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MIRADA FEMENINA: GITANAS EN SITUACIÓN DE POBREZA CRÓNICA EXTREMA Illanes Segura, Rocío Departamento Psicología evolutiva y de la educación Universidad de Sevilla [email protected] Lera Rodríguez, María José Departamento de Psicología evolutiva y de la educación Universidad de Sevilla [email protected] RESUMEN Con este trabajo pretendemos dotar de voz a las mujeres y niñas gitanas que sobreviven en un asentamiento chabolista de la provincia de Sevilla, situación que provoca una triple discriminación. En primer lugar están excluidas socialmente por vivir inmersas en la más extrema pobreza, situación que se ha cronificado generación tras generación; en segundo lugar por su condición de ser gitanas, pueblo perseguido y excluido históricamente; y por último, por ser mujeres, lo cual supone contar con menos posibilidades, a pesar de ser ellas las que unen y las que “sacan adelante” a sus familias. Hemos realizado un acercamiento a sus vidas cotidianas, sus problemas más comunes y las estrategias que ponen en marcha para solucionarlos. Conocer esta realidad desde la mirada femenina ha supuesto acercarnos a una realidad compleja y poco visible, además de permitirnos entender como las políticas sociales, en gran medida sustentadas en una concepción de la cultura de la pobreza que corresponsabiliza a las propias víctimas de su desgraciado destino, no están siendo útiles para terminar con esta discriminación. A pesar de existir unas estrategias nacionales diseñadas para el pueblo gitano, lo que nos expresan estas mujeres y niñas es que tienen poca repercusión en colectivos tan aislados como son los residentes en este asentamiento. PALABRAS CLAVE Mujer, exclusión, pobreza crónica extrema, gitana, discriminación 875
INTRODUCCIÓN La pobreza es entendida como carencia de recursos, sin embargo consideramos oportuno ampliar el concepto, teniendo en cuenta la dificultad de acceso a bienes materiales y sociales, así como la capacidad de los individuos para acceder a ellos y utilizarlos de forma eficaz. Para definir la pobreza tomaremos la propuesta de Agulló (2004, pag 45): Un portal (un estar abocado a, expuesto a) que se abre a toda una suerte trágica y dramática de situaciones de marginación y exclusión social. La pobreza acaba siendo una especie de puerta a la no-ciudadanía, una negación de los derechos más esenciales de los hombres, una entrada a un espacio sin orden ni concierto, unas zonas de desestucturación, desvertebradas y desasistidas, que impiden el desarrollo de aquellos valores y derechos fundamentales que conducen a la dignidad y el respeto entre los hombres. Si seguimos a autores como Despouy, (1996) citado por Ochoa, (2000) distinguimos entre la pobreza absoluta y pobreza relativa, la primera contempla dos subtipos (crítica y extrema), mientras que la pobreza relativa hace referencia a lo relativo del concepto en función del lugar donde se mida. Cuando se habla de pobreza crítica se hace referencia al coste de los alimentos y de otros gastos (incluyendo impuestos y gastos corrientes), mientras que cuando hablamos de pobreza extrema, ésta sólo considera los gastos alimenticios. Es decir se encuentran en pobreza extrema aquellas familias que destinen todos los ingresos a la compra de alimentos, sin alcanzar a comprar tan siquiera la dieta básica alimentaria. Esta situación de vulnerabilidad social relacionada con la pobreza puede ser transitoria o puede ser crónica. Actualmente y debido a la situación de crisis financiera, la pobreza transitoria es más habitual de lo que pensamos. Según el VI Informe sobre exclusión y desarrollo social 2008, España destaca por ser uno de los países con mayores niveles de pobreza transitoria de Europa (FOESSA, 2008). La pobreza crónica implica un círculo difícil de romper, y en el que los niños y niñas se ven especialmente afectados, ya no solamente por la pobreza, sino por su vulnerabilidad al no disponer de adecuados mecanismos adaptativos para la misma. Diversos estudios señalan que el estrés asociado a la pobreza golpea doblemente a los niños menores de seis años; estos menores pobres serán doblemente castigados, por el estrés de la pobreza de su familia y por el especial impacto en su desarrollo emocional y afectivo (Wadsworth, 2008). Parece, pues, que si la pobreza es crónica conlleva un “efecto negativo en cadena” donde toda una