El populismo de Hugo Chávez: ¿revirtiendo la democracia venezolana? (2004-2007)
Abstract
El artículo intenta comprender el régimen populista de Hugo Chávez en el período 2004-2006 lapso en el cual el gobierno, a partir de sus victorias tanto en el referéndum del 2004 como en las elecciones presidenciales de 2006, amplió y profundizó su hegemo
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El populismo de Hugo Chávez: ¿revirtiendo la democracia venezolana? (2004-2007) Nelly Arenas CENDESUniversidad Central de Venezuela) Resumen Resumen El artículo intenta comprender el régimen populista de Hugo Chávez en el período 2004-2006 lapso en el cual el gobierno, a partir de sus victorias tanto en el referéndum del 2004 como en las elecciones presidenciales de 2006, amplió y profundizó su hegemonía en todos los espacios del poder nacional. La reconcentración de poder en manos del Presidente desplegada en esos tres años, puso al descubierto la cara autoritaria del régimen, colocando en riesgo los haberes de la democracia venezolana. Palabras clave: Populismo, autoritarismo, democracia, Hugo Chávez Abstract Abstract This article intends to understand Hugo Chávez’s populist regime from 2004 to 2006. Our hypothesis is based on our belief that his victorious outcome in both the recall referendum of August 2004 and the 2006 presidential elections paved the way for the President to consolidate his hegemony in all aspects of national life. This was the underling meaning of the “fi ve constituent engines” which are aimed at fueling XXI century socialism. This strategy translated the intention of government, specifi cally Chávez, to re-concencentrate power in the executive branch of government and placing Venezuelan democracy at risk. Key words: Populism; Authoritarianism, Democracy, Hugo Chávez Introducción Introducción Este artículo constituye un intento de comprensión del régimen populista de Hugo Chávez entre el año 2004 y el 2007, a partir de sus rasgos más determinantes. Nuestra idea es que la vocación de concentración de poder exhibida por aquél desde sus inicios encontró espacios propicios para una extensión y profundización de esa manera de concebir el poder en esos tres años. Si la victoria de Chávez en el referéndum revocatorio de 2004 le creó las condiciones para diseñar una estrategia con miras a fortalecer aun más su hegemonía, la de las elecciones de 2006 abrió las compuertas para una consolidación de su Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política y Humanidades, N° 22. Segundo semestre de 2009. Págs. 152-185. Araucaria22-CP-.indd 152Araucaria22-CP-.indd 152 07/09/2009 9:39:0707/09/2009 9:39:07
153 El populismo de Hugo Chavez: ¿revirtiendo la democracia... proyecto en todos los órdenes de la vida nacional. Es éste el sentido que tienen los cinco “motores constituyentes” anunciados a principios de 2007, a partir de los cuales se pretendió instaurar lo que el presidente ha denominado socialismo del siglo XXI. Estos “motores” constituyen las pautas de acción de una estrategia que se mueve aceleradamente hacia una reconcentración del poder ejecutivo, poniendo en riesgo a la de por sí ya mermada democracia venezolana. Nuestra hipótesis es que el conjunto de transformaciones que se pretenden a partir de aquellas líneas de acción abonan el terreno para la consolidación de un tipo de sistema de gobierno que puede encuadrarse dentro de las tipologías de regímenes no democráticos contemporáneos, como las que han diseñado Linz y Stepan al combinar rasgos tanto sultánicos como autoritarios. A los fi nes de desarrollar nuestro objetivo hemos dividido el artículo en seis partes. En la primera, se refl exiona teóricamente sobre el populismo como estrategia política y sus vínculos con las tensiones propias de la democracia; en la segunda, se sistematizan las principales líneas de conducta del gobierno chavista desde el año 2004 hasta el 2006; en la tercera, se delimitan los “cinco motores” y se discute sobre sus implicaciones para la democracia; la cuarta dedica su atención a la cuestión militar, piedra angular, a nuestro juicio, del proyecto de Hugo Chávez; la quinta da cuenta de un fenómeno ineludible para comprender el régimen: el culto a la personalidad del presidente. Finalmente, en el sexto punto se analiza el régimen chavista como representación, síntoma y probable reverso de la democracia, intentando caracterizarlo a partir del esquema conceptual que brindan Linz y Stepan sobre los regímenes autoritarios y sultánicos que los autores incluyen dentro del continuum democraciatotalitarismo. Populismo, política y democracia Populismo, política y democracia A pesar de todas las ambigüedades e imprecisiones que se le atribuyen, el populismo se ha ganado un lugar dentro de las ciencias sociales como categoría de análisis. Pese a ello, persiste la disparidad de criterios entre los distintos analistas a la hora de echar mano del mismo como herramienta conceptual. De modo que no siempre existe concordancia entre las miradas para designar un gobierno, un movimiento o un partido como populista. Tal como sostiene Wayland (2004:12), los académicos difi eren no sólo sobre los atributos particulares del populismo, sino también en torno a su dominio fundamental, esto es, si corresponde al área política, social, económica o discursiva. Wayland ha optado por redefi nir al populismo como un concepto clásico radicado en un único dominio “central” que “facilita” su delimitación y su extensión. Ese dominio es el de la política, lo cual le permite aproximarse al fenómeno como “una forma específi ca de competencia y de ejercicio del poder político”, en Araucaria22-CP-.indd 153Araucaria22-CP-.indd 153 07/09/2009 9:39:0707/09/2009 9:39:07
154 Nelly Arenas cuya base subyace la intención principal de los líderes populistas, a saber, “el ganar y ejercer el poder mientras utilizan políticas económicas y sociales como un instrumento para este propósito” (Ibidem:30). El autor prefi ere entonces conceptualizar el populismo como “… una estrategia política a través de la cual los líderes personalistas buscan o ejercitan el poder de gobierno basados en el apoyo directo, no mediado ni institucionalizado de un gran número de seguidores que son principalmente desorganizados” (Ibidem:36). Desde otra perspectiva, Laclau ha enfocado también la refl exión en torno al populismo en el ámbito de la política, identifi cándolo con la razón de ser de la misma. Así, sustenta, “si la sociedad lograra alcanzar un orden institucional de tal naturaleza que todas las demandas pudieran satisfacerse dentro de sus propios mecanismos inmanentes, no habría populismo, pero por razones obvias, tampoco habría política. La necesidad de constitución de un “pueblo” emerge cuando esa plenitud está ausente y “objetos parciales dentro de la sociedad (objetivos, fi guras, símbolos) son investidos de tal manera que se convierten en los nombres de su ausencia” (Laclau, 2005: 149). De modo que el pueblo se construye en las antípodas de las elites dominantes frente a las cuales se afi rma: “…el populismo consiste en la presentación de las interpelaciones popular-democráticas como conjunto sintético-antagónico respecto a la ideología dominante” (Laclau,1978:201). En sus análisis más recientes, Rosanvallon ha identifi cado un conjunto de tensiones estructurantes de la democracia, en el marco de las cuales puede ser ubicado el populismo. Una de estas tensiones es la que se articula alrededor de la representación. En ésta, señala, existen dos principios, uno de diferencia y otro de semejanza. Esta contradicción está presente siempre ya que resulta imposible superarla íntegramente. El primer principio, alude a la delegación que se transfi ere al representante quien se supone está mejor preparado que quien delega para desarrollar las tareas políticas pertinentes. El segundo, el de la semejanza, que es el de nuestro interés aquí, se engarza en un “puro lenguaje de similaridad” (“si escojo a un representante quiero que hable como yo” [conferencia dictada en la Universidad Católica Andrés Bello el día 16-11-2006]), principio que constituye la médula del populismo. Por esta vía, el populismo intenta “superar las contradicciones de la representación por una encarnación patológica” de la misma (conferencia ofrecida en la Universidad Central de Venezuela, 17-11-2006). La matriz de origen de esta manifestación política debe ubicarse en el “mal funcionamiento de la representación” que presupone la idea de la existencia de “elites egoístas apartadas del pueblo”. Se trata, insiste Rosanvallon, de “proponer como clave de la revolución de la democracia la oposición de un pueblo sano y homogéneo respecto a unas elites minoritarias y corrompidas.” Sin embargo, “… lo que caracteriza a las sociedades contemporáneas, no es ciertamente la constitución de una bipolarización entre un pueblo Araucaria22-CP-.indd 154Araucaria22-CP-.indd 154 07/09/2009 9:39:0707/09/2009 9:39:07
