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La vocación entre los aspirantes a maestro

Sánchez Lissen, Encarnación

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Disponible en: http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=70600608 Red de Revistas Científicas de América Latina, el Caribe, España y Portugal Sistema de Información Científica Encarnación Sánchez Lissen La Vocación entre los Aspirantes a Maestro Educación XX1, núm. 6, 2003, pp. 203-222, Universidad Nacional de Educación a Distancia España ¿Cómo citar? Fascículo completo Más información del artículo Página de la revista Educación XX1, ISSN (Versión impresa): 1139-613X [email protected] Universidad Nacional de Educación a Distancia España www.redalyc.org Proyecto académico sin fines de lucro, desarrollado bajo la iniciativa de acceso abierto 2 LA VOCACIÓN ENTRE LOS ASPIRANTES A MAESTRO Encamación Sánchez Lissen Dpto. de Teoría e Historía de la Educación y Pedagogía Social Universidad de Sevilla «Enseñar es estar lleno de esperanza»' La enseñanza se encuentra actualmente ante muchas vicisitudes que enturbian una fascinante labor, como es la docencia. Algunos de esos malos momentos se acentúan por la envergadura de los conflictos, o porque estos acontecen de manera continuada. No pocas de estas circunstancias llevan a exasperar y a impacientar a los propios enseñantes, entre los cuales y, a pesar de todo, suele prevalecer un sentido de esperanza. En cualesquiera de los momentos -ya dulces, ya agriosy desde lo más íntimo impera el deseo de seguir adelante. No es casualidad que hayamos comenzado este artículo dedicado a la vocación de los aspirantes a maestro con esta frase, ya que, en buena medida, el sentido vocacional que subyace en la tarea docente permanece inexcusablemente unido a la esperanza y por tanto también, a las expectativas de cambio y de mejora a las que continuamente aspiran. La docencia y la enseñanza en general, son un vehículo apropiado para despertar aún más, si cabe, un sentimiento de vida y de entusiasmo que lleva al docente y a los dis- ' Esta reflexión que ahora suscribo, la sugiere Larry Cuban en el prólogo del libro de David T. Hansen «llamados a enseñar» (2001,9) 204 EDUCACIÓN XX I centes a una superación constante y a mejorar todo el proceso en beneficio, también, de los resultados. En estos momentos en los que no se valora merecidamente todo aquello que requiere un esfuerzo, sino más bien al contrario, el optar por la enseñanza -sabiendo las dificultades que ésta lleva aparejadano parece la mejor salida; sin embargo, algo debe tener -intrínsecamenteesta profesión, para que muchos aspirantes a la universidad y posteriormente al mundo profesional, sigan apostando por ella. Estos nuevos demandantes de la enseñanza superior han pasado, generalmente, por un proceso más o menos largo de toma de decisiones hasta «aterrizar» en esta carrera. A lo largo del mismo pueden haber primado momentos de incertidumbre, desconcierto, e incluso de especulaciones; y junto a ellos, otras etapas cargadas de ilusiones o de intereses personales caracterizados por la conquista de unos ideales. Es posible que para algunos estudiantes haya sido una etapa de reflexión larga y profunda que ha culminado con la elección de una carrera deseada; para otros, sin embargo, ha podido ser producto del azar -lo que Rivas denomina «fortuismo situacional»-, o incluso de la inseguridad y por tanto, haya sido elegida sin un deseo aparente. Ciertamente, se trata de un momento complejo, lo que nos hace pensar que la etapa de orientación previa que envuelve el acceso a la universidad es tan importante y debe cuidarse tan extremadamente, que de lo contrario, pueden derivarse profesionales insatisfechos y desmotivados. Sin embargo, si se conoce bien a la persona, sus actitudes y disposiciones, al tiempo que se acomodan sus intereses con las posibilidades reales, la probabilidad de éxito parece asegurada. Que duda cabe que este proceso de orientación no es sólo competencia de las instituciones escolares y académicas por las