serie de episodios estresantes aparecen en la vida del individuo, sin posibilidad de dar una respuesta adecuada, lo que aumenta su impotencia, nivel de estrés y depresión, y el círculo continua (Rutter, 2000). Esta perspectiva a veces se utiliza para explicar que los pobres son incapaces de romper este círculo de empobrecimiento, llegando a una aceptación de la continuación de tal ciclo, en parte fundamentado en que las experiencias infantiles determinan el éxito adulto en la vida. La población gitana en la que centraremos nuestro estudio se encuentra en situación de pobreza crónica extrema, además de pertenecer a un colectivo excluido socialmente como es la población gitana. Se trata de un pueblo con el que cometemos el error de asociar la pertenencia étnica (a pesar de no haber ningún genotipo ni fenotipo que lo justifique) con situaciones de privación material, exclusión social y autoexclusión. Debemos ser conscientes de que la población gitana es 876
heterogénea y numerosa. Se calcula, que en nuestro país puede haber entre 725 y 750 mil personas gitanas, cifras relativas debido a la dificultad que conlleva contabilizar esta población. Sin embargo, sí se tiene conocimiento preciso de que la población gitana se encuentra distribuida por todo el territorio del Estado, siendo su presencia más destacada en Andalucía con un 40% de la población total (Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, 2012) Los gitanos y gitanas en este país se han caracterizado por ser un pueblo perseguido y excluido (CREA, 2006-2011), en una lucha por la supervivencia (Pabanó, 1915). En el territorio andaluz son muy numerosos, especialmente en Sevilla, donde según el III Informe de desarrollo territorial de Andalucía se estima unos 460001 residentes en esta provincia. (Pedregal Mateos, B y Pita López, F.; 2010 pag. 235). A pesar de que este colectivo ha experimentado importantes avances sociales en las últimas décadas en nuestro país, persisten los prejuicios negativos hacia las personas gitanas, lo cual provoca que continúen siendo uno de los grupos hacia los que mayor rechazo social existe, principalmente en aquellos contextos más desfavorecidos y en situación de pobreza. Un alto porcentaje de la población gitana en Sevilla vive en guetos, en ciudades urbanas y con gran densidad de población; su trabajo más frecuente es marginal y de escasa cualificación (chatarrero). Estas características las arrastra la población gitana desde hace más de 400 años (Pabanó, 1915). Esto implica, como afirmábamos anteriormente, la cronificación de la situación de marginalidad, pobreza y exclusión. Macías y Redondo, (2012) defienden la idea de que incluso desde las investigaciones realizadas en este colectivo se ha contribuido a la exclusión que este pueblo sufre, puesto que se realizan afirmaciones relacionadas con los menores y con las mujeres como son: la repugnancia a la escuela, desinterés por la familias gitanas en relación a la educación de sus hijos o la incapacidad de las gitanas/os para asumir los contenidos académicos por no ser relevantes para su supervivencia (Macías y Redondo, 2012, pag. 83). Sin embargo, en aquellas investigaciones que incorporan la voz del pueblo gitano podemos destacar la participación activa de las mujeres en todas ellas (CREA, 2006-2011), convirtiéndose en pilares claves para la transformación de este pueblo. “las mujeres gitanas son sujetos activos para cambios potenciales hacia una educación igualitaria entre los géneros y las culturas” (Drom Kotar Mestipen, 2007 pag. 15) Con estos ejemplos se contradice la visión de la mujer gitana como mujer pasiva, sumisa que no sabe defenderse, siendo este artículo una forma más de acercarnos a la realidad de las mujeres y niñas gitanas, en concreto a las residentes en un asentamiento de infraviviendas y chabolas situado en Alcalá de Guadaira, en concreto en la Verea del Cerero. Son ellas, las que nos exponen los problemas de su vida cotidiana y su forma de afrontarlos, así como sus esperanzas e ilusiones. INVESTIGACION Muestra e instrumentos Nos hemos acercado a un asentamiento gitano muy particular. Se trata de los miembros de una familia extensa, la cual vive en la zona desde hace aproximadamente una década. Está compuesto por cinco grupos familiares con características especiales. La mayoría cuenta con un número de hijos/as muy elevado (hasta 10 hijos/as), cuentan con varios enfermos (deficientes físicos, psíquicos y con desórdenes mentales) y se trata prácticamente de un matriarcado. 1 ofrece datos de estimación de población correspondientes a 1994. 877