155 El populismo de Hugo Chavez: ¿revirtiendo la democracia... unido y sano, bien homogéneo, y elites descompuestas. Lo que caracteriza a las sociedades contemporáneas es el hecho de que ellas son un amasijo de todas las tensiones y de todas las contradicciones. Las tensiones y las contradicciones sociales se encuentran de cierta manera difractadas a todos los niveles del cuerpo social. Comprender las sociedades contemporáneas, es comprender un sistema muy complejo de capas superpuestas, y no simplemente un enorme bloque de acero sólido, que para ser emancipado sólo pide deshacerse de este núcleo extranjero que sería el de las elites” (Rosanvallon, 2006, s/n/p). En todo caso, el populismo ancla siempre en una dicotomización de lo social que pretende reunifi carse en lo político o en el Estado para ser más precisos. He ahí a nuestro juicio uno de sus riesgos. La división maniquea de la sociedad en dos campos: el de los patriotas y el de los antipatriotas, el de los ricos y el de los pobres, el de los buenos y el de los malos, por nombrar sólo algunos códigos binarios en los que suele desplegarse su discurso, hace que el populismo diezme los espacios de existencia a quienes se oponen. De manera que el populismo porta los ingredientes que le pueden hacer deslizar fácilmente hacia formas que comprometen los desarrollos democráticos en las sociedades donde se manifi esten. Recuperando la utopía: el populismo de última generación Recuperando la utopía: el populismo de última generación Una vez que la historia hubiera mostrado la inviabilidad de los socialismos reales para concretar el reino de la felicidad sobre la tierra, tal como fue la promesa de sus ideólogos, el populismo pasó a ser la nueva clave de futuro para algunos sectores de la izquierda en el mundo. América Latina ha sido un ejemplo palmario de ello. Si en el pasado, el populismo aparecía como un subterfugio del capital para anular las potencialidades revolucionarias de los trabajadores con su ropaje reformista al cual, en algunos casos como el peronismo en Argentina, había que unírsele por razones tácticas y estratégicas1, el derrumbe del muro de Berlín en 1989 abrió un inusitado espacio para las fórmulas populistas. En efecto, ante el extravío de la utopía socialista, el populismo se desplegó como un horizonte de redención para los más desasistidos en buena parte del imaginario de izquierda en la región, vale decir de su ala más ortodoxa. De este modo la herencia populista se ha visto revalorizada en algunos países del sub-continente por una izquierda que antes había percibido a líderes como Rómulo Betancourt en Venezuela o a Getulio Vargas en Brasil, como 1 Ianni (1975: 131,132) provee una refl exión sobre los vínculos que la izquierda en América Latina mantuvo con los populismos clásicos. Para Ianni, aun cuando las izquierdas sostuvieron una “línea crítica” en relación a las políticas populistas, la injerencia creciente del Estado en los asuntos económicos aparecía como un requisito necesario que posibilitaba la transición hacia el socialismo. Araucaria22-CP-.indd 155Araucaria22-CP-.indd 155 07/09/2009 9:39:0807/09/2009 9:39:08
156 Nelly Arenas puntas de lanza de los capitales nacionales e internacionales en alianza económica y política. Esta rendición del pensamiento y la militancia izquierdista resulta entendible hasta un cierto punto. Frente al yermo terreno que dejaba la desaparición de un sistema cuya razón ideológica era la reivindicación suprema de los desposeídos, el populismo reaparecía con esa bandera en su mano asumiéndose como la propia voz del pueblo. En este tránsito, no obstante, la preocupación por las formas democráticas se supedita a la necesidad de recuperar una cierta forma del estado de bienestar perdido concomitantemente con el colapso del proceso sustitutivo de importaciones. Como se sabe, éste había sido capaz de generar los excedentes económicos necesarios para poder hacer posible niveles de redistribución satisfactorios desde la acción estatal. Allí estaba y está la clave de la permanencia de la cultura populista en la subjetividad de los sujetos otrora favorecidos con aquellos mecanismos. La clásica tensión entre igualdad y libertad en América Latina se ha resuelto en las mentalidades de ese tipo de izquierda a favor de la primera, ratifi cando la democracia, una vez más, como expresión de las formas liberal burguesas destinadas a consagrar las injusticias del sistema capitalista.2 Sin embargo, esta conducta tuvo y ha tenido sus matices de acuerdo a las experiencias vividas. Las izquierdas que padecieron persecución y muerte durante las dictaduras militares, como es el caso de Chile, Brasil y Argentina, coadyuvaron en la construcción de una transición hacia la democracia, redimensionando los valores positivos de ésta. Por el contrario, países donde no se experimentó esta clase de regímenes, manteniéndose, aun con todas sus imperfecciones, las reglas del juego democrático, como el caso de Venezuela, los militares conservaron su aura gloriosa, presentándose como salvadores en el momento en el cual las frustraciones de la población con respecto a sus representaciones políticas, llegaron a su momento culminante. Allí, buena parte de la izquierda se alineó con los uniformados en la consolidación de un proyecto alternativo de sociedad, con claro perfi l populista, desestimando los arrestos autoritarios que, incluso desde los tiempos de campaña electoral, exhibió el líder fundamental de la revolución bolivariana, Hugo Chávez Frías. De modo que esta izquierda se disolvió en los intereses del proyecto chavista 2 En realidad no estaba ocurriendo nada distinto de lo que en el pasado había ocurrido. De nuevo Ianni proporciona información: “Solamente una parte muy restringida de las masas populistas estaba preocupada con la democracia propiamente dicha. Para la gran mayoría de los adeptos pasivos y activos del populismo, lo que estaba en juego era el ascenso económico y social… En general, los ideales democráticos eran preconizados por sectores de clase media o grupos de oposición a la clase dominante. En la mayoría de los casos, las campañas y luchas populistas contra la oligarquía y el imperialismo, por el desarrollo nacionalista, conducían a la expansión del poder Ejecutivo o a la dictadura disfrazada o abierta. Fue el autoritarismo más o menos velado lo que predominó en el cardenismo, varguismo, peronismo, velasquismo” (ver Ibidem: 130). La izquierda, en la mayoría de estos casos, no hizo sino acompasarse al ritmo de la masa populista, permitiendo el despliegue autoritario. Araucaria22-CP-.indd 156Araucaria22-CP-.indd 156 07/09/2009 9:39:0807/09/2009 9:39:08
