Un arquitecto creador
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UN ARQUITECTO CREADOR Por Víctor Pérez Escolano 11 ANDALUCÍA es un país grande y complejo, con un pasado extraordinario y un futuro ambicioso. Guillermo Vázquez Consuegra pertenece a una generación afortunada porque, tras la dureza de su juventud, las décadas en que transcurre su edad adulta se corresponden con un avance significativo en nuestra historia. Él ha contribuido a esa historia, con su esfuerzo y su capacidad, como otros muchos en múltiples campos de conocimiento y actividad. Pero aquí celebramos a quien, de forma destacada, procura la calidad del medio físico, el territorio y las ciudades, no solo en Andalucía, y favorece las condiciones de vida de la ciudadanía. La arquitectura, antigua e insustituible profesión, cumple su misión de diversas maneras, con distinta fortuna, pero con un amplio elenco de obras valiosas diseminadas por todo el territorio. Y entre los arquitectos andaluces cada vez son más quienes se conducen de manera rigurosa, con solvencia técnica y fuerza creadora. Es por ello que quienes han cumplido una prolongada trayectoria siguiendo esas pautas de manera extraordinaria sean reconocidos y presentados bajo esos atributos, no solo con un propósito ejemplarizante entre sus compañeros, sino ante la sociedad para que identifique la arquitectura de excelencia en Andalucía. Guillermo Vázquez Consuegra ha obtenido el primer Premio Andalucía de Arquitectura, otorgado por la Consejería de Vivienda y Ordenación del Territorio de la Junta de Andalucía, al conjunto de su trayectoria profesional. Desde sus inicios se aprecia una disposición, un modo de entender la arquitectura como artefacto humano, de resolver la construcción del espacio donde las personas habitan y se dilucida el destino de nuestras demandas individuales y sociales. Y lo ha realizado mediante una búsqueda paciente, la que adorna a los creadores perseverantes, dotados de carácter, convicción y dominio técnico. Casi cuatro décadas de sólida trayectoria, en la que se reúnen proyectos y obras de distinta envergadura, que debe ser observada como un ejercicio privilegiado de cultura. El sentido final de este Premio es el de manifestar ante la sociedad el significado de los valores que ofrece la arquitectura de calidad. Es habitual que la historia cultural no integre todas sus componentes, y que la arquitectura permanezca ajena, a pesar de su omnipresencia, atrapada en lugares comunes de incomprensión. ¿Cómo puede ser posible una historia cultural sin los escenarios de la vida, reducida al territorio de ficción de la narrativa, a las obras de arte abstraídas de su ubicación, a la música sin el espacio imprescindible para apreciarla? La grandeza de la arquitectura radica en que ninguna otra disciplina responde con similar integridad a esta misión tan sublime y realista. Nada que no sea la arquitectura es capaz de definir sensiblemente el escenario de la vida humana, en la grande y la pequeña escala, con las determinaciones exigidas para habilitar viejas y nuevas funciones, y las cualidades del espacio y las texturas materiales construidas hábilmente que se configuran y contextualizan para ordenar contemporáneamente el paisaje y el ámbito del habitar, la vida humana. El proyecto en Vázquez Consuegra siempre ha procurado esos valores, por ejemplo desde los trabajos iniciales dedicados a la vivienda unifamiliar, como la Casa Rolando, o los destinados a la vivienda social, en Sevilla, Cádiz o Rota, hasta la remodelación de áreas urbanas, como sus propuestas y realizaciones para Vigo, que le valieron el Premio Nacional de Arquitectura, pasando por intervenciones en la arquitectura heredada, como la sede del Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico en Sevilla o, en curso, la de la Presidencia de la Junta de Andalucía, y
los nuevos y diversos edificios públicos, como el Pabellón de la Navegación de la Expo’92, el Museo de la Ilustración en Valencia, el del Mar en Génova, el de Arqueología Marítima en Cartagena o el Ayuntamiento de Tomares. Un arco variado de propuestas, que no se agota en las citadas, y que se han ido desarrollando acompasadas con la vicisitud española, desde la transición a la democracia hasta la unión europea, en tiempos de bonanza y en tiempos de crisis, en un proceso tan solvente como complicado, en el que la iniciativa pública ha sido la base sobre la que la arquitectura en España ha llegado a destacar en el panorama internacional. Reiterar un comentario sobre los concursos, procedimiento esencial en los treinta años de democracia, y de los que Vázquez Consuegra ha sido un partícipe paciente y no siempre afortunado. Un ejemplo crítico en la España constitucional es el de la administración de justicia, cuya independencia como poder del Estado tiene que compadecerse con la gestión autonómica de su arquitectura. El caso de las nuevas sedes judiciales en las ciudades más necesitadas de modernizar una justicia problemática, ha sido piedra de toque en la trayectoria de Vázquez Consuegra. Desde el fallido concurso de Valencia, y tras sucesivos concursos para Málaga, Almería, Barcelona y Ciudad Real, solo este último cuajó en edificio; sin embargo, todos ellos han hecho del arquitecto un experto en esta tipología que en España ha pasado de «palacio» a «ciudad de la justicia», reflejo del propósito de una mayor proximidad al ciudadano. Del espacio de habitación al espacio de ciudadanía, la investigación prolija y perseverante fundada en un solvente dominio técnico, modulado en lo ajustado de su conveniencia y adecuación, sin rigidez funcional, armonizando sistemas constructivos tradicionales con innovaciones materiales y tecnológicas, procurando su adecuación tectónica y figurativa, se ha constituido en actos de creación. En sus proyectos ha mantenido plenamente operativo el ejercicio de imaginación visual mediante bocetos gráficos y maquetas en los que se prevé el resultado con la respuesta a los problemas afrontados, su implantación en el lugar y su destino paisajístico. Un proceso que integra una estabilidad de los patrones lingüísticos de su arquitectura, consistentes en el establecimiento de una idea figurativa de equilibrio y coherencia formal nunca sujeta a predeterminaciones. Esto le otorga a su obra una cualidad de modernidad estricta, coherente con valores que han atravesado la encrucijada del siglo XX al XXI. Los creadores auténticos tienen el don de iluminar el mundo con las obras que producen. No estaban y aparecen, y al hacerlo nos atraen, disfrutamos con ellas, nos dan más de lo que esperamos. Una realidad diferente existe gracias a los creadores. En arquitectura eso significa que quien lo es auténtico, como Guillermo Vázquez Consuegra, es capaz de ofrecernos un espacio valioso que antes no existía, un fragmento de realidad que aparece y transforma el paisaje, pero que en ese instante se dota de esa rara excelencia que sensibiliza a las personas y satisface a la comunidad en sus necesidades, sí, pero también le permite reconocer orgullosa su identidad contemporánea. 12