El analfabetismo predomina entre los residentes en el asentamiento, incluso desconocen los números o la interpretación del tiempo (calendario o reloj). Tan sólo cuentan con ingresos económicos que provienen de las ayudas sociales vinculadas al número de hijos/as o al salario social. Además de lo que puedan conseguir por la recogida y venta de chatarra (trabajo de los hombres) y gracias a la caridad de la gente de Alcalá (las mujeres se dedican a pedir en el pueblo). Se escoge esta muestra debido a que se trata de un colectivo que ha sido objeto de estudios desde el 2004, resultando por tanto, una población de fácil acceso, por contar con redes de confianza establecidas que nos permiten el acceso al mismo. El número total de participantes en el estudio serán las mujeres y niñas mayores de 8 años residentes en el asentamiento (N= 12). Serán cinco menores de edad y el resto mayores de 18 años. Familia Número de miembros Discapa citados Menores Cabeza de familia Participantes en el estudio MUJERES NIÑAS Fam. 1 3 2 0 madre 1 Fam 2 12 0 10 madre padre 1 3 Fam 4 7 1 2 madre 1 1 Fam 5 6 1 1 madre 3 Fam 7 7 0 5 madre padre 1 Fam 8 6 0 4 madre padre 1 6 41 4 22 6 3 7 5 Tabla 1.- Población de estudio Para explorar sus condiciones de vida, los problemas cotidianos y formas de afrontarlos se realizaron entrevistas a las seis familias del asentamiento en marzo de 2011 (mujeres) y entrevistas semiestructuradas a las menores en julio de 2011. Las entrevistas que se realizaron a las mujeres estaban centradas en conocer sus vivencias en el asentamiento (rutinas), así como para profundizar en la búsqueda de “soluciones” y estrategias para afrontar los “problemas” del día a día. Además incluimos los “deseos” formulados por las entrevistadas en relación a su futuro. Para recopilar esta información se visitaron los hogares de las diferentes familias y se entrevistó a las personas que se encontraban en ellos. En todos los casos, son las mujeres las que nos atienden y responden amablemente. Las entrevistas semiestructuradas utilizadas con las menores, fueron entrevistas adaptadas para la recopilación de información para un estudio más amplio sobre resiliencia en estos menores. Concretamente, se trata de una adaptación de la entrevista de Castañeda y Rodríguez, (2005) que utilizó para conocer los niveles de resiliencia en menores en situación de desamparo. De estas entrevistas, hemos seleccionado aquellos ítems relacionados con las categorías anteriormente descritas para las adultas: 878
- Rutinas (la ubicación del sujeto o descripción de la forma de vida), - Problemas y formas de afrontarlos (soluciones) - Deseos (la esperanza de futuro e ilusiones). Para la recopilación de esta información, las niñas fueron entrevistadas por dos personas habituadas a trabajar con colectivos en exclusión, capaces de adaptar el lenguaje para hacerles comprender los instrumentos utilizados y con habilidad para la reformulación durante el transcurso de la entrevista. Mientras que la recogida de datos con las adultas se realizó en cada casa, para la realización de las pruebas a los menores se decide llevarlas a cabo en un contexto con mejores condiciones ambientales que en el propio asentamiento. Resultados Presentamos los datos divididos en función de la categoría a analizar, comenzaremos por la descripción que realizan de su día a día: - Rutinas Los datos han sido analizados en función de su frecuencia, así podemos comprobar en esta tabla (tabla 2) la primera y principal rutina que todas tienen es “caminar hasta el pueblo”. Este caminar hasta el pueblo no es precisamente un paseo, sino que consiste en transitar una vía pecuaria (camino de cuchipanda), repleto de baches, tierra y fango, y que mide unos tres kilómetros, además de caminar durante otro kilómetro de carretera sin andén (carretera Torreblanca-Mairena del Alcor) jugándose la vida mientras lo transitan. Frecuencia RUTINAS Mujeres (N=7) 6 1. Caminar hasta el pueblo 6 2. Pedir limosnas 5 3. Cuidar a discapacitados y menores 5 4. Cocinar Niñas (N=5) 4 5. Jugar (se van al árbol y con sus primos) 3 6. Ayudar a limpiar y a los cuidados de discapacitados y menores 3 7. Escribir (en el colegio) Tabla 2.