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Pebeteros inéditos de época fenicio-púnica procedentes de La Caleta (Cádiz) : estudio de las piezas y consideraciones historiográficas

Sáez Romero, Antonio; Higueras-Milena Castellano, Aurora

Abstract

Se estudian en este artículo siete nuevos ejemplares de quemaperfumes de doble cazoleta cerámicos procedentes de los fondos subacuáticos del entorno de La Caleta, en el reborde marítimo al noroeste de la actual ciudad de Cádiz. Las piezas, que fueron donadas al Museo Histórico Municipal de San Fernando en los años noventa del siglo pasado, permiten actualizar el debate sobre la cronología y función de estos pebeteros abundantemente hallados en los bajos cercanos al canal de La Caleta. Asimismo, se reflexiona brevemente sobre la historiografía relativa a estas piezas y al hecho de que la mayor parte de ellas carece de contextos arqueológicos definidos, debido a su recuperación furtiva durante décadas antes del inicio de las actuaciones científicas en la zona.

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Revista Atlántica-Mediterránea 18, pp. 61-74 BIBLID [11-38-9435 (2016) 18, 1-206] Fecha de recepción del artículo: 29-IV-2016. Fecha de aceptación del artículo: 22-VIII-2016 PEBETEROS INÉDITOS DE ÉPOCA FENICIO-PÚNICA PROCEDENTES DE LA CALETA (CÁDIZ): ESTUDIO DE LAS PIEZAS Y CONSIDERACIONES HISTORIOGRÁFICAS. UNPUBLISHED PHOENCIAN-PUNIC INCENSE-BURNERS FROM LA CALETA (CADIZ, SPAIN): ANALYSIS OF THE ITEMS AND HISTORIOGRAPHIC REMARKS. Antonio M. SÁEZ ROMERO* y Aurora HIGUERAS-MILENA CASTELLANO** *Universidad de Sevilla, Departamento de Prehistoria y Arqueología Facultad de Geografía e Historia Calle de Doña María de Padilla s/n, 41004 (Sevilla) 0034 635 50 73 77 – asae[email protected] **Centro de Arqueología Subacuática IAPH Balneario de la Palma. Duque de Nájera 3, 11004 (Cádiz) Tel.956203394 | Fax.956203417 [email protected] Resumen Se estudian en este artículo siete nuevos ejemplares de quemaperfumes de doble cazoleta cerámicos procedentes de los fondos subacuáticos del entorno de La Caleta, en el reborde marítimo al noroeste de la actual ciudad de Cádiz. Las piezas, que fueron donadas al Museo Histórico Municipal de San Fernando en los años noventa del siglo pasado, permiten actualizar el debate sobre la cronología y función de estos pebeteros abundantemente hallados en los bajos cercanos al canal de La Caleta. Asimismo, se reflexiona brevemente sobre la historiografía relativa a estas piezas y al hecho de que la mayor parte de ellas carece de contextos arqueológicos definidos, debido a su recuperación furtiva durante décadas antes del inicio de las actuaciones científicas en la zona. Palabras clave: Fenicios, Púnicos, Gadir, La Caleta, Arqueología subacuática, Astarté, religión fenicia. Abstract: The paper focus on seven unpublished ceramic incense-burners found off the coastal area of La Caleta, close to the northwestern part of the present-day city of Cadiz. The items were granted to the Museo Historico Municipal of San Fernando more than two decades ago. Their study makes possible to update the discussion about the chronology and function of these censers, recovered in significant quantity from the underwater sites close to La Caleta beach. Additionally, some reflections on the previous historiography are provided, focusing on the fact that most of the ceramic perfume-burners lack of a defined archaeological context due to its clandestine discovery over the second half of the 20th century before the first scientific campaigns started in the area. Key words: Phoenicians, Punics, Gadir, La Caleta, Underwater archaeology, Ashtart, Phoenician religion. Sumario: 1. Planteamiento, objetivos e historiografía previa. 2. Estudio de los materiales. 3. Valoraciones finales. 4. Agradecimientos. 5. Bibliografía. 