que transcurre el estudiante, sino que la familia tiene entre otras funciones, la de colaborar y favorecer el proceso de toma de decisiones. Pues bien, parece incuestionable que el acceso de los estudiantes a la Universidad viva momentos muy intensos, ya que se entremezclan motivaciones personales con otros requisitos, ya extemos ya internos, que influyen en el proceso de elección de una determinada carrera. En consecuencia, ¿qué lugar ocupa la vocación en todo esto? Es nuestro interés analizar en este artículo la influencia de determinados factores, como la vocación, en el proceso de elección de la carrera de magisterio, así como en el desarrollo de la misma. Parece inevitable hablar de vocación, asociarla a la enseñanza y ver a ésta como una condición sine qua non para el buen ejercicio de la misma; entre otras, porque así lo ha sido tradicionalmente. Sin embargo, entendemos que existen en tomo a ella, una serie de elementos que deberíamos matizar. Hace pocos años, nuestro interés por el alumnado de magisterio, nos llevó a plantear un estudio que ayudara a conocer los factores que influyen en la LA VCX:ACIÓN ENTRE LOS ASPIRANTES A MAESTRO 205 elección de esta carrera, entendiendo que, en algunos casos, las decisiones se pueden ver trucadas por motivos más o menos ajenos a los aspirantes. Así, previamente, pudimos cotejar con otras investigaciones, la diversidad de elementos que rodean la elección del magisterio, y comprobar de esta forma, que no se trata de una circunstancia baladí, ya que de una buena o mala decisión puede depender todo el proceso de desarrollo personal y profesional de una persona. De hecho, en muchos casos, a la desorientación por la entrada en la universidad se une la falta de interés por una carrera específica, o la obligación por cursar los estudios que exigen una nota de corte concreta. Esta incertidumbre se puede convertir en un hándicap, no fácilmente salvable. No nos es ajeno que desde hace algunos años se viene produciendo un descenso considerable en el número de universitarios. El magisterio tampoco escapa de esta circunstancia, aunque resulta muy revelador que el número de estudiantes que acceden cada año, no haya disminuido drásticamente. Los motivos que han determinado el acceso a esta carrera son diversos aunque conviven, fundamentalmente, dos realidades: una, aquella que acoge a estudiantes tremendamente motivados y expectantes ante la carrera, otra, los que han llegado casi de «rebote» a la misma. Pues bien, en el conjunto de esta reflexión iremos analizando algunos de los factores más genuinos del acceso a la carrera de magisterio, el sentido vocacional de los aspirantes así como las preferencias y decisiones que han rodeado todo su proceso. LA VOCACIÓN ENTRE LOS ASPIRANTES A MAESTRO: UNA LLAMADA O UNA EXIGENCIA Como sabemos, el término vocación procede del vocablo latino «voco» (llamar); un concepto tradicionalmente ligado con la llamada interior que recibe una persona. Pues bien, precisamente porque nace del interior, parece entrañar seguridad, acierto y convencimiento, aunque a veces se haya interpretado peyorativamente. Asimismo, la vocación hace referencia a la inclinación que el sujeto manifiesta hacia una profesión o por una carrera concreta. En este sentido. Ortega y Gasset, la ha identificado con afición, entendiendo que existe un deseo firme por algo, e incluso una cierta complacencia con el ejercicio de la misma. Para los profesores González Blasco y González Anleo (1993,75), la vocación se entiende como: «el motivo más importante para dedicarse a la enseñanza, junto a otras razones como el humanismo de la profesión o la facilidad y conveniencia de la carrera de profesor». En cualquier caso, es una parte importante de las características personales y sociales del sujeto, así como del proceso de socialización del mismo. Si 206 EDUCACIÓN XXI atendemos a los elementos más personales que inciden sobre el individuo, compartimos con Castaño (1983) que la vocación incluye connotaciones psicológicas como la motivación y autorrealización, u otras como