-RUTINAS Una vez en el pueblo, su tarea es pedir limosnas y comida, así como gestionar cualquier tipo de ayuda en servicios sociales del Ayuntamiento, en el que le exigen que estén a primera hora. De la misma forma sucede para recoger comida en organizaciones como Cáritas, que exige que cojan número temprano. Esta tarea, que en un principio parece simple para cualquier persona que reside en el pueblo, para estas mujeres supone levantarse muy temprano (sin reloj) para preparar a los niños/as en edad escolar y una vez que éstos se hayan marchado en el autobús hacia el centro educativo, con los más pequeños ir al pueblo y llegar antes de que se acaben los números. Por tanto, no siempre obtienen los resultados esperados, ya que lejos de facilitarle el acceso a 879
estos recursos sociales, se les trata de igual forma que a los demás sin tener en cuenta sus circunstancias específicas. Cuando vuelven de estas caminatas y de pedir (literalmente “buscarse la vida”), se dedican a cuidar a los menores y discapacitados, aseándoles e intentando proporcionar alguna comida. Para ello cocinan, pero ante la falta de energía y mínimas condiciones, esta tarea se convierte en un problema pues no tienen cómo ni donde cocinar (problema). Las niñas citan los juegos entre ellos, con sus primos, irse al árbol, meterse en el bidón de agua, etc.. también hacer referencia a la ayuda que prestan a las madres con las tareas y rutinas cotidianas como sus tareas más frecuentes, así como intentar hacer lo que les piden en la escuela (escribir) Todas las niñas durante la entrevista verbalizan que se sienten mal viviendo en la Verea y no les gusta la vida allí, algunas nos hace una descripción de la vida diaria exponiendo las dificultades a las que se enfrentan. Sin embargo, destacamos que son capaces de encontrarle el lado positivo y valorar el día que cuentan con gasolina, porque pueden ver la televisión y el día es más ameno. Otro de los reconocimientos es el apoyo que se prestan unos a otros como lo más positivo de vivir en esas condiciones. “A veces buenos momentos, a veces malos depende del día en función si hay gasolina porque nos da la luz” (niña fam. 7) “Y cuando llega el invierno la verdad, las casas se mojan, la ropa, se mojan las mantas, las (…) se mojan del agua… y no pueden salir los niños a jugar, ni podemos salir al pueblo, para que mis tías y mi abuela y mis padres puedan pedir… no podemos poner la candela para hacer de comer, porque bombona no tenemos… tampoco tenemos luz para ver por la noche, tampoco tenemos dinero para comprar vela…”(niña fam 2) - Problemas y soluciones Las respuestas obtenidas por parte de las mujeres adultas del asentamiento en relación a los problemas más frecuentemente presentados, y las soluciones que aplican a los mismos, hemos ordenado los datos por rangos. Rango 3 cuando todas los mencionan, rango 2 la mayoría de ellas, y rango 1 algunas de ellas (ver tabla 3). RANGO PROBLEMAS SOLUCIONES 3 Luz (electricidad) hogueras y velas 3 Despertarse el gallo no duerme, mirando el reloj 3 Frio bidón con candela candela y mantas de los reyes 2 Comida Pedir 2 Goteras, llueve cambio de cartones nos tapamos la cabeza con una manta 2 Salud, niños enfermos pedir para los medicamentos llaman a JA (ONG), pero no coge el teléfono 880
Tabla 3.- problemas y soluciones Los principales problemas que todos abordan y les afecta negativamente a su vida es la falta de electricidad (luz), que compensan con hogueras y velas. El frío, que igualmente lo combaten con las hogueras y mantas cuando tienen, y se añade el problema de despertarse, dado que todas las familias –excepto la cincotienen menores de edad escolar, y tienen que levantarse, preparar el desayuno y llevarlos hasta el autobús. No se pueden quedar dormidas porque supondría que sus hijos e hijas no acudieran al centro educativo. Las soluciones que tienen son rudimentarias como escuchar al gallo, o simplemente no dormir, esperando que amanezca. Hay que añadir a la falta de energía y de relojes, la falta de competencias mínimas para saber la hora qué es (leer el reloj). En el segundo grupo aparecen problemas de aseo, ropa limpia, comida, salud de los niños y de los discapacitados, y las goteras cuando llueve. La comida la resuelven en el pueblo mendigando, el aseo y la ropa limpia, lavando a mano y calentando agua para asearse mínimamente, en cuanto a la salud de los niños tienen que pedir dinero para