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Educar la mirada adolescente fente a la pospublicidad, ¿un nuevo desafío para la educación artística?

Sánchez González, Paula

Abstract

Desde sus orígenes, la educación formal ha tenido como objetivo la alfabetización del alumnado; es decir, la preparación de los educandos para comprender su realidad e integrarse plena y críticamente en su entorno. En la sociedad contemporánea, la realidad que rodea al alumnado —especialmente al alumnado adolescente— es en gran medida interpretada y construida por el fenómeno de la postpublicidad. Este fenómeno supone un desafío para la educación artística, que debe educar la mirada de los jóvenes para reconocer e interpretar imágenes publicitarias tan sutiles que a menudo ni siquiera se perciben así. En este artículo se ofrece una aproximación a las características y consecuencias de la postpublicidad, así como algunas recomendaciones para el desarrollo de prácticas educativas destinadas a combatir este nuevo paradigma publicitario.

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[Escriba aquí] Como citar este artículo Sánchez González, P. (2024). Educar la mirada adolescente frente a la postpublicidad, ¿un nuevo desafío para la educación artística?. VAINART,(6),132-149. https://dx.doi.org/10.12795/va-in- art.2024.i06.07 Artículo bajo licencia Creative Commons BY-NC-SA Article under Creative Commons license BY-NC-SA. Paula Sánchez González Universidad de Sevilla (España) https://orcid.org/0009-0005-4921-3546 email: [email protected] EDUCAR LA MIRADA ADOLESCENTE FRENTE A LA POSTPUBLICIDAD, ¿UN NUEVO DESAFÍO PARA LA EDUCACIÓN ARTÍSTICA? EDUCATING THE TEENAGE GAZE TOWARDS POSTADVERTISING: A NEW CHALLENGE FOR ART EDUCATION? DOI: https://dx.doi.org/10.12795/va-in-art.2024.i06.07 e-ISSN:3020-5727 . Núm. 6 -- Año 2024. pp: 132-149 Recibido el : 19-07-2024 Aceptado el : 22-09-2024 133 Paula Sánchez González VAINART. Revista de Valores e Interrelación en las Artes. e-ISSN: 3020-5727 Núm. 6—Año 2024 Resumen: Desde sus orígenes, la educación formal ha tenido como objetivo la alfabetización del alumnado; es decir, la preparación de los educandos para comprender su realidad e integrarse plena y críticamente en su entorno. En la sociedad contemporánea, la realidad que rodea al alumnado —especialmente al alumnado adolescente— es en gran medida interpretada y construida por el fenómeno de la postpublicidad. Este fenómeno supone un desafío para la educación artística, que debe educar la mirada de los jóvenes para reconocer e interpretar imágenes publicitarias tan sutiles que a menudo ni siquiera se perciben así. En este artículo se ofrece una aproximación a las características y consecuencias de la postpublicidad, así como algunas recomendaciones para el desarrollo de prácticas educativas destinadas a combatir este nuevo paradigma publicitario. Palabras Clave: Educación artística, postpublicidad, educomunicación, pedagogía crítica Abstrac: Since its inception, formal education has had the primary goal of literacy for students; that is, preparing learners to understand their reality and integrate fully and critically into their environment. In contemporary society, the reality surrounding students —especially adolescent students— is interpreted and constructed by the phenomenon of post-advertising. This phenomenon presents a significant challenge for art education, which must train young people's perspectives to recognize and interpret advertising images so subtle that they are often not even perceived as such. This article offers an approach to the characteristics and consequences of post-advertising, as well as some recommendations for developing educational practices aimed at this new advertising paradigm. Key words: Art Education, Post-Advertising, Educommunication, Critical Pedagogy 134 Paula Sánchez González VAINART. Revista de Valores e Interrelación en las Artes. e-ISSN: 3020-5727 Núm. 6—Año 2024 INTRODUCCIÓN En su concepción original, el término analfabeta se refería a una persona que no sabía leer ni escribir. Con el tiempo, el analfabetismo comenzó a asociarse también con la ignorancia, ya que se consideraba que la lectura permitía al individuo comprender la realidad que lo rodeaba y que la escritura le brindaba la oportunidad de participar en la construcción de esa realidad. En la sociedad contemporánea, con la irrupción de