la ansiedad y la información. Además de estas implicaciones encontramos otras de carácter sociocultural que vienen dadas desde la propia familia, la escuela y en general, el entorno con el que convive. La toma de decisiones en el ámbito vocacional supone, en determinadas ocasiones, la superación de conflictos internos. En este caso, se entenderá que la mejor decisión será aquella gracias a la cual, el estudiante logra sus expectativas y obtiene las metas deseadas. Esta tarea está cargada de deseos personales, pero a la vez, de variables sociales y culturales que inciden en la última elección. Rivas (1988) considera que en esta decisión vocacional de la que hablamos, influyen aspectos como el realismo, la flexibilidad y el libre compromiso. Asimismo, Osipow (1984) apuntaba entre otros a las siguientes: los valores del propio sujeto, el proceso educativo, la realidad y también, los factores emocionales. Posiblemente, esta esencia vocacional se ha ido forjando, en algunos casos, en las edades más tempranas, al sentirse entusiasmado por los más pequeños, por la admiración hacia su maestro y por representar su mismo papel. Para otros, la vocación ha podido ser algo más tardía, pero en cualquier caso, nacida del interior y del deseo de ayudar a los demás. Precisamente estos últimos motivos, más que prestigiar el magisterio, como ya hemos comentado en otros momentos, han jugado en su contra en un buen número de ocasiones. Claro que no todo surge de una reflexión temprana, pues, ¿acaso no hay estudiantes que han llegado a descubrir su vocación una vez iniciada la carrera? O más aún, ¿una vez incorporados al mundo laboral? ¿Acaso puede ser la una más válida que la otra?, o ¿simplemente, distinta? Yo entiendo que el proceso vocacional de la docencia conjuga tres grandes momentos: uno pre-vocacional, otro peri-vocacional y finalmente, otro vocacional propiamente dicho. Los tres suelen estar presente en la vida de cualquier persona que se acerca a esta profesión, aunque para algunos, sin embargo, ha podido estar de manera latente. El primer momento, el prevocacional, nos sugiere una etapa de descubrimiento, de análisis y de acercamiento a algunas de sus funciones previas a la entrada en la universidad. Este momento ha sido calificado por Guerrero Serón (1993) como un periodo de «vocación temprana», incluyendo en el mismo a las clases particulares y a la experiencia que junto a ésta se desarrolla. En realidad, se trata de una actividad con varias interpretaciones ya que unos tratan de confirmar con este «entrenamiento» su propio entusiasmo por la enseñanza y otros quieren obtener, principalmente a través de ella, algún beneficio económico. Estas dos situaciones, muy lícitas, por otra parte, pueden llegar a confundir al futuro enseñante sobre su verdadera función, sus tareas, y la importancia que tie- LA VOCACIÓN ENTRE LOS ASPIRANTES A MAESTRO 207 ne el ejercicio de esta profesión. No obstante, esta facilidad para ejercer dicha actividad -sin ser maestroha devaluado tremendamente la labor docente. Sin embargo, también ha podido entusiasmar a otros y descubrir en él un oficio atractivo. El segundo momento, el peri-vocacional, surge o se afianza a lo largo de la formación inicial de esta carrera, es decir, en las Escuelas de Magisterio, las cuales también tienen en su haber, el fortalecimiento del sentido vocacional del sujeto. Se trata de un momento de análisis y de comprensión de las tareas docentes y de su identificación con las mismas. Finalmente, cuando el diplomado accede al ejercicio de su profesión, y lo incorpora a su vida diaria, es cuando más explícitamente está manifestando un sentimiento vocacional hacia la docencia. En este sentido, el profesor García Yagüe (1974) ha tendido a vincular la vocación con el desarrollo de la profesión, interpretando que ésta podrá ser colmada, especialmente, con el ejercicio de la misma. Por ello, sería más idóneo hablar de «interés profesional», de «ilusión profesional» o incluso de «aspiración», en vez de vocación. Como podemos comprobar, entre el primer momento