adquirir medicamentos, y cuando no pueden llevarlos al hospital o al centro de salud llaman a la ONG que interviene en la zona (responsable del plan integral), pero al parecer no siempre coge el teléfono. Las goteras cuando llueve lo resuelven renovando los cartones que cubren el techo o tapándose con una manta para no mojarse mucho mientras duermen. En el tercer lugar aparecen otros problemas no menos significativos, e igualmente sin soluciones. El problema de no saber, difícilmente compensable pues no saben leer ni nadie les están habilitando programas de alfabetización a pesar de su interés; el problema de dormir, pues la mayoría lo hace en el suelo, y el problema de los pequeños que tienen miedo por la noche (viven entre ratas, y entre ruidos), lo cual solucionan durmiendo todos juntos (hasta 5 y 6 en una cama, o sobre una manta). El problema del agua se ha solucionado parcialmente, y la empresa municipal rellena unos depósitos dos veces a la semana, otra cosa es que el agua se contamina por la presencia de bacterias debido a su estancamiento, las altas temperaturas y la poca frecuencia de cambio de la misma. - Deseos Como vemos los problemas que enfrentan en el asentamiento están totalmente condicionados por sus formas de vida, sin unas condiciones básicas que permitan una vida normalizada. Es por ello que cuando hemos preguntado por sus deseos, todas las familias repiten que una casa donde vivir, con luz, y agua, que les permita una vida normal como cualquier ciudadano; también añaden un trabajo, pues necesitan ocuparse y ser remunerados y gratificados por el trabajo que 2 Aseo calienta agua y lo hace como puede en un barreño con agua caliente 2 Ropa limpia lavar a mano 1 Agua los barriles 1 Dormir dos camas y suelo 1 Saber no sabe leer 1 Miedo de noche nos acostamos todos juntos 881
desempeñan, algo que por ahora tampoco se consigue. Como es evidente, todas imaginan un futuro mejor, en una casa y con un trabajo. Las expectativas hacia el empleo no son altas, aunque todas las niñas comentan al menos un oficio y en la mayoría de los casos exponen su motivación hacia el mismo, bien porque les guste la tarea concreta o porque son conscientes de lo que saben hacer. En el análisis de estas respuestas valoramos positivamente el incluir detalles sobre el futuro imaginado, lo cual significa que lo hacen más realista y que verdaderamente lo consideran alcanzable. Veamos algunos ejemplos: “que me vaya bien mi trabajo, con un hombre bueno, una casa” (niña fam7) “tener una casa con luz y agua y mucha salud… Quiero ser peluquera y tener una familia” (niña fam 2) “en una casa limpiando en el pueblo, es lo que sé hacer” (mujer fam 4) “conseguir una casa y trabajo(…) arreglá layuda de dependencia…” (mujer fam 5) Las respuestas obtenida sobre qué está haciendo en este momento para conseguir esa meta futura, encontramos acciones concretas, otras más genéricas como es estar estudiando y tan sólo una mujer responde que no está haciendo nada para conseguirlo. Veamos algunos ejemplos: “firmar los papeles para la casa” (mujer fam. 5) (recogida de firmas para la petición de una vivienda de alquiler en régimen de protección oficial al Ayuntamiento), “Sacar el carnet de conducir, para llevar enfermos, ayudar a mi familia, darles cosas, comprar cosas (comida, chuches juguetes). Lo importante sería tener luz y agua. Lucharemos para que el alcalde nos dé una casa” (niña fam. 2) En algunos casos, las peticiones son concretas y reflejan la discriminación que sufre la mujer en estas condiciones, ya que actualmente la ONG que interviene en la zona ha habilitado que dos hombres (no padres y mayores de edad) estén asistiendo por las tardes a clases de alfabetización cuyo objetivo es sacarse el carnet de conducir, y algunas de las mujeres nos comunican, como vemos en esta frase, que les gustaría aprender también como lo están haciendo ellos (si bien el éxito de esta iniciativa está siendo nulo). “quiero aprender y poder sacarme el carnet” (mujer fam.5) CONCLUSIONES El acercamiento a sus condiciones de vida, problemas, soluciones y deseos nos muestra un colectivo de mujeres que sumidas en una pobreza crónica extrema nos narran situaciones atemporales, de manera que nos resulta complicado entender cómo el agua puede ser un problema cuando las rotondas de los polígonos industriales cercanos al asentamiento derrochan agua en cada una de ellas, hasta tal punto que los olivos se pudren por la humedad; agua que además de ser potable llega a estos olivos muertos, pero no a los vivos que son pobres, gitanos y excluidos. La falta de agua potable y de energía eléctrica les lleva a vivir en condiciones de la edad media, a pesar de tener a dos kilómetros de allí un enorme centro comercial con toda la más alta tecnología (electricidad, wifi, etc…) propia del siglo XXI. 882
