El ancho mar-océano que nos une… María Luisa Femenías, Anuario de Hojas de Warmi, nº 16, 2011 1 EL ANCHO MAR-OCÉANO QUE NOS UNE Y NOS SEPARA María Luisa Femenías1 Universidad Nacional de La Plata, Argentina RESUMEN En este trabajo quiero bosquejar algunos aspectos del complejo panorama del feminismo en América Latina. Para ello, realizo algunas precisiones que van de la deconstrucción del discurso feminista hegemónico al concepto de saberes situados, retomando infielmente un concepto de Haraway. En primer lugar, analizo el constructo Mujer de América Latina, siguiendo a Mohanty, a fin de apartarme de comprensiones monolíticas fácilmente ontologizables. Luego, retomo la distinción entre discriminación y segregación de Arendt, para sopesar nuestros logros reales. Luego, señalo algunas articulaciones que desembocan en la feminización de la pobreza y del trabajo como modos estructurales de la violencia. Sobre las que después se agregan el modo en que la intersección género-etnia se articula a los efectos de la exclusión en el usufructo de los derechos. En suma, tomo como eje central la violencia. 1 Este artículo forma parte del Proyecto de investigación, que dirijo, Contribuciones para un análisis interdisciplinar de la violencia de sexo-género, radicado en el Centro Interdisciplinario de Investigaciones en Género (IdIHCS-CONICET), de la Universidad Nacional de La Plata, Argentina.
[email protected]. Agradezco a Hojas de Warmi su invitación a contribuir a este Dosier, y a la buena disposición de Mayte Díez y sus sugerencias. Por diversas razones, la bibliografía referida es sólo indicativa. También agradezco la atenta lectura de Paula Soza Rossi y de Micaela Anzoátegui, cuyos comentarios han enriquecido este trabajo. Es imposible consignar completa la basta producción de un continente tan grande, diverso y pujante como el nuestro, aún bajo sus innegables reediciones de colonialidad.
El ancho mar-océano que nos une… María Luisa Femenías, Anuario de Hojas de Warmi, nº 16, 2011 2 Palabras clave: Violencia, etnorracialidad, pobreza, América Latina, saberes situados. ABSTRACT I want critically to draw some lines of the complex situation of Latin America Feminism. So I follow a line from deconstruction of hegemonic feminist discourse to the concept of situated knowledge, unexactly apropiated. First, I analyse the construct “Latin American Women” as Mohanty did with “Third World Women” concept in order to avoid ontologization. Then, I adopt Arendt distinction between “discrimination” and “segregation” in order to value our real achievements. Next, I want to show the importance some articulations have, to explain poverty and maquila-work as a feminization process of empoverishment as a structural way of violence. Other more typically investigations are added, as on familiar networks, war and its consequences for women, forced migration, as the most frequent way of gender and ethnic articulation as a way of exclusion from Rights. In brief, violence is the main axes I revise. Key words: Violence, etnorraciality, poverty, Latin America, situated knowledge. 1. Desmontar y matizar En la línea de los exámenes de Edward Said en Orientalismo,2 hace varios años, Chandra Talpade Mohanty realizó un lúcido análisis del concepto de Mujer del Tercer Mundo.3 Cabe para las mujeres de América Latina mutatis mutandis realizar unas 2SAID, Edward. Orientalismo, Barcelona, Debate, 2002 [original en inglés 1978]. 3MOHANTY, Chantra. “Under Western Eyes: Feminism Scholarship and Colonial Discourse”, Boundary, 2. 13, 1; también, “De vuelta a ´Bajo los Ojos de Occidente´”, en: SUAREZ NAVAZ y A.R. HERNANDEZ (eds.). Descolonizar el feminismo: teorías y prácticas desde los márgenes, Madrid, Cátedra, 2008.
El ancho mar-océano que nos une… María Luisa Femenías, Anuario de Hojas de Warmi, nº 16, 2011 3 precisiones afines en tanto sus realidades socio-históricas y jurídicas son tan diversas como el clima, la geografía y las economías que las cobijan.4 En apretada síntesis, Mohanty denunció la falsa neutralidad y objetividad de los discursos hegemónicos, incluidos los del feminismo, para examinar críticamente la valoración de la diferencia (cuál, cómo, etc.) de los discursos de la postmodernidad. Propósito aún vigente para pensar un feminismo transnacional y transfronterizo, como proyecto común latinoamericano, construido a través de fronteras culturales, sociales y políticas, bajo un idioma -y una religiónque nos aúnan en la ficción de una homogeneidad bajo la que bullen cientos de lenguas, etnias y modos peculiares de concebir el mundo. Asimismo, criticó la resolución con que muchas teóricas feministas conciben sin matices a La Mujer del Tercer Mundo, y la describen monolíticamente, como sexualmente reprimida, atada a las tradiciones y sin educación, en explícito contraste con la educada, moderna y autónoma feminista del Primer Mundo. De ese modo -sostiene- muchas feministas occidentales se apropian de La Mujer del Tercer Mundo como última prueba de la universalidad del patriarcado y del tradicional sometimiento femenino. Mohanty observa que se la describe como parte de una sororidad global putativa, como una alegoría de la alteridad cultural, enigmática e indiferenciada, cuyos rasgos identitarios suelen lindar el esencialismo. En ese último sentido, se las ubica -según Mohanty- en un espacio cualitativamente diferente que, a la vez, preserva y refuerza la dicotomía Uno/Otro, donde la búsqueda y el reconocimiento de la alteridad se resuelve en una auto-afirmación cultural. Contra esa perspectiva etnocéntrica, Mohanty reclama análisis específicos contextuados y diferenciados de las formas en que las mujeres interactúan 4SCHUTTE, Ofelia y FEMENÍAS, María Luisa. “Feminist Philosophy” en: NUCCETELLI, S., SCHUTTE, O Y O, BUENO (comps.). A Companion to Latin American Philosophy, United Kingdom, Wiley-Blackwell, 2010, pp. 397-411 (versión castellana en Labrys-on-line en preparación). También mi trabajo “Nuevas violencias contra las mujeres” Nomadías, 10, 2009, pp. 11-28.