y el último, además de tiempo hay también maduración por parte de la persona, así como un mayor acercamiento a la carrera y posteriormente a la profesión; circunstancias todas ellas que llegan a enfatizar o a disuadir el interés por la misma. A pesar de esta evolución a los que nos referimos, es fácil intuir que muchos otros docentes no han llegado ni siquiera a entrever un solo momento vocacional, antes, durante o después de finalizar sus estudios. Posiblemente, la realidad puede ser otra bien distinta, si comprobamos que se conjugan a la hora de la elección de una carrera -como magisterioun buen número de variables, a veces insalvables, que condicionan tremendamente el acceso a la misma. Por las características que tiene la propia carrera docente, por el terreno en el que se desarrolla esta profesión, o por los «clientes» con los que trabaja, es fácil encontrar en ella muchos motivos de entusiasmo y de desarrollo profesional. Sin embargo, todos ellos son también motivos suficientes para hacer de la docencia una tarea inquieta, estresante y llena de desencantos. De una u otra forma, lo que no plantea dudas, es que se trata de una profesión llena de encuentros y desencuentros. Por ello, cabría preguntarse ¿a más vocación menos estrés? No es fácil llegar a precisar, sin temor a equivocamos, que entre estos dos conceptos existe una relación indirecta, aunque sí podemos aventurar que, en la medida en que la vocación esté más arraigada, va a ser más fácil encontrar los resortes adecuados para contrarrestar los procesos de «bumout», que tanto están asediando a la población docente. Consiste en pensar en positivo, y esto se puede hacer principalmente desde la esperanza, desde un sentido vocacional por la tarea. Desde este punto de vista podemos entender la estrecha conexión que existe entre el ejercicio de esta profesión y la dimensión personal de cada enseñante; sus coordenadas internas son desencadenantes de su interés por esta tarea y del entusiasmo que transmita hacia la misma. David T. Hansen, profesor en el CoUege of Education University of Illinois, en Estados Unidos, analiza ampliamente éste y otros aspectos al aseverar que: 208 EDUCACIÓN XXI «Enseñar depende proporcionalmente más de lo que una persona ponga de sí misma que de lo que se le ofrece a nivel de los recursos». (Hansen 2001,115) Esta reflexión vuelve a suscitamos que la tarea de enseñar tiene «per se» un valor incalculable, aunque reforzado aún más si cabe, por la personificación de la misma. En cierto modo, las cualidades e intereses de cada uno de los profesores implicados en esta profesión van a incidir en los procesos que lleva aparejado y en el producto final. 2. ¿QUE DICEN LOS PROPIOS ESTUDIANTES ACERCA DE SU VOCACIÓN? Ante la pregunta: ¿tienes vocación por la enseñanza?, hay muchos estudiantes que responden afimiativamente, aunque es probable que exista entre ellos una intención latente más que un verdadero propósito. Todos sabemos que se trata de una condición difícil de medir, por lo que es necesario suscitar otras preguntas indirectas, pero afines a ésta, que expliciten el verdadero deseo de estos estudiantes. Pues bien, conocer más a fondo esta categoría ha sido uno de los objetivos de la investigación que llevamos a cabo durante el curso 1998-99, entre los estudiantes de las Escuelas de Magisterio de Sevilla. Se trata fundamentalmente, de un estudio de carácter descriptivo, en el que participaron un total de 994 sujetos: 657 pertenecientes a la Escuela de Magisterio de Ciencias de la Educación y 337 alumnos de la Escuela Cardenal Spínola; dos muestras estadísticamente significativas y en proporción a la población de cada centro. Hemos utilizado para esta investigación, y como instrumento principal de recogida de datos, un cuestionario. En él se recogen algunas preguntas relacionadas con la dimensión vocacional, y sobre ella especialmente, nos disponemos a presentar algunos resultados^. En primer lugar queremos exponer los datos facilitados por el Negociado de Acceso de la Universidad de Sevilla para aquel curso, en relación con el número de estudiantes que solicitaron la carrera de magisterio en primer lugar y en las opciones sucesivas. 