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Educación Ambiental y Educación para la Ciudadanía: Ampliando derechos hacia una “Educación Ciudadana Planetaria"

Moreno Fernández, Olga

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149 Educación ambiEntal y Educación para la ciudadanÍa: ampliando dErEchos hacia una “Educación ciudadana planEtaria”1 Olga Moreno Fernández* Universidad Pablo de Olavide “Hoy nos encontramos en una nueva fase de la humanidad. Todos estamos regresando a nuestra casa común, la Tierra: los pueblos, las sociedades, las culturas y las religiones. Intercambiando experiencias y valores, todos nos enriquecemos y nos completamos mutuamente (…) (Leonardo Boff, 2001, p. 9) 1 El orden mundial vigente tras la Segunda Guerra Mundial y la situación actual en la que se encuentra el planeta nos ha llevado a replantearnos el concepto de ciudadanía y cuáles son los derechos que lo representan. En ese sentido, la dimensión de ampliación de derechos (con respecto a los derechos ciudadanos tradicionales ya consolidados en Occidente) en la concepción de ciudadanía comienza a enfocarse desde una doble vertiente. Por una parte, desde una perspectiva trans-específica, que otorga unos derechos adquiridos a la totalidad de los seres vivos que habitan en el planeta, rompiendo así con la tradicional perspectiva antropocéntrica; y, por otro lado, desde una perspectiva transgeneracional, según la cual las generaciones pasadas, presentes y futuras toman la palabra. Esto cambios nos llevan a plantearnos la necesidad de abordar el reto de formular una ciudadanía participativa desde una visión planetaria. Para ello, educación ambiental y educación para la ciudadanía deberían estar intrínsecamente relacionadas, lo que nos permitirá ofrecer una visión amplia, asumiendo la necesidad de incorporar la ampliación de derechos al corpus de la ciudadanía y a la labor educativa de la escuela. En primer lugar, abordaremos cómo ha evolucionando la adquisición de los derechos hasta llegar a la etapa actual de ampliación de derechos o derechos extendidos. Asimismo, reflexionaremos sobre cómo la “quinta generación” de la Educación para el Desarrollo ha evolucionado hasta ofrecer una visión de ciudadanía global, en la que confluyen perspec- 1 Este trabajo es resultado parcial de la fase primera de desarrollo del Proyecto I+D+i, con referencia EDU2011-23213, financiado por el Ministerio de Educación y Ciencia y por Fondos FEDER, denominado “Estrategias de formación del profesorado para educar en la participación ciudadana”, con plazo de ejecución de 01/01/2012 al 31/12/2014. * Departamento de Ciencias Sociales. Área de Teoría e Historia de la Educación. Facultad de Ciencias Sociales. Universidad Pablo de Olavide. Carretera de Utrera, Km.1, Sevilla. E-Mail: [email protected]. Educar para la participación ciudadana En la EnsEñanza dE las ciEncias socialEs 150 tivas ambientales y sociales. Seguidamente nos aproximaremos a cómo se plantea esta visión desde el ámbito escolar, para concluir analizando los desa-fíos que se afrontan en el proceso de abogar por la formación de una ciudadanía planetaria participativa y concienciada ambientalmente. Conclusiones que nos llevarán a plantearnos la necesidad de una educación para una ciudadanía ambiental planetaria como un reto a abordar en este siglo XXI en las aulas escolares. Estado actual dE la cuEstión: dE los dErEchos conquistados a los dErEchos ExtEndidos La evolución del concepto de Ciudadanía ha ido unido a la historia de la humanidad, en cuánto que ésta se desarrolla en el seno de las sociedades, y por lo tanto, de los grupos sociales. Es en 1789, con la explosión de la Revolución Francesa, cuando se marcará un antes y un después en la forma de entender la ciudadanía, comenzando el nacimiento de las nuevas sociedades democráticas, donde se entiende a la ciudadanía no como súbdita del Estado sino como parte integrante del mismo. Muchas son las referencias conceptuales, en esta época de controversia, en la que la ciudadanía parece estar reclamando mayor presencia al Estado en todas sus dimensiones y mayor capacidad de participación en los asuntos públicos que le incumben. Retomando importancia el concepto de incumbencia, siendo clave para el despertar de la ciudadanía, puesto que las consecuencias de las problemáticas actuales, en el ámbito en el que nos situamos, sólo forman parte del ser humano cuando éstas se sienten como propias. Trasladándonos hasta un clásico en Ciencias Sociales, Ciudadanía y clase social (Marshall y Bottomore ,1998), podemos reflexionar sobre cómo los dos conceptos que intervienen