El ancho mar-océano que nos une… María Luisa Femenías, Anuario de Hojas de Warmi, nº 16, 2011 4 como grupo sociopolítico en un lugar histórico y cultural determinado. Para ello, hay que alejarse de las denominaciones ontologizadas, generadas por las narrativas hegemónicas de los varones (incluidos los del Tercer Mundo) pero, también es preciso apartarse del lugar de la Otra exótica, periférica, folklórica que muchas veces también algunos feminismos construyen, con las distorsiones propias de cada caso y la subsistencia de al menos una doble subalternidad. Por eso, Mohanty defiende, por el contrario, una versión compleja de las mujeres (en plural) del Tercer Mundo. Conviene, sin embargo, tener presente que las diferencias entre las mujeres pueden multiplicarse al infinito. Por eso, el énfasis de Mohanty en lo específico y lo local, como opuesto a lo homogéneo y lo global, debe aceptarse con precauciones. En principio, pues me parece políticamente interesante y estratégicamente relevante mantener críticamente la denominación de Mujeres de América Latina, reforzando el carácter de constructo político, no esencializado, abierto y en movimiento. En principio, pues es necesario tener siempre presente la interacción con la economía, las fuerzas laborales, los cambios en los valores interculturales y muchos otros, como una forma de comprender a las mujeres de América Latina en un proceso socioeconómico e ideológico que no está aislado sino que interactúa globalmente bajo la presión de fuerzas que las exceden. Por eso, no sólo la falta de trabajo obliga a migrar a las mujeres, sino que, en buena medida, abastecen las demandas que las políticas de los países desarrollados generan, en términos de ocupación sólo para manos de obra de economías sumergidas. Una aportación de Saskia Sassen refuerza esta última observación. La estudiosa vincula dos procesos que suelen pasar desapercibidos o simplemente invisibilizados en los análisis sobre la globalización económica. Se trata de las dinámicas históricas de
El ancho mar-océano que nos une… María Luisa Femenías, Anuario de Hojas de Warmi, nº 16, 2011 5 género y de etnorraza. Como advierten los estudios de Ochi Curiel, Silvia Rivera Cusicanqui, Gladys Tzul Tzul, Dina Magariños, María Eugenia Choque-Quispe -entre muchas otrasla etnorraza no es aleatoria en el desarrollo capitalista, incluyendo su concreción presente: la feminización de la fuerza de trabajo, implica también una racialización del trabajo que desarrollan las mujeres y de la pobreza que conlleva, como veremos más adelante. La lógica que organiza actualmente la topografía global, las migraciones y el tráfico de mujeres sigue también la pigmentación de ruta.5 Así, se justifica retener -a pesar de las críticasla categoría de Mujeres de América Latina. Esta estrategia potencia los modos y los énfasis de la acción política conjunta de las mujeres. Posicionadas de diversos modos, el objetivo es integrar una unidad a partir de lo que Mohanty denomina comunidades imaginarias. Por todo eso es preciso mantener el constructo Mujeres de América Latina. En síntesis, pretendo, con Mohanty, mantener un equilibrio complejo e inestable entre un pluralismo atomizador y una cosificación estática que absorba las diferencias a los parámetros ya existentes, sin cuestionar la legitimidad de la apropiación ni los caminos alternativos de la legítima representación de otras mujeres. Se trata, en suma, de reconocer e identificar la tensión entre la igualdad y la diferencia como diversidad benigna y deseable más que como conflicto, fractura, desacuerdo o diferendo. Se trata, además, de dejar abierto un cierto espacio de ambigüedad y de estado de alerta para abrirse a la comprensión de lo otro, más que a su exclusión o normativización forzada.6 Precisamente esa pluralidad es la materia de que está conformada América Latina. Su forma homologadora, en cambio, es La Ley que se conformó sobre la base de los 5 SASSEN, Saskia. Contrageografías de la globalización, Barcelona, Traficantes de Sueños, 2003, p. 16 y 56. 6 Me extiendo sobre estas cuestiones en mi libro El género del multiculturalismo, Bernal, UNQui, 2007.