1. Planteamiento, objetivos e historiografía previa La Caleta y sus bajos rocosos adyacentes constituyen para la historiografía contemporánea uno de los principales hitos de referencia de la arqueología subacuática regional y principal epicentro de hallazgos relacionados con el pasado fenicio-púnico de la ciudad de Gadir, de algunos de sus santuarios principales, de un foco portuario y comercial de primer orden y también de uno de los debates sobre la evolución geomorfológica de la isla gaditana más jugosos y prolongados. Respecto a esta última cuestión, y a partir del “descubrimiento” del Canal Bahía-Caleta (Corzo, 1980; Ramírez, 1982; Ponce, 1985) los ensayos de reconstrucción del proceso de transformación del litoral de este tramo noroeste de la isla gaditana han sido numerosos (Fig. 1), conformando un escenario de debate aún abierto y SAEZ ROMERO, Antonio M. y HIGUERAS-MILENA CASTELLANO, Aurora 62 Revista Atlántica-Mediterránea de Prehistoria y Arqueología Social 18, pp. 61-74 Universidad de Cádiz generador de un destacado número de opiniones encontradas (Arteaga et al. 2008; Alonso et al. 2009, como principales síntesis). De lo que no hay duda es de que este espacio de bajos, islotes y brazos de tierra que enmarcaban el canal principal debió tener un protagonismo portuario principal en la Antigüedad, desde los primeros pasos de la fundación fenicia en los albores del primer milenio, como así se ha reconocido desde hace décadas en diversas síntesis (Escacena, 1985; Aubet, 1989) o en trabajos más específicos (Vallespín, 2000; Arteaga y Roos, 2002; Bernal, 2012). A este carácter portuario y comercial hay que añadir además la significación sacra que debieron tener los extremos occidentales de estas lenguas terrestres de las islas de Erytheia y Kotinoussa, testimoniada por las fuentes romanas y con cuya expresión ritual se han relacionado tradicionalmente la mayor parte de objetos hallados en aguas de La Caleta y sus aledaños (Corzo, 1983; Muñoz, 1993; Pérez López, 1998; Belén, 2000; Marín, 2010 y Maya et al. 2014, entre otros muchos títulos, pues ello se ha convertido en un topos de la literatura científica reciente sobre la ciudad fenicia de Gadir). Desgraciadamente, los inicios de la exploración de este paraje marítimo-terrestre esencial vienen marcados por la actividad de saqueo llevada a cabo durante siglos en sus aguas, extrayéndose de forma casi sistemática grandes cantidades de objetos (esencialmente cerámicos) que en parte pasaron a engrosar la colección del Museo Provincial gaditano y en otras a su venta y dispersión en colecciones privadas. Las labores de extracción de ánforas y otros objetos en aguas de La Caleta debieron dar comienzo desde la propia etapa medieval, originando los primeros hallazgos de importancia la propia erosión del reborde costero que iba dejando al descubierto piletas de salazón y otras estructuras, o lápidas funerarias, como relatan autores del siglo XVII como J. Bautista de Salazar o Fray Gerónimo de la Concepción (una síntesis de estas fuentes de época moderna en relación a la evolución geomorfológica del litoral insular en Sáez y Díaz, 2012). El primero de ellos señala explícitamente que “De aquí se repartía el agua por toda ella en sus almazenes, y algibes, de que está toda llena; y tanto, que en muchas partes, y especialmente en la caleta, que es casi lo último de la Isla, están juntos doze, o catorze, con las resacas, y mar de leva ya rotos, y desechos” (Suárez de Salazar, 1610: 128), describiendo una escena que debió ser común en la zona, especialmente tras las obras de fortificación emprendidas entre los siglos XVI y XVIII y el crecimiento de la actividad de canteras para la extracción de piedra que debieron comenzar por el expolio de los edificios antiguos. Otras crónicas más recientes son más concretas respecto al hallazgo de materiales y su rápido paso al mercado de las antigüedades, señalando que “En el presente de 1884, (…) en el sitio denominado Punta del Nao, próximo al Castillo de San Sebastián, y a algunas brazas de profundidad se encontraron bastantes ánforas que allí en gran número se hallaban reunidas. Por desgracia pocas salieron ilesas, habiéndolas sacado los pobres que a ello se dedicaron, como mejor pudieron. Hoy obran en poder de algunos particulares” (Vera y Vera, 1887: 121). Ejemplares de ánforas como los publicados por Romero de Torres (1934), depositados en el museo provincial ya a inicios del siglo XX, dan buena cuenta de la continuidad de estas labores puntuales de extracción o recuperación en aguas gaditanas (aunque no es posible asegurar que provengan del entorno de La Caleta). Figura 1. Propuesta