Estigma social y ética periodística : el caso de las personas adictas a las drogas ilegales en Puerto Rico
Abstract
La redacción de las noticias está vinculada a narrativas sociales que incorporan opiniones, valores y normas, como por ejemplo la estigmatización social hacia las personas adictas a drogas ilegales, lo que constituye una potencial falta ética. El objetivo de este estudio fue analizar las narrativas estigmatizantes utilizadas en noticias sobre este grupo en dos periódicos de Puerto Rico. Del análisis de discurso emanaron dimensiones como: caracterización física y mental; criminalización del individuo y moralización del uso de drogas ilegales. Los resultados invitan a reflexionar sobre cómo las noticias contribuyen a la opresión y exclusión de esta población.
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391 CAPÍTULO 29 “Estigma social y ética periodística: El caso de las personas adictas a las drogas ilegales en Puerto Rico” Betancourt Díaz, Elba (Universidad de Puerto Rico) [email protected] Resumen. La redacción de las noticias está vinculada a narrativas sociales que incorporan opiniones, valores y normas, como por ejemplo la estigmatización social hacia las personas adictas a drogas ilegales, lo que constituye una potencial falta ética. El objetivo de este estudio fue analizar las narrativas estigmatizantes utilizadas en noticias sobre este grupo en dos periódicos de Puerto Rico. Del análisis de discurso emanaron dimensiones como: caracterización física y mental; criminalización del individuo y moralización del uso de drogas ilegales. Los resultados invitan a reflexionar sobre cómo las noticias contribuyen a la opresión y exclusión de esta población. Palabras claves: Ética periodística, estigma social, medios de comunicación, adictos a drogas Abstract: News writing is associated to social narratives that incorporate opinions, values, and norms – for example the social stigmatization towards drug users. Such stigmatization may entail a potential journalistic ethical breach. The objective of this study was to analyze the stigmatizing narratives about this group utilized in two newspapers in Puerto Rico. The analysis of various news writings identified various stigmatizing dimensions, as follows: Physical and mental characterization; criminalization of the drug user and moralization of the use of drugs. The results invite a reflection on how news contributes to the oppression and exclusion of the drug users. Key words: Journalism ethics, social stigma, mass media, drugs users 1. Introducción. A la redacción e interpretación de las noticias les subyacen narrativas que fomentan la producción y reproducción de imaginarios sociales. Un ejemplo de este proceso son las narrativas estigmatizantes que se difunden a través de los medios noticiosos sobre poblaciones que han sido socialmente vulnerabilizadas, como pueden ser las personas que viven en situación de pobreza, negro/as, inmigrantes o adictos/as a drogas ilegales. Precisamente, en Puerto Rico, este último es uno de los grupos más estigmatizados socialmente (VARAS, N., et al., 2005). La representación mediática de este colectivo no ha escapado de esta influencia, fomentando los estigmas y sus consecuencias adversas. 1.1 Personas adictas a drogas ilegales en Puerto Rico Puerto Rico es una isla parte de las Antillas Mayores y un territorio no incorporado a Estados Unidos. En la actualidad, está habitada por 3,791,913 personas (OFICINA
392 DEL CENSO DE LOS ESTADOS UNIDOS, 2010). Según una encuesta realizada en 2008, en una muestra representativa, se estimó que unos 111,000 adultos/as padecían de abuso o dependencia a drogas. Específicamente, uno de cada 50 persona entre las edades de 15 a 74 años padecía abuso de drogas (lo que representa a unas 52 mil personas). Asimismo, una de cada 50 entre las mismas edades padecía de dependencia a drogas (lo que representa a unas 59 mil personas). Los hombres resultaron con mayores tasas de abuso y dependencia a drogas que las mujeres. Los estimados poblacionales de abuso o dependencia por cada tipo de droga durante el año anterior a la encuesta fueron: 52,848 personas usaron marihuana, 23,862 cocaína, 5,179 