El ancho mar-océano que nos une… María Luisa Femenías, Anuario de Hojas de Warmi, nº 16, 2011 6 Estados Modernos, nacidos de las luchas independentistas, que la celebración de numerosos Bi-Centenario de la Independencia rememora. 2. Lo social y lo político La distinción entre la pluralidad material de las naciones, es decir, de las personas, culturas y geografías que las componen, y la Ley que conforma los Estados, me lleva a la filósofa Hannah Arendt y su distinción entre lo social y lo político. Como es conocido, Arendt -en un sustancioso artículo denominado “Little Rock” (1958)- examinó los disturbios debidos a la violencia étnica que se produjeron en esa pequeña ciudad estadounidense. Así, distinguió entre lo social y lo político: la discriminación y la segregación.7 Comienzo por este último concepto: Arendt denominó segregación al resultado de la inequidad formal-jurídica. Es decir, la regida por La Ley en el sentido de las Leyes Segregacionistas de Neuremberg, de 1919. En efecto, porque en su universalidad las leyes conforman y definen el espacio público-político, las que violan ese principio, segregan, excluyen ad hoc, sectores poblacionales. Ese espacio público-político es, a la vez, el espacio argumentativo de la verdad factual. No porque Arendt entienda la verdad como una forma de certeza objetiva, válida e inmutable sino, por el contrario, porque la entiende vinculada al principio argumentativo que se corresponde con hechos contingentes narrados en la esfera de lo público y atravesados por un discurso válido, de lo que, en otras palabras, aceptan todos o la mayoría. Esa comprensión es, entonces, una forma de experiencia política, que Arendt define como esferas históricas que hay que admitir como tales. De manera que, lo 7 ARENDT, H. Tiempos modernos, Barcelona, Gedisa, 2002.
El ancho mar-océano que nos une… María Luisa Femenías, Anuario de Hojas de Warmi, nº 16, 2011 7 público es así aquello que significa que todo lo que aparece en público puede verlo y oírlo todo el mundo y tiene la más amplia publicidad posible, y agrega más adelante: el término público significa el propio mundo, en cuanto es común en todos nosotros y diferenciado de nuestro lugar poseído privadamente en él.8 Este es precisamente el ámbito que Arendt vincula a la verdad legítimamente consensuada y aceptada en el mundo de los asuntos humanos, estrechamente relacionados con el poder político, pero que no se solapa con la opinión. La opinión surge como una creencia al margen de la posibilidad de libre deliberación en tanto forma de acción y argumentación. Ahí, si bien la persuasión y la violencia pueden destruir la verdad pero nunca pueden reemplazarla, es donde operan las fuerzas de la discriminación.9 La opinión, lo privado, lo que mantenemos como preconcepto sustraído al debate público, por el contrario, es propio de la discriminación. La discriminación permea el nivel socio-cultural y encubre la verdad fáctica. Ahora bien, ante las declaraciones expresas de universalidad e igualdad de las Cartas Constitutivas de nuestros Estados -la Ley que los conforma en tanto que estados modernos-, la primera estrategia de las mujeres y de las naciones originarias de América Latina fue exigir la eliminación de todas las Leyes segregacionistas, tarea aún en vías de realización. Resultado de esas luchas públicas han sido las reformas constitucionales de las últimas décadas y la firma de los Pactos Internacionales para que tengan rango constitucional. Es decir, desde una posición próxima a Arendt se estaría legitimando la existencia de un significado conceptual de lo público y de lo privado en términos de testimonios que garantizan la denuncia moral de esa verdad fáctica y política, entendida como acción públicamente compartida, que regula las acciones humanas. Cuando ésta 8 ARENDT, H. La Condición Humana, Buenos Aires, Paidós, 2008, pp. 59 y 61 9 Ibídem, p. 272.
El ancho mar-océano que nos une… María Luisa Femenías, Anuario de Hojas de Warmi, nº 16, 2011 8 instancia no existe, aparece de modo manifiesto la violencia, que exige la instancia de regulación institucional y su cumplimiento. Si la sanción de la Ley -universal e igualitariarevierte la segregación, el problema de la discriminación -siempre en la distinción de Arendtes más difícil de resolver. La gran variedad de culturas, etnias, lenguas, tradiciones, clases, etc., que se engloban en un mismo Estado, hacen difícil la implementación de igualdad formal, incluso como concepto o término a alcanzar. Esas cuestiones han promovido intensos debates y grandes movimientos sociales, con resultados diversos. Pueblos originarios, afrodescendientes y grupos hegemónicos han intentado negociar sus posiciones en busca de convergencias y acuerdos más o menos satisfactorios. Factores de poder económico, culturales, de dependencia política estructural, e relaciones Norte-Sur, etc., inciden al punto de ver al Estado moderno como un conjunto de promesas, patrimonio de la conquista y la colonización blanca, que no logra instalar (por sus propias contradicciones) aquella universalidad e igualdad que promete. En ese marco, su apelación a la diferencia étnico-cultural y las tradiciones deja a cada una de las mujeres atrapadas en una situación paradojal: la lealtad de etnia-cultura versus los DDHH de las mujeres en clave liberal, tal como los Estados la enuncian. Muchos trabajos dan cuenta de la búsqueda social conjunta y teórica de estrategias que permitan conciliar ambos cuernos del dilema.10 3. Breve presentación de los saberes situados 10 TARRÉS, María Luisa. “Hacia un equilibrio de la ética y la negociación”, Debate Feminista, 1993; GUZMÁN, V. “La equidad de género como tema de debate de las políticas públicas” en: Encrucijadas del saber, Lima, Pontificia Universidad Católica de Lima, 1996; BIRGIN, Haydée (comp.). El Derecho en el Género y el Género en el Derecho, Buenos Aires, Biblos, 2000; PALACIOS, Maruja (comp.). Defender los DDHH hoy, Salta, Universidad Nacional de Salta, 1999; y PALACIOS, Maruja; CARRIQUE, Violeta. Construir la igualdad, Salta, Editorial de la Universidad, 2008.