2 El resto de la investigación la podemos encontrar desarrollada más ampliamente en el libro: SÁNCHEZ LissEN, E. (2002): Elegir enseñar: entre la vocación y la osadía. Sevilla, Edición digital @tres. SL. LA VOCACIÓN ENTRE LOS ASPIRANTES A MAESTRO 209 Cuadro \." 1. Resultados de las preguntas relaeionadas con la dimensión \()cacional Escuda de magisterio de ciencias de la educación Especialidades Educación Especial Educación Física Educación Infantil Ciencias Ciencias Humanas Lengua Extranjera 1." opción 124 80 185 46 33 49 2.° opción y sucesivas 113 38 65 32 47 27 Total 237 118 250 78 80 76 C.E.S. Cardenal Spinola 1.' opción 6 11 18 11 13 19 2." opción y sucesivas 54 93 94 48 45 47 Total 60 104 112 59 58 66 Estos datos estadísticos nos ofrecen una información muy interesante de la deseabilidad del alumnado por esta carrera. A tenor de los datos, y considerando ambos centros, se advierte que más de un 45% de los estudiantes han accedido a esta carrera en primera opción. Mayoritariamente se han adscrito a la Escuela de Magisterio de Ciencias de la Educación, centro propio de la Universidad de Sevilla y de ellos, más del 60% han elegido magisterio en primera opción. En principio, nos parece^ un porcentaje destacado, y nos permite glosar la consideración y el interés que sigue teniendo esta carrera entre los jóvenes, a pesar de sus «inconvenientes». Más adelante, podremos matizar aún más estos datos. En otro orden de cosas, y considerando que la decisión en el tiempo es un resorte significativo para saber si estamos hablando de una vocación más o menos arraigada, extrapolamos a continuación, algunos datos de la investigación que nos puede ayudar a interpretar más fácilmente el sentido de los mismos. En torno a esta hipótesis formulamos la siguiente pregunta: «¿Cuándo decidió o pensó en la elección de la carrera de Magisterio?», y los estudiantes apuntaron lo siguiente: 210 EDUCACIÓN XX1 Cuadro \." 2. ¿Cuándo decidió o pensó ei de Alasiisterio? Desde siempre En EGB. En Bachillerato En COU. Tras abandonar otros estudios Otros No contestan Escuela de magisterio de ce. de la educación 20,9% 6,1% 16,1% 28,3% 16,9% 10,3% 1,4% C.E.S. Cardenal Sptnola 21,1% 6,5% 14,2% 32% 14,5% 7,7% 3,9% Hombres 8,9% 3,6% 20,6% 33,6% 21,9% 8,9% 2,4% Mujeres 25,7% 7% 14% 27,7% 13,9% 9,6% 2,1% Como sabemos, en no pocas ocasiones, el acceso al magisterio ha estado vinculado con un sentimiento vocacional y a su vez, asociado a una decisión que el sujeto ha madurado desde pequeño. Pues bien, en los datos de nuestra investigación, el valor «desde siempre» ocupa un lugar preferente (20,9%), aunque lo más valorado por los estudiantes ha sido: tomar la decisión a lo largo del curso de COU (29,6%). Como podemos observar, las mayores diferencias se establecen atendiendo al sexo y no tanto al centro en el que estudian. En este sentido podemos constatar que las mujeres dicen haber pensado en esta carrera «desde siempre» en un 25,7%; los varones, por contra, tan sólo lo señalan en un 8,9%. Estas dos cantidades tan distantes vienen a confirmar una vez más, la decidida participación de las mujeres en estos estudios, y la consiguiente feminización de esta profesión. Pues bien, esta reflexión la podemos matizar aún más si la consideramos en relación con la siguiente alternativa, sobreentendiendo que el deseo prolongado por dedicarse a una profesión determinada, imprime en el sujeto un cierto carácter vocacional. Por ello, si unimos las alternativas «desde siempre» y «en EGB», para las submuestras de hombres y mujeres, podemos comprobar con diferencia, una mayor tendencia vocacional en el segundo caso. Ambas están representadas por los porcentajes 12,5% y 32,7%, respectivamente. Por tanto, nuestro estudio revela que en la mayoría de los casos, hombres y mujeres han accedido a la carrera tras decidirlo en el curso de COU, siendo los varones el grupo que se manifiesta mayoritariamente en este sentido. Se trata por