de reconstrucción de la línea costera en época fenicia y de identificación de La Caleta con el puerto oceánico de Gadir (según Arteaga y Roos, 2002) Pero sería sobre todo entre los años 50 y 80 del siglo XX cuando estas labores puntuales de expolio cobrarían un mayor auge gracias al desa- Pebeteros inéditos de época fenicio-púnica procedentes de la Caleta (Cádiz): estudio de las piezas y consideraciones historiográficas. Revista Atlántica-Mediterránea de Prehistoria y Arqueología Social 18, pp. 61-74 63 Universidad de Cádiz rrollo de las técnicas de buceo autónomo, quedando constancia de esta práctica emergente a través de las actas de entrega de materiales al Museo de Cádiz, que por entonces adquirió una buena parte de las piezas rescatadas, especialmente anforillas en miniatura (las primeras noticias científicas se deben a A. García y Bellido, 1971, quien pudo estudiar algunas de ellas o pertenecientes a colecciones privadas). Algunos de los hallazgos más sonados correspondientes a la Gadir fenicio-púnica de aquellos años pueden enmarcarse entre estos “hallazgos casuales” esporádicos, caso del capitel protoeólico (Pemán, 1959) o el conocido como “timiaterio” trípode de la Punta del Nao (Blanco, 1970). Es en este escenario de escaso control, expolio tolerado socialmente y prácticamente nula actividad científica sistemática en el que hay que inscribir los pebeteros estudiados en estas páginas. E igualmente en este contexto general hay que inscribir las figuras de José Antonio Ruiz Gito y Adolfo Bosch Lería, quienes en aquellos años ejercieron en muchos casos de colaboradores del Museo Provincial y de la Delegación de Cultura, o de los investigadores que desarrollaron las primeras campañas de carácter científico en los setenta e inicios de los ochenta (Vallespín, 1985; Ramírez y Mateos, 1985), aportando información que habían encontrado en los archivos o datos de sus propios hallazgos. En concreto, Ruiz Gito durante su periodo de actividad en aguas de La Caleta - especialmente en los años setentamantuvo una estrecha relación con los militares destinados en el Castillo de San Sebastián, almacenando en alguna de sus dependencias parte del material arqueológico, parte de los cuales componen la colección que fue donada en 1991 al museo isleño. A pesar de unos prometedores inicios en el final de la década de los setenta e inicios de los ochenta, hay que señalar que la zona no ha contado con programas de investigación sistemáticos, y escasa atención se ha prestado a la publicación de los materiales recuperados en dichos trabajos iniciales a excepción de “piezas singulares” (Vallespín, 1977 y 1985; Ramírez y Mateos, 1985, 1992 y 1994) a través de las cuales se ha pretendido interpretar la secuencia de uso y la funcionalidad de todo este conjunto de canales y bajos. Otros trabajos han dado cuenta de campañas puntuales (Alonso, 1989) o del estudio de determinados conjuntos de materiales procedentes de las primeras actividades sistemáticas, con especial protagonismo de ánforas (Muñoz, 1987; Alonso et al. 1991) y pequeños ítems considerados de uso votivo o cultual (López y García, 1985; Pérez Hormaeche, 1990 y 1993; Muñoz, 1993). En los últimos años, además de tareas de catalogación y protección (Rodríguez y Martí, 2001), se han realizado varias actuaciones de prospección en la zona dirigidas desde el Centro de Arqueología Subacuática (Gallardo et al. 1999; Rodríguez y Martí, 2003; Martí, 2010 y 2014), proyectos que han reactivado la investigación arqueológica científica de esta zona, aportando testimonios que posibilitan reabrir los viejos debates, apoyándolos en nuevos cimientos, y que intentan conectar la información subacuática con las más recientes evidencias geoarqueológicas relativas al poblamiento fenicio de la isla gaditana. Entre estas iniciativas hay que destacar en relación al tipo de piezas que ahora nos ocupa la información suministrada por el trabajo desarrollado por N. Rodríguez Mariscal en 2002 como parte de una consultoría y asistencia técnica para el CAS/IAPH denominada “Localización y extracción de información del material arqueológico subacuático, procedente de aguas de La Caleta, depositado en el Museo de Cádiz”, recogiendo hasta 52 quemaperfumes procedentes