Estas condiciones de vida les llevan a afrontar una serie de problemas básicos para la supervivencia como es la adquisición de comida, el acceso al aseo, el cuidado de los discapacitados y menores, y las fuentes de energía (gas y gasolina). Sus dificultades aumentan cuando la búsqueda de soluciones, se realiza desde el más absoluto desamparo, dada su falta de competencias básicas para la vida en este siglo (la alfabetización), lo que les lleva a permanecer en la rueda negativa de su destino, donde su situación empeora cuanto más tiempo perduran estas condiciones de vida, acumulándose los problemas de salud (diabetes, embolias, bronquitis, neumonías, diarreas, anemias…), de salud mental (esquizofrenia, depresiones, crisis de ansiedad), legales (multas), de relaciones sociales (renegados a la más absoluta exclusión social),…. Este tipo de problemas sin difíciles de afrontar para cualquier familia, sin embargo, ellas no parten desde el mismo punto de salida que el resto, ya que además deben sortear la creencia de que “los pobres son pobres porque quieren”, idea que responde a la “cultura de la pobreza” compartida en nuestra sociedad occidental que de alguna manera corresponsabiliza a la víctima de su situación, proponiéndoles soluciones ficticias que no solo son irresponsables, sino que alimentan en ellos la percepción de que además de ser pobres, lo son porque se lo han buscado, y cualquier solución que ingenien será inadecuada. Esta idea, sobre la “cultura de la pobreza” ya fue defendida en la segunda mitad del siglo XX por Michael Harrington (1962) en su libro The Other America , idea interpretada por Oscar Lewis(1970) en sus estudios sobre la pobreza. Con ello se traslada una idea perjudicial para los pobres y cómoda para los no-pobres: “la pobreza estaba causada no por los salarios bajos o la falta de empleo sino por actitudes reprobables y estilos de vida irresponsables. Los pobres eran gente licenciosa, promiscua, tendentes a la adicción y al crimen, incapaces de “demostrar gratitud” o posiblemente incluso de utilizar un despertador. De hecho, Charles Murray aseguró en su libro de 1984 Losing Ground (perdiendo pie) que cualquier intento de ayudar a los pobres con sus circunstancias materiales traería la única consecuencia esperada de agudizar aún más su desconsuelo. (Ehrenreich, 2012) Comentábamos la actuación loable de la ONG de ofrecer cursos de alfabetización a dos hombres para sacarse el carnet de conducir (excluyendo de esta oportunidad a las mujeres); tras tres años de clases ni saben leer, ni se sacan el carnet, lo que les lleva además a percibirse a sí mismos como incapaces, y se confirmaría que ni siquiera con ayuda directa pueden salir de su situación de miseria. De igual manera, a pesar de que los menores acuden sin faltar al centro escolar, sus competencias de lecto-escritura distan de ser parecidas a la población “normalizada”. A pesar de las vivencias reales de una situación de pobreza crónica extrema, son las mujeres y madres quienes continuan proporcionando vida al asentamiento; caminando tres kilómetros insufribles para buscar comida, acudir al médico, pedir una cita con la trabajadora social o comprar medicinas. Mujeres que a pesar de su sufrimiento siempre nos reciben con una sonrisa, y una frase esperanzadora, pensando que el futuro será mejor, y para ello siguen viviendo cada día, una vida de supervivencia que les lleva a caminar, lavar a mano, cocinar en una candela, lavar a sus discapacitados y menores con un cubo de agua putrefacta calentada, y aún así son percibidas como vagas, que no hacen nada, y con una cultura que defienden que tienen que “hacer algo” para salir de donde están, sin valorar en lo más mínimo que ya hacen mucho más que cualquiera. Lástima que sean solo las pobres crónicas y extremas las que sobreviven sin electricidad, ni comida y con tantos hijos e hijas, pues si fuesen más la pobreza sería compartida, y sería mucho más fácil al menos compartir sus penas. 883