El ancho mar-océano que nos une… María Luisa Femenías, Anuario de Hojas de Warmi, nº 16, 2011 9 En otros trabajos ya reivindiqué el concepto de saberes situados, que nos remite al trabajo de Donna Haraway.11 Como se sabe, Haraway denunció que el canon no es inocente sino el resultado de un conjunto de construcciones históricas autocontenidas y formalizadas en constante reinterpretación crítica sensible al poder, lo que pone a las científicas ante la situación paradojal de aceptar los cánones de la ciencia que las excluye, excluyendo al hacerlo sus propias experiencias, su emotividad y sus marcas o, por el contrario, asumir un desplazamiento de los saberes hegemónicos autoinstituidos como objetivos. En otras palabras, ese desplazamiento -que supone la desidentificación de los ejes tradicionales del grupo natural (para el caso de Haraway, de los científicos canónicos o, paradigmáticos, por usar la terminología de Kuhn)- genera un discurso alternativo que se constituye, por un lado, en práctica cognoscitiva y saber inusual y, por otro, en la conciencia de la excentricidad y del cambio. En cierto sentido, ese locus excéntrico que abandona el ningún lugar objetivo por un lugar situado se corresponde, matizadamente en la línea de Haraway, en lo que metodológicamente propongo para el caso de los feminismos en América Latina. Si los científicos y filósofos varones de los centros hegemónicos han construido, con la exclusión histórica de la voz, la mirada, la experiencia y la ciencia de las mujeres en general y de las zonas periféricas en particular, acepto con Donna Haraway el desafío de los saberes situados.12 Para dar cuenta del concepto de saberes situados, Haraway rescata lo que denomina un lugar ambiguo y que utiliza metafóricamente: la mirada con su naturaleza corporizada; la mirada desde un cuerpo marcado que la sostiene. Esa mirada, toma 11 FEMENÍAS, María Luisa. “Afirmación identitaria, localización y feminismo mestizo” en: Feminismos de Paris a la Plata, Buenos Aires, Catálogos, 2006, pp. 97-125; FEMENÍAS, María Luisa y SOZA ROSSI, Paula. “Presentación” en Saberes situados / teorías trashumantes, La Plata, FaHCE, (en prensa). 12 De mismo modo, HARAWAY, Donna. “Saberes situados: el problema de la ciencia en el feminismo y el privilegio de una perspectiva parcial”, en: M. C. CANGIANO y L. DUBOIS, De mujer a Género, Buenos Aires, CEAL, 1993, pp. 115-144.
El ancho mar-océano que nos une… María Luisa Femenías, Anuario de Hojas de Warmi, nº 16, 2011 16 sus derechos, como derechos de todas, como derechos de mujeres pero también como derechos de mayas. Con todo, aún hoy y a pesar de que gran parte de la economía del país está en sus manos, para ambas caras de sus luchas, están subrepresentadas en los órganos de gobierno e invisibilizadas en su contribución cotidiana a la vida. Con índices de feminicidio aún más altos que los de México, padecen también los más altos niveles de desnutrición y de mortalidad materna. Siguen sufriendo serios problemas en el ejercicio de sus derechos sexuales y reproductivos y, en general, viven en condiciones de extrema pobreza. Las marcas de etnia agravan esta situación; la globalización también. La revalorización de la identidad étnica, de la mano de la recuperación de la memoria histórica —incluidos la esclavitud y los exterminios—, ha iluminado modos de resistencia (activa y simbólica) y de adaptación en aras de la sobrevivencia, recuperando sitios de emergencia de lo novedoso, en términos de redes de contención y potenciación colectiva. La fragmentación del universal, la aceptación de la deconstrucción postmoderna, la atenta observación de las diferencias (en muchos aspectos y niveles), la no exclusión a priori del/a otro/a y de su mundo simbólico, la conciencia de que los blancos son una etnia más entre tantas otras, son algunos de los aportes más fructíferos de la lectura de la intersección género-etnia desde América Latina. 4.2. Feminicidio
El ancho mar-océano que nos une… María Luisa Femenías, Anuario de Hojas de Warmi, nº 16, 2011 17 En el apartado previo, mencioné el término de feminicidio.22 Se trata, como se sabe, de la traducción del término femicid acuñado para dar cuenta de los asesinatos de mujeres por el sólo hecho de ser mujeres. En efecto, las primeras en llamar la atención sobre la magnitud y el sentido político de la violencia sobre las mujeres fueron dos investigadoras y activistas estadounidenses, Jane Caputo y Diana Russell. Más tarde, Russell y Radford desarrollaron el concepto que traducimos por feminicidio. Las autoras consideran que el asesinato de mujeres es la forma más extrema del terrorismo sexista, pero no la única. Simplemente, se trata del extremo final de un continuum de terror que se inicia de diversos modos (descalificación, negación, insulto, etc.) que se amplía hasta llegar a la violación, la tortura, la esclavitud sexual, la prostitución, el incesto y el abuso sexual familiar, la violencia física y emocional, los asaltos sexuales, las mutilaciones genitales, las operaciones ginecológicas innecesarias, las esterilizaciones y/o maternidades forzadas, las cirugías experimentales médicas o estéticas, la innecesaria medicalización