Internet y las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC), “la lectura de la palabra se ha convertido en la lectura de imágenes, en la lectura de los vídeos… y en la lectura de las relaciones entre nuestras existencias digitales y las corporales” (McLaren et. al., 2018, p. 41). Esto ha dado lugar a nuevas formas de exclusión y analfabetismo, que no se limitan solo al analfabetismo tecnológico de aquellos individuos con dificultades para transitar por el ciberespacio, sino también a una incapacidad generalizada para leer críticamente las imágenes que configuran y representan la realidad. Específicamente en lo que se refiere a la publicidad, estas imágenes suponen hasta 6000 impactos diarios por persona (Neuromedia, 2019, como se cita en Reason Why, 2019), y encuentran en los adolescentes a un público especialmente vulnerable a sus mensajes. El resultado de la sobreexposición a estas influencias publicitarias es una generación de jóvenes que, pese a dominar multitud de tecnologías y dispositivos electrónicos, se está convirtiendo en “consumidores acríticos… que no piensan en las consecuencias de sus actos” (García-Marín y Torrego, 2018, pp. 198-199). Para entender dicha paradoja, es necesario considerar varias cuestiones. En primer lugar, la educación formal ha perseguido hasta el momento un propósito instrumental (Gutiérrez-Martín y Tyner, 2012), limitándose a dotar a los educandos de habilidades técnicas necesarias para sus futuros puestos de trabajo, sin fomentar en la misma medida una actitud crítica y creativa, ni una reflexión sobre las implicaciones sociales, culturales y económicas del uso generalizado de las TIC. Por otra parte, la publicidad ha evolucionado al mismo ritmo frenético que lo ha hecho la tecnología. Autores como Aparici (2010) señalan con preocupación que “la convergencia de tecnologías e integración de lenguajes implica nuevos procedimientos de producción, análisis e interpretación” (p. 312), procedimientos que favorecen la hibridación entre géneros y formatos 135 Paula Sánchez González VAINART. Revista de Valores e Interrelación en las Artes. e-ISSN: 3020-5727 Núm. 6—Año 2024 (Gutiérrez, 2013), pero, sobre todo, la concentración y globalización de la información, lo que a su vez “conlleva una homogeneización de la información y al control de los públicos en los medios analógicos y digitales” (p. 312). Este nuevo paradigma recibe el nombre de postpublicidad (Solana, 2010a). En respuesta a este fenómeno, la educación artística asume la responsabilidad de educar la mirada de los más jóvenes. La distinción entre ver y mirar es fundamental: ver es percibir lo que está delante de los ojos, que no es otra cosa que la pantalla de sus dispositivos electrónicos; y mirar implica dirigir la vista hacia un objetivo específico. Mirar es un acto intencional que requiere un esfuerzo cognitivo, es un ejercicio crítico. POSTPUBLICIDAD: CARACTERÍSTICAS DE UN NUEVO PARADIGMA PUBLICITARIO En un contexto donde las audiencias más jóvenes se alejan de los medios tradicionales, la competición por captar su atención como consumidores se traslada al ámbito de Internet, especialmente a las plataformas de contenidos audiovisuales y redes sociales (Navarro-Robles y Vázquez-Barrio, 2020). Esta transición ha impulsado la formación de nuevos patrones de acceso a la información, el entretenimiento y el consumo, especialmente evidentes entre los adolescentes (Gutiérrez Martín y Tyner, 2012), y que han redefinido su interacción con la publicidad y cómo les influencia. De los medios convencionales a las redes sociales y plataformas de streaming Durante la última década, los medios de comunicación convencionales, como la televisión, la radio y la prensa, han experimentado un notable declive. Este fenómeno contrasta con la creciente popularidad de los nuevos medios digitales, las redes sociales y las plataformas de contenido en streaming. Según un informe de la consultora Barlovento Comunicación (2023), el año pasado marcó un hito con el menor consumo televisivo registrado desde 1992, cuando se comenzaron a medir los comportamientos de la audiencia con cifras concretas. Además, un dato destacado de este mismo informe es que la edad promedio de los espectadores de televisión alcanzó los 57 años, el máximo histórico desde que se iniciaron los registros en 1997. 