157 El populismo de Hugo Chavez: ¿revirtiendo la democracia... al no lograr establecer “un perfi l propio e independiente que les permitiera discutir con el presidente y sus acólitos el carácter del proceso revolucionario y la dirección en la que se mueve: el ‘síndrome de delegación’ se amplía desde el apoyo puramente electoral hasta la subordinación al proyecto personal del caudillo” (Arenas y Gómez Calcaño, 2006:16). El gobierno populista de Hugo Chávez: el poder El gobierno populista de Hugo Chávez: el poder concentrado concentrado Podemos decir entonces que el populismo del gobierno de Chávez se ha edifi cado con la anuencia de un sector de la izquierda venezolana que pareciera convencida de que la sociedad transita el sendero, fi nalmente, hacia el socialismo descuidando si son o no democráticos tanto el camino como la meta. Y, por lo menos, el sendero muestra hasta ahora, los trazos de lo que cada vez con más fuerza parece alejarse de las reglas de juego democráticas, las cuales se han visto disminuidas en aras de un poder que a lo largo de ocho años de gobierno tiende a concentrarse cada vez más en el presidente. En un trabajo anterior (Arenas, 2002) defendimos la idea de que Chávez accede al poder con un proyecto de sociedad preconcebido desde sus tiempos de cuartel; proyecto que al no poder ser concretado por la vía del golpe de Estado, echa mano del recurso electoral democrático. Un sistema político erosionado, una sociedad fragmentada y desencantada de sus representaciones históricas fue el mejor catalizador para que un discurso populista como el de Chávez se impusiera cómodamente3. De este modo, el presidente fue objeto de una de las delegaciones de poder más extraordinarias que ha presenciado América Latina, ratifi cada en varias elecciones a lo largo de sus años de gobierno. En nombre de ese apoyo popular, el presidente apeló a mecanismos contrarios a la democracia, para acumular recursos de poder cada vez más extraordinarios4. Paralelamente, el gobierno ha venido desarrollando sostenidos esfuerzos por 3 Tal como indica Roberts, (2003:95), Venezuela brinda un “ejemplo impactante de la resistente vitalidad del populismo en las sociedades profundamente estratifi cadas y sistemas políticos dominados por la crisis”. 4 Estamos hablando, por ejemplo, del nombramiento de altos representantes de los poderes públicos escogidos sin consulta en el marco de un “Régimen de Transición del Poder Público” no contemplado en las disposiciones provisionales aprobadas conjuntamente con la Constitución del 99; así mismo, de la creación de la Comisión Legislativa Nacional, conocida comúnmente como “congresillo”, conformada por once constituyentes y diez ciudadanos cooptados por la Asamblea Nacional. Este cuerpo fue dotado de amplísimos poderes, entre ellos el de diseñar leyes, violentando así las reglas del juego democrático universalmente válidas, las cuales no reconocen facultades de legislar sino en quienes hayan sido electos. Cuando la Asamblea Nacional concluyó sus funciones, no había, señala Coppedge (2002:89), “un solo poder nacional, aparte del propio Chávez, que no hubiese sido nombrado por una institución que no fuese chavista en un 93 por ciento”. Araucaria22-CP-.indd 157Araucaria22-CP-.indd 157 07/09/2009 9:39:0807/09/2009 9:39:08
158 Nelly Arenas encuadrar a la sociedad venezolana en un modelo económico y socio-político con desmedida presencia del Estado, signado por las líneas de su proyecto particular.5 Estos esfuerzos se exacerbaron a partir del triunfo de Chávez en el referéndum revocatorio que se realizara en agosto de 2004, evento que le ratifi có en la presidencia de la república. Tres meses luego de esa consulta, el presidente expondría frente a altos personeros de su gobierno, lo que él mismo llamara “nuevo mapa estratégico”, en el cual estarían contenidos los diez grandes objetivos que guiarían -en un “salto adelante”- su acción política hasta el año 2006. Destacamos algunos de los más importantes como son, el “avance” en la conformación de una nueva estructura social; la articulación de una estrategia comunicacional de mayor cobertura; la construcción del nuevo modelo democrático; la creación de una distinta institucionalidad del Estado; la trascendencia del sistema capitalista y el diseño de un nuevo modelo económico; la profundización de la instalación de una estructura territorial novedosa; la aceleración de la confi guración de una estrategia militar nacional nueva (ver Harnecker, 2004:26-28). Apenas dos meses después de aquel encuentro, en enero de 2005, Chávez insurgiría en la escena nacional e internacional, con la propuesta de instaurar el socialismo del siglo XXI; propuesta que se ensamblaba con los objetivos delimitados arriba6. En el marco de aquellas líneas estratégicas el presidente Chávez desplegó entre 2004 y diciembre de 2006, una estrategia de poder que ha venido abonando el terreno de su proyecto. Si se nos preguntara cuáles han sido las principales pautas de acción que marcan esa estrategia diríamos que aquellas que se vinculan con la supeditación de la Fuerza Armada a su proyecto, la educación ideologizada, la participación popular subordinada a los designios del ejecutivo, la ampliación de la cobertura comunicacional estatizada, la concentración del 5 Así, el gobierno se ha empeñado en construir organizaciones gremiales paralelas a las tradicionales, a quienes no le reconoce legitimidad, como es el caso de la Confederación Venezolana de los Trabajadores (CTV). En su lugar fraguó la Unión Nacional de Trabajadores de Venezuela (UNT). Otro tanto ha sucedido con el órgano que agrupa a los empresarios, Fedecámaras, al cual se pretende desplazar por asociaciones enteramente leales al proyecto, como es el caso de Empresarios por Venezuela y la Confederación de Agricultores y Ganaderos de Venezuela, Confagán. Esta última, por ejemplo, nació juramentada por el presidente en acto ofi cial. La creación (mayo de 2007) de la Confederación de Empresarios Socialistas de Venezuela en cuya junta directiva se encuentra el gobernador del estado Cojedes, y entre las fi guras asesoras el superintendente del SENIAT, el órgano recaudador del Estado, revela la dirección marcadamente corporativista, en sentido estatal, del régimen. Para un análisis de este fenómeno, véase Arenas, 2005. 6 Según Chávez, los factores a partir de los cuales se puede defi nir el socialismo del siglo XXI, son: un elemento moral que obliga a recuperar el sentido de la ética de la vida; la pelea contra los “demonios que sembró el capitalismo”; democracia participativa y protagónica que debe expresarse en poder popular; cooperativismo y asociativismo el cual se traduce en la concreción de empresas de producción social y unidades de producción comunitaria (ver Benitez: 9-10-2005 en www. aporrea.org). Araucaria22-CP-.indd 158Araucaria22-CP-.indd 158 07/09/2009 9:39:0807/09/2009 9:39:08
159 El populismo de Hugo Chavez: ¿revirtiendo la democracia... poder central a partir del manejo casi absoluto y discrecional de los recursos fi nancieros públicos en detrimento del proceso de descentralización y, fi nalmente, el despliegue de mayores esfuerzos por controlar el aparato económico nacional y hacerlo más dependiente del Estado. En rápido vuelo, estas acciones pueden resumirse del modo que sigue: aA la presencia importante de militares en cargos de la administración pública desde el comienzo del gobierno, se le adicionó la idea, desembozada en esos tres años con toda fuerza, de una Fuerza Armada comprometida con la revolución, sobre la base de lo que Chávez llamó “nuevo pensamiento militar venezolano” ( Harnecker, Ibidem:50). bPero no sólo el componente uniformado ha sido objeto de atención por parte del proyecto chavista; también la educación pública pasó a ser objeto de ideologización por parte del régimen. Así, tanto escuelas primarias como liceos bolivarianos permitirán, como señalara el entonces ministro de educación Aristóbulo Iztúriz, “… la formación de los educandos en los valores de la revolución” ( Arenas, 2006). cLa participación popular ha sido uno de los activos más ponderados por el chavismo al punto de