en el título de la obra, han ido históricamente de la mano, dando lugar a exclusión o inclusión ciudadana dependiendo de las coordenadas espacio-temporales en las que no situemos. Aunque es con el desarrollo del capitalismo que los requerimientos de la ciudadanía comienzan solicitando una mayor exigencia de sus derechos, siendo los derechos civiles los que han ganado terreno. Estos se han traducido en una ampliación de los poderes legales, aunque se siguen viendo afectados por los prejuicios de clases y las limitaciones económicas. Esta visión ha dado lugar a vislumbrar la necesidad de la llamada ampliación de derechos o derechos extendidos, poniendo en el tablero de juego la cuarta generación de derechos ciudadanos, como se sintetiza en la Figura 1. Así, se promueve como un derecho del siglo XXI el vivir en un ambiente limpio y la obligación del acceso a algo tan básico como el agua, un recurso que hasta ahora nos había parecido ilimitado. Esta generación de derechos también nos invita a reflexionar en lo que se ha venido a denominar derechos trans-específicos y derechos trans-generacionales. Con esta perspectiva, los derechos trans-específicos abren una nueva mirada hacia aquellos habitantes que forman el planeta, dando cabida a la totalidad de los seres vivos como sujetos con unos derechos adquiridos, rompiendo así con la perspectiva antropocéntrica en la que hasta ahora se había situado el ser humano. Y por lo tanto, en pro de una perspectiva biocéntrica, que entiende que es la vida alrededor de la que gira el uni- olga morEno fErnándEz Educación Ambiental y Educación para la Ciudadanía: Ampliando derechos hacia... 151 verso y el ser humano es sólo un pequeño grano que conforma parte de ese ecosistema, reformulando la relación sujeto-objeto hacia una relación sujeto-sujeto. Por otro lado, estos derechos ampliados asumen también una perspectiva trans-gene- racional, a través de la cual las generaciones pasadas, presentes y futuras toman la palabra, entendiendo que el Planeta no es un legado que nos sea dejado en herencia, sino que es un préstamo que se nos ofrece con la esperanza de ser devuelta en mejores condiciones de las que nos lo entregaron. Derechos, todos estos, que nos invitan a comenzar a concienciarnos de que el planeta en el que vivimos es finito. Quizás esta es la clave. No podemos seguir mirando hacia otro lado y seguir negando el cambio climático, la extinción de especies, el derretimiento de los casquetes polares o la desertización de miles de zonas en el mundo que difícilmente volverán a ser productivas. En fin, estos y otros daños que jamás podrán repararse, debiendo pensar en cuáles van a ser las respuestas a las consecuencias que esto acarreará. Por ejemplo, cuando el nivel de las aguas suba e inunde grandes superficies de tierra, el sol queme tanto que sea imposible transitar bajo él, se haya perdido un porcentaje de especies tal que se desequilibren los ecosistemas, se haya desertizado tal extensión de superficie que la agricultura sea una ilusión que conocimos un día y que conlleve la pérdida Figura 1: Evolución del proceso de “ciudadanización” liberal democrático. Fuente: Castro (2011, p. 56). Educar para la participación ciudadana En la EnsEñanza dE las ciEncias socialEs 152 de la alimentación de millones de seres humanos. Hay que ser, pues, conscientes de que el planeta en el que habitamos es un planeta finito, con recursos limitados. Estas cuestiones nos llevan a la necesidad de plantearnos el reto de formular una ciudadanía de ámbito planetario; pero tampoco se puede perder la perspectiva de que estas problemáticas no pueden tratarse de la misma forma en todos los lugares del mundo, ya que este modelo social de crecimiento constante, al igual que el fenómeno de la globalización, sólo se refiere a una pequeña parte del territorio mundial, dejando fuera una gran mayoría de habitantes que aún no han alcanzado ni los derechos civiles más elementales. Educación para El dEsarrollo y ciudadanÍa planEtaria Para poder abordar el término de ciudadanía planetaria es imposible no ponerlo en relación con la idea de Educación para el Desarrollo, una idea difícil de acotar y definir debido a que nos estamos refiriendo a un concepto dinámico que se encuentra en constante evolución. Si nos remitimos a la Ley de Cooperación Internacional para el Desarrollo (1998), se define la Educación para el Desarrollo como un conjunto de acciones que ponen en marcha las administraciones públicas por sí mismas o en colaboración con otras entidades con el objeto de favorecer la cooperación con los países en desarrollo promoviendo la solidaridad. Una