136 Paula Sánchez González VAINART. Revista de Valores e Interrelación en las Artes. e-ISSN: 3020-5727 Núm. 6—Año 2024 Las edades con mayor descenso en consumo televisivo tradicional son los niños de 4 a 12 años, con una media de una hora y 12 minutos diarios (-5 %), y los jóvenes de 13 a 24 años, con una hora y 2 minutos diarios (-11 %). Sin embargo, lo más significativo es que el 75% de los menores de 35 años afirman utilizar su teléfono móvil mientras ven la televisión. Esto indica que el contenido consumido a través del móvil se convierte en el protagonista incluso durante el tiempo dedicado a ver televisión (Barlovento Comunicación, 2023). Al contrastar estos datos con los proporcionados por la encuesta "Los adolescentes e Internet: uso, actividades y riesgos" (Organización de Consumidores y Usuarios [OCU], 2023), se observa que los adolescentes pasan conectados a Internet una media de 170 minutos al día entre semana (equivalente a 2 horas y 50 minutos), y hasta 231 minutos durante el fin de semana. Durante este tiempo, gran parte de su actividad se concentra en el uso de redes sociales y plataformas de contenido como Twitch, Discord, TikTok, YouTube e Instagram. ¿Cómo ha reaccionado la publicidad a este cambio de paradigma? Aumentando su presencia en todas estas nuevas plataformas digitales. En 2022, los anunciantes incrementaron su inversión en sectores como el del vídeo online, con un aumento del gasto publicitario del 16%, y en las redes sociales, con un aumento del 19% (Nielsen, 2023). Esto no implica trasladar las campañas publicitarias tradicionales a los medios digitales donde ahora se encuentra el público objetivo. Cada vez más, se trata de invertir en "la creación de espacios de encuentro, el cultivo de la relación y la elaboración de productos publicitarios con capacidad de atracción" (Solana, 2010a, p. 16), como podrían ser las comunidades en redes sociales, por ejemplo. Como mencionamos en apartados anteriores, esto plantea importantes desafíos para familias y educadores. A diferencia de los spots televisivos, que solían ser vistos en el salón y de forma colectiva, la publicidad en el contexto de las plataformas digitales es individualizada. En este escenario, los adultos pierden el control sobre qué tipo de contenido impacta en los adolescentes. De hecho, la mayoría de los anuncios están altamente segmentados según los gustos y preferencias de cada individuo, lo que dificulta mucho la posibilidad de comentar en clase o en casa una campaña publicitaria controvertida. 137 Paula Sánchez González VAINART. Revista de Valores e Interrelación en las Artes. e-ISSN: 3020-5727 Núm. 6—Año 2024 De la publicidad tradicional a la publicidad basada en el contenido Al considerar la evolución de la publicidad en respuesta a los cambios en los patrones de consumo de los adolescentes, se identifican dos aspectos fundamentales. En primer lugar, Internet proporciona herramientas avanzadas para segmentar las campañas publicitarias con gran precisión. Esto implica la disponibilidad de muchos datos sobre el comportamiento y las preferencias del usuario en línea, lo que facilita personalizar las campañas para llegar directa y específicamente a cada individuo (Pérez, 2020). Por otro lado, los formatos publicitarios tradicionales han perdido relevancia en el ciberespacio debido a la proliferación de herramientas que permiten bloquear o reducir los impactos publicitarios. En este contexto, las marcas se ven obligadas a recurrir a estrategias más sutiles y menos intrusivas. Según Rodríguez-Rabadán (2021), esto se refleja en la adopción de formatos como el vídeo, los nuevos formatos audiovisuales en Internet, la producción de contenidos distribuidos en múltiples plataformas simultáneamente, y la integración de mensajes publicitarios en los contenidos audiovisuales que consumen los espectadores mediante estrategias como el branded content y el branded entertainment. Es pertinente centrarse en las dos últimas estrategias mencionadas, ya que son quizás las más desconocidas para familias y educadores. El branded content implica la creación de contenidos informativos, educativos o de entretenimiento, siendo este último también denominado branded entertainment o contenido de entretenimiento de marca (Asmussen et al., 2016). Para explicar este fenómeno, Solana (2010a) introduce la metáfora de la estrategia de la frambuesa. El autor detalla que la publicidad basada en el contenido se presenta como un apetitoso fruto para el consumidor, orientando sus esfuerzos a resultar lo más atractiva y ‘comestible’ posible. Caro (2010) se muestra muy crítico al respecto, argumentando que este enfoque disfraza los mensajes publicitarios bajo la apariencia de un contenido entretenido: [La publicidad basada en el contenido] no es en el fondo sino un procedimiento más para disimular la publicidad de toda la vida, a la vez que le proporciona una coartada. De modo que, más que una alternativa a la publicidad push o invasiva, viene a ser un parche…pero sin variar en el fondo sus planteamientos (p. 249). 