La Sonata del Claro de Luna de Yannis Ritsos
Abstract
Yannis Ritsos (1909-1990) es uno de los poetas más influyentes de la generación griega de 1930, análoga a la generación del ‘27 en España. Los poetas de esa generación trajeron el surrealismo a la poesía griega, y, algunos como Ritsos, un claro compromiso político, reflejado en su poesía. Su obra más conocida/traducida es de carácter políticamente comprometido, de tono seco y épico. La "Sonata del claro de luna", el poema aquí traducido, es de un lirismo marcadamente diferente, y es menos conocido, aunque sea de una belleza y recursos artísticos impactantes.
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263 LA SONATA DEL CLARO DE LUNA DE YANNIS RITSOS Comentarios y traducción de Dimitris Kyriakou Yannis Ritsos (1909-1990) es uno de los poetas más influyentes de la generación griega de 1930, análoga a la generación del ‘27 en España. Los poetas de esa generación trajeron el surrealismo a la poesía griega, y, algunos como Ritsos, un claro compromiso político, reflejado en su poesía. Su obra más conocida/traducida es de carácter políticamente comprometido, de tono seco y épico. La "Sonata del claro de luna", el poema aquí traducido, es de un lirismo marcadamente diferente, y es menos conocido, aunque sea de una belleza y recursos artísticos impactantes. PALABRAS CLAVE: Yannis Ritsos, Sonata del claro de luna, generación de 1930, poesía griega del siglo XX, poesía y contexto histórico. Yannis Ritsos (1909-1990) is one of the most influential poets of the socalled 1930 generation of Greek poets (analogous to the 1927 one in Spain) who introduced surrealism in Greek poetry, and for some, such as Ritsos, a strong political engagement reflected in their poetry. His most read/translated work is imbued by a politically engaged, stark and epic tone. The poem translated/presented herewith is of a markedly different, lyrical character, and is less well-known, despite its arresting beauty and artistic elements. KEYWORDS: Yannis Ritsos, Moonlight Sonata, 1930 generation, XX-century Greek poetry, poetry and its historical context. Yannis Ritsos (1909-1990) solía decir que la poesía rara vez tiene la última palabra, pero casi siempre tiene la primera. Aunque fuera solamente por esta genial frase de Ritsos valdría la pena acercar al público español una de las facetas/obras menos conocidas de uno de los más importantes poetas griegos, y más generalmente europeos, del siglo XX. Seferis, Elytis y Ritsos son probablemente los tres poetas más influyentes griegos del siglo XX y forman parte de la generación de 1930, análoga a la generación del 27 en España. Los poetas de esta generación trajeron el surrealismo a la poesía griega, y algunos de ellos, Ritsos especialmente, un claro compromiso político que se refleja en su poesía. El poema aquí presentado/traducido, en lo que sabemos ©Cuadernos sobre Vico 21/22 (2008) Sevilla (España). ISSN 1130-7498 © del comentario y de la traducción: Dimitris Kyriakou
Cuadernos sobre Vico 21/22 (2008)264 por primera vez en España1, es un gran ejemplo de obras/facetas de Ritsos poco conocidas. Si su poesía, y más concretamente la obra aquí traducida, no es tan conocida fuera de Grecia, como la de Seferis y Elytis, esta relativa falta de notoriedad se debe en gran medida al hecho de que éstos recibieron premios Nobel de literatura (Seferis en 1963 y Elytis en 1979). El Premio Nobel es una plataforma de lanzamiento a la fama, máxime para quienes escriben en un idioma minoritario como el griego. Ritsos no ganó el premio Nobel, pero es quizás indicativo que cuando Elytis ganó el premio Nobel en el año 1979, Elytis dijo de su ‘rival’ que aceptaba el premio Nobel no sólo en su nombre sino también en nombre de Ritsos y en nombre de otros importantes poetas griegos que quizás no tuvieron el reconocimiento que merecían. El ya mencionado compromiso político de Ritsos y el reconocimiento que tuvo en Europa del Este durante la guerra fría, hacía muy difícil que se le otorgara el premio Nobel. Ritsos fue un conocidísimo miembro del partido comunista griego, pasando quizás más tiempo en cárceles y en el exilio que en libertad entre las décadas de 1930 y de 1970, y recibió como otros poetas griegos el premio Lenin. Se trata de un premio que estableció la Unión Soviética y fue el máximo premio, correspondiente al Nobel, en aquel periodo bipolar de universos paralelos, para los grandes creadores, no sólo poetas, que