quedar consagrada en la Constitución de 1999, bajo la premisa de la “democracia participativa y protagónica”. Ciertamente, a lo largo de la gestión de gobierno del presidente Chávez se ha impulsado una participación popular cada vez más creciente, sólo que siempre subordinada al poder ejecutivo. En abril de 2006 se crearon los Consejos Comunales los cuales, como veremos más adelante, constituyen la base social desde la cual el proyecto presidencial pretende erigir una “sociedad de equidad y justicia social” (Gaceta Ofi cial extraordinaria número 5.806). dEn los últimos años, el gobierno ha incrementado sensiblemente el número de estaciones de radio y TV controladas por el Estado7. Todos estos medios se han conducido invariablemente como vehículos de reforzamiento de la imagen del gobierno y en especial del presidente. Simultáneamente, han arreciado las amenazas de no renovación de la concesión a canales televisivos como Radio Caracas Televisión, el más viejo de todos, el cual, efectivamente, perdió su señal por orden presidencial, en mayo de 2007. eHemos presenciado también un aumento en los esfuerzos del gobierno central, por concentrar cada vez más los recursos públicos. La pérdida creciente de autonomía del Banco Central de Venezuela, así como la creación del Fondo de Desarrollo Nacional, Fonden, apuntan en ese sentido. El propósito fundamental de este último organismo “radica en que se nutrirá continuamente 7 La importante expansión de emisoras comunitarias en manos del Estado, se constata en las habilitaciones concedidas por CONATEL (órgano que regula las comunicaciones nacionales) el cual, sólo en los años 2003 y 2004, otorgó 138 habilitaciones con relación a un total de 168 entre 2000 y 2005 (ver Torrealba, 2006:5). Araucaria22-CP-.indd 159Araucaria22-CP-.indd 159 07/09/2009 9:39:0807/09/2009 9:39:08
160 Nelly Arenas con divisas para ser utilizadas a los fi nes del fi nanciamiento del desarrollo económico y social. A dicho fondo se traspasará una determinada proporción de divisas del ingreso de la comercialización de los hidrocarburos que recibirá el ejecutivo nacional directamente de PDVSA, es decir, antes de constituirse en reservas internacionales” (Parra Luzardo, 2005 en www.bcv.org.ve/c4/ Conferencias.asp). Al mismo tiempo, se ha venido desdibujando con mucha fuerza el proceso de descentralización que Venezuela iniciara en 1989, con la elección directa de gobernadores y alcaldes, lo que puede constatarse a partir de la abrupta caída de la participación de estados y municipios en el ingreso público nacional. En este sentido es importante indicar que con la descentralización, los entes territoriales habían alcanzado una participación del 29% en el año 1998; con la reconcentración de las fi nanzas públicas, ese porcentaje disminuyó al 21% en el 2004, 19% en el 2005, y 17% en el 2006, ubicando a Venezuela en los niveles de centralización de los años 80 que se creían superados8 (Mascareño, 2007). fEl intento de diseño de un modelo económico de tránsito hacia el socialismo, fundado en la creación de cooperativas y Empresas de Producción Social (EPS), en el marco de lo que el gobierno concibe como “desarrollo endógeno”, así como el establecimiento de un conjunto de regulaciones y requerimientos a la empresa privada tradicional que le presionan a entubarse en el patrón que el proyecto le impone9, limitando su posibilidad de expansión, perfi la una economía más sujeta a los dominios del Estado de lo que lo fuera en el pasado10. Las nacionalizaciones de las que han sido objeto la Compañía Anónima Nacional de Teléfonos de Venezuela, CANTV, y de la Electricidad de Caracas, así como las amenazas en este mismo sentido sobre otras empresas, rematan este cuadro. Estas líneas de acción no hubiesen podido desplegarse sin el concurso de los poderes públicos. Y es que en 4 años el gobierno ha consolidado su poder en dos órganos claves de la institucionalidad democrática: la Asamblea 8 Para una visión completa del proceso de recentralización venezolano, consúltese a Mascareño 2005. 9 Las palabras de uno de los asesores del gobierno en esta materia, Haiman El Troudi, confi rman este hecho: “El Estado viene otorgando incentivos a todos por igual. A partir de ahora las empresas pueden continuar operando con un criterio mercantil. Pero los benefi cios del Estado los recibirán quienes decidan asumir cuotas de responsabilidad social, otorgar alguna participación a los trabajadores, abrirse a un proceso de cogestión o incluso orientar su producción a satisfacer necesidades reales de la sociedad para darle en la madre al capitalismo” (El Nacional, 10-12-2006:A-22). Si nos atenemos a esto, pudiéramos pensar que el Estado venezolano pareciera alejarse de la racionalidad de un estado capitalista, por lo menos en lo que respecta a sus relaciones con el capitalismo nacional. Como ha señalado de Jasay (1994:31) “El Estado es un estado capitalista si no exige a la propiedad que se justifi que, y no interfi ere en su propio benefi cio en los contratos personales.” 10 Un análisis del modelo económico que se perfi la sobre la base de las cooperativas y las EPS, es proporcionado por Guerra, 2006. Araucaria22-CP-.indd 160Araucaria22-CP-.indd 160 07/09/2009 9:39:0807/09/2009 9:39:08
167 El populismo de Hugo Chavez: ¿revirtiendo la democracia... centralizadora del poder como puede colegirse de estas palabras: “No puede ser que cada alcalde tenga un plan de desarrollo, el gobernador otro y el gobierno otro… ¡aquí no hay autonomía, aquí hay una república central!” ( Tal Cual, 23-04-2007:2). El poder comunal El poder comunal Todos los “motores” anteriores son “tributarios” del quinto, señaló Chávez; es decir convergen en el poder comunal. “La explosión creadora del Poder Comunal va a depender para su desarrollo… impulso… establecimiento…expansión… éxito, de los anteriores. Va a depender de la reforma de la Constitución… de las Leyes Habilitantes… de la Gran Jornada Nacional “Moral y Luces”… de la nueva Geometría del Poder…” (El Nacional, 13-01-2007: A-9). Estos Consejos, según ha indicado el presidente, no deberían estar sujetos a alcaldías, juntas parroquiales, ni a gobernaciones aunque, en esta etapa de transición, mantendrían el “juego de relaciones” con el poder constituido hasta consolidar lo que él denomina “Estado comunal” (Chávez, 2007:52). Todo indica que se trata de profundizar la democracia directa como alternativa a la democracia representativa tan denostada por el chavismo22 lo cual supone restar peso, cuando no anular, las estructuras institucionales intermedias, en un ejercicio típicamente centralista del poder. Los Consejos Comunales deberán armarse a partir de una base poblacional mínima de 200 o 400 familias en las áreas urbanas, 20 en las rurales y 10 en problemas de salud de la población lo que obligó a buscar una solución transfi riendo competencias de salud a los estados, mejorando sustancialmente ésta en algunos de ellos. Datos al respecto nos lo proporciona Diaz Polanco (2001). 22 Sin embargo, como ha sostenido Sartori (2003:207), la democracia representativa no traduce únicamente una “atenuación de la democracia directa; también es su correctivo. Una primera ventaja del gobierno representativo es que un proceso político entretejido de mediaciones permite escapar a las radicalizaciones elementales de los procedimientos directos. La segunda ventaja es que también sin ‘participación total’ la democracia representativa subsiste siempre como un sistema de control y limitación del poder. Lo anterior permite a la sociedad civil, entendida como sociedad prepolítica, como esfera autónoma y conjunto autosufi ciente, desarrollarse como tal. En suma, el gobierno representativo libera para los fi nes extrapolíticos, de actividad económica u otra, el conjunto de energías que la polis absorbía en la política. Quien regresa hoy a exaltar la democracia participativa, no recuerda que la polis se desplomó en un torbellino de excesiva política.” El asunto es que, como señala Rosanvallon (1996.124), en la valorización populista de la democracia no media solamente la “acusación contra la traición representativa, hay también un elogio de la energía vital del pueblo contra la apatía de los dirigentes. Y se presupone en ella la existencia de un pueblo unido y que forma un bloque, mientras que el espíritu democrático, al contrario, piensa el vínculo social y político como un problema, como algo que debe construirse y no tiene ninguna naturalidad.” El populismo chavista, a nuestro modo de ver, conjuga el desdén por las formas democráticas representativas con la exaltación del pueblo, cuya energía sólo puede ser interpretada y encauzada por un único líder, el presidente Chávez. Así, la democracia “participativa y protagónica” no es un problema, no es una procura, sino que es inmanente al modo de ser bolivariano y revolucionario. Araucaria22-CP-.indd 167Araucaria22-CP-.indd 167 07/09/2009 9:39:1007/09/2009 9:39:10