crack, 8,264 heroína y 21, 259 otras drogas (ADMINISTRACIÓN DE SERVICIOS DE SALUD MENTAL Y CONTRA LA ADICCION, 2009). Según estadísticas recopiladas por Administración de Servicios de Salud Mental y Contra la Adicción (2010) del Gobierno de Puerto Rico durante el año fiscal 2009-2010, ofrecieron servicios de tratamiento a 29,059 personas. De éstos 1,780 reportaron usar cocaína; 9,253 heroína; 2,492 la combinación de heroína y cocaína; 798 crack; y 6,078 marihuana. El grupo de edad de mayor representación fue el de 25 a 34 años. Sobre la frecuencia de uso, 15,495 reportaron utilizarla a diario, principalmente los/as adictos/as a heroína. Además, 12,234 dijeron estar desempleados/as y 11,354 vivían con familiares. Sobre su nivel de escolaridad, 14,831 indicaron haber estudiando sólo hasta escuela superior. En cuanto al estado de su salud, es preocupante la infección con el virus de inmunodeficiencia humana (VIH) y hepatitis C, sobre todo entre las personas adictas a drogas de uso intravenoso. Varios estudios realizado entre usuarios/as puertorriqueños/as mencionan las prácticas que les colocan a riesgo de contagiarse, a saber: el uso de equipo contaminado para inyectarse, la alta frecuencia con la que se inyectan a diario y la asistencia a shooting galleries para consumir la droga (DEREN, S., et al, 2001; FINLINSON, H., et al., 2008; REYES, J., et al., 2006). 1.2 Estigma social y personas adictos/as a drogas ilegales La definición sobre estigma más utilizada es la desarrollada por Erving Goffman en la década de los 60. Este sociólogo lo definió como un atributo profundamente desacreditante de la persona que lo posee, tanto así que se le considera casi inhumana. En su trabajo planteó tres fuentes de estigma: abominaciones corpóreas, manchas de carácter y asociaciones tribales. Las abominaciones corpóreas, se reflejan en las personas que exhiben diferencias físicas. Las manchas de carácter se vinculan con la forma de ser o la personalidad de un individuo, promoviendo la creencia de que tiene poco valor, es responsable de esta mancha y se la merece. La tercera fuente, asociaciones tribales, se refiere a que la persona provenga y se le identifique como miembro de un grupo estigmatizado, ya sea racial, étnico, religioso o de género (GOFFMAN, E., 1963:p.4). Como consecuencia, la persona se considera diferente y es devaluada como ser humano. Por su parte, LINK, B.; PHELAN, J. (2001:p.375) en su conceptualización del estigma explican que éste existe cuando se interrelacionan los siguientes componentes: socialmente se hace una diferenciación de las personas y se les adjudica una etiqueta; las creencias culturales vinculan a las personas etiquetadas con estereotipos negativos y atributos indeseables; las personas etiquetadas se colocan en una categoría distinta para
393 crear la separación entre “ellos” y “nosotros”; y pierden su estatus social, siendo rechazadas, discriminadas y excluidas. De este modo, la persona estigmatizada tiene desventaja cuando se trata de sus oportunidades de tener una mejor calidad de vida. Para que el proceso de estigmatización ocurra tienen que existir estos elementos en el marco de una dinámica de poder (social, económico y político) que lo permita. En este contexto, los estigmas son establecidos por sectores sociales con poder que logran que la población general los crea y reproduzca. Con el tiempo y la repetición, las personas olvidan que los estigmas fueron el producto de un proceso social y los naturalizan. Las consecuencias negativas del proceso de estigmatización pueden ocurrir a través de los siguientes mecanismos: interacción negativa y discriminación; expectativas confirmatorias; comportamiento estereotipado; y amenaza a la identidad (MAJOR, B.; O’BRIEN, L., 2005:p.396). La interacción negativa se refiere al discrimen que afecta adversamente la salud, estatus social y bienestar psicológico de los individuos. Las expectativas confirmatorias ocurren cuando se internaliza el estigma y se cambia la autopercepción. De la misma forma, el comportamiento estereotipado se observa cuando las personas actúan como se espera según el estereotipo que se tiene de ellas. Por último, el estigma se