definición poco concreta que deja fuera actores sociales tan importantes como la escuela, la familia y la comunidad en que la ciudadanía se desarrolla. A esta ley la han complementado los Planes Directores de Cooperación Española, de los cuales, el que abarca el período comprendido entre 2005-2008 (Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación, 2005, pp. 140- 141) hace referencia a la Educación para el Desarrollo como un “proceso educativo constante que favorece la comprensión de las interrelaciones económicas, políticas, sociales y culturales entre el Norte y el Sur; promueve valores y actitudes relacionadas con la solidaridad y la justicia social y busca vías de acción para lograr un desarrollo humano y sostenible”. Una definición a la que se le incorpora la educación informal, tal y como recogen Argibay et al. (2005; véase Tabla 1). sEctor formal sEctor no formal sEctor informal Educación rEglada Educación no rEglada complEmEntaria Educación no rEglada indirEcta • Escuela Infantil-Primaria • Escuela Secundaria • Universidad-Postgrados • Grupos de juventud • ONGD/Cooperantes • Asociaciones • Sindicatos • Instituciones locales, nacionales, supranacionales • Medios de comunicación • Sociedad en general Tabla 1. Ámbitos de la Educación para el Desarrollo. Fuente: Argibay et al. (2005). Asimismo, García Pérez y de Alba (2007) van más allá y proponen como uno de los aspectos básicos de la ciudadanía planetaria el superar los límites entre la educación formal, no formal e informal, propuesta que está más en la línea de los objetivos que la ciudadanía planetaria demanda. Esta forma de entender la educación comienza a ganarse olga morEno fErnándEz Educación Ambiental y Educación para la Ciudadanía: Ampliando derechos hacia... 153 un hueco en el panorama social europeo con el objetivo de “generar en la ciudadanía una conciencia critica sobre la realidad mundial, de forma que se faciliten herramientas para la participación en la sociedad y que la transformación social sea una realidad” (Moreno Fernández, Martín y Moreno Crespo, 2011). Así nos situamos en la llamada quinta generación de la Educación para el Desarrollo, que tiene como finalidad la construcción de una ciudadanía planetaria crítica, participativamente activa y comprometida con todas las comunidades existentes (véase Tabla 2). Abogando, como señala Solano (2011, p. 90), por una formación a través de la cual “las personas asuman de forma responsable el ejercicio de una ciudadanía global, comprometida, critica y activa respecto a los problemas políticos, ambientales y culturales del mundo, más cercana a las propuestas de desarrollo humano”. Primera generación 1945-Años 50 Enfoque caritativo-asistencial Falta de objetivos concretos para considerarse aún como Educación para el desarrollo. Desarrollo entendido en términos economicistas. Campañas de sensibilización para fomentar la compasión y la caridad ciudadana. Relación Docente/Discente: Modelo tradicional. Segunda generación Años 60 Enfoque desarrollista Configuración de la Educación para el Desarrollo. Enfoque centrado en la cooperación, dejando el enfoque asistencial en un segundo plano. Aún mantiene una fuerte perspectiva económica. Relación Docente/Discente: Modelo tecnológico Tercera generación Años 70 Enfoque de la generación crítica solidaria UNESCO(1974) publica la “Recomendación sobre la Educación para la Comprensión, la Cooperación y la Paz Internacional y la Educación relativa a los Derechos Humanos y las Libertades Fundamentales”, en la que la mirada se vuelve hacia la relación local-global. Los ciudadanos empiezan a considerarse como agentes de cambio. Surge la Educación Popular en Latinoamérica con Paulo Freire encabezando este movimiento. Relación Docente/Discente: relación horizontal y dialógica entre educadores y educandos propuesta por la Educación Popular. Educar para la participación ciudadana En la EnsEñanza dE las ciEncias socialEs 154 Cuarta generación Años 80 Enfoque del desarrollo humano y sostenible Dimensión integral de las problemáticas que afectan a los países. Incorporación de nuevos elementos al terreno de juego (la crisis del desarrollo, los conflictos armados, los derechos humanos, la democracia, el medio ambiente, el desarrollo sostenible, la dimensión de género…). La ONU (1987) publica “Nuestro Futuro Común”, en donde se afirma que los problemas medioambientales son globales y consecuencia de la desigualdad entre países desarrollados y subdesarrollados. Relación Docente/Discente: docente como guía del proceso de enseñanza/aprendizaje. Quinta generación Años 90 hasta hoy Enfoque de