tanto de una resolución tardía, e incluso podemos pensar que le han frenado otros factores, los cuales han provocado esta estimación ulterior. LA VOCACIÓN ENTRE LOS ASPIRANTES A MAESTRO 217 ambas, pues, aunque prevalezca una más que otra, difícilmente encontraremos un proceso en el que influya exclusivamente un único aspecto. Con todo ello, y dado el carácter personal y de «toma de decisiones» que tiene el desarrollo vocacional, entendemos que es oportuno referimos a los valores como un objetivo preferente que condiciona, o dirige esta tarea. En cualquier caso, es importante distinguir entre los intereses que manifiesta cada individuo y sus preferencias. De hecho, los intereses van a ser producto de la suma de dos aspectos fundamentales, como son: los procesos de formación y capacitación desarrollados por cada individuo, y la interacción del sujeto con su entorno. Ambas circunstancias hacen que los valores humanos adquieran a lo largo de esta etapa, un peso considerable. Rodríguez Espinar (1993, 488) expone una serie de «valores laborales u ocupacionales», los cuales define como: «Aquel aspecto del trabajo que una persona prefiere o por el que encuentra satisfactoria su vida ocupacional». Considera entre otros: el salario, el prestigio social, la independencia, la posibilidad de ayudar a los demás, la seguridad en el puesto de trabajo, etc. Por otra parte, una muestra de estudios longitudinales dirigidos por Salvador y Peiró (1986), vienen a confirmar que aspectos como el salario, las posibilidades de promoción, así como la seguridad en el empleo, se han convertido en tres de los valores más estimados e incluso incuestionables. Posiblemente, muchos de estos valores estarán más identificados con la etapa en la que el individuo debe elegir un trabajo, y no tanto con el período anterior, más centrado en la elección de la carrera y por tanto, donde los valores pueden ser distintos. En la elección de la carrera el individuo también está escogiendo lo que a medio o largo plazo será la actividad laboral que envuelva su vida diaria. Está eligiendo su estilo de vida individual y también indirectamente, su manera de contribuir en la sociedad; y decimos indirectamente, porque «a priori», no es fácil que en esos momentos, los jóvenes consideren esta opción como un asunto esencial. Sin embargo, en este caso, el magisterio puede plantearse como una excepción, ya que su marcado carácter social permite asociar a esta carrera, como una actividad preferente para «poder cambiar la sociedad». Esta premisa de cambiar o mejorar la sociedad ha estado presente en múltiples investigaciones. Tan sólo mencionamos, como muestra, la que han realizado los doctores Várela y Ortega, los cuales describen a este elemento como uno de los aspectos a tener en cuenta. Ciertamente, se trata de una afirmación que se ha tendido a identificar con una imagen idealizada del magisterio. 218 EDUCACIÓN XX I En cualquier caso, diversos estudios como los de Miguel (1991) advierten un cierto retroceso de aquellos valores ligados a un carácter más idealista, en favor de otros más pragmáticos, los cuales surgen Eixiomáticamente, en consonancia con el contexto sociolaboral de cada momento. Todo este cúmulo de datos y de teorías a las que nos hemos referido, viene a poner de manifiesto que la vocación ocupa un lugar significativo en la elección de la carrera de magisterio; aunque ello no nos haga perder de vista la existencia de otros tantos factores, que inciden notablemente en dicho proceso, y que resultan igualmente significativos. LAS ESCUELAS DE MAGISTERIO: UN PUENTE PARA DESARROLLAR LA DIMENSIÓN VOCACIONAL Ciertamente, al comprobar la realidad de esta reflexión, encontramos que el periodo de Formación Inicial de los maestros es un momento excelente para desarrollar, más sinceramente, la dimensión vocacional a la que tanto se aspira en esta carrera. Por tanto, la labor de los docentes de las Escuelas de Magisterio es incontrovertible, dado que se forja verdaderamente en esta etapa, la esencia de la vocación. Durante este proceso de formación