convierte en una amenaza a la identidad social cuando se afecta la autoestima personal y colectiva. El proceso de estigmatización y las consecuencias antes descritas se observan en las personas adictas a drogas ilegales cuando por usar una sustancia asociada a la marginalidad, peligro, mal y muerte se les coloca una etiqueta, y se activa el proceso de diferenciación, pérdida de estatus, discrimen y exclusión. También se hace patente cuando se les estigmatiza por los cambios físicos que puedan surgir en su cuerpo; se considera que son descuidados con su salud; se les culpa de su condición; se les describe como personas débiles de carácter, inadaptados/as sociales o delincuentes; y se les asocia con un grupo marginado vinculado a conductas violentas. Algunas formas prácticas e institucionalizadas en las que se presenta la estigmatización a esta población, son: exclusión, encarcelamiento, no ofrecerles servicios adecuados ni suficientes, ser estigmatizados/as doblemente por ser pobres, tener VIH/SIDA, estar desempleados/as, haber estado encarcelado/a o tener baja escolaridad; y estigmatizarlos/as aun después de rehabilitarse (SANTIAGO NEGRON, S.; ALBIZU GARCIA, C., 2007:p.79). También, trastoca el ejercicio de su ciudadanía, cuando se les condiciona o limita el derecho a la salud (VAZQUEZ, A.; STOLKINER, A., 2009:p.296). Esto podría contribuir a la relación que se ha observado entre el discrimen y una pobre salud física y mental en esta población (AHERN, J.; STUBER, J.; GALEA, S.; 2007:p.194). Además, se afecta su autoestima y percepción de autoeficacia, dos aspectos esenciales para el tratamiento y la recuperación (SANTIAGO NEGRON, S.; ALBIZU GARCIA, C., 2007:p.76). A la estigmatización le subyacen unos entendimientos sociales sobre las representaciones que se construyen de ciertas personas o grupos. Los medios de comunicación son un vehículo que refuerza estos estereotipos, como ocurre con las personas adictas a drogas ilegales (PERALES, A., 2007). Así, se constituye un proceso de socialización que perpetúa los estigmas hacia ellos/as.
394 1.3 El papel de los medios Una de las formas de difundir discursos, construir imaginarios y naturalizar la realidad socialmente construida es utilizando los medios de comunicación. Los medios se han convertido en un recurso de poder, influencia y control; un modo primario de transmisión de información; una fuente importante de definiciones e imágenes de la realidad con las cuales se construyen los valores y la cultura; y el origen de un sistema de significados que dicta lo que es normal y lo que es desviado (McQUAIL, D., 2000:p.28). Los mensajes divulgados a través de los medios contribuyen a la producción, reproducción e interpretación de discursos y representaciones sociales de las poblaciones estigmatizadas. El proceso de estigmatización requiere de esta difusión para que el estigma sea compartido y naturalizado por la sociedad, aumentando la percepción de riesgo (FLYNN, J.; SLOVIC, P.; KUNREUTHER, H.; 2001:p.19). Las noticias son parte de esta dinámica, pues a través de sus textos e imágenes se construye a diario el mundo social. Esto ocurre cuando los medios informativos incorporan estructuras e ideologías sociales a las noticias, presentando no sólo temas y debates, sino opiniones. Las noticias son la forma principal de discurso público que proporcionan los modelos sociales, políticos, culturales y económicos de los acontecimientos sociales; el conocimiento dominante; y las estructuras conductuales que hacen que estos modelos sean entendidos (VAN DIJK, T., 1990:p.259). Durante la selección de lo que es noticia, la observación de los sucesos noticiosos y la creación de los textos interaccionan varios factores que no necesariamente responden a los criterios que determinen el valor periodístico de un evento. Algunos de éstos son: la perspectiva del/la periodista; sus opiniones y emociones sobre el tema; su evaluación personal de las acciones y actores; la inserción de opiniones compartida basada en esquemas sociales ya establecidos; e incluir detalles estereotipados produciendo errores de ejemplificación (VAN DIJK, T., 1990:p.162). El resultado de la percepción e interpretación