de La Caleta. A pesar de su numerosa presencia los quemaperfumes han recibido escasa atención específica, destacando la publicación de E. Pérez Hormaeche (1990), quien dio a conocer 18 quemaperfumes y dos tapaderas pertenecientes a tres colecciones particulares distintas procedentes de Laja Herrera en su mayor parte y de la Punta del Nao. Por su parte, posteriormente A. Muñoz (1993) publicó diez ejemplares del Museo Arqueológico Provincial. procedentes de hallazgos casuales así como de las campañas de J.R. Ramírez Delgado de los años 1981-1983, en la cuales se hallaron un total de 12 pebeteros procedentes de las dos zonas anteriormente citadas. SAEZ ROMERO, Antonio M. y HIGUERAS-MILENA CASTELLANO, Aurora 64 Revista Atlántica-Mediterránea de Prehistoria y Arqueología Social 18, pp. 61-74 Universidad de Cádiz Figura 2. Mapa de la zona objeto del proyecto de prospección desarrollado en los años 2008-2010, con indicación de los pebeteros de doble cazoleta localizados y dibujos de algunos ejemplos significativos (sobre planimetría base original de E. Toboso y A. Higueras-Milena) Recientemente ha concluido la fase de desarrollo de campo y laboratorio del proyecto “Aplicación experimental de técnicas geofísicas para la localización, investigación y difusión del Patrimonio Arqueológico en la zona de La Caleta (Cádiz)” (oficialmente una Actividad Arqueológica Puntual según el reglamento vigente de la Junta de Andalucía, con Ref. IDPH. Expte. 05/PU/CA/08, siendo autorizada con fecha 12 de Mayo de 2008 y quedando finalizada formalmente el 31 de julio de 2010). Este proyecto fue impulsado desde el Centro de Arqueología Subacuática (CAS-IAPH) como parte de una serie de actuaciones más amplias englobadas en el proyecto de “Carta Arqueológica Subacuática de Andalucía”, siendo dirigido por A. Higueras-Milena Castellano y contando con un nutrido equipo de colaboradores (Higueras-Milena y Sáez, 2014; Higueras-Milena, en prensa). Los trabajos han combinado la realización de prospecciones geofísicas con inmersiones de comprobación en las principales localizaciones, incluyendo pequeños sondeos estratigráficos en las áreas que mostraban concentraciones cerámicas más destacadas. El proyecto ha permitido localizar un significativo número de ítems cerámicos de diversa tipología principalmente en el entorno de Punta del Nao, La Cepera, Canal del Sur, Laja Herrera y Bajos de Chapitel (Fig. 2), correspondiendo buena parte de estas evidencias a cerámicas datables en momentos prerromanos (algunos avances del estudio de estos materiales en Sáez y Higueras- Milena, en prensa a-b), romano-republicanos (Higueras-Milena y Sáez, en prensa) e imperiales (González et al., en prensa). Las piezas objeto de atención en estas páginas proceden de actividades previas al planteamien- to de las primeras actuaciones científicas en la zona de La Caleta, siendo objetos recuperados en inmersiones realizadas por dos conocidos buceadores vinculados a hallazgos arqueológicos subacuáticos en el área gaditana. Por un parte, dos de las piezas (Figs. 3-4, 6-7) fueron donadas al museo municipal isleño por Adolfo Bosch Lería el 25 de septiembre de 1995 junto a un cepo de ancla romano, pasando desde entonces a inte- Pebeteros inéditos de época fenicio-púnica procedentes de la Caleta (Cádiz): estudio de las piezas y consideraciones historiográficas. Revista Atlántica-Mediterránea de Prehistoria y Arqueología Social 18, pp. 61-74 65 Universidad de Cádiz grarse en la exposición permanente de la institución junto a otros hallazgos arcaicos de la zona de Sancti Petri. El resto de los pebeteros proceden de otra donación voluntaria llevada a efecto por este mismo buceador en nombre de José Antonio Ruiz Gito, de quien había recibido un lote de materiales de diverso tipo que este último había extraído del entorno de La Caleta durante los años setenta y ochenta del siglo pasado. Una buena parte del lote estaba compuesto por cerámicas y otros materiales de cronología moderna, aunque también fueron donadas un buen número de ánforas púnicas y romanas (las cuales han sido ya objeto de publicación en Sáez et al., 2016) y los fragmentos de pebeteros que ahora nos ocupan (Figs. 3-4, 1-5). La donación de este segundo lote de piezas se