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“Quiero ser mi propio jefe”: la crítica de la autonomía en Sorry We Missed You de Ken Loach

Gracia Gómez, Alfonso A.

Abstract

El cine de Ken Loach es célebre por una propuesta incisiva que busca extraer en sus historias las contradicciones del sistema económico y social. En este sentido, la reciente Sorry We Missed You contribuye a una reflexión novedosa que nos acerca a la crítica del totalitarismo neoliberal que expusieron los autores de la ya célebre Dialéctica de la Ilustración. En concreto nos remitiremos a una tesis ilustrada por antonomasia, que es la que propone la exigencia de autonomía del individuo como mandato ético presuntamente emancipador. Pese a que este mandato ético es imposible de obedecer, los individuos se ven obligados a observarlo con respeto y admiración por exigencias ideológicas que solo contribuyen a cavar más y más hondo en la zanja de su propia perdición.

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“Quiero ser mi propio jefe”: la crítica de la autonomía en Sorry We Missed You de Ken Loach "I Want to Be My Own Boss": The Critique of Autonomy in Sorry We Missed You by Ken Loach Dr. Alfonso A. Gracia Gómez Universidad de Valencia | Av. Blasco Ibáñez, 13, 46010, Valencia| España | https://orcid.org/0000-0002-1045-6891 | [email protected] ec as ecepci n: 13/08/2021 | Aceptación: 28/11/2021 Resumen El cine de Ken Loach es célebre por una propuesta incisiva que busca extraer en sus historias las contradicciones del sistema económico y social. En este sentido, la reciente Sorry We Missed You contribuye a una reflexión novedosa que nos acerca a la crítica del totalitarismo neoliberal que expusieron los autores de la ya célebre Dialéctica de la Ilustración. En concreto nos remitiremos a una tesis ilustrada por antonomasia, que es la que propone la exigencia de autonomía del individuo como mandato ético presuntamente emancipador. Pese a que este mandato ético es imposible de obedecer, los individuos se ven obligados a observarlo con respeto y admiración por exigencias ideológicas que solo contribuyen a cavar más y más hondo en la zanja de su propia perdición. Abstract Ken Loach's cinema is famous for its incisive proposal that seeks to extract the contradictions of the economic and social system in its stories. In this sense, the recent Sorry We Missed You contributes to a novel reflection that brings us closer to the critique of neoliberal totalitarianism presented by the authors of the now famous Dialectic of the Enlightenment. Specifically, we will refer to an illustrated thesis par excellence, which is the one that proposes the demand for individual autonomy as an ethical mandate that is presumably emancipatory. Although this ethical mandate is impossible to obey, individuals are forced to observe it with respect and admiration for ideological demands that only contribute to digging deeper and deeper the trench of their own doom. Palabras clave: Ken Loach, falso autónomo, teoría crítica, autonomía, falta. Keywords: Ken Loach, false autonomous, critical theory, autonomy, lack. 1. INT ODUCCIÓN: EL “ ALSO AUTÓNOMO” EN LA DIANA CRÍTICA DE KEN LOACH El cine de Ken Loach no es conocido por ser precisamente neutro. Al contrario, la mirada característicamente realista de sus filmes no solo presume de una capacidad muy detallada de análisis, sino sobre todo del gusto por implicarse con sus narraciones en algunas de las Ámbitos. Revista Internacional de Comunicación | N0. 55 (2022) | 114 - 130 http://dx.doi.org/10.12795/Ambitos.2022.i55.07 ISSN: 1139-1979 | E-ISSN: 1988-5733 114 problemáticas sociales que más impacto tienen en cada momento. Porque, a decir de este autor, “la política es esencial cuando haces películas, escribes o estás involucrado en contar historias sobre la vida de la gente”1, ya que lo que determina el curso que toman esas vidas no es otra cosa que las circunstancias materiales en las que se desarrollan. Este aspecto se acentúa en su más reciente película, Sorry we missed you (2019). En ella, Loach juega con una serie de mecanismos narrativos que ponen sobre la mesa algunos enfoques novedosos en el conjunto de su obra; en particular, una reflexión muy lúcida sobre las implicaciones subjetivas del actual sistema económico y social; reflexión esta que sin duda trasciende el enfoque marxista, del que el autor se hace deudor, y nos aproxima a los análisis sobre el papel ideológico de