eran comunistas y que consideraban que la academia sueca que otorga los premios Nobel no les trataba con el respeto y ecuanimidad merecida. Hubiera o no prejuicio, es verdad que en todos los años que han coexistido los premios Lenin y Nobel es muy difícil encontrar personas que recibieran ambos, con una conocida cuasi-excepción –Jean Paul Sartre, que recibió el premio Lenin y también se le otorgó el premio Nobel, aunque no quiso aceptarlo. El caso de Ritsos es llamativo no sólo por la genialidad de su poesía, y de su relativa escasa notoriedad, sino también por su generosidad como traductor de poesía extranjera en griego (Ej.: del ruso, turco, español, francés). Décadas después de su aparición las traducciones que hizo Ritsos de poesía rusa siguen siendo un listón insuperable para cualquier traductor. Hay otro motivo por el cual la obra de Ritsos es atractiva para el traductor: su cercanía al alma griega y el encaje de su obra y de su vida en los acontecimientos del siglo XX, de importancia paneuropea y no meramente helénica. Ritsos publicó su primer poema en el año 1934, con el título de “Tractor”. Pero sería en 1936 cuando escribió su primer poema importante e influyente, llamado Epitafio, inspirado en los acontecimientos que tuvieron lugar en Grecia en aquel año; en concreto huelgas, manifestaciones y enfrentamientos con la policía, que se saldaron con la muerte de varios manifestantes, uno de los cuales fue fotografiado con su madre llorando sobre su cuerpo. Epitafio, escrito en 1936, es un poema que muchos griegos de entonces y de generaciones posteriores todavía conocen, al menos algunos trozos. Ritsos llega Dimitris Kyriakou 1. Aunque ha habido traducciones, de diferentes niveles de fidelidad, en Latinoamérica
Cuadernos sobre Vico 21/22 (2008) 265 La Sonata del Claro de Luna de Yannis Ritsos a entrar, quizás más que Seferis o Elytis, en el alma del griego, y en la manera de pensar de la gente en Grecia, de una forma más inmediata, más directa. Estos acontecimientos ocurrieron en mayo de 1936. El 18 de julio de ese mismo año tuvo lugar el golpe de Estado en España, que dio paso al comienzo de la Guerra Civil española. Un mes después, en agosto, se produjo un Golpe de Estado en Grecia, que originó la primera de las dos dictaduras que ha tenido el país desde entonces. Ritsos fue arrestado y encarcelado. Salió de la cárcel en 1945, al término de la Segunda Guerra Mundial. En 1946, diez años después de la Guerra Civil española, comenzó la Guerra Civil griega, que duró hasta el año 1949. Entonces fue de nuevo exiliado y encarcelado. Esto forjaría su carácter y su manera de ver su arte (que le acompaña en la cárcel) así como su visión del mundo en general. Pero, ¿por qué es importante este contexto más allá de su evidente importancia para Grecia? Las dos guerras civiles –la española y la griega– son como un marco entre cuyos bordes discurrió la Segunda Guerra Mundial. La Guerra Civil española marcó el fin de una época, los últimos coletazos de un eurocentrismo y su ancien régime herido de muerte en la Primera Guerra Mundial y enterrado en 1945. La Guerra Civil griega marcó el principio de un periodo en el cual EEUU asumió, por la doctrina de Truman, pronunciada por y durante la Guerra Civil griega, las riendas del mundo dejando atrás sus tendencias aislacionistas y sus reticencias de los años Veinte y Treinta. Las anteriores observaciones sobre las causas del relativo desconocimiento de la amplia obra de Ritsos son a fortiori vigentes para la parte más lírica de su obra, cuyo ejemplar representante es el poema aquí traducido/presentado. La parte de su obra más conocida y traducida corresponde a la de carácter políticamente comprometido, de tono duro, seco, épico y hasta espartano, tan duro y lacónico como el paisaje de Laconia, su provincia natal. He aquí un breve y representativo ejemplo de una de sus colecciones de poemas más famosas, Romiosini (que se puede traducir como Grecidad2): Este paisaje es duro como el silencio, aprieta en su pecho sus piedras encendidas, aprieta en su luz sus huérfanos olivos y viñedos, aprieta los dientes, no hay agua, solamente luz. El camino se pierde en la luz y es plomiza la sombra de la cerca se han petrificado los árboles, los ríos y las voces en la cal del sol la raíz tropieza con el mármol los lentiscos polvorientos, el muro y la roca jadean, 2. Grecidad y otros poemas, Traducción de H. Perdikidi. Alberto Corazón, Madrid, 1979.