formalizó el 30 de noviembre de 1991 previo aviso a las autoridades locales, existiendo constancia documental en el museo isleño de las actas de donación de ambos conjuntos. El análisis de los materiales presentados en este trabajo no pretende solucionar los déficits anteriormente descritos, ni es tampoco el objetivo de estas páginas el realizar un repaso exhaustivo a la historia de las investigaciones de este conjunto de yacimientos subacuáticos clave para entender la relación de la bahía con el Atlántico y las redes de comercio internacional de la Antigüedad. El objeto de estas páginas es mucho más modesto, aportar un pequeño grano de arena a la caracterización de los elementos muebles que originalmente formaron parte de los contextos de época fenicio-púnica hoy perdidos por la intensa erosión marina sufrida en toda la zona o por las no menos dañinas actividades antrópicas de los últimos siglos. Es por ello el propósito principal el presentar un modesto conjunto de pebeteros de cronología fenicio-púnica rescatados de forma clandestina y aleatoria de estos fondos y depositados actualmente en el Museo Histórico Municipal de San Fernando, piezas que hasta el momento permanecían completamente inéditas. El análisis de estos ítems, inevitablemente descontextualizados tanto de su lugar de procedencia concreto dentro del yacimiento como de su asociación con estructuras u otros elementos muebles, permitirá al menos sacar del anonimato una minúscula parte de este patrimonio subacuático expoliado en el área de La Caleta que permanecía fuera del ámbito de la investigación científica y plantear algunas ideas de interés sobre su función y datación en relación a los últimos avances de la arqueología protohistórica de la bahía gaditana. Figura 3. Dibujos de los pebeteros depositados en el Museo Histórico Municipal de San Fernando (dibujos de A. Sáez Romero. Escala 1:2) SAEZ ROMERO, Antonio M. y HIGUERAS-MILENA CASTELLANO, Aurora 66 Revista Atlántica-Mediterránea de Prehistoria y Arqueología Social 18, pp. 61-74 Universidad de Cádiz Figura 4. Fotografías de algunos de los pebeteros depositados en el Museo Histórico Municipal de San Fernando mejor conservados (imágenes de A. Sáez Romero; Escala 1:2) 2. Estudio de los materiales Estos pebeteros son un tipo de ítem cerámico ampliamente conocido en relación a los contextos subacuáticos del área de La Caleta desde hace décadas, siendo uno de los principales referentes a la hora de interpretar la presencia de materiales prerromanos de pequeño porte como parte de rituales vinculados a los santuarios situados en este extremo norte insular. Desde los primeros trabajos de inicios de los ochenta se cita constantemente la presencia de quemaperfumes en los registros de La Caleta junto a terracotas de diversa tipología o anforillas miniaturizadas (López y García, 1985: 393), e incluso en las síntesis dedicadas a caracterizar el asentamiento de Gadir se dio a conocer algún ejemplar completo (Escacena, 1985: 44-46, lám. V, quien contradice a García y Bellido y sigue la propuesta de que se trate de restos provenientes de la “acumulación paulatina de ofrendas a la Venus Marina”). No obstante, las primeras publicaciones monográficas al respecto no llegarían hasta algunos años después, dándose a conocer en primer lugar algunos ejemplares incluidos en colecciones privadas (y por tanto carentes completamente de contexto; Pérez Hormaeche, 1990). Posteriormente, Ángel Muñoz Vicente dedicaría un apartado de su trabajo acerca del estudio de los materiales de La Caleta depositados en el museo provincial, procedentes tanto de donaciones como de los resultados de las campañas de inicios de los años ochenta, al análisis de otro conjunto de quemaperfumes de doble cazoleta (Muñoz, 1993: 322-326, figs. 14-15). Sobre un total de diez ejemplares en diverso grado de conservación, el trabajo de Muñoz presenta además el valor adicional de haber propuesto una tipología específica para este tipo de pebeteros, considerados de producción local en base a las características de su pasta (López y García, 1985: 393). El autor distinguió cuatro grupos principales: cuencos con carenas marcadas y escasa profundidad, con un vástago ancho y hueco y platillo inferior notablemente