168 Nelly Arenas las comunidades indígenas y se conciben, de acuerdo a la ley que los constituye “como instancias de participación, articulación, e integración entre las diversas organizaciones, grupos sociales y los ciudadanos y ciudadanas, que permitan al pueblo organizado ejercer directamente la gestión de las políticas públicas y proyectos orientados a responder a las necesidades y aspiraciones de las comunidades en la construcción de una sociedad de equidad y justicia social” (véase Ley de los Consejos Comunales, artículo 2, en htpp//www. asambleanacional.gov.ve/ns2/leyes). Esto que a primera vista luce legítimo (el incremento de la participación23 es una aspiración de las sociedades realmente democráticas), hay que mirarlo con detenimiento, si tomamos en cuenta que esta nueva forma de organización social nace subordinada al ejecutivo nacional o lo que es lo mismo, al presidente Chávez. En efecto, la institucionalidad de los Consejos Comunales pasa por la creación de una Comisión Nacional Presidencial del Poder Popular designada por el Presidente de la República (artículo 30), la que a su vez nombrará una Comisión Regional Presidencial del Poder Popular por cada estado, previa aprobación del Presidente de la República (artículo 31). Esta última Comisión tiene la potestad de conformar una Comisión Local Presidencial del Poder Popular por cada municipio, también previa ratifi cación por parte del primer mandatario. Remata esta estructura vertical, la disposición que obliga a los Consejos Comunales a registrarse ante la última Comisión nombrada (artículo 20), que es como decir ante la presidencia (Gaceta Ofi cial, número extraordinario 5.806, 18-05-2006, pp 11,16 y 17). Esta armazón social que se trama desde el vértice del poder nacional, “…tiene severas limitaciones para impulsar una participación democrática y autónoma… La participación para que genere empoderamiento debe traer una dinámica de abajo hacia arriba. Tal y como está concebida la ley es al revés, promueve dependencia del Presidente…” (López Maya, Ultimas Noticias, 4-02-2007:58). Para Rey revela un “intento del gobierno de lograr el control y poder absoluto de la sociedad” a partir de la creación de “redes para sustituir a los órganos institucionales” (Rey, El Nacional, 25-02-2007: A-2), desestimando que “El ejercicio, sin estructuras intermedias no funciona. Y entonces, cuanto más sean suplantadas las estructuras constitucionales, tanto más se llega a un poder absoluto en nombre del pueblo” (Sartori, Ibidem: 83). Simultáneamente a la presentación de este esquema de acción, Chávez propuso la creación del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), en 23 Que no del participacionismo, el cual es “sobre todo y casi únicamente, una exasperación activista por participar. El llamado a ‘participar más’ es meritorio, pero infl ado sin medida sería casi como si toda la democracia se pudiese resolver con la participación. Es una recaída infantil, y también peligrosa, que nos propone a un ciudadano que vive para servir a la democracia (en lugar de la democracia que existe para servir al ciudadano)” (cursivas en el original) (Sartori en Ibidem:118). Araucaria22-CP-.indd 168Araucaria22-CP-.indd 168 07/09/2009 9:39:1007/09/2009 9:39:10
169 El populismo de Hugo Chavez: ¿revirtiendo la democracia... cuyo seno debían disolverse las diferentes plataformas políticas que le apoyan, so pena de ser desalojadas del gobierno, según amenaza del presidente. El reconocimiento como legítimo sólo de aquellas fuerzas alineadas incondicionalmente con el máximo líder, porta el riesgo de que toda exterioridad al partido fundamental, sea percibida como la encarnación de la amenaza, como la representación del enemigo a quien debe invalidarse. Con la compañía del verde olivo Con la compañía del verde olivo La cristalización de algunas pautas de acción como la reforma constitucional en el sentido que Chávez desea o la consolidación de otras, como la educación popular ideologizada al servicio de su proyecto, hará posible que el presidente se convierta en dueño de un poder omnímodo cerrándose el sistema político venezolano sobre sí mismo, detrás de una pesada puerta monocolor. Estado, gobierno y parcialidad política terminarán de diluirse en una sola entidad entonces. Este tránsito, sin duda, afecta a la Fuerza Armada, componente que ha jugado un papel de gran importancia en la trayectoria del gobierno chavista el cual, desde el ejecutivo, manejó desde sus inicios un enfoque hacia lo militar con un enorme parecido a los tipos de regimenes que detentan el poder luego de un golpe militar, como ha indicado Norden (2003:123). Tal tipo de actuación del presidente Chávez, ha estimulado en algunos expertos en el tema militar venezolano la tesis del pretorianismo24, como es el caso por ejemplo de la misma Norden y de Irwin (2005), aunque en general los analistas prefi eren califi car al gobierno como militarista. Pretoriano o militarista25, lo que resulta cierto es que no podemos dar cuenta de la Venezuela de Hugo Chávez sin detenernos en la marcada presencia del elemento armado en su dinámica y del peso que el mismo exhibe en la consolidación del proyecto político del presidente. Y es que al presidente le ha sido muy fácil recurrir a esa “mimetización Bolivar –Patria” que históricamente le ha permitido a la Fuerza Armada Venezolana “deslizarse hacia esa autopercepción de custodia de la ‘sustancia sagrada’, 24 Norden (2003), nos ofrece la caracterización de los gobernantes pretorianos elaborada por Nordlinger que transcribimos: “Los gobernadores tipo pretoriano (…) no sólo controlan el Gobierno sino que también dominan el régimen, algunas veces intentando controlar grandes porciones de la vida política, económica y social a través de la creación de estructuras de movilización. Los objetivos políticos y económicos de los gobernantes pretorianos son excepcionalmente ambiciosos, ocasionalmente justifi cando una descripción de ellos mismos como modernizadores radicales o revolucionarios.” Por su parte, Irwin (2005:6), alude al pretorianismo siguiendo al Diccionario de la Real Academia Española como una “infl uencia política abusiva ejercida por algún grupo militar.” 25 Irwin diferencia las dos cosas pues para él, el militarismo es la manifestación superior sociopolítica del pretorianisimo; es decir, mientras en las sociedades donde este último existe, los rasgos militaristas son visibles, en las militarizadas opera una subordinación de toda la sociedad a lo militar. (en Ibidem:7) Araucaria22-CP-.indd 169Araucaria22-CP-.indd 169 07/09/2009 9:39:1007/09/2009 9:39:10