no hay agua, todos tienen sed, hace años todos mastican su amargura con un bocado de cielo tus ojos están rojos por el desvelo una profunda línea encajada entre las cejas como un ciprés entre dos montañas al anochecer Los muertos no tienen donde esconderse. La “Sonata al claro de luna”, el poema aquí traducido, es de un estilo marcadamente diferente. Se publicó en el año 1955 y ganó el Premio Nacional de poesía en Grecia, pero aunque ganara ese premio, la mayoría de la gente que conoce la obra de Ritsos no conoce este poema, incluso en Grecia. Y hay elementos técnicos que hacen este poema interesante más allá de su belleza y de su valor para ampliar el conocimiento de la obra de Ritsos y de su menos conocida faceta lírica. Como pequeño ejemplo, la frase que se repite continuamente en el poema, “déjame ir contigo”, se puede ver/oír como un estribillo musical. El poema tiene el título de una sonata de Beethoven, y las últimas palabras del narrador dejan claro el porqué del título, lo que hace que esa lectura musical sea natural. Pero se puede hacer de ella también una lectura en otro plano, más ‘bibliofílico’, dado que Ritsos era un poeta astuto técnicamente y un lector voraz –aunque a veces su tono deliberadamente tosco no deja entrever su habilidad técnica y el carácter culto de la misma. En concreto, el ‘estribillo’“déjame ir contigo” podría ser una alusión a la manera que tenían los poetas en la antigüedad, Homero por ejemplo, para poder recordar rapsodias muy largas. Siempre había una frase que se repetía y eso ayudaba, como forma de nemotecnia, no a los lectores, sino a los poetas y a los que recitaban los poemas. Eso se ve aun hoy en día en Sicilia, en los largos relatos recitados por los ‘cantastorie’. En este contexto, en cualquier caso, más llamativa que los detalles técnicos es la implícita referencia al acto de crear arte, de contar y evocar historias, encerrada en las palabras del narrador al final del poema, sobre el arrepentimiento, el furor que produce no tanto la vida, sino la inútil confesión, la confesión que emana del artista, sea la poetisa/protagonista confesándose al joven, sea el compositor, o incluso el propio Ritsos a su público. En cualquier caso, y como nota optimista quizás, al final el arte persiste, la sonata sigue sonando… Pero más allá de todo detalle técnico, contexto histórico y marco filológico está la magia de las emociones que evoca este poema, en las que insufla vida dándoles voz, y el reconocimiento de la soledad en la cual pueden paradójicamente encontrarse y reconocerse los seres humanos, superándola, ya no buscando los pasos del dios ni del bello amado, sino los de la polis… Hagamos, pues, que esta vez no se confirme aquella frase de Ritsos con la cual hemos empezado, y dejemos que esta vez la poesía tenga la última palabra. Cuadernos sobre Vico 21/22 (2008)266 Dimitris Kyriakou
LA SONATA AL CLARO DE LUNA Yannis Ritsos Traducción: Dimitris Kyriakou (Noche de primavera, salón grande de una casa vieja Una mujer, entrada en años, vestida de negro, está hablando con un hombre joven –no han encendido las luces. Implacable la luna invade atravesando la ventana. Me olvidaba de decir que la mujer ha publicado un par de interesantes colecciones de poemas de tono religioso La mujer está dirigiéndose al joven) Déjame ir contigo Qué luna esta noche… Es buena esta luna, no se marcarán mis canas La luna hará que mi pelo vuelva a ser dorado –no te darás cuenta Déjame ir contigo En noches bañadas por la luna las sombras se engrandecen en mi casa Manos invisibles corren las cortinas Un dedo tenue escribe palabras olvidadas en el polvo que cubre el piano No quiero oírlas… Cállate Déjame ir contigo Sólo un rato, hasta la valla de la fábrica de ladrillos Hasta donde la calle se esconde tras la curva y aparece la ciudad de cemento, de aire Blanqueada de cal lunar Tan indiferente y etérea Tan positiva que parece metafísica Tanto, que finalmente puedes creer que existes y que no existes que jamás has existido, que el tiempo y sus secuelas no han existido… Déjame ir contigo Nos vamos a sentar un rato sobre la acera, en la pequeña colina y como nos llegue el soplo de esta brisa de primavera puede que nos imaginemos volando porque a menudo, incluso a estas alturas, el chasquido de mi falda llega a mis oídos como el aletazo de dos alas potentes Cuadernos sobre Vico 21/22 (2008) 267 La Sonata del Claro de Luna de Yannis Ritsos