más pequeño que el superior (A); pebeteros de menor talla con carenas más suaves y labios más exvasados, platos menos profundos y vástagos igualmente huecos (B); Pebeteros inéditos de época fenicio-púnica procedentes de la Caleta (Cádiz): estudio de las piezas y consideraciones historiográficas. Revista Atlántica-Mediterránea de Prehistoria y Arqueología Social 18, pp. 61-74 67 Universidad de Cádiz piezas con platos profundos y de carena baja o casi inexistente, vástago central hueco y cazoleta inferior de menor tamaño que la superior (C); y finalmente, individuos con platillos escasamente profundos, sobre todo el inferior, con vástago ancho y líneas en general redondeadas (D). Los ejemplares donados al museo de San Fernando que dan lugar a estas páginas no se acomodan con total precisión a la tipología definida por Muñoz, aunque pueden establecerse algunas conexiones. Por una parte, el ejemplar número 1, que conserva solamente la cazoleta inferior (poco profunda) y el vástago central, presenta unas líneas aristadas con carenas marcadas, siendo los bordes del platillo inferior notablemente exvasados, lo que hace que se trata de un ejemplo a medio camino entre los tipos A y B (Muñoz, 1993: fig. 14, 360-361). Los platillos superiores 2 y 3 de nuestro catálogo muestran un perfil carenado con labios muy exvasados y escasa profundidad, mostrando el número 3 además restos en la parte inferior de un vástago hueco de notable anchura. En ambos casos parece que nos encontramos ante individuos del tipo B de Muñoz, aunque no puede asegurarse dado que desconocemos el diámetro de los platillos inferiores. Por su parte, el individuo número 4 presenta una tipología completamente diferente, con una copa superior muy profunda de labio casi vertical y carena baja, un vástago central ancho y muy corto relativamente macizo, y un platillo inferior que a pesar de la fragmentación se intuye como de líneas simples y profundo. En la tipología de Muñoz estas características parecen confluir en el tipo C, aunque en nuestro caso la cazoleta superior presenta una mayor profundidad y menor tendencia de los labios al exterior. El ejemplar número 5 presenta una estructura general más sólida, con paredes más gruesas y platillos de un diámetro casi similar poco profundos, con carenas suaves, labios exvasados y vástago central hueco con la característica perforación en la base (por ello, no es posible encajar esta pieza en ninguno de los cuatro grupos descritos por A. Muñoz). Por su parte, el pebetero número 6 fue fabricado de forma un tanto defectuosa aunque usable, dado que su platillo superior se colocó algo descentrado sobre el vástago central, dando lugar a que el borde se halle algo desplazado en el plano horizontal. Tipológicamente presenta líneas carenadas suaves, con notable profundidad en la zona central del plato superior, labio exvasado y astil hueco, sin que se conserven restos que permitan describir la forma de la cazoleta inferior. Todo ello sugiere que se trata de un ejemplar que combina elementos propios de los tipos B y C de Muñoz (1993: fig. 14, 358 y fig. 15, 362-363). Finalmente, el quemaperfumes número 7 tiene platillos poco profundos y de diámetro muy similar, con perfiles carenados bastante aristados, labios muy exvasados y vástago central hueco con perforación precocción en la base. Aunque su tipología no coincide de forma exacta con los grupos descritos por Muñoz, la pieza se aproxima más al perfil de tipo B (y en especial a Muñoz, 1993: fig. 14, 361). En todos los casos las piezas presentan notables alteraciones de la superficie debido a la presencia de concreciones marinas, y también al virado de la coloración de las pastas tan característico de las piezas cerámicas recuperadas en aguas de la bahía gaditana (ya destacado en López y García, 1985 o Muñoz, 1993). En todo caso, el examen macroscópico no ha revelado con claridad la presencia de piezas de importación, presentando los siete individuos analizados pastas que parecen acercarlos a las propias de los talleres insulares gadiritas. Como ya el propio Ángel Muñoz señaló al hilo de su propuesta tipológica, este tipo de pebeteros parecen contar con un remoto origen oriental, estando presentes en contextos de los siglos