de los partos y un largo et cétera. Cuando esas formas de ejercicio del poder concluyen en muerte, se ha cometido feminicidio. La politización de los asesinatos de mujeres, muestra la compleja trama que subyace a la violencia contra las mujeres, como una red sutil de relaciones de poder, intereses y proyecciones sociales, hasta llegar a usar los cuerpos de las mujeres a la manera de territorios en los que se inscriben mensajes cifrados que dan cuenta, primero, del poder patriarcal y, conjuntamente, del poder narco, militar o proxeneta.23 22 CAPUTI, Jane. “The New Founding Fathers: The Lore and Lure of the Serial Killer in Contemporary Culture”, Journal of American Culture, v. 13, nº 3, 1990, pp. 1-12; RADFORD, J. Y RUSSELL, D. Femicid.or The Politics of Women Killing, Twayne, 1992. LAGARDE, Marcela. “Feminicidio” ,www.ciudaddemujeres.org. SEGATO, R. “¿Qué es un feminicidio? Notas para un debate emergente”, Mora, nº 12, 2006. 23SEGATO, R. “Territorio, soberanía y crímenes de segundo estado: la escritura en el cuerpo de las mujeres asesinadas en Ciudad Juárez” en: FEMENÍAS, M. L. Perfiles del feminismo Iberoamericano, v. 2. Op. Cit.; AMORÓS, C. Mujeres e imaginario de la globalización, Rosario, Homo Sapiens, 2008, 3ª parte.
El ancho mar-océano que nos une… María Luisa Femenías, Anuario de Hojas de Warmi, nº 16, 2011 18 Lamentablemente, el concepto de feminicidio debió acuñarse a partir de los asesinatos masivos de mujeres, como los llevados a cabo en Ciudad Juárez, pero más aún -aunque menos conocidos-, en Guatemala, Colombia y otras zonas en las que las guerras del narcotráfico y/o civiles cobraron sus víctimas mayoritariamente entre las niñas, las jóvenes y las mujeres. He aquí tres pilares que se apuntalan mutuamente: el poder de la prostitución, el del narcotráfico y el del trabajo semi-esclavo de las maquilas, donde las cautivas estructurales y sistemáticas son mujeres. Los relatos de Marcela Lagarde —como directora de la Comisión que investiga los feminicidios—, entre otros, dan clara cuenta de las solidaridades patriarcales del Estado y sus organismos. Sin embargo, como también destaca Lagarde, en una suerte de estrategia conjunta de la Academia y de las mujeres políticas, se desarrolló e instrumentalizó un concepto que -por eso de que significar es politizargalvanizó más allá de toda retórica en una categoría analítica clave que da cuenta de la situación de subordinación extrema y vulnerabilidad de las mujeres, donde se potencian diversos factores de poder, incluido el eje Norte-Sur. La solidaridad entre los movimientos de mujeres, feministas o no, y de las teóricas se pone en juego una vez más, ya que ha sido necesario aportar -contra el Derecho patriarcal y más allá de los análisis tradicionalesherramientas conceptuales para la identificación, categorización, descripción, y formulación en términos de delitos penales este tipo de casos. Al mismo tiempo, los movimientos de mujeres han dado visibilidad mundial al problema con denuncias sistemáticas y marchas, a riesgo aún de sus propias vidas. Importa destacar que hubo que distinguir y legitimar la especificidad de estos crímenes, contra rótulos que los signaban en términos de crímenes pasionales, crímenes de honor y/o muertes accidentales en riña en los Códigos penales de la
El ancho mar-océano que nos une… María Luisa Femenías, Anuario de Hojas de Warmi, nº 16, 2011 19 mayoría de nuestros países. Las denominaciones tradicionales, que son patriarcales, diluyen la seriedad y especificidad del delito y, por supuesto, la responsabilidad de los varones involucrados, invirtiendo la carga de la prueba al poner en tela de juicio la moral de las víctimas, nunca la de los perpetradores.24 Se da cuenta de ese modo de que los cuerpos de las mujeres son utilizados para exhibir control, mensajes cifrados, marcas de territorialidad, disciplinamiento, ostentación de poder, alertando a todas y a cada una sobre la vulnerabilidad e impunidad colectivas. 4.3. Las vanguardias revolucionarias Constituye un tópico, que la mayoría de las mujeres activistas en grupos revolucionarios en la década de los sesenta y setenta engrosaron luego las filas del feminismo. Además del enriquecimiento con que esa incorporación benefició al movimiento de mujeres en general, es posible otra lectura de la que poco se habla: la triste noticia de que las vanguardias revolucionarias eran tradicionalmente patriarcales. Las mujeres que participaron en esos grupos revolucionarios o de liberación nacional adoptaron un compromiso activo que suponía también su propia liberación pero, según cuentan, esas organizaciones que luchaban por la toma del poder mantenían una concepción tradicional de la política que, en realidad, dejaba intactas las desigualdades de poder de género en el interior de sus propias organizaciones y en las 24 Sobre la extensa bibliografía que hay al respecto, además de los artículos mencionados, ver: WASHINGTON VALDEZ, Diana. Cosecha de mujeres, Barcelona, Océano, 2005; BOLAÑOS, Roberto. 2666, Parte 4 “La parte de los crímenes”, Barcelona, Anagrama, 2004. En La Red casi un millón de entradas sobre casos de feminicidio en México, Guatemala, Colombia, Argentina, etc.