la ciudadanía global La UNESCO (1990) publica la Declaración Mundial sobre Educación para Todos, incorporando el civismo constructivo global, como contenido escolar a considerar en todo el planeta. Educación para el desarrollo enfocada a entender el medioambiente y las consecuencias del fenómeno de la globalización. Promover la conciencia de ciudadanía planetaria y la participación ciudadana. Relación Docente/Discente: Investigación en la escuela. Tabla 2. Generaciones de la Educación para el Desarrollo. Fuente: Elaboración propia a partir de las aportaciones de Mesa (2000) y Solano (2011). Educación ciudadana planEtaria como basE dE la participación En la EscuEla La ciudadanía es una cultura común a construir en la que Escuela y Estado tienen una responsabilidad ineludible. Cada vez más, la escuela pública debe reinventarse para dar respuesta a un modelo de escuela inclusiva donde el trabajar con el principio de equidad sea una realidad. Es evidente que ante estas transformaciones del mundo, la educación no ha permanecido ajena, siendo necesario plantearse cuestiones tales como: ¿Cuál es la responsabilidad de la escuela? ¿Cuál es nuestra responsabilidad como docentes y como ciudadanos? Y sin duda la más importante: ¿Qué educación queremos? La traducción del fenómeno globalizador en las aulas se ha visto reflejado en educandos competitivos, autosuficientes, egoístas y egocéntricos donde el “yo” está por encima del “nosotros”, y ofreciendo una visión localista que en nada favorece a las problemáticas actuales, que requieren de una visión planetaria más que nunca. Pero esta nueva forma de entender el mundo y los constantes cambios a los que se está viendo sometido nos hace reflexionar sobre los derechos adquiridos en pro de una nueva forma de entender la ciudadanía desde la cual abordar los nuevos valores a inculcar en nuestros educandos en este siglo XXI, era del conocimiento y de los nuevos valores olga morEno fErnándEz Educación Ambiental y Educación para la Ciudadanía: Ampliando derechos hacia... 155 sociales. Siendo ante estas realidades donde los educadores tienen la responsabilidad de que todo el alumnado, perteneciente a una comunidad y un contexto determinado, aprenda junto, independientemente de sus características personales, sociales o culturales, dando lugar a una ciudadanía común donde las diferencias sean un valor añadido. Los cambios acontecidos en los últimos años han transformado a la comunidad educativa en un nuevo espacio de convivencia, donde sus diferentes actores y sus códigos de normas propias promueven la acción colectiva, potenciando, como señala Cabrera (2002, p. 98) planteamientos de “ciudad educadora”, como la participación, el diálogo y el compromiso en una acción educativa crítica y transformadora. Ante estas cuestiones, la escuela cumple un papel fundamental. Esta institución no sólo forma a personas, sino también a ciudadanos, entendiendo a éstos más allá del concepto que hace referencia a individuos que viven en una comunidad “local” con una serie de derechos y deberes, y estando más cerca de un concepto de ciudadanos críticos, capaces de entender y valorar las problemáticas de su mundo y con capacidad para formar parte de una ciudadanía participativa, flexible y activa políticamente. Y es en las últimas décadas cuando se comienza a hacer referencia a la necesidad de conformar una ciudadanía planetaria, planteándose una nueva visión de los ciudadanos, una ciudadanía del mundo que sienta sus bases en la participación creativa de toda la comunidad, traduciéndose en la escuela en que el educador o educadora de la era planetaria tiene que vivir planetariamente, y por lo tanto educar ciudadanos con la misma filosofía. Una educación ciudadana planetaria que se traduce en dar una visión de polis mundial desde la escuela, donde todos los seres humanos, independientemente del lugar del mundo donde se encuentren, se sientan parte de un mismo pueblo y con un misma finalidad: la de participar de forma activa y responsable en las decisiones que afectan a nuestro hogar común, nuestro planeta. Algunos de los objetivos principales de esta ciudadanía planetaria son los siguientes (Moreno Fernández, 2011): • Sensibilizar al alumnado respecto a las problemáticas sociales, ambientales y económicas en las que se encuentra nuestro planeta. • Promover la participación social del alumnado desde su inclusión en la escuela. • Promover el cumplimiento de las normas como base de una ciudadanía democrática y crítica. • Favorecer el conocimiento personal y el aprecio por las diferentes formas culturales, viéndolas como enriquecimiento