del acontecimiento, pues, es un modelo subjetivo pero socialmente controlado de la situación en la memoria de un reportero observador (VAN DIJK, T., 1990:p.163). Como menciona REGUILLO, R. (1998) los imaginarios sociales se fortalece cuando los medios establecen una sola verdad, un sólo ángulo de interpretación y “leen” los acontecimientos de forma simplista. El producto es la espectacularización de los acontecimientos que perpetúa el orden social y reduce la complejidad social, reproduciendo una visión binaria: buenos/as-malos/as; normales-desviados/as. Con este tipo de cobertura noticiosa se favorece el discurso de exclusión y automarginación; pero, no se discuten las condiciones estructurales y mecanismos sociales que vulnerabilizan a ciertas poblaciones. Un ejemplo de esta práctica es la representación que se hace en los medios informativos de las personas adictas a drogas ilegales. La reproducción del estigma se observa cuando se le atribuyen estereotipos que sólo se observan en una parte de ese grupo, a toda la población; se usa lenguaje estigmatizante; se enfatiza en las acciones prejuiciadas que socialmente se esperan de esa población y por éstas se definen a las personas; la información provista tiene un sesgo negativo; se asocia al grupo con conductas no aceptadas socialmente, criminales o violentas; se descontextualiza la
395 información; se enfatiza sólo en los problemas que podrían causar estas poblaciones y no se discuten las soluciones a los problemas que ellos/as tienen; y se exageran los hechos, entre otras (LOPEZ, M., 2007; OLIVARES, O. 2001; PERALES, A., 2007; RENGEL, D. 2002). Entonces, las noticias se convierten en una fuente de estigma estructural, ése que se fomenta a través de las instituciones sociales (CORRIGAN,P.,et al.,2005:p.551), como son los medios de comunicación. Cuando se escriben noticias que fomentan los estereotipos se incurre en una falta ética periodística (ACEVEDO, M., 2005:p.115), pues se promueve el prejuicio y la discriminación. La declaración de principios adoptada por la Federación Internacional de Periodistas (1986), menciona al respecto: El periodista se cuidará de los riesgos de una discriminación propagada por los medios de comunicación y hará lo posible, para evitar que se facilite tal discriminación, fundamentada especialmente en la raza, el sexo, la moral sexual, la lengua, la religión, las opiniones políticas y demás, así como el origen nacional o social. No cumplir con este principio mina el potencial que tienen los medios noticiosos para contribuir a la reducción o erradicación de los estigmas en lugar de perpetuarlos. Ante esta situación, el objetivo de este estudio fue analizar las narrativas estigmatizantes utilizadas en noticias sobre las personas adictas a drogas ilegales publicadas en dos periódicos de Puerto Rico. 2. Método 2.1 Diseño y Procedimiento Para realizar este estudio seleccioné un diseño cualitativo, porque me permitía analizar las narrativas estigmatizantes y sus posibles interpretaciones. Seleccioné noticias de dos de los periódicos nacionales en Puerto Rico, titulados: “El Nuevo Día” y “Primera Hora”. El Nuevo Día tiene una circulación diaria auditada de lunes a sábado de 197,648 ejemplares; los domingos, aumenta a 235,658. Primera Hora, tiene una circulación auditada de lunes a viernes de 128,176 periódicos; los sábados, se reduce a 102,443. Estos son los diarios de mayor circulación en la Isla. Realicé la búsqueda de materiales a través de los archivos cibernéticos de los dos periódicos, utilizando las palabras claves: adictos/as, drogas, drogas ilegales y adicciones. Escogí noticias de los 24 meses previos al estudio. Luego busqué las noticias impresas. 2.2 Análisis Utilizando el programado NVIVO realicé un análisis de discurso de los textos buscando la convergencia entre las definiciones y conceptualizaciones del proceso de estigmatización antes explicadas y la información que se proveía sobre las personas adictas a drogas ilegales. En el periódico “El Nuevo Día” encontré 16 noticias narrativas estigmatizantes; y, en Primera Hora, 18. Del proceso de análisis se desprendieron al menos tres dimensiones vinculadas a la estigmatización.
