de Finlandia se ha definido tradicionalmente como un modelo de una alta autonomía escolar por lo que todos aquellos aspectos relacionados con la selección de los profesores y su evaluación, sean competencia del propio centro y, en su caso, de un proceso de autorreflexión del docente en su ámbito de trabajo. Ciertamente, ya hablemos de Finlandia o de cualquier otro país, el docente ocupa un lugar destacado en el conjunto de su sistema educativo, de tal forma que mejorar su formación será esencial si aspiramos a mejorar la educación, los procesos o los resultados; en definitiva, si deseamos mejorar la calidad de la educación. Para ello nos parece adecuado que se cumplan los objetivos que dan título a uno de los últimos Informes de la OCDE titulado: “Atraer, formar y retener al profesorado eficiente”. Para atraerlos necesitamos lograr que la sociedad nos ayude, pero además, debemos convertir la carrera docente en una profesión atractiva y lograr que lleguen a la enseñanza, también, los mejores estudiantes. Pues bien, a la vista de todos esos resultados, tal como dice Joan Subirats: Finlandia no es el cielo ni probablemente un modelo al que seguir ciegamente, pero muestra una razonable forma de construir una sociedad más justa y cohesionada. Nada más y nada menos. Referencias bibliográficas. Botanni, N. (2006): “La más bella del reino: el mundo de la educación en alerta con la llegada de un príncipe encantador”. Revista de Educación, nº extraordinario, pp. 75-90. Calero, J. y Waisgrais, S. (2009): “Factores de desigualdad en la educación española. Una aproximación a través de las evaluaciones de PISA”. Papeles de la Economía Española, 119 (La educación en España), pp. 86-98. Esteve Zarazaga, J.M. (2003): La tercera revolución educativa. Barcelona, Paidós. García Garrido, J.L. (1991): Fundamentos de Educación Comparada. Madrid, Dykinson INCE (2000): La medida de los conocimientos y destrezas de los alumnos. Un nuevo marco para la evaluación. Madrid, Ministerio de Educación, Cultura y Deporte-Instituto Nacional de Calidad y Evaluación. Kotthoff, Hans-Georg y Pereyra, Miguel A. (2009): “La experiencia del PISA en Alemania”. Profesorado. Revista de Currículum y Formación del Profesorado, 13, 2 (Nº monográfico). [Disponible en: http://www.ugr.es/~recfpro/?p=435]
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