podemos vislumbrar tres modelos de vocación que. Perrero (1994), califica de la siguiente manera: - Vocación subjetiva: si el sujeto siente atractivo por una actividad, pero carece de cualidades para ella. - Vocación objetiva: posee esas cualidades, pero no el atractivo hacia ella. - Vocación auténtica: si además de sentir atractivo por la actividad, tiene las cualidades suficientes para ello. Nuestra aspiración sería culminar una «vocación auténtica», intentando sintonizar lo atractivo que le pueda suponer una actividad, con la formación de aptitudes personales hacia la misma. Para ello, debemos ayudar al alumno a despertar sus cualidades, a optimizar sus posibilidades y además, insistir en todos aquellos aprendizajes tan necesarios para el desarrollo personal y profesional del futuro docente. ¿Acaso se puede intuir de esta tendencia, que aspiramos a tener en las escuelas del siglo XXI, a un «superdocente» ? Realmente, la diversidad de tareas que se le exigen hoy al profesorado requiere un nuevo modelo de docente. Se busca un enseñante dinámico, comunicador, un docente tolerante, muy paciente y bien formado en contenidos. Si además nos referimos a la faceta investigadora, se le pide que compagine ésta con la docencia y que afiance con técnicas como la observación, su proceso investigador en el aula. Claro que también hay que ser profesor LA VOCACIÓN ENTRE LOS ASPIRANTES A MAESTRO 219 fuera del aula, ya que hay que trabajar con los compañeros, hay que elaborar continuamente documentos -oficiales y no oficialesy hay que entrevistarse con los padres, entre otras muchas tareas. Pues bien, si todo esto no está aderezado con una dosis de atractivo, de motivación, de interés -o de vocaciónpor la profesión, difi'cilmente llegaremos a conseguir alguna satisfacción en nuestra labor y por nuestra tarea. Más valdría en este caso, darse cuenta a tiempo, e ir pensando en otra actividad -no por ello menos importantepero posiblemente, más afín a los intereses y posibilidades de la persona. Definitivamente, dada la riqueza de esta profesión, podemos encontrar durante el periodo de formación de la misma, muchos elementos que contribuyen a potenciar un sentido vocacional en la enseñanza. Entre otras, las que se citan a continuación tienen a nuestro entender un valor incontrovertible para fortalecer dicha dimensión vocacional: 1. Reconocerse profesor. Supone, en definitiva, identificarse con las tareas propias de los docentes y ver en ellas, un motivo importante de desarrollo personal, a la vez que profesional. El profesor Esteve alude, en no pocas ocasiones, a la falta de reconocimiento que existe en la actualidad hacia la labor del profesorado; una circunstancia que, en buena medida, ha sido provocada por la tendencia a valorar el tener y el poder por encima del saber y el sen Ciertamente, la sociedad, no colabora en este proceso, sino más bien, al contrario; por ello, para lograr que la docencia desarrolle una imagen social más positiva, resulta apremiante comenzar por uno mismo. 2. La motivación. La escuela vive hoy un buen número de situaciones adversas como la indisciplina o la falta de recursos humanos y materiales; ninguna de éstas son acciones motivadoras para los que ejercen la docencia o desean hacerlo en un periodo más o menos corto de tiempo. En realidad, el ejercicio de la profesión necesita encontrar otros elementos internos y personales que sí favorezcan esta labor Sólo hay que aprender a descubrirlos. 3. El esfuerzo. Cuando algo te cuesta, lo valoras en mayor medida. Básicamente, el esfuerzo se convierte en un valor esencial para la formación de la voluntad. 4. La voluntad. Hoy por hoy, el ejercicio de la voluntad, no parece tener buena prensa y sin embargo, entendemos que es un valor preferente en la formación humana, personal y profesional como docente. La motivación y la ilusión, son dos pilares claves de la voluntad. 