la industria cultural, según lo analizan los representantes de la teoría crítica de la Escuela de Frankfurt, como tendremos ocasión de analizar en este trabajo. Esta tesis, lejos de tratarse de una “mera” propuesta metodológica, revierte en una consideración trágica de la encrucijada en la que, a su decir, se ve abocado todo individuo en tanto que sometido por las exigencias desastrosas de la maquinaria liberal, que acaba por revelarse como el auténtico “sujeto” de sus tramas. Como es habitual en los guiones de Paul Laverty, su colaborador habitual, no hay “injusticias” propiamente dichas. Todo produce los efectos que se deben producir para conducir de forma inexorable a la progresiva decadencia trágica de un individuo que, como el Ícaro de la mitología, parece condenado a morir ahogado como consecuencia de su propio afán de libertad. Así lo expresaba Loach, en este caso acerca de otra de sus últimas películas, It’s a free world (2007): Hace unos años se hablaba de que los empleadores se servían de los trabajadores inmigrantes porque eran más baratos, y entonces sus “amigos” de la prensa los defenestraban porque se trataba de extranjeros. Eso sigue sucediendo. Cuando [Paul Laverty y el propio Loach] pensamos “Hagamos una historia sobre esto”, lo más interesante ocurrió cuando Paul dijo: “No lo hagamos desde el punto de vista de alguien al que están explotando, hagámoslo desde el punto de vista de quien está en una situación en la que tiene que explotar a otros para sobrevivir” […]. Esa es la lógica del sistema al que nos enfrentamos. No se trata de que la gente mala hace maldades. Se trata de que la gente se ve obligada a hacer maldades porque eso es lo que exige el sistema económico. El documental también puede hacer eso. Puede sacar a la luz estas contradicciones, pero es posible que no cree una forma que sea tan satisfactoria. La gente disfruta de las historias, ¿no? Disfrutan conociendo personajes. Y creo que hay una riqueza en ello que es más accesible para la ficción que para el documental puro. (Testimonio recogido en Roy, 2016)2 1 Traducción propia del original en inglés: “Politics is essential if you make films about, or you write about, or you’re involved in telling stories about people’s lives. What determines those lives? It’s the material circumstances they grow up in” (en Roy, 2016). 2 Traducción propia del original inglés: “Some years ago the whole business of employers using migrant workers because they were cheap while their friends in the press were abusing them because they were foreign. That’s still going on. When we thought: “Let’s make a story about this” the interesting point was when Paul said: “Let’s not do it from the point of view of someone who is being exploited, let’s do it from the point of view who is in a situation where they have to exploit in order to survive.” […] That’s the logic of the system we’re up against. It’s not bad people doing bad things. It’s people being forced to do bad things ‘cause that’s what the economic system demands. Documentary can do that as well. It can bring this contradictions out, but you might not make a form which is so satisfying. People enjoy stories, Ámbitos. Revista Internacional de Comunicación | N0. 55 (2022) | 114 - 130 http://dx.doi.org/10.12795/Ambitos.2022.i55.07 ISSN: 1139-1979 | E-ISSN: 1988-5733 115 “Quiero ser mi propio jefe”: la crítica de la autonomía en Sorry We Missed You de Ken Loach Dr. Alfonso A. Gracia Gómez Por una parte, el realismo social de Loach no se queda conforme con la consideración clásica realista de que los actos de los individuos están condicionados (o incluso, más bien, determinados) por el entorno económico y social del que proceden. Esa solo puede ser una parte de la verdad, que por lo demás corre siempre el riesgo de establecer polaridades a su parecer tendenciosas, en las que los que menos tienen siempre acaban siendo los más perjudicados. Por otra parte, el uso “implícito” que Loach hace de la trama como soporte de un argumento, que no tiene por qué aparecer rigurosamente expresado ni por los diálogos de los personajes ni por cualquier otro recurso narrativo, se aviene muy bien a lo que Manuel Asensi (2011) ha llamado “silogismo”, esto es, la herramienta que este autor propone en ayuda del crítico de la literatura, que permite develar el razonamiento oculto que subyace a un texto eminentemente de ficción. Estos textos, como sabemos, habitualmente son la ocasión para que