El ancho mar-océano que nos une… María Luisa Femenías, Anuario de Hojas de Warmi, nº 16, 2011 20 células que generaban.25 Claro que en esa constatación las mujeres de América Latina en general, no estuvieron solas: sus hermanas mayores, que habían hecho más de un siglo antes, la gesta de la Independencia ya habían descubierto que las Constituciones de los flamantes Estados no las reconocían como ciudadanas plenas, tal como les había sucedido antes a las revolucionarias francesas, y a tantas otras.26 Un buen estudio de la exclusión, la violencia física y simbólica de las mujeres de los grupos guerrilleros y revolucionarios es el de la feminista francesa Jules Falquet, que toma como ejemplo el de El Salvador (extensible a otros movimientos), inmediatamente después de la larga guerra civil revolucionaria que sacudió el país entre 1981 y 1992.27 Para ese entonces -precisa Falquet-, un tercio de la guerrilla estaba integrado por mujeres, que apostaban a cambios sociales profundos. En sus estudios, la socióloga francesa se propone explicar por qué, a pesar de haber participado con decisión y entusiasmo en la lucha, esas mujeres consiguieron relativamente pocos beneficios que transformaran el sistema patriarcal salvadoreño. Para ello, se basa en la 25 Por ejemplo, VASALLO, Alejandra. “Las mujeres dicen basta: feminismo y movilización política en los ´70” en: ANDÚJAR, Andrea y otras. Historia, Género y política en los 70, Buenos Aires, Feminaria, 2005. 26 GALEANO, Eduardo. Una historia casi universal, siglo XXI Editores. 2008. Por ejemplo, en el apartado “Las invisibles” , p. 251, se lee: Mandaba la tradición que los ombligos de las recién nacidas fueran enterrados bajo la ceniza de la cocina, para que temprano aprendieran cuál es el lugar de la mujer, y que de allí no se sale. Cuando estalló la revolución mexicana, muchas salieron, pero llevando la cocina a cuestas. Por las buenas o por las malas, por secuestro o por ganas, siguieron a los hombres de batalla en batalla. Llevaban el bebé prendido a la teta y a la espalda las ollas y las cazuelas. Y las municiones: ellas se ocupaban de que no faltaran tortillas en las bocas ni balas en los fusiles. Y cuando el hombre caía, empuñaban el arma. En los trenes, los hombres y los caballos ocupaban los vagones. Ellas viajaban en los techos, rogando a Dios que no lloviera. Sin ellas, soldaderas, cucarachas, adelitas, vivanderas, galletas, juanas, pelonas, guachas, esa revolución no hubiera existido. A ninguna se le pagó pensión. 27 FALQUET, Jules, examinó la situación de las mujeres que participaron de manera activa en los movimientos revolucionarios, en “Division sexualle du travail révolutionnaire: réflexions à partir de la participation des femmes salvadoriennes á la lutte armée”, Cahiers des Amériques latines, nº 40, 2003; también en: Femmes projets révolutionnaires, guerre et démocratizacion, IHEAL-Sorbonne, Paris III, 1997 ; YOUNGERS. Colette. Violencia política y sociedad civil en el Perú, Lima, Instituto de Estudios Peruanos, 2003; CLADEM, Monitoreo sobre violencia sexual en conflicto armado (en América Latina), Lima, Cladem, 2007
El ancho mar-océano que nos une… María Luisa Femenías, Anuario de Hojas de Warmi, nº 16, 2011 21 importancia de mantener el concepto de división sexual del trabajo aún para el análisis de los procesos revolucionarios.28 Como en el relato anterior de guerrilleras argentinas, Falquet registra cómo las mujeres que participaron en las luchas revolucionarias salvadoreñas consideraban que se estaban ganando su liberación futura y presente, al asumir nuevas responsabilidades, antes reservadas sólo a los varones. En efecto, su participación activa en la guerra transformó sus vidas cotidianas y hasta sus propias personalidades. Pero, después de concluida la guerra, al salir parcialmente de la clandestinidad, casi todas esas mujeres reconocen haberse sentido empujadas a regresar a casa y a sus obligaciones familiares y comunitarias. Ese punto de inflexión las movió a hacer un balance de la guerra desde su propio punto de vista, preguntándose si -qua mujeresla guerra había valido la pena. Obviamente, el balance dependía mucho de un conjunto de variables que incluía clase social de origen, etnia, edad, situación familiar, entre otras. Pero, la conciencia de la importancia de esa pregunta -subraya Falquetdejó de lado los problemas de las diferencias entre mujeres, y abrió un espacio de análisis sobre la división sexual varónmujer, los compromisos y los logros. De algún modo coincidieron en hacer visible, en primer término, su común condición de mujeres para sostener ideológicamente la construcción de un movimiento feminista que estalló apenas firmados los Acuerdos de Paz; porque, una vez constituida la sociedad civil, las mujeres vieron la necesidad de alcanzar su autonomía ideológica. Mujeres por la Dignidad y la Vida (MDV), Las Dignas inició, por ese entonces, una línea de trabajo original que iba desde prácticas de terapias colectivas hasta talleres con 28 FALQUET, Jules. “División sexual del trabajo militante: reflexiones en base a la participación de las mujeres en el proceso revolucionario en El Salvador”, en: FEMENÍAS, M. Luísa. Perfiles del Feminismo Iberoamericano, v. 3, Buenos Aires, Catálogos, 2007, pp. 93-122; CLADEM, op.cit., pp. 61-88.