396 3. Resultados Del análisis de las noticias surgieron las siguientes dimensiones relacionadas con el estigma hacia las personas adictas a drogas ilegales: 1) caracterización física y mental; 2) criminalización del individuo; y 3) moralización del uso de drogas ilegales. INSERTAR TABLA 1 3.1 Caracterización física y mental En esta dimensión se manifestó la práctica de adjudicar características estereotipadas, tanto físicas como mentales, a las personas adictas. En el caso de las características mentales se aludía a que no tienen voluntad para evitar “caer” en la adicción o rehabilitarse; o la maña que se les adjudica tener para conseguir dinero. Aquella separación desgarró su alma y su voluntad destruida la llevó a sucumbir a las drogas en una época en que también perdió su hogar. (SANCHEZ, A, 2010) Tras dos fallidas estadías en centros de desintoxicación y un intento de suicidio, Carmen Rochen suplicó desesperada a su madre que la enviara a Puerto Rico a vivir. (SANCHEZ, A., 2010) "El adicto es malamañoso y quiere más…", contó el hombre de 46 años. (RODRIGUEZ, A., 2010) De igual forma, encontré en las noticias analizadas alusiones a características físicas o sobre manejo del cuerpo que se les atribuyen a la generalidad de los adictos/as, aunque no se observen en todos/as. Entre los carriles de las carreteras permanecen parados y quietos. No levantan la cabeza y sus extremidades se mantienen flácidas. (RODRIEGUEZ F., 2009b) Su esquelética figura se deslizaba entre los funcionarios que atendían a los marginados del sector, entregándoles ropa y alimentos. (RODRIGUEZ F., 2009a) "Presentía que me iba a morir. No tenía fuerzas, estaba bien débil", expresó la joven, quien llegó a ser talla 12 "de nena chiquita". (RODRIGUEZ, A, 2010) "Es que CREA es para tecatos y yo no soy tecato116" porque en mi mundo, en mi fantasía, mi enfermedad me dictaba que yo no era tecato porque la inhalaba. Yo estaba en bobilandia", narró. (RODRIGUEZ, A., 2010) Estas caracterizaciones son ejemplo de la manifestación de las dos primeras fuentes de estigma esbozadas por GOFFMAN, E. (1963). A nivel de la salud mental, se les adjudica ser débil en comparación con quienes pueden “resistirse” a la droga. En cuanto 116 “Tecato/a” es una expresión despectiva que se utiliza para nombrar o describir a algunas personas adictas a drogas ilegales.