autor y lector se reúnan en torno a una serie de tesis sobre qué es el mundo y cómo funciona el orden que ambos comparten, en la medida en que ese “estado de cosas” encontraría su mejor expresión en la obra que les sirve de salvoconducto, dada la presunta neutralidad que se le supone a todo texto ficticio (más aún en nuestra característica sociedad del entretenimiento). En este sentido, el “silogismo” asensiano descubre eminentes similitudes con la concepción marxiana de la ideología, y se muestra particularmente próximo a los análisis sobre la industria cultural que desarrollaron los teóricos de la Escuela de Frankfurt, y que tendremos ocasión de explicar en el siguiente apartado. Pero hay que notar que, si Manuel Asensi habla, a este respecto, de “silogismo”, y no de “tesis”, es por una razón: porque la obra de arte no se limita a configurar la justificación de un determinado posicionamiento, sino que para ello debe primero dar forma a todo un mundo que es el que da cierta condición de “naturalidad” a un pensamiento determinado. Esa configuración (modelo de mundo, en los términos del autor) tiene la función de “atrapar” al lector para hacerlo partícipe, sin él advertirlo, de los esquemas simbólicos que dan soporte a un posicionamiento subjetivo que excede los límites de la obra de arte, pues emite un juicio acerca de la realidad. Todo lo cual redunda en la apología de la crítica como manera adecuada (o “saboteadora”) de realizar la lectura, en oposición del adormecimiento narcótico que opera en el consumo de la obra de arte característico de las producciones culturales de masas. […] se comprenderá que nos encontramos ante el mecanismo que lleva a cabo la transición desde el modelo de mundo representado en el texto a la situación concreta física y psicológica de los receptores. Es precisamente la estructura silogística la que establece el nexo de unión entre la función estética y la función ético-política de la obra de arte. (Asensi, 2011, p. 58) En este sentido, varios son los temas que pone sobre la mesa la magnífica cinta que nos disponemos a analizar: la precarización del trabajo, la inseguridad de las familias, las dificultades de la relación entre padres e hijos o la deshumanización de los servicios sociales. Pero estos son temas que ya pueden encontrar algún que otro lugar en otras obras de la filmografía del autor. En cambio, el eje de esta película gira en torno a un tema particularmente novedoso tanto en sus obras como en la sociedad que con tanto empeño don’t they? They enjoy getting to know characters. And I think there’s a richness to fiction that is more easily available than straight documentary” (en Roy, 2016). Ámbitos. Revista Internacional de Comunicación | N0. 55 (2022) | 114 - 130 http://dx.doi.org/10.12795/Ambitos.2022.i55.07 ISSN: 1139-1979 | E-ISSN: 1988-5733 116 “Quiero ser mi propio jefe”: la crítica de la autonomía en Sorry We Missed You de Ken Loach Dr. Alfonso A. Gracia Gómez trata de reflejar: se trata de la figura que en la mayoría de los países de habla hispana conocemos como “falso autónomo”. La página web Infoautónomos (2020) define este concepto como “una figura ilegal que desvirtúa completamente la esencia del trabajo por cuenta propia haciéndose hueco entre empresas de la llamada economía colaborativa favorecidas por el ahorro de costes sociales que la situación fraudulenta conlleva para el empresario”; es decir, que este beneficio, del que se retribuye el empresario, no redunda en una mejora para la situación del empleado, puesto que “el falso autónomo desempeña las labores correspondientes a un trabajador por cuenta ajena pero con las obligaciones de un trabajador autónomo”. Con toda la sobriedad de la que acostumbra a hacer gala, sin necesidad de recurrir a erudiciones ni a razonamientos complejos, el guion de Laverty ha sido capaz de dilucidar la perversión profunda que descansa detrás de un término como el de “falso autónomo”, que sin embargo toca lo capital de lo que nos constituye en nuestra tradición de ciudadanos de democracias liberales postilustradas. Así ocurre especialmente si lo afrontamos desde el punto de vista de la filosofía, donde nos remite al núcleo mismo de los beneficios que había prometido a la humanidad el desarrollo de la racionalidad característica del pensamiento ilustrado. En particular, el término “autónomo” resulta imprescindible para la ética desde Kant, quien lo definió en base a la capacidad básica que