personal y social. • Evitar la vinculación del sentido de pertenencia a una identidad cultural determinada, favoreciendo el sentido de pertenencia a una identidad ciudadana planetaria. • Fomentar el ejercicio de valores democráticos a través de situaciones que se dan en la vida cotidiana. • Enseñar a pensar de forma reflexiva, crítica, integral y planetaria. • Fomentar una cultura de colaboración y no violencia, promotora de los valores radicales de la dignidad humana, que fomente la protección ambiental, la justicia social y económica y el respeto a la diversidad y la integridad cultural y ecológica (Novo y Murga, 2010, p. 5) Educar para la participación ciudadana En la EnsEñanza dE las ciEncias socialEs 156 Pero para que estos objetivos sean una realidad en la práctica escolar, es necesario que los docentes estén plenamente preparados para asumir la “planetariedad” a la que venimos refiriéndonos. Y esto no es posible más que aceptando los problemas en los que nos encontramos inmersos y alcanzando un proyecto de civilizaciones que se asiente en las relaciones de las sociedades (Gutiérrez, 2003, p. 137), donde los educandos participen activamente a través de la reflexión crítica y la creatividad. Una creatividad que no se basa en dar soluciones globales, sino soluciones locales que influyan de manera di-recta a nivel mundial. Y es que tal y como señala Gadotti: Educar para la ciudadanía planetaria implica mucho más que una filosofía educativa, el enunciado de sus principios. La educación para la ciudadanía planetaria significa una revisión de nuestros currículos, una reorientación de nuestra visión del mundo de la educación como espacio de inserción del individuo no en una comunidad local, sino en una comunidad que es local y global al mismo tiempo (2000, p. 8). conclusionEs En este nuevo comienzo de siglo se hace más que necesario que la escuela se acerque a una visión compleja del mundo en el que vivimos, fomentando valores donde construyamos otra globalización (Santos, 2000), fundamentada en el principio de solidaridad, tal y como propone la quinta generación de la Educación para el Desarrollo. La escuela ocupa un lugar primordial en la socialización de nuestros educandos, sin olvidar la labor que realizan familia y comunidad. Por lo que en ella, recae una responsabilidad en relación con la educación ciudadana planetaria que no puede eludir y para la cual tiene que partir de planteamientos críticos y responsables acordes a las necesidades de las nuevas realidades. Estas cuestiones que se nos plantean nos obligan a hacernos cargo de la responsabilidad que supone el reflexionar sobre cómo reorientar el currículo escolar, ofreciendo soluciones válidas a la adquisición de competencias y habilidades que el alumnado necesita para desenvolverse en este nuevo escenario. En coherencia con esta propuesta, queremos hacer reflexionar sobre la necesidad de un cambio progresivo y definido en las escuelas actuales. Una nueva forma de entender la educación, cuyos objetivos no sean tanto la transmisión tradicional del conocimiento; sino el conocimiento del mundo, sus problemas y sus posibles soluciones, promoviendo la acción comprometida con dichos problemas. Creando una escuela donde el diálogo, el debate, el respeto y el trabajo cooperativo, entre otros, sean los pilares de una sociedad plural, diversa y tolerante, donde la educación en valores sea un recurso indispensable en la elaboración de los currículos escolares, para fomentar valores acordes con la ciudadanía planetaria que se plantea. Y para ello es deseable una educación vinculada a una participación activa y comprometida, llevada a cabo a través de la acción, y referida a problemáticas reales a las que se enfrenta la ciudadanía, y no sólo en el contexto social, sino también dentro del entorno escolar donde el alumnado tiene una capacidad real de intervenir y ser escuchado (García Pérez y de Alba, 2008). olga morEno fErnándEz Educación Ambiental y Educación para la Ciudadanía: Ampliando derechos hacia... 157 Somos conscientes de que estos cambios, aunque necesarios y deseables, necesitan un proceso de reflexión e implantación, y de que los cambios educativos son lentos y complejos, pero también de que la escuela es uno de los agentes socializadores más eficaces para el cambio. Quizás una ciudadanía planetaria no sea visible en esta generación, ni en la siguiente, quizás necesitemos varias generaciones para hacerla una realidad, pero el estar aquí realizando propuestas y observando cómo desde distintos lugares del mundo se trabaja en esta línea nos hacer pensar que en un futuro esto será posible.