397 al aspecto físico, se les atribuye estar desmejorados, enfermos o con llagas en su cuerpo, aunque no todos/as los/as adictos/as presentan esta apariencia puesto que depende del tipo de droga que consuman y de las condiciones en que las usen. Este es el caso del uso de la palabra “tecato”, epíteto que se utiliza para nombrar a los/as adictas/as que tienen llagas o marcas de inyecciones en su piel, piden dinero, roban y/o deambulan. 3.2 Criminalización del individuo En esta tercera dimensión incluí noticias que vinculaban a las personas adictas a drogas ilegales con actos delictivos o violentos. Esta representación fomenta la peligrosidad que se les adjudica a esta población. “Hace un año le enviamos copia al Gobernador de evidencia de más de 1000 estudios que indican de los beneficios de la medicación de adictos como estrategia para combatir el crimen…” (INTER NEWS SERVICE, 2010) "Solamente unas personas adictas son capaces de hacer una cosa así. Los doctores dijeron que el maltrato fue de tal naturaleza que las lesiones que sufrió este bebé son un modelo de lo que es capaz de hacer el maltrato de menores. ¡La madre adicta llegó a echarle la culpa del estado del bebé a los médicos!", señaló la fiscal. (DIAZ M., 2010) “Los delitos de robo también me preocupan. Están bien relacionados con la población adicta y eso es uno de los proyectos que tenemos con otras agencias responsables en la prevención para minimizar la cantidad de adictos en las calles...” (CORTES, R., 2009) Asociar a las personas adictas con la criminalidad o violencia es una forma de etiquetar particularmente a aquellos/as que son pobres, deambulan y/o están desempleados/as. Con esto se hace una diferenciación entre ello/as y los/as “ciudadanos/as de bien y productivos/as”. 3.3 Moralización del uso de drogas ilegales Una tercera dimensión en la que se evidenció el estigma hacia esta población fue en la asociación de las drogas ilegales y su uso con actos o conductas consideradas inmorales. Un ejemplo fue incluir palabras que comúnmente se utilizan en el argot religioso para simbolizar el pecado y la salvación en noticias que narraban las historias de vida de personas adictas o que se habían rehabilitado. Pero no había llegado el momento de la redención final. (SANCHEZ, A., 2010) Al poco tiempo empezaron los problemas y la relación se transformó en una pesadilla cuando a la vida de su compañero llegó un enemigo fatal: el crack. (SANTIAGO, Y., 2010) “…Pero el vicio lo atrapó", dijo. (SANTIAGO, Y., 2010)
398 La droga que compra en La Perla lo tienta de vez en cuando, como susurros inesperados. (RODRIGUEZ, F., 2009) "Mi limpieza fue total. Papito Dios me sacó todo lo malo y todo lo negativo que había en mi vida y me construyó nuevamente con todo lo positivo", dijo. (RODRIGUEZ, F., 2009) En esta dimensión, también encontré titulares que aludían conceptos religiosos. La reparación de un alma rota (SANCHEZ, A., 2010) Libres de las cadenas de la droga (DIAZ, M., 2010) Buscan la salvación ante el dolor y la miseria (RODRIGUEZ, F., 2009) Ex adictos narran la ruta de regreso del infierno (RODRIGUEZ, A., 2010) Además, en algunas noticias se presentaba la relación entre el uso de las drogas ilegales con actos considerados pecados, como robar o prostituirse. "Yo sé que más bochorno tenía que darme pararme en una calle a prostituirme, pero lo veía como más normal", contó. (RODRIGUEZ, A, 2010) "Cuando uno es adicto, uno le roba hasta los clavos de la cruz a la mai y a la familia", dijo al revelar que también deambuló y que ahora trabaja en el Hospital Metropolitano. (DIAZ, M., 2010) Igualmente, se utilizó la contraposición dicótoma entre el bien y mal, en la cual el bien estuvo representando por la Virgen María y el mal con las drogas. Una cuchara descansa sobre el retrato de la Virgen. Sobre la misma mesa hay un encendedor. Algunos adictos de La Perla intentan utilizar la oración para vencer sus demonios internos, que se conjuran mediante su adicción, pero hay otras fuerzas externas que luchan por su cuerpo, por sus venas, por su mente. Es dentro de los confines de estas estructuras donde el desamparado enrollaba sus mangas para localizar la próxima vena que recibiría la inyección ante una estatuilla de la Virgen María. La figura sagrada se había colocado entre la parafernalia que utilizan los narcotraficantes para adulterar las sustancias controladas. "Tengo fe, tengo fe", repetía. (RODRIGUEZ, F. 2009a) Algunas noticias reproducían el discurso estigmatizante y moralizante de la oficialidad del Estado expresado a través ex funcionarios y de proyectos legislativos. "Esta plaga nos está consumiendo y vamos a parar en un estado de locura", dijo Pereira en una entrevista radial.” (INTER NEWS SERVICE, 2010)