tienen los seres racionales para darse a sí mismos la norma que deben seguir3. Un ser humano autónomo es, así, propiamente un ser adulto, responsable de sí mismo y de las consecuencias de sus actos. ¿Lo opuesto a un autónomo? Un niño, un borrego, un ser sin rostro ni nombre entre la masa anónima, dirigida y manipulada en base a los intereses más espurios; un delincuente. Desde Kant, todo el mundo quiere ser “autónomo”. Ese es posiblemente el vínculo más estrecho que se puede establecer entre el pensamiento ilustrado y el liberalismo predominante en las sociedades occidentales contemporáneas, que ha convertido al “papá Estado” en la cabeza de turco que explica todos los males atribuibles a aquellas políticas de corte social que, a decir de estos críticos, convierten a su usufructuario en un sujeto inútil, desvalido, desprotegido; un sujeto que no es capaz de hacerse cargo de su propia existencia (de ser autónomo) porque la confía a las manos heterónomas de la administración pública, buenista y sobreprotectora. Este es el discurso contra el que se rebela el guion de Paul Laverty. No es casualidad que uno de los dos personajes principales de la trama, Abbie (esposa y madre, magníficamente interpretada por Debbie Honeywood), se dedique profesionalmente a la atención a personas desvalidas: será la manera como se nos va a mostrar que, en esta sociedad ilustrada, racional y supuestamente justa o meritocrática que presume promover el ideólogo liberal, el desvalido está absolutamente desvalido y el autónomo solo lo es como “falso”. 2. WE MISSED YOU… LA OCASIÓN QUE ESTABAS ESPERANDO Esta dialéctica, con menos carga epistemológica y una evidente pasión por la crítica social, es lo que ha sido representado con maestría por el tándem Loach-Laverty, no solo en esta Sorry We Missed You (2019), sino ya en toda la filmografía del cineasta inglés desde hace un cuarto 3 Entendemos aquí por “autonomía”, pues, la “capacidad de autodeterminación racional” que es para el autor de Königsberg dignataria de la “idea de humanidad” (Kant, 1996: 189; cf. Gutmann, 2019). Ámbitos. Revista Internacional de Comunicación | N0. 55 (2022) | 114 - 130 http://dx.doi.org/10.12795/Ambitos.2022.i55.07 ISSN: 1139-1979 | E-ISSN: 1988-5733 117 “Quiero ser mi propio jefe”: la crítica de la autonomía en Sorry We Missed You de Ken Loach Dr. Alfonso A. Gracia Gómez de siglo, en la que se cuenta una quincena de colaboraciones, con éxito desigual, pero siempre con un elemento en común: el interés por mostrar con el mayor grado de detalle, casi de forma analítica, las complejidades insolubles que el sistema pone en manos del individuo, y que irremisiblemente le conducen a su propia autodestrucción. Para ello, el comienzo de la obra (2:58) nos sitúa ante las precariedades características de una pequeña familia de Newcastle, compuesta por el matrimonio que forman Ricky y Abby y sus dos hijos. La primera escena nos presenta a Ricky –aunque solo tras largos segundos de un fundido en negro de intencionalidad evidente–, que pronto se convertirá en nuestro maltrecho héroe, durante una entrevista de trabajo realmente paradójica, ya que los protagonistas pretenden fingir que se trata más bien de una suerte de reunión de negocios entre iguales. Figura 1. Fotograma de la película correspondiente a la entrevista de trabajo de Ricky Por una especie de pacto social, que pareciera reeditar el momento de fundación (mítico, como todos los momentos de fundación) del Leviatán hobbesiano, Ricky relata ante nosotros que lleva toda su vida pasando de un empleo a otro y que “ha decidido”, por fin, cambiar de rumbo y ser su propio jefe. Se trata de un discurso que nos es de sobra conocido por su predominancia en todo tipo de medios de comunicación: desde los mass media más convencionales hasta las redes sociales, pasando incluso por el modo como las propias leyes educativas, entre ellas la española, promueven el “sentido del espíritu emprendedor” en todas sus asignaturas y todos los niveles4. 