Y cuando te envuelves en este sonido de vuelo notas tu nuca, tus costillas, tu carne apretándose Y así apretado por los músculos del viento azul en las vigorosas neuronas de la altura no importa si te vas o te vuelves y tampoco importa que mi pelo se haya vuelto blanco (no es esto lo que me atormenta, lo que me atormenta es que mi corazón no se vuelve blanco…) Déjame ir contigo Lo sé que todos seguimos nuestros caminos solitarios en el amor, en la gloria, y en la muerte Ya lo sé. Lo he probado. No sirve… Déjame ir contigo Esta casa está encantada, me está echando a patadas, quiero decir, es demasiado vieja Los clavos se sueltan Los cuadros caen buceando en el vacío El yeso se desploma en silencio como los gorros abandonados de los muertos que caen de su percha en el pasillo oscuro como el desgastado guante de lana del Silencio cae de sus rodillas o como cae un pedazo de luna sobre esta vieja silla destripada Una vez ésta también fue joven… No, no la foto que estás mirando incrédulo Hablo de la silla, muy cómoda Podías sentarte, ojos cerrados, hora tras otra, y soñar… bueno, cualquier cosa Una playa de arena suave, mojada y resplandeciente, pulida por la luna Más pulida que mis viejos zapatos elegantes, que entrego cada mes en la tienda de la esquina para que me los limpien Más pulida que una vela de barco velero que desaparece en la distancia, movido por su propio respiro, una vela triangular, como un pañuelo doblado, una vez solamente como si no tuviera nada que encerrar, nada que atesorar, ni despedirse, saludando desplegado Desde siempre me han fascinado los pañuelos No para guardar cosas, semillas de flores, o manzanilla recogida en el campo al atardecer Ni tampoco para hacerle cuatro nudos y llevarlo como hacen los albañiles que trabajan allí enfrente Ni tampoco para limpiar gafas –jamás las he necesitado Los pañuelos son sólo un capricho Cuadernos sobre Vico 21/22 (2008)268 Dimitris Kyriakou
Hoy en día los doblo 4, 8, 16 veces, así para mantener mis dedos ocupados Y acabo de recordar que solía medir la música así, cuando iba al conservatorio En mi uniforme blanquiazul, y con mis trenzas rubias –8,16,32,64… Agarrando la mano de mi pequeña amiga, un árbol de melocotón lleno de luz y flores rosadas Perdóname esta palabrería… mala costumbre –32,64… Y mis padres albergaban grandes esperanzas por mi talento musical Pues, te estaba hablando de la silla, destripada, la paja y los muelles mohosos a la vista Pensaba llevarla al taller aquí al lado para que la arreglaran, pero… No hay ni tiempo, ni dinero, ni ánimo Por dónde empezar arreglando... Pensaba cubrirla con una sábana Pero me impresionó la idea de una sábana blanca bajo esta luna Grandes hombres se han sentado en ella, gente de altos vuelos y aspiraciones, como tú y yo, también Y ahora descansan bajo tierra, sin que les preocupe ni la lluvia ni la luna… Déjame ir contigo Nos vamos a sentar un rato en el rellano de la escalera de mármol de la iglesia Y después tú seguirás y yo volveré con el calor del toque fortuito de tu chaqueta a mi costado izquierdo Y también unas luces cuadradas a través de las pequeñas ventanas del barrio Yesta rociada tan blanca de la luna, que es como una gran procesión de cisnes plateados Yno me asusta esta expresión porque yo, en tiempos, muchas noches de primavera conversé con Dios, que se presentó envuelto en el halo y la gloria de tal claro de luna Ymuchos jóvenes, aún más bellos que tú, sacrifiqué por Él Así blanca e inasequible, rociándome por mi propia llama blanca, por la blancura del claro de luna Incendiada por los insaciables ojos de los hombres, y el indeciso éxtasis de los adolescentes Asediada por exuberantes cuerpos bronceados, poderosos brazos y piernas entrenados en natación, remo, atletismo, fútbol –piernas y brazos que fingía no ver– frentes, labios, rodillas, dedos y ojos, troncos, bíceps y muslos… Yde verdad no los veía, sabes, a veces, admirando, te olvidas del que estas admirando Te basta la mera admiración Dios mío, qué ojos todos estrellas Y me levantaba hacia una apoteosis de estrellas rechazadas Porque así asediada, por dentro y por fuera, no me quedaba otro camino sino hacia arriba o hacia abajo Cuadernos sobre Vico 21/22 (2008) 269 La Sonata del Claro de Luna de Yannis Ritsos