399 "Esta Asamblea Legislativa tiene una responsabilidad de brindarles a toda persona adicta, que quiera dejar su adicción, salir de ese mundo, y convertirse en un ciudadano activo y positivo para la sociedad", reza la exposición de motivos del proyecto. (RIVERA, D., 2010) En estos textos se observa cómo las noticias reproducen el discurso moralista y religioso que etiqueta a las drogas ilegales como sustancias peligrosas que desvían a las personas del “buen camino” y a los/as adictos/as como “amenazas” del orden social. Esta visión fomenta la creencia de que la adicción constituye un problema moral y no de salud, guiando la discusión pública del tema hacia esta dirección. 4. Discusión Las noticias analizadas evidencian una cobertura sobre las personas adictas a drogas ilegales que reproduce la estigmatización hacia ellos/as. Su representación física y mental; y la asociación con grupos violentos o peligrosos, aluden a los tres tipos de estigma mencionados por GOFFMAN, E. (1963) y contribuyen a despojarles de su humanidad. Del mismo modo, la presentación y repetición de estas narrativas estigmatizantes fomenta la dinámica planteada por LINK, B. y PHELAN, J. (2001) sobre la diferenciación, estereotipos negativos, pérdida de estatus y discrimen hacia las personas estigmatizadas que resulta en su exclusión social. Los hallazgos invitan a los/as profesionales del periodismo a reflexionar sobre las implicaciones éticas de este tipo de cobertura estigmatizante y sus efectos en las personas adictas; la formación de la opinión pública sobre el tema; la influencia en la creación de políticas públicas; y la responsabilidad social inherente a la profesión. Como menciona AZNAR, H. (2005:p.56) un periodismo ético aporta a las soluciones de los problemas sociales y no los incrementa. Para cumplir con esta responsabilidad social se requiere, sugiere el autor, prestar atención al tratamiento adecuado de los problemas sociales; a su contexto y mejor compresión; a la pluralidad de opiniones y la voz de los/as expertos/as; y a las posibles soluciones. El periodismo, abunda AZNAR, debe alejarse del morbo, el drama fácil, la sucesión de lamentos, los episodios trágicos y los desastres. Desde esta perspectiva, las noticias sobre las personas adictas a drogas ilegales deberían estar enfocadas, por ejemplo: en la fiscalización de las acciones gubernamentales para atender a esta población; sus necesidades no atendidas y la calidad de los servicios que les ofrece; promover debates con expertos/as; presentar alternativas de intervenciones de tratamiento; y reconocer su recuperación sin “espectacularizar” la información. Igualmente, las noticias que presentan la adicción a drogas ilegales como un asunto moral o de criminalidad y no como un problema de salud, influencian negativamente la opinión pública que se construye sobre esta población, sus necesidades y cómo deben ser atendida. Esto tiene repercusiones en el proceso de desarrollar, lograr consenso y aprobar políticas públicas basadas en el modelo salubrista para ofrecerles servicios, como los programas de intercambio de jeringuillas o la medicalización, ya que se normaliza el discurso de que las soluciones deben ser punitivas. Asimismo, se dificulta el apoyo de amplios sectores de la sociedad hacia estas alternativas porque se considera que promueven la adicción. Hoy día aunque el gobierno trabaja con la medicalización para tratar algunos tipos de adicciones, rechaza la legalización de ciertas drogas que son pueden considerarse menos dañinas que drogas legales, como el cigarrillo o el