4 Para el caso de España, cf. lo que dice la LOMCE respecto a lo que considera una “competencia clave”: “Entre los conocimientos que requiere esta competencia se incluye la capacidad de reconocer las oportunidades existentes para las actividades personales, profesionales y comerciales. También incluye aspectos de mayor amplitud que proporcionan el contexto en el que las personas viven y trabajan, tales como la comprensión de las líneas generales que rigen el funcionamiento de las sociedades […]; así como la postura ética de las organizaciones y el conocimiento de cómo estas pueden ser un impulso positivo. // Asimismo, esta competencia requiere de las siguientes destrezas o habilidades esenciales: capacidad de análisis; capacidades de planificación, organización, gestión y toma de decisiones; capacidad de adaptación al cambio y resolución de problemas; comunicación, presentación, representación y negociación efectivas [...], así como evaluar y asumir riesgos cuando esté justificado Ámbitos. Revista Internacional de Comunicación | N0. 55 (2022) | 114 - 130 http://dx.doi.org/10.12795/Ambitos.2022.i55.07 ISSN: 1139-1979 | E-ISSN: 1988-5733 118 “Quiero ser mi propio jefe”: la crítica de la autonomía en Sorry We Missed You de Ken Loach Dr. Alfonso A. Gracia Gómez Lo que se está produciendo entonces es un juego estructural, en el que el espectador debe entenderse como el destinatario simbólico de ese mensaje que porta Ricky y que funciona de modo alegórico durante toda la película. Este aspecto es fundamental para comprender el enfoque crítico de esta historia. El inicio de la conversación, que se produce todavía en el aludido fundido en negro, es como sigue: RICKY: He hecho de todo. Lo que se te ocurra, lo he hecho; sobre todo en la construcción: cimientos, canalizaciones, excavaciones, señalizaciones, hormigonado, techado, revestimiento de suelos, pavimentación, solados de piedra, fontanería, carpintería… Hasta he cavado tumbas. ¡De todo! MALONEY: ¿Y por qué lo dejaste? RICKY: Porque siempre tenía a alguien encima. Y después de pasar tanto tiempo, tantos inviernos helándote las pelotas, acabas hartándote. MALONEY: ¿Has hecho trabajos de jardinería? RICKY: Sí, me encanta: siempre fuera, clientes diferentes cada día, diferentes casas, diferentes encargos… Soy muy currante. Por desgracia, los chavales con los que curraba no lo eran; eran unos vagos, los cabrones. Así que… sí, prefiero trabajar por mi cuenta y ser mi propio jefe. El comienzo de la película nos sitúa de este modo ante las principales características del fenómeno conocido como “uberización” (en referencia a la empresa de transportes Uber)5, que consiste en una forma de precarización en la que el aspirante consigue un puesto laboral a cambio de renunciar a todas las “seguridades” (económicas y sociales) que se supone implícitas a la supeditación a un contrato laboral –lo que se entiende como trabajar “por cuenta ajena”–. Se trata de un modelo económico en debate en Europa y que se suspende sobre un supuesto ciertamente perverso: la idea de que el trabajador no trabaja para la empresa, sino para sí mismo. Esta es una tesis ideológica. Ricky se ve impelido a aprovechar cualquier ocasión para dejar claro que su posicionamiento ideológico es el mismo que el del que le está entrevistando, en una entrevista de trabajo paradójica porque, como sabemos, no va a establecer una verdadera relación laboral. Del resultado de esta entrevista solo va a obtener Ricky algo así como una licencia, y la posibilidad consecuente de que se le hagan encargos, cuyos costes deberán ser enteramente asumidos por parte del propio trabajador. El trabajador, en efecto, debe ser empleado y, al mismo tiempo, capitalista. Pero, como veremos, eso no va a convertir a Ricky, precisamente, en jefe. (manejo de la incertidumbre y asunción y gestión del riesgo)” (Fuente: Ministerio de Educación y Formación Profesional. Gobierno de España 2020). 5 Este término tuvo mucha popularidad para referirse a la problemática de los falsos autónomos, sobre todo a raíz de las protestas que protagonizaron los gremios de taxistas en España y otras partes del mundo desde 2014 (cf. Wikipedia, 2020, “Conflicto entre Uber y los taxistas”). Estrictamente hablando, hace referencia al uso de aplicaciones web para interconectar a los usuarios de servicios con agentes particulares que puedan realizar la actividad pese a no estar sujetos a ningún tipo de obligación laboral. Por ello varios autores sostienen que la uberización no es otra cosa que una “precarización” de las condiciones laborales que se ha aplicado a distintos sectores económicos con ayuda de los últimos avances tecnológicos (Bardey 2015). Para Fundéu fue candidata a “palabra del año” en 2017. Ámbitos. Revista Internacional de Comunicación | N0. 