El ancho mar-océano que nos une… María Luisa Femenías, Anuario de Hojas de Warmi, nº 16, 2011 22 ex combatientes.29 El objetivo era hacer visible y sanar el dolor invisible de la guerra, cuyos efectos habían recaído fundamentalmente en las mujeres; lo que las llevó poco después a hacer un análisis crítico de las vivencias de las guerrilleras. No obstante las limitaciones de la democracia incipiente y de la paz, se desarrolló de un fuerte movimiento de mujeres, con componentes feministas, que realizó un balance crítico del proceso revolucionario, que concluyó que había habido poca emancipación para las mujeres. Según Falquet, esto fue así debido a que la división sexual del trabajo, entendida como una relación social de poder de los varones sobre las mujeres, marcó los roles sociales de sexo-género en la lucha revolucionaria: los varones captaron para sí las funciones con fuerte valor social agregado (políticas, religiosas, militares) y dejaron para las mujeres lo que siguieron considerando trabajos de mujer. Es decir, se detectan ciertas continuidades ideológicas en esferas vinculadas a la acción revolucionaria, que marcan factores y efectos a la vez liberadores y alienantes, sobre todo para los grupos oprimidos, y en especial las mujeres. De modo semejante a otras situaciones revolucionarias, las mujeres quedaron luego excluidas de los beneficios de las revoluciones que habían alentado, por las que habían luchado y dejado, en muchos casos, sus vidas. Las mujeres hicieron de todo, pero sobre todo fueron cocineras y radistas (encargadas de comunicaciones), brigadistas de salud y responsables de educación y propaganda. Según Falquet, esas tareas las vincularon a los mismos sectores que en la vida civil previa a la guerra. Muy pocas fueron meramente combatientes, menos aún responsables de pelotón o de campamentos y sólo una ínfima minoría integró los sectores de conducción estratégica. Incluso, las 29 Asociación de Mujeres por la Dignidad y la Vida “Las Dignas”, Realidad Nacional en El Salvador (Extracto del Plan Estratégico Institucional 2005-2008), San Salvador, abril, 2006. www.alforja.or.cr/eed/realidades/realidad ; www.lasdignas.org
El ancho mar-océano que nos une… María Luisa Femenías, Anuario de Hojas de Warmi, nº 16, 2011 23 que ostentaron cierto rango trabajaron, por lo general, bajo la autoridad de varones.30 Como en las Guerras Europeas, la mayoría quedó a cargo de tareas de infraestructura, sostén y servicio, monótonas y repetitivas. No obstante, muchas veces estuvieron a cargo de trabajos altamente peligrosos -como fabricar minas caseras o hacer trabajos de inteligencia-, pero el carácter clandestino y doméstico de esas actividades las invisibilizó aún más y las privó de reconocimiento público; y, consecuentemente, de los potenciales beneficios de ser trabajadoras revolucionarias de tiempo completo. Un dato no habitual en los informes militares, que Las Dignas consignan en el suyo, es el de los hijos.31 Señalan que -al presente del Informe, 2006- más de 37.000 niños -nacidos de relaciones de tiempo de guerrano habían sido reconocidos por sus progenitores varones, en muchos casos revolucionarios. Agregan que, en general, sólo un 10% de los varones da su apellido a los niños. Esto remite a una sistemática evasión de responsabilidades respecto de la manutención, crianza, supervisión, salud, escolaridad, etc., de esos niños y niñas, quedando las mujeres revolucionarias atadas al rol histórico más tradicional de las mujeres: ser mujer madre. Como subraya Gargallo, en América Latina se proclamó al Hombre Nuevo, pero las mujeres siguieron siendo sus apéndices, tal vez algo más igualitariamente tratadas. Como reacción a las denuncias, se comenzó a descalificar la rabia de las mujeres hacia los hombres, pretendiendo que el patriarcado brutal que denunciaban estaba en decadencia, e intentaron insuflar el gusanillo de una “nueva identidad” en las mujeres.32 En suma, lejos de minimizar los esfuerzos de las mujeres revolucionarias, sus esfuerzos y sus logros, la idea ha sido mostrar cómo a la hora de recoger beneficios reales o simbólicos de sus compromisos de lucha esas mujeres, como tantas otras, se 30 Ibídem. 31 Ibídem. 32GARGALLO, Francesca. Las ideas feministas Latinoamericanas, en: www.Las+ideas+feministas+latinoamericanas%22&btnG