138 Paula Sánchez González VAINART. Revista de Valores e Interrelación en las Artes. e-ISSN: 3020-5727 Núm. 6—Año 2024 En la práctica, implica que los adolescentes ya no son impactados por anuncios tradicionales de televisión o gráficas publicitarias, sino que se exponen a series completas, documentales u otros productos audiovisuales similares producidos por marcas. A través del branded content, la publicidad ha superado uno de los grandes desafíos de la educación formal: acceder al mundo de los jóvenes y comunicarse en su mismo idioma. De prosumers a influencers… a iconos de la cultura popular Las estrategias como el branded content 1 han encontrado en los influencers y prescriptores digitales grandes aliados. El poder de influencia de estos referentes ha crecido en los últimos años, provocando nuevos modelos de negocio, colaboraciones con marcas e incluso incursiones en producciones audiovisuales más allá de las redes sociales, como documentales biográficos. Sin lugar a duda, los influencers han contribuido significativamente a modelar el comportamiento de toda una generación de adolescentes (Taramona, 2018). Los influencers tienen la capacidad de generar opiniones, tendencias y corrientes de influencia a través de su contenido y un profundo conocimiento del funcionamiento del ciberespacio, sus códigos y sus lenguajes (Merodio, 2023). En gran medida, esto se debe a que la mayoría de los influencers son nativos digitales que han evolucionado desde su papel como consumidores o seguidores de marcas hasta convertirse en productores de contenido. En otras palabras, la semilla de este nuevo fenómeno cultural radica en el concepto anglosajón de prosumer (Taramona, 2018). Los prosumers 2 o prosumidores crean su propio estilo de vida determinado en gran medida por la tecnología; tratan de crear patrones de comportamiento; toman decisiones basadas en una información bien fundamentada; aceptan y adoptan con relativa facilidad el cambio y la innovación; viven el presente; la conectividad y la interactividad no tienen tiempo ni espacio limitado; se valoran entre ellos; asumen parte del diseño de sus contenidos; su identidad está presente en su obra; se preocupan por la salud; valoran lo que funciona; ejercen 1 El branded content es una estrategia de creación de contenidos que se enfoca en transmitir valores y emociones mediante un storytelling capaz de generar una conexión genuina entre el cliente y la marca. 2 Un prosumer es el consumidor que participa en el proceso de diseño de los servicio o productos que desarrolla una organización. Es decir, que es una combinación entre el productor y el consumidor. 139 Paula Sánchez González VAINART. Revista de Valores e Interrelación en las Artes. e-ISSN: 3020-5727 Núm. 6—Año 2024 de árbitros de las marcas y, lo que es más importante, están dispuestos a aprender y a compartir lo que saben (Herrero-Diz et al., 2016). Sin embargo, a medida que estos prosumidores ganan fama y reconocimiento, muchos dejan de actuar como árbitros imparciales de las marcas y recomiendan productos y servicios de los que no son expertos, replicando lo que hacían las celebridades en los anuncios televisivos (Castelló Martínez y Del Pino Romero, 2019). En este momento, el influencer deja de ser un prosumer empoderado para convertirse en un "canal de transmisión de los mensajes y valores que las grandes corporaciones pretenden vehicular a sus públicos" (García-Marín y Torrego, 2018, p. 198). Pero, si esta dinámica ya estaba presente en la publicidad tradicional, ¿cuál es el problema? El desafío con los influencers radica en que, al igual que con el branded content, tienen la capacidad de transformar las imágenes publicitarias en contenido audiovisual de entretenimiento, lo que frecuentemente hace que la intencionalidad comercial no