55 (2022) | 114 - 130 http://dx.doi.org/10.12795/Ambitos.2022.i55.07 ISSN: 1139-1979 | E-ISSN: 1988-5733 119 “Quiero ser mi propio jefe”: la crítica de la autonomía en Sorry We Missed You de Ken Loach Dr. Alfonso A. Gracia Gómez De esta forma, el espectador encuentra el truco en esta oferta, dado que él mismo tiene que invertir la mitad de sus ahorros en comprar la furgoneta con la que entregará los pedidos. Esto provoca que se produzca una sucesión de falta de sensibilidad y abusos por parte de la empresa. Por lo cual el film responde, de esta manera, a una realidad muy latente. Provoca empatía con el público al mostrar las ganas de trabajar y las condiciones deplorables que se ofrecen muchas veces. El protagonista se aferra a la primera frase esperanzadora de convertirse en su propio jefe, omitiendo lo que no encaja, como la inversión que debe realizar. (Bueno, 2019, s. p.) Curiosa interpretación la de Almudena Bueno que, al describir como “esperanzador” este anhelo de ser su propio jefe, parece reproducir la misma lógica tendenciosa que parece obligar a Ricky a pronunciar la que a la postre será su propia sentencia. Por ello cabe, quizá, discrepar de esta interpretación, pues ¿hasta qué punto parece Ricky convencido de lo que dice? Los hechos contradicen el discurso entre ambos, y a nadie se le escapa que Ricky se limita a darle la razón a su entrevistador. Ricky busca un trabajo y busca, con ese trabajo, seguridad; entonces ¿por qué motivo iba Ricky a afirmar que “la oportunidad que siempre había estado buscando” era la de ser su propio jefe? La respuesta, que también provoca la empatía del público, parece más simple: a Ricky no le queda otra. De este modo, el análisis de Loach y Laverty se parece mucho a lo que expresaron en su día Adorno y Horkheimer: Sospechosa no es, claro está, la descripción de la realidad como un infierno, sino la rutinaria exhortación a salir de ella. Si el discurso debe hoy dirigirse a alguien, no es ni a las llamadas masas ni al individuo, que es impotente, sino a un testigo imaginario, a quien se lo dejamos para que no perezca enteramente con nosotros. (Adorno y Horkheimer, 2007, p. 276) “Sospechoso” es que, en esta escena, el sistema entero se presente como salvador de la situación precaria en que se ve ahogado Ricky aun antes de decidirse, no a entrar en él, sino de hundirse por completo. Con ello, la confirmación del argumentario neoliberal por parte de Ricky durante la entrevista, en la que alega querer ser él mismo su propio jefe, se parece mucho a esa falsa diferenciación que denuncian Adorno y Horkheimer respecto a los productos de la industria cultural: “Lo que los entendidos consideran como ventajas o desventajas sólo sirve para perpetuar la apariencia de competencia y de posibilidad de elegir” (p. 137). En el mismo sentido, Ricky finge que sea elección suya la posibilidad de ser “su propio jefe”. Es algo que no debe extrañarnos, puesto que “La industria cultural –como su antítesis, el arte de vanguardia– fija positivamente con sus prohibiciones su propio lenguaje, con su sintaxis y su vocabulario” (p. 141). Por ello, en una consonancia paradójica con los supuestos clásicos de Orwell (2008; cf. Mayor, 1984: 29), Adorno y Horkheimer señalan la creación de una “neolengua” como uno de los rasgos distintivos del totalitarismo inherente a la sociedad de mercado capitalista. Es la forma de control más absoluta: “Lo que se dice y la forma de decirlo deben poder ser controlados desde el lenguaje ordinario, como en el positivismo lógico” (2007, p.142). De este modo pone Loach sobre la mesa, ya desde el primer momento, que esa figura contractual que en España, muy elocuentemente, se conoce como “falso autónomo”, describe en la práctica una “autonomía” falaz, dado que, para empezar, ni siquiera se produce como la Ámbitos. Revista Internacional de Comunicación | N0. 55 (2022) | 114 - 130 http://dx.doi.org/10.12795/Ambitos.2022.i55.07 ISSN: 1139-1979 | E-ISSN: 1988-5733 120 “Quiero ser mi propio jefe”: la crítica de la autonomía en Sorry We Missed You de Ken Loach Dr. Alfonso A. Gracia Gómez consecuencia de un vínculo entre verdaderos iguales. Al contrario, el deseo de Ricky de obtener la aprobación del tal Maloney le obliga nada menos que a adoptar el discurso legitimador del sistema, que le pone en una situación especialmente desventajosa con respecto a sus contratantes, ya que el reclamo de autonomía (“Quiero ser mi propio jefe”) se transforma subrepticiamente en una renuncia a sus derechos como empleado: RICKY: […] Sí, prefiero trabajar por mi cuenta y ser mi propio jefe. MALONEY: ¿Has cobrado ayudas sociales alguna vez? RICKY: ¡No! No. No, no, no… Tengo mi orgullo. Es… Prefiero morirme de hambre. MALONEY: Me encanta lo que oigo, Ricky. Henry tenía razón: eres un hombre de fiar. Dejemos algunas cosas claras desde el principio, ¿vale? Aquí no eres un contratado, te unes al equipo. Tú eres un miembro más. No trabajas para nosotros, trabajas con nosotros. No repartes para nosotros, realizas servicios. No hay contrato como tal, hay objetivos de rendimiento; cumples normas de calidad. No hay sueldo, hay tarifas. ¿Está claro? En este sentido, no podemos sino recordar una sentencia que Adorno y Horkheimer dejaron escrita en su afamada Dialéctica de la ilustración: “Quien no quiera arruinarse, debe arreglárselas para no resultar demasiado ligero en la balanza graduada de este aparato. De otro modo pierde terreno en la vida y termina por hundirse” (2007, p. 163). Tal vez por esta razón, cuando Maloney, el entrevistador, pregunta a Ricky si alguna vez ha cobrado ayudas sociales, Ricky rechaza con énfasis este extremo alegando que prefiere “morir de hambre”. Al fin y al cabo, Adorno y Horkheimer explican que: “Quien tiene hambre y frío, aunque una vez haya tenido buenas perspectivas, es un outsider, y ser un outsider es, exceptuando, a veces, los delitos de sangre, la culpa más grave” (p. 163). Se trata de una forma de control perfecta, sin fisuras, que hace aparecer como rebeldía lo que en suma no es sino mera complacencia y sumisión amedrentadas: “Lo que se resiste puede sobrevivir solo en la medida en que se integra. Una vez registrado en su diferencia por la industria cultural, forma ya parte de ésta como el reformador agrario del capitalismo” (pp. 144-145). Ricky, en el fragmento citado, dice punto por punto lo que debe decir. Incluso cuando oíamos la voz de su entrevistador inquiriéndole si de verdad había trabajado como jardinero, descubrimos de inmediato la utilidad de haber añadido esas líneas en su currículum: “Sí, me encanta: siempre fuera, clientes diferentes cada día, diferentes casas, diferentes encargos… Soy muy currante. Por desgracia, los chavales con los que curraba no lo eran; eran unos vagos, los cabrones. Así que… sí, prefiero trabajar por mi cuenta y ser mi propio jefe”. Ricky tenía cada palabra preparada. Sin embargo –o quizás por ello–, su afirmación resulta, más bien que una declaración (de autonomía), un acto de obediencia, una auténtica promesa de sumisión que empieza aún antes que la relación laboral, lo que entra en perfecta coherencia con la falta de lazos legales que caracteriza al tipo de vínculo contractual que se le pone sobre la mesa. Los autores de la Dialéctica de la ilustración formulaban esta paradoja de una manera muy particular. A su parecer, la sociedad capitalista produce una suerte de “recaída” en aquellos “temores” que Hobbes hacía propios de la existencia humana precontractual, esto es, todavía dentro de la situación mitológica que el filósofo isabelino identificaba como “estado de Ámbitos. Revista Internacional de Comunicación | N0. 55 (2022) | 114 - 130 http://dx.doi.org/10.12795/Ambitos.2022.i55.07 ISSN: 1139-1979 | E-ISSN: 1988-5733 121 “Quiero ser mi propio jefe”: la crítica de la autonomía en Sorry We Missed You de Ken Loach Dr. Alfonso A. Gracia Gómez naturaleza”. Para ellos, lo característico de la sociedad capitalista consiste en que aquella “autoconservación” mitológica –esto es, el instinto que protegía a los individuos cuando estos aún no podían disponer del resguardo de la sociedad–, que a Hobbes le servía para para fundar los términos autorrestrictivos en que se producía el primer contrato, redunda actualmente en una “forma de autoconservación propia de la sociedad de clases” (p. 169). En ella, el temor y la agresión al otro, auténtica expresión hobbesiana que Freud formulará posteriormente como “pulsión de muerte”, dan lugar a “la dureza de la sociedad competitiva” (íd.) propia del mercado laboral en el liberalismo. Por último, ello conduce a una situación en la que los individuos, si quieren sobrevivir, se ven forzados a aceptar e incluso a predicar las bondades de la misma maquinaria que los somete, en aras a no quedar excluidos por un contrato que, lejos de haber quedado sellado “a fuego”, convierte “la existencia en el capitalismo tardío [en] un permanente rito de iniciación”: La sociedad es una sociedad de desesperados, y por eso es presa de los rackets […]. La posibilidad de convertirse en sujeto