VIIIVI a.C. de un amplio elenco de colonias occidentales sobre todo participando de sus ajuares funerarios (como en Cartago, diversos centros sardos, Trayamar o Villaricos). Este examen de paralelos llevó a proponer una cronología para los ejemplares gaditanos situada a partir del siglo VI a.C., sin quedar definido con precisión el tramo cronológico en que las piezas habrían sido fabricadas y depositadas en La Caleta. En este sentido, hay que destacar que ya Cintas a propósito de los hallazgos de Cartago y Tipasa había prestado atención a estos pebeteros cerámicos destacando el que los ejemplares de época arcaica parecían tener ambas cazoletas de un diámetro similar, mientras que hallazgos posteriores de los siglos IV-III a.C. mostraban un platillo inferior notoriamente menor que el superior y de líneas más simplificadas (Cintas, 1950: 187, pl. L, nºs 86-87). Desafortunadamente, las actividades subacuáticas desarrolladas hasta el momento en aguas de La Caleta y su entorno inmediato no han proporcionado ejemplares nítidamente estratificados y contextualizados que sugieran una tendencia diferente a la descrita por Cintas, subrayando una asignatura pendiente extensible a anforillas, SAEZ ROMERO, Antonio M. y HIGUERAS-MILENA CASTELLANO, Aurora 68 Revista Atlántica-Mediterránea de Prehistoria y Arqueología Social 18, pp. 61-74 Universidad de Cádiz ánforas de transporte y otros muchos tipos de ítems abundantes en la zona. En todo caso, las investigaciones desarrolladas en los últimos años en este mismo entorno subacuático permiten constatar que los pebeteros estudiados en estas páginas presentan características generales similares a los documentados profusamente en las localizaciones exploradas en el proyecto de 2008-2010 (Sáez y Higueras- Milena, en prensa a-b) (Fig. 2). En conjunto, todas estas piezas de tipología similar y aparente fábrica local, a pesar de ser en muchos casos “hallazgos aislados” sin asociación clara a un contexto estratigráfico o a otros materiales, permiten plantear una breve reflexión sobre la datación de estos materiales tan abundantes en el ámbito de La Caleta (Pérez Hormaeche, 1990), una actualización de planteamientos ya desarrollada para el caso de los dipper juglets de las prospecciones de 2008-2010 y que debe considerarse también para otros objetos como las pequeñas anforillas o las piezas más “excepcionales” (como se ha hecho en fechas recientes para el timiaterio de Punta del Nao o el propio capitel protojónico de la zona de San Sebastián; Cf. Jiménez, 2007; Marín y Jiménez, 2011). Figura 5. Ejemplos de pebeteros arcaicos documentados en yacimientos de la bahía gaditana: hogueras (1-5) y enterramiento 24 (6-8) del Túmulo 1 de Las Cumbres, Calle Cánovas (9-11), Calle Hércules (12) y Camposoto (13-16) (a partir de Córdoba y Ruiz, 2000 y 2005; Ruiz y Pérez, 1995; Sáez y Belizón, 2014; Ramon et al. 2007; Escala 1:3, excepto Las Cumbres) Afortunadamente son cada vez más los datos acerca de la presencia de este tipo de pebeteros en contextos arcaicos y púnicos de la bahía, tanto de la zona insular como de la continental, los cuales permiten dibujar una tendencia general cronológica y funcional. Por el momento, al mar- Pebeteros inéditos de época fenicio-púnica procedentes de la Caleta (Cádiz): estudio de las piezas y consideraciones historiográficas. Revista Atlántica-Mediterránea de Prehistoria y Arqueología Social 18, pp. 61-74 69 Universidad de Cádiz gen de los individuos proporcionados por estos hallazgos subacuáticos reseñados, los ejemplares conocidos remiten fundamentalmente a ambientes funerarios arcaicos como el Túmulo 1 de Las Cumbres o el mucho más cercano proporcionado por la cremación del siglo VIII a.C. localizada recientemente en la Calle Hércules gaditana (Sáez y Belizón 2014); respecto al hallazgo de Las Cumbres, cabe citar la presencia de varios de estos pebeteros -fragmentados- formando parte del ajuar del enterramiento 24 del Túmulo 1 (Fig. 5, 4-8) (posiblemente una tumba fenicia, datada en el siglo VIII a.C.; Cf. Ruiz y Pérez, 1995: fig. 5), pero también otros individuos fueron localizados entre los restos de las consideradas como “hogueras rituales” documentadas en la superficie del túmulo (Fig. 5, 1-3), junto a otras formas