5. La autoestima. El profesor Rojas (2001) nos recuerda que el trabajo es uno de los pilares sobre los que se edifica la autoestima y ciertamente, el trabajo del docente puede llegar tanto a potenciar como a deteriorar dicha labor. En este sentido, desde las Escuelas de Magisterio se debe 220 EDUCACIÓN XX I ayudar a promover un juicio positivo de cada uno, como medio para fortalecer al docente, a la persona. Pues bien, puede que un estudiante de magisterio acceda a la carrera sin vocación, que haya accedido sin interés, e incluso haya sido obligado a realizar dicha carrera, sin embargo, nada de esto llega a ser un impedimento para lograr éxito en su profesión. En cualquier caso, la Formación Inicial no debe desatender el desarrollo de una verdadera dimensión vocacional entre sus futuros enseñantes. Para ello, deberá ejercitar y consolidar los valores y las actitudes necesarias de este cometido; un entrenamiento necesario que será un aprendizaje muy significativo para el conjunto de su futura actividad laboral. De esta forma, lograremos el éxito que Marañón apuntaba al afirmar que, aquello que se hace con vocación, se transforma en algo creativo y hermoso. BIBLIOGRAFÍA CASTAÑO LÓPEZ MESAS, C. (1983): Psicología y Orientación Vocacional. Madrid, Marova. GRITES, J.O. (1974): Psicología vocacional Buenos Aires, Paidós. ESTEVE, J.M. (2003): La tercera revolución educativa. Barcelona, Paidós. PERRERO BLANCO, J.J. (1994): Teoría de la educación: lecciones y lecturas. Bilbao, Universidad de Deusto. GARCÍA YAGÜE, J. (1974): Los estudios universitarios y sus salidas profesionales. Madrid, INAP. GERVILLA CASTILLO, E. (1988): Educar Hoy: Profesión contra vocación. Bordón, n" 50(1); pp. 83-91. GONZÁLEZ BLASCO, P y GONZÁLEZ ANLEO, J. (1993): El profesorado en la España actual. 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RESUMEN El contenido que ofrecemos en este artículo hace referencia a la dimensión vocacional de los aspirantes a maestro. Tradicionalmente, la enseñanza se ha considerado como una profesión genuinamente vocacional; una circunstancia que, sin embargo, no siempre le ha favorecido. En estos momentos, a pesar de las dificultades que rodean la tarea docente, existe un alto número de estudiantes que optan por la enseñanza y acceden a las Escuelas de Magisterio. Realmente, nos podríamos preguntar si el docente -nace o se hacevocacional hacia esta actividad profesional. Aportamos para ello, los datos de una investigación realizada entre estudiantes de la Universidad de Sevilla, donde se viene a demostrar por un lado que, muchos eligieron la carrera sin tener un verdadero interés por ella; y por otro, que las Escuelas de Magisterio son en muchos casos, un motor esencial para llegar a despertar o, a descubrir entre los estudiantes, su verdadero interés e inclinación por la enseñanza. Posiblemente, desarrollar actitudes vocacionales entre tos aspirantes a maestro es, también, una labor implícita de la Formación Inicial de Maestros. Palabras clave: Vocación, docencia, aspirantes a maestro, preferencias, elección de carreras. Escuelas de Magisterio. ABSTRACT This article' contents refers to the vocational dimensión ofthe school teachers' candidates. Traditionally, education has been considered as a vocational profession; a circumstance, however, not always helpfulled for it. At this moment, in spite of the difficulties around docent activities, a high number of students wants to become a teacher and access the University studies. We really will ask ourselves ifthe vocation of school teachers' bom or became a professional activity. We contributed to it with the data research realized wií/i the students of the University of Sevilla, that shows in one hand, that many ofthem had choosed 222 EDUCACIÓN XXI their career without a truthly interest on it; an in the other hand, that the teacher's training college are in many cases, an important motive to discover their real interest in education. Developed vocational attitudes between the school teachers' candidates could be also an implicit work in the initial education of teachers. Key words: Vocation, teaching, education, profession, school teacher' candidate, preferences, career choices, teachers training college.