económico, en empresario o propietario, ha sido finalmente liquidada. Hasta en la última quesería, la empresa independiente, en cuya dirección y herencia se había fundado la familia burguesa y la posición de su jefe, ha caído en una dependencia sin salida. Todos se convierten en empleados, y en la civilización de los empleados cesa la dignidad […]. El comportamiento del individuo respecto al racket –ya sea negocio, profesión o partido, ya sea antes o después de la admisión– […] adopta rasgos singularmente masoquistas. La actitud a la que cada uno se ve obligado para probar siempre de nuevo su idoneidad moral en esta sociedad hace recordar a aquellos adolescentes que, en el rito de admisión en la tribu, se mueven en círculo, con una sonrisa estereotipada, bajo los golpes regulares del sacerdote. La existencia en el capitalismo tardío es un permanente rito de iniciación. Cada uno debe demostrar que se identifica sin reservas con el poder que le golpea. (Adorno y Horkheimer, 2007, pp. 166-167) Este es el mundo al que nos abre la película, con un Ricky que se ve obligado a revindicar las presuntas bondades del sistema con el único objeto de que lo “contraten”, de acuerdo con esa fórmula, tan paradójica, que retrotrae al individuo a una situación que más parece precontractual, porque el empresario se ha desentendido de todas las responsabilidades inherentes a su aportación de capital. Ricky representa así a ese individuo inerme aunque no propiamente marginado, un miembro de la clase trabajadora con aspiraciones a medrar y alcanzar ciertos estatus y comodidad, para él y para su familia. Pero para ello es imprescindible que toda esa responsabilidad, incluso buena parte del capital necesario, recaiga en el propio trabajador. 3. LA FALSA AUTONOMÍA DEL HOMBRE GENÉRICO En Dialéctica de la Ilustración hay un diagnóstico muy lúcido respecto a cómo los trabajadores se adhieren a la misma ideología que los esclaviza. En el siguiente fragmento, los autores hablan de “masas” porque se refieren a los destinatarios del cine, particularmente del cine sonoro. Y, a tal respecto, dicen: “…las masas sucumben, más aún que los afortunados, al mito del éxito. Las masas tienen lo que desean y se aferran obstinadamente a la ideología mediante la cual se les esclaviza” (Adorno y Horkheimer, 2007, p. 178 [Szpilbarg y Saferstein, 2014, p. 63]). Como bien explican Szpilbarg y Saferstein, esto implica que no sea posible la aparición de Ámbitos. Revista Internacional de Comunicación | N0. 55 (2022) | 114 - 130 http://dx.doi.org/10.12795/Ambitos.2022.i55.07 ISSN: 1139-1979 | E-ISSN: 1988-5733 122 “Quiero ser mi propio jefe”: la crítica de la autonomía en Sorry We Missed You de Ken Loach Dr. Alfonso A. Gracia Gómez conveniencia eminentemente heterónoma; ya responda esta al interés de “los accionistas”, del gerente de un almacén o de un aparato minúsculo pero capaz de decidir la vida de un individuo hasta en sus últimas posibilidades. Referencias Adorno, T. y Horkheimer, M. (2007). Dialéctica de la Ilustración. Trotta. Asensi, M. (2011). Crítica y sabotaje. Anthropos. Bardey, D. (2015, 4 de agosto). ¿Qué significa la “Uberización” de la economía? ¿Cuáles son sus consecuencias para Colombia? Foco económico. Un blog latinoamericano de economía y política. https://bit.ly/33ClHgr Bueno, A. (2019, 2 de noviembre). Sorry We Missed You: La decisión de Ricky. Cinemagavia. Cine y series. https://bit.ly/2Eb1sxN De Aguilera, M., Sosa, A. y De Aguilera, R. (2018). Comunicación, discursos, algoritmos, poder. Ámbitos. Revista Internacional de Comunicación, 40, edición de primavera, 2018, 161-167. http://dx.doi.org/10.12795/Ambitos.2018.i40.20 FundéuRAE (s.f.). 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Colabora como investigador en el grupo EINDA, de la Escuela de Psicoanálisis Lacaniano de Valencia, y en el grupo “Crítica y sabotaje”, del Departamento de Teoría de los Lenguajes y Ciencias de la Comunicación de la Facultad de Filología, Traducción y Comunicación de la Universidad de Valencia. Es autor de numerosas publicaciones nacionales e internacionales sobre psicoanálisis, hermenéutica, teoría de la literatura y crítica de la cultura. Ámbitos. Revista Internacional de Comunicación | N0. 55 (2022) | 114 - 130 http://dx.doi.org/10.12795/Ambitos.2022.i55.07 ISSN: 1139-1979 | E-ISSN: 1988-5733 130 “Quiero ser mi propio jefe”: la crítica de la autonomía en Sorry We Missed You de Ken Loach Dr. Alfonso A. Gracia Gómez