170 Nelly Arenas de esa sactasantorum que es la patria y, por tanto, de convertirse en su suprema administradora…”26 (Straka, 2005:102). Chávez se ha presentado a sí mismo y con él al “glorioso ejército de libertadores” con el nimbo sacro que le autoriza a conducir los destinos patrios por la ruta de su interés político. Con cada vez mayor énfasis, aquél ha querido imprimir el sello de su proyecto en la dinámica e identidad de la institución armada, colocándola sin ambages como tributaria del mismo. Así, en noviembre de 2006, manifestaría que la Fuerza Armada Nacional “tiene que ser roja hasta la médula patriota y no puede haber soldado que no sea rojo, rojito” (El Nacional, 18-11-2006: A-1). Unos meses más tarde, complementó esta sentencia señalando que la “Fuerza Armada Nacional está obligada a repetir patria, socialismo o muerte… y si algún ofi cial “se siente incómodo por eso, que tramite su baja… aquí no hay nadie obligado, y vaya a hacer otra cosa” (sic) (Ultimas Noticias, 13-04-2007:18). Los planes de incorporación del componente militar al nuevo modelo de sociedad se extienden hacia otros espacios, más allá de lo estrictamente vinculado con las tareas que le son inherentes: “la Fuerza Armada Nacional está acoplada, ahora sí, y acoplándose progresivamente, ideológicamente, moralmente, organizacionalmente, al proyecto revolucionario… Creo que llegó la hora que la FAN comience a conformar un ejército de trabajadores… y se incorpore a la creación de empresas e industrias socialistas, de propiedad social” (htpp:// elobservador.rctv.net/noticias 14-04-2007). Este discurso que puede en un principio sorprender por lo novedoso, sorprende menos si tenemos en cuenta que la Constitución del 99 contempla la “participación activa” de la Fuerza Armada en “el desarrollo nacional”; asunto sobre lo cual ha llamado la atención Sucre Heredia ( 2004) ya que implica un “principio totalizante” que arropa a todos los espacios de actividad y que puede restringir la pluralidad (Rey citado por Sucre Heredia). La captación del estamento militar para actuar abiertamente a favor del proyecto que el primer mandatario encarna, parece ser considerable. Así, altos ofi ciales de la Fuerza Armada Nacional muestran su clara adhesión al mismo, replicando el discurso excluyente del presidente, como puede desprenderse de estas palabras pronunciadas por el coordinador general de la comisión militar 26 Uno de los alzados del 27 de noviembre de 1992, el coronel Gruber Odreman, ofrece este texto que refl eja muy bien esto: “Venezuela nació en un cuartel; fueron su cuna los campos de batalla, y la arrullaron las notas del clarín en los combates; y un día, el más glorioso, las dianas inmortales de Carabobo y el lago de Maracaibo. Es por ello que el génesis republicano se haya íntimamente relacionado al de las Fuerzas Armadas, porque fueron éstas las que abrieron el camino para que una colonia de esclavos pudiera transitar, alumbrada por el relámpago de los cañones, hacia el pedestal de la libertad. ¿Existe en el orbe fuerza armada alguna con una raíz histórica más noble y justa que la de ser sembradora de la libertad y jamás de opresión y conquista? La respuesta a esta pregunta nos la da por sí misma la razón para perdurar en la vida de Venezuela hasta el fi nal de los tiempos” (en Buttó (2005:168). Araucaria22-CP-.indd 170Araucaria22-CP-.indd 170 07/09/2009 9:39:1007/09/2009 9:39:10
171 El populismo de Hugo Chavez: ¿revirtiendo la democracia... de Moral y Luces de la Fuerza Armada, general José Mata Figueroa: “no se concibe que alguien sea venezolano, sin ser bolivariano, revolucionario y socialista” (El Universal, 28-04-2007:1-2)27. A partir de lo que hasta aquí se ha dicho en torno a la cuestión militar, es posible pensar que la Fuerza Armada Nacional a lo largo de estos años, pero particularmente desde 2004, se ha mostrado aparentemente más proclive a identifi carse abiertamente con el proyecto que representa Hugo Chávez. Habida cuenta de que “las perspectivas de desmontar el armazón institucional vigente y construir uno nuevo evidentemente se facilita en la medida en que se cuente con capacidad movilizadora de masas y con la anuencia del estamento militar” (Parker, 2001:19), la posibilidad de diseñar una nueva arquitectura institucional, más ajustada a dicho proyecto, como es el deseo del presidente, se haría más expedita. Chávez y el chavismo: ¿hacia una política religiosa? Chávez y el chavismo: ¿hacia una política religiosa? Ser bolivariano, revolucionario y socialista, como señala el general Mata Figueroa, signifi ca en la Venezuela de estos días ser chavista; lo que quiere decir que ser venezolano y ser chavista son lo mismo, si hacemos la asimilación semántica28. Y es que buena parte del país de estos años ha girado en la dirección que le ha mostrado el presidente anclado, fundamentalmente, en su enorme poder carismático entendiendo aquí el carisma según lo entendió Weber (1992:848), como un “don específi co del cuerpo y del espíritu estimados como sobrenaturales” que portan algunos líderes29. 27 No obstante esta evidencia, la creación de la reserva militar dependiendo directamente del presidente, pareciera traducir la necesidad estratégica de Chávez de labrarse apoyo político más allá de la institucionalidad militar establecida, como ha sostenido Irwin, conformando de esta manera, “y con la aparente bendición de las unidades regulares y sus mandos formales, un sector armado bajo el mando directo de la presidencia, obviando la organización militar vigente” (Irwin, 2006:17). 28 Laclau (2005:249) ha señalado que una “equivalencia total” entre identidades políticas (como ésta que puede derivarse del discurso del general) “haría imposible la emergencia del pueblo como actor colectivo. Una equivalencia que fuera total dejaría de ser equivalencia para convertirse en una nueva identidad: ya no habría una cadena sino una masa homogénea indiferenciada.” Y la concepción de una masa homogénea sin divisiones, no tiene que ver con la política ni con el poder. En este sentido, el razonamiento de Lefort (2004:34) resulta ejemplar: “… no confundamos la idea de un poder que no pertenece a nadie con la idea que designa un lugar vacío. La primera puede formularse y traducirse de este otro modo: el poder pertenece a la comunidad de ciudadanos. La otra no puede, a pesar de ser afi rmada la soberanía del pueblo, pues es admitido tácitamente que la nación no es sustancialmente una, que propiamente hablando no es reducible a una comunidad, puesto que el ejercicio del poder es siempre dependiente del confl icto político, y este confi rma y mantiene el confl icto de intereses, de creencias y de opiniones en la sociedad.” A la idea de Laclau, en consecuencia, podemos agregar que una equivalencia total de identidades constituye la negación misma de la política y de la democracia. 29 Vale la pena ampliar el texto de Weber en Idem: “En oposición a toda especie de organización ofi cial burocrática, la estructura carismática no presenta ningún procedimiento ordenado para el Araucaria22-CP-.indd 171Araucaria22-CP-.indd 171 07/09/2009 9:39:1107/09/2009 9:39:11