sea transparente para el público, especialmente para los adolescentes que los siguen y admiran (Taramona, 2018). Solana (2010a) respalda esta idea al señalar que, si bien muchos expertos enfatizan el valor que estas personalidades aportan en términos de credibilidad, mayor es aún su capacidad para conseguir que los contenidos publicitarios sean atractivos, entretenidos y 'comestibles'. No en vano, estos referentes digitales constituyen auténticos iconos de la cultura popular y sus contenidos, objetos culturales en la misma medida que lo puede ser una serie o un videoclip. A este respecto, García-Marín y Torrego (2018) se preguntan: Debemos tener en cuenta qué aspectos de la identidad de esos públicos aparecen reflejados en tales objetos culturales, por qué su consumo es importante para sus vidas y, sobre todo, qué objetivos buscan con la construcción de contenidos propios a partir de los relatos que estos universos culturales ofrecen (p. 192). Otra cuestión a tener en cuenta es que el fenómeno de los influencers o creadores de contenido es aprovechado en muchas ocasiones por marcas que buscan conectar con la audiencia más joven y encuentran en las redes sociales y plataformas como Twitch una regulación más permisiva, sin la cual no podrían desarrollar su actividad. Un ejemplo de ello serían las casas de apuestas y los juegos de azar (Gutiérrez-Manjón y Castillejo-De-Hoces, 2023). 140 Paula Sánchez González VAINART. Revista de Valores e Interrelación en las Artes. e-ISSN: 3020-5727 Núm. 6—Año 2024 En este caso, la naturaleza misma de la relación que establece el creador de contenido con su audiencia, en un contexto de entretenimiento y diversión, donde solo se muestra lo positivo, conduce a la invisibilización de los riesgos asociados a este tipo de prácticas (McMullan et al., 2012). Lo mismo sucede con trastornos alimenticios como la anorexia y la bulimia, y con la vigorexia y otros problemas frente a los que los adolescentes son más vulnerables. De consumidores a cocreadores de las nuevas imágenes publicitarias Como se viene señalando, las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) han revolucionado la forma en que las personas consumen contenido audiovisual. Esta evolución no solo se debe a la llegada de nuevos productos, sino que también está fuertemente influenciada por la aparición de nuevas formas de interactuar con ellos (Francisco y Rodríguez, 2020). Barbosa Filho y Castro (2008) sostienen que, con el desarrollo de las TIC y los cambios que estas han generado, el esquema tradicional del proceso de comunicación ha incorporado un nuevo elemento: el retorno interactivo y su contribución a la construcción de los mensajes. En medios tradicionales, el espectador desempeñaba un papel mayormente pasivo, como al observar una gráfica publicitaria en una revista o visualizar un spot de televisión. En el mundo digital, sin embargo, los adolescentes pueden indicar en tiempo real si un contenido les interesa o no, e incluso interactuar con su creador (Taramona, 2018). Así, los adolescentes desempeñan un papel dual como espectadores y creadores del contenido que consumen, estableciendo una relación bilateral y dialogante con los contenidos audiovisuales que forman parte de su experiencia mediática (Castro, 2008). Esta dinámica no se limita solo al ámbito audiovisual y se extiende a la publicidad. Según Freitas y Castro (2010), los anunciantes y las agencias ya no son los únicos responsables de dirigir las narrativas audiovisuales, ya que los usuarios han conseguido cierta influencia en los nuevos medios digitales. Los adolescentes, quienes han crecido inmersos en estos nuevos modelos de relación, aceptan y participan en este proceso de cocreación del espacio virtual en una medida mucho mayor que sus predecesores (Llopis-Amorós et al., 2019). 147 Paula Sánchez González VAINART. Revista de Valores e Interrelación en las Artes. e-ISSN: 3020-5727 Núm. 6—Año 2024 REFERENCIAS Aparici, R. (2010). Introducción a la Educomunicación más allá del 2.0. En R. Aparici (Coord.), Educomunicación: más allá del 2.0 (pp. 9-26). Gedisa. Aparici, R. y García-Marín, D. (2018). La otra educación. Transformación y cambio para la sociedad informacional. En R. Aparici, C. Escaño, y D. García- Marín (Coords.), La otra educación. Pedagogías críticas para el siglo XXI (pp. 17-34.). UNED. 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