El ancho mar-océano que nos une… María Luisa Femenías, Anuario de Hojas de Warmi, nº 16, 2011 24 vieron postergadas (u olvidadas) en comparación con las figuras masculinas, lo que constituye sin duda una forma subsistente de violencia patriarcal. 4.4. Globalización y feminización Globalización, como se sabe, es un concepto amplio, de significados múltiples que, en el campo económico, afecta la vida cotidiana de las personas. Entendida como proceso de expansión e intensificación del poder económico, pone a nivel global el beneficio por encima de todo. Justifica la expansión considerando al mundo como un espacio único desdibujando las fronteras nacionales en el cual se produce, se adquieren y se comercializan productos. Justifica, además, en el índice de ganancias la defensa de los intereses empresariales, el traslado de los polígonos industriales, y la división por zonas de la producción y el cultivo en el espacio global mundial. Desde otro punto de mira, desmonta el modelo fabril decimonónico y desdibuja también los lugares naturales asignados tradicionalmente a los sexos porque, al tiempo que habilita a las mujeres en sus luchas y reclamos de interacción más equitativa, provoca la feminización de la pobreza, de las redes de supervivencia y feminiza a los varones no hegemónicos. En ese marco, varón feminizado quiere decir, obrero o trabajador desregulado, que responde a los nuevos modelos de trabajo y ensamblaje social. De modo que, al mismo tiempo, la crisis quiebra la figura del obrero-varón-proveedor y el mito de la mujer-doméstica, con diversas consecuencias.33 En este apartado, sólo me ocuparé del efecto de desterritorialización y reterritorialización de la producción en circuitos transfronterizos 33 FEMENÍAS, M. Luísa y SOZA ROSSI. “Poder y violencia sobre el cuerpo de las mujeres”, Revista Sociologias Porto Alegre, nº 21, Universidade Federal de Rio Grande do Sul, 2009; y “Del tiempo cronometrado al instante efímero” Ponencia en el panel Usos del tiempo, temporalidades y géneros en
El ancho mar-océano que nos une… María Luisa Femenías, Anuario de Hojas de Warmi, nº 16, 2011 25 y sus consecuencias más inmediatas: la feminización de la fuerza de trabajo, al mismo tiempo, la feminización de la pobreza y, paradojalmente, la de las redes de supervivencia.34 Situaciones intensamente presentes en América Latina, uno de cuyos exponentes fundamentales son las maquilas.35 La socióloga uruguaya Silvia Fernández Micheli ha estudiado las condiciones de trabajo de las maquilas que, ubicadas por lo general en sectores periféricos de las grandes ciudades, dan trabajo a mujeres jóvenes, niñas y niños pobres, indocumentados, migrantes, expulsados de sus propios territorios por la pobreza, el hambre, la guerra, los narcos, las redadas y fumigaciones antidroga, las talas compulsivas de los bosques, etc. El trabajo en la maquila se caracteriza, ante todo, por su clandestinidad.36 Esto implica trabajar al margen de todo tipo de ley laboral o reivindicación de derechos. De ahí que las entrevistas realizadas por Micheli den cuenta de un promedio de hasta treinta horas de trabajo corrido, casi sin comer y sin bañarse. Las denuncias de estas situaciones -o similares- a partir de acciones judiciales y gestiones ante los respectivos Ministerios de Trabajo son, por lo general, infructuosas o contraproducentes. Si hay requisa policial para constatar las condiciones infrahumanas e insalubres del lugar: se lo clausura. Es decir, se cierra la fuente de trabajo (que, por lo general, rápidamente se abre en otro contextos, Instituto Gino Germani - Instituto Interdisciplinario de Investigaciones en Género, Universidad de Buenos Aires, 19 de octubre de 2010. 34 VILLOTA, Paloma de. Globalización y desigualdad de género, Madrid, Síntesis, 2006; SASSEN, Saskia, Sociología de la globalización, Buenos Aires, Katz, 2008; y Territorio, Autoridad y Derechos, Buenos Aires, Katz, 2010. 35 Llama la atención que las enormes cantidades de personas que acuden a las zonas francas de comercialización y venta a comprar productos subvaluados, no reparen en que quiénes los producen están sobre-explotados: el fenómeno de las maquilas es subsidiario del afán consumista de las clases media y bajas que no tienen poder adquisitivo para comprar marcas, salvo replicadas ilegalmente en el mercado de trabajo sumergido. 36 FERNÁNDEZ MICHELI, Silvia. “Violencia contra las mujeres. ¿Descifrando una realidad?” en: APONTE SÁNCHEZ, Elida y FEMENÍAS, M. Luísa. Articulaciones sobre la violencia contra las mujeres, La Plata, Edulp, 2008. Sobre trabajo femenino en América Latina, tambien: AGUIRRE, Rosario y BATTHÝANY, Karina. Trabajo, Género y ciudadanía en los países del Cono Sur, Montevideo, Oficina Internacional del Trabajo-UdelaR, 2001; y Uso del tiempo y trabajo no remunerado, Montevideo, UNIFEM-UdelaR, 2005. PAUTASSI, Laura. El cuidado como cuestión social, Santiago de Chile, CEPAL-UNIFEM, 2007.