172 Nelly Arenas Chávez es propietario de ese don y la reconcentración de su poder, ha corrido pareja con una exaltación de su persona quizá nunca vista en Venezuela desde los tiempos de Guzmán Blanco en la segunda mitad del XIX y acaso Juan Vicente Gómez, en la primera del XX. La imagen del presidente se ha desparramado por toda la geografía nacional sin recato alguno. Gigantografías con su fi gura, que pueden ocupar hasta 10 pisos de enormes edifi caciones, grandes vallas con su estampa de beisbolero, convocatorias de concursos cuyo tema es la exaltación de su persona30, proyectos de monumentos para conmemorar su gesta, y hasta réplicas de su cuerpo entero trasmutadas en juguetes para regalar a los niños en navidad, pueblan el continente de un culto cuyo único icono es Hugo Chávez Frías. A esta exaltación de su persona no sólo contribuye su entorno inmediato31 y sus bases de apoyo, sino también él mismo al convertir trazos de su propia biografía en un asunto de interés público cada vez que se dirige al país. En todo caso, el carisma del presidente genera un vínculo emocional muy intenso con sus adeptos como el que demuestra estas frases de Lina Ron, conocida dirigente chavista durante la recolección de fi rmas con vistas al referéndum revocatorio presidencial de 2004: “Yo no voy a permitir ningún puesto de recolección de fi rmas contra mi comandante en jefe, contra el hombre más grande de esta patria, el hombre más bueno… el mesías de esta tierra. El que lo haga o me mata a mi o yo lo mato a ellos” (sic) (en video Asociación Civil Ciudadanía Activa). O las de María Montiel, una líder guajira, para quien Chávez es su “maleigua”, es decir su dios, por quien, de acuerdo a su testimonio, las comunidades indígenas están dispuestas a dar hasta su último suspiro (Vea, 14-04-2007:7). “Con Chávez todo, sin Chávez nada,” uno de los eslogan más repetidos por sus afectos, revela que sólo él llena de contenido el presente y el porvenir; con él la plenitud; sin él, el vacío, la ausencia, la nada. nombramiento o sustitución; no conoce ninguna ‘carrera’, ningún ‘ascenso’, ningún ‘sueldo’, ninguna formación profesional del portador del carisma…, ninguna autoridad a la cual se pueda apelar. … no existen instituciones independientes de las personas y del estado de su carisma puramente personal en la forma de las ‘magistraturas’ burocráticas. El carisma conoce solamente determinaciones internas y límites propios. El portador del carisma abraza el cometido que le ha sido asignado y exige obediencia y adhesión en virtud de su misión.” 30 Estamos hablando en este caso de un aviso ofi cial publicado por la Ofi cina Nacional del Parlamento Andino en el año 2005, convocando al concurso nacional “Murales por la integración latinoamericana.” 31 Dos muestras: en el foro de Porto Alegre, Ignacio Ramonet llamó a Chávez “Nuevo Libertador” y en el cumpleaños 51 del presidente, la gobernación del estado Carabobo publicó este ditirambo: “La República Bolivariana de Venezuela, celebra hoy un día que permanecerá marcado en la historia nacional, al ver nacer en Sabaneta, Estado Barinas, a un ser que a través de innumerables iniciativas, proyectos y misiones por la patria, a (sic) devuelto la sonrisa a cada uno de los habitantes de esta nación bolivariana. El pueblo, el Gobierno Bolivariano de Carabobo y el Gobernador… Luis Felipe Acosta Carlez, festejan y auguran muchos éxitos por venir en este proceso y en su vida” (en Vea, 28-07-2005:30). Araucaria22-CP-.indd 172Araucaria22-CP-.indd 172 07/09/2009 9:39:1107/09/2009 9:39:11
173 El populismo de Hugo Chavez: ¿revirtiendo la democracia... Este fenómeno puede emparentarse con lo que Gellner (1996:28) ha llamado los “santos vivos” para designar a personajes del Islam que realizaban sus servicios como santos al momento y en persona en vez de ser reverenciados, como ocurre en occidente, por su santidad del pasado: “Uno se podía dirigir a los santos muertos a través de los santos vivos… Ellos eran los mediadores en este mundo”. Chávez puede ser considerado un “santo vivo” que legitima su proyecto en quien puede ser considerado un “santo muerto”, el libertador Simón Bolivar. En efecto, el culto a Bolivar ha conformado una “teología bolivariana” (Castro Leiva, 1987) o “religión republicana” (Pino Iturrieta, 2004), que incluso puede haber calado más hondo que el mismo catolicismo, como advierte Castro Leiva. Es sobre la base de esta religión secular, muy bien cultivada y custodiada por los militares, donde el proyecto chavista ha echado sus más fuertes raíces y de donde ha extraído sus mejores ofertas como la de la democracia participativa y protagónica (idea atribuida por el presidente a Bolívar) o, más recientemente, el socialismo del siglo XXI el cual, según el presidente, tuvo sus precursores tanto en el Libertador como en Jesucristo. De esta manera, sobre el culto bolivariano o imbricado a él, se ha instalado otro, aquel que gira alrededor del presidente Chávez el cual, eventualmente, pudiera desplazarse hacia lo que Linz (2006:16,17) ha llamado “religión política” la cual es concebida por los gobernantes como un medio de legitimación de un movimiento y de un sistema político, que incorpora el culto a la personalidad. Para Juan Carlos Rey (s/f), “lo más peligroso de la supuesta defi nición de la democracia que Chávez atribuye a Bolívar es que prescinde de todos los requisitos institucionales y formales que caracterizan a esta forma de gobierno y trata de caracterizarla solamente a partir de las consecuencias de las políticas gubernamentales: es democrático el gobierno que produce la mayor felicidad, seguridad y estabilidad para el mayor número. A partir de tal defi nición cualquier forma de despotismo, más o menos demofílico32, podría pretender ser una democracia, con sólo proclamar que sus políticas se dirigen a aumentar el bienestar de las masas”. Validos de esta religión bolivariana y de la que parece estar fl oreciendo a partir de sí mismo, Chávez y sus apoyos consolidan un proyecto de sociedad en donde no parece haber espacio para lo que sea distinto: “Lo vengo repitiendo desde hace varios años. Todo lo que va a ocurrir debajo del sol tiene su hora, y esta es la hora de la revolución. No hay cabida en Venezuela para ningún otro proyecto que no sea la revolución bolivariana. Esta es la hora del pueblo bolivariano, del renacer” (El Nacional, 27-11-2006: A-5). 32 Rey llama demofília al “amor por el pueblo, muchas veces proclamado, que no va acompañado por los procedimientos e instituciones de la democracia”. Araucaria22-CP-.indd 173Araucaria22-CP-.indd 173 07/09/2009 9:39:1107/09/2009 9:39:11
174 Nelly Arenas Este lenguaje excluyente no sólo se aplica a quienes están del otro lado de la acera de la revolución, sino que se extiende hacia quienes, aun apoyándole, se permiten alguna diferencia. Así, en la ocasión del lanzamiento del Partido Socialista Unido de Venezuela dijo, refi riéndose a los sindicatos y a los partidos que se resisten a amalgamarse en un partido único: “Los sindicatos no quieren tener nada que ver con el partido ni con el gobierno; quieren ser autónomos, es una especie de chantaje… los sindicatos nacieron con el mismo veneno de la autonomía…”33. Con respecto a los partidos aliados señaló que “se requiere el brazo industrial y el brazo político, el partido y los sindicatos, pero no cada uno por su lado, no autónomos… los partidos quieren autonomía y toman sus decisiones (…) eso no puede ser así, no vinimos a hacer bochinche sino una revolución… Los partidos andan conformando “gobiernitos regionales al margen de la línea de gobierno”, lo cual es una “traición”34 (en htpp:www. derechos.org.ve/actualidad/coyuntura/2007 29-03-2007). El populismo chavista: representación, síntoma y ¿reverso? El populismo chavista: representación, síntoma y ¿reverso? Esta aproximación al desenvolvimiento del proyecto político chavista obliga a refl exionar sobre el tipo de populismo que encarna el presidente Hugo Chávez y las posibles derivas del mismo hacia formas que puedan distanciarse de la democracia. En atención a esta inquietud, hemos revisado los planteamientos de Benjamín Arditi (2004), quien ha desarrollado interesantes ideas sobre el populismo en sus vínculos con la política democrática. Arditi ha propuesto pensar el populismo como “rasgo recurrente” de la política moderna el cual puede aparecer en espacios democráticos o no democráticos, examinando tres posibilidades en que el mismo es capaz de mani33 A esta postura del presidente, respondió Orlando Chirino, coordinador nacional de la Unión Nacional de Trabajadores, agrupación sindical que nació en las fi las chavistas como alternativa a la antigua CTV señalando que el presidente tiene un “enfoque totalmente falso” del trabajo gremial. “Los sindicatos son organizaciones de los trabajadores, sin importar raza, género, ni partido político. Nuestra principal labor es la defensa de los empleados” por lo cual consideró una equivocación el intento de incluir al movimiento sindical en el partido que propone el presidente ( Tal Cual, 27-03-2007:3). 