de copas decoradas y dipper juglets (Córdoba y Ruiz, 2000: 762, Láms. 2.1 y 3.2). En todos los casos, o al menos en los que la integridad de las piezas hace posible su examen tipológico, se trata de pebeteros de una destacada talla y un diámetro de ambos platillos similar, cubiertos parcialmente con engobe rojo al exterior y sobre los labios. Además de estos hallazgos en ámbito funerario también es posible rastrear el uso de algunos de estos pebeteros en las áreas cultuales de la zona insular. Por una parte, parece razonable pensar que al menos algunos de los cuencos de engobe rojo de la posible área sacra detectada en el Castillo de San Sebastián correspondan en realidad a platillos de este tipo de quemaperfumes, dada su menor talla y su cubierta parcial de engobe rojo (Maya et al., 2014: 168, fig. 13.f-h). Pero por encima de todo hay que citar el ejemplar documentado in situ conservando aún los residuos de la quema de sustancias aromáticas en el platillo superior en el área sacra de Casa del Obispo (Gener et al. 2014: 144, fig. 20), en las proximidades de la “tumba monumental”, incluido en una fase de ceremonias rituales que los excavadores fechan en momentos inmediatamente posteriores a la consecución del propio enterramiento (encuadrando el ejemplar en el tipo C de Muñoz, y fechándolo en consecuencia en el siglo V a.C.; Gener et al., 2014: 144, nota 192). Al margen de estos puntos vinculados a áreas sacralizadas inmediatas al litoral oceánico de la isla Kotinoussa, los pebeteros de esta tipología han sido documentados en otros puntos interpretados como focos de actividad industrial o de hábitat. Entre los primeros cabe destacar los ejemplares recuperados en el contexto datado en el siglo VIII a.C. de la calle Cánovas del Castillo de Cádiz (Fig. 5, 9-11), los cuales muestran morfologías muy similares a los de Las Cumbres con cubierta parcial de engobe rojo (Córdoba y Ruiz, 2005: 1283, fig. 7, 1-4). La presencia de quemaperfumes con cubierta parcial de engobe rojo se ha citado también en niveles de los siglos VII-VI a.C. del hábitat amurallado del Cerro del Castillo de Chiclana (Bueno, 2014: 242), aunque no es posible contrastar su morfología concreta dado que no han sido ilustrados en ese u otros avances al estudio del yacimiento. Si la datación asignada al hallazgo de Casa del Obispo resulta correcta (desconocemos la asociación a otros materiales), la pieza podría estar poniendo el acento sobre su continuidad en fabricación y uso durante la etapa arcaica tardía y los inicios de la fase púnica, algo que ha quedado constatado asimismo por los residuos de producción de estos quemaperfumes recuperados en el alfar isleño de Camposoto (Ramon et al. 2007). En este taller pudieron identificarse hasta cuatro variantes de este tipo de pebeteros de doble cazoleta (tipos I1a1-4), si bien en todos los casos la definición de la forma hubo de hacerse en base a individuos fragmentarios. Es significativo que dos de estas variantes presentan líneas similares a las observadas en los hallazgos arcaicos antes reseñados (Fig. 5, 14-15), con platillos amplios y remates del labio proyectados al exterior (I1a2- 3), si bien ninguno de los materiales del taller parece poder datarse antes del tramo final del siglo VI a.C. Otra de las variantes fabricadas en Camposoto (I1a1) se aproxima formalmente sin embargo a muchos de los individuos rescatados en aguas de La Caleta (Fig. 5, 13), contando con rasgos que recuerdan a los tipos A y B de Muñoz (1993). Sin embargo, no existen por el momento evidencias de que su manufactura local se perpetuase más allá de estos horizontes tardoarcaicos, y vertederos alfareros como los estudiados ampliamente en Villa Maruja-Janer (Bernal et al. 2003; Sáez y Belizón, en prensa) o en diversos centros activos en los siglos IV-III a.C. (Sáez Romero 2008 y 2014) atestiguan ampliamente la ausencia de este tipo en los repertorios locales de la época púnica y tardopúnica. En todo caso, convendrá estar alertas ante una virtual perduración del uso de estos pebeteros en Gadir en la fase tardopúnica, aunque el ejemplar fragmentario documentado en algún pozo o fosa de la necrópolis parece ejemplificar por su excepcionalidad más la incidencia de material residual en estos