No, no es suficiente... Déjame ir contigo Ya es tarde, lo sé… Déjame ir contigo, porque tantos años, días y noches y atardeceres carmesíes, he estado sola, implacable, sola e inmaculada Hasta en mi lecho conyugal inmaculada y sola Escribiendo versos gloriosos en las rodillas del Señor Versos que te lo aseguro, quedarán como grabados en mármol impecable Más allá de mi vida, y de la tuya también, mucho más allá No es suficiente… Déjame ir contigo Esta casa no me soporta más No aguanto llevarla encima Tienes que estar siempre atento, atento Sostener la pared con el gran aparador Sostener el aparador con la antediluviana mesa cincelada Sostener la mesa con las sillas Sostener las sillas con tus manos Meter tu hombro bajo la viga que se está descolocando Y el piano, cerrado como un féretro negro… No te atreves a abrirlo Siempre atento, atento, que no caiga nada, que no te caigas tú... No lo soporto… Déjame ir contigo Esta casa, a pesar de todos sus muertos, no se deja morir Insiste en vivir con sus muertos, vivir de sus muertos y de la certeza de su muerte, y en ordenar todavía sus muertos cuidadosamente en armarios y decrépitas camas… Déjame ir contigo Aquí, no importa cuán silenciosamente camine en el vaho de la noche, en mis zapatillas o descalza, algo va a crujir Algún cristal se esta rajando, o algún espejo Se oyen pasos –no son los míos Puede que fuera, en la calle, no se oigan estos pasos –dicen que el arrepentimiento lleva zapatos de madera… Ysi te pones a mirar en este espejo, o en el otro, por detrás del polvo y las rajas Divisas tu rostro cada vez más borroso y fragmentado Tu rostro, por el que no pediste nada más en la vida: sólo que fuera límpido e íntegro Los labios de la copa brillan en el claro de luna como una navaja circular –¿cómo puedo llevarlo hasta mis labios? Aunque tenga tanta sed, ¿cómo puedo? ¿Ves? Todavía me quedan ganas de símiles… Cuadernos sobre Vico 21/22 (2008)270 Dimitris Kyriakou
Eso es lo que me queda, es eso lo que me asegura todavía que sigo presente… Déjame ir contigo… A veces, al anochecer, tengo la sensación de que detrás de la ventana pasa una osa con su dueño Está vieja y pesada – su pelo lleno de espinas y cardos Levanta polvo en las calles del barrio Una nube de polvo solitaria, incienso para el anochecer Y los niños han vuelto a casa para cenar, y ya no les dejan salir, aunque a través de las paredes pueden divisar los pasos de la vieja osa Y la osa, cansada, camina en la sabiduría de su soledad, sin saber adónde ni por qué Está menos ágil, ya no puede bailar sobre dos piernas No puede llevar su gorrito de encaje y entretener a los niños, a los vagos, a los exigentes Y solo quiere tumbarse en el suelo, dejando que le pisen el vientre Jugando así su última carta Demostrando su impresionante fuerza para resignarse Su desobediencia a los intereses de los demás, a los aros en sus labios, a la indigencia de sus dientes Su desobediencia al dolor y a la vida, con la complicidad de la muerte – incluso una muerte lenta Su desobediencia final a la muerte, a través de la continuación y el conocimiento de la vida, la vida que sigue cuesta arriba Aprendiendo y actuando, superando la esclavitud Pero ¿quién puede seguir este juego hasta el final? Así la osa se levanta otra vez, y camina obedeciendo a su correa, a sus aros, a sus dientes Sonriendo con sus labios desgarrados a las moneditas que le echan los niños, tan bellos y confiados (bellos precisamente porque son confiados), diciéndoles gracias Porque las viejas osas lo único que han aprendido a decir es: gracias, gracias… Déjame ir contigo Esta casa me está ahogando Pues la cocina es como el fondo del mar Las cazuelas colgadas brillan como grandes ojos redondos de peces increíbles Los platos se mueven lentamente como medusas Algas y ostras se atascan en mi pelo –no puedo librarme de ellos después No puedo subir a la superficie –la bandeja cae de mis manos muda Me derrumbo y veo las burbujas de mi aliento subiendo, subiendo E intento entretenerme mirándolas Y me pregunto qué diría alguien que las viera desde arriba Cuadernos sobre Vico 21/22 (2008) 271 La Sonata del Claro de Luna de Yannis Ritsos