34 El presidente ha amenazado con desalojar de sus puestos en el gobierno a aquellos partidos que no estén dispuestos a disolverse. Las respuestas de los éstos han sido matizadas con un solo elemento en común: la ratifi cación del apoyo de sus líderes al proceso revolucionario. El partido Podemos rechaza la “imposición de un pensamiento único” (Ismael García, Secretario General de Podemos en El Nacional, 11-03-2007:4). Otro de sus líderes, el gobernador del estado Aragua, ha dicho “toda la vida hemos sido socialistas, pero eso si, socialistas democráticos”, (Didalco Bolivar, El Universal, 17-03-2007:1-2). Patria Para Todos, se ha cuidado de no confrontar al presidente abiertamente, pero no se disolverá en el PSUV, como quiere el mandatario, por lo menos en el corto plazo; y el Partido Comunista, el de más vieja data, justifi ca su deseo de autonomía e independencia argumentando que “si nos unimos… perderíamos la respetabilidad moral del comunismo” (Jerónimo Carrera, presidente del PCV en Panorama, 4-03-2007:2.2). Araucaria22-CP-.indd 174Araucaria22-CP-.indd 174 07/09/2009 9:39:1107/09/2009 9:39:11
175 El populismo de Hugo Chavez: ¿revirtiendo la democracia... festarse. La primera es aquella en que el populismo aparece acompañando las formas mediáticas de la representación contemporánea, tanto en democracias emergentes como en las consolidadas, posibilidad compatible con la institucionalidad democrática liberal. La segunda se expresa en el énfasis que el populismo puede colocar en los modos más turbulentos del intercambio y la participación política manteniéndose al “acecho detrás de los procedimientos democráticos”, perturbando o renovando la política. La tercera opera como un “reverso” de la democracia pues a pesar de que nace en el seno de ésta, actúa a modo de “antígeno” que la conduce por la vía del autoritarismo35 amenazando su propia existencia (Arditi, 2004:66). El chavismo, a nuestro juicio, describe estas tres posibilidades a lo largo de su trayectoria en el poder, como veremos. Sostiene Arditi que la primera modalidad coloca al populismo en la dimensión de los regímenes políticos en tanto que forma de representación inscrita dentro de la política democrática contemporánea. Sin embargo, las relaciones del populismo con ésta son ambiguas en varios sentidos. Uno de ellos es que los populistas se ven a sí mismos “menos como representantes que como portavoces del pueblo, es decir, como quienes portan las voces del pueblo sin modifi carlas… (desconfi ando) de las iniciativas autónomas que ‘empoderan’ a los ciudadanos para actuar por sí mismos (las cursivas son del autor, ibidem:69). En efecto, tal como ha sostenido Paramio (2005:5) “el líder populista no se presenta como un político… sino como alguien del pueblo, como el verdadero representante de sus intereses frente a la oligarquía”. De allí que, argumenta, “todas las organizaciones políticas y sociales que se presenten como un obstáculo a su liderazgo, o no lo acepten, estarán condenadas a ser englobadas dentro de la oligarquía, debiendo ser reemplazadas por otras realmente populares” (idem). Puede entenderse esto si se tiene en cuenta que en los populismos no existe un “campo reconocido para expresar la disensión” (de la Torre, 2006:9) y aquellos que no hacen “parte de los seguidores que aclaman al líder son invisibilizados, silenciados, no son tomados en cuenta y pueden ser reprimidos” (Urbinati en de la Torre, Idem). El chavismo tipifi ca muy bien esta manera de concebir y ejercer la representación. Hugo Chávez actúa no como un representante del pueblo sino como 35 Una defi nición genérica de autoritarismo aparece recogida en Bobbio, Mateucci y Pasquino (1983.125): “En la tipología de los sistemas políticos se suele llamar autoritarios a los regímenes que privilegian el aspecto del mando y menosprecian de un modo más o menos radical el del consenso, concentrando el poder político en un hombre o en un solo órgano y restando valor a las instituciones representativas. De ahí la reducción a la mínima de la oposición y de la autonomía de los subsistemas políticos y la anulación o la sustancial anulación de contenido de los procedimientos y de las instituciones destinadas a trasmitir la autoridad política desde la base hasta lo alto.” A nuestro juicio, y también genéricamente, las tendencias del proyecto chavista delineadas en supra calzan sin difi cultad en esta defi nición. Araucaria22-CP-.indd 175Araucaria22-CP-.indd 175 07/09/2009 9:39:1107/09/2009 9:39:11
176 Nelly Arenas su propia personifi cación, al desplegar un lenguaje de la “pura similaridad” como señalara Rosanvallon. Pero al mismo tiempo, en esa fusión líder-pueblo, este último corre el riesgo de perder su libre albedrío, su capacidad para desarrollar autónomamente sus propias iniciativas en vista de que en el imaginario del liderazgo chavista, la línea que separa el poder del Estado de la sociedad que se pretende encarnar, aparece demasiado delgada. Pero el populismo también puede presentarse como un “síntoma” de la política democrática. En este sentido, se posiciona junto con otros movimientos radicales en los bordes más ásperos de la democracia” (Arditi, ibidem: 72). Como síntoma, el populismo se comporta como “un elemento paradójico que pertenece a la democracia (participación, movilización, expresión informal de la voluntad popular) y a la vez impide que esta se cierre como un orden político normalizado (procedimientos establecidos, relaciones institucionales, rituales reconfortantes).” En esta perspectiva, el populismo actúa, según el autor, como un “momento interno de las democracias liberales” al mismo tiempo que como un elemento que perturba el espacio normalizado en el que se desenvuelve la política” (ibidem: 73). Esto se debe, agrega, a que la política en la democracia representativa concede más importancia a las mediaciones institucionales que al carisma: se vale de contrapesos estatutarios para poner a raya los poderes discrecionales de los líderes políticos y persigue los acuerdos a través de las negociaciones entre las elites. El populismo altera estas maneras al “montar su desafío sobre la cara redentora de la democracia. Como promesa de redención, la movilización populista ejerce presión sobre los presupuestos de la democracia representativa y apela a la movilización popular informal para lograr sus objetivos, incluso si ello violenta sus presupuestos” (ibidem: 74). Chávez y el chavismo se han comportado como “síntoma” de la “perturbación” que experimenta la democracia venezolana desde hace unas décadas. Cuando las representaciones partidistas no fueron ya capaces de canalizar y atender las demandas de los venezolanos, particularmente de sus sectores más empobrecidos, entonces el síntoma se manifestó en la fi gura carismática de Hugo Chávez. Las mediaciones institucionales ya de por sí disminuidas por la pérdida de su legitimidad, terminaron entonces por desvanecerse siendo ocupado su lugar por la del militar outsider, fi gura protagónica del golpe de 1992. La movilización de masas que su liderazgo fue capaz de cristalizar invocando la redención de los desamparados justifi có cualquier disturbio de las formas sobre las cuales se enriela la democracia liberal. De este modo, la “delegación” que recibió el presidente de manos de la población que le votó mayoritariamente justifi có la concentración de poder en el ejecutivo y el desconocimiento del derecho de las minorías en el que se asienta parte importante del sistema democrático liberal36. 36 Una buena muestra de este síntoma lo encontramos en algunas posturas de representantes del chavismo como la diputada Iris Varela, quien desdeña crudamente el principio de respeto por Araucaria22-CP-.indd 176Araucaria22-CP-.indd 176 07/09/2009 9:39:1207/09/2009 9:39:12
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